Texto digital de También da amor libertad
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Antonio Martínez de Meneses
- Atribución estilometría
- Antonio Martínez de Meneses Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de También da amor libertad. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/tambien-da-amor-libertad.

TAMBIÉN DA AMOR LIBERTAD
JORNADA PRIMERA
Que nos trae aquí a los dos un impulsó mismo entiendo, cuando de la luz del día huye el oscuro silencio; pues con intento vendréis vos también señor Manfredo, de acompañar la Duquesa. Con ese cuidado vengo: mas alto, y grave motivo guía mis pasos atentos, . a este sitio. . Por la puerta que tiene a este parque ameno, seguida de algunas damas saldrá. Gracias a los cielos, que alivia con su presencia los males que padecemos; pues tantos días ha estado en una torre, temiendo o su muerte, o su prisión del Rey de Grecia, que fiero es con voz de Protector el mayor contrario nuestro; Cuando poderoso entró en Alpanía a sangre, y fuego, a la Duquesa los suyos, la retiramos del riesgo a una fortaleza, adonde desde sus años primeros, haciendo el temor costumbre, ha vivido tanto tiempo; sin haverse dado nunca a conocer al respeto, y al amor de sus vasallos. En eso consiste, en eso, Alsolfo, nuestra desdicha; pues su reviro al recelo no le atribuye la fama, sino a ignorancia, diciendo, que no es capaz la Duquesa Doríclea del gobierno: con que de pena lo digo! con que de lealtad lo siento! y que su incapacidad al mundo emos encubierto nosotros con esa industria, por lo cual siempre sujetos los Albaneses estamos a recia; pues con pretejto de protección, tiranía mejor llamarla podremos, Gobernador en Albanía pone, que cobra severo los tributos que pagamos desde aquel marcial enquentro, que de nuestra sugeción fue lamentable, y sangriento principio. Hoy entra en Epito, gran Corte de Albania, el nuevo Gobernador. Y hoy también, viendo a la Duquesa, espero, que cobre aliento su Estado, aunque tan bajo concepto ha hecho de su discurso él libre encarecimiento del vulgo. Aunque por la vista entro su amor en mi pecho, ver tan divina hermosura con alma tan ruda, siento. Mucho han de hacer en labrarla las experiencias, y el tiempo; pues de la torre ha salido tan bronca, que me averguenzo de oírla hablar. La asistencia de Sirena, irá instruyendo su ignorante natural. Siempre a su lado la tengo, por ver si su discreción el rústico entendimiento de la Duquesa despierta. Las dos llegan a este puesto a invocar con sacrificios, y con sonoros acentos de Venus, la gran deidad, que de aquel jaspe el asiento ocupa. El mejor princio de toda empresa es el cielo. Doriclea, de Abania, Du quesa, imperio divino, que reina, es las almas, la madre del lince vendado, perfumes ofrece, laureles con sagra. Para ofrecer a la diosa tu primer ruego, has venido, cuando la Aurora ha salido de haberte visto invidiosa. Y por la tarde rogar a los Dioses no podré? Si señora. Pues porqué me habéis hecho madrugar? Por componer te el tocado Y es fuerza traerme así? La autoridad pesa en ti mucho. El moño es más pesado. En prenderte dio a entende el buen gusto que ha tenido Sirena. Bien me ha prendido, pues me clavo un alfiler. Mira que Astolfo ha de hablar Él no errar, ya sé en que topa De la manga de la ropa en errando he de tirarte. Pues ten cuenta. Vuestra mano, de udo, y vasallo obediente pido. Qué hay señor pariente? Ay, que sois planeta humano, ssy pues al amanecer lucis con tal arrebol, que haréis bellísimo Sol al medio día? . Comer. Mal se enmienda. En perfecciones, y gracias sois singular. Pues si me vieráis bailar, on me echaráis mil bendiciones. Que así ierres. . . Ya porfías. o,. De tu descuido me espanto Sirena, si tiras tanto, no hay ropa para dos días. Ya que a pesar de un temor con universal placer, en tu Corte desde ayer estás, ve a pedir favor y en tantas adversidades a esa imagen de la diosa, de quien es haya frondosa. con sus verdes soledades, ese bosque de Palacio. Pues me aguarda su deidad de voy aprisa. Majestad es andar con más espacio; pero los pasos deten, arte pues porque puedas llegar e el parque haré despejar. Dos hombres en él se ven, el uno sobre el florido l campo, y en la primer grada de la estatua, reclinada es lacabeza, está rendida. al sueño. . Y tiene a sus pies un escudo, cuya empresa, que pintada le atraviesa, una banda negraes. En el traje militar hace noble ostentación: Que feliz suerte! estas son las señas del que buscar el oráculo ha mandado. El otro; según infiero, debe de ser su escudero; pues con un caballo atado a un troco le aguarda atento. Por habernos visto ya se apartan: y así podrá proseguir tu justo intento; y tu escucha, mientras oye el cielo nuestro desvelo. . Y qué le pediré al cielo? Qué te case porque apoye con su elección tu poder. No podré yo sin tercero casarme? . Sí. Pues no quiero pedir lo que puedo hacer. Ya escampa. Vuestra armonía vuelva a repetir su ruego. Aunque a tanta pena llego, no desmayéis lealtad mía. que Bien puedes Manfredo en fer de lo mucho que te debo fiar tu pecho del mío. Para lo que agora quiero comuaicarte, me ofrece más seguro fundamento tu agradecida memoria, y el referir lo que ha hecho porti mí noble piedad, también conviene a mi intento. Bien sabes que por mí estás en tu patria. bien me acuerdo, que de aquella esclavitud me sacaste, y de que vuelvo a verme por ti en Albanía, pues entre el numero grande que llevó de prisioneros, después de aquella batalla el Rey de Grecia soberbio fuy yo tambié, porque entonces no perdonó su decreto, ni aún la edad puéril, pues dicen que del regazo materno la violencia de la guerra me arrebató, y así puedo no extrañar los males, pues empezé a vivir con ellos, y conocí el riesgo antes de tener conocimiento. En el cuadro de tu vida apenas habría puesto los colores de diez Mayos, el diestro pincel del tiempo; cuando yo te truje a Albanía, como fue, no te refiero, porque lo sabes, y así para otra ocasión la dejo. Cuanto desvelo me causa diempre que hablamos en esto; no haber entonces hallado a Febo, que en años tiernos te acompañó en la desgracia también, y en el cautiverio para traerle contigo; pero con el tendrá el cielo cuidado, y ya será hombre para apoyar con su esfuerzo su sangre, que es también mía; y así adelante pasemos; pues con aquestas memorias me enternezco, y te enterneces Con el nombre de Sirena. me trujiste aquí encubierto, el de Nise, que es el mío? que fue mi patria, y mi centro; . Así conseguí un empeño tan grande, pues como esclava fuiste del dominio Griego, y yo te pude librar con la industria, y el secreto. Para tenerte encubierta te mude el nombre, y fue acierto pues los de Grecia, que hoy vienen a cobrar el feudo, no te podrán conocer; pero cautelarte de ellos importa, pues aunque pudo mudar tus señas el tiempo, conviene que siempre guarde tu vida con tu recelo. Cuando tu piedad me trujo eran ya mis padres muertos, y así al fuerte en que guardad la Duquesa estaba, luego a servirla me llevaste. A tantas deudas pretendo hallarte aquí agradecida para el mayor desempeño de mi fe. . Di lo que intenta Sabrás que con el silencio de la noche consulré el Oráculo, advirtiendo los daños de nuestra patria por hallar senda al remedio, y me respondió propicio, que el primer hombre, que al tiempe de rayar el Sol, hallaste sirviendo a su blando sueño de verde alfombra este bosque crla heroico instrumento de la libertad de Albanía: con otras señas, que fueron las mismas que vimos todos en el joven extranjero, dormido al pie de la estatua, y decir, que por su medio libres nos emos de ver, arguye que le casemos con la Duquesa, y que en él prometen defensa, y dueño los cielos a esta Provincia: y así porque el duro freno que nos oprime rompamos; lograr tan dichoso efecto importa. . Cómo es posible si ninguno para dueño de la Duquesa, elegido puede ser, sin que primero le aprueve el Griego Monarca; y porque a este casamiento Tebandro aspire, presumo que a Albanía con el gobierno le envía, y hoy ha de entrar en aquesta Corte, lleno de fuerzas, de confianzas, y de ambiciosos intentos. Si tú de nuestra Duquesa inclinas el tibio pecho a este hombre peregrino, guiado de impulso eterno: no habrá poder que lo impid sagaz tu encarecimiento en ella, por el oído le ha de ir introduciendo, hazle amable en su afición, labra con su amor el hielo de aquella rudeza esquiva, que yo pues allí le veo; hablarle quiero en tretanto que tu discurso discreto, para tan grave designio queda buscando los medios. Pues le debo obedecer, esforzaré desde luego lo que ordena. La Daquesa te llama. Para mi intento ha sido a buena ocasión, con ella una empresa tengo, que no es fácil, pues procuro introducir en su pecho el amor. . Eso sería dar alma a un tronco grosero. Yo he de procurar vencer la dificultad, haciendo que sienta este mármol vivo; Laura, el invisible fuego. En señar a la Duquesa a que sepa amar pretendo, y a mi corazón también a que olvide lo que quiero, de aquel mi antiguo cuidado borrar memorias intento; pues de vera quien le causa ya las esperanzas pierdo. Yo a olvidar, y ella a querer, emos de aprender a un tiempo, si se pueden reducir amor, y olvido