Texto digital de El sueño del perro
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Desconocido
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Auto
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El sueño del perro. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/sueno-del-perro-el.

EL SUEÑO DEL PERRO
Cha ha quí, cabra maldita; mal lobote de un mordisco, juro a San, que te parlisco, como si fuera una hormiga: mas, si se querrá alejar? pero yo te haré bajar, barbas de hisopo mundaño, si te acierto con la mano, esta piedra encarrilar. Ay qué fuego disoluto, y qué mal olor encierra! sin duda, que de la Sierra queman en ella algún puto. Bien lo han dicho con palabras, pues en medio está un quillotro, parecido en pies a un potro, y en lla cabeza a llas cabras. Jesús, qué fuerte visión sin duda, que es algún Brujo: o qué la barriga estrujo, según huele al camisón. Sí Jonás fue vomitado del vientre de una Ballena, en cristalinas salobres, y entre espumas pardas densas, yo del vientre de un abismo de confusiones, y penas, entre llamas, y dragones, y entre serpentinas fieras, desde el día del diluvio, que en vez de granizo, y piedra, que suelen abortos ser de lutadas nubes negras, Ángeles fuimos caídos desde esa región suprema, a donde fuimos cambiados en horror nuestras bellezas, nuestra quietud en asaltos, nuestro descanso en cautelas: todo nos lo quitó Dios, si no es el Don de la ciencia, y el sentimiento, por darnos mas duplicadas las penas. Hoy con lo que nuevamente me apura, asombra, y desvela; mas que con cuantos rigores contra mi forma su idea, es, que dormido soné: habrá en el mundo quien crea; ni en los encumbrados Cielos, que Lucifer sueño tenga, siendo el sueño fabricado para suspensión de penas? Yo lo tuve, para darme en él más tormento, y pena, pues soné, que un Pastorcillo; nacido de una Doncella, descendiente de David, rompiéndome la cabeza, ha de ser asombro, y miedo de mi inquietud, y soberbia, origen de mis rigores; y discurriendo en mi idéa, será terror del Páis infernal, que me rodea, y me circundo a más años, que la mar hoy goza arenas. En fin, por ser un Pastor, nacido de descendencia adúltera, el que me causa, entre el rigor, nuevas penas? juro por mi Cetro Real, que ya tanto me molesta, y Corona de volcanes, Silla de llamas tremendas, rigores, que me circundan entre confusas tinieblas, de ser de todo Pastor enarbolada saeta, diluvio de ardientes rayos, origen de sus miserias, ceguedad, asombro, y ruina de su inquietud, y cautela, engaños, pleitos, maranas, precipicio, muerte eterna, celos; que celos son causa para que las almas pierdan. El que se sujeta a amores, mucho de necio apercibe, pues que sé, que siempre vive circundado de dolores. Ah Pastor? . A qué mandáis? Gentil alarbe a la Fe. Yo más crianza no sé, si vos no me la enseñáis; pero siendo mal hablado, como se ha echado de ver, ni bondad podéis tener, ni átomo de bien criado: lo que importa es hablar biena Indicios dais de atrevido. Esto hereda el que ha nacido en el Pais de Belén, que todos son infanzones, sabios, corteses, y llanos, y si se aplican las manos, son todos unos Leones; y si de esto te alborotas, los más fuertes, si me enojo, maldito más, los arrojo por el aire: qué pelotas! Bien tu lengua se desliza antes que si quiere, luego exhalará de si fuego, para cambiarte en ceniza. Es excusado ese hablar, pues desde el pie hasta la frente soy de agua copiosa fuente, para ese fuego apagar. Cómo te llamas me di, que así blasonas de ufanó? Yo me llamo Feliciano desde el día en que nací; mas por ser aficionado tanto a cantar mis pasiones al son de diversos sones de aqueste palo cortado, Périco el de los Palotes me llaman, que por decirlo, si acaso yo llego a oírlo, hay géntiles papirotes. En efecto, Feliciano. de toda aquesta región tú eres el más valentón. Que se vulgariza, es llano. Pues advierte, y considera, que el que aquí hablando te está, temor, si quiere, pondrá a aquesa Celeste Esfera. Es mi valor tan subido, aunque ya eclipsada nube, que ninguno se me atreve si no cuando estoy dormido; pues hoy soñé, que un Pastor, paisano de aquesta tierra, me asombraba, y daba guerra. Vos sois un grande hablador, y de perlas no ensalzadas, siendo de poco valor, pues origináis temor aún de las cosas sonadas. No hay sueño a un desdichado, que verdad no venga a ser, si es para echarle a perder; y pues ya me he declarado de Pastores agraviado, en rigores no pequeños, aunque es agravio entre sueños, me tengo de hacer vengado de todos cuantos Pastores sois paianos de Belen. Y si acaso hubiere quien os cambie en pena, y dolor esa arrogancia tan loca? Quién me hará a mí esos agravios Yo, con menear los labios, que Dios me puso en la boca. Arroso eres, Pastorzuelo, yo ablandaré tu braveza. Que te deje la cabeza huérfana de todo pelo, si te toco aquesta mano, y el cuerpo sin alma, y vida. Idéa más presumida yo no la he visto en villano. Saldrás conmigo a campaña al plazo que fuere hecho, para ver quien en su pecho tiene más valor, y maña; Cuando vomitaras rayos, cuandó incendios exhalaras, tanto valor en mi hallaras, que te causará desmayos: nunca soberbio me ofrezco, a la campaña saldré, y a donde fueres iré: quieres más? Solo eso busco: ahora elige el instrumento con que quieres guerrear. No hay si no aguardar con un leno. . Soy contento? treinta días será el plazo. Treinta días puede ser, y al fin de ellos has de ver el valor de aqueste brazo. A las once de la noche será la hora señalada, y en el valle, a la estacada, junto al juncal de galoche, y adereza esos vigotes, para haber de guerrear. Yo sé que te hará temblar Périco el de los Palotes, y en la campaña verás quien tiene sangre, y valor, Veate yo allá, Pastor. Hidalgo, veate yo allá, que allí conocerás llano, que te excedo en el valor, En mi vida vi primor como en aqueste villano. Excelso libro, por cierto, es este, y tan jubiloso, que causa gloria, y reposo en solo advertirle abierto; todo es un undoso huerto de tan celestiales cosas, que cada letra es mil rosas, cada renglón un portento, cada punto es un milagro, cada palabra un asombro, y cuando su historia nombro, parece que el Cielo abona, según conduce alegría, anibelado a lo diestro, pues después del Padre nuestro, está aquí el Ave MARÍA; pero cierto ordenó el Padre, para más la festejar, el Cielo puede cantar: Dios te salve, Reina, y Madre. Pero esto que aquí relata es lo que más me enamora, pues dicen, que esta Señora ante sácula creata. Joseph casto, y venturoso, el mayor que hasta hoy se ha visto, pues merece ser Esposo de la que es Madre de Cristo: escúchame atentamente, y de mí sabrás prodigios divinos, y celestiales, milagrosos, como altivos. Es de advertir, que tu Esposa está criada abenicio en la mente Sacro Santa del que Tierra, y Cielo hizo; y así, de la culpa grave, que aquellos Padres antiguos, por la gula cometieron, con evidencia te digo, que a tu Esposa no toco; y en los venideros siglos habrá un Tomas valeroso, tan Santo como Divino, que dirá: Todos pecaron en Adan, y está entendido, que dirá bien este Santo; pero estará conocido de este Santo, que esta Virgen, pues es criada abnicio, que ella no es hija de Adán, pues su herencia no le vino; que a venirle, no encarnara en ella el Verbo Divino, porque gracia con pecado eternamente se ha visto; y así, dirá Tomas bien, mas será mal entendido de alguna gente indiscreta con este Joven Divino: quédate en paz, que me parto a mi Solio cristalino. Tras ti me llevas el alma, amoroso Paraninfo: vuelvémela, aguarda un poco, si deseas verme vivo. Irene, como te digo, usaremos tratagemas amorosas, sin que Bato de ningún modo lo entienda, Celidoro, sea de modo, que mi crédito no pierda, ni des luz a mi linaje, que siendo en cosas honestas, en tu gusto vive el mío, y mi pena en que la tengas, que amor con tal fundamento, no es justo que se apetezca. Esa discreción estimo. Bato, en cuanto se apacienta