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Texto digital de Ser fino y no parecerlo

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Atribución tradicional
Antonio de Zamora
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Antonio de Zamora Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Ser fino y no parecerlo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/ser-fino-y-no-parecerlo.

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SER FINO Y NO PARECERLO

JORNADA PRIMERA

YL día, que de Amor La al Templo se consagra, la fugitiva Ninfa de la casta Diana, cólerás de burle en Fenicia Acaya. Ya, hermosísima Silene, que libre de la amenaza, de Nicanoro, a las siempre celeores Divinas Aras de Amor, llegas a ser una plausible Ninfa, de cuantas hacen estar con recelo de su perfección la Estatua; en hora felice logres, ser admitida a la sacra unión suya, donde veas, decentemente trocadas, a licencias amorosas, autoridades ingratas. , . El día, que de Amor al Templo se consagra, la fugitiva Ninfa de la casta Diana: Y pues en fe de que una vez empeñé mi palabra, te he defendido, de aquel irritado ceño, a causa, no tanto de ir contra el gusto de su empeño, y tu desgracia, cuanto; porque amantes culpas en Reino en que se idolatra la Deidad de Amor, aún antes, que se conocen se amparan; vive seguro en el regio domicilio de su Alcázar, que quien resistió una vez las repetidas instancias. de su Rey, sabra también hacer lo mismo a sus Armas, porque abrigándote a sombra de mi Corona, y sus alas el siempre infeliz, injusto destino, que te amenaza. , . Burle en Fenicia co- lerás de Acaya. Generoso Polemón, en quien solo no es templada complejión la venerable ancianidad de las canas, pues en prueba de que el pecho no admite aliento sin llama, a porfías del incendio, se salió, huyendo la escarcha: Bien dices, que una, y mil veces feliz entré en la sagrada clausura de Amor; pues una, y mil veces lo es, quien gana esta protección, al corto precio de aquella amenaza; y pues hasta aquí has querido honrarme, y a las bronceadas puertas de su Templo llegan a un tiempo deseo, y planta, a él llamemos: ay Cloante! quien creerá, que siente el alma, viviendo distante, el gozo, de quedar asegurada! Y quién creera, que faltases hoy de mi lado; mas, ansias, quien no lo creerá, si piensa, (y no sin razón) quien ama, que se entibia la violencia, al aire de la distancia. Bien dices; a sus piadosas veneradas puertas llama, Cambises. Ya con tu orden, rompo a sus hojas doradas el silencio: ojalá fueses, . Divina Cloresta amada, tú quien a su umbral salieses. Pueblen vuestras voces blan- das la esfera al aire, diciendo nuestra acorde consonancia. Ah del dórico, ha del in- clito Templo de aquel Dios, que ha tantas célebres amantes víctimas premia abrasando. Quién llama? Abrid, porque si hoy en su placida estancia májimas de amor la cierran, májimas de amor la abran. Ya al músico acento franquean la entrada en móviles goznes dóciles visagras, que es justo que hoy, si en su placida estancia májimas de amor la cierran, májimas de amor la abran. Cuando (a quien del soberano abrigo suyo se ampara) cerro ni puertas, ni oídos su Deidad? pues nunca airada tanto se mostró, aún con quien la ofende, que no dejara resquicio abierto al impulso de la huella, y la palabra; y así, para que admitida, Ninfa, al número te añadas de las que sirven (a un tiempo religiosamente vanas) si de sombra a sus ofrendas, de séquito a sus aljabas, entra conmigo, y no dude tu beldad, al mirar francas sus puertas, cuanto apacible premiará tus esperanzas. Divina Sacerdotisa, ya te sigo, sin que haga consecuencia mi temor para mi desconfianza, pues nunca pudiera haberla el día que el coro canta:: , . Ya al músico acento franquean la entrada en fáciles goznes dóciles visagras. Pues para que no desaire a la dicha la tardanza, venid. Bien adivinaste, corazón. . Feliz quien para el reparo venturoso de aquella primer borrasca, halla propicia la misma indignación, que la causa; pues por mi dijo confusa esa acorde disonancia:: Que es justo que hoy, Tened, que oprimido el aire en las cóncabas entrañas del metal, para abortarse, sonorosamente brama. Qué es esto? Yo lo diré, señor, después que a tus planta la fuga de mi cansancio me vaya trayendo él habla; hay Silene mía! cuanto violenta en tu ausencia estaba la seguridad traidora de mi dolor. Pues descansas. en mis brazos, presto puedes, Cloante, informarme. Si andas tan cobarde, corazón, que apenas vuelvo la cara a Cámbises, para qué es la inquietud de tus alas? Ese clarín marcial (ave de quien fuenido la fragua) de Oronte, gran General del Ejército de Acaya, es, que Embajador pretende: verte, a cuyo fin aguarda delante de un Escuadrón; que trujo en su Retaguardía, tu licencia. Aún Nicanoro porfía en su antigua vana pretensión? Decid que llegue, que an las májimas contrarias una victoria malogra el instante que se tarda: y vosotros, mientras yo le doy plática, a la estancia del Templo entrad, publicando, porque no alegue ignorancia, sus nuevas leyes. Así, Señor, se hará, dando, en varias voces noticias, de que triunfos del amor se aplaudan: El día, que de amor, Si aún será contra Silene este acaso: Si ahora acabas, vista, de beber el dulce tosigo de lo que amas, como a mayorfuerza vuelve la sede? Pero qué ignorancia! Quién ha saciado hasta ahora la hidropesía del alma? Hay dulce rigor! Aay fiera lisonja! Da me tus plantas. A mí no, que aunque criado a latere, soy, no hablan con los picaroslos Reyes, sino cuando tienen gana. Alza, Embajador, del suelo; y pues es justo, que hagas notoriala pretensión que traes, a qué esperas? habla. Si haré; pues también es fuerza pública hacer la demanda de mi Rey. Déjame libre . el discurso, Eúmene ingrata; siquiera un rato, que luego le cobrarás de mis ansias. Silene, una hermosa Ninfa de Diana, a quien Acaya, portutelar Diosa suya, religiosameme aclama, por no sé qué amante exceso de amor, en que fue imputada, huyó del Templo, violando con dos delitos la casta veneración de sus claustros, pues ligeramente amada, cómplice dos veces, una los rompe, otra los profana; irritado del delito el Rey, y más irritada Diana, cuanto va en una tan desmedida balanza de una cólera divina a una indignación humana; intentaron su castigo, pero en vano; pues cerrada la senda a encontrarla, no hubo esperanza de encontrarla, mas, que aquella de que amor mal se oculta, pues abraza, por la jactancia del riesgo, el riesgo de la jactancia; frustrose aún este pequeño recurso, pues a no larga distancia de tiempo, hubo noticia, de que quedaba en Corinto, Corte tuya, no solamente fiada en que a Heroe de quien se vale Dama afligida, le halla siempre pronta la debida seguridad de la Dama; cuanto porque como amor, es la auxiliar soberana Deidad de Fenicia, era lo natural, que amparara la causa del reo, Juez, que era cómplice en la causa. Hasta aquí sabes, pues sabes las repetidas instancias de Nicanoro, a fin solo de que pues sacras venganzas no perjudican los fueros privados de los Monarcas, se la entregases, logrando desenojar a Diana, ofendida Diosa suya, cuando viese, que en sus aras amante víctima, era a un tiempo pavesa, y brasa: en vano fue este segundo designio también, pues nada se logro de él, que no fuese la no admitida, la vana disculpa, de que una vez que ella se entregue a la sacra, privada jurisdicción de tu dominio, la valga: Si hiciste bien, no pretendo argüir, así porque hasta aquí solamente toca a la voz de mi embajada, como, porque si fue justo, oh Polemón, el negarla, no tengo hecha la razón a defender la ignorancia; y si injusto, no he de hacerme tal desaire, que sin causa, contra una mujer me ponga de parte de su desgracia; y así, torciendo el discurso, lo que decirte me manda mi Rey, es, que comprobado, que quien de la venerada clausura robó a Silene, fue un Fenicio, a quien su fama llama Cloante; y que este al abrigo de su patria la traidora Ninfa trujo, intruso Paris de Acaya; debe creer no ser casual la culpa, si no pensada, así por ser en ofensa de Diana, cuanto porque hagas de él tanto aprecio, que casi con él la corona partas de Fenicia: con que atento a tu engaño, y a su infamia, te hace notorio, que mientras la fácil Ninfa robada, y el traidor mentido huésped no entregues, verás sus armas. infestar el descuidado dístrito de tus comarcas; a cuyo fin, esperando tu respuesta está en la raya, que ambos términos divide, con numerosas escuadras, tanto, que al menoraviso de las trompas, y las cajas, armada nube de acero, vengan granizando sañas. sus flecheros, siendo truenos, (al despedirla la basta resistencia de las cuerdas) los roncos silbos de cuantas volantes vívoras cría la livia de sus aljabas, sino es que compadecido de tu. Reino:: Basta, basta, que ya es en mí la paciencia aún más que en ti la arrogancia; qué cosa es presumir, que de mi cetro, y de mi espada. puede alcanzar el rigor lo que la razón no alcanza? Por cuantas Deidades: pero para qué mi ira se cansa, si puedo con las acciones. enmudecer las palabras? Conmigo ven, que en el Templo te daré, mejor pensada, la respuesta. Ya te sigo, que a Oronte no le acobarda nada, que amante delito no sea: quién creerá, que haga . fuerza contra amor, quien más de lo que le injuria le ama? A Tíreo sí, que tiene un valor a teja vana, por donde a cualquier nublado entran goteras de mandria. En qué pararán, fortuna, . aquel favor, y esta saña? Ya al Templo entraron, y ya s. de las dulces consonancias arguyo empezar las Ninfas las ceremonias usadas. el día que Ninfa nueva se añade al coro; y pues anda la voz de aquella armonía, avisando mi tardanza, entre, no tanto a la noble celebridad de su Alcázar, cuanto a saber de Cloresta Divina, en que estado se halla aquella tenaz, rendida. obstinación de mis ansias. La profuga, altiva extranjera beldad, en hora dichosa entre al Templo de Amor a ver cuan feliz sabe ser el delito de quien la disculpa, y la culpa es un Dios. Ya que