Texto digital

Texto digital de Saber ser loco es cordura

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Alonso Crespo de la Pinilla
Atribución estilometría
No es posible No concluyente
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Saber ser loco es cordura. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/saber-ser-loco-es-cordura.

Logo BICUVE

SABER SER LOCO ES CORDURA

JORNADA PRIMERA

CEñor Fabio, poco os debe vuestra difunta Rosaura, pues solo su amor restaura finezas que el lienzo bebe. No le quiten, no los ojo: el mérito al corazón, ni se venga una pasión con fememie enojos, Conténgase el mudo acento en lo interios de esa llama; que lo que el dolor derrana no lo logra el sentimiento. Dejadme, pues, padecer a mi gusto, tantos sustos del corazón, pues hay gustos también en el padecer: y si queréis que prosiga, no interrumpáis mis razones, pues cobra en las digresiones mayor fuerza mi faliga Nueva atención os ofrece mas alvertido el deseo: proseguid, que ya es empleo todo lo que en mi obedece, Apinas, pues, la mise a barquilla navegó la distancia de una milla, hollando jactanciosa la crespa lama de la mar undosa, y humildemente ufana, de que a Rosaura bella persa humana, en tan frágil empeño la sirviese de concha el tosco leño, con ultraje mayor pisa, y maltrata la diatana cerviz con pie de plata, que se calzó de escamas a costa de su bien bruñidas lamas: cuando el mar ofendido, arrogante, soberbio, y mal sufrido, que del aire se enoja, brama venganzas en mortal congoja. Con nortisono acento a la arma toca la región del viento, donde el vago revenque enarbolando el golfo azora, enojos desatando en el fiero licor, con furia tanta, que en piramides crespos se levanta con el triste vagel de asombros lleno a verter en las nubas el veneno: que oprimidas se irritan, y en truenos, y relámpagos vomitan el ignivomo horror del Mongibelo, que por cualquier rotura escupe el Cielo. En tan costosa gloria por el Cielo pública la victoria el aire vencedor: y el mar vencido, afrentado, y corrido con fiereza sangrienta, en el pobre bagel vengarse intenta, y contra el duro escollo de una rupe, por cañón de cristal bala lo escupe: y dividido en trozos, importuno nos entregó a los brazos de Neptuno a Rosaura, y a mi (suerte injuriosa! Furioso el mar, la noche tenebrosa, la cruel amenaza, el duro lance me atejaron los pasos al alcance de mi nastrazo bien, que ya auegada la lloró mi fortuna desdichada. Porque al dolor intenso de esta herida en su muerte fatal muera mi vida, con rigurosa industria el lance fuerte me sacó de las garras de la muerte: pues a fuerza ne brazos, rompiendo cristalinos embarazos, me dio inconstante puerto una fragata, en cuyo rumbo incierto ocasionó, con desigual destino, la tormenta acertado desatino: pues siendo de Paganos la crecida fragata de Cristianos, en ella, y otras, esta noche misma, embarco la Morisma, para Túnez, y Argel más de trecientos, precediendo tormentas a tormentos. Aquella noche que en la Sacra lista el nombre se leyó del Gran Bautista (y con suma alegría hoy se celeora el día; pues hoy hace los años, que pueden ser testigos de mis daños) alegre con la presa lamentable tomó el Pirata, en golfo más sondable, la derrota de Túnez con vientos más felices que comunes: porque al segundo día tomó puerto infeliz la fuerte mía, para llenar el colmo de mis penas, cargado de cadenas, a los pies de Amurato, Rey de Túnez a quien (ha hado ingrato! me hubieron presentado; habiéndome también capitulado la muerte de un hermano; que si yo le maté, no fue en mi mano; que a lo que ya pasado el accidente, examiné con luz más evidente, fue: que nueva tormenta de importunas memorias, más sangrienta desesperada ruina amenazando a la razón que andala fluctuando entre una, y otra ola de cuidados, del reciente fracaso originados, sin timón la prudencia, expuesta ya a más fiera contiugencia, chocando el navichuelo derrotado, donde medroso el jalió iba embarcado, quedé sin él: llorelo lumergido, por de todo quedar destituido. En esto (segundicen; no me acuerdo el tema que tomé en mi desacuerdo) trabé del Muro de Amurato hermano, y arrojándole al mar logró el Pagado la experiencia de arder en luego eterno, que entrase mojado en el infierno. Quiso Amurato en mi vengar su muerte: más mudose mi suerte; que tarde a un infeliz le otorga el Cielo la muerte, si le sirve de consuelo: y siéndole tan grata, aún la vejez no sé como le mata. Por, loco me libré, que es gran cordura para vivir, a tiempos la locura. La vida me otorgo, porque afianza en dejarme vivir mayor venganza: hasta que ya causado de sutrir mis locuras, tributado me remitió a Muzgana nuestro dueño: donde con nuevo empeño, prosiguen las memorias, que constituyón penas meritorias al ama lo tormento, que divierte los gustos que se atreven a mi muerte; pues solo alivio encuentro en el amargo centro de mi melancolía contento y alegría, en el lugubre acento, que al compás de este horrisono instru- (mento, que límites le pone al albedrío, pronuncia el labio. Jnfausto dueño mío, que en tu fatal extremo la vida me dejase para mayor tormento. Quién con equivoca voz, en las ansias que padezco puede tener tanta parte qué me robe los conceptos? Una bellísima Mora es que en este mismo metro, en vario golro de flores bella Sirena del viento, en ese ameno jardín suele descubrir su pecho al aire, de quien se forman los har nónicos acentos, que de una oculta pasión si el alito a sus ecos. En uinas de scrise oculta el mar soberbio difantas las cenizas, que viven en mi pecho. Tus cuidados, y los míos son parto de un sentimiento, o es de mi pena cruel tu sono a vocel elo. Recibe dueño mío suspiros, y lamentos, ya que no puedo darte puro, y vital aliento. Calla; que si a dar veniste a mis ansias documento, solo la voz añadilte a la empresa, no al concepto, porque es la letra tan mía que, o la ocasionó un suceso mismo en los dos, o se duda si, por lo que la frecuento, sacó el viento algún traslado, y allá en los concavos lenos de la desdeñada Ninfa el aire la vuelve en ecos. Ya no es seguro este sitio. Fabio al baño, a li podremos, como en propia estancia hacer menos sospechoso el riesgo; que es muy celoso Muzgana, y esta Mora a lo que entiendo) siendo el imán de sus ojos, podrá ser de nuestro yerro una atractiva desdicha, o un peligro manifiesto. Dices bien, que las mujeres siempre son, aún sin quererlo, a cualquier fin desdichado efncacísimo medio: y la fuerza de esta voz, con tan misterioso efecto alborotó las cenices. que de Rosaura en mi pecho ya en, que ya torbellino son del aire de su acento: y podrá en mudos idiomas, lo que dictare el afecto en el papel del semblante inte pretarlo el silencio, por dende somos perdidos: y así . Vamos. . Vamos luego. Calinda, viste a Argelina? En el ja din divirtiendo queda sus melancolías, Canta? . Sí, en son de lamento. Neciamente se divierte. Llora? . A su guiso . No entiendo, Con la fuerza del dolor flamante pira en su pecho se erige con que organiza un armonioso incendio. Y como de esta Capilla es el dolor el Maestro este la ordena que observe la clave del sufrimiento; y así canta que se abrasa. Mas como el dolor es fiero, porque que de corazón en que se cebe el tormento, y no se acaben con él también los merecimientos, tocan a fuego los ojos, y en líquidos arroyuelos se despeñan al socorro, para arajar los incendios: y de tal suerte en lal ama queda templado el exceso; que entre el alivio y la pena, la zozobra, y el sosiego si tanta que es con pasión, también llora que es contento. Notarle pasión! protura tu divertir . Al intento repetr a la obediencia mil prestezas. . Tu Roberto, de Fabio cuida . Es un loco, y yo no soy nada cuerdo; y dos insensatos simples, no hemos de hacer buen compuesto. Yo sé, que el tal Amurato no te lo vendió por bueno; pues por no poder sufrirlo, te hizo ese cumplimiento, como quien dice: tús, tus, a mí que soy perro viejo? guarde A lá mi dentadura, con ese huesuo osro perrodo y a ti te lo remitió Calla atrevido, blasfemo. Haz lo que te he dicho. . Pronto, postrado, humilde, y con miedo, ya rendidas a tus plantas las dilaciones del cuervo mil prontitudes ofrecen. Que cortado lo habla el necio. Así lo hablara tu lengua. Suspende, amor, tu Soberbio estímulo, no atropellen mi Majestad tus efectos: ni a los ojos de Argelina intentes dos veces ciego, que indignas jurisdicciones alucinen tus misterios; pues de quien ella es cautivo, ya la constituyes dueño. Matadme, penas, matadme de una vez, y no viviendo, respire de tantas muertes los equivocos acentos, que espiran a la esperanza, cuanto aspiran al deseo. Qué es esto, corazón mío? Esto es amor? No por cierto: que el amor se constituye a instancias de algún objeto, que en la esperanza acredite lo fino en penoso incendio, y en la posesión conserve la llama sin detrimento: y el objeto de este ardor ya entre las ondas le vieron mis ojos beber la muerte: y de un cadáver el hielo claro está, que es incapaz de dar vida a tanto fuego: y aunque esta amorosa brasa es excisiva en extremo, aún excede a lo excesivo lo frío de un monumento: Juego. mas no: el daño ignoro dentro de lo que padezco: pues las heladas cenizas aún más encienden mi pecho, cuando en suvestas memorias producen fuegos diversos, calor muerto a lo sensible, fuego vivo al sentimiento; y así viene a ser pasión este cruel Mongibelo; pues lo que adora la pena, ya lo aborrece el deseo, dando mérito al dolor lo que al favor escarmiento. Ea, pues, corazón mío, si a penar sin más consuelo que el gusto de padecer te ha destinado el suceso infausto, de quien dichoso te hizo el amor prisionero, ya murió, ya tus finezas quedan huérfanas sin premio- La pena, el ansia el dolor, las lágrimas, el tormento a tus leales servicios son ya condigno estipendio. Ea memorias, venid a tomar del pensamiento nueva posesión; pues fuera delito, en mi manifiesto, cuando tanto amé la causa el no adorar sus efectos. Y al compás de mis congojas el aire suspire en ecos lo que el triste corazón repite en duros acentos. Insausto dueño mío, que en fatal extremo la vida me dejaste para mayor tarmento. Qué es esto, Cielos? quién pudo consticuirse tan dueño de mis cuidados, que así traslada mis pensamientos! En urnas de Cristal oculta el mar soberbio difuntas las cenizas. que viven en mi pecho. y unas mismas enconstancias te enfayan en lo que peno, o no sientes lo que dives, aunque cantas lo que siento, Y si tu pena, y la mía zumban al soplo de un viento, puedes fiar a mis ansias ese suspiro tercero en orden a la canción; porque no revierta el pecho al reprimir tanta llama tu voz: escucha mi acento. Recibe dueño mío suspiros, y lamentos, ya que no puedo darte puro, y vital aliento. Al compás de una cadena, en este vecino baño algún cautivo, su daño prueba, al toque de mi pena, sin duda: y siendo tan una la canción que nos divierte, si le persuade mi suerte, ya me obliga su fortuna, Quién será? Mas sea quien fuere, Qué es esto, amor fementido? parece que has persuadido al pecho, lo que él no quiere: traición, traición; pero no: porque no hay incoveniente en sentir yo lo que él siente cuando él pena lo que yo. Mas no sé qué