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Texto digital de El robo de Elena

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Atribución tradicional
Cristóbal de Monroy y Silva
Atribución estilometría
Cristóbal de Monroy y Silva Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El robo de Elena. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/robo-de-elena-el.

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EL ROBO DE ELENA

JORNADA PRIMERA

Resplandeciente Aurora, que con múlica acorda, si sonora, sales triunfando en tu parpúrto coche de las opacas sombras de la noche. Aurora luminosa, que en traspontines de jazmín, y rosa, pese fitan tus ojos de Febo ardiente los fulpores rejos. Bella madra del día de quien naciendo el Sol a la armonía de las aves rasponder con el llanto, del parto indicio, que has llorado tanto. Ya es hora, que al convite prevenido. Ya el tiempo, que al vanquete más lucido. Ya es justo, que al feltejo cuidadoso. Tenga Palas, de Marte asombro hermoso. Venga Juno divina. Llegue Venus, en todo peregrina, Mas ya Palas, y Juno están presentes Ya Juno, y Venus pasmo son luciante Venus y Palas, ya sobra las floras, teatros son de letras, y de amores. Palas eroica, Juno valerosa, Venus divina. . Venua pederosa Ese silio, de Abril florido estrado, es de nuestro convire señalado, aquí nuestras deidades con pompa, con aplausos, majestades, juntas gocemos tan felice día, el néctar sacro, el celico ambrolía, Ya mi ciencia previene mesa onulenta. . Ya la mesa viene. Yo a fuerza de cntaros haré, que panetiando vientos puros vengan platealigeros, que al aperito sirvan llimujeros, ̱. Yo haré que diestras voces, ecos altern en dulces, si veloces. A qué, pues, aguardamos? a la mesa os sentad. . Ya nos sentamos. Venus, Palas, y Juno, deidades a quien venera la atención de las Provincias, la Majestad de las selvas. En un convita en que lucen sus ingenios, y grandezas, son prodigio de los montes, y asombro de la elferas. Qué mantana es aquella a quien el Oh he aplausos da de estrella; Qué pomo aquel de oro, de esas región es naufrago tesoro? Donde baja esta rosa, arracada del viento luminosa? Este es astro derado, que de su firmamento se ha seltado, No es astro sino rayo que estudio baja a ser de Abril, y Mayo. No es rayo, pues violento no desciende abrasando el vago viento. A la mesa divina su dorada carrera se encamina. Ya a la misa ha llegado. Unas cifras, o letras he notado, que gravadas en ella están. . Qué rica! . Qué inmortal! Qué bella! Qué dicen esas letras, sacra Diosa? Dicen. . Qué? Que se dé a la más hermosa. La Diosa, si de la discordia ha sido quien esta competencia ha introducido. A mí se me ha de dar. Ah de ser mía. No vuestra presunción a demasía sa pase, que yo sola en este empeño merezco ser de la manzana dueño. Juzga en ti la pasión: pierdo el sentido, Quién en su propia causa Juez ha sido? Busquemos quien lo juzgue. En ese monte, piramide inmortal del Horizonte, tan alto que recelo. que se ha pasado mas allá del Cielo, vive Paris, que el nombre ha conseguido por la igualdad con que en juzgar ha sido arbitro venerado de cuantos a su inganio han consultado. Juzgue Paris quien es la que merece la manzana dorada. . Si os parece, yo haré que venga a fuerza de un encanto porque el deseo no muleste tanto. Venga y no dilatemos la duda en que discordes padecemos. Ya las opacas nules penetrando se acerca Parir. . Ya le estoy mirando, Pastor, cuya belleza disfrata aquesa rústica corteza, tú que eres con juicios superiores oráculo de todos los Pallores, hoy del monte has venido a fuerza de una voz, donde perdido dejaste tu ganado apacentando, a juzgar de las tres que estas mirando, cual es la más hermosa, diga de esta manzan a prodigiosa, Deidades soberanas, a quien el Orbe aplaude más que humanas, no soy lo que parezco, en vuestra duda dección merezco, sangre Real me llama a eternizar mis bríos en la fama. Di quien eres primero, y cemo aquese rúltico, y grosero traje di fraza atento tan nobla, y superior entendimiento. Oíd, sabréis la historia peregrina, que en los montes de Frigia me avecinas En las campañas de Troya, cabeza de el Reino Frigio, que hoy a Priamo obedece, como a su Monarca invicto, Adonde las verdes plantas son pabellones tejidos, sin que del Sol las penetren los resplardecientes visos. Donde escándalo los vientos los penascos de los riscos, parece que se descuelgan de aquese esférico olimpo donde en crisalinas fuentea búcaros siempre nativos, halla descanso el ahogo, goza la fatiga alivio. Aquí un humil de Pastor, de muchos que en aquel sitio apacientan cuidadosos en cada oveja un a y en cada cordero un cop de la honda al estallido, de lus acentos al eco, y de los ecos al silvo; una dscura noche oyó el tierno llanto de un niño, fermando debiles quejan en mortales paralilmos. Siguió la voz cuidadoso, y vio entre unos lentiscos un recién nasido infante a la clemencia del frío, Estaba desnudo, siendo solo su cloroso abrigo vamaa, que por verdes fueron a su esperanza de alivio. Viviente azucena entre ellas, blanca rosa, o jazmín vivo, poblaba el rostro de perlas, que suplian el rocío del Alba, porque el dolor le tenía tan marchito, que ir el Alba le tardará, pudiera no hallarle vivo. Llevole, al fin, a su albergún, lastimado, y compasivo, que también suele vivir sn piedad en los pellicos, Criose en aquellos montes con opinión de su hijo, hasta que el tiempo veloz dio de su valor indicios. Fue asombro de los Pastores, creciendo en ingenio, y brío, y aventajándose en fuerzas, fue de las fieras el risco, pasmo, escándalo, y estrago; pues ya el León vengativo, que carleando centellas, y esca apelando rizos, es feroz asombro, y ya el Oso indomable, altivo, broto luchador, soberbio, de las montanas prodigio. Ya el Jabalí, que acosado descubre, en coral tenido, una muerte en cada amago, y un rayo en cada colmillo. Temerosos de sus armas, cobardes de sus dasignios, en la fama eternizaron su fortaleza vencidos; tanto, que los rudos troncos manifestaban escritos sus hechos, siendo en su abón desen cuadernado libro todo el monte, de quien son, aunque rebeldes propicios, una plana cada roble, un cuaderno cada olivo, una hoja cada olmo, y un párrafo cada aliso. Aumentose en los Pastores la invidia, que siempre han sido ajenas aclamaciones en la emulación delitos; viendo, que le doto el Cielo de ingenio tan peragrino, que fue en cualquier competencia muy venerado su juicio, Pobláronse de su nombre los comarcanos distritos, siendo para confusión de invidiosos enemigos, oráculo de las selvas, de las consultas prodigio, resolución de las dudas, y admiración de los siglos. Tanto, que me llaman Paris, siendo así que el nombre mismo verdadero es Alejandro. Yo, al fin soy el referido, yo soy Alejandro, y Paris, que ello, Diosas, he sabido del rústico labrador. A vuestras plantas aplico al labio obediente, aunque me confieso por indigno, para juzgar vuestras dudas, quiero que sepáis que ha sido quien elegís, no villano, aunque parto de estos riscos, sino admiración, y asombro de los venideros siglos. Gustosa quedo de oírte, y me alegro, que haya sido tan raro tu nacimiento, tan extrano tu principio. Pues en el presente empaño te deberás a ti mismo el cuidado que procuro, la atención que solicito. juzga quien el de las tres la que el premio ha merecido por más hermosa y advierte, que soy Venus, que es mi hijo el Dios contra cuyo Imperio no hay rebeldes albedríos. Yo soy Juno, y soy esposa Jup Olí del g Yo Palas, que de las letras, y las armas soy asilo. Si esta joya que mereco me das, en cuantos designios tuvieres de amor, te juro hacer dichoso. . Yo digo, que si das a mi belleza elle premio marecido, te daré cuanto oro engendran en sus venas los abismos. Yo, Paris, te daré ciencia. Escoge el mejor partido, o ser venturoso amante. Oh ser poderoso y rico. Oh ser sabio, y elocuente. Para juzgarlo os suplico, que me dejéis solo, haciendo más prudente mi juicio. Vamos, que la condición acepto. . Yo Yo os sigo. Qué he de hacer (ay de i!) entre tan confusos laberintos? Riqueza, ciencia, y amor, mi discurso han suspendido la riqueza me ha ofrecido poder, grandeza, y valor, la ciencia fama, y honor, el amor dicha inmortal. Quién, Cielos, en duda tal, siendo de efectos desdén, conocer pudiera el bien para no elegir el mal? Mas por que ciego me dejo goberbar del interés, vil ignominia en quien es de justicia claro espejo? qué dudo, absorto, y perplejo? más es forzoso el dudar, que al juez más singular, de un seborno la malicia, sino torcer la justicia, al menos, le hace temblar. Paris, mira mi belleza. Troyano, vuelva los ojos, Teme, Paris, mis enojos. Si he de temer tu grandeza, Juno, en tu amenaza empieza mi sentencia sin codicia, a tu hermosora esta vez, que quien amanaza al juez, no tiene mucha justicia. Qué me ofrece tu hermosura? Vent Qué más he de merecerte? Suerte. En qué, Venus superior? En Amor. A qué aguarda mi valor? por qué con dudas le ofendo, si Venos me está ofreciendo. ventura, y suerte en amor? Palas que da en mi sentencia? Ciencia. Qué se añade a ese blasón? Estimación. Y quién a la ciencia