Texto digital de El satisfecho
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Luis de Belmonte Bermúdez
- Atribución estilometría
- Luis de Belmonte Bermúdez Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática (corregida con posterioridad) del manuscrito MSS/15467 de la BNE.
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Cita sugerida
Gómez, Lucía y Claudia García. Texto digital de El satisfecho. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/satisfecho-el.

EL SATISFECHO
JORNADA PRIMERA
Sin ánimos para ver basto yo esta novedad para cien años de edad. Pues quieresme detener cuando, por descuido mío se ha pasado la hora. Déjame dudar siquiera, que soy hombre material y no alcanza mi caudal a creer una quimera. No basta que yo lo diga. Con tus labios bien basto, con mi entendimiento no. Tu cortesía me obliga a creer sin resistir, pero tengo apercebido un mentis dentro del nido que no se atreve a salir. ¿Vienes borracho? Pudiera, pero escucha por tu vida: Hoy ha sido tu venida de Flandes, pues quien te espera con entrañas criminales, que tan limitadas que haces, que apenas gozas los brazos de tu esposa, al campo sales a medianoche. Este frío y esta granuja no mueve en que terqueza deviene, cuajaste este desafío. El bujarrón que te espera nació en Moncayo. Porfías. Criáronle con san Dios y no te aviso dónde era. En san Jerónimo. El santo. Vino ayer también desnudo y, para un tiempo tan frío, de tu locura me espanto. Que no te desafiará a san Lorenzo. ¿Por qué? El por qué yo lo diré. Porque yo me calentara mientras lo estaban asando, y aunque diera compasiones su muerte, yo y los sayones estuviéramos parlando (abrigados por lo menos) pero en un prado a estas horas, alcayde de cantimploras, que se las pide a los truenos. ¿No ves que empieza a nevar? Que lloviera era peor. Ni por lumbre, no señor. Ya yo he hecho averiguar que en cada copo traidor vino sin pedir licencia cifrada la quinta esencia de un arroyo volteador. Y si dura el desafío, somos nuestro paso a paso las ninfas de Garcilaso que labraban junto al río. Que siempre vienes de humor. También tiene humor el cielo y es mejor que yo el consuelo que puedo llevar. Señor es que me digas quién es el que desafía a reñir por si le hemos de envestir. Los dos, y aunque fueran tres, sabré esperar. De ese modo yo vengo a quedar sobrado. Pues loco has imaginado que a bajezas me acomodo. ¿Piensas que vienes conmigo para ayudarme? No hay tal que tu valor inmortal de que es el mundo testigo. No ha menester más espada que la que ciñes ahora por gusto de mi señora confusa como turbada. Te he venido a acompañar, pues así lo has de entender y bien te puedes volver. Yo solo mi ren cazar. Has de entender que el darme no es para ayudarte a ti, sino por guardarme a mí. Que para desafiarme todos cuanto agraviados hay del uno al otro polo. Basta con quedarme yo solo, conmigo tan abreviado en habiendo soledad, los palos y los mentises. Extrañas locuras dices. Si, pero digo verdad. Mas no me has dicho hasta ahora quién es el desafiador. Hombre de tanto valor, Martín, que el flamenco llora rebelde al yugo español. Sus hazañas que autoriza, y en bronce las eterniza con rayos puros el sol sobre más trique y Ostende, sitiadas por nuestro campo Juan de Ribas. No se ofende Pirro ni Aquiles de ver los blasones que me ha dado. Pues él me ha desafiado. Pues bien hay en que entender. Yo era capitán, Martín. Hoy en el puesto inferior y así se templó el valor por hallar dudoso el fin, pero arrójeme ariscado, no que agravio hubiese habido pero anduvo demasiado. Juan de Ribas, conociendo quien soy y por no empeñarse, entonces, quiso templarse por el oficio asistiendo al sitio, pero después me dijo que me vería y que a entender me daría quién era. Ganose pues la plaza y vino a España a pretensiones mayores. Yo, consultando rigores de mi ausencia que se engaña. ¿Quién dice que mujer bella está bien el dueño ausente? Volví a España donde siente juros avisos mi estrella, de algún fracaso. Hoy llegué y apenas mi esposa vi. Cuando a palacio volví, donde a Ribas encontré, y de mudado el color me dijo que me aguardaba esta noche. Ocasión brava. ¿Dónde se viese el valor de Flandes ejecutado? Sin buscar más compañía que la de la noche fría, Quedó a las doce aplazado, y pienso que ya lo son. Me tendrá por cobarde aunque vaya si voy tarde. ¡Oh, colérica opinión de españoles! Tarde vas si acaso vas a morir. ¿Qué dudas? Que has de cumplir la obligación en que estás, pero de tentarte el miedo, sino es que ha sido el cuidado. ¡Qué dices! Que he reparado. Sí, sin reparar. No puedo. Mas digo que de la esquina desde que salimos, nos vio un hombre. Se desató y con buen paso camina, siguiendo el nuestro. Es más de esto. No gasta cuerpo de Dios sí ves que venimos dos. ¿Qué temes? Un mal suceso, no puede ser emboscada. Presto lo podremos ver. Hidalgos, yo he de saber con la lengua y con la espada, cómo en una casa entraron, de donde salir los vi. ¡Cielos! el valor perdí, los blasones se eclipsaron de tanta opinión ganada. Sin honra estoy, ¿qué he de hacer hidalgo, si el responder fuera solo con la espada? Yo os diera satisfacción, la que pudiera bastar. Mas hay que preguntar: tiempo, lugar y ocasión nos da la noche. A eso vengo. ¡Ay honor! Tan presto dices mis desdichas infelices. Mujer tan infame tengo, cielos que me piden ya y celos a mí mismo dejo. Si pudiste ser testigo de verme salir, no habrá un caso, un puñal, un fuego que abrevie mi infame vida que tan adquerida con el gasto y el sosiego de aquella casa la entrada que, si bien no reparos dejas presumo que os engañasteis. Tengo tan averiguada la ocasión de haberos visto que por entrar vos en ella, mis servicios atropella su dueño. En vano resisto tanto agravio, tanta afrenta ¿Qué es lo que determináis? Determino que entendáis que ha de correr por mi cuenta esa casa. Hay opinión. Los que fábulas trazaron cuando jamás apretaron tanto el brazo a la invención. Mirad, que venís tan ciego que imposibles emprendéis porque no me conocéis. A dichoso tiempo llego que está don Juan empeñado con los dos que vio salir. Hidalgos ha de reñir. Ya está el campo señalado, dos a dos estamos ya. Bien mi infamia se previene de mi cuñada será, aunque traigo este de criado para cierto aviso ha sido, no porque me haya servido jamás si me ve empeñado. Dice la verdad, jamás le serví de lo que dice. Pero haré que se eternice mi espada y mi nombre, mas si con dos hombres devienen este silencio oscuro, riño solo. Bien seguro de que pesadumbre os den. Con ventaja estáis ahora, con un solo ha de ser si no os queréis componer. Ya llegó el plazo y la hora, de mi venganza o mi muerte, el componente será ser yo el dueño. Bien está pues, echada la suerte. Valiente enemigo tengo. Bizarro es el cortesano. ¡Oh! Qué bien mete la mano el contrario, a dudar vengo de esfuerzo de don Juan aunque es tan buen caballero. No vi más valiente acero. En dudoso lance están mis blasones prevenidos de furias. Caballeros, no es agravio el componeros que corazones vestidos de tanto valor. No es justo que den piedad a los cielos dándoos la muerte los celos de una mujer. Es injusto el agravio que me hacéis. ¿Y si quedáis satisfecho? Daré entonces por bien hecho cuando en el caso tratáis. Pues dado a mi cargo está resuelto que quedéis bien entre ambos. ¡Oh cielos! Quién darme por bueno podrá si no es perdiendo la vida. Más importa prevenir mi venganza con sufrir la presunción abatida de mi agravio. Pues no saben que es mi casa la que ofenden. Los que los medios pretenden para que mejor lo alaben, inconvenientes desvían. Don Juan, vos os habéis de ir y bien podréis presumir que de mi valor se fían casos más grandes. Así lo entiendo. Casa ni calle no habéis de ver a esta dalle, pues yo he venido aquí, el fin que por vos pretendo. Pues de mi amigo os preciáis y siempre me acompañáis que lo acabarais entendiendo con la satisfacción. Yo con Dios. El cielo os guarde. Para mi intento no es tarde cuando a amorosa pasión guardo palabra. Jamás a la calle he de volver sí aventurarse a perder mil vidas. No aventuremos materia tan peligrosa, procurarle conceder porque nos deje volver. Por una pasión celosa no es bien que dos caballeros -que vos me lo parecéis- a tanto extremo lleguéis. Ya han mostrado los aceros, honrada satisfacción de entrambos y si queréis, mañana verme podéis que vos a cierta ocasión de importancia. Pues primero vuestro nombre he de saber. Y yo no me he de volver sin que el de aquel caballero me digáis. Cielos, así conoceré a quien me infama. Don Juan Osorio se llama. Pues esto se quede así, que yo mañana en palacio os veré. No es cortesía que yo aguarde hasta otro día saber quién sois. Más espacio pide lo que me pedís. Cómo le diré mi nombre sin que mi afrenta asombre. La prisa con que venís os culpa en lo que negáis. De mi fiaros podéis y de aquí no os partiréis sin que el nombre me digáis. No me apretéis tanto, ¡cielos! Con ocasiones tan vivas qué ha de pensar Juan de Ribas cuando de horrorosos desvelos me estará aguardando armado. También es reputación, puede haber más confusión para un hombre desdichado. No bastara sin deciros el nombre que me veáis el rostro. Así me obligas para que pueda serviros. Pues a la luz me veréis de aquella imagen. Irnos