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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La roca del honor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/roca-del-honor-la.

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LA ROCA DEL HONOR

JORNADA PRIMERA

Rosaura hermosa, advertid, que un Rey de Sicilia (apenas señor de su libertad, desde que a vuestra belleza sujetó, sin resistirse, memorias que le substentan) os sirve; advertid que en mí van aumentando las flechas de esos honorosos desvíos, de esas amorosas pruebas, sino a mi bien esperanzas, con los deseos las penas. Que es porfía en un amante, si le aman, o desdeñan, dar fuerzas a la aflición, que engañosa le atormenta. Hay cuantas veces ingrata, las lágrimas a las puertas de los ojos se asomaron, mirando aquesa bella y juzgándote imposible, cuantos desvelos me cuestas. Considerete en los brazos de tu esposo, y con mi pena, luchando a brazo partido, al alma quise dar treguas. Énviele por mi esposa a Mantua, al cielo pluviera que antes que capitulase los conciertos, le sorbiera el mar, la tierra en su centro sepulcro infeliz le diera. Como tengo de vivir mirándote, ingrata bella, en los brazos de tu esposo, yo en los brazos de la Reina enajenado de mí? fuera del alma su esfera? el corazón de su centro? sin sentido las potencias? el amor sin el amor? Cómo ay cielos! Cómo fuera posible, teniendo vida tanto amor, tantas finezas en un Rey, tan mal pagadas, mas es mucha tu belleza, mucha tu rara hermosura, y la Majestad no llega a alcanzar mérito tanto, pues veo por la experiencia, que amor, es más Rey que yo; pues me rinde, y me sujeta a idolatrarle por Dios. No presento mi grandeza por servicios, ni el ser Rey, sino este amor, esta pena, esta muerte, esta desdicha; siendo Tántalo, que cerca tiene el agua, y de sed muere, siendo Silifo, que lleva. este peso del amor, siendo Tifeo, que sangrienta águila el pecho le rompe, y en fin a quien atormentan dos rayos que le traspasan, dos luces que le penetran, y una locura de amor que a mil frenesíes sujeta: si tu amor ciego le encanta, tu encanto de amor le ciega tanto, que si acaso al sueño, (si es bien que quien ama duerma) me rindo, aún el sueño mismo tu beldad me representa, tanto que una siesta estaba en la verde Primavera del jardín, cuando soñé, pero escucha un rato atenta. (ro, Bajaba el alba por sus gradas de o- del cuarto cielo al orbe de la Luna, en la sazón que el Sol bañaba el Toro mirando de cuadrado mi fortuna, cuado durmiendo al pie de un verde loro, que compañero fue de mi fortuna, soñé, Rosaura, en fin que de la mano me llevo por un bosque un noble aciano La crespa barba en la cintura prende, para mover mejor el paso lento, deseo de saber (dije) me enciende, quien eres: respondió, tu entendimiento. Donde un arroyo sus cristales tiende, entre amarantos que sacude el viento, un edificio al sol resplandecía, que en la puerta este rótulo tenía. Casa de la hermosura, y la riqueza: entré por varias cuadras adornadas, de suerte que admiró naturaleza las figuras por ellas retratadas, con singular, y Angélica belleza, en un trono Real de siete gradas hallamos una dama, a quien debía su luz el Sol, su claridad el día. Róbome el alma, y a mi entedimiento le dije, si podía mi bajeza atreverse a tan alto pensamiento, por méritos de pena, y de firmeza: y a penas esto dije, cuando siento, que a la sala los pasos endereza. (do, al son de una trompeta, un hombre arma- atrevimiento del amor llamado; Un manto sobre el temple diamantino, bordaban mariposas de oro, y plata, de la manera que a la lumbre vino la que morir entre sus rayos trata, traía a la fortuna por padrino, cuyo tocado aurifero remata un niño amor, que en un pequeño barco pasaba el mar remando con el arco. Un caballo feroz que desde lejos, el incendio de Troya parecía, volviendo de sus armas los resejos, cual los vidros del agua a medio día, apenas en los verdes azulejos los clavos de las plantas imprimia, que de galán tuviera por desaire pisar la sala, y perdonar el aire. De una alta puerta por la parte opues en otro tan bizarro, y tan perfecto (ta, en obra, y en color, la entrada apresta que prometió no menos grade efecto en la tarjeta sobre el hombro puesta, decía en letras góticas: Respecto, de suerte que el respecto pretendía vencer de su contrario la osadía. Su manto, que bordaban, guarnecidos, mil espejos de plata, retrataban cuantos andignos rostros atrevidos esta dama sin méritos miraban: hecha señal, partieron prevenidos caladas las celadas, que adornaban plumas, cuyos esmaltes, y colores deshechas dieron a los prados flores. Vencio el atrevimiento, y el respecto tan vencido quedó, Rosaura hermosa, que a morir se partió solo, y secreto, y en silencio vivió selva penosa: yo desperté, no sé si fui discreto en verte Aurora, y adorarte rosa; ay de quien sueña, pues tendrá despierto al amor vivo, y al respecto muerto, Y si es cierto que así un sueño, dormida el alma, atormenta, dime, que será despierta, viéndote, Rosaura bella, los rayos puros del Sol, las luces de las estrellas, que en diamantes, y en rubies infundieron sus esferas? A tus pies haré postrar lo más oculto que encierra el mar en sus hondos senos, y en sus cóncabos la tierra, el aire en sus senos vagos, y en mundo a tus pies pusiera, si es tan poco premio un alma a tu voluntad sujeta, a tus acciones postrada! manda, dispón, rige, ordena, deroga, quiebra, aniquila leyes, estatutos, penas, voluntades, Reinos, mundos, alma, sentidos, potencias, que todo Rosaura bella te servirá, si amor tan firme premias. Aunque a responder, señor, en defensa de mi honra pudo incitarme la sangre de que mi pecho blasona, reportando mis acciones, por ser Rémora de todas vuestra persona Real, es muy justo que deponga la cólera, pues el alma os respecta, y os adora como a su Rey: y así digo, que no ha sido acción heroica, después de tantos favores, cuando a su Reino envidiosas Áspides nos arrojaron, como nos ha hecho ahora, todas las quiera borrar, pues que da entender que cobra, o que ha vendido el favor baja acción en tal persona. Hizo a Lisardo merced de Caballerizo, ahora a Mantua le ha despachado con los poderes que otorga con las paces, a que traiga a la Reina mi señora, que gocéis felices siglos en conformidad dichosa. Ya, señor, llegará el Sol, vos Águila caudalosa la veréis de hito en hito prespicazmente gloriosa. Dejad esta tortolilla, que tiene la vida toda en su consorte fiada, a quien arrulla, y adora. Así vuestro eterno nombre, desde la abrasada Zona, al monte que nieve calza, en voz de la fama corra. Así a vuestros hechos grandes sea el mundo poca corona, y la vuestra eterna dure, sin enemigos; y antorcha fulminante de Sicilia, alumbre la Europa toda. Así os dé el Cielo heredero, que con felices victorias atrás se deje la fama de los nueve que la adornan, que olvidéis aquese amor, aquesa tema, que sola en mi deshonor se ocupa: que las lenguas nunca ociosas de Palacio, uso común, señor, de las Cortes todas, murmuran, que estando ausente Lisardo, su Alteza ponga tanto cuidado en mirarme, y venga a mi cuarto cosa que antes que os mováis, señor, lo sabe la Corte toda, que el Rey es el sol, y así, por más que oculto se esconda su persona, ven los rayos: como cuando tenebrosa nube al sol quiere empeñar, que aunque le encubre, no estorba a la vista que termine donde está; y así es forzosa causa, señor, que lo sepan. y Enrique, que recelosa vigia es de vuestros pasos, padre de mi esposo, ahora. sino sospechas prevanga, recelos a mi honor ponga. No es el sol tan limpio, y puro como mi honor, ni esa antorcha fulminante, que a la noche círculo de plata forma es más limpia que mi honor. Primero la esfera toda pisaran humanos pies, y ese campo, que de Flora sutil dechado se muestra, será asiento de las pompas de Júpiter, o Nepturno. Y primero aquesta roca de honor en minutos leves, será del viento lisonja, que intente ofender mi esposo; que a finezas amorosas seré diamante, que no el buril libre, ni rompa. A ofrecimientos seré inmóvil tronco, que sorda no las oiga, y a amenazas punal que mi pecho rompa, y a los combates seré una levantada roca de honor contra el mar opuesta. que no la rinde, ni postra. Qué