Texto digital de Sol obediente al hombre
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Andrés González de Barcia
- Atribución estilometría
- Andrés González de Barcia Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Sol obediente al hombre. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/sol-obediente-al-hombre.

SOL OBEDIENTE AL HOMBRE
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMERA Envestid, fuertes Soldados, que al eco de las Trompetas, temblando de Jericó los Balvartes, y Almenas, antes que el estrago, ruina, destrozo, el pavor los deja. (vor! Socorro. . Cielos fa- 3. Ay de mi infelice! . Guerra. 1. Piedad, piedad, 2. Muerto soy, Clemencia, Dioses, Clemencia. Piedad.. Señor, No hay piedad. Arma, arma. Todos mueran, sin que reservarse alguno de la justa saña pueda, que hoy el Dios de las venganzas vibra en la colera nuestra. Entended esa Ciudad, porque las llamas violentas borren bárbaros delitos, o al viento vuelen pavesas; y el que escándalo fue suyo, humo Religioso sea, padrón del vicio al fundarla; y oblación al resolverla; reservando (porque a Dios es el Consugrarlos, deuda) cuantos ocultos tesoros en oro, y en plata encierras y los vasos, que debieron su primer forma a las selvas, y a los desvelos del Arte sutil, consiguieron, fuera el que antes frondoso adorno, torpe Ydolo de las Mesas, y los de yerro, cruel metal, que el enojo vengan del oro, y a las fatigas infatigable se muestra; porque tarde, o nunca, cede a la ruina, su dureza, si entre explendoras no hurta su estrago, de sus tareas. Nunca el pálido semblante del oro, los hombres vieran, que si este engendra avaricias, crueldades aquel fomenta, y ambos, que son los cimientos, del gran Glovo de la tierra, fuera del centro deshacen, loque en el centro sustentan. Guardad para Dios, Soldados lo que mi voz manisieita, pues de su acento Divino entendi, quiere que sean a su Sacrosanto Erario consagradas estás prendas, como primicias; y pues nuestra indignidad alienta, ya que no sean las mejores, conságrense las primeras. Ya Josvé de Jericó humillada la soberbia miras, cambiando infelice; sus orgullos, en tragedias; sus alientos, en desmayos, en lástimas, sus bellezas; cuyos lamentos confusos, con las voces lisonjeras de nuestra Victoria, alagan con lo mismo que se quejan, diciendo salvas festivas, e infaustas, cuando se alternan, Victoria, viva Ilrrael. Piedad, Habreos, clemencia. Pues en Josvé vinculada, se ve la libertad nuestra, alegres acentos, el aire conciba, que aborten aplausos, y dulzuras y a el Héroe triunfante (viertan, demos norabuenas. Qué novedad, los horrores con dulce armonía templa, sin que en el llanto se ahoguen sus cláusulas placenteras? qué es esto? Gracias a Dios, que descansas, que eres fiera, y en dado en matar, no hay diablos que tu cólera detengan. Soldado, qué es eso? Nada, señor, que contarse pueda, sino que andaba aquí a pleito, por meter esta doncella, que en sacándola, aún a mí, con ser yo, se me revela, sin poder tenerla a raya, en dándola una licencia. Si el polvo, y horror no engaña, a ti gran, señor, se acerca de Idolatras una Tropa; mas pues a tus ojos llegan aclamándote, mejor será, que de ellos lo sepas. s A fe, que los dos amigos traen una Dama estupenda; y esta es gran tierra, sin duda, si de esta frutilla lleva, Festeien sonoros Himnos, que ya la saña primera. estragó, que borra rebeldes delitos, revose piedades, y ánime clemen- y al Heroe,. (cias; Feliz invicto Josvé, la que anima en tu presencia, de tantos rigores libre, de tantas iras esemra, como a su mísera patria, tragicamente sedientas, entre voraz horror sorben, y entre furioso humo infestan. Y otra, y mil veces feliz, la que merece, que sea esa universal ruina, de sufortuna firmeza, que desde hoy desvanecida, de verse i tus plantas puesta, ni el tiempo podrá injuriarla ni los hados ofenderla: Pues del hado, la fortuna, y el tiempo, triunfando, huellas, coronado de victorias la abundante fértil bella estación de Canaan; en fe de aquella promesa, que hizo al invicto Moises, la pura inefable eterna incomprensible Deidad, que tu Pueblo reverencia, infalible al decretarla tanto, como ahora, al verla, solo Dios, pues estos bultos de oro, plata, hierro, y tierra, que engañada tantos siglos veneró la torpe, ciega vanidad de Jericó, volviendo el culto torpeza, no son Dioses, si no engaños, que en supersticiones necias, dieron a los vicios Aras, y a los delitos ofrendas, escondiendo las maldades en la Religión que afectan, por precisar a imitarlas al que debe reprenderlas. Ya abulta en vuestros semblantes generosa descendencia de Jacob, la admiración, la novedad, la extrañeza, que en ellos mi voz esculpe, cuando la atendéis severa, ultrajar antiguos cultos, que ha tantos siglos se observan en Cañaan sacrílegos por cuantos Bárbaros pueblan; ya los Valles de Jebus, hasta Gaza, las excelsas cumbres de Asia: ya delmuerto Mar, las pálidas funestas horribles margenes, que hoy, aún del castigo se acuerdan del delito; mas delito, que hiciera en nombrarle ofensa, si al nacer el mar del susto; del horror, o de la pena, (que cabe en los Elementos; que el desprecio de Dios sientan) pasmado, apagó en un punto a la indignación eterna de sus repetidos flujos la continuada taréa, cambiando a tristes cipreses cuantas destinaba perlas; pues no los admire irraelitas, que antes que a Jericó fueran Othoniel, y Salomón, para exploraros la tierra, tomando a un tiempo noticia de la gente, estado, y fuerzas, ya mi corazón (que aún hoy por firmarse más, anhela) Ya mi corazón, mirando las sacrílegas tragedias, las crueldades horrorosas, las ceremonias violentas, las torpes supersticiones con que esa gente celebra los Dioses, que crió, había discurrido, que no era Religión, la que cerrando a las virtudes las puertas, a los vicios las abría; y aunque medrosa a la lengua, el discurso, no fiava las dudas, siempre en sospechas viví, hasta que de las dudas; enseñada la prudencia, que el dudar en los principios, consigue el fin de las ciencias, convenciéndome al formarlas, imaginé resolverlas. Y el Derecho Natural propuse observar, que estrecha en tres preceptos, que rinde el grande libro, que enseña a vivir honestamente, fin que el prójimo padezca daño, no injuriando a nadie, que justamente posea, o la ambición, que le engañe, o la crueldad, que le fuerza: a este tiempo en Jericó vertió la fama ligera (que monstruo de bronce, y pluma, esta escribe, y aquel sella) la muerte de vuestro insigne Moises, cuya sacra diestra os sacó de Egipto, hollando las hondas entrañas tersas del rojo Mar, que sepulcro visteis ser de la soberbia Girana; que hoy porque todos la saña Divina teman, mienten sus escollos, hombres, fingen Carrozas, las peñas, brotan Caballos las lirtes; y si en el centro se viera la arena, de iras abrasada, fuera ceniza la arena; que la muerte sin vengarse, al ver la venganza cierta, en furores que despide, llantos huye, y ondas quema. Y al mismo que Salomón, y Othoniel, humildes llegan a ampararse de mi Casa, donde no entraron apenas, cuando el. Rey de Jericó, con noticia de que eran espías, manda buscarlos, pasmado al ver que su bella, cándida veloz corriente, el puro Jordan suspenda, y rechazando en el aire, el aire de aliófar puebla, formando blancos racimos de las cristalinas perlas, plumajes al esparcirlas, zafiros al recogerlas; mintiendo el disforme bulto con que las aguas se elevan, de derretidos diamantes, un monte, en cuya grandeza (que a abrasar golfos de rayos, helado golfo se encrespa) ya los raudales que aborta, ya las limphas, que desdeña, a su instable vago cuerpo, sirven de argentadas hierbas, quedando hasta el muerto Mar, la corriente lisonjera, seco esqueleto, burlado de las flores, que alimenta. Y no solo Jericó tembló, que a toda la tierra estremeció que pasaseis, sin que la planta humedezca (oh portento incomprensible! la no bien enjuta arena, dorado trono al hollarla, bruñida lamina al verla. Los que buscaban ansiosos los Exploradores entran en mi casa, cuando yo el ardid en su defensa ostenté: suplase ahora, para que se comprenda cuanto disvene al oído de la frase la bajeza. Escondí a los dos Soldados en una ancha sala, llena de lino, donde irritados los que los buscaban, llegan tan apresuradamente, que sin transcender la puerta, dando crédito a mi acento, que aconsejaba siguieran sus fugaces pasos, antes que a tu Campo diesen vuelta, sin imaginar mi engaño, hasta pisar las riberas del claro Jordan, llegaron, donde no encontrando seña, ni noticia alguna de ellos, a Jericó con presteza vuelven; y temiendo entonces, que mi afecto, y mi cautela aniquisase, el delito feroz, de Majestad lesa, después de haberme jurado, que con mis dendos, y hacienda de la amenazada ruina, saldría libre, y esemra, les di a los dos libertad, diciendoles, no salieran de esas vecinas Montañas, hasta que diese tres vueltas al Orbe esa refulgente antorcha, esa luz excelsa, que hermosa gloria del aire, más ilumina, que quema, mas vivifica, que acaba, mas que destruye, fomenta, mas que consume; produce, y más que marchita, alienta; y para no quebrantar la ya jurada promesa, me advierten, que de un balcón, antes del estrago, prenda una púrpurada cinta, que a ellos les sirva de seña, para reservar mi Casa, cuando nada se reserva, y todo cede al estrago, con indignación tan nueva, que aún fallece el escarmiento, que se debe a las tragedias. si este dolor causa oírlas, qué causara padecerlas! Borrando estás prevenciones, de los tres, la contingencia, de que su fe en lo ofrecido a la confusión perezca; a ellos debo las noticias, que extrañas parecer puedan en mí: y bien sé, que Moises, cuando en ti el Imperio deja, te confortó, te dio avisos para el Pueblo que gobiernas. Sé, que Dios hizo lo mismo contigo, al decir: no temas ninguna humana fortuna, que yo estoy en tu defensa. Sé, que el Cielo el alimento llovió en purísimo néctar, que l Aurora cuajó en risas, y le Alba en lágrimas tiernas; hasta que habiendo llegado a la prometida herencia, cesó el Celestial Manjar por los frutos de la tierra. Sé, que Dios es invisible Director de tus empresas; sé, que obedecen tu Imperio, hombres, peces, aves, fieras; sé, que de tu indignación, el Orbe asustado, tiembla; sé, que tu fortuna, es de Dios la mano derecha; sé, que amparas la justicia; sé, que amas la fortaleza; sé, que ostentas la