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Texto digital de El sordo y el montañés

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Melchor Fernández de León
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto, preparado por Germán Vega, procede de Teatro Selecto Orellana 5.

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El sordo y el montañés. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/sordo-y-el-montanes-el.

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EL SORDO Y EL MONTAÑÉS

JORNADA PRIMERA

Corriendo voy como un gamo. ¡Huye, Bustos! No hay que hablar; O el criado no ha de estar, O se ha de salir el amo. Rigorosa se entremete En todo tu condición. Basta sufrirle bufón, Sin que le pague.-Hombre, vete. ¡Qué coraje tan tirano! Bustos está tamañito. ¿Qué? ¿trastos de señorito? Buscarémosle un enano. Ya esta no es vida, y bastaba La sujeción que hay en mí. Si no está muy bien aquí, Vuélvase donde se estaba. Sí haré, pues mi suerte topa Vida que muerte presumo. ¡Jesús, la ida del humo! Juana, sácale su ropa, La que trajo en el serón Le da. Vamos, Bustos. Antes quiero Que por vía de sermón, Porque salga con buen pie, Pues lo que pierde no llora. Que sepa lo que era ahora, Y sepa lo que antes fue. La cólera se le pasa, Pues largas a su ira aplica. Erigida, ¿a quién se predica Para echarle de su casa? ¿A quién se predica? A él (Su humildad mis ansias crece), Que él es quien más lo merece Por el hombre más infiel. ¡Bustos, hay tal cautiverio! Baja los ojos, y escucha. (Amor y enojo en mí lucha.) Oiga el señor don Valerio. De la insigne Barcelona, Donde diz que alférez fue. Vino, sin traer más que Su honradísima persona. Un vestido que, aunque quiera Decir de qué, no podría. Por la duda que ponía Tantas cosas de que era. En camisa quiso estar Firme su cuerpo galante, Y era por fuerza constante, Pues no se podía mudar. Lacio el sombrero, y dejadas A languideces tan sumas Sus alas, que ya no plumas Pedían, sino puntadas. Si viéndoos galán, a oír Lo que hablo, decís que miento, Todo está en un aposento; No me dejará mentir; Porque guardándolo, intento, Viéndoos esa vanagloria, Ajar con esta memoria Ese desvanecimiento. Salí a misa un triste día; Vísteisme; qué os parecí No lo sé, pero advertí Que con medrosa porfía Me seguisteis hasta entrar En la Iglesia, donde en todo Lo que estuve, no hubo modo De obligaros a callar. Viendo lo que porfió Vuestro acento, reparé En vos, y al punió alabé Quien tan gran aliento os dio; Porque hablar recio y aprisa Con muy amantes razones Un hombre a quien sus calzones No le callan su camisa, Por prueba mi opinión halla De más valor y más brío. Que salir a un desafío Y asaltar una muralla. Mas yo tengo averiguado Que en la milicia ha tenido El que está más descosido Voto del mejor soldado. Y así, con esta licencia Proseguisteis en hablar, Y llegándose a acabar La misa, una reverencia Me hicisteis con tan rendido Acatamiento de vos, Que presumo, que a ser dos, No lo sufriera el vestido. Y meneando la cabeza Con un gesto muy vulgar. Os pusisteis a parlar Con esotra buena pieza, A quien compañero quiero Llamarle más que criado, Pues criado mal pagado Es en casa compañero. Si viera ahora esas vanas Altiveces la figura De los dos, con la pintura Se os quitarían mil canas. Salisteis muy rozagante Hablando conmigo, mas Yendo unas veces detrás, Y otras pasando delante. Llegué a mí casa y aprisa. Porque no os adelantaseis. Para decir que os quedaseis Pedí licencia a mi risa. Obedecisteis cortés (Que es la prenda del soldado), Pero el haberme dejado Vino a importar poco, pues Luego vuestra peregrina Asistencia me veló Tanto, que nadie miró Sin el andrajo la esquina. Día ni noche inhumanas No hubo del cano enero, Que no feriase el brasero Al cierzo de mis ventanas. Tanta la continuación Fue de su fino cuidado. Que me introdujo un agrado Puesto entre una compasión. (¡Oh amor, quién las falsedades Conoce de tus arpones. Pues hasta de compasiones Sabes tú hacer tus crueldades!) Lo que en vos vi no lo sé. Ni sé responderme a mí, Cuando noto lo que vi, Y lloro como cegué. (Solo tú, amor, que atropellas Las almas y las igualas. Responde con esas galas Que pones a las estrellas.) Yo os rendí aquel defendido Rigor que esquiva guardé, Y tanto, que ya llegué A confesarlo rendida. Entrose vuestra impaciencia Entre mi pecho cobarde, Haciendo soberbio alarde De toda mi resistencia. Veis en medio de que tan Desaliñado os temía, Pues cierto y por vida mía Que estábades muy galán. Dejo papel, lance, empeño, Común cartilla de amor, Y voy a que mi rigor Paró en haceros el dueño Del alma, y sin reparar Que en continuo miedo iba Siendo blanco de la esquiva Murmuración del lugar, Sin ver que es muy contingente, Aunque mi rigor le engaña, Que venga de la montaña (De donde sois) un pariente, A que con que nos casemos (No lo permita mi Dios) Se fenezca entre los dos Un gran pleito que tenemos. Al cabo (En vano reprimo Este dolor que me abrasa.) Digo que os traje a mi casa Con el título de primo: Mas visteis cuánto al empeño De ser quien soy satisfice. Que aunque de mi casa os hice Dueño, no de mi honor dueño. Pues este triunfo dichoso Bien sabéis que le guardé Para el feliz día en que Llegaseis a ser mi esposo. Lo primero, mi señor, Porque mi fineza obre. Fue quitaros de lo pobre Aquel malísimo olor. Y ya os tengo asegurado Que de mi amante paciencia Fue no mala diligencia, Porque estaba muy pagado. Dos vestidos luego os hizo Mi cariñoso desvelo, Uno fondo terciopelo, Y el otro labrado rizo. Lo demás, alargar costas Mi condición nunca avara. Ya en puerta de Guadalajara, Ya en la calle de las Postas, Lo dispuse de manera. Que viéndoos ya tan pulido. Vos a vos propio he creído Preguntábades quién era. Porque los bolsillos mudos En mil lances no callaran. Hice que nunca os faltaran Lo que llaman ocho escudos. Hasta el lacayo, desvelo Le costó a mi necio engaño. Con un vestido de paño Y cabos de terciopelo. En cuanto a la mesa, infiero Nunca el apetito dio Queja, pues nunca faltó Ave, jigote y puchero. Al principio con el traje Nuevo andaba muy medido. Recogiéndose al debido Término de pupilaje. Eran todos sus placeres Mi sujeción, sin que hubiera Quien otra razón le oyera Más de «lo que tú quisieres.» Tan humilde, tan humano En estos principios era, Que para salir afuera Solía besarme la mano. Con esto se iba mi daño Tejiendo en mi corazón, Yendo sobre su traición La fábrica de mi engaño. Pero apenas mi lealtad Vio, cuando con demasía Empezó su alevosía, Fiada en mi seguridad. Ya iba quitando los ratos A la asistencia; ya hablaba Recio; ya de noche enviaba Por broquel y por zapatos; Ya (sabiendo que es la pena Mayor) muy larde venia, Y con descoco reñía. Si estaba fría la cena. Ya al salir me ponía tasa, Ya a las criadas ponía ceño, Ya hacia todo lo que el dueño Podría hacer de la casa. Todo lo ofrecía a los cielos, Pues la culpa me he tenido; Pero lo que no he ofrecido. Ni ofreceré, son los celos. ¿Yo mis finezas sencillas Emplearlas en un traidor, Que a costa de mi favor Festeja mil mujercillas? No, rey mío; yo no quiero, Ni me parece razón Que mi desestimación La compre con mí dinero. Que eso se acabó le advierto: Lo ya perdido, perdido; Veamos sí puede el olvido Borrar algo el desacierto. De vos no acordarme intento, Y aunque me quedo en tal gloria, No ha de poder mi memoria Desosegar mi escarmiento. Ya con el vendado niño. Resuelta va mi razón; Quejosa resolución Puede más que no cariño. De casa os salid; y fuera Mucho bien os haga Dios; Que aunque me vea sin vos, No hayáis miedo que me muera. Espera; de su tirana Condición es el intento. ¡Ay, Juana, por ti lo siento! ¿Pues qué también a mi Juana? Solo mi suerte severa Por tu amor lloro. Desvía. Señor, valga cortesía. Adiós, que mi ama rae espera. Buenos habemos quedado. Gracias a Dios que salí De tales prisiones. Di, Hombre mal aconsejado, ¿Será mejor (sea quien fuere) Sufrir en lo que maltrata Una hambre que te mata, O una dama que te quiere? ¿Hay quien tenga por verdad, Y no por gran ligereza, El que oprima una fineza Mas que una necesidad? ¡Cuerpo de Cristo con él! ¿Piensa que en cualquier esquina Se encuentra una dama china O prebenda moscatel? Pues vive muy engañado Si a juzgarlo se dedica. ¿También usted me predica? Si; y pues esto se ha acabado, Hoy mi libertad intenta Salir de hombre tan perdido. Yo me voy. ¿Te has despedido? Sí, señor. Daca la cuenta. ¿Cuentas? Graciosas porfías. ¿Qué dineros encargados Tengo? Cuentas de recados Que te he mandado estos días. Porque de mis obras fieles En ningún tiempo haya duda, Para dar mi cuenta acuda A la fe de los papeles, Sin