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Texto digital de San Bernardo Abad

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Atribución tradicional
Francisco Antonio de Bances Candamo
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Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de la edición en Obras cómicas, obras póstumas de D. Francisco Bances Candamo II (1722).

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de San Bernardo Abad. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/san-bernardo-abad.

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SAN BERNARDO ABAD

JORNADA PRIMERA

asta, Fortuna; ya desdichas, pues o falta dolor, o sobra vida. Basten, Fortuna, Loco me trae, vive Dios, T este acento, que no encuentro. Y yo en la oración no entro? olvidas, que somos dos los locos ciegos, y errantes? tu locura en mi opinión es como tu excomunión. Cómo? De participantes. Vive Dios, que si otra vez me acuerdas eso Villano, te ha de ahogar esta mano. Ay, que me quiebras la nuez, no me aprietes el gallillo, que no es bien, aunque tiranos, que tengan los Duques, manos, ausencias de un garrotillo. Con la tempestad perdido, y de mi gente apartado, a este Monte he repelado el cabello entretegido de su frondosa espesura, buscando; aunque más se aleja, aquella voz, que su queja nos envuelve en su dulzura; y nada tanto me irrita con el acento veloz, como conocer la voz de la hermosa Margarita, que en ese Castillo presa tiene mi tirano amor, y ser tan ciego mi error, que aunque su rumor no cesa con el Castillo no encuentro, donde vengo cada día. Sin duda le tragaría la oscuridad en su centro. Ya que los brutos dejamos, esta maleza pretendo penetrar. Menos la entiendo, cuanto más la penetramos; pero otra vez sueña el ruido, yo busco el Castillo a tiento, que a ciegas voy por el viento tentando con el oído, . Basten, Ay tan notable rigor! busco la voza y no la halla planta, o tacto la Muralla, aquí hay causa superior. Si aquí el Castillo, que dices, aún media legua estuviera, no dudes, que ya le hubiera tentado con mis narices: mas Jesús! Tu cobardía, hasta en esto ha de ser rara. Señor, si el Cielo dispara con balas de Artilleria, qué sustos no me darán estando contigo a solas? Válgame Dios, con qué bolas juegan en este desván! Vive Dios: Mas mal recelo, si un voto, según arguyo, es Dóminus tecum tuyo, a un estornudo del Cielo. Miren, que Ángel tengo al lado para que no me trabuque; pues ademas de ser Duque, está mi Amo excomulgado. Villano. Señor, no así des voces, que me revientan: calla por Cristo, no sientan los Rayos, que estás aquí. Dejarte es mejor. Yo iré al Duque. No digo yo, ya a aquel Rayo se sintió, bracán es este a fe Diablos andan gobernando la tempestad, ay Dios mío! De tu necio desvarío me voy, Anselmo, cansando, y ha de costarte la vida el probar más mi paciencia. Si vos no tenéis conciencia, y el alma tenéis perdida, qué queréis? Anuncios malos: esto es ya contigo hablar. Si al Duque os vais a quejar, quejaos más de estos dos palos. Ay de mi infeliz! Tomad. Ya a la vista se concede breve luz, y apenas puede romper tanta oscuridad, según al impulso blando de rayos, que está latiendo, las tinieblas va encendiendo, y la luz se va apagando. Una Gruta concedió su ardor, y parece así lucero, que acaso allí la tempestad fulminó. una ca Gerna la encierra, porque a nuestro desconsuelo, si niega su luz el Cielo, luces produce la Tierra. Pastores, sin duda, son, lleguemos allá. Lleguemos, por más que nos alejemos, cuando dice su canción: Basten ya, Fortuna, tantas desdichas, porque o falta dolor, o sobra vida. Entra. , s - Ya os vuelvo a decir, que al Duque me iré a quejar. Y yo os vuelvo a replicar, que supuesto que habéis de ir, dos palos más hacia allá os llevéis, que puede ser, que no tengáis que volver. El Duque me oirá. Si hará, si sordo no es. No es: tened, ya el Duque está aquí? No es novedad para mí el que esté aquí el Duque, pues a mi conjuro escondido, el Castillo no ha encontrado. El Diablo se lo ha contado. Quizá de mí lo ha sabido: ya tienes el Duque allí, llega, y dile por qué lloras. Qué había de hacer a estas horas el Duque Guillermo aquí? ya se que es todo apariencia, y que es ese hombre cruel otro Demonio como él. No mientes en mi conciencia. Guidón, qué es esto, aquí tú en desierto tan extraño, qué haces? Qué? ser Ermitaño, Mágico de Bercebú. Qué Mujer es esta? Soy. Yo estoy aquí, y lo diré. No, sino yo. Bueno a fe, cuanto va, que intentas hoy, que os rellene esos mofetes con uno, y otro sopapo, esta, Señor, es mi trapo, como dicen los Pobretes. Bonita es, y aseada, no la ultraje tu desdén. Aunque yo la quiero bien, aí la tenéis, si os agrada. Qué hombre su Dama ofreció, si la quiere? Así le obligo, que no he darle a mi amigo; lo que no quisiera yo. Qué conformidad tan rara! Señor, la queréis de veras? Si tú no me la ofrecieras, quizá yo la codiciara, que es tan raro mi apetito, que nunca me da deseo lo que de gracia poseo, sino aquello, que a otros quito. Así ha de ser, y aún por eso, bien se deja conocer, tras quitarle a su Mujer, tienes a su hermano preso, de Ateista, con asomos. (mos, De qué hace mi hermano estre- los hermanos no ofendemos, puesto, que una sangre somos, y el solicitó su daño; mi hermano se ha de atrever a negarme a su Mujer, qué más hiciera un extraño? Dices muy bien, fue locura. Señores, todo es hechizo. Á. Gracias a Dios, que te hizo tan bendita Criatura. No hablas a su Alteza? No: pues esto, según arguyo, es algún encanto tuyo; miren, que presto llegó el Duque, en noche tan fiera, y en tan cruel tempestad. Y como a esta soledad veniste? Cómo severa la justicia, en todas partes me persigue con rigor, por Maestro, y Profesor de supersticiosas Artes; a tu Estado me he venido, pues Bretaña me condena. No tanto, porque en Guiena, Duque soberano, has sido de la Francia independente, cuanto porque no hay Lugar, donde no hagas albergar toda forajida Gente de otros Paises; y así hice en el Poictu mansión, que gasta la Religión menos escrúpulo aquí. Quise huir la confusión de habitar en la Ciudad, que al fin es la soledad, propia a la Contemplación; y aunque no tenga virtud la materia de que hablo, esto de hablar con el Diablo, quiere un poco de quietud. Al ver, que me cerca de esa murada máquina altiva, adonde, por ser esquiva, está tu Cuñada presa, para vida tan extraña, me ofreció esta buena pieza. Nantes, Ciudad, que es Cabeza del Ducado de Bretaña, conmigo, en fin, la he traído; y puedo decir osado, que aunque no esté enamorado, estoy por ella perdido. Supuesto, en fin, que por una, el decirlo es indecencia, deja un hombre de mi Ciencia abándonar su fortuna. Reñimos, y no es impropia acción, que a Galán conviene, pues Dama continua, tiene sus tufos de mujer propia; y tiene un enamorado continuo tormento eterno; porque acá, y en el Infierno lo mismo es así, que asado. Ella, que vio mis enojos, huyendo de mi impaciente, solto al chillido el torrente, y soltó el chorro a los ojos: esto no es más. Y no es harto? Pluguiera a Dios, que cruel supiera sacarme de él cualquiera desliz de esparto. Porque si al fin de un tropiezo tanto en salir me embarazo, ya que yo escurriera el lazo, le escurriera en su pescuezo, Verte mis ojos esperen santiguar con los talones. Ven aquí las bendiciones de los que más bien se quieren, Dejad el enojo ahora; y pues he de desvelarme, porque aquí no he de acostarme, ni de caminar es hora; ya sabes cuanto he gustado de tu extraña habilidad, Guidón. Así es la verdad. Y ya que permite el hado, que a mi Estado otra vez vengas, hagan tus habilidades algunas curiosidades, en que la noche entretengas, hasta que vaya de día al Castillo, donde a esa fiera ingrata tengo presa. Válgame Santa María! ya a conjurar se acomoda, alma, grande mal recelas, que ha pevete de pajuelas huele ya la casa toda. Si eso vuelves a nombra aquí, ni cosa Sagrada, desde la más elevada roca te he de despeñar. Ánimas del Purgatorio, socorro a mi pena dad para huir la tempestad: yo entré en muy buen Oratorio, Qué quiere tu Alteza ver? Nada me da más cuidado, que saber en qué ha parado el Sitio, que fue a poner a Roma el Emperador, de Bernardo persuadido: Bernardo, Monje atrevido, que solicita el rigor de mi condición tirana; pues a Inocencio defiende, cuando a Anacleto pretende mi justicia Soberana rendir la Silla eminente le San Pedro, y con decoro de las tres Coronas de oro ceñirle la Augusta frente: por esta causa he jurado, de mi valor satisfecho, no desnudar este pecho del duro Aenes acerado, hasta que le haga adorar en toda Francia, y así armado la discurrí, y prender hice, o matar a cuantos lo embarazaban, y con parecer liviano, por Pontifice Romano a Inocencio confesaban. Bernardo, cuya locura se opone a mi voluntad, y en él la locuacidad tienen todos por dulzura. A Francia le hizo admitir, a Alemania respetar, a Italia, y a España amar, y aún al César hizo ir contra Roma en su favor: lo que en ella ha sucedido, averiguar no he podido, que como Francia en rigor sigue a Inocencio, me tiene de los Alpes elevados, los pasos embarazados; y así de Italia no viene Correo: pues si por Mar quiere abreviar su distancia, las Costas de España, y Francia ha menester circular; porque esta Costa Aquitana bate el Occeano undoso, y el Mediterraneo ansioso besa la Playa Romana. Saber quiero lo que ha habido; ya conoces mi valor, No soy tan necio, Señor, que a decir me haya atrevido a un Poderoso, lo que sé le ha de disgustar. Llegándolo yo a mandar, qué es lo que temes? Yo sé de Príncipes la importuna condición, justo, o injusto quisieran que por su gusto se rigiese la fortuna: a tu imperio persuadido yo haré, que sin que amedrenten Espíritus representen aquí lo que ha sucedido; y cuando estas novedades irritaren tus enojos, quéjate tú de tus ojos, pero no de mis verdades. Deja, Señor, que no vea estas cosas: Jesus digo! Pícaro, temes conmigo? Si es pecado. Que lo sea. Linda cuenta, muerto estoy: vos, Madama, no teméis cuando estas visiones veis? Tan hecha a verlas estoy, que de ellas no me recato, por más que el horror me acuerde, que aún al Diablo se le pierde mucho el miedo con el trato. Renuncia el pacto mi fe. Pues nada verás así. Por no ver al Diablo aquí los ojos renunciaré, aunque repusiese más. Su perdida solicito, pues hace el Duque precito. este pecadillo más. Inociencio triunfe en Roma, y Lotario en Alemanía. Lotario, César de Roma, Tronco