para buscarnos los dos también me conoceréis. Afrentas donde llegáis, pues lo que mirando estoy. El maese de campo soy Juan de Ribas, qué decís don García. Estoy dudando, lo mismo que voy temiendo el campo está previniendo y está en mi calle esperando. Sospechas notables crío de que Ribas es traidor y que me quita el honor con capa de desafío. ¿Dónde estoy metido? Cielos. ¿De qué suspenso os quedáis? De que en el campo no estáis y yo estoy donde os doy celos. La ocasión no ha sido mía. Ahora lo sabré yo, que quien me desafió segunda ocasión tendría. Pues, ¿qué queréis? Acabar de una vez. Lo mismo digo. ¿No me seguís? Yo no os sigo. Resuelto, voy a matar o a morir. Por causa leve salió con nobles desvelos, pues ahora con los celos que el más cobarde se atreve. Será un rayo don García, juro a Dios que no lo entiendo, que ni sé lo que defiendo ni sé qué causa es la mía. Aunque me debe raciones no es mi amo dar a andarte. Para poderle seguir por el rostro de la sangre. Pero es gran cobardería, pues va a morir, no ayudarle con mis pobres oraciones y, por no aguardar que nadie me cuente un cuento postizo. Que en llegando a examinarle quien lo vio le desconoce, viéndolo con tantos padres. A un filósofo en Atenas le cupo la vez de alcalde en cuyo tiempo se vio el delito más notable que ha habido desde tengamos. Que es vergüenza comprarse con los que ahora suceden, delitos de otras edades que entonces, como vivían bien los hombres era fácil la admiración del delito, y eran los castigos grandes. Valen más los pececillos, que sin que los sienta nadie por los ojos de las redes entran, escurren y vanse, que todos los tiburones que en golfos de las ciudades pescó la severidad manchando el ejemplo en sangre, ladrón de cierva morena. Si perdulario que haces, viñadero de madroños apostando de salvaje pues, a los campos te vas, sí hay hermandad y estandarte con cuadrilleros lechugas y no les falta vinagre. Vuelve a casa pan perdido y estudia mejores lances, que de los muros adentro, verás cómo vuelan sacres. Ladrones de capa negra, por no llamaros truhanes, que entrenéis al demonio llenos de comodidades. Vivid los años del fénix pues, mientras no os castigaren, pasaré yo a vuestra sombra linda plaza de Bergante. ¡Vive Dios, que se me ha ido todo el cuento del alcalde, pero yo lo traeré a cuento si se me ofrece otro lance. Aquí está bueno. Tened, que resolución tan grande, más que valor español, es temeridad. Ya es tarde. Todos los discursos, todos los inconvenientes graves. La reputación común y afectos particulares se desvanecen y olvidan en tratando de sacarme al campo. Ya estoy en él, y en él habéis de matarme. Vos, habéis de saber quién soy. No paséis más adelante, que todas vuestras noticias no llegan a emparejarse con la que tengo de vos, de valor, nobleza y sangre, y en eso echaréis de ver que sé estimar vuestras partes, pues un hombre como yo, que soy lo que soy en Flandes y en el mundo, os desafío, porque a haber de vuestras partes menos prendas, con mandar que un soldado os castigase, quedaba yo satisfecho de vuestras temeridades. Dije en el sitio de Ostende cuando trató de escalarse el muro, que no era bien que bisoños capitanes se arrojasen los primeros a donde experiencias hacen más efecto en los peligros, y lucen más en los trances. Entonces, en la presencia de príncipes y de grandes españoles y flamencos, por lo que os dije os piscasteis, y con razones sentidas, y palabras desiguales de militar cortesía, dijisteis que cuando nace el valor en pechos nobles, le basta en su misma sangre para suplir experiencias de fosos y baluartes, que el valor no necesita del ejercicio ni el arte para ser valor en todo. Que, entre las dormidas paces, entre el ocio y el regalo, los hombres honrados nacen con tantas obligaciones que, en Italia, España y Flandes al que más se bizarrea con oficios militares, campeando su fortuna sobre la enemiga sangre se le igualaran. De modo que por ventura le halle más bisoño esta experiencia, que él tuvo experiencia en Flandes. Yo lo dije y fue bien dicho. Por el modo de empeñarme si bien me templó el oficio, por ser la facción tan grande. Os desafié después aunque sucedieron lances para no poderos ver hasta España. A quien se agrave sé lo que dije. ¿Por qué? Porque fuera muy cobarde quien dijera que la guerra da el valor y no la sangre, que la guerra lo acrisola, que lo desenvuelve el arte, lo examina la experiencia y lo coronan los trances. Es verdad también. Lo mismo dirán los que menos saben del puñal XXXX que va creciendo en quilates al paso de los empeños. Y, si me desafiasteis por el modo, no hay más modo que apurarse las verdades que son las satisfacciones de hombres de bien. Eso baste, y yo quedo satisfecho. Yo no del segundo lance ¿De qué lance? El de esta noche. ¿Queréis por eso matarme? Si pudiere. No advertís. Ya la advertencia es cobarde. El demonio es vuestro Dios. Él, que ha venido a encontrarme con un hombre tan resuelto, pues luego hay quien meta paces en el campo ya, a estas horas. Aún si yo fuera el amate de la dama que defiende, calentársele la sangre y colérico riñera. Pero, sin causa bastante que me obligue al fin, yo riño por su devoción Viérame muerto por mi amor, que por bien del mundo no nace Decidme algo que me ofenda, cuerpo de Cristo y es tarde y estoy sin cólera. Digo que si pasáis por la calle de donde salir me visteis, he de mataros. Achaque bien sencillo yo concedo, y concedo que es un ángel esa mujer que decís, y no la merece nadie más bien que vos y don Juan. Supuesto que hago sus partes, no os dará más pesadumbre ni pasa por su calle de aquí a que se acabe el mundo. ¿Queréis más? ¡Basta! No baste, que también es caso duro que ni viniendo ayer de Flandes queráis tanta posesión cuando hay en Madrid galanes, caballeros como vos, que rondan, sirvan y gasten con mayor antigüedad. Esto ha de ser sin que falte un punto de lo que es dicho, ¡Cuerpo de Dios! Ya hay bastante cólera para reñir Aquí están y han de matarse como un par de jabalíes. Vive Dios que es un diamante. Hay honra en que han de parar tantas desdichas mortales. A señores de la justicia, que viene el señor alcalde. A estas horas le conocéis. Veo mejor sobre tarde. ¿Alcalde de corte? No, sino de Pinto. Es en valde salir con mi intento ahora Dejemos para otra parte y otra ocasión el disgusto, si os está bien. Conformarme debo con lo que decís, y si queréis que os aguarde mañana en palacio. Dios os guarde. El cielo os guarde. Vamos, Martín Vive Dios que temo los disparates de don Juan. Quiere tan ciego que pienso que ha de arrojarse, sin cumplirme la palabra, a donde podrá matarle don García, y he de ver volviendo a la misma calle, y dentro en la casa misma, si puedo ahora excusarlo el peligro que en conocidos quieran que les acompañe para que tenga en Madrid, más ocasiones que en Flandes. Juro a Dios que no, y corrido ha de serme delante y en saliendo a abrir la puerta, mata la luz. ¿Qué la mate? Pues, ¿qué hemos de hacer a oscuras aun con la noche que hace? No estás contento, no veo ni aún los bultos, ni las calles, no sé por dónde comenzar. Vive el cielo que te mate. No es mejor matar la luz, que al fin hay perdón de parte en encendiendo otra vela, prolijas oscuridades. A tropezar con vos va un lacayo miserable puesto a flujo de una desdicha matando esta noche un ángel. Yo tengo la culpa, yo. Y es bien que las penas pagué tres años de ausencia ¡oh cielos! Tomad de mi propia sangre la venganza que merece un descuido tan culpable. Pero la mujer de bien que con respetos nace de mujer noble que guardas, ha menester ni que alcaldes más que el honor que profesa por custodia XXXX de la fe que debe al cielo y a su esposo. Callen, callen las viles mujeres que tan bajas disculpas traen, que reyándose de ausencias y alegando soledades para fundar ocasiones sobre delitos infames. Y cuando, ¡Oh cielos! y cuando el vulgo, por inconstante, piadoso con las disculpas, por ser género tan frágil la mujer, culpe al marido diciendo que ausencias tales abren la puerta al delito. Cuando sin máscara traen la pobreza por padrino, si estas disculpas valen. Para a Dios, cómo podrá una mujer disculparse si para opinión del mundo nace con ilustre sangre y, para la soledad tiene deudas, tiene padres y, para adorno y sustento tiene riqueza bastante. Todas estas partes juntas tiene Blanca, y es infame por lascivo gusto. ¡Ah, cielos! a que aguardáis, ¡Oh! quitadle al alma vivos sin cursos porque bajamente calle que prevenidme ocasiones a tanta desdicha iguales; porque cauteloso mire, porque prevenido aguarde porque secreto descubra, porque vengativo traje el más ejemplar castigo que admiro bañado en sangre el archivo de los siglos, fiero pintor de crueldades. Leonor, estás loca. ¿qué quieres, que por tu casa me pierda? Pues que te precias de cuerda es bien hermana que esperes mi disculpa. Y vendrá a ser cuando yo pierda la vida, siendo mi fiero homicida tu villano proceder. Entendiendo que don Juan ponía en mi la afición, yo con honesta intención que mis pretensiones van como sabes a seguro. Y honrado fin le miraba, y los favores le daba que mi amor honesto y puro a mi estado permita. Más el, con nuevos empleos en ti pone los deseos. Será por desdicha mía. ¿Sabe este necio atrevido que soy casada? No