intimadas las leyes, generoso Polemón, están, la verde guirnalda de mirtos, cuyo verdor florida seña es de que, a nuestra votiva unión queda admitida, Silene la ciña, que es justo, que hoy autórice todo un Rey las ceremonias de un Dios. Si haré; y no solo a sus sienes daré el enredado honor, sino a otro brazo también el premio de este bastón: con solo esta acción, Oronte, te respondo. Atento estoy, si Eúmene puede dejarme para otra cosa atención. Si mi amo se enfada, el Tem- plo echa por un corredor. Admite, dichosa Ninfa, el círculo, en cuya unión fértil, cada mirto es influencia más que flor; y tú también, noble joven, de parte de mi valor, de General de mis Armas la insignia toma, pues con saber que de ti la fío, sé ya que soy vencedor. Si serás, pues a las plantas de la Deidad mi fervor hará, que en tu ayuda sea otro ejército mi voz. Si serás, que en este brazo armado de su furor, a espaldas de tu esperanza va mi desesperación. No será, que no a vosotros pertenece, sino al Dios Numen de la guerra, dar sentencia en contra, o favor; y pues a lo que he venido al Templo de Amor, es por la respuesta de mi Rey, declararme, Polemón, la que he de darle. No pide de Nicanoro el furor a Silene? Sí. Pues esta es Silene. Muerto estoy. No dice, que fue el osado, el tirano robador de su hermosura, Cloante? También. Pues este, a quién dio el bastón mi mano, es Cloante, con que si dos vidas me pide, y entrambas ves, que se dedican hoy a la palestra de Marte, y a las escuelas de Amor, bien claro está, que no solo ninguna de ellas le doy, sino que ambas las empleo tan en su contra, que son en el Templo, y la campaña, con el ruego, y el rigor, una, arbitrio de la Guerra, y otra de la Religión; y así, dile:: Eso, ya que me honras con tan alto honor, señor, me toca a mí: dile, que empiece a hacer la invasión cuanto más sangrienta puede aconsejarle el furor, que yo (perdone tu sacra, noble presencia) que yo sabré escarmentarle, tanto, que acobardado al horror de mis huestes, para huir su agravio, y mi indignación, saber donde está la planta aún no le deje el temor; y sin que sueñe a que puedo yo darle satisfacción, dile, que si yo a Silene, (Deidad a quien adoró, sin la sombra del delito la luz de la inclinación) robé del austero Templo de Diana, no fue por ajar su Deidad; que no es tan bárbara mi pasión, que permita aconsejarse la voluntad del error; y dile, en fin::: No prosigas, que si a un desaire me doy por desentendido, a muchos no podré; y así, pues no es la ira, entre las mujeres, mas que gala, y no valor, guárdala, Cloante, para en la primera ocasión, que nos veamos, y si hay alguna cuya razón de parte de amor milite, no irá sin competidor, (en caso de ir) pues Eúmene, a quien Diana eligió por su gran Sacerdotisa, a ser de tan alta acción testigo inmóvil, también marcha, trocando feroz al gravado yelmo el velo; el fresno errado, al arpón; y pues ya llevo respuesta, de que creo, Polemón, que te has de arrepentir presto, espera, que apenas hoy sabrá quejarse el clarín, de que hieran al tambor, cuando en abanzadas tropas, talando irá la región de Fenicia la venganza de Eúmene, y de Nicanor, siendo el primer edificio, que a ser trágico padrón deje la ira de Diana, el gran Templo del Amor. Allá, Oronte, nos veremos, Eres amante, y no son las flaquezas del contrario trofeos del vencedor. Te engañas, que si en el alme vive, quien, por más feroz, resistirá con dos vidas la fuerza de un corazón? Presto se decidirá en campaña esa cuestión; y ahora, pues vuelvo al armado resguardo de mi comvoy, con Amor quedad, que aunque él es vuestro tutelar Dios, ya he vencido la mitad, pues os dejo con amor. . Y aún yo, que no digo nada, te he de hacer más. Quién sois vos? Soy potajier de Diana, en cuyo oficio no doy mas que lentejas. Por qué? Porque como allá es rigor todo, y ellas abinicio. son melancólicas, no permite la austeridad. la alegría del arroz. 1. Idos, pues. Iranse luego, que me haga el Rey un favor. Cuál? Saber, que aunque parezco camarada, soy busón. . No nos importa, Cloante, nada menos, que el honor esta empresa; y así, mientras para esta jornada voy a prevenirme, haz Cambises, publicar un bando por todo mi Reino, en que ofrezco, a quien en esta ocasión la mejor empresa hiciere, el premio, el lauro, el favor, que él pida, sin que en él haya diferencia, ni excepción; y vosotras prevenid el sacrificio, a que yo. he de asistir. No tan solo. te suplicamos, señor, que en él te halles, si no que; pues Ninfas de Diana son las que en nuestra ofensa vienen, por ser también Ninfas, nos permitas, que a la campaña. vamos contigo. Eso no; que no ha de tener Acaya la vanidad de que dio tanto recelo a benicia; a Corintió tanto horror, que hizo contra la esquivez; militar la perfección. Pues no porque esa fortuna nos niegues, dejaré yo de tener el Templo en arma, así por el riesgo, que hoy ha de correr, por estar fuera de la población, como porque en los distritos. de tu Reino no haya acción, que irá no denote. Ya, Cloante, sabes, que a quien dio de General de Fenicia la suerte el sacro bastón, dio la gran prerrogativa. también, y sin excepción, de dar vida a un reo. Cómo pude ignorarlo, señor, si esa ley, y la de que en su gran jurisdicción, morir pueda uno por otro, son municipal blasón de Corinto? Quién pudiera quedarse en la confusión atrás, por ver si a Cloante lograba hablar? Pues por hoy los ceremoniales ritos se fenecieron al son de los músicos acentos, se cierre el Templo; a quien yo, calzada la espuela, intento volver a la inmolación de las reses. Si pretendes, señor, llegar a ocasión de escuchar el bando, el paso acelera. No Vamos. es menester: pues ya veo, que cortando la región del aire la Deidad nuestra, dice, atención. Atención, atención, que en el cóncabo bronce parlero de Trompa veloz, lenguas, alas, y oídos publican, que para intimar del Edicto el pregón, se mueva la planta, se escuche el acento, se forme la voz; atención, atención. Albricias, mortales, que en la liberal Monarquía de Amor, correr puede al premio, sin freno el deseo, sin ley la ambición; atención. Delmayor trofeo ofrece su diestra al feliz Campeón, que abulte en la dicha conceptos quepinte en la imaginación; atención; Si de la hermosura aspira al decente amoroso favor, verá en sus influjos, que no hay albedrío capaz de elección; atención. Si en lides marciales procura mirarse aplaudido el valor, verá que le adornan florido laurel, tachonado bastón; atención. Quien busque riquezas, bajando a más vil interés el ardor, tendrá cuanto cuaja en ampos la Luna, en topacios el Sol atención, En fin, no habrá idea, en cuyo sutil avariento primor, el alma se queje, de que hubo discurso sin ser posesión: Do Atención, que en el concabo bronce, Ya publicado el Edicto, a qué aguardas? A que al son de aquel parche, mis Escuadras salgas a unir. Si es tu Sol, divina Silene mía, quien me ilumina, no con tu silencio inhabilites la mitad del resplandor. Si entiendes la cifra al alma; qué falta te hace la voz? Vamos, pues. Pues él respeto embarga acento, y acción, mañana en el Sacrificio nos veremos. Ciego error, tu déjame el albedrío, o quítame la razón. La profuga altiva Ya, soberana Eúmene; (a quien. Diana encomendada tiene la venganza de aquella, cuanto, beldad traidora, Ninfa bella) miras, cuan sobre mi tomo su empeño, pues ya pisando el escabroso ceño de cuantos montes son última raya. de la feliz jurisdicción de Acaya, en tierra de Fenicia, acuartelado horror de la Milicia; quedan mis huestes. Cómo, generoso, sabio Marte, Mercurio valeroso, pude dudar, que el día que te niega amor, la fugitiva Ninfa ciega, de ser habían tus dobladas haces, armado rompimiento de las Paces, que mantuvo el honor de ambas Coronas? ni como (ya que mi valor pregonas) dudar el mundo pudo, que acero ardiente, que embrazado escudo (sin que el decoro a la fiereza riña) diestra maneje, y despechada ciña. Qué había de decir, Señor, la fama, si solo atenta, a eréditos de dama, en acción de Diana, no tuvieran parte sus Ninfas? y pues solo esperan el orden para hacer, que en corto plazo el incendio del pecho pase al brazo, emprende, rige, y manda. Solo aguardo, que llegue Oronte, cuyo vuelo tardo parece a mi deseo. Gracias al Dios Jaen, señor Tíreo, que libre de pedantes Postillones, te hallas en posesión de tus calzones. 1. Ved, que está el Rey aquí, Soldado. p0 Aún eso es lo que busco: yo beso, y rebeso el cordoban, de cuyas pieles rotas, se cortó el guardapolvo de las botas. D Quién sois? B1 Yo soy criado, con licencia, de Oronte, y por llegar a tu presencia, antes, que él, apreté los hacicates tanto al trotón, rémate de remates. que traigo dolorida, entre otras cosas, la gran jurisdicción de las ventosas. Adonde queda Oronte? Al primer paso le dejé del monte, por llegar a decirte solamente, que Silene, la Nimfa delincuente, ya lo es de Amor, que el pícaro Cloante. sastre de su beldad, pues roba amante, General de sus armas elegido mas abrazado, que un recién venido, queda poniendo para la batalla m en orden sus Escuadras. Calla, calla, obno oonuna que no menos la saña me provoca, ú a vista de mi ofensa: al arma toca; que aunque esperar a Oronte era debido, no se da mi valor a ese partido, pues saberlo de ti basta a mi ira, y así, Eúmene, a quien belica conspira mi rigor, pues ya sabes, que es usada ceremionia en Acaya, antes que nada de la facción se emprenda, hacer que Mart una flecha dispare hacia la parte, que la guerra pública, el Fresno errado al duro nervio aplica, y el disparado arpón vuele ligero. Ya te obedezco: contra ti primero esgrimo esta cruelvívora de oro, en pialostoq apostara belleza de mi Coro; y después contra ti en tantos recelos, infiel Fenicia ingrata. auno ab Favor, Cielos. alo Qué gemido, hacia donde se encaminó la flecha, nos responde? Muerta he quedado, al escuchar, que dice a media voz el eco. Ay infelice! Quién será el que en el monte la vida espira en el acento? 