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Texto digital de El sol de la sierra

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Juan Bautista Diamante
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El sol de la sierra. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/sol-de-la-sierra-el.

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EL SOL DE LA SIERRA

JORNADA PRIMERA

rbóleda tala. Todos sobre esa fiera, que aborto inculto de este monte espera, que sus troncos la libren, flechen los arcos, y las hastas vibren. Seguidla todos, no se deje a vida rosa en el campo, que el otoño olvida, ni tronco menos, que el agosto escama, que no descabellemos rama a rama; cortad la senda, que seguir procura. . Ataja por el valle, a la pesesura. Siguiendo a Julia viene el amor mío, que hermoso móvil es de mi albedrío; pero cobarde si toparla intento, Y. la pena ánimo, y el temor aliento, Buscando, aunque me olvida, en sus ojos mi vida, que con dulces enojos vive mi vida en sus divinos ojos. Hoy al monte ha salido, y aunque la mayor parte ha discurrido, no ha podido encontrarla mi ventura, 1. Ataja, Bato. 2. Al valle. 3. A la espesura. Cerca el ruido de la caza sueña, y cerca (ay dulce pena!) bellísima se advierte, la causa de mi vida, y de mi muerte. Siguiendo al jabalí, que ya sangriento huye de su destreza castigado con tierna mano, y varonil aliento tantas saetas destribuye al prado, que embarazadas en el vago viento una nube de acero han conjelado, y en abono del bruto que la inquieta, detiene a una saeta otra saeta. Ya la fiera del riesgo prevenida, libertad en los troncos busca vana, ya la espesura cobra, y ya ofendida de su temor, vuelve a la lid ufana. Como quien dice: si esta poca vida consagro a beldad de tal Diana con muerte tan felice, que victoria puede dar a mi vida mayor gloria? Ya en la senda se para, y los rigores de Julia cara cara solicita, que en buscar sus cuidados por favores a mi pasión, aún más dichosa imita. Ya Julia el arco embraza, y con primores la flecha tiende, y el cordón irrita; ya dispara, y ya llegan con desmayos al bruto una saeta, y muchos rayos. Herido gime bárbaros enojos, o de la herida, u del ardor tirano, pues si se quemá al fuego de dos ojos, a la nieve se postra de una mano, cual llaga siente más de sus arrojos, no explica el sentimiento, aunque inhumano, sin duda el fuego siente más, pues ciego, huye de Julia por huir del fuego. Acia esta parte la derrota sigue, y Julia le persigue, ya llega, yo me oculto entre estas ramas, porque dificulto, si mi amor en su amor piedad alcanza, o tenga fin dichoso mi esperanza. Poco, o fiero rigor de la montaña! tu astucia ha de valer contra mi saña; que aunque te escondas más, tu moviento está sirviendo de índice a mi aliento. Todas cuantas defensas ejercites son va contra tu vida. ya contra tu vida Ay de mí triste! Hombre (ay de mí!) que rigor te buscó el riesgo? qué suerte te solicitó la muerte? no me respondes? . Amor, amor, hermosa homicida, tirana dulce beldad, se valió de tu crueldad para quitarme la vida. Pequeña juzgo la herida de aquella flecha primera, y así para que trujera con dominio soberano puso otra flecha en tu mano, porque de tu mano muera. No de la herida el dolor me aflige, dueño adorado, más tormento, más cuidado es el que siente mi amor. Pues como hechó a tu rigor, enseñado, o satisfecho de tu ingratitud, sospecho que en esta sangrienta calma para salirte del alma quisiste romperme el pecho. Si no es, que compadecida a los ruegos de mi llanto, para que no sienta tanto me hayas quitado la porque a mostrarte ofendida de mi amor, me la dejaras. Pues tanto más te vengaras cuanto más me aborrecierras, y al paso que te ofendieras, a ese mismo me mataras. Y porque ya rendir siento, o de la pena, u del tiro la vida a cualquier suspiro, y el alma en cualquiera acento. Solo diré, que contento de tu piadoso rigor muero gozando el furor, aunque en esta triste suerte, aún más que encontrar la muerte, siento perder el amor. Aún más que encontrar la muerte siento perder el amor. Calla, calla, que dolor! desdichada infeliz suerte, que haré, que en trance tan fuerte se ofusca el discurso mío, porque si a sentir porfío mis sentimientos mortales, aún para sentir los males no me han dejado albedrío! O mísero ejemplo triste de la firmeza constante, que naciste para amante, y por amante moriste! Ya aunque muerto me venciste, más triunfo en el tuyo advierto, que en el mío, pues es cierto en esta acción compasiva, si yo triunfe de ti viva, que tu triunfas de mi muerto. Cuando vivo te miraba, de tu pena me ofendía, y amada te aborrecía, porque amante te juzgaba. Viva siempre aseguraba tu fe, mas como la vi ya difunta, me creí sin la gloria de triunfar, y muerto llegue a adorar lo que vivo aborrecí. Si con la voz alagué de mi hermosura tu suerte, mi trato fue de tu muerte causa, pues que te maté. Sin querer lo ejecute en ti una ruina veloz, y así vengo a ser atroz cocodrillo en tu fatiga, que con el trato castiga cuanto halaga con la voz. O si para que alentaran tus ya caducos sentidos, incesables mis gemidos con mis lágrimas bastaran, que presto resucitaran de tus perdidos despojos el vigor, con que de arrojos, por redimir tus agravios, brotaran fuego mis labios, sangre vertieran mis ojos. Mi desdicha, o mi crueldad, o lo más cierto tu suerte fue cómplice de tu muerte, y asunto de mi piedad. Tú mueres de un mal violento, mas yo que fui tu homicida, compro al precio de tu herida lo eterno de mi tormento. Y aunque menos lo pareces, mas dichoso que yo has sido, pues tú, de una has padecido, lo que yo de muchas veces. Pues he llegado a inferir, que en accidente tan triste, que mueres lo que viviste, y yo lo que he de vivir. Luego tormento mayor que el tuyo mi mal ordena, pues tu acabaste tu pena, y yo empiezo mi dolor; qué haré? que si solicito dejarle solo, es crueldad, y es también temeridad publicar yo mi delito, y en esta trabada guerra no discurren los temores. Buscad a Julia pastores, que no parece en la sierra. Ay de mí, que hallar no puedo si aquí me encuentran disculpa! o qué pesada es la culpa! que perezoso es el miedo! Una voz me asombra allí, y aquí un temor me asegura, allí un vivo me procura, y un muerto me esconde aquí; Quién vio sin el accidente con que el aliento limito, que llegue a ser el delito, refugio del delincuente? Si aquí me hallan homicida de Feniso en esta acción, dirán que me dio ocasión para quitarle la vida. Y será cruel razón, por asegurar mi suerte, haberle dado la muerte, y quitarle la opinión. Y así, aunque en dejarle esquiva vengo a ser, mi amor acierta, dejando una vida muerta, para que un crédito viva. Oculten, pues, estas ramas la vida que en ti renace, si cenizas no las hace el incendio de mis llamas. Que el amor, que hoy eternizas hará en mi eterno dolor, un altar; donde mi amor siempre adore tus cenizas. . No habéis vido el Jabalí, qué es tamaño cómo vos? Bato si os he visto a vos, no está craro que le vi? Las cosas del mundo iguales no son, que hay buenas, y malas, Benitas hay animales. Y Batos hay animalas. Siempre habéis de responder? Y que, que haya respondido? Benita, yo so el marido. Bato, yo so la mujer, y quiero con maravilla arrimándome a vos hoy, pues vuesa costilla soy parecer vuesa costilla. Benita no está bien eso, porque según me doléis, la costilla que entendéis, hallo que es mi sobregueso. Qué es sobregueso malbado? Qué es sobregueso? no es nada. Yo soy mujer muy honrada. Yo hombre muy deshonrado. Mentís, que si al sancristan vistis ayer en la puerta, fue a llevarme de una oferta para Periquillo pan. Y el sastre muy relamido, que al sancristan disculpáis? Pues en eso reparáis? fue a tomarme la medida, y en fin sastre, y sancristan, riñéndome vuestro ocio fueron a vueso negocio. Al vueso pienso que van. No maliciéis. No malicio. Nunca Dios os de salud, que os quejáis de la virtud. Es que me quejo de vicio. Valedme Imagen Sagrada, que benigna os solicito. Válgame san Agápito, llégate Benita amada. Bato, quisiera saber, que es lo que habemos oído. Mis bragas que han respondido lo debieron de entender. Ire a verlo si tú quieres, que me está haciendo cosquillas, Métete entre mis costillas, pues que mi costilla eres. Ya no so tu sobregueso. Eres mi sobrecabeza. Piedad divina Pureza. Ya mi miedo te confieso, gente hay allí. . Y no la llamas? Yo no puedo hablar de miedo. Da voces. . Bato no puedo. El miedo anda por las ramas. Gritemos por si repara Ay, hay: . Ay; ánimo Bato, gritad recio mentecato. que me cogen, que me agarran. Qué ocasión a vuestro acento da ejercicio? Qué ocasión causa vuestra admiración? Quién asusta vuestro aliento? No tan presto esclarecida deidad, volváis a ocultaros, que si muerto he de gozaros, por veros no quiero vida. Que acento, que eco veloz es el que hiere el oído? Qué desmayo ha producido lo débil de aquella voz? Quién habla causando extremos, al acaso que ignoramos? Si son la enigma estos ramos, presto la descifraremos. Espera retrato hermoso de aquella pura belleza, no la falta de tus luces vista de sombras la tierra. Aguarda divina Imagen, cuya celestial pureza, siendo Virgen hizo a Dios de nuestra naturaleza. No tantos rayos sepulten estas rústicas cortezas, no sea albergue tan pobre; Panteón de tantas estrellas. Luz de estos montes aguarda, espera Sol de esta sierra. qu s, - Permíteles a mis brazos esta noble resistencia; válgame el