Texto digital

Texto digital de El salteador venturoso

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Desconocido
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Auto
Procedencia
El texto ha sido preparado por García de la Fuente, Albertos Escudero y De Mata Gutiérrez a partir de una manuscrito de la BNE.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

García de la Fuente, Albertos Escudero y De Mata Gutiérrez. Texto digital de El salteador venturoso. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/salteador-venturoso-el.

Logo BICUVE

EL SALTEADOR VENTUROSO

Que no se quiere humanar, que en fin Roncón eso dijo. Por la tierra de Clavijo que no sé en qué ha de parar aquese tu amor prolijo. Ante de faltar mujeres, no sé qué buscas ni quieres, olvida ya aquesa ingrata. Ay Roncón! Cada cual trata por diversos pareceres. Amor entra por la vista, que es quien lo penetra y ve. Yo que a Doña Ana miré, quedé preso en la revista y así el alma le entregué a quien no quieres que enrede. Aquel cabello que puede sujetar al más prudente. Aquella divina frente que al mismo alabastro excede. Aquellas cejas bastantes cautivar mil amantes llevando dos mil despojos. Aquellos divinos ojos al mismo sol semejantes. Aquellas mejillas hechas de nieve pura y carmín que son tan bellas al fin, que al amor sirven de flechas. Tú la harás un Serafín. Aquellos labios divinos que son dos corales finos, y para que más te espantes, sus bellos dientes diamantes. No digas más desatinos. ¡Vive Dios, que no hay amor como el de una fregatriz que es pechuga de perdiz y no de dueña de honor ni Reina ni Emperatriz! No son gente de Rodeos, quimeras ni devaneos; si no detén y tengamos como a costa de sus amos cumpla no vi mis deseos. Teyo de estar como tú gastando filosofía toda la noche y el día. No hay tal como tú por tú como andamos yo y Lucía ¿De qué sirve por tu vida suspirar por quien te olvida? Toma ejemplo en tu lacayo, no andes hecho Guacamayo por una diosa fingida, sino di lados por tres con una risa amorosa mi bien, mi alma, mi diosa. Calla tonto El tonto es quién muere cual mariposa. Con todo he de porfiar hasta ver si mi porfía efecto tiene algún día. No hay mujer en quien fiar. Remédieme, amor ¡vamos! Guía ¿Qué has visto amor en mí que me desvelas dándome tan notable atrevimiento? Que venga yo a poner el pensamiento en Don Juan tus trazas y cautelas con un clérigo amor mi honor desvelas y de haberlo intentado, me arrepiento pero no puedo más que tu tormento me va picando más sus espuelas templa tu fuego, amor, no me atormentes y deja que restaure lo perdido que por ti ciego dios pienso perderme. Mira si haces efectos diferentes que eres tú al fin amor que me ha herido y yo vengo a la iglesia a retraerme. Dame albricias. ¡Oh, Constanza! ¿De qué bueno me las pides? De que hoy el pesar despides pues hay en Don Juan mudanza. ¿Qué dices? Digo que ahora llegó a la puerta un criado que dijo que este recado era para ti, señor. Un espejo le pedí y aqueso será. Es muy cierto Hoy halla mi nave puerto pues el recelo perdí, posible es que se acordado Don Juan de mi amor Constanza que tal bien Doña Ana alcanza. Yo pienso que lo he soñado, pídeme cuanto quisieres, no seas corta, amiga mía que en cambio de mi alegría te daré cuanto pidieres. Descubre aquesa toalla XXXXXXXXXXX descúbrele pesar es ya mi alegría con el referente que halla. Doblado está aquí un papel que a ti se te haga este agravio. Muéstrale acá que ya rabio, veré lo que dice en él. Aqueste espejo Doña Ana es en que habéis de mirar cómo esta vida es liviana y en lo que viene a parar aquesta hermosura humana. Y en él es justo que sea vea quien cual vos su amor emplea hoy las cosas como van porque dice aquel refrán quién será que tal no sea si os parece que es extraño y pensáis que yo os engaño por ser de poco interés. Mirad bien, Doña Ana que es el puerto del desengaño en aquese a de parar si bien lo queréis notar esa vuesa bizarra mirada muy bien que algún día como el habéis de quedar. No os acordéis más de mí ni si soy en este mundo, que no soy el que fui porque en lo que yo me fundo es que para vos morí pena y gloria hay ponderando Doña Ana considerando. Ved que ese mundo es escoria para el alma el bien la gloria, harto es he dicho mirando. ¡Ay traición más inhumana! ¡Vive Dios de un regular que me lo habéis de pagar o no seré yo Doña Ana, de esta suerte me pagáis! Mi amor yo os prometo y juro que no estáis de mí seguro a donde quiera que estéis que un hipócrita se atreve. A tal estoy sin sentido, o clérigo malnacido, tal premio a mi amor seduce. El corazón se me abrasa hasta vengarme en su muerte. Señora, repara advierte. Hay tal maldad, esto pasa. Vuelve mi Señora en ti. Estoy perdida, Constanza, hasta que tome venganza de aqueste clérigo di. ¿Sabes XXXX de Don Diego? Sí, Señora. Pues volando. Di que le estoy esperando abrasada en vicio fuego. Lleva ese espejo XXXX y ve presto por tu vida. Excusada es mi partida que ya Don Diego ha venido. Mi bien, Doña Ana, Señora, ¿Cómo estáis de esa manera? A Don Diego quién creyera que ya mi alma os adora. Vuestra