Texto digital de El sabio en su retiro
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- Atribución tradicional
- Juan de Matos Fragoso
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- Juan de Matos Fragoso Segura
- Género
- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El sabio en su retiro. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/sabio-en-su-retiro-el.

EL SABIO EN SU RETIRO
O N qué estilo tan galán tantas joyas me compró! Habla bajo porque yo sospecho, Beatriz, que van siguiendo nuestras pisadas. Eso me ha dado temor. Vuelve muy apriesa Amor por las prendas empeñas. Lo que galante me ha dado, de opinión he de perder, si ahora llega a saber la calidad de mi estado: mas podrelo remediar con darle otra prenda yo, que valga más. . Eso no. Bien puedes, señor, llegar. Dirán que grosero soy. No pierdas la coyuntura, No he visto igual hermosura desde que en Sevilla estoy! A mucha descortesía, hermosa dama, tendréis, y temo, que me culpéis la poca advertencia mía, en que me atreví a ofreceros otra vez mi voluntad; mas no me culpéis, culpad esos divinos luceros, que imán es del yerro mío, que está en adoraros firme, para poder resistirme no me han dejado albedrío. Cortesano Caballero, que primoroso, y galante sabéis dorar, como amante, los hierros de lisonjero, agradecida al halago de tan generosa acción, con la misma obligación en que me dejáis, os pago; pues quien logra la victoria de liberal, tan sin susto, aunque no avasalle el gusto, ha de empeñar la memoria. Yo es ruego, que no intentéis seguirme, que en el lugar donde hoy me visteis llegar, muchas veces me veréis. Y para satisfacción de que engaño no he de hacer a quien confieso deber tan noble demonstración, esta sortija tomad. Por dulce prisión la acepto, y no seguiros prometo, sino con la voluntad; solo una palabra os quiero suplicar, que me escuchéis. Hidalgo, no me diréis quién es este Caballero, porque el estilo no yerre cuando le vuelva a encontrar? que es su valor singular. Sabed, que este es Don Gutierre Alphonso, hombre de valor. Qué es más? . Es, por justa ley, de la Cámara del Rey el más valido señor: mas para ser sin agravio en Sevilla conocido, le bastaba ser valido del Rey Don Alfhonso el Sabio. La privanza no le altera la afabitidad que veis, mas pues no le conocéis, debéis de ser forastera. Es, que encerradas prisiones vivimos como en destierro. Diga usted, y en ese encierro ay vara larga, o rejones? Qué estilo tan de Lacayo! aquí para entre los dos, es de Huete? . Vive Dios, que me la pegó al soslayo. Quiero, con vuestra licencia. saber la calle, y no más. El noble no hace jamás a la que quiere, violencia; y así, quedaros podéis, supuesto que es cosa llana, que aquí me veréis mañana. Basta que vos lo mandéis: yo no pasaré de aquí, satisfecho que os veré. Pues yo de aquí pasaré, si vos me obligáis así. Digo, que vais en buen hora. Obligada voy de vos. Id con Dios. Quedad con Dios. . Qué tenemos? . Qué es señora de gran calidad, sin duda. Lindamente te ha engañado. Yo me doy por bien pagado. No hayas tú miedo, que acuda donde dice puntual. Prenda ha dejado bastante, pues me dio en este diamante una estrella. . Ese es cristal: socarrona lapidaria debe de usar de esa flor. No vi hermosura mayor. Será alguna estrafalaria. Antes, Martín, imagino, que corrido me dejó, pues es más lo que me dio. Tú das en un desatino, fingiendo estar mejorado, porque no te llamen necio. Para mí no tiene precio, Martín, un término honrado. Término honrado es tomar más de trecientos escudos de joyas de oro? . A los mudos harás, porfiando, hablar. Tengo razón; pues ignoras los embustes, y quimeras de mujeres callejeras, que andan pescando a estas horas? Una sale con rigor, que no se ha de destapar, y es, que es fea, y quiere usar del recato por primor. Esta fiada en el pico, dos melindres, y un enfado, y algo de un ojo rasgado, que encubre nariz, y hocico. Pesca con solo un anzuelo pececillos camarones, guantes, tocas, y listones del boquitubio mozuelo. Y viendo que por la posta la siguen en conelusión, qué hace? muestra el mascaron, y se va libre, y sin costas. otra viene muy fiada en la cara bien compuesta, descubierta a la respuesta, y a cuanto pide tapada. Dice, que tiene marido celoso, y que es menester, para que la puedan ver, recato muy conocido. Pesca medias, chocólate, y algún dige moderado: por dar a entender estrado, áplica al escaparate. Y andando como peonza, dice, que vive a diez altos, en calle de treinta tratos, y escapa como una onza. otra sale muy deidad, con que a una enferma va ver, y la enferma viene a ser ella, o su necesidad. Y después que hace una pella de cosas que va a llevar a la enferma, suele dar con la palabra doncella. Y si el pobre con enfado muestra enojo, muy falsita le responde: Quita, quita: lleve usted lo que me ha dado. Y viendo el empeño duro en que se halla el inocente, por regalos de presente se clava en favor futuro. Y examinados los modos de su recato, y la fe, se sabe después, que es de Cimbrios, Lombardos, y Godos. No para aquí la emboscada: otras ay, que andan al vuelo, no ponen cebo, ni anzuelo, ni van reparando en nada; porque son red barredera de los altos y los bajos. Estas pescan renacuajos, mariscan toda ribera, porque toman habellanas, duraznos, melocotones, huevos, sardinas, melones, besugos, peras, manzanas; y cuando de estas crueles zarandajas han cogido, vienen a darse a partido de rabanos, y pasteles. No es aquella celestia! hermosura, a quien mi pecho se rinde, de las comunes mujeres, que en el aseo, discreción, donaire, y gracia, un no sé qué de respeto causaba, que el alma absorta en tan divino portento, quedó presa, publicando la dicha del cautiverio. Ay Martín! yo estoy sin vida. Si te inclinaste tan presto, como no vas en su alcance? Por no parecer grosero en la porfía, y tambeín porque no me echase menos el Rey, que suele a estas horas vestirle, y fuera defecto en mi atención, el faltar a la obligación que tengo. A Palacio hemos llegado, y si no me engaño, creo, que aquellas mismas tapadas, que de ti se despidieron, van por allí presurosas atravesando el terrero. Pues ha dispuesto la suerte aqueste segundo encuentro, por tu vida que las sigas. Voy tras ellas, porque entiendo, que esas aves de rapina te quieren dar pan de perro. . Con eso sabré quién es la que arrastró mis afectos tan de improviso, que dudo en tan venturoso empleo, si fue primero el mirarla, o fue el rendirme primero: pero el Rey sale: aquí importa, amor, que disimulemos. Oh qué de veras me matan tus burladores ojuelos! muy graves son para niños, muy libres son para negros. Oh qué esquivo tu semblante se mejora en lo travieso, pues cada vez que se muda, es más parecido al Cielo! No prosigan más: no he dicho, que nunca amorosos versos me canten, de afectos vanos, que es gastar sin fruto el tiempo? Faltan heroicos asuntos, en que pueda el noble ingenio discurrir aprovechando? Lo demás es vano empleo, que la Música ajustada de la historia a los sucesos, regalando los oídos, deleita el entendimiento. Ay divina Labradora, qué mal con tu industria intento disimular mi cuidado! pues desde que te vi creo, que cuanto respiro es ansia, cuanto imagino es tormento, sin que pueda declararme: que el decirlo, y padecerlo, es dos veces ser humano, y así es mejor el silencio: que el que es deidad en la tierra, y goza los privilegios de soberano Monarca, ha de dar a entender cuerdo, que está libre de pasiones, que no es bien que en ningún tiempo se vea defecto en quien ha de castigar defectos. En llama transforma el aire para su venganza el Griego, y en un Caballo introdujo en Troya el mayor incendio. R. Hopárbole del Poeta fue el decir, que en el arresto del Paladión Trovano, se introdujo en Troya el fuego. Alabo el docto artificio, mas lo apocrifo condeno: no necesita la historia de episodios lisonjeros, ni de elocuentes matices; claro, puro, y verdadero ha de ser el Coronista, que los adornos superfivos, ofuscando la noticia, hace sospechoso el cuento. Los retóricos colores se permiten al ingenio, que con altas fantasías procura aplausos discretos. Pintan la verdad desnuda los Antiguos, suponiendo, que así queda más hermosa a los Anales del tiempo. Por eso yo, persuadido de un curioso, y justo celo, la Historia de España escribo, solamente con intento de dejar acreditada empresa de tanto peso, pues solo es digno de un Rey el escribir los sucesos de lo que pasa en un siglo, pues independente de ellos, ni dará alabanza al malo, ni quitará fama al bueno. Por esos, y otros estudios, a vuestra Majestad dieron nombre de Sabio los doctos. Ese nombre no merezco, pues siempre fue limitado el humano entendimiento; y respecto de lo mucho, que hay que saber en los tiempos, es siempre más lo que ignora, que lo que sabe el discreto. Bien es verdad, que aplicado desde mis años primeros a diversidad de estudios, mi capaz de comprenderlos, tanto, que a los veinte y dos años compuse un Compendio de toda la Astrología, a que intítulé yo mismo, Tablas Alfónsinas, por y el enseñarle, es gran yerro, pues sabe más, que el vasallo el Rey, cuando sabe menos. Cifra fue de mi lealtad; mas si castigo merezco, quita al cordero el cuchillo, y trasládalo a mi cuello. Para quien tu honor ofende es solo aqueste instrumento. Pues quién ofendió mi honor? Quién loco, bárbaro, y ciego menospreció mis avisos, para mirar su escarmiento: Gutierre Alfhonso la ha dado palabra de casamiento Beatriz. Qué es lo que escucho! Y en fe de este privilegio logró su amor cauteloso, y negando el cumplimiento a su promesa, Beatriz hoy me empeñó justiciero, y por esto, y otras causas, que reservo a mi silencio, mando, que sea su esposo. Ea, llegad, dadla luego la mano. Señor, repate vuestra Alteza::- Qué es aquesto? vos replicáis? No señor, a ser su esposo me ofrezco. Esta es mi mano. Después daréis a un cuchillo el cuello. Señor, postrada a tus plantas:: Yo a tus pies humilde puesto, que a Gutierre le perdones la vida, señor, te ruego: solo esto, señor, te pido. Yo la vida le concedo; y porque desigualdades no extrañe en el casamiento, hago Nobles a tus hijos, dándoles por privilegios de su Nobleza, el Escudo de mis Armas, anadiendo para el dote de Beatriz tres Villas, en que te vuelvo del dinero, que me diste, doblado el número en premio, Y en castigo de que tú en sesenta años de tiempo ver a tu Rey no has querido, a mi servicio asistiendo, en Palacio has de quedarte, que me has de ver, por lo menos, lo que tuvieres de vida. Con tal dicha estoy contento. Llega, Beatriz, a mis brazos. Nueva vida cobro en ellos. Y aquí el Sabio en su Retiro da fin, perdonad sus hierros. vive? Replicó el mozuelo: En Vega. Florida vive, aquese cercano Pueblo del bosque en que caza el Rey; y como un Alcón ligero, esta Circe encantadora se desvaneció en el viento, dejándonos convertidos en mono yo, y