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Antonio Francisco de Flores
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El sitio de Ceuta. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/sitio-de-ceuta-el.

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EL SITIO DE CEUTA

JORNADA PRIMERA

JORNADA PRIMERA Nire Maronas Romam, aplausos logra Lucrecia, mas por no permitir ocios, que por obstentar grandezas; pues la tarea es un blasón ilustre de la nobleza, 2. Al trabajo se dédica, y a su imitación atentas las virtuosas la siguen, y las viciosas la dejan; pues en su escuela las virtudes se hallan, vicios no reinar Oh! que bien en mis oídos las dulces cláusulas sueñan, que acordemente suaves, mas que divierten, enseñan. Con justa razón la fama, tantas Matronas celebra en repetidos elogios, alabando la prudencia con que del ocio evitaron los fieros daños que engendra, Es padre vil este monstruo de los vicios, y en opuesta contrariedad, enemigo de la virtud, con que es fuerza que quien el descanso elige, y la aplicación desprecia en el camino del siglo, halle, en medio de la senda, el tropiezo del error, la caida de la ofensa. Pero pues vuestra armonía hesta el corazón penetra, y que gustosa os escucho, proseguid el tono, y letra. 1. Con la curiosa fatiga mayor mérito granjea que todos los que adquirió por entendida, y honesta; (gencias, pues su modestia con una acción evita mil contin- 2. Al desvelo persuade, y es su eficacia tan buena, que están demás las palabras, cuando en las obras se esmera; pues muy atenta (cias. fuda en ejecuciones sus eloque- Bien haya; mas qué rumor en esa antesala sueña? 1. Es el Marqués, mi señor, que ahora a Palacio llega, y acompañándole vienen los Caballeros de Zeuta. Pues dejemos la lavor, que es obligación atenta de mi carino el salir, con afectuosas muestras, a recibir a mi esposo. T. Qué entendida! 2. Qué discreta! En hora buena, señor, a mi vista Va Excelencia llegue. Siendo a vuestra vista, que hora hay que feliz no sea? Y aunque la nueva que traigo puede motivar tristeza, en vuestros ojos se alivian mis pesares, y mis penas. Vos penas! pesares vos! mucho el corazón recela, qué es lo que tenéis señor? Una novedad, que es fuerza que altere por impensada. No al alma tengáis suspensa, pues de vuestra voz pendiente la vida está que me alienta. Participadnos, señor, lo que refiere en sus letras de Tetuan el Alcaide. Ya junta está la Nobleza de Zeuta, que viene pronta a servir a Va Excelencia. Pues para que los remedios a los daños se prevengan, a todos juntos os busco, porque con vuestra prudencia las proposiciones todas aciertos precisos sean. enaudara, Alcaide de Tetuan, que profesa (según sus demonstaciones) conmigo amutad estrecha, tanta, que como sabéis, él vino en persona misma a verme, y haciendo alarde de su brío, y gentileza, escaramuzas formó en varios tornos, y vueltas con sus ginetes, jugando lanzas con tanta destreza, que la asta blandiendo fuerte en medio de la carrera, uniendo los dos extremos, airosamente la quiebra, los fragmentos despidiendo tan altos, que del Sol cerca en lo ardiente de sus rayos, tan vivamente se quemán, que los que se ven astillas, se desvanecen pavesas. Hoy esta carta me escribe, en que me avisa, y da cuenta, que llamado de su Rey parte a la Corte, y sospecha, por algunas circunstancias que él imagina en su idea, que es para darle la orden de ponerle sitio a Zenta. Mirad si esta hovedad, con justa razón me altera? Bien que los Cielos piadosos, antes que el rayo descienda, con el trueno de esta carta nos previene a la defensa: Esta debe ser muy pronta, pues del rayo la violencia, cuando el relámpago alumbra, ya deja la ruina hecha, que entre la luz, y el estrago le halla poca diferencia. Y porque estéis enterados de algunas noticias ciertas que he procurado adquirir, escuche la atención vuestra. Muley Ismáín su Rey, tiránicamente reina en su Imperio, pues le usurpa a aquellos que por herencia legitimamente toca; pues el año de sesenta y seis, cuando Archid su hermano por Gobernador le deja en Fez, saliendo a campaña a castigar la soberbia de Amete Muley, que airado en Marrvecos se revela contra el poder de su tío, negándole la obediencia; le venció, y en la Ciudad triunfante, y ufano entra el revelión sosegado, reduciendo a su grandeza los conspirados, se hallaba en una quietud serena; cuando la fortuna hizo que el bien en mal se convierta; pues en el golfo del mundo, adonde el hombre navega, por más que vagel viviente despliegue al gusto las velas, siempre a la mayor bonanza se le sigue la tormenta. Corriendo un veloz caballo en concertada carrera, el animal instigado del hacícate, o la espuela; furioso se ensoberbece, y con airada violencia, sin obedecer la mano, sin sujetarse a la rienda, desvocadamente corre, y a Muley Archid despeña, que no hay en la humana vida seguridad que lo fea. Murió; en fin, de este accidente, y llegando a Fez la nueva, por Rey a Ismán aclaman, y él entonces se aprovecha de la ocasión, conociendo cuan de su parte se muestra la fortuna, y atrevido el Cetro, y Corona aceta. Es este tirano fiero (según lo que algunos cuentan) inhumamano en sus acciones, temerario en sus empresas, muy cruel en sus castigos, y sagaz en sus cautelas. Bien, que esta sagacidad bárbara es sin experiencia de la marcial enseñanza de la militar escuela, pues en sus operaciones a sus armas, y sus fuerzas, sin conocimiento ejerce, sin arte algua maneja. Mas no por eso en nosotros, han de faltar diligencias, para que las prevenciones aseguren la defensa, pues aquel que al enemigo, ya en la paz, o ya en la guerra, por más que fuerte se obstente, o por más que débil sea, le teme, será cobarde, y loco si le desprecia. Ser temerario, no es ser valiente, mas la rueda de la inconstante fortuna suele ser tal en sus vueltas; que al temerario levanta, y al valcioso atropella. Esto es en fin lo que sé, lo que Alí me manifiesta os he dicho, y así haciendo junta, y Consejo de Guerra, vuestros pareceres pido, discurrid en la materia; que pues el Rey mi señor de aquesta Ciudad excelsa puso el gobierno a mi cargo, y en mi obligación es deuda, por mi puesto, y por mi sangre, ampararla, y defenderla: Católicamente juro por las Celestes esferas, que en circular movimiento todo el ámbito rodean, que si es cierto lo que Alí en estas líneas expresa, antes que el Bárbaro Rey consiga el tomar a Zeuta, será mi vida despejo de su cuchilla sangrienta, que en defensa de la Fe, y de mi Rey en defensa, no hay recelos que me alteren, no hay riesgos que me convenza, no hay peligros que me asusten; ni hay amenazas que rema. Qué importa que el fiero monstruo a quien el África tiembla, el corbo alfanje desnude, y desplegando banderas el viento pueble de Lunas, llene de horrores la tierra, si basta un Cristiano solo, con el celo que le alienta, para resistir constante el furor de su soberbia? Pero, señor, qué motivo puede ser el que le empeña a Alí a dar esta noticia? pues parece cosa opuesta, aunque Moro, a un noble pecho, cuando el secreto revela de su Rey. Será movido de una natural secreta simparia que me tiene. También puede ser que sea nobleza del natural dócil que este Moro muestra tener. Ni es uno, ni es otro, como colegir se deja de la razón, porque como el que de leal se precia, por ser con su amigo fino hará a su Monarca ofensa? El que le ofende es traidor, donde hay traición, no hay nobleza, pues desluce con la infamia el lustre de su ascendencia. Sentado en primer lugar, el que es rito de su Secta (según en el Alcorán los Moravitos observan) el dar aviso primero a los que sitiar desean, halla el discurso razones que con más fuerza le muevan a hacer estas prevenciones. Yo me holgaré de saberlas, Nunca le esta bien a Alí que Ismáin Dios no lo quiera) de esta Ciudad se apodere teniendo el comercio en ella, pues los Hebreos, y Moros tantas casilas frecuentan, ya llevando, y conduciendo géneros que le aprovechan, en fe de tacita paz, y por hallarse tan cerca Tetuan de Zeuta, pues apenas distan seis leguas; y siendo así su interés, es quien le mueve a dar cuenta de los designios del Rey, para que acá se prevengan medios que imposibiliten la que propone interpresa: además de que el resguardo de Alí, señor, está en Zeuta, pues del furor de Muley asegura su cabeza con el asilo que funda en cercanía como esta; no porque en sus procederes recelo ninguno tenga, mas del rigor de un tirano, no se eximen inocencias. Lo cierto es esto, señor, él usa de la cautela a V. Excelencia, vendiendo el aviso por fineza con rara sagacidad, y logra sus conveniencias en asegurar la plaza: y sea cierta, o no sea cierta la noticia, el prevenirnos para cualquier contigencia será lo más acertado, vengan al sitio, o no vengan, pues siempre las provenciones generalmente son buenas. Vueseñoria, señor Don Lorenzo, en todo acierta, porque son vuestros discursos nijos de grande experiencia. No en vano los Moros todos al oír Ripalda tiemblan. V. Excelencia sabe honrarme, y es segura consecuencia que Ripalda aprenda, cuando Valparaiso le enseña el modo para acertar. El tiempo no es bien se pierda; y así, señor Don Lorenzo, pues vuestro puesto os empeña por Sargento General de Batalla, a toda priesa haréis reparar las obras de nuestra estrada encubierta, obra debida al ingenio, disposición, y advertencia de Don Francisco Bernardo Baraona, gloria nuestra, que anteviendo esta invasión, venciendo mil influencias, cuerdansente delineó tan admirable defensa, El Ayudante Reas, activo con su viveza, asista a las obras, pues en valor, y en experiencia es Don Alonso de Ángulo, sujeto de grandes prendas, Vos Don Pedro de Guevara, con muy pronta diligencia, como Sargento Mayor de esta Plaza, pasad muestra de la gente del Presidio, y también se tome cuenta que pólvora, y municiones los Almagácenes tengan para prevenirlo todo; y porque una posta expresa he de despachar al Rey, noticiándole esta nueva a mi cuarto me retiro a escribir; y V. Excelencia, Señora, no dé al recelo lugar. Ninguno hay que venza mi valor, que aunque mujer, siempre seré la primera que sacrifique mi vida por la Fe. Los Cielos quieran que Carlos Segundo triunfe de las Alarves Vanderas. Y para blasón de España Para gloria de la Iglesia. Su nombre durable viva. Y Muley Ismáín muera. , a, . Corona sean de amor dos nobles amantes pechos, que en recíprocos cariños unen un alma a dos cuerpos. Pronuncien en sus cláusulas Músicos claros ecos. que vivan los dos nes para lustre de su Re Todo este aplauso Lavecha es debido a tu esplendor, pues es tu vista de amor la más penetrante flecha, Ganas victoriosa palma, cuando