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Texto digital de La rosa de Alejandría

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Atribución tradicional
Pedro Rosete Niño
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Pedro Rosete Niño Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La rosa de Alejandría. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/rosa-de-alejandria-la.

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LA ROSA DE ALEJANDRÍA

JORNADA PRIMERA

Hermosa Catalina, dos veces peregrina; una, por tu belleza festejada; la otra, por tu ciencia celebrada; que discurso heleuado te embelesa el sentido, y el cuidado? Vuelve, vuelve señora los ojos a los ruegos de Teodora, de Teodora tu prima, que girasol de tu semblante anima su vista hermosa, y bella: que mucho si eres sol, y flor es ella? Pues nada te merece mi porfía, suspendala otravez vuestra armonía: aún la atencio menor note debemos, Dejad mesola. . Ya te obedecemos Yo, que espero a mi amante Severino, me suspendo en lo mismo que imagino. Rompa el discurso veloz (. la prisión del pecho muda, y salga sutil, y aguda a incorporarse en la voz toda el alma de la duda. Vosotros cuatro elementos, que al menor mundo animáis, y siempre al mayor atentos, en perpetualid estáis, confundid mis pensamientos. Oh tu región incentiva, del fuego constante, y viva, que sopló con dos compases, para que luzcas te aviva, te templa porque no abrases! Oh tu líquida palestra del agua, quien es me muestra el fontanero que sabe torcer a tiempo tu llave, atento, con mano diestra! O tu denso mineral de tanto oculto tesoro, que artífice natural en tu cuerpo material cría las venas del oro? Y tú que con vagobrío, y con diáfana esencia llenas todo lo vacio, que leyes te dan licencia, a sujetar mi albedrío? Júpiter no os mueve solo; pues Neptuno el mar encierra, los vientos impera Volo, Saturno mandala tierra, y el fuego domina Apolo: Pues si parte de este modo con estos todo su Imperio, casi a creer me acomodo, que pendéis de otro Emisferio, pues él no lo puedetodo, No es Dios cabal, si una esencia. le falta a su eternidad; falta en algo su potencia? falta? luego no hay deidad donde no hay omnipotencia. Pues fuego, que eternamente ardes en ti mismo, yo tengo el alma indiferente, C1 responde; quien te crió? El Santo, y Omnipotente. El fuego con lento labio advierte ya mi ignorancia: agua, tu soberbia agravio, quién liquido tu distancia? El Providente; y el Sabio. p El fuego, y el agua pieno que me han respondido, y yo tengo el ánimo suspenso: aire quien te desató? El Inefable, y Inmenso. El aire, oráculo ya, bien que incierto en mi cuidado, con el agua, y fuego está: tierra di, quien te ha formado? El que es, halsido, y será. Ya todos cuatro imagino que mi discurso escuchó: mas a otra questión me inclino, qué es ese Júpiter? . No. Pues quién es? . El Uno, y Trino, que solamente su podernos hizo. Uno, y Trino? a quién iré a buscar pasos perdidos? donde la luz hallaré, que me alumbre los sentidos? Dónde? yo te lo diré. A mí has de advertirme nada tú, cuando soy el asilo de las ciencias, con que hoy tantas Naciones admiro? Sabes que soy Catalina, la mayor deidad de Egipto, a cuyas aras se postran los humanos albedríos? Sabes, que en Alexandría soy venerado prodigio de la sabia Escuela, adonde lucen los estudios míos? Sabes, que docta en entrambas Filósofías explico naturales argumentos, y morales filogismos? Sabes que de los Planetas, ya severos, ya benignos, los futuros contingentes hago a mi estudio precisos? Sabes, al fin, que viviendo la insluencia de los libros, es occeano de letras el sútil discurso mío? Pues como tu ciegamente áspiras a los divinos resplandores de mi ciencia, de mi hermosura a los visos? Descubre el rostro, si acaso no te le emboza el delito, pues con la capa del miedo quedará más escondido. Qué tardas? qué te detienes? qué esperas hombre atrevido? Mas yo misma, que el embozo de las nubes, si porfío, fiada de mi valor, sabré quitar al sol mismo, te le quitaré: Mas cielos, la belleza que en ti he visto, templando la ira en mi pecho; suspende el impulso mío. No te turbes Catalina. Quién eres? . Soy un ministro. De quié? . De un amante tuyo. Amante mío? . Y muy fino. Mortal me pretende a mí? No es mortal, aunque lo ha sido. Quién es quién tanto se atreve? Este es su retrato mismo, Tómole, por castigar en él su dueño atrevido; mas primero, de curiosa, solamente detérmino ver con que partes se anima a conquistar mi albedrío: Mas retrato de mi amante, qué es lo que en tu rostro he visto? que es lo que advierto en tus manos? qué es lo que en tu pecho miro? lo que en tu cabeza atiendo? lo que en tus ojos registro? lo que en tus partes reparo, y lo que en ti todo admiro, pues tu rostro, con halagos de dulcísimos cariños, en suaves atenciones me suspende los sentidos? Tus manos, equivocando con lo sangriento lo lindo de jazmines, y claveles, son dos ramilletes vinos, Tu pecho, que de esta herida padece el cruelmartirio, por ella, hasta el corazón; te registró mi albedrío. Tu cabeza, en vez de rosas, coronada de marinos o juncos, en golfos de sangre, ondas se anegan de rizos. Tus ojos, en cuyo manso, grave, apacible distrito toda la beldad se abrevia; todo mi orgullo han rendido. No hay parte en ti que no sea tan amable, que imagino. de esa perfección hermosa, que tú, en el materno abrigo, te escogiste las facciones, que te engendraste a ti mismo. Quién eres, no ya arrogante que me lo digas te pido; tierna sí, que como a un tiempo bello, y sangriento te miro, lástima, y amor me causas: Deja que ya, compasino mi afecto, limpie la sangre a quien ama enternecido: deja que mi amor decente. . Detente. Quién de esta suerte te ha herido? Tu Catalina. . Ay de mí! cómo? Tu amor, que es lo mismo. Por mí tiene las heridas? Por ti las ha padecido. Pues mis lágrimas las curen. Buen remedio has escogido. Dos mares serán mis ojos. Quieres ser suya? . A eso áspiro: y querrá ser él mi esposo? Solo por serlo ha venido, enamorado de ti. Feliz yo si lo consigo! Pues deja la ley que sigues. Cuál seguire dinjan. La de Cristor Quién me adtrará en su Fe? El gran Pedro Alejandrino. Y será mi esposo? . Sí. Pues ya a suguirla me inclino: as cómo si soy gentil? Lavándote en el baptismo. Suya seré para siempre. Deja tú ley. . Ya la olvido. Catalina? . Qué me quieres? Qué cumplas lo prometido. Espera hermoso mancebo. Siempre me quedo contigo. . Oye. Pero vive mi poder, Yo volveré a verte. . Cuado? Después del baptismo. s ni el humillarte un Imperio, Pues la palabra te doy, amoroso dueño mío, de ser tuya, y de cumplir todo lo que he prometido. Con quién, ingrata, con quien? Si me escuchó Severino? mas disimular conviene por agora mis designios. Con quien (oh tirano dueño de mi amor, y mi albedrío!) gastas las finezas, cuando tan escasa estás conmigo, que aún no te debe mi pecho él menos costoso alivio? Quién te consigue una pena? quien te merece un suspiro, cuando al suspiro, y la pena todo yo me sacrifico; y aún todo yo no merezco de tus desdenes esquivos. el suspiro por engaño, o la pena por defirio? Tu fácil con otro amante? cuando yo estoy tan rendido. a tus pies, en ellos soy escarmiento de hismo. o Cuando yo cobar ge llego a tu pecho endurecid con mis quejas, otro halla en el favorable asilo? Cuando vengo a prevenirte, que el Emperador mi tío ha venido desde Roma al general sacrificio, y a ver nuestro casamiento, (aunque hasta ahora no ha visto tu belleza) tú con otro malogras el amor mío? que pues no basta contigo ni el postrarte un albedrío, que me han de hacer tus ofensas con él aquí vengativo: voy a buscarle. . Detente. Tú me impides? . Yo te inpido Matarele. . Yo pretendo con un engañoso estilo, fingiéndome enamorada, divertir sus desvaríos. Yo he de buscarle. . Reporta. Rabio de celos. . Oprime tus pasiones, y repara, que estás hablando conmigo. Hacia el cuarto de mi prima vi venir a Severino, y celosa, como amante, sus ingratas huellas sigo: Pero hablando está con ella, quiero, pues que no me ha visto, oír lo que están hablando; la oreja a su voz aplico. Tú con otro amante a solas? Vistele tú? . No le he visto, mas no les basta a mis celos? Y aún esto sobra a los míos. No basta haber escuchado aquí de tus labios mismos, pues la palabra te doy de ser tuya, y de cumplir todo lo que he prometido? Pero en mis graves incendios, sipor algo me reprimo, es porque todas las puertas de tu cuarto ahora miro cerradas, y no hay por donde este amante haya salido. Basta; pero si esa acción resultara en beneficio de tu amor, que me dijeras? Como la dicha ha venido en traje tan desusado, no la conozco, y la miro. Muerta escucho! . Ciega estoy! Deidad a quien sacrifico desde hoy todas mis potencias, alumbra tú mis sentidos: Válgame ahora la industria, hasta que con libre estilo pueda decir que es mi amante el galán que me ha rendido. Hasta saberlo me tienes pendiente el alma de un hilo. Y yo de estos accidentes temo que peligre el juicio. Perdona, aunque no te ofendo, ignorado amante mío, porque a ti te dice el alma, lo que con los labios digo: No me oístes que decía con afecto encarecido; pues la palabra te doy, amoroso dueño mío, de ser tuya, y de cumplir todo lo que he prometido? Pues oye, y verás agora por quien mi pecho lo ha dicho. Soñaba yo que tu queja me burlaba enternecida, y que más agradecida tu fe, y tu piedad me dejas, y persuadiendo mi oreja amor, cuyer negre de ser tuya desde hoy la palabra me pedía; y yo amante respondía, pues la palabra te doy. Bien hallada en el empeño, digo, ya determinada, que nunca más regalada fue la blandura del sueño, pues en él me hiciste dueño piadoso de tu albedrío; y yo el necio desvarío de mi condición cruel, olvidando te hice en él amoroso dueño mío. Como nunca de una vez cree la dicha el