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Texto digital de El sitio de Viena (segunda parte)

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El sitio de Viena (segunda parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/sitio-de-viena-el-segunda-parte.

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EL SITIO DE VIENA (SEGUNDA PARTE)

JORNADA PRIMERA

Viva el Gran Rey de Polonia. Viva nuestro Rey invicto. Viva, y beba, que en el Norte los hielos hacen preciso para el vivir, el beber que es segunda vida el vino, A Viva el Gran Rey de Polonia. Viva por eternos Siglos. Y como que vivirá, pues tantas veces se ha visto, que todo el poder del Turco no basta a darle un pellizco. Señor Conde Estaremberg Seáis, Auberto, bien venido, y mis brazos acrediten el gozoso aplauso digno, con que a las glorias concurro, en que celebra festivo con general alegría el Campo vuestros avisos; ya este fin, para entenderlos, he pasado desde el mío, Pronta tenéis mi obediencia, y en tanto que en su retiro Rey; en breve quiero dej que lepáis como he venido de Cracobia por la posta, con el venturoso aviso de que la gloriosa Reina mi señora (peregrino asombro del tiempo )aunque hizo la ausencia su oficio con el sentimiento, que es en un amante martirio, dispuso que el Castellano de Cracobia, en cuerpo unido al General Runeisquí, sacase de los Presidios las circunvecinas Tropas, y formando prevenidos volante lucido Campo, pasasen a poner sitio al Fuerte de Nartoal, que el Othomano Dominio usurpaba en la Provincia de Podolía, y embestido felicemente, cedió al asalto, y al cuchillo; quedando triunfante el Campo, cuyo generoso brío promete, ha de restaurar cuanto el común enemigo ha usurpado a la Corona; pues este progreso ha sido motivo a grandes progresos. La norabuena os repito, en tanto que puedo al Rey hablar. . Qué feliz he sido en llegar con esta nueva a este Pais, donde miro los Ejércitos Cristianos de glorias, y regocijos coronados! Por su causa volvió el Cielo. En el camino pude saber de la fama (que fue lisonja, a mi oído) que el Turco afrentosamente huyó, levantando el sitio de la Ciudad de Viena; mas tan por mayor, que al vivo deseo de que me informen del suceso, no he podido quietarme. Pues yo pretendo, a noticia reducido breve, daros de él noticia; y no parezca prolijo en repetir lo que nadie ignora, pues es preciso el que sea un argumento de otro argumento principio; para cuyo fin, aún más le acuerdo, que le repito. SEGUNDAGMRTE Pues si conoce el Poeta quien le dirá que hace bien del escribir los peligos, en perderse por su pico. Después que el Invencible Juan Tercero, el Carólico Marte más glorioso, a ser estrago fue del Turco fiero en alas de su aliento generoso, y después que su espíritu guerrero inflamado de fuego poderoso por el Cielo a la empresa fue escogido, en que aún el Cielo interesado ha sido, Después que con experta bizarría de Cracobia salió para Viena hijos de Marte en su Caballeria Noble Escuadrón) cuarenta mil orde noa unos dio vista a la Ciudad, a quien tenía la media Luna de rigores llena l oprimida del Justo, que al Imperia í amenazaba triste cautiverio. avemoid Del Visir Mostafa la saña cruda liva los asaltos repité sin sosiego oblón l al ver la resistencia, el trianfo duda, Lince de estragos, si de enojos ciego: no mi valor del brío se desnuda, lo inanimado solo cede al fuego: y por ser el contraste más seguro, cada Soldado fue viviente muro. Roca a la vista el Inclito Lorena, con dolor impaciente detenía las fuertes avenidas de su pena; y del coraje que en su gente ardía con prudente valor su furia enfrena; abua que en el caso oportuno convenía ceñirse a la penosatolerancia, pues madre del valor es, la constancia. Llegan, cuando esperaba su cuidado los socorros del Círculo Imperiales gura la omo visten de Primavera viva el Prado l uón Jasi oa renal! los Pólacos estrepitos marciales 1al, ya el Sol se avisa, en yermos retratado, al que admire tremolar Pendones Reales, gra gracias Lorena da a su confianza; que es felice cumplida una esperanza. El Congreso resuelve soberano, que el socorro se entrase luego, luego en la Ciudad, donde procura en vano b impedirlo furor bárbaro, y ciego: que por tres partes sienta el Othomano intrépida batalla a sangre, y fuego; y que el eco del Aire, y de la Tierra solo artícule, guerra, guerra, guerra. Del parche, y el clarín se oyó el acento, el dulce horror, la horrida armonía, con que a sonoro, se reduce el viento, con que se hace gloriosa la osadía: llénase el campo de furor sangriento, junto el estruendo abismos repetía; y para iluminar el Aire ciego, brotaba el centro espíritus de fuego. De la caja al aviso, y la trompeta, la pólvora violenta producia uno, y otro flamigero Cometa, que Otomano escarmiento predecía: en la Región del Aire se interpreta, que el humo la victoria prevenía; pues como el fin era de Dios la gloria, en sombras se miraba la victoria. Desmaya el Sol, la Esfera se estremece al encuentro de opuestos batallones, dura el rencor, la ira prevalece, asústanse Elementos, y Regiones: en los rendidos más el valor crece, y al ver la vida en tantas confusiones, de su mismo despecho prevenida, la muerte antepusieron a la vida. Como el rayo, que pronto se derrama del monte al llano en súbito ardimiento, suele llenar con penetrante llama de luz el aire, el campo de escarmiento: así vuestro Monarca, en quien se inflama rayo el acero, que fraguó su aliento, brillando en la llanura, o la colina, su hueste alumbra, lo demás fulmina. Vuestro Alejandro, Príncipe glorioso, centella invicta del ardor paterno, en joven llama incendio vigoroso responde imitador de aquel gobierno: mide el suelo tumulto numeroso al duro golpe de su brazo tierno; y cuantos con sus plantas atropella, quedan besando su florida huella. En un vecino bosque se guarece el poder (oh qué incierto es el humano!) el poder, que poco antes resplandece susto del Orbe intrépido, y ufano: todos sus esplendores anochece a la luz del Ejército Cristiano; quedando en las ocho horas de aquel día pálida sombra de la muerte fría. Al tropel desmandado, y presuroso sigue el Visir del llano a la montaña; infestando en el trance ignominioso con envidiosa queja la campaña: no del Cristiano, siempre victorioso, huye el valor, la cólera, y la saña; huye solo por sendas de baldones de su afrenta los nuevos Escuadrones. El César, de laureles guarnecido, con indecible gozo en triunfo tanto, volvió a Viena, donde había salido, cediendo al ruego leal, al noble llanto: dignamente en el Orbe es aplaudido, por valeroso, amable, justo, y santo; y siempre en su alabanza corto queda, aún mi labio lo posible exceda. Así el Cielo dispone, así establece la ruina en uno, en otro la victoria; triunfa el Polaco, el Turco se estremece; vence Lorena, abra su memoria; huye el rebelde, el leal ofrece César el laurel, adios la gloria; que del Orbe es quietud de la Fe aumento, nuestra la acción, y suyo el vencimiento. Mil gracias, Invicto Conde, mi afecto os da, agradecido Glor por tal noticia, invidioso de los que tan peregrino triunfo han logrado; y también con justa causa sentido de no ser tan venturoso que me hallase en él. Colijo que el Rey sale. Y con el Rey viene el Príncipe su hijo el invencible Lorena, y el General, cuando a gritos dicen aquellos aplausos. Viva nuestro Rey invicto. Vuestra Majestad reciba de mi afecto siempre fino mil dichosas norabuenas. Con el alma las recibo de Vuestra Alteza. Pues yo, que no menos participo de vuestras glorias, también con el alma las repito. Conde Estaremberg, mis brazos manifiesten lo que estimo vuestra voluntad. . Ahora señor, se sigue Mostillo, que os da tantas norabuenas, como recibe festivo sin saber lo que se hace, el que se pone ha marido; y el que pretende, ignorando cuando llena sus vacíos de la injusta vanidad con que se ensancha el indigno, y el que. Espera, como estás en Campaña? Porque sirvo al Conde de Estaremberg, desdé el día que le hizo Mariscal de Campó el César, ye en premio de sus servicios; y de