Texto digital de Si una vez llega a querer la más firme es la mujer
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- José de Cañizares
- Atribución estilometría
- José de Cañizares Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Si una vez llega a querer la más firme es la mujer. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/si-una-vez-llega-a-querer-la-mas-firme-es-la-mujer.

SI UNA VEZ LLEGA A QUERER LA MÁS FIRME ES LA MUJER
JORNADA PRIMERA
Migas, pues mi contento pretendéis solemnizar, vuelvan, vuelvan a endulzar blandas cláusulas al viento. Jamás día amaneció mas gustoso para mí; flores, afirmad que sí, aves, no digáis que no. Celia, Cloti, Nise, Astrea pues como absortas estáis, y, el parabién no me dais? Muy en feliz hora sea tan nunca vista alegría en ti. . Ya nos da consuelo tu placer. . Gracias al Cielo. Y no sabré yo, ama nía; de qué el regocijo es que por tus ojos rebosa? Ahora das en ser curiosa? canta, y lo sabrás después. Ayer quise, hoy tengo celos, y mañana moriré, y ni hoy ni mañana pueden hacerme olvidar de ayer Qué extraordinaria canción, y qué fuera del intento del gozo y gusto que siento! No tenéis, prima, razón. Señor, pues me habéis oído? Os escuché haber culpado un concepto delicado, que tiene más que un sentido. Al que a vos toca no viene, pues tan gustosa os halláis; pero os pido, que advirtáis al otro viso que tiene, que es muy dable que haya fe, que digan sus desconsuelos::- Ayer quise, hoy tengo celos, y mañana moriré. Como no me toca aquí, gran señor, averiguar, si a otro puede ser pesar, lo que es placer para mí; viendo que ayer el destino hizo a mi bien resistencia, hoy mejora su influencia, y mañana abre camino a mi dicha; esto es tener presagios, que la anteceden::- Y ni hoy ni mañana pueden hacerme olvidar de ayer. Discreta sois, Margarita: a solas (ay Dios!) quisiera hablaros. Salios afuera: . el César, qué solicita en el estado? ay dé mí, que está lo que él decretó! Puede alguien oírnos? No. Estaréisme atenta? . Sí. Sois quien sois. Y vos deidad al respeto consagrada. Extrañaréis algo? Nada: proseguid. Pues escuchad. Seis años ha, Margarita: no dije bien, seis instantes (que en posesión de los bienes, momentos los siglos se hacen) que a mi Palacio os conduje por muerte de vuestra madre. Apenas toda mi Corte vio tanta luz asomarse a la esfera de un Alcázar en dos Astros Celestiales, que entre si parten el día::- (Permitid que os los alabe, pues nunca más bello el Sol, que cuando al ir a alejarse en pira de zafir muere, o en cuna de rosa nace) os empezó a tributar en holocaustos amantés, o guerras de corazones, de quien son humos los ayes. No os digo, que también yo, Margarita, que a quien sabe penetrar mudas acciones, concepto son las señales: que soy diré y que no soy, pues desde el primer instante que os vioy os amé, advertí, que vistéis vos y estimasteis: no digo amastéis, porque no quiero que en mí haya frase, que menos cortes os pueda autorizar mi desaire. A Guelfo, un General mío, Príncipe de alto linaje, tanto como su soberbia, y entre infinitos rivales suyos, os robó el afecto; no lo extraño, esto lo bacón las estrellas, no es forzoso que haya razón para darse por vencida la influencia de que otra causa la mande: (disimule mi dolor) él y vos solicitasteis diese a vuestro casamiento licencia: quise empeñarle en la guerra de la Alsacia: triunfó, estabáis de su parte; volvió a instar, volví a no dar oídos: llegó a quejarse, desechele: hablastéis vos, soy tan vuestro, que no cabe, que os niegue nada, aunque sea a costa: pero esto baste. Y pues hago la fineza, no la encarezco, que es grave nocedad, que lo ya inútil se exagere ni se ensalce. Vamos solo a que yo afirme aquel extremo de amante, que en un noble corazón con solo cenizas arde. os hablo como pariente, ya todo amor se separe, ya todo afecto se olvide, ya todo interes se ataje. Margarita, Guelfo es, como valiente, arrogante, como animoso, terrible, como iracundo, intratable: vos hermosa y delicada, hecha a las mudas mentales corteses idolatrias, que se dicen sin hablarse; él de un genio mal seguro; vos de un trato muy amable; él incapaz de vencerse; pero muy pronto al mudarse; vos de un pundonor tan noble, como lo es el amor grande que os tengo pues sufriré, cuando mis penas me acaben, que haya un feliz que os posea, no un ingrato que os maltrate. Y así, prima, si es que os deben, por rendidas, por sagaces, por noblés, por reverentes m nulgaros fineza alguna piedad, tenedla con vos yendo yo a la parte en que le experimentéis, porque mañana no se halle, que es capaz de arrepentirse, quien no es capaz de cegarse. taced esto por los dos, que yo sabré dilatarle la dicha de vuestra mano, hasta que diga el examen, si hay algún hombre en el mundo, que con mérito bastante goce la gloria que envidio, dichoso dueño de un Ángel. Os aseguro, señor, que en mudas neutralidades, desde el enojo al agrado anda el pecho vacilante, y al responderos, ignora a qué especie ha de inclinarse: si de haberos declarado amante mío, se me hace presente el cortes arrojo, fuerza es, que irritado os hable: y si este error invencible considero cuán constante le abatís, cuán generoso, sin violentar mi dictamen, atendéis mis intereses, y no apreciáis vuestros males, no hay agradecidas voces, que puedan desempeñarme. Pero rompamos el hielo de la duda, no se evajen al norte de un temor vano ondas de sustos cobardes. Yo (perdonad que esto os diga) no he sido tan ignorante, que en vos no haya conocido aquel afectó agradable, que siendo amor y no siendo, deja, y no deja dudarse; pero en la suma distancia, que hay del Cetro al vasallaje, átomo fue aquel indicio, que a un soplo le robó el aire. En Guelfo, que es igual, mío, noté un obsequio, aunque grave, rendido, aunque entero, dócil, y otro al fin del que pensasteis. Entré en cuentas con mi honor, torció la atención la llave a la puerta del aprecio, dile en el pecho hospedaje; y una vez que el corazón, alcázar inexpugnable, dio paso a mi pensamiento, no se piense, no se trate, que ni aquel huésped despida, ni otro peregrino aguarde: que eso se hizo para aquellas, que flejibles y mudables, o vulgarmente se rinden, o bajamente se abaten. Pero porque no creáis, que puede desestimarse una advertencia tan hija de afecto tan inculpable, suspéndase el casamiento; siendo el tiempo el co de mi cariño y el suyo, descubramos los quilates. Juez os quiero hacer y en vos el mundo se desengañe, de que en pechos mujeriles hay corazones leales. Segura de Guelfo estoy, comvatidle, declaradle poco firme, amante vario, indigno de mis verdades: que si yo he de arrepentirme, como decís, y recae en mujer el desengaño, esta es victoria más fácil: mas si dije que le quiero, muy duro, señor, se me hace llegue día, en que pronuncie voz, que este seguro agravie: que mujeres de mi honor, no por tema, por dictamen, si una vez quieren, la senda para no querer no saben. En eso quedamos, prima; pero en el fino diamante que se afina para vos, pues he de ser quien le labre, no habéis de extrañar los golpes. Si han de ser felicidades, que a él le muden, y que a mí su mudanza me declaren, no sé, señor, si tendré que mostraros el semblante quejoso o agradecido. Margarita, antes con antes blasonáis de firme, el Cielo muestra nubes y celajes. Son extrañas impresiones, que por defuera le caen. Ya estamos en la palestra; con que no hay por que cansarse en las voces. Bien decís, las obras nos desengañon. No me quedará que hacer; y pues no sé lo que trae el Embajador, que hoy llega de Sajonía, es bien que pase a noticiarlo a mi hermana. . El Cielo, señor, os guarde; y a mí de la confusión, que afligirme solicita. Burujón, no es Margarita? Sí, como soy Burujón. Mudad traje, corazón, pues ya mudado se ve el motivo::- Qué escuché? El gozo en que incierto estás. Dueño mío, negarás a quien te adora, el por qué, cuando a festejar venía tu piedad y mi contento, qué causa, qué fundamento trueca en llanto la alegría? Rompe entre gasas el día de rosa, y nieve el candor de su primero esplendor, cuando en el aire ligero cuajado vapor grosero viste la luz del honor. Quién, o Guelfo, imaginara, viendo apacible la esfera, que el día no amaneciera, y que la luz desmayara! Quién ve novedad tan rara, como no hallar accidente de niebla, que oscura intente manchar su terso arrebol, y ve, que se emboza el Sol sin motivo y de repente. Pues te advierto, que verás los aires de horrores llenos; y no pudiendo ser menos, no puedo explicarme más. Causa a mi impaciencia das de que juzgue esa entereza, con que hoy hallo tu belleza variedad de tu albedrío. Harás mal, porque hay desvío, que es primor de la fineza. Con que el mudar tu semblante no es causa que he dado? No. Lú soy siempre y seré constante. Pues tú segura, yo amante, qué puede trocar así dicha, que firme creí? No sé. Venza mis recelos. No lo permitan los Cielos. Ellos caigan sobre mí. Solo te he de preguntar, si habrá en un Astro poder, que mude tu parecer. Soy inflejible en amar. Con que te puedo tomar esa palabra? Testigo hago al Dios de Amor, que sigo. Pues no nos vean a los dos, que no es justo: Guelfo, adiós. . Vaya él, señora, contigo. Qué es esto, que por mi pasa, Burujón? Qué? es no creerme, que las mujeres son peores::- Qué? Que las mujeres. rvecio no hables villanías, que