Texto digital de El sastre del Campillo
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Francisco Antonio de Bances Candamo
- Atribución estilometría
- Francisco Antonio de Bances Candamo Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de la suelta sin datos de imprenta incluida en la Parte XXIII de Jardín ameno (BNE: TI/120 V.23).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El sastre del Campillo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/sastre-del-campillo-el-2.

EL SASTRE DEL CAMPILLO
JORNADA PRIMERA
de mí! L Traición, traición. Seguid todos al aleve sin dejar en todo el monte (si acaso en él se guarece) tronco que no se examine, rama que no se penetre. Arma, arma, Traición, traición. Al Risco, al Valle, a la Fuente. Ay infelice de mí! Vuestra Majestad modere su pena, señor, que yo como a mi Rey, inocente, libré de una tiranía, no temo luego la muerte. V Seguidlos. . No es eso fácil, que hasta tanto que se aleje, en defensa de su vida, seré muralla viviente. Y yo, que tengo en mi espada mas que una musa, rebeses, Leones, matadlos, mueran. Pues ya miro, que se ausente Nuño Almegir con el Rey, eso ha de ser de esta suerte. . Un pleito sin blanca sigue cualquiera que me siguiere. . A cobardes! Qué es aquesto? Antes, señor, que lo cuente, deja que mi furia vaya en alcance de un rebelde, que lleva al Rey de Castilla; hurtado, de entre tu gente. Qué escucho? síganle al punto cuantos montados hubiere del batallón de mis Guardas: ha Castellanos aleves! estas son vuestras palabras? Un volcán el pecho enciende! Vamos en su alcance, y nada, voraz mi saña reserve. Noble Fernan Ruiz de Castro, quedaos vos, para que quede en vos, quien de esta traición me dé la noticia, . Atiendes Generoso Rey Fernando de León, a cuya frente, Castilla, fecunda tantas vejetables exquiveces, Apenas hoy al Campillo llegamos, donde tus huestes inundan esas Campañas, cuando del monte descienden, en un piélago de plumas, que espumas volantes mueve, cuando salieron de Soria, cuyos altos capiteles, del cadáver de Numancia, Pirámides eminentes son, cuyas ruinas caducas, melancólicas, contienen mudos tristes Epitafíos que con los ojos se leen; bien, que aún vence el estrago, pues en su contraria suerte, una lástima se erige donde un cimiento fallece. Salieron de Soria, digo, con obstentación alegre, los Concejos de Castilla, los Prelados, y Maestres a entregarte al Rey Alfonso. (ah fortuna! lo que puedes) pues quedando en tiernos añor huérfano, a ti te compete, por pariente más cercano su tutela, y que gobiernes a Castilla, en tanto que él a edad más adusta llegue; y aunque antes lo reusaron por no sé qué inconvenientes de Política, temiendo, que intentases vanamente introducirte a su Reino (porque tal vez, en fin suele librarse una tiranía de una verdad aparente:) o de tu razón instados, a de el derecho que tienes; pues como son las Campañas Tribunales de los Reyes, no deja de ser razón, razón que por fuerza vence, te hicieron pleito homenaje de entregar solemnemente a su Rey en este sitio, mas cuando al efecto vienen, cuando a salvas, y no ha choques, a su vista hicimos frente, cuando en el campo formaban, en hileras diferentes, movibles calles de acero las picas, y los arneses. Al llegar (ay de mí!) cómo repetirlo el labio puede sin ser dogal que me ahoguo cada palabra que aliente? Al llegar con esta pompa, donde a las hundosas sienes del río, que ara estos campos, es yugo de piedra un Puente, llegó un Castellano osado, (oh cuanto emprende, el que emprende discurrir acción, que apenas ejecutada se creo!) llegó un Castellano en fin, y cogiendo al inocente Rey en sus brazos, en tanto que otros su fuga defienden, subió en un veloz caballo, que en su ligereza quiere darnos a entender, que astuto se vistió el viento de pieles; ardiente bracán herrado, tan veloz desaparece, que de seguirle, mirando cansada la vista vuelve. Esto, en fin, es lo que pasa, y agradecérselo debes a Castilla, pues con eso hallas pretexto decnte, de conquistarla, aorasando sus Castillos eminentes. Cadáver de piedra sea la muralla más rebelde; y a su esqueseto que yace caduco miseramente, sea (siendo antorchas tristes. todas las luces Celeste?) tumba la región del viento, donde las cenizas vuelen. Vive Dios que estoy corrido! así Castilla se atreve a burlarme? cómo, como mi ceño airado no teme? Ah Castellano! mi furia, y mi enojo experimente vuestra traición, pues así, cuando mi saña se vengue, podrá creer el estrago quien la amenaza no cree. Castilla es leal, no pierda su fama por dos rebeldes, Qué es eso? Señor; que todos los Castellanos valientes se van pasando a tu campo; y aseguran, que quien tiene la culpa de este tumulto, que a civil desorden crece es Don Manrique de Lara, que pudo hurtar, imprudente a Alfonso de entre tus tropas, Divinos Cielos, valedme! fortuna, cuando Manrique ya capitulado viene con mi hermana Doña Blanca este infortunio previenes? Pero cuando tú has sabido dar sin pesares placeres? Manrique de Lara pudo a tanta acción atreverse? No en vano al pleito homenajo no quiso hallarse presente: qué iral qué furor! qué rabia! Ea, generosos Leoneses, en su alcance divididos, no quede senda, no quede en todo el contorno monte, cuya greña siempre verde, y siempre erizada el viento, ni aún en tempestades peine, sin que el cabello fragoso, o le arranque, o le repele. No que dé valle sombrío, en cuyas turbias corrientes el sediento corderillo, agua gusta, y sombras bebe, que no examine el cuidado, y que el furor no penetre; y dadme un caballo a mí, seré el primero que a ese animado torbellino, a ese Pirata de pieles, que a mi sobrino ha robado, siga, que en ansias crueles, ponzoña el aliento exhala, veneno la vista vierte. Todos le seguid, y todos repetid confusamente (por más que contra Manrique mal el aliento se esfuerce) viva nuestro Rey Fernando a pesar de los rebeldes. Viva nuestro Rey, Hay necia memoria mía, que inútilmente pretendes, que quien de olvidar se acuerda de que olvide no se acuerde! Dejadme sola, que a quien, sun en las dichas padece. e alivia el dolor, pues solo con el dolor se divierte; y porque la melodía, que sonora el aire hiere. como hace el dolor suave, persuade más a quien sientes retirados proseguid la letra, porque consuele mis penas, y porque lejos vuestras voces, dulcemonte suenen, como consonancia; y no como estruendo suene. . Ay Manriqué, plegue a amor que hoy vuelvas feliz a verme, aunque el tiempo que apresures de mi vida se descuente. Hoy aguardo que mi esposo seas, y ya me parece que tardas; pero, o discurso, mal la disculpa previenes! si es dicha, y mía, que mucho le tan perezosa llegues? Llegué dije? plegue a Dios, que el alma cobarde teme tun la dicha, con no sé que recelo, que imprudente el corazón adivina, pues dentro del pecho, a veces siendo reloj del deseo para que el tiempo se abrevie, las alas que ansioso late son los volantes que mueve, Aún no creo mi ventura, y no es justo que me pese de no creerla (ay infelice!) pues cuando venga a perderse, menos tendré que sentirla cuanto menos la creyere: a cada instante imagino que escucho. Cielos valedme! Qué fuera, ay de mí! que el aire verdad mi temor hiciese? pues ya distinoge la vista, que de aquel oruto rebelde, un joven (oy todo es sustos) precipitado desciende, diciendo. Ay de mí infeliz! en vano, bruto, pretende tu rigor: Cielos, qué miro! Qué veo! . Hoy en este fértil florido teatro, hasta los pensamientos florecen, o es Blanca. . O mi fantasía viste sombras aparentes, o es Manrique. . Blanca mía? Manrique? pues que accidente es este? . Esto es (ay bien mío!) ser anticipadamente infeliz, pues de los ojos hoy me está hurtando la suerte una ventura, que aún antes de tenerla se me pierde. Fortuna, cuando las dichas lograr un amante puede? por no conocidas, no se gozan cuando se tienen, y un nuevo tormento causa conocerlas al perderse, con que los bienes humanos nunca lo son, si se advierte, que llorando los pasados, y ignorando los presentes, al perderlos, ya son males, y al tenerlos no son bienes? Cuando al Campillo he llegado, a guardar que concluyeses la función de las entregas, porque dos almas estreche nupcial amante coyunda, y para que luego fuese ol Rey de León Padrino de nuestras bodas alegres: cuando aguardaba mi hermano, que desea conocerte, pues nunca te ha visto, a causa de que desde mis niñeces, él en León, y yo en Castilla habemos vivido ausentes, llegas (ay Manrique mío!) a mis ojos de esta suerte, precipitado de un bruto? Qué tienes, señor, que tienes, que tan absorto, y confuso te miro, que me parece, que solamente aquel rato qué suspiras, no enmudeces? Mi desdicha (ay Blanca mía!) es tan grande, que no debe admirarte que la calle, porque si acertar no puede a creerla el pensamiento, que la toca; y la padece: qué mucho, Blanca, que mucho, que a repetirla no acierte? mas ay Dios! que la memoria con nueva porfía quiere. Que quien de olvidar se acuerda de que olvida no se acuerde. Por mí te lo ha dicho el aire; pero tú mi mal infiere, de ver que a Fernando, injusto Rey de León, que pretende imponer tirano yugo a nuestras leales sienes; pues aunque el difunto Rey en su testamento ordene, que yo sea tutor de Alfonso, alega ambiciosamente, que a él, por ser su tío, solo la tútela se compete: estorbe una tiranía, quitando osado, y prudente al niño Rey de sus brazos, encargando a quien le lleve a la más segura Plaza de cuantas Castilia tiene: a mí me es fuerza ausentarme, para que a saber no lleguen por mí, adonde está mi Rey, con que te perdí: aquí cese el aliento; y no pronuncie la sentencia de mi muerte; pero qué importa, señora, que de repetirlo deje mi dolor, ni tu discurso, para que más me penetre, aún el silencio me escucha en los suspiros que entiende: mi memoria llevo, con que poco importa que me aleje; poco remedio es la fuga; pues si mi pena lo advierte. Siempre la memoria ha sido el mayor mal de un ausente. Siempre voz a mis afectos oráculo vago eres? Mi Enrique, señor, mi esposo no te vayas, no me dejes, sin ti, y conmigo, pues yo me aborrezco por quererte, que aunque con tantas desdichas te esté mirando, no puede el mal, de verte infelice privarme del bien de verte. Mas ay de mí, que en mis ansias, no es fácil que me consuele el saber que fui dichosa, cuando infeliz llego a verme. , Porque siempre son pesares, acordados los placeres. Suplícote, Blanca