ejecutas la herida, pones el punto a la vida, y das al blanco del alma. Señor, con tantos primores favoreces mi humildad, que no halla la voluntad premio a tan grandes favores; pero sí, pues a tu halago correspondo, cuando pruebo, que lo que de amor te debo, con el mismo amor te pago. Tu fineza ha presupuesto un género de obligar, que no le queda lugar a mi amor; pero qué es esto? Los dos Alcaides, señor, de Tetuan, y de Alcázar llegan a la Corte, a quien hizo la Ciudad la salva; y para besar tus pies, solo tu licencia aguardan. p Albricias, corazón mío, que ya puede mi esperanza, viendo a mí adorado Alí, mitigar de amor las ansias. Entren pues. Ya de mi intento p. podré decirles la causa para lograr el deseo de la empresa que se traza. A tus pies, invicto Rey. Invicto Rey, a tus plantas. Llego ufano. Alegre llego. Rendido. . Obediente. Basta, que rectóricas conmigo han de ser breves, no largas. Ley es tu precepto en mí. Ley son en mí tus palabras. Por Alá que imaginé, según les puso la cara; que del primero reves las cabezas les cortara, Ya sabéis como es mi intento emprender la heroiza hazaña de restaurar la Ciudad de Zeuta, pues usurpada del Cristiano tanto tiempo yace en su poder esclava. No por valor, por cautelas, por engaños, y por trazas nos desposeyeron de ella; pero ahora con mis armas su restauración emprendo con conocida ventaja, como rendir con valor lo que rindieron con maña; que aunque es verdad que el ardid es de muy grande importancia en la guerra, no milita conmigo una acción tan baja, cuando para conseguir la facción más arriesgada, la industria a mi valor sobra, pues solo mi alfanje basta. Abusaid la perdió, porque solo se empleaba, descuidadamente torpe, en fiestas, bailes, y zambras, que el ocio en las Monarcías, es cual Áspid, que disfraza en las flores del descanso el veneno con que mata. Ducientos y ochenta años (según tradición Cristiana) ha que árbolan las banderas de Portugal, y de España, con oprobrio de Mahoma en sus Torres, y murallas; pues qué descuido es el nuestro; cuando en empresas más arduas de victorias, y de triunfos coronamos nuestra fama? No soy yo el que acompañado de la pleve que me aclama, atrevidamente altivo, osé nombrarme Monarca? No me hice dueño absoluto de las Provincias extrañas, de los Climas más remotos, hasta domar con mis plantas los Negros Alarves, que primero linde del Asia, divide las Etiopias la sobre Egipcia, y la Magna? Ese Reino a quien el Sur, sierpe de vidrio enroscada, ya venenosa le muerde, ya cariñoso le halaga, siendo el tosigo avenidas con que le destruye, y tala, y el cariño cristal puro, con que la circunda, y baña, en señal de rendimiento, no me obedece, y me paga por feudo, y por vasallaje tributo en oro, y en plata; ya en bien labrados zequies, y ya en numerosas barras, que la codicia descubre, y el arte sutil las labra? Marruecos, y Fez su Rey, y Emperador no me llaman? el Rey de Argel no me tiembla? los de Tunez no se espantan solo con oír mi nombre? Viendo que mi furia airada, después de haberles vencido en rigurosa batalla, a seiscientos prisioneros, por despojo de mi saña, las narices les corté; y no contenta mi rabia, los desterré a Tarudante, quitándoles la esperanza de que tarde, o nunca puedan volver a gozar su patria. Zeuta, Ciudad, que en un tiempo émula insigne de España, mas que con tantas grandezas lo fue Cartago de Italia, fue Metrópolí, y Cabeza de toda la Mauritanía Tingitana, y a quien dieron lustre las Romanas Armas, y las Godas, hoy se mira reducida a estrechez tanta, que cuatro Cristianos solos la defienden, y la guardan: vuelva a ser lo que antes era, que a mi poder agregarla, y a mis armas reducida tendré grandezas más altas, que aquellas que le adquirieron las Godas, y las Romanas: no es difícil conseguirlo, cuando es evidencia clara, que al impulso de mi brazo la cuchilla enarbolada, antes que descargue el golpe, morirán con la amenaza cuantos en defensa suya, con oposición contraria, cóndense nubes en humo, despidan rayos en valas. Pero aunque mi natural soberbiamente me inflama, el consejo no desprecio de experiencias, y de canas. Y así Abaz Talve, y Calisa de la Mezquita sagrada del gran Profeta Mahoma, tu discreta edad anciana diga su sentir, y tú valiente Alí Benaudala, pues ya has estado a la vista de Zeuta, y de sus murallas, y fortalezas, tendrás conocidas las entradas, acompañándote a un tiempo Amete, Alcaide de Alcázar, Alípree de Chisuan, y Mahomer, que en Sichen manda, irás con quince mil hombres, gente astuta, y beterana, la vuelta de Zeuta, luego a ponerle el sitio marcha, con el parecer de Abaz que solo mi aliento aguarda. Y para que conozcáis que el celo que me acompaña para esta empresa, es nacido de una religiosa causa: Cide Belaved Ceutín, santo varón que se halla en el trono de Mahoma, porque en virtudes le iguala, nació en la Almina de Centa, pues como ha de estar la casa que mereció este varón de Cristianos ultrajada? La Religión nos empeña, y nuestro interés nos llama, porque si a Zeuta ganamos, la puerta abrimos a España, y árbitro de nuestras iras, nos facilita la entrada, para poder restaurar, con facilidad tan clara, lo que nuestros ascendientes con ultraje, y con infamia cobardemente perdieron en Cordoba, y en Grañada; además, que del Estrecho de Calpe nuestras Escuadras. navales serán señoras, sin que al páramo de plata rompa la tez cristalina nave ninguna contraria, que a nuestro aliento, y dominio no se reconozca esclava. Ea, Abaz, tu parecer será una ley observada de todos; y así al instante discurre, imagina, traza; y vosotros valerosos, Alcaides, a cuyas altas heroicas prendas es corto blasón el que da la fama, a la empresa os alentad, y en militar consovancia asusten al aire vago los pífanos, y dulzainas, siendo los acentos guerra, y siendo los ecos arma. Mis vencedoras banderas formen en el viento ufanas, con diferentes colores, en vistosa pompa varia, primaveras que coronan con las Lunas Africanas el triunfo de mis victorias, la gloria de mis hazañas, para que conozca el mundo; que en mi brazo se desata de Alá un rayo que destruye, un recio trueno que espanta, un relámpago que ciega, una espada que traspasa, una nube que oscurece, y una tormenta que pasma; pues juntos en mi valor a un mismo tiempo se hallan, para ruina del Cristiano, y destruición de sus casas trueno, relámpago, rayo, nube, tormenta, y espada. De tu generoso aliento nunca menos se esperaba: Y así, señor, mi sentir es que en honra de la santa. persona de nuestro Eroe Cide Velabed, se haga la conquista, porque siendo en tal asunto fundada, emprenderla, y conseguirla no serán cosas contrarias. Pues en fe de que es tu gusto yo señor te doy palabra de entregarte la Ciudad. Riesgo corre tu garganta si acaso no la cumplieres; y tu Alí cómo no nablas? Cómo yo no he dé ofrecer fija una cosa, que vana puede ser, cuando en su logro dificultades no faltan. Qué dificultades hay? Hay muchas que tú no alcanzas. Di cuales son, que yo quiero saberlas para allanarlas. Es lo primero; señor, el ser muy fuerte la Plaza, pues la circunda una gruesa, y poderosa muralla, a quien un profundo foso de agua defiende, y ampara. En la cortina que mira a nuestro campo, levanta dos opuestos valuartes de antiguedad bien extraña. Tiene en lo exterior de afuera vistosa encubierta estrada; y siendo corto el recinto, con poca gente se halla capaz para defenderse de numerosas escuadras; pues cubierto de faginas, y guarnecido de estacas, con tres medios balvartes, que en sus extremos levanta, seguridades ofrece a lo interior de la Plaza. Pues si labramos la tierra con ataque, dando traza de que cubiertos lleguemos cerca de su palizada, y en continuado tesón le rompemos las entrañas, a la tierra con las minas, segura está la ganancia de la Plaza de Armas. Niego; porque si está la campaña en declinio, aunque rasguemos varias sendas reguladas, será preciso encontrar una inundación de agua, muy difícil de agotar, porque es en el centro baja su profundidad, y cuando lo que digo se allanara, no conoces, que el Cristiano; con sagacidad, y maña abrir puede cortaduras, y traveses; donde haga sus contraminas, formando ramales, y a partes varias dirigirlos, con que estorbe nuestro trabajo, y en llamas de polvora do sepulcro a cuantos allí trabajan. Alipre de Chisuam mas imposibles allana con las minas, sin los riesgos que refieres, y señalas; dígalo Alarache, pues, a pesar de su constancia, cedió su orgullo al tesón de ver que aborta, preñada la tierra, horrores en fuego, que tantos estragos causan, Mas dado caso también, que en Zeuta no sirva nada; si la Artilleria nuestra se asienta en la parte llana del campo, y con osadía les batimos las estacas del recinto, el abrir brecha es cosa segura, y clara, y abierta una vez, tenemos facilidad en la entrada. Y si al tiempo que estuviere en la parte que señalas la Artilleria, salida nos hicieren de la Plaza, de forma que nos obliguen a retirar a las altas cumbres, como has de subir las piezas por la montaña? Entonces será preciso perderlas, y abandonarlas. Pues por ese inconveniento de la eminencia se hagan las baterias. Con eso solo arruinarás las casas, y destrozarás las obras muertas, que no importa nada, Y te quiero conceder que ganes la Plaza de Armas, si a picar llegas el muro, verás de sus casas matas por los flancos arrojar tanto diluvio de valas, que el foso en un punto cieguen de muchos cuerpos sin alma. Ademas, Muley invicto, que no es capaz la campaña para poder mantenerse porque las aguas le faltan, a ejército numeroso; y también, señor, repara el que el socorro imoosible es de estorbar, pues de España todos los días conducen cuanto quieren. Calla, calla, villano, atrevido, loco. Señor. . Señor. A tus plantas. No ven ustedes que empuña, cuenta si acaso descarga. No prosigas, cesa, cesa, que a mi cólera irritada cada voz es un veneno, un puñal cada palabra; y si es que a tantas locuras como has pronunciado tarda el castigo, es porque debes la vida a las que te amparan, deidades a quien venero; y así, del suelo levanta; y luego los dos partid, sin dilación, ni tardanza, no a poner el sitio a Zeuta, sino a rendirla, y ganarla; pero de paso advertid, que si del claro Monarca del día, los rubios rayos entran de Zeuta en la Plaza, yo soy Sol, rayos vosotros despedidos de mi rabia, y así adonde entran sus luces, también han de entrar mis armas. Ven Lavecha. Ya te sigo. Muerta quedo. Voy sin alma: Aliillo vente, conmigo. Señor, de Muley te guarda, porque es hombre tan tremendo, que no dice, si no casca. El corazón asustado al golpe de la amenaza, viendo el peligro de Alí infelizmente