Cielo! . Feniso? Fileno, Jacinta bella, Leonido, pues cómo aquí? o no está el alma dispuesta, o falta vida a los ojos, o el uso de las potencias está en calma; o la verdad se ha disfrazado en idea, cómo os veo? cómo os hablos Esa admiración es nuestra, pues del sentimiento tuyo, si atendemos a las señas, con no entenderle alcanzamos que una enigma representas. Tu voz a quinos condujo, sin poder entender de ella, mas que el acento, y te hallamos sobre esa alfombra grosera, sin más indicios de vivo, que algunas palabras lentas, que engendradas de tu voz, fueron hijas de tu queja. Difunto el color nos dijo tu muerte, y de tu tragedia fue intérprete con voz muda esa rigurosa flecha. Dinos, pues, el accidente, que te obligó a tan adversa fortuna, si tu desgracia puede caber en tu lengua? Pues porque la suspensión halle en la noticia treguas, con un acaso os convido a la admiración más nueva, que pudo en la fantasía formar estudiosa idea, para un prodigio prevengo vuestra suspensión atenta. Prosigue, que ya escuchamos. Ya te atendemos, empieza. De la porfiada lucha, que tuvo con las tinieblas, amaneció, aunque triunfante, el Alba sudando perlas, y el Sol, que en el Occeano, para despertar se acuesta en blanco castre mullido de su propia diligencia, por las puertas del Oriente mostró la rubia madeja, y hecho Narciso del Cielo, al cristal que le desea se miró, desenlazando, de cada dorada hebra un rayo, que el agua abrasa, y una luz que el cristal templa a la sonora armonía, con que las aves parleras la nueva luz celebraron, despertó la rosa bella, rompió el jazmín el capillo, y la cándida azucena por la verde celosía del botón que la alimenta, comunicó a un tiempo mismo la fragrancia, y la belleza. Tardo el clavel, pero luego corrido de la pereza, en su encarnado cosor manifestó su vergüenza; dejó el recental el pecho, y sin enseñanza ajena, sino por más dulce pasto, por natural providencia, la que en la madre chupaba; de dos sustancias compuesta, gustó en sabroso cristal, lamió en sazonada hierba. Huyó el ocio, y la fatiga de la ordinaria tarea, al camino del cuidado volvió por la humana senda. Y yo, a quien de los descansos toca parte tan pequeña, solo de alivios el pecho, y el alma de angustias llena, salí al monte, no abuscar consuelo para mis penas; porque el que piensa aliviarlas, fuera de estar mal con ellas, se fabrica un sentimiento, a costa de una experiencia, salí a sentir mis cuidados; válgame aquí la cautela; . ay Julia si a tus crueldades obligaran mis finezas! cuando ignorado destino mueve confusas mis huellas, a la ruidosa algazara, que entre esos henebros sueña, llega el ruido de la caza a mis oídos, y llega piadosa en parte a mi pecho esta penetrante flecha, con tanto imperio, con tanta soberanía violenta, que puede tener por duda la tocaba evidencia, pues sin sentir el dolor vi la ejecución tan presta, que la herida, y el desmayó fueron una cosa misma. Medí el suelo tan sin vida, que de tumba me sirviera, el dístrito que ocupé a no valerme secreta. Maravillosa piedad, aquí solícito atenta vuestra suspensión, que aquí el prodigio que os espera para acabar vuestras dudas, en mis noticias comienza. En este impensado riesgo, en esta ruina sangrienta, invoqué el sagrado nombre de María madre nuestra, Refugio que ha muchos años, que mi respecto venera con Cristiana devoción; y tengo por cosa cierta que al Católico fervor de mi pecho más atenta, que a la noticia que en mí os ofrece su grandeza, quiso ensayar en mi vida el poder de su clemencia; porque impedido del sueño me vi en los brazos de aquella, que para ser muerte tiene, o verdades, o apariencias, cuando en el dulce letargo, a quien yo sueño creyera, noté de sagradas voces celestial Capilla diestra; a cuyo canto suave, entregando las potencias, vi cercado de esplendores al Sol, cercada de Estrellas al Alba; y vi finalmente, porque mi rústica lengua no se estrague en la pintura, o balbuciente, o grosera, al Sol, y al Alba nacer de la dichosa corteza de uno de aquellos benebros, pobre a tanta luz esfera, en una Imagen Sagrada de María, Ilustre Reina de Ángelicas Jerarquías, y la vi de esta manera. De cuerpo breve, hermoso, y fabricado, de mano más divina que estudiosa, atento a su hermosura milagrosa, vi el Cielo en una piedra retratado. De la propia materia era tallado el vestido, con arte misteriosa, que no buscó quien supo hacerla hermosa, para su perfección honor prestado. A un niño, que de Dios el ser encierra, abrazaba con tierno amante celo, haciendo a sus cariños dulce guerra. Gozaba en Dios María su consuelo, mas como con los dos se vio la tierra, fue mientras los gozó la tierra Cielo. emis asoml Confuso entramis asombros dudaba dicha tan nueva, aunque mirándola estuve, pero como dicha era, aseguré con dudarla, la gloria de poseerla; pues a la necia porfía de mi suspensión grofera, sin cuerpo divina voz, puso dulcísimas treguas, no duermes dichoso joven dijo, y cuantas consideras aparentes fantasías, son seguras evidencias. Expuesta a la muerte estuvo tu vida, mas porque sepas, que el Sagrado de María es de tu vida defensa, libre estás de la opresión que amenazó tu tragedia; vuelve otra vez a la luz, que Dios permite que seas instrumento en el hallazgo de la gloria, que reselvan estos montes, del tesoro que en estos troncos se encierra. Mas no intentes, prosiguió, hasta que el Cielo resuelva el dichoso día, en que tantas luces amanezcan. Buscar la Divina Imagen, que a cuenta del Cielo queda, logro que a nuevo prodigio solamente se reserva. Yo entonces agradecido a tanta heroica clemencia, para ofrecer humildades comencé a mover la lengua. Y anelando con afectos a fortuna tan suprema, quise abrazar en la Imagen de Dios a El madre inmensa. Volví en mí, y halleme triste, con vosotros, y sin ella, mas porque pueda mi fe pagar en parte la deuda de tan noble beneficio, esta que veis dura flecha, que de mi vertida sangre teñida se manifiesta, este áspid acerado, que en mi pecho se aposenta, este penetrante arpón, esta vívora sedienta, que en el humor de mi vida, bastardamente se ceba; para que el tiempo lo admire, para que el mundo lo vea Y con seguridad constante, y con humildad atenta, en el nombre de esta Imagen arranco de esta manera o de esta maner Raro prodigio! . Singular portento! Vuelva a vivir mi dulce sentimiento, que ya muerta juzgaba en Feniso la gloria que adoraba. Par Dios, Benita, que tiene roto el sayo. Eso, Bato, dudabas? . Lindo ensayo, pues si yo no lo viera, y en la rotura el dedo le metiera, piensas tú de mi miedo, que lo creyera sin meter el dedo? Suspenso estoy de verte, y admirado de oír tu relación maravillosa; mas siendo como tú la has relatado mi suspensión es ya, Feniso, ociosa, pues cierto es, que teniendo por sagrado la piedad de esa Imagen milagrosa, ni el riesgo, ni la muerte ofender pudo, a quien tiene a la Virgen por escudo. Mas, pues, el Cielo tiene reservada para tiempo mejor, o más dichoso; esa Imagen, que ya vive adorada, por fe de mi deseo afectuoso, si ha de ser por el Cielo rebelada, cese nuestro cuidado fervoroso, que le suele ofender con el desvelo, quien contrabiene a lo que ordena el Cielo. Y porque ya del Sol los tibios rayos anuncian de la noche la victoria, y ejercitando fúnebres desmayos, el aire pierde de la luz la gloria, el campo espera efimeros desmayos, la sombra anhela a la eficaz victoria, siendo cada temor del rubio coche nueva seguridad para la noche, a Julia, que en el monte anda perdida busquemos, y con ella. Ay apacible encanto de mi vida! de mi dolor blandísima quererla. Hay homicida hermosa, al paso que adorada rigurosa, . juntos nos volveremos, adonde tu descanso procuremos, que no es dudable, no, que tu cuidado estará del asombro fatigado, que si a cuenta del Cielo queda nuestro consuelo de topar a María, el Cielo nos dará el dichoso día. No me olvidéis Señora, manifestadme la felice hora en que mi afecto os vea, pues que sabéis que tanto lo desea. No os dejó Virgen Pura, ni la piedad de vuestro amor olvido, casto es mi amor, vuestra piedad segura. Vamos Jacinta, pues, vamos Leonido. Pues a buscarla vamos, para que más presto la topemos, todos nos dividamos, y el monte tronco a tronco examinemos. Ah, si yo la topara, . que presto de mis males me vengara. Ah, si mi amor la viera, qué felice en sus ojos me creyera. . Tras Feniso me llevan mis desvelos, por si encuentra a la causa de mis celos. Presto Imagen Sagrada, volveré a examinar vuestra morada. A esta parte me guía mi fortuna. . Yo voy por esta . Y Bato por ninguna, ven Benita tras mí, que solo quedo. Estímote el favor. . No es si no miedo, Huyendo de mi sombra, y de mi propia temerosa huyendo, cualquier rumor me asombra, cualquiera libre estruendo; y aunque vivo en dolor tan sucesivo, no con la vida, con el uso vivo, conociendo en mi justa pesadumbre, que el vivir me ha quedado de costumbre; porque si así no fuera, o no sintiera tanto, o no viviera: La muerte busco activa, y con buscarla la aseguro incierta, pues, solo a que este viva me ocasiona el deseo de estar muerta; pero viva de suerte, que ni creo la vida, ni la muerte. Amenas espesuras, que de mi queja oís el triste acento, si de mi fuego os prometéis seguras, compañeras seréis de mi tormento; dando a la pena mía, no piadosa, severa compañía. Y tu difunto bien, que aunque distante presente vives para mi memoria, recibe de mi fe siempre constante, nuevo triunfo de amar nueva