no hay en que más se muestre la buena o la mala sangre, que en no venerar especie tan digna de que se aplauda, se sirva y se reverencie. Bien sabe Dios, que las quiero, como al vinagre el aceite, como al vino los bizcochos, y el azucar a la leche; más conozco, señor mío, que quieren, quieren, que quieren con suma facilidad; y si la veleta vuelve, se irán, se irán, que se irán tras el diablo que las lleve. Margárita sentimientos entre hálagos y desdenes! Empieza con lo estadizo a pudrirse el escabeche. Qué causa pudo trocar su semblante tan en breve? Venía el aire de levante, ahora sopla de poniente. Pues ya todo está perdido para mí, puesto que Irene, del Emperador hermana, sin más causa me aborrece, que oposición natural, que no sé de qué se engendre: y aún el propio César, siendo yo quien sus augustas sienes ha florecido de triunfos, orlándolas de laureles, conozco que me tólera, no descubro que me quiere; solo (ay Dios!) a Margarita tuve de mi parte siempre: si esta, Burujón me falta::- Que nos entonen el requie de non me le recorderís. Pues aquí de mi furor. Ya no hay razón que me enfrene, prudencia que me detenga, ni esperanza que me temple: sin ver al César, sin ver de Palacio a nadie, ireme donde una flecha me acabe, donde una bala me acierte. No es mejor donde mi voz los méritos vuestros premie, e desempeñando lo que mi hermano el Cesar os debe? Seáis muy bienvenido, Guelfo. Qué es esto que me sucede, Burujón? Que a esta veleta le sopla el aire nordeste, y andan los vientos mudados, una hace Sol, y otra llueve. Señora, a tan no pensado favor, como ver que estrene vuestra Alteza en mi humildad, piedad que apenas la cree quien siempre os observó extraña, fuera difícil que acierte a responder; pues quien dice, que venera y agradece, dice con poco que explica lo menos de lo que siente. Qué os tiene tan disgustado, que prorumpiendo en especies de un casi desprecio os hallo? Son tantas, tan diferentes las penas que me combaten, que aunque expresarlas quisiese, faltara tiempo: mirad si puedo esperar, que encuentre espacio en que las alivie, no habiéndole en que las cuente. Advertida de mi hermano . empezaré a obedecerle. Astrea, Clori, Nise, todas me seguid por entre el fértil espacio de estos jardines, y endulzando el fresco ambiente, suspended cantando el curso de las aves y las fuentes. Venid vos, Guelfo, que quiero saber de vos los alegres sucesos de esta campaña. Embócate ese julepe. Qué mal (ay Cielos!) Amor a disimular aprende! Cantad. Guelfo, no seguís? Ya mi vida os obedece: bien a pesar de mis ansias. . Qué es lo que mi pena advierte? Bañaba Febo en las ondas el azul campo de Tetis::- Juzgo, que venís violento. No es temer que no me acerque, señora, al Sol, es dudar, pues me alumbra, que me queme. A que os divirtáis aspiro. No sino a desvanecerme, viendo::- Pesares, qué oigo! Que el ceño en piedad se trueque. Y de azucena de espuma su vago pensil florece. Cielos, qué es esto! qué miro, generosas altiveces de mi decoro! A mi vista ̱ ansiumena sigue a mi prima, y a mí, satisfecho con hacerme una sola cortesía ni me mira ni me atiende! A la primer experiencia tanto (ay de mí!) descaece su amor, que da a entender sobras obras para conocerle? Burujón? Señora mía? Por qué motivo enmudeces, y como a tu amo, dichoso con los favores de Irene, no sigues? No se me trate a mí de ese mequetrefe, que de ver lo que aquí ha hecho he estado tragando hieles. Pues qué ha hecho contra tu guso No más que seguir adrede a la Princesa; y no haciendo caso él de que tú vienes, pasarse así de sosquín, como con risa y con dengue Si pensará que nos pica el camueso? Pues no tiene libre albedrío tu amo? él hará lo que quisiere. Has de vomitar la causa, para que yo se la cuente, de recibirnos de onjeta, o he de hacerte que revientes. No, señora, que es un puerco, y una vez que te le entregue, no ha de quedar albedrío para andar en jolieces. Aquello es cortesanía, Y el decirme a mí, no piense Margárita que me asusta, que otro semblante me muestre, que yo me mudo camisa (perdóname lo indecente) cada tres días::- Prosigue. Y que sabrá fácilmente, como camisa, mudar cariño cada tres meses, cuando la correspondencia de la que estima se empuerque. Muy buen gusto tiene en eso: yo sigo esa opinión siempre. La pólvora está mojada, ya mo saldrá este coete. Margarita. Padre mío? Partícipe vengo a hacerte de una novedad: El Duque de Sajonia tu pariente, Embajador de sí mismo, ahora acaba en su retrete de hablar al Cesar. Pues eso, qué novedad puede hacerme? ̱ La bastante, pues apenas de él se aparta, a mí se viene Solicitando el permiso::- De qué? De llegar a verte; come en obsequio nuestro Chizo otra vez tan patentes demostraciones::- Querrás, que agradablemente acepte su visita, yo haré en eso, señor, lo que dispusieres. fuerza le agradezcamos anteponer cortesmente al de Irene tu respeto, pues antes que a sus pies llegue, los tuyos anhela? En eso consiste, según parece, la novedad? Oh, sí, hija, abriera algún accidente camino a lo que deseo! No es para ahora detenerte. Pues yo voy por él. Y yo, como tan fino sirviente, a contarlo a mi amo todo, sin que un ápice me deje, que es una buena memoria gran prenda en un alcahuete. . Aquí está, señor mi hija. Cuando no me lo advirtiese vuestro labio, flores mudas, y pájaros elocuentes me lo avisarán, al ver, que solo la Aurora puede, resucitando la tarde, dar vida a lo que fallece. Muy lisonjero venís, primo: sin duda se aprenden cláusulas de cortesano en los párrafos de ausente. Cuando hacia los dos no han sido rendidos mis procederes, y finos mis rendimientos? Sois quien sois, y quien os debe tanto como yo, es preciso que esa verdad os confiese. Si los árcanos secretos cabe que se manifiesten de los Príncipes, quisiera saber lo que os trae, siendo este, como de mujer deseo, por curioso, impertinente. Por vos pudiera decir que vengo, si yo creyese, que para vos había en mí recomendación que os fuerce a que hagáis una fineza, que estriba en vos solamente. Adónde irá esto a parar? . Esto misterio comprende. . Yo idólatro una hermosura, a quien vi y traté, si pueden lazos que prenden tratarse, ni rayos que ciegan verse. Tan familiar suya sois, que son raros y son breves los ratos que no la habláis, envidiando yo tal suerte. Cuando a Sejonia me fui, ni aún la dejé, pues lleveme en una copia su imagen, bien que rudos los pinceles, como no pintan el alma, la estamparon diferente, delineando las facciones, que como no las agregue espíritu en que se anime, se fingen, no se parecen. A solicitar su mano he llegado a resolverme, esto a la Corte me trae; y para que no me niegue el César, cuando le pida un sí que el alma me cueste, le he prevenido, tratando de ceder en intereses a nuestra empezada paz, cuantos el Cesar desee. No sabe nada la Dama, ni es razón que yo me arriesgue su oráculo a consultar, sin que haya quien la interprete. Pues de quién, prima, sabiendo cuánto os debo, he de valerme mejor que de vos, y más si os vuelvo a decir mil veces, que de vos mi bien o mal en la mayor parte pende? A Irene sin duda adora. . Ya es forzoso, que no piense en medio, que contra mí su deseo le convierte, cuando anhelando a su hermana, mas con el César se estreche. Qué me decís, Margarita? Que es preciso que celebre con la risa el buen empleo que me dais, y que le acepte, pudiendo, como decís, ser instrumento que acierte a serviros; mas si acaso menos airosa saliese, no lo hará la voluntad, sino el discurso, que quiere ser, quien tal oficio toma, muy discreta y muy prudente. No os burlaráis de mi mal tanto, como en prenda os deje de mi agradecido obsequio esa caja, a quien guarnece diamantes de mi fineza espe la imagen de que ella es h esa quiero sepáis, si obligan u ofenden un corazón, que por dueño de sus afectos la anhele. No la veáis, hasta que la ocasión de hablarla llegue; y creedme, Segismundo, que como os merezca, entre las finezas que nos ligan, la que de parte estuviere vuestra, en lo que he suplicado a mi prima, sabré hacerle un templo a nuestra amistad, tan rendido y obediente a vuestro gusto, que aún más, que como amigo os venere. Extraño encarecimiento! muy enamorado está de Irene el Duque. Antes da que dudar al pensamiento; pues hablarte a vista mía en que hables en eso a Irene. algo de irrespeto tiene. Y hacia mi de grosería; pues no es cortesana acción, que aunque le inste su fineza, delante de una belleza se aplauda otra perfección. Ni yo hallo en Irene nade que ensalzar, sino es que fiel más merced haga el pincel, que a la viva la pintada. El retrato quiero abrir. Tente, que al César diviso. Pues ya guardarlo es preciso y aquí me quiero encubrir hasta que pase. Pues veo que Margárita se escondo, Sigismundo está donde lo que con él hable creo ella lo pueda escuchar, segundo paso ha de ser este para disponer lo que ya empiezo a tratar. Sigis Gran señor? Mucho veros deseaba, pues consultar me faltaba con el juicio superior vuestro lo que ahora os diré. Ya sabéis el gran linaje de Guelfo, y en el paraje que yo en el Imperio entré: a él puedo decir::- Qué escucho! Que le debo mi Corona, y en mi pecho, en quien blasona mi agradecimiento, lucho días ha con la batalla, de cómo compensaré lo que sé que debo, y sé, que merece quien se halla en casi igual nacimiento al mío, con que he