Texto digital de La sortija de Florencia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La sortija de Florencia. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/sortija-de-florencia-la.

LA SORTIJA DE FLORENCIA
JORNADA PRIMERA
Viste Aurora? Señor sí; y me dijo que no hicieras tanta ausencia. Estoy sin mí! Pues qué hicieras si la vieras del modo que yo la vi? Turrón, dime como estaba? Llorando. . Ay Aurora mía! Y con su llanto cobraba, como el Aurora lloraba, luz el Sol, y risa el día. Lloraba la suerte dura de tu ausencia, y de su amor; y entre el llanto, y la ternura, no sé cuál era mayor, su tristeza, o su hermosura. Que como vive en Belflor tan retirada, tu ausencia la hace más sola. . A Florencia vuelve el Duque mi señor: y hoy tendré menos lugar que nunca de ver Aurora, si no es de noche a deshora. Yo lo tengo de pagar; pues ya escuchándote estoy: Turrón ensilla el rocín, y en vez de rocín a ruin, de ruin a rocín me voy. Que mal descansa un cuidado no hay seguridad alguna, ni en amor, ni en la fortuna. Con Aurora estoy casado de secreto, que de España, cuando fui alla Embajador, sin que nadie de mi amor sepa la cautela extraña, vine casado con ella: y así en Belflor ha vivido, sin que alguno haya sabido quién es. Tú tienes estrella en damas; y en esta sola mas que en otras decir puedo, quien creerá que de Toledo es esta hermosa Española, que contigo se viniera, que patria, y padres dejara, que de ti se enamorara, y en una aldea viviera, aqueste hermoso mendrugo de cristal, ampo Español, con quien los ojos del Sol, son dos ojos de vesugo. Tutrón, hoy has de volver a Belflor. Seáis bien venido, Carlos, que jamás olvido cada vez que os llego a ver, la amistad, y obligación que a vuestro padre debí. La misma hallaréis en mí señor Senescal. . Razón tiene el Duque de quereros; pues retratáis cuerdo, y sabio, Carlos al señor Orabio. Mi padre llegó a deberos la fineza que mostráis, que tendré reconocida, mientras durare la vida. Vos de nuevo me obligáis. Después que deje a Florencia hallo en ella novedades, que no creyera. (ferencia En Ciudades cómo esta, la di- de sucesos no se extraña, después Carlos que partides, cuando por el Duque fuistes por Embajador a España, que ha seis años, ya no hay cosa que el Duque no haya mudado; y solo constante a estado en aborrecer su esposa. Tanto, que hoy quiere salir desterrada, y el lugar, no lo puede remediar, aunque lo llega a sentir. Pésame que esté su Alteza del Duque tan despreciada, cuando es de todos amada, por su agrado, y su belleza. Plaza, plaza. La Ciudad entra a despedirse de ella, sintiendo todos perderla. Lágrimas son de lealtad. Oid nobles Florentines, que vuestra Duquesal os habla. Viva Margarita, viva nuestra hermosa Veneciana. Quiseos llamar, gran Ciudad, no a proponeros la causa de mi ausencia, y mi dolor, sino a renovar mis ansias. Yo soy la infeliz Duquesa Margarita, que engañada del Duque, vine a Florencia, de Venecia, que es mi patria. Mi esposo, y señor, el Duque, con diez galeras se embarca contra Venecia, cortando galán la liquida plata al mar, cuando al primercho que prisiónero en la batalla (ces quedó, y comocon Venecia ento Florencia estaba encontrada, Entró en mi patria, y yo al verle entre prisiones, y galas, lastimada a su tragedia, o a su presencia inclinada, más presa quede en sus ojos; pues sintiendo su desgracia, nice prisioneros suyos, cinco sentidos, y un alma. (ces; No era el Duque, Duque enton- si se entendio que llegara. a serlo, por ser su hermano, de edad florida, y lozana. Y así preso el bien que adoro, en Venecia se quedara largo tiempo; pues el Duque. su rescate no tratava. Y es porque mal informado. solo a mi esposo culpaba, de esta perdida que tuvo. tan infeliz en sus armas. Y así con este disgusto, ni le respondía sus cartas, ni su libertad procura, ni nadie en su hermano le habla. pues le ofende su memoria, y hasta su nombre le cansa. Yo entonces, ha ingrato pecho! el llanto con las palabras, como me acuerda esta pena, un lazo echa en la garganta. Yo, pues, mirando en sus ojos. la tristeza que señalan, que del pesar, o el contento son los relojes del alma. Me determine en secreto a hablarle, y saber la causa de su aflicción, y una noche vi lograda esta esperanza. Que por ser el Dujmipadre le daba audiencias en casa, díjome lo referido; y que si yo le librara. de la prisión me daría la mano de esposo en paga. De esto di parte a mi padre, vino en ello, y luego trata. de su rescate, y en el mi patrimonio se gasta. Gran suma fue; pero poco me pareció, pues sacara. todo el caudal de mis venas, pagando en liquido nacar su libertad con mi vida: mal las finezas me paga. Al fin casado conmigo tuvo libertad; y tanta, que cuando llegué a Florencia, me vi del tan despreciada, que trocando a crueldades las prometidas palabras, los cariños a desaires, y la firmeza a mudanzas. La obligación, y el amor me pagó en moneda falsa, fabida mi triste historia; que hasta los niños la cantan. Le mando el Duque su hermano que me recibiese en casa. Quédeme al fin en Palacio, donde a rigores me mata, a ingratitudes me ofende, y con injurias me agravia. Tanto, que me dijo un día, lleno de veneno, y saña, pluguiera a Dios, que primero que a estás costas aferrara la nave que de Venecia. te trajo a ser mi desgracia, quedará en el mar contigo, vuelta la quilla en la gabia. Tanto fue mi sentimiento, que ya de llorar cansada; estuve algún tiempo ciega, que por faltarles el agua a mis ojos, se cubrieron de una niebla oscura, y parda. Efecto fue de mi amor, que como el agua hizo falta al corazón en el pecho, y dentro dél se abrasaba: como en casa que se quema, salió el humo a las ventanas. Murió sin hijos el Duque, y mi esposo entró en su casa heredando sus Estados, no su piedad; que era tanta, que hasta en la postrera hora fue el defensor de mis causas. Que hiciera vida conmigo, muriendo, a mi esposo encarga; y no solo no ha cumplido con lo que su hermano manda, antes después de heredado, con más crueldades me trata. Ausente esta de Florencia, por no verme, ha suerte avara! con título de Duquesa le pesa de verme honrada; porque dice que fui pobre; pobre quedé por su causa, pues le di solo en un día, vida, hacienda, honor, y fama. A los que le hablan en mí, dos promesas hace extrañas, siendo entrambas imposibles. promete en falsas palabras, que primero que yo vuelva a ser dueño de su gracia, el me dará una sortija, que en gran precio estima i guarda y que primero en mis brazos le llevaré un niño a casa, hijo de su sangre, y mía, que en los dos las partes haga. Como me dará sortija, quien no me da si no ansias? Y como le daré un hijo, si vivo del retirada? Y si le escribo, responde dando el papel a la llama. Mal podrá ver el efecto, quien aborrece la causa; y tiene de los cariños la posesión jubilada? Esta es la causa Florencia de salir hoy desterrada; a su Estado vuelva el Duque. pues su perso na hace falta; y mis ojos le destierran; bien es de Florencia salgan; fin mi vivirá contento, y yo sin el consolada; pues le quito delos ojos la cosa que más le cansa. Pobre me voy, a un castillo, a pasar mi ausencia larga, donde solo me acompañen, conmovidas de mis ansias las piedras de sus almenas, que mi fineza retratan; si no es que falten las piedras también a una desdichada. Quién pudiera responder señora a tanto dolor, Florencia os viene a perder, mas no os pierde nuestro amor porque os sabe merecer. Solo podemos, señora; ofreceros con el llanto, las vidas que no tenemos, pues son del dolor, en tanto que ausente señora os vemos. A Dios Ciudad, hasta que vea en el Duque mudanza, que espero aunque no me ve, que algún día mi esperanza verá pagada mi fe. Es el Duque mozo, y en? muy poco de la verdad; y alguna pasión injusta le quita la voluntad de un alma amorosa, y justa. Solo os encargo el cuidado . Quién vio acción más inhu- del Duque mi amado dueño, que no le tendré olvidado, aunque dure en él el ceño contra mi amor obstinado: vos seréis el mensajero de su salud. . Confiad que he de ser buen consejero. Alberto de vuestra edad todo mi remedio espero, su salud será la gloria que no perdere jamás. Sabre así en mi triste historia, que no merezco yo más, del Duque; que la memoria; pues aunque me trate así, no merece más mi suerte, de aquel bien que recibí; pues si me desea la muerte, al fin se acuerda de mí. Oh constante corazón, contra ingratitudes muro, donde es la fe guarnición. O Duque ingrato; y más duro que un conejo de Eigon. Mas sintiera, si supiera que el Duque esta noche a estado en Palacio retirado, esperando a que saliera su esposa de la Ciudad. A Dios vasallos, a Dios. Los dos iremos con vos. No con mí es poso os quedad, pues yo no puedo ganarle sin los dos, ida asistirle, Carlos quedad a servirle, vos Alberto a aconsejarle; y a Dios quedad, que en los dos fiado está mi desvelo. Vuelva por tu causa el Cielo; a Dios gran señora. (mana. A Dios. Fuerte dolor! Pena esquiva! Viva Margarita, viva nuestra hermosa Veneciana. El pueblo la va siguiendo en su ausencia condolido. Igual el amor ha sido. Solo el Duque está durmiendo a estas horas, sin mirar a Roma como se arde; que a prueba dechirimía tiene el sueño. 1. Dad lugar Caballeros, que su Alteza sale a esta pieza a vestirse. Mejor dirás a reirse de vernos con tal tristeza: mi plaza entablar querría, dame a besar un talón. Pues qué hay de nuevo Turron Hay gran falta de alegría. Cómo así? . Yo lo diré: como su Alteza faltó, acá el pesar nos dejó, y el placer con ella fue. Fuese su Alteza, y no hay quien su ausencia no haya sentido. Al fin se fue? . Ya ha partido Pues llevela Dios con bien. De la Ciudad, aclamada, desde el infante, al más viejo, fueron con ella. . El espejo. Con alborotos. . La espada no acaso el pedirla ha sido, si vos las nuevas me dais, quiero que estéis advertido, que la espada me he ceñido cuando alborotos nombráis. Señor, como tanto os quiero Nadie de su enojo escapa. Quise avisaros. . La capa, bien está Alberto; el sombrero. Moscas, y cual lo ha sentido. Nadie me hable en la Duquesa desde hoy más. . Allí le pica. O lo que dura una pena, después que vi una hermosura, que no conozco, sujeta vive el alma a una memoria, que en dulce ardor la atormenta 1. El Maestro armas. . No entre que importa que con destreza me enseñe una, y otra herida, si quien me hirió no me en seña? 1. También para entrar aguarda Aurelio el Maestro de lenguas. No quiero saber ninguna, pues no la hay para mi queja, si en ellas no he de quejarme, de que me sirve el saberla? 