valor! Viven los Cielos, . que más al alma atormentan sus desdenes: ay Rosaura, si a tanto fuego pudiera la nieve de vuestra mano, (si bien nieve) a mis ternezas dar alivio, fuera dicha, para mí, y aquesta empresa en el templo del amor hoy la colgara a la puerta; dadme aquesa hermosa mano. Repórtese vuestra Alteza, y antes el pecho me rompa con esa espada sangrienta que se atreva, que será creer que no soy quien era. Será creer que los montes, edificios que respeta el llano, muden su asiento. que las celestes esferas pueda acabarlas la edad: que las cobardes arenas fijas murallas se opongan contra el mar que las desecha, y así, señor, a mi amor. Corresponde a su nobleza; pero que modo de hablar es este? Aquesta respuesta al Rey Rosaura? Mas pienso que a su valor hago ofensa; a injusto Rey. Ay de mí, siempre recelaba aquesta ocación. . Señor. Enrique. Un Vasallo humilde besa esas plantas. . Este Enrique mi digusto en todo aprueba, . vuestra voluntad conozco, enfádame su presencia, . no sé si porque su Rey de su Reino le destierra, o porque curioso ha dado en corregir mis empresas: A ver las curiosidades que en el camarín me cuentan que tenéis, vine. . Esta bien: a tirano, quien pudiera; . le ha visto tu Majestad? Ya le vi. Honrándome intenta . verle otra vez, o se quiere ir. . Admirable agudeza de ingenio en el disponer. Todas, señor, son pobrezas, aunque con tantos favores gloriosamente se aumentan divertimiento de un hombre, que sin culpa desheredan de su estado, y de su patria falsas, y envidiosas lenguas. Así lo creo. . En estando solo, que ocasión se ofrezca, (reza mi sentimiento ha de oír. Guardeos Dios. . A vuestra Al iré sirviendo. . Quedaos. Sin mi quedo. Yo voy muerta. Esa, Señora, fábrica eminente, que con el cielo opuesta frente afrente, u surpando el candor a las estrellas. el pie que calza le retrata en ellas, cuyo raudal murmúreo, si sonoro, si guijas baña, lleva arenas de oro. Ese Babel de casas, que empinado tan alto se presume, y levantado, que los dora los de ella capiteles a las nubes le sirvan de doseles. Ese Caucaso en fin, que siendo Atlante de tanta nube, tanto cielo errante, oprimido tal vez la tierra oprime, y con el peso se lamenta, y gime, es Ziragoza, de Sicilia Corte, de otro dorado Febo nuevo Norte, pues amanece en ella el claro día, que Sicilia, con gozo, y alegría, recibe tal Aurora, por su Reina, y legítima señora, que un mundo mereciera si aqueste Reino todo el mudo fuera porque a tanta belleza. (za es poco un mundo, y mucha tu grade Aquí el gran Federico, tu esposo, de ventura, y gozo rico; recibira su esposa, siendo de tanta luz cual mariposa, que en amoroso fuego a idolatrar tu Sol llegará ciego, (vas a donde en paz recibas sus dulces brazos, porque en ellos vi- tantos siglos felices, que con ellos los más sean infelices, y en lazo tan estrecho quepan dos almas en un mismo pecho que a tus méritos solos poco premio serán ambos dos Polos. La voluntad, Lisardo, os agradez y diligencia, pues por voz merezco (co, la dicha que recibo, y os prometo, Lisardo mientras vivo pagar vuestro deseo. (neo, Goces dichosa el tálamo Hame- libre de envidia, y celos, si los celos se atreven a tus cielos. Ni a Sicilia llegamos, no dormimos, comemos descansamos? Que vive Dios que el coche, camanando de aquí a troche, y moche, me ha traído molido, pues de su paje al coche le he servido, viniendo en la trasera, pluviera a Dios, y nunca en el viniera que de puro rendido en él un rato me quede dormido, y soñaba, que en suma, en una cama de múllida pluma estaba, mas queriendo revolverme, aquesto paga quien en coche duerme, di tan grande caida, que la cabeza traigo bien molida, una pierna quebrada, la espalda, y la trasera derrengada, los dientes derribados, las manos, y los paes desconsertados y todo sin concierto, y sin beber, que más valiera muerto. La poca prevención del Rey extra- es tirano, y así temo algún daño, (no, pues media legua de la Corte siento no haber llegado ya el recibimiento, Vamos Lisardo. Llega la carroza. A Zaragoza. 2. Marcha a Zaragoza. Este ensadoso procura darme a entender su recelo. la he de gozar vive el cielo, aunque pese a su hermosura. Yo le he de decir mi intento, p que castigo me ha de dar mas qué volverme a enviar? Toda esta privanza es viento. En una razón me fundo, que entre penas he notado. que a un hombre desengañado nada se le da del mundo. Mas es yerro el declararlo, que en un discreto no cabe darle a entender lo que sabe, sino callar, y estorbarlo. Hanme dicho, aunque no en vano Enrique, no lo extrañáis, que en Sicilia publicáis que soy cruel, y tirano, y que en cuantos ha tenido el mundo, nadie me iguala. Furia el corazón éxala; el que lo dijo ha mentido, y vivo considerando, (con que a sentir me provoco) que aún adonde soy tan poco me está la envidia acosando, Si tu Majestad tuviera otro como yo a su lado, no fuera Rey engañado, y aborrecido no fuera. Tan desleal me juzgo, señor, la suerte infelice, eso es lo que el pueblo dice que no lo que digo yo, que este limpio corazón rige tan leal vasallo, señor, que en su centro hallo. No os desterró sin razón el Rey Don Alfonso. . Fue, porque siempre le advertí en los daños que le vi, nunca del Rey me quejé, de envidiosos solamente, que mal con él me pusieron, y sus intentos movieron. Sé que mirará prudente, que cuando yo le servía, Nápoles en paz se vio. pero la envidia aumentó engaños a su porfía. Empezose a sospechar (a escasa, y adversa suerte; mas pues no medio la muerte no se llegó a averiguar. De estado desposeido, tu Majestad me ha amparado, y a mi hijo (a cielo airado) después de haberte servido. Soberbio sois. Por la edad, y por la razón he hablado, y porque desengañado hablo con más libertad. Y es ocasión oportuna, conque del mal me redimo, que privanzas las estimo en lo que a mí la fortuna. Y como noble confieso que en negarlo me ofendía, que solo notado había algún temeroso exceso. Que a nadre lo he dicho siento, . no sé como lo ha sabido. si no es que vendido he sido, de mi propio pensamieneo. (no. Exceso en mí? . No es enga- A enojarme os ofrecéis, de Zaragoza saldréis desterrado por un año. Esa es merced conocida, mi gusto en ella se encierra, por un año me destierra, yo iré por toda mi vida. Hoy de agradecerlo trato, porque son dichas bastantes, no me he desterrado antes por no parecer ingrato a honores que he recibido, que llegaba a trato doble, porque se hicieron a un noble, y yo las he agradecido, no por disfavor me mueve. Nada me puede impedir, porque a que Reino ha de ir que a Rosaura, y casa lleve? . Oh Rey, aquese ardimiento es bien que el cetro mitigue, aquesto prueba quien sigue de fortuna el movimiento. No siento haberme mandado que me vaya, la ocasión siento, porque mi intención conocío, y así arrojado me destierra, no es posible poder mis hijos llevar que detérmino habitar sitio solo, y apacible, lejos de la autoridad de este cortesano engaño, que también al desengaño le sigue la soledad. Que el Rey Don Alfonso hará, con su justicia imitando a la mucha de Fernando su padre, que en gloria está, que mi lealtad se declare, de Lisardo hara memoria, que no procuro más gloria, sino que a mi hijo ampare. El de su honor cuidara, porque el mal le advertiré, y de Palacio le haré que salga; el Rey no tendrá lugar de tratar su amor, sino es que va con cautela: mas si un marido recela, nunca peligra su honor. Ya. Roberto hemos llegado a Palacio, ya la Aurora, que nueva luz atelora, alegría a Sicilia a dado. Aunque el Rey me ha parecido que de aqueste casamiento no muestra ningún contento, ni a recibirle a salido. Grande confusión me ofreces a mi esposa triste hallé, no he visto a mi padre, y sé, ay cielos! . Qué te entristece? Ay Roberto! Grandes males adivina el corazón, señales futuras son las que adivina mortales. Gran disgusto me previenes con la tristeza en que estás, porque cuenta no me das de los pesares que tienas? Que me vaya será dicha, y que a servirte no acuda, porque he traído sin duda a tu casa la desdicha Tanto es, que como tuviese alguno a quien deseaba mal, luego a mí me llamaba, para que a servirle fuese. Pues que es la causa. . Señor, cierta vieja poscía un bote donde tenía de su rostro la color. Y