Texto digital de San Javier Grande en el Hito
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de San Javier Grande en el Hito. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/san-javier-grande-en-el-hito.

SAN JAVIER GRANDE EN EL HITO
Celebren los prodigios, aplaudan los portentos del gran Javier, asombro de ambos mundos, del nuevo Apostol de aquel Orbe nuevo; sus piedades publique el Hito, y sus acentos sean despique de su afecto amante, mientras no puede más su amante afecto. e Mío ha de ser el laurel de intentar su culto. En esto no puedo ceder, aunque sé bien cuanto ceder debo, hermosa Villa contigo en otras materias. Tengo el primer derecho suyo, No sabes tú mi de recho: más bien le sabes, pues sabes soy el Agradecimiento, y de Javier los favores no ignoras. Pues aún por eso me empeño tanto en su culto. A la vista de empeño vengo a estar (pues soy el Ángel Tutelar de aqueste Pueblo) para componer su instancia, si fuere menester. Vengo a ver si hacer que a discordia pase la dispura puedo, para que el culto no logre ese (de nombrarle tiemblo) estr Javiertan surado enemigo del Iafierno. Y este isfraz he elegido. de Peragrino, queriendo, sin ser conocido, a logro con lucir sus pensamientos. Y en este disfraz de noble. caminante pasajero, para estorbar sus ideas, estara la mira intento. Que en fin con tantas razones; no te convences? Lo mismo. te digo yo, pues las mías son más eficaces. Demos un medio. Aquí no es posible que le haya. Yo le encuentro. Pues di, cuál es? Que un extraño, no interesado, busquemos, que oyendo nuestras razones, sentencie. Esta qien; mas temo, que en las glorias de Javier. Qué? No hemos de hallar sujeto, que no sea interesado. Dices bien; pero a lo menos, quizás no lo será tanto como los dos: ven. Teneos, que yo por casualidad he oído a los dos, y quiero ser el árbitro. Qué hermoso Peregrino! Qué mancebo tan gallardo! Dónde vais, y quien sois, decid primero. Pues para arbitrar en vuestra cuestión no hace al caso; luego todo eso sabréis: ahora a oír la razón espero, o razones de los dos; y ese laurel, yo os ofrezco, si en mí le depositáis, volverle, para que dueño de él sea el que convenciere. el asunto. Vengo en ello. Que esto escuche, y de mi rabia, roto a mi furor el freno, el volcán ne los consuma! pero ay de mí! que su incendio suspende por fuerza el Ángel, que en defensa suya veo: preciso es templar mis iras, y oír el fin del suceso. Decid ya. Di tú. Eso no; tu debes decir primero. No te admires, noble joven, que en el culto que pretendo de Javier (pues que ya oíste, que era la cuestión sobre esto) No te admires, que mi amor, si no cortesano, tierno, quiera usurparse la dicha de no admitir compañero; que advertida de la deuda, quiero pagar lo que puedo, quedando a deberle mucho a Javier, y a sus portentos. Yo me vi destituid, de todo humano consuelo, en el tiempo que una peste robaba el último aliento a todos mis moradores; y los rigores del tiempo, aunándose al contagio, juntos la guerra me hicieron, Oh quién pudiera pasar la circunstancia en silencio! pero fuera ingratitud contra Javier el hacerlo. Vuelvo a decir, que me vi en tal desamparo, al tiempo, que más cruel la guadaña en sangrentaba su acero; que volver quise los ojos a este contorno, pidiendo viniesen a administrarnos el más precioso alimento; porque faltas las ovejas de su Pastor, los Corderos, con sus validos pedían al mismo Cielo remedio. Receláronse, no pocos, de arriesgarse a tanto incendio; unos, por no poder más; otros, por no poder menos. Duplicáronse mis ansias, mis gemidos, mis lamentos, tanto, que ya mis suspiros, poblando en ayes el viento, llegaron por mi fortuna hasta la región del fuego, de aquel, digo, que a encender vino a la tierra el gran celo de un Ignacio, cuyos hijos de tanto Padre, quisieron, como amantes mariposas, en tornos, giros, y vuelo, galantearle la llama, sin recelarse del riesgo. Y aún presumo, que robaron de aquel volcán de su pecho mucha llama en una Imagen, mucho ardor en un bosquejo, que de su amado Javier, para mi dicha trajeron. Pero doblo aquí la hoja, y agradecida la entrego al corazón, que la guarde en el archivo del pecho. Aplacar quise las iras de Dios airado; y sabiendo, que para aplacar su enojo sería eficaz remedio el implorar de Javier el patrocinio, y el ruego, su Novena le empezamos; y antes de acabarla, el Cielo quiso trocar a piedades los que antes rigores fueron, sin haber pasado día (mejor dijera momento desde que entró en esta Villa a ser su Patrón excelso, que no se vean sus aras con humilde rendimiento frecuentadas, publicando, desde el grande al más pequeño, que han conseguido sus ansias de su intercesión el ruego, ya el favor, ya el beneficio, ya el amparo, ya el remedio; siendo tantos los milagros, que ha obrado para consuelo de sus devotos, que juzgo, que fuera ya gran portento, o milagro de milagros, el que dejara de hacerlos. Referirlos no presumo, porque prudente me temo falte número al guarismo. para contarlos, y al Cielo estrellas pienso que falten, si por estrellas los cuento. De tanto favor cautiva mi voruntad en su oblequio, rendirle cultos propuso en cada un año; y te advierto, que este tributo me impuse desde el el día en que se vieron en campaña de zafiros todos los astros suspensos; no te admire que lo diga, que no fue el asombro menos, pues de la muerte a la vida pasamos en un momento. La admiración que este caso causó a la Tierra, y al Cielo, no es fácil que te la diga; pero si decirte quiero, que Ángeles, y hombres unidos en esta ocasión quisieron, con acordes melodías, cantar a Dios el e. Suspensa quedó la Gloria, al escuchar tales ecos, y el Coro de Serafines prosiguie el segundo verso. El Sol se vistió de gala, y con su joya en el pecho; quiso besarle la mano a otro nuevo Sol, que vieron todas las Calles del Hito ar esparciendo reflejos; cuya avenidad de rayos fe tan benigna en extremo, que daba a todos la vida: o qué poco lo encarezco, pues la muerte tome postas, huyendo de tanto riesgo, temiendo si se esperaba, que aún ella viviera luego. Y como del Sol las pías las encontre de repuesto, dejándole sin Carroza ocupado en cumplimientos, tan veloz huyó de aquí, que a mudar cabello creo, que le encontraron en Parmos, y del pavor, susto, o miedo se quedó pálido el bruto, o de color ceniciento. Al favor agradecida, haciendo testigo al Cielo, oblígueme yo por todos, y todos conmigo hicieron juramento, y homenaje de venerarle por dueño. Mira si mi deuda es poca, y dime si puedo menos, y si con razón áspiro a ese laurel, que apetezco. Grande es tu razón. . Y cierta, que es aquí lo que más siento. Qué esto permitan mis furias! Qué alegas tú? Mi derecho está tan seguro; que a mi favor nada alego, mas que eso mismo, que ha dichó la Villa. . Pues según eso el raurel la cedes. . Antes nuevamente le pretendo. después que la has escuchado. Pues cómo? . Por qué? Por esto. Todas esas maravillas, y favores, que aún los ecos de la fama en sus clarines, por más que embanezca el viento, no celebra dignamente; pues siempre es la fama menos. No confesaréis, que obligan a que el Agradecimiento, lo que recibia en milagros, pagar intente en obsequios? Y en cuanto esté de su parte procure su culto? Es cierto. Pero qué infieres de que eso lea verdad? . Pero qué hace eso a tu intento? Yo soy el Agradecimiento; ved ahora cuyo debe ser el laurel, y el empeño. También tú tienes razón, si a tu discurso atendemos. Ojalá no la tuviera! No tiene tal, pues haciendo yo cuanto pueda en el culto de Javier, como deseo, cumplo por él, y por mí. Yo te respondo eso mismo; por mí, y por ti cumplo, cuando sus favores agradezco. Mas yo los he recidido. Es verdad, mas yo los debo. Si yo los pago, qué falta ay del Agradecimiento? El mismo, porque sin él la paga no puede serlo. Eso es volverse al principio. Eso es no acertar el medio. O si la dispura no fuera nacida del celo! Tened, que vosotros mismos, en fuerza del argumento os habéis ya convenido. Como así; si yo no cedo? Ni yo; y perdona, que aquí no ceder, es ser atento. Yo os diré como: tú has dicho, que en el culto no es tu intento, que Agradecimiento falte. Claro está. Tú al mismo tiempo dices, que pagar se deben los favores. . No lo niego. Pues ya estáis compuestos. Cómo podemos estar com- puestos? Cómo si no puede haber (pues los dos lo estáis diciendo) Agradecimiento, sin que haya paga; y por lo mismo, tampoco puede haber paga; sin que haya Agradecimiento, es preciso, que os unáis los dos, y los dos de acuerdo intentéis se logre el culto del