Texto digital de El santo Tomás de Villanueva
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- Juan Bautista Diamante Segura
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El santo Tomás de Villanueva. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/santo-tomas-de-villanueva-el.

EL SANTO TOMÁS DE VILLANUEVA
JORNADA PRIMERA
JORNADA Amparenos esta venta, Padres, que se cae el cielo de agua. . Lindo regalo! Y como que es lindo. Y fresco; que no llueva una vez vino? Pues ese agradecimiento da al cielo de haber templado el rigor que tanto tiempo ha mostrado su justicia contra este aflígido Reino? Cuando es milagro, sin duda, que hoy llueva, para consuelo de estos campos? Milagro es? Qué dice, hermano ventero? Pues ha llovido en doce anos tanto como en este? Bueno. 1. Aquí no ha llovido, Padre. Vaya a Madrid. 2. A que efecto? A hartarse de ver llover. Llueve mucho? No por cierto; mas de los meses del año, v, , . que dice quien sabe de esto que son doce, solo dura trece meses el Invierno, pero esto con mucho frío, y dicen, que es lindo cielo. Que le parece, me diga, al Hermano Fray Talego la moza? . Hermano sobrino, que me ha llevado sujesto, que me tentó de vacio, y que me cascó de lleno. Qué dice? No me acordaba, señor mío; soy un puerco barro de Alcorcón. Pues llora? (lo; Hermano, eso es no entender- si soy barro de Alcorcón, no quiere que haga pucheros? Mucho tarda nuestro Padre. Pues falta otro compañero? Si falta, mas para usted de poquísimo provecho. Por qué? . Porque viene apie, yas, Padre, no. . No entiendo. Pues diréselo más claro: no trae mula, que con eso para él la de la cevada es renta de puerto seco, y ayuna: con que también lo de garo por conejo, lo de por paloma grajo, lo de por vaca jumento no ha lugar. . Pues vuesastedes no comen? . Ya yo le entiendo; mas lo más que podrá hacer con no otros, según veo, es con sus once de oveja, pedir once de carnero. Ya nuestro Arzobispopio se acerca. . Hermano mulero, no echepullas. . Pulias, Padre? Pullas, Padre; pues no es cierto, que viniendo uno mojado, dice, como un pollo vengo? que pollo, y pio es lo propio; luego es pulla a tal sujeto llamarle Arzobispo pollo? Padre, no es ese mi intento; piadoso quise decir. Pues peseal muy majadero, no hable otra vez sincopado, y le entenderán con eso; deje ese modo de hablar allá para unos discretos, que estudiando en no explicarse, audan hablando en secreto todo el año, y lo consiguen, pues nadle puede entenderlos. Que Arzobispo es el que aguarda? De Valencia por lo menos. Y viene a pie? será santo. Así lo fuera el ventero Santo? Qué agora lo huele? pues no ve que esta lloviendo, y dice que ha muchos años que no llueve? Y no dice qué es milagro? Sin duda. . Pues caso es cierto que el ventero no lo haria, ni sus hijas; luego siendo. de uno de los dos que venimos, si no es que yo le haya hecho; que no es nuevo, el gran Tomas será del mi lagro dueño, que el amigo es muy lampiño, y el sobrino muy espeso; y si se echa a buena barba, fuerza es que a él se la echemos, 1. Pardiez, padre, recibamos. al que nos da este consuelo con fiesta. 2. Si en buena fe, que merece que le honremos. Sea enorabuena, hijas. 1. Pues vamos a disponerlo, y ayudará su merced la música? . Si por cierto. 1. Pues ya volvemos. . Andad. . Ay! Mi tío llega. . Silencio; Deogracias. . Dénsele aDios por todo, Hermano Tálego: Sobrino, Dios los bendiga. Muy mojado? . No por cierto pero muy contento si del favor que Dios ha hecho a estos campos afligidos. A su merced le debemos este alivio. . A Dios se debe que providente, y atento a nuestra necesidad; con aquel cuidado inmenso que a los mortales asiste; nos ha socorrido, viendo que por no sotros la tierra le pedia este consuelo: Que, también la tierra pide? es mujor? . No diga eso: todo pide a Dios, Hermano, que en tal manera dispuesto está todo lo criado, bien prójimo está el ejemplo, Mire desde al esos campos, verá del airado, y seco temporal las aventuras, que con la angustia creciendo se abren, y en forma de bocas de la porfía del tiempo se valen con voces mudas para pedir el sustento. Mire aquella excelsa palma, en cuya latitud vemos un ejemplar de quien pide, pues elevándose al viento, porfía en crecer gigante del prado, con el pretejto de que su desnudo tronco lo a su explicado acento; y porque le oiga, parece que quiere subirse al cielo. Mire esas mieses postradas, que a los asaltos del cierzo inclinado, las espigas humildes están haciendo señas a quien las escucha, con los tardos movimientos, que para pedir socorro, de lenguas están sirviendo. Mire allí, porque se aparta del recentalillo tierno la madre, como la llama con mil repetidos ecos, pidiéndole en su idioma el natural alimento. Y mire como ella allí, tal vez al hijo volviendo, y tal la tierra chupando, que sin hierba halló gimiendo, alza la cara, y ayuda del recental el lamento, esforzando con la suya la petición del hijuelo, por ver si acaso a dos quejas llega el alivio más presto. Ya ve como todo pide, pues mire como el Supremo Señor de todo absoluto, a sus criaturas volviendo los ojos, piadosamente nos empieza a ir socorriendo, pues las bocas de la tierra, que agua pedian, ha hecho, que se lienen regaladas de lo que estaban pidiendo. La palma en la vecindad, que le sirvió de instrumento para pedir más aprisa el rocío recibiendo, recoge por el copete lo que a la planta da luego. La mies que pidió inclinada, labrando merecimiento de su humildad por la espiga; y por la raiz, a un tiempo dos sedes está apagando, dos vidas está bebiendo: el recental, que a válidos buscaba el jugo materno, ya trueca el gemido ronco por el arroyuelo fresco. Y en fin, ya todo abundante de lo que estaba sediento, deja la angustia, en señal del justo agradecimiento que a Dios debe, cuanto está de su piedad recibiendo, en la congoja el alivio, y en la fatiga el consuelo. Lástima es que no predique, qué linda plática ha hucho! Sabe mucho el Arrobispo; mas, Padre, no comeremos? Pues tiene hambre? Estudiantina, mejorada en quinto, y tercio, de la Reverenda casta del hambre de los Colegios. Hija mayor de las hambres, con quien prueba parentesco la hidalguna hambre de Cana en la facultad de hambrientos. Hambre de convaleciente, como aguiera de perro, hambre canina, hambre gata, hambre de estomago al viento. Hambre del que no ha comido, y ve el pernil al humero; hambre de hombre miserable, que va convidado a serlo de una vez paratres meses, y lleva vacio el cuerpo. Hambre de rocín prestado, que se le vuelve a su dueño sin comer en cuatro días mas que un bocado de freno. Hambre del que está apúpilo, hambre de nula, redenptio, que es de tahurque acabó con el último dinero. Hambre de silvar con mano, que aquesta es de mosqueteros, que echan más de lo que comen a puro meter los dedos. Hambre de Amberes, que en fin esta hombre por lo extranjero, será más que la Española, y en suma hambre de tinelo; que tenida, es hambre de habres, y dicha, es cuento de cuentos. Jesús! Jesús! Qué se admira? pues no es encarecimiento, que por nuestra honra, Padre, no he dicho hambre de Lego, que no entra en la cocina; ni en la bodega, que aquestos en cualquiera hambre del mundo tienen hambre de apolento, y cuatro hambres de ventaja sobre cualesquiera sueldos. Calle, calle, . Callo, callo; más comamos. Qué es aquello? Es que mis hijas pardiez, y los cagales, queriendo festejar a su merced, este bailecillo han hecho mientras se haga la comida. Pues mientras le haga, bailemos Qué dice? válgame Dios! yo, amigo, se lo agradezco; mas diga que no se cansen. 1. Aquí está el Santo, esperemos a que hable por todos Gila. Hable Gila. 1. Los defeos de los de la venta nueva, que es esta en que está, han compuesto una danza a su merced, y unas coplillas, queriendo manifestar. 2. No va bien. que aquí no somos Barberos, ni el baile tiene hinchazones. 2. Pues que le he de decir? 2. Esto: Nosotros los de la venta viendo que por él el cielo llueve agua tan deseada, hicimos este festejo, para bailarle delante el agua que está lloviendo. Gracia han tenido. . Victor, que ha habrado como un gilguero. Ea, acaben de bailar, si ha de ser, porque me muero de hambre, y aún de otra cosilla, que la entiendo, y no la entiendo. 1. Vaya Antón, si está templado. Si está. . No paso por eso, que las ventas no consienten los melindres palaciegos: temple aquí, y entone aquí, que es muy cansado, y muy viejo, sobre ser muy mentiroso, o muy malo por lo menos en todos los que han escrito, lo de sin templar tañeron. Ya está templado. . Pues vaya. Señor, este humilde pueblo de esta manera os alaba, agradeced su buen celo. Sea bien venido el Santo Arzobispo, sea bien venido; venga notabuena a la venta nueva, venganorabuena: sea bien venido quien nos trae el trigo. Sea bién venido, . . venga norabuena, bien venido sea. Qué es esto, Hermano? Jesús que ligereza! qué es esto? Si tengo el cuerpo vacio, no quiere que esté ligero? ea prosigan. . Deo gracias. Deo gracias. . Cón su buen celo echa a perder su modestia. Ya le aguarda, Padre nuestro, una mesa, aunque muy pobre, limpia. 1. Con los paños mismos con que al señor de la venta servimos, le serviremos, que mejor que él lo merece. De quién es la venta? Fuego, es de un Don Juan de Moncada muy noble, pero mancebo de muy estragada vida, escandaloso, y soberbio. 2. Oh fuego de Dios en él, que todos cuantos le vemos temblamos, pero Pascuasa dicen no le tiene miedo. Estos si que son vasallos, y como honran a su dueño. Qué tan maso es? Mucho. Dios cuidará hacerle bueno. Vamos venga a comer, Padre. Amigo, páguele el cielo el cuidado; he mano, venga. 