Texto digital de El soldado más herido y vivo después de muerto
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El soldado más herido y vivo después de muerto. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/soldado-mas-herido-y-vivo-despues-de-muerto-el.

EL SOLDADO MÁS HERIDO Y VIVO DESPUÉS DE MUERTO
JORNADA PRIMERA
Hoy que la Corte Romana, ostentando su grandeza, con un laurel solamente todos mis servicios premia. Hoy que el clarín de la fama, hecho en mi alabanza lenguas, púbrica por todo el Orbe mis dilatadas empresas. Es día de hacer mercedes, y que todo el mundo entienda, que sabe honrar en la paz, quien triunfar supo en la guerra. Escuchad vasallos míos, que sin dilación quisiera premiaros; que quien se tarda, parece que nunca premia. . Gran señor, a vuestras plantas juramos vuestra obediencia. Levantad nobles Romanos, que no quiero que se entienda, que siendo vasallos míos estáis los pechos por tierra. Qué temo, al veros rendidos, sin que parezca soberbia, que se desvanezca el Cielo, y el suelo se desvanezca. Infinitos años viva vuestra Majestad Excelsa. Solo a hacer mercedes salgo, y así las primeras sean las de Sebastian mi amigo, a quien la fama celebra por sus nobles ascendientes; y porque siendo centella, se ha pasado con su espada aser ardiente cometa. Quiero que tenga en mi casa el manejo de mis rentas, que mande toda mi Corte, y que todos le obedezcan: Y que sea también quiero Capitán de la primera Cohorte, que es el oficio que mi grandeza conserva; y de tanta confianza, que solo para sus prendas viene a ser pequeño, cuando es grande para cualquiera. Ya sé que fueron sus padres de conocida nobleza; él natural de Berona, y su madre Milanesa; y que de ellos, y sus hijos tantas hazañas celebra la fama, que han admirado las Naciones extranjeras. Vuestras soberanas plantas pongo sobre mi cabeza, que mercedes tan crecidas, no tienen otra respuesta, que remitirlo al silencio, para que las encarezca, pues el conocerme indigno, me suspende la elocuencia. A Cromancio hago Pretor, y Juez de mis Audiencias, porque sé que tiene partes de ciencia, experiencia, y letras. Júpiter te haga inmortal, para que en todas las tierras levanten tus estandartes, y tremolen tus banderas. A Nicostrato le nombro por Alcaide, y centinela de todos aquellos que la Ley de Cristo profesan; que me dicen que son tantos, que pienso que será fuerza, que con mucha brevedad hagamos cárceles nuevas. A pesar de los rebeldes, vivas edades eternas. Y para mí, gran señor, no ha de haber algo que pueda decir, como hechura tuya, esta es dadiva de un César? siempre he de ser desgraciado? siempre he de vivir con queja? Pero va sé señor mío, y lo dice la experiencia, que no me dejan medrar la fuerza de las estrellas, que estrellándose conmigo, tienen grandísima fuerza: Pero reparen que soy tan leal en tu obediencia, que comparadas conmigo las que otros llaman finezas, por más que las acrediten, son finezas de la legua. Pues dime lo que pretendes? Una comisión quisiera contra unos mormuradores, que hablan de faltas ajenas, siendo mayores las suyas; y con unas faltas mismas, en ellos sirva de gala, lo que en otros es afrenta: Y contra unos embusteros, que se andan fingiendo nuevas, diciendo, el otro moijo, y ellos son quien las inventa: Y contra pobres que casan, vencidos de la belleza, que es flor que se aja en un día, y la congoja es eterna: Y contra desvanecidos, que tienen tanta tronera, que los mismos de su sangre piensan que son de otra esfera: Y contra los que mormuran. con proposiciones necias, diciendo de los ingenios. que escriben sin tener letras: Y contra algunos vecinos. de condición tan perversa, que piensan de lo que es bueno, lo que el demonio no piensa. Mal quisto te harás Limaco, si haces de las burlas verás, y a reformador te metes. No seré, que mi clemencia sabrá perdonar deefectos, al ejecutar la pena: Cien escudos quiero darte, solo por esa respuesta. Cien escudos buenos son; pero yo, señor, quisiera una merced tan cuantiosa; que me saque de lacería. No se hicieron las mercede para hombre que pelean, mucho más que con la espada, con los filos de la lengua. Sobre no hacerme merced, no gaste tan larga arenga, porque solo han de ser largos, cuando hay más malas que buenas; si luego, luego, es muy malo; después, después aprovecha. No hay merced como vivir, que si bien se considera, debe cualquier hombre cuerdo. temer el Requien eternam. Yo he conocido que cría enemigos la grandeza, y te quiero ver sin ellos, pues que tú de todos tiemblas. Y porque para mis hombros. mucho tanto imperio pesa, partiré con Majimiano. de mi Corona la media. Saber ganar, es valor; saber conservar, destreza; y para tantas Provincias son menester muchas fuerzas. A Majimiano lo doy a África, Alemania, y Grecia, y reservo para mí. la Galia, el Oriente, y Persia. Tan igual será conmigo, que los dos, sin diferencia, gobernaremos el mundo, como por una cabeza: Mañana todo el Senado juntaré, para que vean. que sé renunciar Imperios; y si hay algunas gabelas, desde luego las anulo, y les hago gracia de ellas, (años, Viva el César muchos viva el César, viva el César. Solo contra los Cristianos promulgar leyes quisiera, que pongan freno a las suyas, pues con humilde soberbia desprecian todos mis Dioses con repetidas ofensas: Y no ha de quedar ninguno, que de mis iras no muera; que el venerar a los Dioses con sacrificios, y ofrendas, en los mayores Monarcas es la obligación primera. Viva el César muchos años, viva el César, viva el César. Qué viva? mas que no viva, pues parece que le pesa, siendo la vida tan dulce, que yo la tenga en conserva. Viva yo con mi pepita, y nunca me favorezca, porque soy tan desgraciado, que si hay alguna pendencia, no me aprovechan las manos, pero los pies me aprovechan. Acuérdome que en campaña, un día me dijo el César, porqué huyes? yo le dije, por vivir, quelinda flema! El respondió, aunque te maten, no huyas, que si peleas, y cumples con lo que debes, adquirirás fama eterna. Yo respondí, si me matan, la fama que me aprovecha? yo por la posteridad. tengo de andar en quimeras? Si de los vivos se olvidan, quién de los muertos se acuerda? Esto fue lo que me dijo, y por esto me desprecia, mas diga lo que quisiere, que yo me entiendo en mis letaas, pues estimo más mi vida, que los tesoros de Armenia. Y pues me ha desengañado Diocleciano en voz severa, quiero, pues estoy de espacio, discurrir sobre mis medras. Casarme quiero, mas no, porque son en esta era las solteras muy casadas, las casadas muy solteras. Oficio quiero tomar, que sin oficio es quimera el querer vivir los hombres, como los que tienen tentas. Seré sastre? no me ajusto, pues con su pendón acuestas diciendo dos mil mentiras, llevan bien las faldriqueras; y la mentira, y el sastre tienen una diferencia, sobre cual nació primero, y no hallan quien los resuelva. Seré Médico? tampoco, que tengo yo linda testa, y no quieren vivir juntos el talento, y las riquezas. Boticario quiero ser, pues solo estos hombres medran, que es oficio redomado, y con moler cuatro piedras de la calle, y con buscar en el campo cuatro hierbas, hacen polvos restrictivos, que cuestan, y no aprovechan: Y si les piden acelte, que corrobore, y detenga, dicen, que es de vitriolo, y es acerte de la tienda: Y con agua de llanten, y agua de finibusterra, y con hacer un jarabe con mercuriales, y hacelgas, con infusión de melotís, y raiz de escorzonera. y poner cien cedulones. escritos de buena letra, se hace un hombre Boticario; y buen Boticario queda, pues con menos de ocho reales. se ganan ciento y cincuenta. Pero qué dirán los Dioses? no me atrevo, guarda fuera, que todo lo mal ganado es una muy mala hacienda. Pues qué oficio tomaré? alcáguete ser quisiera, que es oncio aprovechado, pero no, no me contenta, que mi amo no conoce a Cupido, ni sus tretas; y quien no sabe de amores, no sabe estimar finezas. Jamás le vi enamorado, y es una cosa tan nueva, que a quien sin amor respira, le tengo por una bestia. Las fieras tienen amor, y a tiempos se galantean, y solamente mi amo es más fiero que las fieras, pues se pasa sin amor, porque los hombres es fuerza querer bien a las mujeres, por obligación, y deuda; y si mal nos corresponden, pasémonos a otra tienda. Hay cosa como llegar a una mujer bachillera, muy preciada de entendida, y presumida de cuerda, y decirla mil requiebros; y si a creerlos empieza, hacer una Tarquinada; cuando ella está más Lucrecia? Digo, que este es bravo vicio, pero algunas veces cuesta; pues que oficio tomaré? que en todos hay media legua de mal camino, y aún más; é . pues quiero servir al César como hasta aquí, y aún peor; pues quien mal sirve, bien medra. Qué bien gobernara el mundo un Monarca, si se viera libre de aquellas pasiones, que embarazan las potencias. Ay Lucina, que me has muerto! nunca mis ojos te vieran, ni los tuyos me miraran con tan venenosas flechas! Parécense, gran señor, que alguna pasión fomenta esos ardientes suspiros, que sin voz los vientos pueblan. Y si yo puedo ser parte en los alivios que intentas, me ofendes con el silencio; pues sabes que es cosa cierta, que comunicado el daño, se disminuye la pena. Dices bien, eso pretendo, y ahora quiero que entiendas. una pasión que en mi pecho. dos años ha que se encierra. Tú eres amigo del alma, y es muy justa recompensa, que del alma las pasiones, amigos del alma sepan. Pendiente estará el oído de lo que informarme quieras. En el selpado tapete de aquella fuente parlera; que dice sunacimiento por la boca de una peña, vi, no sé lo que me vi en una deidad tan bella; que es cifra de cuanto hermoso copió la naturaleza: Un áspid miré escondido en esta florida selva, disimulando entre rosas blanco esplendor de azucenas. Mordió su veneno el pecho, sin que humanas resistencias, me pudiesen defender, rindiéndome con tal fuerza, que a mí, que sujeto el Orbe, me aprisionó en su cadena. Y siendo así, que los Dioses, por soberana influencia, me tienen privilegiado en valor, y fortaleza; de tal suerte, que los Cielos, cuando mi enojo contemplan; se demudan temerosos, y aflígidos titubean. Esta mujer me ha rendido; para