pensado de Transilvanía el Estado cederle, y en casamiento darle a Irene. Ay pena mía! que esto oiga y no fallezca! Con que que le favorezca la mandé desde este día, mirándole su decoro con la decente atención, que permite mi intención. Señor, no ignoráis:- Ignoro cuanto se oponga a esta idea. Dejadme hablar os suplico, que a ella en un todo me aplico, sin que embarazo me sea, que hayan dicho por ahí ser Margarita el objeto, a quien Guelfo su respeto consagra, que a ser así, bien seguro estaba yo, que de otro empleo tratara vuestra Majestad, ni hallara el motivo. . Por qué no? Porque era preciso ver, si es que eso se solicita, que eramos yo y Margarita mucho hombre y mucha mujer. Sé que es vuestre nacimiento grande, y que es mi tolerancia mayor, viendo la distancia, que olvidáis tan desatento. A Margarita yo sé con quien la debo casar, sin daros a vos pesar; y pues es mi sangre, en fe de que en mi soberanía de esto me llego a acordar, nada os queda que dudar. No imaginé que os debía tanto. . Aún no lo descubrís. Pues tan de mi parte os veo, que me perdonéis deseo. Ya en mi clemencia advertís, que Margarita a los dos feliz nos importa hacerla, y no es Guelfo para ella, que merece más: a Dios. . Adiós. No lo has escuchado? Si señor, todo lo he oído. Pues haz que quede, te pido, Guelfo tan desengañado de hablarte jamás ni verte, que no tenga que advertirte segunda vez. Ni yo oírte la sentencia de mi muerte. Ay de mí! de quién me quejo, si di yo el permiso para hacer cruel experiencia de mi amor y mi desgracia? Pero Guelfo con Irene vuelven, otra vez las ramas me encubran. Ya el Sol emboza su rostro en nubes de nácar: hacéis muy buen escudero; quedaos a Dios, que ya basta. Bien haya tu voz, amén. . Ay Margarita adorada! Perdonad si el asistiros, señora, las cortesanas ceremonias me han borrado rudezas de la campaña, pues de Venus los pensiles no son los cercos de Palas. Venimos azoquetados, y no acertamos palabra en esto de galanteo. Bien las muestras lo declaran. Sabed, que por alto impulso estoy desde hoy empeñada en favoreceros. Penas, aún este tosigo falta! Vuestro, o ajeno, señora? Pues acaso os disgustara no ser todo mío el afecto con que os admita a mis plantas? Si tengo de responderos, mejor fuera; pero vaya, que basta lograr las dichas sin querer adivinarlas: así, señora::- Qué es eso? Que se os cayó:- . Qué? Esta banda. Dámela a mí. Tente, Astrea. Tú haces caso de una alhaja, que la ha perdido el descuido, y el atrevimiento la alza? Señora::- Si él no la vuelve, es un traidor, y me engaña. Yo la alcé. Para pagaros de haberme a mi y a mis Damas ido sirviendo, está bien; no habiendo otra circunstancia, no vale la banda más, que lo que ella por si valga. . Buena acción, seo Guelfo, buena, si en esto os viese mi ama. No tiene que ver, que ya la ha visto, según de estatua de muerto sale del nicho. Margárita soberana, cielo de este paraiso, luz de esta esfera, que varia debe a tus pies cuantas vidas va floreciendo; aquí estabas? Aquí estaba: decid más de esas tiernas, esas blandas palabras, que os han sobrado de la halagüeña, la grata conversación con Irene, proseguidlas, que me agradan. Sin juicio y sin vida estoy. Ay dulce dueño del alma! si supieras lo violento que estuve y cuánto forzadas mis razones descubrían. que tú no me las dictabas, no me trataras así. Y cómo que acompañarla? delante de mi pasar, Sin que yo lo embarazara, hacerme una cortesía no más, y aún de mala gana, tener con ella la tarde, y admirir, cuando se aparta, una banda por consuelo de aquel instante que falta, es quererme mucho a mí? Es quererla el tolerarla? pues yo no puedo impedir, que ella me mande que vaya siguiéndola. Eres traidor: son tus expresiones falsas, mentirosos tus extremos, y fingidas tus palabras. Dueño hermoso::- Déjame. Sabe el Cielo::- Que me agravias. Si yo soy::- Un alevoso. Óyeme, vuelve la cara. No haré tal; pero si haré. Ay, qué presto se hace gachas! Son enojitos de burlas. Mas yo tomaré venganza, pues te diré, que tu amor empieza con la desgracia de haber quien te le compita. A mí no se me da nada. sentimiento de que haya el de Sajonia venido, y qué del César se valga; y aún de mi padre y de mí, para lograr la esperanza de ser dueño de esa imagen. Cuál? La que está en esa caja, mírala, y verás qué presto se anubla tu confianza. Ya la veo, y también veo cuán presto con temeraria resolución das principio a vengar imaginadas culpas, con ciertos delitos. Tú no sabes lo que hablas. Así supieras lo que haces tú, cuando reprender tratas inocencias con crueldades, tan de tu decoro extrañas. Con que hay amante que venga solicitando esta Dama? Sí, que yo te lo aseguro. Y es posible, injusta ingrata, que en mi rostro me lo dices, y que: . Prosigue. No hayas de correrte de mostrarme::- ̱ Qué? Tu propia semejanza: no es este retrato tuyo? Cielos, qué es lo que me pasa! . Enmudeces? Que yo soy a quien el Duque idolatra! que antes no hubiese yo visto el retrato! estoy pasmada! Te suspendes? Guelfo mío, yo no juzgué que encerrara esa caja::- Eres traidora, son tus expresiones falsas, mentirosos tus extremos, y fingidas tus palabras. No tan presto::- No te acerques. Mis propias voces::- Aparta. Contra mí::- Eres una infiel. No me vuelvas las espaldas. A no más verte jamás. Eso es lo que quieres, anda: mas sin la banda has de ir. No te la lleves, aguarda. Mira si temes perderla: qué modo de no estimarla! dame mi retrato, y toma. Eso no, que no se iguala al valor de lo que adoro, lo que a mí no me hace falta. Yo hallé esta banda en tu mano. Tú este retrato guardabas. Yo le tomé por engaño. Pues yo la hallé sin buscarla. Pues Guelfo, adiós. Pues a Dios, Margarira. Pero aguarda. Mas espera. Qué decías? Que a las esferas sagradas les juro viéndote, aleve, ser engañosa y tirana, fementida, injusta fiera, mi enemiga declarada, mientras viva::- Qué, engañoso? Quererte con vida y alma. Pues yo no; pues al creerte falso en trato y en palabras, fementido en el cariño, y doble en la confianza, tengo, mientras que el aliento durare que me acompaña, de olvidar::- A quién? A todos, menos a ti, aunque me engañas. . Y tú, lacayo indecente::- Y tú, fregona bellaca:- 1. Ya sé que eres::- Ya sé que eres::- Un ladrón. Una borracha. 2. Y juro, viéndote falso::- Y reniego, al verte ingrata::- Que he de hartarte de esquiveces. Que he de matarte a patadas. ma tal tan e tas ea ta al caa JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
Con que él se explicó hacia Irene? Llegó a Margarita a hablar, y a mi sobre eso y callar esto con vos no conviene. Muchas gracias le daré, y le tendré entretenido, hasta hacer lo que le pido al Duque, aunque sienta que prefiera luego a un vasallo. La razón de estado incita a eso; pero en Margarita::- Callad, pues veis que yo callo. No ha mucho que os reprendí, que en mi hubieséis discurrido, que negligencia haya sido hacia ella, no siendo así: y pues no puedo negaros, que el trato, la confianza y la sangre, en la esperanza, Sigismundo, aseguraros pueden de dicha mayor de la que habéis discurrido, que solo penséis os pido en como obsequiar mejor a Margarita, asistirla, pues lo merece, estimarla, divertirla, agasajarla, que a mí, para no servirla, solo siento que me ataje sérsu dueño soberano: yo la daré de mi mano esposo, y de tal linaje, que a Guelfo menos no echéis: a Dios: no, no me sigáis. . Pensamiento, dónde vais? que temo que os despeñéis sirviendo al Emperador, que por su padre usurpado deja el poderoso Estado, sin dar causa ni valor, mas que en servirle el primero en cuanto al Imperio importe, me redujo a que en su Corte fuese un rico prisionero; habrá pensado en ser quien dé a este daño recompensa, y piensa (ay Dios, cuanto piensa uno en lo que le está bien!) no solo en satisfacerme lo que debe restaurarme, sino es al Trono elevarme con la fortuna de hacerme padre de una Emperatriz, casando con Magarita: no es la distancia infinita, será un suceso feliz. Mas no es, no, monstruosidad, Siendo yo quien soy y ella noble, sabia, airosa y bella. Ea, discurso, amainad. aquella indigna esperanza de que fuese una traición con luz de satisfacción, o querrá de mi venganza; pues presumido este intento, y aún de él casi declarado, mas noble senda se ha hallede, de que dichoso y contento lo que::- No están hacia aquí? Sí, y al jardín han salido. Guelfo es verle he sentido. . Señor, jamás presumí, sabiendo cuanto me honráis, y que a la Corte llegué, la novedad que noté en vos, pues os extrañáis de mi obsequio reverente, sin que yo os dé causa alguna más, que en tener por fortuna serviros eternamente. Así lo eo Ayer Margarita bella de vos me informó. ̱. Y a ella, pudiendo vernos los dos, para qué fue preguntar lo que se pudo saber sin eso? . Pues en mi hacer (lo que debo es de extrañar? ̱. No pero estimaré mucho, que otra vez no inquiráis nada de ella, porque no me agrada. Tirana estrella, qué es cucho! . Y si aún en esto os quedó (duda, también ya es preciso la venza con un aviso. Margarita se acabó, (ni de ella habéis de saber, (ni con ella habéis de hablar, que pues no os hago pesar, no me le queráis hacer. Si hasta aquí galantería, palaciegamente urbana, permitió no sé qué vana sombra de cortesanía, a puede este necio alarde embarazar, no sea que::- pesto os pido en nuestra fe y amistad: el Cielo os