Texto digital de Solo en Dios la confianza
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Pedro Rosete Niño
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Solo en Dios la confianza. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/solo-en-dios-la-confianza.

SOLO EN DIOS LA CONFIANZA
JORNADA PRIMERA
Vaya el Demonio conmigo. Con tan buena compañía no habrás menester la mía. Mas que me enfado contigo. Señor sin blanca has quedado? Qué he de hacer? Qué has de hacer más, de ofrecerte a Barrabás? Y aún él de mí se ha olvidado. Pues por sí se acuerda, al traste, con dejarte, quiero dar, porque yo no he de pagar lo que tú te encomendaste. Cuanto tienes te han ganado; y aunque dicen, que es peor andar sobrado, señor, yo te quiero más sobrado. La justicia, por prenderte, te ha de buscar estos días, por más de mil niñerias, y es la mayor una muerte. Callasme tú, pensamiento, y en la ribera en que estás, mas de veinte veces vas, y vienes a este Convento. Ya no estás para servido; y pues vive, en conclusión; un santísimo varón ermitaño, recogido en el monte a mi despecho, huyendo tu riesgo extraño, de ladrón seré ermitaño, que es oficio de provecho. . Vete, que das testimonio en lo insufrible, y cansado, cobarde, que un mal criado, es lo mismo, que un Demonio. Ha, pesea tanta violencia! o, pese al cuaderno vil del naype, espensa sútil del dinero, y la paciencia: esta noche, que robar mi ciego amor solicita. la beldad de Margarita no menos; pero callar quiero tan fiera intención, que en tan desigual agravio, no ha de pronunciar el labio lo que intenta el corazón. Solo estoy; y aún los que yo festejaba, me dejaron; pero cuando acompañaron al infeliz que perdió O qué serena es la noche en qué apacibles tinieblas descansa el afan humano de la viviente tarca! En la hora señalada, en que de la paz se cerca, y me hallo (ah suerte infeliz! sin las joyas, y preseas, que Margarita me dio. A quien hallaré en tan fiera desesperación? . . A mí. Parece, que entre la hueca concabidad de esa roca, que el mar de Palermo, besa, dudosa voz me responde. O tú, quien quiera que seas, oráculo, que en Sicilia nuevos aplausos granjeas, a ti te llamo. . Ya voy. Ven, y mi esperanza alienta de cualquier modo, y en pago el alma, y la vida lleva; mas qué repentino asombro consideración adversa, . la voz de los elementos en guerras civiles trueca? O qué de bocas que abre, para quejarse, la tierra, y por ellas, con ser tantas. aún no le acusa la queja! Todo es horror, todo asombre, todo es confusión, y nieblas, y solamente distingo un bulto, que a mí se acerca. Válgame. . Filipo, ya me tienes en tu presencia. Prodigio, que a un mismo tiempo, con tu vista, y tu respuesta me acobardas, y me animas, me confundes, y me alientas. Quién eres? . Impulso mío, con permisiones diversas, este espíritu, que corre la peligrosa carrera del freno de la razón, rotas las sagradas riendas, hasta el postrer precipicio, conduce, asiste, y gobierna; pues enemigo mortal soy de la naturaleza. Yo soy, valiente Tilipo, quien escuchando tus quejas a tus alivios me ofrezco: no desmayes, y comienza, con nuevo amoroso aplauso, la noble amorosa empresa. Nada pedirá tu labio a esta poderosa diestra, que a tu planta no se humille, a el advitrio de mi ciencia. Pues escucha, aunque lo extrañes: Tu adoras una una belleza, las demás Monjas guardando solamente lo que ordena. Mas como el humano tiene, mientras vive esta certeza, dentro de si un enemigo, en cada ocasión diversa: Esta noche, Margarita, Pastora infeliz, que vela ese virginal rebaño, desparcidas las ovejas, que en ese rédil están, se guardan, y se apacientan. Determinada al peligro, todo el amor lo atropella, resuelta la ejecución, todo la pasión lo ciega. A tu arbitrio se dispone, saliendo por esa puerta, trocando en vistosa gala el estameña grosera. . Ya habemos llegado, y ya puntual la llave sueña para salir: ea, Pilipo, si de valiente te precias, y de amante te blasonas, no desmayes, llega, llega, y la prolija esperanza en posesión dulce venga. Hombre. No me llames hombre. Quién eres? . Si de estas señas no lo infieres, ay de ti, si como quien soy me vieras! Con torpe planta, aunque libre, temerosa, aunque resuelta pisando sombras, y miedos, infinitas veces ciega, hasta la puerta he llegado sin que ninguna me sienta de las que en mudo silencio aún me avisan las flaquezas. Llega. Aún más que mis deseos tus persuasiones me llegan, ya que Dios en el peligro. Hombre, que bárbaro llegas, mujer, que atrevida sales, la mano de Dios os deja: ya yo no soy menester, quedaos con Dios, que otra empresa RO ROSETE me esta aguardando: mortales, así cumplo mis promesas; permíteme, Señor, que todo el mundo aquesto crea. . Margarita? . Este es Tilipo. Eres tú, mi bien? . Apenas acierto hablar! sí, yo soy. Vamos. Retírate, mientras me despido de una amiga, de quien despedirme es fuerza. Quiero usar de la amistad de este que por mí se empeña. Ha Mágico prodigioso. Quiero cerrar esta puerta, y a la soberana Imagen de MARIA, que está puesta sobre aquesta portería, encomendar con terneza estas profanadas llaves, que con mano desatenta he regido. . Me parece; pero con gran diligencia, mientras habla Margarita, le buscaré en la ribera. Hombre, o demonio, o quién eres, valme, y lo que fueres seas. . Señora, aun que indignamente vuestra piedad solicito, entre el horror del delito nace la terneza ardiente: no por mí, por la inocente familia de esas estrellas Religiosas, siempre bellas, os ruego, Señora, aquí, no desmerezcan por mí lo que merecen por ellas. Estas llaves os entrego de estas puertas profanadas, que ya las deje cerradas, confiadas en más ruego. Si este inviolable sosiego, hoy mis manos ofendieron aunque tan felices fueron en lo que mis pasos hierran, atended a lo que encierran, sin mirar a lo que abrieron. En vano solicita mi deseo. Este es mi dueño: Filipo? Mi Margarita? Ya tu amor no necesita de desear mi favor, el imposible mayor ve hoy tu pena infalible, si ya de verme posible, no se te quita el amor. En mi ciego proceder desconsolado me hallaba, solo porque me faltaba este pecado que hacer. Ya es forzoso resolver a tan libre, y torpe hazaña, que si el Májico me engaña, y nos faltare a los dos, para eso me ha dado Dios dos manos, y buena maña. A Dios. . Detente, si vas a acordarte, porque así haces sospechoso aquí todo el favor que me das. No quiero acordarme más. Así aseguras mi gloria. Vamos. . Deseo victoria, sígueme. . Mis pasos guía, quiera el Cielo, que algún día mo valga aquesta memoria. Toda esta Quinta cercad, porque a este facineroso Pilipo, este escandaloso asombro de la Ciadad, llevemos preso. . 2. Es razón castigar sus demasias, 3. A que no vive tres días apuesto ahora un doblón. 1. Esta casa es madriguera de todos los foragidos, salteadores, y bandidos. 2. Si ya quemada estuviera, no tuvieran este abrigo. 3. Si aquí a Pilipo prendemos, buenas albricias tendremos. 1. Y él tendrá muy buen castigo. Ya llegamos, Margarita, a donde en comunes lazos descansen nuestros abrazos. Eso mi amor solicita. 2 Gente viene. 1. Pues llegad, y reconocedlos luego. Entremos. g. Quién es? Ha fuego en mi dicha! . Qué pesar! 1. Descubranse a la justicia. Ay de mí! . Apártese allá. 2. Este es Filipo. 3. Pues ya llegó el fin de su malicia. Dete a prisión. . Qué prisión? Santos Cielos, qué temprano ejecutáis el castigo! 1. Prendedle, o matadle. Amigo, no es fácil. O amor tirano! 1. Embestidle, qué aguardáis? No te apartes. . Muerta estoy! Villanos Pilipo soy, que esto basta a que os caigáis muertos. 