1. Pues hasta la mesa iremos cantando, y vaisando al Padre. Venga el Pastor bueno, que a sus ovejuelas les trae el sustento; bien venga por cierto. . Pues Fray Tálego, eso hace? aguarde. Venga por cierto. Mire que me enojaré, sino destierra el intento, que tanto le descompone: compóngase. . Y será bueno, que un Religioso Agustino trate de andar muy compuesto? Qué candidez tan sencilla! mire, no le digo eso, sino que se venza un poco. Mire, tuve parentesco con Tarquino, y así soy mal vencedor de mí mismo. Que advierta que estamos ya cerca de Valencia quiero, pues cuatro pequeñas leguas dista de esta venta, y siento que no mude natural con la mudanza del Reino; que aunque yo sé que no es malo, lo que el cuidado ha copuesto. quien le viere desatento al Religioso ejercicio, nunca le tendia por bueno. Enojado está de verás, mas yo le trocaré presto el enojo en agasajo; dos reales me dieron menos. hoy para los pobres, Padre, en su ordinario estipendio. Oh pobre de mí! y que hizo? Que había de hacer ponerlos, y dar cabal la limosna, porque fuera muy mal hecho. faltar a los pobrecitos, que los estimo, y los quiero mucho. . Por esa piedad. le perdono cuanto ha hecho, que es agua la caridad, que lava infinitos hierros: ea, vamonos. . Mámola. A regir, Señor Supremo, voy a muchos, sin saber regirme a mí; mas yo espero en vos, que me ayudaréis. al riesgo en que me habéis puesto que si es mío el temor, es de todo vos el empeño. . Que este caso haga mitio de mí? Cuál está el mancebo; él le ha venido soñando muchísimos debaneos, volver el sueño del perro; no viene a comer? . Ya voy. Yo soy el primer hambriento, que anda a buscar convidados. Paciencia, injuria, hastatiempo que se mude esta humildad; y pues he venido a esto, no eche aperder la impaciencia. No acaba? Vamos, hermano. Vamos,, que de hambre no veo. Oye, Don Juan. Que me quieres, que ya te oigo? Pues te obligo, quiero que no hagas conmigo lo que con otras mujeres. En qué te igualo a ninguna? En el trato, y sinrazón, pues paga mi estimación delitos de mi fortuna: hoy te he llamado. Y yo vengo, como ves, apreguntarte, qué intentas? Intento darte toda la queja que tengo. Como aquí así te aventuras de tu padre al riesgo cierto? Como el primer desacierto trae, Don Juan, muchas locuras. Habla, pues se resolvió la intencio, que aún no declaras, que en lo que tú no reparas, no es bien que repare yo. Me atiendes ya? No lo ves? De mi razón me aconsejo. que a mi parecer se le han de . Señora, y si viene el viejo? Ponte tú a esa puerta, ines; Mi calidad ya la sabes, pues a no ser conocida, de ella, Don Juan, informara la lengua de mis desdichas. Y no en vano este recuerdo prevengo a tus tiranías, que fueras menos ingrato, si yo fuera menos digna. De esta cual ves hermosura, sin dudapor poco vista te publicaste inclinado, entonces verdad sería que hay en lo dificultoso el no sé que, que os obliga a un deseo, verdad antes, mas poco después mentira. Cara experiencia, Don Juan, es esta en la pena mía, supuesto que mal hallada de ver lo que padecías, toda oído a tus palabras, a tu atención toda vista, toda cuidado a tu queja, toda a tu fineza envidia, (que también la emulación es circunstancia que obliga te miré, te oí, te amé: si entonces lo merecias, no se disguste el recato de que yo agora lo diga. Y en fin, pero para que quiere el dolor que repita lo que priiero que el labio diciendo esta la mecilla? No en la culpa mía ahora se detengan mis fatigas, castigada injustamente, y justamente sentida. Porque errar una mujer con disculpa tan precisa como la de amor, no es ierro; y si lo es, tiene aunque tibia, alguna razón el mío, puesto que le suaviza una creída palabra, que consiste en ser creída. Con el nombre de mi esposo, porque el tiempo nos limita las digresiones, Don Juan, halló tu traición cabida en mi honor pena intratable! que en tanta amante porfía vivió esenta a los peligros de peligros combatida. Amás, de que sirve ahora esta necia bizarría, que si se pudo rendir, qué importa estar defendida? Quien pensara que fingido era aquello que fingías? y si esto no, quien creyera que tan poco tiempo había de durar aquel incendio, que tan vivo encarecias? Pues solo de lo que ardió quedó mi mal por ceniza, padrón infame, que acuerda escarmiento en las reliquias. No de olvidada me quejo, ni de mal correspondida en cuanto a mí, ni a mi amor, que si fue influencia fija quererte yo, y olvidarme tú, muy cansada sería mi queja, y mi sinrazón, que pareciera injusticia la que es acción voluntaria; hacerla deuda precisa. El que quiere con su amor, no a que le quieran obliga, que si esta ley militara, sobraran las simpatias. El albedrío, a ninguna razón sujeto se mira, que es la voluntad, porencia en quien nadie predomina. Y así en cuanto aque te falte toda la pasión que inclinas, no hablo, Don Juan, pero hablo en el modo con que olvidas. Niega el amor norabuena, mas no la deudaprecisa de mi honor, que aquí es adonde cualquier discurso peligra. Faltar a lo que ofreciste, de grosero te acredita; yo te perdono el olvido, pero no la grosería. No hallo cabsa a los pretejtos, que con tu amor me malquistan, si no es que amante adolezca. del achaque de rendida. La misma soy, no soy otra, y está será mi desdicha, que siempre ha sido mejor la otra, que no la misma. Pero para que confundo con voces, que mal anima el pecho, y mal forma el labio, lágrimas que reprimidas del fuego del corazón a los ojos se encaminan? Para pedirle, Don Juan, a tu amor, a tu hidalguía, a tu valor, a tu deuda, y a todo lo que te obliga, siendo quien eres, a ser valedor de una afligida. mujer, que por ti padece. tan afrentosa ignominia en los timbres de su sangre, de su decoro en la limpia fama, manchada por ti del humo de la malicia, que me valgas, que me cumplas la palabra prometida, que si harás, que así lo espero, porque sino, vengativa, honrada como vo propia, airada como ofendida, bruto se re desbocado; centella, que desasida del vapor que la congela, formando en el viento líneas, aunque avisacón el trueno, hiere primero que avisa; monstruo. Ines, no meembaraces: de que da voces mi hija? Espera, señor. . Qué es esto, Violante? Habrá más cesdichas? Señor Don Juan, en mi casa? pues qué es eso? hay honra mía! tu descompuesta? vos mudo? decidme mi mal aprisa, que no puede ser mayor de lo que el ama imagina. Ay de mí! ̱. Corrido estoy. I Negociamos de cocina. No habláis no me respondéis? mas callad, que ya me avila vuestro silendo piadoso, pues aunque me martiriza la duda, es piedad hidalga no consentir que repita mi desgracia vuestro labio, que al verla er él impedida, bien en que es grande discurre. Con que en pirte agradecida se muestra a viestro silencio; pues mientras está indecisa, hay valor para pensarla, y no le habrá pira oirla. Mas para que muera al golpe de tan cruel ignominia, y no reserve el respeto quien tiene el alma ofendida. Que si el limindo aliento que me ha quedado, peligra en escuchar loque aguardo; si en eso mi muerte estriba, hablad, no me dilatéis lo que el honor solicita, que está junto a la deshonra muy desairada la vida. Como no fuera casarme, . que es a lo que no me inclina el deseo, cualquier otro partido a Don Luis haria. Mas como hombre como él, se puede pensar que admita ninguna otra recompensa? Examinemos, desdicha, con cordura este pesar. Pésame por vida mía de haber llegado a este lance; porque en Violante tenía gustosa el alma, y perderla agora, es razón precisa. Lo que importa es disculparme, pues aunque sea con tibia satisfacción, a mi ver será muy bien recibida, siquiera por la primera que he dado en toda mi vida: mas que tengo de decirle? Como, Juan, no os obliga el respeto de mi sangre, sino vuestra cortesía? Ya allí que, señor Don Luis, bien sabéis como estos días, por no sé que travesuras me persigue la justicia. Pues como agora en la calle me encontrase prevenida. tropa de Ministros, yo que sé que no es bizarría dispurar los lances, cuando la ventaja es conocida, a buen paso de la calle salí, y doblando la exquina, hallé abierto ese caguan, subí una escálera arriba, y en esta sala me hallé, por mi refugió eligida. Encontré en ella esta Dama, que al llegar vos, me reñía, dando a mi verdad cortés título de grosería, Pues de qué llora Violante? Eso Violante lo diga. No, Don Juan, causa mayor es la que a mi hija obliga. Don Luis, pues tanto apuráis, preguntadla a vuestra hija. Esperad; mas fuese, ha cielos! como sin que yo le siga? más fácil está el discurso, que si el peso de los días hace la edad perezosa, que de caduca me sirva, y en fe del peso no puedo mover las plantas, que unidas con la tierra, las detiene su naturalaza misma. No hay que admirar que me falten de más razón impedida, para aqueste desempeño, pues si el tiempo solo hacía, que no pudiesen moverse. con el peso que tenían; Como han de moverse agora, que hallan temblando, añadida a la carga de los años el peso de esta desdicha? Hay honor! di tú, qué es esto? habla; Violan te enemiga. Mas cuanto va, si la apura, que dice que yo lo diga. Ines. . No lo dije yo? Ay de mí! . Agora suspiras? agua poco ha, y ahora viento, dos circunstancias precisas son de tormenta, Violante; hay del que en ellas peligra! Ay del que en ellas se anega! Ay de quién se arromadiza! Más para que tardo, padre, que ese llanto lo confirma; pues solo un padre pudiera llorar culpas de una hija. Yo erré sin creer que erraba, que del yerro las malicias dejan cometerse antes, y mucho después avisan. Don Juan de Moncada; pero no consientas que lo diga, que aunque en el mal las más veces para que la medicina aproveche, es necesario conocer en lo que estriba, hay males de tan extrañas circunstancias tan prolijas, que embarazando el alivio, que debe dar la noticia, incapaces de remedio afligen, hasta que éxplica la duración del desmayo o del dolor la porfía. Algún indicio a que atento, el Médico cuerdo aplica remedio que el dolor sana, por lo que el dolor indicia. Mis ojos dicen mi mal, pues en ellos averiguas dos informantes, que hacen las pruebas de mi desdicha. Tarde al remedio te llamo, pero aún en la doctrina de curar, cabe el violento remedio de la sangría. Cónsulte el honor la cura, y de esta fábrica viva, que es el brazo del honor, rasgue la vena escogida; que yo, para que la punta, o amorosa; o indecisa no hierre, la guiaré con la mano, y con la vista. Muera yo de desdichada, que es en los méritos digna razón de una fatal culpa, que los hados me averiguan. Si así se cura tu honor, por áspera, o por esquiva diligencia, no te faltes al achaque en que peligras. Mi esposo es Don Juan, señor, que para disculpa mía basta, mas para ti no, porque falta que él lo diga. Cruel lo escusa, negando aquella fe prometida, que a las que estos hierros hacen sirve de disculpa tibia. Hoy le llame a convencerle con mis honradas porfías, llegaste a escuchar mis quejas, y a reconocer su altiva condición en mi desdoro, saber el mal solicitas, óyesle de mi tormento, que fue quien te le encubría. Remedio ninguno aguardo, y pues para mi perdida. está la esperanza, tú que puedes restituirla, a tu famano le estorbes tu razón, mi muerte elija, llegue el golpe ejecutivo, que para lograr sus iras, tu deshonra es quien le mueve, y quien le aguarda mi vida. Calla, calla, que me has muerto, no prosigas, no prosigas, cierra el labio, cierra el labio. Miren la mojigática. Que mal hace en las desgracias quien necio las averigua, que discurridas maltratan, mas notorias martirizan, ingrata. Tente, señor. Aparta, Ines, no le impidas; vengad, padre, vuestro