Texto digital de El soldado del cielo San Sebastián
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- El texto ha sido prepardo por Rosario Cartes y Rosario Álvarez Gastón.
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Cartes, Rosario & Rosario Álvarez Gastón. Texto digital de El soldado del cielo San Sebastián. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/soldado-del-cielo-san-sebastian-el.

EL SOLDADO DEL CIELO SAN SEBASTIÁN
JORNADA PRIMERA
Más celebro el dulce día en que en Roma pongo el pie por veros, amigo, que no por ver que es patria mía. Parece que aquel deseo que me había puesto en calma le pide albricias al alma de que ya con vos me veo. ¡Qué bueno estáis, qué galán! si ¡por vida de los dos! las apariencias en vos de vos mismo me las dan; dadme amigo mil abrazos. ¿Es posible que mi suerte no te dice que soy muerte, que son ponzoña mis brazos? ¿Posible es que no son labios las afrentas que sospecho abriendo bocas al pecho que han abierto mis agravios? ¿Posible es que estés tan ciego que no ves cómo mi mengua forma de fuego una lengua que hace hielo al mismo fuego? ¿Mis desdichas no te dicen cuando yo más mudo estoy que ya Fabricio no soy y a la razón contradicen? ¿Pusible es que una cautela no dice con claro indicio, a voces, que otro es Fabricio porque es otra su Rosela? Sin duda que a tu bien niegas lo que le ofrece tu dicha pues a la misma desdicha con tanta prisa te allegas. ¡Ay! César, de amigo, en ti das muestras, mas yo no sé cómo a mí me guardas fe siendo enemigo de ti; sin duda que te aborreces, pues del propio amor ajeno ofreciéndote al veneno de mi mal, al mal te ofreces; déjame, ya que acrisolo de la fortuna el rigor, pues soy solo en el amor ser en el tormento solo; que, aunque en el mal quieres parte, como amigo yo lo soy, pues la parte no te doy que tú mismo quieres darte; porque si pierdo el sosiego no siendo mi suerte buena, fuera darte solo pena darte parte en este fuego. Aunque es la mudanza tanta, Fabricio amigo, prometo que no me espanta el efeto, solo la causa me espanta: que te aflijas, que es tu intento de ocasión otra nacido, pudiendo tanto el sentido pueda más el sentimiento; no me espanta, que no es justo se espante en ocasión tal quien ve que anda siempre el mal en las espaldas del gusto; pero que Rosela sea desta mudanza la causa, una suspensión me causa que obliga a que no lo crea; si cuando por ti a Terento tales a los dos dejé, que afrentaba tanta fe cualquiera encarecimiento, y si entendí que venía para ver sin más mudanzas el fin a tus esperanzas que el principio prometía, ¿cómo es posible que pueda persuadirme a que es de viento el inmóvil firmamento, a que la firmeza rueda, a que Porcia se mudó, que fue fácil meretrice, y que al astuto felice su Penélope ofendió? Deja esos vanos desvelos que nuevo Orlando te hacen porque si de celos nacen ya ves que mienten los celos; que si son de amor las flechas esta afición no me dieron. César, si sospechas fueron son agravios, no sospechas. si son celos el temor de un agravio puesto en duda, y una sospecha desnuda de la certeza menor, y es cierto el mal de que rabio que tiene el alma deshecha, ¿cómo le llamas sospecha siendo conocido agravio? No pueden mentir los ojos, y aunque estos no ven, pudieron ver su afrenta pues que vieron certidumbres y no antojos; que, aunque los engaños largos me segaban como a engaños, amigo, los mismos daños ya me tienen hecho un Argos; y porque el mal con que lucho es tan cruel que me obliga a que la causa te diga de mi daño, escucha. Escucho. Como son ahora tantos los que en esta nueva seta> dejando de Jove el culto solo al de Cristo se llegan, fue forzoso que pusiese preciso remedio el César en castigarlos, que solo con castigos escarmientan; y como en sucesos tales siempre los reyes ordenan, un tiniente que del cargo pueda ser siguro Eneas, quiso honrar un caballero de los de nación francesa cuyo viejo padre ha sido su defensa en muchas guerras; llamole por una carta y venido a Roma, apenas disto, César, por mi mal desta ciudad cuatro leguas, cuando del emperador, mandados los que en la tierra pueden más y por más nobles senado y corte gobiernan, fueron al recibimiento tan galanes, que pudieran cuando entrara vitorioso, recibir a Julio César. Entró en Roma, y todo Roma vido en su grata presencia, que anduvo la fama corta con ser tan larga su lengua. De suerte, el Emperador, su noble vista celebra que por tenerlo de casa en palacio le aposenta; y porque allegaba el tiempo de las fiestas de Minerva, hacerlas quiso solenes por hacer al francés fiesta. Y entre las más que no cuento porque no pierda la cuenta, una justa que fue causa de mi tan justa querella: el mancebo, que orgulloso dio de sí notables muestras de mantenedor, el cargo alegre pide y aceta; por abreviar (que del alma cuando a decir esto allega, sale la sentida voz en su mismo fuego envuelta), sale a la justa, ¡ah cielos! con los colores de aquella que trocarlos ha podido en el tinte de mi afrenta, (no sé cómo te lo diga) pues que mi lanza primera fue la que pudo probar de mi enemigo las fuerzas, en un español caballo que con bizarras corvetas furioso la tierra trilla; al eco de la trompeta partí para mi contrario con tan grande ligereza que el pensamiento, corrido, después del encuentro llega; pero como mi deshonra pedía la infame tela, con la fuerza del encuentro caigo del caballo a tierra. El premio que tan triunfante él, de mi desgracia lleva, ofrece, porque ella quiso o porque ya de Rosela tenía ocultos favores, a Rosela le presenta, que en el corredor estaba tan ingrata como bella; acetole la cruel y con ser cosa tan nueva, en tanta publicidad le quiso pagar la prenda; y sin que más dilatase la causa de mi impaciencia, una banda azul le dio. Siguro de mis sospechas ayer se empezó mi mal, ayer se acabó la fiesta, y hoy encuentras conmigo hecho, con razón, un Etna. Y aunque afrenta tan notable a satisfaciones niega el remedio que es del alma y ha de ser con ella eterna, sin que más vea la ingrata que es causa de mis ofensas, para rasgarla a sus ojos, aunque mil vidas perdiera, he de cobrar esta banda, pues al amor que me afrenta sirve solo de dar luz si otra le sirve de venda. Tres quejas escucho, amigo; ve cómo esto puede ser con gusto, pues vengo a ver que es tu mal el que te digo. Luego las quimeras hechas del viento de tus enojos, vi que eran vanos antojos y que eran falsas sospechas. ¡Oh fiero Amor! ¡Cómo llevas la palma de un corazón, pues de cualquier presunción haces tan bastantes pruebas! Ved a Rosela y veréis qué es ese amoroso engaño. Sin duda que de mi daño instrumento queréis ser, ¿queréis que pierda el juicio doblando las ansias mías? ¿Cuál, señor, de sus vusías es el senador Fabricio? ¿Qué le queréis, gentilhombre? Ha dicho bien vuseoría que a mi talle y hidalguía le cuadra solo ese nombre; hablarle un poco quería. ¿Quién sois? Español, que basta. Sois de muy honrada casta. Criado de vuseoría. Éste es, hablarle podéis. Buena presencia, ¡a fe mía! Dios guarde a vueseoría. ¡Muy buena flema traéis! ¿Cómo está después de fiesta, vusía? Muriendo estoy. ¿Pues... de tan mal talle soy? ¿Yo no merezco respuesta? ¿Es este el trato romano? s Pues bien, ¿qué trato quería? Recibimiento más llano, y que a mi cortés pregunta respondiera vuseoría. si apunta la cortesía, ¿por qué esas calzas no apunta? Él es español de humor. Son calzas de calidad pues traen la antigüedad de las guerras de Almanzor; pues...¡ no trates del coleto, que pueden sus cuchilladas ser peste de mil armadas! Con el hedor... ¡yos prometo! La capilla es algo corta, pero adrede la hizo hacer Pelayo ansí, porque ser para calza corta importa la espada; pero... ¡ no quiera vusía cuál es saber pues puede el mundo volver cual bota de dentro a fuera! Y qué, ¿esto no te da gusto? ¡Ah, terrible confusión! Decid en resolución lo que queréis, será justo. Yo... pues el hábito abona lo que más decir pudiera, un hombre soy, ¡si no fuera milagro ser una mona! Y tráteme vuseoría con la crianza que debe tratarse un hombre que bebe más vino que agua una pía; s en buena mano estarán esos tiros con sus frascos, que a España como damascos de Italia los brindis van. Qué, ¿no te alegras con esto? Pero vamos platicando, ¿qué españoles di, burlando, en la paz mudan su puesto? Y ansí, sin mudarle digo: ha sido lo que empezaba, que supe ayer que buscaba de un estufero mi amigo el seor Fabricio un lacayo, y como yo a ser vengo por la nobleza que tengo de los más lacayos rayo, vengo a servirle con gusto, pues...¡ mirando el frontispicio yo con mi seror Fabricio cierta semejanza ajusto! Habéis menester lacayo recibidle, que es famoso. Y es el remedio forzoso que ha menester mi desmayo; ¡sin duda que estáis juglar cuando veis que muerto estoy! Ya, ¡por vida de quien soy! es eso mucho apretar. Pero no siento ese daño que aunque es grande no es de dura, pues para su fácil cura tenéis cerca el desengaño. Vos, ¿cómo os llamáis? Guzmán. Guzmán, yo os he menester, que el lacayo ha de tener un poquito de truhan, ¿quereisos quedar conmigo? En servirte ganaré. Buen hospedaje os haré. S¿ ser de amigos amigo. De mi casa, Señor, me habéis sacado cual de la de Labán al justo yerno, entendí que salía del infierno y de una nueva Escila estoy cercado. A Jelboco por el Sion sagrado entendí que trocaba mi gobierno y solo de ofenderos Dios eterno medios en el que tengo tengo hallado. Pretor contra cristianos estoy hecho cuando defiendo más la ley de Cristo, sabe demonio que es cansarte en balde. mas ya desta verdad el fin sospecho, que como sin favor los habéis visto darles habéis querido el padre alcalde. si no me promete azar este deseado encuentro César, ya estoy en mi centro pues este vine a buscar. Éste es en quien solo asiste de mi pretensión la palma, dejando sin luz al alma y aún sin alma al cuerpo triste; éste es quien la suerte dura con una vista no más, pudo hacer volver atrás el Jordán de mi ventura. Pero ¿por qué más dilato este fin a mi deseo, pues solo en verle aquí veo que me ha sido el cielo grato? Ya llego [a] hablarle, y pues dejo medios que pude buscar, no tienes que aconsejar porque no admito consejo. Pues estás determinado llega, y seguro, podrás, que no dejaré jamás Fabricio, amigo, tu lado. Ya mi lealtad te asegura, pero con cordura llega, que siempre la pasión ciega madre [es] de la desventura. ¿Cómo, señor, ha de haber algo de esto que yo volo? Que a mí me sustentan solo cuchilladas y beber; tenga por cierto su fin pues reñir es mi placer y más si pudiera ser cochino de San Martín. Seáis, señor, bien hallado, que ando perdido de suerte por hallaros desta suerte, que os busca en mí mi cuidado. Estimo, señor Fabricio, tanto el ver que me busquéis solo porque me mandéis pues es serviros mi oficio, que ese parabién que os dais de hallarme me cuadra a mí, pues serviros busco aquí si vos a mí me buscáis. Mandadme con confianza. En lo que os quiero decir, consiste el mal en sufrir y está el daño en la