que decir se pueda, que al imperio del amor todo se rinde, y sujeta, con decirte que Lucina, (encarecimientos cesan) pues lo más encarecido no llega a ser como ella, y solo decir su nombre es ponderación más cierta. Esta pues es, Sebastian, la que mi quietud altera, la ocasión de mis suspiros, y la causa de mis penas. Dos años ha que contrasto el rigor de su belleza, sin que mi amor, por constante, un alivio le merezca. Y en fin ha crecido tanto este volcán en mis penas, que se alimenta mi alma del fuego de sus centellas. Mire vuestra Majestad lo que emprende, y lo que intenta, que es mujer de Marceliano; Caballero, a quien respetan los más nobles Senadores, y la Majestad más Regia: y en los nobles ofendidos se imprime en bronce la ofensa. Primero soy yo que todo. Pecho Cristiano paciencia, que aunque me podrás reñir, el ir previniendo es fuerza con maña las tiranías, para cuando más convenga. De haberla visto casada, tanto mi pesar se aumenta, que estando muerto de amores, muero de celosas quejas: Y cuando más me desvío, mas a mi pasión se acerca, y así pretendo gozarla con el hálago, o la fuerza. No se cómo pueda ser! Todo el poder lo atropella, tu Sebastian de mi parte tratarás las conveniencias de los premios de su casa, que esta suele ser la regla ordinaría de entablar amorosas competencias. O quién pudiera, Dios mío, daros a vos esta obeja, librándola de las manos de tan rigurosa fiera! Y de paso la dirás, cuanto encarecer se pueda, lo que debe a mi carño; lo que su amor me desvela, las inquietudes que paso, los sulpiros que me cuesta; y que si quiere tesoros, le daré cuantos encierra en sus cóncavos el mar, y en sus entrañas la tierra. Solo de ti, Sebastian, quiero fiar esta empresa, por amigo, y por privado; y pues en tus hombros llevas el peso de mis cuidados. corra este más por tu cuenta. Que le podré responder en lance que tanto aprieta? justamente, gran señor, confías de mi obediencia: Y puedes tener por cierto, que procuraré con verás, que te conceda Lucina lo que a los dos os convenga. Pídeme todo el Imperio, como en sus brazos me vea. Todo, invicto Diocleciano, como deseo suceda. Gracias os doy, Señor de Cielo, y tierra, por habernos librado de la guerra de esta idolatra gente, que a tus leyes se muestra inobediente, pues ya parece que halla la esperanza vida en la muerte, en el furor templanza. Gracias os doy, o soberanos Cielos, por los muchos consuelos. que vuestra luz envía, pues nos dais este día, sin dilatar la gloria a la esperanza; vida en la muerte; en el furor templanza. Oh soberanos Cielos, que penas aliviáis, y dais consuelos! Oh Cielos soberanos, si estuvieramos todos tan hermanos, que esta idolatra gente adorara a mi Dios tan solamente. Dadme, Señor, auxilios eficaces; para hacer estas paces; no permitáis que estos tiranos fieros en los Cristianos tiñan sus aceros. Oh Policarpo! . Amigo Marceliano! Tú en este campo? . Túpor este llano? Por divertir memorias de pasadas historias, me salí a esta ribera, de los campos perpetua primavera, y alabando a mi Dios en ella estaba. Yo también le alababa; y me acordé de Tito, y Vespasiano, y del fiero rigor de Domiciano, cuando hicieron, crueles, y tiranos, un estrago tan fiero en los Cristianos, que fueron, con los muertos, y los vivos, mas de seiscientos mil, sin los cautivos. Dale alguna noticia a mi memoria de las reliquias de tan alta historia. Pues si saberla quiere tu cuidado, escúchame, y verás lo que ha pasado. En el año de setenta del Nacimiento de Cristo, fue perseguida la Iglesia por Vespasiano, y por Tito. Y según escribe Eusebio y Paulo Orosió en su libro, el estrago fue el mayor, que humanos ojos han visto. Pues ajustando la cuenta, dicen estos dos, que han sido los muertos seiscientos mil, y noventa mil cautivos Desterraron a San Juan Euangelista al distrito que llaman Isla de Parmos, donde vio aquellos prodigios del Apoca ipsi santo, misteriosos, y divinos. Y en nueve persecuciones que la Iglesia ha padecido, tales fueron los rigores que los Martires invictos han dejado con su ejemplo que venerar a los siglos. En el año de docientos y setenta y ocho he visto, que por permisión de Dios se hicieron tantos martirios, que no es posible explicarlos, pues pone horror el decirlos. Desde este tiempo la Iglesia con tanta paz ha vivido, que ya somos los Cristianos un numero muy crecido. Mas temo nuevos rigores, pues no falta quien ha dicho, que Diocleciano ha de ser el decimo precipicio que ha de padecer la Iglesia, con destrozo de sus hijos. O si permitiese el Cielo, que estos bárbaros nocivos dejasen falsos errores, a la luz restituidos. Temo, amigo Marceliano, que todos nuestros alivios han de venir a tener tristes funebres castigos. Que aunque en Sebastian tenemos para el César un amigo; no sé si podrá vencer el rigor de su destino. Esto siento cuidadoso, esto me tiene afligido, y esto también ocasiona mis lágrimas, y suspiros. Tu relación me ha dejado suspenso, y enternecido, mas será bien que repares, que de tu valor no es digno anticipar sentimientos, aunque son tan bien nacidos. Sentir, padecer, llorar con pecho tan oprimido tormentos que no han llegado, lo tengo por desvarío, pues no se podrá hacer más en habiendo sucedido Y no hay para que temer, pues tenemos por caudillo al ínclito Sebastian, cuya fortaleza, y brío nos sacará victoriosos. de los mayores peligros. Dices bien, quiero animarme, y pedir arrepentido, que nos asista la gracia on del Espíritu divino. Animar quiero a los Fieles a que padezcan por Cristo, pues es de los que le sirven deleitoso Paraíso; todo paz, todo consuelos, todo gusto, todo alivios. Cumplase su voluntad; y si Dios fuere servido, mas que vengan los tormentos del centro de los abismos. Por él perderé la vida. Por él desprecio el peligro, Por él las penas son glorias. Por él es gloria el martirio, pues no hay muerte más dichosa, que padecerla por Cristo. Hoy, Sebastian valeroso, que toda Roma te aclama por Capitán, y Privado de Diocleciano, y sus guardas. Hoy, que llevados del gozo, todos tus amigos tratan, en festejos de esta dicha, vencer los Mayos en galas: Es bien que yo participe, también de glorias tan altas, que aunque de mí te retiras; hoy, siguiendo tus pisadas, vengo a decirte un cuidado, Bella Irene que me mandas? Yo, cual ciega mariposa. en tus luces abrasada, te sigo, volviendo al pecho de la boca las palabras. Mas ya declararte quiero mis fatigas, y mis ansias con una comparación, hija de mis ignorancias, para que compadecido, le des un alivio al alma. No ves aquel arroyuelo, airoso rasgo de plata, que galántea aquel sauce por márgenes de esmeraldas, ya besándole los pies, ya vistiéndole de gala, y que el sauce agradecido sus altos pimpollos baja con rendimiento cortés. hasta la lengua del agua, queriéndole dar los brazos porque le besó las plantas? Pues si un arroyo, y un sance, sin aliento, voz, ni alma, agradecidos, y atentos se corresponden, y pagan: Por qué tú a tantas finezas, y por qué a fatigas tantas, te has de hacer desentendido. con quien te venera esclava? El amor que yo te tengo es puro, casto, y sin manchas, y sin aquellos deseos, que tantos daños nos causan. Solo que me correspondas. pretendo, pues si reparas, entre nobles voluntades, amor con amor se paga. Digo, Irene, que te estimo, desde el día que en la playa te vi honestamente hermosa, tan divina como humana. Allí miré tu her mosura y en tus ojos dos batallas de ejércitos, que fulminan rayos, que dan vida, y matan. Pero más que por hermosa. te quiero por ser Cristiana; y así digo, que te quiero, pero con aquella salva de quererte, por quererte en la forma que Dios manda, porque Irene, mi afición es tan desinreresada, que te quiero sin deseos, y te amo sin esperanzas. Tus lisonjas agradezco, y yo no quiero más paga, ni mejor fortuna, que saber que estoy en tu gracia. De Diocleciano me dicen, que ardiendo en rigores trata de quitar Cristianas vidas con los filos de su espada, y aunque su rigor no temo, ni temo sus amenazas, sé que hay algunos Cristianos, que si tú no los amparas, por miedo de los tormentos, volverán a Dios la espalda. A ti por ilustre, y noble te venera toda Italia, y siempre de Diocleciano has conservado la gracia, Y pues habéis sido amigos, de tal suerte, que se agravian las Griegas demonstraciones, y las finezas Romanas. Su amistad para los Fieles. importará conservarla, que a sombra de tus virtudes, con tu ejemplo, y con tu maña, . Yo tu esclava. A Marco, y Marceliano dejo presos, por ser innumerables los excesos, si al Emperador granje as, saldremos todos con palmas, y tendrán todos los Fieles muy seguras las espaldas. Y así, Sebastian, te pido, que le asistas, y que partas a ser en todo el primero, para vencer la batalla. Aún más que con tu hermosura con tu agrado me avasallas, y quien nació tan divina, sin duda que destinada la tiene Dios para el cielo, pues con fernorosas ansias las almas le solicitas, teniendo tú tantas almas. Y porque no haya quien diga; que questiones de amor blandas nuestro espíritu entorpecen, y nuestra opinión infaman, me partiré a obedecerte, pues es justo lo que mandas. Amparé Dios tus intentos, y te guarde edades largas, para asombro de Géntiles, y gloria de nuestra patria. En bronce imprima tu nombre en sus cuadernos la fama. En mármol escriba el tiempo tus prodigiosas hazañas. Serás firmes . Seré roca: Me ampararás? . Seré palma. A Dios Católico Marte. A Dios Belona Cristiana. Tuya seré hasta la muerte. Tuyo seré hasta las aras. Y a Dios Irene. . Él te guarde. Tu siervo soy. que contra nuestros dioses han obrado. Esto le viene bien a mi cuidado, pues quitando el estorbo del marido, fácil será lo que imposible ha sido. Señor, estos hermanos son los que abrigan más a los Cristianos, y a título de nobles con su espada tienen a toda Roma alborotada. Traédmelos al punto a mi Palacio, que quiero examinarlos muy de espacio, para ver como turban mi sosiego. Yo voy a obedecerte. Vengan luego, y empezando por estos dos hermanos, quiero que mueran todos los Cristianos, pues barvaros, osados, y atrevidos, tienen todos mis dioses ofendidos. Mueran todos, ninguno se reserve, para