que a mi verdad temor Hoy le causen tus intentos, Te enseñaré los mementos De la agencia de tu amor. Primeramente, en la calle Del Sordo vive una dama, Viuda y moza, que se llama Doña María del Valle; Esta recibido tiene Ya un papel, y la criada Catalina, está pagada Para todo el mes que viene. esa mujer reverencia Mi amor por su gran mesura; Es dama que su hermosura La trata con gran decencia. Prosigue. Junto al convento De Pinto vive la hija Del Indiano; en la prolija Tema de su casamiento insta, y sin él, no hay bastante Medio de poderle hablar. Por ahora no ha lugar Boda; acuérdelo adelante. Vaya otra. La cuñada Rolliza del zapatero... Es mujer como las quiero. Está... Di. Al lunes citada, ¿Para el lunes? Sí; su trote Ese día a ti te envía. ¿Pues por qué? Porque es el día De entredicho de cerote. El que ni aun los desperdicios Logra de su estrella ruin. No ha de poder pasar sin Dama de todos oficios. La boba que da en hacer De lo culto necio alarde. Respuesta me dio ayer tarde. Daca, que la quiero leer. A nada el gusto acomodo Tanto como una afectada, Que no sabe decir nada Y lo quiere decir todo. «Señor mío, si lo intrínseco de su «corazón recapacitara la exterioridad de »su fineza, pudiera su cuidado fiduciar «algo mi despego; pero como son tan »inequales las demostraciones a los intentos, hasta apurar los unos, dejo de «satisfacer a los otros.» No es estilo que cualquiera Hablar en él acertó. Muy bueno estaba, si yo El fiduciar entendiera. Leonor... Di la bella Aurora, Que siempre fino he adorado. Con ella hoy he quedado En que ha de venir ahora A ver (pues que ya previene Tu insolencia empeño tal) Ese cuarto principal. Que desocupado tiene Doña Brígida en su casa, Con que lograr pretendías Tener dos donde vivías. Delante mi intento pasa. Y ahora lo harás mejor, Porque Brígida al oírlo Rabie más. ¿Viste al sordillo, El hermano de Leonor? No, señor, que con la agencia De palacio asegurado Está, y también he juzgado Que es sordo de conveniencia. ¿No hay más? Como en tu liviana Condición a Madrid ves Partido en barrios, este es El barrio de esta semana. Aunque en servir me interesas, No apuras mi condición, Pues aún más faltan. ¿Quién son? Las criadas de todas esas. Cree que es mayor fortuna. Si a probarlo te acomodas. La de morirse por todas, Y no morir por ninguna. Mientras en más damas ceba Un hombre su amor, se apura Menos, pues el fuego dura Con la llama de la nueva. Amor de una, aunque eterniza La fe, que alabando estás. Créeme, Bustos, que no es más De una caliente ceniza. Yo así al tiempo me acomodo. Y haces muy bien. Y así vivo. Ya sale, ¡Raro sujeto! Muy buen casco es de lugar. De risa me estoy muriendo, Aquí hay dos hombres, que no es Milagro en Madrid haberlos A aquestas horas; yo a Dios Doy Domingo, ten ese estribo. Valga el diablo tanto lodo. Señor, en tu vida has visto Tan extraordinario gesto Y tan ridículo traje. Como el de aquel forastero Que en ese mesón se apea. Bustos, de aquel modo mesmo Vine yo. Acomoda el macho Y dale después un pienso A tus alpargatas rucias, Y me freirás un torrezno, Mientras yo doy una vuelta Al lugar, por si es que encuentro Para quien traigo esta carta. Y a la ventura me allego. Hacia nosotros se acerca, No te rías. Caballeros, Si es que sois de la montaña, Porque si no, volaverunt. Buena entrada. ¿Me sabréis Decir adonde hallar puedo Al dueño de aquesta carta? ¿Cómo se llama? No puedo Deciros cómo, porque Me encargó mucho el secreto, No acordarme de su nombre, Y no saber leer; mas esto Se remedia con que vos, Si no os sucede lo mesmo. La leáis. Dádmela acá. Bien decís. «A don Valerio »Peñalosa, guarde Dios.» (¡Quién este hombre será, cielos!) ¿De qué os admiráis? De ver Eslabonado un secreto. Tan difícil en Madrid Como es hallarse en un puesto Dos que se buscan; yo soy. Señor, al servicio vuestro, Don Valerio Peñalosa. Mucho os estimo el encuentro, Y antes que con la ignorancia Arriesguéis el tratamiento Que me pertenece, leed La carta; que pues vos, creo. Montañés sois, bien sabréis Lo que se aventura en esto. Leo con vuestra licencia, Desde ahora os la concedo. «El señor Suero de Llanos...» Ahí es algún echacuervos. Esperad, porque no daña La claridad a su tiempo. ¿Qué me queréis? Advertiros No son mis Llanos de aquellos Del valle bajo. Ya sabe Mi amo sois Llanos de cerros. Es que en un propio apellido Hay de lo malo y lo bueno. Ahora adelante. «El señor «Suero de Llanos, »Que es dueño de la casa de los Llanos »Va a Madrid con el intento «Que os dirá; y pues ya sabéis «Cuánto nos empeña el deudo »Y la amistad en servirle, »Que lo hagáis no os encarezco. »Dios os guarde muchos años, «Vuestro hermano don Alejo.» Excusada era la carta Con mi obligación; y siento Ser hoy tan recién venido De campaña, que me veo En la corte con la poca Prevención de forastero. Por tu culpa; valga el diablo Tu condición. Y hoy intento Tuve de mudar posada. Porque la que hallé primero Para andar en pretensiones Y con lodos, era lejos; Y pues vos habéis venido A tan venturoso tiempo... Vive Dios, que se la pega. Por muy acertado tengo... ¿Qué he escuchado? Que los dos Un cuarto solo tomemos; Que yo, práctico en Madrid, Bien aseguraros puedo Que no os dejaré perder. Mirad, señor don Valerio, Mientras más amigos más Llanos, dice el proverbio; Y pues que más llanos dice Hablando con todos, creo Que hablando con Llanos, mucho Más llano que hable, es cierto, La bolsa de la montaña... Vive Dios, que le olió el perro. Tened, porque me he corrido De que penséis que yo puedo Permitir que en cualquier parte Donde vamos, en dinero Repare yo. Amigo mío. La claridad es primero Que todo; y porque la alhaja Mejor del mundo es el tiempo, No le perdamos. Decís Muy bien; contadme el intento A que venís a la corte, A una de dos cosas vengo. Que juzgo es lo propio la una Que la otra. No os entiendo, Si son distintas las cosas. Yo me explicaré; oíd atento. Juan Barradas... ¿Qué he escuchado? Este (si mal no me acuerdo) ¿No es el nombre del marido Que tuvo Brígida? Nieto De Pedro Barradas, vino A Madrid, adonde luego Se casó...—¿No estáis conmigo? Ya os escucho. Según pienso, Con doña Brígida Aponte, Noble y rica. Ahí va eso. Murió sin hijos (que a muchos Casados pasa lo mesmo), Y antes de morir (porque Después no pudiera hacerlo) La dejó por heredera En válido testamento De sus bienes; mas le puso Un conque el más raro y nuevo Que jamás se oyó, pues dijo Que en pasándose el primero Año, había de casarse Con el mayor heredero De la casa de los Llanos; Que aunque tiene parentesco Con la suya, no tan grande Que impida el poder nacerlo; Y donde no, que pasase La hacienda al dicho primero Llanos: aqueste es en suma El caso, y pasado el tiempo Que ha mandado el testador, Siendo yo por privilegio De Dios el mayor de todos Los Llanos... Y los jumentos. Y un poco mayor que otro Hermanillo más pequeño, Vengo hoy, después de porfías Grandes que por cartas tengo Hechas a la tal, a ver Si resuelve el casamiento O darme mi hacienda; con que Si la dificulta, es cierto Que pleito le he de poner. Si viniere en el concierto Y se casa, a pleito peor Y más largo me condeno. Con que os declaro que a dos Cosas y a una sola vengo, Pues es pleito si me caso, Y si no me caso, es pleito. Cayose la casa acuestas. Venganza me dan los cielos De aquella enemiga. ¿Y vos Sabréis poco más o menos Dónde vive esta señora? Sí, lo sé, y sé que no es lejos De aquí, porque la posada Donde yo viví primero Fue en su calle, con que tuve De ella noticia. Pues tengo Por mejor, que aquello que Ha de ser tarde, sea presto. su Ea, manos a la obra, Vamos hacia allá. Teneos, Porque a la primer visita Juzgo será desacierto Ir de ese modo. ¿Qué es De ese modo? ¿Estáis sin seso? ¿Pues un hombre como yo Ha menester más arreos Que su gala gratis data? Sin embargo, el lucimiento Puede mucho. Para otros, Pero no para sujeto Que nació con garbo infuso Por natural privilegio. ¿Somos unos todos? Casa de doña Brígida. Ya, Mío señor, los torreznos Los sus chillidos dejaron , En la sartén; con que creo Que están diciendo callando. Que es la hora de comerlos. ¿Más quién son estos señores? Paisanos. Quien estaremos Siempre a la orden del seor Domingo. A almorzar entremos. Me place. Ya se excusara La panza al trote. Y el cuerpo Compongamos para vistas, Que no es lance para menos. Venid, don Valerio. Ya Os sigo.