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Texto digital de Sin honra no hay valentía

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Atribución tradicional
Agustín Moreto y Cavana
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Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Sin honra no hay valentía. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/sin-honra-no-hay-valentia.

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SIN HONRA NO HAY VALENTÍA

JORNADA PRIMERA

Divino, y claro objeto, del regalado amor lugar sagrado, de Venus dedicado, por afable, y gal ardo, y por secreto, donde amor se regala, pluma del Sol. que con su luz se iguala, jardín bello, y florido, que con decir agradecido basta, pues de flores vestido, con tan clara limpieza honesta, y casta, tesoro de Amaltea, ejércitas en Tronos de la idea, aquí de mi Jacinto, Duque de Capua, en regalados brazos conduce laberinto, estrechos hizo amor sus dulces lazos en tejidos tapices, que el mayor bordar les dio matices, O tu fuente perdida por liberal entre esas flores bellas, ya clara, y a escondida, que después de atreverte a las estrellas, por las parras las murtas al prado arrojas, cuando al Sol las hurtas. Si tienes de parlera émulos entre acantos, y alelies, porque corres ligera, y del cuidado de mi amor te ries, sin repetir sonora el dulce nombre del que el alma adora? Cupidillo desnudo, para bañarse en otra clara fuente, quitó a la venda el nudo, y Venus le réplica tiernamente, donde ciego te arrojas, que el vuelo pierdes, si las alas mojas? Y el que engaños gorjea responde liberal de su albedrío, si el cristal me recrea, no se rinde por eso el poder mío, que importa si te admiras, que falten alas, cuando sobran biras? Ya me ha visto el jardinero de esa villana malicia, no hay segura voluntad. Estela señora mía, pardiobre juntando flores, para que en la mesa sirvan del Rey, que os iba a coger por hermosa clavellina: no le pesara de veros, para flor tan pulida ni faltara precioso asiento, ni cuando tuviera envidia, la nieve de vuestras manos le pareciera marchita. Qué presto el amor del Rey el necio me lignifica. Tan bien al Rey le parezco? No sé como me lo diga; Un Rey tan mozo, y galán, que casarse no imagina, si miente naturaleza, en reportarle prolija, o algunos ojos alegres, rigurosos si los miran, le habrán parecido bien. Cuáles son por vida mía? Si a vos os dan en Palacio de la más gallarda, y linda el vitor de los galanes, cuando otras damas le envidian, perdóneme el Rey, que fuera necio en no tener cosquillas, cuantas veces os mirara, que yo soy de una pollina hijo legítimo, y cuando entre estas plantas sombrías os veo quitarle al Sol la luz que nos clarifica, digo con toda mi fuerza, y con todo cuanto avivan mis cinco sentidos bien, hasta la noche, y el día, la semana, él mes, el año, el Cura, las campañillas, el Misal, las ampolletas con que se cantó la Misa, con que se hizo la boda, para que de esta alegría se engendrase la belleza de esa deidad peregrina. De tu rustiquez desdices, para discrero caminas. No son míos los reflejos que la claridad me brinda; cuando mi amada Quiteria señora Estela era viva, que Dios en el cielo tenga, muchas veces me decía; Toribio, si tu estudiaras en Escuelas, por mi vida, que en menos de cuarenta años fueras Clerigo de Misa: mas yo le decía, calla, que más ciencia hay infundida para servir, y acertar, que en la santa notomía, pues que para ser casado, y más si la noa es rica, y el novio pobre, y de celos hay alguna perspetiva. Viuda soy, lástima os tengo? Más lástima me tenían señora siendo casado. Y no tenéis quién os sirva? Aí tengo una criada en habito de sobrina, muy casta, y muy virtuosa, que como tengo una hija de cuatro años tan hermosa, me la pule, me la limpia, que está como una paloma, Pues yo os doy para mantillas cien escudos, porque no os desveléis con malicia, sino en cultivar las flores. Muy poco es por vida mía, que más me tiene de costa el ver de noche, y de día visiones sin murmurar, es como cosa de risa el ver algo, y no parlarlo? si callase cuatro días lo que viese, sarampión, sarna, usagre, empeines, tiña, envestirán con mi cuerpo. como callar? buenos días. Quien habla en cosas que ofende no hace bien. Peor sería hacer mal sin recatarse, pero cual a esa divina belleza, si no es el Sol, a quien hurtáis la alegría de esos encendidos rayos lengua ofendiera atrevida? Guardeos Dios, los cien escudos Toribio no se me olvidan, que he dado yo mi palabra. Alegre mil siglos vivas, sin competencias, ni celos; y tu hermosa Gerarquía de rostro, donde el Aurora su claridad significa, triunfe de arrugas, y pecas, hasta cumplir la premisa del Antecristo espantoso, que el juicio nos pronóstica. Tente, dónde vas muchacha? Como muchacha, Dionisia me llama mi señor padre; bueno, azotarme quería porque he perdido la cofia, pusiérale ella una cinta. Malos años, a mi azores, sepa, que aunque soy tan viña, que cuando me dan me duele, y ha de advertir por su vida; que soy grande para azores, y para palos muy chica. Ay, ay, con lo que se viene, rostadas, y mantequillas dice que son los azores: vaya con Dios, a turia, se dirá por mí, afusón será más razón que digan. Hay tal brío de muchacha! Muchacha? mas vaterias. penetra que la culebra. Llega a señora, es perdida por andar siempre galana. Ella merece ser hija de un gran señor. No hará falta. mientras que lo fuere mía, que la quiero para Monja. Monja? no sé que le diga, como comieremos padre. Tiene más bachillerias que una urraca. Sus donaires diréis mejor. Cuando había de ina almorzar señor padre? El Rey sale ya de Misa al jardín. Voyme, tomad Dionisia aquesta sortija, que si como soy del Rey sierva humilde, fuera mía su potestad, yo os hiciera. una gran merced. Su vida guarde el cielo muchos años; padre, cuando me la pida Llorenta no ha de llevarla, puede tenerla escondida. para cuando yo me case. Con vuestras bachillerias, miradme a esta cara bien. Bueno, ya la tengo vista, y que no es ni su zapato tan buena como la mía, Bello jardín. En Nápoles no ha abido, ni en Roma, quien íguale a su belleza. Aquíme alegra siempre el divertido de las parleras aves la destreza, del manso viento el murmurar medido, tan a su igual, que cuando el canto empieza, llevándole el compas, con dulce acento, parece que le sirve de instrumento. Poco su Majestad lo ha encarecido, pues Estela está aquí, cuya belleza nuevas almas infunde, al encendido candor de rayos que a su luz tropieza, No me lo dijo el alma, necio he sido, cuando la obligo con mayor firmeza mas consigo de amor las excelencias, pues es el dueño de sus tres potencias. Estela? . Gran señor. De celos muero; que el Rey obliga; si mercedes sobran con amenazas de rigor severo, que injusto fruto de su engaño cobran. Las felices victorias que Rujero vuestro hermano ha tenido, en quien se logran mis deseos, serán al premio iguales. Viva tu nombre siglos inmortales. Rujero, en la opinión de gran soldado, perdonen mis vasallos, nadie puede preciarse de más fuerte, y alentado, su gran valor al de Cipión excede. Es gallardo. . Y de suer te celebrado, que a mil triunfos su dicha le concede, con que de glorias su grandeza esmalta. Si es hermano de Estela, que le falta? Beso tus pies. . Es ese el jardinero? Yo soy ese señor, y soy el clavo con que servir tu Majestad espero, no como jardinero, como esclavo. Es muy entretenido. . Aunque grosero la clasis pretendí del desenfado, que dicen que en Palacio el vergonzoso tiene muy pocos grados de dichoso, porque si pido, dicen que me espere; y si pretendo, dicen que es temprano; y si miento, que el tiempo lo requiere; y si digo verdad, que soy villano; si me quejo, que calle, y considere, que el jardín solo sirve en el verano; sin ver que puedo, cuando el tiempo es vario, servir, dejar dinero, y Secretario. Una brraca parlaba cierto día en uno de esos olmos acopados, tan ufana, que Reina parecia de Alcones, y de Sacres remontados, pero apenas pronuncia en su armonía, paga, paga, con ecos entonados, cuando un neblí se arroja; y sus acentos. como la pluma derramó en los vientos, Este nombre de paga es peligroso, que está reñido siempre con el toma, y es un pleito ordinario tan forzoso, que es de Palacio una sutil carcoma, pide el humilde, y niega el poderoso, quien los concertará aunque vaya a Roma por un Buleto? pues decir yo debo. es una negativa al tiempo nuevo. Qué familia tenéis? . Una criada, y para mi régalo está menina; que en casa me nació, tan desgraciada, como en lenguaje, y gracia peregrina. Dos mil donaires tiene. . Es extremada. Mejor a un mazapan, o a dos se inclina, que al ejercicio de labor honesto. Lo que sabe más bien lo sé más presto. Hacéis muy bien. . Aparta bachillera, Dejadla, que antes quiero regalarla: Ireisme a ver? Cuanto mandarme quiera su gran perliquitencia. Necia calla. Haré con voluntad tan verdadera; que baste su inclemencia a contentarlo: mal haya amén la poca edad, que enfado! que afe que había de ser mi desposado. Perdone su Majestad sus necias bachillerias. Agradables niñerias diréis mejor, estimad su donaire en mucho, ay cielos? no quita Estela los ojos de Jacinto a mis enojos, ya brotan rabiosos celos, Leoncio escucha, yo voy a aquel cenador, que enlazan jazmines, que un olmo abrazan, donde retirado estoy lo más del día, y a Estela dirás, que Jacinto allí la