2. La caza. . No salgo al campo; idos todos allá fuera. Carlos? . Señor. . En mi vida vi al Duque con más tristeza. Con vos a solas quetría comunicar una guerra. del alma. No os vais? l. Ya todos te obedecemos. . Su Alteza no me manda a mi salir. 1. Despeje usted. . Yo soy pieza de Palacio, y aunque aquí ay despejo, es bien que entienda, que aunque despejen las salas, no despejan estas piezas. Qué es eso? 1. Tutrón, señor, Y un porterillo de tema. 1. Salga fuera, oye, a quien digo? Yo me voy, mas para esta; que soy Turrón de Alicante, y te he de quebrar las muelas. va Con vos, ya que estamos solos, descansar Carlos quisiera por dar a mi pena alivio. Fiar puede vuestra Alteza cualquier secreto a mi pecho. Escucha Carlos mi pena. Salí al campo a caza un día; por divirtir en las selvas, cuidados que al alma oprimen, haciendo guerra a las fieras. Y apenas de un jabalí seguí la planta ligera, que a un tiro dejo teñida de bruto coral la hierba. Y huyendo el segundo embate entre la oculta maleza, para guarecer su vida, hallo frondosas trincheas. Cuando perdido en el bosque, muro de troncos, y breñas, desmontando del caballo, tomo en la mano la rienda, Y el verde laberinto, busqué el paso, y abrisenda con la espada, acuchillando la espesura que me cerca? Hasta que vencí en sus ramas la vejetable tiniebla, en cuya clausura el Sol por no estar preso no entra. Salí de este bosque a un valle; adonde la primanera recoge el sudor del Alba, para amanecer más bella. Y en la margen de un arroyo, que a escara muzas traviesas del campo cobraba en flores cuanto le sálpica en perlas. Vi una deidad reclinada. al regazo de la arena; tan hermosa; que el arroyo dodo suspendido en ella, era tabla cristalina, porretratar subelleza. El cabello al viento en ondas, porser inquietud tan nueva del Sol si a rayos le riza, el aire a soplos le peina. Una rosa de diamantes, airon de sus ondas era, con que te mí su desdén, viendo las ondas con piedras. Tenía un lienzo en la mano, copo de nieve tan bella, que al mirarla parecía, mano, y cambray de una pieza. Sobre la otra, dormida descansaba, y dije al verla, mucho es que no venga el día estando el Alba tan cerca. Las rosas de sus mejillas regalava porque crezcan el aliento de su boca con olorosas macetas. De esta suerte la miraba, con toda el alma suspensa, respetándola dormida, por no perderla despierta. Cuando acaso, o por envidia de verme tan cerca de ella, el viento que la adulaba, luego descortes la inquieta, que hasta un elemento sabe sentir las dichas ajenas. Despertó, y al ver sus ojos, que son las más vivas flechas que tiene amor, quedé ciego; que mucho si en dos esferas doró el campo con dos Soles, cego el Sol con dos Estrellas? Quién sois forastero? dijo turbada, y di por respuesta; después de veros no se si seré lo qué antes era. Sin oír más, vergonzosa me dio de ausentarse señas, que como el que ha de partirse de color se viste, ella al rostro de nieve hermoso, de recato, y de vergüenza, puso un capote de grana, por señal de que se ausenta. Mustias, y alegres las flores la lloran, y la celebran, que alir pasando del valle veloz la distancia amena. Al blando ardor de sus ojos quedaron las flores bellas, las que mira respirando, y expirando las que deja. Atado deje el caballo a un tronco, para poderla seguir con menos estorbo; y al ver que el paso acelera, que ni la para un suspiro, ni la de tiene una queja. La dije, deidad, o Aurora, o mujer, como respuesta negáis a un afecto humilde, la deidad oye al que ruega. La Aurora sale a que vivan la flor, y la planta tierna; si sois mujer, desaced, señora, la ley sebera. No este siempre con porfía, o por costumbre, o por tema, sin oídos la hermosura, y con desdén la belleza. Ni miro, ni escucho, dijo, y una mascarilla negra se puso por sombra al rostro; en cuyo sagrado se entran: sus ojos, que de mi vida fueron a rayos, y flechas, cristallnos homicidas; que porque muerto me dejan, en la mascara buscaron la sombra que les defienda. Llegó la noche; y perdida. a pocos pasos, llamela. con voces; no me responde, sembre en el aire mis quejas, y piadosas de escucharlas daban respuesta las peñas. Volvió mi gente a buscarme, monté a caballo, y la Aldea circunvecina examino, sin poder hallar en ella señas de esta luz que adoro, de esta ilusión de la idea, que burlando mis sentidos se desvaneció en sí mesma. Este es, Carlos, mi suceso, mejor diré, mi tragedia, mi confusión; mi peligro, mi temor; y mi tristeza, mi tormento, mi memoria, mi horror, mi muerte, mi estre- pues no vive lo que vive, (lla; quien no ve lo que desea. Y así he mandado a Lisardo, Pintor de tanta destreza, que en el ver, y retratar son dos, y es una acción mesma, que no entre a verme en Palacio, sin traer las copias bellas de cuantas damas hermosas el contorno de Florencia, en sus quintas habitaren, para ver si el alma encuentra con tan hermoso homicida, pues no viviré hasta verla. Esta es la causa de andar, Carlos, con tales tristezas, este el pesar que me oprime, esta la luz que me ciega, este el desdén que padezco, esta la ley que me fuerza, este el hielo que me abrasa, y este el ardor que me hiela. Admirado; y condolido he escuchado a Vuestra Alteza, que una esperanza dudosa hace más viva una pena; pues el que ama un imposible con la esperanza se alienta, y puede correspondido lograr tal vez la fineza; más quien ama, y no conoce el sujeto en quien se empeña, con doblado ardor padece, más que un imposible intenta; pues pierde la libertad; sin saber quien se la lleva. Por eso ordené a Lisardo, que a cuantas el pincel pueda dar alma; pues su pintura es otra naturaleza, me traiga, para que alivie este volcán que me quema con la copia de su nieve, sino es que la suerte adversa hace porque muera amando, que no encuentre su belleza. La industria fue como tuya. Hasta que Lisardo vuelva por siglos cuento las horas. Si a hacer el retrato acierta con la variedad de afectos que la pinta vuestra Alteza, de cualquiera premio es digno, formando copia tan nueva. Más viva la retratara; si a mí el corazón me viera Lisardo. . Ya he obedecido lo que manda vuestra Alteza. Bien venido seas Lisardo, porque tu pintura sea alago de la memoria, y suspensión de mi pena, si es que acertaste a dar vida a la que las almas lleva. Pasando las copias, puede tu Alteza reconocerla, que al pie de cada retrato están puestas las aldeas donde las vi. . Mucho estimo tu prevenida advertencia. Quién será la que idolatra el Duque con tal fineza? Esta es una labradora; y aunque es de gentil presencia, el mejor rasgo que anima no es sombra de su belleza. Este es un bosquejo humilde, y la hace más diferencia, que hay de una flor a un diamante, y de un carbón a una estrella. Este es el Sol que me abrasa, llega, Carlos porque veas la razón con que la adoro. Cielos! Aurora no es esta? Qué te parece? Señor, yo, sin, tú, porque, que pena! . Que tienes Carlos? Qué muerte! Según suspenso te deja su vista; sin duda alguna que amor dos efectos muestra de una causa, y al mirarla es su copia tan perfecta; que a mí me dio nueva vida, y a ti te dejo sin ella. Esta suspensión, señor, aquí de mi honor cautelas, . de admiración ha nacido, que aunque las almas sujetas están a los accidentes de amor, el decoro trueca tal vez la pasión en odío: yo vi esa copia, y al verla, cómo se que la miráis me suspendí; porque es fuerza que a mí me parezca mala, porque os parece a vos buena. Yo he de irá verla esta noche en Velflor, dice la letra, Carlos no me acompañéis, porque si os turban al verla los lejos de su pintura, puede mataros de cerca. Cielos! qué me ha sucedido? Lisardo conmigo venga. Vamos, señor. Quedaos Carlos: no vi perfección más bella. Ni yo pena más tirana: quien vio a sus ojos su ofensa, que mire en ajena mano a Aurora, mi amada prenda, con alma para sentirlo, y sin voz para la queja? Que vea yo mi desdicha, y sea cómplice en ella mi silencio; mas si al Duqué que es mi esposale dijera, y que me casé en España con ella, sin su licencia, sin ella me desterrara, y era doblarme la pena; pues faltando yo, quedaba su hermosura sin defensa, y mi opinión en peligro, sujeta a la torpe lengua de la fama; luego ha sido favorable mi cautela. De ella pende mi esperanza, o mi muerte pende de ella: ánimo honor, que esta noche, cuando el Duque vaya a verla, pues que de toda la casa tengo yo llave maestra: podré saber escondido al horror de la tiniebla, lo que Aurora le responde; si oye su amorosa queja, si la mueven sus caricias, o la obligan sus finezas. Y entonces dare a mi agravio satisfacción más atenta, que es del honor hidalguía, con la venganza secreta, cortar el paso a un deseo, que a ser peligro comienza; porque muera pensamiento, antes de crecer ofensa. Quien cobra el honor perdido bien para la fama queda; pero mejor queda el que le guarda antes que se pierda. Que es la ley tan rigurosa, que el que en público se venga, si limpia su honor, también añade a su agravio len guas: y no tiene tan buen aire, venganza que acuerda afrentas. Y así pues permite el Cielo, que yo solo el riesgo vea, sin que más testigos haya del dolor que me atormenta: Qué mis celos ellos solos han de ser las centinelas para defender mi honra; que si en calladas cautelas, hay pinceles que la quitan, aura aceros que la vuelvan. León seré, que buscando la conforte que le llevan, de celos consigo a solás, iras consulta sangrientas, rompe a bramidos el aire; y erizando la melena, montes, y cielos asusta, hechos los ojos centellas: afilando las navajas de las unas, y las presas, en la peña más robusta, hasta que cobra su prenda, o hasta que muere de amante al fuego de su fiereza, haciendo en montes, y grutas, teatros de su tragedia. Marido, en que ha de parar vuestra mala condición? Pues no enviudo a mogicón a palos me he de enviudar. Justicia, que con mo hina me va ablandando el cerebro con este palo de enebro. Mentís, que no es si no encina Qué es esto Bato? Es tener con Locia cierto enfado; y no se si estoy casado