1. Vosotros también poned a esa Quinta fuego, porque no se amparen luego, 2 Ay, qué me ha muerto! Esta bien. Con el asombro he perdido a Filipo: a dondeiré? Válgame el Cielo! qué haré entre oscuridad, y ruido? seguro albergue en su copia estos árboles me den: Ha quien pudiera también esconderse de si propria! En todos horror influyen mis bríos, que los desatan el rigor de los que matan, y el miedo de los que huyen. Ha, Margarita! a, señora! el miedo, y la confusión, me la oculta, esta pasión es quien más me aflige ahora. La Quinta está ardiendo, incendio abrasar se ve: válgame el Cielo! qué haré? que el anciano padre mío peligra en la ardiente llama: a sacarle me anticipo sobre mis hombros. Filipo. Esta es la voz de mi dama; y pues sueña en la floresta, yo voy con ligero paso a buscarla. . . Qué me abraso! La voz de mi padre es esta: del amor, y la piedad batallo en duelo prolijo. Pilipo. . Allí acudo. Hijo. . Mas (oh loca ceguedad!) Margarita, si el rigor sientes de mi proceder, perdóname, que mi ser fue primero, que mi amor. En tan grave confusión, como quise aventurarme, vuelva otra vez a al umbrarme la antorcha de la razón. Volver a mi casa intento, si ya a mis pasos perdidos no los cierran los oídos la piedad, y el escarmiento. Señor, ya quiero volver: MARÍA, guiadme vos: Filipo infeliz, a Dios. Aquí soy yo menester, con las voces de su amante su designio he de estorbar. Margarita. Quién me llama? Tú, Filipa. . A dónde vas? Déjame, ingrata. . Qué dices? Cómo, falsa, desleal. cuando vuelve. . Qué rigor! A buscarte. . Qué impiedad! Mi amor. . Ha pesia el amor! Te encuentra. . Hh fiero pesar Tan otra. . Pluviera el Cielo! Que mi pecho. . Estoy mortal! Y tu pasión. . Ella vence. Tan encontradas están? Espérate, no prosigas, porque no está tan cabal mi contrición, que no tenga mi cariño más lugar. Pues sígueme. . Ya te sigo. Mía has de ser. . Claro está, No te acuerdes más de Dios. De qué me sirve, si hay a cada paso un estorbo, cuando le voy a buscar? Ay de todos los humanos! Ligera credulidad. Ya estáis libre de las llamas, padre, y señor, no temáis. Dete el Cielo, mi Filipo, su gracia. . Ahora cargad el peso de vuestros años sobre mis hombros, que ya con prevención la justicia de Palermo, volverá a buscarme. . A dónde iremos? solo el llanto, y el suspiro. A ver si en los montes hay para vuestra edad alivio, para mi vida piedad. Pues vaya mi bendición contigo. . Qué gran pesar aflige mi pecho! A donde mi Margarita estará? Vamos, padre. . Nuevo Eneas, Dios te pague esta piedad. Solo esta joya reservo, no tengo a quien apelar, entre todos mis pecados, si no esta virtud no más. Esto dejo por seguro. Nadie esa lección excede. Quiero hacer un Santo adrede. Cómo se llama? . Panduro. Y atreverase a sufrir? No me tengo de atrever? En qué lo ha echado de ver? Ya se lo quiero decir: Si bien se repara allá en la Corte, bien sufrido ha de ser, el que atenido a vivir en ella está. Sufre una mujer taimada cada mes una inquietud, aunque deje su salud, a Dios con la colorada. Un embustero, que hierra; una visita, que tarda; una promesa, que aguarda un venido de la guerra. Luego en esta, que está el alma, menos trabajo se ofrece, que esto el cuerpo lo padece, ya que no lo sufre el alma. Pues, hermano, en el retiro de esa muda soledad, solo vive la verdad, Vente a ver aquesta gruta, esta rústica morada, a mis llantos inundada, y a mis suspiros enjuta. Aquí en alarde festivo, cantando de peña en peña el pajarillo, me enseña a agradecer lo que vivo. Cada planta en sus despojos aspirando al Cielo, crece tan aprisa, que parece, que la ven crecer los ojos. Pleguete Cristo conmigo, si esté teme, qué haré yo, a quien nunca se le dia por esa conciencia un higo? O Antonio! tu dicha alabo, y en vidio tu arrobo fiel, estoy por hacer con él lo del alfiler de ha ochabo: Pero no quiero dejarlo; y pues esto me está bien, yo quiero pecar también, para ver como me hallo. . Señor, si te perdiere por alguna negligencia. Señor, si hacer pevitencia, no sé si hacerla podré. Ha, Señor, si con mi llanto tus piedades me reciera! Señor, como yo comiera, fuera grandísimo Santo: alcancen perdón de ti mis pensamientos sencillos. Yo comeré a dos carrillos, como yo comiese así. Hombre, que aprovechan lote del nom- bre, ulas infiel de las cautelas de hombre: Sombra, que de la noche en el semblante, te veseste las señas de mi amante: dejabe, sombra, de mi divino empleo volver, donde me lleva mi deseo: déjame que rédima mis fatigas al llao de mis ojos. . No prosigas, que ya en tu loco empleo, ni el llinto te aprovecha, ni el deseo. Pues déjame volver precipitada a buscir a mi amante, aventurada al daña, que mi muerte solicita. Allí hallerás tú amante, Marparita, Antorio, de quien tanto te prefieres, tuunfadel enemigo, si pudieres. (ños, Esera: muerta estoy! qué tus enga- con tu nuerte: ay de mí! de tantos años; mas qué intentan hacer las ansias mías, si tan veloz aliento desafías? Fieras venid sangrientas, y feroces, a acabir con mi vida. Quién da voces? . Una mujer. No es nada, Padre Antonio, el cabeque nos pone aquí el demonio. Qué triste! Qué hermosura! La muerte se procura. Dos soles son sus ojos. Por si puede acabar con sus enojos. Le que yo negocié con mi conciencia. Dadmela de piadosos. Qué violencia! Ser vira de consuelo a una uega mujer. Vílgame el Cielo! . Que así Fiero accidente! El Cielo se ha enojado. Tente tente, . cocodillo, que en últimos despojos me corduces al nilo de tus ojos, no te vian los míos, que atrevidos me aventuran el alma, y los sentidos. Vete, rete, mujer, que de esta suerte podrá a diligencia de no verte enmendar el error de haberte visto. RO ROSETE Yo no soy para tanto, juro a Cristo. Voyme, pues soy escándalo impru- a entrar por esos montes. (dente, Tente, tente. Ah Filipo infeliz lo que me cuestas! A Filipo nombró; pues para estás, que he de saber quien es, que a la hermosa se la tengo de armar con la forzosa. Venci. Señor, vencí, que era indecente el postrar mi continua penitencia a esta falsa, a esta mísera dolencia, que para enfermedad, y este accidente, veinte años ha, que religiosamente en esta soledad, la Providencia la causó mi virtud con mi conciencia, tiene el ocio el gusano en mudo diente. Qué fin tendré. Señor, que la memoria avasalla el sentido en la malicia, para no conseguirme en la victoria? mas si el de efecto de la causa indicia, de justicia me debes dar la gloria, o el crédito perece en tu justicia. Espíritu maligno, que en la comunidad del cristalino Empíreo Cielo, fuiste quien hasta los habernos me seguiste. Ya Antonio preválica, y en confianzas proprias multíplica las ofensas de Dios, con vanagloria, y loco piensa conseguir la gloria, sin ver, que dependiente está de su virtud todo accidente. Saber su sin procura, siendo temeridad toda criatura, y diligencia vana, investigar la mente Soberana. Sueñe el labio diabólico adivino, que yo con permisión del Uno, y Trino mi potestad te ofrezco: vuela en mi nombre, pues. Ya te obedezco: Antonio? . Quién me llama? La voz de quien te llama, Para ninfo sagrado, soy de Dios enviado. Dichoso yo, que lo merezco tanto. Escucha mi embajada, Antonio justamente blasona (Santo, tu virtud, de aspirar a la Corona; y Dios, que te ha escuchado, el deseo del fin que te ha guardado a tu vida, en su inmenso entendimiento, hoy por mí te responde, escucha atento. El primer hombre, que viniere al amente, cuyo nombre es Esipo, a hablar dis- ponte, y averiguar procura aquí su vida: la tuya de él infiere, que tu tendrás el fin, que yo tuviere. Oh venga, pues, ahora a declarar lo que mi pecho ignora: claro está, que este hombre, a este Tilipo, será (pues de su estrella párticipo) santisimo varón; pero qué veo! desde aquella montaña, a lo que creo, baja precipitado hasta este valle, un hombre desdichado, con fuerza tan extraña, que parece que arrastra la montaña. Válgate Dios! si puedo a lo que hablo algo con su piedad. Valgama el diablo! . Tenga mi amigo paciencia. (cía. Para mi rabia es buena impertine. Quién eres, hombre? Buen alivio he hallado. Dime, quién eres? Padre, porfiado, quizá le pesará de haber oído. Débeme de importar, pues se lo pido. Yo también me recreo en referirlo. Prevenido me tienes para ello. Pues el oído, y la atención apreste. Válgame el Cielo! si es Pilipo aqueste. Tilipo es mi nombre. Espera. . Qué quieres? Que con cuidado toda tu vida me cuentes. Oiga mi vida, y milagros. Filipo, dije, es mi nombre, Ludovico, un noble anciano, es mi padre, rico a un tiempo; pero a mis continvos gastos ya tan pobre, que los mismos, que tuvo en un tiempo gratos, hoy le vuelven las espaldas: bastantes señas le he dado, que es dos veces enfadoso el pobre a los obligados. Nací en Palermo, esa ilustre población, que ha tantos años que triunfa, cabeza heroica del gran Reino Siciliano. No bien las primeras luces del Sol, generoso amparo de cuantos viven, miré con ningún discurso, cuando a un ama, que me tenía en sus cariñosos brazos, desagradecido a aquel segundo ser, que en el blando alimento de su pecho, me comunicó a los labios, le di la muerte una noche: Puse en su cuello mis brazos, a tanto estreché su aliento que detenido en el paso de la garganta, hacia adentro revoce el aire pesado, y el que aliento para vida, le respire para lazo. Ningún día se me acuerda de mi vida, que haya holgado mi inclinación; y si alguno se le descubrió a mi brazo, en el siguiente, la cuenta ajusticia por entrambos. Escándalo de Sicilia me llaman: no ha visto agravio, crueldad, asesino, horror, deslealtad, traición, engaño, violencia, rigor, deshonra, hurto, infamia, dasacato, que ejecutado no haya; y estoy tan hecho a sus pasos, que los guío por costumbre, y sin elección los mando. Diez años