Texto digital de El sitio de Viena
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- El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Lisboa, Miguel Deslandes, 1684).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El sitio de Viena. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/sitio-de-viena-el.

EL SITIO DE VIENA
JORNADA PRIMERA
Co Ve os parece de la Corte de Polonia? . Me pa- heroico Príncipe, que es Trece, digna de sus Altos Reyes. Vos seáis muy bienvenido, Conde Vbalstáín. Mi suerte es felice, cuando llega a la dicha, que me ofrecen vuestras plantas. . Las noticias, que de vos tengo, convienen con vuestra persona. . Nanca merecí, que aún ser pudiesen dignas de vuestros Reales vidos. Reg. entir noo puede vuestra tana. . La fortuna sigue a demérito siempre. Modeso sois, y bizarro. Señor. Bien hayan los Reyes, que del honor, que reparten, sanen gastar lo que tienen, y cautivan con el modo. ̱. Quita, loco. Quién es este? Es, Señor, criado mío Y quién los Reales juanetes? vuestros besará, si dais licencia, de que los bese. Cómo os llamáis? Yo, Señor? Mostillo. . Mostillo? Tiene luego origen, mi apellido. Cómo allí? Porque desciende de España. . De qué lugar? De Mostolos. Pues no eres, Tudesco . Si Señor, bien que todo mi origen viene de los organos del vino, que fue mi primera leche. Apártate ya, ignorante. Yo me apartaré sapiente, si te lo permite el Siglo. En esta carta refiere el Emperador, que solo en vuestras lealtades puede librar noticias, que aguardo de vuestra voz. Atendedme, Tercero Juan de Polonia; Marte Católico, y Fuerte, cuyas gloriosas proezas, porque el Orbe las venere, fiel Coronista la Fama imprime en las siempre verdes tejidas hojas, de que hacen volúmenes los laureles. El gran César de Alemania, (omitir mi acento debe el referiros sus grandes virtudes, porque no puede un afectuoso vasallo; cuando a su Rey encarece, dejar bien puesto a otro Rey, sin que la pasión le lleve, a que en lo atento peligre, cuando en lo sino se empeño) Leopoldo de Austria, Señor, con quien reciprocamente gloriosa amigable unión vuestra Corona mantiene, porque a Alemania, y Polonia feliz el tiempo respete, me envía a daros aviso del nuevo empeño, que tiene con las Armas Otomanas; pues inopinadamente los términos Imperiales pisan las armadas Huestes T del Turco, en cuyos motivos nada discurrir le puede mas, de que a fuego, y a sangre por nuestras Provincias entre; si bien, estos movimientos se sabe fundadamente, que de antigua traición nacen: forzoso es doblada quede la hoja, y vuelva al informe con otros antecedentes. Pocos años ha, Señor, que ajitada interiormente la mina de la ambición, brotó el incendio rebelde en tres Volcanes traidores, en tres Besubios insieles, los tres Condes, de Nadastí, Franchipan, y el vano siempre Conde de Serín, que Hidra de pensamientos rebeldes, a una cortada cerviz infames renuevos crece: Esta, pues, traidora lunta, este Triu: virato aleve, con ánimo de partir entre si el Imperio emprenden la horrenda resolución de dar a Leopoldo muerte. Pero el Cielo, que piedoso con su providencia atiende al benelicio conmún en la vida de los Reyes, la conjuración descubre, para que los delincuentes as escarmiento trbuten cuanto a la justiria deben: en un público suplicio las tres cabezas crueles de los cuerpos se dividen, porque paguen justamente del delito, y de la vida dos deudas con una muerte. Intre varias circunstancias, confesaron que otras veces su muerte intentaron: y una, en que el César casualmente de Franchipan al Castillo se sio, el tirano huésped dispuso, que en la vianda tosigo eficaz se mezcle; pero la leal esposa del indigno Conde entienda la traidora alevosía: y para que no surtiese aquel detestable efecto, fiel, y piedosamente (que no es nueva, siendo nobles, la piedad en las mujeres otro plato semejante ordeno hacer: con que al verse desarmado del veneno el de Franchipan, convierte contra su mujer las iras, que fue víctima innocente consagrada a la lealtad, en cuyo Templo merece Estatua inmortal de aplausos, que su nombre aclamen siempre. En otra ocasión, Señor, casual, o advertidamente, de la nocue en los silencios, cuando hasta el can enmudece, y es el opio de las sombras letargo de los vivientes, un travieso Pagecilio por el imperial accrete iva pisando tinieblas: cuando en un ángulo advierte lento murmúreo de voces, que escucha, y no comprende. La primera acción del susto al mayor cuidado cede, acerca se recatado, el movimiento suspende, llama la atención del alma, y en mi tamorfosí breve sus sentidos, y potencias en su oído se convierten. Oyó, en fin, que los traidores (Tiemblo al decirlo) confieren con un Capellán indigno del Emperador, hacerle. de Ministro venerable, sacrílego considente, disponiendo que en la Hostía (hasta el horror se estremece! EL ara ejecrable maldad!) (os cándidos accidentes Iprofane el veneno infame: gima el Cielo, el Mundo tiemble, si en osadías enormes a tanto un hombre se atreve, que hacer presume ambicioso, que hasta a salud enferme, que la pureza inficione, y la triaca avenene. Atonito aquel criado de la conjura insolente lleva al César la noticia, que airado, y tierno se ofenda mas del sacrílego insulto, que del riesgo que padece; y a las Aras prevenido llegando el día siguiente, al tiempo de recibir el Alimento Celeste, disimulando modesto, propuso excusa decente; obligando al Sacerdote, que la Forma consumiese; en cuyo alevoso pecho subita, y eficazmente entró la muerte a su vida, o no halló vida su muerte: que si el tosigo del alma ejecuta más vehemente, quien duda, entre dos venenos, de cual primero muriese, cuando en la lucha de entrambos, el más poderoso vence? En fin, de aquellos traidores, (que aún la memoria se ofende) aún no se apagó el incendio de la maldad; pues rebeldes tiranas cenizas hoy llamas brotando crueles, on las Ungaras Regiones, no solo las justas leyes del Emperador desprecian, pero (qué dolor!) padecen de la Hérética persidia el contagioso accidente. Tan formidable se halla el Enemigo Tequelí, que en la Ungría Superior no pequeña parte ofrece invicta Real Corona a viles indignas sienes. Este, pues, nuevo tirano, que la soberbia engrandece al aliento de la infamia, que la fortuna desmiente, cauto, y astuto propone ajustes, con que previene enflaquecer los refuerzos de las Imperiales Huestes: el fin solo es divertir, en tanto que se cautelen al traidor infies designio sus máquinas diligentes; con que negociando armado, aquí desdoblar se puede la hoja, que doblé, volviendo a que se hace evidente, que su traidora ambición la Othomana fuerza mueve, demás de las circunstancias, que nuevas sospechas crecen de inclusiones poderosas de otros somentos, que emprenden inútilmente arruinar la Casa, que Dios defiende. Hoy, pues, a Leopoldo alumbren las luces, que resplandecen de la amistad, sus opuestos con vuestros auxilios tiemblen; por ellos vengo, Señor, el Polaco brazo fuerte desienda causa tan justa, que tanto impulso merece; para que la Iglesia triún se, y vuestros Reinos aumente; para que al ciego Othomano su mismo asombro atropelle; para que torpes cervices de los Ungaros se quiebren; para que Leopoldo vea que atenta amistad os debe; para que imortal aplauso vuestra memoria celebre, coronando vuestra fama de glorias, y de laureles. El oído, y la atención de tanto caso pendientes he tenido, y admirado, Conde Ubalstain, me tiene Leopoldo, no sin envidia de sus virtudes; pues quiere provido el Cielo, que luzca la constancia de tan fuerte heroico Varón. En esta, Señor, el Turco insolente declara la guerra, bien que leves causas exprese. . Leed vos, Alejandro. El perro, sin duda alguna, que tiene mal olfato, pues en vos sus escarmientos no huele. Sultan Mahomer, Cham, Rey de Reyes, Señor de los Seño- res, Emperador de Constantino pla, Trapisonda, Persía, Arabia, Suria, Egipto, Asía, y Europa, Príncipe de Meca, y de Jerusalén, Dominador de todo el Mar, A ti Leopoldo Emperador, salud; pero no la deseas, pues abusando de nuestra amistad, tuviste secre- tos consejos con otros Reyes, para apartarlos de nuestra dominación, en que obraste imprudentemente, debiiendo vivir con el temor de la muerte, que has procurado a tu persora, y a tu Pueblo, estando nos- otros determinados a asolar tus Fortalezas, arrancándote de la tierra, y plantando en Alemanía la Seta del Profeta grande, sin que se libre ninguno de nuestras ma- nos, hasta la extirpación de tu me- moria, y última ruina de tus gen- tes, a quienes no librará el Dios Crucificado, pereciendo en eterna esclavitud los que escapar en los silos de nuestra vengativa espada; y si- guiéndote, hasta acabarte, condena remos al arado a tus Presidentes, y Consejeros, haciendo, que los tiernos pechos de las mujeres, y los niños sean pasto de las fieras, y los perros. Cesa, porque ya no es bien dilatar el responderle al Emperador; decidle, que mi intento. Cuáles? . Este: Nobles gloriosos vasallos, hoy más, que nunca, se debe acreditar vuestra fama, y mi fama; hoy el valiente Polaco espíritu al Turco bárbara fuerza domeñe; sin dilación se prevengan de mis numerosas gentes las Tropas. . A empresa tanta la dilación no conviene, Marte desde las Esferas su espada fulmine ardiente, horror salga, rayo baje, arpón corra, flecha vuele: cubran las Polacas Haces campos de Neptuno, y Cares espumas, o espigas sean, unas cortén, y otras sieguen: ya estáis Conde, respondido. Dejadme, Señor, que bese vuestras plantas, de que el Mundo aún será estrecho tapete. Qué tapete? alfombra Turca será, Señor, la que huellen vuestras plantas, cuando el uso, que de animales las teje, y flores, halle a la mano perrillos, de que se llene; siendo la color del campo infiel púrpura caliente, para que salga mejor entre lo rojo lo verde Conde, partid a Alemanía. Alas mi deseo preste a mi lealtad. . El extremo de mis afectos, bien puede estar el Emperador seguro que manifieste. Numere, Señor, el tiempo vuestra edad por la del Fénix. Vivid más, que vive cribas. Volveréis, Mostillo, a verme? Si haré, Señor, que ahora yo reviento de puro fuerte, y en mí ha de ver Alemanía un Tudesco tan valiente, que digan