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Texto digital de Sufrir más por querer menos

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Rodrigo Enríquez
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Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Sufrir más por querer menos. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/sufrir-mas-por-querer-menos.

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SUFRIR MÁS POR QUERER MENOS

JORNADA PRIMERA

Ya señora, que la suerte y ha dispuesto, que padezca, solo este favor merezca, en albricias de mi muerte. Fernando, primo, señor, de que servirán las quejas, si han de hallar tibias orejas? De entiviar también mi ardor, que como escondió mi pecho vr etlna de sin razones, quiero ver si en las razones, alguna parte desecho: Porque cuando le provoca a estallidos su pasión, no es mucho que el corazón busque el paso de la boca. Seráfina, pues mi hermano. alinia tanto pesar, con decirle; en escuchar que se arriesga? Yo me allano a oírte, Fernando, di tu sentimiento, que no sé, si también tengo yo algo de lo que hay en ti: Ahora, que V. Señoria, (prima, y señora) la puerta franca permitela mis ansias, libre concede a mis penas. Ahora, que mis suspiros el centro penoso dejan, y en hombros de acentos tristes, a desahogarse vuelan. Ahora, que un ardor tiene para explicarse licencia, y en tremulantes vislumbres se ve consumir pavesa. Siendo mi propio homicida, dejar quiero la cadena, túmulo, y en frías cenizas sentir exhalado el etna. Quiero, repito, que el centro de recatadas centellas, asilo de desengaños en mudas reliquias sea. Bien conozco, que no es gala hacer libertad la fuerza, y que doy lo que me quisan la desdicha, y la violencia. Pero de su rigor mismo mi valentia se esfuerza, que si yo hiciera mi gusto, en dejar de amar, que hiciera? El Conde Arnesto mitio, y padre tuyo, que estrellas pisa, en alfombras de luces de las regiones ethereas. Aunque tuvo en dos hermanos iguales ramas, que dieran nueno soltituro al rronco, que a colmos de días deja, oh feliz suerte! mi primo, (oh costelación adversa en mí!) para esposo tuyo a don Rodrigo, se acerca la elección, para que juntos de un movimiento procedan una vida, y una muerte, una gloria, y una pena. Dirás, que como permite el dolor, que me atormenta, históricos Episodios: y que a contar me detenga, lo que es tan notorio, dando a mi entendimiento treguas, para que el dolor en duda, y la pasión en sospechas, lo que ganó por sufrido, por ser muy sufrida pierda. No. Seralina, mis ansias es imposible que puedan hallar entre dilaciones, la dilación más pequeña; que en el peligro más vivas, y en el riesgo más intensas, sin parentesís de alivio al tormenio perseveran, No has visto, flor ponzoñosa, que entre agradable apariencia, en laberintos hojosos, mortal calidad encierran; y que se mueve a la vista, con la color lisonjera, disimulando en el Irís, contraria naturaleza, cuando festeja los ojos con adarente belleza, no desminuye el veneno, que las entrañas hóspeda, vistiendo el traje allá dentro, que disimola acá fuera? Venenosa flor, mi pecho, (si amor es veneno) encierra estos discursos, colores son, (ay prima!) que desnecha por inútiles, el alma aparentes gentilezas; pues aún servirán de estorbo, sin dar al veneno fuerza, arrojalas por los labios, como quien dice a mi pen- que emveve en si la poncoña, no la divierte la lengua, pues yo siento con las obras, y con las colores ella. Desde Mallorca le llama, para que dichoso venga a gozar (como la digo!) sus dichas, y mis finezas. Y yo, que cifro en el pecho de amor las tiranas senas, muero a manos de mí mismo, pues mi afecto me condena. Yo, Serasina, te quise, yo merecí la cadena más noble; yo el más suave tormento, yo que pudiera hacer la segunda parte de amor, en mudas quererlas, pues vuitre de mis deseos, y fénix de mis ideas, ya digeria las ansias ya fevivia las penas, para que estás tengan vida del alimento de aquellas. Veo consumir la llama, veo apagar la centella, veo el lazo que me ahoga, veo el raudal que me anega, y veo en fin, que esta tarde, cuando a don Rolrigo esperas en el umbral de la muerte, cadaber amor, celebra su llanto, o tus alegrías, tus gustos, o sus tristezas, cisne, que se hace a sí mismo con su canto sus osequias, Bien conozco, que no ha sido tan feliz mi amor, que pueda acogerse a tus favores, cuando aquí la vez primera desaprisionó el recato para intimarte sus quejas, También, que viene mi primo a merecer tus ternezas, y que guarda de mi afecto corre su honor por mi cuenta. No porque en ti, Seráfina, libre presunción se atreva, más porque vive en el mundo cierto linaje de ofensa, donde es amago la duda, y ejecución la sospecha. Ya se acabó mi delito, ya libre el discurso queda, ya no te amo, ya te estimo, ya feneció, ya se premia mi amor, habiéndole dicho tan a cara descubierta. Goces prima a don Rodrigo, pues te ha merecido, eternas edades, que yo gusto (aunque el alma lo padezca) . premiado me hallo, que al triste, cuando le escuchan le premian. Bien conozco don Fernando, que me amaste. No prevengas señora vana disculpa a imposible recompensa, Para que satisfacciones, si cuando más lisonjean, ellas son las que se van, y el agravio el que se queda. Mas si no me engaño, el ruido nos informa de que llega mi primo: a Dios, porque quiero que en otra ocasión me vea. . O prima! como Fernando hidalgamente se queja, y yo siento; mas qué digo? ya no soy mía, ya espera dueño el alma, a quien asiste, y a quien como tal respeta. Quísote bien. . Es así; más las que tienen mis prendas, al honor miden el gusto, y el afecto a la obediencia. Tu primo ha llegado ya, y sube por la escalera, que como dueño de casa, no quiso aguardar licencia. Conceded, prima, y señora los pies, a quien viene a ser vuestro esclavo, y a ofrecer un corazón que os adora, Pues cuando a vuestra beldad rendimiento sacrifique, y adoraciones dedique de una firme voluntad, Será . Repara, que no soy la Condesa, señor. O que venturoso error! La ignorancia, ocasionó (pero mejor lo diré) si cuando a míraros llego, es confesando, que ciego estoy, de que al Sol mire. A tanta luz agradezco, que vuestra beldan no viese, porque por vos mereciese lo que por mí no merezco: Pues cuando reparo en vos señora, y me miro a mí, faltando laluz aquí, hallo que agrado a los dos. A mí porque si alcanzara a veros, no mereciera premio en amaros; pues fuera preciso que os adorara, Y a vos también, pues confieso mi ceguedad, y se ve, que ha obrado el amor porfe, pues porfe me tenéis preso. Este sí, que es novio honrado, pues no ha dicho un disparate. Solo. . A mí señor se trate como a quien es. Desposado. Si las señas, o señora, faltan al original, no sois Leonarda, y si igual a las partes que atesora: Corresponde, no excuséis sino por mí, por mi prima vuestra mano al que os estima, y suplica le mandéis. Vuestros favores estimo en el grado que merecen, si bien, señor, me parecen adulaciones de primo. Entiendo como decís el amor que ponderáis, que aunque no le rebozáis, siento al paso que sentís. Lo que aseguraros puedo, es, que a la equivocación (por no decir presunción) bien reconocida quedo, Y más cayendo en mi prima Leonarda, donde el engaño está seguro de el daño, por lo que mi amor la estima, Y puede ser; mas ahora me decid, como os ha ido en el camino? Que ha sido feliz pues llego señora, donde. . Si V. Señoria le escucha en esta ocasión. Quita necio. . Relación habrá para todo el día, Pues esta vez no ha de entrar comparación, ni pintura, porque yo (si no se apura tanta belleza, he de dar Cuenta de lo que ha pasado, sin que le falte una ijota: en nombre de Dios, Pieota es mi nombre, soy criado. Ya se ve, de don Rodrigo, Conde en Agraz. Señoria en Cierne, su bizarría acredita, lo que digo. Si dijere, que pasó dos mil incomodidades, tiempo es de decir verdades, a lo cortés se engañó. Cuatró ilustres Cardenales se pusieron en camino, convocando el Trindentino Concilio, a sujetos tales. A una hosteria llegaron, y sentándose a cenar, al cuarto, o quinto manjar ciertas perdices entraron. El maestre sala, que intenta esmaltar el apetito, halló un criminal delito, porque faltó la pimienta. Dio entonces una palmada de aquel conclave el Decano, y entonando ceja, y mano, dijo con voz lastimada: Oh cuanta inclemencia, o cuanta incomodidad sufrimos los que sirviendo venimos a la Iglesia de Dios santa! La aplicación falta ahora; vive Dios, que flemos sufrido tanto que milagro ha sido llegar a verte, señora. Humor tiene el tal criado. Y la señora criada, está mejor humorada? Vos seáis muy bien llegado, descansad mientras la casa, vuestro régalo previene. le Gallarda presencia tiene! . No sé que hielo me abrasa. . Oye, señora doncella? Tan fea soy? que me quiere señor doncel? unon ano Jul Es conmigó? No me llamó el insolente? Es verdad, pero no soy Alcaide de los donceles, y asi juzgué que con otro hablada vuesarced, deme licencia de preguntarla? Pregunte, como sea breve. El Apostólico falta, para que mi amo quede hecho el Dominus de casa. Y yo si se la ofreciere, en que hacerla gusto acuda, como esa cara merece: el nombre? . Isabel. Qué lindo! tengo con las Isabeles, no sé que estrelleja oculta, que todas por mí se pierden. Y esto desde tamañico sabe Dios cuanto me deben, y yo y todo; pero vamos al caso: podrá traerme así de manos a boca ciento y cincuenta congretes con dos dédicos de vino niientras se cena que tiene traza de caritativa, si esos ojuelos no mienten? Ja. Por cierto señor hidalgo, que Veim parece una pero como se llama? Tendo un nombre preheminente, no que ha de causarla novedad el sonsonete: mi nombre tiña, es Pieota. Pícora, que al justo viene! pues mire, coja esta calle, y la otra, que revuelve a mano derecha, y luego vaya derecho, y si tuerce una esquiva, y a esta mano. Quedó por Dios, que los dientes han rechinado acá dentro. Cómo digo, cuando llegue a mano izquierda: Qué es eso? parece que ya me teme. Has jugado a la pelota? lleve el diablo tus reveses: acabemos con las señas; Y si señalarme no quieres, Isabel, enrevesada. y Así como rezas medres: to Abreviando de la lonja, está la pícora enfrente, y pues Picota