Grande Javier, haciendo ambos en su obsequio cuanto juzguéis digno de su obsequio: De adonde se sigue, que conmutando los afectos, tu agradeces, y tu pagas, y los dos cumplís sin riesgo. Convengo con lo que dices. Con tu dictamen convengo. Oh como siempre temí fuese contra mí el consejo! Y bien sé (porque en las ciencias; de que yo noticias tengo principios para anunciaros lo que a decir voy encuentro) que Dios ha de concurrir especialmente al anhelo de vuestro cuidado, y tanto, como ha de decir el tiempo. Y entre tanto; este laurel, que en mis manos habéis puesto, y de la amante disputa fue el apetecido objeto, en el Altar de Javier (pues le tiene ya) por premio se reserve, u deposite, del que más bien su deseo en ejecuciones logre, que yo volver os prometo (pues que no puedo ignorar en cualquier caso el suceso) a dar la sentencia entonces, que ahora a ese fin suspendo. También admito. También lo que dispones apruebo. otro tormento! ah Jabier, cuanto aumentas mis tormentos? Solo falta, que los dos, para el logro del intento, os deis la mano uno a otro, en señal de unión; y luego, para asunto tan glorioso, tratéis de buscar los medios. Al Gran Javier aplauda el Hito, y sus acentos sean despique de su afecto amante, mientras no pueda más su amante afecto. Primero de esa vaga arquitectura, en que a tornos obstenta su hermosura, el Orbe de cristal, que nunca hyerra, desplomada de sí se vendrá a tierra, sirviendoles el golpe más severo de prisión en sus ruinas; y primero del Planeta mejor roja melena, atezado capuz, de sombras llena, vestirá, desgreñada al ansia mía, negándole la luz el alma al día. Antes crujiendo entrambos Horizontes, Pues yo, hermosa Villa, mano, y palabra te doy, siendo tu empleo feliz, que sea desde ahora todo mi empleo concurrir siempre contigo, y ayudar tu asunto. Eso mismo te ofrezco yo a ti; y en señal de lo que ofrezco, mano, y palabra te doy también, y la tuya acepto. Pues a la lid generosa. Pues al aslunto. Al empeño. Y para avivar las ansias de vuestro amor. Para hacernos cargo de la obligación. Para excitar los alientos del corazón. Repitamos los dulces acordes ecos. se harán pedazos los soberbios montes: guerreando entre sí los obeliscos, se arrojarán por balas muchos riscos. Antes las Aves trocarán en llanto la suavidad de su apacible canto, pasando de la sombra en el olvido, lo que antes fue gorjeo, a ser graznido; porque a rabia, que en mi pecho mora, dos noches mirarán en cada Aurora: Y antes soberbio el Mar a las Estrellas, del claro Firmamento antorchas bellas, subirá sobre montes de cristales, para mojar la luz de sus fanales; y después, despeñado de sí mismo; a apagar caerá el fuego del abismo; porque sientan también mis penas graves, el Cielo, el Mar, el Monte, Fieras, y Aves, Antes, en fin, de mi volcán, pavesa será esta Villa, que deber confiesa su amparo al peregrino Jesuita, que a mis dominios tanto imperio quita. Yo haré que jamás logre sus intentos, por más que repetir oiga a los vientos esas dulces acordes melodías; alentando su amor las armonías. Celebren los prodigios, aplaudan los portentos del Gran Javier, asombro de ambos mundos, del nuevo Apostol de aquel Orbe nuevo. Qué rabia! qué furor! Qué dulce acento de vanidad, y de armonía el viento por esa parte puebla? más qué miro! Qué joven tan severo! en quien admiro a un mismo tiempo en gala, y extrañeza, juntas a la hermosura, y la fiereza! Qué pájaros tan dulces son aquestos, que yo jamás he oído? y aquí puestos, con dos mil gorgoritas de repente, cantando están, que rabian, dulcemente? Mas olá! hacia aquí hay uno, y tan mirlado, que solmente de verle me he asustado; porque aunque está tan guapo, esta severo, con cara de haber sido carbonero. Llegaré a preguntar, Aunque está grave, quiero llegar a ver. A ver si sabe este Joven la causa. Si este mozo el fin sabe. Que tiene este alborozo. Por qué es aquesta bulla de la gente, Noble gallardo Joven. Mismamente iba yo a comenzar de esa manera. Si acaso lo permite la severa laña de tus pesares, te suplico. Todo me lo ha quitado a mí del pico. Me digas el motivo, si a saberlo llegas, de esta armonía. Ello por ello. Y por qué es la alegría de este modo en todo aqueste pueblo? Y a mí, y todo. Esto solo faltó a la rabia mía. Pues novedad me ha hecho en este día. Y a mí también. Qué furia! oh cuanto siento su instancia! mas yo haré sirva a mi intento, Nada me respondéis? El diablo mudo parece el tal. Vuestra ignorancia dudo; pues solos no sabéis el horror fiero de esta mísera tierra, Pasajero en ella soy, y así no es muy extraño. Yo vendiendo pimientos todo el año ando por ella, y nade sé del cuento. Nada sabéis? Yo no. Soy un jumento: Jesús! qué cara! mied oda el mirarle. Con qué nada sabéis? Dalle que dalle. Ya hemos dicho, que no. No os lo decimos más de cien veces? Pues oíd. Ya oímos. Este, en que estáis, es él del Hite, Eso sabia ya. Espera un poquito. Pues qué queréis? Decidme, no es aqueste un Lugar, en que dicen, que había peste, y un Santo, que al Demonio le hace guerra, hizo en él los milagros cómo tierra? Qué hasta un villano mi furor somente! Qué Santo? qué milagros? de la gente fábula es, que el vulgo le ha creído. Hola! parece ser que lo ha sentido. Proseguid. Ya lo más, que saber quieres, ha dicho este villano. Tú lo eres. El novelero vulgo, que de todo hace misterio, sin razón, ni modo, ha creído, que un hombre, a quien le llama Santo Javier la vocinglera fama, de una peste fatal los ha librado, porque uno, o otro han visto que han sanado, después que de su Imagen le valieron, y una devota Procesión le hicieron. (Que esto lo cuente yo, pero es preciso . para mi intento:) y persuadirnos quiso, que era milagro la engañada gente, siendo superstición. Par diez, que miente. Y eso celebra en esas armonías, que al viento dan sus locas fantasías. No será nuevo, que Javier, un Santo, a quien por prodigioso aplauden tanto, otros muchos milagros, que sabemos, ese haya hecho En mi Lugar le hacemos la Novena, y haciendo maravillas, al diablo hace salir de sus casillas. Calla, loco. Y se enfada; lo que hablo es verdad; el demonio se da a el diablo, solo de oír su nombre. Qué esto aguante! mas yo me vengaré. Porque os espante, no percibo una cosa tan notoria. Porqué mentira es. No es si no historia, y una leyenda todo lo autoriza. Ya he dicho que calléis. Me escandaliza es otros hablar de esa manera. Pues aún peor hablara, si pudiera. Porque veáis, que todo fue mentira, más cruel de la peste está la ira hoy día en el Lugar; y por castigo de esa superstición; del enemigo se ha de ver arruinado; deshecho, destruido, y saqueado, sin que de él señal quede. Y así vosotros, cada uno puede publicar en su Patria esta noticia. Me parece que lleva su malicia. . el encargo. Porque huigan advertidos su comercio; y no sean comprendidos en las desdichas, que el rigor ofrece a este pobre Lugar. Piedad parece; y la cara no es de eso, en mi conciencia. Si eso es así, yo estimo la advertencia, y yo publicaré lo que os he oído. Pues caminad, antes de ver cumplido, quizá en vosotros, cuanto sabio anuncio de la peste a los filos. Abernuncio! no paro yo aquí más con lo que escucho: me parece que aqueste miente mucho. Retiraos también A eso me inclino: no hago buen juicio de este Peregrino. . Ya que segunda vez me quedo a solas, de mi furor el mar vuelva a sus olas. Todo el Etna reviente en los volcanes de mi pecho ardiente, y en vomitos de horror, de furia, y saña, consuma el risco, abrase la montaña. Pero qué me congojo? si aún todo el Orbe es corto despojo de mi poder, que aún temen las esferas, que mis rabias sintieron las primeras. A un leve movimiento no desquicié del alto firmamento los no movibles polos? dejándole de gracia aquesos solos Astros, que la hermosean, porque en ellos su ruina esotros vean? Príncipe no me nombro? mis vasallos no son al mundo asombro? pues porqué no me valgo de su fiero cruel horror en este lance? Quiero dos Soldados llamar de mis Soldados, que valientes, y osados me ayuden a la empresa de hacer el Hito de mi ardor pavesa. de aquese Obelisco, lóbrega habitación, funesto risco, y cárcel del Engaño, donde suspensos tantos por su daño, yacen confusamente entregados al mal, que no se siente, por más que el alma despertar desea. Ah del Engaño, pues. Quién me vocea, cuando no ignoran que de varios modos, sin que me busquen, yo me ofrezco a todos? Quién me llama? Yo. Tú? pues con qué intentos nos juntas a los dos? Oíd atentos: Soldados de mi milicia, ahora necesito, alerta: abrasadme todo el