Texto digital de Santa Juliana
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- Atribución tradicional
- Juan Bautista Diamante
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- Juan Bautista Diamante Segura
- Género
- Comedia
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Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Santa Juliana. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/santa-juliana.

SANTA JULIANA
JORNADA PRIMERA
Cierra esa ventana Irene. Hermosísima Juliana, siempre fue de la belleza pensión, el ser celebrada, fuera de que. No prosigas, y cierra. Ya está cerrada, no hay réplica a la extrañeza de la condición. Repara en que hay delitos; Irene, que los hace la desgracia mas que la culpa. Ninguna veo de esas circunstancias, pues ni oír cantar es culpa, es desgracia, si no es que canta mal el que canta. De tus divinos luceros las piadosas amenazas, o que tiernamente rinden, o que dulcemente matan. Qué te parece la letra? En vano Eleusio se cansa, y en vano mi padre intenta que le dé la mano. . Calla, que ni al ruego hay resistencia, ni a la porfía hay constancia; y si lo miras, verás, que tu entendimiento agravias, porque Eleusio es entendido, cortes, y de prendas tantas, que hay para empeñar dos años aa muchas cada semana, es noble, es bien quisto, y es gentil hombre. Si quitaras a ese último ser el medió, fuera mejor. Oye, aguarda, que el medio de gentil hombre, es hombre, o gentil; cual mandas qué quite? el gentil, no es cosa, porque tú no eres Cristiana; el hombre, para casarte, tampoco, pues si te casas con él no siendo hombre, irás lindamente despachada: explícate. Yo me entiendo. Yo no te entiendo: bien haya tu prima Márcela; pero lengua maligna, que trazas, tu secreto, vendes tú a quien no ha de darte nada? Yo te quemaré la boca; porque mucho notamala, ya que seas preotera, lo seas con quien te valgal Qué dices? . Ya está acabado. Llega esa luz, quien me aparta Y de Cristo, o lo solicita, me aborrece, no me ama. Resuélvase, pues, mi aliento, que el riesgo que me amenaza así se ha de remediar, Señor socorred mis ansias. s Quién dice amando, que vive gustoso con la esperanza, ni acredita lo que siente, ni desea lo que aguarda. En acecho de este asombro de virtud rompí las pardas caliginosas tinieblas de mi lóbrega morada. Irene, Licinio es este. Callas, que está aquí Juliana. Pues qué hace aquí, ya esta hora? Escuchan como que calla, dar los ojos al papel, y el oído a las guitarras, y querer darnos con ella como si fueramos ranas. Divertida está, yo intento hablar a Licinio. Vaya; y porque no te conozca vuelve hacia la luz la espalda, que yo a Artento quiero ver, que siempre a Eleusio acompaña, aunque le pese a Cenón, cuya pretensión me cansa; que sobre ser pobre busa con muy poquísima gracia. Y yo vuestro intento ayudo, por lo que me importa, nazcan escándalos, nazcan sustos, que asaltando esta costancia de Fe, y Religión, su firme arquitectura deshagan. Eleusio, de quien amigo me introduje, arde en la llama; de este prodigio, Licinio engañado de la incauta Márcela, también adora la hermosura de Juliana, y presume que le debe los favores que le engañan. Yo con el nombre de Artenio, y cautelosa asechanza, a todos asisto en esta? vabel de confusas ansias. Y ahora invisible aquí; atizando estas humanas pasiones, coger presumo algún fruto, que equivalga a tanto estudio, a tan grande desvelo, a cautela tanta cómo me cuestas, lidiar con los que de Dios se amparan. Juliana hermosa. t Licinio habla quedo. . Noramala, o era hora de abrir? Irene. . Elcusio. Como la ingrata deidad, que rendido adoro, de matarme no se cansa? En mala ocasión tu queja llega, pues si no se engaña mi malicia, es para ti el que está escribiendo. Calla, que si te creo daré de albricias a tus palabras la vida, y podrá después para amar hacerme falta. Ea vida; qué dices? . Ella más querra, aunque mos valga así alguna niñería, que sea de oro, o de plata, que la Irene es convenible. Y cómo? . Es gran cortesana. De aquel discurso, y de aquel papel intente mi traza sacar algún util. . Templo el dolor con la esperanza. A la vuelta de esta esquina oigo rumor, aquí aguarda veré quien es. Es Licinio, que de Márcela la gracia solicita. . Linda cosa el vivir juntas dos damas, pues así no se averigua, por cual de las dos se canta, por cual de las dos se riñe, por cual de las dos se pasa, achacándose a la amiga lo que se hace por la amada, con que de entrambas las culpas, son las disculpas de entrambas. Si yo soy tuya, qué temes? Temo que quien avasalla mi soberbio natural, falte a su fe, en confianza, de que quien se rinde humilde no se vengue airado. Agravias, Licinio mi estimación, con lo que a la tuya faltas. Pues perdona. Bien ay que. Yo no entiendo de palabras, Juliana, ni sé otra cosa mas que quererte bien. Basta, que buen rato de fortuna sino hubiera sido hurtada. Irene. . Qué? Has reparado hasta que de la victoria os dé el parabién. . Crenán, guárdate de mi ponzona; pues solo por si te hallo, me separo de la Escolta que me asegura. . Arma, guerras Adónde enojada Diosa ir podré, en tan impensada ruina; pues la espada rota, si a incorporarme a mi gente quiero pasar, me lo estorban las partidas enemigas, al ver. . . El paso le corta, que es el General. . Ya en vano; como aquella voz me informa, es imposible salvar la vida, sin la deshonra; y pues el honor es antes que la vida, ella se exponga al riesgo. Daos a prisión, si no queréis que las bocas de estas áspides de acero, con el tosigo que arrojan, os den muerte. . Capitán, pues dicha fue que os conozca; ya veo (pese a mi aliento!) que es (máteme mi congoja!) imposible defenderme, pues mi espada victoriosa, dejando en la mano el tronco, dio al aire su media hoja; mas si queréis ver cuán presto vuestro estado me mejora, diez mil Luises os ofrezco en cambio de mi persona; y un Regimiento. . Monsieur; el honor nunca se compra, de más, de que a mi amo sirve como vos al vuestro, y todas las riquezas que en sus minas ceilán, cuaja, y ofir dora, no es rescate de tal presa; y así, pues por ella sola venimos (así le engaño, por si mi cautela logra llevarle vivo) no haga yo que arda en mayores discordias la Plaza si os resistis. Tanto al Imperio le importa mi prisión? . Solo sé, que al punto que la voz corra de que vais preso; volviendo al centro que los aborta, se retiraran los míos. Pues vamos; pues ya que contra los Imperiales el ceño de mi destino me estorba ser rayo que los deshace, ser árbitro que los doma, a lo menos ya me deja la apreciable vanagloria de que mi libertad sea el rescate de Cremona; y para mostrar, que aún siendo contra mí me hace lisonja, quien despreciando intereses, cumple con lo que le toca: Tomad aquesta sortija, y veréis que de esta forma; quien los Soldados aprecia, a los Enemigos honra. Imperiales a la mina. Venga V. Excelencia. . Europa buena novedad te espera; mas pues sé, que no desdirán los acasos de la Guerra al honor dirá la Historia, que no son hazañas dignas desesperaciones locas, e , Esperad aquí; que aquí saldrá en avisando yo quien a llamar os envió. Qué es lo que pasa por mí! cuando siguiendo al amago del golpe la actividad, es esta infeliz Ciudad toda susto, y toda estrago, cuando por mi puesto empiezo a buscar su alivio, y hoy con cada paso que doy en un cadáver tropiezos En fin, cuando en tan notorio riesgo conducido me hallo de veinte hombres de a caballo a las casas del Pretorio, como sondará mi ingenio la causa de este vaiven, y averiguar podré quien me llama. El Príncipe Eugenio. Señor, sí, yo, V. Alteza. No os asustéis Senador, pues tenéis en mi favor segura vuestra cabeza. Menos susto en tan crecida desgracia señor tuviera, si de tanta ruina fuera medio el perder yo la vida. Padre, y Juez del Pueblo soy, por Senador Potestad, y al ver con mi autoridad cuan poco alivio les doy, lloro en males tan prolijos su destruición, y mi afrenta, pues justo es, que un Padre sienta el ver morir tantos hijos. . Pues si cual Padre queréis vencer el mal que lloráis, por qué no le remediáis? Pues puedo yo? . Vos podéis. Cómo? . Conociendo el día que domino la Ciudad, que abusar de mi piedad, es irritar mi osadía, la Francesa Guarnición, muerto habrá ya en la demanda, y de las Tropas de Irlanda, que gente pagada son, poco queda que fiar al deseo de vivir, con que es precisorendir el cuello a vuestro pesar; y pues el marcial rigor Potestad, ha establecido que haya de estar el vencido a arvitrio del vencedor, haced publicar un Bando, en que pena de la vida, a los Paisanos se impida tomar armas, evitando, que ensordecido a su ruego, si lisonjearme no sabe con esta obediencia, acabe con todos a sangre, y fuego. Demás de esto, habéis de haces que contribuyan atentos con todos los instrumentos que hubiere yo menester, como son espuertas, palas, zapas, picos, y hazadones, con las demás municiones de cuerda, pólvora, y valas; previniendo, pues ya es mía la Ciudad, a quien triunfante ocupo, tengo bastante para la Caballeria. Bien, como porque mi gente repare el velico afán, diez mil raciones de pan; y si a pacto tan decente Pues tú no lo excusas, oye mi queja, porque se añada a la razón de tenerla, el pesar de pronunciarla. Mas no hija no presumas, que de quejoso se pasa a vengativo mi amor, que no tanto se desmanda contra el cariño el enojo, pues porque acaso no salga de la línea de amorosa mi pasión, consiento que hagas experiencia en el amor (cia, de padre, y de hombre en la auda- para que a un tiempo conozcas en mi enojo, y mi templanza, rigor que me precipita, y cariño que me para. Estos escándalos hija, aunque tú no estás culpada en ellos, y tu hermosura solicite tu desgracia, este dar que hacer al ocio de la juventud lozana, y este ser hermosa, riesgo de mal defendida plaza, que la combate el deseo, que la persuasión la asalta, que la riqueza la sitia, que la osadía la escala, que el ruego la aprieta al trato, la solicita la maña, la mina el poder, la vuela; y solo en contienda tanta la defienden los oídos, cuyas resistencias blandas, por naturaleza al fuego se rinden de las palabras. Son muchos peligros, muchos