Texto digital de Sufrir más por valer más
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Jerónimo Cruz y Mendoza
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Sufrir más por valer más. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/sufrir-mas-por-valer-mas.

SUFRIR MÁS POR VALER MÁS
JORNADA PRIMERA
n. Allí esta el Conde Ricardo, como ordenaste, señora, aguardando. . Salte ahora de aquí, Lisarda. A fuera aguardo. . La Duquesa, ya está al esperando, llega pues, Con temor llego: Garcés, fuera aguarda. Harelo así. . Conde? . Señora. Detente, que eslo que haces? Vuestra Alteza permita, que a su grandeza postre mi humildad. Que aliente tus meriros, mi atención, PRIMERA Doloí. es lo que debe atender. Si los dais tanto poder, tendrán mucha estimación, debida de la grandeza con que los honráis, señora, Deja lisonjas ahora, y escucha. Dígalo tu Alteza. Dos años ha, Conde Ilustre; dos años ha, que mis penas, habiendo sido accidente de un error, mi adversa estrella, como tan errante pudo hacerlas naturaleza. Edemburg, Corte de Escocia, en magni tud, y belleza, insigne en Europa; no porque dichosa posea dueño de Divina gloria, que está fuera su grandeza. Que la Monarquía estriba en que la fama establezca el Príncipe en sus virtudes, y que de él solo proceda. Es tu Patria, y Cortenja: mal dije, error de la lengua ha sido, porque llevada de ser aquí mi asistencia, le dio propiedad aquello de que vido tan ajena. De Ingalaterra, mi Patria, en Londres nací, pluguiera al Cielo, que aquellacuna, que me agasajó primera, Por destino de los hados, o natural influencia, para mi muerte, de tumba en las exequias sirmera, que quien nació para ser asunro de la tragedia, recitarla a los principios, fuera del Cielo clemencia. Ya sabes, como Amadeo tu tío, y mi esposo, . Espera, señora, que esa memoria, por tan dolorosa, es fuerza escusártela a la voz, ya que el oído no pueda. Apenas la lenguaraz fama, enhombros de sí misma, por la cerúlea Región a Escocia trujo las nuevas de la sin par hermosura del Fénix de Ingalaterra, Isabel tu hermana, hija de Edvardo, Rey que hoy reina, cuando Amadeo, mi tío, que de Escocia, la Suprema Corona tiranizada tiene, pues por línea recta toca a mí, porque Contado mi padre su hermano era primogenito, y faltando antes de mi avuelo, puesta su persona en el gobierno, fue de Escocia, por ser tierna mi edad entonces, razón, que al Magistrado hizo suerza. Jutro dújose con él, tanto, que con la cautela, cuando yo era iuficiente para el cargo de la herencia, hizo con el Parlamento, que por inútil me dieran, y por sujeto el más digno de Escopia el Cetro tuviera. Éjeluéronme, diciendo, ser habil, que se prueba fácilmente la malicia, cuando contra la inocencia el Juez crialos testigos, y del interés se llevan. Y con políticas causas, que suelen hallar dispuestas, los Príncipes, siempre que les son de sus conveniencias, Se me mandó de la Corte salir, para que asistiera al Gobierno Militar, de las vecinas fronteras. Donde vivo desde entonces, sin permitirme licencia para que le venga a hablar, y que a Vuestra Alteza vea. Pero volviendo al discurso primero de esta materia: ya sabes, que me ordenó a Londres por Isabela fuese, por estar propuesto, antes que su esposasea. Y que viendo tu hermosura, alaben a mi suerte adversa, por ver, que a las ansias mías afectuosa. . No es esta ocasión, Conde, de que al estado que hoy profesa n referir memorias muertas de amantes sucesos, que es género de flaqueza permitir que tú las digas, y que yo imprudente atienda, pues parece, que de oírlas el alma se lisonjea: y así, pasa a lo importante, Todo es muerte, todo es pena. Arendiendo el Rey tu padre a mis amantes finezas, tu mano me prometió, y yo; ah rigurosa estrella! por no enojar a Amadeo; pese a mi atención tan necia! lo dilate, hasta tratallo con él quien entendiera me pagara el beneficio con tan fuerte recompensa? A Edemburllegamos juntos, culpando al tiempo, que era torpe el vuelo de suslalas, pues no imitabo mi idea, que los deseos amantes, cuando fin dichoso esperan; el más presto movimiento, prrecorarda carrera Viore Amadoo (qué error!) y repudiando a Isabela tu hermana, que para ser su esposa venía, ordena, sin reparar en mis ansias, y mis amantes finezas, que eran voces los afectos con que explicaba las penas. Qué Isábela se volviese a Londres; horable ofensa! eligiendo tu persona en su lugar, sin ver queera de más de enojar un Rey, tenerdos almas violentas, Casastere en fin con él. De ese error nace mi pena. Qué pudiste hacer, señora? Darme la muerte yo misma, pero no quiso mi suerte, que aquesa dicha tuviera. Casome al fin, como dices, y a ti entonces se te ordena salgas de Edemburgao fue la acción política necia, que a vista del agruviado LD padece riesgo la ofensa, porque no todas las veces se puede usar de prudencia. Auiente, pues, desde entonces, escúchame, porque es esta la ocasión con que te llamo de secreto? No hay quien pueda divertirme, porque salen de esos ojos dos Cometas, hay señora! . Quedo, Conde, ya no es tiempo de finezas, no porque al discurso truje aquellas memorias muertas, las queráis refucita; porque os juro por su Alteza, mi esposo, que si mis ojos no! son causa que se divierta, irritada contra ellos, yo con mis manos? . Espera, gran señora, y no se enoje de esa fuerte Vuestra Alteza, que como fue en aquel tiempo tan reverenciada prenda de mi pensamiento amante, y agora la vez primera es que la veo, no mueño llevado de aquella idea, sin atender al decoro, ni vencer la pasión ciega de aquel afecto, un error se arrojase por la lengua Mas reprimiéndolos ya, con debida reverencia castigara a la memoria, la fuerza de la modestia. Con ese seguro, Conde, prosigo. . Seré de piedra, En tálamos de cristal, el Sol soñoliento apenas, parece que descansaba de la incansable tarea, s dando lugar al reposo, a que en repetidas treguas el aparato Nupcial de mis bodas fin se diera, y al tálamo prevenido, dedicada estaba, apenas al recato que se debe a una mujer de mis prendas, que entre mudanzas de estado, teme, padece, y espera. Cuando pasado aquel tiempo, que me parece que ordena, y permite el agasajo, aunque del amor carezca. A deshora de la noche llegó el Duque, y con modesta voz me dijo: no os admire, señora, el ver mi ribieza, que ya se qué culparéis esta acción de poco atenta, como la causa ignoráis, pues quiero, pues sois discreta, preveniros, que os templéis, ya que yo por mi no pueda, porque es preciso dejarme arrebatar de mi estrella. Y más vale que cobarde en la obligación primera de esposo, y galán, me halle mi desdén vuestra belleza, que pues que yo la confieso, siendo dueño, y señor de ella. y el amor tibio, y cobarde se halla en vuestra presencia. Claro está, que como he dicho, es esto del Astro fuerza, que yo no puedo estorbar; y en fin, pues que sois discreta, Sufrir Mas por Valer Mas, os puede valer de emblema, Fuese con esto, sin dar oído a mis tristes quejas, si bien yo entonces quedé tan sin mí, y tan descompuesta la interior fábrica, que compuso naturaleza, que es preciso las palabras las hallara sin potencia. Desde entonces, desde entonces Conde Ricardo, que ofensa! ni aún fingiendo con los ojos he gozado una fineza, para alivio de mis males, o consuelo de mis penas, Que a sus deleires pasados, mal advertido, atropella el decoro, como suele un caballo, que se suelta arrogante al rimvombar del tambor, o la trompeta, que del bordado jaez los rotos pedazos siembra. Pues así del matrimonio santo, la justa obediencia el Duque, de error pedazos siembra con poca modestia, con esa mujer, de quien idolatra la belleza, pasando a su luz las noches, como mariposa ciega, Lisarda, y que la conoces, preciso será, pues de ella, he oído decir, que el vulgo dio título de Duquesa, porque la invicta Corona de Escocia intentó ponerla. En aquesa Caseria, que dista de aquí una legua, Gigante que al Cielo sube, retratando su grandeza. En un cristalino río, que los verdes pies argenta la tiene, y allí la asiste de continuo, que imprudencia es, que un hombre así se deje Jevar de la pasión ciega, y de la razón se prive, faltando a lo que profesa? En fin, Conde, de esto nace, que el vulgo sin resistencia, por las calles, y las plazas repartido, de sus feas acciones por los corrillos mormura sin continencia. Y yo entre tantos pesares, el blanco soy, donde llegan estos golpes, que procuro rechazar con la paciencia. No siento, no de mi suerte el vil trato con que afea mi viva infeliz, que a tantas desventuras está hecha, si no solamente, que intrépido el vulgo quiera, (ay de mí!) el soberbio yugo facudir de la cabeza. Para aquesto te he llamado, Conde Ricardo, que espera este vágel naufragante, que zozobra en la tormenta de la voz popular, que de sus pasiones se lleva, serene tanta borrasca el Iris de tu asistencia, que en llegando una opinión a establecerse por buena a los golpes de la envidia, como la espuma se aumenta. Señora, el gran Condestable, oy el Presidente, licencia pide de hablarte. . No es bien, deñora, que aqui vean, y así retirarme quiero entretanto a aquella pieza. Está bien. Dilos que entrena De aquí los oiré. . Ya llegan, Gran señora. . Perseo, Condestable, a mis brazos llegad Qué amor! . Qué afable! Y qué se ofrece agora de nuevo? Daros parte, señora, de algunas cosas, que hoy en el Senado se han conferido de razón de Estado. Pues al Duque, mi esposo, cómo ese agravio le hace? . Lo escabroso de su condición fuerte, aquesto obliga, y no permite ya nuestra fatiga con más decoro hablas, y más prudencia, que fuera insuficiencia; m cuando la causa tanto en daño excede, no buscar el remidio, si se puede, Basta, Perseo, desimular conviene, que ya veo . les sobra las razones. Disculpas pueden dar las ocasiones; que padece el estado por su descuido; y poco en él hallado, pues a la menor política no atiende, y de cirla tratar solo se ofende. El vulgo hoy alterado, libremente entró a hablar al Magistrado, culpándole, señora. Pues, Presidente, en que le culpa ahora? Cómo te estima, llora tu fortuna. No les vengo a deber cosa