aclama? La fama. A eterno nombre me llama el premio heroico que escucho de Palas, que pueden mucho ciencia, estimación, y fama. Juno, que da tu belleza? Riqueza. Qué es la riqueza notoria? Gieria. Quién a tu gloria da ser? El poder. Juno pretende vencer, pues ofrece tal valor, que es el cohecho mayor riqueza, gloria, y poder. Discurramos pensamiento, que neutral en el cuidado, vencida el alma ha quedado de uno, y otro ofrecimiento: la ciencia al entendimiento convida, a la voluntad el amor, la vanidad del tesoro a la memoria, a quién daré la victoria? cual es la mayor beldad? Amor no es perfecto ardor sin ciencia, ciencia es sin oro, no conocido tesero: cual de las tras es mayor? de qué me sirve el amor sin la riqueza bastante? de qué la ciencia triunfante, si he de vivir con pobreza? y para qué es la riqueza, si he de gozarla ignorante? Juno tu beldad: mas Cielos! para qué quiero el poder, si desgraciado he de ser? Palas tu luz; qué recelos! a qué aguardan mis desvelos? Venus tu hermosura aquí ay d mer que si la premio este perdí la sabiduria, y la riqueza perdí. Mas si bien lo consideros en esta confusa calma, Venus merece la palma, darle la manzana quiero: quien tiene amor verdadero, ciencia con él ha adquirido, pues sabe, quien ha sabido amar, es rico en rigor, que no hay riqueza mayor, que querer, y ser querido. Quiere, y tiene amor el hombre, la planta, el ave, y el bruto, que amor es Rey absoluto, su poder es bien me asombre: y así a Venus mi amor nombre, sus aplausos me convienen, que de los que al mundo vienen algunos tienen riqueza, algunos clencia, y viveza, pero amor todos le tienen. Venos es la más hermosa, . a Venus el premio ofreco amor, sola la merece su perfección milagrosa, Agradezco afectuosa. tu elección, tendrás en mí el premio que prometí. Pues mi belleza ofendiste, hay del Reino en qué naciste! Ay de Troya! y ay de ti! Recibe la manzana, Venus divina, Venus soberana, pues tu hermosura sar del alma quiso encanto milagroso, dulce hechizo. Valeroso Troyano, este premio que ofreces a mi mano he de satisfacerte agradecida antes que aquesa antorcha más lucida se apague en Occidente: este monta que miras eminente, que has de Grecia con fín, tiene un tesoro que será el premio de este pomo de oro. Reina de todo el esférico Horizonte, dónde hallaré el tesoro? En este monte. De qué suerte me advierta tengo de descubrirlo? De asta suerte, Monarca de las selvas, fuerte bruto, porque de lo sagaz, y de lo astuto en la lucha te vales, si te aclaman por Rey los animales? Qué divina hermosura baja por esta rústica espesura! suerto al viento el cabello, es del Céfiro blando pasmo bello, el acero ceñido de su valor osado prueba ha sido, flechas trae por venganza a sus enojos: sobradas son a donde están sus ojos: entre malezas tantas, adorno son sus plantas de las plantas. Cobarde, aguarda, no tu acento tarde. Por mí lo dice, sí, que estoy cobarde, No huyas, veloz fiera, Detente. da. Aguas Mira, Espera. Suspende el golpe, advierte, que no es hacena darle a un muerto muerte. Quién eres, Joben? Qué beldad! qué aliento. Qué brío! qué valor! qué lucimiento, Quién eres, Ninfa hermosa, estudio del clavel, y de la rosa? segunda Venus bella, que no te diferencia el amor de alla, aunque si diferencia si se apura, pues Venus no te iguala en la hermosura, si más presto vinieras, de una preciosa joya dueño fueras, sin haberme tenido equivoco, confusa, y suspendido, no aumentes mas mi pena, di quién eres? Yo, Joben, soy. Elena. Mene a esposo mío. Adorada prisión de mi albedrío, porqué tan sin temores se expone tu valor a los rigores de las fieras del monte? Ya las de aqueste esférico Horizonte to. conocen este esfuerzo, y este alí En qué te has detenido? Escucha atento. Tras aquel corzo, cuya ligereza, fue asombió de la rústica maleza, pues tan veloz volaba, que apenas mi deseo le alcanzaba, llegué a ese valle, donde an Unicornio, y un León esconde antra el contarto de árboles sombríos cuyos osados bríos quisieron prueba hacer en la campaña, del valor ambicioso de una hazaña. Era el fuerte Unicornio altivo, asado, el pelo, y clín leonado, an los pies semejante al soberbio Elefante, y en el cuerpo al caballo, si la atención pretende retratarlo. Tiene por armas en la adusta frente una punta valiante, que si vencer desea, la esgrime diestro en la mortal pelea. El León ya conoces sus enojos, pues vence con el ceño de los ojos, con los golpes tiranos de los agudos dientes inhumanos, con las garras furiosas de las sobribias unas venenosas, siendo en coraje tanto un asombro, un predigio, y un espanto. Salió de entre un laurel el León furioso que se juzgó en el árbol victorioso, de entre un ciprés el Unicornio fuerte salió siendo presagio de su muerte, la batalla se dieron, sus bramidos al arma rapitieron, diendo marcial, y belico instrumento, de uno la voz, del otro el ronco acento. El unicornio atento a su desvelo, el León erizado el grueso pelo, uno desnuda al fanjes diferentes, otro apercibe los agudos dientes, aquel fuego despide en sus enojos, y este vivoras suda por los ojos. El León más feroz causando asombros, se le subió sobre los duros hombros, y aliéndolos su garra en breves plazos le embargó el movimiento de los brazos: luego árboló una mano con fiereza y al descorgarle un golpe en la cabeza, con presteza no poca, el Unicomio le volvió la baca, alió la mano, liendo indiferentes los dientes uñas, y las uñas dientes, pues cuanto más los diente apretaban tanto las unas más le lastimaban, halla que el Unicornio con enojo soltó la mano, bárbaro despojo, descubliendo en la boca mal herida la lengua en varios trozos dividida; y con soberbia suma, escupia la lengua entre la espuma, por no quejarse del dolor furioso, que era tan valeroso, que si el León la lengua no rasgara, temiendo que sangriento se quejara, él propio la arráncara, y escupiera, para que él quejarse no pudiera. Envidiole otra vez y el León fuerta, que en la sangrienta mano se divierte, no le sintió llegar, y él con feroces bramidos, y con voces le maltrató de modo que le privó del sentimiento todo, y por el lomo alzándole del suelo, le arrojó al mismo Cielo, y al descender al suelo parecía el signo de León, que se caía. Cayó el León, y cuando presumí que quedara agonizando, vuelto del torpe susto referido, que había embarazado su sentido, la venganza a su injuria sa promete; sañudo el Unicornio le acomete; pero astuto el León con trato doble, a hizo escudo de un roble embistió el Unicornio con presteza, tal que escondió la punta en la corteza, atravesolo, y sin poder sacarla, se quedó desarmado en la batalla. Entonces su enemigo salió esado y cruel, vengativo, y enojado, con las unas, y dientes venenosos, todo lo dividló en sangrietos trozos, con presteza tan fiera, que no le dio lugar a que sintiera la muerte, tanto que en penosa calma quedó sin cuerpo, y quedó sin al ma. Sola la testa herida quedó en el árbol de la punta alida, como diciendo: fiero bruto advierte, que este a vol es causa de mi muerte. Yo entonces seguí osada al León fiero, huyo de su vergüenza, y de mi acero, encontré elle Pastor, y fue su acento rémora de mi osado arrojamiento, hasta que tú llegaste, dende oísto del Unicornio la tragedia triste. No es mucho Elena divina, que hoyera elLeoo pues tiene fuerza mayr tu hermosura peregrina, Que mal Venus ha premiado mi afecto reconecido, pues la vida me ha rendido, y el alma me ha aprisionado, Quien e es Pastor? . Señor, quien humilde tus piesbesa. Aquesta inquietud t aviesa es inclinación, o amor? mas como mi loberano valor, y sangre Real, no se oponen al layal de este rústico villano? No sé qué incendio porfía en el pecho; que arguya que ya por querer se suya dejo de querer ser mía, So y al fin quien atrevido en este monte encumbrado pierde en guardar el ganado, gana en haberse perdido: guardaba ovejas, y ya solo guardo pensamientos. Bien de tus merecimientos noticias tu voz ma da: de Lacrdemonia soy Rey, en Grecia venerado, que a divertir el cuidado salí a estas montañas hoy. No sé que afecte me llama con impulso superior, a levantarte, Pallor, en las alas de la fama. Esposo, su peca edad, y su persona merece la estimación, que le efrece tu agrado, y tu voluntad; llévale a Palacio: Cielos. a donde asá mi valor que así me atormenta amor? Qué así me acobarda, Cielos! Cómo te llamas? . Señor, Alejandro mi nombre es Vente cormigo . Tus pies belo por tan gran favor No sabrás tu cultivar un jardín, y sembrar flores? Y porque crezcan mejores las sabré a tiempo regar con llanto de mis enojos. Vimos pues. . Suceso extraño. Parece, si no me engaño, que me habla con los ojos. No quiero volver a ver, que será aumentar mi pena. Válgate Dios por Blena. Amor mi muerte ha de ser. Que al fin Troilo ha venido de la guerra victorioso? Y tu Reino festejoso a recibirle ha salido, al campo se ha trasladado Troya, a ver entrar triunfante al gran Trollo el Infante asombro de Marte osado. Ea vejez, la juventud, la belleza, y bizarría, con nunca vida alegría, selemnizan su virtud. Los naturales vargeles, las campañas olorosas, tienen más damas que rosas, más Troyanos, que