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Texto digital de Roberto el diablo

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Francisco Viceno
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Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Roberto el diablo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/roberto-el-diablo.

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ROBERTO EL DIABLO

JORNADA PRIMERA

que soy un monstruó compuesto de hombre, y fiera, y a mi rabia moriréis. Válgame el Cielo. Y a mí me valga: qué pena! qué dolor! qué sentimiento! Siete ancianos Eremitas, mis amables compañeros, mueren a la airada mano del más cruel Vandolero! Así alimento mi furia. Qué inhumano! mas qué advierto? él es, o mienten las señas? Y tú, que vienes huyendo de mis iras, también muere. Él es, detente, Roberto. Mueran los viejos, no sea que de ellos se haga algún suegro. Cuando este monte me admira su escándalo: forastero, quién eres tú, que me nombras? Las señas no me mintieron: . No te acuerdas de Patricio? Tú Patricio? Soy el mismo. Traje, y canas desmentían, que eras quien fue mi Maestro. Si lo fui, más desgraciado, como otro lo fue primero. Ya sé que a otro di la muer por cansarme sus consejos. Una maldición fue causa de concibirte tan fiero. Qué maldición? Lo que supe de su madre, en otro tiempo) le diré, por si al asombro se corrige el duro genio. No la dices? Tiembla el labio al referir el suceso. No me asusta, y por oírte darte la muerte, suspendo. Qué fiereza! No te turbes, prosigue. . En pensarlo tiemblo. El Duque de Normandia, después de su casamiento con tu madre la Duquesa, pasándose largo tiempo sin que el Cielo succesión les diese, votos, y ruegos le ofrecían por un hijo. (Oh cuantas veces fue yerro pedir lo que no conviene; pues muchos se arrepintieron de lo que ansiosos rogaron, viéndose por los efectos de lo que el Cielo negaba, la razón que tuvo el Cielo!) Tu madre, que en tus costumbres de esta verdad vio un ejemplo, no hallando para enmendarte de ayo alguno el docto freno, me dijo una vez, qué mucho, que sea un Luzbel Roberto, si una noche dije airada, contra Divinos Decretos, conciba yo, y más que sea maligno espíritu el feto? Dijo bien, que al engendrarme, para ser quien soy, mas quiero ser idea de un demonio, que ser de Dios un concepto. Para ser Roberto el Diablo, un demonio es lindo abuelo. Calla, Morcilla. Morcilla es el nombre que me han puesto, por verme colgado al humo de un amo, que es todo Infierno, Qué blasfemias! Dios me asista! Dijo, que tu nacimiento declaró bien el castigo de aquel crimen el más feo; pues, aquel día, en el aire centelleando ardiente estruendo, sobre la espalda del mundo, para escarmentar al trueno, pareció que era un azote cada latigo de fuego. Eso es nacer en buen signo, que a influjó de lo sangriento, más vale espantoso un rayo, que no benigno un Lucero. Y es vanidad de un altivo el nacer con calva un trueno. Calla, digo. Es porque entienda, que es rayo en ti cada pelo. Dijo después, que a tres meses, lo natural antepuesto, a ser áspides rabiosos duros dientes te nacieron; pues a dos nútrices tuyas, el dulce pezón mordiendo, mezclabas en roja sangre el blanco néctar del pecho. Y fue bien borrar la nieve con, carmín, que late ardiendo D E venas, porque entonces se alvientara un incendio. Y fue bien morder la teta, quien nació a ser, en creciendo, como yo, de humana sangre, Morcilla sin atadero? No callas? Oiga el mamón, dejé contar sus gorjeos. Después, en pueriles años, te dio aquel sabio Maestro, que diste muerte, ofendido de sus sabios documentos. Sí, un cuchillo rompió el lazo, que entretegía preceptos; mas eso para mi furia fue júguete de aquel tiempo. Un cuchillo, fue juguete? Sí, que si él era discreto, más aprisa le matara si le diera con un necio. Calla, o te mato. Ay qué ojos! centelleando están Robertos. No aprovecha retratarle para que se admire feo. Después, ya en la edad adulta, el Duque tu padre, viendo que florecían tus años sin fruto de sus consejos, me nombró por ayo tuyo; mas tu natural protervo, así que sintió advertido sabia rienda en sus despeños, intentó darme la muerte; y de tus iras huyendo pasé a Italia, y contemplando el mundo engañoso riesgo, me retiré en este monte, cuyo verde sitio espeso, no está distante de Roma, donde yo estuve algún tiempo; y aquí habitando las grutas, que abre el monte en pardos senos, vivía yo con los siete Ermitaños, que viniendo de recoger la limosna de esos más cercanos Pueblos, te encontramos, y la muerte les dio tu cruel acero, sin reparar::- No me llores, que de lágrimas no entiendo; y si te parecen muchos los siete, que yacen muertos, desde que tú te ausentaste oye horrores más sangrientos. Por temor de sus crueldades . habré de oírle violento. Después, Patricio, que ausente de mi rigor fuiste huyendo, me dio mi padre otra escuela; armándome Caballero, que es otra ciencia, que al noble virtudes le está infundiendo, pues al ceñirse la espada, le enseñan otros preceptos; la fortaleza en el puño, virtud que triunfa del miedo; en el pomo la templanza, para medir ardimientos; en la vaina la prudencia, la justicia en el acero, y de cumplirlo se cifra en la Cruz el juramento. Todo esto sé, pero todo, por ser virtud, lo desprecio. Mas en fin, llegando el día, y el aparato dispuesto, con solemnes ceremonias me armé en un Sagrado Templo; y deseando mi padre ejercitarme en empleos, de ilustres actos, dispuso en la Ciudad un Torneo: Convidaron se los Nobles, de Marte al duro remedo; y armado con los arneses q escudo Cgola, y peto, salí al circó en un cuatralvo de piel negra, pareciendo que pisaba un azabache con cuatro armiños el suelo. Entraron, pues, los Campeones, y dos fuimos los primeros, que en el palenque, a la seña del sonoro bronce hueco, afirmados en la silla, ajustando bien el freno; calándonos las viseras, y empuñando el duro fresno, partimos, y tan veloces, que encontrándose dos vientos al torbellino formado de dos ímpetus opuestos, excediendo al suyo en furia, el asta que vibré diestro, su dura cimera rompo con un golpe tan violento, que los plumajes volando, y él en la arena cayendo, dieron su epitafío al aire ajadas plumas del yelmo. De este modo di la muerte hasta otros diez Caballeros, y a verter sangre inclinado mas desde entonces me esfuerzo. El Palacio de mi padre a un monte horroroso trueco, de quien era yo la fiera en traje de Vandolero. Aquí acabé de entregarme al vicio, que yo engrandezco, dire, homicidios, EZNdred, y adulterios, sin que hubise por la Francia seguro algún pasajero, que no robase; y un día Auno desnudé, y del pecho le hurté esta brillante joya, con un retrato el más bello, que jamás vi de hermosura, y enamorándome; al dueño, que sin duda era su amante) en vez de matarle, pienso un modo con que muriese a más rigor, que al acero: y atándole a un duro tronco, le dejé con el tormento de morir, todo aquel siglo que viviese con los celos. Después dejando la Francia, buscando delitos nuevos, paso a Italia, y su Provincia corro, hasta este monte espeso, donde con los siete ancianos, que la muerte di, te encuentro; y contigo haré lo propio si me predicas como ellos, pues la causa de irritarme fue, que al robarlos, dijeron, que al Emperador temiese, que no estando Roma lejos, podían con su justicia darme el castigo los Cielos; cuya atrevida amenaza aún con su sangre no vengo, pues no cabe, no, en lo altivo de mi natural soberbio, que yo tema Emperadores, cuando al mismo Dios no temo. Esta, Patricio, es mi vida, y solo te la refiero porque en repetir delitos lisonjea el labio a un pecho, que abriga por corazón un basilisco, un veneno, un áspid, una ponzoña, y un ser mío, que es más que esto; en él solo laten iras, solo pulsan monstruos fieros, solo se engendran volcanes, sole se animan incendios; y en fin, en mi pecho solo palpita todo el Infierno, tanto, que si se compara conmigo el demonio, es menos, que yo soy Roberto el Diablo, y aún el Diablo no es Roberto. Con qué escándalo el oído . deja labio tan blasfemo! y aunque me cueste la vida corregir sus culpas pienso: Roberto, advierte::- No adviertas, y teme tus compañeros, que yo solo busco el vicio con los deleites de Venus: este el retrato es, que dije ser de una Deidad bosquejo, y a saber cuya es la copia de esta beldad por quien muero, con halagos, o violencias fuera de mi amor trofeo, aunque me costara el triunfo arruinar el Universo; y si no mira el retrato si me disculpa. Qué veo! del Emperador la hija copió el pincel. Ojos bellos. Que yo he visto muchas veces . allá en su Palacio Regio, acostumbrando ir a Roma los años del Jubileo: de Aurora es, ya yo lo he visto, a quien envidio el silencio, porque el Cielo la hizo muda, y hallo en la lengua mil riesgos. P. Qué es lo que dices? Si llega a saber quién es, ya teo, que atrevido intente impuro faltar al sacro respeto. Qés, no respondes? Un retrato LA que guardoy siara reveree veso dé la muertey he de mostrarle, sporcon el susto puedo- borrar, con el desengaño; lmemorias, de aquel objeto Qué piensas? Moce no ecamión predicándome en misterio ues d es mejor, sin que se vea, irle pintando el diseño. Di, qué discurres? Discurro, que en algo nos parecemos; pues si tú de ese retrato contemplas el rostro bello, yo también de otro dibujo otra hermosura contemplo. Oiga el viejo, yo creía que era cisne, y es gilgüero. Y es rara beldad? No es rara, y este es el asombro, siendo un común, que se compone, de cuantas beldades fueron. Mas si es aquesta Amarilís, tan celebrada en los versos. Y es cómo está la hermosura? Sí, más diferente en esto, que está, a todas las beldades puede servirlas de espejo. Digo, que esta es Amarilís, que de todas fue el