ilustre de la Casa de Sajonia, y Defensor de la Iglesia, con tus Armas, que venciendos aún con los ecos, mas, que pisan, avasallan; tan prontas, y tan felices, que antes rinden, que amenazan. Ya que conquistando a Roma, despejaste la tirana Facción del falso Anacleto, que introducido Anti. Papa, contra los Cánones Sacros, tiranizó la Tiara, hoy de mi mano recibe mi Bendición, con la Sacra, última Imperial Corona de Oro, puesto, que ya enlazan el círculo de tus Sienes la de Hierro, y la de Plata. Beatísimo Padre, a cuyos pies yace humilde, y postrada mi Majestad; pues conoce de otra Majestad más alta el caracter esculpido en las reverentes canas, donde el tiempo desengaños graniza en copos, que escarcha, yo la Corona recibo, que obligación tan pesada, aún más el ánimo ciñe, que el giro a la frente enlaza; pues en la Región del Juicio la ve el uso colocada, y ya que tú me la ciñes, hago voto de emplearla en auxilio de la Iglesia; y mil veces en demanda de tu honor, y tu justicia; dar con mis Gentes a Italia la vuelta por tu defensa, si hay quien vuelva a perturbarla sin que lo impida la nieve, que en la fragosa erizada, parda frente de los Alpes, Roca sobre Roca cuaja, hasta que el Verano en Ríos desvanece las Montañas; y canas, que al Monte fingen ancianidad conjelada, o ya el viento las repele, o ya el calor las deshaga. Idle dando las Insignias, y prosigan vuestras Salvas. Inocencio triunfe, El uno, y el otro vivan, para bien de la agitada Nave de la Iglesia; y puesto, que fue la empresa lograda de Roma, sin derramarse gota de sangre Cristiana, de cuvo infeliz suceso se deben a Dios las gracias en particular, supuesto, que el trance de una Batalla, en sangre propia, y ajena de las Victorias manchadas, al gusto hiriendo el estrago, la gloria hartando la saña: ya, Leotario Generoso; que tu Majestad Cesarca vino, vio, y venció, supuesto, que sin desnudar la espada, cuanto pisaste, rendiste; pues en fortuna tan fausta, teniendo la mano ociosa; sobro a conquistar la planta; el día en que te coronas, de ti una merced aguarda mi rendimiento. Bernardo, por ti tengo asegurada la Corona del Imperio; pues consigió tu eficacia, que Conrado de Suevia, que Emperador se llamaba, las Insignias depusiese, y César me saludara. Monje, que desde la oculta oscuridad solitaria, sabe hacer Emperadores, venciendo con sus palabras; a quien en tantos reencuentros jamás domaron mis Armas, que no mereciera, aún cuando. no fuera gloriosa Rama de la Casa de Borgoña! A esta es forzoso, que añada otra vuestra Santidad. Qué quieres, Hijo, que haga por ti? pues tú solo has sido el Defensor de mi Causa? Tú mi justicia primero defender supiste en Francia, Tú a mi devoción trajiste a Inglaterra, y Alemanja; y por tu Sentencia al fin, Pontífice me declaran los Doctísimos Concilios de Roma, Pisa, y Estampes de Erbípolí, y Claramonte. Monje de prendas tan raras, que Pontifice a la Iglesia da, y en servirla trabaja, haciendo en toda la Europa tan repetidas Jornadas; qué no ha de poder conmigo? Señor, mi humildad ensalzas, y con ella tu poder; pues para que no dudaran los hombres, que tú eres quien solo esta Cisma contrasta, por tan débil instrumento gobiernas cosas tan arduas? Pedro de León altivo; cuya soberbia arrogancia, con el nombre de Anacleto, a Roma tiranizaba. Ya vencido, se ha escondido, y solamente le ampara Rogerio, Rey de Sicilia; y Guillermo en Aquitanía Duque, y Conde de Poitiers; porque en este Mundo nada ve menos, que el Poder ciego; pues a golpes de desgracias abre los míseros ojos: Dios dispondrá, que los abra, Jerusalém, oprimida de los Infieles se halla, y toda la Palestina de Bárbaros infestada. Los Lugares, que el Señon santifico con sus Plantas, con abominables cultos los Sarrácenos profaban; Qué tierna memoria es esta! pero qué triste, y amarga! no porque son (oh Gran César) mis Parientes sus Monarchas, socorro para ellos pido, mas a este efecto me llama la caridad, y el amor; y al ver, que porque se abrasa en Guerras la Cristiandad, los Infieles nos ultrajan, el fuego del corazón, se quiere verter en agua; quien mueve a Cristianos Guerra, ay Dios, qué ciega ignorancia, es robar al propio Amigo, lo que de un émulo aguarda. Príncipes, si la ambición a esa violencia os arrastra, por un poco más de Tierra, los Infieles tienen harta. no persigáis vuestra Ley, en la suya las distancias estended de vuestro Imperio, y mirad, que al Cielo clama de la Viña de Nabor, la Historia canonizada. No por fuerza en el Vecino ha de ejecutar su rabia la desmedida ambición; en cuya soberbia vana todo el círculo del Orbe el de su cabeza abraza, y sus límites transcienden aún más allá de los Mapas. Aquel, que lo quiere todo, nunca es rico; y pues es clara cosa, que en lo que desea, hay algo, que le hace falta; qué cuenta ha de dar a Dios, Rey, que en la injusta demanda mueve a los Cristianos Guerra, de las violencias, que causa, los hurtos, que patrocina, los homicidios, que calla, los Paises, que destruye, la contribución, que carga, de tanta sangre inocente la púrpura que derrama: y en fin de tantos tesoros, como del Pobre se sacan; y para pompa del viento, en fuego, y humo se gastan. Ah cuenta estrecha, y terrible! los Reyes, que no reparan, las desdichas, que somentan, miren, que ha de castigarla Dios en sus mismos sucesos; que aunque tal vez sus hazañas embelesen con Victorias, en la conciencia dañada, el disimulo del Cielo, es más sospechoso al Alma, Ea, Santísimo Padre; ea, Gran César, ya bastan las Guerras entre nosotros; socorran vuestras bizarras Armas a Jerusalém, oprimida, y fatigada de Arabes, y de Gitanos; cuya multitud es tanta, que más el tumulto inunda, que el acero corbo mata. Al Monarca, a quien Dios hizo Poderoso, ya le encarga las Armas de su justicia; y si no sabe emplearlas, de las justicias de Dios, el cargo es bien se le haga; pues Dios, con darle el poder ya sio de él su venganza. Yo te ofrezco ir en persona concediendo la Cruzada, a cuantos con celo ardiente, pasen a Guerra tan Santa. Aunque es preciso, que ahora en apresurada marcha a Alemania de la vuelta, para dejar sosegadas algunas alteraciones, a que dio mi ausencia causa, cuyas pavesas no es bien, que deje crecer a llamas: después Bernardo te ofrezco, que mis Águilas Romanas, con plumas de seda crucen en mis Banderas el Asia. Pues en tanto que a Milán, por Legado me despacha su Santidad, cuya suma piedad, de reducir trata a Guillermo, y a Rogerio, tratad con gran confianza esta Jornada de Oriente; y digan Liras, y Cajas: Inocencio, Absorto he quedado; Un hielo nudos me hace en la garganta: Dios me saque de esta Cueva. Dime, y como hace tu Magia predicar así a un Demonio? Cómo el conjuro le manda decir lo que el otro dijo, sin que discrepe palabra; y más le sirve esto al Duque de cargo, que de enseñanza. El horror disimulemos, Guidón, supuesto que el Alba las flores a encender vuelve, que las sombras apagaban: a buscar voy el Castillo, tu deja luego esta estancia, porque gusto de ti, y quiero, que a mi Palacio te vayas. Levina, ya lo has oído, recoge cuantas alhajas tenemos, pues nos mudamos, y no se olvide la Tranca, que ya sabes, que contigo pueden mucho sus instancias; pues muele, pero consigue, como todos los que cansan. Señor, manda, que me ajusten mi cuenta, porque me vaya con Dios. Qué tienes ahora? Ver, que va entrando en tu gracia este señor Sobre estante de Diablos; y es cosa clara, que privara con Señores quien tiene tan linda maña, así en levantar quimeras, como en disponer Fantasmas, Una Zagaleja ausente, y cautiva, aún tiempo los aires hiere, y suaviza: diciendo en sus ansias con dulce porfía: Basten, Fortuna, Sobre vestirte, Señora, tan de mañana, que infiero, que hoy has querido primero amanecer, que la Aurora, mandas volver a cantar? Sí, Laura, que en fin a un triste en el dolor, que resiste, tanto le suele aliviar un tormento parecido, al suyo en ansias ajenas; la semejanza en las penas, cuando, di, no ha producido una oculta simpatia? Yo encontré en esa Canción una pena una pasión, tan parecida a la mía, que cuando el eco veloz de mi percibir se deja, me pareció, que a esa queja faltaba solo mi voz. Yo vivo sin albedrío, y mi Esposo (ay dueño amado!) preso está por desdichado, solo en ser Esposo mío. Yo, que de noche, y de día, ausente triste, y amante, la ilusión de su semblante la visto a mi fantasía. Presa vivo de su hermano, que a mí, y a él irreverente, lo amante bárbaramente acredita en lo tirano: mira, cuanto a mi infelice pena, a mi dolor severo, y a la vida, en fin, que muero, parece Canción, que dice: , . Basten, fortuna, Qué esto? en tanto llorar, que no cesa en noche, y día, no has podido, ingrata mía, tu sentimiento agotar? Ya has enriquecido al Mar, con perlas, que te ha bebido; donde el dolor te ha cabido, supuesto, que en lo llorado, tanto llanto derramado, la pena aún no te ha cabido? No es esto, no, enternecerme, en llanto, si convertirme, ni en mí ha faltado lo firme, porque empiezo a deshacerme; no imaginéis, no, vencerme, que más seña no he de dar de humana, ni aún con llorar, y el llanto, que al padecer, por dolor supe verter, por piedad he de enjugar. Acaba, injusto Tirano, con esta inocente vida, que pues vivo perseguida por Esposa de tu hermano: ya que con injusta mano a él le prende tu rigor, conmigo acabe su amor, y moriré al golpe fiero, luego que pongas tu acero de parte de mi dolor. Cuántas maldades, Señora, caben en humano pecho, mi voracidad ha hecho, exceptando esta, que ahora vuestro rigor me desdora, en ser con Damas grosero; porque en hombre, aunque más fiero, para respetar su nombre, le basta solo el ser hombre, ocioso es lo Caballero. Ni yo os soy molesto en nada, sino en que a adoraros vengo; ni aquí prisionera os tengo, Señora, si no es guardada: Prenda tan idolatrada guarden murados Archivos, con que vuestros siempre esquivos ceños la muerte me den. Qué atención mal haya, amén, quien no os quemá a todos vivos. Anselmo, estos Prisioneros, aquí de intento le traigo, porque use piedad con ellos, que mal puede ser tirano delante de Margarita. Pienso, que lo has acertado, que aunque en un zumo de Yedra está el semblante bañado, cuando él enamora, en fin se consita con más agrio, Qué es esto? De esas Patrullas, que cierran todos los pasos al Loubre, que caudaloso al Poictu baña, buscando el espumoso sepulcro del Occeano Aquitano, y de Bretaña, y Anjón va dividiendo tu Estado; de esas Patrullas, repito, que