los míos en premio, ahora me trae consigó. A volver la espalda? ói Miré Vuestra Alteza, que Mostillo, aunque anduvo entre los pies, desciende de padres limpios: y que en cualquiera suceso es hicor, y fue racimo, y no puede hacer vileza, pues se sabe de abinicio, que los mejores Pilotos llaman generoso al vino. Estas venturosas nuevas a págaros me apercibo con otras no menos grandes: pues hoy, señor, tuve aviso de que en la ungría Inferior al César se han reducido muchas importantes Plazas, que al Rebelde, al Enemigo tirano Tequeli habían de su voluntad venido para que él las entregase por feudo (como lo hizo) al Othomano. Hoy se halla el Rebelde en el retiro de su afrenta, y de la Ungría Superior, con nuevos bríos de oponerse al César. . Él va labrando su castigo. Después que llegó el Visir a Buda, dicen que hizo dar garrote a su Bajá; pretextando, que principio, dio a la fuga de sus gentes; y que hoy se halla con vivos desvelos en recoger las Tropas, que los Distritos de Néusel, y de Estrigonía en tropeles fugitivos pisan, y con los socorros, que del Sultan prevenidos, espera, procura hacer manifiesto el vengativo enojo, con que pretende volver por su honor perdido. Que en vano será su intento, y que ocioso su designio, si tiene contra si todo el Ejército de Cristo. La fama de la felice victoria, que el Cielo quiso darnos en Viena, muy grandes refuerzos ha conducido al Ejército Imperial. De la misma suerte al mío mucho número de Tropas armadas han concurrido de los amigos Estados, que a Polonia están vecinos; y pues la gloria de Dios nos espera, y tanunidos debajo de la Bandera Sagrada, alistados miro Católicos corazones, que pasemos determino, (con vuestro consentimiento, que primero solicito) a la Ungría Superior; y pues está en el camino la siempre importante Plaza de Néusel, por nuestro brío ceda al rigor del asedio, si del asalto al conflicto. Vuestras determinaciones, de la experiencia al aviso, con el valor, y el consejo logran el triunfo a su arbitrio; y así, vuestro Real dictamen unidamente seguimos; si bien, gran señor, primero reconocer es preciso algunos inconvenientes: El mayor es, que antevisto por el Visir, que a esta Plaza era projimo el peligro de ser luego combatida, o ser sitiada, previno diez miz Genizaros fuertes, para recluta al Prefidio: no porque el número es grande, que excediera al guarismo, no bastara a nuestro aliento; mas porque el mejor arbitrio es, que sin sangre se rinda; siendo fácil conseguirlo, derribando las dos Puentes, que sobre el Danubio han sido paso a Buda, y a Estrigonía; pues quitando al Enemigo estos dos únicos pasos, se le quita de camino orri que puedan introducir los socorros en el mismo Fuerte de Néusel, y esotras Plazas. Vuestra Alteza ha dicho muy bien, y si le parece, trocaremos el designio; a Estrigonía, y a su Fuerte de Barcán lo discurrido se ejecute; caigan luego las dos Puentes en el Río: y pues para nuestro paso fabricar en él hicimos la artificiosa de Barcas, pasemos al punto; amigos, corra la palabra luego que en el soberano auxilio, para mayor gloria suya todos mis intentos libro. Será eterno vuestro nombre, para ejemplo de los siglos. Pues para seguir la marcha, es forzoso dividirnos, y acudir a nuestro puesto, dadme los brazos. Ya os sigo, señor: heroico Alejandro, adiós. . Él, Carlos invicto, premie con felicidades vuestro valor. A ellos digo, Trompetas, vamos hinchando, porque no es igual partido excusarse del trabajo, y comer a dos carrillos. Una, y mil veces el Campo en aplauso repetido eternice vuestras glorias. Viva nuestro Rey invicto. Vamos, y el Mundo conozca, que aunque muestro tantos bríos, si el negocio se revuelve, puede turbarme un mosquito. El verme ahora es error, Hacen, que mi fe no estima. Hermosísima Celima, no ves que es ciego mi amor? Es temeridad ociosa, y de tu amor demasía, entrar a verme de día. No te enojes, prenda hermosa, ni me culpes de atrevido en entrar a verte así, que hay nuevo cuidado en mí. Pues mi padre no ha salido, dime tu cuidado, y vete: Zoraida, tú en esa puerta está, por si sale. . Alerta estar Zoraida, he Hamete. Idos los dos al momento. En tanto que obedecer, Zoraida, yo te decer me atrevido bensamento. Refiéreme tu cuido. Gusto pudieras decir, pero ha querido venir de una pena acompañado. Pena, y gusto? Ser pudiera un gran gusto para mí lo que me es pena por ti. Cómo así? De esta manera: ya sabes que a Buda vino el Visir, donde impaciente llorando está interiormente el rigor de su destino pues viendo su nuevo espanto al Cristiano vencedor, da más fuerza a su dolor el disímulo del llanto; en medio de su fortuna contraria, pudo lograr el volver a rescatar a su amada esposa Luna: en fin, aquí ha recogido varias Tropas, que han llegado del profugo derrotado Ejército, y ha querido que yo conduzca a Barcan un Comboy de cuatrocientos Caballos, cuyos alientos prontos aguardando están a que su Caudillo sea; con que hoy habré de ausentarme, mira si es fuerza pesarme cuando en ti mi amor se emplea; y así puedes argüir, habiéndote de dejar, la pena que he de estimar, y el gusto que he de sentir. De lo que te escuchó, en parte no hay, Hacen, porque te quejes; pues aunque de mí te alejes, albricias pudiera darte: que no será sentimiento para quien firme te adora, cuando en ese cargo ahora el Visir premia tu aliento; y responda a tu cuidado con tus cláusulas también, como en este aviso, Hacen, pena, y gusto me has juntado: pues aunque tu ausencia llore en causa tan oportuna, agradece mi fortuna, que la tuya se mejore: con que puedo acreditar, cuando te hayas de partir, la pena que he de aplaudir, y el gusto que he de llorar. La esperanza de volver a verte, mi sentimiento divertirá, pero siento. ̱. Qué sientes? Llego a temer. Qué temes? Que mi esperanza corra peligro en mi ausencia. Siempre de la contingencia nace la desconfianza. No desconfiar te parezca (ay bella Celima) no; que habrá quien mejor, que yo, tu hermoso favor merezca; amor infunde temor en el más fino querer; porque el amar es temer, cuando es verdadero amor. Eso, Hacen, es ofenderme, si ya no es aventurarme, pues quieres motivo darme a la razón de perderme; qué indicio has hallado, di, para tal desconfianza? No culpes mi confianza, pues vives dentro de mí; custodia tuya es mi pecho, no tengo sospecha alguna de ti, pues de mi fortuna es solo de quien sospecho: seguro estoy, y procuro acreditar mi temor, porque no se llama amor el amor que está seguro. Soy yo quien soy. Mi fe estima cuanto a la tuya debió; pero más la acrisoló el que. Señora Celima, Cariadeno, mi señor, y tu padre, te ha llamado. Procura estar recatado, mientras que vuelvo. Jonior? Hamete, qué ha sucedido? dilo presto. Estar acá El Gran Visir Mostafa. Cómo a esta casa ha venido? Por este calle venendo, sin borgontar, camenando, a Cariadeno boscando, e la escalera sobendo. Hacen, como tan ocioso aquí estás? . De Cariadeno quise despedirme, en tanto que para la marcha es tiempo. Avisadle, que aquí estoy, que de sus ciencias pretendo valerme, para los fines de mi designio, supuesto que tiene en altos estudios arbitrio en los Elementos; será alivio de los males que disimulo, y padezco: yo derrotado? qué ira! yo afligido? qué despecho! Esta pena ha de acabarme. Ya que más segura puedo volver. Ay de mi infelice! Pero qué miro! Qué veo! qué beldad tan soberana! Que no advirtiese este riesgo! Vos en mi casa, señor? cuando favor tan inmenso merecí? Llega, Celima, y a vuestros pies. Todo el Cielo tengo en mis brazos. Sin duda, que el divino rostro bello de esta mujer abrevió su esplendor al Firmamento. Hermosa, Celima, sois. Vesir requebralde? bueno! Los Visires no enamoran? Válgame todo mi aliento! En Turquía no se gastan siligranas del deseo, porque se llena el adagio de cuantas veo, tantas quiero. Pos certo el a lagio estar, he por hacerle más certo, Zoraida, lo mismo a ti te socederá conmego. En su bella luz peligran mariposas mis deseos. Ay triste! no aparta de ella los ojos . Oh cuanto siento el dolor, que no recata Hacen! . Y tú, Cariadeno, (yo