con Locia, o Locifer. Dime Baro; que imaginas, o sobre que es tu furor? Sobre que va a hacer labor en casa de las vecinas. Ha hacer midia con Catuja me voy de noche temprano, y no se cae de mi mano haciendo medias la aguía: y esto bien lo sabe Dios. También sabe mis tragedias; y después que hacéis vos medias, no hago carrera con vos. Mirad, que tenéis mujer honrada, y de buen ejemplo: templaos. . Si yo me templo ella me querrá tañer. dejadme. . Cese el rigor. Yo he de darla por caprieno. Qué causa hay? Averme dicho una palabra mayor. No entendí que le ofendía. Decid Bato vuestro mal. La que estércolo el corral no es peor que está Lucia. Qué os ha dicho en conclusión? Una palabra sinfe. Decid, qué palabra fue? Llámome margatitón. La palabra no es pesada, de malicias sois baul. Ella no es palabra azul, mas es algo anaranjada. Qué es margaritón? No he hallado quién me lo explique. . No? No: más según magino yo sendéfica ser callado Locía, según colijo, abrazó a Turrón. . Decí, quien lo dijo? . Yo lo vi, que eso nadie me lo dijo: Yo calle allí en la ocasión, porque al fin es mi mujer, y aquesto debe de ser ser uno margatitón. Es verdad que le abracé, mas fue por recién llegado. También es recién cortado el palo con que os pegue. Llos Bato, y no tengáis más cuestión. Por vos la dejo, que en deseuto sois espejo que las cóleras tempráis, tntación tuve. . De qué? De mátaros sin reparo. Sois un tonto. . Verbo caro. Idos de aquí. . Yo me iré, y advertí. . Qué? salbajón. Que si no os hallo emendada, mirad que queda doblada la hoja del coscorrón. . Pues ya la noche cerrando va los parpados al día: entra por luces Lucia. Yo voy por ellas volando, por si viene mi señor esta noche a tu presencia. . Quien no sintió el mal de au- no diga que tuvo amor: Lsencia Carlos tarda, y temeroso duda el pecho en tanto afan, si ha perdido desdeñoso los créditos de galán con las licencias de esposo: Y amor luego le dobla a mi pecho el fuego, y acusando su tardanza lloro, y peno sin mudanza, ardo, y vivo sin sosiego. Sin duda que hizo el amor otra flecha de la ausencia, que con fuerza superior, aumentando la dolencia, hace la herida mayor: Nadie espere piedad, si ausente se viere, que amor al que ausente mira, como más lejos le tira, con mayor fuerza le hiere. Con Carlos estoy casada callando que soy su esposa y pagando retirada a la suerte de dichosa, pensiones de desdichada: Y la enemiga suerte, que al silencio obliga no sé que remedio dalle, Carlos quiere que lo calle, y amor quiere que lo diga. Así estoy en tal estado, que el plazer me da tristeza; porque el bien, cuando es callado, al paso que es más fineza se convierte en más cuidado: Igual tormento me dan el mal, y el contento, y un peligro en los dos hallo; en el bien, porque le callo, y en el mal, porque le siento. Ya están las luces aquí. También yo a tiempo he venido, pues aún no ha llegado el Duque de examinar sus disignios. Ay Carlos lo que me cuestas! tu ausencia cuento por siglos, que en tanto que no te veo las horas gasto en suspiros. Ay Aurora, si supieras, que los celos me han traído, que poco que me culparas. la tardanza del camino. (do Señora, un hombre emboza hacia la puerta he sentido, y instrumentos en la calle de música, dan indicio templado: sin duda Carlos. hoy festeiarte ha querido, para disculpar galán los días que no te ha visto, y él es el que está encubierto. Bien dices, pues me han traído, las alas de mis temores. a ver mi propio peligro. No creas que será Carlos, que aunque para mí es tan fino, si viene en secreto a verme, no era cortesano estilo querer publicar con voces, que de mi favor es digno, cuando él, y yo lo sabemos solamente. . Y yo els condido tengo también el secreto. (do, Qué es mi esposo no has sabí- aunque eres de sus finezas el más cercano testigo. Pues quién puede ser? El Duque, que canten la letra ha dicho. El Duque dicen señora. Sin duda de otro motivo le habrá traído a la aldea, porque a mi nunca me ha visto. Pluguiera al cielo, y con esto me excusara este martirio. Justa fue mi perdición, con mi mal estoy contento sin esperar galardón, que vuestro merecimiento satisfizo mi pasión. El Duque, señora, es este. En vano el dolor reprimo. Sin duda viene engañado vuestra Alteza a aqueste sirio, puesto que no me conoce. Yo, señora, soy el mismo que examiné aquella tarde vuestro desdén fugitivo, cuando me perdí en el campo de ese hermoso laberinto. Pues a que fin vuestra Alteza viene a mi casa? . A deciros. en esa canción señora, todó el mal que está conmigo: justa fue mi perdición, con mi mal estoy contento, sin esperar galardón, que vuestro merecimiento satisfizo mi pasión. (ros, Pues respuesta no he de da- sin ella podéis volveros. Por que? Porque de escúcharos me obligo. . A qué? A responderos: y luego a desengañaros. Merezca yo una atención. Injusto es vuestro desvelo. Cielo es vuestra perfección; y pues me perdí en tal cielo, justa fue mi perdición. Toda mi voz muera agora, y acerquemos el oído, para escuchar advertido lo que le responde Aurora. Pues así os queréis perder no conocéis mi entereza. Pues en que os puede ofender mi fineza? . En ser fineza: que yo no quiero saber la roca a empates del viento, no es a mi entereza igual. Vuelve a vivir pensamiento; y pues ya es menos mi mal, con mi mal estoy contento. Si atendéis a mi quererla, buena estrella os asegura mi amor. Feliz es mi estrella; porque tengo tal ventura, que estoy contenta con ella. Bien cumple su obligación. Mal mis finezas pagáis. Admitirlas no es razón. Por qué? . Porque las gustáis sin esperar galardón. La fineza se mejora. cuando vuestro rigor crece; y la esperanza señora, muere porque no os merece, y vive porque os adora. No merecer es tormento, y esperar desatención: y así por morir de atento, no espero más galardón, que vuestro merecimiento. Bien hacéis; pues no hay mudanza en mi desdén. . Ni en mi fe; pues vive en tal confianza. Y yo como quedaré amando? Sin esperanza. Esa dura condición satisfaré con mi daño. No quiero satisfacción. Ni yo; pues su desengaño satisfizo mi pasión. Señor, en vano os cansáis con quejas que no he de oíros? Pues de nada os obligáis, que he de hacer señora? Iros. Yo haré lo que me mandáis, por ser la primer fineza, y quede mi amor con vos a deciros la tristeza que conmigo llevo a Dios. Guarde el cielo a V. Alreza. Cuando a Carlos turbar vi, conocí con evidencia, que es su amante, y siendo así, hoy le he de echar de Florencia, por apartarle de mí. Muy atento el Duque ha andado con ir desfavorecido. Dices bien. Ya que he escuchado lo que al Duque ha respondido, que lo se tendré callado; porque el dárselo a entender no fuera cosa acertada, que quien llega a agradecer a la honrada el ser honrada, dudo que lo pudo ser. Entra esas luces Lucia. al cuarto de mi labor. Qué intentas con tal porfía? Belar hasta ver el día, pues me desvela el amor: mientras Carlos está ausente no descansa mi cuidado. Lo mismo por Turrón siente mi amor, que el Turró pasado lo quisiera de presente. Ay Carlos! qué de atención debe tu ausencia a mi pena. Carlos sus placeres son, Carlos su comida, y cena, y Turrón mi colación.
JORNADA SEGUNDA
SEGUNDA JORNADA Esto el Duque le ordenó, y el irnos luego es preciso. General de las Galeras le hizo a Carlos, y el oficio a mí me ha de estar peor: que no me conviene ha dicho un Astrólogo. . Por qué? Porque soy mosquito, y no haré aunque me convenga, con agua lo que con vino. Por ti Turrón me ha pesado. aunque a mí otro me previno que había de ser muy rica por el agua. . Eso te dijo, casate con alojero; y así lo verás cumplido, que yo del agua no espero riquezas, porque imagino, que tengo de hallar en ella la gora antes que lo rico. Y adónde queda tu amo? A despedirse ha venido de Aurora, y en el jardín queda repitiendo fino más abrazos que esas yedras dan a esos olmos festivos. Dime, sientes mucho el irte? Por ser al mar lo he sentido aún más que si me azotaran. Pues porqué? Qué ir a galeras es más que azotes, atiende. . Dilo. Al que azotan va asentado en una burra, o borrico, con dos lazadas de soga por estrinos; con que es fijo, que aunque pierda la paciencia nunca pierde los estrivos. Callando va como un santo, y aunque le siembra pepinos. en la tierra de la espalda aquel hortolano impío, con ser él a quien los planta, da el pregonero los gritos. Pasando va su carrera, y al cabo de su camino, se viste enjuta la ropa, y se remoja el gallillo. Que en efeto se halla en tierra afrentado; pero vivo. Mas el que entra en la galera, va entre paramos de vidrio con el alma entre los dientes sujeto a mayor suplicio. Dan los azotes las olas, y es el mar crudo ministro, el aire es el pregonero, que va levantando el chillo. El camino es ancho, y largo, y la borrica es de pino; y al cabo de la carrera, de la tormenta afligido, aunque más mojado se halle, no remoja el pasadizo de la sed, que una galera todo es baso, y nada es vino. Aurorá con Carlos viene. Por vos solo lo he sentido, se ñora, que haya resuelto honrarme con este oficio el Duque, servirle es fuerza, cuando en cargo tan lucido. me ocupa, mas sabe el cielo, que a poder yo no admitirlo, por vos solo lo dejara. Tabién yo hiciera lo mismo. Servid al Duque, señor, que ya que al mar queréis iros, mi llanto queda conmigo. No lloréis bellos luceros, de un pensamiento atrevido ninguno seguro vive: . desterrarme el Duque quiso, porque de amante de Aurora mi turbación le dio indicio; cuando su retrato hermoso vi en su mano; y pues he visto la firmeza de mi esposa, que es de bronce, a sus suspiros. la he callado cauteloso, y la he agradecido sino; porque la desconfianza es ofensa del cariño; y no sirve más de dar avisos para el delito. De lo que el Duque ha intentado. nada a mi esposo le he dicho, p que pues le adoro constante, fuera indiscreto motivo. darle parte; y pues yo sola. para guardar mi honor limpio, basto sin él, no era justo, cuando pretendo su alivio, darle al partir de mis ojos, los celos para el camino. Cese Aurora el llanto hermoso, El sentimiento es preciso de tu ausencia, Hay bella esposa! Ay Carlos, dueño querido; no bastaban los desvelos que me cuestan tus retiros, sino añadira mi pena la pena de otro desvío. No voy lejos de tus ojos, que de estas costas registro he de ser con