sustos, muchas amenazas, y el honor que escrupuliza las menores circunstancias, al verse arriesgar en todas, en todas también repara. No digo yo que violentes tu natural, que deshagas tu inclinación, que le cortes a tu albedrío las alas; no digo que le sujetes, sino que le enfrenes, haga de su parte la razón, lo que a la razón se encarga. Mueve el albedrío tú a lo mejor, y contrasta si él no elige bien su intento, que a muy poca repugnancia, la que hoy es acción violenta, será natural mañana. Eleusio te solicita, y aunque Licinio te ama, y los dos te piden, hallo en los dos muchas distancias de mérito, pues Licinio, cuyas locuras empañan con escándalos, los puros esplendores de tu fama, es libre, es vanaglorioso, de mal ejemplo, de mala condición, de inquieta vida, de ocupación estragada, al paso que Eleusio cuerdo, y atento, de la contraria opinión, el premio adquiere, pues tanto al Sol le levantan sus virtudes, que la envidia, si le sigue, no le alcanza. Este, sin estas razones, tiene mi gusto, tratada tengo tu boda con él, y no te parezca extraña mi elección, cuando le elige cuerdo para su privanza Magsimiano nuestro César, y tan dentro de su gracia le tiene, que el cargo ilustre de Perfecto le señala, para que a todos gobierne el que a todos aventaja; la merced aguarda Eleusio, y yo el parabién, no ingrata te muestres al beneficio, que el cielo con mano franca en este acierto te ofrece; a Eleusio admite, y repara, que yo le ofrecí tu mano, y he de cumplir mi palabra. Señor? No que me respondas solícito, sin que hagas consejo con el discurso, porque tienes tan usada la lengua a negarme el gusto, que en esta parte esperaba, que discretos mis oídos temen lo mismo que aguardan. Pues si no me escuchas. Tiempo toma, y responde Juliana, mas mira que eres de Eleusio. A Cristo adoran mis ansias. . Qué dices? Que soy tu hija. Pues hija, a Eleusio declara por tu esposo. A Cristo admito. Habla más claro, y el alma te daré de albricias. Tiempo llegará, pues me lo mandas con tanto aprieto. Bien dices, la vergüenza la avasalla. La Fe que a Cristo ofrecí tengo en el alma guardada. Recógete, y piensa hija lo que respondes, mi casa honro con tal deudo, Dioses yo ilustraré vuestras aras. . Yo moriré, Jesús mío, conservando siempre casta mi pureza en vuestra ley, con la justa confianza, de que si hago lo que debo vos miraréis por Juliana. Mucho, Eleusio, me pesara de que el lance se supiera, por lo que arriesgar pudiera vuestra fortuna. . Repara lo justo vuestra amistad, mas fue efecto de mi amor. El diablo predicador tenememos aquí. . Es verdad, que en los amantes desvelos obra poco la cordura, porque es la mayor locura tener cordura conscelos. D yo lo diga, pues viene a propósito en la red. Tu celos? Es la merced que me hace usted con Irene. Yo, repararte procura, que te engañas. A mi ver, si usted no es, debe de ser algún diablo en su figura. Pues qué has llegado a inferir? Mil cosas a mi pesar, buenas para sospechar, y malas para sufrir. De mi sospechas? me espanto. Sospechas no más, no es mucho. Pues qué más? . Mas. No te escucho. Oye, no se me haga santo; que es un maldito. . Dejad ese loco; y de mi amor hablemos. Eso es mejor. Que grande es nuestra amistad. En mí sin riesgo de calma, con finas demostraciones corre, y dicen mis acciones, que soy amigo del alma. No me excede vuestra fe si vuestro me considera. Así Juliana lo fuera. Qué dices? . Que ya lo sé. Esta amistad que de fina pasando a otra cosa va, no se yo enique pararán, pero hudlo a camusquina. Así dijeos que de allí a noche no resultó desgracia, y que se informó mi amistad del lance? . Sí. Dijeos que Licinio fue con quien reñisteis valiente, y que no es inconveniente para vos. . Ya lo escuché. Vencisteis lo receloso. Ya se me olvidó el temor. Pues hablad de vuestro amor ahora que no estáis celoso, porque crezca en los desvelos . de los celos el concepto, le borro, que en el discreto causan olvido los celos. Empéñese en la memoria de Juliana su afición, pues de su persecución ha de nacer mi victoria; no proseguís? Con más gusto que hasta aquí. . Porque se excusa vuestra voz? . Nada rehusa. Proseguid, pues, que así es justo De Juliana en el amor? Ardéis? nada ay que me asombre, merécelo su primor. Por Dios que el diablo del hombre es grandísimo hablador. Su hermosa luz soberana amoroso solicito, con adoración tan llana, que a los Dioses se la quito para dársela a Juliana. Pero a nadie, si lo arguyo, quito nada, en lo que hoy a Juliana restituyo, que en mi adoración le doy solamente lo que es suyo. Si me mira, aunque es acaso este dichoso accidente, cierra tan aprisa el peso a mi suerte, que en su oriente ve mi esperanza su ocaso. Si bien cuando con enojos la vista aparta de mí, me agradecen mis antojos aquel gusto que le di de apartar de mí los ojos. Si de divino rigor arma su ceño la bella, lo hago premio de mi amor, y lo que es desdén en ella me parece a mi favor. Sin que el discurso sea necio, pues no hallo razón ninguna de tenerse en este precio por infeliz la fortuna, que le merece un desprecio. Cuando con hermoso enfado. aparta de mí el semblante, ocultándome su agrado, halla mi fineza amante que le debe algún cuidado. Y en lugar de disgustarme de su aparente desdén, me alegro con acordarme, de que no me olvida quien se acuerda de no mirarme. Si a ver su beldad me atrevo para templar mi pasión, de errar el intento debo, puesto que en cada atención muchos incentivos bebo. Si bien como mis pasiones no procuran los trofeos comunes, con prevenciones, si comienzan en deseos, acaban en atenciones. Ningún favor le he debido de los que llama en rigor favores, inadvertido el vulgo, si no es favor, habérsele merecido. Por ella suspiro, y lloro, mas con tanta compostura la solicito, y la adoro, que en buscando su hermosura, encuentro, con su decoro. Cuando con tierna victoria la dibujan los antojos, en la idea por mi gloria mueren de envidia los ojos de lo que ve la memoria. Y en fin, rendido, constante, tierno, atento, y obligado, sin deberle a su semblante, ni aún indicio de agrado la idólatro fiel amante. Y al presumir que ofenderla puedo, para no perderla en la fineza de amarla, quisiera por no enojarla, poder dejar de quererla. Atención es, y no exceso esta fineza en rigor, así me importa. Y con eso hay en el mundo un amor, que se acuerde de Don Bueso. Bien haya el alma de Irene, y la mía haya también, bien que a todo se conviene sin saber lo que es desdén, ni de que linaje viene. Tan unida esta conmigo, tanto lo que quiero quiere, que si tengo algún amigo, por él al punto se muere, y Artenio es muy buen testigo. Con tanta obediencia está de mis amantes desvelos, obligada Irene ya, que si yo le pido celos al instante me los da. Háceme tanto favor en cuanto a estar sin desdén, que no hay cosa en mí en rigor, que no le parezca bien, y si se la doy, mejor. Si juego, y se lo pregona alguna ganancia cierta, mi agradecida matrona, en viendo que ando de vuelta, luego me pide balona. Supo de un mirón fiel, esta que todo lo sabe, que en un gárito cruel me dieron un día un cabe, y vino al punto por él. De mí una cinta la agrada, y hasta que me la despinta me muele, y esto me enfada, pues siendo yo el que está en cinta es Irene la antojada. Y con tener de pevete la tez, y ser un frisón, ser alhaja de un corchete, tener cara de capón. Mientes pícaro alcahuete. Caiga el Cielo sobre mí. Irene? Señor Elcusio. De cuando acá mi fortuna te merece estos excesos? Calla infame. Undiose el mundo. Así prosigo en mi empeño. . Pues cuando yo no procuro vuestro alivio, callar quiero lo que encierra el papelico, que si se lo digo, es cierto, que ha de enviarme noramala. Mas qué bravo pensamiento se me ofrece ahora; Cenón me ha de pagar dicho, y hecho, este papel de Juliana os traigo. Dámela presto, o el corazón exhalado saldrá a los ojos del pecho, a procurar el alivio que le ofrece su consuelo. Con el papel orden traigo de advertiros, que el suceso de verle feliz, o infausto; que yo no me meto en eso; se debe a Cenón, y a él toca el agradecimiento, Juliana lo manda así, y yo por ella os lo ruego. Qué dices Irene? . Yo no soy mujer que me vengo, veraslo ahora, el papel viene vertiendo veneno; mas de cinco mil patadas le ha de calcar en leyendo. Con todo eso yo me escurro, . que este huele a bravo enredo, y Irene es taimada, y es mujer Irene en efeto, y las mujeres. Aguarda Cenón. . Cenón. Qué contento está Eleusio del engaño, que yo le ocasiono necio; mortales de esta manera son los humanos contentos. Cenón. . Ahora le fríe. Es posible que te debo este bien? Porque no huya le engaña. . Pues no lo creo. De mi hacienda, y de mi vida te hace mi alegría dueño, llega a mis brazos. . No aprietes. Oh lo que yo miro sueño, . o Eleusio no bebe aloja; o anda algún demonio en esto. De modo, Eleusio, que yo soy para los desconsuelos, y no para los alivios? Perdonadme, que el extremo de este bien me dio licencia. de olvidarme de mí miso. Pues qué hay de nuevo? Escuchad, que de vos nada reservo. Señor Eleusio, mi padre hace los justos esfuerzos que debe a vuestra amistad para que seáis mí dueño, y aunque yo con aparien- cias contradigo su deseo, creed que os estimo tanto, que sentiré con extremo, que os canséis, de que experimente lo que vale vuestra constancia en oposición de mí desprecio. Dice así? . Pues no lo ves? Todas, poco más, o menos somos mujeres, señores. Y toda la lana es pelos; mas qué te admiras? No es nada, no ha dado la industria fuego, . y disimular importa porque algo valga a lo menos; mucho me debes Cenón. Si Irene, ya yo lo veo, mas qué pretendes en paga? Que me des la mitad quiero de lo que a ti te valiere. Y tú habrás de hacer lo mismo? Yo soy contenta. . Pues oyes, mira que a partir comienzo, un abrazo me ha valido, ves aquí, Irenilla, el medio. Tú me lo pagarás, suelta. Hija, el concierto concierto. Veamos si ahora os quejáis. Entre queja, y sentimiento hay diferencia, yo pude sentir quejarme? no, puesto que si sentí como humano, también, callé como atento. Siempre vos acertaréis. En estimaros acierto. Artenio no ha hecho caso de mí, buen