tardanza. El premio que ayer gozoso en vuestra justa, galán, me ganasteis, Sebastián, quizá que por más dichoso como el cortés uso manda, a una dama le ofrecisteis, y de ella al fin recibisteis como en paga cierta banda; y ansí, porque solo trate del pensamiento que tengo y el intento con que vengo, con rodeos no doy late: porque entendáis que es porfía justa la que al alma inflama, sabed que es mía la dama y la dada banda es mía; pienso que sin más deciros basta lo dicho, señor, para que entendáis que Amor la banda viene a pediros. Ya habéis de considerar que aunque agora se comide que nunca cuando Amor pide es sino para cobrar. En la determinación de vuestro celoso intento, solo siente el pensamiento la no pensada ocasión; la banda que esa contienda me pide y sin que aquí vengo, más como prenda la tengo que porque estime la prenda; el premio que no gané, porque vos no le perdisteis, le di ayer como visteis a quien ni aun el nombre sé; diome la banda, y no quiero deciros más, sino que de ella más no me acordé, ¡por la fe de caballero! Por cortesía acetela, pero ya veréis aquí pues que no la veis en mí lo poco que me desvela; darla será justa cosa porque vuestro bien no tuerza, pero, si dárosla es fuerza, es la licencia forzosa; mándeme esa dama bella que os la dé, y doy palabra que sin que caminos abra al fin de vuestra querella, sea sin mover porfía más vuestra si vuestra ha sido, pues ser, Fabricio, ha querido este poco tiempo mía; que si en público torneo la dio, no es justa sentencia que os la dé sin su licencia, aunque dárosla deseo. Mal entendéis a esa cuenta, que de mis males el medio tuvo a pesar del remedio sin satisfación la afrenta; mal veis en la sutileza del agravio que en mí siento, que ha podido el pensamiento solo ofender mi firmeza; no para volver [a] hablar a la ingrata por quien muero la banda que pido quiero, sino para la rasgar; eso advertido, pues es cierto que me obliga mi pesar a llevarla u a quedar hoy a vuestras manos muerto. ¡Eso sí que es dejar cuentos! ¡Haya fuego, guerra, llamas, que para estrados de damas son buenos los cumplimientos! Aunque... soy de disensiones, si no en viendo la ocasión imbestir como un león, porque hay lacayos leoneses; mira espada, que eres mía y soy segundo laicón. Basta, que hacéis ocasión, señor, de mi cortesía. Ese es modo peregrino, pero si determináis llevarla, mal lo pensáis, pues darla no determino: mi resolución es esta; pues aunque me importa poco, un pensamiento tan loco bien merece esta respuesta, desta suerte darla entiendo. Yo cobrarla he desta suerte que es cobrarla hasta la muerte. Villano, ofendido ofendo. Necesario es mi favor, pero ya poco importante. Este no es hombre, es gigante, ¿do estás, español valor? Desta suerte es bien que salga de vos el injusto brío. Por Dios, ¡si no me desvío...! ¡que quedo sin una nalga! Por los pensamientos vanos bien es que en esto me vea. Aquí la razón pelea, cobardes, más que las manos. ¿Parécete que le escriba? Menos enojo recibe. ¡Ay, amiga! si esto vive es impusible que viva; no sé qué sordo tormento recién nacido en el alma me tiene el sentido en calma y en dudas el pensamiento; no sé qué sirena escucho que con encanto sutil causa esta guerra civil pues conmigo propia lucho, suspiro, doy voces, callo, y es mi grave pena tal que sé que hay causa en mi mal y nenguna causa le hallo; hasta el mismo pecho llega la que tienen mis enojos, que como entró por los ojos con su misma luz me ciega. ¡Ah, Julia!, pues en ti siento tan grande satisfación, que se dice el corazón lo que niega el pensamiento, busquemos algún remedio que a mi pena sea igual; mas en tan terrible mal solo el morir será medio; yo muero al fin sin dolor. Disculpa alguna tuviera si fuera la vez primera esta que sabes de amor, pero, pues que ya conoces sus enredos y sus tiros, ¿de qué sirven los suspiros? ¿de qué sirve que des voces? No me espantas, que una vista suya, pues causa mil daños, te obligue a olvidar tres años de otro amor esa conquista; no me espanta que el desmayo que causa tu injusto mal, sin dejar otra señal te abrase, que es Amor rayo; pero, que te precipites sin usar de más cautela, hace, discreta Rosela, que el ser a tu nombre quites; y mira que se aconseja, señora, tu misma suerte, que es muy difícil que acierte quien tan buena suerte deja. ¡Qué necia tan confirmada hace de entrambos mi encanto, pues tienes de necia tanto como yo de porfiada! Cuando ves que mi porfía sin razón al alma deja, tu necedad me aconseja, pero, al fin, la culpa es mía; yo sola quiero buscar el remedio que consigo, porque buscarle contigo será buscar mi pesar; necia, pues tan mal me empleo, tal es de mi amor la falta, y aunque me piense tan alta es más alto mi deseo; güélgome de conocerte. Y a mí me causa pesar que pienses que he de dejar de seguirte hasta la muerte; lo que tu gusto codicia haré, que ya mi lealtad dice que mi necedad es necedad sin malicia; busca el remedio a tu mal que más difícil parezca que aunque nadie te merezca el que quieres es tu igual; solo en tu gusto me fundo que soy criada perfeta. Amiga, y la más discreta que puede hallarse en el mundo. Dame Julia esos brazos que atlantes son de mi bien. ¡Ah, cómo conozco bien del ciego los ciegos lazos! Quien del amante quisiere la privanza con sosiego, esté cuando ciega ciego y muera cuando se muere. Tu esclava soy, ¿qué me ordenas? Escrebir quiero un billete, que es el premio que promete agora amor a mis penas. En todo te he de servir, fía, que lealtad te trate. Pues, porque el bien no dilate, Julia, vamos a escrebir. Soy, señor, de Portugal, y todos los destaparte siempre están tan bien con Marte como con gallinas mal; miro de muy mala gana gente que hace tanta cera, que llega de una carrera desde el Betis a Triana; no estoy bien con estos amos que aman a lo de Gaiferos y en viendo blancos aceros no hay hallar más sueltos gamos; no hay cosa como a pie quedo aguardar como un bretón, que el español es león que no ve la cara al miedo; y ansí un poco aficionado a la gallarda osadía con que ayer vuseoría iba siguiendo el ganado, vengo a servir los quilates del valor que en él se ve, porque no es justo que esté un Eneas sin su Acates. ¿Español sois? Sí señor, y español de los del lomo. Pues si sois español, ¿cómo dejáis España? Es error, pues dicen que no se ha visto en todo lo descubierto provincia tal. Eso es cierto. Sí es, pues adora a Cristo. Es España, aunque mi arte tosca su grandeza topa, la mejor parte de Europa y Europa la mejor parte; a su razón tributarias son del mundo las naciones, pues todas a sus leones ofrecen alegres parias; pero callo, que alabar a España, será querer en una urnilla meter todo cuanto abarca el mar sin los lugares que callo, ¡míos son del mundo espejos! ¿Y son? Madrigalejos, San Martín, Pinto y Cazalla, lugares adonde hay cura que le tiene treinta añejo. ¡Respañad este pellejo! ¡Será fácil sepultura! Sin esperanza me pinto. Y a sagrado bodegón entran diciendo: ¿Hay jamón? ¡Vengan cuatro de lo tinto! Y no acá, do la estocada digna de que más se abone es decir: ¡Hay macarrone! ¡Que es lo mismo que tajada! ¡Ah!, casa de las dos puertas, ¿quién te me allevó de mí? Tocan a la puerta. ¿Llaman? ¡Hola! Señor, sí. Ve quién es, si a verlo aciertas. Una mujer que quería que un tu negocio se trate. Entre pues. Señora, entrate. Íntrate, madama mía. Dios te prospere, señor. si fuere para servirle, ¿qué queréis? Podrá decirle este billete mejor, que en él la sustancia topa del negocio con que vengo. Mostradle, que miedo os tengo, mujeres. No es mala ropa. Por Dios que [he] de hacer un tiro aunque no me tome fuego, que el temor me vuelve luego el cebo, blando butiro. ¡Ah! madama, ¡Ah, mi patrona! ¿Qué quiere seo tú? Adelante. Afrenta es esa bastante o... que me vaya a chacona pues, ¿ese nombre me das siendo de los hombres rayo? Pues dígame, seor lacayo, ¿no me agradece el disfraz ? ¡Ah, cruel Anaxarete! ¡Ah, cicatriz de mi fama! Y decid, ¿quién es la dama que os ha dado este billete? Aunque mi pasión confirma bien puedes creer, señor, que es de Roma lo mejor. Su nombre dice la firma, vos la casa me decid pues lo más por sí se abona. Vive en la plaza Navona bien conocida. Advertid que es la causa del efeto de tal suerte, que me obliga a mí a que vaya, y que os diga a vos que tengáis secreto. Id con Dios, que en escrebir a esa dama no me alargo pues que conviene a mi cargo lo que me manda cumplir; y ansí, de todo obligado, hoy sin duda alguna iré. Dios te guarde. Por mi fe no le dilate el cuidado. ¿Tan ingrata se imagina que de un hombre medio muerto no se duela? Sí por cierto. ¡Oh, fiereza peregrina! Pero... pase esta primera. Vase Julia. Julia, vos no sois mujer, ¡a fe que os he de volver más blandica que una cera! in ¿Qué hora es, Guzmán? Señor, que son diez el tiempo avisa. ¡n Pues es la hora precisa de hablar al emperador, que aunque es tan injusto el cargo que mi perdición intenta, es justo dar buena cuenta pues una en el alma encargo. ¿No soy ya Guzmán? ¿Yo no soy quien pudo ser entre los lacayos el primero? ¿No soy el que sin alma deja un cuero haciendo de la boca fuerte embudo? ¿No soy el que con solo un estornudo deja sin su licor a Baco fiero pues, teniendo este casco ya de acero en valentía sus desmayos mudo? Pues, ¿cómo en tal flaqueza he consentido? ¡Cómo el pellejo está de almíbar hecho siendo más recio que de un ante duro! ¡Ah! seráfica Julia, ¡que has podido hacer que fuese amor julio de un pecho de quien lo ha sido solo el vino puro! La resulución es esta, César, con que el pecho lidia. Sabida está mi respuesta, que ya me mata la envidia si a vos amor os molesta. Con vuestra resolución ya conviene el pensamiento que ha tenido otra intención, porque es la invidia el cimiento que es la más alta invención. Disponed a vuestro gusto, que ya mi afrenta codicia de este traidor el disgusto, pues que tengo por justicia solo el ser con él injusto. Muera de cualquiera suerte. ¡Ah, César, amigo! Rabio a manos de mal tan fuerte, porque es tan grande el agravio que es poco darle la muerte; pero acabe, que en efeto acabará la sospecha que me pone en tanto aprieto, porque la causa deshecha queda deshecho el efeto. Esta noche me asegura la ocasión de venir tarde lo que el deseo procura. Impusible es que le guarde tantas veces la ventura. Y aunque firmando la rueda que es tan instable en el mundo tanta dicha le conceda, esta industria en que me fundo haré que más que ella pueda. Y pues que la noche llega que ha de dar a mi deseo la luz que esta luz me niega, vamos, pues en ella veo que es lince cuando más ciega. Hoy ha de morir sin duda porque acabe nuestro ultraje. Hoy mi desgracia se muda. Vamos a mudar de traje pues la ocasión se desnuda. Dadnos sillas. ¿Hay clemencia? ¿Hay orden de que te ablandes? Es indigna preeminencia que hace humildes a los grandes, señora, vuestra presencia. Solo la vuestra engrandece a quien solo a vos se humilla. Bien en esto se parece pues para hablaros dais silla a quien ni veros