ninguna, que esa voluntad, creo, que se la pago. . Gran señor, sabed que, Qué, Perseo? Advierta Vuestra Alteza, que he sabido, zolvoge Aparte hablan los dos! onio A esto he venido solamente, y así quisiera aparte, por lo que importa la materia, hablarte, Decid, que ya lo estamos. Siento vuestro disgusto. icanqu Al caso vamos: . mi pena por instantes se me aumenta. Digo, que a Palacio tiaen intenta vuestro esposo a Lisarda. Bien está (ay de mí!) que se acobarda. . mi valor, cuando veo lo que importa sufrir? Eso Perseo, no es lo que siento más. . HAy otra pena, siquiera por lo mal que la voz sueña: y esto por el remedio a todos clama, que no es justó en Palacio esté esta dama. Siempre el poder ha sido arbitrio de cualquier gusto adquirido: luego pendiente debe de él el mío, si es que le resta alguno a mi albedrío, mas que ninguno obedecer su gusto; que en mi obediente voluntad, es justo Demás, Perseo mente est d que a esa voz no me ajusto, ni la creo, y en las vulgaridades, siempre vi padecer las Majestades. Esto en fin de mi estado es lo que siento: que infelice nací! . Gran sufrimiento. Nuevas hoy han llegado de Ricardo, que ha venido la armada de Crotaldo. Ignoran, que aquí estoy? . Y esta sentido el Parlamento verle entretenido tanto tiempo en el Puerto, que desea el Pueblo verle, y Vuestra Alteza crea, que toda Escocia le ama. No hay Príncipe en Europa de más fama: que es lo que Vuestra Alteza hacer ordena, si medio puede haber en tantapena? Creo no os he negado la respuesta. Decid, que dejen puesta la carroza, otón. . El Duque ha entrado. Ya voy, señor. . Aguarda, mira, que vuelvo a ver luego a Lisarda, y has de venir conmigo. Tu hechura soy, señor? . D Eres mi amigo, que gente es esta? Señora el Duque ha entrado, Válgame el Cielo! . Pues quien aquí os ha dado a los dos de esta suerte licencia para entrar? Mi triste suerte. . Señor. . Señor, sabed, De aquestos dos sospecho, vive el Cielo, que tienen traidor pechó. Y bien, que se consultaba entre los tres aquí? . A decir entraba, gran señor, que ya el Pueblo. Basta ya, no sosiego de verlos, vive Dios, me enciendo en fuego. Mas decidme, que tengo presumido de ver junto los tres? . Señor, ha sido, que como los dos no te han hallado en todo hoy en Palacio, el Magistrado a consultar venía llalvo que esto a ver llegue? . Señor, con vuestra esposa? de que con el decoro merecido no tratéis supersona, y me ha ordenado os ruegue de su parte. Estoy turbado . de ver que muestras da con el semblante de su furor. . Pasa, pues, adelante. Señor? . Si el temor os tiene en calma, yo os sacare con la palabra el alma. . Cómo estorbar pudiera sus rigores? Vive Dios de mataros por traidores. Ya sé como estorbarlo. . No sosiego. . La Quinta de Lisarda se arde fuego: que se abrasa, señor. . Cielos, que he oído? aquellavoz robado ha misentido, culandono sn y solo ella pudiera estorbar, que a estos dos la muerte diera De espacio agora estoy, por vida mía, . para oír relaciones. . Fuerte cosa; Mirad que el Parlamento está ofendido, Bien mi industria he logrado. Conde? Aquí tu Alteza ha estado? Amigos sí, lleguén ahora con el secreto, y presteza que conviene, a ver su Alteza la Duquesa mi señora. Pudo me hacer atrevido a venir, saber que el día le pasa en la Caseria siempre el Duque; entretenido, con Lisarda. Qué industrioso el Conde Ricardo habló, Y apenas lleguén aquí yo, que esconderme fue forzoso, porque de cólera ciego, y en peligro a los dos vi y por excusarle di las voces, fingiendo fuego en la Quinta de Lisarda, como oistéis. . Caso extran Y pues la industria este dañ remedió, mientras que tarda en que el Duque vuelva, es bi que los tres nos ausentemos de aquí. . Lavida debemos, Vamos pues, antes que den motivo a mayor rigor nuestra asistencia aquí, A Dios, que para ver a los dos con el Duque mi señor, yo me sabre introducir, y sin desobedecer En los dos has de tener quien te ayude, hasta morir, y Baste tú también? . Seño ya veis que en peligro estoy, pero la palabra hoy doy, si la suerte no mejora vuestra fortuna, de hacer que la mude mi cuidado. Pues eres, Conde, avisado, teme el opuesto poder. No hay miedo con la razón. Es rigurosa mi suerte. También el valor es fuerte. ̱. Temo su indisposición. Ya mis empeños verá; y si te mejoro en todo. Cielos, si no hubiere modo, Suirir Mas por Valer Mas. . Por las playas lisonjeras de este ameno laberinto, de quien Dédalo podía copiar nuevos artificios, A divertir mis cuidados, melancólica he salido, déjame a solas Irene, que las consulte conmigo. No malogres tu hermosura con estos tristes suspiros, quese quejarán las flores, si le falta su atractivo Sol, de quien alma reciben viendo desmayar tu aliño. Repara en esos vergeles, mira en los altos alisos de varias aves enjambres adonde forman sus nidos. Sus armoniosas voces, no te alegran el oído? Para quien triste padece, que le podrá ser de alivio? Vete, pues, que quiero un rato entre estos bellos Narcisos, si puedo en tantos cuidados dar alivio a mis sentidos entregándolos al sueño. . Quieres que cante? . El ruido de esta fuente me divierte; vete. . A Dios, paso, pasito, con pies de amante celoso, o escrupuloso marido. Mientras que Lisarda duerme, voy a saber si ha venido Pasa tiempo, con quien paso el tiempo, hombre que estimo mas que por su humor, porque viene cherpa, que su oficio es grande anzuelo en Palacio. Bien haya un entremetido, que así logra cuanto quiere; mientras Garces, que es mi antiguo amante en la guerra está, que una mujer de mis bríos, no escusa alguna mudanza, haciendo el oro el sonido. . Lisarda, Lisarda, adonde Peregrino dueño mío estás? . Oh apague mi llanto el incendio, mas que digo; si se puede alimentar del aire de mis suspiros? En tode el cuarto no está, y solo el incendio mío hallo donde pueda arder salamandra: mas que miro? es Lisarda? Sí, qué dudo? dormido está el Cielo mismo. Que prodigiosa hermosura, núnca parece que he visto, sino solamente ahora ese tu divino hechizo, que un nuevo incendio de amor se ha en el pecho introducido, que abrasarle siento, luego es verdad que fuego ha avido. No fue aviso mentiroso el de aquella voz que oí, pues me dejó tan sin mí del suceso temeroso. Que ese fuego, aunque amoroso de tus divinos despojos quema, luego no fue antojos pensar que pudo aprender la casa, si aún encender podrá el mundo tus dos ojos. Notable efecto de amor hoy con tu presencia miro, y alegre estoy, ya suspiro, ya crece, y mengua mi ardor Pero si tu resplandor da luz eclipsado al suelo, que mucho lo que recelo, y que esté tan abrasado si el Sol al suelo ha bajado, o yo me he subido al Cielo? Qué haré en tan confusa calma? a donde estoy divertido, dando glorias al sentido, y suspensiones al alma? Con la victoria, y la palma quedas, Lisarda, ay de mí! y yo abrasándome aquí, cómo he de tener sosiego? que me quemo, fuego, fuego. Ay Jesús, quien está aquí? . Yo Pues, señor, qué es aquesto? Abrasarme, dueño mío. en ese incendio amoroso, y como es tan atractivo su voraz ardor, no pudo el pecho escular los gritos? Dejemos, señor, ahora los episodios prolijos, no se canse vuestra Alreza con retóricos estilos, que eso a los amantes solo se permite en los principios. En el linaje de amar, es mi amor siempre muy niño, Y yo muy esclava vuestra, y así, solo le suplico un rato me escuche atento. Dueño eres de mi albedrío. En este fertirteatro de altaneros pajarillos, donde en reciproca unión, por más ostentar el sitio, llevan la sombría selva de amores alternativos, que al son acorde otras aves mueven los arpados picos, sirviéndoles para espejo aquesa sierpe de vidrio, que desenlazada en trenzas, prodigo parto es de un risco, Me tenéis dos años ha, asistida de vos mismo, creo que el empeño vuestro en esto solo lo he dicho. Cuatro habrá, que vuestros ojos satisfechos de los míos, confesaron vuestro amor. de mi parecer rendidos. Y que yo advertida os dije, temerosa en los principios; porque quien los yerra; en vano puede dar al medio arbitrios. Que eráis muy grande señor, Duque al fin de Escocia invio y yo una vasalla vuestra, si bien de blasón antiguo de una generosa casa, Solar siempre esclarecido de vuestros padres pasados, que en noblecieron los míos Privo me de ellosia parca: ha cuanto daña al juicio de una mujer, el quedar sin el freno a los principios, de suedad, porque atropella por el gusto los peligros! No porque vuestras promesas, agasajos, y suspiros labrasen mi corazón, que como por el cído no los permitió el honor, ecomo impenetrable risco, que a las violencias del Noto no teme los precipicios, pasaron solo, dejando el superficie sentido. Acuérdome, gran señor, que en los primeros cariños dijisteis un día, estando haciendo alarde de sino, favoreciendo mi mano: Lisarda, si no he cumplido con toda la fe de amor, no me culpes de remiso, que está que en secreto ahora ostenta el afecto mío, tengo en público de darte, pues he de ser tu marido. Casastete con Teodora, hija de Eduardo invicto Rey de Ingalaterra, en quien se mostró el Cielo benigno con las partes que adornó su sujeto esclarecido. No hice extremos, porque fuera grande error, y desvarío, alentando aquel estado, y habiéndole ya previsto, porque la desigualdad da a grandes hierros motivos. Viéndome en aqueste estado, y que el vuigo inadvertido nuestras acciones miraba, fábula de sus delirios: quise ausentarme de vos a costa de mis suspiros. Aquí establezco la queja, que a vuestra Alteza le intimo: señor, pues estáis casado, no sois dueño de vos mismo, para que me la negáis? Trayéndome a este retiro, donde ausente de Edemburg, Corte de tu Reino, vivo afligida, triste, y sola, sin que goce aquel alivio de la libertad, tesoro que dispensa el albedrío. Basten, señor, las finezas, dejadme, pues es preciso que viváis con vuestra esposa, que os adora, y es tan digno sujeto de ser amado por su hermosura, y cariño. Mirad que Escocia la estima, y culpa vuestro desrío, que cuando empieza a glosar desatento en los corrillos, padece la opinión y es no pequeño perjuicio. Esto afectuosa os ruego; esto importa, esto os suplico, venced vuestra