1. Oronte, herido de una flecha, se lamenta, de n los, y otros el cariño intenta conducirle en los brazos. Dura suerte! Ya el primer paso me costó una muerte Pues morir es forzoso al golpe airado de este rayo flechado, ponedme donde logre, al ver su ga, pensar que muero, de qué Eúmene mira? Infeliz joven, si en tan duro estrago, puede consuelo haber, haber halago, sealo ver que tiene tan divino homicida como Eúmene. Bien, señor, colegia el suave enojo de la pena mía, ser suyo el golpe; mas pues es preciso, que aproveche el aliento en el aviso: Polemón desestima tu amenaza, ol pues hace::: No prosigas, que embaraza tu voz a mis enojos; retiradle a mi Tienda, no a mis ojos tan fiel Vasallo espire. Qué importará, (ay de mí!) que me retire, si el golpe va de mi tirana gloria, mas vivo que en el pecho, en la memoria? Qué me dices, acaso, en la herida de Oronte? mas no caso haga mi enojo de una contingencia. Ve aquí por lo que es bueno, en mi conciencia, amar Ninfas, que con desembarazo, en lugar de un favor, dan un flechazo. Pues es preciso, que las Ninfas tengan decente habitación, adonde vengan a hacer los sacrificios a Diana; ese Alcázar tomemos, que en la ufana primavera, que borda el Horizonte, p lunar de piedra le presume el monte. Ya asaltado, señor, de tus hileras, t le pabellones las banderas. al suntuoso cuerpo de sus muros. Eso sí, que así solo están seguros los triunfos de la Diosa, enviste, cierra: muera el Amor. Al arma, guerra, guerra. Ea, Eúmene, cuanto mires, enciende, que en ti no es nuevo, para duplicar victorias, ir mirando, y encendiendo: Yo por esta parte iré e talando cuantos amenos troncos nacieron Narcisos, para morir mongibelos: Y pues el ocio del brazo es vileza del aliento, a qué esperas, viendo, Eúmene, que es Nicanor el primero! que con la tea en la mano sñor va diciendo::: Fuego, fuego, l Ira, ya es tiempo; mas donde entre el pavorso estruendo, antorcha hallaré, en que luzcan más colores, qué reflejos? quién podrá darmela? Yo::: De quién, soberano acento; eres? Mas no me lo digas, que ya la región rompiendo del aire, beben los ojos la noticia del objeto. Tú, Soberana Diana; tan peregrina del Cielo, que entre los mortales vistes de sus humos, tus incendios? Sí, que el enojo, si que el despes deja lo sobera no por lo sangriento, fuego, fuego, que si el campo espera, si abrasa el ceño, con iras el desdén quema deseos, fuego, fuego. Este brillante rayo severo sea en tu diestra ruina del tiempo, que aunque encender pudieran tus ojos bellos, son muy suaves armas para escarmientos, tronco mi rama, libren del riesgo, duras cortezas, bastagos tiernos; y porque más avive su saña el viento, solo esta vez ardiente respire el Cierzo, fuego, fuego. Ya, soberana, irritada, Divina Alfea, obedezco tus voces, a cuyo informe en la cólera del pecho les sobra aquel reverente sobre escrito del precepto; y porque nunca tu auxilio deje de vocear mi celo, tanto como iré quemando, Diana, iré repitiendo. , . Fuego, fuego; que si el campo espera, si abrasa el ceño, con iras el desdén quema el deseo, fuego, fuego. s. Agua, agua que si la agua es llanto, fuego la saña, con una acción, Amor, llora, y apaga, porque haya un riesgo en que no sea peligro, si no reme dio. 1. Aunque su invasión nos n coja descuidados, nuestro esfuerzo embarace, que sus Tropas rompan nuestra línea. A ellos. Soldados, hoy es el día de hacer nuestro nombre eterno. Acaya viva, repitan las voces. Nuestros acentos digan, que Fenicia viva. Agua, agua. Fuego, fuego. 1. Pues el impensado acaso con quenos socorre el Cielo, el incendio vence, en guarda del Alcázar nos quedemos, hasta morir. 2. Tu valor a todos sirve de ejemplo. . Arma, arma, guerra, guerra. Oh qué en vano, rapaz ciego, vencer mi arrogancia juzgas. Mas en vano tu despego desairar mi aljaba intenta. Eso lo dirá el efecto. A ellos, que huyen. A la selva, a la Quinta. Al Monte, al Templo. Fuego, fuego. Cándida nube rompe tu seno, y entre cristales llueve consuelos, que aunque de ardor amante seas asiento, en amor no se implican ardor, y hielo: cuanto encendido mira el desprecio, en dulces lluvias riegue el afecto, porque conozca el mundo que lidian, siendo un elemento, estrago de otro elemento. Fuego, fuego. z inno id Qué impensada lluvia es esta, que entre arreboles serenos aquella nube despide, cómo halago, y cómo riego? Cuanto prenden mis ardores, apagan sus lucimientos. Por qué no pase este acaso a afligir como misterio, quede la invasión suspensa por oy. Mas sea diciendo, como me lo está dictando alto espíritu supremó:: Guerra arma, arma, a la Selva, a la Quinta, al Monte, al Templo. Fuego, fuego, porque haya un riesgo en que no sea peligro, sino re- medio.

JORNADA SEGUNDA

jornada sEGUNDA R Aunque para que de Marte se halle vencedor Cupido; sobra a la seguridad el ruego del sacrificio: venid, venid, Fenicios, que no siempre los humos de la ofrenda han de ser interés, y no cariño: Venid, venid, Fenicios. Mal pagara al auxiliar, sacro, continuado auspicio de tu Deidad la tutela, en que igualmente has tenido el celo de Polemón, y las armas de Corintió: Oh amor! si en esta jornada quisiera el impulso mío, antes (que en tu trono el labio) poner el pie en el estribo; y pues postrado, ante tú soberana estatua, fío el triunfo de vencedor en la dicha de rendido, por más que en ofensa tuya haya su odio vengativo tomado (muerto Echión) el Palacio, que había sido, si dórico Templo tuyo, celebrado Alcázar mío: admite, como hasta aquí, grato esa ofrenda, no al viso tanto de que en esta empresa me ayudes, que eso es debido en el ya ejecutoriado socorro de tus auxilios, cuanto al viso de que vea Acaya, que cuando hizo pública la obstentación de sus airados motivos, en júbilos gasta Amor el tiempo de sus gemidos; pues ni ella, ni el mundo puede dudar, que por ella dijo:: Venid, venid, Fenicios. Pues en el Templo de Amor es inmemorial estilo, que a los sacrificios suyos antecedan los festivos músicos coros, rigiendo en decentes regocijos. Soldados, y Ninfas, blancas antorchas, cuyo encendido temblor, aún más que reflejos, vaya latiendo albedríos: danos licencia de que prevengamos el activo ardor de sus luces. No solamente lo permito, sino que por obsequiar mas su culto, determino, que (después que en varios lazos, dionjando el Templo a giros, solo esta vez lo mudable sea primor de lo fino) la víctima encienda, quien en el mismo regocijo más favorecido se halle. Por lo menos ya consigo, sin incurrir en lo vano, jáctar lo favorecido. Por tu cuenta va mi dicha, Cloresta. Ay, Cloante mío! quien duda ser tú, quien prenda dos veces el sacrificio, o al aire de mis favores, o al fuego de tus suspiros? Y a todas con el solempe aparato prevenido, tu orden esperamos, Pueblen los acostumbrados himnos el espacio al viento. 4. Allerta, amante cuidado mío. Ardán almas, y luces, y a un tiempo mismo sea el tacto pavesa de los sentidos. Ay amado dolor, ay dulce he- chizo, como pareces dicha, si eres pe- ligro? Fortuna, si me darás lugar de que mi cariño pase desde influjo, a dicha? u Al aire, que intempestivo se formo en mi movimiento, o nació de mi gemido, la antorcha apague, y Cloresta, haciendo error el aviso, atrás se queda; ea, Amor, abrasadamente frío, si remiso, por qué amante, si amante, por qué remiso? Bella Ninfa, si en la sacra esfera de los desvíos permite tu indignación regirse de mi destino, vuelve a esta apagada llama los ojos, que así consigo, con decir, que le has mirado, decir, que la has encendido: Mal estaba con la vida de esa antorcha, quien os dijo, que en mi vista aprender pudo lo abrasado de lo tibio? mas porque no se malogre tanta lisonja, permito, que vivan esas tinieblas, la vanidad de esos visos: encendedla, pues. Ya ofrenda: pues hay favor, hay Ministro, que tus llamas prenda; pero cuando en Amor no se ha visto, que sepa ser lo dichoso, oriente de lo atrevido? No me lo riñas, decoro, y ahora en los lazos tejidos, vueltos a unir, no parezca lo que fue acaso, designio. Si la víctima espera morir, no ha sido antes de lo abrasado, que de lo tibio: hay amado dolor, La antorcha perdí. Aquí tienes, hermosísimo prodigio, quien dé la suya, fiado, en que si fuere delito, disculpará lo que ofendo la obligación con que sirvo? tomala. Si haré, advirtiendo, mi bien, que no desconfío de que en el pecho te falte el incendio que te quito. Cuando fuera limitado mi ardor, pasara a infinito con esta dicha, pues fuera, en el favor que consigo, de la llama de lo amante, pólvora lo agradecido: ya holocausto hay quien te en cienda, pues quien competir conmigo podrá, fortuna? Cuidado, disfrázate en mi descuido: Ya es tiempo de que pueblen dones rendidos. reverentes resejos de humos votivos. Hay amado dolor! Hay fiel chizo! como pareces dicha, si peligro? El que, como dije, se halle de amor más favorecido, la víctima encienda. Yo, pues lo soy, lo haré. Qué miro? Qué oigo? Tú, Cloante, intentas competirme sin motivo esta acción? Tú eres, Cambises, quien vanamente atrevido lo intenta. Yo de Cloresta? (pues no la ofendo en decirlo el día que atrevimientos. decentes son permitidos) logré, que participase, para verme más lucido, al cada ver de mi antorcha un aliento cristalino: mira, quien con esta dicha puede hacerme, presumido, competencia? Yo soy, quien te venzo, no te compito, pues de Silene divina admitió el Cielo benigno la mía, porque la suya; en luminosos deliquios, hizo, faetón de cera, vanidad del precipicio. Quién dijere: Quién pensaré, ya una, y otra vez he dicho, que la cólera no es buen abogado de juicio::: Un favor exagerado, qué bien sueña a quien le hizo! Una fineza en el labio es lisonja del oído. Y así, pues dama es tam- bien la fortuna, y yo recibo en finas demostraciones favorables vaticinios, yo encenderé el holocausto. o Siendo tú, señor invicto, quien lo haga, quien puede estar quejoso? Quién ofendido? Y advertid, que tan estrecho como hasta aquí, queda el fino lazo de vuestra amistad. Con los brazos revalido su fuerza. En ellos, Cloante, una, y mil veces afirmo, que la fortuna