se llama, la picota le remedie. Bueno por Dios, y mis muelas dando latidos; mujeres, tales régalos como estos dan al galán que más quiere. Si la sacra amistad, si el lazo fuerte, que a pesar de la muerte su memoria eterniza, reconcentrando el fuego en la ceniza, que reservó gloriosa para triunfar del tiempo luminosa. Amigo don Fernando, no os asegura, cuando está en mí tan unida, que tiene hecho contrato con la vida, para que en ella quede lo que mortal atesotar no puede, y a pagar el tributo forzoso, al hombre halle sostituro, donde el alma transfiera el afecto que en ella reberbera. El parentesco obligue, si el afecto (que a veces suele ser el más perfecto) a que vuestras pesiones, informando a distintos corazones en diversas instancias repartidas, vengan a ofender menos divididas, que aunque os parecerá, me contradigo, pues corazón no tiene el buen amigo, tiénele, y no le tiene; tiénele, cuando advierte, que conviene sentir la pena que el amigo siente: No le tiene si importa, que obediente sacrisique al amigo en caso justo comodidad, hacienda, vida, y gusto. Hago tantos aprecios de mi pena, que aunque su tiranía darme oidena insufrible tormento, imperceptible casi al pensamiento, pues yo mismo me espanto, cuando me apura tanto, de que pueda una loca fantasía, ciega temeridad, vana porfía, oprimir las porencias y sentidos pendientes todas, todos suspendidos de un fantástico bien, de una memoria, sensible infierno en aparente gloria. (Don Luis amigo) que abariento lucho (cuando la queja escucho, que hace vuestra amistad a mi retiro) con el menor suspiro, pues quisiera, que todos acá dentro esfera hiciera, fabricasen centro, donde sin resistencia ejecutar pudiesen su violencia, como él abajo idolatra del oro, que el corazón coloca en el tesoro, y retirado, oculto, y escondido, teme, cuando le cuenta que el sonido su codicia mallogre; y aún quisiera, que el rumor no saliera, apartando las piezas con tal tiento, que aún le ofende su mismo movimiento; y cuando el eco al aire se le imprime, si el acento fue mucho, muchogime. No menos abariento, cuando mis penas cuento, quisiera retirado en el más apartado centro, de el alma mía repetir esta loca fantasía, pues en comunicarle me parece, que se me desvaneco como al otro el tesoro, alguna parte, que por gloria adoro. Pero porque entendáis cuanto me obligo de agradar a un amigo, en quien el alma halló feliz cadena, quiero decirla causa de mi pe que aunque en lentos amagos, cautelosos de amor, dulces alagos, su ponzoña inclemente, se me infundió desde el primero oriente. Y al paso que crecia, iba aumentando en mí su tiranía, con todo le ignoraba. el nombre, aunque la pena me enseñaba, al que en esta ocasión, en este instante, de niño amor, se declaro Gigante. Haceros relación de el que en las venas de Serafina, parentesco anima, es alargar el curso de mis penas, y que el torrente a su raudal reprima, de mi propio metal forgé cadenas, pues cuando inaduertido amé a mi prima, acaudalando de ansias un abismo, mi sangre conjuré contra mí mismo. Una mañana, cuando el sol ardía, iluminando la diadema hermosa del celestial león, y se envenia en registrar a luces, cuanta undosa melena por el cuello se esparcia, tanto, que presumió vanagloriosa, que el planeta ilustraba sus cabellos, por usurpar las luces de ella, y de ellos. Seráfina salió, corrió la aurora las cortinas al cielo; y suspendida, menudo aljófar (como suele) llora esta vez, no sé yo si de corrida. Dividiose el ejército de Flora en votos, sobre dar la bienvenida a las auroras dos que amanecieron, pero la salva a Serafina hicieron. La margen escogio de un arroyuelo, que acortando el bullicio, y iigereza en tabla de cristal, pintor de hielo, galán copio su celestial belleza. Quiso amor transformarle en mongibelo, pero apenas el fuego a obrar empieza, cuando alargando el paso en el paseo, nie suelta el retrato, y dejaa El oriente esparció de sus cabellos, que por el cuello en ondas se dilata, enriqueciendo con el oro de ellos, al que cobarde huyó con pies de plata. Codicioso revuelve por cogellos, y cuando el robo cauteloso trata, hidrópico de luces por el pecho el hurto éxhala en esplendor deshecho. Como suele un cristal del sol herido, estrechando en sus poros la luz bella, ocasionar, que el resplandor unido, donde reflejo entró, salga centella. El arroyo abariento, y presumido vanaglorioso, riesgos atropella, para que a su pesar brillante espejo, rétrate a Serafina por reflejo. Feliz Alcaide en laberimos de oro, sirve de teda los que tedhan sido de cuantos se abalanzan al tesoro, y quedar en prisión han merecido. Entonces yo, que el cautiverio adoro, entre amor y recelos suspendido, dije con una voz al carcelero; quien mereciera ser tu prisionero! Pues como suele tímido villano, viendo el áspid oculto entre las flores, alzar la planta, y suspender la mano, asustado entre riesgos, y temores. No menos me sucede; pero en vano huyo, en la suspensión de sus rigores, porque envevido en amorosa calma, veneno por la vista bevió el alma. Toda, pues, en suimagen suspendida, idolatrando la belleza estaba del mar, hermoso Cid, bello homicida, que el campo de amor libró el aljaba, Cuando advirtiendo el prado la partida, de quien tanto emisferio iluminaba, acompañando en sentimiento a un triste, el que luces vistió, tinieblas viste. Esta es la causa de mi empleo, ahora juzgad, si con razón el alma adora la apetecible llaga, que al levantarse, con la vida amaga, si bien no es este, amigo, el mal más fuerte, que al fin diera la muerte, el que halla el infeliz remedio en ella; pero lo que me aflige, y me atropella, es, que otro primo mío, y primo suyo, de quien irremediable daño arguyo, no más amante, pero más dichoso, llamado viene para ser su esposo. Será (don Luis) posible, que yo vea, que tirano posea el imán de mi vida mi pariente (mal digo) mi homicida, y que dichosos lazos, junten las voluntades con los brazos? Ello bien puede ser, pero parece, que el corazón se extraña, y se estremece, cuando se representa en bosquejo el agravio; y le atormenta en borrón el desaire, pues cual hombarda, que con solo el aire al despedir la bala, bosteza muertes, y veneno exhala. Una vislumbre en él, una sospecha, es penetrante decha, que con ansias mortales escala los espírtus vitales. Ya os he dicho mi gloria, ya mi pena, y a quien mi bien, ya quien mi mal ordena, ved que remedio espero, pues de una misma causa vivo, y muero. El cielo me es testigo, que tan del todo vuestras penas sigo, que parece que siento tan al vivo las ansias, y el tormento, como si en todas ellas, lamentables de amor, dulces quererlas en mí se alimentasen, y del vuestro a mi pecho se pasasen. (Ay Leonarda! ay ingrata! como excede el rigor que me maltrat al que tu hermano siente?) el pecho (amigo) el corazón doliente en la mayor tormenta la bizarría el pundonor sufiente, pues cual piedra de toque califica su nobleza, y quilates, no en los pequeños, no, leves embates, pues las adversidades piedra de toque son de calidades; pero porque infiráis de mí el remedio, una proposición sirva de medio. Si acaso don Rodrigo (yo mismo ser pudiera ser testigo, pues en su hermana cifro el mal que pasa, y propongo el suceso en que me abraso.) Traspasese la llama en diverso sujeto en otra dama, y está, aunque pretendida fuese, de otro galán desvanecida del nuevo galánteo le admitiese, y al poseedor antiguo aborreciese. No era agravio mayor? sin duda alguna, porque aquí la fortuna no deja medio alguno en la esperanza, cuyo fuero no alcanza fuera de lo indeciso, no a lo que cierto está no a lo preciso: y si estos dos en sí se han conformado, que esperanza le queda al olvidado? pues siendo así, parece que no fuera tan insufrible el daño que os espera, porque si don Rodrigo a Serafina; ay de mí, que lo siento! . no se inclina, y en amoroso empleo satisface al deseo, atropellando amante; Que mucho, si de un Dios juega el montante, y en más el gusto que el decoro estima, estado, obligación, contrato; y prima, a mí ver muy posible, se dejaba tocar el imposible, pues viendo la Condesa, que empleaba su afición, en quien daba ingrata recompensa a bien tan sumo, y que glorias de amor éxhala en humo, hallando en sangre propia, sino el original, bastante copia, que sea fundamento a cumplir de su padre último intento, pudieráis por pariente más cercano, confirmar vuestra dicha con su mano. Pareceos, pues, que si eso sucediera otro más infeliz que vos hubiera? Digo, que sí, pero una falta siento. Y es? . Que en vuestro argumento dibijáis el fracaso, y aunque confieso excede al mal que paso, tiene tanta distancia figurado, como va de lo vivo a lo pintado: y antes bien se colige, cuanta pasión me aflige, pues para contra hacer su semejante, licencioso pincel aún no es bastante. Ya el padre de Faetonte, arrimándose al uno, y otro monte, puede apenas tenerse, y empieza a disponerse el lóbregoso coche, en cuya oscuridad tiene la noche la fuerza natural, la antiparía, con que se opone al día: tenéis que hacer? . Si tengo; acompañaros. Pues de esa ocupación, quiero excusaros, que si mal no me acuerdo esta mañana, que la viniese a ver mandó mi hermana, pues como ya sabéis, está de asiento con la Condesa. . Ya lo sé (y lo siento) . y pues esta es su casa, y se hace tarde, entrad; y a Dios. El cielo amigo os guarde. 1 No más amor, no más, que son para sentidos, de burlas tus favores, de verás tus desvíos. Amor, que solicitas, contra mi amor nacido, de revocada muerte, en pasador esquivo. Bastele ya a mi pena hallar a un tiempo mismo, 1. De burlas tus favores, de verás tus desvíos. 2. Dispara, amor, despara, que son para admitidos, de verás tus favores, de burlas tus desvíos. Amor, pues deidad eres, y tus decretos sigo, alienta mi esperanza, ampara mis suspiros, hallé un bizarro aliento, que se arrojó al peligro. 2. De verás tus favores, de verás tus desvíos. 1. Sigante venturosos, temante desválidos, pues para todos tienes halagos, y castigos. Oh como al desdichado le acometen impíos, cuantos su suerte alcanza, generos de martirios! cuando, amor he de allarte, piadoso al dolor mío? 1. Pues para todos tienes halagos, y castigos. 