que mi Corona se conserve, y amigos, y enemigos, ejecutad en todos mis castigos. Por Apolo, y por Júpiter sagrado, que de esta vez he de quedar vengado: y porque todos teman mis rigores, quiero enviar por el Orbe embajadores, que excedan en rigor a los tiranos, dando asombro, y espanto a los Cristianos; y para esto que os mando, contra esa gente publicad un bando, que será de importancia, que a ninguno lo escuse la ignorancia, y publíquese luego, que se ha de ejecutar a sangre, y fuego. Serás, señor, servido, y en todo, como es justo, obedecido. De haberte oído tan absorto quedo, que si digo verdad, estoy con miedo; mas si acaso conmigo te aconsejas, manda, señor, matar todas las viejas, que es una gente tan impertinente, que están dando pesar eternamente, sin acordarse en sus prolijas rinas de lo que ellas se holgaban cuando niñas: pero las mozas no, que si reparas, todas por mozas tienen buenas caras, y en la mesa, y el lecho pueden ser para muchos de provecho: pero las viejas no; y en esto fundo el que de viejas limpies este mundo. Y así te pido con humildes quejas, que mueran solo las. Cristianas viejas. Necios son tus consejos, pues todos anhélamos por ser viejos, y a la vejez se dan veneraciones. Eso se entenderá con los varones. Si adoran a Jesús por Dios, y Hombre, todos han de morir, porque te asombre, que mi furor ardiente. excepción de personas no consiente. A tus plantas, gran señor. A tus pies, invicto Marte. Están Marco, y Marceliano. Y si gustas de escucharme, aquí, en presencia de todos, procuraré declararte la falsedad de tus dioses con evidentes señales. Pues vosotros con mis dioses; os mostráis tan arrogantes, que estando yo en su defensa los queréis hacer ultrajes? Es bueno, que por un Dios herido por tantas partes, queréis despreciar los míos con opiniones errantes? Es bueno, siendo tan nobles, con desprecios pertinaces, desechéis por solo un Dios tantos Dioses inmortales? Pues los habéis de adorar, o con rigor lamentable haré, que en pública plaza vuestra sangre se derrame. Si imaginas, Diocleciano, que tu poder es bastante para que yo retroceda de ser Cristiano, es cansarte, que a Dios Trino, y Uno adoro, con Fe tan incontrastable, que por verdadero, y solo le adoraré aunque me mates. Pues yo te digo lo mismo, y si quieres castigarme, por ver si hay flaqueza en mí, inventa nuevas crueldades, y forja nuevos tormentos, que todos serán en balde. Ponme en el Diciembre frío en el más helado estanque. Ponme cargado de hierro en la más oscura cárcel. Sepúltame en un abismo, donde fallezca de hambre. Que todos estos rigores. Que todos estos pesares. Nunca me verán rendido. Nunca podrán sujetarme. Ni harán, que yo no publique. Ni harán, que yo no declare. Que tus idolos son falsos. Y mi Dios es inefable. Pues como dan a mis dioses adoración en altares tanta multitud de pueblos, de gentes tantos millares, y a vuestro Dios solamente unos pobres mendigantes, y un número tan pequeño, que no es centésima parte? Porque siempre son los malos muchos más en todas partes. Mira el ejemplo en la tierra, y en sus plantas desiguales, pues para una planta buena infinitas malas nacen. Mira entre el pesar, y el gusto el número de los males, y hallarás para un contento infinitos los pesares. Y siempre fue perseguida nuestra Iglesia Militante; pero aunque somos tan pocos, por los continuos combates de tantas persecuciones, a pesar de tus deidades, tiempo vendrá en que los Fieles, en numero incomparable, a los idolatras ciegos, y crueles aventajen. Los dioses, que yo venero son de preciosos metales, pero el vuestro en un madero tiene de humano señales. De divino se hizo humano, porque importó el humanarse, para reparar las quiebras de nuestros primeros Padres. Y aunque nuestra Redención pudo por medio de un Ángel hacerse, no quiso Dios, sino que se ejecutasen en la segunda Persona sus decretos celestiales; y así murió en una Cruz, que para más obligarme, quiso que me redimiese su preciosísima sangre. En cuanto dices te engañas, cansado estoy de escucharte: y así, Cromancio, te mando, que los pongas en la cárcel. Esto a mi Imperio conviene; y haced luego, que el Alcaide los meta en un calabozo, donde ninguno los hable. Vengan todos los tormentos. Vengan todos los ultrajes. Que puede inventar la ira. Y las furias infernales. Que siempre he de ser quien fui. Siempre he de estar tan constante, como roca combatida de los salobres cristales. La muerte mi Dios deseo por servirte, y adorarte. Mi Dios; en tu amor confío, y espero de tus piedades, que nos has de dar valor, con auxilios eficaces, para salir victoriosos de tantas adversidades. Pues de tan falsos intentos en los dos he de vengarme con tormentos tan crueles, que se estremezcan los valles. Harto piadoso andarás si no lo haces al instante.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Estos dos Emperadores, que a la ira rigurosa los incita, y los promueve el furos, y la discordia, han promulgado una ley tan horrible; y espantosa contra todos los Cristianos, que sus cláusulas asombran, y por toda la Ciudad, para que sea notoria, han hecho que se publique con solemnidad, y pompa, y que se ponga en carteles. en las esquinas de Roma. Sus Ministros por las calles, sedientos sus cuellos cortan, con tanto rigor, que al Tiber; bañado en purpúrea rosa, un mar Bermejo parece con sus espumosas ondas. Que se publique han mandado, el bando por toda Europa, sin dejar Ciudad, ni pueblo en las tierras más remotas. Y yo viendo, Sebastian; lo que estás nubes importan, te las vengo a referir, aunque tú no las ignoras, pues eres de Diocleciano amigo, guarda, y custodia: Pero como tú has de ser en todas nuestras congojas, serenando tempestades, el iris, arco; y paloma, me vengo a buscar consuelo al ámparo de tu sombra. Ay Irenel desde hoy todas mis penas se doblan, pues indignados los Cielos, parece que se alborotan, amenazando a los Fieles con lágrimas, y congojas. De Diocleciano la saña ha sido siempre notoria, y nunca de sus rigores pudo esperarse otra cosa. Más causa, culpas mayores las iras de Dios provocan; y porque sepáis la causa, escuchad, si la memoria, al repetir sus pesares, en el pecho no se ahoga. Ocho lustros han pasado. después de la riguiosa. persecución de Aureliano, a los Fieles tan costosa; que con diluvios de sangre bañaron a toda Europa. Diez años duró el rigor, y treinta anos ha que gozan gustosa paz los Cristianos; mas lo que a mí me congoja, es, el verque nos resulta de tanta paz la discordia; pues de estas prosperidades nuestras culpas le provocan, entregándonos al vicio de la vida licenciosa, con escándalos, con iras, con torpezas, con discordias, y con públicos pecados, que es lo que a Dios más enoja. Y de esto vengo a inferir, que los castigos que brotan las iras de Diocleciano, salen de la paz gustosa, que hemos gozado treinta años, sin disgusto, ni zozobra. Y pues son tantas las culpas, paréceme a mí que importa, que el Cielo tome el azoré, para que el mundo conozca, que a no ser suyo el castigo, no bastaran alevosas. mañas, ni todo el poder de los Césares de Roma. Y no me admiro, que viendo culpas tan escandalosas, el Cielo désate rayos de su esfera luminosa. No son, no, de Diocleciano estas penas, ni estas obras, que a no venir de otra mano, no pudieran por si solas, por más que el cielo las mueva, mostrarse tan rigurosas. Y así digo, que desde hoy mi espíritu se acomoda a dar la vida por Cristo, despreciando humanas pompas. Que pues Marco, y Marceliano tan valerosos se arrojan a dispurar con el César, bien será que a mí me oiga. Sepa el mundo, y Diocleciano, que soy Capitán de toda la cuadrilla de los Fieles, que a Dios Trino, y Uno adoran. Si con recato he vivido, sin declararme hasta ahora, hoy quiero sacar la cara, porque conozca que importa, que si me quitan la vida, que es la joya más preciosa, pensaré ganar con ella una eternidad de glorias. Sebastián, yo te confieso, que a lástima me provoca el mirar tan irritada de Dios la mano piadosa. Sus iras, y sus rigores son los que a mí me congojan, que no los de Diocleciano, porque sus fuerzas son pocas. Mas si sabemos que Dios siempre nuestro daño estorba, no me quiero persuadir a que su misericordia en una causa que es suya nos cierre las puertas todas. Hoy pienso decir al César, que la defensa me toca de la Iglesia Militante, y que yo con mi persona defenderé, que mi ley es la verdadera, y sola, y que aunque désate rayos de fuego en ardientes hombas, no me ha de poder vencer, ni ganará esta victoria. Jnvencible Capitán, en tus pies pongo mi boca, por el valor que públicas, que es tu virtud tan heroica, que aún con las palabras más ejerces que con las obras. Nuestro será el vencimiento, que aunque a su Imperio se postran las más rebeldes naciones, mi Femonta más que todas. Y porque nuestras finezas se logren, y se conozcan, busquemos a los Cristianos, y hagamos que se recojan. Antes que bostece risas por esos campos la Aurora, los tengo de prevenir, porque en obras generosas ejérciten sus virtudes, y ocupen todas las horas. Pues yo te ofrezco mi ayuda, aunque mis fuerzas son cortas, y para algunos socorros quiero entregarte mis joyas, y vivirme retirada en una rústica choza. Oh valerosa mujer, de este Horizonte Belona, mas casta que las Lucrecias, y más fuerte que las Porcias! Ejemplo, espejo, y dechado. de las Romanas Matronas, Dios te pague esa fineza. con caridad tan copiosa, que tengas ciento por uno en los grados de su gloria. La defensa de los Fieles alos dos juntos nos toca, y no dudo con tu lado. el salir con mil victorias. Hoy, aunque arriesgue la vida; tengo de asombrar a Roma. Eterno será tu nombre con hazaña tan heroica. En tu casa, y como ves, me obligan, gran Diocleciano, un esposo; y un hermano, a que te bese los pies. Bien infiero de tu llanto, en lo triste, y congojoso, que el abogar por tu esposo te pudo obligara tanto: Porque ha sido tu rigor tan cruel en esta, parte, que me admiro de mirarte. No puedo más, gran señor, que soy mujer principal, y a mujeres de mi fama. las ofendo, y las infama la Majestad más Real. A Marco, y a Marceliano por Cristianos tienes presos; y aunque