guarde. . Habrá viejo más maldito en toda la viejeria! Desdichada pasión mía, le migada en delito, qué esto sufras, qué esto veas! Burujón? . Ya se resbala: en habiendo cosa mala, luego me Burujoneas. Qué cometí estando ausente? ya no esperaba contento mi fingido casamiento Sigismundo? Eso es patente; pero otro creció el escote. Cómo? Habiéndole aceptado la novia por de contado, y a letra sin firma el dote. El tal viejo tiene rabo, y me atreveré a jurar, que vuelve a crucificar a Cristo por un ochavo. Qué disparatado eres! qué no se pueda contigo hablar! Que es viejo, te digo, prendero vende mujeres. Hay padre tan picaron, que a su hija, cuando es doncella, la cuelga, si es moza y bella, de la percha de un balcón. Pasa un mozo pisaberde, vela, y la ronda amoroso, hace el padre de celoso, Sin que de serlo se acuerde; pidesela en casamiento, él se enfurece y reusa, por no gastar la morusa: pícase el mozo de atento, aprieta la moza más, el padre la da de coces, extiéndense aquestas voces, despéñase el novio y zas: con bulla, despecho y prisa, vende, aunque sea el Rosario, sácala por el Vicario, y se casan sin camisa. Piensa el yerno, que se clava el suegro y que da un corcobo; pero él responde: Anda, bobo, que eso es lo que yo buscaba. Pensarás que te he atendido? No, que no te has persignado, y un Evánjelio he cantado. Yo he de perder el sentido. Harás mal: por una Dama? Cuando a campaña me fui, no vi yo propio, no vi, que Magárita vertía blancas perlas, en despojos de su fino sentimiento? Eso fue algún corrimiento, que entonces le dio en los ojos. Su padre no me abrazó con tierno amoroso exceso? Solo faltó darte un beso, ya que después te vendió. El Cesar no estuvo gran que horror al volver me cobra? Sacada ya el ascua, sobra curar la mano del gato. Irene, que estuvo airada, no muda hoy su proceder? Esa es muy buena mujer, no hermosa, pero pesada. El Duque no suspendía su Embajada con su enojo? Diole de prima el antojo, y viene a contarlo a tía. Pues cómo todo (ay pesar!) trocado lo encuentro así? Eso ya por quis vel qui no lo sé yo conjugar. Pues vive Dios::- Ya se irrita. Que en vano el hado previene agasajos en Irene, desdenes en Margarita, en el de Sajonía amores, en el Cesar desvaríos, en Sigismundo desvíos, y en todo el Cielo rigores, que itodo no me provoca a no amar su perfección. Heroica resolución! maldita sea tu boca. Aquí la podéis cantar. Qué es aquello? Prevenir la música. . Quiero oír, si es que Celía ha hecho lugar a una letra que yo he escrito. Tuya? . Sí. Qué en esa seta caiste, y eres Poeta? pues doite ya por precito. Mira, ayer habiendo hablado a Margarita, no sé por qué causa suspiré; ella, habiéndolo notado, me preguntó qué tenía: yo, viendo que está celosa, le dije, que en una glosa su duda satisfaria; la que no me permitió, mandando la redujera a una sola copla. Diera por haberte visto yo para toda aquesta noche, mordiéndote las pesuñas, por sacarla de las uñas, la mejor mula de un coche. Fue al candelero el sutil concepto escrito? Sí, loco. Pues es perverso, si al moco no se estampó del candil, borrando, escribiendo a él, que es de las coplas afeite, y chorreando el aceite sobre un canto del papel. Óhiela, que esta es. Vamos, que entiendo de coplas bellas. No importa que canten ellas, para que los dos leamos. Él hay una queja fuer El hay una queja fue::- Él de, dice, que de ti::- Él de, dice, que de ti::- Y el mí, que miente tu fe::- Y el mí, qué miente tu fer Y del ay, del mi y el de:- Y del ay, del Se ha formado este hay de Se ha formado este ay de mí! Celia, toma este diamante, que me ha gustado la letra. Oyes aquello? Ya lo oigo. Guelfo? Di, enemiga bella. Buena está la copla; pero yo te daré la respuesta, como el hablar con Irene, que es hablar contigo entiendas. También yo. Guelfo, aquí estáis? Dónde, señora, pudiera, para que logre culpar las traiciones de mi estrella, (entiéndame, pues me mira, desde el Cielo su influencia) asistir mejor, que en donde, cara a cara y descubierta, sean testigos de las ansias con que le explico mis penas, flores de mirar absortas, plantas de inquirir suspensas, que cuando ellas fijas todas un solo sitio florezcan, a ella errante y poco firme, hacer mudanzas la vean. ̱. Mal satisfecho vivís de vuestro destino, y fuera mejor, pues que no podéis enmendar lo que él ordena, seguir su ejemplar, que es el Solo arbitrio que os queda. l. Quién se queja del influjo, con poca razón se queja, que en él no hay nada preciso, y es forzosa consecuencia, que quien mudable le juzga, ene vodeia culpa tenga; pues si él su libre albedrío con facilidad altera a cualquiera novedad, en vano la culpa echa a la Estrella, que en el Cielo dibre de impresiones reina: no porque no merecía, que ella otro rumbo siguiera, si él otro camino elige; sino es porque a su luz tersa no satisfacen defectos, que la manchen y oscurezcan. Eso digo yo también: Margarita, qué aprovecha quejarte del Cielo, cuando es toda la culpa nuestra? Pues oso, prima, no es claro? yo me alegro, que tú seas de mi parecer. Tu ama es una gran bachillera. Calle, que eso no le toca a Aunque el que me venza la hermosura, no es baldón, pues no hay, cuando ella argumenta, silogismos que mejor concluya, que una belleza, la réplica permitid, que esta metáfora encierra. Supongamos, que es el Cielo joya en quien brillantes piedras, son cuantas chispas del día diamante de luz la cercan, porque el retrato del Sol, de quien es caja la esfera, si bien, no como ellas firme, de constancias se guarnezca; no ha de ofender ver que en manos de una mudanza, le vean seguir extranjeros rumbos, y que del norte no aprendan, que siempre alumbra inmudable? No hay duda, que mejor fuera, que en un sirio, a todas horas, vivifique y amanezca, si el ser mudable perder sus lucimientos le cuesta. Pues por qué a una estrella yo no he de culpar de tan fea mancha, que aún al Sol agravia, Monarca de todas ellas? No arguye bien. Él, señora, bien la metafora cierra: las ados no la penetramos. Eso será no entenderla: respóndele. . Ya quería, por no cansarte, hacer tregua; mas vaya, pues tú lo mandas. Sí, prima, que eres discreta, y gusto de oírte. . Vos queréis, según la propuesta que hacéis, formar las costumbres muy a toda conveniencia; y pues al Cielo tomasteis para metáfora vuestra, la Tierra he de elegir yo. Considerad, que es la tierra hermosa banda florida, que de colores diversas, sobre raso de esmeralda dibujó la Primavera: en esta no reparáis, cuando la tenéis más cerca, de que ya mustia, ya verde, en continuas diferencias, jamás dura; pues el tiempo, o la florece o la seca. Pues por qué vuestro destino culpáis y buscando esfera incapaz de admitir sombras, olvidáis que entre las huellas tenéis ejemplo de donde las variedades se aprendan? Basta de sofisterias: que vuelvan a cantar, Celia. Él hay una queja fue, y el de, dice, que de ti, y el mí, que miente tu fe; y del ay, el mi y el de se ha formado el ay de mí! No me dijiste:- . Está bien. Si después de la evidencia . de ver que Guelfo la sirve en lo que ha hablado esta necia, se habrá atrevido a pedirle celos? . Tú vas descontenta. De que mi banda tomase, pues es dable que lo sepa. Hay mujer que tenga tal osadía en mi presencia! Queréis que vamos paseando el jardín? . Sí, todas vengan: menos tú, prima, que puedes, si algo al argumento resta de aquella banda florida, que este jardín representa, quedarte con Guelfo, a oírle la solución, que no sea delante de mi culpable, o por clara o por grosera. Vamos. Y a un tiempo estiremos las gargantas y las piernas. El hay una queja fue::- Mira, pues todos me afrentan por tu causa, ingrato Guelfo, si hay algo en mí que te ofenda. Él de, dice, que de ti::- Qué bien prosigue la letra! pues de ti, no de mí, nace. Tú mereces que dijeras::- Él mí, que miente tu fe::- Sí, que no hay en que no mientas. Ni yo en que no desconfíe de tus palabras tus señas. Y del ay él mi y el de::- De eso también, si es que fuer; suspirar por causa mía. Yo sé que de tus cautelas. Y yo que de tus traiciones. Cuando mi verdad se queja Se ha formado este hay de mí. Con que se explica mi pena Y hay de tales majaderos, que hablando como unos bestías, no riñen a mogicones, y no a gritos sus pendencias! Eso díselo a ese aleve::- Eso diselo a esa fiera::- Que está insufrible, y culpado. Que obra mal! y este soberbia. Esto se ha de compnce, que estoy de por medio. Espera, que para tener lugar::- De qué? De dejar resuelta mi vida o mi muerte, quiero ver si esa tropa se aleja por esta calle, ve tú por esotra, y tú no emprendas con la fuga descubrir cuanto temes te convenza. No hayas miedo, aquí te aguardo. Pues yo presto doy la vuelta. Vamos de espía perdida. . Por esta oculta vereda::- Por esta encubierta calle::- Que sauces frondosos pueblan:- Que olmos y vides ofuscan:- Viendo a Margárita bella::- Descubriendo a Margarita::- Llego a hablarla. A detenerla iba a decir que salía, si antes llegado no hubiera el Duque; en que la hablará oculto desde aquí atienda. Bellísima Margarita, puesto que os dejé una prenda, que sin la voz explícase lo que os recató mi lengua de aquel encargo que os hice, lo que ha resultado sepa: hablastéis a aquella Dama? ̱ Ya sus voces manifiestan, que para avisar a Irene la buscó por medianera. Hablela, aunque no la vi, porque a haberla visto