—¿Viste tan nuevo Caso? TÚ eres venturoso Sopista, pues al momento Que una puerta se te cierra, Otra se te abre. Advirtiendo, Que esta es con la circunstancia De que la venganza veo Hoy de Brígida. Entra, acaba, Porque si te tardas, creo Que el tal Suero de un bocado Acabará los torreznos. Este caracol secreto El uno y el otro cuarto Comunica; y aquí hay, creo. Un retrete, que cerrando El caracol, viene a ser Aposento reservado Para tocador, y este. Mi sa Leonor, es el cuarto Que me holgaré que os contente, Puesto que en ser así gano Tal vecina, y más ahora Que solísima me hallo; Porque mi primo (Asegure Este punto, por si acaso Lo sabe), ceremonioso De ver cuánto ha dilatado Tomar casa, desde que Vino de fuera, o cansado Quizás del mal tratamiento. Hoy ha resuelto (¡ah tirano!) Mudarse. (¡Qué es lo que escucho! ¿Cómo sabiendo que salgo Por él de casa se muda? Mas disimule.)—(A ella.) Mi hermano Don Simón, como os he dicho, Me aseguró que en dejando Con brevedad fenecido Hoy de su agencia el despacho. Vendría acá, y yo no dudo El que hoy quedará ajustado, Pues juzgo que lo desea Más que yo. Así, tanto cuanto. Decid, ¿qué profesión tiene? La de agente, y graduado De prima clase, aunque yo Lo diga, pero agravado De un gran defecto. ¿Qué? Es sordo. Es grandísimo trabajo. ¿Y es muy sordo? Lo que basta Para que aunque estén tocando Diez trompetas en su estudio. No las escuche. ¿Llamaron? Sí, señora. Este es sin duda. Abre, El tal hermano Traza de catarribera Tiene, si yo no me engaño. (Bien sabes, amor cruel, Que yo más deseo traigo De que la tal viuda ajuste Conmigo su hermosa mano, Que su casa, y que este intento Es solo el que me ha obligado A mudarme.) Enhorabuena. Vea, señora, esos astros A quien el sol cada día Está pidiendo prestado Resplandor para sus luces De esos orbes soberanos. Yo, entre los muchos defectos Con que (el Criador sea alabado) Me dotó, el ser sordo es uno; Y así entré aquí, mas pasando A veros hoy, ya con otro, Aunque más feliz me hallo, Pues cegué al veros; y si Vuestro prodigio inhumano A cada paso un sentido Me quita, para tres pasos Tengo caudal, pues me quedan Aun todavía en las manos, En la lengua y las narices, Tacto, paladar y olfato. Yo, mi señor don Simón... Brígida, recio. No alcanzo Con la primera estatura De mi comprensión el alto Estilo vuestro; y así. Lo que responderos trato, Es que dos mil y quinientos Reales pido por el cuarto; Que según uso en la corte. Habéis de dar el medio año Antes; que en mi casa quiero Vecinos muy sosegados. Si con estas condiciones Os agradare, me allano A que se haga la escritura. (A buen tiempo había llegado El agente con requiebros.) No os enojéis, que en mi hermano Estas razones son solo Efectos de cortesano. Mi señora está enseñada A unos requiebros muy bastos De cuatro suelas, de aquellos Que en las montañas se criaron; Con que se le hace extrañeza Otro estilo. No he dudado Que lo que aquí hubiereis dicho Habrá sido muy llegado A la razón, aunque yo Nada he comprendido. Hermano, Dos mil y quinientos reales Pide su merced. Barato, Esperar un favor suyo Es mil y quinientos años. Todo es uno. Mi ira abrasa Cuanto mi rabia despierta. Llamando están a la puerta. Juana, responde. ¡Ah de casa! ¿Quién descortés, sin mirar La atención, hoy aquí ha sido? ¿Qué, no conoce a un marido En el modo de llamar? ¿Quién es? (¡válganme los cielos!) Valerio (¡suerte inhumana!) ¡Viene allí! Avisadme, hermana, Si fuere cosa de celos. ¿Quién sois, decid, o por qué I De esta suerte habéis venido Hoy aquí? Porque he querido. Yo, señora, os lo diré. i j De todas cuatro, por Dios, j Que a esta la vista se arrima. ¿Cómo no le habla su prima? ¿Sois doña Brígida vos? No nací yo tan dichosa; Aquella es que miráis. ¿Vos por qué lo preguntáis? No me ha parecido cosa. I Decid: ¿los dos a qué efecto En mi casa habéis entrado? El negocio es de cuidado, j Pues le hablan tan en secreto. (¡Qué es esto, celos tiranos! ¡Jesús lo que ha de haber hoy! I ¡Confusa y turbada estoy! El señor Suero de Llanos, De llegar acaba. ¡Ay Dios, No sé qué el alma me dice! A coronarse felice Hoy, casándose con vos, De la montaña ha venido. ¡Cielos, qué es lo que he escuchado! El color se le ha mudado. Y yo tan dichoso he sido... (Por él, por ella y Leonor Finjo.) ¡Hay hado tan severo! Que la suerte del primero Me ha tocado, a quien su amor Comunique; pues trayendo Unas cartas de mi hermano, Logro la dicha que gano Hoy en venirle sirviendo. Aquí os le traigo, y el cielo Sabe de mi amistad rara... ¿Qué sabe? ¿Qué? Que se holgara Que fuera de terciopelo. No con prosas tan despiertas, Don Valerio, habéis de entrar. ¿Por qué? Porque al enhornar Se hacen las novias tuertas. Sabed (bueno por mi vida, Póngala mal enseñada) Que a dos cosas destinada Hoy ha sido mi venida, A ser pleiteador o amante; Y pues don Valerio ha sido Quien ha dicho lo marido, Diga yo lo litigante. Esto parece que dura; Sosegaré mis desvelos, Pues no me aprietan los celos Mientras no hay manifatura. Cuando el impulso tirano A vuestro dueño os quitó, Bien sabéis que me dejó O su hacienda o vuestra mano. Yo, bien mirado, por Dios, Al punto me ajustaré, Y creo que tomaré Cualquier cosa de las dos. Si mi mujer queréis ser, Vamos a ello; y si no, Dadme los diez mil, que yo Sabré buscarme mujer. ¡Qué culto, qué cortesano La entrada hizo el tal jumento! Danzo y brinco de contento. (Mal te vengaste, tirano.) No os parezca ser (Ay Dios, Qué rigurosa fortuna!) Fácil de las dos ninguna, Pues cualquiera de las dos Ser casi imposible indicia. Pues dificultosas son De rendir mi inclinación O de vencer mi justicia; Y no llegar tan grosero Pudierais a verme hoy. ¡De ira abrasándome estoy Por eso te traen el Recio habla, y no porque ignoren Sus bríos quien soy, tenerlos Quiera, que no soy de aquellos Maridillos de ad terrorem. Y vencer luego confío Pleito y belleza presente, El pleito con un agente. La belleza con mi brío. Ninguna hasta ahora encierra Resistencia en lo que veis, Que a esta hora tengo seis Novias debajo de tierra. Y así, mirar os compete Mejor vuestro parecer. Para no llegar a ser Conmigo la novia siete. La hacienda o la perfección A mi ha de venir cabal; Brígida o real o sobre real, O facción sobre facción. Sin esto, no, aunque con queja Vengáis, esperéis de mí Ni un solo maravedí Ni la mitad de una oreja. De mi intención os avisa Mi voz; o pobre o dichosa; O tratar de ser mi esposa, O quedaros sin camisa. ( Brígida.) A verte hoy han venido Sordo y montañés, trocado El marido de letrado Y el letrado de marido. Llegad, Valerio; el rigor Reducid, que en ella veis. ¿Yo? Sí, porque tenéis Cara de reducidor. Porque serviros procura Mi amistad, yo llegar quiero. Juana, de coraje muero. ¿Qué hará aquí aquesta figura? Pues aquí ha gran rato ya Que estáis, lo que mandáis ved. Muy para servir a usted Siempre. ¿Y usted cómo está? ¿Qué dice este hombre? Tirano, ¿Así tratas mi lealtad Y mi vida? Reparad En que es sordo y es mi hermano. ¿Sordo y hermano? ¿Eso pasa? ¿Qué negocio habéis traído Acá? Hoy a ver he venido Un cuarto de aquesta casa Que se alquila. Yo pudiera... ¿Qué intentará el mentecato? Ajustarle más barato. Caballero, más afuera. Y pues que ya habéis oído La expectativa en que estoy. Bien conoceréis que soy Bastante para marido. ¿Estáis en vos? ¿Grosería Quién notó tan desatenta? Quedo. Ya estarás contenta. Valerio del alma mía... ¿No me despediste? ¿El fiero Rigor conmigo no usaste? ¿De tu casa no me echaste? Pues cásate con don Suero, Pues ya el desengaño vio Mi amor y a él se conduce. ¡Fuego cómo la reduce! Miren si lo dije yo. ¿No te ablandas? Ya es en vano. ¿No hay remedio, di, cruel? El de casarte con él. Pues, Leonor, dile a tu hermano Que no repare ni atienda En el precio ni en él dude, Sino que al punto se mude Y este pleito me defienda. Amiga, en servirte gana Don Simón. No por mi fe Daréis el cuarto, porque Se le he dado yo a su hermana. No seáis impertinente. Sí quiero serlo, que arguyo, Que es tan mío como suyo. Mientras hay lite pendiente. A un rincón la soberbilla Yaya, que hasta que a votar Se llegue, no ha de mandar Ni en solo una bovedilla. Vamos, y tú en quien arroba Sus atenciones mi estrella. Tú lograrás lo que ella Ha despreciado por boba. Venid, don Valerio. Vamos. Sin decirle aun ¡ay de mil Leonor me aparta de aquí/ Buenos quedan nuestros amos. La tuya, contenta infiero Que está con novio tan fiel. Maldito mil veces él, Patas de sepulturero. Yo he de morir si esto dura. ¡Que sin hablar de Valerio Me vaya I Buen cautiverio Se le aguarda a su hermosura. De todo lo que ha pasado Aquí, en ayunas me quedo. Bustos, ya contento, puedo Decir me veo vengado. O Bartulo me ha engañado, O a la viuda he de pescar. Por Dios, que no ha de escapar La hermanilla del letrado. ¡A morir! ¡A padecer! A buscar amantes textos. A engañar a todos estos. A chismear. A comer. Y pues de males... De Celos... Mi amor el tormento alcanza... Denme los cielos venganza. Denme venganza los cielos.

