Texto digital

Texto digital de El secretario confuso

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Jacinto Cordero
Atribución estilometría
Jacinto Cordero Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El secretario confuso. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/secretario-confuso-el.

Logo BICUVE

EL SECRETARIO CONFUSO

JORNADA PRIMERA

Habéis escrito a Milan; A Milan he escrito en suma donde agraviada la pluma, el papel, y tinta, están. Porque; el Duque no es galán, Secretario os enojáis, aunque buen gusto mostráis advertid menos cruel, que yo me caso con él, que bos con él, no os casáis, Y si a mi gusto ha de ser esposo, que me han de dar, a mí me ha de conter yo sola le he de escoge Trataré de obedecer vuestro gusto eternamente. Mostrad la carta. r Detente. amor ques atrevimiento. Acabad. Tirano intento. Vence amor si eres valiente. (. Ya que tu pecho se anima Señora a mi perdición, y quiere tu coracón, pasar de un clima, a otro clima, olvidando aquien te estima con un rigor inmortal. ( Qués esto. Decir mi mal. A quién. Su enojo se aumenta. a quien agraviarme intenta. Estáis loco. Estoy mortal. Cómo, por darme la carta, que yo escribiros mande, me dais esta. No lo sé, que amor de juicio me aparta. Qué amor tenéis. No es con harta ocasión. Eso procura saber el alma. Ventura Diana hermosa me falta. Quién es. La que en gracia esmalta a la mayor hermosura. Es por ventura Violante, o la hermosa Serafina. Mal vuestra Alteza imagina en mi dolor penetrante. Será Celia. No os espante, Señora, mi atrevimiento, que volar mi pensamiento a tan soberana esfera muy falto de juicio fuera, si no tubiera este intento, Yo quiero. Acabad por Dios. Teme amor, que toca al arma, decir Princesa de Parma, que os quiero señora a bos, solos estamos los dos, la ocasión ha sido fuerte, y aunque el alma en dura suerte a este exceso se atrevió, ya lo he dicho, y bien sé yo, que me ha de costar la muerte. Pero, mas quiero atrevido, aunque sea altivo error, morir por decir mi amor, que callar lo que he sentido. Yo os adoro, yo he querido, que sepáis, que os quieto, bien, empiece vuestro desdén, castigadme en caso igual, que a quien padece este mal, no hay mayor mal que le den. A arrogancia ques tan loca, pudiera poner por fin, con la zuela del chapín, hoy el freno en vuestra boca, mas como quien soy me toca reportar mi enojo altivo, que tanto ahora recibo de ver vuestro intento loco, que quisiera, y fuera poco hacer hoy quemaros vivo. Cuando se ha atrevido al Sol en su esfera alguna estrella, que no fuese a su luz bella Efimera, o Girasol, cuando a su altivo arrebol se opuso nube arrogante, que deshecha en un instante de sus rayos no se viese, nunca pensé yo que fuese Enrique tan ignorante. Si os faltara entendimiento, nunca vuestra acción culpara, pero es culpa en fin muy clara, tan claro el conocimiento ya me habéis dicho el intento de vuestro necio sentido, perdistes por atrevido, que no por vuestra desgracia, hoy Secretario mi gracia, y así de Parma os despido. Yo me doy por desterrado, y confieso aquí mi error, Princesa, si el mismo amor no me da por desculpado: sinó me vale el sagrado de ese claro entendimiento la dulce voz, el acento pin de tan suave armonía, muera en la desgracia mia, señora mi pensamiento. Bien se, que al Sol atrevido quise oponer mi bajeza, y que soy de vuestra Alteza con justa causa expelido, pero si amor de sentido, me priva Princesa augusta, que he de hacer cuando amor gusta de desterrarme, y matarme, porque solo en desterrarme me atormenta, y me disgusta. Quién conoce su humildad con desigual presupuesto, no deja empeñar tan presto albedrío y voluntad: mira con capacidad, los impulsos que le dan, y mira en su tierno afán para intentar lo contrario, lo que va de un Secretario a ser Duque de Milan. No mira quien tiene amor su calidad, o bajeza, antes sabe vuestra alteza, que da indicios de valor, quien a amor tan superior áspira con tanto exceso, que llega a perder el ceso. Eso no veis ques locura. A ser por otra hermosura señora, así lo confieso, pero por vos como cuerdo puede el humano sentido con poderes de atrevido tener de sí mismo acuerdo, yo confieso que me pierdo, donde juzgo que me gano, no está Princesa en mi mano, este amor en que imagino, porque el sujeto es divino, si quien le adora es humano. Veros cantar, quien no mueve a dorar en bos tan grabe, veros tañer poco sabe, quien a amaros no se atreve, pues si danzáis, cuanto debe el amor que se os inclina a vuestra imagen divina, pues si habláis, que entendimiento comprende el sutil acento de esa gracia peregrina, No paséis más adelante, basta Enrique, que me enfado, de Parma estáis desterrado, salid de Parma al instante. Señora, si amor Gigante en mi atrevimiento ha sido, perdón pide arrepentido, de pasión, que fue tan loca, y así el perdonarle os toca, por necio, y por atrevido. Ahora sin replicar os destierro nuevamente, porque hombre, que se arepiente y tiene de amar pesar llegándolo a confesar con tan alto atrevimiento, y arrepentido en su intento, pide perdón de su error, da indicios de poco amor, o de poco entendimiento. Mucho en mi pensamiento amor se atreve cuando desuanecido me arrebata al Sol de mi querida, y dulce ingrata, y a sus ojos amor mi lengua mueve. Mucho a mi atrevimiento, amor le debe, si por solicitar el bien que trata la Princesa bellísima retrata; su rigor donde amor, su rigor pruebe. Desterrado, quejoso, y perseguido, hoy con mi amor, mi atrevimiento entierro, quise subir al Sol, bolé atrevido, Y escirmentado conocí ques hyerro, querer mostrar amor, cuanto he querido si me dan por querer este destierro. e. Vive Dios que estoy corrido, questo los hombres profesen, y questo se use en España. Ques lo que se usa Juanete. Juanetes, y pantorrillas le usan, unos por afeites, y otros por naturaleza. Siempre con humor te sientes. Púrgole así poco a poco, oye este cuento solemne de un caballero Español. No estoy para cuentos siempre, para pesares si amigo. Escucha, así Dios te alegre, que en dos palabras no más te lo diré brevemente. Para como estoy, no puedo. Acaba. Siempre me vences. Pasó un mancebo a Castilla bajo, tubio, carialegre, pero de píes rubicundo: llegó un guarda a detenerle cuando se puso a caballo, y dijo uuarte se apré, porque en esos pies entiendo, que lleva y verdad confiese, dos visallos de diamantes, fingiendo que son juaneres: Juanetes son vive Cristo, dijo el hombre, no me afrente, no puede ser, ni es posible, dijo el guarda, cuanto es ese, pues aguarde, y los verá, replicó el hombre, que siempre me precié de hablar verdad. y en la posada se mete, donde descalsando un pie, vio el guarda que servir puede el tal Juanere de cepo aún pastelero de guete, y de piedra de molino. la pataza que le ofrece. Acaba ya por tu vida que me cansas, y me mueles, no son todos tiempos unos. Pues dime señor que tienes, haste declarado ya con aquel Sol de mujeres, con aquel Iris de paz De guerra di, pues mi muerte en su rigor vi cifrado, alto a España embarcareme a olvidar mi amor en ella: Y yo en ella a entretenerme con los amigos antigos. mas cuando pobre me vieren como he de tener amigos. Aa pobreza vil, y aleve. que todos te echan de sí, mucho a la mosca pareces, que siempre a todos enfada, el dicho más eminente, la agudeza más sutil, si la dice un pobre pierde, la dulzura de lo grave, y el aplauso que le deben. Mal, sosegáis corazón, quesde Enrique. Entique fuese a vestir para partirse a España. Qué razón tiene para irse a España. No sé. No te la dijo. Olvídeme, pienso que tiene un catarro, con una tos tan perene, que no tiene cura en Parma, y así a España partir quiere. Di que le llamo al momento. Voy a servite, y ti herle. No se amor que extremos roco, que al paso que me suspende, el hielo con que me abrasas, tu fuego, en mi pecho crece, callo mi amor encubriendo la flaqueza de mi suerte, que nevio razón de estado, y que triste estado es este. Adoro Enrique ha seis años, hay como encubro el quererle, se aumentan las penas mías, mis tormentos más se enciende. Tiene Enrique tanta gracia, tanto entendimiento tiene, que excede su gallardía lo mucho que Enrique entiende, Vence cortez a quien habla, pero si enojado emprende fulminar rayos su espada. no fue Aquiles, más valiente. Que me manda vuestra alteza. No era el destierro tan breve, ya con espuelas venís. El que vuestra gracia pierde señora, de esta manera camina a buscar su muerte. Muy obediente partís. Por parecer obediente a leyes de vuestro gusto, quisiera ausente, a perderme partir caminando ya. Colérico me parece que estáis Enrique. Señora, obedecer vuestras leyes, ley es en mí. Dónde os vais, A España. Mil parabienes se os pueden dar con razón, que en España favorecen los hombres de tantas partes, y en ella ventura tienen. Quién no la ha tenido en Parma por cortedad de su suerte, Menos la espera en españa. Es la patria muchas veces ingrata a sus mismos hijos, porque ocasiones no entienden, con que trata de aumentarlos. En esta que aquí se ofrece (no se yo, si la estimáis) me pedió quien mucho os quiere, que os levántase el destierro. Libre estáis. No se quién puede pedir por mí. Secretario, tanto conmigo merece, que estáis perdonado ya, pero adviértoos, que la muerte será menos quel castigo, que os haré dar si se atreve vuestro error a mi grandeza, segunda vez. No conviene, con mi amor ese partido. Reportado amor tenede, o n este trance enseñadme, que decís. Señora, es fuerte, la ocasión si quedo en Parma Princesa sois, a quien deben respeto por tantas partes, Señores, Príncipes, Reyes. Pero yo, que declarado con vuestra Alteza me tienen, mis paetontes pensamientos, y en los rayos del Sol breves, de esa