Texto digital de Los sucesos de tres horas
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Luis Oviedo
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los sucesos de tres horas. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/sucesos-de-tres-horas-los.

LOS SUCESOS DE TRES HORAS
JORNADA PRIMERA
Ya estás Tonillo en Madrid. Así es verdad, mas yo creo que quieres que no este mucho Por qué? Por lo que haces, puesto que apenas hemos llegado de Flandes, los dos corriendo la posta, en una saeta, tu por lo agudo, y ligero, y yo atravesado en n una almarada con freno, que asesina del camino tantos a traición ha muerto. Cuando porque no descanse, que no es en los amos nuevo, pues por vernos reventar suelen reventarse ellos, sin hacer más que llegar a la posada, frontero del Carmen, donde dejamos nuestra ropa; tú al momento, sin acordarte de que eres mortal, o que puedes serlo: yo sin mirar que es de noche me traes cansado, y ambriento, a peligro de ventanas, todas las calles corriendo, sin saber a dondevamos: mira ahora tú según eso, como en Madrid podré estar si aún estar en mi no acierto, después que con tigo estoy. Ya estás cansado. . Por eso me quejo yo. Sigue, y calla, Qué calle? por mejor tengo el no comer encien días. (Que con migo se haga esto.) pues señor Don Luis osorio, uvo he de hablar, o andar menos. No he caminado lo mismo yo que tú? . Telo concedo mas con una diferencia, que lo que has ido corriendo tú, he venido tropezando yo, porque estás postas, o estos duendes de la legua, que se desaparecen, luego que se planta un hombre encima; con ser malos, el más bueno te ha tocado siempre a ti, y a mí el peor: al momento que llegas a la posada te rellanas muy de lleno en una silla; entre tanto que yo la tuya trayendo acuestas con las maletas me deslomo, y me reviento, hecho mula de alquiler: si algo has de comer, primero me custa a mi el patearlo; si lo que traigo no es bueno, te cuesta el patearme solo, y estomago de maulero con los retazos que dejas hecho a la vida un remiendo, pero ello sobre ser poco, suele quedar como un hielo; verdad es que la bebida lo calienta, que entra irviendo. Pues el dormir? no hay que hablar, aunque me caiga de sueño, hasta que estés recogido peromnía, pero es consuelo que acostándome después me levanto antes, viendo si ha amanecido, si es hora de marchar, y te prevengo que almorzar, y mientras quedas con palillo recoriendo los dientes, y te los limpias, me limpia amí el mesonero la bolsa con una cuenta, que es siempre queto de quentos. Y aún si no fuera por ella . que fuera de mi tálego, que a no ensancharle de sisas estuviera ya en en los huesos. Mira pues si es todo uno, el que los dos caminemos, pues cuando tu descansando vienes, me voy yo moliendo. Presto descansarás. . Ya no juzgo que será presto, aunque sea luego al punto: mas no sabré ya que vengo siguiendo tus pasos, donde me llevas, hate revuelto los humores el amor antiguo, que en otro tiempo tenías a doña Clara, y desde el camino oliendo la cebada hacia el mesón inclinas los pasos. . Necio si sabes que por su causa dejé a Madrid, y que huyendo de su ingratitud, a Flandes me pudo echar el despecho, con que una noche (ay de mí!) a un hombre dejé por muerto a sus rejas, más memoria no despiertes el afecto, que está indecente el carizo a la vista de los celos, y es la voluntad materia, que aunque la apague el desprecio, la halla siempre el corazón dispuesta para el incendio, mas si me a ofendido, como ni aún de olvidarla me acuerdo. Luego no la buscas? . . No buscar otra casa intento. La de don Juan de Mendoza será? aquel tu verdadero amigo, de quien allá en Flandes, con tal aprieto fuiste camarada. . . No es la que buscar pretendo esa, que aunque su amistad se granjea el previlegio de serlo primero en mí, engo que buscar primero me? La casa de mi padre, pues las señas que en un pliego me envió de su casa, son a la Merced, y asi viendo cuan embarazosas son las postas, para el efecto de informarse de una casa. todo el barrio recorriendo a estas horas, y de noche, en la posada las dejo, y más desembarazados, así imformarnos podremos, pues como sabes, Tovillo, me dejó en años tan tiernos Don Pedro osorio mi padre por pasar con un gobierno a Indias, en el poder de mi tío, por el riesgo de un camino tan prolijo. y tan largo, con que fueron los cariños del perderme del no perderme terceros, y como no le conozco, ni me conoce, deseo ver si es como en la idea le he imaginado aca dentro, porque tengo de mi padre hecho para mí un concepto que le hizo el corazón, muy parecido a sí mismo. Ya rabio por conocerle, porque al fin manducaremos, señora panza aleluya, que nos aguardará el viejo con una cena que pueda ser comida de Flamencos: dí, y es cierto que tu padre aguarda esa noche? . . Creo que no d. . Ese creo es malo. d. . Pues su orden obedeciendo de volverme a Madrid, solo le escribí que que partía luego, mas no el cuando. Vive Dios que estoy la cena temiendo que Indiano viejo, y de noche es un terrible compuesto, y con el nombre de diera guardan salud, y dinero. Esta es la calle de Atecha, y este que ves el Colegio, ya estamos cerca. Es verdad juraralo yo sin bello. Sin verlo, en que lo pudieras conocer? . En lo que huelo. d. . Pues qué es lo hueles, di? La calle de Barrionevo, que es una calle en que vienen a purgarse los enfermos: hacia aquí también vivía doña Clara. . . Majadero. no he dicho que no la nombres? No la nombraré, mas quedo, las nueve dan del reloj de la Compañía, que recto, como si nos le volviera nos está quitando el tiempo, Ya estaremos presto en casa A quien yo más ver deseo es a doña Ana tu hermana, que dicen que es un portento de hermosura. Como estuvo mi padre allá tanto tiempo, nació en las Jndias mi hermana, y así deseo en extremo conocerla, que es un siglo cada instante. Caballero, si como parece sois noble, que amparéis os ruego a una infelice mujer, que viene el rigor huyendo de un padre noble, y airado. Sosiegan, perded el miedo que en mi señora tendréis quién os ponga atodo riesgo dónde gustaréis. . . A donde quisiera es en un Convento; pero parece, que es tarde. Lo que aseguraros puedo es que soy noble. . . Bastlante muestra habéis dado de serlo, y así confío de vos que me llevaréis, mas presto; presto a donde gustaréis vamos, que siento ruido. Por cierto que es la mujer convenible. Venid, pero lo que siento es que acabo de llegar ahora de fuera, y no tengo parte más decente que la posada donde dejo mi ropa, si allí gustáis de estar mientras yo prevengo otra casa. En cualquier parte estoy mejor que en el riesgo, y así guiad. Pues seguidme. Hh infeliz Ana, un yerro te obliga a manchar el claro . explendor el honor terso (mano, de tu padre, y de Don Luis tu her- que por momentos aguarda, no estoy en miad. . No venís? Ya os sigo, ha Cielos! . Somos ronda del refegio mi amo, y yo, quererngiendo vamos mujeres perdidas, pero no es extraño cuento no hallando en que descansar, encontrar en que molenos. Vive Dios que aunque ocultaros queráis, he de conoceros, y que he de saber quien sois los dos matando, o muriendo. Callar, y reñir procuro, porque no es bien que un suceso tan casual, pueda hacerme cómplice en lo que no tengo culpa si es que me conocen. Aunque arriesgue que D Pedro osorio, sepa quien soy, . he de cumplir con mis celos, y hasta conocera este hombre no he de apartarme del puesto Entrambos calláis, yo haré que os haga hablar el acero. Con la puerta del jardín . dí, y así salirme intento a la calle, que una vez en ella tendrá algún medio este lance: quien creyera que se mudara tan presto doña Clara de esta casa, pues cuando a buscarla vengo no vive aquí. Hacia la calle se sale, seguirle quiero no se me escape. Así huis mis bríos; pues vive el Cielo que no os valdrá, aunque la tierra de mí os oculte en su centro. Que no halle yo parte donde me asegure de mí miedo, que teniéndome él a mí parezca que yo le tengo, de tal suerte, que aunque quiera hecharla de mí no puedo, pues apenas oí espadas, cuando a este jardín ameno me retiro como un gamo, dejando solo entre ellos. a don Fernando de Lara mi amo, que al fin primero para mi conmigo soy yo, que no él, que él es un necio, que vuelve aquí a que leden segunda vez pan de perro; por la propia dama, pues no debe de estar contento de haberestado a la muerte por ella; pero más lejos el ruido de las espadas se oye. . 1. Muerto soy. . Laus Deo. Favor al Rey aqueles el agresor que va huyendo, todos le seguid. . Andallo, si es mi amo buena la ha hecho, pues sin irle, ni venirle se hallará de lance esto, pero por Dios que acá vuelven, yo me escondo . Cierra luego Fanio esa puerta, ya que contra mi el hado severo ha conjurado su ira, pues por ella el honor pierdo, habiendo entrado dos hombres en mi casa, que riñendo al ruido salí, ay de mí, y al procurar conocerlos con igual recato entrambos a la calle se salieron, y yo en su alcance a ocasión que atravesaron el pecho a Arnesto con una punta dando con él en el suelo, y después de esta desdicha de la justicia el estruendo nos separo, de tal modo que todos se divirtieron en seguir al agresor, y yo la ocasión perdiendo de saber quien me ha ofendido vuelvo, hay infelice! vuelvo a tomar satisfacción de una hija infame, tiñendo mi acero en su aleve sangre; pero como satisfecho quedará aquel a quien cuesta mas el dolor, que el remedio: vene onmigo. Ya te sigo, pero parece que siento entre aquellas murtas ruido. Así es verdad, apuremos que puede ser. Acá vienen no doy por mi vida un bledo. Un bulto se ve, quien es quién atrevido? Esto es hecho En este jardín se oculta? Quién es diga? El jardinero, que anda buscando una flor. quée flor busca? . La del berro Decid quien sois, o la vida. os quitara aqueste acero. La que?. . La vida, no habláis Qué ejecutivo es el viejo. Señor, yo soy un criado de un amo que entro aquí dentro sin saber a que, y con él me entré también a lo mismo. A penas entramos, cuando hubo chincharrazo fiero, yo que la danza de espadas, ni aún día del Corpus veo me fui escapando hacia aquí. El nombre saber intento de vuestro amo. . Mi amo, señor es un forastero, que ahora acaba de llegar: de Valladolid, siguiendo un pleito que nunca alcanza sobre un mayorazgo eterno de más de seis mil de renta. El nombre saber deseo. Es don Fernando de Lara. De Lara? Ese Caballero, pues es de Valladolid, decid, es hijo de don Diego de Lara? . el mismo él por él d. . Fortuna, del mal el menos, que aunque a él no le conozco tuve gran conocimiento con su padre, y fue mi amigo, y es muy grande Caballero, y muy tido, y será fácil en mendar tan grande verro cómo ese y adónde posa? Hay tal apretar, frontero del Carmen es la posada. Vine Dios, que si no es cierto lo que me decís, que habéis de morir al punto niesmo que lo aberigue. . Pluviera a