templanza; sé, que gozas la prudencia; y sé, que la mayor dicha, (envidiada de mí misma) es, que a tus plantas rendidos, parientes, deudos, y haciendas, en agradecidas voces, en dulcísimas cadencias, repitan festivamente, una, y mil veces la letra, que al Heroe triunfante, Oigan, y qué habladorcitas son las tales Cananeas? Levanta Rahab piadosa del suelo. Cielos, al verla, nuevos incendios abultan las dulcísimas centellas que en mi pecho, con sus ojos, encendió la vez primera: qué Belleza tan airosa! hay amor! para qué empleas en un infeliz rendido, tanta multitud de flechas? Dónde se hallará mejor, quién el clava se confiesa? En mis brazos, pues Victoria, Eleazar, viva. Aquí llega Eleazar, gran Sacerdote. En hora dichosa seas (gran hijo de Num, Josué) fiel Capitán de la Hebrea Nación, vencedor de tantos Enemigos, cuyas fuerzas, en el amago vencidas, hasta las ruinas nos niegan, que acero, y fuego, al formarlas, lograron desvanecerlas; por mí, y los Levitas, hoy te rindo la enhorabuena. Yo la estimo; mas no sé Eleazar, que darla deban, sino a Dios, que es quien dirige nuestras acciones. Suspenda tu voz el discurso; pues es el aplaudirte deuda, si no, a ningún Rey mortal, con justa causa se diera aplauso, pues por él todos los Reyes del Mundo Reinan. Cuando huyen de ser lisonjas los aplausos, bien se emplean en ellos, que al fin son Dioses los Monarcas en la tierra. Dios te dio el Imperio a ti, con que todos te veneran; y a ti, y al puesto, estás honras se deben, si consideras, que siendo su substituto, en la incesante tarea del regir, debes gozar del descanso la excelencia, regalando tus oídos con las auras alagueñas, que inspiran tus grandes triunfos, y tus victorias fomentan. Las campañillas del manto debió de olvidar la priesa. Para que a Dios se le dé el aplauso, que se entrega a mi indignidad, las gracias vamos a dar a su immensa Deidad, ante el Ara Sacra de la paz, donde se encierra Manna, alimento del cuerpo, y Ley, que el alma alimenta. Feliz Pueblo, a quien tan grande prudencia, y valor gobierna. Su mayor felicidad, es, que un Sacerdote tenga en la pureza el primero, y sin segundo en la ciencia, Ven Josvé. Vamos, Hebreos, antes que se fortalezca Hayen, esa Ciudad fuerte, cuyas murallas soberbias se divisan, arruinadla. Othoniel, la gente apresta, que de tu valor confío la dirección de esta empresa No es necesario, señor, que lleve todas las fuerzas del gran Pueblo de Isrrael para rendir su soberbia; pues afirman los que fueron a reconocer la tierra, que bastan dos, o tres mil hombres, demas, que está cerca la Ciudad del Campo nuestro. Pues solo esa gente lleva. Voy a obedecerte; ay Aja! ya que la fortuna adversa, aún el gusto de mirarte me roba, escucha mis penas, pues en suspiros el alma ansiosa a tus ojos vuela; porque en mi memoria misma no me la abrase la idea. Tocad a marchar a Hayen, los Cielos te guarden bella Rahab: ven conmigo onias. Quieran ellos, que de nuevas victorias colmado, al Campo generoso Orhoniel vuelvas. Ven conmigo, que ai s, (. en pasando esotra puerta; ven, que ai es, y si en Haí te rompieren la cabeza, quéjate de tu fortuna, sin culpar a tu obediencia; porque los criados somos compañeros de por fuerza, que en las fatigas nos buscan, y nos dejan en las fiestas. . Con tus parientes, y hermanos entre mi Pueblo te queda para siempre, de él serás vista, no como Extranjera, sino como descendiente de la gran Familia excelsa de Jacob. Tantos favores; señor, a una esclava vuestra? llegad amigos, hermanos, llegad, y besad la tierra que pisa. Qué haces Rahab? Menos de lo que debiera, y pues en ti vinculada. Pues en Josvé vinculada,. triunfe tu valor del Mundo. Yo a Rahab, Josvé, quisiera llevar con Haja, mi hija, que quien ansiosa desea saber nuestra Ley Sagrada; con ella puede aprenderla. Quién tanto favor? No a mí el beneficio agradezcas, que tu piedad generosa, tu magnánima clemencia, acreedora es de mayores dichas, que las que granjea. Venid Caleb, y Eleazar; y a ti Ciudad, que resuelta en polvo, tus Edificios, en átomos al Sol vuelan, parda lástima en el viento, si antes asombro en la tierra, quien levantarte intentare, quien reedificarte quiera, sea maldito de Dios: Pero si alguno desprecia la justicia, en mi precepto, cuando ya el cimiento crezca su aumento, la destruición del primogenito sea, y al hijo menor consuma al colacarla las puertas; porque estampada en tus ruinas, quede la justicia Inmensa de Dios, y viendo tu estrago; el que no temiere, tema. Seguidme bella Rahab. Ya te sigo. Aguarda, espera, bello adorado prodigio de esta Región, si no intentas prosiga en vivir muriendo, para que amando fallezca, quien ha idolatrado tanto en el rigor de la ausencia: No ignoras, que desde el día que te vi la vez primera en Jericó, ya cambiando en afectos tus finezas, o ya en agradecimientos, escondiéndote mis penas, de mi cautivo albedrío dueño quedaste, aunque a ellas los ojos al revelarlas, procuraron esconderlas, No prosigas, que aunque nunca presumí, que en ti cupiera teñir de amantes incendios lo agradecido que obstenta hoy lo extraño más. Por qué? cuando ya sin las sospechas de ausente, puedo adorarte, si enojada tu belleza, la oblación de toda un alma, por inútil no desdeña. Hoy extraño más tu afecto, repito, pues si quisiera corresponderte, lo impide. Quién? La Religión diversa; y aunque ella no, el nacer solo tu Hebreo, y yo Cunanea, que de esta inocente culpa, no me libra el verme esenra en mi patria, pues prohibe tal consorcio la Ley vuestra; con que si el vulgo, que forma de ficciones evidencias, llega a entender. Isrrael viva. Mas ya las Tribus empiezan el hacimiento de gracias, y porque asistirle es fuerza, queda en paz; pero de parte de mi afecto, es bien te advierta, que amor imposibles vence, y tus razones opuestas, aunque injuriarlas procuran; acrisolan mis finezas, pues más explendores visten al querer oscurecerlas: como el Sol, cuando ofendido de lóbregas tristes nieblas, abrasa en más vivos rayos la oposición que le cela, siendo mayor su hermosura, cuanto muyor la tiniebla. . Qué religiosos, qué atentos los cultos de Dios observan, esculpiendo en los semblantes la dulce devoción tierna, que en fervorosos efectos al Trono de Dios se eleva! que olvidados de los triunfos, humildes yacen en tierra, hollando el contrito afecto la altivez de la soberbia! los adquiridos despojos, mísero premio en la guerra, a Dios consagran, sirviendo al Sacrificio, que empiezan de Ara, rústicos peñascos: absorta estoy! Mira, aquella es sin duda, si reparo en su garbo, y en las señas que nos dio a los dos tu padre, y a fe, echando envidia fuera, que de la cabeza, al pie, es la huéspeda una perla. Hermosa es. Para acertarlo mirémosla de más cerca, que no han de faltar deefectos que repararla, y ponerla, cuando seamos sus amigas, aunque digan, que en esta era, sabe ser gracia en las lindas lo que es desgracia, en las feas, Yo llego Celfa. Señora, Caleb mi padre me ordena os lleve con migo, y yo sin que me lo previniera, (si pudiese discurrir la fortuna, que hoy me ruega con tanto bien) no ignorara cumplir con lo que debiera, Así, así, es. Qué buen modo: discurris hermosa Hebrea, de dominar albedríos; pues evitáis, que agradezca vuestra fineza, al quitarme, aún la acción de agradecerla. Mas os debo que juzgáis . A mí? te llega, solo en morir, Sí, y es tal la deuda, que el Alma huye de pagarla, por estar el Alma en prendas. No os entiendo. Esto es decir, que no le entiende la lengua, porque habla sin lengua; pues señores míos adviertan, que es el intérprete ocioso, que toda es casi una misma, Qué fineza me debéis? Después deciroslo espera mi amor, porque al sacrificio ahora la atención vuelva, asistiendo con mi Tribu. Con vos iré. Que agradezca vuestro afecto es justo. No es, ni aún la mitad, ni aún la tercia parte, que pensé de hermosa, es pasadera. Viva Isrrael. Pues en Josvé vinculada, 1. Tanto fue el rigor cruel, con que oprimió a Jericó, que en el aire la sembró; solo el aire de Iirrael. Viéndote de él tan cercano, mal tu defensa te obliga, ve, si así el aire castiga, cual castigará la mano. Ejemplo heroico te den, conservando sus trofeos, Jebuseos, Amorreos, y el Rey de Jerusalén: Sal a defender, señor, tu Estado, que si a invadir, descanso tendrá el valor. Quién triste Soldado? quién ha de poder resistir al gran ánimo de Amir, y al ejército de Hayen? tú miedo es quien abortó tus sobresaltadas voces, mal mi ánimo Real conoces, yo vengaré a Jericó, no ha que llegue aguardaré en la Ciudad, porque osados le han de envestir mil Soldados, antes que huelle su pie mis términos ; aclamad amigos nuestra victoria, y en la luz de vuestra gloria la fama a Isrrael borrad: si Adonisedech temer de Isrrael el brazo quiere, yo no, pues ya se prefiere mi ira, a enseñarle a vencer: Pero qué Cajas? 