todos que soy Sorbe, si no Mata siete. . Conde Tequelí, a mis brazos llegad. . En ellos mi dicha, invicto Conde Serín. SITIO y mi amistad se eternizan: este disfraze tomado, por si alguien me conocía en Viena, y por cautelarme al cuidado, o la malicia. Forzoso ha sido el venir a Viena desde Ungría, para hablaros, cuando vos a asistencia precisa del Emperador faltar no podéis; pues se daría motivo con vuestra ausencia a sospechas, que podrían estorbar nuestros designios. En las prevenciones mías tenemos que conferir, que aunque estáis con la noticia vos de las más principales, en las cartas, y en las cifras convino, que algunas veces las circunstancias homita, que a vos importa el saberlas, y a mi importa el referirlas. Lisonjearéis mi cuidado, y pues este cuarto dista del concurso, y está fuera el Emperador, decidlas. Ya sabéis como mi aliento heroicamente a andilla de los Ungaros valientes la poderosa Milicia: tambié sabéis como algunos años la arrogancia mía ha mantenido el glurioso motivo, que justifica la libertad de la patria, por quien parte de la Ungría mi voz ha tomado; siendo armadas Tropas lucidas las que mi nombre celebran, y las que mi diestra animan: pues en algunas victorias, que logro mi bizarría, ocupando en el Imperio Plazas, Ciudades, Provincias, que al amago de mi enojo, como al golpe, se rendían, era premio de mi orgullo el ver mi fama aplaudida, porque el Aleman asombro los laureles me tejía. Viento en popa mis aplausos, golfo sulcán sin orilla, con tan felices progresos, que creciendo cada día, a la fama de valiente la de poderoso unida, era un imán de victorias, con cuya fuerza atractiva, al número de mis Huestes nuevo número añadía la vaga, la indiferente turba, que el ocio acaudilla, que hacen sequito al poder la ambición, y la codicia. Hasta aquí sabéis, ahora lo que no sabéis prosiga: ciertas capitulaciones, (por persona fidedigna) tengo hechas, con Mostafa, (que Gran Visir se apellida, por privalo de Mahomer Cuarto, Señor de Turquía) que ha de poner en mis sienes, como en mis manos la invicta Corona, con los Estados hereditarios de Ungria, Behemia, Silesia, Morabía, (roacia, Carnisiola, Estiría, Tirol, y las Austrias, dando a su Imperio no crecida contribución los Dominios, que adquiera la diestra mía. Estas, y otras condiciones, del Gran Visir admitidas, han movido el poderoso Ejército, que ya pisa campos de Alemanía, siendo el número que se alista de combatientes en esta suerte orgullosa Milicia, cerca de ducientos mil, que de Naciones distintas se componen, pues del Asía, y la Tartaria militan orgullosas gentes; siendo a su ejemplo, y con envidia generosa, los bizarros Genizaros, los que avivan el fuego, que al Mundo abrasa porque su aliento respira de suerte, que incorporando mis gentes yo. . No prosiga vuestra voz, que en tanto empeño mal puesta la amistad mía quedará, si en el silencio su cuidado deposita. No ignoráis, Conde, mi ofensa, pues sabéis (fiera desdicha!) cómo (tirana memoria! perdió (qué triste ignomima!) mi padre (fatal afrenta!) en un Cadahalso la vida: pues ahora mis agravios la venganza solicitan, para cuyo fin, mi aliento de vuestro aliento se fía: ya veis que puedo ser parte al todo de vuestras dichas; pues aunque el Emperador nonras afecta crecidas, teniéndome en su servicio, a mi condición altiva no obligan nada; pues ella tibiamente las estima, ni obligan demonstraciones, a quien ofendido obligan; además, que yo no se si son ciertas, o fingidas: en fin, para que veáis cuanto mi amistad auxilia vuestra amistad (que este pacto nuevamente le confirma) sabed, que con el Visir tengo la palabra mía también empeñada. . En qué? En que a Viena en breves días le he de entregar. Qué he escuchado? No solo esto mi osadía logrará, pero a Leopoldo, y el resto de su familia le pondré en las manos. Cómo? Eso el effecto lo diga. Pues qué intentáis? La venganza. Quién la somenta? Mis iras. Pues yo os ofrezco. Yo admito. Mi persona. . Ella me anima. Y mis armas. Solo en ellas la satisfacción se libra de mi agravio. Vuestro empeño. es mi fin. Para qué ciña el laurel de la venganza. Para que el vínculo exista de nuestra concordia. . Para que todo el Imperio rija vuestra Ley. . Para que el Orbe tema nuestra fuerza viuda, T10 para que mi dicha os deba Para que Leopoldo. Viva, viva nuestro Emperador. Ah contingencia enemiga; pues tirana de mi labio, cuando mi acento quería decir que Leopoldo muera, dices tú. , . Leopoldo viva. Muera Leopoldo, pues esta contingencia repetida casual Oráculo ha sido, que a nuestro cuidado afirma nuevo aliento, cuando está en contingencia su vida. Viva nuestro Emperador, la gloria de Austria viva. Esto es, que a Palacio vuelve de aquella Iglesia vecina de San Esteban, y ya es forzoso, que le asista, aunque a mi pesar; si bien, veré a Leonora divina, a cuya beldad mi fe toda el alma sacrifica. Pues yo volveré a buscaros Conde Serín, esa misma confusón me ayudará; pues este disfraz me aniñía, para retirarme ahora, y búscaros otro día. Pues a Dios, Conde. Él os guarde. Para cumplir la ofrecida resolución. . Ya la espero, aunque una, y mil veces digan. , . Viva nuestro Emperador, la gloria de Austria viva. No diga que bien discurre el Príncipe, que no diga que su desgracia, o ventura, solo el Cielo determina; y pues piadoso mis hierros tan justamente castiga apelaré a sus clemencias, por no temer mis desdichas. El Cielo, Señor invicto, aunque vuestro Imperio aflija ama vuestro Imperio más, cuando aflicciones le envía pues no es nuevo en los trabajos ser presudios de las dichas. Siempre Vuestra Majestad, adorada Esposa mía es consuelo a mis cuidados. Depende de ellos mi vida. Vuestra constancia, Señor que advierte venera, admira el tiempo, estímulo es, que todo espíritu avisa. Siempre el vuestro, generosa Carlos de Lorena, envidia la fama, y nada recelo cuando mis armas se fían de vuestro heroico valor, que todo el Orbe acredita; mi Capitán General sois, Duque, el Imperio libra su defensa en vuestro brazo. No porque mi diestra rija vuestro Ejército, que nunca fue de tal empeño digna, se ha de esperar la victoria, de mayor impulso fía mi corazón. . Cuál es Duque? El mérito de la invicta Casa de Austria, en cuya gloria tiene el Cielo establecida la defensa del Imperio. Y los premios que eterniza a la Fe, y la Religión, de la Real Esclarecida Prole vuestra, el Orbe tedo gloriosamente pública, tantos Católicos Timbres, que el respeto solemniza en vuestrosl regenitores; el Gran Rodulto lo diga. dígalo Majimiliano, y todos los que se sigan en Alemama, y España cuya piadosa excesiva devoción (si puede haber exceso en ella) autorizan tan Csistianos ejemplares de obsequios a la Divina Majestad del Sacramento Santo de la Lucaristia: cuantas veces sus fervores, de el tiempo contra las iras, se acreditaron, sirviendo a tanta Deidad? qué homita es bien, lo que nadie ignora: todos saben, que ofrecida tiene el Cielo a esta Real Casa, Alta Succesión luvicta: y en fe del ardiente celo, sus influencias benignas le han de repetir los triunfos en victorias succesivas, contra la Otomona furia, contra la ingrata perfidia de sacrílegos insultos: pues si en esta piedra afirma su fundamento la Iglesia, si en su Cielo eternos brillan estos Héroes, como Astros de Virtudes, y les fía, como (ristianos Atlantes, toda su Essera Divina; quien duda que los mantenga, en el vigor de la limpia Fe, con que fuerza invencible a humano poder resista? De este inopinado asombro, con que el Turco se avecina al Imperio, no discurro la nueva causa, que obliga a declararme la guerra, cuando tregua establecida sus Lunas siempre inconstantes con mis Águillas tenían. Mucho temo los impulsos de traiciones enemigas. Cuando en la sospecha hay causa, mas la sospecha se aviva. El tiempo que a mis sentidos vuestras luces peregrinas, bella Leonora, no alumbran, ni descansar, ni respiran. Bien hallados, según eso, en la teniebla estarían, pues pudiendo huir la sombra, a la claridad no aspiran. Si lo decís por la falta, que ahora en serviros. . No estila, ni aún el pensamiento mío las atenciones más finas echarmenos; pero solo digo, que a las luces mías, no echéis culpa de las sombras de vuestros sentidos. . Iva mi cuidado aquel instante, que el asistir me retira al Real acompañamiento, solo a dejar prevenida una dicha, que sin vos. . Qué decís? No será dicha. No os entiendo. Yo me entiendo, y confío en vos. . Precisa es la ocasión, y oportuna para hacer las rogativas devotas, en que los tiernos santos corazones pidan al Cielo feliz victoria, mana malicia Si en el Archivo del Cielo, este caudal deposita Vuestra Majestad, quien duda que con tal tesoro, rinda todo el poder del Abismo, que Mahometanas altivas llamas enciende, quizá porque de una vez se extingan? Conde Estaremberg, las grandes lealtades vuestras me obligan. No es dichoso quien no arriesga por vuestra vida su vida. Que nunca vea en el Conde . Serín indicio, o premisa, de concurrir al deseo, que las quietudes codicia de el Imperio? mis favores con su vanidad altiva poco pueden; mas preciso es, que la májima liga de hacer amigo a un quejoso, algún cargo en la Milicia le he de dar para esta empresa, por si dejo agradecida su condición; pero quien me dirá, si determina bien mi cuidado? . Este pliego Válgame Dios! qué decías? Que este pliego tras de Roma un Correo a toda prisa. De el Pontifice Innocencio es, leer quiero. Qué quería el Cónde Serín? . No sé, ay Flora, que mal se aplica a escuchar otro cuidado, quien tiene el suyo en prolija suspensión. . Por qué lo dices? Porque la memoria mía en el Conde Ubalstaín. únicamente se alivia de la pena, que en su lazga ausencia padece. . Mira, mientras un Conde está ausente, no era malo divertirla con otro Conde, y hacer lo que los Condes estilan: Cielo santo, Dios inmenso, una, y mil veces rendida el alma, gracias ofrece a vuestra Sabiduria. El afecto Paternal . . de el Pontifice me envía a decir en este Breve, que en prisión a toda prisa, ponga a Serín, cuya ciega, ingrata, desvanecida intención, mis enemigos ha conmovido, y máquina otras nuevas asechanzas a mi vida. . Vuestra vi guarda milagrosamente el