nuestro ganado en la margen de este arroyo, cuyas perlas fugitivas, se aniquilan, por oponerse a las penas; que tal vez, si bien se mira, la causa las acrecienta, que hay causa, que es causa justa, que muchos afectos tenga; porque efectos cristalinos, es bien que en cristal se vuelvan: Al fin, en cuanto el ganado despunta la verde hierba, la juncia, trebol, la grama, el cantueso, y la violeta, hemos de ordenar un juego, porque Irene se entretenga, que es justo la celebremos con alguna alegre fiesta, que es obligación precisa, de toda gente discreta, y a mante; que no hay mujer, que por sí no la merezca, cuanto más la bella Irene, que dio a Cupido las flechas, quedando más sagitaria, con más primor que antes era; pues es cierto, que más mata en solo ver su belleza, que también Bato presume de amante, y la galantea. Claro está: mira aquí a parte, sin que Irene nos entienda. Tan bellota es esta Irene, que me quillotro por ella desde la chola al zancajo, de modo, que si quijera, que lla diera aquesta porra, que a mi padre no lla diera, se lla diera en cuerpo, y alma. No fuera brava franqueza, si me pidiera lla porra, que yo se lla diera entera Fuera una cosa grandiosa: dadivas quebrantan peñas, Bato, y si así tú las sirves a las damas, cosa es cierta, que todas te adorarán. También lla dilla otra fiesta de leche llena la cuerna, y un papelón de alfileres, con más de media docena, y una abujeta de perro, para la su saya nueva, y una manada de berros, y un bravo troncho de berza, y al tomallo se sonrió, yo hicelle lla reverencia, y me dijo: Seréis, Bato, si vivís, hermosa bestia. Gran requiebro, por mi vida. Mi padre viene, y quisiera, que contigo no me hallara: Celidoro, tú lo ordena de modo, que no haya ruido, porque vive con sospecha. Irenilla? . Soy perdida, si me ha visto, y esto es fuerza el verme, pues que me llama. Ay qué palos se te ordenan, que es el viejo un Bercebú, y al cascar nunca recela. Irenilla, he de ir yo allá? Aunque te haya visto es fuerza el que aquí le deslumbremos, y ha de ser de esta manera: Ponga Bato tu capillo, y quítese la montera, y escóndete, bella Irene, detrás de aquella mimbrera. Plegue a Dios suceda bien! Capada invención es esta. Pícara desvergonzada, sin honor, y sin vergüenza; vive Dios, de una atrevida:: Ay de Dios! hay mi cabeza. Tío Armindo, venís loco? qué descompostura es esta? decid, qué os ha hecho Bato? Ay de Dios! ay mi cabeza. que me la rajó este viejo. Jesús! si no pensé que era Irene, como la vi con capillo. . Decid, bestia, tiene Irene tantas barbas. Este es capillo, o montera? Jurara, que era capillo, engáñeme, en mi conciencia: perdóname, por tu vida, que siempre la gente vieja vemos muy poco, hijo mío: nadie tal trabajo tenga; y el que no quiera creerlo, por su persona lo vea, plegue a los Santos, y Santas. Ay de Dios, hay mi cabeza que este viejazo me ha muerto; si con la porra pudiera, mil demonios me arrebaten, si no le diera con ella. Dime, Bato, estás herido? No tengo nada, en conciencia, que aquesto lo hago de burlas. Qué dice? . Que la cabeza parte a parte está rajada. Nunca yo nacido hubiera. Hay porra de los mis ojos! si muero, vos quedáis huerfana. No des esas voces, hijo, que el corazón me atraviesas. Traíganme quien me confiese. No vi más graciosa fiesta No he visto mayor desgracia. Ni yo mijor mi cabeza. Anda acá, hijo, a curarte: qué te duele? . Aquestas piernas, llas nargas, aquestos llomos, el pescuezo, y llas orejas, lla chola, y toda lla panza, los ojos, arcos, y cejas, y los vigotes también; y de lo que más me pesa, es de la porra; hay mí porra! Ea, hijo, ten paciencia. Ya, Irene, se fue tu padre, muy bien puedes salir fuera. Quéntame lo que ha pasado, así larga vida tengas, tan feliz como deseo, sobre la haz de la tierra. Cuanto ha que nací en el mundo, no vi más graciosa fiesta, ni la has de ver, bella Irene. Es posible? . Estame atenta; y sabrás todo el suceso, sin que átomo en él te mienta. Como tu padre te vio con nosotros en la vega estar hablando, llamote, y como no hiciste cuenta de obedecer su precepto, ciego de cólera llega, y como Bato tenía tu capillo, a espaldas vueltas, pensando él que eras tú, cuatro, o seis palos le pega en mitad de las costillas, que a acertarle en la cabeza; yo se le saliera a Bato harto bien cara la fiesta. Al fin, le hicieron creyese; que cuanto vio fue quimera. Bato de qué se quejaba? Hiriole? . No consideras, que según a mí me dijo, no le tocó en la cabeza? Mas el picaron de Bato fingió que la tenía abierta, quejándose dolorido, y el buen viejo con terneza lo acariciaba en extremo, pensando que era de veras. Digo, que es caso gracioso; en fin, ello ha habido fiesta, y todo a costa de Bato: y dónde está? . Muy apriesa le llevó el viejo a curar: corre ve allá, y tenme cuenta lo que pasa entre los dos. Pues yo voy, con tu licencia, a ver en qué para Bato con su invención de cabeza. Él se queja sin dolor, yo con él callo la lengua. Pues qué es lo que a ti te duele? ̱ . Toda el alma tengo enferma. Pues búscale tu remedio. Si no es que de ti me venga, no lo hallaré en todo el mundo, ̱ . Y en qué estriba? En que me quieras. Pues yo digo, que te quiero. Va de veras? . Muy de veras. Con esto quedo contento. Yo con esto voy contenta. Dame, mi Irene, una mano. Celidoro, ten prudencia, que aunque es verdad que te adoro; es para cosas honestas, y licitas a mi amor; y advierte, que la doncella, que llega a dar una mano, sin que sus padres lo sepan, todo el cuerpo entrega junto a su deshonra, y mi sería. Un padre, que me crio, y hermano, que me gobierna, tengo, loado sea Dios, gente de muy buena cuenta: si la diere por mí, mala, a quién podré dar las quejas? y amor con mal fundamento, no es bien de amor nombre tenga, sino de infierno voraz, que cónsume, abrasa, y quema pensamientos, honra, y fama, almás, cuerpos, y potencias. Admirado me has dejado, Irene, con tal respuesta; que respuesta tan honrosa, no es justo tenga respuesta, si no para colocarse éncima de mi cabeza por guirnalda de laureles, salpicada de azucenas. Irene de los mis ojos, hermosa, casta, y honesta; yo he de ser esclavo tuyo, si tres mil vidas me cuesta. . Infernal sueño, que rigor me originas no pequeño, da treguas a pavores, déjame perseguir estos Pastores (ra. de Belén, y su tierra, pues forma contra mi sangrieta guer- Un sueño tan pequeño, que ruve rigoroso en mi lecho infernal, y lobregoso, que un Niño me atormenta, pues hace me disfrace, cuando todo un infierno de mi nace! Pero a mis furias juro, que no tendrá Belen de mi seguro Pastor grande, o pequeño, por solo aquel Pastor que vi en el sueño blasonar valentías contra mis furias graves osadías. Feliciano atrevido, para hacia aquí su paso ha dirígido, y a su padre imitando, yo le he de hacer que viva así rabiando. ?. No har zagal, que amor no tenga en llegando a ser Pastor, si no fuera Feliciano, que jamás supo de amor. Feliciano? Feliciano? Cielos! sin duda esta voz es de mi padre difunto, o fuera de juicio estoy. Feliciano? . Quién me llama? Quién puede ser si no yo, que sol, sin duda ninguna, el padre que te engendró, que viene del otro mundo. Pues cuerpó de Dios con vos, para qué os andáis viniendo acá con tan mal olor? Decid, estáis en el Limbo? Por injusticia de Dios estoy, hijo, en los infiernos. Hizo mur bien, fueráis vos más manso, y más apacible, que si Dios os condenó, quizá fue por ser soberbio, y de mala condición. Por querer yo cosas justas Dios su justicia torció. Par Dios, padre, vos mentís, que no hace injusticias Dios. Parece que tienes miedo? Aunque en sí causan pavor difuntos aparecidos, yo no le tengo de vos, ni de cuantos muertos hay. Decid en breve relación a lo que venís, y luego idos con la maldición de Dios, pues os llevó el diablo. No muestres tanto rigor. Es esta mi condición, y no me podéis culpar, pues que la heredé de vos. Vengo de parte del Cielo (que el Cielo fue quien me envió) a decirte, Feliciano, que el