2. Señor, ve inundar de gente extraña; la falda de esa Montaña. Ea Soldados, valor, que este es el Pueblo infiel, que hará eterna nuestra altiva fama. Amir, Rey de Hayen, viva. Vivan Josvé, y Isrrael. Belial, por nuestro bien nos trae la victoria, vamos, y a recibirlos salgamos, Isrrael viva, viva Hayen. Qué linda fuera la guerra, si no hubiera chincharrazos; y hubiera pícaros, que se metiesen a Soldados, por comer, como hacen otros sin la pena de ganarlo; buen ánimo, amigos míos, que por si os sucede algo aquí estoy, que no peleo yo; pues para cuatro gatos, mas por Dios que se resisten animosos los paganos: cómo resistirse? y más, que parece van cardan do a los Hebreos la lana, porque vuelvan trasquilados, qué mucho, si cada instante van su ejército engrosando, y en lugar de flores brota Canaan, hombres armados? perdidos somos, que huye Isrrael. Fuertes Soldados, pues estamos inferiores, y es resistirnos en vano a tanta multitud, salve la vida el que pueda. Malo, que esta voz es de Othoniel, y al escucharla temblando de frío estoy; pero allí con una sarta de diablos va peleando, a socorrerle iré: buen animo. Huyamos. Ríndete, loco Isrraelita. Antes hecho mil pedazos me veáis: Immenso Dios, qué es esto? 1. Valor tan raro no he visto! Cómo dejáis en el peligro Soldados, al Capitán? volved . Puesto que tan distantes estamos del grueso de nuestras Tropas, mejor será retirarnos a ellas, no de la suerte miremos el rostro airado, ya que festiva, y risueña nos presenta tan gran lauro. Victoria, victoria. Ah perros! aunque el socorro ha llegado tarde, y mal, no ha sido nunca, pocos son, bien será darlos en tanto que a socorrerlos llegan. Seguidme Soldados. s (ría. Vamos tras estos. . Viento- No sigáis, desesperados a los que ya victoriosos nuestro infortunio lograron. Ay de mí! pues perseguidos de Sabarín en los Campos, volver a poblar intentan, de Jericó los estragos: retirémonos. Seguidlos. Victoria, por Hayen. Vamos si hemos de huir, porque vuelven a nosotros los galgazos, y nos han de dar su pan. Solo siento, amor tirano, Volver a la vista de Aja. Vamos señor. . Desairado. Si yo no lo hubiera visto, no creyera era tan guapo, voy a contárselo a Celsa, que para tan tristes casos, tienen facultad de tías las damas de los Soldados. , , , . Yo lo diré. Enlace su frente el Laurel ufano, que late victorias, y pálpita aplausos. s. Con bárbara sangre ya fertilizado, las eternidades, le están envidiando. No sé que infaustos conceptos va el corazón abultando! Qué tienes Josvé? Aún yo ignoro la causa del sobre salto, que el eco de esta alegría, es en mi corazón, llanto. El que hoy generoso Capitán miramos de Isrrael, el mundo sujete a su mando. Y su descendencia en el dilatado curso de los siglos, exceda a los Astros, Qué nueva congoja siento! Todo el color has mudado. Grande (ay Dios!) es la ruina, pues es tan grave el amago. Del Indio al Tartesió, su nombre aclamado ensalce. Esperad, qué Cajas las Esferas contristando destempladamente gimen, horriblemente llorando? Infelices de nosotros, que perecer aguardamos. Qué es eso? Y sino yo, que es milagro haya vuelto a ver a ustedes, después que me embalsamaron. con quinta esencia de encina estas costillas, a palos, El gusto de haberle visto, el dolor me ha arrebatado, qué es esto Osoniel va- Si ya no están informados (liente? vuestros ojos, al leer tristes, en mi semblante mi agravio, diré, que a la injusta saña del Háyense, derrotados volvemos, quedando muertos treinta y seis de mis Soldados, de los tres mil, que a esta empresa conduje de tu mandato. Muertos? Y muchos heridos; y aunque culpen que tardamos en retirarnos, sufriendo el choque más tiempo: cuando un Ejército, que marcha a victorias enseñado, aún siendo inferior, recela resistir a su contrario? pues juzga, que la fortuna voluble, le está amparando, y fía de la costumbre lo que es deuda de el acaso. Con esta novedad todo el Pueblo se ha contristado, de suerte, que el corezón de tedos, si antes fue marmor, se ve exhalado en suspiros, y en lágrimás liquidado. Suspenso ha quedado; y puesto, que si aquí vuelve a mirarnos, le causará sentimiento; porque en lágrimas cambiados, ve los sonorosos himnos, Auras dulces de su aplauso: retirémonos. Ay triste! Oyes, te has embelesado? Qué piensas, amiga? estos son del gobierno cuidados, y deben de ser ligeros, pues aún ajenos, es claro, que no hay ejemplar de que hayan muerto ningún asno. Por no mirar su tristeza, voy gustosa. . A Dios mi amo, No le bastó a mi infortunio serlo, sino que aumentado en la presencia de HAja, se esté mi amor violentando; Vive Dios, que parecemos; sin movernos, y callando, la historia de Paraón en tápices de Gitanos. Josvé. Candillo de Dios. (dado? De que suspenso has que- Gran Jeova: Dios de Dioses, qué es esto? Cómo indignado tiñes tus misericordias en las furias de tus rayos? Romperé mis vestiduras, humildemente irritado, y de estériles cenizas, mi cabeza salpicando, daré señas exteriores de las fatigas que guardo. Ay de mil doctos del Pueblo, acompañe vuestro llanto el mío: piedad, Señor. Ven Caleb, porque humillados ante el Arca de la paz, amargamente pidamos misericordía. Bien dices, ven Othoniel. . Yo no hago aquí, cosa de provecho, sino reíe a los diablos; y así afusón, como todos, que tan lamentable paso, a un horno volviera nieve, qué hará a un póbrete cuitado, que aunque es gracioso preciso, no era nada necesario? . O nunca, señor, tu Pueblo transcendiera el Jordan claro, cambiando la libertad a la miseria de esclavo! qué diré? viendo le hieren el hombro las crueles manos de los Amorreos, sirviendo a sus triunfos, nuestro estrago: ya vertida la noticia en los Reinos comarcanos, a vengar a Jericó, de tu palabra dudando, vendrán todos, y atrevidos, al ver les falta tu amparo, nos cercaran victoriosos de este Horizonte, borrando el glorioso nombre tuyo, con el nuestro desgraciado. Llora escogido Pueblo, sin que cese tu llanto, y en las luces, y las sombras, huye infeliz el descanso, no calle la púpila de tus ojos en lágrimas bañada a Dios gritando. Rompa, rompa los Cielos nuestro llanto, y en constantes suspiros temple amante el Divino rigor nuestro quebranto. Eso sí, Hebreos valientes, llorad, que rigores tantos templará el Agua Divina, que ansiosos vais distilando; porque sola ella suspende con dolorosos alhagos de la indignación de Dios el efecto Soberano. Tiernamente líquida el corazón ingrato, para que en el raudal triste, amante, y purificado, otra vez vuelve a ser espejo limpio, que su Imagen a Dios le esté copian- Rompa, rompa,. (do. Ya tu arrepentido Pueblo tiñe en lágrimas los Campos, ya a funestísimos lirios, sus laureles va cambiando; ya de fatigas sálpica lo alegre de sus aplausos; ya llora fiel, gime tierno, acaso, señor, acaso, suspender a tu justicia tu clemencia ha decretado? , s, (res, 2. No humedezcas las flo- en la tierra inclinado, pues se rompenefestivos los víriles eternos a tu llanto, Mira mi luz, y advierte, que Isrrael obstinado, alberga en sus entrañas, al que prevaricó contra mi pacto, ansiosamente ciego, y ciegamente avaro, robó de Jericó (vasos. los metales que oculta entre sus Ultrajó mi precepto, castígale irritado, o temblará Isrrael al mir ar el aspecto a sus contrarios, Cómo comprender podré, señor, en número tanto de hombres, el que tu precepto, sacrílego ha quebrantado. A los Tribus sortea, después a los Cognados, siguiendo a las familias, y el que de ellas cayere, me ha agra- (viado, las llamas le sepulten con sus bienes, borrando la mancha de Isrrael, al quedar de tu voz santificado Albricias Pueblo de Dios, que ya nos ha declarado el delito, y delincuente: Elcazar, Othoniel. Vamos, que nos está hundiendo a voces. Para qué nos has llamado? Para que sepáis la causa que originó nuestro estrago, Cuál fue? Quién es? . Dónde está? Eleazar a tu cuidado he de fiar lo averigues. como tan noble, y tanesabio. Si será algún avariento el que nos causa este daño, porque nacen de una casta tan rara, que alucinados, aunque infierno tienen cierto, en el siglo andan penando. siendo, cuanto más codician más busones de los diablos. A ejecutar lo que dices voy, venid a sortearos Nobles Príncipes del Pueblo, Ya tus estampas borramos. Sortearos dijo? aquí ay misterio, que yo no alcanzo, callo, que los que no saben aprender pueden callando, Cómo no vas tú tambien? En mí, señor, no hay reparq en ti sí, que habrá mirón, peor que vecino atisbando, y viendo a todos el juego diga, mal jugó la mano. La cabeza de mi Tribu, asiste al público acto; y Eleazar en él está con mis veces enviado. Y de aguardar estas suertes estoy aún más que cansado, que es mucho, hallándome sobre las suelas de los zapatos en una jornada larga. Habiéndose sorteado los Tribus, cayó Juda Escarmiento a los malvados será su castigo. . Ya voy de este entendiendo algo. juntas las familias todas la de Zaré ha sido el blanco de la fuerte. Zaré? . Sí. Buenos andan mis paianos. Es mi más favo recida familia. Por eso el pago le da, que hoy ya los favores dan solo materia a ingratos. En la Casa de Zabdí cayó la suerte de plano. Bien venida seora Celsa. Seor onias bien hallado. Y cómo la va de amores? Qué ahora chanzas? Pues es malo, si estamos de pesadumbre, Celsa mía, el alegrarnos? Achan muera. Muera Acham; que es el que a Dios ha indignado. Ya salió el pollo del huevo. Qué es eso? Qué habiendo echado la suerteacomo ordenaste, es Acham el infamado. de Carmi hijo, de Zaré nieto, viznieto del Claro Zabdí, del insigne Tribu de Juda. Yo estoy mirando que cascote le vendrá, como de encaje a sus cascos, que si ellos están vacios, yo quisiera macizarlos. Hermosa Rahab. Bella HAja. Ay mísero infeliz hado! Acham, hijo de Juda, tu nuestra ley has violado? tú has ofendido de Dios el precepto Soberano? confiesa. Niega, y con eso (está quedará dudoso el caso. Ay Josué! . Temblando Es verdad, que su mandato violé injusto. De qué suerte? En Jericó, reservando para el uso de mi Casa un purpúreo hermoso manto, que me lastimó quemarle, el cual tengo sepultado co un vúculo de oyo, y otra plata, en el espacio de mi tiendar; y pues y a dije la verdad, ahora. Soldados, id, y registrad su casa. Ya te ohedecemos. s , y plata: oigan el judio, que presto empezó a ser vano, pudiendo hurtar escudillas, como otros las han hurtado, y andar por esos Reales, haciendo con ellas cuartos. Si fuera delito Aja el nacer tan desgraejado; tu inmmenso favor borrara sus influjos a los Astros. Al punto que bañe el Sol en carámbanos sus rayos, iré a triunfar de mi suerte. Contra mi rigores tantos? Si tu faltas al respeto de Caleb, es en mi agravio, y a un tiempo con prohibirlo évito un delito en ambos; en mí el de ingrato, y en ti el de poco cortesano. Aunque pudiera a ese riesgo, ceder la llama en que ardo, bastantes causas me asisten para entrar disimulando. Qué dudas, contra vino de nuestro Dios al mandato? No dudo, que solo espero estar mejor informado, que estos delitos no puedo sin probanza castigarlos. Señores, qué podía hacer hombre que es tan narizado, que predican las narices sin vocean, que es un gato? Ay infeliz el Señor, todo lo que ha confesado, que hurtó, está aquí. Pues llevad ese metal al Erario de Dios, y el manto con él; hijos, mujer, y ganados en voraces llamas mueran. Qué delito a tanto estrago cometí? Injuriar el día, que Dios ha santificado, ocultando, tu avaricia las primicias que le damos, haber violado soberbio su decreto Soberano, dar mal ejemplo a los otros, ser infame, haber hurtado: la voz de Dios te condena: Hebreos ejecutadlo. Muera Acham. Muera el tiñoso, y lleve, allá ese guijarro, que todos los avarientos sacán del Mundo este pago; aquí con mujer, hacienda, y hijos, morirá abrasado, y de este al día del juicio el Valle en que le quemaron, llamarán Valle de Achor. Vamos Rahab, no asistamos a este espectáculo. Muera. Qué dolor! Qué sobresalto! Qué lastima! , Qué desdicha! Qué pena! Qué gran trabajo!