sé. más tanto honor, tanta fe, tanto paseo y ruido de músicas no serán hijos de ignorancia tanta. Su atrevimiento me espanta. Es mozo libre don Juan. A la puerta llaman. Mira quién es. Señora, mi señor No sé, un cobarde de temor al alma flechas me tira vestirse con tanta prisa, dejar su casa a estas horas ¿qué puede ser? ¿Eso lloras? Sí, porque el alma me avisa que no fue por bien, Leonor. quieran los piadosos cielos que no sean tantos desvelos, los verdugos de mi amor Señora, aún no puedo hablar, turbada y medrosa vengo. Pregunté quienes, apenas cuando Martín respondiendo me dijo: pues aguardas. Abrí y las plantas poniendo en el zaguán, ¡ay, señora alguna desdicha temo! Martín apagó la luz y un señor encubierto, que no pude verle el rostro, entró sus pasos siguiendo Ves Leonor, si mis temores llegan al último extremo. Inés, enciende otra luz Ya temo algún mal suceso Helada tengo en las venas la sangre. Yo te confieso, que aún no me deja el temor sentir lo que estoy temiendo. Vine delante, es verdad, mas al tocar los primeros edificios desde el prado aguardé, si fueron miedos Dios lo sabe a qué llegase mi señor, más encubierto y sin hablarme palabra, pero solo respondiendo no, si, anda acaba, y así hemos llegado hasta el puerto. Sin más norte que mis dudas, sin más farol que mis miedos, solo me pudo dejar sosegado y satisfecho del que me dijo al entrar: mata esa luz y el concierto. Acabada la pendencia fue encomendarme lo mesmo mi amo es, no hay que dudar pero como no le veo, como no manda en su casa, juro a Dios que no lo entiendo. Siguiendo XXXX y por estar en cubierto, hasta saber si don Juan tiene conocido riesgo, que de sus temeridades puedo tener los sucesos arrojándose a esta casa, tan celoso y tan resuelto que empeñe reputaciones y ejecute atrevimientos. Le dije pues al criado de García, que en abriendo matase la luz. Leonor, si no me he engañado, siento pasos en la sala. Aquí, entre sombras diferencio cierto bulto, ¿es mi señor? Yo soy. Importa el silencio. Sí. No abra la luz. No. Y yo, ¿sirvo de algo aquí? Sí. Así le han hecho oráculos romanos. Juro a cristo que es un eco, que puede esperarlo el turco. Señor, ya ves que se ha hecho lo del apagar las luces, pero si valen mis ruegos, te suplico que me digas, sin afrentarte por celos qué es lo que has visto en tu casa para que vengas tan ciego, con tan viles prevenciones. Qué informaciones has hecho que doña Blanca, tu esposa, te haya ofendido. ¿Qué es esto? Cielos, casado es García y esta es su casa. A buen puerto hemos llegado. No basta fuera de la voz del pueblo, que celebra su virtud y su casto enterramiento. Ser tu esposa mi señora para que discursos necios no te despeñen. Sí, basta más los honrados recelos. Un marido siendo honrado, debe con razón temerlos y más cuando en tu presencia, celos infames, me dieron tan a costa de mi honor. Pues, ¿qué hemos de hacer? Creerlos hasta averiguarlos. Dices muy bien. Si no lo remedio hay borrasca de mujeres esta noche y voy temiendo que mi veleta lo dice, que ya hay levante deshecho. Dios deje granar mis trigos. ¿Quién está aquí? Los recelos de una mujer desdichada. Pues señora, no temerlos será bien con excusarlos y hasta mi amo al adentro mira por ti, que el mocillo de entrar a lo cicatero atisbando no me agrada. Pues Martín, de mis respetos y obligaciones, honrados hay que temer. Yo no temo causas mías es mi esposo, que yo le adoro y le quiero y aunque muriera a sus manos le he de hablar, Martín. Bien presto tocaras su imagen muda si está de color sangriento no lo sé porque está oscuro De cualquiera suerte es cielo su sombra pues, dueño mío cómo con tantos silencios venís a casa tan vuestra. Mirad que son desprecios de la que tanto os adora. Qué escucho ¡cielos!, que es estos estos equívocos pueden decirse en un mismo tiempo al marido y al galán. Vive Dios que es vano empeño el de esta dama, y merecen sus locos atrevimientos perder mil vidas ya a manos de su esposo. No merezco que me respondáis, señor. Sacad luces y veremos si es que os alegran mis ojos, como os regaláis en ellos. Muestra villana esa luz. ¡Cielos! Conocido riesgo tienen nuestras vidas Muera quien me ofende que es aquesto traidor amigo. Ay de mí, quién ha causado estos yerros. Teneos, García. Señora un hombre soy que pretendo acosta de sangre mía libraros. Mas bien los cielos libran mujeres sin culpa También los humanos medios se aplican. Traidor soldado y español fue este concierto de llamarse a desafío. Son tan varios los sucesos, y todos como habéis visto pendientes del amor vuestro que, si lo advertís a García, con mediano enfrentamiento, veréis que cada palabra es uniforme escarmiento, cada silaba un agravio, cada voz un desacierto. Callad, si queréis vengaros de mí, si es que yo os ofendo y de vuestra noble espora, que de voto a dios que es muy necio quien tan bárbaro la culpa, quien la condena tan ciego. De mi os sabre decir que en mi vida tuve miedo a los diablos ni a vos, dígolo porque pretendo, por lo que a vos mismo os toca, dejaros hoy satisfecho y, aunque soldados honrados no deben jurar, yo quiero que el juramento me abone por poder satisfaceros. Voto a Dios -vuelvo a decir- que este es el paso primero que he puesto en vuestros umbrales, que no sé quién vive dentro ni supe que erais casado, que, si llegara a saberlo, a don Juan, aunque es mi amigo. Por solo el agravio vuestro lo hiciera dos mil pedazos, mas persuadirme no puedo que él entiendo que lo sois. Ya pasa de atrevimiento, que sabré yo castigar el que he visto, y no es bien hecho, señor maese de campo, que toméis a cargo vuestro alabar este negocio, y que ni este caballero, suyo mientras se concluye. Ni aún por la puerta pasemos de esta casa y hallo ahora, avisado del estruendo y la puerta abierta, que estáis los dos aquí dentro contra lo que se ha tratado. García, ¿estáis satisfecho de que don Juan no conoce que sois de esta casa el dueño y el esposo de doña Blanca? Que esto, válgame el cielo, cómo lo he de remediar. Bien se ve en su atrevimiento, que nace de gusto libre, como yo, ignorante quedo satisfecho en esta parte. Cielos, camino han abierto mis dichos para saber que ha sido menos el hierro de parte de mi enemigo. Y sé que ha dado el cielo noble mujer. No tenéis, sosegaos que voy creyendo que estamos todos sin culpas parienta alguna. Sí tengo, tengo una cuñada mía. Ahora reñiros quiero cuerpo de quien me parió. Ven una casa sin dueño por una ausencia en ella, hay quien, para casamiento, ofrezca honestos favores que hay que espantar, que un mancebo como don Juan pretendiese y que, despechado con celos viéndoos salir de esta casa, quisiese, sin conoceros, hartaros de cuchilladas. Pues, qué bárbaro tan necio pudiera haber en el mundo, que le perdiera el respeto al mismo marido, y más siendo tan gran caballero don García que así, bien no le conocí primero, después lo pude saber tratando vos del concierto, donde advertí su valor. Digo pues, que sí merezco por finezas de mi amor, por mi sangre y por mis deudos, por mi hacienda y mi persona, ser el legítimo dueño de doña Leonor. Que os doy la palabra y mano. Acepto don Juan Osorio el favor, y juntamente confieso que me honráis y que mañana previniendo a vuestros deudos y amigos, se harán las bodas. Así queda, Soy muy vuestro ya está seguro mi honor. Señora, con vuestro dueño os quedáis, y tan dichoso que yo por él os confieso que le envidia la Fortuna por vuestros merecimientos. Hacéisme favor en todo, pero no vine tan ciega que no entienda conjeturas y no escudriñe sucesos. El lance de haberme visto con vos no es para temerlo, no es para considerarlo, no es para satisfacerlo con la vida y con la honra, que, aunque yo, gracias al cielo, estoy como veis, sin culpa, y dar la vida es lo menos que yo pudiera temer. Temo si con él me quedo, que discurriendo celoso y desenvolviendo cuerdo, apariencias de su agravio que aún yo misma las condeno, que ni era matarme a su salvo y quede en lenguas del pueblo despedazado mi honor, el de mis padres y deudos porque cosas distintas aunque en un mismo sujeto, la compasión y la culpa. Dirán: perdónela el cielo qué lástima que dio a todos su muerte, pero en volviendo la hoja, dirán los mismos: si tomara ella escarmiento en adúlteras mujeres que pagaron a sus dueños con la vida la traición, ella tuviera más miedo y más vergüenza. Fue mala para qué, pues pecó sus hierros esta voz tan afrentosa, muerta la estaré reprimiendo, que deje siempre manchadas las losas del monumento, y que mis padres y hermanos avergonzados, viendo la capilla desconozcan a donde tienen su entierro. Eso me mueve, don García, porque yo os temiera menos si fuerais menos honrado, pero honrado y con sucesos tan infames a los ojos, y aún obligado a creerlos sin averiguar verdades y sin admitir consejos, sin desenvolver disculpas, sin descubrir pensamientos, sin examinar criados y ver si ha habido terceros. No me está bien quedarme, mi guarda será un convento y bullas te des en tanto, por piadosos caballeros me amparen mientras mi esposo averigua si le ofendo. Por vos pondremos la vida. Si hubiera montes de acero, a vuestro agravio señora veréis como yo os defiendo. Volveos a apretar el lazo. Volviose a encender el fuego, siendo las dudas agravios, y siendo afrenta los celos.