era con tanto recato este buen bote querido, que lo tenía embutido en un pellejo de gato. Levánteme una mañana, y curioso repara: que era algún gato pensé, asomado a la ventana. Quiso su mala fortuna, que en mí viniese a caer, porque yo no puedo ver aquesta gente gatuna. con intentos tan groseros, y en esto tengo razón, porque compañeros son de sastres, y despenseros. Por esta aversión cerrada, dije entre mi mal osar; vive Dios que le he de dar a aquel gato una pedrada. Para mejor acertarle somé vuelo con los brazos, y hecho más de mil pedazos di con el vote en la calle. Al golpe desatinado, asoma la vieja airada, diciendo, hay de mi cuitada, que la cara me ha quebrado. De ti me quiera vengar mi Dios; o maldito seas, en gran desdicha te veas, sirvas siempre sin medrar. Y la fortuna te azote, por tan grande sinrazón dierasme en el corazón, y no, pícaro, en el bote. El diablo lleve la queja, no hay quebrar vote en quien quede mi agüero, mira que puede la maldición de una vieja. En un pensamiento citoy confuso, y desvanecido, procure verle vencido, y antes de él vencido soy Válgame Dios. Como el Rey, después de haberle servido, después de haberle traido la Reina, contra la ley de su grandeza, tirano, me ha recibido severo, y mi esposa triste muro, que no hle ofendido es llano En mi juicio no repares, a Dios, señor que es morir. Qué haces? . Me quieroar, por llevarme los pesares. La dicha para alcanzarla no suele costar desvelo. mas quien la niega el cielo. de que le sirve buscarla? Para ver si puedo huirla, que no me meta en su empleo, saber con ansias deseo quién es esta fortunilla. Deve de ser de gran maña, como mujer desleal, en la fama es principal, y en las costumbres picaña. Si algún día la topara, como yo la conociera, a patadas la hiciera que a las personas tratara como a nosotros: más bien lo debe de hacer con todos. Porque diferentes modos da fortuna su vaiben! Óyeme por vida tuya, esta es rica, es poderosa? que siendo rica, y hermosa, yo apuesto (aunque el mundo arguya) que es vieja, es cosa muy clara, mas quien si no vieja fuera? o si yo su bote viera, que pedrada le tirara Lisardo. . Señor qué tienes? Hola Roberto. Qué mandas? hay nueva vuelta? . Preven un caballo con que salga de Zaragoza al instante. Nunca aquí estas cosas faltan, no es la fortunilla vieja, pues fiéndolo, basta, basta, y ser mujer. . Cómo es esto? Y ve a llamar a Rosaura. Padre, señor, qué es aquesto? cuando yo vuelvo de Mantua alegre a darte los brazos, en quien mis penas descansan, y haberme en la blanca nieve retratado de tus canas, de esta suerte me recibes? que tienes, señor, acaba. Hanle dicho a Rey, que yo de tirano, y cruel le daba el renombre que ha ganado por sus injustas hazañas. Que le mermuraba acciones, que les corregia faltas; y diome a entender que fui a mi Rey de lealtad falta, y de servicios aleves; pero yo de ocultas causas sé que procede el rigor. Señor. . Hija, no se aparta la infeliz suerte, de un hombre que la ve una vez la cara, no correspondida vuelve, aunque antes piadosa salga. Por esto el Rey me destierra, de Zaragoza, y me manda que por un año me ausente, como si no es más venganza del hado, que un hombre asista entre las pompas profanas, que engañado tuvo un tiempo, pues con la memoria varia, donde ni invidiado vive, ni temores le acompañan. Voyme a cumplir el destierro porque pienso que se acaban con él mis desasiegos: los desengaños me sacan de la Corte, porque es sombra cuanto afirman las privanzas; si alguna vez algún tiempo volvieres hijo, a la gracia del famoso Rey Alfonso, si es que maldicientes faltan, toma ejemplo en mi caida, pues hoy yacen sepultadas en el ovido mis glorias, mas qué glorias no se acaban? Solo te advierto (oye aparte) que dejes las reales salas: para el Rey, y sus Pribados, a Palacio deja, y basta que tu padre te lo avise, mira por tu honor, que lanzas del poder, razones vencen a mi Ciudades me cansan, las soledades me alegran; hijos a Dios, y él os haga mas dichosos que yo he sido. Cómo, señor, y con tanta priesa te vas, sin saber a dónde? . Yo me quedara si pudiera, con vosotros, y os llevara. . Ya las causas conozco, porque a mi padre destierra el Rey. . Oh arrojada acción de un mozo! . Señor, dónde intentas ir? . Oh cargas del amor! Vendrá Roberto, sino adornan la campaña en una cueva han de darme una mísera posada, de cuantas artificiosas el caduco tiempo labra: a Roberto enviaré, y os dirá donde os aguardan mis brazos cuando queráis irme a ver. . Deja que vaya contigo. . Importa el quedarte; y el arme no importa nada. Vuelvo a encargarte tu honor no porque falte en Rosaura firmeza, amor, y lealtad, mas la mujer más honrada, o la violencia, o el descuido, suele altivo derribarla. Y a los intentos del Rey conozco, conque me allana los peligros que pudiera tener, si los ignorara: desvaneceré deseos, que contra mi honor levanta, fuenza de su tiranía, por dar principio a mi infamia, no perderé por descuido, mi honor, pues hecho atalaya he de vivir receloso, temiendo las asechanzas: es fuerza el quedar muriendo, porque no sé donde vaya, que no me sigan desdichas, puesto que ellas nos apartan de Nápoles, y Montalto. La verdad nunca la acaban de escurecer envidiosos. porque ella misma se aclara; sabrá nuestro Rey que fui leal, sabrá que le engañan todos los quelisonjeros en ma deshonor le tratan. y nos volverá a su estado, y en fin sabe que por patria tomamos a Zaragoza, de este Reino celebrada Corte: y si acaso la suerte, que hasta aquí ha sido contraria, lo que nos cuató, nos vuelve, sabe donde estamos. Tantas ofensas de la fortuna? Todo en este mundo para: hijo el llanto suspended, que lágrimas me acobardan a los fines que pretendo, dadme los brazos. las ansias del corazón me enmudecen, o las lágrimas lo causan. Dios sabe si volveré a veros. . El Cielo haga que a nuastro estado volvamos, Al despedirme, palabras me faltan, presto sabréis donde quedo. . Que te apartas de mí en aquesta ocasión! Es fuerza, adios Suerte extraña! por qué? . Hijos, porque soy el desdichado en privanzas.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNI Laurencio, no me aconsejes, deja los consejos necios, porque a quien muere de amor, solo amor es el remedio. Dame ayuda en esta empresa, savoréceme, que muero a manos de un imposible, y a rigores de un desprecio. Un año que he estado ausente en las guerras, si muriando ausente de ella he vivido, mas en su presencia muero, la Corona de Sicilia es tuya, amigo Laurencio, si das alivio a mi amor, busca remedio a mi pecho. Ni el grande amor de la Reina mal pagado no es objecto a borrar del pecho mío tanto amor, tantos incendios, que al alma están abrasando? porque cuando considero aquella caja de nácar, que en su cristalino centro tantas perlas atesora, joya de valor inmenso: aquellas mejillas bellas, que el purpéreo color terso, rosas que al Alba al salir, desbrochando el botón bello el recién nacido infante, hijo, y padre de sí mismo, estiende las bellas hojas, y él envidioso escondiendo su luz, se venga en sí mismo, por no ver tanto sol nuevo: aquellos divinos ojos cuyos rayos mas no puedo proseguir, que tanto sol ya me abrasa fuego, fuego. Señor, repórtate, mira que en tu Majestad no es cuerdo tanto afecto, tanta pena, tu prudencia, tu respecto, tu valor, tu Majestad a dónde están? Porque veo, que en esta ocasión señor, no sabes valerte de ellos. Rey eres, aunque pudiera aconsejarte, no quiero, por no atormentarte más, si te atormenta el consejo; y así pretende, porfía, que amor, amenazas, ruegos, y más en un Reino hará, . que es de honor un claro espejo Rosaura: y así, señor, será posible: no puedo . aconsejar en su agravio de Lisardo, quiera el Cielo librarlo de este tirano. Hoy he sabido por cierto; Laurencio, que el Rey Alfonso desengañado le ha vuelto su estado, Einrique, y Lisardo. para Nápoles resuelto se ha de partir, ay de mí; y así, Laurencio pretendo estorbarle no me lleve el alma Rosaura, Cielos, pues ella ausente, sin alma cómo he de vivir? Tú luego le harás prender. . Señor, mira. No repliques, que estas necio. Sí, más repara, señor, considera un poco atento que Lisardo, que su esposa, leales siempre. . Si muero no he de remediar mi vida, ve a obedecerme, que