esfera despeñados. con la pena que merecen, los miro, y miro que soy hombre, sujeto a las leyes de amor, que en mí tan altivo temeridades empiende: No me atrevo a ejercitar mi officio, y tener presente a vuestra Alteza callando. penas de un alma que muere adorando en tanta gracia, puesto en ocasión tan fuerte, la muerte, sé que procuro, en ausentarme, mas quieren respetos tan bien nacidos, no aventurarme a perderme, yo me voy, deme licencia vuestra Alteza, que me ausente, y perdone mi ignorancia. Esto os mando, gusto es este mío, no me repliquéis, escrebilde, y respondeldle. luego al Duque de Milan, para que al punto se apreste. como estas bodas lo piden: Entendeislo, y entendedme, hasta que el Duque entre en Parma no salgáis de ella aunque os pese, y no excedáis lo que os mando, o haré que la vida os cueste. Señora. No repliquéis, id a escribir. Tan crueles tus rigores me maltratan. Así castigar conviene pensamientos, que sin alas al Sol, tan solos se atreven. Solo a escarmentar castigos, tu Alteza manda me quede. Este es mi gusto. Es muy justo morir por obedecerle. Oh hermana. Fenisa mía. Triste en extremo te veo, ques la causa. Mi deseo, que darme muerte porfía. Tu careces de alegría, siendo de Parma señora, cuando con tal gusto adora este estado tu hermosura. Sí, quel faltarme ventura solamente el Alma llora. No está la filicidad en el estado, o corona, que la corona, no abona, el gusto, y la majestad la mayor prosperidad, que el cielo en la tierra ha dado el mayor bien dilatado: que al alma sirve degusto, es poder casarse a gusto, que no por razón de estado. Si conciertan las estrellas mi casamiento, y mi amor, no es Fenisa gran rigor el dejar de obedecerlas. Estado si me atropellas, con término tan injusto, poder sime das disgusto, alma, si el gusto en ti muere, tenga estados quien quisiere sin ellos tenga yo gusto. Pues que rigor te molesta; que pena te da pesar. Quiero bien; pero el callar, tanto Fenisa me cuesta, ay de mí? qué pena es esta, tan fiera, tan inprudente. Quién es la causa. Detente, y deja en tanto rigor, que diga que tengo amor, pero a quien, no, nres decente. A tu hermana. Sí, que en calma, opuesto mi sentimiento detiene el entendimiento como potencia del Alma. Que como mujer la palma, llevó amor de mi albedrío; que sujetó el gusto mío; si diré, pero aquíen quiero cuando remedio no espero será hermana desvarío. No lo digas. Nies razón, porque mi mal no se aumente. Pues tu callas su accidente yo te diré mi pasión, podrá ser quel corazón, se alivie con sus enojos, yo he puesto hermana los ojos, aunque finjo lo contrario. En quién. En el Secretario. Oh qué donosos despojos, en el Secretario, y bien estás con el declarada. Ni por pienso, enamorada estoy, mi mal entreten, ay hermana no me den consejo tus pareceres, Quiero bien; y pues tú quieres, ni te admires, ni te asombres porque el querer a los hombres es propio de las mujeres. Pero este decoro altivo, este exceso, y este amor, es en mi ley del honor, por quien muero, y por quién vivo. Padesco, penas recibo, calla amando el corazan, adoro; y en conclusión, aunque más adoro, y quiero; callo mi mal, y en fin muero, por no decir mi pasión. Luego no te has declarado con Enrique de esta suerte. Elegir solo la muerte tengo por más acertado; es desigual a mi estado, aunque es iguala mi amor, peleando amor, y honor, en tan confusos antojos, cuando le llaman los ojos, les detiene mi valor. Esta es, señora la carta. Enrique con tanta prisa, apartaos de Fenisa. Ya mi respeto me aparta. Bien estáis. Celos de esta carta mi altiva imaginación, poco apoco corazón, detened la rienda un poco porque dirán que estáis loco, o yo ciega de afición. Adónde escribe mi hermana. Señora para Milan. Hablando los dos están, (. celos me da esta tirana. Qué efetua el casamiento Así la carta lo afirma. Y así mis celos confirma con tan loco atrevimiento. Qué discreción, que cordura. (. Mas se aumentan mis desuelos, pero cuando amor dio celos, que no paren en locura. Por cierto gentil estilo, así mi amor los aparta, escribid allí otra carta, no dio el toro de Perilo (. tormento más tiguroso Señora pues que tenía. Secretario, es orden mía. Y obedecerla es forzoso, Aquel bufete llegad, y haced lo que os mando luego. En temor, y amor me anego por tan divina beldad. Ditad bos y escribisé. Lo que ha de ser sabéis bos. No sé señora por Dios, si en lo escrito no acerté. Escribid, y acertaréis, en mi gusto, y mis antojos, poned la pluma, y los ojos solamente en lo que hacéis Deme tu alteza la mano. que con tal grandeza estimo, sino es ya que de mis labios hoy la apartan tus delitos. Que decís, que no os entiendo. Que no me entienda me admiro, Pasión trahéis, socegaos. No me dejan mis, suspiros, que me ahoga la congoja. Decid a que habéis venido. ( Su padre devuestra alteza, el Don Príncipe de Parma invicto, y Señor de estos estados, de quien yo naci sobrino. Por pagarle obligaciones, En que estaba el padre mío con cuyo valor, y espada, dio a sus rebeldes castigo. Dejó al tiempo de su muerte, en su testamento escrito, que pasado un año, fuese su esposo Octavió su primo. Tres años hace hoy ques muerto, y en tres años, nunca he visto, sino engañosas palabras, con cauteloso artifivio, Esperando desengaños, y escarmentando martirios, disimulando rigores de tan rebeldes suplicios. No dando a entender agravios, ni dando quejas de olvidos, pasa la vida que paso de un paso en otro afligido. Que no case vuestra alteza por darme pena conmigo, y que gobierne este estado, si lo siento, no lo he dicho. Pero, que quiera casarse, estando yo en Parma vivo, con el Duque de Milan, como podré yo sufrillo. Vive Dios si el Duque a Parma trae el ejéscito altivo, que la antiguidad de Jerjez, cuenta en disatados libros. Si de Creso los esoros, de Midas el haber tico, el ánimo de Cipión, de César, fortuna; y bríos, Que en mí dolo, en esta espada, y en tan honrados amigos, como tengo dentro en Parma verá su daño suscinto. Casese dentro en su tierra, y homeme ya, pues tan digno soy de ser Príncipe en ella como Rodulfo mi río. Y no me incite tu alteza, a que emprenda un desatino, que no hay cordura en agravios, ni entendimiento en sufrillos. o haré Troya si me enojo de este encantado obelisco, poniendo fuego ha deidades que no humanan sacrificios. Basta señor Duque Octavio, que a la Princesa es debido respeto! más diferente, o cuando no por Dios vivo, que tiene en casa criados, que os harán Que hos conmigo, Que con bos del cielo abajo, no tiene el mundo, ni ha habido hombre, que estando en tal paso no le matara a castigos, si me dejara el respeto de aquellos ojos divinos. Villano. De ahí no pase, que a las obras me remito, y en campo mostrarle espero, el valor con que he nacido. No eres mi igual No lo soy? mano Para ser criado mío; te falta sangre, y nobleza, que en fin has nacido hijo de un humilde labrador. Yo lo confieso, y lo afirmo, pero en el valor fiado, con que mi sangre apadrino, conocera, si se humana, acetar el desafío, que puede prestar mi espada valor al Planeta quinto. Fénix soy de mi nobleza. que esas cenizas que ha habido que pueden aniquilarme por tan humildes principios, todas, mi esfuerzo ha quemado, y mi valor destruido, mis procederes deshecho, con que vengo a quedar limpio. No me afrentan nacimientos hijo soy del ser que animo, que a no ser el mundo loco, y hecho de tantos caprichos, fuera más noble el que hubiera siempre mejor procedido, y a obligaciones de honrado, se ostentara más propicio, ques ventura el nacimiento, tal vez, y tal vez delito. Que si en mi mano estubiera, hacerme yo, de mi fío, que nadie fuera mejor, l En esa que yo, ni más bien nacido. Mas pues dilatando al duelo, rigurosos laberintos, od quiere exceder igualdades de su sangre, y mis disinios, si intenta por despreciarme no salir al campo altivo, vive Dios, que he de matarle dentro en su casa yo mismo. Ah de mi guarda, prendelde. Un Etena estoy convertido. Qué valeroso ardimiento, y que airoso precipicio. E A darte! muerte villano, (si no te esconde en su abismo, a la tierra de mi rigor) me lleva mi honrado brío. Duque Octavio, deteneos. Señora () haced lo que os digo sentaos Duque; acabad ya. Ciego estoy, y estoy perdido. Duque, escuchadme, y sabréis, causas que al alma remito, y de que nace el enfado de que estáis tan ofendido. Ya le escucho a vuestra alteza. Secreto, y atención pido. Entrambas cosas prometo, hay gallardo Enrique mío. adea que la quinta hermosa, En que a veses sociega mi cuidado, y que ciñé con mano poderosa su muro de mil yedras coronado: habitó un labrador, cuya forzosa muerte, y prostero fin acelerado, dio con llamarme estando en su distrito, con tristes quejas, parte de un delito Llegé a verle en la cama condolida, si bien de un Religioso importunada, cuyo divino celo, y santa vida obligó mi poder a esta jornada: a penas con mirarme enternecida, la voz alienta el labrador canzada, cuando al temor opuesto de su muerte, dio principio a su pena de esta suerte. Yo soy Princesa, dijo, Filisberto, un labrador a quien el Duque Albano trujo a criar un niño cuasi muerto, una noche, que yo mozo lozano, en los brazos de Aminta, ay Dios, despierto a los golpes del noble cortesano, que a mi puerta llamándome despierta donde le abrí los brazos con la puerta. Este niño, me dijo, es prenda mía, hijo propio es por Dios, remedio os pido, llevalde a vuestra amada compañía, yo entonces con amor enternecido, los brazos llego, por dar luz al día, de un Sol envuelto, que en su luz dormido por flaqueza de nubes de desmayos, aunque era Sol no fulminaba rayos. Dísele a Aminta, que parida estaba de seis días no más de un niño hermoso, volví al Duque, que alegre me aguardaba, y