Texto digital de El rosario perseguido
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El rosario perseguido. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/rosario-perseguido-el.

EL ROSARIO PERSEGUIDO
JORNADA PRIMERA
TL Santo Rosario viva, y su Santa Institución, y con él la Concepción pura, y limpia de MARIA. Viva el Rosario, viva. Qué estruendo, qué vocería, qué algázara, qué ilusión mi Real Palacio altera? Hola, criados, traición: Sulpicio, Guardas, qué es esto? Rey, señor, qué turbación pesadamente te altera? De qué nace la ocasión de tan desusado enojo? quién, señor, le motivó? Suspendia entre las hojas de ese verde aparador, dando alivio a mis cuidados, y descanso al corazón, los vigilantes sentidos, que una recopilación del éxcasis de la vida. suavemente embargó: cuando dormitando oí de ese vulgar Escuadrón tanta confusión de voces, pensando (extraño temor!) que por las cuadras se entraban ignorando la ocasión, quiero saber de qué nace tan ruidosa aclamación. Aqueso, señor, te altera? prestame un rato atención, si quieres saber la causa. Prosigue. Oye, señor. Referir, Príncipe ilustre, la Sagrada Fundación de Padres Predicadores, y Santa Congregación, que en la Corte ha edificado con Divina Protección aquel Varón excelente, que denominan Prior; Domingo digo, el Atlante de este cándido Escuadrón, que indignos hijos se apelan de su santa institución: es cansarte solamente, pues tú lo sabes mejor; y así mi discurso ahora guía a la satisfacción del laberinto de dudas, que alista en tu corazón. Este, en fin, Hector valiente contra la continuación del adversario común, pública una devoción de la Antorcha, que más luce delante del claro Sol: es, en fin, de aquesta suerte. Dispone por oración en un Psalterio, o Rosario, que es el renombre que dio a esta Santa Cofradia, tres quinqueníos, y así son compuestos curiosamente de diez Rosas, y un Botón, que dicen ser Padre nuestro. En esta composición, las Rosas, Ave Marías, pues de la de Jericó Botón le produjo al mundo; que tanto ambar respiró, que suavizó aquel antiguo pestifero indigna hedor. En círculo le dispone aqueste orden superior de prerrogativas, y es muy santa disposición: que si del círculo nunca el fin conoce su acción, es decirnos mudamente, que comenzando, el rengión de tan agraciadas letras, no ha de terminarse, no; porque la Oración:: Detente, cercena el hilo a la voz, bárbaro, locó, atrevido, cierra el labio a esa razón, que tan grave atrevimiento no lo sufre mi rigor. Quien tan ciego barbarismo a la razón redució? Qué Rosas, o qué Rosarios pueden servir de Oración? Solo Idólatras consienten tan rara superstición. Y tú, que rendido yaces a aquesa falsa ilusión, procurando defenderla, qué pretendes? Yo, señor, por satisfacerte solo, me llevé de la atención; pero ya, si no me engaño, se han entrado en el salón dos hombres con sus Rosarios, de ellos tendrás relación de lo que en aquesto pasa. Entren, que pienso hacer hoy el más extraño castigo, que en los Anales se vio. 1. Con aplauso común aqueste día, publica en voces claras a MARIA, la Plebe convecada, ser común Abogada del que con devoción profunda, y santa acelera su ñaca, y debir planta a rendirla loores, y alabanzas, por futuras, y prontas esperanzas, que ministra, y ostenta por la suma iterada de esta cuenta. 2. Por la predicación tan rara, y pía, que Domingo publica aqueste día sobre la devoción, que de ordinario se consigue en rezar solo un Rosario. 1. Y a darte cuenta de este bien profundo, que ha venido al presente a todo el mundo. Detened, no prosiga vuestra lengua en esa socución tan en mi mengua: todos sois eneminos declarados de mi estendido Reino, y mis Estados. Quien origen ha sido de este contanio? quién le ha introducido? Pero ya me dijisteis, que el cuidado de Domingo se emplea, y obstinado en errores, protervo, y temerario induciendo esas Cuentas, o Rosario. Mas vive el Cielo, que en profunda calma he de tener confusa toda el alma, hasta apagar la llama, que se fragua del volcán, de la ira, y de la rabia, en el líquido humor, coral ardiente, que discurre en mis venas mudamente; pero quien me arrebata los sentidos con desusadas voces, y alaridos? Viva el Rosario, viva. Yo sujetarme a una pasión esquiva? muera el Rosario, y mi grandeza viva. Aa Sulpicio. Gran señor. Por todo mi Reino quiero que se despache al momento, para cumplir con mi intento, un traslado verdadero, orden de mi Imperio Augusto, de mi enojo, y de mi ira, que ya mi pecho delira palpitando a tanto susto: Para que cualquier persona, sea Noble, o Popular, sepa, que en mí ha de hallar la acción de Nerón en Roma, si fácilmente se aplica a esa obstinada maldad, que con tanta necedad sin mi orden se pública. Tú, Sulpicio, has de llevar este mi Decreto fiel, para que puedas con él prender, soltar castigar. Y así con tanta presteza camine tu pensamiento, que no te iguale del viento la subita ligereza. Solo tu gusto, señor, el gusto es que yo consigo; y así en partir prevenido seré tan presto, y veloz, que en cuotidiano arrebol, para ir tan bien asistido, me holgara el ir prevenido de los caballos del Sol; y así, con vuestra licencia, voy a prevenirme luego. . Andad, y vuelvaos el Cielo incolume a mi presencia. Vosotros, que hipocresía guardáis en tantas tibiezas, os cortaré las cabezas si dais en esa porfía. En mi Corte se publique lo que ya ordenado tengo, y juntamente prevengo, que un volcán se multiplique, para abrasar furibundo esas Cuentas publicadas, para que ni imaginadas se conserven en el mundo. Esto es mi gusto, esto es ley, esto es mi precepto Augusto, y quien cumpliere este gusto obedecer a a su Rey. Y sacado inconsiguiente, bien mi discurso lo abona ser traidor a mi Corona quien me fuere inobediente. Tomad, quemad, destruid esos Palos, o esas Cuentas, brote el abismo volcanes para poder encenderlas. 1. El obedecer es ley. 2. Sirvamos a nuestro Rey, sea justo, o sea injusto. Dejareisme satisfecho con la ejecución, andad, y si no hay fuego, llevad los volcanes en mi pecho. Llevad de mi indignación los indomitos rigores: quemad, como malhechores, los Rosarios. Qué ilusión tan ciega de un Frailecillo, cuyo engaño, y proceder el juicio me hace perder, y me avergüenza el decillo! Aquí he de estar, hasta tanto que el Ministro de la muerte en cenizas los convierte. Qué fuego es este? qué encanto, Fraile embustero, enemigo? qué tropelías intentas? Presto verás si tus Cuentas te libran de mi castigo. Qué se escribe? Oh Soberana Señora, de quien la cándida Aurora mil rosicleres recibel Escribo en estos renglones, Reina de las Jerarquías, lo contrario de heregias, de bárbaras opiniones. Escribo, porque se asombre el Hereje temerario, Excelencias del Rosario en vuestro Divino Nombre. Escribo un Compendio breve, Sol de la Suprema Alteza, parte de vuestra pureza, contra el Calvinista aleve. Escribo, y con evidencia pruebo estar depositados en los Rosarios Sagrados los Tesoros de Clemencia. Escribo en altivo vuelo, que sus Cuentas consagradas son escalas fabricadas por donde se sube al Cielo. Escribo, Divina Palma, Rosa Mística, y Preciosa, que sois Centro, do reposa sin inquietudes el alma. Escribo, Sagrada Oliva, de la Paz anunciadora, que en Vos el Cielo atesora, gloria de Jeab altiva. Escribe mi mano diestra, probando, que solo en Vos, la Omnipotencia de Dios, por excelencia se muestra. Finalmente, en lo que escribo, tesoros inmensos gano, si de vuestra Regia Mano cada día los recibo. Con recíprocos favores pienso, Domingo, pagarte; aera vengo a avisarte, que no temas los rigores de Eliano, mi adversario, que mi Rosario persigue; la Suma breve prosique en defensa del Rosario. Será una Antorcha encendida, que alumbrará refulgente, con que a la precita gente podrás hacer escogida. Vendrá a ser terror, y espanto de Hereges, cuyo esplendor causará miedo, y pavor a los Reyes del quebranto: de esterrara, como el Sol las nubes del claro día, la depravada Heregia. Prosigue, electo Español, en tu Libro, en la defensa de mi Rosario bendito, aunque Eliano maldito no desista de su ofensa. Una Santa Cofradía harás por mi intercesión en toda la Religión, de mi Rosario: porfía contra los falsos Herejes, que Yo te daré favor, tal, que salgas vencedor, y confundidos los dejes. Y en prueba de esto, verás, que a más de cien mil Soldados, contra ti confederados, muy presto los vencerás tú, y Jimón, Conde en Monfort, él con armas peleando, tú en mi Rosario rezando al alto Dios Sabaot. Y en los siglos venideros, vencerán contra Papanos mil batallas los Cristianos, y devotos verdaderos de mi Rosario Sagrado; y al Demonio vencerán, porque contra Leviathán me tendrán siempre a su lado. Ahora lleva en tu ayuda a Fray Diego, que es mi Atlante, que con él saldrás triunfante de mi adversario, sin duda. Quédate a Dios, y prosigue constante, con gran valor, contra el Herege traidor, que mi Rosario persigue. Señora, tan presto os vais? cómo me dejáis en calma? Pero no os vais, que en el alma eternamente