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA La bellísima Dalifa, Sol de Canaan, a quien Águila los rayos bebe, su esposo Adonifedech, goce mil siglos el sacro Laurel, triunfando sus ojos, del que vencedor, del Orbe, la rinde, el Orbe a sus pies. En tanto, hermosa Dalifa, que entran en Jerusalen, Oham, Monarca de Hebrón, Pharan de jerimor, Rey Jasía de Lachis Davir, Rey de Eglón, de quien sié (por alianza, entre los cinco, contra el Pueblo de Ilrrael) el siempre temido honor de mi invencible poder, que imaginaron temblase de las iras de Josvé; ese advenedizo monstruo, ese aleve esclavo infiel, que con portentosas Majias la tierra hace estremecer. Ha Cielos! con cuanto susto . me acuerda mi saña de él; En tanto vuelvo a decir, que llegan los cuatro, a ser Atlantes de mi Corona, y Estrellas de mi Laurel. Divierta el recelo nuestro, este florido Vergel, que hijo fragrante de Alba, lisonja de Venus es, que es el recelo (en quien nunca pudo empezar a temer) ser prudente con los Astros, y con la suerte, cortés; pues más ira, que temor ha infundido en mí; saber, que con infausta impiedad, teñida en bárbara fe, alevosamente hizo a Jericó perecer, sin que pudiese templar a su indignación infiel la tierna infancia, asombrada; decrepita, la vejez, elevado, el sacro Cedro, humilde, la pobre mies; pues al cuchillo, y al fuego, que airados hizo encender, de su rabiosa ojeriza, todo infame triunfo fue: y que anhelando venganzas, por que le supo vencer a Amir, Rey de Hayen, hiciese crucificar, y que a él los Pueblos de Gabaón se le vayan a ofrecer, torpe padrón de esta tierra; como esclavos suyos; pues en llegando mis aliados furioso he de acometer su Real Ciudad, porque gima dos veces esclava, quien renunció su libertad por miedo, o por interés, no sé cómo de temor puedo alentar. Aunque sé tu valor, y tu fortuna, Esposo Adonisedech, ignoro, que nuevo susto llega el Alma a estremecer, que cuanto respiro, aliento del sobresalto, a merced. Lo mismo mi corazón siente, disimularé; no te asustes, que aunque es fuerte el Capitán de Isrrael, y aunque abatida la suerte entre sus plantas se ve, no hay humana resistencia a cinco Reyes, de quien el nombre (cuando en los aires le llegue el bronce a verter) aún miedo dará a Astarota, ve cual temerá Josvé, Proseguid, cantad, no hermosa Dalifa, sustos te dé quien coronará sus triunfos, siendo Alfombra de tus pies. A sus mejillas envidia el múrice del Clavel, y al verla, teñido en sustos, se viste de candidez, (el Vergel, que aunque es Astro de Grana en al exceder Dalifa su Carmín; destiñe matices, que quiso encender. No son los Hebreos, Esposo los que yo temo. Pues qué? El Dios que les patrocina a cuyo immenso poder deben sus glorias, Qué Dios dará su favor, a quien sin Dios alguno, rompiendo la humana inviolable fe, contra la ley natural, leyes quiere establecer? No heredamos estos Reinos de nuestros padres? no fue hijo de la eternidad, mi Imperio en lerviatem? Ellos podrán agostar las hojas de mi laurel, (fiándose su justicia, en lo injusto de querer) mas, que como poderosos ladrones, cuya altivez, los robos cuenta por triunfos, y por premio el interés. Solo es Gran Dios Astarota, a quien siempre veneré, sacrificándole tantas víctimas, que alguna vez, un Mar de carmín vertí en vidas que desaté, su Dios es su voluntad; Pues? Viva Adonisedech. Quién tanto alboroto causa? Este estruendo avisa, o Davir, Joven, Rey de Eglón, y Jafía de Lachis, Rey, han llegado a tu Palacio. A recibirlos saldré, Mil veces feliz el día, en que dichoso logré volviese nuestra amistad vuestros ojos a encender; y en que olvidada la suerte de su sañuda esquivez, forma de nuestros sagrados laureles, solo un laurel, que eterno viva a lucir, sin los estragos de arder. Davir, Valiente Monarca de la gran Jerusalém, amigo, y rendido llega vanaglorioso, a ofrecer, a tus preceptos, las vidas de sus vasallos; porque es venir a servirte a ti, buen principio de vencer. Vos, bellísima Dalifa, dejad a mi afecto fiel besar vuestras plantas, puesto que para que vos triunféis, (si hay instante en que no sea tanto el triunfar, como el ver) desamparando mi Reino, a vuestros ojos llegué, Donde aún más desvanecido, que en mi Solio, lo graré hollar de la suerte adversa la presumida altivez. que a ultrajar tantas fortunas, no se estiende su poder. Con los brazos os recibo. En hora feliz lleguéis. Y donde Pharan, y Oham quedan? Marchando van, pues como san immensas huestes se han juntado, carecer de viveres era fuerza, si marchasen de una vez. A saber que es lo que haremos vénimos. Oíd, lo sabréis: No es (generosos amigos) inútil la timidez, que en nuestros fuertes vasallos, (aunque a mi pesar) miré, al notar, al discurrir, al considerar, al ver, que teñida de victorias, ciñe la Diadema infiel de la fortuna, esa altiva monstruosa gente, en quien es lo mismo, que conseguir la osadía de emprender; y cuyo dictamen, juzgo, que el Cielo festeja; pues (si no son Magos) aplauden sus Armas, y su poder, los prodigios, que nos pasman, o nos asombran tal vez, haciéndonos desirar al quererlos comprender Nunca vencidos se aclaman; y es verdad, pues aunque oíréis, que los Hayenses lograron sus victorias, suspender, dieron causa a que su furia, o vengativa, o cruel, su Ciudad aniquilando, crucificasen su Rey, infamando acción tan vil, no el agostado laurel del vencido, sino el triunfo; que pudiera fenecer de la humanidad, a expensas, la clemencia de Josvé. Mas qué clemencia haber puede en un triste Hebreo, que para ignorar mandar hoy, no supo servir ayer? Estos motivos disculpen el miedo, que a poseer llega el corazón invicto de nuestros vasallos, bien, que todos están tan promtos a resistir a Isrrael, que antes de verse rendir, fuertes, sabrán perecer. Nuestro principal cuidado, (oh Monarcas) ha de ser, desvanecerles el susto, que postra su robustez, para lo cual discurria por necesario, poner sitio en forma a Gabaón: a Gabaón; no os admiréis, pues sus viles Ciudadanos, olvidados de su ser, Enemigos de la Patria, y Apostatas de la Ley, afrentando su nobleza, ultrajando su altivez, y oscureciendo su fama, a las plantas de Josvé se han ido a rendir, llevando, como en señal de su Fé, vino supurado en vasos, arido pano seca mies, viles vestidos, a fin de engañarle, haciendo creer, que remotos moradores son de estas Regiones, quien, sino quien sin honra vive, tanto pudiera emprender? Y supuesto, amigos nobles, que nuestro enemigo es, el que con nuestro enemigo se confedera, no sé, como se pueda excusar lo que propongo, si veis, que cuando gima Gabaón de nuestra saña, el primer impulso, los otros Pueblos, que su ejemplo ha de mover, se suspendan, y neutrales se mantengan; porque aunque pequeñas fuerzas ostenten, todas son hoy de temer, que estando en el corazón de Canaán, puede cruel, desesperado algún Pueblo, nuestro Imperio acometer, en que es preciso perdamos tiempo, y solamente él, en aprieto semejante nos puede favorecer, Este es mi recelo; pero recelo, fundado bien, que del corazón la herida, siempre de peligro es, por el riesgo que en ella hay, o por el que puede haber. No es menos el conseguir, llegándolos a vencer, diminuir los enemigos, que aunque contrariar se ve al adagio, es más seguro; y la última razón es, que cuando nuestros Soldados den vista al Campo de lírrael que ahora en Gálgala descansa (qué significa Vergel de la amada libertad) haga el Campo estremecer su valor, que victoriosos, y ricos; no dudaré, defiendan vidas, y haciendas, hasta llegar a poner el yugo a esa injusta gente; volviéndose, los que hoy veis amedrentados, furiosos; invictos rayos después, que cuanto encuentren, destruya, sin Dios, clemencia, ni ley. Pruebe el Hebreo, el impío, gran rigor de fallecer, sin esperar la piedad, y sin admitir la fe: esto es lo que discurrido tenía mi valor. Pues que se ejecute, y más cuando nuestro Ejército sabéis, es el mayor que Canaan vio en sus Campañas correr, A parecer tan discreto, no hay contrario parecer; no sé qué temor me pasma. . Un hielo mi pecho es, . Hermosísima Dalisa; pues voy a triunfar, y a ser de tan bizarros Soldados, como en tu presencia ves, no Caudillo, sino amigo, y compañero, sabré, de victorias, y despojos, colmado, y rico volver a tus ojos, conduciendo del Erario de Irrael, cuantas joyas, y preseas oculte, y aún a Josvé, para que esclavo te adore, a tus plantas rendiré; y en tanto, tutelar Diosa de la gran Jerusalém, queda sin riesgo, pues bastan tu Beldad a defender esas elevadas cumbres, que rozan el Cielo, y que concha de tan bella perla, se miente su robustez. Qué Imperio, adorado esposo, sin ti puedo aperecer? si no es el Reino, el asunto de mi enamorada fe; quiera el Cielo, que triunfante vuelvas. Si querrá, que es justo, y siempre a la justicia se inclina su piedadad. . El, y Astaroth, Dios de estos Montes, feliz suceso te den. El Cielo, esposa, te guarde: Insignes Reyes, ya veis, que en estos lances, es riesgo el esperar, y así, bien será, acelerando marchas, (antes que puedan hacer defensa los Gabaonitas) que los nuestros vista den a su Ciudad, ocupando capaces sitios, en que igualmente ventajosos, consigamos ofender los socorros, y la Plaza. Con mi gente los veréis vencidos, aunque blasonen de invencibles. . Seguiré tus huellas. A marchar toca: ea Soldados, descoged luminosos tafetanes, que al llegar a florecer en los aires; a reflejos manchen de Pebo la tez. Pues te acometen mis furias, perecerás Pueblo infiel. Pues ya fulmino mi acero, teme tu fin Isrrael. Si quieres salvar la vida, huye mi saña Josvé. Qué contra ti se conjura del Asia el mayor poder. . Vuélvete Ohoniel, no adviertes, . Esta teme las vecinas, que el Sagrado escandalizas, en donde, solo de noche, te permito la osadía, que ciegamente, creyendo, son finezas las porfías, ejecutas? No te enojes, hermosísima homicida, que ya que osado consigo la fortuna, que tus iras culpan, no es razón perderla, en la ansia de conseguirla. Vete Othoniel. . Ay, señora, no le amagues con las dichas, para darle más enojos, tus acentos, que tu vista placeres. . Qué linda albaja. Sosiega, por qué te irritas? Porque si mi padre vuelve, y te ve O honiel, confirma la presunción, que ya tiene de tu atrevimiento, Diga. Vaya el busón. . Calla boban. El pícaro. . Calla niña. Que si no mirara. . Aún bien que miras; pero qué miras? Pues dónde esa presunción? Formó en tu locura misma, mil veces vio sus ofensas. Ofenfas? No digo mías, aunque hoy lo son; pues osado, sin reparar en la vista de tantos, y aún en tu riesgo en casa entras. Ley impía, es intentar que me prive un riesgo, de tanta dicha. Por qué no, si es pesar mío? que son un mijto notable, compuesto de suegra, y tía. Celfa (por Dios que es milagro que calle:) Celfa, qué chispas son esas, que de tus ojos, contra un pobre amante vibras? tan pobre, que está sin alma, desde que te di mi vida. No basta, sabiendo el trasto, havechucho, sabandija. Palabras son de Vizconde, autoricelas la cita, en este tiempo, Tenientes, y en el que vendrá, Vusias. No basta, que no haya forma, de que venga en compañía de su amo, ninguna noche, sabiendo, que mi propicia voluntad le está aguardando? A satisfacer se inclina esa queja mi afición. (tas. Cómo? . En cuatro palabri- Yo no niego la fineza, pero es muy a costa mía, y de mi enojo; y sabiendo, que mi corazón te estima, desconfianza es ostentarla, y necedad aplaudirla. Que no cesen tus rigores? En cesando tu osadía. No es bastante; pues atiende otras razones más vivas, mas eficaces, más fuertes, más robustas, y más fijas. La primera es, que de noche, solo andan las sabandijas, que ven mucho, y huelen poco; la segunda, dar envidia, con acostarme temprano, a más de cuatro gallinas, que sin saber lo que son, de las armas las cosquillas se cargan, como unos bestias, con un broquel que los giba, una espada que los unde, y un miedo que los fatiga, habiendo menester otro, que si se ofreciere, risia; pues harto hacen los pobretes de llevar armas, que sirvan. Demás, que es una fiereza, que si me paro a una esquiña, ya