ejemplo. Y es cómo este su retrato? Es muy distinto el concepto; que ese consiste en colores, y esto, está en sombra el bosquejo. Así a Amarilís la pintan, sombra el pelo en rizos negros. Y dónde el retrato tienes? En la memoria le tengo. De ese modo no es pintado? ̱̱e ̱ ̱ Z a ̱ere és, l o qu a éo y ya, Patricio, ya entiendo, que has querido reprenderme, contra este hermoso retrato; msguardándole en el pecho, te daré el fin, en que siempre piensas. MeerestetAEMC A Tente, Roberto. Tendreme con que mudes de consejo, y digas, que a mi apetito siga solo. . Triste aprieto! . Advierte::- No hay que advertirme. Suspende::- No me suspendo. Repara::- Nada reparo, si esto no dices. . Primero daré a ese puñal la vida. Pues muere. Válgame el Cielo! J Él te defiende, Patricio, que puede más que Roberto. Qué escucho! una voz se oyó, sin ver cuyo es el acento! D Y Patricio, por poraez Mól.S ̱o. Qué es aquestó! oa cuando al Cielo pide ayuda, dice una voz en el viento, él te defiende, Patricio, que puede más que Roberto? Pues aunque del Cielo fuese la voz, y con alto vuelo le escapase de mis iras, no ha de escaparse por eso. Ven, Morcilla, que del monte no habrá peña, oculto centro, que no examine, hasta tanto que encuentre el concabo seno, que Patricio, habita, donde dándole muerte este acero, verá el Cielo, que le libra, si puede más que Roberto. . Muera el viejo, pues se puso a predicar en desierto. Ya, Lucinda, que al pasar acía ese cuarto de Aurora, te encontré, felice ahora, mi intento me has de escuchar. Si me dieres ocasión de servirte, mucho gano. A Lucinda, y a Aureliano vi pasar a este salón, y como es amante mío, no sé qué temo al mirarlos, y oculta quiero escucharlos. Un secreto de ti fío. Que le guardaré, no hay duda. Pues bien sabes, por ser llano, que hereda el Cetro Romano Aurora, que nació muda, y que ya enedad anciana su padre el Emperador, se lo acerca el resplandor de Emperatriz soberana. ̱ . Eso no puedo ignorar, cuando ya su edad es mucha. Pues lo que ignoras escucha. Esto dónde irá a parar? Bien te acordarás, que un día, que Auroral al jardín bajó, suyo un retrato perdió, que en una joya tenía. Me acuerdo, y que señas daba de enojo en que se perdiese, porque ninguno tuviese copia que le retrataba. Pues yo en el jardín hallé la copia engarzada en oro, y desde entonces adoro su hermosura. . Qué escuché! Sucedió después la ausencia, que hice partiéndome a Francia, a un negocio de importancia, y en un monte, la inclensencia encontré de un Vandolero, que sin duda su osadía, por lo que el oro valía; me robó el retrato; y fiero, atado a un árbol pomposo me dejó, y feliz destino allí trujo un Peregrino, que me desató piadoso; y no pudiendo arrestado saber después mi valor el nombre del robador, de hallarle desesperado pasé a otra cosa importante: y ahora que a Roma he vuelto por Aurora, estoy resuelto, que sepa que soy su amante. Qué escucháis, celos! Y Estela; que supe te que rendía? Es verdad, que la quería, mas ya este amor me desvela; y pues de Aurora lo mudo no es por falta del oído, sino por haber nacido en la lengua con un nudo, que impide formar acentos, dila mi afecto amoroso, que si llego a ser su esposo, serán tales tus aumentos, que te daré en breves días estado. . Mucho me ofreces; y pues sé, que algunas veces has escrito poesías, en este amor; un Soneto sea el primer alcahuete, y yo seré quien apriete en el último terceto. Si la pluma no faltara, y anocheciendo no fuera, al punto aquí le escribiera. Oh aleve, quién lo pensara! Sí solo consiste en eso, cerca está la escribanía, y yo traeré una bugia. Anda, pues. volveré presto. Pues ya es de noche, y al viso de un balcón se mira el bulto, llegarme no dificulto a un desengaño preciso; pues cuando Lucinda salga con la luz, verá el ingrato, que escuché su doble trato, sin que disculpa le valga. Oh noche, pues llegas ya, también mi estrella mejora! Acercome más ahora. Pasos siento, si será quién viene Aurora? no hay duda que ella será: soy felice, que el silencio me lo dice, pues no habla por ser muda. Convencerele de infiel. Yo me atrevo: A tu esplendor se acerca, Aurora, un amor::- Aquí hay luz, tinta, y papel. Mas qué miro? Y yo, qué veo? Aquí Estela? Estela era? turbado estoy! . Pena fiera! Engañose mi deseo. Pensaste, vil, fementido, que esto lo estaba ignorando? Yo, Estela, si, pero, cuando:- No te turbes convencido: escribe, escribe el Soneto, que te sirvas de billete, pues está aquí quien apriete en el último terceto. Rara fue mi ceguedad! ella escuchaba, y fingió el silencio, y me engañó la seña, y la oscuridad. Ella nos oyó, esto fue, y los dos la hicimos buena. No hallo disculpa: (Qué pena!) Tus intentos escuché, y mientras la luz llegaba, ser Aurora fingí muda, por no dejar a la duda de ilusión lo que escuchaba. Si escuchaste::- (estoy turbado) que yo de Aurora:: de Aurora::- Calla, que sale. 1. Señora, aquí es donde te han nombrado. Ah, ha. 1. Por señas pregunta quien la nombraba. Ah, tirano, . yo me vengaré. Aureliano te nombró. . Yo estoy difunta. Y es, que un papel te escribia, que yo a esa luz le quemé. Que yo le escribí, no fue; sí, que escribirle quería. Quién se vio en tan grande duda! Quemele, porque leí, que el Imperio no había en ti de succeder siendo muda; y en vez de alguna lisonja, con aleve tirana, Ten el papel te decía, tratases de entrarte Monja. Ah, ha. Este es engaño infiel, que yo tal no te escribí. Los testigos son aquí la tinta, pluma, y papel, y porque le vio quemar, (C. te nombró, diciendo ahora, no por eso Aurora, Aurora, no por eso ha de reinar. ̱̱. Ah, ha. Dices que se ausente? Que sí, dice. Yo no he escrito::- Aa, pa. La enoja el delito, y dice, tu labio miente. Ah, ha. Que te vayas, dice. Oye:: . Se ofende de ti. Ah, ha. Que no estés aquí. Voyme, pues soy infelice. . Qué sutil que Estelamiente, y fue dicha no culparme! Así he podido vengarme, con que a sus ojos se ausente: . Ya, bella Aurora, el traidor va desterrado a tus ojos; pero cesen tus enojos, que sale el Emperador. Dame los brazos, Patricio. Señor::- Bienvenido seas: Aurora, a quien ver deseas, aquí está. Yo pierdo el juicio. Señora, beso tu mano, y como te dio el oído, él habla también le pido te dé el Cielo soberano; así será, que oy el sarte. el Ángel me reveló, y a Roma me encaminó para un milagro del Cielo. Ya que el verte hemos logrado, di si algo te se ofrecía. Al Duque de Normandia el Cielo un hijo le ha dado, tan cruel, altivo, y fiero, tan soberbio, y tan precito, que en el monte en que yo habito es un cruel Vandolero: y con infelice suerte, ayo fui suyo, y mi amor te pide, mandes, señor, prenderle, sin darle muerte: de su remedio así trato, temiendo en su mal tan grave, otro mayor, si es que sabe, que es de Aurora aquel retrato. De tal padre, importa un hijo; y porque hallarle sea cierto, cómo se llama? (Cfz Roberto. Ya un milagro te lo dijo. Qué pasmo! el eco me asombre Hija, hablaste? . Oh Sumo Bien! Sí, padre, sin saber quien formó en mi labio aquel nombre. Cumplió su palabra el Cielo: Gracias al Cielo consagro. Qué prodigio! Qué milagro! Caz Qué alegría! Qué consuelo! Parte con gente, Fenicio, y a Roberto has de prenderle, sin matarle, ni ofenderle. La scausa sé de Patricio, y a obedecer voy veloz. Reducir quiero este hombre, ya que el eco de su nombre fue de Aurora primer voz. Perdono por esta dicha el vil papel de Aureliano. Que mi amante sea tirano! Oh qué celosa desdicha! Patricio, que puedo hablar! feliz noche en que veniste. Del Cielo milagro fuiste. Ven, Patricio, a descansar; y porque el Pueblo reciba la nueva, en eco veloz, vamos diciendo a una voz: Viva Aurora. Aurora viva. Este Roberto me admira, primera voz de mi labio. De mis celos el agravio vengué con feliz mentira. Por Estela salió incierto el dote que me deshizo. Dios, que este milagro hizo, MáxSol quiera hacer otro en Roberto. - Ya que amanece, y del monte examinando el contorno, de la gruta de Patricio no encuentro el albergue tosco, EROD no logrando que le sirva de rústico mauseolo; aquí cerca del camino, por si pasa gente, un poco esperemos, porque no haya día sin muerte, o sin robo. Será bien, porque no hay vicio más malo, que estarse ocioso; pero uno viene cantando. Este trae dinero poco. Caminante, que pasas el verde Soto, guárdate de Roberto, que es un Demonio. Oye, que me lisonjea, dándome el mejor apodo. Tú más quieres ser diablo, que descender de los Godos. La mujer a un casado robó muy osco, y esta fue la vez sola, que fue piadoso. Dice bien, pues le alivié la carga del Matrimonio. Y más si era alguna gorda, que pesa más que diez tontos. Caminante, que pasas el verde Soto, guárdate de Roberto, que es::- . Un Demonio. Ay de mí triste! Es Robertos No ceses en mis elogios: cantar puedes. Sumerced es Roberto? . Soy el propio. Ay! confesión, que me ha muerto el oír su nombre solo! Levántate, no te turbes. Las alforjas le recojo. e, Dónde vas? Yo, señor, cuando::- Cobra aliento. Ya le cobro: yo a ese Lugar más vecino iba a vender unos pollos. Queden para mi regalo. Para el mío este más gordo. Vete, y canta mis hazanas, porque el matarte perdono. Voyme, y si cantare más, me convierta yo en un romo. . Me deleita, que mis hechos canten ya rústicos tonos. Los ciegos ya de cantarlos, apostaré que están roncos. Llegad, que aquí está, según de este Labrador me informo. Qué es esto? Una tropa de hombres. Vamos a matarlos todos; pero aquí llegan, detente, los mataré con los ojos. Este es sin duda, lleguemos: eres Roberto? . Pues cómo me nombras sin santiguarte? Para qué? ̱. Soy el Demonio. Pues date a prisión, que a esto venimos diez valerosos, y el Emperador lo manda. Oyes, ásame esos pollos. Qué, desprecias el decreto? Cuántos sois? Diez. . Solos? pues de los pollos, la salsa será la sangre de todos. Qué rigor! A ellos, Morcilla. Para diez, te basta un soplo. Si basta. . Rara fiereza! 