Texto digital de La sirena de Tinacria
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Diego Figueroa y Córdova
- Atribución estilometría
- Diego Figueroa y Córdova Probable yJosé Figueroa y Córdova Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La sirena de Tinacria. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/sirena-de-tinacria-la.

LA SIRENA DE TINACRIA
JORNADA PRIMERA
Sobre estas altas rocas, ejemplo de firmeza, que ha tanto que coronan la verde frente de esta altiva sierra. Aquí donde mi llanto fertiliza las selvas, enternece los aires, y acrecienta del mar las ondas crespas, Aquí, pues, donde el Cielo siempre sordo a mis quejas, las permite a los troncos, porque haya quien las mire, y no las sien daré afligida, y triste, a estos montes mis penas, que airado las admite, solo para que el eco me las vuelva. Ay desdichada Ismenia! que ignorado prodigio de las fieras, naciste a ser entre estas rudas pe- (ñas sin esperanza alguna escarmiento fatal de la fortuna. Mas de que me sirve (ay triste!) repetir ansias, y penas a estos montes, y a esos mares, y que a mis suspiros tengan aumento el fuego, y el aire? a mis lágrimas la tierra, y el agua si conjuradas contra mí sus influencias, El aire me vuela, el fuego me quema, la tierra me falta, y el agua me anega. Huésped de aquestas montañas, hija adoptiva de aquestas frondosas breñas, habito sus incultas asperezas, sin que de mi nacimiento tenga más noticia, tenga más luz, que haberme criado. un pobre anciano, que niega ser mi padre, aunque su labio, tal vez entre oscuras señas me asegura que soy noble; mas que importa que lo sea. Si al sustre de un alma es mayor afrenta, que haya quien lo diga, si no hay quien lo sepa. Ha Cielo! como permites que se oculte en la grosera corfeza de aquestas pieles un alma, cuya grandeza apenas cabe en sí misma? mas fue política diestra quitarme la libertad, pues mi espíritu a tenerla asaltara tus murallas, empañara tus esferas, descuadernara tus ejes, y solo a mi aliento fueran. Tin eblas tus luces, sombras tus estrellas, horrores tus astros, y escarmiento. Ismenia; de que das voces? qué es esto; tu irritada, y descompuesta suspiros al aire fías? quién ofende tu belleza? de quién te quejas? . De ti, Arnesto, padre, que es fuerza llamarte así mi respeto, por deberle la primera luz de mi vida a tu amparo, y a tu educación la seña de racional, y de humana, pues me has criado en aquesta Isla inculta, y despoblada, donde el Cielo a humana huella. jamás dio paso; y no admires ver que a mis suspiros crezcan mi razón, y tu impiedad, pues habiéndome tu lengua informado de que hay en las opuestas riberas de estos mares, otro mundo, otras Provincias y tierras pobladas de humana gente; siempre en la cárcel estrecha de estos montes me has tenido, sin declararme quien sean mis padres, ni mi fortuna; mas si una mujer que ruega te obliga, dime quien soy, n eres? no me tengas qu suspensa en tantas desdichas, si no es que airado pretendas, que con mi muerte. . Detente, no des inútiles quejas de mi silencio a tus iras, pues si hasta aquí, por secretas causas, quien eres no sabes, ni la razón porque sean nuestro albergue estás montañas no ha sido, querida Ismenia, desatención de mi labio, sino mañosa prudencia de mi lealtad, y mi celo, quizá porque no padezcas en la noticia que buscas de tu vida la tragedia; mas viendo que ya la mía toca la línea postrera de los años; y estás canas que está mi muerte tan cerza me avisamantes que llegue de los prodigios que en cierra mi pecho te daré parte; mas esto con advertencia, que el padre que te dio el Cielo no has de saber porque fuera liviandad de mi carino exponerte a la violencia de un precipicio; y quien ama nunca lo que quiere arriesga. Ismenia noble naciste, que aunque esas pieles groseras, cubriéndole al Sol los rayos, sombras son de tu belleza, ese traje es un borrón que informaspero no afrenta. Diez y siere Abriles ha, que allá en la Corte suprema de Tinacría, Reino Augusto, que el mar con sus ondas cerca, a ser prodigio naciste de la suerte: la grandeza de tu origen fue tan alta, que aún son más que las estrello sus triunfos, y sus blasones. Y a penas dos primaveras copio el Cielo en tu hermo sura, cuando tus padres de aquesta pasaron a mejor vida, dejándote en la tutela de un tío, que codicioso por usurparte la herencia, que de derecho era tuya, racional humana fiera quiso quitarte la vida, vertiendo su sangre misma: Y a este fin, el Conde Alberto, con quien siempre tuvo estrecha unión, y amistad tu tío, y a quien yo desde mi tierna edad servircierta noche, que en sus confusas tinieblas anunclaba algún prodigio, conmigo, a una oculta pieza de su albergue se retira, donde en un lecho me muestra dormido al Sol en tus ojos; y con la voz descompuesta, torpe, y balbuciente el labio, me dijo de esta manera. Esa inocente hermosura, a quien los hados intentan quitar la vida te entrego; tirano decreto ordena que muera; mas mi piedad generosa aunque se arriesga en ello mi honor, y vida, no ejecuta la sentencia. De todo vas prevenido, joyas y dinero llevas para pasar con descanso: y este rasí será seña que algún día tus fortunas me avise: no te detengas, huye el peligro de entrambos: vete donde no parezcas, busca el más remoto clima, dijo: y abriendo una puerta que sale al mar, me dejó en su arenosa ribera, tan turbado, y tan confuso como el pastor, a quien ciega derepente el rayo airado; mas dándome el cielo fuerzas para socorrer tu vida, y defender tu inocencia, aquella noche contigo llegué a una pequeña Aldea que bate el mar: y temiendo que el secreto descubrieran el cuidado, o la malicia, sin dar al cansancio treguas, otro día compré un barco, y haciendo remos, y velas mis brazos, pasé el estrecho que dista solo seis leguas de esta Isla despoblada, donde rara vez se cuenta llegase persana humana, por la frondosa aspereza de sus peñas, y sus cumbres, de sus montes, y sus fieras. Quince años hemos vivido a las continuas tareas de los lazos, y las redes, con la caza y con la pesca que aquesos montes producen, y aquestos mares engendran. Aquí mi celo, y mi labio te han instruido en aquellas noble heroicas costumbres, que a una mujer de tu esfera adornan con más decoro, y influyen con más decencia. No hay gracia que no te asista, ni perfección que no tengas; tu hermosura al Cielo encanta, tu voz los montes eleva, tus ojos al Sol deslucen, tu pie florece las selvas, y hasta en lo rústico tiene perfecciones tu belleza. Mas entre tantos primores, como benigna tu estrella comunicó a tu hermosura, solo un defecto se muestra en ti, que prendas tan altas desluce. Detente, espera: yo deefecto? no prosigas: dime cual es, porque atenta, o le enmiende, o le corrija. Pues si saberlo deseas; que defecto tener puedes, que impropriedad que violencia mayor, que usar de la voz que te dio naturaleza; desuerte, que a todas horas cantas y no consideras, que la música el discreto debe usar con tal me de estia, que admire; pero no canse, pues si cada instante muestra su habilidad al oído de todos, es cosa cierta, que por fácil la baldonan, y por común la desprecian. Fuera, de que cuando trates con gente humana, te empeñas (cantando siemprejen que todos por necia o fácil te tengan, que una mujer nunca debe hacer alarde de aquella gracia, habilidad, o ingenio exterior, en que parezca mas mas libre que recatada, mas ingeniosa que atenta, porque son tan delicados los puntos de su decencia, que en la perfección peligran, y en los primores se arriesgan; y así Ismenia . No prosigas, . Tantos misterios encierran y no extrañes que no pueda vencer aquesta pasión, pues si en estas asperezas, aves, y fieras me escuchan solamente, y con sus tiernas cláusulas, y sus gemidos me acompañan en mis pena, no es mucho que con mis voces . Ay hija! los cielos quieran sus piedades agradezca, y que mudando de humana el ser; y naturaleza, imitando sus primores, y sus consonancias mismas, me haya convertido en ave, me haya transformado en fiera; mas no por eso desisto de rendirle mi obediencia a tus consejos, pues cuando trate, comunique, y vea esas gentes, ese mundo, y esas regiones diversas, que jamás he visto, espero corregir esta indiscreta pasión del alma. . Eso basta, . Cielos, que voces son estas pues quien propone ja enmienda que arroja el mar a mi oído? no está lejos de vencerse: y por si la suerte ordena, antes que de aquí salgamos, que yo en estos montes muera, toma este rubí, que en él te dejo el rumbo, la senda, y el norte de tus fortunas. Y en tanto que entre esas breñas voy a traerte el sustento, en este sitio me espera, que presto vendré a buscarte, En fin, Arnesto, te ausentas sin decirme de mis padres el nombre? . No, no lo emprendas, si tu muerte no procuras. mis desdichas? . Son tan grandes, que aún de imaginarlas tiembla el corazón en el pecho. Nada mi aliento recela, yo vengaré mis agravios. Imposible es lo que intentas! Todo la razón lo vence. volver por tan justa causa, pues no hay poder en la tierra. . Fuese, sin vida he quedado, válgame el cielo! que sea tan adversa mi fortuna, y tan infeliz mi estrella, que en saber quien soy consista mi muerte, o mi vida: ah pesía al decreto inejorable. del hado, que así atropella (ra, mis altiveces! 1. Amaina. 2. Aferra la cevade y los mástil eros cala, que la nave entre esas peñas va a envestir. . Aria de gabía, humana gente se queja al parecer en su centro; mas ya desde esta eminencia, que sus cristales registra, surcando las ondas fieras del mar, un monte portátil con alas blancas se acerca a esta inaccesible playa: como es posible que tenga sobre la espalda del agua una montaña firmeza, sin que el centro la sepulte? Ya las rafagas inquietas de las olas le combaten; ya de los vientos la fuerza a las nubes la arrebatan, para que con más violencia al centro se precipite; ya tocando en esas peñas hecha pedazos se hunde en las profundas cabernas del mar, y sobre un fragmento de los que en estas riberas arrojan esas espumas, un bulto, un monstruo, una fiera, que no distingue la vista, hacia esta parte navega Valedme Cielos divinos, y ampare vnestra clemencia mi vida qué es lo que escucho? con voz humana se queja. Qué prodigio es este, Cielos? mas ya las ondas soberbias sobre estás peñas le escupen, ya precipitado llega a aqueste sitio. Fortuna, mil veces beso la tierra con que mi vida redimes. Monstruo, ilusión, o quimera, que aquestos mares te abortan para asombro de estas peñas, y prodigio de estos montes; pues voz humana te alienta, di quien eres, y no pases de ese coro antes que sepa a que vienes? mas que miro! no vi mayor gentileza! responde, o mi brazo airado: Suspende al arco la cuerda divina deidad, no ultrajes con tu crueldad tu belleza, (qué peregrina hermosura!) hombre soy, que no soy fiera, humano soy, no soy monstruo. Turbada la voz, apenas las palabras artícula de admirada, y de suspensa. Del fin de las espumas, que de sus ondas mismas. naces a ser prodigio de esta inculta ribera. Monstruo del otro mundo, que con humanas señas, ofendes cuando alagas, y obligas cuando ciegas. Hombre, Delfín, o monstruo, si vienes a estas selvas de paz, y