claveles, Hector, y Troilo sabios fueron a un tiempo a dos guerras, uno a sesegar mis tierras, otro a vengar mis agravios. De Frigia agunas Ciudades contra mí se han revelado, y Trollo ha castigado ambiciosas desle altades. Hector contra Grecia fue. donde a mi hermana Anfion hoy Tesamón la aprisiona después de la guerra, en que la robaron, destruyendo los Griegos a Troya, y ya que reedificada esta, con justa causa me efendo de ver mi sangre cautiva, y así a Hector envié a que guerra a Grecia dé, que como Hector me viva, venciendo Griegos desposos, dará con justo rigor satirfacción a mi honor, y venganza mis enojos: quiera el Cielo que Hlector llegue, como ha llegado su hermano, Es el valor soberano del Príncipe no te ciegue la sospecha, ni el tamor, que pues Trollo ha venido, su hermano la habrá excedido, pues es su esfuerzo mayor. No tiene Hector semejante, A la fama asombro da su nombre invencible. . Ya llega a Palacio el Infanta. A tus pies llega señor, un Capitán victorioso, a quien haca más dichoso, que la guerra, tu favor. Sube, Trello, a mis brazos. levanta, hijo, del suelo. De la esfera de tu cielo soy indigno. . Estos abrazos son el laurel marecido de tus empresas marciales. Beso tus plantas Reales. Dime lo que ha sucedido. Apenas Priamo invicto (cuya Majestad Augusta, l a emulación atropella, y de los rebrides traunfa) salí de Troya mi patria, golfo ilustre, en que se inunda la atención, todo naufragio, la vista teda confusa, cuyas torres, y murallas, soberbias al Cielo asultan; que es mucho, siendo seberbias, que las tenga el Cielo juntas. Cuando llegue con mi campo a castigar las injurias de Frigia por esta parte, que el mar Egro circunda sus playas; pero mi fama tanto sus alientos turba, tanto desmaya sus bríos, y sus designios ofusca, que saliéndose cobardes de las poblaciones suyas, solo dejaron en ellas por guarnición la hermosura. No quise, no, en las mujeres infamar la nobles puntas de los Troyanos aceros, que no fue victoria nunca ofander al que no tiene ofensa amparo, ni ayuda. El ejército contrario se subió a un monte, de cuya eminencia hizo muralla, y es tan alto, que aún hoy duda la vista si alcanza a ver el rémate que le encumbra. A este inanimado Atlante, a ella montaña confusa, a este promontorio altivo, a esta del Orbe columna, llegué a tiempo que la Autora aljefar líquido suda, si es la Autora la que vierte lágrimas que muchos juzgan, que la que llora es la noche, que vencida de la lucha, que con la luz ha tenido, lloró corrida y confusa. A la voz de las trompetas, que en acentos se artieulan, al ruido de los parches, donde las baquetas pulsan, furioso, osado, y resuelto, fiando de la fortuna no, si del valor la empresa, acometieron mis furias a todo el golfo de riscos, y al Occrano de grutas. Los rabeldes enemigos a un tiempo arrejaron juntas tantas flechas, que juzgamos que era voladora turba de aves y juzgamos bien, pues eran picos las puntas de las flechas, cuerpo el asa, y alas las veloces plumas. Las más lograron su intento, hiriendo a mucho, su furia; y aunque pudo acobardar los animos tanta punta clavada, tanta arbolada flecha, no solo se turba el brío, antes más lozanos acometen, porque juzgan que son las flechas penachos, y con sus galas se ilustran. Escalando la montaña, trepando por la espesura, les alcanzamos, fue fuerza ir más ligeros que nunca, pues para subir volando, las flechas nos dieron plumas. Vieras, señor, los dos campon con denuedo, y con astucia, de la derramada sangre teñir las peñar adustas. Aquí las tropas se traban, allí escuadrones se juntan, aquel animoso y aste cobarde se turba, uno despeñado muera, otro ambicies se encumbra, cual victoria aclama a vocer, cual timido no pionuncia, corales granita el monte, al vianto triste se enluta, astremecense las plantas, huyen las aves confusas, de miedo se hiela el agua, las fieras sus cuevas buscan, huyen los Frigios rendidos, y los victoriosos triunfan, para que tu soberano nombre, que ya se vincula, en la fama espanto sea de las edades futuras. Troilo, a quien no admiro ase esfuerzo sin segundo? quien, Infante, en todo el mundo pedra competirte? Hector, qué es esto? pues vos de esta suerte habéis venido? sin duda venís vencido. Yo vencido? bien por Dios. Na saber que para mí es el Orbe corta esfera, y que si vencido fuera, no volviera vivo aquí? Pues si venís con victoria, como entráis en Troya hoy sin triunfo? . Porque no soy amigo de vanagioria. Qué, a Macedonia llagastes Llegué. . Cuándo? Cuando pude. Y venciste? Hay quién lo dude? De qué suerte peltaste? De suerte, que a merecer llegué el renombre que oíste. A cuántos Reyes vencille? A cuantos iba a vencer. Aunque a tu ilustre opinión no hay quien haya competido, yo sé: . Qué? Que he excedido, Hector, en esta ocasión, y no quiero encarecerlo, que presto lo has de saber. Trollo, bien puede ser; pero no quiero creello. Yo sin confianza necia contra la Frigia partí, Yo también salí de aquí a pelear contra Grecia. La mitad Frigia acomoda rendida a mi potesad. Yo no rendí la mitad, pero la ha rendido toda. Mi valor siempre oportuno, soles mil hombres perdió. Menos he perdido yo, pues no he perdido ninguno. Cusándole horror a Apolo, porque te admires, y asombres, mate serecientos hombres por mi persona yo solo. Hazaña fue singular, pero no me cansa espantes, porque yo di muerte a tantos, que no los pude contar. Tres mil Frigios mi poder tras presos por varios modos. Yo les di la muerte a todos, y no tuve que traer. Siando mi hermano, imprudente conmigo está tu rigor. En tocándome al valor, no tengo ningún pariente. Bueno está Príncipa, infante, baste ya la competencia. Qué cordura, qué prudencia! Qué soberbio! qué arrogante! Dadle los pies, gran señor, a Pepin, que en esta guerra, siendo rayo de la tierra, norma ha sido del valor. Levanta: jamás de ti, que eras valiente he sabido. Confuso estoy, y corrido de que me tratas asiía con este acero, comata de Marte, los dos que vea, Trollo es un Caco, y es Hector un niño de tira. Cómo hechos tan famosos nunca han sido celebrados? Hay valientes desgraciados, como hay gallinas dichosos. Qué hiciste al fin? No lo sé, que tengo poca memeria, solo sé, que en la victuria la mayor parte alcancé, y a los Griegos más guerreros, este acero degolló, Hector ladrones mató, ros, ré nas mas yo Tu Caballeros matabas, y yo ladrones? . Pues no? si los degollaba yo, y tú los descuartizabas? Venid, y los regocijos de vuestra patria gozad. Feliz mil veces la edad, que goza tan nobles hijos. Justos aplausos reciba, vuestra fama eterna cante, viva Trollo el Infante, y el Príncipe Hector viva. Viva, viva.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUnda Déjame, que estoy mortal, no me aconsejes, Deidomia. Solo te advierto el peligro, porque te miro, señora, tan de parte de tu pena, que temo. Déjame sola. No sabes, que la tristeza con la soledad se dobla? Dej me mal haya el día en que el imperio de Flora me vio acosando las fieras, atrevida, y valerosa, ganar epinión de osada, para perderme a mi prepria. O pesia al vil pensamiento, al discurso, y la memoria, que de elle modo me ultrajan, que de esta suerte me postran! No soy yo Elena? No soy bella admiración de Europa? No fue mi padre el ilusire Tindaro Rey de Loconía? Enamorado Teseo, Rey de Atenas poderosa, no me robó de mipropia casa, resuelto, y amante? Y yo entonces valerosa no fui escello a sus halagos, a sus persuasiones ruegos, e invencible a sus lisonjas, halla que Castor y Poluj, mi hermanos, la afrentosa injuria vengando airados, libertaron mi persona, poblando el mar de bajeles, y las campañas de Tropas? Pues como yo siendo Reina de Esparta, y Lacedemonia, siendo prodigio de Grecia, siendo estampa de la Aurora, siendo desdén de Teseo, siendo invidia de las Diosas, siendo admiración de muchas, siendo emulación de todas, y siendo yo, que es lo más que puedo decir ahora; pues liendo lo más yo misma, todo le demás me sobra, a un villano: ah honor cobarde! pero es justo que ma corra de corfasar lo que siento, que hay en el mundo conjejas tan mal nacidas, que es más ignominia, y más deshonra, que sentirlas en el alma, cor fasar las por la boca. Ay amor! ay Alejandro. ay Pallor, dulce ponzoña de mi vida! ay Menelao esposo! ay celos y honra. y hay de todo lo que en mí no lo hay ya, pues vivo sorda a las voces de mi sangre, que lícitas quejas forma de un pensamiento afrentoso, humilde golfo, mar corta, donde el decoroaufraga, y la majestad zozobra! Pero qué he de hacer si muero de amor la tierra espantosa sufrir el fuego no puede; pues que tal vez si se enoja, o ya en incendios le exhala, o ya en volcanes le aborta, Viva yo muera mi fama; pero qué digo, estoy loca? viva mi fama y yo muera: Vas ya por entre las hojas del jardín miran mis ojos objecto que adoran. al b Se a. . A O. Bien las florecillas vistosas, para dar la bienvenida a tu Alteza, que es Aurora, desplegando otros colores, exhalan nuevas aromas. Cómo te va en el jardín? Bien porque aquí a todas horas me dan lecciones las flores, qu e el a En verdes catedras leen los jazmines, y las rosas las materias de armosara, donde cursa la memaria. Yo