ha, que no sé por donde, como, ni cuando, se va al Confesor; y aunque aprendí, cuando muchacho, los Mandamientos, por Dios, que ya lo medio he gastado; y porque sueña a dinero, solamente guardo el cuarto. No oigo Misa, ni la veo de mis ojos; y si acaso entra en la Iglesia, porque aquí los hemos entrado; que a quien la oración reduce a conversación, sus labios ofenden la reverencia y violentan lo sagrado. Lo que es devoción, ninguna con Dios, su Madre, ni Santos, Reliquia, Oración, ni ayuno, penitencia, ni Rosario, jamás le tuve, aunque fuese por cumplir con el adagio. Y últimamente, esta noche (tiemblo en solo imaginarlo!) mire, Padre, cuál será habiéndole dicho tanto esto que decir no puedo, y con medroso recato puede caber en lo hecho, y no cabe en lo contado. Seguido de la justicia di en ese monte; y andando en una cueva, una alhaja que yo traía, a quien amo mas que a mi vida, me puse. sobre ese alto peñasco; y desde su punta vine hasta este valle rodando, sin accidente ninguno, que parece, que soplando contra mi persona, todos los vientos se conjuraron, y este es salipo, que gana ha tenido, Padre honrado, de ver la vida de un hombre, que está en vida condenado? Que llora, pesia mi mal, si estamos tan encontrados; él con el Cielo seguro, y yo el Infierno en la mano; él para gozar de Dios; y a mí que me lleve el diablo; el dichoso, y yo infeliz; él penitente, y yo el malo? Caiga el Cielo sobre mí. De esa maldición no alcanzo, que sobre mí no cairá, por no cogerme debajo. Para eso me guarda el Cielo? Porque llora mis trabajos. Vuelve a Dios. . Para qué, Padre? Porque nos importa a en tramvos. Por la parte que me toca, ya estoy, Padre, rematado. Pide perdón. . No es posible. Quién lo impide? Mis pecados. Mas es su misericordia. Ya estoy precipo, y no hallo por donde entrar a su gracia. Enmienda el tiempo pasado, y haz por predestinarte, pues el Cielo está en tu mano. Si está Dios. No prosigas en ese error obstinado. A dónde el Astro quisiere ha de encaminar mis pasos. De qué sirve el albedrío, si damos poder al Astro. Sobre que ha tomado el Padre mi alma tan a su cargo: ve aquí que yo no quiero. Vuelvo a que los dos seamos dos asombros de Sicilia. De qué suerte? . Acompañando yo tus pasos, y fortuna. Quién te mueve? . Yo lo alcanco. Cómo ha de ser? . Reduciendo. este penitente saco al traje más indecente; y esta vida al más rasgado precipicio; esta montaña, que está bandidos brotando, será nuestro rudo albergue, y ellos nuestros aliados. Cómo te llamas? . Antonio. Pues dame, Antonio, la mano. Y el alma te doy en ella. Espera, mujer del diablo. Dónde iré, que no me siga la inconstancia de mi hado? Qué es esto? . No es Margarita. Qué es esto? . Qué caso, qué ocasión. . Mi amo es este. A estos montes. A estos campos. . Te ha traído? Mis fortunas. Requieren mayor espacio. Las mías, Filipo, también requieren tiempo más largo. Todos estamos acá. Panduro. . Quédito, hermano, llegaré a dar la obediencia a Antonio, que es un gran Santo: y confieso mi pecado: deme aquí la penitencia. Ya no hay penitencia, her mano, y yo aconsejo crueldades, violencias, iras, estragos, maldades, ruinas, esombros. Oigan, qué lindo despacho! Ea, Fslipo, no quede caminante, que sus pasos con el ambieroso acero sangriento no le impidamos. Todos esos bandoleros, de esos montes comarcanos, nuestros compañeros sean, y sus caudillos seamos. No haya mujer, que reserve nuestra impiedad, no haya caso en que te halle la razón en parte de nuestro daño. Ahora si que me agradas. Siempre vi, que para Santo no valia yo un camino, no montaba yo un culantro. Margarita, qué respondes? Siempre he de estar a tu lado. Ello está de Barrabás, la túnica me arremango. Pues que empezaste, mujer, la fábrica de mis daños, guárdate de aquel deseo, que entró por la vista acaso. Duélase el Cielo de mí! Ea Antonio, a qué aguardamos? A la crueldad. . A laira. A la impiedad. . Al estrago. Yo pararé en una horca. Yo camino aquesos pasos, y si es igual nuestro fin, obremos de un modo entrambos. Ven Margarita. . Ya voy. Ven, Panduro. Voy, Panblando. Vamos a talar el mundo. Vamos con todos los diablos.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Ah del oscuro palacio de la noche, donde mora en tenebrosos albergues el Príncipe de las sombras. Ah de la casa del llanto donde vive la congoja, donde asiste la impaciencia, donde habita la discordia. Comúnero de los Cielos, que la tercer parte hermosa de espíritus, conjuraste contra la eterna Corona. Serpiente escamada a rayos, que tantan luciente antorcha, despeñándose al abismo, arrastraste con la cola. Formidable por tus hechos, temido por tu persona, por naturaleza puro, pecable por vanagloria. Yo soy Delito, que el muerto resplandor, que en las heroicas ambiciones de su intento, párticipé tanta copia. Sal de tú lóbrega estancia, y cuerpo visible toma, que aunque yo las permisiones ejecuté misteriosas de Dios en tan gran empeño toda su asistencia importa. Prosigue, ardiente secuaz de mi escuadra generosa, escarmiento de los hombres, que por capricho, o lisonja siguen la parte de aquellos, que tiranamente roban el laurel, a quien del rayor nunca preservan las hojas. Cumpliendo el mental precepto de la idéa poderosa, vistiendo esta red, injusto de esta fantástica forma, en el traje que profesan esos bandidos, que asombran a crueldades la fiereza, y a obstinaciones las rocas. Esta Sol dadesca infame, en dos divididas tropas; la una acaudilla Filipo, y Antonio rige la otra, siendo Margarita imán, que con fuerza misteriosa dos corazones de acero los atrae, los revoca en Antonio, a lo que ama, y en Filipo lo que goza. Ella, que ya disuadida de todo el Cielo, baldona el pasado traje; pues nuevamente escandalosa, trueca el penitente saco, con profana ceremonía, en vestido varonil: la honesta decente toca en bandólero bonete, que varias plumas adornan. En coturno la zandalla, el cordón en limpia hoja, que sostituye a sus ojos, cuando vanamente hermosa, al que mata favorece, y desprecia al que perdona. Ya tan postrada la tiene mi industria, que la aprisiona, que nada sin mi ejecuta, nada sin mí efectuosa, a mis consejos dispone: moralmente a su persona asisto, y a los demás, que hieren, matan, y roban visible, cuando hace al caso, e invisible cuando importa. Y a Antonio, que ciegamente ciñó la misericordia de Dios, sin darle al humano más méritos que a su sombra, desatentamente sigue las huellas facinerosas de Filipo; porque en eso (oh Munarca de las sombras!) hay una luz, que podrá crecer con el tiempo antorcha, y conducir a la senda, que sus costumbres le borran, la obediencia con su padre, que en una silbestre alcoba de aqueste monte le oculta, porque nadie le conozca, ni él a nadie se lo diga; que el que de malo blasona; hecho a los vicios, le pesa, que en una virtud le cojan. La, pues, que aventuramos tres almas en una sola: previste a nuevas industrias aquella fe religiosa, que con su padre profesa de tantos años acosta, Escóndele aquel resquicio de virtud, por sí se asoma por él al conocimiento de las maldades que obra; porque la inmensa piedad de Dios, con ser tan copiosa, por un pequeño resquicio suele introducirse toda. Margarita está a mi cargo al tuyo de nuevo toma esta empresa; porque el Cielo halle en competencia heroica, en tu malicia, en tu industria, en su pena, en su congoja, en su intento, que en el mío todo su impulso se logra. Pues no huelguen tus malicias. Tu imperio el mundo conozca. No ha de aprovecharte nada, Tilipo, que tu ponzoña te ha de inficionar lo poco, que de virtud te corona. . A dónde, Delito mío, te escondes por mis enojos, sabiendo, que están mis ojos pendientes de tu albedrío. En ti, como en un espejo, se consulta mi razón, ajustando mi elección a la ley de tu consejo. Bien, que a violencias me labras. la afición de que te cobras: qué fuerza tienen tus obras! y qué hechizo tus palabras! volicitando el hablarte, cuando te halle me ofusco, cuando te ausentas te busco, y me pesa de buscarte. Qué haré contigo, y sin mí, equívoca de mi suerte, que no sé de mí sin verte, y al verte no sé de mí? Y en tan dudosa batalla, si es que al Cielo le ha quedado de mi vida algún cuidado, me socorra. . Calla, calla, pese al Cielo. . Qué rigor! Ya tu memoria di. . Digo. Yo te dejo. . Yo te sigo; pero vete. . Eso es mejor. Espera. . Aquesto resuelvo. Que mi pecho. Ya me pierdes. . Te obedece. Pues ya vuelvo. Vuelve, que te solicito cuando te quiero perder: qué duro debe de ser apartarle del delito? Hacen salva, Milicia valerosa, a la beldad de Margarita hermosa. Respanded a su ruego, con los acentos que promete el fuego, hasta el último trance de