desafío, que hoy tienes hecho, que lo dejes, que es tu contrario un león, y de él no has de salir bien; también es orden de Dios, que os ausentéis los Pastores todos los de la región de Belen, allá al Jordán, o con notable rigor todos trinchados seréis, y del mismo corazón la sangre os ha de beber el que te desafío; y no es mucho que lo haga, pues las apuesta con Dios; y a lo último que vengo es, que estorbes la ocasión de que se case tu hermana Irene con el Pastor Celidoro, que la adora, y os caséis con ella vos; y más, que importa matarlo, porque no haga implicación. En esto del desafío, decidle vos, padre, a Dios, que me tulla, o perniquiebre, que si no, no hay redención para que por mí se deje, que David, Pastor, mató a Goliar el Gigante. y podría matar yo a ese león tan valiente, como lo mató Sansón. Y en esto de los Pastores salirse de la región de Belen, y que se ausenten solamente de temor huyendo, porque procuran la sangre del corazón beberle, es cosa de risa; y por el Cielo de Dios, que no se me han de ausentar en cuanto viviere yo de Belen, por mi consejo, ni que lo consienta yo. Dios, decís, manda me case con mi hermana Irene yo, Dios no trata casamientos, que disparatados son. Allá cuando Eva paría esa ley se permitió, porque el mundo se poblara de gente, pero ahora no; porque si se permitiera, cuando a Tamar gozó Amón su hermano, quizá viviera Amón más, que no vivió; y aún no fuera permitido. Yo casar casarme yo, aunque no fuera mi hermana, aunque sea más que el Sol? La mujer es a mis ojos abominable visión; y tras esto presumir, que mate yo aquel Pastor innocente, porque adora a Irene, mi hermana. Adiós le decid, que es fuerza haber entre mujer, y varón amores, que no han de ser todos de mi condición, estériles, desabridos. Mira que lo manda Dios. Pues si Dios lo manda, mande, que no lo quiero hacer yo. Por qué? Porque no hay asenso en mí para una traición. Digo, que te ha de venir un gran castigo de Dios. No vendrá, que Dios es bueno; y vos grande enredador, y queréis me lleve el diablo, como os ha llevado a vos. Qué, en efecto, que saldrás al desafío? . Así Dios del Cielo me envie un rayo, que me abrase el corazón; y si acaso conocéis al que me desafío, decidle, que Feliciano, como quedó en condición, le aguardará en la campaña, al plazo que él señalo; y así, idos al infierno, que allá os estaréis mejor, que andar por aquí enredando. Entendeisme; padrastrón? que como yo soy el Rey, así sois mi padre vos. Pues quién sor? Vos lo sabéis: y guardaos no os haga el son con aquestos dos palillos. Quién? Yo, yo, que te mate, si te toco. . Soy yo novia, para que vos me toquéis? Mas apostemos, que os hago bailar muy presto sin son Que te haga tres mil pedazos. Ya te tengo compasión, póbrete tan viejo, y loco. Harto más loco sois vos, En ponerme con un loco; digo, que tenéis razón; y así, no quiero con locos tener más conversación. . No hay en el mundo villano de tanta resolución, de valor tan excesivo, de tan subido primor como aqueste Feliciano: puesto me ha en admiración. Do al dimoño el gaitajo, y el oficio bujarron, que esto de ser garteron es de terrible trabajo; porque no he podido hacer en toda aquesta semana, de esta caña larga, y vana, gaita que pueda taner; y gaita sin regocijo, que a veces no dan placer, luego dicen las mujeres, lleve el diablo a quien llas hijo; y así, porque se excusara, que aquesto me comprendiera, porque esta gaita tanera, consintiera me pelara el diablo todos llos pelos, que por aquí detrás son, Hor veréis este simplón, como lo circundan celos. Que no pueda hacer taner esta infame gailterona! juro a San, que es testarona, como si fuera mujer. Si cumples lo prometido, cuantas gaitas has forjado, yo haré tengan extremado, y muy suave el sonido: todas las podrás tocar como tu gusto ordenare. Si yo llas gaitas tocare, todas me podréis pelar a aqueste pelo trasero. Has de firmar brevemente, tinta, y papel hay presente. Daca, que firmar lo quiero. Si lo firma, vive el Cielo (lo cual llego a aborrecer) que lo tengo de peler, sin dejarle solo un pelo: paguen aqueste desvelo, que un Pastorcillo me ha dado, solamente en ser soñado, cuantos viven en Belen. Dirá si está bien firmado. A mi gusto está la firma. Ahora el sonido le irma: . yo digo, que sois honrado, que toca garidamente ahora. A ver estotra: . de contento estoy ya loco, que tien sonido valiente. Yo digo, si lla tercera toca como aquestas dos, que os doy licencia, por Dios; que me peléis lla mollera. Esta toca más mijor, y lla he de dar a mi Irene. El que me pagues conviene como hombre de bien, Pastor. E o, o o Soo E ̱.E.S o o e Sg i que deo rno ote ayovoo Sveneco vencor vozorvo a E E. E. e Oo a Q o E en E- BP Ea, veñid con dineros, mirad qué gaitas se venden. Animaos, querida Esposa, no os falte ahora el esfuerzo, que pues ya los gallos cantan, cerca tenemos el Pueblo: animaos, por vida vuestra. Amado Joseph, no puedo, que estoy tan rendida ya, que un paso más no me atrevo. Dejadme llevar, Señora, en los hombros vuestro cuerpo. por ver si podré llevar sobre mis hombros el Cielo; o si no, sobre este risco, que acompaña este arroyuelo, guardándole las espaldas, porque no le prenda el hielo, os podéis sentar, Señora, para que así descansemos hasta llegar a Belen, pues tan cerca le tenemos. Perdonad, Señora mía, pues yo quisiera teneros, aunque vos merecéis más, alfombras de terciopelo. Enjugad, Esposo amado, los cristales, que vertiendo vuestros parpados están, para crecer mi tormento. Que vengo cansada yo, Señor mío, no lo niego; pero viniendo con vos, aunque lo esté, no lo siento. Ay Esposa de mi alma! que bastante causa tengo para sentir vuestra pena, pues la inclemencia del tiempo, la oscuridad de la noche, el camino tan perverso, vuestras plantas delicadas; y al fin, vuestros anos tiernos, y predestinada vos para Princesa del Cielo, más hermosa que la Luña, pues sin duda se escondieron ella, y todas las Estrellas, envidiosas, por no veros: no queréis que llore, y sienta en tanta pobreza veros, que la piedad de un peñasco solamente os dé consuelo? Dejadme llorar, Señora, que aunque tuviera de acero, o de duro bronce el alma, se convirtiera en afecto. Sentaos, y sobre mis hombros podéis descansar el cuerpo, y así juntos con mi capa los dos nos abrigaremos. Estimo la voluntad, y el valor os agradezco, y a vuestros brazos me acojo, para descansar en ellos. Tened, Esposo, paciencia, que quiero romper el sueño, que me está dando combate con sus prolijos efectos. Descansad, que yo seré, mientras os dure el silencio, Argos del mayor Tesoro, que tiene la Tierra, y Cielo. Descansad, Madre de Dios, más hermosa que el Abril, que pues todo el Cielo os guarda; segura podéis dormir. Descansad, Madre de Dios, más hermosa, que el Abril, que pues todo el Cielo os guarda segura podéis dormir? Descansad, Virgen, pues tal dicha tenéis en el suelo, que os consuela desde el Cielo la Capilla Ángelical: Segura estaréis de mal, pues la armonía sutil del Cielo, dice, que mí! Ángeles están con vos: Descansad, Madre de Dios, más hermosa que el Abril; dormid sin tener recelo de temor, Esposa bella, pues os guarda tanta Estrella, con los Ángeles del Cielo, quien como vos en el suelo tal favor pudo advertir, pues merecisteis oír la ventura que os aguarda, que pues todo el Cielo os guarda, segura podéis dormir. Advierte, Zagala hermosa, que aunque descansas así, que antes que venga el Aurora, novedades habrá en ti. Advierte, Zagala hermosa, que aunque descansas así, que antes que venga el Aurora, novedades habrá en ti? Válgame Dios qué recelo me causa esta novedad, que diciendo la verdad, estoy convertido en hielo Mas si os guarda todo el Cielo, qué temor se engendra en mí? aunque diga desde allí, aquella voz milagrosa: Advierte, Zagala hermosa; que aunque descansas así!: Mas el verdadero amor, que os tengo, Señora mía, me suspende la alegría con un natural temor. Mil pena se hace; MARÍA; cuando