solicitas. ser morador en ellas; Serás con justo aplauso admitido de fieras, aves, plantas, y flores, valles, montes, y peñas. Mi padre, y yo te haremos, culto albergue, en que puedas, cuando te rinda el sueño dar al descanso treguas. Donde en mullidas hojas tendrás con más decencia, sobre catre de flores, traspontines de hierba. Aquí para el sustento, sin mucho afan te espera la caza de estos montes, de de estos mares la pesca. Los árboles con frutas de colores diversas, que el gusto las sazona, y el hecho las conserva. Rey de aquestas montañas harás que te obedezcan, las aves en el viento, los brutos en la tierra. Mas si de guerra vienes, y con engaños piensas usurpar el dominio de aquestas asperezas. Antes que de mis iras pruebes las influencias, vuel vete al mar, no aguardes que este arpon Oye, espera: que me encantan tus voces, dulcísima Sirena. Bella ignorada beldad, rato prodigio de amor, que aparente eres horror, y advertida eres deidad. Dueño de la libertad, que ya mi fe te asegura, porque en aquesta espesura, aprendie ido tú aspereza te vales de la fiereza, si asombras con la hermosura. Racional soy, no presumas engaños del pecho mío: en aquel roto navio forcaba montes de espumas, cuando en sus esferas sumas dio en esa roca al traves y en una tabla, cual ves, me arrojó el mar a esta orilla. No vi mayor maravilla! luego montaña no es (con razón mis dudas fundo!) la que del mar en la esfera te abortó en esta ribera desde su seno profundo! mas dime, en el otro mundo que vives, los racionales son a tu presencia iguales, o son de distintos modos? que si como tú son todos, serán lindos animales. Luego tú, según infiero, jamás hombre humano viste: Tú eres el segundo (aitriste!) s y mi padre fue el primero. Quién eres saber espero: Esta selva fue mi madre; mas porque a mi duda cuadre la admiración que me ofreces; que hay en ti, que me pareces mucho mejor que mi padres Responde, pues, no me asombres con la duda que me inquieta? Qué rudeza tan discreta! en el mundo hay otros hombres, de varios trajes, y nombres, traza, presencia, y semblante. De nuevo harás que me espante. Y de varios pareceres, también hay muchas mujeres. No pases más adelante: mi padre aquí me enseño que varias gentes había; pero yo siempre creía que fuesen como él y yo. Engaño fue. . Luego no tienen mi propria figura, traza, adorno, y compostura esas mujeres que nombras? No, porque son todas sombras a la luz de tu hermosura; si todas como tu fueran buenos los hombres quedaran. Pues que efecto les causaran Alma, y vida les rindieran, todos al verlas murieran. Ya en tus engaños advierto, no ser lo que dices cierto. Cómo? . Como a ser así, habiéndome visto a mí hombre, ya te hubieras muerto. Qué gracia! luego no sabes, que tu hermosura en rigor me tiene muerto de amor? Ya son mis dudas más graves! qué es amor? . En tus suaves ojos su poder se encierra, guerra es amor, que destierra la paz del alma. . Ay de mí! y me tienes amor? . Sí. Luego aquí vienes de guerra? vuélvete al mar, no pretendas en aquestas soledades introducir falsedades. Posible es que no me entiendas, amor en dulces contiendas mi pecho abrasando está, que a ti no te ofende. . Ya lo que dices entendí, que amor te da guerra a ti, y que amor no me la da. Y aunque no me satisfaces en las dudas que padezco, suspender quiero mis iras; y compadecida al riesgo de tu vida, he de ampararte, que después me dirá el tiempo si hablas verdad, o me engañas. Desnudo, y mojado veo que sales del mar, en ese albergue tosco, y grosero, en esa cueva, que habita mi padre, mullido el heno dará a tu cansancio alivio; las pieles que curtió el viento te enjugarán el vestido, descansa en tanto que vuelvo y a buscarte con mi padre. Fuera en permitir grosero que tú te canses, permite que yo le busque. Si él mismo mil veces las sendas hierra de estos intrincados seños, cómo has de hallarle? en la cueva entra a descansar, que luego vendremos los dos . Repara, que en mi atención fuera hierro dejarte así. . No repliques, que yo en estos montes reino, y has de obedecerme en todo: que aguardas? . Dime primero cómo te llamas? . Ismenía; tu nombre saber pretendo? Mi propio nombre es Lisardo. Entra, pues. . Ya te obedezco. Quién creerá de mi fortuna, que Federico heredero del Conde de Barcelona, habiendo perdido a un tiempo, naves, hacienda, y criados, en estos mares desiertos se halle sin senda, o camino para lograr un deseo, que me llevaba a Tinacría disfrazado; mas al viento doy en vano mis suspiros, mis quejas, y mis afectos, pues habiendo hallado a Ismenia, gano aún más de lo que pierdo. Voy a buscar a mi padre, que detrás de aquel repecho, sin duda está. Arnesto, padre? solo a mis voces el eco agora responde, en todo el monte hallarle no puedo: y de la sed fatigada, y el cansancio, apenas muevo las plantas, aquesta fuente con el raudal lisonjero de sus cristales me brinda. No sé qué oculto veneno ha introducido en mis ojos este asombro, este portento de los mares, que turbando mi quietud, y mi sosiego el corazón me penetra! Que fuera (válgame el Cielo!) que la guerra que este hombre dice que trae en el pecho la hubiese pasado al mío, pues parece que en él tengo una pasión como agrado, y un gusto cómo tormento? Mas con el blando ruido que hace en las ojas el viento, mis sentidos se adormecen, aquí reclinada quiero dar alivio a mis fatigas, dando a los ojos el feudo, que en la imagen de la muerte tributa la vida al sueño. Amarra el barco a la orilla, venidme todos siguiendo, que esta fragosa montaña nos da paso, según veo, hasta aquel profundo valle, que con cristales diversos cruzan arroyos, y fuentes; aquí hacer agua podemos no para llevar al navio. 1. Ya quedan los compañeros haciéndola en esos montes, y no fue pequeño el riesgo, gran General Ludóbico, de llegar aquí, sabiendo que solo fieras habitan esta Isla. . Como el tiempo contrario, toda mi Armada derrotó en el mar soberbio con la pasada tormenta: y después calmando el viento aquí nos juntamos todos; ya por saber los secreros que de ella cuentan, y ya por llevarles un refresco a mis soldados, aquí he venido, en este ameno sitio pasaré la siesta, y en el cristal lisonjero de esta fuente; mas que miro! que prodigio es este, Cielos! Si duerme el Sol, como alumbran. sus rayos con más incendios? Fiera deidad, o mujer, que siendo hermosa, es lo mismo mujer, que deidad, y fiera, si por matar, el ceño recatas, y de tus ojos eclipsas los rayos bellos, vuelve a vivir, aunque mates, porque se aventura menos en morir, que en ver tus ejos, restituye a este hemisferio, la luz que usurpaste al día, pues sin ella se ve el cielo confuso, turbado el Sol; marchito el prado, suspensos los montes, mustia la tierra, surto el mar, y en calma el viento: y pues tu hermosura asombra, y por rumbos tan inciertos la suerte aquí me ha traído, no he de perder, vive el cielo, esta ocasión: a Tinacría te he de llevar, con pretejto, que la Duquesa Matilde, con un milagro tan nuevo, y prodigioso, divierta sus tristezas: llegad presto soldados, y a esta mujer llevad a la nave luego. , . y sin armas, como puedo Quién de mi quietud? ay triste! resistir vuestra impiedad? Qué violencia es esta, cielos? dónde me lleváis villanos? Montes, fieras, aves, cielos, 2. En vano son tus extremos, camina al mar. . Ah traidores! padre, Lisardo. Qué es esto. de quién das voces, Ismenia? De aqueste joven sabremos los prodigios de estos montes; llevadle también. Yo muero. Ha villanos! Aa traición! Echad al agua los remos, y vamos a bordo. . Abordo. decidle a mí viejo padre, que sin mi gusto me ausentos mas que llevando al joven extranjero, glorias serán las penas que padezco. Qué es esto, cielos divinos! Fortuna, aunque tus decretos a clima extraño me llevan, solo, derrotado, y preso, yendo conmigo Ismenia, nada temo, porque tiene poder sobre tu imperio. b Creed que os he de servir en cuanto en mi mano esté. Así lo siente mi fe; pero llego a presumir, viendo que nunca se allana Marilde a tan justo intento, que no admite el casamiento, o le oye de mala gana. De Nápoles heredero es Enrique, y su persona digna de mayor corona. El Duque invicto Rujeto, padre de Matilde fue, quien sus bodas ajustó, y con embajada; yo vengo a eféctuar lo que dejó en su muerte mandado, sin que en tan justa porfía, pidiéndole cada día audiencia se me haya dado; y si la Duquesa entiende no ejecutar esta ley, y hacer desaire a mi Rey. Una dama nunca ofende, tened paciencia, pues veis que los mismos disfavores hace a otros Embajado tes. Su Alteza, como sabéis, a tales melancolías, ya tan continua tristeza ha rendido su belleza, que pasa noches y días del gobierno retirada con tan profundos cuidados, que apenas la ven sus criados: y a los libros dedicada, solo tiene diversión con su agradable doctrina: Esperad mientras declina esta invencible pasión, pues habiendo de elegir estado según infiero, Enrique será el primero; porque no ha de resistir su Alteza, a lo que ordenado su difunto padre deja. Tened suspensa la queja, hasta que tomar estado disponga Matilde bella, pues con su achaque importuno, no se resuelve a ninguno, que yo que tengo con ella tanto lugar me prefiero a aconsejarla, en rigor, lo que le ha de estar mejor. Así será; pues espero a Federico su primo, que viene de mi avisado a esta empresa disfrazado. Ya con tal favor me ánimo, Conde Alberto a presumir, que no tendrá acción alguna contra mi Rey la fortuna. Bien seguro podéis ir de que lo que está más bien a Tinacría he de intentar, Matilde se ha de casar luego que sus penas den treguas al grave retiro, que le causa la porfía de su gran melancolía. Mas su Alteza, según miro, a este retiro llega; vos os retirad, porque quiero hablarla en esto primero. Pues a Dios, Alberto. A Dios. Fortuna, aunque me has traído . de mi Reino disfrazado, y en Tinacría desairado tantos días me has tenido de mí mismo Embajador, si en tan injusta porfía, la Duquesa ha de ser mía, ya no temo tu rigor. Qué pasión es esta mía, que tema; o que confusión, que no cabe en la razón, y cabe en la fantasía? Parece que con mis males están hablando estos verlos. . Quien esa letra compuso, Conde Alberto? . Según pienso, Celio, que es hoy en Tinacría el más celebrado ingenio, la escribió, y el tema ha sido alusión de ese grosero accidente que os maltrata. Es elegante el concepto, y el estilo no es comun (sin alma estoy!) haced lugo que le den ese diamante; y decidle, que el concepto, y asunto de aquesta letra prosiga; porque me siento con ella más aliviada, y dejadme, que no tengo mas vida que mi rotiro; idos. . Ya te obedecemos. Buena ocasión es aquesta. . Yo señora, aunque por viejo me tome aquesta licencia tengo que hablaros. Alberto, ya sabéis lo que os estimo, y que de vuestro consejo, lealtad, y prudencia, fío de aquesta Corona el peso; proseguid, que ya os escucho. El invencible Rujero Albuestro padre (qué Dios haya) pasó a gozar mejor cetro, sin que de su excelso tronco dejase más heredero que avos, en cuya hermosura se afianca de este Reino la sucesión, que por tantos siglos nos ha dado el cielo; y dejando vuestro padre mandado en su testamento que le deis la mano a