aprendo de ellas a amar, y ellas no de mí, pues todas no permanecen constantes, y mi amor constante adora. Tienes tu amor? . No le tengo, que me tiene a mí, y de forma que no sé si vivo, o muero. Y a quién amas? Cómo oiga vuestra Alteza, lo sabrá de las quejas amorosas que doy a las flores, pues las digo tal vez a todas; Aprended, flores de mí lo que va de ayer a hoy, que ayer matavilla fui, y hoy sombra mía no soy. Di, que gustaré de oírte, aunque extraño que se ponga un rústico a pretender subir de amor a la gloria. Amor es como la luz del Sol, que igualmente dora los suntuosos Palacios, y las desválidas chozas. Oh si como es el ingenio, fuera la nobleza heroica! Flores, que amando nacéis, y luego al amor faltáis, con la Aurora os levantáis, y con el Sol os ponéis: ya que mi amor firme veis, y que del Sol resisti la luz que me abrasa aquí, porque atrevido la ofendo, pues de vosotras aprendo, aprended flores de mí. Ayer viví sin amar, y hoy fallezco de un deseo; ayer fue mi amos trofío, y hoy es mi amor singular: ayer me atreví a mirar, y yo a quien vi amando estoy; al fin, fui ayer, y hoy no soy, pues fui ayer libre, y hoy preso, ved, flores en mi suceso lo que va de ayer a hoy. Aprended a ser constantes, flores, no os desaniméis, aunque imposibles halléis en los intentos amantes: pero mejor es que antes, escarmentéis, viendo en mí, que como el amor rendí la libertad adorada, soy hoy humo, sombra, y nada, y ayer maravilla fui. Pero flores, disculpad mi atrevido pensamiento, porque aunque es mi atrevimiento grande, es mayor su beldad: es su imposible piedad, cuando adorándola estoy, mi muerte buscando voy, pues de suerte el rosicier de su luz me dejó ayer, que hoy sombra mía no soy. No te entiendo. . Ese es mi mal; pues no entiendo lo que siento cuando de mi sentimiento me estoy sintiendo mortal. Quién a tu tosco sayal a amar Paris, ha enseñado? Tu hermesura. . Altivo, osado. Oye, que no te he ofendido, pues del jardín he aprendido el amor que he ponderado: y pues mandarme veniste al Jardín, y de él aquí a amar, señora, aprendí, tú de mi amor causa fuiste. A quien tener amor vista en el jardín . A la floras, a las aves superiores, y a las fuentes trasparentes, que flores, aves, y fuentes están tratando de amores. Qué piensas que son, señora, las dulces voces del ave, que canta diestra, y suave? no son salva de la Aurora, canta porque al uso adora con pretenciones galantes, que aún en aves ignorantes tanto el amor ha podido, que en ellas ha introducido darse músicas amantes. Qué piensas hacen las fuentes entre las plantas floridas, yendo de verlas corridas, llegando a verlas corrientes? lagrimar son transparentes, las que vierten al pasar, que como saben amar, sienten de amor el rigor, y quien siempre tiene amor, que sie Música, y llanto, señora, ofrecen aves, y fuentes, estas con dulces corrientes, y aquellas con voz sonora; yo lloro, y no canto ahora, y es porque para aumantar mi tristeza, y mi pesar, las Sirenas con enojos habitan en otros ojos, siendo los míos el mar. Mar son mis ojos, y tal, que mi amor, que a sí se excede, pasar sin puente no puede de su corriente el raudal: por eso en peligro igual, mis ojos, tristes despojos, son puentes de sus enojos, que si se ve atentamente la fábrica de una puente, solo consiste en los ojos. Calla, atrevido, que voy: Qué escucho? . Airada de oír (muerta pudiera decir) tus locuras. . Sin mí estoy. Si acaso ignora quien soy tu arrojado pensamiento, verás de mi sentimiento, en el rigor que prosigo, la venganza, y el castigo que doy a tu atrevimiento. Ay de mí! . Confuso veo el Cielo al suelo rendido. Es fábrica del sentido? es ilusión del deseo? mi esposa; mas no lo creo, la mano (qué deslealtad) a un villano (qué crueldad!) mas aunque en tales enojos digan la verdad los ojos, no he de crear la verdad. Qué es esto? . Que mi señora. Que yo al pasar. . Que la Reina. Tropecé. . Cayó. . Ay de mí! disimulemos, prudencia. Esposa, y señora mía, levantad, no hagáis ofensa a vuestra grandeza, pues el suelo es humilde esfera, y solio indecente, para al vergar vuestra belleza. Turbado, y mudo he quedado, Estoy confusa, estoy muerta. Desde que hallo a este villano, cazando en el monte Elena, la examino divertida, la reparo poco atenta. otra vez en este sitio hablando a solas, sospechas sed posible los he hallado, y como se manifiesta en él, aunque en tosco traje, valor, ingenio, y nobreza, temeroso (qué ignominia!) me acobarda (qué bajeza!) un recelo (qué disgusto!) un pensamiento (qué afrenta!) que le trajese a Palacio, afectuosa la Reina, me pidió si este disfraz oculta alguna cautela, y es más de lo que parece? si le tiene amor Elena? posible es, y es imposible. Alejandro muera, muera, pues que con sola su muerte se aseguran sus sospechas. Pensativo el Rey (ay Cielos!) el semblante manifiesta su cuidado, que los ojos son del sentimiento lenguas. Yo le haré quitar la vida. esta noche: no se riegan estas flores, Alejandro? Sí, gran señor. Mucho medran con el vicio aquellas plantas, Es muy fértil esta tierra, Dicen que se esteriliza cuando con sangre se riega, y es menester que con sangre la raguéis, porque no crazcan, Si hablará con intención? Sin vida estoy, ya se ausenta el Sol, ya su luz hermosa sepulta en tumbas de perlas: dadme licencia, señor. Vamos, venga vuestra Alteza, que yo quiero acompañarla, porque, al fin, estando cerca le daré a tiempo la mano, si acaso otra vez tropieza. Fuese: confuso he quedado, mil dudas me desalientan. Venur, aunque tu favores sean premio a mis finezas, poco con ellos me obligas, si tan tanto al alma le cuestan Ya baja la noche triste desplegando sombras negras, o por la ausencia de Febo, o por la ausencia de Eleva. Triste estoy, cobarde muero; pero qué digo, si apenas he visto en la Reina acción, o me engaño, que no sea en favor de mi esperanza? Válgame Dios! Si supuesta fue la caída? Si acaso cayó, porque yo subiera a la gloria de su blanca mano, de la nieve afrenta? pero necios pensamientos, no presumida se atreva vuestra vanidad no al Cielo aspiréis con tal soberbia, que, al fin, cairéis abrasados Ícaros de alas de cera. Gente siento en el jardín. 2. Aquesto, amigos, ordena el Rey, muera el Jardinero, que solo con la obediencia se responde a los preceptos de los Reyes, aunque sean injustos. . Qué escucho, Cielos? quiero de estas árboledas valerme, que el Rey envía a matarme, sed defensa de mi vida, verdes plantas. Muerta vengo, porque apenas el Rey se aparto de mí, cuando a toda diligencia llamó algunos de su guarda, y les mandó, que vinieran a dar la muerte a Alejandro, o a darle la muerte a Elena. Escondida lo escuché, y vengo a darle resuelta aviso de la traición, y armas para la defensa: no parece en el jardín Alejandro. . Voces sueñan, 2. Allí una mujer descubro. 3. Será dama de la Reina. Alejandro. . Es arriesgar la vida darle respuesta, cuando estoy sin armas; pero como un temor amedrenta mi valor? Quiero salir a la muerte que me espera, porque parecer cobarde es muerte de más afrenta. Quién llama? Yo. Quién eres? Quién darte vida desea, toma esta espada, y advierte, que el Rey darte muerte intenta, procura librar tu vida, vete luego de esta tierra, y adiós. . No sabré a quien debe la vida. . Sí. A quién? A Elena. Oh amor, y tus desengaños, a que mal tiempo que llegan! 1. La mujer le habió, y se fue. 2. Lleguemos, pues solo queda. 3. No entendí lo que le dijo. Dos bultos a mí se acercan. 1. Es el Jardinero? . Sí. 2. Pues muera. . Oh traidores! 3. Muera. Si es forzoso el ausentarme, qué más muerte que la ausencia? No he visto igual condición a la tuya. . Calla, necio. Con que desaire, y desprecio tratas de amor la pasión. Yo había. Pepin, de esperar, que a Flora le diera gana de ponerse a la ventana. para mirarla al pasar? Yo había de andar rodando, después que el Sol hace ausencia, arriesgada mi pacencia, toda la noche esperando? Yo sufrir, que mel indrosa se llegara a resistir? yo le había de escribir, estudiando nueva prosa? Y cuando en su casa entrara, después de tanto desvelo, había de ser con recelo, que su padre despertara? Y no llegando a alcanzar el fin que amor deseo, suspirara: tengo yo cara para suspirar? Extraño estás. . No lo niego, Mas no acabo de entender, como en viendo una mujer, te enamoras de ella luego, que con lo que has dicho ahora no cosresponde en rigor. A ninguna tiene amor el que a todas enamora: solo a Andromaca, que es bella, a lisonjearla vengo, y eso es, Pepin porque tengo siete, o ocho hijos en ella. De tu sequedad retrato es un Troyano mi amigo. De qué suerte? . Ya lo digo. Es casado, y es ingrato a termezas de su esposa, ella se muere por él, y él corresponde cruel a su afición amorosa. Enojose cierto día, y apartaron cama, y mesa, ella con pena, y tristeza tanto su ausencia sentía, que a un niño suyo industrió, en que le desenojara cuando por la puerta entrara, y apenas el padre entró, cuando a señas de la madre, el chiquillo que lo ve, le dijo: Padre, por qué no se acuesta con mi madre? Él el mudo labio sella sin responder, ni sentir, y el diño volvió a decir: quiere acosarse con ella? Díjolo tercera vez, y cuarta, y