con los brazos recibió piadoso, diciéndome el peligro en que quedaba la madre de aquel niño, y cuan forzoso, era volverse, que por el mirase, y como su heredero le criase. Partiose el Duque a ver su prenda amada, quédeme yo a discursar pensiones de nuestra inclinación acelerada; fácil, en percibiránines faciones: declare mi intención mal inclinada, sujetose mi esposa, a mis razones, y trocando a los niños las mantillas, se vio en ellos del mundo maravillas. Trocámoslas, en fin, quedando en casa, el myo, a quien tro que de Enrique el nobre, en Octavio, si bien mi engaño pasa, a llevar el del Duque, no te asombre, a un aldea a criar con mano escaza, donde de Enrique, le hice dartenombre: criáronse los dos en este engaño, sin saber nunca el Duque el desengaño. Llevose a Parma a Octavio de seis anos, y con el llevó a Enrique en compañía, crecieron pues los dos en sus engaños, siempre alentando Enrique bizarría, sirviendo al Duque, claros desengaños, del valor, que en su pecho altivó cría, tan alentado, y tan cortés Enrique, que no ay, quien sus grandezas no publique. Pero encontrado siempre con Octavio, que opuesto a su rigor, y a su fiereza, le adivinaba el alma de su agravio, la injusta posesión, y así su alteza, vuestro padre señora, como sabio, trujo a Enrique a Palacio por grandeza, y muerto el Duque Albano vuestro tío, Octavio le heredó, que desuarío. Y hereda a Parma ya, si el casamiento, de vuestra alteza a efectuar se llega, cumpliendo de su padre el testamento, hijo mío es Octavio el alma os ruega, que aclaréis este engaño, y fiero intento, con que mi inclinación tirana, y ciega, quiso usurpar a Enrique el noble estado para que salgayo de este cuidado. Esto diciendo, un parasismo fuerte le anudó con la voz el sentimiento, cadaver frío pudo hacer la muerte el débil cuerpo falto ya de aliento, pues si esto Octavio pasa, y es tu suerte tan desigual en sangre; y nacimiento, despierta ya, porque es tu vida sueño, y no áspires a ser de Parma dueño. Basta que yo, por ser quien soy no diga, quien eres tú, humilde, y vil villano y esa arrogancia bárbara persiga, y a Enrique, ques mi primo dé la mano: yo soy quien soy, y sin que a mí me sigi e de Jerjez el ejército está llano, oba que a ti y a tus amigos castigara, cuando Cipión, o César te amparara. Conosieronte ya por primo mío, y así como quien soy callar pretendo, no me incite tu loco desvarío a que aclare el engaño que estás viendo callar, y obedecer, pues yo porfío conmigo el ocultar esto, que entiendo, si en Parma, o si en Milan casarme quiero, callar, por no volver al ser primero. Cielos, hay dicha mayor, ay Enrique de mi vida (. Vana esperanza perdida, quien los ha de dar favor, yo he nacido sin honor, que hijo soy de Pilisberto, lya en mi dicha no hay concierto, ha padre fiero y tirano criarasme cual villano, y así no me hubieras muerto. Digna fue tu tiranío de esta desdicha que siento, mas como mi entendimiento en darme muerte porfía: criaras la sangre mya en aquel primero estado, nunca me hubieras trocado, a estado, vana glorioso, de que servió ser dichoso; para ser tan desdichado. En vana pompa risueño pasé mi vida atrevida; mas los bienes de esta vida, tocados todos son sueño: de Parma pensé ser dueño, con absoluto poder, quien soy he llegado a ver, ya desperté de mi engaños ánimo a esperar el daño, que no hay secreto en mujer. Que por quién es callar quiere, mi nacimiento advirtió, diga quien soy, muera yo; cuando mi esperanza muere: s diga ya lo que quisiere, paciencia abré de tener, que todo lo ha menester en ocasión tan perdida, quien ve su muerte, o su vida en manos de una mujer. Basta, por qués gusto myo. Señora, No repliquéis, las manos quiero que os deis, Duque dádsela; ese brío, terrémoto; y desafío sabré castigar por Dios sino os abrazáis los dos. que aguardáis, que os estáis mirando De cólera estoy rabiando. Doila señora por vos. Y yo la doy por querer darle gusto a vuestra alteza. Haberla dado es bajeza. Veremos como ha de ser. Replicáis a mi poder, a mi gusto replicáis, no sabéis los dos que estáis delante de my, villanos, Volveos a dar las manos, y advertid como las dais: que de los dos el primero que descompuesto, atrevido se provócate ofendido a no querer lo que quiero, no obedeciendo al severo mandato de mi rigor, verá en mí y en mi furor tales castigos, y asombros, que haré quitar de sus hombros la cabeza por traidor. Hay más cruel tiranía. Hay tormento más extraño. No es discreto quien su daño sabiendo en verle porfía. Esta es mi mano. Y la mía es esta, ah cruel mujer. Así habéis de obedecer. Hay hombre más desdichado, con su poder me ha forzado. Forzome con su poder. Hola Enrique, ha Secretario. Gran señora. Mucho os sufro Enrique, mirad por bos, con mi primo bos en puntos: No sabéis Princesa augusta se que adorarla procuro a vuestra alteza señora, y así arrojado ejecuto estas acciones del alma mostrando que os quiero mucho. No hay reportarse quien ama ni amando puede el discurso dar lugar a la razón, ay señora, hay dueño injusto, cuando a imperios de arrogancias el Duque osten tando insultos quiere acomulando agravios atropellaros el gusto. Como podrá el corazón en que amor tan firme os puso pararse en vuestros agravios ni sufrir males tan suyos. Ya estáis loco, y porfiado, de estos excesos lo juzgo bos atrevido dos veces, bos descompuesto, quien pudo engañaros Secretario, mirad quien sois, no os detubo la humildad de vuestra sangre, vuestro bajo ser robusto, bos en mi presencia amores, bos finezas, importuno, bos atrevimientos, loco, qué es esto, nescio, perjuro, falso, altivo, mal mirado, no bastaba en el concurso de presunciones tan locas déjaros mi pecho mudo, no bastaban, pero basten advertimientos tan duros a dejaros sin el ser Que mi favor os dispuso, quitad la llave dorada con los favores, que juntos a pesar de mis vasallos os dio mi poder augusto. Señora. Volved al aldea, sirva el arado de yugo que sujete pensamientos que por tan necios tripulo. Razón tiene vuestra alteza, yo me condeno; y me culpo, que emprender obras tan altas es para pechos augustos: Esta es la llave señora a mi aldea voy difunto a escarmentar humildades de pensamientos tan mudos? Que ya no saldrán del alma porque en ella los sepulto, perdóneme vuestra alteza el darle aqueste disgusto, y sea como es de Parma señora de todo el mundo. Ya no hay valor en amor ( por más que al alma le encubro: volved acá Secretarió. Ya de esas honras me excuso. Tomad luego aquella carta que habéis escrito; en que juzgo vuestra agudeza cifrada. Partid a Milan al punto, dádsela al Duque, y ved Laura su hermana, que de esto gusto para cierto casamiento, pues de vuestro ingenio agudo fío esta empresa no más. Cielos qué es esto que escucho pues ya no voy desterrado. Que me confeseis no es justo certad la carta al momento y partid luego. Entre sustos de olas confusas pelea mi amor con penas que sufro como de un pobre villano tan limitado y tan tudo fiais empresa tan alta No fue más sabio Licurgo para lo que intento Enrique. Delirando mi discurso no entiende aquesta mujer que me tiene absorto, y mudo. A Milan váis Secretario, donde el Duque como es justo, se informara de mis partes, no me alabéis, que procuro aquesta ingeniosa traza quizá para bien de alguno. Alabad solo a mi hermana con estilo tan profundo que excedáis con la alabanza de la lisonja los triunfos. Volvé a poneros la llave que de castigaros huyo, porqué quiero de una vez si volvéis a vuestro orgullo daros con mi mano propria el premio de estos descuidos. Seré Roca firme al mar de vuestros airados sureos. Castigaré atrevimientos. Obediencias portriburos dará el alma a vuestros ojos, tod Alto a Milan ieon Ya procuro obedeceros sufriendo, y amaros. Qué es lo que escucho. Equivo cose la lengua, y así a términos redujo con las pasienes del alma ansias de penas qué oculto? No más, no la equivo quéis, enfrenad suerrado curso, y adviruid para enfrenarla, pues sois discreto, y astuto, quien sois bos, y quien soy yo, que deshaciendo este ñudo se aclararan las tinieblas de tan ignorante abuso, que soy. Bello Sol de Parma, y mi señora en quien juzgo todas las gracias cifradas, que pudo haber en el mundo. Partid luego, a obedecerme. Mal tratado me aventuro a obedeceros callando aunque me mate el disgusto de que venga a ser de Parma el Duque dueño absoluto, y que de esos ojos goce eternidades de lustros. Pues ya lo sentís sin verme. Son los celos, y no es mucho profecias, que en el alma anuncian daños futuros! Qués eso, de celos lozo. No lo sé, ni sé quién pudo de mí mismo enajenarme. Hay hombre, que tierna escucho encantos con que me mitas, (. muriendo quedo, y procuro apurando los rigores que con valor disimulo, ver si hay hombre firme amando. Yo voy. Partid importuno. Ay ojos, qué hermo sagloria si con veros me des lumbro. (. Yo soy de Parma Princesa. Yo el secretario confuso. N

JORNADA SEGUNDA