tú en podenco. Jesús, y qué disparate! Ahora bien, Martín, supuesto que el Rey mañana va a caza a Vega Florida, tengo de saber con qué motivo aqueste imposible bello, en traje de Cortesana, vino a burlar mis deseos, vino a rendir mi albedrío, vino a matarme tan presto, que aún para soñado es mucho, y para verdad no es menos. Salid acá, engolillados, alto a trabajar, que el día empieza a romper. . Por qué, señor, preguntar quería, nos llamas engolillados? Pues no es acaso el enigma: Mirad, suele el Cortesano, por desprecio, monterillas llamar a los Labradores, y porque el modo me pica, yo también engolillados os llamo por ignominia. Muésamo ha dicho muy bien, doile a la Corte dos higas. Ea, pues, alto al trabajo: tú, Antón, al campo camina, y para arar los repechos, que están juntos a la Ermita, llevad diez pares de bueves, y otros de mulas: apriesa a la labor. . Como es barro lo más de aquella campiña, otra mula llevaré. Lleva cuatro, y cuantas pidas, pues tantas me ha dado el Cielo, por su Bondad infinita, que ignoro el número de ellas: quién mi fortuna no envida? Tú, Bruno, vete a la cuesta donde Costanza vendimia. Mas importan tus ganados, que la Corte de Sevilla. Y de unas ubas doradas, que se vengan a la vista, bordadas, del puro aljófar, que las hiela, y las matiza, llena cuatro, o cinco cestas, que lleves a las vecinas, y la mejor al Doctor: que aunque nunca en mi familia ha curado enfermedad, gracias a Dios, cada día le regalo anticipado, porque no me haga visitas, ni le dé ningún cuidado la salud, que Dios me envía. Voy, señor, antes que el Sol comience a esparcir sus iras. . Tú, Tirso avisa a Montano, y a Beatriz mi hija avisa, que acudan a sus taréas, que aunque son prendas queridas del alma, y no han menester el trabajo, todavía, para ejemplar de los otros, el que en Lugar corto habita, ha de usar prudentemente del ocio, como fatiga. Voy a her lo que me mandas: primero iré a la cocina. Gracias os doy, gran Monarca del Cielo, por tantas dichas como me habéis dado, pues cuanto distingue la vista por todo aqueste Horizonte, desde esa Sierra vecina, hasta aquel profundo Valle, poblado de altas olivas, me reconoce por dueño; y de suerte la campiña cubren todos mis ganados, que cuando a beber se atriman, el más caudaloso arroyo para pasar a otra orilla, le agotan, con que la puente de su misma sed fabrican. Es del matizado enjambre de mis colmenas floridas, tanta la miel abundante, que en ruecas de oro al Sol hilan, que rebosando en los bordos, por el corcho se destila hasta el suelo, donde encuentra tal vez la leche vertida del tarro, que al Pastor sobra, o la hartura desperdicia, con que plato dulce aquí tienen también las hormigas. De azules ubas colmados mis lagares, fertilizan las cubas, y las tinajas; y aunque son casi infinitas, y cada Octubre se anaden otras tantas, de mis viñas es tanto el ópimo fruto, que siempre por la vendimia vengo a tener una extrema necesidad de vasijas. Amontonado en las heras tengo el trigo algunos días, mientras se ensanchan los trojes, si otros silos se fabrican, con que es depósito el campo del oro de mis espigas, hasta que por el Otono lo restituyo a sus minas. Mas no es esta la mayor fortuna, que me acredita de venturoso, sino el contento, y la alegría con que vivo en este estado, porque de todas las dichas, no es mejor la que se tiene, sino la que más se estima. En este Lugar nací entre castaños, y encinas, y jamás he visto al Rey, ni a la Corte de Sevilla, con estar de aquí dos leguas, que en sesenta años de vida, parecerá, que es capricho de extravagante porfía; pues no es sino natural, que es tanta la antipatia con que miro al Cortesano, de ceremonias fingidas vestido siempre el semblante, que juzgo no trocaría por sus levantadas Torres aquesta humilde Alquería. Con mis Zagales aquí vivo honrado, y sin codicia de honores vanos: o cuanto yerra aquel, que solicita encumbrarse a las Estrellas para dar mayor caída! Ejemplo el gigante Roble me ofrece, cuando a las iras del embravecido Noto rindió su soberbia altiva; pero la caña, que humilde estuvo en su estado fija, burlando de sus violencias, no peligra en la ruina. Aquí está, los dos lleguemos. Padre, y señor? Beatriz mía? hijo Montano? qué es esto? Pedirte, señor, quería un favor solo. Lo mismo de ti mi amor solicita. Pero no te has de enojar. Prendas del alma queridas, alivio de mi vejez, qué cosa habrá, que me pida vuestra humildad, que no haga? Cuanto los ojos registran es vuestro, y para vosotros lo adquirieron mis fatigas. Pues, señor, porque te alegres alguna vez, por tu vida que salgas a ver al Rey, que hoy dicen, que a nuestra Villa viene a cazar, y ya el Pueblo a recibirle camina fuera del Lugar. Disponte a hincar la rodilla, pues que nos mantiene en paz, tanta rustiquez olvida. Ponte el vestido de fiesta, y muy galán:: . No prosigas: qué es ver al Rey? estáis locos? Lo que nunca hice en mi vida, tampoco he de hacerlo ahora; yo he dado en esta porfía: servirle, y no verle quiero, y no es en mi grosería, sino atención, y respeto: que el Sol, Monarca del día, alumbrándonos a todos, ciega a aquel que le registra, dando a entender, que se ofende del que su luz averigua. Al Rey no he de ver la cara, porque ya en la postrer línea de mis años, fuera ocioso lograr su vista sin vista. Darame, porque le vea, Encomienda, o roja Insignia? Yo puedo servirle más, que de desprecio, y de risa? Amarle, y obedecerle me toca con lealtad fina, como a Deidad Soberana, pero a verle no me obliga. No quiero ver Reales pompas que yo también, si se mira, como Sabio en mi Retiro, soy Rey de aquesta Alquería. Mis Ciudades son los riscos: los campos son mis Provincias, de quien es Cetro el arado, que asido a la mano mía, va con igualdad formando los surcos, cuyas campiñas, bien gobernadas del brazo que su aspereza cultiva, allanando la que sube, subiendo la que se humilla, fértiles ricos tributos me ofrecen agradecidas. Las alfombras, y brocado el Mayo me los matiza; mis doseles son los troncos, y no de flores tejidas, sino de frutas sabrosas: mirad cual será más rica, allá una sombra, que adorna o aquí una verdad, que obliga? Oh dichosa a todas horas amada soledad mía! solo tu silencio adoro, solo tu quietud me alivia. De qué puede aprovecharme ver la Majestad altiva, faustos, Coronas, y Cetros, si al fin no hay segura dicha, y en una mortaja paran del Mundo las alegrías? D. Dejémosle con su tema: qué opinión tan exquisita! Cuando otros por ver al Rey largas jornadas caminan, él se retira, y esconde. Qué necia filosofía! A qué racional no alegra ver la presencia, y la vista del Príncipe soberano? No vi tan ruda porfía. M. Diferente condición, Beatriz hermana, es la mía, pues muero por ver la Corte, y aquesta rústica vida me cansa, y solo me agradan cortesanas bizarrías, adornos, plumas, y galas, que lo demás es mentira. Tienes razón, porque yo, siempre que dejo la Villa, y a la Corte voy no hay gala, por más vistosa, y más rica, que no estrene mi cuidado: tú, Montano, ahora mira como puede estar gustosa en uina Aldea pagiza, quien todos sus pensamientos tiene en la Corte: Ay Jacinta! Gutierre Alfhonso es mi norte, en él mi ventura estriva. Muy bien podía mi padre, con la riqueza infinita, que le ha dado el Cielo, darte por esposo, Beatriz mía, un gran Caballero, pues darte con él bien podía cien mil ducados de dote. En su condición es risa pensar que ha de darme estado, que no sea a la medida de su humilde nacimiento; pero la elección es mía. Yo voy a la Iglesia, hermano, porque decir, que oiría Misa en ella el Rey. . Si allá vieres a Costanza, dila mis finezas. . Para qué? si viene puedes decirla tu amor, que un amante firme, mejor su pasión explica. Dices bien, adiós. . Adiós. Señora vamos aprisa, que el que las joyas te dio por allí pasa. . Ay, Jacinta, del amor que le he cobrado mucho me temo a mí misma. . En hora buena, Costanza, tu hermosura peregrina salga a dar rayos al Sol, que ya avaro me decía, mormurando entre las hojas de esa floresta sombría: Campos, que viene Costanza, flores, que amanece el día. Para otra ocasión, Montano, deja las lisonjas ribias, que ahora vamos a ver al Rey, que viene a esta Villa. Tú eres rico, yo soy pobre, y si mi hermosura estimas, o súbeme a tu riqueza, o a mi pobreza te humilla. Tú ahora con el amor consulta mis tiranías, pues no he de oír tus finezas sin que el Cura las bendiga. Escucha, detente aguarda: de sus hebras de oro asida me lleva el alma; mas quien logró sin pensión las dichas? Con la ocasión de la caza he venido a aquesta Aldea, por si otra vez llego a ver aquella Serrana bella, a quien me inclinan los Astros, con tan oculta violencia, que ignoro, si en mis sentidos es está importuna idéa afecto de pasión noble, o influjo de mis estrellas: Famoso Templo, Albar Nuñez! Señor, para ser Aldea, es el pórtico admirable. Un hombre rico hay en ella, que de Ornamentos, y Altares la enriqueció de manera, que iguala a las de la Corte. Antes de entrar en la Iglesia, la curiosidad me llama a ver una extraña piedra, losa, o sepulcro entallado de tan desusadas letras, que la atención prende. . Alguna memoria será de aquellas, que los Antiguos ponian en las sepulturas. Llega, Beatriz, sin temor. . Jacinta; el verle me desalienta, que sin duda es gran señor; murió mi esperanza necia. Mucho más iguala Amor. Cómo quieres tú, que sea posible, que un Caballero, por esposa a una hija quiera de Juan Labrador? . Señora, no fueras tú la primera, que al Dosel, desde la albarca, llegaras. Gil, no nos sienta. Pisa quédito. . Ya estamos viendo su perliquitencia. Oyes, también tiene barbas como yo. . Pues vuestra Alteza muestra el semblante risueño, sin duda, que su inscrición le entretuvo. . Es la más rara inscrición, y la más nueva, que vi en mi vida, y merecen ser de diamante sus letras: extraño epitafío! leedle. Dice de aquesta manera: Yace aquí Juan Labrador, que nunca sirvió a señor, ni vio la Corte, ni al Rey, y venerando su ley, ni temió, ni dio temor, ni tuvo necesidad, ni estuvo herido, ni preso, ni en sesenta años de edad vio en su casa mal suceso, envidia, ni enfermedad. Epitafio peregrino! No habrá en el mundo quien pueda dejar tan rara memoria. No pone año de la fecha, ni cuando murió. . Es verdad: Yo me holgara, que viviera, para conocer a un hombre tan singular. . Cosa es esa fácil de saber, señor: Mancebo, el de la montera, llegaos aquí, no temáis. Qué manda su reverencia, digo su paternidad, su jamestad, o insolencia, su merced, o señoria? De los pies a la cabeza alguna le ha de acertar. Mirad que os habla su Alteza. Cómo os llamáis? . Señor, Tirso. Sois Pastor? . Y de unas fieras, que es desvergüenza nombrarlas, y vergüenza el no comerlas, Decidme, quién es aquí Juan Labrador? . So un bestia, no quitando lo presente, no sabré dar respuesta; a Beatriz se lo pescude. Quién es Beatriz? . Es aquella