Texto digital de El sol a medianoche y estrellas a medio día
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El sol a medianoche y estrellas a medio día. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/sol-a-medianoche-y-estrellas-a-medio-dia-el.

EL SOL A MEDIANOCHE Y ESTRELLAS A MEDIO DÍA
JORNADA PRIMERA
Ya que espirando el día sombras dilata en los humildes llanos, contemple el alma mía alegre los Misterios soberanos, que nos muestra Isaías en sus heroicas Santas Profecias. En el tiempo primero de Zabulón, y Neptalí, la tierra se alivio, y del mar fiero se agravó la corriente entre su guerra de los que caminaban, tras el claro Jordan donde habitaban. El pueblo que vivía en tivieblas, vio luz grande, y copiosa, y a los que en sombra fría de la muerte, en región triste, y llorosa estaban con tal pena, se les mostro la luz clara, y serena. Gente multiplicaste, si el gozo, y el placer no engrandeciste, y ante ti, que llegaste, se alegraron, sin ver semblante triste, como en él mes dichoso, el que el fruto cogió dulce, y sabroso. Como los que partieron contentos los despojos que ganaron, que sobrepujas vieron a toda justicia, y se admiraron del modo que en el día de Madian, que dulces partos cría. Porque el robó con voces, y algazara, y la ropa ensangrentada, ya por menos feroces ha de verse deshecha, y abrasada. Aquí reparar quiero, pues tan grande Misterio considero. Niso nos ha nacido, y un Hijo, dice aquí, se nos ha dado: que glorioso sentido! sobre sus hombros toma el Principado, porque el mundo se asombre, admirable será su eterno nombre. Consejero Dios fuerte, y Padre al fin del siglo venidero, Príncipe, si se advierte, de la paz, y su Imperio verdadero crecerá entre la gente, sin que falte Fe en ella eternamente. Sobre el solio triunfante de David, sobre el Reino poderoso, para que le levante, o se sentará constante, y victorioso. Dar aquí determino a la contemplación lugar divino. En fin Niño, y pequeño naceréis, siendo vos quien siempre fuiste de cielo, y tierra dueño, y el que solo a Moises decirpudistes, Yo soy quien soy: con que se advierte, que es solo vuestro ser estable, y fuerte. Y vos en fin Divino. Dios de Abrahan, Isaae tan abreviado, habéis de ver el claustro preservado en vuestra sacramente, para común remedio de la gente. Oh felice doncella! intacta como flor de inculto prado, que Magricultor huella, tu hierba le pació manso ganado, que al alba que la riega diamantes abre, y púrpuras despliega. O quién esclava fuera de tan divina, y celestial señora! O quién el tiempo viera en que naciera de tan clara Aurora este Sol prometido! a mi Padre Abrahan del escogido anticipad piadoso. vuestra clemencia santa, al justo lluevan las nubes, y el sabroso rocio celestial los hombres beban, abreviado en la gente, como en la piel del Gedeón valiente. El mana verdadero escarche los desiertos, y levante Moises sobre el madero la sierpe de metal, para que cante contra las venenosas. el pueblo su salud, entre las rosas coja Rut esta espiga, que ha de dar en Belén el rubio grano, la victoria consiga maniatado Sanson contra el tirano su nombre magnisique, derribe el Templo, y luego le edifique. Dios te salve María, el Señor es contigo, llena eres de gracia, luz del día, y bendita entre todas las mujeres. Túrbome al dar respuesta; más que salutación, cielos, es esta? No temas, Virgen bella, gracia ha llaste con Dios ante sus ojos: O tu del mar Estrella, Nave de mercader, que en los enojos del pueblo, le has traído el pana sus avuelos prometido. Concibirás, Señora, y parirás un Hijo, cuyo nombre, dicho ya desde agora, Jesús tiene de ser, porque se asombre el contrario engañoso, por conocerle Magno; y Poderoso. Será Hijo llamado del Altísimo, así tendrá la silla de David, celebrado por su Padre con tanta maravilla: Reinará eternamente en el Palacio de Jacob prudente. Aunque no pongo duda en tus palabras, Paraninfo hermoso, turbada, absorta, y muda, mi pecho indigno siente temeroso, si este caso consulto, los Misterios que creo, y dificulto. Cómo, Gabriel divino, Madre seré de quien será en la tierra verdad, via, y camino, trayendo al mundo paz en tanta guerra, cuyo ser reconozco, si varón, como sabes, no conozco? El Espíritu Santo sobre ti ha de venir, su virtud santa, causando al mundo espanto, con su gracia te cubre, y te levanta a ser divina Madre del Hijo Santo del Eterno Padre. Isabel, prima tuya, que esteril se llamó, ya ha concibido porque el poder se arguya del que los imposibles ha vencido, que no hay cosa imposible. a su eterno poder incomprensible. Tú eres la Luna clara, la electalcomo el Sol, la que entre espinas con hermosura rara, con líneas de cristal hojas terminas, como la casta rosa, que sale a ver al alba vergonzosa. Tú vienes del desierto, como el humo de aromas oloroso, abre el cerrado Huerto, ofrece las manzanas a tu esposo, con modos soberanos, llenas de mirra tienes ya las manos. leosifa Hija escogida eres del Príncipe, tus pies en tus calzados, con que al alba prefieres, hermosos son, honestos, y aseados, con cuyos pasos bellos pisarás al dragón de siere cuellos. Tú eres la que vestida del Sol, de doce Estrellas coronada, con la Luna rendida a tus pies verá Juan, que preservada del río del pecado, la soledad será tu centro amado. Ven del Libano Esposa, y del Cedar, y Ermón las castas flores ciñan tu frente hermosa, oy con la tuya afrenten sus colores, pues padeciendo agravios, remedarán tus dientes, y tus labios. Hija de Sion Santa despide ya el temor, las dudas deja, tu espíritu levanta, al temor animosa le aconseja, que hoy de contento lleno se mire de Abrahan el santo seno. Por los montes saltando viene tu esposo, los collados pasa, mira que está aguardando, y tierno amante tu afición le abrasa, y tray bañado, y bello del rocío del Alba su cabello. Esclava soy indigna. del Señor, haga en mí su mano santa su voluntad divina. A ser Madre de Dios ya te levanta tu humildad, Virgen bella, al Sol encubres ya con ser Estrella. Arca del Testamento los Ángeles te adoran, y se humillan, clarificando el viento, alas desdogen, en que luces brillan, queda en paz. . Humillada, con a quedaré, como admirada. te Dejad la caza, que ya el Sol a mostrar porfía su fuerza, y partiendo el día por medio, rayos nos da. Parad en esta arboleda, cuya grama, y cuyo olor os parecerá mejor, que algodon colchado en seda. Hasta que aquella montaña al Sol corone la frente, dorando menos ardiente las aguas del mar de España. Donde mi esposa quedo? Aquel corzo que siguimo, causada teneno plimo, y en aquel fonte paró. Yo me llegamos al fonte, como vénimo tras ella, y habramo un rato cu ella, mientra ándamo gente al monte. Hasta que mi esposa llegue no pretendo descansar, Hacedle lugar. Donde hay Sol que tanto ciegue? Con tu ausencia me afligias, con tu presencia me alegras, que sin duda hay nul es negras, pues a mi fuego te enfrías. Guárdete el Sol, dueño mío. Y a ti del Sol no te guarde, aunque ya llegará tarde a encender carbón tan frío. Asiéntate junto a mí, y como vienes me cuenta, Para que descanso sienta, basta que me llegue a ti. Al fin, Soforisba mía, te has bañado, y descansado. La fuente me ha provocado, que entre la arena bullia. Estaba el sonoro, y manso arroyó tan atractivo, que del calor excesivo. me convidaba a descanso. Bien que sintiendo tu ausencia, que no la tengo sin ti. Mejor pudieras en mí de amor hacer experiencia. Pues el alma que te adora, conoce, que debes ser noche en que empieza