las galeras. De ti mi esperanza fío. Muchas veces he de verte. porque otro mar no me falte, . Lo que la quiere es prodigio Llevarasme en tu memoria Y armada contra el olvido, haré de mi amor la nabe, oye como te la pinto. Voy por matinas riberas, que llorando haré crecer con gemidos. Dando quejas verdaderas. de que llegues a temer mis olvidos. La nabe me formará mi continvo pensamien to muy guerrero. Y el árbol de ella será del leño del sufrimiento todo entero. Las entenas se verán de tres firmezas labradas. una a una. Defe, memoria, y afan, que nunca verá quebradas, la fortuna. Las velas del desear, del aire de mis suspiros, irán llentas. Mal se podrán amainar, si las cuerdas de sus tiros son mis penas. La gabia, la fantasía, en lo más alto prepara por más gloria. Donde será noche, y día, grumete, pues nunca para la memoria. La jarcia son mis cuidados, pues sin ellos no camina el desvelo. Y estos siempre iran doblados, hasta ver la luz divina de tu cielo. El timón, la voluntad, que firme el mar me asegura, y sin enojos: buscando en la tempestad, todo el norte, en la hermosura de tus ojos. Y porque el mar no presuma apagar mi ardor, sebero en su cristal, sin que el fuego se consuma, irá el corazón entero porfanal. Para volver con bonanza Aurora a ver tu belleza, llevaré por ancoras mi esperanza, y por lastre la firmeza de tu fe. Esta es la nave de amor, fabricada de cuidados divididos. Donde al remo del dolor, serán todos los forzados mis sentidos. Ya que os habéis de embarcar, y ausencia nos hace guerra a los dos: Oíd, pues os vais al mar, como miraré la tierra yo sin vos. No verá sobre si el suelo, en su espacio deleltoso, verde esmalte. Ni lluvia caera del Cielo, porque faltando mi esposo todo falte. Mustia imitara la flor, donde las plantas estampo mi dolencia. Porque sin vos todo el campo se vista de la color de mi ausencia. Y la rosa más ufana, trocará su Primavera en Estio. Si hoy en búcaros de grana le bevió a la luz primera el rocío. A ese arroyuelo que abraza esas flores, si parlero ríe en mi mal le hará el tiempo prisionero, echándole una mordaza de cristal. El pájaro matizado, que alegre cuenta al laurel sus amores: no volverá más al prado, viéndome llorar en el mis dolores. Pues lleva el mar mi esperanza, todo estara semejante a mi tristeza. En todos aura mudanza, y solo estará constante mi fineza. Y en los campos espaciosos, sola daré mil suspiros a los vientos. Porque en mi ausencia piadosos llevenla vuestros oídos mis acentos. Y el corazón medio vivo, mientras no os viere en la pena de mal tanto, quédará como cautivo, ablandando la cadena con el llanto. Es posible que no lloras al despedirte hilo a hilo, Imitando estás finezas, que en Carlos, y Aurora has visto Los Turrones no lloramos. Porque? Porque somos riscos, y yo soy Turrón muy duro, hecho a prueba de colmillo de una Monja pedigueña. Poco lo has encarecido. Al partir conocerás, que en no ser blando te sirvo; porque al partir el turron, el que es más duro es más fino. Queda en paz hermosa Aurora Cumplirás lo prometido? Y el alma en prendas te dejo, de mi fe será el testigo, Volveras presto a mis ojos? Eso a los cielos les pido. Y cuando ha de ser? Muy breve. . Que fineza. Qué cariño. . Qué agrado. Qué voluntad. Mi amo llora como un niño. Mi ama pajas, no la ves. A Dios mi Carlos querido. A Dios Aurora del Cielo. Vaya mi llanto contigo. General de las galeras le hice a Carlos . Ya ha partido Mis sospechas han salido en parte ya verdaderas; pues cuando le vi turbar, porque el retrato miraba de Aurora, vi que la amaba, o estaba cerca de amar: y así su ausencia asegura mi dicha; pues en amor es cualquier competidor fuerte si constante dura. Cuando para ti me dio el papel la vi agradable. Es su hermosura notable, Y afable el tuyo leyó. El saber he procurado quién es esta fénix sola, solo sé que es Española, que Carlos la ha visitado, y otra cosa no he podido saber, ni averiguar nada, también supeque es casada, pero con quien no he sabido. Sé que el papel para mí es gloria de mi deseo, mas si ausente no la veo, nunca es vida, y muerte sí. Qué dijera si supiera, que al papel que a mí me dio para Aurora, respondió, sin que Aurora el papel viera, la Duquesa; traza fiel fue toda de mi lealtad. Que me tiene voluntad ha mostrado en el papel: otra vez a leerle vuelvo; que aunque es tal la condición que en el pone, con razón a padecer me resuelvo. Vuestro papel estime, y un favor solo os permito; y es que me habléis por escrito, que agradecida a esa fe, señor, correspondere, con tal que no me veáis, pues finezas ostentáis, mirad lo que hacer queréis; pues si me veis me perdéis, y en no verme me obligáis. Decid, que os ha parecido proposición tan extraña? Debe de usarse en España amar con ese partido. Aguda anduvo su Alteza, . en poner tal condición; damas Españolas son de altiva naturaleza; y querrá experimentar si sabes obedecer. Bien dices, querrá saber si sere firme en amar. La condición es muy dura. Yo la he decumplir atento, porque sea el sufrimiento trofeo de su hermosura; pues por ella estoy sin mí. El capricho es singular. Tal que no tiene ejemplar. Oye un caso que lei. . Dile. En Francia sucedió, que una dama a un Caballero, mandó que en un ano entero no hablase, y él lo cumplió: y con fineza tan rara, que a la lengua negó el uso; y en el termino que puso, no se averiguo que hablara. Viendo su obediencia fiel, depuso ella la entereza, y le pagó la fineza, casando después con él. Desuerte, que con no hablar su rigor pudo vencer. No le mandó amor no ver, aunque le mandó callar; más acosta del sosiego; hace de mi fe experiencia; porque hay mucha diferencia de amor callado a amor ciego. Que el que calla por amor, puede el dolor suspender; pues ya le alivia con ver la causa de su dolor; pero como puede ser al que adora como yo, si el ver a amar le obligó, que se obligue a amar sin ver? Desigual tu ejemplo ha sido, que no es pena tan atroz el suspender una voz, como el privar un sentido. Él no ver es más pasión, que los ojos son correos por donde van los deseos que despacha el corazón. Y como de los despojos de amor, el alma es el centro; mata el dolor hacia dentro, sino sale por los ojos. Y así en la lid del cuidado, siempre dará menos vida una pena reprimida, que un accento no explicado. Pero aunque es más la tristeza del no ver, que del callar, quien sin ver me manda a mar, me empeña a mayor fineza; sino es que acaso concierta para que muera del todo, cerrarle con este modo a mi esperanza la puerta. En vano es el persuadirte. señor, a ese pensamiento; pues si ese fuera su intento excusara el escribirte. Dices bien Alberto, y pues me ha de escribir si la escribo, su rostro menos esquivo podré merecer después. Sea capricho, o recato, yo prometo de no bella, por ver si puedo vencerla con la blandura del trato, yo acero la condición, puas son tan altas sus prendas. En estas carnestolendas el tiempo ofrece ocasión de verla, si acaso viene a Palacio. . Dices bien, pues mi! disfraces se ven en quien más cordura tiene. Y yo la he de persuadir a que tome esa licencia para venir a Florencia. Sí, mas no la has de decir Alberto, que yo lo sé. Eso queda a mi cuidado: Bien la cautela he trazado, . pues si a la Duquesa ve, entendiendo que es Aurora, y el belo al rostro no quita, si amante la solicita, su esperanza se mejora. Yo me abraso en su arrebol, y pues que su noche guía, mascara es también del día, con mascara espero al Sol. (cer. Por mí esto Alberto has de ha. Solo darte gusto espero. Y asegurala primero, que yo no lo he de saber. De eso puedes estar cierto. Templaré así su rigor. Yo así guardaré un honor. Yo he de cumplir el concierto que en el papel me ordeno. Haz eso para obligarla, que si no es aventurarla. Eso dudas, cuando yo tengo en sus ojos atento por discurso su razón, por vida su perfección, por alma su entendimiento. Si eso consigues, es poco el darte todo mi estado. Fialo de mi cuidado, y a Dios. Entre estos troncos humildesa a Alberto estoy aguardando, por ver lo que el Duque dicen al papel que con engaño le escribí, que pues tu letra Flora no conoce, al paso que me aborrece, hoy espero que los cielos soberanos, con la cautela trazada, han de volver por mi agravio. No dudes que Alberto sepa disponer de suerte el caso, que a lograr llegues tu intento, sin la amenaza del daño. Ya vuelven los labradoras a festejarte. . Entra Baro, pues que sois electo Alcalde de las mascaras de ogaño. Yo soy de aqueste contorno de los villales, cautaño su merce, su señoria, su paternidad. . Asnazo. Su Altanencia, me parece que ya lo voy acertando. Es comisario, señora, de los disfraces. . Abaos, mujer, que yo lo diré: El Cura nos casó antrambos, y el Sancristan mos descasa. Malicioso es el villano. Mentis necio. . Yo he abrato Deme su altencia una mano, y en ella cinco jazmines. por si a las tabras jugamos, eche quinas, porque diga, yo de tal mano tal dado. De dónde sois? De Belflor. De Aurora somos criados. De Aurora? No si no el Alba. Déjame hablar a mi Bato. Hable quien nació primero, en mudeció al escucharlo. Es Aurora muy hermosa? Tal, que si pinto sugarbo, un año gastaré entero en dibujartela. . Un año has de tardar? . Si señora, para ser gala del campo. Es su edad Abril florido, sus dos mejillas el Mayo, sus ojos son Junio, y Julio soles que abrasan mirando: si Agosto el cabello de oro, la envidia para sus carros, calabazas para Venus da, que al Setiembre imitando, como el lleva vano el fruto, deja los deseos vanos. Y vendimiando albedríos, más almas lleva arrastrando, que él mes de Orubre racimos. Es el Noviembre erizado su desdén, que de esperanza desnuda al tronco más alto, si el Diciembre elo en sufrente, Enero nevó en sus manos; y en florecer cuando mira, es el Febrero temprano: y por el aire que lleva es su talle el mes de Marzo. Esta es Aurora, señora, y por dar fin al retrato, 1i matando toda la vida, es hermosa todo el año. Parece según la pinta, mas que mujer Ralendario. Tanto es Aurora? Tanto es; y sobre todo este agrado, como es para el honor bronce, para el amor es de mármol. Bien conforman estas señas con lo que Alberto ha contado de su entereza. . Señora a parte quisiera hablaros. Seas bien venido Alberto. Todo lo ha estado escuchando