Serrana, que se recara; del Pueblo la más discreta. Serrana hermosa, llegad, que os llama el Rey: mas no es esta, . Cielos, la que adoro? . Amor, . qué es lo que ven mis potencias? Este es el bello motivo, que me conduce a esta Aldea. A vuestras plantas, señor, está Beatriz. . De la tierra alzad, bella Labradora, que se quejará la esfera del Sol, de este injusto aplauso, viendo a mis pies sus estrellas. Amor, qué absoluto imperio es el tuyo? Oh quién pudiera pasar la voz a los ojos! Qué es lo que manda su Alteza? El despejo es Cortesano: Quién es en aquesta Aldea Juan Labrador? Es mi padre. . Luego vive? Y con tan buena salud, que puede apostar a duración con las peñas, pues siendo de sesenta años, edad en que el hombre peina caducas canas, jamás tuvo un dolor de cabeza. Pues como en su sepultura tiene ya puesta la piedra? Porque dice, que es un loco el que fábrica vivienda para cien años de vida; y como ha de ser la huesa su habitación muchos siglos, la edifica antes que muera. Y es rico Juan Labrador? Señor, mucha es su riqueza, cincuenta pares de mulas, y ochenta de bueyes pueblan la campiña en sus arados; y en la rústica tarea cien hombres tiene ocupados. Qué viste? . Una parda jerga. En qué come? . En tosco barro. Por qué causa? . Es, que se precia de ser humilde, y no gusta de vanidades supersivas. Es avariento? . Antes pasta mucha parte de su hacienda con los pobres, y para ellos ciertas heredades siembra. cuyo fruto igual con todos le reparte en la cosecha. Hombre extraño y por qué causa Filósofo se desdeña de ver a su Rey? . Él dice, que le ama, y le respeta como humilde, y buen vasallo, y que le dará su hacienda, pero que no quiere verle; y es, gran señor, de maneta este capricho en que ha dado, que siempre que vuestra Alteza por aquí pasa, se esconde. Dichoso él, que se contenta con su estado, sin que aspire a más fortuna, que aquella en que nació; pero el modo de despreciar mi grandeza, y no querer verme, envidio; y a no ser Rey, solo fuera Juan Labrador Y qué estado dar a sus hijos intenta con tanta riqueza? . Dice, que aunque darme bien pudiera cien mil ducados de dote, que no quiere que yo sea mas de lo que soy; y así, con otro igual suyo piensa en esta Aldea casarme, que él no busca más nobleza, que aquella que Dios le ha dado, y de ser lo que es se precia. No será así, porque yo primero, Serrana bella, al tosigo de mis ansias moriré, que verte ajena: Y qué decís vos? . Yo tengo tan alta, señor, la idea, que no hay fortuna encumbrada, que humilde no me parezca, solo me agrada la Corte, y su hermosa diferencia. Quieres venir a la Corte? Cuando se case su Alteza con la Infanta de Aragón; cuya boda España espera, entonces me llevará para Dama de la Reina, porque para menos juzgo, que no saldré de mi tierra. Parece que habla contigo, no es la villana muy lerda. A no ser vuestra hermosura de inferior fortuna, fuera muy fácil. . El Rey la mira. Como es Sabio con prudencia, las Leyes de la Partida quieré acabarlas con ella. Ya está todo prevenido, bien puede entrar vuestra Alteza. Yo buscaré otra ocasión para mejor poder verla, sin nota de mi respeto. Toda la atención me lleva. . Vamos, qué os ha parecido, Don Gutierre, la soberbia del Filósofo Villano? Blasona con acción necia, que a Señor nunca ha servido, ni ha querido ver la Regia Majestad: dos vanidades a su humildad bien opuestas. Que por no verme se esconde, y servir a otro condena! confieso que me he picado; yo dispondré de manera, que sirva a Señor, y que hoy Juan Labrador me vea. Viva Alfonso, viva. Viva, pues viene a honrar nuestra Aldea. Serrana hermosa, en quien puso luces el Sol, y Amor flechas, escúchame dos palabras. Si haré, como más no sean. La primera es, que en la Corte vi vuestra rara belleza; y la segunda, que al punto os rendí el alma en ofrenda. No soy la que vos pensáis, que hay muchas que se parezcan. No puede engañarse el alma, que es oculta providencia, que reconozca la herida del delincuente la ofensa. Como quieres que a la Corte me vaya a ser Vandolera, teniendo segura yo a quien matar en mi Aldea? Es, que son aquellos triunfos de mejor naturaleza, y la que es deidad humana, con pocos no se contenta. Mirad, que estáis engañado. Ved, que es aquesto evidencia: Podéis negar, que esa mano, en cambio de mis finezas, me dio, para ser dichoso, en un diamante esta estrella? Con qué motivo escondéis la mano, y tiráis la piedra? Es, que la distancia que hay entre los dos, desalienta mi inclinación. . De dos voces alta, y baja, el arte ordena una conforme armonía: luego el amor bien pudiera unir de dos voluntades una música perfecta, que en su punto con el alta conformase la pequeña. Así es verdad. . Pues de qué os receláis? . No quisiera, que por faltar a la prima, destemplase la tercera. Mucho más puede el amor. Un olmo tiene esta Aldea, adonde de noche, al son del pandero, y la vihuela, se juntan las Labradoras: si disfrazado a la fiesta venís, los dos hablaremos. Valdreme de esa cautela. Y ahora, porque nos miran, me voy con vuestra licencia, por no dar nota: . En tus ojos, Beatriz, el alma me llevas. ̱. Por esta os doy la memoria. Luego os quedaréis sin ella? En, que mi fe tiene muchas, y unas van, y otras se quedan; y vos qué haréis? . Suspirar mientras durare esta ausencia. Quién lo acredita? . Mi amor. Cómo lo sabré? . En la prueba. Cuál será el testigo? . El tiempo. Solamente esa respuesta esperaba, adiós. . Adiós: qué mal se templa una pena! Lo que un rendimiento obliga! . Qué poco debo a mi estrella! Ah si no fueras tan noble! Ah si desigual no fueras! JORNADA SEGUNDA Solo está el olmo, Jacinta. Todabia para el baile no se han juntado en su sitio las mozas, y los zagales: muy temprano hemos venido. No es mucho me anticipase, por ver si Gutierre Alfonso estaba ya aquí, pues sabes, que dispusimos los dos, que viniese en otro traje disfrazado, para verme. Solo de esa suerte es fácil, que os veáis, sin que lo note la malicia y villanaje. En lo intrincado del bosque atado el caballo a un sauce dejé, señor. . No es posible, que así nos conozca nadie: este es el olmo, Martín, donde vienen a juntarse los Máncebos del Lugar a hacer sus fiestas, y bailes, y adonde:: Pero qué miro! Si no es ella, que me maten. Él es sin duda. . El recelo no es mucho que me acobarde. Gallarda hermosa Aldeana, que con armas desiguales, para este aplazado sitio ayer me desafiastes, no diréis que no he cumplido con el duelo, como amante, pues deponiendo el adorno cortesano, en este traje rústico el amor me puso, para no embozar verdades. Ya, Beatriz, soy Labrador, y para mí no era ultraje, si como siembro suspiros, cogiera seguridades. Mucho más me obligaria vuestra fineza en tal lance, si como trueca el vestido, las intenciones trocase. No es el agua de esta fuente, que borda el florido margen, tan pura como la mía. Tanto me queréis? . No vale todo el Imperio del Mundo, ni cuanto el Cielo reparte, para mí, lo que esos ojos, esa gracia, ese donaire, con que estos campos florecen, dulce alimento suave del alma. . limento dices? luego podrás sustentarte solo con verme? . Es verdad. De qué suerte? . No lo extrañes, pues nuevos Sabios afirman, que junto donde el Sol nace una selva hay tan amena, que viven sus naturales del olfato de las flores, que en aquellos campos nacen. Si puede el olfato dar alimento, no te espante, si estos viven de un sentido, que viva yo de mirarte. Con esas sosisterias venís muy falso a burlarme: mas porque no me tratéis con aquel común ultraje de falsa, tirana, aleve, esquiva, ingrata, inconstante, que son de los que se quejan las ceremonias vulgares, digo, que yo lo agradezco; pero habéis de perdonarme, que no he de corresponderos por más que os mostréis amante. Pues cómo se compadece agradecer con desaires? Muchas veces la razón al gusto no le persuade, y deudas de la memoria tal vez las niega el semblante. Quién dice agradecimiento, dice favor. . Es constante; pero el mío habrá de ser con muchas condicionales. Y cuáles son? . Ya sabéis, que es Juan Labrador mi padre, que aunque no es de sangre noble, es tan limpio su linaje, que en la esfera de hombre llano tiene todos los quilates, para que en él se dibuje de la nobleza el esmalte, como el preparado lienzo del metal rudo, a quien hace capaz para los relieves de la materia lo hábil; y que yo siendo hija suya, he de llevar adelante esta vanidad humilde, que de mí no está distante lo noble, mas que en la dicha, pues cuanto dispensa el arte del cortesano ejercicio, primores y habilidades, que allí en la Corte las Damas de más espíritu saben, todo lo aprendí y no soy Labradora en el lenguaje, sino en el tiempo, que finjo lo rústico por desaire. Y sobre aquesta riqueza, que puede otro lustre darme, pues de la virtud, y el oro un noble compuesto se hace; y cuando mi pensamiento Águila al Sol se encumbrase, dando glorioso motivo a las memorias del jaspe, no fuera error, pues que vemos, que sobre el olmo gigante hace nido el pajarillo, sin que el frondoso menaje de sus hojas se desdeñe, antes del tirano ultraje del cazador le defiende: similitud Real, imagen de arributo generoso, que honrar al humilde sabe, Pero para qué me canso, Caballero, en declararme con vos, si es un imposible lo que emprende mi dictamen? Id con Dios, porque ya es tiempo de que se comience el baile, y no será bien que os vean en este sitio. . Escuchadme: Qué imposible puede haber, que mi fineza no allane? El mayor. Cuál es? . Diréis que es locura. . En vos no cabe: decidlo. . Pues entendido tened, por último lance, que si no os casáis conmigo, cuanto intentáis es en balde. Si solo en eso consiste el favorecerme, y darme lugar en vuestra memoria, porque mi fineza pase al logro feliz que espero, será una firma bastante de mi mano? . Los papeles no veis que los lleva el aire? Pues cómo quieres que sea? Decirlo ahora no es fácil; mas porque en secreto hablemos los dos esta noche::- Qué haces, hermana? A estos dos mancebos decía, como mi padre, para su labor, ya tiene hogaño gente bastante, y que más no ha menester. Señor, si mientras durase la vendimia, usted quisiere añadir más dos jornales, le serviremos, y sepa, que es mi compañero un grando vendimiador de majuelos. Y vos? . Los vuelvo vinagre. Pues de qué servís? . Yo soy baquero. . Que me atajase . el decirle el modo con que podía esta noche hablarme! Si en mi repara, hay gran riesgo. Pues yo haré por deslumbrarle; y siendo baqueto, tengo modos de ordeñar notables a las bacas más feroces. De qué manera? . Es muy fácil. Tengo una piel de becerro, y cubriéndome el semblante con ella, me pongo en cuatro pies, pues que piensa la madre, que soy su hijo, y se llega muy mansa el pezón a darme: Aprieto entonces la mano, y lleno de leche un zaque, y la voy dando papilla mientras me mira, y me lame. Cómo os llamáis? . Alcarraza. Y esotro Zagal? . Juan Fraile. Y ambos de