despacho llevo, despreciada, y ofendida de un lacayazo grosero, y de un taimado olvidada, válgate el diablo el suceso. Irene, dile a Juliana, que por ella vivo, y muero, y que en mí tiene su agrado lo propio que su desprecio. Que me favorezca, o falte al favor que nunca espero, ni la razón me hace suyo, ni la sinrazón ajeno. Que pues mis sabios destinos mi esclavitud dispusiera, los Astros saben las causas, que ignora mi entendimiento, aunque el efecto sé yo, pues de motivos secretos que no alcanzo; viene a ser mi adoración el efecto, dile esto, y esta sortija. Acoto. . Toma. A su tiempo; y no escribes? . Mejor es visitarla, que supuesto que su intento es despreciarme; más cierta ocasión le ofrezco en mí que en mi papel, pues o cierto sea, o incierto, favor, o desdén, examen procuró hacer de su intento, porque halle lo que fuere disposición en mi ruego. Visitas a toda ley, que papeles, y embelecos fueron unas filigranas, que usaron nuestros abuelos. Ah buena hija. Esto, y todo . me importa. Lo que yo ofrezco, es entrada franca. . Yo, de Africano el gusto tengo. Ya el viejo le ha dado el sí. Pues menos falta. Y tan menos, que hoy, siquiera, podía desposarse con su suegro. Calla necio, a dios Irene. Él te guarde. No juguemos, y venga mí mitad. . Oye. No hay oye. La mitad de esto no pides? . Sí. Veslo aquí ajustado en un momento, yo me tomo la sortija. Y a mí que me das? . El dedo. Hazlo al revés. Norabuena; que yo a todo me acomodo, toma el dedo tú, y yo tomo la sortija. . Eso es lo mismo. No seas impertinente, hijo, el concierto, concierto. Ah perra. , De Magsimiano nuestro César con un pliego un Soldado, para hablarte pide licencia. . Entre luego, sten abiertas mis puertas como mi pecho. Ya es Eleusio Presidente . deel. Senado, y ya con esto crece mi esperanza, pues en Africano contemplo, codicia de efetuar dé su hija el casamiento, y en ella gusto, pues nadie pudiendo ser más, ser menos quiere, que es la vanidad en los humanos veneno, tan agradable, que todos le beben sin escarmiento. Este pliego es para vos, y las albricias que espero de lo que él os tray, se funda en ser yo quien os da el pliego. Su lugar halle en mis brazos esa hidalguía, y el sello Imperial sobre mi frente ocupe su justo asiento. A Eleusió mi Presidente dice. . Muy bien decís vuestro, esperadme a que responda, y creed que más aprecio por Juliana esta fortuna, que por mí que la poseo; venid, Hidalgo. Ya os sigo. . Este Soldado me ha hecho horror, algo hay contra mí en él, pero que recelo de un gentil aqueste enfado, pues otra causa no tengo? será el odio con que a todos los mortales aborrezco. Vamos mi señor, que aguarda mi amo. . Ya os obedezco. Si este quisiera partir lo que le ha de valer esto, fuera hombre de bien. Decidme, quién es este Caballero? Es forastero. De dónde? Yo no lo sé; pero pienso que en Caravanchel de abajo ha vivido mucho tiempo. De aquí salió Irene, y es esta la casa de Eleusio. Quién creyera, que para el frágil, y limitado trofeo de vencer a una mujer han menester los esfuerzos de mi ciencia, y de mi astucia, valerse de tantos medios. Perdone Juliana, y sufra que digan mi amor mis celos. A tomar satisfacción Licinio osado, y resuelto viene de Eleusio, y me importa embarazar sus intentos, porque de Eleusió en la vida consiste mi vencimiento; a quién Licinio buscáis? A Eleusio. Si servir puedo en lo que él vuestro cuidado, fiad de mí. Yo agradezco vuestra voluntad. Más claro hablemos Licinio. Hablemos que a todo estoy prevenido. Primero el semblante vuestro lo dijo, que vuestra voz; pero yo os estimo, y quiero disponeros el alivio, sin las pensiones del riesgo. Aunque en mí el riesgo es ninguno, por no desagradeceros la amistad, pues informado estáis, según considero de mi intención, proseguid. A Juliana amáis? Es cierto. Y quiéreos Juliana a vos? Si basta para creerlo que ella lo diga, presumo que sí. . Aunque no basta eso, creerlo es fuerza, pues no hay otro modo de saberlo. Bien decís. Celoso estás? Es verdad. . Y con deseo de no estarlo? . A cuyo fin matar detérmino a Eleusio. Eso es lo que no ha de ser. De qué forma? Disponiendo yo que sea vuestra Juliana sin que él muera. Soy contento, que donde el amor se logra no tienen lugar los celos. Pues esta noche. . Decid, que tienen vuestros acentos tal fuerza en mí, que me obligan a reprimirme, y creeros. La habéis de probar, y yo, porque logréis el intento os he de asistir, diréis, yo propongo, y yo resuelvo, que que me importa a mi darle un disgusto tan severo a Eleusio, como esconderle el ídolo de su empleo siendo su amigo? a que yo respondo, que pues lo emprendo debe de importar. . Razón para suplicar no tengo, o no la hallo, o no la busco. Ni estáis en estado de eso. En fin decís esta noche? Sí, y ayudaros prometo. Pues de Africano en la puerta os aguardo. Yo iré luego. Mucho os debo. Aún no sabéis que tanto. Quérido dueño . haz que para mi fortuna si hoy en mis brazos te veo. . Juliana, si algún alivio puede tener mi tormento, en perseguirte le fundo, y aunque pese a todo el Cielo ha de empañar mi cautela de tu pureza el espejo. Lo que te dije me dijo. Yo, Irene, se lo agradezco. Si le oyeras, yo te ofrezco que te holgaras; es buen hijo. Mí Jesús, vuestros favores estimo, y gracias os doy, de que en mí, que nada soy, ejercitéis los mayores; Elcufio? . Si en vuestro labio hallo mi esperanza cierta, y en vuestra casa la puerta abierta, se hiciera agravio a mi fortuna en creer, que aborrecéis mi afición, pues muchos acasos son aunque pueden suceder. Pues como os determináis, válgame el Cielo, señor, el entrar aquí? qué dolor! Porque vos me lo mandáis. Yo? cómo, o cuándo? Divina Juliana, si pretendéis retocar, como escribís, los quilates de mi fe, a vuestra casa me trai mi amante dolor a ver, si sabe mi sufrimiento resistir vuestro desdén. Aunque sin causa no oyera vuestra voz, con causa es bien, que estorbe que prosigáis, u engañado, u descortés, pues ni yo os llamo, ni quiero llámaros, ni puede ser que quiera, porque hay razones en mí para no poder. Para que no desconfíe le asisto invisible, esto es, proseguir en la intención con que escribió. Dice bien mi discurso, pues ayude su intento mi buena ley. Usad rigores, usad tiranías, bien podéis, de vuestro divino ceño armar el dulce poder. Qué decís Eleusió? cómo habláis así? no sabéis que se ofenden mis oídos de vuestro labio infiel? El papel le enseña, así la confusión lograré. No harás tal, que consentir no quiero yo a tu poder contra su opinión engaños, Qué sobresalto! no sé quien me ha turbado la vista con el discurso, el papel le enseña. Para obligaros señora, sin responder otra cosa que os ofenda, decidme que vuestro es este papel, y si gustáis que haga lo que dice en él? Sí. . Primero reparad lo que decís. . Qué querré que hagáis lo que os escribí, digo. . Pues este papel mirad. Ese no es el suyo, C mire este que el suyo es. A Custodio, ha pese al Cielo. Calla blasfemo. Si haré. Y haréis vos lo que en él mando? Con el gusto que veréis. Miradlo bien. Ya lo miro. Pues escuchadme. Leeda Todos estamos acá. Calla, que tiempo no es de burlas. Pues de qué es tiempo? De callar, oír, y ver. Señor Elensio, si la fineza con que decís que me amáis, es como debe ser, y como yo debo creer de vuestro juicio, será verdadero vuestro amor; y siendo así, mas ira encaminado a mi lisonja, que a mi ofensa, debajo de cuya con- fianza os suplico, que no porfiéis en que sea vuestra, si no intentáis perderme, pues el día que recon- vengáis a mi padre para que os cumpla la palabra que le pedís, veréis en mi resolución, que a vos os deje sin esperanza, y a mí me quite la vida. Oiga el diablo del enredo, él le debe de leer de dos modos, o no es este el papel que yo lleve. Esto que veis dice aquí, y en resolución, creed, que no tengo de ser vuestra, porque no lo puedo ser. No estoy en mí. En un infierno nuevo de dolor cruel estoy ardiendo. Qué importa que tú lo excuses, si es a pesar de tus defensas, gusto mío, que con él te desposes? . Eso sí, aflicciones, socorred. mis ansias, que en este lance se funda nuestro vencer. Señor Africano a veros vine. Ya que el parabién del nuevo cargo os dé yo, y supuesto que ha de ser, dale la mano Juliana. Echole acuestas la ley. Jesús mío defendedme, no consintáis que un infiel manche pureza, que amante a vos os sacrifique. Qué aguardas? Pues me apuráis, que estoy casada sabed, y que primero que falte a la prometida Fe de mi Esposo, amante, y firme mil muertes padeceré. Y hacia la mortecina. Calla aleve, y dime quien es ese vil. . No le infames, que a ti te infamas, pues es Cristo, el verdadero Dios de los Cristianos, aquel que murió por mí, y me obliga a que yo muera por él. Ay de mí, infeliz! Juliana se perdió. Calla cruel, cierra el labio, o este acero. Si no te valen los pies, señora, aquí has de acabar. No es huir esto, porque es, ya que he de morir por Cristo, querer morir junto a él. . Seguirante mis ofensas. Yo, su muerte estorbaré, mas no la mía, Juliana. Ven Cenón. Vamos a ver. Qué es esto Cielos? testigo infeliz tengo de ser de esta deshonra; mas como desmayo? Licinio es este, y a buena ocasión llega, que pues ha de ser este el paso de Juliana, solo con oscurecer el día en su deshonor mi venganza lograré; Licinio? . Artenio? Yo soy. . El temor debe de ser quien me ha robado la luz, Señor, no desamparéis mi constancia. . Ves aquí a Juliana. . . Ni esconder te podrá el centro, ni el Cielo te defenderá. A saber de este alboroto la causa confusa muevo los pies. Sígueme Juliana. . Ah pese a tu luz, segunda vez me estorbas? . Juliana. . Yo finjo si Licinio es. . Sígueme. Dónde me llevas? No es tiempo de responder. . En esta pieza se entró, su muerte en ella ha de ver; Aquí está; pero qué miro! Qué veo! . Mi esposo veis. Muere infame. Extraño asombro! . Hechizo. Cristiano es quien de vosotros la libra, en cuya señal veréis, del dorado firmamento . los Polos estremecer, desquiciarse las columnas, crugir uno, y otro ex, ocultándose la forma de ese aparente dosel a los ojos. . Qué portento! . Nadie se vaya hasta ver en lo que esto ha de parar, que dos faltan para tres.