1. 2. Raro aliento! 3. Raro arrojo! Morid, que ya tardáis mucho. Yo no voy a tu socorro, que en secreto soy gallina, y no es bien dejar los pollos. Morid todos. ̱. Muerto soy. Vio? . Yo muero. Este es otro. En vano es ya la defensa. ̱. Todos morid. Muertos somos. Vive Dios, que de los diez uno le ha quedado solo, con él se abraza, y le enviste con la fiereza de un oso. Ay, qué dolor! Al decreto del Emperador respondo, que ya que vuelves con vida has de volver sin los ojos. Qué tormento! Pues me viste sin morir, castigo es corto: los ojos saqué al primero, que me habló atrevido, y loco, y por salsa, como dije, he de comerme los ojos. Pues voy a asar los pollitos, que yo sin falsa los como. . Qué sabor para la ira! qué dulce para el enojo! hacia el camino aquel hombre @queda ciego, y venturoso: si encontrare quien le lleve a Roma, será buen logro, que sepa el Emperador quien Roberto es, y cómo a mandar prender se atreve a quien en furias es monstruo; y pues más hombres no veo a quien dar muerte, furioso, (̱̱ Aa parece mis furias rompo? en la vida vejetable me he de vengar de estos olmos; y este, que en forma de Cruz tiende los brazos pomposos, porque lleguen hasta el Cielo las iras, que ardiente arrojo, le arrancaré, preguntando, al morir el verde tronco: MA ene A us se e N I CMAESMEA BELARAIIENA A rerle N Qué es esto! si estoy soñando lo que admiro, y lo que oigo? si es mentira de los bosques? si es ilusión de esos chopos? si es fantasía del aire, que fingió acento en los soplos? Mas no, pues yo preguntando, quien podrá vencerme, el tronoz se abrió, y respondió Rn: salo. PuEagee que ostenta lo poderoso? tiene más que duros clavos? mas que crueles abrojos? mas que ralgadas las venas? mas qué sangrientos despojos? mas qué esponja? más qué lanza? mas qué afrentas? mas qué oprobios? no tiene más; pues los clavos los quebranto, el hierro troncho; las espinas, si me yeren, las piso, no me corono: si mis venas se rasgaren brotarán volcanes rojos. Si se me atreve la injuria, la vengo, no la perdono; si una lanza el pecho abriese, no sangre, brotará, un monstruo; y la hiel, si fuera de hombres, me la bebiera de todos: Juego yo en fuerzas de humano, riguroso: D Mas qué es esto, que en los clavos ad parece que en las espinas mis pensamientos son otros? parece que es tanta sangre, mar, en que tormentas corro? parece que aquella lanza trueca el pecho en amoroso? y en la amarga hiel, parece, que a otra sed el labio expongo? Pero qué digo! yo blando? yo tan tierno, y no rabioso? miento en lo que digo, miento, que siempre he de ser el propio; y olvidando el dulce impulso de la Cruz, Clavos, y Abrojos? sin, que se ablande mi pecho, seré siempre, en lo furioso, de los hombres la guadana, de las iras duro aborto, cruel fiera de los montes, y escándalo de los lotos; posque sno quiero el jmencigs, ni quieno dejar tanpodo desser io Rosierto el Diablo, si tengo de ser piadoso ̱. p Buo)

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA y . De dar gracias a Dios no ceso, Aurora, ( por la felice, por la alegre hora, en que a tu lengua muda, un milagro, que serlo no se duda, cuando formar palabras no podía, el nudo desató, que lo impedia. Y yo se las repito al Cieló Santo. Deuda es en todos, por prodigio tanto. Mi falso amante hoy no ha parecido, y será, que mi astuto ardid fingido le desterró de Aurora, y así vengué los celos, que amor llora. Qué será, di, Patricio, que en la prisión que le encargué a Fenicio, tarde tanto en volver? En lo intrincado del monte puede ser no haber hallado tan aprisa a Roberto; el Cielo quiera, . mudar la inclinación a un hombre fiera. No hay voz que no me asombre, si de Roberto se repite el nombre, que siempre al labio, acá mi pensamiento, que fue le acuerda su primer acento. Ya que al Cielo he debido el milagro de Aurora, he discurrido, que el mismo Cielo, si mi fe le obliga, me inspire, sabio, y que su luz me diga, quien la merezca con mayor acierto digno esposo. Roberto. ̱ ̱̱a CEDCCILEA VO MON ̱g ̱̱ R RL bELlA OI o aco B CCT Jel2 CQIO Qué? . Roberto::- Qué voz es esta, que al oído asombra. A Roberto, señor, allí se nombra; sin duda, que Fenicio le trae preso. Ya siento esta prisión. Decid, qué es eso? Llegó, señor, Fenicio ensangrentado a tus guardas, y de ellas preguntado, quién herido le había? casi muerto, respondionos: Roberto fue, Roberto. Si el nombrarle fue acaso misterioso? . cuando intentaba a Aurora darle esposo! El entra, y te dará mejor noticia. Ven, Fenicio. Señor, hazme justicia. Lo que esto ha sido, di. Mármol soy hyerto! parece injuria del cruel Roberto! Oh bárbara impiedad! Oh pena injusta! Qué sangriento! Qué horror! . El verle asusta! Di presto lo que fue. Congoja triste! Partí anoche, señor, como dijiste, aprender a Roberto, en compañía de otros nueve, y después que llegó el día, le encontré esta manana, siendo el hablarle diligencia vana, pues porque más te asombre, hallé una fiera, si buscaba un hombr y al intentar prenderle, sin respeto a tu Augusto Cesareo Real Decreto, desnudando la espada, esgrimia una furia desatada, y tanto, que a los nueve dio la muerte; y a mí también la dio, mas de otra suerte, que fue con los más bárbaros enojos, sacarme, como ves, señor, los ojos, diciendo, que viniese, y así al Decreto tuyo respondiese. Qué escucho! calla, calla, y de diez mil escudos una talla mandaré pregonar, al que Roberto me entregue preso, o muerto; y porque esto de todos se perciba, pregónese, diciendo::- Viva, viva. otro acaso! qué es esto? Anuncio pareció. Decidlo presto. Es del Pueblo, señor, el alborozo, que comó anoche tú con justo gozo el milagro de Aurora mandaste le supiera, viene ahora demostrando el placer en voz festiva, repitiendo mil veces, viva, viva. En mi oído sonó (ah presagio cierto!) . pudiéndose entender, viva Roberto. Muchos acasos son los de este hombre desde que Aurora pronunció su nombre; pero no han de bastar, por exquisitos, a que yo no castigue sus delitos. Obre el Cielo. El pregón que yo mandaba, hoy haré se ejecute. Yo esperaba, que tu enojo, señor al dar la pena, reparase templado lo que ordena: Roberto, cuyo nombre fue en mi acento del Divino Poder, mayor portento es al querer que muera, (asombro tanto de mi voz primera) querer se ignore el fin de la propicia Mano del mismo Dios. Señor, justicia. Atiende a ese lamento, y responde con él a tu argumento. Sin convertirse, el Cielo Santo quiera, . que Roberto no muera; pero invisible el Ángel que me trujo esto me inspira con Divino influjo. No sé qué es, que el discurso solo piensa en buscar de Roberto la defensa. Señor, en lo que mandas de Roberto, antes de preso, has de mirarle muerto; pues antes que prenderse deje airado, la vida perderá, y no es acertado el modo del castigo, y sin violencia, yo me obligo a ponerle en tu presencia. Cómo ha de ser? Él cómo, es alto juicio, que no alcanzo. En la voz, este es Patricio. ̱. Esto, señor, conviene. Fenicio es parte aquí, decid que ordene. Qué será, que trocado el sentimiento, a la piedad se inclina mi tormento? El orden de Patricio es el que abono, y a Roberto, señor, yo le perdono. Oh incomprensible juicio! Siendo así, nada dudo, obra Patricio. Pues, señor confiado me resuelvo; dame licencia ya, que al monte vuelvo, porque allá retirado, escuche al Cielo el fin que ha decretado. Vete en paz, y a Fenicio, en cada un año, con mil escudos recompenso el daño. Beso tus plantas. Oh Roberto raro! de asombros un enigma te reparo! Fuese tu padre, y solo aguardo; Aurora, tu licencia también. . Felice hora te lleve al monte. Dame, pues, tu mano, en ticonfío, Cielo Soberano. Al sacro Emperador algún consuelo mis males deben, páguéselo el Cielo. . Tondas estamos, Aurora, este Roberto admirando. Hombre que saca los ojos, del cuervo acuerda el adagio. Que un Duque de Normandia tenga un hijo tan osado! Él, sin duda, es muy valiente, y a mí me agrada por guapo. Qué es lo que dices, Lucinda? Que gusto del que es muy bravo. Tu alegre humor te disculpa. De alegre sirvo en Palacio. Qué será, que no me ofende, que le alabe de bizarro? Cruel Vándolero! Dicen, que a muchos mata inhumano. Las muertes son bizarría, cuerpo a cuerpo, y en el campo. Y qué será, que me enfada, Estela, en pintarle airado? ni lo de Lucinda entiendo, ni lo de Estela lo alcanzo. Más tirano hombre no ha habido. Tente, que otro hay más tirano: a defenderle me mueve no sé qué impulso irritado. otro hay más tirano? . Sí. Quién puede ser? Aureliano. Bien se venga mi mentira, pues se le acuerda el agravio. De la mentira de Estela no sabe Aurora el engaño. Dices bien, porque ninguno se atrevió a delito tanto. Así es. Mas se ofendiera a saber lo del retrato, que halló en el jardín, y luego del pecho se le robaron, y con ser yo gran parlera, lo callo, porque lo callo. Indulto fue de su culpa prodigio, que fue bien raro, pues a saberlo mi padre, fuera el castigo un cadalso. En aquesta galería y dejadme sola; esperando, que Lucinda cante fuera con los Músicos. . Ya vamos. Voy a llorar sinrazones de los celos de Aureliano. . Qué será, que este Roberto de la memoria no aparto? será, que decir su nombre sin saberlo, fue otro pasmo. Pero qué será, que al pecho vuelve lo que dijó el labio? será, que en él retrocede para que en él halle un mármol. Y qué será me enfadase Estela en pintarle airado? será, sentir que a la idéa pinte monstruo, el que es milagro. Y qué será, que Lucinda me agradase en lo contrario? será, que en mi pensamiento . de otro modo es su retrato. Todo esto será, mas todo puede llamarse cuidado? no: labio tente, qué dices? Enmudece, torpe labio, otra vez, que para esto, mejor