soy, no hay que dudar Don Diego, aquí me tenéis, mas primero... ¿Qué queréis? Palabra me habéis de dar que cumpliréis como es justo lo que os quiero suplicar, no me lo habéis de negar por ser cosa de mi gusto. Pide un átomo del sol, pide un cuerno de la luna, que apagara la fortuna y del cielo el arrebol. Pídeme el rojo del alba, pide del mar la corriente, pide la estrella de oriente y de la ocasión, la calva. Pídeme un ojo del cielo, pídeme del cisne el canto, pide el estrellado manto, pide cuanto hay en el suelo, pide el águila del XXXX, que todo cuanto pidieres de la suerte que quisieres, te lo traeré a tu servicio. Lo que yo quiero que hagáis, pues tanto amor me tenéis, que a Don Juan luego matéis que con esto me pagáis. ¿Al canónigo decís? Aquese digo Don Diego. Que le mate. Ha de ser luego. ¿Por qué su muerte me pedís? Habéis de saber que amor como Dios alado y ciego me hirió de su fuerte ira de amor de Don Juan, Don Diego. Yo puse en él mi afición, mas fue fundar en el viento mis perdidas esperanzas, mis amorosos deseos. Es creíble mil billetes declarándoles mi intento porque mujer con amor pierde al honor el respeto. No me respondió a ninguno porque aquel que vive exento de la fuerza del amor siempre duerme a sueño suelto. Pasé muchísimos días con este fiero tormento, dándome más pena amor por Don Juan cada momento. Hubo en fin una ocasión de hablarnos los dos y vernos a solas que para mí fue un ejercicio contento. Pero trócose la suerte que yo me abrasaba en fuego y Don Juan para conmigo estaba hecho de hielo. Tuvimos muchas palabras y en santidades fingiendo me procuró divertir, mas es amor sin remedio despedímonos los dos y díjele que un espejo me enviase. Él ofreció de enviármele al momento fuese al fin, y yo quedé con esperanza y sin miedo que el amor hace imposibles cuando quieres, esto es cierto. Envíome hoy un recado en un tabaque cubierto, yo contenta con pensar que me enviaba el espejo, descubrí yo era una muerte, diciendo junto con esto en un billete cerrado, mil hipocresías de esto. Don Diego, estoy de manera cual XXXXX entre el Veneno o como el toro celoso que brama de cerro en cerro. Si no me queréis vengar, arrancaré mis cabellos y alfareme la cara, pues me trata así un del precio. No lloréis que derramáis dos mil perlas mi Señora y hoy le mataré ahora pues dejo mi bien gustáis. De ser vuestra os doy la mano si como decís, lo hacéis. Dármela muy bien podéis. ¿Qué morirá es caso llano? ¿Y tú? Mamantona mía, ¿Quieres que de alguien te vengue? ¿Quieres que a palos de ringue algún lacayo? Desvía. No hables tanto fanfarrón, que ya me enfada tu arenga. Hoy es piltraca, hay quien tenga tomada tu posesión para que ese arrumaco diga fregando y barriendo, por Jesucristo que entiendo que aunque lacayo soy maco. No se burle con el hombre que por Dios que haya ambición. Bueno esta Señor Roncón. Bien es que Señor me nombre porque aunque lacayo piense que soy noble, a toda ley y que ha habido más de un Rey de los Roncones de Orense. Digo mi bien que lo haré. Ven Roncón. Adiós Constanza. A traidor con tal venganza hoy de ti me vengaré. Infierno Lauro apercibe para mis sienes dichosas y en ti alegre me recibe en tus cuevas cavernosas XXXXX Plutón vive XXX el malvado. Envidia soy y está bien que aqueste nombre me den por lo bien que lo ejercito, a las obras me remito. Dame infierno el para bien, yo soy quien hizo vender a Joseph de sus hermanos y hube tanto poder que hice que con sus manos Caín quite a Abel el ser. Yo soy quien hice pecar a Adán por verle lozano y del vedado manzano comió y vino a quebrantar el mandato soberano. Hice que Saúl persiga a David y que le siga para darle muerte fiera. También hice que perdiera Job su hacienda e hijos. Diga la fama cuántos han muerto unos a otros de envidia, hoy mi nave toma puerto que el no hacer mal me fastidia, pero ya viene resuelto Don Diego a mí me conviene hacer que mi fama suene que si este mata a Don Juan, buenos mis negocios van. Qué dudo que me detiene, muera Don Juan mas no muera. Yo he menester ayudar. ¡Ay honor! Eso es quimera. Voy, sí, más. ¿Qué hay que dudar? ¿Qué dudo? Dices bien, muera. Por un apetito vano. así amantarle me allano ¿Qué haré? Matarlo. Es error. Mira que te tiene amor Doña Ana. Caso inhumano ¿Qué sé yo si eso es fingido de Doña Ana porque mate a Don Juan? Es disparate. Matarle quedo perdido. No harás. ¡Qué bravo combate! No es sacrilegio matar a un sacerdote y llegar a poner las manos yo a quien a Dios mereció bajar del cielo al altar. ¡Vive Dios! ¿Qué ha de vivir aunque no goce a Doña Ana? Una cosa tan humana, Don Diego, te ha de impedir gozarla Suerte inhumana ello ha de ser, no hay dudar a don Juan voy a buscar. Bien dices, ánimo cobra. Morirá. Ponlo por obra. Ya voy. Él lo va a matar, bueno infierno va mi intento. Ya salí con la victoria dame en premio de esta gloria de fuego un eterno asiento y eternizaba mi memoria. Ya entra dentro de la ermita, ya va subiendo las gradas, ya le da de puñaladas, ya airada la gente grita. Las puertas las tiene cerradas, ya con la espada en la mano sale y se va defendiendo, la