pasión propia, respondedme agradecido, que de un Príncipe, la gloria está en lo atento, y benigno. Nunca imagiré, Lisarda; que con esenecio estilo me hablaras para ofenderme, poca fe en tu amor colijo; cuando sabes, que abrasado a tu luz soy el Fenicio pájaro, solo en el Orbe, que renace de sí mismo; Me obligas a que te deje, y que olvide mi cariño, cuando resuelto a pagarte estoy el empeño mío en tu honor, quieres Pues cómo ya es posible? Lo que digo he de cumplir, y en fe de ello, hoy a Palacio es preciso que vayas. Señor, qué intentas? Qué mandes, y a tu servicio todos asistan. . Advierte: No me estorbes mis designios. Quisiera estorbar tus daños. Yo a costa de ellos me obligo. A qué señor? . A que seas, pues reinas en mi albedrío, dueño absoluto de Escocia, que poco al Imperio mío. debiera, si el imposible mayor no le facilito a tus pies, como a Deidad, que con reverencia miro. Aguarda, señor. Qué ordenas? . Repares. En lo que digo, Lisarda, el poder, y el gusto es un instrumento unido de las concordias, que si se destempla, es preciso. parezca mal, y disguste. Pienso que me has entendido? De qué suspensa has quedado, señora? . Ay Trene mía! de una muy grande alegría este pesar se ha aumentado, Pedile con osadía al Duque me concediera, puesto que ya razón era salir de esta caseria, y que dél todo en mi casa. me dejara; y fue peor, porque su encendido amor, que hoy más que nunca se abrasa quiere en Palacio tenerme; mira tú, que propia acción de su fuerte condición, conque no puedo oponerme a su intento. Y tú no quieres? Yo puedo porfiar, mas que bien me puede estar? Oh qué para poco eres! es barro en Palacio estar, puesto que el Duque te adora, hecha una grande señora, pudiendo a todos mandar? Dices bien, si no estuviera el Duque casado ya? Pues que nada a él se le da, que cuidado a ti te altera? Anda, que es visoñeria no estimar tanta grandeza, que puedes pasar a Alteza, y saltar yo a Señoria. No en vano estoy afligida, que de esta mudanza temo, viendo subirme al extremo, que dé más fuerte caída. . Detén el paso Irenilla, que esta ocasión he guardado mil años ha. . Seor mengua pique adelante. . A chiqu Avese. . Cruel violencia escúchame en cortesía. Mire que soy Señoria? Y yo no soy Excelencia? Tú? bueno; de cuando acá? En mi es justísima ley, porque soy pieza de Rey, y me cubro donde está. Perdona mi necedad; que no advertí tu valor, Soy yo despavilador, solo por mi habilidad. Dios te prorrogue el oficio, que en fin tiene gran salida. Hoy no hay cosa establecida, si no es aqueste ejercicio. Tendrás grandes valedores, puesto que así has granjeado? En no siendo descocado, no hay que tratar con señores. Esto con gusto, y de espacio habrás tomado. . Pues no? No ves, que el diablo metió al vergonzoso en Palacio. Mas esto dejando, puesto que en mí es mi mayor divisa ser mullidor de la risa, como te pinto. . Di presto. Pues de que en ti la grandeza procede? . Que visoñeria, de que yo soy Señoria, porque mi ama es Alteza. Basta, mas de cuando acá la Marquesa Alteza es? Eso lo sabrás después en Palacio. . Qué allá va? Sí. . Pues irene, ya sabes, que soy tuya. . Hare lo ver. Pues yo os haré obedecer, que no hay conmigo hembras graves. Sepa, señor Pasatiempo, que de brabaras me enfado, y que ya el más entonado me ha de dar dinero, y tiempo. Pienso jugar de violencia. Conmigo descortesía? Vease en ello Usiria, y a Dios. Guarde Dios a Vuecelencia. A mi obediencia, y respeto para venir se valió el Conde, y así estoy yo empeñado en el secreto, Toda fineza, y amor merene el Conde Ricardo. Hoy en Palacio le aguardo; hable al Duque mi señor, si bien temo su disgusto. Cuando estáis vos de por medio, que sois único remedio, cualquier recelo es injusto. Pero la temerida a de su fuerte condición se debe temer. . otón, mucho puede la amistad. Señora, aunque el valimiento tenga suyo, el disuadirle de su gusto, y divertirle, es costoso atrevimiento, de que puedo temeroso yo, y Vuestra Alteza quedar; que es cosa fuerte estorbar el gusto de un poderoso. Yo sé, que puedes valer con el Luque, orón, supuesto el amor que tiene puesto en tu prudente saber. Mucho puede de un valido en tiempo la persuasión, si va con sana intención, y buen ce lo prevenido. Y es achaque popular tachar este parecer, que es forzoso que ha de haber con quien poder descansar. Y supuesto que el blasón de valido has granjeado, haz como bien allegado, aconseja bien, orón. Mira que Escocia perdida está, y del Magistrado el Presidente me ha hablado, que del Duque está la vida en peligro. . Es ilusión, o verdad esto que he oído, cómo? vive Dios, que he sido cobarde en esta ocasión. Mi vida no está segura de la Duquesa Teodora. Esto harás. Digo, señora, que acertar siempre procura milealtad, y que hal laré hoy a su Alteza en aquesto. Y yo responderé presto, pues que ya todo lo sé. Señor. Ya podrá tu Alteza así remedio poner en todo. Sí, y ha de ser con la mejor extrañeza, que el mundo puede haber visto: su soberbia he de humillar. Licencia pide de entrar el Conde. . Que mal resisto. . la cólera que he tenido. de nuevo en esta ocasión. Pues como sin pernusión mía a la Corte ha llegado? decid que se vuelva luego. (to. Señor mira. . Este es migus. Que Escocia. Añada me jasto, mas de lo mandado . Ciego. . hay de ml a de su error. Ven conmigo otón. Ya voy. Pero quién entra? Yo soy. Lisarda, cómo? Señor, a tu mandato obediente, como ves entré en Palacio. Será hacer su breve espacio mucha esfera, mas detente: a que mal tiempo ha venido! Aún esta Teodora ai- Pues bien, que me importa a mí? Qué desgraciada que he sido! Llégala a hablar. Granseñora. hoy vuestra Alteza me de a besar la mano, en fe de lo que la amo. Ha traidora! esa humildad solo a mí me toca, Lisarda hermosa, que fuera hacer otra cosa notable dolito aquí. Tu esclava soy. . Eso no, que aquien tanto el Duque estí debo (por lo que lo anima) imitarle también yo. Príncipe Invicto de Escocia de este Imperio nuevo Atlante, cuya vida al cielo pido. una eternidad dilate: A tus pies Bicardo llega, tan humilde. i Esto; cobarde Pues como así os atrevéis, decí, aponeros delante de mí, habiéndoos mandado no entrar en la Corte? . Nad yuestro gusto me avisó, y cómo del ignorante, pera besaros la mano, y daros alguna parte de mis sucesos, tomé postas, que los acicates movidos de mis deseos, hizo que al viento igualasen, y pareciéndeme, que era, señor, la gloria bastante causa de venir, demás de tener de vuestra sangre tanta parte, pues que soy vuestro sobrino. . Esa parte os puedo negar, pues que siempre ignoré vuestro padre. Si no Reinó, no fue culpa suya, señor, porque antes que vuestro padre de Escocia el Cetro liustre dejase, murió, y ya sabéis que. . Basta . Vive Dios, sí, que esta infame dama, aquella vil mujer, que el Duque a su lado trae. Pues como esto sufre Escocia, vuelto se me ha el pecho un áspid: hablando están en secreto (te los dos. . Conde en tu semblan. conozco tu enojo, advírete, que disimules, y calles. Pues quiere tu Alteza que permita yo. Qué es lo que haces? que a tus afectos atiende el Duque. Hay más que me mate? que no hay más morir, que ver lo que pasa. En fuerte trance me ha puesto tu Alteza. . Nada a mi lado te acobarde, Conde, reprimirme importa . si lugar me da el coraje, que tengo de haberle visto. Señor, turbado ha el semblante, que me manda vuestra Alteza. Solamente, que descanses. Ya me voy, si le hablare . corrigiendo sus desaires? Sile prevendré mi intento, haciendo con él las paces? . Yo le quiero hablar severo . Yo le quiero hablar afable. . Señor. . Conde. Advierte. . Mira, mas no quiero reporrarme, . que es desdecir a quien soy, haciendo al poder ultraje. Qué temo? No os vais? Quisiera primero. Qué? Qué arrogante! hablaros. No es tiempo ahora. Advierte, nada me espante. Mira que te pierdes, Conde. Mira, señor, lo que haces, Disimula. Qué dolor! Que confusión. Qué pesares. Conde. Señor. Advertid, si es que queréis granjearme, y vos seguro vivir, nada os admire, y espante, porque hay poder en mi gusto y en vos la cabeza que baje los bríos, vedio mejor, ya me entendeis: esto baste, vamos. Fuerte condición. Quién habrá que la contraste. Deme el cielo sufrimiento. El cielo enseñe a vengarme. Duquesa ha de er Luarda. Nada puede consolarme. Toda mi vida es cozobras. Todo mi pecho es volcanes.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Sosiégate. No es posible. Repara. . Nada me advierte. Que en Palacio estás? Qué importa? Y el Duque? Él me da la muerte, y yo que la solicito, para fin de este accidente verdugo, que el corazón atormenta tantas veces. Déjame, que a voces diga da ocasión, porque se vence tal vez la pasión del alma, repetida muchas veces. Ya sabes, Garces amigo, que al Sol, a la llama ardiente de Teodora un tiempo fui mariposa tantas veces, Que entorno a su luz hermosa; quedé sin vista, y que ciegue; no es mucho el que a tanto Sol tuvo lugar de atreverse. Que le adore, como viste, que honesta me quiso siempre, que por razones de estado. se casó, tirana suerte! con Amadeo mi tío, que de estos Estados tiene el Cetro; que de la Corte me hizo retirar, que ausente dos años estuve, y que con la victoria presente; donde el Duque me entretiene. Que Teodora envió a llamarme, que vine secretamente, que contemplé su hermosura, que volvió el fuego a encenderse, que enfrené mis pensamientos, que sus desdichas me advierte, que las lloro como amante, que se irritó el Duque en vern que a su dama entonces vi, que hoy en Palacio la tiene. Todo hasta aquí, no lo ignoras pues alo demás atiende. Llevado de la pasión de aqueste nuevo accidente, procuraba al Duque a solas hallar, por ver si pudiese templar con gratas razones sus acciones imprudentes. O fue el hallarle apacible, o bien que quiso vencerse el natural, que si importa en la ocasión se previene. O para decir mejor, Áspid, que en rosas se embue o Cocodrilo, quegime con la voz humana, quiere el veneno disfrázar entre hermosos ramilletes, y este en feméniles llantos obliga a buscar la muerte. Pues no con menos engaño, pecho oculto, y rostro alegre dijo, Ricardo, sobrino, puesto