desdichado, tiernamente porfiado replicarte a mi altivez; cumpliralo tu esquivez, serás mía he de vivir; y oyéndolo repetir mi fe, que tu aumento labra, te dio otra vez la palabra de ser tuya, y de cumplir. Desperté, y despavorida lo repetí, haciendo cierta la verdad, deje despierta la promesa de rendida; si aquello cuando oprimida de las leyes del olvido te dijo el pecho dormido, ya le escúchaste a mi fe; despierta, que cumpliré todo lo que he prometido. Deja, hermosa Catalina, con demostración no poca de mi dicha, que mi boca. bese tu planta divina: deja que está peregrina belleza de mi adorada, celebrada, se? su beldad. de hoy, moderna deidad, en nuevo altar colocada: saldré más airosamente: hubieras mi fe dejado, la vida por la sospecha. e Bien haya aquella deshecha fortuna en que vine a dar de tener, y recelar; pues me ha traído el disgusto al camino real del gusto por la senda del pesar; tuya es el alma, y así, como objeto soberano, deja que en tu blanca mano. No puedes, que estoy yo aquí. Mi prima me oyo, ay de mí! A Teodora considero celosa. . De pena muero! . Que por ver a Catalina ha fingido que la quiero! Dime agora ingrato mío, que solo yo de tu fe soy el móvil que arrastre el Orbe de tu albedrío. Dime ahora, pues porfío en culpar tus sinrazones, como con falsas acciones, mañoso como importuno, no teniendo más de uno, repartes dos corazones? La misma acción, porque veas, prima, su alevoso pecho, conmigo este ingrato ha hecho: Catalina, no lo creas, que aunque la querida seas, rendido a tu voluntad, a quien con tal libertad miente en el pesar, y el gusto, que no le crean es justo, cuando dijere verdad. Perdido soy! . De mi engaño. por saber que satisfecha Huélgome, prima, que en mí llega a tiempo el desengaño. hubiera sin duda dado . Será prevenirle el daño, castigo de un mal amante. Mas ya en este breve instante he hallado fácil camino de quedar con una fino, y con entrambas galante. Llegue el límite, y la hora de mi Cristiano ardimiento. Grave es el dolor que siento; mal descansa quien adora; hermosísima Teodora, bellísima Catalina; todo cuanto el Sol termina en la eclíptica luciente, ad, que hay de Oriente hasta Poniente, tiene estrella que lo inclina; estrella tiene, que amor inclina su amor cruel; dígalo Dapne en laurel, y llórelo Clicie en flor: a cuantas quiso guardar, a tantas amó profano; que mucho en el soberano grave imperio de las dos, si a tantas inclina un díos, qué incline a dos un humano? y así mis penas prolijas. eligen en sus congojas. Pues si soy vo, no me acojas. Porque? o amor, no me aflijas A. en nueva penosa llama! Porque aventura la dama quien emprende otra fortuna. Porque no quiere a ninguna, quien ados a un tiempo ama. Mayores incendios toco. Voy a cumplir misiseo. Catalina? Carprometiceo. . ̱̱. Teodora? Ni yo tampoco. A más penas me provoco; mas si el Cielo detérmina. que muera, por quien me inclina combatir amante, es bien segunda vez el desdén de la hermosa Catalina Detente sombra vana, hermosísima emulación de la mañana; espera sombra fría, hermosa afrenta de la luz del día; aguarda mujer bella, del Cielo rosa, del Abril estrella: Quién eres, que tu planta con huella ofada mi cerviz quebranta? Quién eres, que en mi injuria rompes los privilegios de mi furla? Quién eres, que arrogante huyes del mismo de quien vas triunfante? Merézcate despierto, el que se vio a tus pies dos voces muerto. A tus voces, señor. . A tus gemidos. A ver lo que perturba tus sentidos. Acudimos turbados. Vénimos ciegamente deslumbrados. Policarpo, Leoncio, cuyas manos de los dioses los cultos soberanos administran con cándidos ejemplos, Sacerdotes sagrados de sus templos. Quildaño, qué dolor, que pena es esta? Qué novedad el pecho te molesta? Dinos tus males. . Dinos tus tormentas. Pues sois tan doctos, escuchadme atentos. Apenas con quiera calma, del sueño en la playa oscura quedaron confusamente todas mis potencias surtas; y apenas en el reposo rendí el cuello a la coyunda, que suavemente oprime, que blandamente importuna; cuando por el negro abismo, que sordo la idea inunda, piélago de especies ciegas, golfo de imágenes mudas; un sol veo, cuyos rayos interiormente me asustan, habiendo más que el efecto, que la causa me confunda, que fluar rayos el Sol, natural grandeza es suya: Mas de cuando acá sus luces tuvieron causa segunda? Segunda luciente esfera, mas altos móviles surca, más resplandores dilata, y mejor asiento ilustra. Era una mujer bizarra, cuya gallarda hermosura, particular vigilancia fue de providencia suma: Cuyo cándido ropaje, en aliñadas arrugas, airoso cendal iguala, vistoso cíngulo ajusta. Suelto el hermoso cabello, a que con libre travesura, peinada del mismo, era garzota del viento rubia. En su frente la azucena, para marchitarse nunca nació, blanca creció, intacta, luce tersa, y vive pura. Eran sus hermosos ojos dulces bellísimas dudas; pues mayor respeto infunden, mientras más bellas deslumbran. En sus mejillas el Alba, cuando más castas madrugan, de jazmines, y claveles, tan diestra como confusa, equivocó atentamente el color, y la blancura. Su boca, de cuyo aliento todo el aire se perfuma, era de diamantes niños, de enbi abreviada cuna. La Banca nieve en su cuello durables impos víncula, sin peligro de que el tiempo la derrita, o la consuma. Sus manos, cuyo cristal severo, y hurmoso turba, si la siniestra una palma, la diestra un esto que empuña. El breve pie; pero aquí los cabellos se espeluzan, aquí mi valor se ataja, aquí mi pecho se ofusca, mi soberbia se amedrenta, mi vanidad se despluma. El breve pie, una cabeza con pesada planta bruma, que al ira reconocerla así (oh sabios! y me pronuucia su voz; que aunque agora grave, piensa el alma que la escucha: Yo soy la esposa de Cristo, aqueste tirano, cuya cabeza oprimo, eres tú Magencio, si se deslumbra el valor con el temor, ningún valor me asegura. Desvaneciose a la vista del sueño, que en torpe lucha trabajaba por seguirla; cuando el corazón a junta llamó todos los sentidos, a cuyos golpes se turban; pues arrebatado late, y desordenado pulsa. Despierto despavorido, los pies alcanzalla cuidan; llámola, no me responde; dolla voces, no me escucha; buscola, mas cuanto más mi diligencia la busca, tanto en opuesto orizonte distante cenir la oculta. Quién será aquesta mujer, que con señas tan confusas mis altiveces arrastra, y desvanece mis furias? Ofendido, y irritado no sé contra quien escupa veneno en ira mi rabia, ponzoña en furor mi injuria; pues ya es fuerza que a este Sol, ciego de su luz discurra, que mis potencias se asombrea, que mis sentidos se aturdan, que receloso me esconda, que acobardado me encubra; y finalmente, que en mí la confusión me reduzca, a que algún grave misterio en el sueño se figura. Grande Emperador de Roma, que en Alexandría triunfas de tanta enemiga hueste, de tanta Cristiana turba. Noble, valiente Magencio, por cuya cuchilla aguda el gran Júpiter tonante el Imperio te asegura. Oye a mí, y a Policarpo. A mí; y a Leoncio escucha. Ayer, cuando cumpliendo puestro oficio, a los dioses hicimos sacrificio. Y cuando atentos al ardor del ruego los invocamos con la voz del fuego. A Apolo yo, que con ofrenda pía es luminar, y oráculo del día. A Marte yo, que sin pasión molesta. es inmediata al culto la respuesta. Después que todo el templo perfumamos; y las víctimas tiernas degollamos. Y después, que en agravio de la esfera crecia el hecátombe con la hoguera. Apolo, que jamás con tardo agrado a mi pregunta la respuesta ha dado. Marte, que de mi duda agradecido; siempre promra deidad ha respondido. Tardo ayer, o severo, o enojado. Tardo ayer, y más que nunca airado. Sordo al tierno aclamar del ruego inmenso. Y ciego a los perfumes del incienso. Hasta que en llanto se anegó mi pecho. Hasta quedar en lágrimas deshecho. Así a mis dudas respondió prolijo. Esto en severas cláusulas me dijo. No le esperéis más humanos a mi pecho beneficio, si no me hacéis sacrificio con sangre de los Cristianos. Ni os defiendo, ni os asisto, ni mejoráis de fortuna, sin lacrificarme una moderna esposa de Cristo; Auna este prodigio con tu empeño. Coteja este suceso con el sueños Provigiosa maravilla! Todo junto te inftimula a que no quede Cristiano que no examine tu suria. aedignadas las deidades, tu poco cuidado culpan a perseguir los Cristianos. De qué tu pecho se turba? Qué se ha hecho tu soberbia? Rindiola aquella hermosura. Dónde tu altivez asiste? Mi mucho valor la oculta. Dónde tu valor se esconde? Aquella beldad la frustra. Vuelve en ti. . Cóbrate altivo. Muertes al mundo provoca. Busca la esposa de Cristo. De estragos el viento ocupa. Júpiter pide venganzas. A comete. . Vence. Triunfa. Pues ea, amigos, porque antes que el Alba en señas purpúreas resucite el Sol al mundo, que agora yace en la tumba de la noche, de quien es funesto blandón la Luna, me ha de sacar el cuidado por esas campañas rudas, a requerir, ya en los campos, ya en los poblados, las grutas, y las casas, que a Cristianos albergan poco seguras; y publíquese un edicto, porque mejor se descubran, que a general sacrificio. a Alexandría concurran cuantas poblaciones mías el Ganjes, y el Nilo inundan. Vosotros, y cuantos sabios para este efecto se juntan en esta docta academia, madre de ciencias profunda, con sutiles argumentos venced sus ciegas locuras; mientras yo con el acero sus viles vidas concluya. Arda esta familia en llamas. Vuele en pavesas caducas. Tema el mundo mi coraje. Tema la tierra tu furia. Mujer, cualquiera que seas, de mi cólera sañuda no ha de ampararte tu esposo, ni valerte tu hermosura. Bien haya tan buen despejo! El que se atreviere a ser alcahuete, ha de tener la ejecución sin consejo; y así digo, que en las artes, y en los oficios de amor, es este el de más valor. Conforme dieren las partes, En este, donde el servió