tus Fronteras rondando, un volante vivo muro; les forman de sus Caballos, con dos Nobles Prisioneros, hablarte pretende un Cabo, Llegue. Fortuna cruel, hasta cuando, di, hasta cuando, con ser firme en mis desdichas, querrás desmentir lo vario! Llegad. Tirana fortuna, hasta cuando tus acasos intentarán de mis ruinas fabricar tus simulacros! Cómo es orden, que nos diste, prender, o matar a cuantos pasaren a tus Dominios, de los Paises extraños, si confiesan a Inocencio por Pontifice Romano: A las Riberas del Loubré, esta mañana apresamos esta Dama, y este Joven; cuyo denuedo bizatro, hizo en su prisión de costa las vidas de dos Soldados. El Bando Contrario sigue; y así, a tus plantas le traigo, a que le des la Sentencia. Adonde rendido aguardo, que cuando en mí sea delito, ser a tu opinión contrario; bien, que aún los Cielos al Hombre libre su elección dejaron; no lo sea en esta Dama: Y cuando intentes airado ultrajarla, te suplico, que pues fui tan desdichado, que en fin me ha sobrado vida, para estar viendo su daño, mandes, que me den la muerte, que será en un pecho honrado infamia de la paciencia, vivir, y ver sus agravios. Levanta, Joven, del suelo; di quien eres. Soy Jerardo de Borgoña, Besanzón mi Patria insigne; y mi Estado el ser Prisionero tuyo. Estado, y Títulos, malos son, mejor es ser Vizconde, o Marqués Napolitano. Si piedad cupiera en mí, que no soy muy inclinado a sentir duelos ajenos, mostrarme pudiera blando solo con los Borgoñones, que al fin no habéis ignorado, que Hijo nací de sus Duques, y en Guiena me casaron con Isabel su Duquesa, que goce eterno descanso. Por el semblante estoy, Cielos, su intención adivinando! Oh cuál estará una vida, que pende solo de un labio! De qué Familia, en Borgoña, eres? El quiere casarlo. Primo soy de Othón, su Duque, y de él, no poco estimado fue mi Padre Teselino. Aguarda, luego Bernardo, el Abad de Clarabal, sin duda será tu Hermano? Sí, Señor. Pues como al verte de mis Gentes ultrajado, abatido, y prisionero, para excusar embarazos, no dices, que eres mi Primo? Tú mismo lo has declarado, si estoy abatido, como me he de atrever temerario a decir, que soy tu Primo? Pues en eso pierdes algo? No; pero el Noble abatido con Parientes Soberanos, aguardar, que ellos lo digan debe, antes que blasonarlo, Por qué? Tom. Il Porque es siempre odioso acreedor necesitado un Pariente, y en no serlo no pierde ninguno tanto; como serlo del muy Noble, que no quiere confesarlo. Con todo eso, ya lo dije llega Jerardo a mis brazos, que aunque a tu Hermano aborrer- con tal odio, que he jurado (co beber de su sangre aleve los raudales despeñados, por las quiebras, o los pliegues del Ábito negro, y blanco, a tu despejo, y tu brío estoy más aficionado. Beso tus pies. Ay de mí, que este accidente impensado me trae un testigo más para un dolor tan extraño, que aún de tenerle sin culpa se martiriza el recato! Horror me da su semblante; y aunque le miro templado, no sé lo que el corazón me dice en sus sobresaltos; ni sé disfrazarle al susto las voces, que está pulsando. t Qué Dama es esta? Aquí entra todo mi enredo, y del Diablo. Leonor, aunque en tu Pais, y en todo Francia es usado caminar con Mascarillas, corre la nube a tus rayos, pues delante de su Alteza no puede ser cortesano el embozo. A vuestras plant as una infeliz. Levantaos, Señora, pues a mis plantas no está bien tanto milagro. No es la imagen tan devota. Anselmo, viste más raro prodigio! Ya la apeteces? En nuevos incendios ardo. Pues mejor es Margarita. Necio, truécola yo acaso? Qué quieres decir en eso? Qué qué importa en estos pasmos de hermosura, y de rigor, el estarlos comparando, ni ser uno mejor, que otro, cuando yo los quiero a entrambos? Madama, vuestros pies beso. Vos traéis en vuestro garbo toda aquella simpatia, conciliadora de agrados, que suele tener lo hermoso para los ojos humanos. Leonor, Señor, es mi Prima. Disimulo es excusado, que no tardaré yo mucho en cantar luego de plano, que no es, si no Dama suya, y que en Nantes la ha robado. Fuele a su salud precifo pasar a tomar los baños de Pan, tu insigne Castillo, Cabeza del Principado de Bearne, y monstruo altivo, que en sus Círculos Murados, corona del Pirineo los más Gigantes Peñascos. Pues dime, desde Borgoña, que camino vas tomando por aquí para Bearne? Mucho apura este reparo. No es de Borgoña mi Prima: o como miente turbado . un Noble, en quien son violentos, aún los precisos engaños! Por mi Madre es mi Parienta, y su Padre es del Ducado de Bretaña, con quien van los límites confinando de Poitiers, y a quien fue el Loubre corbo parentesís claro. Pero dejando esto aparte, permitidme preguntaros; por qué aborrecéis, Señor, al Abad, cuyos milagros, a los ojos más rebeldes, persuadiendo están, qué es Santo? Porque a Inocencio defiende. Solo en él tengo fiado mi consuelo, si sus pies merece este suelo ingrato. Si tú le hablaras, quizá quedaras desengañado. Eso es para otros cobardes, que persuadirse dejaron de dos sutilezas suyas. No andemos con arrumacos, que él es Santo de Antubión, y tiene tal garabato de pescar Almas perdidas, que cuando está predicando, para prender los oídos, tiene palabras con garfios: a cuantos quiere convierte. Un día, Señor, llegaron por refresco a su Abadía treinta, o cuarenta Soldados de a Caballo, todos Nobles, y entre si estaban burlando, de que la mayor Nobleza de Francia hubiese tomado el Abito en Claraval: el Abad, disimulando, sin hablar palabra alguna, la bendición echó a un jarro de Cerbeza, que les dio; y luego que la gustaron, al punto se convirtieron, sin salir de allí, clamando por que el Ábito les diese. Búrlese el más obstinado con un Santo, que en bebidas da los auxilios colados. Pues infame de esa suerte alabas a ese Bernardo? huye, o te daré la muerte. Iranse, que no son Asnos. Si otra vez en mi presencia te pones. Yo? guarda Pablo: a un Alquilador de Coches voy a servir, que rogando me está con una Carroza: aunque entre ser tu Criado, o ser Cochero alquilón, no sé yo cual es más malo. . Qué te irritas, si es verdad lo que cuentan de mi Hermano? El Espíritus expele de los cuerpos; deja sanos a cuantos enfermos logran la dicha de su contacto. Tiene Don de Profecia; dan también por caso llano, que le dio Dios Ciencia infusa, al ver en sus cortos años, cuanto más es lo sabido, que puede ser lo estudiado. El Bien está, cesa, cesa, que en nuevas iras me abraso. En ranto, pues, que parecen, yendo mi Gente a buscarlos, para proseguir la marcha, la Recámara, y Criados, seréis mis huéspedes. Yo os estimo el agasajo: que no me apartase de él . le hubiera más estimado. Es Margarita, mi hermana, mujer de Enrique, mi hermano, a quien preso tengo ahora, por ciertos celos de estado, que de cualquiera dominio son el interior gusano. A tanto favor, Señora, a vuestras plantas postrado respondo, y a buscar vuelvo la Familia. Acompañadlo. vosotros. Venid, Señora, conmigo, que el convidaros a acompañar infelices, es cariño desgraciado. Cuando el Padre Abad mandare, saldremos del Parador, ya que en el primer viaje tan buen retorno encontró mi Carroza; los Frisones ya están puestos, y yo voy contra el frío, entapizado de los tufos de un Licor, que aunque enciende la Cabeza, vivifica el Corazón. Hijo, témplese en beber. Mire, Hermano, que causó la destemplanza del Vino, en el colérico humor, mil desdichas, y después tarde la razón lloró. Padre, del Vino a Cocheros no les predique Sermón, que el vientre no tiene oídos, ni escucha a Predicador; y a todas esas razones solo hago yo esta razón. Bueno está. De qué lo sabe, Padre, si no lo probó? por el olfato, sin duda, (no, ha distinguido el sabor. Vaya, y traiga el Coche, herma. pague allí lo que gastó. Pues voy, poco come el Padre, y no sé, si podré yo encajar en poco gasto mi fisa, y la del Mesón. Gracias, Padre Pray Gaufredo, al Celestre Criador doy de ver esta hermosura, que aún de las Flores, que son Luceros de Clarabal, hay memoria en el olor. Qué hermoso, Padre, es el Campo, donde solo se obstentó, sin artificio, la Mano del Divino Agricultor! Ya en Milán he concluido los casos, a que me envió de Inocencio la obediencia; ya queda en la posesión de Roma, desde que de ella el Tirano se ausentó; ya de los Alpes vencimos la elevada oposición. Y ya a Francia caminamos, o qué gozoso, que estoy de retirarme a mi Celda, a descansar del rumor de aquel inquieto bullicio de una; y otra Población! Ay mis Monjes, hay mis Hijos, y cuanto tiempo ha que no escucháis el tierno silbo de vuestro indigno Pastor, a vosotros, como a Centro, me arrastra mi inclinación! Allí, Padre, todo dado (después, que templé el furor de Guillermo de Aquitanía) a la alta contemplación, a escribir me volveré con ternura, y con fervor, la exposición, que mi celo tanto tiempo ha que empezó del Libro de los Cantares, en que el Sabio Salomón, entre el Esposo, y la Esposa, todo bañado de Amor, de las Bodas del Cordero su Epitalamio cantó. Padre, cuando los requiebros allí miro, con que Dios enamorado de un Alma, la enciende en suave ardor en un golfo de dulzuras se anega mi corazón. No en vano tantos milagros Dios por vuestra mano obró, Padre, en Milán, que excedieran a quererlos contar yo, las luces de ese volumen, que enciende prodigo el Sol. Dios por sí solo los obra, no por mí. Padres, alón; marchemos, que es tarde, Hijo, toda la jornada es hoy, desde Novilla a Poitiers, siguiendo el curso veloz del Rodano, que aquí el Lago de Ginebra se sorbió, hasta que de él vomitado arrojar vuelva feroz en el Golfo de Narbona todo el espumoso humor. Poco hay que andar, vaya espacio, porque tan débil estoy, que aún en Coche andar no puedo; y esa ha sido la ocasión, por que con este regalo Inocencio me mandó caminar. Padre, si puedo: só Caballo de un Ladrón, los Diablos lleven aquel Vergante, que te vendió, No maldiga. Si es que puedo: iré con toda atención, Tom. Il. guardando los vatideros. Entren. Ni aún tengo vigor para subir. Yo os ayudo. Padre, páguéselo Dios, Anda, hijo. Sueñe el trueno del cáñamo crujidor. Hombre, tente, que nos vuelcas, que esta rueda se quebro. Cómo quebrar es verdad, por en medio se tronchó; por vida: No jure, hijo. Voto: Sosiegue el furor. Padre, a Cocheros no quite nunca el jurar, cuando hay hoy Cochero, que solo en juros puede cobrar su ración: en tierra llana como esta, donde no hay un tropezón, imposible fue quebrarse, si el Diablo no la rompió. Ay adónde aderezarla? No hay Maestro al rededor, ni aún de Carros, en diez leguas? Padre, yo soy pecador, y el Diablo anda aquí, sin duda. Tienes, Amigo, razón, que él anda aquí, porque sabe, que resulta la estación del camino, que llevamos en servicio del Señor, y ha pensado embarazarnos con esta contradición, Ven acá; monstruo nocibo, que en el copado verdor de ese Árbolí, a quien tu astucia hizo frondoso balcón, celebrando estas la buela, que nos has hecho, traidor baja acá, que yo te llamo, y conjurado a mi voz, de esta media rueda suple el medio círculo hoy; aí estaréis, buena alhaja; y os mando en nombre de Dios, que hasta que os dé libertad, no salgáis de esa prisión, ni hagáis mal: hijo camunía. Padre, no ha de darmo horro llevar un Diablo por rueda; porque aunque he llevado yo más Diablos, que llevar puede un Coche de Don Simón, son de hechura más alegre: Válgame San Salvador! Así paga su delito. Mas yo tengo un miedo atroz, que nos ha de despeñar. Vaya, y no tenga temor. Ah perro, en mi mano estás, y no sé yo, si es peor, que en la de tus Compañeros. Con esta demostración, conocerán estos Pueblos los prodigios del Señor. Y los Cocheros también conocerán de esta acción, cual es su oficio, pues echo a rodar los Diablos yo. JORNADA SEGUNDA , , y