Sierta Morena, adonde por cierto lance de amor, que tuve con otro Pastor, fue fuerza ausentarme. Vos tenéis gentil presencia. Y no da ventaja a nadio en correr, saltar, y hacer extrañas habilidades. Bien se echa de ver los dos hablad mañana a mi padre, que podrá ser que os reciba. Pues a Diós. No os vais, que es tarde; y puesto que a este Lugar a tan buen tiempo llegasteis, favoreced nuestra Aldea con ver, y asistir al baile. Y si nos coge la noche, habrá pajar? . Hoy reparte el Alcalde cena a todos, por ser fiesta, que el Pueblo hace cada año por este día. Cómo haya cena, habrá catre, porque en llenando el gergón, no hay cuerpo que no descanse: Qué grita es esta? . Ya todos vienen al olmo a juntarse. Viva la flor del amor, viva la flor, viva la flor del valle, viva la flor, viva la flor del Alcalde, que a todos fruto reparte: viva la flor viva la flor, viva la for del amor. Cada cuar tome su asiento para entretener la tarde. Aquí, Costanza divina, puede tu beldad sentarse, pues dicen, que el corazón se inclina más a esta parte. Aquí junto de tu hermana estaré de mejor aire. Esta es la primera vez, Costanza hermosa, que el baile te ha merecido apacible: De cuando acá tan afable se permite tu hermosura a los festejos vulgares? No es mucho, Beatriz, amiga, que este suceso en mi extrañes, porque como mi retiro es natural, y no es Arte, juzgarás, que es ligereza venir al olmo esta tarde; pues no es sino obedecer a Juan Labrador tu padre, que como en Vega. Florida tiene el dominio que sabes, me mandó, que aquí viniese, y que él también vendrá al baile como galán, a servirme; dueño es de las voluntades en blandura, y cortesía. Grande novedad se me hace, que mi padre al olmo venga. Ea, salgan los Zagales a bailar, y cada uno haga sus habilidades. Préstenme unas castañuelas, que quiero bailar tocadme el Villano. . Norabuena, los Músicos se lo canten. El Villano, que no quiere con su Dama ser galante, tunda linda caiga en él, que le muela, o que le ablande. Al Villano, que le importa ser veloz de carcañales, si as dan, dan siempre está dócil, y al den, den, nunca está fácil? Cuando en su casa el Villano tras, tras, a la puerta llame, en viniendo sin tin, tin, un to, to, da, que le ladre. Salga ahora el compañero. Si haré; pero habéis de darme licencia, para que yo a una Dama a bailar saque. Ese es voluntario estilo, sacad la que os agradare. Tocad un minue: a vos os elijo. . Que me place: Pastores del monte, bajad a estos valles, porque el Dios Apolo ya quiere ausentarse. Con qué industria, Beatriz mía, podré aquesta noche hablarte? Estad con cuidado que yo os lo diré en un romance. El Planeta hermoso, que a dar vida nace, si despierta en flores, ya muere en cristales. Advertid, que hablo con vos cuando un pañuelo sacare. El forastero, y Beatriz los han hecho de muy buen aire: siéntense, y salga Costanza con Montano. . Será en balde persuadirme, porque yo nunca he bailado. . Pues cante. Norabuena, si es estilo que cada cual haga alarde de su habilidad, yo quiero obedecer: ea, dadme el instrumento. . Allá va de mano en mano. . Inconstante fortuna, a mi amor turbada, sed una vez favorable. Coronaba el Sol su frente con los desdenes de Dafne, que un noble rigor obliga mas que un favor, si es mudable. De lo esquivo de su planta se formó un verde plumaje, porque sea un pie de nieve heroico Laurel de Marte: Huya veloz, y esquiva Dafne, pues de olvido su memoria nace. Mas noble entretenimiento es el hablar, cese el baile por ahora, y cada uno algunos versos relate. Yo diré unas seguidillas. Yo una glosa muy noble. Yo una canción a una tuerta. Yo a un gibado un vejamen. Yo a un cojo unos pies quebrados. Yo repetiré un romance. Empiece Beatriz. . Ya empiezo, es de una Comedia un lance. A cierta Aldeana hermosa festejaba un Cortesano, él era un Sol de la Corte, ella del monte un milagro. Intentó lograr su afecto el amante enamorado, remitiendo a una promesa todo el desempeño hidalgo. Mas ella, que su honor precia mas, que el Imperio más alto, porque teme una caída, quiere que la dé la mano. De firmas, ni de palabras no asegura su honor casto; que quien en papeles fía, se suele quedar en blanco. Vencido de su hermosura vino a verla disfrazado, y a las puertas de su Aldea estando los dos hablando en preguntas y respuestas, (que como Amor es letrado, suele acotar agudezas para convencer ingratos) cuando, porque ya bajaban del Monte los Aldeanos, le dijo la Labradora: Caballero, con vos hablo: ya veis, que de muchos ojos no está seguro el recato; si antes que os vais a la Corte queréis hablarme, hacia el campo cae una puerta, que cubren unos laureles copados, por ella entratéis seguro, y guiando el lento paso a un cenador, que guarnecen de una murta espesos ramos, entre ellos podéis oculto esperarme solo; y cuando en la mitad de su curso la noche de su tocado, para enseñar las estrellas desarrugue el negro manto, bajaré a veros: Aquí había unos versos largos, en que pintaba el Poeta de Amor los triunfos, y lauros, de que no me acuerdo ahora: otro refiera otro tanto. Con esto Beatriz me avisa . del modo prudente, y sabio con que he de verla esta noche; mi suerte se ha mejorado. Yo quiero decir mis copras: pero allí viene muesamo. Buenas tardes, Caballeros, Dios guarde al conclave honrado; habrá lugar para todos? Quién le ha ganado entre tantos, seguro tiene el de todos. Nada perderá tu agrado en dármele junto a ti, Costanza hermosa. . Si el lado de mi humildad te merezco, yo vengo a ser la que gano. . Ea, prosigase el juego, todos volved a sentaos, que en mi mocedad me acuerdo, que en el Lugar donde estamos era yo toda la envidia de los mancebos gallardos, vencia a todos corriendo, ganaba a todos tirando; mas (oh caduca memoria!) qué aprisa al árbol lozano marchitó sus verdes hojas el otoño de los años! Llas mojas con llos mancebos comience a casar muesamo, y no se le acuerde ahora lo de los nidos de antaño, y a mí me case el primero. Sabed, si me hacéis Vicario, que he de casar muy de verás, pues jamás, por ningún caso, en mi vida hablé de burlas, ni jugué nunca de manos, dos que ha de tener el hombre prudente, y sabio. Esto supuesto, y que ya es tiempo de dar estado a mis hijos yo quisiera, Costanza, que este muchacho Príncipe del Mundo fuera, para honrarle con tu mano. Yo no reparo en hacienda, pues tanta el Cielo me ha dado, sin merecerle ninguna, que colmado estoy de cuanto puede discurrir la idéa. Lo que busco, y lo que amo para mi hijo, es mujer virtuosa, y si en ti hallo discreción con hermosura, honestidad, y recato, no solícito otro dote, pues juzgo que dando en cambio por la virtud mi riqueza, que he comprado muy barato. Y así, Costanza, dotarte quiero en treinta mil ducados, de lo mejor de mi hacienda, no en alhajas, ni brocados, sino en tierras solamente, que es del político trato el tesoro más seguro, pues vemos, que los Palacios porecen con las ruinas: enferma el pobre ganado; el oro más escondido suele hurtar la injusta mano, todo en duración peligra, pero nunca falta el campo: esto quiero y esto gusto, que se haga mañana, vamos. . Postrado a tus pies me tienes. Hechura soy de tu mano. Albricias, corazón mío, pues ya mi amor se ha logrado. Por qué, señor, a Beatriz no casas también? . No hallo en el Lugar casamiento. Pues dásela a un Cortesano. Cortesano? no en mis días, para que lo que he juntado, y lo que adquirí sufriendo, él lo depedicio holgando: en esto de casamientos la igualdad es la que alabo: a mí no me desvanece la riqueza, Juan me llamo: Yo solo quiero, que tenga, el que fuere su velado, tres cosas, hombre de bien, sangre limpia, y paño pardo. , . Muchos anos vivan Costanza, y Montano, y su padre, y todo viva muchos años. Que me deguellen si hubiere en el Mundo hombre tan raro, que la nobleza desprecie; vive Dios: . Calla, y mis pasos sigue, Martín; y pues ya la noche rinde su manto, yo haré, que de mí se acuerde el Filósofo Villano. Que te haya puesto en cuidado, gran señor, un Labrador! Su entereza, y necio error, Albar Nuñez, me ha picado; y así con este vestido cubierto el adorno Real, vengo a ver este sayal de la Majestad debido. Y aunque sé, que la censura de muchos me ha de culpar, alguna vez se ha de dar al Cetro una travesura. Hacen a un Rey más glorioso los sucesos exquisitos, porque también los escritos se ilustran con lo curioso. Cuantos ay, que por saber de Mundo, el Trono dejaron? Y cuantos ay, que olvidaron sus Patrias por querer ver? Yo gusto, que ese mi error se cuente por maravilla, y que un Rey desde Sevilla fue a ver a Juan Labrador. Pues, señor, no era mejor que él a ti te fuese a ver? Eso era usar del poder, y no lograr el primor. Que con tal descanso viva en su Retiro un Villano! Que a su señor soberano ver para siempre se priva! Que tanto capricho tenga un hombre particular, que pase por su Lugar, y que a mirarme no venga! Que le haya dado la suerte un estado tan dichoso, cuando a mí el Cetro penoso en afen se me convierte! Que le sirvan sus criados, y que obedezcan su ley, y que se imagine Rey de su tierra, y sus ganados! Que a la Púrpura Real no rinda veneración, y que huelle la ambición desde su pardo sayal! Que se me esconda en su casa; cuando paso por su puerta! Pues vive el Cielo, que, abierta, ha de saber, que el Rey pasa. Y que es locura, en rigor, oponerse al Cetro Augusto, para que vea, que es justo ver, y servir al senor. Y que en aquel mismo ser, en que uno más sobresale, eche de ver que no vale la maña contra el poder. otra mejor aventura pensé que aquí te traía. Y cuál es? . Yo juzgaría, que de Beatriz la hermosura. Un Ángel me ha parecido, Albar Nuñez mas no fuera quien solo aquí me trajera, si no me hubiera movido este curioso primor de mi extravagante idea, y es, que a su pesar me vea este necio Labrador. Y adonde mandas que aguarde la gonte que te acompaña? Al pie de aquella montaña, hasta que el Sol haga alarde de sus luces, pues aquí esta noche he de quedar. Dentro estamos del Lugar, y la casa veo allí del Villano. . Pues a Dios. Adiós, gran señor. Advierte, que aquesto ha de ser de suerte, que no salga de los dos: ha de casa. Quién vocea? Vive aquí Juan Labrador? Por ti pregunta, señor. Quién quieres que ahora sea? ten cuenta con el portal, no se lleve alguna cosa, que anda mucha gente ociosa, y que vive de hacer mal. No soy de esos que pensáis, que aunque parezco Extranjero, soy un noble Caballero de Sevilla. . Y qué mandáis? Perdime en esa montana, sé que sois rico, y sois noble, até mi caballo a un roble por la oscuridad extraña, y a la Aldea vengo a pie, donde el Cura me ha informado: El Cura no os ha engañado, cena, y posada os daré, no como allá en vuestra casa, con platos, y vanidad, mas con buena voluntad, al modo que acá se pasa: cómo os llamáis? . Yo me llamo Don Enrique de Guevara; gran Caballero en Castilla. Gran Caballero? Mal haya quien por su lengua