merece; pero callo, que sería encarecer tal favor afrentar la cortesía. ¿Cómo encarecer, amor, el fuego que en mí se cría? El que me hacéis es de suerte, aunque se dice a mi fe que vos quien sois bien advierte. Solo acertado andaré cuando a serviros acierte. Y ansí porque no dilato lo que es justo, vine luego a veros con pecho grato, que en cualquier mujer el ruego es un preciso mandato. Ved en qué serviros puedo, que, pues conviene a mi cargo el negocio, corto quedo si todo con pecho largo de antemano no concedo. Ansí pudiera hacer prueba ante ti de los enojos que forma una causa nueva, mas ya el alma por los ojos estos mensajes te lleva. ¡Que hablar no pudiera un poco cuando por callar me pierdo y aún a más mal me provoco! ¡Ah, pensamiento! Estás cuerdo solo para ser más loco. ¿De qué tiemblo? ¿De qué dudo? Que sois Niño Amor mostráis de todo el valor desnudo, en ausencia solo habláis y estáis en presencia mudo; no parecéis bien nacido siendo divina la causa de que engendrado habéis sido, pero mi desgracia os causa ser cobarde y atrevido. Para un negocio se os llama, que no es mía la osadía. Eso mi deseo inflama. ¡si que vuestra cortesía asegura vuestra fama! Y ansí en ella confiada, sin reparar en la duda de pareceros pesada, porque una mujer viuda saliendo es luego notada, en esta casa que es ya tan vuestra como su dueño, cierta relación os da este papel que os enseño, de unos cristianos que habrá un mes que tengo noticia de que a Cristo con recato reverencia su malicia. Y como sois el torcato vos desta recta justicia, de la memoria fiando menos que dese papel, mi sospecha confirmando que sé, que veáis en él los que callo, estoy rabiando. Alabo, señora, el celo con que estimando la fe sabéis estimar al cielo. Su estimación no se ve, que lo impide mi recelo. Julia, ¿queréis que se siembre el campo de mi sentido con lágrimas de noviembre? Pues ya por tu julio olvido las vendimias de setiembre; ¿es posible que no ves que ando hecho un sacripante como si fuera francés, y que es ese pecho de ante de mis gustos almirez? Deste polo al de Calisto en cuanto calienta el sol tal crueldad jamás se ha visto: que de un gigante español no te duelas, ¡voto a Cristo! Paso, señor temerario, que de razones tan duras siempre ha sido amor contrario. ¡No tendrá tantas blanduras el más gordo boticario! Digo que soy un jabón, una manteca, una azúcar, un poquito de almidón, en hacer regalos Fúcar, y en adorarte Sansón. Y aunque vuelves la afición que te tengo en duro acíbar, tal me tienes (con perdón) que es ya mi sangre de almíbar y mi alma de turrón. Ve que de límite pasa tu rigor. Pues lo cudicias tuya soy, tuya sin tasa. Quisiera darte en albricias mas no está aquí el almohaza.; ¿Pusible es que ha merecido de tu mantecosa boca tal favor? Pierdo el sentido. ¿Es pusible que esta roca esta blandura ha parido? Dame una mano. Los fines quieres que al principio dé, eso es de amantes ruines. si no quieres, dame un pie. ¡Oh, cómo güele a escarpines! ¿Qué temes fantasía? Pensamiento , ¿a dó vas si a tu centro has ya llegado? Amor, ¿cómo si vive mi cuidado no abre bocas al alma mi tormento? ¿Qué aguardas ya, cobarde atrevimiento? ¿Qué esperas si esperanzas te han cansado? Goza de la ocasión pues te la ha dado quien da por pocas horas el contento. No sueltes de la mano al homicida, pues solo a fin de darte muerte avara ha dado dulce vida a tus deseos. Forma lazos que impidan su partida, y pues el daño ha sido cara a cara no busques el remedio por rodeos. Soñando está mi señora. Señora mía, ¿qué tienes? ¿Cómo, si el alma en ti mora, Sebastián, alma no tienes pues matas a quien te adora? ¡Cielos! ¿qué es esto que siento? ¡Que solo aquí esto faltaba, demonio, a tu falso intento! ¡Ay, dulces lazos! Soñaba. Mas, ¿qué es esto? ¿Abrazo el viento? Señora, no has vuelto en ti. Emporta disimular. ¡Ah, mi señora! ¡Ay de mí! ¿Qué tienes? Que ya el soñar sirve de alcahuete aquí. Por Dios que es lindo arancel este a mi traza acomodo. Ya tengo visto el papel. ¿Habeislo entendido todo? Ya he visto lo que hay en él. Y con esto adiós, que es hora y he de acudir a palacio. Qué, ¿huyes de quien te adora? Y porque el preciso espacio me impide lo más agora, solo dice la malicia del papel que has ofrecido a quien rectitud cudicia, que siente ser ofendido Dios con muestras de justicia. También yo me voy, mi bien. Ya se hubiera de haber ido. ¡Tal favor para en desdén! Siempre perejil ha sido un desdén del querer bien. Yo como sin apetito. Yo sin esperanza muero, pero tanto más me incito cuanto más el bien que quiero por desdichada me quito. He de adorarte, a pesar del rigor con que me trata cruel, tu disimular; pero el amor que me mata me sabrá el remedio dar. Adiós, reina. Adiós, señor. ¿Qué he de hacer? ¡Ah, suerte dura! Pero, desdichas, valor, que aunque pueda la ventura tanto más puede el amor.
JORNADA SEGUNDA
Tomad el debido asiento Sebastián, a la justicia de vuestro recogimiento, que quien honraros cudicia halla en vos honras sin cuento. Este es el lugar decente al cargo que en vos la ley hace en todo preeminente, que aquí no vengo a ser rey sino solo a ser oyente. Y decid a vuestro modo cualquier libelo u descargo pues que sois pretor en todo, y pues que a tan grande cargo, tal Eneas acomodo. Aunque es tan grande la alteza, señor, son tuyos los grados porque sube mi bajeza, que en los vasallos honrados se ve del rey la grandeza; no puedo subir a más después que aquí me subiste, que es la merced que hecho has no como yo, a quien la diste, sino como tú que das; pues a todos me prefieres en este subido vuelo, verás si verlo pudieres, que imagino darle al cielo lo que tú quitarle quieres; y pues ya, con tu licencia, es hora de que veamos los pleitos en tu presencia, empiecen, porque podamos dar a tu gusto sentencia. si el ser primero en las canas y en las desgracias primero, primero me puede hacer también en el parlamento. Sabed, famoso pretor, a quien vuelva el justo cielo las presentes esperanzas en dignísimos trofeos, que para que Roma entienda que aunque yo quiera no puedo degenerar de la sangre de mis insignes abuelos, pienso agora renovar a la memoria los hechos que haciendo ilustre la patria se han podido hacer eternos. Yo soy, aunque en mi nobleza cierto coronista tengo, Torcato, que del más justo por línea recta deciendo. Las pirámides ilustres, los nunca marchitos templos que de vitorias antiguas son hoy un seguro ejemplo, y las levantadas águilas, los simulacros soberbios, los idificios que afrentan mil mausoleos el templos, las estatuas que parece que a voces están diciendo con ser de piedra y de bronce que son señoras del tiempo, los arcos que en la grandeza parecen iris del cielo por donde entran victoriosos los atlantes del imperio; al fin, las hazañas raras que de este globoso cuerpo hacen a Roma cabeza por razón y por derecho; todo, a pesar de traidores que invidian mi justo celo, y son, con mis nobles canas lo que con Cleopatra Selio, da bien claro testimonio de que jamás en mi pecho pueden caber las traiciones que me imputan sus libelos; que Marcio infame, que Horacio, que Scévola, que Pompeyo que Cocles que Marco Tulio que Bruto, que Tolomeo, jamás de la patria han sido tan celosos como el viejo que agora en presencia tuya calumnian falsos terceros. ¿Yo contra el culto divino? ¿Yo contra Jove supremo? Mover podía los labios si no muevo el pensamiento yo, que tantas veces pude aun con las canas que peino, de las voces defender el nombre que aquí defiendo; yo, que con la espada al lado, que agora colgada tengo de los clavos de mi honor, contra su color, sustento pude de la patria ser siempre el Acates primero, en la guerra con los brazos y en la paz con el consejo, ¿había de dar, traidores, el torpe consentimiento a su ofensa, pues con ella tan solo mi nombre ofendo? Yo, de mis hijos que son la ley de Cristo siguiendo, hijos de mi maldición y no de mis pensamientos, ¿había de ser amparo? ¿Y de los falsos intentos con que afrentando la patria afrentan al mismo cielo? Pero, dejando razones, que las que voy prosiguiendo ofenden mi rectitud si con ellas la encarezco, digo que ellos en mi fama la dolosa boca han puesto, haciendo solo a la invidia de sus traiciones tormento. Mienten como mal nacidos, en tu presencia los reto, que ya se ve su maldad que están a mi voz atentos. No te parezca, señor, de que imposibles emprendo, que aunque soy viejo en los años me hace la razón mancebo. Y para que se conozca mejor lo que estoy diciendo y pueda ser mi verdad de sus mentiras espejo, el primero quiero ser que siegue el infame cuello de los que hacen parricida a quien nobles los ha hecho; yo, con esta mano misma, a pesar del amor, quiero quitarles el noble ser que mis desdichas le dieron. Esta es la verdad, pretor, este Torcato, y, mi celo, el que te ha de asegurar lo que vieres en mi pecho. si el estar en tu presencia a quien de ella tan mal usa puede dar esta licencia, tiene muy bastante excusa una tan grande insolencia, porque quien los labios mueve, señor, delante de ti a quien respeto se debe, no si atrevido a mí antes, solo a ti se atreve; pero, pues que se deslengua un viejo, que cual mujer armas hace de la lengua, pensar que puede ofender con ella, será la mengua; y ansí porque no se intente contra su temeridad la respuesta equivalente, ya responde mi verdad que solo quien miente, miente. Esto castiga en efeto palabras locas y vanas, pero, callad, que os prometo.... ¡Ah, mal nacido! ¡Ah, mis canas! ¿Qué es esto? ¿No hay más respecto? ¿Cómo? ¿No veis que está aquí, cuando no estuviera yo, quien me representa a mí? Señor, ¿cuándo mereció nadie lo que merecí? Como tu pequeña hechura esos favores consiento que tu grandeza asegura, pues que no la represento aunque es pintor mi ventura; a ti sí que es impericia no estimar el que más puede y que más honor cudicia, pues sus límites excede en su valor ]ajusticia; y ansí con ella, que intenta solo la paz de ese estado que tu grandeza sustenta, puedes ver que pierde el grado en tu presencia la afrenta; si es acaso que te ofenden de tan pequeña ocasión, solo disgustos atienden, pues que de averiguación siempre estos negocios penden; y ansí, con ella podrá tener medio el fin que a fines peores ocasión da. Esto es bien que determines. Bien determinado está. Y por agora dilato el castigo que otra vez castigara tan mal trato: Fabricio, sed más cortés, sed más sufrido, Torcato. Con esto quede acabado el pleito con que acrisolo mi paciencia en tanto grado; y los más, pues este solo a todos tiempos sea dado, que hoy en la cárcel podrán pues es día de visita, verse los más. Sebastián, vámonos. Señor, pues imita tu justicia a que ya dan, la fama y tiempo con mano larga y no perecedera la rectitud que a Trajano conmigo agora no quiera no parecer de romano. Ante ti, la presunción, falta de tanta deshonra, ha dado la información, y ante ti, también mi honra ofrece satisfación; hoy, aunque solo al tenor remites esta justicia quiero que veas, señor, que en