Texto digital de Sufrir más por querer más
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Jerónimo de Villaizán
- Atribución estilometría
- Jerónimo de Villaizán Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Sufrir más por querer más. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/sufrir-mas-por-querer-mas.

SUFRIR MÁS POR QUERER MÁS
JORNADA PRIMERA
Que puede quererme ahora a? Este me de Y no aguaro la respuesta? No señora, porque temíó que le viera, mi señor, abre el papel, y verás que dice en él. Dice en el de esta manera. Amiga, a mí me importa hablar a Don Diego, te puedo, como en tu casa, haciendo que la puerta de la Iglesia Mayor, mañana por la ca en el dos criadas tuyas, para que quedandos y entrando yo en su lugar, pueda yo seguram sa, grande es el peligro, pero con decirte que mija, te lo digo todo, Dios eres mi aunga, Notable peligro. Ines, si es consejo por tu vida que hasta que yo te lo pida en tu vida me le des. Yo te confieso que es grave el riesgo a que nos ponemos Doña Ana, y yo si nos vemos, y si mi padre lo sabe. Mas si ella el riesgo atropella, y con rogarme me obliga, en que muestro ser su amiga sino hago nada por ella. Don Juan vive en un jardín, cuyo dueño, como sabes, no está en valencia, y las llaves dejó a mi padre, yo en fin. Por poderle acudir más cuando en más peligro estaba, Don Juan como no bajaba, mi padre al jardín jamás. De un criado, a quien dejó la vivienda, me fíe, con dádivas le obligué, y el de Don Juan se encargó, Como yo se lo pedí, donde más seguro está, pues ninguno pensará que vive Don Juan allí. No basta que ahora estés tan empeñada, en tus penas propias, sin que en las ajenas te empeñes de nuevo. . Ines, cuando yo no la debiera esta, y otras amistades, por ver las dificultades en ninguna par e esté tu coche a tarde, y que salgan e la una en la Iglesia, ente entrar en tu ca- que me importa, y que oe te guarde Doña Ana que tiene en su amor, lo hiciera, O porque a mí me lástima, siendo su amiga, su afán, o por hacerle a Don Juan esta lisonja en su prima. O lo más cierto por ser tan parecido el pesar, en las dos, que en suspirar, en sufrir, y en padecer. Sin diferencia ninguna de penas, y de rigores, las dos en nuestros amores corremos una fortuna. Y es tan odioso el pesar, que cuando en otro le vi, yo porque le padecí le voy luego a remediar. Que como el que es desdichado, ya por su mal ha sabido lo que aflije padecido le quiere ver remediado. No tengo que replicar. Eres discreta, y así, como lo demás de ti, esto te he de fiar. Haz por tu vida de suerte) que mañana a punto esté Procuraré servirte, y obedecerte. Tú le has de llevar, y luego cuidarás, de que esté abierta de esotra calle la puerta, porque pueda entrar Don Diego. Que aunque mañana crey ir donde Don Juan está, escondido, porque ha ya dos días que no le vi. Y tengo mucho que hablarle de su pena, y de la mía, mañana iré, o otro día al jardín a visitarle. Al fin, tengo de llevar el coche, pues si he de ir yo, me voy a prevenir todo el traje de pecar. Quieres decir las chinelas, la ropa de chamelote, jubóncico de pícote, con manto de cuatro suelas. Y saya de picardía, que juntos vienen a ser instrumentos de caer en toda alcaguetería. . Mucho ami amor le debí, pues el peligro mayor que a todos diera un temor me da una fineza amí. Solo una vez me rendí, las demás he de vencer, por vivir, y por tener, con jurisdicción alguna mas derecho a la fortuna, pues tengo más que perder. No es dicha la que es posible, ni amor el que se rindiere, ocioso vive el que muere de achaque de un imposible, venga pues, el más terrible peligro, con los demás, que no he de temer jamás imposibles ni accidentes, que a no haber inconvenientes nadie mereciera más. Al que es constante, y lo ha sido, bien podrán con su desdén los ados quitarle el bien, mas no el haberle tenido, consuelo es haber vencido para el que yace depuesto, y si aquel afán molesto, del bien perdido es mayor, eso tendrá de mejor, pues le matara más presto. Entre el vivir, y el vencer forzoso es privilegiar, la vida para esperar, y el alma para querer. Mas si forzosa ha de ser, quede la vida vencida, porque es piedad más lucida, y más generosa palma ir a socorrer un alma, que a defender una vida. Leonor. Señor, dónde vas? . A morir Qué dices? . Digo, que hasta hallar ami enemigo no he de responderte más. Después que a Pedro perdí, de suerte Leonor estoy muerto en el alma, que soy quien menos sabe de sí. Hasta que del homicida, que dio a tu hermano la muerte, y enemigo de mi suerte, mató en la suya mi vida, me deje el hielo vengar. Ay Don Juan del alma mía. ( Qué es lo que dices? Decía, que no te has de apasionar tanto amor, dame elocuencia para poder persuadir a mi padre, y divertir su venganza, y su violencia. Señor, ya Pedro murió, y ausente Don Juan está, ya el cielo lo quiso ya la desdicha sucedio. Busquemos para tus daños remedios que bien esten, porque no les esta bien, esos odios, a esos años. Ya Don Diego, y Don García Fajardo, por enemigos de Don Juan, son tus amigos, falte al rigor la porfía. Porque si es torpe el poder para poder destruir, dos veces peca en vivir quien vive para ofender. Homicida fue tirano, Don Juan, y el matarle fuera venganza, mas porque el muera, no vuelva a vivir mi hermano. Y así el vertir sangre infame es diligencia ninguna, pues no recoges la una porque esotra se derrame. Hoy esta compadecida Valencia de tu dolor, no eche a perder tu rigor tanta piedad bien nacida. Ni es bien que en tus esperanzas hagan tus canas sangrientas alarde, de tus afrentas para mostrar tus venganzas. Pues cuantos hoy lastimados de tus años ofendidos. te miran compadecidos, te han de mirar indignados, Y es inútil ejercicio, y vana solicitud profanar una virtud por adelantar un vicio. Perdona, que aunque serán los consejos de mujer, soy hija, y temo perder mi vida, y la de Don Juan. . Poco te debe Leonor tu sangre, pues aún en mí la desprecias, siempre fui enemigo del rigor. Mas no es rigor la crueldad que tan justa viene a ser, y aunque atí, por ser mujer, te toque el tener piedad. No imaginé que estaría aquella sangre inocente en mis venas tan caliente, y en tu mocedad tan fría. Noble soy, y aunque soy viejo en los años, no en los bríos, y pensando con los míos en tu edad, como en espejo. Yo que vengarme deseo, hallo después que te ohí, que no me parezco amí cuando en tus ojos me veo. Antes me atrevo a creer por lo que me has referido, que espejo a tu enojo he sido, y a tu piedad lo he de ser. Que como un hombre enojado que a un espejo se llegó, luego que en él se miró, lo cegó el semblante airado. Lo mismo te ha sucedido, que aunque enojado llegaste, después que en mí te miraste, todo el enojo has perdido. Y así recibe el consejo que en el cristal te has hallado, pues no has de volver airado si te has mirado al espejo. Aunque pudieras Leonor hacer este efecto en mí, debes mirándome en ti hacer mi enojo mayor. Que como en los miradores, hay por gusto de sus dueños. unos espejos pequeños, que hacen los rostros mayores. Uno de estos has de ser, que cuando llegue a mirarme el enojo ha de aumentarme la falta que te ha de hacer. Tu hermano abra pensado, que no es el cristal, fiel donde me mire cruel, y me halle más reportado. Y así por cumplir conmigo, con tu sangre, y con mi amor; o informa por mi dolor, o calla por mi enemigo. Porque no es justo que entiendan mis oídos de tus labios, que no ofenden los agravios, y las venganzas ofendan. Nada su enojo reporta creciendo los riesgos van, mas si esta vivo Don Juan, y yo vivo en el que importa. Doña Ana es amiga mía, su primo Don Juan mi amante, el desválido, y constante sus contrarios cada día, más poderosos, más ciego Don García, más terrible mi padre, mas imposible mi voluntad, no lo niego. Mas si el amor ha de ser quien le ha de facilitar, el darme que aventurar es darme que merecer. Vengan pues por varios modos. peligros, que si el mayor, se ha de vencer con amor, amor tengo para todos. Es posible que te atreves a entrar aquí? No hay temor que lo impida, Ines aparta, Cielos que miro. Yo soy, si se te hiciere de nuevo verme en tu casa Leonor, mas de nuevo se me hace el vivir sin verte yo. Qué es esto Don Juan, mi bien, tú en mi casa, muerta estoy, tú en un peligro tan grande. habla, qué es esto señor! Esto es despidirse un rayo de la violencia del sol, salir del arco una flecha, subir al cielo un vapor, romper el aire un cometa, quebrar los polos su unión, surcar el golfo una nave, reventar fuego con cañón, abrir la tierra una fuente, herir el viento una voz, esto el rigor de una ausencia, de unos celos, de un temor, y esto es no verte en dos días, que es la violencia mayor. Y tú Ines, no me preguntas lo que es esto? Yo Lirón, a qué efecto? Pues no importa para decírtelo yo, soy el trueno de aquel rayo, y la sombra de aquel sol, la pluma de aquella flecha, el humo de aquel vapor, la cola de aquel cometa, el ñudo de aquella unión, la vela de aquella nave, pólvora de aquel cañón, el agua de aquella fuente, el eco de aquella voz, y para decirlo todo de una vez ambos a dos somos un orate fratres, pero soy el fratres yo. Muerta estoy apenas mueve las alas el corazón. No puedo hablar, porque el miedo, que de repente ocupó toda el alma, me ha impedido, en la garganta la voz, en el cuerpo el sentimiento, en los sentidos la acción, y entre el peligro y la vida, entre el alma y el temor, ni vivo de lo que fui, ni muero de lo que soy. Si vuelve mi padre, ay cielos! si le verá, si le vio, pero ahora es menester la cordura, y el valor, que os volváis Don Juan os ruego. Yo se el peligro en que estoy, pero escuchad. No es posible. No temáis, volved en vos. Dejadme estar temerosa Don Juan, pues os dejo yo estar tan ocasionado. Oye, y sabrás la ocasión. Temo que mi padre venga. No temas mi bien, Leonor ya con la seguridad, que la noche me ofreció, vine siguro hasta aquí desde el jardín donde estoy, escondido por la muerte de tu hermano, ya paso el peligro, ya entré dentro, ya tu padre no lo vio?, y ya te veo que estaba ausente de mí mi amor, como al vencerse la noche con el día aquella flor, que para vivir espera el rayo tibio del sol. Señor Don Juan, yo no entiendo este linaje de amor, vos siempre a darme pesares, y a tomarlos siempre yo, apenas libre me veo dé un peligro, de un error, cuando