enojo. No soy tu padre, enemiga; mas si soy, o este dolor de tu deshonra lo diga: no me llames padre, Padre. Qué quieres, hija? Oírte ese nombre. Oh como, aunque el honor no quería, obró el amor, mas no es mucho acción del entendimiento, en dos pasiones que lidian, que se rinda la moderna a los fueros de la antigua! o ley cruel! ley injusta! que puede una tiranía mudar la naturaleza, y que la que era caricia no ha un instante contra el gusto, satisfacción, alomenos. y contra la razón misma, porque es uso del agravio, se haya convertido en ira, que contra la voluntad enseñe a obrar la malicia? O mal recibido duelo! en que razones estribas, de la mujer defendido, y asaltado de la envidia? Hal más no tiene remedio; que lo conozca, y qué viva? y que a esta aleve pedazos no hagan las venganzas mías? o caduca el corazón, o la constancia delira, o el conocimiento falta, o el pundonor se me olvida, o no soy yo, no soy yo; mas si soy tal, y advertida la satisfacción que ve, que en la violencia peligra, comunica a la cordura, y ella al corazón avisa; y entre las tres consultando la circunstancia precisa, que tiene la recompensa en que se piense, o se diga la causa que la obligo, han decretado advertidas, que se resuelve la parte, que ha quedado defendida de la disimulación, y es muy sabia, y muy bien vista pues ya una vez sucedida la desgracia, es yerro grande, que a muchos se facilita, avisar con la venganza de lo que no se sabia, Pero una pena tan grande, ya que no halle prevenida algún desempeño elija, para que el honor no piense que el sentimiento la olvida. Y cual ha de ser el llanto, pues ya la flaqueza mía me deja la esencia de hombre, de otras armas impedida? solo este alivio me queda. Pues de que alivio me avisa tu voz? . Del llanto. No hay otro? No le encuentra mi porfía. Pues, padre, el que hay nos socorra: lloremos. . Lloremos, hija. Lloremos a puto el postre, y sepase, que Inesilla tiene su piedra de llanto en el rollo de sus niñas. Quién podrá aliviar mi pena? Quién templará mi desdicha? Fray Tomas de Villanueba, el Santo Arzobispo viva. Violante, que alivio escuchas, que introduciendo alegría en mi corazón, parece que consuelos pronóstica? pues preguntándolo al ciolo, pareció que respondía. Fray Tomas de Villanueba. No es acaso esta porfía. Quién ha de librarnos, voz? El Santo Arzobispo viva. Fray Tomas de Villanueba el Santo Arzobispo? . Viva. Viva siglos venturosos, y su llegada consiga en Valencia estos aplausos, dignos de virtud tan digna; y tú, Violante, ya puedes dejar el llanto en albricias de esta noticia dichosa. Pues qué trae esta noticia? El remedio a nuestros males. Pues cómo, si lo averiguas, no das parte del remedio a quien del mal participa? Por esa razón, Violante, y para lisonja mía, te diré en breve las causas, porque mis penas se alivian. Y también para pagarle el gusto que me motiva su llegada, que a este efecto su virtud es quien le impira, diciéndole a mí quietud, el darte aquesta noticia. Don Tomas de Villanueva, que así el mundo le apellida, por deber de su edad parte a aquella dichosa Villa. En Fuenllana, Villa pobre, pero con tal hijo rica, nació, que de Villanuena una corta leguadisto. Fue su venturoso padre Alfonso Tomas Garcia, de piedad grande atriunto de su sangre esclarecida. Doña Lucia Martinez, de calidad conocida, fue su madre; bien cumplió Tomas con lo que debía, que en si del ser de sus padres nos dejó una copia viva. Creció ejemplo de virtudes, y dado a la diciplina de las letras, fue Maestro en la sacra Teolojia. De la Orden de Agustino ocupo, aunque no quería, puestos, que siempre los Santos están mal con la codicia. Huía las Dignidades, pero si alguna admiria, fue con el pretejto siempre de su Fecaritativa, pues para dará los pobres solamente recibia. Antes de ser Religioso, en unas Escuelas mismas estudié con él las Artes, mas no aprendí su doctrina, que uno estriba en la memoria, y otro en la virtud estrina. Gocé su amistad dichoso el tiempo que la tenía, que es muy dichoso el que tiene a la virtud por su amiga. Desde Alcala, donde fue De este Alcalá, donde fue de la ilustre Casa antigua de Ildefonso Colegial, partió el Sunto a la elegida Corte de Valladolid, y yo quedé sin su vista pobre de todo el consuelo, mas con esperanza fija, viendo que pobre quedaba, de que no me faltaria. El gran Carlos Quinto, viendo de su virtud peregrina la información prodigiosa, que a su valedor le inciina, vacando el Arzobispado de Granada, que lo admira Don Fray Tomas deseó. Pero él, que reconocía los perigros del dominio, lo residió con rendidas excusas, que apadrinaron la intención que las movía. En este tiempo faltó de nuestra Arzobispal Silla. el docto Don lorje de Austrias y llegando esta noticia a la Majestad del César, advertido determina, que ocupe Tomas el puesto en que su tío regía. Quiso excusarlo Tomas, pero viendo sus continuas réplicas, el Provincial de su Religión, que admita el puesto le manda, pena de sus censuras precisas. No teniendo en fin remedio, y conociendo prolijas las defensas, se admitió en tiempo que esto publien su santidad Religiosa, Para pagar no tenía las Apostólicas Bulas, pero por el accion pía el Cardenal de Toledo, gloria, y honor de Castilla, Don Juan de Tavara ilustre, las pagó, y en compañía de dos Obispos, haciendo las ceremonias debidas, le consagró tan a gusto de todos, que aunque sentían los pobres su ausencia, viendo la falta que les hacia su caridad, de mostraban en los rostros alegría, dando por lo que el ganaba con gusto lo que perdían. Esto último oí, y tamblén que a Valencia llegaria hoy, y cuando yo contento vine a darte esta noticia, hallé mi desgracia en ti. No, Violante, no te aflijas, que también cuando los dos empezamos a sentirla, dijo un acaso no acaso, que Tomas remediaria nuestro dolor, avisando el vulgo de su venida. Dos razones solas hay para que Don Juan resista la deuda a que está obligado, o su maldad conocida, o mi pobreza, Violante, y entrambas se facilitan de Tomas con el amparo, pues no hay maldad que no rindan la virtud de sus palabras, ni necesidad precisa, que de su virtud piadosa no se vea socorrida. Y pues solo en su llegada nuestro alivio consistia, y ha llegado, cese el llanto, que de alivio nos servía; que con el remedio grande siempre el pequeño se olvida. Pues a qué aguardas, señor, si en la dilación peligra nuestro consuelo? A informarme de su llegada me guían mi mal, y mi confianza; ten esperanza, hija mía, que nunca puede Tomas faltar a quien de él confía. El cielo guie tus pasos: y en tanto, desdichas mías, vamos a llorar pesares. Tomas, a vos se encaminan estas canas injuriadas, y estas lágrimas vertidas. . Ya salí del Purgatorio, y de un hambre como dos. De, Hermano, gracias a Dios. Y al hermano Resitorio: desde que con prompritud soy santo, tengo hambre fiera, que no ai cosa que digiera tanto, como la virtud. Muchos de conciencia sana, para comer buscan medios; pero todos mis remedios son para no tener gana. Esta es virtud? no le entiendo. Pues si no se satisface, diré como. . Cómo hace? Bien fácil está, comiendo; mas porque al Convento vino, teniendo un Arzobispal Palacio, qué es casa Real? Por no enojar a Agustino, y también porque yo siento, y a todos sentir conviene, que el Religioso no tiene más casa que su Convento. Pues no ha de mudarse? Sí. . Cuando? Muy presto será. Aya resitorio allá, que lo mismo es para mí: aquí buena Iglesia tiene nuestra Religión. Hermano, en la casa de María cómo ha de haber nada malo? De la Virgen del Socorro- es el excelso Palacio esta devota Capilla, en ella me deje un rato, que quiero hacer oración, aguarde allí retirado. Padre, llamarame luego, que como reza de espacio, suele galantearme el sueño, y me le voy inclinando. Hay! pero de noche es, y nadie nos ve; durmamos; hal no puedo defenderme, porque me ha cogido echado; de este lado no está bueno, veamos de estotro: malo. No hay para el sueño en el mundo peor cosa que los lados; hallelo, así estoy mejor, que en fin estoy sobre blando, Ya, Soberana María, que por mi espíritu flaco, temiendo estoy del descuido los peligrosos asaltos. Y ya que a vuestra presencia me redujo mi cuidado, donde espero de mis dudas el venturoso descanso. Venced, Madre de la gracia. mis medrosos sobresaltos; Válgame vuestro socorro, pues invoco vuestro amparo. Vuestro Hijo, Preciosa Reina. habiéndole yo rogado, que me excusase este riesgo, gustó de darme este cargo. Cumplase su voluntad; pero yo, Señora, en tanto halle en vuestro aviso reglas de agradarle, y de agradaros: cómo acertaré, María? Deseando, descando. Deseando? si lo deseo. Ya, Tomas, has acertado, que el deseo para Dios, es el mayor holocausto. No temas, Varón dichoso, que de tu virtud guiado, tu caridad te ha traido a ser del cielo singular retrato. Voz, que me alivias, quien eres, que tu acento sobre humano, dos veces el alma alegra entendido, y escuchado? quién te envía? Yo, Tomas. Señora tan soberano favor a hombre tan indigno? Pues no me estabas llamando? Si Señora, pero al veros, no puedo con tantos rayos: dichoso el mortal que os mira, pues en Ángel transformado, en vuestra presencia trueca por lo Divino lo humano. Llégate, Tomas, a mí, porque quedes consolado, que tu amor, y tu fineza merecen este regalo, por la atención con que siempre de mi has escrito, y hablado: dime agora lo que quieres. Señora, amor para amaros, que pedir más, fuera ser a este beneficio ingrato. Pues, Tomas, para que veas, que nunca con mi amor falto al que me busca, te advierto que mi Hijo Soberano a este Reino te ha traído para refugio, y amparo de los pobres; de esta suerte lo que te quiere he explicado, pues de lo que más estimas, quiere que estés regalado; y así ordena que mañana. en tu Religioso cargo ontres, que siempre el Pastor está bien en el rebaño. Harelo así. Queda en paz. Que envidiosos van quedando los ojos de la memoria viendo que fue limitado para ellos el favor, que en ella ha de durar tanto? Espera mayores dichas. De vos, Virgen las aguardo. Padre, Padre Fray Tomas, dónde va? Qué es eso, Hermano? Se ha hecho mal? No si no bien. Jurara, a no ser pecado, que le había visto subir a nuestro Padre tan alto con su son de chirimías. Debía de estar soñando: venga. . Dónde? A recogerse. Padre mío, hasta en ser santo de esta suerte hay gran peligro. En todo le ay. . Que si acaso se descuida una apariencia, se dará un bravo porrazo. Muchos de la gracia caen. Pues. Padre, ir muy bien atado, Mañana, Dios mío, entro en la lid; pero que asalto ha de temer el que lleva a la Virgen por su amparo?