desmaya. Yo no vivo en mí, es verdad; porque quien de verás ama, no vive, no, en lo que anima. si no es en lo que idolatra. Alí es centro de mi vida, dulce objeto de mis ansias, después que me aprisionó pasando desde la Italia al Norte; y habiendo sido primeramente su esclava, teniendo Muley noticia de mí, conducirme manda a Mequinez, donde asisto a Lavecha la Sultana, después que por la Ley Mora olvidé la Ley Cristiana. Ah memoria no me acuerdes, mi locura, que es infamia, aún mayor que cometerla, el osar el pronunciarla: mas por esta puerta entro a ver a Lavecha. Aguarda. Selamisahora Divina, que conmigo siempre ingrata, con el ceño del rigor mis muchas finezas pagas; oye mi amor. No prosigas, cuando tus amantes llamas, si con tu amor las enciendes, con mi rigor las apagas. No ves que te adoro? Veo, que te aborrezco, y me cansas, y así por esotra puerta me retiro. Bella causa de mis penas, mas qué miro! Amete con ella estaba. . Celos, su amante es Alí, no en vano lo sospechaba mi temor. Que Amete ahora de esta manera embaraza, el poder hablar a Alí. Cóleras mi pecho exhala, . y disimular no puedo un desprecio; y una rabia celosa; prosigue Alío tus finezas cortesanas, que de esta ingrata enemiga no he de tomar más venganza en la ofensa que recibo hoy dé sus iras tiranas, que verla empleada en quien no merece ni aún mirarla. Tu bárbaro atrevimiento castigue mi cimitarra. Mi corba cuchilla prueba. Amete, Alí, basta, basta: Qué es esto? Quién en Palacio? tan grande alboroto causa? Viles traidores. Hoy muero. Cómo así? Mi vida acaba. El respeto que se debe al Palacio se profana de esta manera? . Señor, de hielo soy viva estatua. No doy por las dos cabezas: un cornado, ni una blanca. Selamisaora, qué es esto? pero no me digas nada, pues sus semblantes me dicen mas que puedan tus palabras; amantes de tu hermosura en oposiciones andan: no es esto verdad? Señor, delito fuera negarla: Es cierto que Alí, y Amete, desde que pasé de Alcázar a Tetuan, me festejan. Tú la quieres? tú la amas? Siempre fue, señor, mi amor de sus luces salamandra. Siempre aguila de sus rayos: al Sol miré cara a cara. A cuál de los dos te inclinas? Yo, señor, siendo tu esclava, en mi albedrío no tengo más poder que el que tu mandas, Sin duda de aquesta vez a todos tres los empala, y no quisiera que a mí algo de esto me tocara. Yo en la condición soy fiera, pero me rindo a la aljaba del ciego Dios, cuyo imperio tiene dominio en las almas; siempre los hierros de amor alguna disculpa alcanzan, y acción que yo en mí no culpo, en otro no he de culparla. El delito les perdono, y ofrezco tu mano blanca al que de los dos hiciere la empresa más señalada en la conquista de Zeuta: y porque el premio que aguardan les aliente, desde luego te doy licencia que vayas, a cargo de Abaz. Califica, a cuyas prudentes canas fío tu honroso decoro, a asistir en la campaña. Y para que te acompañen, de la gente de mi guardia cinco mil Negros señalo de escopeta, y de azagaya. Quién con tan grandes favores. Quién, señor, con honras tantas. Asistiéndole Belona. Acompañándole Palas. No resolverá en cenizas. No abrasará en vivas llamas. De Zeuta los edificios. De Zeuta las torres altas. Pues Alcaides a la empresa, que yo en la campaña armada, seré rayo fulminado de la ardiente esfera cuarta. Vamos a la guerra todos, pues el miedo de las valas se templa al ver que llegamos al campo muy lindas damas, puesto que algunas irán sirviendo a Selamisaora. 1. Apártese camarada. Deje uced que por un lado llegue. Qué queréis Soldado? Yo, señor, quiero soldada, Qué decís? Que la aflicción de mi hambre Va Excel encia socorra, pues en conciencia se me debe darración Quién sois? Soy un pobre cillo, de mi patria desterrado, y hoy a esta Plaza he llegado, sin tener un panecillo. 1. Este parece bellaco. 2. Lo dije así que le vi. Y por qué venís aquí? Porque me tentó el Dios Baco, De adónde sois? De Granada, y es tan grande mi osadía, que tengo más valentía que Hector, y el Cid con su espada; valientes por su valor fueron, pero es evidente el que yo soy más valiente. En qué forma? Bebedor. Cómo os llamáis? Nombre bueno tengo, y luce lo bastante, que es Relámpago brillante, Nombre propio? Como un trueno; mi madre estaba preñada, hubo una tormenta un día; un relámpago se abría, y ella del susto alterada, entre uno, y otro desmayo, del concabo me arrojó, Relámpago me llamó, porque nací como un rayo. En mi servicio os quedad, por lo que me habéis gustado. Soy un hombre afortunado, Mas qué es esta novedad? Es, señor, haber llegado para dar aviso a tiempo las centinelas del campo, mirando hacia el castillejo, venir a la deshilada escuadrones, dando al viento las medias Lunas Moriscas en tafetanes diversos. Mandé tocar a rebato con la nueva, y todo el pueblo osadamente animoso, valientemente resuelto, tomando armas; se reparte en los peligrosos puestos, porque el valor Africano siempre apetece los riesgos. La Plaza de Armas guarnecen valerosos mosqueteros. No se asuiten los del patio, porque no es el tiro a ellos. Las murallas se coronan de gente, y a un mismo tiempo con cuerda encendida acuden los más diestros Artilleros. Viven los Cielos divinos, que el aviso salió cierto de Alí Africanos valientes, mostrad el bizarro pecho. Pero qué cargas son estas? Que ya los Moros soberbios detrás de Arcila, y el Topo se fortalecen, haciendo Ciudad populosa en tiendas de campaña, y el incendio de sus escopetas es tan continuado, y tan recio, que besubió la montaña escupe rayos de fuego. Al instante se despache para Gibraltar un pliego en un esquifado barco, que atravesando el estrecho, al Conde de la Corzana noticia de este suceso, para que sin dilación haga que se embarque el tercio de la Armada, que se halla allí, de quien es Maestro de Campo el gran Don Antonio Joachín Canales; con esto, y la gente del Presidio el furor resistiremos del Moro, cuya osadía tanto castigar espero, que su locura le sirva de miserable escarmiento. Disparen de la cortina las piezas, y a tal estruendo en el horror se desmaye, se atemorice en el miedo. Eso es lo que me contenta, dispárese fuego en ellos, y mandémosles en valas gordos confites de hierro. Vamos a animar la gente. Todos, señor, con aliento se previenen animosos. Vea V. Excelencia el Clero que Eclesiásticas escuadras forma. Quién con tal ejemplo, no se ánima: ea Soldados por nuestra Fe peleemos en honra de Dios. Y en honra de la Reuna de los Cielos María nuestra Señora. De África el claro Lucero nos señala la victoria, siendo su Sagrado Templo el escudo, que resiste la furia del Agareno. Fuera, canalla Morisca, que va Relámpago fiero con hambre contra vosotros, y por principio de almuerzo, se comerá vive diez mas de ducientos mil perros.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Por más que intente el orgullo de los Bárbaros Alarbes inquietar de nuestros pechos lo invencible, y lo constante, son sus máquinas sin fruto, y sus designios en valve. a Si al tiempo de repartir colación debe llegarse, no quisiera llegar yo aquí cuando se reparte. Y si alguno del regalo quiere ser participante, llegue, que con voluntad largo a cualquiera mi parte. Mas la señora Marquesa, corona de las deidades, de sus Damas asistida, hacia el Oratorio sale. Señora mía. . Qué hay Relámpago? . Cosas grandes, que cada día estos Moros intentan, pues arrogantes hasta nuestra Plaza de Armas han formado sus ataques. Todo el campo en cortaduras han abierto, y allí yacen, sin mostrar el alquicel, ni descubrir el turbante, sepultados antes que nuestra cólera los mate; yo al verlos en broneras les dije: Salid vinagres, corred la campaña toda, que implica contrariedades el que los perros se escondan, y que la caza los llame. Amedrentados están con la ofensa que les hace nuestra Artilleria, y más con el desengaño grande de ver, que en las dos salidas que hicieron los nuestros, baten las alas de su soberbia; y volviendo a recobrarse, dos veces altivamente con impetuoso coraje nuestras obras exteriores asaltan; donde cobardes cedieron su orgullo, al ver que el campo por todas partes, sembrado de cuerpos muertos le han regado con su sangre. Sus almas florecerían entre las oscuridades del Hetéreo sitio horrible: de los senos infernales; con qué valor resistimos, señora, los dos abances, pues hallándose en la Plaza no más de los naturales, y las Compañías sueltas, que del Presidio de Cadiz el invicto Di Francisco de Velasco, heroico Marte, envió para socorro de tan peligroso lance. Y también las que vinieron en el Tercio de Canales, y coronando a Si Pedro, en las funciones más grandes, el Cabildo de la Iglesia con tan vivos ejemplares, a más de veinte mil Moros hicimos en un instante, a unos bajar al infierno, y a otros huir del combate; grande día tuvo el diablo, por Dios que habían de ocuparse en acarrear Morillos, los Demonios a millares. Y tú en esas ocasiones qué hiciste? Cosas notables, y dignas que se esculpan en bronce, mármol, o en jaspe; mientras peleaban todos les ayudé lo bastante con los soplos que les diva. Con los soplos? Por el airé les infundía el valor. De qué suerte? Bebrantes un frasquillo de místela, y desde el alto homenaje de la torre de Palacio, al embestirse, y trabarse les envié un socorrilo envuelto en el agradable cephiro que se bullia; porque no se desmayasen. Como tuyo fue el socorro. Mas hice: Volví a brindarles, y al punto huyeron los Moros con que quedamos triunfantes. 1. Señora, si llevas gusto, hora es de rezar la Salve en el Oratorio: Sí; que la devoción es llave de las virtudes, y es justo que a nuestra piadosa Madre Sol de África, gracias demos, cuando en dones liberales de su piedad recibimos favores tan admirables. Y así nuestros corazones hechos lenguas incesantes en obsequio de María, himnos, y alabanzas canten. Yo me retiro a estudiar la solfa dé unos cantares con que pueda hacer callar a estos galgos cuando ladren. 1. Salve Divina Aurora, entre cuyos celajes, con esplendidos rayos, el Sol de gracia sale. Salve, salve, salve. Salve Planta fecunda, cuyo Fruto, fragrante, al mundo fertiliza con sus felicidades. Salve, salve, salve. 1. Salve Valor heroico, que de la sierpe infame, con soberana huella, fiera cerviz pisaste. Salve, salve, salve. 2. Salve Escala dichosa, que al Impíreo admirable al pecador conduces cuando de ti se vale. Salve, salve, salve. 1. Jesús mil veces. 