luego estando en prisión, yo haré por amenazas, o ruegos, premiado tan firme amor; parte luego. . Ya obedezco. Que ha llegado tiempo ya que nos podamos partir, y de este Reino salir? que según en él te va, dando ejemplo con tu historia, por el penar meritorio, salimos del Purgatorio, para gozar de la gloria, Ves, Rosaura, este contento, de que mi estado perdido me haya el Rey restituido con tan grande honor, y aumento? Y ves en aquesta carta los favores que le envía a mi padre, en la porfía conque el desengaño aparta? La lealtad que a su ser debo ingratos conocerán, pues ningún placer me dan, porque a mi padre no llevo. Qué importa que el Rey nos dé el estado, y los honores? Y qué importan los favores si de mi padre no sé? Casi es ya un año, señor, que con él de aquí salí, y de cuando le perdí me acuerdo más es rigor decir que fue yerro mío: dijo que me adelantara, y en un lugar le aguardara. cuyos pies argenta un río, vive Dios, que es demasía culparme: desesperando allí estuve aguardando, y no vino en todo un día. Como vi que se tardaba, del aguardar receloso, subí en mi rocín, que ocioso, y sin comer esperaba. Bien sabes cuan baja suerte cobija al pobre, en efecto, de correr le dio un aprieto, mas después paró más fuerte, Ya se paraba, y decía: misericordia pedía lo que me pidiera yo, si llegara a ser rocín, En fin en esta ocasión, y con alguna razón, quisiera ser de algún ruin; y no mío, pues se ve teniéndolo el tal cuitado, por no llevarlo cansado que él se cansaria a pie. Ves como unos pobrecicos, que con acciones inquietas, fiados en las muletas, ya corren, ya dan salticos? Así iba, y si advirtiesen, pareciera cosa cierta, que ivamos a alguna puerta a que limosna nos diesen. Llegué con este trabajo donde a mi señor dejé, todo aquel llano busqué, fuime un arenal abajo, y al cabo de una gran pieza, como en historias pasadas, por el rastro, y las pisadas llegué a una oculta maleza. perdí las huellas, y el tino, mas la noche no cerró, que por verme el sol paró, o por mostrarme el camino. Esto es a lo de imposibles, que claro está que por mí no parara proseguí; unos llanos apacibles. descubrí, en fin me cerqué a puro bambolear el cuerpo, para incitar el caballo; aquí paré con un rumor de repente, que entre unas jaras sonaba, reparé que se quejaba una voz confusamente: Dije entre mil desatinos. hoy gano perpetua gloria, porque tu ve en la memoria la historia de Valdovinos. Yo presumí que después, y muchos lo pensarían, mis coplas me cantarían, como de Mantua el Marqués, Confuso como discreto si no era acción vergonzosa yo no temía otra cosa, sino solo echar el resto. Prosigo con mi aventura, saqué la espada, y seguí por donde la voz oí. Fui cortando la espesura, esto a pie; pasé veloz, lo intrincado, que impedia el paso, oí que se ofrecía más cerca de mí la voz. Llégueme hacia donde estaba, y hallé con grande dolor el caballo de señor, que de hambre se quejaba. Esto al pie de un monte pasa; como al cabo de ello estás, y sin preguntarle más me truje el caballo a casa; después acá le has buscado en el sitio, y no le hallaste. Pues para que me contaste. lo que sabia? . Me ha dado la gana. . Estas enfadoso. Tal contento he recibido con las cartas que has traído, que me espanto riguroso de no haberme muerto. . Creo, mi bien, que en esta ocasión aquestos placeres son iguales con el deseo. Dices bien, pues ha faltado el Rey desde que se fue mi padre. . Ventura sé que puedes llamarla. . Ah astado ocupado con las guerras, que como a Grano ofrecen vasallos que le aborrecen, desose gando sus tierras. A quien es cruel revuelve, que siempre en los Reinos cría discordias la tiraa: hoy que a Zaragoza vuelve, hallo conque despedirnos, y descuidar el recelo. No lo creo vive el Cielo, que hoy habemos de partirnos, (cer aún no lo tengo por cierto. Triste estás. . Pues que he de ha- si me he de ir sin saber si es vivo mi padre, o muerto? También podrá ser que esté en Nápoles. . El caballo había de dejarse? . Callo ya, porque razón no sé que responderte, y me furza a no hablar, vamos hoy. El Rey sabe que me voy despedirme será fuerza (de voy a hablarle. . Óyeme aguar- toda su guarda ha ocupado el patio, y acá se ha entrado el Capitán de la guarda. El Cielo Lisardo os guarde. Qué me mandáis? Qué se ofrece? Válgame Dios! Qué es aquesto? En esta casa, Laurencio? Perdonadme, porque es fuerza obedecer. . otros nuevos rigores traza. . Decid. El Roy me manda que preso a una torre de Palacio os lleve. . Notable exceso: pues porqué manda prenderme? No sé, por Dios, con secreto me mando lo ejecutara, y me pesa no poderlo excusar. . Esposa advierte, no llores: de aquesto infiero, que sabiendo mi viaje, bárbaramente resuelto me prende, para poder en sus rigores resuelto, ofenderme. Cielo santo, cuando en un hombre se vieron tantas vueltas de fortuna? que aún no ha llegado el consuelo cuando la pena se ofrece, cuando se ofrece el tormento? Cómo? Yo preso he de ir, cuando mis daños entiendo? pues defenderme es locura, sino mi honor pongo a riesgo. Mi esposa es noble, es discreta, es honrada, más es necio quien de la facilidad de una mujer satisfecho se fía; prenderme el Rey, en gran confusión me ha puesto, sin tener causa? Sin duda es para ofenderme. . En esto advierte esposo. . A Rosaura, que ya su inteción advierto. Fía de mí que tu honor defenderé. . Estoy muy cierto de tu valor; mas es Rey temerario altivo, y fiero, vamos; mas dejar mi esposa, . en los Analas que el tiempo inmorialmente autoriza, hase admirado suceso como aqueste, y paso más apretado? Y que animoso no pueda poner remedio? Lisardo aunque todo el mundo a tus rigores dispuesto se ofreciera contra él, bastara mi honrado celo, porque. . Basta, de ti fío: mas por los Cielos que temo el dejarte, que el poder es invencible. . Mi pecho es diamante, desconfías? No, recelo. Qué? . Recelo; porque al fin es Rey, y yo nací desdichado, . Luego iré a quejarme a la Reina de este agravio. . Qué te puedo decir? Que si no estuviera el patio de armas cubierto, que fuera temeridad, y más que valor exceso, me aventura, y sácara mi persona de este aprieto; ay Cielos! . Señor qué dices? Tantos disgustos? . No es nuevo si el hombre más del dichado me ha dado el ser que poseo. No embalde decía yo que no era viaje cierto ven aquí que no nos vamos, ni en la vida nos iremos. Válgate el diablo por suerte, a dónde estaba Roberto? a donde estaba durar algún ratillo el contento? Sin duda que haciendo burla de nosotros, como en juego, anda aquesta fortunilla, que llega falsa, y con tiento, asomando la cabeza con tántico de consuelo, para engañarnos, y cuando pensamos que le tenemos, lo vuelve a quitar la infame, hay tal picardía? Pienso; mas diré mil disparates: allí viene el Rey, ay Cielo! que he de hacer? Señor, ya queda como me mandaste preso Lisardo. . Laurencio, hoy se cumplirán mis deseos. Y por qué ocasión, señor has de decir que le has preso? Por mi gusto solamente no basta? Y si no, que pierdo? que por sospechas que tuve de su lealtad: libre puedo, sin que nadie me lo impida, gozar su belleza; quedo de tu cuidado servido. Yo me quiero ir escurriendo por aquí, pues no me ha visto, sino es que me impide el miedo. De temor estoy temblando, quiera Dios no manifieste, Criado suyo es aqueste. Qué haces aquí? . Voy busa (cando a mi amo, y no lo veo, y así me vuelvo a salir, Aguarda. . Se podrá ir, y antes que perder deseo ganar ración, son antojos? no, que hay mayordomos tales, que por aumentar sus reales forman de ordinario enojos. Y lo que más me ha acabado, es, que me diga un barbón, quitándome la ración, que a las Ánimas la ha dado, Por su devoción no como, ya postraré, vive Gristo, que ningún ánima ha visto, limosna de mayordomo. Voyme, que conmigo está el mayordomo apuntado, y por llevarme a sagrado la ración, se holgará que haga felta, no hay perderla. Aguarda. . Qué mal dispor vuestra Majestad perdone, (ne, que no ha de quedar con ella. Señora tanto favor! vos a verme! Gran ventura, mas que a tu rara hermosura, debo, señora, a tu amor. La lisonja os agradezco, aunque sé bien que es fingida, que aunque adoro vuestra vida, aún vuestro amor no merezco: tanto, que desde que os vi (por mi desdicha) alegría no he visto en