me salpique un Cochero, y a me báutice una arpía, ya me rompan la cabeza, ya me den una paliza, ya me corran por la capa, ya me agarre la justicia, de quien, aunque esté inocente, se libra el que mejor pinta. Con otra noticia, espero me pagues tú las noticias, que te he dado de Rahab. Cuál es aja? Que me digas, que gente es la que a Ilrrael ha concurrido estos días, tan mísera, tan humilde, que solo verla lastima. El Pueblo es de Gabaón. Eso solo toca a onías, que si Dios le da salud, han de hacerle su Cronista, que otros lo son, sin saber lo que la voz significa. Esta gente, que en remotos Pueblos, miserable habita, a confederarse viene con Isrrael, y con onías, trayendo para cocarle las siguientes baratijas: Un pan, señora, mas duro, que Dama boba, y esquiva, que es de los dientes Japón, por ser la masa de China. Un vino, que no hay memoria de hombres, que su origen diga, y yo le juzgo exprimido en las primeras vendimias, que a nuestro Padre Noe le plugó hacer, en Galicia; pues sobre ser estadizo, tiene su ralea impía una punta de vinagre, que hará vomitar las tripas. Josvé, y tu padre, entran en nuestra Tienda. Ay desdicha como la que a mí me pasa? escóndeme Celsa aprisa. Dónde? . Faltan escondites, dónde hay galanes, y hay hijas? No dije bien? No te asustes, que entre los que a Josvé sigan me mezclaré. No reparas, que han de verte? a No permita tu resolución causar desdoro en mi fama: amiga, detenle en tanto que yo salgo al paso, así se revita el riesgo; ven Celsa. . Tomo en mis infaustas costillas ochocientos garrotazos por salir. A Dios, onias. Dichoso, bella Rahab; quien tan no esperada dicha, como veros, logra. Vamos, señor, pues ya se retiran a otra parte, y fin que nadie nos repare, habrá salida, y de esta nube de palos mi mísero cuerpo libra. No es menor (noble Othonie!) que mi deseo consiga lo que anhelaba; pues siendo quien mi fortuna origina vuestra atención, a quien yo no me ostente agradecida, porque aún mi agradecimiento huyó vuestra gallardía: hoy que la ocasión me ofrece luganen que le repita, no dejaré de acordaros lo que os debo. . No prosigas, pues es injuriar la acción, que presumes solemnizas, queriendo al agradecerla, gloriosamente extinguirla. Este hombre está endemoniado: señor, vámonos aprisa, que ya nadie puede vernos. Aunque es cierto, que el que obliga su memoria al beneficio, da satisfacción cumplida; también lo es, que el acordarle, no es porque la voz la extinga, pues fuera injusta cautela de la ingratitud nociva, disfrazar en la memoria el gusto de lo que olvida. Ni es tampoco de la voz acción, sino en cuanto explica el corazón; porque habiendo alma en quien feliz se imprima, ella revosa en los labios la fineza, mas tan tibia, que aún lo que pronuncia ignora, pues más lo que calla estima; para comprender un alma, ni hay letras, voces, ni cifras, que son broncos insprumentos, aún cuando más sutilizan, para copiar lo que siente, y trasladar lo que abriga. Con la ocasión de venír con Josvé, quien se retira a hablar solo con Caleb, intentan las penas mías, T como que acaso paseo los pabeliones que habita, ver de Rahab los bellos ojos, que mis pasiones animan: con Othoniel está hablando; alas me dé mi osadía para abrasarme en sus Soles. Solo es satisfacción digna de cada agradecimiento, hacer la fineza misma. Yo me escapo. Dónde vas? No me acuerdo donde iba. Vive Dios, que si te mueves. Aún el moverme me quitas, cuando acabarán, señor, tu paciencia, y mi desdicha? Pues Josvé, y tu padre, solos de esta estancia se desvían, veamos si puede irse ya Othoniel. Si en la propicia tútela vuestra no hubiera encontrado las delicias, que hoy en fe de tu palabra, mi seguridad fábrica, estrago fuera. No fueras, pues cuando tu gallardía, tu hermosura, y tu prudencia, a cualquiera, que te mira, cartas de favor no dieran, que parece están escritas, con rayos de majestad, que glorias en glorias cifran, era forzoso adorarte. Oíste Celsa? qué fatiga el pecho me aflige! Esto, sucede todos los días, que los hombres nos engañan, como si fueramos Chinas: pobrecitas de nosotras, Pues todos, señora, admiran, que de tu piedad depende la vida, que por ti es vida. Quién creyera, afecto mío, que Rahab, cautelosa finja conmigo, porque otro afecto a sus favores destina. Con que así, cuando finezas debieras más exquisitas, pendiendo ellas del influjo de tu hermosura divina, no debieras acordarlas, pues con saberlas cumplías. De celos estoy rabiando. Si vendrán las señoritas. Qué bella razón hallasteis, si yo quifiera admitirla. Poco haréis, pues nadie sabe su verdad, como vos misma. Eso es querer vos dejarme más obligada, y rendida. No es lino dar a entender, que estar vos agradecida, debéis a la piedad vuestra, y no a la fineza mía. No en vano tan cuidadoso de Rahab se informó. Qué envidia! Celfa, ya no hay alma para que mis agravios resista. Celos, vuestro sufrimiento, ya es del valor ignominia. Oh cuanto vuestra nobleza en vuestras voces se explica. Son de vuestro entendimiento, como de mi afecto hijas. , Celsa, a estorbarlos salgamos. Mis furores les impidan. Que ya sin alivio muero, Que apresuran ya mi vida. Vamos, y pues ya los dos a otra estancia se retirán, sal, y castiga, señora tan grande bellaquería. Aleve Orhoniel? Tirana Rahab? Pues quién os motiva? Qué causa moveros puede? A que con saña. Con ira. Callad, callad, que ya sé todo cuanto pretendía para aborrecerte a ti, y a ti para que te elija, si hasta aquí por compañera, desde aquí por enemigo: Mas que es lo que miro, como (ay dolon!) la pena mía me arrebató a que declare mi pasión inadvertida, ostentando al publicarla la sinrazón de sufrirla. Qué novedad bella Aja, así tu decoro irrita? Enmiéndense a mi pesar las sañas, que el pecho abriga: Salomón, pues como vos en paraje, que aún debiáis atender no profanase lo atrevido de la vista, tan locamente indignado? Bien me culpáis, no prosiga . onía cayó en el suelo. vuestro acento, que no puedo disculpa daros condigna, siendo imposible aplicarla, quien no sabe discurrirla; y pues tan decente estancia, será manchar la osadía con la sangre de ese aleve, que con émula malicia, de mis dichas compañero, es vil ladrón de mis dichas. Afuera le espero, donde mi agravio, y mi furia tiña en púrpura, que desate la cólera que me irrita. Aunque no entiendo, qué causa vuestros furores motiva, yo os enseñaré en el Campo, que si hay alguno que asista aleve en vuestra presencia lo sois vos. . Eso sí, que iba, si no habla mi amo, a embasarle mi espada como morcilla. Para que mi ofensa sufra nueva ofensa están mis iras: muere traidor. . Ten las armas. Cuando detenga tu vida. Cielos, un susto el descanso en otro susto me envía: mirad. . Salomón, escucha. Habrá mayor picardía? Como Othoniel mi respeto ultrajas? . Salomón, mira. Honías, socorrenos. Fuera, que ahora entra la mía. Hay triste! que Josvé viene, tu padre, y todos; onias. Yo me muero de repente, Huiré. . Advertid. Qué fatiga! Haciendo la mortecina. e, , . En mi Tienda ruido de armas? acudamos Josvé aprisa, Quién este alboroto causa? Qué pena! . Qué anlial A Dios vida. Qué imprudencia! Calláis todos? De qué nace esta osadía? Yo estoy muerto. Yo turbada. . Yo absorta. Yo tamañita. Pues se remedió el frangante, queda en paz muerte postiza. Nosotras, mal infor maros podemos, del que metiva esta irreverente saña; pues estando divertidas de atrevimiento tan grande, el estruendo nos avisa; y por saber quien de causa, o medrosas, o aturdidas, llegamos al mismo tiempo, que esta estancia, heroicas pisan vuestras plantas, donde corra los dos con cósera impía, como habéis visto, lidiando: ellos, el motivo digan, que nosotras a los ojos debemos estás noticias. De qué mujer fiara un hombre, si así mienten las bonitas? Aunque de la turbación de HAja, y de Rahab, colija mayor mal, que el que sus voces, trémulas me significan: Hoy he de disimularle, por ver si logran mis iras, templadas con las fieciones, borrar la triunfante herida, que en mi honor temos no sea, si ahora mi voz la pública, que no pueda remediarla, cuando procure extinguirla; pues como en mi Tienda? Estando yo en cella, no es sino mía, con que la injuria, es preciso, que contra mí se dirija, y he de procurar vengarla, pues no hay disculpa que oirla. Si la ay, Gran señor. Cuál el? Que demos nosotras limpias de polvo, y paja, y a ellos, mas que los hagan astillas. A la expgnación de Haven; de tu orden fui, que hoy rendida se labra, envuelta en tragedias, Monumento de sus ruinas. Débame el honor de Aja, . que finja, y contra mi finja; y si volví derrotado de esta facción, nadie afirma, que fue el castigo de Dios acción de mi cobardía. Salomón, no solamente me culpó infiel, pero impía su inconsiderada voz, de tan noble pecho indigna, en mi desdoro (irritado, por una leve porfía, de las que entre Militares suceden todos los días) en mi desdoro (qué pena!) dijo había sido malicia la rota en Hayen, y que era cobarde, no es bien repita mi agravio. Pues no ay Campaña a donde eso se difina, y no venirse a mi Tienda? Queréis que otra vez repita, que ya no es vuestra? Está el Viejo como una sierpe de Libia. Es, que como ven, señor, un monte de nieve riza, que escarchando desengaños, estragos son cuantos grita, horrores, cuantos enseña, miserias, cuantas palpita, que a expensas del tiempo, el tiempo melancólico matiza: juzgan, que el fuego que inflama el ardiente pecho, espira. Lo que fue acaso, no puede ser injuria. Acción es digna el indulto de un error. Retiraos. Que mis dichas me ultraje la suerte, nunca favorable, y siempre esquival La indignación de Josvé estrago mayor avisa del que yo recelo, o mienta la alma, que lo pronóstica! De mi error estoy pasmado, El Alma alienta remisa. Qué es esto, Príncipes Nobles, cuyas hazañas invictas, cuidado del Cielo nacen, porque asombro al Orbe vivan? qué hacéis? cuando nuestras plantas en esta tierra mal fijas, expuestas naturalmente a ansias, penas, y desdichas, tanto en el milagro esperan, cuanto en el temor deslizan? Cuando Dios en nuestro acero deseados ocios nos libra? irritados enemigos os hallo, blandiendo altivas, contra vuestros mismos pechos, las invencibles cuchillas, que templó indignado Dios, contra las idolatrías, a rigores su clemencia, y a dulzuras su justicia: contra vosotros? vosotros? como vuestro aliento olvida, envilecido en las sañas, o sacrílego en las iras, la Religión, y la Patria, que en tan gloriosa con quiste, aún con nombre de her edarla hoy vénimos a adquirirla? dónde yace la unión vuestra? quién vuestra discordia incita? y enemigo de los bienes nos confunde, y arruina? No veis el poder inmenso de Canaan, y Palestina, de Phenicia, de Samaria, de las Arabias, y Siria, que toda la Asia conjura, todo el Orbe solicita, por teñir con nuestra sangre, las victorias que imagina? No os dio bárbaro el Gitano, símbolos, con que autoriza la unión, cuanto pinta, docto la inmensa Mole, crecida de un corpulento Elefante, monstruosa Ciudad con vida, que el horror de la discordia le fue redeciendo a hormigas, no porque no le acabara, sino porque en las reliquias el escarmiento conserve los estragos de la envidia? vosotros, que tan amigos siempre fuisteis? Gabaón viva. Pero quién entre la Plebe alboroto tanto excita? Sin Alma aliento! un tropel de gente hacia aquí encamina los pasos. A quién parece, gran señor, que Eleazar guía. El pleito se metió a voces, que harto malo le tenían. Othoniel, si Salomón te ha agraviado, en mi resida el agravio, y otra vez, pues mi afecto no os castiga, cuidado con los rencores. Estos son los Gabaonitas. , s Eleazar, que ha sucedido? No sé, que a buscarte a ti, me trae admirado aquí el alboroto, y el ruído. 