perdiere: mas porque no cauga en falta, sois merced, o señoría? Vos con darme aquí posada merced me haréis, y esa quiero. Mirad vos lo que os agrada, que os trataré si gustáis, de Santidad, como al Papa; porque si es aire una voz, y con ella se agasaja, el ser del aire avariento, no sé que sirva de nada. Mas parecéis Cortesano, que Labrador. . Como el agua soy claro: sentaos ahora mientras la cena nos sacan, y excusemos cumplimientos. Gil, Tirso, Antón. Qué nos mandas? Di que prevengan la cena, y di a mis hijos, que salgan: que toméis asiento os ruego. Vos os sentad. . Excusada es aquesa ceremonia, por no decir ignorancia, mandarme sentar a mí: vos estáis en mi posada, os toca el obedecerme, sin que repliquéis palabra; sentaos vos, porque yo solo puedo mandar en mi casa. Yo estimo, como es razón, una atención tan hidalga. . Hidalga no, Caballero; pero atenta, aunque villana. En verdad, que si en la Corte os veo, os doy la palabra de pagar el hospedaje. Yo en la Corte? linda chanza gastáis. . Pues no puede ser? Si allá me aguardáis la paga, no os pienso ver en mi vida. Por qué la Corte os enfada? Porque desde que nací me estoy en esta montana, sin haber visto otro mundo, y aunque me hicieran Monarca, no saliera de mi choza. Dos camas tengo, una en casa, y otra en la Iglesia, estas son mis dos alegres moradas: una viviendo me abriga, otra en muriendo me aguarda, que de la cama al sepulcro hay muy pequeña distancia. Según eso, en vuestra vida habréis visto al Rey la cara? Verdad es que no le he visto: más nadie con más ventaja venera su Real grandeza, y sus leyes soberanas. Pues dicen, que muchas veces a este Lugar viene a caza. Todas esas, escondido por no verle, en mi intrincada montaña emboscarme suelo. Por no verle? Y por qué causa? Es, que aquí de Rey también un no sé qué me acompaña, que no envidio su grandeza, pues sospecho, que es más alta la fortuna que aquí gozo; que el que tiene menos carga, fue siempre el más venturoso, y aquí sin pensiones tantas, me sobra el tiempo, y a él el tiempo siempre le falta. Ahora con más razón, Villano, envidia me causas con tu advertencia, la mía por tu fortuna trocara: qué vida es la que tenéis aquí? que a mí me cansara. Yo me levanto al Aurora, el día que me da gana, y a Misa voy lo primero, dando una limosna larga al Cura, con que aquel día los pobres del Lugar pasan. Rezo allí mis devociones, y dando vuelta a mi casa, almuerzo dos torreznirlos con un traguillo, que al ámbar aventaja el olor puro, que despide su fragrancia; trato de mi granjería hasta las doce, en que acaba mi familia sus ha iendas, y la mesa coronada de mis hijos me con vida a comer. . Quién dextraña! . Y qué coméis? . Lo primero, para que se abran las ganas, pica la curiosidad de una, y otra fruta varia, que os prometo, que en mis huertas es tan grande la aberdancia, que lo que se desperdicia, es más que lo que se gasta. Luego viene algún pabillo asado, que de migajas se crió en ese corral, y con otras zarandajas se hace un honrado principio. Tras aquesto una olla sacan podrida, que os aseguro, que no la come Monarca por muchas cosas que la echen, mejor. . Pues qué circunstancia tiene más que la del Rey? Que se come con más gana. En eso tenéis razón: qué vida tan sosegada! Qué hacéis después? Siempre crío de limosna un niño en casa, que con sus gracias me alegra, que es más natural la gracia de un rapaz, que de un truhan, que las maneja estudiadas: doile escuela, y cuando es grande, le doy con que a estudiar vaya, o siga su inclinación al estado que le llama. Y después que cae la fiesta, qué hacéis? Cuando el Sol se aplaca, tomo una yegua, que al viento en ligereza aventaja, dos perros y una escopeta, y dando vuelta a mis hazas, viñas, huertas, y heredades, corro, y mato en su campaña un par de liebres, y alguna vez la perdiz, o la garza. Otras veces a un arroyo me bajo con una caña, y traigo famosos peces: vuélvome a la noche a casa, ceno muy poco, y me acuesto, dando al Cielo muchas gracias. Vos gozáis una fortuna la más dichosa de cuantas tiene el mundo. . Así es verdad, no hay vida más sosegada. Cualquiera os puede envidiar: mas solo os hallo una falta, que os condena lo discreto. Y cuál es? . La repugnancia que hacéis de no ver al Rey, cuando en las fieras se halla aquella veneración, que deben a su Monarca. Nadie como yo le adora, ni con veneración tanta besa sus pies, y sus manos. Estos hijos, y esta casa es suya, yo lo confieso, mas no he de verle la cara. Si necesidad tuviese, prestaraisle alguna plata? Cuanto tengo, y cuanto valgo pusiera luego a sus plantas: pruebe el Rey mi voluntad, y verá mi lealtad rara, porque a nuestro Rey debemos, por razón justificada, cuanto tenemos, pues él nos mantiene en paz, y guarda. Pues por qué dais en no verle? Qué sé yo, nadie se escapa de tener un defectillo, yo he dado en aquesta humana flaqueza; pero decidme, habéis venido a mi casa por huésped, o consejero? Dígolo, porque me holgara, que Noble os hiciera el Rey. No merezco honra tan alta: no he menester más nobleza, que lo que soy, que si para todo en siete pies de tierra, no quiero honor que se acaba. Del más Sabio en su Retiro quien no envidia su constancia? La mesa tienes aquí. A élla os llegad, hidalgo. Aquí me quiero sentar. No estáis bien en ese lado, poneos a la cabecera. Eso no. Haced lo que os mando, que el dueño soy del cortijo, y es muy justo en tales casos, que por ruin que el huésped sea, se le dé lugar más alto. Habrá quién aquesto crea! Tú, Tirso, mientras cenamos, que echen sabanas aprisa de Holanda. . Feliz estado es el de un Labrador rico! En la soledad descanso: mientras cenamos vosotros a que cantéis aguardamos. Música también tenéis? Es música de Aldeanos. De qué os turbáis, si están solos? entrad con desembarazo. Quién son aquestas señoras? Labradoras son, hidalgo, que no señoras; aquella es mi hija, y la del lado mañana ha de ser mi nuera. Es cada una un milagro de perfección, y hermosura, el Sol no iguala sus rayos. Cenad, que no es cortesía alabar tan ponderado lo que el dueño no ha de dar: alabad lo bien guisado, si está bueno, y no otra cosa. Tenéis razón, como, y callo: Vive Dios, que en todo está, no vi tan raro Villano. Mucho se parece al Rey este Mancebo gallardo, Beatriz. . De su talle, y rostro no vi tan vivo retrato. Tenéis razón, es verdad que se le parece en algo, pero aqueste es más pequeño, más clín, y menos mostacho. Claro está, que no es el Rey, pero dale un aire. . Es llano. Beber amigo, quisiera. Pedidlo, que los criados no adivinan. . Será justo, que a huésped tan Cortesano le lleve de beber yo. Solo es digna de esa mano la copa de Ganimedes. Dejaos estar. . Es en vano, si no soltáis la salvilla. Todo aqueso es excusado, tomad la taza, y bebed. Tenéis razón, bebo, y callo, Cantaremos? . Por qué no? cantad, y no templéis tanto. Oh soledad, adonde siempre el ocio es descanso, que en la común taréa es más feliz el menos Cortesano, Aquí el Pastor alegre tras su pobre rebaño, con su suerte contento, burla de la fortuna los acasos. Alzad la mesa, que es tarde, y el huésped vendrá causado, y querrá dormir. . No os vais, hablad conmigo otro rato. Siempre a estas horas me acuesto, Caballero, y es cansaros, que aunque el Rey me lo mandara no faltara a mi descanso. Si os acostáis tarde, hablad con la familia, y criados, que acá se usa esta llaneza: el sueño me está llamando, con Dios os quedad, que yo os despertaré temprano. Lindas ceremonias gasta el viejo; bueno he quedado. , e Retirémonos también, y dejémosle en su cuarto. Un poco aguardad, señora. Qué mandáis? Yo estoy turbado: Quién dirá que una pasión embarace al soberano poder de un Rey? Yo quería deciros, como he mirado atento vuestra hermosura, y que en ella un lunar hallo, que os señala gran fortuna. Adivináis? sois Gitano? Estudié la Astrología, y en vos estoy registrando todos los siete Planetas: dad me, Beatriz, esa mano. La mano? . La mano os pido para mirar los acasos del signo que tenéis, que Marte os está señalando, que habéis de vencer a un Rey. No es mucho, si es Rey de gallos. No os burléis, que vuestro imperio pasa más allá de humario, dejadme que mire::- . Yo lo doy, señor, por bien mirado. Es, que por ella hacer quiero un juicio, para obligaros. Hacerle para obligarme, fuera juicio temerario. Pues por qué? Porque está lejos el Cielo. . Nunca sus Astros tan cerca estuvieron. . Cómo? No sois vos Cielo abreviado? no es la Luna vuestra frente? no son vuestros ojos claros el mismo Sol? . Esperad, que va el discurso muy largo, y si me hacéis Sol, ya veis, que el Sol nunca está parado: perdonad, que otro hemisferio está aguardando mis rayos. Oíd, esperad, teneos. Soltad, soltad, y no osado estraguéis con lo grosero los visos de Cortesano: así paga el hospedaje un Caballero? . Enojaros no quisiera, Beatriz bella, sabed, que el Rey me ha mandado, que de su parte os dijera su amor, su fe, su cuidado, que os estima, que os adora, y solo para intimaros su noble afecto, os detuve. Si eso es para disculparos: vil desempeño elegisteis, que el Rey, como Soberano, nunca esos decretos fía a la violencia del brazo. El detenerme fue ofensa indigna de un pecho hidalgo, y en vez de aviso, es ultraje, que nadie ruega mandando. Cómo queréis vos que crea, que el Rey pudiese encárgaros de su amor una memoria, si empezáis por un agravio? Los avisos de los Reyes no se han de dar como acaso, que no ha de servir de injuria el que nació para amparo. Beatriz, espera, detente: Cielos corrido he quedado! mi amor no supe decirla: que ruña pasión ciegue tanto! Válgame Dios! qué haré? adonde estoy? bien singular caso es el que me ha sucedido. Este sin duda es el cuarto donde he de pasar la noche, puesto que en él me dejaron. Todo está en silencio: quiero en aquel pequeño espacio, donde una cama diviso, inclinarme un poco, en cuanto amanece; mas qué escucho! paréceme, y no me engaño, que detrás de estas cortinas siento ruido, y oigo pasos; sacaré la espada: Quién, temerariamente osado, se atreve::- Tente, señor. Quién eres, hombre, que tardo en darte la muerte? . Escucha, señor que no estoy culpado: Gutierre Alfonso soy. . Cielos, qué es esto que estoy mirando? con qué motivo, o cautela veniste aquí disfrazado? Lo mismo, señor, también en tu Real grandeza extraño, como mayor imposible: Quién hubiera imaginado, Augusto invencible Alfonso, Rey del bruto coronado, que aquí esta noche durmierais? Aqueste Villano Sabio me ha traído a conocerle en hábito disfrazado, para escuchar de su boca los más cuerdos desengaños. Pues a mí, señor, me trajo una pasión, un encanto, a que mi amor me sujeta. Tu amor? . El más desusado, que cupo en humano pecho. Quién es, Gutierre, el milagro, que te ha rendido? Es Beatriz. . Beatriz? Sí señor. . Qué aguardo? . de Juan Labrador la hija adoras? . No he de negarlo; su hermosura es el prodigio a quien amante