estabas callando, mejor; y cuando ahora quieras, con ese nombre embozado, decir lo que fuera culpa, aún antes de imaginarlo: dime, el Dios Niño, que hiere con un plumaje el más blando, se engendrará de un asombro fuerte, duros ensangrentado? No, que seña una guerra entre la pluma, y el rayo, y si a lo tierno venciese, dijera entolces el arco::- Al arma, al arma, al arma, que esgrime el Dios Vendado, en vez de blandas plumas, lo fuerte de los rayos. Los Músicos con Lucinda parece que me escucharon, pues el concepto en que estaba le prosiguió el metro claro. En aquesta Galería, dulce Música sonando, sin duda está Aurora, y vengo, de mi obligación llamado, a darla la enhorabuena en las dichas de un milagro, que del común gozo supe, y mi temor ha esperado a que no esté en su memoria tan reciente aquel engaño de Estela, temiendo enojos en los que no soy culpado: pero aquí la veo sola. La Música fue un traslado de mi discurso. Yo llego. Pero allí viene Aureliano. Señora, la enhorabuena te doy; pero yo, si, cuando:- De temeroso, y amante dos veces estoy turbado. O lo que turba una ofensa delante del agraviado! No os turbéis, que yo lo acepto; pero sabed, que el milagro me dejó más muda que antes, pues vuestro delito callo. Gran señora, Estela es Dama, y atento a este honor tan alto, no debo decir que miente, mas pudo haberse engañado. Y el papel, la tinta, y pluma, mintieron en aquel caso? No, y sí: yo he de atreverme a explicarme enamorabo. Mintieron, porque servían de dar más cuerpo alengaño; y no mintieron tampoco, porque a otro fin muy contrario, la tinta, papel y pluma, que allí estuvisteis mirando, eran de amor instrumentos, no de delitos, y tanto, que si hablaran, te dijeran, que estaban representando en mi amor, y tu hermosura; la pluma, flecha del arco, la rinta, sangre del pecho, y el papel, tu blanca mano. Qué decís? Que aquella pluma era dulce arpón dorado, que Amor cortó de sus alas, para enternecer los rasgos con que escribirte quería, que Amor me abrasa en los rayos de tus ojos. . Deteneos atrevido, aleve, falso, que ahora más persuadida creo el delito pasado, pues mayor culpa que aquella es la que estáis confesando. Amar, Aurora::- Sois loco. No es culpa. Sois un villano. Rara ofensa! Éxalo incendios. Quién ha visto tal agravio? Y si en rayos de mis ojos arde ese amor abrasado, es, que el mismo amor en ellos trueca, para castigaros, en rayo, lo que era pluma, el que era arpón, en estrago, en volcán, lo que era flecha, y en etna, el que era penacho; y contra vos ofendido, y contra vos indignado, dije, lo que allí un acento, que escucháis, pues dice claro::- Al arma, al arma, al arma, que esgrime el Dios Vendado, en vez de blandas plumas, lo fuerte de los rayos. Qué es esto que escucho, Cielos! Esto sufres, Aurellano? Yo, que el Bastón de las Armas tuve del Imperio Sacro? Yo, que triunfantes laureles al Emperador he dado? Yo, que en Roma victorioso tantas veces logré aplausos, he de oír tantos ultrajes, he de oír desprecios tantos? Yo atrevido, loco, aleve, y lo que más es, villano? Vive el Cielo, que a esta injuria venganzas estoy pensando; y pues he perdido a Estela, por este amor malogrado, y también a Aurora pierdo, quizá por aquel engaño, que atestiguarle no quise con Lucinda, reparando, que Aurora la castigase, y era ser con ella ingrato, y pues de todo no espero sino desaires pesados; ya que en gran parte de Italia dominan los Otomanos, he de pasarme a sus huestes, y con ellas, conspirado contra el Imperio, el designio, que Estela fingió en mi daño, he de ejecutar, viniendo sobre esos muros poblando de turbantes la Campaña, con pienso ceñir la Diadema antes que Aurora, vengando sus desprecios de este modo: y pues ya el amor trocado, en él es furia lo rierno, en él es ira lo blando, también aquí contra Aurora viene el concepto cantado; y pues aún se oye sonoro, con él dirán mis agravios::- , . Al arma, al arma, al arma, que esgrime el Dios Vendado, en vez de blandas plumas( poeo si hubiera tenido suerte lo fuerte de los rayos. Esta ropa hoy he robado. Y el género es noble? Goza de todo, no es muy Mendoza, mas en efecto es Hurtado. Es capote aquel? Y al trote en mi rocín le quité a un tahur, y yo piqué, y él a mí me dio capote: un gorrón, que no era rana, esta sotana dejó por otra, pues se llevó de palos otra sotana. Es espada? Y de un Soldado, que dijo ser del perrillo, y mintió, que es del gatilo, salvo el nombre que te he dado: a un culto (y fue empresa vana) quité este coleto, y él dijo, estime usté la piel, que es coleto de vadana. Estas, vigoteras son. Robar eso es desatino. Nunca hurté con mejor tino, porque era el dueño un capón. Y a todos los que has robado, dime, la muerte no diste? A todos. . Qué bien hiciste! Bien la comida he ganado. Vuelve al camino otra vez, y que eso guardes te ordeno. Voy, que soy mozo, y es bueno guardar para la vejez. En la oculta oscuridad de mi cueva has de esconderlo. Ya yo voy a recogerlo en el arca de piedad. . Desde aquel asombro; aquel que fue verdad, o apariencia, parece me hago violencia en proseguir lo cruel. Pero no, pues no he olvidado . el dar a Patricio muerte, de haber su gruta encontrado; y la pena de no hallarle, es evidente argumento, de que aún soy monstruo sangriento, pues que deseo encontrarle; y también en mi rigor arguyo, que aún haya arrojos, sacando otra vez los ojos al que envió el Emperador. Yo trocarme, yo vivir sin deleite, y libertad? eso no, y de esta beldad la copia lo ha de decir: al pie de esta verde encina sentado, he de preguntarte, si soy el mismo en amarte? Oh hermosura peregrina! No es el propio mi amor fiel desde tu robo felice? parece que si me dice la muda voz del pincel: muda es la voz, y a la duda, que al mismo amor la consagro, que si responde el milagro de que hable una copia muda. Oh retrato el más divino; quién conocerá tu dueño! parece me rinde el sueño, a este árbol me reclino. Después que me despedí de Aurora, hice oración al Cielo, y la conversión de Roberto le pedí: el Ángel que me condujo, a Roma, me volvió a este monte umbroso, no sé con que eode influjo; Y pues el Cielo es quienn guía mis pasos, llegar deseo a mi gruta: Mas qué veo? no es sombra, no es fantasía? Roberto es el que entregado miro al sueño? qué descuido! que el más valiente es dormido, como un cadaver armado. Si de este modo, Roberto, un ofendido te hallara, lo animoso, qué importara si te hallaba casi muerto? Parece tiene un retrato, acercome más ahora, y es el que yo vi de Aurora, que me mostró sin recato. Aquí mi discurso ignora, si será, bien se le quite, porque la ofensa no excite contra Dios, y contra Aurora: dime, qué haré en esta duda, tú, Cielo, a quién me consagro? Que si responde el milagro de que hable una voz muda. P. Qué es lo que oigo? a mi buen celo, en lo que sueña dormido, parece que han respondido juntos Aurora, y el Cielo. Pues declarando la duda los dos a mi pensamiento, responden con el portento, de que hablase una voz muda. Ya lo entiendo, y esa copia quitársela determino, y aún trocársela imagino por otra, que es la más propia, para que a su bien despierte; y así trocársela quiero por el retrato primero, que le dije de la muerte; y si entonces no convino mostrársele, y fue prudencia, an da eaaa habla del Cielo Divino. Despierte así de su engaño, y vea, que la hermosura no es más que aquesta pintura, si la mira el desengaño. Y este retrato de Aurora, cuando a Roma vuelva yo, se le entrengaré; y pues no despierta Roberto ahora su airada cruel costumbre, temiendo a mi cueva voy, progando: al Jielo, que hoy aquella sombra le alumbre. . Blanda voz la del pincel muda me habla en el diseño: Ay, amor, qué dulce sueño! qué dichoso estaba en él! Qué feliz era mi suerte, pues soñando allá en mi duda; me hablaba esta imagen muda: Mas qué miro? esta es la muerte. Qué asombro! yo estoy turbado. Si es mentira, o si es ficción? si es de otro sueño ilusión? si aún duermo, y no he despertado? Pero que no duermo es cierto; y antes con luz concibida, de dormir toda una vida, parece ahora despierto: qué es esto? tanto he dormido? qué es esto? tanto he soñado, que jamás he despertado en todo lo que he vivido? Pues quien, pues quien me despierta, pintándome en la memoria muerte, juicio, pena, y gloria, y del morir hora incierta? Eres tú, fea pintura? Eres tú, informe reflejo? Si soy, dice, raro espejo donde es otra la hermosura. Allá la trenza peinada, que en crespas ondas se riza, era oro, aquí ceniza, y aún menos, que ya no es nada. La frente, que fue su asunto ser blanca, tersa, espaciosa, A era nieve y aquí es losa de un alabastro difunto. Los ojos que allá lucientes brillaban bellos topacios, eran Sol, y aquí epitafíos de dos feos occidentes. La bocal, a cuya hermosura el canmbar fusal atributo, era grana, y aquí es luto de toda esta sepultura. ̱ Quién me enseña aquesto, quién? que antes yo no lo sabia, ni en lo hermoso lo veía, y es, que no miraba bien. Miraba por los antojos de unos colores fingidos, Soy otros son ya mis sentidos, otro el ver, otros mis ojos, Y tan otro yo me Czoco tan otro oyéndome estoy, d que pienso, que desde hoy no seré::- Roberto el Diablo. Del criado que me nombra, llamándome fue el aviso; pues hastaun acaso, quiso ser mi luz en tanta sombra. Roberto, estás sordo? di. Qué traes? Muchos, y hablando; en juicio. En el monterbí a Patricio, y a lo lejos le seguí, dejando de ir a robar, con que ya sé, voto al trapo, la cueva desterigazapo, y así vámosle a matar. En Patricio de otras suerte ya las canas tambieno veo, y ya buscarle deseo, no parandarlo, la muerte, y esta copia transformada de hermosura en fealdad, guardo, porque la verdad nunca viva en mi olvidada. Con la furia de un bermejo su muerte está