que una sangre tiene tu pecho noble, mi ofensa es tuya, mira si debe corresponder con tu honor, y por tutió igualmente. Soberbia Teodora intennta quitarme el Cotro, y la muert darme, yo mismo lo oí de ella misma, no te alteres, que no se engaña jamás el ofendido, que adquiere las evidencias tan claras en los testigos contestes. La venganza solicito con el ardid más prudente, y nuevo que el mundo ha visto desde las primeras gentes. Lisarda ha de ser Duquesa, y Teodora humildemente la ha de servir, porque así bien su soberbia se vence. Y si lo contrario intentas, diré, Conde, de ti, que eres traidor también; lo mejor te aconsejaras prudente. Del mal, y el bien las valanzas en mis manos, igual tienes, para darte vida aquesta, y esta para darte muerte. Fuese sin darme lugar a que mi respuesta oyese, si bien imposible fuera, que articularla pudiese entonces, que los sentidos quedaron intercadentes, como aquel que de improviso del rayo lo vehemente, de la luz, y el rumor vio, que le asombra, y le estremece. Muerto quedé, a Dios pluguiera, pues de una voz que sintiese la pena, piedad sería, pero no detantas veces. Teodora, Duquesa invicta de Eseocia, sirve humilmente a Lisarda. Así es verdad, mira trocadas las suertes. Porque la fortuna instable, voltaria, y mudable siempre, al tiempo que sube a unos, con los otros retrocede: Mírame, y contemplarás, Conde Ilustre, cuanto puede. la tiranía en el mundo; mas puesto que la concede el Cielo, en vano el discurso su disignio al canzar quiere, que es caro el pensamiento, si al Sol divino se atreve, que le derrite las alas, cuando más su influjo bebe. Mírame, pues, si es que acaso me ha quedado alguna especie de lo que fui. Sí, señora, que en vano empañar se atreve la nube opaca en el aire, el rayo del Sol, si enciende. lo más denso, y comunica su luz a todas las gentes. Oculta en vergel fragante entre espinos se defiende la Posa; pero que importa, si olorosas voces tiene? No porque cauto el León de noche por entre resos tímidas pasa, se oculta, si del olfaro le sienten. Pues así la Majestad, y más vuestra, mal se puede ocultar, aunque el adorno indecoroso la quiere desvanecer la Deidad. que es Sol, que la nueve vence, Rosa en el jardín fragante, León, que el olor le ofrece y así humilde a vuestras plantas me postro. . Conde, dotente, que si lo que fui no soy, ya forma tan diferente he mudado el ser, que apenas ser del ser mi forma tiene. La reverencia te excusa, puesto que no se me debe; demás que no la consiento, que será desvanecerse mi estado, cuando lumildades, como ves solo pretende, Qué pecho a tanto cómvate de penas te sistir puede las lágrimas que a los ojos hacen cual minas revienten? Ay de mí! qué agora es tiempo de solicitar la muerte; agora, agora pesares; cómo agora estoy rebelde? señora, fuerte desdicha! Qué tienes, Conde, que tienes? Yo intento, el Cielo me ayude, Habla, de qué te suspendes? Que he de librarte, o morir. Aguarda. Tu Alteza me deje, que si me estorba la acción, vive Dios, me de la muerte. Vivas mil años, amen, porque mi vida no tiene en desamparo tan grande mas consuelo que tenerte. Pero mi esposo. . Qué viva. Con ese seguro vete. Pues a Dios. Aguarda espera: Qué ordenaste? Temo el perderte; o como en tanto cómbate, no es el que menor me ofrece el ver empeñar al Conde por mí, que es muy contingente el riesgo en él, y en mi vida el desamparo muy fuerte. Vete pues, Conde, y repara, si me morias te previerten pasadas, que en tus afectos miro no sé que accidentes. Qué olvides memorias tristes, y no el discurso despiertes del letargo donde yace; mira, pues eres prudente, que de este ultraje en que vivo el mayor honor pretende mi vencimiento, porque solo vence el que se vence. Solo las pasiones mías darte libertad pretenden. Que bien que dijo un Poeta, que siempre de amor calientes cenizas el pecho guarda, que a cualquier llama se enciende Este tocado de flores, Lisarda, quiere ponerse hoy, señora, . Éntrate tú, que ya yo voy triste suerte! Poco debo a mis afectos, pues he estado continente en esta ocasión, señora; pues cómo aqueso consientes? Qué puedo hacer? Qué? matarla. e Sin duda, gran causa os debe Conde, haber dado el que irrita vuestro discurso prudente. C Y quien el sujeto es, por mi vida? . Empeño fuera De ver juntos a los dos, C y que imnóviles de verme han quedado, ya penetro sus pensamientos aleues, mas disimular importa, Cónde, qué letargo es este? hablad. . Señor, es que esto confuso de ver que puede salealtad indisponer un acaso solamente. . Como? Es, que estaba yo, haciendo muestra evidente de ayudar vuestros intentos, y ofreciose que dijese, que yo el agresor sería de la causa, que pudiese interrumpir vuestro gusto, mostrándose inobediente: esto es verdad. . Esta bien, yo quiero esta vez creerle, a porque viene muy soldado que hay en la ocasión, engaños de tal calidad, que viene el crédito a importar más, que apurarle, o no creerle. en Válgale esta vez su industria, Conde, pues eres prudente, y en la ocasión prevenido, mira que no todas veces vale la industria, esta agora. lógrala, pues dicha tienes. Pues yo, señor, en qué opuesto? No digo más, ya me entiendes. . Tú apie quedo más valido Fuerte condición! Así estorbar quiero que quede con Teodora; entrad conmigo. Ya yo os sigo, todo es muerte. cuanto me pasa, ha cruel! señora después. . No vienes? Sí señor, que confusión! Algun daño temo de este. Fuorza es al fin padecer. El Cielo a vengar me enseñe. Yo le atajaré los pasos. Yo padeceré mi suerte. Yo haré que maten al Conde. Yo a Lisarda daré muerte. Tenga usté el paso. Quién es? . Yo soy. Pasatiempo; amigo, los brazos me da? . Eso digo también yo; aprieta Garcés: cuerpo de Dios, no por tanto lo digo. . Qué flojedad? Señor mío, por mitad abraceusted, yo otro tanto. Todo lo ha de hacer usted, de la guerra. . Más quebrado la vuelta me imaginé. Cómo? No venir entero, faltándome cual que parte, mas en la mesa de Marte vsé siempre el ser postrero, con que menos alcancé, que otros de la colación. Pesada su digestión me han dicho siempre que fue. en esta Corte te he hallado, dime, cono has granjeado? Solo siendo entremetido. Entre metido? pues que ejercicio viene a ser en Palacio? . O, a mí ver, es sobre todos. . A fe? dime, pues, en conclusión el nombre. En particular, llama Palacio juglar, y el Pueblo bú, con perdón. Que estado alcanza? El mayor que desear puede, pues delante del Disque es suigual. . Notable valor! Los donaires, maravillas suele sacar tan sin tasa, que al mismo que le da casa le saca de sus casillas. Que en fin vale? Cuánto quiere, si profesa el arte diestro: Ya le deseo. . Maestro tienes, que cuanto supiere te enseñará desde luego, y una iustrucción quiero darte, con que decores helarte fácilmente. . No sosiego hasta entrar en esta historia. Ven, y te diré de paso unos términos, que al caso has de tomar de memoria. Te oíré con la devoción que es debida menester para poder aprender. Cuatro fundamentos son, ser parcial, y descocado, fin son, y con son hablar, de cualquiera motejar, y esto al son de lo contado. Pienso, que está así bien, muestra el espejo. Aquí, señora, está. . Con el despejo . que hace el papel Lisarda del Ducado, en dos días no más se hade corado. Qué deciades? . Nada. . Qué locura! o como a las espaldas se mormura! Irene, está esto bien? . Eso preguntas, cuando de partes juntas en perfección el cielo te ha dotado? la gala, lo prendido, y bien tocado, solamente en ti está. . No lo creas. Que al espejo te veas tanto me pesa. . Por qué? . Porque sentía, que mirando tú misma bizarría, en esa clara luna, es ya preciso, que de ti enamorada seas Narciso. Estimo la lisonja. . Son verdades, y si no mira tu a las Majestades, solo por tu belleza, como postran humildes su grandeza. Hola, agua manos. . Ya, señora, viene. La Duquesa la trae, que haré Irene? Que te dejes servir. Aquí está el agua. Pues tu Alteza con ella? . Esto, Lisarda bella, el Duque mi Señor manda, y es justo, que obedientes a sus ordenes mi gusto mi ejemplosea, po queu por tan extraños modos, ley involable a que te sirvan todos. Mas cómo? qué es esto? tu postrada? que ignorancia esta mía, con tu criada haces extremos tales? yo soy la que te situo. Que de males e . temo de aqueste error, donde la disfraza en glorias (suerte sombras de mi muerte. Aunque pudiera el Estado desvanecer mi piedad, que es fuerte la Majestad en superlatino grado. Muy al contrario lo siente, señora, mi pareder, porque llego a conocer un delirio de accidente. A vuestra vista no soy mas de aquello que antes fui, y por eso el culto os di; atendiendo donde estoy. Ausente de vos, ya ostento esta robada grandeza, excesos de una extrañeza; que ha errado el entendimiento. Con violenta tiranía, ya veis que en aqueste estado. Su rigor nunca ignorado, y más la desdicha mía. Mas qué es aquello? . Allí empieza un instrumento a tocar. Antídoto es del pesar arri la música en la tristeza. Aprended flores de mí lo que va de ayer a hoy, que ayer maravilla fui, y oy sombra mía aún no soy. Toda mi pena escuché, vuerve la copia a decir que la quiero proseguir, Y yo te acompañaré Tú, Lisarda? No es diverso el concepto que escuché con mi pena. Penaien qué? Brepite otra vez el verso. Aprended flores de mí, Contenta en mi humilde estado como en él nacivivia. desengaños de que un día vi un almendro desmayado. Que el día antes del pasado su vanidad reír vio a las flores; pues así toda locura contemplo; y para ver el ejemplo, aprended flores de mí. Lisarda, aunque el argumente tu sentimiento ha apoyado, para si mí de mi estado con más propiedad lo siento. La flor, que deshojó el viento soy, en todo os parecí: no creáis como creí lisonjas; si dudéis, asaber lo que duráis, aprended flores de mí. Vordad es, que en la hermosura de sus vistosas colores, veo engaños, siento errores, dé la vinidao locura: lo mismo en mí se anegura; pues violenta al fin estoy, y aunque más que haber hoy soy, temó mañana caer, y podáis de mi aprender. lo que va de ayer a hoy. Yo, que segura vivía ayer en aquerestado, no creyendo ver