Orbe, no cese vuestra fiereza; ni el marcial estruendo cese, hasta que en leves pavesas. se resuelva el Hito todo a soplos de mi soberbia. Estorbad esas canciones, impedad esas cadencias, que en números mal acordes, y en ecos el aire pueblan. No repitan los mortales contra mi orgullo, y grandeza, que viva quien nos da muerte, que triunfe quien nos da pena. Tu Príncipe te llama. Qué me quieres? si todo cuanto soy tú también eres, y aún mucho más; pues qué te da cuidado? Después sabrás la causa. Ah del cerrado paveroso; y umbrío de la Desconfianza albergue frío. Ah de la humilde oscura horrorosa mansión, donde segura se presume del miedo la legítima hermana, pues yo puedo abrir solo estas puertas a otro ninguno, sin temor abiertas, salga ya a ver (aunque tieblas ama) la luz: Desconfianza? Y más cuando a mí me consta, que aunar con Javier intentan aquel primer enemigo nuestro, y de nuestra potencia; Miguel es quien digr. Oh cuanto esta memoria me cuesta! Pues como nuestra osadía sufrirá, y nuestra impaciencia, que Miguel; y Javier triunfen, que Javier, y Miguel venzan? Nuestro poder, nuestro brío, nuestro orgullo, nuestra ciencia no lo permita, que el uno nos arrojó de la Esfera Celeste, que en algún tiempo vivimos, juntos en ella. El otro nos ha quitado todas las Indias, y intenta, con ser Patrono de Hito, ser de la Mancha defensa. No ha de ser, no, que en un ara juntos hoy los dos se vean, por más que ese errado vulgo poner los juntos ofrezca. Y mucho menos que yo, Príncipe de las tinieblas, sirva a sus pies de tapete, que huelle su planta excelsa. Antes en cóleras tantas reviente encendido el Etna de mi ardor, y en sus cenizas ase infeliz Pueblo envuelva. Antes enojado el Boreas con mi rabia, en esa selva desgreñe, arranque; y destroce de su enredada maleza hoja a hoja, y rama a rama, planta a planta, y peña a peña, cuanto penacho viviente, adorno es de su melena, cuando con los verdes rizos le tejen frondosas trenzas. Tiemblen deshechos los riscos, brame el Mar, y de su inmensa salobre máquina el golfo choque a embates con la tierra. Crujan del Cielo los Polos, y de densas Nubes lluevan. tan a manojos los rayos, que unos con otros se enciendan. Suene el clarín, y en marciales ecos del rigor, dé señas: Rompa destemplado el parche la región del viento: guerra publicad a sangre, y fuego: al arma, que estas ofensas, estos agravios, y ultrajes se han de vengar, aunque fuera menester en nueva lid combatir con las Esferas. Y porque con más acierto consigamos esta empresa, a los dos, como a los dos más fuertes, que mis banderas victoriosamente siguen, llamo a consejo de guerra: discurrid cuantos arbitrios, ardides, y estratagemas, militar el arte forma, sutil el furor inventa, que yo, mi Reino, mi Fama; mi poder, y mi grandeza encargo a vuestro valor, y fío de vuestra idea. No fías mal, que a mis industrias. no habrá quien se resista. . Deja a mi cuidado el castigo, y verás como te vengas de esos agravios. . En vos mi quietud librada queda. Yo introducirme discurro en esa vecina selva, y ver si algún Peregrino, oh Pasajero, que venga en Romería a su Templo, puedo hacer que se pervierta; sin que llegue a sus umbrales a adorarle con tan ciega vana devoción. . Añade con superstición tan nueva, como entrar besando el suelo, y las rodillas por tierra. Yo dentro del mismo Pueblo, en el traje de la Aldea, iré vertiendo, entre todos sus moradores, funestas voces de fatalidades: ponderaré la mileria de los tiempos, las desgracias de los años, la pobreza del Lugar, y sus vecinos, cortedad de las colechas, contribuciones, cuarteles; y en fin, cuanto al caso pueda hacer, para que desmayen cuantos devotos intentan, augmentando a Javier cultos, irte acrecentando penas. Oh! qué no han bastado hambres, rayos, tempestades, piedras, que han conmovido mis furias, barbaramente soberbias, para acabar con el Hito, reduciéndole a pavesas! con qué de horror lo pronuncio! con qué rigor me atormenta ver mis intentos frustrados, ver mis industrias deshechas! No ves, que hasta que yo haga, que desconfien de aquesa Estampa, que les trajeron, y que devotos veneran. juzgan, que en ella, y Javier tienen toda su defensa. Oh mal haya quién la trajo! como vengarme quisiera de él, de su Estampa; y su Cuadro, que mi despecho fomentan. Y a pesar de mi despecho, en las lúgubres cabernas de mi funesto Palacio, tan erudamente me inquietan, sin que a estorbar estos cultos basten todas mis cautelas. En fin, yo ofrezco inventar dos mil industrias, he ideas, para ver si a Javier puedo derribar de esa grandeza. Yo prometo maltratar, y detener cuantos vengan de los vecinos Lugares, o a su culto, o a la fiesta, en cuadrillas numerosas, con reverentes ofrendas: testimonio, que pública la devoción, que profesan, los favores, que consiguen, y los milagros, que cuentan. Pues yo no he de estar ocioso: de las Tropas que en la guerra, que hoy tiene España, transitan frecuentemente, y campean, me valdré, para estorbar su sosiego: haré que sean insolentes los Soldados, y que se alojen por fuerza en el Hito, y que le opriman, y turben con su molestia. Y así, acabar con el Hito. A que nuestra rabia sienta. Ardua es nuestra empresa. No hay con nosotros ardua empresa. Pues al arma. . Pues al arma. Esperad, que hacia aquí llegan Villa, y Agradecimiento, sin duda de sus ideas tendremos aquí noticia: retirémonos. y sea la primer industria, oír todo lo que hacer intentan. No valen las industrias contra las providencias, que de Dios el poder, que es infinito, no hay poder limitado, que no venza. No oís, como confiados, ya nuestro poder desprecian? Canten, que yo haré que lloren. Yo dispondré que le teman. Rato ha que te buscaba, Agradecimiento. . En fuerza de mi obligación, preciso ha sido que me divierta a alentar a los vecinos algún tiempo. Darte cuenta quería de lo que ya consiguió mi diligencia. Di, por si acaso que hacer algo a mi cuidado queda. Ved como previne bien. Oigamos. Aquí le dejan ver un gallardo Mancebo, y una noble Dama bella, a estos preguntar podemos. Vaya por mi narabuena. Llega tu délanle. . Hola! eso de delante llega, es por si de que pregunten se enfadan, que en la pendencia lleve la primer rociada. Vive Cristo, que es destreza. No es si no porque tú eres más conocido en la tierra, y te oirán a ti más bien. Tú tienes la voz muy buena, fuera de que no son sordos. Yo voy contigo, no temas. Yo también iré contigo. No sabes cuanto me alegra oír lo que me refieres. Pues aún más que oír te queda. Ves cómo oyen? pero vaya, si ha de ser, llego, y paciencia. Señora hermosa. . Quién es? Nadie, que importe una breva: un hombre, o dos, que tres cosas, o cuatro, saber desean. Preguntad, que os las diré todas, como yo las sepa. Hasta ahora bueno va. Decid. . La Villa está buena? Pues qué queréis a la Villa? Qué quiere usted que la quiera? nada, si no que me han dicho, que la duele la cabeza. No os entiendo. No? esta es sorda: mire usted, quién lo creyera! mas yo levantaré el grito: Lo que digo es, que si esta Villa está lana? . Señora, perdonad la inadvertencia, que no se sabe explicar: Nos han dicho, que molesta aún, y aún con más rigor, la peste a el Pueblo, y quisiera, porque forastero soy, saber la verdad. . En ella nos dicen, que hay peste, sarna, costras, sarampión, y virvelas, tabardillos, mal de orina, pujos, dolores de muelas; y finalmente, que aquí hay una grande Academia. Epidemia te habrán dicho. Todo se va allá: en dos letras: repara ahora su merced? Y quién os ha dicho esa tan clara, y necia impostura? Esta costura tan recia, nos la dijo en la Plaza uno, que muy linda pesca parecía, y tenía traza, según figura, y presencia, de quien hace Ralandarios, pues estos, siempre miserias. adevinan, y en las Lunas, que sus locuras nos muestran, ponen siempre enfermedades, granizo, aguaceros, piedra, hambres, pestes, terremotos, destrozos, muertes, y guerras; y nunca pon en salud, paz, ni hartura; y sus quimeras con las Estrellas, que atisban, nos hacen ver las Estrellas. Bueno me ha puesto: yo fui quien esto les dijo. . Deja, que yo te vengaré de ellos. Tan falsa es, y tan incierta la noticia, que os han dado, que lo contrario celebra, regocijado este Pueblo. Fue verdad, que la violencia de la peste le afligió; mas ya de Javier la inmensa piedad, con tantos milagros, como nuestro afecto cuenta, nos libró de su rigor, y nunca con más perfecta salud se han hallado todos. Yo eso creí, aunque dijera la necedad de aquel hombre ser falso, y que no se crea. Vive Dios, de un embustero, que lo hizo; porque