Cielo, cuando os avisa con tan alta voz el riesgo. Asistencias muy crecidas de dinero su piedad liberal me conmunica, medios a la guerra, y con los tesoros me auxilia de la Iglesia, franqueando alta riqueza divina en el grande Jubileo, que al Orbe Cristiano envía. Notar debemos un grando milagro, pues quien creería ser la traición en Viena, y dar Roma la noticia? Yo voy, Señora, al instante a responder lo que estima mi veneración los grandes afectos, con que me obliga el Vice Dios: Oh quién fuera a besarle el pie infinitas veces! Oh cuantó he sentido las prevenciones altivas de Serín! Mas ya es forzoso, que la diligencia mía mañosamente le prenda, porque la torpe malicia de su sequitó, no estorbe la ejecución; yo quería, Duque. . Señor? Que mañana, pues las tropas prevenidas están, marchéis. En el campo la primera luz del día me alumbrará. Quiera el Cielo, que de la Otomana ira triunféis. . No dudo, Señor. la victoria, cuando guía vuestros Pendones la Fe. Ella es alma de mi vida. Qué carta pudo ser esta, . que reservada, y leida de Leopoldo? Pero sea la que fuere, no me aflija nada; pues solo en mi arbitrio está su muerte, o su vida. En aquesta campaña, cuya esmeralda hermosamente baña, el caudaloso Raab con sus cristales, alto habemos de hacer: Campos fatales, de Alemania, mi orgullo os avecina el asombro, el estrago, la ruina; con esfuerzo sublime el Otomano Ejército os oprime, de quien temerse debe dilatado castigo a impulso leve. Aún no han de blasonar los Elementos, que existirán de mi poder exentos, temerán de mi orgullo ser despojo, expuestos al amago de mi enojo: pues al enojo ciego, de mi fuego ministro será el fuego: aún mejor, que el horror escandaloso del fuego, el humo, el polvo, y el estruendo, empañará mi aliento riguroso el diáfano cristal del aire, siendo en su Región mis ame nazas graves peligroso contagio de las aves, de cuya boreal guerra escarmentada, temblará la tierra, donde frutos, y flores el Cierzo ha de asolar de mis rigores; el agua en mudas quejas naufragios crecerá de ondas vermejas: mi cólera en abismos precipite los ámbitos de Ceres, Ansitrite, dominando su término violento en el agua, la tierra, el fuego, el viento. En el viento, en el agua, el fuego, y tierra, por la ley, por la patria, y por la guerra, cuando no por mi amor siempre propicio, consagrada la vida en sacrificio, heroico Mostasa, a tu lado llevo, y ya contra el Cristiano esperar debe dilatada victoria, que eterna duración a tu memoria nuevamente establece porque presaga el alma te la ofrece. Hermosa Luna bella, que siendo envidia de una, y otra Estrella, hoy mi Estrella aseguras, y triunfante me constituyes, cuando soy tu amante, aún más, que esposo tuyo, quien podía poner en duda, amanda prendamía, mi triunfo, y mi victoria? solo a tus luces deberé mi gloria; pues hermosa, y constante, jamás en tu esplendor hubo menguante. Aunque es grande el empeño de tanta empresa, que tu aliento llama, irá tu glorioso dueño l Gran Señor ofreces nueva fama, justoles, que premedite bien tu aliento el diffícil, el arduo, el noble intento de intrar así en la tierra del contrario de valiente se pasa a temerario; pues tan osadamente no sé si es bien aventurar tu gente tu fama, tu riqueza, y aún tu vida: pues quien duda, que tenga prevenida el Aleman defensa en su campaña, para estorbar tu formidable laña? Aunque es diffícil, que mi saña estorbe aún el mayor estrépito del Orbe, ya sabes, que en Ungria, y Alemanía capitulado tengo. . En la campañía no hablar, Zarifa, a Fatimín? No intento hablarte aquí. . Pos qué en el aposento? Es caso escandaloso. Pues Mahoma no ser escrupoloso: entanto que poneldes tiendas vemos, de cosas de me gusto hablar podemos. Dime, pues, Tatimín, para esta guerra te sientes con valor? . En tanta berra Crestiana gente, con me limpia esbada, e me sucio valor. Qué has de hacer? . Nada. Tus dudas son ociosas, cuando ajustadas estas, y otras cosas con ellos tengo. . Esposo, mis temores solo ceden a impulso de traidores. Los temores destierra, pues me escuchas. , . Arma, arma, guerra, guerra. Qué rumor es este? Al punto, Señor, que hacer alto mandas, y en este campo las tiendas portatil Ciudad formaban, de esotra parte del Río vimos, que las Tropas armadas de Caballos, y de Infantes discurrían la campaña: llegaron los batidores a reconocer la causa de que a la orilla del Río la verde margen pisaran; vieron, Señor, que estas gentes breve número de escuadras componian, que en el traje parece son Alemanas; y reconociendo el sitio, es sin duda, que se hallan prevenidos a estorbar, los vados del Raab, pues guardan en cuatro distintas partes, en cuatro distintas entradas, que fáciles muestra el Río; mira, Señor, lo que trazas; pues tu gente en el incendio de sus pechos medio halla a facilitar los vados, enjugando el fuego al agua, pues el ardor del coraje en las ondas no se apaga: y con valor imaciente de la cólera la llama, si se oprime en obediencias, romper sabrá en arrogancias: de suerte, que no cabiendo en sí mismos, dar batalla desean, ditiendo todos. Guerra, guerra, al arma, al arma, Aún que el vado de ese Río pasar quería mañana, no permite dilaciones mi aliento, ni el que le halla en mis soldados, y así. Guerra, guerra, al arma, al arma. Me no estar ben con aquestos retentines, e batalias, cuando me querer dormir, e descansar Qe no salgas de este sitio, Luna hermosa, te ruega mi amor, Ea, basta, que el venir contigo yo, no es a quedar desairada: toca al arma. Al arma toca. Sen duda que estar borracha esta mojer, pues la ruegan con la paz, y elia se anda boscando el guerra. Mis Tropas a que esperan, que no esguazan el Río? Turcos valientes, ya mi diestra os acompaña, este es el primer empeño de esta empresa, en que fundada tiene mi aliento su gloria, para lustre de la fama. Toca al arma. Al arma toca. Guerra, guerra, al arma, al arma. No vienes, Fatimín? . Me no estar pronto a la batalía, perdonar, jonior Visir, e tu oír una, palabra. Qué es lo que quieres decirme? Que estar costumbre endiablad. esta de llevar cargado con su mojer a campañía un hombre su besadumbre, e si tú con me te casas, no venir con me a la guerra. Por qué? El razón estar clara, porque si también traer el requezas, y el alhajas, ser tan buena alhaja tú, que querer dejarte en casa. Arma, arma, guerra, guerra; Ya empieza la lid, acaba, entra en ella. Me decir. Guerra, guerra, al arma, al arma, Es posible que en un día. que el Grande Monarca nuestro sale a dar gracias a Atocha con su Católico afecto, y que el común regocijo falta, y brinca de contento, tú sola, y tu condición me repudrán con tus celos? Si Señor, que tales días en las calles del paseo, y en las ventanas, se ponen Damas, a quien suele el mismo Diablillo labar la cara. Jesús, qué notable yerro! te aseguro, que no he visto hermosura de provecho. Luego ya lo has reparado? pagaranlo los cabellos. Quiétate, mujer del Diablo, y hacia aquí nos apartemos, para ver pasar la gente; pues suele haber raros genios, y mientras que llega el Rey, divertiremos el tiempo. Enfrente de aquestos Niños Desemparados me quiero poner, y no has de mirar, sino solo a mí, y a ellos. Aqueste es un Ponderado, a quien todos conocemos, por sus vueltas de volillo, y seis botones, que el cuello levantan de la golilla, con que pretende un gran puesto. Pues ayudan los botones a ser dichoso. . No es nuevo, que alma tienen los botones, para grandes pensamientos. Y cómo se llama el dicho? Don Toribio Camafeo. Domingo? . Qué meu siñor? Doy los pasos a concierto? porque yo, por si se tuercen, traigo pasos de respeto que remudar, di, Domingo? voy pisando bien? . El suelo, men siñor, responderá, porque mis patadas veo pisar como su merced. Calla, ignorante, grosero, que mis pies pisan en cifra. Yo no entiendo aquesos tiestos. Qué bella ponderación? Bella? pues aquí un momento no has de parar, que las bellas son las que a mí me dan celos, Ponderaciones te enfadan? Sí, que muelen por extremo. Gracias a Dios que he encontrado en Madrid a Gerineldos, que es un Mozo muy galán, según dicen en mi Puebro, porque este Sueldado tiene sus señas, ni más, ni menos, y a mis pescudas sabrá responder tan barbihecho. . Pregunta, simple Aldeana, que los Soldados sabernos de trabajos, y es trabajo de cualquiera cumplimiento, responder en cortesía a la pregunta del necio. El caballo en que va el Rey sabe hablar? . No digas eso que el caballo es una bestia. Cómo de esas bestias vemos habrar, y suelen habrar sin razón, pero muy recio; a dígalo mi Pollino, que cuando rebuzna, pienso que me dice algo, y así pensaba yo en mi perjeño, que el caballo, en que va el Rey, rebuznar sabría en verso. Quiéreme un poco. Se bulra? No, a fe de Soldado viejo. Pues sepa, que Copidillo, ese Muchacho travieso, me tiró un quillotro al alma, que parece esto, y es eso; es esto, y también estotro; pero la coprilla temo, que, aunque estemos en la calle, al oído cantar quiero. - El Amor del Soldado . no es más de un hora, en tocando la caja, adiós Señora, Calla boboncilla mía, que también dijo otro verso. Si me quieres te quiero bella zagala, si me quieres te quiero, seño, no hay nada. Toma un abrazo tan grande, que parezca un Filisteo. D Graciosa es Labradora. Graciosa? mudar de puesto, que usted no ha de escuchar gracias, si no es de mí, a de mi abuelo. Aguárdate, que aquí llega, un bravo par de sujetos. Quién son? . El uno es Perete, cuyo sencillo gracejo bien recibido en Palacio está, y el otro más viejo, el Alma de Purgatorio, que para el divertimiento, son dos extrañas figuras. Pues sus temas escuchemos. Qué hay amigo usté en la fiesta? Si amigo, porque hoy no peno, y he cobrado la ración, por sufragios dol Burco. Desde Trasierra he venido, a pedir al Rey un puesto para mi muje, aunque he de matarla primero. Pues para después de muerta le quieres? . Así lo intento, y he de pedir su futura. No ves, que yo ya me he muerto, y nunca llegará el case. A esa locura me atengo. No la creéis? Imaginatio facit casum. No lo entiendo. Audaces fortuna juvar, también se dijo por esto. Que le parece el adorno delas calles del paseo. A mi desde el Purgatorio me parece de los Cielos. Como el Purgatorio tiene en esta vida? . Comiendo. Miente, porque earde más que un sabañón. . No lo niego. ETE Ni yo, pues está cebado como un grandísimo, puerco: por tener tal Purgatorio, me entrara yo en el Infierno: de más que estar en Palacio, por una gloria lo tengo. Y qué son sus penas? . Ver este, y otros majaderos. Pues si queréis padecer, vamos estas calles viendo. Médice, cura te ipsum. Deje Latinajos viejos. Y usté a qué vino a Palacio? Mire, yo he venido a un pleito desde mi lugar; y el caso es, que descasarme quiero, por salir de un pleito. . Cómo? Cómo, en mi casa le tengo con mi mujer todo el año, y a que disponga el Rey vengo mi divorcio, si consigo que lo declare el Burco; y faltando mi mujer, no puede durar el pleito. Muchos casados habrá en el Purgatorio. . Es cierto, que aunque en la vida le pasan, algo queda paraluego: solo esa pena me falta, porque yo, gracias al Cielo, soy el Ánima más sola. Pues lleve el Diablo su cuerno. Sea por amor de Dios. Vaya, que es un embustero. . Sea en descuento de mis culpas. . Tras ellos vamos. . No quiero. Por qué? Porque no ha de ser como otros que hay en el Pueblo, que hasta a las Ánimas. . Qué? Del Purgatorio hacen gestos. 