crea, que hallara vuestra osadía castigo en vez de respuesta. Irene no gusta de él, según esto no me pesa, que así va mejor mi intento. No sé que tan dura ofensa de compadecerse, siendo noble fiia de una fineza, pueda merecer rigores, ya que piedad no merezca. Rigores? y aún desengaños (como prosigáis por tema) hallaréis anticipados. Tanto Irene le desdeña? Y más si la Dama afirma, que ya tiene elección hecha de esposo::- Qué es lo que escucho! Dias ha. . Sin mi licencia, o no sabe lo que se habla Margarita, o poco cuerda se falta Irene a si propia. Pues siendo así, porque crea yo, que nada de mí quiere quien todo en mí lo desprecia, me volveréis el retrato. Retrato? Eso en hora buena. Yo le cobraré de Guelfo, que no quiero, que el que tenga yo alhaja suya, le deje la esperanza más pequeña. Y pidiéndola perdón de mi parte, de no haberla. Sabido obligar, sacadme permiso de que me vuelva rotos otra vez los tratos, que solo por merecerla tan del Imperio en ventaja, firmar quise con el César. Esto ya no me está bien: Salir a emendarlo es fuerza. . Duque, aunque haya Margarita, sañuda, irritada y fiera, sin saber por qué, culpado vuestra fina atención, esta la estimo yo y en empeño estoy, de que a vivir vuelva una esperanza, que no merece tal recompensa. Pues, señor, ya soy dichoso, si es que a vuestro cargo quedan mis fortunas. No esperéis lograrlas ni merecerlas, que los libres albedríos ni aún los Cielos los violentan. Quién os mete en eso a vos, ni aunque juzguéis indiscreta, que tenga más albedrío la Dama, que el que yo quiera? Advertid::- Duque, creed, que esto ya está por mi cuenta. Iré a festejar, señor, con músicas y con fiestas mi dicha, que a cargo vuestro fuera el dudarla ofenderla. Alcanzome a ver Irene, y sañudamente ciega, para pedirme su banda me detuvo; mas el Cesar está aquí con Margarita. No quiero que estéis suspensa, informado estoy de cuanto el de Sajonía desea, y esto es solo entretenerle. Esa es ya otra materia. Sí, que debiendo premiar los hechos y la nobleza de Guelfo, no hay quien mejor tan alta esposa merezca, para él está destinada la que el Doque ama y anhela. Dejad que por tal favor::- Permitid que por tal nueva::- La mano, señor, os bese. Sellen las estampas vuestras mi labio. Qué es esto que oigo! como a agradecerme llegan lo que creí que sintiesen? Bien veis que yo estoy resuelta a cuanto vos dispongáis. Bien claro dice que deja . en mis manos su elección, y que el desengaño llega de lo que es Guelfo. Con nada se diera por satisfecha mi lealtad, sino es logrando triunfar de tal competencia. Claro es, que una hermana mía justo es que le desvanezca. Pues si estáis de esa opinión, yo me doy la enhorabuena, y disponerlo os ofrezco. Qué hay que fiar en firmezas de mujer! miren qué presto cedió a una corta experiencia! . Y ahora qué diréis, bien mío? Ay Guelfo! que ni sospechas, celos ni desconfianzas es bien que turbar emprendan nuestras dichas: y acabaron de ambos las injustas quejas. Eso iba a decirte yo, eres hermosa y discreta: perdóname si te pido::- Qué? Que la banda me vuelvas de Irene, que ahora irritada me la pidió, y no es bien crea la guardo porque la estimo. Yo, por esa razón misma, te iba a pedir el retrato, que al Duque volver quisiera, por no tener nada suyo; pero mi copia que encierra, borrada ha de ir. De esa suerte yo te la daré. . Pues sea esta noche, que ya viene de pardas sombras cubierta. Si haré, mi bien. Adiós, Guelfo. Y dime::- Qué? . Vas contenta de saber que has de ser mía? No sé yo si tú lo quedas. No hay frase que en mí lo explique Ni en mi voz que lo encarezo Oh, no se mude mi suerte! Oh, no se trueque mi estrella! Y pues el Cielo mejora benignas sus influencias::- Él te guarde para mí::- Él para mí te mantenga. Quién tuvo, si no es yo, tironos Cielo oculto amor con evidentes celos? pues inclinada a Guelfo desde el día que le vi mis afectos encubría, hasta que del precepto de mi hermano con el permiso (bien que, o mal, o en van contra albedrío que otra dominaba) di rienda a la pasión que recataba. sirviendo solo::- Mas si lo repito duplicar mi desaire solicito. Celia? . Señora? Encubra mi tormento, ni el corazón descubra lo que siento porque no acuse a mi soberanía. Llevad las luces a esa galería; que al jardín cae. Nuestra ama está muy triste. Ya sé yo en qué consiste. En qué? En que aunque sean tiesas, tienen humanidades, las Princesas. No me seguís? . Ya vamo Celía, escucha. Qué? Mucho es que en señas no estés ducha pues de Palacio el mudo galanteo, empieza tos, para acabar ceceo. No eres Burujón? . Yo soy. Y qué quieres? Lo que quiero, tanto más, cuanto es a ti. A mí no más? Y no menos. Buena embajada? Es presudio de la que a traerte vengo de parte de mi señor. Pues acaba, majadero. Cuando un majadero acaba con lo que se explica? Guelfo::- Ay Celia de mis entrañas! Qué es eso, bestia? Un requiebro, por enternecer las voces de un recado que está seco. Qué dice Guelfo? despacha. Hija, esto es llevar el cuento entre col y col lechuga. Dice avises (ay mi dueño!) a tu ama (ay cielo mío!) que añora viene a este aposento. Voy a obedecerle. Espera::- Buena ocasión era, Cielos, si ahora Guelfo viniese, de entregarle con silencio Sin testigos la banda! Que antes me has de dar a tiento un abrazo, que sin luz todos los gatos son negros. . Ay Jesús! quién anda aquí? Un abrazador al vuelo; no es nada: esta es Margarita. . Quién con tal atrevimiento::- Señora, calla, que soy un Burujón contrahecho, que de Guelfo a espaldas, es corcova de su puchero. Burujón? . Señora mía? en tu busca hasta aquí entro, para decirte que viene mi amo tras mí. . Y para eso vas abrazando lo que hallas? Pues es barro lo que encuentro? Si habrá hablado Burujón con Celia? . Si fuera beso el que fue abrazo, donosa hacienda hubiéramos hecho. Burujón? . Señor, aquí está Margarita. . Guelfo? Norte de mis esperanzas, imán de mis pensamientos, yo soy. . La banda te traigo, para borrarle primero que le de: dame el retrato. Hacia dónde estáis? Qué es esto? como sin luz estas piezas tienen? . No llegas? No acierto. De Guelfo y de Margarita la voz conozco en los ecos. La banda, que fue de Irene, pues el desengaño llevo. Tu retrato, en cuya copia estampó el Sol sus reflejos, toma pues. . Hola, una luz. Aquí está. Valedme, Cielos! Que estatua de mármol fría::- Que bulto de jaspe hierto::- Aún para alentar me faltan alma, vida y sentimiento. Banda de Irene dijiste tú, si de la voz me acuerdo: retrato de Margarita vos, ambas frases penetro, pero las causas ignoro: qué es esto? decid. No puedo, gran señor, porque del susto embargándose el aliento, vuestro respeto me turba; de Guelfo podéis saberlo. . Buenos quedan los dos: voyme, no llueva sobre mis huesos. . Proseguid, Guelfo. Sí que nada, gran señor, temo, acabándome de honrar vos con el mayor exceso. Ahora con lo que decís, lo que no decís entiendo. Con Margarita me oísteis hablar turbada la encuentro a ella, a vos agradecido; y en consecuencia de habernos conformado, la volvéis su retrato al mismo tiempo, que un favor tomáis de Irene en esta banda: no es esto? Qué sé yo, señor? que yo aunque os oigo, no os comprendo. Pues esto es, sin duda alguna; que os fuera muy mal agüero, no siendo así; cometer tan indigno sacrilegio, como anhelar una prenda de mi hermana, y exponeros al furor de igual castigo con igual atrevimiento. Mas habiéndome escuchado (según dije) y conociendo cuanto me debéis, el día que ya que no parto el Cetro con vos mi sangre divido, pues una hermana os entrego, dándole la Transilvanía en dote con el Gobierno absoluto, independente, a costa de un leve feudo, no solo a que me haya dado vuestro valor el Imperio, y a vuestra Real sangre noble generosamente atiendo, sino es a que perdonado quedéis del presente yerro, depositándose en mí banda y retrato, sabiendo que para él ya en vos es tarde, y para ella aún es muy presto. Escuchadme, gran señor, que entre mi agradecimiento y mi turbación, no hallo frases con que responderos; pero lleguen las más nobles antes a ocupar sus puestos, que a repugnancias villanas les toca el lugar de enmedio. Si mil vidas, si mil almas, reducidas a un aliento, formar una voz pudiesen con que explicar un afecto, aún fuera corta expresión de mi reconocimento. Confieso que fui vasallo hasta hoy, desde hoy no confieso vasallaje, que me habéis reducido a esclavo vuestro, que en pechos nobles, las honras son marcas en vez de premios. Mas, señor, de donde a mí tan alto merecimiento, como que consiga esposa, la que hasta aquí adoré dueño? No veis que andarán mal quistos lo humilde con lo supremó, lo vasallo y lo Imperial, lo heroico con lo pequeño? No puede ser, gran señor, es menester conocernos, vos sobrar de agradecido, y yo exceder de altanero. Jamás presumi ventura, que fuera creer en sueño; ni esa banda es más que una casualidad, de que presto quedaréis desengañado, si sabéis que fue trofeo, que perdido llegó a mí hallazgo en vez de misterio. Y así, señor, si es que son de un Cesar y de su Cetro deudas los que son tributos, de quien los sirvió, vertiendo por las fuentes de sus venas los espíritus sangrientos, no le concedáis lo más, siendo más fácil lo menos. Margarita es sangre vuestra, tratado mi casamiento con ella está; yo la adoro, ella me quiere; y supuesto, que ambos os agradecimos poco