mía, que tus sentimientos temples, porque los cariños son mas dulces cuando se pierden: y al oír. . . Cercad el monte, y nada el furor reserve. Esta es gente que me busca: Blanca, a diós. Manrique, advierte. Hay necia memoria mía! que inúltilmente pretendes, En tu peligro, y el mío estoy muriendo dos veces. e. . Todo el contorno las llamas de vuestro coraje quemen? Me olvidaras? . No lo temas, pluguiera el Cielo pudiese. Que quiende olvidar se acuerda, de que olvida, no se acuerde. No te detengas, que todos en mi seguimiento vienen. Al risco, a la cubre, al valle, a la espesura, y al puente. Vete, pues dicen las voces que en ruidoso estruendo crecen. Siempre la memdria ha sido. el mayor mal de un ausente, porque siempre son pesares acordados los placeres. Cercad el Monte Soldados, y nada el furor reserve. Todo el contorno las llamas de vuestro coraje quemen. Aún la más, oculta cima vuestro denuedo penetre. Al risco, a la cumbre, al valle, a la espesura, y al puente. Adiós, Blanca mía. . Cómo viviré yo si tu mudras? Cómo tu vivas, señora, no hay riesgo que me amedrente. Vete, pues, ay de mí triste! Contigo el almo se quede. El Cielo tu vida guarde. El Cielo con bien te lleve. Señor, aquí estás? qué haces? que perdiéndote en la siempre rizada espesura, donde. las zarzas, y yedras verdes. para los olmos son lazos, y para nosotros redes, no he podido dar contigo. Qué es esto? Marín? . Que viene tras nosotros más caballos que tienen barajas veinte, escapemos, señor. . Vamos entrando (ay ansias crueles!) por la fragosa espesura, . y las ramas nos hospeden, que bárbaras celosías son de este Alcázar silbestre. Aquí una dueña me valga para penetrar, la agreste maraña, pues, no hay maraña que una dueña no penetre. Así ahora para librarte aquí se te apareciese un hermanillo bastardo que tanto se te parece, que candil, vista, ni oído distingir a los dos pueden? Necio intento fuera, cuando desde sus tiernas niñeces de él no he sabido, bien que no hubo jamás quien nos viese, que no nos equivocase. La naturaleza suele ser gran bellaca, porque todo dizque lo hace adrede: mira que mucho es señor, que las comedias se encuentren en las trazas, si la docta naturaleza, aún ha veces se halla apurada, y no sabe hacer trazas diferentes? Eso, la Philo sophía dispura; pero que tiene que ver esto (ay infeliz!) con lo que ahora nos sucedé, pues dicen? Muere, alevoso. No será sin que me vengue. Muerto soy. Qué es esto? . Es, que a uno le cascan las nueces tres hombres. . Cómo mi brío no me lleva a socorrerle? . Hombre aguarda: eres el diablo, que en otros duelos te metes, cuando tu vida, y la mía están de un hilo pendientes? Muere traidor. . Linda danza. Caro os costará mi ofensa. Pues no llegué a la defensa, lleguemos a la venganza. Es un rayo de la Esfera. Hayamos. . Hayamos digo. Ah gallinas, que no os sigo, porque me ha dado cogera. Aquí se está desangrando un infelice, y estoy viendo, que las rosas va encendiendo la sangre que se vaelando. Caballero (ay de mí triste! a quien (fáltame la voz!) confieso (desdicha atroz!) el favor, que mal resin mi pena, tanto sentir; pues en mi (fiero pesar!) cuanto me quiero esforzar me ayuda más a morir: ay Dios! alguna nobleza tengo, aunque en tan bajo estado me puso el verme inclinado a una rústica belleza, por esla hay (Casilda mía!) ejercicio profesé; pero un Villano furioso, celoso (ah fiero tirano!) que es ser dos veces villano, ser Villano, y ser celoso, me ha muerto; pero a traición con otros, y yo también a uno dejo muerto; a quien patente hice el corazón: tu caminante repara por un amor tan liviano en lo que se ve un hermano, de Don Mantique de Lara; mas ya muero de la herida, que aún el aliento veloz, que estoy gastando en la voz me falta para la vida. . Hermano, amigo (ay de mí!) pero yo hermano llame a hombre, que confiesa, que tuyo hubillde oficio? . Sí, pues cuando fuera dijena, aún la ignorancia mayor trae, en siendo por amor cierto viso de nobleza. Dices bien, y puesto que por otra parte emboscados. andan todos los Soldados. sus vestidos me pondré, pues es a mi parecido, aunque de sangre bañado. está tan desfigurado. Bueno, que hayas acudido, a salvar, enq objección; porque alguno que repara, al ver a los dos la cara está con tanta atención; pues quisiera su capricho, que ya pintado, ya esculto. saliese un hombre de bulto. a decir lo que está dicho. Mi pero, y espaldar quiero que le pongas, no te asombre. Ya con dos conchas, el hombre es galápago de acero. Por aquí. . Que viene, vaya. Que esto mi suerte disponga! Señor Sastre, usted se ponga este jubón de Vizcaya. Qué riguroso desastre! Su persona armada está, y el primero soy, que ya se la pudo armar a un Sastre. Hacia allí el ruido siento. Ponle mi espada. . Ya fiera la tiene en cinta, Dios quiera, darle buen alumbramiento. Llegad todos. . Suerte avara, que fuera feliz no dudo, si como el traje me mudo, la ventura me mudara, Cuanto ahora, Mantique, a mí me estimaras, si supieses, que poco más de seis meses aprendiz de Sastre fui? Sin duda en esta maleza, de zarzas entretegidas, que duplicando la noche. es parentisis del día, se oculta Mantique fiero. Mal valerse determina. de su fuga, aunque en su alcance no cuesta menos fatigas, que seguirle con la planta, alcanzarle con la vista. Aguardad, señor, que él es, si el sentido no delira, el que con sangre, las flores, infaustamente matiza. Yo como nunca le vi, no se conozce. . Esa misma: es mi duda. . Mal podrán, engañarme las insignias del escudo, y de las armas, y del rostro, aunque se mira todo bañado de sangre. A su juventud florida. lástima tengo. . . Manrique es muerto. . Buena noticia será para Blanca, Cielos, y más cuando ya estendida. pasa la palabra, que es muy veloz una desdicha! Sin duda le maró alguno de los que en su alcance iban: pésame por Dios, mas puesto. que después de sucedida una desgracia, no tiene más remedio que sentirla, a su cadáver se hagan todas las honras debidas, que a difuntos Generales acostumbra la Milicia, ronco destemplado estruendo de cajas, y de sordinas . en tristes acentos forme lamento de la armonía. Vueltas al revés las armas, y arrastrándose las picas, en funebre luto, el viento, negras banderas se vista. . Aguardad Leoneses. . que nuevo rumor se anticipa, a las sordinas, que el eco todo el monte escandaliza? Un joven, que con denuedo el campo veloz corría, en un bruto tan ligero, que aún no huella lo que pisa, para llegar a tus plantas deja el estrivo, y la brida. Rey Fernando de León, cuya hermosa bizarría tiembla en Cordova Almanzor, y Abenjuceph en Sevilla. Doña Elvira soy de Lara, de prosapia esclarecida, y hermana de Don Manrique; cuya heroica gallardía a vuestros rigores yace muerta, pero no vencida; con él vine a las entregas de Alfonso, Rey de Castilla, para asistir a sus bodas después; pero no sería una desdicha tan fiera, y de tanto dolor digna, (ay de mí!) si no viniera, cuando se espera una dicha, Por una gloriosa acción sabiendo que le seguían tus Soldados, un caballo tomé, procurando altiva hallarme a su lado; pero cuando en su alcance venía; cuanto más el bruto corre, y en mi cólera se anima, pues los batidos hijares las espuelas me salpican, la noticia de su muerte hallé en el campo esparcida, que si es desdichada, es muy veloz una noticia. No te admire el ver, que cuando tengo infelice a mi vista, ese expectáculo triste de quien es el monte Pira, pues va dejando las rosas sangrientamente floridas, muestre el corazón rebelde al llanto, pues sido miras, pasó la pena de susto a osadía, de osadía a dolor, y este dolor se convirtió tanto en ira, que aún no quiero a lo irritada hurtarle lo compasiva. Si a Alfonso ocultó Manrique, es razón que le persiga tu enojo, porque a tu enojo estorbó una tiranía. El es turor de su Rey, y como tutor aspira a librarle de un peligro, pues cauteloso querías, con el traje de piedad disimular tu avaricia. Pero esto aparte; infelice Manrique, que al pecho dictas la más generosa hazaña, pues tu sangre, aún no muy fría, heroicas venganzas late en cuantas iras paspita, en tus manos, (pese a mí, que ahora estoy enternecida) homenaje (qué dolor! hago (ay de mí!) de que altiva (qué ansia!) procure (qué pena!) en vano el valor porfía volver (aquí de mi rabia!) que mis lágrimas reprima, pues en líquidos arroyos la cólera se destila? Y a ti, infelice Mantique, homenaje, y pleitesía hago, puesta la una mano en el pomo, de esta limpia espada, y la otra en las tuyas, que ya sun hierta ceniza, de defender tu opinión, ya que no puedo tu vida. Y a vosotros, o Leoneses, con la reverencia digna al Rey, pues es la atención a la Majestad debida, desmiento, de la sospecha, que esparció vuestra malicia contra Manrique, diciendo, que fue traición conocida ocultar al Rey, dictada de impulsos de su codicia. A cualquiera, que villano esta sospecha conciba, del Rey abajo, desmiento, y a sustentarlo se obliga mi arrogancia, cuerpo a cuerpo, si alguno hay que lo resista, o con armas, o sin ellas, en los campos de Castilla, al choque de dos caballos, o al encuentro de tres picas, en el arnés, o el escudo donde suban las astillas tan altas, que del Sol puedan ser volantes celosía y quien piense que me mueve, la hermosa pretrogativa de Dama; pues a las Damas no hay valor que no se rinda, queriendo que rendimiento se llame la cobardía, sígame, si valor tiene, que sin desmontar la brida de ese bruto, de ese rayo, aborto de Andalucia le espero en esas campañas, de noble sangre teñidas, desde el Alba hasta la noche, y desde la noche al día. Gallarda resolución! Qué respondéis? Doña Elvira, que sois Dama, y con las Damar mis Caballeros no lidian: venid, y las funerales ceremonias se prosigan. s Ah, pese a la preminencia! que mis venganzas impida el rendirse todos, cuando mas el rendimiento irrita? Leoneses, cualquiera que este recto contradiga tome ese guante, pues es cerémonia que se estila en los duelos. . Yo le tomo, gallarda Palas Divina, no como señal del duelo; pues quien habrá que compita con vos, si desde que os vi, en dos acciones distintas, no me quiere a mí la muerte, porque no quiere la vida? Pues por qué le tomáis? . Sol por prenda vuestra, y no aspira mi rendimiento a tenerla por favor, si por reliquia. Eso es ya de otra materia, y no es fácil que permita que prenda mía posea nadie, porque vengativa sabrá cobrarla mi espada, castigando