a nacer con nuevas luces la Aurora. Tanto esa sombra me altera en mi amorosa porfía, que nunca buscara día donde esta noche tuviera, Novedad, y perfección hace que más se aperezca, y nunca el Sol amanezca, si tales las noches son. No se precie la blancura del esplendor de su nieve, que aquí a lo negro se debe más honra en tanta hermosura, Que con un mismo víril aquel soberano Autor pudo con igual primor labrar ebaño, y mársil. No menos gracias reparte, que a la blancura excelente, la materia es diferente, poco soberano el arte. Con más luz que en alba fría son esos ojos centellas, porque lucen las Estrellas. más de noche, que de día. Pues, Febo, qué dices de esto? Jarán Dios amigan plimo, que por ella derretimo. No ves, que es su amor honesto? No alabes la noche oscura, que hasta las aves se absconden de su sombra; y no responden hasta que ven la luz pura. En esto estás engañada, que es la noche a los mortales descanso, a los animales, y aves segura posada. El preso duerme, y no siente la sentencia del juez: que está fano alguna vez suele soñar el doliente. Y para abreviar el mapa de su virtud, y valor; que gloria tiene el amor, a que no sirva de capa? Queremo ver su hermosura, ya que de oírno se asombra, considera que la sombra es el arte en la pintura. Gente nobre anda vistira de negro, y así me alegro, no hay color sobre lo negro, turu su más es mintira. Negra tierra fructifica, ave nigra sabe habrar, tordo; y corbo, el avisar con tinta se comúnica. Mujer negra con primor de trabajos aorramo, el soliman excusamo; la muda; el rico color. Siempre vívimo en un ser, no hay más subida alabansa, pues no padese muransa. una negra; aunque mujer. Alegrad el dueño mío. Mucho alegrándome vas. Cantad, pues lleva el compas con vuestras voces el río. Interés mató a Cupiro, no hay amor en el mundo ya, aquí zá, que no sa piriro, aqui zá, aquí zá, aqui zá, que no sapiriro, aquí zá, aquí zá. El bosque pasó ligero, la velocidad espanta. Juro a Dios no quere canta, lleve el diabo a casandera, han vito que griteria? Aquí avisarnos podrán, que cazadores están junto aquella fuente fría. No echas de ver que es Melchor, amigo nuestro? Ya veo al que obliga mi deseo con muestras de firme amor. Tus amigos han venido. A recibirlos saldré. Perone vusamese, que no aúlamo conosido, so Gaspar, fior Batasariyos. Querría que os mostrase mi alegría los extremos de mi amor; como a mi tierra venís? Nuestra perfecta amistad da a los Reinos igualdad. Bien por mi vida decís. Dadnos, señora, los pies. Antes los brazos ofrezco, pues que sé que no merezco cumplimiento tan oortés. Débesea vuestro valor, y a vuestra rara hermosura, que no vi con sombra oscura tan divino resplandor. Viendo as fasione perfeta, ele color poco importamos. Vence a la de Cipre, y Samos. Reye, no samo Poeta, Cuál es la causa en rigor de que de naturaleza, a vuestros rostros belleza, diferenciando el color? Porque con intentos franco, mire si se satisface, de noche lo negro hace, y de día hace lo branco. Alégrome que vengáis en ocasiones iguales, si de cuidados Reales con algún descanso estáis. A Sofonisba elegí por mi esposa, y si queréis, deseo que celebréis conmigo el bien que adquirí. Yo soy quien con vos levanto mi ser, pues que no se ignora vuestro valor. A flora, caya, no humillamo tanto. Que podéis mandar, Melchor, en que no os obedezcamos, y más si consideramos nuestro deudo, y vuestro amor? Aunque apartados están los Reinos donde vivimos, todos tres sangre adquitimos del gran Profeta Balán. No fue Balan, mi flora, aquel cuya burra hablamo? El mismo. Pues no espántamo, que muchas hablar agora tora mujer presumira por borrica la tenemo. De mi afición el extremo a hacer locuras áspira. Todo un año espero hacer fiestas al bien que posco. Bien podrás de mi deseo los quilates conocer, Los dos te acompañaremos, que Tarsís en paz está. Y la quietud de Saba me obliga a tantos estromos. Los brazos os doy mil veces. Tu amor en mi llamas cría. Mira, Sofonisba mía, lo que vales, y mereces. Tres Reyes celebrarán tus bodas por excelencia, y que heredaron la ciencia. de su antecesor Balán. Mi ventura considero, y pues demás de mi amor lo pública mi color, llamarme tu esclava quiero. El negro, negra desea, porque hicieran, cosa es crara, si con branca se casara un hijo de Taracea. Ya la comida os espera, Ven, Gaspar. Vamos, Melchor. Cantad, y sepan mi amor esos bosques, y ribera. CantrInterés mató a Cupito, no hay amor en el mundo ya, aquí zá, que no sa piriro,. , o - Viva Herodes. Viva Herodes. Por largos siglos el Reino. Derened la gente. Mira el común gusto del pueblo. Ese gusto, esa alegría con justa causa condeno, pues tantos años tardaron rebeldes a mis intentos. Después de haber tantos años, que por Marco Antonio tengo la Corona de Judea, me eligió por vuestro dueño. Cuando yo empecé a reinar fuera bien rendir los cuellos, que agora, necia canalla, me deis lo que no agradezco. No ha lido esa dilación, señor, sin algún misterio, que no penetran los hombres de Dios ocultos secretos. Qué misterio puede haber? tu como Sabio; y Maestro en la ley puedes decirlo, que yono alcanzo a entenderlo. Si no recibes enojo, lo que colijo; y penetro te diró. Di por mi vida, que antes de oírte me alegro? Pienso que se va llegando el felicísimo tiempo en que el Divino Mesias venga a ser nuestro remedio. En que lo has visto. Eliud? En que ya excluido veo al gran Tribu de luda de gozar corona, y cetro. Fue de Jacob profecia, ya cuando estaba muriendo, rodeado de sus hijos, y de sus queridos nietos, que el cetro no faltaría de Juda, Leon soberbio, hasta venir el que está prometido de los cielos. Y como ya está en tu mano, que está en el mundo sospecho, pues eres Escalonita; y por tu madre Idumeo. O que necia presunción! que bárbaro pensamiento! Dime, Juda no perdió muchos años ha el gobierno? en vuestra cautividad de Babilonia tuvieron los de ese Tribu Corona? Entre los Persas; y Medos, no has leido a Daniel, donde dice, que dos viejos que a Susana condenaron, eran Jueces del pueblo? Y cuando aquesto no baste, los unlientes Macabeos; en el mundo celebrados. por sus invencibles hechos, no mandaron a Judea muchos años? Pues no fueron de la Tribu de luda? Falso ha sido tu argumento, que si de la profecía estrivaba el cumplimiento en que Juda no reinase, ya ha mucho que está sin Reino. Con tu licencia, señor, responderte humilde quiero. Cuando estuno Jeconias en bárbaro cautiverio, perdió del Reino que tuvo la posesión no el derecho; pues volvió a reinar después Zorovabel su heredero, Cuando tiranicamente quiere un Monarca su premo su Estado, a un Rey no le quita la acción de poder tenerlo. Los Macabeos reinaron, y pondos modos podemos salvarlo, que aunque sin duda por varones desdendieron de la Trión de Levi, por algunos casamientos, que estos dos Tribus hacían, sangre de Juda tuvieron. Y cuando no la tuvieran, no fueron Príncipes nuestros con derecho, pues clamamos muchas veces contra ellos. Tú has reinado algunos años, siendo eltraño, y extranjero, pero nunca renunciamos nosotros la acción al Reino. Hasta agora, que cansados de crueldades, y tormentos, te hicimos Rey de hidá, toda nuestra acción perdiendo, Y agora puedo decirte, que habló por aqueste tiempo Jacob, pues de todo punto vasallos nos hemer hecho. Deforma, Eliud que agora esperáis el cumplimiento de esa antigua profecía? De que puede ser te advierto. Siempre, Judios, vivís como ignorantes, y ciegos, hasta que viene un tirano, que