indiferente aquí, considero lo que decir a la voz, Señora, que antes que venga la Aurora; novedades habrá en ti. Ya quiere el Sol de justicia alegre al mundo salir, siendo tú su hermoso Oriente, pues ha de nacer de ti. Ya quiere el Sol de justicia alegre al mundo salir, siendo tú su hermoso Oriente, pues ha de nacer de ti? Ya se acabó mi recelo; albricias, Señora, os pido, pues tal nueva os han traído. desde el Alcázar del Cielo: Con tal celestial consuelo, alegre podéis dormir; que habéis de combarir del demonio la malicia, porque ya el Sol de justicia alegre quiere salir. Dichosos llamo a mis brazos, pues tal dicha consiguieron, que sin méritos pudieron prenderos en dulces lazos: Quiero daros mil abrazos, para que me honréis así, pues en este instante , que sale el Sol más luciente, siendo tú su hermoso Oriente, pues ha de nacer de ti. Válgame Dios con que susto; amado Joseph, despierto pareciome que veía un Choro de Ángeles bellos, que cantando me decían, con Ángélicos acentos, que esta noche ha de nacer el Señor de Tierra; y Cielo; y a más de eso, las entranas. de tal manera las tengo, que cuanto hay en ellas son evidencia del efecto. Vamos, Esposo, de aquí, porque ya conozco; y veo, que se acerca por instantes. la hora del Nacimiento. Dejadme; Señora mía; que a vuestras plantas primero me postre, porque ya os miro con tantos merecimientos, que de estar a vuestro lado por mur indigno me tengo. Qué es esto? conmigo hacéis tan profundos rendimientos, siendo yo una esclava vuestra, y la que debe hacer eso? Levanntaos, no estéis así. Pues lo mandáis, quiero hacerlo, que como a Madre de Dios. me toca el obedeceros. Vamos, Señora, a Belen, que allá tengo muchos deudos; que se tendrán por dichosos de que a su casa lleguemos; y pues el Dios de Itrael le escoge por patrio suelo, venid, Vara de Jesé, y saldrá de vuestro pecho el Arroyo de la Gracia, que inundará el Emisferio. Dadme la mano, Señor, porque es oscura en extremo la noche. . Venid, Señora, que sobre mis hombros quiero llévaros hasta Belen, que de esta manera pruebo, si podré sobre mis hombros llevar todo el Mundo entero. Al fin, la ocasión previenes. a que no te la condena; con ser bella como Elena, mucho de firmeza tienes: y así, no temo baivenes, pues genió Dios tu belleza, con ser de naturaleza; patrona de ciencia os hizo; y para mi dulce hechizo un dechado de nobleza. De Feliciano mi hermano. saber puedes la intención, pues es muy justa razón, que me case de su mano. Y si mi hado tirano le causa aborrecimiento, con su gusto estoy contento; supuesto que el tuyo es, aunque yo llore después mil siglos de sentimientos. Eso has de hacer? Sí señora. Si vivo, por qué razón? A ser muerta, en conclusión; para el alma que te adora, siendo de otra poseida. otra habrá que te entretenga, No lo será en cuanto tenga este cuerpo entera vida: solo adoraré mi llanto. Calla, que es gran desatino. Pluguiera el Cielo divino, que no te quisiera tanto; pues no llegando a quererte con tan subido primor, no tuviera yo temor, que te había de perder. Desconfiados decretos colocas en la mudanza; mas si la desconfianza es madre de los discretos, con discreción amarás, y por mí te afirmaré, que yo no te perderé, ni tú a mí me perderás. Dicha tendremos los dos; próspera nuestra fortuna, porque al que ama a solo una; favorece Amor. Y a Dios, adiós, que viene mi hermano, y no quiero me halle aquí. El alma llevas tras ti. Que voy sin la mía es llano. Amor, no me seas tirano, que me ampares me conviene, para que aquí de mi Irene merezca sola una mano. A Celidoro mi amigo busco y no he podido hallarle; para de esto cuenta darle, y que vaya a ser testigo de mi herorco corazón. Ay, amor! tu auxilio imploro. Qué es aquesto, Celidoro? no me niegues la ocasión, dime qué te ha sucedido, harazme en esto favor. Tengo en el alma un dolor; y este me tiene tullido, sin poderme menear. Qué desgracia! qué desdicha! Solo en ti estriya mi dicha. Pues puédote yo curar? Mi salud está en tu mano. Pues si no diere el remedio, no sea yo Feliciano: ea, alentarte procura, estribando en estos brazos. Con tan amigables lazos feliz será mi ventura. Bien sabes, que nos criamos en estos desiertos montes, ejerciendo noche, y día el oficio de Pastores, siendo instrumento el gañado, que los claveles, y flores, su rubicundo, y nevado abreviado tiempo gocen. Bien sabes, que en estas márgenes de estos riachuelos que corren, por despeñar sus cristales, y desperdiciar aljófares, tal vez el ganado tuyo, y el mío, rompiendo el orden al precepto que era justo guardar, se mezcla, y entonces nos juntamos jubilosos las Pastoras, y Pastores. a tratar de las ovejas, o ya de nuestros amores, o ya de los recentales, o ya del tiempo que corre, o ya de la Primera, que inunda copiosas flores; y después que fin ponemos a nuestras conversaciones, por variar solamente cosa que apetece el Orbe, que racicina en su idea, ordenamos invenciones jubilosas, para dar treguas a nuestras pasiones. También sabrás, que estás cosas, aunque sea el hombre un bronce, rigorosamente obligan, para que allí, se enamoren los varones de las hembras, y Pastoras de Pastores, que no hay beldad que no dé asalto en los corazones. Y al fin; yo me he enamorado, por abreviar de razones en todas estas conquistas, de la que es flor de las flores, de la que es de la beldad, desarticulando broches, un prodigio milagroso, pues pule sus aficiones de lo que ella desperdicia, de lo que ella manda a coces, de lo que ella pisa, siendo suelo ado sus plantas pone este monstruo de virtudes, esta prisión de los hombres; esta jayana invencible, esta aplaudida del Orbe; es tu hermana Irene hermosa, a quien mi amor reconoce por Reina de su albedrío, pues hor a sus plantas pone, en senal de vasallaje, vida, corazón, y acciones, libertad, hacienda, y cuanto dentro en mi pecho se esconde, Por esposa te la pido, amor, que es ciego, dispone mil temeridades ciegas, bien es las mías perdones, y este loco atrevimiento, digno de castigo, y nombre, halle clemencia en tu pecho, así tus sienes corones. Y es esa la tullición, qué tenías? Para pobre esa estratagema es buena, para que limosna al doble le den: yo digo, que aún antes, que sois loco diré a voces, porque adoráis inquietudes, mal os días, malas noches, malas comidas, y cenas. Ello estáis los dos conformes, según yo lo he oído hablar de ti; que si tú la pones, y súblimas sobre el Sol, ella te ensalza aún al doble. No te la quisiera dar, y tú amistad me perdone; no porque en ti no examino merecimientos tan nobles, que una Reina merecías; pero, Celidoro, el hombre, que se casa, en mi opinión, advierte, que compra entonces un quebranto de cabeza, una confusión de voces, un enemigo forzoso, que siempre al lado se pone; una enfermedad sin cura, un Pintor que le desdore, y una fruta sin substancia, que se seca el que más come, y una imagen de dos caras, y cualquiera por si doble, un decir lleve el diablo corazón, higado, y bofes del alma que me ha casado; pero, al fin, todos los hombre? no son de mi natural. Si con aquestas pensiones quieres a mi hermana Irene; cuatro mil anos la goces, con hijos de bendición, que tus sienes se coronen. Déjame bezar la tierra a donde las plantas pones. Guarda los bezos, amigo, para ocultas ocasiones, que agradecidos desean. Quitáronse los dolores, que tenías en el alma? Siempre enfermedad de amores; si con amores se curan, se alcansa salud al doble. Socorreme, Feliciano, si procuras mi salud. De qué es aquesta inquietud? dímelo presto. . Ay, hermano! que un León me acometió atrevido, y arrogante, y así que vio tu semblante, furioso al monte volvió. Bien puedes estar segura, Irene, pues un León te trajo aquí, en ocasión de la más feliz ventura, que eternamente tendrás, pues huyendo su furor, has dado en otro mayor, de él no te has de escapar. Lo que me dices no entiendo, Yo te lo daré a entender: y es el caso, que has de ser esposa de Celidoro, y él ha de