vos, y este día os mostráis alegre aquí: que novedad en vos miro, pues aún estando en el lecho, siempre esquivo con mi pecho estáis? Y ahora os admiro. Gran mal adivina el alma, o gran bien, pues este día, de veros con alegría el alma dejáis en calma. No tenéis (divino objeto, a quien adoro rendido) que recelar, pues he sido siempre al amor tan sujeto, (de Rosaura Jidolatrando (a su belleza) que viendo mi amor (mal digo, muriendo) vuestro sol está adorando. Y porque veáis ahora lo que os estimo, y os quiero, tomad el añillo (oy muero) donde el sello se atesora, mandad con él, gobernad en Sicilia, como en mí, porque conoscáis aquí mi amorosa voluntad. Laura, si el Rey, como dice, me tiene amor, venturosa me llamaré. . Siendo hermosa no puedes ser infelice, Antes, Laura mal advierte tu razón, pues la desdicha trae la hermosura, y no hay dicha con hermosura, y sin suerte: (toria No en los suceses que la atigua his inmortaliza contra el tiempo ufano, ni en cuantas crueldades la memoria valiente observa del valor tirano. ni de Tarquino en su infelice gloria, ni cuantas sujetó el pueblo Romano se cuenta, o Reina, caso riguroso! que iguale al a interado hacer tu espeso. No ignores la ocasión, porque procura a tan grande lealtad, ofensas tales hoy que de Zaragoza, o suerte dura. partiamos a Nápoles iguales, cortés a nuestra mísera ventura, siempre murmuración de pechos leales, sin que delito a tal acción se entienda, manda a Laurencio, que a Lisardo prenda, Si no remedias este daño, advierte, que siendo de mí misma yo homicida, lo estorbaré con mi lnócete muerte, que sin mi esposo, no pretendo vida, así prospere el Cielo más tu suerte, sin que disgusto, ni el temor lo impida, me concedas merced, que de ti aguardo darme vida, librándome a Lisardo. No te aflijas Rosaura, que prome- de enviar tan esposo libre. (to Ahora tienes un ser en dos almas, sujeto a la piedad que tus blasones dora. Tu gran valor, y proceder dis- me ha obligado. reto Permíteme, señora, que tus pies bese. Aquesos brazos dame: haz, Laura que un criado se me llame. Con el favor que me has dado, el gusto al pesar excede, porque tal aliento puede quitar fuerzas al cuidado. Suspen deme la vergüenza en el bien que se me ofrece, que quien el bien agradece, al recebirlo avergüenza. Porque llega a conocer el peso de conseguirlo, y le pesa el recibirlo, temiendo el corresponder. Ve donde Lisardo está preso: Rosaura, hoy el Cielo defiende tu honrado celo: oyes? Al Alcaide da este anillo, y a Lisardo di, que aguardándole estoy. Al punto a servirte voy. Siempre de tu ser aguardo tanta merced. . Ya os volvió Don Alonso a vuestro estado, y de Enrique no se ha hallado nueva? . El Rey le desterró por un odio que procede de aquesta vana afición. Notables tus penas son, mucho el valor te concede. Pues todo ese descontento, que es bien que a llanto me obligue, y todo el mal que me sigue, con mi esposo no lo siento. Manifiestan tus razones la nobleza, y la cordura, que la plática asegura las ocultas intenciones. Con tu licencia me iré. Eres del honor ejemplo. En ti la piedad contemplo, que humilde agradeceré. . Aquí aguardo a mi señor, porque le he de acompañar, pues he empezado a llevar la carga de su dolor. Bien sé que si se buscara, (yo lo tengo por muy cierto) no hallaran otro Roberto por un ojo de la cara. Aquí estás? . Pienso que sí. Pues aún llegas a dudarlo? Tan fuera de mí me hallo, que no sé si estoy aquí. juzgábame, ya no puedo, en otra parte que vino quien nos estorbó el camino, hoy fuimos, y aquí me quedo. Es ropa de contrabando mi amo? Es bien escondido; o del camino ha salido de algún revelino bando? porque le mandan prender? porqué? . Bien es que te quejes. Pues en que tierra de herejes se pudiera aquesto hacer? vive Dios. . Tienes razón. Razón, y justicia clara, no sé yo que lo intentara la más bárbara nación. A tus pies reconocer quiero el favor que recibo, que no humilde si no altivo me podré ensoberbecer: a ellos me vengo a ofrecer, esclavo de esa piedad, que no espera libertad, cuando más preso he quedado, pues si el cuerpo es libertado, cautiva es la voluntad. Por ti amagino que has hecho señora, en esta ocasión, que generosa ambición ha sido causa sospecho, mas que mi bien, tu provecho: en esa piedad alabo de poder vida tener, pues me quieres libre hacer por tenerme por esclavo. Lisardo, esa esclavitud a vuestra esposa debéis, que obligación le tenéis, por su hermosura, y virtud. Y sois, en ella me fundo, aunque del tiempo quejoso, el hombre más ve turoso que se conoce en el mundo. Y no pretendo engañosa daros aqueste renombre, que es el mayor bien de un hombre mujer con virtud, y hermosa; y en esta triste porfía os asegurad, que al lado tenéis un leal criado. Yo lo pagaré algún día. a Dios os guarde. Qué aguardames? luego esta Ciudad dejemos. De día, señor, iremos, porque de noche lo erramos. V Majestad, señor, tal tiranía a iatentado, habiendo antes alentado, tan temerario rigor? Esto ha sido la prisión de Lisardo? Pues no es bien de obligar así, a quien no obliga la pretensión Rosaura, si tanto amor, pagáis con tanto desdén, hallo en mi intento, que es bien, hoy, reducirlo al rigor. Cuantas veces porfré a dar a mi amor aliento, y en fin, o ya al sentimiento o al ruego me sujeté. Mientras he vivido ausente, apaciguando mis tierras, confieso, que en varias guerras he peligrado impaciente. Entre tan fuertes enojos, he estado (ingrata querida) entreniendo esta vida hasta volver a tus ojos. Después de acciones tan finas, hallo por no bien fundada esta afición derribada, que solo quedan sus ruinas. Había de consentir que de mi Reino saliera quien la vida me deviera, y por su causa morir? Vos, Rosaura, me debéis amor, cuidado, y desvelos, y dejandos los recelos procuro que me paguéis. Señor, en la Majestad, atreverse, es indecencia, y pretender con violencia, es muy cobarde crueldad. A que la ocasión dejara, el mundo no era bastante, ya no te pretendo amante, que tu trato me obligara: ni presuma que es amor, el que a buscarte me incita, que tema lo solicita, y amor, se ha vuelto rigor: y así, tu porfía cansada he de vencer poderoso. Señor. . Ay Cielos! Esposo. El alma tengo turbada No quedaba en la prisión? pues cómo está aquí delante? cómo ha venido a impedirme? fuego exhalo. . Dicha grande ha sido llegar mi esposo, o quiera el Cielo librarle de este tirano cruel. El uerme aquí no os espante, porque es Rosaura la sombra de este cuerpo, y como yace ausente, vengo a buscarla, porque sombra no me falte. Mas en aquesta ocasión viene la suerte a trocarse, pues soy sombra que procede a aqueste honor que combate. Soy sombra a los desvaríos, que atrevidamente fácil, cuando no anima, entorpece de un tirano propiedades. sombra soy a los desvelos que incita con el ultraje, aunque de sombra me sirven, para que pueda admirarme, que siendo, como soy, sombra, tantas sombras me acobarden, puedo decir que soy eco a sus razones cobardes. Mas mientras, a las de mi esposa respondí, aunque fueron antes, porque a ser su eco, fuera quien publicara mis males, y no es bien que mis ofensas aún imaginadas hablen. Eco seré de Rosaura, por repetir a los aires su valor, y su firmeza, que no es justo que se callen, Mas ni a los aires daré los acentos favorables, porque podrán sospechar la causa de donde nacen Quién, sin saberlo yo, pudo . de las prisiones sacarle? mas del anillo que di a la Raina, sé que nacen estos efectos: Qué haré? Para esto fue aprisionarme después de las baterías, que fieramente arrogante sustentas contra mi honor? cuyos rigores notables a mi padre desterraron a donde de él no se sabe, sino la memoria triste que a lágrimas persuade. Has sido como el profundo mar, que procura ensancharse a indisposición del tiempo, por los convecinos valles, y porque firme una roca, en las riberas gigante, Cíclope que sirve asombro afligidos caminantes, o que los guía atalaya, para que puedan llegarse a socorrer en sus faldas, tal vez acosadas naves, tal vez perdidos bajeles, que por las ondas errantes desconfían la esperanza, hasta que su albergue afable, por enemiga del mar, permite esta roca darle, (porque altiva se le opone a impedir temeridades) duro freno a sus deseos, porque adelante no pasen, Mas