1. . Noble Capitán, prudente del poderoso Isrrael, cuyo frondoso laurel tiñes en glorias, valientes la mísera, triste gente de Gabaón, llega a tus pies, para que alivios la des en tanto pesar, en tanto susto, dolor, pena, y llantto, en que hoy envuelta la ves. Decidme, qué novedad es esta? Ay! qué temo tu ira, que después de una mentira, no creeras una verdad. Qué es lo que decís? hablad. Absorto, y mudo el horror me pasma, queres del dolor mi corazón triste centro. Pues vuelva a entrarse allá dentro que lo ha hecho bien el señor. A triunfar de Gabaón, destruyendo nuestro bien el Rey de Jerusal en, el de lerimor, y Hebrón, el de Davir, y el de Eglón, han llegado enfurecidos, apresurando atrevidos el fin de los desdichados, que serán presto abrasados, si no fueren socorridos; cuantos estorbos pusieron a las sañas, que temblaron, animosos ultrajaron, crueles desvanecieron, los Gabaonitas huberon a su Ciudad desdichada, que hoy lloran, desesperada de salud, solo porque yace rendida a su fe, la quieren ver asolada. Pues donde vuestra Región esta? Detrás de ese Monte asombro de este horizonte. Luego vuestra sinrazón nos engañó? La aflicción mira, y no el error infiel, libranos de tan cruel saña, para que asombrados teman los confederados del gran Pueblo de Isrrael. El juramento no obliga; pues supuso falsamente causa, que hoy faita, esa gente. Y será bueno se diga, que la primer gente, amiga de Isrrael, así pereció? Yo juzgo que sí. . Yo no. Qué decís vos nicadar? Que la Fese ha de guardar, supuesto que se juró esta gente, amedrentada, se rindió a nuestro poder, vos jurasteis defender sus vidas con vuestra espada: ellos no han faltado en nada al juramento: arrojarlos de la Fe, será injuriarlos, de aleves, y fementidos; y solo por desválidos debieramos ampararlos. Habéis sabido, qué gente trae el enemigo? Tanta, que falta tierra a su planta, y a sus alientos amviente, la caudalosa corriente de los Ríos en su labio perece. Qué poco sabio será el que a morir se ofreca, cuando quieren que merezca una fineza, un agravio. Todo el pueblo confundido, mi dictamen favorece. Y la voz del vulgo crece. Remedia el no prevenido daño, que puede atrevido del tumulto resultar. Ya solo sabré llorar cobardes, vuestro temor, porque olvidéis el favor de quien os hace triunfar; Lloraré en tantos afanes temerosos, y asustados, sin aliento mis Soldados, sin valor mis Capitanes; Ese temor, que hoy os dan los Bárbaros, no borró la sangre de Jerisó, y las aguas del Jordan? Vuestros émulos vencidos al Nombre de Dios no huyeron, y si en Haben resistieron, no yacen ya confundidos? Ya se os olvida, que es de Núm el hijo valiente, el Domador de la gente, y el Sucesor de Moises. Como lograra vencer quien nunca, nunca venció, no soy el vencedor yo. dándome Dios su poder? Mas que mucho, si al mirar hueste tanta en tierra extraña, la desconfianza baña de riesgos el confiar: El temor, llega a crecer, y en furiosa emulación, vago el vulgo, sin razón solo áspira a poseer. No temas, no temas invicto Josvé, que tú has de triunfar, y yo he de vencer. (dos En tu poder esclavos, y rendi- se verán, los que hoy turban atrevi- tu quietud, obstinados, (dos para que castigados, lloren en su tormento, (miento. buscar tu saña, y huir de su escar- Destruye, arruina, oprime, valero. el furor, el aliento, que alevoso e (so, émulo a tus victorias, borrar quiere las glorias, que el Brazo Omnipotente, a su Pueblo destina, y a tu gente. No temas, Viva Josvé. De tu acento corridos, absortos, mudos, embrazando los escudos tu aplauso vierten, al viento. Ya que depuso el temor de su ánimo palpitante tu voz, juntaré al instante mi Tribu. Yo, gran señor, pues fue más razón que miedo el discurso que propuse, para que ninguno acuse mi valor, y mi denuedo, do mismo ejecutaré. Mirad, no haya entre los do mas odios, que vive el Dios de Isrrael, que me enojaré; y si del precepto, el yugo desprecia vuestra fiereza, haré, que vuestra cabeza huellen los pies de un Verdugo, Caleb. . Señor. El agravio, que imaginas se te ha hecho, queda por mi satisfecho; yo soy noble, y tú eres sabio, a convocar ve tu gente. Ya todos te obedecemos. A Dios la gloria cantemos, Y pues tan dichosamente en fuego vuelve la escarcha, de los animos su voz, llenad el aire veloz, de su aplauso. Toca a marcha. Empiece con el día de los Arietes la saña, hasta que midan la tierra esas robustas Murallas, injuria de las Estrellas, y baldón de nuestras Armas, para que cuando Isrrael, apresurando las marchas socorrerla intente, se halle con ruinas solo, y sin plaza, quedando al pasmo de verla helado, para llorarla. ̱. Ojalá, que antes que al sitio diera fin, nuestra constancia a vista de Gabaón, Josvé, y su Pueblo llegaran! pues encontrando primero con Oham, que está en la falda de ese Monte, a quien coronan las Nubes de plumas blancas, es forzoso si le vencen, que en poder de Pharam; caigan, ya de batallar rendidos, que en la enredosa mataña de ese bosque cauteloso, esconde su inmensa Armada; con que al llegar a nosotros, cansados de dos Batallas, sin hallar otro descanso, que nuestra furiosa rabia, es preciso, que vencida muera toda esta canalla, que hipocritamente injusta, y osadamente tirana, nuestros Dioses arruina, y destruye nuestra Patria. Cuando llegue (que en su pecho no cabe osadía tanta) mas horriblemente el muro nuestros artificios batan, y a su vista mayor gloria comiga nuestra venganza, pues ven, que es solo afligirla el modo de consolarla. . Pero qué miro! (ay de mí!) no veis que aquella Montaña, parto de su infausto vientre, embrión de sus entrañas, hombres aborta? Qué pena! Floreciendo sus estancias, tantos cándidos penachos, tantas plumas nacaradas, vistiendo su gran cuerpo, humanos vultos por gala? Apenas Oham lo ha visto, cuando poniendo ordenadas sus huestes, el paso al Valle resiste. Mal hace Jafía, que inferior en el terreno, le da a Isrrael la ventaja. A Gabaón asaltemos. Mejor es, que al punto vaya del Ejército el grueso todo, para que si acaba de descender, destruyamos en el Valle sus Escuadras, que al primer impetu heridas, y del choque fatigadas, con no más de resistirlos logramos desbaratarlas. Alzad el campo, Soldados, que vencida esta Batalla queda, Gabaón vencida. Arma, guerra. . Arma, Ya Pharam enviste, amigos, no se quede en amenaza nuestra cólera sangrienta; antes, ocupando vayan nuestras invencibles tropas las ventajosas estancias, que abandona el Isrraelita: Dalifa, a ti se consagra mi valor; y pues tú eres la mejor Deidad del Alma, el mejor Dios del afecto, y quien mis furias, y sañas más ardientemente incita, tu patrocinio me valga, que el vivir en tu memoria me dará victoria tanta, siendo ansia de conseguirla, el que logres tu gozarla. Ya de las escaramuzas las centellas que se apagan la feroz Batalla encienden, que al Orbe suspende, y pasma. Acudamos al socorro. Viva Param. Arma, arma. , s s. Ea Isrraelitas valientes, hoy la victoria más alta lograréis. Hoy cinco Reyes, que entre los contrarios mandan, serán gloriosas Alfombras; donde esta mpeis vuestras plantas. s. Pues ocupamos el sitio, que nuestro aliento anhelaba, y veis, que de Isrrael la furia inútil, o quebrantada, cuanto más se esfuerza heroica, tanto a sí misma se acaba. Ya que casi victoriosos vuelven a Pharam la cara, ultrajemos su victoria congiéndoles las espaldas. Bien decís. Viva Isrrael. Pues toma Dios la venganza por nolotros, y se abrigan, huyendo de nuestras Armas, los Bárbaros de ese bosque en la rústica maraña. Ninguno quede con vida; pues inferiores se hallan en el número a nosotros. Viva Adonisedech. Haga fuga la gente, pues vemos, que no hay resistencia humana a tanto poder. Oh injuria de la fortuna! Oh desgracia de la suerte! Hacia otra parte marchemos, porque aquí cascan, fuego de Dios en los brutos, y con que furia deseargan. Tened el paso Isrraelitas, qué temores os espantan? Que todos somos perdidos. Pues cogidas las espaldas, en medio de los contrarios estamos, sin que nos valga el valor, que bien mi voz esta infelice jornada predijo. En tantas desdichas, aún no olvida su alabanza lo que puede un yo lo dije. Viva Adonisedech: Arma. Viva Canaan: Victoria. Ya (ay Dios!) la victoria acla- Señor, no es desconfiar (man. de tu inflejible palabra reconvenirte con ella. Ya dieron fin mis fansarrías, Mas encendida la furia del Cananeo batalla. Hijos, deudos, y vasallos, dónde está vuestra arrogancia? como (ay Dios!) tantos laureles ultrajáis con viles plantas? Volved, volved, al cómbate, alentad vuestras escuadras, deshaced los enemigos, no perdáis día, en que os guarda Dios tan gran triunfo, poniendo su crédito en vuestras Armas; y yo el primero mundando la tierra de sangre humana, por si el ejemplo os altenta, ya que el aviso no basta, romperé los enemigos, pues vierte con mano franca, el espíritu de Dios, en mis alientos constancia, imposible a resistirla, e incapaz a sujetarla 3. Resistid, nobles Hebreos. Amigos. . Soldados, Nada os asuste, que va onías, quiera Dios que con bien salga. Viva Isrrael: Guerra, guerra, Viva Canaan: Arma, arma,
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Es posible, que tu pena tanto te postra, y te arrastra, que no tragues un alivio con las pildoras del ansía? Si él te ofende, tu pesar, en olvido suyo canbía, y busque por otro lado, que a tu beldad soberana, no es razón, que la entristezca, el que no supo estimarla. Cada vez que en mi memoria su traición leo, indignada, mi vanidad con mi afecto, como nunca la esperaba, está en el rencor que vierte martirizándome el alma. Ese dolor fuera bueno cuando de otros no te hallaras mas adorada, y temida, a quien tus desdenes tapan la boca porque no digan. Siempre has de ser necia: calla. otro tal, tú eres la boba; pues tanto enojo te causa un amante? ingrato, y loco; ya es que hay cosa más sobrada; mas tales son todos ellos. Cómo, hermosisima HAja, cuando aún medrosa ll Aurora Nubes dora, Cumbres baña, Astros borra, luces vierte, días tiñe, y sombras apaga sin alivio, en tus pesares, todo el descanso te cansa? quién el sosiego te hurta? quien la quietud te arrebata? como tan poco te debe mi amistad, que ya injuriada, ni aún participe en tu pena, merezco ser: no me hablas? Qué haya quien adore esto? Qué te ofende en mí? . No el escándalo del Pueblo, (basta y los riesgos de mi fama? Plegue al Cielo, que si di para acciones tan osadas causa a Salomón, que el Cielo borre en mi vida la causa. Para atender tu respeto, bastó viniese a tu casa, como Sagrado, a vivirla, como Templo, a venerarla; y cuando por ti, no fuera de quien por finezas tantas, no digna de ser amiga, llego a la línea de esclava, por tu padre, Josvé, y yo, que al verme tan obligada; tan estimada de todos, prudentemente culparan, que el asilo de mi suente, mis acciones profanaban. Su loca pasión, fingiendo sacrílegas perspicacias, contra quien, ni aún sus desprecios gustosa con él gastara; dio motivo. No es mi queja de ti; porque loco entrara Salomón, que ya he sabido, que a Josvé acompañaba. No es esa? dime cual es, pues ignoro que otra haya, que sea en ofensa tuya: y antes imagino tratas de culparme obedeciese, lo que a mi cuidado encargas? De qué suerte? No te acuerdas, que me dijiste asustada, que detuviese a Othoniel, y salir no le dejara, hasta que volvieses. Sí. Luego culpas lo que mandas; pues al mirar, que tu padre, y Josvé, se retiraban, sin que impedirle pudieso el paso, quien atí estaba, queriéndose ir el Criado, se lo impedi? Hoy gamos alma, que aquí entra el tirano onías, de mis cuidados fantasma. A no tener yo sentidos, bien Rahab, te disculparas. Luego persuadirlo quieres, contra lo mismo que mandas. Ojalá, que persuasiones fueran, que bien informada del veneno de mi pena, supiera hacer la triaca. Yo no te entiendo, Pues yo, aunque indigna, he de explicarla, que las criadas son notables interpretes de las amas. Que sea verdad lo que dices, no lo niego, mas repara, que es imposible negarme lo que escuché. Qué escuchabas? verás cual borran mis voces en ti la desconfianza de mi fe. Aquellas finezas, que de uno, y otro envidiadas, reciprocamente fueron del afecto dulce salva, queriendo desvanecerlas el mérito de acordarlas; En mi corazón sembraron tantas penas, tantas ansias, que ya áspides en el pecho, o le hielan, o le abrasan; y hidrópicos de una vida, muerden sañudos el alma, que esta de si aborrecida, y conugo desairada. Ten el labio, que me injurias