No se Octavio en que os fiáis, para emprender demasías, cuando con vuestras porfías a toda Parma enfadáis. Mil quejas me hacen de bos, por excesos que emprendéis, no os he dicho, no sabéis, aquí para entre los dos. Quién sois, pues como atrevido, mal mirado, y descompuesto no os miráis Octavio en esto tan ciego, y desuanecido, Mirad, si tanto tropieza vuestra lengua en darme enojos, si no os quiere abrir los ojos, que os costará la cabeza Mirad, que a mi enojo incita vuestro injusto de sagrado, y quel ducado es prestado hasta que yo lo permita. Mirad vuestro humilde ser pues tenéis entendimiento no lleje a repentimiento cuando no os pueda valer. Sirvaos de espejo, ques justo, de Enrique la perfeción, su gallarda, inclinación, sin darle a nadie disgusto. Aquel proceder tan grave. aquella modestia extraña. con que a todos desengaña de lo que entiende y que sabe. Buestra alteza le ha mirado con buenos ojos, y así quiere deshacerme a mí y quiere quel sea honrado. lusto es que mi pena doble si a estas exsequias me allanó, pues quiere hacerme villano porque sea Enrique noble. No digo yo que no sean de vuestro gusto las leyes, pues tienen poder los Reyes para hacer lo que desean. Lo que quisiere ha de ser vuestra alteza claro está pues se ha declarado ya a ser de Enrique mujer. Vengan en mi daño agravios, y cúmplanse esos antojos, pues me ha quebrado los ojos y me ha cerrado los labios. Tenga efeto ese cuidado, sea Enrique ya su Esposo pues para ser el dichoso he de ser yo desdichado. A tan descortez acción responderos de otra suerte fuera justo, y daros muerte hiciera en satisfaccion: Porque yo para poder querer hacer dueño Augusto de mi estado, y de mi gusto quien me pueda merecer: No he menester darle ser de vuestro gusto animado, ser tengo yo! y este estado para dar glorias a Dios, a Enrique, y daros a bos muy más que vuestro Ducado. Así que alla trevimiento que conmigo habéis tenido, déjaros en el vencido os servirá de escarmiento, preguntad en el Convento donde fray Ángel está ya que tanto en ello os va por el padre fray Mantique, y el disá quien es Enrique, y quien sois bos os dirá. quió . Cielos esto va perdido desgraciada fue mi suerte, solo el darle a Enrique muerte puede esforsar mi partido: que de Milan no ha venido, y le esperan por momentos: l ea altivos pensamientos si a Enrique la muerte dais, y a esta empresa me animáis cesaran tales intentos. Salirle al camino es justo con cuatro o cinco criados con escoperas armados, que con ánimo robusto emprenderan darme gusto, y muerte a Entinue darán con que saldre de este afán que me está tocando al arma, la princesa dentro en Parma, y Enrique dentró en Milan. Terrible calor. Terrible, y riguroso por Dios, pero aquí para los dos será el descansar posible, Ataste bien los rocines. Yo como si los até. a entrambos de mano y pie porque no me hagan festines al pie de este sauce verde te puedes acomodar. Pora sentir, y lloran lo que mi esperanza pierde, ay Diana. Tierno estás, Portugues me has parecido en eserhay, tan derretido con tan melisuo compás. Calla. No hablo concetos con muy sutil enargía. Amor, música, y poesía es, solo para discretos. Niego, y escúchame un poco: esta agudeza discreta; en siendo alguno poera no dicen luego que es loco. Oh que donosos despachos. Yo en justa causa lo fundo. Quién lo dice. Todo el mundo. Tú, y el mundo estáis borrachos El mundo yo no lo dudo teniendo brazos, y piernas, y habiendo tantas tabernas bien emvortachar se pudo: io A Enrique ha de morir, y aquí le habéis de aguardar, queste bosque ha de pasar, vos le habéis de descubrir, quel Correo que paso me dijo que atrás venja No les mala la letadia que ahora aquí se cantó. Levántate que escondido escucharé su intención. Ello ha de haber soperon; boca negra me ha aturdido. Por dase la muerte rabio. Oyes aquello señor. Aquí morirá el traidor. Ah fiero enemigo Olabió. Mientras descanzo aquí un poco corred el bosque los tres. Si se van los ties después, aquí de atamos cual loco: Partimos a obedecerte ya ques tu gusto señor, Hoy me vengaré traidor de ti con darte la muerte, Válgame el Cielo que tengo que tanto el alma me inquiera. Tu muerte en aquesta espada, y en tu traición tu sentencia. Sosegar procuro en vano. Ah traidor, que mal sosiega un cauteloso cobarde. Ah fiero Enrique. No temas, ni alces la bos, ten Juanete esa ipístola, y si intenta dar voces porque le escuchen tírale al punto con ella, pero si no, no le tires, que ahora quiero que veas si puede igualarle Enrique en valentía, que esperas, saca la espada cobarde, que sin traición, sin cautela, cuerpo a cuerpo he de matarte aunque tú no lo merescas: criados traes armados para matarme, que ofensas te he hecho Orabio traidor. Hh criados. No aprovecha, tírale si vuelve a hablar. Ya le tiro. Tente, espera, piensas tú que solo hay manos en los que tienen nobleza, los otros no somos hombres, aquí lo verás pelea. Villano para matarte un criado mío quisiera por no afrentar esta espada en la bajeza que muestras. Que poco en ella se fía quien da Duque esa respuesta. Peréjil ha menester para reme la pandencia, acaba, señor acaba antes que los otros vengan, dale; o déjame con él. Retírate neicio afuera, ea Duque. la vil cobarde. Que bien que mi amo empieza ya la espada le ha ganado. No saque pies vuecelencia. Quiere llamar los criados, dale ahora, al arma cierra. Ah villano fementido valientemente peleas, la espada se me ha caído. A qué aguardas señor, muera fue desdichado en caerse. Tente Enrique. Porque veas el valor con que nací, y el corazón que me alienta toma tu espada otra vez. Que mal Enrique que empleas en un traidor esa acción! plega a Dios que por bien sea. Déjame, toma tu espada vuelve a reñir. Que este tenga un corazón tan bizarro, (. para queres más experiencia, due no es del estado mío, sacad fuerza de flaqueza desmayado corazón, mi astucia a su valor venza que lo ques hoy por vengarme ya no he de hacer cosa buena. Vuelve Duque a pelear, que fantasmas, que quimeras estás formando en el pecho consultadas con tu idea: acaba ya que me incitan tus traiciones a que emprenda darte muerte por vengarme, que me miras. Tanto queda de tu término obligada el alma Enrique, que presa confiesa ya en mi albedrío que a tu gusto está sujeta. A este bosque a darle muerte salí Enrique note ofendas por mandármelo una dama de tal valor; tal nobleza que puede en Parma de día dártela sin que latofendan. Mucho te he dicho endodicho declararme no quisiera tanto Enrique; por no darte tan declaradas sospechas. Duque que es lo que me dices no me dirás quien desea darme con tu espada muerte. No es menos que la Princesa, Mal dije, que otra es Enrique, Basta Duque cosa es cierta, mi atrevimiento los causa, ay Diana hermosa y bella, (. por quererte bien me matas, si fue causa tu belleza, que culpas atrevimientos, porque a muerte me condenas. Enrique mal te he querido, el alma así lo confiesa, pero el término bizarro, la gallardía suprema, con que ahora me obligaste a darte vida me alientan. La Princesa te aborrece, quisas por causas secretas, que yo ahora no examino basta que tú las entiendas. Mujer es, y está ofendida, determinada, y resuelta, a darte muerte, y vengarse, pues por mi mano lo intenta. Si a Parma vuelves Enrique no lharás, eleción discreta, que a su rigor no hay poder, ni a su poder resistencia. Diez mil escudos en oro te quiero dar de mi hacienda para que a España te vayas: Y mi palabra te empeña o el alma ya como amigo que en ella te favorezca con mil escudos cada año para tu plato, y tu mesa. Allá no eles conocido, y por tus gallardas pruebas, de entendimiento, y valor, animarás tu nobleza. Casarás, rico y honrado, que es España madre tierna del más civil extranjero que quiere ampararse de ella. Esto te ofrezco, y te digo cumplir quiero esta promesa, que vida que me dio vida no quiero yo verla muerta. Nuevo Castor de este Polux que con amistad estrecha partiendo el alma immortal ya tu gusto la gobierna. Nuevo Alejandro en amor de este Epestión que apenas tendrá acción, que no didique a darte gusto con ella. Nuevo Pilades constante de este Orestes, que quisiera tener más vidas que darte que el Cielo ministra estiellas. Como puedo a igual favor rendir gracias, hacer muestras de agradecidas palabras, vencido de obras tan buenas: Conosco la obligación en que tu amistad me deja, y él no poder propagarla es lo que más me atormenta. Dejar de volver a Parma no se yo como ser pueda, si más que la vida estimo unos papeles que quedan en un escritorio mío. Por Dios que es buena esa flema para el paso en que te miro, Si la palabra me empeñar, de callar este secreto que mi pecho te confiesa vuelve a Parma, y saca Enrique los papeles que deseas, que yo le diré a Diana por disculparmeacon ella, que con muchos pasajelos atravesaste esta selva, por lo cual no tubo efecto mi atrevida diligencia: pero ya ves que tu muerte me ha de encargar con más fuerza si no tratas de ausentarte. Para dos días licencia te pide Enrique no más, En ellos quiero que veas si se cumpin mi palabra Enrique, en Parma te esperan diez mil esuudos en toro Mas precio! lal fe que muestras que cuanto oro cria Atabia! doma aboma frasao oio al Pues secreto, y diligencia ya que te iporta la vida. Para servirte con ella la estimo de hoy más Otavio. Adiós Enrique, no sientan mis criados que te he visto. Adiós Duque. o3 Adiós, y vengan los diez mil a que me atengo, ha España si haverte llegal Juanere con los diez mil, pocas serán las tabernas lin que con gusto no visite, por ver si en alguna deja de ser Cura el tabernero, sin dalles Roma licencia para bautizar en cueros almas, que hablar no profesan, sino en cuerpos, como espiritos cuando estama la flamenca, fantasía hopodmo adsob En destierros de amor, mi antasía remontada en la gloria de ese Cielo, ni se acuerda de sí, ni vuelve al suelo idina de la penaque el alma entre si clía. Confulventre si misma desafía miadón podero so efecto en su desuelo, in quionentee sus desconsuelos, el consuelo, que a vuestra esfera sus pasiones guía, Y cuando ya de porfiar cansada amla ivuelve a balir las alas tristemente, mo y de su engaño está desengañada, el onp pun Cunote en mi dolor, y entonces! siente que no hay pena mayor Princesa amada que amando padecer viviendo ausen A entendimiento tan alto que resistencia ha desader, sino puede mi poder tigo que fulto te. quede tu amor; y en olvido pongas por imedo; o fiereza tu constancia; y tu firmoza, querido dueño atrevido Ay Enrique, sin saber, quien