Dios no fuera tan cierto. Ya con aquesta noticia puede tener algún medio mi desdicha ha infame hija, en esta ocasión me lhas puesto; cuando esperaba a mi hijo don Luis Osorio, contento, pero antes que él llegue, yo lo remediaré si puedo: entrad con migo. Yo entrar? Gran mal señor. Qué hay de nuevo? Que mí señora. d. . Qué dices? . No parece. Caiga el Cielo sobre mí, de que lo sabes? De las voces, que allá dentro los criados en su busca dan. Ah desdichado viejo! vamos a mirar la casa, echo mi fortuna el resto. . Con tan impensado lance de mi se olvido, y yo quiero que no se vuelva a acordar, pero aunque encerrado quedo, yo voy a buscar por donde escapar, que en todo tiempo, el falto de mata vale mas que no el ruego de buenos. Apenas dejé la calle por el pasado suceso, que me evitó el conocer a los hombres, que encubiertos en el jardín encontre de doña Ana, cuando vuelvo sin reparar en mi ofensa, a mi obligación atento a ampararla, que aunque pudo obligarme a tal extremo ver que al tocar en su reja, que es la seña que hacer suelo, para que me abriera Ines la puerta del jardín, puesto estaban de la otracera dos hombres, y presumiendo que era gente que pasaba, quise recatarme de ellos, por que no hicieran reparo, y a si la esquina volviendo, por pensar que se habían ido la volvía a cobrar a tiempo que como abrieron la puerta los hombres se entraró dentro, pues aguardaban sin duda esta ocasión, yo sin seso tras ellos entré celoso con entrambos envistiendo, y habiendo dado ocasión a que su padre resuelto al ruido de las espadas saliese viendo en el riesgo que quedaba, vuelvo a ver ya que sosegada veo la calle, si algún ruido dentro de su casa advierto, para socorrerla; pues siendo tan noble don Pedro, no dudo que esté apeligro su vida; por aquí quiero está todo, y pues la casa está en esquina, yo quiero recorrer al rededor, si escucho rumor, ha Cielos! quien en la ocasión tuviera atado su sufrimiento a la razón, de tal modo que en las materias de celos sin arrisgar a la dama supiera quedar bien puesto, mas quien aura que resista de una pasión el exceso, sin que reviente oprimida, haciendo espuela del freno. y quién auran que a su dama vea con otro, y sea tan cuerdo que por acordarse de ella, quiera olvidarse a sí mismo. No ha quedado en el jardín puerta, resquicio, agujero que no registre, y no he hallado or donde escapar, y apelo arrojarme por las tapias: pero Soleta teneos, que parece grande arrojo, y hay mucho desde aquí al suelo: que siempre desde lo alto parezca todo tan lejos? ahora bien, yo he de arrojarme, pues aquí no hay otro medio que dar en el suelo agora, o dar después en el viejo . que no es menos duro . . Todo parece que está en silencio, y de nadie me he podido informar. . Yo me resuelto, agua va. . . Si ha avido algo? Muerto soy. Qué es lo que veo! por las tapias del jardín un hombre, viven los cielos se ha arrojado, quién será? mas yo lo sabré. . Más lejos de lo que yo pensé estaba. Quién es? quién va? otra tenemos. Diga quién es, o la vida le quitaré? . Oigan, por esto se dijo, dar en las brasas porir huyendo del fuego, y he de huir aunque me queme. Ea habla, o le mato. . Aqueso será como yo corriere. Hh infame, en tu seguimiento iré, hasta alcanzarte, aunque alas te calce tu miedo. . Suspended, señora el llanto, mirad que es fiero rigor, que os cueste vuestro dolor lágrimas que valen tanto: y pues en parte alibiada vuestra infeliz suerte está, y libre del riesgo, ya os veis en esta posada, que aunque se juzga indecente de poderos merecer, la hace decente el ser reparo de un accidente. Os suplico no lloréis con tan continua porfía, pues hasta que llegue el día es mejor que reposéis en esta sala, en que están mis valijas. . Bravo fuera, que fuera alguna embustera, y nos róbara, . . Ay d. Juan. . perdonad que divertida, señor, en mi triste estado, el llanto me haya usurpado las señas de agradecida; que como os llego a deber tanto, mas fácil fue hallar el camino del llorar, que el modo de agradecer. Y grosera, si se advierte, he andado en lo que he llorado, cuando en vuestro esfuerzo e allado quien pueda en mendar mi suerte; pues que de vos asistida sin conocerme, ay de mí! os llego a deber aquí, no menos, que honor, y vida. Vida, porque la perdiera de un padre noble al rigor, que tiene sangre, y honor, si de vos no me valiera. Honor, pues desde un Convento que a vuestro cuidado fío; volver por el honor mío, desde donde la disculpa con mayor decencia intento, oye mejor el agravio, pero creed de mi labio, que yo no he tenido culpa: ay Juan sí me escucharas! . quien pudiera asegurarte, de que no he tenido parte en que dos hombres hallaras en mi jardín, y ofendido. los envistieras airado; a cuyo ruido arrestado mi padre: mas sin sentido estoy! Vuestra desventora bien creo será así, pues el ser desgraciada, es alaja de la hermosura. Que en quien tiene tal belleza; fuera grande impropiedad, que jurarán amistad, fotuna, y naturaleza. Y que en común tradición esta en todos recibido, que es su más favorecido quien logra su oposición. Y pues el mal no nos deja, y ha sucedido otro alibio que el repararle, y es tibio el remedio de la queja. Que no solo no mejora el dolor, si no le crece, y en lo mismo que padece, hasta el remedio empeora. Templad la pena inhumana, y el medio discurriréis más Fácil, pues que tenéis tiempo desde aquí a mañana. Y creed que he de serviros, porque mi palabra os doy, que en todo, como quien soy, estoy expuesto a asistiros. Y siendo tan a deshora; para que ningún Convento esté abierto, el pensamiento dejad de afligir señora. Descansad de tanto empeño, y a esa sala os retirad,. Mi amo dice bien, entrad que aquí os guardaré yo el sueño con el mío . . Idos vos, sin que el recelo os altere; que por lo que sucediere quedamos aquí los dos. Yo aquí tal no quedaré. Aunque nada he de alibiar, porque empiece mi pesar a obedeceros lo haré. Porque os lo suplico yo que lo procuréis os ruego. Cómo ha de faltar sosiego aquien de vos le fío. Entrose? Sí, ya se ha entrado. a . Qué es di lo que te parece tal suceso? . Que merece. bien estarendemoniado, quien ciego, y a troche, y moche. acota calles sin tasa, y se sale de su casa. a buscar otra de noche. Antes ha sido gran suerte el que conmigo encontrara, porque sino la matara, su padre, según se advierte de su temor, y es gran dicha, para un noble corazón ofrecérsele ocasión de evitar una desdicha. Yo como soy más sencillo, cuando asustada la vi, mas que no al padre te mí, Qué temiste? Algún chiquillo, que nos quería encajar por padres del susodicho. Qué tengas tan vil capricho. Esto te viene a espantar, pues en las que hacen el buz, as el más continuo ardid, que los partos en Madrid de noche salen a luz. Esta dama no es de esas que juzga tu desvarío. Todas pienso, señor mío, que de noche son Princesas. Más dejando tu locura, aparte, di quien pensara, que una mujer me empeñara a tanto? . Mi desventura. Y me privase de ver a mi padre, y a mi hermana, con sujección tan tirana que no los puedo volver a buscar, hasta dejarla a donde segura esté, porque mi fe la empeñé de asistiria, y de ampararla. A quién habrá sucedido lo que me acontece aquí, divinos cielos! . A mí, pues sin haberlo comido, ni bebido, tus locuras, me traen así vive Cristo? que a no mirar: quien ha visto a un pícaro en aventuras? digo, y que has de hacer agora, no nos vamos a acostar? No, porque hemos de aguardar, hasta que salga el aurora, pues aventurar no puedo, la dama que está a mi cuenta. Mas que el demonio me tienta en figura de mi miedo, y aquí no he de parar más, aunque mi amo me mate, a riesgo, y sin dormir, tate. Tente, aguarda, donde vas? A dormir mientras despierta esa señora. Oye loco, y para eso poco a poco te has salido hasta la puerta de la posada? . Escapar quisiera yo. Dónde iré, que aún me sigue, mas ya hallé como poderme librar: señor, defendedme vos d. . de un hombre, de quien huyendo vengo, y él viene corriendo para matarme, y a Dios. Por aquí echó, hasta alcanzarle le he de seguir. L. Caballeto, que suspendáis el acero os suplico, pues matarle a un hombre que huye, se arguye que vais de cólera ciego, y deberéis a mi ruego el advertiros que huye. Perdonad, y pues el veros tan cortes no me reporta, inferid lo que me importa, pues no puedo obedeceros. Miraded. . que me dejéis digo. Miren, pues sobre que moza. Mas no es Juan de Mendoza? No es este don Luis mi amigo? Juan. . . Luis, vos aquí? en Madrid, y no en mi casa? De esta posada, a la escasa luz don Juan os conocí, y ahora acabo de llegar de Flandes . . Sed bienvenido; pero tened entendido que me habéis hecho un pesar en detenerme, porque vida, y honor, sin que asombre me va en conocer a este hombre; y así dejadme. . . Yo iré con vos d. . Vamos pues. El echo por esta calle, que si os importa alcanzarle no se escapara por pies: y tu mientras que yo vuelvo ten de esa dama cuidado. . Si es fuerza el ser mal mandado a no hacerlo me resuelvo, y he de ver en lo que andan, por ver si esto para en bien, y por mi gusto, y también. por no hacer lo que me manda. Que todo ha de ser llorar, señora. Nada hay que tenga para mi más consonancia, que la confusa cadencia de los suspiros; y el llanto a cuyo ruido se templa la pasión, pues como son ojos, y boca las puertas por donde se manda el alma, es preciso que por ellas habiendo entrado el dolor, procure salín la queja. Costolas sofiderias son las que el amor enseña; pues a sus amantes trata como a muchachos de escuela, a puro palo, y azote. Ay Isabel, si supieras, que cosa es amar! No hay nadie señora, que no lo sepa; pero esto del querer tiene muchísimas diferencias: hay galanes que a una dama la regalan, y festeian muy atentos, y el decirlas que se mueren no es por ellas, que si algo les mata entonces, es solo lo que les cuesta: luego hay amantes sopones, que el morirse por las viejas, es por lo que ellas les dan; hay otros amantes tiendas, que andan cargados de cintas: hay amantes Caballeros, que solo pretenden pelo: luego hay amantes poeras, que quieren más a sus coplas que a sus damas,sluego ay necias que creen que aquesto es verdad, y ocasionan que nos vendano por voluntad su capricho, su curiosidad, su tema, su ociosidad, su apetito, su gusto; o su conveniencia. Graciosa estás, yo confieso, que em parte me entretuviera tu sazón a ser capaz de divertirse mis penas; mas no es posible, hay don. Luis! Que del señora te acuerdas: d. . Pues cómo puedo olvidarle? Queriendo. Por esa misma razón no puedo? . Eso dices? no es bastante la bajeza. de dejarte, y irse a Flandes. solo por una sospecha, para acordarse d. . No; que lo que es culpa en mi estrella no lo ha de ser en mi amante. Cómo no? Escúchame atenta: ya sabes como adón Luis osorio debí finezas. tan grandes, que su cariño me mereció más atenta, que