del que ha de venir, me avisa el que ya pasó, y todos por culpa vuestra dados por vuestra ocasión. Cabed dentro de vos mismo, venced vuestra condición, corregid vuestro albedrío, moderad vuestro furor. No os deis todo a cualquier pena, eso es desesperación de una afición obstinada, y si es cierta la afición, mirad por ella y por mí, basta, basta, que por vos aventure yo mi vida, sin que aventure mi honor. Si es fineza atropellar imposibles, y es valor entrarse por un peligro acosta de otro mayor, yo no quiero las finezas tan acosta de los dos. Aunque para haber venido a tu casa, era ocasión bastante el haber dos días, que no nos vemos los dos. otro tormento, otra pena, otra muerte, otro dolor ahoga el llanto en los ojos, los suspiros en la voz, y despreciando la vida por los peligros entró, otro tormento, otra pena, mas que no verme. Mayor! Ah sabido ya mi padre, que nos queremos los dos? Cuando lo sepa, qué importa, pues no sabe a donde estoy, Te ha buscado la justicia? Esa desdicha Leonor solo a mi vida amenaza, y en quien ama, y tiene amor, pena que para en morir, no es la pena más atroz. Mayor pena que la muerte? Mayor pena? Si Leonor, no son mayor mal los celos? Mayor mal los celos son, pero repara primero que lo pronuncie la voz, Ines, ten cuenta si vuelve mi padre. Advertida estoy. Digo Don Juan, qué repares primero con atención, si los tienes, o los finges, que en mujeres como yo, los recelos son delictos, porque ha de ser fe el amor, que ni ledeje a los ojos, ni a los oídos su acción. porque si se empieza a alzar, con las dudas el honor, el escrúpulo no más de si creyó, o no creyó, pone en peligro a mi fama allá en tu imaginación. Y si has de ser mi marido, no le basta a mi opinión, el ser buena para mí, si para ti no lo soy. Más cortés es mi delicto, menos grosero es mi error, no son celos, son temores de no merecer tesón. Cuidados de un imposible, no infiel, suspenso estoy, entre el dolor, y la queja, entre el recelo, y la voz. Pues ni falto al sentimiento, por no faltar a mi honor, ni consiento en la sospecha, por no infamar tu opinión. Si es rendimiento esa queja, descansa, dila, y te doy palabra, de asegurarte del escrúpulo menor Yo el consuelo te daré, haz sin que lo sepa yo, de ti a dentro, que el consuelo puse por satisfacción. Supe ayer, no has de enojarte, que tu padre. Acaba. Ay Dios! Mira que es tarde Don Juan, Para tener ocasión más fácil a su venganza ha tratado, que rigor, casarte con la cabeza de los Fajardos, que son mis enemigos mayores, yo lo supe, y me dejó la nueva terrible como queda en el soto el pastor, que de repente del rayo vio la luz, y el trueno oyó, que no le bastó matar el incendio tronador, y no le deja vivir el estallido, y quedó entre el incendio, y la llama, entre la vida, y la voz, sin morir, ni respirar un compuesto de los dos. Y así he venido a saber si es esto verdad, o no, si es tu esposo. Don García ejecute su rigor, el fuego del rayo en mí haga cenizas mi amor, mas para que muera yo, no es menester el incendio, la llama el fuego, el ardor del rayo, que el estallido para matarme bastó. Mucho me holgara Don Juan de contarte por menor la verdad, mas no es posible, solo por respuesta doy a tus dudas, y a tus quejas, que soy tuya, y tengo honor. En esto de Don García, no tengo parte, los dos nos veremos en tu casa, que yo buscaré ocasión para verte en el jardín, buelvete ahora señor antes que mi padre venga. Espera. Acaba por Dios, que eso es darme pesadumbre. No es si no morir de amor. Quiéreste volver Don Juan? Sí señora, ya me voy. Mas que ha de venir mi padre. No volverá. Mi señor. Es burla, o verdad Ines. Qué sube. Temblando estoy. Dame a besar una mano. Toma, vuelvete. Leonor, irás a verme mañana al jardín? Sí. Adiós. Adiós. Lindamente la han tragado los señores Luego no viene el viejo! Venira, mámola el señor Lirón. Aunque intentes hermano Don García encubrirle esa pena al alma mía, en tu desasosiego conozco tu disgusto. Oye Don Diego, ya sabes que mató Don Juan Centellas a Don Pedro de Luna, y las quererlas sabes como su padre airado intenta vengar su muerte, y remediar su afrenta. Todo lo se, y también que tu esperanza para facilitar esta venganza, por verse solo el viejo y desvalido se valio de nosotros, que hemos sido opuestos a Don Juan, a Dios pluguiera, . que nuestro amigo fuera, porque a su prima adoro, y el fin que ha de tener mi amor ignoro. Se también, que es su intento ofrecerte su hija en casamiento, se que lo has aceptado, y se que es mucha su virtud, y Nobleza. Pues escucha, hacia el campo esta tarde me salía a estar conmigo, y con la pena mía, y al tiempo que pasaba por la Iglesia mayor parado estaba el coche de Leonor, y yo pensando verla, o hablarla, me detuve, cuando dos tapadas se entraron en el coche, y de mí se recataron tanto, que su cuidado avisó el mío, seguilas, y porfió celoso, y recatado en conocellas, Qué dices? Porque el verlas las cortinas cerradas, las calles discurrir más excusadas, celos me añadio a celos, dos veces pues llegué al estribo. Ay cielos! que era Doña Ana la que en el venía? y si la conocio perdió en un día nuestro amor el secreto, y yo su mano, ella enoja a su primo, y yo a mi hermano, pues si llega a saberse nuestro intento, ninguno ha de admitir el casamiento, y aún con esto Doña Ana no venía. Notable azar prosigue Don García, dos veces pues por el estribo llego. Y al fin las conociste. No Don Diego, mas para la sospecha que he traido, basta que una criada he conocido de Leonor, y saber me falta ahora si a caso es su señora la Dama que de mí se encubrió tanto, ya paró el coche, y he de ver Don Diego si son ciertas mis dudas. Estas ciego, advierte Don García, que no pase el cuidado a grosería, el recelo, a bajeza, la sospecha, a delicto, la fineza, a desprecio, el engaño, a evidencia, o a duda el desengaño, que hay hombre en sus sospechas tan constante, que por llevar sus celos adelante, dará a entender según la ofensa apura, que le importa el agravio, o le procura, y que le está peor a su cuidado el quedar satisfecho, que agraviado. Don Diego, mis recelos, desde que fueron dudas, fueron celos, que si el indicio fuera tan gran de, que disculpas no admitiera el alma, por la boca, y por los labios, a riesgo abierto los llamará agravios. Si sabe Don García, que es prima de Don Juan, la que venía en casa de Leonor, y a verla ha entrado, le ha de dar más cuidado saber, porque se encubre, o a que viene, y si más en la calle se detiene, me embaraza el entrar por la otra puerta, que ya para este efecto estara abierta. Hay modos de desdichas más extrañas, que no sean de un descuido tantos daños, volvámonos, o hermano, y no prosigas a apurar más disgustos. Mal me obligas, con fingidos consuelos s si en apurar mis celos, mis dudas me empeñaron. Pues ya no has de poder, porque se entraron. Por tu culpa Don Diego no llegué a conocerlas. Estás cie excusarte un error le llamas cuipa, pero el estar celoso te disculpa, volvámonos, repara, que apenas es de noche, y si te hallara a su puerta parado, el padre de Leonor es tan honrado, que de ti se ofendiera. Con celos no hay cordura, aquí me espera que he de entrar en su casa. A ser locura tu recelo pasa. Ya no hay consejo, que a mis celos cuadre. Pues repórtate, y mira que su padre de Leonor nos ha visto, no le demos a entender la ocasión de tus extremos. Oh señor Don García, a pie, y en esta calle, hay honra mía! . No acierto a hablar, yo vengo a besaros las manos. Yo tengo, mucho que hablar con vos, y os he encontrado a buen tiempo. A Don Pedro le ha pesado de encontrarme en su puerta, todo en abono mío se concierta. Esto es forzoso perdonad Don Diego. Daré la vuelta a esa otra puerta, y luego volveré a ver a Doña Ana, que la puerta pues va entraron en casa estará abierta. . Ya sabéis, que la fama es señor Don García en una Dama la hermosura mayor, y os he ofrecido a Leonor por esposa, y he sentido cuando están nuestros deudos empeñados, en mayores cuidados, que no miréis por vos, por mí, y por ella, vos muy galán, muy bello, Leonor muerto su hermano, y yo muy viejo, el vulgo muy tirano, publicó en el lugar vuestro deseo. Repetido en mi calle el galanteo, el honor melindroso, la envidia atenta, el tiempo peligroso, alguna que lo mira, que padece, que calla, y que suspira, luego temer pudiera lo crean todos lo que yo creyera, y así no permitáis que yo me queje de Leonor, ni que a vos os aconseje segunda vez, remediense estos daños, que aunque es el galanteo en muchos años, escándalo decente, pensarán que mi hija lo consiente, y yo lo callo, que es error más grave, pues ni lo admito yo, ni ella lo sabe, y así regid mejor vuestras acciones, porque en las opiniones que una vez toma el vulgo por su cuenta, el escándalo pasa por su afrenta. Digo señor Don Pedro, que me ajusto a vuestra corrección, y a vuestro gusto. No señor Don García, antes me quejo, que llaméis corrección lo que es consejo, decoro es de los dos, y así procuro, que esté mi honor, y el vuestro más seguro, y porque es tarde, vamos Don García, que os he de acompañar. Eso sería escándalo mayor. No hay que excusaros, dentro de vuestra casa he de dejaros, esto ha de ser, y ahora he de tomarme con vos esa licencia. Si es echarme, por fuerza de la calle. Eso sería en entrambos cestosa grosería, y así primero que salgáis os digo, que os he sacado, y os salís conmigo, con que está vuestra duda satisfecha. Al fin me voy dejando mi sospecha mayor, que fin es para mi cuidado de un amor, cuya vida he reparado, que han permitido por mi mal los cielos, que empiecen una muerte, y unos celos. s. Esto nos ha sucedido con Don García Leonor, desde la Iglesia Mayor nos vio salir, y ha seguido el coche. Notable azar, ay Ines si os conocío. No, porque el cochero echó por de fuera del lugar, y luego se cansaria de seguirnos, no lo dudo. Pierde el temor, que no pudo conocernos Don García, mas di, porque estás con manto Leonor hiuas fuera? Sí, tuve que hacer, y creí como te tardabas tanto no vinieras, pero ya dilataré el ver Doña Ana a tu primo, hasta mañana. Pues sabes tú dónde está? Por su puerta hemos pasado Y vio el coche? No señora. Solo me faltaba ahora por alivio este cuidado, después de no verle hoy, como se lo había pidido. Ruido a la puerta he sentido. Si es Don Diego? A verlo voy. Si fuere, déjale