de honesto fin se procura, les pagan con la futura sucesión de algún oficio; que en el amor más humano, mas material, y grosero, entra en ellos el dinero, y cóbrase de su mano. Con este oficio admitirlos a todos trato en mi tienda. Adviértote, que se arrienda un cargo de algunos chirlos. Qué son chirlos? . Un letrero que escribe una mano cruel de una cara en el papel, con la pluma del acero; que está muy bien empieado en cualquiera mala vieja, que peso falso aconseja; en cualquier desvergonzado, en cualquier falso testigo, en cualquiera que soplare, y en el que galanteare, a la dama de su amigo. Esechirlo, sea cual fuere, si interviene el boticario, no le quiero. . De ordinario seleda a quien no le quiere. ̱. Y tú que rabias por él, como di te has atrevido aentrar tan descomedido? En fe de aqueste papel. Dámele, que ya se inclina mi pecho a dar, y tomar. ̱. Qué quería ue, ganar las gracias con Catalina? Seberino me mando, Ya, señor, que del golfo del pecado, libre de su tormenta recelosa, costase lo que costase, que de nadie le fiase; y así he de dárselo yo. Pues ella viene, los dos podemos llegar más presto. Valgo yo solo para esto cualquiera cosa por Dios; que de nadie le fiase, y así he de dársele yo. Pues ella viene, los dos podemos llegar más presto. Valgo yo solo para esto, cualquiera cosa porDiós. hasta el puerto de gracia venturosa salí en los hombros del bautismo amado: Ya que a mi planta firme tierra he hallado, como a templo sagrado, en quien reposa, os voto el alma, que en la pena ansiosa, es la prenda mejor que me ha quedado; De la mancha común naturaleza quedó purificada con los fueros que le disteis del agua a la pureza: Lafe, y palabra os doy de no ofenderos, que fuera malógraros la fineza, alaj el déjaros de hallar para perderos. si Ea, llega. . Que legión de dueñas se te ha infundido, que tan presto te has metido sen aquesta Religión? ̱. Quién está ar? ̱. Quién quisiera levolear un breve rato lboca en vuestro capato. ̱. Quién sois? . Una lanzadera, que echada del tejedor, iendo, y viviendo con traza, soy quien los hijos enlaza tula tela del amor. Aquién servis? . Ya regulo ni dicha por su semblante. pirvo de esto a vuestro amante. Y cómo os llamáis? . Trástulo, que en la matoma en que andamos, es mi amo el volatín, y yo soy clarliquín, quiera Dios que no calgamos! . Y agora a que habéis venido? Adaros este papel de Severino, que en él. Callad que ya os he entendido. Que afable mi dicha fundo . en su gracia! . Dadle acá. Tu ventura envidio ya. No hay tal oficio en el mundo! Pues decid a Severino, que yo su papel aquí de esta suerte le lel. No llevo muy buen camino de bailar bien a tu son. Que me cansan sus finezas, que me ofenden sus firmezas, que me agravia su afición; y que desde ahora a Roma puede volverse sin mí; y no volváis más aquí. Calmos de la maroma. Ya que sola he quedado, Que os haré. Cualquier partido tomo de muy mala gana. Echar por una ventana. Yo lo doy por recibido. Idos luego. Qué profundo valor! Y digo, señora Julia, envidiarame ahora? No hay tal oficio en el mundo! y a vuestra ley, Señor, tan ajustada; con piadoso cuidado me enseñó, de su parte deseada, el norte, y el camino el santo, y Patriarca Alexandrino. Ya que en la sacra fuente se labaron las culpas de mi pecho, y con afecto ardiente queda en piadosas lágrimas deshecho, que es de quien nos defiende la cadena del llanto la que os prende; segura quiero hablaros desde hoy con humilde rendimiento, pues no solo buscaros os dejáis del humano pensamiento; sino que con clemencia hacéis vos porque os hallen diligencia; Ya sé que sois mi amante, del Cielo, y tierra superior Monarca; quien vuestra Feconstante, al instruirme el santo Patriarca, con atención divina me dijo vuestras señas su doctrina. Hermoso amante mío, enamorado dueño de mi vida; el fuego que os embió es del alma, que en vos está encendida: el corazón se inflama, fuego es de amor, acariciad la llama. Venid Divino Esposo a los brazos, y al pecho que os adora; venid púrpura rosa al regazo fiel de vuestra esposa. Celebre el Cielo la fiesta del desposorio feliz de Cristo con Catalina, y Ángeles de mil en mil canten la gala del desposado, y el amor de la esposa gentil. A. Conócesme, Catalina? Aunque ciega a tanto Sol, conozco que de mi amante bello Paraninfo sois. En aquel trono de luz, para desposarse hoy contigo queda tu amante. Pues como he de verle yo, si grosera vista humana no penetra tanto Sol? Cuanto se cegó tu fe para creer su pasión, tanto se avivó tu vista para gozar su favor: y para que confiada en su liberal amor subas a gloria tan alta, que aún no la merezco yo, esta corona te envía de tanta vistosa flor, que en los jardines del Cielo su misma Madre tejió; en fe de la que prometo a tan constante valor: enlaza con este anillo el dedo del corazón, en memoria de tu esposo, que su mano le labró de los rubles de su sangre, y del oro de su amor; y ahora sube a aquel trono, en cuya eterna labor Ca opela con pecho human para esposo todo un Dios. Como tanta dicha junta no cabe en el corazón, la terneza de los ojos celebra aqueste favor. Fía en mis alas, que presto verás la eterna región. En ella fio mis dichas, soberano embajador. Ya vas penetrando el aire. Ya reconozco el favor. Vuela a la luz de tu esposo. Feliz mariposa soy. Inmortal vida te espera. A mi esposo gracias doy. Ya llegas a ver sus ojos. Dichosa mil veces yo.

JORNADA SEGUNDA

SEGUNDA JORNADA Ha del oscuro palacio de la noche, donde mora en tenebrosos albergues el Príncipe de las sombras? Ha de la casa del llanto, donde vive la congoja, donde asiste la impaciencia, dónde habita la discordia? Comunero de los Cielos, que la tercer parte hermosa de espíritus conjuraste contra la eterna corona. Serpiente escamada a Mayos, que tanta luciente antorcha, despeñándote al abismo, an auraste con la cola. Ambicioso, que animado de temeridades locas, osaste emprender el solio, que al Uno, y Trino se forma. Formidable por tus hechos, temido por tu persona, por naturaleza puro, pecable por vanagloria: Sal amivoz. Quién me llama. . Oye, Luzbel. Quién me nombra? Yo, que ha intimarte he venido un bando, que la gloriosa mente de Dios ha dispuesto, que tu ejecutes ahora. Qué quiere? que a mi pesar es en mí su ley forzosa! Permite que tus malicias siembren la cruel ponzoña en cuanto puedas, y en cuanto dure el poder que te otorga, En qué? que solo su idea mi sutil discurso ignora, y solo en cosas humanas mis conjeturas se logran: Ese Magencio, que a Egipto ha venido desde Roma; ese inhumano que rinde, ese tirano, que postra de los Cristianos las vidas; mas no las almas heroicas: A Alejandría ha llegado, a quien eterna la nombran el lenguaje de la fama, y del tiempo el idioma. Esa Ciudad, que lo menos es ser Romana Coloma, que dando leyes al mundo, da asuntos a las historias. Ese a quien el claro Nilo, haciendo espejo sus ondas, por retratarla en cristal, no la desata en aljófar. Ven fin que en sus orillas es edificada concha de tanta perla Cristiana, que fragua la eterna gloria. A ella, pues, ha venido con hidropesía ansiosa de la Católica sangre, que ha de beber gota a gota: Permite Dios, que no dejes trazas, industrias, ni formas, que en su áhimo no esparzas, que en su pecho no dispongas de perseguir los Cristianos: Esta licencia te otorga. Para que esa diligencia me encarga Dios, si con otra les va doblando las fuerzas al paso de la congoja? Para que más en sus sieguos luzcan sus misericordias. De mala gana ejecuto lo que resulta en su gloria. Obedece, aunque no quieras. Ya obedezco aunque me enoja Pues yo que atiendo de Cristo visiblemente a su esposa, voy a animarlos soldados de aquella facción heroica. Yo voy poderoso a ser el rayo que los destroza, siendo el pecho de Magencio el hembrión que me forja. Yo les prevengo laureles. a cuya sombra se acojan. Yo martirios que los venzan, Yo valor que los disponga. Junta tus huestes divinas. Junta tus rebeldes tropas contra el poder de los Cielos. Antigua ambición me exorta. Su esposa te hara la guerra. Yo sabré vencer su esposa. A. Claró ejército de luces. ̱. Negra campaña de sombras. Que de Cristo se alimenta. e. Que en mi semblante se forja. ̱. Contra Luzbel. ̱. Contradios. . Toca al arma. ̱. Al arma toca. J. Tomó el papel con aquella mano, con quien no se atreve aser tan blanca la nieve, aser tan pura una estrella: tan afable, que enseñar pudiera a cualquier deudor, cuando habla al acreedor, a quien no puede pagar. Tómole en fin gran favor! Y leyole? . Si señor; y colérica hacia mí, dando el labio testimonio, se volvió como un demonio de los más lindos que vi: Dice que a mí no se iguala, que lo que es señor a ti te besa las manos, y que te vayas noramala. A esto se determina, y pues Teodora te adora, busca el clavo de Teodora que te saque a Catalina. Ah ingrata! cuando no fue desdeñosa la adorada! y cuando la desdeñada no ha importunado la fe! Si tu estomago revienta de amor, y emparazo siente, cada mujer diferente es un graño de pimienta. Toma muchas, y advertido, si tragas las que topares, cuando menos lo pensares, te lo hallarás digerido. Yo muero de este imposible! Si das en eso, señor, te harás hetico de amor, mal incurable, y terrible. Vuelve en rojo lo amarillo, y si te abrió su lanzada, sea como una granada; pero no como un membrillo. Ay de mí! . Si así, señor, antes de llegar el bien te enambras del desdén, que dejas para el favor? No eres como yo, que cuando en estos lances me empleo, estoy si no de deseo, y muy tibio en alcanzando. Quién alentará mi pena? quien le dará a mi esperanza cualquier leve confianza de que ya está tan ajena? Yo, con grandísimo ahorro: Una mujer he tratado, que a su maña comparado, era Mercurio un modorro. Embustes tiene tan fijos, que por más obligación, hizo creera un capón que tuvo en ella tres hijos. Y