a preceptos. Tu intento es dificultoso que para enseñar a un pecho una pasión, las Estrellas son los mejores maestros. Mi olvido es lo más difícil; pues si he de estar discurriendo de amor, como he de olvidarle. Si quieres saldrás, con ello, pues traen las mujeres llaves para todos los afectos; la que no tiene ejercicio para el olvido traemos, para el amor, la que abre la doble para dar celos. Lo que se quiere, no puede echarse del pensamiento Laura. Aunque agrada un vestido, si se ha traído algún tiempo se deja de buena gana, con el gusto de otro nuevo. otro amor yo, no es posible Y si de tu pena el dueño murió? . Para mí la muerte también será amable objeto. Tu señora olvidarás, que no esta lejos de hacerlo quien lo dice. . Será en mí tan peregrino este efectó, como hacer que la Duquesa sena de amor, y de celos. Ya que a conocer te des espero. . Peregrinando, las empresas voy buscando; el mundo mi patria es, de mí no hay más testimonio: que soy hijo he conocido de mi fortuna, y que han sido las armas mi patrimonio. Más confuso ahora estoy; este ha de informarme bien. Y vos? Yo soy no se quien, y de no sé donde soy. Mal este intento encamino, ya os merezco que digáis, siquiera como os llamáis. Anteo vo. Y yo Cerbino. Si es digno de que le admita Albanía por Potentado; . que lo dudo, si el sagrado oráculo le acredita; fuera de que la experiencia. ira dando a mi deseo más indicios, pues Anteo en ti suma, providencia funda nuestra libertad: que a no ser fiador tuyo el Cielo, que fuera arguyo, en mi gran facilidad, tratar no habiendo sabido quien eres, tan grave intent contigo, tendrás aliento para aspirar competido de un poderoso a la mano de Dorielea, Duquesa de Albanía? Aunque es ardua empresa oponerme al soberano laurel, de animoso hierra, quien a grande fin previene la osadía, el árbol tiene grosera patria en la tierra: y sus toscas calidades trueca a esperanzas felices, y sobre pardas raices funda verdes vanidades. Las ramas estiende al viente y olvidando el ser que adquíe naturalizarse quiere en más ilustre elemento: así agora mis osadas altiveces bien nacidas, ramas al viento esparcidas serán, y al Sol dilatadas; pues cuando saque escarmient me habrá alo menos servido de premio haverse perdido por altos mis pensamientos Indicios de noble son sus altivas presunciones: a tu ayuda me dispones viendo tu resolución: y así ponte en la presencia de la Duquesa, que atento a tu empeño, el lucimiento que pide la competencia, tedaré. . Fío de ti. Pues pregunta para hallarme por Manfredo, y ve a buscarme. a Palacio. Harelo así, poder tiene, pues favor, y prevenciones me ofrece. Algo charlatan parece. el viejo prometedor. A lá pretensión te llama de la Duquesa, y su estado, hoy que a Albanía emos llegado. Que es necia dice la fama. Por eso te ha de agradar. La entendida el alma roba, En derretir a una boba hay menos que trabajar. que el gusto es lo más ignoras? Gustoso te hará vivir suriqueza. . Divertir no puede el oro las horas. ̱. La Zorra de Hisopo asido. ltacha en las ubas ponía, a porque tan altas las vía. dealtas fortunas? . No sé después que tu andante soy, de ti orro indicio, hasta hoy, sino que la Grecia fue tu patria. ̱ Aunque allá me viste, no es mi patria. . qué segundo. Amadís, trocando el mundo, mucho tiempo ha que saliste de Grecia. . Amor me obligó. y. Que el nombre entonces dejaste de Frbo, y que le trocaste por el de Anteo. . Importó para no ser conocido. Y qué busca tu locura una perdida hermosura. y aún no puedo hallar su olvido. con haber ya tantos días, que no la veo, pues era de mi edad la primabera, cuando la perdí. . Porfías. ociosas son las que ama tu pecho. . Aunque no consiente cenizas mi amor ausente, es un fuego ya sin llama. Puesto a flux del casamiento de una Duquesa, su historia. no olvidas? . tengo memoria. Ten agora entendimiento: lo Duque no te ha brindado? Más puede mi fe. . Animal, no tenemos un real; y haces ascos de un Ducado: quieres que el viejo en ti arguya. temor? . Bien has advertido. El gasto no te ha ofrecido? pues festejaa costa suya. saldré de mi antiguo abismo. La boba en fin has de amar? Sí. . Pues alto a bobear, o a enamorar, que es lo mismo, b Dudas, qué digno henacido. . Si es este adónde llegamos, el Palacio. . Buen indicio es el confuso bullicio. En su sitio entrando, vamos. Gente viene aquí. Esta tarde. Tebandro, honor de la Griega Nación, a esta Corte llega haciendo lucido alarde del poder. . Lo que escuché, ningún recelo me da, pues no me conocerá Tebandro, a Manfredo iré buscando, Y yo presuroso vuelvo al parque por aquel caballo, antes que por el nos pregunte algún curioso. y. Pues qué Tebandro tu dueño a la Duquesa ha de amar, tendré en Palacio ejemplar yo para admitir tu empeño: mas ella sale. . El favor volveré a pagarte luego. . Pues que me digas te ruego, de que manera es amor? Es amor dolencia inquieta, ciego, y díos, niño, y gigante, el ruego le hace arrogante, y el desprecio le sujeta. Un sagacísimo engaño, que sabe, en el más atento, nugir alegre el tormento, hacer provechoso el daño. Es un tirano interés, pues todos que aman infiero su propio afecto primero, y a quien la causa después. Un deseo que a mandar entra en quien le ha de sentir, de plomo para salir, y de viento para entrar. Pues Sirena, ese deseo que tiene tanto poder, dime, de que viene a ser? De un apetecible empleo, de una prenda hermosa. Ya, aunque piensas que lo ignoro, lo entiendo, esa prenda de oro, y de diamantes será. Es el sujeto querido. Por donde, aunque es tan ligero entrará, si yo no quiero amor? . Por vista, y oído, pues lo que se oye alabar, es una copia veloz, que retratada en la voz también suele enamorar. De amor las penas, y enojos, del oído al alma vienen también; pero siempre tienen más entrada por los ojos. Si un objecto a suspenderlos con su perfección llegó, mientras la atención salió, entra la imagen por ellos. El cuerpo en lugar más grave los puso, y del corazón mudos pronósticos son, con que sus mudanzas sabe. Por los ojos de una dama entra un hombre fácilmente. Los espíritus, que ardiente y viva engendró su llama entran, cuando la miro en ella. . Y quieres que en m entren espíritus, di? yo espiritada? eso no. Los que animan los sentido se llaman así. . Y después de ser yo amada, cual es mi obligación? . qué admi tido sus ruegos pagues la fe del que fi no te firviere, si tu mano mereciere, como alguno que yo sé, que te amar ya he sabido, que Manfredo al furastero previno; y así la quiero persuadir. Y quién ha sido? Quién te obliga. Diso pues. (. Vana de oíllo se ostenta. La vanidad muy parienta de la boberia es. Hoy aquel joven airoso no viste, que despertando la prisión del sueño blando dejó con paso brioso? . Sí. Pues ese te previene por triunfo de tu deidad, su rendida libertad, partes dignas diz que tiene, sobre ser galán, de hallar lo imposible del favor, siendo el mérito mayor, quer llegado a explicar la piedad que siempre inmensa en el oracuso asiste, que el remedio en el consiste de tu estado, y la defensa: y así importa desde ahora corresponder su cuidado. Ido, Tebandro en Palacio ha entra, y con lisonja sonora, como le ha de obedecer, ya le recibe tu gente. También este es pretendiente, Pues al otro has de querer, Divina Doriclea, en quien Albanía su do selemplea, aunque a tus plantas llego por sustituro del Imperio Griego, con el numero armado que traigo por presidio de tu Estado; el cargo no he querido ostentar con las señas de temido; pues al llegar mis naves, suspendió Marte sus aplausos graves, callo el cañón sangriento, pacifico el clarín penetió el viento, entre selvas ligeras pudiera entrar de picas, y banderas, porque la fuerza arguya de mí dominio Epiro Corte tuya, y a tu luz me sujeto, solo armado de amor, y de respeto; pues aunque a mandar viene, mi poder vasallaje te previene. Tebandro bien venido. No respondas con pecho agradecido, y no le digas, que te persuado a pagar otro amor. Pierde el cuidado. Mucho en ser vuestro adquiero. Tarde llegáis. Saber la causa espero, porque no soy dichoso. No la sabréis, por más que andéis curioso; pues aunque me aconsejan que a otro quiera no he de decirlo, por no ser parlera. Siempre atención la falta. Pues quién me imita en elección tan alta Quien competirme sabe, si no Tebandro en pretensión tan grave? De tan difícil gloria, quien con los dos litiga la victoria? Quién donde nadie alcanza, con el deseo atreve la esperanza. Quién tiene tanto aliento? Quién intenta igualarnos? Yo lo intento: yo aunque juzgo mayores los méritos de dos competidores tan grandes, con el mío, a esta cortés batalla os desafío, es Anteo mi nombre, y el oponerme al lauro, y al renombre de tan supremo empleo, indicio os puede dar de que poseo valor, y timbres claros, de lo demás el tiempo ha de informaros, que ha de ser a pesar de emulaciones, teatro en que consagra mis acciones, a este norte divino, que a su luz me conduce peregrino. Qué te parece? Que no son antojos, decir que entran los hombres por los ojos. Aquí será la confianza loca; pues el Rey mi señores a quien toca nombrar de todos al que más convenga, que el cetro, y el bastón de Albania tenga, por ser frontera, y muro