2. Jesús. Él sea quien nos ampare. Entremos presto por ver si acaso hizo mal a alguien. Señora, pues V. Excelencia en un riesgo tan notable! No ha sido nada, señor, que me asuste, ni me espante; el Moro cortés conmigo ha querido festejarme, supuesto que hizo la salva cuando rezaba la Salve. Gran valor! Mujer insigne! que a los pájaros volantes de hierre no teme, y hay barbado, cuyo semblante se vuelve al oír sus silvos de carmín en albayaldle. El blanco de sus cañones es Palacio. Mas combate le da a la Iglesia Mayor. Yo creo que en todas partes no hay sitio seguro, pues de sus rayos fulminantes las encendidas centellas no hay resquicio que no abrasen. Con vuestra licencia quiero a mi cuarto retirarme. Sí, que es bien os reparéis del susto. No hay que repare, pues quien a María invoca no hay peligro que le espante. Aquí Vueselencia tiene aqueste Moro, que traen el Barco, y las tres Falucas. Bien han logrado el viaje; en qué sitio le cogieron? Apenas ligeras aves las alas de blanco lino dieron ufanas al aire, y Don Antonio Ribero vuestro orden siguiendo, sale por Cabo, cuando teniendo mar, y viento favorable, en Negrón desembarcaron en la cala de Levante; y examinando su sitio, sin ser sentidos de vadie, dispusieron la armazón a tiempo que ven delante, entregado a dulce sueño, aqueste vivo cadáver, que si no lo fue en la muerte, lo represento en su imagen. Bien que fue muy a lo vivo; porque no hay muerte que iguale a una esclavitud sujeta a distintas voluntades. Apresado, pues, el Moro todos vuelven a embarcarse contentos, como quien logía el designio con que sale: a vuestras plantas le ofrecen, y así bien puede informarle a Vueselencia, pues dice que de todo el campo sabe, y que en la lengua de sierpe estuvo ayer a la tarde disparando, y que iba hoy a Tetuan a buscarle a su rancho el bastimento. Moro, di, pues, lo que sabes, antes que el enojo haga. en ti más cruel examen en el rigor de un tormento. Cómo es eso? El Perro cante lo que supiere, porque si acaso tirubeare; con este puñal le haré cien bocas por donde hable. Señor, el campo se halla hoy con veinte mil infantes, Etiopes cinco mil, la necesidad es grande que padecen, porque el Rey no le da socorro a nadie, Viveres, y municiones para poder sustentarse en la campaña, lo compran a su costa los Alcaides. De los negros mueren muchos de varias enfermedades; pero la peor de todas, (después de la sed, y el hambre, es el general estrago que la Artilleria hace de la Plaza: y para ver si evitan daño tan grave, y a menos costa ganar lo que pretenden, sagaces rompen la tierra, trayendo tres minas por varias partes. Señor Don Lorenzo, al punto haced que este Moro baje a las nuestras, y que diga. el camino, o el paraje por donde vienen las suyas, para que pueda atacarle nuestro Maestro mayor las contraminas Reales en hornillos, con que estorbe las ideas del Alarbe, porque en el concabo vientre de la tierra, común madre, en abismo de humo, y fuego, panteón sus cuerpos hallen. Ochoa es muy eminente, y que acierte no es dudable. Ven Moro conmigo. . Venga Morillo de mal ropaje. Ya voy Cristiano. Ande el Galgó, no entiende? pase adelante. Estoy un poco cansado. Vaya; que naré que descanse. Cómo? . Dándole mil palos si acaso no trabajure. Al Capitán de Caballos Ribero, debo estimarle la interpresa, pues me trao noticia tan importante en ocasión tan urgente. Experimentado en los mares es, y bien saben los Moros su valor. . Don Diego Váez de Mendoza, también es. hombre insigne. No es dudable, y los dos en ocasiones han hecho presas notables, 1. Don Gerónimo Marín salió de guarda esta tarde de las obras exteriores, y quiere, señor, hablarte. Decid que entre. Vueselencia me dé su mano. Dios guarde a Vueseñoria; qué hay de nuevo por los ataques? El que los Moros porfían bárbaros, y contumaces en continuar los aproches. Mas tendrán, que retirarse. Sí, pues Don Antonio Osorio con discurlos esenciales, y Don Francisco Furtado, procuran que se adelanten nuestras obras, delineando en términos regulares, un revellín, previniendo el que si acaso asaltaren los Moros, y afortunados ganaren los Valvartes de S Pedro, y de San Pablo, y el de Santa Ana hallen en el segundo recinto quien sus designios ataje; bien que es poco permanente la obra, porque se hace de estacas, y de faginas, Ay tan pocos materiales hoy en la Plaza, que es fuerza el que esto así se repare en tanto que se dispone el poder fortificarse más seguramente, pues su Majestad (que Dios guarde; con el Católico celo de su generosa sangre, manda atender a esta Plaza, por ser de España la llave, cuyos órdenes disponen, dando los medios bastantes (cuantos en las estrecheces del tiempo presente caben) en el Consejo de Hacienda su Gobernador, y el grande Pedro Nuñez de Prado, ayudando en todas partes, para urgencias tan precisas, con desvelos incesantes el Duque de Sesa, luego el de Alburquerque de Cadiz Don Fráncisco de Velasco, y desde Gibraltar hace el Conde de la Corzana prodigios imponderables, Y al mismo tiempo Sevilla, con los primores que sabe, se esmera con el socorro de sus nobles Capitanes, que las Milicias conducen, porque la gente no falte para el trabajó, debiendo la recluta al vigilante cuidado de su Asistente, ser Villavicencio baste para explicar de su celo los primorosos realces. No hay duda que toda España como interesada clame en la defensa de Zeuta. Todos finos, y leales contribuirán voluntarios cuanto se necesitaré. De cuanta importancia es para España (no es dudable) esta Plaza, mayormente si llega a considerarse que alevemente traidor, en desdoro de su sangre, faltando a Dios, y a su Rey, por despicar su coraje, pudo el Conde Don Julian aonsio en ocho metes cabales introducir en España ochocientos mil Alarbes, que en avenidas furiosas obstentaron afrogantes mundaciones soberbias, anegando en sus Turbantes la opulencia de sus Reinos, lo hermoso de sus Ciudades, lo altivo de sus collados, y lo ameno de sus valles. La puerta por donde entraron fue Zeuta, ved en tal lance si toca guardarla a todos, puesto que todos son parte, Si quiere ver Vueselencia en los salados cristales de ese golfo, cuyas ondas amorosamente afables, como rindiendo tributo ornomí- hasta las murallas samen, selva de jarcias, en quien son, aún en las propiedades, los árboles troncos rudos, y las ramas el velamen. Salid, pues, al mirador, veréis unidas, e iguales de Genoba las Galeras, y de España, que volcanes despiden, de cuyo fuego entre las llamas voraces rayos ardientes arrojan a los Bárbaros ataques. Padre Céspedes la nueva estimo; luego al instante, vamos a ver las Galeras, haciendo que se dispare del muro la Ariisleria, porque confusión les cause a los Bárbaros el ver que a un tiempo de tierra, y mares el agua arroje besubios, y la muralla volcanes. Gran temor les causará, Y el destrozo será grande. Vamos, que de esta canalla hemos de salir triunfantes. Aferra la mayor. Boga hacia tierra. Pon la prona la playa. Cia. . Aferra. Inquietad su sosiego. Apunta a los Araques. Dale fuego. Sarracenos valientes, coronen los aproches nuestras gentes, y oues que se encamina esa Naval Armada a la Marina, es sin duda que intentan desembarco, y supuesto que somentan nuestro enojo tiranos, sepulcro hallen en ella los Cristianos, Ya la lengua de sierpe coronada lugar no les dará de lograr nada. Y por si de la Plaza hacen salida, fortificada se halla, y prevenida para cualquier función la que tirada en contrabalación línea, que a un muro iguala, como también con la que circumbala la campaña florida, asegurada se halla; y defendida nuestra gente de él ímpetu Cristiano, que despojo será de nuestra mano. El paso se les cierra, No lograrán su intento. Al arma. . Guerra, No dispare la gente. El remo mete. . Despliega lamayor. Iza el trinquete. Al monte te encamina. Vamos a Gibraltar. . A la Volina. Ya parece que cede su arrogancia, porque si no me miente la distancia han vuelto ya a virar haciendo su viaje a Gibraltar. No es engaño, pues veo que ligeras de la Playa se alejan, y trincheras. Esto sin duda ha sido, que el Cristiano soberbio, y atrevido de esta suerte ha intentado burlar con sus cautelas el cuidado que ve en nosotros. Sí, mas qué aprovecha nuestro desvelo si se ve deshecha la intención, pues fustrada si algo se intenta, no se logra nada. Fija esperanza tengo, bi y en mi opinión primera me mantengo que he de ganar la Plaza. j Si Alá nuestro designio, no embaraza he de ver, mejorando de fortunas, en sus murallas tremolar las Lunas. Quiéralo amor, para que mi deseo . logre a Selamisahora en Himeneo, pues siendo en esta empresa señalado, he de alcunzar el bien idolatrado. oblo Ay de mí! que de amor la confianza . desmaya, pues si estriba la esperanza en dominar a Zeuta, muy bien creo, ver primero mi muerte, que el trofeo. Habiendo Mahometh Alcaide los ataques recorrido, reconociendo el destrozo que hicieron los enemigos; y fuera de haber hallado entre los muertos y heridos ciento, y cincuenta, se ven en tres parajes distintos tres brechas abiertas. Luego repararlas es preciso, y no os admire el asombro fuertes Agarenos míos, de ver que en fatal estrago haga la guerra su oficio, pues no haber muertes en ella, fuera soldados lo mismo que retroceder el Sol, o volver atrás un río: que si en dulce descanso de la paz, tres enemigos tiene la vida en tres parcas, en el ardiente conflicto de la guerra cuantos tiene? Si a buena luz discurrido unzo! es monstruo que se alimenta de robustos cuerpos vivos, teniendo para acabarlos tal multitud de Ministros, que una parca es cada amago, y una muerte cada tiro. Y así, al valiente Mahomet puedes decirle Aliillo que haga reparar las brechas, y que queden guarnecid os? o los ataques, y surtidas, hallándose todos listos, no solo los que de guardía le asisten, si no los mismos que de reten tiene prontos el Etiope Caudillo. Baja también a las minas, y dile a Alipre, que fino l procure que se adelanten, que así conviene al servicio del gran Muley Ismáín. Todo será obedecido, aunque esto de entrar en minas no lo tengo por muy fijo. . Eso sí, sienta el Cristiano de nuestro valor los bríos, Del Morábito sagrado Cide Velabed, confío que he de restaurar sus huesos, y de cristal guarnecidos, en costoso relicario los colocaré rendido en la Arabia, en la gran Casa de Meca. Tu celo pío te sabrá premiar Mahoma; pero que sonoro ruido música suave mezcla con marciales ejercicios? De Selamisaora es en la tienda. Ay amor mío! Con las Moras se entretiene. Bien extraño es el estilo, puesto que a acentos de Marte vue acentos tan distintos, No es extraño, donda aidamas, pues del cerco lo prolijo convida a que busque el gusto con afectos atrastivos, si bien mentido a los ojos dulce engaño a los oídos. Dices bien; pero escuchemos. Ay amor! como has querido . a correspondencia amable dar tan difícil camino, como que lo soberano dlol mande en ajeno albedrío. Luchando con su pasión, armado de afectos finos, mi corazón se presenta en campaña de Cupido: al arma, al arma, al arma dice su brío, contra el poder que manda como enemigo Si el poder, y Majestad, p porque mi desgracia abone, tiranamente se opone al gusto, y la voluntad, por mi dices con verdad la letra, cuando divinos tus dos soles cristalinos tienen ya a mi corazón. , . Luchando con su pasión, armado de afectos finos, No atormentes mi memoria con no acorde de esa voz, que para triunfo es veloz, y no es durable su gloria; yo alcanzaré la victoria a pesar del fiero olvido, pues osado, y atrevido, aunque tu desdén lo sienta. , . Mi corazón se presenta en campaña de Cupido. Al arma, al arma, al arma, dice su brío, contra el poder, que manda como enemigo, Favor Cielos. 