ha, anteponer mi afecto al del Duque de Sajonía:- Qué es esto que estoy oyendo? Solo a Margarita os pido, asegurándoos, que fueron todas sombras del engaño cuantas se hayan interpuesto entre los dos: porque nunca, mas que hoy, nos une un deseo, nos alienta una esperanza, y nos mantiene un aliento. Mi muerte he venido a oír. Traidor, villano, grosero, como tu voz fementida, en ultraje, en menos precio de una honra, que no mereces, pronuncia tal desacierto? Gran señor::- Dejadme, Duque. Sin mí me tienen mis celos, . que es menester abatir a este Faetonte soberbio la mal nacida altivez. Ah Cesar! que lo que has hecho ignoras, cuando derribas la columna de tu Imperio. Quién eres tú, que presumes de tal? . El que te hizo dueño de Alemania. . Mientes. Cómo sufro mi afrenta? no puedo vengarme en mi Soberano, mas podré con este acero evitar, que haya un testigo que diga, que oyó ese acento. Qué haces, villano? Matarte, vengándome en lo que encuentro: no has de decir::- Guardías, hola. Que oiste afrentar a Guelfo, y Guelfo te dejó vivo. Ay de mí! Soldados, presto: Guelfo muera. Guelfo muera. Ay Celia! no oyes aquello? Si señora y en el cuarto del César se oye un estruendo de armas grande. . Margarita::- Mi bien::- Cierra por de dentro esa puerta, mientras busco un balcón, por donde huyendo me arroje. . Ya está cerrada. Pues qué ha pasado? qué es esto? Margarita, que hasta aquí llegó mi amor y hoy te pierdo. De qué forma? . Referirlo no es fácil, que me detengo y aventuro mi venganza, que está en mi fuga: yo dejo mal herido al de Sajonía. Soldados, o muerto o preso no escape. Cercad las puertas. Ya te informan los acentos, e injuriado voy del Cesar. Con que te ausentas? Me ausento, porque al dolor de la honra pierde el alma los esfuerzos. Pues yo a ti no te dejara, aunque supiera, muriendo, rendir la vida a tus ojos. Sin honor voy a esconderlos de ti. . Mira que es el Cesar, porque me quiere, quien ciego nuestra boda ha suspendido. Y ahora me dices eso? Él estas máquinas fragua. Buena nueva, y a buen tiempo. Guelfo, yo te ocultaré, quédate. Reconocedlo todo. . No entre los combates del César, de quien defiendo tu amor y del Duque, dejes a tantos golpes expuesto un corazón que te adora. Con los últimos alientos del ahogo, te pronuncio la sentencia de que muero; has de ti lo que quisieres, Margarita, yo te absuelvo de la palabra y la fe que me prometiste. . Luego ya el que faltas eres tú? Qué quieres si hoy solo atiendo a vengarme? Margarita, a Diós. Echad en el suelo cuanta puerta halléis cerrada. Mi bien, mi señor, mi dueño, es posible que me dejas? Cuando mi honor es primero, perdona, que no me queda elección: valedme, Clelos! . Ellos (ay de mí!) te libren. Ya cayó como un talego: puedo abrir? . Sí. Margarita? Señor, qué buscas inquieto en mi cuarto? Entro a decirte, que ya no hay impedimento, pues ya Guelfo se perdió, en que elijas quien más cuerdo no se exponga a abandonarte. A bien apretado extremo estrechasteis la experiencia. Por mi propia vida vuelvo. Pero mal, pues me ofrecisteis con dichas y con aumentos examinarle, mas no con ruinas. . De todos medios he usado: su natural su precipicio ha dispuesto; y en fin, él ya, Margarita, no puede ser tuyo: luego estás ya libre. . Si estoy; pero si cabe, me huelgo. Para premiar mi fineza tu bella frente ciñendo con el Laurel Imperial. No es tiempo de responderos, para lo que se verá::- Con qué, prima? Con el tiempo. Pues hable él. Pues él lo diga. Que él descubre los secretos. Y él dirá en qué ha de venir a parar este embeleco. a eral tas calcas tas al era cel cata RCERA JORNA
JORNADA TERCERA
Por Guelfo, Duque de Osteín, victoria. A nadie, Soldados, se dé cuártel, que esta es guerra de rencor y desagravio. Ya, mas que palestra, es tumba de cadaveres el campo. Piedad. No hay piedad en mí, vuestro dueño me ha enseñado esta crueldad, con la torpe doctrina de ser ingrato. 1. Cómo contra tantos quieres defender la vida, anciano caduco? . Como deseo, pues puedo, morir matando. No es Sigismundo él que veo? teneos, amigos. . 2. No has dade orden de que todos mueran? Sí, mas a esa orden no falto; en quien ya medio difunto, con los golpes de los años, infama vuestros aceros, aún casi muerto matando; seguid a los fugitivos. Antes que a ponerse en salve se acojan a las alturas de sus gigantes peñascos, yo con la Caballería sabré cortarles el paso. A ellos. . Vuela, Emérico, siembra ese bosque de estragos; y vos, señor, alentad, que no sois tan desgraciado, que hayáis venido a poder de quien pudiera trataros como enemigo. . Y por qué me habéis de dar otro trato? Vos rebelde, yo leal, enemigos somos ambos, que a hombres como yo no mudan el semblante los acasos: tratadme como debéis. Como debo os agasajo, os libro la vida, y solo la libertad no os alargo; porque quiero me enseñéis a mi vista y a mi lado, como en un punto se pasa de familiar a contrario, desde amigo hasta enemigo; y el dictamen variando sin causa, como no impiden seguridades a engaños. No sé por qué lo decís. Tan presto se os ha olvidado, que a la guerra fui de Ungría, que volví que llegué a hablaros, en fe de que con los nobles, entre quien media un tratado, no cabe más ley que aquella, que escribe y que firma el labio, Y que tuve una respuesta, que todo fuero rasgando, desacreditó asperezas la opinión que había formado de vos? Pues estas son cosas que se olvidan sin reparo? No, que siempre en mi memoria vive lo que obro y lo que hablo: que ni a Margárita vieséis ni hablaséis os dije, hallando, que podía ser por entonces para mi idea embarazo; mas viendo que hoy Margarita::- Yo os suplico, que hagáis alto en esa voz, y os merezca no me nombréis lo que tanto me costó, como arrancarme el corazón a pedazos, altar porp del ídolo despojado la imagen de mi venganza, que es lo que hoy solo idolatro. A no haber dado motivo vos, no la hubiera nombrado; pues si vuestro pecho arroja del seno su simulacro, no le faltan a mi hija mas supremos holocaustos. Creolo, que es muy hermosa, vos de un linaje muy alto: el Cesar y el de Sajonía sé que aspiran a su mano; son Príncipes poderosos, yo un abatido vasallo del Imperio y la fortuna, fugitivo, amotinado, infeliz y descontento: mirad qué inmensos espacios hay de lo que en mí ha perdido, a lo que sin mí ha ganado. Pero no hablemos en esto, que aún aquel decreto infausto de vuestra voz, en mi oído resuena para observarlo. Margarita se acabó; y puesto que ya ha acabado para mí, no las memorias malogren los desengaños. Hola. Señor? . Conducid a Sigismundo al Palacio de Vitemberg, hos pedadle dentro de mi propio cuarto, tratándole como a mí; y como vaya pasando, abatidle las Insignias, formen las filas los Cabos, y entradle Cuerpo de Guardía, mientras yo a la Plaza paso a ser en la puerta vuestra, señor, el menor Soldado, que haga centinela al padre de una Emperatriz que aguardo. 1. Pónganse sobre las armas. Aunque en dos hechos tan varios, cuando quejoso y atento dos rostros me habéis mostrado, os debiera responder agradecido y extraño, no lo he de hacer, y solo esto debo deciros de paso: Ni que el César sea mi hijo, ni que el Duque deba tanto, ni que otros tan poderosos de Margarita al milagro aspiren, me da de gusto lo que ella de sobresalto; pues desde el día que vos, ciegamente temerario, abandonastéis la Corte, sola, encerrada y llorando, ni sé qué tiene, ni sé (si se da tan cruel trato) en qué ha de parar su vida; la causa yo no la alcanzo. Pero si acaso sois vos, fortuna ha sido escucharos para poderos culpar, y salir acreditado en lo que yo le afirmé cuando llegué a adivinarlo, y fue, que un tesón tan necio solo merece este pago. Yo solo, yo tan injusto, soy tan infiel, tan ingrato, que tan generoso amor pospusc. Ah! pero volvamos, corazón, sobre nosotros. Con qué rostro, con qué labio, con qué vergüenza, y en fin, con qué razón, no ignorando que la cedí su palabra, y la dejé al desamparo expuesta, podré volver a decirla que la amo? No es mejor, hecho lo más, esfuerzo mío, que hagamos lo menos? Quién me asegura, que la tristeza, que el llanto, que el retiro sea por mí? Que pues la olvido y la falto, ni lo merezco, ni puedo persuadirme en su elevado entendimiento, que no haya hecho el efecto ordinario; pues no hay mujer en el mundo, ni ha habido, en que castigado un descuido, no quedase con el olvido. Añadamos un delito y una ausencia, un desprecio, un desacato, a ver qué esperanza queda, la de morir, cotejando con las culpas del dictamen los cultos de los cercanos, que labrarán en mi ruina méritos para su agrado; pues sea venganza, a vista de que ya mi amor::- Villano, aquí dirás la verdad. 2. Si mientes, mueres colgado. Pues seré el primer racimo que se empapela con paño. Qué es eso? 1. Que este hombre, al irle a matar, vuestro criado dijo que era. . 