algunos hay malicia lo que en mí sobra de honor Tú, y todos los que estamos presentes hoy, de mi fe la justa fuerza veamos. Yo, Torcato, me hallaré y en la visita veamos. Vanse todos y sale Rosela. ¿A dó me llevas pensamiento osado? ¿No ves quién soy, no ves la fama mía? Y si nace de amor esta osadía, ¿cómo se atreve Amor a un pecho honrado? ¿Tanto puede la fuerza de un cuidado? ¿Tantos desvelos, tal desorden cría, habiendo apenas un pequeño día que de un descuido mío fue criado? Pero ¡qué no podrás, ciego desnudo, pues sin matar abrasas corazones de mármol hechos y de fino acero! si eres el mismo infierno a veces dudo. Pero, tirano, pocas dilaciones, da remedio a mí o mi muerte quiero. Aquí, al volver de palacio te he perdido, mi Rosela. si traigo en el alma espuela, ¿cómo he de venir despacio? ¿Cómo no quieres que exceda en correr al mismo viento, si voy tras un pensamiento que no hay quién llegarle pueda? ¡Ah, Julia! Ya de mi vida ni aun la muerte el rigor quiere pues vivo, y de rabia muere cualquier mujer ofendida. Amor, ¿cuándo ha de acabar el mal que ansina acabó? Mientes bellaco, que yo solo a Julia he de gozar; tú, ni cuantos mira el sol, quitármela emprenderán, ¡no saben que soy Guzmán! Y ... más, ¡Guzmán español! ¡Por vida de...! ¿Qué locura es esta? Solo merece... ¿Es algún bien que me ofrece hoy por yerro mi ventura? ¿No es este Guzmán? Él es. Pues él solo ha de poder valerme, que he menester desta cabeza los pies. Llámale Julia, y sabré de su fe, pues es leal, porqué se tratan tan mal los quilates de mi fe; llámale, que en consiste de mis males el remedio, que en estos fines el medio juzga quien vive tan triste. ¡Sal aquí!... Sal, y verás Que es solo la prenda mía. ¡Ah, galán! Señora mía, ¿viene de guerra u de paz? Porque reina Marte agora y no hay quien trate de amor. ¡Jesús, qué bravo señor! ¡Jesús, qué fea señora! Pues ¿sin ver lo que desdeña se hace, Guzmán, tan mal quisto? No basta no haberlo visto para prueba no pequeña. Dígame, ¿no es cosa cierta, y no presunción y antojo, que no tenías de un ojo o.... cuando le tenga es tuerta? Esto es cosa averiguada, y fácil lo probaré, que pocas veces se ve mujer hermosa tapada; está tomado a las manos, nunca encubren cara buena, si ansí la tuviera Helena hoy vivieran los troyanos. Güélgome que en ese punto su amor esté, mi señor. ¡Oh, Julia!, que está mi amor con más [de] dos palmos de unto, ¡no hay más firme Durandarte Julia, en todo peregrina! Que en corriendo la cortina.... solo es mi oficio adorarte. Perdóname, que pequé no conociendo quién eras. Haces burla de las veras, conque has de pagar mi fe. ¿Burla cuando con la espada me ves hecho un Tamorlán? ¿Qué es lo que ha sido, Guzmán? El disimulo me agrada, piensa que el dedo me chupo. Pues sepa, ya que me incita, que sé que lo que me quita a otro en suerte le cupo. Pero callo hasta que veas tú y el lacayo truhan, que soy hierro de Milán aunque tú de bronce seas. Muera el infame. Repara en que ya tu fe se muda, pues de mi voluntad dudas siendo voluntad tan clara. ¿No ves que de vicio pecas ¡Oh! Encomiendo a Bercebú esto de querer a secas: todo es venir Junos o Tetis amor, nieve, hielo, llamas, todo ha de ser amo, amas, ¿no habrá un día meto, metis? ¿Dónde estás vino y jamón que es el perfeto adorar? Mira que quien sabe amar sabe alcanzar posesión. Miren de qué vino un trago seque preñada bodega, sino de amor que si llega apretarse y todo es trago; amar tengo de aprender de mi amo. ¿Estás burlando? Y él, ¿cómo ama? No amando, y quiere con no querer. Muy bien os conozco, honradas, de nuestro bien homicidas, que solo olvidáis queridas para querer olvidadas; ya sé el compás del rigor con que pagáis nuestro bien pues solo puro desdén es precio de vuestro amor. Por Dios que mede hacer grave. ¿Por tanto bien tanto mal? Haced de eso un memorial y os despacharé. ¡No sabe el que no negocia ansí! ¿No ve que le veo el juego? Estoy con poco sosiego, no estoy para eso. ¡Ay de mí! Pensamiento, ¡lo que escucha una mujer afligida, mientras que su triste vida con tantos rigores lucha! Guzmán, pues sabes de amor, ¿hallas en su seta ley, que haciendo del alma rey la sombra de tu señor, cuando de mi mal el medio a buscar remedio llega, el alma sin rigor niega a mis ansias el remedio? Dime, pues que sabes de él el más oscuro secreto, de este tan terrible efecto cuál es la causa cruel. ¿Tengo grande competencia y es mi contraria muy fuerte? ¿Quiere, ausente, que mi suerte hace milagros de ausencia? O, ¿tiene en Roma la dama? ¿Es muy discreta? ¿Es muy bella? y él, ¿quiérela mucho? y ¿ella? Dime sus desvelos, ¿ama? Sepa al fin quién más le agrada cuando mi amor acrisolo, que quiero saber si solo me muero de desdichada. Quien no te conoce, Amor, por ti desta suerte muere. ¿No me respondes? No quiere responderte mi dolor, que estoy un poco sentido de ver que el amor te trate de esa suerte, es disparate no trocarle con olvido; de mí podéis aprender. Y no te metas agora en querer saber, señora, lo que te viene a ofender, sino hacer como yo: que aunque agora hablarme quiere Julia, y ya por mí se muere, no tengo de hablarla. ¿No? ¡aguarde que yo vaya [a] hablarle! Sí, ¡moriré si ella no me habla! A fe que este muy bien ensaya cuando me ve perecer. ¿beso tratas, Julia ingrata? Señora, cada uno trata de lo que ha menester; pero también yo tratara de servirte luego aquí sin duda sé si /// si ¿qué? si Julia me hablara.... ¡que estoy vuelto blanda cera a los que pude enojar! Que yo no le pienso hablar aunque ya por mí se muera. ¡A fe que es muy gentil joya! Cese tal rigor, te ruego, que eres leña de este fuego y quedaré como Troya. ¡Ea!, que esto se acabó. Pues la tercera me haces bien puedes hacer las paces. Estoy por decir de no, pero a tu gusto me allano. Que ncezco tu beldad; pero ¿cuándo una amistad se hace sin dar la mano? Toma la mano, que en todo he de agradarte, Guzmán. ¿Cómo? ¡Que mano me dan! subo al cielo de este modo. Y vos, amante tercera, dejad a Guzmán hacer que, por Dios, que habéis de ser con mi amo la primera; solo os digo por agora, por vida de Julia, que no siento quién de su fe el blanco sea, señora: solo en el noble ejercicio de su cargo se entretiene, quien solo la culpa tiene es el senador Fabricio; es su amigo, y el buen trato que con él usar pretende sólo, Rosela, te ofende y le hace ser ingrato; pero con el desengaño remediarás su desdén. ¡Que envuelto en quererme bien me haga ese hombre tanto daño! Amigo, si de eso pende solo el fin de mi pesar yo lo sabré remediar. Pues remediarle pretende; y lo más, aunque me alargo como ves en prometer, sabré en tus manos poner pues de ello una vez me encargo, y si quieres, esta noche, disfrazada como estás, hablarle puedes. Atrás volviste el dorado coche otra vez por Josué sol, y porque me socorras que con ligereza corras solo te pide mi fe. ¿Podré hablarle? Pues lo digo, no tienes más que acudir esta noche. Iré a vivir si esto haces, caro amigo. Voyme, que en palacio queda mi señor y ha de aguardarme. Vamos. Ve, que has de pagarme. ¿Cómo? En la misma moneda. Misericordia, Dios, la tuya ablande tu justicia fundada en mi pecado. Misericordia, Dios, según la grande misericordia de que estás cercado. Según la multitud de que está lleno de tus misericordias el Sagrado. Apaga mi maldad, limpia el veneno, y de mis vicios en tu ofensa atroces otra vez limpia mi aceroso seno. Conozco mi maldad y Tú conoces que es tal de circunstancias el exceso que mi pecado mismo me da voces; pequé Dios contra ti, yo lo confieso, y ante la deidad tremenda tuya forme de mis delitos el proceso. Cualquier sospecha de los pechos huya que piensen que es injusto este castigo, y en mi daño tu bondad se arguya. Que pequé contra Ti mil veces digo, porque vencedor quedes si juzgado fueras de los que engaña el enemigo. He sido concebido ya en pecado, y en pecado también la madre mía a la madre común me tiene echado. Amaste la verdad y siendo guía de mi poco saber lo más incierto supo de tu saber mi fantasía. Con tu néctar divino, aunque más muerto en el pecado, una vez lavado llegaré más que nieve al dulce puerto. A mi oído darás el deseado gusto celeste, porque tu justicia mi lengua anuncie al pueblo revelado. Los labios que ha cebado la malicia con tal gracia abrirás porque te alabe la boca que alabar tal bien cudicia. Sacrificios te diera, pero sabe mi alma que no quieres sacrificio de aquel en quien pecado alguno cabe. El sacrificio santo: el sacrificio que Dios tiene por tal, es solamente el corazón sin mácula ni vicio. En Vuestra voluntad benignamente osa, habed con Sion porque sus muros puedan reedificarse nuevamente. Entonces, pues podré darte siguros los sacrificios y las oblaciones, y en tu divino altar se pondrán puros eternamente mil humildes dones. Señor, mil gracias os doy pues que con vuestra copilla habéis realzado el fin de un fin que a Vos solo aspira. Alaben vuestra grandeza, Señor, pues la voz divina de vuestros celestes coros ayuda nuestra impericia. ¡Hermano! Querido hermano, ¿cómo estás? Estar quería de manera que pudiese responder mi voz indigna que está bueno del todo con aquesta ley divina. Y tú, ¿cómo estás en medio de la pena merecida? ¡Ay, hermano! ¡Que es tan dulce que ella a sufrirla me anima! Parece que siente el alma entre la tristeza misma, un consuelo que la llena de la divina alegría; suave es la carga en todo, y más, cuando con justicia con nuestras largas maldades tan corta pena se mida. Eres valiente soldado mas solo a Cristo se rindan las gracias, pues sin Su gracia somos la miseria misma. Él solo, cual Buen Pastor, estas ovejas perdidas con su poderosa mano al lobo sangriento quita; la falsedad de los dioses que hasta agora nos traía ajenos del bien que aquí aún a más bien nos incita, era, con la ceguedad, la mal cerrada traílla de que la Cruz como sabes a pesar suyo nos libra. ¡Ah, pobre padre! ¿Es pusible que no mira tu desdicha que solo vive quien pierde aquí por Cristo la vida? Esto solo me da pena en medio la pena mía, que la paloma no engendra las águilas que al sol miran. Consuélate, amado Dino, con que alabando el salmista los juicios no alcanzados de la justicia divina, ¡a vuestro Dios alabad, hijos de ira! les decía, pues no comunica a todos lo que a vos os comunica. Él solo cual dispensero de Su hacienda infinita nos da los bienes de gracia que nadie a darlos le obliga. Rinde alabanzas al cielo, que el fariseo sentía bondad si del publicano no mirase la malicia. Pan, ya no podré comeros, que no podréis hacer liga con el Pan que desde el cielo quien me sustenta me envía. A mi hermano le llevad que ha que no come dos días, que en mí las lágrimas solo son ya la dulce comida. Vuelve, piadosa mujer, el pan que me das, pues quitas al alma el gusto que es Cristo, que Él es la dulce cura misma. ¿Qué más sabroso maná, qué néctar de más estima, que una gota de Su gracia sobre mi culpa esparcida? Aquí tiene el pensamiento aunque por disímil vía los españoles sustentos contra livianas delicias aquí