podrá matarnos, no dividirnos. Pues ya que con el obsequio cumplí, y está prevenido el caballo, adiós, Divinas Ninfas de amor, que vestidos, espero presto mirar, en el Templo de Cupido los dentales amorosos de mil despojos esquivos. Él te traiga vencedor de Nicanor. Ven conmigo, Cambises. Aún este rato me has estorbado, destino! Quedáreme atrás, por sí mientras parte el Rey, consigo hablar a Silene. No cese el aplauso festivo, mientras pueda Polemón escucharle. Yo, divino coro, os lo agradezco, pues la mitad del hado rindo el día que la memoria vaya diciendo al oído. Bella Silene, pues entre la confusión, y entre el ruido, no será tan reparable tu falta, el corto, el preciso tasado tiempo, que te ha menester un afligido, óyeme, y no tu zozobra eche a perder mi delirio. Mi dueño, señor, Cloante, los fueros establecidos de amor estorban al alma las licencias del arbitrio: qué procuras? Pues no ignoras aquel publicado edictio, en quien al que la mayor hazaña hiciere, ha ofrecido Polemón el premio que él pida, saber determino de ti, si acaso la suerte en su instable curso fijo me hiciese más venturoso, por mirarme más indigno; y fuere tu mano el premio a que aspiraré rendido, como tratarás la amante intención de mi designio? qué me dices? Ya respondo con no haberte respondido. Luego tú:: Despacio, honor. Fina:: Ya el Rey se ha partido. . Permites:: Las Ninfas vuelven. La intención:: En este sitio estarno puedes. De aqueste enamorado delirio? Cloante, adiós. No me dejes. dudoso: Mira:: No miro mas, que a tus labios. No hagas falta a Marte. Qué has querido, Silene, decir callando? Que entre el premio, y el mo- tivo; antes es hacer la hazaña, que pedir el beneficio. Dices bien; y pues me abres la puerta a aquel pretendido empleo de tus favores, no he de volver al hechizo de tus ojos, sin que vuelva a ser vencedor vencido: Teme, Ni canor, mis iras, pues va contra ti en mi brío, una esperanza, y pelea con muy ventajosos filos, quien se arroja despechado, por volver favorecido. Si fueran cortas albricias, el Orbe de mi Corona, (por lo que amo tu persona,) Oronte, de las noticias de tu mejoría, cuales serán las de verte aquí ya convalecido? Así haces afables los males en mi afecto; pues, señor, quien; prodigo de su vida, no comprara aquella herida a precio de ese favor? y más viniendo de mano el golpe, que hizo dichoso creer, que era estar peligroso camino de quedar sano. Cómo, en la antigua altivez de mi tirano ardimiento, disueña este rendimiento de la voz de mi esquivez? más procuraré mudar la plática, por no ir, que eche menos el vivir la práctica del matar: que en fin, Polemón está a la vista? Y tan cercano de nuestras Tropas, que en vano pretende ocultarse ya el que pisa estos confines, pues entre Marciales pompas, del aire de nuestras trompas se alimentan sus clarines; y pues recorrer conviene los cuarteles, por si acaso nos quiere coger el paso, bien disculparas, Eúmene, que de ti me ausente, el rato, que vuelta a mi campo doy. También de que yo no voy contigo, lo harás, pues trato, en continua centinela, quedar a vista del monte. No te apartes de ella, Oronte, que el día que al riesgo anhela, es mujer, aunque es altiva. Lo que yo deseo, él manda; gracias al amor, que anda la suerte menos esquiva, Presto volveré. Contigo vaya el favor de la Diosa. Qué amenaza tan dichosa es un hermoso enemigo! . Sola con Oronte quedó. . Dicha, si serás mentira? . Yo me voy: ayúdame, ira. . Yo la hablo: déjame, miedo. . Esto ha de ser. Dónde, ingrata, van tus traiciones? qué? intentas privarte de lo que alientas, por huir de lo que matas? ten el paso. Cómo, necio, loco, atrevido, ignorante; injusto, y al fin, amante; que es lo más de tu desprecio, tan poco a tu juicio debes, que en mis sañas enemigas no sabes, que te castigas, con lo mismo que te atreves? Cómo corrido de haber la senda errado al morir, lo pretendo conseguir, pues no lo sé merecer. Una flecha despedida no es favor, aunque se acierte; Un no quererme dar muerte, no es reservarme la vida. Ved, que las Ninfas vendrán, y es hablar con vos delito. Ninguna dicha me quito, pues ningún favor me dan. Mas, qué pretendéis, que arme la ira, que en el pecho duerme. No hay modo de detenerme mejor, que querer matarme. Tarde, o nunca el ceño tiene que decir algo al amor. Mas tarde, o nunca el rigon escarmienta a amar. Eumene? Ved si el peligro previne; idos, pues. Señor, qué haces? una de esas montaraces Ninfas, quieres, que te atine en parte, que de su acierto te venga, ser venturoso? Cómo puede ser dichoso mi dolor? Quedando tuerto; mira que llegan. No os vais? Sí, que aunque el irme es mí muerte, la hace suave la suerte, de que vos me lo mandáis, pues con Nicanor no puede ser mi asistencia delito, no de tu vista me quito, pues hace el Amor, que quede en acecho, por si acaso, y éndose todas, lograr puedo ocasión de llegar. Aprieta, que traen un paso de mozo de Mercader, que sale a cobrar dinero. Sé alguna vez menos fiero, hado injusto. Por si ver logro a Arceta al rededor del Palacio; intento andar: Amor, déjate engañar de un pícaro con amor. . Sola esta vez me ha debido algún valor mi paciencia, para no hacer, que mi enojo logre:: mas las Ninfas llegan. Señora? Eumene? Tan sola en la peligrosa esfera de este monte? Sí, que, aunque sitio amenazado sea, segura estoy, mientras yo no me ausento de mí misma. Sabrás, que en la galería de los Retratos, la excelsa Estatua de nuestra Diosa, Ídolo de mármol, queda colocada. Bien has hecho, que si amantes Ninfas bellas, a quien la copia de Amor preside, sobre la puerta, en matizados alientos, pulsan coloridas quejas; justo es poner a Diana, Diosa esquiva, donde vean, que hay abultados desdenes, donde hay pintadas finezas: y ahora, porque del cansancio, vencida la resistencia, de la falta del alivio se están quejando las fuerzas, mientras vosotras, por varias partes discurrís, y mientras vuestros Músicos avisos me aduermen, y me despiertan, sobre este escollo arenoso, ingratitud de la Selva, recostada esperare a Nicanor. 1. Pues no pierdas ese rato, que el valor se aviene con la pereza, y como mandas, nosotras, en torno de tu belleza, andaremos repitiendo, porque del todo no duermas, Descuidado Pescador, da al Piélago tu Barquilla, que anda el Amor en la orilla, y menos peligro es el mar, que el Amor. Cuidado, valor, al arma desdenes, recelos, aler- ta, despier Mucho será, aunque m halle tan rendida, que consienta la cólera de mi ira la lentitud de esta tregua; pero pues en intentarlo, (ay infeliz!) no se arriesga nada, el día que esas voces tendrán entre duerme, y vela, lo torpe de los sentidos, lo sutil de las potencias, vuelva a decir con la dulce frase de aquella advertencia::: , . Cuidado valor, sosiega, so que en la dulce, apacible calma halagüeña, no es cesar los enojos, dormir las flechas: sosiega, sosiega. Si no es que mi fantasía tan presto a embargarme empieza, que sin que duerma la vista, quiere hacerme creer, que sueña: Jurara, que en blandos ecos tan contrariamente sueñan, que cuando aquella lisonja dice: , . Despierta, despierta. Esta repite en su afable armonía contrapuesta:: , . Sosiega, sosiega. Y pues parece, que manda imperiosamente tierna; veamos, si puede el descuido conseguir obedecerla: Este globo flechado, de cuya tiránica esfera, delineadas Provincias de fuego mi aljaba atraviesa, es Eúmene, la nube tirana, que quiere que llueva, por si alguna te acierta en el alma dilubios de flechas. Triunfo mío, venciendo a Diana, será su violencia, que aunque Amor esquiveces consiente, no sufre soberbias, Quién ingrata, del sueño se rinde, amante despierta, que mis tiros a instantes alagan, y a siglos desvelan. Ay de ti, descuidada hermosura, pues fuerza es, que veas un afecto extranjero en el alma, que manda, y no ruega. Y pues ya el prevenido contagio te dio mi saeta, vuelve a oír, cuando logre tu pecho sentir, sin que sienta, sosiega, sosiega, que en la dulce, Por qué me hieres, tirano, vendado Rapaz, espera, que aún tengo, a pesar del sueño, despierta la resistencia. , . Cuidado, valor, al arma, desdenes, recelos, alerta, despierta, despierta. Pero qué digo? Las mismas especies en que la fuerza del sueño me rindió, al labio le subninistró la idea? mas que no digo? mejor preguntara, pues aquellas esquivas voces se abortan a despechos de la lengua. Qué es esto, ceño? qué es esto; ira, qué es esto violencia? mas qué ha de ser? más que un andar tras que no se sepa. Las voces de Eúmene oí hacia esta parte; y quisiera darla a entender, que es amor muy cobarde el que escarmien- ta: Sola está. Si será este sentimiento, Amor? a! pese a el discurso, que lo arguye, y la razón, que lo piensa. Mas ay, con qué torpes iras resisto sus influencias! Amor, piedad, si lo eres, que ya me rindo, no pueda para con tu enojo más mi amor, que mi resistencia. Si llegaré? Pero allí he visto a Oronte, y ya suena con otro sentido al alma el ruido de su quererla. Yo le llamo. Yo me atrevo. Mas las Ninfas atraviesan . la selva, hacia aquí. Volverme ya, será hacer evidencia su malicia, mejor es irhaciendo la deshecha, sin mirarla. Pues me ofrece amor una industria, ea, incendio, sal a ser llama, pues eres brasa: con esta véngala en la arena iré, descuidadamente cuerda, escribiendo en varias partes algún aviso, que sea pólvora de su cariño. Cantando otra vez se acer- can las Ninfas; desviareme otro poco: Amor, alerta. Selva, aunque vivas florida, mira no te desvanezcas, que hay cierzo para las flores, y Enero para las selvas: teme, teme que venga, y a ser lástima pase lo que esso bervía. Conmigo el concepto habla. . Qué hará Eúmene tan sus- pensa? Ya la primera dicción formé, a ninguno parezca impropia la cifra; pues donde una infeliz pudiera escribir, sino en papel, que a cualquier céfito vuela? Pues da ocasión a mi intento la música, es bien me atreva . a hablarla. Volver la espalda importa, que Oronte llega. No has de irte, beldad esquiva, segunda vez, sin que sepa en qué estado está mi dicha. Pregúntáselo a la arena. Que a la arena lo pregunte, ha dicho: y no me dijera mal, si pudieran suplir sus átomos mis pavesas; pero en el papel dorado de su frágil subsistencia, caracteres veo escritos: si será ventura, o pena? Ventura será, que a ser dolor, no me le pusiera el hado en parte, donde es tan fácil, borrar las letras. Ya reparó. En el jardín dice: qué buen modo, fiera, hallaste de enmudecer los acentos de mis quejas, a la osadía despecho, pues por no borrar, no alienta. Prosigamos, corazón. Sigámosla, resistencia. 