2. Si este nombre merece un gallina, un caco, que como mujer lloraba. Era usar (para ablandaros las armas) de la hermosura, que estoy bonito llorando. Dijo bien, él me sirvió cuando era yo afortunado: dejadle. . Mirad a quien os atrevistéis, borrachos. Señor::- . Vayan noramala, que pudieran en mi garbo conocer, que era más hombre, que la mujer de Pilato. Burujón, pues tú en campaña? llégate, dame un abrazo. No sabes que siempre sigo la Corte? Pero, tirano amo, engañoso y cruel, después de haberme dejado te me vienes con ternezas? ya no hay para mi arrumacos. Oye: . Aparta, fementido. No seas loco. Aqueste es paso de celos: pues tu cariño y tu ración me faltaron, no te han de ver más mi ojos. Qué hay de nuevo mentecato? Qué ha de haber? que todo el mundo, viendo que te has aliado con el de Ungria, y que en todas las Plazas te vas entrando, porque sus Gobernadores, siendo hechura de tu mano, y tú tan gran General, tan bien quisto y tan amado, te abren las puertas, así que dices acá me zampo. Todo el mundo (a decir vuelvo) arrancándose de cuajo la Corte, a ponerte cerco viene a Vitemberga. . Tanto me teme el Emperador? Al reves, pues publicando, que castigar un rebelde es fiesta, en vez de cuidado, tray convidadas las Damas, a que después que del plato de la ensalada se atiesten, suponiéndote hecho cuartos, te coman en frícasé. Soy yo manjar muy amargo, y a lo menos, los principios no le han sálido baratos, pues los que a tomar los puestos envió, ya destrozados pueden anunciar los fines. Y en qué te detienes? vamos. Dónde? . Sonsácame, tonto: no ves que estoy reventando por tener buenas albricias? De qué? Jesús, qué pelmazo! sonsácame, que no sabes, bobo, las nuevas que traigo. Cómo quieres, Burujón, que solicite mi daño? no me atrevo a que me digas de: . No andemos tartaleando, de Margarita: sonsaca. Ya que tú lo has pronunciado, viene también con el Cesar? Viene mas no viene, que al paso que él está bien con sus dengues, ella mal con sus halagos. Es que gustará del Duque. Gustar? y le da tal asco, que con su nombre se purga por arriba y por abajo? Pues en qué piensa? Rey mío, sin albricias no me vacio; en usted piensa, usted es su afán y su estar gritando: Guelfo mío, Guelfo mío; hasta que habiendo enfadado a todos, se le mandó, que refrénase el vocablo, porque era de gata en celo, con que ella por los tejados de su cuarto después dice: Guelfo míao, Guelfo míao. Calla, infame, calla, aleve, que tu voz me está matando. Buenas albricias me das. Agradece, que de un árbol no mando que te suspendan, por venirme con engaños a desesperar, después del tormento en que me abraso. Vive Dios, que con la rabia este hombre se ha espiritado. Es Margarita tan necia, es tan poco su recato, su honor y su discreción, que en ella no haya labrado la ingratitud del más ciego, más cruel, más inhumano hombre que han visto los siglos? Tú lo discurres de pasmo, eso debía ser; pero ella ha comido sesos de asno, porqué se muere por ti. Es posible? Cargue el diablo conmigo, si no es verdad. Temo que te estás burlando. Por Dios, que me harás ahorcar. Dime pues (ay dulce encan con que se acuerda de mí? No, que nunca se ha olvidado. Pues eso::- . Acaba. Qué importa, si es tarde para pagarlo? Pues aunque yo la quisiera como la quise (o, qué tardo el acento lo pronuncia!) ni el estado en que hoy me hallo, ni lo que yo la ofrecí, ni el estar avergonzado de dejarla, ni mi honor, que está otro empeño gritando, me permiten que me acuerde de más, que de hacer el lazo en que ahogar mis esperanzas del dogal de mis agravios. Guelfo? Qué traes, Emerico? Que me vengo retirando de las avanzadas Tropas del César, que ya ha llegado a dar vista a VVitemberga. Si pudiste repararlo, qué número de Escuadrones serán? . Cubren los collados y las selvas, bien se deja conocer, que el aparato es grande. . Contra uno solo? vanidad me da escucharlo; pues yo valgo por inmensa muchedumbre de contrarios. Burujón, no sigue Irene también al César su hermano? Sí señor. . Pues, Emerico, a la Plaza retirarnos es forzoso, mientras llega con socorro Venceslao Rey de Ungria, mi parcial, que yo intentaré entre tanto sorpresa, con que en cualquier contingencia o fracaso, aseguremos las vidas. Ya sabes que soy tu esclavo, pues fui subalterno tuyo, y el primero que a tu lado has tenido en tu desgracia. Sean tu premio mis brazos, mientras quiera la fortuna dejarme desempeñado de tanta deuda: tú, ven donde elijas de tu mano una joya y dos vestidos. Ahora en mí tanto agasajo, y antes ahorcarme quisiste? No sabes que me has nombrado a Margarita? no es fuerza te indulte nombre tan blando? Con que aún duran las cenizas? Sí, mas las llamas faltaron. Esta es atención, amigo, y en la fortuna que alcanzo, pues no puedo ser amante, déjame ser cortesano. Ese obelisco eminente, que al Cielo empina su cumbre, y registrando la lumbre del Sol, es continuo Oriente; pues cuando su cima dora el último rosicler, ya empieza su falda a ver la primer luz de la Aurora, es VVitemberga, donde ese vasallo, traidor a su patria y a mi honor, de mi castigo se esconde. Plántese la batería, que antes que rompa mañana gasas de nieve y de grana la punta de oro del día, la he de entrar a sangre y fuego, pues desprevenida está, y resistir no podrá. Yo que con mis gentes llego auxiliar tuyo, señor, a lograr la recompensa de aquella pasada ofensa, le daré tanto calor a la empresa, que en ceniza vuele la Plaza deshecha; y abierta una vez la brecha, al trueno, que escandaliza los aires con el bramido del plomo, que corta el viento, rayo seré, que violento de la nube despedido del batallón avanzado, entre el humo y polvo oscuro penetre el primero el muro. Cuando a los dos ha irritado, a ti una desobediencia, y a mí el arrojo que vi, qué no habrá hablado de mí su infame correspondencia? Dígalo quien se persuada a que no hay áspid infiel igual al rencor cruel de una mujer desairada. Pues yo con su ruina arguyo vengarme de muchos modos. Ay Guelfo! contra ti todos, . y yo sola en favor tuyo! no lo he de poder sufrir. Seguro tengo el vencer. Ya, señor, se empieza a ver, pues se empieza a descubrir todo este campo sembrado de muertos. . 1. Señor, yo digo, que Guelfo no es enemigo, que se coge descuidado: a tomar puestos llegué en las alturas vecinas, y asaltando sus colinas, cara a cara peleé con número desigual, excediendo mucho el mío; pero puede tanto el brío de un osado General, que destrozando mi gente, a cuchillo la pasó, y Sigismundo murió, cumpliendo animosamente vuestro encargo. Ay de mi triste! . Margarita. . O, caiga un rayo sobre mí! . Cruel desmayo! Qué mal mi pena resiste mi fineza! Margarita::- Habiendo a su padre muerto, que ella le aborrezca es cierto; y a tanto el dolor me irrita, que ya considero en ella, que tiempo no he de perder: a vengarla voy, y a ver si así consigo atraella. Ya vuelve. . Ay duro extremo de una injusta suerte impía! ay padre del alma mía! En tu tienda la pondremos, Irene; asístela tú, Celia, que el rumor me llama de aquel clarín. . Cualquier ama un peso es de Bercebú: qué será la que dengosa así se deja caer? Ya, Margarita, a saber llegas la facinorosa crueldad de Guelfo. . Sí, Irene. La espalda a tu amor ha vuelto, a ser traidor se ha resuelto; ni Estado ni patria tiene, aún en tu padre el furor de su vil acero esmalta. Ya lo veo. . Solo falta, que le tengas mucho amor. Déjame, Irene, te ruego. Con qué esto no te ha irritado? Guelfo es traidor declarado, mal vasallo, amante ciego, es de mi sangre homicida, torpe, ingrato y descortes: ancarezco bien lo que es? pues no me quites la vida, que aún tengo mayor pesar, que es ver, cuando nada ignoro, que le quiero, que le adoro, y no le puedo olvidar. No hay más que saber de ti, si tal pasión te provoca, sino es que estás necia o loca. . Se fue ya esa mujer? . Sí. Pues amanezca mi llanto cuando la tarde anochece; y pues que la luz fallece, cúbrase el alma de espanto. Señora, ese es desatino. No creo, que en que muriés mi padre, parte tuviese Guelfo, sino mi destino: yo le quiero disculpar; que él me podrá aborrecer; mas por qué me ha de ofender? Pues que logramos llegar hasta la tienda de Irene, con las Tropas confundidos, de las insignias validos, que la propia Guardía tiene del César; la noche ampara al que el temor atropella: sin duda Irene es aquella, échale un lienzo en la cara, y a la Plaza la retira, que en ella de la Ciudad lleváis la seguridad, y que aquí me quedo mira para guardarte de todo. Perdone tu perfección, que esto es preciso. Traición. Cierra el labio. Ay qué mal modo! ya que roban a mi dueño, por qué me dejan aquí? 1. Yo te llevaré. Ay de mí! . Bien se ha logrado el empeño: aunque la voz me parece, que no era de Irene. . No? no ves que turbada habló? Vamos pues. . Eso te ofrece; vete solo, amigo mío, que yo, ya que me he escapado, soy malo para sitiado. Eres villano. Me río de eso, que si me colgaran, fuera danzando agonías, mas que villano solias: pero si aquí me reparan, y a Margarita no ven, mal cuento es el que me acecha; yo quiero hacer la deshecha: traición, traición. . Quién da voces? . Hombre, estás desalumbrado! Ay que con ella han cargado! no hay quien me los mate a coces? 