me abraso) dónde estabas? Lo oculto de un aposento retirado, cuya estancia es de ordinario mi centro, me tenía divertido en el continuado empleo de las Esferas, y libros, pues ya sabéis que profeso varios estudios en varias facultades. Aún por eso a buscarte (divertido en su hermosura, no acierto a hablar) digo que a buscarte. Oh qué acertado Agorero mi corazón poco antes me predecia los celos! He venido. Ay infeliz! Siempre fue vuestro precepto en mi obediencia inviolable ley. . El cuidado que tengo sabes; pero yo no sé, con este cuidado nuevo, cuál es ya mayor cuidado, el del amor, o el despecho. Estar camalón me amo, Zoraida, porque estar vendo, que modar tantos colores; ya estar rojo, cenecento, amosco, tornasolado, amarello, he verde negro. Ninguno le aflige más, que el azul, a lo que entiendo. Ayudarme de tu ciencia procuro, y de tu consejo: pues aquella propia ira, que antes abortó mi fuego, y en el Sitio de Viena (válgame Alá!) frustró el Cielo, renace con nuevas llamas en la hoguera de mi pecho; y el ver que mis formidables armas tan ociosas fueron, aún siendo tan ventajosas a las contrarias: qué es esto? mi afrenta sale a mi labio? qué esto pronuncio, y no muero? Al ver, pues, que la fortuna, siempre varia, mejor puestos dejó nuestros Enemigos, hacer notorias prevengo al Mundo mis amenazas; el Mundo será trofeo de las Othomanas Lunas; pues del pasado suceso será mi venganza rayo, que aviva más el incendio la materia de mi enojo al soplo de mis alientos; pero ay de mí, que otro rayo, (de Cupido arpón severo) todo el fuego de mi enojo deja en cenizas resuelto, dulcemente alimentando con mejor fuego mi fuego. Ay triste, que este clarín es el aviso que espero para partirme, y también para partirme en el pecho el corazón, con las penas en que esta ocasión me ha puesto Qué esperas, Hacen? contigo habla ese clarín guerrero, parte al punto, que en Barcan el Bajá de Buda nuevo te aguarda, con treinta mil Otomanos, cuyo esfuerza espero con brevedad aumentar, y que mi aliento, asombrando el Orbe, haga los estragos escarmientos. Ya mi obediencia responde, mejor diré mi despecho, ay Celima, como el alma presaga me está diciendo, que el alma te pierde. . Idos a qué esperáis? Ya obedezco. Ay, Hacen, como la lengua de tus ojos manifiesto hace tu dolor, y el mío. Qué pena! Qué sentimiento! Con los ojos me despido, pues con las voces no puedo: . amor, yo voy a morir, y ruego a Alá, ruego al Cielo, que haya projima ocasión, en que yo mismo resuelto obligue a la muerte a que ponga fin a mi tormento. . Adiós, Zoraida, que me andar por los verecuetos tamben con me amo. Y si acaso se ofreciere algún encuentro? Temblar el mondo de me. Has de pelear Como un berro. Pues no vuelvas a mis ojos, si no es vencedor, o muerto. De ti necesito, y ya que a mi lado asistas quiero, y lleves a mi Palacio, a tu hija, porque intento que también al lado asista de Luna hermosa; con esto la estaré siempre adorando. Los pies mil veces os beso, por tal favor: mas parece cuidado. Celima, presto, agradece honra tan alta. Indigna me considero de ella, más rendidamente la agradece mi silencio. Peregrina es su belleza. A Palacio vamos? bueno! de esta vez eres Visira. No me des más sentimientos, Zoraida. . Guárdete Alá, hermosa Celima: Cielos, con qué pereza me aparto de esta Deidad, cuyo Templo en toda el alma fabrica el poder de mis deseos! Ya mi ventura obedece: Celima, prevente luego a la dicha que te espera. No la llames dicha, riesgo dijeras mejor: Hacen, adorado ausente dueño, den mis suspiros descargos de la culpa que no tengo. . Alto, y la palabra pase. Aquí hacer alto podemos, pues a la vista tenemos a Barcán. . Qué no llegase a merecerte, señor, mi noble espíritu ardiente, que me enviases con la gente, (afrenta es de mi valor) que se adelantó a Barcan? yo no alcanzo tus intentos, justamente mis alientos, de ti quejosos están. Pues no, Alexandro, lo estén, que tu espíritu gallardo a mayor empresa guardo. Pues todo el Mundo preven, que Alejandro no interesa, si en su memoria me fundo, nada, si no es todo el Mundo de su fuerte brazo empresa; y en el juvenil ardor al celo que mi Fe inflama, aún a vista de su fama, mi fama he de hacer mayor, Alguna gente escogida de la Vanguardía saqué, y que marchase mandé a Barcan; pues prevenida mi intención, ha dado traza lleguen a reconocer, si previene defender el Enemigo la Plaza; pues supe de un prisionero, que gran defensa contiene, y que de Presidio tiene mil Genizaros: primero que aquí me empeñe, procuro al Ejército esperar Cesareo, que ya tardar no puede, pues me aseguro, Arma, arma, guerra, guerra. Pero qué es esto que escucho? Travada lid en el Campo, a lo que de aquí descubro, se deja ver hacia el Valle de Barcan, y yo presumo, que el Trozo de la Vanguardía, que se adelantó, su orgullo acredita ya, rompiendo pequeño Escuadrón de Turcos: aunque, al parecer, excede en número al nuestro, y juzgo que iban a entrar en Barcan los enemigos. Al duro encuentro de los Polacos no ceden? el riesgo es mucho. Cómo han de ceder, si ya padecen riesgo segundo los nuestros? pues de aquel monte desciende al Valle sañudo Ejército numeroso, que sin duda estaba oculto, y prevenido a cualquier opósito. . Pues al punto bajemos a socorrerlos; solo me sigan algunos Batallones, que estuvieren montados. Pues yo conduzgo, siguiéndote, las primeras Tropas, que se hallen a punto; al Valle, todos. Al Valle. O tómanos, al impuso de vuestra gloriosa diestra mueran todos, que el insulto de acometernos el ciego Polaco, burlar procuro. Arma, arma, guerra, guerra. Otómanos, yo no sufro tan temeraria osadía, yo con todo el grueso acudo de mi Ejército al rechazo. Pólacos, aunque el oscuro Reino, con sus Furias todas os acometa, más triunfo lograréis, siendo menor nuestro poder. Que así pudo poco número de gente empeñarse, viendo junto tanto número Othomano? castigo padezca justo su loca temeridad. Al Valle. Al Valle. Recurso no les queda, estando ya derrotados. Qué confusos, y desordenados veo los nuestros! pero qué dudo? muera el Othomano. Muera. Soldados, ya están seguros nuestros alientos. Soldados, ya vuestros alientos busco. Aunque llegue a socorrerles toda la fuerza del Mundo, no han de quitarnos la gloria, con tanto escarmiento suyo. . Aunque vuelvan sobre sí, será su aliento ninguno. Válgame el Cielo! empeñado en la gloria que procuro, apartado de mis gentes, me sitian inmensos Turcos: mas no reparan en mí, a milagro lo atribuyo. Victoria, Otomanos. No es victoria, bárbaro injusto, el encuentro en que has tenido la mejor parte; qué mucho, con fuerzas tan desiguales? Volveré a Buda, y del triunfo las señales llevaré al Visir, quitando a algunos enemigos las cabezas, de la lanza en el agudo acero se eleven; pero que sean, no dificulto, galardón torpe mis celos de la hazaña que ejecuto. . Ay infeliz, que no puedo salir del Marcial tumulto en que estoy mezclado: Cielos, si me amparáis, no aventuro nada, vuestra voluntad será mi Norte, y mi rumbo. Todo es confusión el Campo: pero hay Dios, que no descubro al Príncipe; mucho temo, que le aventure su orgullo: Alejandro? pero ocioso es el llamarle: qué susto! Señor? Qué dices, Auberto? Que habiendo con orden tuyo buscado al Príncipe. Calla, pues dice el acento mudo de tu semblante, que no parece: dolor injusto! Señor? Pareció Alejandro? En todo el Campo. otro anuncio de mi dolor! No prosigas: hay hijo amado, no dudo que te habrás anticipado, como Valeroso Alumno de la Fe, amorir por ella: (con que envidia lo pronuncio!) Tu primero habrás logrado este venturoso triunfo, que ha tantos días que yo con toda el alma procuro, hay hijo amado, si fuiste malogrado para el Mundo, bien logrado para el Cielo eres; pero yo presumo que en el dolor me detengo, y a lo principal no acudo: Polacos, ya veis que falta vuestro Príncipe, no excuso la diligencia en buscarle. No cesaremos un punto en ella, sabiendo hacer aún de los riesgos estudio. Pues Cielos, igual consuelo en vuestras piedades busco, y en vos, Inmenso Señor, toda mi esperanza fundo.