JORNADA SEGUNDA
¿Qué dices? Qué he de decir, que eres un hombre, el más dichoso que en siglo tan peligroso pudo la fama escribir con pinceles del honor, pues aún el vulgo inclemente, que multiplica y que miente, con afectos del rigor dice que es ángel tu esposa. Gracias al cielo se den, pero has de advertir también que no la alaba de hermosa, que la caduca hermosura es breve inconstante flor de virtuosa, señor, aun el vulgo la asegura. Qué es lo que hay que desear para un honrado marido, en nosotros ha tenido solo el vulgo que manchar, y es un bellaco traidor y tiene mil XXXX, dice mil bellaquerías, del bellaco y del señor, de mí qué puede decir, y a mí, perdido el decoro, no me trata como a un moro. Sabiendo que ha de mentir el pícaro gana pan. Juro a Cristo si le cojo Al vulgo. Yo no me enojo aunque ocasiones me dan, si no con hombres fornidos pero por ti me ha pesado. Que ha dicho si has reparado Tiene intentos atrevidos que tan corto te acomodas, que pueden, por las raciones, quemarte hoy y hacer doblones porque las cercenas todas. Que a la traición del rocín cariaguileño, por ser muy grande el empeño le echo al cávala y millón y esto está bien hecho. No. Pues yo habré de remediarlo. Pues pregunto, ¿es el caballo más hombre de bien que yo? Dónde te quedaste anoche, que por tu dañoso engaño Martín, me están sucediendo las desventuras que paso. Cada uno porque le tocan, llega a sentir sus trabajos. Yo te perdí o me perdiste, y quisieran los diablos probar mi valor, más diles que cómo le fue al ahijado y a los que venían con él, porque apenas metí mano. Aguarda, jamás te he visto con alientos más bizarros, no entendí que eras valiente. Qué bien lo entiendes, yo guardo mis cóleras para solo, que reñir acompañado es muy de vecinos. Siempre riñendo, y te dan de palos y te rompen la cabeza Si llevo siempre zamarros a mi lado, ¿qué he de hacer? voy con ellos confiado. Llego a la rueda contraria él miente y es un bellaco digo al del coleto, al rubio le doy luego un sombrero, una bofetada al tuerto y al mozuelo acaponado, antes que se desenvuelva, le meto el pomo en los cascos. ¿Cuándo sucedió el lance? No ha sucedido, más trato de ocasiones desgraciadas que siempre me acompaño. Es peor, porque entendiendo que son amigos honrados los que van siempre conmigo por darles que hagan algo me descuido. Está bien dicho. Pues sigo en metiendo mano, aunque estuviera en camisa, no fuera tan flojonazo se atreviera ni a sacarme gota de sangre hombre humano. Ni aun el barbero y así todas las veces que salgo a reñir, estando solo, dicen que hago milagros y es fuerza, yo me conozco. Dios me tenga de su mano, que no se me reportar yendo solo, pero un paso no daré sin que primero a Santos, mis abogados, rece mis obligaciones. Si te embisten entretanto. Pues yo para qué les rezo. Somos zurdos, bobeamos y por ejemplo y suceso sirvan en un mismo coso, digo que anoche me vi solo en aquellos espacios que hay desde el prado a Madrid cuando el vulgo temerario ya le conoces. Muy bien. Se llegó metiendo mano. ¿Quién? El vulgo. ¿Cuántos eran? El vulgo con otros cuatro. ¿Hubo mayor desatino? Cuando al descargar un tajo le guardó unas a Ribas, no era sino unas abajo. Le metí por la tetilla, salvo sea el lugar diez palmos de un estoque. ¿A quién? Al vulgo Di que no vienes borracho. Fue pidiendo confección. Hasta el Carmen yo a buen paso me vine y, volviendo el rostro, vi al maese de campo y pensando que eras tú, me viene con el callando de pura cólera. Bien. A tener menos cuidados me entretuvieras Martin, que sabes de aquel milagro de honestidad y hermosura de aquel serafín humano. Loco me tiene su ausencia Gozando está del regalo que sus padres, que no quiso irse al convento y, pasando me llamó desde el balcón. Entré y con piadoso llanto que pudiera deshacer un testamento cerrado me dijo: Amigo Martín cómo está mi esposo, y dando veintidós suspiros dijo: Dios le de los desengaños, que a menester vuestro honor entonces yo, asegurando su causa dije: bellezas que eras un tierno Leandro, y era el estrecho tus ojos que le pasabas llorando como muchacho huido que se le ha perdido el cuarto. ¿Que lloraba le dijiste? Fue de modo que sacando el pañuelo, comenzó un llanto de los diablos. ¿Qué dices? Díjome, en suma, que diera por verte un brazo de los míos. Yo mil vidas, por verme en sus ojos claros pues Martín, si lo desea, para qué busca en varazos de disculpas. Por qué, dice que hasta que los desengañe la acrediten con tus celos no ha de gozar de tus trazos. Despidiose enternecida y pidió apuestilla XXXX el manto, para ora decir cien misas cantadas, pero y alcanzó que ha de venirse a su casa porque la han aconsejado, su padre y deudos, que importa a su honor no dilatarlo. Viendo que está satisfecho de quién es. Y yo, en tanto que merezco ver sus ojos daré a su hermoso retrato aliento con mis suspiros, disculpas con mis engaños. Mírale, Martín. Excede las líneas de Bonifacio. Fue pintor No, sino sastre Que bronce alemán que mármol de pirámides egipcias a tan bello simulacro, a tanto pincel con alma, a tanto viviente rayo, no postraran la dureza y con efectos contrarios no blasonaron de tiernos, no se preciarán de humanos líquidos a tanto fuego, como a tantas luces blandos. ¡Ay, Blanca! ¡Ay, hermoso dueño! No se autoricen de ingratos Tus honestos menosprecios, porque ya lo son al paso que las dilaciones mides con las quejas. En el patio hay dos mujeres tapadas que las trae el maese de campo. No tengamos otra historia si los descubre mi amo, el padre de doña Blanca, ¡cielos! también don Bernardo está a la puerta, qué es esto. No habláis mi bien, conformaos con el bello original para que saque de entre ambos ficciones de sentimientos. Si con el pellejo escapo, doy por bizarra la fiesta. Aun este pequeño espacio no me daréis, Blanca mía, el consuelo de escucharos. Pinceles vivos son estos, que de mi fuego animados como oráculos divinos, podréis responder si os canso. Menos ternezas García, que idolatrar con retratos, no viene bien con ofensas de su dueño. Estoy soñando, ¿quién eres mujer? Espera, castigaré los agravios hechos a los rayos puros del sol que adoro. ¡Apartaos! ¡Teneos! Qué ven mis ojos, es mi Blanca. Soy el blanco de todos desaciertos, de vuestros discursos vanos, de vuestros locos enseños. Que XXXX os esto XXXX García tanto pudo con vos una línea, un punto, un asombro un rasgo de vulgar a pretensión. Que siendo yo, pero vamos A lo que por vos merezco, siendo vuestra os despeñaron las comunes groserías, los empeños temerarios, las diligencias plebeyas y los discursos villanos. No había modo más honesto Para averiguar callando Pero qué modo de hacer en mujeres, que llegaran a tener partes ilustres. No hay modos imaginados en las humanas cautelas, porque donde no hay pecado no se imagina el castigo. Siempre el tiro mira el blanco. Donde no puede haber crimen, las leyes no embarcarán su rigor. Preguntó un día el pueblo a aquellos tan sabios legisladores antiguos qué castigo le ordenaran al delito de matar a su padre y, con enfado, le respondieron los jueces que delito, que temblaran de cometerlo los brazos, y que no está bien pensarlo aun del hombre más feroz, no había ley porque era en vano la cura, no habiendo en vida el remedio sin el daño, el efecto sin la causa Sin sospechas el cuidado, y la ley sin el delito. Asique mayor recato, Asique mayor estudio, de la sospecha engendrados y del dolor prevenidos, labran fundamentos falsos. Si es la mujer principal y tiene el marido honrado mienten. Vive dios mil veces cuántos barbaros pensaron, y si lo pensáis mentís, que mujeres han llegado a vestirse obligaciones y a manejar los recatos de la virtud el descaro. Pueden, pueden dar un paso, sin registros virtuosos y sin templos honrados que pensamientos lascivos, que bajas materias trato. ¡Cielos! pero aquí convienen, que intentos desenfrenados, no han de obligarla jamás a tropezar en los brazos de mujeres viles. No, que eso queda reservado a la desvergüenza, al vicio al horror, al desacato de mujercillas comunes. Y vos, señor, entretanto que cobráis luces mejores y que refrenáis los labios, que avergonzáis los intentos y castigáis los engaños, Aunque vengo a obedeceros, y me vuelvo a vuestro amparo Ni veréis mi rostro alegre, No os daré jamás los brazos. Dueño mío aguarda. Hablad al maese de campo que ha venido a acompañarme. Amigo, pues tanto me negáis el bien de veros, Señora, por no dejaros en poder de vuestro esposo sin gusto vuestro he llegado a ofrecerme como veis, con