lo que el recato suele en mujeres de mis prendas permitirque la atención, d fue voluntad tan apriena, que en mi estimación halló, decentes correspondencias. En esta inquietud ociosa, en esta inconstancia quieta, cuya tranquilidad, solo es el temor quien la altera, Estabamos, cuando un día; melvio a caso en una Iglesia, un Caballero, de aquí mi infelicidad empieza. Síguiome, supo mi casa, continuo estar a mis rejas todas las noches don Luis, que era fija centinela de mi calle, reparando, que tan vivas diligencias, no se hacen fin que la dama de para hacerlas licencia. Sin ver que hay hombres tan necios, que se la toman por fuerza, haciendo la volintad, conquista, porfía, o tema; como si para obligarla, medio el disgustarla fuera; oceloso le acometió, solo una noche, y la tierra le hizo medir de una herida muy peligrosa, yo muerta del suceso, tan sin culpa mía, quise su sospecha disuadirle, mas no pude: porque aquella noche mesma se partió a Flandes; embiando un papel, en que da cuenta de su viaje, y sus celos. Quien creyera, quien creyera, que partiéndose él a Flandes, quedara yo en mayor guerra, pues desde entonces, ay triste! ya sabes lo que me cuesta, de lágrimas, y suspiros, pues el alma se encendiera. A veces, a no tener de el llanto la providencia, en cuyo blando peligro a veces también se anega. Pero como son contrarios, uno con otro se templa, y en su oposición se forma, una unión que los conserva: luego aunque don Luis no tuvo razón para hacer ausencia, sin oír mi disculpa, tuvo motivo, y es bien que crea, que un hombre ofendido, solo de tu despecho se acuerda, porque no saben los celos, medirse con la prudencia, para elegir lo mejor; y así de mi suerte adversa me he de quejar, pues que dio ocasión para una ofensa, que imaginada es delito, V y sabida no lo fuera. Tú le disculpas de modo, que no hay señora que pueda culparle, mas ya que en esto le disculpes, deja, deja, que de su olvido le culpe, pues no has visto, ni una letra suya en tres anos que ha qué falta, y pues no se acuerda él, porque te acuerdas tú? somos a caso más tiernas las mujeres que los hombres? Si juzgas que el verme puesta, tan de su parte es por él, te engañas, que es tan soberbia mi actividad, que es por mí, por no pasar la indecencia del desprecio, ni el osvido; y así es forzoso que entiendas, que aunque don Luis se ausentó fue sin hajar mi entereza, pues se fue como quien siente, mas no como quien desprecia. Y con tu hermano don Juan de Mendoza, que hacer piensas? Cuando trata de casarte? Pues desde Flandes, a esta función vino solo, como tú le escribiste la nueva, de que doña Inés, tu madre, y mi señora, era muerta: y por salir de cuidado, nos saco de las Ballecas, que fue donde le esperamos, desde el suceso, pues cuerda; al que dirán de estar sola, no quisiste verte expuesta; y a que vivamos con él, nos trujo a esta casa nueva, desde donde en nada trata, que en darte estado no sea; que una hermana, es en un mozo alaja que tanto pesa, que embarazándole en casa, también le embaraza fuera. (gué, Cuando mi hermano me obli- y cuando don Luis no vuelva, ay Conventos en Madrid, y en mi Constancia. Hay tal tema! Mas sabes lo que he pensado? Qué? Si se trago la tierra aquel hombre, a quien don Luis, hirio en aquella per dencia, pues no le hemos visto más. Yo juzgo, según las senas, que era forastero, pues ni su nombre, ni nobleza, he podido saber nunca, ni a donde estará. s. Aquí es fuerza ampararme, mas que miro? Quien se ha entrado (yo soy Yo difunta. (muerta) Qué osadía os mueve? Qué desvergüenza? Ahaberos entrado aquí. Aquí doña Clara bella. . Isabel, no es este el hombre . que hirio don Luis a mis rejas? y por quien me han sucedido tantos sustos? Su alma en pena, parece más que su cuerpo. Quién os ha dado licencia? ola criados, hermano, nadie me Tente, espera; (oye. que será ocioso el socorro, que de tus oros no venga, y haces mal en llamar otro cuando le tienes tan cerca. Y pues un verro, señora, suele ser capaz de de enmienda, y más cuando la disculpa. en el mismo error se encuentra; bien podrá tenerla el mío, pues solo la contingencia de seguirme la insticia, me obligo a que me valiera de la primer casa, que viene a alindar con la vuestra: Mas de tan humildes dueños, que asustados me dispensan. solo el paso por la fuya a esta casa de manera, que desde un corral saltando unas tapias, que defensa son de este jardín, en el sin saber yo; que pudiera ser vuestro, estuve agurdando, que menor el ruido fuera; y al buscar salida alguna, de una pieza en otra pieza, empeñado vine a dar, señora, a las plantas vuestras, donde me juzgo seguro, y pues en vuestra presencia, estoy, sea tan feliz, que vuestro rigor merezca, castigando el sobresalto que os causó mi inadvertencia, si hay castigo que igualar a tanto delito pueda. Caballero, a quien la suerte os trajo (mover la lengua puedo apenas) otra vez por mi desdicha, la puerta de esta casa es por allí, llévale Isabel por ella antes que venga mi hermano. Cielos! quién habrá que crea, . que el buscar a doña Clara allá empeñarme pudiera, para que la encuentre aquí, que se mudo es cosa cierta. No os vais? . . Que mal obe. quien contra lo que desea (dece, . Abre aquí. quiere obedecer, y ya que mi desdicha, o mi estrella, me ha dado aquesta ocasión, fuera necedad perderla; sin valerme del indulto de vuestra noble clemencia, diciendo, señora; como os adoro. Yo estoy buena, para oír que me enamore Y que siempre vos sebera. Idos, que no he de escucharos, llevale presto Isabela, Oíd. . . No estoy para oiros. Atendedme. No hay que atienda. Qué mi amor? No, no os entiendo. Vamos, pues. Que mi fineza. Será en vano. Vino solo a buscaros. . Ya es grosera vuestra resistencia, cuando es muy posible que venga mi hermano, porque ya es hora; Y sino os vais será fuerza retirarme yo. . Teneos. Que yo me iré, aunque no quiera la voluntad, que esta vez solo pudo ser discreta la porfía, mas no cuando os vais vos, que fuera necia; pero a cuenta de mi amor, poned aquesta fineza. Váyase él, y más que quede . a su cuenta, o a mi cuenta. Ya os obedezco. . Venid. Hola Isabel. A la puerta llama tu hermano. Grave empeño. . . Solo esta desdicha me falta agora: que haremos? . Qué, que se meta en aqueste camarín, mientras que tu hermano entra en su cuarto, pues aquí no acostumbra a entrar a estas horas . . Así es, Caballero, que sin saber lo que os deba, solo os debo pesadumbre: hacia aquí os retirad, mientras que se recoge mi hermano: y tú al instante que puedas, échale Isabel de casa Hárelo como lo orden No os retiráis? Por vos sola pasara yo la in. (decencia de esconderme. Qué arriesgáis, cuando en no hacerlo se arriesga mi honor? . . Ya voy; pero en qué quedamos? Con esa flema estáis agora, ve Yo en que mi altivez; (nid. soberbia ha de ser siempre una mis Y yo en que mi firmera (ma. una propia ha de ser siempre. Qué aguardáis, apriesa, apriesa. ̱. 4. Quién creerá, que en solo un hora. tan tas cosas me sucedan. Quién creera, que un hombre que no conozco así me arrielga.
JORNADA SEGUNDA
SEGUNDA JORNADA Llamando quedó mi amo, si lo ha notado el curioso en la primeras orbada, y velviendo al paso propio; pues ya este hombrese escondió voyle a abrir. Isabel, como no abres aquí. Ya esta abierto, que el habre apagó de un soplo las luces, y tuy a encenderlas. , ; s, Déjalas, y vete. Ay bobos, y con de sacilidad que os engañamos a todos. Ya enáis don Luis en mi casa, eldrad, y porque es forzoso hablar con esta tapada que veis, en cierto negocio que me importa, perdonad, y esperadme. Cuando somos los dor don Juan tan amigos, ese reparo es ocioso. Tapate Inés. . Eso intento. d. . Quien será la del embozo. . Qué doña Ana se ausentó de su casa, grave arrojo. Válgame Dios! qué gran gusto es ser los hombres curiosos, y más cuando se lo estorban, que entonces importa poco les abran tanta cabeza, si pueden abrirtanto ojo: y con ser ya las diez dadas, y estarme cayendo a plomo, no tendré sueño, hasta que acabe de verso todo. T infame tienes la culpa. Yo; si no la vi en que; o como? En ofenderme, y en dar ocasión a que pueda otro lograrla, y de mis favores dentro de su jardín propio; pues quien duda que con él se iria, a celos rabiosos áspides del corazón! No estoy en í. . . Nada oego de lo que hablan, y me tiene esta mujer receloso, porque decirme don Juan, después que andúnimos locos, buscando aquel hombre, que no hubo de roparle modo, que me fuera con él, por ofrecérsele un forzoso lance, y que una dama estaba en peligro muy notorio, inderechos a la casa de doña Clara, y al propio tiempo salir de su casa esta mujer misterioso; don Juan venirse con ella a la suya, y estar solos recatándose de mí, hablando, lances son todos que tienen bien que pensar. Pero yo para que formo tales discursos, si olvido a doña Clara, de modo que casi ya la aborrezco. Si te he referido, como al hacer la seña tú, abrí el postigo, y que prompros se entraron los hombres, que tu viste y yo no conozco: que mi señora temiendo de su padre el justo enojo, huyó su rigor, que yo viendo que faltaba, tomo el manto, y salgo en su busca, que no encontrándola torno a casa a saber si a vuelto, que de un eriado me informo, que dice que no, que vuelvo, y doy contivo celoso me traes a tu misma casa, donde estamos; esto es todo lo que ha pasado, que culpa tenemos si en nuestro abono habla el sucesó. . Ju Aenemiga; as este es el pago, este el logro de mis finezas, ha ingrata. Doña Claraas, pues celoso don Juan con extremos lucha. A todos los miro absortos, y no les escucho nada, llego me más poco, a poco, pero mi amo me a visto. Infame, tú aquí? . Socorro señor que mi amo me mata. Don Luis, pues vos tan furioso contra Tobillo. . . Dejadme que de a ese bárbaro loco la muerte, y que con su sangre. Advierte, que es peligroso el sangrar de los tobillos. Pague su delito propio con morir. . . Tú te retira, a esa pieza, hasta que solo quede, que tengo que hablarte. Digo, pues, que me conformo con lo que mandas, que habiendo en casa tanto alboroto, yo no he de volver sin mi ama, y puesto que no la topo me estaré aquí, Qué os ha hecho? Háceme faltar a todo cuanto un hombre como yo puede faltar. . Decid cómo? Yo Juan me hallo empeña en defendera una dama, (do que supone de honor; y fama, de mi valor ha fiado, ella está muy arriesgada por sí, y por su calidad, con poca seguridad porestar en mi posada: Y no tener más decente, parte donde pueda estar, pues al quererla buscar, sobrevino el accidente de venir siguiendo vos, a no sé que hombre, tras quien yo hice lo propio también, y ninguno de los dos, alcance le habemos dado, y como siguiendo os vine, a ese pícaro previne, que tuviera gran cuidado con aquesa dama, pues yo volvía al propio instante; y es tan infame bergante, que lo ha hecho todo al rebés, pues que solo la dejó. Ved