entrar, y no te quites Ines el manto, porque después a Doña Ana has de llevar. Es verdad, que hiuas a ver a mi primo? Si Doña Ana, y hauré de velle mañana ya que hoy no ha podido ser, porque de suerte lo pasa sin mí, que temer podría, que él se viniese a la mía, si yo no voy a su casa. Pues si le vieres Leonor, no digas que yo he venido, ni que tu casa he eligido por sagrado de mi amor. Pues aunque tu pensamiento es dueño de su albedrío, ya sabes como mi tío trató nuestro casamiento. Y aunque él lo excuso por ti, y yo por otro galán, no es bien que entienda Don Juan esta liviandad de mí. Y más siendo la ocasión Don Diego Fajardo, pues su mayor contrario es, yo se que por mi afición Don Diego ha de procurar estas paces, y no es bien, que hasta que amigos estén, que lo llegue a sospechar. Yo vengo a tratar el modo, como tu padre, y su hermano le den a Don Juan la mano con que se apacigue todo. Y así que guardes te ruego este secreto, advertida de que nos va en él la vida, la suya, y la de Don Diego. pues aunque hoy dudosa esté, quizá el cielo dispondra una dicha, que será por un delicto que fue. Cuando a mí no me importara, que Don Juan no lo supiera, y por ti no lo encubriera, por mi gusto lo callara. Que aunque mujer he nacido, jamás en esto lo fui, pues tan parecido a mí es el secreto al olvido. Que como nunca se halla la voz está persuadida, a que la lengua lo olvida, y no es si no que lo calla. Aunque falté a la amistad de Don Pedro, pues pudiera enojarse, si yo viera, que al respeto, y calidad de su casa ofendo aquí. Qué importa, que muy fiel mi amistad me culpe en él, si amor me disculpa en mí, aquí están las dos. Don Diego? Doña Ana. Seas bien venido. Si alegre, y favorecido a besar tus manos llego, decir podré con verdad ufano con tal favor, que a no haber muerto de amor, muriera de vanidad. Y aún no queda encarecida mi voluntad verdadera, pues cuando a tus ojos muera quedo a deber una vida, Y solamente he sentido, no poder firme, y constante, morir una vez de amante, y otra de favorecido. Hable Don Diego por mí esta fineza no más, que por ella inferiras las que pienso hacer por ti. En peligros semejantes, porque en llegando a querer, las finezas han de ser las lenguas de los amantes. Pero dejemos aura ipérboles, y a Leonor agradece este favor. Perdonad bella señora a mi amor, pues divertido en tan apacible calma; por hacer dichosa un alma, hizo grosero un sentido. No habéis sido descortes, que en presencia de la dama, descortesía se llama ser con otra muy cortes. Agradecedla Don Diego a Doña Ana tanto amor, y si yo en este favor tengo alguna parte, os ruego que os acordéis algún día si me valiere de vos, de lo que hago por los dos ahora pues ser podría, que os hubiese menester. Para aventurar su honor, y vida basta Leonor ser yo Noble, y vos mujer. El valer todo lo allana, mas qué ruido es este Inés, Haz que se esconda Doña A y que se vaya Don Diego, que es Don Juan, y vio pasar el coche, y la ha visto entrar, y viene celoso y ciego. Qué importa, di que entre acaba que nadie se ha de esconder. Eso es echarme a perder. Aún peor está que estaba. Por esa puerta que sale al patio os salid señor, y tu amiga. Qué temor! De ese camarín te vale. Advertid. No hay que advertir, sed más cuerdo, y más cortes. Ya me voy. Ahora Ines a Don Juan puedes abrir. No vengo tirano dueño de mi amor, y mis suspiros, amante contra mis quejas, firme a olvidar tus desníos. Quejoso a decir mis ansias, triste a procurar mi alivio, blando a enternecer tu amor, y muerto a llorar tu olvido. No vengo, ay Leonor, a ser a fuerza de incendios vivos en el fuego de tus ojos fénix mejor de mí mismo. A ser escándalo vengo de mi agravio, a ser testigo de mi infamia, y escarmiento de los desengaños míos. Aliviarme de una vez de ese mentiroso echizo de tu amor, y a dar venganza a tu padre y mi enemigo, Si buscas satisfacciones, sabe que mi honor estimo mas que tus celos Don Juan, acaba, descansa, dilos. No ande el duelo en opiniones, hagan las quejas registro, del agravio informe el ala, la verdad a los sentidos. Porque te adoro me ofendes tu rigor porque te sirvo, me desprecias, y me matas porque la vida no estimo. Cuando ya por no apartarme de tus ojos solicito mi muerte, pues de Valencia por tu ocasión no he salido. Cuandó la nueva no más de que ayer tu padre quiso casarte con Don García. Desesperado, y perdido me trajo a verte, y me hallé tan bizarro en el peligro, que me festejo buscado lo que me has visto temido. Cuando porque me volviera por soborno, o por alivio, dijiste que me verías en el jardín donde asisto. A imitación de las flores mi amor, su retrato mismo, al nacer del alma adorno, al morir del sol delicto. Y cuando yo te esperaba para descansar conmigo, de las penas, en que muero, y de la ausencia, en que vivo. Con que pena lo declaro, con que dolor lo público, con que congoja lo siento, con que vergüenza lo digo. Tu coche (a Leonor) tu coche pasar por el jardín miró a Don García de tras, sentada Ines al estrivo. Celoso tomó la capa, enojado el coche sigo, traigo conmigo un criado; encárgole el ser testigo, veo apear dos mujeres, quiero allegar atrevido, topo a tu padre a la puerta, al rostro la capa aplico, vuelvo la calle cobarde, a esa otra puerta me arrimo, llega un hombre rebozado, oigo a Ines que baja a abrillo, dejo un criado a la puerta, que tenga cuenta le aviso, pretendo subir a verte, defiéndelo Ines combríos, detiénenme tus criados, avisante que he venido, oigo cerrar una puerta, siento en esa otra ruido, hallo que vienes de afuera, puesto el manto sin aliño, la voz sin palabras hechas, el rostro sin color fijo, mira si para un agravio son menester más indicios. Es verdad, o es ilusión . lo que por mí ha sucedido, Don Juan, advierte, repara, que soy tuya, y que lo he sido, pero haces de suerte, que parece que es preciso tu agravio, no acierto a hablar, disculpado estás conmigo, pero imagino señor; que se yo lo que imagino, que debe de ser verdad Don Juan todo lo que has dicho, y que ha pasado por mí, pero yo no lo he sabido. Mal me asigura tu agravio. Habla quedo, no des gritos, mira no venga mi padre. Su venganza solicito, viva, o muera, que no siempre se han de temer los peligros. Un vivir amenazado, ni le logro, ni le estimo, pues viviendo lo que temo, temo más de lo que vivo. Y así acaben de una vez mis ansias, y mis suspiros, dime, quién es el dichoso, que tan presto ha merecido esas finezas? Don Juan; ya te he dicho, ya te he dicho, que se vayan poco a poco tus sinrazones conmigo, quiza pueden ser finezas las que sospechas delictos. Bien puede ser que sean ciertos, los recelos, que has tenido, que los cargos sean verdades, y que no lo sea el delicto. Sin intención, no hay agravio, ni hay ofensa sin indicio, de la ejecución del brazo es el amago principio. Aún la violencia del rayo se templa en lo ejecutivo; que de el estruendo, y la llama, es el relámpago aviso. Primero que el sol corone de luz, y esplendor los riscos, planeta menor el alba los dora con rayos tibios. Piedad, o costumbre sea de lo airado; o lo benigno. lo mismo que al sol, al alba, es al rayo el estallido, Pues si guarda un elemento sus fueros de obrar precisos, y no me has dado ocasión de ser ingrata, y he sido constante a fuerza de penas, firme a pesar de peligros, no te informe a ti tu agravio mientras yo ignorare el mío. Estos Leonor no son celos, agravios son conocidos. Conocidos? Y evidentes, yo lo he visto. Tú lo has visto? Y tengo de conocer al hombre que has escondido. En mi casa? Si en tu casa. Qué he de hacer pues si lo digo, que la que paró en el coche . era Doña Ana, y que vino a verse aquí con Don Diego ofendo el decoro mío. Aventuro que no crea la verdad, pongo a peligro a Doña Ana, y embarazo las paces, que a ruego mío ha de tratar con mi padre Don Diego, pues yo prosigo en negarlo, aunque le enoje. Don Juan, tú estás persuadido a tu agravio, y no hay agravio a mi olvido, y no hay olvido a tus celos, y los celos, no han de poder más contigo. Una duda de un instante, que una fe de muchos siglos, en ti han podido engañarte los ojos, y los oídos, pero en mí te informa el alma, que no puede haber mentido. Y así a mí me has de creer, y no a ellos lo que han dicho, pues no será justo que tenga crédito más fijo un sentido para un alma, que un alma para un sentido. No trates de asigurarme, no porque el afecto mismo con que me estorbas la entrada, aumenta los celos míos, no es verdad lo que me quieres, No hagas con ingrato estilo agravio de la fineza, y queja del beneficio, que esto es amor. Esto amor? Quieres verlo, tú has querido averiguar unos celos, que imaginados, o vistos dan muerte, yo te asiguro la vida, el gusto, el alivio, tú quieres mirar del sol rayo a rayo el fuego activo, que te abrase, y que te ciegue. Yo con milagros mitigo en tus dudas, y en tus celos, ya las llamas, ya los visos, tú al basilisco de amor, que son los celos, precito quieres mirar, yo le cierro los ojos al basilisco. Tú quieres pisar el áspid, yo los pasos te resisto, tú te aventuras al daño, yo te defiendo el peligro. Tú te empeñas, yo te guardo, tú te pierdes, yo te libro, pues si tu buscas el daño, y yo el remedio te aplico. Tú eres quien te quieres menos, y yo quien más te ha querido. y así pues que no has de entrar, porque como ya te he dicho, a ti, y a mí nos importa, y soy Noble, y no me olvido de que soy tuya, si vuelve mi padre, que está ofendido, temo un daño, y no has de usar descortesías conmigo, y no se puede creer de mí, que tengo escondido hombre de tan bajas prendas, que cuando a voces público que soy tuyo, lo esté oyendo, y no salga a resistillo. Vuélvete al jardín Don Juan. Mejor dirás a un martirio de imaginadas sospechas, y de tormentos fingidos, al fin me vuelvo Leonor desesperado, y corrido. Contento, y asigurado dirás mejor. Hoy perdimos. Yo sabré satisfacerte. Yo sabré no admitillos, y así entre caducas flores voy celoso, y ofendido a morir de muchas veces, que mal hizo, que mal hizo quien se guardó para el rayo, y no murió del aviso. Llorando va, mas no importa, tenga celos, tema olvidos, cuente quejas, finja agravios, sufra enojos, dé suspiros. llore dudas, y haga extremos de celoso. Que yo admito la sospecha, que hoy le informa por los daños que hoy le impido, y sabre satisfacerle pues enojarle he sabido.