1. Que me abraso. Qué es esto Cielos Divinos, una de las muchas bomvas que el ingenioso artificio del Cristiano arroja, fue la que en la tienda ha caído, y el voraz fuego consume hasta el pavimiento mismo; mas qué aguardo cuando está Selamisaora en peligro? . Qué espero, que a quien adoro de tan gran riesgo no libro? . Alá me valga. Ya el fuego, imitando al etna vivo, en sombras negras de humo oculta su ardor activo; pero ya los dos Alcaides bizarramente atrevidos, venciendo horrores en llamas, uno amante, y otro fino, intentan librarla, ya, según lo que determino, Amete logró la dicha; pues resueltamente invicto entre sus brazos la saca. No de tus ojos Divinos los brillantes explendoras dejen al día sin visos, que ya del peligro estás libre. . La fineza estimo, y agradecida. Suspende la voz, que si ha merecido tu agradecimiento, yo, que animosamente altivo emprendí el librarte, creo, no lo habré desmerecido, que en un valeroso pecho que no receló el peligro, suele ser el intentarlo tanto como el conseguirlo. Qué intentases socorrerla, fue propia acción de tu brío, del mío lo fue también emprenderlo, pero quiso favorable la fortuna darme el bien que he conseguido, recibe las gracias tú, que a mí me basta: El estilo suspende, pues obligada de los dos, a un tiempo mismo grato mi agradecimiento en dos partes dividido, la voluntad a uno estima, y a otro agradece el servicio. De envidia se abrasa el alma. . Cuanto siento que haya sido Amete quien me librase, si agradecerle es preciso la vida, que a su valor debo . Del afecto mío puedes creer Selamisaora cual me tendría el conflicto en que te vi. Bien lo creo de tu amoroso cariño. Cumplo con mi obligación, pues a servirte he venido. Arma, arma; guerra, guerra, Quién motiva este ruido? Yo lo diré, pues apenas el orden tuyo le intimo a Alipre, de que las minas adelante, cuando miro que los que estaban de guardía en ellas salen corridos, huyendo de los Cristianos, que temerarios, y altivos por las retorcidas sierpes se introducen por caminos que la industria, o el acaso a su arrojo les previno; pero el valiente Alipre, con cien Moros escogidos, al opósito les sale, y en el concaboso sitio, corto campo para lucha, y para lid breve circo, batalla sangrienta forman, donde en ansiosos gemidos, este de cobarde riñe, aquel muere de atrevido, este huyendo entra en el riesgo, aquel desprecia el peligro, y en efecto todos yacen entre el horroroso abismo, en su sepulcro los muertos, y sepultados los vivos. Ea soldados valientes, venid todos a acudirlos. Perdona Selamisaora, que hay lances en que es preciso, que faltando a lo galante sea fineza el no ser fino. . Alá te guarde, señora, que a mí me toca seguirlo, como segunda persona, que a sus órdenes asisto. Esperad; dadme un alfanje, que no es bastante el peligro para apagar en mi pecho, las centellas de mi brío. El diablo me lleve amén, si allá bajare, pues miro, que ir por debajo de tierra, es ir fuera de camino. . s, Felice ha sido el acaso de la mina. Yo confieso a Vueselencia que es digno de que lo conserve el tiempo en láminas inmortales. Referidlo por extenso, porque más bien informado pueda disponer el premio a tan heroicos soldados de sus valerosos hechos. Iba el Maestro Mayor por el tenebroso centro de la tierra con los picos duras entrañas rompiendo, cuando en el Cañón Real falseando en un extremo, la tierra cayó en la mina Real del Moro, un obrero, dejando desmoronado un grande portillo abierto. El Alferez Don Mathías de la Barrera, acudiendo (por estar de guardía a dar socorro al soldado nuestro, solo se arrojó en la mina, donde valiente esgrimiendo en la diestra la cuchilla, de una rodela cubierto, (qué mucho hiciese prodigios el que fue criado vuestro) habiendo acudido ya algunos aventureros de muchos, que voluntarios hay en la Plaza sirviendo. Retiraron a los Moros, en cuyo confuso estruendo ciento y veinte varas ganan de su Real cañón, y creo que si no se fortifican de la suerte que pudieron, al campo había de salir nuestra gente, hasta meterlos en retirada afrentosa dentro en sus ataques mismos. Viendo, pues, cuan imposible era, señor, para ellos volver a recuperar lo que cobardes perdieron, intentan desalojar nuestros suldados, haciendo llenar el cañón de humo, y con industriosos medios, lo que el valor no podía, lo haban al ingenio. Por la misma superficie de la tierra iban metiendo alovi sus agudas azagayas, siendo en el oscuró centro quien alumbraba el peligro los rayos de los aceros. De los pozos que en las minas la necesidad ha hecho para recoger las muchas aguas que ha habido este Ibierno, diluvios de cristal sacan, y por cáminos secretos la mina perdida inundan, porque perezcan los huestros que de guarnición la ocuban, y hallándose entonces dentro el Alférez Don Gabriel Menéndez Bustos, grande fuego les hizo, con las pistolas, solo con cuatro Extremeños, que con él de guardía estaban, y valientes, y resueltos se mantuvieron seis horas con el agua hasta los pechos, hasta que de retirarse tienen el orden; y viendo nuestro Maestro Mayor, que imposible es mantenernos en la mina, porque ofrece cristalino monumento, no pudiendo hacer hornillos por las muchas aguas, diestro con seis Bombas, el cañón voló de la mina, siendo ruina de tablas, y tierra los despedidos fragmentos que la polvora violenta despide del duro hierro. Era, Señor, de admirar la obra de los Sarracenos en su mina, pues tenía de lo ancho todo el trecho (según buena geometria) de seis pies, y de maderos, y tablones guarnecida, tan fuerte, que bien podemos tomar lección en la escuela de los Bárbaros Maestros. Del logro de tan gran dicha estoy ufano, y contento, y al Alferez Don Mathías, y a Don Gabriel les ofrezco las dos primeras Vengalas que vacaren, corto premio a sus meritos. Señor, yo que me hallé en este empeño no he de llevar premio alguno? Pues qué hiciste tú? Al momento que sentí el ruido en la mina me entré en la Ciudad corriendo. Y ese fue valor? Señor, no lo fue, pero fue miedo. y aquí no hay más diferencia, que pasar de extremo a extremo. Capitanes, y soldados, Españoles, cuyo aliento, como hijo de vuestro brío, es émulo de sí mismo. Ya sabéis como se intenta, por un general acuerdo desalojar los Alarbes del inmediato terreno que sus ataques ocupan, pues tan cerca están, que creo, que las obras muertas nuestras les sirve de parapetos. Para esto una gran salida se dispone, a cuyo efecto en seguida marcha viene de la Ciudad de Toledo el Tercio de Don Francisco Pimienta, a quien sigue luego el de Don Guspar de Ocio, y también vienen los tercios de Espinosa, y de Don Luis Fernando Daza; y supuesto que para lograr mejor esta función que emprendemos, es fuerza reconocer las surtidas; y los puestos por donde se facilite el logro a nuestros deseos. Hoy con parecer de todos cuerdamente se ha resuelto que quinientos hombres salgan al campo, solo al intento de recorrer los ataques, y registrar el terreno; Caudi los de aquesta gente han de ser los dos Sargentos Mayores, a quienes toca por las guardias este empeño; Don Diego Pacheco es uno, y Don Francisco de Melo otro, de cuyo valor sijamente me prometo con ruina de los Alarbes conseguir el buen suceso. Ea, valientes Soldados, para ahora es el esfuerzo, de Dios defendéis la causa, fiad de Dios el acierto. Por vuestro Rey peleáis; mas para qué me detengo con rectóricas palabras en persuadiros, pues veo que el más mínimo Soldado que hoy en la plaza tenemos. no necesita de frases, pues en valor, y en aliento; cumpliendo su oblinación, es cada soldado un Hector. Mas que mucho si a la vista de sus heroicos Maestros de Campo, es la disciplina militar quien los ha puesto (su valor ejercitando) en la perfección de diestros. Don Gerónimo Marín lo diga; dígalo luego un Don Martín de Zavala, que es de la Milicia espejo: Un Don Antonio Canales, ilustre Marte guerrero, Don Jorje de Villalonga; Scipión prudente, y resuelto, Don Juan Bautista Vizconde, que sabe igualar, a un tiempo resoluciones marciales con reparos del ingenio, Díganlo los Lusitanos Viriatos, un Don Pedro Mascareñas, a quien viene el mayor aplauso estrecho, Un Don Albaro Gobea, lustre, y blasón de su Reino. Díganlo los generosos, y valientes Extremenos, un Espinosa esforzado, honor de su patria suelo. Don Juan Ántomo Zavala, y el valeroso Don Diego Mesia lo digan; mas no lo digan, pues en ecos de sonoroso clarín, con bien formados acentos pública al orbe la fama, de su valor los progresos, de su osadía los lauros, y los triunfos de su aliento, apostando duraciones sus aplausos con el tiempo Ya lo es de ejecutar la salida, Caballeros tome cada cual sus armas, y sepan los Sarracenos, que cuando a buscarnos viene, que los buscamos a ellos. La seña de retirar será tremolar al viento en el muro las banderas de nuestro Monarca Regio, Ea, pues, a campaña, que pues por Norte tenemos al Sol de África María, seguro está el vencimiento. Del hacho de nuestra Almina, señor, manda aqueste pliego la centinela. Es Francisco Paez hombre muy experto de vista. Observa curioso los más leves movimientos del enemigo. . Es verdad, y tanto ve, que un sujeto desde Cadiz a un amigo suyo le escribe; diciendo que a las damas cortesanas visita con gran recelo, porque no le alcance a ver de lo eminente del cerro Paez con su antojo. Dice en su papel el hachero que ha bajado a los ataques de los Blancos, y los Negros grande multitud de Alarbes. Pues, señor, suspenderemos por ahora, la salida? Qué es suspender? Al momento los órdenes se ejecuten del modo que están dispuestos, porque la multitud sirva de coronar el trofeo. Eso sí, cuerpo de Cristo, valiente Marqués a ellos, qué a más Moros más ganancia dice el Refrancillo viejo. Yo voy a distribuir los ordenes. Yo a lo mismo. Yo a salir a la campaña. Padre Céspedes, qué es eso? Salir a ver los ataques. Consentírselo no puedo. Vueselencia me perdone, que no permite mi