postrado, como en él nacido había: un día sigue a otro día, ayer fui, oinada soy, y así, así adelante voy, hoy que soy triste criada perderé, mira si es nada lo que va de ayera hoy. Qué importa bella, y lo zana sea, como flor del Sol, aquien sigue el arrebol al salir de la manana? flor leve soy, que temprana muerte me aseguro así cuanto me valiera a mí en otro estado vivir, y segura en él decir, que ayer maravilla, fui? No hay en la vida contento a quien no siga vii suerte, bien, flores mías, lo advierte. mi pasado lucimiento, quedándome el sentimiento de la gloria que perdí. Ejemplo, flores, de mí tomad, y no creáis, flores, que digan vuestros verdores, que ayer maravilla fui. Yo en la grandeza ucida, que hoy forzada represento, veo una sombra, un portento, de mi funesta caída: durar no puede advertida de que al fin violenta estoy, y así puedo decirhoy que envidia tengo de ayer, que ayer tuve propio ser, y hoy sombro mía aún no soy. Efecto de mi caída fue aquella mi Majestad, que siempre la vanidad es engaño de la vida: no haya flor desvanecida, ostentando glorias; que oyo flor caduca, y muerta estoy, a el engaño: ved por mí, que del Sol sombra ayer fui, y hoy sombra mía aún no soy. Gran, señor, el Magistrado os esta esperando. . Aguar Gran falta hacéis, y es ya tan Pues váyase. . Ha se juntr para ver, y consultar lo que a Escocia hacer conuo que el Ingles dicen que viene infestando nuestra mar. Bien está. Lisarda mía; pero Teodora esta allí: hola despojad de aquí la sala. . Qué tiranía. Cuanto hace el Duque es er salios vosotras luego. Ya obedecemos. . Qué le tiene el Duque su error. Señor. Qué hacéis aqui vos? Vuestraorden solo espero, y veáis que, Que os vais quiero. Ya voy, y ha de ser por Dios solo para procurar el deponerle del Reino, que está achacoso el gobiern y no puede más durar. Vos con tan nueva tristez me recebís, mi señora? pero sois como el Aurora, que está así con más belleza Si en vuestro amor muerte llevada de una ilusión, no es mucho que la pasión muestre al rostro el sentimieno Tus recelos, que rumor es este, que me divierte? Presagios son de mi muerte, para aumentarme el dolor. Este repetido acento, que con rumores marciales, estremeciendo los ecos, el ánimo alterar hace. Mas desdicha es, gran Señor, de lo que piensas, más males, permision es de los cielos, que estos aparatos causen. La fama parlera, en quien mudos silencios no caben, E porque se viste de lenguas, para decir cuanto sabe. A los oídos llegó del Ingles Rey, que así trates a Teodora, esposa tuya, y su prima, cuyo achaque debe tomarpor pretejto, para venir arrogante a la conquista de Escocia, con cuyas huestes navales, amenazando este Reino, viene infestando sus mares. Calla, que forma el temor vulgar en el más constante fantasticamente lides, que temerosas combaten. D Cuanto este necio sobrino me irrita el verle delante! Pero reprimirme importa agora, y agasajarle, y con la oca sion presente de la guerra, quiero echarle de la Corte, y que después seeretamente le maten. Conde. . Señor. Ya yo veo, que el venir a darm del estado de la guerra, tan alterado el semblante, sin atender donde estoy, ni pedir licenciaantes, fue llevarse del afecto: antes que el remedio, pase por disculpa: Yo pretendo, Conde Ricardo, al instante a la defensa partáis de este Reino, pues su Atlante firme sois, en cuyos hombros es forzoso que descanse. Será tu gusto obediencia en mi amor, haré que al aire ímite en correr la posta. De esta vez logro apartarle . del todo de mí, pues va al precipicio. Quedarme . hoy intento de secreto, y esta noche, ese fragrante jardíí, teatro ha de ser de la historia lamentable T de Lisarda, si la industria me concede el Cielo fácil, y ella muere, podrá ser que su error a ver alcance. el Duque, y estime el aviso, para poder enmendarle, que en el sujeto más débil, es el remedio más fácil. Esto, Lisarda; ha de ser, Advierte. No hay que excusarse; ola otón . Señor, qué mandas? Que en el salón, que se hacen los restines, dispondrás para esta noche un alarde de las damas de Palacio, donde divertida alcance Lisarda, entre los placeres alguna alegría. . Dirase en la Corte. . Sí; eso quiero, que mi Majestastes grande, pues al enemigo orgullo, mi voz, mi amago es bastante desde la Corte a ponerle a mis pies, haciendo alarde de belicas a menazas a emulaciones de Marte. Ven Lisarda. . Soy tu esclava. . Cómo es eso del revés? Qué hermosura! Que de majos. teme mi vida, que al fin todo lo violento cae. Doblando va los errores el Duque, que mucho alcance el tropel del uno al otro, si se hizo al primero fácil? Porque es de tal calidad. el ciego apetito, que hace, natural el accidente para estar en él constante . Toda esta noche es placer. Toda esta noche es festin. Qué escuro que está el jardín! A ninguno alcanzo haber, a Pasatiempo buscando, por aquestejardín vengo, cariños son que yo tengo a su bolsa: aquí aguardando hoy me dijo que estaria, que como Garcés partió con su amor ayer, nos dío lugar? . Ella es, a fe mía, faldas son, no hay que dudar, que en dos basas se rematan, algo grandes, porque tratan. De qué? . Defirmes estar. Puntos dirás. . Poco, apoco, . Y no andará en opinión? que hablo como atento, y drecho; eres tu mujer de mucho para tenerte en tan poco. Qué doblado? Eso me abona Con eso me descalabras. Doblando yo mis palabras ostentaré tu persona Enseñeme usted la mano. Aquesta mi Reina es. galán es buste muy vano, porfíe. . Aguarda. . Me aguarda quien el buz me satisface, gaste los donaires que hace a quien le carga esa albarda. Más que ese es Garces? . Pu que le manda usted aquí? El que es aquí para mí muy poca cosa Garcós. Cómo? . Cómo es todo g y en esa antesala ayer hay quien te hizo enmudecer, con gran mengua de la sala otra en ella le pasó al teñor de esa questión. Y se andará en opinión de si hay salamandría, o no. Porque no pierda por mí la opinión te cascare, y en el jardín León seré, ya que salamandría fui. Ay, ay, ay. Cuerpo de Dios, que eso es hacerlo usted todo Desenvuélvete. No hay modo mas que la vuelta en los dos Eres un lebrón. . Y bello Eso es lograr la ocasión, que vino por el cabello. Por lo menos ha empezado por él . Ese es el atajo, mas de la corona abajo pudiera usté haber pegado. Eso fácil cumpliré. Siempre es vusted muy cumplido, pero yo al reves lo pido. Hay tal mandríe! . Ayla afen, otros tantos palos luego por menguado le he de dar, Tantos? . Sí. No hay que dudar, todo es tantos este juego Irene apártese allá. En todo le serviré. Quién te trujo aquí? La fe del grande amor que en ti está. Ya mí, y todo. . Ya lo he visto. Por el siglo. . No hay siglear. Pienso que se han de besar delante de mí, por Cristo. Celos tengo, estorbarelo si me sale bien mi modo, que no ha de ser palos todo Midiendo este verde suelo con escrupulosos pres, me retiro entre estas ramas. En fin, de verás me amas? Testigo el tiempo, Garcés. Fuese Pasatiempo? . Sí. Miralo. . Buena atención: tu recelos de un lebrón? es dislate. . Desde aquí con la ojarasca los pego, (to, zas, y métome. . . Soy muer- la cabeza me han abierto. Ha sido palo de ciego. Ya ningún daño recelo, propicia la noche está; oy Lisarda morirá si me favorece el Cielo. Con el rumor del festin anda todo alborotado; que ocasión me ha granjeado la suerte! Por el jardín anda gente; aquí estará también Garcés prevenido con el caballo. . Allí he oído gente, yo me voy. Quién va? . Carcés. Qué es aquesto? Graznar de dolor. . Por que? Me han abierto el casco aquí. Pues quién pudo ser? Quién? Mi. Forzoso es irme a curar. . El uno se fue, y quedó el otro, que buscará? Si es que cascarme querrá? Si no me engaño, salió de entre las ramas un bulto: válgame Dios! A que efeto por aquí andará secreto? Hacia este lado me ocuto. Miedo tiene; es cierto? Sí; que se retira: yo hablo; A seo fantasma, seo diablo, diga lo que quiere aquí? Pasatiempo es. . Valiente soy, pues hablo con descoco. Yo me aparto poco a poco sin responderle . Detente. Ya me enfada. Hay tal tormento! que no responde, que haré? Por aquí me esconderé mientras que logro mi intento. Cara me hizo denodado, ( y se escurria entre las matas. (u Gran Señor, que es lo que tratas (y or por aquí tan embozado? Dos hombres vienen allí, y será por mí, quien duda? quien se muda Dios le ayuda, pues la grupa por aquí. Pésame no hayas llegado Dame un rato atento oído. esta noche, en ocasión, de que hubieras visto, otón, el satao señalado; mas ya que tarde has venido, te he de decir por mayor la fiesta. . Estimo el favor. Era del Sol esfera la gran sala, según la claridad que dentro había, que en el rubio metal, que más le iguala, de la techumbre reflejión hacía una Arábica alfombra, que en la gala, al más lucido Mayo desafía; en, colores cubría el pavimento donde a danzar salieron oye atento. Madama Flor de Lis era la guía con cuatro perfectísimas Serranas, a Sáis, y Corpiños les cubría. Argenteria, sobre finas granas. Danzaron con notable bizarría a un tiempo todas cuatro, tan galanas, que en cada movimiento que miraba, absorta el alma por los ojos daba. Cuatro Amazonas a lo antiguo armadas, medio desnudo el brazo, y pie derecho; al hombro aljabas, a la cinta espadas, el arco al brazo, cuerda, y pluma al pecho. Basquiñas cortas, medias nacaradas, daban licencia a ver del pie lo estrecho; un laberinto hicieron, y deshechas, danzando dispararon muchas flechas. Felida entró con cuatro hermosas Ninfas; de oro, y azul, formando muchos lazos, tejieron una fuente, en cuyas Linfas, daba. Alfeo a Aretusa mil abrazos. Juzgara las del Cielo para Ninfas, si agilitaran alas en los brazos; mas fuera error, porque en el agua fuego encendieran, y yo me ardiera luego. Al son de varias músicas, gallarda se presento en la sala coradabellas cuatro Deidades, a mpa dando envidias al Sol, y a las Estrellas. De sus luces el alma se acobarda, que pudiera rendir cualquiera de ellas, y tal quedé del no pensado caso, que a su beldad pidió mía liento paso. Luego las diezy seis juntas se unieron todas a un lazo, y con las castañuelas, de bailar tan ligeras, parecieron remos los brazos, y las