JORNADA SEGUNDA

Padre, cuando ya en la Francia nuestro viaje fenecimos, pues miramos de Poitiers los soberbios. Edificios; cuando a la Sagrada Silla de Pedro, restituido ya Inocencio, y arrojado Pedro de León su enemigo, Legado suyo le nombra, que causa puede haber sido la que repentinamente, en Arroyos crista nos, desata el mudo dolor de sus ardientes suspiros? Padre, si ya deja el Coche, y aqueste rato ha querido ir a pie; de qué se aflige, cuando así libre se ha visto del Diablo, que va por rueda; y del Cochero no digo, porque soy yo y no es razón alabarse uno a sí mismo. Ay de mil y hay Gran. Señor, de tu Rebaño perdido, si acaso del Verdadero Pastor desconoce el Silvo! Padre; descanse su pena, si lo merezco, conmigo, y en la Cárcel del silencio quebrante la voz los grillos. Si Padre, que aquí entre todos lloraremos un poquito, y partiremos el llanto, como entre Padres, y hijos. Que quiere, Gaufredo amado, no he de estar enternecido, si ahora sale de Roma Inocencio fugitivo? Qué dice? Qué aprisa huyendo, secretamente ha salido, el furor del Vulgo ciego, después, que prenderle quiso en San Juan de Letrán, Pedro de León: horror impío! y con sacrílega infamia compró el honor Pontificio. Ah ambición, que aún lo Sagrado no respetas! Vil delito, que fuistes antes, que el Mundo; pues, que tu espíritu altivo, también por la primer Silla movió Guerra en el Impíreo. Pues de quién podéis saberlo, si juntos hemos venido? Ahora tengo la noticia. Qué también es adivino? por eso huyo de Guidón, estos son pecados míos. Qué quiere? baste el saber, que segunda vez a Cristo, vendido, y comprado vemos; pues el Sagrado, el Divino honor de su Gran Vicario poner en venta hemos visto; y el Consagrado Tesoro del Templo (tiemblo al decirlo!) que aún respetaron Gentiles, sirvió para precio indigno: Ah soberbia, lo que arrastras! ha infeliz, trágico Siglo, en que por tus culpas, Dios te envía el grave castigo de la Cisma, y de la Guerra, siendo Padre tan benigno! Él sabe no he reusado el menor trabajo mío, por la universal quietud; y aún de este viaje el designio, solo es por ver a Guillermo, ese monstruo endurecido, A en la obstinada porfía de sus sacrílegos vicios; pues con el poder, que tiene dé Vasallos, y Dominios, es quien más la Iglesia aflige: Oh Arcanos, Sagrados Juicios, cuando sabrá el Poderoso reconocer beneficios! A ver a Guillermo vamos, pues yo, Padre, me despido. Por qué? Porque le conozco, y desde que trae consigo al hechicero Guidón, le he cobrado tal cariño, que aquí estoy, y tiemblo de él; qué mucho, si este es el sitio adónde tiene su Cueva? Déjese de esos delirios, y en Dios tenga confianza. El miedo es grande enemigo. Gaufredo, antes, que en Poitiers entremos, y su bullicio nos embarace, quisiera (pues el verde laberinto de este enmarañado Bosque, inculto jardín florido, con su quietud, nos convida) ya, que he tenido este aviso, escribir, y consolar (si yo puedo dar alivio) a nuestro Padre Inocencio. Pues de fragrancias vestido, su matizado Sitial le está ofreciendo aquel Risco: sentemonos. Norabuena, que el primero me convido yo, cuando es a descansar. Saque, pues que trae consigo para este fin el recado de escribir. Voy en un brinco, que en la Arquilla está del Coche. Mis lágrimas, y suspiros darán retóricas frases al dolor. Aquí metido viene, como me mandó. Mas tenga, qué es esto? Un Libro. Un Libro, de qué? De Historia. Qué Historia? Es un Compendillo, que trata de cuatro Reyes, con sucesos inauditos de Caballeros, y Damas. Veamos. Padre, suplico. Muestre, es aquesta la Historia? Pues acaso le he mentido? no hay Reyes, y Caballeros? Gran lección. Es Ejercicio, era el Diurno del Duque, y aquí olvidado se vino. Arroje del ocio infame ese venenoso hechizo. Padre, arrojele por mí, que aún me queda otro escondido, Venga el papel. Aquí está, y el Tintero: mas qué digo! Qué es eso? No es nada, Padre. Cómo no, si yo lo he visto? La Redoma es de la Tinta. No es una Bota? Lo mismo es Bota, o Redoma, siendo la Tinta de Vino tinto. Deje locuras, y calle, entretanto, que yo escribo. Eso no podrás lograr, porque ya, que te ha traído el Cielo a mi Estancia, tengo de embarazar tus designios. Ea Espíritus impuros, que tantas veces rendidos obedecéis mis preceptos, manchad ese cristalino rostro del día, empañad el transparente Zafiro, que a la Carroza del Sol sirve de azulado vidrio. Puéblese su ethéreo espacio de las furias del Abismo, desatando sus rencores en rayos, niebla, y granizo. . Con qué gusto, que va el Alma dictando, aún en rudo estilo, consuelos: pero qué es esto! . Jesús, y qué torbellino! Caliginoso vapor, que al Sol al paso ha salido; por su ausencia enluta el Aire, que también se enciende al giro de tanto ardiente Cometa, como aborta de sí mismo. A buenas noches, mi Padre. Qué impensado horror, Dios mío, el claro explendor del día, nos roba tan de improviso! Voyme a meter en el Coche; pero por donde, no atino. . Qué confusión! Esto sí, padezcan, pues que yo gimo. Pero no, rebelde monstruo, que ya, ya te he conocido has de lograr el astucia; porque si es de Dios servicio lo que hago, él ha de ampararlo; y así, a tu pesar prosigo. Ay de mí, que esa confianza me vence; y más cuando miro, que ya en su apoyo desciende un Celestial Paraninfo! voy a ganar en Guillermo, cuanto aquí pierdo contigo. l, r Calmen, calmen las iras, que vibra del Noto lo airado, del Cierzo lo esquivo; y en Montes, y en Selvas, en Mares, y Abismos resuenen los ecos, que el Césiro esparce, batiendo las Alas su inquieto bullicio. Parece, que rareciendo su denso velo tupido, la oscura Nube, del Sol nos iluminan los visos. Bernardo, pues a tu fe no la contrastan prodigios, prosigue constante, escribe elocuente, pues vengo en tu auxilio. lSol, rasgando las nieblas, vuelve a alumbrarte benigno y ya de sus rayos, en tristes desmayos huyó el enemigo. Y así, pues que ya en tu amparo empeñado al Cielo has visto, su causa defiende, contra quien le ofende, mientras que repito: Calmen; calmen las iras, Con qué podré agradeceros favores tan excesivos, Señor? Ya la tempestad deshecha trato prodigio! ha inundado todo el campo, y solo este corto sitio, donde estamos, no ha tocado. Ay mis Rocines queridos, que ahora estarán boca abajo; yo les dare sopa en vino, en llegando a la Posada, y al Demonio en los ocicos quebraré después el jarro. Pues ya es tan breve el camino, lleve el Coche a la Ciudad, que yo entrar a pie elijo. Y qué hemos de hacer del Dia- (blo? he de andar con él asido todo el año? Ya se irá, en acabando su oficio, que yo le daré licencia. Padre, quiere hacerme rico a poco costa? pues deje, que lleve el Coche conmigo, y a enseñar el Diablo a cuarto, he de ganar, que sea un juicio. Deje locuras, y vaya. Pues se me acaba el dominio, ha perro ahora a carreras has de pagar lo llovido. Padre, de aqueste suceso, aunque bien no le he alcanzado, el prodigio me ha admirado. No hablemos, Gaufredo, de eso, favores fueron del Cielo, que mi humildad no merece. Que viene gente parece hacia la Ciudad. Riselo, notable traje. Estos son del nuevo Orden del Cister. Mas por qué blanco ha de ser? Es digno de admiración el suceso; pues rezando, vestidos de negro un día volvió la Virgen María blanco el Abito. Hasta cuando vuestra Iglesia perseguida mantendrán vuestros enojos, volved a verla, los ojos, y triunfará combatida: Gaufredo, en tan grave mal a Inocencio defendamos; y pues ya en la Villa entramos, escribiré a Clarabal, para que al Oinipotente templen lo que se indignó. Si será Bernardo? No. Mucho en nosotros la gente repara. Es la novedad del Abito. Si lo fuera, sin duda alguna muriera, de Guillermo a la crueldad. Todo ha de suceder bien, pues de Dios la Madre Bura, los riesgos nos asegura: la primer cosa, que ven en Poitiers mis tristes ojos, ya bañados de alegría, es la Imagen de María: destiérrense los enojos, ceda el injusto pesar, que lástima el alma, al ver el Divino Rosicler, que nos empieza a ilustrar. Bellísima Protectora del Cister, Oh Dulce! Oh Pia! O siempre Virgen María! Oh Amantísima Señora, borrad los golfos de error, que a Guillermo han sumergido! llegue a vuestros pies herido po de un Rayo de vuestro Amor: no permitáis se condene, aunque despreciándoos hyerra, que ya os ampara en su Tierta, si en su Corazón no os tiene. Dios te Salve, Bernardo. Bernardo, Salve, que a quien María saluda, Ángeles aplauden. Qué prodigio! Qué portento! La Virgen misma le habló, Oíste, que se pobló de Armonías todo el viento? Bernardo es sin duda alguna. En la Ciudad le aclamemos. Su Abito blanco besemos, y avisemos la fortuna de Guiena, con la venida de quien con Dios puede tanto. 2. Llegad, que Bernardo el Santo a daros viene la vida. . Quién mayor dicha logro? Yo, mas que vos conseguí, pues me saludáis a mí, y un Ángel os saludó. Himnos le saluden, pues es de la Nave Eterna de Pedro, Argos vigilante. Salve, Bernardo, Salve. Salve. Salve. 