no venda, si los traigo, los pimientos; y si mi rabia le encuentra, como un pimiento, con ellos le he de poner. Mi mollera ya decía: si aquí hay peste, como la gente se alegra tanto; y aún más que en la Pascua, que cae por Carnastolendas, que hasta el pan tiene alegría, y las flores, y las hierbas; pues hasta sus perejiles se ha puesto la hierba buena? Con ese alborozo, al Santo pagar el favor intentan, que su mano liberal haberles hecho confiesan; y no contentos con eso, cuando mi amor los alienta, y los ánimas el aplauso de Javier, no hay quien no ofrezca en todos mis moradores concurrir con cuanto pueda, de Javieral mayor culto, después de haber hecho nueva obligación, cuando el voto, que ya hicieron, reiteran de tenerle por Patrón, por amparo, y por defensa, con tanto fervor, que aunque de los tiempos las miserias reconocen; hoy por todo su devoción atropella, sin temer; que medios falten. Yo haré que ese temor cedan. Mas has de decir; pues ya determinaron que sea su culto en Capilla a parte, en cuyo Retablo intentan a Jabier; y a Míguel, juntos colocar: lo que yo apenas supe, cuando me introduje, para alentarlos, y hacerla desde luego determinan. Qué esto mi furor consienta! Yo haré que presto desmayen. Ya discurrir de las fieltas han pasado ya, y movidos de mis instancias, desean hacer su dedicación tan plausible, que se vea cuanto un celo ardiente puede, si la devoción le alienta. De los Pueblos comarcanos, que ha de concurrir esperan infinita multitud; y aún de la Corte, que en ella aco hará también la grave celebre función, que idean. Yo impediré que concurran, o faltaran mis cautelas. Y pues ya desengañados estáis de las falsas nuevas, que os dijeron, publicad por allá en las Patrias vuestras, lo que la Villa del Hito, de Javieren honra idea. Yo os lo ofrezco así, estimando el desengaño de aquella, sin duda envidiosa astucia, y mentirosa cautela: quedad con Dios. Él os guarde. Deje usted, verá la gresca que anda por esos Lugares: yo les diré, que no crean un pelasustan, o diablo, que según miente, pudiera, para ganar de comer, aplicarse a hacer Gacetas. Ya habéis oído el intento, ahora se sigue, que nuestra saña los medios deshaga. Pierde el cuidado. . Sosiega el temor, verás mi industria. Cal. . Agua. . Ladrillo. . Piedra. Amainar. . Fuera de abajo. Qué ruido es este? Qué cerca estamos de la Obra. Pues obran ya? . Y con tal viveza, que está muy adelantada. Oh cuánto oírlo me alegra! Oh cuánto siento el oírlo! Tirad Ladrillo, y Cal. Venga. De la Obra prosiga lo que nos queda, que el amor en las obras se manifiesta. Cantando el afán divierten. Agua. . Cal. . Echar espuertas, Viva, viva la Villa, que nos alienta; viva Javier, del Hito Padre, y defensa. Ya esto no es sufrible. Vamos a animar con la presencia a los que trabajan. Vamos a estorbarlos. . Pero sea, repitiendo con las voces de esas sonoras cadencias. Sea, oponiendo a sus dulces canciones, las voces nuestras. Viva, viva la Villa, que nos alienta. Muera la Villa, y todos con Javier mueran. Viva Javier, del Hito Padre, y defensa. Viva Javier, del Hito Padre, y defensa. JORNADA SEGUNDA En el Templo del Amor, pendientes de sus Altares, consagran humildes votos dos corazones amantes. Venid, venid, mortales, que en el Hito resplandecen del Gran Javier las piedades. Del uno, y otro se alteran, tan conformes, tan iguales los movimientos, que uno son, cuando a Javier aplauden, Venid, venid, mortales, y en métricas consonancias, Cielos, y Tierra le alaben. De su afecto por destellos, que se explica con volcanes, la devoción le dedica una Capilla admirable. Venid, venid, mortales, que el arte de los primeros ha apurado en ella el arte, Porque se unan al aplauso las Esferas Celestiales, al Alferez de la Iglesia en el mismo Altar dan parte, Venid, venid, mortales, y al Arcángel, y al Apostol nobles cultos se consagren. Qué bien sueña a mis oídos! Oh cuánto gusto me añaden! Esa apacible armonía. Esas dulces suavidades. Con que a Javier, juntamente con Miguel. . Con que del Grande Patrón del Hito, y del Noble Sabio Caudillo triunfante. En sacra amistad celebran. La feliz unión aplauden. Cuando el viento dice. Cuando repite en ecos el aire. Venid, venid, mortales, y al Arcángel, y al Apostol nobles cultos se consagren. Mas, Villa? . Agradecimiento? mucho deseba hallarte, que aunque de mi pecho nunca has faltado en cualquier parte; pero eso mismo quisiera, que no lo ignorara nadie. Tanto favor el silencio, solo puede ponderarle: qué hay de nuevo en que te sirva? Mucho hay en que a Javierpagues, o intentes pagar, los sumos beneficios que nos hace. Solo a que digas espero, para obedecer. . Ya sabes, como a su nueva Capilla. se ha dado fin esta tarde en el todo. . Ya lo sé; y por milagro contarse del Gran Javierdebe, en tiempo de tantas calamidades. Quién duda, que él ha movido con eficacia suave los corazones de tantos, nobles devotos, y amantes suyos, para que limosnas nos ofrezcan liberales, aún sin pedirlas nosotros. Muchos pudiera nombrarte y si ofender no temiera la modestia, de quien sabe en cuanto ejecuta, unir en hermoso maridaje, lo humilde a lo más excelso, lo piadoso a lo más grande, pudiera decir prodigios de las liberalidades. de quien este Patronato ambiciosamente afable, si, que le pretendió, diga, no sé; mas sí, que estimable, para su grandeza es tanto lo que en estos cultos hace, que quiso hacer pretensión de su fineza el lograrle, aún cuando le era debido a su amor, y a sus piedades, si a quien se debe el principio es bien que el fin se consagre. Todo esto a Javier debemos. En todo es Santo admirable. Villa, y Agradecimiento he visto hacia este paraje; y ya que con mis industrias no pude hacer, que parase la obra de la Capilla, pretendo con nuevas artes dilatar que se dedique; y para eso quiero hablarles. Y en fin, qué mandas? Deseo, que ni un punto se dilate la dedicación. . Pues bien: qué medio discurres? . Fácil. Del asunto están hablando. El intentarlo es bastante; pues lo mismo es intentar cualquier cosa, que lograrse, como en culto de Javier sea. . Es verdad; mas no obllante, en la obra que se ha hecho ha sido el gasto muy grande, y fuera prudencia. . Ahora entro yo bien. Buenan tardes. Qué buscáis? . Qué se os ofreces Señora, vengo a ampararme de vos en una desdicha. Pues qué ha habido? Que el Alcalde me quiere vender los pocos trastos que tengo, y que pague lo que ellos me han repartido, porque a los débitos Reales ha llegado Ejecutor, y no dan espera a nadie; porque dice, que si tiene con nestas, y para hacer Capillas extravagante, (que yo no sé quien le ha dicho, que ya quiere dedicarse esa, que ahora se ha hecho nueva) que en justa razón no cabe el que no se pague al Rey. Mujer, qué dices? . No hables. (aunque eso lo hayas oído) de aquese modo delante de mí otra vez. . Pues, señora; no fuera más impertante socorrer algunos pobres, para evitar estos lances, que no que se paste en fiesas? Lo que en las fiestas le gaste, y más siendo de Javier; a nada hará falta. . En parte fuera bien el esperar a oír del Pueblo el dictamen; puesto que el tiempo no insta. O lí mi intención lograse! Cómo esperar? por mi cuenta lo deja, y ven a ayudarme; que este es ardid del demonio, y por mí no ha de lograrle. Yo en todo ofrezco seguirte. Con quien la ejecución trae me veré yo; y componerlo todo espero: de mi parte llevo a Javier, ven conmigo, porque veas lo que él hace: vos ados a vuestra casa, y no temáis el que os saquen a vender los trastos, como confiéis mucho en el Padre, Patrón, y defensa nuestra. Que yo confíe, no es fácil, Ven. Vamos: Oh cuanto puede una fe, y un celo grande! . No desmayo, aunque he salido tan mal ya de tantos lances, que a los vecinos espero persuadir, que es disparate meterse en dedicaciones, y en fieltas, cuando a apretarles vienen a que paguen, siendo casi imposible el que paguen, Furias, pues son contra todas estos cultos, ayudadme. Mientras llega aquel buen hombre, que se ofreció a acompañarme en el camino, si un poco me esperaba a que llegase, porque se apartó a este Pueblo a no sé qué encargo trae de cobrar unos dineros, En esta florida margen daré un paseo, entre tanto, que sus murtas, y arrayanes: son lisonja de los ojos; y respiran tan fragrantes aromas, que aún el Arabia no las tendrá más suaves. Aquí dijo, que vendría: quiero esperar un instante, que por ventura irá al Hito a hallarse en las firita Reales, que aquella Villa ha dispuesto; con devoción admirable, al Santo de los portrastos, cuya milantosa Imagen debió de bajar del