JORNADA SEGUNDA
SEGUNDA JORNADA Temiendo que la prisión adonde a Juliana oprimen sus delitos, ya sea tumba de su belleza infelice, a llamarla no me atrevo, aunque el afecto me obliguo a intentarlo, como padre tierno afecto, padre triste! O que de males Márcela, de mi honor manchó el origen, y recelo que Juliana la vida ingrata me quite esta cárcel fabricada del castigo, adonde vive tan preso el aire, que apenas tiene por donde respire. Es su funesta morada y estancia donde preside, de mi aparente rigor la tírama invencible. Rigor aparente llamo a mi crueldad! más bien dije, pues soy yo quien le padece, siendo ella quien le resiste. Con qué de peso los pies muevo, pero no me admire, que ya es tiempo que las plantas se conviertan en raíces. Yo llego, que sin sus ojos padecen eterno eclipse los míos, Dioses Divinos, para que yo sacrifique en vuestro honor ricos dones, aunque con obsequio humilde; haced por mí que Juliana sus ceguedades olvide. La mano al abrir me tiembla, pero no me escandalice ver, que hacia el gusto no haya cosa que se facilite. Qué oscuridad el silencio, y el temor su espacio miden, sin que a la vista le dejen lugar de que se ejercite. Juliana, no me responde; Juliana, en vano repite su nombre mi voz, aguarda corazón, y no adivines, que harto corren las desdichas, sin que tú las anticipes; Juliana, hija, hija, ah cielos! mas de que mis voces sirven si el desconsuelo triunfó de sus años infelices; mísera Cristiana. . Quién me llama? Pena insufrible! cómo Cristiana respondes? y como hija resistes el nombre de delincuente? es a tu oído apacible, y el de hija mía penoso? déjame que solemnice con el llanto tu crueldad, al conocer que te sirve la culpa, y no la razón, llorando en lo que me aflige, que tu delito veneres, y tu obligación olvides. Quién nace ciego, si falta advertencia que le avise de que hay luz, su oscuridad tiene por luz infalible, y la estima, mas si acaso abre los ojos, y mide los espacios luminares con las potencias visibles, la oscuridad aborrece tanto, que aún no le permite al natural movimiento, que de la luz le retire. Luz es Dios, y oscuridad la que su comercio impide; yo viví ciega, el Divino favor me enseñó a que mire la luz que ignoraba, pues porque dificultas, dime, que si conozco las luces aborrezca los Eclipses? Todo lo que Cristo no es en mi es odioso, o prosigue en atormentarme, o falta al odio de perseguirme. Ni el cariño, ni el rigor me han de estorbar invencible, a que en la Fe viva, y muera de Cristo constante, y firme: Calla, que cuando a buscarte vengo para que te libres del castigo que te aguarda, pues hoy el término pide que a Eleusio te entregue, como delincuente, mal terrible! pudiendo ser como esposa, desagradecida impides mi intento, solicitando que la venganza anticipe, que con vergonzosas quejas los Dioses de ti me piden. Dioses mi llanto mirad antes que se precipite, que cumplir yo con vosotros, y conmigo es imposible, hija Juliana? Señor. A tus pies mi amor te pide, que en tu vida, hay hija amada! por mi pobre vida mires; lloras? Sí, que es natural. Pues mi amor no desconfíe, que pues responden los ojos debe el corazón de oírme. Lloro, y no lo que presumes, pues nace mi llanto triste, de que no te persuades a ti con no persuadirme, pues siendo tanta la fuerza del ruego con que me insistes, es tan grande mi razón, que a tu ruego no se rinde: Y pues no ha de ser, te pido que mudes de intento, y mires que tus rigores me agradan, y tus piedades me afligen. Y a ser posible caber en mi constancia deslice, menos te temiera airado, que te temiera apacible. Pues hija ingrata, no hija ya, sangrienta tigre, que a algún bruto formidable tu generación debiste, quédate a morir, y queden las penas que a mí me siguen contigo, para que sepas de la manera que oprimen. Oye señor. . Hija mía, qué quieres? Que me castigues si tu presumes que ofendo a las deidades que dices, y yo por falsas conozco; mas de modo que te libre mi dolor de tu dolor, que he estado para pedirte, que no me ofendas, a trueque de que tú en mí no peligres. Tanto vale mi tormento, y no sabe reducirte? Es injusto lo que manda tu dolor. Pues no me obligues, irrítame, y podrá ser que el furor mi mal mitigue. Dios no me manda irritarte. Pues qué te manda? Sufrirte. Ten lástima de ti. Mas de ti la tengo. Qué dices? Que al verte perder segundo llanto mi lástima pide, a la piedad que lo mira, y al rigor que lo permite. Cierra los labios, o yo, porque a tu voz no peligren los oídos cerraré; mas consiénteme que admire los distintos corazones que en nuestros pechos asisten, pues cuando tú a mis suspiros muestras valor invencible, no tengo a tus voces yo más defensa que no oírte. Esa es de la ley de Dios la fuerza. Dioses sublimes, no acosta de mi observancia mi cariño se autorice, calla, y quédate sin mí pues lo quieres. Dios me asiste, y en mi sufrimiento espero, que su clemencia acredite. Ay Juliana, que a no ser tu padre, mi mal me guíe, y que no solo lo sufras tú, si no lo solicites. Pues cómo a no ser mi padre? Cómo a que te fiscalice desde este instante me obliga la Religión que en mí vive; hasta aquí el coro llegó, que la piedad me permite de Eleusio, Juez soberano, de la culpa en que delinques; . que desconsolado voy . así! aunque ingrata recibe este abrazo de mi amor, o de mi razón le admite, que si voy a no ser padre, justo es en dolor tan triste, que te abrace quien de tanto; parentesco se despide. El mismo Dios que yo adoro tu consuelo facilite. Y me dejas ir? Es fuerza. Hombres mi llanto os lastime, piedras, mi pena os ablande, Cielos, mi mal os obligue, y sola tú, sola tú, de mi sentimiento libre, ni le padezcas, ni alcances en que su fuerza consiste, que pues no le compadeces, no quiero que le acredites. . Señor, cuya soberana bondad causa mi consuelo mucho favor, desde el suelo consigue de vos Juliana. De mi padre en el dolor atormentada me vi; pero de vos me valí para resistir su amor. Y vos de cuya grandeza se socorrió mi humildad, de vuestra eterna bondad, sacastis mi fortaleza. Ah señor lo que os debemos los mortales, vos nos dais dujilios, y aún perdonáis que no los aprovechemos, Mas alegre este aposento está que el que antes viví, adonde la luz no vi, pero no perdí el contento, que estando mi bien en vos sin razón me vi de sustos, que respetan los disgustos a los que viven en Dios. Persecuciones me esperan, mas tanto es lo que me ampara vuestro amor, que deseara, que mucho mayores fueran. Felices los que por vos murieren, y en vuestro nombre, que si hace por Dios el hombre, que hará por el hombre Dios? Martires, yo os imagino de él mismo Dios por la mano de vuestro trabajo humano, cobrando el premio Divino. Quién, dichosos, mereciera veros, para desear lugar en vuestro lugar, y ardor que le mereciera! mas este favor que excede a toda fortuna humana, no le merezco. Juliana, Dios el favor te concede. Voz, si engañada no fui del deseo que te oyó, quién te dio el aliento? Yo. Y tú dónde estás? Aquí. Quién eres, que mal resiste el resplandor que conduces mi vista entre tantas luces ciega? Quién por Dios te asiste, tu Custodio soy. Y a qué vienes cuando en mí te empleas? A que con los ojos veas lo que has visto con la fe, con premios tan superiores, honra a quien sabe sufrir Dios. Y hay quien quiera vivir a vista de estos favores? Mira los dichosos. . Llenan el alma de tanta gloria, bebiendo está en su memoria el olvido de mi pena. A buen tiempo mis desvelos llegan. Lucero ya ves cuan favorecida es de Dios Juliana. Mis celos lo digan, pero mi brío no admite desconfianza. Y en qué fundas tu esperanza? En que ella tiene albedrío, fuera de que el falso trato de los humanos me atreve, pues cuanto más a Dios debe, es el hombre más ingrato. Entre los otros lugares desocupados, de quien, si saber puedo este bien, son estos dos singulares? Para ti es este lugar, y este que más cerca ves, para un venturoso es, que presto le ha de ocupar. Qué escucho! Si emulación en este sitio cupiera, envidiosa me tuviera la justa anticipación. Presto hay otro venturoso mis oídos escucharon! mas cuando a mí me faltaron razones de estar quejoso? quién será? . Para ocupar este sitio es menester ir Juliana a padecer. No iré sino a descansar, que no se padece cuando alivia el conocimiento del premio, pues no es tormento el que el premio está acordando. Queda en paz. En ella voy con Dios. Pues en él te empleas, advierte, aunque no me voy, que siempre contigo estoy. Tiempo pierde aquí mi intento, vamos a fraguar rigores, que a vista de los dolores es muy otro el sufrimiento. Cielos, y no de esta palma, os cedo la acción creída, que aún le quedan en la vida tres enemigos del alma. . Qué sueño en él mi alegría, fue conforme a mi deseo. Es posible que te veo, señora del alma mía, aprisa dadme los brazos. Con ellos mi amor te espera, Apriétame de manera, que nos hagamos pedazos. Que hay de nuevo Irene, Cosas estupendas. Y Márcela? Eso ahora te desvela? no preguntes por golosas, Cómo? Como dada a perros, o a Licinios, que es lo mismo, de amor con el parasismo ha echado por esos cerros, bandolera es ya, bien haya ella. . Qué me dices? Qué? que con Licinio se fue. Dónde? A buscar la gandaya. Válgame Dios! El día mismo que tú con no vista moda, habiendo de ser de boda hiciste de Cristianismo. Ella en fin las afufó con gran parte de mi honra, sin perdonar su deshonra al padre que la engendró. Gracias a Dios. De desgracias das tu gracias de ese modo? qué dices mujer? . De todo se han de