eres, que a tal te atrevas con tan amorosas pruebas, mas diote amor su poder. e Je eme tu Alteza los pies. Que tienes Vengo pendido, fuera vengo de sentido. Que ha sido, Ya no lo ves herido queda de muerte mi señoronaz trlnorendo Ay de mi triste, que le dejaste, y huiste. Sirque es la muerte muy fuerte A traidor Sabe del miedo vuestra Alteza, que yo tube, quisiera hacerme una nube, ni aquí seguo estar puedo, Pues como. enque c Seis embozados, con doce bocas de fuego, de quien las hizo teniego, esperaban emboscados, En esa selva señora tilelo para darnos triste muerte si vieras el valor fuerte del que muriendo te adora, sacar la espada atrevido, y enuestirlos como, un rayo, al tiempo que su lacayo tanbleb de miedo estaba perdido, Y en un trotonirlandes, viendo ya los seis tiranos, no me fie de mis manos, por valerme de sus pies, uno Cormi con tal ligerezanos m con el miedo que tenía, que con correr aporfía, certifico a vuestra Alteza; que imaginé que parado estaba el troron enfermo y yo en el por esta fermo de trance tan apietado. Volví allá parte, en que están con los ojos, ya doqueda mas con la gran polvareda se me perdió Don Beltrán. De mi lealtad hago pruebas con ánimo furibundo, porque no falte en el mundo ya más quien traiga las nuevas. Ay de mí, que resistencia puede hacen mi sufrimiento, o como mi entendimiento puede prestarme paciencia; Octanio ha sido el traidor, que salió a darle la muerte, hadle mi guarda, que fuerte ques esta estremo de amor, A de mi guarda. abeñora. fe llevad preso este traidor. Burlando estuvo mi amor, noble Diana, hermosa Aurora. Ande, vaya, no replique. Señora Qué bien porfía. La mitad del alma mía. Señora. Qués muerte Enrique. que on . Ay de mi vida canzada, en darme muerte artevida, ya, sois muerte, no sois vida, que fiera, triste, y pesada muerto Enrique, que rigor, loca estoy, terrible exceso Princesa, ya queda preso Reportaos ciego amor, prended luego al punto a Ostanio y traelde a mi presencia, adón hay amor, paciencia para sufrir este agravio Mi gusto es obedecerte. . g En tan confusos enojos, corazón, dalde a mis ojos tributo de mal tan fuerte. Deme tu Alteza la mano Ay Dios, sombra, que me quieres, vete al punto, y déjame, d a yo que te hice, a que vienes, si te ha dado muerte Octavio con sus criados ciueles, persíguele a él, no a mí, pues él te ha dado la muerte. Ya engañado corazón, C si el desengaño presente no os quita de vuestro error! (. que esperáis de un mal tan fuerte, tan cierta en mi muerte estaba, que pudo ahora con verme, imaginar que soy sombra, pues amistad no se quiebre la palabra y el secretoolad que prometistis valienteda Señora, ni he visto a Octadio, ni soy sombra que amedrente vuestros celestiales ojos viva luz de su afeites, no me juzgéis por difunto, Enrique soy obediente obna a vuestros mándatos graves, a vuestras heroicas leyes, ni he hecho agravios a Octavio, ni sus driados mbeldes, he encontrado en el camino, de Milan vengo por verte, con esto pliego no más. Hablé a Lausa algunas veces, y guste de hablara Laura, sujeto tan eminente, ques ya de Milan Síbila. Pues como agbra Juanete me diro que en esa selva quedabas muerto. Bien puedoq Juanete hablar con el vivo, los disparates que quiere, vivo estoy, bien disimula el fiero enojol que tiene. Los años del Fénix vivas. corazón, volveos alegre, resucitad corazón, si habéis estado a la muerte. Lea tu Alteza la carta. Primero quiero que apreste vuestra el ocuencia la voz, para pintarme aquí en breve de Laura el rostro divino. Son muy toscos los pinceles de mi ingenio Diana hermosa, para a su cielo atreverme. Hacedilo que os mando Enrique. Vares fuerza que me sujete alo que tu Alteza manda. Envidia darla pretende mi lengua, con la alabanza de Laura, ay ojos crueles, que bien que me parecéis, aunque tratáis de ofenderme. Acabad a que aguardáis. Empiezo pues de esta suerte. De animada Deidad, desdén hermoso, soberano pincel, copia sucinta, rasgos produce, cuyo objeto airoso, incendios labra cuando Abriles pinta: suspenciones conduce a un ser dichoso, tonsla estampa más feliz, que vio distinta quel enafutaleza: y arte; en forma bella, q ni en basa de cristal, humana estrella, Breve cielo de amor, copiado en breve de su autor infinito el gran cuidado, sagravio del Sol mismo si se atreve a exceder su candor, su ardor dorado, si por desprecios con envidia mueve rayos de resplandor, queda parado, si absorto mira en sus cabellos bellos, mil que exceden a sus rayos sus cabellos, Pues si bajando lígneas de sus rayos, pasalatrevido de su luz la frente, haciendo de los Iris, dos ensayos, uno, en la admiración, que ve presente, may otro en la suspensión de dos desmayos, bellos hechisos, de un ardor valiente, pque en verdes niñas, su color recrea con amagos de luz, verde librea. Nevada concha, su hermosura engasta, que blandamente su sosiego adora, ol con vistumbres de ofir, celajes gasta, que son del cielo de su luz auroras si con bostezos trémula contrasta, la dulzura mayor; que en si athesora, la amenacen al Soli luces extrañas, dos soles, en dos cielos de pestañas, Con afecto severo altivo, y grave, discurre hermoso, a sublimar faciones, perfil de nieve, que entre nácar suave, roba con altivez los corazones, pero como podrán, cuando le alabe, con más, que phin góricas razones, encaré cerle airosas maravillas, si el campo parte de sus dos mejillas. Adonde el nácar sublimado viste cándida nieve, que compone ufano, con crepúsculo hermoso, alegre asiste a ser de Abriles, en su Abril tirano, si ilustrar a la Rosa, el caso triste, no elío no de Adonis pudo, no se jacte en vano, que el color de su sangre no tomara si ubiera visto el de su hermosa cara. Mas cuando a Imperios de su boca llega. con vergüenza el clavel de arrepentido, copiando esmaltes, altiveces niega, porque admira en tal ser, su ser perdido, las armas postra, la belleza entrega, por despojo fatal; juzga rendido, color, gracia, y olor, que todo apoca, el néctar dulce de su hermosa boca. Pues si de elevación pasa el sentido, atamos de su esfera soberana, risueñamente entre coral dormido, traslucen perlas, cuando afeitan grana, disposición alegre, hermoso olvido que artícula suave, airoso gana ecos de dulces voces, que a tenerlas, si encienden almas, las detienen perlas. Jugete, de cristal, remata, y cierra con perfección igual su estampa hermosa, cuya luz celestial de si destierra, por campos de márfil, pompas de rosa, donde con alabastro en dulce guerra; eburneo cuello, a máquina gloriosa, o por incendio de glorias, y azucenas, ses pide celos, con azules venas. legres, Basta Secretario, basta. Gran Señora. Ya me ofenden tantos nácares, y perlas, tantas rosas, y claveles, tanto Sol, flores, y Abril, tanto néctar, tanta nieve, tantas pompas de cristal, tantos vislumbres a para una mujer no más. Señora todo merece aquella Deidad altiva. aquel cielo en campo breve, aquel donaire de gracias, y de hermosuras jujete. Celos me da, que me mata, (. sin duda que ya la quiere, ha traidor, quiere vengarse, y darme envidia pretende. No vi cuerpo más gentil, ni alma tan vista en las leyes, de un entendimiento claro, de una agudeza excelente. No basta ya Secretario, vuestra ignorancia se atreve a exceder la cortesía que a mi respeto le deben hombres de más calidad; y en sangre más diferentes. Si vuestra alteza me manda que pinte a Laura, que quiere, mi obligación he cumplido: muera como mata, y denme (. los Cielos venganzas justas de castigos tan crueles. Pues no basta que yo os diga que en sus alabanzas cesen vuestros encarecimientos para dejar de atreverse vuestra lengua a mi disgusto, No imaginé que pudiese disgustarle a vuestra alteza un epllogo tan débil, una ignorancia tan mía, en quien con toscos afenes encarecer no he sabido la hermosura que comprende. Ah hombre hero me mutas, (̱. Ah mujer ciega me vendes, que hechisos tienen tus ojos: tú a matarme, yo a quererte. En resolución Enrique en cuanto os mando ofendeisme en cosa ninguna acierta a darme gusto o valerme, vuestra errada inclinación, villana, ciega rebelde: Tomad del Duque la carta, que de esta suerte merece que yo la trate, pues vos la habéis traido, si puede mi poder atrevimientos castigar tan descorteses: hoy he de ver, y han de ver si tengo en Parma poderes para hacer, Ay dulces ojos. Que un villano me respete. Los hombres que bien nacidos profesan ser estimados Enrique, son más callados, más cuerdos, y más sufridos: alabarse es de atrevidos, de bajos, viles, groseros, nunca emprenden caballeros tal infamia; y tanta mengua, por no serlo tenéis lengua, para tales desafueros. Señora yo no os entiendo, ni se porque oa que fin Bos que entráis por el jardín en mi cuarto, así pretendo ( declararme. Mas me ofendo que bueselencia me afrente, y que de esa suerte intente despreciarme, siendo yo Quién de tanto se alabó cuanto mi alma aquí siente. Yo al jardín decid villano, cauteloso y fementido, yo de mi cuarto atrevido, os di la llave, tirano: Habéis tocado mi mano, o cuando yo os di lugir que os podéis bos alabar para aumentar mis enojos, que triunfastéis de despojos que nadie llegó a tocar. Yo cuando, a quien Cerra el labio que a quien Enrique lo sabe le distis bos esta llave, le descubristis mi agravio, mirad a quien pues sois sabio, y descortez habéis sido, y a quien habéis ofendido: mirad también que es razón que quien pierde la opinión pierda con ella el sentido. Qué geneto de tormento falta para atormentarme. o porque modo matarme intenta mi pensamiento: cuando sin sentido siento cuerdo juzgue admiro sabio, me han dicho aquí, cetra el labio que a quien fintique lo sabe le distis vos esta llave, le descubristis mi agravio. Qué llave es esta o jardín, que encanto es