Cielo; trayendo pederes grandes, para repartir favores, según los milagros hace. Aquí le traigo de cera el peso de un tierno infante, que entre voraces incendios se vio a pique de quemarse, si tan presto no se invocan del Gran Javierlas piedades. Válgame el Cielo! favor: Santo del Hito, amparadme. Qué será esto? Piedad, Santo mío! no me agarre, Ay! . Tened, qué es esto? El diablo, que hecho un demonio, a tentarme viene tras mí. . Sosegaos, que ese es miedo, y que os engaña la aprensión, es fuerza. Vuelva los ojos a aquella parte, y vea aquel torbeslino, en que andar mis costales, y pimientos hechos sartas de demonios. Admirarme es preciso de tan raro suceso, y de tan notable tosbellino. . Vea ahora tomo en el mismo paraje queda el lío, y en el monte el ruido, que el viento hace, que parece que el infierno entero, a que le dé el aire, por acá fuera ha salido. Id por el lío, y contadme, qué es esto que os ha pasado. Usted de aquí no se aparte, no sea que el diablo vuelva, que anda suelto, Aquí a esperarte me quedo: todo es prodigios: sin duda siente el que aclamen a Javier mucho el infierno, pues tantos extremos hacen sus furias; pero qué importa, cuando todos venerarle desean, por más que fiero cruel el infierno brame? Nada falta; pero todo lo desbarató el vergante. Pues estas libre del susto ya, trata de sosegarte, y contarme tu suceso. Oiga usted en plata, compadre. En Villarejo, Montalvo, la Puebla, y otros Lugares del contorno, nunca pude, ni el pimiento, ni costales despachar, para volverme a la casa de mis padres. Oh mal haya tal oncio! la culpa tuvo mi madre, que escrupulosa un tántico, no quiso que fuese Sastre, porque temió y con razón, que hurtaría de retales cada mes para un vestidos y le pareció más fácil el que vendiendo pimientos, del oficio me picase. Desesperado de ver, que no había vendido en parte alguna para cominos, quise a Hato encaminarme a llevar cierta encomienda (por eso, que me esperaseis os pedí) y cuando venía bejando del monte al valle, un hombre como una pez, de estatura de gigante, cara de vinagre, aunque era muy tinto el vinagre, me salió a robar el lío; mas yo traté de dejarle, y liándolas al punto, di las soletas al aire. Si yo el oficio tuviera, que quise tener, mi ultraje hubiera vengado, dando al podenco su percance, porque hubiera con la vara, asida por buena parte, tomadole las medidas, desde la cabeza al talle. Pero viéndome sus armas, no era cosa de empeñarme: tomé las de Villa Diego, y escondido entre jarales, quise ver en qué paraba el robo de mis ajuares. Por las ramas acechando, al gabilan formidable, le vi, que rompió las sogas, como si fuera un estambre. Deshizo furioso el lío, y al encontrar una Imagen, que aquí traigo, fueron tantos los reniegos, y el coraje, que parecía una fiera, un basilisco, y un áspid. Esto me dio mala espina; y temiendo que pescarme quisiera, y hacerme a mí original de la Imagen, desfogando en mis costillas las rabias, y los volcanes del furor de verla, di voces invocando al Padre de los milagros, y puse en polvorosa al instante los pies; pues para ponerlos, polvo no pudo faltarme en tan grande torbellino: lo demás ya tú lo sabes. Raro suceso! no temas, que de todos tus pesares te puede aliviar el mismo, que en tu socorro llamaste. Y hará que de los pimientos los que me quedan despache? Tampoco de eso te aflijas, pues vamos a buena parte, puesto que hay feria en el Hito, y venderás al instante cuanto tengas que vender, que en las ferias todo cabe. Feria en el Hito? me alegro; pues por lo que dije antes, me es preciso el ir allá a llevar no sé qué Imagen, que la cuelguen en la Iglesia, con una cinta tan grande, del color de los pimientos, que aquí traigo en los costales. Es encargo de mi Cura, un hombre de prendas grandes, pues canta que rabia a gritos; y en el Coro algunas tardes. antona el Ririe eleisón, que no hay más que desear, Estuvo para obispar (no quiso Dios se lograse) de un tabardillo maligno, ofreciose al Santo Padre, que dicen bautizó a muchos, y predicó en Palomares. a las gentes de las Indias, que deben de ser Caimanes; y en el Hito mil prodigios, nos han contado que hace. Estuvo al instante bueno, y trató de levantarse: harto lo sintió el Doctor, el Sacrillán; y los Frailes. Solo el Zurdo se alegró, que le mandó, que pintase en este cuadro chiquito unas figuras muy grandes. Una cama, y un enfermo, un Médico, dos Alcaldes, un Sacristan, muchos botes, y al diablo haciendo visajes, y una vieja, que no sé si ella los hace más grandes. Sobre todas ellas gentes se ve bajar por el aire, con su Estola, y su Roquete, un hermoso personaje, en tono de quien le dice: Saña, y requiescat in pace. Notables cosas refieres! muéstrame al punto esa linajen. Eso es ya mucho pedir; que llegaremos muy tarde, si me detengo a sacarla. del lío de los costales. Tiempo tendrás para todo, no está la Villa distante, y aún llegaremos temprano, para buscar hospedaje, antes que empiecen los fuegos, el alborozo, y el baile, que da principio a las fiestas de estos tres días. . Aguarde: luego baile, fiesta, y fuegos son de la feria señales. No, amigo, porque las fiestas tienen asunto más grande, son al Santo prodigioso, que el remedio de los males, y el que te dije podría consolarte en tus pesares. Hablaras para mañapa: quiero que veas la imagen. Oh milagro de la gracia, que tantas dichas repartes. por tu mano poderosa al pobrecito, y al grande! De reverente mi pecho al suelo quiere postrarse; y el corazón a los ojos salir deshechos en raudales. Quién la pintó? que tan bello el rostro está, y agradable, que infunde respeto el verle, consuela solo el mirarle? No es de Apeles la pintura, no es del Ticiano la Imagen, que les falto a sus pinceles. la vanidad de copiarle. No es del Greco, no es del Mudo, no es del divino Morales. Qué se cansa? si es del Zurdo, a quien llamamos el Fraile, que la pintó el otro día con carbones, y albayaldle, y los unguentos que fue mezclando con los jaraves, que sobraron al enfermo. Calla; necio no te canses, que alguna mano Divina pudo solo retratarle. Sea quien fuere, a mi costal le volvamos; y pues trae en la alforja la merienda, no rehule el convidarme. Te engañas, que solo aquí, por tributo irrefragrable de una voluntad rendida, que halló alivio en las piedades de Javier, le traigo un voto, que colgar en sus Altares. Mas quisiera yo una bota, que eso de voto, a la margen. de ese cuadro viene puesto, de letras garabatales, que las hizo el Sacristan, porque no supo el Alcalde; y esto de las letras gordas. es propio de Sacristanes; pero guardémosle ya, y aldas en cinta, que es tarde. Espera, no tan de prisa quieras que se le defraude a aquel devoto Hermitaño, de presencia venerable, el gusio de que le vea, y el consuelo de adorarle. Bueno es eso para mí: no parece que usted sabe cuales son los Hermitaños de todos estos Lugares: Rabián de envidia, y quisieran tener para sus Altes. todos los cuadros del mundo: no le ha de ver el vergante. Quiero cubrirle, que llega. Qué ay, señores? buenas tardes; dónde se camina, Hermanos? gustan que los acompañe? Si acaso quiere venir, al Hito es nuestro viaje. Al Hito? qué desatino! sin duda están ignorantes de como está aquesa Villa de Ministros, y de Alcaldes, en pesquisas tan atroces, que a cuantos llegan los asen. Hola, señor, son las fiestas estas, los fuegos, los bailes, y la feria que decía? Mal haya yo, si llegase, ni aún al contorno del Hito: es algo lo que el Padre nos refiere, que sucede, para querer arriesgarse a cepo, cárcel, cadenas, con un jure, y un declare, por vida del Rey, que haré! Y un montera por Alcal de: quién tal fuera? ni aún por lumbre; recojo cuadro, costales, y pimientos, porque aquí no he de parar un instante. No le faltará mi celda, donde poder refugiarse. Yo celda? no quiero celda, y he de seguir al compadre. Pues si gusta el compañero, también le daré hospedaje. Mucho estimo la merced; pero yo no soy cobarde, y estando un hombre sin culpa, aunque el demonio lo frague, no temo nada; además, que es el fin de mi viaje cumplir cierta romería, a que no es posible falte; sin contravenir al voto de llegar allá esta tarde. Riase de eso, señor; pues si no hay culpa en dejarle; el voto no se quebranta; y aquí es el caso constante; pues lo impide circunstancia, que no debe atropellarse. Mire por sí, no se pierda, tome el consejo, y repare, cuan prudente el compañero se reduce, por honrarme. Cuadro quiere el verganton: y a fe que no ha de llevarle, No dejo de agradeceros, y estímaros el dictamen; pero me