moráis. Esperad, Señora mía, cogeré antes de partiros esos refulgentes giros del Presidente del día. Voy al punto a disponer vuestro mandato propicio, porque en serviros, mi oficio ha de ser decir, y hacer. Legiones del Lago Haberno, Espíritus derribados del Infierno, y condenados, como yo, a tormento eterno: Caudillos, y Capitanes de la milicia infernal, cómo no sentís mi mal? Como no abortáis volcanes de fuego, que abrase al mundo? Astarot, adónde estás? qué te has hecho, Satanas? Oh Príncipe, sin segundo? tú con pasión? tu afligido? Dime, Lucifer, qué tienes? Lisonjeándome vienes, Satanás, cuando metido estoy en mayores males, que causó mi precipicio? Que mandas en tu servicio, Príncipe de los mortales? Nadie Príncipe me nombre, ya se acabó mi poder, pues me quiebra una Mujer la cabeza, y hoy un hombre me hace guerra, que en decillo, y aún en pensallo, me ofendo, porque aumenta mi tormento un Domingo, un Frailecillo. Este causa mis dolores, este es nuestra perdición con su nueva Religión de Padres Predicadores. Este enemigo tremendo nació para ser Atlante de la Iglesia Militante, que ya se estaba cayendo. Hoy ha sido visitado de aquella, que preservó Dios de culpa, y le dejó sumamente encomendado esta Celestial MARIA, a Domingo, mi adversario, constituya del Rosario una Santa Cofradia. Esta es mi aflicción, y afrenta, este es mi desasosiego, y esto temo más, que el fuego eterno, que me atormenta. Mas es, que verme privado de mi silla eternamente, si de esta Reina excelente el Rosario es venerado; porque tengo por muy cierto, que del Infierno ha de ser ruina, y que ha de tener, como la Cruz, siempre abierto el Cielo, que la Oración es una Llave maestra, en abrir el Cielo diestra, porque es Llave de Perdón. Ninguno Señor me llame, ni del Infierno Rector, hasta salir vencedor de este Frailecillo infame. No me basa haber caído del Solio excello que tuve, como Supremo Querube, si no verme perseguido de un gusanillo? qué es esto? Has tocar al arma luego en mis cabernas de fuego, eche aquí el Infierno el resto. Haz tremolar mis banderas, despliéguense mis pendones, convócuense mis legiones, incita aquesas mujeres a Proserpina, y Plutón a las furias infernales, mueve a todos mis parciales, hasta el Barquero Aqueront; deje también de ladrar el Triuface en su hostería, que contra esta Cofradia todo el globo he de alistar. Privado en las Jerarquías, si tu supremo valor fuera capaz de temor, juzgara que lo tenías. Para qué son prevenciones tantas, que mandas hacer? Ay Davides que vencer, oh discretos Salomones? Son para rendir Caudillos del Capitán Cedeón, o al invencible Sansón, sino unos flacos palillos hechos Rosarios, y Cuentas? No ves que nos envileces? tus hazañas oscureces, y a tus amigos afrentas? Hablas como temerario, hasta el fin nunca te alabes, bien parece que no sabes la potencia del Rosario. Es tan suprema, y tan rara, que sobrepuja a la mía, porque esta excelsa MARIA la favorece, y ampara. Ella le da la potencia, ella mi daño fábrica, por ella Dios comunica los tesoros de clemencia. Por ella su Hijo mismo los Cofrades solicita, y muchos de ellos nos quita, que estaban para el abismo. Finalmente, esta Mujer los patrocina, y ampara, a cuya potencia rara no se atreve mi poder. Tú, que a la Suprema Alteza de Dios quisiste igualar, hoy te ha de acobardar de una Mujer la flaqueza! Tú, que en la alta Berarquía contra Dios hiciste alarde, hoy te muestras tan cobarde a la que llaman MARIAl No es cobardía, y locura confesar, que es más valiente de Adan una descendiente? una humana Criatura? Tú no eres Ángel supremo? qué puede haber que te asombre? Satanas, amigo, el Nombre de MARÍA solo temo. Dios a este Nombre ha dotado de inmensa sabiduria, y así, en diciendo MARÍA, dame por acobardado. Mucho, Lucifer me pesa ver rendido tu valor: si quieres ser vencedos, deja a mi cargo la empresa, verás en esta jornada eternizar tu memoria, verasme alzanzar victoria de esa Reina Inmaculada. Veras como en nombre tuyo salgo, sin duda, triunfante de Fray Domingo su Atlante, y su Rosario destruyo. Verás (aunque este adversario sin cesar predique, y ladre) que el más devoto Cofrade abómina del Rosario. Verás, que su Cofradia destruyo, sin resistencia. Satanas, en mi presencia vendes tanta valentía? Amigo, menos braveza. Qué ves en mí, Lucifer? Veo en ti, que has de volver las manos en la cabeza. Veo en ti, que muy osado de tus astucias te vales, y verete como sales vencido, y acobardado. Veré, que gastas al aire arrogancias atrevido, y verete, al fin, vencido con ignominia de un Fraile. Satanas (para los dos) no eres tú para esta empresa, que es de lo que a mí me pesa. Oh pesar del mismo Dios! Vive Plutón, que si fuera otro que tú el que me hablara así, que lo sepultara al abismo de la tierra. No sabes tú, que esta mano venció a los Padres primeros, y los hizo prisioneros, y a todo el Género Humano? No sabes, que puse leyes a Idolatras en la tierra, y he vencido en campal guerra grandes Monarcas, y Reyes? A un David, a un Salomón, con toda su infusa ciencia, yo no engañé? y la potencia no sujeté de Sansón? No soy quien a Dios quitó del Colegio Apostolado, al que de él fue regalado, y a si el alma te entregó? Si mis astucias has visto, por qué dudas como incierto, pues sabes que en el Desierto tenté tres veces a Cristo? Bien sabes que esto es así. Bien sé que la historia es esa, pero la presente empresa, cual digo, no es para ti. Ya pasas de temerario, si de mi dudando estás la victoria. . Satanas, mal conoces del Rosario la soberana potencia, que MARIA le ha otorgado. Resuelto, y determinado estoy ya, dame licencia, que antes que el fatol del día se acerque al carro dorado, has de ver como he triunfado del Rosario de MAPÍA. Vive Dios, que es disparate: (habita prius licentia) pretender su Reverencia reducir a un Rey orate a la Católica Fe, porque es trabajar en vano. Padre Prior, vuélvase, tome consejo más sano, mire que vamos errados, y yo voy de mala gana, porque en vez de traer lana, volveremos trasquilados. Siga, Padre, la opinión de Fray Diego, aunque ignorante, no pasemos adelante, deje al duro Faraón, porque el Rey es temerario, y aún debe de ser Judio. Deo gracias, hermano mío. Pues quien persigue el Rosario, e, no es Judio, no es Herege, y de mala casta? . . Hermano:: Digo, que es un mal Cristiano. Por caridad que lo deje. No sé, Padre, si podré, si no me presta paciencia. Pues harale, la obediencia, que calle, y que humilde esté. Por Usencia me resisto, que esto que digo en ausencia, se lo diré en su presencia al mismo Rey, voto a Cristo; porque en mi concepto, Padre, con evidencia colijo, que también persigue al Hijo, el que persigue a su Madre. Y si gusta que los dos vamos, será buen testigo, como en su cara le digo lo que he dicho, voto a Dios. Sin jurar. Este es mi quedo, que desde que fui Soldado, quedé, Padre, acostumbrado a jurar, y así no puedo anstenerme. Pues deseche tan mala costumbre, hermano. No sé si estará en mi mano, porque lo mamé en la leche: eso es cierto. Quién profesa tan ejemplar Religión, y tan firme devoción con la Suprema Princesa del Rosario, ni aún por lumbre ha de tomar en la boca cosa que en su ofensa toca. Deje, Hermano, esa costumbre tan mala, guarde la Ley de Dios, como Religioso, que se hará más sospechoso de mal Cristiano, que el Rey. Mucho, Padre, me agravió, que voto a Dios, no ha nacido quien del Rosario haya sido mayor devoto que yo. Y si mis votos le afligen, yo juro, a fe de Soldado, que cuando juro enojado, más creo en Dios, y en la Virgen. Él ha de seguir su humor. Mi humor es, que juro, y voto, que si Usencia es muy devoto de la Virgen, yo mayor. Que haya vergüenza tan poca de responder de este talle a su Prelado en la callel Ponga en el suelo la boca, humillese, acabe ya, venga sin mover los labios. Voto a Dios, que estos agravios: Ya escampa; no callara? Ya callo. . . No hable más, venga, y haga lo que digo. Si el Rey se encuentra conmigo, se encuentra con Barrabás. Seas, Capitán Sulpicio, muchas veces bienvenido: cómo en Tolosa te ha ido? Gran señor, en tu servicio a ninguno puede ir mal. Yo partí, como mandaste, con tu Condecta Real, y lo demás necesario perteneciente a la guerra, por todo tu Reino, y Tierra, del aviso del Rosario; y apenas en él se vieron tus mandatos, y canciones, con trompetas, y pregones, cuando al punto obedecieron, Algunos se conjuraron, y con el Conde limón, tu enemigo, en su Escuadrón por Soldados se alistaron. Es Protector, y Caudillo del Rosario al descubierto, y que le incita, es muy cierto, Domingo, ese Frailecillo, que temerario porfía, con razones aparentes, introducir en las gentes ser devota Cofradia. Presto sabré si es así, y por mi Corona juro, que no se ha de ver seguro, si sube al Cielo, de mí. Los que no han obedecido, los dejo ya castigados, y entre ellos estos cuitados Ciegos ante ti he traído. Bien has dicho que están ciegos, y ciegos han de morir, sin poderme reducir clemencia, piedad, ni ruegos: llegadlos acá, llegad. Decid, del Cielo adversarios, como rezais en Rosarios sin temor de mi impiedad? Venid acá, desdichados, de la miseria ejemplar, por qué así os dejáis llevar de un error precipitados al Infierno, idolatrando en unos viles palillos? qué os dan esos Frailecillos, Sacra Deidad profanando? qué esperáis de ellos? 