espera, que quiero así, de lo que el alma recela, satisfacerme, que a él yo le haré luego ocupar en diferente lugar, y si va Estela cruel a verle, me hallará a mí, y veré mi desengaño. Tu gusto haré, aunque es extraño. Pues qué extrañeza hay aquí? Que me podrá responder por disimular su amor? que vaya él, y que es error el mandar a una mujer? Ve, y no haya falta. Sea así. Venid Duque, Estela a Dios, que aquí se queda con vos, el alma que vive en mí. Si la que tengo me llevas mal conoceré la tuya, que si es del Duque, y soy suya mis penas así renuevas. Ah visto, no me dio nada. Yo espero veros premiada. Bien pardiez, con esneranza no se compran gargantillas, ni arracadas a la he, porque tiene un no sé que, que hace en el alma cosquillas; esto del dativo nostro, en que la ventura está, que el que promete, y no da me da por no darme en rostro. Bien me sueña en los oídos. Divina Estela, divina en e hombre, y la belleza, cuya gloria, cuya alteza, a su claridad se inclina, ocuparme el Rey quería en ejercició inferior al de celebrar tu amor, mas fue vana su porfía; engañele, y vengo a verte, que siempre estoy esperando para contemplar el cuando, por no ver el de mi muerte. Págasme Tacinto poco, aunque me pagues muy bien, pues seguro de desdén gozas mi amor cieno, y loco, sino tuvieras esposa, como tienes, celebrada, en la belleza estimada, como el carmín en la rosa; muy poco hiciera en quererte, mas yo sola, y por casar, que amor me puede igualar, pues el que quise ofrecerte, por mi estrella, o por la tuya, que una debieron de ser, que sin promete tener que el honor me restituya, y más teniendo un hermano tan prudente, y valeroso, que tiene de victorioso a la fortuna en la mano. Tan dueño de su venganza, como Estela, tú eres dueño de mi vida, en este empeño tengo puesta n esperanza: yo vivo, yo me alimento con espíritu animado, que no vive dedicado a la elección de tu aliento. Los celos del Rey me hicieron casar furiosos, y extraños, mas luego mis desengaños una, y mil muertes me dieron; mas siempre ha de estar unida tan impresa el alma en ti, que solo se aliente en mí lo que importare a tu vida; pero si el Rey, triste día! te llegare a merecer sacrificando al poder su amorosa valentía; que lugar tendré seguro, dónde loco muera ausente? Poco discurres prudente, mal tu firmeza procuro, no he tomado yo venganza, como tú, de un casamiento, que fabricaste violento, con que murió mi esperanza, y ahora enojo, y desvelos tuyos he de conquistar, que los procuro excusar, saben Jacinto los cielos, escóndete entre esos ramos, que siento gente. Sea así. Y no te apartes de aquí. En qué obligación estamos los que sirviendo a un señor hemos de medir su gusto, que sea justo, o que sea injusto, como a deidad superior, sin podernos excusar Estela el Duque me envía, perdone Vueseñoria, por no tener el lugar a que os diga que lleguéis al cenador de la gruta, adonde de hermosa fruta de sus márgenes gocéis, porque está con otras damas juntamente entretenido. Tendrale amor divertido en sus amorosas llamas; que es el Duque muy galán no decís Jacinto? . Sí. Pues que él no viene por mí cuidadoso le tendrán, pues no suele el Duque ser descortes, que es entendido, ni aquí tampoco lo ha sido, que como su gran poder de calidad le engrandece, y la mía es inferior, se ha olvidado del favor, que cualquier mujer merece. Ya se lo advertí, que soy aunque humilde, cortesano. Pues servisle vos? . En vanó la satisfación os doy, pues sabéis que de Palacio soy, sin serlo, gentilhombre. No es Leoncio vuestro nombre; Si señora, mas de espacio. os diré mi calidad; sea la respuesta breve, para que al Duque la lleve. Dónde está su Majestad? El Rey decís? retirado. en su camarín. . No sea que se enoje, y que nos vea, que suele darle cuidado, y enfado cuando allí hay gente de su Palacio. Esverdad, mas no de la autoridad, y calidad enidente del Duque, y vuestra, Ahora bien, decidle que al punto voy, y que agradecida estoy, y prevenida también para servirle. . Los cielos aumenten su callardia. Que me falta Estela mía para conformar mis celos? ves como el Rey se desvela de nuevo para aumentar mi desdicha, y confirmar lo que ofendida recela. El Rey te llama, esto es cierto, que quererme a mi ocupar, y enviarte a ti a llamar, o fue de los dos concierto o con amenazas quiere a mercedes, que estás son linces de la ejecución, hacer, pues amando muere, que se rinda tu belleza a su supremo poder; ay Estela, eres mujer, y su soberana Alteza poderosa, plega a Dios, que la resistencia amiga, si ya tu desdense obliga, no la lloremos los dos. Y has de ir a hablarle? Me ofrece tu necia desconfianza una celosa venganza, que de inconstante merece, mujer que un hombre ha querido otro amor ha de tener, mal sabes agradecer, mal mi amor has conocido; un yerro tiene perdón con mucha dificultad, mas dos, en que calidad estriba su estimación: no Jacinto, una vez quiere la que es constante mujer y cual Fénix ha de ser, que en un fuego nace, y muere. Déjame tú con el Rey, que aunque hacen leyes los Reyes, no hallara en todas sus leyes, que el quererle bien sea ley, no enojarle si procuro por algunas pretensiones de mi hermano. A tus razones el desengaño aseguro, vele a ver, porque me digas lo que te pasa con él, que aunque es mi pena cruel, parece que la mitigas con dulces satisfaciones. Queda a Dios. Estela mía hablale con cortesía, pero con pocas razones, que me darás mil enojos. Quédate, deja destelos. Cómo quedaré con celos, y sin la luz de tus ojos? Dudosa estuvo en venir, si lo sospechó? . No sé; dudosa la imaginé, más vinose a persuadir, diciendo que ya venía, y que le daba el cuidado el descortés desenfado del Duque. Descortesía le pareció, dijo bien; pero el amor las perdona: por vida de mi Corona Leoncio, que su desdén me trae tan desvanecido, que pienso que se la diera, si su calidad pudiera disimular, que aunque ha sido estimada por el Conde su padre, son de un solar humilde que quise honrar, por lo que me corresponde su hermano, que es gran soldado, . Rujero no me contenta y le tengo obligación. Tiene notable opinión, pero señor desvelado te cansas en presumir que Estela te ha de querer, verdades han de valer, no es justo que con mentir quien lo sabe te desvele, con el Duque divertida. Estela de ti se olvida. Pues no es razón que recele perder su opinión, y advierta que el Duque es casado. Quién, gran señor, queriendo bien Estrellas que amor concierta puede apartar? yo le al en tu servicio he de ser, querererte desvanecer lisonjero, y desigual en tu servicio no es justo. Vive Dios que me ha enfadado, el Duque le da cuidado, el Duque tiene buen gusto; pero ella mala elección, sospechana esa certeza, mas no con tanta fineza, y tan necia ejecución: su hermano no lo sospecha, que es cuidadoso Rujero de su honor. Siempre el postrero, cuando hay fortuna deshecha, y eue a saberlo el marido, a el hermano, su amistad es con notable igualdad, que el uno al otro medido el gusto se solicitan; comen juntos, y pasean, y en la amistad que desean Castor, y Polus imitan. hermana gallarda al lado, y él tan torpe, y descuidado, no está muy lejos su afrenta, Para alentar gallardía, al Duque se inclina Estela, y mi enfado la desvela con necias melancolías: notable resolución! yo Leoncio os premiaré. El cielo te guarde, y dé mil triunfos a tu opión, Estela viene. Allá dentro os retirad, que gallarda! el ánimo me acobarda, como la piedra a su centro de la cumbre disparada al Duque viene buscando. El Rey me esta ya esperando, Estela mucho os agrada, pues que siempre en él os veo, el sitio ameno, y florido de este jardín. . He nacido inclinada a ese deseo. Y es muy justo que las flores parecen con su igual bien, pero hacéis de ellas desdén, robándoles las colores, que sabéis bien desdeñar. No sé a quien. No, pues yo sí. Jesus! y a quién es? . A mí, no dando a mi amor lugar. Yo gran señor, cuando hubiera meritos en mí, era bien decir, que nuestro desdén, pues necia en mostrarle fuera; pero mi humildad señor no se inclina a la deidad de tan alta Majestad. Milagros hace el amor. Al fin a que me ha mandado vuestra Majestad venir? que en acertarle a servir con gusto me he desvelado. Yo lo mandé no sé a quien. Cual hombre, que un Rey no fuera me mandara que viniera? Estela miradlo bien. Digo que Leoncio fue, y dijo, su Majestad os llama. . Qué necedad! Y aunque el recado extrañé, vine contenta a serviros, como tengo obligación. De Leoncio fue invención. Si no basto a persuadiros, Leoncio venga, y dirá si digo verdad señor. Si le llamo será error, porque si dudoso está se ha de ver mi engaño, quiero suspenderlo, pero había contra la voluntad mía de ser Leoncio groscro? llamarele, para ver de esta duda el desengaño. Ha Leoncio? . Lindo engaño. Qué es lo que mandas? Saber quien ha mandado llamar a Estela. . Bravo rigor! tú lo mandaste señor. . Yo? Podreme engañar, mas pienso que me dijiste lo que he dicho. Que es verdad verá aquí tu Majestad. Basta, comedido fuiste; pues Estela, ni os llamé, ni yo os tengo que decir. En todo te he de servir, beso tus pies. Esta fue la lealtad que profesaste villano? de aquesta suerte tu descuido te divierte; porque loco me engañaste? que confianza hay segura de tu infame proceder? ui que castigo ha de haber, que satisfaga locura tan desleal? . Yo, señor, solo que escuches te pido, y si descompuesto he sido en tu mano está el rigor, con