ahora si en tal caso le ha sucedido un fracaso, que bien que quedaré yo: Y así licencia me dad, pues tanto empeño me llama a no faltar a esta dama, o buscar parte. . . Aguardad don Luis, que si yo la culpa tengo, de que hayáis faltado a esa dama, está enmendado el yerro con la disculpa: por una dama conmigo os venisteis vos también; y así que no falte es bien a la dama de mi amigo, es que mi casa le ofrezca, que aunque indecente parezca, estando en ella mi hermana no se la puedo negar, aunque hay mil inconvenientes: pero quien los accidentes ha ponido remediar? Digodón Luis, que queráis mi amistad, pues que sabéis, que aquí mi casa tenéis a vuestra orden, y andáis huscando otra; y extrañeza parece en nuestra amistad. Esta es don Juan cortedad, yo os estimo la fineza, tanto, que quiero acetarla, aunque os de algún embarazo, pero será breve el plazo, que está noche asegurarla quiero, que en siendo de día, sé bien que solo su intento, es entrarse en un Convento, en cuyo sagrado fía por su crédito volver. Vive el Cielo, qué acetó? . mas la culpa tuve yo, pues se la llegué a ofrecer. Id por ella, que aguardáis? Que aquí estará muy servida, de mi hermana, y asistida. ̱ . De un empeño me sacáis, don Juan que estoy por decir, que vida, y crédito os debo. Eso me obliga de nuevo para desearos servir. Pues con ella sin tardar un punto, pienso volver. Yo en tanto iré a disponer, la parte donde ha de estar: y a mi hermana iré a decir, la huéspeda que la espera. o bligación cortesana, . . Quien agradecer supiera, don Juan, como vos cumplir, haciéndome tal favor. Dejadme viles recelos, que don Juan no me da celos, pues me olvidé de mi amor, ven infame. . Ya te sigo. Vos don Juan me habéis sacado de un grandísimo cuidado. Soy vuestro mayor amigo. No traigo gueso con gueso, porque huyendo a troche, y moche, más he corrido esta noche, que una mañana el repeso. Pues después de mis contiendas, más corrido llego a estar, que una cena de escolar que un galló en carnestolendas: el hombre que me seguía, venía que se las pelaba, y yo al verle no volava, que era poco si no huía: que a esto se ponga un criado, por una pobre ración, que suele ser ilusión, mal vestido, y peor pagado. Pero el desquite es igual, que acá nos queda también, pues sino nos pagan bien, también le servimos mal: ha soleta no te metas, en suretarte a otro hombre, pues a no ser por tu nombre aún no tuvieras soletas. Pero mi amo aún no a venido a la posada, y es tarde, ello es fuerza que le aguarde, si a caso le ha sucedido otra como en la que fue herido su suerte escasa, no me admira que la casa. lleva pendencias de pie, y él aún no esta escarmentado, de un cierto tantarantan, que le pego otro galán, pues después de haber pasado, tres años que a que sal mos, a negocios de Madrid, estando en Vallado id a unos pleltos a que fuimos, de una hacienda que heredo, Don Fernando a penas vuelve, hoy cuando el volver resucle a la tal casa, y hallo otro galán al entrar, y un padre viejo al salir, todos ellos a reñir, y yo solo a retirar: escóndime de temor, mas fue el escondite guero, porque el viejo perdiguero, me sacó por el olor: y hice mal en declarar quien era mi amo allí, que a cogerme el viejo aquí, yo le enviara a pasear, y le hiciera Esta ha de ser la posada, si no miente advel vil criado. . Enfrente del Carmen viene a caer. Que le déjara escapar. vive Lios que estoy corrido? mas que no pondra en olvido la fuerza de tal pesar? Él viejo es por lesu Cristo, parece que me da alma, este viero es mi fantasma, pero por si no me a visto, por este lado me voy. Aa si hal ara a mi enemigo, a hidalgo? No habla conmigo. d. . Por qué? . Porque no lo soy. d. . Pues cualquier que seáis oíd. Soy sordo (ay tal tebía!) Aguardad. . No tengo flema. d. . Pues mirad que si apuráis mi paciencia, yo os haré que sepáis más cortesía. No sé más (ay tal porfía!) Pues yo ansi os la enseñaré. Mucho aprieta, él me ha obliga. a volver, que me mandáis? (do Que si posa aquí digáis: mas no sois vos el criado que en mi jardín llegué a ver. Yo tal había de ser, Jesús, en mi vida he entrado en jardinad. . Con este indicio . se ve que no me engaño, y en todo verdad me habló. Yo temo perder el juicio. . Dijistela que saliera? Ya sale, que yo entreranto, he andado a buscar un manto, . . Que mal resisto porque sin él no se fuera, y a la huéspeda de casa le pedí, que aunque le presta nuestro dinero nos cuesta, quien creerá lo que nos pasa, señores. . . Decidme, pues, d . Muere.d. . Defiéndola yo. me pienso escapar de aquí, diciendo que sí, aquel es, este, yo me habré librado del viejo, y habré sacado a mi amo del empeño. . ̱. . Esta bien, él es sin duda, pues dice serforastero el vestido, Caballero? Lo primero es, que yo acuda . Si haré, venios conmigo, a mi obligación, mas quien me llama? . . Saber quisiera, si acaso llegáis de fuera: y deseo saber también, si don Fernando del Lara os lla máis? . . No Canallero. Ni le conozco. . . Yo muero . Mi ama se escapo, seguir si no es él, a honra que cara . te vendes al recobrar, siendo fácil de pe der en manos de una mujer. Estás cuando habías de estar, de justicia, no de gracia, en la diguidad primera, donde la deshonra fuera castigo, mas no desgracia. A Obedeceros, señor, vengo, más cielos que he visto, mi padre es. mi pena, y mi deshonor, muere hija infame. . . Mirad, que es mi padre, muerta soy En terrible aprieto estoy, detras de mí os retirad, es aquel vuestro amo? . Así . . Pues vos moriréis también. No será muy fácil. Quien en tal desdicha se vio! . que diciendo, que es mi dueño . . A tanto empeño no acierta el discurso a resolver, pero esto en sin ha de ser yo quiero coger la puerta. Tovillo lleva esa dama, en casa de don Juan mi amigo. señora. . . Si honor, y fama he perdido, y a que importa la vida. No me seguis? . . Sí. Todo queda en un tris. Yo voy confusa, y absorta. la quiero, y ver donde va; que a mi amo mejor allá que aquí le puedo servir. . Ya en menor empeño estoy. Que así de mí os defendéis. Mi valor conoceréis, y por él sabréis quien soy. Tened, que pues siempre ha sido para la ofensa el remedio, mejor haber algún medio de parte del ofendido, habiéndole entre los dos, no se ha de desestimar, pues también nos puede estar, a mí, a mi hija, y avos: pues por más que me neguéis. ser don Fernando de Lara, el suceso lo declara: cuando a mi hija tenéis. en vuestro poder, mirad que estoy muy bien informado de quien sois, por agraviado no me neguéis la yerdad: si sois mozo, mozo he sido; este es un yerro de amor, y no es muy grande el herror que para en ser su marido: mirad, pues, que un noble vinio con ella os esta rogando, tiempo es señor donfiernando de que mudéis de consejo: addirriendo, que también granjeáis vos en lance tal, pues no os estará muy mal, y a mí me estará muy bien: ved, que queréis elegir, que a mí solo el proponer toca, y a vos el resolver en casaros, o en revir, Habrá a nadie sucedido lo que me esta sucediendo, . que cuando su honor defiendo, juzgue que yo le he ofendido; y que porque más asombre suceso tan singular, a mí me quiera casar, creyendo tengo otro nombre: vive Dios! que no se que haga en suceso tan notable, pues ni sé como le hable, ni como le satisfaga, que reñir con un anciano, que tiene tanta razón, no es valor, y es sin razón derle a su hia la mano: imposible hacer que crea que no soy yo don Fernando; es caso negado, cuando llo tiene impreso en la idea. Ya es esa mayor ofensa que aún el haverme ofendido, pues quien piensa este partido le agravia lo que le piensa: si supiera mi hijo Luis; . que hay hombre a quien yo tal ruegue, que harla? mas antes que llegoe moriré yo, que decís? Ved como habéis de quedar con vos, y conmigo? Así, que no he de ofender aquí, a quien no quise agraviar. Asihuis? . . Los Caballeros, tal no pueden presumir, porque fuera infamia huir, y es valor el no ofenderos; pues no tengo otro remedio, . a la calle he de sacarle, que no faltará en la calle al quien que se ponga en medio, con que quede suspendida nuestra lid, veo en rigor; como os quitará el honor, quién así os guarda la vida? Yo he de matar vive Dios; pues no tengo otro remedio, pues hasta que haya otro medio me he de defender de vos. Perdona hermana el enfado, que ha sido cosa precita el que esta huéspeda esté aquí, hasta que sea de día, que entonces seira, d. . Y no adviertes, que no es bien no, que se diga, que pueda conmigo estar mujer que no es conocida, y más dama de un amigo tuyo, que tan facilfía su crédito a una posada. Si te he dicho que peligra en estar un punto en ella, y que su nobleza altiva es lo que la arriesga más, y que un amigo me obliga a que no puedo faltar: confieso que es cosa indigna el que tu tengas hermana de aquestos lances noticia, pero hay cosas sin remedio, que ellas se vienen perdidas, y al fin no pude excusarlo. Sí, pero en él grosería fue aceptarlo, si que tienes don Juan hermana sabia. Ya el yerro se cometió, Isabel una bujía toma, veamos si esta pieza que doña Clara no habita. es capaz para que esté. Ay de mi! yo soy perdida, que está aquel hombre escondido dentro de ella. . Si él la mira, no doy por mi vida un cuarto, que como entro tan aprisa mi amo, y a salir no ha vuelto, se esta el hombre toda via en sus trece de escóndite. Ven, de que estás suspendida? Yo señor de nada. . . Tente, que aunque es verdad que podía estar quejosa de ti, esto llega hasta la lígnea, que pisa la objección, no cuando veo que es precisa la obediencia, y así deja que quede por cuenta mía la disposición, que en esto estamos nosotras mismas más enteradas, pues son caseras sofisterias, que a las mujeres enseña la escuela de su almohadilla, (o si pudiera excusarle que entrara!). Yo, toda limpia la tengo, y muy aderezada: el diablo lleve mi vida . si tengo tal . . Con todo eso quiero ver si necesita de ponerse alguna cosa más. Que a una desdicha me arriesgue así por un hombre que no conocí en mi vida. No alumbras? . Está cerrado. Pues la llave? . Hay tal posfía! que mentira le echaré? allá dentro está metida. Pues ve por ella. Cogiome. Gran mal el alma adivina! aguarda si a mi cuidado te he dicho que lo remitas, no te canses que a los hombres no toca estás caserias, yo lo dispondré de modo que quede muy bien servida esa senora. Entrad, pues. Quien aquí tan repentinamente a entrar seatreve? Yo, que aquesta dama. Que miran mis ojos, aquí don Juan? si es esta su casa, albricias alma. Digo, que aquesta señora me mandó con grande prisa mi amo, que la trujese aquí, que la vio cuando salía de la posada su padre, porque tiene brava vista el tal viejo, que llegaba a esta ocasión, y con ira la espada saco, y con mi amo haciendo se queda astillas si no vas a socorrerlo, Sed señora bien venida, que en esta casa tendréis quién os ampare, y os sirva como es razón, con mi