2. Qué es esto? Que a Margarita se han llevado en un instante. Quién? . Una tropa tunante, que atisba la más bonita; yo lo vi. . Desatinado, eso cómo puede ser? Así roben la mujer de cualquiera mal casado. En esta tienda quedó: ya mis sentimientos crecen; Celia y ella no parecen. Pues si digo que voló. Morirás si mientes, loco. Que no miento, vive Cristo. Y a quién la llevó no has visto? Descubierto el rostro un poco del disfraz, vi que era el perro de Guelfo con gente armada; yo arranqué puñal y espada, y aunque hice puerta de fierio, por éncima atropelló, y entonces a gritos llamo. Qué tu amo era? . Sí, mi amo; mal haya quien le parió. En qué me detengo? ola, Guardías, el Cuártel sitiad. Las surtidas ocupad. A esto se dice mamola. . Aquí, señora, estaréis, que aquí acudirá bien pronto mi General. Dónde, Cielos, tan para mis voces sordos, tan para mis ruegos mudos, y tan en mi alivio ociosos, me habrá conducido el hado, a cuyo fatal encono, ni aplaca lo que suspiro, ni léstima lo que lloro! Si estaré donde mi aliento, construido mauseolo, sirvan murallas robustas, que cuando las reconozco, aún me asusta lo que dudo, pues aún temo lo que ignoro? Quién será, Cielos, quien quiso deber a infamias de un robo violencias de un albedrío? pues quien para injustos logros la cara encubre, ya muestra cuerpo de culpa sin rostro. Dónde estoy, Cielos! Dónde para hacerme venturoso, divina Irene, me valga ver, que al sagrado me acojo de tener el simulacro del indulto. Cielos, qué oigo! . Penas, qué veo! Me mienten mi fantasía y mis ojos! Me engañan las aprensiones, que de mis tristezas formo! eres Margarita? . Sí, Margarita soy en todo, la firme, amante y leal; lo que desea mi asombro saber es, si tú eres Guelfo o alguna fiera, algún monstruo de ingratitudes vestido ade oroeldades y de enojos. No creo que te equivocas, juzgo que soy ese propio. Fuerza es que pecho rebelde, que entero, inflejible tronco a mis ansias, a mis quejas, mis lágrimas, mis sollozos, volvió la espalda a mis ayes, menos preció mis ahogos, aún es más que fiera ingrato, y mucho menos que tronco No me admira te ausentases, que en fin, te forzó un oprobio; no, que a Ungría te acogieses, no, que irritado y bríoso ganases a VVitemberga, no, que el pasado socorro degollases, no, que en pereciese entre los otros mi padre (o lágrimas mías, cuán en vano el curso os corto!) que todo esto es consecuencia de aquel lance lastimoso. Lo que me asombra, lo que en referirlo me estorbo, es que haya un hombre en el mundo, que amando, y siendo dichoso correspondido, y ardiendo en llamas de afectos locos, tanto incendio, tanta hoguera la pueda apagar de un soplo. Ni una memoria te deben, no un Cetro que por ti arrojo, no un padre a quien me resisto, no mil despreciados votos, sino unos finos lamentos, unos ayes amorosos, que como tórtola, a quien robó el milano el esposo, cercando el nido a inquietudes, debanando el aire a tornos, te dicen en sus arrullos, aún no me olvido, aún te adoro, no te echarán de mi pecho, seguro estás, yo lo abono. Antes en lugar (ah ingrato!) de enmendar tantos oprobios, hallo, que robas a Irene, con quien tierno y amoroso entras hablando y sintiendo, según en ti reconozco, me haya la equivocación traído a tu vista: cómo no despedazo mi pecho, y arrancando::- Óyeme un poco, que a tus argumentos mudo, que a tus razones absorto, ni sé qué me dices, ni si respondo, qué respondo. Pluguiese a Dios, Margarita, que pudiese a los enojos de tu amor satisfacer mi infausto destino, como a ese llanto por tu padre, a esos extremos celosos. Sigismundo vive y vive, donde a sus plantas me postro; conmigo está, es padre tuyo, nada hago, ni lo blasono, si en él te sirvo y obsequio. Si a Irene robar dispongo no es por quererla, es querer un resguardo en tal ahogo para pactar con el Cesar, no mi vida, que esa al plomo o al acero daré alegre, porque me sirve de estorbo, sino es la de estos Soldados, que fieles en mi socorro han querido tener parte en mis hados rigurosos. Con que volviendo a mi amor, que para él, aunque me arrojo, ni con las frases encuentro, ni con las razones topo, qué quieres que te responda, si lo que he de decir oigo? Yo te solté tu palabra, yo te dejé al abandono, al combate y al peligro, yo (de decirlo me corro) enmudecí los efectos del amor, con los del odio, ni aún disculparme merezca, soy como dijiste, un monstruo ingrato, cruel, altivo, bárbaro y facinoroso, merezco que me aborrezcas, yo me sentencio a mi propio. Si algo te deben mis ansias, si te apiada el verme emporio de miserias y desgracias, níéguenme su luz tus ojos, convierte en ira el amor, mira el extremo que toco; pues siendo para un amante de sus desdichas el colmo verse aborrecer, lo pido, lo deseo, y lo propongo por solo (aunque sea a costa de dar la vida en despojos) hacer, que quedes vengada, dejando tu ceño airoso. Es posible que tal dices? Tal digo. . No te conoceo. Ni yo a mí, que soy cadáver de lo que fui. . Estás furioso, recóbrate. . No es posible. Guelfo mío. . Mal reporto mi pasión. Qué es eso, lloras? No, Margarita, desfogo en humos llama que es sangre, y en cristales la recojo. Ay de mí! El Emperador viva. . Qué escucho! Que somos vendidos, pues los Paianos traidoramente alevosos han entregado las Puertas de la Ciudad. El demonio nos trajo a ser vibanderas: y mi hermosura malogro, pues por cortarme el gaznate, me descompondrán el moño. Pasmado a tal nueva quedo. Y tan bárbaros, tan locos han obrado, que sin pactos, a los unos y a los otros nos han perdido. . En qué forma? El Cesar manda, que todos los hombres sean degollados, y que salgan libres solo las mujeres, cada una llevando lo más precioso de sus joyas, por sí mismas, y luego deshecha en polvo la Ciudad, vuele en cenizas. Oh padrón ignominioso de mi valor! . Tente, Guelfo, que el Cesar::- . Rabio de enojo! Es clemente y es benigno; Sal, y a sus pies generosos te arroja, yo iré contigo. A infamias no me acomodo. Mira, que así no me pierdes, y que a tu lado propongo morir, si mueres. No es tiempo ya de extremos amorosos. Bárbaro, bruto, cruel, pues ya sin juicio te noto, sin respeto te examino, y sin cariño te oigo, vive el Cielo, que he de hacer lo que me aconsejas. . Cómo? Llevándote por mí misma al suplicio y al oprobio; y en fe de que te aborrezco, siendo tu vida el soborno, ganar la gracia del Cesar. A eso aquí me tienes pronto, sírvate de algo muriendo, ya que vivo te desdoro. Pues ven. . Voy a prevenir de las cintas los manojos. Yo a morir lidiando. . Y yo a ser ejemplo espantoso de desdichas. . De venganza yo, si mi intento logro. Clemencia. Ya no hay elemencia: ese altivo promontorio vuele en átomos deshecho. Señor, por qué un engañoso traidor ha de ser la ruina de tus vasallos? el corvo filo siegue su garganta, pero no lo paguen otros. Perdona, Irene, que a nada me venzo. . Ya nubes de oro trocando a grupos sangrientos, que es luto en el Cielo rojo, anunciando la tragedia, nace el día temeroso. Tragedia la que es castigo? Suenen clarines sonoros, que celebren como fiesta el justiciero destrozo de mis enemigos. . Mira::- Nada escucho, nada otorgo. Ya las puertas se han, abierto. Y al son de clarines roncos, y de cajas destempladas, mudos ayes tenebrosos, las mujeres, cada una conduciendo su tesoro, van saliendo. . Y de estas luego no se reparte el despojo? que yo con séis me contento, y a todas les haré el coco. Puestos en fila esperemos. Esta lleva el escritorio de la cara, es presumida, y su riqueza es su adovo. Triste espectáculo! Esta de encajes y floripondios va llena; mejor va estotra, que trae diamantes y un bolso. O, lo que la ejecución de mi ira tarda! Envoltorio: esta lleva los pañales, sin duda que quiere un rorro. Tened, qué es esto? quién es? Yo, señor. Tú? pues cómo contraviniendo a mi orden, sacás encubierto el rostro contigo a un hombre? . Porque yo tus preceptos no rompo. La orden tuya fue, señor, que cada mujer sacase lo más precioso, y líbrase del estrago lo mejor: Lo más precioso en mi amor, en mi sangre y mi nobleza, es y ha sido mi fineza; pues, César, en qué he faltado, si en esta joya he tratado de reservar mi riqueza? A mi padre, que es rubí de mi sangre, dejo expuesto, de esmeraldas me he depuesto, pues la esperanza perdí: Un diamante traigo aquí, por duro, no por constante, cruel en ser poco amante, mas tiene mi corazón; pues, César, no era razón perder tan fino diamante. Vesle aquí a tus pies postrado, sola esta joya te pido, todo lo dejo perdido, todo queda abandonado: El ya confiesa que ha errado, perdona imitando a Dios: Señora, ayudadme vos; Duque, no calléis cruel, que no puede morir él, Sin que muramos los dos. César, los hombres mandaste que mueran, y no lo es elque resistirse ves de amor a tanto contraste: Las fieras no las nombraste; pues no es justo que este muera, que una ingratitud severa en fiera a un hombre convierte, pues perdónale la muerte, sino por hombre por fiera. Por una piedra en despojos, pues lo es en lo ingrato hoy, todas las perlas te doy, que desperdician mis ojos: Venced, señor, tus enojos, pues una vida me das, de nuevo me formarás, si mis venturas mejoras. Ay, Margarita! si lloras, no tienes que decir más. Guelfo, ya estás perdonado, que a demostración igual, a tanto extremo deamor, y a tan heroico ejemplar, fuera bronce, jaspe fuera, si en mi fáltase piedad. Esclavo eterno soy tuyo. Un indulto generas se pregone. Viva el César. Y ahora con qué he de paga tanto extremo? Con tu mano, que de Margarita es ya. Obras como Emperador. Pues, señor, si a mí me dais a Irene, quedo premiado, y establecida la paz. Ya es vuestra. . Hija, Margarita, a Guelfo ahora abrazad. Señor, sabed que es mi esposo. Sua, pues contenta estás. Yo gustosa. . Yo feliz. Hay más que experimentar Mi eterna correspondencia. Y el agrado y la piedad del Auditorio, supuesto; que si una vez llega a amar, la más firme es la Mujer: y ustedes concederán dos palmadas al Ingenio, si lo ha sabido probar.