este en que estoy Cielos decidme quien soy, o para que; o aque fin encendido aquel carmín pide venganza ofendido, no la entiendo de entendido, ni me entiando en tal agravio, decidla quien! pues sois sabio, y descortez habéis sido. Yo descortez, como, o cuando, llave, decídmelo bos, que no do entiendo por Dios pormás que lo estoy pensando, sino es que ya dilitando mi ciega imaginación el pensamiento, y razón questos discursos apoya, dicen llave que abren troya, y servís bos de Sinón. Pues llave, yo he de saber el secreto que hay en bos, y entre estas dudas los dos a un tiempo habemos de ver si es mujer esta mujer, o si el alma en esto acierta, porque en duda tan ancierta me ha dicho efeto tan grave, que quien me ha dado la llave abrirme, quiere la puerta. p Que este hombre conmigo ingrato lo que le quiero no sabe, dadme traidor esa llave de vuestra traición retrato: en mi palacio este trato con mi hermana ha tantos días, que bien las sospechas mías, salieron Enrique ciertas: en mi jardín se abien puertas a tales alevosías. Aunque es mi hermana, y mi honor es el suyo, vive Dios que habéis de morir los dos a manos de mi rigor; D ella confeso su enor, y conmigo declarada en vueltas de esta jornada llo me pidió que a tan vil medio de como hermana el remedio, y el semedio es esta espada. En ese cuarto entrad luego que vivo os han de quemar. en el, y habéis de pagar vuestra culpa ardiendo en fuego: ha ingrato, tirano; y ciego, hombre vil, mal entendido, con celos pierdo el sentido. (. Aquí de Dios que es maldad señora, y riguridad ese engaño que ha fugido, la llave aquí me la dio. No habléis. Cómo no! si es mengua querer quitarle a la lengua acciones con que nació, disculparme puedo yo, y vuestra alteza escucharme, trate después de matarme que me escuche; pero advierta que ni en jardín se de puerta. ni se porque han de quemarme. Y si por eso la muerte me mandó dar por Orabio, es testimonio, es agrlavio, o es desdicha de mi suerte a quien resistiendo fuerte pude en el bosque ofender, matarle pudo el poder de mi poderosa mano, mas no quise ser tirano solo por no os ofender. Si más que esos ojos quiero denme ellos pesar, y enojos, que no pueden otros ojos curarme de mal que muero: ese mitar tan severo, ri sueñamente tirana, nunca le igualó su hermana por más que me ofenda a prisa, como ha de mirar Fenisa quien quiere tanto a Diana. n Callad, Pues tanto rigor. Mas merece ese vil trato, entrad, y no habléis ingrato, Sirena en fin de mi honor, Ay ojos tanto el temor, y el respeto en vos venero Entrad, y callad grosero hoy a ver vuestra caida. Quíteme el Cielo la vida si más que esos ojos quiero. Aquí ahora pagaréis vuestro loco atrevimiento: celos puede el sufrimiento decir el mal que me hacéis, que infiernos en bos tenéis con que el alma atormentáis: con que tormento abrasáis un corazón loco y ciego, por dónde ha entrado estel fue con que estas penas me dais. Hh vil hermana atrevida, mas si yo causa te he dado, que se queja mi cuidado de ti tirana homicida, os yo di la causa, y la vida me ha de costar en efeto el parecer indiscreto con que aclare tal engañor llorad corazón el daño de no guardar un sertero, oiungel . eman Si vuestra alteza indignada de una ofensa, y de un error, de que fue la causa amor se despeña adelerada, si descompuesta agraviada con término poderoso, y proceder riguroso quiere vengarse tirana, advierta que soy su hermana, y que es Enrique mi esposo. Mi igual es, noble nació, sangre tiene suya; y mía, amábale y no sabia, que era noble como yo. En secreto me gozó. y pues sabe este secreto solo tu Alteza en efeto, corriendo ya por su cuenta, no dé lugar a mi afrenta, tome acuerdo más discreto. Como mujer pude errar, que amor ciega el discurrir, pudome amor persuadir, pudome Enrique obligar, supo Enrique porfiar, supome Enrique vencer, supome Enrique querer, no sé como signifique. ̱i Calla ya con tanto Enrique, liviana, y falsa mujer. Menos que Enrique bastara, para vencer tu porfía, menos que Enrique podía, persuadirte, si te amara Menos que Enrique triunfara de tus livianos despojos, pues despide esos antojos de Enrique, y más no publique, tu lengua, que quiere a Enrique, que no le verán tus ojos, Vete a tu cuarto al momento, y hasta ver otra orden mía, no salgas, que a tu osadía y a tu loco atrevimiento) le servirá de escarmiento, mi castigo, y mi rigor. Mire tu Alteza mejor eso, si honrarme profesa. Yo soy de Parma Princesa, y soy tu hermana mayor, y hiciera. Menos Diana. Darte con razón castigo, valor ostentas conmigo. Es mucho, siendo tu hermana, Tu atrevimiento tirana castigar sabré de suerte, Voy Princesa a obedecerte, que en tan sentidos desuelos, al paso que te doy celos, me quieres tu dar la muerte. Ya el fiero amor me la ha dado con tan loco desatino que lugar me dio, o camino, es el que busca mi estado perdía Enrique, y le ha ganado mi hermana con tan vil medio, estando amor de pormedio, me has dado tan vil pesar, qué remedio hay? olvidar? no hay olvido, ni hay remedio volcanes siento en el pecho, un etna es mi corazón ya mi altiva prefunsión en ceniza se ha deshecho: ya no hay medio de provecho, ques mi hermana ha fieros labios tal pronunciáis, siendo sabios, decid solo estás razones, que con más obligaciones, se sienten más los agravios. El Duque hablarte desea, preso viene. Acaba, corre. métele, ya en esatorre, que no quiero que me vea. Yo voy. Que tan falso sea Enrique, no puede ser, esta noche lo ha de ver, es hombre tirano en fin, llave de puerta, y jardín, contra mi honesto poder. Pues esta noche en desuelos, Argos seré a sus antojos, que más tiene que Argos ojos quien examina sus celos, ingenio, venced recelos de fuerza, que es tan tirana, porque hoy veréis a Dina, donde vea y certifique, si es inconstancia de Enrique, o si es maldad de mi hermana. IN.

JORNADA TERCERA

Que hasta la luz se me nieje en aquesta oscura cuadra, que laberintos son estos cuando tendréis sin desgracias. Llave en la puerta he sentido, y sin luz siento pisadas, mayor confusión me cerca. Oh Amor, ayuda mi causa. Enrique. Una voz he oído. Soola Enrique. Quién me llama. Un paje soy de Fenisa. la aave ha hurtado a su hermana con que yo la puerta he abierto. Pues para que: Hablarte trata, antes que te den la muerte. A mí la muerte, o que gracia, pues que he hecho. Tú lo sabes, se que te adora Diana, y que has gozado a Fenisa pudiendo tu ser de Parma. dueño con ella absoluto. Si tal he gozado caiga, un rayo que me atraviese, mas como sabes, aguarda, que me quiere la Princesa, ay si tal fuese. Estas llamas, y este deseo es amor, bien te quiere. Que eso pasa, toma este anillo en albricias. Muestra, que depresto pa Ay Diana de mis ojos. Ya hizo la seña Laura. una dama, a quien Fenisa, que me hurte la llaverencar con quien viene a hablar a En por la industria de esta dama o por la mía, que amor con su ingenio mucho alcán Oyes silvar, es Fenisa. Entra quedo. Gentil traza. para ver el desengaño de los celos que me matan, por aquí puedes venir. Ay Laura, que voy sin alma. ̱. Enrique, aquí está Fenisa, Y aquí quien padece ingrata, tanto mal por tu ocasión. No me ofendan tus palabras. dueño mío, que no he sido Enrique en nada culpada, amor te tubo la culpa. Ingrata, tirana, falsa, cuando entré yo en el jardín, cuando de tu cuarto el alba, me vio enemiga salir, tihiéndose la mañana. Cuando me has dado favores, o cuando el néctar que agravias libro los dulces claveles de tus ysueñas palabras, Tente Enrique, no te enojes, que mujer amante, y sabia. he prevenido esta industria, resuelta, y determinada, que tengo celos onfique, y tener celos bastaba para emprender imposibles, por mucho que aventurara. Yo te adoro Enrique mío, como a la tierra las aguas, como la luz a los días, como al tiempo la esperanza. Señora (muero de celos) (. mira no te oigan. Bien hayan los ojos que puse en ti, los deseos, y las ansias, Declara te ya por Dios, mujer, mira que me acabas. Esas finezas, con esto, que tienen que ver, si tratas mi muerte por este medio, y ha de matarme tu hermana. Mal fuego la queme amén. Quémete a ti el que me abrasa. Enrique, muero por ti, y aunque no he pasado nada contigo de lo que he dicho, ni con obra, ni palabra. Acabara ya por Dios era esto para mañana. Enrique, lo dicho dicho, sobre mí puse esta infamia, con intento de que a sí tendrá lugar mi esperanza, pobre eres, pobre te quiero, humilde sangre te ampara, conmigo serás dichoso, tu humildad solo me agrada, tu donaire, y gentileza, tu perfección, y tu gracia. La primer mujer he sido, (. que su secreto le guarda, pues no le digo ques Duque, y será dueño de Parma, por ver si así más le oblico, que a mi caso es de importancia confiesa Enrique que ha sido, verdad mi información falsa, que por tedimir mi honor aunque hay desigualdad tanta, mi hermana lo abra por bien, y serás mi esposo. Amaina, las velas desos deseos, porque ya de esta borrasca, el Santhesmo desengaño, mostró el puerto con bonanza. Mira Enrique que respondes, mira la gloria que alcanzas, míralo bien, y en fin mira, que soy mujer declarada. Resuélvete a no perder la vida, que si, me agravias en no estimarme por tuya, solo de tu muerte tratas. Ella ha echado todo el resto. . mas no tiene buenas cartas. Señora, yo soy confieso, humilde, pero es tan alta mi inclinación generosa, que solo del Sol se paga, por Sol tenemos aquello que adora con gusto el alma, por gloria, alivio, y contento, por gusto bien, y esperanza. Yo quiero una dama, ha días, con tal extremo, que nada que no sea darla gusto, aborrecen mis pisadas. Quiérola con tal extremo, que de humano extremo pasa, pues pasó el alma a sus ojos, mira tú como ha de darla quien no tiene más que el cuerpo de el, sin ella, y