la osadía. . Tened, que ese es otro caso; yo también sabré rendirla a vuestros pies, que no quiero que os dé disgusto la dicha de un acaso, pues guardarla, al ver que se desperdicia, fue atención; pero negarla fuera ya descortesía. Ahora no la quiero; pues aunque cobrarla quería, tomarla de vuestra mano, fuera mostrarse benigna mi atención, y así no quiero por no verme compelida. a tomarla, cuando es vuestra acordarme que fue mía. Aguarda, detente, espera: no hermosa Deidad exquiva, ausentándote a mis ojos, con tan dulce tiranía, para una esperanza muerta, dejes la memoria vivía. Parece que con mi astucia los Leoneses se engañaron; pues ya la voz de mi muerte ha cortido por el Campo. Para quien creyese agüeros era apropósito el caso de estar mirando su entierro; pero tu bastardo hermano honrado se ve en la muerte; pues si de aquí lo reparo, el Ejército lo lleva con grandeza, y aparato, que para un pobre difunto es grandísimo descanso. Con melancólico acento, al ronco estruendo bastardo, gime el viento en las sordinas, Sí; pero una cosa hallo de conveniencia en tu entierro, y es, que no te van chillando los Niños de la Doctrina, un Colegio de bellacos, que en entierros ostentosos, son sufragios alquilados. Ya Don Nuño, con el Rey, habrá sin duda llegado adonde en salvo le ponga, y en cuanto los Castellanos a su defensa se junten, más fieles, o más osados, San Esteban de Gormaz será su Alcázar, y Claustro. La orden, que llevó Don Nuño es, de que esté disfrazado, el Rey, comó un hijo suyo, porque dejen de buscarlo allí os Leoneses, pues en Nuño no han sospechado; y pues tal disfraz hallé, siempre a vista del contrario he de andar, Marín amigo, sus intentos observando. Una cosa solo resta. Cuál es? . Que ya transformado en Sastre; en el Lugar puedas ir prosiguiendo el engaño: cuando a ser Sastre, señor, ya yo tengo mucho andado, pues fui aprendiz seis meses, con que si hacer nos juntamos cualquier vestido, echaremos a perder cualquiera paño. Necio, yo había de vení a ese ejercicio? . No es malo el puntillo; pues sin eso podrás estar reputado por bastre? . Podré algún tiempo, y esto no ha de durar tanto, que falten excusas para no llegar a ejercitarlo. Aún más cuidado me da ir al Campillo, ignorando con quien tenía amistad, este hombre, y los ordivarios ejercicios suyos. . Pues si eso es solo el embarazo, de lo mismo que te hablaren puedes ir conjeturando las respuestas, y si no, apelar a que estás falto. (mió, Eso es mejor. . Ay Juan que yo te estaba aguardando con grande temor. . Qué es esto? Esta mujer es el Diablo. Dijeronmos en la Villa que te había desafiado Gil Polo; pues yo, Juan mío, digo que me parta un rayo si le puedo ver. . Ya es esto del cuento, responde algo. Sin duda esta es la Villana bella, por quien le mataron. No me respondes? estás conmigo muy enojado? yo te quiero. . Bien pudieras (bueno es hallarme obligado a mezclar tratos groseros . entre tan nobles cuidados) bien pudieras excusar andarme dando embarazos, pues sabes mi condición: (yo no sé lo que la hablo.) Ya veo que eres Dimoño, y que no hay mozo en el barrio a quien no des para peras, Oyes, tu hermano era guapo Que había de ser quien tuvo de mi sangre algunos rasgos? Juan, quién es este mozo? Es un grande oficlalazo, y le traigo a casa. . A ser de usted el menor criado: cómo se llama nuestra ama? Dile tú como me llamo. Yo vengo hecho un Lucifer celoso, y desperado, y no me acuerdo de nada. Casilda soy de Polanco, que este en el Campillo es apellido muy honrado. Nadie por su boca pierda. Oyes, cuándo nos casamos? Esto más; cuando Dios quiera que ahora estoy muy alcanzado. En fin, él quedaba herido; pero en el campo dejamos muerto a Silvio. . Él lo mató que el Sastre es desesperado. Por aquel hombre, de hierro vestido, no le matamos? veamos ahora a Casilda. Está con un hombre hablando. Y es el Sastre, vive Dios, amigo, que allá en el campo nos hizo la mortecina! . aún vives traidor? . Villanos vuestro error castigaré, Dales su carta de pago. Ay que a mi marido matan: Josticia de Dios. . Hayamos. Qué ruido es este? . qué es est En grande peligro estamos, Con el Rey encontré! Cielo que habiéndome ya informado de la muerte de Manrique sea un dolor tan extraño, tan infelice, que aún no tenga lugar para el llanto? Espadas aquí? En mi vida vi tan hermoso milagro! Señor, dos hombres, que huyero, a mi marido intentaron matar: Josticia de Dios. Señor, es un gran bellaco el Sastre, y ha días que tengo gana de echarle la mano. Cuchilladas, y mujer, buena hacienda te ha dejado el difunto. . De Manrique es un viviente retrato este hombre: Cielos, si es él? En mí, Blanca ha reparado, y en ella el Rey; ya supieras ciego Dios amor tirano, dar un consuelo, sin dar con el algún sobresalto! Josticia contra estos hombres. Haced, Alcalde, buscarlos, y castigarlos. . Si haré. . Hermana, llega, y la mano besa al Rey. . Su hermana es esta? A vuestros pies, Soberano Monarca. . Señora, alzad, que no está bien, (yo me abraso) puesto a mis plantas el Cielo; québeldad! Cielos, a espacio. En la Quinta, donde Blanca estaba ahora aguardando, con otro intento, a Manrique, podéis, señor, alojaros. Si haré; pues en tanto que mas diligencias hagamos de Alfonso, puesto que vienen mis Soldados fatigados, aquí harán alto; venid que yo he de ir a acompañaros: ahora conozco, que fue Don Manrique desgraciado. Hombre, ilusión, o fantasma, de Manrique eres retrato, y aunque sé que es muerto (ay triste!) me consuelo con dudarlo! . Ay Elvira, qué de penas con tu ausencia me has dejado, pues tu memoria es alma un gustoso sobresalto! En casa te aguardo, Juan. Lo que yo de todo saco es, que porque no te cojan en mentira, pues los cabos que tu hermano dejó sueltos son tan diversos, y tantos, es fuerza que te hagas loco, aunque según son tus cascos, yo espero que el fingimiento te cueste poco trabajo. Ay, Marín, más loco fuera en ser cuerdo, cuando hallo un disfraz tan indecente, en que mal asegurado estoy; una mujer que me persigue, unos villanos que intentan matarme, un Rey que tan a mi costa amparo, y sobre todo, unos celos, al corazón enroscados, que de la memoria son áspides imaginarios. JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
Mujer, ya estás enfadosa. Pues, Juan, en que te he ofendido? Enqueterme. . Y eso es malo? Malo es, porque un hombre he visto de un amor abochornado que le ha dado un tabardillo. Valgamos Dios! tanto mal, se le hacen, Marín amigo, en quererle? pues acaso le doy yo algunos pellizcos? mas qué es esto, que sospira tan confuso, y pensativo? aquí de Dios, que me han muerto. No alces, Casilda el chillido que en el jardín de esta Quinta de Blanca, está, retraido mi amo por aquella muerte; y podrán, sin duda oírlo, con que al tiempo de las voces darán con él, y conmigo, y de inflamación de esparto tendremos un garrotillo. Mira, yo sentí, Marín, al oír estos sospiros, que no son por mí una rabia, de manera, que imagino, que le aborrezco, y dempués, si más de espacio lo miro, pienso que le quiero más por haberle aborrecido; y aquel sospiro, en efecto, en el corazón me hizo unas cosquillas de fuego con que el alma me da brincos. Celos tiene la villana. Ya no puedo yo sufrillo: ven acá, cuando el Maeso, ha llegado a hacer vestido que a tu beldad no rindiese primicias del pendoncillo? Desde el día que aquel hombre tendiste como un cochino, porque en el campo los tres te quisieron matar vivo, aún más que de la josticia huyes de los ojos míos, estás tan otro, que pienso que no puedes ser el mismo, y esto de suerte, que no piensas casarte conmigo: tan fea soy? pues yo sé que esotro día me dijo un resquebrazo el Barbero. Y qué fue? . Porligio exquivo, porque a tus pobres amantes matas, cuando con desvíos, han hecho pelar más barbas tus ojos, que mis cochillos? Ay Blanca, cuando a memoria, tuyas la idea dedico, que extranjera se halla el alma oyendo ajenos cariños! Pues abrázame, y me iré. Si a que te vayas te obligo a tan poca costa, llega. Al jardín: Cielos qué miro! Bianca lo ha visto: hay más penas Qué importa; si conocido de ella no eres por Manrique? Viendo, que es tan parecido a Manrique este villano, mal el enojo resisto, de que a los brazos de aquella mujer llegue (a Cielo impío, cual estoy, cuando tomara unos celos por partido!) Como bárbara villana, a intentar te has atrevido tal indecencia a mis ojos? Pues qué su merced ha visto en mí; mas que el abrázar de esta suerte a mi marido? otra vez? . Aparta, quita, no mi enojo vengativo írrites: vete, villana. Qué diablos tiene conmigos mas qué le ha dado dentera? pues no importa: a Dios, Juan mí Yo voy haber si hallo algo con que untarme los hocicos, porque ya de estar hambriento, vive Dios, que estoy ahito. . Ocasión de declararme se me ofrece, mal me animo, . que en ardor helado, el pecho va encendiendo un sudor frío. No he visto tal semejanza! pero: oh imprudente delirio! para qué memoria, intentas persuadirme, a que está vivo? Quieres que vuelva a creerlo para volver a sentirlo? Yo me declaro: no basta, aleve, traidor Cupido, que sufra lo que padezco, si no también lo que finjo? No sé que me dice el alma, que el corazón ha latidos me da, en pulsados presagios, palpitantes vaticinios, cuando, ay Manrique! Señora. . Qué queréis? Habiendo oído que me llamáis. No he llamado: y cuando eso hubiese sido, no es a vos. . Sonó en el alma el eco de ese suspiro: Blanca, yo soy Don Manrique, a tus pies estoy rendido, tan amante como siempre. l. Hombre, qué dices? . Qué digo? que soy Manrique de Lara. Cómo viendo que estás vivo al susto, no es una vida el precio de un regocijo? Tú vivo? Pero ay de mí! que presto que lo he creído para llorarlo más presto, pues sin poder reuistirlo, mágico, mi pensamiento, representa a mi delirio muchas glorias, que poseo en las fantasmas que finjo. Qué dudas, pues? . Si lo crea, Y qué resuelves? . Elijo creerlo, que aquel instante que duraré el desvarío de alguna ilusión, no deja de ser bien, el bien fingido; pues en perdiendo la dicha un venturoso; es lo mismo, que él haberla imaginado, el haberla, poseído. Murió en ese monte, un hermano bastardo mío, que de casa de mis padres se ausentó, siendo muy niño por ser inquieto, su madre era humilde, y por motivos ocultos, quizá mi padre no le declaró por hijo: varias fortunas corrió hasta dar en ejercicio de hombre pobre, pues que importa que fuese tan bien nacido, si