de su corona. Yo solo procuro aquella hermosa mano, no el cetro que hay en ella soberano, el fin con que mi noble impulso vuela es amor. No parece que os desvela; pues de tan buena gana dormiros vi en el Parque esta mañana. Volver por el con tu licencia quiero; había trasnochado en el terrero. Ninguno en obligarte ha de excederme, Mayor fineza a mí llega a deberme. La que de mí su adoración confía prefiere a todas. Basta la porfía; y para proponer vuestro festejo, aquí a Sirena en mi lugaros dejo; con ella proseguid esa contienda, que me aguarda el jardín, y la merienda. Que así los deje. Oír su desvarío me alienta más. Pierde el astío, y abre los tragaderos, que es Duquesa, y no será muy sonza, aunque es camuesa; Aquí emendar debemos esta desatención que en ella vemos, por el decoro de señora nuestra. Aunque ajena se muestra de lo que debe hacer, disculpa tiene. pues del retiro de una torre viene. El corresano estilo, desde ahora, será escuela en que aprenda lo que ignora: y aquellos que consideran el mérito en su deidad, perdonar su entendimiento por su hermosura podrán, por su Estado, y su grandeza. Mi estimación no ha de hallar imperfecciones en ella. No puede la voluntad ser ciega, si ve el de efecto de aquello que pudo amar. Pues juzgas tú que es más fina siendo ciega? . Claro está, porque si tu viera vista viera la dificultad. Ciego el amor ha de ser para obedecer no más. No ha de tener vista amor, porque no vea que hay senda para la esperanza. Mayor fineza será que la vea, y de respeto no la procure alcanzar. En Sirena he reparado; más quien vio locura igual, siempre que se ve parece lo que en la memoria está. Yo desconfiando obligo. Y yo aunque puedo esperar que me prefiera mi Rey en la elección, hago igual la competencia, y depongo la absoluta autoridad del Gobierno, mientras quiero en festiva lid mostrar, que soy por mi solamente de tanto premio capaz; en las ballas os aguardo mañana. . Debo aceptar, tu propuesta así veremos, si este igualarnos podrá. . Ese es mi intento. Pues yo. Si de mi fiado estás, que dudas? El duelo admito; y en la estacada Marcial, rotas dejare mañana, cuando el Sol vaya a espirar, más lanzas que rayos él, contra el salobre cristal del Oceano. . Aquel rastro no sé que señas me da: mas no creáis fantasías, olvidad alma, olvidad. Pues el guerrero certamen publique el hueco metal. . Piensas vencernos. . La suerte, y el esfuerzo lo dirán. . Yo saldré con lo que intentas; pues a él se inclina ya la Duquesa. . En eso fundo de Albania la libertad. . En ti yo emplearme quiero y también porque me elijas, lanzas correré, y sortijas, si me las fía el platero. En competirme te empeña Merced. Que os satisface a las de aca? Lo que hace más ruido, terrero, y señas, Por tu contendor a Floro tendrás desde hoy. Tú a Cerbino; pero ya el jardín previno entre su cristal sonoro, de la merienda aparatos: y aunque están junto a la me los Músicos, la Duquesa se alegra más con los platos. Los sirvientes merendones, van, y vienen, bulla fiera! ya entra la fiambrera, y con ella los busones. Unos mullen la vianda, otros cogen sus despojos, y una enana con antojos cortando esparragos anda. Las damas serán aquellas que bebiendo escarcha vano Ellas matan a un galán, y la garapiña a ellas, Ser diosas comiendo intentan Antes es información lo que comen, de que son divinas, pues no revientan; pero tu amo, y Manfredo dan a este sirio la vuelta. Dejadnos solos. Bien puedo, mientras discurriendo queda la Duquesa estos jardines, daros yo noticias ciertas de lo que me preguntáis. Mi sangre en la suya hereda los dos, de cuya fortuna me quiero informar, y es deuda del parentesco el cuidado que muestro: de esta manera . con Tebandro encubro a Nise; pues por mi faltó de Grecia, y sabré también de Febo. ̱. Porque más con la Duquesa me apoye, a Sirena busco, ya que por la conveniencia soy amante; pero allí en conferencia secreta veo a Manfredo, y Tebandro. Con Manfredo hablar quisiera y está con Tebandro. Escucha, y sabrás lo que deseas, después que salió de Albanía vitorioso el Griego César, hizo alarde del despejo: y mientras le daban muestra de los demás prisioneros, Nise. y Febo en edad tierna, a sus Reales pies llegaron con tan alegre obediencia, que desnudando el semblante de la Majestad severa, a los dos cio ar aquella mano que tiembla el mundo, y que solamente armas, y cetros maneja; y esto los que acompañaron al Rey entonces lo cuentan. Fueron creciendo en los años, como en la correspondencia de un cariño tan perfecto, de una afición tan entera, que en su niñez parecía que anticipaba las reglas, y las atenciones todas de amor la naturaleza. Cómo le podré olvidar, si aquí de Febo me acuerdan. Escuchando estás memorias las de Nise en mí se aumentan. Con esto, i con las noticias de que descendientes eran del gran Pirro, honor y dueño de la nación Albanesa. Ganaron la inclinación del Rey, que de una dolencia grave peligraba entonces, y creyendo que se acerca su muerte entre los cuidados, que en aquel punto desvelan, no puso a los dos amantes en olvido, a su presencia manda que los traigan luego? y después que con estrecha unión sus manos juntó, hizo yugo una cadena de sus cuellos, la cual dicen, que gravadas unas letras en nuestro idioma Griego tenía; y pendiente de ella un sello que autorizaba su imagen sagrada, y Regia. La cadena con talarte, y con novedad tan diestra diz que se había labrado, que troncadas, y deshechas todas las letras quedaban, si en dos mitades su piezas se dividian, y el Rey la una mitad, por prenda de aquella fe conjugal, puso con piadosas muestras a Febo, y la otra a Nise; y por testimonio, y seña de algún fin particular, que nunca se supo en Grecia: Y porque no peligrasen, si él muriese, con atenta disposición a un Castillo, que los retiren ordena. Viendo enfermo al Rey, la fama (con la mentirosa nueva de su muerte) voló a Tracia, y su Príncipe se apresta. a entrar por nuestros confines, su gente al Castillo llega una noche, y con asalto repentino, le saquea, y le abrasa. . Y perecieron entre la marcial violencia Nise, y Febo? . No se supo; pero es conjetura cierta. Allí perdí mi esperanza. Desde al lempezó mi pena. No dudo que sentiria su falta el Rey; mas ya sueñan los instrumentos, indicio de que viene la Duquesa acercándose anosotros, Ir a su cuarto con ella es razón. Tebandro, vamos: Así asegurada queda . Nise, aunque yo pesaroso de que Febo muerto sea. Ya es justo que olvide a Febo. Ya olvidar a Nise es fuerza. Pero Anteo viene allí. Pero ya he visto a Sirena, y aunque hablarla determino la música no me deja. Amor, que no está en presencia no crea en la confianza, que son olvido, y mudanza las condiciones de ausencia. Amor que no está en presencia no crea,. En esto que Laura canta con los demás, mis ideas parece que ha retratado. p Al amante que se ausenta, los versos que emos oído, que desconfíe aconsejan. Mudable a la ausencia llama No es firme opinión? No es cierta. Pues tu con que prueba arguyes que hay seguridad en ella? Amor, mas distintamente su fe en la ausencia examina descansa estando presente en los ojos; pero ausente, en los suspiros camina. La vista padece ausencia, la memoria no, pues va donde ama sin resistencia; luego más presente esta amor, que no esta en presencia De imaginaciones nace, cuanto en la ausencia acompañ su alivio, mal satisface, fingidas presencias hace, con que la esperanza engaña y se olvida un bien fingido, si otro seguro se alcanza; y así el ausente advertido; pues peligra en el olvido, no crea en la confianza. La pintura en perspectiva lo con las distancias se aumenta, entre los lejos se ostenta, y entre las sombras más viva. ia Así es la see que se ausenta con los lejos del temor de ausencia, y desconfianza qu es la firmeza mayor, y con las sombras de amor, ia que son olvido, y mudanza. El ausente está dudoso, y si se quiere ayudar, para saber si es dichoso, A del pensamiento, es fiar el aviso a un mentiroso. a, Recelos en posesión, venturas en contingencia, mil y esperando el galardón, hallar el agravio, son las condiciones de ausencia. e? . No es buen crédito de amante probar, que cuando se ausenta descaece amor. No en todos la, es igual esa experiencia, ni se igualan las demás con la causa de mi pena, por ser tan grande; y yo os ruego que me apadrinéis con ella. Yo lo ofrezco, aunque su vista mi memoria a burlar vuelva cil conmentidas aprensiones. Confuso otra vez me deja an el mirarla. . Por si viene preguntando la Duquesa. ni? . Alás este indicio os da para volar a su esfera. Yo acreditaré mi amor. Y yo vuestra competencia. Pero no ha de haber desmayos del cuidado, aunque haya ausencias. Es castigar lo que dije. Es dudar vuestra firmeza. Con la Duquesa soy firme, y aunque alguno el premio espera por mi difunta esperanza trae aquella banda negra mi escudo. A la viva aplica trastos de la dama muerta. Tuvisteis otro amor? Sí: pero este es llama, y centella aquel. . Tanto fuego? Tiene por alma una chimenea. Esto es ser fiel criada. Vos seréis la medianera de mi fortuna. . Vos sois la víspera de sufiesta. Basta ya ilusiones vanas Ya no más falsas ideas. Válgate Dios por Anteo. Válgate Dios por Sirena.