celo, cuando por Dios peleamos tener ocioso el aliento. . Resuelto va Fray Fernando. Es un segundo Cisneros en valor. . q Vamos, señor, hacia Santa Ana, y veremos la salida. . Grande día de victoria me prometo. s Nisera bueno que yo salga al campo, si por cierto; porque soy hombre de punto; mas quién me mete a mí en eso? e aquí que salgo, y que voy por un ataque corriendo, que me sale al paso un Galgo, digo un Moro, que es lo mismo, me dice: Dese a prisión, o le mato; yo con miedo le digo: Rendido estoy (que esto es lo más que hacerpuedo) he aquí que llega, y me agarra, aún de imaginarlo tiemblo; todlo ya soy esclavo, y me lleva, por ser hombre de perjeño, a presentarme a Muley; he aquí que él haciendo un gesto, me manda majar esparto: Yo le digo. Vamos quedos, que en mi vida me he preciado, gran señor, de majadero. El viendo que le replico el alfanje saca, y fiero de la primer cuchillada pone a sus pies mi pesonezos pues no es mejor esculario si me ha de suceder esto? Mas ya parece que sueñan los marciales instrumentos, y es señal que nuestra gente sale al campo, sí, pues veo, que el Ilustrísimo Obispo, Don Vidal Marín, haciendo, una exortación Cristiana con su fervoroso celo la absolución les ha echado; mas qué aguardo? voy corriendo a Santa Ana, y desde allí haré lo que siempre suelo, que es gran cosa ver la fiesta, pero ha de ser desde lejos. s , . n Ea fuertes Españoles por esta parte abancemos. Seguidme por la surtida. A ellos amigos, A ellos. Ea, valientes Alcaides, que nos cortan, antes muertos que rendidos. Oh Mahoma! para cuando los portentos son de tu poder. Ea hijos mueran los Bárbaros ciegos. Grande desgracia, señor. Qué ha sido? Que un áspid fiero de me tal la muerte ha dado al valeroso Don Pedro de Urbina. . Su gran valor de metió en el mayor riesgo. Muera esta canalla. Viva la fe de Dios. Huid perros. Muerto soy. No os retiréis. Imposible es detenerlos. Quién es aquel que corona osadamente resuelto el quinto ataque? Señor, es Don Diego Andres Pacheco. Y quién es el que le sigue? El Capellán Extremeño Don Policarpo. . Qué brío ay que iguale a tal aliento? Con qué valeroso brío pelea Villavicencio. Don Rodrigo con los suyos al rayo imitan violento, que a los contrarios destruye, Ya desciende todo el grueso, del Ejército enemigo. Qué bien desde aquí estoiviendo las entradas, y salidas. Que se haga la seña luego, y toquen a retirar, que no es bien los empeñemos en mayor peligro. . Toca a retirar. Vamos dentro, pues el toque de la caja nos llama. Qué es lo que veo! un Estandarte Morisco (insignia de esto trofeo traen los nustros. Y dos Moros. Y Don Francisco de Melo en el campo se mantiene. solo con bizarro esfuerzo hasta que ve retirada toda su gente. Es un hecho muy propio de su valor. A recibirlos bajemos, y en aclamación devota, hechos lenguas los afectos, iremos a dar las gracias de la victoria al Espejo de María, en quien miramos mucho antes el vencimiento. Consiga España victorias. Logre triunfos, y trofeos. Para que Carlos Segundo. Siempre Grande. Siempre Excelso. Postre a sus pies los Turbantes, Y sus Leones sangrientos. Airadamente deboren los Bárbaros Agarenos. Viva la gran Fe de Dios, a pesar de aquestos Perros; pero voy a echar un trago a la salud de los nuestros.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA ozo En hora venturosa cumpla felices años la Sultana, a quien a un tempo envidia estrellas, y Astros: cuente en dichosos lustros tiempo tan dilatado, que cual deidad la acrediten eterna triunfos, y lauros. Hermosísima Lavecha, a cuyo debido aplauso es corto obsequio una voz, pues no cabe en ella tanto; la felice en hora buena del dichoso día fausto de tus años te previene mi pecho, cuando postrado explica con el afecto lo que no cabe en el labio; bien que a las sonoras voces del métrico alegre canto uno las mías, diciendo con sus acentos ufano. , . En hora venturosa cumpla felices años la Sultana; a quien a un tiempo envidian Estrellas, y Astros. Generoso Esposo mío, en quien reciproco hallo correspondencia al carino, si igualdad en el agrado: No sé como agradecerte favores tan soberanos como recibo de ti, cuando mi afecto premiando del suelo de mi humildad al solio me has le vantado. Tu singular hermosura mereció favor tan alto, pues méritos de belleza 10I tal vez han hecho milagros. Y así, qué mucho que subas a mi trono, cuando hallo en tu ser, que lo divino desmintiendo está lo humano, a cuya beldad le digo con los ecos alternando , . Cuente en dichosos lustros tiempo tan dilatado; a que cual deidad la acrediten eterna triunfos, y lauros, No hay orden de entrar Yo tengo orden, porque nuevas traigo del Campo de Zeuta. obeolo Quién atrevidamente osado causa ese rumor? . Yo soy, que correo extraordinario me han hecho ahora de a pie, porque me halle más a mano para traerte esta carta. Y qué dejas en el campo de nuevo? . Lee, señor, que no me atrevo a contarlo, pues todo es desgracias, muertes, mucha hambre, y poco descanso. Cómo está Selamisahora? Señora está deseando volver a servirte, bien que su corazón bizarro, bien hallado en los peligros emprende acciones de garbo. Pues qué pelea también? Cuando se ofrece en la mano toma la cuchilla corba, y los puños apretando hace prodigios; un día no sé que dijo un soldado en su presencia, y a fe que le corrió tan gran tajo, que no le hizo mal ninguno, pero le cortó un imostacho. Que haya tenido mi enojo paciencia en tan grave daño para acabar de beber nidjo el veneno que estos rasgos Supa en caracteres trasladan onona (ya sean ciertos, o falsos) al corazón por los ojos, sin que el fuego en que me abraso, no convirtiese en cenizas el papel en que formaron líneas de viles afrentas, letras de ofensas, y agravios? Señor témplate; qué tienes? Tengo un besubio formado en el pecho, que respira en vez de palabras rayos. En este pliego me escribe Alí mi Alcaide el estado en que tiene el sitio, y dice Isu parecer afirmando primero) que es imposibla el ganar a los Cristianos la Plaza de Zeuta, pues perdiendo mis nobles Cabor experimentan cada día males, desdichas, y estragos, Dice que hicieron salida en el día seis de Mayo! los Cristianos de la Plaza, y mis gentes destrozando, infaustamente perdimos mas de ochocientos soldados. Oh Mahoma, cómo es esto? ya de mí te has olvidado? Cómo mi ultraje consientes? pues va quien ha conquistado Ciudades, Provincias, Reinos puede resistir un palmo de tierra el furioso golpe del nunca vencido brazo? Que dirá el mundo de mí, pues mis blasones, y lauros desluce la vil afrenta en que incurro, si no gano esta Plaza, cuando estoy siempre a vencer enseñado? Yo expuesto a la contigencia de perder (de enojo rabio) tanta opinión adquirida? No sabe el África, y cuantos mi valor han conocido, que para rendir osado lo que mi ardimiento intenta coronando mis aplausos sobran las ejecuciones adónde están los amagos? Pues vive el luciente móvil, que hermosamente estrellado lamina es con que se imprimen tantos Plavetas, y Asteos que han de experimentar mi enojo, para ejemplo, y para pasmo, por inútiles mis Moros, por soberbios los Cristianos, Y a no estar mi hijo ausente, que fue asegurar los bandos de Tarudante, en persona de enviara a castigarlos. Este vil papel que fue el que al pecho trasladado el tosigo de mi oprobio, haré furioso pedazos: Y porque así dividido no queden, para mi daño, ni reliquias que me acuerden el sentimiento que paso, sus fragmentos comeré; o fuera el veneno tanto, que acabara con mi vida, puesto que desesperado, para que la vida quiero si lo que intento no alcanzo? Fuego por los ojos echa basilisco endemoniado. Y tu traidor, que te atreves necio, loco, temerano a ponerte en mi presencia. Dio conmigo, estoy temblando. Con noticia tan infausta de aqueste acero templlado probarás el duro filo. Señor, por el hueso santo del gran Profeta Mahoma no me mates. Irritado no hay ruego que me detengas Señor, si basta mi halago para mitigar tu ira, bueno está, suspende el brazo, el noble acero retira, porque no es de Héroes bizarros ensangrentar la cuchilla en sus humildes vasallos. En vano es el persuadirme. Pues el día de mis años quieres mezclar regocijos con suceso tan infausto? Válgale ese privilegio; mas mi furor irritado sabrá despicarse luego con los aleves Cristianos, que en las oscuras mazmorras sin ver los reflejos claros del cuarto Planeta, yacen miseramente encerrados, pues probarán de mi furia rigores tan inhumanos, que lo racional desmienta el bruto horroroso pasmo, con que en castigos me vengue del enojo que me han dado. Eso sí, oiga yo el trueno, y más que allá les dé el rayo, que estaba ya tamañito a vista de este nublado. Vuelve al campo, y di; mas ven que en breves renglones trato dar el orden; vuelve tú bella Labecha al Serrarlo, para que allí se celebren con vistosos aparatos, ya en bien concertadas zambras, y ya en lucidos saraos tus dichosas primaverás, pues no es bastante mi enfado para perturbar tus gustos, Allá te estoy esperando. Luego volveré a sorvirte: repitan al viento vago las cláusulas sonorosas, a quien alegre acompaño. , . En hora venturosa cumpla felices años la Sultana, a quien a un tiempo envidians Estrellas; y Astros. Retirado hacia esta parte quiere mi afecto rendido acordarse de Cupido, pidiendo treguas a Marte. Si Selamisaora es el centro de mi albedrío, como ciego desconfío de su fineza cortés? Mas ay que en mi pecho mete gran recelo a mi sosiego ver que la libró del fuego mas dichoso que yo Amete, y es fuerza que agradecida, aunque no le quiera bien, no le trate con desdén, pues que le debe la vida. Qué esperanza bien fundada en mi amor he de tener, si a lo instable de mujer se agrega estar obligada? Hoy la he visto tan hermosa; que creí al mirarla que era ella Venus verdadera, y Venus mentida Diosa. Cada día suspendido me hallo más en su hermosura que una esperanza que dura hace avivar el sentido. Pero qué mucho que a mí me deje absorto, y postrado, si hoy en su luciente estrado de esta manera la vi. Su pelo al Sol dorados rayos daba, pues prodigo con él los repartía, en sus ojos halló la luz el día, y en su frente la nieve se cuajaba. El clavel, y el jazmín se equivocaba en sus bellas megillas, y tenía un rubí que sus labios dividía para enseñar las perlas que guardaba. De mármol fue su cuello un mar helado, y brazos de él sus manos siempre han sido, y el estrecho su talle delicado: Bajel entre su pie fui sumergido, pues cuando para puerto le he buscado, aunque no perdí punto, pie he perdido. Mas si no miente el deseo ella a la vista se ofrece; dichoso aquel que merece tener tan feliz empleo. esimelo De su tienda sale, sí, al paso salirla