1. Por el siglo de Bernardo del Carpio, y el Cil, que temo que tanta gente me hunda la valentía en el cuerpo; que no haya danza de espadas en día de tal festejo? 2. Una me está a mi acabando en Alcorcón un Vidriero, para dársela a una Daifa, amiga de hacer pucheros, porque a ver a se acostumbre a todas horas, y luego haré, que a macha martillo me la componga un Herrero. 1. Para que el Alcorcón dure, ese es el mejor remedio. La valentía es la cosa mas linda del Mundo. . Presto andemos más adelante. Qué te da, mujer? Muy bueno es preguntarlo, no sabe el atrevido grosero, que solo yo soy la linda, de quién ha de hablar? Qué es esto que me sucede? no traigas las quejas de los cabellos. No ha de mirar, sino solo como miran estos ciegos. 1. Juan? 2. Lucas, por vida tuya que estas calles vamos viendo, porque mañana en mis coplas la relación hacer quiero, pues vendiéndola a dos cuartos, llenaremos el talego, pregonando a gritos: La NETE feliz victoria, y suceso, C que las Armas Imperiales, y las Polacas a un tiempo sobre el Sitio de Viena, contra el Gran Turco tuvieron. 1. Muy buena flema te gastas, cuando yo escrita la tengo, y así, escucha unas Cuintillas. 2. Yo haré el acompañamiento, Hága se corro, Señores, para oír cantar los Ciegos. A la música no mire, que es hembra, y me dará celos. Teñan, pois cómo se face. sin mí viola o festejo, cando en teño en tudo o Mundo el primerro chamamento, he podemos mismos Anjos bajar a oírla desdeo Ceo? pois dos pobres Musiquiños da ropeiría de viello, para mi comparazaón. forrón, Ansión, y Orfeo, 1. Quién le mete en inquietarnos? 2. Haya chincharrazos fieros. Oh Patifes! . Guerra, guerra. Que se matan como puercos. Ténganse aquí a la justicia, que soy Alcalde en mi Pueblo. Er paj osculata sunt. A todos he de prenderlos. 1. Ténganse, que llega el Res. 2. Plaza, plaza. A qué buen tiempo! También los Representantes, ya en el tablado están puestos, y oiremos lo que les dicen. Oh nosotros lo diremos, que después de la segunda lornada prosigue el cuento. Soberano Carlos, amado Rey nuestro, que sois galán, dice hoy la voz del Pueblo. Bella María Luisa, Lis de Clodoveo, lograd ver, que a Atocha vayan vuestros Nietos. . Hoy la Reina Madre a los ojos nuestros para ver el triunfo, es divino Espejo. Las Señoras Damas alaba el respeto, y quisiera hacerse lenguas en los dedos. Por día de la fiesta, mi pretención dejo, que en casa se queda, de la Gracia el centro. Mi tema se esconde, si a los Reyes veo, y en mi Purgatorio Glorias considero,
JORNADA SEGUNDA
Conde muy desconsolado, me tiene el fatal suceso del Raab, habiendo sabido, que ya los Turcos soberbios le pasaron sin contraste, porque, de Tequelí a ejemplo, el intrenido Budianí faltó a la sé, disponiendo que no hiciesen resistencia todos los Ungaros Terciós que mandaba, y desleal se ha incorporado con ellos; saltando esta oposición, se vio más flaco el esfuerzo de las Imperiales Tropas, con que se ofreció al encuentro el joven Luis de Saboya, a quien seguía un Regimiento de Dragones, que alentados, solo al número cedieron, porque la desigualdad hizo inútil el efecto, y hubieron de retirarse, con perdida de ducientos Cristianos; pero (qué pena!) mataron (ay Dios!) entre ellos al bizarro Luis; Saboya hore, llore yo, perdiendo, si ella un hijo generoso, yo un soldado, que es lo mismo. En fin por el Austria vienen, y al rigor de sus excesos, se hace luego inevitable la ruina de los Pueblos: las lástimas atropellan, y con fatal escarmiento, se inunda todo el Páis en golfos de sangre, y fuego. Con inútiles defensas la castidad, ofreciendo la vida, pierde la vida, y pierde el honor a un tiempo: aún no reserva el furor, mujeres, niños, ni viejos, en quien se ceba el furor, mas también a los mancebos mandan arrastrar, atados a las colas de ligeros caballos: en fin, él viene asolando, y destruyendo. la provincia: y lo que más (no extrañéis que me enternezco es de sentir, que profana todos los sagrados Templos: haya ojos para llorarlo, como hay ojos para verlo. De vuestra piedad, Señor, es muy hijo el sentimiento, que aliviará el Cielo, pues propicio dispone el Cielo, que responda favorable el Rey de Polonia, habiendo honradome tanto, que, no porque yo lo merezco, si por ir en vuestro nombre, de sus honras el exceso a tanto llegó, que pudo, su alta grandeza midiendo con mi humildad, mejorarse de su grandesa el extremo, porque si el honor es siempre de quien le da, mejor puesto queda el que le da, bajando, que al que le logra, subiendo; Determinado se halla a acudir al desempeño de la Cristiandad, con tanto noble Católico aliento, que en breve tiempo, Señor, será admiración del tiempo, pues vendrá en persona a daros formidable auxilio, siendo su hijo el Príncipe a su lado fuerte Adonis, Marte bello. De cuarenta mil Caballos el número de este cuerpo consta, cuyo orgullo airoso, cuyo valiente denuedo basta a conquistar al Mundo; que aún fuera escaso trofeo, pues su ambición generosa buscara otro Mundo nuevo. Entre estos, Señor invicto. se alista un noble, un excelso, gallardo Escuadrón volante, de cuatro mil Caballeros, armados de punta en blanco, para mayor lucimiento de su heroica bizarría, a quien adorna el acero, no por defensa al peligro, si para gala del pecho. Los generosos caballos, a emulación de sus dueños, de acero también se adornan desde el codón hasta el cuello, y al batir las herraduras, sacando lume del suelo, el mismo fuego, que exhalan, aviva más el incendio, templándose los arneses otra vez con mejor fuego. Delante de todos este brillante asombro del tiempo marcha, y ya reciprocando al Sol sus rayos fobeos, agrado engendra en orgullos, terror infunde en reflejos. Oh cuánto me alivia oírlo! Oh cuánto, Señor, os debo! pues parece que a los sustos anticipáis los consuelos! También, Conde Ubalstáín, de los Electores tengo aviso, de que marchando a incorporar sus esfuerzos, vienen a la Plaza Fuerte de Crems, donde harán un cuerpo de los dos, en que dividen sus Ejércitos; trayendo el Elector de Babiera, (como interesado, y deudo mío) diez mil Combatientes, y otros diez mil el aliento del Elector de Sajonia, en cuyos nobles esfuerzos, y en todos los que dispone el Círculo de él perio al número de mis armas unida fuerza prevengo, pues del Duque de Lorena el veterano gobierno, con catorce mil caballos está en campaña; y sin ellos, diez mil hombres repartidos tiene en diferentes puestos que de algunas Imperiales Plazas se juntaron: Tengo ahora un nuevo cuidado, que a vuestra lealtad reservo solo: y para que de él salga, sabed, que no solo debo los puntuales socorros al Magnánimo Innocencio: sino que su Santidad, a todo mi bien atento, me escribe, que a toda prisa ponga a Serín. Fuego, fuego. Qué alboroto? Ah de la guarda? Señor? Señora, qué es esto? Mi susto, mi pena, el aire. Alentad, esposa. El fuego. Válgame Dios! La Ciudad. Acudid, acudid presto. De repente. Id a informaros. Llena está de. Fuego, fuego. Y no se sabe la causa? ha de la guarda? . Acudieron todos a atajar el daño, que amenaza tanto incendio, Qué desdicha! Qué peligro! Qué ansia! . Qué pena! Qué miedo! Decid vos, dónde es? Señor, yo, si cuando, solo vengo. Proseguid. No sé que digo: a Palacio. . Cómo? Huyendo. Pues de qué? No es casi nada, de que hacen todos lo mismo. Del fuego huyen? De la casa adonde soltó el Infierno, sin duda alguna, sus llamas; pues has de saber (si puedo hablar, Señor, con el susto que un Vesubio, un Mongibelo es la de los Almahácenes de la pólvora. . Qué riesgo tan grande! . Señor Divino, a vuestra clemencia apelo. Qué prodigio! Qué ventura! Qué gran valor. . Qué consuela me traen estas nuevas voces? El que yo a deciros vengo: oyendo, Señor, la grita del triste afligido Pueblo, a uno de aquellos balcones me llevaron los deseos de saber la causa; y cuando a los oídos prevengo el cargo de preguntarla, los ojos me respondieron: pues vi, Señor, que a una parte de la Ciudad (triste objeto! banada de fuego estaba la media Región del Viento, donde tempestad flamante con símbolos contrapuestos, cuanto era ardor al estrago, era para el susto hielo, donde en confusión de enojos, batallán dos Elementos, y donde gigantes llamas quieren asaltar el Cielo: embarazo era del aire torpe nublado funesto, y a la luz de, las pavesas, el humo exhalaba incendios. Del sitio que se abrasaba era el clamor pregonero; pues era conmún el daño, y le avisaba el lamento; pero el Cielo, a quien debéis de vuestra virtud el premio, dispuso, invicto Señor, que llegase tan a tiempo el Conde de Estaremberg, que dé su invencible esfuerzo el fuego tembló, apagando todo su voraz aliento: pues convocando cien hombres el Conde, a burlar el riesgo llegaron, que puede mucho la osadía, y el consejo: al alivio la congoja cedió, y ya los que primero tomavan la voz del susto, alegrés vienen diciendo. Qué ventura, que prodigio? El corazón en el pecho no cabe con la ternura, y el alborozo. . Ay suceso más singular? De