que castigo me des, en nombre del Duque fui, y dije, viéndote aquí cúlpole de descortes, y sospechó que tuieras quien la enviaba a llamar, y así comenzó a dudar con palabras lisonjeras; pues como te ha visto aquí, y que al Duque no encontró. de este engaño se valió, y diome la culpa a mí: y para no divertir el que con ella intentaste, fue fuerca, aunque te enojaste, que yo hubiese de mentir; pues es más segurallos, en caso más prevenido, que digan que yo he mentido; que no que ha mentido un Rey No table discurso fue, aunque quedas disculpado, pero de Estela enfadado me ha corrido, yo daré tal desaire a sus desvelos, que aunque de quien soy desdiga, el rigor a que me obliga se convierta en rabia, y celos, y se los daré a sentir de tal modo, que se espante. Llega acá. Si llegaré. Di mis ojos, como fue lo del Duqué? . Si lo duda advierta, estando una tarde junto a esa fuente risueña, que despedaza entre acantos plata, aljófar, cristal, perlas, al tiempo que el Sol cobarde recoge sus rubias trenzas, que enlazaron generosas cumbres, montes, prados, peñas. Salió el generoso Duque al mismo lado de Estela, que parecia que estaban Cielo, Sol, Luna, y Estrellas. Iban los dos de las manos, y algunas ramas traviesas les tiraban como a novios jazmín, rosa, azahar, violetas: y aunque iban juntos a veces se saludaban de cerca, cual tórtola, que en los sauces canta; arrulla, salta, y vuela. Al círculo de ese estanque alegres dieron la vuelta, sin ver que tienen las aguas ojos, alma, risa; y lengua. Al fin por lo más espeso, que en carácoles se enredan con los cipreses nocturbos, jazmín, parras, mirtas, yedras. A pesar de los bríales, que entre las zarzas se enredan, defendiendo con sus puntas sitio, entrada, prado, y hierba. Hicieron tálamo un olmo, que cual pabellón los cerca, donde alegre el viento manso corre, pasa, alienta, sueña. Al entrar en la espesura volvió el Duque la cabeza, y viendo que le miraba vuelve, teme, aguija, llega: y díceme, donde vais Ángel con alas de necia? estos doblones os hagan sorda, ciega, muda, y cuerda, si serán, pero en un punto a mi casa di la vuelta, que el oro en cualquier lugar manda, luce, puede, alegra. Compré con ellos al punto dijes para mis muñecas, vestido para la Pasqua, garbín, saya, cuerpos, telas. Ellos alegres quedaron, y yo me fui muy contenta, aquí gracia, y después gloria, goce, alcance, estime, y tenga. . Que esto consienten los cielos. que esto Rujero consienta! pues no es necio, no es cobarde: a cuanto los hombres llegan a disimular agravios, que agravios son las sospechas. El Duque, y Rujero aguardan para hablarte. Bueno fuera venir sin Rujero el Duque, a muy buena ocasión llegan, serán muy bien recibidos, que aguardan? cómo no entran? A tus pies Rey invicto, cuyo valor, y nombre hará infinito de Procia la fama, que en voz sonora tu grandeza aclama, Rujero humilde llega, rico en servirte, aunque la envidia ciega en tus males profane el nombre insigue que mi voz derrame. Alzaos Rujero, creo, que igualarán las obras al deseo, muy bien habéis servido, si no llegara al premio de atrevido valor que os acompaña, no será culpa mía. . Cosa extraña! no responde a Rujero el Rey con igualdad, antes senero? le mira, y enojado. Mas que quiere vengarse del enfado de su amor en mi hermano airado el Rey, que su lealtad tirano. Con enojo excesivo señora miro al Rey, que nunca esquivo con Rujero se muestra. Con elección segura, y mano diestra Rujero te ha servido, y así para el rebelde, y atrevido Saboyano mandaste que llevase el gobierno. . Duque baste, teniendo tal padrino, quién puede hacerle de este premio indigno? Señor, si tus banderas, al mundo asombro, al aire lisonjeras, en asaltos, y encuentros tremolaron con vuelos tan violentos, de mi brazo animadas, que emularon al Sol precipitadas: perdón al Duque pido, que padrino mejor? yo no he rompido los muros de Ginebra, cuando a sus ritos la obediencia quiebra, h , de Taranto en la orilla no fui del Sol envidia, y maravilla? del Gance en la ribera cuando diste socorro al de Bauiera, no saben que con truenos, terribles ecos de arrogancia llenos, hice eterno tu nombre, y que el Ungaro oyéndole se asombre con vitoria tan alía? otra empresa mayor Rujero os falta. No me agrada el conceto con que responde el Rey, aunque discreto a todo satisface, no sé a que efecto este disgusto nace, temo algún mal suceso. Dejadme solo un rato. Tus pies beso. Quédese aquí Rujero, que hablarle a solas, y premiarle quiero. Temo su atrevimiento. El Rey le ha de premiar con grande aumento. tenga transformado el gusto Mirad si queda a la puerta quien nos escuche. Ninguno, ya se han retirado todos; turbado estoy, y confuso! Yo Rujero he deseado, con incomparable estudio, de vuestro nombre el aumento, de vuestra nobleza el triunfo: mucho merecéis Rujero, y así en estimaros mucho pienso que no os satisfago, antes pienso que os injurio, mas tiene el mando en las leyes, que aunque de injustas las culpo, pasan por razón de estado en la introducción del vulgo. No es desdicha que un casado, de su nobleza seguro, porque su mujer ingrata en otro de menos partes, oponiéndose al influjo de tantas temeridades, nombre le den en el mundo de desdichado al marido, dándole infame atributo, y pase plaza de serlo quién causa, ni culpa tuvo? Señor, como enlaza el cielo en aquel estrecho yugo del conjugal matrimonio tan unido, y ciego nudo, que de dos sujetos hacen que se reduzgan en uno. Es la igualdad tan estrecha a que el cielo lo dispuso, que a un mismo tierapo padecen la inclemencia, y los disgustos, cual planta en la tempestad que padecen hoja, y fruto: si yo casado estuviera señor con ese discurso, ya en mi rostro se mudaran sangre, y color todo junto, que aunque humilde soy muy noble. No. Rujero, no atribuyo tal nombre a vuestra nobleza; que en otro daño discurro. Es verdad que tengo hermana, de quien alegre presumo, que esté segura de ofensas al lado de un Rey tan justo, y obligaciones de hermana no es tan fuerte, y tan profundo el daño, y obligación; si en su virtud, y el trasunto no fuera tan eficaz, pues el encendido, y rubio candor del Sol no es tan llano, mas limpio, ni más seguro. Sois cuerdo, decís muy bien; pero si ese Sol injusto eclipsara a vuestro lado esa claridad, pregunto, no hiciera falta, pues soy de su misma especie influjo, y luz de su claridad; que muere, y nace en un punto? Por fuerza. Pues advertid; con que razón os concluyo, mas que de esposo tenéis obligación, pues sois junto padre, amparo, heríano, esposo, y de estos tres no hay ninguno a quien no alcance la ofensa, y así en mi opinión me ajusto; que en vos fuera más desdicha; por ser de más atributos. Señor, si toda la alteza de los Césares Augustos, que desvelaron la fama con tan celebrado asunto, todo el poder de Numancia, y de Cartago el concurso, y el rigor que sustentaron los Babilónicos muros, el Griego caballo en Troya, que fue vomito, y dilunio, desbuchando fueno alado en los Troyanos seguros, se juntará en un sujeto, y todo este poder junto, un brazo le gobernara imperuoso, y robusto, oponiéndose a mi honor, fuera una sombra, un dibujo de los átomos del Sol, que el aire cierve en sus rumbos, que mis valientes aceros en su vengativo impulso fuera de mi pecho un Etna disparado del profundo. Ya sé que sois muy valiente; pero Rujero concluyo, que aunque haya valor sobrado, y de arnogancias discurso, sin honra no hay valentía. . Válgame el cielo, esto escucho! dónde estoy? soy yo Rujero? en algún sueño profundo está sepultada el alma; entre piélagos nocturnos. Hombre soy, desdichas pueden caber en mí, no lo dudo, pues no han respetado Cetros, ni Laureles los incultos. asaltos de la fortuna, como dijo, que ninguno sin honra sería valiente, y luego severo, y mudo en la espalda me escribió con letras de bronce duro de su semblante el enojo, y de mi ofensa el disgusto, si en mis servicios se premian, mas digo mal, no le culpo, que honor que extriba en mujer, gran dicha si está seguro. Supongamos que mi hermana con atrevimiento puso en algún hombre los ojos con liviandad, no lo dudo, y que el que Rey pretende honrarla, no fuera mejor que oculto remedio buscara al daño; con secreto disimulo? El Rey es mozo, y los celos son rigurosos, y adustos, y cuando asaltan furiosos no han perdonado a ninguno. Si fuese Jacinto el Duque, que en amistad constituyo, quien al Rey le diese celos, y a mis ofensas anuncios; pero si el Duque es casado injustamente le culpo, mas ay! que amor es tirano, y nacio helado, y desnudo de lealtades, y firmezas, y como en el mar Neptuno revuelve fieras tormentas en sus piélagos cerúleos, ansi amor en su elemento rayos despara absolutos, que aunque fulminen agravios, jamás les refrena el curso. El Duque con amistades, y cuidadosos descuidos en mi agravio se desvela, él me ofende, que lo dudo? Ea valor, alto, al remedio, que si es tan limpio, y tan puro triunfo el sustentar honor, que no le iguala ninguno; y si es a todos notorio, que en asaltos, guerras, triunfos, sin honra no hay valentía, loco os pierdo; y ciego os busco.