simparias ocultas tienen las panas, que buscan lo en las ajenas el alivio de las mías, hallo el riesgo de vivir (ya mi contancia inflaquece) amando a quien las padece porque las sabe sentir: y es precisa sinrazón qué? quién tiene (hah injustos hados!) tanta parte en mis cuidados, la tenga en el corazón. . Ya tu pasión, Argelina debió de darse a la estampa. Ay infelice? Ya escampa. La tracedía es peregrina. Por qué, di? . No lo has oído? un ciego la está cantando @ ioa en ese baño, llorando travesuras de Cupido. Quién es . Un loco incapaz, que siguiendo su fortuna. también se quedo a la luna por fiarse de un rapaz. Cómo? . Como el mar en brama, te dejó a ti viuda el viento, otro borrascoso aliento a él le soplo la dama. Y en donde un riesgo se fragua, que es en escollo, o bagio, estreilándole el navio, ella se pasó por alua, Esto canta, y esto llora; mas con tan dulce rigor mecel, el gusto, y el dolor, que ofende cuanto enamora. Es preciso a pena tanta, siendo el dolor tan frecuente, que llore bien lo que siente, quien siente bien lo que canta, Tan hijos son de una causa en las dos estos efectos, y el dolor tales afectos late con tan igual pausa en ambos, que más parece (según sus penas cotejan) que aunque dos almas se quejan, solo un corazón padece. Tan recíproca es la unión, que al slentir nuestros enojos, cuando uno pone los ojos, pone el otro el corazon. El canta lo que yo siento, sus conceptos acá sueñan, y en él los golpes resuenan, que en mi pálpita el tormento. Si él le quema, yo me abraso, mi desdén su pecho hiela, si yo temo, él se recela: y apenas el primer paso da la congoja en su pecho, cuando la huella en el mío se estampa, y su desvarío se confirma en mi despecho. Y concertados instrumentos en proporción graduados, y acordemente templados sueñan los dulces acentos en ambos, pulsando el uno: así la dulce arnoría, que causa esta simpatia; cuando el dolor importuno pulsa en mi pecho, la escucho en el opuesto instrumento, que en tierno, sonoro acento canta mi mal: mas qué mucho? si acorlemente templadas están dos almas en una, cruel, y adversa fortuna igualmente graduadas. Di en qué te puedo servir. Digo, que mi suerte pende de tu lealtad, si emprende hacerla feliz. Vivir no puedo ya sin saber quien es, y qué prendas tiene ese infeliz que conviene conmigo en el padecer: si ya no le excedo bien, con este nuevo tormento, que asalta mi pensamiento de amar, sin saber a quien- Le amas, y sin conocerle? No sé qué razón oculta tiene la alma, que así indulta esta razón de quererle. Pues? Y la fe de tu esposo? No sé yo que sinrazón califique el corazón que haga este amor sospechoso, Lo que decirte sabré, que es su mucha centileza indicio de su nobleja: su patria yo no la sé, su nomore es, si bien me acuerdo, Fabio: afable, y comedido, sus palabras de entendido, sus obras de nada cuerdo. Si con estas condiciones buenas, o malas lo quieres, ordena lo que quisieres tu esclava soy; qué dispones? Que or senes como un papel en mi nombre, y de tu mano @ loo legué a las de ese Cristiano; n que pueda entender él ve lo soy; si no que soy na bellísima Mora; ve en mar de desdichas llora afortuna. . En todo estoy. Y que pues al Cielo plugo, ve en tan idéntico extremo oguenados almas a un remo, no nos confirme un yugo, uando esté en su libertad. or lo que a todos importa a este collar te exhorta. Quién? . Mi liberalidad. A qué? . A qué guardes secreto, Que me precede de perlas: las quiero luego ponerlas, ara que surtan erecto; porque pueda poner práctica mi obediencia, tiero que me des licencia. Advierte. . No es menester irá lo que debo hacer, iterar los preceptos. Cien cequies. . Cien aceptos; le vale más (eso es llano) an cequies de tu mano, te cien mil reales respetos. Sin duda el astro violento tiere a fuerza de combates, aminar mis quilates toque del sufrimiento; ando pudiera el tormento, no ostentar lo tirano, edar mú has veces vano, n quitarme a mi Sileno, presumir que en mi seno ante trono en Pagano Cada vez que llego a ver a Cristiana Deidad, slo en su rara beldad evo primor que vencer: to que de no emprender denuedo esta ave tura, pierdo está toyuntura, cerá con la tardanza mi la desconfiniza, cuanto en ella la hermosura. Bella Argelina. . Señor. mi nombre es Nise. Aunque no . es el nombre que me dio mi nacimiento (ay dolor:) que no permite el rigor, que yo Rosaura me nombre, porque de mí no me asombre, cuando yo de mí me acuerde. El pulso sus pausas pierde . que tanto extrañe este nombre! Permite hermosa deidad, que un corazón atrevido, a tus Aras, mal herido, consagre su libertad. Nile ten de mi piedad, conliga yo este favor, porque logre en mi dolor cruel, sangriento, y levero la vanidad de que muero a los pies de tu rigor. Pero amor, poco adelantas tus pensamientos leales. qué son las insignias Reales para coronar sus plantas? Nise mía. . Estoy sin aliento. Si te merece un favor, a tus plantas pide amor, que premies su atrevimiento. ( Soy vuestra esclava. . i dueño te ha consiituido el hado. Señor. . Amor me ha postrado. Mirad que. . Nile es empeño. Como Vuestra Majestad, con tan humilde bajeza, así atropella la Alteza de su Real Persona? Alzad. Nunca más alto me vi. ( . cuando la dicha que ves del Olimpo de tus pies. me ha levantado. . Ay de mí! Nise al Cielo de tus brazos . Qué intentas? . Qué? confirman mis dichas, y eternizar mi amor en efrechos lazos. Mirad que mi Religión no admite amor tan extraño. Mi amor leal. . Es mi daño. Dispensa esta sinraron. Daré voces. . No hay remedio. Y el Reel decoro? . Primero es mi amor. . Pondrá tu acero en tales extremos, medio. No hallo medio a la brabeza de este volcán homicida: o has de triunfar de mi vida tú, o yo de tu belleza. Volved por vuestro decoro Cielos, mirad por mi honor. Venciste. . Albricias, amor. Qué dices, di? . Que os adoro. Dejadme, Cielos, fingir el gusto de este Pagano, en cuanto el acero insano breves treguas al morir con más honor me concede. Apenas el dulce susto me deja coger del gusto, tono el deleite que cede. Hablas de verás? . Me ofendes. En qué? . . En pensarlo. . En pues si llego a imaginarlo. (dudarlo: Qué . . Me irrito. . Te sus- Aún no lo acabo de cieer (pendes? Qué dudas? Dudo, Señor. que no me mate el rigor. El lleparte a merecer. Porque está mi hado fatal tan verado en la desdicha, que si me encuentra una dicha, la estoy recelando un mal. Erer discreta, y hermosa. . Tal aplauso no merezco. Por pequeño? . os lo agradezco. Mas no hagamos sospechosa esta dicha cuando a fin de divertirme, esa linda Mora, que llaman Celinda, ha de venir al jardín. Así pretendo apartarle de este sitto porque veo, que estriva el mayor empleo de mi fama, en solo hurtarle esta ocasión. . Y así os pido. Qué ordenas? . Que hasta ocasión más oportuna, es razón que os ausentéis. . Es debido, señora, el decoro vuestro. También a vuestra decencia. Pero, Nise, de esta ausencia cábele algo al amor nuestro? Soy de diamante. . a tus ruegos. Yo soy de cera a los rayos de tus ojos. . . Mil ensayos harán en ti sus despegos. Garza de las Alpejarras, Alcón del Cielo Afrirano. Alá me otorgue tu mano. Él me libre de tus garras. En fin, a tu locura nuestro pleito le debe compostura. A mi nobleza, si que es muy debido cualquier trato cortés, y es comedi- Luego quien digo yo, que se le debe a tu juicio menguado. . Qué te muev Porque hoy en la nobleza, si se apura se hace razón de estado la locura. Y aunque no en todo noble el panto toce quien dice noble ahora, dice loco. Ya extraño la cadena. Pareciéndome alhaja de alma en pena digo de algún perro, allá en el baño la dejé por yerro, No fuera maravilla levantarme con ella la espinilla, si la hubiera traído, El concepto, Señor. no has entendido que loco, en todo trance. significa lugar en buen romance: y si son titulares, los nobles, son Señores de lugares; y más se califica en la nobleza, el que más lugar tiene en su cabeza. Deja etimologías. Estas ron en mi tierra alegorías. De adónde sois? . Señor soy de Cortar y es mi ejercicio la Ciudad de Gante. De Corrador Sois Cabaliero? Aunque sín escudero, en aventuras que el demonio entabla, soy de los Caballeros de la Tabla. Lo dice vuestro porte. Toda mi vida me he criado en Corte. En Corte. . Si: y allí con grande estima Muestro Junilado fui de esgrima. (nada: Esgrimidor también? . Ay que no es y conciencis no limpia (pero usada, y de poco trabajo) formal a mil reveses en un tajo. Hobre de predas sois. . Hay opiniones; de prendas no, mas fui de obligaciones. Y ahora no? . Ahora, sin embargos, persosa vengo a ser de grandes cargos. La edad, y el nombre? . Son pocos, y bue treinta Robertos, poco más, o menos. (nos: Qué, Roberto os llamáis y el apellido? Es ilustre, notorio, y conocido, Ladrón, no de Gebara. Pues por solo ladrón, yo os ahorcara. Solo eso me faltaba, a yo sufrillo, para hacerme Señor, de horca, y cuchillo. Grandes honores tiene ese ejercicio. Y aún por eso lo tengo yo por vicio. Tanto en ello interesas? Señor, eso es conforme caen las pesas. Que en fin, mi Patria, y nombre, mi ejercicio, mas obras, y renombre ignoras? cosa rara! cuando otro por el rastro lo sacara. En esto renegado seguro puerto puede mi cuidado tomarien la tormenta, que en nuevo golfo intenta el hado sumergirme, Oh fortuna voluble! y siempre firme al imprimir quererlas en el pecho infelice, que atropellas: pues cuando más benigna, me aseguras la vida en las locuras, que finge mi cuidado desatento; pues es la vida mi mayor tormento. Róperto amigo. . Señor. Nueva empresa mi amistad fía de tu lealtad en el empeño mayor. Será mi maror empleo. Unas manos de jazmín me dieron en el jardín un papel: y segun creo, en Arabigos borronés el interior viene escrito: (. pues así del sobrees crito los exteriores tenglones lo dicen . Sabes qué temo? Qué temes? . Que lo has perdido. justamente mi descuido lo padece: duro extremo! anda presto, y esa calle de murtas, por donde vine, tu diligencia examine, antes que alguno le halle. Detente. . Suerte inhumana! Fabio? . Señor, duro lance! Roberto? . Dale el hallazgo del papel. Señor? . La llave ajusta al templado muelle de esa puerta. . Sin turbarme, mas. nofino ya servido quedas en lo que mandaste. La sentencia de dos vidas firmó con letras de sangre el dueño de este papel. Leele. . Requiescantan pace. Que nadie mejor podrá sus cláuselas descifrarme que tú. El sobreescrito dice, en caracteres Arabes, la pasión de quien lo escribe, no el nombre de los amantes. En manos de quien adora cautiva una alma constante dice. . Pues el interión viene.. . Lance suexcusable! en figuras Europeas; aunque en Españalas frases. Qué es esto, sangriento amor? aún el mentido semblante no te ha visto el corazón, y ya tirano, y cobarde le has escupido el veneno cruel, en sustos mortales? Aun yo no he empezado a amar, y comienzas tú a vengarte? El recibir un papel, es culpa de quien no sabe lo que conviene? No, que es. pero sí, culpa es, y grande. Acción fue de agradecido recibirle, y colocarle en ta pecho: y esto basta, para que puedan quejarse de Rosaura las cenezas frías, que en mi pecho yacen: que al ver su celoso dueño, que un papel venía a matarle, lo atrojó del pecho al seelo; porque este perro