la muerte. Venid, nobles caudillos, que Armado de mi saña, acompaña tan sil vestre honor de la montaña; llega al cariño tú de mis abrazos, y ven tú a la corona de mis braces. Ya a tus brazos llegué. Yo a mis desvelos. Centro soy del amor. Yo de los celos. Dueño de mis sentidos. Oh cuanto lisónjea mis oídos! Antonio valeroso. Mientras viene Panduro de la Ciudad, que con ardid seguro, en traje de ermitaño, fue a examinar el prevenido daño, que la justicia tiene contra nosotros: oye, mientras viene, con que soy hermofrodita lo que valiente he obrado, el tiempo que a tus ojos he faltado. Con esta escuadra generosa mía, solo del monte, al despertar del día el Sol, la luz que da regateaba, y pareció que entonces la prestaba. O fue, que como en oro, en los primeros rayos, su tesoro esparce por la tierra, temiendo la invención que el monte con que será vicio verlas encierra, le ocultaba con prodigo desmayo, porque no se le roben rayo a rayo, desmontó, lo primero, de un bellísimo bruto un Caballero, . Y qué dicen de mi vida? que a Palermo pasaba, ocupa el fuste, y en la rienda breve, moderale su nieve con tu nieve, discurre en él, y pisa sus despojos, ofrecidos al fuero de tus ojos. A imitación, hermosa Margarita, de Filipo, que en todo solicita imitarle mi suerte, hecho terrestre alcón de la campaña, corbas las alas de mi impulso fiero, vibrando rayos mi desnudo acero, de varios caminantes, a ver sin tinos, pájaros errantes, vatí a puntas arrojadas, distintes presas a mis pies postradas, que de la rica, y memorable saña, me rindió por despojos la campaña? Segunda vez, o noble amante mío, (so! en los brazos te rindo el albedrío. Ha primera inquietud de mi repo. . Tu bizarría mi valor conquista. Y así, Antonio valiente, y animoso, segunda vez te aclamo valeroso. Afuera, que ya el acero ceñido, me despepita, de ermitaño, y bandolero. Panduro. . Seas bien venido: Qué hay de nuevo en la Ciudad? Una grande novedad. . Dilo. Un Flamenco ha traído una invención desde Amberes, en que se andan por las calles, aunque tengan malos talles, tras los hombres las mujeres; seguirlos en procesión. Grande hombre! Y es la invención? Andarse delante de ellas. Que a la justicia le estás en obligación, pues das ocasión a que perdida ande por lograr tus brazos en su cuello, porque allá aún hasta el verdugo está perdido por tus pedazos. Vengan, porque en mi hallarán una roca. . En mí un diamante. En mi un pleito, que al instante El oído me acomoda, que llegue despacharán. . Encamina esta litera por lo llano. 2. Harre, mohino, que te sales del camino. 3. Aparta esa ropa a fuera. . Si tuto la Coichilia fuese macarrone, lo faro de Mecina moscatelo, lo móngilo formacho gratato. Al camino. . Al llano. A ellos. . Arija. Seguidme. . Vamos. Espérame entre esos ramos, Margarita, que a tus bellos ojos, de quien Indios son mis pensamientos leales, hará ofrendas racionales mi bárbara adoración. Vayan, que mover no puedo pie, ni patada. . No vas, Panduro? No puedo más, toda mi parte les cedo, que después con la atención con que los saben guardar, yo procuraré ganar los cien días de perdón. Y él porque no, ha señor bandolero en cierne. . A mí me hablas, villano, así? vive el Cielo, que el rigor, ocasionando tu llanto; pero algún día verás con quien burlando te estás. No lo dije yo por tanto. Olvida ese desatino; y dime, que sabes más de la Ciudad? . Oye, y oirás el caso más peregrino; y esta rara novedad tantos prodigios ofrece, siendo verdad, que parece, que no cabe en la verdad. Si es mi suerte desdichada. que el suceso traía toda la Ciudad alborotada. Hay en aqueste Convento de la Ribera. . Prosigue. Yo me declararé, no se fatigue. Hay una hermosa mujer, que el gevierno Religiosa rige, con tan milagrosa, y con justo proceder; es Margarita su nombre, como tú tan parecido tu rostro al suyo, que ha avido, aunque al natural se asombre: y a no ser lo que percibe, me da muy grandes premisias, o que tú el Convento pisas, o que él la este monte vive. Esta es María, a quien ella las llaves encomende, que lo que una sombra erró, quiso enmendar una Estrella. Qué dices? . Que esta mujer, este asombro, esta beldad, este Cielo, esta deidad, compuesta de humano ser, con tan perfecto poder la ilustra la eterna mano, que al verla cualquier humano, con afecto misterioso, buscando lo milagroso, encuentra lo soberano. Yo le vi de tantas bellas luces al aire poblado, que entendí, que a su tocado se bajaban las estrellas: El Sol, que pudo ofenderlas, rodeaba el girasol de su mano, y por criso! de su obediencia oportuna, hasta sus plantas la Luna se despejaba del Sol. Todos los ojos llevaba tras su perfección hermosa, o aquella vista dichosa, que en su admiración se eleva, tan hidrópica se lleva la atención, que al apartarla de su objeto, es agraviarla, que esta bella Margarita, al mismo mirarla, incira el deseo de mirarla Pastora de aquel ganado: No hay oveja que se esconda, sin violencia de la honda, a la ley de su cayado: Todos con igual agrado con sus preceptos convienen: qué mucho, si se previenen tanto dichoso interés que andan medidos los pies cuando tal cabeza tienen? Prodigio de santidad toda la Ciudad le aclama, despoblándose a la fama en concurso la Ciudad. Cielos, qué escucho! Callad. . Prosigue. Estoy tamañito. No prosigas, que me irrito. Qué mal esta nueva lleva! Aquel discurso me ciega la obstinación del delito. . Muere, villano. 1. Ay de mí! confesión. . Qué es confesión? 1. Muerto soy! . EEsa razón me sueña mejor. . Así el llanto de una mujer se ultraja? No atiendo a nada. Por Dios, que anda alborotada la historia. . Allí; al parecer. ciego se ceba el rigor. La ambición triunfa sangrienta. La ira campa violenta. Y en mí no cesa el horror. r , , - A esos troncos atad esos hombres, mi rigor experimenten. Señor. Y vos, señora, llegad, y a quien todos estimamos dad la obediencia. . Ay de mí! decid a quien. . Veis allí el dueño a quien veneramos. Ya está amarrado el vejete. Hermano, su Reverencia hace tal? . Es penitencia. Dónde la mano me mete? En la bolla. Ya lo he visto. Paciencia, amigo, chitón. Quién creyerá tal acción de su traje? Hermano, en Cristo venga el dinero. Escudero desventurado. Allá voy: qué oficio tiene? . Yo soy de esta dama despensero. Pues quiero amarrarle aprisa, que si apretado se ve, será lo primero, que le venga corto de sisa. Y él quién es? . Su mayordomo Pues amarrado le dejo, para que este cordelejo le dispare tanto como. Mandebo, que el Cielo guarde, y logre tus años tiernos su piedad, antes que llegues a ser común escarmiento. Yo soy, generoso joven; una mujer, que al respeto de mi sangre, se le debe tanto como el lucimiento de mi hacienda, herencias ambas de estimación, y de precio. Dos meses ha, que mis padres, obedientes al decreto de la muerte, me dejaron con peligros, y fin ellos. Quedé en los ojos de todos, rica, y sola, compitiendo con mi hacienda los aplausos, y con mi edad los deseos: mas ya que con libre planta hallaba en mi pensamiento, no con vanidad del triunfo, tantos caducos trofeos: Entre tantos que aspiraban a mi feliz casamiento a uno solo vota el alma los sentidos, los efectos, el corazón, las potencias, dulce elección, noble acierto. A Dios elegí, mirad si es buen gusto el de mi pecho; con él voy a desposarme en este Santo Convento, que está a la hermosa ribera de los mares de Palermo, y tus Soldados me impiden el logro de mis deseos. No te pido, que me vuelvan el oro, que entre sus pechos en partes está abreviando el Sol en diamantes bellos: no las al hajas que traigo, no la plata, no el dinero; solo te pido, señor, me dejes llegar al puerto de mi esperanza, a mí sola, sin que zozobre primero, donde la hacienda, el honor, que es sola prenda del Cielo. Esto, regando los pies con las lágrimas que vierto, te suplico por mujer, que es en los nobles empeño; por afligida, que suele obligar piadosos pechos; por desválida, que llama el amparo por el ruego; y por todo, así mi esposo te reduzga al escarmiento. Levanta, mujer hermosa. De tus pies, noble mancebo, no he de apartarme, antes que me favorezcas con esto. Amigos, cuanto tesoro de esta dama se ha encubierto, a mis joyas os rescato, y a mi patición ofrezco. Sin ese precio a tus pies rindo mi parte. Lo mismo te aseguro. . Y yo también, Y todos te obedecemos. Qué dices, Antonio? Agravias mi lealtad; pues si a mi pecho le preguntas lo que sabes, es ofender tu respeto. Ea, pues, volved, señora, a proseguir vuestro empeño generoso, a desposaros con ese amante, a quien ciegos ofenden tanto mis ojos, mis obras, mis pensamientos, a mis labios permitid. Que a vuestras huellas atentos. Dejad, señora, los