dar a Dios las gracias. En eso estás? considera, que importa atenderme a mí, pues dice el mundo de ti; que eres muy pataratera. Todos se admiran, Juliana, con ponderaciones mil, de que un cuerpo tan gentil tenga un alma tan Cristiana. Y según su porfiar, pienso que te han de dar caza, porque los veo con traza de hacerte descristianar. Previénese el mundo entero para verte, y con razón, y estás por tu devoción metida en un abujero. Dónde tus ojos están? qué pretendes mujer ciega? en un callejón no ruega aprendiendo a gabilán. Múdate, que es importante, y sabe por sí te espanta, que sin ser Semana Santa te han de hacer diciplinante. Deja la intención servil, que traza tu desventura, niña si de tu ventura quieres gozar el Abril. Y mira si perseveras en ser Cristiana en efecto, que habrás menester coleto para las asentaderas. Eleusio, con las porfías de su constante afición, a saber de ti a Cenón envía todos los días. Por ti pregunta, y me enfada, pues preguntando desloma, y étele por donde asoma el moro por la calzada. Yo me retiro a no ver, ni escuchar su desvarío, y a esperar por vos Dios mío ocasión de padecer. Yo despacharé al instante con él, y te seguiré señora, que en buena fe que me deguella el vergante. Irene? . Qué hay? Es Juliana? . Un poco. Y por qué se fue antes de verme? . Porque de no verte tiene gana. Puedo entrar? . A qué? Enemiga he de decirte mi amor? . No. Mira. . No entres, o yo me iré. Miren como obliga. A qué vienes en efecto? Al ordinario reclamo del menguado de mi amo, y a decirte este soneto; atiende si estás aquí, que como eres tan mudable no habrá lugar donde estable seas. . Vaya. . Escucha. A verte más veloz que una pelota mi cariño me trae, Irene ingrata, y aunque ahora tan falso, estoy de plata, para todos, hermana, tray la flota. Por tu afición la mía siempre trota, y la tuya, ni ata, ni desata, haciéndome más tiros mogigata, que contiene el Castillo de la Mota. De mí te informas solo por gaceta, viviendo para mi más alta que Ita, donde mi nombre llega por minuta; Y con andar mi vida por ti inquieta, te he de querer por ser tan bonitita, en ata, en eta, en ita, en ota, en uta. Señor Zenón usted es buen pobrete, mas tiene algunos lucidos de Orate, y a hombre que no envía chocolate, le sobra todo aquello en que se mete. Promete usted, y al punto que prometé se le olvida la dadiva, y no el tate, y con palabras de calabazate tantas flores no tiene un ramillete. Bien ve esta cara de pastel en bote, pues no me falta quien me la confite, porque el ceño en agrado le comuté. Vaya con Dios, y mire que es un zote, a quien despiden porque no visite, en ate, en ete, en ste, en ote, enute. A qué? Pues parta. Convencísteme. . Con lo que has dicho, y has hecho voy yo Irene satisfecho. Y yo Cenón quedo harta. Qué de Julian a diré? Que de la prisión salió. qué? 2. Eso no sé yo Pues di cómo? . Eso no sé, Enfermo voy. Quién vio tal! oye, busque, u salud cobre, quien pida para ese pobre que llevan al Hospital. Tanto crecen los insultos de Licinio? . Solo quejas de él, y sus parciales se oyen. Id vos, y en vuestra defensa gente llevad, que en el monte, o le maten, o le prendan. Siendo el orden justo, justo es también que se obedezca. . Ay Juliana, no olvidarte, aunque me matas, intenta mi amor, que tú te olvidaras de tu ceguedad quisiera. Desde aquel día no vivo; pero para que se acuerda de asombros mi fantasía, que mi dolor no remedian. En el honor que me ocupa veamos lo que manda el César, por ver si la ocupación le da al sentimiento treguas, Eleusio mi Presidente, luego que recibáis esta, haréis público el edicto que se sigue en Nicomedia, Ciudad de Penopoleso de las de nuestra obediencia, y cabeza del gobierno, que en nuestra gracia os consiento, Qué será el edicto? Es la persecución más fiera que contra el pueblo de Cristo la Gentilidad intenta. Artenio? . Cómo tan triste vivís? haber si os alegra mi presencia, mi amistad me tray. . De mis justas penas solo vos sois el alivio. Creed Eleusio que quisiera, que de su intento Juliana se mudara, y que su tema, o su engaño, o su malicia, muchos cuidados me cuesta. Si es dicha mía, hacéis mal de imaginar que ser pueda, porque de Juliana es tan grande la crueldad bella, que será ingrata consigo, porque yo infelice sea. Qué carta es esa? . Contiene unos edictos del César, a quien vos haréis que luego se dé cumplida obediencia, fijándolos en las partes públicas, que así lo ordena. Ya sabéis con cuanto gusto vuestro precepto me deja siempre que algo me mandéis, y más en estas materias. Ya sé que de los Cristianos sois persecución severa. Pues aún no lo sabéis bien; decid. Esto es lo que encierran. Que las cosas necesarias para la vida no pueda ningún Cristiano comprar sin la justa reverencia de incensar los simulacros, que el Gentilismo venera; a cuyo intento, en las calles, y plazas que se comercia, las soberanas estatuas de Bahal estarán puestas, porque a su pública imagen público el obsequio sea. Discreto edicto, veremos ahora si morir se dejan de necesidad, cuando es la glosa de esta sentencia tirana, que ni vestir, ni comer, ni beber puedan, sin idolatrar veremos como Dios su angustia enmienda, esto es antes, perdonad. También contra ti me alienta . Juliana esta tiranía, pues fuerza es que desfallezca tu constancia al ejemplar de la Cristiana miscria. Cristianos, hoy el edicto se pública, en que os ordenan, que a la Gentilica usanza hagáis a Bahal ofrendas. Misericordia Señor, amparenos tu clemencia, ay de ti pueblo Cristiano si Dios de ti no se acuerda! Qué mísero acento triste tardo a mis oídos llega! hola, quién se queja? . Vengo, señor, echando la lengua de un palmo a decirte. Qué? . Juliana. Prosigue. . Espera, que no puedo respirar. No será mala la nueva, pues que siendo de Juliana se me dilata el saberla. Bueno, mala había de ser? no es si no buena, y tan buena, que su padre muy preciado de la Religión que observa, hecho suegro de su hija a delatrar viene de ella ante ti, como Juez absoluto en Nicomedia; y como en público viene, y ella es tan hermosa, al verla, lastimadas la acompañan, niñas, muchachas, y viejas, diciendo en voces confusas, unos de ira, otros de pena. Muera Juliana, que el culto a nuestras deidades niega. Ay de mí! Juliana viva. Todos los Cristianos muera, Misericordia Señor, amparenos tu clemencia; ay de ti pueblo Cristiano si Dios de ti no se acuerda! Ya está fijado el edicto. A muy buena ocasión llega vuestra amistad, que sin vos precisa mi muerte fuera. Ya sé vuestro desconsuelo. que este hombre a azufre me huela! Qué haré, pues, cuando me llaman allí cariño, aquí deuda, aquí amor, obligación allí? deidades supremas, como puede un pecho amante, que en tiernas olas se anega, ver padecer lo que adora, y ayudar a qué padezca? Cumpliendo la obligación, y olvidando la fineza. Tampoco hay que hacer en eso que tan fácil se aconseja? Pues qué habéis de hacer? Morir. Nada en morir se Excusarme. Es imposible. Si consejo me pidieras lo diera yo bravo. . Cómo? Cómo? al viejo le metiera en una tina de accite por la observancia que muestra, y a Juliana la enviara donde Juliana quisiera. Y los Dioses ignorante? Oiga el diablo lo que aprieta. Los Dioses es lo primero. Por una gorrona puerca enviaré yo noramala cuantos Dioses hay en Grecia. Blasfemo. La Méndez habla? Mira, que Juliana llega, y que en tu rigor consiste el alivio de tus penas. Eso, me aconsejas? . Sí. Pues cuándo así no aconseja? Venganza dolor, venganza, amor paciencia, paciencia. Lleno de dolores, lleno de ansias, y lleno de penas Eleusio ante vos el triste, Africano se presenta, que aunque es lo que debo hacer lo que hago, para que exceda a mi obligación mi oficio, traigo el pesar que me cuesta Juliana mi hija, hija la llamo por si recuerda el nombre de mía algún privilegio en su clemencia. Juliana, pues, atrevida, con sus baldones no acierta el amor; pero es preciso, que la Religión lo ordena. Juliana injusta, que tarda la voz, acentos alienta en su acusación, mas como ay de que admirarme deba, que si cuanto a pronunciar voy resulta contra ella, y es ella mi vida, como puede causarme extrañeza, que contra mi propia vida esté remisa mi lengua? Señor, si mi detención culpáis, reparad en ella, y la haréis menos prolija, cuanto ella más torpe sea, que lidiar con dos afectos donde a un tiempo se interesa de los Dioses el honor, y adonde el labio se hiela de una hija, al sacrificio se ofrece la vida tierna, aunque acá en el corazón esté dada la sentencia, prefiriendo la divina a la voluntad paterna, es acto tan doloroso, aunque justo, que en la deuda de la observancia más pronta, y de la ley más atenta, puede, y debe subceder; mas no se ve que subceda; Juliana en fin. . No prosigas, que dudando que pudieras vencer el dolor, callaba por no añadirle más fuerza. Pero pues que le venciste, según ya resuelto muestras, yo por ti proseguiré la acusación que comienzas, que estimo tanto la culpa que yo adoro, y que tú aseas, que porque acaso tu amor que me agasaja no crea, reservando alguna parte con la paternal clemencia, la he de decir yo, perdona si obligare tu terneza, que no por ser tu piadoso he de ser yo desatenta, Eleusio por no causarte, o porque tiempo no pierdas en inventar tiranías. Mira hija. Mujer templa. . el precipicio, ay de mí, que Juliana se despeña! Ya es preciso castigarla. . De su castigo te acuerdas, y no de mi vida? . Esotro no repara en menudencias. No ha de valerle a mi ama este balcón en las fiestas. Lo que es balcón