dejándole la bella, decía el capón hereje: que esta pícara me deje teniendo tres hijos de ella? En habito de viuda honrada, que pobre es, para enférmera después, cualquier señora saluda. A cualquier mujer casera, para cortar su opinión, la mide la inclinación en habito de toquera. A la doncella, un intento la propone con buen fin, y es un contrato ruin lo que suena a casamiento, A la que paga el afan de habérselo granjeado, nunca la da más recado, que decir cuanto la dan. A la que está recogida a mal vivir con alguno, la aconseja que con uno se pasa muy pobre vida. Y abriendo a cualquier barbado, IA como con oro se entable; es portera perdurable de los postigos del lado. Vámos la a buscar, que ha de ir, y pues Catalina es sabia; verasla entrar con su labia en achaque de arguir. No quiero ofenderla, no, con tan viles osadías: En mis ilustres porfías, quién podrá valerme? Yo. . Bizarro joven, que atento a mi labio, a mi descanso te informas de los deseos, aún antes de pronunciarlos. Arde apetito en su pecho enamorado; que es perseguir más alivio. a un amante, que a un tirano. Quién es usted, señor mío, que se nos mete muy falso de gorra de caperuza, de montera en lo pesado? oy quien a tus deso (oh Severino gallardo!) franquearé todo aquello, que entre el desdén, y el recato de Catalina se guarda a tus ojos, y a tus manos. Pues como tú de mis males te ofreces a los reparos, sin haberte dicho yo lo que padezco? . Es acaso hurón de los pensamientos, o zahori de los cascos? Yo te escuche, y conociendo que puedo aqueste agasajo hacerte, empiezo a servirte; entra en su heroico palacio, que ya sus umbrales pisas. Qué dices? luego no estamos a la puerta del gran templo, donde el sacrificio santo ha de celebrar hoy? . No lo ves? Estoy pasmado! Cuando hay gusto, y hay contente jamás se sienten los pasos. Pues que tengo yo que ver en el gusto de mi amo? él pudiera no sentirlo; mas yo por qué . Porque es llar que participes del suyo, como tan noble criado. Digo, señor, que lo creo; yo debo de estar borracho! Qué he de ver a Catalina? Dame, Tráñulo, esta mano, que hemos de ser muy amigos, Mi nombre sabe! yo gano en ser amigo de quien en cualquier viaje largo me ahorrará de una mula, que no es pequeño embarazo. No dudes de lo que puedo. Digo, que me lleve el diablo, si lo dudare otra vez: hi de puta, el calorazo del higado que le sale ala palma de la mano! Ya tardas en tu promesa. No es el dilatarlo acaso, que encendido en su deseo arde más enamorado. Cúmpleme ya la palabra. Tendrás valor. . Que me abraso por ver sus ojos? . Acaba, sácanos de este preñado. Para seguir mis pisadas osadamente? No acabo de entenderte. ̱. Yo tampoco. Ves que en vivas llamas ardo, y dudas de mi valor? Entremos, acaba diablo. Por qué mis glorias suspendes? Porque nos estás matando? Porque soy tan enemigo de todo el contento humano, que hasta los pesares quiero que les cueste sobresalto. Al infierno iré por ella. Yo por ver juegos de manos. Soy amante. . Soy curioso. Pues venid conmigo. . Vamos. Esposo, para agradar vuestros ojos ya he sabido que de más puro vestido el alma se ha de adornar: Por vos voy a pelear, segunda Judicseré si venzo lo que intenté: porque el pecho enamorado el aliño ha consultado, al espejo de la Fe. Para llevarme la palma persuadiré así mejor; que es la hermosura, Señor, segunda lengua del alma; que en la tormenta, y la calma de aqueste piélago humano, solo este bajel tirano navego más poderoso; y así por lo afectuoso perdonadme lo profano. Yo, Catalina, que asisto a tus acciones atento, formalmente al pensamiente, solo de tus ojos visto, nada a tu intento resisto. Dios, que la belleza guía, para lucilla la envía; y el no hacello entre los dos, es querer borralle a Dios aquella imagen que cría. No lisonjea al pintor, quien recata la pintura, en cuya ilustre hermosura se cifra todo el primor; luego es, Catalina, error no usar de la copia fiel? Veala el mundo infiel como es, que si bella está, tanto más celebrará la grandeza del pincel. Ve al templo, pues, y procura que con distinto argumento concluya tu entendimiento, cuando vence tu hermosura. Ciencia infusa te asegura el Cielo; por más grandeza hace por ti esta fineza; porque dos veces vencido quede el géntil atrevido de tu ingeñio, y tu belleza. Dadme el espejo. . Aquí tienes el cristal, mírate en él. Ha Severino cruel! castigue amor tus desdenes. Suspende tu pena grave. Ya a verla habemos llegado. Jurara que hemos entrado por el hueco de una llave. Oh peso al Cielo! no sabe que tentada, o perseguida un alma ha de estar valida Tirana de mi amor, dulce homicida, solamente de su Fe? Pues cómo la venceré del auxilio prevenida? Ya crece mi llama atroz. Ya Dios, por juicios ocultos, deja sin forma los bultos, deja sin cuerpo la voz! O qué incendio tan feroz! Quiero vengar mis enojos, asistiendo a sus antojos, para ayudarle a prender, aunque no era menester adode estaban sus ojos. de estas beldades dos viva, y callada; fingida en el cristal, en ti animada; déjame a mis deseos la fingida. En él, aunque después desvanecida le quede mi esperanza mal lograda, solo está tu hermosura recatada; mas no está tu fineza repetida. Mas ay de mí, que poco el bien me dura! pues negada al cristal con entereza, desvaneciste toda mi ventura: Vuelva mi pecho, pues y mi firmeza, a adorar la beldad de tu hermosura, y a sufrir la crueldad de tu fiereza. A ti, Señor soberano, todo el amor encamino. Qué rostro tan peregrino! No estoy yo celosa en vano: Ya es imposible sufrir este ardor. . Yo estoy turbado! Y quedo determinado gozar antes de morir tus brazos. Esta licencia, que me permitis, Señor, de que sirve, si hay mayor auxilio que diligencia? Más qué es esto? donde estoy hombre? . Demonio embuste? Déjaros ahora quiero, que así es la gloria que doy. Catalina? . Julia? Hombre? . Barrabas? Dónde te has ido? Adónde te has escurrido sin decirnos casa, y nombre? Dónde estamos? A las puertas del templo, si no me engaño. Qué suceso tan extraño! que venturas tan inciertas! Pues yo viví, cierto es mi ordinario necesario; es verdad que mi ordinario puede emborrachar atres; pues tú será desatino decir que borracho estás, que en el beber eres más medido que el mismo vino: Qué puede ser? . Ilusión de un deseo enamorado; ventura de un desdichado, de un infeliz ocasión. ̱. Ya llega, por dar ejempio, al sacrificio, señor, tu tio el Emperador. J. Entremos con él al templo. Suspended esos acentos, que en música consonancia llenan la hueca distancia del Imperio de los vientos. J. Seáis, señor, bien llegado. Valeroso Severino, ilustre joven, sobrino; ya, pues que en el templo he entrado, donde los dioses queremos desenojar, con tan raras prevenciones, y en sus aras este sacrificio hacemos: Vosotros, a quien les toca el culto, y a quien responden los oráculos, y esconden su secreto en vuestra boca. Vosotros, que de la ausencia sois los mayores maestros de Egipto, y os hizo diestros el estudio, y la experiencia; Descubrid ya los altares, donde en imágenes mudas, elocuentes a las dudas, en acentos singulares, os hablan Apolo, y Marte; porque tanto puede, tanto la víctima con el llanto, y la religión sin arte. Ciegos, pues que no me veis, y os doy de invisible indicios, que admito los sacrificios, pues a mí me los hacéis. Padre de la luz eterna. Dios de las armas inmenso. Luciente antorcha del día. Sacro espíritu guerrero. Que verificas las cosas. Que infundes belico esfuerzo. Que das ser a lo criado. Que das valor a los pechos. Escucha el llanto del alma. Oye el alma del afecto. Admite esta ofrenda pía. Responde a la voz del ruego. No os faltaré, si regáis de Cristiana sangre el suelo. Esa palabra te doy sacro Apolo, dios eterno. Responde dios de la ira. Desata el divino acento. Con la sangre de la esposa de Cristo el enojo templo. A tus aras su cabeza, soberano Marte ofrezco. Yo con la estatua de Baco es solo con quien me entiendo. Pues ea doctos Ministros de las ofrendas que hacemos, comenzad el sacrificio, perfume el aire el incienso. Ese general concurso, que de animales diversos, en esta víctima hoguera, que enciende el soplo del ruego, esos ciento y treinta toros, que de coraje violento, de verse morir están su misma sangre bebiendo. Pues ya sus cuellos cérriles. postra el yugo del acero, a quieta coyunda unidos harén el campo del fuego. Pero que bello escuadrón, que hermoso acompañamiento, asistiendo una beldad viene penetrando el templo? Catalina es tu sobrina; gran Emperador Magencio. A quel asombro en quien luce la belleza, y el ingenio. Aquel ingrato imposible, que adoro sin escarmiento. Aquella que estuvo un tris de hacerme dar con un leño. Venga en buen hora a mis ojos, pues que ya verla deseo, a que la venere el alma, y a que la conozca el pecho. En vuestro nombre, Señor, piso este prófano templo. Por el honor de tu esposo entras agora en el duelo. Hh enemigo! ingrata causa. de mi amor, y de mis celos. Hermosa está mi señora! Ah bellísimo portento, si a un tiempo tuvieras tanto de afable cómo de bello! Con nueva impaciencia lucho? Las hermosuras que advierto, que harra dejan la vista! ero que ardiente el deseo, En buen hora a los altares vengas Catalina: Cielos, que he visto! . Que te suspend Qué es lo que te altera el pecho Este es de aquella mujer el original severo; que me dibujó la noche en la lámina del sueño: Pero cómo puede ser? ni lo admito, ni lo creo: Vengas en buen hora a ser de la religión ejemplo; y pues ya has venido tú, proseguid. . Old primero. Pendiente estoy de sus ojos! Qué absorto a mi amantee veo! Con qué intento nos detiene? Qué será su pensamiento? Pide favor a tu esposo. Señor, alienta mi pecho. Incendio a incendio se añade! Ya te escuchamos atentos. Bárbaros, que persuadidos de fáciles de vaneos, dais a vuestro gusto tantas deidades como deseos. Engañado