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Aunque retirada estás, y en tu retrete escondida, de Madama persuadida mi señora, a quien le das tan cuidadosa advertencia de acreditada amistad, disculpa la libertad, de que sin pedir licencia me atremese a entrar, que amigos tienen seguro el perdón. Tienes Luciana razón; con el desenfado obligas, Madama Eugenia en efeto, que me manda? Este papel lo dirá, pues cífra en él en tu favor su conceto, según me ha dicho, que a mí en secreto me le dio, y en secreto le escribió. Desviate, dice así. En los señores no hay celos que lleguen a ejecución, pues viven con atención, imitan siempre a los cielos, mas por lo que al Duque quiero, a quien mi amor constituyo, sentiré que el gusto tu yo no goce del fin que espero. Con oposición le amáis, según estoy advertida, si en él cifráis vuestra vida, mirad como la estimáis, que en peligro estáis los dos, si el poder de un Rey dispensa, mas la vuestra, que mi ofensa me desvela, guardeos Dios. Tocados, cosa de risa, para enviarle tocados, en poca invención cifrados, tal cuidado, y tanta prisa? Luciana yo los daré, ven a la tarde por ellos. Yo voy, pues se cifra en ellos la luz que en ellos se ve. Blandiendo el acero enviste de mi desdicha el conceto, para violar el secreto, que nunca le goza un triste. Qué bien del Rey los secretos obran, de Cometa han sido, que en habiéndose escondido, van obrando sus efetos. Ay de mi! Rujero viene, sola estoy, él enojado, que el corazón desvelado grandes daños me previene. Para qué cierras la puerta? No me respondes hermano? Hh falsal si algún villano no la hubiera hallado abierta, si algún cieno presumir, si algún desvelo imprudente, si algún rigor evidente, tan dudoso de impedir de par en par tantas veces no la viera, y no la hallara, nunca el Rey me castigara, por lo que tu desmereces, cuando triunfante, y altivo, del Sol asaltando rayos, con victoriosos ensayos, gallardo en su esfera vivo, cuando opuesto a las Estrellas, dos plumas a mi inconstante fortuna, porque arrogante vuele hasta burlarse de ellas, cuando del premio infinito de conquistar, y servir, el sello voy a imprimir me verás lo que está escrito: ya sé que el Duque ha cifrado en ti su gusto, y mi muerte, mas hoy de la tuya advierte el fin menos dilatado. Tú has de morir vive el cielo, para que viva mi honor. Oyeme hermano, y señor que pues has rompido el velo a esa sospecha enemiga, lugar te pido no más, aunque tan airado estás, que mi disculpa te diga, Luego es verdad? Yo señor, no, que no me mates pido, sino que me escuches. Mido con la ocasión el rigor. Fuiste a la guerra Rujero, de quince años me dejaste, murallas rompiste, y yo no pude dificultades. Quedé en Palacio, y el Rey, que el cielo mil anos guarde, siempre me honró con mercedes, el celoso, y yo ignorante, yo, y Jacinto, triste suerte! desde las tiernas edades, que es cuando las piedras mismas si juntas, y a un tiempo nacen. Tal amistad constituyen, que a veces suelen quebrarse cuando dividirlas quieren, claro ejemplo, ya le sabes, nos criamos plantas tiernas en una casa, en un parque, en un Palacio, en un centro de mi fortuna inconstante, sin saber quien era amor, que a veces suele envoscarse, para escalar los sentidos por los pechos ignorantes. Di me regalaba el Duque, me obligaba a regalarle; y si me miraba alegre, a que alegre le mirase. Fueron creciendo en espacios firmezas tan vigilantes, tanto, que ciframos siempre sen una dos voluntades. Como anillo de dos piedras, que sujetas a un engaste, sin que distinto el color, hacen los visos iguales. Salió el Rey a caza un día, no a privilegios de Sacres, que ligeras Garzas vuelan en las Provincias del agre, sino a cázar fieros brutos del colmillado linaje, para que imitando a Adonis Venus su amor nos retrate. Qué de Irlándeses lebreles? que de caballos volantes, desvanecidos del Sol por emulación del aire? Quién vio llevar las mujeres al régalo de la imagen de una guerra tan reñida, que ha de convertirse en sangre? Yo, y otras damas salimos sobre el remendado jaspe, que en pías nos da piadoso él siempre curioso Flandes. Llegamos a un fértil bosque una deleitosa tarde, cuando el Sol hacia por vernos vidrieras sus celajes. Un lebrel bien entendido, para que el Rey se alegrase, de una mata sacó un bruto vivo con dientes voraces. Enriza el cerdoso pelo, y con imperioso talle desafía a sangre, y fuego a todos los circunstantes, Salta, busa, espera, mira, amenaza, rompe, parte, anhela, brinca, acomete, desbarata, enviste, sale. De ver Venablos, y perros, tan libre, y tan arrogante, que cazador parecia de quien pensaba cazarle. Temor daba a los Monteros, mas yo al mirarlos cobardes, por, la ocasión de huir perdí la de desmayarme. Trocaron el alegría cada galán por su parte, con abreviar con su muerte para que no los matasen. El día era ya pequeño, y la espesura era grande, y el más alentado busca camino para librarse. Piérdese el Rey, los Monteros por el monte se reparten, unos de otros se dividen, nadie favorece a nadie. Gritan, corren, acometen, tiran, desparan, combaten, revuelven, envisten, cruzan, llaman, buscan, temen, parten. Cuando en un verde repecho, que fui sola a retirarme, el cerdoso herido miro, que a darme la muerte sale. Pero al compás que acomete cuidadoso el Duque parte, haciendo su pecho escudo para morir, o librarme, es pues con ánimo valiente, y al fin con valor de amante, la que a mí me dio le quita con los filos de su alfante. Dile los bracos mil veces, premio, y disculpa agradable de valor, y amor, que a un tiempo los hizo su suerte iguales. Ocasión fue, quien lo duda? para que amor empezase a dar crédito a firmezas, y a reducir voluntades. Siempre que llegaba a verle el alma quería entregarle, que deudora de la vida, obligación fue bastante. Cortés, como esposo un día, me dijo Estela, adorarte, sin que nos enlace amor con nudo estrecho; es lmaje de descortés profesión, pues ya no serán bastantes la ejecución del peligro, del desdén las voluntades. A que deje de ser tuyo, ni suspenda el adorarte, Duque soy de Capua, estorbos, que de prevenciones nacen, de parientes, ni de amigos poco a mi firmeza valen. Temí, dudé, consulté, triste, medrosa cobarde, desvelos, peligro; enojos, daños, odios, suertes, lances, Redúcime al fin, que amor, porque en sus redes me enlace, tuvo de mis tres potencias bien prevenidas las llaves, Por quitar inconvenientes travoque se consumase en secreto el matrimonio, mas violento, que agradable. Consúltame ya su esposa, y si va a decir verdades, que era engañado pensé cuando él pensaba engañarme. El Rey que se divertia, de nuestro amor ignorante, por reducirme a su gusto tiraba secretos lances. Hizo un gallardo torneo para que en Sl se cifrasen las colores de su gusto en plumas, y en vanidades. Galas, bandas, premios, jueces, tarjetas, cifras, follajes, lanzas, escudos, arbeses ponen, publican, reparten, todo para darme gusto, y todo para matarme, que amor cifra las desdichas en la risa con que nace. Viendo del Rey el desvelo empezó el Dique a enojarse, que presto que tiene celos, quien desvanecido sabe con seguridad costosa, que no pueden olvidarle, privilegio del amor, contra una mujer constante. Tomó postas, fuese a Mantua, sin despedirse, ni hablarme, donde con Madama Eugenia detérminó desposarse. El Duque de Mantua al fin, aficionado a sus partes, le dio a su hermana, y a mí desdicha muerte, y pesares. Volvió a Napoles casado, y con aplauso agradable entró aumentando a mi suerte montes de dificultades, lágrimas, suspiros, quejas, rencores, sr d crucidad engaños, rabias, enojos, incendios, furias, combaces, fueron de mi pecho dueños, fueron de mi vida ultraje, mal grado a pasiones locas, y necias desigualdades: supo el Duque arrepentido del Rey los fieros combates, y de mi justa firmeza la calidad inviolable; empezó a satisfacerme, y arrepentido obligarme, aunque a la furia de celos llego el desengaño tarde. Dificultosos remedios empezó a facilitarme, tan constante arrepentido, como perdido de amante. Yo, como engendró en mi pecho, desde que empezó a engendrarse amor, que ya canas peina, tan unidas voluntades, aunque esfuerzo el pensamiento, no puedo del apartarle, que una vez tiene el honor licencia de enamorarse. El Rey que de estos principios siempre ha vivido ignorante, por nuevo tiene mi amor, cuando a mí por inconstante, desvelos, cuidado, envidia, engaños, pruebas, ultrajes intenta buscar, revuelve, loco, ciego, airado, amante. Pues como yo con desdenes, aunque con cortés lenguago, le divierto el pensamiento, arde en celos, fuego esparce. Si de esto algunas cautelas noble Rujero son parte de mi desdicha, y tu enojo, tu eres mi hermano, y mi padre. Si con darme aquí la muerte su presunción, satisfaces, fácil tienes el remedio, aunque es peligroso lance, que para matarme a mí olon cualquiera fuerza es bastante. Si con eso tus proezas se aumentan, y satisfaces a más altas Gerarquías, tu nombre ha de levantarse, que la cordura valiente de ingeniosos pechos nace. Si a mí me matas, también ma es fuerza que al Duque mates, o que tu honor quede en duda con enemigos tun grandes. El cuerdo todo lo vence, el rigor todo es combates, el engaño todo es furia, el peligro todo es sangre, el pretender todo es iras, sino conociste ultrage, y presumir ofenderse, el no temer engañarse, y el acreditarse acuerdo, el reducirse agradable. Aquí estoy, mata, destruye, inventa, ejecura, parte, rompe, despedaza, oprime, rinde, divide, deshace, pecho, entrañas, vida, aliento, porque con riesgo tan grande. tu satisfagas tu honor, y yo con mi vida acabe. Ah peligrosas sospechas, que de desdichas mortales reverencian los temores, para alimentar pesares! Oh