no lo sé, mas no faltará azotea. Mortales, este juicio el Divino representa, en Eleusio amante está la sombra de la luz bella del Criador, y la criatura está en mí, que al juicio llega, en Artenio está el Fiscal, y mi padre, que recela mi castigo, hace el retrato de nuestra naturaleza. Solo hace el Abogado falta aquí, que allá no hiciera, que allá nos defiende asable María Abogada nuestra. Juliana mira por ti, y que tenerte quisiera la fortuna por esposa, de quien por reo te afrenta. No os desconsoléis, que yo he de procurar vencerla por serviros. Daré el alma de albricias a quien la venza. Y ella también la dará si de mi vencer se deja Juliana, como tampoco me importa que tú te pierdas, avisarte no he querido del engaño que te ciega; pero viendo interesado en que infelice no mueras a tu padre, y a tu esposo, aunque la razón obstenta en este la acusación, como en aquel la sentencia, por ellos, y la piedad, que tu engaño me aconseja, mi persuasión por el sitio forma de argumento tenga. Ese Dios que adoras, como te consiente en esta afrenta? como no vuelve por ti, y comó tu fe no premia? Oh seas lo que presumo, o lo que pareces seas, la verdad de Dios a todos concluye de una manera. Quién te ha dicho que no asiste Dios en mi favor? pudiera yo sola sin Dios hacer a tu engaño resistencia? Pues ahora en qué me resistes? dirásmelo cuando veas de tu sangre salpicada tu necia infeliz belleza? cuando te atormente el hambre, cuando la sed te haga guerra, cuando el alivio te falte, cuando el desconsuelo crezca? quién te ha de amparar entonces? Seguidle, matadle, muera quien rompe los estarutos de la Religión. . Qué pena! Ese alboroto por mí responde, pues quien alienta en la amenaza mi brío, me dará en el dolor fuerza. Hola, qué es eso? . Señor aquel Soldado que el César envió con los despachos del puesto en que nos gobiernas. Yo lo diré, viendo que hay Dios que sabe, sin violencias, obligar a que le adoren, haciendo que le obedezcan. A su bondad me incliné, conociéndole en la cierta razón con que los Cristianos confían de su clemencia. Pues como el público edicto manda, que ninguno pueda procurar el alimento natural, si antes no inciensa a los ídolos, vi en ellos, que antes con constancia entera se resuelven a morir, que a hacer a su Dios ofensa. Por cuya causa movido del furor que aún no me deja, rompí los edictos, dando por sola, y por verdadera la ley del Dios que los guarda, la Fe del Dios que los premia. Reconociendo por falsos los ídolos, que con fuerza venerar hace el poder, y las crueldades sustentan. Cristo el verdadero Dios es mortales, él me alienta, humanos, a que os avise de su bondad verdadera. Calla hombre que me matas, que desorden Cielo es este? no en vano este me dio susto al verle la vez primera; quien pudiera huir de sí. Bárbaro blasfemo, cierra los labios, hola, llevadle adonde pague la ofensa de los Dioses con la vida. Nada el rigor me amedrenta. Llevadle, pues, qué aguardáis? rigor mi cuidado aficta, por ver si a Juliana obligo a que los castigos tema; llevadle, pues. . Muera quien los Dioses no reverencia. Dichoso, firmeza ten, y al feliz lugar que esperas llega, de mi justa envidia acompañado. . No temas, que me falte la constancia, que aunque de Cristo no tenga mas noticia que este amor, que me inflama, y me gobierna, en él confío. . De mí en tu ventura te acuerda, pídele que a mí me guíe adonde su amor te lleva. Cristo es Dios. Por no escucharlos su centro me dé la tierra. . Dioses, como estos delitos consiente vuestra grandeza? por no escuchar vuestro ultraje cerraré entrambas orejas, y la parte iré a llorar que tengo en la injuria vuestra. Mueran. A ese hombre llevad, y para crueldad más fiera, sé que de Juliana, así librarla mi amor intenta, o a lo menos dilatarme la vida que tengo en ella. Ten firmeza. En Dios confía. Dios te asiste. Dios te alienta, a vivir voy. . No dilates tu dicha. . Con Dios te queda. Solo porque fueras firme verte Cristiana quisiera. Como esas Cristianas ay que no saben de firmeza. Todos se han ido. . Nosotros lo mismo hagamos. Es fuerza, que estos dos que se han quedado para algo solos se quedan. Juliana, valor no tengo para hablarla, si no piensas que me ofenden tus ultrajes cuanto a ti te lisonjean. La seguridad no pagas que debes a mi fineza; y en tu propia ofensa estás dando materia a mi ofensa. Enmendar tu ceguedad ya no cabe, más cupiera, que tu riesgo te enmendara lo que mi amor no pudiera. Si antes como Juez te hablaba fue delito de mi estrella, como amante ahora te ruego, que es dicha de mi influencia. Librarte yo, es imposible, y en ti según es la tema, es imposible que ya falte la culpa propuesta. Demos un medio Juliana, que aunque delito parezca en mi oficio, de mi amor alguna disculpa tenga. Finge tú, que reducida estás a dar la obediencia a los Dioses soberanos; de modo, que la apariencia parezca verdad, y vive en la ley que te parezca, que como a mí no me obligues públicamente a que deba cumplir con mi obligación, castigando tu entereza, yo te perdono que faltes del Cielo a la reverencia, y a cuenta del Cielo quede lo que ahora está por mi cuenta. Negarte que es atención digna de mi aplauso esa, Eleusio, aunque desválida se quede solo en propuesta, fuera sinrazón, mas quiero pagártela con que sepas, que a ser posible aceptara tu consejo, y le cumpliera. Pero como los Cristianos, porque nuestra ley lo ordena, debemos dar a la voz lo que el corazón reserva. No tiene lugar en mí tu hidalguía; pero tenga, ya que no lugar, la justa, la atención de conocerla, Qué hemos de hacer, pues, amante yo, y tu cruel, tú severa, y yo piadoso contigo, yo tu Juez, y tú mi rea, tu Cristiana, y yo gentil? Morir yo. Porque yo muera? es posible? . Nada digas. Mira. . Rigores inventa. Mira cual es mi razón, pues tu propia me aconsejas tiranías contra ti. Señor, Juan se os encomienda. Y mira cual es Eleusio de mi razón la defensa, pues las voces de aquel Martir me comunican su fuerza. No hay remedio? No hay remedio. Pues mis piedades desprecias muere Juliana, y contigo muera yo deidades fieras injusto es vuestro dominio, pues me obliga a esta violencia. justa es vuestra ley, Señor, pues yo por la conveniencia de seguirla, y observarla deseo morir por ella. Compañeros, el monte nos defienda. Que se emboscan, seguid aquesa senda. No me pierda, Márcela, tu hermosura. Al monte, al llano, al valle, a la espesura. Ya que el monte nos defiende de tanta persecución, como contra nuestras vidas muestra el cobarde rencor. Descansa, Márcela hermosa, en este sitio, y los dos para su seguridad, con atenta prevención, desde esas dos atalayas, que excelso registro son del monte, donde esos pinos se están consagrando al Sol, prevenidos registrad, si el numeroso escuadrón que nos persiguió hasta aquí su designio revocó, partid. . Ya te obedecemos. Márcela, pues ocasión llega, aunque llama el peligro a las puertas del temor, la satisfacción precisa, que tantas veces pidió tu razón a mi delito, te quiere dar mi razón. Yo, Márcela, te robé de tu casa; pero no creí que a ti te robaba, y débele a mi atención, que este punto no te explique, pues cuando intentando estoy satissacerte, no es justo, que por quedar yo mejor en tu estimación, se ofenda parte de la estimación. Que no le entiendo presume, y es porque nunca mi voz le ha advertido del engaño, que mi astucia le trató. Ya que delito no sea robarme, y quieras que yo agradecida me muestre al acaso, o al error con que me satisfarás la tarda injusta omisión, con que desde que me viste tu tubieza me trató. Con decir que no hallé en ti lo que pensó mi afición, y que hizo la oscuridad la culpa, y la luz la vio. Grosero eres. Tú me obligas porfiada. . Eres traidor. Si alas no tenéis, es vana de libraros la intención, pues el sitio que ocupáis cercado está. . Lo mejor será seguir esta senda. Márcela, de este furor te libra por esa parte, mientras guardándote yo voy a estorbarles el paso. Que se acercan. . Sin ti voy. Pero segura, pues queda en tu amparó mi valor. . Ay de mi desdichas! cuando vuestra aleve pretensión ha de cesar! . No se libre, tiradle, él es. . Muerta soy. Licinio. . Márcela? Cielos desde aquel risco cayó, pues la dejó mi cariño, busquela mi obligación. Licinio, Licinio. Huyendo de aquel asombro llegó a este alivio mi fortuna, Ya muero tan sin favor de los hados, que a Licinio la última queja no doy. Murió Márcela, y su hierto cadáver, como sirvió ella a mi intento, también servirá a mi pretensión. Dios a Juliana no asiste con uno, y otro veloz auxilio? no la consuela el Augelico Escuadrón? pues por qué en ayuda mía no ha de procurar mi voz, que de infernales ministros me ayude la protección? O tu espíritu rebelde; el que observa más rencor contra el hombre, aborreciendo en él la Imagen de Dios, en este infelice cadáver introducido tu horror me responda. Que me mandas, que ya a tu obediencia estoy. Que en esta forma penetres el viento, y la devoción de Juliana desvanezcas con Angelico esplendor; parte, pues. . Ya te obedezco. No harás tal, fiero Dragón, que esa sobre las que pasa es mucha persecución, y el Divino amor no sufre tanta angustia. . Cómo no? pues dime, de qué me sirve del Cielo la permisión? Yo no te arguyo, defiendo lo que procuras. . desprecio tu resistencia, haz lo que mando. Ya voy a obedecer. Pues al centro de tu perpetua mansión baja espíritu rebelde. Ten la luz. . Ten el rigor; ay de mí! rabiando quedo. Ay de mi! rabiando voy. A los que por Dios padecen, así favorece Dios.