JORNADA SEGUNDA
jornada segunda Esperé como mandaste a la puerta de Leonor, y a poco rato señor de como en su casa entraste salir dos mujeres vi, que hacia la casa guiaron de Doña Ana, allá se entraron, tardábanle, y me volví. Y cuando hallarte pense alegre, y desengañado, bien herido, y mal airado de tus sospechas te hallé. Que tienes, que a todas horas, que con tu mal te aconsejas, hablas como que te quejas, y miras como que lloras. Acaba ya de perder de tus males el cariño, vaya el amor para niño, y Leonor para mujer. Que si en ponderar tus daños tan eficaz lo porfías, no hay Don Juan para dos días, y hay celos para mil años. Vuelve en ti, dale al amor el pago que a ti te dan, habla responde, a Don Juan, a esotra puerta, a señor. este, cielo, ntos años, D Que fiera, que veneno es que así muere un amor de ta que no baste a advertirme los engaños quien pudo ocasionarme los desuelos cuando menos pensaba en mis consuelos, y menos sospeché los desengaños. Tanto sentí del deshonor los daños, que aún no tuve lugar dé tener celos, a quien jamás, a quien le ha sucedido sentir sin alma, y no rogar quejoso, solo a mí, que a mis penas he nacido. Pues ni sabe mi amor huir celoso, ni yo puedo esperar correspondido, ni me deja el agravio estar dudoso, med Ya escampa, hay tal suspensión, el hombre trae la veleta, como cascos de poeta en noche de colación. Mira señor que es vulgar error justo de reñir, que tú te dejes morir por quien te quiere matar. Ay Lirón, que no has sabido querer mucho, pues tan presto tienes el gusto dispuesto a olvidar lo que has querido, Dicen los que más se alaban de finos enamorados, que en celos averiguados las amistades se acaban. Esto dicen todos, yo, ni quito, ni doy consuelos, juzga tú si están tus celos averiguados, o no. Ven acá, solos estamos, habla a mi pena. Si haré. No digamos lo que fue, lo que pudo ser digamos, no pudo ser, que viniendo a verme Leonor, la viera Don García, y que siguiera el coche, y ella temiendo, que aquí la viesen entrar le quisiese desmentir, dándome a mí que sentir, y no a el que sospechar. Porque si hablarle en su amor a Don García, saliera, pensar que a que yo la viera paso por aquí, es error. Pudo ser, que el embozado, no entrase a ofenderme a mí, que la puerta que yo ohí cerrar fuese sin cuidado. Que el recelo y turbación de Leonor al estorbarme la entrada, y el obligarme con razón, o sin razón. A no averiguar por mí, mi amor, y mis celos, fuera temor de que no viniera su padre y me hallara allí. Pues aquesto pudo ser, y pudieron engañarse los ojos, y a declararse allega así una mujer! Conmigo! y es principal! si viéndome desvalido, me ha alentado, y me ha querido con una fe tan igual! Qué jamás temí este daño, porque he de creer aquí, que Leonor me engaña a mí, y no soy yo quien me engañó. Un coche a la deshilada, un a cortina corrida, una Dama muy salida, y una puerta muy cerrada. Y lo demás que se ofrece al discurso que señalo, ello bien pudo ser malo, mas por Dios que lo parece. Pero pues lo abonas ya, y en seguir tu humor te obligo, si tú lo acabas contigo, conmigo acabado está. Qué harta compasión parece, quien a tal tiempo ha venido, que se hace de sentido del daño el que le padece. Dices bien, miente el amor en los ojos, y en los labios, y no mienten los agravios, y en las dudas el honor. No me dijo que vendría a verme Leonor, y a hablarme, y solo vino a matarme de celos con Don García. Yo no vi? que bajó a abrir Ines: que estaba arrimado un hombre, que entró embozado, que me quiso resistir la entrada. Que se turbó Leonor, cuando la avisaron, que dos puertas se cerraron, y que al fin no me dejó, que éntrase a desengañarme de los celos que traya, pues que ignorancia porfía vanamente aconsolarme. Fineza no pudo ser para obligarme a salir, pues menos que en resistir tardara en satisfacer. Di, era fineza mayor darme en pena tan crecida, un riesgo más a la vida, que una sospecha al honor. Luego no puede quererme quien de un lance tan dudoso. me dejó venir celoso pudiendo satisfacerme? Eso si cuerpo de Dios, acaba de ser galán, recluso que nos tendrán por Cartujos a los dos. Doña Leonor nos afrenta, y su padre de Doña Ana nos ruega, y con mucha gana, toma esta paz por su cuenta, con que a su hija le des la mano, y te cases luego, esto importa a tu sosiego, se con tu prima cortes. La vida me ha de costar, pero no me he de vencer, yo no me puedo valer de violencias para entrar resistiéndolo Leonor esperar a que viniera su padre, y allí me viera era otro daño mayor. Pues su afrenta publicaba, la de Leonor, y la mía, y a mi honor no le valía lo que a los dos infamaba. Y así pues no he de pidir, que Leonor me satisfaga, y cuando por si lo haga ya no lo podré admitir. después de aquel desengaño hoy a Doña Ana veré, y así divertir podré este amor, con este engaño. Y por lo menos vera Leonor, si viniere aquí, que de los celos que vi huyo las disculpas ya. , s, Qué hace Don Juan? Aunque ha estado hoy más triste que otros días luego que a verle venías le juzgué más consolado. Háblale, y dile, Leonor, que pues jamás viene aquí tu padre, y fías de mí tu vida, tú, y el tu amor. Y nadie puede saber que vive aquí retirado, se aliente, pues le ha postrado, tanto el pesar desde ayer, que temo un daño mayor. Ay Don Juan, quieran los cielos que se reduzgan tus celos a la verdad de mi amor. Ines y Leonor Qué dices? Que son ellas, o estas ciego. Ay Ines, temblando llego. Llega, y no te atemorices. Porque no pienses Don Juan en mi agravio, y ami costa que te a arrojado del pecho quien de su casa te arroja, Aunque mi estado me excusa, aunque mi sangre me abona, aunque mi amor me asegura, aunque mi honor me reporta. y algunas finezas mías (pienso que ya serán pocas) porque después de los celos es tan flaco de memoria el amor, que si a una duda a ser agravio se asoma, finezas de muchos siglos se olvidan en pocas horas. Finalmente, aunque pudiera prometerme, que yo sola valiera Don Juan contigo mas que tus sospechas todas, No quiero de tus recelos, que adelantes las lisonjas, que no estragues las finezas, quiero solamente ahora., y así por satisfacerte. Si eso solo te apasiona Leonor, yo estoy satisfecho, y no lo estaba hasta ahora, De que fue flor mi esperanza, de que fue mi vida sombra, de que fue mi dicha engaño, de que fue sueño mi gloria, y tu amor, pero que importa que amor, que vida, que dicha, que esperanzas, y que gloria, al cabo no fue mentira, flor, engaño, sueño, y sombra. Anoche entraste en mi casa, parece, que unas a otras, se llamaban las desdichas, pero cuando vienen solas. vi en peligro tu vida en otro mayor mi honra, y en mis sospechas mi amor, y yo entre tantas congojas por morir de cada una no quise morir de todas. No hallaba el alma en el cuerpo, las palabras en la boca, ni en el pecho el corazón, pues ya en tu vida medrosa, ya en mi amor desconfiada, y ya en tus celos absorta, embarazada en sí misma, con el susto la memoria, quede muda, y procurando, que la atención reconozca la verdad, que como vulto anduve a buscar mi sombra. Tuviste razón, no culpó, tus dudas fueron forzosas, tus celos fueron precisos, tus sospechas fueron propias, solo culpo amis desdichas, y casi no culpo a todas, Que hay desdichas que se vienen sucedidas ellas propias, en fin yo vengo Don Juan a satisfacerte ahora de tus celos. No Leonor, difícil empresa Tomas. Si yo vi anoche en tu casa apariencias tan notorias, que para una muerte bastan, y para un agravio sobran. No pudo ser una dama la que se escondio medrosa anoche en el Camarín. Si Leonor, y quien te estorba que digas que fue mi prima Doña Ana. Pues fuera cosa muy imposible. Alomenos será muy posible cosa que ella propia lo confiese. Si las dos mujeres solas que anoche a tu casa fueron, i uan a eso, que te asombras? esto es verdad. Mis desdichas. pretenden volverme loca. Basten Leonor los engaños que no consuelan y enojan para una ofensa temida. Guarda una fineza heroica, y un consuelo adelantado para una fe escrupulosa, mas para unos celos vivos, donde el agravio le toca. Lastiman de nuevo el alma las satisfacciones cortas, porque acuerdan el agravio, y no excusan la deshonra, ya es tarde para disculpa. on Juan, si amado blasonas, y favorecido huyes, los desaires no enamoran, Si desvanecido piensas, que el venir a verte ahora, es amor, y no es honor, será confianza loca. Haz tú, que yo no padezca por tus celos en mi honra, que aunque padezca en el gusto, perdiendo el amor, no importa. Y pues me has dado a entender claramente, que te enojan las satisfacciones mías, yo no quiero que las oigas, ni las creas, solo quiero, que cortés con mi persona me remitas esta injuria, pues te excuso esta lisonja. Haz que yo no haya temido, y harás que no crea ahora, pues ya confirmé el agravio, cuando le temí, perdona, que en el duelo del honor a veces se ofrecen cosas que alborotan prevenidas, y apuradas no alborotan, Y como el amor es miedo que hace mayores las sombras, aunque vistas, no importaran, porque no se ven, importan. Una fineza me queda, y no es la menor de todas, que hacer por tu honor y el mío, que es no escuchar de tu boca, satisfacción. Y esa puede ser fineza? Sí señora, que hay verdades desdichadas, y hay mentiras venturosas. Y si por satisfacerme vienes a decirme ahora verdades, no he de creerlas, porque mis celos me informan en mi agravio, y le he creído. Luego el no oírte me abona, y si es mentira, te escucho esta culpa, mas de forma, que el no oir satisfacciones atí, y a mí, nos importa. De qué sirve la cordura, salgan del pecho a la boca las palabras, los suspiros, el nudo el silencio rompa, primero soy yo que nadie. . Suspende el menudo aljofar, que no he de esperar Leonor yo su violencia amorosa, que es el llanto en la mujer que persuade, y que llora, veneno del corazón que la mata, y que la postra. Ya se vio arando la tierra la Vívora ponzoñosa, que el veneno que en si guarda la sustenta, y la conforta, y al verse oprimida ella descansa cuando la arroja, pero adonde la derrama, turba, mata, y inficiona. Pues el mismo efero hacen esas lágrimas, que todas, son consuelo de tu pena, y alivio de tu congoja, pero en mí serán veneno de la razón, si me tocan, pues por veber su ternura consentiré mi deshonra. Al fin Don Juan, te resuelves a no oírme. Importa a mi honor. Y mis finezas. Con mis agravios se borran. Pues no, porque el llanto mío con lágrimas amorosas persuadiendo mis verdades fundaba mis vanaglorias. Bien así como el arroyo, cuya corriente sonora solo afeitaba las flores de su margen arenosa, la nieguen al llanto mío tus seguridades locas, como a oír lo que ruega, como a piedad lo que informa. Ni porque el aire templado de mis quejas lastimosas gima pensando que sueña, ruegue pensando que sopla, bien así como el almendro alagüeñamente ronda. Suave el viento oreando sus recién nacidas hojas a mis piadosos suspiros, se hagan tus piedades sordas, porque estas lágrimas mías que como el arroyo adornan, allí márgenes y flores, y aquí mejillas y rosas. Si las desprecias ingrato crecerá su llanto en hondas para que anegue la espuma cuanto floreció el aljófar, y mis amantes suspiros que como el viento pregona dicha a su amor en mi ruego, vida al almendro en sus hojas si usan mal de la dicha tu desvanecida pompa morirá para escarmiento naciendo para lisonja, ven Ines, que voy mortal. No te apasiones señora. (. Ven Lirón, que esto es tomar mis venganzas ami costa, hoy he de ver a mi prima. . Con linda prisa lo toma. A Doña Ana has de llevar, hoy un papel, que me importa. Enternecido me dejan el corazón sus congojas, pero he de morir primero que consentir mi deshonra. Que de esta suerte me deje yr Don Juan, mas que me asombía, que tomen celos tan claros venganzas tan rigurosas! Por no ponerte Don Diego