JORNADA SEGUNDA
SEGUNDA JORNADA Los aplausos se ha llevado tu señor. . Todos le dan el premio de más galán. La Duquesa ha malogrado con su simple condición, la tarde más celebrada. Descompuesta, y asustada se levanto del balcón, cuando sintio los tropeles de lacayos, las marciales trompas, lanzas, atabales, caballos, y cascabeles, que venía el mundo armado contra ella presumiendo, apretó a correr, y entiendo que hasta agora no ha parado, Culpando viene su error Sirena. Tú has deslucido las finezas que han debido tus amantes al valor. Más miedo que amor pública mi pecho, viendo a los tres con lanzas. Tan lerda es que aún con lanzas no se pica. Subrío Anteo acrisola, en el un cometa vi cuando corría. Y yo fui de aquel cometa la cola. Pesarosa estar podrás de no haberle visto atenta. Pues tú su acierto me cuente y deja el de los demás, Después quen de la balla el sitiopisa, tanto competidor digno de fama, cada uno explicando en su divisa su pensamiento a la beldad que ama; al grave estruendo que sonoro avisa, y al corazón por el oído llama, la plaza ocupa, y su concurso alegra, el Caballero de la banda negra. Anteo, que de negro, verde, y planta, la librea a la empresa trae conforme, y en copiosos penachos la dilata, porque en el aire escuras selvas forma: fuerte, y galán al quinto Dios retrata, en un caballo, que al primer informe de la trompeta, de arrogancia lleno, pedia ya la libertad del freno. Bayo de piel, de pecho dilatado, de cuello corto, de rasgada boca, breve el rostro, de nervios rubricado, cola, y crin negra, que la arena toca: ruidoso argenta el oro del bocado, si pasea es pabón, si para es roca, y su pie las aristas no ofendiera, a ser campo de mieses la carrera. Antes de haber sentido el riguroso, y puntual aviso de la espuela, mejor pegaso el bruto generoso, a conducir su dueño al premio vuela, que tres veces corriendo ventajoso, la plateada línea de la tela; porque de las demás el triunfo alcanza, con la sortija coronó su lanza. Si le vieras armardel fresno agudo, contra el faquín la vencedora mano, ya en la tersa visera lograr pudo el primérbote con aplauso ufano, ya el segundo repite en el escudo, y ya herido el acero al viento vano; relampagos despide de su centro, rayo la lanza es, trueno el encuentro. La razón le da el premio merecido, la envidia le sujeta su porfía, el amor sus laureles le ha ofrecido, hasta el Sol declaro por suyo el día: pues de su curso el término cumplido, ya de Anteo la gala, y bizarría, siendo pluma su luz inmortalmente, con letras de oro escribe en occidente. Tanto a ese Anteo me alabas Sirena, que ya me debe una mudanza tan nueva, que aunque el alma la padece, no se yo de que manera la diga; pues unas veces que tengo lumbre en el pecho he creído, y otras nieve; y sin ver por dónde ha entrado la punta, herido se siente; pero esta herida cruel, como deleita si duele. Cómo puede ser posible, que al corazón atormente, cuando por haberle dado, que no le tengo parece: y si el corazón me falta, como vivo sin tenerle. Esas yo son experiencias. de amor. No habló como suele. Ya la cartilla de hablar este papagayo aprende. Ven al terrero, que ya la noche Estrellas enciende por luminarias del día de mañana pues alegre. será también. Por tu cuenta ha de correr el prenderme; pues con mucha gala al campo salir quiero Indicio es este de su afición yo sabré adornarte, y componerte, Sin más examen tu ama una bótica abrir puede, pues sabe componer simples. De tu señor es la suerte. Y cuando ha de madurar la mía? Aún esta muy verde; primero clavado a un poste del corredor he de verte enamorar noche, y de Eso será mentalmente; pues cómo te podré hablar asomada a un caballete. Por la pluma, y por la mano. Por la pluma decir quiere que la escriba, por la mano, de dos maneras se entiende: una es dar, y otra hacer señas; aplicarlo me parece a lo que me está mejor. Cérbino, su manto estiende la sombra, y pues favorable es a los amantes siempre; pasemos por este cuarto al jardín, por sí me ofrecen la ocasión que ya deseo sus rejas. Buen pleito tienes, esta beldad cimarrona, ya la espuela de amor siente: y a te sueño con Estado, ya pintas en Duque y puedes buscar sobre aqueste anuncio quien la Excelencia te preste; y un ralego con que yo tu may ordomia estrene. Cuando cierta la esperanza fue? . La noche impertinente nos dejo a mal tiempo a escuras; pues siento pasos. Si vienen a despojarnos? No sueñan aquestos pies a juanetes; pues más que de guarda damas de guarda infante parece. Que sea Anteo es posible, pues por este sitio suele ir al jardín: es Anteo? . Sí. Pues la que os habla, viene a traeros un aviso, que vuestra esperanza aliente de parte de la Duquesa. Sois la que apoyar promete mis amantes rendimientos; con ella, y la que merece su favor. No soy Sirena, en menor estera, y suerte la sirvo; otra he de fingirme por ver si confirma, y siente aquí lo que ayerme dijo; pues así sabre si quiere a la Duquesa de verás. Ya tardáis en proponerme lo que me ordena. Mañana es el día más solemne de esta Crudad, pues celebra con acciones diferentes de regocijo, de Venus la gran deidad; y así quiere la Duquesa hacer lo mismo, al campo sale, y pretende, que los aciertos de hoy un público favor premie. Ya sabréis como es costumbr de este Páis, el ponerse las damas en los tríneos, fiesta usada cuanto alegre. Cada uno conducido de un caballo que le mueve, en forma de carros cortan la campaña velozmente. Sentadas en ellos cubren con despejo que suspende sus sombreros de plumajes, de mascarillas su nieve. Y es estilo, que la dama, al galán que favorece le lleve consigo, siendo faetón que el bruto gobierne Para esto os ha elegido la Duquesa, y porque acierte vuestra vista a conocerla, aunque oculto el rostro lleve, traerá en el brazo una banda. Tan feliz nueva merece las albricias: qué he de hacer, . que en el empeño presente es desaire quedar corto. Pues no puedes dar, promete, que también es carabana de gran señor. Atreverme a pagarla de este modo puedo; pues ella me advierte que es una de las criadas . inferiores. Recompense está cadena el aumento que ya mi esperanza os debe. Eso es intentar agraviarme. No seas boquimuerle, que ha de acetar. Sedcortés en recivilla. Obediente la admito. Y yo de mi dicha ufano voy. De esta suerte te desmandas, la cadena única, y sola que tienes, has dado. Aunque la estimé, ya no importa que me acuerde de aquellas memorias vanas. La cadena es lo que siente mi alma, que las memorias. mas que el diablo se las lleve. De que ama a la Duquesa, esta fue prueba evidente; pero la luz que encubrí detrás de aquestos canceles, para volver a su cuarro quiero tomar: mas que advierten mis ojos; esta no es la prenda correspondiente a la que yo guardo, en fe de que mi amor permanece que lo dudo? no hay en ella seña en que se diferencie de la mía; luego es cierto, que ser la de Febo puede, pues como la trae Anteo? o murio Febo, o es este: pero yo puedo sufrir conjeturas de su muerte? si, que ya es teatro el pecho de dos porsias crueles; pues amor dice que viva; pero los celos no quieren, porque le quisieran más muerto, que ingrato, y aleve. Él es, verdad me dijeron, las dudas que tuve al verle, pluguiera al cielo mintieran, pues a ser adversa viene por tan extraño camino mi Estrella, que puede hacerme cuando la suerte me da desdichada con la suerte. Dar tormento al alma intenta, y con las señas alegres de un contento no esperado, disimula los cordeles. Por castigo me permite la dicha, y que sea quiere tan infeliz, que he de hallar un bien perdido me pese; pero que mucho, si ha sido hallarle, para perderle; porque la Duquesa va, más capaz, y atenta siempre va estando, y darme cuidado podrá, porque le prefiere en su amor, y porque yo de que a amarse los dos lleguen tengo la culpa, mal haya el pretejto que me mueve, mi persuasión, los comunes políticos intereses de la patria, y mi destino, mal haya que así me ofende. Pero que culpa han tenido mi Estrella, y los accidentes él solo Cielos, él solo me agravia, pues falsamente, aquesta que fue memoria del mío a otro amor la ofrece en sacrílego tributo, faltando a la fe que debe. Mas la fe sin el amor, que importa, que fuerza tiene, aunque es lazo de las manos, si atar las almas no puede. Ha Febo, injusto, y cruel, de este modo a Nise ofendes, así mi firmeza olvidas, así del tiempo te vences: no tendrá tu error disculpa, ni tener alivio espere mi mal, pues en este trance no hay consuelo que me aliente, discurso que me encamine, norte que al puerto me enseñe industria que me asegure, todo en conflicto tan fuerte me falta, aún mi propio amor no sabe que me aconseje; porque las ingratitudes amor el consejo pierde. . Por la festiva alegría que hoy celebra esta ciudad, de hermosa serenidad vestido amanece el día. Corrido me dejo ayer, quitándo se del valcón la Duquesa, en ocasión tan pública, Y yo de ver la suerte de Anteo, estoy envidioso; mas el viene. Bien se ve que nos previene para el festejo que hoy se aguarda, un mismo cuidado pues a un tiempo emos venido El que fuere el preferido, ese solo habrá logrado la puntuálidad. Ya infiero que ha resuelto Doriciea, cual determina que sea en esta dicha el primero. Parece que vuestro amor da a entender que os ha eligid No soy tan poco advertido que me alabe del favor. Yo he de acompañarla. Es mía esa acción. No lo será. Pues porque? Porque ella ya ha hecho su compañía. Con ella he de ir. No lo intentes. Por su deudo honrarme es bien a mí, Por Adán también somos acá sus parientes. Yo puedo elegirme. Aquí la Duquesa debe hacer la elección. . Esto ha de se Yo sabré alcanzarla así. Yo también. Y yo os lo impido. Con amagos de violencia cual se han quedado, pendencia de tapiz ha parecido. A todos os pude oír, y estoy, perdonad, culpando, que vos del poder, y el mando, donde el gusto ha de elegir, os valgáis con libre empeño, sin permitir que en acción tan corta, tenga elección nuestro legítimo dueño. Que no la dejéis con deño en su dictamen