labios para más dignos empleos: desatad esos criados. Buen vejete, mucho siento, que de todos los amigos os vais, sin llevar primero si quiera un perovicente. Algún día nos veremos donde podamos hablar, señor bandolero engerto en ermitaño. . Ea, vuelva a encajar el despensero gato por llebre a su ama, y tirarle del vermejo. Más vermeja tenga el alma, que Judas. . Yo se lo creo. Servitor, seor Mayordomo. Yo lo soy. . En aquello de contar a su señora, tanto de esto, tanto de esto, tenga, vuace, gran cuidado no se pierda. No haya miedo. Hasta el camino, con esta escuadra, os quiero ir haciendo escolta, por si se atreven segunda vez a ofenderos. Dios os guarde, y desengañe, y os cumpla vuestros deseos. Ha que de cosas ahora me esta embarazando el Cielo! Venid. . De vuestra piedad siempre esclava me confieso. El os guarde. El os reduzga. Dichosa vos, solo os ruego, que me encomendéis a todas las Religiosas, que tengo a ese Convento afición. Y esa santísimo dueño a Margarita. . Ea, vamos. Déjame libre un momento, Delito, porque discurra en tan notable misterio. . Fuese Margarita, y yo que se vaya la agradezco, por ira ver a mi padre, y llevarle con secreto la comida. . Esta vez a seguirla me resuelvo, y declararla mi amor. Yo voy, padre, a quien venero, a consolar vuestros años, y a quien tantas penas cuesto. Quepa este delito en tantos; más Tilipo, a lo que veo, me embaraza. Pero Antonio me lo estorba, a lo que advierto. Tilipo? . Antonio? Qué haces? Discurrir en el deseo de saber porque ocasión trocaste, Antonio, tan presto tu penitencia en estragos. No hay más que saber en eso, que mi salvación depende de la tuya. . No lo entiendo. A tu ejemplo he de vivir. Pues tienes gentil ejemplo. A Dios, Pilipo. . Él te guarde. No sé que horror en mi pecho me hace este hombre. Extraño caso! que ímito a quien aborrezco: Padre, espera, que en tus ojos voy a templar mis desvelos. Margarita, mía has de ser, o a la violencia, o al ruego. . Y a que atiendo vigilante, corazones infiriendo, los excesos conociendo de las señas, y el semblante. Yo, que en permitido ardor de los medios, que señalo, el bueno dispongo al malo, y el malo incito al peor. Y lo que la envidia siento, desde que Dios me arrojó, que el hombre sea, y yo no capaz de arrepentimiento. Y esta luz que de su engaño puede a Frlipo alumbrar, si puedo la he de apagar con el soplo de un engaño. Esta es la cueva que tiene oculta su padre, y donde está Venus corresponde con la piedad que previene. Aquí limitando estragos a su inclinación sangrienta, con cariño le sustenta, y le abriga con halagos. A Dios, que vuestro infinito eco se ve penetrar, hasta dejar alumbrar allá dentro del delito. Ya Antonio, que fue contrito, desterrado en la virtud, que ya consulta inquietud corra más rapidamente: A Margarita promete su fe; y como cada necio amante, cada desprecio un deseo le dispone: ve a Filipo sus desvelos, porque con ciega crueldad abrasa su voluntad con la ira de sus celos. . Este espejo, cuya fina concavidad, con primor el tronco, el ramo menor a la montaña examina. Colgado a la ruda puerta de la cueva, detendrá su paso, y en el verá toda su desdicha cierta: que hiriendo en él resplandores del Sol, que ve a su despecho, como es cristal, todo el pecho le fulmínara en ardores. Ya viene, y en tan terrible empeño, con destemplanza, para alentar su venganza, le ha de asistir insufrible. Cuando el pecho me provoca a tan justísimo azar, no sé que ardiente pesar parece que me revaca; si ya con rigor tirano, en las maldades que toco, no me perturba esto poco, que me conoce de humano: pues no, que en tanto pesar, cuando a quien soy me acomodo, para no hacerlo de todo, lo que soy me he deolvidar. Ya junto a la puerta estoy; mas no, que si ahora acuerdo de quien me dio el ser, me acuerdo, me acuerdo de lo que soy. Mas qué veo! . Ya el cristal, donde prodigios se ven, comienza a olvidar el bien con el principio del mal. Antonio con Margarita, ella esquiva, él arregante, él traidor, ella constante, él su brazo solicita. Ha quien pudiera estorbarlo! qué me abraso! con qué medio, de tanto mal, el remedio puedo buscar? . Con matarlo. Bien me aconseja mi pecho: yo me llego a este fatal; de tu sangre desleal me dejarás satisfecho. . Tente, Filipo, al retiro de mi vejez, de tu injuria me retiré, y de tu furia, que soy tu padre. . Qué miro! Hijo, espera no me mates. Yo estoy muerto! . De qué te di el ser te advierto. Qué dices, padre, y señor? Las piedades te aconsejo. En mi ira, y mi templanza, reconozco la mudanza, que ay de un espejo a otro espejo. Aquel causó mis enojos; este me templa la acción: allí incita el corazón, y aquí mitigo los ojos. Yo a mátaros, donde había de acudir el pecho mío por luz? padre, el albedrío la escurecerá ese día: como en desiguales penas os he de quitar la vida? he de ser de mi homicida? se han de desangrar mis venas? A diferente cuidado se encaminaba mi acero; jamás, padre, tan severo; pero nunca tan templado: la acción suspendí después que os vi; pues como inhumano os ha de ofender la mano de quien está a vuestros pies. Levanta, hijo, del suelo, y agradécele este muerte al Cielo, porque te advierte con sus prodigios el Cielo. Sobe a mis brazos, que medra fortaleza, y beneficio, este caduco edificio, al abrigo de tu yedra. . Ay, padre! Qué es lo que sientes? Solo tu amor me corrige. Qué es lo que ahora te aflige? En uno mil accidentes. Descansa conmigo. Al manso cariño de este favor se modera mi temor, y se forma mi descanso. Come, señor, que ya sé, que estarás necesitado. Yo te agradezco el cuidado, páguere el Cielo esa fe. RO ROSETE Come. . Mi amor es testigo, que nada me satisface, ni nada falta me hace el rato que estoy contigo. Pues toma, y come después. Logrense las bendiciones, que te doy. . Fieras pasiones, dejadme, y os vengaré. Goces aquesta piedad en el Cielo. . Dios te guarde. Vuelve a verme aquesta tarde. Si haré, y la mano me dad y a Dios. . A Dios, que no sé que nueva terneza siento de apartarme. . El sentimiento dejad, que yo volveré a veros. . Quiéralo Dios. Esos son vanos antojos. Eres la luz de mis ojos. Y el Sol de mi vida vos. Volverás? . Conmigo parte el deseo. . Dios te dé, en premio de aquesta fe, auxilios para salvarte. Aquí otra vez de mis penas a darle la nueva voy: a este voy, a este enemigo de estos montes. . Si te escondes en el centro, Margarita, he de buscarte. Qué escucho! . A dónde, Filipo, estás, que de mis voces te olvidas? Aquí estoy. Pues dale la muerte a quien tu prenda codicia. Y aunque mil vidas tú vieras, traidor amigo, en qué fías tus intentos? Esto es hecho por lograr más tu doctrina. Muere, villano. . Tu muerte en la empresa facilitas. Ahora, cuerpo de Cristo, estáis con esa mohina? Ahora, que está poblado todo el monte de justicia, tan civil guerra os detiene la defensa suspendida? Reducid, pues, los aceros a la defensa. . Indecisa tenga el alma. . Estoy mortal! Poned en cobro la vida. Animad vuestros Soldados. Cese ahora tan altiva competencia, resistamos la ocasión no prevenida. Pues a la defensa. . Todos mis valientes huellas sigan. A tu lado he de morir. Todos te seguimos. Chispas: si tal siguiere, me lleven treinta diablos, y una tía. Todo es horrores mi suerte. Todo es prodigios mi vida. Más han de poder, si puedo, en poder de Margarita. . Vayan vuastedes, que a mí si me encuentra la justicia en este traje, es forzoso que me libre mi mentira. Hasta ahora no ha sabido nadie, que era yo gallina, porque no ha habido ocasión; pero ahora si le mira un lance tan apretado tan cerca de la golilla, es forzoso declararme; pues qué remedio? escondidas las pistolas, y la espada, entre esas ramas altivas, quiero dejar, y soltando la túnica recogida, quedar de padre del yermo. Dejadlos, que se retiran CONFLANZA a lo empinado del monte; y procurad, que se rinda Filipo. . Ha pese a mi hado! Antonio con Margarita, y todos los bandoleros, en lo alto se fortican de esta cumbre, y a Filipo sigue toda la justicia; mal año, y como le aprietan! 1. Tiradle. . Ha suerte enemiga! Ya no me puedo escapar por ningún lado: maldita sea el alma que me mintió en aquestas tropelias. . 1. Date a prisión. . Voto a Dios. 1. Asidle todos. . Por vida de los Cielos. 1. Maniatadle. Aún más que aquesta desdicha, siento, que aquese enemigo se lleve a mi Margarita. 2. Aquí está un hombre. 1. Quién es? diga quien es. Un hormiga, un sapo, un escarabajo; una chinche, un sabandija de la tierra. 1. Qué hace aquí? Yo, hermano, a mi Hermita pasaba por este monte; y viendo la vatería, me puse a hacer oración, porque venza la justicia. 