en el peligro que ayer, con mi primo, ni perder por descuido mi sosiego. Aunque no es riesgo menor sabiendo tú lo que pasa hallarte un padre en su casa, que un primo en la de Leonor, te he llamado, porque quiero, que tu voluntad me deba otra fineza más nueva. Muchas de tu amor espero, y a todas piensa mi amor, que satisface por mí con aventurar por ti de nuevo vida y honor. Menos se ha de aventurar, y más se ha de conseguir, si lo que vienes a oír lo vas luego a ejecutar. Ya sabes como trató mi padre mi casamiento, con mi primo, y que el atento, a su amor lo rehusó, por Leonor, y yo por ti, También Don Diego ha sabido que se dio por ofendido mi padre. Señora sí, y que dio muerte Don Juan, a su hermano de Leonor, que ella esta firme en su amor, aunque a mi hermano le dan por marido, diligencia, que su padre a procurado, y mi hermano lo aceptado, y que esta oculto en Valencia tu primo Don Juan, hay más qué saber! sácame luego de cuidado. Si Don Diego, escúchame, y lo sabrás viendo a Don Juan perseguido, mi padre se ha lastimado tan de veras, que ha olvidado cuantas quejas ha tenido. Y toma por cuenta suya hasta el disgusto menor de Don Juan, porque su amor de su nobleza se arguya. No es esto Don Diego no, lo que a mí me da cuidado, solamente me le ha dado, ver que mi padre trató, conmigo su intento, y es obligarme de este modo, y en sosegándolo todo, casarme con el después, Que en los conciertos vendrá Don Pedro, es cosa sabida, porque nada que le pida mi padre, le negará. Los encuentros de su hermano, que por esta causa duran, cesarán, si le aseguran que le dé a Leonor la mano. Don Juan por verse contento, aunque atropelle su amor ha de olvidar a Leonor, y admitir mi casamiento. Y Leonor que resistia de su hermano la esperanza, por Don Juan, por su mudanza, casara con Don García. Y quedaremos así, después de tanto disgusto, yo casada sin mi gusto, y tú Don Diego sin mí. Pues pensar que yo he de hacer por huir este rigor, cosa en que falte a mi honor, no Don Diego, no ha de ser. Porque si mi voluntad se adelanta a una bajeza, hoy la tendrás por fineza, y después por liviandad. Y es error introducido por necia razón de estado, el tenerte ocasionado, y esperarte comedido. Y así templa con valor si nuestra dicha lo alcanza en Don Pedro la venganza, y en Don García el amor. Porque al paso que Don Juan menos enemigos tenga, aunque otro amor le prevenga mas sus finezas serán. Esto me ha tocado amí, que es imaginar los medios. el disponer los remedios. te toca Don Diego a ti, Pues si con eso se hallana el fin que mi amor tenía, yo tomo por cuenta mía esas dos cosas Doña Ana. Y si importaré también ser amigo de Don Juan, sabrá que ami cargo están sus paces, pues le están bien a él a Leonor, y a los dos. Bien has dicho. Pues Doña Ana, con lo que hubiere mañana te avisaré. Adiós. Adiós. Entra con el pie derecho, y di tres veces Doña Ana, y la una carabana de olvidar abremos hecho. Y encomendándole a Dios, que nos acuerde con bien del agravio, y del desdén, abremos hecho las dos. Siempre has de estar de un humor Paciencia, que peor fuera, que de muchos estuviera, pero repara señor, en que está tu prima aquí. Cielos, no es mi primo, sí, él es, bien lo rebelaba, el alma, cuando te mía, que daño que prevenía los remedios dilataba. Ya con la seguridad, que mi padre le ha ofrecido, viene a verme, y se ha atrevido a salir por la ciudad. Ya te ha visto, vuelve en ti, no des con la turbación muestras del pesar. Lirón, disculpa es, turbarme aquí, no es la turbación efeto de amor. Sí. Pues si me ha hallado la disculpa de turbado, que arguye amor y respeto. Y a fingir amor entré cuando quiero en otra parte dejarme que supla el arte lo que no uple la Fe. Y que entre esta turbación por lisonja otra belleza. Pues Dios te turba, con bien, y por si no te bastaré, auna, que si importaré, yo me turbaré también. Forzoso ha de ser hablar ( a mi prima, aunque no quiera. . No hablarle a Don Juan quisiera mas no lo puedo excusar. . Quién por quitar mis antojos, prima y señora me advierte, que me aparta de una muerte, y me acerca a vuestros ojos. Hoy hallará en mis sentidos que es muerte más dilatada una belleza buscada, que mil contrarios temidos. Si tuvieran tal poder mis ojos para rendir, y pudieran eligir las muertes que habían de hacer. A las vidas fementidas de vuestros contrarios fuertes les diera yo muchas muertes por daros a vos las vidas. Bien vale una voluntad la fineza. Yo quisiera, que amí un amor me valiera, favor una libertad. Yo vengo cautivo aquí de los ojos por quien mueto, y más libertad no quiero. Cautivo, y con gusto. Sí, Doña Ana, con gusto vivo, en la prisión donde estoy. También yo, aunque libre soy tengo el corazón cautivo, razones sin alma son, amor la Fe las revoca, porque las dijo la boca sin saberlo el corazón. La voz las lisonjas labra, Leonor, no te ofendas, mira, que hay palabra, que es mentirá primero, que sea palabra. Mi señora me mandó que aqueste papel te diera en tu mano, y que volviera, la respuesta, me encargó, mas como señor Don Juan vos en esta casa? Pues de qué te admiras Ines? Buen amante, y buen galán. Pésame que me haya hallado. aquí Ines. En el gárlito nos cogieron. Y el bendito del lacayo el mesurado, que socarrón; que fruncido me mira, fuego de Dios, que los abrase a los dos. Turbado y descolorido esta Don Juan. No quisiera que me hubiera visto Ines, pues dirá Leonor después que era en mis celos, grosera disculpa, y que mis cuidados tuvieron con fe mentida la venganza prevenida, y los celos deseados. Que mal se enmienda un error, mas diré que vine a ver a mi tío, esto ha de ser, Don Alonso mi señor está en casa? Don Juan, sí, y no hay puerta para vos, cerrada, entrad. Guarde os Dios, que extremos son estos, di amor, que desigualdades. Ausente lloro tristezas, firme me enojan finezas, muerto, no admito verdades, vivo, siento sinrazones, buscado temo, y me olvido, y celoso y ofendido, no escucho satisfacciones, baste la desigualdad amor, que es rigor violento que pague el entendimiento culpas de la voluntad. Dónde vas señor? A ver mi tío. He de esperar? No, que me he de quedar, al jardín he de volver. Ya se fue Don Juan ahora, muestra Ines ese papel. Qué respondas luego a él te suplica mi señora. Por hacerte amiga un gusto, ofreciendo amí un pesar, y puesto a Don Juan en un cuida. ción, dame licencia para que yo le satisfaga, cont que no os jnsto pague mi opinión culpas de tu dio te guarde, Doña Leonor. Qué tengo de responder? Entra Ines, y llevaras respuesta, no vi jamás tanto secreto en mujer. Quiéresme decir Lirón, porque si salió Don Juan Fuera del jardín están, Ines de otra condición las cosas, ha se firmado con Doña Ana el casamiento de Don Juan, y él muy contento, le ha admitido y estimado, porque en esta casa Ines se vive de par en par, mi casa, me hice do contra mi reputa- rándole la verdad, divertimiento. Dios y no topará un azar un hombre, aunque entre en él mes de Mayo, jamás el coche va, tapadas las cortinas de medio ojo en las esquinas. No hay embozados de noche, y están las puertas abiertas, y no, que hay casas a donde para un galán que se esconde. cierra una dama dos puertas, Esto es amor Ines mía, porque hay uno solo Ines, que habiendo muchos, no es amsor, si no cofadría. Que gozando la ocasión, hay cofadre, que entra luego por la bocamanga, y luego sale por el cabezón. Pícaro, de esa manera hablas conmigo? ya tarda mi cólera, pero aguarda, que te he de matar siquiera. Ahora llego a casa, y he sabido, que a buscarme dos veces habéis ido señor Don Pedro, y vengo, a ver que me mandáis. A favor tengo esta visita. Vuestro fue el cuidado. Es verdad, que esta tarde os he buscado, porque un negocio de los dos tenía, que resolver con vos, oíd García, partida tengo el alma en dos cuidados, que en mis bríos cansados, y en mis años prolijos dos penas me dio el cielo en mis dos hijos. Cualquiera es grande, y la mayor que quiera, pues porque no prefiera ninguna a la menor en tierna calma me ocupa toda el alma, y cuando luego funda quejas de sentimiento la segunda, porque no me doy todo a sus desuelos que hasta las penas saben tener celos, piadoso, si no sabio en mi dolor, la vengo de mi agravio, tanto, que si una sola me importuna, toda el alma la doy a cada una, y si en entrambas la pasión me ciega, es la mayor, la que primero llega. La muerte de mi hijo fue de mis años un dolor prolijo, yo os confieso, que ciego en mi venganza se burló de mis canas mi esperanza, pero también confieso, que lo que erró el dolor, enmienda el seso pues viendo, que en aquella sangre fría el sentimiento solo padecía, Y que con mi hija mi opinión padece, pues al paso que crece en mí el descuido, en vos el galanteo, y en ella la hermosura crecer veo, en el vulgo que atento lo murmura la desdicha común de la hermosura, me resolví, porque el honor me llama a faltar a su pena, no a su fama, Y ansí, pues que Don Juan huyó mi furia, y la muerte de Don Pedro no es injuria, ni su venganza alivio de mis daños, y mi vida se huye de mis años, y a mi nobleza, y su virtud atento deseaba a Leonor el casamiento, Yo a vuestra voluntad reconocido su mano os he ofrecido. si ha de ser vuestra esposa Leonor, me ha parecido justa cosa, pues ha de ser mañana, o otro día, que sea luengo, con esto a vos García, que os ago la mayor lisonja creo, pues os acorto siglos al deseo. Doy a Leonor estado, satisfacción al vulgo, a mi cuidado quietud, a nuestros deudos alegría, a Valencia un buen día, y Leonor, vos y yo tendremos luego Leonor dichas, vos gusto, y yo sosiego. Cuando de celos muero, es mi desdicha tal, que el amor me mata con la dicha, pues posible la veo, y me estorbo lo mismo que deseo, pero hasta asegurarme de que han sido engaños los recelos que he tenido, no la he de dar la mano a Leonor, pues mi hermano lo mismo me aconseja, y así intento dilatar por ahora el casamiento Admirado confieso, y aún corrido, me tiene el ver, que hayáis enmudecido, tanto, cuanto creya, que una lisonja a vuestro amor hacía, que tenéis que dudar, os ha pesado, de qué haya el casamiento apresurado? Esto ha de ser, ahora me conviene, el dilatar mi boda, nunca tiene a disgusto un amante, que fin a su esperanza se adelante, y más cuando es la prenda tan superior, no quiero que se entienda de mí tal grosería, hizome novedad la dicha mía, como no la esperaba, y lo mismo que mudo celebraba el corazón amante. Peligro en los informes del semblante por Leonor la lisonja os he estimado, y pagar os la quiero de contado, luego habéis de casaros. Cuando. Luego, esta noche? No os ruego señor Don Pedro, que también quisiera yo, que esta noche fuera, pero han de prevenirse algunas cosas, que para un casamiento son forzosas. Eso no os de cuidado Don García, que pues vos lo queréis, y es hija mía Leonor, hará mi gusto porque yo se lo mando, y es muy justo. Prevenidas están las voluntades, que bastan, excusemos vanidades, entrad, visitaréis a vuestra esposa. Señor Don Pedro no es justa cosa, que estos lances se traten con tanta prisa, haced que se dilaten hasta que llegue tiempo convenible, porque casarme ahora, es imposible. Mucho decís en eso Don García, y pues nunca rogó la sangre mía, ni yo os he de rogar, sabre aunque viejo remitir a violencias el consejo, y serán castigando demasías, espadas blancas, estas canas mis. Discurrid como sabio, no hagáis agravio, lo que no es agravio. Yo se lo que es honor, y lo he sabido, y estoy de vuestras cosas ofendido, Qué cosas. Los paseos, rondas y galanteos de mi casa, que han dado escándalo al lugar, pero vengado lo dejaré, primero que se entienda. Basta señor Don Pedro, que no he sido quien el mayor escándalo que habido en vuestra casa. Qué decís? Que siento que a vuestro honor atento el vulgo le murmure, y