a mí, con lo que te agravias: tu imaginación abulta unas ofensas tan vanas, que huyera satisfacerlas, sino temiera aumentarlas. Tu creer de mi (cuando afirmas, que no di a Salomón causa, para que necio violase de tu Tienda las estancias) ofensas, y más ofensas del gusto, cuando inclinada al tuyo, de tu albedrío, es mi libertad esclava: pues aunque esa presunción fuera verdad, juzgas, Haja, que tampoco solicito servirte, que no dejira todo cuanto tú quisieras, en fe de que lo mandaras? Ay! y qué poco que debe mi afecto a tu confianza. Afe, que la Cananca, se nos ha vuelto Gitana. No basta, que en tus favores hallase, mi suerte fausta (divino abreviado Lete) el olvido de mi patria; no basta, que aunque tu padre diese a mis dichas la causa, deba a tu amor el proseguirlas, y a tu garbo continuarlas? Las recíprocas finezas, que culpas, y de que hablaba conmigo, en nada te ofenden; pues rindiéndonos las gracias, estábamos igualmente, él, de que tan arriesgada, con mañoso ardid supiese esconderle de la aña del Rey de Jericó, siendo espía contra mi Patria, y yo a él, de que el juramento, que hizo dentro de mi casa, tan noblemente cumpliese. Celfa. De oírla estoy pasmada; porque tiene unas razones, que en el corazón se clavan. Pues no hallasteis otra vez ocasión? Cuando se hallara, tan immensos beneficios, aunque de una vez se hagan, con agradecerlos muchas, empieza siempre su paga; fuera de que yo a Orhoniel, desde que Jericó infausta; fue desdichado alimento a las iras, y a las llamas, no le vi. Ay señora mía! debe de ser cosa clara, que las dos nos engañamos, que oídos, y ojos se engañan, si las pasiones los tiñen, o los temores los bañan. No sabes, Rahab hermosa, cuantos sobresa ltos, cuantas penas, me borran tus voces; pues mis sospechas tiranas, en el corazón creídas, en la vista autorizadas, émulas de la razón, descompusieron la blanda armonía, que en mi pecho tuvo el amor acordada. Y cuando no me creyeras, el efecto no mostraba ser Orhoniel tu rendido? Cómo? Aún antes que acabara tu padre de proponer en la empresa celebrada de Cariath. Sepher, por premio tu mano; él a conquistarla se ofreció, con que es precilo argumento, de que te ama si es el premio quien le arrielga; y no reparando en nada, viendo, que es de una victoria precio, la luz que idolatra, conquistar intenta a un tiempo tus desdenes, y tus sañas, feliz con dos rendimientos, triunfante con las hazañas, Tú aflígido Pueblo, te invoca, y te llama, Dios de Sabaoth, bañando en suspiros las voces que exhala. Pero esta Música avisa; que ya del Pueblo la marcha empieza. Y Eleazar, grande Sacerdote, a quien encarga Josvé, en su ausencia, el gobierno, recorriendo el Pueblo anda, Hacia aquí llega. Y rezando. A Maceda marcha. . Marcha. Tu nombré, que vierte dulzura en las almas, asombre, y destruya, (ñas. el robusto aliento, de enemigas sa- Ya que esa Fábrica etherea, cuya circular constancia, sucesivamente en giros, Cielos, tras Cielos, derrama, ignorando donde empiezan, y escondiendo donde acaban, ya que las flamantes puertas del Divino Eterno Alcazar, las oraciones de todos afectuosamente rasgan, diamantes, a cuyo toque se vuelven celestes asevas, blandacera al atenderlas, tierno plomo al escucharlas. Vuelva el Pueblo a proseguir (aliviado ya) sus marchas, hasta que pise las flores, que en las fértiles Campañas de Maceda, suces vierten, teñidas de carmín, y ambar. Marcha. . Tú aflígido Pueblo Gran Eleazar, y a pasando (e. de unos a otros la palabra, se mueve el Pueblo, tejiendo los penachos, y las galas. Bella población instable, dócil República vaga, en el Cielo repetida, y en el aire delincada, y a los ardientes colores, que airado a envates ultraja, por teñirle en los reflejos, que aborran de si las granas, fingido cuerpo trémola, receloso bulto cuaja, que en el ansia de formarle, le borran sus inconstancias; pues si un Aura le condensa, le esparce al viento otra Aura. Yo no sé como hay cabeza para sufrir la algazara, que levantan los muchachos con sus risas, y sus gracias; pues ya no es que no van algunos con mantillitas; que pasan de cuarenta meses. Todas venid, que yo acudo al Arca; Sagrado imán, que nos guía, y en quien nuestras esperanzas, y a evidentes posesiones alientan, cuanto descansan. Todos la seguid: y vos Señor, ved, que vuestra fama hoy pende de la invencible siempre generosa espada de Josvé, vuestro poder le patrocine, y le valga; porque vuestros enemigos, entre fatigas, y ansias, conozcan, que contra vos no hay resistencias humanas, más robustas, que los tiernos suspiros leves del? Aura. Destruya, señor, su brazo, huelle Gran Jehova su planta, las blasfemas atrevidas, rebeldes duras gargantas, que contra tu Omnipotencia, ya en acciones, ya en palabras, airados áspides gritan, cocodrilos fieros cantan, venenosas sierpes forman, horribles leones braman, para que sepan, que adonde permanece vuestra gracia, los laureles se destinan, y los triunfos se preparan. , Pues fue el Mar Bermejo sepulcro de plata, al Bárbaro Egipcio, (fianza. naciendo en su ruina nuestra con- otra vez el dulce acento, en Músicas consonancias, nos avisa, que en los hombros de los Levitas, el Area del Testamento camina, y en su seguimiento, marcha Isrrael. Nosotras también, que aunque allí importemos nada, hacemos bulto. Parece, que aquí, Rahab, se oyen Cajas. Será, que como a esa altiva umbrosa verde montaña, el Pueblo se va acercando, y de la otra parte acampa Josvé a impedir los progresos de los Príncipes de ls Asia, el ruido que allá concibe en sus concavas entrañas, eco del eco le aborta, y por correr más distancia, va duplicando el sonido, que en el oído se estampa. . Viva Isrrael, guerra, guerra. Viva Adonisedech, arma. Ea, nobles Capitanes, a cuya luciente fama, el Sol bebe resplandores, que sobre el olvido estampa, iluminando memorias, que ilustran vuestras hazañas. Ya veis, que en aquella parte, no ha sosegado la infausta, trágica, sangrienta, horrible, aún indecisa, batalla: envestidlos, no el valor hoy caduque; quien apaga de vuestro robusto impulso la formidable constancia? qué teméis? quién os suspende? de quien huis? qué acobarda vuestro esfuerzo? si os defiende Dios, cuya Mente sagrada, ha destinado este día, para que le deis venganza de ese Idolatra rebelde, Ejército, qué os espanta? A buscaros vienen, cierra Isrrael. Gente tirana, ahora veréis, si es justo, con torpes, he imaginadas promesas de vuestro Dios, echarnos de nuestra Patria, violando de la justicia el explendor; , s pues te manda, que nos destierres, y abrases, siendo del precepto infamia, quitarnos nuestras Regiones, por dárselas a vuestra ansia. Dios, para un Santo, bien puede quitar a otro sus alhajas. Como es Dios Criador, y dueño del Orbe, a ruego os dio cuantas posesiones hoy tenéis en Canaan; con que nos basta el ser de su Deidad hijos para venir a heredarlas, que donde su voluntad acabó, tu Imperio acaba. Bien haya quien discurrió suspensión tan acertada; pues demás de que me informe de cosas de mi ignoradas, y que en esta ocasión dichas, la atención de todos llaman; huelga cansada de herir mi descomunal espada, qué traga, y consume, de estos, mas que guindas la Tarasca. Qué necia razón has dado? Necia es? Sí; pues no reparas, que general comprende de la tierra a los Monarcas; que, aunque no a tu Dios, bien saben, que el laurel, que les ensalza, a los Dioses se le deben. Cuando ella no baste, basta saber, que cuando en los hijos de Noe, Gran Patriarca, renovador del humano género, la ya inundada tierra se dividió, Sem, de aquel tronco, noble rama, de quien floreció mi Pueblo, pobló a Canaan: y poblada, los descendientes de Cham, su hermano, a fuerza de armas, barbaramente feroces, osadamente tiranas, a los de Sem arrojaron de la herencia destinada a sus padres, no contentos con la mayor parte de Asia, y África, que a sus violencias, ya rendida suspiraba; qué una maldición brotase sin castigo ruinas tantas, uniendo al ansia de verlas, él no poder remediarlas! y así como hijos de Sem, recobramos hoy. Qué extraña rústica respuesta has dado, de antiguedades bañada, queriendo que nos convenza, para creerla, venerarla; quien ese dictamen funda? si en piedras consta, que pasan de cuatrocientos los años, que habitamos las estancias de estos Montes, sin haber tu Dios mandado expugnarlas hasta ahora. . Quien conozca, que su clemencia templava vuestra destrucción, y su ira; pero ya se ve injuriada su justicia, pues a bultos de oro, bronce, hierro, y plata, dais de Latria adoración, y a él solo se debe Latria; a confundiros venimos, muertas ya las esperanzas, de que de reprobos hijos, elegidos a su casa volváis; y así sujetando vuestra cerviz obstinada, rayo es su voz, que en mi impulso latiendo está. Calla, calla, que tu Dios es Dios injusto, pues sin motivo, sin causa, hidrópico, ya de vidas, siembra el ambiente de almas. Nuestros Imperios debemos, a la Deidad Soberana de Astaroth, no a la Isrraelita, que alevosamente ensalza, tu voz para engrandecerla, tu empresa, para ultrajarla. Señor, muera yo, y no oiga contra vos blasfemias tantas. Hoy habéis de perecer: guerra Jebuseos. . Arma. Cómo, señor, en un trance tan fatal, nos desamparas? Gran triunfo! Nuestro valor todos los riesgos allana. Dios mío, de ver que huimos los Mosqueteros se cansan, que va de tres, y a sus soplos gtiemblo más que a las espadas. Pues las fuerzas del hombre se ven postradas, fortalezca su impulso de Dios la gracia. Alienten las iras, animen las sañas, renazcan las furias, y triunfen las Armas; porque la hora dichosa. llegó esperada, en que cumpla a su Pueblo Dios su palabra, Huid, huid: ay de mí! qué novedades nos pasman? como invencible Astarota permite tu poder caigan las Estrellas, divididas, a pedazos derramadas, centellas, que asombros hielan, ravos, que horrores escarchan? Qué te turba? alguna nube de las que en el aire vagan, de si estas piedras despide: ay infeliz! Reforzada de Isrrael la gente, aún dispura la victoria en la batalla; sigámoslos. Ea Isrraelitas, ánimo os dé su inconstancia, ya que a la piedra perecen, mas que nuestro acero acaba. Notable colación es la que Dios da a estos panarras. Ya experimentaréis viles, que el furor de nuestras Armas totalmente os arruina. Aquí Caleb. Aquí Jafía. Viva Astarot. Viva, aleves, el Gran Dios de las venganzas. O qué confites tan duros! pero tal es la distancia de donde vienen. Amigos, vuestros alientos desmayan? Como Isrrael no los consume vuestra colera bizarra? Cómo hallaron resistencia en pechos, que de montañas nacieron, y que heredaron su dureza, y su constancia? La piedra, y nuestros aceros, su Ejército, desbarara. (gio, Huyamos, que a tal prodi- es la resistencia vana. La prometida tierra, que el carmin baña, cándida será presto florida estancia. Siéntome, que estoy cansado de herir, que hasta el herir cansa; pero no estoy muy seguro; subireme a esa montaña para ver a mis amigos de que calidad se cascan. . Gran regalo es desde lejos ver Ejércitos, batallas, cuchilladas, y pendencias: y no verlas, y contarlas, debe de ser más regalo; y como cuando se daba esta, no habían discurrido, pólvora, mosquetes, balas, artilleria, ni hombas, con las demás zarandajas: invención, que algún demonio hizo, porque en su venganza los hombres unos contra otros con más prisa se acabaran; pues para este efecto, siempre anda ministrando trazas, podían sin miedo los ojos, testigos de las hazañas hacerse; mas donde voy en contemplaciones varias, sin saber, ni ver? Huyamos a la cumbre. A la Montaña. Pues ya glorioso Isrrael, el triunfo, y victoria canta. Pero tén el paso, onias, porque aquí descaminada una tropa de paganos se acerca; por Dios que es rara su valentia, pues huir, aunque con priesa, y con maña, se les hace cuesta arriba: escóndome entre estas matas, en tanto, que estos señores a poder de pies, escapan, que son muchos, y no intento aguardarlos cara a cara. Cómo (ay infeliz!) los Cielos en rayos no se desatan, y se precipita en fuego, el turquí de sus Campañas, siendo a su rigor ceniza, lo que es de mi