lo hallase, y en mi venzase el agravio; porque permití inconstante que a su se adorada diese muerte postamá un desaire, y el veneno de una carta segunda vez la matase. Las colores le han salido a Fabio, quiero avisarle, con lo mismo que aquí dice; porque el delito no cante el semblante, con voz muda; en el potro al apretarle. Bien a costa de siismo purnura viste el semblante: pero el carmín se retire porque es fuerza declararme. Ya lo entiendo: mas no puede la razón disimularse; porque es la sangre inocente, que sube al rostro a quejarse, porque no pueda el traidor a iras justas ocultarse. Rosicler es del agravio son, de la ofendida imagen, que dio la muerte en el pecho ese papel conultraje: y a vista del agresor brotan las heridas sangre. Esto la cláusula dice primera. . Pasa adelante. Digo, señor, que soy tuya, y aunque mío no te aclame medrosa esta dicha, sola podrás a mi fe quitarle la gloria de merecerte, no el mérito de adorarte. Cielos, qué es esto! en finezas desatados los desastres, me da a beber el veneno de un amor, a quien no sabe distinguir medroso el pecho, si es su puñal, o su Amante el dueño de estos favores! Ciego querer, que aún no sabes, que agravias con el favor, si obligas con el desaite! Pero, por si a descubrirme llega, quiero abroquelarme con mi acostumbrado tema. Ea, locuras, buscadme; pero venid tan discretas, que equivocas las señales, se escrupulicen ficciones, cuando se duden verdades. No puede estár del delito el agresor muy distante. Prosigue. . Señor, no adviertes. de Fabio los ademanes? El reloj se ha descompuesto. Parene que mira. . Qué hace? Vale faltando la cuerda, y tartalea el volante. Que aún no desista este loco de su tema? . A cualquier aire se le vuelve la veleta. Alerta, finvido ultraje de la razón; que los locos, cuantos obran diparates, viven siglos; y el ser cuerdos. es tener más de mortales. En la cláusula siguiente. Por el Santo Alá. Adelante. Parene se ha suspendido Rosierto al interpretarle aquel punto: peligroso sin duda debe de hallarle. mas qué remedio con esto? Discretos temas al arte. Que aquí descubren a Fabio. Ay es que podrá librarse por ser hidalgo de cascos: Eso es punto irrevocarle: morirá a tontas, y a lucas. Pues, qué dudas? . Una parte que está un poco rebelada. Fabio dice: declararle será preciso; mas no: que es rigor, y han de obligarle a renegar, o morir, sin remedio: pues callares. Mas si por encubridor a mí me lardéan: zape. Pues yo soy lechón de diezmos? Temblándome, están las carnes en pensarlo: yo torrezno frito, ni aún por mi Padre. Eso no; si fabio quiere librar su vida, es muy fácil: con ponerse bien con Dios, y renegar pero, tate, yo ha de probar con mi industria a ver si puedo librarle. No acabas? . Lo que aquí dice. Qué dice? Acaba ignorante. Que me pongas con un Amo que tenga juicio. Habla infame. No he de sufrir mmas a Fabio. Qué dices? . Aunque me maten. Es para Fabio el papel? Dilo, acalla. . . Todo cabe. Que no es eso: nadie sabe lo que yo paso con él. Si he de decir la verdad, Fabio quiso entrar en cura, añadiendo a su locura otra nueva enfermedad. Y como no guarda dieta, en sus delitos perversos, lo han confirmado los versos loco forrado en Poeta. Pues necio, de qué lo infieres? Bueno es eso; de que ha dado en creeise festejado de a flor de las mujeres. Quién es Rol su a Reina Ginebra, Dos mil canciones la escribes él finge qu las recibe, y también que las relebra. Señores; y lo que ensarta de disparates! . Y noche me mandó poner el coche; fingiendo por una carta ser llamado de su Alteza: la cual el mismo escribió conforme se la dicto su destemplada cabeza. Yo viéndolo persundido a tanto engaño, aquierlo, fuime a mi cama, y dejelo en la suya recogiro. Y apenas me tomó el sueño, cuando Fabio desvelado lo halla en mi ama sentado, disiéndome Hermoro dueño, habéis venido al jardín a competir con las flores? y a que o heba los candadores el más nevado jazmín? Dícholo mí veces quien merece, en suaves lazos, el Cielo de vuestros brazos no turbado del desdén. Yo viéndome requerir de amore, por han barbado, le dije un puco enfadado: Fabio, déjame dormir. No haré tal, aunque me apuras, dijo; porque si severos se ponen tus dos laceros, se quedará el mundo a escuras. Advierte que tus cariños a este jardín me han traído, llamado a un tiempo, y herido de esos nevados arminos, que este papel escribieron. Yo entonces le dije: cierto, Fabio, que nunca en Roberto ta es prendas concurrieron. En tonces me conoció; y algo advertido me dijo. Escucha Roberto, hijo, esta carta que me envió la Reina de la belleza. Yo le dije, que dormía, y hasta que fuese de día perdonase a mi pereza. Pero así que amaneció me condujo a este lugar: y al irme a comunicar la carta, reconoció haberla perdido; mas cuando a buscarla salí, en vuestras manos la vi. Y pues informado estáis de sus extrañas locuras, anteved en mí este agravio, señor, que temo que Fabio, me deje una noche a escuras: pues se puede imaginar en tal ocasión con celos, que en mi despique sus duelos: y las que al enamorar fingió damas agraciadas, récele competidores, y esperando dos favores, me tire dos cuchilladas. Hay más ef raña manía? Hay más loco discurrir! Abra quien lepa fingir con tan igual fantasía! Afrentados mis temores quedan, si desváncidos; pues los sospecho creídos locuras más superiores. Que me haya yo persuadido a treer, que de Argelina el favor que a mí se inclina, otro lo haya merecido. Oh sospecha mal nacida! como presumiste osada, si de mi amor adorada, tenerla de ti ofendida? Nuevos alientos respira el corazón en el pecho? mas a conermar lo hecho quiero esforzar la mentira. Presigo, pues. . No prosigas. Vive Dios, que lo he librado. Tenme con fabio cpidado, A eso Señor me obligas? De ese ignorante preterbo Vuestra alteza no se crea, hasta que esa carta ea, de quien soy indigno siervo. Loco, aparta. . De tus plantas, si no me otorgas su mano, violará el culto profano mi amor, con lágrimas tantas, que en sus raudales te anegues. El Está hecho una jalea. Y quien en ti, Fabio emplea esta dichas? . No lo niegues. El ave Fénix. . Señor, esta es más entrada en días: y si mucho le porfías en suspender el favor, su santasía amorosa, temo (según está llena) que ha de elegir la Ballena por su legítima esposa. Quién a tan justos empleos se niega? . Por favor tanto, el Fénix con dulce canto eternice tus trofeos. Amor a lograr, finezas, que promete mi esperanza: no te obligue la tardanza, a vencer nuevas tibiezas. Temores a averiguar de amor la oculta pasión, que enseña en la sin razón, leales culpas de amar. Locos, dejad nuevo tema, si no queréis peligrar; que no siempre habéis de hallar, quien os cure la postema.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Fementida fortuna: renombre que te dio mi infausta cuna, en el fúnebre día que tu loca porna, con sana burladora anocheció las luces de mi Aurora; pues primero que yo (horabara suerte!) O padieresola odo mi muerte. en el claustro materno en vez de Primavera helado Invierno, fingiste presagiosa: y cruelmente piadosa quisiste que viviese, porque más vidas el temor muriese, y el parentesís breve que animase, cada susto una muerte agonizase. En Sevilla me diste en disfrazada tumba, cuna triste, riqueza, y padres nobles (felices penas dobles) quitándome atrevida, en la que el ser me dio, segunda vida; y si el pecho gimió muertes más graves, la juventud lo calla, y tú lo sabes. Cuando menos severo te merecí el semblante lisonjero, fue cuando de Sileno me escupiste el veneno, que en el tierno volumen de mi pecho somentar el Sacro Numen, cuyo fuego en las Aras que eterniza, aún alienta en pávelas la ceniza. Solicitó mi mano con mi padre: negósela tirano: hizo empeño forzoso a la denda de esposo: (res, yo arrastré pundonores, y absolviendo en sus prendas mis temo me permití a una quinta, cuya estancia, el mar le mide a sorbos la distancia. Allí me desposaste (hay memorias!) y apenas me fiaste a los brazos de mi dueño, cuando en el frágil leño de una alada chalupa, que el mar soberbio en treve huella ocupa, dislrazaste alevola el festejarme, para alentar más vidas que quitarme. La noche que bien quista blasonaba memoria del Bautista, nos convidó a la playa (aquí el valor desmaya) tan serena, y hermosa, que ese mismo la hiciera sospechosa, si Jupiera inferia de tanta dicha, a la espalda de un poro la desdicha Hicímonos a la agua: (aquí tu industria sus rigores fragua.) Enbravécese el viento, anégase el contento silba horrores el Cielo, y rompete del susto el navichuelo. Pierdo a Sileno (ahí dichas homicidas!) late en el alma el eco de dos vidas. Recibiome una gruta del impaciente escollo boca bruta: y allí de tanta mengua, sirviéndole de lengua, en tristes elegias le precisé a gemir las ansias mías. Respitome el dolor, y en voz terrible bostezó mil ternuras lo insensible. Al horrisono agravio que alentaba quejoso el tosco labio, se acercan de piratas dos ligeras fragaras. Cautiva me trajeron a los pies de Muzgana: aquí crujieron los ejes de tu rueda, atropellando las leyes de mí fe con pie netando. Cruel al decoroso pomo de las cenizas dé mi esposo presumiste inhumana, con violencia profana de afectados idiomas, en sus Aras quemar falsos aromas: mas yo sabre, a costosos ejemplares, derribar en mi pecho sus altares: Porque ningún profano. Esta Mora sin duda es el ti- vaivén de los indultos. (rano Atropelle sus cultos. De mi difunta prenda. Y pues tiene en mi fe quien la desienda. Esta, Fabio sin duda es Árgrli- y si es que a su beldad tu amor se incina, (na. desiste por ahora; que algún Moro encantado la enamora: y en vano has presumido salir favorecido de quien con desagrado, tantas veces, a un Rey ha despreciado. Pse acejo derá, con pulio a repulsa al más osado inconveniente. De Marte el rayo insano en el bárbaro armiño de su mano vibra incendios? Qué miro? Cielos! . Yo me retiro. Yo al dictamen contrario de esta perra, al impulso temerario, he de oponerme con propicio enojo, porque Plutón no gane este despojo. Yo, Fabio, la dejara por esta vez no más que se matara. Aparta impertinente. Puede ser que escarmiente. Aparta. . Ay tal quimera; perdónala esta vez por la primera. Conmoviendo mi muerte a Porcias, y Lucrecias. . . Tente perra. Mas que si. Cielos. quién pues. Cielos, quién que. estoy mortal. No es mal garbanzo el pusal, para una fuente. Fino es Adorada fantafía. Falso primor de la idea. Mentida hermosa librea del de eo, sombra mía: quién eres, di? . Quién adora, soñado, un dulce castigo de la aprensión. Mas qué digo? Déjame, sombra, o Señora. Idolatrada venganza de mi engaño? Dulce susto de los ojos? . Premio injusto de mi perdida esperanza! Bien disfrazado veneno de mis temores! . Quién eres? Mas ay de mí! seas quien fueres: déjame, sombra, o Sileno. Cielo: Santos, que manía es esta del corazón: Muchas evidencias son a tan dudosa porfía. Rosaura? . Amor, que evidencias eximinas eorisdano, otocoa Nooloo desvanecido es engaño a tan graves experiencias? Esposo? . Tú aquí? . Tú aquí. Pues no te vieron mis ojos, llorada, infaustos despojos de Neptuno . No te vi lastímoso desperdicio de las aguas naufragado, mas en mi llanto auegado, que