hermana os quedad, que a mí me obliga el rielgo en que don Luis queda, esta mujer es la misma . . que te dije. . . Ya te entiendo. Sígueme Tovillo aprisa. . Ve tú, porque yo no puedo faltar al fuero duclista, de antes que todo es la dama, y estando ella aquí metida, no parece bien dejarla, y irme yo a caballerias. ̱ . Apenas he vuelto en mí. Sostiégate, resucita. señora, que ya yo estaba. con el alma en las encias, punto menos que en los dientes. Estoy mortal! No te asisías. ̱ . Disimula, ya señora estáis a donde asistida. seráis de mí, que mi hermano me insinvo vuestras desdichas, y me tiene juntamente vuestro mal compadecida. de . Avuestras platas tenéis den. una mujer; en quien cifra sus sucesos la fortuna. Vuestra beldad peregrina lo da a entender, pues al veros, justamente se acredita, y mis celos; pues no hay duda que está don Luis, cruel fatiga! en Madrid, quien tal pensara! pues Tobillo que solía. ser su criado, a esta dama la trae a mi casa misna a ampararse, cielos! yo socorrer a mi enemiga: a otra quiere, ha alevo, ha falso! No has visto? Nada me digas, que he visto más que quisiera. Hay tan gran bellaqueria? que sea Tobillo alcohuete, de magnitud tan sabida, que los demás no lleguen al robillo, ni a la liga: tal infamia a nuestros ojos, mal haya quien no le pringa? el la más juzgué de don Luis? tan infame grosería: pero no puede ser, que Tovillo ya no le sirva? si, que banamente el alma le anda buscando salida. Señores, es este encanto? quien en el mundo diría, que era hermana de don Juan doña Clara, hay cual me atisban? que cainos ojos me echan, según engorda la vista la Isabel; al verme pone- como unas madres las niñas d. . Verme en casa de Juan, e en parte aliviar podía mis penas; a no temer el suceso en que peligran, mi padre, aquel Caballero, cuya piedad me apadrina; y . . . Yo he de apurar . de esta vez las ansias mías, sabiendo de esta mujer la ocasión que así la obliga, si es cierto que las desgracias repitiéndolas se alibian; pues se suele dividir entre el que oye referirlas, y el que padece el pesar, de tal suerte, que hay quien diga, que en la piedad del que oye está la pena mas viva: de aquí es preciso apartarla, . que en mil confusiones lidia el discurso aún tiempo, pues expuesta a perder la vida estoy, si este hombre no sale de casa, por si malicia alguna le dio a mi hermano mi resistencia, si a vista de aquesta dama lo saco, cuando está sin culpa mía escondido, es liviandad, si Tovillo no se quita del paso le podrá dar a don Luis de esto noticia; y a todo es fuerza atender, volviendo a lo que decía, tan de vuestra parte estoy, que si cabe el referirlas en vos, y en mí el remediarlas, creed que procuraré fina ayudaros. . . De tal suerte a vuestra cortesanía me veo obligada, que es fuerza, que el obedeceros sirva de respuesta, y de mostrar lo que os quedo agradecida. Que poco que lo estuvieráis a conocerme enemiga, Isabel? Qué es lo que quieres? Procura, piensa, imagina modo de echar a Tovillo de aquí, para que no impida salir a este hombre, entretanto que conmigo se retira esta mujer. . Yo lo haré. Mira que me va la vida: pues entrad donde las dos solas, sin más compañía podamos con libertad hablar, en vuestras desdichas. Vamos, pues que vos gustáis. Oyes? . Señora. Examina de paso a Tobillo, si es que con su amo toda via está, y lo más que pudieres. De mi cuidado lo fía, (empiezo mi comisión,) señor Tovillo tal dicha, uce en Madrid? Cuál se viene cayendo la llabelilla. No hay más hablar? . Isabel, honra de las mantellinas, que eres de las Isabeles la que el refran solemniza, aquí tienes a Tobillo a tus pies como solia, que es en lacayil idioma, Juanete de tus canillas, y en Flandes ha sido siempre, la que la persona estima. Y ha venido tu señor? Claro está, pues el podía estar sin mí, o yo sin él? Por qué? . Porque la precisa necesidad nos conserva; qué somos tales partidas mi amo, y yo, que al desunirnos uno, y otro perecía; pues bien mirado, en el mundo ningún amo encontraria que me pague a mí tan mal, ni el criado que peor le sirna. No digas mal de tu amo. Solo en esto se desquita el no comer. . Di, y hablaba de mi ama? Cómo en Turquía. Ni se acuerda de su amor? No tanto como yo hacía de ti, pero al fin se acuerda. (No sé que cosa le finja . para echarle de aquí luego: y dime en clandes que hacias? Nada, mas que tener hambre, pero era todos los días. Lástima me da el oírte; a estar tu acá en mi cocina no te faltara. . No es tarde, para que yo lo reciba, que harta hambre traigo atrasada. Parece que ha dado chispa, . así le pienso llevar: ven; que algunas chucherias ten dran los escaparates. Como no sean de la China las tomaré, porque se usan mejores de algarrovillas. Al instante que a Tobillo . le enbeba su golosina, volveré a sacar a este hombre que así el sosiego nos quita. Vive Dios que aqueste rato pienso llenar la barriga, que la Isabel siempre dije que era mujer de altaguisa. Desde que aquí me dejaron temiendo haya quien me impida la salida, no he querido abrir, porque dentro se oía rumor de haber aquí gente, ya algo más quiera te mira la casa, a Isabel quisiera hallar, pues siendo mi guía me sácara de aquí dentro. z Apenas más recogida con esta Dama quedé del ruido de la familia, cuando al quererme contar su mal en copia sucinta, fueron tantos los suspiros, y el llanto, que compasiva la pedí que se quietara, que después me lo diría más despacio; sosegose. y a volver aquí me obliga saber si es que echo aquel hombre Isabel, pero no haría, pues él esta aquí. . Allí veo a doña Clara divina, quiero llegarme: aunque siempre señora para mi esquiva (niera! os mostráis. . . Ha si llavel vi Como una vira vuelvo a obedecer a mi ama, que a Tovillo en la cocina le dejé bien ocupado. Ella es. Isabel, aprisa a ese Caballero saca a la calle. No permita vuestro rigor. . Advertid, que no es bien que honor, y vida arriesgue tercera vez por vos. . Mirad que peligran nuestras vidas, si os tardáis. Temiendo voy vuestras iras. Vamos. . . Vendito sea Dios que se fue, que no podía acabar de perfuadirme. que había de hallar salida de aqueste ahogo. A esconderos volved. Pues, di, que te obliga Isábela esto? Al abrir la puerta yo estoy perdida di con un hombre de cara, que a entrar en casa venía, y imagino que es tu hermano, Ay de mí! si le vería? No sé, escondeos que llega. Mirad lo que os sacrifica mi punto por no arriesgaros. Quien con un hermano mira en esconderse. . Aquí vuelvo, pues ya llené la barriga. La dama que te entregué, dime dónde está Tovillo? Allá dentro. . L. Doña Clara está allí, cierta ha salido mi presunpción. . . Don. Luis es: Viven los cielos divinos, que al entrar yo por la puerta pude ver que hacia a quí vino retirándosé de mí un hombre, y que se ha escondido. Ay que es Luis, buena la he hecho yo, si a caso nos ha visto. Confuso ha quedado al verme. d. . Cierta mi rospecha ha sido, ella es la misma tapada. que yo dejé en este sitio con don Juan, su dama es, bien su recato lo dijo, pero verla tan allada. aquí ya mis ojos mismos, vive Dios que es más que celos! que toca en desprecio indigno. Miren cual se están los dos mirando de hito, en hito, mi amo con tanta jera, y ella con tanto hocico, quien al verlos tan derechos, juzgara que están tórcidos? Hh traidor, bien en el rostro se le ve que está corrido, al ver que sé sus infamias, que dirá de haberme visto dónde pensó hallar su dama? Volcán soy, fuego respiro; y a no reparar, que pudo entrar con otro disignio el hombre que está ocultado, pues según don Juan me dijo, tiene hermana, y puede ser que por ella haya venido; entrara a mirarla casa: mas porque mi desatino, viendo a esta ingrata a mis ojos, no me obligue a algún delitio: irme a aguardara don Juan allá fuera determino, salirme es mejor. Adonde señor don Luis queréis iros, cuando de una damada os llama con tanto aprieto el peligro: si es porque sabéis que queda segura estando conmigo, y que desearé asistirla, por saber que en ello os sirvo: nunca de ajena atención se fía el propio cariño, y dais lugar a una queja: No con equino co estilo, ni falsedad afeltada procuréis con artificio confundir a mi razón, con presupuestos fingidos; cuando los míos son cierros; y los vuestros se han valido de una ilusión que no puede tener más cuerpo que el viso. Luego vos no sois aquel que arrestado como fino, por defender a esta dama, aquesta noche ha reñido con su padre, ni el que ha dado ocasión a su peligro? ni el que a esta casa la envió? ni el que pregunto a Tovillo por ella al entrar, no es esto? Pensaréis, que convencido me dejáis, con lo que agora doña Clara me habéis dicho, pues no, porque sin quererla, me puede haber sucedido valiéndose de mí, sin más causa, ni más motivo. Liuda disculpa, y a tiempo? Ya sé, que sin tiempo ha sido darosla avos, cuando, pero quiero callarid. . No, decildo qué qué tenéis que decir? 4. . Es poco tirano hechizo, que haces poner la razón? de parte del albedrío? Es poco ingrata alevosa; haber con mis ojos visto, que dentro de aquesta casa haya otro galán, podido merecer favores tuyos? no te basto cocodrilo engañoso, haberme echado a palses tan distintos, y tan remoros, huyendo de tus falsedades, sino que hoy cuando a Madrida penas llego, te veo en este sitio con otro galán, a aleve! pues no por ti, por mí mismo te he arrancar de su pecho matándole, mas que digo? que don Juan que culpa tiene: que sea tan vil el capricho de los celos, que tenía puesto este amor e olvido, y porque don Juan la quiere, vuelvo a mi primer desirío. Sin duda que le vio entrar, y sabe que está escondido, pues que dice que aquí dentro logrado ha favores míos: que le hubo de ver don Luis, ha que infelice he nacido! Cayose la casa a cuestas. Ambos está como un vidrio, mas como amor es vicioso están algo penadillos. Decid que esto no es verdad, y que fue vano capticho, como cuando me fui a Flandes, según vos me habéis escrito? Claro está, que es ilusión. Háréisme perder el juicio. el Hablad más paso, que puede aquesa señora oiros, que está aquí dentro, y no quiero que tenga lance conmigo, ni vos disgusto con ella por mi causa. . . Ya os he dicho que no sé quién es, vos li, que sabéis que yo os he visto. Bueno es, que me hagáis creer que cuanto os ha sucrdido con esa dama, es acaso, y que acertado el destino de su desdicha, se fue a valer de vuestro brío: cuando se ve lo contrario, y que porque hayáis querido hacerme un cargo tan grande, que vuestra idea le hizo, no me habéis de creer a mí, y yo os he de haber creído. Es que eso es una ilusión. Háréisme perder el juicio. De mi concepto os valéis. De mi razón me he valido. d . Linda disculpa, y a tiempo. Dala por los propios silos, que es estocada de diestro, Ella reparara el tiro. Yo solo sé que una dama aquí por vuestra orden vino. Y yo que en aquesta casa con un