JORNADA SEGUNDA

Arna, arma, guerra, guerra No ceséis, fuertes Polacos, aunque nos cueste la vida, de buscar a nuestro amado Príncipe. Qué es lo que miro! qué aún no cedan derrotados los enemigos! qué mucho, si su orgullo temerario continuas felicidades siempre ha debido a los hados? pero esta vez, desunidos, sus ardides no lograron: mas ay, que ya se refuerzan sus Tropas, viendo cercanos otros nuevos Escuadrones; y pues es tan otro el caso antes que lleguen, conviene aunque se les deje el Campo retirar los nuestros; toca a recoger, Orhomanos a recoger. El despecho se precipite, logrando la más debida fineza por el Príncipe Alerandro. Eso sí, vasallos míos quien estuviera a su lado pero hay Dios, como me rindo a los afectos humanos Si de Abrahan la obediencia os fue sacrificio grato hoy, Señor, logra mi celo sacrificio voluntario. Un hijo, Señor, me disteis, yo os le vuelvo, renovando la víctima cariñosa en ardientes holocaustos. Su edad florida no acaba muriendo, que a inmensos plazos rejuvenece la eterna Primavera de sus años: en las ternuras de padre hiere el dolor; pero en vano, que de la Fe la constancia borra la impresión del llanto Mi resignación humilde recibid, Señor, en tanto que mi Religiosa envidia sigue sus gloriosos pasos, para que. El Príncipe viva. Cielos, es verdad, o engaño? o al amor ádula el eco en acentos deseados? pero qué miro! Señor ya los Cielos se apiadaron del desconsuelo común, pues el Príncipe. , o A tus brazos felice llega; después que defendido entre tantos peligros, debe la vida al auxilio sobera no. Hay hijo del alma mía, ya mis ojos te lloraron, por el amor natural de padre, y como Cristiano Rey, el morir por la Fe celosamente envidiaron. Oh gran Dios, mi sacrificio ofrecí, y en vuestro amparo, con repetidas piedades, el Ángel detuvo el brazo. También llego yo, gozoso de ver mi afecto logrado; pues conociendo el ardiente orgullo de vuestro brazo; apresurando las marchas provido, anteví este caso, y socorrien el conflicto los Escuadrones turbados; dando lugar a cobrarse el Príncipe. Invicto Carlos, hoy a Vuestra Alteza debo todo el consuelo que alcanzo; pues solo su vista pudo confundir a los contrarios. Luego que se descubrieron los Batallones formados del Ejército Imperial, los Turcos se retiraron: Seáis bien hallado. Señor, cómo te fue con los Galgos? Si vas a caza otra vez, no los dejes correr tanto. Duque, en el primer encuentro perdi gente, con que ufanos los Turcos, al repetido embestir más se esforzaron. Trecientos Dragones son, y ciento y tantos Caballos, los que al combate cedieron, del número atropellados. En lugar de los Dragones, es bien que recluta hagamos de trecientas Dueñas, que sean del Turco espantajos. Los Turcos, haciendo frente, se conservan en su Campo, resguardando de Barcan la Fortaleza; y es claro, que si no le deshacemos, quedan aún en estado de inquietar nuestros cuarteles, y la dilación es daño. Pues, señor, ya que mis Tropas han padecido quebranto, y han menester repararse al alivio del descanso, mañana, cuando la Aurora despierte, les embistamos. También hay grandes motivos para ir a Néusel de paso, porque a la espalda no quede consentido este padrasto. Si sobre lo sucedido, ahora nos apartamos, se aumentarán los refuerzos al Enemigo, y osado obrará con nuevo aliento, y mayor desembarazo. A eso, Duque, me acomodo, y como siempre esperando que Dios nos asistirá con su poderosa mano, Pues, señor, mañana acabe este poder obstinado. Contraste nuestro valor sus alientos temerarios. Y tus Polacos valientes consigan su desagravio. Y yo, para pelear, voy a prevenir los frascos. La Deidad de los sucesos, siempre instable, firme nunca que en la misma variedad sus constancias asegura, feliz se restituya, con hueva luz, a sus flamantes Lu- nas. En albricias toda el alma darte mi fe no reúsa; valiente Hacen, por tal nueva. Ese favor mi ventura establece, cuando logra el fin de los que divulga. Estar; jonior, el cabezas de los beliacos en puntas de lanzas, porque así hacer de su atrevimiento burla. Mucho te estimo el presente. En la muralla robusta de Barcán se han de poner, porque el Enemigo acuda, teniéndolas a la vista, a lamentar sus injurias. E si acodir, estar certe que llevar en caberuza. Prosequid esa canción que tan dulcemente adula mi espíritu generoso, a quien su concepto anuncia, que ya la fortuna quiere mejorarle de fortuna. La Deidad de los sucesos siempre instable, firme nunca, Cielos, qué es esto que miro! No es Celima (pena injusta!) la que (máteme el aliento!) la que acompañando a Luna viene al jardín? Mis deseos que siempre, señor; procuran agradarte, este Laurel te ofrecen, primicia Augusta para que adorne tus sienes, en tanto que restituya a ellas el Mundo las hojas, que de tu Laurel usurpa. Mucho estimo, Luna hermosa, que Celima le conduzca: pero qué digo! Señor, yo aquí vine. . Qué te turba? Ay! Hacen! Tu hermosa mano digo, que también procura contribuir a mis dichas. Qué esto escuche! Que esto sufra! Desde que tengo a mi lado a esta mujer, tan confusa vivo, que no sé si vivo, pues mi espíritu fluctua en el golfo de la envidia, que de mis celos resulta. Cuantos Polacos has muerto, Hametillo? Enmensa turba C por pensar, Zoraida, que ser en la Batalia tortuga? Qué hermosa Celima está! . De enojo muero. No duda mi fe recibir el don, para que en mi frente luzga; aunque este nuevo accidente . mi cuidado no asegura, con las esterioridades será bien que restituya el aliento a los Soldados: en mis sienes (qué hermosura!) colocaré de sus hojas el esplendor que me anuncia mayores victorias, cuando por quien le trae, se asegura. Qué poco ay de mí!) su amor, y mis celos disimulan! Ayúdeme el sufrimiento. Ay, Hacen, sin tener culpa mi desgracia, fuerza es que tu pena, y mi pena sufra. De vuestra piedad me quejo, Cielos, para que me indulta vuestra piedad (si es piedad la que un rigor ejecuta) de la prisión, en que antes Cristiana enemiga turba me tuvo en su Campo? si hoy en otra prisión más dura el hierro de este desaire eslabona mi fortuna. Othomanos generosos, ya que mis sienes ilustra este laurel, que con lenguas de esmeralda nos promulga resplandeciente esperanza, de que desde ahora triunfa nuestro inclito valor hijo de nobleza augusta, tiemble el enemigo, tiemble nuestra indignación sañuda. Esa letra repetid, cuya métrica dulzura en sus cláusulas mejor, que yo, sonora divulga que ya la fortuna quiere mejorarnos de fortuna: dígalo mil veces, pues porque su favor arguya. , . La Deidad de los sucesos, siempre instable, firme nunca, que en la misma variedad sus constancias asegura. feliz se resttuya, con nueva luz, a sus flamantes Lu nas. Ya se restituye, y ya nuevo fuego me estrmula a que la Cristiandad toda mi ardiente llama consuma: perezca todo. Mas Cielos. Quien a mi frente desnuda del sacro Laurel? Aguarda, cobarde ladrón de oluma: para asegurar la offensa, te socorres de la fuga? Aguarda, que vive Alá que mi despecho en tu busca, sabrá penetrar airado las Regiones más ocultas, Oh quien tuviera tus alas, y con ligereza suma en las Campañas Etereas te escarmentara la injuria Ah cruel fortuna, qué presto te can aste de que una leve intermisión gozosa mi pena engañase dura. Raro suceso! Qué afrenta! Extraño caso! Qué angustia! Caudal Águila no fue la que de mis sienes hurta la Augusta Diadema? No es ella tan bien la que Augusta el Imperio simboliza de Leopoldo? Ah suerte dura! dejadme todos, dejadme. Mira, señor. Qué importuna! Un acaso. Un accidente. No mi aliento vivo turba este suceso, que antes las dilaciones acusa, que mi rabiosa venganza promete al Orbe sañuda. Nada me digáis, que ya será mejor que reduzca mi dolor a que le esconda el abismo de mi furia. Venid todos: cuando, Cielos, de tanta pena confusa me aliviaréis? En el cuarto de mi padre mi fortuna te aguarda, Hacen. Ir pretendo, pues ya la sombra