no respondió, y la mujer que advirtió su extraneza, y esquivez, le dijo con pecho blando: Hombre de condición dura, respondedle a esa criatura, que se está desgañotando. Y al fin, que le sucedió? Díjole, que se acostara, pero que no le tocara, a cuyo efecto buscó! una tabla, y la ponian en la cama levantada entre una, y otra almohada, y de esta suerte dormían. La mujer, que tolerar no pudo el apartamiento de la tabla, en tal tormento, oyéndole suspirar una noche, dijo: Esposo, aunque ingrato a mi amor se Dios le de lo que él dijo un poco escabroso, como quien sin gana habla: lo decís de verás Sí, dijo ella; y él: así, pues quita la rabia. Aún es condición más fiera la mía, que es tal pesar no la mandara quitar, sino con ella le diera. Troilo a verte ha venido. Príncipe guárdete el Cielo. Qué hay de nuevo? Que el desvelo de nuestro padre ha tenido feliz logro, pues al fin, hizo a Júpiter propicio un solemne sacrificio, y ya la vez del clarín llama para la carrera; los dos hemos de correr juntos? . Cómo puede ser? Camo la Ciudad lo espera, y el Rey lo ha dispuesto así. Terrible, señor, estar. En cuanto a correr, jamás de buena gana corrí. Observaran las memorias de olvido contra la ley las fiestas que ahora el Rey hace por vuestras victorias, que el Cielo feliz aumente. Un rucio, hermano, te espera, que es un rayo en la carrera, aunque a la ley obediente del freno, por singular el rucio han aderezado. Ello hará rucio rodado, porque lo hará rodar: que es su fuerza de manera, que como quiera apretarlo reventar hace un caballo en medio de la carrera. No he visto igual condición; siempre airado, y desabrido tiene el semblante, vestido de enojo y de indignación, Y después de la carrera, qué más fiesa han publicado? Una lucha han pregonado, a donde pueda cualquiera, noble plebeyn o enemigo luchar. . Feslejo importuno? e ha ime, ha o que quiera luchar conmigo? Qué soberbia! No querrá nadia probar tu rigor, sabiendo, que tu valor asombro a los hombres da, Ya nos vuelven a avisar. Vamos, que el Rey no espera. Quién pudiera en la carrera al Sol de Flora alcanzanzar. No me espanto, Laumonte, que el rústico Horizonte hayas por hoy dejado, pues las fiellas de Troya ha convocado. de sus silvestres tierra; cuanto villano es parto de estas tierras. Mayor cuidado ha sido, Archelao, el que a Troya me ha traído, que ya mi edad cansada está de esos festejos jubilada; una perdida (ay Cielos!) es ocasión, señor, de mis desvelos. Befiere tus enojos. Pregunta por mis penas a mis ojos; es prolego el disgusto de la muerte. Qué tienes? mira advierte. Veinte años ha, señor, que me entregaste una tarde, que acaso me encontraste en mi montaña, un niño, un reciente jazmín, cándido armiño. Ya lo sé, que en efecto fie de tu piedad tan gran secreto, y después he sabido, que el Oráculo ha sido de todos los Serranos, juzgando con discursos soberanos sus competencias pobres en esa peblación de adustos robles; di al fin, lo que ha pasado. Qué es esto? La carrera han empezado. Criele como a mi hijo, no sin razón me aflijo sin él, pues al fin tanto le quería, que idolo de mi afecto parecía, que de la educición amor empieza con la naturaleza a competir, que el hijo es más querido, porque ha sido criado, que nacido. Notable es mi cuidado. Paris señor, del monte se ha ausentado aunque mi diligencia no ha perdonado en esta triste ausencia cuidado, ni desvelo, le ocupa el miedo, o me lo esconde el Cie No me pudiera causar mayor disgusto su muerte, que su ausencia, estoy de suerte, que es imposible explicar su muerte mi sentimiento. No le di alguna ocasión, porque su resolución nació de su pensamiento. Descubrístele el suceso de su vida? . Triste un día, lleno de melancolía, me persuadió con exceso a que le dijese yo si era mi hijo, y en tal caso, mi pecho leal, algo le desengañó. Díjele, que le hallé un día recienenado en ese monte escondido, y en mi Aldea le crié, que así le quise negar el decir que me le diste, porque el persativo, y triste no le viniese a informar, y peligrara el secreto. El entoncer retirado, le dio aliento a su cuidado, y ocasión a su respeto y así vivió algunos días, y habrá dos meses, señor, que de su ausencia el dolor causa las tristezas mías. Qué se ausento? caso extraño! cuando de un yerro no nacen muchos? qué de dañor se hacen para reparar un daño. Laumonte, mi pena es mucha. No es menor la mía. . Espera, que se acabó la carrera; y ya a celeblar la lucha vienen, después hablaremos, que aquí es forzoso aguardar al Rey, y en tanto pesar el remedio elegiremos. En el Templo soberano de Júpiter detenido, llegué, cuando habían corrido el Príncipe con su hermano. Holgáreme de saber cual de los dosm y accio tiene al premio, relación Hector me puede hacer de Troilo, y al Infante después de Hector la hará, Trollo hablar podrá, que no tiene semejante. Ya que licencia me diste, y el obedecer es ley, quiero referirle al Rey, como el premio mereciste, que con justicia te da la voz común, y porque más atento el Rey esté, tengo de hablarla fina. Sobre un rucio, cuyo pelo el Sol coronó de oro, todo un incendio en el pecho, y en los dientes todo un golfo. Grueso en tercios, clín en rizos, al pie justo, el cuello corto, fuerte el pecho, vivo el brío, y colérico el enojo: que si bien ejecuciones permitió del hierro tosco, dio indicios en el furor del ceño, el rigor, y el odio. Hector, el Príncipe ilustre, an vencible como él solo, fue, si suspensión de muchos, común festejo de todos. Solto el cortó ferreruelo, pandiente solo de un hombro, al cuerpo sin movimiento, y fijos en él los ojos. Justo el mudlo, el pie frecuente, y en el estribo oficioso, el bruto veloz oprime, y diestro, fuerte, y heroico, el hierro que ciñe el pie, de purpúreo tiño el oro. Viéndose el córcel herido con dos intentos de un modo, pues un hierro el diente oprime, humor escupiendo rojo, y el otro hierro la rompe el vientre en círculo roto, por ser innmóbil el uno, y por ser veloz el otro, en lo ligero fue viento, y en lo obediente un escollo. Corrimos los dos, y Hector quiso vencer presuroso, y no me excedió en correr, porque me corrí de modo, que de conocer su intento, quedó corrido mi enojo. Después que se ocupó el puesto, el Príncipe corrió solo, pero en medio del violento curso le oprimió de modo, ciñéndole con los muslos, que le suspendió el furioso bruto, y el freno mordiendo perdió el espíritu todo, despidiéndole en un punto, por su esfuerzo siempre heroico el cuello en humo encendido, el pecho en quejidos roncos, los pies en impulso débil, y en ferviente humor los ojos. Subió luego en un morcillo, cuyo color prodigioso es hijo de su furor, pues olló encendido ocioso fuego, de suerte, que el humo el pelo curtio de modo, que del humo de sus pies se tiñó de negro él propio. Corrió de nuevo, y gozó en el concurso de todos los prevenidos cortejos, y merecidos elogios. Con justa causa te da Troya aplausos de entendido. Tu pintura ha referido, sin decir en ella una a. obligado estás, señor, al afecto de Trollo, refiere en su mismo estilo al Rey, su esfuerzo, y valor, que podrá formar querella: sin a le debas pintar. Como sin a la he de hablar, sin aún no sabré hablar con ella? Hector, desagradecido eres en no responder. Nunca suelo agradecer lo que tengo merecido. En la carrera esta tarde, si ha andado airoroso, me di, Trollo tu hermano. . Sí, bien ha andado, Dios lo guarde. No dices más cuando él afectuoso pondera tu destreza en la carrera? Siempre conmigo es cruel. Mas ingenioso, señor, es Hector, que fue Trollo, porque él reservo en su estilo una letra con primor: mas si el discurso acomodas, verás que es más singular Hector, pues que con callar las ha reservado todas. A ver las fiestas de Troya, que su Rey Priamo hace, celebrando los triunfos del Príncipe, y del Infante, he llegado fugitivo de orecia, estera de un Ángel, a cuya piedad la vida debo, obligado, y amante. Quiero hallarme a la lucha pues no se reserva a nadie de los nobles, y plebeyos. Yo alcance entre mis zagales aplausos de luchador: y hoy tengo de acreditarles, por divertir de esta suerte de la ausencia los pesares. Dese principio a la lucha. Señor. . Qué dices? . qué Paris es aquel. . Válgame el Cielo. como en su rostro, y su talle le manifiesta, y descubre la nobleza de su sangre. A qué aguardo, que no llego? mil abrazos he de darle. Detente, Laumonte, y calla, hasta que la lucha acaben. 1. Yo he de salir el primero a luchar. 2. Y yo he de darle, venciendo, asunto a la fama. Son los dos hijos de Marte. Viva Antenor, viva, viva. 2. Corrido voy. 1. Si el Infante quiere honrarme con luchar conmigo, aquí espero. . Baste, yo saldré, y te pesará, atrevido, de llamarme. Viva Troilo. 