2. Veante desdichados, sigante agradecidos, pues no son para todos tus arpones divinos. Cuántas tú a jaba encierra flechas, o amor envidio, y aún por todos quisiera ser blanco de tus tiros, que yo solo ser puedo roca a tantos peligros. 2. Pues no son para todos tus arpones divinos. 1 Quien ama sin estrella, en su afición previno penas, donde la suerte anticipo el delito. Leonarda, estos acentos parece que han querido en sus sentencias tristes avivar el sentido. Pues qué sientes, señora, de sus ficciones? Miro. 1. Penas donde la suerte anticipó el delito 2. Quien ama; y quien recela, que inutismente quiso exprimentar el riesgo aún antes del castigo! Seráfina? Leonarda? . Oh ingrato don Rodrigo! Parabién a estas flores les doy, si han merecido, que se ilustren a tantos esplendores divinos. Y más cuando no alcanzan sus colores natinos. C. 2. Exprimentar el riesgo aún antes del castigo. 1. No tienes tú la culpa, yo, amor, la causa he sido, que si mueves mi afecto, no mi infeliz destino. Y antes juzgo, que en ellas, el modo más sucinto, al riesgo las expone el abrasado estío: quien pudiera decirte, tirano a mi albedrío. 1. Que si mueves mi afecto, no mi infeliz destino. 2. Mis males, y mis bienes, en ti los acrédito, unos para estimados, y otros para sufridos. Hermano? . Primo? Fernando? Por no perder los favores, que mi hermana me previno, pues me avisa, que estas noches gustáis que os asista, viendo, que mano de sombras corre la cortina al glovo hermoso, para que en solio de horrores, la que a tinieblas preside, lugubres Imperios goce, a veros vine, y hallando, que aunjaquí los resplandores del Sol en eternas luces, lóbregos preceptos rompen, entro a servitos de día, aunque allá fuera es de noche. Cortes señor donFernando señaláis desprevenciones. Traiban luces, que no alumbran hipórboles. Bien conoce, primo, a quien da la Condesa el lugar que os corresponde, y vuestras finezas, bien logran sus demostraciones. Bueno está, primor. Por Cristo, que parecen Étropes, o que en Ángola emprimaron la Condesa, y los señores: Primo, prima, iten más primos; o pese de los. . Pícore, o picotilla, picado como vestido de pobre; no hay hablar. Picota mía? Qué es esto? por Dios que corte por acá el mismo lenguaje, y todo se va en primores. Horca de la era antigua, mi pique, y repique, donde pienso picarte de mano, y repicarte de postre. No hay hablar? Esto va bueno. Parece que no conoce. A quién digo? Con quién hablo? Si parase en mógicones . el picotear? Con quien son Reinas mías las voces? Con él. Juana? Isabelilla? Abrazadme. Oyé? . Oye? Yo no admito compañías. Yo no admito quien me estorbe. Y si. . Aquí es ello. . me enfado. . Y sí, Ea. . Se me pone la mostaza. . En las narices. A bofetadas. . A coces. De esta suerte, . De este modo es ahorrar de razones Bueno está cuerpo de Cristo, que me matan . Tome. Tome la muy picara. Pie Socorro. . Qué es eso? Quién daba voces? A buen tiempo. Aquí los ties, por entretener la noche al juego del abejón jugábamos. Y los golpes han menudeado tanto, que así mi Dios me perdone, que estoy como una cibera. Quién tales exclainaciones hace al principio del juego, para que es abejón? Compre señor mandría un decenario y tece, ya que no es hombre para entretenerse un rato en amagos juguetones. Jugueres llamas taimada aguantar cuatro garrotes de carne sobre los huesos? voy portreinta exalmadores. El problema está extremado, y no fácil de ajustar, porque quien puede estimar sin querer y quien amado puede ser, sin que primero no merezca estimación. Antes justa oposición en sus fines considero. Volvedle a leer, que no di la atención que ha menester. Si en eso está, vuelvo a leer mi duda, propongo así. Bien a Tipo, y Camo quiero, pero este querer confundo; queriendo más al segundo, más estimando al primero, O si vano atrevimiento . no fuera, el imeginar, que aquí Serafina dar luz quiere a mi ciego intento! Mas si alcanza de su prima. . el amor, y aquí pretende ver si mi pecho la ofende? Mas si soy a quien estima? . Si queriendo más a Camo, y más estimando a Tipo: pregunto, a cual anticipo, al que estimo, o al que amo? está el intento explicado? Si señora. . Pues quisiera; que cada uno dijera que siente, en razón fundado. Este querer, y estimar se han de entender en amanto disposición Es constante, i que amor los ha de enlazar. No es difícil de entender, y pide ponderación, entre querer por razón; o amar por apetecer. Catullo a su Lesbia dijo, que en cuanto casta le amaba, la quería y la estimaba, como quiere el padre al hijo. Mas que después permitida a todo lascivo amor, la quiso con más ardor, pero no tan bien querida. Pues yo por poder oír mas seguro el parecer contrario, tengo de ser el que empiece a discurrir. Estimar es elección por aprecio del que estima, querer es pasión que anima sin precio, ni estimación. Para estimar la razón al que más vale, mas quiere, para querer solo adquiere derecho la voluntad, allí la comodidad, aquí el guso se prefiere. El que quiere en dulce objeto, cautiva el alma pregona, más el que estima, aprisiona una parte en el sujeto: y si el acto más perfeto aclara la prheminencia, no está oscura la sentencia, porque yo diera la palma al que robó toda la alma, no al que gozó una potencia. Bien defendéis al querido, mas yo que el asunto he dado, pruebo así, que el estimado viene a ser más preferido. Quien goza más noble esfera, linaje más soberano ostenta en sí, pues hufano superior se considera: el estimar rebervera en acción, en ser, en nombre, con ese medio renombre, el querer más bajo asiste, pues un mismo traje viste en el bruto, y en el hombre. Bien puede el bruto querer, pero no puede estimar, pues tiene alma para amar, mas no para conocer: siendo así, quien viene a ser el que al triunfo se destina, pues si a la verdad se inclina la sentencia, es cosa llana, que no excede acción humana a preeminencia divina. Si como decís, amor, al hombre, y bruto eslabona, su fuerza su Impero abona con excelencia mayor; porque si alcanza su ardor a la fiera, al hombre, al cielo, quien mereció su desvelo vencedor le juzgo, pues cuando le asiste amor, es señor del cielo, y del suelo. Querer es ciega pasión. Estimar tibio cuidado. Qué importa si es ajustado? Qué importa si es afición? Tiránica sin razón la voluntad en cadena. Civil interés condena de la razón el aprecio. Si más no corre al desprecio. Si mas no al precio se ordena, Yo estimo ser estimada. Yo quisiera ser querida. Fuera ser desvanecida. Por no ser interesada. La porfía está extremada, pues yo, si me dais lugar, la solución he de dar, sin que valga por sentencia, mostrando la diferencia entre querer, y estimar. Amor, a quien pintan ciego, antes que ciego fue amor, y lince penetrador de tierra, agua, aire, y fuego. Es un anhelo ambicioso, que en traje desconocido, por los ojos envevido, pasa al alma cauteloso, Y aunque al principio parece, que solo a la voluntad. enlaza ciega deidad, regir el alma apetece: Porque como en sus acciones hay un sentido excelente, a quien como preeminente, siguen todas las pasiones; Y este cuando a presumir llega el bien que apetecio por agradable, y rindio. la libertad de eligir, con afectos tan subidos, va realzando su Idea, que a más no poder, emplea todos los demás sentidos. Y hallando, que está suieta la elección a la hermosura, aunque no lo sea, procura hacerla en todo perfeta: Y así, cuando hermosa es, y por suno bien aprecia, la que con ser bella, es necia, discreta la halla después. De modo, que si pasión amor al principio fue, a pocos lances se ve sobre el alma, y la razón. Y de aquí puede el querido su preeminencia fundar, pues mereció acaudalar toda el alma en un sentido. La estimación acredita, por elección su cuidado, cuando solo el bien fundado en la razón solicira, Porque como toda es ojos, y no ha de mirar al fuego, deja el apetito ciego el uso de los antojos. Y como solo dirige la ejecución al que encierra valor propio, nunca hierra en los objetos que elige. Pues si estriva el acertar en noble conocimiento, teniendo este fundamento la razón, no puede errar. Y si una vez eligió, de pasión independente, asiento da permanente al sujeto que estimó, No así, amor, aunque cautive toda el alma en sus potencias, cuando toda intercadencias en tirano imperio huye. Pues si alguna vez sucede, que arrastre con un sentido los demás; y preferido, con esta violencia quede, No pocas, que loco enviste a imprudente posesión el freno de la razón, o le vence, o le resiste. Qué hallando desconvenencias en lo que fue apetecido, burlado se halla, o vencido, entre vanas apariencias. Y para decir verdad, yo estimara la elección, medida por la razón, y no por la voluntad. Y porque ya se hace tarde, dándome V. Señoria licencia. Si fuera mía, no la diera. Dios os guarde. O si pudiera estimar! O si pudiera querer! . . Quién llegara a merecer. . eciera alcanzar. me

JORNADA SEGUNDA