milagro, tan prodigioso debemos, Señor, dar a Dios las gracias, sin dilación. . Eso intento con toda el alma; llamad al Conde vos. En un vuelo iré por ély pero ya es ocioso. Porque vengo en alas de regocijo a vuestros pies. Del contento la voz os puede explicar, Conde amigo, lo que aprecio vuestro valor. Mi fortuna aspira a mayor empeño en vuestro servicio. Conde, la enhorabuena mi afecto os da de tan generosa acción. . Señora, este premio digno es de mayor hazaña. Que el origen ignoremos de tan peligroso caso? La diligencia se ha hecho para inquirirle, y ha sido ociosa. Venid, que quiero, , hablar con vos, Conde: vamos, Señora, que en el cuarto vuestro os dejaré, ya que el susto cesó de este acaecimiento. Ved por el jardín a mi ama, pues ya anochecio. Esto intento. Florilla, que le decías a mi amo con tal secreto? Que eres un grande menguado. Pues yo acaso te lo niego? Porque a apagar no saliste el fuego también? . Direlo, porque había de llevar agua, y más al agua temo, que a otro Elemento ninguno, si por vida de Tudesco. Pero no temes al vino. A ese me letrago. . Es cierto, pues, ya se sabe, que tú eres valiente pellejo. Y tú eres una. . Detente, no profanes el respeto de Palacio. . Eso me ataja. Adiós, Mosto. Adiós, enredo. Ya que del Emperador me aparte, y lo que me fía, al primer albor del día he de ejecutar mejor, quiero ver si avisó Flora, mas pues la noche porfía tan horrorosa, y sombría, aún no ha salido Leonora, niegan frondosos canceles aún al día su arrebol, nunca más fueron del Sol fugitivos los laureles, acercareme a la reja, si el tacto la reconoce, por más que el Cielo se envoce, El silencio me aconseja de la noche, que a buscaros venga a Palacio. . Muy bien habéis hecho, que también tengo; yo, Conde, que hablaros, y en este sitio podremos seguros, pues a él me llama el cuidado de una dama, por quien ardientes extremos hace el alma. . Allí he sentido gente, quién será? y hablando se vienen aquí acercando, caustelémonos oído. Siempre está solo el jardín, y el tiempo es muy oportuno para hablar. . La voz de el uto extraño, que este es Serín. La oscuridad nos ofrece mayor aliento. . Es verdad, que el que hace alguna maldad, siempre la luz aborrece: mucho adivináis, recelos, de Serín en el error. Acercaos más. . Ah traidor Ya os atienden mis desvelos. Sabed, pues, como esta tarde, el fuego a los almacenes hice prender, los desdenes de la fortuna cobarde estorbaron a mi aliento el estrago prevenido a la Ciudad. . Se habrá oído, más tirano atrevimiento? Con el traje disfrazado de mujer, un Turco entró, y osado el fuego prendió. Bárbara fue, no fue osado. El Visir me avisó ya, que muy presto estará aquí. Qué es lo que escucho? Ay de mí! Pues de estotra parte está del Raab. . Qué decís? Haviendo su gente, al pasar el vado, a las gentes derrotado Cesareas, que preveniendo el suceso, repartidas en las márgenes del río el paso guardaban. . Fío, que aunque aventure mil vidas, a Viena le he de entregar, y al Emperador. . Primero verás, traidor: mas qué espero? que será error dilatar el castigo a este tirano: leal soy, perdonen ahora tus luces, bella Leonora. Vólveda darme la mano. Y el alma la amistad mía os dará. . Pues la facción está dispuesta, ocasión es, de que me vuelva a Ungría, donde hago falta, y ya tarda a su empeño mi valor, pues para lograr mejor nuestro intento. Ah de la guarda? seguidme todos aquí. No ves, que duerme, salvaje. todo el Tudesco linaje? Qué es lo que escucho? Ay de mí! La guarda se ha conmovido, y ya viene hacia este lado. No sé lo que he recelado, pero yo cuando he temido? El huir de está ocasión es forzoso. . Pues salid por esa puerta. Venid todos: y daos a prisión; pero no estaba otro infiel con el tirano Serín? Una escuadra ese jardín mire, si halla gente en él. Válgame todo mi aliento, Digo. . Qué decís: Qué os deis a prisión. . Me conocéis? Claro está. . De prendimiento venimos? . Pues qué intentáis? Prenderos. Hombre, qué dudas? mas tú solo eres el Judas. Aquí? cómo? ̱. Qué esperáis? la espada me dad. . A mí prenderme? qué orden tenéis? La orden que tengo sabréis en la torre. . For de quí, venga a la torre volando. Porqué causa mi valor scultraja? . Por ser traidor. Yo traidor? pues cómo, o cuándo? No lo encubráis, que muy bien sabe el César vuestro fin alevoso. . No, el Serín siempre ha sido hombre de bien. Vuestra máquina prolija la voz del Cielo avisó: Que siemprele tuve yo por notable sabandijas Y yo al César avisé, como fuisteis atrevido quien puso el fuego. Él ha sido? y no le cuelgan de un pie? Pues si ha llegado a saberlo, que aguarda, que no, ya estoy perdido ay de mí! . Yo voy a que toquen a deguello. Nadie en el jardín hallé. Escapose el desleal, pero preso el principal, se descubrirá quien fue. Mi fortuna infeliz clavo puso a su rueda, que espero? Vamos, Conde, este es mi acero; rabio de enojo. Qué bravo dia nos esperal . Mis penas me acaben. Ello han de ahorcarle, y he de hacer, para tirarle, prevención de verenjenas. n La lealtad de mis vasallos no ha de aplaudir mis empresas? Si hace, Señor, pero solo advierte, propone, y ruega, que al conveniente resguardo de vuestra persona atienda, en que el mayor interés se cifra, pues aunque vuelva triunfante de el enemigo contra su basta potencia, hallará en ella el rencor fáciles medios, que puedan concitar en la venganza nuevas, y mayores fuerzas, volviendo a formar crecidos Ejércitos, pues la inmensa copia de sus gentes, lo hace más pronto con la grandeza de sus tesoros, y puede, en fe de sus opulencias, resarcir el primer daño, con peligrosa experiencia; siendo en la razón de estado, la política más cuerda el conservar lo adquirido, que el adquirir fama nueva: y así Señor. Canciller, cuando mi aliento no fuera capaz de oponerse al Turco, es la cansa, que me empeña, tan gloriosa, tan urgente, que a la razón más atenta prevalecen del peligro las fatales consecuencias. Pues si el Dominio Otomano en las Austrias se estendiera, que Reinos, o que Provincias; que Estados seguros quedan, si tanto progreso logra? Mis Armas están dispuestas, el Emperador me llama, el Pontífice me alienta, la Fe, y Religión me obligan, la voz del Cielo me ordena, que tome a mi cargo el grande desempeño de la Iglesia, cuyo Pastor Soberano, en Sacra Liga, dispuesta en Roma, habilitará los medios de la defensa: Y si el ser Rey me estorbase que tal aplauso emprendiera, depusiera la Corona, llevado de Suprema suspración que me inflama; no de las perecederas glorias de el humano aplauso, si de las glorias eternas de la fama Religiosa, que mis alientos gobierna. Antes que Rey, fui soldado, y a la costumbre primera volverá el brazo, ilustrando la Púrpura, y la Diadema, conmigo llevo a mi hijo, para que hoy el Mundo vea, que por la Fe, no reservo la más estimable prenda, y con tan alto concepto, que si cercadas tuvieran los Turcos a un tiempo mismo a Cracobia, y a Viena, el socorro del Imperio mi primer cuidado fuera, pues en la perdida de este, todo lo demás se arriesga. No hay duda, Padre, y Señor, que para tan alta empresa, oficiosamente el Cielo vuestra voluntad gobierna, debiendo tan noble impulso a su grande providencia, que ha habilitado los medios en las Tropas, que dispuestas en número, y calidad, ardor generoso alientan. Y yo sospecho de alguna ambiciosa estratagema, que en la Corte ha procurado embarazar el que emprenda vuestro valor esta hazaña. Enemigos de la Iglesia, y de Leopoldo serán, que ciegos borrar quisieran una gloria, que aún al más débil espírito esfuerza. Oh cuanto Alejandro mío el ver tu orgullo me alegra! Tu grande ejemplo me exhorta, y en ocasión como esta, quién se detiene al peligro? quien felizmente no arriesga su vida? Canciller, ya no hay nada que me detenga. Señor. T Viva nuestro Rey, para que la Fe defienda, en causa tan justa, no haya quien no siga sus banderas. Ea, Señor, que todo el Pueblo con esas voces aprueba vuestro designio glorioso. Vamos, pues el Cielo ordena, que de sus venganzas yo indigno Ministro sea. Toca, trompeta, a marchar, porque mi valor ordena pocer el Sitio a Viena luego que llegue. . Tocar, trombeta, pos lo querer jonior Visir. Ya estaremos, si a la noticia creemos, seis leguas de Viena. . Ser el tiempo muy regoroso, e no estar para correr. No te puedo encarecer, Luna hermosa, gran gozoso estoy de que haya logrado mi valor su desempeño, en aquel primer empeño. Haber el río pasado, denota, Señor, que Alá en ese próspero indicio manifiesta estar propicio. Dame, heroico Mostafa los brazos. Cónde famoso? a ellos seáis bienvenido. Un aviso me ha traído a buscaros presuroso, y al ver que de la Ciudad cerca estáis, la pena mía, antes de volver a Ungría, de paso me trae. . Hablad. Perdido hemos un amigo, preso está el Conde Serín. Quién le prendió? En un jardín, Leopoldo nuestro enemigo, en ocasión opórtima estaba hablando con él, y del contrario tropel me recató la fortuna, aunque en ella no hay distancia, desde el favor al rigor, porque pinta su favor, lo que borra su inconstancia: supe como le han llevado a Linz, una Plaza fuerte, donde habrán de darle muerte. Por Alá que me ha pesado, pero yo le he de librar, cuando a todo el Mundo asombre, que por rescatar a un hombre, al Mundo he de cautivar. Mucho en Serín se ha perdido para el prevenido intento. No desistirá mi aliento de el intento prevenido, del Cristiano Emperador, y su Corte ha de triunfar Constantinopla. . Llevar de presente al gran Jomor? no decir cosa que importe ser el Vifir pan, he queso, que lievar el Corte en peso? Tú no sabes lo que es Corte. Ya me es forzoso volver a Ungría, para acudir (pues os tengo de asistir en el empeño) a poner en orden mi gente luego, y con ella incorporarme, pues la vida ha de castarme, o ver el Mundo si llego a cumplir con brevedad lo prometido, y ahora; dadme las plantas, Señora, y vos los brazos me dad. Próspere vuestra fortuna Alá, y os lleve con bien. Adiós, pues. No será bien dilatar, hermosa Luna, las marchas un breve instante, vuelve, trompeta, a tocar, que mañana he de sitiar a Viena. Tu arrogante espírito generoso borre la Cristiana Seta de la memoria. El trompeta estar bosón, es forzoso, me