1. Consuelo. Quién os le ha de dar? 2. MARIA, que es nuestra Abogada, y Guía. Qué premio esperáis? 1. El Cielo. Que esto los Cielos ordenen! en el suelo hay tal error! A esos hombres:: Gran señor, estos por oficio tienen el rezar de puerta en puerta el Rosario, y Oraciones, y con sus deprecaciones tienen la limosua cierta. En el Rosario han librado, para conservar la vida, el vestido, y la comida, que les dan porque han rezado. Es esto verdad, decí, lo que de vosotros cuentan, que por rezar os sustentan? 2. Si señor. . Gran frenes? tiene impreso en la cabeza el que pretende alcanzar algún favor sin rezar con lo que otro por él reza. 1. Tu Majestad no perdona a un delincuente homicida, a inque su vida le pida interposita persona? Eso es cuando soy rogado de algún Grande, o tal sujeto, que me obligue algún respeto, o la amistad de un Privado. 2. Entre las Regias Coronas esa es májima muy clara, pero Dios nunca repara en calidad de personas; antes al más abatido, al humilde, al pobrecillo, gusta Dios mucho de oírlo, y otorgar lo que ha pedido. Sus sacros oídos cierra a los soberbios hinchados, de quien son lisonjeados los Príncipes de la Tierra. Haya tal atrevimiento! que hablen con tanta licencia dos Ciegos en mi presencia! Presto seréis escarmiento de todos cuantos mi bando no obedecen; al suplicio lleva estos Ciegos, Sulpicio. 2. Iré, y moriré rezando. Hacle, Capitán, quemar, como alevoso homicida. 2. Podrás quitarme la vida, mas no el dejar de rezar. Y tú sigues la opinión de aquel loco temerarro? 1. Con el Sagrado Rosario tengo tanta devoción, que recibiera por él dos mil muertes, que una es poco. Calla, infano, calla, loco: atadle al cuello un cordel, por las calles arrastrando, de dos caballos asido, muera el ciego fementido. Moriré, Virgen, rezando. Oh vulgo, bárbaro abismo de abusos, que solicitas, y fácilmente acreditas novelas con tu idiotismo! Yo haré que tu barbarismo no corra desenfrenado tras el rezo, que ha intentada Fray Domingo el embustero, o al que le siga, en brasero ha de morir abrasado. Un sueño grave porfía dar treguas a mis sentidos, en tanto que están dormidos velará mi santasía, sino es que la Cofradia del Rosario, y su invención, causando mi perdición, me desvele dando enojos; mas mientras duermen los ojos, velará mi corazón. Hasta el último retrete del Rey poco a poco he entrado, el cuarto está despejado: cojamos por el copete tan oportuna ocasión. Solo está el Rey, y dormido, quiero decirle al oído mi terrible tentación; llego, pues: Qué me resisto a una imagen de la muerte, que cuando a mi voz despierte, pensará que le habla Cristo? duermes, invicto Eliano? Quién así mi sueño altera? Quién bajó de la alta Esfera de aquel Señor Soberano: Quién abrasado de amores del Empíreo descendió a la tierra, y redimió a todos los pecadores: Quien clavado en un Madero recibió muerte afrentosa por el Alma, que es su Esposa. Oh mi Cristo verdadero! tanta merced, y favor? A mucho, Señor, me obligas: qué me mandas? Qué prosigas en perseguir con rigor el abuso temerario, que en tu Reino ha introducido. Fray Domingo fementido, rezando en él el Rosario. Mira que el Señor del día se ha ofendido gravemente, porque esta idolatra gente pide favor a MARIa, rezando en unos palillos, como en cadena ensartados; mira, Rey, que estos pecados no tiene de remitillos. No consientas en tu Reino esta acción de Satanas, porque con él te verás condenado a fuego eterno. En mi Reino, ni en el mundo no ha de haber esta invención. Logrado he mi tentación. . Eliano sin segundo, harasme un grande servicio si en esto pones cuidado, y yo quedaré obligado a estarte siempre propicio. Castiga severamente a Fray Domingo, inventor de este embuste, cuyo error contramina mucha gente. Qué me respondes? Qué juro por tu soberano nombre, que no ha de quedar un hombre de mi indignación seguro, si le abe iguo, que toma un Rosario, o lo imagina. Esta inspiración divina ejecuta. . Cuál Sodoma pondré al Fraile, y al Convento, si en su embuste persevera, y dandoses muerte fiera, vere frustrado su intento. Vorme, pues ya está advertido . en esto que le he mandado. . Si es verdad lo que he soñado? estoy despierto, o dormido? quién tal confusión ha visto? Soyando, sin duda, estaba cuando jurgaba que habllaba un Mensajero de Cristo. Si fue acaso santasía de la aprensión veloz? Pero no, que or una voz, que a la mía respondía. Sea sueño, o lo que fuere, ilusión, o santasía, que este embeste, o Cofradia, Dios, sin duda, no le quiere. Dios que he de que mar cuantos este barbarilmo acreditaren, yo mismo lo tengo de ejecutar.
JORNADA SEGUNDA
jornada segunda Emperatriz de los Cielos, a quien viste el Sol de giros, pues os consía, que el serviros solicitan mis desvelos, en este instante he sabido, que Eliano va a quemar los dos Ciegos, y a rogar por ellos aquí he venido: ocurrid, blanca Azucena, a extinguir la voraz llama, pues que todo el mundo os llama de Miscricordia llena: por mil títulos os toca socorrer los afligidos. Apenas a mis oídos llegó la voz de tu boca, cuando bajé a remediar los pobres encarcelados. Favores tan sublimados con qué los he de pagar? Con solo ser muy devoto de mi Rosario Sagrado, me habrás, Domingo, pagado. Yo os hago solemne voto, que toda mi Religión defienda vuestro Rosario. Ve presto, que mi contrario manda sacar de prisión a los Ciegos, y a la Plaza quiere que sean llevados, y en voraz fuego quemados, y a tu Convento amenaza. Envía luego a Fray Diego por ellos, que allí hallará mi favor, y los traerá antes que lleguen al fuego. Procúralos ocultar de este sangriento Eliano, que Yo te daré la mano en todo el tiempo, y lugar. Quieres más? Después de veros, qué puedo, Virgen, querer, sino el volver a ver la luz de esos dos luceros? Domingo, a diós. Bella Aurora, aunque de mí os ausentáis, conmigo, Virgen, quedáis, si en mí vuestra Imagen mora. Conmigo circuncisiones? Vive Dios, que ha de llevar otra vez bien que contar a coces, y mojicones; vuelva otra vez el glotón goloso, el hijo de puta, a circuncidar la fruta. Con quién, diga, es la cuestión? Llevará palo de ciego si me apura la paciencia. Siempre ha de andar de pendencia? Deo gracias, hermano Diego. Ah Fray Diego: con quién hablo? ponga en su colera rienda. Si el goloso no se enmienda, se ha encontrado con el Diablo. Que salga tan divertido, que no ha entendido mis voces! Voto a Dios, que a puros coces le mate. . . Con quién ha sido la pendencia Qué furioso está! Repórtese, y diga, quien a a este enojo le obliga. Ese Donado goloso. Nuestro Doñado? y por qué? Porque se comió la fruta de la mesa el hi de puta; mas a palos le deje de tal suerte las costillas, que juzgara un Organista, llegando su racto a vista, ser del Organo teclillas. Y parécele que es bueno alabarse del delito? yo le haré que esté contrito, y ponga a su lengua un freno, Comerase él diez porciones que estarán para el sustento, y es muy gran de atrevimiento el disfamar con baldones, a quien con necesidad toase un poco de fruta: solo por eso ejecata tan loca temeridad, tan excesivo rigor? cuando ha de llegar la enmienda? yo le pondré freno, y rienda. Oígame, Padre Prior. Qué tengo de oír? acabe. Llamome la buena pieza motilón, y en la cabeza llevó también otro cabe. Calle en buen hora, o en mala, no se alabe, que displace mucho a Dios aquel, que hace así del delito gala. Mas valiera arrepentirse de haber a Dios enojado, y a su projimo injariado, que no jactarse, y reírse; pues porque a Dios satisfaga la pena de su delito, ante un Cristo, muy contrito esta penitencia haga. Todo un mes a la contina, en su celda retirado, por el suelo arrodiliado, se dará una disciplina; ayunará en penitencia de sus locas valentías a pan agua dos días. 2. . Repare su Reverencia: No tengo que reparar, y agradezca la cordura, que semejante locura pide castigo ejemplar; proceda como Cristiano, que es Religioso repare, y a todos cuantos hablare, no les diga si no hermano. A este precepto le obliga nuestra Doctrina Sagrada. La Doctrina es extremada: será razón, que le diga hermano a quien me baldona de mutiión? lindaciencial vive Dios, que hasta a Usencia le rompiera la Corona. Diga, Fray Diego, está loco? pues acabo de reñirle, procurando reducirle, y habla así? escuche un poco. Luego ha de haber sermoncito: más es hablar en desierto. A corregirle no acierto, . sin duda que esta precito. Ahora vaya al momento a la cárcel, do hallará dos Ciegos, y los traerá con recato a este Convento, Están sueltos? Por locura su pregunta, Hermano, apruebo; No los darán, si no llevo mandamiento de soltura, y aún también el carcelaje. Vaya, que ya está pagado; no sea, Hermano, pesado, y de réplicas ataje, no espere que