Emperador, que perseguidor sangriento eres del nombre de Cristo. Qué es esto que escucho, Cielos! Severino errado, quieres cómo gentil, como ciego, idolatrar de mis ojos? Qué es esto, Cielos, que advierto! Teodora, que has ignorado los disignios encubiertos de mi pecho hasta este punto. Qué es esto, Apolo, que veo? Imprudentes sabios, solo a la sutileza atentos, y no a la misma verdad. Mudo estoy! . Estoy suspensa Concurso grande de toda la redondez del Imperio, que asistís al sacrincio. Crezca el volcán de mi pecho. Suspended esos aplausos, y no en los indignos fuegos queméis el incienso inútil, las víctimas sin provecho, Apagad esas hogueras, en cuyo fatal incendio arden vuestras mismas almas en los animales muertos. Desmantelad los altares, en cuyas aras se han hecho religiosos los engaños, adorando al padre de ellos. Ya sabéis que soy aquella, de cuya sangre no menos, que las Imperiales venas hacen honrosos aprecios. Tengaos este breve rato, si os enojo, o si os contemplo, el respeto temerosos, o la novadad suspensos. Yo, pues, que todas las causas, naturales comprendo, ya ningún discurso mío se le esconden sus secretos; penetrando, mas que humanos, surilezas a mi ingenio, se los descubrio estudiosa la luz del Dios verdadero. El que divide las aguas, el que desata los vientos, el que sustenta la tierra; el que comprende el fuego el que con sola una voz, poderoso, sabio, inmenso, fija los polos del mundo, mueve los ejes del cielo, no en muchas deidades juntas, como pensáis. El gobierno distri butivo consiste de este, y de aquel hemisferio; no en el Júpiter tirano, que en ardides deshonestos ejecutó su poder cuanto le pidió el deseo: No en un engañoso Apolo, no en un Neptuno severo, no en un Saturno ambicioso, no en un Folo soberbio, no en un Mercurio sagaz, y no en un Marte sangriento, ni en muchos, que la memoria, corriéndose de saberlos, la credulidad acusa de tantos errores ciegos. En aquel solo consiste, Uno, y Trino, grande, eterno, Artífice milagroso, que fabricó de un aliento este palacio del hombre, en cuyo albergue terreno. alma inmortal se aposenta, que vive la edad del mismo; En aquel, que por amor del que ofendió sus preceptos, se vistió el traje de humano, sin desnudarse el eterno. En aquel, que las entrañas de una doncella eligiendo, la hizo Madre, y dejó virgen, y la presernó primero. En aquel, que ya estrenando la humanidad, dio en naciendo. la primer señal de hombre con el llanto, y con el hielo. En aquel, que fatigando sus años con el ejemplo, a los treinta y tres entró por las puertas del Desierto. En aquel, que no creido del persido ingrato pueblo, pagó las culpas ajenas en las infa mías de un leño. En aquel, que fue al abismo todo lo humano de puesto, y al tercer dia glorioso resúcito entre los muertos. Ese Júpiter fue un hombre tirano, falso, y soberbio, y la ceguedad gentil le aclamó deidad por eso: Y así, los demás que al colmo llegaron; con el ingenio, de las armas, y las letras, o de algún arte, tuvieron la posteridad de Dios, sin reparar que tuvieron lo pecable; y lo moral desautorizó lo eterno. Principio, y fin reconozco en esos dioses terrenos: vicios en esos reparo, virtudes en este advierto. Pues quien, en duda, no quiere lo mejor? quien es tan necio, que por seguir lo vicioso, deja de amar lo perfecto? Queréis ver que este solo el Dios de la tierra, y cielo? pues esas mismas efigies, esos simulacros mismos, esos idolos profanos, que siempre dudosas dieron las respuestas, en el nombre de este Señor que confieso, han de decirlo: Vosotras; imágenes, que en el hueco metal de que estáis labradas escondéis todo el infierno; aunque no estáis enseñadas a la verdad, yo os apremio, y os mando, que ahora (todo so mentiroso depuesto) después de haber confesado lo mismo que yo confieso, deis muestras de lo que sois envueltas en humo, y fuego. Cristo es el Dios verdadero Responde estatua de Marte. Cristo es solo el Dios eterno, Pues qué evidencias más claras queréis idolatras ciegos? ya con él norte os convido, ya con el prodigio os venzo, ya con el caso os confundo, ya os muevo con el ejemplo, ya la mentira os descubro, ya la verdad manifiesto. Y si rebeldes quisiereis, y si intentaréis proterbos deslucir estas verdades con que persuadiros quiero: Sabios de Egipto yo os llamo a públicos argumentos, desiendo que hay un Dios solo, sin principio, fin, ni tiempo, que encarnó quedando Dios, que murió quedando eterno. Ya que en apariencias tantas el crédito voy perdiendo, en los pechos de los sabios incorporarme pretendo. Qué he oído dioses divinos? Que he escuchado santos cielos! Apenas creo el oído. Apenas los ojos creo. Notables asombros miro! Gran novedad! Bravo cuento! . qué has hecho? Qué has dicho? . Prima? Mágica? . Ciega? Teneos, que si mi esposo a su cargo toma mis agravios, creo, que en fuego, como los dioses, quedaréis todos resueltos. ̱. Quién es, ingrata, tu esposo, cuando yo no lo merezco? Ju. Este mismo Dios, de quien el divino honor defiendo: yo soy la esposa de Cristo. Calla, calla, que con eso hielas la sangre en mis venas, atas la voz en mi pecho: llevad ese monstruo. . Espera: que haré en tan duro aprieto? la Religión, y el amor hacen contrarios efectos. Dala la muerte. . Detente. no sea que a él vaya primero, o al cariño de la sangre, o al enojo de los celos. Señor, no es crédito tuyo, de la Religión, ni nuestro, que de una mujer suframos oprobios en el ingenio. Deja que nuestra doctrina la convenza, por que luego advierta, que solo sabe esos mágicos portentos. Conozcan hoy los que saben la verdad, que el novelero vulgo la fábrica cree. sin ahondar los cimientos Vea la arena en que estriba esa máquina, que el viento de nuestra ciencia infinita derribará por el suelo. De verla tiemblan mis labios. ̱. De oírla tiembla mi pecho. O mal lograda hermosura! Crueles desdichas temo. Si esta ley consiente hulgura, de la que agora profeso pienso quedar desleido dentro de muy poco tiempo. Si a público desafío liberal, que os he propuesto, no salís, pensarán que es cobardía del ingenio. Nosotros nada ignoramos. Nosotros nada tememos. Oh amor, suspende la flecha! Apenas la ira templo. Qué tardáis? . Que lo permita el Emperador queremos. Yo os lo permito, por dar más ocasión al tormento que ha de afligirla, si acaso perseverare en suyerro. Espíritus reservados para alentar otro tiempo, los heréticos errores, infundidos en los pechos de estos sabios, a quien yo invisiblemente atiendo. Si es Uno; y Trino tu Dios, como en lo que en ti coligo solamente encarnó el Hijo, quedando los otros dos? Y si están los tres unidos en la deidad, y en la esencia, como están con diferencia en esta acción divididos? Si padeció, el tormento sufrió? Responde a los dos, como la parte de Dios no le quitó el sentimiento? Y si murió, que ignorancia te conduce a tal miseria? como al faltar la materia, no se acabó la substancia? su fin (qué engañada Cuantó iu ha de probarlo: vaos yu muerte deo, hallo cuárato, su principa una Perima engendran. los Tres erestencia fueron Uno, según lo colijo, y hallo principio en el Hijos luego todos le tuvieron. Y estos puntos esenciales que en tu Dios quieres juntar, nos los tienes de probar con razones naturales. En el caso que se ve, de los doctos filogismos usad con vosotros mismos, no con los faltos de Fe. Oh quién no te hubiera visto! Quién vio confusió más grave? Mal usa de lo que sabe. Desde hoy hago voto a Cristos pero tente pensamiento, que algún Aguácil deboto pensará que es juramento, Si ya no enmudeces, di. Si dices verdad, que tardas? Si tienes razón, que aguardas? A todos respondo así: Encarnó el Hijo no más; la razón de estos abismos dentro de los otros mismos, o Emperador, hallarás. El alma, que comparada es al Misterio sagrado de la Trinidad, me ha dado la razón más ajustada: Que corresponde en rigor la memoria al Padre cierto; al Hijo, el entendimiento; y al Espíritu, el amor. Yo, cuando explicar intento concepto que el alma labra, me explica por la palabra; con solo el entendimiento epién me escucha la la razón en praño es tesgo, yos a memora anablo) lomí el anodía con que holo, mor con qué digo? El Hijo el mundo, a quien ama, de aquel Conclave Uno, y Trin como entendimiento vino, por eso Verbo se llama, Y como tal, pronunciado de aquel concepto profundo al ciego entender del mundo, él solo fue el explicado. Luego quedaron mejor en el alma de su gloria, el Padre, como memoria; y el Espíritu, como amor. Decís, que el Hijo engendrado fue, y que por esta razón tienen los Tres, por la unión, principio determinado. El principio, que os abona,, cada uno de los dos no le tiene como Dios, tiénele como persona. Con un ejemplo concluyo: El sol engendra vistoso la luz, eterno, y hermoso: la luz, el origen puro reconoce al sol; mas son, siendo la luz dependiente del sol, hermoso, y ardiente, unos en la duración. Pues mi vista comprende al nacer, que a un tiempo acendra el sol que la luz engendra, y la luz que de él depende. Luego por esta razón, que más cierta ser no puede, Padre, y Hijo, y quien procede, tienen una duración. Padeció, pues, y el tormento sufrió? Respondo a los dos, que aquella parte de Dios no le quitó el sentimiento, si vino solo a tener pasión, dolor, y aormento. No era cumplir el intento el dejar de padecer: dos voluntades tenía cuando a los hombres juntada; de Dios, como los amaba; por hombre, cuando lo sufría: Y así respondo a los dos, aunque el intento os asombre, que el padecer como hombre tra voluntad de Dios. Luego pudo, soberano el intento que previno, amarle como divino, ysentirle como humaño. Murió, y eterno quedó; concluyo con este ejemplo, con que deciros contemplo, que quedó eterno, y murió. Muere una hermosa mujer; yaún muerta, queda lo bello demonstrado en el cabello, que aun guarda el color, y el ser. Aquella