son estos excesos dignos de rigor tirano, hoy a suplicarte vengo, que a los dos des libertad, con generosa piedad, si tanta ventura tengo. Pues me dicen, que cruel te muestras contra mi esposo, conociendo, que es forzoso, que yo te ruegue por él. En una estrecha prisión los tienes tan apretados, que están los dos separados, y sin comunicación. Mírame compadecido, procede como quien eres, si no por lo que me quieres, sea porque me has querido. . Suspende el llanto, tirana, y no me llores, Lucina, que te idolatro divina, y no quiero verte humana. Y quiero hacerte saber, que estimo, sin ser piadoso, los errores de tu esposo, porque me vengas a ver. Y si mi vida en tu mano está, desde que te amé, cómo negarte podré la vida de Marcellano? Mas si olvidando el rigor concedo lo que me pides, no será razón que olvides lo que debes a mi amor. Mejora pues, mi fortuna, cese el rigor, baste ya, que a quien dos vidas te da, bien será que le dos una. Mira que por ti, piadoso, dejo de ser homicida. Sin honra no quiero vida, ni tampoco quiero esposo, con precio de tal valor, pues una mujer casada, es mejor morir de honrada, que vivir con deshonor. Eremiar puedes mis desvelos, pues ves, Lucina querida, que tengo de dar la vida a quien me mata de celos. Tan agradecida quedo a la dicha de mi suerte, que si pudiera quererte, te quiviera, mas no puedo. Repara en lo que te adoro, y deja el necio rigor. No puede pasar mi honor las líneas de mi decoro; y deja de pretender, porque se ha hecho en mi entereza el honor naturaleza, y no te puedo querer. No ves, Lucina, no ves, que revienta mi tormento, por romper leyes de atento, olvidando lo cortés? En las conquistas de amor no fuerza quien quiere bien, y daré voces. . A quién, di, las has de dar? qué error! pues en pretensiones mías, teniendo tu conveniencias, son necias las resistencias, después de tantas porfías. Y de un Rey en la presencia, si le esfuerza su apetito, siempre fue mayor delito el hacerle resistencía. s. Mire V Majestad, que es Marceliano mi esposo. Ya lo sé; pero es forzoso obrar con temeridad. Por Júpiter, que me dejes. De los Dioses el poder no te podrá defender, aunque más, y más te quejes, Pues hoy tu daga acerada te ha de dar a conocer, que soy yo mucha mujer, para quererme forzada. Y pues te trocó la suerte, antes de vermerendida, con esta que me dio vida te tengo de darla muerte. Aquí se siente el rumor, Qué es esto, gran Diocleciano? tu con la daga en la mano? y vos turbado, señor? Dame esa daga, y tomad vos vuestro acero bruñido, y decid, de que ha nacido tan loca temeridad? Esta bárbara atrevida, a quien, como sabes, quiero, porque por ella me muero, me quiso quitar la vida. Quise con estrechos lazos mejorar mi amarga suerte, y por eso a darme muerte se ha venido hasta mis brazos. Y es loca temeridad, y obstinada rebeldía, que tenga tanta osadía quién viene a pedir piedad. Aunque la culpáis de necia, cuerda su defensa ha sido. Yo mataré a su marido, pues que por él me desprecia. Yo me quiero declarar CR desde ahora con los dos, que pues es causa de Dios, en todo me ha de ayudar. Desde hoy tendrás entendido, invicto, y gran Diocleciano, que siempre he sido Cristiano, y que estimo haberlo sido. mas que el Imperio Romano. Con arte, maña, y desvelo te serví disimulado; pero ya desengañado quiero dar voces al Cielo, para enmendar lo callado, Conociendo tu rigor, esforzaba cauteloso de los Fieles el temor, por ampararlos mejor, sin hacerme sospechoso. Pero ahora advierte, y mira, y tú Lucina también, que son dioses de mentira todos los dioses por quien contra mi Dios tenéis ira. Porque fueron tan perdidos, tan tiranos, y traidores, i que de esto os doy por testigos a todos vuestros amigos, ya vuestros Historiadores. Qué es esto? como atrevido, con proposiciones necias, teniéndote por amigo, todos mis dioses desprecias con palabras de enemigo? No ves que soy Diocleciano, Emperador sin segundo, y que se rinde a mi mano todo lo más soberano, y cuanto atesora el mundo? Pues cómo, di, desleal, contra mí la lengua mueves con proposiciones leves, si a mi Corona Imperial todo el ser que tienes debes? Cómo olvidas por un Dios las leyes de Caballero, siendo tan unos los dos? Porque mi Dios es primero, y después, Señor, sois vos. Falsamente idolatráis a Júpiter, y a Neptuno, que mi Dios es Trino, y Uno, y esos dioses que adoráis no fueron dioses ninguno. Y aunque el riesgo considero, hoy con palabras sucintas advertir a todos quiero, que hay solo un Dios verdadero con tres Personas distintas. Un Dios solamente es dueño de uno, y otro polo. Si son tres, como uno solo? y uno cómo, si son tres? Ese Senor de los Cielos, y de la naturaleza, envebido en su entereza, sin afán, y sin desvelos, quiso formar su grandeza; y disponiéndolo todo de manera que a su modo proceda, entre si se enlaza, e inseparable se abraza; comprendiéndose en si todo, en tres Personas iguales: (oh dicha de los mortales! que admiran al Sera fin, sin principio celestiales, y celestiales sin fin. Y este misterioso abismo, solo con la Fese entiende, y la Felo comprende, pues procede de sí mismo, y de sí mismo depende. No será de hombres prudentes el vencerse, cuando niegas tantos dioses eminentes con razones aparentes, y con sofísticas pruebas. Mis dioses has de adorar, o por Júpiter sagrado, que porque fuiste soldado tengo de hacerte flechar de pies, y manos atado. Pero qué digo? los dos no somos amigos, di? no eres mi privado? sí; pues como por ese Dios me quieres dejara mí? Ingrato, y vil Caballero, tú me niegas, y me dejas? si eres conmigo el primero, y sabes lo que te quiero, como ocasionas mis quejas? Si tu pasión se destierra, hallarás, que mi desvelo no te deja en paz, ni en guerra por ningún Rey de la tierra, sino por el Rey del Cielo. Cuando informas a mi oído, me dice por conclusión, que estás falto de sentido, de discurso, y de razón; y pues estoy ofendido, hoy, con trágico tormento, pagarás tu atrevimiento con una pena tan fuerte, que venga a servir tu muerte de general escarmiento, Nueva causa mi despecho, con más llamas que un volcán, me está diciendo en el pecho, que abogue por Sobastian por los bienes que me ha hecho. Que aunque la ley que profesa es tan contraria a la mía, M abogar por él quería, porque embarazó la empresa de una injusta tiranía. Aunque con injurias tantas pudiera hablarte medrosa; por ser la causa piadosa, pido, postrada a tus plantas, una merced, gran señor. No mandes, que del amor que idolatra tu hermosura, desista, y pide segura el imposible mayor. La vida de Sebastian te pido; y que te reposes en tan repetido afán, que si ha ofendido a los dioses ellos lo castigarán. Tuya es su vida, y la mía, porque para castigar tan injusta tiranía, por matarle cada día vivo le quiero dejar. Tú, bellísima homicida, restituyeme la vida, pues en todo te obedezco, si no por lo que merezco, siquiera de agradecida. Que tú me tengas amor agradezco como es justo, pero en tocando en mi honor, no basta. César Augusto, ser del mundo Emperador. Que si el mismo Apolo fuera, y yo una humilde ramera, y él me adorara gentil, como al esclavo más vil lo tratara, y despidiera. No seas tan rigurosa, pues el mundo, cuando vea que quisiste ser piadosa, viendo que eres tan hermosa, no dirá que es cosa fea. Por mi esposo, y por mis daños no lograrás tus desvelos, si vives más de mil años. Si son infierno los celos, que serán los desengaños? Veneno me dio tu amor, pues que de mí vivo ajeno, y no seré yo en rigor el primer Emperador que habrá muerto con veneno. Pues no pienses, que es porfía la defensa de mi honor, que darte a entender querría, que estimo más tu valor, que tu excelsa Monarquía. Que en una ilustre mujer no valen, porque te asombres, perlas, plata, ni el poder de todos juntos los hombres, si dice, que no ha de ser. Y esto te doy por respuesta, e sin mudar de parecer. Pues si la vida me cuesta, te procuraré vencer, por ver fi eres tan honesta: Y tú, Sebastian; también; si no enmiendas tus errores, has de probar mis rigores. Padecer por Dios es bien, el mayor de los Señores. Pues desprecias mi grandeza, yo te pondré en tal bajeza, que quedes desconocido. El verme tan abatido será lauro en mi cabeza. Pues si es tanto tu valor, vive Apolo soberano, que has de probar mi rigor. Yo te quiero bien, señor, y te quisiera Cristiano. Y pues que tú me has querido, y siempre me has estimado; y los dos hemos vivido, yo de ti favorecido, y tú de mi bien pagado; te quisiera suplicar; pues en todo vas errado, que dejes de idolatrar de Cristo crucificado. Esas razones limita, que tú venenoso labio en vano me solicita; y tan repetido agravio a nuevo furor me incita, y no sé como mi acero no te mata. . La partida preben, y advertirte quiero, que no daré por tu vida, Sebastian, ningún dinero. Yo con riguroso estrago, severidad, y denuedo, veré si vencerte puedo, ya que no con el hálago, con los horrores del miedo. Yo por la Fe esclarecida, contento daré la vida, del valor haciendo alarde, pues no hay cosa en esta vida, que me pueda hacer cobarde. En dos hijos un consuelo el cielo no me dejó, antes en los dos me dio dos mil pesares el cielo. Senti con dolor prolijo el no tener sucesión, y hoy diera mi corazón, por no tener ningún hijo. En los hombres principales los hijos, si no hay caudal, no tenerlos es un mal, y el tenerlos muchos males. Con mis padres, suerte escasa! fui malo, y de aquí colijo, que ha de tener el mal hijo malos hijos, si se casa. A verlos en la prisión vengo, aunque en ella me quede, por si persuadirlos puede la fuerza de mi razón. Padre? . Padre? No llaméis padre a quien su ser perdió, que no sois mis hijos, no, pues que no me parecéis. Vengo con justa razón corrido, y avergonzado de que hubiese yo engendrado hijos que tan malos son. Vuestra madre, que en lo bello al Sol le preñó linduras, hoy rompe sus vestiduras, y esparce al aire el cabello; Y ha cubierto su cabeza de ceniza, y desconsuelo, de lágrimas riega el suelo, puebla el viento de tristeza. sino dejáis ese Dios, que os tiene desalumbrados, los padres más desdichados auemos de ser los dos Vuestros hijos la bajeza, y escoria de la Ciudad