Enrique, primogenito de Aurelio, Rey de Nápoles, no solo os negáis al cumplimiento de este precepto inviolable, si no también despidiendo, muchos Príncipes, que aspiran a vuestra mano. Teneos, y no aumentando mis penas con lo que me habéis propuesto tantas veces me irritéis, cuando sabéis que no tengo de casarme con Enrique, pues siendo altivo, y soberbio, (según le pinta la fama) no ha de poder un pretejto vano hacer que mi albedrío se rinda a tirano dueño; y así en esto no me habléis. Pues ya que no os hable en esto, siendo preciso, señora, que toméis estado luego, y siendo también preciso que sea Príncipe Extranjero el que gobierne a Tinacría, fuera muy prudente acuerdo, que Federico, . Decid. Vuestro primo. Ya os entiendo; y aunque no le vi jamás (según su opinión jes cierto, que Federico es muy digno de regir del mundo el cetro por su sangre, y suvalor; mas no he de casarme, Alberto, en tanto que este dolor, esta pasión de que muero no se templare: dejad al beneficio del tiempo mi resolución, que yo en mejorando, os ofrezco resolverme muy aprisa. Mirad, señora, que el Reino os suplica. . Qué cansado! dejadme, que yo no puedo violentar un albedrio; idos, que dentro del pecho el corazón se me abrasa; que aguardáis? . Ya os obedezco. Ha Cielos! qué justamente, i con estos locos extremos de Matilde, castigáis las traiciones de Rujero su padre, que desleal, y tirano usurpó el Reino a su inocente sobrina; sin que de ella, ni de Arnesto haya sabido jamás; mas de qué sirve el estruendo de esta memoria, si el daño se halla incapaz de remedio? . Qué es lo que pasa por mí? que pasión es esta, Cielos! donde la imaginación llevada de un torpe, y ciego vapor del alma produce sin causa tales efectos! Quién creerá de mi grandeza, que se rinda a un debaneo, auna ilusión, a una sombra, aun (no sé como refiero la causa de mi locura! fantástico indigno objeto, que el sueño me representa, siempre que el común sosiego me llama para el descanso! En un hombre tan perfecto (así lo piensa mi idea que tirano del imperio de mi albedrío, se alza con las murallas del pecho, del alma, y de los sentidos, donde tan gravada tengo su imagen, que sin ser parte, a reprimir este afecto siempre le traigo presente; y olvidada de mí mismo ser mi grandeza, y faltando al inviolable precepto de mi padre, solamente de este imposible me acuerdo sin reparar. Gran señora, un Estudiante extranjero Español, según el traje, que ha servido mucho tiempo al Conde de Barcelopa tu tío, según él mismo afirma, te quiere hablar. Dice ha venido, sabiendo lo que gustas de los libros, por sus letras, y su ingenio, a ser su Bibliotecario. El hombre es raro sujeto, y has de gustar de su humor. Dile que entre; así pretendo divertir esta pasión; yo la arrancaré del pecho, desuerte, que su memoria no me atormente. Laus Deo: deme los pies vuestra Alteza, y no extrañe que a sus Puertos, expósito de los hados me arrojén el mar, y el viento, porque la mala fortuna nunca acomete a los legos, sino a los hombres periros, como yo. . Según advierto, parecéis hombre de letras; sabéis Latín? . Tantumergo. Qué facultad estudiasteis? En España fui Cochero, y salí en este ejercicio consumado. . No os entiendo? Cochero? pues de ese oficio. que aprendisteis? . Eso es bueno, muchas ciencias, si advertír que según andan los tiempos, de puro tratar con bellias se hacen los hombres discretos, Ya que venís a Tinacría? Solo me trae el deseo de servir a vuestra Alteza. En Barcelona me dierone noticia de que a los huros sois inclinada en extremo, y que sabéis de las ciencias los mejores fundamentos, y yo dejando mi patria vengo a ser vuestro Maestro, porque si de verás hablo, soy en España el primero en todas las facultades. Tanto sabéis? No hablo en eso, porque laus inore propio vilescit. Yo me divierto con oíros; proseguid Digo que soy un portento, y un pozo de ciencia en todo; yo he comentado el derecho en redondillas, los Artes en esdrújulos, y tengo sobre la Posa escritas diez mil octavas en Griego, que es una obrilla admirable. Quién entenderá el concepto en esa lengua? . Ninguno, que si los altos misterios de la gran Poesa, a penas los conocen los discretos, y aquestos aún no la estiman, que importará si los necios en su lengua no la entienden, que no la entiendan en Griego. los pies me dé. A lo que yo más me aplico . Alzad del suelo, es a los dulces conceptos de Poetas, y Horadores. Esa es gran fuerza de ingenio, y un natural invencible, así lo dice Galeño hablando de las cuartanas allá en el partafo sejto, digestis de ingenio acuto. Ant Mucho en las penas que siento modiviente vuestra gracia. Touga yo infuso el gracejo. Cómo os llamáis? Es posible, que del Bachiller Tálego no haya llegado a Tinacría la fama? . Gentil mostrenco. Basta que de vuestra patria os haya traido el celo de servirme para que premie yo tan noble intento; quedaos en mi libreria Mil veces la tierra beso: que fecundados jazmines! Mas que sonoroso acento es este que el aire ocupa! De placer ha hablar no acierto; deme vuestra Alteza albricias. Pues Alberto que hay de nuevo? Que Ludovieo mi hijo ha llegado a salvamento con tu Armada, y por las señas de militares estruendos, salvas, galas, y banderas victorioso entró en el Puerto, sin duda; pero ya llega. Si tanto favor merezco, vuestra Alteza, gran señora, gran General Ludóvico. De tales honras a ejemplo, no es mucho que tus vasallos, valerosos, y resueltos pongan a tus pies el mundo. Qué hay de mi Armada? Que vengo victorioso, porque fuera del hado inflajo grosero, siendo tuya aquesta empresa. dejar el laurel suspenso. Seguras quedan tus costas del Veneciano soberbio, que tanto las infestaba. Qué bizarro! Qué discreto! Proseguid, que ya os escucho. Después sabréis el suceso, gran señora porque antes deciros quiero el más nuevo el más extraño prodigio, que ya en novelas ya en versos nos refieren los Poetas. Con un temporal deshecho llegué a una desierta Isla, y en sus intrincados senos acaso encontré un milagro, un asombro un debaneo de la admiración en una fiera humana, en yo portento racional una mujer, que entre rústicos aseos de toscas silvestres pieles, brillando con más incendios, daba que lucir al Sol, daba que envidiar al Cielo; sin duda de aquellos mares la abortó el cristal sereno para Diosa de los montes, y entre mil gracias, que el tiempo a tu Alteza dirá; canta con tal primor, y despejo, que suspende los sentidos. Con sus donaires espero, que han de tener tus tristezas alivio; y divertimiento, y solo a este fin conmigo la traigo. Vos me habéis hecho, Ludóvico, un gran servicio, y el mayor gusto que puedo tener en peñas tan graves; haced que la traigan luego a Palacio. Llega Ismenia. Cuanto miro, cuanto veo me asombra! Hinca la rodilla, y besa la mano luego a su Alteza. . Qué decís? quién es su Alteza? yo pienso, Ludovico, que os burláis. La que presente estás viendo es Duquesa de Tinacría, y en su Corte, que es Palermo, te hallas ahora . Que escucho; aquí mi origen primero, (según Arnesto me dijo) fue. . Llega, y con rendimiento pide la mano a su Alteza; llega? . Digo que no quiero. Por que Porque si renáis vos en aqueste hemisferio, ta bien yo de mis montañas Reina soy. fuera yerro, porque vos subierais más, que yo bájara a ser menos. Hay ta gracia! Hay tal donaire! Con su hegnosura, y su ingenio rústico mi mal divierte; Ismenia ha dado en lo cierto: y para que reconozcas lo que te estimo, y quiero, mis brazos te quiero dar- Siendo igual el tratandento, acepto el favor, y ahora mil veces tu mano beso no como rendida, como admirada, de que el cielo te diese tal perfeccién. Qué blancura en estos bosquejó la nieve el campo! que aire, que talle, que pelo! Si yo fuera hombre, mujer, solo almirarte, por dueño, te eligiera mi albedrío; pero dime, que es aquesto que así brilla en tu vestido? Este es oro, y en el centro de la tierra se congela. Por Dios que anduvo discreto el oro en venirte a ti. Por qué? Porque fuera yerro estarse siempre en la tierra, pudiendo estar en el Cielo. De Ludóvico he sabido que cantas, y yo deseo oírte cantar una letra. Allá en los montes me acuerdo, que tal vez se divertian mis penas con mis acentos; pero aqueste es otro mundo. Cuando a solas nos hallemos te obedeceré, que aquí delante de todos estos fuera indecencia, que yo solo a la instancia de un ruego cantase; así muchas veces me lo aconsejaba Arnesto mi padre . Cielos qué oí! parece ilusión o sueño . lo que escuchó! A decir vuelve del que te dio ese consejo el nobre; ay dulce memoria! Quién os mete a vos en eso? ya digo que Arnesto fue, a quien mi enseñanza de bo, y me crió en esa Iala. Ya apurar este misterio es preciso, Ludóvico, como no viene a este puesto Lisardo? . Quién es Lisardo? Un Catalán caballero, que derrotado del mar, según dice, os trae un pliego de Barcelona. . Decidle que entre. A vuestras plantas puesto, gran señora. un infelice (dichoso pues llega a veros) de vuestra piedad espera tener amparo, y remedio en sus desdichas. . Que miro no es aqueste el homere Cielos, que ha tanto que en mi memoria en las ideas del sueño impreso en el alma tiene? No es Eederico el que veo? él es sin duda; y pues viene disfrazado, callar quiero, que después llegare a hablarle. No es mi amo el que estoy viendo? hay fortuna más extraña! Aquí Talego! qué es esto? todo es sueño cuanto miro. Decid quien sois, y a que efecto a Tinacría habéis venido? Por mí lo dirá este pliego mejor. Mostra decón el susto apenas a hablar acierto. Lisardo, Conde de Urgel, ma- to en campaña al Conde de Foj, ha me parecido remitirle a vuestra Al teza para de con su amparo se as segure del enojo de mi padre. Espe- ro recibirá de V. A las honras que uplí cole haga por ser mi mayor ami- go. Federico. Mucho estimo que a mi Corte hayáis venido a valeros de mi en empeño tan grave, ya Federico agradezco mi primo, que resolviese enviaros a Palermo, donde estaréis muy seguro de cualquiera trance, o riesgo en que os ponga la fortuna. Mil veces, señora, os beso los pies por favor tan grande, aunque a Federico debo las honras que aquí me hacéis. Vos merecéis por vos mismo tanto, que sin Federico hallaréis siempre en mi Reino, y en mis piedades el mismo amparo. . Ya solo puedo pagar tan grandes honores con las voces del silencio. Y pues del mar derrotado aquí llegáis, y no es tiempo de saber vuestras fortunas, descansad: vos Conde Alberto, pues en Palacio posáis aún dudo lo que estoiviendo) . llevad luego a vuestro cuarto mientras otra cosa ordeno al Conde de Urgel: tu Ismenia, ven a mi lado, que quiero tenerte siempre conmigo. Ya, señora, te obedezco: Cielos, ya estoy en Tinactía, Afligido pensamiento, ya es verdad lo que fue sombra: Corazón, mucho tenemos que comunicar los dos. . Lealtad, ya ha llegado el tiempo en que tu fe se acrisole: Si es Ismenia, la que pienso, yo haré que Reine en Tinacría. Alma, si son los deseos linces, y lenguas del alma los ojos, por donde el pecho habla sin voz: dile a Ismenia; que ella es el mal que padezo. a Amor, Ismenia, y Matilde, son uniformes opuestos que mi corazón combaten: qué debo eligir primero (pues eres Dios) me aconseja, una hermosura, o un Reino?