Aurora, que persuadida de sus celos, las dos vamos a la Quinta del gran Duque; porque imagina que Carlos no partió con las galeras; y que puede otro cuidado tenerle allí divertido; porque según dijo Bato, que había visto a Turrón hoy en Florencia, ha pensado que a alguna dama festeja, y estar quiere en el sarao esta noche, y a este fin las dos disfrazadas vamos. Feliz fue la diligencia, ya el papel queda en su mano. A mucho empeño me pogo; pues si conoce el engaño, cruel me dará la muerte. Que no ha de veros es llano, Es vencer un imposible parar la flecha de un arco, en medio de su violencia, quitar el impulso a un rayo, en la mitad de su curso, mover rebelde peñasco, que a cristalinas escalas resiste al mar los asaltos; y fuera encender la nieve que cubre esos montes canos, il que ver del Duque has f mudanza en el ceño airado: tanto es lo que me aborrece. Los imposibles más arduos, han vencido las industrias: vuestra Alteza fíe al amparo del cielo la acción que emprende, y de mascara a Palacio vaya, que el disfraz del día da la osarión a este engaño; y lo que teme en peligros, ha de lograr en halagos. Por tu prudencia me guío Alberto. . Señora vamos; y pedilde la sortija, que ha prometido de falso, que ha de ser vuestra, primero que vuelva fino a esos brazos, Y otra condición que puso al Cielo podéis fiarlo. Y así dejádselo al cielo; porque Dios se ofende tanto de aquel que falsas promesas hace a su favor ingrato; que por cuenta suya corre, oh cumplirlo, o castigarlo. Pues ya lo más está hecho, lo menos es arrojaros a este empeño, y del no puede resultar ajeno daño; pues así queda de Aurora defendido el honor claro, euitando una violencia que la estaba amenazando. Y si acaso sucediere (lo que todos deseamos) que lleno de incendio el pecho profana vuestro recato con la noche, antes que el Alba vista de luces los campos. Salir podrá vuestra Alteza, que yo la estaré esperando, para volverla al castillo, porque en los dos sepultado quede señora el secreto, de suceso tan extraño. Vamos Alberto, y el cielo guie en la noche mis pasos. Pues se fue su Señoria, y aquí mos emos juntado, para trazar las parejas; pues a mí me toca, mando que en una pareja salgan disfrazados de lagartos el sastre con el barbero, que ambos en rapar son rayos, que uno nos quita las lanas, y el otro nos rapa el paño. Salgan en otra pareja; pues son de un oficio entrambos, el Médico, y Herrador. Cómo han de salir? Trocados; el Herrador en la mula, y el Dotor salga en el vanco, con esta letra que diga, ambobus errastís. Bravo Latín; quién os le enseñó? Yo estudié cuando muchacho porque querían que fuese revolvedor de estomagos. Qué oficio es? El que revuelve los humorea Boticario; y no lo quise ser, que es oficio muy redomado. En orden se pongan todos; pues hoy a la Quinta vamos del Duque mueso señor; vamos con mascara Bato. Dice bien, y un tonocillo les he de cantar bizarro, nuevo, y del tenor siguiente, mas allá lo verán, vamos. Bien te está el traje señora. Que no me nombres te pido. Nunca vio el prado florido tan hermosa labradora. Alberto, pues van entrando las mascaras, ved agora cual entre estas es Aurora. Ninguna, yo al ir pasando te la mostrare señor cubierto su rostro bello, y una roja banda al cuello trae por seña. Quiera amor que la encuentre mi cuidado, Esta es la Quinta, y aquí el gran Duque está. Ay de mí! ya Lucia me ha pesado mil veces de haber venido. Porque si a Carlos buscamos? Pues no está aquí, vamos. . Vamos. Tened, que no es permitido entrar donde está su Alteza; que es contra eriqueta entrar con mascara, y no danzar en Palacio. . La rudeza nuestra perdodad señor. O aquí el estilo cumplid, o los rostros descubrid. Si eso es, danzar es mejor, porque salida nos den. Bien dices, que en caso tal, si sale el que danza mal, danzar males salir bien. Muy discretas han andado una, y otra labradora. Aurora es la que entra agora, El pecho sobresaltado de verla está, espera un poco, que si la gloria que siento, llega toda en un momento, quedaré de amores loco. Desde aquí te podrás ir Flora al coche, y esperar, que pues no me has de nombrar, tampoco me has de seguir. Quieres mascara danzar. Que son? . El gran Duque. Ay Dios! ese son os toca a vos, que un paso en él no se dar. qué son queréis? . Esperanzas alentad mi corazón. Yo no quiero ningún son, que aborrezco las mudanzas, y hacer no sé una floreta. Bien su firmeza declara. Y haber de danzar, danzara Cuál de ellos? . La Españoleta Sin duda que sois Aurora. Pues en que lo conocéis? En la afición que tenéis a España. . El alma la llora. Y vos hermosa Aldeana, de que son gustaréis más? Todos los danzo a un compas. Queréis gallarda, o pabana. Gallarda, otros hay mejores. Pues porque del no te agradas? Porque un son que es todo entradas es danza de arrendadores. A examiner vuestro amor vengo, por ver si cumplís la palabra. . Cuál decís? De hablar, y no ver señor. La condición cumpliré, aunque ese Sol encubierto desde esa nube me ha muerto. Yo os pagaré aquesa fe, mas por más que el curso riga, el Sol que decís señor, no dará más resplandor, que el que tiene esa sortija. Tuya es, hónrala en tu mano, y todo cuanto poseo. Mas con aqueste trofeo de lo que ha pensado gano, Pues ya del festines hora, la Españoleta tocad; mascara; danzad, danzad. 1. Oid bella labradora; podré saber pues me abrasa vuestro Sol donde habitáis, quien sois, o como os llamáis? No tengo nombre, ni casa. 2. No sabré quien sois? Son vuestros intentos vanos; no conocéis en las manos mascara que soy señora. Parte logre, pues se engaña el Duque de mi desvelo. Bien parece ese aire, y cielo, que es cielo, y aire de España. Fuego, fuego, que se abrasa la quinta. Ay de mí! . Señora mis brazos. . Qué azahar! Agora os llevaran a otra casa. Fuego, fuego. Alberto hay Dios! ven conmigo. . Ya te sigo. Y yo apelo a este postigo. 1. Venid en mis brazos vos. Tened, por donde intentó sacarme vuestro cuidado? 1. Por donde el fuego no ha entrado Pues por allí taldre yo sin vos. . Fuego. 1. Quien tal vio, el riesgo estimáis en menos qué mis brazos? No son buenos, que mejor sale una honrada abrasada, que abrazada, cuando es en brazos ajenos. . Agua, agua. Yo he perdido a mi señora, y no sé como llamarla podré sin nombrarla, al cielo pido me la depare; mas pues el incendio va creciendo, yo me voy al campo huyendo, y la buscare después. Aquí en aqueste pravillo, antes que a Palacio vamos, emos de ensayar el tono, que viene de pie quebrado. Vaya, vaya. Y al que errare le he de dar; pero yo callo. Mascara, mascara, mascara: vaya un váilete a lo plático, y atención que hay para el rústico latigo, latigo, latigo. Ursula, Ursula, Uriula, se fue al prado con un satiro, y quedo al saberlo Hipólito, pálido, pálido, pálido. Pícara, pícara, pícara, la dijo, y levantó un báculo, y hizola gastar colerico, balsamo, balsamo, balsamo. Supolo Málaga, supolo, un mulato que es muy áspero, y fue un tiempo de esta tortosa, pálaro, pájaro, pajaro. Búscale, tópale, y sácale, al prado, y junto a unos alamos dejó el suelo con su púrpura. trágico trágico, trágico. Rapanla a Ursula, y ponenla, de la galera en el transito, donde esta hilando solicita, cañamo, cañamo, cañamo. Que les parece, no es bueno? Vitor el que le ha inventado Yo solo fal, digan todos, Vitor Bato. Vitor Bato. Tierra, tierra ya la entena sin aire al aire se explaya. Ya el bajel besa la playa, amaina, aferra en la arena. Cesó del mar el furor. Pues para mí no ha cesado, que según me ha mareado, este es un mar hablador. Gracias a Dios que llegue a la playa, donde espero ver mi Aurora, y mi lucero, tomando puerto en su fe; pues está cierto mi amor de su fe, y de su fineza, porque es nave de firmeza en las borrascas de honor. El hombre que sus placeres busca en mar es majagranzas; pues el mar todo es mudanzas, embárcuense las mujeres. Vayan los que venden moyos de agua aprisionada en cueros, porno decir taberneros. Vayan al mar los arroyos, vaya una ría bellaca; que en el golfo del sacar, es muy parecida al m pues tiene como él resaca. Vayan. . Qué dices Turió? Qué dormido, y marcado traigo de lo que he trocado, las palabras en vellón. Vaya al mar un zurdo, s mocho dos tuertos, de vino esponjas; vaya un devoto de Monjas, que allá le darán vizcocho. Vaya el que la mosca ahorra, que no quiero más conflitos, tierra quiero, y con mosquitos, que es por donde anda la zorra. Pues a Belfloremos de ir, caminemos. . Caminemos. Qué hará mi Aurora? Hará extremos, señor, al verte venir. Qué hará ahora? Chocólate, pues son las nueve del día, y a chascos con el Lucia abriendo estará el gaznate. Trébole, que no tiene respeto, trebole a la tosa el amor. No oyes cantar? Ya lo escucho. Trébole, que la bella Española trébole, que vive en Belflor, trébole, disfrazada en Palacio, trebole, que de mascara entró; trebole, que de noche, y a solas, trébole, con el Duque quedó. Ha pesa la vil canción, que pronunciando mi mal, es un sangriento puñal, que me hiere el corazón. Una cágala hacia aquí el valle viene cruzando, y en él flores va cortando. Aspides son para mí. Trébole, que no tiene respeto. trebole, a la rosa el amor. Dime labradora vil, quien te enseño ese cantar? El trebole en el lugar lo cantan más de dos mil; compúsose a una señora, que gozó el Duque sus prendas en estas carnestolendas, y esta tonadilla, agora cantan todos. . Muera el labio que vil infama mi honor. Qué es lo que intentas, señor? Vengar en su voz mi agravio. Huye mujer. Hay mi Dios! No me estorbes el vengarme. Por cantar querias matarme? malos años para vos. . Espera villana aleve, pues eres el instrumento que ha publicado mi ofensa; más que es lo que digo, cielos! Aurora pudo ofenderme? miente la voz, miente el eco; mas como cruel me enojo, y como fácil me templo? Si será verdad mi agravio? no, que es vano pensamiento, si, que el Duque es poderoso, no, que su poder es menos que la entereza de Aurora, y de esto a mí me presento por testigo: yo la vi ser escollo a sus deseos. más después pudo mudarse? no, que del honor es tempio, es engaño, es evidencia: que batalla es esta, Cielos! dentro del pecho pelean encontrados dos efectos, y no acaban de vencerme, y es que esta pendiente el pleito entre el amor, y el rigor, uno blando, y otro fiero. El rigor