parte, aunque sea caduco plumaje breve de aquel cadaber de nieve, el cadaber no hermosea? El alma, luego que en ella vivió, por el vago viento, no lleva el entendimiento consigo inmortal, y bella? Dios así, cuando no tuvo mas que hacer, con sumo acierto, se dejó en el hombre muerto un algo del Dios que tuvo. Boló el alma, y su deidad, con superior vencimiento, se llevo el entendimiento, que era su divinidad. Luego Dios, que al mundo amó, pudo de aquella manert quedarse Dios en quien era, y Dios, en lo que murió, Uno, y Trino, solo eterno, Dios, y hombre omnipotente, que tiene providamente de cielo, y tierra el gobierno, es Cristo: Y si esta razón no bastare concluyendo, será mi sangre muriendo, la última bendición. No sé que numen oculto, sin violencia, mis deseos conduce a la claridad. Ya mí no sé qué misterio naturalmente me guía al camino verdadero: Yo reconozco ese Dios, Y yo esa verdad confieso, Por Uno, y Trivo le aclamo. Por sin principio le apruebo; Por humanado le adoro. Por sin fin le reverencio. Venció a los sabios, y al paso que van la verdad creyendo, los voy dejando, que yo aviso solo a los pechos donde reina la memoria; y así, esforzando eso mismo para animar su crueldad, al Emperador me llegó. Pues ea nobles soldados, que en el Carólico Reino de Cristo seguis la parte de quién es caudillo él mismo, más razones quiero daro para alentar vuestros pechos. No prosigas, no prosigo vivora, que con tu aliento inficionas los oídos, la vista, y entendimiento. Detente mujer, que la providencia del cielo templarme el odio nue assuvo, con el amor que tego Espera prima, no quieras malograr todo lo bello; no quieras morir, aunque se queden vivos mis celos. Como si hubiera nacido en su Fe, juro, y protesto a Cristo morir por él. Y yo aseguro lo mismo. Ah villanos! qué ejemplares habéis sido en el Imperio del culto de las deidades, por lo religioso, y viejo, hoy veréis de mi crueldad la variedad de tormentos. con que pretendo afligiros. En esta Fe moriremos. Llevadlos donde padezcan. No desmayéis compañeros. Encárcelad ese monstruo. Y yo soy Cristiano hacia dentro. Tirano, inventa crueldades. Contra tu vida me enciendo. Firme me hallarás a todo. Morirás. . Eso deseo: No podrá tu Dios valerte. Si podrá, si importa hacerlo. Encerradla en las tinieblas dal más escondido seno. Solo la luz de mi esposo alumbra mi entendimiento. De celos, y enojo rabio! De ira, y cólera tiembio! llevadla donde no vea la luz hermosa de Febo. A Dios Teodora. Ay de mí! . Prima? Tirano, primero que muera, con esta planta tu cerviz hollar espero. Antes será de un cuchillo despojo infame tu cuello. Yo voy a morir de achaque de tanto imposible fiero. Yo voy a sentir desdichas, y a morir del sentimiento. Y yo, pues que soy Cristiano, voy a decorar el Oredo. Música eterna cantad esta victoria a los cielos. Eterno llanto gemid esta pena en el infierno. Pues Cristo lleva la dalma. Pues yo llevo el vencimiento Cantadlo en ecos sonoros. Lloradlo en tristes lamentos. Pues Catalina ensalza al Dios ete cántelo el cielo. (no Llórelo el infierno.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Ha pasajero, que absorto sobre ese peñasco mides. la distancia del objeto, que a tu vista se resiste. Ha suspenso caminante, que en esa punta sublime, en el discurso, y los ojos, pareces Águila, y lince, escúchame. . Quién me llama? Baja al llano. . Quién lo pide? El Emperador Magencio. Mi pecho a sus pies se humille. Ven a mi voz. Ya te sirvo. . Quién eres? Un infelice. . De qué? De aspirar a mucho. Emprender es harto timbre. Qué me quieres? Que me digas, si la causa lo permite, qué suspensión, qué embeleso, alo que el semblante dice, s. teanega todo el discurso en las dudas que apercibes? Ya en nueva forma a los ojos de todos vengo visible: de ese peñasco, que el campo de Alexandría preside, mirando estoy dos antorchas, que sobre lo alto asisten erde un cerro, y notando, como accidentalmente brillen, o, discurro en ellas. . Adónde? Sube el peñasco. Ya pide lacuriosidad a voces, al que la vista lo examine. s. Ya estoy adonde tu estabas. e. Ves aquel prado que ciñe aquel encumbrado monte con tantos bellos matices? Ya le veo, y las antorchas sen quieta luz apacible, veo, que alumbran los campos: La cueva donde reside Catalina, ha cielos les la que coronando asisten, cuando entiendo, que yo solo sé donde encerrada vive. Pues para que no te rindas a? a esos prodigios, permite e? Dios, que los ojos se cieguen de la razón, que en las lides del trabajo, y de la pena, han menester los humildes, para ser ellos mejores, muy malo alque los persigue. Pues qué discurres? Si crees amiciencia, no es difícil descifrarte aquel portento, Eres sabio? . Tan insigne Filósofo soy, aunque esto me desacrédite, que no hay decretó en las causas naturales que no explique: no hay en la Física punto, que mi estudio no averigue, ni en la política libro, que mi pluma no autorice. Cómo te llamas? . Celeste. Con vanidad me lo dices. Harto me cuesta tenerla. Pues qué infieres? Que las finge algún encanto que oculta aquel monte inaccesible: Diligencia es ingeniosa de algún Mágico que vive su cóncabo seno, adonde los elementos oprime. Y es posible darle forma tan aparente, y visible a lo corporeo; y informe? Quieres ver como es posible? Vuelve los ojos, que ya el ejemplar te apercibe mi ciencia: Ves aquella hacha, que material tela fingen mis estudios? . Ya la veo. Pues a un conjuro que hice se encendió; mirala arder. Raro asombro! Y porque animes el crédito, quiero ya, que agora a un soplo invisible se apague, y se desvanezca. Ya creo cuanto me dices. Luego bien puedo tener vanidad, sin que repliques en nada, contra que es todo al encanto posible? Y tanto me satisfaces, que tú solo has de regirme; dipon tu de mi albedrío, como si no fuera libre. Oh fragilidad humana, presto al engaño te rindes! Tú me aconseja, y pues ya la experiencia lo permite, sabras que en aquella cueva; pero antes que lo publique, quiero ver si Severino, que adora sus ojos firme parece, porque sabiendo donde se oculta, es posible, que guiado del amor, que la religión oprime, quiera librarla. . Ya sé que en ella encerrada vive aquella ingrata. . Detente; y pues lo sabes, reprime la voz, y sigue mis pasos, que parece que me rindes aún más que el alma, y no sé si es con violencia el rendirme. Yo te seguiré. . En la cueva de aquella onristiana Circe te espero. . Allá te hallaré, camina. . Pues no me sigues? ̱. No hayas miedo que te deje. En buen hora al campo vine, y te vi; serás mi amigo? Tu esclavo he de ser. . Repite que lo soy yo, pues parece que dentro del alma vives. Caro está que eres mi esclavo, y cuantos ciegos residen las tinieblas del engaño, a aquesta mujer la rinde ni poder, grande trofeo le usurpo a Dios de su timbre! Después que Cristiano soy, aunque comienzo muy presto, con las preguntas al sejto Mandamiento vengo, y voy. Como soy noble soldado, y bobo aquel que me guía, le pregunte el otro día fiera un incesto pecado. Debajo de la ropilla traigo una Cruz, si se viera, luego un verdugo me hiciera los sesos una tortilla. Milcosas saber quisiera, que me hacen temblar la mano, que yo fuera buen Cristiano como todas las cumpliera. Este, que dudando viene, según aquí lo asegura mi infalible conjetura, muy poca firmeza tiene. A buscar al campo vengo quien me aconseje, y no sé donde un Cristiano hallaré que me advierta Aquí le tengo de pervertir, pues dudoso le llego a ver. . Si este fuera Cristiano! . De esta manera lo he de intentar: Cuidadoso os he visto, y mi cuidado, saber quisiera de vos, si por verdadero Dios seguis al crucificado, que yo soy Cristiano? . Lueg conocí en su modo humano que era usted muy buen Cristiano ya un poquito más me llego. Bien podéis hablar conmigo si lo sois, pues que también sigo esa Fe, y se muy bien su doctrina, pues la sigo. Pues, señor, porque lo trate, quien nos oye? ̱. Solo estoy. ̱. Pues yo lo soy, pero soy Cristiano a medio mogate; y pues le he topado, quiero me diga su parecer en mis dudas, para ser Cristiano a mógate entero: óígame pues. Eso intento. Respóndame. En mi hallaras la respuesta, y hablarás la verdad. Esteme atento: Si una mujer hallo yo, que me ruega, y no es muy mala, he de enviarla noramala, por no pecar? . Eso no; porque si rogar la ves, y tú no has de ser grosero, que importa pecar primero, si te arrepientes después? Me conformo. ̱. En el rendirse una vez ha consistido, porque no está siempre unido el pecar, y arrepentirse. ̱. Y si por modos extraños, de buen trato, y conveniencia, la dicha correspondencia durase diez, y doce años? No importa Cristiano, aunque goy te obstines en el pecado, como dejes observado noll el recurso del pequé. Me conformo. Este poder, tarde en el olvido cabe, porque un hombre nunca sabe cuando lo aura menester. Y si acabándose luego un empeño entestimonio, como es fuego del demonio, atiza el demonio el fuego? Volver, que la privación causa otro fuego infinito, porque siempre el apetito se templa en la posesión. Me conformo. No se absuelve del riesgo el que le procura, que el precipicio asegura, si a él voluntario vuelve. Y si, como puede ser, una casada me caza, y es el marido una maza, que no la deja correr? Es adulterio quererla, mas todo está concluido con que mates al marido para casarte con ella. Con eso no me conformo, ni más preguntas entablo, que esa es doctrina del diablo, a lo que de ella me informo; que aunque ignorante, ya siento lo mal que le está a mi suerte hacer primero una muerte, y tras ella un casamiento. Es un mal Cristiano, y es un mal hombre, y no quisiera enfadarme, que le hiciera: miedo me tiene. Después que esa señal en el pecho te acompaña, no podré vengarme de ti, porque acobarda mi despecho Gran cosa es reconocer miedo, quiero aprovechar la ocasión, y quiero echar cuatro roncas