gostar siempre de oíllos retentines a placer, que, como otros a comer, el henchar a dos carrillos. Salga de Viena el César sin dilación. Que yo salga queréis, o vasallos míos? con vosotros toda el alma tengo imposible es dejaros, si la vida no me falta. Qué lealtad! Y qué fineza! Qué amor! Ay Ciudad amada, que bien tus nobles afectos, y lo que me deben me pagan! Salga de Viena el César. El corazón se me arranca de dolor, y de cariño. De la Ciudad la demanda justa es, Señor, cuando veis el riesgo, que os amenaza, vecino el, Turco, pues ya llega en abanzadas marchas, y todas las conjeturas militares nos declaran, que es su designio el sitiar a Viena. Y porqué causa tengo de desemparar mis vasallos, cuando se hallan en peligro? el retirarme le detiene, o le desarma? No se trate de eso, Conde, solo mi cuidado trata de que ganéis los instantes en las prevenciones, para que en vuestro valor se libre la defensa de la Plaza; y pues para tanto empeño a vuestras lealtades llama, en tan rigurosa urgencia, la voz de mi confianza, ved las fortificaciones, reconoced las murallas, poned en orden la gente, que yo saldré a acompañarla, porque mi aliento, y su aliento unidos, a la Otomana fuerza superen, quedando vencida, y escarmentada. El cargo, Señor Augusto, aceto (aunque de tan alta merced soy indigno) pues no sé que aliento, que llama tanto mi espíritu enciende, que llevo ya asegurada a la Ciudad la defensa, pero, Señor, ved que tanta. sina voluntad celosa que os reverencia, que os ama en buenos vasallos, pide que vuestra familia salga con vos y en otra Ciudad la Corte su asiento haga: De vuestra vida depende, y en ella, Señor, se afianza de el Imperio la salud, ved que importa resguardarla para cualquiera suceso, pues saliendo de la Plaza puede vuestra Majestad fortalecer la alianza de los Electores, dando disposición de que traigan a tiempo socorros, y esto vuestro intento lo embaraza, pues si en la Ciudad se queda vuestra persona encerrada (que es preciso con el cerco) aunque su vista inflamara los pechos de los soldados, es de mayor importancia a una sitiada defensa, socorrerla, que esforzarla. C . Bien dice, Señor, el Conde, y es su discurso se hallan envueltos muy principales fines al bien de Alemania, demás de esto que salís a la acción de la campaña, y no se aparta del riesgo, quien de la lid no se aparta. No es cobardía en la flecha, que el impulso, que la arma, la retire, para que con mayor violencia salga, quien emprende la carrera mas toma de la campaña y en lograda ligeresa lo que retira, adelanta. Aunque en el mayor peligro a la Ciudad empeñada dejo, y de vos, Conde, fío el cuidado de guardarla, y aunque de sus moradores leales hoy se separa mi persona, asentiré a su repetida instancia, llevando luego la Corte a Linz, por ser una llaza fuerte, donde estar podréis, Señora, y pues no dilata mi cuidado la partida, segunda vez os encarga mi enidado tanta empresa, de que es forzoso que nazcan consecuencias diferentes, siendo un Teatro la Plaza, donde se ha de disputar, con la pólvora, y las valas (última razón de Reyes la cuestión aventurada de que la Cristiandad toda quede triunfante, o esclava. Dios por esta causa vuelva, pues es tan suya esta causa. Su defensa nuestro ruego alcance, pues nuncabastan sin el auxilio Divino todas las fuerzas humanas. Hy hay dentro de Viena quince mil hombres de armas que el valor de los Búrgeses alista, y una alentada nueva milicia, Señor, dos mil Estudiantes trazan sin Cabo alguno, pues ellos se gobiernan, y se mandan. Y trocando el vademecum, por la rodela que embrazan y las hojas de los libros, por las hojas de Alemania, reducen sus conclusiones a la punta de la espada, y este es buen anuncio, pues a guisa de victor marchan. Estudiante hay que tirando al aire mil cuchilladas aprende a tirar al vuelo, mientras que llega la caza, cual en vez de escudo, lleva un tapador de tinaja, cual el arcabuz previene y cuando a tirar se ensaya, hace bolsas del manteo, y tanos de la sotana, siendo algunos Monigotes sacratapos de importancia: cual. . Quita, necio, Si quito la Corónica se acaba y ditan los Escolares, que aunque satis est, no basta? No dilatéis la partida, Señor. . Mucho la dilata el sentimiento de hacerla, pero si es fuerza. Arma, arma. Qué es esto? Que ya se ha visto, Señor, desde aquellas altas almenas el numeroso ejército. . Pena extraña! Del Turco, ya la defensa, por si derepente asalta la Ciudad, toda la gente dispuesta, dice. . Qué aguarda el César? moramos todos, Ey viva nuestro Monarca. Ya no hay que esperar, al punto llegue la carroza. . El alma con vosotros queda; Esposa venid, el Cielo me valga. Conde, adiós. Que esto sea fuerza! Poned toda la esperanza en el Cielo. . Del confío, que para triunfar, os traiga vencedores a Viena. Si fueres a la campaña, Mostillo, apretar las manos. Para que pueda apretarlas, no me encomiendes a Dios Florilla. . Pues diga el Mandría, soy yo tan gran pecadora? Siempre tu fuiste una santa, pero haz lo que te suplico, mientras voy. Al arma, al arma. Bravo hombre para la guerra. Cómo tú para la garra. . Esta, amada Luna, es la Ciudad de Viena, aquí es el teatro, donde tengo de representar feliz, o infeliz dicha, o tragedia, en el triunfar, o el morir, ahora tengo de asaltarla, diciendo con mejor fin, como otro César mejor, que vine miré, y vencí. Qué bien prevenida está! fortificaciones mil se descubren, y el Presidio manifiesta resistir tu valeroso poder, muy satisfecho de sí, de fosos, y contrafosos, con providencia sutil, es adorno, y es reparo lo que el Arte prevenir supo, dando su elegancia hermosura a este Pais, donde el undoso Danubio llegando a contribuir la misma naturaleza a la Ciudad fuerte, vi, que en defensa de cristal, de foso viene a servir: qué bien parecen! qué bien las fábricas desde aquí! Oh qué presto las verás por mi valor destruir! y que presto el Orbe todo, ha de lamentar su fin, aunque para mayor gloria mejor será resistir a esta determinación; porque de uno a otro Confín, las vanidades de invicta se borren, siendo infeliz sepulcro, padrón infame, en que se pueda escribir Del Imperio, y Alemanía la ceniza jace aquí. Y si aquí llegó otra vez el gran Soliman, a fin de hacer su conquista, cuando el siempre César feliz Carlos Quinto dominaba, se ha de ver, se ha de advertir, que no puede la fortuna, lo mismo que pudo allí; y que ha de ceder su orgullo al ceño del Gran Visir. Repartidas las estancias, ya se incorporan a unir el recinto de la Plaza, con que se podrá embestir. Por la Parte del Poniente las disposiciones vi siendo aquella la más débil, donde se puede acudir con más efecto al asalto. Pues vamos luego, Ebráín, a los muros: toca al arma. En todo te he de seguir. Toca al arma. . Andar Zarifa. Hoy, amigo Fatimín, jugarás al escondite, sin que se pueda decir, que se hallará entre los Turcos quien pueda ganarte a huir. Fa valientes Soldados, ya por este rebellín el Ejército del Turco quiere asaltar: no sentís inflamado el corazón del coraje varonil, que hoy ha de triunfar glorioso de tanta canalla vil? Todos tu aliento seguimos, ya Dios, al César, y a ti ofrecemos nuestras vidas; pero con tan alto fin, que duraramos constantes. para vencer o morir. Othomanos valerosos por esta parte venid. A la muralla. . Poned las escalas. . El sutil injeniio ministre hoy cuanto llegó a discurrir el Arte, y cuanto el valor pueda obrar en esta lid: porque se pueda forzar, porque se pueda abarir la inútil defensa: rayo es vuestro impulso, subid, cortad, romped. . De tu esfuerzo animados, el ardid las máquinas militares son ociosas, cuando vi que su valor les da alas para que puedan subir. En vano es la resistencia, pero qué miro (ay de mí!) la gente desalentada parece que al impedir sus alientos, retrocede. Viva Leopoldo. Qué oí? Y el Conde viva. La noche enemiga el proseguir me estorba el asalto: y ya que en la muralla perdí gente, y ocasión, es fuerza suspender la acción. . Así es verdad, que el malograrla será error. . Manda, Ebráín, que toquen a recoger. Volved, volved a decir, que viva Leopoldo. . Viva. A penas vuelva a lucir el día, continuaré mi rigor sin que impedir pueda el Mundo los estragos, que ya amenazan su fin,
JORNADA TERCERA
Vostafa, esposo? Zarisa? nadie me escucha? Soldados, yo os llano, venid. Qué es esto Luna hermosa? qué cuidado te inquieta así? Una congoja, una pena, un sobresalto, un temor un miedo, un susto, que me aflige imaginado donde conformes, y opuestos lidian afectos contrarios, y aunque cabe en la aprensión, no sé si cabrá en el labio. Dime, Luna, tu dolor, no le suspendas, en tanto que turba más oprimido que me turbará expresado. Con la presente memoria de los últimos asaltos, en que vio nuestro ardimiento repetidos los estragos, me retiré entristecida a la mansión del descanso; y representando el sueño ideas al sobresalto, soñé, que nocturnas aves confundían el espacio que al esplendor de la Luna era luciente teatro, hasta que la Precursora del Sol, en primeros rayos deshizo de las estrellas los esplendores prestados: entonces aquellas aves alumbradas se ausentaron, sucediendo para el día otras, que en festivo aplauso, con blanda voz, tierno arrullo a las flores despertaron. de entre estas una Paloma giró al aire, tremolando en camblantes blancas plumas ramilletes erizados: Salió un jerifalte a ella, y al calar, apresurado aba a cebarte sangriento contra su inocencia, cuando Real Águila en grave vuelo detuvo el ardiente estrago librándose la Paloma a su influjo soberano. Estas confusas especies la imaginacién turbando, formé de tristes ideas cuanto cabe en los acasos: y deebatada del susto, arripavorida salgo temerosa del suceso de este Sitio; pues tocamos en su varonil defensa inútiles los asaltos resistidos los esfuerzos, los ardides malogrados. ociosas las baterias y los ataques en vano, que en tanta perdida gente, el destrozo, y el contagio repiten los escarmientos en la experiencia del daño. Ay Luna, no desconfíes porque al fuego de mi brazo serán ceniza en Diena los homenajes más altos. No sabes ya, que mañana volar la Ciudad aguardo venciendo la obstinación ociosa de los sitiados; pues