nocturna funestamente se viste del color de mi ventura. . Zoraida, a qué traer aquí el Poeta esta Aguilucha ser adorno, o envinción Ahora de los Poetas dudas, que para expresar conceptos, se valen de las figuras? y más cuendo de la historia a la esencia no repuguan . Ya que de todos me aparto, y aliviando el ansia mía, dije a todas, que quería ver a mi padre en su cuarto; pues ya le tengo avisado, esperar a Hacen procuro, que este retrete el seguro me da de hablar sin cuidado. Oh cuanto, fortuna airada, esta ocasión he temido, que Hacen suspira ofendido, y yo lloro desgraciada! . Pero a la puerta han llamado, él es, ya mi dicha es cierta; qué dudo el abrir la puerta? entra señor. Triste hado! Celima? Qué desventura! Qué hermosamente serena la tormenta de mi pena el Iris de tu hermosura! Templar mi congoja es bien, pues aunque la pena mía a Cariadeno venía buscando, el fiero desdén de mi fortuna enemiga solo en verla se mejora. Ay de mí, si viene ahora . Hacen! Que a mi padre diga, que estáis aquí, dad licencia. Suspéndase mi pasión: yo he de lograr la ocasión de hablarte. Rara violencia! señor, mi atención no olvida la fineza que en vos veo; pero me hace mi deseo incapaz de agradecida. Porque no has de agradecer que yo te llegue a adorar? El camino de obligar es tal vez el de ofender. Si el amarte es ofenderte, qué he de merecer de ti? Pues lo que hicieres por mí, señor, quiero agradecerte. Pide aún lo que no es posible, que a tu gusto estoy rendido. Solo que me olvides pido. Eso aún es más que imposible: aunque te quiera agradar, no te puedo obedecer, que está en mi mano el querer, y no lo está el olvidar. Mas quiero, aunque estés cansada de mi fe nunca vencida, el verte de mí querida, que el verte de mí obligada; el motivo que hay en ti, sepa, de no agradecer. Bien pudiera responder, mas no me atrevo (ay de mí!) como podré despedirme de porfía tan pesada? Siempre has de estar agraviada, porque siempre he de estar firme. No estimar a la belleza, sería mal gusto? . Sería, aún con mal gusto, osadía, ignorancia, error, bajeza. Pues, señor, Luna tu esposa. no es discreta, hermosa, y cuerda? Eso tu labio me acuerda? discreta es, cuerda, y hermosa. Pues porque tan importuna tu pasión se ciega en mí? Porque después que te vi, seguí al Sol, dejé la Luna: con nombrármela, disgusto. me ocasionas. Fues espera, que no quiero que me quiera hombre que tiene mal gusto. . Oye, escucha: mas que veo! Qué siempre, Cielos, qué siempre al paso he de hallar la torpe causa de mis celos! Quieres, oh mandas algo, señor? Qué hay para que al cuarto entres. de Cariadeno? Ay de mí! tus pasos siguiendo viene oficiosa la atención de mis obediencias fieles. Pues llámame a Cariadeno. Ya a tu presencia se ofrece. Vos en mi albergue, señor? Retírate, y nadie entre. Qué sea tan infeliz mi amor, que solo me deje los pesares, y los sustos, para quitarme inclemente la ocasión de que a Celima hablase, por si tuviese vida mi esperanza Aquí me traen las ansias crueles a que me obliga irritado el despecho de la suerte; pues cuando el feliz suceso contra los Pólacos mueve la esperanza de que Alá nuestra protección emprende: viste el presagio fatal, con que quitó de mis sienes a aquel pírata del viento el Laurel, que cautamente, por alentar los Soldados, permití que me pusiese la femenil turba hermosa con festivos parabienes; mas ay! que de alta asistencia se ha causado este accidente y en contingencias posibles, tristes misterios envuelve. Y pues en la Magia alcanzas los secretos de la suerte, y en el libro de las luces las oscuridades lees; siendo sus negadas cifras, si perspicaz las atiendes, al registro, y al conjuro entendidos caracteres: lógrame de tus estudios el fin glorioso que emprendes y explícame de este caso cuanto tus ciencias te enseñen. El precepto, que me intimas me precisa a obedecerte; mas antes debo decirte, que quien lo futuro inquiere, con peligrosa ganancia adelanta lo que teme, y puede ser. No repares, que mi ánimo impaciente. desprecia de la esperanza fáciles, e inciertos bienes; y en el dudoso tormento de la aprensión no difiere que muera de la evidencia el que del engaño muere. Pues prevente, gran señor, a los objetos que vieres en las dos más grandes Cortés. de Europa, donde se advierten las felices consecuencias de los sucesos presentes. En Roma, que ya a tus ojos. se manifesta patente se está crigiendo una Estatua. al Polaco Marte fuerte, que en un Caballo de bronce, coronado de laureles, a eterna gloriosa fama inmortalidad promete; cuando en acentos sonoros la inscripción que la guarnece, posa a ser festivo aplauso, diciendo en voces alegres. Viva Juan Tercero el Grande, pues en los triunfos que adquiere, con Religiosa constancia es terror de los Infieles; y en repetidas victorias, venza, triunfe, viva, y reine. 2. Viva, y sus crecidas gloria porque el tiempo las respete en el clarín de la fama duren, resonando siempre; y en repetidas victorias venza, triunfe, viva, y reine. Qué esto escuche! que esto sufra! suspende (ay de mí!) suspende. este vil objeto; pero no le suspendas, detente, y todo el veneno apure mi dolor, si a escuchar vuelve. 1. Para que el Orbe le aclame porque el Mundo le venere fortisimo entre las lides, suavisimo entre los Reyes: 1e y en repetidas victorias venza, triunfe, viva, y reine. 2. Si de otro Juan al anuncio el Evángelio florece, a volver por la Fe Santa de Dios otro Juan nos viene: y en repetidas victorias venza, triunfe, viva, y reine. Quita, y dure mi furor, mientras con iras ardientes derribo el padrón infame, que espectáculo indecente ha de ser, caduca ruina, que mi furor atropelle, cuando cautiva se mire la Señora de las Gentes, por más que repita el eco. Venza, triunfe, viva, y reine. Pues fantástica visión Roma se desaparece, atento mira lo que en Alemania sucede; pues algunos, que tomaron antes la voz de Tequelí, dicen al Emperador, cuando a su gracia los vuelve. Señor, por vuestra clemencia, nuestra voz rendida llegue a lograr en las piedades todo lo que no merece. Ciegos al error vivimos, y ya advertidos, ofrece inalterable lealtad muestro afecto reverente, Alzad, Condes, a los brazos, que en mi ánimo cleme te halla el arrepentimiento grato cariñoso albergue. En nombre, señor, de muchos que siguieron a Tequelí, también el perdón pedimos. Ya mi piedad condesciende a vuestro ruego, y en fe de mi gratitud, promete olvidar antiguas culpas, que de lo pasado acuerden. Oh Príncipe generoso. Oh inclito ejemplar Heroe. Augusto honor del Imperio. Constante. Justo. . Valiente. Religioso. Invicto. . Grato. Afable. Piadoso. . Fuerte. Digno de inmortales glorias. Digno de eternos laureles. Pero a tus pies el acaso, en provido campo fértil, de parte de nuestras voces las esperanzas florece; pues ya el Laurel desprendido cayó a ellos, porque llegue, mejorando sus verdores, a hallar adorno en tus sienes. Orlado de Lunas de oro está, sin duda que quiere premiar tu clemencia el Cielo con el Imperio de Oriente. Qué es esto, fortuna airada? el Laurel, Cielos, no es este, que el Águila fugitiva tirana quitó a mi frente? Ay dolor, que a mi enemigo, a mi vista, le trajese? vive Alá, que mis enojos han de vengarse. Detente, que en las aparentes sombras en vano hallar cuerpo puedes. Pues quítalas de mis ojos, que en una, y otra realmente, con infelices anuncios mis ideas entristeces; pues de Roma a los aplausos nuevas glorias se previenen; y en Viena las piedades valor, y enemigos crecen: quita presto. Ya las borro: pero señor, mira, advierte, que a violencias del precepto, no yerra quien obedece. Ya lo veo, y que es en vano obstar el hado inclemente, pues el poder de las sombras. las realidades no vence: vuelva sobre si el valor, y ya que en mí no fallece, vive Alá, que he de vengarme, hasta encontrar con la muerte. Si hallarás, pues contra ti declarado el Cielo tienes. volacos