a perder: Ya le he dicho que es un; calle no me responda, porque de un puntillazo le haré, que en el infierno se halle. Que no me pueda vengar! Vive Dios que es un gallina, quiero quitar la pretina, y pegarle. Hay tal pesar! Desatáquese. Que así me trate! Si soy valiente, y no lo sé? Espera, tente. Venga acá. Ya, a lo que vi, se le ha caído la Cruzo en el suelo. Lléguese. Agora si llegaré. Lléguese, y hágame el buz. De aquesta suerte villano. Que me ahogas, haz conmigo todo lo que he hecho contigo. mas no me aprietes la mano. Así infame. Pues me obligas a ahorcarme, y pues que puedo, dejamodecir el Credo. Eso no quiero que digas, sino arrastrarte. Repara, que no soy amancebado, para andar tan arrastrado. Quien la vida te quitara. No hallarás sobre ella un cuarto, Reconoces mi valor, y mi poder? . Si señor, y en verdad que hago harro, No me tiemblas? No Rey mío. que si el frío lo hace; yo, después que a mí se llegó, tengo poquísimo frío Ya estás, villano, a mis pies. Los dos damos testimonio de San Miguel, y el demonio, mas pienso que está al rebes. No te mato. Muy bien hace. Porque no puedo. Pues digo, que no lo estimo en un higo. Levantate. Que me place: hay mi Cruz! . Quieres mirar con quien peleaste? . Sí. Miralo pues. Ay de mí; que veo! quiero buscar una hechicera que a eterno fuego su alma desliza, que recoja la ceniza de este martir del infierno. Espera ingrato, y si fiero, a mis ruegos desdeñoso, te arrojas tan riguroso, no te empeñes en grosero; que es elección imprudente, y es loca facilidad proseguir la necedad de empeñado solamente. Agasaja mi cuidado, más fino, y menos molesto, si quiera porque te he puesto en la esfera de rogado, escúchame . Qué pesar? No quieres? No será bien que use un hombre del desdén con quien le viene a rogar. yo Teodora. ̱. En la porfía de mi pena, y mi rigor, hazme creer que es amor. pero no que es cortesía. Digo, que te quiero. Atento, ytímido vas formando, cuando me estás engañando con ribieza el cumplimiento: Esfuérzate más, y mira, que mis penas satisfaces con solo saber que haces cuidado de la mentira. ̱. Pues Teodora, no es fineza, con aparente verdad, cuanto es de tu calidad, engañar una belleza? Aquella hermosa fiereza, Catalina, que en rigor es la hermosura mayor, en quien no cabe esperanza; (perdóname esta alabanza, y culpásela a mi amor) con uno, y otro desdén me introdujo en este abismo, quizá si hicieras lo mismo, me enamorara también. Mal haya el amor, pues quien desdeña es causa del fuego mas veemente, y más ciego; y quien ruega, y está amando, parece que está comprando el desaire con el ruego. Dejámela amar, pues sigo estrella tan inhumana, y el amar a esta tirana me baste para castigo; que en el tormento enemigo, y en la pena dilatada, de afectos de amor causada, imposible, o desdeñada, nunca falta una dichosa que vengue una desdichada. Tu venganza en mi ha de hallarse, pues en la pena te excedo, que yo al fin mudarme puedo, y ella no puede mudarse. No tiene de que quejarse tu amor tanto como el mío, que en el tuyo, y mi albedrío, tu pecho, cuando me amó, pudo esperar, pero yo sin esperanza porfío. Pues salgan ya de mi pecho ingrato todas las quejas, no en lágrimas, que te obliguen; en iras sí, que te ofendan. Villano, sabes que nunca las groserias empeñan, aunque vengan disfrazadas en ábito de finezas? Quien te ha dicho que es mejor quitarle al amor la venda de la cautela, cuando es tan gustosa la cautela? Que te costaba el fingir para tenerme contenta? pero lo auras excusado, porque aún eso no te deba, Pues supiste enamorarme, supieras también, supieras engañarme, pues no es uno el corazón, y la lengua. Ya parece que en el pecho los afectos se me truecan; y ya parece que en él, no el amor, el odio reina. Ya no te quiero (ah despecho a lo que obligas!) quién viera tu rebelde corazón entre mis manos sangrientas! Mas va que vengar no puedo en ti mi mal, en aquella, que es causa de él, he de hacer mi venganza manifiesta, con las manos, con los dientes; viven los cielos! Espera, que si con ella te enojas, al tu colera aprovechas, pues ignoras donde está. Quién adonde está supiera, para que la vil Cristiana, pagando allidos ofensas, mi religión una muerte, y otra mis celos la dieran! Quién supiera donde está, para que a mi fe debiera, la libertad, y la vida, y duedara yo a deberla! Centro soy de ira, y de rabia! Abismo soy de finezas! Quién la vida la quitara! Por mi corazón comienza. Ha ingrata. Ha cruel! Qué ansía! Adónde imposible prenda estás, para que mi afecto. persuada tus orejas? Adondo te han ocultado vibora, que donde quiera que estás, venenosamente en mi corazón te cenas? Flores de este ameno prado. Troncos de esta verde selva. Cristales de estos arroyos. Fuentes de estos campos bellos. Aves que boláis veloces. Fieras que corréis ligeras. Y Adónde está atalina? Dad de mi enemiga señas. Para que vean los hombres. Para que los siglos vean. A cuanto el amor obliga. A cuanto el odio despeña. Pero que antorcha a mis ojos estas pasiones me quita? Pero que luz a mi vista estos impulsos me templa? Adónde, cielos, se esconde la mano que la gobierna? De propia elección guiada se mueve sin dependencia, Móvil astroes de los aires! Del Cielo es errante estrella! Alma tiene, pues se mueve. con distinción la materia. Racional es aquel fuego, de quien es la llama lengua, Parece que a mí se viene! Parece que a mi se acerca! Mas ya misteriosamente sulento curso se enfrena, y ya en la playa del aire. dio fondo el bajel de cera. Pero ya fijando el runibo dio la luciente galera ancoras al viento, donde es slámula de sí misma. Pero ya de mí se aparta. Pero ya de mi se aleja. Milágrosa luz aguarda. Farol misterioso espera. Que donde quiera que vayas. Que aunque vayas donde quier Te seguirá Severino. Sigue Teodora tus señas, Y suspéndase mi amor. Y mi enojo se suspenda. Hasta saber donde paras. Hasta saber donde llegas, En este lóbrego seno, en esta oscura prisión, centro de la confusión, albergue de errores lleno, an constantemente peno, desposo mío, y mi Dios, que repartido en los dos está con igual fineza, en mí toda la firmeza, y todo el amor en vos. Es posible, dueño mío, que os llego tanto a deber, que en el mismo padecer se deleite mi albedrío? Inunde el dichoso río del llanto mi pecho, y tanto crezcan sus aguas, que cuanto pequé anegue mi llorar; y granjeando el de mar, el nombre pierda de llanto. Sin hierro me tiene herrada vuestro amor, vuestra virtud: bien haya la esclavitud adónde está el alma hallada! Dulcemente enamorada, los trabajos os ofrezco, launque en ellos no merezco, que los tengo por teloro; y envevida en lo que adoro, solvido lo que padezco. Dejome el Ángel, porque sl me dijo, que si quería merecer más, que debía valerme yo de mi Fe; mas con esto os debere, esposo, pues creo así, el crédito que adquirí Rpavos, y que vuestra gloria no aventura la victoria, pues la confía de mí. Venga uno, y otro tormento, imagine la crueldad, con extraña novedad, el martirio más violento, que al sacrificio sangriento tan voluntaria he de ir, que en viéndome, han de decir, tan conforme con mi suerte, que se confunde la muerte en la gana del morir. Rosa el mundo me llamó, que en temporal pompa vana, al albor de la mañana sus hojas esperezó del sueño que la causó la noche lóbrega, y fría: O llegue el dichoso día en que con divino vuelo suba a eternizarse al cielo la Rosa de Alexandría! Mas tan adentro en la cueva me he empeñado; que aunque esparce todo su imperio la noche en esta profunda cárcel, con los pies, y con las manos, ya que los ojos no saben adonde emplear la vista, he examinado cobarde sus secretos, hasta agora investigados de nadie: Mas que escucho! mas que veo! un peñasco a aquella parte se desgajó, y me descubre el día, el monte, y el valle. Libertad me ofrece, quiero por su boca: mas que haces primer impulso? tu intentas así desacreditarme? no la he de ver, quiero huir de ella. Pero a esotra part . otro peñasco me ofrece, las mismas dificultades, quiero dejar la prisión: Pero qué digo? oh cobarde anhelito de la vida, que varios efectos haces! pues no he de verlos, y quiero que mis ojos me lo paguen, y mi boca; ellos, regando la tierra con llanto grave; y ella, besándola humilde, sin descansar mis afanes, hasta que de este letargo, en que el pensamiento yace, parezca que me despiertan auxilios más eficaces. Apenas llegó a este monte la antorcha, cuando sinarte se abrió una boca, que a estas. profundas vovedas sale. Paró la luz, y en llegando a mis ojos, al instante puerta, con ruidoso estruendo; se abrió, impelida del aire. Mas qué veo! Mas qué miro! Teodora, confusión grave, Severino, raro asombro! Quién reguía. Quién te trae. A esta cueva. A aquesta gruta. Animosa. Vigilanto. Al mismo tiempo que a mí? Cuando yo piso esta parte? A mí esta luz. Aquieda. Pues veamos las señales del prodigio que nos junta. Pues averiguemos antes de salir estos portentos. Mas un bulto, que en el traje es de mujer, de rodillas, segundo asombro me hace. Cubierto el rostro de aquel rubio rizado plumaje. de cabello, no se deja examinar el semblante. Fuera de sí, no nos oye, ni atiende. Caso notable! Mugor, quien quiera que seas, que en este sepulcro yaces, muy difunta para viva, muy viva para cadaver. Oye? . Escucha? Quién me llama? Una infelia. Un amante. Que ciega. Qué deslumbrado. Asombro a asombro se añade; Un prodigio alcanza a otro. Cielos, quién tengo delante? Severino? Mudo estoy? Teodora? Yo estoy cobarde! Qué novedada este sitio os conduce? Voy a hablarle afectuoso, y del alma los afectos se me caen, Sin camino? A hablarla voy con rigores, y crueldades; y me templo, sin saber de que estos efectos nacen: Llegad, no os turbéis. Qué hermosa! Primos, amigos Qué afable! Aqué venís? A decirte. A qué? decidlo. A rogarte. Que pues los Cielos permiten. Que