que los tienen rendidos necesidad, y cansancio? Pero qué clarín? . Señor, ya las Tropas van doblando del generoso Tequelí en escuadrones formados, y adelantándose a ellas. hasta aquí viene. Esperando vuestras órdenes mis gentes. Seáis, Conde, muy bien llegado. A que con mejor aliento la expugnación prosigamos. A todo vengo a asistiros. Sabed como ya ha faltado Leopoldo de la Ciudad, y que en su alcance abanzados, dos mil Tartaros le siguen: O si cayera en sus manos! Fuera, quita. Poco a poco Señores Turcos, despacio; miren, que no es modo este de cautivar a un Cristiano. Andar berro, andar venagre. Qué se le antojase a mi amo mandarme traer los pliegos. siendo yo tan mal mandado? . Qué hombre es ese? Andar ejonior, el caminio este Crestiano, o le cautivar tu gente. Di, quién eres? . Un soldado, Dónde vienes? Del Infierno. Hacer calior alíá abajo? Di, quién eres? . El demonio, Quién te dio este pliego? El diablo. Borracho estar, Crestianilio. Si yo estuviera borracho, milagros hubiera hecho con mi aliento . Qué melagros? Resucitar a los muertos que están por aquese campo. Para el Duque de Lorena son los pliegos, y no hallo en su contenido más de que Leopoldo, cuidando de los socorros, le avisa que mañana habrán llegado a Crems, su Plaza de Armas vecina al Danubio. . Vanos serán al Duque enemigo, ya que en el lanse pasado nos desvarató el comvoy, tomando puentes, y barcos, al hallar de vuestras Tropas, y las mías separados dos Trozos, que caminaban a incorporarse en el Campo. Este papel. . No le leas, aguarda, espera. . Villano, que dices. . Que ese papel no es del caso, aunque es del caso. Qué es? Vi Pronóstico nuevo, aunque tiene muchos años. Cuyo es? De un amigo. Miento, que este Papel a mi amo; entre otros que iba a sacar, se le cayó de la mano. Eres Astrólogo tú? Y como; a todos los Astros los traigo yo al retortero, cuando estoy calamocano, soy segundo Piscatore, y suelo hacer Ralendarios con el Lunario del vino; y ahora por mi ciencia alcanzo, que andará el tiempo revuelto, por este papel. Veamos. El título dice así: Martín Stridonio, en el año de seiscientos y cuerenta y nueve, murió; dejando para el venidero siglo este Pronóstico raro. Yo, Señor, de estos anuncios la noticia no he ignorado; pero sirvan al desprecio, ya que no valen al daño. Proseguid, Conde. Será Emperador Ferdinando, y por su muerte, Leopoldo al Solio será exaltado, contra la esperanza, en fuerza del auxilio soberano: peligros padecerá en su juventud, logrando triunfar de sus enemigos, a pesar de sus contrarios: después vigoroso el Turco invadirá sus Estados, y en la expectación común temerá el Orbe Cristiano; pero el divino socorro desvanecerá el nublado, volando el Águila Augusta en los Celestes espacios triunfante, y gloriosa. . Deja ilusiones, que al milagro apela siempre la débil flaqueza de los Cristianos: Pero qué rumor les este? 1. Es, Señor, que al aire vago una cándida Paloma, giros repitiendo varios, sobrepuesta a nuestra gente, lleva la atención del Campo; y aunque con frecuentes tiros la persiguen tus Soldados, ninguno el apunte logra, y libre dura, burlando la destreza. Pues qué importa que libre dure, si el caso puede librarla, sin ser de circunstancia al presagio? Ay esposo, como el sueño me acuerda! No siempre infaustos y0 tus recelos contradigan el logro de mis aplausos: corra la palabra luego, fuertes Genizaros, vamos a que triunfe mi poder de tanto orgullo obstinado. Llegue del último esfuerzo el empeño, superando las defensas prevenidas con el vigor de otro asalto. De mis iras tiemble el Sol en sus brillantes espacios, que de mi furor valiente no están seguros los Astros. Alá quiera sujetar mi temeroso cuidado. . Oh quien fuera Palomita, para escaparse volando! Andar, berro. . Tú lo er puesto que me ladras tanto, y con el hambre canina quieres comerme a bocados. Me no comer borquerías. No comes tocino, galgo? No, que decir Besgatorí, que tu morir empalado. . Pues en esta ribera prontos socorros mi cuidado espera, que ya los aliados fieles previenen, disponiendo osados los Escuadrones, que al valor unido, en triunfo repetido, en eterno renombre acrediten las glorias de su nombre: pero que marcial ruido, . apacible lisonja del oído, desde aquí se ha escuchado? El Duque de Babiera es, que ha llegado. Salirle a ver conviene. 2. También el Duque de Sajonia viene. Pues mi atención a un tiempo los reciba. Viva Sajonia, el de Babiera viva. Pero que Tropas a la opuesta parte se dejan ver? . Las del Polaco Marte, que viene con gallarda bizarría a la frente de su Caballeria. Oh como a mi deseo se disponen los medios del trofeo! Soldados, ya es segura la victoria, mi alborozo predice vuestra gloria, venid todos conmigo. En la ribera, que es al Danubio eterna Primavera, se acampen mis Escuadras belicosas, en tanto que oficiosas a intentar el socorro se aperciben. Señor, cuantos avisos se reciben de la Plaza, dan priesa a vuestro aliento: pero quien es aquel, que por el viento le acerca, y ya se apea? Es, Señor, quién desea lograr el Real agrado, con el honor de ser vuestro Soldado. Oh Duque generoso, de verme a vuestro lado estoy gozoso, y en las noticias, que me deis, espero del estado postrero de la Plaza saber cuanto convenga, porque luego el socorro se prevenga. A lo que en repetidas noticias, gran Señor, os he avisado, solo debo añadir, que están unidas las auxihares Tropas, que han llegado de los dos Electores a las mías; y espero en breves días las de Sálsburg, de Suevia, y de Franconia; y habiendo visto ya las de Polonia no queda que desear a mi cuidado, sino que unasta ñ sea de todas las acciones, porque se arregien las operaciones al Real aliento que las districuya. Quiero que el vuestro arguya, o generoso Duque de Lorena, que vengo a la defensa de Viena a morir, o vencer sielidiando du ayuda del César, deseando que el Príncipe mi hijo, que hoy destina a este empeño su espíritu esforzado, militar disciplina aprenda a vuestro lado. Responda, Carlos, la obediencia mía al ejemplo de vuestra bizarría. . El que tiene tal Padre, es bien que atienda, que no ay, Señor, de quien mejor aprenda, cuando el Mundo, adornado de sus glorias, teatro estrecho es de sus victorias. Dejemos cortesanas atenciones, pasando a discurrir operaciones convenientes, que en vuestro gran talento y valor, el acierto se afianza; y en tanto riguroso acaecimiento, la Cristiandad os debe la alabanza de no haber vuestras Tropas empeñado antes de la ocasión. . Fue mi cuidado acudir a Viena con presteza, entrando dentro de su Fortaleza cerca, Señor, de trece mil Infantes, que de la Isla de Escuth saqué arrogantes, sin que tuviese alguna resistencia. Igualáis el valor a la prudencia. El Conde Estaremberg tan esforzado en defender la Plaza se ha mostrado, que el noble fuego, que su pecho inflama, asuntos da gloriosos a la fama; tan bien se ha resistido al uno, y otro asalto repetido, que, por ganar la contra escarpa, ha dado el enemigo fiero, y obstinado; ma podido, aunque de furia lleno, ganar un solo palmo de terreno. Al despertar el día, acabará su intrépida osadía; pues me parece, que mañana demos la batalla, y su orgullo castiguemos; de los dos Electores el consejo tomaremosAl vuestro dejo todas las direcciones. Mi deseo no admite dilaciones. De cien mil combatientes consta, sin otras Tropas diferentes la Milicia Cristiana, toda gente escogira, y veterana. Trueque el Danubio en bárbaros corales. de su líquida plata los cristales. Porque el Marte Cristiano oprima la cerviz del Mahometano. Y en voladores hombros de su nombre perciba el Mundo asombros. Pues dichosos empleos son de la Fe Cristiana los trofeos. . Ea valientes Soldados, ya al socorro concurren esforzados los Príncipes amigos, que de vuestro valor a ser testigos el aplauso los llama a coronar el Templo de la Fama; la vida es poco, que en tan alta empresa, de mejor vida el logro se interesa; siendo a inmortal memoria la gloria accidental eterna gloria: aún más debe empeñar vuestros alientos el que nos falten ya los bastimentos: de valor llenos, de asistencia faltos: estamos hoy, después de resistidos heroicamente diez y siete asaltos, primero consolados, que afligidos, os mire el Mundo, y para fiel ejemplo, lleguemos hoy a este Sagrado Templo, ofreciendo a María lo que en su amparo nuestro afecto fía; pues para resistir intentos vanos, nos fortifican muros soberanos. Ya del Témplo las puertas a nuestro amante celo están abiertas. Y ya se deja ver nuestro recurso. Tu voz sea la voz de este concurso. Hoy, Señora, en vuestras Aras con tiernos amantes humos, víctimas los corazones, arden fervoroso culto. A vuestra piedad se acoge nuestro lamento confuso, porque en las humanas penas es vuestra piedad indulto. Pues sois el Iris, que siempre dio soberanos anuncios, serenad hoy la tormenta, antes que zozobre el Mundo. Al Mundo está amenazando el Otomano sañudo, porque olvida su escarmiento memorias de vuestro triunfo. Si Católicos Pendones socorriere vuestro impulso, los despojos del Lepanto serán Timbres del Dannbio. Triunfen las Australes Armas, a cuyo invencible Escudo, Sol de la Fe, tantas Lunas eclipsen bárbaro orgullo. Madre sois, Madre os aclaman Celestiales atributos, logremos de vuestro amparo el locorro más seguro. En vuestras manos, Señora, depositará mi culto las llaves de la Ciudad, para que conosca el Mundo, que en ellas tiene Viena la defensa de sus muros, y que, si vos no le abrís, por mí no ha de entrar el Turco. Arma, arma, guerra, guerra. Qué nuevo rumor escucho? El socorro de Polonia ha llegado cuyo orgullo, con todas las Imperiales aliadas Armas junto, ha empezado a dar batalla a los Escuadrones Turcos, que valerosos resisten fieros el encuentro duro, de que estremecida tiembla la tierra, diciendo unos. Arma, arma, guerra, guerra. Y otros. . El César Augusto viva. . Viva, porque triunfe de tanto traidor insulto; porque no estemos ociosos, aunque encerrados, al punto subamos a las almenas; seguidme, que allí procuro, que sean nuestros deseos de la victoria presudio. Deseo tan generoso no le faltará a ninguno. Al rebellín, a la brecha, a los valvartes, al muro. . Mueran los