idolatro. Tú logras favores suyos? No señor, el que he logrado es haberme dicho ayer, que viniese disfrazado a verla por esa huerta; con aviso suyo he entrado al sitio que señaló; pero como tú has llegado, y anda la familia inquieta, fue esconderme necesario, y yo me he metido aquí, por no hallar otro sagrado. No sabes, que puse en ella mi inclinación? Qué he escuchado! hoy muero: Señor, qué dices? Beatriz mereció tu agrado? No lo sabes? . No lo sé, que si hubiera imaginado el más leve pensamiento de tu amor, por temerario sepultara en el silencio el mío, como bastardo, porque fuese mi memoria de su castigo teatro. Aunque la quiero hasta ahora no ha sabido de mi labio Beatriz mi amoroso incendio. Para mi basta el amago: A vuestra Alreza, señor, como a dueño soberano, de mi adoración le rindo la empresa, por holocausto de mi lealtad, aunque muera el corazón abrasado, pues vencerse es más dolor, cuando el respeto es más alto. Tú por mi causa resistes tu pasión? . Entre mis labios morirá el aliento leve, aún antes de respirado: logra dichoso tu empleo, y muera mi afecto al rayo de mi atención. Pues, Gutierre, no ha de blasonar tu garbo, que me ha vencido en vencerse. Yo te ruego, yo te mando, que en tu pretensión prosigas, que quien supo hacer bizarro desprecio de su fineza, por lograr primor tan alto, bien merece en desempeño, que le deje asegurado en su amor para que sepas, convencido, y obligado, que si tú como leal sirves, que yo como Rey te pago. Eso no, señor, primero es tu amor, que tu vasallo, que si tú::- . No me repliques; refrena, Gutierre, el labio, no quiero que nadie sepa, que ventaja me has llevado en sujetar tus pasiones; pero te advierto de paso, que es Beatriz honrada, y que yo de su honor soy amparo, y que sin esta advertencia no permitiera el aplauso del amor, que amante sigues: tu allá lo mira despacio, que no aconseja delitos el Rey Don Alfonso el Sabio: ven, Gutierre. . Ya te sigo. Yo voy confuso, y turbado. Qué tienes, Beatriz hermosa, que en el hermoso esplendor de tu hermosura, parece, que miro turbado al Sol? Dime, qué silencio es ese? qué nueva transformación de sentidos y semblante? sin duda, que eso es amor, pues de cuando en cuando escucho, que el aliento de tu voz tiene el aire de suspiro, y el sonido de dolor: es mal de ausencia, o de celos? Jacinta, mucho mayor. Mucho mayor? . Sí, Jacinta. Ay mal qué iguale a estos dos? Muy poco sabes de penas, pues ignoras mi pasión. Por qué de mí la recatas, sabiendo, que entre las dos no hay secreto, que peligre, que ha mucho tiempo, que yo sé, que adoras a Gutierre, pues le busca tu afición? No le busco como amante, búscole como a deudor. Cómo deudor? no lo entiendo. Tampoco me entiendo yo, pues hasta de aquella queja, que se permite a la voz de la fiera, el bruto, el ave, mi desdicha me privó, y solo ha sido el silencio testigo de mi dolor. Qué dolor puede caber, señora, en tu corazón, que no sea capaz de cura? Jacinta, tienes razón, que ofendiera a tu lealtad, a no darte parte hoy de mis sucesos, que el mal comunicado es menor. Ya sabes, que nuestra Aldea muchos días frecuentó Don Gutierre Alfhonso, a fin de festejar mi rigor; que tuvo principio en él esta amerosa pasión en el día que en Sevilla imas joyas me compró, que correspondió cortés; que disfrazado me vio una vez, y que otras muchas en traje de cazador, si no amante enamorado, mi agrado solicitó; que en las fiestas de la Aldea, que mi padre celebró a las bodas de Costanza, hizo airosa ostentación del brío en la gentileza, y del brazo en el rejón; y que en fin, por su fineza mereció mi inclinación, siendo aquestas soledades terceras de nuestro amor. Todo eso lo sé muy bien. Oye ahora lo que no sabes, Jacinta, y verás si es mi tristeza razón. Una noche, a quien el Cielo más serenidad prestó, al aire mayor silencio, y menos sombra al horror, salí a verle al propio sitio, adonde siempre los dos, siendo Juez en el respeto, hablabamos del amor. Y apenas aquel terreno fue mi elocuente farol, que en medio de la tiniebla, para cegarme alumbró. Y apenas el campo ameno de la florida estación ocupé, cuando Gurierre, imitando a un Ruiseñor, que en un Sauce articulaba dulces requiebros de amor, rendido, humilde, alagüeño dio toda el alma a la voz, todo el silencio al cariño, y nada de esto al temor: Qué acción no publicó fino! a qué afecto perdonó, que de mi desdén no fuese amorosa adulación! Y después que con suspiros, ansias, ternezas, y unión de firmes idolatrias, el rendimiento apuró, palabra me dio de esposo, con tierna demostración, haciendo al Cielo testigo de su promesa, a quien yo, entre obligada, y confusa, viendo que en su pretensión rogaba como grosero, y amaba como señor, de mi albedrío, jacinta, le rendí la posesión. No extrañes que así tan claro te diga mi ciego error, que no enmiendan el delito los rodeos de la voz. Desde entonces (ay de mí, aquí empieza mi dolor: con qué pesar lo repito!) veo, que la estimación de mis finezas olvida, y que todo aquel primor de su cuidado, se ha vuelto en tibia desatención, y que dilata remiso la palabra que me dio; con que he quedado (ay de mí!) como aquel que despertó de un profundo sueño y mira, que fue su dicha ilusión; y así vivo, como ves, entre esperanza, y rigor, dudando de sus promesas, que aunque asegurada estoy en que hay un Rey en Castilla, que volverá por mi honor: estar sin desconfianza fuera necia presunción, por la desigualdad grande que ay, Jacinta, entre los dos, y es la tristeza que miras efecto de este temor, que en semejantes sucesos, hasta ver la posesión, no es mucho que triste viva la mujer que tiene honor. Beatriz, palabras, y plumas el hairé se las llevo. Así es verdad, mas::- Tu padre viene allí, ojo avizor. Hija? . Hermana? Beatriz mía? Tú triste? . Tú sin sazón Retirada de nosotros, huyes la conversación? Qué melancolía puede turbar tu hermosura? Al son de esa fuente, divertía los ojos en el color de tanta varia belleza, como el Abril dibujó. Pues, Beatriz, aquí venimos Costanza, Montano, y yo a hacer menos tu tristeza, y a proponerte el mejor medio para tu alegría, pues ya veo, que en la flor de tu edad, es menester que descansemos los dos, tú en estado venturoso, con igual marido, y yo en el contento de verte casada, que es lo que hoy solo tengo en la memoria, y hasta que salga mi amor de este cuidado, no puedo decir, que dichoso soy: yo, Bearriz, tengo tratado tu casamiento. Señor, un Caballero te busca con grande resolución. Doblemos aquí la hoja hasta después. Él se entró. Don Gutierre es Cielos! Quién aquí es Juan Labrador? finjo que no lo conozco. . Qué notable confusión! yo soy a vuestro servicio. Disimulemos, amor. Qué me mandáis? De Sevilla esta carta para vos traigo del Rey, que Dios guarde, Del Rey a Juan Labrador! tanto favor? No os admire, pues contiene otro mayor. Cuál es? . Que él la escribe, y os la vengo a traer yo, que soy Don Gutierre Alfhonso, su Camarero Mayor. Mil veces la mano os beso, y al Rey los pies, por un don, de que me conozco indigno, y con gran veneración, sobre mi cabeza pongo sus rasgos corrido estoy de que mis rústicas manos toquen tan alto blasón: muchacho, léeme esa carta, pues tienes vista mejor. Válgame Dios, qué será? si le pide algún lechón? Dice así. Con el semblante dice Beatriz su dolor; con amorosa cautela templaré su inclinación, mientras con otra me caso de igual calidad, y honor, que no hay palabra que obligue, cuando el cumplirla es error. é̱á̱ EL REY. El Rey le llama pariente? Todos los ricos lo son, porque en la vena del arca conservan el mismo humor. Yo cumpliré lo que he dicho, que es muchísima razón, que el hombre de bien se obligue a hacer lo que prometió. Toda mi hacienda, y mis hijos son de mi Rey y Señor, porque el vasallo leal para obedecer nació; esperad aquí: Montano, Costanza, venid los dos conmigo. Yo iré también: cien mil ducados? por Dios, que el viejo es un Alejandro: pero bien lo mereció quien se mete a Caballero, que le quiten el bellón. El real ánimo de este hombre me ha causado admiración: ahora me importa fingir con Beatriz, como deudor. No me mira? . No te mira; háblale tú. . Vive Dios, que me arrancara primero el alma, y el corazón, que hacer acción tan indigna, siendo la ofendida yo: qué hace ahora? Mira al Cielo. Qué dices? a vil traidor! Que de mala gana finge quien de una vez olvidó! No se llega? . No es de plaza. Ah Caballero, a señor Don Gutierre. . Beatriz mía, mi bien, mi adorado Sol, gracias le doy a mi suerte de que en tu rostro cesó lo divertido, y suspenso, que por no estorbarte yo, no te hablé. Válgame el Cielo, qué cortesana atención! No pueden en mi faltar las que te debe mi amor. Claro está, que el irse un hombre dejando mi corazón en los sustos de una ausencia, faltar al noble primor del cariño, y a sus fueros, romper la jurisdicción, dar su memoria al olvido, habiendo deudas de honor, que son señales de fino. Tú tienes, Beatriz, razón; pero te aseguro, que la notable ocupación, que he tenido aquestos días, en la entrada, y prevención, que hace Sevilla a Violante, que viene desde Aragón a ser Reina de Castilla, me tiene sin la atención, que merece tu hermosura, deja pasar el furor de esta ocupación, que luego será tuya mi afición, que en estas materias siempre dar tiempo al tiempo es mejor. Dar tiempo al tiempo? qué he oído! esta es cautela, y traición para burlar mis finezas: he de apurar su intención. Qué, te suspendes? acaso desconfías de mi amor? Bien creo de vuestro agrado, señor Don Gutierre, que hoy no da lugar el cuidado de que coronéis mi honor de aquella feliz promesa, que mi afecto os mereció: mira, Jacinta, si viene mi padre. . Viéndolo estoy. No os acuerdo la fineza, palabra, ni adoración, que haciendo testigo al Cielo, hicisteis de vuestro amor. Tente; y si eso no me acuerdas, qué alegas en tu favor? No más que la confianza, que hizo mi humildad de vos. Te enojas? Yo, Beatriz mía, no niego la obligación, que te debo, que eso fuera negar los rayos al Sol: el dilatarlo no es culpa, cuando tan seguro estoy de que he de ser dueño tuyo. Pues para que viva yo asegurada también, pediros quiero un favor. Di, Beatriz. . Que por alivio de mi amorosa pasión, me deis un papel firmado, que asegure mi temor. Qué es lo que dices? no ves, que el hombre de más valor, tal vez fiado en la prenda, el desempeño olvidó? Yo mañana seré tuyo, deja aquesa pretensión de firmas, ni de papeles. Ah cauteloso traidor! con esto se ha declarado, disimule mi atención: Que en fin, señor Don Gutierre, esto negáis a mi amor? Una firma no os merezco? Es ociosa, cuando yo solo pretendo ser tuyo. Ese es engaño, y traición, pues me dilatáis la deuda. Yo engañarte? . Vive Dios::- Beatriz, de mi desconfías? Sí, porque muy bien sé yo, que no me dará una mano quien medio pliego negó. Mira que tu padre viene. Yo restaurare mi honor. Ya, señor, vais despachado, dos