JORNADA SEGUNDA

Mejor, con gran diferencia, Los adornos cortesanos Os están. Somos los Llanos Muy galanes por herencia; Solo algunos apretones De nuez me da este cartón, Y ando muy mal, porque son Muy estrechos los calzones. ¿Estrechos? porfías vanas. ¿Cómo un calzón ha de ser? En cada uno ha de caber Media arroba de manzanas. Buenas las vueltas están. Vueltas, no pueden ser menos. ¿Traéis guantes? Y muy buenos. ¿De qué son? De franchipán. ¡Hay tan extraño jumento! No hay gracia que en vos no se halle. Póngome bien en la calle De paso y de movimiento, Y en vuestra traza se adquiere Eso sin afectación. En eso tenéis razón. No más de como cayere. Pues justo será que deis A la calle de la esposa Alguna vuelta. Otra cosa Trato y quiero que escuchéis. Hoy, para cualquier intento, A no dejaros me obligo Por paisano y por amigo. Y por la sopa. Oíd atento: Amor, según nos dejaron Dicho nuestros ascendientes, No es más que una sabandija Que por los ojos se mete Hasta el corazón; y estando En los últimos retretes, Hace allá ciertos embustes, Que ni matan ni divierten. Ni sustentan ni dan hambre, Ni provocan ni suspenden, Ni oprimen ni dejan libre. Ni bailan ni se entristecen. Esto es, según lo que otros Han dicho que les sucede, Aunque yo siempre he llevado Opinión muy diferente En esta materia, pues Lo que me duele, me duele; Que somos, según sabéis. Muy blandos los montañeses. Lo que ahora, don Valerio, Conozco que me remuerde La conciencia del amor. Es (déjame que lo piense; Que en estas materias no Se ha de hablar ligeramente) La hermanilla del letrado. El que ya alquilado tiene El cuarto de aquella casa De mi infeliz contendiente. Esta tal me hace cosquillas, Y como yo he sido siempre Desde chiquito enseñado A no sufrirlas, pretende Mi amor todo de pe a pa. Contarle lo que padece; Pero como es necesario Maña para entremeterse A decirle a una persona Cada uno lo que siente, Yo he tomado por motivo Lo liberal, que al fin este El camino carretero Es de todas las mujeres. Ayer, dicen malas lenguas Que se sangró; con que al verme En el lance, discurrí Que enviándole un buen presente, Podía con su seguro Hablar muy claro un billete. Este me habéis de escribir Vos, y no mas de ponerle Las letras, que lo demás No hayáis miedo que lo yerre, Direisme que cómo yo Permito que nadie llegue Los papeles de mi dama A escribirme, siendo este El caso más reservado. Aun de amigos y parientes. Respondo, que el mayorazgo De Llanos, cláusula tiene En que manda que ninguno De los que le poseyeren Sean tenidos (estos son Sus términos mismamente) De escribir de propia mano Nada que se le ofreciere; Privilegio concedido A mis nobles ascendientes, Y continuado hasta ahora, Por la razón de creerse Que no puede hallarse nadie Entre todos los vivientes Digno de participar De sus rancios caracteres. Y es tan fuerte esta etiqueta, Que si a mí me sucediese, No digo panel de dama, Sino el de los lances crueles De algún desafío, había De buscar quien le escribiese; Y esta antigüedad sabida, Paso a lo que me conviene. Bustos se le ha de embocar. Porque me han dicho que tiene (Criado al fin en la corte) Gran mano para papeles. El regalo es de gustazo, Porque en Madrid, el que puede, De curiosas chucherías Alcanza cuanto pretende. Hoy a la calle Mayor Me encaminaron que fuese A prevenir la sangría. Por ser sitio conveniente. Fui, y en unas tiendecicas Que hay (no sé si me acuerde) Junto a la estafeta, unas Que una lonja grande tienen Por techo, donde he oído A muchísimos que mienten... ¿No caes adonde digo? ¿En las Covachuelas? Ese Es su nombre, donde hay unos Que hacen retratos de reyes: Encontré, ellos son muy caros, Mas los mejores juguetes Que jamás vi. Referidlos. Escuchadlos. ¡Que le dejen Comer pan a este salvaje! Vaya. Oíd atentamente: Una muñeca que un rato La estuve mirando, y Nunca de la Leonor vi Más parecido retrato; No vi en mi vida más bella Copia de su original. ¿Retrato es tan puntual? Ella, amigo, esotra ella. Unas perlas que me atrevo A decir en su interés, Que cada una de ellas es Casi casi como un huevo; Si ellas son finas, con buena Fortuna el lance he topado. ¿Pues a cómo os han costado? A seis cuartos la docena. Un silbato, diz que diente De elefante, muy barato Compré. ¿Para qué el silbato? Para aplaudir el presente. Cuatro o seis las sartas son Del abalorio (¡oh mujeres. Lo que costáis!); de alfileres Dos cuartos, tres de turrón; Y porque no diga luego Que dejo nada en la villa, Le compré una jacarilla Que estaba cantando un ciego; Sin que a culta ceremonia En nada se haya faltado. Pues todo lo envió atado Con dos varas de colonia. Estos amantes despojos Le rindo. ¿Y la cinta atada De qué color es? Morada, Que lleva tras sí los ojos. ¿Morada? ¿Pues a qué intento? ¿Triste la dais por testigo? ¿No veis, don Valerio amigo, Que este es regalo de Adviento? Primores harto sutiles Llega Leonor a gozar. En esto de regalar Tengo mi poco de Filis. Ahora vamos a empezar El papel. Darle procuro Chasco, que nada aventuro, Pues Bustos le ha de llevar. Sentaos, y a componer Empezad pluma y tintero. En yéndose el tal don Suero Le diré lo que ha de hacer. Todo puesto está; decid De discreciones gran suma, ¿Está delgada la pluma? Buena está. Pues proseguid. «Leonor, ya en el duro brete »Que por ti sufriendo voy, «Por más que el amor apriete, «No cabe más, porque estoy »De amores hasta el gollete. »Con algún fino favor «Trata, pues, de consolarle, «Que si aprieta tu rigor, «Si no haces por desmenguarle, »Se me verterá el amor.» ¿Esto teníais guardado? Ni Tulio más elegante Escribió. Pasa adelante, Porque aún no está acabado. «Mi amor a la cara indina »De Brígida, por mi enojo, »Ya miráis que no se inclina; »Pues veis la de la vecina, «Echad la vuestra en remojo. »Y pues avisaros quiso »Mi amor de bueno y de malo, »Que de todo haya es preciso; »Ahí va, pues, ese regalo «A las ancas de este aviso.» El archivo de Simancas No encierra papel más bello. ¡Qué bien traído está aquello De ir el regalo a las ancas! Esa cláusula he admirado Por frase que nunca he oído. El concepto bien traído Está y bien acomodado; Con lacre ardiendo a dos manos Le cerrad. Aquí hay oblea. Lacre ha de ser, que se vea Bien el sello de los Llanos. Un papel ha de encubrir Los indicios de su dueño. Es que las armas le enseño Para poderla rendir. Ahora bien, tome el billete El buen Bustos. Y por vida Del seor Suero, esta partida, ¿Qué le deja al alcahuete? ¿No son intereses hartos Serlo? Bueno por mi fe. Tocará, tocará usté. Seo Bustos, su par de cuartos. Que es notable destruición De vuestra hacienda os aviso, Don Valerio, ello es preciso No endurarlo en la ocasión; Mas daca, Bustos, que vengo (Vuelve a tomarle el papel.) Ahora, en que este papel Es mejor lo lleve el Dominguillo que yo tengo, Pues puede ser que le importe Industriarle en este uso. (Con esta traza me excuso Bien de los ocho del porte.) Tan presto en Madrid saber Este oficio, en él no cabe, Aprenda algo, que no sabe En lo que se puede ver. Yo a llevarle me apercibo. Que él no ha de saber, mirad. Tenga alguna habilidad Por si le hicieren cautivo; A enviarle voy. Ea, amor. Que soy cristiano repara, Pues ya me cuesta harto cara La tal cara de Leonor. En fin, ¿él se va con él Siendo de mi letra? Di, ¿Por qué no lo hiciste, si No había de leer el papel. Pues cerrado va en rigor, De rasgos, con que no avise De ti tu letra? Es que quise Quedar con el borrador; Y como él a declarar Llegó que tú habías de ser Quien le llevara, tener Para copiarle lugar Creí. ¿Papel tan precito Y de tal necedad Heno Querías? ¿No ves que es bueno Todo lo que es exquisito? Vamos, pues, a remediar Aqueste yerro en que estoy. Vamos aprisa, que hoy Hay mucho que trabajar. Diez papeles que escribir, Otros diez que responder, Cinco iglesias que correr Y tres coches que seguir, Espiar una tapada. Visitar a un forastero. Pasar por el Mentidero. Como quien no dice nada. Erigida estará quejosa. Suero engañado y dudoso. Don Simón muy malicioso. La Leonor algo celosa. Y yo con gran corazón De todo hacer nada espero. Reírme de Leonor, de Suero, De Brígida y de Simón. Casa de doña Brígida. ¿Sangrada de ayer a verme Leonor baja? Es tan estrecho El nudo que la amistad Os dio, aunque en tan corto tiempo, Que no permite un instante De ausencia. ¡Ay Juana! Yo pierdo El juicio. ¡Que aquel ingrato. Falso, traidor, no haya vuelto, Dejándome en los cuidados Que sabe tenía! ¡Fuego En las finezas de todos! ¿Quieres tomar mi consejo En tus sentimientos? Dile. Pues cásate con don ¡Que tal pronuncias! ¿Y acaso Es mejor (que pues el pleito Lleva en su favor) le deje Sin qué comer? Mucho menos Mal será poner la vida Debajo del yugo fiero De una servidumbre, que Sujetarla a ese violento Lazo. ¿Reparaste, Juana, En el estilo grosero De la figura asquerosa De aquel hombre? ¿Viste el necio Lenguaje suyo? ¿Aquel talle? Calla, señora, que es bello Para marido. Tú harás Que pierda el juicio. Mas creo Que llamaron.—Mira, Juana, Quién es. Mi amo, en el primero Cuarto me dijo que era. ¿A quién buscáis? Ella es; llego.) Mi señora, aquí vus traigo Un papeliño. ¿Qué es esto? ¿Qué dices, mozo? ¿De quién Es el papel? Eso, negó; Porque yo, votu a Crispu, Que nunca he sido parlero. Tomad papel y canasto. Que yo me marcho corriendo. Porque me han dicho que suelen Cascar a los mandaderos. Fuese y dejose el papel. Y un canasto. ¿No veremos, Señora, quién nos regala? Sí, ¡Pero qué veo! ¿Qué hay, señora? ¿Esta no es La letra de don Valerio? ¿Pues es novedad? Sí es; Cuando en el renglón primero Dice «Leonor;» ya en él dudo. Espera, aguarda, que creo Que lo que debe admirarte No es solo , señora , eso, Sino que el mismo mismado Buen señor, va allí subiendo La escalera de Leonor, Con pasitos tan modestos Y tan... ¿Qué esperan mis iras? ¿Oís, señor don Valerio? Venid acá. ¡Que me viese Brígida! Entrad acá dentro. No sé Cogionos vivos. Qué decirle. Bueno es eso; No te turbes. Dices bien. ¿A qué le diré que vengo? Por una ascuita de lumbre Es ahora lo más del tiempo. (Salen. ¿Qué mandáis? No sé por dónde Empiece mis sentimientos. Buen paso será este. Juana, Ponte en el recibimiento, Por si mi sa Leonor baja, Que me avises. Obedezco. En fin, señor, ¿Leonor era El dignísimo sujeto Que os traía tan perdido? ¿Leonor el ídolo bello. Que nos costaba a los dos Su carísimo festejo, Ella a mí muchos doblones, Cuando a vos muchos serenos? ¿Leonor la que os destruía Con impropios devaneos. De mi necedad injusta El justo agradecimiento? ¿Leonor la que al beneficio De regalos y paseos (Dígalo este canastillo Y este papel, que por yerro Llegó a mis manos) dejaba Con los amorosos ruegos De vuestra encendida llama Hechos polvos sus desprecios? ¿Leonor la que venturosa Vino a lograr, que teniendo Vos en mi casa el seguro Lugar que os daba mi pecho, Intentarais tan cruel, Tan ruin, tan desleal, tan fiero Trato, como hacer que yo Fuese, incauta, introduciendo Con mis inocentes manos Vuestros alevosos riesgos? ¿En casa me la metisteis? Decid, señor don Valerio, ¿Por qué no avisabais antes, Para que yo conociendo Que os agradaba en servirla No reparase en el precio? Por vuestra vida, decid Si llevabais el intento De que os la guardara yo Y cuidaran mis extremos De su belleza. Sí; y como Que vos queríades esto, Porque a vuestro parecer Yo soy mujer del llavero, Y sois tan vil, tan infame, Que no dudo que sabiendo Que su hermanico el letrado Gasta sus pocos de textos Conmigo, pretenderíais Que en reciproco concierto, Hermano y galán al uso, Uno sordo y otro ciego. Con permitir vos los suyos, El tolerase los vuestros. Y pues a hombres como vos, Que tienen perdido el miedo Al punto, jamás les duelen Los golpes de los acentos. Otros golpes más pesados... Palo busca, vive el cielo. Os han de doler; y cuando Falte a mi ira el instrumento, No le faltará a mis manos. ¡Brígida! Aquí, traidor, tengo De acabar contigo. Mira Que si le agarras del pelo, Te cuesta un doblón de a ocho El que le has de comprar luego. Suelta. Bajar he querido Por el caracol secreto A ver a Brígida.