JORNADA SEGUNDA
SEGUNDA JORNADA El que quisiere medrar, y vivir siempre gustoso, tenga oficio provechoso, dice un adagio vulgar. Desde que a Matilde aquí cuido de su libreria, un instante en todo el día no puede hallarse sin mí. Ayer dijo, en cierto lance, a un Dotor que a verla vino: Tálego es un gran latino, y aún no sé hablar en Romance. Pues las damas: pese a tal, en fovorecerme han dado, estrenando en mí un agrado, que no es de su natural. Viendo que la más cruel yo apuraré lo que Arnesto . gusta de mis ademanes, de mi nacimiento dijo. . se andan tras mí los galanes, como moscas a la miel. Y yo entre alegre y severo- los oigo, y por varios modos, engañándolos a todos recogo lindo dinero. Ándase también tras mí, con uno, y con otro arrobo Ludóvico, el mayor bobo que en toda mi vida vi, pues muy sino a Ismenia bella adora y galán de encaje, quiere a una mujer salvaje, siendo él más salvaje que ella. Es notable majadero, y no hallo por donde entrarle, porque es menester sacarle con tenazas el dinero. Mas ya en una industria di, si con él a verme llego, que ha de dar lumbre. Tálego? huélgome de hallarte aquí, en tu busca diligente mas de dos horas he andado. Un hombre tan ocupado, no se halla tan fácilmente; poco ha que un dolor tenía en el estomago grave, y a tomar cierto jarabe bajé a la botilleria. De ti mi cuidado fío. Servirte es grande interés. Ya sabes que Ismenia es el móvil de mi albedrío: hablástela en mi querella? has la dicho mi cuidado? Eso es bueno, cuando he estado para matarme con ella. . cómo? De pensarlo aquí la cólera se me altera: de un negro no se dijera lo que ella dijo de ti. Dice, viendo a todas horas tu cara como una leche, que te lavas con campeche, o con arrove de moras. Que tienes ojos azules, y entre otras impropriedades traes por piernas dos verdades metidas en dos baules; pero ves este desdén de amor, es clara señal, porque todas dicen mal de aquello que quieren bien. qué hablas de chanza he pensado Disculpar a Ismenia quiero, porque yo soy el primero que no estoy de ti pagado. Ya te entiendo: este volsillo toma, y dime la verdad: es cierto? Qué necedad! de oírte me maravillo: lumbre la tramoya dio. Qué haya hombre que tal creyera pues si aquesto verdad fuera te lo hubiera dicho yo? Pues qué dice? . Llanamente, y con risueño ademan, que el hombre eres más galán, que hay desde Oriente a Poniente. Que comparado a tu airoso talle, en primor, gala, yarte, fue un tullido Durandarte, y Arias Gonzalo un tiñoso. Con tu ingenio la desvelas. Qué dices? Ay dulce encanto! Digo que te quiere tanto . como a un gran dolor de muelas. Porque mi padre me espera no me puedo detener: más temo . No hay que temer, que esto está en la faltriquera. Señores, mi ingenio alabo. . . Dichoso tú, que has logrado Amor, ya que soy tu esclavo duélete una vez de mí. . Señores, o yo estoy ciego, o son ilusiones mías; si esto dura, en cuatro días he de llenar el Tálego. Con tanto doblón que haré? pero mi amo viene allí Tálego? Quién está al? Gracias a Dios que te halle. Dice husted a mí? Hay necio igual? loco buscándote he andado; Menos prosa: el memorial. Qué haya quien sufra tu humor? sin conocer a el amor Que me perdones te ruego, ya tienes aquí a Tálego, dame los brazos, señor: que lágrimas estos días tu ausencia no me acostado, vive Cristo que he llorado mas por ti que Geremias, por muerto te tuve. . Yo lo mismo pensé de ti. Aquel temporal a mí a la Isla me arrojó, adonde a Ismenia encontré en una inculta espesura, y donde al ver su hermosura, no el menor peligro hallé; mas de los rigores fieros del mar, cómo te libraste? De mi fortuna el constraste les debí a unos Marineros, que derrotados vinieron, que a mis voces se apiadaron que en su navio me entraron, y a Tinacría me trajeron. de fortuna tan cruel verte libre; y ay de aquel, que esclavo es de su cuidado! De Barcelona salí, loco, disfrazado, y ciego, siendo Matilde, Tálego, causa de venir yo así, pues es tanta la opinión que tiene de ser mudable, inconstante, y intratable. de tan rara condición, que aunque mi labio procura desmentir esta verdad, solo con su variedad echa aperder su hermosura. que har hecho, dónde has estado? No hay Príncipe alguno en quien no se estrene su rigor, reina en su pecho el desdén, viendo que hacen sus rigores, a muchos escarmentados, pues envía de sairados a tantos embajadores, siendo Matilde mi prima, y por lo que en esto gano: aspirando yo a su mano a tanta empresa me anima mi estrella a venir así, (ya benigna, o ya cruel) Y pues por Conde de Urgel me tienen todos aquí, y por Lisardo he de ver con esta industria este enredo, hablándola en mí, si puedo obligar a esta mujer. Si Federico la agrada conquistaré su desdén, si me desprecia también no pierdo con ella fiada, porque en la industria que aplico cuando yo un desprecio aguardo caira el desaire en Lisardo, y no cairá en Fedetico. En cuanto a su variedad, su desdén, y su capricho; es tan cierto lo que has dicho, que aún no has dicho la mitad. Pero calla, que a mi ruego la has de ver de aquí adelante, más blanda, señor, que un guante. Si te hablo verdad, Tálego, otra pena, otro dolor, otra ansia, otro frenesí, me tienen fuera de mí! Declárame tu dolor. Pues sabe, que Ismenia ha sido quien me tiene ciego, y loco. Váyase usted poco a poco, que lo escucha un ofendido. Cómo? . De quererla aquí usted no consigue nada, porque ella ya está inclinada. Pues a quién se inclica? A mí. . Estas loco? A decir llego la verdad quiéreslo ver? Dime hay alguna mujer. que no se incline a un tálego? Deja locuras y di, si es justa mi voluntad? No vi mayor necedad! Luego hablas de verás? . Sí. Que en tal desatino des? Una mujer te enamora, que nadie sabe hasta ahora, si es corra, o cabra montés? Que te ciegue un arrebol, que de una peña ha nacido? Mejor dijeras que ha sido hija del Alba, y del Sol, que a competir su hermosura el Aurora no se atreve; que es Etiope la nieve comparada a su blancura. Que al mismo amor ha rendido, pues tiene su perfección, una vida en cada acción, y un alma en cada sentido. Que el Mayo se mite ufano con su hermosura gentil, y hacen galán al Abril los despojos de su mano. Nada en su donaire hallo, que con perfección no esté; Pues si la miras al pie, verás la pata del gallo: Que estás sin juivio imagino. Qué padres, dime tendrá? Qué padres? Ella será, hija de loba, y cochino. Pues la nina, en conclusión, es apacible: a mi ver, una suegra, y Lucifer no tienen su condición. Con las alas, que le da Matilde, no hay quien con ella se averigue. . Pues mi estrella rendida a su vista está. Dila tú, si se ofreciere, de mis afectos la calma, Lleven los diablos el alma, y el cuerpo que tal hiciere, Hoy en justos, y en creyentes, no sé que la dije yo; y un torniscón me cascó, que me hizo escupir tres dientes? Si no la van a a mano ayer con cólera infana, echa por una ventana a una dueña, y a un enano. Pero aguarda, que parece que de Matilde en el cuarto sueñan voces. Tente Ismenia. quitadme aquestos vestí los (nos cómo se llama? . Ballena. Oye, que si no me engaño delimenia es la voz. . Aguarde dónde dicen que se cría? que este ha de ser bravo paso: hoy de dama la han vestido, y de manera ha extrañado el traje, que es gusto verla, y la Duquesa ha mandado a Flora que sea su haya, porque la vaya a la mano, y de camino la enseñe la etiqueta de Palacio. Ella sale. . Pues señor arrímate aqueste lado, que no es de perder la fiesta , - muy enomarala aprenda Ay tormento más extraño! que es aquesto que me han puesto, y agradezca mucho al Cielo Flora, que estoy reventando: No ve que de esta manera andan todas en Palacio. Pues como pueden andar de esta suerte? . Hable más paso, y la Duquesa ha mandado Ha de ser cansarse en vano, que no he de andar en el aire. Hacen los cuerpos más altos, y por eso las mujeres los usan. . Aqueso es falso. Por qué? . Porque si se cae una mujer de su estado con ellos, estando en tierra harán los cuerpos más bajos; pero dime por tu vida, que es este? . Este es verdugado, Y estos que son? . Perendengues Conmigo os burláis villa: . Y esto que me apriota tanto Luego del mar la sacaron, Si Ismenia, y acá la usamos en tierra para traer los talles más ajustados. Viste en tu vida, Tálego, tal gracia? . Calla, y oigamos. Ea, manos a la obra, vayáseme husted paseando con gravedad, y mesura, y écheme airosos los pasos. Voy bien así? . Ni por pienso. Jesús, y qué desairados! de este brío, y de este garbo: atienda al filis con que me muevo, mire que pasmo, que tal haya le hayan dado, porque de mis desperdicios se ha de hacer airosa, y tanto que la he de pegar el aire si la presto unos capatos. que esos se llaman chapines, . Que aquesto pase por mí, y haya quien tenga paciencia? que la enseñe a andar en ellos. . Haga aquí una reverencia, esa es de hombre, mire, así: y pues estamos despacio, y a enseñarla me acomodo, escuche atenta del modo que ha de portarse en Palacio! Lo primero ha de poner su razón en un lugar, que todos las han de escuchar, y nadie la ha de entender Mostrarse esquiva, arada tardarse un siglo en vestir, madrugar mucho, y salir muy tarde de la posada, ser imposoble al favor; y por si lo ha menester, sin cuidado ha de traer en un volsillo el rigor: Si con algún Santo al canza devoción, Dios me lo acuerde, no rece a Sántiago el ver de, que es oración de esperanza. Esto a todas les permito, que risa falsa se llama, que es desaire en una dama no mormurar un poquito. Para aprender ma, temprano, Ismenia, a deletrear, todo el día se ha de andar con la cartilla en la mano. Y si con estos enredos. este lenguaje no aprende, no importa, que esto se entiende solo con menear los dedos. De algunas melancolías, ha de adolecer aquí, y para echarlas de sí; se ha de artar de porquerías, usando, si son crueles, por tardes, y por mañanas, de almendrucos; abellanas, acufaisas, y pasteles. De lo que me has dicho aquí, Flora, a nada me acomodo, yo he de hacer mi gusto en todo Pues cómo respónde así? Porque es locura pensar, que viva de otra manera. No me sea palabrera, porque me lo ha de pagar. A su haya (tiemblo al decillo!) respónde así? . Esto ha de ser. . En qué te ofendí: Y para eso es meneste: hablar con tal rabanillo? mas yo la daré un jabón porque haga menos figuras. Vive Dios que si me apuras, que te eche por un balcón. Ella había de emprender locura tan singular? Por Dios que lo he de probar por ver si lo puedo hacer. Ay la cólera que muestra! Hoy probarás mis rigores, espera infame. Señores; que se atreve a su Maestra. Tenganse. Aparte el busón Quién tal desacato ha visto? Que esto paser vive Cristo, que Ismenia tiene razón. Solo falta que me riñas. Ismenia, nada te inquiete: quien aquí a Flora la mete en ser Maestra de niñas? Pedazos haré a los dos. Tente, Ismenia: No hay que hablar. Qué, me venís a estorbar? también habrá parabos. Suspende (ay dulces enojos, el rigor, que será en vano, que castigue con la mano, quien fulmina con los ojos; templa por Dios el