serán, y la autoridad perderán de su nobleza. Hijos de mi corazón . única esperanza mía, mi consuelo, mi alegría, timbres de mi sucesión: Consuelos de mi anhelar, y ocasión de mis enojos, si sois la luz de mis ojos, porqué los queréis cegar? Quitad, quitadme la vida, suprimid mi corazón, para que anegado en penas el aliento de invvocA el birmento que le oprime la aparte de la razón. Que yo no quiero vivir adonde mi gundonor me está taladrando el pecho con tan penetrante arpón. Suspended, señor, el llanto. Mitigad, padre, el dolor. Padre mío, vuestra sangre es la mía; pero yo, como quien sois no seré, si no sois como quien soy. Serviros, y obedeceros deudas legitimas son en todo lo que no fuere dejar de adorara Dios. Marceliano de mi vida, esposo, dueño, y señor, por quien vivo; y por quien muere y en quien idolatro yo: Vos puesto en pública cárcel? vos en estrecha prisión? vos condenado a morir? vos, infamando el honor, le quitáis a nuestros dioses la debida adoración? Desde aquí quiero escuchar lo que pasa en la prisión con Tranquilino, y Lucina, que sospecho que los dos han entrado a disuadir con las canas, y el amor a Marco, y a Marceliano a que den adoración a sus fementidos dioses, dejando al Supremo Dios. Marceliano, como olvidas. a quien el alma tedió? Yo olvidarte? no es posible, que estás en mi corazón tan asida, que aunque muera no podré olvidarte yo Hijos míos, si mi llanto no os obliga; y mi dolor. haced cuenta que mi vida . en mi llanto se auegó, ojos, sed desde hoy arroyos, y con desatado humor, con el raudal de mi llanto anegad mi corazón. Mirad, hijos, que os lo ruega el padre que os engendró. No llores, bella Lucina. Suspende el llanto, señor. Quién pierde lo que yo pierde ha de llorar como yo. Reparad en que pasados los treinta días que os dio el César para tomar en ellos resolución, si no adoráis nuestros dioses habéis de morir los dos. Cuanto obliga, y cuanto fuerza una amorosa pasión! grande superioridad tiene el imperio de amor. No sé como no obedezco al padre que me crió. Para que quiero la vida, sin ti morir es mejor. No llores, bella Lucina, que es mucha demonstración el llorarme antes de muerto, cuando en ti viviendo estoy. Vuelve a serenar el Cielo, que tu llanto escureció, vuelve, y deja esa fatiga, que me hiere el corazón. Que he de volver, si no puede reducirte mi dolor? (pero pues que no aprovechan . los hálagos de mi voz, quiero ver si con rigores algo más dichosa soy. Tu ingratitud, Marceliano, y mi desestimación, han de hacer que el alma emprenda lo que nunca hacer pensó.) Bien sabes, que Diocleciano galán me solicitó con tan ardientes cariños, que solo mi pundonor pudo despreciar finezas de quien se ve Emperador. Pero pues tus rebeldías muestran tanta obstinación, tengo de darle, si mueres, en mis brazos posesión: Y también he de vengarme en la infeliz sucesión del recien nacido infante, que tan mal padre engendró; porque no queden reliquias de un ingrato, y de un traidor. Tu entregarte a Diocleciano, que es mi enemigo mayor, y tu matar aquel Ángel inocente? No sé yo como defenderme pueda de tan fuerte torcedor. Cuatro contrarios me cercan, y de mayor excepción, que me persuaden crueles a que atropelle con Dios. A mi padre debo el ser, a mi esposa tengo amor, y los hijos son de un padre pedazos del corazón. Pues de estos tres me librara, pero de los celos no; que el Espíritu Divino, con acuerdo superior, con las penas del infierno a los celos comparó. q Hacen, hijos lo que os mando siquiera de compasión No puedo los naturales impulsos vencerlos yo, y más cuando se atropellan vida, padre, y el honor. ̱. Digo, Lucina, que ya rendido a tu gusto estoy. pues mejor que tus halagos me ha vencido tu rigor. Qué es esto? válgame el cielo! cuanto habéis dicho los dos, Dios por su misericordia, que lo hoy ese permitio. Que fantásticos engaños, que delirio, o qué furor al centro de los abismos ciegos os precipitó? Como quebrantáis así la ley del Supremo Autor, muriendo por darnos vida con su muerte, y su pasión? Por humanas atenciones habéis de negar adios? ni por unas pompas vanas, que perecederas son, queréis dejarlas que tienen perpetua su duración? por miedo de los tormentos, y trabajos, queréis hoy estragar tanta fineza, deslustrar tanto valor? Oye, Señor, mis palabras, oye, y dime, Eterno Dios, para que mejor me oigan, lo que he de decirles yo. Dilata mi entendimiento, para que allá en lo interior de sus corazones selle lo que les esté mejor. Vos, Soberana María, que en la celestial Región abogáis por vuestros siervos, sed en nuestra protección. Sebastian, abre ese libro, verás en cada rengión de mi Señora prodigios, todos en tu pretensión. Oh celestial Paraninfo, que con tanta admiración en este libro me enseñas lo que ha de ilustrar mi voz, y dejándole en mis manos, así te partes veloz! Oh soberana grandeza de la Majestad de un Dios, que alumbra mis ignorancias, conociendo lo que soy! Y pues viene a tan buen tiempo, quiero lograr la ocasión: Ea, valientes hermanos, aquí de vuestro valor, que aunque a Dios habéis negado, os está llamando Dios. Qué pensáis, qué es este mundo? es una respiración, que apenas tiene principio, cuando tiene fin veloz. Y es una torre de viento, como aquella de Nembror, que con variedad de lenguas todo es caos de confusión. Al Príncipe, y al Monarca, al Rey, y al Emperador, si les falta el ser Cristianos, esclavos míseros son. Marco Antonio, Julio César, Eliógabalo, y Nerón, tizones son del infierno, que sirviendo de carbón, le dan ardiente materia a su fuego abrasador. El Espíritu Divino en los Proverbios mostró en unas tiernas palabras estas que a deciros voy. Hijos míos, no temáis, ni queráis sacudir, no, los desprecios, y tormentos, disciplina, y corrección. Estimadlos por favores, que os hago saber, que Dios acrisola con trabajos a los que más esti mó. En un Evangelio dice Cristo nuestro Redentor: Al que en presencia del hombre me negare por temor, en presencia de mi Padre le tengo de neganyo. Temed, pues, esta amenaza, pues no puede ser mayor. Mirad soldados valientes, que vuestras mujeres son los lazos con que el demonio pretende lígaros hoy. Mirad, que son las mujeres toda nuestra perdición, huya de ellas quien quisiere. tratar de agradar aDios. Pero qué rayos son estos? como con tanto explendor comunicáis vuestras luces, a quien no merecedor se juzga de ellas, Dios mío? Pero decidme, Señor, no nos perdonaréis? . Sí. No estáis enojado? . No; que se desenoja el Cielo, Sebastian, por tu ocasión. Y yo de ver tus finezas tan agradecido estoy, que vengo desde los Cielos a darte satisfacción, que tu semper me cúmerís, que habemos de estar los dos, tú siempre unido conmigo, y contigo siempre yo. Y en senal de esta verdad osculo de paz te doy, y aunque me voy no me aparto, que me quedo aunque me voy. Señor, divino Jesús, no me dejes; pero no, que es afrenta de tus luces el estardonde yo estoy. No te desvíes, Dios mío, aunque me desvío yo, porque solo con tu sombra podré salir vencedor. Quién, mirando estos prodigios no confesará, que sois el que nos ha redimido, y el que todo lo crió? Quién habrá que a tantas luces no te confiese, Señor, con tan claros desengaños, por el verdadero Dios? Reconocido te pido de mis culpas el perdón. Y yo también me retracto de tan sacrílego error. Un impulso soberano ha herido mi corazón, y me alienta que publique, que Cristo es Supremo Dios. Sebastian, desde este día seré sombra de tu Sol, y como imán de tu Norte te seguiré desde hoy. Cielos dininos, qué es esto? es sueño, o es ilusión! pero no engaña la vista, ni puede mentir la voz. En consonancias acordes, que elevan con suspensión, un paraiso es la cárcel. Nicostrato, con rigor os castigarán los Cielos, si no confesáis, que son falsos todos vuestros dioses; pues estos prodigios hoy obran, porque conozcáis al que es verdadero Dios, y cuanto me habéis oído. un Ángelme lo dictó. Mas que mujer es aquella, que con muestra de dolor hace señas con las manos, sin pronunciar la razón? Esta as Coc mi mujer, que muda al mundo salió, y a la luz de estos portentos. sale con admiración. Permite, Señor Divino, por crédito de tu amor, que se désate la lengua de Coe, porque veloz, hasta los mudos publiquen tus prodigios como son. Dios mío, tu nombre invoco. con la primera razón que mis labios articulan, y confesaré desde hoy, que solo a tu omnipotencia se le debe adoración. Muda, Señor, he vivido, lega, que es lo peor, mas vuestra misericordia todo junto me lo dio, alumbrando mis errores, y organizando mi voz. Y tú, Sebastian, por quien me comunica el Señor la luz al entendimiento, y al discurso la razón: Bienaventurado seas, felicísimo Varón, y dichosas las palabras, que tu labio pronunció. Y mil veces venturoso quien da crédito a tu voz, y pues tienes tanta parte en esto, gracias te doy. Solo a Dios se deben dar, que de todo es el Autor. Esposa del alma mía, prenda de mi corazón, pues que tu lengua, y tus labios los vivos testigos son de la luz, y el desengaño, digo que también me voy a alistar en la bandera de Cristo supremo Dios. Hoy a todos los Cristianos sacaré de la prisión, franqueándoles las puertas, que pues yo su Alcaide soy, y Dios me ha sacado a mí del abismo de mi error, justo será que por él haga esta demonstración, y venga lo que viniere, que para todo hay valor. Yo no pretendo salir, morir quiero en la prisión. El Morir por JesuCristo es lo que anhelando estoy. Yo también quiero morir en su sacra Religión. Y yo quiero ser Cristiana, y moriré desde hoy por la Fe de JesuCristo, sumo, y verdadero Dios. Sebastian eres mi amigo? Siempre lo he sido, y lo soy. Y sabes que de este Imperio, uno, y otro Emperador me tienen dadas sus veces, con tan plena comisión, que los dos sin mi no mandan, y yo mando sin los dos? Todo lo sé, pues te vemos Gobernador, y Pretor. Y sabes que mis tesoros de tanto numero son, que me tributan los campos tanto arrollado vellón, y tanta copia de granos en uno, y otro montón, que podré recompensarte esto que a pedirte voy? Declárate más, y pide, que pendiente de tu voz, aguardo lo que me mandas; y pide sin turbación, que pedir el hombre al hombre, alcanza