que se crea el escándalo sea verdad, y esté yo cierto, que no he sido la causa del escándalo creído. García oíd, no sabéis, que es esto ay cielos, pero calle la queja, hable el agravio, no entre el sentimiento con el lavio, la voz con los enojos, ni el dolor a la parte con los ojos, Mi honor padece, y el dolor es tanto, así pusiera la atención al llanto, y el remedio a la queja, Leonor salga de los ojos del vulgo, y no la valga por disculpa mi sangre, y su inociencia, parte secreta tengo yo en Valencia, donde ella viva, y mueran mis enojos, quitándosela al vulgo de los ojos. Esto ha de ser, y voy a que al momento ponga en ejecución mi pensamiento, pero ella viene aquí Leonor, tú bienes a buen tiempo. Qué tienes? que el disgusto en los ojos te he leido. A tu honor, y mis canas se ha atrevido, infame una lo speha! Ay Dios, si sabe mi amor, y el de Don Juan, desdicha grave a mi honor. A tu honor, no lo he creído Leonor, porque si hubiera presumido que tus ojos han dado ocasión, al delito que escuchado, yo propio le vengara, con las manos, los ojos te sacara. Pero yo se, que está mi honor seguro, solamente procuro satisfacer al vulgo, y así quiero quitarte de sus ojos al cochero. Manda que ponga el coche, y te lleve al jardín, porque esta noche, has de dormir en él, yo voy delante, y haré que se prevenga lo importante. Tan de prisa señor, aguarda, espera, no bastará mañana, o quien pudiera avisar Don Juan. Pues tu rhusas, venir conmigo? Aquestas son excusas, por tu comodidad. Esto es lo justo, y esto ha de ser Leonor. Haré tu gusto, mi padre va al jardín, y descuidado, Don Juan, mi amor culpado, mi padre cuidadoso, notada mi opinión, mi amor quejoso. Yo con desaires, y Don Juan con celos, hay más desdichas cielos, basten, basten los daños, acabaré mi vida con mis años, y no dure el dolor, mas que la herida, o bien me lleve de una vez la vida, cielos, vuestro rigor, o mi tormento, o de una vez me lleva el sentimiento, quien pudiera avisarle lo que pasa a Don Juan, que está Ines fuera de casa. Ahora, o quién pudiera hacer que se saliera, que aunque viene quejosa de su pena celosa, que mi crédito infama, nunca olvidó, quien ama. Ni vive ni sosiega el alma en el cuidado, que en viendo las desdichas a los ojos hasta los riesgos duran los enojos. Señora, que das voces. Ines, seas bienvenida, pues conoces el rigor de mi padre, un grave daño, procura remediar. Suceso extraño, habla, dilo señora. Que va mi padre hacía el jardín ahora donde vive Don Juan corre al instante, avisale que huya. No es tu amante tan descuidado, que temer se pueda, que esa, ni otra desdicha le suceda. Mira Ines, que se va mi padre ahora. Poco importa señora. Háblame claro Ines, hay pena mía. No está ya en el jardín, como solía Don Juan? Valedme cielos, pues dónde esta? Que le dejo con su prima, que con ella se casa, que la estima, y tu amor atropella, llevé el papel que me mandaste, y ella respondió, que contigo se vería, grande es la pena, pero no sería piedad el encubrirla, tu repara, y aquel cielo, en desdichas se declara, que tu honor, más perdona que a los ojos. El eco me salió de sus enojos y como en ellos tengo tanta parte por afligirte, mas quiero dejarte. De espacio penas, de espacio, no os deis tanta prisa enojos a tiempo llegáis desdichas celos, vamos poco a poco. Y si venís a matarme daos lugar unos a otros logre cada cual su muerte que vida aura para todos. Para todos aura vida, no porque mi esfuerzo solo no sobra para una vida, ni porque yo las estorbo. Su poder a las desdichs, mas porque de ellas conozco, que ni pretenden mi muerte, ni buscan mi desahogo, Pues sin que maté ninguna afligen todas de un modo, de suerte, que no es piedad, el no matar, es ahorro. Él no morir, que le importa, al valor, que mis enojos dilatando lo ejecutivo. Aumentan lo riguroso, a quien le auran sucedido las desdichas que yo lloro sin que lastimado pierda la vida, o el juicio todo. El vulgo a mi honor se atreve argos siendo de mis ojos, mi padre vengar procura en Don Juan, agravios propios, mi amor divierte en sus canas, ya la venganza, ya el odio; yo constante en los peligros, o los venzo, o los reporto. Doña Aua de mí se vale para intentos amorosos, y cuando por obligarla viviendo Don Juan celeso, y debiendo asegurarle los desengaños le estorbo, y amí, el decoro me pierdo, por no perderla el decoro. Viendo ya por su ocasión mi honor a riesgo notorio, ni a Don Juan le desengaño, ni mis finezas apoyo, ni sus secretos descubro, ni las verdades pregono, antes contra mí se vale de la fiereza, y el modo. Mas que me admira el suceso, si yo misma me deshonro, y por los respetos suyos falto a mis respetos propios, pues fue la fineza oculta siendo público el oprobio, y aquello no lo vio nadie, y aquesto lo vieron todos. Tanto amor, mas yo me corro de acordar finezas mías cuando mis agravios toco, porque le amaba las hice, de haberlas hecho blasono, y ahora que las olvida, porque las pierdo, las lloro. Qué he de hacer, pues si a Don Juan de mi inocencia le informo, y la verdad le refiero, no ha de creerla, y me pongo a peligro de un desaire más grosero, y más costoso. Hacerla, cargo a Doña Ana de la obligación tan poco, pues supo no agradecerla, y negarla sabra, y todo que quien no excusó lo ingrato no excusa lo mentiroso, dar la mano a Don García, no es venganza, hacer notorios. A mi padre los agravios, es solicitar su enojo aventurando la vida de Don Juan, cielos no hay modo de consuelo amis desdichas, a un dichoso se hace sordo, vuestro rigor a una queja, mostráis indignado el rostro. Para cuando son los rayos de la esfera luminosos, si ahora en mudas piedades duerme el aire, pero como pido al cielo más venganzas cuando los agravios propios me vengan de quien los hace, que a un ingrato, a un alevoso condenarle a ser ingrato, es castigo, y es ahorro, pues se le dobla la pena sin que cueste el alboroto. Así pues me dice el tiempo que en sucesos amorosos, ni son méritos las penas ni las finezas soborno, sufris penas, no es desdichas, hacer finezas, no es logro, lograr venturas, es tarde, vencer peligros, es poco, llorar dichas, no es alivio, pedir rayos, no es asombro, dejarse morir, es culpa, y el morir matando odio, solo entre tantos pesares, y entre tantos daños solo, sufrir más, por querer más será venganza de todos.
JORNADA TERCERA
jornada tercera Esto ayer me sucedio con Don Pedro, y me ha pesado de haber a Leonor culpado, mas de suerte me apretó, con fieros, y con porfías, que para adobar mi honor le eché la culpa a Leonor de las dilaciones mías. Aunque anduviste sobrado, por ello el caso no fue para menos, ya se ve, porque hacer a un hombre honrado casar, estando celoso, y que atropelle su fama por no ofender a una dama es lance bien riguroso. Y aunque no pudiste hablar con la certeza que yo en los celos que te dio Leonor, cuando haya lugar, y importe, daré a entender que son tus celos verdad, y con más seguridad que nadie, lo puede hacer. Qué dices? Que yo me allano a volver por tu opinión, ahora es buena ocasión de divertir a mi hermano. Del intento que tenía, pues cumplo así con su amor, con Don Juan, y con Leonor, y con Doña Ana, García. Mil días ha que deseo hablar a solas contigo, como hermano, y como amigo, porque empeñado te veo. De suerte, contra Don Juan, por su padre de Leonor que hablan mal de tu valor cuantos en Valencia están. Si es Don Juan nuestro enemigo, yo a la venganza me hallano, pero sea nuestra mano la venganza y el castigo. Porque ya de compañía a tu honor satisfacción, o es linaje de traición, o especie de cobardía. Cuando viven encontradas dos casas, como hoy lo están la nuestra, y la de Don Juan, no se llega a las espadas. Porque en el que más blasona, de bizarro es la porfía de sangre a sangre García, no de persona a persona. Que aunque aquestas opiniones tarde entre nobles se olviden, por lo menos nunca piden sangrientas ejecuciones. Perseguir a un desvalido es delito del valor adelantar un rigor, es declararse ofendido. Y ofrecerle una beldad, el que vengarse procura, es venderle una hermosura, y comprarle una crueldad. Y habéis de quedar García si la venganza se alcanza Don Pedro con su venganza, y vos con la alevosía. Y cuando tu amor procuré, que honrado y dichoso salga, no es bien que a Leonor le valga una traición su hermosura. Si casándote evitaras más muertes, y más disgustos con pensamientos tan justos, a Dios y al mundo obligaras. Pero ejecutar rigores, dar venganzas, y verter sangre, y que este haya de ser el precio de tus amores. O es prevenirte el castigo tu propio, o es avisar a la muerte, o desear al cielo por enemigo. Aunque es de hermano menor el consejo le admitiera, si yo fuera libre, y fuera, la paz de consejo amor, pero que amor, si porfía, no intenta temeridades! García, hablemos verdades, bastan engaños García, que no es disculpa el amor aunque con él te disculpas cuando en el amor hay culpas que se atreven al honor. Si lo dices por mis celos no tienes que encarecer indicios, que pueden ser engaños, y no celos. Mira que te vas buscando el mayor agravio a ti, que por engañarme a mí te estas tu propio engañando. Don Diego, yo no te pido parecer, baste por Dios el consejo. Entre los dos cualquier agravio es partido, y el tuyo he de evitar por lo que me toca a mí. más ciego está que creí, y pienso que le he de hablar más claro. Digo que ayer, no di la mano a Leonor, porque de cierto temor. que mi honor pudo ofender me de esee asigurar, mas luego la he de pidir, que es Noble, y no ha de mentir, y yo me pude engañar. Cuando en lances tan costosos crecen los inconvenientes, a daños tan evidentes remedios tan peligrosos. Con otro, intento venía, pero perdone Leonor, porque primero es mi honor, y el de mi hermano García. Ya que a verte ciego llego decir verdades, no dudo, porque no he de estar yo mudo. cuando tu amor está ciego. Mientras pueda hallarse medio al mal que se va aumentando, no es justo aguardar a cuando esté el daño sin remedio. Mucha pena te ha de dar lo que ahora me has de oír, mas hoy lo puedo decir, mañana lo he de callar. Declárate más. Si haré pues no me entiendes así, Leonor quiere, y no es a ti. Sabes lo tú? Si lo sé. Pues como si lo has sabido primero no lo has vengado? Porque no estás agraviado de que a otro haya querido, si porque le vio primero, le amó primero que a ti? Conoces al hombre? Sí García, y es Caballero de los Nobles del lugar. Di quién es, o abre creído, Don Diego, que te ha movido otro fin particular, para darme este disgusto no estando bien informado. Tan al reves has pensado, que estés faltando a mi gusto por no faltar a tu honor de esto hablaremos después los dos, sabe ahora que es Don Juan galán de Leonor. Cómo puede ser, si está ausente. Esa voz se ha echado, pero él esta retirado en un jardín, Leonor va a verle, bien lo se yo. El jardín es de un pariente de su padre que esta ausente, y las llaves le dejó. De todo estoy informado ya, aunque lo pense callar, porque un Noble ha de guardar secretos que le han fiado. Este es honor, cuerdo eres, y si a los lances de amor, el vencerse es más valor. Repara, pero que quieres Julio? Don Pedro de Luna quiere verte. Esto es peor. Vendrá a volver por su honor Don Pedro sin duda alguna, dile que entre. De que modo piensas hablarle. Don Diego, vete lo que quiere, y luego será mi honor sobre todo. Solo os había menester señor Don García a vos, mas no importa, que a los dos os halle juntos ayer me respondistes García llegando yo muy contento, a abreviar el casamiento de Leonor, porque quería casarla luego, por darle tan buen marido a Leonor, que no erades el mayor escándalo de mi calle. Entonces no os respondí, y ahora vuelvo a saber, quien la causa puede ser, que ofende a Leonor, y a mí. Si fuere cierto