JORNADA TERCERA
TERCERA JORNADA Padezca así, quien así afrenta nuestras deidades. Señor, por vos son favores de mi vida los ultrajes. Ojos, qué miráis? Artenio, qué es esto? Lo que me mandaste. Corre amigo, corre, vuela a procurar que no pasen adelante las ofensas de Juliana, no dilates mi alivio en su alivio. . Bueno, y qué dirán los que hallaren que yo deshago en secreto lo que tú en público haces? Dirán que es piedad en ti, lo que en mi es rigor. . No pases con el injusto precepto que me impones adelante, que no he de arriesgarme yo a que piensen ignorantes, los que su castigo apoyan; que soy al embarazarle, como ella Cristiano, pues me compadecen sus males, no es sino por ver si mudan los dolores su dictamen, o porque padezca quien tanto padecer me hace. Ten lástima Artenio. . Yo de mí la tendré. Pues no haces por mí esta fineza, yo por mí quiero aventurarme, que si yo muero, que más puede hacer quien me matare, ola Ministros aleves. Que no puedan escucharte. . haré yo. . Tened las iras, no me obedecéis infames, suspended el rigor viles, Eleusio os lo manda. . Nadie tu voz oye, que en ofensas de los Dioses inmortales están sordos los oídos de los que las satisfacen. Sobrenatural efecto es este, Eleusio, no agravies a los Dioses, procurando la venganza embarazarles. Pues qué he de hacer? Esperar que allí se reduzga, y pague lo que a tus finezas deben sus injustas ceguedades. Y cómo he de consentir que aquellos dolores pase quién adoro, y quién persigo? No hayas miedo que la maten. Como no, si la desnuda espalda, nieve fue antes, y herida cera parece, humana tabla de jaspe? Cómo siendo piedra es cierto que no siente los ultrajes, y es primor que sus espaldas a su constancia retraten. Cómo no, si bajel vivo en piélagos de corales, que vierte, y corre, padece peligrosas tempestades? Cómo siendo bajel burla los airados temporales, y constante a los báibenes resiste los uracanes. Cómo no, si los que ofenden su hermoso bulto tenaces, se irritan que los resista, y redoblan las crueldades? Cómo para los rigores con seguridad constante, lo que siente como viva, resiste como cadáver. Como si ya no respira al parecer del esmalte, que vierte cambiando en sombras de su rostro los celajes? Como ese no respirar, que ser muerte persuade, es que anbía los alientos a que el corazón le amparen. Cómo? Ay de mí! Cómo Dios la asiste. . Qué pronunciaste? Una verdad de mi enojo, . que pudiera rescatarte del tributo que me rindes, si acaso al averiguarme lo que pregunto tu ira, tu inclinación preguntase. Quién es Dios? Los Dioses dije, que por causas que ellos saben, la deben de asistir, pues sus resistencias audaces, pasando el humano coto solo en lo Divino caben. Pues si ya te compadeces, ten lástima a mis piedades, amigo, haz que no la aflijan. Si haré, pues me persuades, no haré, si no porque ociosos. . son los rigores cobardes contra Juliana, y pretendo con afectadas piedades ver si mi astucia la vence, ya que mi crueldad no sabe. Pasmado vengo. Y yo absorta. . Cenón? Irene? A contarte de Juliana maravillas, y de su Dios. . Porque hables de Juliana te perdono, que al Dios de Juliana alabes? Riguroso eres. . No soy sino piadoso, repare quien riguroso me juzga, en afectos tan distantes, que hiciera más que yo, pues puesta mi piedad de parte de mi Religión, olvido de mi amor lo favorable, faltándome a mí, porque a mi obligación no falte. Sí, que el alma es lo primero. Como es Gentil, no te espantes; pero a Juliana señor, de que tu piedad le falte, de que tu horror la persiga, ni tu sinrazón la asalte, no se le da dos cominos, dos chichotas, dos tomates, dos bledos, dos verenjenas, dos artides Catalanes, dos higos, dos chochos, dos lo que menos importare, pues diciendo siempre nones no hace caso de los pares. De los cabellos colgada tanto tiempo estuvo al aire, que del peso las facciones sus ordinarios lugares mudaron, dejando horrible su bello rostro agradable; pero solo a su hermosura le duraron las fealdades mientras estuvo pendiente del cabello, que al instante, que para mudar martirio quitaron su horrible imagen, resplandeció tan hermoso su Divino rostro afable, que a ser posible pensara, que era más hermosa que antes. En un horno la metieron luego, y las llamas voraces rindieron sin ofenderla a sus luces vasallaje; que dar a entender atento quiso, sin que aprovechase el fuego, que hay reverencias adonde hay desigualdades. A una tina de Betunes fue a descansar de estos trances, diciendo más tigeretas que menean dos mil sastres. La tina hirbia, mas fue singular cosa admirable, que al echar dentro a Juliana los betunes resultasen contra los verdugos, siendo los fritos los circunstantes. Alborotose la gente con suceso tan notable, y muchos de los Gentiles, al ver prodigio tan grande, se convidaron a ser chicharrones celestiales. De aquí la sacaron luego los escaldados vergantes, y atándola a una columna, ofendidos del desaire de la caldera, su cuerpo hirieron con tal coraje, que inhumanos, y crueles, porque azoten, y descansen, comparadas de verdugos remudaban por instantes. Juliana. Callad amigos, que para tantos embates, es poco mi sufrimiento; ay Juliana, de tus males ten lástima, o tu valor me invía con tus pesares. Yo, pues vuelve a la prisión voy a verla. Y yo a guardarle el bulto voy, pues mi oficio me manda este disparate, que quien se guarda como ella, no ha menester que la guarden. . Qué hermosa de las injurias la dejó el duro combate, al paso que las ofenden crecen sus divinidades. Desde aquí sin que la aflijan puedo verla, haced durable deidades a mi fortuna este bien, si sois deidades, sola está si podrá oírme, mas no debo preguntarle a su desdén si me oye, sino sí quiere escucharme; Juliana. A que mis ofensas vengue en Eleusio me traen mis iras, disimulado, de cautelosos disfraces. Él no me persigue fiero, desterrado, sin bastarle verme habitar como bruto del mundo las soledades? pues muera Eleusio, vil causa de mis desdichas, y lave mi cólera vengativa, mis injurias en su sangre: Márcela infelice, a quien robe engañado; siendo hábil causa de mi perdición su robo al justo desaire de mi rencor dio la vida, o a la necedad de amante de este espectáculo triste movido la patria infame, que así me trata, resuelvo dejar, más pretendo antes vengar en Eleusio aleve persecuciones tenaces, que contra Juliana ejerce, y contra mi persuade: Felice hasta aquí mi intento ha sido, y porque no falte mi esperanza, desde aquí correrá más favorable, pues es Eleusio el que miro. Divina Juliana, basten los rigores. . Cuando fuera diferente mi dictamen, los celos que me recuerda me obligarán a matarle, muera a mis manos. Detente, que Dios quiere que le guarde, porque ha de ser instrumento de la gloria de su Martir. Que me ahogas. . El infelice número de tus maldades se cumplió ya, porque seas triunfo vil de mi coraje. Con más temor que hasta aquí cobarde, vengo a saber si hay algo que defender pueda a mi temor de mí; pero Eleusio volveré atrás. . Tal mi amor consiente! Vine a ver el delincuente, y con el Juez encontré; pero no admirar me obligo aquesta desigualdad, porque siempre la maldad está acordando el castigo. De duras prisiones llena se deja estar su fe rara, ay Juliana quien trocara por las tuyas su cadena; pues las que rigor pregonan en ti, tanto a mí me ofenden, que si a ti el cuerpó te prenden, a mí el alma me aprisionan del hierro infame, que así te agrava, justo dolor! siento yo el peso. . Señor es esa mi hija? . Sí. Pues mirad, si a vos os dan lástima sus males, hoy en mí, que su padre soy, qué sus tormentos harán? Africano, yo quisiera. No me tenéis que decir, que Juliana ha de morir para que su padre muera, dejádmela ver. . Mirad mi pena, y vuestro tormento. Grande es nuestro sentimiento, pero mucha es su crueldad, ha Cristiana, que a este nombre sueles responder. Quién llama? Pues que tu olvido me infama, no tu padre, sino un hombre, un hombre, un viejo, que al verte padecer, porque no fuera tuya tu muerte, quisiera padecer por ti tu muerte. L Ese favor le debió amante a Cristo mi fe, pues porque yo viva sé, que Cristo por mi murió. Eleusio, cansado vengo de lidiar, en vano ya, el pueblo pidiendo está que muera Juliana. . Y tengo de sentenciarla yo? . Sí. Qué dices, señor? gran mal! Pues ella viva inmortal, y su pena caiga en mí. Ved que son intentos vanos los que ejecutar espera vuestro amor. Mi hija muera, y los Dioses soberanos vengados queden, mi ciego dolor venza mi fervor, y su culpa, y mi dolor se purifiquen al fuego. Muera, muera. Ya no cabe forma en mí de resistirme, vamos adonde confirme su muerte, y mi vida acabe. Tan agradable sufrir, tan dichoso padecer, solo por vos puede ser, y a vos se ha de atribuir, que aunque quisiera morir, Señor, para descansar, es tan gustoso el pesar de ser por vos el rigor, que está temiendo mi amor lo que le puede acabar. Aquí está Juliana. . Vuelve a esperar Cenón, y mira, que a lo que te dije estés prevenido. . Nada digas. Juliana. . Quién es? Quién viene acosta de honra, y de vida, y de alma a librarte, pues todo en librarte peligra. Vive tú, y yo muera, ha cielos? pues claro está que precisa será mi muerte en tu ausencia, aunque el dolor más resista. Mas no será tan cruel mi tormento, como a vista de tu muerte, pues tendrá mi mal en lisonja mía, saber cuando te aseguro, que muero porque tu vivas. No es tiempo de replicarme, pues ya a pesar de las finas resistencias de mi amor, di a tu sentencia mi firma. Pero no sin advertencia, pues como una muerte avisan sus letras, notando que es sepulcro de mis cenizas tu sentencia, pues en ella se incluye la muerte mía, para que ignorar no pueda nadie que allí va mi vida, di a mi sepulcro mi nombre, porque de epitafío sirva. Vuestra atención es tan grande, Eleusio, tan nunca oída, que cuando fuerza no fuera por mi razón no admitirla, por vos en mí me excusara la razón de agradecida; puesto que justo no fuera querer vuestra bizarría, por librarme a mi quedarse de tanto riesgo a la vista, y contra mi obligación sufrirlo mi cobardía. Y puesto que sin tener mayor causa que lo impida, mejor razón que lo estorbe, lo excusara por mí misma, no lo hiciera por vos solo; como queréis que lo admita contra Dios, pues cuando a vos crueldad déjaros sería, como en Dios ha de dejar mi amor lo que tanto estima, pues lo que es con vos tibieza, fuera con Dios tiranía? Qué dices Juliana? . Elcusio, lo que debo; qué dirían, volviendo a la cierta causa, que defiendo, los que miran como la defiendo cuando la memoria me fatiga, de que lo digan los labios? cuando vieran que vencida del temor faltaba yo a obligación tan precisa como Dios, y en Dios a tantos Católicos como admiran los favores que Dios muestra en las resistencias mías, pues en mí un gusano inútil sus clemencias autoriza? Volveos Eleusio, y mirad que si obligarme imagina vuestra fineza me ofende, o vuestra acción os lo diga. Si vos porque me queréis os exponéis con fe fina a la muerte por mí, yo que a Cristo adoro rendida, como me podré excusar de la muerte a que me obliga? Dime cruel, yo sé Cristo a quien no injuria ofendida mi lengua, por no ofenderte a ti con sus ignominías, a ti