mi alma que ya con favor del cielo olvida a las cebollas de Egipto, por cielo solo suspira; aquí con su vara santa rompe amor las peñas vivas de que mi ventura saca agua y sustento de vida; y pues esto como, mal podré comer esto, amiga, que manjares diferentes para matar juntos lidian. Este sí que es pan del cielo que da vida al alma y cuerpo. Señor, ¿tanto bien por malo merezco? Cómo, ¿que esto alcanzo cuando atrás me quedo? Pan del cielo mismo mil veces os beso. Vos sí que podéis solo dar sustento. Este sí que es pan del cielo que da vida en alma y cuerpo. Ya os hace el alma caja de mi pecho. Porque viva el alma entrad en mi seno. ¡Qué gusto tan grande en mi pecho siento! ¡Este sí que vuelve harto al más hambriento! Este sí que es pan del cielo que da vida en alma y cuerpo. Poned dos sillas que quiere hoy el mismo emperador honrar la cárcel. Señor, hoy viviré si muriere. No sé qué rumor en casa siento. Pienso, señor, que ha llegado ya el pretor. Sin duda él es, ya está dentro. ¡Plaza! ¡Plaza! Pues trai a su majestad aquí el pretor de Torcato, relátese. Ya relato, con tu licencia. Empezad. Hase procesado contra Torcato Colona. Señor del Estado, debita no[s] lo siguiente: Impútasele ser sospechoso en la fe y la religión de los dioses por el socorro y favor que ha dado a dos hijos suyos presos en esta cárcel por apóstatas de su ley y secuaces de la Cristo. Bastante ocasión [hay de]hacer probable presunción contra la complicidad de Torcato Colona en el mismo delito, así por lo supra puesto como por celar y encubrir los delincuentes sin dar de ellos noticia al Pretor Perfecto del conocimiento de estas causas. Lo que visto por el dicho Pretor y verbal descargo, sin más prueba [contra] dicho Torcato Colona, mandó se librase suelto ofreciendo [el acusado] descargo con testigos y últimamente con una personal reprehensión y paterno aviso que le[s] dio ante Su Sacra Majestad, el Emperador, a sus presos hijos. Ha contradicho con testigos fidedignos lo contrapuesto, y porque faltó solo lo más y está pronto para hacerlo, Su Majestad se sirva de qué en presencia, pues que ha venido para ese efecto Su Presencia. Torcato, pues que en presencia de vuestros hijos estáis, empezad, no os detengáis. Empiezo con tu licencia. Apenas puedo mover, hijos, los honrados labios que los tiene a pesar mío hoy vuestra infamia cerrados; apenas puede la lengua, en mi deshonra pensando, descubrir el noble pecho los pensamientos honrados; apenas promulgar puedo estas palabras que entablo, que las que digo, la ira saca del alma a pedazos. Con mis ojos, si los tengo, presos os estoy mirando, y por los dioses que adoro que pienso que es sueño vano. ¡No lo creo! ¡No es posible! Y, ¡quién puede imaginarlo! ¿Por rebeldes a su ley presos hijos de Torcato? ¿Habéis acaso aprendido de vuestros padres? ¿Acaso heredasteis con la sangre estos intentos villanos? Vos, que en vuestros descendientes como en un espejo claro veis Catones en prudencia, en grandezas Alejandros, Césares en las victorias, en la fe Scévolas raros, de su ilustre descendencia, ¿así habéis degenerado que en vuestra patria, a mi vista, estáis presos por cristianos? ¿Qué es esto, traidores? ¿Quién pudo dar tan torpe amparo? U ¿quién, para infamia mía, infames os ha trocado? En el celo con que tengo conservado ha tantos años el valor que siempre ha sido de los nobles el dechado, en el nido con que siempre siendo mozo, con mis brazos pude defender la patria que agora estáis afrentando, ¿habéis echado de ver, cobardes, algún traslado que obligándoos a ofenderme os obligase a imitarlo? ¿Qué tradiciones han sido causa de tan grande daño? ¡Malnacidos!, aunque nobles, bien malnacidos os llamo. ¿Vos sois mis hijos? ¿Vos sois fruto de aquel tronco claro que han dado por flores siempre a la flor de los romanos? ¿Vos sois de aquellos de quien las esperanzas formaron en un sujeto los portes que han dado renombre a tantos? Pero ¿para qué me aflijo y tantas palabras gasto, si tengo manos, y tengo, cobardes, la espada al lado? Con ella a vueltas del alma el intento he de quitaros si atrás no vuelve ese río que va al mar de mis agravios; yo solo seré verdugo vuestras cabezas cortando, que es de afrentados muy propio tener tan infames cargos. ¿Qué me respondéis? ¡Hablad! Y mirad que en este paso están juntos vida y honra, afrenta y fin desdichado. n Calla, cruel parricida, cierra ya la boca y lengua pues la vida quitar quieres a quien quiere vida eterna. Ni puede sufrir el alma que a pesar tuyo profesa defender la ley de Cristo en la paz como en la guerra, no puede sufrir el brío de quien sigue la bandera del capitán de Israel con ventaja y placa nueva, no puede sufrir el celo que en esta humilde flaqueza hizo noble y atrevido del cielo la fortaleza, no puede sufrir, al fin, la razón que a voces llega a pedirle al corazón esta tan justa defensa, que en un padre en quien habían, si algo del cielo tuviera, hallar sus hijos el bien que aquí su maldad les niega, tú, que al Pelícano noble en todo imitar debieras dando a tus hijos tu sangre, la suya verter deseas. ¿Cómo es posible que el cielo que solo bondad sustenta no forme rayos que abrasen y maten tanta soberbia? ¿Cómo es posible que siendo llamado en la ley hebrea el gran Dios de las venganzas, tú su respeto le pierdas? ¿No temes que cuando abras la boca se abra la tierra para que vivo te trague, pues tienes la fe tan muerta? ¿Cómo esa lengua tirana a los labios no se apega y abre bocas en el alma la ceguedad que la cierra? ¿Cómo no te da aldabadas, mal padre, la razón mesma que a los más brutos los da a ley de naturaleza? ¿Cómo si tienen de Isaac la virtud y la obediencia tus hijos, tú de Abraham no tienes la fe suprema? ¿Cómo si ya por sus hijos el Hijo Dios los asienta, hijos de Rubén y Gada los hace tu mala secta? ¿Cómo, dime, indigno osa[s], en el hombro no escarmientas, pues a dos arcos de Cristo tan sin respecto te allegas? Di, ¿no conoces su ley? Quisiera hacer de ella prueba, pero callo, que sin duda es alabarla ofenderla; abre los ojos que tienen sin luz tan grandes tinieblas y ve que por piedra y bronce al Criador de todo dejas. ¿Dejas Aquél que formó antes que forma tuvieran los hombres, que hoy sus favores con agravios recompensan, solo para tu servicio, y estrellas, cielo y planetas, aves, animales, plantas, agua, aire, fuego y tierra? ¿Dejas Aquél que no tiene de humana correspondencia porque solo es impasible, tiene en sí divina esencia, por un barro quebradizo, por una falsa moneda que solo corre entre quien con el infierno comienza, por unos toros de bronce, en quien perrillos se entran que dan concertadas voces a tus preguntas respuestas? ¡Vuelve, vuelve sobre ti Jerusalén con dejar que es cosa injusta que el tronco de tales plantas se pierda! Hasta aquí pasé callando, pero el silencio rompiera del más duro corazón ver tan conocida afrenta. Yo soy el que hablo, romanos, yo soy el que hablo, César, el capitán con que a Cristo quisiste hacer cruda guerra. Temí, porque eché de ver en la primera refriega que el mostrar fuerzas con Él era la mayor flaqueza. Ya soy soldado de Cristo y ya sé cómo pelean los que en su tercio se alistan pues hay quien por ellos tercia. Solo de Cristo la ley, romanos, es verdadera, y pues soy soldado suyo quien los contradice ...¡muera! Dame tus pies Sebastián, deja que bese la tierra adonde pone las plantas quien ya pisa las estrellas. Deja que mi voz indigna aunque pues hoy por ti llega a ser formada, sin duda que es del cielo su rudeza. Todo cuanto hablaste hoy siendo por naturaleza tan muda que solo pudo mudarme tu voz, se asienta en el alma, que ya pide con la fe que tú profesas, a tus poderes favor y a mis culpas justa pena. Metido estoy en el caos de estas confusas quimeras, y apenas [a] hablar ni oír ojos ni oídos aciertan. ¿Qué es esto, cielo enemigo? ¿Cómo ansí se desvergüenza esta canalla soez delante de mi presencia? ¿Estás en ti, Sebastián? Di, de quién eres ¿te acuerdas? Cuando pronuncia tu boca tan conocidas blasfemias, sin duda que ya te olvidas de que en la nación francesa es tu casa la mejor, y tú el más malo te muestras. Pues, guárdate de mi furia, que, aunque estés loco, la pena te hará cuerdo, ¡por el cielo que mi grandeza sustenta! ¡Ay, ciego, cómo te engañas! Pues conociéndome piensas que podrán tus amenazas en mí, más que mi firmeza. Inventa castigos nuevos, nuevos tormentos inventa, y tu falsa tiranía forme Mongibelos; y Etnas que el alma hidrópica está por Su licor tan sedienta, que solo siente que halle dulzura en sus asperezas. Soldado del cielo soy, mira si es justo que tema tus cobardes prevenciones quien con su favor pelea. Matrona honrada, tened firme tan honrada prenda, que solo pueden llamarse las prendas del alma prendas. Y vos, Josafás, metidos en esa oscura cisterna para que del sacro Egipto gocéis las sillas eternas. ¿Qué decís? ¿Volvéis atrás? ¿No tenéis la fortaleza que en vos, el Sansón del cielo, como obra tan suya muestra? ¿Qué respondéis? Que primero, mil almas, si mil tuviera, rompiera el torpe cuchillo y no mi mucha firmeza. A Cristo mi alma adora, y quién esta verdad niega, pues quien la sustenta vive a pesar del mundo: ¿Cómo? Que esto más tenías? ¡Hechizos! A fe que emplea muy bien la sangre y valor que de sus padres hereda. ¿Piensas encubrir por voces lo que discubre la fuerza? De esto mal das de mí, ingrato, u ¿que estoy sin seso piensas? Quitadlo luego la espada, que presto le haré que vea lo que va de mi privanza a mi desgracia. ¿Qué esperas Fabricio? ¿En qué te detienes? Llega, y sin armas lo deja. Solo aguardaba señor para hacerlo esa licencia, y con la mía, si acaso no estuviera en tu presencia, tiempo ha que hubiera atajado lo que atajar tú debieras. ¡Dadme la espada! Tomadla, Fabricio, que en esta guerra el rendirla es valentía pues sin armas se pelea. Las armas doy, y la vida harto más contento diera por Quien por caudal tan corto me da ganancia tan cierta. Mil gracias os doy, Señor, que, aunque estos milagros muestran vuestra grandeza, sin ellos mi fe por Dios os confiesa. Ya, Fabricio, vivir puedes sin darte celos amor, pues que tu competidor muere porque vivo quedes. Mi vida en su muerte está. Fabricio, solo se trate aunque agora se dilate, su muerte, que tarda ya: en que la oscura mazmorra que ocupan los más cristianos ocupe sus pies y manos porque ansí sus glorias borra; hasta que mi furia llegue tomad esto a vuestro cargo, y pues en más no me alargo, luego al momento se lleve esta su secuaz también al mismo lugar. En todo he de servirte. ¡Qué modo tan cierto de cierto bien! Pues acaba la visita, esto baste por agora. Señor, pues el alma llora sin duda que a Pedro II imita. Torcato, de vos se espera de mayores dudas corte, sois lo mejor de mi corte. Así del cielo lo fuera. Dad efeto a lo que digo, mirad bien lo que os encargo. Solo es servirte mi cargo. A darte gusto me obligo. Vamos, que habéis dado vuelo para haceros mayor guerra. No teme nada en la guerra quien es soldado del cielo.