mandar, porque se pueda enseñar a Gobernar el ajeno: que un gobierno extraño aflige todo está a un dominio atento, natural, y no violento, una primer causa tige: las segundas el León su Imperio en los brutos halla, a esos Astros avasarla el hombre su inclinación, de la familia es cabeza el padre, y pues es esto ley, y hasta una choza su Rey tiene por naturaleza. Justo será que posea dueno propio, y no prestado, una Provincia, un Estado; y así porque el suyo vea la Duquesa satisfecho: vempezando a discurrir las nuestras, sepa regir, dejad que aprenda en su pecho, estorbarla es desvarío; pues no acerrará jamás amandar en los demás, si aún no manda en su albedrío, Aquí yo soy el primero, y en iren ella empeñado estoy ya. Lo mismo digo, En lo que toca Tebandro, al arbitrio de la dama, valerse del soberano poder, no es urbanidad; y viniendo yo a su lado, veremos cual de los tres la acompaña. Yo, y mi amo somos en esta función solamente convidados, que no es pendón la Duquesa para acompañarla tantos. Y yo tomando esa puerta del jardín, por donde al campo ha de salir, el postrero lance de este empeño aguardo. Pues que la música informa que viene ya me adelanto al puesto donde el tríneo ha de tornar. Yo estorbarlo sabré, porque no resulte de esta ocasión mayor daño. Para celebrar a Venus salen a imitar sus rayos, las más hermosas Estrellas de este firmamento humano. Aguardar aquí podremos las dos, mientras van tomando sus lugares las demás. Con la Duquesa he quedado para enitar este empeño. Cuál es Doriclea alcanzo por la banda, iré con ella. Pues a qué aguardas? Reparo en la cadena que trae la otra. No sin cuidado parece que mira aquesta memoria, que de mi agravio; y su traición ya es testigo. Bien hice en haber juntado la parte que yo tenía con la que su ingrata mano me dio a noche. Viendo entrar aquella prenda que ha estado dividida tanto tiempo; el corazón, y los pasos se turban, seña es forzosa de Nise, que ha despertado nuevas dudas. Eso fuera convertírsenos en sapos las venturas, no lo agueres. Como Anteo no ha llegado? No sé a cual de las dos siga. Con la de la banda vamos, que no te sabes bandear. Así aquel indicio agravio, Si no vas con la Duquesa, quedas mal con sus contrarios. Bien me aconsejas. Duelistas somos también los lacayos. Ya (qué prueba de su olvido) se acerca a ti. El norte claro que a vos meguía es la banda. Y os guía con harto espacio, pues no habéis llegado a ablarm antes mas de qué salgamos ya es tiempo. Excusarlo importa V en otros festejos varlos, el del campo trocar puedes, que así un encuetro estorbame de los tres; y quedan bien, no siendo privilegiado ninguno en acompañarte; pues con el poder Tebandro soberbio en esta ocasión se muestra, y Astolfo osado, en fe de qué es deudo tuyo. Aunque fuera mi hermano no me casara con él; muy bien habéís acordado, lindo modo de amor esté, no salgáis de aqueste cuarto Anteo; y tú has de quedarte con él. Ya le guardas tanto; P paciencia penas. La envidia el laurel pronosticado no te ha de quitar. Manfredo venid, y a Astolfo, y Tebando me llamad. De aquesta suerte el temido riesgo atajo. Satisfacerme quisiera, mirando desembozado f este rostro. Pues si alguna confusión os satisfago, con eso no lo reuso. Las dudas no se engañaron que siempre viendore tuves que más evidencia aguardo Noeres Nise? Y tú no eres, o si pudieras negarlo, Febo? . Sí. Pues yo soy Nise, la ofendida de tu falso pecho. Tu Estado, con esto, moy mis libreas volarán. Que llego a verte, es posible. les aqueste bien soñado? Y es posible, que en ti caben rotales mudanzas? No hagamos con vanas quejas oaimenor este gusto. an. Hay muchos cargos contra tu fe, y de no aberte conocido, no me espanto; porque no solamente tojotro en las señas te hallo, te y el hombre; pero también de corazón has mudado? no juzgué yo que en las almas. tenían poder los años que hayas podido romper tan fuerte, y estrecho lazo, haciendo adultera paga del premió solicitado. indque te promete otro empleo: esta, que para juntarnos fuefe iz coyunda, y ya vadelamor que has profanado, estuina triste, aqueste favor de una Regia mano: mas quien a una fe es traidor, también a un Rey será ingrato, lo que acordarte pudiera de mí, te ofendía tanto, que así lo arrojaste? rnl. Ay Nise, necuanto la mano haura dado deque no lo da el corazón, No fue yerro voluntario ese. Ay Febo, pues que fue? De no andar corto cuidado. Y no fuera menos culpa que ser traidor, ser escaso, tu vendes joya tan noble. en un precio tan villano? Ella fue la corredora. Esa prenda no he guardado, tus memorias sí. Pues tú, cuando en el jardín hablamos, bien defendiste el olvido, y aún dijiste exagerando este tu presente amor, que era llama, y que el pasado fue centerla. Si de verás, a amarte estoy enseñado, no es mucho que fingir sepa la vez que de burlas amo. Aquella divisa negra, ser por otro fin tu labio afirmó, Fue por tu ausencia; tú de mi escudo has dudado la empresa. Son muy dudosos los escudos de mi amo. Pues cómo en tan largo tiempo, para hallarme no has mostrado, tu amor. Porque en vano ha sido. Después que nos apartamos; que finezas? qué imposibles, te debo? Escucha, y sabraslo. Aquella infelice noche, que dio el de Tracia el asalto al castillo, donde el Rey de Grecia mandó llevarnos, cuando su grave dolencia. le amenazó el postrer plazo, entre el asombro confuso del fuego, el furor, y el saco, salí siguiendo las huellas fugitivas de un soldado del presidio, en quien el cielo provido libró mi amparo, mis plantas que perezosas se alejaban del estrago, pues quedarte tú en el riesgo hacía amable su espanto. Volver quería a buscarte, y me cerraban el paso la noche, el horror, y el poco curso de los pocos años. Llamabare, y a mi acento respondía el aire armado de los pavorosos ecos del fiero marcial rebato. Ardía el muro, y yo ardía, y a este elemento bago, el se quejaba en pavesas, y en llama bocal mi labio. Rendime en fin al rigor de mi estrella, caminando sin alma, por ir sin ti, con más suspiros que pasos. De la piedad del que fue mi norte, vivi amparado algún tiempo en una Aldea, siendo mi alivio sus campos. Tu copia en ellos miraba, cada vez que a matizarlos volvía a nacer la hermosa primogenita del año. De la deidad de la rosa eran, por ser tu retrato mis pensamientos los votos, mis sentidos holocaustos. Tu imagen me repetía, cuando salía el Sol claro, i triste ausencia la noche; y cuando en los verdes prado y supe los arroyos que ató el Borcas deseau desata el cefiro blando, el Rey contemplaba nuestra union interé en sus transparentes lazos, ( pudier tu olvido en su ligereza, adarm del temor amenazado, (mas qu tu hermosura en sus cristales deeste b y en sus crecientes mi llanto dejo a Al paso de este amor firme el a lave creció la edad, y llamado abusca de los premios de la guerra, sinma y de mis impulsos altos; peregu trocando al nombre de Anse fiando el de Febo, con aplauso almar, seguí las Griegas banderas; y a una y aunque diferencian tanto corrin Marte, y amor, guerra es hasta que la de un amante cuidadodespué también, y esta me servia l ide ta de espuela, y de vivo ensayol contra para ejercitar la otra; miedo pues era mi pecho el campellaluz de batalla, el corazón el iris al arma siempre tocando y el pu muda trompeta, el recelo . Am la posta, el discurso vario el cuand la centinela perdida, fue a ti mis firmezas los reparos; pues él las municiones de fuego me abí mis deseos abrasados, se obli y el crédiro de tu fe, nos ape y mi temor los contrarios!) que in Las ansias de hallarte Nisel que te que estaban siempre alénsieb. Amo la diligencia, otra vez y es ta a la Corte me llevaron Cor de Grecia, adonde yo suped ser mí que el anciano que a su carsi tú, y L en el castillo nos tuvo, e convi No ese te había guardado del riesgo huyendo contiesel. Pue soy supe también que hallarnos deseaba nuestro dueño el Rey; y aunque el soberano interés de sus favores, pudiera haberme obligado a darme a conocer, pudo mas que el Real agasajo de este bien la incertidumbre, dejo aquella dicha, y salgo a inuestigar nuevas sendas, abuscar climas extraños, sin más norte que este impulso, peregrino, derrotado, de fiando las esperanzas almar, a los vientos vanos, eras; ya una tabla, aunque en mis penas oycorrí mayores naufragios; hasta que prósperamente, después de peligros tantos, bía y de tan confusas dudas, sayo contrastes, ahogos, daños, miedos, sombras, y borrascas, impellaluz encuentro en tus rayos, el iris en tu amor veo, do shay el puerto en tus ojos hallo. celo . A mí me trajo Manfredo, lo el cuando por estos Estados fue a tratar la paz a Grecia; ros; (pues el mismo que guardado me había, del interés seobligó, mas si los Astros nos apartan a los dos, prios! qué importa habernos hallado? Nisel que te pierda ordena el cielo. alénsieb. Amor quiere lo contrario; y es también Dios. ̱. Cómo puedes supen ser mío ya, si casaros su cars tú, y Doriclea, a la patria conviene. . Con ausentarnos. No es posible. ontigs. Pues yo quiero publicar tu amor, dejando el que finjo persuadido de vana razón de estado. Temo un riesgo. Pues qué acuerdo tomas? Qué mientras hallamos senda al remedio, prosigas en ese amoroso engaño. Bien dices, yo haré que crea la Duquesa mis cuidados. Parece que de fingirte tu amante no te ha pesado. Enfados solo el mirarla me da. . Por asegurarnos de lo que os parece bien, decís mal, los que sois falsos, Tú no resuelves que yo la festejé? No pasando de lo fingido, ya es bien ir previniendo reparos a mi ofensa. . Asegurarte puedes de que te idolatro Nise. . Pues Febo, hasta aquí yo te perdono lo ingrato, por haber sido en mi ausencia; mas ya no he de perdonarlo, que se sienten mucho más cara a cara los agravios. , Que retoñase esta maza agora. . Mi suerte alabo. No hubiera remanecido después de haberte casado. Milagros son del amor, iré siguiendo sus pasos. . Pues para mi basiliscos han sido, que no milagros. Mas por aquí al corredor irme apropincuando quiero, pues haciendo está terrero