enojado la acosa, y vengativo en edades, va acabando su eminencia, y a pedazos le deshace, por no tener otra vez quien pueda el paso estorbarle. Tu Majestad es el mar, o su porfía, que sale de márgenes de razón, yo la roca en quien rebaten las maretas de su furia, y puedo roca apropiarme, y aún más firme que la otra, pues sufro tantos combates, sin deshacerme desdichas, y sin que el curso me acabe. Estoy para darle muerte. . a este arrogante, y quitarle, no sé suscenso que haré, He llegado en fuerte lance, . y le debo hoy a la Reina mi honor un incontrastable enemigo me persigue: mas estas razones basten en señal de sentimiento, mucho ha hecho en reportarse: el corazón, pues furioso ha pretendido incitarme a que el acero castigue acciones tan desiguales. Y a no mirar el decoro que se la debe a las partes en un Rey, aún con ser tirano, en minutos miserables le deshiciera, de suerte, que a distinguir no llegasen si los pensamientos fuesen los deshechos, o su sangre. Enviaré luego a prenderle la soberbia he de cortarle. Bien ha sido mar soberbio, que del señalado margen salió, y chocando en mi roca débil, volvió a retirarse. Lisardo, esposo, Hoy he visto de tu valor los quilates, aunque te ofendo en decir que no los he visto antes. Es oro el honor, y el oro aún antes de acrisolarle no tiene tanto valor como después; coronarte por Reina de las mujeres debe el mundo, y arrogante desmentir los que publican que en todas vive la fácil condición que las infama. Mal he hecho en alabarte, que la alabanza descuida, y en esta alabanza cabe la mía, pues es lo mismo en personas tan iguales, y las virtudes no es bien que de si nadie las cante. A Nápoles partiremos, antes que las soledades de la noche alegre el sol, y de la carga de Atlante el velo azul comunique, dando vista a los cristales, Si sus pasos aún veloces midieran los animales con mis deseos, en breve descubrieramos la grande máquina del universo, suspensión de los Anales. Dame esos brazos. Señor deja ahora de abrazarte, porque vienen los Soldados a prenderte, a los umbrales del zaguán llegarán ya; persía a tal este viaje no se nos despinte. Aquesto recele. . No hay aguardarles. Piérda se toda la hacienda, como mi honor no se acabe. Por el postigo podemos salir libres al Ánimo Rosaura. tu sombra basta a anima ejemplo de la el val

JORNADA TERCERA

̱. Desconocido había con el velo de la cobarde noche esta ribera; ves este raudoso caminante Cielo, que con color prestado rebervera? y aquese altivo monte, áspero suelo. o triste habergue de acosada fiera, horror aún de su misma hermosa alfombra, que amparo es el cristal, y al campo sombra? Este es el sitio a donde veces tantas, procurando a mi padre cuidadoso, estampas he dejado de mis plantas, hasta que el viento vago, y ocioso cruel las borra, que si no te espantas, el viento es como el tiempo riguroso, duro enemigo a las medrosas glorias, que entrambos vuelan sin dejar memoria: Esta noche, mi bien, que confusiones hasta llegar aquí me han combatido! cuantas prolijas imaginaciones, con que el largo camino he divertido! que contrarios impulsos, y opiniones el cansado discurso me ha ofrecido! diré, pues el cansancio nada siento, que sin sentir me trajo el pensamiento. Considera a quien viene con su esposa huyendo del rigor de un Rey tirano, cuando unas veces el temor le acosa del peligro que trae, y otras en vano soledad le congoja temerosa de verse sin remedio, y bien humano, que ha contemplado en su dolor la muerte, contigo he caminado de esta suerte. Cual suele el afligido caminante ir ásperas montanas fatigando, fiado mal del puesto que ve errante, el sol se niega, el tiempo va cerrando, y con la oscuridad juzga delante los troncos hombres, que le van buscando, con agua el Cielo, con temor la tierra, al afligido pecho le dan guerra. De esta suerte el camio discurría, y aún mayor confusión me acompañaba, los elevados bultos los mentía gente enemiga que hacia a mi llegaba: mi prisión, y tu pena se ofrecía cada vez que a mirarlos me inclinaba: a Roberto perdimos, y he llegado donde antigua memoria he recordado. Tus pasos he seguido, como cuando valiente alguno de entre espeso fuego salir procura, llamas despreciando, envuelto en humo, y en su nube ciego, y del ardiente mar, si no nadando, rompiendo la violencia, sale, y luego juzga, con libertad, y sin riqueza, la tierra Cielo, y gusto la pobreza. Yace a pocas jornadas donde parte la raya de estos Reinos, que me impide sosiego, hasta que a Nápoles me aparte; donde desdichas, y peligro olvide: no quisiera al cansancio apresurarte, descansarás mientras el sol despide iras a su calor, mientras reporta a sus caballos, y su curso acorta. Venga apacible. . Sí, aunque mal segura tiene bella ribera aqueste río que sirve espejo a la soberbia altura del triste monte, donde ve tardió su mal adorno, y pobre compostura, tosco desdenes que dejó el Estío; que este sitio, que en sí brutos acoge, aún tiene un enemigo que le enoje. Oh que apacible vida que sustenta aquel pastor, siguiendo su ganado, negado a los peligros que acrecienta el trato de Ciudades engañado! Aquel los desengaños representa, o los engaños que a experimentado felices, habitando duras rocas, porque es Monarca, aunque de ovejas pocas, El entrar en lugar no me concede el recelar que el Rey apresurase gente que a la prisión llevarnos puede, porque su enojo, y su crueldad vengase, que de razón los límites excede. Havia mayor mal que nos cercase? Aguarda aquí descansa en este asiento mientras a aquel Pastor pido sustento. Lejos se ofrece. Estan en escondido sitio, y volveré presto a tus ojos. Compañía tendré con el florido valle, que ofrece al tiempo sus despojos, porque todo, ay de mí, me ha preferido, sirve la soledad quitando enojos, o previniendo, o lamentando el daño, siempre memoria, a veces desengaño. Qué ay Roberto? Es mi señora? no andaré perdido más; o pesia a mí, pues estas con ese descuido ahora? dónde mi señor se fue? cómo sola te ha dejado? Di qué tienes? Que me han dado muy malas nuevas. . De qué? De que aquestos montes son a donde el Rey ejercita la caza, acción que acredita su tirana condición Hoy en aqueste lugar, que a Zaragoza dejó anoche, y se retiró, como acostumbra, a cazar. San duda debió de ser obligado del disgusto de no prendernos, con susto s desengaño. he venido hasta poder haveros de ello avisado: por bien he errado el camino que si nos coje, imagino que seré el peor librado. Cómo te perdiste? Bueno, porque me quise perder; hay más graciosa mujer? y estoy de temores lleno. Dejnte preguntar, (aquesa flema me enoja) no sea el diablo que nos coja pudiéndonos escapar. Dónde mi señor se ha ido? No parece en la campaña: hay necedad más extraña, de confiado marido? nunca tal descuido vi, aunque en el mundo no pase, mi mujer, cuando me case, siempre ha de venir tras mí: que digo? Delante irá, donde la vea, que entienden muchos, que delante venden, yendo detrás, que será? El majadero de Orfeo si a su mujer no trajera detrás, nunca la perdiera, porque le incitó el deseo de volverla a ver la cara: y yo presumo a tenerla delante, para no verla, que los ojos se tapara: que la mujer más querida de un hombre, y más celebrada, no viéndola, es deseada, gozándola, aborrecida; mas no es tiempo de tratar lo que a mi priesa no viene, trátelo quien le conviene. que no me pienso casar (to, Ya vendrá Lisardo. . Es cier- pero aguardar, mas no puedo porque ha sido tanto el miedo, que pienso ya que estoy muerto. En toda aquesta Ribera no he de perderme esconder, sino es que aprieto a correr, y busco alguna ladera en este monte vecino; yo muy conocido soy, pero tan turbado estoy, que no atinaré el camano: digo que me conocía todo Palacio, y cubierto el rostro tengo por cierto, que podrá la cortesía, no conociéndote, que te dejen. Los dos iremos, Corres poco, y nos podemos si nos alcanzan, yo iré a buscar a mi señor, para que todos huyamos, pues nosotros peligramos, si nos prenden, y es error, que tú, y yo queramos irnos? advertencia, es no te asombre viendo una mujer, y un hombre huir, habrán de seguirnos, podrá ser que no repare. Pues te vas? Por sí, o por no líbrete Dios, porque yo me libraré, si acertaré, El Rey, Cielos, me persigue