JORNADA TERCERA
María sacrosanta con quien esta barquilla ya perdida del golfo se alevanta y surge al puerto de la eterna vida, pues cual con vos se entabla mi bien, no os soltaré, divina tabla. Pues goza mi ventura el bien que con tan grande medianera el cielo me asegura, vida es la muerte que la vida espera que ya con él me iguala. De vuestros grados la divina escala por Vos el alma sube cual por la de Jacob el ángel santo, hasta tocar la nube de quien el agua es solo eterno llanto, y de Vos amparado ya llego [a] hablar con Jesucristo al lado. Ya, Pastor que a la tierra vinisteis por la oveja que balaba, medio la dura guerra que el insaciable lobo le causaba, esta humilde ovejuela en las alas del ave a veros vuela. Asido a la cadena con que más libre a Vos subir pretendo, en esta dulce pena veo que vivo cuando voy muriendo, que si en el bien que entablo fui suelto Sebastián, soy preso Pablo. ¡Sebastián! ¿Quién ha llamado? ¿No conoces quién te llama? De vista no, por la fama sí que venís señalado. ¿Quién soy? Sin duda que mucho en esa pregunta medro pues lo que otra vez a Pedro hoy preguntaros escucho, y ansí con él, pues recibo de vos favor jamás visto digo, señor, que sois Cristo, Hijo del mismo Dios vivo. Y tú, pues cual puro Pedro ciñes de gracia la hiedra, dejas una rica piedra del fundamento de Pedro. Seré quien rompiendo el fuerte de los gustos con la fe a la vida me entraré por las puertas de la muerte. Seré quien el nombre santo de un Cristo que es Dios y hombre defenderé, porque asombre todo el reino del espanto. Seré quien con la memoria de las divinas señales de mi afrenta haré puntales que sustenten vuestra gloria. Seré quien en el estrecho de la mayor confusión, peto haré del corazón para dar polvos al pecho. Seré quien el alma asida a tan divinas prisiones, buscaré solo ocasiones de perder por Vos la vida. Seré, al fin, cuando me alisto en el libro de la fe, quien a mí me venceré pues soy soldado de Cristo. Ya conozco Sebastián en lo que habéis peleado, que mostráis siendo soldado el valor del capitán; por vos se echa bien de ver la bandera que seguís, que el fruto que producís buen tronco debe tener; proseguid con el valor que hasta aquí, pues que tendréis ocasiones en que habréis bien menester mi favor. mas fiad, fuerte corazón, ya que esperanzas mostráis para que presto seáis de mis armas el blasón; pues aunque tan falsas setas me persigan, ya no dudo que habréis de ser el escudo donde quiebren sus saetas. Quedad en paz, y tened esperanza en mi Pasión. Pues sois otro Simeón en todo cual él me haced. Agora, ya que mis ojos tanto bien pudieron ver, dejad que os pueda ofrecer desta vida los despojos; dejad pues que puesta en calma sin Vos ya mi vista queda, que con ella seguir pueda a quien sigo con el alma; si para perderle tuve tanto bien como en crisol ved, Señor, que de aquel sol es esta ausencia la nube. Pero, alegre confianza, todo mi pesar detén pues que de tan grande bien es posesión la esperanza; y ansí, pues el corazón con ese medio se ensaya, será muy justo que vaya [a] ver mis presos, que es razón; y [a] aquesta mazmorra unidos están con ánimo fuerte, llamando a la honrada muerte con amorosos gemidos; que a mí porque no merezco tan dulce mal, se me da esta libertad que ya por solo el nombre aborrezco. Retablos en quien contemplo resumida la verdad de que dais notable ejemplo, cantando a la Trinad ¡oh Tres! en su nuevo templo; tal es la región del fuego que en vuestros pechos mostráis, faltos de humanos sosiegos al mismo Dios obligáis a hacer cuánto en este juego; discípulos que al Tabor para ver de Dios la gloria subido habéis por tenor aunque en la buena vitoria por despiertos es mayor; piense adónde los enojos el mundo con nuevo brío, dar pasajes a sus antojos por donde de gracia el río pasa por tus claros ojos. ¿Cómo estáis? Aunque hace afrenta esta pregunta al valor que un alguacil tal sustenta, que es la bonanza mejor del puerto desta tormenta; ya sé que ánimo no falta a quien le sobra virtud con que las penas esmalta. Santo, vuestra rectitud hace nuestra humildad alta. Aquí la vida que ya solo muerte solicita, al cielo alabanzas da, aunque ya con tal visita en el mismo cielo está. Bien dices, que sé la alegría que su santa vista encierra, es tal que a voces diría si hubiese cielo en la tierra que a Dios cual cielo tenía. Dios os dará la corona en Él de claveles llena. Y vos, constante matrona, ¿halláis el gusto en la pena que sufrir dichoso abona? ¿Tenéis vuestro peto fuerte de algún alabastro hecho? Porque en padecer acierte solo desea este pecho mil muertes en una muerte. No vuelve atrás quien se emplea una vez en buscar gloria aunque más peligros vea, que está cierta la vitoria en quien por tal Dios pelea, y más estando a tu lado; aunque más el perro ladra, a quien quitaste el bocado, no puedo dejar tu escuadra pues que la suya he dejado. Al valor que el pecho exhala ¿qué Julio se iguala a Julia cuando en armas se señala? Ni ¿qué Judith en Betulias valor tan divino iguala? ¿Qué Cleopatra? ¿Qué Lucrecia? ¿Qué Porcia? ¿Qué casta Dido, ansí la muerte desprecia? Dichosa tú, que has podido ser más fuerte y menos necia; la corona te apercibe del siempre verde laurel quien bien tu valor recibe, y porque vivas con Él desde allá contigo vive. Que mucho pues si en tu pecho se atesora tal valor que venzas pues que de hecho, de ejercicios el Señor ya tu valiente se ha hecho. Los dos habéis de morir, luego vos lo habéis querido desdeciros o sufrir. Y tú, que a un triste marido en sí quisiste abatir empezarás a pagar con tu merecida muerte lo que pudiese causar; aunque no hay pena que acierte cuando acierte a castigar, no hay tormento que se iguale con tan notable delito, cualquier pena aquí no vale si yo con penas limito lo que de límite sale. Pero muere, aunque no basta que con muerte se desangre quien ansí mi honor contrasta, y muera también la sangre que tiene tan mala casta; mueran tus hijos y sepa el mundo que un parricida es bien que en el mundo quepa, que no han de quedar con vida hijos de tan mala seta. Hoy sin ti pienso quedar y quedo con mi deshonra. ¡Ah, ciego, pues que mirar no sabes que es solo honra estas afrentas pasar! ¡Ah! ¡Quién darle luz pudiera a tu ceguedad porque; con ojos de la fe viera! Que solo quien vive en fe vive para que no muera. No son muertes las que ordena el mundo, pues solo a muerte su triste vida condena, que es la más felice suerte limitar aquí la pena; ¿pusible es que el verme muda y agora alabanzas dar al cielo, qué, no te muda? mas ¿cómo se viene a estar tu fe de mi fe desnuda? Sin ella no puedes ver lo que con ella se alcanza. Ni tú podrás en mi ser con hechizos ser mudanza que el demonio pudo hacer. Pero ¡cielos! ¿a qué aguardo, y no en tomar de malicia tan grande venganza tardo, y para que hagan justicia tan justa justicia aguardo? ¡Muere a mis manos! mas no, que no es justo que derrame la sangre que te ofendió quien sabe que es tan infame que aún este bien se quitó. Señor, en esta jornada, ya conocéis que sin Vos es toda mi fuerza nada. Eso... si alabar a Dios y morir es cosa honrada. Con mi poco valor mido, inmenso Dios de Jacob, el sufrimiento que os pido, pues cual su mujer con Job es conmigo mi marido. ¡Calla la boca! que estuvo cuanto más cerrada honrada. ¡Cielos que a tanto bien subo! ¡Cómo, Señor, que es llegada la hora que me detuvo hasta aquí vuestra justicia! Hermano, ¿en mí no te aviso? ¿También la muerte cudicia? Pues sepa que ya se entabla la paga de su malicia; aunque tan presto no muere, morirá, no tenga pena. ¡Dichoso si en tal me viere! Es la esperanza muy buena. Buena cuando fin tuviere. ¡A recoger!, que ya llega la hora de este castigo que solo a mí se me niega, ¿no entienden esto que digo? Señor, desta alma tan ciega sed la luz que al cielo guía. Ese hecho... ¡Precurador, vamos! Favor, Virgen pía. ¿También vos? Pero mejor Amágala sabréis vos quienes ni sabía. Apostaré que más de veinticinco de los que ayer me vieron, no conocen quién es el preso que con caña pesca. No me espanto, que salgo del diluvio, de veinte horas de hambre que me han hecho nueva paloma, que desque era tierra, quise hacerme valiente con mi amo por lo de Cristo es Dios, y, ¡voto a Cristo! que me fuera mejor ser un gallina. Dije quera español y quera buena la ley que aquí por mala se condena, y de puño ¡por Dios! me la he pegado. Es una niñería, que mañana dicen que nos aprestan los gaznates y que vamos a ver el otro mundo como si fuera el ir para dar vuelta. Nones, no quiero nada con corónicas que esto de andar con libros, con historias, es solo para griegos y franceses. Vivir quiero y beber del aspirino que pasada la barca de Aqueronte está una venta seca a puro fuego; ahora bien, entre tanto demos traza de ver si caer puede alguna ganga que ha mucho que lo pide el estómago. ¡Ah, mi señor hidalgo! para ayuda de que velemos esta santa casa una limosna dé. ¡Dios le provea! Y a vuacé un borrico de La Mancha. ¡Ah, sor soldado! Una palabra por vida de..... su cara. ¿Qué me quiere? Déjeme, que no vengo para gracias y he perdido el socorro de seis días. Con menos crianza llegue y verá presto como halla compañero en las desgracias. Ya llego. Vive el cielo que no sufro que un hombre dese talle y bizarría haya perdido. Eso hace mi fortuna. Y dígame mi seor, ¿no le han quedado algunos bayoquillos al descuido? ¡Que por Dios que está seca la parola! ¡Miren aquí qué flema! ¿No responde? Pues ¡voto a más! Baste, que es pobre. ¡Ah, señor cara de riñón de puerco! Para traer sustento a estas doncellas venga una caridad. Vengo sin blanca. ¡Plega a Dios que lo digas en galeras! ¡Ah, señora doncella! Aunque perdone, hay algunos chapines ya traídos. ¡Así Dios las despache desta vida y las lleve a la isla de Saturno ! ¿No es Guzmán el que pide? Él es sin duda, y del podrás saber lo que pretendo. ¿Qué me miráis ojitos de murciélago? ¡Que en esta jaula puesto solo puedo imitaros a vos y al papagayo! Vengan aquesos julios que no bastan muchos para que os quiten las haciendas, ¡que me has gustado fregona! ¿No me responden reinas? Pues yo llego. ¡Vive Dios que ha tomado el tiro fuego! Empieza, Julia. Ya empiezo: ¿por qué está preso, Leonor? ¿No sabe por qué estoy preso? No, a fe. Por tener amor a carne de junto al güeso. Pues, ¿por esa niñería? ¡Por Dios! Y me han dejado de suerte que ya quería comer tan solo un bocado, aunque fuese de la fría. ¿Tan hambriento está? Reniego de quien con paciencia está. ¿Va de burlas este juego? Pues que desde ayer acá solo aire come mi fuego. ¿Y no tiene alguna moza que acuda con el sustento? ¡No fuera cebolla el viento! ¿No era muy pesada? ¡Goza de un lacayo los abrazos, que no estima sus dos soles! y olvida por él mis brazos, pues ¡a fe! que solo en coles me ha gastado. ¡Ah, dulces lazos que agora estáis en cadena, pudiendo estar en los míos! ¡Y que no siente su pena! No, los trabajos son míos, de los dos la suerte buena. ¡No ha sido para traer siquiera un torrezno aquí, o algún trago que beber! ¿Ya no se acuerda de mí? Yerro, que mucho es mujer. Aunque no siente mi mal le di seis sopapos juntos, no me ha quedado real, que calza catorce puntos, y ....