2. Para avisarte los troncos, desnudándose vocean, y cada hoja despedida, es una volante lengua; teme, teme, que venga, y a ser lástima pase, lo que es soberbia. Segundo sitio ha mudado Eúmene, y también en esta parte ha escrito. No me culpes, desdén, antes me agradezcas, en lo activo del motivo, lo cuerdo de la decencia. Esta noche, leo; con que si a esta dicción junto aquella, en el jardín esta noche dice tirana inclemencia, por qué alivias tan despacio, si escarmientas tan apriesa! Pues solo al aviso falta, lo que sobra a mi paciencia, concluyamos de una vez la noticia, y la respuesta. Que hayan de estorbar las Ninfas llegar a hablar? más tercera vez se ha parado; bien es torcer un poco la senda. Dejar de ser infelice, no es posible, aunque tú quie- tas; mas puedes desconfiada, dejar de ser menos necia: teme, teme, que venga, y a ser lástima pase, lo que es soberbia. Pues ya fenecí, delirio, la cifra, demos la vuelta al Alcázar; aire, no me deshagas la cautela. Fuese Eúmene; ya duraras dicha, siendo mía, y cierta! Acercareme, a ver, si como en las otras, en esta parte ha escrito: albricias, alma, que con esperanza cierta, la cláusula, pues advierto, que escrito en el polvo queda: os espero; con que unidas las dosrazones primeras: en el jardín esta noche os espero, dice: estrella, por lo menos, ya que no rendida, está menos fiera: con que bien puedo decir, venturoso::- Guerra, guerra. Fuga, fuga, digo yo. Qué es esto, Tíreo? Esa es buena flema, señor, si puede haber flema buena: el contrario campo toca al arma. Cómo tan cerca de la noche se resuelve a embestir? Cómo pelean los Polemones a escuras, Ven conmigo. Dónde queda Oronte, Eumene? En su guarda anduve, hasta que a la bella tropa de sus Ninfas pudo. agregarse. No quisiera, que en este lance arriesgase. su ardimiento, pues es fuerza, que añada, oscura la noche, horror a horror, niebla a niebla Pero, pues no nos permite el riesgo buscarla, empieza a prevenir las escuadras. por esta parte, pues esta toca a mi valor guardarla. Seré en su marcial defensa. monte vivo: ven conmigo, Tireo. No entiendo de esas. Suerte, se una vez propicia, . aunque no te lo merezca aquel contrario, tenaz enojo de tu influencia. Huyan las luces. Huyan las luces. Venzan las sombras, Venzan las Las nieblas vuelen. Las Los rayos corran. Los rayos, Que cuando entre oscuras, lucientes discordias, la noche desciende, el día trasmonta, todo es horrorel mundo, hasta la Aurora, que entonces temerosa la Luna falta. La Luna falta. El Sol asoma. El Sol asoma. El campo vive; el aire dora. El campo, Ya sacudiendo baja la noche perezosa de su negro cabello. las denegridas hondas, huyan las luces, venzan las sombras. Del tosigo del sueño en la apacible copa brinda al Orbe, el halago de su letal, ponzoña: Las nieblas vuelen, los rayos corran de Cupido al precepto, porque a su culto importa, que cuanto el día teje, mis lobregueces rompan: Huyan las luces, venzan las sombras; y pues ya sosegada la faña belicosa enmudeció Maborte al bronce de sus trompas: las nieblas vuelen, los rayos corran. 2. Que cuando entre oscuras, Pues lograda la intención ya, de aquella arma fingida, pudo en el campo contrario, Guardas burlando, y Espías, el disfraz introducirme, no perdamos tiempo, ira. Este es el Palacio, en cuya diversión el Rey solía asistir, y adonde tienen hoy su habitación las Ninfas, si de un noble prisionero no me mintió la noticia; y pues la mayor hazana emprendo, y esta sería hacer prisionera a Eúmene; ingrata Sacerdotisa de Diana, veamos si halla algún paso mi malicia. Qué densa es la oscuridad! apenas a la noticia de los ojos deja el aire saber donde está la vista; las tapias de su jardín son estas. Gracias, o esquiva suerte, al impulso mudable de tu vaga rueda fija, que a un infeliz has dejado instantes para las dichas. Bien presumió Nicanor del rebato, que no había de atreverse, (tan cercana la noche) según Milicia, a intentar ninguna empresa Polemón; mas pues áspira mi amor solo a los favores de Eúmene, demos, caricias, de mano a otros pensamientos. Un bulto, Cielos, divisa mi cuidado; y pues la puerta sé (como quien tantos días vivió en él con el Rey) quiero, pues es más casual, abrirla, y a ella encaminarme. Hermosa Silene, pues tú me dictas esta empresa, como al fin, hermosa Deidad divina, a quien amo, favorece el arrojo, que motivas. No será malo acercarme a las rejas, por si avisa algo que a mi amor importe; pero las cuerdas, heridas de un instrumento, demuestran, que quieren cantar; albricias, corazón, pues sin duda esto es darse por entendida de que escucho: suerte, no seas una vez mentira. 2. Mariposa, que amando tú muerte misma, pretendes, que te abrase quien te ilumina. Corre, vuela, llega, gira, que disuenan, si amas, temor, y envidia. Bien presumí, pues la voz a otro viso solicita, que llegué; y pues es, sin duda, alguna de quien se fía para avisarme, a la puerta, que mi dicha facilita, acercarme quiero. 2. Pues con este aviso me envía Eúmene, y diviso ún bulto, llamarele:: mas ya él quita este cuidado a mi voz, pues llega. Canora Ninfa de este jardín, por qué cesas, si tan dulcemente hechizas? Es Oronte? Sí. Pues sabe, que Eúmene, amorosa, fía de mí el secreto de que con este recato os diga, que por la puerta os aguarda de:: pero ay de mí! que vista de alguna Ninfa, sin duda, he sido, y corre mi vida peligro; adiós. No os vais sin decirme (ay Dios!) pues la Quinta tiene tantas puertas, cual es la que Eúmene dedica a mi ventura: pues no responde, debió (ha desdichas!) de irse, sí; pues el acento sonoroso de la lira sueña más lejos, haciendo que a poca voz se aperciba. Quéjate de tu suerte; fiel avecilla, sino logras el premio de ser ceniza: Corre, llega, vuela, gira, que disueñan, si amas, temor, y envidia. Quién se ha visto en con- fusión cómo esta? mas qué vacila mi amor, pues lo natural es, que por la puerta misma del jardín me llame, habiendo de entrar a hurto de las Nin- fas; y pues tan poca distancia hay hasta ella, y en la activa fuerza del amor cualquiera diligencia corre prisa, no demos con la pereza más vigor a la fatiga, diciendo en el mismo, dulce sentido de esta armonía: , . Corre, llega, El tímido movimiento de torpe planta remisa, cuando a un delito se estrena, que cobardemente pisa! Yo lo diga, pues la vez primera, que amor me inspira, de puro turbada, aún no acierto a ser atrevida; esforcemos, corazón; este temor, y no diga el desdén, que en lo cobarde deja pavesas de esquiva. . La puerta abriré; mas Cielos, no es la estatua peregrina esta de Diana? Sí. Pues como Flora advertida me avisó, ídolo ingrato, queda de esta galería! y si hubiera dicho, que para abrir la puerta, había de pasar por donde estaba. Diana, hubiera distinta parte elegido; pues es duplicada alevosía en mi amor, ya que la ofenda, el que la ofenda a su vista. Aún sin arbitrio, su bulto tan ceñudamente mira, que en el bronce de los ojos están ardiendo las niñas: pavor, ya me vuelvo. Alienta. Qué escucho, Cielos! Respira. Es sueño, o verdad? Emprende. Viva estatua soy! Anima, que el peligro es el alma osadía. Sagrada copia de aquella luz, cuya soberanía logra mirarse adorada, aún con saber, que es fingida, qué me aconsejas? Alienta, ánima, emprende, respira, que el peligro es el alma de la osadía Las voces, que en los colores de su retrato palpitan, haciendo eco a las demás láminas, se participan: amantes objetos son, cuantos el pincel matiza, esta es Hero, este Leandro; de cuya llama encendida, poca urna undosa fue toda la campaña cristalina; enfrente de Galatea está Acís, cuya florida edad delcierzo de Amor, yace adulación marchita. Venus, y Adonis, la hermosa fábrica cierran; tan hija aquella de su belleza, como este de su desdicha. Qué es esto, Amor? cómo avienes tus lisonjas con tus iras? me persuades los halagos, y me retratas las ruinas? mas no, bien haces, exfuerza todo el poder que autorizas, como parezcan tus ceños, enojos, y no justicias; y pues mudos ejemplares mi tibio volcán avivan, yo me esfuerzo, oyendo; alienta, ánima, emprende, respira, que el peligro es el alma de la osadía. a, Cómo, traidora Ninfa, delincuente, apostata amorosa de mi cuito profanas el decoro reverente? tú eres, Eúmene? miente, miente, miente quien lo dice, y lo piensa, que no se unen tus glorias con mi ofensa. tu amante? tu atrevida? a afecto injusto, a adulación mentida, rindes con torpe ejemplo el desdén, que era basa de mi Templo? pero como mi enojo sufre, que haya osadía, sin despojo? y pues el mármol de mi Estatua avisa el alto espíritu, el soberano ceño de mi divino dueño, que aún la piedra al castigo se habilita, antes que ella permita, que pase a ejecución, el que era intento; muere, muere al violento estrago de esta flecha, porque quede el escarmiento vivo. Cómo puede? si alma suya, el Amor le dará vida, siendo una herida, cura de otra herida? Y porque veas, fiera, que si el mármol ánima tus rigores, enciende los colores al blando activo fuego de mí hoguera; pues descrédito fuera, que viese el ceño ingrato; viva tu Estatua, y muerto mi retrato; siente mi enojo, y tu! beldad turbada, rompe a esa puerta la prisión dorada; no temas, yo te amparo, quizá para más raro triunfo, que el que imaginas; pues a ese intento yo dispuse, que viniese quien te muestre en el monte, que abrió a Cloante, quien aguardaba a Or qué esperas? No sé, pues solo a dos portentos rendida, ya el abrir la puerta, Amor, será fuga, y no caricia cia Suelta, traidor, y no estorbes, que su fácil planta siga. Aún falta a tu sentimiento otro dolor, otra ira. Quién va? quién es? Quién la fama compra, a precio de la vida, No es Oronte? Basta solo, que sepas, beldad divina, que es, quien a robarte viene. Alguna Deidad auxilia mi intento, que esta ocasión, es más que acaso. Fingida sombra de mi idea, en vano, que has de lograr, imagina tu intención . Pues lo que solo pertenece a la osadía, es intentar las hazañas, y a la suerte conseguirlas; así con mi valor cumplo, ves en la maleza del monte me aguarda, démonos prisa, liento, antes, que sus voces alteren el campo. Ninfas, traición, traición. A las voces de Eúmene acudid. Pues libra en su prisión mi Deidad el trofeo de Fenicia; y el blasón de mis saetas, y ya no puede, enemiga, tu saña estorbarlo, vuelve a tu libertad. Qué rindas tu fuerza a mi imperio espero. Al Monte, al Parque, a la Quinta. Traición, traición. No dejéis influencias coloridas, de proseguir en la dulce; o empezada melodía, porque escuché: Oh, quien no oyera::: Qué repetís:: Qué repitan. Todos a una voz:: Alienta, ánima, emprende, respira, que el peligro es el alma de la osadía,