La temeridad que intento juzgue la piadoso el que sabe de amor, pues yo sé ela si padece lo que siento. Que cuando la tirana de esta violenta deidad la usurpo la voluntad, disculpa dará la mía. O amor! a que no ocasionas con tus locos devaneos, o como alinces deseos! ciego, y rapaz a prisiones. La desdicha está en hallarte, porque después quien te dio entrada, o que tarde halló tiempo para desecharte! Comienzas bien, mas tenemos tus contrarios pareceres, vienes, amor, cuando quieres, no te vas cuando queremos. Dígalo yo; pues si entraste huésped por la novedad, dueño de la voluntad sin resistencia quedaste. Fuego te juzgan, y pasas del más violento el poder, tiempo el fuego ha menester, pero tú sin tiempo abrasas. Dígalo yo, pues apenas relampago te admití, cuando rayo has hecho en mí un mongibelo de penas. Nombrante bien, y desmiente al nombre tu natural, pues tienes traza de mal en durar eternamente, Dígalo yo, pues unida, tanto estoy a tus engaños, que recelo que tus daños han de eternizar mi vida. Licencia dia don Rodrigo, para que por el jardín me hablase; mas a que fin a mis despeños prosigo? Soy yo la que no admitia tanta decente fineza de don Luis cuya firmeza se desvaneció en la mía? Pues como! más que objecia tan necia opone el recato, allí pretendia el trato, pero aquí la inclinación. Y la fe que a Serafina debo guardar? o que vano escrúpulo! amor tirano, cuando a guardar fe se incli Ya no he de volver atrás en el piélago que ignoro, porque engolfado el decoro, no puedo aventurar más. , h Yo no acabo de entender, así me remedie Dios, en que han de parar tus cosas, que aún para dichas no son. Tu engañas a Serafina, sabiendo que está, señor, en su mano tu fortuna, y la mía, que es peor. A este León, o Leonarda algún demonio indilgó, que ha deser, diralo elr de entrambos la perdición, Jesús, y que disparate! lindo reliente de amor, por mi vida, que es el caso para burlas, eso no. La primera, y esa en tierra? famosa negociación; tu volverás como perro, que a cuatro o cinco temió. Esconde, señor (si Conde quieres ser) la inclinación, que al que sabe usar del tiempo, nunca el tiempo le burló Si ello estuviera en mí, y fuera esta Condesa un dragón, un minotauro, por Ángel la aplicara adoración. Cuanto más, que Serafina en todo seráfinó, enserafinando el aire, garbo gala, y perfección. Mira, siempre en estos juegos te aventuras por los dos, cuando ganas va por ti, y cuando pierdes por yo. Ya estamos en el jardín; por Dios, que las tapias son, o para salto de llebre, o cerca de Religión. Pues luego el mozo es ligero; vale para salteador lo que pesan mis espaldas, pues lo saben, diganlo. (mor! Ea manos a la obra. Que siempre has de estar de hu Estoy enfermo no es mucho. Habla paso. Ya pasó quien lo dijo, y si no engaña aquí el oído, lumor siento en este celosia baja, como que se abrió alguna ventana; oyes? Leonarda será, yo voy; retírate, y no te duermas. Es muy conocida flor en los criados, dormirse; velaré como un liron. Es don Rodrigo? Es Leonarda? Muy amante habéis andado; parece que me he tardado. Nunca el bien que llega tarda. Pues por tanto me juzgáis? Que más bien que más riqueza, si en vuestra rara belleza lo que estimo atesoráis? Muy cortesano venís. Amante diréis mejor. Tan presto? mirad señor, que es mucho lo que decís. Olalá, bella homicida, que fuera mi sentimiento en explicar lo que siento anti doto de la vida. Presto diréis, que os amé, y yo colijo de aquí, que si veloz para mí, tardo amor para vos fue, Si el basilisco en un punto mira y mata, porque no será posible, que yo mire, y muera todo junto. Si dice, y hace ligero el rayo, no podrán dos, señora, asistiendo en vos, herirme del mal que muero. Pues si amante confesáis, que rayo soy, que en la vista vidas la muerte conquista, vos mismo me disculpáis. Porque podré responder, que al basilisco, y al rayo, causando mortal desmayo, no hay quien los pueda ofende Y que si amor pretendiera, que en un instante os amara, ni en rayo me transformara, ni vasilisco me hiciera. Mas ya que está la afición necesitada de fe, mi sentimiento os diré, en una comparación Cuando en alguna impresión diestro artifice aprisiona, cuantas letras eslabona a la parte, o la dicción, La tinta, que infunde fiel alma al caracter, no puede obrar, sin que presa quede en la cárcel del papel. El Artifice, amor fue, por tinta me escogió a mí, y aunque de amor seros di, en el papel me quedé, Con menos orgullo ya blasona amor, porque advierte, que en el umbral de la muerte en sus principios está. Pues cuando os incorporáis. en el papel que decís, como de paso escribís la cifra que ponderáis, Porque afición, que se emplea en quien puede padecer ruinas de él tiempo, y perder el ser que eterno desea, Parece que no aspiró a que el caracter no falte, cuando de amor el esmalte en tinta le convirtió. Antes si bien se repara, eterna permaneciera la letra, si no estuviera en quien de si la arrojara: Pues cuando en leve papel estriba su fundamento, ya en el agua, ya en el viento a faltar viene por él. Sed bronce, y veréis que cifra amor su rúbrica en vos, que es menoscabo de un Dios, fiar de un papel su cifra. La llave sueña en la puerta de mi prima, y el postigo han abierto; don Rodrigo quedaos a Dios: yo voy muerta! Oh finge la fantasía apariencia a los sentidos, o el cuidado en los oídos parece que desvaría. Ruído en el jardín sentí, y tanto se ha continuado, que recelosa he bajado al desengaño; ay de mí! Esto es hecho! vive Cristo, que aquí la historia acabó, la tal Condesa salió al reclamo, y nos ha visto. Ce, Picota? . No hayce,ce. Llégate acá. . Estoy tullido La Condesa? . Sí. Ha salido al jardín, y si nos ve somos perdidos; que haremos? Íbalo a decir, mas ya lo ha dicho el miedo, que va como un rayo a los extremos: un remedio solo hallar se puede. . Presto; cuál es? Hacer alas de los pies. Burlas ahora? . Y volar. Para creer mis enojos bastó la imaginación, que en ellos la presunción es más cierta que los ojos, En puestos distintos veo dos hombres, que cautelosos se recatan temerosos, ocasionando al deseo. Pues cuando en mí (ay cielos!) gente a deshoras asalta sus cercas? esto les falta sobre todo a mis recelos. Qué haré aquí? si llamo gente, será llamar la deshonra, será aventurar la honra con escándalo imprudente. Pues si me retiro, y cierro la puerta, será dejar el mismo riesgo, y sellar un yerro con otro hierro. Pues válgame aquí el valor, que en ocasión semejante, cuando el honor es gigante, no ha de vencer el temor. Quién está aquí? A esa otra puerta: quedo, quedo, hay porfiar! Pícora es, que puede estar con la cara descubierta. Ahora te contradices en la resistencia que hizo tu cautela? El romadizo encapotó las narices. Dime enemigo traidor, quién es el otro embozado? El vestido del criado dice quien es el señor. Bien está; ya os he entendido: ocasión me quiero hacer de su atrevimiento, y ser rémora de un atrevido. Pues como señor aquí, cuando el fuero traspasáis de estas paredes, miráis por vos, por ellas, por mí? vos a desoras, y así tan remiso, y recatado? Quien señor, quien os ha dado ocasión de que os ultraje, lo desmentido del traje, y la pasión del cuidado? Cuando el ruído me llamó, obligación de quien rige esta casa, entre mi dije, ya mi cuidado cesó: porque como os juzgué yo su defensa, aunque dudaba el tumor que me inquietaba, presumí que era excusado atropellar el cuidado, donde vuestra sombra estaba. Yo entonces quise galante registrar como asiltía al riesgo que se ofrecía, quien es mi dueño, y mi amante? pero apenas tremulante llama la luz encamina a la parte que se inclina la atención, cuando en Picota toda el alma se alborota con impulsos de adivina. Juzgué hallaros de otra suerte castigando el desacierto, y halló que estáis encubierto para que mi amor no acierto, poco le debo a mi suerte, poco merece mi amor, pues cuando entendia mi error hallar reparo a la ofensa, doy buscando la defensa en manos del agresor. Qué pretenda la codicia abalanzar al ladrón, que en ajena posesión ejecute su malicia, pase porque desperdicia lo que otro dueño adquirio, pero por quien sucedió, que con ciego barbarisino sea ladión de sí mismo el mismo que se robó. De dónde a entender me dais, por los indicios que sigo, o que no sois don Rodrigo, o que ajena me juzgáis, como se advierte, que estáis sin defensa en el delito, pues cuando más solicito aliviar la opinión vuestra, combarde silencio muestra la presunción que acrédito. Yo entiendo que me entendéis, y que estriba en entenderme (no lo ignoráis) el perderme, cuando ganarme podéis. Mirad no me ocasionéis a alguna temeridad; llegad Pícora, y limpiad a mi primo. Esta es la puerta de vuestro cuatro, que abierta os está esperando; entrad. Estamos buenos? . Aparta villano. . Si apartaré; y ha sido milagro, que esta vez no se descarta en mí el fracaso presente, pues ya es uso en los criados, y el culpado el inocente, como nacido entra aquí, dándome veinte empellones, con cuatro medias dáguita, y correr tras mí. Si hubieráis alerra estado, y yo responder fruncido, que si hubieramos dormido, no nos hubieran pescado. Han de entrar, o cerraré, que no falta para el día casi nada? Reina mía, poco a poco por mi fe. Acosose la Condesa? No señor. Adonde va? No es hora de dormir ya? solo esto faltaba ahora. Si por cierto; pero quiero, pues con celos me atormenta, que reciba a buena cuenta estos alagos primero. Vaya el pícaro, y a Juana, que lo que lleva le quite, o si no, que solicite vengar el caso mañana. Fregona duende, ha de ser como en el jardín? . Será como quisiere. Pues ya el duelo empiezo a temer, Esto sufrol voto a Dios, de mi fortuna renmego: señores, en este juego es cuando va por los dos? as razones, Fuentecillas risuenas, que acompañando dulces Ruiseñores con apacibles señas, mormuráis de mis penas con las flor y con labios de plata pronunciáis el agravio que me mata. Bullicioso arroyuelo, que fugitivo, amante galánteas, cuantas con pies de hielo aromas, solicitas, y paseas, siendo en espacio breve, tiorba de cristal, lira de nieve. Avecillas que al alba sacrificáis encanto, y armonía, cuando entonáis la salva al que amanece ya padre del día, y en numeroso coro, sin cuidados cantáis cuando yo lloro. Apacibles fragancias lisonjeras del alma en sus sentidos, que en diversas estancias, diferenciando galas y vestidos, publicáis en los trajes vuestras genealogias, y linajes. Descollada azuzena, matizado clavél, que sin recelos en soledad amena, amantes sois sin la pensión de celos, y en recíprocos lazos por debajo de tierra os daislos brazos. Monarcas de las flores, estrellado jazmín, púrpurea rosa, que alternando colores, descolo ido aquel tu vergonzosa, el semblante retrata la pasión que le asiste, y que recata. Aves, arroyo, fuentes, rosa, jazmín, clavel, flor, azucena, ya que a vuestras corrientes, ya que a vuestra república mi pena, me suspende el raudal fragancia y canto, de una infeliz mujer muevaos el llanto. Agraviada, y amante el desahogo busco en daros quejas, si es remedio bastante a tanta ingratitud gratas orejas, y puede el desahogo serenar la tormenta en que me ahogo. Don Rodrigo tirano, a quien el alma dipoco advertida, menosprecia inhumano holocaustos de amor, siendo homicida, de atrojada aprensión, que sin discurso, de un temerario, y ciego siguió el curso. En Leonarda confieso (pare aquí la pasión) mayor belleza, más extraño el suceso (este es nuevo tormento, aquí tropieza el pundonor) y entiendo, que en presumir, aún lo que vila