gente le va siguiendo, ya baja al camino llano, como un viento va corriendo. Ya de todos se ha librado, ya en el monte se ha emboscado, ya la gente le ha perdido, ya de ello está arrepentido pero muy tarde ha acordado. Ábrete lóbrego infierno que hoy mi obligación cumplí. Haz fiestas pues llevo a ti a quien dar tormento eterno pues a Don Diego vencí. Que en efecto se escapó, que no se pudo prender. Ya, Señor, nos viste hacer la diligencia. Que dio una muerte tan cruel a un sacerdote un tirano, pues ¡Vive Dios soberano que si viene a mi poder que yo haga en él tal castigo que sea ejemplo a los demás! Alto no hay que aguardar más, búsquese y desde aquí digo que cien escudos daré a quien le trajere preso y esta obligación confieso porque así lo cumpliré. Treinta hombres se partan luego y búsquese con cuidad y si en el monte se ponga fuego. Vamos, porque demos orden de darle tierra al difunto. La gente se ponga a punto y guárdese aquesta orden. A Dios hermano oficio de lacayo. A Dios calza afligida con cañones. A Dios espada antigua capa y sayo. A Dios vela de a cuatro, a Dios raciones. A Dios vara almeza, peine y bayo. Buscad a quién contar vuestras pasiones que no os podré tener más compañía, que el miedo de horca o remo me desvía. A Dios Constanza, Juana y Madalena, fregatrices hermosas y divinas, que ya veis que me parto a tierra ajena por dejar solas tales concubinas. Mi amo hizo el delito, mas la pena la vengo a pagar yo más que imaginas. Roncón, que ya no pones tierra en medio, camina y vete que es el mejor remedio con este saco caminar pretendo, que mejor se echara con él lavara y se encubre mejor quien va huyendo y por él nunca falta alguna casa. Do socorren al hombre, yo me entiendo, que la bolsa de Dios no tiene tasa. Esto me animo a hacerme peregrino que es hábito propio de camino. Cansado vengo del camino largo a que me obliga aqueste sacrilegio, huyendo de la gente que me sigue, posible es que haya hecho tal delito por el antojo de una mujer loca que me engañó con canto de sirena. Que haya perdido en un instante solo mi patria, mi hacienda, mi honor y vida por Doña Ana que fue la causa de ello, a mujer inhumana, a falsa arpía. Mal haya el primer punto en que propuse de poner en tu amor el pensamiento. Mal haya cuantos pasos di en tu casa solicitando amor que tanto cuesta. Mal haya tu hermosura pues ha hecho más mal que pudo hacer Helena en Troya. El sueño y el cansancio me han vencido, quiérome retirar hacia esta parte que dejarlo de hacer es excusado. Mucho el sueño me aflige, aquí me arrimo y ruego a Dios que aquí acabe mi suerte, que el sueño es una imagen de la muerte. Posible es que en todo hoy no hayamos hecho una empresa. Tanto como a ti me pasa. Loco de coraje estoy. ¡Vive Dios que en el primero que confiere he de vengar mi saña y que he de probar en este brazo fiero que el mercader se escapó. Sí que su ventura quiso que de ti tuviese amigo. Mal haya quien le avisó no me ha de quedar a vida nadie que yo pueda haber, todos han de perecer que la ambición me convida. Vamos porque apercibido este todo lo restante. No pases más adelante que un hombre está aquí dormido. Gánale la espada y luego lo podemos despertar. Ves la aquí. En qué sosiego duerme, hazle levantar. Hola gentil hombre, a él digo despierte que hay que hacer. ¿Qué es esto? ¿Cielo enemigo? ¿Y mi espada? En mi poder, no la vea. Mirando estoy cómo en tu poder la tienes, que por aquesto detienes mi cólera. Viendo voy según tú hablar manifiesta que has de morir a mis manos. Dadme mi espada villanos y veréis qué caro os cuesta. ¿Quién eres? El diablo soy ¿Y dónde vas? Al infierno. ¿Qué buscas? Tormento eterno. ¿Hallarás le? A eso voy. ¿Sabes quién soy? No lo sé. Tu azote. Yo soy tu muerte. Escucha. Repara. Advierte. Soy bravo. Ya en ti se ve. Soy castigo de atrevidos. Yo soy freno de arrogantes. No me asombres. No me espantes. Ya estos dos están perdidos. Pues sin espada te atreves. Pues si la tuviera di, no te hubiera dado a ti la muerte. A risa me mueves, ya te voy cobrando amor, pero hazme de hacer placer en que yo pueda saber ¿Quién eres? Dírelo. Gran favor. Nací famoso mancebo de padres nobles y honrados a quien la fortuna dio fama, honor, nobleza y cargos. No parió mi madre más aunque nací acompañado de quien no me deja que sea traición, maldad, fuego engaño. Al nacer, hubo señales que mi mal pronosticaron pues hubo en el propio día truenos, granizo, aire y rayos. La misma noche se oyeron en los chapiteles altos mil granizos de aves fieras, mochuelos, búhos y grajos, aunque el astrólogo dojo de aquesto muy al contrario, que siempre astrólogos son necios, lisonjeros, falsos. Fui me criando en efecto con grandísimo regalo y víneme hacer un mozo loco, altivo, necio y vano. Mas amor que no perdona a nadie del cielo abajo, me mató con unos ojos graves, nobles, bellos, claros. Eran de una dama bella que si no lo fuera tanto, fuera mejor pues viviera libre, exento y descuidado. Puse en ella mi afición, siempre su calle rondando, ocupando en su alabanza tiempo, papel, pluma y mano. Mas esta Circe engañosa, sin admitir mis