García, la advertencia os deberé, sino en vos castigaré vive Dios la demasía. Repórtate, y no le digas, que es el que quiere Don Juan. Cuando en tal estado están las cosas, poco me obligas en encargarme el secreto. Señor Don Pedro, yo soy vuestro amigo, y así os doy cuenta del daño, y prometo de cumplir cuanto ofrecí, hasta dejaros vengado. Mas decidme, os han dejado las llaves de un jardín? Sí. Pues quien os ofende a vos, y me da celos a mí, vive retirado allí. Qué decís? Que de los dos temiendo quizá el castigo, quien puede haberlo mandado le oculta, haciendo sagrado la casa de su enemigo. Y aún por eso resistia . Leonor, que me adelantase, y que al jardín la llevase, muerto voy, a Dios García. Dónde vais. Voy a tomar venganza de mi enemigo. Pues para cumplir conmigo os tengo de acompañar, que no será bien contado de nuestra amistad estrecha, que inviándoos con la sospecha me aparte de vuestro lado. Con celos va, y con amor, pero en lance tan forzoso, más vale que esté celoso, que casado, y sin honor. Y pues al jardín se van los dos, los he de seguir, por si le puedo advertir de su peligro a Don Juan. Que una cosa es en mi fama viendo mi agravio tan llano, ser hermano de mi hermano, y otro amante de mi Dama. Con grande prisa nos fuimos del jardín, haciendo extremos de los celos, que sentimos, mas por Dios, que nos volvemos con más prisa que salimos. Yo confieso que salí triste, y celoso de aquí, pero confieso también, que salí queriendo bien, no hice mucho si volví. En este jardín vivía, aquí de Leonor gozaba, y cuando ella no venía, su hermosura me acordaba cada rosa que salía. Yo vi una vez un jazmín teñir en sangre su flor, dudé, reparé, y en fin, no fue, si no que Leonor entraba por el jardín, que como a las luces bellas del sol, y sus rayos rojos, son las visumbres centellas, así en virtud de sus ojos, juran las flores de estrellas. Pues si es tan bella Leonor, que hace estrellas de las flores, como puede ser señor, oír lágrimas, y amores, sin piedad, y con amor? Yo vi a Leonor, ya lo sé, tuve celos, ya los vi, en este jardín la hable, lloró, y no me enternecí, rogome, y la desprecié, busqué a Doña Ana, es verdad, quise amarla, fue rigor de una ofendida lealtad. Vuélvome ahora a Leonor, esto es pura voluntad, porque amor, es niño, y tiene desigualdades, y ya su modo de obrar previene, que ni ofende aunque se va, ni obliga cuando se viene. Y pues que tiene que ver ser niño amor, con tener celos de Leonor que llora, con venirla a ver ahora, y con despreciarla ayer? Aquel llorarl a perdida, y no creer la rogado, irse, y pensar que la olvida, volver, y estar confiado, y buscar la despedida, todo es amor, y amor, es como un niño en todo, pues si algo le quitan se enoja, llora, y dánselo, y lo arroja colérico, mas después que se fue quien le enojó, luego que solo se vio, y el llanto empezó a enjugar, el propio vuelve a buscar lo mismo que desprecio. Así a un amante le quitan con los celos el amor, los celos al llanto incitan, y cuando con el favor alagarle solicitan, celoso, enojado, y ciego, desprecia el llanto, y el ruego, pero que viene a importar, el hacer, y el despreciar, si vuelve rogando luego. Por Dios que lo has discurrido, bueno, rebueno, y tan bueno, que es de lo bueno que he oído, y ya ni el volver condeno, ni culpo el haber salido. Pues abre el jardín, Yo? Sí, Tan presto te has olvidado de que ayer cuando salí dejé tu cuarto cerrado, y la llave te volví. Dices bien, no me acordaba de que la guardé Lirón, toma, y abre. Aquí se acaba de confirmar tu pasión, que esto solo te faltaba, llego, y abro. Lirón, di al cásero que volví. Señor allí va el casero junto aquel cuadro primero. Quieres que le llame? Sí, pero él nos ha visto, y llega. Fabio, yo te vuelvo a ver aunque no lo pense ayer. Posible es señor que os ciega tanto el amor, que a perder la vida os entráis así! Qué es lo que decís? Don Juan, mirad por vos, y por mí. Pues que hay de nuevo. Que están Leonor, y su padre aquí desde anoche, y que se viene, Don Pedro a vivir de asiento al jardín. Misterio tiene la mudanza. No es mi intento daros pena, antes previene vuestros peligros amor. Pues qué ocasión le ha movido a traer aquí a Leonor. Con Don García ha tenido un disgusto mi señor, y lo que anoche entendí, su padre la trajo aquí para que nadie la vea. Nada escucho, que no sea otra pena para mí, Don Pedro está en casa? No, esta mañana salio. Y Leonor? Pierde el sentido en pensar que os habéis ido. Qué hace ahora? Pienso yo que a Doña Ana esta aguardando. A mi prima? Sí señor. Válgame el cielo, a Leonor retira su padre, dando causa al retiro el amor de García, y a enojarse tanto los dos han venido, que la obliga a retirarse. Que vio en Leonor, que ha tenido por remedio el ocultarse, pero sin duda que vio algo de lo que vi yo, mas ya no he de verlo más. Sin ver a Leonor te vas, quieres que la llame? No, sin hablarla me he de ir, pues solo me ha de servir de más pena, y más cuidado. Espera, un coche ha parado, y ya no puedes salir, sino quieres que te vea tu prima, porque ella es la que del coche se apea. Pues no he de ser descortés, ya que ingrato a su amor sea, ni ella me ha de ver aquí, ni a Leonor tengo de hablar. Qué delito cometí cielos, que me hacen andar escondido aquí, y allí. Para esconderte mejor de tu prima, y de Leonor, en ese aposento a donde solías vivir te esconde, pues tienes llaves señor, y al jardín salen las rejas, que en hallando la ocasión te saldrás. Bien me aconsejas, abre esta puerta Lirón. Maldiciones son de viejas, entra pues. Pierde cuidado, Fabio a tu cuarto me acojo. Por qué? Porque me acongojo en hallándome cerrado. Luego que el coche sentí bajó a buscarte mi amor. Porque no tengas Leonor mayores quejas de mí te vengo a satisfacer, de que muy tu amiga soy. Para la pena en que estoy todo será menester, sube a sentarte. No amiga, ahora espacio no tengo, porque a venir como vengo solo tu pena me obliga. Pues si no quieres subir, aquí te puedes sentar. Dices bien. Pues a escuchar empieza. Empieza a decir, y no tienes que afligirte, porque en llegando a escucharte tardaré en asegurarte, lo que tardaré en oirte. Crey que se habían entrado Doña Leonor, y Doña Ana, y junto a esa otra ventana a hablar las dos se han sentado, y pues no saben que aquí las oino, escondido quiero saber, si el mal de que muero es mayor del que temí. Lo primero he de saber, si está Don Juan en tu casa, porque el alma me traspasa pensar que se salió ayer para no verme jamás. Ayer estuvo conmigo, Don Juan la verdad te digo, pero no le he visto más, Siguras las dos estan de que las escucho. Cielos, ya no me bastaban celos, sino ausencias de Don Juan? Prosigue Leonor, mas di hay quién nos escuche? No; porque Don Juan se llevó la llave al salir de aquí, y mi padre piensa, que su dueño dejó cerrado este cuarto, y ha mandado que no se abra, dicha fue para que no viera aquí su cama. Leonor ignora que entre dentro. Y así ahora puedes escucharme. Di. Tú me escribiste un papel, aquí Doña Ana le tengo, diciendo que le importaba a tu amor, y a tu sosiego el hablar sin embarazos en mi casa con Don Diego Fajardo, Cielos, qué escucho! Y para entrar con secreto en mi casa me pediste el coche, porque sin riesgo tú por la una puerta entrases, y luego en anocheciendo Don Diego por la otra puerta envíe el coche. Ya me acuerdo Leonor, y así no refieras tan por menor el suceso, pues no olvido la fineza, ni la obligación te niego. No Doña Ana muy de espacio te he de decir lo que he hecho por ti, con las circunstancias, que se fueron ofreciendo, porque sepas lo que olvidas, y sepa yo lo que pierdo. Viote Don García entrar en el coche, y presumiendo que era yo la que en el iua siguió el coche desde lejos, Y para encubrirte de el torcio el camino el cochero en fin acertó a pasar por este jardín, a tiempo que me esperaba Don Juan. Sentidos estad atentos a una verdad que os importa vida, y honor cuando menos. Vio pasar de largo el coche a Ines al estrivo, y luego a Don García de tras, no hizo mucho en tener celos, y más cuando vio en la calle, que entró embozado Don Diego, y le resisti la entrada de suerte que entró con celos, y salió con desengaños tan claros, como groseros. Y don García que estaba receloso por lo mismo, llegando mi padre ayer a hablarle en mi casamiento, perdió a mi honor el decoro, y a sus canas el respecto. De forma que por hacerle un gusto a tu amor, le he hecho a mi opinión, un pesar, un agravio manifiesto, a mi padre una injusticia, a mi amor, y a mis deseos, y a mi amante, que es lo más, un disgusto, y un desprecio. Esto me debes Doña Ana, y en pago de esto te debo, que tratas según me han dicho con Don Juan tu casamiento. No lo he creído Doña Ana, no por Dios, porque a creerlo, ni tú, ni Don Juan, ni el mundo, ni la muerte, mas no quiero por si hubiere de ser rayo avisar con el estruendo. Lo que importa es procurar a ese daño algún remedio, con que Don Juan se asegure, y mi honor quede bien puesto, Porque en llegando mi fama a que la murmure el pueblo, y a que mi padre, y Don Juan la culpen, yo soy primero. Y no estés tan mal conmigo Doña Ana, que si no veo, que tú te empeñas por mí, como yo por ti me empeño me deje morir callando, y así te digo, que en viendo, que faltas al beneficio, te he de faltar al secreto, Hallando voy esperanzas entre los peligros, cielos, si con tan nueva ventura no estoy loco, no estoy cuerdo. Sin responderte Leonor a la amenaza, y los fieros, porque donde no hay delicto son las disculpas sin tiempo, y no he de olvidar temosa lo que obligada agradezco, porque a lo que yo imagino sobre ser ingrato, es necio. El que es ingrato por dar a entender que puede serlo, ni he de querer a Don Juan, ni he de olvidar a Don Diego. Y así piensa que finezas hacer en tu abono puedo, que sin recelar ninguna desde ahora las ofrezco. Hablarle claro a mi primo, y decir que no le quiero es poca fineza, pues hacerle a un hombre un desprecio, es vanidad de una Dama aunque sea con otro intento. Y yo no he de hacer por ti finezas, en que con riesgos, me quede de más a más la vanidad por consuelo. Declararme con mi padre, es tan poco que es lo menos, pues siendo suya mi fama ha de procurarla atento. Y aunque al decirle mi amor me salgan colores, tengo para su cólera, un llanto, y para su enojo, un ruego. Lo que es más será perderme, tanto a mi misma el respecto, que le declare a tu padre todo el caso, y le haga dueño de mi honor, pues si le digo, que no consienten mis deudos. cuando el persigue a mi primo, que case yo con Don Diego. Y echada a sus pies le pido, la vida de Don Juan creo, que me ha de escuchar piadoso, y ampararme Caballero. Y Don Juan viendo que he sido yo la ocasión de sus celos, que los confieso yo propria, será tuyo, y dejaremos castigado a Don García; agradecido a Don Diego, desenoja lo a tu padre, a mi primo satisfecho, dichosa a nuestra amistad, y desengañado el pueblo. Declarose la fortuna en favor de mis deseos, sola esta satisfacción pudo haber para mis celos. Mucho me obligas Doña Ana. Yo pense volverme luego Leonor, mas no he de salir de aquí, sin hablar primero a tu padre. Bienhas dicho. Y por si dúdase de ello a Don Diego he de escribille la resolución que emprendo para que no se adelante. Ines está en mi aposento, y ella te dará recado de escribir. Voy al momento. Busco remedios al daño, no porque los piense hallar, mas por ver si por hablar en ellos la pena engaño. Pero si no hay desengaño tal, que a Don Juan le despeñe, aunque yo piadosa ordene poner en salvo su vida, en vano cura la herida quien dentro la flecha tiene. Que siendo el agravio incierto, sea cierto mi deshonor, que no le baste a mi amor ser firme para ser cierto. Mi verdad han encubierto sus ojos, y sus oídos, mas si fueren