valerosos. Valientes Alemanes. Hoy os conduzgo a empeños más gloriosos. Hoy renováis los bélicos afanes. Porque vuestro valor. Vuestro ardimiento. Hoy se asegura nuevo vencimiento. Ya el Alba, coronando el Horizonte, hace Trono de luces aquel monte. Ya el Sol con rayos de oro se dilata, descubriendo en Barcan Lunas de plata. Combrillante premisa, su esplendor, que embistamos nos avisa. Pues nuestro aliento lleve a sus murallas el nombre del Gran Dios de las Batallas. r- Pero qué es lo que veo! No reparas, señor, que por trofeo coronan elevadas Tortalezas. de los Polacas inclitas cabezas? Con vergüenza lo admiro, si bien, con envidioso afecto miro la dicha, que en si encierra este, baldón. guerra, guerra. Arma, arma Señor, al ver los Soldados, en el muro esas cabezas que llevan de horror el aire, y de ira su afecto llevan, gloriosamente irritados, tanto el enojo, los ciega, que la voz de su venganza solicita tu licencia para lograrse, diciendo. Viva la Fe, el Turco muera. Doblado el Campo, también el Enemigo se muestra en aquella dilatada llanura, a quien señorean los numerosos retenes, que la cubren en la cuesta. Qué importa? nuestro valo? esa ventaja desprecia, y más cuando a nuestra vista las Othomanas banderas, no tremolan en el viento que más, que tremplan, tiemblan Seguidme todos. El Cielo vuestros alientos gobierna, Al arma tocad: oh cuanto el riesgo lisonjea! Envidia me da este Joven. Viva la Fe, el Turzo muera, é , , Ya se enciende la batalla, y en concertadas hileras, con pasos de convidado nuestra Vanguardía se acerca: ya los Turcos la reciben, cual si fuese sobre apuesta, y cascándose la parte, parece que se la pegan; todos es furor, polvo, humo confusión; quebranto, pena. O, qué bien desde el balcón se está mirando la fiesta! La mosquetería reparte pelotas a los que juegan; unos prueban de la fruta, a otros les dan para peras; la artilleria despide. de la boca mil sentencias, y al que le da golpe en bola, en el pico se le lleva. Los que se matan por todo, hoy se salen con su tema, los enfadosos machacan, y los cansados deguellan: dan alas al Enemigo las plumas de las saetas, y los cuentos de las lanzas van a parar en trajedia. En confusa pepitoria se juntan brazos, y piernas, la oposición del Turco no tiene pies, nia cabeza. Ea Alémanes valientes apurad en la pendencia vuestra sed, puesto que sole Tudescos de buena cepa. Mas ay que hacia aquesta parte algunas Tropas se acercan y no será mal consejo esconderme en esta quiebra, pues dicen cercanas voces. , . Viva la Fe, el Turco muera. Ceded, bárbara canalla pues la poderosa diestra del Señor en nuestros brazos vuestro furor escarmienta. Primero será morir, no de la vida en defensa, sino en venganza de tanta fatal repetida afrenta; cuando oye nuestro despecho. Viva la Fe, el Turco muera. Buena ocasión he perdido. de lucir; mas pues se alejan vuelva mi curiosidad a mirar cuanto suceda. Ya en tropel cerrado el Turco, huyendo a carrera abierta vuela, pensando que corre, corre, pensando que vuela. Oh cómo a salvarse acuden por el Río! pero encuentran repetidos en el agua los peligros de la tierra. La Fuente acometen otros del peso cayó en la arena; con que si ya cerró el ojo, también se ha quedado muerta Ea valientes Soldados, logre vuestra diligencia señorear todos los puestos. Arma, arma, guerra, guerra. A la Puente de Estrigonia los seguid, todos perezcan. . Señor, acá estamos todos. Quítense de las almenas de nuestros Compatriotas las siempre gloriosas testas, que Mártires de la Fe en mejor Solio se asientan. En venganza de este agravio arda Barcán en pavesas y no quede a la memoria el padrón de tal ofensa. Victoria por la Fe. Arda Troya. z Sin duda que ciega la ira de los Polacos es de este incendio materia. Vamos, señor, por si acaso lo ataja vuestra presencia. Oh qué bien prende la llama! voyme a calentar en ella, y a ver si acaso del saco me dan algo sobre prendas diciendo a un tiempo con todos: , . Viva la Fe, el Turco muera eliz

JORNADA TERCERA

Quita, Cariadeno, quita. Detente, señor. Aparta. Mira, advierte. Nada mira, nada advierte mi coraje, no me estorbes, que la vida quite a ese cobarde Turco. Pues es culpa su desdicha? No, pero lo es el decirme cara a cara de la mía el rigor. Ceda tu enojo a tu prudencia las iras; detén, señor, que no es justo que de tu aliento se diga, que en un mísero Soldado tu venganza se ejercita. Quien un dolor no resiste, su valor desautoriza, y son tristes flaquezas de tu heroico pecho indignas. Que es indignidad confieso, pero es necio quien aplica, somentando el accidente, ignorantes medicinas. Cuando trae ese villano tan infelices noticias, tomado a Barcan (qué ira! es mucho que mi despecho se precipite al oírlas Pero mi enojo suspenda, porque tu labio me diga el fin de todo el suceso, si pueden las ansias mías vivir, y escucharle. . Yo, señor, al ver que te irritan mi desgracia, y tu razón, es bien que mi voz se ciña a decirte, que los Turcos, con arrogante osadía, emprendieron la batalla: pero la suerte enemiga, variando los accidentes, facilitaba la ruina; y en confusión los Soldados, atropellando sus iras, se arrollaron al tumulto forzoso que los retira; con que pudo el Enemigo, siguiéndolos a gran prisa, introducirse mezclado en la Plaza, y por la orilla del Danubio algunas Tropas se salvaron. Que te diga también es forzoso. Acaba. Que en la lid perdió la vida Mahomer el Bajá de Buda, y que la saña enemiga sitiada tiene a Estrigonía. Calla, calla, no prosigas: porqué injustamente, Cielos, permite vuestra justicia, que esto escuche, y viva, solo porque de mi enojo viva pero mi saña. Señor. a decirte. Qué hay que digas? Vengo, que de las mujeres. Prosigue. Que me asistían, echaron menos ahora todas. . A quién? A Celima. Esto más, injusto Cielo? . hay más pesares? . Mi hija, (ay triste!) pudo faltar de vuestro lado? La envidia que yo padecí, padezca. Que haya hecho fuga se indicia de lo que Zoraida dice; pues dice, que la servía Hacen. . Quién dices? Hacen, a quien tú, señor, envías a reforzar a Estrigona: como tu semblante avisa el efecto que ocasiona en su pecho esta noticia. Ay de mí! que este suceso trae a la memoria mía haberle visto en el cuarto de Cariadeno, que finja mi nuevo dolor es vodan; Qué falte, o que no, Celima, a mí qué me importa? Nada, pareciome ser precisa cosa el darte cuenta. Muera mi triste esperanza. . Viva mi alegre cuidado. Enojos, si esto es verdad? La osadía de Hacen a emprender se atreve tal resolución! Desdichas, hasta aquí resistir pudo mi esfuerzo vuestras heridas; mas la herida de los celos quién habrá que la resista? Mucho hago en disimular. Señor, que la pena mía busque a Celima, permite. Espera: tú a toda prisa . haz prevenir dos caballos. Mi cuidado solicita llevarte solo conmigo al Campo, en que recogidas las Tropas, junto a Estrigonía estarán, sin que a su vista nadie nos descubra, puesto que mi industria solicita saber todo lo que pasa, siendo de mí mismo espía, y buscar a Hacen, en una dos diligencias se libran; pues su traidor proceder justos recelos indicia; y podrás averiguar si en la verdad se acredita estar tu hija con él, pues no es tan fácil, que escondida pueda en campaña tenerla; y así, Luna, que permitas, te ruego esta ausencia breve. Aunque me es fuerza sentirla, solo tu gusto deseo. Logre la sospecha mía su desengaño. Descance mi dolor; pues a la vista no tengo el fiero pesar de los celos. Ah Celima traidora inio que burlas las ansias mías, y de tu error al engaño ceguedades sacrificas. Acábeme mi dolor, ay infiel ingrata hija! Vuelva el áspid de los celos a herir mi soberbia altiva, que ni el Cielo se preserva de impresiones peregrinas. ajusta Deidad queee Ríndase la Ciudad. Qué es lo que escucho? con esta voz, y mis enojos lucho: Eso decís, valientes Othomanos? apenas los intrépidos Cristianos tienen su fuerza unida a la Ciudad. Queréis, sin que se impida, que antes rendida, esté, que esté sitiada; y antes que defendida, este entregada? Ríndase la Ciudad. Que esto suceda? 