quiero; mas ya su curso ligero su beldad conduce aquí. Alí tan solo? . Señora, no está solo aquel que tiene por compañeros sus males que le aflijan, y atormenten. No dudo que tan gran peso como en tus hombros suspendes, pues en ti estriba el blasón de las Africanas gontes, baste a inquietar tu sosiego, y más al ver que no puedes conseguir esta victoria cuando hecho a vencer mil veces coronaste nuestras Lunas de repetidos laureles. Hermosa Selamisaora, aunque es bastante mal ese, es acción de la fortuna, nunca fija instable siempre, muy pesada en los pesares, y muy ligera en los bienes. otro mal para acabarma mi imaginación aprende, para mi amor tan costoso, que es preciso que recele, atropellando la vida, los anuncios de mi muerte. Pues qué cuidado te aflige? Solo el temor de perderte. Perderme a mí si te adoro? Ya veo lo que me quieres; pero soy tan desgraciado que logró a mi vista Amete darte la vida en el fuego; mira si obligada puedes, mostrándote agradecida, dejar de favorecerle, cumpliendo tu obligación; porque no fueras quien eres si fineza de una vida la pagaras de otra suerte. Desconfías de mi amor? Ay mi bien; quien ama, teme, si de su amor la desgracia, de su estrella los desdenes. Buscando a Selamisahora voy; pero paso detento, que a ella, y Alí veo juntos, porque mi paciencia pruebe el acibar de los celos. Desde esta tienda pretende mi atención el escucharlos retirado ocultamente, Estás ya desengañada de que mi pecho previene con justa causa el temor? Cielos, allí he visto a Amer en la tienda retirado; fingir importa: No intentes hablarme más en tu amor, que es fuera de lo que quiere nuestro Monarca, porque tus rendimientos corteses, ni tus amantes finezas me han de obligar a quererte, si no solo al que atrevido, mas osado, o más valiente, la hazaña más prodigiosa en este sitio emprendiere. Eso sí: qué desengaño es el que el amor me ofrece? Qué es esto? cómo tan presto vuelve tu enojo? . No vuelve, que yo siempre soy quien soy. Qué señas no pueda hacerle . de que Amete nos escucha. Pues tirana, falsa aleve, cómo así? . No, no prosigas. Pagas mi afecto? Suspende la voz. . Mi amor. Cierra el labio. Siempre firme. . Calla. Siempre. De qué sirve que tú quieras hablarme, si mis desdenes son de bronce a tus palabras? pues ni escucharte ni verte tengo. . El día llegó ya de mis oustos, y placeres. (ro, Que esto escucho, y que no mue- bien sé que ocasiona Amete este desprecio, porque tú le adoras. . No, no meceles ajenas pronosiciones. Vive ese Planeta ardiente, que iluminando los orbes en un día nace, y muere, que a ese traidor. Qué he escuchado? Tengo de darle la muerte. Ejecútalo, que ya . tu enemigo está presente. Cielos, esto va perdido. Si haté, y será de esta suerte. Ah de mi guardia, Soldados. Qué nos mandas? Qué nos quieres? Qué es esto? Nobles Alcaides, qué letargo os entorpece la discreción, cuando obliga que los aceros lucientes hechos a vencer escuadras de las enemigas huestes, hoy por amantes deseos inútilmente se empleen, sobre amorosas contiendas? Pues cómo heroes tan prudentes, en vez de acudir a Marte al ciego rapaz ofrecen de su brío la osadía, y de su valor lo fuerte? El emprender una empresa es valor, no hay quien lo niegue, mas de qué sirve un deseo, si se queda en emprenderle? La gloria con que se alcanzan los timbres, y los laureles, es lograr lo deseado; si esto no hacéis, quien os mueve a tan loco debaneo, porque mormuren, y cuenten que a vista del enemigo, y en que la opinión padece de nuestro Rey, y señor faltáis a lo que se debe; pues en el ocio empleados, con acciones indecentes, al amor os entregáis? Venced la pasión rebelde, porque si no la vencéis, dirán con razón las gentes, que no vencerá enemigos, quien sus pasiones no vence. Pues Muley os ha fiado los bastones, desempeñe el valor la confianza que hizo de vosotros; vuele la fama de sus victorias, tema el Cristiano su muerte; ya con bomvas le asustéis, puesto que un mortero tiene el campo, y más que vendrán; tiemble de nosotros, tiemble, y sus altos edificios, sus torres, y capiteles, al horror de nuestras armas caigan desplomadamente. Corrido estoy de escucharle. . Sus razones me convencen. . Solo tú en la confianza de la dignidad que tienes a reprender mis acciones pudieras ciego atreverte. No falta a su obligación quien está incesantemente con valor, y con ardides, haciendo cuanto conviene al logro de nuestro intento; y si tal vez se divierte el pensamiento en el dulce: objecto de lo que quiere, no por eso la osadía ultrajada desmerece, pues quien nunca fue amoroso; nunca podrá ser valiente. Dígalo el que en la ocasión si está su dama presente prodigios hace, porque le alienta, y le fortalece la vista de lo adorado, cuando milagrosamente como deidad auxivar hace tal vez que se piense, que las flechas de Cupido son de Marte los arneles. Gracias le doy a Mahoma; pues me permite que bese tu mano. . Qué ay Aliillo? Mejor te lo dirá este pliego que Muley me dio. Muestra: dice de esta suerte. Alcaides, muy ofendido vuestra tibieza me tiene, pues consumiendo mis tropas no lográis lo que se quiere. Luego al instante daréis un asalto a esos rebeldes Cristianos, porque su ruina. en vuestro valor encuentren. Procurad ganar la Plaza antes que mi enojo muestre, y con vuestra sangre apague la sed que el alma padece. Para el alma que otra vez a ver su cara volviere, pues en su rostro tenía un mislon de Luciferes. Al arma, que los Cristianos tocan arma . Pues empiece a obedecer a Muley nuestro valor de esta suerte. Seguidme Agarenos nobles, nuestro brío desempeñe la opinión perdida; pero qué nuevo horror desvanece nuestro intento? , h En ese ataque A mostruosa, pira previene la tierra para tragarnos. Todo el campo se estremece, Una mina es que han volado, Qué asombro! Qué horror! Qué muertes! Ninguno desmaye amigos, venza el valor los báibenes. de la inconstante fortuna; y puesto que nos previene nuestro Rey el que asaltemos, mañana cuando el luciente Apolo en la hermosa tarde la estación primera empiece, se ha de ejecutar, pues es la hora más conveniente en que al trabajo rendidos en inútil ocio duermen los Cristianos, según dice el que voluntariamente a nuestro campo pasó; la ocasión se nos ofrece de obedeciendo ilustrar los rayos que resplandecen en el Solio de Muley, dispongámonos valientes para este asalto; mirad la flaqueza con que tienen fortalecida la Plaza, cuatro estacas la defienden. Ea ilustres Adalides, ea Sarracenos fuertes, pues nos tocan arma falsa, verdadera la experimenten; si cada día perdemos tanto número de gente, mejor es que de una vez nuestros enojos se venguen, y no muera de cobarde el que puede de valiente. Tu resolución me agrada. Es justo lo que resuelves. Ya la tardanza es culpable. Voy a prevenir mis huestes. . Oh quién en esta ocasión hallara adonde esconderse. Cide Velabed, mañana confío en ti que he de verme dentro de Zeuta alojado, para que tus huesos bese. Padre Céspedes, mi afecto previene la bien venida a vuestra Paternidad. Justo es que yo la reciba con el cariño que debo a vuestra cortesanía. Cómo ha ido en Gibraltar? Bien; y por acá estos días, que es lo que ha habido de nuevo; porque en Gibraltar publican tantas cosas, que dudosa la verdad con la mentira el crédito de lo cierto se confunde en las noticias. Ya sabéis que por razones que con fundamento obligan se suspendió por ahora de la general salida la ejecución; pues hallando en los apreches las líneas tiradas de mar a mar el efecto imposiblitan a nuestro intento, porque sus cortaduras vecinas tan profundas son, que estorban a nuestra caballería el paso de la campaña, y aún con trabajo, y fatiga apenas podrá lograr salir nuestra infantería. Ya habréis sabido también que en el día del Baptista Glorioso S. Juan, se hizo una pequeña salida, y que Don Gaspar de Ocio, que a Mascareñas visita, (quien por haberle tocado se halló de guardía aquel día en las obras exteriores) quedó con gravosa herida de vala, tan venturosa, que siendo en parte nociva, se halla ya convaleciendo, que no ha sido poca dicha. El sentimiento mayor que nuestros pechos lástima, es la muerte de Ripalda, que ardiente siebre maligna, dejando inmortal su fama, puso término a su vida, siendo el desvelo el cuidado con que constante asistía muy activo; y diligente a las cosas más precisas, desde que la hermosa Aurora aljófares desperdicia, hasta que a despertar vuelve con dulce agradable risa, si quien su vida fenece, quien sus hechos eterniza. justo el sentimiento es, y hombres de tan conocida experiencia, en quien a un tiempo luce el brío, y bizarría, habían de ser inmortales, aún a pesar de la envidia. Su Majestad Dios le guarde, en quien se miran unidas en el más recto equilibrio la equidad, y la justicia, este puesto ha proveido en Marín. Fue elección digna; pues Don Jerónimo es tan práctico en la milicia, que todo lo que intentare, no hay duda que lo consiga con acierto; mas Don Pedro como se halla proveida esta plaza? . No le falta nada, supuesto que envía su Proveedor General todo cuanto necesita. Es Don Diego Montesinos cuidadoso, y es antigua demostración en su Casa. Añádese la venida, del General intendente que su Majestad envía, que es Don Francisco de Vargas, y Lezama, el cual con vivas demostraciones mantiene esta plaza abastecida, dando a tiempo los avisos. El Marqués sale de Misa. Y la Marquesa parece que a Palacio se retira de la Almina. Vueselencia hace excesos por mi vida muy dignos de sentimiento, en quien como yo la estima; pues sabiando que los Moros todas estas tardes tiran Bomvas, viene a la Ciudad, cuando mi atención la envía al Fuerte de S. Amaro. l La seguridad más fija para no tener recelo de las furias enemigas, es estar a vuestro lado, porque no es razón que digan que el Marqués está en el fuego, y la Marquesa en la Almina; mayormente cuando tengo de vuestros males noticia. Algo indispuesto me siento con lenta fiebre, que indica interior mal. . Vueselencia en el trabajo reprima el incesante cuidado que a todas partes aplica, porque la salud se atrasa si el desvelo se continua. Quién podrá tener sosiego teniendo tan a la vista los Lunados estandartes de la Bárbara Morisma; hasta que al León de España de lustrosa alfombra sirvan Hora es, señor, de comer. Ya pasa de medio día. Pues entremos en Palacio, Eso sí, pese a mis tripas, que ya sutil las conforta el olor de la comida. Guarde Dios a Vueselencia. Dios guarde a Uuesehoria. Padre Céspedes, adiós. El Cielo os dé mucha vida. Me agrada esto de comer, pues brindando está el sabor, y más si algún buen licor tenemos hoy que beber. Después de comer conejos, o merendar algún ave, qué bien