1. Venciome su respecto qué notable fortaleza. Ea, Troyanos, hay quien se atreva a sacarme de la Pasestra? . Yo. . Llega. Y perdona, Infante, el traje rústico. . El valor, a veces suele vivir con disfraces. Viva el villano. . Qué es esto? tú, atrevido; tú, cobarde, me has vencido? no lo creo: en iras el pecho arde: vuelve, villano, a luchar. Rendirele, aunque mate. Matadle. . Eso no, señor, que no es el valor culpable: yo quiero luchar con él, porque Trollo descanse: quién eres hombre, o demonio? Si descubriré quien es, que Hector la muerte ha de darle. No sé quien soy, porque soy el que menos de si sabe. Hombre, sabes lo que has hecho? sabes, di, que contrastaste el esfuerzo de Trollo, que es tan valiente el Infante, que es poco menos que yo? Qué deidad divina traes en tu defensa? . Ninguna: solo el valor de mi sangre es la Deidad que me anima a aspirar a empresias grandes. Llega a mis brazos. . Ya Llego, qué soberbio! qué arrogante! Viva el Príncipe Hector, viva. Oh pesar de mi coraje! Ya estás vencido, y ahora la muerte tengo de darte, porque no se diga en Troya: este es quien venció al Infante. Detente, Príncipe, aguarda, espera, señor, no mates a tu hermano. . Qué es aquesto? No viertas en él tu sangre. Este es mi hermano? . Mi hijo es este? . Sí: escucha, y dame la muerte. . Luego lo dije, aunque desmintiendo el traje, porque Heroe tan valiente fuerza era tener mi sangre. Ya te acuerdas, gran señor, que en secreto me mandaste darle muerte en la montaña a un hijo tuyo. . No pases adelante: es este? . Este es, que yo sin fiar de nadie el secreto, compasivo, y lastimado de un Ángel, no quise darle la muerte, y llevándole una tarde a la sierra, le entregué, mandándole le criase a un Labrador mi vasallo: manda, gran señor, matarme. Válgame el Cielo! a mis brazos llega: suceso notable! Absorto estoy, y confuso: deja, que tus plantas Reales bese. . Infante, alzad del suelo. No en balde, Cielos, no en balde mis altivos pensamientos se encubraban arrogantes. Cómo es tu nombre? . Alejandro fue primero; mas ya es Paris: dadme, Príncipe, la mano. Los brazos dirás, Infante, por mi hermano, y por valiente. Vos, Trollo, perdonadme. Dadme la mano, y los brazos. Por qué, di, señor, mandaste dar la muerte a nuestro hermano? La causa os diré, escuchadme. De las Provincias de Italia Dardano a la Frigia vino, primer fundador de Troya, y de la Europa prodiga Fundo al fin esa Ciudad, cuyos altos obeliscos, pirámides, y murallas son atalaya, y registro de cuanto bajel veloz peina los cabellos rizos del mar, que bladiendo espumas repite roncos gemidos. Por muerte de Laudemón, nieto suyo, y Padre mío, heredé el Reino de Troya, que me obedece propicio. Casé con Écuba, hermosa sujeción de mi albedrío, y objecto de mis deseos, siendo, Hector, el prodigio primero que salió a ser admiración de los siglos. Una oscura noche, cuando de luto estaba vestido el hemisferio por muerte del Sol, que el mar cristalino sepulto en tumbas de nacar, escondió en montes de vidro; después que trenzó la noche negras armas contra el brío del arrebol, que aún difunto luchar con sus sombras quiso: a tiempo que está la tierra sin color, sin su luz fino el Cielo, mudas las aves, los hombres sin albedrío, las fieras sin su crueldad, la hermosura sin aliño, muy ambicioso el silencio, y el cuidado muy remiso; Ecuba mi esposa entonces, que estaba en cinta, gemidos descompuestos repitiendo, atropellando el designio de la autoridad Real, sin cordura, y sin aviso, despertó de un sueño horrible: pero yo, a quien en prolijo letargo, en el Regio lecho, aprisiono los sentidos, interri impiene me informé, de su motivo Ella repitió turbada un sueño, que fue principio de estos sucesos, con que la duda me satisfizo. Soño al fin, que en sus entrañas tenía engendrado un prodigio, una llama, cuyo incendio era muerte, y precipicio de su Reino, una centella en cuyos lucientes giros se vería la ruina de Troya, y del Reino Frigio; una luz, destrozo ardiente, donde entre mortales visos era el Reino mariposa; un rayo que vengativo era muerte de más vidas que en ese esférico libro hay ojos, si astros lo son, o ya errantes, o ya fijos. Entonces mi confusión providente al baticinio, al daño que temió cierto, el remedio le previno. Llegose el tiempo del parto, y dando un hermoso niño la Reina al mundo, mandé que cruel conmigo mismo, Archelao le llevara, y que en un monte escondido, dándole muerte, a la culpa anticipara el castigo: qué crueldad! quien dar vio nunca la pena antes del delito? Pero a precio de mi sangre quise comprar el peligro del Reino, y como no valen contra decretos divinos las prevenciones humanas, Archelao le dejo vivo. Este es Paris vuestro hermano, este es el que he referido, que como a mi sangre quiero, y como a mi hijo estimo. Qué maravilla! . Qué asombro! Qué novedad! . Qué prodigio! Festejosa la Ciudad, renueva los regocijo Entra, y verás a la Reina tu madre. . Estoy sin sentido. El gozo, sin mí me tiene, Fuera, Pepin, un prodigio luchando, si no viniera este Infante advenedizo.

JORNADA TERCERA

jornada tercera Príncipe ilustre, Infante cuya fama se divulga en los términos del mundo: nobles vasallos, que la invida aclama vuestro raro valor por sin segundo, escuchad la ocasión para que os llama el honroso desvelo en que me fundo, sabréis porque esos montes son vergeles, poblados de veligeros bajeles. Hércules, y Jasón, que naufragantes, a la Isla del Tenedo aportaron, de donde las injurias ignorantes del cruel Laudemón los arrojaron, vengarse propusieron arrogantes, y a los Reyes de Crecia convocaron, que tarde; o nunca queda satisfecho sin venganza el agravio a un noble pecho, Ya se, señor, que con valiente armada vinieron contra Troya poderosos, y aunque le registro tu gente airada, asaltaron sus muros sumptuosos: y al fin de su valor Troya olvidada, permirió que triunfando victoriosos, a la Ciudad crueles destruyeran, que a vivir yo en el mundo no lo hicieran. Ya es notorio, señor, que con impía ferocidad pasaron a cuchillo cuantos Troyanos la Ciudad tenía en la Torres, murallas, y castillos, que a Ansiona tu hermana, y nuestra tía la robaron (me afrento de decillo) pues tanto la fortuna la desprecia, que hoy es de Telamón esclava en Grecia. Ya se sabe, señor, que estando ausente tu valor, en las guerras ocupado, que en los confines de la Frigia ardiente tan costoso desvelo a Troya han dado, llegó la armada Griega diligente con Jasón, y con Hércules osado, dando en el primer ímpetu violento, horror al Sol, y confusión al viento. Pues esa injuria que al honor lastima, ese pesar que a la venganza alienta, esa pena immortal, que al alma anima, y al fin aquese agravio, y esa afrenta solícito vengar, a Grecia oprima nuestro poder, tomad por vuestra cuenta a la Infanta librad de cautiverio, dando blasones al Troyano Imperio: que si bien Hector envistio al valiente Reino de Macedonia, y esforzado de mil despojos corono su frente, dejando a Macedón acorbardado, segunda destruición es bien que intente, que el Imperio de Crecia es dilatado, y aunque sea el enemigo valeroso, no de una vez se vence al poderoso. Quinientas velas son las que os aguardan, cien mil Infantes tengo prevenidos, que de tu invicto aliento se acobardan los Griegos, de sus armas abatidos, ya a la venganza nuestras armas tardan, pues las subas nos tienen ofendidos, no suspendáis, ni dilatéis la guerra, sed vivos rayos, que abraséis su tierra. Padre, y señor, no ultrajes de esta suerte, nuestro valor, con menos prevenciones partiremos a Grecia a obedecerte, y a librar nuestra sangre de prisiones: seré de Grecia intempestiva muerte, tremolaré en sus muros sus pendones. es En vuestro esfuerzo; que he de ver confío, bien satisfecho vuestro honor, y el mío. Permita vuestra edad, Hestor valiente, que sea General de aquesta empresa Paris, para que así su fama augmente. Ya por mi dueño el alma le confiesa. Mucho estimo ese honor. Es bien que intente daros a conocer, la causa es esa. Agradecido de favores tales, beso, padre, y señor, tus plantas Reales. Pues sueñe el ronco parche armonioso. Vista el clarín de músicas el viento. De nuestra saña tiembla el más furioso Tranquilo nos reciba su elemento. Embarquese el ejército copioso. Llore Grecia su fin fiero, y sangriento. Troya en la fama aplausos mil reciba. Repetid: Grecia muera, y Troya viva. Viva, viva, Señor. Qué quieres? Escucha dos docenas de palabras. No estoy para oír tus locuras. No sabré que razón haya para que por ti se mueran todas las damas Troyanas? Qué dicha es esta que tienes en amor? No encuentro dama, que por ti no esté perdida; pues, señor, cara por cara mucho mejor es la mía. Acaba, déjame. . Aún falta un suceso, que me tiene muy mohíno. . Pues acaba, di lo que quisieres. . Digo, que los hombres, cosa es clara, que aunque sean desalmados, aa no dejan de tener alma, y con alma no hay ninguno, que deje de amar, y es tanta esta verdad, que se yo vieja, que está enamorada de un capón, siendo en el juego de amor monedas no usadas, la vieja, porque ha pasado, y el capón; porque no pasa. Al fin, yo me enamore por mi dicha, o mi desgracia; pero qué han de hacer los gallos, cuando los capones cantan? Enamoreme (ay de mí!) que cuando un hombre con barbas confiesa su amor a voces, o es que se le arranca el alma, o se le endemonia el cuerpo. Es objecto de más ansias una mujer pelinegra, y calva, pequeña, y alta, blanca, y un poco trigüeña, jarifa, delgada, y ancha, es macilenta, y bermeja, triste, alegre, gorda, y flaca. Bien digo yo que estás loco, pues no atas, ni desatas, debiendo estar muy atado: no