ofendo. No parece posible, que mi prima intentase tal locura, pero es caso terrible, si del indicio el corazón se apura; que esté sin fundamento en don Rodrigo tanto atrevimiento. En vano, en vano ofusco las que mi agravio quilató señales, pues si el descargo busco, las circunstancias son (ay de mí!) tales que el tormento repito, cuando descanso en ellas solicito. Mas con todo, yo quiero viendo a Leonarda ver si mis desdichas se minoran, que espero de su lealtad, y amor, no de mis dichas, que solo en el ingrato esté la deslealtad, y el doble trato. Bien como aquel doliente, que insufrible al dolor que le atormenta con afecto impaciente, hallar triaca en el veneno intenta, y sin orden, ni modo, todo le alivia, y le empeora todo, Yo que mortal herida tengo en el alma, juzgo por remedio alagar la homicida, que de muerte me hirio; pero que medi ipo Este es el cuarto en que asiste Leonarda, y de nadie vista por el jardín he pasado a su recámara misma, que como por esta puerta tiene inmediata salida, y de abrirse por el huésped ahora no necesita. Sola yo con la maestra soy quien sus guardas registra, para que los enemigos forzosos, que solo miran las acciones de los dueños, que después libres publican, no hallen que mormurar de tan temprana visita. Quiero consultar a solas mis pesares con mi prima, pues no puedo persuadirme, no de verás, que podía caber en su obligación demostración tan esquiva; pero qué es esto? del cuarto salta, no sé que me diga. Válgame Dios! si no fuera, que diligencia precisa la ocasionó a faltar de él tan de manana este día más que los demás? si acaso con don Rodrigo; o qué viva al despeño en la sospecha que ama e su misma llama la pena se precipita! Puede ser, que habiendo oído mi disgusto compasiva, madrugase a visitarme, y que cuando la malicia de mis recelos la está agraviando, ella muy fina me esté esperando en mi cuarto. Gente siento, no querría, sin saber quien es mostrarme; debajo de esta corrna ocultarme quiero pues la cerradura me avisa. En todo esto, señora, no hay quien le pueda ver. Pues, Juana, ahora avisa a don Rodrigo, y tu repara bien en lo que digo atenta, y vigilante; mientras hablo con él un breve (instante, mira quien viene. (los? Cielos, disculpa busco, y ofreceismece- Quiero, que prevenidos nos halle la Condesa. Hafementidos! Aunque enemiga suerte solicite los medios de perderte, y loca tiranía, retroceder pretenda, prima mía, el impulso amoroso, que a adorarte me guía impetuoso, no han de poder. . Rodrigo. cuando aventuro por hablar contigo en este espacio breve, cuanto a sí mismo el pundonor se debe, no es bien que se mal logre, si está en la providencia, que se logre en mí el atrevimiento, y en ti el arrojamiento, porque no sienta el alma la tormenta de celos, y la calma, borrasca no menor de reprimirse, que aunque el mal no se cura con decirse, hallar suele reparo prevenido, pues siempre ofende menos conocido: La Condesa mi prima. Imposible ha de ser que me reprima. En el jardín te halló, es poderosa, y para ser tu esposa, solo el breve se aguarda, que con mi muerte por instantes tarda, Yo que me hallo, no sé; iba a decirlo, no lo puedo encubrir. . Ni yo sufrirlo. Con mucho amor, con esperanza poca. Esta mujer, sin duda que está loca. Hallada al mal, a la razón perdida, trocará el sentimiento por la vida, pues me veo (ay de mí!) sin saber como, y de mí misma la venganza tomo. Lloras mi bien? . No lloro. Ya es desaire sufrirlo; ya el decoro en la injuria tropieza, y tanto sufrimiento ya es vileza; rabiando estoy de cólera, y enojos. Quiso el pecho aliviarse por los ojos, y como estimo tanto encender mis congojas, hiela el llanto, se va exhalando el agua, que ha de avinar la fragua, donde amor sus centellas eterniza al cobarde temor, que vaporiza el humido elemento. Quise evitar la fuga, y con las manos oponerme a sus impetus villanos, para que los raudales, que han de aumentar mis males, al corazón revuelvan por las venas, y el incendio acrecienten de mis penas, mas ya retrocedieron, y ya el fuego con el raudal se aumenta en que me anego. Pues porque veas si también yo tengo acción a los dolores que prevengo, y que tus pasos sigo, cuando traigo conmigo con rebozo de bien el mal más fuerte, y con capa de vida está la muerte: Pues cuando Serafina con su mano firmar quiere mi ruina, el tálamo ha de ser túmulo horrible, donde osequias reciba un imposible, ya que anoche excusaste con la ausencia el lance que no pude. . La paciencia no puede sufrir más. . Con la Condesa oye lo que pasó. Cuando interesa Leonarda el gozo, de escuchar no es justo, que la fineza meceles con el susto, de que explique el semblante el pesar que le ofreces poco amante, hasta ahora amorosos, correspondido habéis afectuosos a la pasión que asíste en vuestro pecho; y si ahora (ay triste!) él sin sabor se ofrece del suceso, quiero al gusto aliviar del contrapeso, para que en el placer hable Rodrigo, nos él en el pesar prosigo. y yo por Cielos, por donde? Apenas creo lo que me pasa. Va de penas: Después que impensadamente para mal lograr mis gozos, Serafina, puso anoche a nuestra visita estorbo, pg Sin poder hallar salida quedé; no te digo como, dígalo el silencio, que es aquí el lenguaje más propio, Ella después que a Picota reconoció, poco a poco en la mano una centella, si un mongivelo en los ojos, se vino a mí (considera cual estaría) yo pongo. (Voy bien) mientras más se acerca con más cuidado el rebozo, si bien hasta ahora dudo, a que atendí cuidadoso, o que el rostro no me viese, o para no verla el rostro. Mas fue el lance tan esquivo, (por no decir vergonzoso) que sin reparar porque, lo debí de hacer por todo. Entre animosay cobarde, entre recelos, y asombros, amortiguando el discurso, y cautelando el enojo. Aunque (paso así) alcanzaba, el caso le hizo tan otro, dando a entender, que por ella estaba allí, que por poco, siendo por ti mi delito, a creerlo me acomodo: con razones de a dos luces, me intima el fuero que rompo, me cifra el rumbo que sigo, y el gusto que desazono: y poniéndome delante los riesgos a que me expongo, la dificultad que emprendo, y la ocasión que mal logro, por no dejar seña alguna de su sentimiento el polvo, manda a Picota me limpie, diciéndome de aquel modo, que hasta el vestido pública el asalto cauteloso. Fuese dejándome, prima, tan perdido, tan absorto, que aún no me debo el amago del más leve desahogo, porque inmóvil al reparo el alma con el asombro, ni me conoció por suyo, ni por mía la conozco. Parece que he cumplido (metido bastantemente (ay Dios! y lo pro ya están fuera las ansias, ya están (fuera las penas, yo quisiera haber hecho el papel (tante de vuestro amante, Leonarda más al vivo, aunque bas noticia, tenéis ya de todo el caso Pero adelante paso, hablando por mi ahora, estadme atentos. Hay martirio mayor! Hay más tormentos! Bien considero, Leonarda, bien, don Rodrigo, conozco la sugeción, a que humanos albergamos en nosotros la fuerza, el cielo tiene en sus aspectos, no ignoro, y que a estos inferiores influyen tan poderosos, Que hablando naturalmente, aunque a una mujer impropio, poco menos que milagro viene a ser, si de algún modo vencemos sus influencias, si bien las vencen muy pocos. Esto supuesto, y que amor no menos a otro imperioso, tirano imán de las almas, roba los sentidos todos. No me admira no me espanta, que los dos no siendo solos, que siguiendo y a quien sigan, y aquellos siglos, y estotros, Sin reparar poco atentos en tan valientes estorbos, tan nobles dificultades, imposibles tan forzosos, que de Mallorca venisteis, Rodrigo, para mi esposo, segundo de un mayorazgo, para compañía corto, que cuando murió mi padre, Leonarda, mis desahogos, libré en vuestra compañía, que su elección os propongo, que mi obediencia os afirmo, y que a mi cuidado tomo vuestro empleo (ya entendéis, si aquí en explicar me acorto) la fe que malbaratáis, señor, el escandaloso juicio que ha de hacer Valencia, el agravio tan notorio, prima, que con este empeño hacer pretendéis a todos, y que yo no sé que hiciera en lance tan riguroso, pues aunque más la prudencia se esmeraste, no sé como se había de arder con tantos desacordados oprobrios, la lealtad, la compostura, la recompensa, el decoro, mi descrédito, mi agravio, mi satisfacción, mi enojo. Ya no sé primos, que os diga; pero si sé pues conozco, como dijeslo que arrastra un afecto impetuoso: bueno está de sinrazones, que aún yo (si por Dios) me corro de hablaros así; seamos amigos, un ciego, y loco ha de atropellar, Leonarda, Rodrigo, lo más precioso del hombre, vuelva el discurso. a su precminente heroico: haced cuenta si merezco el reparo, que este, y otros lances, para mí no han sido sino finezas; pues solo con que me deis la palabra de reparar generosos este descuido, yo misma de solicitar propongo los aumentos de mi prima, y los gustos de mi esposo. No sé que la responder! . porque me tiene tan otro la novedad, el aprieto en que me hallo. Por los poros siento un hielo tan ardiente, que me impide. Cómo, como, como no habláis? No me respondéis? Pues tu suspensa? Tu absorto? Mas para que son las dudas? . Mas para que los estorbos? . Sepa que adoro a Leonarda . Sepa que a Rodrigo adoro. . Tanto os cuesta el responderme? Yo me empeño. s Yo me arrojó. Seráfina. Mal empieza. No es difícil, no es dudoso darte a conocer. Tu hermano, mas por donde, pasa al otro cuarto? Voy a recibirle. a buen tiempo. Esto es forzoso, perdonad, que luego vuelvo, amor acudio al socorro. . Va. O como en suerte infeliz están baldios los riesgos, pues cuando se esmeran más, llegan a temerse menos: como a tormenta deshecha soplan sin logro los vientos, bastanle al mar sus espumas, en arrefices soberbios: Y como a trágica vida, todos sobran los aceros, cuando tirano destino los anticipó sangrientos: Lisonjas son de un bandido las que le envisten aprietos, pues muere a cuenta del hado, y vive a cuenta del riesgo: Menos yo, que mis ahogos tan desválida me siento, que ni a sus rigores vivo, ni a sus tiranías muero: Ya sé a que sabéis azares, vuestro sinsabor no es nuevo, ya vuestro acibar me agrada, vuestra rétama apetezco: Bien os conozco, y sabéis, que enseñada al mal, entiendo