el maese de campo, a perder por vos la vida. Todo está seguro y salvo. Yo os lo agradezco don Juan, mas quisiera suplicaros, supuesto que yo me quedo en mi casa. Honráisme tanto que aún no sabre agradeceros favores tan soberanos. No es tiempo de cumplimientos. ¿Qué me mandáis? Que os aguardo esta noche en el jardín, porque tengo que trataros lo que a vos mismo os importa. Cielos si se han declarado mis dichas digo, señora, que os obedezco. El recato os encargo. Está muy bien. Guardaos Dios. La noche aguardo Señora, ¿qué has dicho? Necia, calla siguiendo mis pasos. Esto tendremos, ahora entiéndalos el diablo. En lo que echado deber vuestra amistad y buen trato, es en que me habéis sufrido los desatinos tan claros que ya más cuerdo os confieso. Amigos y más, soldados, tenemos más sufrimiento para no romper los lazos de la amistad. Vuestra esposa, Por importarle al recato, vuestro señor don García, fue bien sin pasar más que plazo que un día, aunque estuvo en casa de su padre don Fernando, que volviese a obedeceros. Yo la vine acompañando con vuestra licencia. Estimo tanta merced y cuidado como en mis causas tenéis. Aquí fuera está esperando. Vuestro suegro. Sí. templado os hallará de enojo XXXX. Aguardadme breve espacio que al punto vuelvo. Yo con Dios. El sitio más apretado de Flandes, porque en mi tiempo me hallé todos, en fracasos tan sangrientos y dudosos. Juro a dios que no me hadado más temor, gracias al cielo que queda todo acabado con satisfacción honrosa. A que quede solo aguardo. Qué quiere aquel majadero. A no estar yo acompañado le pusiera como al vulgo más él me vendrá a las manos. Porque no digáis que encubro de vos aún el más liviano pensamiento. Siendo vos todo el favor y el amparo de mis deseos Decid. Óyenos algún criado De casa Es la casa mía para saber los atajos, los canceles y las puertas. Es porque imparta el recato, y estoy temiendo que pueda alguien de casa escucharnos. Pues vámonos a Toledo Y me lo diréis despacio que me tiene este mocito. Sin verlo, sin procurarlo sin quererlo, sin pedirlo, me ha vuelto el bien a las manos. Ya doña Blanca me estima, y con favores tan claros que manifiestan su amor, dice que me está aguardando esta noche en el jardín. Sin pensarlo, sin jurarlo sin oírlo, ni entenderlo mienten los que lo han pensado. Fuera de porque vos sois tan cuerdo en estos casos, que os desmentiréis vos mismo si yo digo lo contrario. Militar cautela ha sido en el modo tan honrado de la XXXX más yo. Don Juan, no hay que yo en tratando de recado tan honesto, de honor tan acrisolado, y tanto que, si yo mismo dijera que os he escuchado lo que me decís ahora Me diré que miento y cuantos lo creyeren, voto a Dios. Poco sabéis de milagros de amor. Pues mirad don Juan, que ahora me estáis hablando a mí, que soy el dueño de esta casa. ¡Cielos santos! Qué escucho Si loco y necio, atrevido y despeñado, poneis el menor deseo en doña Blanca, los pasos os sabré acortar. De suerte que en mortales desengaños hallen vuestros desatinos para cada vos un rayo, para cada aliento un fuego para cada ofensa un brazo. Que, entre las cenizas muertas, tan vivas y encendidas, hallo cielos por celos infames. De Blanca riñen entrambos. Por no alborotar la casa, no os doy a entender que basto a proseguir mis intentos. Mas, pues en tan corto el plazo, esta noche en el jardín donde a doña Blanca aguardo avisado de ella misma. ¡Oh cielos!, hay más agravios que sufrir ni que escuchar. Podréis oír de sus labios los favores que merecen mi fe, mi amor, mis pasos. Mirad, que dudo que vais. Soy quien soy. Pues yo os aguardo. Pero quiero os advertir que vais muy enamorado si habéis de reñir conmigo. Pues, ¿por qué? Porque en dejando de animaros el amor, o presumo que he de mataros. Esta noche lo veremos. Fuera el más desdichado de los hombres la ruina de su casas, el fiero estrago de tanto blasón, de tanta (aunque entren prólogos vanos, reputación adquirida) ¡Oh furia!, ¡oh celos!, ¡oh agravios! Dónde me lleváis el alma. Tras del honor. ¡oh pesados Círculos del sol! Mirad, que con sus pintados arcos el indio feroz espera las luces de vuestros rayos. Caminad, que os detenéis cuando sabéis que os consagro una vida a vuestras sombras, una furia a vuestro ocaso, un incendio a vuestra fuga. Ya vuestra ausencia un agravio ¡Oh jardín!, ¡Oh albergue infame donde adúlteros contratos solo pisan vuestras flores! Yo pues, yo pues me abraso. Seré su marchita injuria entre verdores lozanos. De su pompa; yo seré, yo seré un áspid pisado para que venenos brinden a los que ofrecen descanso furias, cenizas y fuegos, volcanes, incendios, rayos. Os voy previniendo, flores de las que en el tiempo el hado cultiva la humana industria, que pues para mis agravios buscaron flores de invierno. Yo seré el polo contrario, yo seré la zona ardiente que entre cristales y marcos siempre vierta, exhale, arroje por el alma, pecho y labios inmortales incendios, que tiene amor la cualidad del fuego. No sé qué determinas, qué piensas, qué imaginas, Dime, es discurso sabio cuando apenas las dudas de un agravio las desvanece tan piadoso el cielo, templándose el desvelo de tu abrasado esposo. Formar otro engañoso Laberinto de honor porque has querido prevenir a don Juan si por mí ha sido. Porque engañado llegue a ser mi esposo, no te agradezco el medio peligroso que estimo en más tu honor que mi mentira. Hoy ha de estar segura, porque del cielo mi intención la espera. Y estimo esa fineza de manera que a la quietud me niego, y cual vez aventuro mi sosiego por verte bien casada. Agradecida estoy, pero turbada señora Martinillo, sin poder detenerlo ni imperillo ha entrado en el jardín. Pues no es de casa. Es hablador. Ya él sabe lo que pasa y es criado leal. Cuerpo de cristo, cuando negar se ha visto a mí la entrada de jardín humano, aun siendo medio a medio del verano. Cuanto, y más por enero, que lo puede esperar un cocinero. No te enojes Martin Eso sería calificarme de una bobería Pues dime, a que has venido A hartarme de un poco de ruido. Pues no basta el de hoy Ya me importunas Faltaronle al de hoy las aceitunas. ¿Sabes algo Martin? Pues él qué sabe. Martin, saca la llave, ¿dónde está la llave? Aquí solías ponerla. La llave del jardín, ¿no sabes de ella? Qué dices, no te entiendo. Él mismo se está hablando y respondiendo Mire en esa gaveta. Dices bien ya la calle, yo soy profeta de llaves de jardín. Inés, la mía Ya se la di a don Juan, que esta sería una que tiene mi señor guardada. Que los veranos cuando está cerrada la puerta principal entra por ella. En tres años de ausencia, el no perderla más parece prodigio que ventura. Tomó la llave y, con la sombra oscura, se fue calle abajo don García bostezando nuestra otra profecía. De que Martin, mi libertad condeno Que en este sitio ameno. Ameno dije mal, pero este ensayo se lleve adelantado para el mayo en este sitio, pues que ha helar con vida con poder general de la XXXX Temo esta noche escura y, más si hiela, la más arrebata escarapela. Pues de qué lo presumes Oh, que gran falta han hecho los perfumes del ámbar de lamisque y calambuco. Envidia tengo ya al fénix caduco, oler como el tomara aunque con sus aromas me quemara. En el jardín entraron los que ofenden mi honor, y aunque cerraron medio paso mi lance. Pero la vista discurrir no sabe, con sombras y con árboles, a dónde uno y otro se esconde. Pero el delito mostrará su daño, Ya la tardanza extraño de don Juan. A traidora tu muerte te aguarda, quien su afrenta llora. Esta es la voz de Blanca ¿Qué dijiste? Si la llave le diste Entró don Juan delante y no le veo Si mi amor satisface a mi deseo, en holocausto ardiente le daré un corazón que eternamente en sus aras se abrase en vez de flores, gozando dichas y esperando amores. Quiero escuchar atento, pues da luchar el viento en el silencio oscuro el mismo agravio que vengar prohibir. ¿Qué le dijiste, Inés? Que te aguardara sentado al margen de la fuente clara, que en marcos de alabastros oprimida murmura su prisión. Ya está entendida la seña del traidor llegue a la fuente, que yo haré que escarmiente con sangre el agua y flores. Martín, escucha. Todo soy temores y todo borracheras. ¿Quién me ha metido a mí en esta esquina?, vos Qué me mandas, señora. Un hombre atravesó siguiendo, y en hora Juan de ribas será. Don Juan de Ribas sería el que hablarlas, pues su porfía tan loca mente, vana y peligrosa, la verá tan dudosa que la vida le quite. Vive el cielo el bárbaro desvelo en esta sombra fría con que se ofende el honor de don García. ¿No