despoja vuestro Templo. Esto es solo conjeturas. Basta, Eliud, ya lo veo, que a pensar que eran verdades, no estuviera tan quieto. El pueblo se regocija, llega al balcón, y los fuegos mira. Presumo que encubre rencor, y rabia en el pecho? Tal ha sido tu rigor, tu avaricia, tus enredos, pues sin causa nos quitaste del Cened Rín el Consejo, dando muerte a los más nobles. Qué dices pues? Que no creo que esté nadie mal contigo, Si estarán, y yo el primero. . Quiero salir al balcón. La alegría va en aumento. Viva Herodes. viva Herodes, goce mil siglos el Reino. . Corre, Elisa, si procuras verla con nuevos cuidados, que a estos montes, y a estos prados viste de luces más puras. Menos ligera he de ser que tú. No puedo aguardar. Pues si no me echo a rodar es imposible correr. Tan llano el camino está, que me pides ligereza? no conoces la aspereza de los montes de luda? Cuando tanto bien se espera, no será mucho, correr, demás, que por ser mujer pudieras ser más ligera. Viene a ver nuestra montaña una Luna, Estrella, a Sol, que con más craro arrebol sus cumbres de groria baña, No dejes de caminar cuando un Sol vamos a ver, que a mí me lleva el pracer. Eso me pudo obrigar. Si quen, por ver alsabel camina, y te admirarás, y de camino verás hoy esta nueva Raquel. Voto al Sol, no aguarde tal, mas que se lo coma un lobo, piensa el amo que so bobo, que so simpre, o animal? Hela de ver, juro a mí, aunque se pierda el ganado. Con quién estás enojado? Hemos de dejar aquí de bella, porque se ataje la contienda entre los dos? mas quiero bella que a vos, ni a todo vuestro linaje. Qué tienes? Qué puede ser? dice, que si a verla voy no tengo de comer hoy, verla quiero, y no comer. No vengáis a verla vos, ella mi sustento sea, no faltará a quien la vea nunca la inerced de Dios. Qué dices, bestia? Hh pasado. Quién? Pardiobre lindo; quién? la que nos traí todo el bien, el rocio de este prado. Por quien he dejado ya el ganado, que es tan bella, que quien se pierde por ella, ganar el cielo podrá. Dices María? Pues quien puede ser, si no María, causa de aquesta alegría? Bien me lo dijo mi bien. Sobre la montaña está, que es bien que sus plantas bese. Hela de ver, aunque os pese. Acaba, déjalo ya. Mi rabelillo he traído, que la tengo de cantar, hasta que me haga callar, pierdo de gusto el sentido. Ya se muestra el resplandor, que da su divina cara, Ha quien agora cantara como un cisne, o ruiseñor! Tanta dicha, tanto bien? verme mi prima procura? celebrad esta ventura, hijas de Jerusalen. Que tantos mis gustos son; que el alma a verla volara, que yo sé que la prestara sus alas mi corazón. No tienes a que pasar de aquí: Contenta porfío, Chilla rabeleco mío, que hoy os tenéis de quebrar. Rosa sois, bella María, o cuán bien que parecéis! que vuestro vestido huele al nardo; lirio; y clavel. Toda sois llena de gracia, y toda limpia a la fe, doncella como vos misma, que no hay más que encarecer. Elevado estó de verla. No dices nada a Joseph? Con decirle que es su esposo, cuanto puedo le diré. No cantes más, que hablar quiere. Salvete Dios; Isabel. Deja que bese, Señora, vuestros soberanos pies. Válgame el cielo! qué es esto, que con divino placer siento que se mueve el hijo, anunciado por Gabriel, en mis entrañas, y adora el misterioso saber del que está en tu vientre santo, para salud de Israel? Bendita entre las mujeres eres, Divina Mujer, y bendito el fruto santo de tu vientre, Virgen es. Cuando merecí, Señora, que a mí me viniese a ver la que es Madre de mi Dios, de quien adoro la ley? Apenas tu voz divina, Madre, y Virgen, escuché, cuando mi hijo saltando me pronosticó este bien. Bendita tú que creíste, pues que por ello has de ser el cumplimiento dichoso, que mereció tanta Fe. Magnifica el alma mía el Señor con su poder, y mi espíritu se alegra en Dios, su salud, y bien. Vio la humildad de su esclava, y está la causa ha de ser por do Bienaventurada de todos me llamaré. Hizo en mí su poder magno las maravillas que ves, más que mostrándose en carza bañada en fuego a Moisen. Y su gran misericordia, que del mar puede exceder las arenas, se mostró en los que adoran en él. La potencia de su brazo desvaneció la altivez de los altos pensamientos, que imitaron al rabel. Derribó los poderosos para levantar después los humildes, hasta derles el victorioso laurel. Reciba Israel el Niño Divino, y acuérdese de su gran misericordia, que no sabrá agradecer, como estaba prometido a nuestros padres también, porque viva eternamente celebrado su poder. Oyéndote estoy, Señora, y tu voz dulce uzgué por la Harpa de David, nuestro antecesor, y Rey. Elevada, y suspendida no te acierto a responder. Y yo absorto me suspendo con lo que agora escuché. Cada hora, cada instante desde que vi florecer la vara en mi indigna mano, para tan alto interés, menos méritos conozco, para poder merecer ser esclavo de María, cuyo esposo me llamé. No llegáis, Joseph? Señora, no he querido interromper tan santa conversación, pero agora llegaré. Los brazos os doy mil veces. Dulce esposo, qué teméis? Sí vuestra Deidad respeto justamente me turbé. Admirablemente alegran, hola Elisa, ola Siquen, indigno loseph se juzga, Dios me haga cuál él es. Entra a descansar, Señora, pues quisiste engrandecer la bajeza de mi casa, rica voluntad tendré. Venid a ver a mi esposo, que por dudar, y temer está mudo. En vuestro vientre voz con que hable tenéis. (ran. Sus palabras misteriosas admí. Cantando iré como delante del Arca el que apacentó en Belén.
JORNADA SEGUNDA
jornada segunda Mejor fiesta es esta, Bato. Con todo el alma desea la montaña de Judea, donde apacentaba el hato. Fuerza ha sido el ocupar las montañas de Belén, si al fin en Jetusalén no hemos de poder entrar. Que quiere este Empedrador Romano? A lo que parece, ver que el mundo le obedece por universal señor, el numero de la gente que sus leyes recibió. De que le importa que yo entre los demás me cuente? Soy yo por dicha presona? En fin ha de ser así. Quien me empadronare a mí, empadronará una mona, Oye, y empadronarán los niños? Necias porfías, Si llevará Zacarias al recién nacido Juan? No lo sé, pero imagino, que en los meses que le ves un Ángel del cielo es, parece cosa divina. Que no le haya visto yo, ni nacer le viese! Así? No sabes que luego aquí el mayoral me envió a cuidar de los cagales? Pues y como no lo hacéis? que enficionado me veis, y no cuidáis de mis males. Calla tonto: por tu vida, que cuentes el nacimiento de Juan, pues el tosco asiento de esta peña nos convida. A las nubes que la ven e endurecida se atreve, viendo cubiertos de nieve estos campos de Belén. Las sabanas ha tendido. el cielo. elo Sin Sol estarán, y así no se secarán. Ya en agua se han convertido algunas, y con rumores sordos, con igual recelo corren, resvalando en hielo las que fomentaban flores. Mientras que se pasa el día, oye, Elisa, el nacimiento de Juan. El sentido atento te declare mi alegría. En la casa de Isabel, dichosa, y honesta madre de Juan, estuvo María, siendo luz aquellos valles con sus ojos, que son Soles, o Orientes adonde nacen. Por entre pestañas negras, que hacen hermosos celajes, casitres meses, y en ellos quisiera tener el ave Fénix para regalarla, por serla tan parecida. Volvió Joseph con María a Nazaren, donde hallase casa pobre, pero llena de riquezas celestiales. Ya iba preñada la Virgen. Como Virgen la llamaste, si estaba preñada? Quiero satisfacerte, y culparte de la duda que has tenido. Yo tengo por Fe, que nadie pudo