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Ya saldrá su Señoria a esta pieza. . Esperaré en ella, y vuesa mercé supla la molestia mía. Muchas veces por acá le he visto. . Sí, por mi daño. El verle así mucho extraño: cada año más viejo está. Sobre mucha edad, cruel la pena este ser previene. Jesús que de canas tiene! no pasa díapor él: se acuerda de lo estudiante? que brava vida pasamos! se acuerda cuando estudiamos en las reglas del montante? que tiempo aquel! Le desvela mucho esa memoria? . Sí: o lo que era verme a mí con mi espada, y mi rodela! tuve para maravilla, como el mundo lo pregona, siempre una espada mamona, que buscaba la retilla. Muy amigo entonces fue mío, y del Padre Tomas, más conmigo siempre más reía, y no sé de qué. Templávanse mil fatigas con las amistades llanas. O! lo que es por las mañanas, siempre hicimos buenas migas mas ya soy santo. Incurrir no quisiera en no acertar, habiéndoos hecho esperar, si algo venís apedir; y así que digáis os ruego lo que a esperarle os obliga, para que yo se lo diga, y para que él salga luego, que si es negocio en razón de los alivios que da, por valeros dejará cualquiera otra ocupación. Creolo, señor, así, pero como debe ser, aguarde el que ha menester. Pues ya me tenéis aquí. Deo gracias. Señor. . PorDios que no escuséis mis abrazos, Don Luis, que siempre estos lazo están firmes para vos: como tanto habéis dejado de verme? y nuestra amistad? Supeque la caridad os tiene tan ocupado en el piadoso ejereicio de la limosna. . Es razón, Don Luis, que la obligación cumplan todos de su oficio: mi oficio es hoy la clemencia, pues que me hizo Dios, infiero, para ser su Limosnero, Arzobispo de Valencia; y en repartir el desvelo, lo que me da ocupo, pues el Prelado solo es un Mayordomo del cielo. Y dejando esto, en que estado tenéis vuestra pretensión, que afe que vuestra aflicción me cuesta mucho cuidado? Desde que a Vuesenoria por mi amparo le eligió mi pena, ha que no sé yo nada de la pena mía; que aquí para entre los dos, el buen logro facilito, por librarme del delito de desconfiar de vos. Dios lo hará, llegaos a él. Gran modestia! Y gran virtud! Porque la solicitud de su vigilancia fiel es con voluntad Divina tan prodiga en el amparo, que siempre envía el reparo al lado de la ruina. Ausente Don Juan está, no me he descuidado yo, que solo por esto no ha venido a verme ya: presto estará aquí. Su injusta condición. . No me entendéis; si os digo que en Dios fieis, cuando es la razón tan justa, no hacéis buena conclusión; pues si se llega a mirar, Dios cómo puede faltar adónde está la razón? El consuelo que recibo, Tomas, de vuestro consuelo, nace de que mi desvelo, si muere en mí, está en vos vivo: quedad con Dios. . Esperad; estáis pobre? Qué congoja! Mas ya su mejilla roja dice su necesidad: callad, su silencio sobre: ha Señor, grande fatiga debe de ser la que obliga al hombre a decir que es pobre! bendito, Señor, seáis: Mayordomo. Que me ordena Vuesenoria? . Al instante, sin que Don Luis entienda, que soy yo quien los envía, haced que a su casa misma lleven docientos escudos, y sea con advertencia, Mayordomo, que es limosna, y limosna muy acepta aDios, que excusar al noble la honrada justa vergüenza de pedir, y el sobresalto de si le dan, o le niegan, con la turbación precisa de cuando recibe, es fuerza que se aobra meritoria, que aunque Dios que pida quiera, es fuerza que para Dios no es necesario la lengua, como es cierto, que Dios nunca al que le pide le niega: id luego al punto. Yo voy. Que no la traigan me pesa; más bien hace, que los pobres no han menester faltriquera: ponga así la capa. Qué hace? Aguarde, de esta manera. El pregúntaros, Don Luis, si estabais pobre, no sea razón para que os obligue a que discurráis en ella. Perdonadme, qué es costumbre que tiene el estilo hecha de los pobres que estos días he socorrido en Valencia. Y advertid, que es tanto el gusto que mi deseo granjea en esta palabra, y tanto lo que fio en vos, que cierta conjetura hago, Don Luis, atento a la amistad nuestra, que porque logre yo un gusto, perdonaréis una ofensa. Oigan, que no le da nada, aquesta es la vez primera que el árbol de la limosna ha llevado fruta seca. Maula hay aquí, porque el Santo no le daría con ella. Bolvedme a ver muchas veces, ya vuestra hija discreta consolad sin reprensión, pues tan cierto estáis que en ella no hay más delito que aquel peligro de la belleza. Y decidle de mi parte, que la ruego que me vea, que alguna vez de mi casa espero que alegre vuelva, si como debe, de Dios fía el peso de sus penas. Y a Dios, aDios, porque es tarde, y presumo que ya esperan mis pobres, y mis cariños padecen mucho en su ausencia. Gran Varón, vuestras palabras con tanto imperio consuelan, que al oírlas se le olvida dé su razón a la queja. Yo voy consolado a un tiempo, y admirado de que tenga tal fuerza en mí su virtud, que mis pesares suspenda. Por aliviarle, mi afecto de la razón de su ofensa, busca distintos caminos; Señor, avos se encomienda esta obra, y que buen logro en ella de vos se espera! Fray Tálego. Padre mío, Deo gratias. Con esa flema se está? no ve que ya es hora de que a su limosna vengan los pobres que le encargué? Ya voy, Padre; mas quisiera pedirle una cosa. . Diga. Un soldadillo de tema, que sirvió al Rey de palabra en más de seis mil refriegas, entre los pobres acude con tan pícara insolencia, que lo que en mi es caridad, ha dado en decir que es deuda. Estoy con él a matar, y así le pido licencia para desquitar las voces, que me quiebra la cabeza. Y cómo ha de desquitarlas? Cascándole con la ortera. Jesús, Hermano! eso dice? a un pobre, que representa de Cristo en su Pasión santa la humildad y la modestin, tiene ánimo de ofender? No lo creo, en penitencia del mal pensamiento, Hermano, mando que cuando le vea, a sus pies puesto le pida humilde perdón: y advierta su caridad, que aunque en todas las virtudes se granjea para conDios, la razón de granjearse más en esta, es la de las circunstancias que trae en si la miseria del pobre, pues aunque atento ruegue, cansado molesta, pasando su mendiguez tal vez plaza de soberbia. Oh miseria humana! así el impaciente lo piensa: y que mal hace, pues cuando verse como él no pudiera que si puede, por lo menos la virtud desaprovecha de un acto, que trae consigo doctrina, donde se enseña, que no tiene caridad el que no tiene paciencia. Al pobre se ha de sufrir, si tiene, que Dios lo muestra sufriéndonos a nosotros, siendo tal la diferencia de Dios, y de lo que sufre su amor, caridad inmensa, pues solo un hombre en un punto hace a Dios mayor ofensa; que a un hombre todos los otros hombres del mundo pudieran, y sufre Dios, y perdona; pues porque la impiedad ciega no ha de sufrir al que adios retrata con tantas señas? Pobre de mí! yo sin duda tengo culpa de que él sea impaciente con los pobres, claro está; por Dios que vuelva por sí, y si acertar procura el camino de la enmienda, no tome ejemplo de mí, Hermano, de Dios aprenda. En un puño me ha metido, ira de Dios cómo aprieta! Qué responde? Padre mío, yo soy un pobre babieca, y no lo haré más: si así no le atajo, en mi conciencia que corren mucho peligro sus pobres asentaderas, que es estilo en su virtud, por travesuras ajenas hacer penitencias propias: y qué bravos se los pega! No manda en fin nuestro Padre, cuando al soldadillo vea, que le diga que perdone? De rodillas. . Norabuena, como yo no le de nada, sea de cualquier manera, Qué dice? cómo no darle? Pues válgame Dios! no ordena que le diga que perdone? . Sí. Pues aquesto allá en mi tierra se dice para no dar. Eso pretendo que vea explicado, pues es tanta la acción que a pedirle queda al mendigo, y es tan suyo lo que pide, que el que muestra menos caridad con él, que le perdone le ruega; y como en satisfacción de no pagarle su deuda, hasta el no bueno le pide perdón de lo que le niega. Que en fin le tengo de dar? Pues no? Dónde? en la cabeza? Su simplicidad corrija, y con humildad extrema le pidaperdón. . Si haré, Padre, más si me le niega? Porfíe. . Yo con los pobres porfiar? Dios me defienda. Vaya, que es hora. . Deo gratias. de vos tanto os defemeja, Vaya muy en hora buena. Yo he de ausentarme. No tengo por acertada la ausencia. Si de este modo me trata, que hay que esperar? Qué contienda es esa, sobrino? Nada, señor. . Esperad afuera. Yo, señor? . No digo a vos. Ya te sirve mi obediencia. Limosnero, esperad; antes me decid, por vida vuestra, si han acudido los pobres ordinarios por su renta? Si señor, y algunos más. Muy en hora buena vengan; pero mirad que ninguno sin llevar algo se vuelva. Harelo así. . Andad con Dios. Raro ejemplar de clemencia! Qué querrá agora mi tío? fin duda advertido intenta deseñojarme, pasando a otro lustre la bajeza de mi estado, y de mi traje: la conjetura es discreta, que después de tantos días, lo demás sinrazón fuera. Sobrino. . Vueseñoria da ese nombre, a quien afrenta habito tan vil, que aún es muy humilde para gerja? Sí, sobrino, y la razón de llámaros así sea esa que contradecís: pues si tenéis advertencia, cuando vuestra presunción os abona ese sayal; pues os da la providencia en su humildad de mi sangre las más conocidas señas. Desde que en Valencia estáis vivís sin gusto, y quisiera, pues la ocasión ha llegado, saber, sobrino, la queja que podéis tener, decidla, que quiero satisfacerla. No os estorbe mi respeto, hablad, que yo os doy licencia; solos estamos los dos. Buena ocasión es aquesta para hablar claro: mi tío mi justa razón entienda. En qué os suspendéis? hablad. Señor. . Decid. Pues me aprieta vuestro precepto. Acabad. . Oíd. Ya mi oído espera. Vuestro sobrino, señor, me llama toda Valencia, reconocido por tal; pero en la Dignidad vuestra no concuerda el parentesco, pues solo en lo que concuerda, es en la miseria humilde de ese habito, y de esta gerja, con que solo parecemos parientes en la pobreza. entrasteis en vuestro oficio con caridad tan atenta, que el Limósnero de Dios os llama la piedad cuerda, ninguno en vos halla nunca sino más de lo que espera. No solo dais a los pobres las limosnas que desean, sino para descansarlos, también les pagáis las deudas. Nadie habrá que esta piedad culpe, pero habrá quien crea, viéndome a mi desvalido de lo que en todos se emplea, o que os descuidáis en algo de cumplir con la clemencia, o que hayr azones por donde yo, señor, no la merezca. Y puede ser, puede ser, pero mis pasiones ciegas no las discurren, si acaso mi suerte no las engendra. Viéndoos tan pobre el Cabiido, que autorizado os desea, para alhajar vuestra casa (mal se reconoce en ella) pues no pasan sus adornos de una cama, y dos esteras, seis mil ducados os dío, y vos sin conceder treguas a vuestra necesidad, con estimación discreta al Hospital General los disteis, diciendo, que era mayor agradecimiento para quien os lisonjea, darlos vos, que recibirlos, lo que hace de diferencia lograr una vanidad, o enmendar una miseria. No hay en fin precisa, o no su necesidad parezca, quien a vuestra caridad muchos socorros no deba. No hay quien de vos no se valga, y no hay quien en vos no tenga tan colmados los alivios, que sobornen a las quejas. A nadie, sino a vos solo, faltáis, y a mí, no parezca réplica de mi ignorancia, la que es de mi afecto enmienda. Bien pudiera vuestra mano socorrer, y bien pudiera sufrir vuestra autoridad lo que manda la decencia, De vos, y de mi quejosa nuestra sangre se lamenta, viéndome a mí en este traje, y en vos el que solo muestra, dificultad a la vista, pues del tiempo a la contienda, ni lo que fue se distingue, ni se sabe lo que sea. Dircisme que al profesar la castidad, y obediencia, de pobreza hicisteis voto, y que así vinis en ella. No os quiero contradecir, aunque sabéis que pudiera vuestro diferente estado dar excepción a esta Regla. Que vos seáis pobre os manda la razón, o la modestia; pero que razón, señor, hay para que yo lo sea? Y si la ay, cuando a los pobres alivia vuestra clemencia; porque ha de negarme a mí lo que a los otros no niega? A todas horas, señor, tienen las puertas abiertas los pobres en vuestra casa; pues porque a mí se me cierran? Mirad que es grande consuelo, señor, que entre dos herencias no herede vuestra virtud, y herede vuestra pobreza. Ser pobre, y sufrirlo, es dicha; pero no sufrirlo, es pena: yo no hice voto, señor, y siento que lo parezca. Perdone, pues me obligó vuestro precepto, y atienda Vueseñoria a su sangre; y sino, deme licencia de ausentarme, y no discurra, que a esto la ambición me fuerza; que yo reconozco en mí, que es difícil en Valencia templar este afecto honrado, que ya que preciso sea ser pobre, menos indigno será serlo en Villanuena. Mucho me he holgado de oíros, sobrino, porque sintiera que de mi queja tuvieseis, y os ausentaséis con ella: quedaos algo que decir? Nada que decir me queda. Pues a mí si cuanto a vos porque llevéis satisfecha la voluntad en la parte que os toca, que hablar me queda, que en lo que tocare a mí; a Dios le daré la cuenta. Vuestra queja solamente, sobrino mío, se encierra en ese vestido humilde, y cierto que justa fuera; si hunierais traído otro mas rico de vuestra tierra. A acompañarme venisteis de aquesta misma manera; pues de que ahora os quejáis, decid me por vida vuestra? Soy yo más de un pobre Fraile, a quien Dios ha puesto en esta carga pesada sin él, y con Dios carga ligera? No, no soy más, claro está; pues siendo de esta manera, en que se funda el discurso, que de mi aguarda riquezas? Si esto que aquí me da Dios, a mi dado me lo hubiera, razón tuvierais, sobrino; mas que de los pobres sea, y que vos lo pretendáis, es ambición indiscreta. Pues aunque en mí veis que está, es de pobres esta hacienda, que yo solo vengo a ser un cobrador de sus rentas. Decir, que también sois pobre, no es razón que me convenza; socorraos a quien tocáis, que cumpliendo con mi deuda, esto que yo cobro es de los pobres de Valencia. Pareceos que será justo, que por vuestra conveniencia falte yo a mi obligación? Dios por su bondad inmensa no lo permita, y que vos, Caballero a costa ajena, vano del yerro de entrambos, calcéis ambar, rompáis seda? No, señor, no pensáis bien, nada es mío por mi Regla, y por mi oficio; sobrino, no es vuestra pasión discreta: y el que se queja sin causa, o aprenda razón, o aprenda a saber de sí que debe quejarse de que se queja. Que para los pobres yo orden quee estén abiertas las puertas a todas horas, es obligación, es deuda; suya es la casa, no mía: y siendo así, extraño fuera, que para entrar en su casa nadie pidiera licencia. Que ande desnudo, ande roto, y que el Cabildo lo sienta, es lo que solo me aflije; pues aunque más lo defienda, si porfía, ha de vencer, y sentiré en mi conciencia, que vuelva a instar suporfía, temeroso de que venza, que en un Fraile, los adornos mas que galás, son afrentas. Esto es cuanto a esto, sobrino: y agora cuanto a la ausencia, es cosa muy ajustada sea luego, y no se pierda empo en vuestro desengaño; creedme que me pesa, si el suceso de este lance, y el motivo que le fuerza no le tuvisteis pensado siempre de aquesta manera. Y pues solamente falta algún socorro siquiera, que desde aquí allá os alivie: Mayordomo, oíd, cincuenta ducados a mi sobrino le dad luego: yo quisiera poder daros mucho más, pero aún esto no dispensa ser ajenos: y Dios sabe cuando de mi propia mesa, y de mi sustento propio se descontarán, que en esta confianza me he atrevido, porque de otro modo fuera quedar muy desconsolado, y aventurar mi conciencia: dadme los brazos. Señor, un Caballero me ordena, que a Vuesenoria diga, como padece una extrema necesidad. . Aguardad, que primero es esta deuda: dele, Limosnero, al punto veinte escudos; no quisiera que no que de socorrido: Limósnero, dele treinta. Haré, señor, lo que mandas. Sobrino, hacedle que vuelva. Ya estoy aquí. Yo he pensado, pues un hombre con nobleza pide, y a esta hora, que es grande su necesidad; cincuenta escudos le de al instante, que aunque puede ser que tenga con menos harto, también puede ser que no, y en esta duda es mejor que le sobre, cuando así apensar se llega, que es ponerle al afligido es alivio en contingencia: vaya volando, hijo mío. Voy. . En nada se detenga, con alas adar aDios, o al que a Dios tanto semeja: y agora, sobrino. . Ablorta de su piedad verdadera me tiene el alma: ya estoy delante de él con vergüenza: parece que se ha templado. Agora. . Señor. . Bien venga vuesa merced; como siento que nadie esté aquí, más de esta manera he determinado: y agora, sobrino, sea este abrazo, no por mío, de alguna estimación vuestra; de que me halle prevenido, doy a Dios gracias inmensas. Tomad, y creed de mí, que siento mucho que sea tan poco el valor que tiene; mas Dios me prestará fuerzas. para hacer mucho por vos en mis pobres penitencias. Socorriome su piedad: hay tan extraña manera de caridad! . Su virtud llena el alma de tristeza. Señor, yo. No hable palabra, yo rogaré a su Excelencia lo que me pide; mañana por acá vuesarced vuelva o en habiendo menester a hablarme en esta materia. Admirado, y socorrido voy de su gran providencia. Y vos, sobrino, id con Dios: Mayordomo, no detenga a mi sobrino, y allá contaréis en Villanueba lo que conmigo os pasó, para que ninguno entienda de mis parientes, que en mí le aguarda ninguna herencia. Vuestra bendición aguardo. La de Dios os toque en ella. Pobre me vuelvo a mi patria, mejor muy rico dijera, que quien tiene esto en su sangre, mal envidia, mal desea, Ha Señor, que desvelado esta autoridad me tiene! mas no importa, si conviene que yo esté desconsolado. Servios vos del sacrificio que os hago en aqueste empleo, que esté para mi deseo será el mayor beneficio. Don Juan de Moncada pide licencia a Vueseñoria. Entre al punto; mi alegría con mi cuidado se mide. Ya está aquí. Qué me podrá querer a mí el Arzobispo? Vueseñoria me de su mano. Muy bien venido seáis: llegada mis brazos, que os aguardan prevenidos. A saber lo que me manda, hoy que llegué, en su servicio vengo aquí. Qué suplicaros tengo. . Pues decid. Ya digo: Señor Don Juan, ya sabéis, como soy de serlo indigno Arzobispo de Valencia. Si señor, ya lo he sabido, Según eso, perdonadme: también sabréis que mi oficio es de Pastor, y el Pastor siempre más tierno, y más fino todo un rebaño aventura por el recental perdido. Bien sé eso; y también sé que en eso me dais aviso de cumplir con vuestro puesto, y de haberme conocido. Sí, Juan. . Y qué queréis? Eso decís? reduciros. A mí? de quel no es mejor al verme tan perseguido, qué reduzcáis al Virrey? pues por tan poco delito, como cuatro travesuras, (que harto es si llegan a cinco) honradas, y tan honradas, que con mi sangre he medido, no me acuerdo que jamás de ellas me haya arrepentido, me persigue de manera, que a todas horas conmigo hacen sus persecuciones, aumentos a mis delitos. Si, mejor fuera hacer esto, y no intentar, Padre mío, molestar con reprensiones. a un hombre que está ifligid: ved si mandáis otra cosa. Intratable está este risco; pero Dios le ablandara: . Oíd, seamos amigos, nada quiero más que veros, y advertiros de camino los peligros de una vida, que con tanto precipicio corre al fin desesperada, sin recelar los peligros. En que se funda lo humano, si en solo un instante mismo truecan la vida, y la muerte un cadaber por un hilo? Queréis de la lozanía, y del restante distrito de la vida ver los plazos? pues mirad con los oídos. Nace el hombre, y los sustos de la vida toca al nacer, en lágrimas bañado; pasa a la juuentud. y descuidado, la circunstancia con el llanto olvida. Llega a mayor edad, y defendida su gravedad apenas de un cayado, mueve la planta en círculo pesado, para volverla adonde estaba alida. Enferma el hombre en fin, que prevenidos. naturales efectos le dan guerra, como si de él vivieran ofendidos. Ya se levanta el pecho, ya se cierra el paso de vivir, ya los sentidos están sin uso, ya es el hombre tierra. Estremecido le escucho, Pues siendo así, quien altivo, cuando esto es lo más durable, no lo tiembla menos fijo? mirad que a Doña Violante. No prosigáis, nada miro, mas de qué para esa deuda tengo ciego el albedrío. No la debéis? . No lo niego. Pues como desconocido no la pagáis? No lo sé, pero sé que así me libio, de una extrañeza, que en mí habiáis introducido. Pues qué intentáis? Ausentarme. Si habéis de volver, el iros de que aprovecha, Don Juan? Cómo volver? Yo os lo afirmo. A escucharos? Sí, a escucharme. Es muy rebelde mi brío, y muy remisa mi culpa. Pues qué resolvéis? No oiros. Mirad que hacéis mal. A Dios. . guisado verde es, Vuelvaos su poder Divino, , Es verdad. Saquen al pobre tullido con tiento. 1. Ya viene aquí. Sientenle. Aquí junto a mí. Qué puntual ha venido. temblando me está de miedo, que le parece? . No puedo. decirle mi parecer. Cómo por mí no comienza? Dice bien por vida mía, Que he servido en Picardia treinta años. Y en desvergüenza. A mí, que con alboroto, por no sé que distensiones rompí un tercio de Balones? Y esos son del tercio roto? tome el sordo. Que está gordo? Ya empieza su desatino. O! pues si tiene tocino, no es mucho. Bien oye el sordo; el corcobado no entienda que ha de llevar, no me pida hombre que toda la vida trae a cuestas la merienda. Tan malo es el corcobado? No es malo, y es sinrazón no pasarle su ración a un hombre bien inclinado. Bien como de todo yo. Ya yo lo sé. Lindo día! Y cuando llega la mía? Apare, que ya llegó; la panza lieve el soldado. Verde? aquesta es caridad. Más parecia esperanza. Discreto anduvo en traello. Avialo yo mandado. Mas qué es esto? Qué ha topado? En el guisado un cabello. Dígame el Padre:a mi ver, . . Mudele el nombre al guisado, que en eso nada se pierde, si antes fue carnero verde, sea agora cabellado: abra el . Agradecido estoy de su proceder. Tome, hermano, que comer lo puede, a ser un cullido. 1. Fray Tálego. 2. Fray Tálego. Digan, hay tal taleguear? qué quieren? Que vuelva a echar. Aparen. No es malo el Lego; pero no puedo sufrir que Fray Tálego se nombre, siquiera porque es buen hombre; y así gustaré de oír de que procedió el encanto de su nombre extraordinario, pues en todo el Ralendario no hallo nombre de ese Santo. Dígalo. . Con gusto igual Fray Tal me llamaba yo, y uno a mí me preguntó; quién es aquí el Padre Tal? en Latín respondí, Ego, y los que allí lo escucharon el Tal, y el Egojuntaron, y me llaman Fray Talego; Pero con bravos alientos engullen; diéronme palo, ven aquí por lo que es malo contar en la mesa cuentos: de lo que ha quedado den a quien les da todo el año. Padre, en los nidos de antaño: ya me entiende. Pues. . Amén. Pero aún le quedó al tullido: esto tiene aquí, y callaba? con esto se descuidaba? Pues no ve que no he comido? Pernil, que me maravilla, en Valencia el alma arroba, que como hay tanta algarroba, es pernil de algarrovilla. Eso la Iglesia me manda? Esto; señor, ha pedido, viéndoos con ese vestido. Justa será su demanda, aunque yo mayor aprecio hago de este habito roto, que de otro sano, deboto de la humildad del desprecio; pero haced que traigan luego de que hacer otro, y dad gusto al Cabildo, que es muy justo, Yo voy, señor. Fray Tálego. Viome, tomo mil azotes. No responde? . Padre, no. Por qué? . Padre, porque yo no respondo a Sacerdotes. No se puede levantar? Pues, Padre, bien ha comido. Señor, como estoy tullido, sino me llega a ayudar algún piadoso, virtud no tengo en manos, ni pies. No se desconsuele, pues, que Dios le dará salud, pidásela confiado, porque su poder le asombre, y levántese en el nombro de Cristo crucificado. Padre, Padre. . Ya sanó. Besar sus pies solicito. Si se descuida un poquito hago este milagro yo. Prodigio grande! No esté de esa suerte, y obligado a Dios, que salud le ha dado, por mí las gracias le dé. Ya no hay que volveracá por limosna. . Porque no? Padre, porque ya lano. Su limosna aquí tendrá hasta que alivio le sobre, y con el mismo cuidado; porque aunque Dios le ha sanado, aún queda en el ser de pobre: reparta la cantidad que le tocaa cada uno. Venga, y no sea importuno. Págueos Dios la caridad. 1. Y como hemos menester os guarde. Dios os aliente. Venga él, aunque reviente, su porción he de beber. Ya está aquí de que se vista Vueseñoria. Por cierto que os hubiera agradecido que no volvieseis tan presto: que en fin he de mudar traje, y me he de vestir de nuevo, dejando este roto, y pobre vestido, qué reverencio? No soy yo bueno sin duda, pues cuando imitar pretendo la virtud, estorbos hallo: en Adán está el ejemplo, pues le dejo Dios desnudo, la distancia en que fue bueno. Pecó Adán, ofendió a Dios, y se hubo de vestir luego: no sea así yo, Señor, quitadme este desconsuelo: y de qué me he de vestir? Aquí, señor, os traemos una pieza de damasco. No prosigáis, presto, presto echadla de casa, andad; un Fraile damasco? bueno! no nos faltaba otra cosa; y que dijera con eso la razón, sino que yo traía al delito atento, muy desaliñada el alma, y muy adornado el cuerpo? Un Arzobispo, señor. No hablemos palabra en esto, que esa es la causa mayor, que siendo Arzobispo, es cierto que soy Pastor, y el Pastor que quiere no hacer desprecio de su oficio, en el amante, rendido, amoroso, y cuerdo, de lana se ha de vestir para imitar al Cordero. También de raja una pieza con ese conocimiento viene aquí. . Raja? tampoco, un paño tosco, y grosero basta para mí, señores, y aún ese apenas merezco. Vuestra Ilustrísima mire que se ofenderá de aqueso el Cabildo. . Qué decís? raja ha de ser en efecto? Lo más honesto es de raja. De nada es lo más honesto; pero sea, pues Dios gusta. Llegue, lléguese, Maestro a su llustrísima. Es fuerza quitarse el habito negro. También he de relajar la orden que reverencio de mi Padre? qué dirá? Fuerza es, señor. Obedezco. Señor, aunque la vergüenza me embaraza; y el respeto, la necesidad me obliga: sabed que dos hijos tengo tan desnudos como yo, causa de que en muchos tiempos no salgamos a la calle: a Vueseñoria ruego que de nosotros se duela. Harelo, señor, por cierto, que a buena ocasión llegáis, y sabed que me habéis hecho el mayor gusto del mundo, que estaba en un grande aprieto. Ya por la raja han venido, id, Mayordomo, al momento con este hidalgo, y haced que de ella le corten luego los vestidos que cupieren: y luego que esto esté hecho, concertaréis las hechuras, y vendréis por el dinero. Señor, vuestros pies me dad. Levante, señor, del suelo, y crea que de los dos, yo vengo a ser el que debo. Ved que ese habito, señor, está roto. . Así le quiero: id que yo le compondré. No tiene ejemplar su celo. Dejadme solo. Dios guarde a Vueseñoria. . El mismo sea en vuestro abono. . Santo es de admirables ejemplos. Ya, Tomas, solos estamos, y pues os precias de atento, con la humildad, no dejéis la ocasión en que os han puesto. Roto está vuestro vestido, y siquiera por el tiempo que os ha honrado, es menester ayudarle; si por cierto, Señor, Tomas os invoca con este acto, pidiéndoos favores, que le confirme este humilde rendimiento. 1. Ya es tiempo, Varón dichoso, de que se conozca en ti, que quien ama a su Criador, amando será feliz. 2. Ya es tiempo, Tomas ilustre, de que se conozca en ti, que los premios que deseas, los llegues a conseguir. 1. Yo soy Espíritu puro, que vengo a aliviarte aquí, obediente a los preceptos del más cándido lazmín. 2. Yo soy aquel que te asiste, y siempre tendrás en mí un amigo que te guarde del más cauteloso ardid. 1. Toma estos habitos sacros, que del más hermoso Abril le mezclaron los colores, para que puedas lucir. 2. Ya, venturoso Tomas, en nosotros el Supremo Señor responde a tus voces. 1. Ya premiando tus afectos, este favor soberano te hace. . No le merezco; mas su voluntad Divina labra mi merecimiento. Cobarde quedo, Señor, no sé que os digan mis miedos. 1. Dios te asiste. En mi humildad padece mi desconsuelo. 2. Queda en paz. . Bolved: aDios celestiales Mensajeros. Gran favor, Señor, es este, que a vuestras finezas debo; mas como se ve que soy desagradecido, y necio, pues muestro en lo temeroso indicios de no contento! Sin duda, Amante Divino, está gala me habéis puesto, para que os agrade más, y aunque es más el amor vuestro, desnudo os quiero yo a vos en un sangriento madero. Pues como a mí me buscáis para vuestro amor aseos? de esta manera os adoro? porque galán habéis puesto de los adornos del mundo a quien busca los del cielo? Vos, Señor en esa Cruz desnudo el hermoso cuerpo, herido el bulto Divino, y el blando costado abierto? Vos las dos hermosas manos clavadas, y los pies tiernos, aún más de la ingratitud, que del metal desatento? Vos de espinas coronado, y yo de aplausos? qué es esto? no, Señor, la Diguidad que no os imita aborrezco. A mi humildad, gran Señor, me restituid, no puedo sufrir los aplausos, cuando de esa manera os contemplo. Y si acaso vos gustáis que de vuestro amor lo infiero) conservarme en vuestro estado, Dios piadoso, por lo menos, o por lo más a esa fuente se laben mis desaciertos. Lleguen mis indignos labios a su abertura; sed tengo, sed tengo de vuestra gracia, permitid que llegue al centro de ella, en ese rubihermoso tomen mis alivios puerto. Llega, Tomas, qué Dios quiere S permitirte este consuelo, llega al costado de Cristo. Ya, Nuncio Divino, llego. 1. Bebe, Tomas. . Qué regalo! Dime si estás satisfecho? Sí, que la gloria lo hace. 1. Pues porque quedes contento, sube de aqueste traslado a ver el Divino Dueño, que este favor al que pide, añade. . Mortal, qué es esto? tu ver aDios? 1. Sí, Tomas, que esto merece tu celo.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Han mandado ya juntar a los pobres? . Advertido Fray Tálego, he presumido que a todos los fue allamar. Pues adornen mientras viene con aliño este aposento, y a todos pongan su asiento. Notables cosas previene. Todo de su santidad es ejemploprodigioso. A mí me tiene dudoso tan extraña novedad. Que pocas veces ha sido ni llamado, ni escuchado el pobre, mas sea llamado, pues es de Dios escogido. l ̱ Hay tan graciosos aliños? no os cansáis de atormentarme? muchachos, queréis dejarme? Qué es eso? Un juego de niños. De dónde son? llegue aquí. De lápila se han llamado, y se les ve en lo pesado desde que andan sobre mí. Hay tal lástima! aflígidos los tray, no los hagadaño. En la piedra caen este año muchachos como llovidos. Que sea tanta la pobreza, que se halle un padre obligado a esto? el mundo está acabado. Antes parece que empieza. Adónde los recogió? Unos en la calle hallaron, y otros en casa entregaron. Dios su inocencia miró. Este de aquí, que convida a risa por lo entecado dijo, que se le había hallado hoy una mujer perdida. Y este, que en llorar prolijo, no halla cosa que le cuadre, juzgan que no tiene padre, pero él bien se ve que es hijo. Esta es niña, y no se aliña, ni se deja componer, porque debe de saber ya que es una mala niña. Estotro es vizco, y ha dado, aunque más esfuerzos he hecho por llevarle aquí derecho, enque ha de ir atravesado. Cuide de él. Lindos despachos. Que es Ángel debe advertir. Yo siempre he oído decir, que son diablos los muchachos. Ea, prevengales camas mientras sus amas les tray. Por haberchiquillos, hay criadas que sirven de amas. Llevelos. . Ya me provoco a rabia, que un hombre honrado, de muchachos rodeado, haya de andar como un loco? . Quién vio mayor confusión! Quién vio afecto más piadoso! Su espíritu fervoroso causa envidia, y devoción. Aquí está. . Mi mal sosiego con verle. . Seáis bien venido, señor Don Luis. Yo he cumplido vuestro mandato, y hoy llego en la palabra fiado, que me disteis, sin dudar, que en esta casa he de hallar el alivio a mi cuidado. De la pena con que estáis la mucha razón infiero, y muy presto en Dios espero, que bien de todo salgáis. Yo, señor, cuando afligida mi error lloro en tal desvelo, solo me queda el consuelo de ser de vos defendida. Violante, si Dios ordena que padezcáis, sedle vos agradecida, que Dios os da el remedio en la pena. Y ese llanto repetido, algún día aprovechado, aunque le habéis derramado, veréis que no se ha perdido. Ya vuestra promesa en mí nuevos alientos despierta. De Dios fío, que hará cierta la palabra que yo os di, y aún espero que esté ya cerca el plazó, en que logrados se han de ver vuestros cuidados: volveos, Don Luis, por acá. Toda mi esperanza fundo en vos, Revienta, y llora; vienes al mundo tu ahora, y echarme quieres del mundo? Con quién habla? Oiga el reclamo de la niña, que muy dama, ha dado en no querer ama. Cómo? Cómo querrá ya amo; mas ya quedan satisfechos. Adónde los ha dejado? Dos mujeres han tomado su regalo muy apechos. Yo a cuidar de ellos iré, prevengan aquí entretanto lo que he dicho. Ejemplo santo muestra cuanto en él se ve. Partid Don Luis, sin recelo; que todo se de ha de acabar muy presto. Que ha de negar por tu intercesión el cielo? Como infalibles verdades sus razones he creído. Oiga, Ines. Diga, Hermanito. Entiende de santidades? Porque lo pregunta? Siento que la quiero un tanto cuanto, y no sé yo si al ser santo puede hacer impedimento. Tal dice? su error condeno. Siendo fea, culpa fuera; mas si es buena, no pudiera quererla yo por lo bueno? Jesús! Pues de qué se espanta? Perdido está. . Hay tal porfía! Qué es eso? . Nada decía alues, que Dios la haga santa. Vamos, Violante. . Rendid a vuestras plantas, señor. Jesus! alce, hay tal error? a Dios de esa suerte pida. Quién vio más piadoso celo? Agradable hace el pesar. Dadnos, señor, a besar la mano Guardeos el cielo. Qué me responde? Está ciego? yo le había de querer? Tú eres la primer mujer que no ha querido a un Tálego. Diga, Hermano. Qué pregunta? Llamó a los pobres? Ya están avisados, y vendrán; más que han de hacer? s. Una Junta. Los pobres en lunta? ay tal Consejo? pues que razón han de dar ellos, que son unos hombres sin caudal? pero bien fue haber llamado al soldado, si eso ha sido. Pues por qué? Porque he sabido que vota bien el soldado. Nadie puede penetrar a Tomas Varón notable. Es un prodigio admirable de virtud. . No hay que dudar: es notorio, mancos, cojos lo publican libremente, y hasta un ciego impertinente se lo hizo verpor sus ojos. Enfermos de vicios llenos cura, y con llegar sus manos, no solo los dejasanos, mas también sanos, y buenos. No hay pobre que de él no cobre lo que pide, y aporfía suelen entrar todo el día, y él siempre dale que es pobre: mas ya presumo que sale. Temor causa, y reverencia. Dechado es de la paciencia. no hay quien su virtud iguale. Fray Tálego, ha repartido su limosna? Un manco hadado en que a fuerza de arrastrado por él he de sertullido. Pues por qué? Porque sediento de su limosna importuna, aunque le hayan dado una, pedirá de una hasta ciento. Socorra al manco por Dios, dijo, y yo respondi: hermano, no pida por una mano, si ha de recibir por dos. Volvió otra vez, y enfadado le dije: Acabar intentas; hombre, como no escarmientas con las veces que te he dado? Vueltos los ojos en blanco me mirava, y alargó la mano hacia a mí, mas yo no le di, y quedose manco. Pues eso llegaa enojarle? siempre que oiga porfiar al pobre, vuélvale a dar. Eso es porfiar, y dalle. Su poca piedad arguyo. Sepa, pues tan mal se mide, que nadie que allí lepide, pide más de lo que es suyo, Y el que lo está repartiendo no tiene licencia, o mando, sino solo para irdando, como le fueren pidiendo. Aprenda estos desengaños: mas que ruido es ese? . Son los pobres. . En ocasión llegan: pongan esos escaños. 1. Que nos querrá? 2. No sospecho su intento. . Mire el soldado por cuanto hubiera faltado. En qué somos de provecho? Cubranse, hermanos, no estén de esa suerte. 3. Pues, señor, no miráis que fuera error? Ea, siéntense también, que hemos de tratar aquí un negocio harto importante. 1. Pues no veis. Pase adelante: llegue el corcobado allí: ea, vénganse a asentar. 2. Pues eso habemos de hacer? Señor pobre, obedecer le mandan, que no mandar. Que se acomoden espero. Siéntese que está encogido? bien se le ve que no ha sido soldado. El más ruin primero. 3. Esto es fuerza. . Hay confusión mas nueva! Hay tan raros modos! Falta alguno? Aquí están todos. Pues oigan con atención. Ya sabéis que Carlos Quinto nuestro Monarca, defensa de estos Reinos, y coluna de la Catolica Iglesia, en la Dignidad que estoy me puso, y aunque desea obedecer, no mandar mi voluntad, le confiesa esta obligación por grande; pues si él debió en su conciencia poner el cargo en quien tuvo confianza, y no cumpliera de otra suerte, cuando a mí me sujetó a esta obediencia, sin duda me juzgo digno, y aunque no lo soy, me empeña en fe de su confianza a reconocer mi deuda. Esto es cuanto a mí, que en cuanto contra Dios, siendo nosotros a mi oficio, la grandeza mayos, el mayor blasón que me ilustra, y que me alienta es ser un criado vuestro, en cuyo poder las tentas que el cielo os reparte, están depositadas, y de ellas no puedo usar como mías, antes de lo que me entregan, en el tiempo del descargo me han de pedir cuenta estrecha. Supuesta la obligación que al César tengo, y supuesta en los preceptos que os digo la razón de mi pobreza, oíd ahora el intento, que yo cumpliendo ambas deudas, y el que de leal se precia, servir al César procuro fin de fraudar vuestra hacienda. Su Majestad, Dios le guarde, me da aviso de que espera sobre Ibiza una Armada de Turcos, y que recela algún adverso suceso, para cuyo estorbo intenta hacer un fuerte en la Isla, y porque más presto sea el socorro, a mí mepide, que le preste de las rentas de este Arzobispado vuestro, veinte mil ducados; pena me da el decirlo! y qué hará que de sus fincas más ciertas puntualmente se pague antes que todo esta deuda. Aquí justamente iguales ay dos causas; la primera, es ser negocio que toca a defender nuestra Iglesia; pues cuando el Turco obstinad tiene allá quien le obedezca hijos suyos, será afrenta que Dios contra el Turco acá no tenga quien le defienda, La otra, pedirlo el Rey, que si el Rey acá en la tierra representa a Dios, y Dios nos manda que se obedezcan sus preceptos, claro está que de la misma manera al Rey se ha de obedecer, sin que nuestro ingenio atienda a conocer de las causas que le mueven, o le empeñan. Pues si el Rey pidieramas de lo justo, también fuera culpa negar lo que pide; con dar lo que tiene cumple, y si a tanto el Rey le aprieta, no yerre nunca el vasallo, que el Rey él verá si yerra. Yo de mi parte no tengo otra cosa con que pueda ayudarle si no solo este afecto que me alienta, con él os vengo a informar de estas causas, ved en ellas si para servir al Rey me concedéis la licencia. Señor, veinte mil ducados de contado es una pella muy considerable, y hoy esta todo de manera que nos han de hacer gran falta. Mas que quiere por herencia de Adán probar que esto es suyo? Ya sé que a vuestra miseria falta han de hacer, mas tampoco será justo que halle el César las voluntades remisas. Pártase la diferencia, dénsele al Rey, si os parece, diez mil, que de esta manera vuestra falta no es tan grande. Juntos estáis, ahora vean vuestros afectos conformes lo que mejor les parezca: resolvedlo, que yo aguardo para obedecer al César. 1. Grande asombro! 2. Gran virtud! El hombre es santo a derechas; miren que Administrador hablarad esta manera? Qué respondéis? 1. Siendo tú, señor, el que así lo ordena, que hemos de decir. 2. A todos nos ánimas, y gobiernas. Yo no soy nadie, vosotros habéis de dar la respuesta. Velo aquí, esto es no entenderlo; que esté un hombre de mis prendas, y mi valor de este modo arrinconado en Valencia, y se anden a hacer fortines? pues solo con que yo fuera, no quedara Turco a vida. Mire, fuerza es que lo ceea, porque él es tan enfadoso, que aún los Cristianos de guella Qué me respodéis? . El sorde entra ahora. 3. Aquién esperan? A él, qué dice? . Sí, ya veo que sus pláticas son bueras; es un santo, mas yo poco oigo si no estoy muy cerca. No es eso lo que le dicen; sino que mire si presta el dinero. . Sí, el primero me pondré otra vez, no tenga miedo que pierda palabra. Harto bien. 1. Quien hay que pueda contradecir tu consejo? Yo aposiaré que lo niega el corcobado, que tiene de masiada carga a cuestas. 2. Cuanto fuere nuestro; al Rey es muy justo que se ofrezca. 1. Dueño es el César de todo. Si no miran las materias aIbiza ha de llevarse el Túrco por interpresa. Bien muestran su justo celo; sien de Dios, y no teman que nada les falte, puesto que en su servicio se emplean: denme los brazos, y adios. 1. A quien ay que no enternezca su caridad! 2. Dete el cielo felicidades eternas. Vaya con ellos, Hermano, y deles limosna a cuenta de lerabajo que han tomado. Padre Fray Tálego, venga, que está condenado en costas. Él solo es quien me condena. Dios los consuele; que dicha, como ser pobre en la tierra! Vamos. Oh tu pensión tirana De sueldos vencidos, y esta partidilla nueva me queda debiendo el Rey un buen pe dazo de hacienda. de esta vida mortal! o tu escarmiento, que de la pónipa humana estragos dejas al conocimiento! dichoso aquel que llega a reducir por ti su pasión ciega. Tú, amada celda mía, de mi afecto serás siempre anhelada, pues solo en ti tenía quieta seguridad, sin la pesada carga, que en agonias el tesoro me usurpa de los días. Tú, Señor Soberano, atiende la miseria, y la flaqueza de este humilde gusano, y pues que riges la mayor grandeza, alivia esta fatiga, si el ruego humilde de mi voz te obliga. Dulce Jesús, mi llanto mueva vuestra piedad a mi esperanza, si acaso puede tanto; pero si el pecador de vos alcanza lo que os pide rendido, que dudo yo, si pecador os pido? Ya, Tomas, te concede Dios el descanso puro, y deseado, y ya seguro puede alentar de sus riesgos tu cuidado; pues movido a tu ruego, donde le alabes te dará el sosiego. Feliz llega a tu suerte el anhelado, y merecido día, pues será el de tu muerte el que es del Nacimiento de María; porque el mundo en tal gloria, celebre con la suya tu memoria. Oh Señor poderoso, en cuantos beneficios empeñado os mostráis generoso! Como quien sois hacéis, pues olvidado de mis graves errores, me mudáis los castigos en favores. Y pues me anima tanto vuestra largüeza, o Rey de tierra, y cielo! apedir me adelanto nuevas mercedes ya sin más recelo, que estoy favorecido, y juzgo que os ofendo sino pido. A este Don Juan, que ciego peligra en los acasos de esta vida, reducid al sosiego, mida sus riesgos, y sus errores mida, y de vos obligado, re conocico viva, no olvidado. Imposible es vuestro intento. 1. No le dejéis que se ampare del Arzobispo; prendedle, y si revste, matadle. No podréis, porque aunque sois muchos, también sois cobardes. Qué alboroto será aqueste? 2. Dejadles ninguno pase. de esas puertas. 1. El sagrado de su respeto te vale. Válgame el cielo! hasta cuado he de padecer ultrajes? Don Juan, reportaos, que es esto? Desdichas que me combaten, y ya que no acaban ellas, deseo que a mí me acaben. Notable error! qué decís? Empeñado en acosarme el Virrey, ordenaya, que me prendan, o me maten. Y hallándome sus Ministros ahora en aquesta calle, quisieron ejecutallo, y fin que el riesgo me ataje de sus puntas, rompí ciego por todas, hasta ampararme de vuestras puertas, adonde me dejaron ellos saben si fue respeto, o temor, que aunque más los disculpasen, no es menos cortés el miedo, que el respeto en tales lances. Disposición habrá sido de Dios, Don Juan, y no en balde a mi casa os vuelve: veis como verdadero sale lo que os dije, cuando altivo mis avisos despreciasteis? Ya lo veo; estoy sin mí. Pagadle a Dios sus piedades, que mal pudierais libraros por vos, si Dios no os librase. Rogándole estaba ahora muy de verás, que os aparte del peligro en que os han puesto vuestras mismas ceguedades. Y pues en esta ocasión hoy a mi presencia os trae, sin duda que a mí me ordena que os lo diga de su parte. Si el salir, Don Juan, de un riesgo os da esperanza más fácil de vencer otro, advertid que es ignorancia culpable. Amenaza es el peligro, y es piedad del cielo grande, que para que escarmentéis, con su aviso os amenace. Viad bien de estos favores, y temed, si vuestros males no los enmienda el consejo, que el castigo los acabe. No ha sido el Virrey, no ha sido la Justicia quien os hace padecer, vos mismo sois vuestro enemigo el más grave. La culpa que os acompaña lidia contra vos, quitadle ese instrumento a la ira, veréis como está cobarde. Ved que ofendida se queja de sus agravios Violante, y aquellos clamores señas serán acaso admirables de vuestra muerte: templad a Dios, que esta ofensa grave puede ser, Don Juan, que aDios también las manos le ate: que decís? qué respondéis? Digo que no soy bastante a vencerme a mí, y supuesto que para Dios todo es fácil, si eso es servicio de Dios, mudeme Dios el dictamen. Pedidselo vos también. Viendo lo poco que valen mis ruegos, que he de pedir? Que su auxilio os los ensalce. Esta cobarde el afecto. Pues por que no esté cobarde, volveos a Dios contra vos. De qué manera? enseñadme el modo. . Si haré, Don Juan. esperadme aquí un instante, y atendeda lo que ahora voy a hacer. Duda notable! Que no he de negaros yo cuanto pueda por mi parte. Confuso estoy, que será su intentor extrañeza me hace un no sé que, que al discurso, o le vence, o le cómbate. Desde aquí atenderle quiero, pero allí una puerta abre, y dentro un Altar, cubierto de morados tafetanes está, la cortina corre, donde una debota Imagen de Cristo crucificado se muestra, cuyas piedades el Divino cuerpo ostenta con lastimosas señales. Ya las rodillas inclina, ya otra vez a levantarse vuelve, y ya mis dudas crecen con mis temores iguales. Ya el habito se desciñe, ya desnuda, fuerte trance! la espalda, cielos valedme! ya va poniendo a una parte los despojos, sin mi estoy! ya de sus enjutas carnes la amarilla piel descubre, tan horrible, y espantable de las recientes heridas, confusión pone mirarle! que en el movimiento solo se desmiente de cadaber. Ya mi turbación se aumenta, unos sangrientos ramales descuelga, ay Dios! cuyos nudos cubiertos de helado esmalte, cuentas de coral parecen; piedad, cielos! qué cobarde el corazón en el pecho destempladamente late. Ya segunda vez se inclina, ya de sus ojos esparce tiernas lágrimas, o quiera el cielo que mi error laben! Ya el brazo levanta airado, ya se das valor notable! como de tanta flaqueza tan violento esfuerzo sale? Pese a mi maldad rebelde! que esto sufre, y no hace alarde de más valientes esfuerzos? pese a la ignorancia infame, que me embaraza el discurso! rompaya la dura cárcel mi sentimiento, y deshecho a los ojos salga en mares. Ya la sangre se derrama, y ya este duro diamante de mi pecho, a tantos golpes se deja labrar con sangre. Pequé, Señor, ya conozco mi error. Tomas, baste. baste la crueldad ya, no me aflijas, no te ofendas, no me ultrajes, humilde estoy, ya me rindo a tu ejemplo, ya mostraste, que lo que la voz no pudo, el ejemplo lo perinade. Templa el rigor, que no es tuya la culpa, no te maltrates, deja a mi arrepentimiento algo que vencer, no atajes el mérito que procuro lograr, y pues tu lograste mi vencimiento, permite que yo la venganza acabe. . Ya animosa se restaura la vida, ya los azares, los riesgos, y las desdichas me alivian más que me abaten. Ya dichosa considero mi adversa suerte: no en balde, Tomas, la piedad de Dios me condujo a tus umbrales. Ya parece que mis ojos conocen la luz brillante del Sol, sin aquellas nubes de torpes oscuridades. Ya lo justo se distingue, ya la pasión gobernarse deja del discurso, ya se acrediran las verdades. Oh noble sentido! como padieras ahora engañarme, si al conocimiento has dado para el alma entrada fácil? Juan, lo que está en mi mano no es más de esto. Bien mostraste tu poder, Varón Divino, y yo rendido. . Qué hace? quite. . Ser agradecido a beneficios tan grandes: ya mis culpas reconozco. Pues a Dios por eso alabe. Vuestra intercesión lo pudo, y ya que debo