—Mas ¡Qué miro! ¿ella y don Valerio De aquel modo? Anda, tirano, Porque ensuciar más no quiero Mis manos. A buena hora, Qué la mostaza le has hecho. Anda, súbele a Leonor El papel; súbele eso Que con tan decente criado Le enviabas. ¡Qué oigo! Pues creo No echará menos, si tú Subes, al esportillero. No ha dejado, Bercebú Lleve, palabra del duelo, Que no te haya dicho. Oigamos, Que es gran ira, gran imperio Para prima. Pues me hallo Sin costa el engaño hecho.. Y deshechas las narices... Llevarlo delante quiero, Por picarla más, no porque Me duela ya. Sino aquello Que te ha dolido. Señora Doña Brígida, no entiendo Por qué razón, en lugar De decir mis sentimientos Justos a vos, vos a mí Digáis los injustos vuestros; Y no solo con los gritos De vuestra sinrazón, pero Con las manos, acción tal Y de enojo tan grosero, Que solo lo tolerara Yo, que sufrido os parezco. Vení acá; ¿de vuestra casa No me echasteis, con pretextos. Que juzgo los trujo antes El cansancio que los celos? ¿Salime yo acaso? Vos, Con un sermón muy molesto, Predicando en redondillas, (Si ahora mal no me acuerdo) No me despedisteis? ¿Yo, Por el natural derecho, He de dejarme morir? ¿No he de buscar el sustento Del amor y la comida Para el alma y para el cuerpo? Él para quitar el hambre, Ya sabe a la sopa; pero Para el hambre del amor, No dan sopa en los conventos. ¿Cómo os parece, señora Doña Brígida, que puedo Pasar, si no busco modo Para buscar mi remedio? Respondereisme que yo Os di causa para el fiero Rigor que conmigo usasteis; Es verdad, yo os lo confieso. ¿Pero sabéis la razón Que yo tuve para ello? Pues si de ella os acordáis. Bien conoceréis que en medio De la merced que me hacéis, Era tan cruel, tan fiero De vuestro coraje injusto El acostumbrado ceño, Que la condición hacia El oficio del desprecio. Sin embargo, mi pasión Se iba arraigando tan dentro Del alma, que de la propia Pasión, alma se iba haciendo. Pero como mi criador Me dio con poder inmenso Lo que basta para el gasto De casa de entendimiento. Conocí que era error grande El que fuesen derritiendo Tus mal humorados copos A mis amantes incendios. Llamé a consulta la vida, Propásele el grave riesgo Que tenía en la continua Esclavitud de un despego. Y ella, que por ley precisa Es amable, fue advirtiendo La eficacia del peligro. Con la permansión del miedo. Temió la vida en cuanto hombre, Y el temor, que es gran maestro, Empezó a avivar la tibia Llama del conocimiento. Encendiose, y alumbrando Aquel laberinto ciego, Vio la razón cara a cara El impropio cautiverio. Desde entonces, desde entonces, Tan feliz me considero, Que el respirar, que era antes Suspiro, ya es todo aliento. Mis impaciencias no andan Buscando tus ojos bellos; Si no te veo, no lloro, Y si te veo, te temo. Para alivio de mi amor No me faltará un sujeto Donde viva el albedrío Con el entretenimiento. Basquiñita de rasilla, Con su juboncito negro. Que aun después de pretendida No la conozca el deseo. Un culto muy ordinario De un idolillo plebeyo. Cuyas aras muy gustosas Estén con humos de espliego. Una, que sin ocupar Los sentidos con exceso, Me deje libres los ojos Para mirar otras ciento. Tú, Brígida, eres diosaza, Y desde tu trono excelso Consideras como hormigas Los más grandes rendimientos. Con cien almas, por crecidas Que las tales sean, creo Que no hay harto para untarse Un diente de tu despego. Ya yo me hallo muy bien libre, Y del escondido templo Del desengaño la angosta Senda avisado penetro. Sobre sus mágicas aras Mis sacrificios ofrezco, Y de sus paredes doctas El robusto eslabón cuelgo. Ya tú no has menester más Cariños, ni más festejos, Pues ha venido a casarse Contigo el señor don Es un hidalgo maduro; Y en fin, es un hombre hecho, Que no te dará disgusto, Y quien en anocheciendo Vendrá, y tomará del gasto De aquel día a su gallego La cuenta, cuarto por cuarto. Con rosario o por los dedos. Hombre, que se irá a la plaza, Y con cariño casero Te llevará en la pretina El besuguito a su tiempo. Hombre de decir y hacer. Buena salud, bien dispuesto; Y en fin, marido de paño. Que es de honra y de provecho. Hombre que hará... Yo he de entrar. Esperad. Yo nunca espero, Que soy montañés castizo, Y gloria a Dios, no desciendo De ningún tribu. Por Dios, Que es él. Ahora pretendo Salir, y disimulando El que he estado (¡ah falso!) oyendo Mis celos, he de vengar Con una industria mis celos. Que estaba en el cuarto bajo Leonor, arriba dijeron, Y así entro; pero ¡qué miro! ¿Qué hacéis aquí, don Valerio? Amiga, voces oí En tu cuarto, y así vengo... Sin aliento estoy. Andarlo. A ver lo que ha sido esto. ¿Voces, y el señor alférez Reformado en casa? Bueno. No es mucho (aquí de mi industria Descúbrase este secreto) Que haya a veces entre primos Sus pleitecillos caseros. ¿Cómo? ¿Cómo? Salió cierta Mi industria. Sin alma quedo. La suerte está echada. Calla, Leonor. ¿Pues no es mejor medio Que el seor don Suero lo ajuste... Ya escampa. Que no hacer cuento En el barrio de que... (¡ah falso!) Pensaste entrar encubierto?) Dos primos... Lo que primea. ¿Primos decís? ¿No sabremos De cuándo acá os ha venido, Brígida, este parentesco? ¿Luego no lo sabéis? Yo Ahora lo oigo y ahora veo (En la ira que me ciega, Un paréntesis haciendo) Las alhajas que os envié Poco ha con un gallego; Buena anda mi hacienda. ¡Qué oigo! Ya no es todo mi mal cierto, (Pues todo se vierte, vamos Cogiendo algo.) ¿No ves, dueño Tirano de mi albedrío, Cuan sin culpa estoy? Dejemos Ahora intereses humanos. Que la honra es lo primero. Con ocasión de que está Mi hermana en su cuarto, quiero A mi Brígida del alma Acechar; mas allí veo Al novio; llévele el diablo Y al otro. Un rato esperemos. En fin, ¿don... cómo os llamáis (Que con la ira no me acuerdo Ni aun del nombre de mi padre), A término llegó esto. De que yo precisamente He de mataros? Mancebo, Id a la primer parroquia. Que prevengan el entierro. Reportaos , reportaos Pateando está el tal don Suero. ¡Primo a mí! Juro a bríos, ¿Pues ahora os salís con eso? Por las armas de los Llanos, Que es el mayor juramento Que en la montaña hay, que ahora. Ahorita, en este momento. Habéis de sacar el árbol De vuestro descendimiento De por sí, rama por rama. ¿Qué es rama por rama? Niego; Hoja por hoja, tomando Del antiguo entroncamiento De la raíz el origen, Hasta el palito postrero De la casa, que soy yo, Mediante Dios, sin que en estos Grados se mezcle ninguno Con el femenino sexo. Pues de varón en varón Vuestro primazgo derecho Ha de venir, que después La forma conferiremos De mataros. Despacito, Que hay mucho que hacer, Pues, muerto, ¿Que os importará que sea Vuestro primo? Majadero, ¿No importa, para saber Si le toca o no el entierro De los Llanos, dónde están Sus antiquísimos huesos? Como no puedo escucharlos. Estoy confuso y suspenso; Y así, no me determino A averiguar qué es aquesto. Buena flema. ¿No acabáis Ya de ir ensartando abuelos? (Primero soy yo que nadie; Con una industria remedio Ponga a mi honor y a su enojo.) Oídme, que yo os ofrezco Quitar duda tan extraña. Algún embuste previno. Cuando don Valerio vino, Como era de la montaña, Aquí poco introducido Estaba, por cuyo intento Fiado en el conocimiento Que tuvo con mi marido, Solicitando el favor... Por amor de Dios, amiga, Que apoyes cuanto yo diga) De la mano de Leonor... ¿Qué oigo? En vano me reprimo. Porque el ajuste decente Fuera, siendo su pariente, Supuso que era su primo. Hoy la verdad a los dos Preguntad. Viven los cielos, Que no he de aumentar mis celos Callando. ¿Esto más, mi Dios? ¿Luego el Valerio o bajá. Que en dos mil mujeres pica, También a Leonorcica Hace gestos? Claro está. Pues ya está mi corazón Morado a puro denuedo, Y ya sufrir más no puedo La carga de la razón. Venid acá. (Yo embarazo Pondré a tan inicuo error.) ¿Por qué, Brígida... Leonor, Idos de ahí. Bribonazo. ¿No bastó... (la ira rebosa) Llenar a mi costa el buche? El don Suero, sacabuche Quiere hacer de la mohosa. (A una brava industria quiero Apelar, con que esto impida, Y el disgusto, por mi vida. Que le ha de pagar don Suero.) ¿No bastó la infiel lanzada Que tu industria cruel previno, Pues aún no acabé el camino, Cuando te hallé en la posada? ¿No bastó la sedición De tu hambre detenida. Que no perdonó la vida A chorizo ni a jamón? ¿No bastó el furor, tirano, Con que fuiste un mes entero De mi inocente puchero El demonio meridiano? ¿No bastó la sinrazón De venir acompañado De un troglodita criado. De casta de sabañón? ¿No bastó la alevosía De quererme suspender. Quitándome en mi mujer Propia el pan de cada día, Sino querer tu rigor. Infame, vil y falsario. Quitarme el extraordinario Del platillo de Leonor? Ya no tienes más que hacer, Inhumano todicida. Pues me matas la comida, A la dama y la mujer. Y antes que tu ira adversa (Que en ti se puede esperar) Llegue conmigo a intentar Alguna cosa perversa, Juro a bríos y a aquesta cruz Que el alma te he de sacar. Estos se quieren matar; Yo subo por mi arcabuz. Mira... Espera... ¡Cruel destino! Suelta. Detente. Mujer, Más fácil es detener Una rueda de molino; Hoy acabará tu vida. Calla, simple. Cruel estás. Bonito soy yo; jamás He errado la zambullida. Quita, verás que de un tajo, Desde el casco hasta el carrillo Le hiendo. ¡Ay, pobrecillo, Si va la de unas abajo Yo de la fuerza me privo, Ni yo detenerle puedo Con la mía. Estese quedo Todo hombre, o le derribo. Yo estoy de cólera ciego. Teman éste angosto rayo. Yo, señores, me desmayo En viendo bocas de fuego; Mas aquí de aquellos fueros Que mi valor ha tenido. En esta casa es el raído. La justicia, caballeros. Peor es esto que mis males. No se menee persona. ¿Cuánto va que la intentona No la hago con veinte reales? Daos a prisión. Los fueros De Llanos, de quien aprenden Todos valor, no los prenden Ministros. ¿Pues quién? Monteros. Famosa pachorra es esta; Venga el montañés cerrado. Ya mi industria se ha logrado. Yo iré, pero con protesta. Si mi cortesía fiel Puede algo, esa intención Mudad. Mire el picaron, ¿No hará harto en pedir por él? En la cárcel, su rencilla. De la villa, sea. Tiranos, ¿Cuándo se vio ninguno Llanos En la cárcel de la villa? Suelte el arcabuz. ¿Qué dice? Ministros son, vive Dios. No llevéis más que a los dos. La suerte ha sido infelice. Por ahora en un buen medio Queda el duelo. Yo sabré Por qué la pendencia fue. En fin, ¿no tiene remedio? Señor, déjate prender, Y nos valdrá un potosí. Sáquenlos ahora de aquí, Que fácil de componer Este disgusto allá es. Vamos. No hay que replicar. Cielos, ¿en qué ha de parar El Sordo y el Montañés?