¡allá se fue mi caudal! Se descubre Julia. ¿Quién es la dama, señor? Tú, mi Julia, tú, mi bien, eres meta de mi amor, pues estimo tu desdén más que de otras el favor; no temo en estas prisiones que como del cuerpo son, no siento sus afliciones, solo siento la prisión del olvido en que me pones. ¿Es posible que mi fe no merece que me veas? Agora, Guzmán, que sé que mi presencia deseas, ni un punto te dejaré; dime lo que es, que no he visto nadie de quien lo sepamos y a cien mil dudas resisto. No es nada, mañana vamos a cenar con Jesucristo. ¿Qué dices? Que mi señor es cristiano y ha querido mostrar aquí su valor, y ansí, Julia, me despido de ti, que no muere amor. ¿Son burlas? Sí, deben ser. mas de tu pecho dañado vengo cruel a entender que me has de ver ahorcado y que no lo has de creer, que es tu rigor peregrino. ¿Traes algo que comer? Ya, que vives imagino. Antes, todo es menester para tan largo camino. ¡si alguna pata trajeras aunque fuera con mostaza....! Vamos, amigo, a las veras, que en el mal que te amenaza tendrás bien si bien esperas: adonde tu amo está, ¿puédese entrar? Pues, ¿quién puede sino Guzmán? Ven acá. si callas, yo haré que quede libre quien cautivo está; da orden que pueda agora hablarle solo, y verás que suelto está, ¡y en un hora! Pues... ya digo que entrarás, ¡y aún más adentro! Señora; no tienes sino colarte, y verás cómo te pongo en la más oculta parte. Amor, aunque yo dispongo, solo es tuya industria y arte. Al toque la primer puerta a nadie se veda. Entro, que convida estando abierta a que entre a buscar mi centro. Entre ella también, ¡si acierta! ¿Novias? ¡Suelta! i Detente ! ¿Qué quieres? ¿Qué he de querer? Pues eres soldado, ver si eres soldado valiente. Luego, ¿hasta aquí no lo has visto? No pues que verlo deseo. Pues conoce por mi empleo que soy soldado de Cristo. Qué, ¿te asombra solo el nombre? si para llevar vitoria de mí basta su memoria, ¡qué mucho que el nombre asombre! Eso tenéis los cristianos, que siempre os queréis valer conmigo de Su poder. ¿Por qué no os valen las manos? ¡No encontrara yo un valiente que sin Él reñir quisiera conmigo! Sí, pero fuera algún cobarde inocente; que la mayor valentía que hay, conociéndote a ti, es no fiarse de sí quien solo de Dios confía. si tú cuando aquella vez en tu soberbia fiado, cometiste aquel pecado que dio con todo al través, ¿cómo sin hacer la cuenta que asegura la ganancia, quieres a tu torpe istancia me digan: (Quien no escarmienta)? No pienses que en esto insisto por fuerza que vales algo, sino porque lo que valgo lo quiero valer por Cristo; es Cristo mi capitán, y será muy gran desorden que ansí traspase la orden que sus órdenes me dan. De suerte contigo estoy, que a pesar de las ventajas hoy quiero ver si me ultrajas o si la muerte te doy; que ansí se muestra mi brío, pues mi vencimiento es llano. Desta suerte cruel tirano, aceto tu desafío. Pues como desafiado las armas has escogido, y el campo a mí me ha cabido, le hago de tu mismo estado; y ansí en Él esa virtud perderás por mil razones, pues pelean tentaciones en campo de juventud. Empiezo pues por la vista que es siempre el tajo primero. ¿Posible es que un caballero tan mozo y galán, resista llevado de los fingidos bienes que nunca parecen, a los que luego le ofrecen sus verdaderos sentidos? ¿Para qué el mundo formó quien pudo formar el mundo? (En esta razón me fundo) para no cansarte, y no si dice el Génesis: Todo, aun hartos de darle el nombre, solo crio para el hombre formado de tierra y lodo. Esta es la más justa ley, nunca antepongas sospecha, del sentido te aprovecha que es de los sentidos rey. si del no me aprovechara no conociera enemigo, que cuando veo me obligo a más. ¿En eso repara tu conocida flaqueza? Antes es justo se alabe que solo es fuerte quien sabe que es flaca naturaleza. Todo con diverso modo crio Dios con tanto exceso para el hombre, lo confieso, mas para usar bien de todo. No me condenas, pues veo sin ver ordinariamente, mas quieres dañadamente que de ver nazca el deseo; son tretas de poco brío las que tan mal consideras, pues libre para que mueras solo con este desvío, seguro con Dios peleo; y mientras hago mi cuarto de posta a posta me aparto de que me aduerma el deseo. (De nuevo ya desespero, pues de estas trazas precisas hacía solo premisas para decir lo que quiero, voy a lo que importa más. Dime, ¿sabes las ruinas que te aguardan? ¿Determinas dar al peligro en que estás la rienda que tu locura hasta agora darle quiso? Dime, ¿no tienes aviso de quién eres? Por ventura ¿no ves que con esta afrenta que tu muerte le apercibe a un noble padre que vive tenido en tan buena cuenta? ¿Quitas el honor ganado por su sangre y por su espada, para que quede acabada tu casa, tu antiguo estado? No te digo yo que es justo, dejar tu ley no es razón, mas tenla en el corazón que aclararlo es caso injusto. ¡Mira que morir ansí afrentado! La conciencia cuando te acuerdes de ti, caminos hay sin ultraje de ganar por otro modo el cielo, pero ansí, todo lo pierdes con tu linaje. Vuelve sobre ti, desdice lo que tienes sustentado, pues morir tan afrentado tu nobleza contradice. Lo que dijiste primero te disculpa, si hay disculpa en quien solo de la culpa forma su más justo fuero; dijiste que aquí venías para probar falsamente si era soldado valiente porque no me conocías; y ansí, pues no me conoces, no me espanto de que quieras con razones lisonjeras y con mal formadas voces, llevarme por el camino que llevas a los demás, sabiendo que dejo atrás el tuyo por el divino. Di, ¿no sabe Sebastián que para vivir con gozo Jacob se fue siendo mozo dejando al suegro Labán? Di, ¿no ves ciego Luzbel, que para no estar aflito el pueblo dejó el Egito y sus cebollas con él? ¿No ves que mientras estuvo Nabuco entre sus dilicias, al compás de las malicias también los tormentos tuvo? ¿Y no ves que Cristo dice: El que me buscare a mí desnúdese así de sí, que uno al otro contradice? Pues, ¿cómo di, necio, quieres que mal los medios disponga y que a mi bien anteponga los males que le prefieres? No hay padres, no hay honra aquí, solo es honra padecer, pues para poder vencer he de pelear sin mí. ¡Calla! Vencidas están mis razones como yo. Sabe el cielo quién venció. ¡Vítor, vítor, Sebastián! Con eso harás que me corra, cielo, cuando ya lo estoy. Por no escucharte me voy a la más baja mazmorra. Señor, mil gracias os doy pues que de aquesta vitoria a Vos se debe la gloria pues que fue Vuestro el favor. Pero ¿qué veo, tirano? ¿Buscas aquestos disfraces para que vuelvas mis paces en guerras? Haraslo en vano. ¿Qué me quieres, vana sombra del cuerpo que aquí vencí? ¿Piensas que acaso, que ansí, de mí tu valor se asombra? ¡Vete! Vete, que ya sabes que vienes de donde mueren. ¡Amor, acabarse quieren tus fuerzas porque me acabes! Una mujer triste soy, Sebastián, no soy fantasma. Aunque mis vanos antojos me habrán hecho sombra vana, después que una vez te vi pluviera a Dios que cegara, pues tan dichoso principio tal fin me pronosticaba. Tan ajena estoy de mí, tan otra, que no me espanta que en mí mires un portento pues ves un cuerpo sin alma; no me espanta que te aflija mi vista, pues mi desgracia a manos de una firmeza causa en mí mudanza tanta. mas pues que se mudó solo con mi ventura la cara, y amor hoy vive en mi pecho con más firme confianza, y a pesar de tus desdenes, olvido y desconfianza de la ocasión de olvidarte ocasión de amarte saca, vengo forzada del mismo con voluntad no forzada a dar vida a quien me quita aun de vivir la esperanza. Pero para que no gaste en amorosas palabras el tiempo que quiere amor para defender tu causa, ya para darte la vida he dado tan buena traza que te la aseguro hoy porque la tengas mañana; mañana sin duda quieren, dándote muerte inhumana, acabar mi triste vida, pues acabo si la acaban; si pudiera con la vida mía, la tuya comprara, mas no puede restaurarse si no se restauran ambas. En siendo noche vendré como agora disfrazada y en mí verás lo que puede una mujer cuando ama: haz cuenta que desde ayer, junto a la puente, te aguarda con dineros un caballo que, salvándose, me salva; solo librarte pretendo, que amor que noble descansa en tu pecho, nunca ofende a la fe con la confianza; vive, pues que vivir puedes, y no sé por qué te enfadan mis cosas, hasta la vida, por dártela yo, te cansa. Pues que de cualquier efeto sois Vos la causa primera, Señor, quien en Vos espera no teme el mayor aprieto. Sin duda, que buen conceto de mi deseo tenéis, pues porque mi fe mostréis, si de ella hubiere dudosos en los puestos peligrosos desta guerra me ponéis; mas ya que tanto me honráis, no hago caso de la muerte pues que con hacerme fuerte a ser fuerte me obligáis; pues tanto de mi favor no fuera notable afrenta no dar de mí buena cuenta, mas ya tengo prosupuesto no mudar de tan buen puesto puesto en la mayor tormenta. Mientras adentro estuviere a nadie dejéis entrar hasta el negocio acabar, si el mismo César no fuere. ¿No es este Fabricio? Cielo, ¿qué haré? Llorar tu pecado, pues no queda castigado con el fin dese recelo. Señor, en peligro tal bien Vuestro poder se ve. Mas, ¿qué es lo