en el violento ejercicio de sus iras? . Cómo vives? Cómo alientas? soy de hielo! Sabio secreto del Cielo lo ordena así. . No motives a mis ansias más rigores: Sileno, dame esos brazos; si eres Sileno. . Picazos de Águila clueca. . Temores, si es sombra, basta ser tuya: tuyos son bella Rosaura. En ellos amor restaura nueva dicha de ser tuya. Digo, quien va allá: parece que se conocen los dos. Bueno será, vive Dios, si ahora Muzgana enloquece, sabiendo que esta cristiana esta contigo casada, y que así queda frustrada la esperanza, en suliviana pretensión. . Qué escucho, Cielos! Rosaura es a quien adora Muzgana? Y esta es la Mora, que tan tiranos desvelos le cuesta? Cruel tormento! Parece que siente el clavo. Digo que el gusto le alabo, pero condeno el intento. Parece se ha suspendido. Así ese parro atropella las leyes? Rabia por ella. Voto a Dios, que si atrevido prosigue, que a su despecho, con resolución audaz, le daré al ciego rapaz la muerte en su mismo pecho. Roberto, de tu secreto flo estesd choso acaso. la par traigo el estomago inquieto, y no he de poder cocello. Rabrando está por salir vóyselo luego a decir a Muzgana: he de verterlo, Detente, oye. . Voy de prisa. ̱. Tente, espera. . El que lo fuere: quien tuviere por qué, espere. Esta cadena. . Ay, qué risa. Toma: no aumentes mis penas, Mi cólera no te asombre: como ha de moverse un hombre, si le tienen con cadena? Eres dócil. . Cómo cera: y de condición tan buena, que a mí por una cadena me llevarán donde quiera. Advierte. . Mi lealtad siempre anhela en tu favor. Que a Rosaura, y a mi honor importa la libertad. Y pues de ti este Pagano las llaves fía a su guarda, este bien que nos acuarda, está cifrado en tu mano. Ese con mano más diestra lo puede hacer Argelina. Cómo? . Ello se adivina: porque es la llave maestra de los Tesoros del Rey; y la que a espaldas del Voro puede abrir con llave de oro, es mano de mejor ley. Tanto de Rosaura fía? Tanto en todo la prefiere, que temo, según la quiere, nos ha de dar un buen día. Cómo? . Casando con ella. Primero el golpe inhumano de ese instrumento feroz, llepará a mi pecho atroz, que a su pretensión mi mano. No a costa de tanta vida, Señora, has de desairarle; pues pudienda vos matarle, quedáis más bien defendida. Este insulto ha de vencerse con una honrada osadía: el matarse es cobardía, solo es valor defenderse. Y si asparáis al rigor de morir al filo infano, venga el golpe de otra mano, y de la vuestra el valor: que si antes que el Cielo ordene, nuestra fuga, riguroso se permite al infurioso lance, que el susto previene contra mi honor, yo sabré; si disimular sufrido hasta entonces, advertido entonces, vengar mi fe; midiendo al tiempo el distrito del susto, al lance enemigo, para que llegue el castigo anticipado al delito. Yo he discurrido una traza a este perro que anda en celo. A tu discreción apelo: cuál es? . Echarle una maza. Dices bien, y ha de ser esta. Qué haces, loco? . Prevenirme, Tendrasme a tu lado firme hasta morir. . De tu honesta resolución, nuestro honor pendiente vive: morir, honor, y matar. . Sufrir no puedo el furioso humor de este loco Fabio, advierte. No hay que advertir. . Al homicida! He de quitarle la vida. Qué intentas? . Darle la muerte. A quién? Hola, ha de mi guarda. Traición. . Ay triste! . Rendidos cuanto leales, nos tienes a tu defensa. . Qué miro? Cielos, Argelina aquí con Fabio? . Somos perdidos. Nuevos temores me, asaltan. Importunos precipirios me arriesgan. . A tanto susto tiene el corazón rendido ya su valor. . Mil sospechas motivan estos indicios d a mi celos Fabio aquí con Argelina, es delito. He de quitarle la vida? He de carle muerte, dijo? Esta es traición: mas que fuera que Argelina mis carifios atropellase por Fabio: y los dos mal inducidos me procurasen la muerte? No es temerario este juicio. Pero examinemos ya de tan locos vaticinios la causa. Aquí está Roberto. Él me dirá los motivos de esta revelión; pues leal se opulo al afecto impío. Roperto? . Señor. . Qué es esto? Lance adverso! . Ahora examino su lealtad. . . Ya estoy causado de mentir, y vive el Cielo, que me es materia escrupulosa; claro está: estoy indecilo. Pero mentir en el modo, no en la substancia, es delito? No. Pues aquí que no peco. Yo he de mentir con tal tino, que todos quedemos bien: él en quedar disvadido, los dos en haber librado, y yo solo en ser creído. No respondes? . Si Señor. Acaba. . Empiezo. . Capricho, a engañar con la verdad. De todo lo sucedido te haré entera relación. Pero advierte. . Acaba, dilo. Que aprietes bien los hijares: porque temo al referirlo, que no rebientes de risa. Sin duda estas habrán sido colas de Fabio. . Ya sabe Vuestra Alteza los delirios de este insensato. . Adelante. Y de como anda perdido de amor, por el ave Fénix. Es gracioso desatino. Hasta aira bien vamos, pues infiero, que solo ha vido estas dos últimas voces, de vida, y matarle Al hilo; Esto supuesto; esta tarde me llamó al ameno sitio de este jardín, cuyas flores pudieran fieles testigos ser, de él más trágico caso, si efecto hubitra surtido: porque a la nobía de Fabio; (digo, al pájaro de Egipto) le ha salido a los pregones un Gigantazo, y me ha dicho, que se la intenta quitar. Discretamente ha mentido; que no hay Gigante más fiero, que un poderoso atrevido. Gracioso tema; prosigue. Clavado va hasta el galillo. Ella, en fin como discreta, por no pedir Gigánticos, no admitió este casamiento. Antes con denuedo, y brío dice que intentó matarle; por conservar en el nido en más eternas cenizas el inmortal gusanillo. Sí; porque el de la conciencia, en los Tartáreos abismos, mortalmente se eterniza, y atormenta sin alivio. Él, entonces, que a su Fénix vio en se mejante conflicto, al punto fue a socorrerla. Librola (según me dijo) del incendio a que aspiraba entre aromas sulfurinos. A no lo estorbar el Cielo, ese fuera su castigo. Y viendo que el Gigantazo había sido el motivo, de esta cruel intentona, celosamente mohíno me ordenó que le escribiese un papel de desaño, y a este jardín lo llamase; donde el solión malandrino sería bien a su casta, ede tu valor desperdicio. yo le dije que si haría: que estuviera prevenido; porque aunque estaba distante dos mil legnas de camino, en menos de dos trancadas se pondría en este sitio. Pero el díablo que no duerme, y suele estar el maldito algunas veces de chanza, ordenó a este tiempo mismo, que por la hermosa vereda de estos amenos lentiscos viniese, como acostumbra, turbando el aire a suspiros, la hermosa Argelina a dar a los simples pajarillos nuevo asunto a su primor. Fabio entonces (yo no he visto locura de este tamaño) me dijo: Roberto amigo, esto es hecho: en la palestra tenemos ya al enemigo. Este es el Gran Turinazco Brandan bastardo hijo, y la Giganta Brandona, nieto de aquel desmedido Gigante Longanizazco; llamado así, porque en Tiro enseñó a hacer longanizas do la Eneida de Virgilio. Este es el bárparo osado, que intenta descomedido, quitarme al Fénix que adoro: pero en balde sus designios aspiran a un imposible teniendo el Fénix marido. Yo que a tantos disparates atento presté el oído, me opuse a su fantasía, procurando reducirlo a que la hermosa Argelina era la que su delirio imaginaba Gigante. Que era una dama que en brío hermosura, y gentileza hacia, en grado excesivo, ventara a cuantas Argel tenía; cuyo motivo le dio el nombre de Argelina a instancia de tus cariños: que su patria era Granada, y su nombre primitivo Nise. . . Así mi infausta suerte cautelosa lo ha fingido. Él, como estaba soñando, me dijo: hombre, estás dormido? No ves aquella estatura desmedida, que vecinos los astros a su ancha frente le han chamuscado los rizos? Aquel es cuerpo de dama? Cuerpo de Cristo conmigo. Aquel brazo que parece árbol mayor de navio, que ya enárbola soberbio, es miembro de algún brinquiño? Aquel alfanje que esgrime, es algún alguacilillo con que los lazos, y joyas del mujéril atabio en bien colocados Astros, blasonan de bien prendidos? O si no ves su grandeza, será así; porque imagino, que al asombro de mis iras se habrá puesto tamañito. Mas yo aumentaré mi fama, cuanto le ha desminuido su villana cobardía. Y sacando aquel bruñido acero, dijo en voz alta, colérico, y vengativo: aquí morirá Sansón, can todos los Palestinos. Yo entonces me opuse osado a su bárbaro designio, diciéndole: tente, loco; que aplicas inadvertido el punto al fiero Gigante, y da en Argelina el tiro. Fabio (le dije) qué intentas? Quitarle la vida(dijo) darle la muerte. Y a í, si estas vuces has oído, Señor, advierte, que son aborto de este delirio. Ingenioso discurrir este de Roberto ha sido: pues la verdad del suceso tan punto por punto ha dicho, que si es rigor no creerla, también creerla es delito. Mas yo intento retorarla con los mismos coloridos: Ya afrentados los rigores de amor, no quieren ser celos; porque no den sus recelos. vejamen a mis temores. Dele, que con ese indicio . lo acabas de componer. Cielos, quien no ha de querer a un loco de tan buen juicio? Señor, con vuestra licencia, para asegurar mi suerte, a este Gigante la muerte. he de dar en tu presencia: En mi presencia? . Es forzosos para que sepán, Señor, el alentado valor. de mi espíritu celoso. Qué resolución tan fiera? No le está bien a Argelina dar asenso a tanta ruina. Qué decís a esto? . Que muera; Ah bizarra; ni decillo pudo una gaita más claro: a la canción sin reparo echo el compas el Morilio? Señora, si en lo que aliento respira mi vida, advierte; que eso es darme a mí la muerte. Claro está. . Bien argumentas: Digo, el Cigante atrevido, que arbaramente ufano, indicios da de tirano, cuantos Fabio de ofendido. Eso está bien: pues vos, Fabio, esa empresa a mi cuidado fiad, veréis bien vengado de mi mano vuestro agravio. Ea, dejad el acero. Será preciso: ah tirano! Que ya ocioso está en tu mano; blioteca cuando yo vengarte espero. A tus plantas. . en tus sienes le colocara más bien.) Por siempre jamás amén, las iras de Marte tienes. Extremado cascabel; Retiraos, pues, que convienes por si el enemigo viene, quedarme solo con él. Ah, Esposo de mi vida! Eso no, viven los Cielos: cada cual vengue sus celos. Loco, aparta. . Soy perdida, No sufre mi lealtad, que a tanto riesgo, por mí, os quedéis, Señor, aquí solo: eso no, perdonad, que tengo de acompañaros. Qué lsusto! . Hasta morir. Vete, pues. No me he de ir. Déjame. . No he de dejaros, Boco vive el Santo Alá, que te dé muerte inhumana. No será con parte lana, si lo escalabra: y se está! Hombre, que saca el machete; y temo, según se indigna, que has de gastar trementina, si reusas la de vete. Idos, pues; que si este empeño nos obligare a los dos a necesitar de vos, yo os llamaré al desempeño. Así a retirarle miro de este riergo tan preciso, Con este discreto aviso cauteloso me retiro. Y advertid, que a tanta ofensa seré. . . Osí pecho generoso! Él brazo más poderoso que tenpa vuestra defensa; Qué discreción! . Qué pagano tan nocio! que por antojo le blaate el parcho en el ojo, y que no vea la mano! No de mujéril talento esta empresa he de fiar: vos, señora, idos a hilar, que os estará más a cuento. Calla necio: qué embarazo habrá a los dulces enojos, de quien mata con los