2. Parece Santo. Es así; pero Pilipo me mira. él me descubre. . Oye, hermano. Esto es hacho, si le guinza la conciancia, y quiere ahora confosarse, diga, diga cuanto quifiere. . Panduro; en esa cueva vecina encontrarás a mi padre, resicrele esta del dicha. Harelo así. . Di también, a la infeliz Margarita, que yoy rabiando de celos. Harélo así. . Qué decía? Que le fuera a consolar a la cárcel; y hasta el día que la saquen ahorcar, le doy palabra, así viva de acompañarle en el potro, en la sala, en la Capilla, en el asno, en la escalera, el Credo, la candelilla; y dejese, uualce ahorcar por mi cuenta, que en mi vida dejé a ningún ahorcado de decírselo de Mafas. Dejadme arrojar, villanos, donde mi amante peligra, para que muera con él. Detonte. . Espera. Tur iras siompre han de ser contra mí? Sí, pues cuando a la mira del nuevo daño, que antes, mis accionas calíficas. Allí Margarita veo. . Tilipo. En vano porfías. Mañana más prevenidos volveremos; y esa altiva roca, donde los demás valientes se fortifican, escalaremos, que ahora bastante presa es la mía. Como yo tus brazos goce, poco me importa la vida. Primero con mis alientos me sabré matar yo misma. Llamas arrojando estoy. Ven conmigo, Margarita. Llevadme: Vayan con Dios. Dadme la muerte. Aa desdicha. Qué justamente los Cielos mi atrevimiento castiga! JOROSETE Lindamente me he escapado. vuelvo a recoger a prisa mis alajas; vive Dios, que ha válido la industrilla el saco, donde ha cabido honra, y provecho en un día.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Hombre desesperado, a quien Dios de su mano le ha dejado, detente. . Ha quien pudiera desatar la oprimida ardiente hoguera, que en mi pecho se esconde, volcán, que al mongíbolo corresponde, y consumiros luego a su furiosa inundación de fuego. Señor Pilipo, mire que es Cristiano, y que hoy ha de morir. Quita, villano. Advierta. seor pariente, que no es ser mal Cristiano ser valiente. Yo, a lo menos, por aí matabas sesmas, y confesaba todas las Quaresmas: si estás ya condenado. Ha dura suerte! A pagar tus delitos con tu muerte. Porque no te confiesas, desdichado? Por eso, porque estoy ya condenado. Desde afuera lo digo. que ha de pagar aquí con tal castigo, el robo que a mi ama quiso hacer en un monte, y a una rama pretendieron prederme, como nuevo, Dios se lo pague, amén, a aquel man: cebo, que nos libró de toda su fiereza, su verdad conformado a su belleza: Dios le lleve a su gloria, Es el vejete honrado, aunque está preso por amancebado. Posible es que no hay cosa que te Él me dijo una vez, que despendía mueva? Ninguno a replicarme más se atre. pues condenarme quiero, Yo le he de replicar. Yo desde afuera. Hase de confesar aunque no quiera. quiero estar, y olvidado Apro vecha este día. Confiese, vvascé, por cortesía. Quién tal tesón ha visto? Ya yo vuelvo a enfadarme, voto a Cristo. No hay con Dios bizarrías. Qué prolijo! Qué es un rayo del Cielo, voto . Pues llegue su Reverencia. Y si no se confiesa. Qué cansado! Se las sabrán mullir, señor Solda- Ha señores Rufianes. Deje bravatas ya. Deje ademanes. Mire, vuascé, que digo, no nada; porque. . Tiene razón mi camarada. No entiendo gerigonza. Mas que vuelve a jugar a la peonza. Váyanse noramala, o saldrán de otra suerte de la sasa. Tente, Tilipo. . Espera. Ha pese a las gallinas! Guarda fuera. . Huyamos. Ay mis cascos! Yo le encierro. Hace bien de encerrarme como a que aún en quien no me agravia quisiera ahora ejecutar mi rabia. No espero la clemencia del Cielo, no la busca mi conciencia; porque mi gran malicia el Infierno merece de justicia. Demás, que a tanta gloria aspirar no me deja la memoria y se saqué de allí. . Fiera memoria! de aquel Antonio, aquel a quien con templo prevertido a mí modo, y a mi ejemplo. (va. su salvación, pendia de la mía; porque siguiendo mi destino fiero, se condene también, que despachado de me salvar, perdiendo la esperanza, para contento más en la venganza. Déjeme, con su licencia, solo con él, que confío (al hijo. persuadir yo su albedrío. Deo gracias. (do. . Quién me da voces? El Confesor. . Pues así me ha de confesar aquí? Espera, no me conoces? Panduro. . Yo te aseguro, que a tardarme en responder me habías de enternecer, aunque fuese más Panduro. Es bueno pagar la fe con que he venido, y entrado en la cárcel disfrazado en el traje que se ve, acosta de mi pellejo, de aquesta manera aprisa. De Margarita me avisa. (perro, . Es posible. . Si es consejo, Panduro, no me le dés, que con esta candelilla te haré los sesos tortilla, y la comeré después: qué hay de Antonio, mi enemigo? Dueño es ya de la campaña, de la selva, y la montaña, cada tronco es un testigo de su amor, y de que asegura sus deseos, siendo sus ansias trofeos de los ojos de su dama. Y ella corresponde? . No; pero el corazón me da, que le corresponderá. . Por qué? Porque le escucho, que una mujer, aunque mucha se ostente con vanidad, la acompaña la beldad, que no aseguro, si escucha; porque la seca ha tenido del que por ella se pierde, es áspid volcán, que muerde el alma por el oído. Ha ingrata! . Delirio grave! Qué extrañas en mis desvelos? El que te quepan los celos en lo poco que te cabe. Al alma está tan asida la pasión que me atropella, que para acabar con ella, quisiera acabar la vida. Parece que más templado escucha a este Religioso, que a los demás. . Es forzoso reconocer su pecado. Gente viene. . Disimula, no te conozcan. . Amigo, tema de Dios el castigo: yo le voy por una Bula. Ellos son enfados nuevos. Porque así el alma condena, absuélvole a culpa, y pena, y sórvase un par de huevos. En afan tan importuno, retirando mis sentidos, me he de tapar los oídos, por no escuchar a ninguno. . Yo solamente deseo su salvación. . Me parece, que ningún remedio ofrece RO ROSETP su precipicio? . Qué veo! Yo me voy, el Cielo apreste su conciencia a lo mejor: quédense con el Señor. No es el bandolero, aqueste medio Cristiano? por Cristo, que ha de pagarme el ladrón lo del monte. . Mi invención peligra, porque allí he visto al Véjete. . Oye, señor Alcalde, detenga ueé a ese hombre, que yo sé, que es el mayor salteador de la tierra. . Harelo así. Ay, que le ha hablado al oído al Alcaide. . Hy foragido! Ay! que se viene tras mí, yo me voy. Espere, hermano. Esto es hecho, negocié. Desnudese. . Bueno, afec: burlase, hermano? Villano, ya os conozco. Está barracho, hermano Véjete? . Aquí me ha de pagar, cuando allí me quiso dar mi despacho. Señores, qué pierdo el juicio! qué es esto que me sucede? Ea, en pelota se quede; pues bien, qué es esto? El silencio. . Ha, ladrón! Señor bandolero, con esto acá se venía? Conmigo lo mismo hacía: mirarle la bolsa quiero. Buena la ha hecho. Qué lloras? aquí tiene una ganzua. Es del silencio una pua. Qué libro es este? Las horas. . A ver. Son mis devaciones. Su devoción es hurtar? Pues digo yo, qué es hurtar? Así dicen sus renglones: Memoria al tiempo futuro, en consonantes forzosos de algunos hurtos famosos, que hace el hermano Panduro. Primeramente, a la dama de la manga la saqué una sarta, y la lleve saltando de rama en rama a esconderse; porque entendía, que eran perlas trasparentes, y era otra sarta de dientes, que la dama se ponía. Iten, a otra que trata de la gala puntual, hecho cuerbo racional, la saqué un ojo de plata: que en estos, y otros despojos, a mis uñas, y a mi afan era ladrón tan galán. que me llevaba los ojos. Iten. . Es nunca acabar, si veed se detiene en eso: yo soy un ladrón profeso en el abito de hurtar. Hermano; en Cristo, paciencia. Hermano, en Cristo, no quiero. Pues enfadarle no espero; perdone su reverencia, y quede muy consolado; porque si bien se repara, a buena cuenta, en la cara lleva lo más ahorcado. Pues a puñeres los dos. Deje tan gran disparate, hermano Panduro, y trate en encomendarse a Dios. Ay, señores! qué me trujo a la cárcel: ya me pongo muy amarrido, y pilongo, muy maganto, y muy madrugo. Véjete de Bercebú, quien creyera, quien pensara, que yo la liebre soltara, y faeras el galgo tú? Ha aquí, que es una cuadrilla los que mi causa requieren, que dicen, que no me quieren, y me echan en la capilla. He aquí, que calle, o no calle, me da el Verdugo importuno una ropa, que a ninguno le viene corta de talle. He aquí, que con santo modo me dan, por darme placer, cuanto quisiera a comer, he aquí, que lo come todo. He aquí, que todo fiel Cofrade, que allí le trae la devoción, se le cae la campanirla en la miel. He aquí, que se determina, que me vea el pueble entero, y sé la hora que muero, sin revelación divina. He aquí, que a bajar me aplico, y lo que al montar me aguarda es blando, como un albarda, y manso, como un borrico. He aquí, acabo de llegar (aquesto me desespera? y que subo la