victoria; y aunque estés ofendido, repara en que te ofrezco lo que pido. Yo te maté, qué rigurosa suerte! y de los dos a un tiempo fui homicida, mío lo fui pues no me di la muerte, cuando infelice te quité la vida; aunque según me advierto, no se cual de los dos está más muerto, Mas ay triste! que el llanto no me deja exhalar penas atroces, aunque las siento tanto sino sirven lágrimas de voces; pues para darme enojos me embaraza el alivio de los ojos. Dichosa, Julia bella; mi ventura, pues me supo guiar a tu hermosura; que por verte perdido, del monte las distancias he medido; pero pues ya te veo, descanse mi fatiga en mi deseo, y merezca esta vida que te adora. Esto a mi pena le faltaba ahora. De no ofenderte la suprema dicha. Solo esto le faltaba a mi desdicha, . Leonido, si pretendes ofenderme ya lo consigues solo con quererme, déjame no me sigas, porque con perseguirme no me obligas; yo no puedo quererte, quéjate de tu suerte, que en quejarte de mi razón tuvieras, si te dijera yo que me quisieras, que la entereza mía, ni se rinde al amor, ni a la porfía. Estima el desengaño, y vuélvete de oírle agradecido, porque aunque tu mereces ser querido, es evidente engaño, y aún es necia quimera, presumir que has de hacerme que te quiera. Como a escucharte esquiva mi cuidado está tan hecho, ingrata Julia hermosa, no conoce que le has desengañado, porque viéndote siempre rigurosa, y viéndome a mí siempre desdichado, atento a mi fortuna lastimosa, en aquel mismo ser me considera, que engañado me vio la vez primera. Yo te vi, yo te amé, yo fui atrevido, cómplice en el ardor que ahora siento, y a firmezas de amor inadvertido duraciones compré de sentimiento, busque tu amor, y halleme con tu olvido; y aunque solo bastaba este tormento, el ver que me aborrezcas Julia lloro, no más que porque sabes que te adoro. No me quejo de ti, de tu hermosura me quejo solamente, y mi osadía; pero si está más cerca mi ventura, de ella sola se queje mi porfía, teniendo en mi suerte tan segura triste de la pena mía, quejarse mi cuidado ves yo le hice desdichado; ro pues de mi amor tan ofendida estás cruel, aunque me de la muerte, juro por el sagrado de tu vida, dejar de amarte no, dejar de verte, que quizá si te ves obedecida, viendo lo que me cuesta obedecerte, templarás del enojo la fiereza, confesando de verme una fineza. De una esperanza guiado, hija de un noble deseo, en Julia buscó mi alivio, y en su rigor mi tormento. Montes, que de su hermosura ocultáis los rayos bellos, ofrecedla a mi cuidado piadosa; pero qué veo! . no es Julia aquella? y Leonido no es aquel? válgame el Cielo, no me bastaba el amor sin que me aflijan los celos! no en balde eran sus rigores; desde aquestas ramas quiero, pues no me han visto, ay de mí! examinar sus intentos . luego faltará un azar para impedir un consuelo. Leonido, sola esta vez me has obligado. Qué incendio! Con las finezas. Qué rabia! Y agradecida te ruego. Qué desdicha! Pues me quieres. . qué dolor! Qué cumplas luego esta costosa fineza que dices. . Qué sentimiento! Para que te deba más. Ya a obedecerte comienzo, sin alma voy; ciego Dios templa una vez lo severo, da calor a aquella nieve, o aplica nieve a este fuego. Qué hermosura, y que crueldad! . Qué rabia! qué ira! qué infierno! rompa el silencio la cárcel . de la voz, salga del pecho esta pasión mal nacida: Julia, si yo pude un tiempo. Válgame Dios! Tener cuenta de tu amor, ya no la tengo. Ay de mí! Feniso, yo no quise, toda soy hielo, matarte, que un accidente, no me aflijas, un despecho, una desdicha, un descuido, una inadvertencia, un yerro, fueron cómplices, que yo mas de la parte, que puedo tener en tu muerte culpa, pago en la pena que siento, yo no te maté. . Sosiega, ingrata Julia, el aliento, sino es que aleve procuras con algún engaño nuevo, fingir que no tengo vida para quitármela luego. Vivo estoy; pero mal digo, porque no estoy si no muerto pues que no pierdo la vida a manos de mi tormento. Muerto estoy para el alivio, vivo para el sentimiento, o lo que es más cierto, estoy como viviendo, y muriendo entre el amor, y la ofensa, que en diferentes efectos, ni para la gloria vivo, ni para la pena muero; vivo estoy, vuelve a matarme. Calla, que de oírte tiemblo, pues si te creo con vida de tus voces a los ecos, o si cadáver te juzgo cuando te oigo, y te veo, como entre dos imposibles fluctua mi entendimiento? pago un asombro si dudo, y un horror cobro si creo, no me asombres, no me mates, o aparente, o verdadero; y si procuras venganzas, yo propia de mí te vengo, que no haces tu falta adonde quedaron mis sentimientos. Quisiera mover las plantas, y a levantarlas no acierto, qué mucho si están pisando la jurisdicción del miedo? Déjame ir, no me atormentes, y no presumas que intento, por huir de tu castigo apartarme de tu aspecto, sino porque en mis pesares hallo más seguro el riesgo, y no quiero a ti deberte lo que a mi deberme puedo; no me sigas, no me sigas. Por el monte discurriendo, busco amante, y temerosa a Feniso; mas qué es esto? Ingrata Julia. Qué escucho! No juzgues que satisfecho. Con Julia está, y no me ha visto, ay de mi amor! apliquemos por el oído, y la vista al alma todo el veneno. No creas no, que aseguras con ese temor supuesto, de la duda que te aflige el agravio que padezco. Oh vivo, o muerto me juzgues, no me presumas severo, pues no tengo más venganza que morir a tus desprecios. Yo te vi, yo te escuché con Leonido por lo menos, sino amante agradecida, aunque todas veces pruebo, que sobra el amor adonde vive el agradecimiento, porque agradecer, y amar, son dos precisos compuestos de una unión, que por su esencia vinieron a ser uno mismo. No cuerdo miré el agravio, ni escuché la ofensa cuerdo, sino suspenso, al mirar, y al oír mi sufrimiento, tan fuera de mí me tuvo, que entre remiso; y resuelto, ni me satisfice airado, ni me reporté suspenso, que aunque para los dichosos se quedan de amor los duelos, aqueste duelo de amor, que desdichado contemplo, sino le vengo de amado, de amante vengarle puedo. Quejas son las que escuché, y si neciamente espero a oír la fatisfacción, de dos maneras me pierdo, pues yo quedaré celosa, y él quedará satisfecho. Padezca Feniso, y Julia padezca pues yo padezco; sobreles lugar al daño, y fálteles al remedio, y pues no puede mi amor, mi astucia impida los riesgos, que yo tomaré venganza de los dos, siendo instrumento Leonido para su muerte, y para mi desempeño. Yo a Leonido? . En qué me tardo? Julia, infinito me alegro de hallarte, porque en el monte buscándote con anhelos tu padre, y los cazadores, en lo inculto, y en lo espeso, no han perdonado a los troncos, ni las hojas, ni los huecos; pero si estás con Feniso; y te ha contado el suceso que a nosotros nos contó, cuando le hallamos sangriento, te habrá divertido mucho por lo extraño, y por lo nuevo. Que presto en sus corazones . han obrado mis acentos, según las intercadencias que en sus rostros deletreo. Que presto para una pena . se facilita un tropiezo, pues cuando la amada vida de Feniso iba creyendo, topé con el embarazo de no explicar el consuelo. Que presto de mi fortuna . el ejercicio ha dispuesto, para un instante de dicha un siglo de impedimento. Mirad que es tarde; y que aguarda. Ya vamos. Que en un deseo, y que en una voluntad están entrambos sujetos. Anda, que ya te seguimos, Pues advertid que os espero. . Feniso mil parabienes de tu fortuna me ofrezco. Y yo de mis celos, Julia, me ofrezco otros mil tormentos. No venís? . Ya te seguimos. Mira que el ruido siento de los que te andan buscando, Julia. No escuchas los ecos? Ya los escucho, y ya voy; que calle yo mis afectos! . Que esté yo viendo mi agravio! Mas yo animaré mis miedos. Yo adoraré su crueldad. Yo satisfaré mis celos. SEGUND ORNADA

JORNADA SEGUNDA

Esto es lo que te suplico, y supuesto que no ignoras de las fatigas de amor las violencias poderosas, sepa Leonido mis ansias, que en oírlas de tu boca, habré excusado a lo menos, Julia, aquellas ceremonias que comunican al rostro las acciones vergonzosas. Tu amiga soy, y tu sangre, y si acaso te reporta la modestia que te debes, considera, Julia hermosa, que soy yo quien se lo dice, y que es mía la acción nota, para que al ejecutar lo que mi afecto te exhorta, como es de otra el sentimiento, sea la vergüenza de otra. Si yo dudara Jacinta, cuanto aflige una congoja de mor a un amante pecho ponderará misteriosa, esa que desenvoltura, se desmiente en mi memoria, porque ser amante yo, y en las penas amorosas escrupulizar pasiones, fuera ofenderme a mi propia, que si de una misma causa esta pena, y esa constan, por hablar bien de la una, sintiera bien de la otra. Nunca esperé menos Julia de tu amistad. Lo que importa es que discurras el modo de empezar a ser dichosa, sin que Feniso lo entienda, a quien con alma piadosa adoro como al Sol claro, la clice, como al Aurora, el campo, como a la llama la argentada mariposa, como al nido el avecilla, como la fiera a la choza, como al día, lo viviente, como al rocío, la rosa, como; pero que encarezco con ponderaciones locas, quiérele como a Feniso, que en esta se cifran todas. . Pues yo haré, que él te aborrezca, yo sembraré tal discordia, entre los dos; que de un mal otro mal sea lisonja; aquí empiezan mis astucias, ánimo, envidias celosas, mueran pues muero, Qué dices? Digo qué busquemos forma, de que Feniso no entienda mi intención. Aqueso importa. Claro está que importa mucho, Porque