amistad mal conseguida! O Duqué ingrato, y cobarde! amigo de mi desdicha, solicito en mis pesares. Matárele vine Dios, que aunque es su poder tan grande aún no es igual con mi afrenta. A la puerta llaman. Abre, y no salgas, si no espera detrás de esos tafetanes. Mi muerte esperando estoy, el cielo su enojo ataje. Al Rey voy a prevenir la ocasión de tantos males, pues de tan fiera tormenta ya me amenaza el cómbate. Quién llama? Quién de su aliento no tiene seguridad, si de tan grande amistad no se librase el contento, las mercedes, los aumentos con que os honra el Rey me dan tanta alegría, que están con vuestros merecimientos y con mi deseo iguales, mal digo, mas merecéis, pues tantos triunfos tenéis de memorias inmortales. Dadme esos brazos, que creo, si con mi pecho no os mido, que aún no tengo conseguido de vuestro gusto el deseo. Pues cómo es esto? los brazos me negáis, cuando mi vida está con la vuestra unida, y rendida a estrechos lazos. Con recato he de poner mi furia en ejecución, que a una engañosa traición otra se ha de anteponer. No merezco que me habléis. Duque, si de ese cuidado me reconozco obligado, Qué os suspende? qué tenéis? que vive Dios, que si ha avido quién del Rey abajo os dé algún enojo en que esté en un aromo ofendido vuestro honor, que con mi espada, brazo, estado, vida, hacienda, haga tan costosa enmienda, que asombre mi furia airada, si la ocasión prevenis. Eso cumpliréis? Tan cierto, que al punto le veréis muerto. Mirad bien lo que decís. Con pleito homenaje juro de matarle, o de hacer rendirle a vuestro poder, si mil vidas aventuro. Duque, por gozar memorias, leal sirviendo a mi Rey fui a la guerra, fui a servirle, mal su agrado conquiste: las heridas, las victorias no las quiero encarecer, por justas obligaciones, que tiene el vasallo fiel. Tengo una hermana, en quien puso la belleza que sabéis, para mi desdicha el cielo, impertinente alrivez. Dejela al Rey encargada, bien se dejara entender, que de su honor cuidadoso en Palacio la dejé, que mujer moza sin padres, y que en soledad se ve conquistada su hermosura, no es fácil de defender. Si el Roy pagó mis servicios en estimarla, no sé, mas pues no los agra dece, culpa debe de teer. A esta hermana, a esta ehemiga un enemigo infiel le dio palabra de Esposo, creyole, al fin es mujer. Después de solicitada. Absaión ingrato fue, que si ella imitara a Dido, fuera ejemplo más cortés. Casose con otra dama, castigo ingrato, y cruel, justo por suliviandad, ingrato por ser quien es. Dice el Rey no sepan celos, que no os bien crédito dé a que las leyes quebrante quien es dueño de la ley. Dice señero, y airado, y sin duda dice bien, que no hay valentía sin honra, y este yo debo de será De mis servibios se olvida, y de agravios que no séla me hace costoso dueño, or y su Sol, que amanecer tan alente le miraba, siempre se me va a poner. Esta Duque generoso es mi tristeza, esto es, para fin de mis servicios, de mi fortuna el baiven. Si quiear la vida es justo, a quen causa de esto fue, vuestro consejo me valga, pues que favor me ofrecéis. Sabéis quién os ha ofendido? Pues si suplera quien es lo mil muertes le hubiera dado. Él las mevece muy bien: pues yo Rajero, yo amigo, como palabra me deis de suspender la venganza, tien os ofendidos diré. y de nuevo os doy palabra, que vuestra opinión esté en mi mano tan segura, que con asombro cruel os restituya en venganzas lo que en opinión perdéis, si hasta haberlo ejecutado me dais palabra de ser cuerdo; y de guardar secreto. Digo que decís muy bien; yo os la doy, pero que modo, si es casado, puede haber, sino le mato? Él me ha dicho, que es principal, y es cortés, que le casaron por fuerza, y que no ha podido ser legítimo el matrimonio, y que puede anteponer el tener dada palabra siila otra plincipal mujer primero, y que consumado el martimonios si es cierto que está consumado, el que se hizo después ni es legítimo, ni es justo; Mal trato, mal proceder, plaito será muy veñido Rujero, yo sé muy bien, que aunque da muerte a su esposa haya de satisfacen Podrá saberlo mi hermana; Porquemo, pues ella es la principal de este asunto. Pues si lo puede saber, alzando ese taletan que nos escucha veréis? Salid Estela Divina, que es esto, soñor? porque en tan estrecho lugar cifráis vuestro gran poder? vuestros criados humildes somos los dos, a esos pies, reverenciando el lugar, nuestra voluntad tenéis. El Rey lo ha escuchado todo, notable desdicha fue, cuando fortuna es mudable quién la podrá suspender? Señor, si vuestra deidad aliento del alma, en quien están cifradas las vidas, pendientes del parecer, y gusto de la grandeza, que para honrarla tenéis, se eclipsan con vuestro enojo, y se escurecen, no es bien, que la noche del disgusto padezca señor quien es todo centro de esas plantas, y todo humildad cortés. Duque, Rujero, a su tiempo el Rey sabrá responder. Mis lealtades me disculpan. Y mis servicios también, Rujero, lo dicho dicho. Vive Dios que ha de poner remedio a su desaliño, o su cabeza a mis pies. Señora, verdad muy clara es la que te estoy diciendo, y pues con ella te ofendo, en que es costosa repara. El resquicio de un cáncel me ha dado para escuchar lo que te advierto lugar, quiérote bien, soy fiel. Tu vida está de un cabello pendiente, Rujero airado, y el Rey de amor desvelado, algún Ángel de saberlo me infundió la inspiración, a tu esposo han de matar, el uno por excusar su afrentosa inclinación: y el otro Rey poderoso, por satisfacer su enfado, es Rey al fin, y está airado, pues que hará airado, y celoso, que a su hermana dio primero palabra de su mujer, y que esta firme ha de ser airado dice Rujero? El Duque está, no hay dudar, enamorado, y perdido, a tanto mal prevenido, que remedio se ha de hallar que sea bastante? Ay Luciana! bien me lo ha dicho el desdén que muestra el Duque, y también del Rey la furia inhumana con que siempre al Duque mira, que de amor los embelecos el alma cifra en los celos, cuando con los ojos tira. Mas ya he pensado el remedio, que no me desvelo en vano, y así contra un Rey tirano obre Dios, y tierra en medio, hasta ver el fin que aguardo, hoy al Duque he de engañar, y mi peligro excusar con un término gallardo, que para no ver su muerte quiero anteponer la mía, quiérole bien, y quería obligarle de esta suerte. Costoso remedio intentas, Al precio de mi deseo hago tan costoso empleo. Yo al paso que tú le alientas. Duquesa, señora mía, sola estáis, porque ocasión? Nuevas de Milan, que son de grande melancolía para mí, me han desvelado, que mi hermana Don Elvira está indispuesta, y me admira, que no me hayan despachado las nuevas con el correo. No querrán daros pesar. La sentencia me habéis de dar, y gusto en este deseo de hacer una gran fineza. Mas qué qué queréis irla a ver? Daréisme vida en querer acetarlo. . La cerreza que tenéis del grande amor con que os estoy adorando, aunque en parte está dudando, como ha de ser inferior vuestro gusto, os la concedo. Deos el cielo larga vida, y el vuestro siempre se mida con el aumento que puede. Que bien mi industria se rraza . para mi atrevido intento. Qué bien a mi pensamiento, y al rigor que le amenaza daré lugar, porque ausente de Nápoles mi esperanza hará de mi confianza una certeza evidente. Voyme al parque, la partida prevenid. Tan gran merced Duque a mi cuenta poned. Deos el cielo larga vida. . Tingiendo quiere engañarme, su rostro lo da a entender, pero es hombre, y yo mujer determinada a vengarme. . Leoncio, ya tus consejos. tibiamente te acreditan, pues mi muerte solicitan, siendo evidentas reflejos de la obstinada crueldad de Estela, tan desabrida a la quietud de mi vida. Perdone tu Majestad, lo que yo más he culpado solo ha sido el ofender a Rujero, que es poner nuevo riesgo a tu cuidado. A lo que se quiere bien jamás se ha de disgustar, porque es desacreditar a quien se estima, y en quien no tiene culpa tampoco, es acertada la ofensa. Quien con el furor dispensa, si está muerto, si está loco? El valor todo lo alcanza, y más de un Rey. Pues es justo acreditar mi disgusto? Más injusta es la venganza en un Rey. Leoncio quedo, que ya de reprensión pagas la jurisdicción, pruebo a olvidarla, y no puedo; soy Rey, soy mozo, soy hombre de mayores tiranías, hay historias, mira a Urias, siendo de David el nombre, tan celebrado en el mundo, es injuria querer bien, mostrar al Duque desdén, que en ese rigor me sundo. Aquí viene Estela. Ay cielo! como la tengo de hablar? No me atrevo a aconsejar, y en acertar me desvelo. Tú verás como el rigor le modera las acciones. Todo es amor invenciones, todo es engañar amor. Con un retrato que tengo suyo la he de desvelar. Entre el temor, y desdén medrosa, y confusa vengo, grandes fuerzas tiene amor, pero si el honor le asalta, lo que del amor le falta mal lo suplirá el honor. Beso a vuestra Majestad los pies. Notable belleza! el triunfo de mi grandeza sacrifico a su deidad desde el cabello a los ojos aquella distancia breve, a la plata, y a la nieve causa envidia, y causa enojos. Señor, Estela está aquí, de tantas desdichas dueño. Aunque con capote, y ceño, jamás tal belleza vi, sus cejas son arcos bellos, sus ojos saetas son de amor, costosa invención, pues siempre mata con ellos. El Rey con tenerme en poco quiere aumentar mi castigo. Cuando con amor la obligo a más rigor la provoco, (es Estela) en sus mejillas jazmín, y claveles son de su