tanto con Dios, que solo por la vergüenza suele dar el galardón. Pues lo que te pido es, que te mueva a compasión el verme sobre estos palos, taladrado del dolor, desplomado todo el cuerpo, los miembros con desunión, las manos entumecidas, los pies sin brío, y valor, con dolores tan internos, y con rabia tan atroz, Ma que el tormento del infierno será, sin duda, menor. No me sirven mis tesoros, pues veo (mísero yo) que con ser muy poderoso, poco poderoso soy, pues con dilatada muerte, los Fisicos que más son, por hacer menor mi pena, hacen mi pena mayor. Tú, que con virtud secreta de algún Astro superior obras tantas maravillas, que causan admiración; compadécete de mí, pues que me miras que estoy con los mayores dolores, que la fatiga inventó. Pues yo a curarte me atrevo, mas con una condición, que has de dejar desde agora esos Dioses que tu error ha seguido ciegamente, dándoles adoración, y confesar que Jesús solo es verdadero Dios. Aunque es mucho lo que pides, resuelto en hacerlo estoy. Pues los idolos que adoras me has de dar sin dilación, y no reserves ninguno, que quiero con ellos hoy dar materia ardiente en llamas. al brasero de Plutón. Pues toma luego esta llave, porque lo creas mejor, debajo de cuyas guardas. hallarás el escuadrón de los idolos que tengo. Pues si no miente tu voz, luego te verás curado en el hombre del Senog. Y yo en el nombre del Padre, y del Hijo Redempror; y del Espíritu Santo, que son todos tres un Dios, pido a Dios que te mejore con su santa bendición; Cómo te sientes Cromancio? Tan indolorido estoy, que cuando pensé estar sano, me siento mucho peor, pues me falta la esperanza. Pues Cromancio una de dos, o tu algún idolo encubres, o es falsa tu conversión: Juez de esta causa te hago, saca tú la conclusión; porque Dios no puede ser engañado, que veloz, los corazones penerra, y el pensamiento menor: Y es tan segura mi Fe, y en ella tan firme estoy, que cuanto pido con ella me está concediendo Dios. Sebastian perdón te pido, no me niegues el perdón, pues cuando pense engañarte, soy el engañado yo. Un idolo reserve, de inestimable valor, que vaticina las causas que más escondidas son. En él se miran gravadas, con arte, industria, y primor, un vulgo hermoso de estrellas, cuyo dorado esplendor pública las influencias del Cielo, Luna, y el Sol. Y está con tal artificio; que desde aquel mirados esas campañas registra, Fiscal, y Legislador de los Astros, y Planetas del luminoso Farol. Pues consultale tus males, y conocerás que son mentirosas apariencias cuantas pública. . Desde hoy no quiero oír sus palabras, pues tan infructuosas son: En ti, Sobastian, he visto tus obras con tal primor, que vengo determinado en seguir tu vocación: Pero yo no entregare el idolo, sin que con alguna seguridad asegures mi temor. Tu empeñado has de quedar, en que dándote a Phitón, he de quedar bien curado; y de esto ha de ser fiador Policarpo; mira tú si admites la condición, porque admitiéndola, a entrambos entregaré, sin temor, el idolo, hacienda, y vida, y todo mi corazón: Pero si no se mejora este congojoso ardor, y segunda vez burlado, me quedo con mi dolor, en venganza de mi ofensa habéis de morir los dos en las manos de un verdugo. Digo, que palabra doy de que perderé la vida, y que Policarpo, y yo quedaremos obligados a darte satisfacción. Pues desde luego lo entrego. Pues hoy, sin más dilación, en nombre de JesuCristo, con esa resignación; sano; y bueno has de quedar firme adorando a mi Dios. Señor, grande es la esperanza que tengo de vuestro amor, vuestro es el empeño mío, pues yo me empeño por vos. Con humildad, y Fe viva atiende a mi exortación; digo, en el nombre del Padre, que de todo es Criador: Y en el nombre de su Hijo, que a todos nos redimió, y del Espíritu Santo, que procede de los dos, y son los tres una Esencia, con tres Personas, y un Dios: Requiero, por la virtud que tiene esta bendición; que te dejen los dolores. libre, y sano, y tan veloz, que con la salud del alma quede el cuerpo sinJesión. Sigue a Sebastian Cromancio, que es de mi Fe defensor, y su voz es mi palabra, y su palabra es mi voz. Ya del mar de mis tormentas la tempestad se acabó: cuando merecí, Dios mío, tan desusado favor? Muy poco, Señor, muy poco debéis a mi conversión, pues a fuerza de milagros conquistáis mi obstinación. Pero ya reconocido, tan vuestro seré desde hoy, que mi vida, y cuanto tengo, sacrificaré por vos. Por tan inmensos favores, alto, y soberano Dios, si yo puedo daros algo, las gracias, Señor, os doy. De tus poderosas manos cal, como pecador, pero para levantarme también poderosas son. Tiernas lágrimas que nazcan del centro del corazón me concede, perdonando de mis culpas el error. Los miedos, Señor, aparta, y en este mi pecho pon aquel espíritu ardiente de tu auxilio superior. Por ti daré yo mil vidas. Por ti es gustoso el rigor. Por ti no temo la muerte. Por ti al tormento me voy. Por ti las penas son glorias. Por ti vivo, y muero yo. Por ti desde hoy me dedico a padecer muerte atroz. Yo por ti daré mil vezas. alma, vida, y corazón.
JORNADA TERCERA
Bien te acuerdas, Monarca soberano, que llevamos a Marco, y Marceliano, con orden tuya, presos, por los delitos que hay en sus proceños; y que les diste con entrañas pías, para enmendar sus hierros, treinta días; pues atiendo, y verás lo que ha pasado, que yo lo vi en la cárcel retirado. Entro su padre con Lucina hermosa, y él con imperio, y ella cariñosa, les rogaron que dejen sus extremos, y que adoren los Dioses que tenemos. Y a lo que todos dicen, y yo pienso, estaban ya para ofrecer incienso: Cuando llegando Sebastian con llanto, a todos los conulerte como un Santo: Y haciendo con primores, que el Cielo se désate en resplandores, la cárcel vimos tan hermosa, y bella, que parece que el Cielo estaba en ella. Todos cuantos le oyeron, unanimes, señor, se convirtieron, y sin temer las penas del tormento, tras Sobastian se van de ciento enciento: Que a todos los que oyeron sus razones Sebastian penetro los corazones; busca señor un medio, que ponga en tantos daños el remedio: Qué temo, según es, que con sus manos a ti, y a mi nos volvera Cristianos; pero él se viene aquí muy mesurado, y contará mejor lo que ha pasado. A tus plantas, gran señor, postrado estoy, y obediente, con deseo de servirte en todo lo que no fuere dejar de adorar aDios Trino, y Uno eternamente. Es posible, Sebastian, que tu atrevimiento llegue a tanto, que por tu causa tanta multitud de plebe se levante, y que me sean los más amigos rebeldes? Tú, siendo mi Capitán, contra mi levantas gente, acaudillando Cristianos, que mis Dioses atropellen? Tú, que del mejor oficio eres dueño indignamente, con sacrílegos errores me desprecias tan aleve? Ingrato, y vil Caballero, tú me niegas, y me ofendes, cuando sabes de mi pecho lo que te he querido siempre? Ta te opones a mis Dioses, tú me niegas, y me ofendes, cuando sabes de mi pecho lo que te he querido siempre? Tú te opones a mis dioses, y tu contra mí te atreves, cuando conoces que el mundo me venera, tiembla, y teme? no sé cómo no te mató! Cesen, Diocleciano, cesen esas furias que te irritan, que quiero satisfacerte. Ya tus disculpas deseo, porque te estimo desuerte, que por si puedo ganarte, aventuraré el perderme. Pues oye, que a tu respeto mis evidencias se atreven: Dime, señor, no fue Venus la diosa de los delvites carnales, lasciva, incasta, a quien ingeniosamente, adulterina con Marte, Bulcano cogio en sus redes? Y Marte no es aquel hombre sangriento, cruel, rebelde, vengativo; fiero airado, todo guerras, todo muertes? Y Mercurio no es aquel, que a ladrones insolentes, por sener mayor que todos, amparaba como gese? Y no fe laos que Morno es aquel que maldiciente satirizó malicioso las costumbres, se las gentes? Pues si son estos tus dioses, y se ve qui, sentemente su imperfección en sus vicios, no sé como no te vences? nibo Si esos dioses nguilican robos, adulterios, muertes, guerras, infultos, venganzas, de esto mismo inferir puedes, que no son dioses, que Dios es justo, recto, y clemente. Quien dice Dios, bondad dice, y perfección juntámenae, y esas son imperfecciones; y en Dios no caben, ni pueden caber, porque es verdad luma la que inseparable tiene, y es sin principio, ni fin; y así concederme puedes, que a los que tu llamas dioses, hay uno que los prefiere, que fue primero que todos, y no son dioses, ni pueden serlo los que fueren menos, pues Dios a todos excede. En tus dioses, Diocleciano, se ve la discordia siempre, pues con envidia y soberbia unos a otros se ofenden. La discordia, y la soberbia son pasiones que no pueden constituir perfección, Dios perfecciones contiene. En el Cielo no hay soberbia, ni di cordía; pues quien puede decir que hay discordia en Dios? ni quien quieres que confiese. por verdaderos tus dioses; si ves evidentemente, que no hay discordias en Dios, ni vicio alguno haber puene? Calia infame, mal nacido, fementido, falso, aleue, que tu lengua en mis oídos, cor) es venenosa serpiente, No me turbes los seeidos con si miles elocuentes; y trata de retractarte, porque si no te arrepientes, muriras alaetcado. triste, y miserablemente: Y solo por no escucharte me voy de aquí fiero aleve, porque mejor se ejecute la sentencia pe tu muerte. Este día para mí será el día más alegre, y que yo muera flechado Dios determinado tiene. Pues si son decretos suyos, muera yo; porque quien puede, siendo tan justificados, dejar de estar obediente. Vos Emperatriz del Cielo ayudadme, porque queden vencedores vuestros siervos de estos tiranos aleves; y en todas mis apreturas valedme, Virgen, valedme. Sebastián date a prisión, que así al servicio conviene del César, que nos lo manda, porque no guardas sus leyes; entrega luego las armas. Con gusto te las ofrece mi valor, porque sin ellas, aunque a vosotros os pese, sabré salir victorioso de los peligros más fuertes. Ya prevenidos flecheros aceradas puntas tienen, para que atado en un palo el corazón te atraviesen. Y todo el pueblo desea que al campo de flor te lleven; y por Dios que es linda flor, que por dimes, y diretes te quieras dejar matar. Muérase quien más no