desdén, escucha. . En vano os cansáis: vos por ellos me rogáis? pues estoy con vos muy bien. Hh traidor! desde que vine a esta tierra, y olvidáis aquel amor, que del mar, según sospecho, para aumentar mis agravios. sacasteis entre los labios para hospedarlo en mi pecho. Y ahora muy divertido, muy grosero, y descuidado de todo estáis olvidado. Sin causa tu enojo ha sido, pues mi enojo; mas según yeo, a estos jardines su Alteza sale; a Dios, que yo después satisfaré de tus quejas el engaño. Será en vano, cuando en tu mudanza. Ismenia . Señora. Mucho me alegro de que en ese traje tenga mas realces tu hermosara: como te va con la nueva mudanza? Si hablo verdad, me tienen estos tirantes, estos lazos, y ballenas, y trocaré por mis pieles las telas, joyas, y sedas que me han puesto. Muy bien dice, que es Religión muy estrecha el sacristan; y el monillo. No hay quien por camino pueda está cansada de oíros. entrarla, mas yo en cintura la he de meter, porque tenga a su Maestra respeto, No me admira, que extrañeza ninguno, por divertiros te cause el traje, hasta que con el tiempo, y la experiencia te vayas haciendo a el uso. no habláis en aquella guerra, . No hay más uso, ni más cuenta para mí, que mis abarcas, mis pieles, mi arco, y mis flechas Haced que las traigan luego, y que me saquen de aquesta cárcel en que estoy, Por mí has de andar de esa manera, que presto has de hallarte bien; y pues los Músicos quedan en esos verdes jardines, que el mar con sus ondas besa, ida avisarles, que yo (ay de mí!) escucho desde esta galeria sus acentos; mas ya parece que sueñan los instrumentos, y voces. Hacia esta parte se acercan. Para que busca Amarilis remedio al dolor que ostenta, si en sus imaginaciones, se fábrica su dolencia? muy mal, porque en una prensa Para que dejando el sueño vuelve a repetir sus penas, si duerme para el alivio, porque el cuidado despierta? de qué sirve? Ya no puedo sufrir porfía tan necia, haz que lo dejen luego. Despejad, que ya su Alteza Y pues a solas en esta galeria nos hallamos, sin que aquí escucharnos pueda quiero cantar una letra, que que mi padre me enseñó. Solo de aquesa manera tendrán alivio mis ansias; prosigue, pues . Oye atenta. Ll. Guilguerillo, que en dulces primo que haya de ser la más bella, festejas los prados, las flores alegras, y sobre las hojas que mecen las ramas, suspendes los montes, los aires pene la razón; mas la Duquesa, si son de amor tus desvelos, (tras, el sonoro acento deja, que puedes dar en la queja, si tropiezas con los celos. Aguarda, que se ha dormido la Duquesa. . Pues Ismenia, dejémosla descansar, que no tienen sus tristezas otro alivio. Vamos. Oiga vusia. Dios le provea, que en Palacio no hay piedad. Si mi amor. . Cosa como esa (el hombre está dementado!) pronuncia? sirva, y merezca el buen Tálego, que yo veré su justicia . Venga vusia. Levante el paño, y adelante. . Nora buena A este sitio mi deseo me vuelve por si pudiera habiar a Ismenia! o Matilde, ya que permite mi estrella, que repartido en las dos el cuidado, nunca tenga fija la elección entre una hermosura que me alienta, gun Reino ha que áspiro, ha Cielos! Pon que siendo igual la influencia de las almas permitáis, que por ser humilde pierda el mérito la hermosura, la más infeliz, que siempre fiando al sueño la vida, y dando al cansancio treguas dormida está, su hermosura, ha no haber nacido Ismenia, suspendiera mis sentidos, y robara mis potencias; más divertido en mis dudas, no advierto que es indecencia estar aquí; retirarme quiero. Ay de mí! qué mis penas: quien está aquí? . Yo, señora, que acaso entré en esta pieza, sin saber. . De qué os turbáis? antes me alegro que en ella ahora entraséis, porque saber de vuestra tragedia. deseo el suceso, Conde, pues estando ya en mi tierra, por Federico mi primo me toca vuestra defensa, y también por vos, Lisardo, pues teniendo sangre nuestra (sin mi estoy) debe ampararos mi piedad; detente iengua . suspende el vuelo atrevido, corazón, que te despeñas. Buscando a Lisardo vuelvo; mas allí con la Duquesa hablando está; en su descuido mi cuidado no sosiega; quiero escuchar desde aquí. Proseguid, y dadme cuenta, Conde, de vuestro suceso. No sé que decirla pueda; . mas prosiguiendo este engaño dite lo que se me ofrezca. En la insigue Barcelona, mi patria, cuya grandeza en soberbios homenajes compite con las estrellas, nací, y mi sangre . Tened, que de la prosapia vuestra, no ignoro yo los blasones, y sé que de Inglaterra, de Aragón, y de Castilla, las Infantas, y Princesas. con Condes de Vrgel casaron . Digo. . Acabad. muchas veces; solo en esta . . Que no era Celia razón fundo mi esperanza. Allí, pues, con las soberbias altiveces que los años a la juventud dispensan, vivía ignorando el riesgo que trae consigo la inquieta pasión de pero estas cosas delante de vuestra Alteza (yo no sé lo que me digo) . tratarlas fuera indecencia, y así gran señora. . Antes. divertiré mis tristezas con oíros; proseguid. Pues ya con esa lirencia que me dais . Sin alma estoy! . Digo que rendí a las flechas de amor la cerviz tomando. por asunto mi fineza a Celia una noble dama, qué es esto que escucho penas l. Hh falso! . Cuyo donaire, cuyo garbo, cuyas prendas singulares en mi pecho tan franca hallaron la puerta, que ciega el alma. . Esperad, no es menester que encarezca sus méritos vuestro labio; pues siendo la elección vuestra, claro está que aquesa dama sería airosa, y discreta; mas no decís que era hermosa? decid si lo era? . Ya fuera error del entendimiento, y desatención grosera alabar otra hermosura delante de vuestra Alreza. Decid por mi vida. . Ese no es precepto, que es violencia, y forzado. . Decid. muy hermosa; pero a mí basta que me lo parezca para serlo, que tal vez la elección es contingencia, y no siempre lo mejor se erige. . Pues siendo fea, como la queréis? . Señora, amor del aire se engendra, y suele por un resquicio entrar la correspondencia. Diré dos mil disparates. Que esto a mis ojos consienta, y que un traidor que en mi pecho ha introducido tal guerra. se alabe de que a otra quiere? Decid, para que la quieran que prendas tiene esa dama, no siendo hermosa: sospechas (. (mal dije! ) agravios dejadme. La indignación siempre cierra los ojos a la razón, influjo fue de mi estrella amarla. . Pues como así delante de mi confiesa vuestro labio; pero yo no estoy en mí! mis tristezas me han perturbado. Señora, si es delito mi obediencia, si mi labio, . Vive Dios, que no entiendo estás respuestas, y preguntas de Matilde. Que fuera (ay de mí!) que fuera que esta mujer en el pecho tenga amor, y tenga guerra, iesté inclinada a Lisardo? Ya os dije que era indecencia hablar en esto. . Callad: pues a mí vuestras finezas que me importan? Esto es hecho, ya se apuró mi paciencia. . Señoras los pretendientes esperan a vuestra Alteza para dar los memoriales. Decid que no doy Audiencia; idos luego. . Ya obedezco. Volveré a escuchar atenta . mis agravios. Vas, Lisardo, sin hablarme más en esas finezas, quejas, pasiones, rendimientos, ansias, flechas, y arcos de amor? porque yo no entiendo aquesas materias; (pluviera al Cielo!) decid la ocasión de la pendencia que en Barcelona tuvisteis con el de Foj. . Eso fuera volver al tema pasado? Cómo? ̱̱. Como fue por Celia mi ausencia, y su muerte. Cielos, quien ha de escuchar su ofensa sin vengarse? el Conde Alberto en la antecámara espera para el despacho, señora. Decidle que no estoy buena, que vuelva después, y vos no entréis en aquesta pieza otra vez sin que yo os llame, Así lo haré. Demanera que el difunto Conde amaba nuestra dama? Esa sospecha, que en un festin cierta noche pasó de duda a evidencia me obligó a sacar al Conde a campaña. No sosiega mi pecho: el Embajador de Saboya pide Audiencia a vuestra Alteza. . Pues como atrevida, desatenta; aquí entráis, cuando os he dicho, que sin que yo llame en esta pieza no entréis? . Como tengo mucha rabia, y muchas penas; y a mí no me manda nadie. Pues como tan descompuesta así respondéis, villanas De cólera el pecho tiembla, a? rabiando estoy de coraje: vive Dios que soy tan buena como vos; y que mi brío no consiente: que no pueda . vencer aquesta pasión de nadie agravio, ni ofensa? y mi brazo. . Estás en ti? Sabrá venga Oye, Ismenia. Mis afrentas. Yo atrevida castigaré tu soberbia. hHola. . Gran, señora. Vos, Lisardo, volvéis por ella? Vuestra Alteza se reporte, que una mujer entre fieras criada, rústico aborto de los montes, y las peñas, en nada puede ofenderos. El castigo hace a las fieras tratables. . Vos castigarme? dejad que a mis brazos venga, veremos quien puede más. Ay desatención como esta? ha de mi guarda. Señora; que nos manda vuestra Alteza: Muerto estoy! Que a esa atrevida, a esa rústicagrofera, a esa locala llevéis a una jaula donde sepa, que quien como fiera vive, ha de morir como fiera. l Venid pues. Pero dejadla, que lo que es naturaleza, no es delito. . Acción ha sido como vuestra. Mira Ismenia, . que vas labrando tu muerte, si a los pies de la Duquesa no humillas tus altiveces. Nunca de vuestra grandeza se esperó menos piedad. Ismenia, a mis brazos llega, que ya estoy desenojada. Fortuna templa el desdén. . Mejor será que la den una vuelta muy bien dada. A vuestros pies, gran señora, disculparme detérmino, pues siendo por mi destino de los montes moradora rústica hasta aquí, no creo si a caso mi lengua erró, que pude ofenderos yo Siempre hallaste en mi deseo, y en mi amor cariño igual. El mismo me habéis debido, porque siempre os he querido; pero os he querido mal. . El Embajador señora, de Nápoles, allá fuera que le deis Audiencia espera, y será justo que ahora le oigáis, y es lance forzoso, si a escucharle no os obligo, que tengáis por enemigo un Príncipe poderoso de sairando su persona, may ormente cuando estamos tan vecinos, que tocamos los lindes de su corona. Y si vuestra Alteza cierra el oído a su embajada, tendrá razón muy fundada de movernos una guerra larga y difícil: y así si aconsejar puede un viejo, que le oigáis os aconsejo Por lo que me debo a mí, y no por lo que me alter, la guerra que receláis, le oíre. Alb Mil siglos viváis llegad que su A lleza espera. Puesto, gran señora, que pudieran ser excusadas en mí estas audiencias, pues hallo con solicitarlas despegos en vos, y en mí repetidas ignorancias, aquesta no excuso, pues bien conocéis la distancia, que de un vasallo que sirve haya un Príncipe que manda. El Duque Enrique. Tomad asiento, y en que yo os haya dado motivo a esa queja, no sé qué razón, que causa tengáis, si no lo ocasionan mis tormentos, y mis ansias, porque el semblante de un triste siempre a los ojos engaña. Esto supuesto, podéis proseguir vuestra embajada: No ignorará vuestra Alteza las guerras continuadas que mi Rey, señora, tuvo con el Duque de Tinacría vuestro padre, hasta que fuisteis el iris de esta borrasca. Murió vuestro padre, en fin, y en su testamento manda, que le deis la mano a Enrique, Duque excelso de Calabría, de Nápoles