hasta en esta soledad, no tiene seguridad al que la dicha sigue. Esta banda defenderme puede, el Reino me descubra, mas aunque el rostro me cubra, mi suerte ha de conocerme. Toma este caballo. Ay Cielos. En todo aqueste Horizonte dejad que un rato descanse, en ese arenal se alojen los caballos, que a un prodigio, o admiración corresponde el suspender bello cuerpo, advertidos esos montes, temiendo que de sus brutos caminantes le despojen, ofrece esa gentileza, porque el paso nos estorbe, o nos entretenga mientras en seguridad los ponen, o por adorno a estos campos, hermosa afrenta a sus flores. Curiosamente se ofrece, ese talle, que dispone lo altivo de la belleza, sino las admiraciones. El Alba deidad, sin duda, eres, que a este río coges lágrimas para llorar cuando visites el orbe. Mas del cristal de los Cielos no puedes valerte entonces, cuando a alimentar los valles sales alegre, y conforme. Pero ese rico desmiente mis confusas digresiones, publicando entre la juncia con mal pronunciadas voces, que los raudales que lleva, cuanto preciosos, disformes, las conocio perlas antes, y que de esos ojos corren. No me ha conocido, o cuantos . me solicitan temores, sola, y con este enemigo! Humanamente a los hombres te comúnicas, pues como tantos espacidos soles, cuantos al salir te sirven, las nubes violando inormes, o con su ser atrevidos ahora te desconocen. Mas tu disfraz da a entender, que con la banda que pones has recogido tus rayos, y piadosa los recoges, que de las flores tan cerca, agotarás sus colores. A pedir al monte cuentas vienes, de que tosco logre el sustento que le envías, en criar ásperos robles. Porque a conocer quien eres, se hubieran parado torpes los cristales, a mirarte, y se humillaran los montes. Dónde vas ser por? Que el Rey hallase a mi esposa donde el temor nos a traido huyendo de sus rigores! Discretamente se oculta. Que la fortuna me robe . el descanso. Quién se ha visto entre tantas confusiones? si me conoce, es mi muerte. Estos jarales me esconden cuanto crecidos, piadosos. Cómo negáis las razones? no merece un Rey respuesto? Siendo deidad, no me asombre, que fuera favor muy grande a partes tan inferiores: permitid que el rostro os vea. Si él la descubre, me pone en notable confusión; qué he de hacer Cielo? No exorte con huir, mayor deseo ese aliento, sin razones fueran, que pudiendo ver la belleza que compone del Alba, el cuerpo gentil, por cobarde no lo note. Seguid la caza, volved al ejercicio, no estorbe estar vosotros conmigo, que más glorias me coronen. Que no advertí que era injusto pedir (grosero) que arroje o que comunique a tantos sus rayos y perfecciones. Él me descubre: pues manda que se vayan. Sus errores ejecuta, mas que importa si está solo? Hasta que tomen los caballos no salgamos, porque peligro nos corre. O si mi esposo viniera, porque tantos cazadores solicitaran su muerte, o llevaranle en prisiones, lo que más deseo temo. Que tan tirana me acose mi suerte, que aunque la huya me siga! Las ocasiones que ofrece el tiempo no es bien que las dejenir los hombres, lamentable perdición, sin excusa que la abone, son tan veloces huyendo, cuanto al presentarse torpes. Ese Estorbo he de quitar, aunque después os provoque, porque de mi valor digan, que celestes nuves rompe, y no serán las primeras: mas mis acciones, mejores han sido que deseaba. Cómo tirano, atreviose, mira si se alejan esos criados. Disponen los Cielos en mí sus iras, muerta soy. Si los mayores gustos que ofrece el discurso, y que el deseo compone hallara, no llegarían a causar emulaciones, al de haberos aquí hallado: aún podrá ser que la goce. . Oh si Lisardo viniera, . porque su valor reporte, y su razón, a este injusto. Mira si van lejos? Dónde nos podemos esconder? Ves Roberto aquestos bosques? pues aún tienen las entrañas más piadosas que los hombres. Dos, o tres quedan allí. No hayas miedo que me enojen tres, ni cuatro en lo que intento, que por muchos corazones vale el que alienta este pecho, pues a más que esto se opone. Me ha suspendido el suceso, que aún pienso que lo compone el deseo. Y vuestro esposo? Señor, no sé cuando pobre marinero, con tormenta se vio más triste sin norte surcar las incultas ondas, entre pesares, y voces, que la tierra desleada va huyendo porque no choque en un escollo la nao, y la esperanza le borre? La prenda que llevo basta, hoy mi deseo cunpliose, las ancas de ese caballo ocuparéis, una torre habitaréis, entretanto que castigo los errores de vuestro esposo. Mejor irá donde la coloque mi amor; porque en estos brazos, cansarán menos que el trote de un caballo: aún no han deshecho de todo punto los golpes de tu rigor esta roca: y antes que su fin exhorte, se ha de defender valiente, porque esta máquina noble será estorbo hasta acabar, discomposturas inormes, estiéndase libremente, y aún deshecho yo, reporte ímpetus, que en mi ruina, reliquia habrá que lo estorbe. Soberbia notable! Hola; todos se han ido, a mis voces Vuelven dos; viven los Cie que porque más no blasone, he de deshacer la roca, porque su arrogancia postre. Qué mandas? Dadme el caballo, seguidme, no os alborote, que aunque se desmientan viento, que se desvanesca móvil, los he de alcanzar, que tanto llego a estimar mis acciones. ielos, Felice yo, que desengaños sigo, xaminando fuerzas a mi suerte; o soledad, y cuan piadoso amigo en mis cuidados puedo conocerte, consuelo a la aflición, al mal testigo, me has dado vida, y me has negado muerte, y según cobro fuarzas ya perdidas, que me has dado, imagino, muchas vidas. Tirano me ha acosado el pensamiento, y la memoria, entrambos conjurados; un año he padecido de tormentos, un siglo de memorias, y cuidados; aunque tal vez piadosos instrumentos daban a mi consuelo, ya enfadados, no de mirarme en vida tan penosa, sino de porfiar en una cosa. Consuélame el vivir tan sin recelo, libre admirando la engañosa Corte; después me aflige en medio del consuelo, que flactue en el mar (errante el Norte) mi hijo, y en aquesto me consuelo, hasta que la inclemencia se reporte, que yo al puesto del ímpetu, arrojado, anuncio la tormenta escarmentado. Cual suele el que en las ondas espantosas del turbulento mar se vio rendido, que interpuesto a montañas espumosas, su vida, y su bajel miro perdido; y veloces, las que antes perezosas esperanzas cumplió, y aunque afligido, dichosamente la ribera pisa, y a los que van pasando de allí avisa. Como al que este peligro temeroso cuando libre se admira en la ribera, entre aquel monumento proceloso ve padecer, a quien librar quisiera: ve al hijo, o al amigo, y piadoso otra vez al peligro se ofreciera, si el pasado temor no la estorbara, y al arrojarse, escarmentado para. Temiendo de la Corte confusiones a mis hijos no he ido a ver, y es cierto que juzgarán sus imaginaciones con alguna razón, a Enrique muerto: muchas veces intentan aficiones quererme desterrar de este desierto, y hubiera sus favores olvidado, a no ver la tormenta que he pasado. Mas siempre el pecho queda recelando (dolor grave!) que el Rey (a riguroso!) en su rigor injusto porfiando. al blanco de mi honor tira ambicioso, y así no excusaré vivir penando, hasta mover al Cielo, a que piadoso haga feliz a mi infelice suerte, postrándome en despojos a la uerte Que los pudiera ocultar el monte! Suceso extraño! el Rey es, si no me engaño, que caza en este Lugar. Habéis visto discurrir dos hombres, y una mujer. No los he visto; nacer veo al Sol solo, y morir. Con él mi vivir limito, sigo su curso ligero, y así cada día muero, cada día resucito. Como ha poco que salían rayos que vida me han dado, R no habría resucitado, y muerto yo, pasarian: Quién sois padre? Mucho he sido, y hoy soy más de lo pasado, que es más ser desengañado, que poder desvanecido. Tuve soberbios asientos, acabáronse esos gustos, previniéronme disgustos, mas que conocí contentos. Tuve hacienda, fue embarazo, a un tiempo tuve tributo, y solo tengo hoy el fruto que quita a un árbol mi brazo Pues más rico que antes quedo, que juzgo mayor riqueza, sin cuidado la pobreza, que la riqueza con miedo. Como la Ciudad dejado habéis, y un monte habitáis? De ser salvaje gustáis habiéndoos hombre criado? Que aún allá viví me fundo entre brutos, no te asombres, porque