pues quieren las deidades. Que por tan extraños pasos ayamos venido a hablarte, si esta profunda clausura te sirve de oscura cárcel, salgas de ella. No prosigas. Duélete de ti;, y no saques verdadero el baticinio, prima, de nuestras deidades; Yo me quedaré por ti en esta cueva a que halle instrumento ese tirano enque ejecutar crueldades? yo por ti me quedaré; por Cristiano, o por amante. Ha, si por Cristiano fuera, y tu amor no mal lograse estos avisos, que el cielo, porque te conviertas, hace! ̱. Pues no quiero malograrlos. ̱. Ni yo cuando me persuaden con muda lengua los montes, con ardiente von los aires, Pues qué decís? Yo, que quiero adorar este Dios grande, pordos razones, la una, porque ya creo constante, que es aquien todas las cosas se sujetan, naturales y divinas, y él ha sido, con estos particulares motivos, quien a su Fe- trujo tu errado dictamen. La segunda, porque iré contigo a cualquiera parte, siguiendo tu Fe, y si muero en ella; muriendo amante siempre de tus bellos ojos, si tu hubieres muerto antes, tendrá, yendo donde fueres, el alma eterna, y constante, accidentales dulzuras de las glorias de mirarte. Y yo, que estaba enojada contra tu vida, tan fácil estoy a la persuasión de prodigios tan notables; que creo ese mismo Dios. Pues su eterno nombre alabena desde donde nace el Sol, hasta donde muere. Y baste para crédito este llanto. Para verdad los raudales que ha tenido reprimidos la gentilidad infame. Pues amigos, al gran Pedro Alejandrino, a quien hace Dios ministro de su Iglesia, solicitad vigilantes: El dé bautismo sagrado; soldará con el caracter las quiebras que el barro humano. sacó de la masa frágil, golpe que se dio en Adán, y resueña en cuantos nacen, b. Buscárele culdadoso. Solicitaré la parte donde habita. Ya agradezco a mi amor lo que me vale, Y yo a mi enojo le estimo aquesta cicha. Escuchadme, A Catalina infeliz? Esta es la voz arrogante del Emperador. Qué haremos? Que os volváis por esa parte por donde entrasteis. Pues vamos. Más otra vez admirable . cerro la boca el peñasco por donde entré. Y el notable, ripazo que abrió la puerta . para mí, ya no la abre. Ya es imposible salir. Dios estos protentos hace. ̱. Venga el daño que viviere. Pues las antorchas se apaguen, y en esos oscuros nichos, que el tiempo labró sin arte, os esconded. Tu consejo admito, sin porfiarte. Yo a tu elección me sujeto. Señor, pues que tú lo haces, necesario es el prodigio, el asombro es importante. Adonde, infeliz mujer, te escondes, porque no nallen mis rigores de tu pecho tan fácilmente el alcance? Quién te ha dicho que me escondo? ni quien te hadicho, que saben tamer Católicos pechos, por su Fe tormentos graves? Así respondes, villana? astí, infamando mi sangre, te arrojas a deslucir, de mi honor el noble esmalte? za, Celeste, y en ella, pues tienes de mi coraje poder, venga mis enojos. Cómo he de poder vengarte, si quien me da la licencia, no me permite que mate? Llega, que ya te conozco. Si intentan hacerla ultraje a mi vista, mi valor es forzoso que la ampare. Si pretenden ofenderla, aunque el corazón me laquen, he de defenderla agora. Llega, y en su pecho infame esconde ese limpio acero. Mejor es que tú la mates, que como es sangre Real, yo reverencio su sangre. A cualquiera de vosotros seré racional diamante, y bruto, porque después mi propia sangre me labre. No me temes? No te temo. Raro asombro! Valor grande! Llega. Pues con este acero, que nada hay que le contraste, te he de hacer. Detente. Espera. Qué yen mis ojos? No hay parte donde la mano de Dios mis designios no acobarde. Qué hacéis aquí? No preguntes nada. No sabremos darte razón de ninguna cosa. Qué intentáis con estorbarme? Que en mi pecho, que en mi vida estrenes todo el coraje, antes que de Catalina la púrpura se derrame. m. Eso es arrojo, es locura, es temeridad de amante. Que en mí de vuestros aceros se ejecuten las crueldades, primero que de mi prima el Cristiano sol se empañe. Cristianos somos, qué esperas? Callad villanos; pero antes que cunda todo mi Imperio este contagioso cancer, para público escarmiento, hoy el martirio arrogante se ha de ver de esta hechicera, que tantos encantos hace. Muera de una vez! Vosotros, cómplices en este infame delito, seréis testigos del tormento que he de darle; callad agora esa infamia. l. Tiempo vendrá en que descanse tu brazo en nuestras gargantas. Eso sí, vivid constantes. Hoy verá el mundo tu muerte. No hay nada que me acobarde. Sal de la prisión oscura, O si ya el tiempo llegase! u. Camina al suplicio aleve. Alegre dirás que pase. Vamos a ver su valor. Ve tu celeste delante. Qué importa que os guie yo; si a Dios tenéis que me ataje? Júniter, tu honor defiendo, Nada oorvertir me hace. No me monerá el ejemplo. Espuso mio imparadme. Por ti. Larilina hermosa, conozco a un Dios inefable y en su ley he de morir, sin dejar de ser tu amante. Señor Trastulo? Señora Julia? Adónde vas así? Adónde? huyendo de ti. No huyas de quien te adora. A buen tiempo. Pues es tarde? No es temprano. Tuya soy. Y yo a los diablos te doy. Yo te adoro. Dios te guarde. Mira que te quiero fina, y te ruega mi afición. Bueno era en esta ocasión usar de aquella doctrina, Porque a mi amistad tan firmo desdeñas con tal rigor? porque no admites mi amor? Aura más de arrepentirme? Vuelve los ojos, repara que estoy perdiendo mi juicio, y tengo un amor que es vicio. Pues no tiene mala cara. Que una palabra no escucho de tu boca! si te canso habla por boca de ganso. Ara; vive Dios qué es mucho! Mira que de puro amor, como hacen muchas mezquinas, me doy por esas esquinas. Cal como pecador. Mirame. Julia, subrás que en cuanto oyendo te he estado es por lo que me he ensanchado, porque me ruegas no más. No está lachanza muy mala. pagará la demasía! Qué me quieres, Julia mía? Que se vaya noramala, señor Trastulo, a Getulia a gastar esos regalos, que le haré matar a palos por vida de Doña Julia. Ve aquí usted, que en la ocasión que agora aquí me ha pasado, me quedo con el pecado, y no con la ejecución. Mas poco a poco he salido al lugar determinado de todo penitenciado, por Cristiano; o forajido, Aquí verán la ruina de aquella que fue al reves una santa ayer, y hoy es una santa Catalina. Ya como para placer de juegos, y fiestas vanas, alquilan todos ventanas para verla padecer. ̱ Pero ya la destemplada trompa me avisa que llega con dos soles, aunque ciega con acierto, aunque vendada, , , s, Ya sabio amigo mío, cumpliendo los preceptos mi albedrío, llegó el día en que intento publicar la crueldad, y el escarmiento: sepan cuantos la vieren, que así han de padecer los que ofendieren los dioses soberanos. Ha, si acabaran todos a tus manos! Nada me persuade. El ejemplar más ánimo me añade. Yo me escurro pasito, no me lean del alma el sobreescrito. Descubrid esa mujer, que no merece que diga quien es mi lengua, pues ella mi sangre desautoriza. Gracias te doy Dios eterno, porque ya ha llegado el día en que la postrer fineza ha de hacer tu esposa indigna. Ese instrumento, que fiero El imaginé que podía ser más sangriento, y cruel de la Ciudad a la vista, aueda ce de aquel pecho las entrañas fementidas. Quién tuviera que perder en el martirio mil vidas! Qué valor tan soberano! Qué crueldad tan nunca vista! Nada desmaya su pecho! Mas supaciencia me irrita! No vieran estos tormentos cuantos en Alexandría Cristianos viles se albergan, nobles géntiles habitan! Ojalá que todos vieran niconstancia! porque sirva alos Cristianos de aliento, los géntiles de grima. Y yo a tu lado, pues ya herperiencia te acredita, son invilibles alientos pimaré tu osadía. Nada desmaya mi furia! loved esa rueda altiva, para ver si la amedrentan sis aceros, que se afilan mel temple de mi enojo, yen la piedra de mi ira: a en voluble movimiento bregión del airegira. Contenta al raro tormento me voy a arrojar yo misma. Detente, que otro prodigio, otra nueva maravilla quiere Dios hacer por ti. Nada mi pecho porfía. De esta suerte quiere Dios que los intentos impida ligora de este tirano. Pero agora suspendida larveda inmóvil se queda. Ha canalla fementida, se qué os turbáis? Si es el brazo de Dios quien lo solicita, que fuerza basta a moverla? flecha pedazos pública sesumo poder de Cristo! ̱u. Calla tú también, no digas (blasfemias contra los dioles. ̱. Acaba ya con la vida de esta tirana! qué aguardas? Segad la garganta altiva ue esa tirana! A mis pies, o vil Magencio! pública que mi valor te ha rendido. Cumpliose la profecia del sueño! Cristo te vence en mí, y con esta cuchilla te amenaza su poder. No hay prodigio que no rinda! Llevadla presto, no vea su valor quien la castiga; cortad su infame cabeza, veala la plebe altiva. A Dios Severino, a Dios Teodora. El Cielo permita que con él todos nos veamos! Matadla presto. Camina, que a tu lado he de estar siempre. . A Dios, bella Catalina. Ya sube al jardín del Cielo la rosa de Alejandría! Un volcán tengo en el pecho! Fuego mis ojos vomitan! De gustosa pena muero! Y yo de dichosa envidia! En vosotros (vive el Cielo) haré lo mismo otro día! Eso el corazón desea! Eso el alma solicita. Jesús, esposo, Señor, recibid el alma mía. Ya se marchito la rosa a Cierzo de una cuchilla: Ya en su púrpura bañada espiro! Pues descubrdla, que ahora estás contenta mi esperanz vengativa. Agora visiblemente Dios, o tirano! me envía, para que veas que así premia a quien le solicita, y castiga a quien le ofende. El alma se atemoriza! amigo, de ti abrazado, se vale mi rebeldía; ampareme aquí tu ingenio! A qué buen árbol te arrimas! contigo abrazado iré. Espera. En vano porfías. Camina ingrato al abismo, para que pagues tus iras. Y aquí Don Pedro Rofete da fin a la heroica vida de esta milagrosa Santa. Bien os tiene merecida, piedad, aplauso, y perdón, quien serviros solicita. Pues acabe con un vitor la Rosa de Aleje ría.