adviertes en tu ignorancia, que implican contradicción esas pattes de tu dama? Voto a Júpiter, que yo sustentare aquí, y en Francia, y en la casa de un Poeta, que esta es la mayor hazaña, pues no se sustenta en ella, que no mienten mis palabras. Pues dime, como es posible lo que has dicho? Espera, aguarda, yo me explicaré: es trigüeña, pero aféitase la cara; en la calva pone un moño pelinegro; que la tapa; es delgada, y con setenta polleras se pone ancha; es corta, y alta, porque trae los chapines de avara; es triste si no le dan, y alegre si la regalan. Saca tú la consecuencia, verás; que es trigüeña, blanca, anchas calva, pelinegra, triste, alegre, corta, y alta. A esta, pues, dama he servido con un amor de diez varas de ancho, ya por las esquinas, ya, señor, por las ventanas, tanto, que hubo noche que di, juzgando me escuchara, mil y treinta y dos suspiros; pero no me oyo palabra. Un día, pues, me llamó. una dueña de su casa, y así que vide su lienzo pronostique mi mortaja. Llegué a la puerta, y entrome con unas caricias falsas, y apenas cerro la puerta, cuando de una oscurasa salió un ejército armado de picas, y de alabardas. Cercándome me mandaron, que al punto me desnudara, como no pudo ser menos me desnudé de mi dama más enamorado, porque amor sin vestidos anda. Atáronme de una soga, y con cólera endiablada me entraron en un profundo pozo hasta llegar al agua. Tuviéronme aquí dos días, aprendiendo para rana, y apagué el gozo en el pozo, que era fuerza se apagara; porque si el amor es carne, pescado me hizo en el agua. Sacáronme después de esto, y la dueña remilgada me dijo: Ven acá, hijo, éntrese en aquesta sala, y vistase; obedecila: ea, váyase noramala, me dijo, y de aquí adelante no hagas señas a esta casa, y advierta, que es quien la habita del Infante Paris dama. Aunque fuera del Infante nones, le dije, no haya miedo, que vuelva a ser cubo de su pozo: es muy honrada me advirtió, y aunque al Infante le ha entregado toda el alma, es a fin de ser su esposa. Pero él tiene tan ingrata condición, que la desprecia; yo le dije; muy bien anda en despreciarla, porque si aquesa señora trata como a mí a los que la quieren, el demonio puede amarla. Víneme al fin discurriendo el modo de mi venganza, y no hallo otro, señor, pues ella te ha dado el alma, atarte. . Borracho si no má estás. . Eso no, repara, que no puede estar borracho quien ha bebido tanta agua. Qué es esto? . Locuras de este simples hermano, estoy sin alma. Pues mi voluntad conoces, mira, Infante, que la agravias con el silencio, las penas se templan comunicadas. Tengo un gustoso pesar, una pena idolatrada, un dolor aperecido, y una dudosa esperanza. Y al fin tengo amor, Trollo, y está tan ausente el alma, que una Griega, a quien veneran Lacedemonia, y Esparta por universal señora, es el objecto a quien aman mis potencias, y el empeño presente postra, y desmaya los alientos del deseo, las alas de la esperanza. La pasión te tiene ciego, pues no adviertes, no reparas, que deben anteponerse en las empresas más arduas los empeños del honor a las pasiones del alma? olvida tu amor. No puedo. De esa manera te apartas? Si es la memoria, Trollo, una potencia del alma, decir que me aparte de ella, es decir, que muera, clara es la ilación, pues no hay vida en quien del alma se aparta. Armas, y amor son contrarios. Antes no hay amor sin armas. Pues qué intentas? . No lo sé. Qué procuras? . Ir a Esparta. A qué? . A matar a su esposo. Esa es fineza? . Es venganza. Por qué? . Quiso darme muerte. Y la guerra? . Y la del alma? Y el orden del Rey. . No in Aquella señal nos llama a embarcar, no el amor, Paris, borre las glorias Troyanas, sea el amor lo de menos, donde es lo de más la fama. . Elena, si he perderte. plegue al Cielo antes que parta, que ese portátil castillo, ese hipogrifo de tablas, chocando en sirtes, y escollos, las espumosas escamas del mar de espojos anuble: que un huracan desatadas de su cólera las iras, mancomunando las aguas, sorba el bajel infeliz, y apague la ardiente llama, que la voluntad enciende. y que el corazón abrasa. Pero no será posible, aunque me ahogue apagarla, que para el fuego que siento es poca del mar el agua. Ya vuelven a hacer señal los clarines, y las cajas; a Dios Troya, que no pienso volver a ver tus murallas, si por premio de esta empresa no traigo a Elena robada. Pero que volante nube despliega lazos de nacar? Detente. . Venus divina. Qué recelos te acobardan? Los de mi advesa fortuna. En vano, Paris, desmayas. Tendrá remedio mi pena? Lográrase tu esperanza. Quién, señora, lo asegura? Mi poder, y mi palabra. Que al fin mereceré a Elena? Cómo procures hallarla. Dónde está el dueño que adoro? En una Isla de Esparta. Cómo se llama esa Isla? La Cith se ll a Y está Elena en ell 2. Sí, en ella Elena te aguarda. Y qué es lo que me aconsejas? Que la robes, y la traigas. Feliz seré si me ayudas. Siempre mi poder te ampara. Pues adiós, Venus divina. Fortuna contigo vaya. Mil veces dichoso el día en que de aquella manzana hice dueño tu belleza para alivio de mis ansias, Pensamiento que atrevido, dando victoria al amor, atropellas un honor, tan noblemente nacido: que no me dejes te pido, porque te alejas de suerte, que temo que he de perderte, y no te quiero perder, porque al fin te he menester para que me des la muerte. Mas si la muerte pudiera darle remedio a mi mal, ya de esta pena immortal el alma libre estuviera: pues muerta estoy de manera, que tan infeliz nací, que aún muerta peno, y así la muerte que por mil modos es remedio para todos, es desdicha para mí. Montes, pues ecos tenéis, responded a mi dolor, tendrá remedio mi amor? cómo no me respondéis? quien calla otorga diréis, enternezcaos mi pesar, que aunque veis mi pecho amar, fue un tiempo de bronce hecho, y pues se ablando mi pecho, bien os podéis ablandar. El alma confusa está esperando aquella ausencia, temple la ciega violencia de este incendio. . No podrá. Pues voz, de piedad ajena, porqué de ausencia el poder no podrá mi amor vencer? quién lo estorbará? . Tu pena. Resistirá a mi valor la pena en que me perdí, que ya solamente en mí ha de vivir siempre. . Amor. Honor escudo ha de ser de amor al fuego invencible, y así ha de ser imposible amor. . Dejar de vencer. No se ha de mirar vencida mi generosa opinión, seré de Grecia blasón, aunque me cueste. . La vida. La vida, pues se apercibe contra quien mi fama altere, que honor es luz, que no muere, y amor es llama. . Qué vive. Vive en un alma rendida, que es de sus flechas despojo, mas yo de su justo enojo, me he de ver. . Mal defendida Será tu presagio vano, que es mucha mi fortaleza, y amor contra la nobleza es piadoso. . Y es tirano. Aunque lo sea mi honor contrastado no ha de ver. Vive el Cielo, que vencer no ha de poder. . Tu valor. Cómo estás tan divertida, cuando en la Isla, y el Templo tantos júbilos contemplo? Ay, Deidomia, estoy perdida de una voz que aquí escuché. Pues yo fui quien canto ahora. Qué letras? . Escucha, señora, y verás lo que cante. No podrá tu pena, amor, dejar de vencer la vida, que vive mal o en as y es tirano tu valor, Pues ya sabes mi pasión, pues no ignoras mi tormento. Tu esposo viene. . El aliento perdió la imaginación. Elena, esposa. . Señor. Cómo estas tan retirada en la Isla celebrada de la madre del amor? Mi necia melancolía dejarme jamás intenta, que ha tomado por su cuenta darme muerte noche, y día. En el Templo festejosos, los Griegos están, señora, a donde verás ahora regocijos ingeniosos. Venus es la Diosa a quien sacrificándole están, entra en el Templo, y verán que tiene Venus también quien la compita en belleza. Quiero obedecer, y entrar, aunque pudiera excus ar esta ocasión mi tri a. , l o En la Isla de Citherea, donde Venus tiene el Templo, vino a adorar, festejosa una Venus a otra Venus. Divina madre de amor, Encanto del albedrío. Clara luz del amor mío. Timbre heroico del valor. Haced que el bien por quie muero. Haced que la luz que animo. Me estime como la estimo. Me quiera como le quiero. Viva Elena, viva Elena, bello asombro de los Griegos, hermosa aljaba de amor, viva Elena, viva Venus. Viva Troya, Grecia muera. Qué escuché! . Ay de mí! qué es est Quién mi dicha ha descompuesto? Al arma. Detente, espera, Tú me detienes, oyendo las voces, cuyo rigor publican mi deshonor? de tus intentos me ofendo. Qué aguardas, señor, que el mar poblado está de bajeles, que los Tróyanos crueles quieren a Crecia arruinar? Ya desembarcan, jurando destruir a sangre, y fuego a todo el Imperio Griego, en la Isla van saltando. Resistir tu gente intenta su valeroso poder, pero no podrá vencer, porque es su furia violenta. Tu defensa se aperciba, y no en tan adversa suerte quieras, gran señor, perderte. Grecia muera, Troya viva. . Qué he de hacer, Venus divina? válgame aquí tu favor. Muerta me tiene el temor. Ampararte determina, del Templo, mandar cerrar las puertas que de esa suerte solo podrás defenderte mientras da el tiempo lugar de ver lo que hemos de hacer. Oh aleves, viles Troyanos! Uno han cogido a las manos, y a tu presencia traer intentan. . Oh raro ejemplo de desdicha, y crueldad! Todos en el Templo