heredero, pues con esto se ajustaban las paces, quedando firmes con tan segura alianza Vos, pues, sin mirarlo bien que a estas coronas estaba unión tan igual, no solo ejecutáis la palabra de vuestro difunto padre; más faltando a la sagrada ley, que a los Embajadores el cielo, y la tierra guardan, desairando en mi persona la de mi ley: en Tinacría me habéis tenido hasta ahora, sin escuchar su embajada. Menospreciado, y quejoso Enrique, pasiones ambas, que si juntas iras crecen cada una de por si mata. Viendo que de los conciertos le fa táis a la palabra de que está pendiente el mundo, y su opinión agraviada, siendo un hombre que no sufre escrúpulos en la fama, su resolución postrera hoy me escribe en esta carta, Dice, pues, que si porfía vuestra Alteza en esa vaga ilusión, entreteniendo a su costa su esperanza, haciendo notoria al mundo la razón con que halla, sin más dilación la guerra a fuego, y sangre, os declara, siendo el primero que marche delante de sus escuadras, y por vuestras tierras entre al son del clarín, y caja, empuñando el limpio acero, blandeando la dura lanza, y con veinte mil Infantes (ijos de Marte) en campaña le veréis, sin que haya almena que por el suelo no caiga, pues apesar. Que esto sufra! ya la paciencia me falta? Atrevi que con soberbia arrogancia mañosamente reduces las obras a las palabras. Qué es esto, Ismenia? Dejadme: Agradece que se halla presente su Alteza aquí; pues a no estarlo: bajaran por ese balcón, al mar tú, tu Rey, y tu embajada. Estás en ti? vete luego de mi presencia. . Dejadla, que vuestra Alteza me espanta con la paciencia que tiene. Vuélvere luego a tu Patria, y dile a Enrique, que venga delante de sus escuadras, rigiendo su campo, y que para vencerle; en campaña sola una mujer le espera. Segura está vuestra causa, señora; si por los hombres aquí responden las damas. Cualquiera de los que miras castigará tu arrogancia, a no valerte los fueros de Embajador. . Esta espada sabra vengar. . Qué es aquesto? como con soberbia tanta delante de mí? Señora, advertid, que los dos. . Basta. he de apurar de una vez, Idos, Lisardo de aquí En ira el pecho se abrasa. . o es Ismenia la que pienso. Si haré, advirtiendo primero, si el Duque sale a campaña, que en vuestra defensa, siempre sabré perder vida, y alma. . a cierto Arnesto, y que fue Qué responde vuestra Alteza a lo que he propuesto? Nada. Ya Ismenia ha respondido. Es mujer. . Y esta embajada no es contra una mujer? . Sí, mas si una mujer agravia a un Príncipe en el honor, no es injusta la venganza. En fin, la guerra pública vuestro Rey? . Solo se halla para estorbarla un remedio. Cuál es? . volver por la fama. de Enrique. . Cómo ha de ser? que es mujer. . Viven los cielos, . Cómo? haciendo lo que manda en su testamento el Duque vuestro padre. . Linda traza de obligarme es la violencia: la voluntad a las armas no se rinde. . En ellas funda, Enrique, sus esperanzas. Pues avisadle que venga, apresurando las marchas de su gente, antes que yo con mi ejército, y mi armada (que ya el mar, y tierra pueblan) le haga la guerra en su casa. Vamos, Conde: Ven Ismenia. Hh fiera! Ha cruel! Ha ingrata! Denme los cielos paciencia, y deme el amor venganza. Oye Ismenia. . Qué mandáis? Pues esta ocasión me llama. . si fue mi sospecha falsa, Desde que entraste en Tinacría, confusamente dijiste, que debiste tu crianza una isla despoblada tu primera cuna? . Es así Aslí sus altas montañas me hospedaron desde niña, y allí. - . Pues yo; pero a aquesta cuadra Qué miran mis ansias? . Ese Aruesto me crió. Y dime (fortuna extraña!) . quien te dio (llegate más) ese rubisalbricias alma! ella es sin duda. . Este fue la seña de mis desgracias, Aruesto me le dio, y dijo, que solo en él se cifraban mis dichas. Este es el mismo, Aurora le entregué a Arnesto: Ya que evidencia más clara puedo tener de que limenia es Duquesa de Tinacría? Esto es lo que sé de mí: y si mi atención repara, vos sois aquel. Conde Alberto, a quien según me contaba Arnesto debí la vida: Esa es materí muy larga para que agora la sepas. Pues no me diréis la causa que os mueve a tales preguntas: copia flores el Abril, habladme claro. . Son tantas, y aprende el berro su flor. que al quererlas pronunciar unas a otras se embarazan. Ya las sabras algún día, y si el secreto me guardas una gran dicha te espera. Roca seré sin mudanza a los embates del mar. Y dime en tanta borrasca tendrás valor: . Eso dudas? Para una empresa tan ardua, que aún de imaginarla tiembla el corazón? . No me espantan los riesgos, ni los peligros. viene gente, a Dios Ismenia, que después cosas extrañas sabrás de mí, hasta tener su fortuna asegurada; callarle quien es importa. Si tu nobleza me ampara no temo al mundo. Bien puedes tener de mi confianza. A tu lado nada temo. Mi lealtades quien te guarda. Eres mi padre, y mi amparo. que yo con la desdichada . Soy quien por ti vida, y famas sabrá arriesgar. . Cómo puedo pagar fineza tan rara: Yo haré a pesar de las sombras que te encubren y disfrazan, que dé nueva luz al mundo la Sirena de Tinacría. .
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Flora, de cuyo primor, garbo, y donaire gentil, Flora, que en toda la Villa tu nombre; y tu fama vuela, por ser flor de la canela, y flor de la maravilla. Mi fe espera en tu piedad, tener en suma mudanza. No tenga fe, ni esperanza donde falta caridad. Ya que tu rigor contrario fue siempre a mi pechofiel, responde a aqueste papel . Dádsele a mi Secretario, Secretario no sé quien es aquese caballero? En Palacio, majadero, es Secretario el desdén muigrave mas ya que he de responder, que le leáis os permito. No puedo, aunque yo le he escrito. Por que? . Porque no sé leer. Siendo estudiante? Hay tal trance! Leer no sabéis en fin Es que sé leer en Latín, oy no sé leer en Romance. Qué con tiene: Solamente pide mi fe singular que te dejes retratar. Y eso ha del ser derepente: dime como lo dispones? Un Pintor lo ha de emprender, si una vez te dejas ver. Dónde? Perdónamesi te dejo, En los caramanchones. Es Pintor de fama: Fuelo; pero agora es aprendiz. Y digo, soy yo Perdiz que ha de retratarme al vuelo: Deja locuras, y hablemos de Ismenia, que altiva, y vana, se ha vuelto ya Cortesana: y olvidando los extremos rústicos, vive sujeta a la razón Rara cosa. Ella se ha quedado hermosa, aunque se ha vuelto discreta. Si vieras la gravedad con que a todas nos prefiere, dirías que en ella se infiere una oculta Majestad, que la razón no examina, ni el discurso considera. Vive Dios que yo le diera con un garrote de encina, porque con tanta mesura se olvide de su linaje, siendo una dama salvaje, Paréceme que aún te dura (según son tus sentimientos, la memoria siempre abara de las veces que en la cara te ha puesto los mandemientos. Te burlas? De esto te enfadas? no sabes que los rigores, dé las damas son favores? Estas fueron bofetadas. A Dios, que espera su Alteza, porque esta noche un festín, en Palacio se hace, a fin de divertir su tristeza, y voy. . Escucha, y repara. a consultar con mi espejo como ha de salir mi cara. . Habrá quién aquesto crea? mi desgracia es invencible: señores como es posible que se resista una feas, pero Ismenia viene allí: y pues a todo me aplico, la he de hablar en Ludóvico. Amor; qué quieres de mí? ya he conocido tu engaño, suspende el arpón violento, no borres a mi escarmiento las luces del desengaño. Rústica de tu rigor seguí los vanos antojos, ya tengo abiertos los ojos, déjame vivir amor! que es injusto desvarío para añadirte un trofeo, que por lograr un deseo se aventura un albedrío. Lisardo (ay de mí!) inconstante, . Señor, hay amor mental? y aleve falta grosero a la ley de caballero, y a la obligación de amante; y para que sea inmortal mi pena, me da a entender, que me deja de querer, porque no nací su igual. Cuando tan altiva es mi vanidad, que sospecho, (cho que el mundo aún me viene estre- para ponerle a mis pies. Pues, cielos, yo he de vengar mis agravios, y ha de ver, Lisardo, que aborrecer se, al paso que supe amar. Hoy probará en mi rigor, castigando su desprecio, como se vengan de un necio mis altiveces. Amor, que neutral en mi locura propones a mi fineza, en Matilde una grandeza, y en Ismenia una hermosura, No para aumentar mi daño formes en mi pensamiento, torres que fábrica el viento: permite que al desengaño rinda la pasada gloria de haber a Ismenia querido, pues cuando humilde ha nacido . En mi recelas mudanza? fuera error de mi memoria, y de mi atención desdoro, si mi fe no ha de poder conseguir, ni merecer, engañar a quien adoro. Salga del pecho, y mi amor, busque en Matilde su igual. En qué piensas? . Ay dolor lp. a Ismenia he visto, y en ella, mi disculpa solicito, que nunca es feo el delito, cuando la causa es tan bella. Loco estás! . A mi razón superior influjo excede, que un propósito, no puede borrar una inclinación. . Ismenia? . Lisardo? . Ya haciendo a tus ojos salva echaba menos el alba, rayos que tu luz le da. Y el prado, que copia ufano con vejetables pinceles, en tu voca los claveles; los jazmines en tu mano. Faltándole tu arrebol, brilla con tibios colores; porque se apagan las flores, sino las enciende el Sol. Y ya mi amor. . Bien se ve vuestro amor. . Es infinito. No le pongáis al delito la máscata de una fe. Yo delito, cuando ufana mi fe adorarte previno? Sí, que Lisardo es muy fino dos días en la semana. El tiempo todo lo muda. no hagas la desconfianza indecente con la duda. Deja esa vana porfía. ̱. Ya de vuestro engaño sé que sois un hombre sin fe. Suele darle hipocondría. Sois un traidor. Es que a ratos da en aquese disparate: haz que deje el chocolate se le quitaran los flatos. En qué mi afecto ha faltado a las leyes de constante? Nunca es bueno para amante quien vive tan descuidado. Esa ojebción ha nacido (pues me llegas a apurar) de no quererte agraviar. Ya estáis, Lisardo, entendido. Y sabrás . Mi pena es mucha! Si tu cuidado me atiende, que te ofende, y no te ofende mi descuido . Cómo? . Excu- Es mi amor un debaneo, (cha. y una confusa pasión, que se pierde en la razón, y se encuentra en el deseo. Es una sed inmortal, que para aumentar mi agravio, el cristal me pone al labio, y me retira el cristal. Es una llama invisible, luz de estrella superior, que en la substancia, es amor; y en la esencia es imposible. Es un achaque violento de tan rara calidad, que enferma a la voluntad, y sana al entendimiento. Y en fin, es un padecer tan difícil de explicar, que no lo puedo ignorar, y no lo puedo entender. Mira, Ismenia, en tan ajenos males si en la enigma das? pues con padecerla más, soy yo quien la entiende menos. Ya vuestra intención conozco y solamente me írrito, señor Lisardo, de que useis de tal artificio, para decirme que soy una rústica, que vino a Palacio, desde un monte: y que fueron desperdicios de la ocasión, las finezas los hálagos, los cariños, las ansias, los rendimientos, que en vuestros labios he visto tantas veces, pues no siendo yo vuestro igual, fuera