JORNADA TERCERA

Hoy, señor, no tan tirana Nuestra suerte mi hambre llora, Pues comimos; mas di ahora: ¿Qué hemos de comer mañana? Ya de Brígida la amada Renta la veo perder, Pues con los celos de ayer Quedó algo maltratada. De la Leonor, aunque menos Eran los regalos, ya Volaron, |nies nos dará Más que regalos, venenos. Ya se consumió el dinero, Que con tenazas sacó Mi industria, y que nos tocó De la prisión de don Ya él, enterado de tu Sinrazón desapiadada, Al vernos en la posada Juntos, nos da a Bercebú. Y según está, no alcanzo Forma, ni la considero De sacarle a su puchero. Ni aun con ganzúa, un garbanzo. Todos están sin dineros; Por más que ayer te cansaste, Y a diez papeles me enviaste, Once te salieron hueros. No hay ya como en las primeras Edades dicen que había Mesa, hospicio, que acogía A panzas aventureras. Ya están del todo apuradas Las industrias que trazó Lo pobre, y ya se pasó La era de los camaradas. Y así, allá en tus cuardenillos Mira, si de vernos hartos Hay forma, que yo dos cuartos Tengo. Tráelos de palillos. ¡Famosos alivios son! Eso a risa rae provoca. Hombre, un palillo en la boca Ayuda a la digestión. Tu chanza me ha de acabar Y tu flema. ¿Qué he de hacer? Bustos, sobre no comer, Dime, ¿heme de ahorcar? Pide. No seas importuno. Busca. Cansado no estés, Que ya me amohíno. Pues Ponte a oficio. ¿Sé yo alguno? Uno te doy, con que embozas De lo pobre las culebras. ¿Cuál es? Garitero. Hay quiebras. Haste astrólogo. Hay corolas. Poeta. Ejercicio cruel Quita... Cásate, señor. ¿Ese es oficio? El mejor, Si es que se sabe usar de él. Con tretas perficionadas En el tajo y el revés, Único tu brazo es; Pon tienda de cuchilladas. ¿Cuchilladas? ¡Qué imprudente! ¿Pues en qué la duda está? Dime, señor ¿cuánto ha Que es oficio el ser valiente? Háblame ya sin embozo; Dime, ¿es de capear tu intento? Que es lindo entretenimiento De caballeritos mozos. Mas ya descubrí, por Dios, Por la vuelta de esta esquina, Que tu viaje se encamina A la casa de las dos. Eso sí, al pan conocido, Perro leal; pero yo Entrara quedo, que aún no Sanaron de lo mordido. Ningún amor ha entibiado Tener celos; antes ciego Añade un fuego a otro fuego. Ya a la puerta hemos llegad». Pues vete, que quiero entrar Solo. Yo te estimaré Ese favor, pues me iré... ¿Dónde? A aprender a cenar. Al cuarto de Leonor antes, Que no al de Brígida, elijo Entrar, pues fue quien quedó Más enojada conmigo; Y una voluntad a quien Pleito de acreedores miro Que ponen tantos, graduar Los derechos es preciso. El efecto de un embuste Por satisfacción aplico En tan apretado lance, Y si saliere fallido, Darémosle unos requiebro?? Que tengan de llanto visos, Y vaya tapando el cobre Lo dorado de un suspiro. Pues si ella está con deseo De que le paguen, colijo Que no hará mucho reparo En si son falsos o finos. No parece en la escalera Nadie, y al trémulo viso Que escupe la congojada Lumbre de aquel farolillo, No solo de esta antesala Abierta la puerta miro, Sino las demás; yo me entro Poco a poco, y escondido De esta ventana en el hueco, Recatado, determino Ahora esperar, acechando, Por ver si en este ejercicio Puede darle en lo curioso Un consuelo a lo escondido. Buena mujer, Dios te pague La caridad que has tenido Con este misero amante. Pisa quedo. Antes no piso. Y cree que es una fineza La que ahora hago contigo; Que si mi ama lo sabe, Hoy mi remedio he perdido. Yo, Inés, no puedo faltarte. Don Suero, (¡qué es lo que miro!) Viene con Inés. Y en tanto Que más paga te apercibo, Luego que llegue el arriero Que aguardando estoy, te envió Dos Santiagos de azabache Y seis valientes chorizos. Yo por interés no hago Esto. Ya sé que es por vicio. De esta cortina le tapa. Que aquí salir es preciso Mi señora, y cuando a verla Llegues, ánimo. Bonito. ¿Para qué me habré zampado Hoy cuatro huevos mejidos? Vive Dios, que al montañés Le esconden. Si el letradillo Me ve y saca la escopeta De ayer, no doy cuatro higos Por toda la descendencia De los Llanos: ¡qué conflicto Fuera para la montaña Que yo muriera sin hijos! Mas si no me engaño, allí A Brígida y Leonor miro. Si el deseo no me miente. Por allí a Leonor atisbo Con mi infeliz despreciada. El tal don Suero ha venido (Según muestra el esconderse) A que con broncos suspiros Leonor de saber acabe Su pensamiento atrevido. Ya llegan las dos aquí. ¿Inés? Ya te he entendido; A tu hermano iré a avisar Que entre. En vano me animo Al consuelo de su amor. Cuando no los halla el mío. ¡Ay ingrato don Valerio! Aquí, Leonor, que es retiro Del cuarto, deja que salga Más sin vergüenza el suspiro... Aquí donde nuestras quejas Son solo nuestros testigos... ¿Qué misterio será este? Si salen a desafío, En todo tiempo, Leonor, Me tiene por su padrino. Acabe ya de arrancarse Del corazón el indigno Lazo, entre cuyas prisiones Deliraban los sentidos. Deshaga el conocimiento Del desengaño instruido La ciega cárcel, adonde Se embebeció el albedrio. Salga este hombre de nosotras. Y del sentimiento mismo. Con la enmienda del coraje. Hágala razón alivio. No pueda más que nosotras. Y ya trocado el cariño. Conviértase en luz la torpe Oscuridad del delirio. Sin que en grande presunción Incurra ahora, imagino Que soy yo de quien se quejan. ¡Oh dura ley del destino! En estas almas me he entrado, Y las dos se han recogido A ver si pueden echarme De sí con sus exorcismos. Salga, salga. No es aún tiempo. Y señal de que ha salido Sea, que llore lo irritado Las lágrimas de lo fino. Señal pide; mucho aprieta. Vete, alevoso peligro, Donde menos daño hagas En otro más cauto abrigo. Con la fuerza que les hago. Las he puesto como un lirio. Espíritus montañeses, Amando, somos malditos. Y porque el corazón quede En el error convencido, Pídasele a la memoria La cuenta de los delitos. Cuenta piden. Ni por esas. Don Valerio... Ahí va. ¡Qué he oído I Infiel Traidor... Desleal. Falso... Cruel... Fementido... En el error de mi engaño Fue componiendo atrevido, Desde mis seguridades, El modo a mis precipicios. Su traición disimulada Con aquel rumor nocivo, Sordo hizo el conocimiento Con la eficacia del ruido. A ti en fingidos halagos Pagaba, cuando en los míos De hallarlos tan verdaderos, Pude temerlos fingidos. Así en viles apariencias Tu fiel amor satisfizo, Cuando aplaudía dichoso Su correspondencia el mío. Pues no eran ustedes solas, Que aún quedaban otras cinco. Vive Dios, que no soy yo Este diablo que han tenido. ¡Ah! falsario don Valerio! Bercebú lleve tus bríos. ¿Dónde iré yo a enamorarme, Que no me encuentre contigo? Yo en las cláusulas oí De su mentiroso estilo. Moverlas la proporción, Y acabarlas el suspiro. Yo también vi algunas veces Sus acentos repetidos. Que los soltaba el aliento, Y los prendía el gemido. Una y otra vez estaba Mí natural exquisito. Mucho más que lo tentado. Llorando lo arrepentido. Porque en él hace lo propio Su amor, que hiciera mi olvido. Bueno estaría el barbado Haciendo dos pucheritos. Yo me acuerdo... Mas mí hermano Suena. ¿Pues ves que elegimos Este puesto por más solo, Y a él me le traes? Como es sitio Donde, por más retirado, Ha puesto, amiga, sus libros. Acá ha entrado; por tu vida, Que venzas algo el esquivo Desdén tuyo: a ello te lleve La lástima, no el cariño; Porque te puedo jurar Que le trae al pobrecito Tu amor harto mal parado, Tanto que temo... ¡Qué he oído! Que hemos de llorar muy presto Su voluntad por delirio. Y pues los dos sois iguales En calidad, y él rendido... Alcahuetilla a lo santo Se ha hecho el tal angélico. Está a tu amor... Bueno va Esto. No hagas, que sentido Mi respeto... (¡Ah, si supiera Vencerla, y que su ofendido Amor dejara a Valerio! Pero allí al letrado he visto. Dé queja de tu traición. Piense que no la he entendido.) Arda Troya, pues ya está El paladión en el sitio Que ha de estar para dar fuego. En mi hermano, no marido, Esclavo tendrás. Espera. (Hoy pagarle determino Su intención.) ¡Que no oiga nada! Reniego de mis oídos. Que deje hoy satisfechos Tus cuidados, justo es. ¿Tomarás tú al montañés? Y con un canto a los pechos. ¡Jesús! el juicio has perdido. ¿Yo?... ¿a quién tal simpleza alcanza? ¡Qué bien suena la alabanza A un hombre que está escondido! ¿Yo, aquel hombre mentecato. Que a ser