me amohíne, vaya, y no sea importuno. No conmutara el ayuno en otra cosa? Camino, mire, Germano, que me indigna, y me ensada el replicar. Padre, pues si ha de ayunar, quitellis la disciplina. Quiero entre tanto rezar a la Virgen el Rosario, porque del Rey temerario quiso a sus Siervos litrar; y aunque el Rey ha de intentar, en venganza de su enojo, abrasar nuestro Convento, no se logrará su antojo, antes semejante arrojo será a muchos de escarmiento. Sin ser de nadie sentido hasta el Oratorio he entrado de Fray Domingo: arrobado está. Quién viera vencido a este invencible Sansón! parece que me acobardo. Quiero llegar, que ya tardo, y darle mi tentación: Ah Domingo; con azar entro, que está meditando. Santa María::: Rezando está el Fraile a mi pesar: Domingo, no miras quien te viene a dar mil favores? Por todos los pecadores por siempre jamás, amén. No acabas de responder? deja el rezar comenzado. Quién es el que me ha llamado? Soy el inmenso poder: conocesme? Yo, señor? si yo no sé, cómo puedo? No tengas, Domingo, miedo, desecha todo pavor: Vengo abrasado por ti a avisarte, y a decirte, que procures corregirte de tus errores; por mí luego el Rosario destierra, porque yo me satisfaga. Vuestra voluntad se haga en los Cielos, y en la Tierra. Al vulgo bárbaro doma, como lo hace Eliano; el Rosario, que en tu mano está, me da luego. Toma, pirata de almas, corsario: Pensaste, fiero Dragón, borrar con tu tentación la devoción del Rosario? No sabes tú, buena pieza, como yo también lo sé, que la Virgen con el Pie te ha de quebrar la cabeza? Ya lo sé, suelta. Es cansarte, no forcejes, Satanas. Ya has vencido: quieres más? Quiero a Fray Diego entregarte. De tal Alcaide reniego. Por qué reniegas de un Santo? Porque yo no temo tanto al mundo, como a Fray Diego, Ya quedan puestos en salvo los presos. Suelta. Ah traidor! Qué es eso, Padre Prior? Un tentador es el diablo. Huélgome de haberle visto: como viene así vestido? Porque a tentarme ha venido con apariencia de Cristo. Tome, Hermano, esta cadena con que preso se lo entrego. Con entregarme a Fray Diego se multíplica mi pena. Diga, hermano chamuscado, remedio contra el Invierno, desde el Empíreo al Infierno las leguas que hay pues lo ha andado. Diga, hermano escaravajo, Ángel trocado en mochuelo, Lajo rodando del Cielo boca arriba, o boca abajo? No responde, hermano Abel, de quién pienso ser Caím? Como desde Querubín bajó siervo de Luzbel? Pensaba, hermano demonio, alcaraban patitaerto, que tentaba en el Desierto al Anacoreta Antonio? Ya no me faltaba más. No responde, conquivano? Pues como le llama hermano, sabiendo que es Satanas? No me ha mandado Usencia, que a todos cuantos hablara, que de hermano los tratara? yo cumplo con la obediencia. Voyme, y quédese con él. . Váyase Usencia con Dios, que ha encontrado de los dos un segundo San Miguel. Desnudese luego al punto de Cristo la tunicela, con que finge su cautela. Ya mi desdicha barrunto. Retire el monazo viejo la cortina del retablo, porque vean que es el diablo en las zancas, y el pellejo. Desnuda. No me atormentes, ya estoy de ella despojado. No ande, hermano, disfrazado embelesando las gentes: mucho huele a chamusquina. Suelta, si venía en ti cabe. Primero sabrá a qué sabe la fruta de esta pretina. Suelta, ireme desterrado del mundo. No me forceje, porque antes que yo le deje, ha de ir, hermano, azotado. Falta más? No estoy contento, que he de añadir a esta historia, que sirva, hermano, a la noria cuatro años de jumento. Alevoso, fementido, ingrato a tu ley, y fe, si yo te he honrado, par qué mi mandato no has cumplido? hante el juicio quitado? sigues la falsa opinión de Domingo? en la prisión los Ciegos te han trastornado? qué dices? no me respondes? Qué novedades intentas de rezar en esas Cuentas? dónde los presos escondes? Rey, tu juicio es temerario, que yo los Ciegos no he visto: si alguien los libró, fue Cristo, y la Virgen del Rosario, a quien sirvo, a quien adoro, y tu ciego, multíplicas mil hierros. . Tú me predicas? tú me pierdes el decoro? qué esperáis, decid, Soldados? encended luego un volcán de los rayos de alquitrán, pues los traéis separados. 1 Ya, señor está aquí el fuego. Encendedle, a qué aguardáis? Si vivo no le quemáis, os he de quemar yo luego. No pienses, Rey inhumano, que me espantan tus rigores, porque espero mil favores de la Poderosa Mano de aquella, que fue dotada de la Cracia. A vos. Señora, invoco en aquesta hora: pues os preciáis de Abogada, socorred a este afligido, excinguiendo el voraz fuego como cera, que está ciego este Rey endurecido. Amparid, Virgen MARIA, a vuestro nuevo devoto, que desde luego hago voto ser de vuestra compañía. Libradme de este adversario, pues sois asilo seguro de afligidos, que yo juro de amparar vuestro Rosario. Qué aguardáis, amilanados? cómo el fuego no encendéis? o es que a ese infame teméis, o que os tiene ya hechizados. 2. Cansaste, señor en vano, que este fuego no ha de arder, aunque lo venga a encender el Proto Herrero Bulcano. 1. Este es milagro patente: no miras, señor, el agua, que entre la leña desagua una cristalina fuente? Soplad. 2. En vano porfías hacer a Sulpicio ofensa, porque el fuego en su defensa vierte las nubes de Elías. Es encanto, o es quimera lo que a mi persona ofende? 1. Huye, señor, que desciende el fuego, y toda la esfera. Pagarame esta insolencia con tormentos exquisitos. Huid, Herejes malditos, de mi Divina Presencia. . Sulpicio, a mi Eterno Padre llegó tu deprecación, y Yo, por la intercesión de mi Santísima Madre, de quien ya deveto eres, en tu defensa estaré, y siempre te otorgaré lo lícito que pidieres. Ten cuida lo de rezar su Rosario cada día, y en su Santa Cofradía luego te harás asentar. Ya estás puesto en salvamento tú, y los Ciegos afligidos, que Fray Domingo escondidos ha tenido en su Convento. Partid al desierto luego, y allí estaréis retirados, hasta que seáis visitados de Fray Domingo, y Fray Diego. Esta Cruz traeras contigo, con que te defenderás del altuto Satanas, mi capital enemigo. Esos Rosarios pendientes, que llevas, repartirás, y en ellos enseñaras a rezar sencillas gentes. . Cubrid, Árbol Sagrado, con vuestra sombra mi cansada vida, que en vos, Cristo immolado, la muerte con su muerte fue vencida: pues fuisteis escogido, amparad a este Sauto convertido. Y Vos, immaculada Reina de la Suprema Monarquía, pues ya sois mi Abogada, en pago de rezaros cada día vuestro Rosario, os pido amparéis a este Saulo convertido. Rosarios consagrados, que al alma la ofrecéis rosas, y flores, de Dios fuisteis labrados, venid a que os veneren los Pastores, y humildemente os pido amparéis a este Sabio convertido. No sé como no reviento de cólera: pierdo el juicio. Que se escapaste Sulpicio del suplicio, y al Convento le llevase el embustero de Fray Domingo, y los presos! Haz castigar sus excesos. Tebano, ya desespero. Gran señor, dame licencia, y tu Cédula Real, y verás qué puntual viene humilde a tu obediencia él, y todo su Convento, que de paz, por evitar escándalo popular, llegaré yo. . Soy contento. Y si después, por su mal, en su obstinación, te niega la obediencia, y no te entrega los Ciegos, será fatal, y trágica destrucción la llama del voraz fuego, que volveré a quemar luego con un lucido escuadrón, que son fiacos los contrarios para tu grande poder. Ya quisiera ver arder el Convento, y los Rosarios: parte al momento, Tebaño, y lleva toda mi Guarda, que tu ejecución ya tarda. Beso mil veces tu mano. No ha salido nuestro Alcalde? Irá a hacer la revelada a nuestra Iglelia primero, y luego a empoñar la vara. Y cuando la deja un punto? Siempre la trae agarrada en el monte, en el cortijo, en el pueblo, y en su casa: con ella come a la mesa, con ella se viste, y caíza, con ella en la cama duerme, con ella se peina, y lava; y cuando con su Teresa::: No tengas malicias, calla; pero él viene, que es de ver. Pues búrlese la pantasma conmigo que voto al soto, si una vea le echo la garra, que ha de soñarme. Por qué, Gil Camorro, traéis dos varas? Muy necio sos para Alcalde: no sabéis, que una no basta para prender un espíritu del otro mundo? Extremada ha sido vuestra advertencia. No hay tal hombre en Masalanca. En Salamanca diréis. Bien decís, en Masalanca. Muy torpe venís de lengua, vos haréis una Alcaldada. Tratemos de lo que importa: traéis todos huertes armas? Yo este lanzón, y mi jonda. Yo la mía, y esta albarda. Todos habramos berrugo: no albarda, si no alabarda. Para con Dios todo es uno. Sabéis de cierto donde anda este brujo, o avestruz? Gamón le vio esta mañana atravesar por el monte. Qué señas tiene? Diez varas de pescuezo, y cuatro dedos. Si e acaso la Tarasca de Cornas Curiste? No sé: yo le vide esta mañana en una sabana envuelto. Si es alma en pena, que anda cumpliendo su penitencia? Quedo, que luenan las ramas de los lauces. Voto al diabro, que son muy pocas diez varas para prenderle, esperad. Adónde vais? Voy a casa a traer seventa haces, que allá tengo de aguijadas. Estay cuado, que ya