nació mal inclinado, que si forzar no han podido el albedrío los Astros, los Planetas, y los Signos, como es fácil, que la sangre forzar pueda el albedrío? Y de esto se ha visto tanto, que ejemplares infinitos pudiera traer, si hubiera quien lo dudase remiso. El parecerse a mí tanto, no es tampoco lo que admiro, porque la naturaleza no hace acaso sus prodigios, y para tan grande mal tan gran remedio previno. A uño Almegir, un anciano, de los nobles deudos míos, llevó al Rey a San Esteban de Gormaz; pues su Castillo se conserva por nosotros, aunque el Rey de León hizo, para rendir sus murallas Plaza de Armas el Campillo. Nuño, como es, aunque noble, hombre poco introducido (de la Corte siempre ausente) seguro está en el recinto de San Esteban, pues no le buscan los enemigos. Yo era, Blanca, quien estaba expuesto al mayor peligro si me hallasen, pues por mí supieran de Alfonso Invicto, que anda tan bien encubierto; mas piadoso el Cielo quiso, que este disfraz ocultase con mi vida los designios. Por loco me tienen todos, que ha sido fuerza fingirlo, por ignorar de mi hermano. los sucesos, y motivos. A tus ojos, vuelvo, Blanca, pobre, humilde, y abatido, no me olvides, que entre tantos tormentos como examino, será el más intolerable, y así en tus dulces desvíos, lo que no hiciese lo amante ha de hacer lo compasivo, De suerte, Manrique ingrato, que sufrimiento has renido para ocultarme quién eres? hay cuan poco es tu cariño! Ay Blanca! si bien supieras, que tu amor agradecido. debe estar a lo que culpa, porque en un amante fino no hay pena, no hay sentimiento, no hay tormento, no hay martirio; no hay rabia, no hay ansia, como amar; sin poder decirlo? Ah ingrato! cuán bien hallado estabas en tu retiro con esta villana, a quien le diste, a los ojos míos, los brazos; pero que mucho, falso, aleve, y fementido, que en el disfraz de Villano tan hallado estés, si miro, que el propio traje del alma el exterior se ha vestido? Si tan presto como yo dejare desvanecido ese indicio, tu pudieras disvadirme los indicios de que el Rey. . Sella la voz, no pronuncie inadvertido tu labio, ofensa que viene disfrazada en un suspiro: celos me pides, villano? ves que te culpo lo homiso, y pretendes de lo ingrato librarte con lo atrevido? Calla ingrata, ves que vengo a expresarte el dolor mío; y aún no dejas a mis ansias el consuelo de decirlo? Eres aleve. . Eres falsa. Eres ingrato. Soy fino. . Eres. Blanca? Hay más pesares! A que mal tiempo el Rey vino celos, no queráis hacer evidencias los indicios. Qué es esto? . Qué le diré? Disimular determino. Yo soy el Sastre, señor, que aquí a la Quinta he venido a hacer un vestido a Blanca. Por ahora podéis iros. Ya obedezco: Santos Cielos, qué dolor iguala al mío! yo he de dejar a mi Dama oyendo ajenos cariños? para qué, hay suerte tirana! cruel fortuna! hado impío! amantes humildes, si hay poderosos enemigos? No os vais? . Sí señor. Qué ansia! ya con el alma le sigo, que me acuerdo de su pena; y de mi enojo me olvido. De ver, que a vista de Blanca disimular es preciso esta injuria, este desaire, vive Dios que estoy corrido! Andad. . Ya se irán: ay tal! vaya su mercé aspacio, que tiempo hay de enamorar mientras se corta el vestido. Malicioso es el Villano. Esconderme determino a escuchar, lo que después quisiera no haber oído. . Sabiendo Blanca, que estabas en este frondoso sitio, esfera verde, de tantos caducos Astros floridos, y sabiendo que tu hermano ausente está no he podido con la licencia que el campo permite a lo más exquivo, dejar de cegar, mirando. tus dos Luceros divinos, bien que con temor; pues cuanto a tanta ventura aspiro, me están diciendo sus rayos que se vieron, convertidos, atrevimientos de cera en escarmientos de vidro. V. Majestad, señor, se acuerde, que le ha servido mi hermano, y que no se premian con agravios sus servicios; o acuérdese de quien soy, porque mi espíritu altivo, es tan vano, tan soberbio. Cielos, sin alma respiro! Qué imagino, que no hay hombre que me merezca un desvío, y si alguno mis rigores experimenta; habrá sido costumbre en mí, mas no intento, porque no hay alguno digno de que aún para mis desdenes pudiese ser elegido: Si son las iras tan dulces; querer ostentar lo exquivo, mas que castigar la culpa, es coronar el delito; y así esta mano. . Ay de mí! Ya no he de poder sufrirlo? . la medida de esta manga; con la prisa se ha perdido, y así la vuelvo a tomar. Qué Villano tan prolijo! Dejadlo ahora; ay infeliz! mucho temo su peligro. Ah ingratal vive Dios, que el que lo estorbe ha sentido! . No me impidan tus rigores, con desdén tan atractivo, examinar en tus manos un Incendio cristalino. V. Majestad (ay triste!) considere. . Estoy perdido. . Y aún Muerta estoy: ah Cielos! (y Podrá buscar el destino más riguroso desaire a un amante bien nacido! Esto ha de ser. . No ha de ser. Hernan Ruiz ha venido: que se apea ya, que llega. A nadie en el jardín miro: este es loco. . Sí, que tengo una locura, que es juicio. Vete, Villano, y aquí no vuelvas con otro aviso. Esto se va declarando. Pues qué agravio se le hizo a su merced en avisarle? rayos; y incendios, respiro! Qué importa di, que tus iras me recaten lo benigno, si al pronunciar los rigores, a que dulcemente aspiro, nace otro nuevo deseo de ese modo de decirlos? ay Blanca! templa estas ansias, este ardor, este delirio con una mano. . Advertid, señor; que está el honor mío corrido, de ver que haya quien a eso se haya atrevido. Ya me falta la paciencia, y a morir me determino, porque donde están mis celos qué importa mi precipicio? Quién podrá estorbarlo? Yo. Toda, soy un mármol frío! Hombre, quién eres? . Aquí mi ser me desconoció, y aún yo no sé si soy yo, porque estoy fuera de mí. Vive Dios. . Señor, advierte que es loco: ay vanos recelos! Que quien ha hallado unos celos no pueda hallar una muerte! Loco, o no, fuiste atrevido, y porque los parenceres del vulgo afirman, que eres a Manrique parecido, delante de ti, su exquiva mano mi suerte publique, para que en ti de Manrique castigue una sombra viva, que en fin no ha de darme enfado, un loco. . Qué esto suceda! Qué resistirle, no pueda habiéndome ya empeñado! Neciamente me desdeña tu rigor. Terrible trance! Mal haya el que antes de un lance no mira cómo se empeña! . sino puedo resistir no era mejor no saber, Cielos, que quisiese ver lo que no puedo sufrir? Por estorbar sus rigores, . hasta asegurarle, a fin de ausentarme del jardín es fuerza fingir favores. Señor, V. Majested: ay Dios! no ha de pretender riguroso, que el poder se pase a ser voluntad; de espacio mirar intento vuestras prendas, porque amor no sea hijo de un rigor, sino de un conocimiento. Al Rey, Blanca, favorece, . y yo no puedo vengarme (ay de mí!) que el irritarme, tanto, en mí la rabia crece, la ira, el coraje, el brío, el frenesí, la ansia (ya lo dije) que el alma va exhalando un sudor frío: qué locura! qué pasión! el sentido deja en calma, que en el incendio del alma se me apaga el corazón. e Pues tan benigna te vi. Yo muero? . Dame una mano. ̱. Ah de la guarda. . Ah villano! Ay infelice de mí! Mas qué es lo que ha sucedido? Señor? . Lance riguroso! Disimusar es forzoso, . que el Condestable ha venido. Qué es esto? . Necia pasión disimulad, y en el centro . queden las lágrimas dentro, a anegar el corazón: ese hombre, que ves aquí, que loco dicen que ha estado, entró en el jardín, llevado de un furioso frenesí: yo que en su velocidad, vi señas de enfurecido, di voces, a cuyo ruido acudió su Majestad, que iba a su cuarto; ventura fue, que al verle, una caida, suspendiéndole la vida le interrumpió la locura; y es verdad, que en quien sufrir celos debe, y padecer por fuerza, no puede haber, más locura que el vivir; esto es en fin. . Ya es forzoso, disimular. . Ya yo entiendo qué es esto, y que está mordiendo el desmayo algún curioso; pero el Doctor que esto apura, tómele el pulso, cuabrayo, por ver si al paso, el desmayo ha llegado a coyuntar: Señor, siempre que imprudente ocupa algún frenesí al Sastre, le deja así, cual veis, con un accidente cualquier locura acomoda para sí si bien se hapura, y en él alma no hay locura que él no se vista a su moda. Prendedle pues. No hagáis tal, señor, que el delito es poco, bástele a un loco, el ser loco; no le acrecentéis el mal. Pues retiradle. . Esa ha sido la mejor resolución: más pesa que la razón de un discreto presumido. Voyme a llorar su rigor, porque en tanto padecer, no hay dolor como tener paciencia para un dolor. Mucho mi sospecha crece, acción ejecuta ufano, tan despechada un Villano, que a Manrique se parece: Pierde cobarde el sentido, de un noble; dolor infiell el Condestable por él vuelve: Mucho he discurrido, Ya, señor, la gente queda en el monte repartida, y dispuesta la batida, por la fragosa arboleda, con multitud de Soldados, tal, que no se escaparán los corzos, pues morirán en el número anegados. Por saber que Blanca está; con la caza divertida, he dispuesto esta batida, y por si intentaren ya los Gastellanos, alguna salida, quiero llevar tropas, que no hay que fiar en la guerra, y la fortuna, y así mi cariño trata que Blanca la venga a ver, Cómo, Blanca, puede ser a tantas honras ingrata? Pues otra mayor intento haceros, entre los dos se quede, que solo a vos fiara mi pensamiento: muchos hay que no han creído, que Don Manrique es el muerto, y entre si es cierto, o no es cierto, está el vulgo dividido; fío de vuestro valor, Velasco, que le retéis, y que en Cartel, le llaméis públicamente traidor; pues así saber procuro, si se oculta, o no, con arte, y de el Campo, de mi parte le ofreceréis el seguro, porque si él vive, es forzoso, siendo noble, aunque es infiel que parezca, y al Cartel os responda valeroso; y si él que a Blanca sirvió, os hace dificultad, Velascos considerad que soy quien lo mando yo. . Oíd, esperad, señor: fiera pena, grave mal! el alma se halla neutral entre el amor, y el honor no temo (ah suerte tirana!) cuando el Cartel se publique, el agravio de Mantique sino el ceno de su hermana. En vano obligarla piensa mi desesperado amor; no bastaya su rigor, sin añadirla una ofensa? Mas si es fuerza, y arrestado voy, nadie impedirlo intente, pues se añade a lo valiente bien lo desesperado. . V En esta verde espesura, en cuyo denso boscaje, músico el cefiro blando pulsa en fusurros suaves, verdes, sonorosas hojas de los álamos, y sauces, queden