ser tu marido, o le verás cual tullido, siendo eterno al fin su lloro: yo gusto seas su esposa, ahora tu gusto me di. Mi amor, hermano, está en ti Eres mujer valerosa! Celidoro; vos queréis por esposa a la mi Irene? Solo Celidoro tiene el gusto que vos tenéis: ello somos namorados, lo demás hagalo Dios. Ya yo sé, que entre los dos estáis muy bien concertados; y así, las manos os dad, y mil siglos os gocéis. En mis manos ofrecéis; mi Irene, felicidad. Ello no hay que replicar, puesto que a todos convienes yo quiero con vuestra Irene, par diobre, matrimoniar; y pues sois de mi querida, guardaos de algún desastre; si otra vez os toma el Sastre por delante lla medida. La invención de Barrabás, que si allí yo me hallara, con lla porra le tomara; la medida por detrás al muy pícaro sastrón. Bato, si tan celoso eres, no te querrán las mujeres. Mira, yo so celuchón: porque ima vez me tomo a mí un Sastre lla medida con invención tan pulida, que al pelo no me toco; y allá mujer de Benito lla apretaba, y repretaba, y cuando vio que acababa, dijo ella: Hacedmerlo jústico, porque jústico llo quiero, y en esto el buen maridón, con más boca, que un serón, se estaba hecho un pandero. Estadme los tres atentos. El plazo se cumple hoy del desafío, que tengo hecho con un infanzón, que es del Dios Marte hijo, o Júpiter le engendró, según incendios produce, según aborta rigor, según ruinas pronostica, según pública temblor, según bosteza crueldades, según origina error contra el Gremio Pastoril de toda aquesta región de Belen, y su distrito: y sabida la ocasión, es, porque estando dormido, dice que entre sueños vio un Pastorzuelo pequeño, que solo en verlo tembló, y que este le destruia, y que era de esta región, descendiente de David, que ha ya tiempo que murió; al fin, por aqueste sueño, al fin, por esta invención, o por aquesta quimera, que sueños todos lo son, hizo solemnes protestas de ejecutar su rigor en nosotros: yo mirando su airosa resolución, acepté su desafío, no me culpéis esta acción; porque así como dio fin a su larga relación, un no sé que de los Cielos en mi pecho se estampo, que me infundió nuevo aiento, multiplicome el valor, reengendró en mi nueva vida, de lo que os infiero yo, que aqueste Pastor sonado es mucha causa de Dios, y quiero que vea en mí, que todo mi corazón lo dédico a cosas suyas, con tan excesivo amor, que espero perder mil vidas por cosas que suyas son; y lo otro, porque entiendan, que nos circunda valor a los hijos de Belen en semejante ocasión. Si ese desafío cumples, en viniendo vencedor, al punto te has de casar. Yo casar? aqueso no: abrazarme a mi mujer, fuera para mi prisión; y aquello de una mujer llamarla mi bien, mi amor, quiérote más que a la vida, no es quimera, e invención? no es todo esto un embeleco, y engaño? Sí, vive Dios, y aún entonces huele un hombre a ser un gran maricón. Ay, hermano! aqueso dices? calla, no tienes razón. Digo, hermano Feliciano, que si a muchos dais lección, que el mundo se acabará. Bien sé que mi condición, y natural es muy malo; si no lo sé, medie Dios. Bato, tú has de acompañarme solamente. . Yo? . Sí. . Yo? . Tú, Bato, te has de ir conmigo en cuerpo, y alma. . Eso no: uno, u otro vaya, digo, todo junto, aqueso no, porque yo perderé todo, como llo hace el jugador, que lleva cuanto hay en casa: escoge tú de llos dos de alma, y cuerpo, lo que quieres. Pues escojo el corpachón. El alma te dejo, Irene; y juro, si so vencedor, de matrimonar contigo. Celidoro, Irene, adiós. Adiós, mongón de mis tripas. Andad con la bendición, para que volváis entrambos, uno, y otro, vencedor. Ya está en Belen mí MARÍA, glorioso el camino queda, en que se hayan estampado en él plantas, que luz prestan. He venido contemplando en vos, Soberana Reina, un Cielo todo estrellado, pues Dios en vos se festeja. Quién duda, que a donde estáis os circundan, y rodean Ángeles, y Serafhines, cantándoos mil norabuenas, porque entre tantos millares, sola fuisteis vos electa, y escogida, para ser la Custodia verdadera del Verbo Eterno Encarnado, siendo la Pénix, la ellenta de aquella porción tan grande, que dejó Adán en la tierra? La mayor grandeza, Esposo, que en un Rey se manifiesta, es la que ejecutó Asuero con Ester la de Judea, que siendo una humilde esclava, la hizo Reina suprema. Mi humildad miró el Señor, y viendo cuan poco yo era, sobre el Choro Ángelical me ensalzó con su potencia, Escogiome para Madre de su Hijo: quién dijera:: qué digo yo? imaginara, que en mí los ojos pusiera para acción tan milagrosa, supuesto que indigna era de ser yo su Excelsa Madre, errada, y humilde Sierva? Esposa, aquesa humildad fue ocasión, que de la tierra os levantase el Señor a ser de los Cielos Reina. Vamos, maría (ay mi Bien) que por instantes se acerca la noche, a buscar posada, que de su rigor nos pueda defender, y recoger. Vamos, Esposo dichoso. Vamos, Celestial Belleza. Mundo, da a tu Dios posada. Da posada, a tu Dios, tierra. Porque de ella necesita. Porque aquí carece de ella. Mundo, advierte, que es tu Dios, Y harás mal si se la niegas. Dame la zamarra, Bato, pesar del avuelo mío, y de quien con tanto frío quiere repastar el hato. Huego de Dios cual están metidos en los colchones, hechos unos marranchones, sin cuidado del gaban, cuantos están en Belen. No se los envidio, Bato, que no les cuesta barato el gozar de tanto bien: porque hay muchos en Belen, que no comen por vestir. Eso debe prevenir el que no tiene dinero. Pues claro está, majadero. Par Dios, yo pensé innocente, que el dinero solamente consiste el ser Caballero; que en viendo muchos botones, decía yo, a mi parecer, este debe de tener algún costal de doblones. Y si aquesto me decís, no estimo sus bizarrías, y de sus Caballerías me da gana de reír. Hay otros advenidizos, amigos de pasa tiempo, y estos un poco de tiempo campan con dones postizos; pero después que el dinero, y la bolía se perdió, luego al instante murió también el ser Caballero. Hhy gente de muchos modos; mas tengo por opinión; amigo Bato, que son en la Corte enredos todos. Si pasa lo que contáis, norámala para vos, si la vida de los dos, por la que tienen, trocáis. No siento yo, Celidoro, otro mayor regocijo, que cuando llego al cortijo, renderme como un atún: después encendemos fuego, y llenamos las barrigas con un caldero de migas, y roda lla bola luego. Para mí no hay otros oros, ni siento alguna fatiga, cuando siento mi barriga, que está como el punto de oros. Que el no comer por vestir, es uso de Ciudadanos; mas los Pastores villanos, todo es comer, y dormir; y para abreviar razones, coma yo, y beba bien, y esté quien quiera en Belen metido entre los colchones. En todo tienes razón, vámonos a repastar. Par diobre, quijera habrar en esta conversación. Cuando estemos más de espacio; y tengamos buen abrigo, hablaremos, Bato amigo, de las cosas de Palacio. Vete a la cabaña luego, porque a Irene le digas, que nos prevenga las migas, y nos tenga bravo fuego. Yo voy luego de camigo. Yo también saco el ganado. Ansí, que no te he contado, que tenemos mucho vino. Es posible, que en Belen, donde tantos deudos tengo, por no acogerme en su casa, me niegan el parentesco Mas (oh Virgen!) si supieran quien viene conmigo, es cierto, que os acogieran a vos, aunque yo no lo merezco; y es tanta la compasión, que me da, Señora, el veros en medio de tal conflicto, que el alma de sentimiento se me deshace en arroyos, por aliviar el tormento. Es posible, Esposo mío, que estéis tan triste, sabiendo, que ha de nacer esta noche el Universal Consuelo? Alegraos, pues el Mesias ha de nacer, y tan presto, que antes que llegue la Aurora le daréis abrazos tiernos. No os aflijáis, porque sean tan ingratos vuestros deudos, que pues está con nosotros el mismo Rey de los Cielos, él nos buscará posada en donde nos alberguemos. Vamos al Mesón, Señora, que allí por nuestro dinero habrá segura posada. Mas Dios sabe lo que siento el ver que vuestra