pretende entrarse dentro del corazón mesmo, y el amor le contradice la entrada al rigor, diciendo, que es poseedor más antiguo, y a mucho que vive dentro. No hay que fiar en mujeres, que son como los buñuelos, que el que escapa de quemado, sale torcido, y mal hecho. Ha fuego de Dios en ellas! Ya de este mortal veneno introducido en el alma por aquel bastardo acento, siento de ansias, y congojas todo el tosigo en el pecho. Señor, no así te lamentes sin saber bien el suceso. (ño? Qué haré, que no sea en mi da Ser un Vargas de tus celos, que es quien lo averigua todo. Yo me arguyo, y yo me venzos doy que no me haya ofendido, pues por más posible tengo ver en el Sol una mancha, que hallar en ella un d efecto de honor; pues si para mí que ha sido fácil no creo, para dejar de vengarme en su vida, no basta esto, no porque el honor es solo un vapor, un leve aliento, por eso opinión se llama, y no verdad: con que es cierto, que en los lances de honor puede mas la opinión, que el suceso Y si esa opinión me falta, quedo mal si no me vengo, no porque sea verdad, si no porque pudo serlo, que las leyes de honor ponen tan delicado este duelo, que a un tiempo al noble le obligan a vengarlo, y no a creerlo. Muera la ingrata enemiga. No te arrojes a un despecho, solo de una voz movido tan acosta de tu riesgo, no te vengues temerario, hasta averiguar lo cuerdo. Bien dices, y pues ya estamos en Belflor, llega primero Turrón, y llama a Lucia. Voy, mas ya sale al encuentro Turrón, no me abrazas? Sí. . Pésaras disimulemos. Y tu amo? . No le ves. Ciega estaba de contento: a avisar a mi señora voy. No vayas, que primero quiero saber en mi ausencia como lo ha pasado. (rando Haciendo labor ha estado espe tu venida por momentos; y a Florencia las dos fuimos. L. Ya están fritos los buñuelos. Y en Palacio nos entramos con mascaras al festejo. Ya los va echando la miel. Con fírmose mi tormento. Y se perdió mi señora. Ya están que pueden comerlos. Como no sabia el camino, y la halle en Palacio. . Fuego Ya con aqueste testigo esta cabal el proceso. Con mascara fue a Palacio? Si señor. Mi agravio es cierto. Confírmose la sospecha, no son buñuelos de viento, Disfrazadas las dos fuisteis? Si par diez de eso hace estre- después de tantas camisas (mos como las dos emos hecho, el ver una encañmisada, no ha sido tan grande extremo. Dice bien. . A mi señora voy a llamar al momento, que sé que me dará albricias, Acá te las prometemos. Todo lo canto de plano, nada le quedó en el cuerpo, que es fiar miel a un goloso, fiarla a esta un secreto. Y yo en tanto, de mi ofensa, la venganza previniendo, llevarla al mar detérmino, fingiendo que a España vuelvo; la he de dejar sola, y triste, adonde el postrer aliento sea de un marino monstruo vil despojo, sin que al eco de su voz halle piedades al filo de otro Perseo la andromeda de mi agravio, mudo el mar, y sordo el Cielo. Llegad a mis brazos Carlos, esposo, señor, y dueño, para que vea al contrario de lo que os dije partiendo; que cobran con mi alegría su florida alfombra el suelo: la mies su amado rocío, y el arroyo prisionero libertad, nacar la rosa, voz el pajarillo tierno, luz el Sol, plumas el aire, verde ramo el tronco seco, que estaban con desaliño faltándoles vuestro espeso; sin las plumas, y colores que adornan el valle ameno, prado, mies, arroyo, y rosa, pájaro, Sol, tronco, y viento. A buen tiempo hah fiera ingrata! me dices falsos requiebros, encubriendo tu delito con el semblante alagueño. No respondéis Carlos mío? Suspendido en tus acentos el corazón te escuchaba (el mal resistir no puedo) y al ver que se está abrasando de esos dos Soles al riesgo, a él se fueron los sentidos por remediar el incendio, y hicieron falta a la lengua; porque acudieron al pecho. Por oír esa fineza la suspensión te agradezco. Luego lo veredes, dijo Agrajes, autor de luegos. Venid Aurora conmigo. Adónde mi bien? Hoy quiero daros una nueva. . Y fresca. De qué? De que a España vuelvo, y he de llevaros conmigo. Volverá el alma a su centro. Dice muy bien, pues ya puede rezarla el apartamiento. Qué es la causa del viaje? Decirla agora no puedo, que tengo un pliego cerrado: el corazón es el pliego cerrado ya a la piedad, porque el rigor está dentro. Y quién os le dio? Una voz. . Fue ordé a boca. El secreto sabréis en el mar. . Y cuando emos de partirnos? Luego, que la galera me aguarda. Tan presto ha de ser? Tan presto. Dichosa yo, pues consigo ir con vos. . En su contento más mi desdicha confirmo. Hh engañoso mongibelo, que en la tez tienes la nieve, y en las entrañas el fuego con que mi honor abrasaste. Carlos mío, amado dueño, que tenéis, que os veo turbado el color? . No sé que tengo. Es que viene mareado. Del mar de mis pensamientos. Pues cómo, si os hizo mal al mar pretendéis volveros? Señora, un mar saca otro. En él está mi remedio: como si es feo el delito está su rostro tan bello? Afuera vanas memorias, fuera pasados deseos, no así me inspiréis piedades, cuando rigores prevengo. Descansad siquiera un rato en mis brazos. . Para hacerlo pedazos: vamos Aurora. Qué sentís? El sentimiento será dejar mi partida. En la mía viviremos; vamos, y amor de sus alas haga al partir dulces remos, dando plumas a las ondas. Para vengarmen más presto o Porque vea en sus cristales tu semblante más sereno. Porque si miro mi agravio a vea también tu escarmiento Para que sea mi patria. El escollo más soberbio. Principio de mí alegría. Fin de todo mi tormento. Para que Turrón aprenda. a castigar sabio, y cuerdo, para cuando me casare, si me dan con la de rengo.
JORNADA TERCERA
TERCERA JORNADA Arrojado del mar a esta ribera, vengo, donde la tierra me recibe, después de la tormenta, o me deja vivir para que sienta, si es que un ingrato vive; o no me quiso el mar porque soy fiera, que quiso que viviera, para llorar la prenda más querida, que arroje al mar con alma endurecida: donde ya será muerta, que los duros escollos señas daban, menos duros que yo, pues la lloraban. Cómo hermosa la vían, y por ella vertían: lágrimas, y no pocas, las altas sirtes, y bañadas rocas: mas pues no muero Cielos! menos sus ondas son que mis desvelos; mas como el pecho en la piedad se enciende: yo he de sentir perder lo que me ofende. Cuando aumentan mis penas. las ondas de esta playa, que no pasan la raya que tiene puesta el mar con sus arenas; y una mujer aleve ha roto con la ley que a mi honor debe. Rira allá. Traila tubras; que esta coja no la ves? Y la hare andar en dos pies, pues que con tres corremas, Estos son pastores, quiero escuchar sin que me vean. Como la nieve desean, no hay cordero con cordero. El Noviembre da en nevar; y los corderos mejores. se van muriendo. A otras flores pocos habrá que guardar, porque no hallan que pacer, que con las nieves crueles tiene el suelo más manteles, y ellos menos que comer. Cada uno habla en su pena, yo solo siento la mía. Un secreto el otro día de una hablilla que se sueña, ol decir, y a la fe, que os le quisiera contar, pero no quiero parlar, que es peligroso. . Por qué? Yo no quisiera decillo, que dicen que está doblada desque fue a la encamisada muesa ama la del castillo, callad que importa la vida. Qué es doblada? Estar preñada. Hermana, si eso es doblada peor fuera estar torcida. Qué escucho! No digáis nada. De quién? a. No lo diré yo, ni que el Duque la gozó, porque soy mujer callada. Que será, que a sus razones atenta el alma se alegra? Quién os lo contó? Mi suegra, que la lleva naterones, y más dijo: yo habladora no soy, el secreto advierto, que llevo el rostro encubierto en nombre de otra señora que vivía allá en Velflor, y le hizo al Duque este engaño, porque había más de un año que el Duque la tenía amor; y este engaño se trazó, porque su Alteza entendiera qui allí la Duquesa era la dama que él pretendió; mas ella no sabe nada, de este caso esta inocente, que tiene a su esposo ausente, y es Española, y honrada. Hay tal! Si es verdad, que hecho! Cielos, la muerte me dad, pues que tuve crueldad contra su inocente pecho. Qué más dijo? . No soy yo parlera, no, no hay que hablar, no hay cosa como callar, porque el Cura predicó, y dijó: si saber quieres pueblo, porque a todas horas suelen ser más habladoras que los hombres, las mujeres, dijo: Dios con maravilla de tierra dio al hombre el ser, y le sacó para hacer la mujer, una costilla. Llenad dos costales pues, uno de costillas todo, y otro de tierra, u de lodo, y échense a rodar después los dos costales a cozes por un monte, y al rodar la tierra verán callar, y las costillas dar voces. Y así en todas sus rencillas hablan más, porque te asombres, dos mujeres, que diez hombres porque todas son costillas. Esa dama de Velflor un requesón la llevé, mordiole, y me enamoré. Cómo? No hay dama mijor. Tan brancas sus manos son que juzgué al morderla en vano, que se mordía la mano, y dejaba el reque son. Ay querida prenda mía, como tuve tal rigor, que te saqué de Belflor engañada el triste día que conmigo te embarqué; desiéndame Dios de mí, como cruel te ofendí, sino ofendiste mi fe? Mas si la entregué a la mar, tuve su honor por culpado, y es como cristal quebrado, que no se puede soldar. Haflaca naturaleza! que apenas lloras la culpa, cuando busca la disculpa tu delito a tu flaqueza. Qué es esto? quién es aquel Belisa? . Un hombre parece, que quejoso se enternece, Ay desdicha más cruel! Pastores, un pobre soy, tened compasión de mí, que por el bien que perdí, he quedado como estoy. El mar me llevó el resoro, que no supe yo estimar; pero yo le llevé al mar; y así con más causa lloro, ciego anduve en mi desvelo, yo de mi bien fuienemigo; mas ya me da por castigo, quitarme mi bien el cielo. Decid quién sois? Yo estoy tal, que no me conozco bien; fue para mi tan leal. El frío le hace temblar, dando está diente con diente. Pues yo oí decir a Llorente, que es tierra callente el mar. Sois Caballero? . No trato de fe, ni sé qué es nobleza; pues castigue una belleza, como aleve, y como ingrato. Lástima es, que es muy galá, verle pobre; Blas Bermejo, traelde, si acaso hay viejo, en la cabaña un gaban. Tomad, no estéis de esa suerte ya que el mar muerte no os dio Pues la muerte busco yo; y es tan contraria mi suerte, que cuando la muerte viene, viendo el mal que me maltrata se vuelve