no son todos hombres los que viven en el mundo. Bestias son, y es de llorar que aquestos el mundo gocen, solo los que lo conocen se pueden hombres llamar: Pero no es bien que les quiten al mundo a aquestos; bien va, porque el mundo solo esta para que bestias le habiten. Si esta verdad consideras, verás que feliz he sido, pues siendo bestia, he venido a ser hombre entre las fieras. Sin razón puedo quejarme de un tirano, y de mi suerte, pues aún antes de mi muerte han hecho desengañarme. Mas como a mentir me incito si tantas muertes prevengo? tantos desengaños tengo cuantas veces resucito. Notable hombre! Deseo. saber nuevas de Lisardo: . mas con razón me acobardo, que me ha de conocer creo; sin duda sois cortesano, dícelo el traje Si soy. Aunque en este sitio estoy. presente tengo un tirano, y la memoria enemiga siempre me lo ofrece; es tal, que aún no deja de hacer mal cuando los campos fatiga. Nadie sin contrarios viene. Si un hombre no los tuviera, su valor se escureciera, aunque el rigor le derribe murallas que dificultan del pecho la fortaleza. Vivís en esta aspereza? En ella peñas me ocultan. Tengo una cueva cercada de maleza tan crecida, que temiendo la salida el sol, no intenta la entrada. Mirad que mandáis, que quiero retirarme. Dios os guarde. No le pregunte cobarde, si me voy: considero que habré de perder el nombre con el trato, y temeré que a ser bestia volveré, y dejaré de ser hombre. . El monte no ha de poder intentando mi pesar, ocultarlos, penetrar sus cóncabos de ver. Libronos de este monte el duro cen- ruda presencia infama lo que dentro (tro espacioso Palacio le figura, soberbia de la edad arquictetura. no parece de fieras ocupada, sirviendo a algún humano de posada, que fuera está finque el temor ultraje. Sin duda es el meso de este paraje. El fin es este. Allí pobre se ofroce de juncia un lecho. Ermita me parece, su admiración curiosa multiplica la luz que esta retura comunica, voca por donde el Cielo se clárea, (ra o del tal hermitaño chimenea. Si por desgracia el Rey nos perguie hasta este sitio con valor muriera, antes que a sus rigores condenarme, porque era infame muerte aventurar- no sintiera morir, sintiera sabio (me: que en su poder que dases; y mi agravio y muerto yo tú en este sitio hueco sin sombra te quedaras, y sin eco. Si no me engaño, señor, oigo acercarse unos pasos confusamente animosos, y medrosamente tardos. Será el Rey, Cielos! No importa, que a morar determinado, por todos he de valer, porque más bienes no aguardo que mi honor, y antes de verlo a sus rigores postrado, he de perder esta vida, conque acabaran mis daños. Repórtate, yo imagino que es el bendito hermataño que habita esta cueva, él es, como a la luz va llegando, del herror me desengaña. La sangre ya había dejado cobardemente, las venas. Y yo tuve mejor rato. Venerable aspecto tiene, de habernos visto ha quedado suspenso Dale disculpa. será porque nos entramos en su posada. Oh es sueño, o máquinas que levanto, o los que maro presentes son los que yo he deseado, serán los tres que buscaba el Rey: suceso más raro ha sucedido? Me inclina la voluntad a estimarlo, Cómo admirado nos mira. Para llegar a abrazarlos, o me detiene el contento, o la dicha me ha turbado. Parece que sale el alma a dar aliento a los labios, y que al natúrial respecto un amor le va alentando. Hijo, Rosaura, Roberto! Mi padre es. Aquesos brazos me dad: como he merecido veros en este excusado túmulo de mis desdichas dónde he sepultado engaños? Nunca más dichoso he sido, hoy presumo que acabaron, o para empezar mis penas, o para darme descanso. Hoy pienso, padre querido, que la fortuna ha trazado tanto mal por tanto bien, y que un disgusto tan largo quiere pagar generosa; no puedo quejarme ingrato, que me da más en hallarte que en pesares me ha quitado, Como olvidaste tus hijos entre desconsuelos tantos? Aquí sin iros a ver como ajeno de mi estado, confieso que fue cruel descuido, mas a dejarlo me animaba algunas veces, y pienso que lo estorbaron temores algo discretos, juzgándome desterrado para siempre a este desierto, él me acogió; y él me ha dado esta posada piadoso, vime en él sin embarazos de obligaciones, seguro de la envidia, sin contrarios, y en la quietud de la vida advirtiendo desengaños, notando vanas quimeras del mundo, y considerando aquesto, determiné agradecido, habitarlo. Y a no haber querido el Cielo traeros a mi apartado destierro (secreto suyo) por rodeo tan extraño, pudiera ser que no os viera que estaba tan olvidado de la Corte, que esta cueva por monumento a mis años elegí, pensando ser nueva imitación de Pablo. Notable dicha! Bien puedo decir que ha hecho milagro la fortuna con nosotros. Yo lo digo con callarlo; el contento me ahogó. Si tardé en llegar a hablaros, fue porque me pareció un imposible, y dudando me detuve, que juzgaba ser entedo máquinado del daseo, o del desvelo, de la pena, o del cuidado. Cómo habéis venido a verme? Requiere la causa espacio: solo del Rey tiranías a esta cueva nos guiaron, que nos dio vida, y contento, quien mayor lo ha examinado, pues huyendo nuestro mal, al último bien llegamos? Llegamos pues a este monte, y al pisar su hueco airado, tuve en los pies toda el alma, y a que encaminé mis pasos No quiero albricias pedirte, porque bien las he cobrado. De qué? . De que Don Alfonso nuestro señor tus estados te ha vuelto, por estas cartas manda, con honores varios, que nos volvamos. Razón vencio siempre a sus contrarios, leal sabe el Rey que he sido, volveré, mas no a Palacio, basta que una vez traidores sus puertas me hayan cerrado. A Montalto partiremos, el escarmiento aprobando. Ruido de gente se acerca ay esposo. Ay padre amado, el Rey morir es forzoso No bastó el monte a ocultarlos, la dicha me encaminó, ea prendedle, dejadlo, que causa oculta te ayuda, o te defiende? Turbado está el corazón. Señor esposo, Enrinque, Lisardo. No llores, viven los Cielos que hechos menudos pedazos, yo, y mi esposa quedaremos, antes que en prisiones vamos, Señor, advierte. Dejad, nunca al honor le ha faltado valor para defenderse, que blasones, que bizarros, su ser generoso alientan, ha de ganar procurando A más descrédito a su nombre, que a mi corazón agravios. Pocos son los que le siguen, y en lugar tan apartado, testigos estas cabernas, y aquestos mudos peñascos, he de defender mi honor, y mi persona. . Los lauros que le dio naturaleza, y sus hazañas le han dado, desdora con esta acción: No es bien, cuando celebrando está la fama tus hechos de Rey cruel, y tirano; cuando te da a conocer del Etiope abrasado al mal vestido Gentil, que adora del Sol los rayos, no es bien que alientes rigor, y no es bien digan, que hallaron hombres piedad en los montes, y no en tan gran Rey, amparo. Cuando el ánimo furioso, . ya de su rigor llenado, quiso ejecutar su ira, al arrojarse, temblaron mis acciones, y sin duda el Cielo le da su amparo: basten, basten mis rigores, que yo corrido he quedado de estos afectos indignos de mi persona, vasallo mas leal no ha tenido ningún Rey, pues porque caso, por un apetito breve he de ser tan inhumano? Conviene honrarle, y así Con licencia. En evil satisfaré sus agravios, enfrenaré mis deseos, daré fin a sus presagios, alzad, padre, que por vos yo los perdono. Postra vuestra Alteza a sus pies tiene a Enrique un ejemplo raro de desdichas, y sin duda, hoy esto el Cielo ha ordenado, por dar límite a las penas, y consuelo a los trabajos: mis hijos, señor son estos, quiso la suerte juntarnos para alcanzar tu perdón: llegad. . Estoy admirado, dadme los brazos, Enrique. Admiración pide el caso. El Cielo, señor, aumente tu vida infinitos años. Sois de honor, y lealtad, Rosaura, un ejemplo raro: que hermosura, y que virtud juntas miro! Alzad Lisardo, que ya perdonado estáis Soy señor, tu humilde esclavo, A Zaragoza veral, donde celebrando el caso, tendréis mi amparo, a Laurencio le doy, con diez mil ducados, de Laura la mano hermosa. Aumenten, señor, tus años, los Cielos, suerte feliz! Hijo. a Zaragoza vamos, y a Montalbo partiremos. Vamos, Esposa, apiadados los Cielos de tantos males, dieron fin a mis presegios. Y aquí la roca de honor, si le dais perdón, Senado, da fin, para que comience segunda parte del caso.