pureza, mas pura que los luceros, más bella que el rosicler del rubio, y nevado Pebo; esté con tanta indecencia; pues vuestros merecimientos son tantos, que las Estrellas, y los Planetas más bellos, se habían de congregar, para que formansen ellos un Palacio para vos. Ese amor os agradezco: lo que importa ahora es, que acudamos al remedio, que se acerca por instantes la hora del Nacimiento. Ya, Esposa, hemos llegado al Mesón, y es conocido; quiero llamar: hah de casa? Quién llama? Dos Peregrinos. Por Dios miren, qué harrieros con veinte, o cuarenta mulos, o qué ricos Caballeros, que nos puedan dar ganancia! con tan rigoroso hielo nos quieren hacer abrir? Hermano, compadeceos, si no de mí, de mi Esposa, que afligida por extremo del frío, la traigo aquí, sin tener otro remedio, que es el de vuestra piedad; y así, por amor del Cielo abrid la puerta, señor, pues tan solamente quiero un rincón de vuestra casa, por no estar en descubierto. Qué bien lo sabéis fingir! Si las lágrimas, y ruegos de una Mujer afligida pueden ablandar un pecho con lástimas, y suspiros, congojas, y llantos tiernos, os ruego lo que mi Esposo ha dicho, porque no tengo, estando cerca del parto, esperanza de remedio. Amigos, Dios os provea; que como el César supremo ha publicado el Edicto, de que le traigan el feudo, tanta gente ha concurrido, que todos los aposentos, rincones, caballerizas, de gente rica están llenos, y parecerá muy mal, que entre tantos Caballeros metamos a dos Gitanos, pues tenéis talle de serlo: y si estáis para parir, vaya a parir a otro puesto, porque no estamos de espacio para hacernos Mondongueros, No me cansen más, que a fe, si no se van al momento, lestiraré un ladrillazo, que les derribe los sesos. Cielos, qué desdicha es esta? Pero ya, Señor, lo entiendo: porque vuestra Majestad quiere con tales efectos comenzar la Redención del general captiverio; que pues ha de ser a costa de trabajos, y tormentos, anticipando la paga, comienza en su Nacimiento. En vano es vuestra porfía, pues sin duda quiere el Cielo, que el Nacimiento de Dios sirva a los hombres de ejemplo; pues siendo dueño de todo, nace tan pobre, que al suelo le pide, para nacer, un rincón, y él se lo niega, sin advertir, que es el dueño. Vamos, demos otra orden, que ya parece que veo ilustrado todo el Orbe con los cándidos reflejos, que esparce el Divino Sol hoy con su Oriente primero. Vamos, que la Aurora es ya, y está diciendo el Lucero, que no tardará un instante la venida del Sol nuevo. Turbado estoy, vos podéis pedirle, Señora, al Cielo, que diga donde daréis posada al Divino Verbo: pedidlo, Señora, vos, porque yo no lo merezco, que, al fin, como Madre suya, atenderá a vuestros ruegos. Del Alcázar Soberano hoy baja el Supremo Rey a visitar todo el Mundo desde el Portal de Belen. No va con ostentación, que con eso da entender, que se ha hecho muy humano, y lo quiere parecer. Ya, Joseph, de nuestra duda la voz nos ha satisfecho, pues dice, que en un Portal ha de ser el Nacimiento. Busquemos a donde está este Soberano Puerto, pues hospedándose en él, quiere Dios engrandecerlo. Aquí está una puerta abierta, y que sin duda sospecho la que habemos de buscar, entremos, Virgen, a dentro. Gloria in excelsi Deo, interra paj hominibus. Sus gozos festejen felices los Orbes, dando gloria al Cielo, y paz a los hombres. Qué celeste voz la vaga región de ese viento ocupa, tan dulcemente serena, tan suavemente pura, que solo el precioso eco, todas las potencias turba? Qué milagro es este, Cielos? declaradme aquesta duda. y̱̱ Apenas rendí a Morpeo el feudo que le tributan los mortales, y el descanso los miembros todos procuran, cuando si la fantasía no originó aquestas dudas, me pareció, que en el aire, en bien concertadas turbas, dulce música ostentaban, cuya suave dulzura, de manera me ha inquietado, que por esas espesuras rompí, por ver si la causa investigaban mis dudas; pero allí, si no me engaño, parece un bulto divulga mi atención, y ser podría fuese de aquesto que oculta esta selva, el accidente; yo me llego: quién va? ̱ . Nunca presumí, que si no es yo; a estas horas, de la inculta, que miras selva, pisase, la adulta cerviz: qué buscas? o quién eres? Feliciano, que discurriendo estas murtas, me trahe el eco sonoro de una armoniosa dulzura, que no encuentro, y pesaroso, porque la suerte importuna me niega este bien, quizá porque le anhelan, y buscan mis potencias con desvelo, o también porque ceñuda la experimente, aún en esto quiere no tenga fortuna. Iba a buscar mi contrario, hasta que te vi, y en duda, por presumirte el origen de esta novedad, con mucha alegría, presumiendo déjarás confusas dudas, que de mis sentidos hor tiranamente se ocupan; llegué a hablarte. Aqueso mismo, que tu voz aquí me anuncia; de ti imaginé; y pues noto, que a nuestra vista se ocultan estos prodigios, y que nuestro celo aquí se fustra, volvamos a nuestro intento, que no se guardan venturas para infelices, que ansiosos las desean; y las buscan. Sin duda, que aquestas voces algún gran prodigio anuncian: vamos, que ya mi contrario esperará, y apresura ese padre de las luces a los campos su hermosura. Ya amaneció el claro día, anunciado de Profetas, para el mundo de alegría, pues la culpa se destierra. Albricias, hijos de Adán; que ya el reparo se acerca de las ruinas que en vosotros hizo la gula indiscreta. Vistase el mundo de gala, los valles, prados, y selvas, broten los tiernos pimpollos de flores, plantas, y hierbas; las parleras avecillas hagan clarines sus lenguas. y en sonorosos acentos dulces músicas prevengañ- Los trasparentes cristales de esas corrientes risuenas, formen espejos hermosos de sus argentadas perlas. Los matizados verdores de las flores, y azucenas, formen ramilletes varios para esmalte de la tierra. Alégrese todo el Orbe, todas las criaturas bellas se muestren agradecidas con júbilos, y con fiestas. Y el hombre principalmente, pues que mayor premio espera, para recibir su Rey vístase de gala nueva: adorne, pues, sus caminos, allane todas sus sendas, arranque zarzas, y espinas, haga pensil la aspereza, que ya en la hermosa carroza de diamantes, y de perlas, difrazado en sayal tosco, del mundo llama a las puertas. Gran dicha el hombre consigue, pues le dará a manos llenas todo cuanto pueda darle para aliviar su pobreza. Muy presto llegará el día en que se publique, y sepa de este Rey enamorado. la más ardiente fineza. He exclamado de alegría, considerando en mi idea al mismo Dios humanado, por pagar de Adan la deuda. Ah de casa? Quién va allá? Abrid por amor de Dios, y no tengáis pesadumbre, porque llego de camino, soy un pobre peregrino, que os pido un poco de Jumbre. Mirad, que mi Compañera está empañando un Infante, que ha nacido en este instante al frío. Vayase fuera, idos de en hora mala, que por Dios, si cojo un canto, os abriré la mollera. Qué pena a la mía iguala? cansado vengo de andar tocando en todas las puertas, pidiendo una poca luz; pero mi fortuna adversa a tal extremo ha llegado, que cuantos hay me la niegan. Llorando estoy; mas ay, Dios! que es tanta la diferencia en el juzgar por qué lloro, que ni juzgo si es de pena, o de alegría mi llanto; pues tantas causas alegan cada parte, que imagino, que estoy llorando por ella. Inmenso contento tengo de ver con cuanta llaneza hoy por Hijo se me ofrece la Majestad más Suprema. Miro, que sin merecerlo, tanto mi amor acrecienta, que me entrega con fianza su más estimada prenda. Esto es llorar de contento; pero también la tristeza alega bastantes causas, para que llore por ella: pues cuando estoy tan honrado, me miro en tanta pobreza, que para verle aún no tengo el resplandor de una vela. A todo el mundo la pido, y todo el mundo la niega, los hombres no quieren darla: y la esconden las estrellas, mirad si con justa causa. Cielos! mi alma revienta, destilando dos arroyos con neutral indiferencia: remedio os pido, Señor, pues que vuestra Omnipotencia cualquier