sale. El que pudiere le hasa de la cola lo primero. Mejor será de una pata. Intrincados laberintos, montes, riscos, peñas altas, recioid a un pecador en vuestros senos, y entrañas. Alma, ya habemos llegado donde vuestro Esposo os manda hagáis larga penitencia, pues fueron las culpas largas. A los favores del Cielo no os condenen por ingrata, antes muy agradecida decía, en lágrimas bañada: Pequé, Señor, contra Vos, mis culpas vengo a llorarlas, si os enojan cometidas, os aplacarán lloradas. A la Virgen del Rosario perseguí, yo anduve errada, quitadme, Señor, los hierros, que me afearon la cara. Yo soy la oveja perdida, que vuelve a vuestra morada, y Vos, Pastor, recogedla, que el trabajo nunca os cansa. Del naufragio de la culpa escapé medio anegada en la tabla de la Cruz, que es el Puerto de bonanza. Perdón os pido, Dios mío, y a Vos, Virgan Soberana, pues que de los afligidos siempre fuisteis Abogada, ante el Tribunal Divino vuestra intercesión me valga. Y Vos, Árbol Soberano, cubridme con vuestras armas, que el que a buen árbol se arrima, le covija buena capa. Agarradle, Gil Camorro. No puedo, que una desgracia he sentido en este punto en el envés de la capa. Pues qué ha sido? Qué ha de ser? Por las viñas, cuando el Alba se reía, atravesé, y de las más rociadas, albillas, y moscateles, llené, cual dicen, llas arcas, y después que vi este brujo, llas he convertido en pasas. Y aún par Dios que huele mal. Tema, Domingo, las varas, porque las ubas, y el miedo han hecho una barrumbada. No temáis, llegad, y asidle. No me da lugar la pauza Sirva de algo mi pergeño: no es mejor de una chuzada matarle, y después prenderle? Mas arre allá noramala. Para vos es todo fácil. Y para vos todo es nada: llegadle a trabar, Camorro. Su Reverencia: turbada tengo, Domingo, la lengua, y no puedo habrar palabra; habrale tú, mientras voy allá fuera, que hay borrasca de relámpagos, y truenos. No podía ser agua crara? Daos a prisión. Yo? por qué? Porque traéis alborotada la sierra, pensando sois alguna fiera encantada, Jesús! amigos, no soy sino racional. Las barbas nos lo dicen craramente. Mijor señal es la habra de que es hombre, que tambiés hay muchas bestias barbadas. Pegastemela de puño. Ya he vaciado la panza, borrajos, ubas, arrope, y otras dos mil zarandajas, que en todas las lagaretas de las vendimias se hallan. Mal año para la purga del ruibarbo, y la jarapa, aunque entre en la sala monda, pues no hay quien monde la sala del vientre, como las ubas, si se comen rociadas. Llegad, Gil, veréis que es Santo el que temor nos causaba. Mas pardiobre que me huergo: Para qué son esas sartas, que traéis en la Cruz puestas? Son de la Virgen Sagrada Rosarios para rezar. . Qué? La Doctrina Cristiana, como son Ave Marías, y Pater nostes. Muesa ama se holgara mucho de verlas, porque es una santularía. Dame uno para ella. Y a todos de buena gana os daré, y enseñaré a rezar, que la enseñanza alumbra al entendimiento: Tomad, tomad. . En ellalma siento no sé qué cosquillas: Deo gracias, vamos a casa a contar lo que ha pasado. Vamos, sencilla compaña. Ya han celebrado la Misa, pues han cerrado el Convento: llamad apriesa, entrad dentro. . Quién llama con tanta prisa? llame, hermano, más despacio, que yo aún estoy en la cama. 1. Abra, Padre, que quien llama es un señor de Palacio. Qué se me da a mí que sea del Palacio, u del Cortijo? 2. El Padre debe ser hijo de algún Barrabás. Él sea con él. 1. Hable en voz más baja, Padre, que quien es no sabe. Diga qué quiere, y acabe, que a mí se me da una paja. De impertinente se pasa. Y vuesasced de hablador: qué busca? Al Padre Prior. Deo gracias, quien da esas voces sin recato, ni modestia? Ese motilón, o bestia. Miente el perrazo, y a coces le haré al Judio sayón, que lo contrario confiese, y juntamente le pese de llamarme motilón. Cómo, Hermano, no repara, que prosesa Religión? Vos a mí de motilón? miradme muy bien la cara. Agradeced que está aquí presente su Reverencia. Vos también a la obediencia, Deo gracias, oiga: decid, qué manda en este Convento su merced? que en su servicio lo tendrá todo propicio. Primero un decente asiento. Saque, Fray Diego, una silla. Cómo mi enojo resisto? Vive Dios:: No ha de callar? Querrá el galgo sentenciar sentado, otra vez a Cristo. Ocupe esa humilde silla. Diencia tenga atención a una Real provisión. Atento estoy para oírla; más espere con paciencia, que primero he de llamar a mis Frailes, que han de estar presentes. Llame Usencia. Toque a Capítulo, Hermano. Mas le quisiera tocar el bulto. No ha de callar? Oh quién le diera una mano! Estén, Padres, muy atentos; Su Majestad, que procura el bien de la Cristiandad:: Esa es grande fealdad: así sea su ventura. Deo gracias; por qué no mira, que debe callar, y oír? Padre, no puedo sufrir tan insolente mentira. Quiere, Hermano, que me obligue a que le ponga la mano? Por qué dice, que es Cristiano quién el Rosario persigue? El que viendo que hace a Dios un servicio no pequeño. Así ruego a él, que el sueño os le dé a entrambos a dos. 2. Tenga, Fray Diego, atención. Yo no atiendo a esas mentiras. 1. Calle, Hermano. Dos mil giras le he de hacer la provisión. , s Respeto al Padre Prior, porque si no, yo os hiciera::: Pues salgamos allá fuera. Siéntese, y con su tenor prosiga, no se divierta, que a todo estoy muy atento, y también lo está el Convento: guarde, Fray Diego, la puerta. Lee Tebaño. h , - EL REY Él miente, y cuanto ha leído, son terribles heregias. Deje, Hermano, esas porfías, por caridad se lo pido: ya me apura la paciencia. Si esto consiente el Prior, dejarlo será mejor. Pues so pena de obediencia le mando, que salga afuera de Capítulo. . . Ya salgo; pero voto a Dios de un galgo;: 2. . Deo gracias, Hermano Diego. Pase adelante, y acabe de leer la provisión. El Rey manda, en conclusión, que de ciencia, cierto sabe, que los dos ciegos Frailones, que la cárcel quebrantaron, en el Convento se entraron, los lleven a sus prisiones, so pena que lleve presos a los Frailes, y al Caudillo. Primero hará este ladrillo tortilla de vuestros sesos. Así se obedece al Rey, y respeta su justicia? presto veréis su Milicia convocada, y esta grey de Frailes, que en estas Casas contra mí se han conjurado, han de pagar su pecado convirtiéndolos en brasas. Herejes, esperad un poco, llevaréis palo de ciego. Deo gracias, Hermano Diego. Qué ha hecho, Hermano? está loco? No estoy, Padre, si no cuerdo. No está si no temerario. Padre, en tocando al Rosario, luego la paciencia pierdo. Está loco, Hermano Diego? si sabe su Majestad su loca temeridad, no está seguro del fuego el Convento, ni nosotros. Pues de qué sirvo yo aquí? vengan, que en viéndome a mí, han de huir como unos potros. Padres, ya no hay que esperar, que si lo sabe Eliano, ha de mandar, que Tebano nos vuelva luego a quemar; y será tentar a Dios no procurar el remedio, poniendo la tierra enmedio: alto Padres, vamonos. Pese al temor, pese al miedo. 2. Acertado es el huir. Pues todos se pueden ir, Padres, que yo solo quedo. 2. No ve que es gran frenesí oponerse de este modo a un Rey? . . Y aún al mundo todo, si el mundo se junta aquí; esta es ya resolución, no he de dejar profanar la Iglesia, no hay que dudar, venga el duro Faraón, entre dentro, y a mi cuenta me dejen la Portería, porque si Eliano envía cuantos Hereges sustenta en su Reino, y sus Estados, es muy poco su poder, que todos los han de ver, o muertos, o escalabrados: que si yo tengo esta tranca, y la Virgen de mi parte, no temo al Rey, y aún de Marte no se me dará una blanca. Virgen, en esta ocasión disponed nuestras acciones, defended vuestros Varones de este duro Faraón. Una impensada alegría, Padres, en el alma siento, que a defender el Convento nuestra Protectora envía. Desde el Trono Soberano vengo, Fray Domingo Hermano, a truerte una alegría de la Princesa María. Mensajero Soberano, cuando fui merecedor de tan inmenso favor? Bien lo tienes merecido. Decid, a qué sois venido? Ellano con furor ciego, sediento de la venganza, manda poner al Convento, y a vosotros vivo fuego; y así, conviene que luego con tus Frailes al desierto te partas, donde hallarás a Sulpicio transformado en otro Saulo, y verás el Escuadrón esforzado del Conde limón, darás ayuda con tu oración. Ahora dejarás las puertas de todo el Convento abiertas, que para su protección solo aqueste azote basta. Seguros podéis partir, que del Herege arrogante, el Convento ha de laor altivo, airoso, y triunfante: dejad el Convento abierto. . Onorte, que al dulce puerto nos vienes a conducir! vamos, Padres. Yo no he de ir de aquí, si no fuere muerto. 1. Huyamos de este adversario. Qué llama Vuesencia huir? ̱. Todabia es temerario? Sí, Padre, que he de morir por la Virgen del Rosario. 2. Huyamos, Tray Diego Hermano, pues que el Ángel Soberano tendrá el Contento en custodia, y le promete victoria contra el Herege Ellano. Vamos; pero voto a Dios, de un Reyezuelo Judio, que en un campal desafío nos hemos de ver los dos. . Arrimad esas escalas, no se escape ningún Fraile, aunque con ligeras alas toque en la Región del aire: haced pedazos la puerta. 