indigno blasón de vuestra grandeza ofenderos a vos mismo, engañando a una mujer. (cho No es esto así? . Tú lo has di- Ismenia; y yo solamente en lo que dice me afirmo el enigma . Pues qué dice? Que mirándote más fino vuelvo a adorar tu hermosura: Luego en no viéndome, es fijo que olvidáis esas memorias? No me apures los sentidos, que te quiero, y no te quiero ofender. . Mal me reprimo. . Que esto sufra mi altivez? sois un grosero atrevido, ingrato; y mal caballero; y no consiente mi altivo pundonor tales oprobios. (mo cuando el mismo cielo; el mis- Sol, que al torno de sus rayos va debanando los siglos, mis presunciones no igualan. Vive Dios, que aún no sois digno de merecerme un desprecio, y si el mérito adquirido de propio valor, prefiere a los blasones antiguos de la heredada nobleza: yo (que según mi capricho) mi vanidad mi soberbia, mi presunción y mi brío, no hallo mi igual; porque sola a mí misma me compito, sin hacer caso de vos; (porque vos, según colijo, estáis loco, y en un loco fuera desaire el castigo) huyendo me iré de quien es tan necio, y presumido, que se acuerda de que es noble para dejar de ser fino. Espera. . En vano os cansáis. Mira Ismenia. Nada miro. Que mi fineza. Es engaño. . Que mi amor, Es fingido, . Émplea en ti. Sus traiciones. Toda el alma. . no la estimo. Vive Dios que has de escuchar- Viv Dios que sin oíros (me mi rigor. Ismenia? . Solo, para que pierda el sentido, faltara ahora este necio. No en vano el pecho, adivino esta dicha me anunciaba, pues aunque en tu ceño esquivo mi amor solo desengaños logra a costa de suspiros, no puede el alma. . Esperad, y advertid. Buena la hicimos. Que venís desalumbrado, pues no sé con que motivos este sitio profanáis, y me habláis con ese estilo? Si es porque está aquí Lisardo Un erna, un volcán respirol No te embaraces Ismenia; porque Lisardo es mi amigo y mi huésped; y que sepa de mi se, que amante sigo los rayos de tu hermosura, Clicie de tu Sol divino, no es inconveniente, pues en Palacio es permitido un cuidado, que es respeto, y una fe que no es delito. Aunque vuestro amigo soy, podéis, señor Ludóvico, errar esa confianza; porque el secreto en sí mismo vive más seguro. . Siendo vos quien sois, fuera delirio, que yo esa duda tuviese. Puede haber otro motivo, que os culpe esa confianza. Pues a qué aguardáis? decidlo Es que soy más recatado que vos, y apenas le fío mi intención a mi silencio. Eso es decirme que he sido liviano en fiar de vos mi pecho, y aún imagino, que a limenia . Tened el labió y advertid, que yo o digo cosa que ofenda a una dama. Mas, pues, lo habéis enrendido, Ludóvico, de esa suerte, haced cuenta que lo he dicho. Este acero, mis agravios sabrá vengar. . Con el mío satisfaré. Qué es aquesto? pues como tan atrevidos así ofendéis mi decoro, y profanáis este sitio? Seguidme, Lisardo. . Vamos. Que en otra parte, mi brío os dará a entender, que yo. Oíd, escuchad. Amigo, Lisardo? . En fuerte ocasión vino mi padre. . Qué miro! vos sin color el semblante? descompuesto Ludovico? Confiesa, Ismenia; qué es esto? decid lo que ha sucedido. Yo, señor No lo digáis que ya en el rostro os he visto señas de lo que pregunto. Si no mienten los indicios, . por Ismenia fue el disgusto. A mí me toca el decirlo, pues soy la ofendida Alberto. Los dos por tema (oh capricho) que tal vez pierden los hombres el uso de los sentidos, no sé que lance tuvieron, sobre no sé que motivo, que me toca el castigarlo, y no me toca el decirlo; de que resultó el disgusto que presumis; y pues libro mi decoro a vuestras canas, mi venganza a vuestro arbitrio, castigad su atrevimiento, y sino cobran el juicio (pues están locos entrambos) atadlos, o corregidlos. . Corrido estoy. . Yo turbado. Mucho de que Federico . se incline a Ismenia, me alegro, pues para el intento mío no hay cosa que más importe. Ya aqueste lance he sabido de Ismenia, y en él no hay duelo que os impida el ser amigos, pues en Palacio el cortejo de las damas, nunca ha sido competencia, si no feudo que pagan los albedríos a las deidades: las manos os dad, y ved que yo he sido el que hace estás amistades. Ya obediente no replico: Esta es mi mano, Lisardo. Yo con la mía confirmo, que soy vuestro . Cada uno su intención siga; advertido, de que en esta competencia ninguno ha de ser, más digno, que en este sirio, el deseo no pasa de sacrificio: Y porque tengo que hablar a Lisardo; Ludovico esperame en esa cuadra. Ya obedezco. Amor pues rindo la libertad a tus aras favorece mis disignios. Ya. Federico, que estamos solos y que a nadie fie el secreto de que vos a Tinacría hayáis venido, persuadido de mi industria, para lograr el dominio de este Reino con la mano de Matilde, solicito saber de vos el estado que tienen estos motivos con la Duquesa? Ninguno, porque son tan exquisitos sus dictamenes, que nunca halla el desvelo camino de introducir mi esperanza. Antes confieso, y remiso, pedir a su Alteza audiencia esta tarde solicito, y si el fin de mi deseo en su grado no consigo, desengañado, y quejoso, en esa armada que vino en defensa de este Reino, y que aprestó con mi aviso mi padre para impedir la invasión del enemigo Enrique, pienso embarcarme desesperado, y corrido, de ver, que. . No prosigáis, y creed pues habéis venido llamado de mí a esta empresa que hab éis de empeñar altivo. el cetró de aqueste Reino. Perdonad si desconfío, Alberto, de esa palabra. cuando en su desdén conquisto un imposible. . Advertid, que soy yo quien os lo afirmo, y os hago pleito homenaje, de que a pesar del esquivo caño de Matilde, sea esposa de Federico la Duquesa de Tinacría: Cumpliré lo que le digo, . casándole con lsmenia, pues ya de la Isla vino Arnesto, y con los parciales que tengo ya prevenidos, lograr mi intención es pere. Ya con tal favor me animo, Conde a esperar esa dicha. Bien pedéis de lo que he dicho estar seguro. . La vida, el alma, y el albedrío deberé a vuestra fineza. Advertid, que yo he cumplido, si os caso con la Duquesa de Tinacría . Solo áspiro a ser su esclavo ay, Ismenia, aunque más lo solicito . no puedo echarte del pecho! Y a tanta fe agradecido, vuestro seré eternamente. Quien nació para serviros, solo desea obligaros. Mas la Duquesa a este sitio llega. . Pues, Alberto, vamos Tú aquí te queda, advertido, de que he de hablar a su Alteza. Deja eso al cuidado mío. Loco pensamiento mío, que con tan vana porfía, siguiendo una fantasía répites un desvarío, no en tan continuo penar siempre me aflijas ingrato; déjame vivir un rato para volverme a matar. Y pues en mal tan violento, siguiendo tus pasos vuy, y a solas contigo estoy, discurramos pensamiento. Lisardo es Conde de Urgel y si a la razón me allano, merece lograr mi mano: mas si no ha sabido él lo que a mi fe le ha debido; qué importa en tanta fatiga, que yo una memoria siga, si va labrando un olvido? Y así pues del mal que lloro la causa no he de explicar; alma, volved a penar, que primero es mi decoro. (gas Tálego? . Señora mía? Pues como a hablarme no lle estando aquí? . Cómo he visto divertida a vuestra Alteza con esa peña que eclipsa en un Sol muchas estrellas: no he querido embarazaros. Antes divierto mi pena con oírte, y pues dejamos pendiente ayer la materia, que Ovidio trata en el Ponto, donde tan triste se queja de su fortuna, podemos seguir este mismo tema, discurriendo los efectos de un triste. . Por santa ella, que vuestra Alteza pretende perder con esas quimeras el juicio; absita me. Yo pesares, yo tristezas he de argüir, con quien tiene el alma tan indijesta, inmente, y tan sufocada la razón, que está muy cerca de volar el individuo? eso no; porque Avicena allá en sus apologias de tristibus, aconseja; que non debetur indomo ahorcatorun, in conciencia mentare sogan: Aquesto es decir, que nadie pueda hablarle en penas a un triste. Hoy ha de ser la materia que tratemos de alegrías. Cuál te parece que sea? Hablemos del matrimonio, que a juicio de las doncellas no hay cosa que más alegre. Ese asunro me molesta, y me cansa. . Vive Dios que sois la primera hembra, que tal ha dicho: Escuchad a Titolivio en la hebrea catasto fre de maridos. Mulier cue nuncua subiecta márito fuir, bien merece, que llevetur ín galeram. Y para que conozcáis que Titolivio no hierra, aquesas melancolías, esas ansias, esas quejas; echadlas en infusión de un marido que os merezca; y me maten, si en dos días no estuviereis sana, y buena. No es para mí ese remedio. Pues ya que nada os contenta, el Conde de Vrgel, señora, en la antecámara espera que le deis audiencia. . Quién, Lisardo? decid que venga, Ay, Cielo, oyendo su nombre . apenas el pecho alienta. Llegad, que su Alteza aguarda. Ya señora, que mi estrella justamente presumida, y no sin causa soberbia de llegar a vuestros pies, me pone en vuestra presencia; antes que diga el motivo, que a esto me obliga, quisiera saber de áquese accidente, que os trata con tan grosera violencia; cómo os sentís? Agradeceros es fuerza el cuidado, que en un triste cualquier alivio es defensa, y yo tan rendida estoy al dolor que me atormienta, que es el remedio imposible: y dejando está mataria proseguid, que ya os escucho. Yo, señora anque mi ausencia, según os he referido, fue por la muerte sangrienta, que di al de Foj, no el motivo principal que me destierra de mi patria, ha sido este: Pues otro mayor me empeña a que viniese a a inacría. Ya le espero. . No quisiera enojaros. . Yo, de qué? Como en tan grave dolencia andáis siempre divertida, dudando estoy si me atreva a proponeros . Parece, . que en su turbación, se muestra algún interior afecto, Un cuidado que me cuesta muchos desvelos, y vos sois causa de que padezca aquesta duda, qué escuho? . por mí lo dice, las señas lo publica: proseguid, (y no me tengáis suspensa) el cuidado que aquí os trujo. Pues me dais esa licencia, es una embajada, que de secreto me encomienda vuestro primo Federico. Luego, Federico era, el que os entregó el cuidado con que venís? Yo estor muerta! . Sí señora: y al oírle, haga cuenta vuestra Alteza que Federico os lo dice, y que no os lo representa Lisardo, Conde de Urgel; porque en los dos, tan estrecha es la amistad, que los dos somos una cosa misma. Acabad, Conde, y decid lo que Federico intenta. Persuadido de la fama, que en vuestra deidad obstenta tanto explendor, y un retrato, que por suerte, o contingencia a sus manos llegó, donde el pincel, con más perfectas colores (no la hermosura sola)os copió la influencia de rendir los albedríos. En mí a vuestras plantas llega amante, ciego, y rendido; y aunque atrevimiento sea, querer escalar los rayos del Sol con alas decera; con vuestra mano pretende honrar su Augusta grandeza, y que en su atención Callad, que aunque estimar la fineza de mí primo debo, extraño; que por vuestra mano venga esta embajada. . Pues quien mejor que yo la pudiera dar a vuestra Alteza? . Vos haber cumplido con ella, pudierais en tantos días como ha que estáis en mi tierra y no obligarme a que os diga; que si