consultando; ven, que yo te iré enseñando la vivera del conejo. Pues ya sabes de Patricio la cueva, mis pasos guía. Cómo se ve en su alegría, que el matar es bravo vicio! Anda, que deseo hallarle. Habrá un viejo menos hoy. Ven, Roberto. . Tras ti voy. Oh qué tajo he de pegarle! . Ver a Patricio deseo, y si el deseo le ve, que soy otro le diré, y otras las formas que veo; pues las flores eran flores, sin conocer más en ellas; los Astros eran Estrellas, sin oír sus resplandores; las fuentes solo eran fuentes, sin más acentos suaves; las aves solo eran aves, sin más metros diferentes; y ahora dándome ejemplo, escucho, penetro, miro, pondero, discurro, admiro, reparo, alcanzo, contemplo, que la Estrella, que la Flor, que las Aves, que las Fuentes, con aplausos diferentes, alaban al Criador. Gracias al Divino Cielo, con cuyo altonfavor a mi gruta llegué, y salgo a esta florida mansión, a que me ayuden a darle las gracias, con muda voz, estos troncos, estas, plantas, y este florido verdor, donde, también, de Roberto le pido la conversión,a y que a fuerzas del retrato despierte a vivir mejor Y como aquí me ayudaran a adio los siete ancianos difuntos, cuya memoria es dolor! Pero dos hombres se acercan, esperaré a ver quien son. Hacia aquí tiene su cueva Patricio. . Guienos Dios. Dos pobres hombres parecen. Aquí está, bien dije yo: Patricio? . Me conocéis? Sí; que yo era Labrador, y este también de ese Pueblo, donde te vimos los dos ir a pedir la limosna. Sea bendito el Señor, que siempre para el sustento liberal me socorrió. A esta parte está la cueva. Cerca estaba. Ven veloz. Tente, que allí le descubro, y otros dos hombres. . Mejor, que a más Moros más ganancia, dice un adagio Español. Calla, y desde aquí acechemos. Como hace el gato al ratón. Patricio, suspenso no habla. Sin duda está en oración. Ah Padre, no nos escucha? Oh Bondad grande de Dios! qué queréis? Que como el Padre de Santo tiene opinión, en este tullido, y manco nos haga merced de dos milagros. Sencilla gente! Soy un pobre pecador; más decidme, de qué causa tanto mal os procedió? Fue; que en un día de Fiesta un baile se concertó, y (santíguome al nombrarle, mas que no un Saludador) porque al baile de repente Roberto el Diablo llegó. Y Morcilla, su criado, que es un grande picaron. Voy a matarle. Detente, y oigamos, Con el furor, siendo Morcilla, la san toda se me revolvió. Y cuando llegó Roberto, qué fue lo que sucedió? Que turbando todo el baile, fue alevoso robado de doncellas, y casadas. Y a mí, Morcilla, me hurtó un pariente de su sangre, porque me robó un lechón. Y qué bien cebado estaba! nunca hice cosa mejor. Calla, y escucha. Oh Roberto, y cuanta es tu perdición! Y en fin, armándose el Pueblo, a la defensa salió; y entonces Roberto el Diablo::- Y el criado, que es peor::- A unos los hiere. A otros mata. Y a mí en tan fiero turbión, de unizas me rompió las piernas. Y a mí un brazo me cortó; y como el lechón dejara, el brazo fuera con Dios. Qué sencillez! El cochino le duele, y el brazo no. Antes esto era lisonja, y ya oírlo me da horror. Que de Roberto las iras sean de tal condición! Y pues yo quedé tullido:- Y pues también manco estoy::- Ruéguele al Cielo me sane, que soy pobre Labrador, y en el camporarar no puedo, ni trabajar con la hoz. Lo mismo por mí le ruegue, que también Labrador soy, y no puedo sustentarme sin usar del hazadón. Señor, en tu Santo Nombre les echo la bendición, y el mal que hizo Roberto, remediale tú, Señor. Sano estoy. Y yo estoy sano. Qué dicha! Qué admiración! Santo parece, y si es Virgen, también Martir será hoy. De gozo salto. Ya yo bailo. Cielo, por tanto favor, quien me ayudará rendido a daros las gracias? Yo. Ay, qué es Roberto! ̱. Reoborto ha Y yo el del cochino soy. Ay, huyamos. Ven, huyamos. . Patricio, Patricio, adiós. Aguarda, manquillo, aguarda, y llevarás el lechón. Huyendo van, no me admiro, que el verle me da temor. Hoy fuera sin los dos brazos, si esperara el del cebón. De mí huyen; ellos piensan que aundura an mil aquel furor, Sin doda oscuchaba, abcielo me ayudasen tal confusión; Yo, Patricio,ya darse gracias te ayudaré al Criador. Si esto es fingido? qué pena! Yo, yo ote admires, no. De sus blasfemias ya temo alguna torpec irrisión. Yo digo; y este puñal:: Y también este alfanjón:: Aparta tú. Muera el viejo, que fue tu Predicador. Qué susto! Y este puñal vuelvo a decir: Qué aflicción! De que otra vez::- Qué congoja! Fue el Cielo quien te libró; abra::- . Fiera amenaza! Prevénganle ya la Unción. Ahora digo::- Aquí me mata! Requiescat, que ya espiró. Ah de ser:: Cruel intento! Aquí la hazaña mayor de mi brío. . Lo que tarda Cpara hacer un salpicón. Él se resuelve, yo muero. Y él ha de ser::- ̱. Yelo soy! Y él ha de ser, te repito, primera demostración de ayudarte a dar las gracias de sus milagros a Dios, Esiendo no el menor de todos, que el puñal no ponga yo a tu pecho, si a tus plantas, a donde rendido estoy. Voto a cribas, para esto saqué yo mi cuchillón? Qué es esto, Cielos, qué miro! verdad, o lo fingió mi deseo? Esto es verdad. Tú lloras? Es contrición de mis culpas, y no solo::- Cielos, qué gozo interior! El puñal a tus pies rindo, sino la espada, que dio tantas muertes, y hasta el traje de alevoso robador rindo a tus pies, por despojos de un cóntrito corazón; vistiendo de aquí adelante, en muestras de mi dolor, y en señal de penitencia, un saco con un cordón, pues del sueño del engaño la muerte me despertó en una copia, trocada de hermosura en feo horror. Cielo Santo, tú inspiraste la industria, pues bien salió! Roberto, ven a mis brazos. Qué gozo! En ellos desde hoy ofrezco el obedecerte, viviendo, a tu protección penitente de tu gruta. Qué alegría! loco estoy! Roberto, con eso sales? a eso te truije yo? cuando siguiendo a Patricio, te dije su habitación? Aún por eso me encontraron: todo el Cielo lo guió. A aquesto vine, temiendo mi eterna condenación. Si tu lloras, también lloro, y este alfanje matador, en vez de hacerte tajadas a manera de melón; postro a tus plantas Particio a donde rendido estoy; y no solo aqueste alfangé, que lo heredé de un sayón, J̱ rindo a tus pies, sino el traje de alevoso robador. Adiós; profaños adornos; galas de la moda, adios; a dios Majaa Dios chuscas, que yo mesvoy; a fufón. Y así, desdé hoy siervo tuyo quiero ser, y no ladrón, y a la cueva, en que los robos mi agarrifa recogió, para hacer grosero un saco, una capa a buscar voy. Roberto, tan raras obras del poder del Cielo son; y dime, si ese retrato, que en la muerte transformó la hermosura, le guardaste después de tu conversión? Si le guardo, y en el pecho del alma es despertador, de la última hora más concertado reloj. Guárdale, pues fue del Cielo sabio, aunque mudo Sermón; y cuando a él convertido el mismo Cielo te vio, quien duda, que hubo gran fiesta allá en la Empirea mansión, y que diría sonora de los Querubes la voz ̱ . Noventa y nueve justo? ̱ ̱ no alegrañatanto a Dios, como es arrepentido un grande pecador. s̱̱̱ Oye lo que canta el Cielo. Ya lo escucho. Absorto estoy! d Qué asombro! qué admiración! Ay Divino Amor, que de sangrientos Clavos labraste la dulzura de tu arpón! 4. Labraste la dulzura de tu arpón! que e el Cémejo del Arr o, e , depone mcortón , pozo, que labelde ome tu Vdo Cozco lebarr y es sopera tenco, o El Qui convo Loco CVIYUDIO rp. a , s e ̱lo dnmo n ̱ JURIRRTIMD C Ay Divino Amor, que de sangrientos Clayos, e lopza 4. Labraste la dulzura de tu Harpón! 2. Si fue pedernal tu pecho, eslabón, fue, que le hirió de la Lanza el duro hierro, por quien dulce canto yo::- Ay Divino Amor, que de una Lanza el hierro, 4. Del fuego de tus Flechas fue eslabón! Esto cumplirás, Roberto, y tanta sonora voz, fiesta es gozosa del Cielo, porque al ver tu contrición:: Noventa y nueve justos no alegran tanto a Dios, como es arrepentido un grande pecador. . Patricio, el afecto arde, y se abrasa el corazón, no loco ya en mis torpezas, sino loco soy de amor; y así es propia penitencia M la que el dio, y el traje; que penitente vestirle ofrecía yo, trocaré a traje de loco, a me lo manda el Señor. A Roma ofrezco ir contigo; gra ven a la estación mi albergue. Iré gozoso. en, y en la alegría de hoy sielo imitemos juntos. hitémosle los dos. Y pues del Santo Evángelio trábola cantó::- pues de las cien ovejas la que busca el Pastor::- orque así más te consueles::- irque así espere el perdón::- iré como el Cielo canta::- se con su misma voz::- enta y nueve justos egran tanto a Dios, es arrepentido tande pecador, DD

