Texto digital

Texto digital de El rigor de las desdichas

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Desconocido
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El rigor de las desdichas. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/rigor-de-las-desdichas-el.

Logo BICUVE

EL RIGOR DE LAS DESDICHAS

JORNADA PRIMERA

No tienes que replicarme, Del fin, porque estoy resucie Alto, ya va de locura, sin duda has perdido el seso. Yo he de partirme esta tarde; así despedirme quiero primero de mi Violante. Jesús que notable yerro! pues di, que corazonazo empedernido, que pecho, tan arriesgado, y valiente, en viendo aquellos ojuelos que zarandeando el gusto traen el alma al retortero: en mirando aquel donaire, aquel brío, aquel despejo, que hacen cosquillas al gusto, que hacen brindís al deseo, ha de poder ausentarme? Yo Delfín, yo solo puedo; porque al fin soy desdichado porque nací solo (ay cielo!) a ser blanco de desdichas, si no archivo de tormentos; pero ya, si no me engaño, al cuarto llegado habemos de Violante. Qué me dices? es tramoya, o embeleco? vive Dios, que hacia nosotros se ha venido el aposento, porque yo nobe dado paso desde que llegué a este puesto! endiablado estoy sin duda, pues ando por esos vientos, sin saber quien es de mí proprio estafeta, o correo. Que cuando me ves penando, estés de humor? vive el cielo, que te he de quitar la vida. Detén el filo sangriento: que en sin matarme querías, o la caicida fiero? Espera, que va Violante sale aumentando el tormento, o el amor con que la adoro, que por, quererla la pierdo. soy mudanzas de fortuna, Ay Julia, quién viera a Carlos, para avisarle del riesgo con que su cabeza vive! Si no me engaña el deseo, el, y Delfín llegan ya. Tienes razón; mas ay cielos, que traje es aquel de Carlos! el corazón en el pecho se me ha hecho mil pedazos. Sin duda que lisonjero. sabiendo que le aguardabas para tanto desconsuelo, como es decir, que ses ausente porque peligra su cuello; vestido ya de camino viene, para que el acento de tus últimas razones, y ejecutar tu precepto de puro amante, y galán, que se continven a un tiempo. Disimular quiero ahora, para probar sus intentos: pues Carlos, como tan triste, cuando tan galán te veo? No son galas, no Violante, lutos son de mis deseos, trajes son de mis desdichas, indicios son de mis celos, asomos son de mi muerte, y señales de mi entierro. No oíste decir acaso, que cuando algún caballero paga a la muerte tributo, en vez de capuz funesto: le visten galas, que sirven de mortaja en tanto sueño, sacando solo del mundo aquel desengaño eterno? Yo, que caballero soy, y estoy de congojas muerto, desengañado en tu amor, y que sepultarme intento en tanto riesgo de ahogos, en tantas olas de celos, en tantos golfos de ausencia, y en mar de tantos tormentos, vestido salgo de gala, para decirte con esto, que triunfo de tus engaños, aunque es caro el vencimiento, aunque es costosa la palma, y aunque es peligroso el riesgo Declarate por tu vida, que me tienes con mil miedos: que celos me signisicas? que desengaños son estos? habla, mi bien, Carlos, dilo, que me tiene con recelos tu confusión. Escucha la causa de mis tormentos, la ocasión de mi partida, y los fines de mi intento. Pues atienda, Julia hermosa, que también decir la quiero el porque del auientarme. Pues aquí nos retiremos. Desde el umbral de la vida, del mundo escasón primero, puerta de tantas desdichas, y origen de tantos riesgos, Tan hijo de mis desgracias hací, que sin duda el cielo admiró en aquel instante todos sus astros opuestos, todos sus signos contrarios, y eno jado todo aspecto. Ludóvico, Rey de Albanía, me dio el ser, vida, y aliento; mas tan infelice he sido, que aún en mí primer suceso, los cielos, y la fortuna se conjuraron a un tiempo; que quien desdichado nace, desde luego empieza a serlo. En el Abril de sus anos, mi padre como mancebo, noble; alentado, brioso, cortés, galante, y discreto, se aficionó de Rosaura, hija del Marqués Alberto, y madre también del hombre más desdichado que el cielo admiró, desde el instante que orbe de casir inmenso, o pabellón tachonado de diamantinos luceros, inteligencias animan tanto voluble convejo. En este tiempo, mi padre, a peticiones, a ruegos de sus vasallos, y Corte, concertó su casamiento con Lisarda, prima suya; y aunque se casó violento, por querer bien a Rosaura, se convenció a los consejos de sus subditos, que importa al que es Príncipe discreto, tal vez ir casi obediente con la corriente del pueblo, por tenerlos obligados cuando necesite de ellos. Frustradas las esperanzas de lograr tantos deseos, de ejecurar tanta dicha, y de templar tanto incendio, loco, intrepido, arrogante, soberbio, bárbaro, y ciego, sin mirar inconvenientes, y sin advertir en riesgos, porque ciega el