ojos, que nos rinda, con el brazo? Por cierto linda hiporeca. Bien puede hacer de ella alarde. Decidla, señor, que guarde el brazo para una rueca. Qué bien finge! For, quién soy, que usa Fabio de esta traza, por no descubrir la lulaza. Ea, idos . Ya me voy. Hombre a su valor apela; tendrás victoriatanquila: que una mujer que bien hila, bien sustentara una tela. El Cielo atienda propicio a tan arrestado empeño. Honor, a tu desempeño consagro este precipicio. Pendiente de esta ocasión vivió mi desconfianza muchos siglos de esperanza, si horas breves de passión: y aquí amor me ha conducido a saber de tu belleza esta costosa fineza el premio que ha merecido. Cielos, el alma se anega en tanto golfo de penas. El corazón en las venas prélagos de ira navega. Eso en tan humilde precio lo valva el escarmiento, que tan vano atrevimiento se paca con un desprecio. Ah, cruel! así me paga tu ingratitud? Si señor: pues es pequeño favor, que mi enojo os satisfaga? pues aún para despreciaros es favor el atenderos; y nada quedo a deeros, si os pago con escueharos. El abralado sentir de una fina voluntad queda (ingrata iniquidad! bien pagado con oír? Grandes excesos de amor, que si no un joven derrama suele pagar una dama con una caduca slor. Y más bien correspondido os arende mi clamencio pues si os debí una potencia, os padié con un sentido Mal un sentido costez lo que a mi fe prometiste; pues lo que en él me atendiste, a mis ansias lo falsea. Y así, me propeto ufano, a pesar de su altivez, que castigue su escarez, lo liberal de esta mano Ay de mí! Cielos, valedme. Ah, perro viven los Cielos. mas, como sufro esta afrenta? Al arte, temas discretos. Huye, cobarde a misilas. San Cristóbale, que miedo! Si no quieres de mi brazo ser espanto! o trofeo. Detente, loco; qué intentas? Qué pena! . Vengar mis celos. A vuestro lado, Señor me tenéis: llote escarmientos este tirano, al fatal golve de nuedros aceros. Que llega, Señor, matadle, o infundidme vuestro alientos pioñal do que yo le daré la muerte. Hay más loco atrevimiento! Hombre, apártate, que viene. Mahoma, que Polifemo? Calla, infame, tú también auxilias sus debaneos? Ea, dejad este sitio, antes que el impulso fiero de mi provocado enojo conspire a vuestro escarmiento. Ay de mí! quiero advertirle, que suspenda los afectos, hasta mejor ocasión; porque no anticipe riesgos al último precipieso. Fabio, aún no ha llegado el tiempo de empeñar vuestro valor: idos, pues. Qué desconsuelo! Qué ansia! Quiero obedecerla. Voy; pero en su seguimiento. Por acá, que no hay Gigantes quiero tomar el sendero. Así tratan tus desdenes a unrendido, que en incendios de amor, alienta en pavesas el coracen en el pecho? Mas debe vuestra dolencia, a mis desdenes severos, que debiera a mis cariños: porque si el desdén es hielo, y los cariños materia combustible de este fuego, os templo con desdeñaros lo que ardiera con quereros. En esta pira de amor mas se constituye viento el desdén, cuando la llama agitada de su aliento crece tanto, que ya excedo la ju irdicción del pecho: y así de este ardor cruel a tu hermosa mano apelo. Qué pena! . Pues solo en ella a mor encuentra el remedio. En mi mano? . Sí. . Qué enojo! De una mano de moytero ción de bótica, no pudiera decirse más. . . Qué tormento Solo este rayo de nieve puede templar tanto incendio. Hay ostinación más fiera Soltad, Señor. . Que esto veo, y que no pueda estorbarlo mi enojo! si no que atento los órdenes de Rosaura ha de guardar mi respeto, contra el dictamen rabioso de mi honor, y de mis celos! Templad hermosa Argelina este ardiente Mongibelo, que al aire de tus desdenes vibra volcanes de fuego. Ello ha de ser. . No ha de ser. Corrido estoy, vive el Cielo. Yo me abraso. . Yo me irrito. Cielos, valedme; qué es esto? Soltad, Señor. Qué crueldad! que me abraso, que me quemo en esta hoguera de amor. Buen tema para mi intento. Fuego, fuego Agua. . Vino. Acudid, Señor, al eco de esta novedad: dejadme. Nuevos temas de ese necio serán, sin duda. . Soltad. Sin duda el Gigante ha puesto fuego a Palacio, y el Rey se abrasa acudamos presto leales a socorrerle Qué leal atrevimiento! Huye Señor de esta Troya, que desatada en incendios, va reduciendo a cenizas todo el verde pavimento de este jardín. . Loco, suelta. Qué haces? . Librar a mi dueño Al temores! . . Voto a Doi Que te arrejara primero a ese mar, donde sus aguas apagará tu ardimiento. El Rey va hecho un tizón por a fuera, y por a dentro; no lo lleves al pajar. Yo voy a tocar a fuego. Esta es locura de marca. Cielos Santos, mucho temo a Sileno una desdicha: porque está con los aciertos de su discreción tan mal su fortuna, que sospecho tiene para lo infeliz mucho andado lo discreto. Rosaura, Argelina, o Nise, mira que Fabio, o Sileno me dijo, que aquesta noche. ya tu poco más, o menos. harto os he dicho, miradio. Has entendido? . Ya entiendo. Andar. . Diras a mi Esposo. Sí. . Que ya sabe el secreto con que debe introducirle, Ya. Que prevenga los riesgos Bien. Que de no recatarse, pueden en tan grave empeño resultar. Que en sus locuras no libre siempre el remedio su discreción: que no es fácil que siempre acierte un discreto a ser loco, si dejó alguna vez de ser cuerdo. A Fabio, sin dilación, poned preso; porque intento dejar en él escarmiento a tanta resolución. Señor, bien sacéis que un loco no es dueño de sus acciones; solo de sus intenciones puede serlo: y así advoco la causa, a vuestra clemencia: que si leal intentó, de un riesgo que imaginó, libraros, fue providencia de su intención; que fue buena: y si la acción os ofende, no fue suya; que se atiende en un loco como ajena. Y si a vuestra queja arguyo, el que os ofenda condeno con lo que en él es ajeno, si os sirve con lo que es suyo. Atropellar el decoro de la Majestad, no es digno de perdón, ni que benigno yo me exponga a otro indecoro. Nunca os dejó desairado cuando os creyó bien servido; porque soldó lo atrevido. con lo bien intencionado. A su discreción le debe lo que a mi pasión le irrita; que si esta me precipita, esa a templarme se atreve. El besa tus Reales plantas, por tan singular favor: y yo porque acreedor me hacéis a mercedes tantas. Y tu Camilo, no tratas, ya de tu rescate? . As triste! mi fortuna lo resiste, Señor. . Cómo lo dilaras? Porque no alcanza (qué pena!) desde su prosperidad la propia felicidad a veer la desdicha ajena. Si de su fortuna esquiva . se queja así este cautivo, Amor, que haré yo, que vivo cautivo, de una cautiva? Pero yo he de conseguirla; por más que a tanta violencia se oponga la resistencia. al empeño de rendirla. Yo he de introducirme osado esta noche, en su aposento: donde al esforzado aliento de mis ansias, o triunfado, ha de quedar, o triunfante de sus desdenes, mi amor; aunque atropelle el rigor los privilegios de amante. Doite el parabién mil veces, y dos mil la enorabuena, y el pláceme cuatro mil, y el pésame, ni una, y media; porque abulta más un gozo, que cien mil pesares pesan. Qué en fin es vivo tu Esposo? Sí; y aún no se persuadiera el corazón a esta dicha, si en tanto golfo de penas no zozobrara infeliz: pues tanto una dicha es cierta, cuanto un pesar le adelanta los temores de perderla. Nadie pudo habernos visto. De alguno que mal nos quiera el que no nos pueda veer es hoy la mayor fineza. Rosaura mía, quien ama no sabe esperar, ni deja que le tiranice el tiempo sus empleos; que eso fuera ceder en lo que no adora el premio de lo que espera. Esposo, y señor, el alma, con las ansias que os desea, reciprocamente os paga; y aún se excede en la fineza; cuando, para no adoraros, aún quereros no quisiera. Y tú no me dices nada, con que enternecerme puedas este corazón, que muere de mal de agua de cisterna? Yo no empleo mis favores en un vil en un perrera, que es dos veces renegado. Señora doña alcagüeta, si yo le he sido dos veces, vuesaste lo es una y media, y con otra añadidura, que ya susodicha queda, qué vale otra media: entiende? Sois un tal. . Sois una crcetera, a Calla necio: no interrumpas el silencio; que se arriesga mas, donde más empeñado lo ha menester la prudencia. Celinda esa luz apaga. Poca falta hace una Estrella, de resplandores caducos donde dos luceros quedan, brillando en el Cielo, hermoso de su rostro. Bien se entrega a las blandicias dél, sueño, quien sin cuidados ansiela: pues porque sus resplandores, con dulce osada márea, no se atrevan a sus ojos, la vida a una luz le cuesta. Quiero abrir. Mas ya la falsa a mis deseos franquea los muelles. . Cielos, qué es esto Mas ai! la puerta secreta abrieron: al infeliz Lance fatal. . Hay más penas? A la ganzua del miedo yo he franqueado la trasera. El Rey es: infausta suerte! Vámonos, Roberto, apriesa. Oyes, vete tú, que yo ya hice esa diligencia. Mas ya no puedo . Pues mira aquí está una puerta abierta, por ella puede salir. Y podré, sin que me sientan? Eso no sé; porque suelen, cuando aprietan las maderas, crujir las visagras: con que, aunque tu astuta pretendas irte sin sentir amiga, no podrás, sin que te huelan. Aí, cuitada de mí! Todo lo allana, quien bien se empeña. Sileno, Esposo. (Alh, dolor!) Ro aura mía (qué pena) No me dejes. Qué es dejarte? Embozado en las tinieblas aquí he de ocultarme, hurtando al de Espa no el movimiento a sus huellas, hasta que el rigor decrete lo que a nuestro honor convenga. Argelina? . Quién osado; estos retretes penetra a estas horas? . Yo: estás sola? Qué porfía! mi Camarera está conmigo. . Celinda? Señor. . Retírate a fuera, Qué riesgo! . Señor, que estamosí No replique. . Qué violencia! Ya obedezco. . Favor, Cielos, Fabio, y Roberto se quedan; quiera Alá no me descubran: y ya que no por discreta, por tercera, el Rey ordene me den un trato de cuerda. Lance adverso! Aquí sin duda todo mi volor se arresta. Al, Rosaura; mucho siento el perderte! Mas es fuerza; porque todo en pecho: nobles? pesa menos que una afrenta. Tirana veldad, no ignoro, que a pesar dé tu fiereza, te negara lo cruel el Cielo; si ya no fuera empeño de sus pinceles el dibujarte más bella. Mas no ignoren tus desdenes; que hay también amantes fieras, que desairados se venguen, cuando más finos se atiendan, El alma precipitada; como mariposa ciega, a los rayos de tus ojos en golfos de luz se anega, y de ellos no he de apartarme, hasta apurar sus centellas. Esto ha de ser. Yo he venido resuelto. . Tirana afrenta? A desagraviar mis ansias a costa de una violencia. Qué haces, necio? . Despertar. Te duermes? . El sueño a tientas se me ha entrado por los ojos, y ahora a salir no acierta, y da por esas paredas. Qué necio! Hombre que me arriesgas. Cielos benignos, piedad. Cierto, señor, que creyera a no desmentir la acción lo que la fama os granjea, que eráis valiente, esforzado; y creo que os lisonjea la jama; porque hay distancia de lo que es, a lo que sueña. Las Naciones más bizarras a su pesar, se confiesan rendidas, al fiero impulso de mi brazo. . No es grandeza del valor domar Naciones, vencer batallas sangrientas, herir, matar, conquestar, deshacer campañas gruesas; que el Campión menos bizarro puede fiar esa empresa al superficial impulso de las materiales fuerzas. El saber vencerse a sí, es la mayor fortaleza: y no puede haber valor donde