puede, muerase el entremetido, y muerase el mequetrefe, y el mormurador le muera, y el envidioso reviente: Mueranse todos aquellos que venden gato por llebre, y en aquello mismo que compran a todos nos venden: Y muérase el miserable, que le falta lo que tiene, y esclavo de sus tesoros no come, bebe, ni duerme: Pero tu galán, bizarro, mozo, cortés, y valiente, poderoso; noble, afable, modesto, sabio, y prudente, trata de alargar la vida, no seas contigo aleve, pues falta la vida a todos, y a todos sobra la muerte. Morir por Dios Trino, y Uno, es vida que nunca muere. Déjate de Trinidades, y mira que si tú quieres serás perdonado luego, y te harán nuevas mercedes. Que muero contento digo, sin que el rigor inclemente de las flechas me retire de no morir muy alegre. Pues si mueres tan contento, camina sin detenerte, que has de morir esta tarde, y te espera tanta gente, que andan buscando ventanas alquiladas para verte. María Madre de gracia, Virgen pura, socorredme, y en las angustias que espero valedme, Virgen, valedme. Hoy nuestro gran Capitán ostentará en la palestra de su acostumbrado brío su valor, y fortaleza: Y aunque le den más tormentos, no temo no, que le venzan, porque siempre Sebastian con armas dobles pelea. Con particular cuidado dicen que hacen diligencias de prendernos a los tres, mas qué importa que nos prendan? Nicostrato yo no espero ningún alivio del César, huyamos de sus rigores, pues tiene en plazas, y puertas, para prendernos a todos, espías, y centinelas. Cayo, nuestro gran pastor, prudentemente aconseja, que es bien huir de los riesgos, cuando es la victoria incierta; porque no todos tenemos el valor, y fortaleza de nuestro gran Sebastian; y así salgámonos fuera de Roma, pues prevenida tengo ya toda mi hacienda, para que todos los Fieles. nos sustentemos con ella. Pero qué ruido es aquel? Esto es, sin duda; que llevan a Sebastian por las calles. A quién el dolor no quiebra el corazón? qué rigor! Qué inhumanidad! Qué pena! Para cuando, Cielo;, es el rasgar vuestras esferas, con rayos que atemoricen ejecución tan sangrienta? Apartémonos de aquí, que puede ser que nos vean estos ministros crueles, y a Sebastian no aprovechan nuestras vidas en prisión, y libres sí. Muera. . Muera. Tiradle tantos flechazos, que abran en su pecho brechas, para que le salga el alma con respiración violenta. 1. Yo le apunto al corazón. 2. Yo al pecho 3. Yo a la cabeza. 4. Yo a los ojos, porque quiero pegarle entre ceja, y ceja. (dades Dios mío, en vuestras pie- mi espíritu se encomienda. 1. Ya no hay donde tirar, tan juntas están las flechas, que no se puede hacertiro, si no es que demos en ellas. 2. Ya está muerto, ya no siente el fiero espín de saetas. Ya a los dioses he vengedo, ya el alma vive contenta. Dios mío, en vuestras manos mi espíritu se encomienda. Con las sombras de la noehe, y la luz de las estrellas salgo a ver a Sobastian, muerto al rigor de las flechas. Y en tan mortales reduerdos, suelte mi dolor la rienda, y conózcase en mi llanto. del sentimiento la fuerza: Y mis tristes ojos sírvanme de lenguas, pues mi voz nopuede esplicar mi pena. Con capuz la noche miro de negras sombras cubierta, trémula toda la Luna, y triste toda la esfera. Oscuridades arrastra el viento en valles, y sierras; bien se conoce que ha muerto el que es de la Fedefensa: Y si así lo siente la máquina eterna, el mar de mi llanto como no me anega? Ay Sebastian de mi vida! quien pensara, ni creyera, que viviendo yo de amarte, a verte muerto viniera? Vivon ti te considero, muerta a mí me considera, porque tu muriendo vives, y yo viviendo estoy muerta: Porque quien porDios, como tú, pelea, inmortal se hace con glorias eternas. Para darle sepultura, su cuerpo llevar quisiera a mi casa, ruego al Cielo que tanto bien me conceda: Que aunque pone Diocleciano pena de muerte a cualquiera que le quitare del palo, el amor que a mí me alienta, despreciando sus rigores, estos peligros festeja: Que cuando mi vida se arriesgue, y se pierda, nunca más ganada, ni yo más contenta, No temo de Diocleciano el rigor, ni la violencia, ni de la noche el asombro, ni del día la molestia, ni la inquietud de los Astros, ni la impiedad de la tierra, ni de mi vida los riesgos, ni de mi opinión la queja: que la que bien quiere, en causas como estás, ni teme la muerte, ni a vivir acierta. Cuando merecí yo, Señor Dios mío, imitaros en algo en este palo? cuando merecí yo tanto regalo, cómo sacrificar por vos mi brío? Dulcísimo Jesús, en vos confío que me socorreréis, aunque soy malo, por las fatigas que del pecho exhalo, y los suspiros que del alma envío. Vos moristeis por mi crucificado, que yo muera por vos que maravilla, pues siendo vos Autor de lo criado, solo por darme vuestra eterna silla, con cinco mil injurias coronado, vuestra grandeza en una Cruz se humilla. Mas que luz es la que miro en aquella nube densa? sin duda que es algún Ángel el que mis dichas festeja, pues es Cielo cuanto miro, y suspensión cuanto suena. , n Tírale flechas tirano, tirale, no te detengas, que ledas, por darle muerte, mil vidas en cada flecha. Ya, Sebastian, en el golfo de tu batalla sangrienta, sobre tempestad de rayos, son bonanzas las tormentas. Hoy el escuadrón volante de las aceradas flechas esas campañas de luces, sin penetrarte, penetran. El Ángel soy de tu guarda, que vengo rasgando esferas a curarte las heridas, y a quitarte las saetas. Que estos penachos de pino, que han desangrado tus venas, hacen sazonar los frutos de los suspiros que siembras. El Consistorio divino ya con dos palmas te espera, que quiere traerte en palmas, viendo lo bien que peleas. Que aunque a matarte tiraron, no ha querido Dios que mueras, porque le importa tu vida a su Católica Iglesia. Y aunque morirás muy presto en una mortal refriega, has de ganar muchas almas en lo poco que te resta. Con unas varas de yerro te azotarán con tal fuerza; que todo valor desmaye, todo lo vital fallezca, y subirás a los Cielos, sin parar en la carrera. Allí cantando tus triunfos entrarás pisando estrellas, acompañado de Santos, Patriarcas, y Profetas. Allí tendrás mil por uno, que la sacra Omnipotencia, por cada gota de sangre, suele dar un mar de perlas: Y pues delos riesgos advertidoquedas, yo parto a esperarte, tú condDios te que , . (da. Paraninfo de los Cielos aguarda, detente, espera, que es mucho lo que refieres, pero no, no te detengas, pues con tu luz afianzas los créditos de tu lengua. Tantos premios, Dios inmenso, por finezas tan pequeñas! mas yo, como yo, te sirvo, y tú, como tú me premias: Dichoso mil veces quien su vida enplea en solo servirte con todas sus fuerzas. Que voces son las que escucho, que me suspenden, y elevan, y por más que alargo el paso, no he podido comprenderlas? Sebastian? Irene? como te suspendes, y no llegas? Que estás vivo? No lo ves? llégate a mis brazos, lle de qué te admiras Irene? (gar que imaginas, o qué piensas? Si no he llegado a tus brazos tan presto, es porque pudiera A el contento darme muerte; pues es opibión muy cierta, que suele matar el gusto mucho mejor que la pena; pues sobre muchos pesares, A si el susto se confedera con el contento, los dos suelen engendrar tal fuerza, que dan la muerte; y así, quiero que pase siquiera. lo que cuesta de pensarlo, para que gustosa pueda. darte los brazos, y en ellos. ua alma en decente ofrenda. Desnudo, como verdad, te miro, porque se vea, que la verdad, y virtudes. es bien que desnudas vengan. Pero toma este capote, y vámonos donde tengas una esclava que te cure, y del rigor te defienda. de Diocleciano, ̱. Sin duda, que la Majestad suprema. me socorre por tu mano, pues cuidadosa; y atenta. has venido a tan buen tiempo, que parece diligencia; Yo te estimo por retrato. de Dios, porque te semejas. tanto a su divinidad, que estás formando en mi idea bien así como a su imagen, y su semejanza mesma: Y por esto mariposa, con mis giros, y mis vueltas, procuré rondar tus luces, gastando la noche en vela. Y yo Irene, te venero con igual correspondencia, así por lo que te debo, como por ler tan honesta; que el recato en las mujeres es la virtud más perfecta, Ay Sebastian de mi vida, muchos contrarios te cercan! No las temo, porque sé que Dios está en mi defensa; y para mayor asombro, tengo de buscar al César. Al César? pues no conoces que es una fiera tan fiera, que solo el nombre de hombre le dio la naturaleza? Pues para que se conozca que mi valor le desprecia, tengo de verme con él; y también para que entienda. el engaño de sus dioses. Sebastían; mis advertencias te suplican que te apartes, de donde el César te vea, que no es bien que se aventure la Columna que sustenta, con tanto valor, y ejemplo, la máquina de la Iglesia. Confieso Ireve que yo, por tus finezas, debiera. pagar, con obedecerte, obligaciones, y deudas: Pero es fin duda que a mí para otra lid me refervan. los más ocultos secretos; y repara en que más hierra. el que por la Ley de Dios. a los tormentos se niega. El deseo dé qué vivas, es quien mis sentidos ciega, que bien sé de tu valor; que es en vano cuanto intentan. Pero el paso apresuremos, porque parece que empiezan los arreboles del alba a desterrar las tinieblas; entrémonos en mi casa, para que curarte puedas. en ella tantas heridas. Dices bien, vamos a ella, pues sé como se hallan glorias. Cómo? . Buscando las penas. Qué murió Sebastian asaeteado! El valor que ha tenido me ha admirado. Su brío, y su valor ha sido tanto, que a todos, gran señor, ha dado espanto. Con los mancos tullidos, y leprosos ha obrado mil prodigios portentosos; y a dos hijos de Claudio, que tenía el uno lepra, y el otro hidropesía, con una bendición, muy sobre sano, los ha curado como con la mano. Y viendo estos progresos Nicostrato soltó todos los presos; y por su causa, Marco, y Marceliano dicen, que tus rigores son en vano. A Cromancio ha curado, quitándole los males de contado, y le deja muy bueno, sin recipe ninguno de Galeno. Y él, como agradecido, su amparo, y sus tesoros ha ofrecido; Nicostrato, Cromancio, y Tranquilino siguen de los Cristianos el camino: Y Lucina, por no esperar tu prueba, siendo Gentil, es Cristiana nueva; y de ver novedad