boca emulación, pero sale a resistillas la escarcha helada del cielo, y como es su rostro el alba, los alegra haciendo salva el oro de su cabello. Volverme quiero. Escurece con su ausencia mi alegría, y el claro, y sereno día, que vuelve noche parece. Hola Leoncio? . Es a mí a quien llamas? No lo ves quien ha entrado aquí, quien es esa dama? . Bien temía hablar a un Rey ofendido, yo señor te quise hablar, y no me han dado lugar. Estela, estoy divertido, con la belleza mayor, con la mayor hermosura, que ha dado humana pintura a las finezas de amor. Llegad, que estar transformado un Rey en otro sujeto, aunque no es acto discreto está en parte disculpado. Dos disculpas me previene señor vuestra Majestad, pero mi mucha humildad no es justo que las condene. Gocéis la belleza tanto, que al encarecerla imite, y el gusto que os solicite cause a la fortuna espanto, que cualquiera admiración no iguala al merecimiento de tan gran señor. . Violento discurrir, torpe elección, cuando cercada de enojos consuelo viene a buscar, con su amor le quiere dar, y su retrato en los ojos. Tomadle, y no culparéis el hallarme divertido. Muy justo desvelo ha sido, muy poco le encarecéis: Mi retrato es, que invención, ha poder de un Rey! mas veo una falta. . No lo creo. Yo la diré, si el perdón vuestra Majestad concede a mi rudeza. . Y consiste? En que tiene el rostro triste. Eso remediarse puede. Es imposible señor, que aunque haya más vizarria, no consiste el alegría en la mano del Pintor, o quedará desairado el dibujo Ángelical, que haces con el Sol igual. A mí me parece airado, y a vos triste. . Si es verdad, que siempre nace la ira de la tristeza, no admira que se ofenda su beldad. Conoceisla? . No señor. Mucho me holgara que fuera vuestra amiga, porque diera suspensión a este rigor. Vuestro cortés proceder, advirtiéndome el enfado, que tan triste ha desvelado a tan Divina mujer. Por el respeto que debo a su belleza, señor, y a vuestro alentado amor hablar por ella me atrevo. Está bien. . Que Rey amante, no digo yo con desvelos, pues a la luz de los cielos es la suya semejante, sino que amara constante un minuto a una mujer, industrias para ofender s fabricara, sus desd en esto el retrato declara; que sabe hablar, y temer. Los Reyes premian también; que a quien a sus pies se humilla les suelen dar una villa, por el precio de un desdén. Y en correspondencia, y quien viéndose favorecido, y Rey, no ha destribuido grandezas de su Corona? que Rey que no da, ni perdona. ni amante, ni Rey ha sido; en arrogante bosquejo es de Dios su Gerarquía, un eco de su armonía; y de su luz un reflejo. Y así ha de ser claro espejo que a un compas lo que figura ha de mostrar la luz pura, y con tanta claridad, que consuele la fealdad, y acrédite la hermosura. Amor es correspondencia, que hace una transformación que se dirige a la unión de semejante influencia. Y así con esta advertencia, el que amó, y el que es amado, elige en un mismo estado, y esta fe ha de estar presente en el amante prudente, aunque esté el amor pasado. Esto en los ojos escribe bien desvelado el retrato; que lo que ejércita el trato en la vista se concibe: y pues desvelado vive vuestra Majestad por él; retoque el alma el pincel con la color que pretende, o no culpe si le ofende, tristeza que hay en él. Aquí está con mi hermana el Rey, ha cielos! que bien de mis desvelos certezas acrédito, un Etna igualo, si un volcán imito, que en lance tan costoso, huyendo el daño en su rigor reposo. Que Estela escucha al Rey! rabiosos celos suspended mis desvelos, que ya la suerte mía, si viene airada en su rigor porfía: Mi furia se divierte, que en remediar mi daño está mi muerte. Rujero no llegáis? Duqué qué es esto? A servirte dispuesto, aunque medroso, llego. Que vano pensamiento, loco, y ciego furioso me ha engañado, que entrase a ver al Rey, necio cuidado! Señor, como desvelo el pensamiento, de tu agrado instrumento, en cuidadoso objeto de tu gusto, a quien siempre estoy sujeto, medroso a tu sol llego, que aunque alienta su luz, ofende el fuego, Si bien de esa advertencia su estilo alabo, estimo la evidencia, no disuelvo el engaño, antes diverso comunico el daño, en quien los Reyes viven, cuando lealtad en su quietud conciven. Nada en mi ausencia ignoro, a todos comunico con decoro, solo de quien le da recibo enfado, y en mi rostro está escrito el enojo, y perdón; que a Dios imito, Si el aliento no me falta, que ya de mis pasos torpes, desacreditadas fuerzas les da a sus respiraciones. O Duque el más desdichado, que la fortuna entre horrores ha ejecutado venganza, y aniquilado opiniones, de llegar tan deslumbrado, su Majestad me perdoné, que causa de tal efecto sus desvelos reconoce. Qué tiene? . Qué es esto? Acaba, que más te acreditas torpe en suspender nuevas tristes, que en descorteses razones; Madama Julia tu esposa, Matrona de cuyo nombre la vitrud, y la hermosura eternizaba opiniones, para mi Corte partió nunca los hados atroces de su inquietud se acordaran, tan dueños de ejecuciones. llegamos al ancho Tigris, cuyas corrientes veloces en sierpes de plata al mar tributarias le socorren, cuya corriente risueña quisimos romper por donde hiciese senda al batel, mal prevenido a sus golpes, pues un veloz uracan el barco nos vuelca, y sorbe, tan pronto, que en solo un hay ciframos llantos, y voces. Todos olvidando el miedo a la Duquesa socorren, en cuyo empeño sus vidas hizo fortuna conformes. Yo, pues, a quien le corrían tan justas obligaciones, animando prompritudes, acreditaba temores, vivieron a socorrernos de los bajeles adonde iba a embarcarse Madama, mas cuando la suerte corre vivilante a la desdicha, infelice a los rigores, ni hay diligencias que valgan, ni prevenciones que importen Solo yo que deseaba la muerte, que en ocasiones, si la olvidan se aparece, y si la llaman se esconde, me escapé, que marineros, y alentados pescadores me dieron vida, porque eternamente la llore: viva, ni muerta parece. Para, detente, no cortes el hilo a mí triste vida, pues del cielo los rigores, con la fortuna ajustados, o ya mi suerte se oponen. Duque, suceso tan triste siento en el alma. Perdone vuestra Majestad, que voy a hacer nuevas invenciones para buscarla, y saber si el cielo; o el mar socorren injuria de mi fortuna, desdichas de mis temores. Mucho lo siento Rujero. Señor, digno es de que asombre suceso tan desdichado. Y de que el mundo le llore. Voy a consolar al Duque, que el sentimiento es conforme al amor que le he detenido. Bien el cielo lo dispone. Acabado el sentimiento quien duda que el Duque goce nombre de esposo de Estela? mal gozaré sus favores. El cielo lo ha permitido, para que mi hermana cobre de su opinión la excelencia, y yo de mil triunfos goce. Ahora echarán de ver lo que a mi amor se anteponen quién es el valor de Estela. Amor las alas descoge mas veloz. Alegre fin les prevengo a mis temores. Mi ombre ha de hacer eterno. Eterno he de hacer mi nombre. Lindamente lo han creído. Y si a fuerza de opiniones, sin honra no hay valentía yo seré valiente, y noble.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA s Teodoro, no puedo más, y ha dos meses que pasó la nueva que acreditó mi muerte, nuy necio estás en no darme permisión para que en Palacio vea el fin que mi amor desea, s usando de la iniención que he intentado. Ta cordura mal se muestra en ese traje. Que er que mi gusto ataje ya no es consejo, es locura. ̱. Y yo que voy de Bretón a dispensar pareceres, si me columbraren quieres que hagan de mi salpicón? Vine a valerme de ti, huyendo del Duque airado, y ahora me trae el pecado donde el daño cometí. Libreme Dios de un criado de un señor barbiponiente, con átomos de valiente, y con nombre de alentado. Que en el estanco florido del señor Embajador cantará, que a su señor con seis muertes le ha servido. Y serán de algún Rosario, asiendo de estos rebeses vine a servirte dos meses; que el vivir es necesario para ver. Yo sé que ha avido mujer que habiendo pasado. algún tiempo, se ha casado dos veces con un marido, porque tuvo la primera por muerta. Dices muy bien. Pues yo retirada, quien si muerta me considera, aunque me encuentre en la calle me tiene de conocer, que el traje de la mujer hace diferente el talle. Quiero amigos excusar audar de villana a solas entre rústicas cabañas, por ser comunes patrañas de Comedias Españolas. Que Princesa entre villanos puede asegurar su honor con soledad, y temor siendo de su honor tiranos? En Roma nos has tenido un mes con tus pretensiones, y en la que ahora nos pones me tiene desvanecido tan costosa ejecución. Dirás que soy un Curial de Roma. Ay suceso igual! Que con esto mi intención na de quedar conseguida, tomaréis casa apartada de Palacio. Esto a nonada vendrá a costarme la vida. Diréis que soy un Letrado, pues Bártulos, y Jasones, en actos, y en conclusiones en Mantua me han desvelado. Teodoro se puede estar con el Duque para ver su inhumano proceder, y el fin que ha de conquistar mi dudosa pretensión. Rujero no hable con él, sino un día, al Rey cruel dos, o tres, si en su opinión estoy muerta, claró está que quien sor han de dudar, aunque me lleguen a hablar. Dices bien, pienso que ya empiezas a ser letrada, pues no sabes concluir. Segura pienso vivir. Ya Estela se habrá casado, pues el tiempo lo ha dispuesto, con tu esposo. Arrepentido dirás, si bien me ha querido, que lo que enfada más