mirarla a la cara, que de aquellos ojos graves la honestidad peregrina, los deseos no templase. Pues si conozco en loseph honestidad semejante, no tendrán lugar en ellos los afectos naturales. Misterio es que no entendemos, ea prosigue adelante. Yo la llamaré doncella, aunque preñada la halle, que preñada se habrá hecho como la almendra en la cárcel de la cascara cerrada, que concibe, y no se abrei En fin, después que se fue empezaron a mostrarse en Isabel los efetos de una causa semejante. Llegose el felice día, que es justo que así se llame, aunque fue noche en que dio a nuestros siglos un Ángel, clarificada la noche, mostro estrellas de diamante en los celestes cafiros, que les sinvieron de engaste. El ganado en los rediles imaginó que era tarde, para salira los campos a dar brincos, y alegrarse. Los parientes, y vecinos a ver el dichoso Infante acudieron, porque juntos su ventura celebrasen. Cantaron dulces motetes antes de tiempo las aves, al día las cuenas frías dejaron los animales. Los lobos, y las ovejas, haciendo treguas, y paces, los unos perdiendo el miedo, como los otros la hambre, El dichoso Zacarias andaba entre los zagales demostrando su contento en el alegre semblante. Por incrédulo era mudo, mas su gozo era tan grande, que eran dos lenguas sus ojos, que su gozo declarasen. Pasaron los ocho días en regocijos, y bailes, y al octavo el Santo Niño fue fuerza circuncidarle, como dispone la ley: quisieron que se llamase sus parientes Zacarias, a imitación de su padre, Pero la Santa Isabel, ya porque Dios la inspirase, o que las gracias del Niño su mismo nombre impetrasen, Dijo, Juan se ha de llamar, a quien los parientes hacen contradicción, con decir, que de todo su linaje no hay ninguno de tal nombre: y vienen a conformarse en que escriba Zacarías el nombre que quiere darle. Danle el papel, y la pluma, porque a un tiempo escriba, y hables pues que la pluma, y la lengua dicen juntas, Juan se llame. Quedaron absortos todos, viendo que milagros hace tan presto el Niño, y a Dios, por caso tan admirable, dan gracias, y temor tienen los vecinos circunstantes: y en los montes de Juda llega el caso a divulgarse, y entre todos admirados decían, que bello Infante es este, en quien Dios tan presto dones divinos reparte? Lleno de Espíritu Santo, los ya vivos labios abre Zacarias, y así dice, porque se suspenda el aire, bendito el Dios de Israel, que ya su redención hace, y como está prometido, ha venido adisitarle. Venció nu estros enemigos, y ha usado con nuestros padres de su gran misericordia, y nos dio manso, y afable el prometido Abrahan. Y tu Niño has de llamarte del Altísimo Profeta, que de su rostro delante vienes, y así los caminos, y vias ocultos abres, porque del divino Oriente a darnos sus luces baje, Esto es lo que vide Elisa, y Juan, para que te espantes, sino es luz, es testimonio por lo menos de que sale lucero que anuncia el día: y presumo antes que pasen muchos años, que voz sea, que por los desiertos clame. Admirada, absorta, y muda justamente me dejaste, guarden los cielos a Juan, y Juan a los cielos guarde. Hola, entresas, y entre esotras. suspensos con escucharte, el día se mos pasó, y ya la noche en su alcance. Voto al Sol, aunque se puso, que no he vido semejante frío desde que aquí vivo por desiertos, y por valles. Que oscura la muda noche estiende sombras gigantes. Recojamos el ganado, que hielos por hierbas pace. Aterido estoy de frío, yo no acierto a levantarme. Yo me voy a mi cabaña. Haced, que presto mos casen, Elisa, que en este tiempo es caliente, y agradable mucho más la compañía. Más quiero sola quedarme, que no mal acompañada. Tengo yo acaso mal talle? más de dos ciegos quisieran verme. Qué lindo donaire: Elisa, haz que enciendan luego lumbre, esos chopos arranquen, que a manchas descubren hojas, y nieve visten en partes. Haz un caldero de migas, así te viva tu padre, que yo dos tarros de leche prometo al punto llevarte. Esta noche no hay dormir. Osteputo, no hay burlarse, no quiero muerte tan fría. A Dios, Siquen. Él te guarde, ve a recoger el cabrío. Riracá. No las espantes. Ritacá, cabras de un puto: si son vuesas, perdonadme. Porque tan presto dejáis la jumentilla, Señora, y la tierra, bella Aurora, con vuestras plantas honráis? No andéis más a pie, mirad, que pisáis nieves, y velo, y que más oscuro el cielo destierra la claridad. Y yo con tiernos antojos quisiera con modos llanos llevaros sobre mis manos, como en el alma, y los ojos. Que no pudiera alcanzar mayor bien, si lo contemplo, que haceros mi pecho Templo, y de mis manos Astar. Querido esposo, en la fe los méritos aumentáis, piadoso padre os mostráis, y como a tal os tendré. Lleguemos a pie los dos a Belén, que aunque confieso parte del humano peso, le alivio yendo con vos. Cerca estamos de Belén. Cubrele la noche fría. Mañana entraréis, María, en la gran Jerusalén; donde después de alistados a Nazaren volveremos, que a este trabajo nos vemos por el delito obligados de César. Muy tarde es ya. Siempre tuve este cuidado: muy tarde habemos llegado, cerrada la puerta está del lugar, ay Dueño mío! No os entristezcáis por Dios. Que he de hacer sinmí, y convos, de noche, y con tanto frío? Casas hay fuera del muro, quizá posada os darán en alguna. Si no están sin alma, yo lo aseguro. Que loco, y necio sería, y mucha culpa tuviera, quien de noche no quisiera meter en casa el buen día. En esta quiero llamar. Quién llama con tal rumor? Dos pasajeros, señor, que hallan cerrado el lugar, y en el portal, si os agrada, quieren estar solamente. Adelante, buena gente, que aquí no se da polada. Pues si a Dios no se la dais, que bien esperar podéis? Disimulo como veis, porque más no os aflijáis. Mas ya daros es forzoso este segundo cuidado, sabed que el tiempo ha llegado de mi parto, dulce esposo. Mil gracias, Señor, os den por los bienes que coliío, pues de su dueño sois hijo, y no os abren en belen. Grande misterio se encierra en mi nuevo desconsuelo; las puertas abrís al cielo, y os cierran las de la tierra. Hijo, y Padre, Niño, y Dios, que más extremo queréis, pues por buscar donde estéis, pido por amor dé vos? A los hijos de Abrahan distes por la promisión de esta tierra posesión, donde una casa aún no os dan En aquesta llamar quiero. Menos, mi Joseph, sentid, Señores, por Dios abrid de limosna a un pasajero, cuya esposa al frío, y hielo espera parir agora. Qué perdone esa Señora, y que a vos os guarde el cielo. No abristes el mar, Señor, como esta puerta no abrís? Misterio son, si advertís, de su inefable valor. Aunque del llanto estoiciego, lejos he desconocido un edifielo caído, a ver si hay abrigo llego, donde la noche paséis. Sin duda en ese lugar pretende mi Hijo obrar los milagros que veréis. Llegad, y miradle, esposo, no os aflijáis, ni lloréis. Siento que fin luz estéis, Alba clara, y Sol hermoso. Cómo os abrasa amor nacéis recelo sin ornato Real, y sin abrigo como sois de Belén espiga, y trigo, nacéis en campo descubierto al hielo. No os abren el lugar de vuestro avuelo David, aunque de vos tan grande amigo, porque no halláis en el justo testigo de vuestra desnudez, y mi desvelo. Sois Capitán del pueblo, y disfrazado a mirar con la noche habéis venido las fuerzas, y pertrechos del pecado. Invicto vencedor, jamás vencido, de mi humildad venís acompañado, ganad el mundo, pues le halláis dormido. Mísero albergue os da, dulce María, tres paredes no más en noche oscura, que hasta que en ellas entre vuestro