como recelosa tuvo alguna presunción de Leonido, antes de ahora, aunque sabe que olvidado vive de aquellas memorias, según su acción lo pública, y su silencio lo informa, no quisiera. Muy bien dices, y para que se dispongan sin que lo entienda Feniso, este es el medio, a deshora soléis hablaros de noche? Sí, por una pared rota que tiene el huerto, tal vez ansias escucho gustosa, que el aire las purifica, antes que el honor las oiga, y esto es cuando yo le aviso. Pues mira, antes que la sombra vista de nieblas la luz, que ya trémula zozobra, sin avisar a Feniso elige alguna persona, para que a Leonido traiga por aquesa parte propia. que sueles ver a Feniso, amiga mía, y perdona, que el volcán en que me enciendo tiene por siglos las horas, dile tú lo que quisieres, discreta eres, ya se nota, amante soy, ya lo sabes, así de tu amor las glorias se igualen a las estrellas, por no caber en las hojas, y así como yo deseo, sucedan tus dichas todas, que presto como, yo, hay triste! . moritas dé mi ponzoña. Notable extremo de amor! no sé qué inquietud medrosa me tiene! que puede haber en lo que tan poco importa? Maldita lea la burra, y el burro que la retoza, yo dimuño, jo mohína, quebró las cantaras todas, . por siglo de mi agüelo que eis de llevar en la colla, porque busques mancebías, ver veamos bellacona si habéis de holgaros de balde. Bato, qué es eso? Señora escúchelo su meste, ca un lo sé de mimoria. Con el burro del Alcalde estaba en la juente ahora, porque se lo yo a contar con todas sus cirimonias, abrando nuesa borrica mil burradas amorosas, tanto, que se enterneció, pues sin cuidar de la honra con que la crió su madre, que fue burra pontillosa, empezó a hacer mil córcobos de alegría con la cola, cal aso desagradaron, según yo pergeño ahora, pues que se convertio en coces la que tovimos por boda; den dos en dos las tiraba él, y ella religosa las tiraba tres a tres; y en la guerra borricosa, si pares decía el uno, nones decía la otra; y en fin, habiendo mil asnos, sin que ninguno los ponga en paz, quedaron amigos, más rotos en la retoza los cántaros de los dos, con cólera tan rabiosa, que otra perdida el lugar no ha visto tan lastimosa. Muy justo es tu sentimiento. Estó perdiendo el sentido, Aqueste pues ha venido dará principio al intento. Bien dices Bato. . Muesa ama, Dónde vas? A atar la burra, antes que otra vez se escurra; pero para qué me llama? Quisiera fiar de ti una cosa. En buena fe? pues no se la pagare si ella la fía de mí. Lo que te quiero fiar, Bato amigo, es un cuidado, Yo no le quiero fiado. Atreveraste a guardar un secreto? Qué tal mande? Di si podrás? Esto escucho, si podré; más pesa mucho? No Bato. Es grande? No es grande, Pues venga. Dile a Leonido que tengo un poco que hablarle, y que esta noche en la calle le esperarás prevenido. Ea irritada pasión . de un rigor no merecido, que si amor está ofendido, la venganza es la razón. Dígote que iré al momento. Yo me voy a retirar. Pues amiga comenzar tu amor. Tu aborrecimiento. Era hora señor Bato? No empecemos ya Benita, que soltaré la maldita. Qué maldita? mentecato. Bien podéis agradecer el que os dejo, no al groñir, sino ha que vo. Dónde eis de ir? A lo que tengo de hacer, quién os mete en eso a vos? Pues quién queréis que se meta? Es una cosa secreta, Benita así os guarde Dios, que la tengo de decir a Leonido solamente, de muesama. Impertinente, decídmelo, o no habéis de ir. Aqueso no en concrusión, aunque más me pellizquéis, Benita vos no sabéis lo que la reputación, yo no tengo de contar que iba a decirle a Leonido, que estobiese prevenido que el ama le quiere habrar, que lo dijo en confisión según fue quedo. Salvaje, deshonra de tu linaje, traidoron, alcaiueton, vos recado? vos recado? ya estáis echado a perder. Y ya se me echa de ver. Vos sois aquel hombre honrado? ya no tenéis honra, no. Y vos sos muy buen testigo, . que lo decís. Yo lo digo. Y también lo creo yo, que nadie puede saber, aquí para entre los dos esa verdad como vos, que sois mi propia mujer. Qué lloráis? Vernos casados, y ser casados de modo, que aunque vos lo pecáis todo, lloro yo vuestros pecados. Qué el alcáyuete habáis de ser? Que estáis envidiosa vi, o que hacéis burla de mí, porque no me eis menester. Qué es esto Bato? Benita, qué es esto, riñendo estáis? Calla alcayuete. Mentís. Que me la aves de pagar. Fenifo el ama me dijo, que le saliera a buscar a Leonido. Para qué? Ella a él se lo dirá, yo salía, y mi mujer entraba, y sin más, ni más. Oye, Julia te invió por Leonido? Claro está, y mi mujer. Calla necio. Cómenzó. Duro pesar! y dime como te dijo. Que le tenía que habrar, y que esta noche viniese, porque yo le he de esperar, más Benita. Calla, calla que me has muerto, vuelve allá. Buscando vengo a Feniso, pero allí con Bato está. Y di a Julia, que a Leonido tienes prevenido ya, pero advierte que no digas (así pienso examinar mi desdicha) que me has visto, porque importa. Bien esta. Y mira, cuando te envíe por él, a mí me hallarás (ah ingrata!) junto a la puerta, y luego me guiarás adonde ella te dijere. Dichosa he sido en llegar a ocasión de escuchar esto. Muy bien lo sé todo ya; pero si Julia me riñe, que es peor que un Satanas, en viendo que la engañe, y me pellizca. No hará, fuera de que si haces bien esto que a tu cargo está, del paño que tú quisieres, te mando Baro un gaban. Un gaban me mandas? Sí. Pues obedecido estás, que el ser uno obedecido, consiste en saber mandar. . Aquí me detendré un poco solo por disimular que oí la conversación, suspenso Feñiso está. Válgame el Cielo! qué es esto? Julia para que querrá a Leonido, ha injustos celos, qué prevenidos estáis! qué es esto Julia inhumana? que intempestivo uracán, de la inquietud de mi amor, encrespa el sereno mar? que tormentosa venida, de no temido raudal haja la flor, tala el fruto, discurriendo a penetrar, las raices que en el centro del alma ocultas están? Es esta la fe jurada de tu amor? ah desleal! pero cuando en las mujeres, la fe no fue falsedad? mas qué digo? más qué digo? de Julia pude pensar semejante ingratitud? un Ángel que al día da luces con que el Sol se viste, cuando sale más galán? no puede ser, que es hermosa, y fina me llegó a amar, mas si puede, que es mujer, mas no puede que es Deidad, ay de mí, que confundido el discurso! Tiempo es ya de coger el fruto aquí, que sembrado dejo allá, Feniso? Hermosa Jacinta; desdichas disimulad, abrasadme en mi silencio. Qué tienes noble Zagal, que, tu acción, y tu semblante tu pena diciendo están? Jacinta, siento una hoguera dentro del alma; un volcán, que con ser recién nacido, no es todo el pecho capaz materia para su furia; siento un dolor inmortal, enemigo de la vida, y amigo, pues cuando va ella a empezar a morir, él la vuelve a alimentar, y con no matarme nunca siempre matándome esta; una desesperación. Calla, no me digas más, que ya conozco en las señas tu dolor, que mi crueldad . pueda oír tantos agravios, sin morir, sin acabar al tormento de saber, y al desaire de escuchar! ea pasión, que sin duda consuelo espera mi mal, si cuando duele él remedio se alivia la enfermedad. De ese mal que te atormenta, Feniso de ese pesar, quien como tu propio puede la sinrazón remediar; por aquí entablo mi suerte. . Reconocida está ya tu desgracia, y tu fineza, que nunca es, Feniso, igual al mérito la fortuna, tú mismo puedes templar en el despecho el agravio, la pena en la libertad, si te maltrata el amor, cuerdo procura olvidar, y a la sombra de la ofensa el desempeño hallarás. Vivir en otro poder bien hallado, es ceguedad; pues si esta es culpa, vivir ofendido qué será? Ah tirano cautiverio, quién rendido fuerzas da? quien vive en la esclavitud, pudiéndose libertar? Quien te ofende te aborrece, pues como intentas librar la injuria, si le estás dando materia en la voluntad? Buscar la mejor fortuna, es discreción sin gular, que quien la busca constante, alguna vez la ha de hallar. Bien sé yo quien te merece; mas de un cuidado leal, y quien sin premio te quiso, premiada te adorará, no me respondes? . Jacinta, no me permitas hablar, que me atormenta el dolor. Pues presto, ingrato, verás, . mi venganza en tu desdicha, dando, más mejor será, que el tiempo lo diga, hay triste! voyme por no ocasionar más tristeza a tu disgusto. Discreta eres, vete en paz. De celos muriendo voy, mas yo me sabré vengar. Llegue ya mi tormento al último, al más grave sentimiento, que en corazón humano caber puede, y esta pena que excede a todas por terrible, este mal insufrible, esta desdicha fuerte descanse en los álagos de la muerte, ya espira el Sol, y ya la niebla fría de negro luto viste al claro día, que presto llega el mal, ya Bato viene, que poco la desdicha se detiene. Pardios Feniso, que si no he tardado el gaban eis de darme quillotrado, todo dispuesto queda, y prevenido, más decidme, ha de ser muy guarnecido? Si Bato; qué rigor mi pecho inflama? Pues venid, que aguardándoos está el ama. Calla; ay de mí, qué triste desengaño! Eso es dar selpa, prometiendo paño. Mas ya voy a morir, Julia inhumana. Este gaban, va oliéndome a sotana. Líbrate de mis celos, que sospecho, que aunque están en mi pecho es tanta su locura, que aún distante, no sé si estás segura, vamos tristes desvelos, a morir del desaire, o de los celos. De la noche ayudada, y de mi sentimiento aconsejada, aguardo ya el examen donde espero matar de celos, pues de celos muero, de Julia asegurada, engañado su