JORNADA TERCERA

jornada tercera te, despechado vas? Donde quieres, si Eúmene falta del campo, que vaya, sino es a morir? Detente. Si eso aconsejas, o como se conoce, que no quieres! Perder una vida, no es, remediar un accidente. Morir por lo que se ama, es hacer, lo que se debe. Pues porque veas, Oronte, cuanto las ansias me mueven de tu amor, solo por ti, mi osadía se resuelven a dar la batalla; pues desde anoche acá no pueden tanto haberla asegurado, que se haga a nuestra gente imposible el recobrarla. Corre siempre diligente para un infeliz, el tiempo perezoso, pero siempre también corre despechada la cólera de un ausente: a qué esperamos, señor? Vea Diana, que tiene quien las traiciones castigue, y quien los agravios vengue. Bien dices; toca a embest tú, altivo Oronte, acomete con tus flecheros el ancho recinto de sus Cuarteles, que yo, la espada en la mano, arrestado, cuanto fuerte, animaré mis Escuadras. Con solo ese esfuerzo vences, que es otra alma en los Soldados la presencia de los Reyes. No sé, qué me dice tanto fatal acaso; mas cese mi temor, pues en lo adverso se conoce lo valiente, y reduzcamos a un solo lance la vida, o la muerte, A qué esperas? A qué heridas las roncas tirantes pieles nos avisen. Ya su estruendo todo cuanto alcanza, enciende. Al arma contra Fenicia. Ea, soberana Fumene, a librarte, o morir: haga tu favor, que acierte con una venganza, quien haces, que una dicha yerre. Arma, arma, guerra, guerra. Pues tan impensadamente nos enviste Nicanor; a recazarle, valientes Fenicios, y en su escarmiento vea, que no siempre vence, quien acomete, si no quien con razón acomete. Si es su designio, cobrar a Eúmene, en vano lo emprenda, pues ya Cambises, con tu orden, la habrá asegurado, entre las Ninfas de Amor, pues a él fiaste solo, que la lleve a su Templo. La mayor hazana, restado, y fuerte, emprendiste. No porque la mayor hazaña hiciese en la prisión de la Ninfa, no ha de intentar la impaciente saña del pecho otras muchas, haciendo, que el tiempo enrede a un Laurel la verde umbrosa esquivez de otros laureles. De ti, Cloante, lo esperos y ahora, pues cerrando vienen el paso a nuestros Caballos, para poder defenderle, importa, que en uno, yo los ánime, y los aliente, diciendo:: Viva Fenicia. Viva Acaya. Al Monte. Al Puente. Arma, guerra. Abanza, abanza! No huyáis, cobardes, Ah, pese a la indignada ojeriza del hado, que así pretende, para no matar de una, agraviar de muchas veces: pero a qué espero, que no e arrojo a morir? 1. Detente, y date a prisión. Así me rindo y Pues no quiere entregarse, muera. Antes, en su defensa valiente moriré, pues es ventura dar la vida por los Reyes. Aún tengo bastante enojo para escarmentarlos. 1. Prueben ambos nuestras iras. Ah cansada planta! qué débil al mejor tiempo te muestras. Antes, que a ofenderte lleguen sabré yo morir. 1. Pues presto lo conseguirás. Detente, quita, no le mates. Cómo nos templas, viendo, que pende de su muerte la victoria? Cómo puedo sin su muerte a menos costa triunfar: y pues esto el hado quiere; la espada me entrega. A ti solo, Polemón valiente, la rindiera. Y tú, bizarro Joven, pues ya sé quién eres, la entrega también. Pues yo:: No bárbaramente intentes defenderte, pues ves cuanto imposible, es defenderte. Oronte, los varios lances de la fortuna no tienen más reparo, que sentirlos. Mas qué Prisionero, huésped seréis en Fenicia. En hora felice a mirarte llegue, señor, vencedor, de quien:: Qué miro? Qué te suspende? Ver a Nicanor delante; y aunque en los Vasallos fieles nada es antes, que su Rey, con todo, la atención debe celebrar, que tu consigas, sin repetir, que él padece. No la piedad os estimo, que unsentimiento, que viene envuelto en ultraje, mas de lo que adula, envilece. Ahora, en tanto, que, con solas dos Escuadras, a la alegre estancia del Sacro Templo de amor a pagarle vuelve el cariño en holocaustos, lo que me hado en laureles; tendrás en el noble, atento hospedaje, que se debe, a Oronte, y a Nicanor: y porque resulte este triunfo en obsequio de quien tutelar nos favorece, a cortas marchas, con todo el número de mi gente a su Templo darás vista, haciéndole (antes que llegues a pisar su estancia) salva, todo el bronce; que la ardiente actividad de mi celo no me permite, que espere, a capitanear mis Tropas. Del modo que lo previenes lo ejecutaré: ya amada hermosísima Silene vuelvo triunfante a tus ojos. Pues tú, fortuna, lo quieres: valor, paciencia. Si voy a ver las luces de Eúmene, alma, albricias, que mejor es estar preso, que ausente. Cree, Nicanor, pues las iras marciales obran corteses, que con cualquiera mediano partido, siendo decente, volverás a Acaya. Bien de ti mi aliento lo cree. Y ahora a Dios quedad. Pues sea diciendo, para que llegue felizmente a los umbrales de amor, vivan, triunfen, reinen Fenicia, y Polemón. Vivan, reinen, y triunfén. Ah aleve acento! de quién se forman las silabas de mi muerte. Si auxilias, amor, mis ar- más, también reverentemente prontas pagan a tus aras mis armas, lo que las deben, Venid, señor. Ya, Cloante, te sigo: Tenaz rebelde hado, si una vez no matas, por qué amagas tantas veces? Adelantaré las marchas, aunque lo contrario ordene Polemón, por ver la causa de mi mal. Haré, que abrevie, el fin a mi vida amor. . . Daré, si el rostro no vuelve propicia Diana, quejas, que profanen sus desdenes. . el Divinas Ninfas, en folice hora, celo, que os busca, y alma, que os adora, os hallen en la sacra, alegre, altiva estancia del Amor, que de la esquiva cólera de Diana se predice. ya vencedor. Que en hora esté felice, es fuerza, quien, o Cam Antes, qué intente informaros mi voz de a lo que vengo, con sola una acción tengo de adelantar las voces: quita, Eúmene, esa banda del rostro, y a Silene, y Cloresta, bien como Prisionera, tu orgullo rinde. Si la suerte fiera esto permite, dadme vuestras plantas: sino estuvieran ya borradas tantas cóleras desdeñosas, como, Cielos, aún al menor asomo de mis celos pudiera de este ultraje, sin mi muerte, avenirse mi coraje? Extraña perfección! Rara hermosura! Bella mujer, levanta; y pues aún dura mi confusión; Cambises, porque atenta estimación, y objeto mida, cuenta el motivo, que a ti, y a estabe- lleza trae al Templo de Amor. Qué presto empieza vuestro veneno, celos! Si de Cloante, habrá noticia, Cielos? Dimos con nuestro volante Ejército numeroso; a no cortas marchas, vista al Campo de Nicanoro: dejo los diversos lances de uno, y otro Campo, y solo voy a que, invicto Cloante, (con qué vergüenza le nombro, viendo, que en mis ansias, él consigue lo que no logro) en fe de aquel publicado Edicto, y en fe del odio, que abrigado en el coraje, creció a despechos del logró en las oscuras nieblas de la noche, valeroso, la interpresa de traer en Eúmene, preso todo el cariño de Diana, y el de Nicanor; el como le consiguió, ella le puede. decir, pues lo que a mí solo toca en esta ocasión, es, daros el orden (oh qué envidioso . de Cloante vengo!) y es, que pues estando unos, y otros frente a frente para darse la batalla, no habrá modo de asegurarla, sin que se arriesgue, entre el belicoso tropel, a que huyendo pase a su Campo, y más, si noto ser su libertad la causa más principal del enojo, vosotras en la Clausura de este Templo, y de sus cotos, la tengáis guardas de vista, hasta que ruina, o despojo sea Fenicia; supuesto, que así se consigue el logro de asegurarla; y pues ya os he hecho, Ninfas; notorio de Polemón el precepto, en paz quedad, y no estorbo sea esta acción, para que no llegue a tiempo el heroico ardor del brazo, de ser móvil de el siempre glorioso triunfo, que amor asegura; y pues, como he dicho, el modo es hoy la seguridad de Eúmene, cuidad a todos visos de su luz; pues presto, si amor se ayuda a si propio, vendré a pediros triunfante, la que he entregado dudoso. Perdona, Cloresta mía, . esta prisa; que en desdoro de mi valor, y tu influjo no hay fineza sin oprobio: Venid. C ve. 3. En vano le detenéis: pues con todo Comboy, que trujo, parte el Templo, y acá por otro lado, un Soldado corriendo se introduce. Pues no es poco haber llegado hasta aquí libre del marcial destrozo; va de chasco, por si puede servirme de algo Aleve adverso, cruel influjo de mi estrella, pues me postro de amor a las leyes, dame noticias de Oronte, o roto el vital estambre, vuelve los alientos en sollozos. No, Eúmene, te aflijas tanto, que sea miedo el ahogo. Alienta, que aunque en él Templo presa quedes, es piadoso el Juez a quien te encomiendan. Vamos de esta, desahogo, y no mi risa embarace mi intención: válgame todo el Teatro de los Dioses! No hay quién me ampare? Hombre:: Loco:: Qué aquí te entras:: Qué aquí llegas:: Atrevido:: Temeroso:: Quién te aflige? Quién te sigue? Dejadme, por San Apollo, cobrar el aliento, y luego hablare, si puedo. El rostro, traje, y voz son de Tíreo! En muchas dudas zozobro. Habla. Habéis de saber, Ninfas: pero ya llegan. parentesís, le disparo una flecha. Ya me cobro. . Habéis de saber, repito, que Nicanor valeroso ha vencido. Hhy de mí, triste! Sagrados Cielos, qué oigo! . Ni un Penicio, con quien da- ros noticia ha quedado, y solo yo, que no me puse en parte donde ser como los otros, pude escapar. Di? Cloante (hay de mi infelice!) como salió del estrago? Muerto. Oronte, que generoso era General de Acaya, cómo queda? Cómo esotro. Caiga el Cielo sobre mí! Muerte, para cuando el corbo acero guardas? Mas qué hago? Qué me detengo? si oigo ya de Nicanor la marcha? Luego este bastardo ronco acento es de sus tambores? No señora, de los propios: a quemar el Templo vienen, cuando menos. Si hoy su enojo habrá encontrado a Canbises? Yo apostaré un real de a ocho, que a la hora de esta, le ha hecho cuatrocientos trozos. Cómo vivo, si esto escucho? Reinas, adiós, que me ex? pongo a gran riesgo: vive Jove, que la han perdido hasta el codo las Ninfas! Cuales (en viendo que en lugar de Nicanoro es Polemón) quedarán? Harto siento ser forzoso el irme, y no verlo; pero no he hecho nada si no corro. . 