galas velas. Divídidas después, desparecieron al acordado son de las vihuelas, al tiempo que en la sala, disfrazada, una mujer se presentó extremada. Quererte encarecer su bizarría, fuera dejar atras su gentileza, a todas, y a Lisarda aún excedia; no quieras más ejemplo de belleza. Con media mascarilla encubría lo que hay desde la boca a la cabeza; penachos de oro, en trenzas el tocado, era a firmezas verdes añudado. Danzó, y de cualquiera movimiento mi atonto sentido traspasaba; llevome el alma, llevome el pensamiento, porque deidad del cielo la juzgaba. Ciego, confuso, atonito, y sin tiento, de su luz mariposa, tornos daba a esta selva de amor, donde cifrado, se conduce este asombro enamorado. Esa dama, gran Señor, no sin misterioso fin a danzar en el festín ha entrado, pues. . Que rumor es aqueste? Favor, Cielo. . Mísera Lisarda. Ay de mí! . Lisarda dijeron? Sí; que un bulto viene recelo. Infeliz de mi! . Quién va? Una mujer. . Es Lisarda? No es Lisarda; pero aguarda gran Señor. . Pues no se da a tu voz grato el oído, bizarra dama, no esperes mayor razón: o mujeres, imán siempre del sentido! Ven otón, que aunque gallarda esta mujer me provoca, la mayor causa es muy poca cuando peligra Lisarda. Oye, espera; ya se fue: Ay de mi! rigor notable! que con la industria lo afable, ni aún de paso granjeé. Rara oposición, desuerte, que me tiene combatida, pues cuando busco la vida, solo encuentro con la muerte. Bien que la voz que se oyó entre el estruendo violento; de aquel infame instrumento, no a mí, a Lisarda nombró. Erré el golpe, mas será este puñal con más tino sufin: por aquí se vino hubendo; mas aquí está la infame Lisarda? Sí. Qué temor! un bulto veo; si es el Duque? . Mi deseo cumplido veré. . Ay de mí! hombre, quién eres? Elado el brazo se ha de esta voz. Llega otón, que aquí el atroz. agresor se ve, que airado. con el acero, amenaza una mujer? . Caso fuerte! . Yo a Teodora doy la muerte? Como mi inocencia ultraja . así el Conde? . Gran Señor, que alboroto aqueste ha sido? Ya nada, pues tú has venido; cobró el corazón valor: mas contra Teodora el Conde . esgrimiendo está el acero. Poco siento, pues no muero! que en él tal traición se esconde! Yo. Cielos, con el rigor mío a Teodora amenazo. mal haya el infame brazo, que administró tal error. Mas las galas conque está de mi error la causa ha sido; que enigma aquesta ha tenido, que tal confusión me da? Cómo dudo en alcanzas de este accidente el deseo, si al Conde Ricardo veo quiere a Teodora matar? Pero ya nuevailusión a nuevo asombro me llama, Teodora es la oculta dama a quien yo cobre afición de su brío enamorado, de quien a Horón celebre? Si, las galas son con que entró a danzar: ya ha cobrado nuevo afecto mi rigor, nueva vibora se ha hecho de aborrecimiento el pecho. Quién vio confusión ma Conde amigo, oye Ricardo, aparte ahora, si ya satisfecha queda el alma de cuanto tu veluntad obediente está a mi gusto; pero quejarme será de ti forzoso, porque oculto tratabas dar la muerte a Teodora. Aguarda; yo señor? No, no me tienes que dar mas satisfacción; ya veo tu amor, y tulealtad. Hay confusión más nota que el Duque piense, quien tal juzgara! que sus disignios fanorezco! Estoy mortal. Con el Conde el Duque (ay hablando ensecreto está, aqueste nueve enemigo, es de más cuidado ya, porque es cauteloso; como a mi esposo granjear podré, cielos? La experiencia, que en el festín hice ya he visto contra mi vida hizo operación fatal. Esto importa, Conde, parte al puerto, que desde allá has de ayudar mis disignios. Ya voy, en confusiontal, . que puedo hacer? ello es fuerza su engaño, aunque a mi pesar, aquí siga, pues por él es menor el riesgo ya. Señor, qué es esto? . Lisarda fortunas, que granjear nunca imaginó mi dicha, que no poco importarán a tu quietud, ven conmigo. Tuya soy, dudando va de estas enigmas mi vida, por los riesgos en que está. Aguarda, señor, esposo. La Duquesa. . Bien está: otón, ven conmigo. . Siempre tu gusto debo abservar: nada con la industria pudo . la Duquesa granjear. Aguarda, señora. . Conde ya tus disignios están conocidos, y mi suerte, no ignoro, no, lo fatal. Tu homicida también eres de mi vida? . Estoy mortal: advierte que yo, que a Lisarda. . Conde ven conmigo. . Señor ya te sirvo: ah fortuna adversa! . que siempre opuesta me estas. Ya con la ayuda del Conde mejor mis disignios van. Mucho temo estos misterios sean nuncios de un gran mal. Mudanza de Matachines parece, según están. Qué Teodora me engañase! Qué fuese mi hyerro tal! Venganzas mi enojo aliente. Cielos, venganzas me dad. Cielos, paciencia, y podré Sufrir Mas por Valer Mas.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA En fin el Conde Ricardo al soberbio Ingles venció, Toda su armada quemó, y a Doblés huyó Eduardo. Gran Príncipe. No hay persona mas digna que él. . Vive Dios que pues le toca, los dos le hemos de dar la Corona. Yo con ese pensamiento esta noche vengo a hablarte, y a Teodora, porque parte la demos de nuestro intento. Sentido de que el estado en que vive, ya llegó a tal término, que no le espero ver mejorado. En toda la amistad mía, Perseo, te ha de ayudar, para que venga a lograr quietud Teodora. . Se fía. de ti mi amistad. . Ya aquí viene. . Con que indecente trago Ya la muerte en tanto ultraje deseo venga por mí. Si explicar el sentimiento pudiera la torpe lengua, G3 y los afectos del alma articularlos pudiera. De tus míseros rasellos, infeliz, señora. vieras el sentimiento mayor que dejar puede a las letras de los Anales futuros el tiempo. . Bien satisfecha de eso estoy, mas que les sirve, si la soberana fuerza, que los avasalla a esos, también a mí me sujeta como veis? Mas que refiero, baste, baste de mi afrenta el dolor, voces los ojos forman en voz de la lengua. Mauricio, yo gran señora, de Escocia invicta Duquesa, con la voz del Majistrado de estos Estados concuerda, observando antiguas leyes, viendo que las experiencias vuestras no han sido bastantes el que vuestro esposo tuerza lo rigido de su trato, con que a vuestra Alteza apremia, deponerle del Estado, valiendonos, mas en esta carta que al Conde Ricardo escribe; su intento muestra. A vuestra Alteza primero no pareció, que el dar cuenta era preciso. . Está bien, el corazón neutral tiembla; terrible empeño me ofrece la ocasión, venganza es esta que el Cielo me pone, que duda la cobarde idea? Pero mi honrada altinez al facilitar la empresa, oda escrupnlosa el alma, parece que tirubea, Vuestra Alteza, mire que. Vuestra Alteza mire, y crea Que es ya decreto inviolable Que es ya observante leyesa con que ya su ejecución, no admite que dudas tenga. Ya para cal fiear vuestro propo sito, atenta leo el papel, asi dice. Todo me asombra, y altera. Conde de nuestra lealtad, tanto ha podido el amor, que hoy fía de tu valor el que nos des libertad. A tu prudencia, y poder este miserable Estado. se presenta, confiado, en que su Duque has de ser. El mísero estado advierte en que llegamos a estar, a Escocia has de gobernar, o al Duque hemos de dar muer Pasar no puede la lengua a lo demás que se sigue, en la letra, pues consigue. en mi pundonor tal mengua. Detén el veneno cruel, que en tus caracteres veo, sombra de un asombro feo, que en lo blanco del papel disfrazas; como en la taza suele la maldad poner el tosigo, para ver como el oro le disfraza. Haga alarde lo piadoso de mi pecho; aunque parezca atenciones, no merezca, que aunque tirano es mi esposo Condestable, Presidente, de vuestro papel leí, el intento, donde vn vuestro decreto imprudente. Hoy de este ser qrvidada, que indignamente poseo, aunque es mi mayor trofeo mas que mandar ser criada. Responderos quiero a él, conforme me habéis tratado, y así lo que he decretado, es rasgar este papel. Un papel se entró rasgando Teodora; porque me vio. Aguarda, señora. No es posible . Confirmando va ella misma, vive Dios, la traición que ha convenido con los dos aquesto ha sido? si. . Sigamos!a los dos. Aguardad, a dónde vais? deteneos. . Gran, señor. Fuerte empeño. . Qué temor! Y bien, pues de qué os turbáis? reptimirme importa aquí, y con aquestos fingir, por si es que puedo inquerir algo en mi sospecha así- Que intentará el Duque hacer con nosotros? . Trance fuerte! De los dos de aquesta suerte, y Teodora he de saber los disignios; Yo entrando por aquesa puerta, vi con los dos estaba aquí Teodora, y que rasgando ese papel que quedó hecho pedazos, se fue, quien duda la causa, es que entonces llegaba yo? Y como tanto se fía, ya de los dos mi amistad os pregunto la verdad del papel, que contenía? En notable empeño estoy. Cielos, qué responderé? Hoy nuestra culpa se ve. Estatua de mármol soy. Qué dudáis, qué os detenéis? no respondéis? . Qué aspereza! Señor, advierta tu Alteza, que, que . De que en mudecéis? Disculparme pienso ansí, señor, de lo que ignoramos, como queréis que os hagamos relación, nunca entendí yo, gran señor, ni Perseo lo que en él se contenía. Yo os creo, pero querría esos pedazos que veo en el suelo, los juntéis para poderlos leer, vive Dios, que así ha de ser. Ea acabad, no lo hacéis? Ya, señor, que pena grave! Que trance, que confusión! Hoy se ve vuestra intención. Hoy nuestros disignios sabe. Ea. . Ya los junto, ya intento ver lo que dice. Ay caso más intelice? No veo bien. Pues al está esa luz, tomadla luego. Ya, señor, lo hago así; la industria me valga aquí. Dice pues Qué hacéis? al fuego el papel llegáis. Que error. Descuido, señor, ha sido perdonadme. . Ya he entendido tu cautela: asi traidor, te perdono . Triste suerte, detente el impío acero. Matando la luz espero nos libremos de la muerte. No os escaparéis, que a tiento también os sabré buscar. Ya nos podemos librar. Puerta es aquesta que tiento. En todo el cuarto no vi a ninguno, dicha ha sido: antes de ser conocido, irme será bien de aquí, puesto que a Teodora hallas no he podido, si no miente eroído, siento gente. Que no los pueda encontrar? descubriré su traición, y que los prendan. Aquí siento rumor. Quién al está? ola luces, rabio, otón. Fuerte cosa, el Duque es; que podrá haber sido aquesto? No venís? llegad