está virtud no reina. El que no es fuerte consigo, nos enseña la experiencia, que es flaco con los demás; porque todo lo gobierna la pasión desordenada; que en sí es la misma flaqueza. Como puede ser valiente el que un Imperio sujetas si una pasión coronada dentro de su pecho alienta? Es valor pisar Coronas? rendir Provincias enteras, y tiranizar el mundo? No por cierto. Esa es flaqueza coronada, en cuyas sienes los laureles titubean, sobres. Irados del miedo: Es poderosa soberbia, @nal de Españ flaco poder, que no pasa de respetada violencia. Poco importa a vuestra fama dar con bizarría estrenva los pechos al enemigo, si di, con cobarde afrenta a la virtud las espaldas. Qué importa que osado venza a las huestes enemigas? Que el brazo arrastre banderas en las campañas, que importa? cuando en Palacio se deja arrastrar el corazón de una pasioncilla ciega, que osadamente le triunfa, le rinde, humilla, y sujeta? El que supo en la campaña, rendir, a las influencias de su brazo, los más fuertes Héroes, en Palacio empeña su valor, en la conquista de una mujer indefensa, que a privilegios de flaca, la indulta naturaleza? Y es valor rendir lo flaco? No: que es cobarde vileza emplear la bizarría, en donde no hay resistencia; cuando solo a los rendidos los triunfa quien los desprecia, Si añadir a más trofeos queréis la mayor empresa, venceos vos a vos mismo; y ya que en la parda esfera del Orbe no halla el valor quien os haga resistencia; competios vos a vos; será la mayor proeza, que en sonora voz la fama cantó, hasta aquí lisonjera; porque si vencéis, ganáis victoria, en guerra discreta, del valeroso Muzgana; con tanta ventaja vuestra, que solo tendrá segundo cuando a sí mismo se venza. Sella la voz, no prosigas; que en lo que dispreta enseñas, ya a mi pundonor le empeñas lo que a mi amor desobligas. Qué discreción! . Tú has vencido. Qué suerte! . Albricias, honor. Triunfo es de vuestro valor. Por Alá que estoy corrido. Miente el valor que decreta (aunque la pasión le asombre) que puede blasonar de hombre el que a un niño se sujeta. Cedió el tirano decreto a tu eficaz persuasión, Siempre costo a la razón pocas voces un discreto. Pero advierta tu belleza, que si a otro se permite cariñosa, que no admite sostituto mi grandeza. Agua va. . Perdido soy. Algún diablo me ha mecido la cuna: esto va perdido. Mas la puerta. . Yo me voy. Abrieron. . A nuevo empeño Qué rigor! Cielos, qué muerte? Me ha conducido mi suerte a desengaños de un sueño. En los retretes del pecho, pronóstico el corazón, a influjos de una pasión, no sé que juicios ha hecho. Quiero apurar sus recelos; que aún no vive de este amor tan apagado el ardor, que aún no se salpique en celos. Yo me retiro. . Hacia aquí pasos el oído encuentra. La puerta he de asegurar de modo que no me sienta el traidor. Ya está cerrada. Porque mejor mi cautela gyamne los designjos, que a estos retretes. . La puerta. Le han conducido. . Es preciso elegir, en la suspensa calma, que interpreta el susto vigilias de una tormenta. Que si es Fabio, ya se pasan a evidencias las sospechas. El corazón, a latidos, dentro del pecho se quiebra. Y ya que de este Gigante ha triunfado la elocuencia de Rosaura, en tanto riesgo, ya ociosamente se empeña mi valor; y no es valiente quien sin ocasión se arriesga. Mas al infeliz! Ya es tarde. Qué pronta la diligencia se anticipa a los designios de un desdichado! Qué pena! Cielos, qué haré? Cruel lance! Mas qué he de hacer? que ya es fuerza arriesgarme a un precipicio. Pero no aquí de mis temas: valga por lo que valiere; que ya mi suerte, de adversa no ha de pasar; y un perdido poco pierde en que se pierda. Mas perdámonos con arte: que a lo menos; gusto queda de haber sabido perderse. El Rey sin duda, sospecha, que cuando salió Roberto, entró gente en esta pieza. Claro esta: y esto lo infiero de que acudió con presteza a cerrar, y a retirarre: donde cauteloso intenta examinar la intención de quien osado penetra esta religro:a ustancia, a estas horas. Y se deja bien discurcir, del silencio con que sagaz se cabiela. Mas yo he de frustrar astuto su designio. Al abte, temas. Roperto Duermes? Roberto? Maldito tu surño sealiosoco Cielos hay de mí infeliz! Sileno, mucho te empeñas. Cielos, qué escucho! Este loco sin duda, a fantasmas nuevas cedió la razón, y viene a darle noticia de ellas a Roberto; como suele, las veces que desacuerda: y al pasar de un cuarto a otro (según sus razones muestran) perdió el tino, y aquí entró engañado de su idea. Quiero apurarle el silencio. A Rosierto, no despiertas? Esto es sin dura: temores, dejadme ya; qué se afrenta el corazón de alterarse a tanta vana sospecha. Mas, quiero, disimulando, adelgazar más la heora. Finja, pues, mi discreción lo que a mi temor le cuesta. Déjame, Fabio, dormir. Vete, no me inquietes. . Ea, que ya cayó este Gigante. Di lo que quieres apriesa. El Rey finge, quiera el Cielo salgamos bien de esta empresa. En dos palatras lo digo. Sabrás, que ya la soberbia del Gigante se ha rendido a las poderosas fuerzas. De quién di? .̱ . De la razón De una mortal epidemia. Graciosa locura. Pues? De que murió. De virvelas. Así Fénix me lo escribe. Qué necedad tan discreta! Y que sin más dilación parta ruego, en viendo esta, a celabrar nuestras bodas Apretemos más la cuerda, Y hay galán de tan mal jasto, que cuando áspira a Felleza, no se empiee en la melor? Desmerece por más bella, Argelina lo que esotra Oopor mmas dichosa? Con ella puedes casarte: que el Rey, que tus aumentos desea, a una pretensión tan justa no ha de negarse su Alteza. Echástela en saco roto. Astuto, y sagaz se empeña. Calla, necio: quién al Fénix le puede hacer competencia? Mira que es una cautiva hermosa, noble, y discreta. Majadero a una cautiva me igualas con una Reina? Vive Dios, que por blasfemo. Qué? . Te cortaré la lengua No apuremos a este loco: Si con quien habla supiera! Pero no me ha conocido. Ea, Fabio, salte fuera. Quiero abrir. . Por no sufrirte, te consagro esta obediencia Felizmente ha sucedido. Valor, a vengar afrentas de un ciego Rapaz grosero; a pesar de la impaciencia de este fementido ardor; que primero es mi soberbia. Honor, a seguir el triunfo; amor, a lograr finezas: Ah, honor, lo que te cuesto! Al, amor, lo que me cuestas!

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Rosaura mía, a mis duelos debes precisa atención; si he de seguir la opinión de que no hay amor sin celos: pues no quiero aventurar que el alma llegue a entender, que soy cobarde en querer, por no atreverme a celar, y si hasta aquí os he querido sin este aleve tormento, llaver la contraria intento ya desse hoy más advertido. Pues así el dulce reposo de amor, queréis reducir a tan penoso vivir, con un querer tan extraño? Sí: que añado más blasones al primor de mereceros, sabiendo que sé quereros en entrambas opiniones. Pues de quién, Sileno mío, me pedís celos? . De mí. De vos tenéis celos. . Sí. Hay más loco desvarío! Pues celad con tal templanza, que a tanto competidor, no le demos de este amor la posesión en venganza. Discretamente ponderás lo que tu facilidad- pudo, contra la lealtad de mi amor. . Habláis de veras? Sí; porque estoy persuadido, que a amorir segunda vez, se aliente vuestra viudez a elegir tercer marido. No os entiendo. . Este papel, que supo hasta esta ocasión disimular mi pasión, os lo dirá: pues en él, en mal cifrado Hispanismo, ignorando que era yo, vuestra mano me eligió por sostituto a mí mismo. Es verdad que un Caballero llamado Fabio, finvieron los hados, y le eligieron mis ausias por compañero en mi pena: a cuyo empeño me obligó (siendo tan una) a lisonjear su fortuna, pero no a elegir su dueño. Yo le miré como ajeno, si como propio su agravio, y solo adoré de Fabio, las memorias de Sileno. Pues como (ripor tirano!) en tan lisonjera calma, podéis a mi darme el alma, si a Fabio ofrecéis la mano? Porque en Fabio os concibí Silevo, y aunque en, rigor, alucinase el amor, con tal tiento os elegí, por lo que el alma ideó, que en vos, por impulso igual de secreto natural, mano, y alma se empleó. También pudo en su elección errar tu alentada fe. No; que aunque yo os ignoré os conoció el corazón. Sí; que siendo el amor ciego, pudo la senda torcer; donde ladearse el querer le fuera preciso: luego neciamente has persuadido, que pueda un amor errante, desde tu Cielo inconstante a mi venir dirigido. Es lazarillo de amor el corazón y le guía, aún por indirecta via donde anela su interror: y aunque ciego perdió el tino como leal se inclinó, a tentadillas siguió las pisadas del destino: y a pesar de su deidad de vuestro imán arraida, llegó por senda torcida derecha la voluntad. Pues quién pudo de las dos elepir la suerte mía? Una oculta simparia que tiene el alma con vos: que es una amiga fluencia, que al humano corazón, por nativa inclinación, le arrastra a su conveniencia: una aguja de marear que en la brújola del pecho séñala el rumbo derecho, por instinto singular. Y es compatible que amor zozobrado deseamine, y a rumbo cieto le incline ese in pulso superior? Si No habéis visto una nave, que dando velas anviento, cede al impulso violento de su enojo, el curso grave? Que se arroja a las estrellas? Que se sume a los abismos? Que hasta los Pilotos mismos del Cielo pierden las huellas? y que en la brujula, atenta la aguja alal consorte, no acierta a perver su Norte en medio de la tormenta? Así mi amor engoltado en piélagos del deseo, dio sus velas al empico del impulso enamorado del aire de unos suspiros: y en valvenes zozobró, por lo que al alma latió en sus ocultos retiros. Ya lisonjeado se eleva, persuadido al imposibre de ser vuenro: ya insurrible se abate a dudo a prueba de ser ajenos; y a snciertos rumbos, halla los sentidos alejan, mal inducidos, las esperanzas del puerto. Pero en tan reció compate (cruel sospehada calma de ajeno cariño) el alma que allá en sus retretes late; conto es aguja tocada al desce rmán de la tuya, siempre, como a estrella suya siguió su Norte inclinada. También habréis advertido, que una nave que se deja a rumbo incierto, le areja al Austro no conocido; donde el Ántipoda pore otro Pulo; cuyo imperio gobierna aquel hemisferio: y apenas este ti aspone, y aquel Austral se examina, y sus luces desemvuerve, cuando ta aguja le vuelve, y a nuevo Norte se inclina. Así a tu amor. Es verdad Hoy que sigo la estreda mía (por oculta simpatía del alma) tu lealtad: atiende a la consecuencia: perdístela: así lo creo: otra descubrió el deseo: luego esa aleve influencia, ese impulso que dijiste de nativa inclinación, dio vuelta en el corazón, y nuevo Norte seguiste. No: que no pudo volverse el alma a otro Polo extraño; porque este tan en mi daño, nunca llegó a trasponerse: y aunque traspusiese, creo que el alma no os hizo agravio: porque si Sileno es Fabio, cualquiera Norte es su empleo. Y si no fuera Sileno? No pudiera Fabio ser quien me inclinara a querer; siendo asunto tan ajeno de mis ansias, otro que no fuese vos. . Raro asunto? O me lloraste difunto, o no. . Tu muerte lloré. Luego en tu vana aprensión Fabio fue el que te obligó. Solo a Sileno franqueó, sus puertas el corazón. Cómo? si a tiernos enojos del dolor, ya no