en él mi competidor. Sí, a Laura, importuno espera ya en aquel balcón se ofrece. Por valcón me favorece a mí y a el por tronera. Por mis prendas la he grangeado yo. . Con secreto Sirena, que llame a Tebandro ordena por senas a su criado; porque no lo esté escuchando, Cérbino, se lo diré, socorrida invención fue aquesta de hablar callando. Yo empiezo. A mí se declara por señas. Qué hablan colijo por la mano, ella me dijo que yo por la pluma hablara. Pues previene la venganza, y él me mete por los ojos los dedos, le dará enojos la pluma de mi esperanza. Caprichos contra mí, veamos quien vence. En tales extremos, los que escribir no sabemos, así por la pluma hablamos. No ha de quedar ventajoso, aunque viene prevenido. La seña del lienzo ha sido motejarme de mocoso. A Cérbino doy desvelos, y adrede he de proseguir. Ya no lo puedo sufrir, aprisa pluma de celos. . Mis señas, yo puntual las traigo en mi faltriquera, y he puesto en la tabaquera, como memoria local, una que no ha de inferilla. Su tábaco en mi pasión significa picazón, y más si trae cebadirla. Que lo ha entendido presur y ella otro favor me arroja. Yo la diré mi congoja, pues de leonado me emplun las manos en conclusión se besan, indicio flaco puede ser, la pluma saco de la desesperación. A mi amo avisaré; pues Laura me ha dicho aon que Sirena su señora le llama, y a que logre favores que su cuidado no ha entendido, voy gozo de ver su desaire. Airoso quedo; pues quedo emplumado, por ti parezco abestruz; falsa, y aunque estrella seas, en Palacio es bien que creas que es de grosura tu luz. Es mi cólera suma. Y tu galán moscatel, que otro te nota el papel; aprende hablar por la pluma Luego has de partir Asto a prevenir de la caza el festejo. Pues no quieres. que asista al que nos aguard agora en esas orillas del mar, cuya hermosa playa coros de música pueblan, que sobre varcos las aguas. Suspenden en este día, que a la diosa se consagra, cuando mis competicores en sonoras consonancias, sus amantes rendimientos te han de repetir me agravias en querer que falte yo, donde fines se señalan: ellos. . Basta ser mi gusto, ypara que a disponer vayas lo que ordeno. . Ya obedezco, sin duda de mí se aparta por consejo de Sirena, oy Manfredo, que afianzan las pretensiones de Anteo, mas no las verán logradas; pues cómplice será el monte de algún delito mañana, que en la ambición de un Estado heroicas disculpas halla. . Bien lo que te dije has hecho que así la loca arrogancia que hoy tuvo Astolfo corriges; y de la ocasión la apartas. Pues aunque hay más qué temer sien Tebandro, mi esperanza, ya va previniendo el modo para libertar la patria, casando te con Anteo. Nuevos males me amenaza: amor vamos al remedio, . señora, su azul campaña, ya el mar de varcos corona, y el de Tebandro aventaja atodos, que en sus colores, parece pensil del agua. El en la popa se muestra, dando ya muestras bizarras de su amor, con las alegres prevenciones, que emplearlas en tu servicio desea, y con las lucidas galas de soldado, o si pudiera mañosa aquesta alabanza, . emendar el yerro mío. El que mis ojos aguarda es Anteo, y su fineza tarda ya. . Que le desmaya el favor ha parecido. Pues tú no me asegurabas su amor? . Sí; pero ya temo una fineza en sus ansias: dale celos con Tebandro, si quieres averiguarlas: mas los dos vienen agora acostándose a la escala de este jardín, que el márbate; y mientras la verde playa pisan, podremos oír lo que ya en sus barcos cantan. Atenta escucho. . Hoy verá Nise, si Febo la agravia. Quiero, y no saben que quiero, yo solo sé que me muero, Aplicar el pensamiento de aquesta letra podré al Estado en que se ve, señora el dolor que siento: nadie de mi mal lo grave alcanza, y para inferillo, os lo dije sia decillo, porque en mi voz aún no cabe. La vista es de mi pasión, el intérprete más sabio, de un modo sueña en el labio, y de otro en el corazón. Y esta licencia de un Dios no es digna aquí de castigo; pues no creo, aunque os lo digo, que estoy hablando con vos. Ni a confesar que el sujeto sois de mi amante porfía, me atrevo, porque sería delito contra un respeto. La causa es de tal decoro, que no la sé publicar, ni sé lo que debo amar, ni sé la deidad que adoro. Ni sé el cielo que pretendo, ni sé el bien que amor me dio, ni sé el Sol que me cegó, y así me explico, diciendo, quiero, y no saben que quiero, yo solo sé que me muero. Astuto con las dos cumple, pues con dos sentidos habla. Yo manifiesto mi amor con experiencias más claras, porque publicar la pena es aplauso de la causa. Y pues ya festivo el mar, segunda Venus te aguarda, para que sea tu esfera, traigo ese varco, que rasga con la palamenta de oro, undosos campos de plata. En él embarcarme quiero, por ser vuestro, que obligada me tenéis, y agradecida. Suerte es mía. Y yo envidiarla puedo. Acerté a dalle celos. Muy bien, y aún sospecha el alma, que los ha sentido él. Apacible el Marte llama, y el concurso alegre. Vamos. Perded las desconfianzas Tebandro, que yo esta tarde no os envíe a llamar sin causa; este favoros promete otros. Ventura tan alta sabré que a vos os la debo. Vivid muertas esperanzas. Así estorbo mis ahogos. Nise, porque te quedabas con Tebandro? Eso preguntas? con escrúpulos me agravias del recelo es artificio, para dorar tu villana falsedad Qué dices, Nise? Fingido que te pesaba del favor que hizo a Teband la Duquesa; las palabras, y el semblante lo dijeron. Hubo presunción más van Cerbino, que te parece de esta queja? Qué es matraca. Tú no me diste licencia de que adelante pasara mi amante cautela. . Fue por ver si tú la tomabas: ya no la doy. . Revocó el poder. Tuya es el alma; y este que lo sabe puede decir mi firme constancia. Los escollos, de alfeñique son, si con el se comparan. Qué dijo de la Duquesa? Que tiene trecientas tach Bien me previno Sirena. Dice que con aire anda, si se le da el abanillo, que es discrota, cuando calla que su cara sin socorros del tocador, fuera mala, que entra en el sierra moren y sale sierra nevada: que huele a mujer casera, que roncando trae el alma de puro fría, y que antes que con ella, con su enana se casaria. Pues baste mi muerte si esto no basta, Sirena; pues tu permites, el pecho en iras se abrasa, contra mi tales oprobios: así en tu presencia ultraja Anteo mis vanidades? Ella lo oyó, mi desgracia lo ha querido. Cuando vuelvo por ti, mis favores pagas tan mal? Qué podré decirla: haciendo experiencia estaba por servirte, del desvelo de Anteo, y me desengaña con tan indiscreto indicio. Si tiene, hay de mi! otra causa que así le obligue a ofenderme Puede ser menos turbada estoy! ya pues no escucho . que yo soy la que le aparta de su afición. . Tu sospecha tan nueva, tan ignorada pasión a sentir me enseña, que no acertaré a explicarla: otra puede haber que en él mas imperio que yo alcanza, de imaginarlo, en mi nacen unas no encendidas ansias, que parece en lo que pican, que son espinas del alma. Esos son celos. . Infiernos con más razón los llámaras. Pluguiera al cielo que nunca mi pecho de tu enseñanza, aprendiera estás noticias, que acosta del vivir halla; si cuando empiezo a saber, sé qué hay pesares que matan, más seguridad tenía la vida con la ignorancia. Contra mi propia, que yerro? mi voz su discurso labra. n. Ya he conocido las penas, Ven a tratar de alibiarlas en el mar. Verás arder con tanto fuego sus aguas. Ya me obliga a más temores. Anteo mi amor agravias. Defensas celos defensas Venganzas celos, venganzas,
JORNADA TERCERA
TERCERA JORNADA Montes, arroyos claros, frondosas soledades, mudas amenidades, que aún no sabéis quéjaros, heridas de los vientos, por secretas os fío mis intentos. Ruda selva intrincada, porque yo feliz sea, robando a Doriciea, ya embosca gente armada tu sombria espesura, abra el paso la fuerza a la ventura Prados, cuyos olores hurta el viento ligero, que sujetos primero del tiempo a los rigores, por ley de sus mudanzas, verdes retratáis mis esperanzas. La Duquesa, otra Aurora os dio con su venida, mas mi pecho enamora; que es el entendimiento (ro. rostro del alma, y del amor a llen Soledad, que dichosa fui, cuando en ti vivía, aquí no conocía la lisonja engañosa, los amantes desvelos, ni estas sombras de amor que llaman celos. De un abismo he salido, otra soy desde agora; pero el discurso llora la razón que ha adquitido mi intendimiento ciego, halsó la luz, y yo perdí el sosiego. La alegre monteria, que aguarda tu presencia, a noble competencia también nos desafía, dónde el valor moxtremos; (mos y así los puestos a tomariré Y a esperar prevenidos, que los brutos feroces, turbados, y veloces, de centros escondidos, se despidan oyendo! delas batidas el confuso estruendo Por ti con brío ufano, en su denuedo fiero, la orquilla, y el acero, ha de emplear mi mano. . Hoy la suerte en las telas mía ha de ser, si logro mis cautelas. que importa, si es falso Anteo, que aquestos que miro esquisa me obliguen. Muy pensativa allí la Duquesa veo: ya repara en mí. El criado en quien mi ofensa escuché, aquí viene, volveré, pues a sentir me ha enseñado N amor, a informarme de él. donde queda Anteo? . Ya tus pasos sigue; aunque está con una queja cruel, en aquel favor pensando que Tebandro mereció ayer. . Tanto lo sintió? No pintan tan loco a Horlando Pues como en hablar se empeña, con menosprecio grosero, de mí? . Testimonio fiero eso tu decoro sueña. Y vos también, y esta meng a castigarla me obligo. Yo no incurro en el castigo por haber sido su lengua de celos, fue cuanto allí dijo contra tu deidad. Sirena, si esto es verdad, mal me aconseró. . De ti con veneración extraña siempre hablo. Amor escuchemos. que así de Febo sabremos a cual de las dos engaña. Qué dice? Qué es ordinaria la beldad de las más bellas, a tu lado, aunque entre en el Sirena tu secretaria; que de ti aprender pudiera lo que enseña presumida; pues se precia de entendida; y no es si no bachillera. Con cautelas mi fe ultraja. Y ay otra a quien pueda amar? Señora, ya a vomitar me ha tentado. Araja, ataja. Que