día, no muestran su valor, y arquitectura. Tente sus piedras, donde el tiempo cría, por natural, y alegre colgadura, menudas hierbas, pegajosas yedras, porque sustenten las caducas piedras. A la parte que está más abrigada, por tener un pedazo de cubierta, sentí ruido, no reparo en nada, por mi necesidad urgente, y cierta, y la mano a la vista anticipada, como el oído cuidadoso acierta. Llego donde diviso en partes tales los bultos de los torpes animales, tiento el pesebre de cuidados lleno, y hallo en él, del caso enternecido, forma de lecho de la paja, y heno, donde contemplo a Dios recién nacido, no tan libre del frío, y del sereno, que no nos muestre el techo guarnecido de celestes cafiros, y molduras, y Estrellas por las quiebras, y roturas. Venid Ciudad de Dios, Alcazar santo, del Monarca Divino Torre hermosa, al humilde portal; donde mi llanto le adorne como Fuente fervorosa, poco abrigo tenéis, tomad mi manto, y vestido por víctima preciosa, que yo conozco en mi fervor, yí celo armas bastantes contra el mucho hielo. Querido esposo, vamos en buen hora, que este misterio ha sido peregrino. De admiración, y gozó el alma llora, venga a la media noclle el Sol divino, en mis buazos venid, cándida Autora, que buen albergue halláis tras del camino. Solo en Dios su desenso busca el justo, esta es la voluntad; y ellá mi gusto. Salgan Siquen, Barto y Alcino por diferentes puertas Dícenme, que es desvarío, si grandes los fríos son, no beber, y si porfío, se me pone el corazón b titiritando de frío. No está malo el cantarcillo. Mi canto agora os agrada? Si tengo la lengua helada, pero no me maravilló, que como la nieve es tanta, y tanto el frío que ofrece, cuando tírito parece, que hago pasos de garganta, Hao. Siquen, adonde estás? Alcino, ven por aquí. A la lumbre, pese a mí. Tente, simpre, adonde vas? Aquí para entre los dos, porque buso Sol me alumbre, Elisa, vos sos mi lumbre, quiero calentarme en vos. Hola, padre, adónde vais? Ya vo, la cena apercibe. Con que gusto le recibe: con el padre os alegráis, pero no con lo que os quiero. No adviertes que fuera error, el vivir desnudo amor, N adonde ay frío tan fiero? La lumbre tenéis aquí. Al rededor nos sentemos, y algunos juegos juguemos. No os sentaréis junto a mí, (daré. Ellfala Calla, ignorante, las espaldas te Y así me calentaré por detrás, y por delante. Mientras se hacen las migas, enigmas decido O locas; queréis que suplan las bocas, las faltas de las barrigas? Darte contento deseo, va de adlvinanzas. Va Y Bato empezar podrá. Yo digo, en alto me veo. Con que vejeces saldrás. Lo antiguo no os da pracer? mas antiguo es el pracer, y no se deja jamás. Anda con diversos pies, tiene cien ojos, y es ciego, es hielo, y vive en el fuego, todo lo entiende al revés. Hace de la noche día, busca siempre extraños modos; y aunque dél se sian todos, él de ninguno se fía? Que lo aclares es forzoso en tan confusos, extremos. Sabeislo? No lo sabemos. Pues es un hombre celoso. Cuál es aquel animal, que no hay cosa que no sepa, aguiero en que no quepa, todo es bien, y todo es mal. Ciego, manco, y patituerto, y ligero como cabra, que le entienden, y no habra, y da vida estando muerto? Aciértaslo, Alcino? No. Que por vencidos os deis eshejor. No lo sabéis? Nadie lo sabe. Ni yo. Siempre de un humor estás? Y no puedo sanar del No hay que disputar con él en estas cosas jamás. Cualies aquella escondida hasta que salir importe, que tiene oficio de Corto; mal tratada, y bien vestiva, En los bosques se ejercita, en lo mojado es ligera, y en todo tan lisonjera, que siempre pesillos quita? Para qué es la discreción? Yo no lo puedo entender, Es la gana de comer? La navaja, socarron. Quien aquel soberbio es de tan extraña fiereza, que anda siempre en la cabeza, y da grillos a los pies. Los más graves le tembraron, pocos hay a quien no bese: y porque nacer pudiese, a su madre patearon? Bato primero lo diga. Tu ignorancia considera. De ese buen hombre quisiera tener llena la barriga. No es el vino? Si a la he. La enigma, si se repara, mas que el agua ha sido clara, puesto que de vino fue. Estas migas no vendrán? Ahora bien, yo voy por ellas, Parece que las Estrellas centerlas brotando están, lindo hielo. Si os parece lindo, y no os da pesadumbre, no estéis, Alcino, a la lumbre. Miren que manta le ofrece. Las migas están aquí. Oh gloria de las mujeres! no eres mujer, Ángel eres. Quedo, quedo pese a mí, no muestren su habilidá en comer, saque a la clara cada uno su cuchara, y dempues por orden va. Yo mi cúchara he sacado. Aquesta es la mía. Apres la tú Yo traigo aquesta, que me sirve de cayado. Pese al alrma de la loca. En su grandeza repara? cada uno trae la cuchara, conforme tiene la boca. Yo embiezo. Y bien a la he. Aveslo vos de tragar? Yo tengo el cuarto lugar. Yo acabo, que empecé. De aquesta suerte pardiez, que ninguno comerá, más que el otro; claro está; quiero empezar otra vez. También yo comienzo así. Con esto se escusa el robo. Tluego dirán que es bobo. otra vez acaba en mí. Con esto no hay que dudar, en que con tales extremos todos por igual comemos: otra vez vuelvo a empezar. Hola, no son buenos modos, si el engaño conocéis. De qué manera? No ves, que come al doble de todos? por quien soy, que dice bien, que sus bocados aumenta. No cayeráis en la cuenta de aquí a un poquito, Siquen. Un rato nos podrá ver comer, y estar quedo. Cómo? voto al Sol, si yo no como, que ninguno ha de comer. Esto es justicia, y razón, empiece Alcino. Eso no: para que he labrado yo tan largo mi cucharon? Acaba, Bato. No quiero- Eso ya pasa de error. Mas pienso que es lo mijor alzarme con el caldero. Suelta necio. Háceos allá Qué luz es esta? Ay de mí! Hambre, y sentidos perdí. Qué es esto? De día es ya. No tengáis temor, pastores, que a nunciar la verdad vengo con el mayor regocijo; que esperó jamás el pueblo. Hoy os nació el Salvador, que es Cristo, Dios, y bien vuestro, en la Ciudad de Belén, patria de David su avuelo. Id, y veréisle desnudo, para vestiros de nuevo de la gracia soberana, que vuestros padres perdieron En un pesebre veréis, al que en los Tronos supremos no cabe, que a media noche nació el Sol más claro, y bello. Convertid en alegría vuestros espantosos miedos, pues de Ángelicales Coros miráis los aires cubiertos. Escuchad las dulces voces en soñoros instrumentos. Paz en la tierra a los hombres, y gloria a Dios en el cielo. Los rayos de luz divina casi me dejaron ciego. Muchos. Soles van volando de resplandores cubiertos. La noche se ha vuelto día, nuevo, y no visto misterio. Cómo de sueño pesado, lleno de gusto despierto, Si el Salvador ha nacido, nuesos males fenecieron: hola, Bato, vuelve en ti. Parece de mármol hecho. Menealde todos juntos. No me quitéis el caldero, así Dios os de salud. Agora sales con eso? No es porque quiero comer, sino porque llevar quiero estas migas al chiquillo, pues otra cosa no tengo que darle, no es mi alma, que desde agora le ofrezco. Yo quiero llevar mantillas. Yo pañales. Yo un cordero. Yo un tarro de miel. Y yo a la parida prevengo cabeq las torrijas. Pues partamos al punto a Belén; qué hacemos? Ya desterraron el frío estas luces, y los cerros, aunque de nieve oprimidos, las cabezas sacudieron, todavía por los aires se escucha el sonoro estruendo. Paz en la tierra a los hombres, y gloria a Dios en el cielo. . Qué es esto? qué confusión la de aquesta noche ha sido, que mi ciencia no ha podido darle la declaración? Entre duda, y turbación a nada me