regalos, puso en un clérigo su amor noble, justo, bueno y santo. Pero el que solo en Dios tiene puesto su amor y cuidado y viendo que es este mundo sombra, sueño, viento, engaño, la olvidó, pero esta arpía, con billetes y regalos le hizo venir a su casa, confuso, triste y turbado. Hízole muchas caricias con ofrecimientos falsos, llamándole por momentos gloria, amor, bien y regalo. Viéndose el clérigo así, al momento ha procurado dejarla porque se halló torpe, rudo, sordo, helado, despidióse y al partirse con un lisonjero trato, ella le pide un espejo cristalino, limpio y claro. Fuese el clérigo a su casa y al punto envió un criado con el espejo que fue muerte, papel, fuente y paño. En el papel escribió dos mil ejemplos y casos diciendo qué es la hermosura, humo, espuma, viento vano. Ella, hecha un basilisco, o como un áspid pisado, le llamaba a voces altas ladrón, hipócrita, falso. Yo pasé acaso a las voces, entré y hállela llorando y en viéndome, me llamó luz contento, bien descanso. Yo seré vuestra, me dijo, aunque jamás os he amado, si hoy a Don Juan abre pecho lanza, puñal, bala o dardo. Yo que la adoraba en fin y hoy decir yo te amo. La dije que lo haría, animoso, fuerte y bravo. Salí a buscarle y hallele. No sé cómo aquí no acabé, pues le hallé diciendo misa justo, limpio, puro y casto. Llegué, arranqué de una daga y con ánimo endiablado, le di donde cayó al punto frío, flojo, muerto, helado. Salió la gente tras mí, alborotada y gritando, dome fue fuerza dejar casa haciendo honor criados. Llegué a ese puesto do fui, obligado del cansancio, a echarme donde me hallastes, solo sin mi muerto atado. Esta es amigos mi historia. Mira si soy desdichado, pues me persiguen a un punto dolor, mal, pena, cuidado. De tal fuerte me ha movido tu historia que te prometo que ha hecho en mí nuevo efecto, pues de ella me he enternecido. Ya es imposible volver a tu tierra, aquí podrás quedarte donde estarás a tu gusto y tu placer. No querrás ser bandolero y estar en mi compañía. Pues fortuna me desvía de mi patria serlo quiero. Por muerte de un capitán que gobernaba esta gente lo soy, pues eres valiente se lo tú. ¿Y a dónde están los demás? Todos se han ido a requerir sus lugares y como tú los ampares, de ellos serás admitido. Sí haré y por Dios que he de ser, ya que estoy en el desierto. Otro segundo, Roberto, en el matar y prender alto el cargo acepto, y digo que vuestros ojos verán lo que mis manos harán, y al tiempo los doy por testigo. Yo me quiero retirar, quedaos en aqueste puesto y si para alguien de presto, me podéis ir a avisar. Por Dios, que mucho me he holgado que haya este hombre venido, que en su talle he colegido, que es hombre determinado y ha venido a coyuntura, que el capitán nos faltó que para mí pienso yo que se logró su ventura. No ha sido poca la nuestra, pues tenemos quien nos rija. Un hombre ves que aguisa por el valle a mano diestra y a mí viene enderezando. No canta. Sí. Buena suerte. Mas, ¿cómo viene a la muerte viene cual cisne cantando? Detenga el paso soldado, que aquí podrás estar mejor. Ya lo estoy, señor, que vine a ser salteado. Venga el dinero que lleva. Pues señor que me faltara si algún dinero llevara, aquesto a lástima os mueva. Átale a una encina luego y quitarásle el vestido. ¿Qué delito ha cometido? ¿De dónde eres? Con perdón no he de negar la verdad, soy gallego perdonad. ¿Cómo te llamas? Roncón. ¿Dónde vas? Son largos cuentos, mas pues si oírlo queréis, suplícolos que me escuchéis. Acaba. Sí. : Estadme atentos: Yo soy, señores hidalgos, gran norte de un caballero (que no digo soy lacayo porque ya es nombre muy viejo). Desciendo de los Roncones, casa que, en antiguos tiempos, daba a Castilla por parias lacayos y vinagreros. Mi madre fue una mujer y dizque que me parió en cueros, que así nacen los coritos de adonde el nombre tuvieron. Fui cresciendo, que es muy propio, y con el tiempo cresciendo, y tengo barbas en rostro como las tuvo mi abuelo. Vineme a Castilla adonde vine a ser esportillero, de esportillero a lacayo, de lacayo a camarero. Llamo camarero yo de un bayo, porque muy cierto de noche hacerle la cama. Señor del hermano XXX sucedió pues a mi amo un negocio de gran peso, que al fin le obligó a huir y a mí me obligó a lo mismo. Por huir di en unas manos, dineros yo no los llevo. Matadme, aunque es gran bajeza que mate un hombre a un gallego. Muy bien has dicho y así que vivas los dos queramos, pero has de quedar atado y desnudo por lo menos. Así quedarse podrá. Vayan con Dios que yo quedo de forma que si me topan no podrán haberlo XXXX. ¡Oh, pobre de vos Roncón! Pues en estas penas graves se cebarán buyeres y aves hoy en vuestro corazón. Ya llegó mi fin postrero y pues mi fin se avecina, amarrado aquesta encina, hacer testamento quiero. Mando que mi cuerpo entierren, mas no será menester si me vienen a comer las bestias que hacerlo suelen. Mando mis pobres vestidos a aquellos que los llevaron, que pues que me los quitaron, ya en mí son bienes perdidos. Mando mi sed a un tudesco, mi hambre a un convalesciente y mi sangre a una serpiente. Mis ojos a un ciego