vivía? Porque el alma no creía lo que lloraban los ojos. Luego no te persuadiste a mi muerte. . La temí, pero jamás lo creí. No? Pues de qué lo inferiste, di? De quedar yo con vida: siendo forzoso al perderte, que de el golpe de tu muerte, fuese el eco mi homicida: porque estando entre los dos tan vinculado el vivir, precila deuda el morir fuera en mí el espirar vos. Y no vastaba el temor a que murieses de atenta? No que llorarán la afrenta los leales pactos de amor, en cuya correspondencia político el corazón, quiso enojar la atención, por no ajar la dependencia; reciprocando de suerte la fineza, que al pagar, no se atrevió a gonizar, por no darte a ti la muerte. Tan empeñado a servir hallo lo deudor que soy a tus finezas, que estoy casi arrojado a decir. mas dígalo el corazón unido en estrechos lazos al tuyo: dame esos brazos; que es más conforme a razón (cediendo de tanta mengua, la voz su vana, altivez) que sea el alma esta vez intérprete de la lengua. Oh, mal torzón os enferme, y os cure vara de acebo! Dale otro por mi intención, que quizá será el prostrero. Ay alguna novedad, por ventura? . No que es cuento. Pues qué hay? . Qué? . Acaba dilo, Que el Rey su viaje ha dispuesto para la casa de Meca: a cuyo devoto empleo lleva hasta veinte cautivos ofrecidos al perpetuo culto de su gran Profeta. Soy yo de ellos? . El primero que él ha ofrecido a Mahoma, y aún a Satanas infiero que eres tú. . Suerte infeliz! Qué desdicha? . Rigor fiero! Y mi Rosaura? Esa queda, como hasta aquí vice dueño de casa; que a los ingratos nunca les vaca el gobierno. Y tú? . Yo quedo en mi oficio de Albacea. Y no habrá medio O para.. Ya te entiendo. Sí; pero. . Qué dudas? . Arriesgo mi persona. . Esta cadena, breve indicio de mi afecto es. . Y de tu libertad lo es también. . Toma Roberto. Qué? te quitas la cadena? Pues soltáranse los presos. Argelina malas nuevas te traigo. . Ya lo sabemos; pero no hay que dar cuidado, que aquí estoy yo. . Gran sujeto. A tu lealtad mi fortuna retrocede el eje adverso, Vuestra inopinada suerte es deudora a mis deseos, que solo son de salvarme, reduciéndome al fiel gremio de la Iglesia. . Si lo cumples, la mano te doy en premio. otro mayor me promete mi justa eleción. . Concedo; pero eso no quita a esotro. Celinda, uno, y otro acepto. A confirmar tu dictamen todo mi valor te ofrezco. Pues a avisar a Camilo voy. . La dilación recelo de esta fuga. . Antes que el Sol perne sus rubios cabellos, daremos vista a Sevilla, si nos favorece el viento. El modo se dificulta: pues el Rey puede al intento nuestro oponerse cruel. Esta noche a lo que entiendo, se retira a la Mezquita a orar con todo silencio, y a ponerse mal con Dios haciendo, como buen perro, las debidas diligencias, para este gran jubileo: y a espaldas de esta ocasión, con seguridad podremos, sin ser de nadie sentidos, tomar las de Villa diego: a cuyo fin una barca queda ya en el Muelle viejo bastantemente capaz, blioto surtida de bela, y remos. Y así, chitón; y al negocio, con disimulado acuerdo. Fabio, la prudencia encargo, y la locura a su tiempo; que siempre he oído decir, a moros, niños, y viejos, que las guindas por San Juan, y los navos por Adviento. Cielos, atended benignos a tan arriscado empeño. Fortuna ten de tu rueda el voluble movimiento. Cielos desoned el rayo, en cuanto pasa este trueno. Conducido vuestra Alteza de sus ínclitos deseos, a la casa de oración ha llegado: quiera el Cielo dar a sus devotas ansias el debido complemento, que tanto anela, tocando con desnuda planta el suelo de aquella bendita casa; que humanos ojos que vieron, a escarmientos de ver más lisonjearon el exceso. Aliente Alá mis designios. Mahoma plegue a tus fueros, que en peregrinación tanta (dificultades venciendo, y atropellando imposibies) llegue al sacro pavimento de tus Aras; aunque andigno, a retirar los inciensos, que tan repetidas veces, en ideados incendios, ha quemado el corazón en las Aras del deseo. A qué aguardáis! . Si tu Alteza ordena le acompañemos. Quedarme solo es preciso, en cuanto el oscuro ceño de la noche, fugitivo a los parpados risueños de la, Alba, no se retira. Idos pues; y en descogiendo sus trenzas el rojo Apolo, podéis volver con Roberto: que ya prevenido queda de lo que debe al empleo de su oficio. Esta minuta de los esclavos que ofrezco al culto del gran Mahoma, le dad: y que ese primero lo ponga en cadena aparte. Tus órdenes son preceptos. Este, sin duda, es el loco: mejor fuera echarlo a un remo, 2. Aqueste es Facio sin duda: cuanto mejor fuera, envuelto en una vela, arrojarlo al mar, con un lastre al cuello. Acelerando su curso el Fénix del cuarto Cielo ya fabricando a sus luces tumba, y cuna a un mismo tiempo, pues yace para nosotros, cuando nace para aquellos. Ya agoniza, ya zozobran en bascas de luz, los bellos flamantes rayos: mas antes que en el últinio vostezo gima vindeces del día la noche, a sollezos negros, quiero befar los umbrales de la Mezquita; imprimiendo sus huellas, primero el labio, que el forzoso movimiento de la planta: y dar principio a mis devotos empleos. Hasta perderle de vista aquí retirarme quiero: no sea que el Rey infiera de verme a estas horas lejos del vaño, lo que la industria solo permite al secreto, que en resolución tan grave debe cautelare. Jentro queda ya de la Mezquita. Vamos, pues no habemuremos esta dicha, ni se pierda de esta ocasión un cabello. Señor Senescio, un correo extraordinario ha venido con un pliego para vos; que deis licencia es preciso, para que os bese la mano. Decidle que entre. . Ya os siro Mas ya llega. . Las albricias que de esta noticia os pido, sean el norte de ese pliego. Si la que en vano imagino pudiera el alma deberos, no fuera precio condigno todo el valor del Oriente; pues tudo en menos lo estamo, la mitad del corazón en una hija he perdido. s Si esa noticia te debo, y esta prenda ha parecido posenión de un Mayorazgo de dos que tengo crecidos os daré por el hallazgo. Pero no soy, imagino, yo tan dichoso, ni vos tan afertunado amigo. De Gibraltar Plaza insigne el Rey me ha constirvido Gobernador. Él despacho así vi ne proveido. Y aquí dice. . Visto este, conviene a mi Real servicio partáis sin más dilación, que os permita lo preciso. Yo el Rey. La orden previene pronta la opediencia. Silvio. Qué ordenas? . Que luego sea sin dilación, nuestro habío a Gibraltar, no se quaje la lealtad de lo tibio de los años cuando nunca jucilan los bían nacidos. Ea, vamos, vamos luego, que en asa plaza he vertido, yoe mi sangaca son mi niñez, así la tengo cariño. Las albricias no me dais la noticia? . No hijo, e los cargos no se deben bricias, al admitirlos: lo se dan (si se piden) dejarlos bien servidos: tonces podéis pedirlas. porte del pliego, Silvio pagad, pues; veinte escudos déis darle. . Si consigo fin, renuncio el pretesto; es es para mí lo mismo. or favor tan singular vais otros tantos siglos. Venid, y os despacharé contado. Ya te sigo. Midiendo a sustos las sombras has que a huellas el camino, arba la medrosa planta i corazón a latidos. Dónde estás, Rosaura bella? Aquí voy, Sileno mío. Ya se que vais tropezando en los riesgos que imagino. 2. Roberto, a dónde me llevas? y ha dónde vamos? . Amigo, il Pararso terrenal. 1. Traidor, a qué? . A hurtar pepinos. 4. Y estos que van con nosotros? Si nos habrá conocido. Son almas de Purgatorio, que de penas han salido, con este gran jubileo de Meca . Y a qué llan venido? Van a divertir al guarda, en cuanto hacemos el tiro. Por qué me llevas vendado? ̱. Porque te llevo vendido. Esta es traición . Eso niego; que leal al Rey he sido. r. Cómo? Cumpliendo la orden, que de Muzgana has treo, peniendo en cadena aparte al que en la minuta vino tildado en primer lugar. Ese es Fabio. . Mas tú mismo. Cómo yo? . No eres tu Gría Uguadaj. . Sí. . Tú no has sido el portador de la carta? No lo niego. . Pues amigo, era la carta de Urías. Pues qué delito es el mío? Tener la Mora bonita, y no estar el Rey halto. Fabio por más desdichado, era el primer contenido de la carta: y como el trato que con él mi amistad hizo, no era este, conmutarlo en Uria fue preciso; disimulando con él, que el Rey, por ciertos motivos así lo tiene ordenado, sin lo cual nuestros designios no se lograrán muy bien. Mal se miran mis servicios. Mas tiene hechos un Bañiero, y suelen ser más mal vistos; pues se miran de mal ojo, cuando son más de servicio. Ea, alí ricias, que ya estamos en el Muelle. . Mal sufrido el deseo tantas vaces a la idea lo ha fingido entre estos derrumbaderos, cuantas a el mar me he creído precipitado. . La noche en sombras lo ha persuadido con tanto engaño, que dudo, si lo es también lo que miro. Parece a quella una barca. Mas ya la barca diviso. Si ella es: patos, al agua. El Cielo hallemos propicio, al conducirnos piadoso. Al reducirnos benigno. De las cadenas de Argel. Al dulce adorado allo. De la playa de San Lucar. Yo por todos, apellido Nacional de de Santa María el Puerto; en quien dibuja el destino Puerto, y Norte a nuestro rumbo, por el nombre, y por el sitio. Traición, traición. . A la vela, al remo, que este perrillo ha descubierto la caza. Oh Mahoma? . Él sea contigo. A la playa, al muelle; que una barca va de fugitivos Cristianos, a vela, y remo, y alas que le presta el lino, sulcando el vago elemento, mas que el golfo cristalino. Para que siga el alcance, voy a dar al Rey aviso. Cielos, que voces el aire leal, concede al oído? que apenas de ser creído, dudas le mueve al desaire? Aquí acercándose viene con acelerada planta un hombre, que a duda tanta ya la respuesta previene. Señor. . Di: qué ha sucedido? Traición grande: que una vela (que por este golfo vuela) de cautivos ha salido del Muelle viejo. . Qué dices? Yo con mis redes venía a dar a una barca mía, cuando con vientos felices salió huyendo de la playa; ni sé si el aire sulcando, o si el guifo navegando pájaro, o Delfín le ensaya. 2. Gran traición le ha descubierto, Señor, traición grande ha habido: vuestros cautivos se han ido conducidos de Roberto, para sus tierras y albua lo llevan forzado al remo. Cielos, como Alá supremo sufre que una alevosía castigue a una confianza? 2. Celinda, Camilo, y Fabio también faltan. Que este agra disimule mi venganza! Y Argelina? . 