amor, su fe engañada, dije que pretendía decir yo propia la congoja mía, a Leonido advirtiendo, que si Julia viniera, fácilmente pudiera deshacer el engaño que pretendo, del modo que antes prevenido estaba, pues en viendo Feniso que le hablaba, como a Leonido a costa de mi daño, a poco lance hallará el desengaño: más conociendo yo, que del criado estaba ya informado, y la industria a que intenta, para ver su dolor sentir su afrenta, este medio he intentado, para dar esperanza a mi cuidado, venga a morir, pues con descuido mata, que si una vez presume, ha Julia ingratal esperanza le queda al dolor mío, ánimo enamorado desvarío. Por donde tantas veces fui dichoso, vengo a ver el estrago lastimoso de mi amor, aquí dijo Bato que Julia está, mal prolijo! Ya Feniso ha llegado. Quién se pudo llamar tan desdichado! examinan intento los quilantes que toca el sufrimiento, advertido estaré por si me llama Vuelva a vivir la ya difunta llama de mi amor, y con voz disimulada, la batalla prosiga comenzada, Leonido. . Hay pena mía! Aguardándote estoy. . Triste agonía! pero disimulemos, suerte tirana. . Ya de tus extremos, obligada, o rendida. . Acábese mi vida. Paga a tu fe prevengo; (pero mucho en hablarle me detengo) y infeliz no quisiera que el engaño advirtiera, como pudiera ser si reparara. Quién su afrenta ha sufrido cara a cara (con voz disimulada hablar me obligo) Julia mi amor, no sé lo que me digo, que en tantos sentimientos las palabras se quedan en acentos, solo el último esfuerzo me ha quedado, si yo sé que a Feniso enamorado adoráis, pena extraña! Su muerte busca, y piensa que me engaña. . Cómo queréis? turbado, indeciso me tiene la pasión. . Yo con Feniso? cuando le tuve amor? Pues inhumana, aleve, falsa, vil, mujer tirana, viven los altos Cielos, que inútil sacrificio de mis celos. Reventó el mineral de sus pasiones, y aquí importa atajarle las razones, qué dices mi Leonido? más sospecho, que mi padre al rumor que habemos hecho se ha levantado, a diós, que no quisiera que aquí me hallara, como mata muera, bien mi industria he logrado, a cuenta queda lo demás del hado. es Aguarda aleve, de un dos veces muerto, hombre infeliz los ultimos suspiros, de un cuerpo ya sin alma, los acentos, y acaso el corazón endurecido, ablandarás al mísero lamento, más ay de mí! que ya de mi porfía, solo testigo es la queja mía, aguarda; pero no muere a mi olvido, que viéndomé ofendido a mi venganza mi pasión atenta, encarga los desaires de mi afrenta, vea Julia olvidada, la sin razón de su crueldad vengada, y mis nobles desvelos, consúmanse en la llama de mis celos, que quien celoso amó desengañado, amante puede ser; pero no honrado: oculta en tu silencio noche oscura, la razón de mi triste desventura, y el mal que me enajena, descanse en el olvido, o en la pena. Albricias mortales, que va amaneciendo a vuestro orizonte (tiempo. el Sol que ocultaron las nubes del Albricias mortales, No, no será tan apriesa, primero (ay de mí!) primero, la esmeralda de este campo se verá rubí sangriento. Primero la Monarquía del negro horroroso centro, brillará luces, dejando de ser infierno el infierno. Primero en venganza mía, confundiendo sus efectos, será sombra el Sol, la Luna niebla, nube el Lucero, quemará el mar, arderá el agua, mojará el fuego, soplará la tierra, y dando gemidos, temblará el viento, siendo en contienda trabada ofensa del universo, fuego, tierra, viento, y mar, que obedientes a mi Imperio, a un suspiro de mi voz, y de mi queja un acento, sino mueren, se desmayan, medrosos los elementos. Qué es esto infernales furias? airados Cielos, qué es esto? contra mí la Omnipotencia de Dios? qué intenta, supuesto, que en venganza de las culpas de los hombres, me dio el Cetro? o por ser mayor la mía, o para que en cada ejemplo del castigo de los otros, conozca los que merezco. No soy yo (rabio de envidia) Luzbel? no soy quien soberbio; tanta ilustre Jerarquía convocó contra el supremo Señor natural de todo con mi perfección haciendo dudar a espíritus puros? si eran justos mis intentos, supuesto que me ayudaron al vano, al discurso necio de igualarme a Dios? pues como de una Imagen, de un bosquejo? ay de mí! (de furia rabio) como (al pronunciarlo tiemblo) una escultura me asombra? más bien hago, más bien temo, si es de aquella (pena injusta!) Virgen (terrible tormento!) Madre (sentimiento grave!) de Dios, de mi rabia muero, al pensar, al discurrir, que habiendo estado encubierto tantos años su retrato, salga hoy con el pretexto, de rescatar con milagros, de rendimir con portentos a las humanas criaturas, de mi poder advirtiendo, que son tantas sus piedades, tan milagroso su aspecto, tan devoto su semblante, y su todo tan perfecto, que de todos los retratos, todas las copias que el tiempo ha visto, ninguna iguala, a este trasunto pequeño, de la que es Madre de Dios, con Dios, para mi tormento abrazada, y recogida en el miserable hueco de un árbol, adonde empieza a obrar tan altos misterios, manifestándote al mundo, para mi disgusto eterno. Pues antes, antes que brillen las luces, que lisonjeros cantan tronos, en mi agravio ha de ver corrido el Cielo, de su ultraje, mi venganza en este tronco grosero, que arrancando sus raices, breves átomos pequeños de su ser, será su unión, taladrando el elemento, del aire; mas ay de mí, que le defiende su dueño! inmóvil peña respiro, todo convertidó en hielo, nuevos tormentos me afligen, Ya no llego, ya no llego, y pues por este camino no se logran mis intentos, librarme a tantas injurias, en forma de fiera quiero, guardaré aqueste distrito, siendo firme impedimento de cuantos llegar intenten a su sagrado, ofendiendo con tempestades el día, y con aparentes riesgos a los hombres, hasta que haya tantos escándalos hecho, que falte la devoción subordinada del miedo, que desfallezca el cuidado, que la esperanza sea menos, que el remedio sea ninguno, y hasta que en fin por remedio, si este no me aprovechare, vuelva a recibirme el centro. Ea humanos, al certamen, que en la campaña del tiempo contra el Cielo vuelve al mundo el enemigo del Cielo. Ya es otra la pena mía; montes, ya es otro el pretexto, que obra mal el desengañó, que no sirve de escarmiento. Abrasome hermosa Julia; pero a su crueldad atento, cuanto encendió su belleza eló su aborrecimiento, Si en el amor más constante sueña el cariño a despego, tal vez, como se asegura la pasión en el desprecio, no me culpe el más amante, de mudable, o de indiscreto, que sobre poca materia nunca fue grande el incendio. Mandome que la olvidara Julia, y en dos sentimientos, mas me ofendió que el desaire la libertad del precepto. Ya libre de aquel cuidado solo al monte voy, y vengo, que el amor aunque acompaña, es muy falso compañero. Ya sin procurar finezas, sin desvanecer recelos, dejo a todos lo que es suyo, y en mi gozo lo que tengo. Que piensa quien más dichoso goza del amor los premios, si sabe que hay un olvido, y qué suele ser ajeno? Ya me salgo a divertir sin el susto, sin el riesgo, de si es dichoso Feniso, de si Julia me da celos. En la mesa los manjares me saben a lo que fueron, y en las horas del descanso el sueño me sabe a sueño. Todo cuanto adulterado estaba, natural veo, y a donde alcanzan los ojos, es donde llega el deseo. Y en fin todas mis acciones recogidas en mí mismo, cualquiera sentido logra sus naturales efectos. Tanto el monte me entretiene, que apartado del ojeo, yo solo busco la caza, solo yo llamo los perros. Hacia esta parte he salido, solamente con intento de ensangrentar el venablo gustoso. Válgame el Cielo! Qué voz hiere mis oídos! Acudid, acudid presto, que mató una fiera a Julia. Qué escucho? Válgame el Cielo! Esto no toca al amor, sino a mis nobles alientos: monstruo que al día te opones, no ofendas, detén suspenso el furor, que ya mi brazo parte a examinar tu esfuerzo: mas qué miro? Virgen pura. Acudid, acudid presto. Qué accidente, Julia hermosa? Hija? . Amiga? Oídme os ruego. Ay Benita. De qué temes? El más extraño suceso que la novedad ha oído. Ya te escuchamos atentos. En el común ejercicio de la caza, discurriendo salí al monte, cuando el Sol, ya jurado Rey supremo de la luz se coronaba en el trono de ese cerro. Por la intrincada maleza llegué al marañado centro de esa habitación de fieras, de ese de horrores asiento, cuando al rumor que unas ramas causaron a mi deseo, previne la flecha el arco, y al corazón el aliento, horrible desconocido! monstruo vi, de oírme tiemblo, y lo que calla la voz dice herizado el cabello. Fiera estatura le viste, y de desconformes miembros unido un todo infernal, humo ruge, gime fuego. Mírole inmóvil, porque de la turbación; y el miedo echó raíces la planta, grillos calzó el movimiento. Esta se quedó, mas yo aconsejada del riesgo, que tal vez la buena suerte se ocasiona del despecho. Cobrada ya de aquel susto, sino del todo, a lo menos de la parte que bastó para examinar mi esfuerzo. Hago de la aguda punta blanco el denegrido pecho, tiro al cordón, cruje el arco, tomo el punto, silba el viento, llega la flecha, ay de mí! y el que esperé desenvuelto raudal de líquida sangre, un etna fue, un mongibelo. Turbose del Sol la cara, cubriose de oscuro denso, va por el hermoso día, siendo cada movimiento de la luz nuevo desmayo, nueva muerte cada anhelo, y hecho un caos de confusión corrió tormenta en el riesgo la Estrella, el Sol, y la Luna, el día, el Alba; el Lucero, y aún temiendo la amenaza del formidable