persona se niega? ¿Yo, a quien cabe una fanega De trigo en cada zapato? Ya mí paciencia se apura. Bueno estará el camarada. Y no digo de cebada, Pues no estuviera segura. ¿Posible es que estés en ti? Calla, Brígida, por Dios. Pues con todo esto, las dos Se están muriendo por mí. Tu injusto desprecio no Le desdeñe tanto, pues Como le pintas no es. Miren sí lo dije yo. Y si en juicio me aconsejo (Así la aseguro) puede Ser que conmigo se quede. No os veréis en ese espejo. ¡Ah tirana, que mudaste Tu cariño en interés! Cuerdo tu dictamen es. (Ya no hay paciencia que baste.) Brígida, en quien luz mejora Ese celestial farol, Siendo a la vista del sol Muy poderosa señora; Ante ti, Simón Sarmiento, Con la vista macilenta. Débil la voz, se presenta Con debido acatamiento, Y dice que tu impiedad Le tiene con cruel porfía Opresa en tu tiranía Su espontánea voluntad En una oscura prisión. Sin más luz que la fatal Que de tu alma pedernal Saca su pena eslabón; Sin más sustento que enojos, Que tristes dan los sentidos, Cera amarga los oídos, Y agua salobre los ojos; Esta ya determinado A que la sentencia infiel Que le ha de dar lo cruel. La dé lo desesperado. Pide (si es que acaso alcanza Alivio en lo que le ahoga) O cuatro varas de soga, O un adarme de esperanza. Debeislo hacer, si consulta Vuestra piedad algún fuero, Por lo general primero. Que de los autos resulta; Lo otro, porque es cruel e impío Rigor, no haya diferencia De lo que hurta la violencia, A lo que da el albedrio; Y porque su corazón Dispuesto a rendirse estuvo Siempre a tiempo y cuando tuvo El dicho uso de razón. Por tanto, rendido al bello Tribunal, que ser indicia... Recto, le pide justicia. Y Y costas, y para ello... Mis enojos se aperciben Tu piedad su intento apoye. Pues lo que le hablan no oye, Entienda lo que le escriben. Aquí no hay sino burlar De su pasión indiscreta. Vive Dios, que le decretai La petición. «No ha lugar.» «¿No ha lugar?» ¡Válgame el cielo! ¿Quién tanta crueldad dispuso? «Mi rigor.» Yo lo recuso, Y a juez competente apelo. Porfías vanas dejemos. En que más mi enfado crece, Y decidme: ¿qué os parece De aquel pleito que tenemos Don Suero y yo? Ahora adquirir méritos es menester. ¡Fuego de Dios! ¿yo mujer Que sabe leer y escribir? Señora, yo no he dejado. En este cuidado envuelto. Baldo que no haya revuelto, Ni Jason que no haya hojeado; Y no hay, por mi vida, autor De otros muchos y de estos Que no recopile textos. Así así en nuestro favor. Del día todos los ratos Consumo en esta tarea. Para que solo me vea Mi estudio. ¡Ah Simón Pilatos! Pero lo que ha de importar Para dejar satisfecho. Señora, vuestro derecho... ¿Dónde irá este hombre a parar? Es, que viendo con perfecta Atención lo que conviene, Al don Suero no le viene Lo Llanos por línea recta. Sino trasversal. Gran luz Es esa. ¡Ah lengua villana! Salgo, aunque mate a su hermana, Y aunque saque el arcabuz). Tú eres... ¡Jesús! Quién tal vio! ¿Qué es esto, hermana desleal? Tú eres el trasversal, Y el alma que te parió. Trasversal... (¡Qué ratos estos! Tu linaje y proceder, Trasversal tu parecer, Y trasversales tus textos; Trasversal el inhumano Saber de. tus letras crueles, Trasversales los papeles, Trasversal el escribano, Trasversal la voz tirana De quien tal mentira escucho, Y si me apretares mucho, Trasversal hasta tu hermana; Trasversal... Por el Señor, Que a cielo y a tierra atiende, Que mi linaje desciende De Nabucodonosor, Por línea recta, tiranos; Y no se llamó en rigor Nabucodonosor, Sino Nabuco de Llanos. Ya la risa me rebosa. Y yo mostraré los fueros En que son mis escuderos Los de la de Peña losa. Valerio, que dueño es De ella, lo puede decir. ¡Esto había de sufrir! También soy yo montañés: Tu lengua tu engaño topa. ¿Otro? ¡Ay mi honra lastimera! Mi casa no es tu escudera. Antes fue mi guardarropa. ¡Que siempre mi cruel destino Los junte! ¡Ah Suero villano! Dispare ahora mi mano Las balas de pergamino. Las luces se han apagado. ¡Ay de mí! Malo va esto. Apáreme este Digesto. Tened. Vaya el inforciado. A la puerta se endereza Mi tino. A mover no atrevo La planta. ¡Ay de mí, que llevo Mil textos en la cabeza! Juana, saca aquí la luz. Ya yo una puerta he encontrado. Voyme, pues que me he librado Del infernal arcabuz. ¿Quién es? ¡Ah celos tiranos! Mi hermano. Este es don Simón. ¡Oh afligido corazón! ¿Enemigos a dos manos? Ven, que no te librarás De mí, aunque más apretado Tires, que tiene un letrado Más fuerzas que Barrabás. ¡Quién vio lance más severo! ¿Quién los habrá aquí traído? ¿Si don Valerio se ha ido? ¿Si se habrá ido don Suero? (Éntralas tirando de ellas.) Habitación de don Valerio. Ya la soberana aurora Sus tornasoles despliega. Arrullando la confusa Canalla de las tinieblas, Y mi amo no viene a casa; Pero es verdad que ni en ella Ni en otra pude encontrar Anoche viso de cena. ¡Válgame Dios! ¿puede haber Más infelice tarea Que una ociosidad, que libres A todas las horas deja? No hay tan desdichado oficio, Que con la pesada tema Del trabajo, un día a otro No deja la cosía hecha. Sino el servir a quien solo En la ociosidad se emplea, Pues consiste mi comida En que lo tenga o no tenga. Apenas dije comida. Cuando mi hambre huele apenas, Por las muchas redendijas Que se esparcen en la puerta. Que desde este cuarto al de Don Suero de Llanos entra, Los torreznos, que sin duda Para almorzar se aderezan. ¡Narices, comeos el humo, Ya que otra cosa no os llega! Presto vine. Bustos, ¿qué haces? Sufrirte, que es la más fiera Cosa que puede hacer nadie. ¡Que no pueda ver contenta Tu condición! Dime, hombre, ¿Anoche a las once y media No te dejé en una calle Con lodos a media pierna, Sin tener que ejecutar La material diligencia De cenar, pues no había qué? ¿No te viniste a una pieza Muy larga, que siendo invierno No tiene tapiz, estera Ni brasero? ¿No me aguardas Hasta después que amanezca, Vestido? ¿So hay esperanza De que tendrás muchas de estas? Pues valga el diablo tu alma, Pícaro, ¿de qué te quejas? Voto a Cristo, que a nadie, Sobre darle tan perversa Vida, se le ha dado chasco. Entra, mi Busticos, entra, Que también el Montañés Viene ahora; que me vea No quiero; allá te diré Lo que ha habido. Linda flema. Sígueme; acaba. Señor, ¿Es ya hora de que vengas? Hombre, no me hables palabra, Sino toma tu montera, Y vuelve a salir conmigo. ¿Qué traes? Los diablos me llevan; Diera... Sígueme tú, y calla. ¿Dónde vas con tanta priesa? Ello dirá. ¿Y es muy lejos Donde vamos? Ya está cerca. Aquí hay escuela de niños. Eso busco. Lean, lean. Niños. «C, i, n, cin.» Recen. «Esperanza nuestra.» Este me lame la poza. Señor, miente. Este me pega. Alto, maestro. ¿Quién llama? Salga, por su vida, afuera. ¿Qué mandáis? Una palabra. Decidla, aunque sea una y media. Echadme acá un muchachuelo De confianza, que pueda Dos papeles de secreto Escribirme. Norabuena. ¡Oh fuerza del mayorazgo! ¡Oh fuerza de la etiqueta Señor maestro, yo. Yo. A mí, que escribo sin regla. A mí, señor. Venga uno Que haga bien gordas las letras. Vaya Luisico. El muchacho Tiene bastante presencia Señor, ya está aquí el recado Como ha de estar. Niño, espera. ¿Qué falta? Hincar las rodillas, Y estando las manos puestas Sobre la cruz de esta espada. Que es la hereditaria prenda De la casa de los Llanos, ¿Juras que de cuanto sepas Por mi voz, tendrás secreto? Sí juro. Pues ahora, empieza: «Simón Sarmiento, letrado, »El de la hermana doncella, »Por aquel lance de anoche »Me veo en precisa deuda »De desafiaros; y así, »Con espada y daga espera »Mi ira en el callejón »De San Blas, luego que sean «Las dos de la tarde. Don Suero de Llanos. »»Cierra Ese y vamos con el otro. Diga usted. Mira que esta Segunda escritura, niño. Te ata de la suerte mesma El secreto, que te ató La forma de la primera. Sí, señor, ya estoy en eso. El muchacho es una perla. «Don Valerio Peñalosa: «Cansada ya mi paciencia »De veros con tanta vida, »os cita, para que de ella «Deis cuenta al Criador, hoy martes, «A quien de Carnestolendas «Suelen llamar por mal nombre, «A eso de las dos y media «De la tarde, al callejón «De San Blas, El que desea «Serviros. Suero de Llanos. » Ya están los dos con oblea, Y sobrescrito. Ahora, niño. Pues tienes la curia hecha, ¿Cuánto te tiene de costa Cada papel de pendencia? Dé usted lo que usted quisiere. Toma, y para la merienda Compra cuatro casadillas De a cuarto. Enhorabuena. Vete, muchacho.