1. De par en par está abierta. Entrad dentro; qué esperáis? que si al motilón matáis, la victoria tendréis cierta. Para mi fin, o escarmiento, anda suelto algún demonio. 1. Los golpes dan testimonio de ello: qué fiero instrumento, y golpes tan temerarios! Habéis visto a los contrarios? 2. Yo no los alcanzo a ver. 3. Demonios deben de ser. Perros, vivan los Rosarios. 1. Solo puedo divisar un azote en una mano. Caso raro, y singular! 2. Guye, General Tebano, si quieres la vida escapar. 1. Del Cielo es fuerza excesiva. C. 2. Qué azote es este violento? 3. El diablo que suba arriba. Perros, dejad el Convento, y viva el Rosario. . Viva.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Amilanados Soldados, no deis disculpas infames, que es de pechos fementidos dar disculpas de cobardes. Que Césares, qué Ecipiones, qué Pompeyos, qué Anibales fuisteis a traer rendidos, sino a seis humildes Frailes? Decís que a ninguno visteis, esa es la prueba bastante de vuestra vil cobardía; y así, de ese vicio nace, que se mudan a la espalda los ojos del que es cobarde. Eres tú el que blasonabas de invencible, de matante, a quien remite sus obras, el que no perdona a nadie? No eres tú el que me ofrecías asolar a fuego, y sangre a Domingo, y su Convento, y a los Religiosos Padres? Señor, oye mi disculpa. Ya sé quieres disculparte con decir, que en el Convento puso por custodia un Ángel, como allá en el Paraiso puso a los primeros Padres Dios, prohibiendo la entrada. Parece lo adivinaste. Con eso más calificas, Tebaño, tu miado infame. Suplícote no me des el título de cobarde, antes de oírme una historia, la más rara, y admirable, que de fidedignas plumas se eterniza en los Anales. Di; mas si cuentas milagros, será por más indignarme. Yo partí con los Soldados de la Guardía, cual mandaste, a traerte vivo, o muerto a Domingo, aquel Atlante del Rosario de la Virgen, con sus Religiosos Padres, y juntamente el Convento convertir en los volcanes de Sicilia; mas apenas al son del belico parche puse en el Canvento el pie, se apareció por el aire una mano, que esgrimia un ájate en tras ramales, convertidos en tres rayos de Júniter fulminante, pues de su trápico efecto no hay Soldado que se escape, sin quedar muerto, o rendido, midiendo la común madre. Mas lo que más me admiraba (y es digno de que repares) es, una voz que decía, tan tremenda, y resonante, (como al romper los nublados el trueno, rayos esparce.) Decía, pues viva el Rosario, volved las armas, infames, contra el Herega Eliano, a quien ha de castigarle el Cielo, si tal intento no volviere a revocarle. Volved a Palacio apriesa, que porque podáis contarle el portento que habéis visto, os dejo libres; repare vuestra Real Majestad con cordura estás verdades, y de estos dos camaradas hago un riguroso examen. 1. Todo, señor, es así, que al punto que los umbrales violamos del Monasterio, en medio de unos celajes se divisaba una mano, vibrando a una, y otra parte un azote, que al que alcanza, sin aliento queda, y sale. 2. Como testigo de vista, puedo, señor, avisarte: pues si todas las Legiones, que tuvo Roma triunfante, astí se hallaran, un hombre fuera gran dicha escaparse de la mano del azote. Digo, que el caso es notable; mas no puedo persuadirme, sino que hace este Fraile esos embustes, y entantos. No tienes, Rey, que cansarte, que Dios es el que defiende el Rosario, y sus Cofrades, a intercesión de Domingo, aquel invencible Ángel, enmedio de tantas muertes, a mi quiso reservarme, revelándome secretos, y misterios celestiales del Rosario, y porque a ti, Verbo a Verbo declarase. Declarételos el Cielo, que mi lengua no es bastante, solo estoy de parecer, de ser luego su Cofrade, si Fray Domingo me admite. Cierra esos labios, infame; hola, llevadle al momento adonde le despedacen los Leones. Tus pies beso por la merced que me haces, que en morir por el Rosario, me das corona de Martir: contento voy al suplicio; más primero he de pagarte las honras, y los favores, que de tus manos Reales desde niño he recibido, si permites escucharme los Misterios del Rosario: no te admires, no te espantes, que podrá ser, si los oyes:: Quiéres, Tebaño, hechizarme? No señor. Pues qué pretendes? Pretendo, Rey, que te salves, si oyes un discurso breve. Di, que ya quiero escucharle. Cuando allá en la Trinidad se comunicó el remedio de todo el Género Humano, que al demonio daba feudo, una de las tres Personas, que el Teólogo llama Verbo, consulstancial con el Padre, tan igual, y tan eterno, de su propio amor vencido, quiso temar en el suelo carne mortal, y pasible, quedando a morir sujeto: porque como fue la deuda Infinita, no pudieron los hombres, por ser finitos, dejar a Dios satisfecho. Y por esto, y porque Dios se apiadó de nuestro asedio, juntó dos naturalezas en un Divino sujeto, que fue pagar como Dios, y como Hombre fue muerto; pues para hacerse Dios Hombre, bajó del eterno seno del Padre (quien no se admira de tan Divino Misterio? Encarnó en una Doncella por virtud del Paracleto, y parió, quedando Virgen, al Hijo del Padre Eterno. Esta es la Virgen MARIA, a quien rezan el Psalterio de su Rosario bendito, que niegas, y, yo venero. Rezando en él, se contempían quince Divinos Misterios, de donde el alma devota saca tesoros inmensos. Cinco de ellos son Gozosos, y de estos cinco, el primero fue la Santa Encarnación, cuando el Arcángel Supremo bajó a dar la Legacía a la Emperatriz, diciendo: Ave, Sagrada María, llena de Gracia, un Decreto del Consistorio Divino os traigo no os turbéis de ello, y es, que habéis de concibir en vuestro Vientre al Inmenso Verbo de Dios humanado, para el humano remedio. La Virgen toda turbada, le dice: Yo no os entiendo lo que habláis de concibir, que no conozco, ni tengo varón; y responde el Ángel; La virtud del Paracleto (qué Divino Sacramento!) La Virgen obedeció, y el Acila dciendo, se abrevió en su Vientre Sacro quien no cabe en Tierra, y Cielo. La segunda de estas Rosas, que es el segundo Misterio, es, cuando esta excelsa Reina, llevando al Rey en el Cuerpo, visitó a Isabel su Prima, y el Precursor con el dedo señaló al Hijo de Dios, que estaba en el Claustro estrecho. Es en orden la tercera, cuando al Encarnado Verbo parió, y el que es Infinito, se vio Niño muy pequeño. Cuarta es, Purificación, que aunque estaba exenta de ello, quiso cumplir, según manda Dios en su Ley, y Preceptos, La quinta, y postrera Rosa de los Gozosos Misterios, es, cuando al Niño perdido encontraron en el Templo María, y Joseph su Esposo, disputando, y arguyendo. Después de estas cinco Rosas, hay otras cinco, que dieron nácar, y carmín precioso, pues todas Sangre vertieron. La primera de estas es, la triste Oración del Huerto, donde Cristo sudó Sangre, orando a su Padre Eterno. La segunda es deshojada, porque aquel Manso Cordero con los cinco mil azotes quedó llagado, y deshecho. La tercera es la Corona, que de juncos le pusieron los sacrílegos Judios, que atravesó su Celebro. La cuarta, Rey, es la Cruz, cuyo intolerable peso hizo arrodillar a Cristo; y la quinta, en ella puesto de Pies, y Manos clavado aquel Celestial Orfeo con no más de tres clavijas, forjadas de nuestros hierros, letantó tanto la voz, que la oyeron en el Cielo. Las otras cinco, que son los Gloriosos, el orimero fue el más esencial de todos la Resurrección, y luego la Ascensión, cuando sabí? Glorioso, y triunfante al Cielo. El tercero la venida del Divino Paracleto. El cuarto, cuando la Virgen fue llevada en Alma, y Cuerpo, en nubes de Serafhines, al Solio Estrellado Excelso, adonde las Tres Perionas de la Trinidad, la dieron la Corona mereciía, con que la constituyeron por Reina de las Alturas, y por Pationa del suelo. Estas son las del Rosario, cuya; excelencias dejo de decir, por no advrirarte, remirosas al silencio. Ahora puedes mirarte en el cristal de este espejo, do verás tu desengaño, y conocerás tu yerro. Dime, en que Universidad, del Rosario has estudiado, y de su invención sacado tan buena curiosidad? En la que Domingo Santo ha instiruido en la tierra, para hacer perpetua guerra a los Reyes del quebranto. Esta es Escuela Divina, Ciencia Ángelical, y Santa, que el espíritu levanta, y al Cielo nos encamina: Quieres ver la prueba, señor? reza a la Virgen María tan sola ura Ave María, que yo te soy fiador, si a rezarla te dispones, que esta Reina singular, si rezas, te ha de librar de todas tribulaciones. De tu promesa me río: no ves: que es idolatria fendada en hipocresía? Ceja, que otra vez te fío: priena, señor, a rezar en una cuenta siquiera. No diera en esa quimera, sl me pensara el salvar. No estes, Rey, tan temerario, que antes que salga de aquí, te he de hacer rezar. . Tú a mí? Yo tendré por ti el Rosario. No porfíes. No es porfía, sino es discreción bien clara. Aunque Dios me lo mandara, no dijera Ave María. Ya empiezas? ten eficacía, que a Dios causas alegría, y quien dijo Ave Marea, dirá: Qué es llena de Gracia, Casi con gusto prosigo a rezar sin ser forzado, o tú me has enhechizado, o el Señor Dios es contigo. Así tu vida prosperes, que prosigas sin cesar. Pienso que me has de obliga; a decir: Bendita tú eres. Mira, que bien acomodas el rezo que he prometido! Es posible, que ha nacido entre todas las mujeres hombre, que mi voluntad me fuerce así: hay tal escrito! Es bueno Dios? Y bendito. Concluya tu Majestad. Qué es esto? con que accidente forzado a rezar me obliga? pues solo falta que diga, es el Fruto de tu Vientre. Mira, Rey, como has rezado, aunque ha sido sin querer. Tu sangre pienso verter, traidor, que me has hechizado; porque otra vez no te atrevas, te daré la justa paga con los filos de esta daga. Qué es esto, Cielos? qué pruebas son estas? quien me detiene el brazo? soltad, villanos: quien a mis Reales manos tantas ofensas previene? Invictísimó Monarca, cuyos valerosos hechos ha divulgado la fama del uno al otro Emisferio, oye, si me das licencia, antes que el vital aliento me falte, una triste nueva, que apriesa pide remedio. Con acelerada marcha salía yo, cuando encuentro con un volante Escuadrón, no de los astutos Griegos armados en sus caballos, sino de Cristianos fieros, que como Tigres de Hircania, por los campos destruyendo, rompen, talán, queman, cortan cuanto encuentran; del incendio huyen las tristes mujeres, muchachos, jóvenes, vios; pero es en vano su fuga, porque huyendo van del trueno, y dan en manos del rayo, en las de un monstruo Fray Diego, que así los suyos le llaman. Este Sansón, este Hector, este Gigante invencible, a dos manos esgrimiendo un montante, o la guadaña de la muerte, que es lo mismo, hiende, raja, rompe, corta brazos, piernas, muslos, cuerpos; de un golpe solo revana por la cinta un hombre entero. De lo cual da testimonio este mi brazo siniestro, que de un tajo a cercén todo cayó desde el hombro al suelo. Escapeme como pude, medio vivo, y casi muerto, que en peligros tan notorios, el huir es lo más cierto. En la cumbre de este monte hice alto, y revolviendo a todas partes la vista, (aunque cansado, y sangriento) para enterarme de todo, miro, discurro, y atiendo, que de un volante Escuadrón, grande en valor, si pequeño en número de Soldados, con notable atrevimiento, hecho Caudillo, y Cabeza, viene vertiendo veneno contra ti el Conde limón, porque entre confusos ecos oí decir: Muera el Rey, viva limón, y el excelso Rosarío, y su Cofradia: muera el Herege protervo, que así el Rosario persigue. Púseme a mirar atento en el Real Estandarte la celsitud, los reflejos del Rosario de MARIA, que son los del Sol pequeños. En un cándido Pendón viene tremolando el viento, dando calor a los suyos, y gloria al que alcanza a verlo; Esto es, señor, lo que pasa; y si vale mi consejo, retírate con presteza a este Castillo, que temo trágico fin a tu vida, que estando seguro, luego saldrán cinco mil Soldados, que alistados, y dispuestos, tu orden están aguardando divididos en sus tercios. . Levantaos a mis brazos, que reconocido quedo, para acordarme de vos, si me da lugar el tiempo. Cielo, cómo me persigues? es esta ilusión, o sueño? Que a mi potencia se atreva un Condecillo! no puedo creer si no que delira, o que le ha faltado el seso. Por el alto Cielo juro, que antes que a nuestro Emisferio ilumine el Sol dos veces, ha de pagar el incendio, hecho con su propia sangre, el Conde limón; y el Lego Fraile, con los que le siguen, como inocentes corderos han de morir a mis manos, y después de polvos hechos, ha de ser de sus cenizas urna la región del viento. Señor, retírate apriesa, que ya llega el son horrendo de las destempladas cajas. Vamos, Turín, verás presto del Conde, y confederados el justo arrepentimiento. Hbrase ya retirado el gallo a su gallinero? Ah de allá arriba. 1. Ah de abajo. Ah del Castillo. 2. Ah del suelo. Llamadme al Rey. 3. Para qué? Preguntador es el necio; os he de decir, Soldado, a vos, lo qué al Rey le quiero? 1. Ya tenéis al Rey presente. Dios te guarde, Y a ti el Cielo. Conocesme? No te he visto jamás; pero en el aspecto que tienes, juzgo que seas guarda de algún Monasterio, o estampa de Flos Sanctorum de algún gayán Carnicero; aunque si bien se repara en el largo faldamento, mujéril hermofrodita te juzgo acá en mi concepto, sino es que más cierto seas estafeta del Infierno. Tienes más renombres? No. Pues oye mis epitectos. Soy un rayo desatado, que entre el relámpago, y trueno, para domar lo más fácil, rompe el nublado más denso. Soy exhalado cometa, que por subir a su centro, fulmina centellas igneas hasta el azul pavimento. Soy hijo del mismo Marte, pues con verdad decir puedo, que jamás le vi la cara al pálido, y flaco miedo. Soy ministro de la muerte, que a los filos de este acero atropella acometido al rigor de su instrumento. Soy contra las heregias un azote de los Cielos, tormenta contra urazanes, furor del cuarto Elemento. Soy León contra arrogantes, Tigre contra los soberbios, escudo de los Cristianos, y contra Infieles soy fuego. Finalmente, rayo, muerte, nube, relámpago, trueno, muerte, tropel, y rigor, azote, cometa, fuego, tormenta, león, escudo, tigre, y volcanes de fuego. Estos son, Rey, los renombres, que se hallan en Fray Diego, que es este esclavo, aunque indigno, de la Virgen, y soy Lego de Fray Domingo su Atlante, cuya Religión profeso, y defensor del Rosario, de la que le dio aposento celestial en sus Entrañas, a aquel que en la Tierra, y Cielo no cabe: conocesme? Digo, que eres un portento. Pues mejor sabrás quien soy en sabiendo a lo que vengo. De nadie soy enviado, que yo propio soy quien vengo a desafiarte al campo, hombre a hombre, y cuerpo a cuerpo, que allí te daré a entender, que eres Herege proterbo, como otro Rey Faraón, en perseguir mi Convento, y al Rosario de la Virgen, a quien hasta el mismo Cielo estima, venera, y honra, por quien tantos Jubileos a sus deburos concede el succesor de San Pedro. Y si no quieres salir, desde aquí te llamo, y reto de cobarde, de perjuro, de villano, de grosero, de hereje, de infiel, de loco, de insano, bárbaro, y necio. Reto tu Real Persona, reto tu Corona, y Cetro, reto la cama en que duermes, y el manjar que comes reto; pero si aquí te arrepientes de tus culpas, y tus hierros, y confiesas, que el Rosario tiene tan altos Misterios, que la pluma más delgada, y el más alto entendimiento ha de quedar siempre corto, si pretende encarecerlo, quedarás libre, y seguro del trágico fin funesto, que ya te está amenazando al filo de aqueste acero, que para ti será un áspid, un rayo para tu Reino, relámpago que te ciegue, cuchillo para tu cuello, león, que te despedace, para tu vida veneno, basilisco, que te mate, tiracán, que al mismo centro del Abismo te sepulte; y finalmente, seremos yo, y el montante que ves, contra los que a Dios, al Cielo, al Rosario, y a la Virgen persiguen (no dudes de ello) otro juicio universal, que sacando de los cuerpos tantas heréticas almas, daré un buen día al Infierno. Mira, pues, Rey, lo que escoges, resuélvete mientras vuelvo, que dejo tu vida, o muerte en manos de tu consejo. . Notable resolución! 1. Licencioso atrevimiento! 2. Qué tenemos que esperar? salgámosles al encuentro, pues para cada Soldado tiene tu Ejército ciento. Qué importa la muchedumbre de Soldados, cuando el Cielo pelea con el Rosario, a quien persigo, y ofendo? Haced alto, porque el Sol mirándose en los espejos de nuestras armas reflejos da mayores su explendor. Ese cándido Estandarte plantad en medio la Vega, sepa el mundo, que despliega sus rojas Banderas Marte. Brilien al Sol mis Banderas, toque el templado tambor, den a Eliano temor mis belicosas hileras. Por la margen de ese río hagan un vistoso alarde, porque imagine el cobarde, que soy Jerjes, o Dario; y Vos, Antorcha del mundo, segundo Sol en la tierra, disponed en esta guerra. Oh defensor sin segundo, de la Virgen del Rosario! los pies, Conde mi señor, os beso por tal favor. Levantad, fuerte adversario del que ofende la grandeza de la Virgen, no os postréis, que mal os dará los pies de quien vos sois la cabeza. Siempre a vuestra Reverencia he de estar todo propicio, como si fuera Novicio, observando la obediencia: por vos me gobierno, y rijo. Yo confío en el Señor, Conde, que habéis de vencer, y en él habéis de tener hoy en suma un Protector. Un Capellán, aunque indigno, tendréis en mí, que le pida os aumente estado, y vida, y dé su auxilio Divino. Y en pago de esto, le ruego a Vuecelencia, no deje pelear con tanto Herege en esta guerra a Fray Diego. Basta, basta la pasada temeridad, que se ofende adiós, y no se defiende nuestra Iglesia con la espada: que la victoria se alcanza del enemigo Escuadrón, esgrimiendo la Oración, y no la espada, y la lanza. De este modo a la victoria . los dos hemos de ayudar, que no habemos de empuñar otras armas. . . Linda historia! que estén las cajas tocando al arma, al arma, acomete, no oculto en un retrete, con mucha flema rezando, y arrodillado, y contrito mientras dura la batalla! Pues de qué sirve esta malla? al montante lo remito. Si al Rey he desafiado, será razón, que se diga entre la gente enemiga, que Fray Diego se ha encerrado? Voto a Dios, que he de salir el primero, aunque predique San Pablo: nadie replique, porque he de hacer, y decir. Concluyamos las porfías sin proseguir adelante, que hoy ha de ser mi montante Rosarios, y Ave Marías. Alto, pues, vaya Fray Diego conmigo, porque deñenda mi persona, y a mi tienda, que se retice, le ruego a Osencia, donde se esté seguro haciendo Oración adiós, como hacia Aaron, y el Capitán Josue. El obecer es ley. Y yo el ferviros mayor; . pero qué es este rumor? 