2. Cánticos le aplauo pues su voz triunfante, es rayo, que rinde bárbaras crueldades. Salve Bernardo. Salve. Padre, de tanto favor, absorto, y confuso quedo. No lo revele, Gaufredo, hasta que quiera el Señor. Viva Bernardo. La Gente, que oyó la salutación, con gritos, y confusión, llega en tropas diligente. Antes que lleguen huyamos, que toda esta aclamación principio es de la Pasión en la Semana de Ramos. Ya es imposible librarte de la turba, pues cortiendo llega la Gente, diciendo por una, y por otra parte: Viva Bernardo. Oh injusto modo de aplaudir intentos! pues no por Dios tan contentos vienen, sino por su gusto; porque en esta vanidad, que se ofrece hoy a los dos, no es quien lo motiva Dios, sino su curiosidad. Si pudo darme pesar, cuanto por tu Ciencia vi, lo que por tu labio oí me lo ha sabido borrar: que Inocencio salió huyendo de Roma? Y con prisa tanta, que si el miedo no adelanta su fuga; y a lo que entiendo, sus sacrílegos afanes fin lograrán con su muerte; pero su suerte a la suerte venció de los Franchipanes; cuyo Vando patrocina de Anacleto la Tiara: a fe, que si no escapara, que en paz la Iglesia Latina quedara: aunque a mí me dan estos accidentes risa, que no siempre hallará a Pisa, ni habrá San Juan de Letran. Ya Leotario ha conocido el error infiel, que ampara; pues huyó al riesgo la cara, de su temor impelido; ya huyó a Alemania, dejando a Italia en su libertad, que si no, mi Majestad sus intentos abrasando, pasara a Italia el rigor, y las sañas, en que ardo redujeran a Bernardo, al Papa, y Emperador; y aún sin llegar a afligirme, la Cisma, que el Mundo advierte, darlos supiera la muerte solo para divertirme, sin que de mi sentimiento se vistiese mi violencia, que es natural complacencia, que Dios ha dado a mi aliento; y solo tengo buen día en el que hago a todos mal, Bellísimo natural para molde de una Tía: lo de Bernardo he callado, porque aunque precito está eco tal milagro hará al pecho más obstinado. Dejemos esto, Guidón, que estoy de oírlo cansado. Dime, diste aquel recado, que te fio mi afición? Levina hizo bien su oficio; mucho a su amor mereció, que parece que nació destinada a este Ejercicio. Pero Leonor melindrosa, al escuchar tu afición, fingió mucha indignación, que bien sabe, que es hermosa. Y aunque dio quejas muy recias, y hubo el honor, y agraviar, creo no ha de revobar las Porcias, y las Lucrecias. Ahora es de hablar ocasión, porque sus melancolías ha divertido estos días en la verde confusión de ese Vergel floreciente, que con risueña alegría, en rayos de olor, que envía ámbar en el viento miente. Si la buscas la has de hallar, no a su rigor desesperes, porque, Señor, a Mujeres, no hay si no rogar, y dar; pero ella, sin duda alguna, que viene hacia aquí parece. . Le vio? Bien puedes el susto perder, que no pudo verle; pues lo espeso de estas murtas, lo inculto de esos Cipreses, que en funesta sombra armados, tiven de horrores lo verde, fue estorbo. Leonor divina? Gran Señor? Aunque a mi fuerte martírice la constancia de adoradas esquiveces, sin que a la firmeza mía, o se enternezca, o se melle, no puede el temido riesgo de mi pasión retraerme; antes el alma abrasada precisa, a que experimente el peligro de más cerca, por si tratado pudiesen mis fatigas mitigarle, mis ansias enternecerle. Qué horror de mirarle, el alma asustada se estremece. No a tus ofensas mi afecto madruga, pues reverente, solo por favor inmenso, te ruega, que le desprecies. Nuevo escándalo en mi oído, Señor, Vuestra Alteza vierte en mi fama tan distante, como es en vos indecente. A una mujer desdichada, que creyó en vuestros Laureles del rayo de su fortuna ampararse, y defenderse, así injurias? Es injuria, hermosa Leonor, quererte? Sí, y a no ser infelice, también lo fuera atreverse a decir, lo que aún no pudo ser prevención de la mente. La voz oí de Leonor, y aquí el Duque la detiene. Hablando se quedó el Duque con ella, aquí oírse, y verse puede lo que dice. Sabe Vuestra Alteza quién soy? Eres, quien me hurtó el Alma imperiosa. Pues muy buena maula tiene, que un Alma de Duque mozo, es Reliquia, y excelente. Qué oigo, Cielos! Aún ignora mi turbación responderle, que el espanto de mirarle, la voz en las fauces prende. Creía mi vanidad, que Vuestra Alteza supiese, que era Noble, pues lo hermoso en mi fatal accidente, nunca pudo ser motivo de que (el susto me entorpece!) con vuestra voz se desdore, Si por Noble te quisiese, lo Noble hubiera sabido; pero de eso no te acuerdes, que si como doy noblezas dar hermosura pudiese, no llegara a que tu cefio, me fulminara esquiveces. Solo tu belleza adoro, y pues tan discretamente, accidente le llamaste, solo adoro el accidente: así la Nobleza tuya no ultraja, quien logra: Cese vuestro acento, que ni es Noble, ni es Caballero, quien quiere de ajenas necesidades fabricar sus intereses, ofendiendo su osadía, a la inmunidad de un Huésped. Cuanto el agravio me irrita, la novedad me suspende. Aquesta violencia, Cielos, o si yo estorbar pudiese! Ni Caballero, ni Noble soy, como a ti te parece, solo me confieso amante, que aunque yo creí, que fuese compatible serlo todo, voluntariamente quiere ceder mi discurso altivo; y puesto, que vanamente, no siendo noble lo amante, intentas desvanecerme, como amante, esa divina mano mi afecto merece, temple el fuego, que me abrasa la candidez de su nieve. Ay de mí, Levina! Huye, que eso solo ha de valerte. Dame la mano. Primero en mi púrpura caliente lograréis: Señor, qué es esto? Pues cómo, Traidor, te atreves cen el acero a mi vista, a entrar? Infelice suerte! Señor, no ha sido el sacarle, porque contra ti se aliente; pues Príncipe Soberano, es razón, que te venere: sino a vista de este agravio, para que me des la muerte, antes que de ti se diga, que así a mis ojos me ofendes, y que yo lo disimulo infame, o cobardemente, cuando Leonor es mi Prima. Cuando vuestra Prima fuese, qué más Laurel vuestra Prima intenta, que merecerme? Advertid, Señor, que estoy delante yo, y que no os debe ese baldón mi respeto. Quién os mandó que vinieseis? La cortesanía estimo. De puro afable se pierde. Yo facilitaré al Duque sus intentos de esta suerte. Y así; pero qué es aquesto? Ligera Posta parece. Mirad de quién es? . . Fortuna, como si inconstante eres, duran tanto tus rencores? Con aqueste Pliego viene para ti. Pues ya arrestado estoy, nada el valor teme. Aunque el desaire padezca, es forzoso detenerme, por libertar a Leonor. Mira como el Cielo vuelve por mi razón, procurando, que yo sus injurias vengue: el Gran Duque de Bretaña, ahora me avisa por este, que si acaso a mis Estados llegares, haga prenderte, por traer robada a Leonor; y pues justicieramente puedo castigar tu arrojo, Guidón? Señor? Trance fuerte! A aquella funesta Gruta, que ser tu habitación suele, lleva a Jerardo entretanto, que los que le siguen lleguen por él, que aunque en un Castillo era más razón ponerle, así su prisión estrecho; y pues tú su Alcaide eres, en tu Magia están demás las Centinelas más fieles. Advertid. Nada hay que digas. Quién en esto al Duque mete, si yo no soy de Bretañar Mi Ciencia, que tanto puede! . venid. mí. Vamos a morir. Vos, Leonor vuestro Retrete tened por prisión, que presto haré, que en dicha se trueque: así la veré mejor. A ella más gustosamente iré, por no veros: ay, erardo, lo que me debes! Y tu hermosa ingrata, como has logrado floreciese a tu divino contacto este Vergel, que elocuente, cuanto te admiran sus rosas con frases de Ámbar ardientes, por no abrasarse anhelaron, que las hollase tú nieve? Qué es esto? con quién habláis? ved, que Leonor está ausente; y aunque mi Esposo lo está, en mi pecho es bien se muestre. Pues si es su vida la causa de tus injustos desdenes, yo los venceré. Ay de mí! Viva el Monje Cisterciense. Viva el Insigne Bernardo. Pero qué alboroto es este? Que ha de ser, que aquí Ber- Abad de Clarabal viene, (nardo y en dos horas, que en Poitiers ha estado, aunque enfermo viene, ha hecho más de mil millares de milagros evidentes; pues trae de Santo unas manos, que en tocando al que padece, bueno, y sano queda, sea la enfermedad la que fuere; y los Médicos airados, de que ahora venga esta peste de salud, ponerle pleito sobre los milagros quieren, porque los quita el comer la salud de los Pacientes. Pues cómo le alabas tú en mi presencia? Qué quiere, su Cochero sey, y quiero, que esta novedad se estrene en hablar bien de mi Amo. Y como Bernardo a verme tiene atrevimieneo, cuando fia Anacleto en su muerte la eternidad de su Trono? Esto estorbar me conviene: ya queda preso Jerardo. Decid a Bernardo, que entre. No le veas, ni le oigas, pues que viene solamente a robarte tus Tesoros. Has dicho bien; porque verle no pueda ninguno, luego muerte le dad. Ansias crueles! La dadiva es como suya. No tu saña experimente, Señor, quien humilde hoy viene a Poitiers solo a verte, Un Religioso tus iras, tan sin templanza merece? cuanto más en despreciarle harás, que no en ofenderle? No conviene a mis intentos, que Bernardo a hablarle llegue, porque en sus palabras todo Dios le rebosa, y se vierte. No que le perdones, digo, sino que llegar le dejes. (Coche, Que va, que aunque encerre el que hago, que el Diablo se suelte? Pero qué ruido es aquel? Viva Bernardo. La Gente, que en aquella Galería del jardín acudió a verle, con su peso la echó al suelo. Gran felicidad promete este milagro, pues si a uno dio vida, mató ahora a veinte, Milagro. No, hijos, mi indigno nombre aplaudáis, pues se debe a Dios el portento. Aparta. Pero sea lo que fuere, llegue muy enhorabuena, y dé gracias a su suerte, que el ruego de Margarita mayor atención merece. Dios, Guillermo, te de vida, para que tu vida enmiendes, si vida pueden llamarse esos alientos, que mueres. Notablemente saludas. Para quien es tan rebelde, que de su delito amante la Imagen de Dios desmiente, aún de esta salutación los acentos no merece de ningún Cristiano. Antes, que prosigas esa especie, que por locura permito, sin que castigarla intente; pues no hay más castigo a un loco, que ofenderle, en no ofenderle; saber quiero, si a Anacleto por Pontifice defiendes. Pontifice es Inocencio, que a quien declarado tienen Papa los doctos Concilios de los Católicos Fieles, en Herpóbolí, en Estampes, en Pisa, y Roma, se debe ese nombre, pues fue electo fiel, y canonicamente. Su Legado soy, y a ti, que sin razón favoreces al Anti. Papa León, que venenosa serpiente, esta división, o cisma, de la Iglesia, cuanto puede ambiciosamente ensalza, sin que su dictamen fuerce la mayor parte de Europa, que en mil Juicios diferentes se hunieron firmes contra él; lo cual se ve pocas veces, Tom. Il. que allí están las variedades, donde están les pareceres. Y esto es verdad? Es tan cierto: La voz, y la acción