portento, a un vaiben estremecido títubeó el universo. Cierro al peligro los ojos, ya ofreciéndome al incendio, y acordándome de aquel refugio que envió el Cielo, a Feniso aquel amparo que tiene el monte encubierto; llamé a la Imagen Sagrada, cuyo nombre reverencio aunque le ignoro, y al punto con escandaloso estruendo desde el oído a la vista el susto traslade a tiempo, que más libres las acciones, conducidas de un secreto motivo, moví las plantas, y tropezando, y cayendo, llegué donde me habéis visto, pastores si el monstruo es fiero, sagrado asilo nos guarda, fuerte protección tenemos. Si en el monte está el peligro, en el monte está el remedio, muera la bestia infernal, y en valiente escuadrón diestro, nos opongamos a ser dichosos con el pretexto de buscarle todos. Vamos. Eso ha de ser advirtiendo, que esta empresa se hace en nombre de la Virgen del Enebro. Pues Bato, cómo no vas? Benita, porque no quiero. Pues yo voy, menguado. . Vete, mas ve aquí que solo quedo, y que el monstruo hacia esta parte viene, lindo pensamiento, y que me coge, Jesús, parece que le estoy viendo, que mala cara que tiene; mas ve aquí que muy modesto a manera de persona abra con mucho respeto; mas ve aquí que siento ruido, y que me escurro, y me huelgo, muy malo debo de estar, pues me voy, y no lo siento; pero las hojas se mueven hacia allí, San Nicodemus. Bato. San Gil; pero como sabe mi nombre tan presto? esto es hecho, él me pescó; señor monstruo Caballero, duélase vusted de mí, y si es limpio le aconsejo, que no se llegue hasta tanto que me quite estos gregüescos. Bato, aguardándote estó. Mi mujer es por San Telmo, aguarda, aguarda Benita, más menearme no puedo, ayúdame a ir ahora, pues me ayudaste primero, ya es frío el sudor si antes era caliente. . Qué es esto? quién está aquí? Yo señor; pero no estoy según veo, porque ha mucho que me he ido, aunque ahora me estoy yendo. . Solo, aunque de afectos nobles acompañado, pretendo que oigáis en voces, o Virgen, lo que recato en silencios. Si mi culpa oculta os tiene cuando os buscan mis afectos, ya se borra aquel delito, con este arrepentimiento, vuestra protección gozamos, pero a vos no; cual es menos, comunicar los favores, o permitir el aspecto? monstruos impiden Señora la dicha a nuestros deseos, si defendéis el peligro, porqué no impedis el miedo? sin vos, y con tantos sustos, quién podrá vivir contento? Virgen, mirad que en mi llanto devotamente me anego, a vuestra piedad áspiro, a vuestra clemencia anhelo. postrado, Divina Imagen. Qué es lo que oye mi tormento? que un rústico, que un villano sepa valerse del medio más eficaz contra mí, y que la piedad del Cielo escuche sus oraciones! en vivas iras me enciendo. Oh Virgen llena de gracia, Salve, Tesoro encubierto, Salve. . Calla, ay de mí triste! impediré, mas no puedo estorbarle la oración, válgame todo el Infierno. Salve, pura, y concibida sin pecado, dulce premio. Calla, que el que más me ofende es ese oculto misterio. De los hombres. Aquí furia infernales elementos, aquí que se acerca mucho a la gracia. . Claro espejo de las piedades de Dios, oliva. . De furia tiemblo, como no me obedecéis infernales instrumentos, de la desventura humana? bajen, bajen, descompuestos, rayos que la tierra abrasen, truenos, que ofendan el viento, llamas que enciendan el orbe, porque como yo me veo se vean todos, ay de mí! mas yo me rindo? yo temo de las humanas criaturas el mísero cautiverio? tapese del Sol la cara, y de triste horror cubierto, no respire el día luces, entóldenle paños negros: y tú a quien la devoción reserva de mis incendios, abre todos los sentidos a ver el estrago, el riesgo en que está el mundo por ti, mira en otro tu escarmiento. Válgame el Cielo! qué miro? quien aquel dichoso sueño en que me vi me ha estorbado? mas qué escucho! todo el Cielo se desencaja. Jacinta, Leonido, Julia, Fileno, huyamos la tempestad. Huyamos, amigos, presto. . Padre, pues cómo aquí solo? Hijos no es ocasión de eso. Vamos a la villa. Vamos. Vamos, porque ya me anego. Vamos, que el Cielo irritado se nos manifiesta opuesto. No es eso jacinta. . Pues di, qué puede ser? No es tiempo de que lo sepáis. Pues cuándo? Presto será. No os entiendo. No puedo explicarme más. Pues a quién apelaremos? quién nos lo podrá decir? La Virgen de los Enebros,

JORNADA TERCERA

Si ya yo propio, fui de mi homicida, y quien muere no tiene sentimiento, cómo vuelve a sentir el pensamiento? como a morir la muerte me convida? Y si no he muerto en fin de aquesta herida, y los que viven sienten su tormento, cómo tampoco mis pesares siento? que tanto tardo de perder la vida? Pero será porque en el alma triste, ni el mismo sentimiento se consiente, porque como es el mal en quien consiste, he se ve en mi pecho tan vehemente, el mismo mal la entrada le resiste, y de puro sentido no se siente. Montes que para mi muerte criasteis aquella fiera, que ofende con la crueldad, y alivia con la belleza, como al fuego en que me abraso, como al encendido Etna en que amantes se consumen mis amorosas potencias, no os lastimáis del estrago? no os condoléis de la queja? que aunque seáis insensibles, al dolor que me atormenta, alma tenéis, sentid ansias, vida tenéis, llorad penas. Y tú, a quien de las crueldades toca por naturaleza; el ejercicio que ofrece mi lastimosa experiencia, deja de ser rigurosa, aunque dejes de ser bella. Si a caso la ingratitud es parte de la belleza; porque te adoro me olvidas, y halla razón tu fiereza, para borrar una gloria? por escribir una pena a otro dueño te dédicas? pero que extrañan mis quejas, si eres mujer, no es preciso que también mudable seas? no te acuerdas el posible de aquellas dulces ternezas, de aquellos cariños blandos, de aquellas lágrimas tiernas? Si de mías blasonaron tu hermosura, y tu fineza, tu fineza, y tu hermosura, cómo blasonan de ajenas? Pues vive el ardiente fuego que mi cólera gobierna, vive el volcán que me abrasa, que antes que te llore ajena de ese ingrato a quien adoras, de ese en cuyas toscas prendas, solamente me aventaja la dicha que tú le prestas, aborrecida la vida, de mi dolor, de mi ofensa he de ser duro castigo; furia he de ser descompuesta, rayo he de ser fulminante, y aunque injustamente sea, muera quien a mí me mata, quien me ofende muera. Muera Ya el eco en abono mío, me anima, y me lisonjea, que mi sentimiento pudo hacer hablar a las peñas. Vestido de nuevo engaño, intento oponer mis fuerzas al Cielo; y puesto que el plazo de que salga al mundo llega, aquesta Imagen, según contra mí teme mi ciencia, este celoso Pastor de motivo a mis cautelas; la discordia soy humanos, aquí otro esfuerzo comienza. De airado furor movido, no sé que pasión soberbia me incita, desde que el eco la venganza me aconseja? ea Leonido a las iras de mis celos muera. Muera. otra vez me alientas eco? Don No es el eco quien te alienta. Pues quien a mi voz atento, quien piadoso a mi dolencia ánima mi confianza? Yo. Quién eres? Quién intenta, lastimado de tu mal, dar a tu venganza fuerza. Pues qué te obliga aquese empeño? Haber oído tu pena. Mi pena has oído tú? Sí, que en la intrincada maleza de el monte, perdido acaso llegué a esta parte desierta, donde pude escuchar cuanto bastó, para que supiera, que celoso, y ofendido vives, y también, que intentas amante, y osado a un tiempo satisfacer dos ofensas, y porque tu intento noble, acaso no se detenga de el ocio en la digresión, quien soy diré, porque sepas, que de alto origen nacido me vi, doctado de prendas nobles, aunque desválidas, aunque infelices perfectas, y no esta exageración de mi orgullo te suspenda, que si en tu ejemplo reparas, hallarás con experiencia, que quien merece la dicha, es quien míás e Desterrado de mi patria, entre inumerables penas vivo, sin aquella gracia que pretendió mi entereza, tan sin remedio en el mal, que es imposible que pueda, ni remediarme la vida, ni darme la muerte treguas. Tu pena oí, y como nace de celos, tope materia para despertar los míos, pues celoso en triste ausencia, hallo en tu cuidado vivo, mía una esperanza muerta, mi venganza es imposible, posible la tuya alienta, que si en ti duerme la ira, en mí la hallarás despierta: muera quien te irrita osado, quien te agravia muera Muera. Ya herido de mi contagio . se dispone a mi obediencia, mas porque de la crueldad a caso no se arrepienta, quien le adora, y quien le agravia de mi prevenidos sean, quien sin pararle en el susto den a sus injurias rienda: Pastor, amante, y celoso, mira lo que te atormenta, ya sobro yo aquí, supuesto . que con sus celos se queda, no diga que le forcé, su albedrío le defienda. . Qué miro? Ay de mí! no es Julia. quien fácil se manifiesta a mis ojos? no es Leonido aquel que viene con ella? pues como del fuego mío, no se forma una Centella, que sus dos ardientes vidas, deje en débiles pavesas? Ahora de mis furores cesa la ira sangrienta, mi mano de estos desaires noble vengadora sea. . Pero en vano solicito mover las plantas, que presas de impulso que las ataja, pesadas raices echan. Quién me aprisiona la acción? a qué poder se reserva la libertad de mis iras, el uso de mis fierezas? qué es esto, pese a mis iras? Desde que con alma tierna vive adorado Feniso, alevoso me desprecia. Es sueño, o es fantasía lo que escuchan mis potencias? sin duda que de mi enojo los defendió su inocencia; pero si yo propio oí su ingratitud, y mi afrenta, como a tan poco desquite los celos que me atormentan