de presto. Señor, qué es esto? . No ves otón con la espada un hombre qué procura darme muerte? . mas que veo? . Empeño fuerte! no hay cosa que no me asombre. El Conde es este. . Ay de mí! Lo que estoy viendo no creo, no era Mauricio, y Perseo con los que yo estaba? sí, pues como el Conde Ricardo, tan irritado, tan fiero, contra mi puesto el acero hallo en sulugar? qué aguardo, que de esta egnima en que estoy dudoso, no salgo? Orón, salte a fuera. . En qué ocasió estoy, cielos? . Ya me voy. Cónde, sobrino, qué es esto? vos aquí de esta manera, encubierto os hallo airado, contra mí la espada puesta? Válgame el cielo! qué trano que gran confusión, que pena, que fuerte empeño, que asombro que puedo dar por respuesta? Qué os detenéis? qué aguardáis vive Dios. . Señor, no creas que quien a tus pies está postrado, tu muerte intenta. Cómo, si cuando presumo, que militando en la guerra estáis marciales afectos, sin tener orden que os mueva. a venir, os hallo aquí, a tiempo que alguno intenta, como traidor, encubrirse con industriosa cautela? De esto lo que fue presumo, dichoso he sido, pues esa la causa ha sido, señor, de venir de esta manera. Qué dices, Cónde? . Que sup favorezca mi cautela el el cielo, que está en Palacio, quien quizá tu muerte intenta, y así encubierto he venido, como ves, sin tu licencia, para darte la noticia. Agradezco la fineza, Conde, que en fin se imagina por allá? haya quien pueda a mi grandeza oponerse? Sí, señor. Yo haré que muera. Luego el agreslor conoces? No ignoras tú sus cautelas, pues hijo de mis afectos, te vi levantar la diestra en mi abono. . Esta es Teodora, defiéndate tu inociencia. Mauricio, y Perseo son complices también con ella. Notable delito. . Ya con el castigo que ordena mi prudencia, he de quedar seguro, y libre de ofensas: ven Conde. . Ya te obedezco. Ya cuanto vieres. . Qué pena! Disímula. . Qué dolor! Porque verás cosas nuevas, con que he de vencer envidias, todas de misterios llenas. Desesperado discurso, que fábricas en la idea tanto edificio portatil, que a soplos el aire lleva? Cómo procuras, cimiento hacer en la débil fuerza de la fortuna, que siempre asienta sobre una rueda? No ves que su precipicio, cuando más firme se piensa, halla sin ver, que a los ojos le asombra una oscura venda? Pero aquí de mi tormento, que imposible el alma intenta, para que fatal oponga contra mí toda su fuerza? No soy yo quien intenté; porque quietud la Duquesa tuviese, dar a Lisarda. una noche muerte fiera, cuyo acierto no lo gré? Al repetirle la lengua su adverso caso, en la voz balbuciente tirubea. Y agora que arrebatado del afecto que me lleva a que en las satisfaciones, que a Teodora dar intenta la fe de mi lealtad, porque dudas no padezca, cuando con más a tención piso de la noche negra la quietud para encubrirme, quiso el cielo: fuerte pena! que cuanto intento se postre, y cuanto ánimo se muera. Pese a la suerte tirana! que es lo que pretende, opuesta a los fines que procuro al bien común de esta tierra? He de consentir (qué error!) yo tan vilmente (qué mengua!) con indecencias, y ultrajes padezca así la Duquesa, que fue de mí, cuando menos, idolarrada en la idea, de que a pesar del decoro aún hoy las memorias reinan? Pues cielos, que puedo hacer? aconséjeme la fuerza de mi discurso, en que apoyo la gloria de aquesta empresa. Con misteriosas palabras no dijo el Duque, que intenta castigar al que se opone T a su Corona, y que era Teodora? si en que divierto toda la atención que e plea mi lealtad en pretender su vida con mi defensa: Arrójese al riesgo todo, el precipicio no tema lo bizarro en el peligro, por imposibles que yea, que pues en medio de tanto Imperio, como me cerca, el Parlamento me apoya, y el pueblo no me desdeña, que escrúpulo de recelo se podrá oponerme? muera la tiranía alevosa, y salvese la ignociencia. No le he de hablar? Ni mirar? . Mucho menos. Qué rigor! Pasatiempo, ya mi amor dio punto. . Por puntear, que es tu ejercicio imprudente, conforme a tu pundonor, doncella al fin de labor. Que necio, y qué impertinente. Que ya querrás restaurar el tiempo que habrá perdido, y de vacante ha tenido, virtud digna de admirar. Mas ya que en esto ha parado, no me dirás por tu vida, si ha sido tu despedida por eso? . No, por menguado. Menguado? . Cómo se ha visto cuando Garces te cascó. Eso Sí. . Entonces yo lo quise llevar por Cristo. Que piadola devoción, mas puesto que Santo eres, no hablaréis ya con mujeres. No ves que prójimas son, y de sí las amo. . Eso apruebo; luego será en general? Sí, más tú en particular eres mía? . No te llevo. Pues de eso pende mi queja, Tendrala hasta que reviente. Yo he visto otra más valiente, después más blanda que oveja No hay remedio? . Ni con medio Tú qué medio has de tener? El que te suele vencer. linda industria! hay mi remedio! ̱ que pienso que le he perdido. Pasatiempo, qué te altera? Ay de mí! en la faitriquera hasta agora la he tenido. Qué te falta, di? . Eso quiero Qué es esto? . Ya la enconto Jesús que susto cobré, hay mi bolla de dinero. A Dios, a Dios, que recelo me llaman. . Espera un poco Qué quieres? Muestra. Bstoy loco, el pez cayó en el anzuelo: Bravo dinero hay al? no le escondas deja, deja. Más blanda está que una oveja Eso es todo tuyo. . Mí. Pasatiempo mío, ya soy de tu luz girasol, no me quieres a mí? . Sol. Allégate, enseña. . La. Ay, que gracioso has estado, que bien tu música sueña. Para la ocasión es buena, hoy toda la he decorado. Dónde la aprendiste? . Aqu Yo también la aprenduria, muestra . Qué bachilleria! tu música, Irene? Sí? Hoy te la decoraré, pues te reduces a esto. Enseña pues. . Mira presto la solfa, aquí la mi re. De tan lejos? . Es forzoso, que así concuerda mejor. Dame algo . Qué dolor! o dinero misterioso, cuantas cancanillas haces. Eres un interesado después de ser un menguado, Quiero hacer contigo paces, pues eres mi amartelada. Pide. . A tu elección lo dejo. Pues por aquese despejo te quiero dar. . Qué? No nada. . Lisarda viene aquí. A Dios. en que quedamos? . Soy tuya, como haya argen. . Aleluya, pescaronnos a los dos. Viste al Duque? No señora. Has visto a Lilarda? . No. Pero ya su luz salió más hermosa que el Aurora. Señor? . Lisarda mía, cómo es esto? qué melancolía te obliga así a venir tan descompuesta? habla, di la ocasión que te molesta? lo que te turba di. . La pena mucha. No me suspendas más. . Señor escucha. De mi aposento apenas te saliste. a noche, y recogida (cosa triste!) en el tálamo blando al sueño me entregué infelice, cuando a temblar empezaron mis desicados miembros, que sudaron humor copioso, y frío, no menos abundante, que el rocío sobre azucena hermosa, vierte el aljófar de Tirón la esposa. Así, pues batallando en el extasistriste estaba, cuando entre iras, y congojas (caso fuerte!) te vi ser instrumento de tu muerte. A ti propio, señor, porque mi vida fluctuaba también, siendo homida, no se que mano aleve, que. Calla, Lisarda, que necio debaneo te acobarda con tan nueva porfía, baste, baste tu gran melancolía, que con esa tristeza turbas el rosicler de tu belleza sin duda que pretendes enojarme, Lisarda, tú no entiendes, que al mijto Imperio mío, tú solo mandas como en mi albedrío? No sabes tú que en este Estado solo, como en el cielo Apolo, quise fueses Duquesa coronada? tanto has sido en mi idea siempre amada, No conseguí el intento de ejecutar contigo el casamiento de tan forzoso empeño, que tal vez el poder de si no es dueño, Cáseme, ya lo viste, fue forzoso, digo el serriguroso conmigo el fiero hado, que tal vez el poder es limitado, mas yo derogaré la ley severa. Ya cómo puede ser? . De esta manera. Pues qué intentas, señor? Darte la mano. Ay trato más tirano? cielos, qué es esto que he visto? Esto ha de ser. . Ennada te resisto, mas que intentas hacer de aqueste modo? En la quinta sabrás mi intento todo. Luego allá tengo de ir? . Sí, aquesta tarde, Pues para que, señor? estoy cobarde. No me preguntes cosa, sino prevente luego. . Fuerte cosa, advierte. . Qué dolor al mío se mide? . Hola, Lisarda, de vestirse pide. . Suspensa he quedado, y tanto, que no sé que disponer, pues para cuanto he de hacer, soy de hielo, o durocanto. Si obedezce, hay triste la cuanto mi vida esta prevenida, y si huyo, en mi partida buscaré la muerte habrada, y a todas partes la espada fiera amenaza mi vida. A conséjeme mi suerte, pues el discurso lo ignora, si huiré? No hagas tal. . Señora Por qué así buscas tu muerte? Pues tu Alteza me divierte lo que debe aconsejarme? Sí, porque así granjearme la vida acaso podré, y de otra suerte bien sé que la muerte he de buscarmes Pero si en mi adverso estado llego cuerda a discurrir, también vengo a conseguir así el golpe de mi hado. Mano, y palabra te ha dado de esposa el Duque, y advierte, que puesto que intenta hacerte Duquesa, no puede ser viviendo yo: ahora a ver te pon si es cierta mi muerte. En tu discreto argumento, que responderte no sé, lo que asegurar podré, señora, es que tu tormento dentro del almale siento tanto, . Yo lo creo así, mas pues es fuerza en ti a tu dueño obedecer, le debes corresponder, vive tú en lugar de mí. Ya el estado de mi vida de hoy demás no le aseguros Medicinas dan seguro a la más doliente herida. Es así, mas advertida que midaño me previene busco (porque me despeñe) mi fin, que es la cierta cura; porque en vano la procura quien ya la ponzoña tiene. No se cómo te exajere el gozo con que a tus pies Invicta Duquesa llego. Mirad que a Lisarda es a quien esa reverencia, Conde, la debéis hacer; mirad que os habéis errado. Aunque pudiera el placer con que vengo adar aqueste de su Alteza el Duque. Bien digo yo: Conde, advertid, que a Lisarda le debéis dar, que es el sujeto solo a quien viene. . Engañase Vuestra Alteza, porque dice solo el sobre escrito. Qé? A la Duquesa mi esposa, y a mi temor confirmé su Alteza; que el Cielo guarde, cómo te ha dispuesto hacer su esposa, aqueste te escribe; toma Lisarda, abrele. Eso no, falte el decoro adonde sobra la fe; y era ofenderla, si ahora por advertido, o cortés os permitiera, señora, hacer este