galán os he visto. Que ella se arriesgó por vos. Que él está por vos perdido Pero yo de qué me astombro? d. . Pero yo de que me admiro, si sois mujer? Si sois hombre. Así es: yo no necesito de vuestras disculpas ya. Ni yo, que nunca admitido puede vuestro engaño ser, cuando es tan claro el indicio. Pues bien está, Bien está; pero oís. . Qué? d. . Que advertido estéis de que no he de creeros. Yo osiba a decir lo mismo. Que todavía se sufran amantes al uso antiguo, con sus dimes, y direres: bien hayan las de este siglo, que han hecho que por las ollas se truequen los pucheritos. Más veni acá, cuando sea verdad lo que me habéis dicho, que os lo quiero conceder: siendo tan recién venido, o hubo de dar con vos L esta dama, y compasivo empeñaros vos por ella tanto, y aberos valido tan presto de aquesta casa, que esto no cabe en un siglo; y queréis sea en un instante? Pues aún más que eso ha cabido en dos horas no cabales (ro que ha que llegué, y no me admí que el mal nunca gasta tiempo, que él se viene sucedido; y pues caben tus mudanzas, que te admiras, si yo he visto con quien me ofendes. Hermana? Don Juan es, hermana dijo Do. Luis lvive Dios que he andado por estas calles perdido buscándoos por todas partes, como me dijo Tobillo el empeño en que quedabáis, riñendo, y ya disuadido de hallaros, volvía a saber si aquí estabáis. Yo os estimo don Juan fineza tan grande; que aunque me vi en gran peligro con el padre de esa dama, fue bastante a dividirnos la nophe, y la confusión de gente que llegó al ruido, conque volvía vuestra casa, y ahora en este instante nismo. acabo de llegar (Cielos! que don Juan, pierdo el sentido? es de doña Clara hermano? pues ella con él no vino tapada a esta misma casa? Hay más ciego laberinto!) Huélgome de que ya en casa estéis, sed muy bien venido, que dalla os podréis valer cumo de mi (ya es preciso que de un yerro nazca otro, pues habiéndole ofrecido mi casa a su dama.o quién pudiera prevenirlo! es fuerza que el cuarto bajo le ofrezca, pues tan distinto viene a estar del de mi hermana; y siendo como me ha dicho, por esta noche no más, no puedo excusarlo, amigo ya en salvo tenéis ln dama, y pues es tan conocido vuestro riesgo, si volvéis a la posada, os suplico que os quedéis aquí, porque no será bien parecido, que estando en mi casa, os deje salir con tanto peligro. Pues hasta dejar segura . a esta mujer, no hay camino de irme en casa de mi padre, forzoso será admitirlo: no sé don Juan como pueda decir, cuan agradecido os estoy al hospedaje, que yo estaba pensatino discurriendo a donde iría. Isabel, dale a Tovillo la llave del cuarto bajo, pues quedó aunque me he subido a este alto, aderezado; y baja luces. . Del aposentillo de la despensa fuera algo mejor. . Al punto te sirvo. . Y tu hermana a aquesta dama que la regales te pido, y me cuides mucho de ella, mientras que yo solicito hacer con don Luis lo propio. Yo hermano aquí había salido por dejarla reposar, que tal lástima me hizo la repetida tarca, de lágrimas, y suspiros: que la pedise quietara, cuando el señor don Luis vino; y así a demás de saber, que en esto don Juan te sirvo, ser cosas de un Caballero, que tiene el nombre de amigo tuyo, para que lo haga es bastante requisito: ha traidor, porque ella está . aquí en casa, él a querido quedarse también. Yo haré que no logre su disignio. Yo señora, os agradezco, favor que es tan excesivo, que bien sé yo que por mí no lo hubiera merecido, a no ser por la amistad de vuestro hermano mal sinjo, mas yo sabré, vive Dios a donde está, o que se hizo el hombre que vi al entrar, pues no puede haber salido? Ya quedan las luces puestas, toma la llave Tovillo. Dácala. . . Isabel? Qué quieres? Qué busques modo, o camino, para que yo hable a don Luis esta noche, porque es fijo que me han de matar mis celos si hasta mañana reprimo decirle mi sentimiento. Ya he topado un bravo advitrio. del cuarto bajo no sube a dar a tu cuarto mismo una escálera secreta? Sí. . Pues por ella. Ya miro en lo que vas a parar, pero mi hermano ha tenido siempre la llave. . No importa, que la que yo di a Tovillo hace también a esa puerta, que alguna vez me ha servido. cuando no he hallado la otra, déjalo al cuidado mío: Quiero vosverme a mi cuarto, y si es que Ines no ha salido de él, por ruegos, o amenazas de ella saber detérmino quien eran aquellos hombres del jardín. . .. Y el escondidos como hemos de salir de él? En estando recogidos, daré con él en la calle. Ya sabes en el peligro que estoy, si don Luis le encuentra. Nada temas, que yo fío que saldremos bien de todo. A recoger podéis iros cuando gustaréis don Luis. Ya me voy, a Dios amigo, besoos señora las manos. Guardeos el cielo mil siglos. d. . Yo buscaré modo, como hallar al que esta escondido. Y yo hablándole saldré de una vez de este martirio.
JORNADA TERCERA
TERCERA JORNADA Ya le he avisado a don Luis. que quiere hablarle mi ama esta noche, y que así suba por la escálera excusada, pues tiene llave, en dejando que se sosiegue la casa, y cumplida esta función, otra que cumplir me falta, que es la de nuestro escondido, que esta campado en la jabla; y antes que suba don Luis le pienso poner de paras en la calle, de tal modo, que mientras sube uno; aya tiempo de que baje el otro; porque no tenga tomada don Luis, que esta receloso la puerta, raras marañas son las que se ven pendientes. aún tiempo de esta criada, y he de salin bien de todas, o me ha de andar mal la maña, y me he menester dar priesa, que ya son las once dadas, y hay mucho con quien cumplir, y será notable falta que den las doce, sin que la comedia esté acabada. Ahora bien, voy a avisar al encerrado, no salga. del camarín donde asta, hasta que yo por él vaya, que he mevester recorrer primero toda la casa, y ver si don Juan esta en su cuarto, y si la dama, que de huésped de aposento nos trajo nuestra desgracia. esta recogida, y otras, mas de dos mil zarandajas, que sin ser precilas son para estorbar necesarias. Qué mal sosiega quien pena! quien siente, que mal descansa! no hay cosa que no soponga de parte de su desgracia: los que antes eran consuelos se abanderizan por ansias, y al sueldo de la desdicha; sienten los sentidos plaza: quien habrá en el mundo cielos, que sea tan desgraciada como yo? a quien sucedido a bran desventuras tantas? yo, que le debí finezas a don Juan? yo que en las aras de la voluntad más pura sacrifiqué vida, y alma? Cuando el estaba más fino, y yo más rendida estaba, cuando pensamos canbiar en posesión la esperanza, que a una unión, dos albedrios con vínculo estrecho enlaza: cuando pensé ser su esposa, y en fin cuando le aguardaba esta noche, como otras muchas, la fortuna airada, envidiosa de mis dichas, al tiempo desdicha rara! que hizo la seña don Juan, dos hombres con arrogancia se entraron, que no conozco, tras quien don Juan con la espada desnuda se entró también: y al ruido de voces, y armas, bajó mi padre, yo muerta. de mi miedo aconsejada, huy sujusto rigor, y después de tan extrañas aventuras he venido a dar en aquesta casa, que es de don Juan, quien habrá que le asegure, y persuada, que estoy inocente cielos! cómo creerá mis palabras? hay don Juan del alma mía! y quién te desengañara? pero Ines que se habrá hecho, que como salí terbada no la eché menos entonces, y me hace notable falta. Tú me has de decir, quien eran los hombres, o con la daga te he de matar, no imagines escapar. . Señora, ampara mi vida, pero que miro aún no lo creo doña Ana, señora. . . . Inés. Es encanto, es ilusión, o fantasma lo que veo? como aquí doña Ana dentro en mi casa pudo entrar? por donde vino? hay confusión más extraña! Don Juan, pues vos con Inés tan cruel? aunque la causa sea muy grande, siempre queda vuestra acción por temeraria; siendo contra una mujer, que el ser a veces tan flaca la parte enemiga, suele ser de la ira templanza, que la ejecución suspende: y tú que ocasión le dabas para este exceso? . No más, que decir que no sé nada de lo que agora en su cuarto, señora, me preguntaba; pues sabes que no conozco quien son, ni como se llaman aquellos hombres que entraron esta noche en nuestra casa, y sobre que lo dijera, me amenazó con la daga: con que yo me vine huyendo, y me siguió hasta esta sala, donde te he visto, y al cielo le doy infinitas gaacias de haberte hallado, porque temiendo no me encontrara tu padre, vine a buscarte aquí, y como no te hallaba, me estuve queda. . . Pues como quieres que Ines sepañada, si no lo sé yo tampoco. Que no lo sabes, ha falsa! Quíteme el cielo la vida, si en algo he sido culpada. Si después que hice la seña, cuando la esquina doblaba. los hallé de la otraparte de la calle, y como estaban junto a tu puerta, creyendo que era gente que pasaba, no quise entrar, y volví la esquina, por si dejaban la calle, y como uno, y otro, solo el entrar esperaba, a el abrir la puerta entraron a tiempo, que con la espada. desnuda, me fui tras ellos: mira si puede haber, si hallas. camino de disculpar, una evidencia tan clara como estarse allí parados, aguardando quien les habrá. Ves don Juan esa evidencia; y que no hay circunstancia ninguna que contra mí no traiga plena probanza? Si doña Ana bien lo veo, Pues en nada estoy culpada. Y yo quedo satisfecho, pues que tú lo digas basta. Si crédito no me das. Los diablos lleven mi alma; si las dos quien son sabemos, pues bonita soy para jurar cuando no es verdad. Claro está, si que se engañan mis ojos, y mis oídos, y que más verdad me tratas tú, que mis sentidos mismos, mas de otra duda me saca: ven aca, como has venido, o quien te ha traído ingrata a mi casa, di, por donde entraste aquí, de que traza te has valido? . . Detí mismo, De mí? . . Sí, pues a tu hermana. me encargaste cuando entré Luego tú eres la tapada, que entro Tovillo? . . Yo soy. Ya es más grande mi desgracia, pues es d. Luis quien me ofende, pero don Luis, si ahora acaba de llegar de Flandes, como puede ser, y cuando haya mas tiempo, y quiera negarlo, a ser doña Ana su dama, no me la había de traer. el mismo a mi propia casa; sabiendo que soy su amante, aquesta evidencia es clara, mas tiene muchas en contra, pues pudo ser cuando entraba aljardín, no conocerme, que porque no reparara don Pedro en mí, me encubrí. en el jardín con la capa: cierto es, no hay duda, don Luis me ofende con esta ingrata; el indicio es cuidente, y ahora el discurso repara, que aquel hombre a quien seguí; que se arrojó por las tapias, debía de ser su criado, pues que se fue a su posada a valerse de él, y pudo embarazarme con maña que llegara a conocerle, mas yo le haré a cuchilladas. que sepa del modo, que a hombres como yo se agravia. d. . Don Juan, mi dueño, mi bien. que me quieres? Que me escuches, y que si he sido culpada en nada, ni sé quién es; plegue al cielo, que me caiga muerta a tus ojos . . Ya sé