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Qué se sabe de Aureliano, Arnesto, decidme ahora. Buscarle parece en vano, pues Noble, ni Ciudadano sabe de él, y de él se ignora. Siendo vos en quien confío por Capitán de mi Guarda) la diligencia, en vos fío saber de él. El celo mío cada instante un siglo tarda. Un hombre tan señalado por su sangre, y su valor, que contra el Moro me ha dado tantos triunfos, ignorado no es posible esté. Señor, Patricio audiencia pretende con otro. Roberto es llano será el otro con quien viene, haced vos lo que conviene, para saber de Aureliano. Voy, señor, a obedecer. . Vos decid, que entre Patricio, que quiero a Roberto ver, y en él, castigo he de hacer, aunque perdonó a Fenicio. Llegad. . Patricio? Señor? . Deo gracias. No fue cierto; que es otro, y no el robador: pensé (y veo que es error) que venías con Roberto. Mi fe la palabra dio, y a cumplírtela me obligo: oculto abajo quedó, porque así dispuse yo, que no le viesen conmigo, porque en la rara apariencia de hermosura en feo horror. Cielo Santo, tú inspiraste la industria, pues bien salió! Roberto, ven a mis brazos. Qué gozo! En ellos desde hoy ofrezco el obedecerte, viviendo a tu protección penitente de tu gruta. Qué alegría! loco estoy! Roberto, con eso sales? Pa eso te truje yo? cuando siguiendo a Patricio, te dije su habitación? Aún por eso me encontraron: todo el Cielo lo guió. A aquesto vine, temiendo mi eferna condenación. Si tu lloras, también lloro, y este alfanje matador, en vez de hacerte tajadas a manera de melón, postro a tus plantas, Patricio a donde rendido estoy; y no solo aqueste alfangé, que lo heredé de un sayón, rindo a tus pies, sino el traje de alevoso robador. galas de la moda, adiós; a dios Majaá Dios chuscas, que yo mesvoy; a fufón. Y así, desde hoy siervo tuyo quiero ser, y no ladrón, y a la cueva, en que los robos mi agarrifa recogió, para hacer grosero un saco, una capa a buscar voy. Roberto, tan raras obras del poder del Cielo son; y dime, si ese retrato, que en la muerte transformó la hermosura, le guardaste después de tu conversión? Si le guardo, y en el pecho del alma es despertador, y de la última hora más concertado reloj. Guárdale, pues fue del Cielo sabio, aunque mudo Sermón; y cuando a él convertido el mismo Cielo te vio, quien duda, que hubo gran fiesta allá en la Empirea mansión, y que diría sonora de los Quérubes la voz ̱ . Noventa, y nuevo justo? ̱ a no alegrañatanto a Dios, como es arrepentido un grande pecador. HCRRRRACCCANC C y , Oye lo que canta el Cielo. Ya lo escucho, Absorto estoy! lad e Qué asombro! qué admiración! ̱. Ay Divino Amor, que de sangrientos Clavos labraste la dulzura de tu arpón! 4. Labraste la dulzura de tu arpón! A diós, profanos adornos; , M- que es el Cémejo o e Sio, Q Vabeld tu M,rio. p Conzco eba ye su pernecoo el duí cono LocH J a ̱ nls Clevodo n MCJOU AJURIRA ATMAAL de loco, sea ignorado, hasta cumplir penitencia, que del Cielo dio la Ciencia. Y quién es este? Un Doñado que me asiste. Y pues me entablo, sepa aquí la Imperial silla, que es mi nombre, ya que hablo, mejor que Roberto el Diablo, porque me llamó Morcilla. Hombre parece de humor. Es así su natural, de él no hagas caso, señor. Cómo he sido pecador, dura el humor de aquel mal. Y a qué ha sido tu venida? Es de Roberto a cumplir la palabra prometida. Cuándo la veré cumplida? El Cielo lo ha de decir. En ti vivo confiado: más Aurora aquí ha salido. Señora, a tus pies postrado estoy. . Seas bien llegado. Y Morcilla bien venido. Quién sois? Señora, un Doñado de Patricio, y compañero. Nada parecéis atado. Soy, por desembarazado, Morcilla sin atadero. Ese es tu nombre? Y de Pila, a donde labó un menudo mi madre Doña Sibila. Fresco humor es el que estila. No le oigáis, que es simple, y rudo. A Patricio yu dispongas, hospedar. . Y haya escudilla. Y cerca de mí le pongas. Y a mi junto a las Mondongas. Pues por qué? Por ser Morcilla. En tanto al despacho de hoy me retiro, De un alano previniendo el diente estoy. Queda con Aurora: voy cuidadoso de Aurellano. El hóspedaje, Patricio, será aquel que suele ser: y ven tú::- Qué beneficio! Y le sabrás. Voy propicio, que ya es hora de comer. Qué Aureliano esté escondido sin que se sepa en qué parte! qué será? pierdo el sentido. Ya que tu padre se ha ido, a solas tengo que hablarte. Salid todas allá fuera. sal Fortuna, que así te opongas mí! Si yo cogiera al Bonado, le moliera por laquello de Mondongas. Di, Patricio, lo que quieres. Te acuerdas de haber podido tener alguno un retrato de tu beldad? Sí, Patricio, que en un jardín cierto día perdí yo un retrato mío, y alguno pudo encontrarle. Es este, Aurora? Es el mismo; pero cómo está en tu mano? Saber como no es preciso, y recibele, sabiendo solo, que el pincel perdido, por mi mano restituye::- Di quién. El Cielo Divino. Vuelva otra vez a mi pecho, a donde estuvo prendido, que si el Cielo me le vuelve, V al corazón le dedico ya como dadiva suya, porque así cuando benigno restituye, a robar vuelva del retrato el sacrificio. Bien supiste al Cielo darle en holocausto, el recibo de tal joya. Fuera, fuera, que a pie voy, y acaballito. Qué es esto? Lucinda, Estela. Qué nos mandas? Quién da gritos? En la voz, este es Roberto. Es un loco, que ha venido a Palacio, y es alhaja, por que es precioso. Yo elijo el ausentarme, no sea que al verle loco fingido me enternezca, y se descubra de su embozo algún indicio. Señora, con tu licencia a la quietud me retiro: loco fue Roberto, y loco satisface sus delitos. Qué es tan precioso? Eslo mucho: mas qué es lo que ahora he visto? del pecho de Aurora pende aquel retrato perdido, que halló Aureliano! qué es esto? no lo alcanzo. Fuera digo, Plaza, Plaza, que a ver vengo al Emperador mi primo. Decid que entre. Llega, loco. Cata Francia Montesinos: hola, ola, que son Damas; mas aquí pierdo mi juicio: señor, obediente cumplo y tu mandato, dame auxilio, para que pueda fingir mi locura. Me lástimo, porque es joven, y es brioso. Oyes, loco, qué vestido es ese que traes? habla. Estas cartas no te han dicho, que es traje de hombre de porte, que por la posta he venido con mil sotas a las ancas, sobre tantos caballitos? Ofrezco a Dios mis afrentas! . No me hablan? mas qué miro! no es aquella la hermosura . de aquella copia, hurto mío? Si parece: raro asombro! Dios las bendiga, y qué brío! y abañinos tienen todas! Oh qué bueno, lindo, lindo! Acercarme quiero a ella, por si más señas concibo. Y quién es esta, que tiene el abanino tan limpio? Ella es. Al ver este hombre, no sé qué me ha suspendido. Es Aurora, y es la hija del Emperador Invicto. Qué escucho! A la fe, que cuida de traerle bien prendido: mas qué veo! no es posible, pues veo (raro prodigio! en su pecho aquel retrato con que me quedé dormido. Qué te suspende? Qué asombro! Qué me suspende? (qué dicho!) hay cosa que más suspenda, que mirar los abaninos? pues abanino, qué es? es como el otros lo dijo, mudando aquí el asonante, con licencia de los silvos, es un aquel tan supremo, un nombre tan soberano, que nadie sabe lo que es; pues solo ve adivinado, que es así como un divino color del amor humano, y como amor dice niño, y a ba, (en el estilo bajo allá de la Villa) quiere decir, aparta; juntando las frases dirá . No. mas se le quita volando al hiiño la tilde, por la indecencia del nombrarlo, yqueda abañino, que es Y el bú del Rapaz Vendado, y aún el desprecio, pues donde nunca de él han hecho caso, quien dice abanino dice, apártate allá muchacho. Algo dice, que parece agudeza, no delirio. Cielo Santo, estos donaires con que loco aquí me finjo, como locura los siento, como locura los digo; y solo asombrado, y cuerdo ̱ Mas smslagro era ser muda de Aurora el retrato admiro, a cuya beldad, con otro, y a no torpe amor me inclino: Por qué no me hablas, Aurora? habla, no calles, da un grito: eres muda? No, Roberto. Qué es lo que mi labio dijo! Qué es lo que escucho! otro asombro: sin duda me ha conocido. Al acordarme lo mudo, con la especie del prodigio, lo que pensaba la idea salió al labio inadvertido. Mas no puede conocerme, pues en su vida me ha visto. Apuremos este encanto, que dudo tan confundido. Yo no me llamo Roberto, que mi nombre es muy distinto. Cómo te llamas? El otro; y et catera, es mi apellido. Lástima es que así delire! El otro soy del que he sido, y Roberto, ya de Dios en el etcatera cifro; y dime, es Roberto el Diablo el que nombras? Sí, te digo. Le conoces? Pues cómo me das su nombre postizo? Preguntaste si era muda, que es un mal que he padecido desde nacer, y un milagro el nudo torpe deshizo, siendo en el labio, Roberto, la primera voz que dijo. ̱̱. Qué escucho! ahora discurro, . que un eco de este prodigio parecía su retrato, pues antes de lo dormido me acuerdo, que parecía, que allá al pensamiento mío respondía una voz muda; pero en la ficción prosigo: una mujer, y lo afirmo, pues del primer tosco barro, Eva fue un jarro garifo, y así todas las mujeres salieron jarrás de pico. Aunque un loco lo pregunta, . fuera ingrata al beneficio, si a todos no publicara lo que yo al Cielo he debido. Así borré lo admirado de dos milagros distintos, el de la voz, y el del nombre, que pasmo fue del oído; pero lo que más me admira es quien tan raro prodigio nombrase a Roberto el Diablo un labio tan puro, y lindo. Tan malo es Roberto Tdime. Peor que los asesinos. Le conoces? A Roberto conozco como a mí mismo. Pues tú de qué le conoces? Hay preguntar más prolijo! Mire, de que el tal Roberto, más loco, que soy, ha sido; en un Lugar, por furiosos, nos ataron tan unidos, que eramos un papagayo, compuesto de entrambos picos. Es precioso. . Gracia tiene, y enlaza los desatinos. Me divierten sus donaires; en preguntarle prosigo: Y hablaba ese papagayo compuesto de entrambos picos? Qué es hablar? de una Comedia, que de memoria he sabido, representaba yo un paso de un suceso peregrino. Di, señora, le repita, que ofrece gusto al oído. Represéntale, que Estela es mi Dama, y yo la estimo. Para explicarme en enigmas . buena ocasión se ha ofrecido. Es el paso de un Amante, que por extraño camino, el retrato de una Dama, aquí eausa vasabía visto, llegó a tener en su mano, quedose con él dormido: despertó, y halló lo hermoso cala bernís coquis, frío, que es decir, que en calabera vio el retrato convertido. Estela, rara locura. Oye ahora el desatino, que después, lo de memoria lo dirá en mejor estilo. No sé, qué es, que me divierte, sintiendo le falte el juicio: prosigue. . Después de todo lo que llevo sobredicho, vio el tal Amántzala Dama, y también al tiempo mismo vio en su pecho el tal retrato; y atención, que así le dijo: El retrato, Aurora bella, que pendiente, al pecho miro::- Aurora dices? El nombre esde la Dama. Di, pues. . Digo: El retrato, Aurora bella, que pendiente al pecho miro, a un Amante, que a la Francia dirigia su camino, se le robé Vandolero, y con cruel homicidio le até a un tronco, a que muriese del, fiero áspid mordido de los