1. . . Sin duda que llega el Rey. Ea, nobles compañeros, hoy es el dichoso día, que esta Santa Cofradia ha de mostrar sus aceros: Soldados, no os acobarde el ver los campos cubiertos de Herejes. Dalos por muertos, si llegan temprano, o tarde; vengan de la Italia, y Francia cuantos Hereges están, que como dice el refran, a más Moros, más ganancia. Justicia lleváis, Soldados, a la Virgen defendéis, amparo en ella tenéis, haced todos como honrados. Y vos, Capitán Suipicio, en la guerra nuevo Marte, defended el Estandarte de la Virgen. En servicio suyo perderé la vida, y también por Vuecelencia, aunque del Rey la potencia aquí concurriera unida. Conquistaré nuevo mundo con tan valiente Soldado, si os llevo siempre a mi lado. Solo en serviros me fundo. Yo fío de vuestra espada, que ha de salir vencedora. Y yo en nuestra Protectora, que aquí viene retratada. En su cándido Pendón la traemos a la guerra, todos postrados en tierra . la ofreced el corazón. De Dios Divino Sagrario, vuestra causa defendemos: amparadnos. Acabemos, y viva el Santo, cosario. ; h , 2. Sol. . Rinde, Soldado, el acero, no porfíes defenderte. 2. . . Bien cara ha de ser mi muerte en vuestro daño primero. 2. Sol. . No por verme sin aliento pienses, que me he de rendir. 2. . Todos habéis de morir, si para uno fuerais ciento. 2. . . Al fin se canta la gloria, y la cantáis muy temprano. Rinde la espada, Eliano, sino es que quieras morir. Mejor es, que no rendir un Rey la espada a un villano: Fuera hazaña infame, y vil, rendirle un Rey a un Soldado, incognito, disfrazado en hábito mujeril. Tráeme Davides, Sansones, si rendir mi acero quieres, y no como tú, mujeres con basquiñas, y faldones. Pues voto a Dios, que has de ven si soy mujer, o Sansón. Es Fray Diego motilón? Quién, si no yo, puede ser? Yo en la batalla te he visto hacer hazañas de Marte. Deja lisonjas aparte, que deseo, voto a Cristo, hacerte prezas. . Tú a mí? o qué lindo blasonar! Pues comienza a pelear, verás si blasono aquí. Socorro, favor, ayuda: venga un volante Escuadrón, que este Fraile motilón rayo es del Cielo sin duda. Venga el Infierno a valerte. 1. No vienen sino Soldados de esfuerzo, y valor armados. Pues venís por vuestra muerte. 2. Ay qué me ha muerto! no espere a segundo golpe yo. 1. Quién tal fortaleza vio? 2. Na quién más cruel acero? 1. Muera el motilón Alberno. 2. Morirá, si tú me ayudas. Esperad, iréis con Judas de dos golpes al Infierno. Victoria, Virgen MARÍA, vuestro Santo Rosario: muera el Herege contrario, y viva el Rosario, viva. Donde voy tan destrozado, por tantas partes herido, de mi enemigo vencido, y mi campo derrotado? No me ha quedado un Soldado, que no esté cautivo, o muerto: estoy soñando, o despierto? que esto pueda ser así! mas si el Cielo es contra mí, cómo mi daño no advierto? No hallo parte segura donde me pueda esconder: de todo el Cielo el poder hoy contra mí se conjura. Reudirme será locura al del Conde mi contrarto: no hacer rostro a mi adversario, será mostrar cobardía: pues muera la Cofradia, y el embuste del Rosario; la Potencia Soberana solo me puede vencer, porque contra mi poder no podrá triunfar la humana. De la Suprema MARÍA este triunfo, y esta gloria cante el Cielo, y la victoria, a quien sin duda ofendí, y etérnice contra mí en duro bronce esta historia. Sin duda que anduve errado en lo que yo he pretendido, y si el Cielo está ofendido, justamente está pagado. De sed estoy fatigado, beberé de la corriente de mi sangre: aquí una fuente me ofrece el Cielo piadoso, aunque de mí esté quejoso, hoy se demuestra ciemente. Vos acristalino elemento, que guardáis de Dios la Ley parmitid que llegue un Rey a vos, cansado, y sediento. Santo Dios, y qué sangriento en este cristal me veo! qué rúsiro tan sucio, y feo! la muerte me reprelenta: de mi púrpura sangrienta satisfágare el deseo. Qué portento temerario el Cielo contra mi fragua, pues en vez de darme agua la fuente, me da un Rosario? Que me quieres, adversario, y cápital enemigo? dos mil veces te maldigo: que me afliges, y atormentas, pues huyendo de estas Cuentas, las tengo siempre conmigo? Grandes milagros me enseñas, Infierno, o Cielo, o quién eres, sin duda alguna, que quieres hacer Roserios las peñas. Pruebas son, y no pequeñas, de algún secreto Divino, que me enseñas el camino cierto de mi salvación, y yo el de mi perdición, que voy siguiendo imagino. Algún bronce debo ser, o algún monte me crío, pues para moverme yo milagros he menester. Al inefable Poder sin duda tengo ofendido: no puedo ser socorrido, precito estoy si es así: no hay remedio para mí, ni lo quiero, ni lo pido. Cuentas, mala cuenta he dado: de qué me sirvió reinar, si al cabo vengo a parar con Judas el condenado, y en vez del Laurel sagrado, que ciñó mi augusta frente, se ha labrado una serpiente ígnea para coronarme? no tengo de qué quejarme, pues contra Dios fui insolente. Mi estrella está conocida, y mi fortuna fue corta, que me condene, que importa, y que me quite la vida? Mas para ser mi homicida, aún el Cielo me ha quitado las armas: que un desdichado, cuando le importa el morir, vive más para sufrir su tormento dilatado. Pero no cese mi intento, si mi enemigo tirano ha puesto en mi Regia mano un eficaz instrumento. Rosario, si estás sediento de mi muerte, ven, ahoga mi garganta, aquí desfoga tu enojo, serás, Rosario, juez, fiscal, muerte, adversario, cuchillo, verdugo, y soga. Mas qué es esto, Cielo Santo? tu inhumanidad me espanta, pues quitas de mi garganta lazo, que estimaba tanto. De que es hechizo, o encanto, es evidente argumento: habrá en el oscuro centro quedado un amigo fiel, que me traiga aquí un cordel? de: Uno pides? ve aquí ciento: No sabes, que siempre fui quien con afecto propicio se ha ocupado en tu servicio? dime, qué quieres de mí? pide, que sin embarazo echaré en servirte el sello. Solo pido, que a mi cuello eches un funesto lazo, con él sacarás mi vida de tanto tormento, y pena. Alto, pues, que obra tan buena no será razón se pierda. Tira de él; qué te acobarda? Tu consentimiento aguardo. Yo le doy. . Mira si tardo; Aguarda, demonio, aguarda, detente, fiero homicida, no porfíes inhumano, que ya está electo Eliano, y su alma es redimida, y tú, porque se condene, le haces desesperar. Si él se quiso condenar, él solo la culpa tiene; yo no force su albedrío, ni es bastante mi poder, que el querer, o no querer, solo es suyo, que no es mío, En nada me satisfaces: vete, sangriento dragón. Digo que tiene razón . esta cara de dos haces: qué culpa tiene, o qué pena este hidalgo chamuscado? si él quiere verse ahorcado, ahorquese norabuena, lleve su intento delante; pero si quiere que muera más apriesa, hágase afuera, le daré con el montante un papírote no más, con que pague su pacado, y si está ya condenado, cargue con él Satanas. Vera cuan presto concluyo, pues de un golpe morira, luego el diablo llevara al Infierno lo que es suyo. Deo gracias, tenga paciencia: ya el Rey de su ciego error le ha perdonado el Señor, por su Divina Clemencia. A intercesión de MARIA estas ya, Rey, perdonado, porque rezaste forzado un día una Ave María. Aunque fuiste su adversario, ya te ha alcanzado perdón, porque tengas devoción con su bendito Rosario. Digo mil veces, que adoro al Santo Nombre Sagrado, y que ciego anduve errado, desestimando el decoro, que a su Rosario debía, de un Ángel malo inducido, ruspirándome al oído, estando durmiendo un día. Y así le suplico, Padre, con ansias del corazón, que aomita mi devoción, y me asiente por Cofrade: que aunque estoy desauciado del remedio del vivir, Cofrade quiero morir, para morir consolado. Ya el hilo vital me corta la parca de mis heridas, y si tenemos dos vidas, la del alma es la que importa, Aquí por esta aspereza el Rey dicen que se esconde. Ilustre Monfore, o Conde, de mi Religión Cabeza, llegad veréis mal herido al invencible Eliano, ya convertido en Cristiano. A tus pies estoy rendido, . si bien ya tantas heridas desatan, Conde, los lazos del cuerpo, y alma. En mis brazos quisiera daros mil vidas: traed a el Rey a mi tienda, donde se pueda curar. A vos, Virgen singuiar, mi anima se encomienda. . Que esto escuche, y que en el Cielo se celebre esta victoria, buriando mi vanagloria! reniego de mi desvelo. Y si el Autor de esta Historia agradaros ha sabido, aquí tendrá fin dichoso el Rosario Perseguido.