quien fue, y ya es excusada. cualquiera latisfacción, pues tengo en mi propia casa a el traidor, con quien me ofendes el que en tu jardín estaba, el que riño con tupadre, quien te llevo a su posada, y el que al fin te trajo aquí. Mira don Juan que te engañas; que ese caballero es. Que va lo sé, calla, calla, es dond nis Osorio? . . Quién? cómo dices que se llama? Don Luis osorio, un soldado que ahora de Flandes acaba de llegas. Mi hermano es, cielos! Que te admira, que te espanta, que yo sepa tus traiciones, Ay Juan, yo estoy turbada, mayor mal ay del que piensas, que don Luis es? Quién me agravia. No sino mi hermano, pues? ya te dije que esparaba un hermano, ay de mi rriste! que estaba fuera de España, y que mi padre creía llegaria hoy, o mañana; que no se conozco a él, ni a mí me conoce a causa, de que yo nací en las Indias. que tu hermana es, quien pensara: cielos que tal podía ser, pues nanca supe que herma na. pudiera tener don Luis, Mi mal, mi infierno, mi rabia, . Ya hay otro hermano en la diza; Mira de quien tenías celos. Confiesote que es tan tara la novedad que me asombra, pero háceme repuguancia el que ya que sea tu hermano don Luis, y que por la causa que has dicho no os conozcáis: como hallándosa en tu casa. a donde con él reñí, es de creer que ignorara que era su casa, y que tú eras doña Ana su hermana? Porque no fue el que ribó contigo. . . Luego el que estabas en el jardín no era él? No, porque como asustada. de mi casa sali huyendo, calzándome el temor alas le en contre en la primer callo pedile que me amparara, y él lo hizo como has visto. Apenas cielos acaba una duda cuando empieza otra, y de ella nacen tantas, que me hacen perder el seso, que en efecto (ay mayor ansia!) otro era el del jardín? y lo confiesas ingrata: por hallar disculpa alguna, si quiera no lo negaras? No, que mi mayor disculpa es, no recarearte nada, pero soy tan infelice. Que lloras, luego a las armas apeláis de la hermosura, pues no he de creerte, aunque hagas que tus lágrimas pubiiquen lo que pueden derramadas; y para poderlo hacer yo, del riesgo de mirarlas, src huyendo, . . Para qué? mejor es que yo me vaya a librar, donde mi llanto no pueda deberte nada. . Detente, espera. . No puedo, que la sigo de reata. . Creera nadie, que en tan poco tiempo, en tan breve distancia haber sucedido pueda todo lo que por mi pasa? que ignorando quien me ofende sé mi ofensa; que una dama a quien adoré rendido me agravie, que esté en mi casa su hermano don Luis, y que en medio de dudas tantas, ni pueda satisfacerme, ni casarme con doña Ana, satisfaciendo a su hermano; pues es preciso que haya duelo entre los dos, que al fin don Luis lo sabra mañana; y esto no tiene otro medio, que aunque siempre recatada vi a doña Ana; y nunca tuve ocasión para culparla: y pudo ser un acaso, que aquellos hombres entraran: es un acaso en que estriba, mi pundonor, y mi fama, y en escrúpulos de honor, no se puede suplir nada; sin que haya satisfacción, que llene la confianza. No sé qué hacerme, mas ruido he sentido hacia esta sala de aquí dentro; y quien le hace, parece que se recata de hacerle que podrá ser, en el cuarto de mi hermana ruido, y a estas horas, cielos, que facil que se adelanta a lo posible el discurlo, pero si acaso fue traza, (lo que acuerda una sospecha) decir que estaba cerrada la pieza que quise ver denantes, y con instancias repetidas que la viera me embarazo doña Clara; pero como puede ser si es doña Clara mi hermana? pero es mujer, y temiendo esta sospecha aunque vana, si es poca para creída, es mucha para dejada. Ahora bien, yo me resuelvo a entrar, y mirar la casa, tomo esta vela, que al fin, es de menos importancia el verla, que no que pase en mí la sospecha, a infamia. Cansado ya de esperar a Ilavel del aposento, que me ocultaba he salido, pues dijo que volvía luego, y ya no puede tardar, que ha que estoy en este encierro mas de dos horas muy laigas; y así por ver si la encuentro; he salido hasta esta pieza, sin hallara nadie, pero aquesta debe de ser. que viene, que hacia aquí es cierto, que nadie vendría a estas horas, si no es ella; y el reflejo de la luz que trae, yada en la sala, salir quiero al paso, Isabel, que miro! muere a mis manos. . . Qué haré , la luz apagar pretendo mat para que no me conozca. Ah traidor la luz has muerto? a escuras te mataré, Ya la puerta abierta tengo de la escálera socreta, por donde subí, que es esto, ruido de espadas aquí? si con el que estaba dentro escondido, dio don Juan? Yo estoy en terrible aprieto, que este es sin duda el hermano de doña Clara. Mis celos. me darán luz para hallarle, Donde estáis que no os enquentro? ̱ . Este es don Juan, . Que así tarde en daros muerte mi acero, muere cobarde? ̱ . No es fácil. Con la puerta he dado a tiento de ella me pienso valer, que pues en aqueste duelo, no puedo sacar la cara, ni dejar tumpoco puedo en tal riesgo a doña Clara, se dilatara este empeño. algo más, y sin faltarla. a ella se dará medio; ya que no salida allance, dejando obrar el suceso. . Que no le haya hecho pedazos? Qué átomos no le haya hecho? Hola llavel, saca luces. Ya voy señor. Traelas presto. Un hombre viven los cielos: , . Ya están aquí. . Muete. Mas don Luis? . . D. Juan? Santos cielos, si mi hermano sabe ya mi desdicha, pues riñendo está con don Juan. Si acalo mi hermano encontró aquí dentro a don. Luis, cuando subia para hablarme. . que se ha hecho un hombre con quien reñía en esta sala? ̱. . Esto mesmo os iba yo a preguntar, pues al ruido, y al estruendo de las espadas subí, para que en cualquiera riesgo me hallaráis ayuestro lado, (diferente era mi intento,) . pues subia a matarle antes que don Juan pudiera hacerlo. Que esté con Luis a la vista de tan infeliz suceso, y que ha de ver mí de honra; pero ya no hay otro medio, y del es fuerza valerme, y pues al entranyo mismo, certe la puerta esta noche de la casle, no pudiendo. haber salido este hombre, esto ha de ser, ea entremos don Luis, a mirar la casa, que por imposible tengo el que esoapar senos pueda, veré si en ela posento . en que debía de estar antes, a ocultar se ha vuelto,) Pues vamos presto don Juan, antes que le dé más tiempo para que pueda librarse, que yo tanta parte tengo en vuestros pesares, como vos. . . Así lo creo: ha vil hermana, en matando a este hombre, volveré luego a darte la muerte. . . A ingrato si no le matan mis celos, antes que llegue mi espada. poco deberé a mi fuego. . No sabe nada mi hermano, a cobrarme otra vez vuelvo. Ay de mí, que han de encontrarle, pues mi hermano va derecho al camarín. No te asustes, que libre está de ese riesgo el escondido. Pues cómo lo sabes? Cómo trayendo las luces cuando reñían, antes de entrar pude verlo, que tomaba la escalera secreta, y que decendiendo por ella, iba al cuarto bajo, pues sin duda dejó abierto don Luis, al subir a verte. según le ause primero; y así sosiégate, que mientras ellos recorriendo, están por acá la casa, bájare yo en un momento; y echare al tal don Fernando de Lara, que así sospecho, que me dijo se llamaba debantes cuando entré a verlo por la puerta de la calle, pues el postigo pequeño, las más veces con la aldaba suele estar. . . Pues vete presto, antes que bajen allá. Verás que no tardo un credo. . Solo me faltaba agora, que esta mujer que está viendo todo lo que esta pasando, pueda creer que culpa tengo: señora, aunque habéis oído que un hombre ha estado aquí dentro, sabed que es sin culpa mía. Así señora lo creo. Qué dirá de mi don Luis? Ved pues si soy de provecho en algo para serviros. El favor os agradezco, (y pues aún del enemigo . se toma el primer consejo: con ella he de aconsejarme) de vos valerme pretendo para la resolución que en tal caso tomar debo, porque no estando culpada, si huyo de aqueste riesgo, pierdo el honor, y la vida, En buena estamos metidas. Qué haré? ̱ . Que nos retiremos mientras que la casa miran, y podremos resolver con brevedad. Decis bien, vamos: que en tan gran aprieto esté por un hombre que no conozco, piedad cielos? l - Tú te debes de hallar bien en esta casa, supuesto que no aciertas a salir de ella. . . Yo te confieso, que lo que más me ha obligado a quedarme aquí es el riesgo en que doña Clara esta. Digo, y el mío es buñuelo? Tú al fin no aventuras tanto. Si lo que aventuro pierdo, que es la vida, te parece que mi ama pone más resto? Y a dónde agora me llevas? Adónde estabas te vuelvo, que como cuando bajé tras ti fue solo creyendo que la puerta estaria abierta como suele, y a mi ruego no se quiso dar, porque, como bolsa de avariento estaba cerrada, y cuando la abriera fuera lo mismo, pues viendo nuestro peligro, con tu obligación cumpliendo, dices que no has de dejar a mi ama en tanto empeño, si no quedarte a la mira; y así para todo esto, mientras por la escalerilla ol bajó mi amo, creyendo hallarte en el cuarto bajo, nosotros al propio tiempo la escálera principal subimos, conque volviendo al camarín donde estabas, pues él ya le ha visto, es cierto que estas como en una caja, y así entra, porque siento ruido, no sea que venga, aunque por difícil tengo que aquí tenga que mirar, pues lo has visto. . Yasí lo creo yo me retiro, pues que cayendo aquí el aposento de doña Clara, estaré para quelquiera suceso prevenido, pues por ella me escondo, cuando no puedo satisfacer a su hermano, casándome, pues mis celos. me lo impiden, y es preciso no dejarla en este riesgo. Pues quédate hal, que yo juzgo que sin mandamiento de despojo, no saldrás, y para cualquier apremio te defendera el de amparo, hasta el término postrero. Ligo que yo no sé donde puede estar, porque no habemos dejado del cuarto alto, ni el bajo, sala, aposento, desvan, lotano, o rincón que entrambos no examinemos con toda puntualidad, mirando, y reconociendo, y no hemos podido hallar a nadie. . . Asombrado quedo de que estando tan cerrado todo, haya tenido medio por donde poder salir: vos no le visteis? . . Es cierto Y yo también oí que con otro estabáis riñendo, cuando por esa escalera secreta subi al momento, que abajo el ruido escuché, y con esta llave abriendo, pude hallarme a vuestro lado Yo bien le vi, aunque encubierto el rostro quiso ocultarle con la capa, y no pudiendo mato la luz. . . Pues don Juan él no ha salido de adentro. Bien veis que nada ha quedado por registrar d. L. Y aún por eso me hace mayor novedad. Pues mirad que es lo que haremos; volvamos a ver la casa. Si la hemos visto, a que efecto? O si pudiera librarme. de don Luis! O si más quiero, pudiera a don Juan dejar. Porque ahora que caigo en ello, ap no pudiendo habersalido, es muy posible que al tiempo que le buscudamos por una parte, él se haya vuelto por otra. . . qué es muy factible, que como yo dejé abierto cuando subí, él se escapara por allí, en el intermedio que le andanamos buscando, y se