los haya interrumpido lacaza me ha estado bien, a ocupadas ya se ven a de un jabalí que ha salido las telas, envuelto en fuego, lebreles, troncos, y ramos destroza. Sirena vamos; y tu vuelve a hablarme luego; saber quien será deseo, la enemiga recatada. Qué porfies mal pagada. ̱. Amor, y desdén poseo. Tu pecho es con logros vanos, y con tormentos severos, ol campo breve a dos guerreros, trono angosto a dos tiranos. Balannzas del alma son. Yo sé, que ha de pesar mas tu queja. Engañada estás, pues más pesa mi afición; de Anteo he de ser. Que aprieto, quien tan turbada se vio. ̱. El jabalí me volvió al estomago el secreto. Por Nise con tal cuidado voy de la Duquesa huyendo. Lo que estábamos diciendo que ayer escuchó, he pensado, y ya la temo sebera, no tan boba como estaba, cuando todo lo ignoraba, menos peligrosa era. Quien sabe algo, sabe errar solamente, mas me agrada uno que no sabe nada, porque sabrá preguntar. Vengurse de ti podría, y así haz carocas engaña su amor, que más que una hazaña importa una hazaneria. Temo a Nise, Menos malos, serán sus fieros desvelos, podrá molernos a celos, pero la Duquesa apalos. Presumirla vengativa, no es lo que me persuade a proseguir su festejo, sino el ver que todos saben que yo me empeñé en servirla; y si en los públicos lances, tan bizarro como los otros no me muestro, hande juzgarme poco altivo. Caballeros, acudid hacia esta parte, que peligra la Duquesa. Yo el primero he de arrojarme a socorrer su persona. . De un alboroto tan grande, que será la causa; Sigue aquesta senda, y no aguardes. a que los demás de atento, y de valiente, te ganen la gloria, robada llevan a la Duquesa. En su alcance sabré aventurar resuelto la vida. Ya llegas tarde; pues Tebandro del esfuerzo de soldado, haciendo examen a una tropa de embozados, que del cerrado boscaje, para robarla salió; ya la obligo a retirarse, librándola del peligro, porque tú no aventurases en esta ocasión la vida, por ella fino, y amante. Bien pudiera yo cumplir, sin la culpa de agraviarte, con una acción tanforzosa; y sin que tú. Baste, baste la persuasiva traidora; y este sea el postrer trance, que no siempre en tus engaños se han de fiar mis verdades. Ya no puede amor sufrir, que se vista tu semblante de mentirosos afectos, vario adulador, y fácil. Ya escarmiento de creer tus palabras, que inconstantes y mal seguras, parecen hijas del mar, y del aire. No más aleves lisonjas, volver quiero en mí, y librarme de pisar sobre el veneno, pues es descubierto el áspid. Salga tu aborrecimiento del silencio, no se canse en pedir prestados siempre a la voluntad disfraces. Y calle yo, pues aumenta la queja de los pesares, la pena de quien los siente; y el gusto de quien los hace, Solo es ruido del dolor, y no alivio de mis males, pues a que sale del pecho, si a ser lástima no sale. Padezca yo, como muchas, que no hará extraneza a nadio que haya una ofendida más en el mundo, y un mudable. Desvanézcanse, pues ya bajeza es morir debalde, suspiros que al corazón le cuestan lo que no valen. El laurel de Albania goza; verdes tus sienes enrame, y jamás a mi esperanza se parezca en marchirarse. Hoy me ha dicho la Duquesa, otra vez, que has de casarte con ella, por muchos años su mano a la tuya enlaces. En dejar la mía aciertas; mejor podrá enamorarte, mano que ha heredado un cetro que es la hermosura más grande Que por una gran señora me dejes, no ha de admirarm el amor de la pobreza siempre murió de este achaque Yo huiré de ti, y de tu suerte, porque las luces Reales en las inferiores sombras de mi vista, no se manchen. Y porque en medio de tantos disimulados contrastes, no se si podré conmigo acabar de no acabarme. Pues de pensar en mi agravio agora aquestos volcanes que procuro reprimir, ya en la paciencia no caben. Respire en la voz la pena, que de hablar en falsedades, no es tiempo, mejor será ame Verte amado te hizo ingrato, Febo, costumbre culpable es, que de las groserias la ventura se acompañe. Porque prósperas fortunas teanuncio, todas te falten, y el parabién que te doy, ruego al cielo que trocarle pueda en pesame mi labio, y que no suceda tarde. Los que hoy te aclamen, mañana te nieguen sus vasallajes, el laurel desde la frente a serlazo al cuello baje; y pues me abrasas con celos, también con celos te abrasen. Tu cruel pecho se vea cercado de adversidades, como el mío; pues estoy combarida de tan graves. congojas, que aún ya no encuentro palabras para culparte, y que me dejan parece ya los alientos vitales, ojala el último fuera este, con que respirase mi vida, para no verte atroz, que afrentas la sangre heredada, engañada, desleal, tirano, amante el más vil, y el más. Ay cielos! que desgracia tan notable. Nese, señora. El sentido perdió. Sus ansias mortales aquella cercana fuente socorra. . Que la mataste dirán, y porque a los dos nos ahorquen esta tarde, se muere ella adrede. Apriesa, antes que el aliento falte, y el dolor la ahogue. Laura, de que das voces? Un grave accidente a mi señora la dío. . Todos son azares los de hoy; pues cuando pude de los traidores librarme, y quedo sin aquel susto, otro no menor me añade, ver desmayada a Sirena. En llanto empieza a bañarse? ya vuelve en sí. Cauteloso, falso, ligero, que faltes a tal deuda, hay mal pagada firmeza! ay burlada amante! hay infeliz, y ay de mí! Con quién hablas? De mudable a Anteo acusando estaba. Prosigue. Y el no haberte visto antes en un peligro, a este enojo se juntó para ahogarse el corazón con la pena; y cuando vuelvo a cobrarme, creyendo que me escuchaba, vuelvo otra vez a culparle, cómo has oído, que siento como propios tus desaires. Y te cuestan un desmayo? mucho llegáis a obligarme. si es Sirena quien me ofende? Vida me da que restaures la tuya, pues vivo en ella. Con todo emos dado al traste Todos nos emos helado, por ser aguado este lance. Que tan presto un sobresalto siga aotro? Los pesares, nunca acomete uno solo, que ofenden como cobardes. Pues porque, él ha hecho cierta mi sospecha, tus piedades no logras, ya que por agua fuiste? Porque no la mate la vertió, que pudo ser el desmayo mal de madre. Como ya se ha socorrido para desembarazarse el corazón con el agua del llanto, no es ya importante la que traigo? Pues ordena, porque mejor se repare de este accidente en la quinta; que vengan hacia esta parte las carrozas, y los dos idos también. . Alácranes queda echando por los ojos. Qué coliges de quedarse con ella a solas agora? Que toda la historia sabe, y que la temo, pues ya sanó de los disparates. Lo que aguardo de su voz, se ceño me ha dicho antes. Ya despierta la razón del torpe sueño en que yace, y de los comunes riesgos acabe ya de informarme. lo que le al no pudiste, traídora me lo enseñaste, mejores maestros míos, que tú, son tus falsedades: aunque me adiestra a vivir. de tu razón el dictamen, hizo más tu sinrazón, pues ha enseñado a guardarm y pues mi discurso al mundo con esto los ojos abre; más a los peligros debo, que no a las seguridades: pero tu doblez trazó, que en mi alma incauta entrase las que alumbran como luce a quemar como volcanes. Porque me descubres sendas, donde el perderme es tan faci en mi primera rudeza hubiera sido el dejarme más predad; pues de un abism a otro mayor me sacaste. Con discreción cautelosa, las experiencias de amante, me obligaste a que aprendier para que capaz me hallase de sentir estos tormentos, tus preceptos desleales experimentar me hicieron las dulces tranquilidades del amor, porque el acibar de los celos más me amargu Enemiga de tu dueño, encubierta, la más grande alevosia comotes, que en humano pecho cabe. Vasalla, y criada faltas a la fe, y al vastallaje, y amiga a la confianza, que es la más sensible parte. La conspiración intentan mas atroz tus deslealtades, pues el imperio del gusto pretendes tiranizarme. Burlando mi pasión quieres, ya que ofenda, ya que ame, así de un pecho Real ligera la deidad haces? Por ti soy risa de todos, Jdino adoración de nadie, siendo tus obligaciones terceras de mis ultrajes. No has de conseguir cautelas, fundadas en mis pesares, mi mano ha de ser de Anteo, aunque tu industria lo atale, aún que el Rey Griego lo estorbe, y Albanía se anegue en sangre. Pues lo ordena el Cielo, y yo le admito, he de castigarte con aquel mismo veneno con que mi muerte intentaste. Tu altivez, que en mi albedrío. reinaba desde este instante, empiece a ser escarmiento, que a la traición amenace. Y los que ingrata te han visto vean que supe arrojarte de la cumbre del favor, porque despeñada bajes, donde nunca a verme vuelvas, donde sus iras declare la envidia, y donde te niegue la lástima sus piedades. . Escucha, y culpa a los hados, armada de enojos graves se va, todo me lo quita la suertes perdí el amante, perdí el dueño; pues porqué con la vida he de quedarme? Cielos, con desdicha muera, la que con desdicha nace! Bien mostraste tu valor defendiendo a la Duquesa. Sí, pero es ociosa empresa querer conquistar su amor; pues en Anteo le emplea: mas si hasta agora este agravio le ha disimulado el labio, ya será justo que vea ella, y el mundo, que puedo tomar la satisfación por mi propia estimación; y para esto a Manfredo quisiera hablar. . A la quinta al mismo tiempo ha llegado que tú. , . Mi pecho ha turbado con la noticia distinta, que contra Anteo me dio . la Duquesa. . Ya de hacer experiencias del poder mío, la ocasión llegó, pues al que quiso robar a la Duquesa atrevido, su mano le habrá movido; y lo debió de intentar, temiendo, que su ambición dificultosa sería de lograr, pues no tenía de mi Rey la aprobación; y me da que sospechar ese extranjero ignorado, ese Anteo, que apoyado de vos, procura labrar su fortuna, que aur que alcanza de la Duquesa el favor, verse a los dos inferior, desmayara su esperanza, riesgo en mis castigos tiene, si averiguo que fue suya la acción. . qué a él se atribuya este exceso me conviene, . ya que mi industria no pudo conseguirle. . Si se infiere, que a la Duquesa no quiere mucho, qué