detérmino, en la que sé desatino, que hasta que vi la mañana luchaba mi ciencia humana, con algún poder divino. Ni palabras, ni conjuros, ni caracteres bastaron, ni agüeros me declararon estos misterios oscuros. No conocí en los coluros del cielo lo que quería, en vano fue mi porfía, y entre temor, y locura salgo de la noche oscura a la claridad del día. io Poco de mi ciencia fío, pues declararme no sabe en un caso que es tan grabe, lo que dudo, y desconfío. Temeroso desvarío, ciego, y loco frenesí, sombras esta noche vi, y no sueños vanos fueron, que de mí se despidieron, para dejarme sin mí. Los que a mi voz respondián, y de mi ciencia temblaban; esta noche me miraban, y mudos me ruspondian, tristes semblantes tenían, todo era quejas, y llanto, y a no aprovecharme tanto, y entre duda, y turbación, causa en mí la confusión muchos principios de espanto. O los cursos de los cielos, de todo punto han faltado; y el claro Sol ha mudado diferentes paralelos. Las Estrellas en sus belos celestes tienen en poco la Fe con que las provoco, pues avisos no me dan. Y en fin, los Dioses lo están, o yo estoy sin duda loco. Yo que las Artes entiendo, y en ellas asombro doy, según perturbado estoy, parece que las aprendo. Imposibles estoy viendo en la máquina movible, y en este cuerpo visible. nuevos efectos causó, pero el no entenderlos yo es el mayor imposible. Qué haces, Gaspar? Meichor, a verte confuso vengo. Yo también dudas prevengo de un aparente temor. El deudo; amistad, y amor que entre nosotros tenemos me obliga a tales extremos, mi confusión aclarad. Notable cosa, esperad, porque juntos nos quejemos. Ya en vuestro semblante miro con términos más discretos, que por los mismos efetos porque os admiráis me admiro. Yo vanamente conspiro los Dioses en mi favor. Yo con tristeza mayor en vano su favor pido. Yo vi despierto, y dormido que en mi ciencia no hay valor. Los tres quiero que lleguemos entre desdichas tan claras, y a Bahal en limpias aras. humildes sacrifiquemos. Tu gusto obedeceremos. Todos conmigo llegad, y adoraréis su deidad. Ya estoy a todo dispuesto. Válgame el cielo! qué es esto? que notable novedad! Tu Bahal, Dios poderoso, como Jupiter tonante, estás con triste semblante, y con el rostro lloroso? Tú de cuyo aspecto airoso tiembla la más alta roca; que el mar manso besa, y toca, muestran, padeciendo agrabios, que te han atado los labios; puesta la mano en la boca? Responde como solias a mis preguntas, señor. Esta novedad, Melchor, muestra, que las profecias de Balan en estos días han de tener cumplimiento. Contemplando estoy atento porque razones lo hallas. Tú eres Oráculo, y callas? Dios, y padeces tormento? Lo divino pesaroso? mucho da que sospechar. El que te obliga a callar, sin duda es más poderoso. Quieres perfume oloroso, sacrificios, oblaciones, víctimas, y libaciones? Pues que no quieres hablar, desde aquí pienso adorar al que causa tus pasiones. Vive el que te tiene atado, que ya que muestras flaquezas, te he de hacer menudas piezas con la que traigo a mi lado: no es Dios quien se ha sujetado. Ser más divino presumo. Ya su adoración consumo, hazle pedazos, Melchor, que es sin fuerzas su valor. Desvaneciose en el humo. Amigos, ya estoy perdido. También pensamos los dos, que algún poderoso Dios nuestra ciencia ha destruido. El Capitán ha nacido, que esperaban los Hebreos, cuyos divinos trofeos afrentan nuestro saber. Él vive, que le he de ver, si es que estima mis deseos. Balán nos profetizó, que el Rey de Israel sería el que nos confundiria la ciencia. El tiempo llegó en que a su pueblo bajó sin duda. Es cierta sospecha, ver nuestra duda deshecha, y nuestros Dioses vencidos, que como fueron fingidos, más la verdad aprovecha. A verte viene tu esposa. Ella entre duda tan fiera solo aliviarme pudiera una pena tan dudosa. Cuál es la ocasión forzosa, que tras de tanto adularme, así te obligó a dejarme? Pues ves que el alma te di, menos que yendo sin mí no puedo de ti apartarme. Eya estamo al sentimiento rendida en tanto dolor, que confine del amor, es principio el casamiento, mostramo mayor contento, nunca le moxtremo ocico. Mi pena te comúnico, porque alivie mi pasión, alguna satisfacción. De mi amor te certífico. Desde que te levantaste hasta agora, que ya el día partido por medio envía los rayos que despreciaste, nunca a mis brazos tornaste. Está de su amor segura, que solo amarte procura. Tanto te quiere Melchor, que parece que su amor tiene amagos de locura. Mucho me agravias temiendo, cuando me ha vuelto carbón el fuego del corazón, en que me estoy consumiendo. Ya perdonarte pretendo, y amor de nuevo renace, que contra sí misma hace quien porfía en lo que temo, que el amor que es conextremo, con poco se satisface. Jamás la imaginación descansa. El Rey ha nacido de los Judios, y ha sido causa de esta confusión. Sila por las horas son de que comamo vénimo, que lan mesa prevénimo. Sola, Sofonisba mía, pudieras darme alegría, mira bien lo que te estimo. Ya os espera la comida. Aquí a mi lado te sienta. Lo branco enfrente de branca, lo negro a lado de negra. En fin, Gaspar, te parece que hoy del pariente Profeta se cumple la profucia? Estas señales son ciertas. Dijo que destruiria, en naciendo, nuestra ciencia: ya has conocido; Melchor, cuan poco nos aprovecha, pues huestros Ministros velan, y nuestros Ídolos tiemblan, y se deshacen en humo. Razón es que me contenta, A mí no me desagrada, más hasta agora no es cierta la venida de ese Dios, Qué razón en contra muestras? Qué razón? qué se ha de ver antes de Jacob la Estrella, que la Vara de Jesé tenga ese vigor, y fuerza. Si no dudas más, Melchor; mira con luces excelsas a la Estrella, que al Sol vence; no le hace competencia. Válgame el Dios de Ifrael! que ya sé que no aprovecha otro favor, sino el suyo, pues los mares le respetan, elementos se le rinden, y nuestros Dioses le tiemblan, y a su pueblo le ha cumplido tan soberanas promesas. Estreyita al mediún día? Barambasu que lo entienda, que despacio caminamo, que de tayo que desecha. Qué es lo queaguardas, Melchor? no conoces que nos muestra el camino, porque vamos a ver al Dios de Judea. Deja el régalo, y esposa, que solo aquel vive, y Reina, que obedece a Dios. Amigos, razón es que se obedezca, sigamos la Estrella santa. Cómo, Melcón, ya me dejas? ves como fueron fingidas tus palabras, y ternezas? Calla, Sofonisba mía, aún que oculto poder me lleva: después volveré a tus brazos; porque nueva vida tenga. Apercebid dromedarios, sobre cuya fortaleza los desiertos de Faran pase a pesar de su arena. Camellos tray de Saba. Caballos Tarsís engendra, que a los demás animales exceden en ligereza. Llevémosle al nuevo Rey ricas, y saeras ofrendas, que nuestro amor signifiquen, y que nuestra. Fe engrandezcan. Oro llevaré de Ofir. Y yo Mirra, donde vea lágrimas que llora el árbol que brota aromas Sabeas, Y vo incienso, que en perfumes simbólice la pureza del alma que le dédico, por más amorosa prenda, Serán representación estos tres de los Planetas principales de los cielos, que en sus episcielos reinan. A Jupiter muelte el oro, y al gran Sol que nos calienta el dicienso, y por Saturno la Mirra sacra se entienda. También significará nuestro Don las tres maneras de Filosofía. Cómo? Con este modo se enseña la Natural, la Moral, y la Racional. l0 Apriesa. Que al fin te vas? Si señora. Yo quédamo con la Reina, tinta yoramo sus ojos. Tú lucero nos adiestra. Valgan Dioso! quién ha vito a medio día la ssetrerlas.