a ir, y no me mata, de lastima que me tiene. Posible es que V. Alteza salga al campo en este día. El campo me da alegría, y ha hecho en mi naturaleza, y a la que está como yo, Flora, ya es cosa asentada, que no se le niegue nada de aquello que apeteció. Esta es la Duquesa, andad, y un socorro la pedid. Qué es, gran señora, advertid, y tiene gran caridad. Puesto que ya estoy vestido, no me mandéis pedir más. Pastores son. Llega. Blas. Oir intento escondido desde aquí. Sea bien venida. pues que no conocí a quien . . El Cielo os guarde Pastores. Que así veremos las flores con la nieve derretida del campo en sus bellos ojos. Él no sabe a quien ha hablado. Dios la vendiga el preñado, y dé más niños que enojos. Bien dices, qué hartos tendrá, Decid que la alumbre Dios. Páralos de en dos endos, que lumbre no faltará. Lumbre ofrecéis? Qué os parece, yo la ofrezco desde luego, aunque no aura tanto fuego. como su merced merece. Gracia ha tenido. Es sótil. Cómo os llamáis? Si se atreve, de todos busqué el más breve, que ese es mi nombre. Cuál? . Gil. Él más breve es, dice bien. Mándeme cosas cien mil, verá cual vengo en un Gil, que es más que en un santiamen Mi tardanza haura tenido, a vuestra Alreza quejosa. Con queja nos más dudosa, hasta saber lo que ha avido, del Duque. Ay. Dios! si yo Alberto, le pudiera hablar agora. Dadnos Infante señora, para más feliz acierto de esta pazcid al ganado, y aquí solos nos dejad. De muy buena voluntad. Perdone si emos causado. a su merce, que otro día vendremos a darla flores. A Dios amados pastores, Quede en paz su señoria. Ya no está aquí el camarada. a quien dimos el gaban. Pésame, que era galán, y estaba ya enquistotrada. Estando, señora mía, el Duque mi señor preso, pues es cárcel el amor, cuando es prolijo el deseo, quise hacer para serviros (por mostrar mejor mi afecto, y por defender la honra de aquel Español lucero) a su Alteza aquel engaño; pues como puso tan presto en la Española los ojos, en su llama estaba ciego. Tuvo el engaño tal dicha, logrando al fin nuestro intento, como presto se verá, si un hijo os concede el cielo. Pero la fortuna avara contrastar quiso el suceso, aunque llega tarde el daño, si hay prevenido el remedio. Carlos, señora, adoraba la hermosa Española tierno, ocultando el ser su esposo: Yo no sé con que pretejto, y al tiempo que le dio el Duque tan justa ocasión de celos, quiso tomar la venganza de Aurora en el firme pecho. La dio muerte? No señora. No cumpliré si no muero, oyendo aquí mi desdicha. Hallo dudoso el proceso, según ha dicho un criado: y así el rigor remitiendo, no al acero de la espada, sino a más cruel acero. la echó al mar en una barca las, ni remos, al embate de las ondas, porque muriese más presto. Y un día pasando acaso de pescadores un leño, que en el cristal no quebrado iba a Florencia ligero. Viole la dama afligida, cobro al verle más aliento, y sacando un lienzo blanco, le hizo señas desde lejos. Pararon ellos entonces, enbiando al pensamiento, que fuese de aquellas Indias el Ginovés marinero. Dos eran los pescadores, y aslí tomaron acuerdo de presentársela al Duque, porque con piadoso celo amparase su fortuna: no se decir cuan contento recibió el Duque esta prenda, ye la con más sentimiento, llorando al fin esta pena, más que su antiguo destierro: comenzaba sus quererlas, y sus lágrimas de nuevo. Refiérela el Duque alegre por suyo vuestro suceso; y lo que pasó en la noche, que con el rostro cubierto, fuiste señora a Palacio: y ella el sentido perdiendo, como tiene de este engaño inocente el noble pecho, ni a propósito responde al Duque, ni sus afectos estima en nada, y su Alteza adorándola más tierno, juzga que el negarle el caso, ha sido arrepentimiento, o que es falta de jnicio; y así se reprime cuerdo; ella adora la memoria de aquel esposo tan fiero, y éstima el amor del Duque, y sus finezas en menos. Hase sabido también, como ya Carlos es muerto, trayéndole una galera de orden de su Alreza preso; y el Duque que esto ha sabido, según está de amor ciego, si la Española quisiera la diera su fe en el templo; mormuralos el vulgo vario; y que por poner el sello a su crueldad rigurosa, buscara para este efecto causas aunque injustas fuesen de anular el casamiento: por déjaros, y lograr de su amor el loco incendio, Mas ya de aquestos peligros, estamos señora lejos; pues este mes saldrá a luz la flor de ese tronco bello, No hay que temer los rigores; pues ya esta cansado el cielo de los desprecios del Duque, el cielo dará el remedio. Esperad, que han de tener del parto al feliz suceso, su Alteza paces con vos, y sus vasallos contento, sucesión estos Estados, y vuestra paciencia premio. Qué es esto, cielos piadosos! cuando la muerte merezco por tan injusto castigo, sucede a mi desconsuelo la dicha de estar mi esposa viva; pero no sin riesgo mi honor, pues la tiene el Duqune tiranizado el aliento. No me respondéis señora? La admiración del suceso me ha suspendido. . Es extraño Volved a Florencia luego, y aconsejad a esa dama, que guarde su honor Alberto; y traelde a la memoria de mi fortuna el ejemplo; pues en un día me vi adorada con extremo, y otro día aborrecida. Señora, Aurora es portento de firmeza, y por instantes, si tal vez vuelve en su acuerdo, es solo para llorar a Carlos su esposo muerto. Y así no puede ofender, loca, o cuerda su respeto, que no admire su constancia. otra impresión en su pecho. Vamos, que presto señora; cesaran vuestros recelos. Pendiente está mi esperanza de vuestro cuidado Alberto. Hay amor, malos testigos son contra tu fe los celos. Venid, señora, al castillo, que a Florencia ire, y a veros volveré. . Cuando? Mañana. . Vamos: Cuando Astro lebero ha de cesar tu porfía, contra mi suerte influyendo. Válgame Dios! cuando escucho de Aurora en claros acentos la constancia que ha tenido, con nuevas dudas peleo. Nentral la imaginación, no hace seguro conceto de esta verdad que examino. Que se yo si dijo Alberto su constancia a la Duquesa; por no aumentarla los celos en las penas que padece? Ni descanso, ni sosiego: no basta para quitarme esta batalla del pecho la fama de su honor claro, para afirmarlo, y creerlo. Cuando por solo una fama, con ella anduve tan fiero; para creer su firmeza, no basta otra fama? Ha Cielos! no basta que la malicia arrastra el entendimiento; y antes que a una perfección, damos crédito a un defecto. Y así, para asegurar lo que miramos incierto; si es malo, basta el oírlo; si es bueno, es menester verlo. Ya que voy descaminado, parar quiero, y al primero que encontrare, preguntarle donde estoy. Pues no estoy lejos de Florencia, en este traje entrar en Palacio intento, y en los jardines del Duque; con disfraz de jardínero, podré saber si es verdad, lo que aquí he escuchado a Alberto Gracias a Dios que ya he hallado hacia allí otro compañero, que como yo aurá venido a caballo sobre el suelo. Sabe donde está el camino? Yo iba a preguntar lo mesmo Turró? . Señor, tú estás vive abraza, que de contento no quepo en mí. Di, adónde ibas? Señor, de Palacio vengo. Y viste Aurora? . Y por verla esta desdicha padezco. Cómo así? Cómo esta loca. . Loca? No, si no sin seso. Que, se le volvió el juicio. Antes se le fue, y no ha vuelto. Ay Aurora de mi vida! Cómo te tiene por muerto, y conmigo hablaba a solas, el Duque reconociendo que tus memorias lloraba; mandó desterrarme luego; porque no quiere que tenga de ti ni el menor recuerdo. Con ella ha vuelto Lucia, que se hallo en Palacio a tiempo que al Duque se la entregaron, porque se acomodó luego Bato, su simple marido, en Palacio a jardínero. Bien para mi intento viene; pues no me conoce, luego a Palacio ven conmigo. Di, qué intentas? El remedio de mi desdicha, o mi muerte. Mira que vas a otro riesgo, ya que del uno escapaste. Esto hade ser. . Vamos luego que también como mi piedra, tengo en el rollo mi duelo. Vamos, para que no viva tan quejosa de mi acero esta opinión que me falta, y esta vida que aborrezco; porque no digan de mí, mi amor, mí honor, y mis celos, que pude morir vengado, y quise vivir sintiendo. Ya la música avisada esta para Aurora bella, que esá furiosa, y con ella suele estar más sosegada, medicina fue acertada para templar su fufor. Sí, más no para mi amor; pues cuando en achaque tal, voy a remediar su mal, vuelve a enfermar su rigor. Loca está, y si cuerda ha estado, tal vez, sin el accidente, burla mi dolor presente, y olvida mi amor pasado del anillo que la he dado está olvidada, y también del papel que dio, y a quiena y con olvidarlo todo, es su achaque de tal modo, que nunca olvida el desdén. Tu empresa es dificultosa, si en la furia persevera. Qué importa escucharla fiera si siempre la miro hermosa; no es causa el verla furiosa para poderla olvidar. Pues cuando la llegue amar, ciego en tan dulces despojos, no me dijieron sus ojos del modo que había de hablar. Si cuerda correspondió a mi amorosa porfía, no fuera cordura mía, por loca olvidarla yo. Loco fuera yo, si no la ámara en pena tan dura; pues no importa su locura, si la ve mi sentimiento con menos entendimiento; pero con más hermosura. Ya viene al jardín, señor, con la música, y con ella la criada a entretenerla. Quién dices? La que en Belflor la sirvió. Haced lo, que mando. Escucha hermosa deidad. No quiero, cantad, cantad, mientras me voy paseando. Yo muero de amor zagales No toquen nada de amor. Ya le comienza el furor. Qué han de tocar? . Atabales. Ya bajan de la muralla cinco soldados heridos. Quién son? Los cincosentidos. Mas cuanto va que he de atalla, Pues quién eres tu traidora, que así me llegas a hablar? Quien la viene a castigar. Yo soy la madre Retora: no me conoce? . A ti no. Ya mí? . Tampoco. Ay, tal pena! Quítenme aquesta cadena, que no soy cautiva yo. Qué cadena? . No la ves, que con sus hierros tiranos, si quieen volar las manos, el peso pone a mis pies. La memoria le ha faltado. del todo, aunque en sus razones, parece que hace alusiones. de estar presa, No es cuidado, delirio es que la arropella: el otro día afirmaba que era cántaro, y mandaba. que fuese por agua en ella. Viendo que adelante pasa, yo la llevé de una oreja, tirela, y dijo con queja, hay que me has quebrado un asa: doliole, y la industria mía juicio la hizo tener. Cómo así? No ha vuelto a