volviera, subiendo la escálera principal, a donde estuvo primero. Que en materias tan sagradas, el amigo más estrecho; al tomar venganza es más. Qué buscándole celoso, para matarle yo mesmo, no quisiera tener otra razón, que la de mis celos. (No sé como dispusiera, quedarme solo) mas esto ha de ser don Luis, porque escrúpulo el más pequeño no nos quede, y la materia de todo punto apuremos: yo juzgo que no ha podido salir este hombre, y sospecho, que mientras le hemos buscado entrambos poc alla dentro, él dando la vuelta al cuarto bajo podría, subiendo después a el alto ocultarse, y porque ningún recelo nos quede, y esto no pueda segunda vez sucedernos, nos hemos de dividir los dos, vos en este mismo cuarto bajo os quedaréis, todas las piezas volviendo a ver, y aunque no le halléis aquí, por ningún suceso dejéis el cuarto, que ya en tanto iré recorriendo el alto, y de esta manera no podrá, si es que está dentro escaparse, y podré yo darle la merte, supuesto que aquí no está, y puede estar arriba, y si algún remedio tuviere el lance, y este hombre es acaso Caballero con quien le esté bien casarse a mi hermana, sin el duelo de que lo vea don Luis, ni sepa que yo me templo, hallando a un hombre en mi casa podremos venir a medios, y si no dándole muerte cumpliré con lo que debo. d. . También yo habia discurrido don Juan, que podía ser eso el no haber dado con él; y así quiero obedeceros: id seguro de que yo aquí a todo trance quedo, mas no quedaré, que a penas . subirá, cuando torciendo la llave a este cuarto bajo, porque no vuelva hallar puerto en él el que arriba está escondido iréjliguiendo sus pasos, porque en mi fuera demasiado sufrimiento aguardar que otro me vengue cuando yo vengarme puedo. Pues don Luis a la venganza. d. . Pues don Juan a disponerlo. Matadle si le encontráis. Cuidado tendré yo de eso Ah vil hermana tu muerte sabrá soldar tanto verro. Hla doña Clara alevosa! quedar vengado prometo. . A no estar con este susto, fuera excesivo el contento doña Ana, con que estuviera desengañada, sabiendo que eres de don Luis her mana, por tan extraño, y tan nuevo camino, como me has dicho, y en lo demás hacer pienso lo que me has aconsejado, pues cuando culpa no tengo con mi hermano, mi inocencia me ha de asegurar. Ejemplo puedo ser para ti, pues. por tomar tan mal acuerdo como faltar de mi casa, hoy en la tuya me veo culpada, sin tener culpa. Este es bastante escarmiento para que yo no me ausente; a demás que estoy creyendo que le debió de echar fuera Isabel, porque no ha vuelto después que por el bajó. Hasta aquí miradas dejo todas las piezas, y a nadie he hallado, pero aquí veo a mi hermana, y a doña Ana juntas, que hablaran? Siguiendo a don Juan vengo a lo largo; y desde aquí ver espero lo que hace, mas detenido, se quedo en la puerta, oyendo lo que esta dama, y su hermana tratan. Yo voy como un trueno a avisar a mi ama, Tente no entres, que vive el cielo, que témate si hablas? . Digo, que callaré como un muerto. Quiero escuchar por si acaso puede importar. Escuchemos. Tras mi amo, y iras don Juan, acechando a los dos vengo, porque habiendo que saber, no es bien que yo me esté quedo, No pases de aquí villano que te mataré? . Ni quiero, ni paso, miren que embire me hace, para echar el resto. Nuestros males doña Clara, se parecen con extremo, pues tu padeces sin culpa, y yo sin culpa padezco: pero con la diferencia, que tú sabras el sujeto que en tu casa se ha ocultado, y el que tu hermano encubierto hallo esta noche en la mía no sé quién es, ni a que efecto pudo entrar allí. Pluviera amor, que fuera eso cierto. Nada de aquí se percibe, llegarme más cerca quiero. Pues hasta en eso también doña Ananos parecemos, que tampoco sé quién es este hombre que aquí dentro se ocultó, que lo que sé de él es, que aquí se entro huyendo de la justicia, y salir no ha podido, que a este tiempo vino mi hermano, después tú luego en saliendo don Juan, se quedo Tobillo, que aunque entonces salió Esto escucho, y no te doy muerte? No creas tal: hay más horrendo embuste, yo había de verle, y no darle pan de perro? Yo me vengaré de ti. A esconderse volvió luego, porque entro don Luis. Aquí importa estar más atento. Y a no haberle ya Isabel sacado. . En terrible aprieto estoy! . . Tu infame pudiste. tener tal atrevimiento? La muerte es poco castigo. Yo me contento con menos. Lo que te he dicho de él pudieras mejor saberlo. Si es que Isabelle sacó, no tiene mi mal remedio. Así, su nombre me dijo Isabel, y si me acuerdo. Tente mujer, que te clavas, y te pierdes sin remedio. d. . Es don Fernando de Lara. Qué me mandáis? (Santos Cielos, este hombre aquí todabía?) pues no os fuisteis? Matarelo, pero no, para matarle quiero escucharle primero, que puede ser que contista en su vida mi remedio. Que don Juan no haba salido a matarle, pero cuerdo procura carar su honor, y aunque pese a mi tormento, he de aguardar desde aquí el fin de aqueste suceso. Pues vos cómo? Yo creí que me llamabáis, oyendo mi nombre, y así señora salí solo a obedeceros. Sin duda este don Fernando es el que aquel noble viejo padre de esta dama busca, si acaso en su seguimiento ha venido? Pero como lo pudo saber tan presto? Que no me pueda ver libre de vos, y que a tanto riesgo sin culpa mía esté expuesta, cuando mi hermano (yo muero!) por toda la casa os anda buscando, mirad que haremos si os halla aquí. abiendo visto este cuarto, según creo (ble vuestro hermano, es muy posí. que otra vez no vuelva a verlo, y así sosegaos un rato. Cómo he de tener sosiego, si desde la vez primera que me visteis en un Templo mi desdicha ocasionastéis? Qué es lo que escucho? Ya es esto de otra materia, atendamos. Casi sin alma le atiendo. Es verdad, que en una Iglesia que os vi, que os seguí, que vuestros favores solicitando, solo merecí desprecios, que continve en vuestra calle, que una noche un Caballero me envistió, que más dichoso me hirió, que convaleciendo de la herida, procuré buscarle, que me dijeron que pasó a Flandes. Qué oigo? Vive Dios, que este es él mismo hombre, que por Di Clara heri celoso, apuremos más tan feliz desengaño. Y al fin, su nombre sabiendo, que D Luis Osorio era. Don Luis Osorio, qué es esto? Luis galán de mi hermana? ya me falta el sufrimiento; pero escuchémoslo todo. Jualo oye, engrave empeño estoy. Dejé por entonces de satisfacerme, viendo estando el allá, y yo aquí, la distancia que había en medios llámome a Valladolid entonces con grande aprieto mi padre, por ser preciso ir asistir a unos pleitos: fuime sin que mereciera señora volver a veros, adonde estuve tres años, hasta que a Madrid volviendo esta noche. Ay doña Clara divina! feliz me puedo llamar, pues de el desengaño toque el deseado puerto. En efecto, no me quise recoger, sin que primero en vuestras paredes viera el solar de mis deseos. Fui a la casa a donde yo os había visto, creyendo que viviáis toda via en ella, estuve suspenso mirándola, como donde el alma estaba en su centro, a tiempo que del jardín una puerta entreabriendo, me pude por ella entrar sin embarazo; a este tiempo se entró un hombre tras mí, era sin duda por quien abrieron. Que fuera que hubiera sido este hombre, de mi suceso la causa, y desengañara a don Juan. Qué escucho cielos! donde mi hermana vivía antes este hombre es él mismo que halle? o si el desengaño hallara como deseo! Arrancamos las espadas entrambos, a cuyo estruendo bajó el padre, o de la dama, Eles: mas como aquí dentro podía estar si fuera él? Yo con la capa cubierto, salir procuré a la calle, tras quien los demás salieron; al ruido de las voces, y al haber un hombre muerto, o mal herido llegó la justicia; yo queriendo, por ser el que le había herido, ponerme en salvo más presto, tomé una calle, y aunque de noche, en mi seguimiento vino toda la justicia, y yo mi peligro viendo, me entre en una pobre casa, donde temeroso el dueño, me dio paso a este jardín, sin saber yo fuese vuestro, hasta que entrando a esta sala, merecí señora veros, A no quedar con don Luis, pendiente tan grave empeño me tuviera el desengaño fuera de mí de contento. Ya no tengo más que oír, de todo estoy satisfecho. Más qué ruido será aquel? pero pues la llave tengo de la puerta, iré a saber quién es. Volved caballero al retiro donde estabáis, pues conocéis nuestro riesgo: Desde aquí veré quien es. Ved, que por obedeceros llego a faltar a mi punto. El de la dama es primero. Pues estuviera yo aquí a no haber mirado eso. , soy don Luis Osorio. Señor don Juan de Mendoza, este criado me ha dicho, que en vuestra casa tenéis oculta: pero que miro! muere hija infame. Don Juan amparadme. Quién se ha vivo en tanto empeño jamás? Dejad. Qué oigáis os suplico primero, señor don Pedro Osorio. Cielos que he oído! mi padre es este, salir allá fuera determino a tomar de doña Anas fación. d. . Mi enemigo aquí, pues vos dol. Ferdando de Lara, tan atrevido, que debiéndome el honor, cuando daros solicito a mi hija, lo reusáis! Tened, que si os ha ofendido don Fernando, él pagará, pues está aquí, su delito: salid señordon Fernando de Lara. Nunca mi brío reusé salir, pero quien me llama? Si no os lo ha dicho mi cólera, sabed que Mi hijo? hijo a tu lado me tienes. Para daros el castigo, que ha dias que defeaba. Yo dejaré mi honor limpio, ya que es Ana mi hermana. Tened, quién D. Pedroos dijo; que don Fernando de Lara era el que os hacía ofendido? Un criado, que esta noche hallé en mi jardín yo mismo. Y os satisfaréis si yo soy de Ana marido? (uo d. . Me tendréis por vuestro escla- pues así mi honor redimo. Esta es mi mano. Ana, que el desengaño ha podido obrar en mí lo que veis. ̱ . Siempre mi fe, calo previno. Ahora falta que don Luis, pues yo sé que ha pretendido a doña Clara, le dé la mano. Quién será digno de alcancar tanto favor? Vos, que lo habéis merecido. Pues está es mi mano. Y esta es la mía. Abrázame hijo: Jesús que grande te has hecho. Don Luis habiéndome herido una noche, ya veis que no queda bien puesto el brío sin tomar satisfacción. Cómo fueredes servido, que aquí para todo estoy. Que os reportéis os suplico, pues tiene ajuste tan fácil, que es duelo mal entendido, que le haya donde no hubo, ni ventaja, ni motivo, mas que un lance casual, y fuera contra vos mismo el juzgar que hizo el valor lo que la fortuna hizo; y a estar la causa pendiente pudiera haber algún viso: pero si falta la causa, casándose quien ha visto que competencias amantes no cesen cuando hay marido? Ea señor. . . Digo, que eso me satisface, y que amigo soy de don Luis. Y yo vuestro. Y tú qué dices Tovillo? Yo, que me caso. Pues yo también. Sea luego, que he oído el reloj, y dan las doce, y puede ser en perjuicio de la boda, a no apelar a otro reloj más tardio. d. . Y aquí el Poetada fin, y si es que os han divertido los Sucesos de tres horas pide de limosna un vitor.