ofrezco, a un gato mando mi vida para que a ocho tenga fin. Mi garganta a San Martín, siempre a su vino ofrecida. Mando a un francés mi arrogancia, a un gitano mi codicia. Mando a un gordo mi malicia, a un genovés mi ganancia, Mi hablar a un aludador, a un sordo mando mi oír, y al fin para concluir, mis deseos a un dolor. No tengo más que mandar, que he venido a ser tan pobre, que no hay nada que me sobre ni me han dejado quedar. Y así firmo el testamento, con el pie porque las manos me las ataron villanos, que es al fin lo que más siento. Quien Don Diego te dijera que en esto habías de parar, que por una mujer fiera has venido a faltear, yo al menos no lo creyera. Ya no hay que volver atrás, en muy buen oficio estás, ejercítale que es justo, pues que por hacer tu gusto sin él al fin morirás. Un hombre está aquí amarrado y sin duda tiene vida, hoy la ambición me convida. Muera. Ten el brazo airado, no me mates homicida. ¡Válgame, Dios! ¿Qué es aquesto? En confusión estoy puesto. ¿Es quimera o son antojos lo que se ofrece a los ojos? ¡Es Roncón! Yo soy. ¿Qué es esto? Mi mano es bien te desate. No me desate señor, si no quieres que te mate. ¡Ay Roncón! Grande disparate, siempre gastas ese humor. Hazme placer de contar cómo viniste aquí a dar y quién te ató y de qué modo. A darte cuenta de todo yo no sé si he de acertar. Salieron doscientos hombres a matarme a este camino que no sé decir sus nombres. Yo colérico y mohino, meto mano, no te asombres, tiro una y otra estocada: Cual muere de cuchillada, cual de punta el suelo mide, cual con un ay se despide de aquesta vida cansada. Maté sin volver pie atrás los doscientos menos tres. Que ya en ser valiente das. Soy hombre que a dos por tres me afiré con Barrabás, pues viendo tanta matanza y mi furiosa pujanza, hice con los tres partido que me atasen y el vestido. Me lleven por más jactancia, que, si yo no me allanara, a haber esta equivalencia nadie con vida quedara. ¡Qué donosa impertinencia en lo que digo repara! De todo Roncón me avisa, hízose grande pesquisa por la muerte de Don Juan. Eso mis pies lo dirán, que caminaron aprisa, porque si a mí me cogieran donde prenderme pudieran, ¿quién duda que me azotaran y que a galeras me echaran o que estos hacerme hicieran? ¡Dios me libre de saber mi muerte por un fallamos! Mejor señor aquí estamos, lo demás es perecer. A mi propósito. Vamos. Dime, ¿cómo se entendieron?, con doña Ana ¿qué la hicieron? Pues fue autora de esta muerte. Confesó. Señor, advierte que nunca a ella la prendieron, que siempre secreto él tuvo el querer ella a Don Juan, y así ella y Costanza están libres. Gran ventura tuvo, así los negocios van. Mi señor cansado vengo. Vamos Roncón, donde tengo mi albergue y podrás comer. Y también podré beber, que en necesidad lo tengo. Que, al fin, Don Feliz te vas, que no hay poder detenerte. Doña Ana, señora, advierte que en llorar pena me das. No he de llorar si me llevas hoy el alma por despojos. Serenos divinos ojos, no me tengáis en no ruegas. No tengo en aqueste suelo cosa más bien que a ti. ¿Acordaraste de mí? Mientras me de vida el cielo. Pues para que firme estés y a mi amor no seas ingrato, mi bien, toma este retrato como palabra me des que de mí te acordarás. Doña Ana yo te la doy que lo haré a fe de quien soy y tu mi bien lo verás. Y porque pienso que es hora y esperará el capitán, voyme. ¡Don Feliz, galán! ¿amarás me? Sí señora. Que al fin mi bien te vas que así me dejas. Contigo quedo, aunque me voy señora. Mira, Don Feliz, que mi alma te adora. Si yo te adoro a ti ¿de qué te quejas? No me olvides mi bien, aunque te alejas. ¿Cómo podrá si al fin mi alma en ti mora? Mucho partirte tu opinión a deshora. Testigos de mi amor hago estas reglas. Sin ti pienso mi bien perder la vida. Sin ti mi gloria me es cierta la muerte. De mi ausencia mi bien tu olvido arguyo. Mi lealtad a tu amor tengo ofrecida. Adiós Don Feliz mío, ten muy fuerte. Palabra soy, Doña Ana, de ser tuyo. ¿Cómo aquí Roncón se va con aqueste oficio nuevo? Pardiez, señor no me atrevo a decirlo. Bien está. No es aqueste mal oficio sino que ese acaba presto. Hecho la fortuna el resto, de rabia pierdo el juicio. ¿Qué es esto? Es un gentil hombre que camina hacia la corte. ¿Vas a negocio que importe? Llega. Llegue y no se asombre. Yo me voy a examinar a la Corte de escribano. Cortadle luego la mano porque no lo pueda usar, que para que no haga mal estará mejor así. Señor, duélete de mí. Andad. ¡Ay crueldad igual! Vive Dios que has hecho bien, que a un ladrón echas del mundo. En eso solo me fundo. Haces como hombre de bien. El capitán está aquí. ¿Qué hay Claudio? Este caballero, que por lo bravo y lo fiero, se quiso escapar de mí. ¿Quién eres? Ya nadie soy, pues estoy preso y atado. ¿Quién eres? Soy un soldado. ¿Dónde vas? A Flandes voy. ¿De dónde eres? De Valencia. Desnudadle. ¿Para qué? Eso ya te lo diré. ¡Qué donosa impertinencia! ¿Para qué pregunta estando aquí tres hombres de bien? Mirad que lo soy también. Haga luego lo que mando. ¡Qué bárbaro cita pudo hacer tal! ¡Ea! No me enoje. Acabe presto despoje. No acaba. Ya me desnudo. ¿Qué