intentase, dudo, robarla; pero quien sabe penetrar lo cauteloso de un pecho humano? forzoso es en presunción tan grave, con él que el dominio de tú puesto ejerzas. . No solamente en el indicio presente a ejercerle estoy dispuesto, si no en cumplir con la ley del seudo, que Albansa paga, antes que otra vez me haga cargos de remiso el Rey. La Duquesa fue bastante a este omisión, y no hallo escusa en ser mal vasallo, por parecer buen amante, y más habiendo cogido mi amor tan ingrato fruto; y así pagad el tributo, pues ya el lustro se ha cumplido. El numero se aperciba de esclavos, de sus ganados vuestros campos despoblados quedén, la suma excesiva de oro, y plata, por despojos de mandatos soberanos, la contribuyan las manos, aunque la lloren los ojos; Todo prevenido este, Albaneses infelices. Ya humillamos las cervices a esa ley. . Veréis que fue mal interpretada aquella respuesta que la deidad os dío, si de la crueldad, y el rigor, que en vuestra estrella tan repetidos se ven: aguardáis que os libre Anteo? No serápoco trofeo. que él se libre a sí. De quién me he de librar, si es de ti, poco el valor te embaraza quien en ausencia amenaza. No he de responderte aquí cómo igual aquesta vez, porque sospecho que has dad causa, a que proceda airado contigo como Juez. T. Qué es esto? El susto me ahoga; sábes lo tú? . Buen despejo, y es conplice? . Es cordelejo Podrá ser que sea soga. Qué escucho? Hay tal confusión! de que Tebandro me culpa? Pregúntáselo a tu culpa, que ella sabe la ocasión. Esta es peor polvareda, Sepa yo de tu amistad, Manfredo esta novedad. no es bien que llamarme pued su amigo, quien no estorbó nuestra esclavitud pudiendo, quien viene a engañar fingiendo quien tal delito intento. Yo delito? mas dudosos nos deja, si esta mujer. Qué burlas? nos manda hace causa de facinerosos. . Call Pues qué hay culpa, es llano: dime, aunque así te autoria lo Caballero es postizo? fuiste algún tiempo Gitano? Y tú me enojas también. Muchos con la presunción se olvidan de lo que son, mirare hacia dentro bien. Más inquietud que la duda presente ha causado en mí, haber visto a Nise allí dejar con tristeza muda la quinta. . Y la sigue Laura, suspiros va dando al viento. Es porque deba a su aliento, mas que a las flores el Alba. Diciendo está con acciones a esas yedras sus congojas, sentirlas sabran sus hojas, pues todas son corazones. Extremos hace llorosa, y que me suspenda tanto no es mucho, pues con el llanto está dos veces hermosa: mover su pena a estas rosas puede. Si el juicio ha perdido, podrás decir, que ha querido tu amor a tontas, y a locas. Ya me vio, y volviendo el rostro con muestras de enojo esquivas de mí se aleja; mis pasos, y mis afectos la sigan. Espera, pues me parece, que a romper la guerra envía por su embajadora a Laura. La que es blanco de las iras, del hado la más constante, y menos correspondida: viendo que a su pensamiento ya es preciso que le sirva de verdugo esta memoria; porque en lo poco de vida que la conceden sus ansias, no pueda hacer a su vista triste representación de pasadas alegrías, para que yo te la vuelva me la dio, y aunque se anima su blanca mano, de mármol en lo hesado parecía: temblando de sentimiento, y aquestas razones mismas, con ronco acento pronuncia, para que yo las repita. Dile al más desconocido de los hombres, que reciba por demostración postrera del odio a que ya me obliga? y porque ya se acabó mi amor, siendo su enemiga esta señal de mi ofensa, y algún tiempo de mis dichas. Que ya supe que robar a la Duquesa quería, por gozarla, sin mi estorbo, con que su traición confirma. Con esto me dejó, y sola hacia esas playas camina del mar, tan desesperada, que temo alguna desdicha; y pues ya la obedecí, agora es piedad seguirla. Llegó mi pena a su extremo. Tu confusión ya averiguas, el robo es el que te achacan, con que tu nuez, y la mía. riesgo corren. Vengan daños, pues no es justo que yo viva; perdiendo a Nise, a postrarme a sus plantas fugitivas, voy, y tu cruel instrumento, trágica, amarga reliquia del pasado bien, que puedes ser en una culpa misma, el acusador, y el neo, no he de tenerte a la vista, porque de mi ingratitud no renueves las noticias: a Nise emos ofendido los dos, y así te castiga a ti mi aborrecimiento, y a mi de amor la justicia. Oh amantes necios, no fuera enviar a la platería aquesta prenda mejor que arrojarla, antes que envista otro con ella la cojo. Un avenedizo obliga a tal discordia, aquí está su criado; mas que mira mi atención, como ultrajado el Regio collar, la insignia decorosa, que en su pecho el César Griego acredita, estaba en el suelo, y tú ya en tus muros la públicas en tierra el sello Imperial, que pendiente de ella brilla, donde está del gran Monarca la imagen sacra esculpida, ídolo Majestuoso a quien el Orbe se inclina. Las Griegas leyes condenan a no quedar con la vida, a quien la imagen profana del Rey, y así no te libras tu de esta pena, prenderde. Sean mis manos malditas, y mi codicia. Y de un árbol le colgaréis. Tan apriesa como ahorcan sin proceso los Griegos y sin capilla. Venga. No lo hagamos bulla, qué aquesta muerte no es mí y ser yo ahorcado por otro es ruin fineza. Aunque intiman tus leyes tan graves penas, verás mi postrer desdicha, Nise, pues huyes de mí; yo con mano inadvertida, he cometido ese crimen contra la soberanía de tu Rey, y lo confieso; porque el destino consiga de tantas adversidades el fin, porque la ojeriza de tus engañados celos, se vengue en mí, porque sirva de satisfacción mi muerte a la que me dio la vida un tiempo, y ya de mi fe incrédula, me la quita: y porque cortiendo el velo del secreto, se colija de esta de sesperación la causa; pues no es la misma que hasta ahora he publicado y pues que ya se descifra, cuantos la ignoran atiendan mi firmeza, mal creida, esos Astros que la influyen; esos montes que la envidia y un prodigio de amor; todos escuchen. , , l De qué repita desestimaciones tuyas, tan resuelto, está corrida mi confianza. . Manfredo no te culpo, aunque podría, por haberle acreditado letermina: trte, i y agora tu nuevo intento sepamos. . Todo es enigmas Acaba de declararte. Esa prenda que autorizan, regias señas, lmía es, y la irreverencia es mía de haberla echado en la tierra; y así contra mi fulmina la sentencia, que la ley manda. Porque te adjudicas atrevimientos ajenos, siendo del suplicio digna yo, por culpada, y por ser de todos aborrecida, que es el delito mayor. Tebandro, tú que administras el castigo, gran Duquesa, mas de mi estrella ofendida, que de mi Manfredo, y cuantos a tan oculta noticia: os suspendéis; advertid, que esta de tal osadía es la mano delincuente, y este el cuello, que a la impía ejecución del cuchillo se condena. . Aunque ansimisma se acusa por agresora una piadosa mentira, la ocasiona, pues entiende librarme de tu justicia con eso. . El collar Augusto esmío, lo cierto diga: Manfredo, pues él me trujo de Grecia, y allá sabría, que el Rey nos le dio por seña de incendio, que ya es ceniza a mí, y a Febo, que así se llama, que ya escondidas no es bien que estén las verdades: Nise es mi nombre, cautiva, y esclava del Griego Imperio, y pues más comprendida, por serlo, estoy en sus leyes, mi pena ha de ser precisa en tu presencia, mi propia impiedad me siscaliza; pronuncia, para que cesen tantas fortunas prolijas el rigor que ha merecido (guas mi error. . Muy mal le aberí ni tú a sus despechos creas sobre mí con justas iras caiga el filo vengador de la Real ignominía. Por ser suerte en mí el morir me lo estorbas. . Si es fingida mi pasión, verás agora. Caso extraño! . Peregrina competencia de amor. Febo me desenoja, y me anima el conocerte, una sangre a los dos nos califica, y de Pirro blasón nuestro, eres descendiente, aspira al sin que intenta exortarte mi deseo. . Y quién confirma que él es Febo? . Mi certeza, y su error, pues quien podría sino es el ser tan ingrato? Y esa señal conocida de ti, que tu Rey me puso lo dice. . Aunque te acreditas con ella, bien puede ser, que tú que eres Febo finjas, y que a él se le quitases. No dan causa a esa malicia mis acciones, que si fuera hombre yo de tan indignas prendas, que necesitase para las fortunas mías, valerme del nombre de otro una mano pretendida de tantos, causado hubiera en mi pecho más codicia del trono de Potentado, y no diera estás premisas del amor, que a Nise debo, y bien que es noble pública, quien por una obligación sabe perder una dicha. No te abonan las sospechas de que tu robar querías a la Duquesa. Ese impulso, hijo fue de mi atrevida voluntad, por no arriesgarle lo déclaro, y porque digan, que blasono de una culpa, con disculpa tan divina. Que de dudas va venciendo la verdad! Pues en las cifras, y letras, que en el Cesareo collar, gravadas se miran, Por ser en lengua de Grecia, de vosotros no entendidas, un decreto del Rey hallo, que le venera, y le admira mi atención; oíd, que en él mayor novedad se explica. A Nise, y Febo esclavos el destino los hizo, amor esposos, y yo Ejeo Monarca de la Grecia, determino qué libres queden por premiar su empleo, con piadoso atributo, y su patria por ellos de el tributo. Grandeza de un Rey! Si Albanía hoy por nuestro amor se libra, también da amor libertad. Pues los feudos Febo quite lo que el Oráculo dijo se cumplio, sin ser precisa. la prevención de casarse con la Duquesa. Ella ellja, pues ya queda indepente de la Griega Monarquía a quien quiere, Ya no debo, pues me amaestran, y avisan los desengaños mostrarme indiscreta, que me obliga una voluntad forzada, la inclinación que le guía siga Febo, que yo estoy de Tebaduro agradecida, y satisfecha, y le pago así. Llegaron mis dichas. Nise, no haremos las paces Sí, pues tu mano las firma. Como a sus libertadores la patria a los dos reciba. Yo por no echarme a galera y a que del cordel me libran; no quiero casarme. El viento se ha llevado muy aprisa tus palabras, y tus plumas. Y aquí la que más se humí a tan discreto Senado, perdón de sus hierros pida.