celos, siendo amantes mis ojos de aquel hechizo, que componía en colores el más hermoso prodigio. El suceso es de Aureliano, sin duda que anda ya escrito: no escuches más aese loco, que ya cansan sus delirios. Tú lo pediste, diciendo, que ofrece gusto al oído. Dejele triste, y celoso, llorando con mil suspiros, y después yo, que adoraba lo hermoso en pincel sucinto, quédeme en un dulce sueño con el retrato dormido; y aquí entra lo que antes dije, calabemís coquis, frío, No escuches más disparates, Oye ahora el desatino, que después lo de memoria lo dirá en mejor estilo. Disimular me es forzoso, y el donaire fue preciso. No le interrumpas. . Estela, que te importa, cierra el pico. Desperté, y hallé la copia transformada en un aviso de la muerte, a cuyo asombro despertó el engaño mío, trocando a la penitencia de Vandolero los vicios. Después con raro misterio, que se me oculta escondido, el retrato que adoraba pendiente en tu pecho miro, y fue sin duda, que el Cielo, al transformármele, quiso con el horror de la muerte, dejarme a mi convertido, y a ti volverte lo hermoso, que tuvo en Dios su principio, para que en ti contemplaso un atributo Divino, y con amor puro, casto, firme, blando, enternecido, pretenda con tus virtudes coronar un albedrío, si la prisión de tu mano me elevase a esposo digno. Aparta, loco. Qué es esto? Un loco que aquí ha venido, que es muy precioso. . No tanto, que no enfade el desvarío: dígalo lo del retrato, que acuerda los celos míos. No sé qué es, que le atendía, como que hablaba conmigo. Un amor ya casto, y puro, . casi olvidaba el delirio. Qué tema tiene? . Contarnos el que papagayo ha sido. ̱. Y hablar me enseñó una muda, que es lo que nunca se ha visto; y enseñome de manera; que en todo el papagaismo no hay otro que mejor diga; ay de ti, loro, lorito, que te mueres, te mueres de enamoradito! Es gracioso, de Palacio quede asentado en los libros. Señor, aquesta ignominia satisfaga mis delitos. . Mas qué ruido es este? . Arnesto, con otros, allí distingo. Señor. . Dime, A ̱ si de Aureliano has sabido. Los Soldados que aquí miras acaban de darme aviso, que infiel se pasó a los Moros, y de sus Tropas Caudillo, C. viene publicando guerra contra ti. . Vil fementido, traidor vasallo. . Que mucho, si también lo fue conmigo. Señor, si con perros viene, haz que vuelva dando ahullidos. Hasta un loco me aconseja de su traición el castigo: y así, Arnesto, de mis huestes a tu mano el bastón fío, para que salgas al punto a buscar al enemigo: tú, Aurora, ven a tu cuarto, al mío me retiro a dar la orden. Al Cielo el triunfo, señor, le pido. De lo que escuché a este loco llevo que pensarcomigo, y por si es de este retrato el caso que ha referido, darle en el Tiber sepulcro es lo que ahora imagino. Sola yo creer de Aureliano puedo tan cruel destino. En tanto que hay guerra, un loco queda para divertirnos. Fuese Aurora, en cuyos ojos honesto esplendor admiro. . Esto ejecuta. . Aureliano será despojo rendido de tus plantas. . Ven, y mientras rayos de acero fulmino; del clarín, y el parche el eco llegue diciendo a su oído, guerra contra el Moro, guerra, y viva la Fe de Cristo. Viva, Señor, y este aliento, estas fuerzas, estos bríos, que participa mi brazo de tu poder infinito, emplealos hoy, Señor, en defenderte a ti mismo. Mas qué resplandor ilustra esta estancia? yo me humillo. ̱̱̱. Roberto, tus voces Cloz llegando al Imperio, o el Cielo te nombra de esta lid Caudillo en metros de pluma, sonando los ritmos Querubes lo cantan; y así dice el Himno::- De Elías la Espada te ofrece Dios mismo, y el Yelmo glorioso de David Invicto. Roberto, mirando el Cielo que cumples arrepentido la penitencia, en imagen de tus lozos precipicios, ̱ odado la defensa,̱̱ que tu aliento ha prometido en favor del Evángelio, contra el Sarraceno altivo, E Gran Dios de las Batallas te ofrece para el designio las Armas de sus Trofeos, y ese Militar Vestido. Recíbolas, aunque soy de tanto favor indigno. Cala el Yelmó más brisante, ciñe, el acero más limpio, guocorre el campo, que invisibles ee A mis alas irán contigo; qu entre tanto ancs por aplauso de este Auxilio:- oberto y tus voces, MlDe Elias la Espada, Señor, infinitas gracias por tan gran favor te rindo, V cuya gloria ya deseo, que no la ignore Patricio, que me trujo a este Palacio, y delante de mi vino, donde no dudo llegase primero, aunque no le he visto; y aquí ahora no le busco, ni el puro casto amor mío el imán, sigue de Aurora, partiendo al campo enemigo: Y pues prometen laParuin fu a- ca, Roberto, a la empresa a esgrimir el duro filo, nada temas, pues el Cielo te dice acordé al oído::- , . De Elías la Espada, . Alto haga la gente, ava. y corra la palabra. Ya que el puente pasó, la Infanteria se socorra. Valiente Alí, de Roma el fuerte muro ya cerca se descubre, y hoy seguro ha de ser el trofeo, a que aspira triunfante mi deseo. Aunque Moro Rey soy, pongo en tu mano oel bastón de mis Armas, Aureliano, que si distinta Ley tu fe profesa, pres noble, y de ti fío la empresa: el Ejército rige, manda, ordena, ̱ y en Roma tiemble la más fuerte almena, De tu valor, Alí, con alta gloria vencer espero, y aclamar victoria, y entonces sabrá Aurora de Aureliano, . si tanta empresa cabe en un villano. Trofeo será tuyo el más glorioso, de Roma el muro, la estacada, y foso. Poco entonces será con tu persona partir la Excelsa, la Imperial Corona. 1. Las espías, señor, que tú has mandado reconocer el campo, han encontrado copiosos Escuadrones, que enárbolan del César los pendones, y tan cerca su Ejército se halla, que al tuyo le presenta la Batalla. . Ya se descubre, y por el llano cruza, y parece trabarse escaramuza. A essorzar voy mi gente: ea, Aureliano. . Ea, Alí valiente, y pues Marte a sus iras nos provoca, arma diga el Clarín. . Al arma toca. 1. A la Batalla ven. 2. No soy valiente, 1. Eres cobarde. 2. Pero soy prudente: de un Moro muy astuto, aunque gallina en la guerra, he sabido esta doctrina, y que cuerpo presente jamás haga, sino el día que hubiere alguna paga: creciendo va el furor, y espada en mano se acometen el Moro, y el Cristiano; y ya se mezclan confusos, ya se ciegan, y batallando aquí unas Tropas llegan, y con la industria yo de andar agatas, detrás me esconderé de aquestas matas. Muere a este rayo de quien yo soy trueno. Muera el Cristiano. Muera el Agareno. . Al ímpetu furioso no desmayo. Pues morid, que es del César este rayo. 1. Viva la Ley Cristiana. . 1. Muera. Muera. . 1. Mi valor la defiende. Saña fiera! 2. Bueno es ver lo que pasa, sin pegarse un zas de esta argamasa. No desmaye mi gente, y a rehacerse vuelva. Hado inclemente influye en este día, pues del Moro desmaya la osadía; pero a la voz de Alí cobrando aliento, vuelve al combate con horror sangriento: yo voy a dar calor a esfuerzo tanto, y porque al susto de marcial espanto la campaña se llene, rinbombe el parche, y el clarín resuene. . 2. Si vence el Moro, yo seré su historia, que el que muere no cuenta la victoria. Oh fortuna mudable, presto torciste el curso al eje instable! mi gente valerosa, que triunfaba del Moro victoriosa, ya casi va vencida, voy entre todos a perder la vida. 1. Victoria por Alí. 2. Pues si vencemos, y todos ayudamos, ya gritemos; mas uno hacia aquí viene, que parece Cristiano. 1. Victoria repetid por Aureliano. Qué es esto, Cielos, que mi oído escucha? tarde he llegado a la sangrienta lucha, pues dice ya triunfante el Otomano::- Victoria por Alí, y por Aureliano. Mas Cielo, tu promesa no me puede faltar, y así a la empresa, pues llevo con ardor de ira sagrada, de Elías, y David Yelmo, y Espada. . 2. Bien fue estarme escondido, que el Cristiano valiente ha parecido. Qué nueva furia es esta, nuevo espanto? cómo, di, con Alí te atreves tanto? Como del Cielo es mi Espada: Qué furor, qué violencia tan airada! Muerto soy. Este rayo es quien te hiere. Huyamos todos, pues Alí es quien muere. Seguiréos veloz con alto vuelo, que en mi Espada se esgrime todo el Cielo. ̱. Aguarda, que yo basto a deteneete. Será lo que tardare en darte muerte. cuarda, espera, espera, que y este rostro no es la vez primera. Pase semejante al que robé el retrato en el semblante. Pues este le detuvo aquí a Aureliano, huyo antes que venga otro Cristiano. . Parece quien me hurtó el retrato her- de Aurora, y aclararlo ya es forzoso, (moso mientras los Moros, que no van huyendo, allí pelean con marcial estruendo. R. El parece: Tú en traje de Cristiano, quien eres, dime ya. Soy Aureliano. Este es el traidor: Di lo que quieres, suspendiendo la lid. . Sabed si eres quien me robó un retrato, Vandolero. Si lo fui. . Pues ahora en este acero hallarás la venganza. . Y tú el castigo de un traidor, que es del César enemigo. Muere, alevoso. . Muere tú, tirano, Muere a mis iras. Muere, vil Cristiano. Ay de mí! fatal golpe, fuerza extraña? De la Espada de Dios es esta hazaña; y la tuya rendida ya; y tu escudo, las manos te ataré con este nudo. Cómo sufro esta injuria! Castigo tu traición. (̱ Rabie mi furia. Así te verá el César afrentado. Aquí se vio pelear aquel Soldado de quien huye el Ejército enemigo. ̱. Aquí se acerca Arnesto. Cruel castigo. Y hasta que quiera el Cielo, que de quien soy zorrer se pueda el velo, me escondere echado entre estas ramas, si Arnesto llega. Yo respiro llamas! levántome, pues solo aquí me quedo, y el lazo romperé; pero no puedo. Que Alí también muriese! infausto día! Su gente huyendo va, qué cobardía! Lleguemos todos; mas aquí un Cristia- se encuentra. . Qué furor! (no Y es Aureliano, prendedle. Ya lo estoy: etnas respiro! Pues en poder de Arnesto ya le miro, siempre atenta a los Cielos mi obediencia acumplir volveré mi penitencia. . Quién preso te rindió? Pena insufrible! Un Vandolero vil: hado