ocultas mis tropas, que pues Castilla me hace, por hermana de Manrique, en cuyas hazañas grandes, inflamado alienta el bronce, celocuente vive el jaspe, cabeza de sus Milicias, contra la sana arrogante de Fernando de León, y tanta máquina grave sobre mis hombros, no sé si se sustenta, o si yace, hasta tanto que al Campillo numeroso un convoy pase, que he de cortar valerosa, aquí mi gente descanse, sirviendo de dosel, ese obelisco vejetable; cuyo peso, el suelo oprime, cuyo vuelo estrecha el aire. Gallarda Palas, hermana de nuestro difunto Marto, que de los mayores Heroes eres bellísimo ultraje, perdóname, que no ha sido mucha cordura arriesgarte, para romper un comvoy tu empersona, pues si sabes que a S. Esteban gobiernas con esfuerzo vigilante, que está en su poder el Rey, a quien no conoce nadie, sino por un hijo mío, porque dejen de buscarle, los Leoneses, como intentas tan resuelta aventurarte? para funciones como esta tienes aquí Capitanes, que aunque viejos, aún sabrán hacer lo que se les mande. Nuño Almegir; mi valor no me consiente quedarme en San Esteban: es bien, decid, que los homenajes que escogí para defensa me hayan de servir de cárcel? Ruido en el monte se escucha. Pues, Soldados, a embarcarse, y los rudos troncos sirvan, de bárbaros baluartes. Dónde vas? . Voy a morir. Bellísimo disparate: que haya hombre tan majadero, que se muera por matarse! Ay Marín, es tan terrible, es tan furioso, es tan grande el tormento que me aflige, el dolor que me combate; que al ver que tengo paciencia me obliga a desesperarme; porque no hay mal más terrible, que el sufrimiento en los males: pensaras que fue tibieza, que los sentidos faltasen, que caducase la vida en un hombre de mi sangro, y de mi valor, al ver mis celos? pues no te espantes, Marín, que yo diré a voces, que si alguno lo culparé, no ha sabido tener celos: mas qué ignorancia tan grande, harto sabe (ay infelice!) quien tener celos no sabe. Casos hay, en que es valor, no tener valor, pues nadie habrá, que viendo sus celos, cuando a impedirlos no baste, no muera, no desfallezca, no caduque, no desmaye, no zozobre, no fluctue, no desespere, no rabie; y si a alguno le sucede, no a mí; pues para esforzarme no tengo aliento, ni brío, que un sufrimiento cobarde, es valor de la paciencia; pero es un valor infame: mal hubiese, mal hubiese el tosco, el mísero traje de un vil hermano, que pudo tan humilde difrazarme; pues si mudarme no supo; en tan riguroso lance el sentimiento: qué importa que el adorno me mudase? Ahora conozco a cuanta desdicha nace, el que nace a inferior fortuna; cuando tiene espíritu arrogante, y altivo, porque no puedo, en extremos desiguales sufrirse a sí, si a otro sufre, vivir, si no sufre a nadie, Déjate de esas locuras, que el Rey, que a caza esta tarde salió, ya las avenidas va ocupando, y ya los aires puebla el sonoroso estruendo, en a trailla, y el guante, de cascabeles que sueñan, y de sabuesos que laten. Herido va el Jabalí. A la fuente. . Al cerros Al valle. Cómo que sigo a esta fiera aquí pretendo ocultarme, donde el alma se retire a interiores soledades, cuando Manrique; qué es esto? Esto es, ingrata pasarme a Castilla huyendo (ay triste!) mi desdicha, tus crueldades, tus traiciones, tus rigores, mis tormentos, mis pesares, y mis celos (ya lo dije) pues la fortuna inconstante, la fuerza de un poderoso, y tu condición mudable (ah ingrata mujer!) podrán hacer que me desengañe, mas no que sufra, que uno es, si llega a considerarse desaire de la fortuna, y otro es del valor desaire. Mi bien, mi señor, mi dueño, No tiranamente afable líquidas Estrellas lluevan de dos Soles de azabache; traidora ofendes, y lloras: qué resistencia, ay que baste con este líquido encanto? qué intentan tus impiedades? quieres que te desenoje de lo que tú me agraviaste? Si ofreciste al Rey, que habías, (vanos recelos dejadme) de considerar sus prendas para persuadirte a amarle. Ay mi bien, si bien supieses de mi proceder constante, que tienes que agradecerme, lo que llegas a culparme. Esto más? cuanto va que consigues en mi dictamen (según eres) que yo mismo te agradezca que me mates? A un poderoso ofendido, porque tú no peligrases, fue delito procurar con un engaño templarle? Calla, alevosa: no era mejor, di, que lo negases? el repetirme la culpa es modo de disculparte? Tú no te has decir. . Suelta Suelte. Mujer, el diablo te trae. siempre a enredarnos, pues eres siguiéndole en cualquier parte. mujer a latere, y él marido a nativirate. Agarrar a mi marido, es indecencia muy grande: y a mis ojos? a mis ojos? Esto falta a mis pesares! quita, villana. . No quiero, ella es quien ha de apartarse, que mi marido futuro, aunque pretende inquietarle, es muy mío, que a estas horas. me costó más de cien reales. No es muy barato el marido para haber sido de lance. Dice bien, que es mi mujer, y yo no puedo negarle, que la quiero; y que la adoro. Y vos, pues esto escuchasteis, no inquietéis hombres casados, que en el Campillo hay galanes, Cielos por una Villana, este desprecio me hace, ofendiendo mis cariños, y ajando mis vanidades? qué ira! . Porque lo vea, vuelve, mi Juan, a abrazarme, Bárbara, Villana, quita, no me obligues a arrojarte, donde ese río te ofrezca monumentos de cristales. Qué te ofende? . Ser mujer, que si todas son iguales, a todas las aborrezco por falsas, y por mudables. A mí este respingo, Cielos! Cielos, a mí este desaire! De él se ha de vengar mi furia. De él mi enojo ha de vengarse. Ah ministros. . Ah Soldados. Por Dios, señores, que callen; que al espartillo podrán tojer entrambos gaznates. Ah Soldados de León. Guadamáciles, y Alcalde. Casilda oye, Blanca advierte. Ah si ahora se acatarrasen. Venid, que aquí está Mantique. Venid a prender el Sastre. Dónde Mantique estará? Dónde el Sastre se ocultó? Valgamos Dios, quice yo? Ay Dios, en qué riesgo está? H mujeres, ofendidas quién hay que sufriros pueda? No diera en una almoneda dos blancas por nuestras vidas. Que es el Sastre les diré, Que es Mantique diré ya. Adónde este Sastre está? Por dónde Manrique fue? Este Sastre. . Y muy honrado. Lo dirá, pues lo vio ya. . Don Mantique os lo dirá, qué es el que está disfrazado. . Entre cuero, y carne estoy, como la espina metido. Este es el Sastre atrevido: piensa que tan tonto soy? venid preso. . Vuecelencia venga preso. . Ea llevadle. Al Capitán, a al Alcalde es fuerza hacer resistencia: . como humilde, la justicia me busca por homicida, y tanta gente lucida por Manrique me codicia: B el Alcalde es un villano; que poca gente acaudilla, mas de mi Rey de Castilla vibra la vara en la mano: el Capitán, trae con brío, muchos Soldados armados; pero de un Rey son Soldados, que es enemigo del mío: resistirle solicito; pues más a buscar convida, un riesgo contra mi vida, que contra el Rey un delito: esto ha de ser en efecto: señor Capitán. . Que manda Vuecelencia? . Oíd aparte. Mucho el temor me embaraza, que pienso que con el Sastre tenemos obra cortada. Manrique de Lara soy, y porque ya que se añada una desgracia, no venga con desaire la desgracia, os suplica, que ausentéis esos Villanos, que infaman mi nombre; pues yo estoy proto a rendirme a vuestras armas. Si llevo a Mantique preso, que grandes premios me aguardan! Auséntese la justicia, que el riesgo no me acobarda. . Idos, Villanos, de aquí, que a nosotros reservada está esta prisión. . Par Dios, si su merced nos dejara le había yo de ahorcar, sin escocharle palabra, que ya el Escrebiano tiene muy sustandada la causa. . Vuecelencia, señor, venga, que yo, y estos camaradas le iremos sirviendo humildes, mas de escolta, que de guarda. Luego ustedes han creído, que soy Mantique de Lara? Pues no? Caballeros míos, no andemos, en pataratas, yo soy Sastre en el Campillo, sucediome una desgracia, persígueme la justicia, valime de esta maraña para escapar de sus manos; lo que, resta, es que se vayan por aí vuesas mercedes, yo por aquí, y Santas Puascuas. Eso no, que ya el llevaros, seáis quien fueréis, a las plantas del Rey, mi persona aquí, sin que otro recurso haya se empeñó. . Vuestra persona, muy buena es para empeñada, que vale cualquier dinero; pero yo no he de sacarla del empeño, y si lo intenta, no os arriendo la ganancia. En fin habéis de ir. . No he de ir; Cómo, si mi gente es tanta, y vos sois solo, podréis resistirlo? . Acuchilladas A ellos, Sastre, que cortas con tigera, y con espada. Acudid, acudid todos. Un rayo es, que se desata. Qué es esto? . Tened, Soldados, suspended todos la saña, En grande peligro estoy. Ay, Juan mío de mi alma Cielos, ya se ha convertido. en compasión mi venganza! Qué es esto, digo otra vez? Yo lo diré, pues que callan todos. Señor, esto es, que a este loco, a este panarra de este Sastre (qué gran gusto es decir muchas infamias, de cuando en cuando, un criado, de su amo cara a cara,) le dio un frenesí, de aquellos. que siempre sujetos andan a creciente de la Luna; aunque si bien se repara, también se queda a la Luna cualquier locura menguada. El que algunas veces dice, que es Rey, algunas, que es Papas como ha oído decir siempre, que a Don Manrique de Lara se parece, dio en que era él, y viendo que lo declara; esos Soldados que veis, vendiendo muchas fanfarrias, valientes áncoras vivas, fueron a echarle la garra; pero mi amo entonces, viendo que hacen del peligro gala, a fuer de Sastre pretende acuchillarles las calzas. Loco en fin. . Recelos, mucho mis sospechas se declaran: hacedle colgar de un árbol. Ay suerte más desdichada! fuerza es fingir mi locura, . vamos, pues el Rey lo manda, donde en la primera encina he de ser bellota humana: mas yo resocitaré, o volveré de fantasma a asombrarle en cualquier parte. Señor Rey, por las entrañas de la Virgen no me dejen doncella, y desmaridada. Señor, ved que inútilmente se ejercita vuestra saña, porque en un loco, el castigo, ni es castigo, ni es venganza. Dejadle, que ya no habrá sentencia tan temeraría que le condene, si él tiene tal indulto, que le valga: si es Manrique, viva, y viva siempre a mi vista, pues clara cosa es, que si muere ahora, y como noble lo calla, de saber donde está Alfonso perderé las esperanzas. Que aún la dicha de vivir ha de venir disfrazada a no conocer si es dicha en unos celos! oh ingrata! por mi pides? no es mejor una muerte, que una rabia? Ahora falta otra experiencia: supuesto que ella es la causa der la muerte, y