bulto llama? yo sin triunfar un instante? yo vencido? yo (qué rabia!) ultrajado de cobardes advenedizos? Descansa, que segunda vez felice has de volver a la sacra mansión de tu Trono, hollando tu suerte. Sí se declaran contra mí los Dioses, cómo? (ay triste!) que loca el alma, aborta un etna en las penas, y un mongibelo en las ansias. No aflige a todos el hado? Nuestra fortuna no iguala a la tuya? La mía excede a cuantas fatigas, cuantas desdichas, padecer puede, la naturaleza humana; qué mucho, si al repetirlas yo mismo tiemblo acordarlas? Ay Dalifa! tan hermosa, cómo serás desgraciada? pues si Jusvé victorioso, contra Jerusalén marcha, bárbaro con su beldad; pero (oh memoria tirana del mísero, y afligido, le la más inútil alhaja!) qué es esto Astarot ingrato? Así, Dios infame, pagas, que rendido, ya en Sabeas mirrhas, y a en gomas de Arabia, ya en balsamos, ya en inciensos, mi culto tiñese el Ara de tu Deidad fementida, en deseos, y fragrancias, vistiendo de olor los vientos, abultando en sombra el Aura, borrando al Sol (que ofendido de mí, hoy se descubre la cara) los rayos que nos esconde, las luces que nos recata: ha mentirosa Deidad! y más que mentida ingrata; pues del afligido huyes, y del mísero te apartas; así las víctimas precias? Rabiando está. Escucha. Aguarda, que si el horror de la noche nuestra infeliz vida salva, volviendo a juntar las Tropas, por el miedo derramadas, es imposible vencerlas; y más si fortificarlas logramos, con los socorros, que esperando estamos de Asia, Davir, Grande Rey de Egión, Grande Rey de Lachis Jafía. Gentecilla es de buen pelo, Yo pillo muy buena manla. Nuestra desgraciada suerte, la última experiencia haga, ya que a la mayor normenta, sigue la mayor bonanza. Escondámonos, amigos, huyendo, no de las armas de Isrrael, si de su fortuna, que puede ser, que esperada, al tiempo de suspenderla, llegue el tiempo a quebrantarla. Seguidme, que yo sé donde la inculta, y ruda maraña del Monte, pardo bostezo, que a horrores sálpica el Alba, horrorosamente triste, una oscura gruta guarda, donde estaremos, fiando nuestra mísera esperanza a las sombras, ya que huye aún el viento, de ampararla. Vamos Adonisedech, que a tan immensas desgracias, solo podrá nuestra vida, si no extinguirlas, templarlas. Contra mí, injusto Astarota, conjuras así tus sañas? así obstentas tus rigores? así tus glorias ultrajas? Yo me vengaré de ti, volviendo polvo tu Estatua, ceniza tu Templo, fuego tu Altar, y alsombra tu Ara; porque sientas como siento, y pues lo que lloro cantas, yo desterraré tu nombre del Orbe, que sus estancias, no necesitan de Dioses, que no de sirven de nada. Bien dicen, que la fortuna, solo es para el que la halla, y no para el que la busca; tres Reyes, como tres mandrías debajo de mi poder, pondrelos luego en mis frmas, para que mis nietos digan, estos fres venció en Batalla nuestro Avuelo Don Onias, cáígale el Don por que caiga; seguirelos para ver a donde los tres se encajan, o los cinco, no me atisve alguna musa Beata de las que todo lo rezán, y de todo se embarazan, y daré cuenta a Josvé. Si a alguno le hicieren falta un par de Reyes, acaso a cumplir una baraja, acuda a mí, que protesto darle, sin los que se guardan, veinte, y ocho, que en los infiernos están rabiando sus almas. Gran Caudillo, recogiendo las ya deshechas escuadras de los Reyes Jebuseos, muchos Capitanes, tratan de ampararse en los excelsos Montes, gigantes, estatuas, que al vasto jardín del mundo, dan hermosura, y constancia; ya en la Esmeralda, que obstentan, ya en los metales, que guardan. Cuando robusto Otoniel en el cómvate se halla de Carlat. Sepher, en cuyo peligro nadie dudara; si no huyera el Cananeo. Manda que toquen las Cajas a recoger, gran señor, que el Sol declinando baja; y si al cerrar de la noche, nuestra gente está empeñada en el alcance, es factible, como de experiencias falta en la tierra, que Señor, al punto envía quien traiga a los Reyes Jebuscos, pues sé, que de la Montaña, en una cueva, los tres la están haciendo cerrada. Qué dices? La verdad pura, que yo temiendo una manta, no me atreví a entrar por ellos. Salomón, esto se encarga a tu valor. Mi obediencia es mi laurel. Arma, arma. Si esta vez no quedo rico, en mi vida tendré blanca. Toda la tierra de sangre Idolatra está inundada, esperando que la noche ruinas desvanezca tantas, que aunque incapaz a sentirlas, doliente esté al tolerarlas. Solamente en el funesto oscuro horror de sus alas, escondérsenos pudiera, día, que Dios destinaba, para el mayor que ifrrael tuvo, pues casi perfeccionadas quedaban nuestras conquistas, si el día no se acabara. El día se acaba? . Ya no ves que luciente pasa el corazón de los Orbes, de los Astros, el Monarca el Cénito? Señor, Conozca Canaan, que tú me amparas, y que quien contra mi lidia, lidia contra tu pujanza. Y ya la Luna en el Cielo a que el Sol se ausente aguarda, para que a sus rojas luces, luces substituyan blancas, inundando golfos de oro, de helados golfos de plata. Sol, no contra Gabaón te muevas: detente, aguarda, cesen de tu, eterno curso las volubles inconstancias: y tu Luna, contra el fértil Valle de Ayalón no vayas; tened a mi voz los rayos, parad, parad, vuestras llamas, hasta que vengado Dios, sin ponga a la gran Batalla, de su crédito, firmeza, y sosiego a nuestras Armas. Descansa, descansa, que obedeciendo, el acento del hombre, están en mi vinculadas. Dios, te detiene de fuego las alas, Qué miro Cielos! el Sol de tu voz instado, para todo el torrente de rayos, con que se precipitaba, a esconder sus explendores de Occcano en las entrañas, sepulcro instable hoy de vidrio, cuna de cristal mañana. Gran prodigio! Gran portento! Viva Josvé. . Victoria. Arma. Seguidlos, seguidlos, puesto que hasta que desagraviada esté, la ofensa de Dios, no moverá la dorada Carroza, en rayos teñida, y en luces illuminada, esa Refulgente Antorcha, vida de hombres, brutos, plantas, No admirará nunca el Mundo, día que tan dilatadas horas ánimes; pues hoy obediente a las palabras del hombre, Dios, suspendiendo el giro a esa hermosa llama para nuestro triunfo empieza, y para el contrario acaba. Ya de ningún enemigo temáis las robustas sañas; pues cuantos rebeldes hay desde Cadesver, a Gaza, desde Gesen a Gabaón, los que ocupan la Campaña del Libano, que aún se abrigan de las cumbres elevadas de el Hermón, serán esclavos si de las iras escapan, que por decreto de Dios, En el Sagrado libro de los (justos escrito se halla, que tus luces en medio del Cielo, quedaron fijadas: Descanse, No a morir madrugaste ligero, pues tu ardiente llama; ilustró los espacios de un día, floridas estancias: Descansa,. In victo Pueblo de Dios, siguelos, pues él te ampara. Victoria por Isrrael, viva el Dios de las venganzas. Solo la gloria sea suya. Vayan los bribones, vayan. , s Dame tus brazos, Josvé. Oh Eleazar! . De todo el seguido llego a tus ojos. (Pueblo Feliz soy. Dame heroe excelso, tu mano. Amigos! Alma os recibe con mi afecto. A celebrar las victorias, que propicio te da el Cielo, llegamos todas. Pues día tan dichoso, es solo cuerdo el que de locuras tiñe la luz del entendimiento. Anden, que parecen piedras; o fuego de Dios en ellos! apartese. Digole. al muy sayón, que no quiero. Ya me tienes por marido, pues me ensayonas tan presto. Nunca creí, que las desdichas alargaban tanto el tiempo; pues o el Sol ha suspendido su curso, o el hado fiero otro Sol rinde a la noche, que encienda mi sentimiento. Hoy a tus plantas Josvé te rindo el despojo nuestro. Venciste a Carlathe sepher? Si señor; pero tan presto, que no bien llegué a invadirla, cuando aclamé el vencimiento; y al venir a referirte la noticia de mi empleo, bella tropa de mujeres, mis Soldados descubrieron, que con pomposos adornos, lastimosamente Regios, de la falda de los Montes de Jerusalém salieron. Qué oigo penas? corazón, Astrólogo, vil del pecho, ojala fueras hoy falso, cómo siempre verdadero! Viendo el precepto deDios, y atendiendo tus preceptos, a los filos de la espada de Isrrael, todas murieron, después supeera Dalisa. Calla, calla, aleve Hebreo, o te volverán cenizas, los ardores de mi aliento, las lágrimas que derramo, y los suspiros que vierto. Cesa, cesa, o mis rencores, tu sangre infame bebiendo, teñirá en púrpuras viles, tu bárbaro atrevimiento, porque no puedas decirlo, ya que iograste emprenderlo. Tú al Sél te atreviste? tú al más fragrante Lucero, que fue corazón de un Alma, que tu infausta voz ha muerto, Injuriaste? oh fementido! ahora verás cuan diverso es defenderte de mí, que ultrajar un Ángel bello, asilo de mis desdichas. y de mis fortunas centro. Detente Adonisedech. Espera. . La muerte espero, dejadme, veréis que osado hiero con él a los Cielos. Como infame en mi presencia injustamente grosero te desconpones así? Porque es grandísimo necio, pues por haber acabado con su mujer hace esto: o si sucediese a algunos, cuanto se alegraran de ello! Loco estoy. Sin que lo diga, se le conoce, Qué es esto? juzgas que sufre el caudillo de Isrrael, este atrevimiento? Besad tiranos la tierra, medid injustos el sueso, que de esta suerte castiga el Gran jehova a los soberbios hijos de Isrrael, poned las plantas sobre sus cuellos. Al oírle, todos los más están dudando, y temiendo. Es que estropajos parecen según les da el tratamiento Josvé, Al fin fuiste Celfa por símiles al barreño, y haces bien, porque me enfadan criadas de entendimiento. Qué teméis? qué os asustáis? mostrad los valientes pechos; pues el señor pondrá así a los enemigos vuestros. Qué ociosa vida me anima Josvé, haz que de los tormentos, y no de la injuria muera quien nació Rey. Nada advierto, que absorto a tanta desdicha, todo cuanto vivo, muero, Ceda la garganta a un golpe. y no a tan viles preceptos, Y ahora para castigarlos por bárbaros, y blasfemos contra la Gran Majestad de Dios, pendientes de un leño paguen de una vez delitos, que obitinados cometieron; llevadlos, pues, qué aguardáis? , Señores vamos con tiento. que han tomado postillones la Comedia, el Sol, y el Tejto, 3. Infelices de nosotros. . Así trata a los protervos Dios, porque todos los malos vean en otros su escarmiento. Y después que esos tiranos den en la Cruz el aliento a la horrorosa mansión, volved a arrojar sus cuerpos, porque les sirva sepulcro el albergue que eligieron; y porque a todos se escondan, precipitaréis tras ellos de esa elevada Montaña los peñascos, construyendo a la justicia de Dios, elevado monumento, que publique su delito, y eternice su escarmiento. Ya Caleb obecer? lo que mandaste, y El premio irás a pedir, y antes que tu prosigas, te advierto, que nadie tuvo atenciones, cuando le abrasaron celos, que émulos del albedrío borran el entendimiento; pero por satisfacerte, pues estoy yo satisfecho, y fue el error de mi oído, la causa de nuestro duelo; Josvé, a Rahabpor esposa te pide humilde mi ruego. Qué os parece eleazar? Yo, señor, aconsejar puedo que se la concedáis, pues goza nuestros privilegios. Feliz yo, que tal fortuna consigo. Tan noble empleo solo en tan excelso día consiguiera merecerlo. Hoías, todos se casan. Que les haga buen provecho. Pues tanta satisfacción me enmudece en cumplimiento de tu promesa. Bien dices, dale la mano. No quiero, había de responder, por dar un susto a este viejo, que sin qué, ni para qué, rabiando está por ser suegro. Así mis sustos cesaron. Ya mis males fenecieron. De Victoria tan insigne vamos a rendir al Cielo las gracias. Digo, señores, tan poco a ustedes les debo, que de esa suerte se van sin mirar mi casamiento? Celsilla, venga esa mano, si quieres. Quiero, y requiero. Pues niña, eres tu Escribana, para hacer requerimientos? pero direles a ustedes, que en el brevísimo tiempo de esta guerra, solo treinta y seis Hebreos murieron siendo el núumero infinito de los Bárbaros; supuesto que a fuego, sangre, y milagros, fue toda ella, por decreto de Dios; y hasta aquí estirar el Poeta pudo el tejto de los Anales Sagrados, como en ellos pueden verlo. Y el Sol obediente al hombre da fin: perdonad los hierros,