terrible! Dónde está? Qué dolor! mi afrenta crece! . con mis armas se fue. . Pues no parece, para darle el laurel a glorias tantas, ven, despojo del César, a sus plantas. Primero con los dientes pedazos os harán furias ardientes. Llevadle preso ya. . Cruel fortuna! Y pues se eclipsa la Otomana Luna, que del Moro es blasón en el Turbante, y huyendo va su Ejército arrogante, pregone el vencimiento la caja, y el clarín al vago viento; y todos repetid con voz altiva, viva el Cristiano Imperio. . Viva, viva, Cuidadoso estoy, Hermano, de Roberto, que se ignora adonde está, y no le he visto después de llegar a Roma. Mas ya se sabe, que un loco, con dos mil burlas graciosas llegó a Palacio, y no hay duda, que es Roberto. . Pero ahora no saber de él, según dicen del Palacio las personas, me tiene con gran cuidado. Trayendo una vida loca se cansaria, y al monte quizá volvió a ser langosta. Eso dice? . No hay tal vida, Padre, si no hubiera horca. El que no hurta está libre de morir con tal deshonra. Pero se priva del gozo, que es agarrar una bolsa. Hermano, de eso se olvide. Ya me olvido algunas horas; pero a veces suben gatos al desban de la memoria, Azótese penitente, y verá como se borr la tentación. . Aes temó que me lo acuerde esa solfa, pues también son los ladrones penitentes que se azotan. Deje ya simplicidades, que al Oratorio me importa retirarme. . Por mi rece una oración muy devota al Buen Ladrón; pero a Gestas no le rece, dele soga. Cuidadoso de Roberto pediré a Dios, que me oiga, y rogarle también pienso por los sucesos de Roma, cuyos pendones ya supe, que en campaña se enarbolan contra infieles, inducidos de vil ambición traidora. Esta vida de Palacio, si dura, es vida golosa, pues ya gozo entre las damas censos de dulces, y alcorzas, Esto consiste en decirme, encomiéndeme a Dios todas, y en responderles, yo espero, que será presto la boda: con esto la que más guarda, los regalos desabrocha, que un poquito de Eu vale mucho entre señoras; pero allí vienen dos juntas, que ya sé como se nombran porque aquí nombré mondongas, Cu E. Contigo, Lucinda, quiero descansar en mis congojas; pero aquí está el Ermitaño. Es un escupe ponzoñas. ̱ Deo gracias, hermanitas. Déjenos, Hermano, a solas, y tan a menudo excuse verme, ni suesucia boca tan a menudo me hable. No puede ser, si lo notas, dejar de hablarte amenudo. por la razón que te enojas. Ya le entiendo, es un vergante, y hable bien de las hermosas: Váyase de aquí. . Me voy por no enojar a la otra, que es quiento suele regalarme, y es beldad de más estofa. No se va? . Ya se obedezco: terribles sois las fregonas. Es un puerco. . Si te ofendes, lava lo puerco, y perdona. . Iré tras él. . No te enojes. Mis uñas están rabiosas. Mira que eso es chanza todo. De mi cuarto salgo ahora, y viendo a Estela, y Lucinda llego aquí; mas las dos solas parece en secreto hablan, quiero escucharlas curiosa oculta en estos canceles. No hagas caso, y que me oigas te pido, para consuelo de las penas que me ahogan. Pues ya no hablan en secreto, escucho las voces todas. Que este Ermitaño no acierte . siquiera a llamarme Diosa! Bien sabes tú, que Aureliano fue mi amante, y que por otra me olvidó, tan soberana, que no era menos que Aurora. Lo primero no sabia, lo segundo sé, y me enoja. Sabes también, que una tarde de un papel de sutil nota, quiso que Aurora supiese su pretensión amorosa. No lo ignoro, y que tú entoned airada fingiste pronta, que el papel estaba escrito, que con la pluma lo apoyas, fingiendo también cuemarle a la luz por injuriosa la tinta con la Princesa, negándola succesora del Imperio, por ser muda; y esta, en breve, fue la historia, siendo todo una mentira, que tu inventaste celosa. Raro modo de vengarse. Tampoco, Lucinda, ignoras, que su amor a la Princesa tuvo principio en la joya, que con un retrato suyo perdió en la estancia olorosa de un jardín, donde Aureliano halló la divina copia::- Qué es lo que oigo! Cuya imagen en su pecho miro absorta. Yo también, aunque he callado, la he visto, y pensé ser otra. No, que el engaste es el mismo, y el verla, digo, me asombra, porque refirió Aureliano, que el pincel que esmaltes doran, se le robó un Vandolero; y en tantas dudas penosas, ya que Aureliano es indigno de que yo sea su esposa, por la traición que ya sabes contra la Imperial Corona, quisiera que tú, Lucinda, le disculpes con Aurora del papel, que yo a decirlo no me atrevo vergonzosa, y la Ley de Dios cumpliendo, confesando, que fue loca ficción de celos, quisiera, ya que le amé no dichosa, que me deba en esta parte satisfacerle la honra. . No llores, que aunque irritada oigo trazas amorosas, enternecida perdono tu culpa porque le lloras; y este retranto, que el pecho mas le infama, que le adorna, pues por un acaso estuvo en mano tan alevosa, porque de una vez se pierda donde nadier halle la copia, por este balcón al Tiber le arrojo en profundas ondas. Qué dices de esto, Lucinda? Que pared ninguna es sorda. Aurora nos escuchaba. Dicha fue, pues te perdona. Rendida voy a postrarme a sus plantas, ya que ahora no lo hice, por lo pronto que fue en arrojar la joya. . Yo voy a poner al uso las guntas de la balona. Vuelvo aquí. Qué mal encuentro! qué cara! qué fiera boca! de ti huyo. . Aguarda, espera. Per signum Cruéis. Qué tonta! yo dije, que aquí volvía por si Estela estaba sola que me regala, y no tiene los melindres de esta boba. No la veo; más Patricio, con Roberto, viene a solas, y vestido ya de gala llega aquí. Rara victoria! El Cielo me dio este traje, y esta espada vencedora contra el traidor de Aureliano, que preso traerán las Tropas del Emperador, y todos, que fue mío el triunfo; ignoran, dando fe de mis trofeos estas armas suyas propias. De loco fuiste Soldado, que es otra locura honrosa. El Cielo te favorece, pues en mi Oratorio ahora orando por ti, me dijo en revelación gloriosa, que ya de tu penitencia cumpliste la extraña forma, y al salir fuiste el primero que encontró mi se gozosa, refiriéndome tu empresa, que es del Cielo hazaña heroica. No es menor, que yo volviendo de la Campaña horrorosa, por disfrazar mi venida, sin que alguno me conozca, dejando el común camino, en una Barca más pronta pasé el Tiber; y llegando al cimiento de la obra mágnifica de este Alcázar, cayo en la Barca esta copia, que es la que primero viste, y yo robé portentosa, que ya sé que el pasajero fue Aureliano. . Todo asombra: y allá en el monte dormido te hallé, y esa imagen propia troqué en una de la muerte. La guardo para memoria. Tente, que Aurora aquí sale, y es diligencia forzosa te retires, no se ofenda de ver aquí tu persona, que ya sin disfraz tu entrada no es aquí tan decorosa, y aquesas armas me deja las guardaré, pues importa: presto escondete, que llega. Escucharé aunque me esconda. Qué ciega arrojé el retrato, olvidada que fue joya Ce restituida del Cielo! mas este es Patricio. . Aurora. Un desconsuelo, Patricio, padezco, pues ciega, y loca el retrato que me diste arrojé en la playa undosa del Tiber, sin acordarme con una ira furiosa, que fue dadiva del Cielo. . Qué es lo que escuché en Aurora! ncorescucha, no temas, que no se perdió tu copia, y que la veas espero. De Amor esta es alta gloria. Siendo así, dime, qué armas son estas tan brilladoras? Son trofeos, que a tu padre dirán: . Victoria, victoria. Qué es esto? Será el aplauso de esta hazana, ya que ahora sale el César asistido de Militar noble Tropa. Arnesto, dame los brazos, pues venciste. . Hazana es propia de otro más feliz Soldado, pero no hay quien le conozca: por él Alí quedó muerto, por él su gente huyó toda, por él fue preso Aureliano, por él a tus pies se postra. Oh infiel Vasallo! . Qué afrenta, mas que la muerte injuriosa! Mas en fin, quien fue el Soldado no se sabe, . Ni se ignora, pues lo dirán estas armas, que a tus pies Patricio arroja. Quién rindió estas armas mías, fue quien te dio la victoria. Corrida estoy, que me amase quien fue traidor. Haz notorialla hazaña, y quien fue el Soldado. Si haré, si antes le perdonas a Aurellano los delitos, que así el Cielo me lo informa. Si el Cielo te lo aconseja, le perdono. . Acción piadosa! Pues ya que estar no merezco delante de tu persona, penitente con Patricio vestiré la jerga tosca. Y a mí, Aureliano, perdone, una mentira celosa que retraté, como sabe, quien que lo sepa le importa; y pues no es para mi esposo, RCCEDO C C Qué ojos me echa la Lucinda! pues yo no me inclino a bodas. Por matarle a pesadumbres del Donado, fuera nobía. Del Cielo para sus triunfos, disposiciones son todas. Di el Soldado, que si es noble, su premio ha de ser Aurora. Si es noble? de Normandia hereda Ducal Corona, qué es este, y este es Roberto, y esta es su presencia propia, que la del loco fue enigma de penitencia forzosa, que le dio Dios por sus culpas. Y la que más, mi horror llora, fue, señón, sacar los ojos::- Ten, que en la culpa que nombras tu indulto fue el agraviado, pues nuestra Ley que lo exhorta, cumplió en perdonar la ofensa y yo también cumplo ahora la palabra de entregarte a Roberto. . Y se conozca, que es quien me rindió valiente. Llega a mis brazos. . Qué honra! Así cumplo lo que ofrezco: premiele tu mano, Aurora. ̱. Qué fortuna! . Esta es, Roberto, Dos veces mi amor te logra en ti, y en este retrato, cuya dibujada sombra fui quien la robé del pecho a Aureliano, como en forma de Comedia te lo dije. Qué asombro . De ser su esposa fue anuncio del Cielo, cuando se oyó Roberto en tu boca; y a mi gruta a dar las gracias, por hazaña tan heroica, me vuelvo. . Y yo penitente ofrezco imitar tus obras, siguiendo toda mi vida tu ejemplo. . Y de tantas glorias, yo al Duque de Normandia, daré aviso en veloz posta. Y aquí de Roberto el Diablo tiene fin la rara historia.