la pendencia, dad la mano a esa villana. Eso, si señor. . Ay triste! Qué dolor! . qué gusto! . qué ansia! Pues para que dicen, que le perdonan si le casan? Ay infeliz! de sus labios pendiente está toda el alma. Ay de mí! que al ver que cortan los vuelos a mi esperanza, el corazón en el pecho. tiene abatidas las alas: sin Blanca, vivir no puedo. Hombre, dame aquesa mano: qué te hielas, que te pasmas? . Yo, sí, ay Blanca! . Cuánto va que otra vez se nos desmaya. Cielos, este es otro indicio. Aún con la duda me agravia, A qué aguardáis? Qué esperáis? . Espero. Guerra, guerra, arma, . Qué es esto? . A lo que parece; entre las ásperas ramas, los Castellanos, nos van cortando en una emboscada. Para estorbar la mía, vino a buen tiempo su desgracia. Mueran todos, y pegando fuego a los troncos, y jaras, a nuestros incendios, sea verde Troya esa Campaña. Esto es lo prinsero: todos, en defensa de estas Damas, hagamos frente. . Antes que nos corten la retirada, ocupemos las surtidas, Nosotras, en confianza de su defensa, podremos escapar. . Aay desdichada! A ellos, Leoneses. A ellos, Castellanos. Arma, arma. Qué haremos ahora nosotros, señor, cuando ya trabada la escaramuza, unos, y otros, por cascarnos, nos atacan? No es poca dificultad, pues de una parte mi Dama y de otra mi Rey, no sé, que resuelva; aquí me llama mi amor, y mi honor aquí, y a vista de la batalla, mientras está ociosa está mi persona desairada. Ay infelice de mí! Pero estas voces aclaran mi duda. . . Así, Castellanos, mi valor se desampara? Ya es otro el empeño, Cielos! que esta voz es de mi hermana. No hay quién me socorra? . Sí, ya mi valor te acompaña, que antes que todo es mi amor. Soldados, no hay quiénme valga? Cielos, qué haré en tantas dudas? o quién acudiera a entrambas! a mi Dama por mi amor, y a mi hermana, porque en tantas desdichas, es el escudo de mi Rey, y de mi Patria. Tú has hallado linda duda para no sacar la espada. Eso sospechas, villano? pero supuesto que estaba debajo de este disfraz con adornos, y con galas . para pasarme a Castilla, disimúleme esta banda, que la ocasión me dirá lo que he de hacer. Ya que pude, acompañada de mi gente, de un peligro salir, viéndote, bizarra Leonesa, de ese venablo blandir arrogante el asta, siguiéndote vengo. . Pues suspende veloz la planta, Castellana, si no quieres que su cuchilla acerada te detenga. . Tu escarmiento castigará tu arrogancia. Tu soberbia. . Suspended bellas Deidades la saña. Quién eres, hombre? . Quién solo pretende, que no combatan dos Soles, dos Firmamentos, dos prodigios. . Quita. . Aparta. Acudid todos, que esta en grande peligro Blanca, y es Doña Elvira la que ya de su gente apartada se mira; llevadla presa. No es fácil, mientras mi espada sabe estorbarlo. . Y la mía. Y yo, que es acción hidalga, amparar el enemigo. Viendo el riesgo en que se halla Elvita, a favorecerla mis lealtades se disfrazan. Quién sois vosotros, a quien hoy debo fuerzas tantas? . Yo no sé quien soy. . Yo sí, Elvira, que quien te ampara es quien este guante tiene. . Para conoceros, basta. Daos a prisión. . De esta suerte veréis la empresa lograda. . Yo os agradezco el socorro, y me ausento, porque airada en mi defensa, mi gente viene, diciendo. . Arma, arma. y Quién serán estos Soldados? mas supuesto que se abanzan, al monte, y a mí me dejan segura la retirada yo me ausento. . Pensaréi; que queda muy obligada mi persona del socorro? pues antes es tan contraria la acción, que he de saber quien tan a costa de mis ansias pudo hasta ahora guardar prenda que volviese a aquella Dama? Solo el acero responde . a pregunta tan osada. Qué es esto? quién son los que para reñir le disfrazan? Un enigma es. . Un portento. De desdichas. . De desgracias, De rabias, iras, y males, que al veros a vos la cara. Aunque se ausenta, no huye. Se ausenta, y no se acobarda. Puesto que los Castellanos van dejando la Campaña, a ellos, Leoneses míos, pues importa poco, o nada que sean portentos, o enigmas de iras, de males, de rabias, cuando dice el ronco estruendo de las trompas, y las cajas. , . Arma, arma, guerra, guerra, guerra, arma, arma. ERCERA prado las alfombras, las sombras. JORNAD
JORNADA TERCERA
Cuando piso de lp se me anegan los ojos en La noche es tal, señor, que a lo que creo tiento la oscuridad, mas no la veo. En la tiniebla fría la noche luce, y se oscurece el día. Tanto, que al ir andando, aún con el pensamiento voy tentando. Ya al valor tuyo, y mío, de puente, y no de valla, sirvió el río. Y como ya nadando me habiaste, el vado, aún las palabras te mojaste, que eres el primer Sastre, que procura remojar la palabra en agua pura. Este de San Esteban es el muro, y a su centro llegué, ya tan seguro, a emprender la más notable hazaña, que a la posteridad víncula España. Señor, o me dirás, a que venimos? Del Campilio salimos, y este río esguazamos, y en San Esteban de Gormaz estamos. Declárate, que ya venir me apura con amo obsuro, en noche tan obsura, Ya sabes tú, que osados, algunos Castellanos emboscados, siendo su verde noche la montaña, que en sombras vejetables nos engaña, ocultar se pudieron? Ya sé que a los Leoneses envistieron, y que al común arresto la noche fue parentesís funesto. Pues sabe, que después (aquí es preciso que te suspendas, Blanca, me dio aviso, de que supo Fernando por muy cierto donde mi Rey Alfonso está encubierto. Y que un traidor de un Castellano ufano, (que es mucho ser traidor, y Castellano) al Rey de León escribe, que él se atreve (cuando el Sol en Pirámides de nieve, se sepulte, o se embarque, en una fría, para llevar al Occidente el día, a entregarle esta Plaza) traición fiera! como a la empresa un Capitán viniera, con seiscientos Soldados, mas que de acero, de valor armados, que la seña sería estar cantando, como para impedir el sueño blando, pues en el muro está de centinela, que siempre en no dormirse se desvela: todo esto supo Blanca, porque tiene, viendo cuanto a mi vida le conviene, quien le investigue atento del Rey cualquier motivo, o pensamiento; yo (aunque tan presto) espero ver cumplido, osado, y atrevido, el plazo señalado, en que públicamente me ha retado, el Condestable (ay pehas más crueles!) fijando en todo el Reino los Carteles; avisado del nombre, y de la seña, con mi valor altivo, que me empeña, en la defensa de mi Rey valiente llego a su muro anticipadamente, a hurtar la seña, y nombre, y a defender la Plaza; no te asombre, que en cosas temerarías, el pensarlas, mas es el emprenderlas que el lograrlas. Vengan, pues, los Leoneses, que a su brío, sepulcro hundoso le construye el río, llevando, en vez de espumas, rotos arneses, y mojadas plumas. Y a eso solo venimos dos barbados, solos, de noche, a escuras, y mojados de haber pasado el río, hados exquivos, sirviéndonos de tino el tener tan sabido este camino, que entre la oscuridad, sin vanagloria, nos pudo servir de ojos la memoria? Hacia aquí siento ruido, tentar podemos ya con el oído. Tentar con el oído? guarda Pablo, que por aí mil veces tienta el diablo; jamás he resistido la tentación dulcísima de oído. Con la sangre de Mantique, cuando del susto se quedan descoloridas las rosas, se encienden las azucenas, ay que dolor, que rigor, que pena! traiciones vivas, y lealtades muertas. Esta es la seña. . Tu tragedia canta. Es de una dulce voz la fuerza tanta de su dulzura, tanto es el hechizo, que suspender la cólera me hizo; porque una habilidad tanto entretiene, que aunque en fin se aborrezca a quien la tiene, el rato lisonjero que se atiende, sino borra el enojo, le suspende; y aunque ahora cantar mi muerte intente, qué importa, si la canta dulcemente? Disculpa tiene, el que a querer se emplea a Dama que cantare, aunque sea fea, y aunque diga, al mirarla con enojos, o si para la voz hubiese ojos! o si a la voz le diese cara el viento! o si la voz se viese por el tiento! Diole la muerte un traidor, cuando en un caballo vuela; pues a una muerte alevosa, quien más huye, mas se acerca. Ay que dolor, Siempre al muerto le alaban mentecatos; quién pudiera morirse algunos ratos! oh siglo! esto no puede ya sufrirse: para ser bueno es menester morirse? (ros, Calla. . Que he de callar, si hay majade, críticos, y severos, que con juicio profundo, que otro no alaban, porque está en el m y aplausos dan eternos, al que estará quizás en los infiernos. De León, el Condestable, públicamente le reta, para matarle la fama, ya que la vida está muerta: ay que dolor! Cómo anda mi tragedia tan valida, ya se canta en Castilla. Nunca olvida la poesía celebrar las glorias, de los que solicitan las victorias: no hay azaña, o tragedia que no alabe; los que no estiman a quien esto sabe: no es posible que intenten hacer jamás hazaña que les cuenten, Este el traidor, en fin, y esta la seña. es, ya el valor me empeña; y viendo el corazón, a que se atreve, para encenderse más sus alas mueve llamar: quien creerá, que este con las voces mismas que canta mi muerte, está celebrando sus ejequias? Quien te conozca. Ah del muro. Ah del muro, Quién se acerca? León, Leon. Ya os conozco, y bajo a abriros la puerta. Engañose con el nombre: es imposible que sea, ni Noble, ni Castellano, quien tan vil traición emprenda! Vos, según el nombre dijo, que os escuchó mi advertencia, de esta facción sois el Cabo? Si soy. . Pues haced que venga vuestra gente, en sorda marcha, acercándose a la puerta, que yo en ella estoy de posta. Y aún a posta ha estado en ella, Pues qué han de hacer? . Ocupar torreones, y fortalezas, y despierten los vecinos a la muerte, si despiertan. Primero os quiero premiar. 