suspende, que mi Autoridad ultrajas, cuando mi Majestad hieres; y solo por lo que has dicho, pena de la vida tienes. Pena de la vida, quien lo ha promulgado? Quién puede, y quien volverá cenizas al que no se redujere, a que es el Dios de la Tierra Anacleto. Si me adviertes de un injusto bando horrible, que vanagloriosamente público tu indignación, de esa autoridad carece. Pues qué autoridad le falta? En el supones, que eres Guillermo: Pasa adelante. Por la gracia de Dios. Miente. Duque de Aquitania. Es cierto. Pues como a decir te atreves, que eres Duque, por la gracia de Dios, si tú no la tienes? Que eres Guillermo, si el nombre, que en la Sacro Santa Fuente del Bautismo recibiste, tus errores desvanecen, violando la Religión torpe y sacrilegamente; la cabeza del Decreto debiera desde hoy ponerse, si ese error de los errores, desesperado mantienes. El Bruto, que por Guillermo conocido es vulgarmente, que en desgracia de Dios vive, porque él, y el Demonio reinen; el ázote de la Iglesia. Cesa ya las inclementes sacrílegas voces tuyas, sino quieres, que ensangriente con mi heroico acero invicto, hipócritas cándideces. Malo va esto, voyme al Coche, que aunque él, otro Duque tiene por tueda, Diablo por Diablo, está más humilde, que este. . Con buena se viene el Padre: esta locura consientes? Y vive Dios. Vive, y reina, y vivirá eternamente, sin que el poder, que te abrogas; en nada su Poder melle. En fin, a qué es tu venida? o de parte de quién vienes? Ya te he dicho, que Inocencio, por su Legado: Detente, que si en mí tú no conoces, para el respeto, que debes, mi Grandeza; yo tampoco debo a Inocencio cederle. Y así, pues no le conozco Pontifice, de esta suerte os respondo a ti, y a él; y nunca vuelvas a verme, que volveré los jazmines, que vistes tojos claveles, que mi respeto defiendan, y mi valor desempeñen; venid. Ya t sigo. Ah ciego, pertinaz. Oh quién pudiese hablar a Bernardo, pues las desdichas, que padecen Enrique, y la fama mía! Solo él remediarlas puede; pero no es posible ahora, porque si el Duque lo entiende aventuro más. Señor, no hay riesgo, que me amedrente, si considero, que os sirvo; yo volveré muchas veces a hablarle que vuestro agravio es solo el que el alma siente. , .̱. , s Dígame, Hermano, a que sin cuando en aqueste Convento, que aunque no es de nuestra Orden, el hospedar han dispuesto a Bernardo, el un caballo del Coche, subir ha hecho a la Enfermeria? Calle, que no ha sido sin misterio. Pues que ocasión puede haber, para tan notable exceso? Haber falta, Padre mío, de mulas de Nacimiento; y hoy, que es Víspera del día, en que el Niño Dios al hielo temblando estaba de frío, con dulces gemidos tiernos; venga, y verá el aparato de muñecas, y muñecos, que he compuesto de oropel, y de remiendos diversos. El Portal es admirable, pero me salió algo estrecho; hizome falta la mula, pero ya busqué remedio, y quité un caballo al Coche, porque yo no me detengo en ver, si es mula, o caballo; todo es bestia, mas; o menos; y yo vi andar a una Noria un Vizcaino por jumento. Hay más notable ignorancia! Pues diga, como podremos bajarle por la escalera? que aunque le subió, no puedo hacerle bajar. Es potro; mas yo le daré un remedio. Cuál es? Que por las varandas, al Claustro le descolguemos entre los dos: Padre mío, eso le quita el sosiego? Deo gracias. Mi Padre? Hijos? Cómo le fue con Guillermo? Diamante indócil, que Dios le labrará con el tiempo; qué hora será. Padre mío, las doce casi. Esperemos a que toquen a Maitines. Ah de ver el Nacimiento, Padre, o le voy a quitar? Cómo quitar? pues tan presto: Han dado en decir, que hace el caballo tanto estruendo arriba, y quiero bajarle, siendo el principal sujeto, en cuanto al papel de mula, ya lo ve. Gracioso cuento. Luego a ese fin le subió a la Enfermería? Si tengo fabricado allí el Altar, qué quiere? Pobres enfermos! Vaya, Hermano, y agradezca al glorioso Nacimiento del Niño Dios, el castigo. y restituya al momento el caballo a su pesebre. Húrtele yo? Vaya presto. Benedicite, ya voy. . Déjeme solo, le ruego, hasta que a Maitines toquen. Ya, Padre mío, obedezco. . Ahora, que solo estoy, y el tiempo nos da lugar, venid, alma, a meditar en el misterio de hoy. Esta noche hay alma mía! en el más grave rigor, nació aquel Divino Amor en los brazos de María. Ay resplandeciente Aurora, quien en aquella ocasión, en su propio corazón, os diera lugar, Señora! Y vos, Dulce Jesús mío, que en medio de tantos males, puesto entre dos Animales, naciste temblando al frío, revelad al Alma mía, puesto, que la hora ignora, cual fue, mi Jesús, la hora de tan notable alegría. Desde mis pueriles años nunca pude merecer darle al alma este placer estos claros desengaños; y pues que mi devoción os es, Señor, tan notoria, no me privéis de tal gloria, no se pierda esta ocasión. Gloria a Dios en las alturas por siglos eternos, y paz al hombre en la tierra el eco repita, que inspira en mí aliento sonoro Clarín al vago confín de la esfera del viento. Bernardo, tu devoción tanto satisface al Cielo, que a que te muestre me envía la hora de este Misterio. Mira en la Peña cabada de Belen el propio asiento, y la Ruth, que al Mundo ofrece la Espiga de mayor precio, y a los sencillos Pastores, por ver al Infante tierno, desamparando sus Chozas, alegres vienen diciendo: s, , , s. 1. Corred Pastorcillos. 2. Venid Zagalejos. 1. Y al Niño veamos. 2. Y a Dios adoremos. Y en confuso estruendo Tamboril, Castañetas, y Gaita, Sonajas, y Flautas le formen festejo. 1. Yo, Señora, estas mantillas, para envolver os ofrezco al desnudo Adán segundo. 2. Yo al nuevo Abel un Cordero. 3. Yo esta leña al bello Isaac. 4. Yo Espigas al Joseph tierno. Y todos, los Corazones, las Almas, y los Afectos. Aquí está, Señor, el mío, que ya se deshace al veros. 1. Pues vuelva nuestra alegría a repetir en sus ecos: Venid Pastorcillos, Y diga también mi voz, pues lograste tus deseos: Gloria a Dios en las alturas por siglos eternos, TERCERA JORNADA

JORNADA TERCERA

Pues la tenembrosa noche en la Cárcel de sus nieblas tiene prisionero al día, hasta que el Alba risueña, a golpes de luz quebrante los Candados de sus Puertas; mientras en dudosa lucha se acometen, o se ahuyentan las sombras, y los albores; porque su fatiga vierta aquel líquido sudor, de que se bordan las Selvas. Ya, que perdido el camino, en esta inculta maleza nos hallamos, sin poder distinguir entre sus peñas, que a cada paso nos cinen, el precipicio, o la senda, con las mulas poco a poco, detrás de nosotros venga. Así lo haré, Padre mío, ya que asido de estas riendas, con hallarme bueno, y sano, me hace andar con dos muletas saltando de risco en risco. Que ya hallándonos tan cerca de la Ciudad, de esta suerte el camino se perdiera, sin que vereda encontremos toda la noche! Paciencia, que solo perdido va, aquel, que llega a perderla. Pues ya, Padre, no la tengo, para andar siempre entre bestias; dejé el Coche, y que ande ahora Tm. Il. con las mulas me encomienda? Válgame el Cielo! no puede ser casual contingencia, perderse en paraje donde habemos veces diversas estado, y ser un camino, que tan común se fre cuenta! Eso es lo que yo me temo, porque ha de estar aquí cerca la Gruta de aquel honrado Nígromante de la Legua. Venir vos tan achacoso, solo es bien, que el Alma sienta. Ya este caduco edificio a desmoronarse empieza, lo que yo pienso, Gaufredo, es, que pues ya las Estrellas al nuevo ardor del Oriente huyen de no ser pavesas, mientras, que yo (pues mi edad, y mi fatiga no deja, que prosiga) en este sitio recobro alientos, y fuerzas, vos, y Anselmo por distintas partes hagáis diligencia de descubrir el camino. Aquí esperad, y Dios quiera, que os saquemos del cuidado presto. Si hemos de dar vueltas, yo monto en la torda, y él vaya, si quiere, en la negra. . Ya, que solo me han dejado, a pensar el Alma vuelva en otra aflicción mayor, en más rigurosa pena; cuando me pongo a explicar el Evángelio, y atenta la Cristiana Devoción me escucha, para su enmienda, dicen; que tan remontados mis conceptos a ser llegan, tan oscuros mis discursos, tan sútiles mis ideas, que aunque todos los admiran, no hay nadie que las entienda: Qué he de hacer, triste de mí, de poco sirve la Ciencia, poco aprovecha el estudio, si a ninguno le aprovecha. En el Púlpito la fama, solo es razón, que la adquiera, no aquel, que el oído halaga, sino el que el alma penetra. Qué remedio tomaré! qué haré, Cielos, porque tenga mi Doctrina en su elegancia, claridad, que la comprenda, estilo, con que persuada, dulzura, con que enternezca! Pero qué digo? no es María Paloma bella, Madre de Sabiduria? no es mi devoción primera? Pues, Señora, a quien mejor ay, que mi ignorancia pueda clamar, que a vos: Vos, que sois la Sabiduria misma, Purificad en mis labios, Mejor Serafín, la necia Rerórica, que oscurece la luz de la Sacra Letra. No por mí, por el común bien de las Almas, que esperan por mi Doctrina poblar las Celestiales Esferas. Infundidme la dulzura de vuestro Amor, porque encienda en él, el de todo el Orbe, para gloria, y honra vuestra. a Bernardo dichoso los suspiros templa, las penas alivia, las ansias consuela; pues que ya por ellas, poblando de luces la Región Eterea, la Reina del Cielo desciende a la tierra. Qué es lo que mis ojos miran? como es posible merezca mi humildad, favor que excede a toda la humana idea. 1. Sube, sube, que el premio te aguarda. 2. A lograr su favor vuela, vuela. 2. Qué alados Querubines, rasgando la esfera, de sus regias plantas, al Solio te elevan. Bernardo, pues que tu pluma a mi devoción atenta, de Madre de Dios las glorias ha defendido en la Iglesia, también lo quiero ser tuya; y porque el Mundo lo sepa, de mis Virginales Pechos recibe el Sagrado Néctar, que a tus labios comunique las dulzuras, que deseas. a Quién mereció tanto? El grande amor con que me veneras. 