1. Es imposible que lograr se pueda, Hacen, defensa alguna, pues ya ves, que el rigor de la fortuna dispuso que la entrada nos impida de cualquiera socorro el enemigo. Qué importa, cuando está fortalecida Estrigonía, y yo vengo a ser testigo de que vuestro valor se desempeñe, y que a la resistencia nos empeñe el ver, que tantas veces derrotados nos tenga la violencia de los hados, que en favor del Cristiano se declaran? y si nuestros alientos desemparan la Ciudad, serán hoy nuestros alientos, que de sangre enemiga están sedientos, burla del Orbe, pero todo el Orbe no es bien que la defensa nos estorbe, ni que a la fama el vil temor impida, que más vale la fama, que la vida. 2. En la oportunidad que nos hallamos negados a cualquier defensa estamos. 3. El Presidio es muy corto, y así, piensa que nunca sin poder hubo defensa. Esperad, atended: ay adorada Celima, que mi suerte tan airada esté siempre conmigo que cuando venturoso el bien consige de traer a mi lado tu hermosura en tal disfraz, y de la cárcel dura de mis celos sacar el pensamiento haya de ser el bien mayor tormento? Pierde, Hacen, el cuidado, que viniendo a tu lado no me acometerán viles temores, ni asustarán del hado los rigores; pues mi fineza a tu valor unida, sabrá perder la vida por la vida. Creo tu fineza, en mi dolor amante el riesgo siente. En él siempre constante no temeré la muerte, guerrera Palas, y Belona fuerte. Hamete, tu lealtad nos asegura el secreto. . Yonior, me estar segura de mármol en caliar, y aquesta boca cerrarse a pedra, he lodo, como roca; pero Zoraída enfiel, según sospecho habrá cantado alíá torto, he derecho que entre otras cosas raras, una lengua tener de trenta varas. Error fue no traella; pero todo en el susto se atropella. Si airado Mostafa nos persiguiere nueva resolución al tiempo espere. . Ya que el divino favor nos dio en la pasada empresa de Barcán tan buen suceso que restitulda al César (que guarde el Cielo) se halla, y nuestro aliento se empeña en conquistar a Estrigonia convendrá, que se confiera si será bien expugnarla (cuando el tiempo nos estrecha con el rigor del asedio, o del asalto a la fuerza. Señor, muchas circunstancias, que mi celo considera, el primer medio resisten y el segundo medio aprueban. Sigo también ese voto que no puede haber paciencia, a vista de iguales triunfos, para darles tanta espera. El rigor del tiempo oprime en lluvias que nos molestan, he intratables los caminos a los viveres se niegan. Sí señor, prisa, y cascarlos, caiga esta canalla en tierra, no estemos todos pendientes, cuando el Cielo se descuelga. Pues si el suceso consiste en la mayor diligencia, tómense luego los puestos. Ya el Ejército comienza a ocuparlos, y al asombro de mirar lo que se acerca escarmentados los Turcos todas las murallas dejan, y al Castillo se retiran. Ah divina providencia, como en todo de tu brazo el poder se manifiesta Obedezca nuestro aliento lo que piadosa gobierna. Vamos, pues, que ya las Lunas de sus Torres, y Vanderas parece se van quedando a la Luna de Valencia. Turcos, pues vuestro pavor al Enemigo no espera, y se retira al Castillo, moramos en su defensa. Los socorros se dilatan la fatalidad nos cerca; y donde no queda arbitrio, no cabe la resistencia. Qué nos servirá el valor, cuando la fortuna adversa solo en repetir estragos nuevos rigores ostenta? Ríndase luego el Castillo, no tantas vidas perezcan. Sáquense, capitulando, los partidos que se pueda. Oh infames indignos Turcos, yo he de pasar esta afrenta, y me he de rendir? O cuanto la muchedumbre violenta Oh cuanto el rigor del hado los accidentes estrecha! mas ay! que tanto vencer, no es fortuna, es providencia y alto poder les asiste. Es verdad, por más que ciega la obstinación contradiga repetidas evidencias. Soldados, vuestro trabajo en glorioso afán se acerca al Castillo. Pues al punto el asalto se prevenga. Ea, Alemanes valerosos, cubríos bien, levantad tierra, que ya a tiro de pistola se descubren las almenas. Para acometer, se aguarda solamente tu licencia. Aguardad, porque en el Muro trémolan blanca Vandera. Llamad a los Turcos hacen, inquiramos su propuesta. Turcos, cuál es vuestro intento? Qué decís con esa seña? Que a la rendición dispuestos estamos, si se conciertan razonables pactos. Solo las vidas hoy os franquea nuestra piedad. En la vida el honor no se interesa; y hemos se salir con honra, sacando, al menos, dos piezas de artilleria, las armas, el vagaje, y las haciendas. Eso es pedir gullorias, salgan desnudos apriesa, porque tiene propriedad la encamisada en la guerra. No admito esas condiciones. Volveremos a la fuerza. No hay remedio? , . No hay remedio. Pues válganos tu clemencia, y trocándose los reenes, se ejecutará la entrega. Dispóngase luego todo, previniendo la cautela de que en el Castillo queden algunas minas dispuestas. Primero se reconozca con exacta diligencia, y hasta asegurarse bien, ninguno los pasos mueva, retirándose a sus puestos. Pronta está nuestra obediencia. Pues aún falta otro poquito al caso, porque se eleva el rastrillo, y cuatro Turcos van saliendo por la puerta. Las llaves, señor, te traigo, implorando Real clemencia, y espero, que tu piedad cumpla cuanto nos ofrezca. Pues yo las tomo, y a vos, Duque, mi acción las entrega; la Metrópolí de Ungría, Estrigonia, toca al César; y es bien que recuperada, triunfante, y gloriosa vuelva, a pesar de los Infieles, lo que es del César al César. El equivoco te valga, porque no diga cualquiera: esto se repite en los Sermones de la Cuarisma. Obsequioso las recibo, conociendo cuanto deba el Emperador mi hermano a vuestra heroica fineza. Pues vuelve, Turco, al Castillo, en tanto que se prevenga de común consentimiento lo que a la salida resta. Obedezco resignado en todo lo que me ordenas, que donde no hay libertad, no merece la obediencia. . Pues a la Ciudad entremos. Y digan las voces nuestras de tal gloria en la alegría. Estrigonía por el César. Pues yo, que para estos lances tengo ganada reserva en el juro del pillaje, espero cobrar la renta, mientras repiten las voces de allá dentro, y de acá afuera en festiva consonancia. Estrigonía por el César. . Pues estar disimulados es forzoso, por si llega a lograrse nuestro intento, procuremos de más cerca averiguar el estado de la Ciudad: pero sea el recato nuestro escudo. Esta frondosa arboleda fácilmente nos oculta, y a lo que de aquí se deja ver, en el Campo contrario festivo rumor Espera, no reparas, Cariadeno, que de la Ciudad abiertas están las puertas, y entrando el Enemigo por ellas, repite en confusas voces. Estrigona por el César. Ay infelice de mí! no hay valor, no hay resistencia a tal tropel de desdichas, a tal combate de penas. Las Milicias Othomanas, que a este paraje se acercan, en las señas de rendidas traen de su dolor las señas. No sé qué ha de hacer de mí la fortuna: pues adversa, frustrando los dos intentos a que venimos, nos fuerza a volver a Buda, donde. Pero en formadas hileras hacia aqueste sitio ya el Campo Othomano llega, y Hacen: pero no es Celima la que a su lado (qué pena!) va disfrazada? Su arrojo castigaré: pero es fuerza recatarme. Ay infelice! qué he visto? no es mi hija aquella Ah traidor Hacen, mis iras me den venganza: a qué espera el furor de mi despecho? pero no diga la lengua lo que se dirá mejor del castigo en la experiencia. Ah Cariadeno? Señor? Reparaste? Vi mi ofensa. Pues para vengarla, vamos a saber qué rumbo llevan en su marcha. Me parece que ya el camino atraviesan hacia Buda, y hacen alto. Presto se verá la pena de su delito, y daré un castigo a dos ofensas, o acabe infeliz mi vida, para que rabiando muera! Señor, en los graves casos luce más la fortaleza, y en las infelicidades