disimuláis cautelosos en la piedad el recelo: Apetecibles sentidos, a vosotros si que apelo de una injusticia que lloro, de una traición que padezco: Guiad razón al discurso, mirad que corre ligero indomito al precipicio, inadvertido al despeno: Apaciguad la tormenta en que naufraga este leño, salid al paso a esta llama, cortad el hilo a este incendio: Si laberinto intrincado intenta sus desaciertos, sed hilo de oro, que guíe al desválido Teseo: Vengad, vengadme sentidos, cuando os busco, cuando llege a que seáis de una injuria árbitros, y consejeros: Adoro a quien no me estima, conozco el daño, no puedo echar de mi amor tan loco, que se hace fuerte allá dentro: Esta es la causa, mirad cuán brevemente he propueste despeño, borrasca, injuria, traición, laberinto, y fuego: El tayo en la resistencia emplea el furor, violenta la baina, lo diga libre, dígalo en polvó el acero: La privación ocasiona apetito, y si pretendo, o hacer resistencia al rayo, o privarme de amar quiero: Aquel, o amor, que es lo mismo, vendrá a causar más efetos, y este incitado de aquella avivará mis deseos: De modo que el daño asiste donde se busca el remedio, y desmentido en triaca tiene su fuerza el veneno, Busco verdad, hallo engaños, busco amor, hallo desprecios, busco alivio, hallo congojas, busco glorias, hallo infiernos; Que esto Cielos airados? suerte enemiga que es esto? que esté la muerte en la vida, y en la piedad el tormento? De cuando acá los contrarios mudan trajes? cuando el fuego permitió naturaleza jurisdicciones de hielo? Mas adonde va el discurso? que rumbo lleva? qué vuelo levanta mi fantasía? remonta mi pensamiento, abajo imprudente, abajo, no procuréis altanero, peinar con alas de cera el globó del escarmiento. Yo no os pedi vanidades, soconro os pido, y consejo, no dudas, no confusiones: que más que las que lamento! Solo un medio en el peligro se ofrece, yo desmerezco, si queriendo más, admito inútiles sufrimientos. Ya estratagemas de amor, hostilidades se han vuelto; ya el riesgo se cifra, donde estaba sin riesgo el riesgo. Bien pudo lograr sus dichas, quien más mereció, sufriendo más, que empleó las finezas, donde ocasionó los celos. Pues si bizarra admiria que tolerar, en el pecho atesloraba el descuido, y aseguraba el empleo. Mas yo (ay de mí!) que rendida a sinrazones me veo, y cuando excuso el peligio, mas al peligro me acelco, Y que en grave enfermedad he de esforzar el remedio, o incurable hallar la muerte en mis propios debaneos. Intenté (aquí de mis bríos) un casi imposible esfuerzo, para que antídoto sea el que hasta aquí fue veneno. Basién ya tantas zozobras, bueno está de rendimientos, que se acerca a villanía, amor, que pasa al desprecio, Y locas ingratitudes hallen justos menosprecios, que no el precipicio, siempre ha de seguir al empeño, Porque si por querer más mi propio daño prevengo, cuerda prevención consiga, sufrir más por querer menos. , s

JORNADA TERCERA

Ya, prima, el tiempo habrá dado lugar a que el albedrío atento al reparo, acuda de aquel suceso nacido, más que de vuestro recato, que incontratable imagino. de el verdor edad lozana, en quien alentados bríos de la juventud, permiten desaciertos de mi primó; porque entender yo, que siendo sangre vuestra, a quien estimo, y a quien fie de mi amor los amagos primerizos, habiáis de atropellar por todo? era desatino, y locura imaginarlo, sinrazón el prosumirlo, y más cuando no era fácil, prima, negociar conmigo, disimulase el agravio, ni paliase el delito, que a las que son de mi porte una vislumbre, un resquicio, un relampago de ofensa ocasiona precipicios. Vive Dios, que si juzgara que pudiera; mas qué digo? perdonadme, pues parece, que algún tanto he desmedido las voces; y si os halláis disculpada en la que finjo ofensa fingid también, que nada de esto os he dicho. Con atención he escuchado la que al parecer ha sido, o reprensión cortesana, si de la idea delitio. Si es lo último, yo paso por el frenesí, y estimo, que no pasase adelante; pues cuando están los sentidos sin el temple que adquitieron en su otiente, en sus principios. es milagro, que no choquen aún con su artifice mismo. Pero si acaso no juzgo que puede ser, ha tenido acreditada sospecha, tan bien rebozado estilo, Sabed, prima, si hasta ahora aún no lo habéis entendido, que no soy, no en quien se emplean desaires inadvertidos. Soy yo mucho, nadie en esto que vos es mejor testigo, para sufrir que acompañe la sinrazón al cariño. Pareceos, que si un estado la suerte os dio, necesito de tolerar sinrazones a costa del valor mío? Tan desválida me luzga V Señoria? no he sido la que soy? tiene mi casa en la vuestra algún alivio? Cuantas ayudas de costa, Seráfina, han socorrido liberal vuestros tesoros, que puede ser (no lo he visto) que don Fernando empeñase de los dos el albedrío. Y si solo el parentesco (deuda mayor) me ha movido a ocasiónatos afable menosprecios, y desvíos. Debaos yo más atenciones, favores menos esquivos, llanezas menos dobladas, más bien fundados retiros: porque si en ser apacible, para con vos he perdido, apelaré a la entereza: guárdeos el cielo mil siglos. . Eso si penas, ahora parece que habéis subido algo de punto, buscad más generos de martirios: Pues cuando intimar la queja de mi agravio solicito, aún no permitis abaras tan moderados alivios? En la antesala, señora, está esperando tu primo no ha poco rato. . Al salir vio a Leonarda? Era preciso. Hablaronse? . Con los ojos. Quien necia, quién te lo ha dicho? entre amor; que mal encubres enfermo tus desvaríos! Como la noche pasada estabáis, prima, tan otra, que no os mereció el descargo aún una palabra sola? He pretendido, he buscado ocasión, en que me oiga vue Señoria, apacible, pues la escuché rigurosa. No solícito enfadaros, visita os haré muy corta, que aunque he de deciros mucho; será con razones pocas. Tampoco pretendo, aquí que den palabras ociosas, a fantasías de culpa, satisfacción enfadosa. Pues cuando me hallo culpado de una ilusión, de una sombra, y que una Sfinge tirana vuestra presencia me roba. Parece, no sé si diga, afectación cuidadosa, o achaque para el desvío, que fácil mudanza foria. Si arrepentida buscáis salida; quien os estorba? de vuestro padre, y mirio difunto intento; que importa? Lograd, lograd, Serasina, vuestro albedrío, no a costa de quien se expuso obediente a los desaires que toca. Primo es también don Fernando, si en mí vuestro amor no logra las esenciones, que al gusto oculta deidad sazona, Dadle la mano, merezca vuestro favor, sed su esposa, premiad (ya lo sé) el afecto, que su voluntad pregona. Es esto lo que os irrita? es esto lo que os acosa? son estas mis inquietudes? son estas vuestras zozobras? Parece que sí, pues cuando tantos disgustos se ahorran, si a vos os sobra un Estado, un puesto en Flandes me sobra. Tened señor don Rodrigo, que quiero también ahora deciros mucho, si bien será en razones muy corras. Miradme bien; conoceisme? he mudado el ser? la forma? pues según vuestras palabras, parece que habláis con otra. Mas ya alcanzo; ya penetro la causa que os equínoca: tanto ha podido Leonarda, que vista, y juicio os trastorna? Soy de las mujeres, yo, que con acciones impropias, civilidades del gusto a precio del honor compran? Si quereros no quisiera, quien me fuerza? quién me acosa? o que vana estratagema fuera en mí, cuando yo sola podía sin ella hacer empleo de mi persona? Vos sí, que usáis desatento cuantas traiciones se copian en las que puede el engaño cifrar trazas alevosas. Allá don Rodrigo, allá con las damas de Mallorca, que os serán menos sufridas, o amarán a menos costa. Amor por acá no es niño, es Gigante, y si se enoja, hace a fuerza de pesares, que le estimen, y conozcan. No ha sido malo el amago de Flandes, en quien mal logra, (decidme) vuestro despecho jurisdicción amorosa. A esorro cuarto, a Leonarda con el susto, porque ahora estoy muy lejos de daros tan fríbola vanagloria. Si habéis de hacer la jornada, avisad porque disponga lo necesario que sois mi primo, a Dios, yo voy loca!) Y el pícaro va también a Flandes? En mi es forzosa la asistencia, cuando soy la maza de aquellamona. Sabe Dios que siento. . Que no haya sido antes, traidora. Mis ojos te vean. . Donde? En ti mismo en la picota. Desde aquí quiero escucharle. Señor, pregunto, y perdona, has sabido lo que has hecho? porque así Dios me socorra, que a la Luna de Valencia nos han de dejar tus cosas: no te entiendo vive Cristo. Sabes que hora es? . La hora de ayer, sin que falte un punto. ̱. Pues si lo preciso ignoras, y que ha pasado por ti; lo que otro pecho atesota como quieres (di) alcanzarlo? (Cogiome) yo hablé por boca de ganso. Viste a Leonarda, que es lo que más nos importa? A ti será, porque a mí maldita de Dios la cosa; este papel me dio, y cierto, que sin que aquí la lisonja hiperbólice, ella estaba entre apacible, y llorosa, tan parecida. Ha infamel veréislo luego. Al Aurora, que cuando por las mejillas se descolgaba el aljófar, me pareció que llovia perlas en campo de rosas: tú tienes famoso gusto, porque es un Ángel la moza, y puede llevar el vitor en oposición de hermosas. Esta Condesa me enfada, porque toda es ceremonias; si habló, si miró, anda vete, más aire, y menos celosa. No te he visto más discreto en mi vida, toma, toma este diamante. Esto sufro! Oh admiración milagrosa! Abro, y leo. Yo seré la secretaría Señora como? cuando? Yo ondaré las albricias. No, no importa, yo las doy por recibidas: esta vez hago en la horca, por la matoma del viento, floretas, y cabriolas. Para que es el recato, excusadle, excusadle, que no tras de apurar poco atenta, (tene lo que ocultar vuestro temoria o que necio desvelo! que imprudente también loco desue en entrambos se hallara, cuando está el desengaño cara a cata publicando evidencias? para que mal logradas apariencias forjan vuestros cuidados? Bastan, señor, ardores retirados, descifrad el deseo, desembozad el gusto, el galanteo suba, suba la llama a la región que su pasión aclama, y tenga de una vez segura esfera el que en calmado amor se considera. Permitid por mi vida, que le a (bien podéis) como entendida Leonarda, os encarece su amor, no le ocultéis, que no merece, que a solas