se rinden casi cobardes, casi infames se consuelan? el filo prueben sus vidas de mi cuchilla sangrienta, mas ay, que otra vez en vano me animo! porque en las venas helado humor a mis iras, sirve de humana cadena. Pues qué causa, hermosa) pudiste darle, u que queja, para disculparse ingrato da Feniso a tu belleza? allá en la aldea Leonido te haré capaz de mis penas. . Válgame Dios! de un letargo me parece que despierta el alma donde soñaba, muertes, ruinas, y tragedias soñaba yo, que obligado de un furor, de una violencia, la muerte intentaba injusta, de Leonido, y de la bella Julia, mas al reducir la ejecución a tragedia, vi entre el amago, y el golpé, noble piedad interpuesta en una Imagen divina, una celestial belleza que suspendiéndome el brazo dijo entre dulces cadencias. Despierta ingrato Feniso, dormido Pastor despierta, y agradece mis piedades a la antigua reverencia de tu devoción, pues libre de eterno rigor, por ella serás dichoso instrumento de que el mundo me posea. Voz divina, Imagen sacra, María de Gracia llena, dos veces arrepentido de mi culpa, y de tu ofensa; toda el alma por los ojos sale en lágrimas deshecha; hola zagales del valle, Aldeanos ea, ea, que ya el Sol de aquestos montes al día se manifiesta, venid todos que aquí está el dueño de las Estrellas; cómo tardáis? a Fileno, Jacinta, Pastores, Celia, aquí está la Imagen Santa, llegad. Qué voces son estas? No os lo dice mi semblente? mi alegría no os lo muestra? Ya la admiración pendiente vive de tu voz. Alienta las palabras, y sin duda nos deja a todos. Pergeña, si es para darme el gaban que sea de buena tela. Dinos esta novedad. Atended. . Porque no pueda manifestar lo que oyó, invisible aquí su lengua atajaré, confundiendo con las mías sus ideas. Ya la dicha llegó, amigos, ya la Imagen, mas que fuerza me suspende! ya la Imagen, que confusión me atormenta, que de un mortal parasismo usurpadas las potencias, helado cadáver postro! la vida quién me violenta? Yo soy que para que calles, hablando en ti, lisonjea sus tormentos en los tuyos, no sé de ella; qué Imagen buscáis, villanos? qué vanidad es aquesta que vuestra ignorancia aguarda? huid de mí. Santa Tecla, como huele a alquiribite, mal año, y que humazo echa. Qué esperáis de mis desdichas, cómplices de mis tragedias? Ministros, que esperáis, digo, villanos en mi presencia? Qué es esto Feniso? tú de tu discreción te alejas? Sin duda perdió el juicio, tenle Bato. Pardiós buena, dicen que está él sin juicio, y quieres que yo le tenga? Tengámosle todos. Ya que tan cansado le dejan mis envidias, mi esperanza vuelva a descansar mi pena, todo el esfuerzo que cabe en mi poder, en la eterna seguridad que me ofrecen la traición, y la cautela, tengo de apurar mortales, tiemble de mi voz la tierra. . Válganme, divina Imagen, tu piedad, y tu clemencia. Ay que habla, tenle tu Bato. Y tú para qué le sueltas? Llevadme a la Villa, amigos. Qué confusión es aquesta! sin duda alguna pasión le violentó las potencias; vamos, llevémosle todos para que el cuidado sea. quien triunfe del accidente. Fuego de Dios como pesa, asele de las manos tú. Por qué, si las lleva quedas? Mas seguras van asidas. Quién creyera, quien creyera, que lo que ahora me obliga, según dice la experiencia, piedad fuera, y no cariño, pues quien más amare, sepa, que en la desesperación cabe mudanza tan nueva, que la pasión se desmaya, si el amor se desespera. . Llena de injusto cuidado desde aquella, para mí, que a Leonido, y a Jacinta, noche infausta, e infeliz, di ocasión para que amantes se hablasen, tibia advertí, de Feniso la fineza, tanto (ay Dios!) que conocí en sus cariños mudanza, y en mis esperanzas fin, sin más ocasión que amar, sin más causa que rendir a su acción el albedrío, pues mirándome morir al filo de su crueldad, injusta muerte civil de la pasión que me aflige, en la lealtad que creí, como imposible lo creo; suelo preguntarme a mí, que cierzo de mis fortunas troncó la flor que sutil viento de mis esperanzas, borró el hermoso matiz, a las amantes promesas que inmortales presumí, cual segur de injusta mano, el hilo segó feliz. Ay Feniso! tus lealtades, como faltan, si yo vi llanto que no fue flaqueza de tu pecho varonil? Sollozos que sin dolor, mas que el de amar, y sufrir, llegaron a mis oídos, uno, a uno, y mil, a mil? Dime ingrato, si no amabas, cómo supiste fingir? si amabas, como olvidaste? y sino olvidaste, di, cómo ofendes de esta suerte? como maltratas así a quien te adora, pudiendo la voluntad reprimir, el cariño aprisionar? si te olvidas de sentir, finge que sientes tirano, debaté yo que por mí, como mentiste el amor, el amor sepas mentir de quien pretendes triunfar, Si es venganza que adalid se te representa armado, es más está que una lid de lágrimas? un certamen de suspiros? y es en fin, mas que un corazón amante, quien te desea, ay de mí! defendido de llorar, y alentado de sentir? Quién te aparto de mis ojos? pues llegar a presumir, que sin causa me olvidaste, no cabe Feniso en ti. . Ya que el penoso accident que intempestivo sentí, me da lugar, otra pena busca mi pecho infeliz; porque quien vive del mal, no puede sin él vivir. A Julia buscando vengo, para ver, para inquerir, que causa dio mi desdicha a su crueldad; pero allí puesto en los divinos ojos el blanco cambray sutil, es depósito de cuantas perlas codició el Abril, para aliento de las flores, pues por cada una vi, desvanecerse el clavel, y despeñarse el jazmín, las que grosero no admite el lienzo en travbada lid, con su mano compitiendo batalla forman civil, y como es flor, y en sus hojas se empiezan a derretir, ya la vencedora mano, con cinco hojas de márfil, es rociada de la Aurora, olorosa flor de Lis. Ay de mí, que hermosa está! quien hay que pueda sufrir ver llorar a una belleza? voyme, ay Dios! por no admitir la satisfacción en agua, que el fuego vive en mí, solo en el fuego de amor puede aliviarte. Ay de mí! Mas ay que se queja Julia! quien habrá que pueda huir del encanto de una queja qué sabe sonar así? cual será, válgame el Cielo! la causa? Mas desde aquí recatado he de escuchar, por ver si la puedo oír. Feniso adorado dueño cuanto ingrato. Alma que oís? como de esta dicha al paso presurosa no salís? mas los celos que me abrasan que dijeran ? inquerid corazón. Pastor amado, que ausente vives de mí por la ofensa de quererte. Yo, mas deseos sufrid, que hay razón para esperar, pero no para salir. Testigos son las Estrellas, con que ese hermoso zafir en el día de las sombras, argenta el manto turquí, de que te estimé constante, y de que no te ofendí, el gusto de verme tuya, si ya no desmerecí, por pronunciarlo obligada de no poderlo sufrir, mal haya la voz infame por cuyo acento perdí, la gloria de verte mío. Señora, ya esto es morir, yo salgo Julia. Muesa ama? Vuelvo a retirarme. Aquí. . Señora? Está tu Benita. Craro está que esto aquí. Mas va que por las albricias te adelantaste. Mastín, qué albricias de una desgracia? Pues yo no lo sé decir de otro modo en concrusión, mas si me quieres oír, como digo de mi cuento. Calla, bestia, calla. Di, que si es desdicha, no quiero al discurso permitir, la contingencia de hacerme, o dichosa, u infeliz, decid mi muerte vosotros. Hermosa Julia, ya en fin Feniso. . No digas más, que harto tengo con oír, ya prevenida la pena, aquese nombre de ti, desgracia, y Feniso? ah Cielos valedme. Vivo sin mí. Digo que de un accidente a quien postrado le vi, volvió tan presto, que ya libre; mas fuera de sí la tiene el susto, al instante agua los dos prevenid, y de presto. Volando iremos. . Ya es imposible, ay de mí! salirla yo a socorrer, porque cuando vuelva en sí, no le cause algún asombro lo que ha creído de mí. Julia amiga, Julia vuelve, mal haya el principio vil, de mi cauteloso amor; bien sé Julia, ay infeliz! que la causa de tu mal. tiene su principio en mí, amante yo de Feniso le procuré dividir de tu corazón constante. Ya nuevo motivo aquí me obliga a escuchar, ya vuelven mis esperanzas por sí. Yo del amor obligada, y envidiosa pretendí hurtarte la gloria amante, cuando engañosa emprendí, que siendo mía la culpa él la creyese de ti; pero arrepentida ya de tu ofensa, y del civil medio de comprar finezas, a tan bastardo, a tan vil precio, avergonzada juro, de no estorbar, no impedir vuestras dichosas fortunas; vuelve Julia, vuelve a oír la constancia de Feniso, y tus dichas. . Ay de mí! Albricias alma, que ya de aquel desojado Abril, al labio vuelve la rosa, y a la mejilla el carmín: Ay Feniso! Ay Julia mía, quien te pudiera decir, que tus costosas finezas ha logrado desde aquí! Sosiega, prima, el aliento, serena el bello matiz de tus nevadas mejillas, escúchame, vuelve en ti, que si la dicha te mata, qué dejas para sentir en la desdicha? Feniso libre, ya cobrado. . Di. Del accidente penoso en que peligrar le vi, amante de tus dos soles vive. . Qué dices? Que vi mejorada su fortuna en su vida. Ves aquí el agua, porque la fuente está lejos. Pardios sí, de la mía ha de beber aunque empieces a groñir. Ya no es menester el agua; Beba por amor de mí. A la fe si fuera vino, que callaráis. Eso sí. De la mía. De la mía, Idos. Vos os habéis de ir. Pues vámonos a la par. No quiero, pues. . Zas candil. Dejadnos solas. Ya vamos sin tener porque reñir. . Cómo tan poco dichosa bella jacinta nací, no extrañes que mis fortunas vuelva hacerte repetir; en cuanco a que tenga vida crédito a tus voces di, pero en cuanto a que