escalera, que jamás he de bajar. He aquí, que cuando ahorcado, al pueblo me considero, si antes vine Caballero, ahora quedo elevado. Y últimamente, he aquí, que aquel acompañamiento se vuelve a casa al momento, y a mí me dejan allí. Desde ahora a pregonar empiezo, y nadie se asombre: den, por Dios, a aqueste hombre, que sacan ajusticiar. . Dejadme todos, que en calma mi rebelde corazón, ni atiende a mi salvación, ni hace caso de mi alma. Ha, señor? . Quién se me atreve a hablar cuando un fuego es todo mi pecho? quién es? Soy el diablo, que te lleve. Qué me lleve? . Soy Panduro. Quién te ha puesto en tal estado? El Alcay de me ha embargado: aquel vejete perjuro toda mi desdicha fragua; descubriome, en conclusión, que vale para soplón sus projas llenas de agua. No llores, gallina. . No? pleguete Cristo, es busivelo? Conmigo tienes consuelo. Pues qué tengo que ver yo contigo, Tilipo, aquí, si en este fuego importuno de la muerte, cada uno se lo muere para sí Ha quien pudiera matar a Anronio, y a Marparita, antes. . Ya está facilita la empresa, no hay que aguardar, sino salir, y al Antonio darle un pan como unas nueces. Aquesta entre tantas veces como he llamado al Demonio, he de invocarle. . Señor, por amor de Dios. . O tú. Ay, qué llama a Bercebú, de los abusmos señor! Supuesto que dueño eres del alma, que te he rendido, del pensamiento, el sentido, y del corazón. . Qué quieres? Ay, señores, que ha venido más puntual, que un portero. nunca hubiera Caballero de Diablo tan bien servido. Quiero, pues has de triunfar del alma que no rasisto. Tu amigo soy. . Nenca he visto Demomo tan familiar. Quiero que de esta prisión me laques, para dar muerte aquellos dos de esta suerte, siendo cada cual blasón tuyo, y mío, porque así, dando con igual balanza, te den las almas a ti. Señor, ya que de esta acción pende tan raro portento, pues permites el intento, permite la ejecución. No me parece tan negra su catadura volver quiero verla, para ver si se parece a una suegra, que yo conozco: San Blas, qué cara tan espantosa! en mi vida he visto cosa tan parecida jamás. Pues ya Filipo veloz, que de obedecerme trata, ese muro se desata al imperio de mi voz. Sal animoso conmigo de esta prisión por tu mal. Yo me voy hacia el corral. Ven, qué esperas? Ya te sigo mas con plantas inferices ahora ofrezco congojas, que es menester como hojas, y olvides como raices: qué es esto? Qué te detienes? Dos montes pretendo alzar. Yo me quiero calentar. Fortuna, qué me previenes? Señor Diablo, aunque le he visto del arroyo fugitivo. que no hace caso de mí, saqueme, vuacé, de aquí, por amor de JesuCristo. Llega. . En vano mi valor se resuelve a tu obediencia. Ha, señor, la diligencia que te cuesta un pecador! Pese a quién me estorba. . Pese a la piedad de los Cielos. Yo me iré por estos suelos arrastrando, aunque les bese donde las brujas tras de él. Qué pena! . Esté arrepentido, pues y si el Diablo se ha ido, yo he de salir. . Hado cruel! Nuevos incendios provoco. Un monte de hielo soy. Yo me arrugo. . Yo me voy. Camarada, espere un poco: señor Filipo, a lo que hablo, no nos veremos los dos: quédese, vnacé, con Dios, que yo me voy con el Diablo. Esa, vamos: ay, y sús, mis narices! ya yo creo, que no hay, a lo que veo, con diablo viejo tus tus. Aquí de todo el conjuro, el ejorcisimo, y arredo, aunque el diablo no medro: ha desdichado Panduro! quien fía de su merced esta medra sacará, y como yo se hallará de manes en la pared. Voyme a confesar aprisa, quien quisiere desespere, y alce el dedo quien quisiere mandar decirme una Misa. . Ya de mis pies el estorbo se huye con el prodigio, como al Sol el duro hielo Ya en todo, ya poco a poco se reduce por su estilo, todo lo suspenso errante, y enmóvil todo lo fijo. Válgame el Cielo! qué es esto? en desatados latidos me palpita el corazón: qué dices, fin, y principio de la humana vida? dime si ha de atender a tu olvido la paciencia, como a golpes, o la atención, como aviso. Dejadme entrar. . Esta voz parece que ha suspendido quietud. . Filipo? . Padre? No lo llames, que al oído solo ese nombre ha quedado de lisonja a mis sentidos. Es porque muero afrentado ese desprecio? . No, hijo: mira cómo te respondo; con que tendrás entendido, que no es por eso: qué culpa tiene tu infeliz destino del parentezco? tu padre soy, cuando morir te miro; y no soy tu padre, cuando te considero remiso. Tened el llanto. . No puedo: hay si aquí los ojos míos, retoricamente al labio, le usurparan el oficio, porque lágrimas, y voces obraran a un tiempo mismo! Mas enjuguense los ojos; y lo que ahora reprimo salga ya, pues, como presa, a cuyo raudal altivo se atraigan las plantas de tus culpas, y delitos, Qué voz común es aquesta, que todo Palermo a gritos forma en odío de tu pecho, y en horror de tu albedrío? Hoy muere Estipo, dicen desesperado, y preciso, sin querer labar sus culpas en el volcán sacrificio de la Confesión, que fácil la suma piedad no quiso de esa patria de los Cielos enseñar Dios el camino. Yo te confieso, que son tus pecados infinitos; pero aunque infinitos sean, debes tener prevenido miedo, y no desconfianza, que con un semblante mismo atemoriza, y perdona Dios, porque recto, y propicio le hallmos en la piedad, al temerle en el castigo. No quiere la muerte Dios del pecador, solo quiso su conversión, bien se advierte, pues bajo por su camino a morir, porque él viniese a cuenta de su peligro. Luego el que obstinadamente no se arrepiente Filipo, ociosa deja su muerte, mal logrado su designio. En el último combate de su muerte, y sacrificio, se quedó abiertos los brazos, providamente benigno. Como quien dice, mortal, aunque me hayas ofendido, llega sin estorbo al pecho, que por su abierto risquicio se saldrá mi corazón a recibir tu albedrío: qué le agradeces a Dios, por la merced que te hizo de darte conocimiento de su poder infinito? Bárbaramente malogras tan glorioso beneficio: hijo Filipo, quebranta los candados cristalinos del Cielo, agolpes del llanto penetra el aire a suspiros: misericordia hay en Dios, aunque excedan tus delitos, del matar en las familias, del Sol átomos, del campo flores, plantas, estrellas de ese monte de zafiro. A quien se atribuyen todos los hados, y los destinos; mas no hay destino, ni hado, porque es engaño del siglo; providencia, sí, de Dios, segundas causas han sido dependientes de su mano, cuando suceden destinos sucesos a los mortales; y así, no creas precito en las Estrellas, ni hados, que del infaliblajuicio de Dios procede el efecto. Obra tu bien, que si altivo tu signo te condenare, él sabra torcer tu signo. Ea, otra vez, y otras mil, ahora que estás vecino de la muerte, te protesa mi enfermedad tu delito. Aprovecha los instantes pide perdón de tus vicios: crece todo lo piadoso, merece el nombre de hijo de la Iglesia, y pueda ahora la obediencia que has tenido a estas canas, pues se advierte aún más que a este llanto mío. En fin, padre, en fin, señor, que cabe el discurso mío en estos breves instantes? En menos instantes. Cristo, al Buen Ladrón, en la Cruz, le franqueo el Paraiso. En fin, qué puedo esperar? Entre el cuello, y el cuchillo, cabe la piedad de Dios en lo eficaz de un auxilio. Es Juez. . También es Padre. Le agravie. . No es vengativo. . Deja ya de poseerme, Buscarele? . Él lo desea. Con el llanto. . Es buen camino. el dejarme, o el tenerme. (dido Obrará el pesar? . Es fuerza. Perdonarame? . Es preciso. Pues Señor, el dolor que me afianza, lástimas obre allá en tu inmenso cido, que el que en toda mi vida no ha cabido, él te adora. . A no creer, ahora cabe en toda mi esperanza. Pequé contra ti solo en mi mudanzas huyera de tu poder: esta muerte, que tanto he merecido, quisiera padecer de arrepentido; tanto ánima el pesar mi confianza. Halla en tu eternidad, donde atendida pues no se muda tu fe con providencia está la humana suerte, como en las demás mujeres. quedó mi culpa a tu dolor vencida. y si el llanto no basta a enternecerte, al tardo desengaño de mi vida, el mérito le valga de tu muerte. Ahora si que me puedes llamor tu padre, y tu amigo. Confiesate. . Ya quisiera desangrar los ojos míos a los nies del Confesor. Ya eres mil veces mi hijo. Vamos, padre. . Dulce nombre! Contento voy al suplicio. Oh rece la afrenta al Cielo. De ella le hago sacrificio. Confía la gloria en Dios. En sus piedades confío. Pues vaya, hijo, en su gracia, y mi bendición contigo. Antonio, si de mi fin depende el tuyo, ya espiro, en confianza de Dios, a la gloria, haz tú lo mismo. Margarita, si me acuerdo de ti, por pedir ha sido. al Cielo, que te juzga para ejemplo de los siglos. . No procures con vencerme, Delito, déjame