permitidos contra el humano Poder, que aún los haya menester la verdad a los sentidos. Que esté yo amando a Don Juan cuando el piensa que le ofendo, yo adorando, y el creyendo celos, que a matar le van. Que aún dejarle no podrán mis lágrimas satisfecho, y que nada es de provecho, no, pero en tan triste calma, verdades salid del alma, suspiros dejad el pecho. Alentad corazón mío, ojos llorad una fe perdida, un bien que adoré con mal logrado albedrío. Sea vuestro llanto un río de penas, sin que jamás vuelva su corriente a tras, porque mis ojos se alaben de firmes, y de que saben sufrir más, por querer más. Ay Don Juan del alma mía. Deja mi bien de afligirte, que aunque yo pierda el oirte, no ha de ser mi amor porfía. Porque fuera grosería a demás del llanto en mí, si después que hallé, y que vi tan clara satisfacción, sosegado el corazón cupiera dentro de sí. Temiendo el peligro entré, y hallé una siguridad, mis celos la hacen verdad, porque al descuido lo fue. Creila porque la hallé desnuda, y no procurada, porque una verdad buscada, cuidadosa, y prevenida, comenzó a no ser creída desde que nació adornada. Estoy tan echa a morir, que apenas el alma advierte, si el morir fue para verte, o el verte es para morir. Mas pues no se distinguir esta gloria, ya que el daño, dilátese el desengaño, dure esta gloria fingida porque me dure la vida, lo que durare el engaño. Hallote desengañado cuando te lloré perdido, sentí que te hubieras ido, ya siento que hayas entrado a peligro, de que airado mi padre te dé la muerte. Y aunque es dicha grande el verte, el no inviarte es desvarío, porque ahora que eres mío será más pena el perderte. Déjame que logre el pecho el bien de oírte Leonor, sin que ofendido tu amor quede en lágrimas deshecho. Luego está ya satisfecho. Si Leonor, y asegurado. Bien haya lo que he llorado, pues cobré mi bien perdido. Mal haya lo que he tenido, pues tuve al sol enojado, vi en tus lágrimas mi fuego, y mi desengaño en ellas, vi que tus megillas bellas las formaban perlas luego. Y aunque entré celoso, y ciego de sospechas, y de enojos mis celos rendí en despojos, porque se lleve la palma de los temores del alma una por la de tus ojos. Todo ese valor les dan a mis lágrimas ahora tus finezas. Sí señora, y siempre el mismo tendrán. Pues yo me acuerdo Don Juan, cuando de piedad ajeno tu amor, y de enojos lleno, sin excusar mis enojos, cada lágrima en mis ojos era en tu boca veneno. No me refieras mi error cuando yo tu amor refiero, ni haciéndolo más grosero, le hagas más firme Leonor, ni allí pudo más tu amor, ni pudo menos aquí, porque nuestro amor allí nubes de celos cubrían, y tus lágrimas salían menos claras que hoy las vi. Viste la concha del mar, que bebiendo el sudor frío, del halba de aquel rocío la perla empieza a formar, y si acierta el sol a estar sin sombra, nuve, o vapor, más clara, y de más valor aquella perla se cría, pero si está pardo el día pierde el precio, y el color. Causando esta variedad, no el alba que el sudor llueve, ni la concha que la bebe en corta capacidad, sino la desigualdad del cielo, claro, o cubierto de nuves de quienes cierto, que esta mudanza procede, pues lo mismo le sucede a cuantas lágrimas vierto. Que cuando el cielo de amor nuves de celos cubrieron, entre sus sombras perdieron mis lágrimas el valor, más pasado aquel temor, vale en fe de que te adoro cada lágrima un tesoro, porque se daba a este acierto, no la fe con que las vierto, sino el tiempo en que les lloro. Por qué logres tus finezas mis disculpas te agradezco. Oh que bien tras un enojo escucha el amor un ruego. Con qué gusto hacen las paces dos amantes que riñeron. Estimas mucho el quedar de tus dudas satisfecho? Tanto Leonor, que volviera a estar celoso de nuevo, si pensara hallar después un desengaño tan cierto. Aunque es tan bueno Don Juan este rato, no más celos, pues no se halla a cada paso satisfacción para ellos. Mas ay de mí, no es la voz de mi padre la que siento, el cielo libre tu vida. Alguna desdicha temo, Ines dónde vas? Señora bajé a llamar al casero, para que un papel llevase, que Doña Ana esta escribiendo. Y hallé a Lirón que me dijo, que está Don Juan acá dentro, quise velle, mas tu padre, con Don García, y Don Diego entraron en el jardín. Qué dices! Valedme cielos, Don Juan, mi bien. No me pidas que huya, porque primero me han de hacer dos mil pedazos. Eso es perderme, y perderos, mi bien, Don Juan. Han sabido, que estoy aquí, y se han dispuesto a tomar venganza, o vienen a firmar tu casamiento, y en cualquier caso me importa esperar a defenderlo. Yo no os digo, que os salgáis del jardín, pero os advierto, (muerta estoy) que puede ser que vengan con otro intento. Escondeos en esta cuadra, y cerrad vos por de dentro, y si vieredes mi vida, o la vuestra en algún riesgo, salid entonces Don Juan. De esa manera, yo acepto el esconderme Leonor. Poco a poco Caballeros. Cierra por defuera Ines esa puerta. Ya la cierro. Así estara más seguro. Bien has dicho. Bien has hecho. Señor Don Pedro, este es criado suyo, y es cierto, que está en el jardín Don Juan. Ni es mi amo, ni ha de serlo, ni lo fue, ni lo será. Ni todos los demás tiempos, de pretérito, y futuro, perfecto, y pluscuamperfecto. Yo dejaré de una vez mis agravios satisfechos, que haces tú aquí? Yo señor, por tu gusto, más primero, pero yo no he visto a nadie. Bien esta, ciérrenme luego el jardín, hay honor mío. Escuchad señor Don Diego. Qué mandáis? Mi vida esta en grande peligro, y pienso, que os hauré bien menester, si os acordáis, Ya me acuerdo, y cumpliré mi palabra. Entendeisme? Ya os entiendo. Cuidado muestra Leonor, la llave de este aposento quién la tiene? Ah se perdido. Rompan las puertas. Primero señor que adelante pases. Qué alboroto es este cielos! Aparta, quita, desuía. La puerta abren por de dentro. Abre esta puerta Leonor. Echó la fortuna el resto. La voz es de mi enemigo. Padre y señor. Vive el cielo infame si me replicas. Esperad señor Don Pedro, que es vuestra hija Leonor, sepamos quien es primero el que se esconde, y obrad como Noble, y como cuerdo, abre esa puerta Leonor. Ya que encubrirlo no puedo, lo imposible del peligro, facilitar el remedio. Si para tantos agravios basta una vida que tengo, a precio de mucha sangre la he de vender. El respecto se pierde de esta manara a mi casa? De mis celos, e atento, y de tu ofensa, en su vida vengaré el agravio nuestro. Padre, señor. Primo? Hermano? Détenme Ines, porque estemos detenidos dos ados. Detenido estas y bueno. Suelta infame, o vive Dios, que en tu vida. Eso te ruego señor, que vengues tu agravio, mi delicto, y tu desprecio, en mi vida, y no en mi honor, aunque en el honor te ofendo, no he de soltar de tus pies mis brazos, sin que primero des a mi voz los oídos, escúchame ahora, y luego sin resistir tu venganza, daré la vida a tu acero, que me escuches solamente pido, García, Don Diego, si mis ojos, si mi vida, si mis llantos, si mis ruegos. Poco se pierde en oír a Leonor, señor Don Pedro, quiza puede haber disculpas. A agravios tan manifiestos puede haber disculpa? Sí. Cuales de son? ya sabes que mi hermano, mas no es justo acordarte el disgusto cuando el perdón te pido, hallose de mi hermano desmentido Don Juan, es Caballero, su desagravio remitió a su acero, este en suma fue el caso, y pues ya sabes, que son las leyes del honor tan graves, aunque estaás lastimado, pues eres Noble, y pues naciste honrado, que lo juzgues te pido como honrado, mas no como ofendido, amaba yo a Don Juan, tampoco quiero, cuando estas tan severo irritar tus enojos, diciéndote mi amor, porque los ojos a la piedad le ciega, el que acuerda delictos cuando ruega, solo diré señor que receloso, de tu agravio penoso, Don Juan quiso ausentarse, esto sí, muy de espacio ha de contarse, porque el verse temido, es el rato mejor del ofendido, quedamos pues con sola aquella herida, mi hermano sin la vida, tú con tu enojo, y yo sin mi esperanza, Don Juan con el temor de tu venganza, y entre un tormento, y otro repetido, ni tu matas, ni el muere, ni yo olvido, antes viendo su vida amenazada quede más empeñada, y opuesta a tus rigores, mejor en sus desdichas los favores, cuanto es acción más fuerte ayudar a una vida, que a una muerte, piedad fue, si parece inobediencia, o ponerme al rigor de tu violencia, pues mi vida en la suya defendía, y como yo le amaba, en el vivía, y si tú le mataras, sin mí, como fin tiempo te quedaras, aquí pues retirado, y escondido, hasta ahora ha vivido, y ahora le has hallado, siendo el cómplice yo de este cuidado, donde a un tiempo te llama, en mi hermano, tu pena, en mí, la fama, primero es mi opinión, nadie lo ignora, y así demose ahora, yo, la voz a los labios, tú, al oído, a la piedad las culpas, lugar al ruego, y al amor disculpas, si vengativo, si cruel le dieras dura muerte a Don Juan, porque le vieras en parte diferente, llorara yo su vida solamente, pero si aquí su sangre se derrama, el perderá la vida, y yo la fama, dueño eres de mi honor, repara, advierte, que si en darle la muerte tu venganza porfía haces precisa la deshonra mía, y dirán pues le hallaste aquí escondido, que ya estaba el delicto cometido, no es noble, no quien contra el ruego ofende como padre lo atiende, segunda vez te deberé la vida, y si borra la ofensa el que la olvida, triunfemos de la ofensa, y las crueldades, yo con los ruegos, tú con las piedades, y si me has de matar, mátame luego, no duren más las lágrimas, y el ruego, que si vas dilatando el castigarme, temo que no halles vida que quitarme, pues desatada en lágrimas, y enojos, se haurá salido el alma por los ojos. Esto quise decirte porque atento, midas con lo advertido lo sangriento, si mi ruego te obliga, mi error enmienda, y tu rigor mitiga, mas si el perdón no alcanza, comience por mi muerte tu venganca. Ahora que Leonor te ha declarado, mi amor, y su cuidado, y a tus plantas rendida, muere animosa, y ruega convencida. sino has de enternecerte, prosiga tu venganza con mi muerte, si a Don Pedro maté con mano airada, agravios de mi honor vengó mi espada, porque como el honor que en mí vivía, miraba entonces por la esposa mía, y en el honor me hirieron, fue forzoso, quedar honrado para ser su esposo, hasta ahora mi vida aseguraba, porque mi amor callaba, mas ya que le has sabido, ni huyo la venganza, ni la impido, aunque el peligro de Leonor me advierte, que públicas su infamia con mi muerte, a un tiempo ofrezco por lograr tu furia, o prevenir tu injuria, la vida al riesgo, o a Leonor la mano, obra piadoso, o mátame tirano, que pues las almas tiene amor unidas, basta una muerte para entrambas vidas. Advertid señor Don Pedro. Señor Don Diego esperad, que yo en lances de mi honor se lo que mejor me está. Por vengar mi honor he sido enemigo de Don Juan hasta ahora, y por lo mismo he de ser su amigo ya. Mas me debe la opinión de una hija por casar, que el dolor de un hijo muerto, la mano a Leonor le dad, A tus pies señor primero pondré la vida que es ya tuya. Señor Don García de aquesto no os ofendáis, que no pudiendo ser vuestra Leonor, porque era verdad. Vuestros celos, vos, y yo nos venimos a obligar, yo en buscarla otro marido, y vos en no lo estorbar. No lo estorbo, ni lo ofendo, antes digo, que será Don Juan mi mayor amigo, si gusta de mi amistad. Si la estimo, y agradezco, Y en señal de esta fineza, ha de ser parentesco desde hoy más. Dando la mano a mi prima Don Diego, y la he de pagar lo que a su Nobleza debo, que todo lo supe ya, con alcanzar de su padre el consentimiento. Haras un esclavo de un amigo, Tuya mi vida será. Ines, vámonos de aquí, porque tocan a casar. Eso no, libre me llamo, y acoto mi libertad. Y tenga aquí fin dichoso sufrir más, por querer más, agradeced los deseos, y las faltas perdonad.