2. . Bernardo dichoso, Qué gracias os podré dar; o Soberana Clemencia, por tan grandes beneficios! Yo el Sacro Licor, la Excelsa Ambrosia, que a Dios mismo en carne humana alimenta, he tocado con mis labios! qué confusión, qué vergüenza me causa este mismo gozo, si considero, que deba tener mi boca por él, resabios de igual pureza? Pero quien me da el favor, que me dé el auxilio es fuerza, porque mis voces destilen Miel de Sagrada elocuencia: Oh Señor, logre en Guillermo ver la primera experiencia, y ablan de suave Doctrina tanta obstinada dureza! Padre Abad, es imposible en la intrincada maleza de este Bosque hallar camino, ya el Alba su frente muestra, y podremos con su luz tomar noticias más ciertas. Qué apostamos, que Guidón aquí encantados nos deja? . Pues, hermano, ya que el dir tan cerca está, mientras llega, ate aquesos animales a un tronco. Muy norabuena. Y pues el sitio convida, y a contemplación eleva la soledad; pues que esté quieto el espíritu es fuerza, en oración nos pongamos. Par Dios, Padre, para hacerla, o solo, o acompañado, importa poco. Oh qué ciega opinión! Quién con Dios habla, de las cosas de la Tierra se ha de olvidar, si es que quiere hacer Oración perfecta; y cualquier objeto es causa para distraer la idea. Pues yo me atrevo a rezar mas, que un Colegio de Viejas, sin pensar en otra cosa. Quiere ver, cuan falsa es esa vulgar dañosa opinión? pues hagamos una apuesta; si rezaré un Padre nuestro, sin que en otra cosa tenga el pensamiento, que en Dios, de esas Mulas, la que quiera le tengo de dar. Andarlo, pues, va el Padre nuestro, y venga, Padre nuestro; pero diga, es la torda, o es la negra? La que escogiese. Adelante, Padre nuestro; pero tenga, que aún no he empezado, ha de se ahora, o después la entrega? Luego al punto. Esto es, porque no haya luego trabacuentas: volvamos a la Oración, y ahora el contrato empieza, Dios me ayude: Padre nuestro, que estás en los Cielos, sea santificado el tu nombre, tu voluntad en la tierra se haga, como en el Cielo, que tentación tan perversa, nuestro pan de cada día, es imposible tenerla, danosle hoy: Padre mío, no tengamos luego gresca, la mula ha de ser en pelo, o cómo está ahora? Confiesa, que ha perdido, pues no tiene la imaginación sujeta? Es verdad, tentome el Diablo, mas si otra vez me pusiera: Lo mismo fuera otras mil. Con qué suavidad enseña! Ay infelice de mí! Válgame Santa Quiteria: esto tenemos ahora? gemíditos, y cadena? Qué acento tan lastimoso! De entre aquestas duras peñas salió la voz. Que es el Mago apostaré las orejas: no tengo hueso con hueso. Hasta cuando, suerte adversa, me has de perseguir? Ya escampa; quién ormiga se volviera? el humedo radical se me ha bajado a las medias, Qué asombro! Nada le asuste, y en Dios confianza tenga, y en su nombre: O tu Prodigio, ilusión, o lo que seas, sal de adonde estás, y ven a decir, por qué te quejas? No venga tal por su vida; pero hay, Padre, que se acerca! , e Válgame Dios, donde estoy qué sobrenatural fuerza las prisiones me desata, y los peñascos, que cierran esta Gruta: mas qué miro! es ilusión de la idea? Es engaño de la vista? Eres tú, el alma se alegra, Bernardo? Eres tu Jerardo? Sí, Hermano. Mis brazos sean quien lo aseguren. Los míos te darán la mejor muestra. Padre mire que es el Mago, Ay que ha rompido las pueras, y se ha escapado. Mujer, qué dices? Iré a dar cuenta al Duque, y a Guidón, no ande la Tranca ligera. Qué es esto? Enredos del Mago. Pues como preso te encuentra mi cuidado, cuando ibas a servir en esta Guerra al Gran Duque de Borgoña? Cómo así impedirlo intenta Guillermo, y de mi ofendido mi prisión hizo esta Cueva, que los encantos, que oculta son su mayor fortaleza. Ves, Gerardo, como Dios mi segura elección prueba; pues tu galás arrastrando, yo vistiendo pobres gergas; tu entre las gloriosas lides, yo entre ásperas penitencias, he sido más poderoso; pues cuando tu suerte adversa a la ruina te conduce, basto yo a librarte de ella. Ya rendido lo confieso: callaré el que Leonor bella . fue la causa; y como, dime, Hermano, se halla la Iglesia? Fatigada con la Cilma, aunque ya en partes diversas a muchos he reducido; y solo en Guillermo espera mi cuidado su quietud: ahora he escrito, que a Guiena nuestro Gran Padre Inocencio se parta con diligencia; y aún de secreto por horas en el Convento le esperan. Viva el Gran Guillermo, viva, Mas tened, qué salva es esta? Padre, mire que es el Mago, Y en dulces cadencias, (noras, de métricos himnos, de salvas ca- festivas celebran de Margárita, y Guillermo, la feliz unión eterna. Viva Guillermo, y Ah voz impial no viva, o antes muera el ansia mía. Y así, fuertes Soldados (mas qué veo!) Cielos, es ilusión de mi deseo? Mas qué mi vista extraña? o es Leonor, o mi propio amor me engaña! Mas si es él, en qué tardo? Qué me detiene, pues, Leonor? Gerardo? Tu acuadrillando Armados Escuadrone Libre tú de las rígidas prisiones? Pues cómo? De qué modo? Baste la duda, y pues e el ciego error, que a entrambos precipita, mientras su enmienda el Cielo me permita. Decidme, qué ocasión ha motivado, a que apenas el día se ha mostrado victorioso en los Campos del Oriente, y el Sol, Laurel de Luz, orla su frente, se pueblen las Campañas, y los Vientos de armoniosos, de belicos acentos, como alternada confusión, inspira, al eco del Clarín, y de la Lira; . repitiendo otra vez salva festiva. Viva Guillermo. Margarira Viva. Eso es, ya qué veloces no lo entendéis, aún de sus mismas voces, que Guillermo, cansado del afecto cortés, con que ha tratado hasta aquí a Margarita, vencerla con violencias solicita, y para esto, tirano, a pesar de su Esposo, y de su hermano, hoy, sin más embarazos, en sacrílegos, no en amantes lazos, a lograr su deseo áspira en la coyunda de Himeneo; a cuyo fin en ese Alcázar tiene ordenado el festejo, que previene a tal celebridad, cuando yo osada, viéndome tantas veces desairada, ya en sus viles pasiones, en lo penoso ya de tus prisiones, a la venganza aspiro; y convocando cuantos siguiendo de Inocencio el Bando, de tanta tiranía los respetos, disimular los hacen sus afectos. Hoy, que ya declarados, más animosos son, más esforzados; pues rencor, que reprime aún el aliento, es rayo, que revienta más violento, con ellos a pesar del cruel destino, el librarme, y librarte determino; más, pues veo mi intento conseguido, y que sin duda de Bernardo ha sido esta piadosa acción, milagro grave, pues todo en su humildad, y virtud cabe. Ven pues, donde el aliento, que me inflama, a mayor triunfo, a acción mayor te llama; Guillermo en ese Alcázar divertido, glorias de amor le tienen suspendido; la hermosa Margarita, piedad con dulce llanto solicita, y él sin temer los Cielos justicieros, con caricias eclipsa sus Luceros. Entremos, pues, briosos, adonde consigamos venturosos, que con sola una acción el Orbe cuente, que logramos tres triunfos felizmente; uno el librar a Margárita bella del tirano poder, que la atropella; otro el sacar a Enrique, que afligido, dura prisión le entrega al vil olvido; y otro el mayor de tan felice suerte, que es el dar a Guillermo justa muerte; pues que solo con ella cesa el influjo a tan infausta estrella, como a ti, a Enrique, a mí, y a Margarita, los últimos peligros solicita. Pues que con tales modos igual seguridad logramos todos, Enrique restaurado se verá de su Esposa, y de su Estado, quieta tu vida, y mi decoro airoso, y el Mundo, libre de este escandaloso monstruo, que a Italia con sus armas doma, la Europa en paz, y sosegada Roma. Pues en qué te detienes? Mujer, que a nuevos riesgos te previenes, deja a Dios la esperanza. Yo confío, que Dios lo fía del aliento mío, Considera. Bernardo, en vano nos persuades. Ay, Gerardo, que el peligro no sabes, que te aguarda. Pues cuando a mí el peligro me acobarda? Pues porque veas, como vanamente, el corazón humano al hombre miente, hoy en tu sangre te has de ver bañado, y de enemiga lanza atravesado; y al verte casi muerto, mi Abito pedirás, seguro Puerto, en que halle en quieta calma, seguridad la vida, y aún el Alma. Pues porque veas, ya qué impedir traza? mis designios con esas amenazas, lo poco, que han podido, presto a Guillermo has de mirar rendido, Pues a qué tu valor, Gerardo espera? Advierte. Dices bien, Guillermo muera. . Ay, hijos, grave mal! Qué le da pena? dejelos, que le zurren horabuena; que pues no le reducen sus razones, puede ser se convierta a coscorrones. Vamos, pues, al Convento, que celebrar al punto en él intento el Sacrificio Sacro de la Misa, que interior voz al corazón me avisa, que en ella mi desvelo ha de hallar el consuelo. Rogar a Dios por la salud conviene. Sí, Padre, razón tiene; ya ruego a Dios, que a palos, y pedradas a Guillermo le quiten las quijadas. Viva el Gran Guillermo, viva. C En salvas canoras, y en dulces cadencias, de métricos hininos, festivos celebren de Margárita, y Guillermo la feliz unión eterna. No cese, no, la armoniosa dulce cadencia festiva, que mi carino dispone en celebridad del día, en que mi rendido amor consigue la mayor dicha. Y tú, adorado imposible, tú, idolatrada enemiga, tú, aperecido desdén, tú, en fin, bella Margarita, alza los divinos ojos, enciende el Aire, ilumina el Cielo con los reflejos, que causan al Sol envidia. Cuando logró un infelice el termino de su vida? Basta ya el ceño, ya basta a la esquivez su porfía; pues también mi altivo orgullo se postra ya a las delicias de Amor; y puesto, que eres mi Esposa, como confirma Anacleto, que añulado por razones, que le obligan, el Asamiento de Enrique; porque no quiero, que digas, que atropello la razón; con más agrado me mira, prueba afable la vianda, y oye ese aplauso benigna. Bárbaro, porque ya en vano en el pecho raprimida. puede ocultarse la queja, cuando tu voz la pública: Como quieres, que a tu agrado infamemente me rinda, cuando en ello falto al Cielo, a mi Esposo, y a mí misma? Al Cielo, pues sin respeto, sabes, que su Ley olvidas: A mi Esposo, pues viviendo, no es posible, que otro elija: Y a mí, pues fuera ofenderme mirar a nadie, a su vista. Si el Antr Papa Anacleto la Autoridad Pontificia tiene usurpada; que mucho, que por complacerte diga, que deshace lazo, en que viven las Almas unidas? Y aunque esto pudiera ser, desengañarte podías, que en mi amor; en mi Nobleza, y en el odio con que mira a tu persona; mi pecho, antes a aguda cuchilla le entregará; a fuerte lazo el cuello, a ponzoña activa el corazón, que rendirte la constancia, que me anima. Bien pensarás, que me ofenden los ultrajes de tuara? pues no, porque antes me halagan, que en mi condición altiva, lo que logra la violencia, es lo que más me cautiva. Él tiene un natural dócil. Guidón, están prevenidas las Mascaras? Sí Señor. Pues el festejo prosiga, porque mejor el enojo se le pase a Margarita: qué os parece? Qué a piedad no os muevan las ansias mías? Ni vuestro llanto me ablanda, ni vuestro enojo me irrita. Señor, favor, acudid. Qué es lo que dices Levina? Qué vienes tan asustada? qué traes? Acudid aprisa, que Gerardo se ha escapado. Cómo? Rompió la salida de la Cueva. No