aguarda un amigo a que en su casa descanse. No le faltará en la mía, que aunque no es buena, no obstante encontrará fuego en ella, y aún otros que le acompañen. Es Convento? No es Convento; pero es un encierro. . Tate, Porque vea cuanto estimo sus atenciones galantes: ya que no pueda admitirlas, pagarlas quiero. Esta Imagen ha de ver, que es un prodigio: postrese, Hermano, al instante, para adorar a Javier, que es Taumaturgo admirable de milagros, y prodigios, tan taros, tan singulares, que al mundo llenan de asombro, sin que en él se encuentre parte, que humilde no le venere, que rendida no le alabe. Oh mal haya mi desdicha, que hemos echado mal lance. . Parece que se mosquea el barbón, por no mirarle: Señores, qué cuadro es este, que todos hacen visajes al verle, de gozo unos. yotros de rabia? . Quitadle: apartad, que en ese cuadro se cifrán todos mis males, y aún los de todos; porque al dueño de aquesa Imagen, con vana superstición han dado en reverenciarle, y eso causa las desdichas de todos estos Lugares. Mejor dijera las furias, que mi sosiego combaten; quitadle ya, no os lo he dicho, qué esperáis? . Dale que dale, el demonio del barbón la arabanda que tras. Este sin dudaes el diablo: Santo del Hito, amparadme. Socorredme, Santo mío, que traigo yo vuestra Imagen. Él os libra de mis furias, y en él quisiera vengarme; y al que le dio a conocer quisiera beber la sangre. Albricias, pasajeros, que habéis vencido ya altucias infernales, que quieren estorbar las glorias de un Ángel en came mortal. El miedo caminantes briosos desechad, que en pavorosos humos os le deshizo ya el Sol del Oriente con su actividad. Ay de mí! solo esas dulces armonías de tan grande asombro, templar el susto pudieran. Por más que canten, yo mer earme no puedo, que me ha quemado ese infame descemulgado barbón. Levanta, y alienta. Es fácil? todo huelo a chamusquina, y no es lo peor. Notable prodigio! Peor que el negro es este, y es mi dictamen, que aquel fue el humo del fuego, que despidió ese vergante. Buen viaje el Cielo, amigos, os conceda. Dios os guarde. otro danzante tenemos? déjeme usted que me escape. No os asustéis, que a deciros vengo, como que os librasteis del riesgo que habéis tenido, lo debéis al siempre Grande Santo Javier, que en el Hito tan portentoso se hace. Y no lo dudéis, porque os lo dice quien lo sabe. Ya el corazón lo decía. El demonio, que estorbarle quiere los devotos cultos, que todos le dan; con artes, engaños, trazas, y entedos, temores, y falsedades espantaros pretendió, porque al Hito no llegaseis. Qué lo dije? que era cara aquella de camuscarle al humero? . Ahora, porque de aquese monte al pasaje nuevos engaños no invente; o nuevos estorbos trace a vuestro camino; yo os guiaré hasta paraje, desde a donde allá seguros lleguéis. Este es hombre, o Ángel? ello hay de todo en el mundo. Yo os agradezco lo afable de vuestra oferta, y la admito. Pues yo pajas? vivesanes, que ha de haber una de todos los diablos, si el diablo sale. Caminad, pues. Vamos. . Vamos a dar gracias al instante en su Capilla a Javier, de este favor. . Por mi parte, vamos al punto, aunque voy de tal suerte, que colgarme pueden por voto también, a otro lado de la Imagen. Prosigue, que lo admirado lugar dará a lo suspenso. Después: que como ya vistes, se logro dejar compuesto, que el Ejecutor: que vino, se volviese, dando tiempo el que nosotros pedimos (todo a Javierlo debemos) para disponer la paga, pasé a proponer al Pueblo la dedicación, y todos, sin disputa convinieron, que ni un punto se dilate, arbitrando, y discurriendo los medios más oportunos de dar principio al festejo: Y para las prevenciones di ya providencia. . Pienso; que se ha de hacer increible a quien se dijere; pero mucho puede el Santo: y dime, qué prevenciones has hecho? Saraos, músicas, danzas, comedias, luces; y fuegos; y eminentes Oradores, que entre lo sabio, y discreto han de aplaudir de su Santo (mejor es llamarle nuestro; pues no sabe ser de unos, sin ser de todos a un tiempo) las maravillas, prodigios, las virtudes; los portentos, que en todas partes ha obrado; y hoy renovados los vemos, testigos son cuantos miras de esta verdad, y te advierto, que han prerendido pagar a Javierno sé qué feudo de la devoción amante, que le profesa su pecho. Me deben a mí el influjo de tan cordiales afectos, que quiero que sepan todos, que propios, y forasteros pagan a Javiertributo de amor, cariño, y respeto. En fin, Villa, he procurado ayudarte en este empleo, además de lo que yo en sus cultos intereso. Y también en que se logren los más felices aciertos en las fiestas que consagras al Sacro Patrón excelso, que veneras por tu dicha. Y después que mis desvelos buscaron en todas partes, para esa Capilla medios, en cuya fábrica el arte, apurando sus esmeros, tiró las últimas líneas en breve conciso tiempo, deseoso de que logres el gusto con que hoy nos ven he dispuesto el que concurran a este reverente oblequio, que le rinde tu fineza, ufanos todos los Pueblos de esta Comarca, y aún sé, que de la Corte tenemos unida a su gran piedad la mayor grandeza; y creo, que cual se exceda no es fácil de discernir, porque temo, que su grandeza, por suma, a su piedad ponga pleito. Mas no habrá quien le descida, si mejor lo considero, porque acordes se compiten, tan sin oponerse a un tiempo, que dando celos a todos, entre si no tienen celos. Y en lo humilde, y lo piadoso son para todos ejemplo; para Javier gloria grande, y para ti gran consuelo. También en buscar alhajas, he concurrido, a lo menos inflamando corazones en su amor, y mis afectos he estendido a michas leguas, para que al culto sirviendo de su Altar, sirvan de adorno, y de decencia a su Templo. Todo eso lo sé, y gustosa las gracias te doy por ello. Aún a más tu amor me obliga; pero al asunto volviendo, tenéis dispuestas las Calles con aquel decente aseo, que la cortedad permite? Cuanto he podido he dispuesto: de redes, y tafetanes hay colgados varios trechos, otros los cubren pinturas, otros los robles, y el fresno. El suelo está matizado de rosas, lirios, romeros, alelies, tulipanes, jazmines, murtas cantuesos, y jacintos deshojados, entre claveles deshechos, sirviendo todas las flores en las Calles, por recuerdo del caso de las muletas, que sabes que en aquel tiempo iba arrojando a los pie del Santo Apostol el Pueblo. No sé estarán decentes, después darás un paseo, advirtiendo que las plantas has de poner con gran tiento en las piedras, porque en ellas hay mil corazones puestos, que quieren lograr la dicha, que las muletas tuvieron. No en balde, Villa, al laurel aspirarle, de que dueño te constituye este logro, y yo gustoso le cedo; pues prevención tan exacto solo ha podido el deseo, sobornado del cariño, disponer, y así no quiero el retardar a mis ojos, que en tan apacible objeto toda su atención empleen: vamos al punto, y protesto de cumplir con tu mandato, obedeciendo el precepto de mirar donde la plante he de poner, y te ruego, hagas lo mismo piadosa, que puede ser que el primero, que este besando las Calles con reverente respecto, sea el que anima mi amor, que ya no cabe en mi pecho: puede ser que presagioso, vaticinando el suceso, a buscar lugar, que ocupe, haya llegado; temiendo, que el gran concurso le impido la dicha de merecerlo. A un mismo tiempo te admiro amante, labio, y discreto; pero el celo que me infundes, es lo que más te agradezco. Y pues concordes estamos, y unidos en los deseos, tu diligente, y yo amante, en las faestas procuré nos cada cual desempeñar. la obligación, y el afecto. Así lo haré, vamos. Ve delante, que yo siguiendo voy tus pasos. Que esperéis un poco os pido. Ya espero: a quién buscáis? A vos busco, que bastáis, Pues con qué intento me buscáis? decid quien sois. Un infeliz Extranjero, que debajo de las plantas de un Serafín está puesto. Si es lisonja, no la admito. No es lisonja, que es precepto, que castiga la altivez de haberme atrevido al Cielo. La licencia de Soldado solo os excusa del yerro: eso dejad, y decid qué se os ofrece. Ese pliego os dirá qué pretensión es la mía; y os advierto, que es forzoso se obedezca, sin dilación de un momento. Difícil será, señor, confesándoos el respeto, que este pliego se merece, el que se pueda tan luego dar prontas ejecuciones a sus órdenes: tenemos ahora mil embarazos, y tan distintos empleos, que posible no ha de ser el responderle tan presto. Si vos no le obedeciereis, yo sabré lo que hacer debo. Esperad, qué habéis de hacer? No os digo más, el estruendo de clarines, y de cajas os