criados van con vos, que llevan otro presente de misterio, y de primor: decidle al Rey, que no crea en Cortesanos, que yo no lo decía por tanto; mas supuesto que le doy lo que me pide, que tenga muy conocido desde hoy, que ese Enrique de Guevara es un chismoso hablador, pues luego le fue a decir lo que pasó entre los dos; mas no me espanto, si es, en fin, Guevara, y Ladrón: Id con Dios. Raro hombre es este! Ved, que os aguardan. Adiós. Volvamos, Beatriz, ahora a tu estado. . Buena estoy, celosa, y desesperada, para escuchar un sermón. Yo tengo para tu esposo escogido un Labrador, galán, cuerdo, y virtuoso, que en este postrero don toda mi vida he fundado la nobleza, y el valor: no es rico, pero es discreto, que es lo que busco, que yo mas quiero hombre sin hacienda, que no hacienda sin varón: Esto supuesto::- . No pases más adelante, señor, porque yo no he de casarme con Labrador. . Por qué no? Porque yo tengo albedrío, y tú no tendrás razón de hacerme violencia, cuando mi resistencia es primor. Es primor no obedecerme? Es advertirte un error, en que ha dado tu entereza: Si la fortuna te dio tanta riqueza, y poder, y del oro el esplendor da segundo ser al hombre; quién con él no procuró dar lustre a su nacimiento, y encubrir con su valor el tosco lunar, que imprime la rústica ocupación? Todos procuran ser más, el bruto, el ave, y la flor buscan aplauso en los campos: la altanera garza al Sol le bebe rayos, sedienta de noble jurisdicción; al pobre arroyo el caudal le hace parecer señor, cuando poderoso al valle le borda el florido Airón. Pues si esto ves señor como, con porfiado tesón, quieres que parezca menos, pudiendo hacerme mayor? Dadme noble esposo. . Tente, Beatriz, que he menester yo, como padre, aconsejarte, y convencerte. Señor, del Rey otro mensajero te busca. . otro Embajado? tenemos? bueno va aquesto. Qué será? Confuso estoy: más venga lo que quisiere. Quién duda, Juan Labrador, que extrañaréis mi venida, y que os hará admiración ver otra carta del Rey? Conmigo tanto favor, es preciso que lo extrañe, no mereciéndolo yo: leerla quiero dice así: Un disgusto me estorbó. Los hijos me pide el Rey? qué escucho? válgame Dios! la hacienda no importa nada; pero los hijos, que son pedazos del alma, quiere quitarme! . No os dé temor, que eso es quereros pagar la noble demostración de vuestra lealtad. Quién duda, que es soberano favor? Agradece su memoria. Ya mi suerte declinó; para vosotros bien creo, que no habrá día mejor. Este Enrique de Guevara quien le trajo a mi Rincón para turbar mi sosiego? Ay hijos! la confusión de la Corte apetecéis? Esa queremos señor. Mirad, que en las soledades se pasa, y vive mejor. La sombra de un Rey tan grande nuevo ser dará a los dos. Juan Labrador, lo que el Rey manda, siempre fue razón, y extraño que sus decretos hallen resistencia en vos, cuando os honra. Así es verdad, mas no me excusa el dolor: no os admiréis, que soy padre, y al ver, que me sacan hoy las dos niñas de mis ojos, se enternece el corazón. Padre, no llores. No llores. Acaso vanse al Japón? Cada día vendré a verte. Si ello es fuerza, andad con Dios. Venid, que un coche os espera. Dadme licencia, señor Albar Nuñez, que a Montano haga una breve oración de algunos avisos, que la larga edad me enseñó. Antes me holgaré de oírlos. Dadme, hijo mío, atención. A la Corte vas, Montano, rico, y mozo, y será justo, que con la honda en la mano navegues mar tan profundo. La primer plana del Arte, en que prudente te industrio, es la virtud, que esta sola es de todo riesgo escudo. Mide el gasto con la hacienda, no te empeñes con recurso, de que al tiempo de la paga se cumple también el juro. Caudal se llama el talento, y caudal la hacienda: juzgo, que lo tiene solo aquel, que lo tiene todo junto. Es ruindad el ser escaso; ser perdido, es riesgo sumo; lo que gastas, te hace falta; lo que guardas, te hace mucho. Al fin, consiste el acierto en saberle dar un punto, de suerte, que te conserves siempre ajeno, y siempre tuyo. Con agrado y con sombrero gana el aplauso del vulgo: sé bien quisto, que esto solo cuesta poco, y vele mucho. Aunque no aplaudas a todos, no mormures de ninguno, que lo nota el que te escucha, sin tenerte por seguro. En lo que toca a mujeres, ni te aconsejo, ni apuro; con Costanza eres casado, que harás lo mejor presumo. Pero tampoco te quiero con las damas tan sañudo, que pase el chiste a desaire, ni lo cortés a lo rudo. Acompañarte procura con hombres de honra, y de punto, que aunque seas tú quien fueres, como los otros te juzgo. Y tú, Beatriz, aunque pienses, que es distinto este discurso, de él toma lo que tocare de tu decoro a lo justo. Y con esto andad con Dios, que yo no quiero, ni busco para alivio de mis males, mas que este Retiro inculto. . Tente, señor. . Oye, aguarda. Bien hizo, yo os aseguro, que hombre no vi tan discreto. En todo el viejo está ducho. De mi esposa a despedirme iré, si gustáis. . Es justo; venid las dos. Ya os seguimos: Fortuna, si de tu curso no enmiendo ahora el estrago, no podré culpar tu influjo: tú, Jacinta, me acompaña. Allá vamos todos juntos, Beatriz, y yo por mondongas, y los demás por menudo. A Vega. Florida apenas llegué, señor, con tu aviso, y a Juan Labrador le di tu carta, cuando efectivo, sin alterar el semblante. ni mostrar de pena indicio, en moneda de oro, y plata dio el dinero muy cumplido, diciendo, que él no negaba aquello que una vez dijo. Raro primor de Villano! Pero que estaba ofendido del tal Guevara, porque con estos chismes te vino; y sobre esto te presenta doce Acemilas, que es digno presente de tu grandeza, porque jamás se habrá visto mejores brutos. R. Merece, que le pague agradecido. Aparte me dio, señor, también un cordero vivo, que te trajese, el cual viene al cuello con un cuchillo, cuyo enigma no penetro. De esta manera el Egipcio pintaba el noble vasallo, figurando en el sencillo cordero la lealtad pura, dando a entender advertido, que estaba siempre obediente de su Príncipe al arvitrio. Y pues quiere declararme con tan cortesano estilo su lealtad, y su fineza, con ser tan opuesto mío, con no querer verme, alarde hace de obediente, y fino. Yo también de que me vea fundo ahora mis designios, que así pretendo premiarle, fingiendo que le castigo: Y por el grande valor, que en su pecho he conocido, he de hacer una fineza con él, que quede a los siglos la memoria, y desengaño con que su lealtad estimo. También le he enviado a pedir a Juan Labrador sus hijos, por probarle solamente. Tengo, señor, entendido, que no te negará nada. Mucho, Don Gutierre, admiro, que se hospeden en un tronco espíritus tan altivos, Aunque no quiera, he de honrarle por diferente camino, pues el que no aspira al premio, es solo del premio digno. Tú has de volver a la Aldea, y traértele contigo, con la autoridad que llevas de que lo mando yo mismo. Dirasle, que con él tengo en un negocio preciso, que tratar materias graves, que importan a mi servicio. Y después que esté en Palacio, de Cortesano vestido, en un cuarto aparte harás, que sea Juan asistido como mi propia persona, y harás le enseñen el rico adorno de mi grandeza, por ver si trueca el motivo de su condición notable, que verle quiero escondido, y visitarle después, para que sepan, que ha habido un Rey, que ha sabido hacer por violencia, beneficio: no te tardes, que esta vez va de capricho a capricho. Voy, señor: en lo que intenta . temiendo estoy mi peligro. Quién dirá, que en un sujeto tan humilde, haya cabido rasgos de atención tan noble! Que bien dijo, cuando dijo Seneca, que el pecho humano era el más profundo abismo, pues veo, ignorando el modo de sus ocultos prodigios, un raro aliento hospedado en las entrañas de un risco! Ya, señor, como mandaste, a tu obediencia rendidos, vienen a echarse a tus plantas de Juan Labrador los hijos. Y el viejo como ha llevado el quedar solo? . Ah sentido, señor, con notable extremo el decreto ejecutivo, y aunque yo le aseguré, que era para honrarles, dijo, que más gustoso te diera la hacienda, que no los hijos. Hombre extraño! Di, que lleguen. A vuestras plantas, invicto señor, llega la familia de Juan Labrador, indigno de tan supremos favores. Para que al heroico asilo de vuestros rayos, seamos capaces para serviros. Alzad, que de vuestro padre las lealtades, y servicios han llamado mi memoria justamente al beneficio, por cuyo motivo, a entrambos a la Corte os he traído para honraros noblemente, pues es lo que solicito. Y aunque sé que haré disgusto a Juan Labrador, consigo el cumplir mi obligación, pues él también la ha cumplido. De su condición el modo es, señor, tan exquisito, que el ser más, condena, y quiere a su humildad reducirnos: y así las gracias mil veces a vuestra Alteza rendimos, pues nos redime piadoso del Argel de aquellos riscos. Ya sé, Beatriz, que el Aldea aborrecéis. . Es martirio para mí el campo, a la Corte me llama el afecto mío. Pues como se compadece no habiendo en ella nacido? No es el amor de la patria natural a todos? . Hizo en mí la naturaleza excepción de sus prodigios. De un árbel, tal vez, no nacen, señor, dos troncos distintos en fortuna, y uno de ellos no suele ser desperdicio del fuego voraz, y el otro, porque la suerte lo quiso, no sucede, que a ser viene estatua, o bulto pulido, a quien veneran los ojos? de este modo me imagino. Pues vuestra Alteza, elegante escultor, al tronco indigno da nuevo ser con sus rayos, en cuyo cincel confío la enmienda de mis errores. Rústico tronco he nacido, en vos restaurar espero los mátices que he perdido, que solo un Rey volver puede lo que marchitó un delito. Válgame el Cielo! en el modo con que esta mujer me ha dicho . su sentimiento, en Gutierre alguna culpa imagino. Aquí importa la prudencia: Beatriz yo quedo advertido del cargo que a mi cuidado hace vuestro atento aviso, y yo miraré por vos. . Yo, señor, con haberos visto, a vuestra sombra ya logro toda la dicha a que aspiro. No solo para alumbrar nace el Sol, su propio oficio es dar común alimento a lo animado, y florido. Vos sois el Sol de la tierra, y así veréis por escrito el ser que a mi ser le falta, para que asable, y benigno deis luz a la negra sombra, deis vida al árbol marchito. Yo lo miraré: Albar Nuñez, de vuestro cuidado fío el hospedaje de entrambos, Ya todo está prevenido. El Rey, señora, es el huésped que en nuestra casa tuvimos. Ya lo veo, calla ahora. Venid los dos. . Ya os seguimos. Guarde el Cielo a vuestra Alteza. Viváis del Fénix los siglos. . Cerrado un papel me ha dado Beatriz, según lo que miro, misterio contiene el caso: si está su honor ofendido? mas no hará porque Gutierre de mi una vez advertido, como Noble, y Caballero, cuya lealtad tanto estimo, siempre atento guardaría los Reales decretos míos; leerle quiero, dice así: Con palabra de marido Don Gutierre Alfhonso, fue tirano de mi albedrío, y burlada de su engaño solo desprecios