imposible allana, pues ya veis en las tinieblas, qué vuestro querido Hijo. con su Madre Santa queda. Joseph, no te desconsueles, verás, si eclipsado el Sol, que en ausencia de sus rayos Dios te envía este farol. Justo Joseph, esa luz te envía Dios, porque veas, que en tu justa petición tuvo debida atendencia. Vete, y consuela a tu Esposa, pues tú tienes cargo de ella, entre tanto que los Ángeles una Capilla concierran. Vorme, que sor elegido para dar al Orbe cuenta de la Gloria de los Cielos, y de la paz de la Tierra. . Paraninfo Soberano, aguarda, detente, espera, que de nueva tan gloriosa albricias darte quisiera. Mas qué aguardo, que no voy a ver la Divina Prenda, que en los brazos de mi Esposa. derrama lágrimas tiernas. Qué te se olvido? Lla porra, que sin ella no soy hombre. No importa la porra ahora. Cómo que no? voy por ella lluego al punto. Corre ve, no dilates la venida. De esta vez Bato escurriose. . Mi contrario no ha venido, y son las diez de la noche, que es la hora señalada, presto vendrá, si él es hombre de su palabra: qué es esto? Sueno me apremia disforme: dormirme yo? vive Dios, que estoy con este garrote para darme treinta palos! qué a mí en estas ocasiones me dé sueño tan terrible. bien es que bruto me nombre: qué en esta ocasión me duerma. no pude más, derribome: pesar de quién me parió! y qué esto el Cielo dispone, y consiente. no lo creo; si aquí tuviera un estoque me diera de puñaladas: y qué un sueño así me postre! En cuanto el gran Feliciano observa divina orden, manda Dios, que venga un Ángel, y en su forma se transforme, y por él salga a campaña, y que la victoria goce, y quede por Feliciano, y sus sienes se coronen con esta hermosa guirnalda, articulada con flores, que la tiene merecida, pues a todos riesgos pone su vida por un Pastor, que lo será de Pastores, y será Rey de los Reyes, y Señor de los Señores, Recibe, gran Feliciano, esta guirnalda de flores, que solo tú la mereces por tu voluntad tan noble. Y será Dios verdadero, aunque disfrazado en Hombre, su Leno quiere empuñar, tosco instrumento, aunque noble, que en otro Leno clavado, circundado de dolores, el Verbo Eterno Encarnado, dando vida a pecadores, hizo destruir la muerte, más brillante que mil Soles. Qué por estar yo dormido mi leno otro Pastor goce Qué dirá el Cielo de mí? Mira que Dios lo dispone de este modo, no te aflijas, que ya tu intención conoce, y valor. Pues ahora durmamos, con su gusto estoy conforme; pero por el Cielo Santo, que esto el corazón me rompe! mal haya el sueño, y los ojos! Feliciano, no te enojes de lo que Dios ha ordenado. Con tu gusto estoy conforme; pero voto a Dios:: Detente, no hagas que el Cielo se enoje. Como el Cielo ha de enojarse, si Feliciano conoce, qué es esta causa del Cielo? Duerme, y no me des más voces, que por eso has merecido, que tus sienes se coronen. Corona es no merecida. Pero quiere que la goces. Pues si Dios lo quiere; quiera; con su gusto estoy conforme. Posible es, que tierra, y Cielo, de mirarme, mil pavores originen sus entranas, y que un Pastorcillo pobre sea capaz para aguardar de aqueste leno los golpes, cuando origen soy de rayos, cuando pasmo sor del Orbe. Fuera de sentido estoy, y sin vigor mis acciones, sin movimientos mis brazos, sin vida mi pecho noble. Quién eres, Pastor, me di? Tan presto me desconoces? Yo me llamo Feliciano, y también por otro nombre me llaman, si se le antoja; Périco el de los Palotes. Yo soy quien desafiaste, para que en aquesta noche probemos nuestros alientos ambos solos de hombre a hombre; pero antes que batallemos deseo saber tu nombre, pues el mío te es notorio. Ángelió me llama el Orbe. Apellido tienes de Ángel, pero la cara disforme, denegrida, abominable. Todo el Cielo lo dispone. Bien dices, que muchas veces suele Dios pintar los hombres, y aún los Ángeles del Cielo, según son sus intenciones. De dónde eres? De dos Patrias; la primera excelsa, y noble; la otra fría, y helada, fogosa, humeda, y pobre, seca, y rica, y con haber en ella diversas ordenes, siempre está desordenada, por no ser capaz de orden. Bien las tienes difinidas; pero direte sin voces, que aquel Pastor, que entre sueños te causa muchos temblores, esta noche ha de asombrarte, y ha nacido esta noche. Tiene Padre? Padre tiene, y Madre como mil Soles, y aún lo excede en pureza, y todos tres valentones, y entiendo que su valor sin duda alguna conoces. Puede ser, más no me acuerdo. Advierte, que con su nombre has de ser vencido aquí. Cuándo ha de ser? Esta noche. Esgrime ese tosco leño, y repara bien los golpes. Y si no los reparare? Cuál balas de fino bronce te atravesarán el alma. Ah gusano vil, y pobre! como aborreces la vida, cuando mi valor conoces? Perro, caído has en tierra, bien es que amaines, y postres tu arrogancia, ira, y sana: dime quién eres, mal hombre? Mal Ángel llamarme puedes, Lucifer soy, no te asombres, que un Pastor que vi entre sueños, que me causaba pavores, ya derribado me tiene, tratándome con rigores. Ya el sueño se me ha cumplido, pues nacido de esta noche, le veo que en un Pesebre es mucho más que no hombre. y Ángel, pues es Hombre; y Dios; y así es justo te corones por esta victoria el Cielo; pues que has vencido en su nombre. Mira qué Madre que tiene el Pastorazo de flores! ante sácula oreata, toda hermosa, toda amores. Valeroso Feliciano, pública por todo el Orbe, que Lucifer tu vo sueño, porque sus penas se doblen. Estrella, Lucero, y Guía; maría Rema, y Señora, Niño, donde se atesora gloria; gozo; y alegría: a donde os tengo de hallar, que tan presto os encubristeis? sin duda al Cielo subisteis. Atento llego a escuchar cosa que da admiración: qué buscará, en conclusión, con tan tierno suspirar? Plantas; abrid esa boca, decid donde está MARÍA; que tengo la fantasía, la idea, y el alma loca, por gozar sus bellos ojos. Feliciano, qué es aquesto? Es estar vivo, y ser muerto; al fin, yo vencí, cuñado, mas no reñí con él yo, y el Cielo me ha coronado. El Pastor soñado vi, y se volvió a esconder: si yo no le vuelvo a ver, mi Dios, qué será de mí? Su Madre con él estaba, que un Cielo en si parecía, y la llamaban MARÍA: la paciencia amor me acaba! Loco está, no hay que dudar, Feliciano amigo, hermano. ?. Si esto es amor, caso es llano, que me tengo de casar. Hola, escuchad, y oiréis, aunque de mi tusca llengua, un quillotro milagroso, que he visto en aquestas selvas: El Mesias prometido nació ya de una Doncella; según provican llos aires. Mas ya por llos aires sueñan llo que os quería decir. Nueva del Cielo es aquesta. Sus gozos festejen felices los Orbes, dando glorias al Cielo, y paz a los hombres. Pastores, sabed, que está alegre noche Es Us ha nacido en Belen, a donde, en forma mortal, en Pesebre pobre, entre pajas, y heno le tiene, y recoge. En un Buey, y una Mula se cifra su Corte, siendo el que sustenta el Cielo, y el Orbe. Este es el Mesias, y Dios hecho hombre, que baja a salvar a los pecadores. Id allá, y veréis entre paños pobres la mayor riqueza, que el Cielo conoce. Y a su Madre Virgen, tan entera, y dócil como antes del parto, adoradle, hombres. Esto es lo que yo advierto, vamos a ver tal grandeza. Válgame Dios qué de glorias el género humano hereda! Valasme Dios a mí también desde el pie hasta la cabeza; que al paso de tantas glorias, habrá muchas ollas llenas. Vamos, no nos detengamos. Yo sé una canción muy buena, y esa hemos decir cantando, y dice de esta manera: De la Corte Celestial baja un Rey en Romeria a una Hermita muy devota, que llaman Santa maría. ino hermoso, y Soberano, Hijo natural que bajáis a padecer de la Celestial Sion: Vos, que siendo Rey del Cielo dais muestras de vuestro amor, naciendo desnudo, y pobre, sujeto a cualquier rigor: Vos, que en tinieblas nacisteis, siendo tan claro farol, que con vuestros rayos dais luz a la Antorcha mayor: Vos, que en el Cielo, y la tierra, tan Omnipotente sois, que todo con vos se hace, y nada se hace sin vos: Como