un buen trago sabe de Esquivías, u de Aláejos, Es cada gota un tesoro; y todo el mundo lo alaba lo Blanquillo de la Naba, y lo tintillo de Toro Lo de Colmenar sutil tiene un color de clavel; pues lo de Caramanchel, puede arder en un candil. Ya parece que está llena mi boca, qué maravillas, calle lo de Tordesillas donde está lo de Lucena. Y pues de todo experiencia tengo con mi desatino, si aquello se llama vino, llámese esto quinta esencia. Le parece a mi deseo con los vinos que nombré, que si no los bebo, que con ellos me paladeo. Mas como mi condición estos vinos hecha menos, cuando nos los dan tan buenos, en cotidiana ración? Tienen un gusto al beber, pegándose al paladar, que no hay más que desear, ni queda que apetecer. Del Aljárafe, excelente, lo de Jérez, gran regalo, solo el vino dulce es malo, con él enferima la gente. En esto de los licores, vamos claros, no burlemos, vino dulce no queremos, agrío, y más agrio, señores, Yo me beberé una carga de lo agrío, si lo pruebo; mas si de lo dulce bebo, por Dios que el dulce me amarga; pero qué rumor es este que toda la plaza altera? Al arma, que el enemigo asalta. Arma. Guerra, guerra. Avance es que dan los Moros, voy a Palacio a dar cuenta a su Excelencia, y a fe que siento mucho esta fiesta, porque sin comer me coge. Ea, Escuadras Agarenas, coronad la Palizada. Dentro de la Placa entrana Ya los míseros Cristianos quieren huira, y no aciertan, 1. Ay de mí. a Jesús me valga! Por todas partes nos cercan: Cortados somos. El foso muralla de cristal sea que nos ampare. Sus vidas huyendo de la violencia buscan en campo de vidrio en la muerte la defensa. Que me ahogo. De María la piedad me favorezca. Ya de Muley Ismáín las siempre invictas banderas en la Plaza se trémolan. Ea hijos, moved tierra, para que fortificados dentro de su Plaza misma, lo que a nosotros de gloria, a ellos les sirva de afrenta. Españoles valerosos seguidme todos. Advierta Vueseñoria, que ya la Plaza de Armas sujeta la tienen los Moros, pues soberbios la señorean. Ninguno al paso me salga, y el que de noble se precia me siga, porque la vida cuando la opinión se arriesga es lo de menos. Sin duda que los Cristianos intentan volver a desalojarnos, 2. Disparad todos. Centellas vivas nuestra gente arroja. Muerto soy. No el temor venza vuestro valor, Españoles, que aunque el noble Marín ceda al rayo ardiente de plomo su vida de aplausos llena, hemos de desalojar los Bárbaros, ya está abierta la puerta; seguidme amigos. Don Luis Daza es quien se arriesga el primero seguid todos. Desesperación es esta de los Cristianos, Su furia no hay quien resista. Ea, fiera canalla, nuestro valor triunfe de vuestra soberbia. Qué veo! ya los Cristianos con osadía resuelta vuelven a la Plaza de Armas. Recha zadlos. Todos mueran. Pero en vano nuestras voces a su cobardía alienta; pues en fuga infame puestos unos a otros se atropellan. Volved la cara, volved. Qué desgracia! Qué tragedia! Ya no hay recurso ninguno. Ya retirarmos es fuerza, pues el fuego que despiden no hay quien resistirle pueda. Ah Mahoma, tal injuria consientes? Tales Afrentas nos has tenido guardadas? Yo volveré con más fuerzas a despicar nuestro enojo. Yo convacaré la tierra. Yo dispondré la venganza. Yo satisfaré la ofensa, Ya retirados los Moros por nuestra la Plaza queda. Victoria, España, victoria. Qué es esto? Qué Vueselencia estando con la terciana se arroje de esta manera! La impensada novedad toda la Ciudad altera, mayormente con la voz de que la estrada encubierta era ya del enemigo. Cierto fue, y es la más nueva admiración, que en Anales antiguas historias cuentan. Adónde están estos Galgos, que mi cólera resuelta venía a cortar con la espada una docena de orejas. Decid como ha sucedido. Yo que me hallé a la hora misma en la muralla podré informar a Vueselencia. De la segunda estación del día el rubio Planeta iba del Cenit pasando a principiar la tercera, siendo el rigor del Estío en su cálida tarea, vivo volcán que despide ardientes de fuego flechas, cuando al cansancio rendida nuestra gente en la suspensa quietud de Morfeo daba al mucho trabajo treguas, porque el opio del desvelo tan grande letargo engendra. En este estado se hallaba, cuando con furia secreta asaltan la palizada las Escuadras Sarracenas; con el confuso tropel nuestros Soldados recuerdan; este va a tomar las armas, aquel duda, este se queja, cual queriendo levantarse, con la turbación no acierta, y cual durmiendo viviente frío cadaver despierta. Ya heridos, y ya acosados de la Bárbara violencia, al profundo foso fían sus vidas de horrores llenas; y con la sangre que arrojan el quieto raudal aumentan, volviendo en rojo rubí del cristal la color tersa; uno lucha con el agua, otro para su defensa del inmediato se ase, y entrambos juntos se anegan. Ya apoderados los Moros de nuestra estrada encubierta, las medias Lunas trémolan de sus triunfantes Vanderas, y atrevidos, y resueltos coléricamente, intentan el entrar en la Ciudad; pero con gran ligereza Don Francisco Pasomino echando el rastrillo, deja burlada su presunción; en aquesta ocasión llega Don Gerónimo Marín, y con el brío que obstenta, valientemente animoso quiere salir, cuando fiera una vala le atajó la vida, mas su violencia no le atajó su valor, pues con heroica nobleza, aún en el último trance, a toda la gente alienta; hasta que desfallecido en la agonía postrera acaba como suspiro, lo que como acento empieza. Todos confusos, y absortos, dudan, temen, y recelan; pero el valeroso Daza corrió el cerrojo a la puerta: sale animoso, y resuelto, como quien el honor precia; pues tocándole la guardia, quiso el destino, o su Estrella que en la Plaza no se hallase; porque cuando la soberbia de los Moros asaltó, sentado estaba a la mesa en su casa, donde fue con la tacita licencia que a tal hora se permite a los de su puesto, y prendas. Sale en fin de los primeros, con Don Francisco Pimienta Espínola, y el valiente Don Pedro de Mascareñas con una pequeña tropa, que apenas serían sesenta hombres; pero siendo nobles, mas que muchos aprovechan, y a cuchilladas retiran los Bárbaros, con tan ciega admiración, que asombrados de la Española fiereza, cual salta la palizada, cual va a subir, y se queda, cual por resguardar la vida huye, y con la muerte encuentra; cual desesperado muere, cual entre todos se mezcla, y cual del temor fallece primero que de la guerra. Cobardes, y acelerados se retiran; cosa nueva parece esta maravilla, que tanta multitud ceda a tan poca gente: es cierto que en nuestras humanas fuerzas no es creible, mas qué mucho que estos prodigios sucedan, si estaba en nuestro favor la cándida Aurora bella, que irís de la tempestad volvió en quietud la tormenta? Bien como en una Babia, a quien portatiles pueblan Ciudades de pino, estando en noche segura, y quieta, en un instante, en un punto, airado el viento con recias rafagas corre la abuja con indignación tan fiera, que las pobres navecillas, fluctuando en ondas crespas, tal vez bajan al abismo, tal suben a las Estrellas, y tal en las mismas olas suelen hallarse suspensas; de algunas rotos los cables (qué desgracia! qué tragedia!) o en el cristal se sepultan, o ellocando con las penas, miseramente fenecen en el agua, o en la tierra, siendo el bracán tan fuerte, que de todo se apodera, sin que a resistirle basten maritimas diligencias; hasta que la Aurora hermosa sale derramando perlas, y la horrorosa borrasca en segura quietud trueca. Pues así la Plaza de Armas. vistosa Balaera, adonde tanto viviente Bagel se ancora; y se aferra. En calma se hallaba, cuando contrarios vientos la cercan, y el enemigo bracán con tan fiero furor entra, que apoderado de toda hace tal estrago en ella, que las animadas naves, entre la furia sangrienta, unas felices se salvan, y otras míseras se anegan, hasta que mejor Aurora, María de gracia llena, de la tormenta lo horrible en tranquila calma deja. Restaurada, pues, señor, nuestra Plaza de Armas, sepa el Orbe, que no el valor hizo esta acción, la clemencia de la Aurora Soberana, fragrante, y pura Azucena, obro el Divino milagro; pero el instrumento sea Don Luis Daza, pues es fijo, que convino que estuviera fuera de la Plaza de Armas, que a estar dentro es cosa cierta sacrificara su vida en la ocasión, de manera, que muerto Daza, ninguno de cuantos el brío alienta, mirándola ya perdida, temerario se atreviera a abrir la puerta; pero él, como quien en su defensa era más interesado, aenciendo. Bárbaras nieblas unimosamente altivo, en poco la vida precia, cuando está su pundonor expuesto a la contingencia de un ignorante discurso, o de una presunción necia, Esta victoria, señor, es la mayor que se cuenta, porque resistir asaltos con desigual competencia, cada día ha sucedido; más restaurar tan apriesa la Plaza perdida, estando tanta multitud en ella de Alarbes, es la más rara admiración que se pueda encarecer, solo digna de la Protectora nuestra. Todo esto resulta en honra de Dios, gloria de la Iglesia, crédito de nuestras Armas, y de la Corona Excelsa de España ilustre blasón. Triunfen, pues, nuestras Banderas de las enemigas Lunas, para que de asombro llenas con los brillantes reflejos, infausto eclipse padezcan, para que la Fe se ensalce, para que los Moros mueran, para que CARLOS Segundo pise con sus plantas Regias de la bárbara canalla las cervices Agarenas. Milagroso es el prodigio! Y más, señor, cuando sepa Vueselencia, que el estrago de la reñida refriega es en los Moros tan grande, que fuera de los que quedan muertos en la Plaza de Armas, sus mismos ataques pueblan de Alarbes cuerpos. Mil gracias a la Majestad Suprema demos, pues que nos ampara con su sacra Omnipotencia. Un General de Batalla esta novedad nos cuesta. Y dos Sargentos Mayores. En la confusión sangrienta seis Capitanes han muerto. Muchos heridos de cuenta hay también. Y lo estoy yo, mas mi herida por las señas es una herida de hambre, que con comerse remedia. Dispóngase luego al punto recoger con diligencia esos Mártires, que a Dios en Aras de su nobleza sacrificaron sus vidas, para que con la decencia a sus personas debida se les dé a sus cuerpos tierra, Y vamos al Sacro Templo de África, donde con muestras de postrada devoción, se cante en dulces cadencias Vamos, que su Ilustrísima espera, quien con fervor animoso, en lo ardiente de la guerra, animando a los Soldados, con eroico brío intenta salir a la Plaza de Armas, manejando una escopeta, y lo hubiera ejecutado, si es que no le detuvieran. Para la segunda parte del grande Sitio de Zeuta convida la humilde pluma. Y aquí acaba la primera, pidiendo perdón de tantos defectos como en si encierra,