Federico intenta lograr mi mano, me emvíe Embajador, que no tenga suspensa su pretensión. Y vos (aunque no merezca vuestro olvido este consejo jamás en las conveniencias proprias, o ajenas, Lisardo, obréis con tanta pereza: pues mal cuida, a las proprias quién olvida las ajenas. Qué dices de esto, Tálego? Que ha de ser falsa mi ciencia. o aquesta mujer te quiere. Loco estás; de qué sospechas esa necedad? . Yo quiero, si no está como una breva, quemar mis libros, señor. Bien claramente lo muestran sus palabras; si reparas, que ella misma te aconseja, o que por ajenos cuidados no olvides proprias ideas. Eso fue solo culpar, mi tardanza en la supuesta embajada. . Y las mudanzas del semblante, las inquietas travesuras de los ojos? La turbación de la lengua; los extremos de las manos; y dejarte su impaciencia con la palabra en la boca? que arguye? . Locuras deja, que esos fueron accidentes, navidos de su dolencia, y hablemos de Ilmenia un rato. Ahora te acuerdas de Ismenia; señor, has perdido el juicio: Quién para olvidarse de ella tendrá memoria, Tálego? Hombre, el demonio te tienta, con una mujer salvaje, siendo mejor una dueña con antojos? . Oye, aguarda, que ya parece que llega el festín . Las mascarillas nos pongamos. . Estas fiestas, son aquí muy celebradas; porque se permite en ellas, danzar damas, y galanes, y decirse con honesta discreción, algunos motes, que los límites no excedan de la irbanidad, aunque de amor, y de celos sean. Retírate a aqueste lado. Primero con tu licencia, de mascara he de quedarme: y así vaya ropa fuera. Al festin que esta noche pública la reina del día, y la flor de Tinacría con vistosos compases se mueven, almas, corazones, galanes, y damas. Por templar en sus ojos divinos, groseros vapores que estrellas agravia, o que firmes que ocupan el viento, al paso que forma mayores mudazas. , s Fingire señas de amante, . por si acaso es la Duquesa. Nunca el amor, si es decente, el silencio contradice, pues por los oyos se dice todo lo que él almasiente. (cho Yo en vuestro discurso ensan- los primores de mi fe, Caballero; porque sé, que al buen callar llaman Sancho. Soñ los amantes mudos discretos siempre, que en afectos bien dichos los más se pierden. Si es Florilla, ha de paga me su vanidad, y soberbia. Aunque serviros disponga; no se resuelve mi amor, que el vuelo de un gran señor no se abate a una mondonga. Bien ese reparo muestra, que mi fe no os mereció algún cuidado, pues yo nunca merecí ser vuestra. El Amor cuando rinde los albedríos, los más finos admite, no los más dignos. Yo, señora, en mi fineza. Mas qué acento repetido es este que el aire ocupa? Aunque prudencia no ha sido traer una mala nueva, mi noble lealtad previno no excusaros el disgusto; porque el remedio más fijo en la promptitud se halle. Esos ligeros navios, que infestando nuestras costas (paladiones de pino preñados de armada gente) vienen cortando loa giros del mar, y del viento, son de Enrique vuestro enemigo, Deque de Calabría, que irrirado (según dejó fama) a vuestros desprecios, viene airado, y vengativo, a que logre la violencia do que no pado el cariño. Y así tu Alteza. . Esperad, que al escúcharos, me irrito de que el atrevido Enrique quiera reducir al filo del acero, mi palabra, mi razón, y mi albedrío. y puesto que de su intento tan repetidos avisos hemos tenido, y nos halla, como es justo, prevenidos para tan dudosa guerra. Yo que solamente fío de mi aquesta empresa, haré que el orgullo, y los disignios del soberbio Duque, tengan en mi valor el castigo merecido a su locura. Pues antes que el Sol, narciso del mar, la madeja rice en su espejo cristalino, le he de buscar en campaña ceñido el acero limpio, embrazado el fuerte escudo, y el gravado arnés vestido, delante de mis escuadras sobre el ligero hipogrifo; para que al probar la saña de mi aliento, y de mi brío, se desengañe (aunque tarde) de que una mujer, ha sido en defensa de su honor, un áspid, un basilisco, un erna, un volcán, un rayo, un asombro, y un prodigio. Vuestra Alteza se reporte, pues teniendo en su servicio Capitanes tan valientes, aventurar al arbitrio de la suerte, vuestra vida, fuera una acción. Conde, amigo, servid, y no repliquéis, Yo, señora. . Que proligo! . Si estas canas. . Vuestro celo le reconozco, y le estimo, mas un consejo he de daros. Ya le espero. . Y yo le digo: que no me deis otra vez el consejo que no os pido. Venid Extraña mujer! Ea valiente Federico, acudid a vuestra armada a estorbar del enemigo los disignios, mientras yo me opongo con Ludóvico a su ejército por tierra. Presto veréis de mi brío castigada su locura. Solo en vuestro aliento libro el triunfo de aquesta guerra, y a daros con él áspiro esta Corona. . Mi brazo rayo será vengativo, que esa dicha me aseguré. Pues a vencer, Federico. Pues Alberto a resistir las huestes del enemigo. Y tan generoso intento, y tan heroico motivo; ni le borre la fortuna, ni le sepulte el olvido. Ya Capitanes, y Soldados míos, que me aseguran vuestros nobles bríos el buen suceso de tan justa guerra, y que del mar eché la gente en tierra; formad la línea, y desde aquesta parte, al son horrible del sangriento Marte erijid las trincheas, y fortines, que han de ser contrapuestos revellines a esa plaza famosa, donde asiste Matilde rigurosa. Marilde, que usurpando Amor las alas, da envidia a Venus, y temor a Palas. Abran, pues, oficiosos, y arrogantes el señalado número de infantes, los ataques que al foso se encaminan, y pues estas montañas predominan el homenaje de sus fuertes muros; porque de mi rigor no estén seguros, sirviendo aquestas cumbres de bastiones, asesten a la plaza diez cañones: a cuyo estruendo se conviertan luego en ruina; en humo, en polvo, en sangre, en fuego: y vea (pues me niega una esperanza) entre sus sinrazones mi venganza. Mas qué militar estruendo es el que en forma de marcha ocupa el viento? Señor, pon en orden tus escuadras, sino quieres que el descuido ocasione una desgracia a tu gente; porque viene la Duquesa de Tinacría delante de sus hileras, con su Ejército en batalla hacia tu campo; y segúna el denuedo con que marcha, la batalla viene a darte. Pues qué mi su cor aguarda? . Seguidlos Ardan Ea valientes soldados, hoy es el día en que os llama la fama a ser vencedores, castigando la arrogancia del enemigo. . Ma Soldados, mi fe, el al ma, y los sentidos. para esta ocasión, os guarda la fama inmortales glorias. Toca al arma. . Toca al arma, y a envestir soldados míos. , si la vista no me engaña, , desde más cerca descubro, os Ay de mí que mi desgracia. ocasionó esta desdicha! Mi gente va derrotada, y el Ejército sin orden ha vuelto ya las espaldas. Vitoria por el gran Duque escaparse de mis manos de Calabría Há vil tirana fortuna! Cónde, qué haremos? Ya en este lance, no halla mi consejo otro remedio, que con las rotas escuadras tomar ese inculto monte, y en su maleza intrincada abrigarnos, entre tanto que podamos con las pardas sombras de la noche oscura, volver, señora, a la plaza por el camino del río, Gran señora en la tardanza se aventura vuestra vida. Vamos? pase la palabra, y marche el campo. Soldados, al monte. en materiales pavesas, árboles, troncos, y ramas, y solo viva Matilde, a cuya deidad consagra Mas esperad, que estas cajas, . y clarines, nos avisan, de que en su socorro marcha alguna gente y ahora que de una extranjera armada (selva de pinoyen el puerto la gente se desembarca, y a ría nosotros se acerca. Quién será (fortuna airada!) el que tan encontra mía a socorrer a esta ingrata viene en ocasión, que ya vencida, y desbaratada no es posible? Pero es vana ilusión gastar el tiempo que discursos, ni palabras. Venga en su defensa el mundo, que mientras ciño esta espada, el tener más que vencer, dará más gloria a mi fama: y no será la primera vez, que armado en la campaña, venga el atrevido Enrique en un día dos batallas. A ellos, soldados míos, y si la Duquesa falta del campo; no quede vivo ninguno. Ha fiera canalla, de aquesta suerte mi acero sabrá vengar la desgracia de la infelice Matilde. Y yo enfrenar tu arrogancia, con mi valor, y mi brío. Ya estamos en la campaña los dos solos, y mi aliento ha de vengar la arrogancia, con que hablaste a la Duquesa. Pues el sitio nos iguala, hable el acero. Gran brío. No vi fuerza tan extraña! Vitoria por Federico. Pese a mi valor l acaba de asegurar mi fortuna. Ya me tienes a tus plantas, sin honor, y espada. Cielo para qué mi vida guardas, si he perdido a la Duquesa? . Hacia esta parte sonaba la voz del Conde de Urgel. Mueran. . Suspended las armas, porque ya es mi prisionero. Esa inmunidad le valga: Y pues debo a vuestro amparo, vida honor, estado, y fama, invicto Lisardo; vedo que queréis que por vos haga, pues con mi estado aún no pago lo que os debo? Ya que tantas honras me hacéis, gran señora, fiado en esa palabra. una sola he de pediros. Pues a qué, Lisardo, aguarda vuestro labio? Lo que os pido, si mis servicios alcanzan este premio, es que le deis (ayude amor mi esperanza) . a Federico la mano, vuestro primo. Qué ignorancia! no me ha entendido: Mi primo fuera digno de lograrla, si él mismo habiera venido a esta guerra con su armada en mi socorro; y pues él tan descuidado en su patria se ha quedado, y solo a vos de la victoria pasada debo el triunfo, pedid cuanto que pa en vuestra confianza, como no pidáis que admita (pues su descuido me agravia) a Federico por dueño. Con tal desengaño, nada tengo que pediros ya, Aquí acabó mi esperanza! . Por qué? Porque yo no soy Lisardo. Yo estoi turbada! Pues quién sois? Soy Federico. que disfrazado a Tinacría vine a serviros, señora: y pues mis finezas paga vuestras crueldades. . Tened Federico; porque a tanta obligación, como puede resistirse, quien alcanza por vos un honor, y un Reino? Y así. . Esperad; porque falta antes que se ponga aquí a un desaire vuestra fama, que averiguar muchas cosas. No os entiendo. Es que a mi instancia el Príncipe Federico, solo ha venido a Trinaquía a casar con su Duquesa. Sin juicio estáis: Pues quien manda en Tinacría si no es yo? Estas voces lo declaran, y Arnesto, que está presente. Viva Aurora edadas largas nuestro lígitimo dueño. Pues quién (confusión extraña!) es Autora? Yo, que el Cielo, para que cobre, me guarda, el cetro que me usurpó, con deslealtad tan tirana tu padre, y mi tío. . Y yo, que en la isla despoblada de las fieras la he criado, desde que en su tierna infancia me la entregó el Conde Alberto. Y pues cumplo mi palabra con dársela a Federico: Dale la mano. . A sus plantas pongo mi vida. . Y yo Ismenia, pues no tuve en tu desgracia culpa alguna, con los brazos te vuelvo el cetro. Si tantas finezas pagas a Enrique, en tus piedades, aguarda merecer tu mano. . Pues a dónde, Enrique, se halla? A tus pies, porque encubierto vino a darte la embajada desde su Reino. . No puedo faltar a obligación tanta: Esta es mi mano. . Y a quí la Sirena de Tinacría da fin, y su Auror os pide perdonéis sus muchas faltas.