me dijiste anoche…? ¿Qué te dije? El corazón me aflige, que el que venía contigo era mi esposo. Sí, mas no me obligo a tener yo primores de lechuza si sucedió la fiera escaramuza, con solo estar a oscuras. Alma oigamos prevenidos de sombras y de ramos. ¿No me dijiste que mandó García que matases la luz? Esa es la mía. Y que estaba en la sala. Pues ese fue el engaño en ora mala. Engañarme por ti que este fue el daño, pues me salió a los ojos el engaño. Abracé como viste, avergonzada te refiero esta acción, pero turbada del sobresalto y pena de mi esposo. El sentido dudoso, muerta la luz entre mis ansias vivas abracé como viste a Juan de Ribas. Perdona ausente esposo de mi vida, esta acción desleal e inadvertida Y bien puedes creer, que si pudiera reprimirla con sangre que lo hiciera por quitarle al engaño esta victoria. Pues castigo con ella a mi memoria las veces que me acuerdo. Si estoy tan loco como escucho cuerdo, sueña la fantasía si con tanta lealtad se juzga mía. Que aún los engaños siente, del breve espacio que me tiene ausente, como llama a don Juan que es esto ¡cielos! Como abrasados en infames celos Don juan y Juan de Ribas aguardan, en las sombras fugitivos de este jardín traidor, para que vea Blanca que de los dos mejor se emplea en quitarme el honor con sus favores. Que quimeras son estas que rigores que laberintos ciegos, ni valen las armas, ni aprovechan ruegos. Pues la verdad sea dicha, para ahora de guardo la desdicha. Bultos he visto en el jardín, la llave que buscó mi señor, la más grave sospecha que está dentro. Los cielos sean conmigo, el mismo centro no me dará Martín lugar seguro. En este que parece más escuro te puedes encubrir. Sin alma quedo. Pues, yo he de ver si puedo manejar este piélago medroso por solo asegurarte de esposo. ¿Estás contenta, Blanca? Estoy perdida. Oh, mal haya la llave y la venida Don Juan me busca ya, salirle quiero al paso. Caballero es don García Así sabré si intenta en mi reputación alguna afrenta, hablando a don García Qué es posible que no me has conocido, estas terribles. Yo soy Martín, señor Yo me engañado pues ¿qué quiere decirme tu cuidado? Dijele de mi señora que pediste la llave con cuidado y que te fuiste, y respondió por no hacer ruido llamando tarde, habrale parecido entrar por el jardín, pues aunque vengo, cuando luces prevenga el alma, he de esperarle despierta en el jardín para abrazarle. Sonreírme yo entonces y la dije, los abrazos corrige no sea el que le diste al majadero de Juan de Ribas, que orgulloso fiero con sus manos lavadas se mete en diligencias excusadas. Si dice que es valiente y tiene manos, los de casa no somos luteranos Váyase ya al ambra y a echar bravazos y no con cuatro pobres garrapatas intentar la embestida. Solo se riñe acá por la comida, no me conoce bien, pues juro a Cristo que si una vez le envisto aunque a voces publique que se comió los morros de más y que sin arcabuz, sin pólvora, sin frascos. Pícaro aunque bufón será acertado porque otra vez no seáis desvergonzado. ¿Qué es esto, cielo mío? ¿En qué escollo ha topado mi navío? Meteros este pomo en la cabeza. Velo usted, pues no será grandeza. Ha habido hombre cabal tan desdichado. Junto a un árbol estoy, sí me ha engañado la serpiente señores, como a Eva, que este jardín estas manzanas lleva. Echemos por otro rumbo que en esta vereda hay trampa, quiero hablar alto porque los pretensores se vayan al infierno, es mi señor vete acostar a que aguardas. Don García en el jardín. ¡Cielos!, peligro amenaza su venida. Mas sabré fingiendo su nombre, el alma de lo que temo. Estás mudo, aguardas a que la escarcha no se deje para besugos Con disparates me cansas, yo he de esperar hasta el día. Hado he de pagar, mi ama porque no se irá acostar señor hasta que no vayas; Y aun hasta que te asegures de este don Juan y esta acá pretendiente de Leonor, que de manera nos cansa, que ya nos tiene aturdidos, porque pretende sin Blanca y es un chorlito figura y un fatiguilla palabra. Le diste anoche de darle a Leonor muy bien casada la quieres, que por mi voto no le diera yo una gata. ¡Infame viven los cielos! Que te saque dos mil almas Voto a dios que estoy mal, que esto con la fortuna borracha hay tal errar de preguntas de manera traigo el alma que si pregunto por mí, no he de ser yo. Hay tal desgracia No es cordura el esperar, aunque falta la palabra a Juan de Ribas Temiendo estoy que no se me vayan millas. Desde aquí los escucho para saber lo que trazan. ¿Quién es? Yo soy. ¿Es don Juan? Es, sí. Pues ya será gansa don Juan, que de aquí nos vamos supuesto que doña Blanca, no ha de hablaros esta tarde porque sabrá lo que pasa. Demos que he escuchado voces Y si don García nos haya será confirmar su agravio. Vámonos, pues que mañana os daré satisfacción por ser mía tan honrada que sepáis de qué manera a los caballeros. Basta. Que cansáis con esto al mundo, que si yo llego a tomarla os ha de pesar por dios, porque tengo muy pesada la mano en cosas de honor. Pues, si me encuentra mañana don Juan, que es arrojadillo, Aun más que Ribas me casca y le he de volver a hablar para templalle la gaita. Señor don Juan, no se entiende que a las primeras palabras se enojan los caballeros. Cielos, si mi ofensa trata Martinillo y es tercero infame de quien me agravia. Pues ¿qué dices? Lo que digo es que mi ama, doña Blanca tiene gusto de servirle si no por las alaracas de mi amo, que nos muele a los dos, y está ya en casa y aún pienso que en el jardín. Darele de puñaladas a este infame, pero no que perderé la venganza de mi agravio, buen Martín muy bien me guardáis la casa. ¡A los diablos me lleven! Ya no se dónde me vaya para estar seguro, en tanto que el jardín desembaraza mi amo pronto a esta fuente, he de asentar aunque salga lleno de ventosidades, que al fin es segura estancia porque ¿ qué cristiano habrá que apetezca ahora el agua? La seña de que en la fuente Don Juan esperase a Blanca. Se ha cumplido ya la espera, pero discursos me matan llenos de peligros todos y todos llenos de infamia. Mi esposa sin presumir que yo escuchándola estaba habló con honra y amor, Pues no puede ser que falsa el alma como el infeliz le dijese esta mañana a juan de Ribas don Juan que mi esposa le aguardaba. Esta noche si bien puedo que quien pretende mi infamia también no es mucho que mienta, siendo honrada doña Blanca. Mas venir ella al jardín y dar la llave, ¡oh pesadas imaginaciones mías! Basta, por Dios ¡ya basta! Tanto aprieto y tanto ahogo mas la más cuerda y honrada diligencia es que don Juan me cumpla ahora la palabra de casarse con Leonor, con que dejo asegurada mi reputación. Don Juan, diligencias excusadas son las vuestras. Otro moro que aún no estoy bien junto al agua pues ireme al quemadero a ver si me siguen. Basta que por don Juan me ha tenido si así los cielos me escapan, sigo el amor que queréis que la persona y la espada están a vuestro servicio. Ya veis la nota que causan en la calle vuestros ojos, vuestros pasos en mi casa. Pues ireme ante Juan si gustan. Con menos, basta con que os caséis con Leonor pues me disteis la palabra. Pues no la puedo cumplir que estoy concertado en Francia. Esto ha de ser. No ha de ser. Mas la sospecha me abrasa, ha de ser o sabré yo daros dos mil estocadas. Por no ocuparos en eso os cumpliré más palabras que se han hablado en el mundo. Leonor, Leonor ¡Ay de mí! Responde que estoy turbado Inés, responde por mi. Señor, qué es lo que mandas qué ha de ser de mi esta noche. Al cielo de las gracias de tus dichas y la mano a don Juan. Andallo pa vos, pero qué vengo a perder. Cásenme, más que mañana me ahorquen. Señor advierte. Las dilaciones, engañan muchas veces los deseos así aseguro mi casa Leonor. Si lo dificulta sepa que en París me aguardan Qué han de hacer, han de matarme cuando me hallen casada con un caballero. No que aún estoy sirviendo en casa en verdad que tengo un tío cirujano, con el alma os doy la mano. Yo os la doy con las entrañas Gracias a Dios que me veo libre de tantas borrascas, asegurado mi honor y sin disgustos mi casa. Mis ojos habrá camisa limpia Y muy bien sumada no os la poneis cada día, señor. Pregunta extremada, claro está pues, duermo en cuero. Mala costumbre. Muy mala. ¿Qué habéis cenado? Un pastel. Ay, que cena tan pesada. Era muy chico. De dase. No, mi bien sino se vaca Hemonos de ir a acostar porque yo tengo una maña por amor de los mosquitos de dormir a escuras. Basta que vos lo mandéis señor. Mañana ha de ser la danza, cuando le vaya a besar las manos a mi cuñada.