entrad, sirvanos de muro el Templo. No quede ningún Soldado, cerrad. . Júpiter eterno valednos. En el infierno no hay hombre más desgraciado. do, se Este Solda al desembarcar prendimos, descuidado le cogimos. Esa advertencia es error, porque soy tan gran Soldado, que no hay, quien se iguale a yo, cogiéranme ellos, sino me cogieran descuidado? Quién eres? Rayo en la guerra soy, que mientras he vivido desgraciado en agua he sido, pero ya lo soy en tierra. Dime de Troya el intento, o al punto te arrojaré de una torre. . Así seré también desgraciado en viento. No respondes? . Poco a poco; que para todo hay lugar. Qué desdicha? qué pesar! Estoy confuso, estoy loco: a qué viene aquesta armada? Fácil está de entender, a darle a Grecia que hacer, que dicen que esta parada. Quién viene por General? Un Infante enamorado, y a hembras tan inclinado, que si entra en el Templo, es tal que a todas hará el regalo, aunque las falte hermosura: la Diosa no está segura, con ser la Diosa de palo. Mal con el amor así habrá de Marte el renombre, que tanto amor tiene? . Es hombre, que me ha requebrado a mí. Cómo si va contra Grecia supo que estaba aquí yo? quién tal noticia le dio? Esa es pregunta muy necia. Pues estando despoblada esta Isla vino aquí? Aquí no hay mujeres? . Sí. Pues no me preguntes nada, que es tan único en oler, que como le importe algo, por el rastro como galgo, saca cualquiera mujer. No sé, esposo, como explique mi pena, y mi sentimiento, que ignoro como el tormento de mi vida signifique. Dime, a quien se le rindiere, juzgas tú que le dará la muerte? . En aqueso hará. Qué? . Lo que le pareciere. Dadme, gran señor, licencia, para que le vaya a hablar, será posible templar su rigor con mi presencia. Por un postigo del Templo ese Troyano saldrá, y seguro pedirá. Ya mi perdición contemplo. Temores acobardados no deslustréis mi altivez. En la Isla de esta vez se quedan todos aislados. No puedo ponderar lo que he sentido, que con tanto poder hayas querido aportar a esta Isla despoblada, que solo en este tiempo está ocupada de Griegos peregrinos, que de aquesta región circunvecinos la devoción publican de Venus, a quien todos sacrifican. Ya lo advertido Paris, no lo ignora, y solo resta ahora ver lo que hemos de hacer, porque la gente se ampara de este Templo, que eminete, al mismo Cielo sube, coronándose de una, y otra nube. Descubrirle mi intento no he querido, pero ya es fuerza ya sabéis que he sido en todas las marciales ocasiones espanto universal de las Naciones, y sé que en este empeño corta victoria es, triunfo pequeño, asolar esta Isla, y si he venido, en viendo la ocasión, sabréis que ha sido motivo diferente del que juzgo vuestra opinión valiente, Un postigo han abierto del Templo. . Pepin sale Algún concierto pretende, pero en vano. Gracias te doy, Apolo soberano, que de mi dicha conciertas. pues al fin me has sacado de entre puertas. Di lo que ha sucedido. Los Griegos de este Teplo se han valido? donde está Menelao con su esposa. Y Rey de Esparta? Sí. . Ocasión dichosa. Ya la nuestra será facción lucida, Venus, que no ha sido acaso mi venida. Elena al fin más bella que el Sol, virtiendo de una, y otra estrella, aljófar a la púrpura del labio, temiendo el nuevo agravio, por hablarte porfía, por seguro me envía, mas tanta es su hermosura, que con seguro no estará segura. Llévale mi bastón, Pepin, por prenda de que se volverá sin que la ofenda. Ya vuelvo diligente; esto es darla de palos propriamente. Si yo General fuera, luego al Templo pusiera fuego, a Elena no hablara, y las vidas a todos les quitara. Ay amor! ay Elena dueño mío. Ya Elena sale. . Qué beldad! Qué brío! Valientes Héroes Troyanos, Capitanes victoriosos, celebres por las hazañas, por las victorias herorcos, Cuyos soberbios bajeles sobre los ceruleos hombros del mar os ha conducido a ser de Grecia destrozo. Por qué blasonáis de ilustres, cuando ultrajáis de este modo vuestro valor soberano, por aplausos ambiciosos? es hazaña en los rendidos manchar los alfanjes corbos, dando muarte a quien la vida vertiendo esta por los ojos? Abrid los vuestros, Trovanos, que es afrenta, y es desdoro de vuestra fama, el honor no ha de atropellarle el odio. Si con las armas venís a buscar triunfos heroscos, Reinos tiene Grecia, y Reyes en quien vengar los enojos. Ea, General Ilustre, perdona triunfo tan corto, que no sabe ser valiente quien no sabe ser piadoso; una mujer te lo ruega con la voz, y con los ojos, rendida a tus nobles plantas. Mas: Cielos, qué miro! . Absorto se ha quedado mi discurso. No es este el dueño que adoro? no es este Alejandro? No sé cómo me reporto, cuando estas lágrimas miro, cuando estas razones oigo. Alejan; pero que digo! . Elena; ay de mí! que estoy loco. Parece que se conocen, hablando están con los ojos. Mal se va poniendo aquesto, Trollo, no me conformo, que si se nos enamora. lo ha de echar a perder todo. Qué me respondes? . Señora, Hector, a quien reconozco por Príncipe, y por hermano, que aunque traigo el cargo honroso de General de esta empresa, siempre le obedezco en todo, puede responder. . Pues digo, que antes que en alfombras de oro salga en el Oriente el Alba, quebrantándose a sollozos, han de morir cuantos Griego, esconde el Templo, y no ignoro, que es crueldad, pero es venganza. y en los agravios notorios no rompe el duelo de honor la temeridad del odio. Pues di, que agravios te han hecho estos Griegos temerosos? Algo deben de haber hecho, pues se han retrahido todos al Templo. . Tu opinión sigo, pues los Griegos cautelosos destruyeron nuestra Patria, a tiempo que estaban solos los Troyanos, y esparcidos de Troya por los contornos, y a quien sin defensa injuria, no es cualquier castigo impropio. Muelan todos. Mueran, Hector, vuelva Elena, y a su esposo le diga, que si ser quiere nuestro esclavo, salga solo con la Reina, porque el Templo ha de ser de fuego un golfo. Antes perderá la vida, que ser vuestro esclavo. . Que oigo, Cielos! No vuelvas al Templo, ilustre dueño. . Es forzoso: en Grecia te di la vida, mal me pagas de este modo. No se ofenderá la tuya. Feres cruel. . No lo ignoro, Trollo. . Qué quieres? Paris está muy tierno de ojos, no me contenta: yo voy donde resúdito, y brioso, sin que remediarlo pueda, abrasaré el Templo todo. Qué, al fin, te vas? Qué he de hacer! No me quieres? . Si te adoro Pues no vuelves? . Y mi honor? Mas puede amor. . Y mi esposo? Y la fineza? . Y la fama? Y el deseo? . Y el decoro? Todo el amor lo disculpa. El mundo lo culpa todo. Qué has de hacer?. Veré al partido ele resuelve mi esposo. Y si es morir? . Moriré con él, venciendo los locos designios de un amor, que tanto le cuesta a mis ojos. . Ya se fue, qué te suspende? No sé, estoy mudo, y rosorto; hermano, esta hermosa Griega es el Ídolo que adoro, la vida en Grecia me dio, porque tirano su esposo procuro darme la muerte, y yo a la suya me arrojo. Fuego, fuego. . Qué es aquesto? que voces son las que oigo? Hector puso fuego al Templo, Oh pesar de mis enojos! Que me abraso. Fuego, fuego. El viento en mortales soplos alienta el incendio. . Voy a librarla Vive Apolo, que no has de pasar de aquí, que ese es temerario arrojo. Suelta, que me das la muerte: ay, Elena, ay, dueño hermoso! Enamoradito está? avisara. . Aunque conozco el peligro que me espera, ya por librarte me arrojo a ser Salamandra ardiente de ese volcán rigoroso. Que por una mujer haga esto un hombre? . Pues nosotras no hemos venido por otra a ser de la Grecia asombro? Los Griegos que escapan vivos, del Templo salen furiosos, y dan sobre nuestra gente, acudamos al socorro. Qué me querno! qué me abraso! los cuatro elementos todos contra mí se ha njurado, el fuego faltaba solo: no entendí, que calentaba tanto. . Ya; progio hermoso, estás libre del incedio, y yo no del de tus ojos. Tu esclava soy, Alejandro, rendida me reconozco, pues me has dado vida, cuando me desampara mi esposo. No será el primer marido, que se deja de ese modo quemar su mujer, que muchos e yo que hicieran lo propio. Ya han muerto todos los Griegos. menos los que al alboroto; el humo, y fuego libró, que en un bajel por el golfo huyen vencidos a Grecia. Mueran, pues el bien que adoro he librado: al mar. . Al mar. Mil veces felice robo. 1. Señor, qué intentas? Soltadme. 2. Menelao valeroso, porqué a precipicios tales te despeñas de ese modo? Ay. Elena, esposa mía. Soltadme, que en ese golfo me he de arrojar. s, Venus, a tu deidad voto labrarte en Troya otro Templo. 2. Ya se descubren. Qué oigo? ha fementido Troyano, ha Jardinero engañoso, que la mejor flor de Grecia has cortado del cogollo de mi honor, el mar me vengue de agravios tan vergonzosos, dejadme. 3. Quieres perder tu Reino. . Mi muerte lloro, dejarme arrojarme al mar, templará mi incendio loco. Iza, iza, Sin mí estoy. Menelao llore un poco, que al le queda que adobar. Pues viento en popa el Fabono nos ayuda el mar tranquilo, vamos a Troya vozosos. Aguardad, vnes Troyanos, que me abraso. El queda loco. Reyes de Grecia invencibles, vengadme de aqueste oprobrio: Al arma, Griegos, al arma. Y tenga fin de este modo, perdón pidiendo al Senado de la bella Elena el Robo