apetito, la razón, y entendimiento, se determinó una noche, cuado entre el mudo silencio, culutados esos aires, y entapizados los vientos con vayeras, por la muerte del más radiante lucero: Infaustos capuces viste la Ciudad de su elemento, a subir por un balcón para entrar al aposento de Rosaura, que asustada con el asombro, y miedo, vuelto azucena el clavél, el nacarhelado, y hierto, sudando aljófar la nieve, mal aliñado el cabello, articulando sollozos, lloviendo perlas sus cielos, dando el corazón latidos, cortados todos los miembros, despidiendo mil suspiros un fuerte nudo en el cuello, lleno de quejas el rostro, mal despedido el aliento, y embargados los sentidos de un desmayo macilento; más muerta quedó que viva; pero volviendo en su acuerdo, queriéndose remediar, llegó muy tardé el remedio; pues volviendo las espaldas, le dejo bañado el lecho en lágrimas de sus ojos, en deshonra de su dueño: Y sobre todo, en senal de tan trágico suceso, a mi por fruto cogida la virgínea flor primero: Quedamos mi madre, y yo, siendo la cama en un tiempo, mucha cuna a mis desdichas, poca tumba a su honor muerto, grande albergue a mis desgracias, a su valor breve entierro; ancho distrito a mis penas, ,y Mudanzas de Fortuna? humilde pira a sus cielos; y en fin de entrambos a dos, con fortuna, y ado adverso, si sepulcro a su decoro, a mi tragedia aposento. No me admira, no Violante, el referido suceso, que aunque es verdad que los Reyes, por ser símvolo, y ejemplo, por Dios debieran vencer con prudencia los afectos humanos, y conservarse sin llnaje de d efecto, porque en la cabeza estriban del inferior los aciertos; como aunque Reyes, son hombres, y están a la edad sujetos, y la mocedad los tuerce con mil impulsos violentos. Solo me espanto de ver ingratitud en un pecho noble; porque contradice ser ingrato, y caballero, ser cruel, y desconocido, y ser tirano, y excelso. Casose el Rey con Lisarda, sin memoria del extremo en que a Posaura dejaba, que dentro del breve tiempo, entre tacitos suspiros, y entre mudos sentimientos; que desdichal que inclemencia! que lastima! qué desvelos! a un tiempo me dio la vida, y perdió el vital aliento. Nacio Flaminio aquel día de Lilarda, que heredero viene a ser de Ludóvico, sucediéndole en el Reino. Los dos nos criamos juntos, tan encontrados, y opuestos, que quien nos yiera, juzgara; que sin duda al nacimiento de entrambos, todos los astros se miraron contrapuestos. De la juventud, apenas pasé los umbrales tiernos, cuando me rendí a tus ojos salamandra de tu fuego, matiposa de tus rayos, y Fénix de tus incendios. Donde feriando mi vida, compre acosta del tormento, sino mi muerte, el martirio; sino mi ahogo, los riesgos. Émulo osado a mis dichas fue Elaminio, que en efecto, no hay gloria sin competencia, ni sin peligro contento. Yo merecí tus favores, el granjeó tus desprecios; yo adquirí tus esperanzas; el paseó tus contentos; yo gocé de tus caricias; y el malogró sus desvelos: porque tal pago merece quien festeja a lo soberbio, quien galántea a lo altivo, y quien pretende altanero. viéndose en fin despreciado, ttocó en tema el galanteo, volvió el amor en porfía, conmirtió en ira el festeio. Y en fin, para esposa suya, ilesabido, que resuelto sisupadre te ha pedido, huobediente a su empeño, sehas respondido quisi. Nome espanto, no me ofendo ue obediente le ejcentes, lbadmitas de respeto. Mose lo vengo a impedir, diconsejarte o vengo; huese a Flaminio, Violante, toma a Flaminio por dueño; muchas ganas en cobrarlo, mucho valdrás con su empleo; caiga, Carlos de su trono, suba Flaminio a tu imperio: Yo cairé de tu memoria, él ocupará mi asiento; ruede yo para que él valga, él tenga lo que yo pierdo; mude tu pecho de amante, mude tu gusto de centro, mude tu amor de galán, muden tus ojos de empleo, admite esposo más rico, escoge amante más nuevo, toma marido más noble, elige más alto dueño; mucho ganas en perderme, mucho adquieres en tenerlo, poco valieras conmigo, con él te obedece un Reino; él es rico, yo soy pobre; él es grande, yo pequeño; él es soberbio, yo humilde; él es señor, yo sujeto; lo que a él le sobra, me falta; lo que él tiene, yo no tengo; con él te sirven señores; con migo un pobre escudero: Solo te pido, y suplico; solo te aconsejo, y ruego, por el amor que te tune, por lo que te quise un tiempo, que de mis ansias te olvides, que despidas mis recuerdos, que no despiertes mis penas, y que en fin, por lo postrero, consideres, que una fiera fue mi miserable entierro, que me sepultó Neptuno en sus cnidales soberbios, 240El Rigor de las Desdichas en sus cabernosos senos, que yo entre tanto ofendido de mis trágicos sucesos, ausente de tu hermosura, que me tiene en tal extremo, lloraré como infelice, mis penas, mis sentimientos, mis desdichas, mis pesares, mis