Cristo te agradece la fineza que acreditas? Y cómo, pues no lo ves? Pues di, como tú la mía no agradeces, retratando tu Dios en lo agradecida? Cómo la obra que tú haces, aunque de intención sencilla sea en ti, para mi llena viene de torpe malicia. Pero no obstante la parte de obligada no se olvida en mi estimación, cuando hace mi fe cuerda, y advertida, que la intención agradezca, y la ignorancia resista. Mira lo que haces Juliana, y advierte, si no lo miras, que te ruega como amante, quien como Juez te castiga. Aquí tu vida procura, y tu muerte allí te avisa, quien a la una, y la otra te esconde, y te solicita. Resuélvete presto, y piensa, que es tan angosta la línea, que hay entre ser, y no ser, que ya admiración sería, que sin pisar en tu muerte, ande un paso más tu vida; Cenón te aguarda, y con él en que te libres dos pías, que a su ligereza deben el melindre con que pisan: parte, corre, vuela, huye la inremediable desdicha que te alcanza, si desprecias lo que a mi afecto te intrma. La prisión tienes abierta, y porque acaso no impida tu resolución mi estorbo, a no verte más me envía la esperanza, de que harás lo que mi amor te suplica; breve es el término, toma consejo contigo misma. . No era pequeño peligro este a no estar defendida de vos, Juliana, Señor. No pierdan tiempo mis iras. Pero qué es esto? de extraña, de celestial armonía se puebla el aire, afrentando nueva luz la luz del día, quien admiración tan grande causa? Quién a ti me envía. Márcela? . No soy Márcela, aunque en su apariencia misma vengo, pues tomé su forma, porque de crédito sirva a la embajada que traigo del Dios a quien sacrifica. Ya libré de la cadena. De eso podrás conocer quien soy. . Deseo saber lo que Dios por ti me ordena. Manda. . No sé que me admira, Que alumbre tu ceguedad las luces de mi verdad. Mejor dirás tu mentira. Que des te manda obediencia a los Dioses superiores, viendo que a tantos rigores es frágil tu resistencia. Cierra enemigo la boba conocido a tu pesar, que Dios no puede mandar lo que al demonio le toca. Que no eres enviado de Dios me inspira su amor, y pues debo a su favor haberme de ti librado; quién eres me di? . Qué ira! Prosigue. En mi propio peno. Habla, que yo te lo ordeno en nombre de quien me inspira. Pese a su poder tirano, pues me obliga a repetir el torpe, el desaire infame de mi rendimiento vil! Yo soy, para que te asombres, al escuchar, al oír quien soy, pues me persuades a que lo diga, ay de mí! soy de los mancomunados un espíritu infeliz, que en la culpa conspiró del Angélico motín. Yo soy quien por esta culpa vencido perdió en la lid gracia, y hermosura, pues en Dios todo lo perdí. Soy el que al centro bajó condenado a residir entre timeblas, si bien cuando en el centro me vi, notando que mi bajada tuvo limitado fin, y la presunción no tuvo finito término en mí, que era menor el castigo, que la culpa; a presumir llegó mi consuelo, si hay consuelo que dure en mí; pues aunque de Dios bandido al centro inferior caí, ni aún Dios pudo hundirme tanto cuanto yo intenté subir. Soy el que por este ultraje, émulo de su feliz victoria, contra Dios tengo al hombre por adalid. Qué supo mi industria sabia avasallar, y rendir, ya que no a Dios, al retrato de Dios que en el hombre vi. Yo para la primer culpa soy quien supo persuadir a Eva, y para la primera muerte, quien movió a Caín. Yo a Salomón la iuspirada sabiduria vencí, y en la idolatria, amante, y ciego, le hice incurrir. Yo a Nabucodonosor con no mal logrado ardid, para reverente culto su estatua le hice erigir. Yo a Herodes aconseje el acto torpe de herir tanto cuello, derramando tanto inocente carmín. Yo de Amón fui el apetito el pecado de David, y la confusión de lenguas para Babilonia fui. Yo del discípulo aleve aconsejé la acción vil, y yo para castigarla el lazo infame le di. A Esteban apedrehe, y constante perseguí a Pedro, y Pablo, logrando de sus Mártires el fin. La Hebraica perfidia dura en la ceguedad por mí, y por mi dura el engaño de tanto necio Gentil. Yo hago al Sol oscurecer, yo a la noche hago lucir, yo estremezco el mundo, y yo le desencajo, por mí quema el agua, abrasa el viento, y con otro producir, diferentes cualidades tienen fuego, y tierra en sí. Yo; pero por qué blasono, si estoy mirando infeliz, porque Dios te favorece mi valor sujeto a ti? Cuando mis necios blasones solo me pueden servir de tenerlos, porque tú los logres Juliana en mí? Pues bestia infernal, infausto presumido querubín, que para engañar tu sombra vistes de ajeno matiz. Que a mí te atrevas no extraño, porque me conozco a mí, y porque sé qué atrevido a Cristo tentó tu ardid. Lo que admiro solo es, que de ese disfraz gentil te dure la pretensión, presumiendo que creí, que eras Márcela, debiendo a Dios luego que te vi, la noticia de tu intento, y de tu ser infeliz. En cuyo castigo quiero que esa dejes, y tu vil forma tomes, para cuyo efecto te ha de oprimir con la facultad de Dios, mi constancia varonil, qué aguardas? conozca el mundo el favor que a Dios debí. Sepa viendo que de tu cerviz es yugo mi Fe, que tengo a Cristo por adalid. En venganza de tu astucia preso has de quedar aquí, desnuda la ajena forma falso Dragón. . Ay de mí! a eso me obligas Juliana? Cielos, que tal permitís, humanos que tal miráis, infiernos que tal sufris, ved, notad, mirad, sabed, reconoced, advertid, como favorece Dios a quien ama a Dios así, o yo lo diga en la forma infame que veis en mí. Infierno, este ultraje sufre mi soberbia? este sérvil baldón padece mi ultraje? para esto me permitís, Señor, que al hombre persiga? pero será al verme aquí vencido, la permisión de dejarlos perseguir, porque sea triunfo en ellos lo que es descrédito en mí. Ya me importa que Juliana muera, pues si proseguir la dejo, harán sus prodigios, que no solo ella, ay de mí! de mi esclavitud se libre; mas cuanto aleve Gentil a la vista está de tanto padecer, y resistir sabe, dirá con su ejemplo de mi yugo la cerviz, muera Juliana, aunque yo la pierda por no sufrir triunfos, que en mi logra el Cielo por su mano femenil. Gracias a vos, que esta honra a mi humildad permitís; Cenón, Irene. Qué ordenas? Es hora ya de partir? Mas qué es esto? Son favores de Dios. . Pues déjalos ir. O nos iremos nosotros. Es papagayo, o mastín? fuego de Dios que me agarra. Ay. . No tienes de que huir, que aunque es la soberbia, tiene forma de humildad aquí. Las cerdas son de cochino, y las patas de perdiz, las orejas de asno, y las alas de lechuza, y de mono la cola, y boca de mujer que da en pedir. Boca de mujer? . Si piden todas la tienen ansí. Juliana, ya se cumplieron los términos de vivir, por Eleusio condenada a muerte vienes aquí, la sentencia es esta, y quien te ha de llevar a morir sus ministros. . Pensabas que mi constancia al oír que voy a morir, es menos de la que ha sido hasta aquí, mas te engañas, que aunque se de mis trabajos el fin morir por Dios, y pudiera mi amante pecho sentir, que el merecer se acababa con el padecer en mí, como es el último examen de la fineza sufrir la muerte, por lo que adora el pecho amante feliz, en mi último padecer mi última fineza vi. Vamos; pero porque vean los favores que debí al Cielo, cuantos a vista están hoy de mi morir, tú, Cenón, este infelice monstruo lleva junto a mí, arrojado me acompañe como tributo en la lid, por señal que Dios envía de mi victoria feliz. Con falsas majias entrañas nos pretendes persuadir a los engaños que formas; llevadla, no estoy en mí. Bien conoces tú, que quien me socorrió con decir quien era este, en otra forma me avisa lo que hay en ti. Ea llevadla, que temo injuria nueva al oír, que quien la avisó de aquel puede avisarla de mí. Y yo tengo de llevar este demonio, partir podemos ahora Irene. Ya yo lo hago. . Cómo? Así. Eso es partir tú, de que me llego a afligir, pues claro está si le suelto des que se irá, vamos de aquí, oigan, que no quiere, alón, marchar. No me puedo ir hasta que Juliana muera. Ay que habla el señor mastín, qué haré? Lo que ella mandó. Llevarle al suplicio? Sí. Y harame mal si le llevo? No. Pues vamos. Ay de mí! Temiendo, y dudando Cielos, si Juliana acetaría la última fineza mía, me tienen mis desconsuelos; de esta quietud mis recelos se aumentan, penas qué hacéis cuando sospechosos veis los indicios de vivir, si Juliana va a morir? Artenio? . Qué me queréis? Y Juliana? A morir va. Pues la hallaron? Quién lo ignora? Quién a costa la libraba de vida, de alma, y de honra; ay Juliana! pero no se detengan mis congojas, de lo que importa cuidemos; Artenio este anillo toma, que el sello Imperial contiene, y con él su muerte estorba, haciendo que te la entreguen los ministros en la forma que estuviere, que no sufre perder mi amor lo que adora; parte, qué aguardas? Ya voy, que mal tu ignorancia loca . espera alivio de quien tiene tu mal por lisonja. Ya Juliana va a morir. Ya mi amor su muerte estorba Tarde llegará el remedio. Por qué? Porque a mí me importa. , . Eleusio. , . Africano. Cielos. Qué tanto dolor se oiga! Qué tanto dolor se escuche! De acentos que no se forman. De labios que no se mueven. a Juliana viene en la forma que la hallé, y porque del todo, Eleusio; no fuese ociosa mi diligencia, te traigo su cabeza, ella te informa de su muerte, y tu desgracia; ya desesperarle importa. Como a vista de esta pena vivo, falsas, rigurosas deidades? Como a mi muerte os mostráis deidades sordas? Juliana. . Hija. Señores no aventuremos la trova, que es tarde, y muerta la Santa no hay que esperar otra cosa. Yo fui tu muerte. . El aleve engaño de que blasonas te quitó la vida, vea de tu luz mi amor la sombra. , h - Cristo es el Dios verdadero, él en mi voz os informa. Que aún después de muertas sea las mujeres habladoras? Cierra los labios, que aún duran en la maldad, que pregonas, o yo para no escuchar el escándalo que informas, me cerraré los oídos; o te taparé la boca. Por Juliana conocemos al Dios que Juliana adora. Ay de mí! . Callad infames. Oh llevaréis en la bola. Y tu hechizo, que una culpa autorizas tan costosa, con la vil explicación que pronuncias, y que exhortas de mi apartada a no verte. mas mi despecho te arroja. Y habiendo cumplido ya con la injusta ceremonia de los Dioses, el lugar pisando, que te dio pompa mi desdichada fineza, cumpla con mi amor ahora; hombres, brutos, aves, plantas, cielos, aires, luces, sombras, (ca mirad mi muerte, y tu eminente ro mi sentimiento de tu cumbre arroja. , . Elcusio? Precipitado cayó al mar, que galardonan así a quien así me sirve mis astucias engañosas. . Rara armonía, escuchad. No escuchéis que es nueva forma de ejercitar los hechizos Cristianos quien los apoya. Hombre, pues en este tiempo dices mal de las tramoyas, cuando vale una muy mala mas que muchas buenas coplas? No ver esta pena intente. Dios te manda que me oigas. Para qué? . Para que veas de Juliana la victoria. Ya yo la he visto en su muerte. Vuélvela a ver en su gloria. e Deum or no ver su favor, y mis deshonra, su aplauso, y mi desventura, mi tormento, y su lisonja, sea el infierno, ay de mí! aslo de mis congojas. . Lo mismo hizo el Pajarote. Y aquí, si agradaros logra la pluma, fin al asunto da de serviros gustosa.