consigo, por cuenta de tu justicia corre mi honor ofendido. Qué es lo que veo? Gutierre a profanar se ha atrevido un honor, a quien atento supe respetar yo mismo? Cómo tirano procede, cuando galante la olvido, y de mi pudor compone lo injusto de su delito? Cuando la cédula impresa con anticipado aviso, forma de mi resistencia para su culpa el motivo? Pues no será así, que el lance es contra el respeto mío, pues ofendiendo a Beatriz, menospreció mi cariño. Será su esposo primero; y después que haya cumplido la obligación, de mi enojo ha de probar mi castigo. Ya, señor, como mandaste, Juan Labrador ha venido, bien contra su voluntad, obediente a tus avisos. Pero dejando esto aparte, señor, de un gran regocijo el parabién quiero darte, pues hoy tuve un cierto aviso de como tu heroica esposa, Sol de España esclarecido, para hospedarse en tus brazos, ye Aragón ha partido. Doña Leonor de Moncada, que asiste a su Real servicio, y con quien tengo tratado mi casamiento qué miro? Así la espalda me vuelve vuestra Alteza, cuando fino mi afecto, solicitaba fueseis intercesor mío! No me respondéis? qué es esto? mis lealtades, y servicios merecen de vuestro enojo tan desusado desvío? Por qué así vuestro silencio me castiga endurecido? Si algún traidor, o cobarde, opuesto al crédito altivo de mi lealtad, y fineza, os descompuso conmigo, como alevoso, mil veces digo, que miente atrevido; y este acero::- Bien está. Fortuna, qué es lo que he visto? el Rey conmigo enojado, y en solo un instante mismo afable, y cruel! En vano la oculta causa examino, mas hay de lo que presumo: si Beatriz pero qué digo? De más noble empeño nace su rigor, fuerte enemigo debe de ser, quien, tan presto, supo turbar su cariño. Dos pobres pescadorcillos en dos mal seguros leños, fiaron sus espertnzas a las aguas, y a los vientos, Juan Labrador, que os parecen los Músicos? Que son diestros, pero mejor me parecen de mi exido los gilgueros. Bien os asienta el vestilo, que estáis galán os confieso. Yo reniego de la gala: mirad, señor que reviento; señores, este es vestido, o es potro de dar tormento? es golilla, o pie de amigo esto que me han puesto al cuello? No es si no carlanca, indicio de darte un famoso perro. Eso, y mucho más, Martín, de los Cortesanos creo. Todos aquestos favores que os hace el Rey, son el premio que vuestra lealtad merece. Mi lealtad, o mi dinero? Todo es lealtad. . Haced, pues, que el Rey me deje al momento volver a mi Aldea, que yo le prestaré otros ciento. No os agrada lo bizarro de la Corte? . Estoy violento, no me entra lo Cortesano. Quieres que te enseñe a serlo? A ver. Has de fingir mucho, y usar a diestro, y siniestro de mostrencas cortesías. Y qué son, saber espero, las cortesías mostrencas? Las que no son de provecho, no pagar, prometer mucho, risa falsa a todos tiempos, el no hacer por nadie nada, negar la edad, y el dinero: Alabar a troche, y moche, no dar, ni tomar consejos, y con tener estudiado de memoria un gran soneto, y con dos capas de luto para pesames, y entierros, cátate buen Cortesano, aunque seas un jumento. No lo podré hacer jamás, pues todo aqueso aborrezco: ay mi dichoso Retiro! Muy grande pesar me ha hecho el Rey, señor Albar Nuñez, a Juan Labrador de negro manda vestir! Yo perdí la honra, dentro de un credo juzgo, que con tanta gala he de dar en Caballero. Echan a perder el mundo las galas, y los arreos; un gabán de paño pardo me dura tres años: creo, que si no hubiera en la Corte tanto Lacayo mancebo, trasladados del arado a mangas de terciopelo, que hubiera más Labradores, y todo valiera menos. Decís bien vamos mirando el Palacio. Ya le veo, y es digno de un Rey tan grande. Tomad mi lado derecho. Norabuena, ya le tomo; y qué tenemos con eso? porque de cualquiera suerte que los dos vamos, o estemos, siempre os quedáis Albar Nuñez, y Juan Labrador me quedo. No os admira la grandeza de este salón, y el portento de esos cuadros, y pinturas que estáis viendo? No por cierto, mucho mejor me parecen las que en mi Aldeguela tengo. Pinturas tenéis mejores? No, pero de más provecho, Serán de Apeles. Mirad, las pinturas que poseo son muy famosos tocinos, y en el rigor del Invierno mandando asar los mejores, me abrigan como alimento, y traslado a los carrillos todo el carmín de los lienzos, que más quiero honra en el rostro, que no que adornen el yeso. Mis antésalas se adornan de yugos, y arados viejos, todos despojos del brazo, que por las paredes cuelgo por triunfo de mis labranzas; mirad ahora discreto cual viene a ser de los dos más heroico lucimiento, si adornarme de mis obras, o de primores ajenos. Juan, muy filósofo estáis. Andad, señor, que no quiero mas que conciencia segura, mi rincón, y mi sosiego, que lo demás es delirio: será el Palacio mi entierro, si esto dura. Plaza, plaza. Mirad que el Rey viene a veros. Qué decís, señor? dejad que me esconda. Juan, teneos. Yo no puedo más conmigo. Dónde queréis esconderos? Detrás de aquesos tapices: hay más desdichado viejo! Estáis en vos? . Qué sé yo. Cuando os busca el Rey::- Qué es esto? No más que Juan Labrador, hasta aquí también resuelto, de vuestra Alteza intentaba esconderse. Estuve ciego. Venid acá, por qué causa me aborrecéis? que secreto influjo os mueve al dictamen de no querer verme? tengo de fiera el semblante? Yo, señor, aborreceros? antes con lealtad, y amor, como a Príncipe os venero; pero la verdad al Rey se ha de decir: yo confieso, que siempre tuve aprendido, señor, que en llegando a veros tendría mi vida fin; bien ahora lo experimento, pues ahora reconozco, que sois aquel Caballero, que cenó conmigo y no el Don Enrique, supuesto, que desde entonces parece que me ha castigado el Cielo, por haberos visto; pues dejando el feliz sosiego de mi rincón, me mandáis, que venga al Palacio vuestro, adonde muriendo, viva en tan áspero tormento. Por esa misma razón os hago el cargo, pues siendo vos Labrador retirado, y yo Señor de mi Imperio, deponiendo mi grandeza, a vuestra casa fui a veros; y muy esquivo conmigo, faltando al urbano fuero de hombre de bien, por no verme diligencias habéis hecho: es buena paga, es buen trato de vos a mí? Deteneos, gran Señor, que ya conozco mi error, aquí está mi cuello para pagar obediente el delito de grosero. La rustiquez os disculpa, y así el castigo suspendo, porque es fuerza sufrir algo a quien me presta dinero. Yo no os he prestado nada, reditos de lo que os debo fueron aquellos escudos, pues mi caudal todo es vuestro. Yo os estoy agradecido. Yo siempre os estoy debiendo. Juan, sentaos. Aqueso no: delante de su Rey mismo Juan Labrador no se sienta, ni admite este vituperio, que lo que es honra en los grandes, es deshonra en los pequeños: yo estoy muy bien, V. Alteza se siente. Sois un grosero: vos en mi casa mandáis? Si en la mía ese desprecio os hice, no os conocí: démonos, señor, por buenos. Yo estoy en mi casa, y cuanto os mandare habéis de hacerlo. Digo, que tenéis razón, callo, señor, y obedezco. . De aquella noche parece, que os hallo el estilo mismo. De no haberos conocido corrido estoy, y os prometo, que es la vergüenza castigo de mi ignorancia. . Estaos quedo, Juan Labrador que conmigo habéis de comer, que quiero págaros el hospedaje. Y reparad, que este exceso no le hago aquí como Rey, sino como un Caballero particular, que por vos derogo los privilegios de la Majestad, pues gusto, que hoy seáis mi compañero, porque en mi sentir, no es Rey quien de su gusto no es dueño. Por eso dicen, que el Sabio domina en los Astros. . Luego, Albar Nuñez, avisad a Gutierre, que al cubierto asista: sacad la mesa, que ya prevenida tengo, y traed a mi presencia, porque vean el festejo de Juan Labrador los hijos. Voy, señor, a obedeceros. No es de platos materiales el convite que os ofrezco, sino de cuerdos avisos, manjar del entendimiento. Y aunque esto pudiera ser con menos prevención, quiero, que para vos sea aviso, y para todos ejemplo. Sabio Monarca os aclaman, de vos nunca esperé menos. Llegad a ver, vasallos, como al mayor lucero, la Reina de las aves, que examina de su lealtad el noble pensamiento. Con Juan Labrador sentado el Rey? Notable misterio encierra esta novedad! El Rey con mi padre, Cielos, sentado a la mesa! Alguna desdicha, o ventura espero. Qué es esto, invicto señor? Tres platos son, que ha dispuesto mi advertencia a tu cuidado, porque te mires en ellos. Este primero contiene de mi autoridad el Cetro, que es la insignia, que le dan al Rey, para que a su imperio quede obediente el vasallo. Siempre yo estuve sujeto. Este Espejo es el segundo, porque es el Rey el espejo en que se mira el que es Noble, y con el menor aliento se empaña su cristal puro: que aún los mentales desprecios son sacrílegos vapores, que manchan al búril terso de la lealtad; y quien vive sin esta advertencia, creo, que su propio ser infama, que por esta causa al Cetro pintaron con muchos ojos, y no hay rincón tan pequeño adonde no alcance el Sol: Rey es el Sol. Al Sol tiemblo. No temas, Juan Labrador, que la espada que estás viendo desnuda en esotro plato, es para avisarte cuerdo, que con el Rey no has de usar de los filos del ingenio, enviando un cordero vivo, porque al Rey concedió el Cielo una virtud superior, oculta, que los plebeyos sus secretos no penetran, y el enseñarle, es gran yerro, pues sabe más, que el vasallo el Rey, cuando sabe menos. Cifra fue de mi lealtad; mas si castigo merezco, quita al cordero el cuchillo, y trasládalo a mi cuello. Para quien tu honor ofende es solo aqueste instrumento. Pues quién ofendió mi honor? Quién loco, bárbaro, y ciego menospreció mis avisos, para mirar su escarmiento: Gutierre Alfhonso la ha dado palabra de casamiento Beatriz. Qué es lo que escucho! Y en fe de este privilegio logró su amor cauteloso, y negando el cumplimiento a su promesa, Beatriz hoy me empeñó justiciero, y por esto, y otras causas, que reservo a mi silencio, mando, que sea su esposo. Ea, llegad, dadla luego la mano. Señor, repate vuestra Alteza::- Qué es aquesto? vos replicáis? No señor, a ser su esposo me ofrezco. Esta es mi mano. Después daréis a un cuchillo el cuello. Señor, postrada a tus plantas:: Yo a tus pies humilde puesto, que a Gutierre le perdones la vida, señor, te ruego: solo esto, señor, te pido. Yo la vida le concedo; y porque desigualdades no extrañe en el casamiento, hago Nobles a tus hijos, dándoles por privilegios de su Nobleza, el Escudo de mis Armas, anadiendo para el dote de Beatriz tres Villas, en que te vuelvo del dinero, que me diste, doblado el número en premio, Y en castigo de que tú en sesenta años de tiempo ver a tu Rey no has querido, a mi servicio asistiendo, en Palacio has de quedarte, que me has de ver, por lo menos, lo que tuvieres de vida. Con tal dicha estoy contento. Llega, Bearriz, a mis brazos. Nueva vida cobro en ellos. Y aquí el Sabio en su Retiro da fin, perdonad sus hierros.