JORNADA TERCERA
Más confusa y más turbada estoy ahora Leonor. Olvida el vano temor Leonor, nací desdichada. Si pones en ocasiones a tu esposo don García, si bien son por causa mía no hay que hacer admiraciones, del exceso más cruel que haga un marido honrado. Ya satisfecho ha quedado. Pues yo me guardara de él. En otra sala durmió sin quererme ver ni hablar, y solo se entró acostar que a nadie de casa habló. Qué es esto Inés, buen cuidado tienes en desdichas tantas pues ahora te levantas. Dime Inés, ¿dónde has estado desde anoche? fueras bien pues tu señor te llamó que luego supiera yo lo que él te dijo también que pues llamaba a Leonor, negocio sería importante, como vives ignorante de mi pena y mi dolor te precias de descuidada. Alguna causa tendría. Señora, yo no quería. ¿Qué dices? Que estoy casada Casada y sin mi licencia ¿Con quién? Con don Juan ¿Qué dices mujer? Que horas infelices me aguardan si en mi conciencia, que yo no había de mentir. ¿Quién te casó? Mi señor. Estamos buenas Leonor Aún no me deja sentir el dolor, dime, ¿estás loca? Si por vengarse lo haría de tanta loca porfía. Siendo mi esperanza poca, aun ya la llegó a perder. Mi señor, como un león, cedió muy grande ocasión pero el debió de temer, pues luego me dio la mano. Calla que te hare pedazos. Aun no ha llegado a mis brazos. Tuvo proceder villano don García, aun caballero casado tan bajamente. Mira que andas imprudente y que ha habido engaño infiero. ¿Cómo? No llamó a Leonor anoche en las sombras mudas. Más oscuras son mis dudas Y tú, presa de temor. Dime, ¿no dijiste a Inés que respondiera por ti? Pues ya no te obedecí. Pues lo que paso después. Que más que tú temerosa di a tender a mi señor. Habla. Que yo era Leonor. Y fue eso el estar medrosa. No me atreví a replicar. Abrasada estoy en fuego. ¿Y luego, señora? Luego se fue don Juan a acostar y dijo que había cenado un pastel. Cena ligera. Díjome que no metiera luz. Y sería de afrentado. Pues porque si el entendía que era yo con quien se casaba. Y desnudándose daba suspiros, que los ponía en el cielo. Es un traidor, eso Inés muy bien se advierte que fue porque de esta suerte mal logra su injusto amor. Aunque tu estas bien casada por ser él tan loco, Inés. Me alegro des a desprecio solo por verme vengada. Llegándome a importunar que su pena me dijera dijo en verdad, que si hubiera luz que me hacía de espulgar. ¿Don Juan habló de ese modo? Dijele: yo la traeré Y dijo, no hay para que Que me estoy durmiendo solo. Eso fue estar en el limbo. Señora, estoy muy cansado me dijo, porque he jugado con el marqués de Corimbo un partido de pelota y en llegando a reposar, no me atrevo a despertar. Si costilla se alborota y así nadie me recuerdo si yo de mi bella gracia no doy voces. Buena gracia de desposado. Él se pierde por dormir sin recordar. El novio provoca a risa. Dile al fin una camisa de las seis de mi a Juan, y sentada en una silla hasta ahora me he quedado. Y don Juan? No ha recordado. Hermana, no es maravilla que se fingiese dormido viendo su amor malogrado. Una duda me ha quedado. Yo pienso que te he entendido. Siendo tan pobre tu cama el no llegarlo advertir. Faltole eso por decir, cierto que para una dama de tanta volatería pues muy delgado este lecho cama es frailesca, sospecho que estoy durmiendo en la mía y con palabras tan feas la apodo que me he corrido. Decía, yo he presumido que me han echado en nobles, hay pues las sábanas no hay plazo que llegue a verlas romper, debiéronlas de tejer en telar de cañamazo. Mi señor viene, ¡ay de mí! Qué ha de pensar del engaño, aunque he remediado el daño pienso que no vivo en mi. Leonor, ¿ya estás contenta del marido que te he dado? Siendo tú el que se ha engañado no ha de correr por mi cuenta tu desalumbrado herrar, Inés la casada es. Esto puede ser, Inés habla. La verdad señor Causolo la oscuridad Que estáis de vivir tan ciego, que apagáis las luces luego. Vivid con más claridad y sabréis como vivís. Quien mis sentidos cegó XXXX no me caso con don Juan. Si no advertís los yerros que haciendo vais, caeréis en otros mayores. Ya son ciertos mis temores, corazón, no os engañáis engaño y cautela ha sido de Blanca contra mi honor. que no querer a Leonor tenga a don Juan por marido, yacer con la voz fingida, que Inés se case con él. el medio fue más cruel de mi afrenta conocida, porque así deja a don Juan más libre en su pretensión . Sangrienta resolución mis celos pidiendo están ¿Quién viene haciendo ruido? Pienso que es el desposado que se habrá ya levantado. No debo de haber dormido diez horas señor cuñado. Blanca hermosa, como va cómo estáis de anoche acá. Esto representado. ¡Cielos! La nadie se aflija Si bien yo quejar me espero por ser el novio primero que no le han dado sortija, pero yo las enviaré como merece Leonor. Es confusión de mi amor si tanta mi dicha fuere que este desposado sea. No me acabo de admirar Martinillo. He de sacar XXXX la librea, tengo buen gusto cuñado. ¿Y los cavos? De marfil. Tenéis ingenio sutil. Vive Dios que me ha asombrado tan nueva transformación que XXXX y oscuridades desvanecen las verdades. Será nueva la invención. Téngola en esto de trajes y es ahorro y buen gobierno. Sí, que el marfil es eterno y rompen mucho los frajes. Tengo lindo gusto y quiero, en poniéndose ajinar ver cómo van a empeñar las medias a un guitarrero Asombrada estoy, señora. Perdonad, bella Leonor el no recibir favor de la luz de vuestra aurora que en llegando la ocasión del sueño en que os ofendí. Viene a ser mi bien en mí, cada pestaña un lirón. ¿Con eso vienes ahora? sobre tres locos enfados. Ya sé lo que son cuñados, poneos el manto, señora que yo tengo donde estéis. Saber a dónde quisiera. En casa de una calcetera un aposento tendréis muy a gusto. Estás tan ciego que no echas de ver que Inés es la novia. Que esta es, despidan los sastres luego vive el cielo que me holgado, que estaría ya arrepentido de ser tan grande marido. Pues vuélveme mi cuñado si fue el lance diferente. Anoche, dime Martín no me hablaste. En el jardín ¿A dónde? Tanto a la fuente. No me engañé, vine dios que por don Juan le juzgue, pero si yo me engañé fue la traza de los dos después, y de Blanca ha sido el engaño. Cosa es clara para que libre quedara quien mi agravio ha pretendido. Señor, otra vez te hable. La de la fuente pregunto villano. Es porque barrunto que haya en lo interior deje alborotad el cortejo hablándote por don Juan, porque y con cierto ademán y colérico me dijo que había de echarme a perder el rostro con una daga, y por redimir la plaga me determiné a volver con la lisonja traidora que me escuchaste. Pegué como a nombre y a fe que lo casta mi señora con lágrimas de sus ojos, por no pedirme los míos que esto de los ojos ríos se ha de guardar para enojos baladíes de agua y lana. Un piélago un océano, un mar bermejo es muy llano que darán de buena gana los ojos de mi señora para pagar el disgusto de tu enojo tan injusto. Pues bárbaro quien oye en hora que Blanca es el mismo honor y que en ceguedades mías han causado las porfías de mi confuso temor. Mi bien, no tengáis recelos de quien tan firme os adora mirad, que el alba no llora por tan humildes desvelos. Antes es bien que me obligue llanto que a mi llanto excede, pues llora en ver que no puede. Parar al sol que los sigue, vos en su posición sin ver que al llorar me obligo. Vos al paso que os sigo puede haber más confusión para un alma que no sabe más que amar y obedecer, y que el llorar y el temer es la pena menos grave que padecen mis sentidos en vuestra ofensa turbados, tan sin respeto agraviados y tan sin culpa ofendidos. Qué intentáis, qué pretendéis, que mientras no castigáis si alguna disculpa hayáis vil sufrimiento tenéis que os ofendéis, advertí, por lo que mi honor defiendo. Mas en pensar que os ofendo que en matar si os ofendí para qué son las espadas habiendo agravio ceñidas, cuando dudas repetidas son sospechas declaradas. Si dudas os afrentáis a tanto riesgo os poneis porque del honor perdéis todo el tiempo que dudáis porque, si advertís en ello es tan sutil al tocayo que es en llegando a dudarlo lo mismo que no tenerlo, y en tan peligrosas cuentas de humano favor desnudas quiere más que venguéis dudas, que no que lloréis afrentas. Blanca, tan ilustre ha sido el honor que habéis guardado que viene a mostrar dudado mas blasones que creído, porque una torre valiente Judas de firme fregona si en la eminente corona soplos del austro no siente, que cuando feroz despeña en el hurtado horizonte la verde pompa de un monte, fresno y a fresno y peña a peña, fía la pirámide altiva de la torre o puesta al viento yerre con soplo violento, y con fuerza ejecutiva, entonces muestra valor el edificio arrogante si a tanto rigor constante muestra su imperio mayor así en las dudas temidas y sospechas mal fundadas del engaño acreditadas como del temor creídas. Vuestro firme honor que vuela al paso que yo os adoro, ni a dudas pierde el decoro, ni a sospechas se derriba la señora, la mi bien dadme alegre vuestros brazos que son viles embarazos los del temor y el desdén, Mis brazos tan vuestros son como el alma que os prevengo, A reñir a Blanca vengo, y llego a mala ocasión pero después volveré A Juan de Ribas he visto ¡Cielos! Apenas resisto el temor que en mi se ve, Blanca, turbado el color con nuevo desasosiego aviva el celoso fuego con que se abrasa mi honor. Hay más infeliz mujer que me traiga la fortuna, estando sin culpa alguna a vacilar y a temer. Las sospechas declaradas para qué os volvéis a dudas cuando estáis hablando mudas de evidencias confirmadas, o cultos de estos canceles veré lo que en sombras temo que fueron bárbaro extremo. Pedir remedios crueles a la muerte, sin tocar con las manos y los ojos tantos mortales enojos como me han hecho dudar, mas hoy veré en sangre tinto mi honor que labrar procuro y saldré aunque es tan oscuro de este infame laberinto. Señora, a palacio voy quedaos muy en hora buena y templad mi bien la pena, pues yo tan alegre estoy, Martín. Señor. Ven conmigo. Soy aprendiz de tu aliento Leonor parece