bárbaros, mueran, y viva la Fe de Cristo. Arma, arma, guerra, guerra. Eso sí, Soldados míos. A ellos, Polacos valientes. Viva nuestro Rey invicto. Viva la Fe, decid todos. Válgame el Cielo, qué miro? todo es confusión el Campo, parece que estremecido el Orbe, se desencaja de sus inmortales quicios. El contrario por tres partes diferentes ha embestido a nuestro Ejército, y ya las trincheras (qué conflicto!) rompen de los nuestros; pero los nuestros a un tiempo mismo se defienden, asaltando otra vez la Plaza. Amigos, esfuércese vuestro aliento, que yo vuestro aliento guío. Viva la Fe, viva el César. Mas no solo han resistido los sitiados el asalto; pero orgullosos, y altivos vienen, forzando la línea los Escuadrones unidos; con que a un tiempo de la Plaza salen, y a este tiempo mismo todo es escándalo, asombro todo es clamor, todo es grito. A la Tienda del Visir encaminad vuestros bríos, seguid mis pasos. Ay triste! Cielos, que veo. . Qué miro! Qué bellesa! . Lidia, joven, que te suspende? . El peligro de que venza la hermosura, lo que el valor no ha vencido. Rinde, Turco, el Estandarte. No le rendiré, aunque impío me fuerce el hado. Pues muere. Ya a tus pies está rendido. Tomad, Canciller, y luego este glorioso registro de la victoria se lleve al Papa, pues a su auxilio en oraciones, y medios este triunfo se ha debido. La Tienda del gran Visir se recoja, y divertidos al despojo, no faltéis a lo principal. . Ea amigos, a los ataques, que en ellos veo número crecido de Turcos, cuya osadía he de pasar a cuchillo. Bella Turca, tu desgracia a tu hermosura ha seguido. Qué gente hacía aquí se acerca? Goroso vengo a asistiros; pues ya me ha dado lugar el Cielo compadecido, y ya he enviado la noticia a nuestro César invicto de lo que os debe, francueando estos gloriosos avisos a España, cuyos socorros, y cuyo amor merecido se interesa del Imperio en los triunfos que público. Con brevedad estará aquí el César, pues colijo, que con un nuevo socorro tomó de Viena el camino. Vamos, y luego se tomen los pasos al enemigo, porque acabe de perder lo poce que ha recogido, pero entre los prisioneros que beldad es la que he visto? Una infelice, que al carro de la fortuna añadido triunfo será, porque el hado logre impulsos vengativos. Retiradla con decencia. Oh como en breve se ha visto a la luz del escarmiento el poder desvanecido! Aún menor desdicha fuera morir, que vivir cautivo. Ay Tequelí, gran dolor! pues ya sin reparo, a unirnos es preciso que acudamos, cuando en el fatal conflicto, en desmandados tropeles deshecho mi Campo miro. En la militar fortuna nadie, Mostafa, ha podido cautelar los accidentes, ni dar jamás punto fijo, porque solo en ser mudable ser constante ha parecido. A la ruina, y al asombro todo el Campo confundido, no se distinguen las Tiendas; pero Luna en este sitio quedó, busquela mi voz, o llámenla mis suspiros; Luna hermosa? . Luna. Mostafa, esposo? . Su voz he oído entre aquellos Escuadrones. Aunque triste, aunque cautivo mi pecho, no se desprende de tu nombre, y tu cariño. Ay de mí! todo se pierde, pierda se todo mi brío, restándose despechado al furor del enemigo. Qué hacéis? esperad. Dejadme. No teméis vuestro peligro? Qué peligro? si me llevan cautiva el alma. Al arbitrio del riesgo expuestos estamos. Ya voy a morir contigo. Ella ha de vivir, y vos buscáis vuestro precipicio, y mi precipicio, pues ya que librarnos pudimos de la opresión enemiga, no es bien hacer desperdicio del resguardo que aquel monte nos ofrece, allí es preciso fortificarnos, y aquí se aventura todo. Ah esquivo rigor de hado! ya es fuerza hacerlo así: qué martirio! Vámonos presto. Qué afrenta! En qué os detenéis? Impíos Cielos, ya que del honor me priváis, la vida libro. porque si con ella ser puedo escándalo de los siglos. Pues con la gran confusión de la batalla he podido escapar de donde he sido cautivo camaleón, quiero ver si en estas cuevas que a los Turcos alojaron, por ventura se dejaron algún socrocio. Qué nuevas le levaran los borrachos a su dueño el Gran Señor! Quien viera con el furor que se pela los mostachos! Los vencedores aquí, sin duda, entraron a saco, veré allí. Me estar Polaco. Perro, no eres el que a mí me cautivo? ahora verás como te doy para peras. Me estar Polaco de veras. Por Polaco llevarás. Qué querer de mí, jonior? que me estar aquí escondido, e a batalla no he salido contra el Crestiano. Ah traidor, y cuando andabas muy listo buscando a quien cautivar? Me nunca. Has de renegar de Mahoma, voto a Cristo. Me no salir a campañía, ne renegar por morir. Cómo no? aquí has de decir. Viva el César de Alemania. Pero qué concurso es este? Vuestra Majestad Cesarea, en hora felice vuelva a Viena, donde le aguardan los amantes corazones. Y donde con toda el alma acredite mis venturas: Carlos de Lorena, valgan por Corona obsidional mis brazos, porque adornadas vuestras sienes, eternice con sus acentos la fama vuestro nombre. En esas honras mi ventura se afianza. Amigos, vasallos, todos, repetid a Dios las gracias de haberme dado tan buenos Soldados victoria tanta, de cuya gloria a vos, Conde, no la menor parte alcanza en la que tenéis, habiendo logrado el verse la Plaza por vos defendida, el triunfo, os debe. Pues ya me paga el mismo honor de serviros en defensa de la Patria. Mas son de sincuenta mil los Turcos, que en la batalla murieron. Sin otros tantos, que en la inútil porfiada expugnación de furiosos asaltos, la cruda saña acabaron con la vida. Vuestras vencedoras Armas, y las de Polonia invictas despojos grandes alcanzan: dicen, que cincuenta mil son las Tiendas de Campaña, la del Gran Visir entre ellas donde es suma la importancia de riquezas, y resoros, que los dos Campos repartan, dos Estandartes también, que el enemigo arbolaba, con la Cola de Caballo, cuya divisa declara la guerra, se han recogido, en aquel bosque se amparan Tequelí, el Visir, Budianí, cuya perdida Esperanza ya con doce mil Caballos de fortificarse tratan ociosamente en la umbrosa espesura enmarañada, pues de las Cesareas gentes sitiados, Señor, se hallan, donde imposible ha de ser el que se escapen. . Oh cuanta ha sido la ceguedad de los traidores! guardada la persona de Serín tengo, porque de su infamia público castigo sea quien dé al escarmiento causa: pero Lorena, decidme, porque mi alborezo salga a buscarle, donde está el Rey? Aguardando estaba a que Vuestra Majestad viniese, y en bien formadas hileras de su invencible Cabelleria prepara hacer alarde. . Señor, sabiendo que aquí se hallaba Vuestra Majestad, el Rey de Poloma invicto marcha, con el Príncipe su hijo. Pues justo será, que vaya na ccrbirle, conmigo venid todos. . Por tu causa, serro, no me he hallado yo en el pillaje. Poniadas no me dar, que no tener el colpa. . Si no me hallara dueyo, habiera tenido 1T10 mi parte en riquezas tantas; pero aquí me has de pagar lo que no cobré allá. . Basta. Por vida del Zancarrón, que he de matarte a patadas: mas ya se acercan los dos Esércitos, y en Escuadras triunfantemente lucidas, lucidamente ordenadas, un medio círculo forman las invencibles Polacas: también otro medio (al lado opuesto) las Alemanas: válgame Dios, que grandeza! retírate mientras salgan, que si no te mato hoy, es, por matarte mañana. Llegue Vuestra Majestad, donde mi afecto le aguarda, y en él el común afecto, con que confiesa Alemania que debe a su gran valor todos los triunfos, que alcanza. Invicto César, al vuestro solo se mira lograda, la victoria, y a él se deben los laureles, y las palmas. Siempre glorioso el esfuerzo de vuestras Tropas iguala en el ardor del conflicto cuanto pública la Fama: Todos, Señor, han obrado con tal valor, con tal saña, que del triunfo de este da igual parte les alcanza: principalmente en el Duque de Lorena vi cifrada toda nuestra gloria; pues en tan gran Heroe sa hallan, con admiración del Mundo, valor, prudencia, y constancia: llegad, Alejandro, al César. Veré en mis brazos lograda la estrecha unión, que desea el afecto, a que me llaman de tantas obligaciones cariñosas confanzas. Señor, de Soldado vuestro el espíritu me inflama, y a tan poderoso aliento se ilustran mis esperanzas. Vengo, Señor, admirado de reconocer la Plaz en cuya ruina, el valor solo del Condé bastara a detener el orgullo de las fuerzas Otomanas. El Ejército enemigo siguiendo la retirada, en tropel apresurado a sus Dominios abanza. Válganos su confusión, Señor, que si se dilata, no logrará nuestro aliento cogerle sobre la marcha. Bien dice el Duque, Señor, pase luego la palabra, y el Duque, y yo en el alcance adelantemos Escuadras, porque a nuestra diligencia, lo que queda se deshaga. f. En todo, glorioso Rey, vuestro valor se adelanta, y solo mi estimación cuanto le debe, le paga. Vamos, Duque. Invicto César. Poderoso Rey. Aplaudan. Vuestro nombre. Vuestro aliento. Al son de trompas, y cajas. Y en sus Annales el tiempo registre con piedra blanca de Congreso tan ilustre inmortales alabanzas. El Rey de Polonia viva. Viva el César de Alemanía. Viva, y asista a sus glorias quien es tan interesada en que triunfe, reine, y viva. Señora: ya la esperanza de veres se hacía penosa, pues sin vos, el logro falta de la cariñosa unión, en que se estrechan las almas. Impaciente mi deseo apresuró las jornadas. Señora, ya de la paz s el Iris del Cielo raya, con que cesando las iras, tranquilidades señala, para el logro de asistiros. Siempre de vuestras hidalgas atenciones hacéis prueba. Oyes, llora, no reparas en que está verde este amor, para el sin de la Jornada? Tu escrupulosa malicia ociosamente lo extraña, pues no mira, que este amor es el uso de Alemania. C. Este si que eres buen estilo, y no como allá en España, donde al fin de la Comedia buenos, y malos se casan. Aquí, y allá los Palacios al decoro se consagran, y queda en galantería el servicio de las Damas. En tantas dichas, Señora, solo resta, solo falta que al Cielo de tantas dichas se rindan inmensas gracias. Y que en la Segunda Parte mayores triunfos se aplaudan. Pues vamos todos al Templo. Y todos en gloria tanta con festivo alegre aplauso, con digna eterna alabanza, digamos una, y mil veces, que viva la Causa de Austria:
