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Texto digital de Santa Margarita

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Atribución tradicional
Diego Jiménez de Enciso
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Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Santa Margarita. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/santa-margarita.

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SANTA MARGARITA

JORNADA PRIMERA

Vuestra embajadane escuchado, y aunque con razón pudiera mostraros la pena fiera, que con ella me habéis dado. Porque a caso no penséis, que cobardía, o temor disminuyen el valor que en mi pecho conocéis. Quiero refrenalla ahora; pero llevad por respuesta, que ya mi ejército apresta con la trompeta sonora, r Y con el parche animoso, la jorvada a vuestra tierra, pues tanto estiman la guerra de mi Imperio poderoso. 1. Tu enojo, señor, es justo, y allo bastante disculpa, por ser de mi Rey la culpa. Si de vuestro Rey es gusto el tener paces conmigo, y con el Romano imperio, librando de cautiverio sus Reinos del enemigo. Solo con pagar a Roma el feudo que es ordinario, a cualquiera tributario, que armas centra el Reino toma? Porque con tanta arregancia ahora rompen la paz? no debe de ser capaz de mi amistad su inorancia! O su altivo corazón no enseñado a sujetarse, debe de querer librarse de la común sujeción. No se por Júpiter santo, que causa mover les pueda. 2. La esclavitud solo queda por disculpa. . No me espanto de que sientan el estar sujetos a mi poder, mas ya, que tienen de hacer para poderse librar. Perdóname señor, si goo pretencia hablare libre, cuando las razones de estos cobardes Reyes, dan licencia, pidiendo a Roma tantas sinrazones. No se cómo, señor, tienes paciencia de escuchales palabras semejantes, soberbias, atrevidas, y arrogantes, si dicen que la paz no les da gusto, y que la guerra les dara sosiego, respondo que su intento es cuerdo, y justo, y que el valor magnánimo no niego. Saquen de Roma su escuadrón robusto, y vengan publicando a sangre y fuego contra el Imperio guerra, que el Imperio nunca llamo a la guerra vituperio. Vengan talando, como aquesos dicen, las Ciudades, los campos, y ganados, y su victoria en Roma solenicen, si tanta dicha hallaren en sus hados. Y porque más sus glorias autoricen los Cónsules de Roma, y Magistrados, el laurel sacro de tus sienes toquen, y en las Césarcas tuías las coloquen. Que cuando por la mar y por la tierra tremolen lienzos, y pendones alzen, y vengan esos que la paz destierran, yo les haré que nuestro Imperio ensalcen, Y que temiendo la violenta guerra, en lugar de espuelas plumas calcen, y siguiendo la derrota a partes varias, vengan a pagarte feudo y parias. 1. Con tan fuerte Genera! quién, señor, no ha de temer la fuerza de tu poder; vuestra Majestad real. nos responda, y partiremos donde los Reyes aguardan. Pues decidlas, que ya tardas sus velicosos extremos. esfuerzo valeroso. vaya a delante, y advierta, primero lo qu en hecho tan animoso, Que aunque no he sido su amigo avisalles esto quiero, y advierta que es el primero consejo de su enemigo. Mil años a vuestra Alteza guarde el cielo. Apolo os guarde. 1. A quien hay que no acobarde, Orabio tanta graudeza. . Hoy, famoso sueneral, estriva en vuestro valor, de Roma todo el honor. Sacuen el pendón real, y pueste en tus fuertes manos adlantes de aquesta tierra, araje el paso a le guerra, que mueven estos tiranos. Rompan en hondas crueles, del mar las hondas ingratas, cárábelas y fragatas, con los veloces bajeles. Salgan a estas ocasones. y veligeros conciertos, de los más seguros puertos sus preñados galeones. Salga mi ejército furte, dando miedo al Español, dando admiración al sol, y dando espanto a la muerte. Que si tan gran Capitán hoy en mi nombre no fuera, yo saliera y defendiera todo el Imperio Aleman. Yo te prometo señor guardarle de tal manera, que si el miso Marre fuera no hiciera más su valor. De tu esfuerzo, y valentía lo tengo entendido ya. Ya señor abierto esta el templo. . En aqueste dío quiere, Cenoral famoso, dal oráculo saber si el contrario ha de vencer, o mi ejército animoso. Que de todo el bien, se de parte a los dioses del cielo, que están mirando en el suelo lo que pasa. . Ya se ve abierta la sacra puerta del oráculo divino. Ya tu victoria imagino, llega tú, pues esta abierta. Sacro Apolo, dios supremo, de los orbes celestiales, que con mano poderosa, cijas cielo, tierra, y mares. Yo, un humilde esclavo tuyo, que en paz, y en guerra me hallaste de tus ritos defensor, y de tu fe firme adlante. engo a tus aras dininas (o sacro Apolo) a informarme si han de vencer esta guerra los Romanos Capitanes, o los dos Persianos Reyes. En la jornada que haces, serás vencido, y saldrás vencedor. . Caso notable, que vencido serás dijo en la batalla. . Y si escuchaste, dijo también que vendría vencedor. . El campo marche a embarcarse en las riberas del mar, que la salva hacen al estaudarte, en que van mis dos águilas reales. El oráculo me ha dado, gran señor; disgusto grande. Porque General, si dice que en Roma entraras triunfante? Porque al fin vendré vencido. No importa que venzan antes, si después has de vencer; marche el campo. El campo marche. Esta es, Camilo, la Aldea que te dije. . Villaflor se llama. Y Corte de amor será más razón que sea. Aquí entre esta verde murta, pared de aqueste jardín, rodeada de jazmín que el aliento al ámbar hurta. Vide una pastora bella a quien el alma rendí, aquí Camilo la vi, nunca yo llegara a bella. Qué es tan grande su hermosura? Es, Camilo; un sol del cielo, en quien admirado el suelo, adora en él su luz pura. Y qué pretendes? . Pretendo solo hablarla, solo verla, solo poder merecerla, y si no, vivir muriendo. A una villana? . Qué dices? No es villanas . Eso recelo, más es villana del cielo, que aquestos campos felices los hace cielo también; pues nos da tan gran consuelo, mas es el desdén recelo. que en ella mis ojos ven. Mejor dijeras perdido. De que será este ruido que se va acercando más. Pienso que son labradores, que como es día de fiesta, vienen por esta floresta bailando, y cantando amores. Hacia a ca vienen bailando. Ay si mi ventura fuese. tal, que en el baile viniese. Ya entran bailando, y cantando Que linda hera la novia, la Madrina hera más hermosa. 1. Ea sentaos en el prado. que convida con sus flores. 2. Ea cantemos, pastures, pues al puesto emos llegado. Ay Camilo, aquella es la causa de mi cuidado. Cuála es de las que han llegado? Estas ciego, no la ves? No ves aquella serrana del colorado saluelo, que con un mirar al suelo está más que el cielo hufana? No has visto una estrella hermosa en el alto firmamento, tener su móvil asiento, estar triste, y vergonzosa, porque la luna a su lado le quita su luz? . Si vi. Pues cuantas vienen aquí a la estrella han imitado, aquella es la luna bella, y lo es en la claridad, aunque por la honestidad mejor pareciera estrella. Plegua a Dios, hijos queridos, qué mil años os gocéis, y que en la paz imitéis las tórtolas en sus nidos. Y ruego a Dios, que él os traiga a tiempo que conozcáis su Fe santa, y que sigáis la nuestra, porque no caiga vuestra inorancia, en errores tan soberbios he insufribles, para soñados terribles, para sufridos malores. Y tú, hija de mis hojos, Margárita, que eres mar de gracias, comienza a dar, de los divinos despojos de tu lengua, algún consejo a esta humilde sencillez, que Dios que en tu causa es Juez, te tiene a ti por su espejo. Mil años, o amigos míos, plegue al cielo que os gocéis, sin agravios que os den pena, con dichas que os hagan bien. Deos el cielo larga vida, y riquezas que gocéis; no humanas, que las humanas son fáciles de perder. Vuestro entendimiento ciego alumbre el cielo también, que los eclipses del alma descubra el sol de la Fe. Mi padre, y yo solamente, en este lugar que veis, somos Cristianos, que el cielo nos quiso hacer este bien. Vosotros, o amigos míos, también lo dejáis de ser, por temor de los castigos del Emperador cruel. Mas pues el temor os vence, y os dilata tanto bien, tan estimado en el mundo, como en la tierra cruel. Plegue al cielo, que mil años viváis, y que hacienda os de tan próspera, y tan abundante, que no sepáis que tenéis. Qué quizá, viéndeos de Dios obligados, podrá ser que elijáis la ley divina, y que la falsa dejéis. Yo no se con que pagar, lo que su merced a habrado, porque quien guarda ganado que saber puede alcanzar, Perdóneme su merced mi resuelta veluntad, y supra con su bondad las faltas que yo haré, Qué pardiez, que si no juera por aqueste Emperador, que muestra tanto rigor con los Cristianos, que hiciera lo que manda su merced; pero aquesto de él morir, yo no lo puedo sufrir por Dios, y su santa Fe. Pero en todo lo demás que quijere, o me mandare, no aura cosa en que repare en su servicio de hoy mar. Y para poder mejor hacerlo; a los cielos pido, que nunca falte en su egido hierba al ganado mayor. El trigo que en los babechos se sembrare, ruego a Dios, que lleven de dos en dos las trojes hasta los techos. Cúmpranse aquestas parabras, con este, o con otro exceso, dándonos la leche queso, de ovejas, que no de crabas, Y cuando llegue Ellagosto, a darnos el fruto ópimo, nos rinda cada racimo treinta tinajas de mosto. que estén llenas hasta el rope, que aunque ansí venga a sobrar, no se tien de derramar, que mejor es para arrope. De estos peñascos las grutas, por campesinas sabrosas, den cermeñas olorosas, y otra variedad de frutas. De los jardines que labro, que tanto su merce estima, un árbol dará la lima, y otro dará el limón agro. Y para mayor deleite de nuesa varia fortuna, nos rinda cada acetuna catorce arrobas de aceite. Que con esto que prevengo mas a serviros me allano, pero esto de ser Cristiano por imposible lo tengo. Para Dios no hay imposibles, él os guarde muchos años, y alumbre vuestros engaños con su valor infalible. 1. Y porque a vuestros cuidados me quiero mostrar amigo, solamente, Tirso, os digo que os haga Dios bien casados; Arto hará si aqueso hace, no le pedire yo más. 2. Ea, en que dudando estas, vuelve a cantar. 1. Que me prace. y cantando hasta el lugar podemos dejar el prado. Que ya el pracer se ha acabado? 2. Si Tirso, que del casar se sigue el trabajo luego de sustentar casa, y mujer. Que aqueso es cierto que pasa? fuego en quien se casa, fuego. Ea dejemos el prado, y volvamos al lugar. ea volved a cantar. . Cantad, que an si engañan los casados. Qué piensas hacer ahora? Seguir el curso violento de esta Diosa celestial, De esta Palas, de esta Venus; ay Camilo, loco estoy, y si digo que estoy muerto, muerto estoy; mas es de amor, El prevenir algún medio entiendo que es lo mejor. Qué medio podrá ser medio en este mal, que me oprime con desasosiego eterno. Tú quieres más que gozarla? Ese solo es mi deseo, porque casarme con ella; Camilo, será gran hierro, siendo villana como es, y siendo yo caballero. Pues Tiberio, en tales casos, el más acertado medio es procurar quien la hable de tu parte, y esta cierto, que a los combates del oro le postrara por el suelo. Una caja de diamantes, con otras joyas que tengo quiero enviarla. . A mi cuenta si no se enternece luego. Pero quién podrá llevarlas? Este villano, que al puesto donde estamos llega. . Ampare el cielo mis pensamientos. Trabajá vos si queréis, que yo, ni puedo, ni quiero; hay tal mujer, diz que yo he de buscar el sustento, para ella, y para mí. Hola, a quien digo, mancebo. Mancebo? . A vos digo. Ya señor se pasó el tiempo en que hera mancebo yo. Pues qué, sois ahora viejo? No señor, mas locasado. Por muchos años; y buenos, Si he de pasar esta vida, mas que dure día y medio. An si los cielos, amigo, te guarden siglos eternos, y tus mieses, y ganados siempre vayan en aumento, que me digas, si lo sabes, que estado tiene, o que dueño, la divina Margarita, que aquestos campos disiertos, los hace campo eliseos con la vista de su cielo. Caballero cortesano, sin duda que sos muy nuevo en esta Aldea. . Es verdad, que soy al fin forastero. Pues sabed que Margarita, aunque la encubre el grosero traje, es tan bien nacida como cualquier caballero; porque es hija de Teodosio, Patriarca antiguo y viejo de Antiochia. Que me dices, Patriarcha, hay tal suceso? Patriarcha, o patricofre, ansina nos la vendieron. Pues como siendo tan noble vive en un campo desierto? Porque Teodosió su padre, la dio a criar, a Polemio nuestro mayoral, el cual es Cristiano, y con buen celo su misma ley le ha enseñado a Margárita, y por eso nunca el padre la ha querido llevar, porque tiene miedo, si el Emperador lo sabe no se la mate al momento. Pues amigo, a mí me importa, (aunque se enojen los cielos de que una villana adore con la fe del pensamieto) que a la bella Margarita la des un recado. . Bueno, enamorado venís? Dila, amigo, que la quiero, que la adoro, que la estimo, que soy su esclavo, y deseo ser amante de sus ojos, y de su belleza dueño. Dila que por verla vivo, dila que por verla muero, dila. . Dígáselo él, que yo, ni quiero, ni puedo, que en mi memoria no caben tan altos concibicetos. Una caja has de llevarle de joyas, conque pretendo dar alcance a su hermosura con dádivas, y con ruegos. Esta cadena que ves, pendiente de aquese cuello, será premio de este bien que hoy haces a mi deseo. De lástima lo haré, aunque sus rigores temo. Y nosotros entre tanto, este traje mudaremos por el de villano. . Y es bien para que logres tu inteneo. Pues ven conmigo, Ya voy siguiendo; oye mancebo. . Qué queréis? Y su merced no tiene amor? . Amor tengo A quién? . A aquella villana, que por el campo desierto venía con Margarita de la mano. . Lindo cuento, boto al sol que es mi mujer, Vella, y hablarla deseo. Quiere que yo se lo diga? Que tú se lo digas quiero, y toma aqueste diamante. . Cadena, y diamante llevo, y recado a mi mujer; mas no seré yo el postrero que este oficio ha de tener. . Arroyos cristalinos, que con vuestras corrientes vais regando estos robles y pinos, a quien la verde hierba va entregando. el sustento abundante, criado para hefeto semejante. Habéis a caso visto mi compañero dulce y amoroso, que su ausencia resisto con miedo dulce, torpe, y generoso, y si le veis a caso, decid que por su amor en él me abraso? Si no sabéis sus señas, yo os las quiero decir, estadme atentos riscos, montes, y peñas, sabréis mis amorosos pensamientos, que con aquesto espero saber de mi amado compañero. La color de su cara se parece a la cándida azucena, limpia, bruñida, y clara, de cuyos lados cuelga una meleva, de auriferos cabellos, que el sol del cielo se remira en ellos, Aquestas señas trae, aveisle visto a caso, claras fuentes por dónde el agua cae: responded a mis voces obedientes; y si lo veis a caso, decid que por su amor en él me abraso. Ángel del alma mía, si porque todo el día os he dejado negáis la compañía, y estáis conmigo vos tan enojado; advertid que fue justo dar a mi viejo padre en todo gusto. No tuve yo la culpa, mi compañero, pues que la obediencia de padre, me disculpa, no mostréis tal rigor en mi inocencia; mas ay, que gente sueña, quiero esconderme aquí, terrible pena, Pastora bella, y hermosa, que por aqueste monte vas buscando la manada copiosa; aquíen la verde hierba; va entregando el sustento abundante, criado para efeto semejante. Habéis a caso visto por este bosque, y áspera maleza. Mal el temor resisto, no vi jamás pastor de tal belleza. Una oveja perdida, que me ha dejado por estar dormida. Es tan blanca zagala, como la nieve misma, y aún la nieve a su blancura no iguala, mas imagino, como a huir se atreve, que podrá estar trocada, y su cándida piel estar manchada, Pastor, si vas buscando, y la oveja que dices va perdida, camina, ve volando, que después que guardo en la florida vega este ganado, no he visto que has pintado. . Ay Margarita, y como me vas desconociendo poco a poco, y como en pardo plomo truecas el oro de tu fe, y al loco mortal, humano trato al mundo ofreces, siendo a Dios ingrato, No me conoces? . Ciega me tiene el resplandor de aquesos ojos; pastor, a mí te llega, alegrare en tu vista mis enojos; Ángel del alma mía? Ya Margárita bella, llego el día en que dispone el cielo, que vayas por tu esposo padeciendo trabajos en el suelo. Ya por sufrillos viva estoy muriendo. Hoy comienza tu historia a dar al mundo ejemplo, y a ti gloria, sufre las tentaciones que el contrario a la vista te pusiere en fuertes ocasiones. Como de tu favor auxilio espere que contrario aura fuerte? cobarde será el mundo, y más la muerte. Pues adiós Margarita, y ten firme y seguro el pensamiento. Pues vais a donde habita el Rey del universo movimiento, amado compañero, a mi esposo decid que le amo, y quiero. Para que veas, que hago todo lo que me pides, Margarita, ya a tu amor satisfago con la obediencia que es en mi infinita, dejando el mortal velo, iré a dar mi embajada al Rey del cielo. Con temor vengo atraella la caja, que es rigurosa. y aunque a veces es piadosa no dura piedad en ella. Hincada está de rodillas, mirando al cielo elevada, y aunque ansí esta tranformada el amor me hace cozquillas. Ni se bulle ni menea, ni mueve los pies ni manos; mas mis temores son vanos con algún díos se recrea. quiero llegar, ay de mí. Quién es? . Yo, señora, soy, que entonces fui, y después. Tirso, qué es la turbación? No de nada. yo busco mi perdición. . Entrando en el monte ahonra, señora, he encontrado allí un caballero; ay de mí, que mi muerte llega ahora, . Pasa a delante. . Y me dijo que estaba muerto por ti. Por mí? . No si no por mí, que por aqueso me aflijo. Por ti? . No si no por ella, yo lo he de echar a perder. . Por mí Aqueso debió de ser, que a fin es hermosa y bella, y aquesta caja me dio con joyas, y una cadena, y una sortija muy buena que guardada traigo yo. Esto cielos, qué será? tal delito has intentado? ̱. Un hombre que se ha casado cualquiera delito hará Mucho tengo que culparte. Pues mala culpa ha de ser, que también a mi mujer traigo otro recado a parte. Y son las joyas curiosas? Boto al sol que se hace miel, mas que mujer ay cruel en mostrándole estas cosas. Has las visto? . No señora, porque como me las dío, así te las traigo yo. Muestra a ver. . Verás ahora , de . ay; que me he quemado. Aquesto querías darme? tu intentabas engañarme, Antes yo fui el engañado. Y a caso conocerás el que las joyas te ha dado? Conozco que me he quemado, no quiero conocer más. Pues dile Tirso, que ad vierta en el fuego que trujiste, que las llamas que sentiste habren a su mal la puerta. Dile que tuerza el camino su resuelta inclinación, porque diferentes son las sendas que yo imagino. Di al que la caja te dio (si es que en su error persevera) volver a de esta manera a quien las trujo, y las dío. . Ojteputo, hay tal maldad, hay tan extraña invención? que se volvirse carbón; fía en gente de ciudad. Ya mi ganado me aguarda, al monte quiero subir, y desde allí maldecir a quien no me echa un albarda, Pues ansí me han engañado con la caja cautelosa, pero no hay tan fácil cosa como engañar a un casado. Por la primera victoria, que del soberbio león contrario tuyo, alcanzaste, te quiero hacer un favor. Si de esta suerte, Ángel mío, premias mi corto valor, que contrario me hara guerra que no le sujete yo? De aqueste verde jardín, rama a rama, y flor a flor, quiero formar la guirnalda. Que alegre está el corazón. Siéntate entre aquestas flores, que hoy acrecientan su olor, para servirte de estrado. Quién tal dicha mereció? Pongo esta rosa primero, que parece que le hurto los colores a tu cara, que son del mismo color. Estas blancas clabellinas pongo también, porque son espejos de la vergüenza, que aún hay vergüenza en la flor, Estas moradas violetas, dichosas se llamen hoy, por ir a tener asiento al trono del mismo sol. Estas cándidas mosquetas he de poner, porque son de tu santidad honesta, divina comparación. Espuela de caballero, flor de Reina, girasol, blanco azar, aleli tojo, y corona de león, todas van a hacer guirnalda con grande pompa, y amor, que parecen que adivinan el asianto que les doy; ya está la corona hecha. Sí, mas no merezco yo, tanto bien, gloria tan alta. Mi mano la fabricó para tu cabeza sola. Mil veces dichosa soy Parecesme, Margarita, fuerte soldado de Dios, que venciendo a sus contrarios sale alegre, y vencedor, Parecesme que los Santos, hecho un divino escuadrón, salen para recebirte con grande pompa y amor. Dormida se me ha quedado con el gusto del favor, descortesía parece, Margarita; pero yo me vengare, hay venganza en los que sirven a Dios? Sola la quiero dejar, que ya su comperidor viene a darle nuevo asalto; pues duermes cuando hablo yo despierta, que tu contrario viene con nueva invención. Un mancebo, más hermoso que la luz del mismo sol, se aparta de ella, quien duda que la enamora algún Dios, Mas aunque Júpiter sea, con ser el supremo auror, a quien los humanos dan aplauso y veneración, una mano ha de tocarla; mas ay de mí, ciego estoy, que su belleza me ofusca, Quién esta ld Muerto que so, Ángel de Dios Ale dejáis agora Ángel al hombre llamo, yo sabré quién es este Ángel, o no seré yo quien soy. Hombre quién eres? Sosiega, que un hombre soy muerto por tus bellos ojos, muerto por gozar tu amor. Dame aquesa blanca mano, premia un leal corazón que te adora. Villano, que dices? No soy villano. aunque en este traje estoy; un caballero, el más noble de los Tiberios, que son Procónsules de Antiochia, me han dado fama, y honor. Yo, divina Margarita, huyendo, tras un alcón que una garza iba volando, pude verte; gran rigor, nunca mis ojos te vieran, pues desde entonces estoy muerto, por gozar tus ojos, dando aliento al corazón. Vete, ilusión infernal, vete, soberbio león, no traces engaños nuevos. i no gozarete yo, pues la fortuna me aluda, y solo en el monte estoy. Ángel divino, Ángel mío, valedme en esta ocasión. Ya se que adoras a un Ángel, ya se que Ángel mereció tú luz, no seas ingrasa a una tan grande anción. Padre, io, hola pastores, padre nadre. Coridón, que da voces Margarita. No des voces, ciego estoy. Mira que los labradores vienen tras ti. Por el Dios que adoras, Margarita que no culpes mi afición, líbrame de su crueldad Pues vete. . Pues palabra doy de volverme. Por pedirlo por mi Dios te disculparé. . Ya llegan. Margarita. . Mi señor. De que das voces. Estando, señor, aquí donde estoy, rendida al pesado sueño, salió del monte un león, di voces porque parase, y un villano a esta ocasión, esgrimiendo fuertemente en las manos un bastón, desuarató su fiereza, y hacía el monte se volvió. Notable caso. . 1. Notable Por pedirlo por mi Dios de esta suerte te disculpo. Ay ojos del mismo sol. Y sois vos pastor, amigo, el que a mi hija libro? Si señor. . Y a quién servís? No sirvo nadie, señor, porque a quien servir pretendo me da muy mal galardón, Pues por pagaros siquieta el bien que la hicisteis hoy a mi hija Margrrita, vuestra camarada icos os podéis quedar en Mil veces dichoso soy, a me dida del deseo me favorece el amor. No tienes artos criados? para que recibes hoy tanta gente? . Vos señora, la más rigurosa sois, estando más obligada? Yo tengo la culpa yo; pero más merecere con mi dueño, y mi señor, si dentro en mí misma casa resisto la tentación. No vi más bello zagal, Él será algún bellacón Cortesano disfrazado. O malicias tuyas son, que nunca faltan en ti, Oígame a parte, señor; es a caso su merced, el que la caja me dio? Qué caja, amigo? . Ninguna, bien pude engañarme yo, boto al sol que yo esto loco, los que la cera me dieroa. Todo se ha traa Oúgame aparte? Ro bien, Qué queréis. Ya di el recado. que su merced me mandó. Estáis loco? . Perdonad, bien pude engañarme yo. Vámonos, hija, al Aldea, deja el ganado por hoy. . Vamos padre en hora buena; ansí me dejáis, señor? pero si yo me dormí, yo tengo la culpa, yo, ay que enojado estaréis. . Ay que contento que voy, siguiendo del sol los rayos, aunque no me alumbra el sol. e Ay que polido zagal. . 1. Ay que grande bellacón. . Ay como yo imaginando, que me han de nacer desde hoy juanetes en la mollera, malaya quien me caso,

JORNADA SEGUNDA

Bravo rigor de mujer. Es persuadilla imposible, y en desdicha tan terrible yo el culpado vengo a ser. En qué funda su rigor? Es, Camilo, un sol del cielo, en quien admirado el suelo tiene mayor resplandor. Pues al tiempo que llegué a donde dormida estaba, vi que un mozo se apartaba, a cuyos rayos cegué. Este, según imagino, es algún Dios pero luego volvía contar más sosiego, en pensar, que un Dios divino No se tiene de humillar a querer una villana, y más esta que es Cristiana. Dices bien. . Llegue al luga donde estana, y temeroso quise tomarla una mano, pero pretendilo en baño, aunque me mostre animoso, Pues a penas alargue el paso breve y compuesto, cuando me dijo, qué es esto? y mudo a su voz quedé. Mas cobrando algún valor, segunda vez me atreví, dio voces, al fin oí pedir en ellas fabor a su amante, cuyo nombre es Ángel, aquesto es cierto, y si este Ángel queda muerto, no aura temor que me asombre, Hoy le tengo de matar si Júpiter me da aluda, antes que ninguno acuda a poderlo remediar. Y cómo le has de matar? En este monte escondido, pues de nadie visto he sido, le quiero ahora aguardar. Tú solo? . Yo solo, pues que allí tengo prevenida mi espada. . Guarda tu vida, Qué vida, Camilo, si es un mozo bello, y hermoso, ̱. En tu defensa repara. Hombre de tan buena cara no puede ser animoso. Quieres que yo te acompañe? Que me dejes solo quiero, y en este valle primero, porque algún pastor no dañe mi dicha, quiero aguardar, que allí viene mi amor. Si ella no lo tiene, Pordemas es porfiar. Soledades compañeras, a vos me salgo a quejar, por poderme consolar con las fuentes lisonjeras. Aguas, que por vidrieras de cristal, corriendo vais, si un compañero encontráis que por un sueño dejé, decid que ya desperte, pero no selo digáis. Ya el sabe que aunque dormida, despierta en su amor estoy, y si su ovejuela soy porque me deja perdida? aquí acábara mi vida, cese ya el rigor, señor, detén un poco el furor, aplaca un poco la furia, que no fue tan grande injuria para tan gran de rigor. Hablando consigo va, quien duda que con su amante, en coloquio semejante, entretenida estará, Ya el pecho rabiando esta por velle, y velle no puedo, si el muere, yo vive quedo; cualquier sospecha resisto, pero quice me aura visto, y no llegará de miedo. Alpie de aqueste laurel, que con dos cintas de plata, este arroyuelo le cerca, sobre campos de esmetaldas, me quiero sentar un rato, y de aquestas verdes ramas quiero formar una Cruz, a imagen y semejanza; de aquella que puso Dios en sundivinas De esta mayor haré el árbol. Sin duda a su amante aguarda, pues al tronco del laurel se sienta, ocasión bizarra me ofrece el dichoso amor, quiero ver si en la montaña parece algún labrador, que estorbe mi dicha. Planta divina, con cuyo fruto el cielo y tierra se harta, depósito sacro santo que el pan de los cielos guarda, a donde todos acuden. para sustentar las almas. Arca del mayor Señor, pues le serviste de cama, cuando la necesidad con más rigor le apretaba. Árbol santo de la vida, cuyas voladoras ramas, en lugar de ramos verdes derramaron sangre y agua. Perdonad, que con mis manos indignas, formado os haya para compañera mía, para defensa del alma. En todo el monte no he visto, si la vista no me engaña, ningún pastor; vive el cielo, que aunque de las nunes caigan mas rayos, que descendieron sobre la loca arrogancia de los Tebaicos Gigantes que con el cielo se alzaban, que he de llegar; mas qué es esto cuando por aquestos montes que mar caudaloso vaña, música jamás se ha oído? suspensa me tiene el alma. Sin duda que de los cielos desciende aquesta fragancia, y este olor, que aromática lo estéril de la montaña; que es aquesto, santos cielos. Ya Cluz divina, os ensalzan las excelsas lerarquias, que os quieren dar alabanzas. Los arroyos de cristal, en vez de corrientes de ambar, llevan corrientes de aromas que aproducido el arabia. Pero todos son echizos, que tiene la ley Cristiana, para que todos la estimen, siendo indigna de estimarla. Soberanos Paraninfos, proseguid las alabanzas de mi Cruz. . Mablando va, y no veo con quien habla. Estima con razón aquesa Cruz que hiciste, que es defensa del alma, cuando el cuerpo peligre, Craz soberana mía, que os estime me dicen, mas quien no ha de estimar a quién el cielo rige? Vive el cielo que están, amorosos y libres, diciéndose requiebros conque el amor aviven. Guarda en el casto pecho esa joya felice, que en el Cielo veneran Santos, y Serafines. Metérela en el pecho, y si fuera posible, encerrara en el alma tesoro tan insigne, Sin duda que su amante temeroso se finge, y esta música forma de voces apacibles. En el mayor peligro te será escudo fieme, que del contrario fiero, a su pesar te libre. Si tal defensa tengo en vos, Cruz, qué imposible puede haber que me oprima, puede haber que me hamille? Quisiera ahora haceros, pues el cielo os bendice, una caja, labrada de perlas, y rubies, y de mármoles pardos, y de jaspes insignes, haceros un gran templo en esta selva humilde. Paraque, pues los hombres su sacro culto impaden, las aguas le ofrecieran, y los cantores crines, y no criara la tierra, entre su seno humilde, las cándidas mosqueras, y olorosos jazmines. para que a vuestro templo hermoso, como insigne, fuera despojo hufano, fuera despojo humilde. Ya la música a cesado, y vuelve de nuevo el alma a perseguirme con celos. Ahora que esta elevada, divertida en los amores, conque su amante le engaña, he de llegar, ay de mí, que los rayos de su cara eclipsan mis ciegos ojos, y van a parar al alma; mas no se puede llamar el que teme, el que repara, fiel amante, amante firme. Muerto soy, a fiera ingrata, que me abraso, que me quemo, fuego, fuego, fuego. Yo apaciguaré tus llamas lloga, Margárita mía. Divino Ángel de mi guarda, ceso ya el enojo fiero. Nunca mis enojos pasan adelante, Margarira, ni me aparto de tu guarda, un punto. . Dichosa yo, que merezco gloria tanta. Ven pues, Margárita mía, que de este monte a la falda tu ganado junto esta, que con tu padre te aguarda. Olvidareisme? . Olvidar, es imposible a quien ama, soy tu custodia, y amigo, y los que este nombre alcanzan, en los mayores peligros, nunca a sus amigos faltan. Que ya os partís, labrador, que mal os han hecho en casa. Es mi suerte tan escasa, que no puede ser peor. Yo apostaré labrador, que se lo que deseáis, y la paga que aguardáis, es paga de algún amor? que ya los parleros ojos. me han dicho infinitas veces, siendo tus ojos jueces, que nacen vuestros enojos de amor. Es verdad, serrana, de amor nacen, y de amor nace también el rigor que me muestra esta tirana. Ay Ángel, más venturoso que hombre humano, pues portí nunca un favor merecí, aunque me mostré animoso. Que nunca tú la gozaras si yo encontrado te hubiera; en manos de aquella fiera con más rigor me mataras. Cese, labrador amigo, el enojo y el rigor; Atorméntame el amor, y no puedo más conmigo. No es aquella mi mujer, y el villano caballero? desde aquí escucharlos quiero, sin que ellos me echen de ver. Pues no os paga el Malotal, vuestra soldada? Si me pagara nunca, serrana, me fuera, eternamente firviera, y eternamente la amara, Pues amigo labrador, aquesa cólera a placa, un clavo, otro clavo saca; un amor saca otro amor. Si esa villana, o lo que es, no te estima, yo te estimo, y por tu gusto me animo, a sujétadme a esos pies. Desecha el eno injusto, no te vayas, que el amor, si hoy nos trata con rigor, mañan a trata con gusto. En esta casa tendrás regalos que yo te haré, siempre tu esclava seré, siempre mi dueño serás. Que le dice el papelillo, bien me recelaba yo, mal haya quien me caso, siempre tengo de decirlo. Qué dices; . Ay de mí, que no te puedo pagar, serrana, ese firme amor. Porque, gentil labrador? Tengo ya cobrado miedo a esta casa, y no podré vivir un momento en ella. Pues si vos os salís de ella, también con vos me saldré. Vive Dios que la he de echar una corma. . Labrador, advertid que os tengo amor, y que no os podre olvidar. Bien trazada va la historia, tan buena memoria tiene? dalle un jarabe conviene. contra la buena memoria. Y tu esposo que dirá? Ese es el mayor desprecio, que ha de decir aquel necio, En mendándo se va ya. No te canses labradora, que no te puedo pagar, que es imposible olvidar el amor que tengo ahora. Pues si pagar no podéis, zagal ese firme amor, solo os digo que un favor que yo os pido me otorgéis, y es, que de casa no os vais por ahora, . Yo lo haré por daros gusto. . Y en fe del contento que me dais, dadme los brazos. . Quisiera daros el alma con ellos. EÉl ase por los cabellos la ocasión, yo me hiciera lo mismo. . Llegad mi bien, y esta amistad confirmad. Dios conserve el amistad por siempre jamás amen. Suelta, suelta. Qué tienes, qué has? Ay de mí, Tirso ha venido. Aquí es bueno el ser marido, porque le tiembren no más. Qué hay Tirso, amigo? Esto quiero preguntar a los dos. Voyme de casa. . Quién, vos? Si Tirso, que ya no muero del amor que antes tenía, dadme los brazos, y a diós. Bien me fuera yo con vos. Luego dejarme quería sola a mí. . No importa nada, ni hay recelo que me aqueje, pues aunque yo sola os deje siempre os hallo acompañada; pero ya que irme no puedo, abrazémonos los dos. Adiós Tirso. Andad con Dios, que yo con el diabro quedo; no abrazáis a mi mujer. Yo abrázar a hombre ninguno? malos años, solo a uno, y ese mi esposo ha de ser. Oh qué mujer tan honesta, bien haya quien te pario. A hombre abrázar yo, a hombre si no a vos? para esta. Qué honestidad, que virtud. Es muy honesta mi esposa, Es honesta, y virtuosa. Tal os dé Dios la salud. Tiene alguna falta. . No, ninguna se le conoce, sobras tiene diez, y doce, sin otras que no se yo. Cuales son. . Faltan parabras, mira, en casa no sosiega, en el monte es andariega, brinca más que veinte cravas. En la condición es terca, porfiar, y dar corcobos, come más que veinte lobos, y gruñe más que una puerca. No hay yegua vermeja, o rubía de tan mala condición, en la soberbia es león, y sobre todo, es muy sucia. Al malo y la chueca juega con el pastor más chapado, para ir a guardar ganado toda la cara jaluega. Y como el sol se desliza por el rostro jalvegado, parece que la han pringado con alguna longaniza. pero lo que tiene bueno, es que a ninguno abrazó, aunque lo mándase yo de gusto, y contento lleno, si hay quien lo pueda estorbar, pero si no hay embarazos, dará un reparo de abrazos que pare en fiete y llevar. Deja Tiberio ya el villano traje, toma el vestido igual a tu persona, y advierte que el Procónsul, que de Roma contra el Persa salió, vuelve vencido, sin armas, y sin gente. . Extraño caso. Toma el vestido ya de caballero, que podrán conocerte el y su gente, que de la guerra y su rigor cansados, cazando se entretienen, ven al punto, toma el vestido igual a tu nobleza. Ay amigo Camilo, como puedo irme ahora, cuando el alma dejo repartida por estas montañas? Es posible que aún te dure ese amor villano, y torpe, vuelve a cobrar tu ser, advierte, y mira lo que dirán de ti, los que supieren que a una villana adoras, y que pierdes aquel antiguo amor de tus pasados; confieso que es hermosa, y que es divina, pero como podrás enternecerla con ruegos, con palabras, y con dadivas, si es su pecho de acero y de diamante; pues hoy, para que sepas y conozcas su soberbia villana, al padre dije, que heras un caballero, y que querías casarte con su hija, dando famas altivas a su honor, y a su linaje; y el respondió soberbio, y arrogante, que cuando a caso a casarte llegarías con su hija; por desdicha suya; y de su linaje, ganaría honor tu casa, y que ellos. le perderían; mas primero que esto sucediese, el mar se secaría, y de los cielos bajarían los Astros uno a uno, y desquiciados los celestes polos, desgobernando el orden de los cielos, daría con los cielos por el suelo. Eso dijo, Camilo? . Aquesto dijo, Pues por el alto Júpiter, que rige la máquina celeste; y por la vida de nuestro Emperador, que el cielo guarde siglos eternos, que he de vengarme de esta villana, y de este viejo infame, cuya altibez soberbia le engrandece, aunque muera abrasado de mis celos. Perdido dejo el ganado por estos montes espesos, huyendo de un cazador, que volando imita al viento. Los montes y los peñascos, como si fueran amenos, prados viene atravesando, sobre el caballo Teseo. Quiero entre tanto que pasa, en esta cueva que veo esconderme, ay de mi triste, muerta soy. Huyes, qué es esto? Ay Ángel del alma mía vengo del rigor huyendo de un cazador que me sigue por aqueste bosque espeso. No huyas más, Margarita, porque ya dispone el cielo lo que tanto ha deseado, enternecido a tus ruegos. Ese mismo que te sigue, será causa del tormento de tu martirio, no temas. Que tantos bienes merezco, que tal bien se me apercibe? Ten firme, hasta que al puerto de la bienaventuranza, llegues a gozar el premio de tu martirio felice. Qué crueldades, que tormentos podrán quitar, Ángel mío las finezas que en vos veo? Todo será breve muerte, todo será breve sueño, como vos me deis aluda. Queda a Dios, que tu contrario viene tus pasos siguiendo, ten firme, sufre, y no temas el martirio que te ofrezco, pues por el vendrás ha ser la Margárita del Cielo, Serrana bella, y hermosa, detén el ligero vuelo, mira que vengo portí habrasado, loco, y ciego. Quién heres, Serrana bella, que según lo que en ti veo, o eres diosa celestial, o alguna diosa del cielo. Ni diosa, ni ninfa soy. no os dice el traje grosero? Dice que es oro en tosco sañal envuelto. Díceme que soy la perla que arroja el dilubio nuestro, la concha tornasolada de color azul, y negro. No soy si no una villana, que en estos campos desiertos apacienta su ganado con hierba que ofrece el cielo. No apacentáis si no furias, no apacentáis si no incendios, no apacentáis si no rabias, no apacentáis si no fuego. Qué es esto, Júpiter santo? que tal castigo merezco, también los dioses engañan. mentiras hay en los cielos? Que dirá el Emperador que fía de mí su Imperio, si no que soy un cobarde, grande mal triste suceso. Aquí esta. Qué es esto, Otabio? Pensando que en el espeso bosque, perdido te habías, en tu busca señor vengo con todos estos villanos, y con aqueste buen viejo, que también venía buscando su hija. . Hay santos cielos, que ella es causa de mis males, sin serlo de mi remedio. Qué tienes señor? . O tabio, esta villana me ha muerto Conqué? Con sus bellos ojos. Pues acudir al remedio. Qué remedio auras Pedirla a su padre viejo. Darala? . Pues no la ha de dar si tanto honor gana en ello, siendo un rústico villano, y tú quien eres. Dame tus pies. . Oh Camilo. o valeroso Tiberio, a que venís? . Vengo a darte, de tu pasado suceso, el pesame. . En la fortuna no hay estado que sea cierto. desvarátome el armada el Persa, quísolo el cielo, y pues el cielo lo quiso, paciencia ya no hay remedio. Cómo, General valiente, fuerte Alcides, H ector Griego, en el Imperio se sufren Cristianos? con tanto exceso que casi él número iguala a la multitud del nuestro. En el Imperio hay Cristianos, después que rije el Imperio Diocleciano nuestro César? Y aún tantos, que aún aquí puedo, en señarte muchos. . Quién? Esta villana, su padre Polemio, y estos pastores que en este campo desierto avitan. . Préndanlos, todos, hay tal maldad, hay tal hierro. Yo señor no soy Cristiana. 1. Yo tampoco quiero serlo, señor. . Yo sí, que mi Dios me ha de dar por serlo el premio de la Bienaventuranza. Entrad en el lugar presto, y a cuantos fueren Cristianos prended, que quizá por ello el oráculo divino, dijo mirando su acuerdo, que vencido, y vencedor, vendría a su sacro templo, Ay serrana divina, a Margarita, como me abrasan tus celos. Con llevar esta villana conmigo, voy más contento que si vencedor volviese. No he visto rostro más bello, Solo aqueste labrador emos hallado cubierto de las reliquias que miras, Quién eres. . No acierto a habrar parabra. . Acaba, que ley profesas. . Profeso, la que su merce mandare. La ley de Apolo obedezco. Yo la del pollo también. Pues burlome, que yo quiero ser Cristiano. Yo también, que ha mucho que lo deseo Pues no quiero ser Cristiano, Yo tampoco quiero serlo. Pues qué quieres ser? Señor, yo quiero ser todo aquello que su merced mandare, que aunque so de poco seso, nodo pesadumbre a nadie, Con el que es Griego, so Griego, Alarbe con los Alarbes, Tudesco con los Tudescos, con el Frances so Frances, con los Gallegos Gallego, Y aquién servís? Yo señor, sirvo al Mayoral Polemio Pues si Polemio es Cristiano, tú también vendrás ha serlo, pues dices que aquello sigues que siguen tus compañeros. Sí señor, Cristiano es, manda que le lleven preso, y que le ahorquen, Porti de que me ahorquen me guelgo, Ya el famoso Emperador llegó a Antiochia. Al momento partamos allá, que en forma de vencidos, que entrén quiero, arrastrando las banderas, que se vieron por los vientos, roncas vaian las trompetas, y de los parches los equos vayan publicando a voces nuestro humilde vencimiento, Todo se hará así, señor. Tú, Otabio, esos dos villanos presos lleva porque Margarita no ha de apartarse un momento de mi lado. Vamos pues. Si estoy mirando su vista, hacia tras los pasos vuelvo. Ánimo hija, que ya la muerte a los ojos veo. Que más dicha que morir para vivir en el cielo. Ya me arrepiento, Camilo, de la fiereza que he hecho, mas porque Ángel no la goce de su martirio me guelgo. Nadie de mí se despide? Mas que te abrase mal fuego, mas que nunca vuelvas vivo. Pues boto al sol que si muero, que he de tornar allaldea, y os he de moler los guesos,

JORNADA TERCERA

Si al entrar del funesto son del parche, arrastrando por el suelo las banderas, que otras veces se vieron por los vientos tan arrogantes, locas, y soberbias. Es fuerza, gran señor, de mis desdichas, ya entenderas la mía, pues consiste en aparencia tan funesta y triste? venciome el Persa, derrotado vengo, trance es de la guerra, esta disculpa tengo. Mas he sentido el veros con disgusto, o fuerte General, que las perdidas victorias de los Persas, que quien tantas, y tan grandes victorias dio al Imperio, que mucho que una vez vencido vuelve, si es la fortuna varia, e inconstante, y no tiene firmeza en cosa alguna, que es propio condición de la fortuna. Desecha la tristeza, pues ahora, Arnesto, y Claudio, vencedores vuelven, cuando vencido vos. . Pues esta el templo abierto, gran señor, saber querría, porque me dijo que sería vencido, el oráculo santo, yo al partirme, y vencedor a velle volvería, Llega a saberlo, aunque será imposible, según en el silencio persevera. Sacro Apolo, a consultaros vengo, vencido, y derrotado, dios supremo, y alto, vuestra palabra, es imposible cosa, que falte eternamente; vos dijisteis que vencedor a veros volvería, vencido vengo, dios supremo, y alto, pero no vencedor. El que ha vencido. es quien a Margárita te ha traído, que es quien oprime mi cerbiz valiente. Ya el silencio rompió, notable caso. Tú solo vienes vencedor. . Admira caso tan raro, fuerte y peregrino; que Margárita es esta? . Esta villana. Brava hermosura, que belleza rara; pues cómo, esta villana es quien oprime del saero Apolo la cerbiz valiente, y por quién mudo está? notable caso. De celos, ardo, y en amor me abraso. Sabrás señor, que esta villana es Cristiana. Cristiana, que me dices? Y por aqueso pienso que el oráculo, me dijo, que a tu Imperio volvería vencido y vencedor, pues que traigo, a su mayor contrario, pues ya sabes que lo son los Cristianos de los dioses. Pues en el sacro Imperio de Romanos hay esta infame raza de Cristianos, para oprobio del cielo y de la tierra? que mucho te venciese ajena guerra, o General famoso, si los dioses oprimidos están con esta gente? Que mucho que el oráculo divino no nos diese respuesta en tanto tiempo, si tengo yo en mi Imperio (o casos varios!) los mismos que se nombran mis contrarios? Préndanlos luego al punto, y con tormentos nunca en el mundo vistos ni pensados, los martiriten, si esa ley no niegan, adorando la nuestra, y luego al punto, Celio, y Otabio den al mundo vuelta, y no quede ninguno que no prendan, si Cristiano se nombra, y de esta suerte acabará con su temprana muerte la furia y el enojo de los dioses; aunque está Serrana, a amar me inclina, pues me ha robado el alma con su vista; escucha General. Qué es lo que manda? . Qué te lleves esta gente de aquí, porque pretendo persuadillos, a que dejen la ley ciega, que inorantes adoran, o tratallos del modo que verás. . Señor tu gusto en todo se ha de hacer, o caso injusto. Muerto de celos voy. . La culpa tienes. Lástima tengo a tu belleza rara. Mayor la tengo yo de tu locura. Oh que mal empleada hermosura Sin duda que ya vamos todos libres. Mas quisiera pasar varios tormentos por mi Dios, y mi señor. . No lo conden mas a mi parecer, vivir es bueno, Margárita hermosa, y bella, cuyos dos ojos están vertiendo rayos de fuego, sobre montes de crueldad. Ya has visto, Serrana hermosa lo que acabo de mandar, por vengar al sacro Apolo que tan enojado está, Si tu gustas Margarita al sacro Apolo adorar, y dejar esa ley ciega, en quien inorante estas, Serás dueño de esta vida, que por ti perdida esta, y serás restauración de esta perdida Ciudad. Por ti los perdonare, y ese traje trocaras, por el traje cortesano, que aumentara tu beldad. Darás contra los contrarios luz a mi ejército, y tal; que seas señora de Reyes, que feudo a mi Imperio dan. l nobleceras tu sangre, tu linaje ensalzaras, darás vida a un hombre muerto, lo, que por tu causa lo está. Tu padre andará conmigo, y más honrado estará dándole portí el gobierno de esta opulenta Ciudad. Porque veas que te estimo; desde que te vi, estoy tal, que por solo un sí, te ofrezco todo mi Imperio real, Si no gustas a los dioses eternos, sacrificar, el amor grande que tengo en crueldad se trocara. Darante varios tormentos, de suerte; que volvera en imagen de apariencia, esa divina beldad. Haré que te despedazen, los animales que están en mi sacro coliseo, que tú sol eclipsaran. Mira, Margarits hermosa cual de esto mejor te está, que más decirte no puedo, aunque te quisiera más. Diocleciano, que vertiendo estas ponzoña cruel por los dos ojos del alma, aunque no lo echas de ver. Desocupa el alma ciega, desocupa el pecho infiel, de ese error desatinado, de esa fementida ley. Adora la que yo adoro, que si la adoras, yo se que el Dios que los cielos rige con su supremo poder, te dará en el cielo Imperio, más privanza, mayor bien, que te dan, Emperador, con pensión que es tan cruel, Pero si ha estos vanos dioses, troncos de verde laurel, obedeces como ahora, y sigues su falsa ley, tendrás por premio debido a tu locura después, un infierno a cuyas penas rin de el humano poder, mal rejido y gobernado, y esto bien claro se ve, pues comeran tus entrañas áspides que no se ven. No hay redención en entrando por sus puertas, porque es palabra del mismo Dios, que por Fe se ha de creer. De secha el error, y escoge lo que a ti mejor te esté, que más decirte no puedo, aunque te quisiera bien. argarita, Estoy imaginando, o Marga que fiada en tu amor, o en tu locura; blasfemas de mis dioses soberanos, Qué dioses pueden ser dos troncos vanos? Y ese tu Dios, que tanto le encareces, qué fuerzas tiene, o qué poder alcanza? Alcanza de los cielos el gobierno, da al bueno gloria, como al malo infierno. Pues si ese Dios es poderoso, como lo afirmas tú, murió en el mundo con tanto vituperio, y y tanta afrenta. Convino que muriese de esa suerte al humano linaje. . Por qué causa? Por mostrar más en eso su clemencia, y el grande amor que al hombre le tenía quiso obligarle de infinitos modos, pues siendo él el señor, y el agraviado, quiso morir a manos del culpado. Pues siendo Dios, como la muerte pudo atreverse a aquel mismo que la hizo? La muerte, aunque el murió, no tuvo fuerza para aquel que la hizo; porque cuando Dios la formo para asistir al mundo, no tuvo humanidad, como la tuvo después que nació al mundo, de la suerte que cualquier hombre humano, y de la suya; solo se ha de entender en tal camino, que se atrevió al humano, no al divino. Luego cuando murió tan triste muerte, divinidad falto, pues morir pudo. Que muriese, no niego, pero el quiso, que porque más el hombre le debiera fuera su santa muerte medianera, del camino que hizo hasta la muerte. No has visto un hombre sabio, y prevenido, que se previene haciendo algún viaje; o por temor, o miedo, de dos caballos, por si se cansa el uno en el camino el otro supla lo que aquel no pudo pues ansi quiso Dios, y prevenido de dos caballos fuertes y ligeros, que fue la humanidad, caballo flaco, y la divinidad, caballo fuerte, su camino siguió, pero cánsose la humanidad al fin de su camino, y acogiose a la gloria en el divino. Calla, que son locuras cuantas dices, determínate luego, Margarita, a dejar ese amor desatinado, o a padecer tormentos rigurosos, Ese solo deseo, ese es mi gusto Qué gustes de morir? . Morir me agrada, Tan fácil cosa es? . Para mi es fácil, Ya te cansa el vivir? . Con todo extremo. No temes mis tormentos? . No los temo. Pues quién te ha de librar? . Dios soberano. Es Júpiter? . No es si no Cristo. Calla loca, que a furia me provoco. Calla tú, Diocleciano que eres loco. Gtabio. Señor, que mandas. Encierra a margarita en esa torre. Y de este villano, qué haré? Alegre día, ventura grande. La ventura es mía. pues que libre me voy. Hola villano. También hay paramí? . Cánsome en vano. Que manda sú, no se como se lo diga. . Ya yo se que no eres Cristiano, porque a serlo, es cosa clara que como a los demás te castigara. Cualquiera cosa que sea de castigo, yo la do, gran señor, por recibida. Pues impórtame ahora, en gran de extremo, que estes con Margarita en esa torre, porque con tu simpleza, y tus palabras rústicas y sencillas, la diviertas del grande error en que inorante adora. Dila cuan mal conviene a su hermosura tanta crueldad, fundada en tal locura, dila que si gusta de mi Imperio, será dueña y señora, y dila. Loco me tienen de volver estos recados, señor, ese oficio no es para rústicos villanos, indiscretos que su ciencia requiere hombres discretos. Haz lo que digo al punto, o vive el cielo que haga que te cuelgen al momento. So muy pesado para andar al viento. Haz lo que digo. Sin duda que mi madre me echó esta maldición, o alguna estrella tentada de alcahueta en mí mor aba cuando mi madre al mundo me arrojaba. Ya compañero divino estamos en la estacada, donde salir laureada con la victoria imagino. Ángel mío que guardáis esta oveja temerosa, pues que nunca os pedi cosa, que vos no me la otorgáis. Enseñadme este contrario que me me atormenta, y aflije, que valor al alma rige, para cualquier trance vario, que aunque es femenil mi estado, es fuerte mi corazón. Este es el fiero dragón, tu enemigo declarado. Válgame el cielo qué es esto. Que me quieres que me nombras, que me persigues, que buscas. Quién eres funesta sombra, Soy quien te está aconsejando, Margarita a todas horas que dejés tu ley. Mi ley? . Sí. pues que tu familia toda, tus pantes, y tus parientes me siguen a mí; no rompas tú su estilo, deja a Dios, que no es bien que se anteponga a mí su supremo poder, ten mi amistad Margarita. Yo tu amistad, fiera sombra? quién eres? . El Rey supremo de la soberbia, a quien toda la máquina que gobierna el César fuerte de Roma, obedece, aquel que quiso, por ensalzar su memoria, Jevantarse con el cielo, juzgando por gloria corta ser el más supremo en él. Pues yo te vencere ahora, otra vez llega a mis plantas, y bese mis pies tu boca. Que más vencido me quieres, Besa mis plantas. Furias locas, recibidme en vuestro centro. Besa mis plantas. Ya las beso. . Llega, toca, Qué quieres más, vesme aquí, o quien las tragara ahora. Pues vete la. . Voyme, mas por las famosas sierpes de metal, que ciñe mi corona vencedora. por el trifauce boraz, cuyas gargantas sonoras, las almas atemorizan, y unas con otras se enroscan. Por las aguas del Leteo, cuyas hondas escamoras, llamas de fuego vomitan entre arenas espumosas. Que he de humillar, Marga rita, tu arrogante vanagloria, si en tu defensa los cielos se desquician, y trastornan. Vete, soberbio león, que Dios, y su Madre hermosa me dan su aluda. . Ay de mí, su nombre me vencio ahora. Mal gracias señor os doy por favor tan soberano, mas no le vencio mi mano, si no vuestra Cruz y vos. Ya música apercebís, ya me dais tan alta gloria, grande ha sido la victoria, pues ansi me recebís. conque pagare, mi Dios, un favor tan soberano, mas no le vencio mi mano, si no vuestra Cruz y vos. Ay tan grande oscuridad como la de esta prisión, estos calabozos son retratos de la fealdad. Mas qué es esto, aquí esta claro, y no hay ventana ninguna, si aura bajado la luna a darnos algún amparo en tanto mal; aquí esta Margárita, brava cosa, toda aquesta luz hermosa su bello rostro la da, quiero, pues tengo lugar, decirle aqueste recado, mas diré que se le he dado. y ansí me podré librar. as imposible que pueda reposar, otabio amigo. De tus males soy testigo. Ningún remedio me queda; si no ver si este villano a puesto a mi mal remedio. Pues ese ha de poner medio en extremo tan tirano? Podrá ser, Otabio amigo; villano . Perdido estoy. (soy. Villano. . Ay de mí, ya muerto Ho la villano, aquien digo Él me ha de hacer ahorcar porque no he dado el recado, mas diré que se lo he dado, y ansí me podré librar. Hiciste lo que te dije. Sí señor. . Y bie? . Que está por tu amor perdida ya. Llega a hablarla que te aflije. Ahora tien de ser ello. Mil gracias doy al amor, pues libre de su rigor hoy gozo su rostro bello. Llega a hablarla. . Dónde esta No la ves allí arrimada, mirando al cielo elevada? El gran resplandor que da me ciega. . Ahora me mata; que ha de cogerme en mentira, ̱. Mirando al cielo suspira, y en sí misma se arrebata, Margárita hermosa, diosa celestial, que como otra Venus en el mundo estás. Mil gracias te doy, pues ya tu crueldado la furia mitiga, y en amor igual, al que yo te tengo, me quieres pagar; dame aquesos brazos: Oh furia infernal, vuelves otra vez? No soy furia no, ni desagradarte en nada pretendo; tente, dónde vas? Vete ilusión fiera, no vuelvas a dar asaltos al alma, Él me ha de quebrar la cabeca ahora. No enternezcas más aquese diamante, duro de labrar; si no pues la tienes, presa donde está, gozala por fuerza, o por voluntad. Bien has dicho, Otabio, sal fuera; a mirar si parece gente. Yo voy. A llamar el verdugo ha ido, ya yo guelo mal. Pues que con palabras engañosas das, aumento a mis males, hoy te he de gozar, aunque pese al Dios que adorando estás. Mi divino esposo, pues ansi os llamáis, acordaos de mí, y no permitáis tan grande delito. Tente, dónde está? Margárita escucha, no huyas. . Ay tal, diz que la otra huye, y queda se está Margárita mía, cese la crueldad, no haya más rigor, mi bien, no haya más; dame aquesos brazos. Ay engaño tal, que la tien delante, y la anda a buscar? él está borracho. Oh inmensa bondad, dais vista a los unos, y a otros la quitáis. Huyes Margarita, no te has de escapar; mas ay que es el viento que le fui a abrazar; cielos que es aquesto? Quiero entrar a dar gracias al señor, pues librado me ha, hay señor divino. Ya la claridad con ella se ha ido, y todo está ya como antes estaba. Pecho desleal, ingrata, villana, que ha tan tierno amar eres roca firme, detente no más, ya he vuelto a cogerte, no te escaparas; mas ay que fue el viento que le fui a abrazar. El topa conmigo, ya no hay que aguardar, quien me metió en esto. No pienso parar hasta que te halle. Alto, el llega a ca. Ya siento los pasos, que medrosa das, detente mi bien, Detente mi mal. No te irás ahora, mi bien que ya estas dentro de mis brazos. Hombre, donde vas. tienta aquesta cara, y en ella hallaras un monte de barbas, que te quitara cuanto amor tuvieres. Quién eres, quien va, no eres Margarita? El gran barrabas me llaman a mí. Mi bien. . Arre allá, gente de la cárcel, una luz sacad, que aquí andan forzados. Calla, desleal, o abrírete el pecho con este puñal. Qué es esto quién da voces? Tú, villano, estas aquí? Aún no ha un momento que era, gran señor, la bella Margarita y ya un villano soy, que poco dura en el que es desdichado la ventura Qué es esto que ha pasado? Has visto Otabio, a caso a Margarita? Cuando entraba la encontre en esa cuadra. Oh vil Cristiana pues parte, Otabio, al punto. (luego Ahora es ello. Y haz que un verdugo la desmiembre co tan fieros azotes, y terribles, no quede en su cuerpo cosa sana. Buen premio llevará de ser Cri voy a servirte al punto. (stiana, De esta suerte veré si los echizos los azotes le quitas, o su suerte, mas con tanta crueldad no haura terneza Ahora es ello, que a tronar empieza Tirso amigo, donde está la divina Margarita? la que la vida me quita, y la que muerte me da. A que diabros viene a ca, si por su causa padece el tormento que la ofrece, del fiero juez el rigor, que yo sin tenerla amor su desdicha me enternece, Ahora el verdugo fiero mil azotes la esta dando. Y yo el rigor aumentando, que en tal daño considero. y de mi desdicha infiero el daño que ha de seguirse. Ya comienza a descobrirse el espetáculo horrendo. que tal desdicha estoy viendo. Bien puede ahora morirse. Ay hermosura eclipsada, hay sangre amarga vertida, faltándome va la vida, ansí te dejó obligada aquel Ángel, aquel loco, aque furia me provoco; no puede ser bien nacido el hombre que te ha querido, y ahora te tiene en poco, vamos, Camilo de aquí, que me enternezco, de ver que a tan hermosa mujer, el mundo la trate ansi; loco estoy, no estoy en mí, Tú tienes la culpa. Ay cielos, aunque tuve culpa, en su muerte me diculpa el rigor de tantos celos. estáis. Esposo santo que mirando encia, desde el alcázar santo que tenéis, el valor corto que en mi pecho veis, pues vos con vuestro aliento me animáis. No os olvidéis, señor, de quien amáis, no os olvidéis, señor, de quien queréis; que vos, divino dueño, bien sabéis que es corto mi valor si le miráis. Mas no por ser tan corto mi valor, quiero que vos llegéis a presumir que desfallece el pecho en el rigor. Que estas heridas que llegué a sentir diamantes son y perlas, gran señor, que yos me dais en premio del morir. Porque veas, Margarita, que nunca falto a tu guarda, si ese temor te acobarda, con alegría infinita bajo a curar las heridas, que como fuerte soldado de aquesta guerra has sacado. No una vida, muchas vidas perdiera en esta ocasión, por mi dueño, y por mi esposo, que este martirio es piadoso, cortos sus rigores son. Ya tu martirio se acerca, sufre por tu Dios. . Seré martir de su santa Fe si está la gloria tan cerca. Ya de las heridas sano el femenil cuerpo esta, queda a Dios. . Que no hará tan hermoso cirujano. Boto al sol que la ha curado, el mozuelo en un momento, él se volvió por el viento, y ella contenta ha quedado. Con quién hablas? Lindo es ser Cristiano, aunque yo no quiero serlo. Por qué? . Porque en este punto bajó de los mismos cielos, de mil estrellas vestido, un mozo gracioso y bello. y a Margárita curó, sin que quédase en su cuerpo señal de herida ninguna. Hay mayor atrevimiento, que no tenga yo poder para castigar sus hierros, Ay suceso semejante. Qué hay Otabio? Margarita, y valiéndose de enredos, y de otras secretas causas que yo, inorante, no entiendo, esta tan sana como antes. qué dices? . Aquesto es cierto Parte Otabio, y has que al punto, porque no alborote el pueblo Romano, que la cabeca se la dividan del cuerpo. presto acaba. Voy al punto. Ahora veré si puedo librarme de sus embustes, y también de sus entedos. Saca villano, una silla, llama los músicos luego, mientras su muerte ejecutan. Mas detente, que es aquello no es aquella Margarita, que por el ligero viento viene rompiendo los aires, humillando el fiero cuello de un dragón, aquien oprime con la furia de su peso. Sin duda alguna que quiere matarme, valedme cielos, Júpiter santo ayudadme, fulminad rayos soberbios contra su rigor, ya llega, aquí me abrasa su fuego, villano ponte delante, que mátetu. . Ya me quemo, ansí me queme yo siempre. Villano dame tu ayuda. Ire a llamar un barbero, si gustas. . Di, no la ves? Yo ninguna cosa veo. No miras, necio, un dragón. que por los aires desecho, con las conchas escamosas de que está formado el cuerpo, la divina Margarita; aquí me abrasa su fuego. Ahora vino una brasa, y se me entro en el piscuezo, y no la puedo sacar, que me quemo; que me quemo. Hola, Otabio, Celio, Andronio, que me abraso fuego, fuego. De que das voces, señor, ̱. Ay Otabio, que estoy muerto, a dónde esta Margarita? Ya está en el lugar funesto del martirio. . Qué me dices? Que vendado el rostro bello, aguarda que la cabeza se la dividan del cuerpo. Oh abio mira si es ella, que yo la vi por el viento ahora. . Que estás dudoso, ella es. . Pues parte luego, y has que su muerte ejecuten, M. Voy volando. Jita al viento. ̱. Hay lástima semejante, hay pecho de duro acero como el de aqueste tirano. Ya por bella estoy moriendo, ̱. No la ves vendado el rostro? ̱. Mátenla, ver no la quiero. J. Ya él siempre odioso verdugo alcá el brazo. . Carga presto. ̱. Ya cayo, y al mismo punto a recibir la salieron, mil rubies. . Ay de mí, que el palacio viene al suelo. Lindamente le cogió debajo. Qué es esto cielos, dónde está el Emperador? No le miran hecho guebo debajo de esas colunas. Hay más infeliz suceso. Al tiempo que del berdugo el golpe fiero y sangriento, le ejecuto, al suelo vino, de este palacio soberbio, aquella altiva pared, cuya furia, y cuyo peso de esta suerte le dejó, sin que pelígrase en ello otra persona ninguna. Mil gracias se den al cielo, saquen el cuerpo difunto, y al son de funestos ecos, con las destempladas cajas, se le haga famoso entierro. tu gusto, señor, se hará. Vamos Otabio; que quiero acompañarle yo mismo. Grande mal, triste suceso. Qué es esto que sueña? . Al fin de cadenas y de hierros se abre la tierra, y en ella un bulto mortal, y negro. A dónde vas General, a donde caminas ciego, a darme honor, cuando yo a tantas desdichas vengo, no entierres cuerpo tan malo, que no ha menester el cuerpo tantas honras cuando el alma se está convirtiendo en fuego. La ley que sigues seguí, adlante fui de este Imperio, mil vicorias alcance que me dieron nombre eterno. Mas que importa que en el mundo, de tantos engaños lleno, tan jeande honor recibiese, si lo que ahora poseo son tormentos, son desdichas, son iras, delasosiegos, crueldades, anhas, espantos, que aludan a mis tormentos. Áspides me despedazan, sierpes me rompen el pecho culebras me martirizan, vívoras me están mordiendo, y sobre todo este mal, estoy vomitando fuego. estoy vertiendo ponzoña, de que mi cuerpo esta lleno. Deja el error que te guía, mira mi infeliz ejemplo, que más no puedo decirte porque miro el cielo abierto. Esta, divino Señor, es la ovejuela que tengo tanto tiempo a cuenta mía, pura y limpia te la ofrezco como tú me la entregaste. Llega, mi esposa. Ya llego, aunque indigna de este bien. Ahora te ofreceremos la corona, pues llegó la Margárita del cielo. Despeñen luego ese cuerpo, y con el honor que trujo a Margárita llevemos, la ley que ella siguió sigo, pues emos visto que el cielo a Margárita recibe, y a Diocleciano el infierno, Yo también a Cristo sigo. Y yo su ley obedezco. Todos aremos lo mismo. Ahora seré Cristiano pues que todos quieren serlo, ya soy Cristiano, señores, Vamos, que llevar quiero el santo cuerpo en mis hombros. Y tenga fin con aquesto la historia que al mundo dio la Margárita del Cielo.