1. Cómo? . De aquesta manera te pago: muere traidor. . Muerto soy. . Requien eternan, buena paga. . Qué traición, de esta suerte no se premia? Supuesto que el Rey me envía a ejecutar la interpresa, y ya escuchamos la voz, que ha de servirnos de seña, lleguemos a la muralla. Las puertas están abiertas, y en ellas hay dos Soldados. Por Dios, señor, que se acercan muchos, y imagino que anda la noche funesta con el día a coscorrones. No sé yo de que lo infieras, De qué? de que ahora les nacen mil bultos a las tinieblas. Veamos si es el confidente: León. . Ya su voz me altera: sois Capitán Leonés? Yo soy. . Llegad, que la puerta abierta está, entrad tomando sus baluartes, y almenas, antes que los Ciudadanos despierten, y se defiendan. Ánimo, Soldados míos: ay Elvira, qué de penas me ocasionan, que me obliguen a hacerte tantas ofensas! entrad. . Qué intentas? . Ahora toca esa caja de guerra, que está en el cuerpo de guardía. Yo tocaré de manera, que la haré bramar a palos, . Así haremos que lo sientan los vecinos, porque quede castigada la soberbia de los Leoneses. . . Traición. A la muralla. . A la puerta. Ahora vamos al Campillo, a asegutar las sospechas de Blanca, y el Rey, a dar el orden en la defensa de mi honor, pues que mañana cumplido el término queda del reto, en que he de salir a defender la inocencia de mis lealtades: fortuna, pues tantas ansias me dejas, en duelos de honor, y celos, no te me muestres adversa! . Vamos, pues dentro dejamos, travada en esta contienda, batalla mogigangal, que hay vecino que pelea, resistiendo a los Leoneses, en camisa, y en calcetas. Arma, armalor, traición, traición. A la puerta. No me detengáis. . Señor, advertid cuanto se arriesga en vuestro peligro. . Aquí tenéis Soldados, que pierdan por vos la vida, no hagáis la victoria contingencia. Cómo he de sufrir, que cuando válido de mi edad tierna, disfraza su tiranía, con pretexto de clemencia, el Rey Fernando mi tío; obligándome a que sea, huyendo de sus piedades, profugo, y vago en mi tierra, aún no me deje seguro en este retiro? vengan mis armas, que yo el primero, opuesto a tanta fiereza, he de salir al rebato; a mis propios filos mueran, Leoneses, que su arrogancia fabrican de mi paciencia. No le dejéis vos, señora, salir, mientras va mi diestra a rechazar su intención. . Arma, arma, guerra. Yo he de castigar. . Señor, humilde mi afecto os ruega que os retiréis, no en tan corto débil trofeo se emplea la Majestad de un Monorca. Mueran todos, todos mueran Esto, señor, os suplico, Si haré, porque a lo que ordenas tú, Elvira, aunque lo repugne, no acierto a hacer resistencia; mas con una condición. Cuál es? . Que pues tan opresa del Leonés, toda Castilla en mi favor hace levas de Tropas, que a largas marchas mañana a estos campos llegan, me dejéis acaudillarlas, volviendo a cobrar con ellas mi usurpado Reino; pues el corazón, que me esfuerza, cada latido que pulsa es una hazaña, que alienta. . Oh Majestad! como luces, aún en las sombras envuelta de la infancia: qué bien dijo aquella antigua sentencia, que la ciencia del reinar nace al nacer los que reinan, pues como de si la aprenden, solo ellos a si se enseñan; mas ya que se retiró, a que aguarda mi soberbia, que del Leones no castiga la osadía? . . Muera, muera. Qué es esto? . Dar a tus plantas, rendido un hombre, a la inmensa muchedumbre que le acosa: mas, qué veo? Elvira es esta; muera matando, pues ya no hay otro medio en contienda, que a los ojos de su Dama desairado un noble llega . Muera. . Deteneos, Soldados. Morid. . Vuestra ira suspenda mi persona. . Antes, señora, me irrita vuestra presencia. El Condestable es, ya este empeño es de otra materia: dejadle. . Tú le defiendes? siendo de aquellos, que intentan solo prendernos, y quien viendo frustrada su estratagema, ha hecho en los Castellanos, con valiente resistencia tal destrozo? . Sí, que ya por mi prisionero queda, y de algo le ha de servir dar a mis plantas. . Pues vuelva nuestra ira a castigar, furiosa, osada, y sangrienta a los demás, repitiendo. o. Arma, arma, guerra, guerra. . Si supiera yo, que había de ser hoy, Elvira hermosa, de puro infeliz, dichosa. la feliz desgracia mía: yo propio la buscaria, sin hacerla resistencia; porque fuera en mi dolencia, el llegar a ti rendido, elección, a no haber sido, en el destino, violencia. Más propicio a mi albedrío hoy el acaso se muestra; pues a ser, fineza vuestra, no fuera trofeo mío. Conoceisme? . Vuestro brío me advirtió en una ocasión esta prenda. . Con razón vuestra es. . Mía no ha sido. Para estar desvanecido me basta la presunción. Vuestra generosidad no estimo. . Por qué ocasión? Porque hay hoy mayor razón para daros libertad, no por aquella piedad, con que mi vida, propicio defendisteis, doy indicio, de que en mi halléis recompensa, que he de hacer por una ofensa, mas que por un beneficio. Cómo? . Vos habéis retado a mi hermano de traidor, por vos hoy se halla su honor públicamente infamado: yo en sus manos he jurado. defender (hah dura suerte!) su opinión; con que al que fuere hoy a lidiar me convida, he de guardarle la vida, para darle luego muerte. Quién a mi hermano retó, solo reta, solo infama, a quien defender su fama en su cadáver juró: a mí, puesto que él murió; toza lidiar; pues no impida el duelo vuestra venida, que daros libertad osa. mi atención, de valerosa, mejor que de agradecida. Idos, pues, que en la estacada mañana paceceré, donde la muerte os daré. O Tal es mi fortuna airada que contra mi declarada, sin que mi afecto so impida, me hace tener ofendida a quien deseo obligada. Y el ofender, es querer? No; pero es en tal pesar, remedio el idolatrar a la que llegué a ofender. Eso, cómo puede ser? Cómo? si a una Dama bella quiso mi cruel estrella, que ofenda mi sinrazón, parece satisfacción morirme luego por ella? Muy dura cosa es querer, el odio a efecto pasar; demás que eso es buscar nuevo modo de ofender. Mas fineza viene a ser, pues si un imposible sigo, al ver que ha de usar conmigo su desdén, y su razón; ya me pongo en la ocasión de que ella me dé el castigo; pero esto aparte, mirad, que si en el duelo os metéis a un desaire me exponéis en una publicidad: de espacio lo reparad, pues rendido, y cortesano, que no he de reñir, es llano, y si me muestro rendido, mi crédito está perdido. Primero es el de mi hermano, yo por él he de lidiar. Ved, que el rendirme, me infama, pues no saben que sois Dama. Pues hay más qué pelear? Cómo; si es fuerza quedar muerto de cualquiera suerte? si me matáis, ya se advierte, si os mato, pierdo mi vida, y muero, si a vuestra herida no logro una dulce muerte. Podéis hacer: mas qué es esto? conmigo os aconsejáis? no os he dicho ya que os vais? libre os miráis, idos presto. A obedeceros dispuesto estoy. . Oíd. Qué mandáis? Que a esos jardines salgáis, por donde está bajo el muro, y saltando de él, seguro fuera de la Plaza estáis, y tomad, que yo . Mi amor, que estima tanto, advertid el favor. . Tened, oíd; quién os dijo, qué es favor? el presumirlo es error, que al defenderme atrevido, fuistes por él conocido, y quiero, con vana gloria, quedarme aún sin la memoria de que algo os haya debido. Mi fina cortesanía; que estima, señora, muestra llevarse memoria vuestra; aunque os quite alguna mía. Loca, vana fantasía, dale a mi industria favor, para que pueda el valor que mi heroico pecho inflama, sin pelear con mi Dama dejar bien puesto mi honor. Ya cuantos Leoneses fieros dentro de la Plaza entraron, a nuestro valor quedaron; o muertos, o privoneros. . Qué es esto? . Qué lisonjeros clarines, con dulce acento, rompen él hombre. . Ya intento saber si son de contrarios, esos tafetanes varios, de que ahora se viste el viento. Yo, señora, las banderas que ya claras divisamos, las tropas son que esperamos de Castilla, sus hileras van poblando esas riberas. Pues prevenid, que mañana, cuando risueña; y ufana la Aurora empieza a rayar, al Campillo han de marchar, (ay necia memoria vana!) no me acuerdes que ha de ser hoy cuando salgo a lidiar, pues causas un recelar que parece que es temer: que importa que tu poder se obstenta contra el que aquí se mostró rendido así, pero en el choque cruel no espero vencerle a él, si antes no me venzo a mí? . Loco pensamiento mío, ya que una vez, mi tirana fortuna quiere que a solas hable contigo, a batalla te llamo, y bien digo, pues siendo tú quien siempre habla conmigo poco cortés, aún no me adulas mis ansias, pues no permites que yo crea las imaginadas dichas que fábrico en ti: quien te mete necio, en tantas advertencias, pues se vero mis delirios, y fantasmas, al creer yo que son dichas, me acuerdas tú que son vanas? y cuán de cotigo mi afecto descansa con el alma hablando, no e hablas al alm Dejo aparte, que ve el Rey con vivas sospechas anda de que Mantique es Manrique; dejo aparte, que su hermana, convocando de Castilla, propias, y auxiliares armas, en poner en libertad a su Rey está empeñada; dejo, que Fernando altivo, en el Campillo se acampa todo este tiempo, no tanto (como él dice) por mi rara hermosura, de quien teme hacer ausencia; que vanas quedamos todas, oyendo las finezas cortesanas de los hombres, que a ninguna pesa jamás de escucharlas, sin que haya alguna que piense, que en sus afectos la engañan, puestodasles eren sus penas, y ansias porque todas juzga, que pueden causar. No tanto por esto digo, (las. permanece en esta estancia, cuanto porque desde aquí tienen sus tropas bloqueada, desde sus alojamientos la fuerte importante Plaza de San Estevan; en donde el Rey Alfonso se guarda, hasta que a poner Real sitio de más lugar la templada Primavera, que florida, dando al campo nuevas galás, cuando los arroyos del hielo desate al nevado monte liquide las canas. Todo esto en efecto dejo; y voy a las dos más agrías penas, que hoy van a mis penas, añadiendo circunstancias la primera es, que avisé a Manrique, que intentaba sorprender a S. Esteban Fernando, bien que ignoraba yo, que mi hermano sería, de facción tan arriesgada Cabo, y Diréctor, que entonces de ningún mado avisara; pues manos importa, que logre tan indigna hazaña, que no que su vista corra amenazada, engolfos deacero, agrienta borras- Demás de eso, mas mo aflige, (ca. ver que el día que señala el Cartel al reto, es hoy, con que es fuerza, declarada de Manrique la persona, que en la sangrienta batalla, hermano, o esposo pierda, sin saber de dos infaustas tragedias; cual es menor; o quien algún modo hallara de impedirlo! que aunque sé, que Elvira vive engañada con la muerte de Mantique, y según es su arrogancia; por el homenaje que hizo, no dudo que al duelo salga, no halló yo pretexto alguno, con que quedando salvada l la objección de mi decoro, entre yo en esta batalla, no tanto para vencerla, cuanto para embarazarla: (tan, mas ay que si penas a mi pecho asal- mal descansa quien en un mal des- Hoy, pues. (cansa. Feliz yo; si acaso, la suspeusión, que embargadas, al parecer, tiene todas tus acciones, y palabras, me concede, Blanca hermosa; ocupar entre tus vagas especles, una memoria, que es señal de que me amas (engaño si te escuchas, puesto, que auque así. oye lo que quiere quien consigo habla. No poca parte, Mantique, tiene siempre