dará noticia de ello. Cielos, otro estorbo! Oh cuanto al logro de mis deseos se oponen las contingencias todas! del Rey es el pliego, sobre alojarse Soldados: a ver lo que hacer podemos aquí, voy a consultar con el Agradecimiento. Jabier, vuestro es este lance, guiadle vos, como vuestro, Ya desde aquí vais seguros, cerca eltá el Hito, y no hay riesgo. El Cielo os pague, señor, tan gran beneficio. El Cielo guía os haga universal del Papa; del Rey, y el Reino. Quizá fui algún tiempo Guía. Que lo seáis este tiempo, es lo que a mí me hace al caso; y en vendiendo los pimientos, yo os daré para beber algún día, si os encuentro. Yo, señor. . No prosigáis, que yo paga no apetezco; pues toda la paga, que puedo tener, ya la tengo: id en paz, que yo al camino, a donde ochalle, me vuelvo, por si de mi necesitan otros pobres Pasajeros, a quienes llegar al Hito quiera impedir el Infierno. Ángel del señor, sin duda era este. . Yo bien creo; que si no lo es, lo parece; porque yo experiencia tengo, que por acá en los caminos no se hallan hombres tan buenos, Gracias a Dios, que se ve ya desde el Valle en el cerro la antigna Villa del Hito! Mírala allí, compañero. Aquí quisiera mirarla, que del barbón, y del negro, todabía no me ha salido el susto del cuerpo. No lo extraño, fueron lanco horrorosos en extremo. No lo acuerde, por su vida, que es tal el pavor, y el miedo, que he concibido al demonio en ese barbón ingerto, y en al gigante ahumado, cara de morcón de puerco, que a cuanto Fraile encontrare, sea Hermitaño, o Santero, a cien leguas le conjuro. Pues empieza desde luego, Desdichado balandran! no lo decía por eso. Allí viene un Peregrino, caminando a paso lento, y acercándose a nosotros, con esclavina en el pecho, taja de lata, y bordón, y conchas en el sombrero. Dos cosas que reparar te faltan, muy de mi intento. Cuáles son? porque mi vista es perspicaz por extremo. Si trae calabaza, y barbas, por prevenirme con tiempo, y conjurar a los dos, aunque con modo diverso; a las barbas con el cuadro, la calabaza con besos; y sé, qué es de este conjuro tan eficaz el efecto, que a barbas, ni a calabaza no ha de quedarles un pelo. Vuelve los ojos, que ya podrás tú mismo saberlo. Prisa me he dado, por ir en la compañía de estos. En todo caso, yo el cuadro del Santo Javierprevengo; y si hace visajes, malo; sino los hiciere, bueno. De qué os asustáis? yo soy un Peregrino, que vengo visitando Santuarios, en Romería a ese Templo del Gran Javier, que en el Hito, ya tan plausible se ha hecho. Habla de verás? porque sino, el cuadro le enderezo. Vealo en ese despacho. Centil despacho tenemos! Amigo, la calabaza quiero despachar primero. No la traigo, porque el vino ha días que no le pruebo. Vive Cristo, que este es Moro: Y tocino? (aquí le pesco, si eso tampoco lo come) o chorizos, o carnero, o otro fiambre, que mate parte del hambre que tengo. Nada de eso traigo. . Malo. Si gusta, bien puede verlo. Pues, y esa cesta? Aquí viene una mortaja, y un lienzo, que estaba ya prevenido, y sobre la cama puesto, para amortajar a un niño, que ha seis años me dio el Cielo; y estando para espirar, quiso su madre ofrecerlo al Santo de los milagros, al Javier de los portentos, que se venera en el Hito; con tanta fe, y tanto afecto supo mirarle el milagro, que no sé cual fue primero, o el concedernos la gracia, o el acabar nuestro ruego. Y agradecido a esta deuda, publicando este portento, vengo a colgar de sus aras la mortaja, por trofeo. Por qué no trajo la olla? Qué holla dice? . O a lo menos los pucheros; pues el niño, fuerza es que hiciese pucheros. Parece que estáis de changa. No estoy, si no es de hambre. Cierto, que me habéis dado gran gusto en referir el suceso, a iguales dichas nosotros agradecidos, traemos otros dones semejantes, que en el camino irás viendo. Vamos, que se pone el Sol. Espérese, porque quiero bomitar una pregunta, que digerirla no puedo: Señor Perigrino, diga, ha encontrado en esos cerros algún barbón Hermitaño, que le ofrezca su aposento? No amigo: solo encontré ayer, junto al Villarejo, a un Pastórcito, que trae en sus hombros un cordero, para ofrecérsele al Santo, a quien dice, que entre sueños vio, con un rostro apacible, que le libraba de un riesgo. Fortuna ha sido, no peca, la que ha logrado; y es bueno, que a mí me buscan los lobos, y a usted le encuentran corderos. Fatigas, qué me queréis? dejadme un rato, tormentos, mientras disimulo un poco el etna, que arde en mi pecho, por ver si disimulado, y en otro traje cubierto, puedo hacer que se dilate, o que se deje el fesejo. Maestre de Campo hoy me he fingido, con intento de turbar todo el concurso, pidiendo el alojamiento para quinientos Soldados, de que se compone el Tercio, Y puede ser que este ardid logre todos mis deseos; pues habiendo tanta gente, y siendo tan corto el Pueblo, forzoso es, que no me admitan; y yo con este pretexto, bárbaramente arrogante, y furiosamente fiero, al son de clarín, y caja, que estremecerán el viento, mandaré, que desocupen los propios, y forasteros, las casas de este Lugar, por ser el Rey lo primero. Y por lograrlo mejor, a la Villa, con el pliego, que dejé en su mano, puse en cuidado de esto mismo, fingiendo intimarle en él a este asunto el orden Regio. Y pues aquí ha de venir, aquí retirado quiero esperar a ver de aqueste ardid el preciso efecto. Pasmado vengo de ver los primores, y el aseo, que adornan todas las calles: parecen jardines bellos, ni aún de Tesalia pensiles, pudieran ser más amenos; pero el Templo aún más me admira, porque está tan rico el Templo, con tantos dones, y ofrendas, que propios, y forasteros han ofrecido esta tarde, con humilde rendimiento, que no dando envidia a nadie, puede ser afrenta a Delfos. La precisa obligación del oficio en este tiempo de feria, me ha detenido a hacer posturas, y precios en los géneros, que traen para el abasto, del Pueblo. Perdona no te siguiese, que no fue posible hacerlo. No sé como ponderar, hermosa Villa, tu celo: ya he visto todas las calles, y no cabe más. Al Templo llegué, y miraron mis ojos, con gran ternura, y consuelo, en una lucida Tropa a tres gallardos mancebos, que arrodillándose humildes, a los pies del Santo puestos, le ofrecieron varios dones, con más que vulgar afecto. Cuales fueron, no lo sé. Muy preso podrás saberlo, que adivinando tu gusto, orden dejé, que al momento me los trajeran aquí en unas bandejas: luego, para que los vean todos en la Procesión, a trechos los han de llevar los mismos, que hoy han venido a traerlos, que quiero que en mudas voces, con su elocuente silencio, nos divulguen los favores, y publiquen los portentos. Bien has discurrido. Sabes la novedad que tenemos? Cuál? Los clarines lo dicen: atiende, que ya sus ecos pueblan la región del aire, llenando de susto el pecho. Has de saber, No prosigas, que es de mi oficio, y mi puesto intimar de un Soberano las ordones con que vengo, y hacer que al Rey se obedezca, alojando aquí mi Tercio, que es de quinientos caballos, sin otros, que de repuesto traen camaradas, y amigos, obedientes a mi Imperio. Dadles boleta a los Cabos, y haced el repartimiento con brevedad, porque es justo, que algún descanso les demos. Alojarse? no es posible, por ser tan pequeño el Pueblo, y mucha la gente, que hoy de este contorno tenemos, celebrando a nuestro Santo, Tutelar, Patrono, y Dueño; y aún sin eso, era imposible hallar aquí bastimento, ni casas donde hospedaros. Las entraré a sangre, y fuego, sino se admite la gente, como lo íntima ese pliego, que antes os di, donde el Rey os manda lo que yo intento. El Rey no manda imposibles, ni permite desafueros: advertid, que yo en su nombre. Qué queréis decirme en eso? Que mandaré se ejecute lo que convenga, advirtiendo, que habéis de ser entre todos quien lo obedezca el primero. Cómo me habláis de esa suerte? por vida del alto Cielo, mande pasar a cuchillo halla el infante más tierno, que en esa Villa se hallase, poniéndola al punto fuego. Reparaos, que ya es mucho lo que os sufro, Caballero, no queráis que haga consulta, para que os priven del puesto, por arrogante, atrevido, por descortés, he indiscreto. Ya he dicho; que no es posible el daros alojamiento; mas por servir a mi Rey, dispondré, que algún refresco se os prevenga, y entre tanto dad orden a todo el Tercio, no pase, sin mi licencia, de esa fuente, que al encuentro de los caminos está los términos dividiendo. Que esto mi cólera sufra, sin que vean mi despecho! Allí se os responderá: idos al punto, y prevengo, que se ha de hacer salva Real, y