es eso que se cayó? Son de la guerra despojos. ¡Ay, Doña Ana de mis ojos! ¿Qué es esto? Aquí acabo yo. ¿Oyes Roncón? Señor mío. Oyes ¿no es esta Doña Ana? Digo que sí es cosa llana. Si eso es que yo desvarío, ¿quién te dio aqueste retrato? Señor, una bella dama a quien ensalza la forma por gracia hermosura y trato quisóme bien y al partir para que no me olvidase me le dio. Vaya a morir. Despeñad a ese hombre vivo, pues atrevimiento tuvo de llegar adonde estuvo mi pensamiento cautivo. Señor tu cólera humana no hagas en mí tal crueldad. Tirad con él. Caminad. ¡Ay, mi querida Doña Ana! Retrato de aquella ingrata, que me tiene de esta suerte porque di a Don Juan la muerte. Ved cuál el tiempo me trata, esa fe guardas cruel a un hombre que, por tu gusto, sin ver que era caso injusto. Maté un inocente Abel. Goza tu suerte mil años, que algún día podrá ser que llegues a conocer todos estos desengaños. Ojos falsos que por dos lagrimillas que vertistes adonde estoy me trajistes, mal os lo demande Dios. Cabello que ha sido soga do colgué mi confianza y fue vana mi esperanza, pues como soga me ahoga. Boca de engañosa arpía, que con razones fingidas fuiste causa que mil vidas quise mi lengua este día. Romper quiero el vil retrato que si el original fuera, lo mismo pienso que hiciera, pues ha sido a mi fe ingrato. Camine el payo que espera, que vive Dios si me enojo y un palo de encina cojo que le abra la mollera. ¿Qué hay Roncón? Este villano. Conmigo se hace fuerte. Mejor es darme la muerte que tratarme mal hermano. Su hermano sealo el de Bercebú, que lo lleve que a tanto el tocho se atreve. ¡Vive Dios si hasgo un cordel! Déjale, Roncón, conmigo. Vete y a Claudio avisa que de a la comida prisa. Yo volveré presto amigo. ¿De dónde eres? De una aldea cerca de aquí. ¿De do vienes? Habla porque te detienes. Pues que saberlo desea, de la ciudad señor vengo de averiguar cierto pleito, que por no querer concierto con un mi vecino tengo. Y a fe el dinero acabado y voy a casa por más. Lleve el pleito Barrabás, que tanto en el he gastado. Aquesto, señor, me crea, que de un cuarto que me hallé aquestas coplas compré para que un muchacho lea. ¿De qué tratan? Cuenta aquí de un caso facinoroso, el más cruel y espantoso que en toda mi vida vi. Y es que dizque a un sacerdote le mató un hombre sin fe. Ya yo aquesta historia sé, aquí mi maldad se note. Por cierto, que es caso fuerte, y que estando en el altar le fuese un bellaco a dar a un sacerdote la muerte. Y lloran todos por él, que era un santo el pueblo dice. ¡Que de esta suerte me avise el cielo que fui cruel! De lo que me espanto yo y a que mi seso se atierra cómo no se abrió la tierra y aquel hombre se tragó, mas quisolo Dios dejar para que se convirtiese y de ello se arrepintiese y se viniese a salvar. Yo soy ese que has contado. Señor, su merced perdone y aquí su favor me abone, que yo confieso que he errado. Si yo supiera que él era no hubiera hablado palabra. Agora me descalabra ¡Quién se desapareciera! Levanta, no hayas temor. ¿Qué traes más de la ciudad? Si ello va a decir verdad este rosario, señor tomadle y dejadme ir, señor, con vuesa licencia. Pártete de mi presencia. Mucho he temido el morir. Suspenso me ha dejado aqueste labrador y sus razones al alma me han llegado. ¡Ah, Doña Ana cruel que de pasiones me afligen por tu causa, que el ser se pierde y el sentido pausa! Ya yo estoy condenado. ¿De qué sirve el rosario en tal oficio? Si estoy descomulgado y el robar y el matar es mi ejercicio y si al pecado sigo, ¿de qué efecto ha de ser traerlo conmigo? Devoto suyo he sido y ahora en verle el alma me atormenta, porque un fuego encendido en mí vive que solo se alimenta de traiciones y daños. Insultos, muertes, tiranías, engaños, imposible es salvarme aunque recase en el noche y días solo he de ejercitarme en maldades, traición y tiranías. ¡Vaya fuera el rosario que solo sirve en mí de ser contrario! Que si con él me hallasen los soldados que en esta tierra he visto ¿quién duda que pensasen que los quiero dejar siguiendo a Cristo? Y porque esto no sea, vaya el rosario do jamás le vea. ¡Válgame, Dios!, ¿qué es esto? Pasmado se me ha el brazo, este es milagro. Desde hoy Virgen protesto ser vuestro, desde aquí el alma os consagro. Solo señora os pido el brazo me sanéis que os ha ofendido. Otro ahora soy, pues quise atreverme a llegar a lo vedado, y así es justo me avise el cuello y que castigue mi pecado, pero ya que le sigo en el pecado no sea en el castigo. ¡Rosario que habéis hecho de grandes pecadores grandes santos! Desde hoy más en mi pecho podréis vivir donde con dulces cantos. Estaré noche y día vuestro nombre alabando mimaría. Volver quiero ejerceros, si es que abierto, aunque estoy muy olvidado. Ya vuelvo a conoceros aunque cual pecador ya veis que he errado. Así comenzar quiero y en vuestra gran bondad virgen espero. Dios te salve María Ave de gracia, tú eres quien reparó nuestra desgracia, pues eres tú quien dio muerte al pecado y pariste aquel fruto consagrado en quien pongo mi amor y regocijo. Santa María madre de Dios hijo, ruega por mí y por