mostrarme reconocido, el indicio primero sea allanarme a cumplir vuestro precepto, dando la mano a Violante. Mucho ese favor le estimo, y en pago de la rogarle iré al Virrey, que por mí todas sus causas ampara. El alma os debo, y la vida. Vuelvase aca con Violante, que verlos juntos deseo; y pues a Dios satisface en lo que intenta, seguro esté de que Dios le ampare. Por mi hablará la experiencia. Mire, Don Juan, que no tarde, porque será muy posible, si se descuida no hallarme. Pues cómo, señor? No intente saber más. . Dudoso parte el corazónicada seña es un prodigio admirable. Deme los brazos, y a Dios, que es tiempo de retirarme a disponer la jornada. En la tierra que pisasteis pondré los labios. Don Juan, sea muy firme, y constante. . Con vuestro amparo no temo peligros, ni adversidades. . No sé, Violante, que oculta novedad el alma espera, que ya en mi mal no la altera lo mismo que dificulta. Y cuando a mi confianza tan cerrado hallo el camino, me alienta Tomas Divino a no perder la esperanza: dime tú si en tanta pena algún consuelo has hallado? Mi mal ya yo le he dejado a Dios, pues que Dios le ordena: y este es mi mayor consuelo, que si Tomas me convida a que al cielo se lepida, ya yo se le pido al cielo. Misterios graves colijo de su voz, y en mi deseo todo cuanto dijo creo. Verdad será si él lo dijo. Qué miro? el alma se altera. Grave duda! pues, Don Juan, vos aquí? Sí, que aquí están mis deseos en su esfera. Declaraos ya. No os espante la novedad. . Mi temor se aumenta. Nunca mejor me ha parecido Violante. Proseguid en vuestro intento A pediros he venido, Don Luis, puesto que yo he sido tan grosero, y desatento, que perdonéis mis errores; pues si ciego, y engañado tanta dicha he despreciado de Violante en los favores, bastante castigo fue a la vida, que hoy lo siente, todo aquel tiempo que ausente de este alivio no gocé. Y hoy con afecto seguro, Don Luis, y con fe rendida, la sangre, el honor, la vida, y cuanto valgo procuro daros, ya mostrando ufano por vos aquí, y por Violante, lo que gano en ser amante, y en ser vuestro esclavo gano. Aún a creer lo que escucho el alma no se resuelve. El cielo por mi honor vuelve. Mas si lo hace Dios, no es mucho Ya, Don Juan, ya mis enojos se templaron tanto obliga vuestra voz, no sé que os diga; mas harto os dirán mis ojos: dadme los brazos. Estrechos lazos de amistad unida serán, que una misma vida conservén siempre en dos pechos, y tú, Violante, mi engaño perdona, de luz ajeno, pues solo el amor condeno, cuando he remediado el daño. Y si llegaste a creer su olvido, a cobrarempieza mi deuda, que tu fineza la volveré a merecer. Toda mi ofensa se acaba, que aunque eso desprecio fue, la fineza no culpé, solo el agravio culpaba; y si ya mi inclinación con la ofensa estuvo muerta, segunda vez la despierta esta nueva obligación. De mi amor serás testigo. Esto, Don Juan, que podía tu afecto, es lo que pedia, que a esotro yo no te obligo. Si obligas, pues has sabido con tan fino amor vencerme. Tampoco has de agradecerme lo que inclinación ha sido; y así, Don Juan, aprovecha como gustares tu intento, y vive tú muy contento, que yo ya estoy satisfecha. Solo me afligen los modos de mi fortuna importuna; Eso dices? tu fortuna pasarémosla entre todos, y puesto que ha de ayudarte nuestro afecto, su rigor será contigo meñor, Pues te cabra menos parte, Mi afecto daré, y mi vida para ayudaros, Don Juan. Mis esperanzas están fundadas en que lo pida Tomas al Virrey, y ya en esto quedo empeñado. Pues vivid muy consolado si él esa palabra os da, puesto que a mí me cumplió otra imposible a mi ver. Qué dejará de vencer hombre que a mí me venció? juntos hemos de ir abelle, que él de esta suerte lo ordena. Gustoso estoy, que en mi pena tengo más que agradecerle. Bien decís, pues él ha sido quien en tanta ceguedad pudo con mi voluntad mas de lo que yo he podido; a avisaros volveré: tú, Violante, en mi tendrás un esclavo. . Pagarás lo que debes a mi fe. Dichoso he sido por vos. Vuestra nobleza mostráis. Deuda es mía, pues me honráis: guardeos el cielo. Id con Dios. Que haya dado el Arzobispo en que esta tarde sin falta se ha de moriricierto que tiene algunas cosas raras. Verdad es que fatigado mucho aquestos días anda, pero en los Santos no son esas fatigas que matan. Todos los bienes reparte, y preguntando la causa, dice, que él se entiende, y yo le dejo su al es ya lo tendrá mirado, mas si de esta noche escapa, según se queda, es forzoso que muera de hambre mañana, Pienso que lo he de sentir; porque al fin se manejaba dinerillo, y era un hombre hombre de provecho en casa, que aunque el fisar a los pobres no es caridad, también se halla modo para que esto sea caridad bien ordenada; mas ya es forzoso: parece que se levantó, y le sacan a aquesta pieza, no debe de morir con mucha gana. Bendito seáis mil veces. Señor, que con honras tantas la vida aliviáis en estas breves horas que me faltan. El corazón se deshace. A qué bronce no ablandaran sus razones? . Sin mi estoy Todo nuestro alivio falta. Pónganme aquí, que parece que las fuerzas más cobradas se sienten. . Ya está mejor: esto de morirse es traza. Ah mirado ya su cuenta? Seis mil ducados que daban de todo, y ya repartidos están, señor, como mandas. No llevó aquella memoria? Con ella fui por las casas principales, y a sus dueños la cantidad que señolas fui repartiendo yo mismo. Sabe Dios si entró la garra, que estos Mayordomos suelen dar el pago, y no la paga. Notable gusto me ha hecho; dichoso el que tiene dada su cuenta; y triste de mí, que he de dar otra más larga, y más importante; Dios permita que esté ajustada. Si ha dado cuenta de todo ya de que se sobresalta? Yo también he repartido todos los bienes, y alhajas a criados. . Para mí no ha avido cosa criada. Y los pobres? No han dejado trasto de toda la casa que no hayan llevado a saco, y algunos de ellos a sacas. Dios les haga bien con todo, suyo era, no les doy nada. El consuelo que yo tengo, es, que no se halló en la danza el sobrino, y esta vez se haquedado de la agalla. Once años ha ya que lidio con esta prolija carga del gobierno, muchos hierros habrá hecho mi ignorancia; Señor, de vuestra lusticia temo el rigor, pues me llama adonde han de ser juzgados mis delitos, y mis faltas. Suplid vos por mí, suplid, que sola esta confianza puedo alegar de mi parte, haced, Señor, que me valga. Mas un consuelo es forzoso que tenga, pues le señala vuestra piedad a mi muerte, día de tanta esperanza. Hoy nació al mundo María, y no ha de ser, cosa es clara, día de justicia en mí, el que en todos es de gracia. Vuestra intercesión, Señora, alienta mi confianza, no he de infamar vuestro día yo con mi culpa villana. Eficaz auxilio goce esta voz que se desata retoricamente muda a los ojos sin palabras. Hijos, amigos, ahora me habéis de ser de importancia: esta es la mayor fineza; sabéis que se halla obligada mi conciencia de algún cargo? sabéis que tenga en mi casa algo que no restituya a los pobres? qué os ataja? decidlo, que agora es tiempo de remediarlo; y si pasa esta ocasión, costar puede mucho lo que aquí no es nada. Qué pena! Qué desconsuelo! señor, yo no se que haya cosa de valor alguna. También lo que poco valga. Todo está ya repartido. No todo. . Diga que falta, dígalo. . Falta un Tálego, y no veo que le manda. Tiene razón, ya lo sé: esta Cruz que me acompaña tome, y estímela en mucho, y aquel cuadro; en que copiada a mi cabecera está de María Soberana la Imagen, que tanto estimo. Ellas son buenas al hajas; mas yo quedo en cruz, y en cuadro si no es que otra cosa añada. Ay descuido como el mío! El soldado, linda entrada; Jesús, y qué tarde llega! no hay un sus. . Es mi desgracia; hay tal cosa! . Dónde estuvo? Que sé yo. . Qué así tardara? yo le llamé veinte veces. Déjemepor Dios. Cual salta: bele esta Cruz por su vida. Buena flema es la que gasta: quítese. . Bésela, digo, mire que pienso que rabia. Qué es eso? Un pobre soldado, que quebrará las entrañas. Pues por qué? Faltó a la muestra, y se ha quedado sin paga. Válgame Dios! es posible que tan descuidado estaba? Qué hemos de hacer si está todo repartido? santas Pascuas. Nada ha quedado? ay tal pena! Señor mío de mi alma, estas cosas Dios las hace, dele uste infinitas gracias, y reconozca que al fin todo en el mundo se acaba. Notable es mi desconsuelo: que le diera yo? . No hay nada. Así? esperese; si tengo: ve como a nadie Dios falta? La cama que me quedó se lleve, aunque poco valga. Dios se lo pague. Hay tal hombre! lumbre sacará del agua. Suya es ya, mire si quiere ahora, que poco falta, dejarme que muera en ella, que ya según me maltrata el achaque, muy aprisa estara desocupada. Jesús! señor, todo el tiempo que ella fuere necesaria, ar está para serviros. Yo lo estimo. Con milganas. Y aún se hosgara uste que fuera cosa de más importancia. Eso tengo yo, en mi vida he sabido negar nada. De piedra es el corazón que esto escucha, y no se ablanda. Ea pues, llevadme, amigos, que el corazón se desmaya con la flaqueza, y no puedo resistir más. . Mortal ansía? vamos, señor. . Págueos Dios el trabajo. . Bien nos paga, pues quien llevaros merece en sus hombros mucho gana. En fin usted no paró hasta arrancar con la cama? Y que tal es? . Eso, buena; un jergoncillo, y tres tablas. Paciencia si no es mejor. Esa es pena del que tarda; mas con ella sabrá luego lo que es dormirse en las palas. Ea, a Dios. . Vaya con Dios. Este hombre ha sido quien mata al Arzobispo, y no tiene otro achaque: cosa es llana, porque este mata a los Santos. Así, que se me olvidaba. Qué se le ofrece? Pregunto, el recibo, o la libranza de aquellos diez mil ducados e prestamos por su carta al César el otro día, sabe en poder de quien para? Para qué? . Para después solicitar la cobranza. Vaya con Dios que está loco, Yo volveré aquí mañana, téngalo sabido usted. no sea que lo hagan trampa. Que novedad tan confusa es esta? . El alma turbada tengo con tan triste nueva. Quiera Dios que incierta salga Padre Fray Talego. . Hijos. Qué es esto! De qué se espanta? esto es morir. Pena injusta! Miren como está la casa. Grave dolor! . Fuerte trance! Ya no habrá Tomas que valga: entren allá si han de verle. Tan malo está? Es cosa extraña, no atraviesa ya bocado, y muere con lindas ganas. Vamos, Don Juan. Con su muerte muere también mi esperanza. Para todos es desdicha: entremos, señor. Sí, vayan: aquí se queda ella? Ines. Confieso que a mí me falta el ánimo para verle. Ay qué piadosa! mal haya el demonio! qué ocasión para quien la busque blanda! Jesús mil veces! Jesús! Qué ha visto? Oh enemiga humana! Qué hace? En la carne castigo no sé que que me picaba; no se me ponga tan cerca: ay! . Qué tiene? Un mal que llaman. dolor de Ines. De Ines? que dice? Pues qué se espanta? no hay dolor de Catalinas? arredro demonio vayas. Ya no puede reprimirse el llanto. Su aliento acaba, y el regocijo que muestra a la congoja disfraza. Oh infeliz Valencia, como quedarás desamparada! Murio ya? Espirando queda. No hay que perder la esperanza. Grave dolor! Ya mi pena la respiración me ataja. Ya en los brazos de la muerte queda. Cumplió la palabra que me tenía ofrecida, y está respuesta guardada. tuvo del Virrey, adonde le ofrece, que de mis causas será medianero él mismo, y entretanto me señala. toda la Ciudad por cárcel. Dicho samente restaura nuestras vidas. . Gran virtud! para morir, de la cama se arroja; o Varón Divino! quién no admira tu constancia? Señor, ya muere Tomas, y en vuestras manos su alma en comienda. Qué consuelo! Dichoso trasito pasa! Venlo? pues no me da gana de morir con todo esto. Qué armonia tan extraña! h , Sube al troño, Tomas, que te es- peraba, premio de tu clemencia sobre hu- mana, y en el eterno vive, en él descansa del desconsuelo de tus dulces ansias Raro ejemplo. Gran prodigio! Dichoso fin! Virtud clara! Ya dijeron todos, pues aquí la Comedia acaba, dad un victor de limosna, si habéis aprendido a darla.