error; porque hay ocasiones que daña la corresía tal vez. Mas para que os asegure la verdad, supuesto que de sus pensamientos parte me dio el Duque en el papel que me hizo escribir; que mucho pues soy Secretario de él, mi oficio ejerza? . Supuesto no lo ignoráis; decid, pues. (ra Tu esposo el Duque, Teodo Cielos, que escuche! Ya de su error advertido, pide, que perdónlodes. que intentará el Duque hacer? Hoy en el monte he querido hablarte, donde mi fe se establezca, imitando al más robusto Laurel, que eternice nuestras paces: donde te deseo ver: el Duque tu esposo firma, esto contiene el papel. El nuevo estilo me asombra, tanto que parece que el alma no apoya el gozo, ni acredita lo que ve. Qué duda tu Alteza? Conde. Señora. . Yo haré lo que su Alteza me manda, esta respuesta daréis. Y yo de verla tan tibia dudo, si es que la escuchen cuando entendí que del gozo mereciera . Cónde, que? Ver extremos. . No he querido crédito dar al placer, que tan naturalizada en las desdichas se ve mi fortuna, que dudosa estoy, retroceda, que anticipadas se sienten, cuando sin iestras se ven. Pues ya en la voltaria rueda afirmó el inquieto pie, y al eje el arrebatado impulso ha de detener. En los di signios del Duque asombros pisando el pie va; ay de mí el cielo quiera que a la ejecución los dé, o qué olvide de miidea el vaticinio cruel. Hay asombro más notable? . , Con Mauricio, y con Perseo, esto me ha pasado, otón. Evidencias grandes son de alguna traición. Tal creo. Pero como vuestra Alteza no se da por entendido con ellos? . Cautela ha sido en medio de mi aspereza; arritado te confieso, que matarlos intente entonces: huyeronse, dicha fue, mas de este exceso reportado, hice buscarlos, que importa a mi intento así, y venidos ante mí fue el castigo, perdonarlos, y agora con el intento que te he dicho, aquí he venido Gran señor, mas prevenido quisiera tu pensamiento. otón, jamás encontrado hables en mi parecer, porque vendrás a perder así cuanto has granjeado. Naturalmente aborrezco a Teodora, como digo, yo no puedo más conmigo, aunque más mal te parezco. Lisarda adoran mis ojos, Lisarda me lleva el alma, Lisarda me tiene en calma, Lisarda no me da enojos. Mira cuando agradecida, otón, ha de estar misuerte, si Teodora me da muerte, y Lisarda me da vida. En aquesta hermosa quinta, que es teatro de las aves donde con ronos suaves (cuando el Alba el día pinta) festejan; en este solo sitio de espesuras lleno, donde nunca al Prado ameno visita el rayo de Aposo. Ya sabes con el secreto que tengo a Lisarda aquí tres dias ha, mientras di lugar (fue fingido efecto) de que Teodora en mi amor cauteloso haya tornado, en cuyo tiempo han pasado tres mil años de dolor. Hoy cazando en estos montes con el aplauso que ves, Teodora, en tanto que es Diana en esos Horizontes, que su sepulcro han de ser, vengo aberme con Lisarda. Ella viene. . Qué gallarda. Del jardín le alcance a ver. Solo viene con otón. Gran Señor. Venus Divina, si sales al que camina a llevar el corazón, bastaba la perfección de tus hermosos despojos. Suspende el fuego te ruego, por que está de sobra el fuego adonde asisten tu ojos. Cuando viene tan templado de requiebros vuestro amor, mal las quejas del dolor oíréis. . Quién las ha causado? Vos solo . En qué te ofendí? En no venceros vos mismo. Ese es ciego barbarismo, cuando tengo el alma en ti. Pues que linaje de efecto de vuestro amor viene a ser cuando me mandáis poner aquí con tanto secreto? De mi voluntad, decreto ha sido. . Extraño, señor, vuestro intento: Oye el mayor, que se ha podido intentar, con que pienso he de lograr la quietud de nuestro amor. Ya, gran señor, la Duquesa Teodora llega. Es así. que un clarín se escucha allí, Ay de mí, como. . Deja el temor, prenda querida. No da lugar mi pasión, que un no se que el corazón me dice de esta venida. Cuanto siento el no poder darte parte de mi intento, vete pues. . Qué sentimiento. Qué temes? Que esta ha de ser. la postrera vez, señor; que te hable, dame los brazos. Necio temor, estos lazos son firmezas de mi amor. Tuya soy. . Yo soy constante. Yo roca . Vaste? Sí. . Aguarda Qué quieres? . Verte Lisarda. Tu esclava soy. Yo tu amante. El cielo ayude mi intento: al Conde voy a buscar; que si puedo he de estorbar del Duque el mal pensamiento. Esto estaba deseando, Ireve. . Qué admiración! eres tú? . No, mi visión. Cómo aquí has venido? Andando. Y yo, y todo Que este diablo Garces así me persiga. Y él a que ha venido, diga? Él me casca. Con quién hablo? saque esa espada. . Por Dios? Acábela de sacar, que nos hemos de matar, Quién señor Garces? . Los dos . Después nos veremos, Gana me da de reir señor, no ha llegado el día que yo tengo de morir. Cómo no? mire. Ay, no apriete. . Déjale. Es deberas esto? . Pues no? . Ven lumbre mía. Aguarde haré un apresto de cólera. . Es un pobrete. Si señor, no hay que dudar: mas también es grosería Rindió la fuerte vida dejando el agua con su humor teñida. Viva Teodora. Viva. el matarme a sangre fría: déjeme encolerizar. Oh qué géntil disparate? pues vaya, y prevéngase de cólera, porque esté pronto para que le mate. Señor, así . Vamos los dos ya este menguado dejemos, Vamos. que aquesto sufra, por Dios. yo? . El saquela. . Y porfía, . Cómo, qué? . Nada, señor. Tiene cólera bastante para reñir? . En un instante? es flemático mi humor. Ven Garcés. Cuidado. Vaya buste. Si no se previene, afe que le mate a sangre fría Y en mármoles la fama la describa. que bizarra que está . Conde, Perseo Dinos la causa del placer que veo. Apenas con mi esposo el Duque, aqueste umbroso bosque, juntos llegamos, cuando tras una garza remontamos un jerifalte luego, que le juzgué por átomo del fuego, según violento discurrió por el páramo del viento. Era Cometa el Ave, bajel era, que en vez del mar, del aire el rumbo altera, por do iba remontado, ya aquí, y allí con ella tropezando, La Garza discurria sin que del Cerifalte la porfía la pudiese alcanzar; yo cuando vi del pájaro la fuga, un Bahalí, sacre del aire, de color de espuma, que en la mano tema, con la pluma le alagaba la pluma, y como estaba de un día hambriento, el cascabel picaba? Apenas la correa tiré del capírote, porque vea, y sacudiendo el brazo al aire, con el Ave le embrazó, y tanto por él sube, que aquí pareció pájaro, allá nube. El paramo del viento, palestra que era, el Bahalí surcaba, que abatiendo violento las alas con la Garza se juntaba, y a un émvate, y otro de su vuelo, vino con ella a dar lejos al suelo. Fue a seguirla mi esposo el Duque, cuando un fiero Javalitrala arrastrando dos valién es mastines, que en esos Horizontes, o confines de esa fértil dehesa, le hicieron cara para hacerle presa. Cómo por arracadas los dos canes traía, entonces yo llegue, y con osadía, en él adusto pecho le puse este venablo, tan derecho por él entró el corazón buscando, que con su misma sangre tropezando, a un arroyo violento se arrojó, donde dio el último aliento. Quien al tuyo, señora, se podrá resistir? . Escucha ahora; que voz triste es aquesta? De mujeres. Justo es favorecerla. Ay de mi infeliz! el Cielo me socorra. . Hacia aquí suena la voz; yo sigo los ecos. Cónde, donde vais? Espera. otón, el paso me tienes cuando a estorbar voy. Que intentas, porque en aquel precipicio consiste la quietud nuestra. qué dices? . Todos seguid aquese bruto, que lleva despeñada una mujer. Ay Lisarda; amada prenda! . pero quien mejor que yo facilitará la empresa? Esposo, mi bien aguarda. Señor: ya se fue. . otón, llega, detenal Duque . Ea, vamos todos. . Qué infeliz fiesta! ya llega, ya le detiene, ya al suelo se arroja: Mas cómo? Ay de mí! qué miro? Es Lisarda? Sí, ha fiera. mujer, del alma tirana, cauta arpia, vil Medea! no la socorráis, dejadla que se arroje de las peñas, y acudid solo a mi esposo, y dejad que muera ella. Ya no le descubro, hay triste! que aguardo aquí? Voy. Espera, gran señora. . Donde. Vuestra Altezaba? Estoy muerta; a dar al Duque socorro, apartad. . Ya tarde llega. Cómo, Perseo, Mauticio, que ha avido? Mas ya sospecha. el corazón adivino alguna infausta tragedia; hablad, de qué os suspendéis? Ya otón con el Conde llega. Misterio ha sido del cielo Para aquesto a Vuestra Alteza le buscaba. . otón, pues Condo de mi temor estoy cierra. Dispuso el Duque señora, para ti (extraña fiereza! hoy un caballo indomable, mentido en una belleza. Tan inobediente al freno, y amagos de la baqueta, que al orden de aquelse asombre y a la sombra de este vuela. Este fatal precipicio para Vuestra Alteza ordena montase en él, y furioso la arrojase de esas peñas, logrando el infame intento que tuvo de que murieras. De la cual acción el pueblo a un acaso lo tuviera, mas yo, del Cielo guiado, que atendia a tu inociencia, me facilitó el intento, haciendo que el brute fuera para Lisarda, que como ignoraba la fiereza del precipicio ignorado, pudo atreversoresuelta. Y apenas sintiendo el peso intrepido a la carrera, se arrojó, y viéndolo el Duque a detenerle, cuando ella la silla desocupó, y al Duque de un alta peña le precipitó consigo. Yo entonces a la defensa, Duquesa invicta, llegaba. a detenerle, y apenas. me asombra el frácaso, cuando tendida sobre la hierba del Campo a Lisarda vi; que ya palpitante espera la muerte, que con mi espada iba a quitar contingencias; pero detuvome otón, piadosa acción, porque fuera crue dad el dar más castigo a quien el Cielo reserva. Viva Lisarda quedó, y el Duque tu esposo queda muerto del mismo instrumento, que para que tu murieras dispuso barbaramente, con que quedó tu inocencia, gran señora, salva, y de él castigada la soberbia: y del honesto amor mío veas la heroica firmeza, que asegura tus recelos; y la lealtad se establezca de otón, que te ha dado vida. Es ley salvar la inocencia? Caso extraño! . Qué desdicha! Fuerte ejemplo! . Gran tragedia! Vivan Teodora, y el Conde, Duques de Escocia. De aquestas voces, los arbitros somos Mauricio, y yo. . Pues que resta? Que la verdad de este caso trágico, hoy ejemplo sea pera los futuros tiempos solamente. . Y aquí el Poeta pide perdón de las faltas, con que acaba la Comedia.