todos los del suelo, que me persigue un enemigo fuerte. Tú eres del hombre eterno, regocija por ti señora, de gozar el cielo. Conociéndote agora y en la muerte. Amén Pesar del cielo, pues hoy se va este hombre arrepintiendo. En ira y saña mereciendo loco de coraje estoy. Quierole representar su mala vida pasado. Vos Virgen, sois mi abogada, mi fe os he de presentar. Ahora pides perdón ¿No ves que es grande tu culpa? Si, mas viene en mi disculpa pedir con fe y contrición. Mejor es desesperar que es tu culpa con exceso. Con lágrimas lo confieso y así en Dios he de esperar. ¿No ves que es juez riguroso y le tienes ofendido? Si con contrición le pido, sé que es misericordioso. Pues por ahí no te has de ir que, a pesar de cielo y tierra, te he de hacer contino guerra y te tengo de destruir. Mírame yo soy quien tengo de ser fiscal de tu causa. ¡Ay, Dios! Mi sentido pausa, en verte miedo te tengo. ¡Virgen Santa del Rosario, Ángel santo de mi guarda, pues sois quien siempre me guarda libradme de este contrario! De la infame Leviatán aquesa arrogante impresa. De que vinieses me pesa. Vuelve al infierno, Satán. Porfía al cielo y su gobierno, pues mi daño solicita y este hombre así me quita, allá me recibe infierno Don Diego, el señor oyó tu petición y así ordena que luego al punto te vayas y dejes el monte y sierra por la intercesión sagrada de María hermosa y bella, de quien un tiempo devoto fue tu devoción acepta y ella manda que al momento tu brazo a su ser se vuelva. Extiéndele. ¡Gran milagro! . Y que a la ciudad te vuelvas, entraste en un hospital, donde vestido de jerga, pedirás para los pobres limosna de puerta en puerta. Encontrarás a Doña Ana, que cual pública ramera vive después de la muerte de aquel pilar de la iglesia. Dirás que enmiende su vida sino que mire y advierta que en pago de su pecado se la tragará la tierra. Y tú serás después preso y morirás, pero piensa que será dentro en la cárcel y no muerte con afrenta. ¡Virgen divina, aguarda! ¿Así me dejáis en sierras? Pues tal bien he merecido, dadme mil enhorabuenas. ¡Venturosa suerte mía y dichosa la hora sea que Roncón traje aquel hombre por quien mi bien se me acerca! ¿Quieres venirte a comer? No amigo. ¿Por qué razón? Tengo alegre el corazón. Llega y lo podrás saber. Yo amigo me quiero ir a la ciudad, esto es cierto. Tú señor, ¿quieres ser muerto que en llegando has de morir? Dios me manda hacer ausencia y que deje aqueste oficio, pues me seguiste en el vicio, sígueme en la penitencia. Aunque mil muertes reciba te he de seguir donde fueres, que en morir donde murieres todo mi interés estriba. Hemonos de despedir de aquesta gente. No hermano, echa por aqueste llano. Ya te comienzo a seguir Gracias, señor, te doy, pues me has librado de aquellos bandoleros atrevidos que quitarme la vida procuraron por mandado de aquel Don Diego injusto. Yo voy a la ciudad donde al momento daré al gobernador parte de todo, que los vendrá a prender con gente armada, que es servicio de Dios que la justicia castigue sus delitos y malicia Vaya el hermano Roncón por esa acera de ahí, que yo echaré por aquí y en viendo que hay ocasión, juntémonos. Sí. Pero quisiera saber cuándo habemos de comer. ¡Qué pardiez, hermano Diego, que se me acaba el sosiego en no habiendo que meter! Sosiéguese que no es tarde, cuanto y más que ha de ayunar. Haces de mí mal alarde. ¡Vive Dios que no he de estar con el hábito esta tarde! Ayune el cuerpo de Cristo, dígame, hermano, que ha visto en mí que ayunar me manda. Voto a. Así desmanda. Muy mal el hambre resisto, una cosa ha de advertir: Si juntos hemos de estar, que nunca me ha de reñir ni ha de mandarme ayunar, sino comer y dormir. Si esta condición le agrada, yo seré su camarada, sino bien puede creer que no tengo de volver mas con él a la posada. Diga sí o quitóme el saco. Digo mil veces que sí si de confusión te saco. Cuerpo de Cristo, eso sí, que estaba en pensarlo flaco. Famosa la fiesta ha estado Cierto que ha sido deseo. Pregunto qué habéis de hacer a la tarde. Irme al prado. Denme limosna por Dios para sí mismos hermanos. Toma. Aparteos Dios de tiranos. Dadme a mí. No hay para vos Pues voto a Dios que también como yo como otros pobres. Hermano. Bien es lo cobres, hoy todo tú y nada yo. Hemos de ir allá los dos. Yo que en casa me hallaréis. Suplico os que os acordéis de mí. No me olvidéis vos. Roncón, aquesta es Doña Ana. Quiero la llegar a hablar. Alto bien puedes llegar. ¿Conocesme, di tirana? No, por cierto. ¿A Don Diego no conoces? ¡Don Diego eres XXXX! Sosiégate. ¡No eres muerto! Para el mundo muerto estoy, pero tú más viva estás. ¿Cómo de esa suerte vas? Suspensa viéndote estoy. Ya Doña Ana llegó el tiempo de poder decir verdades. Sal de estas penalidades, que esta vida es perdimiento. Por tu causa estoy así, mas ya estoy arrepentido, porque en la cuenta he caído. Volvime a Dios, hazlo así. Donde predica mañana diga padre Fray Modorro. ¡Basta! De oírle me corro. ¡Burla haces de mí, tirana! Se me de Dios el juicio. Enmiéndate pues, que puedes, para que la gloria heredes. Deja ya, Doña Ana, el vicio. Mira que es Dios