JORNADA TERCERA
jornada tercera ooilquín Mucho se admira Belén de que no queráis serviros de alguna casa; en que tenga más régalo el Santo Niño. Venid a honrarlos, peñora. Ese deshecho edificio, este Alcázar soberano, con arquitravés, y frisos, aquí sirven a su Rey celestiales Paraninfos, en cuyas alas engastan plumas de ardientes jacintos. Hasta los cuarenta días estar aquí detérmino, la voluntad agradezco, aunque las obras no admito, Tras aquella, lle, donde. No os vais del campo, Señora, que los que con regociso vinleron a media noche a ver aquel Sol divino, os regalarán aquí, aunque deseos indignos, hasta que vos; y Joseph prosigáis vuestro camino. No en vano mi Hijo Santo dio a los pastores aviso, antes que a los poderosos, presuntuosos, y altivos. Oh cuanto humildes le agradan! como es de pobres amigo, que como premia deseos, gusta de pechos sencillos. Mirad, mi querida esposa, aunque ya siento el decirlo, alteración, y terneza, por el paso que imagino, que hoy se cumple el día octabo en que nació el Santo Hijo del Padre Eterno, y dispone la santa ley que seguimos, que hoy se circuncide, y vierta la sangre que ha recibido de vuestras entrañas santas, en claustro tan casto, y limpio. Ánimaos, divina Madre, y el amolado cuchillo y tomad; vertel lon granates más preciosos, y más ricos, que de mí os confieso, esposa, que ni me atrevo, ni ánimo, pues solo de imaginarlo se desmayaron mis bríos. No podré turbado, y ciego con el llanto ver rendido a la ley al que la dio, vertiendo nacares lirios. Fuera de que no merezco a aquel cuerpo cristalino tocar con mis manos, viendo dos pocos méritos míos. Quien le trujo en sus entrañas nueve meses, quien ha sido nacar de esta perla, puede ser milagroso ministro. No dudéis de esto, Señora, dad agora claro indicio de vuestro valor. Esposo, a la obediencia me rindo. Hoy empezáis, Rey Eterno, poderoso, he infinito, a padecer en la tierra por nuestros padres antiguos? Hoy empezáis a verter sangre, para hacer testigos a los hombres, del amor que a la tierra os ha traído. Perdonad, Hijo del alma, si con rigurosos filos os ofendiere, pues veis cuanto comienzo a sentirlo. Mis ojos os darán fuentes, ya que no crecientes ríos, para que os limpie la sangre, que espero en tal sacrificio. Hoy Isane vuestro Padre amoroso os sacrífico en el fuego de mi amor, en que abrasado me miro. Tomad, Señora, el acero, no enternezcáis los Zafiros de los cielos que os escuchan, que os animéis os suplico. Yo os tendré la luz temblando, aunque en vuestros ojos cifro, mas que tienen las Estrellas en los altos episciclos. Venid al portal. Señora, mucho vuestro ánimo admiro. El cielo os de fortaleza. Id con Dios. En el confío, que para mayores penas A tiene de animar mis bríos, Vamos, Señora. Ay, mi bien! mis temores multíplico. Qué santa piedad de Madre! mayor terneza no he visto. Qué turbado va loseph! que confuso; y afligido! Yo quiero seguirlos, Laura, y podré decir que sigo mis ojos, pues me los llevan. Entra; y daramos aviso después de lo que pasare. Mil bienes me pronóstico, esperadme aquí. ir Camina. o El resplandor de la cara, aunque era recién nacido, no me dejo que le viese. Hola. Bato, donde vas? A mi ordinario ejércicio, a ver esta Trenidad, Padre, y Madre, y Santo Hijo. Esa razón no es de bobo. Los corazones sencillos, a fuerza de lo que sienten, dan a las lenguas avisos. Qué hacen? Está María con un ánimo excesivo circuncidando al Infante. Ya en su nombre me lastimo;; sacárale mucha sangre? Quién duda? Esto por dár gritos. No le hagan mal, que no debe nada el pobre chocotillo. Ha de pagar el tamaño lo que nosotros hicimos? una gora de su sangre no es bastante a Noto al Sol, que si no fuera su misma madre el ministro, que nos habían de oír los sordos. Gracia has tenido. Esto por entrarme allá. Celiasale, de ella fío la relación del suceso, Sospenso a escochar me aprico. d, porque el ánimo celebre mas piadoso en dulce acento. imirnos? Escuchas el caso más piadoso en dulce acento, y de nuevo. Moy sen las tablas quiebre, pues de la ley se llega el cumplimiento: llegamos temerosos al pesobre, donde al Niño le sirven con su aliento dos animales: raras maravillas! viendo que está tan pobre de mantillas. Con tierna adoración corrió María la cortina de un manto al Niño hermoso, que entre la paja, y heno parecía copo de nieve; u de algodon lustroso: abrió los ojos; alegrando al día, y por dormidos parpados piadoso descubrió con canviantes bellos, giros en dos diamantes niñas de zafiros. Joseph piadoso, con color turbado, con la vela temblando le servía, y como enfermo con el brazo atado, que temeroso espera la sangría, con disimulo al uno; y otro lado la cabeza; y los ojos revolvía; y llenos de agua, sin correr sus ojos, de cristal le pusieron los antojos. En fin, María, dando mil señoles, de su valor, cortó con nuevo espanto lo que manda la ley, y de corales, tiñe las pajas, y guarnece el manto: aquí se somentaron los raudales de sus luceros con piadoso llanto, y el Niño no lloro: Cuando se ha oído quejarse quien hirio, más que el herí Con risueño semblante la miraba el Niño, a quien resús por nombre diero, loya los padres piadosos consolaba, que dejando el llorar le obedecieron: en la parte que púspura manaba, remedios suficientes le pusieron, cesa la sangre, el miedo, y sentimiento, porque se acabe lo que alegre os cuento. Mas bobo de lo que soy, que sovad. su regalo. Celia amiga, me has dejado, DrAnI A hacello voy. Prevengar unos con cuidado . Qué decís? qué dudoso, y admirado me tenéis: del Oriente hasta Judea vienen esos tres Reyes? Y preguntan por el Rey que ha nacido a los Hebreos, porque su Estrel a han visto en el Oriente. Turbado estáiy, no se determinarme. Manda, señor, que a tu presencia vengan, y digan la ocasión de su venida; junta los Sacerdotes, los Escribas, porque el caso declaren. Los tres bastan que estéis conmigo; que en vosotros carga de este Reino el gobierno. Tus pies beso, aquestos Magos Reyes a la puerta están de tu paladio. Diles que entren. Salid a acompañarlos? que aunque extraños, son Reyes en efeto, El dolio ocupa, para que manifiestes tu grandeza, y admiren tu poder. Al trono subo, cielos temblando estoy que ha nacido el Rey que los Judios esperaban: confundirá mi Reino, mas yo espero, que antes morirá a mis manos rigurosas, que ocupe el solio de David su avuelo. Hoy mi poder compite con el cielo, Salen los tres , Aquí vienen, señor, como mandaste, los Reyes extranjeros. . Rey famoso danos tus pies. . Mis brazos es más justo, porque vuestra presencia me provoca a más respeto. . Tu valor descubres, y a mayores extremos nos obligas. Cuando no fuera celestial el premio que esperamos de hacer este camino, ver tu valor por premio nos bastara. Ocupad esás sillas, y decidme quien sois, que ocasión os traído hasta Jerusalén? . Melchor, tu puedes dar cuenta a Herodes del intento nuestro. El favor que me hacéis estí, a tu gran discreción favor Famoso Rey de Judea; que con pecho varonil; de los Nobles Macabeos humillaste la cerviz. A quien Cleopatrano pudo con cautelas destruir, incitando a Marco Antonio con avaro frenesí: El que con Augusto César se mostró sabio; y sútil, el que destruyó en Judea el famoso Cenedrín. Nosotros somos tres Reyes, que habemos descendido del gran Profeta Balán, hijo de Beor Gentil. Balac, hijo de Sefor, les provocó a maldecir a los hijos de lacob, Tribus de Juda; y Levi. Y los demás que salieron de Egipto, para vivir en la prometida tierra, que fueron seiscientos mil. Sin los niños, y mujeres, a quien en el Sinai imo. . Aa sido por debido. les dio Dios la ley escrita, que ha de tener presto fin. En lugar de maldiciones, Balán empezó a decir bendiciones a Iseael, inspirando el cielo allí. Profetizó que vendría su Dios grande a destruir las artes supersticiosas. de que usamos hasta aquí. Que la Estrella de Jacob saldría entonces, y en fin cosas; cuyo cumplimiento en aqueste tiempo vi. De la Oriental Etiopia soy Rey, donde en el Cenit, puestoel Sol da a nuestros rostros aqueste oscuro barniz. Baltasar es Rey de Tariís, rico, y ameno Páis: y Gaspar en Saberina, Ciudad de Arabia feliz. Juntos los tres nos hallamos en un convite, y festín, en mudecieron los dioses, y el ser descubrieron vil. Los Oráculos callaron de Bahal, y Bahalín, y se descubrió una Estrella, con reflejos de rubí. Entre nubes que canbiaban rizos de nieve, y carmín, la Estrella de lacob vimos en el celeste zasir. Seguimos sus luces santas, atravesando a Cochín, a Calicu, y a Calén, y el río grande Ánegir. Vimos la sierra Leona, dejando aparte el Brasil, a Béngalá, y a Tracay; hasta la India de Ofir. Donde envío Salomón su Armada, y luego al Cori, prosmontorio que presume con las nubes competir. Tocamos en Bargonaso, sin llegar a Mocánvil, y las Esperides vimos a vista de Bacaín. Los Arénales pasamos de los desiertos de Sin, y los campos de Farión, esteril al producir. Las