que veo? A fe que no me parece mal, quien tanto a su Cristo imita aún ha dejado lugar para poder aliviar su mal con esta visita; muy bien se echa de ver cuanta fuerza ley tan mala adquiere pues que quien por ella muere desta suerte la quebranta. Posible es que cuando está puesta en tanta confusión Roma, viendo la ocasión que tu sinrazón le da, y cuando entendí estuvieras llorando tu desventura, hace tu infame locura burla de tan malas veras; pero siempre nacen yerros de tan conocido error, no es cobarde vuestro amor, dama, pues no teméis hierros; firme sois, bien es que afirme de vos que no sois mujer, tan si solo os pienso ver por ver una mujer firme; en vano hacéis resistencia, ¡descubríos, que es peor! Señor, aquí emporta Tu clemencia. Ya me descubro, ¿qué quieres? ¿Yo? Que tu cara se cubra para que no se descubra lafrentas de las mujeres; de la presencia destierra de los hombres esa cara, mas ya sé que te tragara si te sufriera la tierra como es posible ah mujeres; pues mi vista te condena, ya que no mueres de pena, que de vergüenza no mueres, ¡infame, aleve, atrevida! ¡Causa de este mal que sigo en quien el mejor castigo es castigarte en la vida! ¡Falsa sirena de mármol a mis quejas infelices, que después de hacerme Ulises deshacer pudiste el árbol! ¡Semíramis cuando infama las aguas de su xalife! La cifra es bien apacible que por sus vicios derrama, enemiga de quien huyo cuando es forzoso volver engaño afrentas mujer, pues que con esto concluyo. Eres tú pero no acierto a creerlo, yo me engaño, aunque ya mi cierto daño hace lo dudoso cierto; porque tu maldad se arguya de la fe que desconoces ya dice tu infamia a voces que es solo esta infamia suya. Mira, no quiero traer lo pasado a la memoria que lo que entonces fue gloria agora infierno ha de ser; no quiero ponerme a cuentas cuando tu desorden digo porque ya hacerlas contigo fuera doblar las afrentas; solo quisiera saber (mas que no hace mi daño) cómo en un ser tan extraño pudiste mudar tu ser. ¿Cómo di, en ti, la mudanza puede tanto que en un día olvidaste por ser mía de servicios la esperanza? Desde el punto que miraste el dichoso con que estás, para no mudarte más tu condición no mudaste; que con él aquí te hallo que es quimera a pensar vengo pues que mi afrenta no vengo cuando mi afrenta no callo. Cuando tu tálamo puro entonces darme no quiso tu padre, que al fin me hizo contra sus canas perjuro, sin duda del pecho tuyo nacía, ingrata, cruel, y así lo hallo a tu brío. Mas, ¿cómo tardo en tomar venganza aquí de los dos? Que aunque por aleve a vos Roma os quiere castigar morir tenéis a mis manos, que en esta razón que sigo yo malos tratos castigo si ella castiga cristianos; morid, y sepa la gente que a mí la venganza toca de un mal que a más me provoca. Muere tú primero. Tente. ¿Quién me detiene? ¿Quién hace hoy tan corto mi poder? Quien todo lo puede hacer y ansí soberbios deshace. Que si tus obras te dan nombre justo de cruel, y eres Caín de este Abel, soy el ángel de Abraham. Vuestros poderes confieso Señor nacido en Belén, y mis pecados también pues han sido con exceso; confieso que solo Vos, Cristo, sois Dios verdadero, y dejar los fallos quiero por tan soberano Dios. Sebastián, Dios ha querido cuando estaba más en calma mi nave, dar luz al alma, ¡tanto tu ruego ha podido! Perdóname, santo, y ruega por mí, pues la causa ves. También Rosela a tus pies aunque indignamente llega. Hasta el alma han penetrado las palabras de tu Cristo, y harto a su fuerza resisto, pues el alma no he dejado, dejarla en sus manos quiero para que la busque en Él. Cristiana soy, pueblo infiel, ya solo por Cristo muero. Rindan eterna alabanza el cielo y tierra, Señor, pues viene eterno favor cuando hay menos esperanza; obra es Vuestra esta mudanza y Vuestros los dos que adoran sus hierros cuando Os adoran. Dadle esfuerzo en esta lid porque si lloró David sabéis, Señor, que estos lloran. ¡Su Cesaria Majestad ha llegado! ¡Plaza!¡ Plaza! ¡Que me saque de mi casa De este hombre la novedad! Pero ¿qué nueva ocasión hay que de nuevo me aflija? ¿No es Fabricio y vuestra hija? Invicta alteza, ellos son. ¡Rosela! Para mí entiendo que los dos no estáis aquí. No, porque ya vive en mí quien si estoy aquí le ofendo. ¿Qué es lo que dices, infame? ¿Qué pronuncia tu furor? Dejad que llegue, señor, y que la sangre derrame. ¿Tú estás con Fabricio cuando más aborrezco su nombre? ¡Tú en la cárcel con un hombre! ¡Cielos! Muero, estoy rabiando. Y vos, Fabricio, ¿ansí dais cuenta de lo que os encargo? ¿Conviene esto a vuestro cargo? ¡Bien vuestro valor mostráis! ¿Para qué calla la lengua lo que dice el corazón y estas dudas no deshace ya saliendo del mi voz? Cómo si solo a Vos temo, ¡ah, poderoso Señor! ¿tardo en decir que Vos solo De este bien sois la ocasión? Los que ves arrodillados los que ves, Emperador, tan otros de los que fueron que ya quien piensas no son; recibiendo de los cielos un tan notable favor que su salvación hallaron buscando su perdición, por los secretos divinos, que solo lo sabe Dios, han merecido que Cristo fuese su guía y favor. La falsedad de los dioses que cual torre de Nebrot cayendo en tierra dará en el abismo mayor, los oráculos falaces cuya no entendida voz forman órganos de fuego que el infierno fabricó, todo es falsedad y engaño, todo es una fuerza atroz, que os hace vuestra desdicha y consiente vuestro error. A Cristo solo adoramos, Cristo solo es hombre y Dios, y de nos, nos apartamos para seguir su pendón. Rosela, ¿afirmas también esto que digo? ¿Pues no si ya la vida desea perderse por tal señor? Desa de mi Cristo solo adoro aquel resplandor, que dio luz al alma mía siendo en mis tinieblas sol; si solo en mi pecho Él es divino emperador, ¿cómo piensas que otro puede volver atrás mi afición? si amor le tengo y respeto, ¿cómo he de tener temor a ninguno de la tierra, pues que solo tierra son? Cristo es mi Dios, Cristo sigo; vos, padre, mirad por vos, pues se salvan vuestros hijos que ansí os perdáis no es razón, advertid que el cielo os llama haciendo nuncios los dos. Y agora, a mí que os he visto, que a mi Cristo adoro, y Dios. ¡Ay, hija del alma mía! ¡Que ya a la puerta batió una vez y agora está dando aldabadas de vos! ¡Ya su divina piedad mi ceguedad alumbró! Dichoso yo, pues me hizo de tales hijos Jacob. A Cristo mi alma adora, solo Cristo, en conclusión, merece ser adorado; solo Cristo es hombre y Dios. ¿Qué es esto que escucho, cielos? Cielos, ¿en qué confusión tengo el sentido que a esto atentos oídos doy? ¿Sueño? ¿Velo? ¿Estoy en mí, u es alguna ilusión que forman los pensamientos cuando no lo entiendo yo? ¿Confirmáis lo que habéis dicho, otra vez? Y la mayor merced que puedes hacernos es mostrar hoy tu furor. Solo morir deseamos. Es vida morir por Dios. Pues por los dioses sagrados a quien vuestro ciego error de esa suerte desconoce, ¡que habéis de saber quién soy! Luego, en el mismo lugar en que veis todos que estoy, la muerte se dé a los tres para que no muera yo. Y al dogmatista cruel que fue de todo ocasión, alista tormentos nuevos si perilos los formó: En medio de todos ellos puesto en alto el corazón, saqueen del pecho a pedazos mil saetas mientras voy, que sufrir esto no puede quien hasta aquí lo sufrió; súbanle por una escala y hable del solo el pregón. Será la escala del cielo por donde Jacob subió. Nicóstrato, yo os encargo aqueste castigo a vos. De mí serás bien servido aunque es otra mi intención. Entrémonos, pues que es hora. Ya, soldados, se llegó el tiempo en que mostraréis vuestro divino valor; ya tenéis tan a la vista la tierra de promisión, pues fuerza padece el cielo entrarle que hay ocasión. Esta vida ya no es mía. Mi vida es vuestra, Señor. Para vivir, por Vos muero, Cristo solo es hombre y Dios. Confisión vengo a tomar a este para que dé fe. ¿A mí, señor? ¿Para qué yo tengo que confesar? Aquí, señor, me han traído por lacayo de mi amo, pero yo Guzmán me llamo pese a quien nacer me vido; yo no me he metido en cuentos, que soy ayuda común y solo a vino y atún aspiran mis pensamientos. ¿Qué? ¿No eres cristiano? ¿Yo? ¿Quién en eso me metía? ¿Tan enfadado vivía quien tal cosa imaginó? ¡Pues a mí no me ha pasado jamás por el pensamiento! ¿Cristiano yo? ¡Lindo cuento! No hago buen degollado. Luego, bien escrebir puedo que el alma a los dioses das. ¡Y aún al mismo Barrabás la daré si tengo miedo! Ya lo escribo. Algún bellaco dio contra mí tan mal voto; escriba que soy devoto particular del dios Baco. Agora de eso no trates. Tratarlo será razón, que tengo gran devoción a este dios de los gaznates. Hoy de la cárcel saldrás pues salgo de estas sospechas. Eso sí iba y vas derechas, que es locura lo demás. Y si mi casa te agrada servirasme. Tuyo soy. ¡Vive Dios que he de echar hoy a su costa la tragada! Que basta no ser cristiano. Yo, señor, ni lo imagino. ¡Por Dios, que si hallo tocino que le he de dar una mano! ¿Qué hora es? Serán las doce. Y saldrás. Por salir muero, que solo la vida quiero porque contigo la goce El primero que empalé fue, señor, a Nicóstrato que lo mereció su trato pues ansí rompió la fe. Sabrás que a cuantos el cargo he dado ya este castigo han sido, Donato, amigo, los que han tenido más cargo. Notable cosa es. El diablo a su daño les enclina. mas ya corre esa cortina, verás un lindo retablo. No se me pudiera hacer mejor plato. Ser quisiera avestruz porque pudiera tan duros hierros comer. ¡Qué bien estáis de esa suerte! mas porque adviertas, tirano, que vivir puede un cristiano después que le han dado muerte, ya están gozando del cielo los soldados valerosos que perdieron animosos, sufrir tu ardiente desvelo; ya la sacra jerarquía sus nobles almas recibe y con Dios agora vive quien ayer sin Dios vivía. Mira que eres polvo, advierte que Dios en tu alma toca. ¿Cómo no cierras su boca con las llaves de la muerte? Pero, porque más no agotes mi valor ni mi paciencia hoy quiero que en mi presencia mueras a puros azotes; castigaré desta suerte tu maldad, pues has vivido solo porque no has podido pagar con sola una muerte; lleva doble el desconsuelo y el mal que tu pecho encierra. Y es bien que acabe esta guerra quien es soldado del cielo.