las banderas batiendo, vendrán vuestros Capitanes, y Oficiales Subalternos, y vos mismo, a venerar al Gran Javieren su Templo; que pues lográis la fortuna de hallaros en el festejo, no quiero que la perdáis, ni privaros del consuelo de ir en la Procesión, vuestras insignias poniendo a los pies de nuestro Apostol, que a su contacto es bien cierto, que las víncule victorias, que a nuestro Filipo excalso le coronen de laureles, y a vos os libren de riesgos. Qué esto escuche? vive el Rey! Viva por siglos eternos: que si él mismo aquí se hallara, él os mandara lo mismo, y en su nombre, otra vez digo, que habéis de hacer lo que ordeno. O si supiera quien soy, y cuales son mis intentos! Y para que de ello conste, luego a enviar me resuelvo posta a la Corte, en que avise de vuestros procedimientos, que quiero que sepan todos, que mi amor, y mi respeto, si obedecer sabe humilde, sabe castigar soberbios. Diligencia es bien precisa, de mi parte lo agradezco; pues sirviendo a Dios, compones el servir al Rey a un tiempo. El que apruebes mi dictamen me es vanidad, y aún espero, que hatá lo mismo también en la Corte el Real Consejo. Cómo sufren ya mis iras tan desmedidos desprecios? Sabéis quién soy? y qué yo con el bastón que manejo, sabré tomar la venganza de tan villanos acuerdos? Por vida del Rey, que haré, que en un cadalso al momento se os derribe de los hombros, con un afilado acero, la cabeza: y advertid será muy breve el proceso, que de mis mandatos suele ser la ejecución el eco, Pues el eco de los míos aún es más pronto, y más cierto: Toca al arma. Toque al arma. Yo haré que en ceniza envuelto quede hoy el Hito. Yo haré, que a todos sirváis de ejemplo con vuestro castigo. Haced, que marche aquí todo el Tercio. Favor al Rey; hola, no hay quién me responda? Qué es esto? Ay de mí! que a la presencia del Ángel, ya mi despecho pasar no puede adelante, por más que crezca mi incendio; pero yo iré a concitar todo el poder del infierno. Parece que ese arrogante huye, acudid todos presto. En nombre del Rey os mando, que a ese atrevido, soberbio, altivo, feroz Soldado, le aprisionéis en un cepo: o muerto, o vivo entregadle en la Cárcel, porque quiero, que se vean mis piedades, y mis rigores a un tiempo; idle siguiendo los pasos. Tú, parte, Agradecimiento, manda tocar a rebato, y haz que se arme todo el Pueblo, y el numeroso concurso, y prevenido, y dispuesto esté todo. Espera, aguarda, no es menester nada de eso. Cómo qué no? yo no he ido, porque linterna no tengo, y me parece precisa en paso de prendimiento. Quién sois, y por qué decís, qué suspenda el orden? Bueno: qué es suspender, mándale prender, que es atrevimiento, que estando aquí tu hermosura, él se nos venga con fieros. Yo soy aquel Peregrino, que al principio el noble duelo del laurel de aquestos cultos compuse. De eso me acuerdo. Os ofrecí volvería a decidir a su tiempo aquella cuestión. Y bien: qué hace eso al caso a este intento? El que sepáis, que yo el Ángel soy, tutelar de este Pueblo (que ya es tiempo de decirlo, pues ya no sirvo encubierto.) Y pues está a mi cuidado su defensa, yo os ofrezco traeros ese fingido Soldado, que es verdadero demonio, para que sirva, vencido, aherrojado, y preso, en la Procesión, y el triunfo de despojo, y de trofeo, con lo demás, que estos cultos de hoy estorbar quisieron. Vosotros id, entre tanto, y disponed el festejo, la pompa, y la Procesión, y esperadme junto al Templo, puesto lo demás en orden, que yo volveré con ellos, y entonces daré el laurel, por disposición del Cielo, y con gusto de Javier, a quien supo merecerlo. Oh gran Javier, cuanto amparo a tu protección debemos! Si el Ángel trae amarrados por acá al barbón, y al negro, vive san, que con la alcuza del Pastor les doy dos muertos. Cuando mi pobreza humilde mereció tal dicha, Cielos! Pasmado estoy de este caso. Absorto estoy del suceso. Vamos todos, y obedientes hagamos cuanto ha dispuesto, que en los triunfos de Javier esto, y mucho más veremos. Vamos, que si pillo al diablo, le he de dar gatazo al perro. Dejad, que de mi rabia en el abismo yo mismo me atormente, pues yo mismo a vencer no he bastado la fe de ese vil Pueblo desdichado. Si de su parte el Cielo todo ha tenido, inútil el desvelo nuestro es fuerza fuese, y constante venciese toda la oposición de nuestras lides. Jabier le defendió de mis ardides; y ya por expiriencia conocemos lo poco que podemos contra cualquiera, que Jabier defiende. Como un etna no enciende mi espíritu ardiente, que ese Pueblo opri- brame el Mar, cruja el Cielo, el Viento gima, y en el volcán cruel del mal que paso, se abrase el Orbe, pues que yo me abraso; y pues son contra mí los Elementos. Pues aún no han acabado tus tormen. tos, bestia feroz. Qué miro? Qué fatiga! Qué rabia! Qué furor! Por mí os obliga el Cielo a que en los triunfos soberanos, que a Javieroy los Fieles dan ufanos, vayáis, para castigos más severos, de rendidos cautivos, prisioneros; y pues con aparatos de malicia sus cultos estorbad vuestra malicia quiso, habéis de servir para su gloria, con señas, y aparatos de victoria. Qué esto escuche! Qué sufra tal afrenta! mi soberbia altivez, sin que violenta la cárcel infernal me trague luego; pero es menos su fuego, que mi fuego. Sujetad la cerviz a esta cadena. Qué ansia! Qué dolor! Qué mal! Qué peña! De quien los invencibles eslabones, tormento vuestro, y de Javierblasones, han de ser en el triunfo prevenido, llevándolos los dos que os han vencido. otro tormento más? otra violencia? Venid, y de Javier en la presencia vuestro horror sea aumento de su gloria, mientras celebra el Cielo la victoria con dulces ecos, que reciba el suelo. Mi altivez muera, pues la oprime el Cielo. Victorias cante el Hito, y aplauda, sin cesar, el triunfo más glorio, que el Gran Javierle da. Y pues mira vencido al Dragón infernal, y en míseras cadenas aprisionado está. Pues todas sus astucias deshechas quedan ya, logrando en su prisión la alegre libertad. Las gracias le rendid a Javier en su Altar, a vuestro amor los premios hallará. Yo traigo a colgar mi cuadro, por sus muchos beneficios: sepan todos, que no solo se cuelga por los delitos. Los despojos de la muerte traigo a Javier, que es preciso, que sean del vencedor los despojos del vencido. Al que libró de un incendio, ofrezco en cera al Divino Jabier, para que la llama trueque en luz aún su ardor mismo. Yo a mi propio en saera ofrenda por oblación me dedico, que aún el Agradecimiento se confiesa agradecido. Yo mi corazón amante en sus aras sacrifico, porque por lampara siempre arda en su Templo encendido. Yo, a decidir la cuestión vuestra, hacia su Altar os guío, después, que como ya veis, cuanto os ofrecí he cumplido. Qué esto sea fuerza! Qué sea este tormento preciso! Pues ya del grande Javier los favores habéis visto, ofrecedle en vuestros dones de vuestro amor los indicios, Admite, o Javier, de un pecho, que te venera rendido, un don grande, si se cuenta el amor por sacrificio. De un Peregrino recibe, pues tu fuiste Peregrino, esta memoria, que nunca podrá temer al olvido. Toma, Santo mío, pues también eres Santo mío, este cuadro de mi Cura, y perdona el Monacillo. Gustoso Javieradmite vuestros dones, y propicio ofrece pagar amante las ofrendas a prodigios. Ahora este verde laurel, que en depósito he tenido reservado para premio en su Altar, desde el principio, es del Agradecimiento, que sabio, constante, y fino, infundiéndole a la Villa tan glorioso celo activo, en los cultos de Javier la corona ha merecido: advirtiendo, que en su frente se corona a un tiempo mismo la Villa. Para eso solo corrés, y atento le admito, recíbele de mi mano, Villa hermosa. No compito contigo ya. Ni en mí esto es ya competir contigo, sino confesarte cuanto le debe a tu amor el mío. Aquí el Agradecimiento, pues que siempre tuyo ha sido, como tuyo te corona. De ese modo le recibo, y desde mi mano vuelva a Jabier, que solo es dign de este apreciable laurel; pues cuanto hemos conseguido, a su influjo lo debemos; tro adv y así, logre lo est en él, como en bien heci el laurel de agradecidos. Solo en ti la discreción con la belleza se ha unido. Pues para que ya en las fiestas de Javierdos regocijos se vean solo, esos rebeldes sorba, y sepulte el abismo. Vayan con todos los diablos. En tal pena, eso es vio. Y dando a Javierlas gracias, fin a este acto, y principio a esotras fiestas, digamos, Ángeles, y hombres unidos. Viva el asombro del Orbe; viva Jabier, que ha querido, aún siendo Grande en dos mundos, ser también Grande en el Hito. A