—Domingo, Lleva en la mano derecha El de don Simón, que al fin Se le ha de dar a las letras El mejor lugar; estotro En la izquierda, y con presteza A la casa de los dos Desventurados los lleva. ¿Pues, cómo, señor, los llamas Casi en una hora mesma? ¿El uno a las dos no llamo? Sí. ¿Y el otro a las dos y media? También. ¿Pues en media hora No despacharé cuarenta? Voy. Pero prevén, Domingo, Por aquello que suceda, Un huevo y unas estopas, Que al fin no somos de piedra Los Llanos, y también pueden Cascarnos en la cabeza. Esto paso que te digo. No habría rato más bello, Que ver al tal don Simón Ir disparando digestos A los dos. Y yo he juzgado, Que como los más de aquellos Libros, la encuadernación Tienen de tabla, el don Suero Llevó rota la cabeza. ¿En fin salisteis a tiento? ¿Y doña Brígida? Estuvo Muy rabiosa, muy de aquello De «salga este hombre del alma; Rómpase del cautiverio Injusto el vil eslabón. Asegúrese el violento Error, en que está ocupada La ceguedad del afecto;» Hubo «pésame, señor,» Con golpecito de pechos; Hubo para establecer Más el arrepentimiento, Su mordedura de labio Y sus asomos de lienzo. ¿Todo eso hubo? Sí, amigo. ¿Y tú, qué hacías? Muy fresco Iba con sus eficacias Lisonjeando mis dejos. Conjuráronse las dos Contra mi engaño, y yo puesto Entre dos quejas, estaba Arrullando mi sosiego. Sus querellas daban gritos, Y el descuido soñoliento De mí condición trataba Su rumor como silencio. Tú vivirás dos mil años. Hartos contrarios tenemos Para la vida. Pongamos A su malicia remedio. Ya he dado el de don Simón, Y aqueste es de don Valerio. Aquí está. Él es. Señor, oye; Una dama y el gallego Del montañés se nos llegan Tanto a nosotros, que creo Que te buscan. Lea, y haga Lo que le mandan. Yo llego; Este papel me ha mandado Que os dé mi señor don ¿Qué me querrá a mí este hombre? El de la dama ver quiero Antes; de Brígida es. «Aquesta tarde os espero »Hacia el Retiro, por ver »Si vuestro engaño y mis celos »El uno halla más mentiras, »Y los otros más tormentos.» Lacónico escribe. Veamos Estotro. Será muy bueno. ¡Graciosa cosa! ¿Por qué Esotro no lees recio? Esto es ya otra materia; Pues desafiándome, es cierto Que no puede a mí quitarme Su necedad lo que debo Hacer, pues que tanto obliga En la precisión del duelo El papel del ignorante. Como el papel del discreto. Léemele, por vida tuya. Ven conmigo. (Así pretendo Asegurarte de mí.) Vamos. Que yo de imprimirle tengo. Hoy, llamado de un papel. Salgo !al campo; Dios me asista, Y a fe que lo he menester. (Ay, doña Brígida esquiva, Que salgo, por si agradarte Puedo con la zambullida! Perdonadme si he tardado, Porque he estado oyendo misa. En camisa yo no riño. Sino vestido. La vista Parece que se me turba; Aquí tienen fin mis días. ¿Pues no arrancáis? Esperad, Que no estamos tan de prisa; Mejor es doblar la capa, Y atar el pelo; ahora mira Si acaso te has confesado. ¿Si soy casado? Es mentira; Si os mato, me casaré. ¡Ay de mí! Virgen María, Pobre casa de los Llanos, Sin sucesión destruida.) ¿Pues con quién queréis casar? ¡Matar es cosa de risa! ¿Pues qué, no hay mas que matar? Verémoslo. Madre mía. Adiós mayorazgo, adiós. Adiós, Leonor, adiós, hija. Que el Sordo me pone hoy Como una carnicería. ¿No acabáis? Ya voy a ello. (¡Jesucristo, hay tal desdicha! ¡Que haya de morir mi casa Sin la sucesión precisa! Mas mejor es el templarle Con amor.) Vamos aprisa. Que se me pasa la gana, Este bolsón de reliquias, Que mi abuelo me dejó Cuando partió a la otra vida. Me valga contra este diablo. ¿Qué, me traéis brujerías? Pues no os valdrán, que la cruz De mi espada las derriba. (Señores, el diablo es sordo, Yo me entré en linda piscina.) Don Simón, el mayorazgo, La mujer, da honra, la vida, Todo estará a vuestras plantas, Si me dais a Leonorica, Entrando a ser vuestro hermana. ¿Enano yo? esa es mentir, ¿Yo, enano? ¿pues no me veis Dos varas de longaniza? Y así bien podéis reñir. Él hará de mí morcillas; Esto no tiene remedio; Ya las piernas me reilan, La cabeza se me anda. El corazón me palpita. Las manos tengo azogadas, Y hasta los huesos tiritan. ¿Pues qué, hacéis burla de mí? No, señor, la cortesía Que os debo, como cuñado, Me detiene y me retira; Mas si no tiene remedio. Dios sea conmigo; tira. Que aquí estoy de par en par. Valiente es; no lo creía; Si antes lo hubiera sabido. Nunca a este puesto saldría. Válgame aquí san Narváez, Abogado de la esgrima. Bien riñe. Bien se defiende. Sordo o diablo, punta arriba. Porque todavía falta Que las espadas se midan ¿Qué he de ir a cenar con Dios? Verémoslo. Adiós, barriga. Detened, parad; ¿qué es esto? ¿Que ha de ser? La zambullida. ¡Ay de mí, que me ha pasado Desde el hombro a la espaldilla Mas de una cuarta de espada? Tened, que ahora mi ira Ha de vengar en entrambos Acciones descomedidas. Hombre del demonio, tente. Pues la sangre que palpita En mis venas de los Llanos, ¿Ahora por tierra no miras? Primo de mi corazón, ¿Quieres acabar la línea, Y falte la sucesión? Nada repara mi ira. ¿Y vos, en qué imagináis? Sí, señor, de zambullida; Conmigo habéis de reñir. ¡Jesús, qué cosa tan linda! Dé por allá un poco el rayo. Esa es treta muy sabida; La aprendí siendo muchacho. Ya se me salen las tripas. ¿No habrá quien de caridad Me llame un barbero aprisa? ¿En qué pensáis? ¿con quién hablo? Señor mío, esa es mi herida; A tajo la conclusión, Y luego la zambullida. Miren que yo me desangro. ¿Adónde tenéis la herida? ¿Pues no la veis? En el brazo, Por bajo de la tetilla, Cerca del hueso esternón, Arrimado a la vejiga. Hombre, que estás bueno y sano. Bueno estoy por mis reliquias Que guardo en aquesta bolsa, Que han defendido mi vida. Ea, valor, ahora es tiempo De que la honra perdida Vuelva a cobrar, y así toma Esa estocada perdida. Sordo o demonio atrevido, Acaba con Barrabás. Herido estoy. Y serás Por mi brazo concluido. Así mi venganza sigo; A mataros me prefiero. Deteneos, que primero Habéis de reñir conmigo. Cumpliré vuestro deseo En acabando esta mano. Siguiendo vengo a mi hermano, Que con espada... ¿Qué veo? Valerio, Suero y Simón, Con la cólera precisa Están allí. Llega aprisa. ¿No te lo dije? Ellos son. Si entrambos queréis reñir, Con los dos mis bríos prueban Su cólera. Hasta que muevan Otra vez no he de salir. ¿Ha de guardar mi razón Que otro acabe de reñir? Y decidme, ¿ha de morir Este hombre de sopetón? Este valiente porrazo Hoy mi cólera apercibe. Esta estocada recibe. Tened. Detened el brazo. ¿Qué haces, tirano? Aguarda. Mujeres... ¿Estáis en vos? Para estos dos, estas dos Son quince ángeles de guarda. ¿Quién serán? ¡Válgame el cielo! Mujeres, ¿quién aquí os tiene, O quién sois? Yo soy quien viene A componer vuestro duelo.. Brígida... Leonor tirana... ¿A qué habéis venido acá? ¡Qué grande dicha le da Dios a quien le da una hermana! Desde el Retiro venir Os vi, y el lance previne. Siguiendo a mí hermano vine, Que rabioso vi salir. ¿Tú, qué intentas? ¿Tú, qué quieres? Venimos a acreditar, El que también ajustar Saben duelos las mujeres. ¿Cómo? Vos habéis venido De don Suero desafiado; Que Bustos me lo ha contado. Y todos hemos reñido. Vuestro duelo se cumplió Riñendo. Y si acaso fue La precisa causa que A reñir os obligó La de anoche, considera Nuestra intención que ya está Compuesta. ¿Y cómo será Posible? De esta manera. Considerando, advirtiendo, Que en los nobles siempre fue Primer empeño mirar Por nuestra opinión, y pues Habiendo los tres reñido, Quedáis airosos los tres, ¿Pasareis por la elección De nosotras? Fuerza es. Pues así envainan los dos. Sin duda yo quedo bien. Pues don Suero casará... Conmigo, porque en su fe Sencilla y constante espera Mi amor más alto interés. Venciste, amor; yo, señora, Rendido estoy a tus pies. Don Valerio... No prosigas; Pues además de que es Deuda en mí el sacrificar, Ya lo es el corresponder. Esta es mi mano. Los dos Se casan; me alegro, pues Con eso de desafíos Estaré libre otra vez. Yo con Juanilla me caso. Pero antes de hacerlo, es bien Pedir perdón de las faltas de El sordo y el Montañés.