presto, es lo que más se desea: venid, no me despertéis memorias tan peregrinas. No sé a que fin te encaminas. Con el tiempo lo sabréis, pues la ocasión me asegura, que la humana diligencia, según dice la experiencia es crisol de la ventura, Ya Estela, y a gloria mía, el triste luto he dejado, porque de tu Sol hermoso no le consienten los rayos. Ya llegó el tiempo mi bien, que siempre estuve esperando, porque en igualdad gocemos eterno gusto, y descanso. Ya eres Duquesa de Capua, ya su señora te llamo, que quién es del alma dueño, y tan dueño, que retrato en tu venerado acuerdo la inclinación que consagro, por mi deidad la respeto, pues de nuevo enamorado, comunico a los sentidos desvanecidos aplausos. Poco mi gloria te alegras, pues de regocijos tantos desprecias con suspensiones tan gustosos desengaños. Ay Jacinto, ay Duque, como; Hay mi señor, donde, cuando amor colmó los deseos, ni suspendió los agravios? Murió tu esposa mi bien, rigor de fortuna airado, si lo has sentido me ofendo, si no lo sientes me agravio; porque, señor, si a tu esposa que con tan estrechos lazos comunicaste finezas con amorosos regalos de esposo, tan brevemente los has olvidado? cuando goces los míos, quien duda que te suceda otro tanto? porque yo no he de pensar; que en méritos aventajo de nobleza, y de hermosura que fuera grosero enfado? Al fin Duque que eres noble, eres cruel, que obligado serán libres tus finezas, o tus pensamientos falsos. Pues yo por lo que te quiero, por lo que se ha murmurado, por lo que debo a tu honor, por la opinión en que estamos, lloro su muente, que al fin fue tu esposa; y es ingrato quien de lo que quiere bien no siente costoso daño, que le sucede es razón, que lo que con tierno llanto se ha de sentir, se celebre con alegres desenfados. Duque, yo no sé quién eres, yo le confesé a mi hermano que fui tu esposa en secreto, forzoso fue el confesarlo, porque no me diese muerte, y por poder entre tanto buscar remedio a su enojo; que te quise bien declaro; que te adoré reconozco, mas con honesto recato, amor goza en su cantera tres diferentes estados, principios, medios, y fines, y en todos tres hay asaltos de sortund: Enlos principios, temor de no ver gozado aquello que bien se quiere: y en los medios, y a gozado, el pensar que ha de penderse: y en el fin, el desengaño del tiempo con el olvido. Yo si al primero he llegado, no quiero pasar de allí, que si con tu agual ingrato tal desaire te acredita, tal ofensa, o tal espanto de desdén, y de rigor, yo que soy menos, que aguardo? ya te juzgo arrepentido, ya te considero airado; ya que te enfado parece; ya que te ofendo, y te canso, ya que me aborreces veo, y ya que muero a tus manos, que quien aprendio rigores tarde, o nunca ha de olvidarlos. Si no te hubiera querido, dulce Estela, cielo claro, con tan suprior fineza, que puede oponerse a cuantos han dado al amor, la vida, pues del mismo amor triunfaron, por esa fineza sola, por ese ejemplo tan raro, por ese estilo invencible, y ese desdén recatado; si tuviera dos mil vidas, si viera a mis pies postrados los Imperios que rindieron tantos Césares Romanos, para servirte era poco, y para premiar el lauro que le da a la perfucción, tu entendimiento gallardo, olvidar lo que se quiere por lo que se está adorando, no es delito Estela mía, que es un opuesto esforzado de la misma inclinación: los efectos, es muy llano, que no los puede oprimir el albedrío, que es parto de lo que el sentido engendra; pero pues me has obligado por tan agradable modo, yo doy palabra, que en cuanto fuere tu gusto asistir a tu elección. . O me engaño, o viene el Rey. Y Rujero. A buena ocasión llegaron. Duque, huelgo de encontraros, guardeos el cielo. Tus pies beso señor. . Tiempo es, pésame de disgustaros, de que se ponga en razón tan grande desabrimiento, como en vuestro enfado siento, causa de la confusión en que está el Reino. Ajustado puedes señor disponer, a tu gusto obedecer es mi desvelo, y cuidado. El Duque de Mantua escribe, que habéis muerto a vuestra esposa, fue su hermana, y prodigiosa guerra contra mi apercibe, pidiendo vuestra cabeza, y de mi satisfacción, de su injusta presunción yo tengo mucha certeza, que sois muy gran Caballero, y así os quiero aconsejar como amigo, y ajustar por el intento que espero. Tu gusto he de obedecer. Oíd lo que me desvela, si os desposáis con Estela, evidente parecer tendrá el Duque en su opinión, y sino, dándoos esposa a su gusto, es más dudosa la furia de su intención. Agradarle será justo, querer a Estela es forzoso, cualquier lance es prodigloso, mirad lo que os da más gusto. Señor, cuando el Duque quiera guerra injusta, Estados resigo, y gente, que ya prevengo, poco su furor me altera, Sí, pero culparme a mí; y ahora por Juez me hombra. Tan gran confusión me asombra, justamente la temi. Yo quiero bien a Rugero, y si sois de esa opinión, me opondré a la ejecución del Duque de Mantua. Espero de su notable valor, que le sabrá contrastar. Cuando nos quiera obligar con guerras, a su furor el puede con mi estandarte, y vos con la gente vuestra resistirle, dando muestra al Duque, y al mismo Marte de su injusta pretensión, pues inadvertido está, Rujero le impedirá la deslumbrada opinión. Yo señor, con tu licencia, en esa guerra no soy. necesario. Cierto estoy Rujero de tu prudencia, porque con necia porfía desestimas mi favor, y gusto? . Porque señor sin honra no hay valentía: Cuando esté mi hermana horada con arrogantes blasones, acreditando opiniones será valiente mi espada. Bastarame divertido solamente imaginar, que hay de mí que murmurar, para que vuelva vencido: raque el que pelea alentado, cuando su arrogancia admira, solo en los golpes que tira ha de poner el cuidado; porque si es daño menor morir, que él no ser honrado, en el menor ocupado le ha de vencer el mayor. Mi hermana se ha de casar con el Duque, sin temer valor, industria, y poder, todo se ha de atropellar, que mayor daño es al doble, Digo invicto Monarca, Rey Supremo, si en lo que debe concuerda, que un ejército se pierda, que la calidad de un noble. Que una batalla perdida el alentarse le sobra, pero el honor no se cobra, aunque se pierda la vida. Tenéis gallarda opinión. No la ha tenido en pensar, que el honor le ha de faltar, pues no se ofreció ocasión. El Rey responda por mí; que respeto este lugar Del Rey nació este pesar, siempre el daño le advertí. ajustada al extremo de mi clemencia costosa, si bien acreditada, maliciosa, que al Duque no le estimo, ni por esposa a su elección me ánimo, y presupuesto, que ignorante, y necia no imitara a Lucrecia en resistir honores, y le huniera colmado de favores, por el poco respeto que tuvo a un casamiento tan perfecto, digo que le perdono, y le aborrezco, y que a morir me ofrezco, por más agradecida a mi muerte, que a ver perder la vida a su esposa inocente, que si él ingrato fue, yo soy prudente. Quisome, aborreciome, pues celoso fue de otra dama esposo, pues si debó a Madama, procurando alentar la ciega llama de mi pasado abismo, quién duda que a otro lance hará lo mismo? No hay fuerzas contra amor desvanecido, para alentar su olvido, como ejemplos ingratos, mudables suertes, y violentos tratos; que amante sin firmeza, no guarda de su honor la fortaleza. Muerta, oprimida, desvelada quiero llegar al fin postrero de mi infelice vida, por ser a mi firmeza agradecida: diga el mundo, aquí yace Estela Fénix, pues que muere, y nace. Resolución notable, y desabrida. Si de mi amor se olvida a su gusto me ofrezco, pues gozar su belleza no merezco. Yo si fuere atrevido como perdón, al Rey licencia pido. Cuando de triunfos altivos señor, que en tu nombre al aire dieron puntapiés de horrores para que al cielo avisasen, que detuviesen los rayos en las fieras tempestades, que atemorizan el mundo, pues mi brazo era bastante, y sostituto del fuego Lugarteniente de Marte, nubes de escuadras oprimo que arrojan lluvias de sangre, tan precipitado al tono de los clarines, y parches, que la fama se estremece, cuando se para a escucharme: y cuando la horrible muerte, que nunca perdona a nadie, aficionada a mis golpes huyó de darme combates, vine más que vitorioso de haber servido arrogante: tu Real Majestad glorioso de que a tus pies me postrase, no me asombraron tremendas escuadras de Capitanes, que en montes de fuego, y plomo los rayos del Sol combaten: las murallas más soberbias, los castillos más pujantes a mi ostentada opinión le rindieron vasallaje: y cuando estude a tus pies, merced que los cielos hacen a los Reyes, oprimido temí, temblé de mirarte, no de temor de pensar que quien sirve, aunque le ensalce la fortuna, siempre engendra costosas seguridades. Dice pues su Majesiad, que bien dice, que no valen sin honra grandes servicios, pues el honor es más grande. La causa de esto habrá sido la inclinación inconstante de una mujer, pues sus hierros es justo que yo los pague. Confieso que con amor mi hermana se desvelase, la inclinación deuda es mía, y esta no puede afrentarme, si no ha avido ejecución, si la ha avido, bien sabe su Majestad, que no es bien que a mí la afrenta me alcance, que si él me envió a servirle, y yo por asegurar el honor, se la entregué como a Rey, amparo, y padre: si su liviandad fue cierta, no es justo que a mí me infame, que las costumbres se aprenden, y las calidades nacen, si en mi poder sucediera, y por necio, o por cobarde