hace la constancia pruebas. Qué valor ha de bastar a sufrir tantas afrentas, cuando sin honor, sin vida es ya preciso, que vuelva, donde me encuentre la ira del Gran Señor, y se pierda, al rigor de su castigo, cuanto a mi desdicha resta. En aquel retiro ya los caballos nos esperan, para volver, el peligro se resguarde en la presteza. Vamos, que ya mi fortuna, apresurando la rueda, fijará infelice clavo en merecida tragedia. Ya, Celima, que el rigor de la fortuna enemiga a desemparar me obliga a Estrigonia, y mi dolor es preciso que conduzca a alguna Plaza vecina estas Tropas, imagina mi discurso a cual reduzca la marcha; pues si llegamos a Buda, temo el furor del Visir, y nuestro amor tristemente aventuramos; y aunque pronto mi desvelo te procure recatar, en cualquier parte he de estar con zozobra, y con recelo: que tu persona descubra el tiempo, el temor predice, Celima, que a un infelice no hay recato que le encubra. Yo te propusiera un medio, a juzgar que te agradara; pero es difícil. Repara, que es nuestro mal sin remedio. Pues si habemos de vivir expuestos a peligrar, mejor es asegurar el logro de no morir; y si hemos de ser testigos de una precisa crueldad en los propios, hay piedad en extraños enemigos mejore nuestro destino aquel Caudillo Cristiano que con acciones de humano. tiene señas de divino. Qué dices? aguarda; pues como es posible, si el Cielo quiere aliviar mi desvelo, haciendo que yo: mas es ligereza del discurso; pero si volver a Buda no es posible, y a mi duda no le queda otro recurso, qué puedo hacer en tan raro suceso? Válgame Alá Unico medio será a nuestra quietud, y es claro, que el Cristiano ha de acoger nuestras personas: y así, resuélvete, Hacen, aquí; pues es preciso escoger, si conmigo has de vivir, lo que te dicta tu pena, oh vivir en Patria ajena, o en Patria propia morir. No sé qué resuelva. Hacen? A vosted boscar Soldados. El rigor de mis cuidados sosiegue el Cielo, mi bien; confuso me tiene, y ciego mi triste imaginación. Pues de tu resolución depende nuestro sosiego. Vistosa, y fuerte Ciudad. En sus fábricas, y torres se ve hermoso lo confuso, y está lo vario conforme. De su situación la planta solo pudiera al desorden de la ceguedad infiel rendirse, pues se conoce, que eran para gran defensa todas sus disposiciones. Es cierto, mas si el castigo de Dios levanta el azote, humano poder contrastan Celestiales permisiones. Edificios generosos acuerdan su antiguo nombre, aunque al bárbaro dominio mucho estrago reconocen. El tiempo reparará el descuido; pues que indócil, aún alternando ruinas, lo que deshace, compone. Lo primero es, que tratemos de purificarla, y borre el fiel sagrado culto ciegas abominaciones. Habiéndose obedecido con gran vigilancia el orden que nos diste, se han hallado algunas minas informes, y no cargadas, también sesenta piezas de bronce, y en número competente viveres, y municiones. Y aunque todo mi cuidado se aplique a lo que le importe, recorriendo las despensas, no he encontrado en sus rincones ni una brizna de tocino, ni una botilla de aloque; con que llamando la sed, mi seca palabra moje. Esta gran fábrica es la Iglesia. Y dentro se oyen instrumentos. Ahora en ella entraron los Sacerdotes, celosamente inflamados de Católicos fervores; cuidando de que al momento decentemente se adorne al uso Cristiano, a fin de que se limpien las torpes manchas de Othomanas ciegas bárbaras supersticiones: y donde restituido felicemente, coloquen el Estandarte de Cristo sus devotos corazones. El Trozo de la Capilla, que te sigue, en dulces voces al mismo intento previene diversos Himnos, y motes, cuya métrica dulzura dice en sonoras canciones. En la Metrópolí Sacra de Ungría, Campaña en que el Cielo sus triunfos dispone; cantando la Fe repetidas victorias, Cristianas Vanderas gloriosas tremolen, y en dicha del Orbe, del Orbe Cristiano eternicen la dicha lauros, palmas, jaspes, bronces. Mi alegría el compás lleva a sus cláusulas acordes. Señor, hacia la Ciudad en dos caballos veloces, hijos del Céfiro, vienen dos Turcos, y es bien me informe de la novedad. . Ya prontos se apean, y se disponen a pedir plática. El Cabo con admiración los oye, y trayéndolos consigo, penetran los Escuadrones. Ya se acercan, y ya llegan. Para que a tus pies se postren. Qué queréis? Fiadosos Cielos, organizadme las voces. A vuestro amparo, señor, dichosamente se acogen dos infelices, que habiendo padecido a los rigores de la fortuna; encontrados vientos que al engaño corren en piélagos de desdichas, tormentas de sinrazones, en la nave de mi ruego al glorioso Puerto noble de vuestra piedad arriban imán fue a sus corazones, norte a sus felicidades, para que a un tiempo se logren, hallando en vuestra piedad el puerto, el imán, y el norte. No eres tú con quien se hicieron antes capitulaciones y las llaves me entregaste de la Ciudad? . A los golpes de la fortuna rendido y a las fuerzas superiores de tú más que humano impulso. Pues qué quieres? Que en mi logre nuevo triunfo tu clemencia. De qué suerte? . Aquesta joven hermosura, a quien disfraza el traje, señor, de hombre es mi esposa, cuyos ojos fueron hermosos arpones, con que el blanco de mi pecho hirió el Dios de los amores: Competidor poderoso tuve en mi amor, porque el torpe embarazo de los celos dichas a mi amor estorbe. Oh freciose el reforzar a Estrigonia, y ofreciose el que algunas Tropas yo condujese, porque entonces había en Buda el recelo del efecto que hoy conoce tu heroico brazo, que llegue a los términos del Orbe. Siendo preciso ausentarme reconocí lo que importe no dejar en el peligro a mi esposa, cuando note que el poderoso atropella para que el súbdito llore. Negado estoy a volver Invicto señor, adonde es fuerza que mis desdichas el fatal término toquen porque mi competidor es preciso, que no ignore el hurto de amor, que nunca los hurtos de amor se esconden y aunque pudiese lograr vivir oculto, no escoge mi ventura más ventura, que llegar donde mejore, vuelvo a decir, esta Nave infeliz de mis temores a vuestras plantas su rumbo, no permitáis que zozobre. Alza, Turco generoso, que yo te ofrezco el que goces de tu esposa los cariños felizmente, porque el noble fin de valerte de mí, en obligación me pone de ampararte. . Eternamente ensalze el Mundo tu nombre. A tus pies, señor, el alma tanto favor reconoce, y el alma quisiera. . Daros a entender cuanto la noble generosa piedad vuestra en nuestros dos corazones ha conseguido, pues tiernos. Firmes. Gozosos. . Conformes. El Bautismo solicitan. Qué es lo que escucho! Mejore nuestra suerte la Ley Santa. Pues de altas inspiraciones nuestro espíritu inflamado, el impulso reconoce; y obedeciendo el deseo, halla en vos glorioso móvil. Lágrimas hay de alegría; de esta verdad os informen mis lágrimas. . Oh gran Dios; Ángeles te alaben, y hombres. Pues descansen, entretanto que al Bautismo se disponen, y se casarán después: con que no falta este conque a la censura del culto, que repara más, que oye. Pues Vuestra Alteza se encargue de que el Presidio se forme, y la Ciudad fortifiquen Alemanas guarniciones. En tanto que doy aviso al César de los favores que le participa el Cielo, vamos a la Iglesia. . Adónde con todos mi voz gozosa el Himno Ambrosiano entone, dando al Señor nuestro culto inmensas retribuciones. Venid los dos, porque intento que ahora veáis el orden con que la solemnidad de nuestra Fe reconoce beneficios Celestiales, y vuestra dicha se logre, después que carequizados, y dignamente conformes lleguéis al Santo Bautismo. Pues a un tiempo nuestras voces con los sonoros acentos digan en unión conforme, olorioso m , . En la Metrópolí Sacra de Ungala, Campaña en que el Cielo sus triunfos dispone, cantando la Fe repetidas victorias Cristianas Vanderas gloriosas tremolen; y en dicha del Orbe, del Orbe Cristiano eternicen la dicha lmás, jaspes, bronces. lauros,