tanto bien se comunique, y si aguardáis que la atención aplique, y no os fiáis de mí leed, ya escucho (con un tropel de sinrazones lucho!) Cierto, cierto, señora. Qué cantaleta está fraguando ahora? porque aquesta Condela, o no tiene afición o no le pesa, que el protosocatrón que está muy justo la acredite con todas de buen gusto. Que es insufrible caso apurar la paciencia a cada paso, y que apenas me muevo, cuando tras mí vuestras sospechas llevo, que me acosas de suerte; que me queréis? llegad, dame la muerte. No soliega quien ama, pues dejando al galán con otra dama, fuera mucho sosiego dar treguas al cuidado, y cuando llego a tan buena ocasión, tenga el oído al corazón inquieto suspendido. Que ni a Leonarda quiero, ni como exajeráis me considero; he menester yo mucho para emplear mi amor. . Aquesto voyme de aquí, recelos, celos doblados sois; ya llevo celos. Tenéis razón, yo soy la inadvertida por mi vida otra vez (si es que mí vie puede para con vos) que cortesano epa sepa yo del papel. Es, prima, en vano. (lo, porque primero el hielo los efectos hará de un mongive- y ese Ciclope hermoso, suspenderá el paseo luminoso que leáis letra alguna de las que en él están. Ya que importuna no puedo reduciros con agasajos ya, ya con retiros, merezcaos solo un gusto. Por Dios, señor, que Por cierto si os daré, como sea (justo. qué le rompáis no más. Eso sería hacerme descortés . Señoria. Amigo, sufrimiento, vuestro poder en mi alivio siento, pues cortés quiero daros a él. lugar por no enfadaros. Este se desvanece, yo le daré el castigo que merece. . on de estado, Por Dios señ la razón como un Roldan ha estado, ella está enamorada, y mientras más la ofendes, muy de honrada (disímula el jarrete) no estuviera el mugerismo aquí, porque aprendiera? Cierta dama sé yo, que apenas siente desangrado al paciente, cuando llena de cólera, y enojos, hechas bocas de fuego entrambos ojos, a valazos despide a quien el gusto con la bolsa mide. Ya que en el blanco has dado, quiero Picota amigo (asegurado. de tu lealtad) decirte, lo que hasta el fin imaginé encubrirte. La Condesa no puede escoger otro esposo, si no excede inobediente intento al que su padre tuvo el casamiento. Júzgalo ya por hecho, es mucho amor el que encerró en el pecho (bien lo adviertes) mi prima, y cuando tanto su pasión estima, Mientras más la disgusto, mas la sazono el gusto; que una mujer si quiere, aún a sí misma su pasión prefiere. Y si a Leonarda adoro (perdone aquí el decoro) es por dar a mi llama en aquella mujer, en esta dama. Cómo tuya es la traza (tal tengas la salud) pescó en la plaza de tocino una sonja, diestro alano, apretó con la presa muy lozano, y al pasar un atroyo, vio que estaba otra, que en el cristal reberberaba. El con necia esperanza suelta el jamón, y al agua se abalanza, que veloz, y risuena, con la burla, y el hurto se despeña. Abre el otro la boca, y en lugar de pernil, cristales toca, en cuyo espacio bello, echó la lana trasparente sello, para que el arroyuelo fugitivo, perro muerto pegase al perro vivo. No quisiera señor . Calla ignorante. De la memoria se me fu Agraviada vengo aquí, y aunque pretendo quejarme, que remedio puedo darme, si nace el daño de mí? Sé que quiero, y que no entiendo si el que me mata es rigor, que es nuevo enigma de amor, no querer querer queriendo. Aunque el amor viene a ser pasión del entendimiento, su mayor conocimiento consiste en no conocer. Quien se abalanza a querer, ha de querer no entendiendo, dígalo yo, pues pretendo saber la razón porque mezde el diamante. amo, y cuando mucho sé que quiero y que no entiendo, Mas que me admiro, si asiste amor todo en beleidades, si es todo contratiedades, si en ellas su ser consiste; tantos afectos se viste, tanto equívoca el favor, que aunque pretende mi amor apurar quien me maltrata, ni sé si el favor me mata, si el que me mata es rigor. Ya entiendo que don Rodrigo es firme, ya que inconstante preváricó, ya mi amante le juzgo, ya mi enemigo: Amor, que delirios sigo? donde me lleva tu error? quien alimenta el temor? quien hay que al valor ampare? pare el discurso, y repare, que es nuevo enigma de amor. Yo tengo la culpa, yo di crédito a aquel villano, yo puse el arco en la mano, a quien vendado me hirió; pues no he de rendirme, no, he de ver si resistiendo me venzo a mí, mas ya entiendo de la enigma el imposible, pues no parece posible, no querer querer queriendo. Hermana? . Fernando? Estáis sola? porque tengo que hablaros. No lo estaré; cuando vos me acompañáis. Pues yo os suelico me oigáis lo que aquí deciros quiero, pero advirtiendo primero, que aunque me es fuerza enfadaros, ha de ser sin enojaros. Muerta estoy! decid, ya espero. Después querida Leonarda, que redimió nuestro padre el censo que de por vida sigue al hombre cuando nace. Quedamos tú, y yo tan ninos, que fue menester tomasen nuestros parientes a cargo educar la infancia frágil. No porque ábaros los bienes se mostraron, mas por darles a la mirez ya las tentas turor que las gobernasien. Pasósela edad primera, y yo que regido de antes era, empezé a gobernar joben nuestras heredades. Hálleme solo, y contigo, y así fue forzoso echase sobre mis hombros la carga, que otros excusan cobardes. Verdad es, que tu cordura ha sido tan de mi parte, que aquí trocaron las manos los sesos, y las edades, Pues cuando hacía su oficio lo juvenil de la sangre, también tu atención hacía reparo a mis mocedades. Mas para que es referirte, hermana, lo que tú sabes; voy al caso, pues pretendo como he dicho no cansarte. La naturaleza humana solicita en conservarse, dispone que toda especie de una mano en otra pase, Pues si allí vuelve a la tierra el frío, hierto cadaber, aquí al mundo sostituye sus numeros tierno infante, Esta obligación parece precisa, a quien puede darle noblezas que califiquen la variedad de linajes. Y cuando en nosotros fía de su blasón el esmalte, no es justo que dilatemos entrar con ella a la parte. Y aunque ha días que pudiera tomar estado, el calarme ha de ser, Leonarda, en tiempo que tu primero me saques con la elección del cuidado, que cuidadoso me trae. No soy de aquellos, que intentan que a Religión se consagren las que sin ella, violentas admiten honesta cárcel. Porque mi mayor codicia, todas mis comodidades son, que en tu gusto halle el mío quien nuestro descanso entable. Muchas veces te lo he dicho, y me es fuerza ahora darte nuevos recuerdos, pues ya me obligas a declararme. Don Luis Sentis solicita merecerte, son sus partes en calidad, y riqueza las que todo Aragón sabe. Yo estimo sur atenciones, y quisiera te inclinases a la elección, en que estriva, hermana; el desahogarme, Que a los que son de mi porte, con una hermana incasable, sino se les va la vida, al menos queda el desaire. Yo quisiera (bien me entiendes) Leonarda, quete empleases a la medida del gusto de amor, primoroso esmalte. Pero si bien se repara (y es bien que el honor repare) asesorio es aquel, cuando en nobles sujetos cae. Oh cuántos riesgos, o cuántos precipicios, y desaires ha ocasionado el afecto indomito en reportarse! Cuantas veces, cuantas veces no han podido repararse, descréditos aplaudidos, solo de Venus infame? Y si el daño se conoce, quien habrá que se abalance? si el riesgo, porque del riesgo se buscan los bracanes. Si indomito amor pretende llenar el pecho insaciable del que con muestras de vida muerte en sus efetos trae. Modere cuerdo el discurso, atención modestia ataje pasos, que solo caminan a despeño irremediable. Una ficción, una esfinge ha de ser monstruo bastante de zozobrar al honor glorioso en tantas edades? Pero donde poco atento gira el ingenio volatil? mas no me espanto, que vuela garza en el noble la sangre, Cuerda puedes resolverte (sé qué te importa) a casarte, pues como hermano te ruego, y te aviso como padre. No en vano asaltó el recelo . a la aprensión, que volante alcanzó de don Fernando el fin (ay de mí!) que trae, Pues apenas se sintieron sus pasos en los umbrales de la cuadra, cuando acuden a favorecer leales los espíritus al alma, que va sintiendo el alcance. Cortesano como noble me avisa, y me persuade, ya con vislumbres de enojos, ya con señas de pesares, acreditadas sospechas, que en los de lucida sangre, cuando tocan al honor, de agravios visten el rraje. Razón don Fernando tiene, cuando yo he sido tan fácil, que vanagloriosa quise edificar sobre el aire. Crédito dia don Rodrigo, pero si pudo engañarme el desengaño redima todas mis temeridades, Porque agraviar alevosa. a Serafina, no cabe tan no merecida ofensa, aún en términos vulgares. Cuando ella siempre ha sido. tan parienta, tan afable, que solo un bruto pudiera malbararar prendas tales. Volved a vivir honor, don Luis me quiso, pagadle. tan a poca costa cuantas finezas, y lealtades le debéis: aquesto es hecho! Ya estoy resuelta; aquí acaben mal inclinados desvelos, malnacidas libiandades, y vaya amor a quien siga los afectos de su madre. Parece que ha apercibido . cuanto en cifra quise darle a entender, y que el discurso. reconcentrado reparte; ya dudas, ya confusiones, que valanceando traen a la elececió Don Fernando, pareceraos muy fácil la resolución, que aquí con humildad arrogante me pedís pues solo en esta. acción, en aqueste trance consisten (no lo ignoráis) cuantos pueden compendiarse. si se acierta, de favores, y si se hierra, dé azares. Bien pudiera, bien pudiera diferir en esta parte vuestro gusto, hasta que el mío el caso deliberase. Mas es mi honor tan altivo, si por Dios, de tan galante esfera, que solo un rayo, que pudiera ocasionarle el menor desdoro suyo, el más ligero desaire, yo me matara a mí misma, y en vaporosos corales sepultura, cuanto aliento ánima a la vida frágil. No os niego, no, presunciones pero ha de ser con tal arte, que se anteponga la honra, cuyo fuero inestimable no permite, no del gusto comunes civilidades. Y porque veáis que sigo, hermano, vuestro diclamen, lograd, lograd el intento: yo quiero hermano, casarme con don Luis esta es mi mano; bien podéis para esta tarde prevenirlo. . No sé como querida Leonarda, pague el gusto que aquí me has hecho; perdona que he de abrazarte. La Condesa mi señora mando, señor, que os llamase para