me hubiera tenido en poco, fuera muy justo culparme: si yo dejase una joya de rubies, o diamantes aguardar, y la perdiesen, no es razón que la cobrase? Rey esta joya te di, mas que todo un Reino vale, manda volvérmela luego, u satisfacción bastante. Ay confusión más terrible! notables dificultades en este caso se ofrecen Duque, y Rujero escuchadme: si oprimo al Duque, y después Estela no ha de casarse, decid que medio daremos, que sea a todos agradable? Nombra jueces, gran señor, que las leyes satisfacen a la razón, y con ellas es fuerza que han de ajustarse: Estela, el Duque, y Rujero a lo que tú les mandares, con agrado, y con acuerdo, por razón de estado. Nadie habrá que lo contradiga. Obediente a lo que mandes estaré, como no sea que con el Duque me cases. En cualquiera ejecución haré lo que el Rey me mande. Alto pues, nombrense jueces, pues me está bien excusarme de apasionado. Yo sé de uno que llegó ayer tarde de Roma, que aunque es muy mozo en caso tan importante satisfará con prudencia, sin que de disgusto a nadies y si de estas divisiones no absolviere, y no ajustare, yo quiero que la cabeza me cortén luego. Ignorante, porque tan resuelta dices tan notable disparata, que nos provocas a risa? Porque en Roma fue tan grande su opinión, que se llevaba cuantos casos importantes su Santidad proponía. Pues vayan luego a llamarle, y aclare está confusión. Adonde Teodoro hallaste hombre de tanta opinión? Como Estela no se case yo sé que estás confusiones las absuelva, y las declare. Mira Teodoro el peligro, pues el que se ofrece sabes. Voy por él. Déjenme solo, y no haya más novedades Duque, que me enojaré: Rujero, pues se estimarte, no me enojes imas, Estela mirad bien caso tan grave, que aunque muestro mansedumbre, también yo sabré enojarme. Que bien pintan ciego amor, pues hasta los Reyes hace, que siendo argos de su Reino la luz de razón les falte. Yo he sido la causa, yo de tan grandes novedades, y así suspendo el enojo, que por causas semejantes falta a veces la justicia, y las Repúblicas graves desacreditadas viven; no más amor, no más lances, que no es justo que los Reyes, pues que son del cielo imagen sean injustos, y crueles. No sé Teodoro que diga de tan confuso suceso, que Estela con tanto exceso de rigor se desobliga con el Duque, no lo entiendo, y el Duque tan divertido. puso mi muerte en olvido, mucho Teodoro me ofendo, que aunque era buena ocasión para volver al estado, que mi amor ha procurado, me desvela la opininión quie No has oído, que la soga quiebra por lo más delgado, pues a eso estoy condenado, ya me aprieta, ya me ahoga, mal hiciste en no traer contra pasos de gaznate un Buleto. . Disparate. No es dispárate temer, y soi de miedo un abismo, que hacer con injusto alarde, que coma la gente tarde es pesado silogismo. Cuidadosa me desvela el saber de este juez la presumida altivez. Aquí es ello, esta es Estela. Ven acá, sois vos criado de ese hidalgo? Guina Madona, ni estrato en la macarrona non facho lo que implorado adeso, adeso Fratela. Buen humor. Yo estoy aquí a su servicio, y de mí puede informarse. Recela mi confuso pensamiento, que este es loco, si atrevido, pues a juzgar ha venido con tan ciego atrevimiento, causa que es tan importante, y dando el necio a entender, que en razón le ha de poner, el será tan ignorante, como quien le da licencia. para tan necio desvelo, es letrado. . Esta recelo que ha de irritar mi paciencia: hay tan necia remisión! señora yo soy Letrado, y lo que tengo estudiado me lo enseñó la razón. Muy bien con eso negocia, dónde le he visto otra vez? En los confines de Fez, que es cerca de Capadocia. En eso echará de ver que tiene poca justicia, que el temor con la malicia siempre al reo da a entender, que el Juez que le ha de juzgar le conoció en otro estado, como sombra del pecado, que no le puede olvidar. Eso será. . Qué razón hay para que habiendo sido el Duque tan persuadido de su infalible opinión, cuando su esposa vivía su gusto precipitase, para que se desposase con amorosa porfía, y ahora que está en su mano publique que le aborrece? Porque el Duque lo merece. Qué tiene el Duqué? Es tirano. Y qué tirano, y que necio, torpe, arrojado, y confuso, pues todo su objeto puso en quien hace del desprecio, que causa dio? Qué mayor, que siendo en la primavera de nuestra edad lisonjera él la planta, y yo la flor, tan unidos a un aliento, tan sujetos a un cuidado, que en dos almas desvelado se alentaba un pensamiento, y estando en el lazo estrecho de tan ajustada unión, con ciega resolución me olvidase. Eue mal hecho. Vaya con Dios, y a imprimió otro objeto su albedrío, que para olvidar el mío de grande causa nació. Esta causa, esta elección de tan grande fundamento, que arrebató el pensamiento la pasada ejecución, partes tendría excelentes, que esto arguye claridad, pues con que seguridad de razones evidentes disculpará el haber sido tal rebelde a su cuidado, que a quien tanto le ha obligado tan presto ponga enolvido? Una matrona que hacía competencia a las Estrellas, y en virtud escurecerlas con el mismo Sol podía. Si olvida para volver al gusto que ha aborrecido, no Juez, si aquí le han traído sobornos, deje de ser, aunque entendido, enfadoso. No dice Estela muy mal, yo señora soy Curial de Roma, que es cargo honroso, que me dio su Santidad; sobornos en claridades de tan justas igualdades, no tuerzan mi voluntad. Si fuera esa dama viva, y os pudiera agradecer tan piadoso parecer, fuera fineza escogida; mas primero es vuestro honor, y el de vuestro hermano, en quien tan raras partes se ven, Honor sin gusto es rigor. Vaya con Dios la Duquesa, que en efeto ya murió, A y pues Dios lo permitio; que en la muerte todo cesa; al honor se ha de oponer obligaciones del gusto ea señora, que no es justo, ni es honrado proceder. El Diablo es el juececillo en su modo de hablar, como no le ha de costar mas de pensarlo, y decillo? Pues mude de parecer, y crea que al mismo instante, estando su Rey delante dos milagros ha de ver, y entrambos en su favor, tan grandes, que ha de asombrarse cuando llegue a asegurarse, y más, que si con rigor, cuando esto haya sucedido. mudara de parecer, yo lo sabré disponer, de su desvelo advertido; de modo, que quede airosa, y el Rey sin ningún enfado. Basta, que es bravo Letrado, La barba es algo enfadosa, que si fuera de escovilla fuera su ciencia mayor: a Estela tengo temor, y es muy grande maravilla que no me haya conocido, y así mirarla no quiero. Mas de agradaros Rujero, que de mi gusto advertido, me desvelo en disponer con brevedad el intento de vuestro agradable aumento; Señor, por no antepone? rigores a tu grandeza con humildad te respeto. Bien se autoriza discreto vuestro estilo, que extrañeza! es este aquel gran Letrado? es este aquel hombre insigue Leoncio, a quien estás causas, y disgusto se remiten, y quien dicen que en razón las ha de poner? sublime discurso para tan mozo: Ya la envisten, Dios te libre, Habéis estado algún tiempo en esta Corte? . Aquí vine señor con unos despachos de Roma. Porque concibe mi memoria; que otra vea os hablé. Vine a servirte. Está bien, ya me acuerdo. Si Madama Engenia vive, o yo me engaño, u es esta, o en su semejanza asiste. Que tenéis determinado, que vuestra opinión felice a todos nos ha admirado? A mayores imposibles señor estoy enseñado. Mozo sois, mas quien elige estudiosas advertencias, y con igualdad las mide al albedrío ingenioso, divinidades felices ejércita en sus efectos para sucesos insignes. Si en esa opinión señor vuestra Majestad me asiste; bastará, para que en todo mi ingenio se verifique: Estela está reducida es así señora. Dije, y aún no lo dije del todo, como no me desobliguen. Pues divina Estela oídme: yo he de casar a Rujero con una dama que imite al Rey en la calidad. Qué dices hombre, qué dices? Lo que he de cumplir señor. Pobre dama, Dios te libre, que te vas ya despeñando. Y al Rey tengo de servirle, con excusarle las guerras, que el de Mantua le apercibe. Notable resolución! Algún familiar asiste en este hombre, extraño modo! Al Duque pueden decirle que venga aquí. No está lejos. Dices bien, por persuadirme a lo que mandó mi Rey. Antes Duque que te admires sabe que yo soy Madama. Madama? Jesús! qué dices? Por abreviar, yo elegí por medio más apacible fingir que era muerta, pues lo fui en tu opinión terrible, fui a Roma, truje Buleto, que de esta manera dice: Madama no pudo ser esposa, caso imposible, del Duque, pues le dio a Estela la fe con palabra firme de que había de ser su esposo, matrimonio que concibe, aunque clandestino sea que las dos almas se liguen, y sin voluntad de entrambas nadie puede dividirse de esta forzosa palabra: y así doy licencia dice, a Madama, de que pueda elegir esposo libre de ninguna persuasión. Dos veces dichosa fuiste, y dos has resucitado, pues tan justa suerte eliges. A Rujero, pues es cuerdo, valiente, noble, apacible, le doy la mano de esposa. El premio al castigo mides, yo a Estela, y a Dios mil gracias de que alegre resucites. Hermano, perdón te pido. Yo estimo Duquesa insigne merced de que indigno soy, Duque el cielo lo permite. De tan altos casamientos padrino quiero elegirme, por el Duque, y por Rujero. Beso tus pies Rey insigne, y pues mi honor he cobrado, que perderle era imposible, y en el pecho más valiente, según la experiencia dice, sin honra no hay valentía, aquí acaba, perdón pide.