es posible, porque al peñasco oprimia fuerte conjuro. Si yo le he visto en esta hora misma con Bernardo. Con Bernardo? (Ah, que sin duda sería milagro suyo!) Señor, como a Bernardo permitas en tus Estados, hará encantos, y maravillas, solo por darte pesar. Dígalo hacer que le siga el Obispo de Poitiers, movido de su doctrina: conque el bando de Anacleto, disminuye cada día. Dígalo el que Luis de Francia Glorioso, el Aire salpica con sus Lirios, en defensa de Inocencio; y hay quien diga, que de Bernardo él, llamado, hoy ha de entrar en la Villa secretamente. Qué dices? contra las Ordenes mías, Bernardo en mi Tierra! vivo mi Real Grandeza, que tiña en su Sangre aqueste Acero. Señor, que te engañan, mira, los que de Bernardo afean la honesta inculpable vida; el fundó su Religión, que con prodigios confirma Dios cada instante, y ya tiene en diferentes Provincias ciento y setenta Conventos; él despreció cinco Mitras en distintas ocasiones. A un Caballero len Sicilia, el agua con que lababa sus manos, fue medicina a una grave enfermedad; y a sus Hijos comunica el don de curarlas todas, cuando el Evánjelio digan sobre cualesquier doliente: continuada maravilla! Sus Libros son infinitos, y tan suave su Doctrina, que por Melifluo Doctor es su fama conocida. Sus hermanos son ya Monjes, Teselino, y Umbelina; sus Padres en Religión siguen su Regla Divina. El Gran Duque de Lorena, su Cuñado, en ella misma tomó puerto en Clarabal; y tú. No más, no prosigas, que te he de pagar el gusto, que me ha dado tu noticia: tan Santo es Bernado? Zapo Así el Orbe lo pública. Guidón. Señor. Al instante harás, que quiten la vida a Bernardo mis Soldados, que si es Santo, en ir aprisa al Cielo, le hago agasajo. Considera. Y con la misma celeridad, los Obispos, que han seguido su Doctrina, de Burdeus, Lemobís, y Poitiers, antes, que el día fallezca, de mis Estados se destierren. Suerte impía! Lloras por esto? De sangre mis lágrimas ser debían. Guidón vuelve, que parece, que lo siente Margarita, y yo agradarla procuro; y así, porque lo consiga, ve a la Torre, donde Enrique, mi infeliz hermano habita, y dale también la muerte. Qué dices? grave desdicha! Cuanto va, que poco a poco a todos nos despabila. . Obedecerte procuro. Que de otro ser no podías, digiste, mientras viviese; y así, no quiero que viva, y agradécele a mi amor, que este embarazo te quita. Posible es, que tu atención haya pisado la línea de la crueldad. Entretanto, la Música se prosiga. Cómo no temes? Cantad. El Grande Guillermo viva. Muera Guillermo. Ea, amigos, vuele el Palacio en cenizas. Qué es esto? Señor, procura escapar tu heroica vida, de Gerardo, y de Leonor, que contra ella se conspiran, que yo al Alcázar las puertas he hecho cerrar. Mas me indignas tú con tu temor, que ellos con su traidora osadía: ha de mi Guarda, seguidme, y abrid las puertas, no digan, que Guillermo. Echad abajo las puertas, todos me sigan: pero aquí está, muere aleve. Ya verás, si te castiga mi valor. Ay infelice! Cobra aliento, Margarita, pues por librarte venimos. El Cielo es quien os envía, una Espada de un Soldado tomaré, porque atrevida ya, el ayudaros me toca. nadie dejéis con vida, Soldados. Ah, pese al hado, que ahora el esfuerzo me quita! Qué es esto? Morir, Leonor. Qué compasión! Ya cumplida a tanta costa, reparo Bernardo tu Profecia, pues dura Lanza atraviesa mi pecho. Pues impedida nuestra facción, el mirar por ti, es ya la más precisa, y está tan cerca el Convento adonde Bernardo habita, ven con nosotras. En él hallar mis penas confían, todo el alivio. Venid. . No quede, otra vez repita, ninguno con vida, mueran, sin reservar vuestra ira, ni aún a Leonor pues es ella el móvil de estas ruinas. Dónde vas, Señor si todos puestos ya en cobarde huida, de este Convento se amparan; y Leonor, y Margarita, arrestadas en defensa de Jerardo, que una herida dicen, que lleva en el pecho. su amparo en él solicitan. Pues no les ha de valer, porque en él sabrán activas mis furias parecer etnas, que enciendan cuanto respiran. Sagrado para mi buscan? pues ay, en cuanto registra el Sol, Lugar, que excepciones logre a la cólera mía? Solo estar dentro Bernardo, a sus ultrajes me inclina. Ay de mí, que celebrando se halla aqueste instante Misa Solemne, porque Inocencio a tiempo llegó de oírla. Y así seguidme, Soldados, entrad en la Iglesia misma, y en ella. Advierte, Señor. Tú ahora estorbas mis iras? No es, sino, que ya Bernardo, a quien el Cielo ilumina, deja la Misa, y vestido de Episcopales Insignias, de que los Abades usan, salirte a ver determina; y temo. Si las Censuras, que contra mí se publican, vas a decirme, es en vano; pues si la entrada me evitan, para venerar la Iglesia, para injuriarla se anima mi planta: Venid conmigo, que nada ay, que me reprima, Ya en ella estamos, entrad; y si halláis quien os resista, (aunque ese Bernardo sea) pruebe la aguda cuchilla. Dónde, desbocado Monstruo? dónde, Fiera embravecida? de un despeño a otro despeño, tu furor te precipita? Adonde de tus delitos va la abominable línea? si cuando más se dilata, mas a su fin se avecina? ya este ha llegado, Guillermo; y así, oye mi voz, y mira, que la del Supremo Juez, en ella su acento inspira. Ya oigo, Bernardo, ya oigo. Pues sabe, que la justicia de Dios, contra tus maldades, ya el justo castigo cifra. Segundo Herodes te aclama, sangre inocente vertida, y el que a tu hermano el Estado, y la Mujer tiranizas. Esclavo eres de tus vicios, y en tan torpe tiranía cometes, cuantos cometen los que tu ejemplo autotiza. Adiós mismo te atreviste, pues en la Tierra, a la Silla de aquel que le representa, Guerra tus Armas publican. A los Obispos destierras, porque verdades te intiman; y una vez que en tanto tiempo, como ha que el Templo no pisas, vienes a él, es a injuriar su Culto con ignominias. Eres Cristiano, Guillermo? o lo niega, o lo confirma. Si no lo eres, ay de ti; y si lo eres, como olvidas la obligación de Cristiano? Si ahora la Suma justicia Tom. 11. te llamase a juicio, dime, que obras presentarias, para merecer la Gloria? sino rencores, malicias, homicidios, adulterios, blasfemias, torpezas, iras, que a los Abismos te arrastren, donde eternamente gimas. Pues a qué esperas, Guillermo? si este instante, que respiras, no sabes si podrá ser el último de tu vida? Deshagase en tierno llanto esa Roca endurecida de tu corazón, que aún hay tiempo en que piedad consigas. Teme a Dios, tiembla su enojo, teme el Rayo, que fulmina; teme a tus propios delitos, teme tu conciencia misma; teme: Ya, Bernardo, temo, y ya mi dolor te avisa mi tardo acento, que anuda en él pecho la fatiga. Ya confieso: Pues no temas, que es de Dios tan infinita la Misericordia, que solo aguarda a que la pida el Pecador, para darle la gracia, que necesita. Penitencia. Tú la pides? Mis suspiros te lo digan. Pues ven conmigo a los pies de Inocencio; a quien divina inspiración, a este fin, sin duda, trajo de Pisa. Todo, Cielos, es Prodigio! s ya estamos a su vista. Ma Ya, Beatísimo Padre, a vos humilde se humilla, atento vuestro pie besa; y a él, su cerviz inclina, no Guillermo, no ya el Duque de Aquitania, si la Hidra, que en siete viciosos cuellos, veneno hasta aquí vomita. Yo ofendí a Dios, ya me pesa; yo ofendí la Pontificia Autoridad vuestra, siendo fomentador de la Cisma. Y yo, en fin, he cometido, (porque de una vez lo diga) cuantos delitos invente la idea más discursiva. Ya de todo me arrepiento; y ya de vos solicita mi corazón el perdón; y porque veáis, que aspira a él mi pesar, haced luego, que de aquesta Torre altiva saquen a Enrique mi hermano, y entregadle a Margarita, que al punto en él hoy renuncio a Aquitanía, y sus Provincias, de mi Estado; que yo luego de Agustino en la Familia, si su Religión me admite, he de proseguir mi vida. Hijo, levanta del suelo, que Dios, que en el Cielo mira tu Contrición, ya piadoso a perdonarte se inclina; y así, en la Tierra te alcance su vendición, y la mía. Qué regocijo! Bernardo, cumpliste la legacía, cómo esperaba de ti? pues ya la obeja perdida, reconoce a su Pastor. Siempre horáis la humildad mía. Por tu Conversión la Iglesia el al punto diga. Oh con qué gozos el Cielo, festeja tan feliz día! Ay de mí! que en vano ya serán las cautelas mías. Asombros, qué es lo que miro! Qué es lo que he mirado, dichas! Cuando aguardaba un estrago. Cuando esperaba una ruina. Veo a Guillermo trocado. Veo, que a mi Esposo libra. De Bernardo son prodigios. De su virtud peregrina son efectos, Claro está, que lo son, pues ya se mira Guillermo absuelto del Papa; y ya al Desierto camina, a ser del Grande Agustín, Hermitaño. Qué se admira? si yo también convertido, a Lego de la Cocina, pasaré desde Cochero. Cielos, qué notable dicha! Pero qué es esto, Gerardo? Qué es lo que mis ojos miran! tú en este traje? Leonor, esto es, que las Profecias de Bernardo, se han cumplido; pues apenas de la herida, por su virtud me vi sano; cuando he vestido la limpia Cogulla de su Instituro: perdónenme tus caricias, Leonor, pues me viste muerto, y tu esperanza perdida. No imagines, que me agravias; pues de tanto pasmo a vista, también daré en un Convento dichoso fin a mi vida. Mas de qué es vuestra tristeza? De mirar, que fenecida la Conversión de Guillermo, a su Celda se retira, Bernardo, donde en afectos dulces a todos pública, que ya se acerca su fin; mas en vano es, que os lo diga, si ya desde aquí, mejor os informara la vista. Y nadie culpe lo breve, que es la brevedad precisa; y un Poeta, si le importa, hasta un Santo despavila. Señor, pues ya convertido Guillermo, a ser maravilla de Penitencia, y virtud pasa, no hay nada que os pida, habiéndome dado aliento, hasta ver, que lo consiga; pues ya Jerardó mi hermano, en mi Religión se alista, y Leonor sigue su ejemplo; y Enrique con Margarita en paz sus Estados gozan, recibid el Alma mía, que en vuestras manos entrego. Qué luz el Aire ilumina? 1. Espíritu puro, que alegre caminas, libré de los riesgos, a gozar las dichas 2. Ven, que ya con los brazos abiertos, tu Esposo te aguarda, su amor te convida. O antes, que tal oiga, acaben con mis alientos mis iras! Vete con trecientos Sastres. Leonor, yo en tu compañía, a dios me vuelvo también. Nuestro Duque Enrique viva. Viva Margarita. Cielos, ya estos aplausos publican, que Enrique ha salido, dele en mis brazos las albricias. Ven, que ya, Y aquí tenga fin con esto, de San Bernardo la Vida, su devoción os encarga la Pluma, que os la dedica.