con mil faltas. No sé yo, que tu codicias, que en tales extremos andas. De la muerte no me exculo, que no puedo disatarla, y ha de darme la sentencia, quien adoro, y quien me mata, esto puedo responder, que un firme amor me acompaña; si está mi muerte en tu gusto, mátenme tus amenazas. Excusemos celos lo cos, y animemos la mataña, a esta señal tengo dicho, que acuda a valerme Laura! Aquí estoy. toma esta cinta. Que castigo, que venganza, merecen vil tus razones en mi daño conjuradas, esto merece una fe, y una intención confiada, en la ley de una eleción, que tu ingrato desemparas. Qué bueno por vida mía veláis Enrique las armas, buen compañero es Fenisa, bos sois de quien yo fiaba las llaves de mi secreto. Señora. Mi confianza dio lugar a igual ofensa. No tube yo. Basta, basta, Yo no tube en mi eleción, discurso razón ni causa, esto es bien hecho Fonisa. Si por disculpa no pasa; decir que estoy con mi esposo, ya me tienes a tus plantas, Señora, yo estoy conmigo, si me culpa esta desgracia, mi inocencia ha de valerme. Yo haré justicia con harta consideración en esto, y tal modo, y vigilancia, pretendo tener Enrique, que en esta, ni en otra cuadra, no os llegéis haber los dos que esta desvergüenza pasa, los límites de atrevidos. Bien disimula, y retrata la Princesa su pasión, que bien finge. Atento, calla Enrique, con ojos tiernos. elevado en mis palauras. Vaya a su cuarto Fenisa. y bos Laura acompañalda, que no ha de volver a verme. quien así pierde mi gracia. Que sin ventura nací. Id las dos. Soy desdichada. mas yo haré que muera Enrique. O morite en la demanda. Bien se muestra en esta acción, la disculpa que tenéis cuanto a Fenisa queréis, he visto en esta ocasión bastante satisfacción, me han dado veros, y ver, que abren puertas, sin temer. mis rigores, y mis furias, mas yo de tantas injurias, me sabré satisfacer Y no sé yo que advertida, mas pruebas puedo buscar que hallaros en tal lugar con una hermana atrevida, Ella fue quien, Vuestra vida peligro corte, y advierta, que vuestra muerte concierta. Quién señora. He de decirlo, dar de albricias este anillo a quien vino a abrir la puerta, pues nunca albricias se dan sin preceder alegría, y quien las dio, no podía negar lo que viendo están mis ojos que tiernos ban; de ver, que le es necesario, a mi honor seros contrario cuando os quisiera valer, y si ya no puede ser, mirad por bos secretario. Si la poca luz que veo. que bostece el alba fría créditos no desafía de lo que veo, y no creo, a esta luz puede el deseo asegurar mi cuidado el propio anillo que he dado a Laura, que se nombró por paje, es este, quien vio engaño más intrincado. Si tras Laura entró Fenisa, y las dos aquí estubieron Hasta el punto que se fueron, sin salir de aquí ques risa, no entró Diana con prisa, mas no llegaron las dos, ahablarse, pues cómo bos, que en veros me maravillo, no me decís esto anillo, que no lo entiendo por Dios. Familiar me parecéis, pero como no me habláis, y los secretos trocáis en los entedos que hacéis, volved por Dios, si podéis, y a la Princesa informad, de mi amor, de mi lealtad, de mi fe de mi buen trato, que os mostráis conmigo ingrato si me negáis la verdad. Qué poetizando están tus sentidos, me parece. Por Dios, que me desuenece este anillo que me dan. Ya entró el Doque de Milan, y la Princesa me envía a darte de esta alegría, parte, soltándome ahora. Qué dices. Que ya la Aurora abrió las puertas al día. Ya al Duque espera en su estrado de verde, y plata vestida, rayo a rayo, le convida. con lo airoso del tocado, suspenso el Sol se ha parado, al salir de la mañana, mirando entre nieve, y grana, tan vistoso girasol, no terminado si es Sol, el o la hermosa Diana. Porque a los hermosos rayos de sus dorados cabellos, si Ágila prueba a ser de ellos. se desvanece en desmayos, altamente a sus ensayos, se ha conosido inferior, y aunque es Planeta mayor, diogo de ver su luz pura, confiesa ya su hermosura, por muy más, que superior Deja hipérboles tiranos; con que matarme procuras si no quieres ver locuras, a que provocas mis manos. Hy ojos siempre inhumanos, y sumpte fieros conmigo, ya me aumo dado el castigo, que mereció mi firmeza, mas si hoy casa la Princesa, que error es este que sigo Dejad amor mis sentidos, mis potencias, y cuidados solo en mi daño pesados, y en mi desgracia perdidos, y el castigo de atrevidos, llorad solamente, en tanto que tristes endechas canto con perder la luz que adoro, siendo en las penas que lloro Cocodrilo de mi llanto. Orden traigo de Diana, para que salgas de aquí, y hables al Duque. Perdí aquella luz soberana. Y yo perdí esta mañana, seis escudos que tenía por venir la suerte mía, debajo, que era una sora, y un caballo que alborota, mi mal como fiera arpía. De sinueve di al contrario, con tres encajes que veo, cuatro sinco, y seis arreo, mas nunca en Roma entró Mario tan resuelto, y temerario, como yo entonces entré, cuando la pinia conté, pues en viendo que la vi, tres caballos me comí, y los naipes me rasgué. Y ya en este Ansiteatro, tengo un coche. Ah celos fieros. Por no tener dos cocheros, no quise comen los cuatro. Salí a público teatro, finezas, ansias engaños. y en tan claros desengaños hechad ahora de ver. que esperar sin merecer. me ha treído a tantos daños. Vamos para el corredor, y atraviesa esos balcones. Mira, que en dudas me pones, que estoy preso por traidor. Esto me mandan Señor. Celos, que es lo que queréis, mas ya sé que pretendéis en lo que ahora intentáis, que de prisión me sacáis, y en infiernos me metéis. Espera, que hermosa sale, mira al Duque que galán, el victor lleva Milan. mas quien hoy que se re iguale. Desuía por no matarme el verlos juntos Juanete. Tal gloria al alma promete, que no acierto a declararme, Espera que te verán. Desuía. Tal no publique que es eso, no veis Enrique, habla al Duque de Milan. Ahora la telación me pagará de su hermana. Dios te perdone tirana llamarme en esa ocasión. Deme tu Alteza la mano. Los brazos Enrique es justo, como estáis. Con mucho gusto de ver el dueño que gano. Amigo podéis decir, que lo soy vuestro os prometo. Con su poco de discreto, sabe el Duque persuadir, Yo acaso soy de vaieta, no los persona también, pues aquí donde me ven, tengo achaques de Poeta. Poeta. Buen sostenido, el modillo me ha agradado. Qué haces versos. Y han pasado algunos con que he salido, y si vuestra Alteza gusta, que yo empleé este deseo, lejofresco en este himineo, una Poética justa. Lindo humor. Es excelente. Divertido me ha tenido. Con celos pierdo el sentido. Y cuasi he andado imprudente Jesus señor, vuestra Alteza, no puede errar nunca en nada. Celos con que aguda espada; me ofende vuestra fiereza. Alábome Enrique tanto a la señora Fenisa, que el deseo se dio prisa, a ver este hermoso encanto. Mas yo en véndoos, donde bas, me dije, hay ojos serenos, que ni bos podéis ser menos, ni me queda que ver más. Gran señor, ja más permito, lisonjas que acreditáis. El decir que me admiráis, como puede ser delito; vuestra Alteza tal no crea, que a mí me parece así. Había decirme a mí vuestra Alteza, que soy fea, cual está Enrique. Pensar, que yo os puedo responder, ignorancia viene a ser, con que me obliga a callar. Que mal su pena restaura con los celos que le dan, como quedaba en Milan, Señor, vuestra hermana Laura. Con harta melancolía. A Enrique. Rabiando estoy. Queréis repetirnos hoy para aumentar mi alegría de Laura el rostro en que funda abriles la primavera. También me fue en la primera, que volveré a la segunda, no es razón que yo la alabe, que aunque Laura allá es tan bella, sois bos más hermosa que ella, muy más discreta, y más grave. Aunque es tal viéndoos mi pena aquí en tan susinta copia que os adoro como propia, aunque os miro como ajena. No queréis. No puedo más. Dadme Enrique aquel tintero Un soneto hacer espero, por delante, y por detrás, con consonantes ligados. Tendrá que ver, por mi vida. ̱. Lea esta décima unida, con consonantes forsados. qu Delante del Duque está vuestra Alteza ha de sufrir, porque yo me he de morir si al Duque la mano da Ese diamante que os di me volved luego al instante. Aquí tenéis el diamante por quien tanto bien perdí, hay señora, hay pienda amada, que ha de gozaros, ha celos, el Duque, muero de celos, que haré Princesa adorada. Ay atrevimiento igual, andáis Enrique atrevido. Quítame amor el sentido, y me fuerza a tanto mal. La culpa tiene el amor, que me ha dado atrevimiento para decir lo que siento, señora en tanto rigor, quien como yo os ha querido, quien como yo os ha adorado, que desdenes no he pasado, que desprecios no he sufrido. Acabad, no repliquéis, llevalde el papel que os doy, y pues no miráis quien soy, así es bien que escarmentéis. Qué es esto. Un enfado ha sido que me ha dado impertinente. Estando yo aquí presente Enirque, habéis me ofendido, Señor, no entendí. No más. Venga tu Alteza conmigo. Clicie sois, vuestra luz sigo. Conforme al duelo tú estás agraviado, y muy cargado. de lo que he visto lo infiero con salvadera, y rintero, y salvilla te ha agraviado. Óyete nescio. A de haber pon en tu libro, o que malo ser el tintero de palo le puedes agradecer. El Duque ha de ser mi esposo que tenía ayer la llave, el que es Duque, y no lo sabe siendo mi dueño forzoso: El que al paje dio el diamante, el que amarme se atrevió, el que a Laura me alabó, no cuerdo, indiscreto amante. El que adoro; y el que estimo, el que yo quiero, y sabéis, y este papel le daréis Enrique al Duque mi primo: Y advertid que si a pesar mio sois más atrevido con tan nescio, y vil sentido, que el Duque os ha de matar. Por Dios que medraste bien con el papel que ha dejado. Hay hombre más desdichado. Con salvillas no se quién Que quiera