riguroso y le tienes ofendido. Yo consejos no le pido, por Dios que es hombre gracioso, grande te es logo estar. Cierto que sea aprovechado y que será gran letrado si en ejercitarlo da. Pues tu maldad te da guerra y mi consejo te enfada, mira que estás condenada y te ha de tragar la tierra. Esta es sentencia de Dios, por mí a decírtelo envía. Vete cruel. ¡Fiera arpía! Él se irá y quedaréis vos. . Muy buena es la impertinencia con que los dos han venido. ¿Fueronse? Sí, ya se han ido. Viose mayor desvergüenzas. ¡Jesús, qué enfadada estoy! Tienes razón a XXXX. ¡Qué fiera melancolía que tengo pensando voy cómo podría divertirme! Como yéndonos a holgar y así podrás desechar la pena. He de apercebirme. Sí. ¿Habrá música? Y comedia. Pues alto en casa os aguardo sin falta. Vamos Gerardo. Mi pena así se remedia. Por aquí hallarla podré, que dicen hay fiesta aquí. O yo estoy fuera de mí o es Don Feliz, ya tendré quien me vengue del donado. ¡Doña Ana! ¡Don Feliz mío! Ya de tu valor confío, tú seas muy bien llegado. ¿Cómo veniste tan presto? ¿ha se la guerra acabado? En otra guerra me he hallado, que en gran peligro me ha puesto. ¿Cómo? En aquese camino topé con un bandolero, que es Don Diego, un caballero que mató un clérigo aquí, que bien sabes tú esta historia. Bien la tengo en la memoria, pues que lo mató por mí. Mandó quitarme la vida como tu retrato vio y a despeñarme envió que ya tuve por perdida. Es largo de referir. ¿Cómo me vine a librar? Solo te sabré contar cómo a Don Diego huir en hábito disfrazado por la calle y de improviso. A la justicia di aviso y a la cárcel lo han llevado. ¡Vivas mil años bien mío! Costanza, ¿qué te parece? Que ya la ocasión ofrece venganza a su desvarío. Pues, ¿cómo Don Diego vino antes que no tú que has ido? Es porque me he detenido, mi señora, en el camino, donde se he de ver mi bien. Puedes a casa acudir a la tarde, que hemos de ir a la alameda. Está bien. Alterado traigo el pecho, yo no puedo asegurarme hasta saber o informarme quién esta traición ha hecho que al bueno Don Diego prendiesen, que viniendo disfrazado no haya en el lugar faltado gentes que le conociesen, pues harto le avisé yo que no viniese y no quiso, pues que no estimó mi aviso. Tomese lo que se halló, sin duda alguna traición. Alguno me está ordenando que acá dentro me está dando mil saltos el corazón. Plegue a Dios no sea este día en que decline mi suerte y que en él venga mi muerte. Para más desdicha mía, gente parece que viene. Aquí me quiero arrimar y en dejándolos pasar me iré, que esto me conviene Sentémonos a esta parte cuyo fresco nos convida gracia, compostura y arte, donde con gloria crecida flora que adorno reparte. Sea así porque el susto pierda, que cuando así se me acuerda del sermón impertinente que aquel donado insolente me hizo, el dolor recuerda. Ya señora está el donado donde paga su pecado, deshecha aquesa pasión porque en aquesta ocasión está a muerte condenado. Olvida ya la pasión de libre conversación, pues no estuvo en él la mengua que el vino mueve la lengua si está alegre el corazón. Deja ya estar por tu vida disparates, que si das en querer ser tu homicida, fácilmente acabarás contigo prenda querida. Tienes razón a fe mía que es muy grande disparate que yo misma me maltrate y que con melancolía así mi vida remate. Viva yo contenta y ruede el tiempo como quisiere, coma alegre y vista ufana, y si me muero mañana, voy a el alma a donde fuere, que ya yo tengo en memoria que tengo a Dios ofendido. Si por haber mal vivido no ha de haber misericordia, yo al menos no se la pido. Ven maldita al fuego eterno. Parece que vi el infierno. ¡Madre de Dios del Rosario, libradme de este contrario! ¡Libradme, señor eterno! Ven a gozar de mis bienes, pues te supiste valer de mi gracia. Hijo, aquí tienes lo que no podrá tener quien no viene cual tú vienes. Este premio es el que doy al que mi rosario besa y el que al rezar se profesa. Siempre de su parte estoy, tened en mi amor firmeza. Ya en ti un lázaro contemplo que fue pilar de mi templo, y en aquella condenada el alma desventurada del rico. Notable ejemplo. Gloria eterna has de tener y ella tendrá fuego eterno. Y quiero os hacer saber que ha de arder en el infierno mientras durare mi ser. ¡Jesús, espantado estoy de lo que aquí he visto hoy! Santo pues, Gloria tenéis suplico que os acordéis de mí, que pecador soy. Si preso por mi ocasión fuiste y a perdón os pido, Ea divino varón, pues estoy arrepentido, merezca la absolución. Parece que estoy dormido. Yo parece que he soñado. Yo casi estoy sin sentido. Yo atónito y espantado de lo que aquí ha sucedido por ser uno pecador. No desconfíe que es cierto, que si pone en Dios su amor, gozará el alegre puerto de Dios, que es sumo hacedor. Don Diego pecador fue y ya en el cielo se ve, porque a Dios supo llamar. Doña Ana siempre ha de estar ardiendo que aquesto es fe. Yo protesto desde aquí entrarme en un monasterio. Pues he visto este misterio lo mismo digo de mí. Yo también de él me despido y tendré siempre en memoria el premio que han recibido aquestos dos cuya historia da fin y el perdón os pido.