3. Voy a avisar a las Ninfas la causa del alboroto. . Qué murió Cloante? no:: Qué falta Cambises? sí:: Que aún vive; pues vive en mí! Que muere, pues muero yo. Qué Oronte, suerte enemiga! no dure vivo en mi fe? Ira. Mal Pena. 3. Qué haré? . Vengarse en quí os castiga Cómo, si es el dueño oculto, voy? Cómo, di, si le ignoro? Cómo, si cegando lloro? Rompiendo de amore bulto. Bien persuade la tirana cólera mía este ardor. Bien dice; muera el amor, Bien dice; viva Diana. Pero el por qué dificulto. Primero es mi adoración. Ira, dame otra razón. Porque no os merec culto. Mas paran que aquesto diga, sepa mi coraje, pues:: Quién es el amor? Quién es? Quién os trujo la fatiga. Ya me esfuerzo. Ya me aliento. Ya me irrito. Pues veloz pronunció el eco. La voz dijo:: Artículó el acento:: Vengaré en quien os castiga: 3. Rompiendo de amor el bulto; porque no merece el culto, quien os trujo, la fatiga. Pues de mi cólera ar- diente la atrevida confianza quiere alumbrar mi venganza del humo de este accidente; ira, siempre mi pesar en su fino frenesí, porque caiga amor así, de tres pechos, y un Altar. Ea rabia, ea aflicción, ea pena, ea tormento, pase a obrar el sentimiento como ira, pues es razón vengarse en quien os castiga, Esto ha de ser. 2. Dónde vas? A vengarme de esta fuerte de un amor, y de una muerte. Ciega vives. Loca estás. Ni loca, ni ciega estoy, sino amante; ah influjo impío! Luego a Oronte:: Aay dueño mío! p Amabas? Sin alma estoy! Y al ver, que murió:: Qué agravio! Imaginas: Qué pesar! Vengarte en amor amar? Forma la voz. Rompe el labio. Si Ninfas, de Oronteadoró la memoria, por él, fiel, dejé a Diana, y por él peno, sufro, gimo, y lloro: y cuando pensé (hah enemigo!) . que me hiciese feliz, ese tirano Monarca, (ha pese . al valor con que lo digo!) muere en la batalla fuerte, ambicioso de su gloria. (hah amor! cuando tu victoria costó menos, que una muerte? . Ved, si faltando el objeto, que persuadió mi belleza, puede mi naturaleza hallarse con su respeto? Muera amor; pues este encanto, que a despechos de el decoro, no ha sabido, entre ebras de oro, disimular, que erallanto, me ha dicho ya, cuanto siente muerte, y riesgo en un instanto, de Cambises, y Cloante vuestro afecto, y:: Calla. Que si hasta aquí resistí, que ultraje su Altar mi fe:: Que si ofender no dejé su simulacro hasta aquí:: Ya mi amante indignación solo en sus injurias piensa. Ya se vistió de la ofensa el cuerpo de la razón. Pues qué esperáis? Nicanor llegar al Templo se ve: haga un rebelde, lo que ha de hacer un vencedor. Traidor adorado empeñó, injusta mentida ley, muy tirano para Rey, muy cobarde para dueño; pues no has sabido guardar, lo que sabes influir:: Pues tienes para rendir, fuerza, y no para triumpar:: Cae del soberano asiento; que te dio mi idolatria. Y una vez la fantasía sepa lo que es escarmiento. Humillado tu explendor, polvo sea, y no sea hoguera. Muera el amor, Amor muera. Por qué ha de morir amor? Hay infelice! Hhí de mí! Qué miro, Cielos airados? Habla, Silene. Son torpes las expresiones del pasmo? Dilo, Cloresta. El asombro se llevó el uso del labio. Eúmene, qué es esto? Esto es, que al repetir Huyamos, Ninfas. Segundo portento! 3. Y pues crueles los hados quieren, que Nicanor venza, a escapar el simulacro antes, que sus iras. Dónde, fugitivo Coro errado, mueves el paso? 3. Quién quieres, que te satisfaga a tanto en tal confusión? Pues como:: 3. Hoy muero, fortuna! Cuando desbaratadas las Tropas, de Acaya, vuelvo triunfando de Fenicia; hallo en el Templo tal novedad, que embargado el susto, duda la vista si la finjo, o si la hallo? El Ídolo, a quien venía a consagrar humillado, tantos despojos votivos, cuanto ceños tributarios; fuera de la Ara, y no solo fuera de la Ara, mas dando querellas de bronce, contra inobediencias de mármol? Las dos Ninfas, que debie- ser columnas del sagrado culto suyo, declaradas delincuentes en su agravio? Vosotras en desmandadas, confusas tropas, violando las calladas preeminencias al silencio de su Claustro? Y en fin, tan erradamente cómplices, que dais el lauro a Nicanor, como sí fuera el vencedor esclavo? qué es esto, decid? Señor? Yo sí. El susto:: El sobresalto:: No permite: No me deja:: (bado Callad, que en vuestro tur- idioma, se está leyendo el corazón a pedazos; y pues:: 3. Escucha primero, Señor; mi noticia: estando en el Templo, atentas solo al culto del Simulacro, entró en él (traidoramente debió de ser) un Soldado, que afectando en las razones el semblante del engaño, dijo, haber sido el vencido tú, y Nicanor, el que dando muestra de su enojo, el Templo venía a encender, quedando muerto Cloante, y Cambises: yo, que escuché tan extraño trágico suceso, a dar la noticia fui volando a las Ninfas, porque libre detán conocido amago la Estatua quedase, y:: Cesa, que ya que en mí el irritado encono me privilegia de los temores del daño; diré lo que falta yo. Oyendo, que había faltado Oronte (en paraje estoy que puedo decir, que amo) irritada contra amor, amotiné los airados enojos míos, a tiempo, que estas dos Ninfas:: No tanto sentidas de que faltase a nuestra vida el callado objeto, quizá de algún amoroso incendio: Cuanto de que vencida quedase la justicia, del acaso:::: Creyendo, que Nicanor era quien al Soberano Templo se acercaba, a ser la ruina de su Palacio::: Quitar el Ídolo quise; para esconderle, y temblando del susto, le enajenó la torpeza de la mano. 2. A tiempo, Señor:: Callad, que aunque quisiera estorbaros el castigo, con dejarme engañar, está acusando al alma aquel fenecido, primer proceso del labio; si ibáis a librar la Estatua, para qué era, pronunciando, el Amor muera: no veis, que desmienten el descargo, allí una culpa descuido, y aquí una ficción cuidado? pero para qué os arguyo, si todo el tiempo, que gasto en convenceros, le quito al rigor de castigaros; las tres habéis de morir. Qué pena? Qué horror! Qué pasmo! Prevenid, Ninfas, vosotras. (pues en vosotras no hallo igual mérito en la culpa) el funeral aparato del sacrificio, que antes, que con los triunfos ganados. lleguen Cloante, y Cambises al Templo, trayendo esclavos. a Oronte, y a Nicanor, he de mirar abrasados en la hoguera de este enojo. el bulto de aquelagravio: Ese arojado, ofendido Ídolo, llevad Soldados, y en portatil Ara, a vista del Suplicio esté, logrando. en los humos del incendio, las luces del desagravio. Vosotras, porque al instante empiece a obrar el espanto, llevadlas, donde vestidas. el trágico, el atezado, funesto adorno, no haya desperdicio, sin estrago. 3. Si haremos, cantando aquellos tristes lamentos, que cuando alguna se sacrifica al Amor, acostumbramos repetir. 3. Que en fin, Señor::: No os escucho. 3. Al ceño airado. del incendio: Amor es solo, el Juez. 3. Por solo el infausto delito de la desdicha. hemos de morir? Pues, cuando el infeliz tuvo más culpa, que ser desdichado? 3. No hay remedio? No hay remedio. . Venid. 3. Pues diga llorando, , . Piedad, Ciego Divino, Amor tirano:::: que para tus enojos en tu Im- perio, si castigas delitos, no hay vasallo Ya que al abrigo de ese risco altivo, nuestro triunfante Ejército, acampado pasó la noche, cuyo horror esquivo, sombra es común del rosicler del prado; y ya que de medroso, fugitivo desocupa su tosigo atezado, el aire, en cuyo funebre elemento, para azabache se cuajaba el viento. Ve poniendo, Cambises generoso, (pues del Templo de Amor llegaste ufano) la gente en orden, cuyo belicoso cuerpo se vaya desfilando alllano, que pues ya el explendor del Sol hermoso nace, a dar nuevo ser al ser humano, quiero que sea, al ausentarse el Alba, otro segundo amanecer mi salva. Ya que a la vista de su hermoso bulto cesó la marcha, presto sus hileras, ya desfiladas por el Bosque inculto, verás poblar de el Río las riberas. La hora no veo, de que al noble culto de Silene mis ansias lisonjeras no dediquen en bélicos enojos, tanto mis penas, como mis despojos. Si así te vengas de mi altivo aliento, o cómo, suerte infiel, eres cobarde! Pues ya en menudas lágrimas el viento llora, porque la luz salga tan tarde, noble Campises, a lograr mi intento. Invicto General, Amor te guarde, para que por ti diga el Orbe ufano: Piedad, Ciego Divino, Amor tirano. Aguarda, que si el viento no ha mentido, músicas quejas son las que he escuchado. Latiendo mi temor está en mi oído. Pulsando está mi pena en mi cuidado. Qué novedad será, la que al gemido ocasionó al acento destemplado? La causa ignoro; pero presto puedo con la noticia desmentir al miedo; y pues tan cerca del Templo estamos, en esta parte me esperad, que descendiendo a la aspereza del Valle, quiero averiguar yo mismo el motivo. Cuando amantes descansáis? Pues porque está Silene en el Templo, hace Amor, que ya piense suyo, mal que no será de nadi dadme un Caballo, y seguidme vosotros. Aunque me mande, que