tan desusada, toda Roma se ha visto alborotada: Donde en confuso abismo, a más de cuatro mil dieron bautismo; a Zoé la hizo hablar, aunque era muda, pero de este milagro estoy en duda. Mis discursos lo afirmen, y lo entablen, que esto de hacer que las mujeres hablen, aunque sean ellas de alta, o baja esfera, es un milagro que lo hará cualquiera: Y fuera más misagro, tanto cuanto, el hacerlas callar cuando hablan tanto; y se conoce, pues con maravilla, hoy parece su lengua tarabilla. Suspenso, y aún turbado, de oír lo que me cuentas he quedado; y solo siento, dioses soberanos, que Lucina se vaya de mis manos. A Marco, y Marceliano mando, y quiero que les claven los pies en un madero, donde vertiendo sangre por los poros, mueran alanceados como toros. Y en lo frondoso de unos ramos bellos. a Zoé colgarán de los cabellos; y esta muerte ha de ser tan dilatada, que cinco días ha de estar colgada. Cromancio. Nicostrato, y Tranquilino. tormento llevarán más peregrino; pues si los prendo, domaré sus bríos, haciendo con su sangre hundosos ríos. Justo será, señor, que hagas desuerte, que el pueblo no se altere con su muerte. Dícenme que la plebe muy alterada contra mi se mueve, y así salgo por Roma oud a ver quien contra mí las armas toma; y si averiguo quien son sus amigos, en todos he de hacer nuevos castigos. Invicto Diocleciano, al paso salgo a que me des tu mano, que aunque tú me desdeñas, traigo de victorioso buenas señas, que siempre vengo yo cuando peleo. Eres tu Sebastian? que no lo creo. De qué te has admirado? no Suspenso estoy de verte, y aún turbado: que caos de confusiones Alí son estas, Sebastian, o en que me pones? como vienes tan fuerte, si estaviste en los brazos de la muerte? y como inadvertido me vienes a buscar tan atrevido? ongalit no eres tú aquel Soldado, que en un palo se ha visto asagreado? El mismo soy, y ya vivo difunto, de las flechas señor, pasé en un punto; y tantas me tiraron este día, que un herizo de flechas parecia: Pero con cada punta toda mi dicha me ha venido junta, pues me siento, después de tan flechado, fenda mortar, y mueno más Soldado: Mas de toda esta gloria, solo a mi Dios sedebe la victoria. Y en su divina Majestad espero, que no me vencerás, por más que fiero intentes derribarme, porque yo sé qué Dios ha de librarme; y por eso he venido a ver si puedo hacer que arrepentido depongas tu porfía, desviando de ti la idolatría: A esto a tus plantas llego. Todo soy rabia, todo ardiente fuego, dioses, que aquesto miro! segunda vez de mi piedad me admiro; pero hoy, sin otros plazos, pedazos te he de hacer entre mis brazos, y el alma te sacara, y con los dientes la despedazara, si el alma capaz fuera de poderla rasgar de esta manera, que te aborrezco tanto, que me causas horror, asombro, espanto; mas pues vienes tan fuerte, segunda vez has de probar mi muerte. Advierte Diocleciano, que todos tus rigores son en vano; mira que vas errado en no adorar a Dios crucificado; y sírvate de freno el ver que es Dios tan bueno, pues no castiga todas tus torpezas, cuando te puede hacer menudas piezas. Todos los elementos para alabarle se hacen instrumentos, y las aves su vuelo, y voz levantan, y concertadas cantan de mi Dios Soberano la grandeza: Y la naturaleza, en todo reconoce que no tiene otro Autor en quien se goce, sino solo en Dios mismo, que es deleitoso piélago, y abismo: Y es vergonzosa afrenta dejar un Dios, que todo lo sustenta, por unos dioses falsos fementidos, engañosos, tiranos, y fingidos, Calla infame, alevoso, fementido, engañoso. Este fiero arrogante, caudillo de la Iglesia Militante, bien es, señor, que muera, pues nuestros dioses, y quietud altera. A tanto atrevimiento, no es posible que tenga sufrimiento, hoy este asombro muera, perezca la memoria de esta fiera; hoy te verás rendido. Rendido puede ser, más no vencido. Llevadle a mi Palacio, que quiero atormentarle muy de espacio; yo haré que allí te aprieten los cordeles en tormentos mortales, y crueles. Cómo quisieres sea mi tormento, que muriendo por Dios, muero contento. Hoy con varas de hierro tengo de dar castigo a tanto hierro. En vano te previenes, pues todos esos males son mis bienes. Oye. Señor, mi lamentable accento, y alumbra con tu luz mi entendimiento, y guárdeme tu mano del ímpetu cruel de Diocleciano. Cada día nos cerca de amenazas, poblando de martirios esas plazas; pero yo, Señor mío, te llamo a ti, y en tu piedad confío. Sebastian, en un palo asaeteado, de todos sus contrarios ha triunfado; con él tantos rigores, y a mí, pecador, tantos favores? Cercado de flecheros en su ofensa, Tu nombre, buen Jesús, fue su defensa, que con tu santo nombre, no aura calamidad que no se asombre. Cielos piadosos, cielos soberanos, pues nos persiguen tanto estos tiranos, defended de estos bárbaros crueles al Capitán valiente de los Fieles. y queden nuestras vidas a vuestro amor mil veces ofrecidas. Ejecutad lo que os mando, y en repetidas injurias desatad todas las furias, para que muera rabiando: Con azotes inhumanos, aunque pese a su fortuna, deshazed esa columna, que sustenta a los Cristianos, muera a ese fiero tormento. Mi grandios, aúnque es la muerte tan triste, extraña, y tan fuerte, dos veces muero contento, porque en cualquiera fortuna han menester los más fuertes ensayarse en muchas muertes, para que salga bien una. Esas aceradas puntas feliz han hecho mi suerte, pues el morir buena muerte, son todas las dichas juntas. Pastor, León, y Cordero, que apacentándome estás, ya, Señor, no puedo más, dulce lesus ya yo muero. Ya murió animoso, y fuerte; pero con sup alidez, dudo que segunda vez. vuelva a triunfar de la muerte. Lleno el cuerpo de roturas, con heridas como un brazo, no hay pedazo con pedazo en todas sus coyunturas. Tal valor jamás se ha visto. Gran tormento ha padecido, mas por no verse vencido, se nos fue con JesuCristo. Mi paciencia viene a estar en todo tan ofendida, que le volviera la vida, por volvérsela a quitar. Gusto recibo en matar, mas de algún Astro la furia, venganzas de tanta injuria no me deja ejecutar. Con discursos, y no vanos averigua mi rigor que algún Astro superior favorece a los Cristianos. Y en vano su rebeldía extinguirla solicito, pues donde una vida quito, renacen mil cada día. Y lo que más siento aquí, es, que Lucina tirana, después de hacerse Cristiana, se haya ocultado de mí. Mas si un áspid mis entranas mordió con rigor tirano, la ocasión tengo en la mano de coronar mis hazañas. Y así con pesar profundo, y con traza singular, el mundo quiero dejar, antes que me deje el mundo, Y pues ya desengañado estoy con nueva alegría, en Dalmacia, patria mía, quiero morir retirado, Y lando lin a mi afan, quisiera que se arrojase adonde ninguno hallase el cuerpo de Sebastian, Y pues el Sol ya no asoma, llevaréis su cuerpo adonde lo más inmundo se escondo de los rigores de Roma. Y así, en lo más apartado, donde no le arrima gente, por ser lo más pestilente, lo dejaréis sepultado. Serás, gran señor, servid y antes que al candor del alb hagan los pajaros salva, estarás obedecido. Mi esposa Zoé murió con Fetan incontrastable, que después de mil martirios, despreciando tanto ultraje, colgada de sus cabellos, dio admiración a los aires. La mujer, si le resuelve, con mayor brío cómvate; también murieron mis hijos, de Cristo en la Ley constantes, v . cuya sangre derramada, víctima es en sus Altares. También murió Sebastian, de los Fieles firme Atlante, porque lloremos a un tiempo juntos todos los pesares. O si hallasemos su cuerpo, que dicha fuera tan grande! Si Dios no nos lo revela, no será fácil hallarle, porque le auran escondido con impiedad, y conarte. Cuando ha de querer el Cielo que estos tiranos se causen! Y cuando, mi Dios inmenso, en vuestras eternidades gozaremos vuestras glorias, libres de tantos pesares? Nicostrato, Tranquilino, Fieles míos; escuchadme el más extraño suceso, y la novedad más grande, que el tiempo, archivo de todo, tiene puesto en sus Anales. Estando yo a media noche, anegada en mis pesares, pagando tributo al sueño, que es pensión de los mortales, di una voz, que me dijo: Lucina, parte al instante a la cueva donde arrojan hombres, fieras, y animales, y allí a cebastian verás, preciosísimo cadaver. Parte luego; que Dios gusta de que tú, con tus secuaces, le deis sepultura adonde os pareciere importante. Yo, gobernada del norte de auella Luz admirable, partí, sin temer los riesgos que hay en lances semejantes: Y con la Feque me alienta llegué a la cueva, o estanque con una luz recatada; y bien pudiera excusarme de llevarla, porque había tanta en sus concavidades, que parece que los Cielos hicieron para alegrarse con Sebastian esta noche luminarias celestiales; porque con ser tan inmunda, tan dorrible, y formidable esta cueva estaba toda tan olorosa, y brillante, que los penetes del Cielo, con todas sus suavidades, en aromáticas flores se desataron suaves. Querer decir lo que vi, por más que el vuelo levante con retóricos pinceles, para mi no será fácil: Solo diré que miré de Sebastian el semblante tan lleno de luz inmensa, que mis sentidos no saben decir ni si es hombre humano, o deidad en forma de Ángel; si bien sus muchas herian; pudieron asegurarmes de que solo en el cablan, de lor él, tantas señales. Ya desde hoy, por Sebarlían, ambales réspira el aire, y lo que fue pestilente, es antídoto agradable, porque tengan sus devotos quien de la peste los guarde. Su cuerpo tengo en mi casa, tan hermoso, y admirable, que por todas sus heridas ráspira divinidades. De esto vengo a daros cuenta, para que al hyerto cadaver lo coloquemos adonde se conserve viva imagen; porque muerto, como en vida, tengamos quien nos amparé. Qué contento! Qué placer! Qué dicha! qué bien tan grande Quién aura que no te ayude? Y quien aura que no cante con tan agradables nuevas, y tantas felicidades? En el casmipo ad caracumbas le pondremos esta tarde, hasla que la devoción otros Templos le levante Todos te acompañaremos, y aquí la Comedia acabe del Soldado más herido, y el Martir más admirable, que vino después de muerto con las flechas penetrantes, reposa con dos Coronas en el Solio de Diamantes.