volverme loco ha Cielos esta mujer, esto como puede ser, mas ya lo estoy poco a pocor Enigmas, y encantos toco que ni sé, ni ella lo sabe, decláreme esto, y acabe que entenderyo es peligroso. El Duque ha de ser mi esposo que tenía ayer la llave. Yo la tube, mas no soy mas que un Secretario pobre, que es bien que en desprecios cobre finezas a que me doy: Yo di el diamante; yo soy el que me atreví amoroso, y a Laura alabe curioso, mas como escribe tan grave. El que es Duque, y no lo sabe siendo mi dueño forzoso: No lo entiendo, estoy sin mí, ni a mí me entiendo, ni puedo de un emedo en otro entedo, de un encanto en otro di: Loco estoy, mi ser perdí, engaños que me queréis, desengañarme podéis, lerias si a veros me animo: El que adoro, y el que estimo, el que yo quiero, y sabéis. Cómo, si a mí me estimara, declarado me escribiera, llave, y diamante pusiera en el nombre que me ampara, que me engaña si declara el nombre que en vano oprimo, si al desengaño me animo, no dice, y claro lo veis: Este papel le daréis Enrique al Duque mi primo. Y luego en esto no advierto las amenasas que sigo, donde el segundo castigo si porfíos he de ver cierto. Pues como error no os convierto en escarmiento, hay dudar: Y advertid que si a pesar mío sois más atrevido o con tan nescio; y vil somido quel Duque os ha de matar! Ya pensamientos gastados en huimeras, he ilusionos, dejad vanas presunciones, con que vivís engañados. Cuidados, no más cuidados, porfías, no más porfías, ya días no seréis días, si no tinieblas de penas en cuyas tristes cadenas viviran las ansias mías. Demos al Duque el papel, y a España, amor que queréis si amáis, y no merecéis, viendo vuestra muerte en él, sufrilda que no es cruel si el Duque la ha merecido llevela pues ha tenido tal suerte, y perdelda bos para que vamos los dos luchando a brazo partido. Esta orden me dio Diana aguarde aquí vuecelencia. Que sin culpa me sentencia el rigor de esta tirana. Por una promesa Otabio que liberal me ofreciste en la selva donde viste cuerdo a Enrique un día, y sabio, porque a vista del agravio reportarse el ofendido viendo al contrario rendido, esta prueba no te asombre, que o nace de ser muy hombre, o de ser muy entendido. En fin de lo que nació no vengo aquí a examinar, véngote solo a pagar lo que entonces me ofieció tu noble pecho, y me dio con absoluto poder. este te vengo a traer, con que ya te desengaña Enrique que parte a España ahora te he meneste Goza del bien que te ofrece la Princesa mi señora, pues que tan gallarda aurora hoy a tu día amanece, preben galas, desuanece el Mayo, obstenta colores, perlas, diamantes, candores en tu librea pondías, si hoy a tu esperanza das un Abril de hermosas flores. Este papel que me ha dado debajo de estas quimeras, aunque el no entiende sus verás, porque viene disfrazado, es para él, y ha dudado porque en cifras se le dan: engaños si en esto están vuestra ventura, y mi suerte, vaya a España a ver su muerte y goce a Parma Milan. Si la ventura me envía por su mano este papel, no soy yo con el cruel que es la estrella que le guía: vencerla en vano porfía la Princesa hermosa, y bella, si la fortuna atropella esta dicha que le dan, goce hoy a Parma Milan pues fue tan corta su estrella. Amigo del alma mía, el peligro en que estás veo, y como amigo deseo, vencer hoy tu estrella impía, parte a España en este día, y para que tus cuidados puedan partir descuidados, voy a buscarte Eso adoro dos mil escudos en oro, y en letras diez mil ducados. Es grandeza tan gallarda como todas tus acciones. Aguarda aquí. Dos bolsones, compraté para esta farda. Si el Capitán de la guarda me llamare, di que espere. (. Si aquí la plata pusiere, aquí el oro he de poner que bien que pienso comer, y venga donde viniere; he de ser yo tesorero, o como aquesto ha de ser. Que de ordinario he de ver que burlas. Guardar dinero es burlar, compro un tintero para las cuentas, que es justo, y un libro porque es disgusto tener tan flaca memoria ̱. Oh amor enterrad la gloria con la memoria, y el gusto. J. Botas, jubón, y escarpines me es necesario comprar, y un cuchillo Esto es medras ̱. Parecemos volarines, es paso de matachines. ̱. Vuestra Aleza en paz se quede Mire señor que no ruede que está muy floja esa cana. Dónde os vais? señora España? Si tiene bula bien puede. hablas de burlas, o verás. mira que loco deliras. Y que de poco te admiras, si amante amor comprendieras no te admiraras, ni hicieras espantos del mal presente. Quien ama discreto, miente, si a excesos no satisface de locuras que no hace, te admira tu solamente. Haced esta prevención, y esté la gente aprestada. Prevención es excusada, cumpliré mi obligación. Llamadme a Laura y Fenisa, y haced esto como salbio . Hola Enrique ques de Otabio, Parrio a prevenirse aprisa tanto que el papel le di para la boda al momento. Qué mal se logra muintento, todo vaperdido así, que papel, El que me distes Muy bien le habéis entendido, discreto Enrique habéis sido pues til ocasión perdistes, Que me dice vuestra alteza que no la entiendo asea Por no entenderme quedáis sin mí, sin Parma, y sin dicha. Al Duque he dado el papel señora con vuestra fuma porque el goce glorias vuestras mientras siento punas mías, quejoso a España me parto solo alllotar mis, desdichas, l y a escarmentar presunciones de mis nobles osadías: De limosna solamente me da el Duque, que me envía diez mil ducados que llevo para España a letra vista. Hoy parto a España sin alma, que en buena filosofía, el alma vive en quien ama, mas que en el cuerpo que anima. Si voy loco, el Cielo sabe que tengo mucha justicia cuando disculpen mi causa. Locuras tan bien nascidas vos sois la causa señora, a morir voy, que me guían las espuelas de los celos. Y aunque a lágrimas remita el sentimiento, que pena puede igualarse a la mía, no soy piedra, que soy hombre: Y si a los hombes obliga el sentimiento en agravios a llorar lágrimas vivas. Ya mis ojos hechos fuentes al mar de España caminan, quedad con Dios, que en su playa me anegarán mis desdichas. Hay más amor, hay más fe. (. ni más pruebas en que diga su constancia que fue Fenis: amor basta la injusticia con que hasta aquí le he tratado, Duque ocupad esa silla. Quesde el Duque, Con bos hablo. De dónde. De Ánspur. No es digna mi humildad, que lo es Otabio, y en el bien se calisica. Sentaos Príncipe de Parma. A obedeceros me anima la grandeza de ese nombre: fortuna tente o declina, que en siendo para mi daño ninguna cosa me admira. Fuera, fuera, plaza, plaza, Conde soy de Juanetilla, si es ya príncipe mi amo, cubrirse puede busia me dice aquí la princesa: luego lo haré por mi vida, vuestra alteza me perdone. Parece que en mí se cría otro aliento, y otra sangre. Ni me hace Conde, ni mira quiero pasar que me vea, parece que están sin vista, vuelvo a pesar, esto es hecho el Condado se marchita poco a poco en lo que veo. Buestra alteza Que os admira. Señora. Que os espantáis, llegad, y besad Fenisa luego al príncipe de Parma la mano. Cómo me quitas hermana fiera mi esposo. Dile a Laura que te diga si examiné yo esa causa esta noche con las cintas: yo estaba contigo, y laura: ya te escuché las caticias que dijiste al Secretario, y a palabras conocidas puedo temitirlo hermana, acuérdase tu malicia de Henrique muero por ti, negaraslo por tu vida, y aunque no he pasado nada Por los filos le da grita Contigo de lo que he dicho. Ya las dor se desafían. Ni por obra, ni palabra este diamante lo afirma que me había dado Enrique en la prisión por albricias de decirle yo, que yo! ninoslo le amaba mucho y quería, Gracias a Dios que lo entiendo y he salido de este enigma que me tubo cuasi loco, hay traza más peregrina. Bésale la mano luego, pero no, toma esa silla y disímula que yo daré remedio. ̱. De envidia se cónsume el alma en fuego. Aquí estan las letras. Pica, y casaraste por ellas. Corazón que es lo que miras ̱. No te suspendas Otabio quel destierro que emprendías es este, que mal salió, liberal vienes aprisa, mal lograste tu intención, y que es eso que traías. Unas letras para España. Notable fue tu codicia, y ahi que traes, a ver muestra Otabio. Ah suerte esquiva dos mil escudos en hora, Estos a my se dedican. Besa al Príncipe de Parma la mano. ailímparla Sentencia es digna de tu claro entendimiento; Vuestra Alteza me permitta que yo toque ese pañuelo Tómale Juanete. Aprisas! no que tanosagen ai que pienso que te arrepientes, Que a mí las puertas me impidan estas honras me hace Parma. t01Sa mas qué es esto. No se aflija vuestra Alteza escuche atento la curiosidad más fina que en bronces, jaspes, y Anales jamás la fama vio escrita: Enrique que está presente aunque no sabe esta dicha es Duque de Ánspur, que Otabio por un engaño tenía de su padre, este Ducado usurpado en sus malicias, yo lo sé desde su muerte: Y aunque Enrique no sabia la nobleza de su sangre, amante me solicita al paso que con rigores le órdene a Milan la ida llamándole a vuecelencia para que goce a Fenisa con este Estado de Parma en tan nobles alegrías. Goce a Parma vuestra Alteza con Enrique sin envidia los años que le deseo, que en Milán riquezas mías ay que a Penisa le sobran si ella quisiere admitirlas. Vuestra Alteza me engrandece Pues mi mano se dédica a la gracia de esos ojos. Llega Otanio, no te aflijas que ser tu amigo prometo. No puede ser, que os incitan mis traiciones por las selvas. Estatua seré en decirlas, secreto prometo Otabio. y para que en Parma vivas te doy veinte mil ducados, y dos mil de tenta libra, mi amistad todos los años por el favor que me hacías con que dez la mano a Laura. Tu gusto es ley que me guía y aquí Senado se acaba en tan ingeniosas cifras, el confuso Secretario con que su Antor os convida.