corrientes del Jordan de fugitivo mársil, pasamos por donde riega un fomentado jardín. Besando piadosamente de las flores la raiz, y atravesando a Judea, llegamos a descubrir a Jerusalén bendita del supremo Donay. Aquí nuestra clara Estrella, que tengo por Serafin, se despareció, y entramos a verte, Herodes, así, Dinos donde está Rey, gran sucesor de David, que destruyó en una noche el campo de Anaquerib. El que es del Eterno Padre el querido Benjamín, este divino Racimo de la Viña de Engadí. Este segundo Sarmiento de la misteriosa Vid, que soño el Cópero preso, este Nieto de Isay. Y su Madre Virgen bella, amorosa Abigail, que aplaque amorosamente contra su esposo el motín. Aquesta Raquel hermosa, esta valiente ludio, que con la enemiga sangre a su acero domatice. Esta a quien labró en su mente el misterioso búril, para ser del Niño Dios casa cubierta, y tesoro. La que como el Arca santa, mal respetada de Flí, puede cubrir con las alas el ardiente Querubín. Suspenso estoy de escucharos, Pues, amigos, qué decís? hoy veré si vuestra ciencia quita estás dudas en mí: responded, que estoy confuso, Si das crédito a Eliacín, sin duda nació en Belén, Niqueas lo dice ansí: En Belén la de ludea Niño nacerá. . Decid. Quién domine en Israel. Algún veneno bebí. Y en otra parte Isajas nos dice, que han de venir gente de Saba con Oro, y Mirra, cumplida vi con esto su profecía. No digáis más, advertid, que me alborotáis el alma, con el necio discurrir. Disimular me conviene el furor que concebí, que callando lo que intento es fácil de conseguir. Magos Reyes del Oriente, no hay que recelar, ni huir los peligros del camino. A Jerusalén venís, no ha nacido aquese Rey, si por ventura es así, que ha nacido, id a Belén. Ya queriamos pedir licencia. . Ya la tenéis. No está muy lejos de aquí, llevad esos ricos dones, la libación prevenid, mas sola una cosa os pido. En qué podemos servir las mercedes que nos haces? En que os volváis por aquí en habiendo visto el Niño, descendiente de David, que también iré a adorarle, pues en mi edad merecí ver este Rey prometido. Así lo haremos: venid, que otra vez saldrá la Estrella; que el camino sabe abrir. Mirad que volváis a verme, y mis brazos recebid otravez. . Tus pies besamos alegres de proseguir nuestro comenzado intento. A acompañarlos salid. Ya los aguarda a la puerta el pueblo. . Oh canalla vil! ya estarán alborotados. Vuelve Estrella a relucir. Afrenten al Sol sus rayos, vuelvan las luces que vi. . No ves el rostro dellerodes, que despreciando el carmín de los lirios se ha vestido, que riega, y besa el Carit? Ya teme del Niño Rey el acerado rubí, con que espera castigarle. Su tristeza me advertís? No es tristeza, si no enojo. Ya no puedo resistir la cólera; qué aguardáis? Servirte. No me servís con escucharme, canalla, tan lisonjera, y malsin. Dejadme solo, y leed las profecias que seguís. A tu gusto nadie puede resistir. Venid, y callemos. Vamos. Qué solio ocumpo infeliz? para que pretendo Reino, para mis hijos, si fui tan desdichado, y no basta la traza, industria, y ardid? Apenas de mi ventura el alba empezó a reír, acrecentando mis glorias, los contrarios que vencí. Cuando sucede la noche, este desdichado fin, tan oscuro, que aún no muestra las Estrellas del jazmín, sono Pero a pesar de los cielos, que enviaron contra mí este León de Juda, con inocencia pueril he de triunfar de las garras, que el cielo quieren abrir, áspid seré que pisaron entre el verde toróngil. De aqueste inocente Abel, seré segundo Caín, aunque más maldito quede, que Gelboe, y Dotáín. Daré la muerte al que piensa todo el mundo redimir, degollaré cuantos niños prometan guerra civil, a mis deseos, vertiendo entre su nie ve rubís. Culpe mi nombre la fama con su sonoro clarín, que la codicia de un Reino podrá mis faltas suplir. No perdonaré mis hijos, para que me persuadís, amor paternal, que nadie a mi trono ha de subir? Quiero descansar un poco, que los sentidos perdí, de enojo; y pensar despacio esta venganza sutil. , s , . Mirando estoy, Monarca soberano, la humildad, el palacio, y la pobreza, que en el mundo eligió vuestra grandeza, siendo hechura inferior de vuestra mano. Si el Alcazar lerosolimitano es vuestra herencia santa, que aspereza gusta de iluminar vuestra belleza, entre tanto celeste cortesano? Pero secretos son, o luz del día! de vuestro ser divino, y eminente, donde mostráis mejor la Monarquía. Que ed ificio tan limpio, y suficiente, pues estando en los brazos de María vivis Torre, y Ciudad. Torre, Piadosa contemplación es la vuestra, esposo mío. En ella mostrar confío el fuego del corazón, que en ardiente amor me abrasa. Cuando la grandeza importe, donde está el Rey es la Corte. Séralo esta pobre casa. Donde los rotos umbrales, si bien de sentido ajenos, se alegran por verse llenos de riquezas celestiales, no, con Huerto, y Fuente. Aquí esperar es razón hasta los cuarenta días, para entregar al Mesias en el Templo a Simeón. Sin duda conocerá el bien que el cielo le envía. Con la impensada alegría en sí dulce esperara. Gente baja por el monte, y por la vega vecina, donde apenas se termina con líneas del Horizonte, descubro gente también. No ay, Joseph, que recelar, porque vendrán a buscar al Niño Dios a Belén, siguiendo vienen la Estrella de lacob resplandeciente. Verán el Sol, y el Oriente de su madre hermosa, y bella. Vívame la gala dela paridera, que ha parido un Niño quedando doncerla. De la Etiopia samo, viniro para ver el Reye Niño, nasió por noso ven, turo lo neglo le venen a ver. En los brazos de su Madre, envuelto en delgados velos, está un Niño de los cielos, tan grande como su Padre, Vamos a verlo, y a bella, que es casta como el armiño, y ha parido un Niño. Quedando doncella. María santa ha parido Reye branco, Nino hermoso, pero dicen que es de Dioso, no de soseph su marido. Como lo milagro admiro a lo portal de Belén turo lo neglo le venena ver. Esperad, que gente es esta? Detente, Caspar, no corras, deja que lleguemos juntos, porque nuestra Fe conozca. Es imposible aguardaros, porque el alma deseosa al caballo ha dado plumas, y así en ave se transforma. Divino Rey de Israel, pisen las plantas hermosas este humilde sacrificio de un Rey que humilde os adora; Mirra os traigo de Saba del árbol que entre las hojas llora enternecido, y triste preciosísimas aromas. En urna breve os presento el liquido humor que llorai las plantas. a quien les distes vos la virtud de que gozan. A vos, que el Reino me dais, es razón que os reconozca por mi supremo Monarca, y os traigo parias honrosas. Recébildas con el llanto que alegres los ojos brotan, por haber visto en la tierra los tesoros de la gloria. Pues en vos, y en vuestra Madre miro la perla, y la concha, que concibió del rocío cerrada en las claras ondas. No dejara vuestras plantas, a no ver que es justa cosa, que lleguen mis compañeros, a ver la luz que os adorna. Tras de poner a esas plantas el Oro de mi Corona, pues sois el Rey de los Reyes, a quien los cielos se postran. Recibid en este baso el Oro que en venas toscas cría el Sol, pues vos lo sois de justicia milagrosa. Bien sabéis vos, que del alma miráis las acciones todas, que os las diera en sacrificio, alegre cuanto dichosa, Hijo sois del Padre Eterno, tomando la humana forma por redimir a los hombres, y vos la diviva Esposa del Espíritu divino, que la cerviz espantosa del dragón, a vuestras plantas. quedará deshecha, y rota. Al Niño por Dios contemplo, y a vos por Arca, y custodia, a quien hicieran los Tres, a poder, cuarta Persona. Bozal llego a vuestras plantas, como negro de Etiopia, en fin más de vos espero ciencia divina, y heroica. Dos Reyes blancos sirvieron a vuestras plantas de alfombras; permitid, que pues soy negro, pueda servirles de sombra. Pareceréis, Niño hermoso, bulto de perlas, y aljófar en vaso de evano puesto; donde más lo blanco notan. Incienso os traigo, Señor, y yo con lumbre amorosa soy carbón poned en mí parte de mi ofrenda propia. Vércisla deshecha en humo subir la nube olorosa de la noche de mi cara, a los pies de vuestra Aurora. No hayáis miedo que me engañén con cautelas, y lisonjas, como a negro, dioses falsos, con palabras cautelosas. Que ya como al blanco tiro de esa verdad milagrosa, libre de tantos engaños, mi nave en el puerto aborda, Cuervo soy, pero volví al Arca, como paloma, y con la oliva de paz anunciaré vuestras obras. Suspenso estoy. Y yo muda. Mi Hijo se alegra, y goza en vuestros dones, amigos, que deseos galardona: Tomad, esposo, las urnas, que en ofrendas misteriosas muestran las naturalezas humana, y divina. . Hay cosa semejante! extraña gente al Niño divino adora. Lleguemos todos. Lleguemos. Dadnos vuestros pies, Señora, Amigos. Hasta los brutos se les humillan, y postran. Mirad a su esposo santo, que estás maravillas nota. Aquí, Seriado, se acaba esta Evongélica historia, perdonad la cortedad en materia tan copiosa.