portento que no viese a su enemigo, si es que también ha juzgado a Juan de Ribas traidor. En tu mudado color pudiera haber reparado que una mujer principal, con tantas obligaciones, turbe sus claros blasones, guarde el decoro tan mal a un hombre como García. Deme palabras el cielo porque la amistad y el celo de ver tanta alevosía en una mujer traidora a la fe de su marido, me han obligado y traidor resuelto a decirle ahora la ceguedad en que vive del delito. Bonanza el cielo promete más clara la luz de apercibe, porque los puertos se vean por milagros de tu fe a buena ocasión llegue. Los cielos conmigo sean, hombre advierte, repara. Don Juan es este, la experiencia clara me dirá si a García han ofendido. Señora, yo he venido. Vienes muy engañado de tu discurso bárbaro, empeñado que anoche fue el llamarte para solo obligarte a que te cases con el honor. Señora. Si la intención traidora te desvanece en locos desatinos abrirá más venganza, más caminos para sacarte el corazón leve que alienta agravios, ni que pasos mueve. Dime, mal caballero, villano descortés, bárbaro fiero, ¿Cómo mi honor ofendes? ¿Con qué ocasión procuras, buscando muertes por hallar venturas? Viste acaso en mis ojos para dar en mi casa estos enojos algún descuido infame, viste en mis libres pasos algún día acción que no sea mía. Que el sol ni pueda que mis pasos sabe calificarla por honesta y grave, no te acuerdes, don Juan que soy casada con que sabrá los filos de su espada, lisonjeados con tu propia vida. Yo he de ser homicida yo sola vive dios, yo basto sola con venganza española, con aliento romano, porque la antigüedad se queje en vano del valor que la iguala a manchar las paredes de esta sala con tu sangre alevosa. Esta es mi hermana, como ves hermosa bastantemente para ser querida por quienes pretendida, y por su rica dote codiciada. Hoy la he de ver casada volviendo a restaurarte mi sosiego, que de mi casa ha de templarse el fuego que la enciende y la abrasa, que tú eres el incendio de esta casa, esto ha de ser, don Juan o vive el cielo que si atrevido en tu mortal desvelo contra el honor que guardo soberano, torres fabricas sobre el viento vano, y fiero te conduces a querer penetrar las sacras luces de los blasones míos, y fundado en soberbios desvaríos nubes escalas, ya los vientos subes que un ángel me advirtieron perdonar debes y con la espada de furor que engendro, con el viento la flor del flaco almendro derribaré la torre que levantas; y con fusta babel puesta a mis plantas daré ejemplo al romano, envidia al griego bañado en sangre y abrasado en fuego. Valiente mujer, tu fama escriban plumas del tiempo que sin tiempo vivan, Advierte que si yo. No me repliques, no agravios multipliques con el dudoso aliento de tus labios que revientan agravios tus dudas, tus palabras, tus deseos oscura oposición de mis trofeos. Vete de mi presencia. Apenas tu valor muda licencia, estoy confuso. No te vas. Escucha, aunque mi prisa es mucha es el riesgo mayor mi amor avenido. Cielos, yo soy perdido aún más que de medroso de afrentado. Vuélvanse, hemos echado. El miedo justo a quien el alma dejo cierra el paso al aviso y al consejo hombre, encúbrete ahora en este camarín. Tu voz, señora es la obediencia mía. No hay más segura espía que el honor agraviado. Don juan está en mi casa, ya se ha echado Cielos, la última suerte para pedir venganzas a su muerte, más veré en el semblante de Blanca si medrosa como amante con la cautela nueva que he fingido siente venganzas del que me ha ofendido. Pues ya me trujo la suerte, será bien que me prevenga para todo trance. Blanca, cuando las desdichas llegan para derribar la vida, tan mezcladas se atropellan que falta a un hombre el discurso aún para saber que llegar don Juan Osorio. ¡Ay de mi! Mi muerte miro tan cerca como el nombre que escuché. Las celosas cautelas, Blanca se ha turbado al nombre de mi enemigo la afrenta fue pública Blanca mía y ha de ser la recompensa tan mortal como el agravio. Dejé apenas tu presencia cuando entré en palacio, a donde vi a don Juan y aunque la ciega pasión de pasados lances pudo desatar la lengua, para injurias prevenidas me valí de modestia llamándole cortésmente. Salió y con la voz severa, si bien reportada dije la ocasión de tantas quejas no que pronunciase agravios, que un hombre es infamia y mengua aunque la ocasión lo pida, que los diga aunque los sienta. Dijele que a qué aguardaba para templar las ofensas en que tropezaba el vulgo, querer remediarse pudieran dándole a Leonor la mano para cumplir la promesa como caballero. Entonces, aquí la memoria niebla, aquí el corazón se abrasa, porque la sangre se hiela. Me dijo que no cumplía palabras dadas por fuerza respondí, no es caballero el que la da si la niega y dijome. ¿Qué, señor? No puede formar la lengua tanto agravio que mentía. Me dijo, ya estamos cerca con la daga me pagará tan villana desvergüenza, y coge a fuera y sacando la espada y daga hay afrentas sustentó el mentís, yo ciego de tanta publica afrenta porque lo excusaron muchos hice Blanca, lo que enseñan las obligaciones mías. Pero quédeme con ellas sin poder ejecutarlas por las espadas que llegan, abrazaranse conmigo dos caballeros que intentan con el duelo de Castilla remediar tan grande quiebra De mi honor. Don Juan entonces, a dónde llegar pudiera cielos tan fiera osadía ni desvergüenza tan fiera, se vino a mi casa. ¡Ay cielos! Como sufrís que se vean la afrenta y la muerte juntas. Vive el cielo que me empeñan la reputación los lances que escucho. Blanca es tan muerta con el temor de don Juan, la piedad y la obediencia de mis criados le siguen para saber a dónde entra y, viéndole en mi casa, vuelven a avisarme a priesa. Blanca en mi casa se encubre cerradas están las puertas por donde pueda escaparse, ya ves que es razón que muera a mis manos quien me agravia con un mentís se alienta a quebrarme la palabra y verás que en tu presencia castigo con muerte agravios y labro con sangre ofensas. Detente señor, aguarda. ¿Dónde vas? Son claras muestras Oh cielos, de que me ofende el guardar su vida. Niegas a mis ruegos tus oídos. Mira, señor que te empeñas si primero no reparas hay de mí que ser pudiera, que por matarle se arroje mi esposo con alama ciega al peligro de su vida, porque las desdichas llegan donde se previenen menos. Que don juan viendo la presa de poder salir dudosa y que el peligro le empeña puede matar a mi esposo. Pues tú es bien que me detengas cuando me ves afrentado, bien claramente confiesa mis agravios en sus miedos. Pues si sabes que la afrenta busca siempre las ventajas para vengarse con ellas a su salvo, como ahora. Quieres con menos prudencia que valor satisfacerte con armas iguales, prueba de temeraria osadía no te arrojes a la incierta venganza con tu ego tuyo Martín. Señora. Descuelga del aposento en que duerme tu señor. Pues, ¿qué intentas? La pistola. Vuelvo al punto. No mi señor, no se arriesgan las venganzas de un agravio a donde perderse puedan con poca reputación. Qué pretensiones son estas, que intenta Blanca. Aquí está. Esta es segura defensa de tu persona, García. Soy mujer, faltanle fuerzas al espíritu bizarro que por ser tuya me alienta que yo te diera venganzas al paso de tus ofensas. Mira bien si está cargada, que este prevenida y puesta para la venganza honrosa que te llama. Ya está buena y bien prevenida, Blanca. Pero que enzimas son estas si me ofende como quiere que vengue su propia ofensa, pero no sean dilaciones para que escaparse pueda mi enemigo. Guillén, Mendo Osorio Tello ¿Qué ordenas? Venid todos. ¿Qué nos mandas? Que en la ocasión que se empeña mi esposo, no le dejéis un punto, pues que se precia de criados tan leales, y sin piedad ni clemencia mandad al que señalaré la honrosa fuera que muestra. Por él moriremos todos. Juro a Dios que ha de veros porque al paso que es honrada quiere asegurar sospechas. Vamos a buscar a un hombre y en hallándole suspendan vuestras espadas la furia, vuestros pasos la obediencia porque para un hombre solo basto yo. Que te obedezcan siempre es razón, pero ahora no les doy esa licencia porque aquesta ocasión es mía y ha de correr por mi cuenta. Matadle, amigos. Hermana, que de mi amor no te duelas. No, que primero es mi honor y sin honra no hay finezas. ¿Por dónde a buscarle iremos? Por aquí. Si es este, muera. Mirad, que es don Juan mi esposo que viene a cumplirlo XXXX de la fe de vuestro amor. Y yo he venido a que tenga fin dichoso el casamiento, si os importa mi presencia y presunciones injustas. No paséis de aquí que es mengua, que en la más ilustre acción, más advertida y más cuerda, que desmiente las memorias de Porcias y de Lucrecias. Ponga el sol la menor duda aunque con luces atentas pensamientos escudriñe y escrúpulos desenvuelva, ya yo quedo satisfecho de cuantas dudas pudiera resolver el claro honor de un español de mis prendas. Asique no hay que abandonaros con satisfacciones vuestras, que yo mismo en el jardín de vuestra amistad segura, y en lo que durar pudiera el honor de doña Blanca de que le diese licencia a don juan con Francia entrada, para hablarla con las pruebas tan lustres que hemos visto. Se ve que fueron cautelas para casar a Leonor si don Juan se arrepintiera de la palabra que dio, y saliendo anoche, inciertas mis experiencias previne ahora con las sospechas de verle entrar en mi casa, esta cautelosa ofensa de mentís pero de todo dichas el cielo concierta. Para blasones de Blanca no queda duda en que pueda fundar sospechas el vulgo, para presumir mi afrenta daos las manos, que con esto cesan disgustos y cesan. Basta ya con los diablos, porque estos señores quedan satisfechos si lo estás. Y ya por irse revientan y aunque aguardan aquel cuento de aquel alcalde de Atenas, de la primera jornada ni en segunda ni en tercera le han de escuchar, vive el cristo, que basta que tú los muelas con tantas satisfacciones, sin que yo también los quiera cansar, después de las tuyas que caminaban a eternas vuesas mercedes se vayan y desde aquí se prevengan que he tomar yo la fama en habiendo otra comedia.