aquí le espere, no pueden los temores eficaces de mi amor, obedecerle; y así, siguiendo su alcance he de ir, llevando conmigo a Oronte, pues puedo darle la disculpa, de que, a ver de Diana los ultrajes, en los aplausos de amor le llevé: qué fuera males, . que hubiese en Cloresta alguna novedad! Si funerales, roncos acentos se escuchan; y si como supe antes, al Templo de Amor, Eúmene presa vino, como es fácil no creer, que sea su muerte, la causa para vengarse de Diana en ella? Mucho, de que Polemón hallase lástimas, en vez de aplausos, me pesara. Los casuales lances de la suerte, siempre no son venturosos lances; mas para que de esa duda. salgamos, al no distante Templo de Amor vamos. No quieras de mí, que me agravie, sufriendo a mis ojos cultos, que ofenden otros Altares. De mí sí, que yo no quiero, que la fortuna se alabe, que ha sido ella en sus mudanzas mas firme, que yo constante; así veré a Eumena. Así sabré, si este amago cae en Cloresta. Pues adiós, que yo a tanta vejetable multitud de hojas, y flores, iré a contar mis afanes, si para tantos hubiese hojas, y flores bastantes. Suerte, mi temor te duela. Hado, mi prisión te baste. Por otra vida te pido. otro riesgo me combate. Ella dure, y más que hiera. Ella viva, y más que mates. Si quieres tener piedad, rompe, Amor, tu venda fácil, porque viendo llorar a quien te ruega; o has de parecer vil, o estar afable: mis lágrimas te ablanden, sea de amor disculpa, el que se amén. Adónde está tu fineza, dulce adorado Cloante mío? Y adónde, tirano, vendado rapaz instable tus piedades? Si dijiste vendado, qué hay que te espa cuando han sabido ser menos crueles las ceguedades? Quién creerá, que cuando mas deseo ver, que satisface su muerte, su culpa; vienen a los ojos, y al semblante, el susto entre palideces, y el pesar entre cristales? Ah desgraciadas bellezas! Ah malogradas beldades! 3. Tú lloras? Síe, que un Monarca piadosos, al ver que se mate un reo, cumple consigo con sentirlo, aunque lo mande; y porque lo veáis, yo he de ser, quien los compases llevando a la entonación del himno, porque contrasten muchos ruegos una ira, he de ir diciendo delante:: , . Si quieres tener piedad:: Tened, suspended el paso, que pues ya logré informarme del suceso, y hasta aquí llegué; ha de ser, a que salve una vida. Amor, qué miro? En este sitio, Cloante? qué es esto? Después, Señor, sabrás, lo que no importante es aquí; y así, a lo que importa vamos: ya sabes, que el que General Augusto de las pompas militares de Fenicia es, (como tú dijiste) tiene entreiguales, preeminencias, la de dar vida a un reo? F Cómo cabe, que esa verdad niegue. Luego yo, a quien, gran Señor, honraste con el bastón, podré de estas bellas infelicidades, librar una? Es así. Ea, empeño, el más notable designio emprendo: Silene, . si te ofendiere el dictamen, al ver, que le empiezo, no me culpes, hasta que acabe. Albricias, alma, pues quien puede dudar, que en mí cae ap la excepción: Ay dueño mío! Si no estuviera de parte de Silene su pasión, creyera, que me amparase a por la a mistad de Cambises. Cómo es posible, que aguarde su favor, quien extranjera, y enemiga le persuade? Resuelve, cual de las tres, para que las otras paguen su error, ha de quedar libre: Para hacer, que se dilate la vida en Silene, tengo, que vencerme, y que esforzar? me. Eúmene, Señor. Qué oigo? Es quien::: Ah, cruel! Ah instable! Merece::: Hay fortuna igual? Que la libre! 2. Hay tal ultraje! Porque, que dijera el mún de que por hacer loable mi fama, truje una Dama al suplicio, sin que ampare su delito, aunque le haya. Es, Cloante, tan de tu sangre ese designio, que nunca le dudé. Tirano amante:: Falso amigo: Cómo:: Cómo:: Así. Infelices beldades, no de mí os quejéis, pues solo puedo adular vuestros males con sentirlos; y así, por no veros morir, se vale de la fuerza el ansia, oyendo decir, al clamor del aire:: , . Mis lágrimas te abian den, Ah finezas, quién os cree! qué poco, qué poco sabe de vosotras. Pues ya veo desde aquí, en piramidales llamas, creceruna hoguera, a parecer dos volcanes, prosigamos el camino, y la queja. Deja, antes, que a ti, señor, (ya que no quiso su dueño aceptarle) se postre mi rendimiento, Alza del suelo. Habrá alguien, que de mí se acuerde? Sí. Segunda vez a embargarme vuelves la acción? Cómo puedo estorbarlo? Ahora a librarme vendrá, claro está. Pues cómo olvidas, que al que alcanzase hacer la mayor hazaña, ofreciste, que le aguarde el premio, que él pida? Nunca se olvidan palabras Reales de lo que prometen. Quién la hazaña hizo más notable en esta guerra? Tú solo, pues a Diana robaste su Sacerdotisa. Pues, el premio, que tú has de darme es una de estas dos vidas. Midiéndose a mis piedades . van sus intentos: cual sea me di, porque la rescate. Él libra a su dama. . Es, pues, la Ninfa:: Pasa adelante. Qué he de librar:: No prosigues? Quién? Qué dicha! Qué desaire! Cloresta. Qué oigo? Ay de mí! que ya imposible es, que pase adelante el sufrimiento. Tirano, injusto, cobarde, traidor: mas la voz no puede articular el ultraje; como, di, (rabio de enojo) haces, (mis ansias me maten) que viva (qué ofensa, Cielos!) quien no te debió::: No agravies, Silene mía, (perdone, señor, tu respeto) fácil mi amor. Luego, negar quieres cuanto es ya tu amor, infame? Sí. Cómo? De aquesta suerte; Fieras, Montes, Cumbres, Valles, Cielos, Rayos, Astros, Signos, Fuentes, Ríos, Peces, Mares, sed testigos del mayor afecto de las edades; y tú, Polemón, escucha también. Aunque algo distante me cogió tu voz, no pude dejar de saber, qué lance tanto te empeña; que así, invicto Cloante, hables? Pues llegué hasta aquí, aten: ción, penas. Ven aqueste baile? pues son mías las mudanzas. Polemón, Monarca grande de Fenicia; soberana Cloresta; Eúmene, admirable copia del Sol; generoso Cambises, Ninfas, Zagales, oídme, que así pretendo daros a entender, que hay lances en que parecer remiso, no es dejar de ser amante. Yo di liberal dos vidas a Eúmene, y Cloresta bellas, de quien, para otras quererlas, resultaron dos heridas: Si de Silene en crecidas ansias dejé la belleza la última, no fue pereza, sino querer mi piedad rescatar su libertad, hasta elevar mi fineza. Ley establecida es de Fenicia, que en su empleo se indulte la vida a un reo, si hay quien por él muera; y pues logrando tanto interés, morir por Silene quiero, que ella quede libre espero; pues en suerte tan esquiva, a precio de que ella viva, me agradeceré el que muero. Y pues no puede negar esta licencia el poder, dejadme morir de arder, para renacer de amar. Por ti, Silene, a abrasar voy mi pecho en los despojos, que fulminan mis enojos no haya quien piense, que fiera queda que hacer a la hoguera con quien se quema en tus ojos; y así::: Detén el impulso. Esto ha de ser. Que no es fácil; que se deje mi fineza manejar de tu dictamen. Qué espera, que (si la vida dio por Eúmene) no sale mi ardor a pagar la deuda? Hombre del diablo, qué ha- ces? Solo lo que debo. No puedo negarte, Cloante, la verdad con que me arguyes; pero como he de arriesgarme, a perder en ti mi Imperio? Con permitir, que yo pague su culpa muriendo. Cómo? No ha dado a Eúmene Cloan: te la vida en mi ausencia? Sí. ovas Pues como dudas, qué trate (satisfacciendo la vida que él dio a mi dama) arrojar- me a la hoguera? Cómo solo comprende a los naturales la licencia de la ley. Sabiendo que habías de darle esa respuesta, esperé a hablar; y pues ya este lanco llegó, a mí, que natural soy, no es posible negarme la licencia, que si a Oronte ha movido el ver, que ampare a Eúmene, a mi ver, que libre a Cloresta. Ese es desaire. de mi amor, pues presumís, que permitan mis leales ansias, que muera. A mí, en quien menos pierdes, has de darme la fortuna de morir en tanto empeño. No es fácil, que habiendo de resultar contra ti, vuelve a enlazarse el primer empeño, pues vuelvo a ser reo, como antes, para que como antes muera. Eso ofreces, por que sabes, que no has de poder lograrlo, y cuando el riesgo recae sobre Cambises, yo sola seré quien a esa brillante pira se arroje. Qué riñan sobre cual ha de matarse! Amor, pues árbitro eres de esta venganza, desate tu aviso esta duda: quien quieres tú que muera? Nadie. Qué amor, que las fineza? mueve, y persuade, nunca aspira al castigo, sino al examen. pla la esquiva Diana, Deidad intratable, cuyo ceño a mi influjo de cera opone en sus iras crueldad de diamante. Yo perdono, o Fenicios, la culpa de esas hermosuras; que fuera quitarme la mitad de mi Imperio, si hiciera, errado mi impulso, que muera quien ma Solo pido, que en pago del noble, cortés desenojo, en mi nudo se enlacen, succediendo a las trágicas luces, el trémulo halago de teas nunciales, que amor, que las finezas, No solo contradiciendo su razón, no habéis de hallarme de parte de mi desdén, sino solo de la parte de Amor esta vez; pues viendo cuanto influyen eficaces, amorosas ansias, rindo mis resistencias; porque halle::: , . Qué amor, que las finezas, Luego pretendes, divino Numen de Fenicia, amable, perdonar sus vidas? Sí, que si yo labré el enlace de estos amagos, fue solo para probar los quilates del cariño. Con que yo, que fui causa de engañarse las tres Ninfas, sin castigo me quedaré? 3. Tú, vergante, bien le merecías. Pues, porque sacras, he inmortales, lidien, sin que se compitan piedades contra piedades, llamad a Nicanor. está ya a tus plantas Reales, qué ordenas? Que libre vuelvas a tu Reino, siendo el canje solorde esta acción. Cuál es? oírad Que Eúmene divina case con Oronte, pues su afecto ya se descubrío. Tan fácil partido, negar no puedo. Y para qué todo pare en dicha, logre el afecto de Cambises, y Cloante, que de Silene, y Cloresta las nobles finezas paguen las ansias de su cariño. 2. Quién puede, señor, negarse a tan venturoso empleo? Feliz será quien añado este laurel a sus triunfos. Pues confirmando las paces entre ambas Coronas, digan las armonías del aire:: , . Qué amor, que las finezas mueve, y persuade, nunca aspira al castigo, sino al examen.