ser cántaro desde aquel día. Muchos son los enemigos. Como mi ventura es poca, dudando estoy si está loca. Así nos vengan los trigos, Bien se deja conocer que está loca en el andar. Oís, hacedme soltar, y apostemos a correr. Hay suerte más desdichada! Yo el Capitán soy aquí. En dándola el frenesí, dejarla es cosa acertada, porque ama la soledad. Ay dueño de mi albedrío! Hay que me echan en el río, socorro, piedad, piedad. Ya está el sitio al rededor. Elaqueza es, y No es flaqueza, que en aquesta fortaleza, entró el bastimento amor. Seguilda todos atentos, y cantad si así mejora. Qué cantaremos señora? Cantad los diez mandamientos. Sigue Lucia su huella, para que no se máltrate. Sí que temo que se mate si un punto me aparto de ella. Palabras, y plumas Cintía, o bien escriban, o canten, más por razón, que por uso, todas las llevó tu aire. Ya estamos en este oficio, Carlos, ojo al azadón. Calla mi nombre Turrón; no demos ningún indicio de estar aquí de esta suerte. No ves al Duque? Ya miro la causa por quien suspiro. Qué habla con lisardo advierte Vamos Lisardo, que el pecho me atraviesa este dolor. Ha quien cogiera el traidor, que con tirano despecho causó en ella tanto mal, dejándome el alma herida. Ya el mar le quitó la vida en castigo. . No fue igual, a un delito tan cruel. No has oído su intención? Y ha vengado su traición ella en no acordarse deel. que le ha olvidado no es cierto, y a más celos me provoca, porque sé que está más loca después que sabe que es muerto. Fuerza es de melancolía. Quién sanare su dolencia, pídame a toda Florencia, que suyaserá si es mía. A cual hombre sucedió lance de honor tan penoso; que sea el Duque el quejoso, siendo el ofendido yo? mas antes que al Alba fría siembre luz, y aljófargrane, y en su rueda azul debane la lumbre de esotro día; librare a mi prenda bella en hombros de su poder. Bien dices, no llegue hacer alguna violencia en ella: que como todas traen tocas, y hay gustos tan exquisitos, conozco hombres infinitos amiguísimos de locas. Ay Turrón, yo pierdo el seso. Caba el cuadro del jazmín, y caba todo el jardín; pero no cabes en eso; otra vez no oyes cantar? Lejos la música sueña. En aquesta estancia amena, si el cuadro emos de cabar, cabemos ambos al son. Como el amor me hace guerra, ay de mí! mas que en la tierra, cabo en la imaginación. También tu venida supo el florian de las aves, que con rústica armonía, quiere suspender los aires. Tienes hambre? Del dolor solamente me mantengo. Pues yo gracias a Dios tengo un hambre de un cabador; démonos priesa que viene el jardínero hacia acá. Puesto en este empeño ya así ocultarme conviene. Acaben ese plantel, y dense prisa los dos. Así Dios te dé una tos, dí, que has de plantar en él. Mil tulinanes verás, con otras flores bizarras. Procura en él plantar parras, o si no, no cabo más, que yo a flores no me inclino. Porqué disgusto te dan? Porque el mejor tulipan, no iguala al peor tu ivino; porque con grande bambolla, son a fuer de forasteros, preciados de caballeros, siendo hijos de una cebolla. Mientras yo voy a regar acaben esa labor, que no faltará licor con que podamos brindar. No hay quien sufra su locura. Sola todos la dejemos; que cantemos, y callemos nos manda. Hay tal desventura! Aurora es, vete al jardín, y hazme una seña Turrón, si acaso vuelve a su estancia el Duque. . Ya voy señor. Por verla quiero esconderme entre estas canas. . A Dios. Dejadme todos villanos. Que notable suspensión trae consigo arrebatada, esta con nuevo furor, mirando el cielo, y la tierra. Que me quieres ilusión, sueño, o nueva fantasía; inventada del amor: si quieres satisfacerme de aquel pasado rigor, que usaste en el mar conmigo (res estando inocente yo. Cómo cuando hablar me quie- te estorba el llanto la voz? Si has muerte engañado, como si ocupas otra región, donde el engaño no llega, no deshaces este error? Carlos, Carlos. . Pues no lloro de mármol sin duda soy. Mira en esas fuentes puras, que son espejos del Sol; las guijas limpias que encierra su cristal por corazón, la firmeza de mi fe, la pureza de mi honor; no estás satisfecho? . Sí. O es que el eco me mintio, cielos! al oír mis quejas, s yo he escuchado su voz, vuelve a responderme Carlos, estás ofendido? . No. otra vez he vuelto a oírle: si esta no es vana ilusión; otra vez llamarle quiero. A quien esto sucedio? Carlos? Carlos? Qué me quieres? Sombra aparente, o ficción de mi amado esposo muerto: un monte de hielo soy: quien, como a mis ojos, cuando No temas, que vivo estoy, que para volver a verte el Cielo vida me dio; Trora. no estoy muerto hermosa Au- Ni yo estoy loca señor; que el ser tu vivo en mi pecho, y mi amor lo adivinó; porque estando muerto tú, no pudiera vivir yo. Con este disfraz Aurora de la noche, entre el horror te esperare en este sitio, que pretendo. Qué temor. Sobre mis hombros. Qué intentas? Sacarte de esta prisión, Para qué? Para adorarte. Pues no me aborreces? No. . Pues como al mar me arrojaste? Un error lo ocasionó. Cómo has de satisfacerme? Con el pesar, y el dolor. Vuelves a engañarme Carlos? No creas que engaños son. Cómo lo creere? En mi llanto; pues lo que una vez se erró, si otro remedio no tiene, el llorar es lo mejor. Llega a mis brazos esposo, que para ti los guardó del peligro de las ondas la fe de mi corazón. Hoy señor, que viene el Duque; no entiendes las señas de oj, que enefeto no es gallina. Matad aqueste traidor, villano, porque el sagrado atrevido violentó de Aurora, por verla loca. Muera. Fened el rigor, que tiene quien le desienda. Pues quién le defiende? . Yo, que para que él me abrazase yo fui quien le diocasión. Para no ser conocido, logrando acierto mejor, aquestas ramas apelo. Y yo apelo a este azadón. Cómo para dar favores a un hombre tan inferior, templas tu locura cuando negaste esa permisión, por loca a mi noble pecho, que fino lo mereció. Porque conoce una hierba de antídoto superior, para curarme el olvido que me causa esa pasión Parece según lo que hablas, que tu locura ceso. No soy loca, ni lo he sido, cuerda he sido, y cuerda soy. Pues como con ese engaño me ha tratado tu rigor, olvidando la sortija que mi mano te ofreció aquella noche que fuiste aplauso de mi afición en el pasado festin. Vuestra Alteza se engañó, que si creyó mi locura, por negar la prenda, hoy lo mismo a responder vuelvo, que siempre la que fui soy. Si fingi estar sin juicio fue cautelosa invención para defender mi honra de vuestro poder señor. Que por temer la violencia de alguna desatención, a la razón negué el uso; porque es cordura mayor, adonde no ha de valer, dejar perder la razón. No de nombre de locura a lo que en mi fue valor: que a quien defiende su fama, cumpliendo una obligación; es más justo que la llamen la loca por el honor. Si por ser muerto mi esposo, vuestra Alteza imaginó por desválida vencerme? Sepa que Españo la soy, y sepaque vive en mí la vida que le quitó. Si por verme en tierra ajena de un engaño se valio; para maltratar mi fama no así se atreva. Qué voz es la que el Palacio inquieta con tan bélico rumor. es . Viva la Duquesa, viva, y goce su sucesión. Cercando viene el Palacio todo el pueblo, que rompió la guarda, y la novedad crece con la confusión. Alguna traición recelo: quien será el que. . Oye señor: La Duquesa mi señora, sintiendo la oposición de las estrellas, por quien vive apartada de vos; viene a hablaros, y el tumulto es aplauso, y no traición de los pueblos comarcanos, que la acompañan. . Si yo para que a Palacio vuelva la licencia no le doy, como a mis ojos se viene, si otros ya mis ojos son? Cómo es de todos amada la siguen movidos hoy, de la novedad que luego sabrás. . De quién? De mi voz, que es bien que salga del pecho por deshacer un error, a daros un desengaño, y a pedir una atención. Yo, señor, soy Margarita infeliz esposa vuestra, a quien de Venecia trujo engañada vuestra Alteza, a ser no esposa, si esclava, que a quien vive en suerte adversa, casada, y aborrecida, sirve el yugo de cadena: viéndome poco dichosa con vos, y que no aprovechan, ni mis lágrimas vertidas, ni mis reprimidas quejas, a despertar de mi amor en vos la menor centella. Determine con Alberto, que prudente me aconseja, de escribiros un papel en nombre de Aurora bella, de letra de una criada, que Alberto llevó en respuesta de otro que en mi poder tengo vuestro, mirad quien creyera, que lo fuera de mis dichas el mismo a quien vuestra Alteza eligió, para que fuese el tercero de mi ofensa. Yo al fin de Alberto guiada fui, señor, la que encubierta visteis en nombre de Aurora aquellas carnestolendas; y a quien la sortija disteis: recibí, señor, la prenda, que porque os di la palabra de que había de volverla a la mano de mi esposo, hace ya falta en la vuestra, y está demás en la mía, reconoced si es la mesma. Esta es la mesma sortija. Dios volvió por mi inocencia. Muy bien os acordaréis de que hicisteis dos promesas al cielo, como imposibles, para que jamás volviera vuestra esposa a vuestra gracia, cumplida veis una de ellas. La otra promesa, que fue el darle un hijo, que fuera hijo de su sangre, y mía, el sucesor, vuestra Alteza goce muchisimos años, aunque a su madre aborrezca, y el suceso acreditando en poder de Alberto queda, en quien porque quiso el cielo, que a ser testigo naciera. de esta verdad que público, puso todas vuestras señas. Don qué es esto que escucho, Alberto? Cuanto te ha dicho su Alteza. es verdad, señor. . El alma. toda en piedades, se trueca: llega a mis brazos esposa, y en ellos perdón merezca el que tanto te ha ofendido. Quién tal suceso creyera? El cielo hizo está mudanza: Él solo la dicha ordena. Bien claro se ve, pues nunca. me has parecido tan bella. Y a ti bizarra Española, nuevo ejemplo de firmeza, el perdón también te pido, y sabe Dios que me pesa de que haya muerto tu esposo. vivo es Carlos, vuestra Alteza perdone también, si erró en robar su misma prenda, que dándole ese perdón el volverá a su presencia. Ya perdonado está Carlos. Y ya a tus pies, señor, llega quien para ver tanta dicha escapó de una tormenta. A mis brazos llega Carlos. Aurora, a mis brazos llega, pues a costa de tu fama hice mi fortuna buena. Y aquí perdonando faltas, y dando un vitor siquiera, tiene sin noble Senado la sortija de Florencia. FFIN.