2. Hase sabido por averiguada cosa, que siendo de Fabio Esposa, se iría con su Marido. Calla, que solo de oírlo volcanes de ira provoco: cómo, si Fabio es un loco? Creo que supo fingirlo: y siendo en tal coyuntura el más acertado acuerdo de un loco ignorar lo cuerdo, saber ser loco, es cordura. Oh aleve! viven los Cielos, que ha de ser bien en tu daño la venganza de este engaño, satisfacción de mis celos. A ellos: al remo, al remo. 1. Tres galeotas al intento (hurtadas alas del viento) salieron de aquel extremó de la Caba: y según vuelan presto les darán alcance. Yo he de seguir este lance, porque aún los vientos que anelan a esta empresa, mi presencia no les permita una pausa. Mahoma tuya es la cabsa: brame el golfo mi impaciencia. Señor Seneicio, de todos ha sido tan deseada vuenta perlonas, que atenta duda la desconfianza lo que persuaden los ojos; porque aún anela a lo que ama. OTredishasque esta dicha teníáis tiranizada a esta República ilustre, que nuevo Padre os aclama. Este Albano (ai memorias!) Padre de Sileno: osi cuanta razón al Cielo le sobra, para humillar la arrogancia con que le negué a su hijo, lo que a su ilustre prosapia debí, mas que a su fortuna; que si en esta no me iguala, para ser deudor de aquella, el yo no excederle basta! Oh interes vano, y caduco! Que así creces con las canas! Parece se ha enternecido . el buen Senescio, la causa quien duda será la misma, que en mí sus efectos causa? Porque si él perdió una hija, yo a Sileno, y a Rosaura. . Pues no sé qué parentesco tiene ya con ella el alma, que en cada memoria suya nuevamente a prohijarla se inclina, con mis ternuras el corazón. Al Rosaura! Que noticia no haya habido de estos niños Cosa tara! por más que la diligancia ha querido investigarla! Aún si hubieran cautivado, no era la mayor desgracia: pues quien duda (aí hijos!) que vuestro padre os reseatara? Clero está; aunque por vosotros yo mismo me cautivara; que no es fineza en un padre, lo que ya es deuda a una dama, Mas, disimular conviene. Mas, disimulen mis ansias.. Lo que no bastan los ojos a desagraviar el alma. Lo que el alma lisonjera por los ojos se derrama. Poco abuita mi persona, donde vos tan empeñada la dejáis señor Albano, que a eternizar vuestra fama me obliga, infeliz fineza, que deberéis a mis faltas. Moros, Moros en la costa. Al muelle, al muelle, a la playa. Ea, Señor, acudid a la obligación que os llama. Por más digno os cede el uso mi atención: yo no hago falta donde vos estáis, Seneicio; salid a honrar esa playa: ea, Señor, que ya sois Gobernador de esta Plaza. La jurisdicción es vuestra; y no es la última hazaña tan de fiar, que no sea la primera en quien acaba. El que a gobenar empieza, solo el empezar le basta: yo, yo acabaré a su tiempo; pues ocasiones no faltan para empeñar el valor. A ellos, a ellos, arma, arma. Señor, en alas del viento, de Moros viene una barca por el Estrecho, cual flecha de los aires disparada. La caballeria toda de la costa, y tres galeazas salieron a recibirla con prefteza tan extraña, que a frustrar el celo vuestro se ofreció tan cortesana la ocasión, que en este lance no quiso estar ob ligada a necesitar de vo; por no ocasionar la falta de atención, que no debiera su versona, dispensarla con la del señor Senescio; cuando ha venido a su casa a visitarle. . No ignoro que una y otra es deuda tanta, que al satisfacer la una dejó la otra empeñada en atenciones precisas. Pero ya que me descarga de la obligación, pramera, la ocasión acelerada de esta ocurrencia no quiero que queden quejosas ambas. Continuad, Señor Senescio, favor que tanto adelanta mi fortuna, cuanto incurre la pena de desairada. Con el favor que me hacéis, con ese mismo me agravia vuestra atención, pues me obliga a imposioles de lograrla correspondida, quien sufre, quejosa dejar su fama Presa presa, a tierra, a tierra. Sin resistencia la barca se ha tomado. . Feliz suerte! A lo que entiendo, barata nos ha salido la presa. En todo caso la Plaza se causele de estos perros hasta aquí: y de aquí no salgan sin examinar primero de sus designios la causa: que tanta facilidad en rendirse esta canalla sin alguna resistencia, puede tener ciecunstancia. Es el reparo muy vuestro. Persuade con eficacia. Ticio. . Qué ordenas, Señor? Que a todos desde la playa, con la cautela posible, cubierto el rostro los traigan hasta aquí; que así conviene. No te detengas. . Ya tarda, quien prontamente obedece. . Mucho el corazón extraña esta novedad: pues hecho confusa posta del alma, le avisa de lo que siente, mas lo que le dice calla. Pronóstico el corazón no sé que acentos derrama por el pecho, susurtando voces mal articuladas, que persuaden, aunque mudas, con tan activa eficacia, que creo lo que me dicen, mas no entiendo lo que me hablan Anticipa la obediencia al precepto que llevaba llegó primero que yo, pues ya vienen, como mandas. Cuatro Moros son gallardos, y dos Lunas Africanas, que en ese primero Cielo, aún a la misma Diana prestarle luces pudieran, a no venir eclipsadas. En una barca, Señor, hija bastarda del viento aquesos perros venían atravelando el Estrecho; no sé yo con que designios: pues aunque a ellos salieron dos galeazas de la costa; sin resistencia se dieron: o traidores, o cobardes. Si traidores, al intento arbitramos cautelarles el designio, y los traemos, como ves, a tu presencia: si cobardes, no es empleo de su falsa religión ceder sus vanos preceptos. Vos sabréis, Señor Alberto, examinar sus intentos; o a quien compete esta causa; puesto que el Señor Senescio. Qué escucho, cielos? . Oy to la posesión del gobierno. que vos dejáis bien servido. Mi padre aquí? Aquí mi suegro Qué os parece de estas perras, Señor Se escio? . Mas cielos! el nombre, y la voz lo dicen. A qué aguardo? Qué recelos? Este, sin duda es mi padre. Gallardas Moras por cierto. Ea las Moras han manchado: mas si querrán estos viejos, para quitarse la mancha, fregarle con ellas? Fuego. Esta voz es de mi padre; ol es, la qué acuardo? Cielos! Ya es forzoso declararme. Yo en descubrirme, qué arriesgo? No es mi padre? Pues qué dudo? No es mi padre? Sí: qué temo? Ea, quitad las ligaduras, y el velamen a estos perros: y qué declaren quien son, o con qué ocasión vinieron a esta costa? Qué confiesen, o los metan a tormento. Zape: metida sea tu alma en los profundos infiernos. Señor, que yo lo diré. Señor, desátame luego. Ea, decid no os turbéis. Señor, qué lo digan estos: hablad demonios. Señor. yo, Señor, ya me confieso. Señor, yo soy renegado, con perdón: y aqueste perro es Moro: y esta es Celinda, y este demonio, y aquestos son demonios bautizados. Ea, callad, que os considero turbado. . Yo sí. Decid vosotros con qué pretesto el hado os ha conducido a estos parajes . Secretos son del Cielo inescrutables; que sus rigores cediendo a mis suspiros propicio (para que admires portentos) me ha conducido a sus plantas, a tomar seguro puerto; después de tantas tormentas, y un penoso cautiverio, en cuyo bárbaro golfo surqué mil mares de riesgos, cuartas consiguió victorias mi valo: gracias al Cielo; y al ave nacido noble; cuyos inslujos me dieron la vito ta, que también al ser que me diste debo. Mujer qué dices? Quién eres? Rosaura soy. Yo Sileno. Hija, hijos? hija mía? Padre mío . Alzad del suelo. Primero, Padre, Señor. Dadme los brazos. . Mas, Cielos, si es ilusión de los ojos, o fantasma del deseo esto que miro. . Señor. Padre, y Señor: Padre. . Temo (según le gastan el nombre) que no llegue a Padre Eterno. Válgate Dios tanto padre! Hija: hay rigor más tierno! Hija, no me llames Padre tantas veces: que en el pecho me ahogas el corazón con ese dulce veneno de, padre, padre; hija, hijos, alzad. . No he de mereceros los brazos, si a vuestras plantas no me otorgáis a Sileno por Esposo. . Qué fineza! Qué discreción! . Lindo cuento: si ellos han hecho lo más, que hará él en hacer lo menas? Yo creí, que iba a pedirle, quizá, le rácale el viejo algún níético de pila. Sí, hija: que ya es mi yerno. Dame esos brazos, acaba, no impacientes mis deseos, ni impidas a mis ternuras, que concha caduca el pecho perla hermosa te conciba. Hja, muérame yo luego; pues han logrado mis ansias, a pesar suyo, y del tiempo, lo que abará mi esperanza jamás no a mi consurlo. Dónde has estado, hija mía? Caso extraño? . Lance tierno! Qué acaso tan peregrino! Qué empinado inceso! Qué lance? . Qué tirania! Qué ternura! . Qué tormento! Qué felicidad! . Qué injuria! Qué gozo . Qué desconsuelo! ̱. Qué dices, Sileno? . A tus plantas hamilde el castigo espero, o el indulto de mi amor: pues ha sido el instrumento de vuestros pesares. Hijo quita allá, que todos ellos no pesan lo que este gozo: pues es tanto el que de veros recibo, que antes me obliga a agradecer tus excesos. Abrázame aquí. . Próspere (por tanto favor) el Cielo tu vida. . Qué discreción de muchacho! . Ea, Sileno abraza a tu Padre, Albano, tanta extrañeza? Qué es esto? Ea, seños, dadse los brazos. Quién tiene derecho a ellos es mi querida Rosaura, no mi hijo. . (Así pretendo isonjean, agradecido, tanto favor, a Senescio) cucho que no es mi hijo quie. . quei- mi Padre enojado Cielos! Ah costado tantas penas a un amigo, a quien le debo la amistad que en tantos años no pudo violar el tiempo. El pasabién le daré; que aunque la acción le repruebo, en fin el tavo buen gusto: y aunque por ser el empleo tan sober año, merece perdón, ahora no es tiempo. No seáis spertinente, Sílevo es buen Caballero, y así habéis de ser su amigo. Si apestra queja el derecho cede a mi cariño, yo (siendo Padre) como puedo negarle a un hijo los brazos: cuando loshijos son dueños del corazón pues son trozos que se desgajan del paho Hijo, llega, que ya tardas en rostatuerte a ello: y sambién en referirnos los percerinos sucesos de tante ausencia. . Son tares, que no agradecen al tiempo el abreviado volumen, que sacrifica al empleo de mi obediencia, pues piden aún más dilatado pliego, que la ocasión nos ofrece, y así, que me deis os ruego, porque os sirva más despacio, tiempo para obedeceros. Solo dilación no a dmite lo que a mi agradecimiento ejecuta por instantes la lealtad que a Roberto reconocemos deberle Rosaura, y yo; pues si precio no tiene la libertad, esa deuda contraemos con ese fiel renegado. Camilo es un Caballero a quien en mis infortunios debí amistad, y consejo; pues en él cifró mi suerte, Catón, y Orestes moderno. Esa hermosa renegada es del cariñoso empleo de mi Rosaura. . Señor, ese hombre es un majadero; que bien sabe que Cerinda me tiene dada primero palabra a mí, que a Rosaura. Ella quiera a su Sileno, sin ir a partir con nadie, que yo a mi Celinda quiero. Hasta ya reconcillados con la Iglesia, su spenderlo seraprecito. . El contrato es válido en todo tiempo: que siempre le hace lugar un voto entre dos reniegos. Cesudilla, esta es mi mano. Y esta es la mía, Roberto. Pero advierte que lo doy con condición de que luego a los pies del Mustr Santo de Roma, el perdó ganemos primero que consumar el Matrimonio. Confieso que a vivir en paz contí? me suclino y a no ser ed con las dicnas condición se a una vida de perto. Que de esto me haga te el Cielo y que justiciero no vengue esta injuria! Qu Qué furor! De enojo mí Yo me hago cargo de lo que fuere empeño vue A Roberto, y a Celinda es justo que acompañen en una acción tan crista todos: esto es lo primer Lo demás queda a mi can esto es en cuanto al avn de su fortuna. . Tu vie próspere, Señor, el Cielo Vos, señor Camilo, soy de nuestros haberes duañ y así tengo por lisonja ofreceros lo que es vue El Cielo, Señor, ospa Sí, lo que quedo ha deb pues en lo que hiciere de sois acreedor al resto. Señor, casad a Camil porque no le quede rien de nosotros. . A sus no le han de saltar emp porque correnpor mí oa Pareceos que le calen con una allá de la Arao con quien tuvo vuestro medio ajustada la boda Que es belládame. Un cuento de la Avel y el Gigal te Briareo, locuras de Don Quijato A esas debo lo discres Saber ser loco esar Al estriban los suces de su historia: y aquí a Doña Talia los cuente que a refertros de espa liberalmente me ofrez en pidiendo al audito; un vitor por tantos ye a bancioa fle