me quiera, cómo puede ser? Así, que ya pasado el asombro me toca volver por mí. Sin duda que oyó Feniso mi sin razón, ay de mí! Yo me voy por no estorbar vuestras dichas desde aquí, adonde yo sola viva avergonzada de mí. La vergüenza la destierra de imaginar que la oí, pero su necio delito tenga en mi silencio fin, Feniso? Julia divina, de cuyo cielo feliz cobra su olor la azucena, su fragrancia el alelí, tú que das al fuente, y prado su florecer, su reír, pues cuando el Abril te mira se dice envidioso a sí: Ya viene la Primavera, y no viene en el Abril, hasta que el verse vencido de tu belleza por ti, de su limitada acción, conoce el poder servil, y hallando flor, que él no supo, ni cultivar, ni engreir, prosigue ya de este imperio, no vive el demonio en mí; sino en la beldad de Julia de la tierra Serafín, tú, que siendo de esas cumbres infatigable adalid, Diana te reverencian uno, y otro revellín, y al mirarte decender, dice el erizado espín, el encrespado león, y el sañudo jabalí, corriendo al dulce peligro de mirarte, y de morir, ya baja de aquellos montes la cazadora gentil; pero al verse de tus ojos, y de tus flechas herir, aunque gustosos se postran, se preguntan entre sí. como a nosotros nos busca, si es su deseo rendir? dejando libres las fieras, que tiene dentro de sí, dueño adorado. No más, Feniso, que presumí, al verte tan lisonjero, que acaso hablabas aquí, con quien te mereció fino, cuando fina te perdí, repara en que yo estoy sola para que al hablarme a mí; pienses que yo soy la amante, mas no, que soy la feliz. Julia aguarda, mira, espera. Qué quieres? Cuando yo fui de otro dueño, plegue al Cielo; Calla, que no quiero oír disculpas por no acordarme, de que haya cabido en ti delito contra mi amor, y porque conozcas. Do La fineza de mi Fe, hoy le tengo de advertir a mi padre mi deseo; logrando con este fin la dicha en mí de adorarte, la seguridad en ti. Serás mía? No lo dudes; y tú? . Yo, tuyo nací; no serás ajena? No. y tú serás mío? Sí. Adiós, que siento ruido, mucho mi pena sentí. Mucho lloré mi pesar. Por quién llorabas? Por ti. Adiós mi Feniso. Adiós, bellísimo Serafhín. Murió mi desconfianza. Tuvo mi tormento fin. Ya amanece el Sol, mortales de la noche del olvido, para que alumbre a los hombres, lo que ocultaron los siglos. Quién dice tal, quien pronuncia para mí tales martirios, si aún no se ha cumplido el plazo, si falta aún el prodigio, que ha de ser eficaz medio de su hallazgo, quien altivo contra mí, anticipa el tiempo, quién lo dice? Yo lo digo, yo bestia infernal, que vengo desde ese Alcázar Impíreo, a oponerme a tus cautelas, como obediente Ministro de la voluntad de Dios, contra tus viles designios. Qué dices? de rabia muero, calla, que duro castigo! no me aflijas, no me aflijas, déjame que ya rendido, no a ti, sino a mi tormento, mortal congoja respiro. Cielos, qué violencia es esta? o pese a vosotros mismos! Recíbame entre sus furias mi dolor, que más altivo, es más sensible este mal, que los infernales míos. Calla. Ya callo, ay de mí! detente, y pues has vencido, deja, que a mis sentimientos sirva el infierno de asilo, abrase para ocultarme de mí. Lo que solicito, cumpliendo el Orden de Dios, es, que obediente tú mismo, manifiestes esta Imagen, que ya todos prevenidos, por Divina inspiración de la voz que oyó Feniso; desde que tú le dejaste ha manifestado el sitio, dicha, que su devoción, y su celo ha conseguido, a pesar de tus engaños, contra todos tus designios, advirtiendo que ha de ser hoy el día en que el más fijo Lucero, que el mundo ignora de claridad a los siglos. Y sabiendo que Dios manda que tu digas oprimido de su porder, de esta Imagen la antiguedad, el principio, el tiempo que vivió oculta en este, aunque noble abrigo, pobre morada a sus luces, y en aquese traje mismo, sin escándalo, enseñando a los dichosos vecinos de esta Comarca, el lugar, donde se oculta el divino tesoro de tierra, y Cielo, has de quedarte conmigo; porque si el prodigio aguardas, sepas, que este es el prodigio. Yo? pues quién podrá obligarme al desusado, al prolijo dolor de ese sentimiento? (go, Yo, en nombre de Dios te obli- Huiré de tus palabras. Seguírate el poder mío. Déjame alentar en tanto, que no llega ese martirio. Ya sale el Alba mortales Esta es la parte devotos, este es el devoto sitio, donde hoy en sagrada voz, de celestial Paraninfo, la noticia de que os hice capaces, y según miro, el lugar donde me vi exento de aquel peligro, que amenazando mi vida, dio a mi noticia motivo; y aquí, donde la tormenta, tuvo medroso principio, y adonde vi la visión del sueño, que he repetido. También aquí, según veo, fue, donde se vio oprimido mi valor de aquella fiera, aquel monstruo, aquel vestigio infernal, que en tanto riesgo puso los alientos míos. Pues qué esperamos, si ya piadoso el Cielo propicio, nos encamina a la dicha? Todos con pecho contrito, invocando sus piedades en humano sacrificio ofrezcamos tierno llanto, postremos los albedríos, Salve Puerta del Cielo. . Ave Mar? LRI Salve Virgen, y Madre de Dios Hombre. Salve llena de Gracia, en cuyo nombre, hallan los hombres protección, y guía. Salve Refugio, Centro de alegría. Salve de la Piedad, dulce renombre. Salve, por mi voz también te nombre. Salve Sol. . Salve Aurora. . Salve Dia. A ti te implora. . Tu cuidado aclama, este Rebaño, que Pastor consiente, en el favor Divino de tu mano. Humilla tu grandeza a quien te llama. Mira el fervor con que tu ausencia siente. Permítenos tu aspecto Soberano. Ya es tiempo, monstruo infernal, de dar a la voz principio, en venganza de tu culpa, de tu osadía en castigo. La violencia que me hace, protesto al tormento mío. Oíd mortales. Quién eres Angelico Peregrino. Quién vuestras dichas procura, no prosigues? Ya prosigo: Pueblo dichoso, a quien Dios (para tormento infinito de mis penas) favorece con eficaces auxilios. Sabed, que de la infelice perdida, que hoy lloráis vivos de España, si a la memoria le permitís su ejercicio, cuando yo triunfante entonces, a mi sediento cuchillo, tantos Católicos cuellos di por culpa de Rodrigo, en el año setecientos, del Nacimiento de Cristo, cuando en miserable yugo, digo infaustos, y abatidos, al infeliz cautiverio os redujo aquel delito, entre otras muchas reliquias, que el celo Cristiano, el pio fervor, ocultó a las manos de sangrientos enemigos, esta milagrosa Imagen, con fervoroso cariño, escondió devoto impulso: al pronunciarlo, al decirlo, es congoja a mi suerte, venenoso vasilisco. Esto es, cuanto a que faltó, pero cuanto a su principio, en su forma trabajaron Celestiales Paraninfos, obra de Ángeles Divina, resplandeció en este mismo Enebro, que ahora la guarda con tan extraños prodigios, que en todos estos contornos, fue su nombre su apellido, la Virgen de los Milagros, hasta, que en fin reducidos sus devotos a perderla, después de haberla tenido muchos años, la ocultaron, por lo que ya he referido, en el propio albergue, el propio árbol, que constituido, se alimentó, porque fuese, siempre verde, y siempre vivo albergue de vuestras glorias, de sus piedades abrigo, de mi vanidad deshonra, afrenta de mis motivos, de vuestras dichas escala, de mis pesares camino, de vuestra esperanza puerto, de la mía precipicio. Y pues que ya llega el tiempo, y que yo propio os íntimo su invención segunda, humanos, con nueva causa confirmo, nuevo modo de vengarme del desprecio que me hizo, esta voluntad del Cielo, pese a él, pues condolido no al dolor de mis sollozos, si a vuestros tiernos suspiros de mis ansias, ha logrado el último sacrificio, ya cumplo con lo que Dios me ha ordenado, pues yo mismo doy el aviso a vosotros, sabed lograr el aviso; porque si no aconsejado de estos sollozos que gimo, de estos incendios que vierto, de estos furores que vibro, contra vosotros armado me veréis, y vengativo, sin que os pueda defender, ni la piedad, ni el abrigo, que si Dios permite gracias, también sabe dar castigos. Temblad de mí, mas ha infierno! que ya discurro; ya miro, que de renacer el Sol, ha llegado el punto fijo, recíbame en sus entrañas el lóbrego centro frío de mis desventuras, antes, que a mis ojos llegue el viso de aquella luz, a quien tiemblo, de aquel Sol, a quien tírito, de aquella para mi muerte, y para todos benigno amparo, para mi afrenta, y para todos alivio, huyendo iré de sus rayos hasta el horroroso abismo: quien os habla humanos es, vuestro mayor enemigo. Jesús que nos lleva el diablo! No temáis, que yo os asisto, con Fe esperad las clemencias de Dios. . Todos ofrecidos a vuestra piedad Señor, humildemente pedimos vuestra gracia en este trance. Ya vuestros ruegos ha oído el cielo, pues que, piadosa la Madre del Sol Divino, a consolar se presenta vuestro llanto compasivo. Ya amanece el Sol mortales, Ya quedáis acompañados de más Soberano asilo, quedad en paz, que yo vuelvo taladrando densos vidrios, a dar gracias por vosotros, de este sacro Beneficio. Vamos a la Villa, donde con fiesta, y con regocijo se aplaudirá nuestra dicha. De contento salto, y brinco, Vamos para que se pueda, con propio, y decente estilo llevar la divina Imagen, más primero te suplico, que en albricias. Ya te entiendo, dale la mano a Feniso Julia, Y el alma también, por dueño de mi albedrío. Tu esclavo soy. Hoy es día ade fiesta, vamos amigos. Y aquí del Sol de la sierra, al hallazgo peregrino, da fin la primera parte, reservando los prodigios de esta Imagen milagrosa, a más elocuente estilo.