vuestra Majestad, siendo absoluto Señor, se ha entregado de esta, suerte a la humana sujeción? Mas vuestra misericordia es Atributo, que no repara en razón de estado, cuando hay bastante razón. Porque el hombre que criasteis está metido en prisión, y vos, como prenda vuestra, queréis ser su Redentor. En hora buena vengáis, que pues participo yo tanto de vuestra clemencia, podré con justa razón celebrar vuestra venida, teniendo gozo mayor. Amado de mis entrañas, Hijo de mi corazón, tan bello, que a media noche suplís la falta del Sol: Cómo, sin yo merecerlo, hicisteis de mi elección, honrándome con ser Madre, siendo vos el mismo Dios? Como siendo tan inmenso, hiciste tal Redención, que a mi pecho se redujo lo que el Mundo no abrazo? Cómo, siendo yo tan pobre, quisisteis que fuera yo Archibo de todo el Cielo, pues vos todo el Cielo sois? De verme así engrandecida, Lorando, Señor, estoy, y también porque no puedo conforme merecéis vos daros un Palacio Regio, como quisiera mi amor. Todos los hombres celebren vuestra venida, Señor, pues que todos tienen de ella igual participación. Mas como no son bastantes, por su grande imperfeción, ya la Angelica Capilla tenéis en substitución. La tierra os aromatice con una, y con otra flor; el aire, para alegraros, os ofrezca el Ruiseñor, y las aves más sonoras, que con acento veloz celebren vuestra venida cuando reverbere el Sol. El Cielo os ofrezca Estrellas, que con rojo resplandor asistan para dar luz a su natural Criador; que yo como soy tan pobre, aunque vuestra Madre soy, no puedo hacer más que amaros con el alma, y corazón. Todo sois, mi Dios, finezas, todo Glorificador, Sabio, Bueno, y Redentor todo Luz, todo Grandezas. Todo Sagitario amante, aún que Niño os demostráis, pues hoy las almas flecháis con valor firme, y constante; y así, que os adore es ley, Sol Celestial luminoso, yo por mi Hijo, y Esposo. Yo por mi Dios, y mi Rey. En Belen, Ciudad hermosa, hay un Portal de primor, que en él nació el Redentor de una Virgen luminosa. Llegad, Pastores, llegad, este es el Portal dichoso, que el mismo Dios humanado elige por Regio Trono. Tributadle adoraciones, que yo el primero de todos, postrado ante su presencia con los Angélicos Choros, por Criador Omnipotente le venero, y reconozco. Dulce Dueño Soberano, que teniendo vuestro Solio en el Celestial Alcázar, quisisteis tan pobre, y solo nacer al rigor del frío, por dar al hombre socorro: viendo esa humildad profunda los Serafhines hermosos, aunque de amor abrasados, quedan en extremo absortos. Todos, Señor, te adoramos, y con anhelos ansiosos, pues los Cielos te veneran, alábete el Mundo todo. Cantad, Músicos Celestes, en repetidos elogios, de este Emperador Supremo los efectos amorosos. Y vos, Reina Soberana de aquese Sol luminoso, para alegría del Mundo dio vuestro Oriente dichoso. Dios te salve, Madre Virgen, que sois el común socorro de los hombres deseado con suspiros amorosos. Sois jardín de Dios amante, de Aguas vivas dulce Pozo, Mar de virtudas, y gracias, y de la humildad asombro. . Llego con alma encogida, Pastor, Hijo de David, que dejáis en la alta Corte las no venta y nueve Ovejas, por restaurar una pobre: el que del Libano ameno bajáis en medio la noche descubierta la cabeza, sobre que la Aurora llore, de los campos de Belen, humildes Zagales pobres, coronados de arrayanes, a adoraros se disponen. Un Ave hermosa nos dijo, que por los aires veloces cruzaba con otras muchas de diferentes colores, cantando gloria in excelsís en bien concertadas voces, y en la tierra paz eterna, para salud de los hombres, que del Claustro de maría Virgen MARÍA, y entonces nacisteis, Niño Bendito, al dar el Reloz las doce, que sois el Verbo del Padre, su Hijo igual, y conforme, y que por vuestro remedio vestis nuestro sayal pobre, que sois el fruto, que espera Adán entre sus prisiones, a donde probará el bien después que ya el mal conoce. Alegrose de esta nueva la tierra, y de tiernas flores vistió su manto Agostado, a quien nieve, y hielo encoge. Coronáronse los aires, y de varios arreboles entodó las nubes negras este Césiro, que corré. Las aves con nuevo canto, en esos amenos bosques daban parabién al día, viendo en el Cielo tres Soles. Alegres los Corderillos, con cabriolas discordes, obligaban a las madres a que con ellos retocen. Los peces en las lagunas, dando a las orillas borde, con escamas plateadas, que eran del cristal azote. Las plantas vimos vestidas, sin temer que las despojen el cierzo crudo, y con frutos de aromáticos olores. Finalmente, monte, y campo, y cuantas hierbas descogen sus hojas al Sol dorado, brotan a tiempo, y conforme, todos os dan parabienes, de que nazcáis mil amores, a remediar las querellas del Limbo, que el Cielo rompe. Y vos, Divina maría, Pénix de tan alto Nombre, que al Hijo de Dios bajasteis a vuestras entrañas nobles: Plegue a él, que le veáis romper los Celestes Orbes. triunfando de su enemigo, después que el Limbo despoje. Y vos, Patriarca Excelso, que merecisteis renombre de Padre de Dios, el Cielo aquesas sienes corone. Plegue a Dios, si se os perdiere, que le halléis, Joseph, a donde enseñe, Niño pequeño, a los muy sabios Doctores. Con alma que lo es sencilla, como humildes Labradores, al Rey, que lo es de los Reyes, presentamos nuestros dones. Y yo, mi Dios Humanado, no traigo riquezas nobles, si no es aquesta guirnalda, que de selváticas flores tejí para esa cabeza, que gobierna las del Orbe. Bien sé que don es pequeño; pero, pues, las intenciones con que se os da, recibís, y la mía reconoces ser buena, no os digo más, que el ver, Señor de Señores, que vuestra divina frente ciña, componga, y corone. La tierra se ha aquietado, el Cielo más claro está, conmúnica a los vivientes, y a los que en el Limbo están; les daréis lumbre a la gloria, en ver que hombre seáis, y aún que verdadero Dios, verdadero hombre os mostráis. Y así, Señor Dios, y Hombre, con mucha riguridad hoy vuestro Padre os desnuda como al pecador Alan. Y si es que a pagar por él venís con tanta humildad, sois la segunda Persona de la Santa Trinidad; a la cual adoro en vos, pues que no os diferenciáis, Ofrezcoos estas dos frisas, este papero, y cuchar, y aquesta tela de Holanda, Virgen, para que le hagáis camisitas, babadores, y otras muchas cosas más. Josepe, en cuanto pratico con el Chócote Zagal echad paja a aquese Buey, porque acabó el heno ya, y podría acornearme. Muy bien venido seáis, sabihondo de los Cielos; pero aún que mucho sepáis, cuanto va a que no sabéis, que me costó medio real antaño esta gallaruza, ni sabéis vos un cantar, que mi colla llo compuso? soy hijo de Satanas. Oh hermosa MARÍA! el vueso Zagal Belen os lo pide por Alcalde ya. Teiza, Buey de los demonios, que me ha de desbaratar: no he visto Toro como él; IEs Us, qué suerte animal! Este Gaban os ofrezco, y este poco de sayal, y estas tarrañuelas nuevas, para que podáis bailar. Írgome, porque a este Buey lo retienta Satanas, y si arremete conmigo, llas trigas me ha de sacar. Estas preseas, Pastores, que aquí a Dios le franqueáis, no dudéis verlas cambiadas en tesoro Celestial. Yo de parte de mi Hijo, en toda necesidad, que os hallaréis, hallaréis remedio muy eficaz, por los ofrecidos dones. Esposo, aquese Portal, en cuanto el Niño se envuelve, si gustáis, podéis cerrar, Haga se sin dilación, Esposa, lo que mandáis. Adiós, felices Pastores. . Adiós, Huerto Celestial. Escogida entre mil flores, adiós. . Oh la, el Buey se está dándose a los diabros por salir a cornear. No he visto Toro tan grande. IEs Us, qué grande animal! Los montes, y collados se ven de varias flores matizados: de gozo, y de alegría sale el Alba de aqueste claro día. (ra. Todo es paz en la tierra, todo es quietud, y ya cesó la guer- Ay de mis bragas! me pesa, que me las rompa aquel Buey. Y aquí dichoso auditorio, sin graciosamente dé el Nacimiento de Cristo, y el Sueño de Lucifer, de que pedimos perdón, si no lo hemos hecho bier