un negocio que importa. Válganme los cielos! sabes para que? porque no alcanzo en que puede, en que, emplearme; No sé que temblor me hadado, que el corazón pusa, y late, tan veloz, que me parece quiere traspasar la carcel, desde donde a todo el cuerpo, vida, y acciones reparte: está sola? . Sola está. Vamos pues, no se dilate acudir a sus preceptos: y a Dios Leonarda. El os guarde. Amor, ya sé tus engaños, muda esfera, muda traje, que niño, y ciego mal puedes acertar la burla, baste. Que mi prima te mandó llamarme? pie Digo que si cien mil veces. Yo entendí según del papel quedó, que el enojo duraria mucho más, ella me adora, es amante, y es señora, y aunque sentirse podría del poco agasajo que hago a su amor, poco atento, mientras más su enfado intento, más aquilato su fe: que hay de Leonarda? . Que da en callar, y padecer: yo entiendo, que escuchó ayer (según rostrituerta está) toda la conversación, que entre las dos señorias paso; y cierto que podías hablar con más atención: y si acaso, puede ser (el diablo sea sordo) hubiera escuchado la quimera, y la negación de ayer; que lance habías echado? Antes juzgo, que ha venido de Roma el breve, y que ha sido el llamarme con cuidado, para que tantos enojos cesen, con darme de esposa la mano. . Ello fuera cosa, que si estos indignos ojos vieran acción semejante, juzgara según lo yeo, que deliraba el deseo. Siempre has de ser ignorante? Tiene razón; ella sale muy de gala, y lucimiento, esto guele a casamiento, no hay felcidad que iguale a la tuya, vive Dios, que ya eres Conde profeso, nunca puse duda en eso: mil siglos viváis los dos. Aquí tenéis, poma mía, a vuestros pies un esclavo, que se confiesa rendido, si por Dios, pues temerario ocasioné, que el disgusto se atreviese a vuestros rayos, a vuestros soles, y a vuestros favores mal estimados. Yo tuve la culpa, yo fui señora el que os ha dado el no merecido enojo, no merecidos agravios, que pudiera no haber sido, antes que poco ajustado, haber ofendido a quien me ofrezco por su vasallo. Señor n Rodrigo, el tiempo, maestro insigne, ha monstrado cuanto debo agradecida estimar el desengaño: Yo le tengo. Esto va bueno; que presto se le ha pasado el enojo; quiere bien, y al sin mujer, no me espanto. Y porque veáis que quiero, que hoy tengan soliego tantos desalosiegos, que al alma asal aban temerarios. Escuchadme, por mi vida, si no os enfadáis en tanto que os habla el alma de verás. La mía os escucha. Malo! Seis meses ha, don Rodrigo, seis meses, si no me engaña, que a quien ama le parecen cortos los términos largos. Pues como amor aprisiona con apetecibles lazos, eternos grillos desea, quien es de su imperio esclavo. Mal hago en abrir la cifra, que en los más reconcentrados centros del alma asistía entre bien nacidos rasgos. Mas como ya no pretendo dar infructiferos plazos a la libertad, no importa que salga amor por los labios. Ya está cansado el silencio, ya el sufrimiento ha parado; ya se apuro la paciencia, y ya se rindió el recato. Salga, salga por la boca, cual venenoso bocado, que robar quiere a la vida sus espíritus gallardos. Bomite el etlna furioso los vapores costipados, si acaudaló inadvertido en su esfera dos contrarios. Zozobre Noto violento el galcón temerario, que contra el viento procura volar la carrera incanto. Y tenga fin; mas qué digo? como del intento salgo? la digresión perdonad, y vamos, señor, al caso, Que a quien está como vos; libre, glotioso, y ufano, son alargando el discurso episodios excusados. Vuelvo a decir que ha seis meses que de mi padre llamado venisteis desde Mallorca a ejecutar el contrato, que el parentesco dispuso, o mi suerte, pues los hados, si permisiones divinas, no son efetos humanos. Si por galán, no por primo puedo apercibir mi engeño a costa de incendios propios, luces que me fulminaron Pues cuando os juzgaba amante, era con empeño tanto, que estímara el desahoho, y aún perdonara el recato. Quién dice que es Dios, y Rey, miente mil veces su engaño, pues no acompañan al solio tan desmedidos resabios, Tan mal logradas finezas poco señor alcanzaron, pues todas en vos servían de poco atentos reparos. Bien merecían mis modos alcanzar el agasajo, a ser yo más venturosa; o vos menos temerario; Pero como amor en otras ocasiones despreciado se halló, procuró el desquite en las venganzas villano. Oh como aquí se conoce, que con imperio tirano, a quien más fino le sirve, mas lo menosprecia ingrato! Pues cuando yo más rendida, cuando toda me consagro a su deidad, ofreciendo amorosos holocaustos. Mas desmerezco en sus premios menos aplaudida me hallo, más sinrazones me siguen, y menos amante alcanzo. Quién duda, que os hallaréis en esta ocasión lozano, oyendo como repito tanto amor, incendio tanto Y que no sin fundamiento presumiréis confiado, juzgando un volcán a donde ni aún las reliquias quedaron. Pues cuando vengo resuelta a dar venganza a mi agravio, era el repetir finezas en este lance excusado. Mas como ministro, a quien del Príncipe el rostro airado, en la vida le da muerte, y en la muerte fionras y cargos. Así yo, que considero vuestra suerte, agonizando el instante que le queda favorezco, y agasajo. Solo que sepáis pretendo; y a vuestra costa enseñaros, que se convierte en pigmeo amor con los desacatos. Que se aquílate con celos, puede ser; pero si acaso hay evidencias, que infame no veneró al desengaño, No niego, que un leve susto un recelo enamorado, un cuidadoso descuido, y un seguro sobresalto, aviva tal vez la llama, llama tal vez al cuidado, apretando más el fiudo de dos amorosos lazos. Pero en que amor se permite, que sostituya el desgarro por los exmaltes del gusto, sin sabores cortesanos? Al más damasquino estoque diestro foriador da rayos, avivando sus aceros, remisos, y destemplados. Pero si apura en la rueda los silos poco avisado, confume el acero, y queda solo el hyerro en breve espacio. Asilase amor, sufriendo apetecibles amagos, mas si desaires le apuran, gasta el filo despechado. Bien sabéis cuan justamente vuelvo atras en estímaros, y que vuestros desconciertos tetrocedieron mis pasos. Cuantas veces, cuantas veces coletico; y enojado, os ablandó mi paciencia, os advirtió mi recato? Cuantas veces los avisos a vuestro olvido clamaron, que aún no merecieron ser (no lo ignoráis) escuchados? En que ocasiones altivo, y tal descortés enfado, no rechazó sumisiones, no menospreció agasajos? Tanto, que viendo mis penas, mirándome en tal estado, imaginen vive el cielo, que era delito el ámaros. Solo tengo una disculpa (mirad si os quiero) que daros a un escrúpulo, que puede pasar carrera de cargo. Diréis, no sin fundamento, como hasta aquí he sustentado amor, que al lance primero sintió el desprecio el rayo. Que amar cuando al descubierto se conoce un doble trato, o es civilidad del gusto, sino de la idea encanto. Pero responda por mí la que estoy ejecutando acción, con que ha de que dar diestra dilación en salvo. Amor es juego, y quien juega, si se levanta picado, volver pretende al despeño, aumentar pretende el daño. Jugué, perdí, busqué tiempo, en que sin empeños me hallo, levántome, que es gran cosa dejar el juego ganando. Yo os confieso don Rodrigo, que este desquite ha costado las ansias, que no es posible reducirlas a los labios. Porque como via al pecho en amar tan empeñado, y que en la correspondencia buscar descuento era vano. De vuestros desprecios mismos, para librarme eché mano, sufriendo, para que amor se desengañase hidalgo. Ya este veneno está fuera, ya el mongivelo ha cesado, ya se aplacó la tormenta, ya está el galcón en salvo, ya se consumió el acero, ya los empeños cesaron, ya en fin me veo libre de sustos, y sobresaltos. Si un primo eligió mi padre, primo es también don Fernando, su gusto obediente sigo, pues con un primo me caso) Esto es hecho, y advertid, que es alta razón de estado, sufrir más por querer menos, guárdeos el cielo mil anos. . Sabe el cielo, que no tuve de la ventura que alcanzo el menor indicio; y pues por vos don Rodrigo me hallo con un Ángel por esposa, y por hacienda un estado, Ved si mandáis en que os sirva, guárdeos el cielo mil anos. . Señor, primo, aunque ligera admití vuestros alagos, dando licencia a un antojo, que violentase el recato. Ya es otro tiempo, ya está el templo del desengaño abierto para el que llega a redimirse en sagrado. Yo estoy en él, y don Luis, a quien di en tiempos pasados la voluntad, que algún día menospreciasteis ingrato, ha de ser mi esposo. A Dios. Guárdeos el cielo mil anos. Bueno por Cristo! Leonarda, pues ya mi amor he logrado, que más dicha? esta es señora de vuestro esposo la mano. Esta es la mía. Acabose; buenos habemos quedado, pues dama, mujer, y hacienda han sido suertes en blanco. llardo leño Abalánzase al marga seño con viento a popa libre, y confiado el belamen ofrece al aire inchado, como si fuera de sus fuerzas due Muestra una nube en redoblado ceño el Uracan, que amaga disfrazado, y el Piloro del riesgo descuidado, advierte el daño en su mayor despeño. Triste de mí, que siento aborrecido, el vivo ejemplo, la mayor tormenta, que pudo padecer la confianza. Justo desprecio de la suerte ha sido, con razón la fortuna me atormenta, pues converti en tormenta la bonanza. ar Por lo menos si estas damas a la Luna le han dejado, que en Valencia dicen, que es elara, porque hablan tan claro: con mi Isabel me acomodo, que no siempre los criados han de ser monos, que imiten las acciones de los amos; vengan esos cinco dedos. Qué lindo descuido! hermano. hay mosca? Arana divina, pobre estoy como mi amo. Pues moscatel, y sin mosca, guárdeos el cielo mil años. Vaya el pobre. Ahora dijiste, la causa del cruel, fallo, que el pobre trae consigo desaires adelantados. Señores, ya no hay aquí que aguardar, porque el menguado de mi señor, si se acuerdan, quiso imitar al alano, para quedar, ya lo han visto, sin mujer, dama, y Condado, Confiaditos de este tiempo, memento de este fracaso, pues Miércoles de Ceniza hace hoy un mentecato; a Flandes quiere partirse, también a Flandes me parto, yo sé que allá acertaremos con cual bombarda; o balazo, cuám mihi, vobís, y pues un Serafín a lo humano, vitoreó un sufrimiento, venga un vitor de barato,