ya. porque en tu albedrío está Qué he de hacer, cuando he per- a mi amante? . Si has ganado otro amante enternecido, de qué llora tu cuidado? que me habías de seguir, ay. Filipo! . Tú prefieres al ausente, y bien se ve, que vocal del siglo eres, Qué remedio, en mal tan fuerte, contra Antonio buscaré, cuando imposible se advierte el quererle? . Yo lo sé. Di cuál es? . Dale la muerte. Ese es más noble trofeo, que el rendirme. . Él viene ya, por no estorbarle rodeo: mátale, que en esto va, que muera con su deseo. Yo me voy, en testimonio de que en ti mi faria estriba, muera este infeliz Antonio, que una mujer vengativa no ha menester al Demonio. . Ya, bellísimo portento, que de montes retirados, a esta soledad, hurtados de la justicia al intento, mas encubren sus collados. Y ya, que Pilipo fue tan infeliz, que a pagar fue por todos, y quedé ocupando su lugar: sustituyendo su fer; fe tan mal agradecida, que la pagas con rigores, siendo en mi pena crecida, los de tus ojos mayores, que los riesgos de mi vida. Qué amante con notable aprecio no conoce el desengaño? Qué amante ha de haber tan necio, que no se entre mas al daño por la senda del desprecio? Quién amorosos trofeos a violencias solicita? Quién del gusto en los empleos, ni sus afectos limita, ni consigue sus deseos? Cuanto en mi cariño obras, un diamante, Antonio, labras. Pues ya en la fe que tu cobras no te vencen mis palabras, han de vencerte mis obras. Bagel, soy, que al aire tomo la vela de mi impaciencia, para conseguirte. . Cómo ha de atejar tu paciencia esa víbora de plomo? . Ha, fiera mujer! el pecho dos veces me has penetrado; una, el desdén que me has hecho; otra, el plomo que ha vibradro un rigoroso despecho. Ya muero, si llamaré al Cielo, por tierra el labio? mas como le moveré, si con el postrer agravio tantos años malegré? Rabiando muero de pena, no de mis culpas, si no de saber, que el Cielo ordena, que esté dependiente yo de la salvación ajena: más presto, Filipo, así la con fianza he perdido de Dios, pues será de mí lo que de él hubiere sido. . A dónde vas fugitiva de mis plantas, cuando yo tan dentro de ti camino? Déjame ya, fiero error, que de mí misma quisiera huir; porque es tan atroz mi vida. . Qué en un instante tu vil imaginación, del gusto de la venganza, al pesar te se pasó? Ay de mí! . O mis conjecturas mienten, o en su corazón va mordiendo el desengaño, que es el gusano interlor. No me bastava la culpa, primero a fuero dolor, sino acriminarla ahora con este nuevo rigor? Descansa en esta alameda. Mientras que contigo estoy no tengo descanso. . Sabes, que el cariño de mi voz suele alegrar tus oídos? No sabes, que cuando yo quiero divertirte, hallo el instrumento mejor para ajustar consonancias a las suyas; pues veloz fábrico en el aire un arpa, una citara, y que al son de sus claves y sus cuerdas, cantando, a tu corazón le destierro las memorias? Sí, las memorias de Dios. Escucha ahora, pues nadie, si no es tú, puede esta voz apercibe lo que canta. Di que me encanta mejor. . Quién con agravios tan grandes a los Cielos se atrevió, vanamente solicita las confianzas de Dios. En efecto, vanamente he de solicitar yo ya de Dios la confianza? tantos mis pecados son? . Quien con agravios tan grandes a los Cielos ofendió, confiadamente espera en las piedades de Dios. Qué nueva voz por el aire alienta mi corazón? . Con otros ecos el aire me hace ahora oposición; pero esta voz la confunde, si la alienta aquella voz . En satisfacer sus culpas no confía el pecidor, porque en inmensos delitos no cabe satisfacción. . De los mayores pecados se arrepienta el pecador, porque el llanto, y el pesar, hacen preciso el perdón. . Un mar de llanto no basta. . Una lágrima bastó. Es su timbre. Es su blasón. . Desespere. Confie. . El pecador, que no hay en Dios misericordia, no. Que está segura la piedad de Dios. Calla. . Qué pretendes? calla. Aquella divina voz, fiel antídoto armonioso del veneno que bebió por los labios, y los ojos, mi obstinado corazón. Tú lloras? . Logro el consejo. Atiéndeme. . Ya escuchó mi corazón fatigado, que las piedades de Dios pueden más que los rigores; y la esperanza cobró, que ya tenía perdida: déjame, monstruo feroz, que no te escucho. . Qué dices? Déjame ya. . Un erna soy. Pueda el pesar de mi pecho quebrantar mi corazón. Yo, al paso que te arrepientes, de ti apartando me voy. Vete, Delito. . Ya es fuerza. Aquí de todo el dolor. Aquí de toda mi furia. Ojos, llorad vuestro error. O mortales, lo que valen dolor, y aliento con Dios! . Afuera. profano harreo de mi ciega obstinación; afuera, plumas aleves de mi vana presunción. Afuera todas las señas de mi dilatado error: no queden hoy más conmigo profano aleve padrón, que profane mi delito. Ea MARIA pues Vos sustituiste mi forma en mi casa, y se debió a vuestra asistencia tanto, debaos ahora mi amor reducira él la mis pasos, donde a penitencia yo satisfaga mis pecados. Ea, Padre, ea, Pastor. ya vuestra Oveja perdida vuelve al Rebaño, que vio Pastor en vuestro Cayado, a quien otro silbo ovó. . Margarita? . Quién me llama? Un Pastórcito. . Mejor diréis, Pastor de mis ojos, un Alba, un Cielo, y un Sol. Ven conmigo. . A tanta luz le deslumbra mi atención. Sígueme. . Vuestras estampas. de rodillas iré yo siguiendo. Ven, Orejuela pensida. Ay, dulce Pastor! Yo te guío. . Hermoso norte. Eres mía? . Vuestra soy. Ay qué finezas me cuestas! Es inmenso vuestro amor. Ven, no me pierdas de vista. Tus huellas pisando voy. : Ciudadanos de Palermo, que es cabeza coronada de este Reino de Sicilia, que las Católicas armas, de los Reyes de Castilla, más laureles se traslada a sus generosas sienes, que cuantos triunfos aguarda todo el Mar Meditarranco, que sus términos abarca; de orden del Cielo mi voz ilustre concurso os llama. 1. Qué voz aqueste lugar nuestros pasos arrebata? 2. Quién en destemplados ecos conduce nuestras pisadas? 3. Qué desconformes acentos los oídos arrebatan? Quién de ahora mi pesar suspende ahora la causa? Señores, salió un indulto, y hecharonme noramala, y vengo siguiendo a Antonio. Oíd, oíd. . Quién nos llama? Yo soy el Príncipe infausto de las tinieblas, que tantas rebeldes tropas junté contra Dios, que hoy avasalla, en la Regia Monarquía, su Omnipotencia sagrada: hoy de su eterna verdad, para ejemplo de las almas, quiere rebélaros cosas a su mente reservadas. Aquel Antonio, de quien tenéis noticia tan larga, porque solo de sus obras confía la soberana corona; y porque intenté saber el fin que le aguarda, permitió el Cielo; que oiese una voz, que se declara, que el de Filipo sería el suyo; y viendo que estaba hecho centro de delitos, siguió sus mismas pisadas. Margarita (o gran portento!)) en el Convento; que llaman de la Ribera, admirasteis regir su gloriosa patria: no es Margerita, si no un Ángel eterno, y guarda, que sirvió de sustituro a la que determinada siguió a Tilipo, la cual dio la muerte en la montaña a Antonio, que ociosamente desespero de la gracia divina; ella arrepentida volvió otra vez a su casa, donde su mismo dolor, sus pesares, y sus ansias, pidieron tanto, que en ellos rindió el aliento, y el alma, siendo cada cual cuchillo dichoso de su garganta. Filipo, que de los Cielos primero desesperaba, después, a la persuasión de las lágrimas, y canas de su padre Ludóvico (tanto pudo, tanto alcanza la obediencia de los padres) consiguió auxilio, que basta a conducir a los ojos de Dios, con gloriosa palma, de su inmensa eterna vida: dichoso él, pues que se salva. Atended de su juicio demonstraciones extrañas, que si es rebela por mí, porque quiere que se haga de más horror en el labio, que en mi pesar los declara. Baja, Delito, en el traje de la noche, con el alma de ese Antonio, que infeliz, a las prefundas moradas. Sube desde ese sepulcro, tú, que al día te aventajas, con el dichoso Tilipo, a la soberana patria. Descubrase Margarita en su Religiosa casa en la forma que murió arrepentida, porque haya quien testifique el prodigio a los siglos, y a la fama. e Aa del Cielo? Ah del Infierno? Abrid las puertas sagradas. Prevenid vuestros horrores, alentad vuestra esperanza. Y los mortales poned solo en Dios la confianza. Ya sube a gozar de Dios el que confío en su gracia, porque en sus grandes auxilios, por premio la gloria halla. Ya la que al justo castigo por la senda caminaba de sus delitos, el premio su arrepentimiento alcanza. Ya que de su penitencia tuvo con Dios arrogancia, para ejemplo de los hombres, hoy a los abismos baja. Y así, mortale, poned solo en Dios la confianza. Aquí. Don Padro Rósete pide, postrado a esas plantas, si ha habido aciertos, un victor, y yn perdón, si ha avido faltas,