en las fantasmas, que mi idea asombran; pues siempre mi idea ocupada tiene tu memoria, aunque hoy dos imanes, con dos causas, la están violentando. . Dos. Sí. . Declárate, Blanca, pues aunque un amante tenga confianza, a quien oír dos, no le sobresalta? Él uno son tus fortunas, y el otro dos temerarias empresas, en que hoy mi hermano tiene la vida arriesgada: vuestro duelo (ay de mí triste!) si acaso con bien se escapa de S. Esteban. . Luego él era quien acaudillaba la interpresa? Él era. . Ah Cielos? quien sabiéndolo, estorbara su muerte, o su prisión! . Cómo? Cómo mi industria; fustrada su cautela; y avisados los vecinos, dieron arma en los Leoneses, a quien dentro ya de las murallas no quedó defensa alguna. O una, y mil veces mal haya mi noticia! . Oh una, y mil veces mal hubiese mi ignorancia! pues si él queda preso, o muerto, me quedo yo con la infamia desrerado, él sin castigo, y mi enojo sin venganza, Y eso solo sientes? . Sí; porque cuando un noble guarda a su enemigo la vida, es solo para quitarla; y esta atención noble, y cortesana, piedad muy cruel; pero muyhidal- Ah traidor Manrique! Cielos! cuando a divertir bajaba, a estos jardines comunes a mi cuarto, y al de Blanca, mis penas, miro, no solo, que con el Villano habla, sino que a solas los dos ella, Mantique le llama; el secreto he de apurar retirado en estas ramas, Traidor, Mantique, de suerte que contra mi sangre airada tu saña se muestra? . Sí, cuando tu sangre me agravia. Que más desengaño espero; el pecho en celos se abrasa! Aquí decís que entró . Sí: mas mira, Alcalde, no hagas una mala fechoría en Palacio. . Pues en casa del Rey, decidme, no tiene jurisdicción esta vara? No es suya? Vive Dios que hoy he de hacer una Alcaldada. Tu hermano. . Daos a prisión. Como traidora canacarla. Aquí diz que entro mi Juan: mas qué es esto? ay que le agarran: hay que no puedo casarme. De qué da gritos muesama? pero qué es esto? Ay traidores! Cómo vuestra furia osada profana así mi decoro? ̱. Pues qué coro le profanan, si le prendo en un jardín? Quién lo manda? El Rey lo manda, Manda el Rey, y mando yo. Cómo quien no dice nada. Ay, Juan mío, si te ahorcan, con quién casaré, coitada? Vos, señor lo mandáis? . Sí, que con poner su garganta a un cuchillo. . Ay de mí trist La suerte está declarada. Quiero yo satisfaceros a las quejas que le dabáis. Oh que bien entrara aquí el hacer la patarata del desmayo, y la locura; pero ya hay aquien le enfada. Qué aguardáis? llevadle presto. Dadme, señor, vuestras plan Pues qué es esto? . Cómo pude Si dentro del muro estaba, ya librarse? . Esto es, señor, que la empresa malograda, porque el traidor considente no cumplió bien su palabra, tus Soldados. . Bien está, ya se se conoce en que paran cautelas que no se logran, y no quiero, que se añada a la pena de perderla el enfado de escucharla: hoy todo es penas, mas ya que llegáis, haced que vaya a una torre Don Manrique. Don Mantique? pena extraña! Cielos, no es este el Villano a quién delirios le daban? Qué den en esta locura? ve aquí como se dilata mi oasamiento. . Primero advertid, que está retada mi persona, y que para hoy señalasteis la estacada, concedisteis el seguro, siendo árbitro en esta causa, y que hoy he de lidiar, pues para asegurar mi fama, y estar hoy en este sitio tengo vuestra salva guardía. Yo no he ahorcado ninguno desde que tengo la vara, y he de saber a que sabe. No haga tal, que en tal baraja, no tiene un preso buen juego, cuando una muerte le fallan. Pues, señor, en vuestro nombre le tengo ya asegurada la campaña, y si rompemos la fe pública, le falta al derecho de las gentes: demás, de que aventurada queda mi opinión, a que moteje alguna ignorancia, o alguna malicia diga: que cuando él sacó la cara, no excusé yo su prisión, por excusar su batalla. Aunque pudiera a todo eso responder, que antes estaba él aquí oculto, y no vino con fe de la salvaguardía, he de conceder el campo, porque más justificada mi ira proceda, después, veamos como se descarga de la acusación impuesta. Ve, pues, a ocupar la valla. Voy, adonde si una vez me presento en la campaña a pie; porque de los brutos la ligereza no valga, vestido el cuerpo de acero, con la pica, y con la espada, que son armas que señalo, sabrán, Castilla, y España, sabrá el mundo; y verá el Cielo, que Don Manrique de Lara es buen Caballero, y que cuando al Rey Alfonso guarda, ha sabido ser leal, adiós, al Rey, y a la Patria. . Yo a ser el árbitro voy. Señor. . No me digáis nada, que cuanto por él pidiereis, fomentaréis más mi saña. . Aunque esta, Blanca; es gran pena, en albricias puedo darla, pues me excusa otra mayor. Mayor? . Sí, pues me obligaba, sino saliese Mantique a lidiar con una Dama, y dama, que; pero ahora esto que te digo basta, que a esperar voy en el sitio con las armas que señala. . Lidiar con Dama? esto es hecho; Elvira sale restada al duelo, y pues otra vez habemos sido contrarias, yo también saldré, no piense Elvira que es más bizarra; pues con esto, aunque otra vez lo diga, veré si halla modo mi discurso allí, de embarazar que combatan: a espacio, pesares, a espacio, desgra- que aún no me dais tiempo (cias, para sentir tantas. Vamos de aquí, que he quedado muyfresco con mis bravatas: (llaman, bravo Alcalde soy, no en vano nos Alcaldes de Aldea, Josticia ordi- Di, Marín, esto es de verás? (naria, Pues dime, Casilda, boba, no has entendido la trova? es posible que creyeras que era Sastre? . Ay que tormento? Qué tienes, necia, importuna? Ay, que me alegro con una retención de casamiento, que yo no ascienda a casada, cuando ha tanto que servía de doncella, que podía ser doncella reformada, por doncella me persigan? es Ya el alabarte es exceso de doncella: amiga, eso mejor es que otros lo digan; y pues ves que te he querido, y ha tres meses, que diciendo ando, que me estás queriendo. Pues di, pícaro, atrevido, tú me confiesas amor? Seré yo el primer criado, boba, que haya galanteado la dama de su señor? y más, cuando ya no espera en el mío tu hermosura ver lograda una locura? Ni yo seré la primera, que los traiga entrenidos, y que la veces alternados, quiera amor, a ratos ganados, criado, a ratos perdidos. Luego me quieres, mujer? dilo, para que te abrace. Mira, mucha fuerza me hace no haber otro a quien queres; que la dama más severa, y de desdén más tirano, a un aurdo querrá, si a mano no tiene otro que la quiera. Quiéreme, Casilda mía, que yo solamente aquí te suplico, que por mí te mueras en cortesía. Mira, el que tiene caudal, de querido, ha de preciarse, que el pobre ha de contentarse, con que no le quieran mal. Tú, que estás hecha a tener a Manrique por cuidado? has de admirar a un criado? quita, que no puede ser; yo lo dudo, y yo lo niego, Muchas hay muy entonadas, a Príncipes enseñadas, que van a pícaros luego. . Detente, que los clarines fin a la plática han puesto, pues nos avisan, que ya a la valla van viniendo los del duelo. . A verlos vamos, puesto que son los torneos, desafos, que no importa, que antes lleguen a saberlos. b . Ya dos del duelo, señor, la licencia están pidiendo para entrar en la estacada a combarir. . Entren luego. Hagales señal la marcha, y vayan enteando dentro. Cuatro vienen, quién serán? Tres vienen, cuando uno espero? Que fuera (ay de mí!) que Elvira, fuese acaso el uno de ellos? que nada de su arrogancia dudo. . Cuál es, Caballeros, Manrique de Lara? . . Esteres. Duplicados, como pliego. Pues ay dos Mantique? . Todos alcen para conocerlos las viseras. . Ya la mía lo está; y si a decir me atrevo, que soy Manrique, es verdad, pues yo juré defenderlo en sus ya difuntas manos, y yo solamente puedo por él lidiar, contra quien le reta después de muerto. A cuyo efecto, fiada de este leal escudero, de San Esteban salí, y traigo el rostro cubierto; porque al ver mi aliento heroico, al choque cruel, resuelto, que no lidia con las Damas, no dé alguno por pretexto. Qué gallarda bizarría! Aún no conocen sus fieros. Tu resolución heroica, bella Elvira, te agradezco; pero aquí a Manrique tienes, que sabrá excusar tu empeño. Qué miro? tú eres Manrique? como puede se, si muerto te toqué yo misma. . Cómo era un cadáver supuesto; y porque esto no es de aquí, que no me estorbes, te ruego volver por mí. . No haré, que fuera dejar mal puesto tu valor, viviendo tú, emprender otro tu duelo, y más cuando en tu favor ya competidora tengo. Y yo sabiendo, que Elvira se introduce en el torneo así, para que no piense que me excede en lo resuelto, y bizarro, como porque dejamos pendiente un duelo en otra ocasión, a hallarme de mi hermano al lado vengo, Aunque tu fineza estimo, de tus arrojos me ofendo; pues cómo? . Aquí, ni aún sufrir los enojos quiero. Las lanzas quebradas ya, lleguemos a los aceros. Arma, arma. Suspended, parad: qué es esto? Qué ha de ser? si no que llega ejército tan inmenso nolo de Castilla, que ocupando vosta todo el vecino terreno, el aire viene estrechando, los montes viene cubriendo. Sin duda, que con las tropas, ya juntas, marchó resuelto el Rey, no habiéndome hallado. Qué haré? pues aunque tenemos todo un ejército, parte fue a rendir diversos Pueblos, parte está en las guarniciones, y parte en alojamientos. Lo que me toca, es reñir hasta quedar satisfecho de quien me llamó traidor. Y a mí a tu lado. . Teneos, que yo estoy al de mi hermano. Yo al opósito saliendo, a todos. . No hay para qué, que aunque hoy tomando a este grueso Ejército muestra, supe que Elvira faltaba, habiendo quien la viese en el camino, y adivinando su intento, en su busca vengo, y cuanto ella defiende, defiendo. A vos, por tío, y amigo, solo suplícaros quiero, que os volváis luego a León, dejando libres mis Reinos. No solo eso haré por vos, sobrino, más prosiguiendo la causa, que árbitro juzgo, declaro buen Caballero a Don Manrique de Lara, y sobre mí tomo el duelo. Qué escucho? vivo es Manrique? Don Manrique vive, Cielos! Vivo está, y a vuestras plantas, donde os pido; pues absuelto estoy del duelo, que honréis con Blanca mi casamiento. Y yo que, en satisfacción de los carteles, y el reto; me deis a Elvira. Yo soy felice. Yo lo concedo, y aún más he de honraros, pues a vuestra rutela vuelvo. Venzámonos, desengaños. Pues yo, entre tantos entedos, no he de quedar sin casarme. Puesto que tema lo has hecho, daca acá esa mano. Toma, Porque tenga fin con esto, en el Sastre del Campillo, duelos de honor, y de celos,