dolores, mis tormentos, mis males, mis desventuras, mis desgracias, mis desvelos, mis quejas, mis infortunios, mis agravios, y mis celos; y entre enemigos combates, siendo mi verdugo mesmo, siendo azote de mi vida, y siendo contrario fiero, codicioso de mi suerte, pondré te merario el pecho, o al arrojadizo plomo, o a los filos del acero. Como un Ángel lo has contado: vive Dios que si tuviera, cuarto, y estampa te diera! que brioso! qué alentado! bien tu vida has decorado; si algunas veces te ensayas, y acaso no te desmayas, o el alma se desalienta, a Dios darás buena cuenta cuando de esta vida vayas. Pues oye, que has de admirarte. y Mudanzas de Fortuna, Licencia de vuestra Alteza espero para partirme. Háceslo por afligirme, o por probar mi fineza? Ya el detenerme es tibieza. Ven Delfín. Ya voy contigo. Carlos, mi bien, si te obligo con suspiros, y con quejas, porque a mi llanto te alejas, y te vas cuando te sigo? Porque estoy desesperado, viéndote, ay cielos ! ajena. Solo es presumida pena. No es sino mal declarado; yo estoy ya determinado; y así a Dios, a Dios Violante. No has de dar paso adelante, sin haberme prometido, de que con atento oído, me has de escuchar un instante Alza, Violante, del suelo, no obligues a quien te mire, a que suspendido admire, postrado en tierra tu cielo, que aunque tu intento recelo, te prometo de escucharte. Pongámonos a esta parte. Contigo, Julia, me entierren y ellos acierten, o yerren. Cualquiera habrá entendido, caso es llano, que te tiene mi mano para estorbar tu intento, pues es muy ilusivo pensamiento; antes porque te alientes, a suplicar te vengo que te ausentes, Solo te he detenido, Carlos, solo, viendo que pones dolo pudacional de Espa que ha conocido el estrellado muro, después que rueda entera; cuatro elementos ciñe con su esfera; que esotro de ausentarte tan aprisa, si no me causa risa, es porque aunque te burlas, parecen mal las penas aún de burlas: Y no sé como sea, que de la acción presente tal me crea, pues de la suerte, y modo que consiente el reo; o delincuente, que le venden los ojos por no sentir la muerte en los antojos, cuando el verdugo fiero al cuello áplica el retajante acero: Así del que ama, y pierde el amor tuyo; por evidente arguyo, que no ha de despedirse. por quitar ocasiones de afligirse, mirando tan cercano el puñal que te ofrece sin temprano; y el que queriendo bien se determina en muerte tan vecina, a verla frente a frente, o finge que se va tan solamente, o cuando más no puede, pretende que le ruegue que se quede. Mas por quitarte tantas confusiones, como en breves razones mi lengua te ha propuesto; y porque no te ofusques con el resto, ni con tus dudas luches, segunda vez te pido que me escuches. No bien tres lustros, numero de vida, cuando a tu amor rendida, del pecho te hice dueño, imperio aun que firmísimo, pequeño a tu talle, y persona, digno sujeto de mayor corona: No refiero los gustos, los contentos, que mis ojos atentos gozaron tantos días; por no aumentar aquí las ansias mías, que acordarse en el mal del bien pasado, es duplicar las penas al cuidado. Conservose mi amor con fe constante, siendo firme diamante, siendo invencible roca, siendo montaña que a los cielos toca; y con gustos extraños, creció mi amor al paso de mis años. Viste estampar acaso en la corteza de árbol tierno, que empieza a ser dosel del prado, breve rengión, o rasgo mal formado, que las letras se aumentan, al paso que sus ramas anos cuentan? Pues así mi cuidado, así mi herida en el pecho esculpida desde mis años tiernos, en placeres inmensos, si no eternos; y con gusto cumplido, al tenor de mis años ha crecido. Mas como (ay dueño de los ojos míos!) de tu hermano los bríos, o la bárbara envidia, que hasta en los pechos de los Reyes lidia: por tema, o por antojo, quiso rendir del alma algún despojo, mostrándome a su amor empedernida, y con él ofendida, para cortarel vuelo a su ciego, a su bárbaro desvelo; le mostré el desengaño, ocasión (ay de mí!) de tanto daño; pues para asegurar mi cautiverio, con alagueño imperio a mi padre me pide; y él que su edad en su codicia mide, el si le dio indiscreto, aunque ha salido vano su conceto. Mi padre esta mañana me lo ha dicho, yo se lo he contradicho; díjome, que tu hermano quiere matarme; mira tú si en vano me quejo, y me lástimo, viendo con riesgolo que más estimo. Carlos, mi bien, este peligro excusa; si tu amor lo reusa, si no te partes luego, me he de arrojar desesperada al fuego: yo he de ser mi homicida, porque muriendo tú, no quiero vida. Excusa tantos daños, dueño mío; mas hay amor impío! como pido mi muerte, pues estriba en tu ausencia, si se advierte? Huye, vete de presto; mas ay de mí, lo que aventuro en esto! seguro puedes ir de mi firmeza, no receles tibieza, ni te aflija el recelo, que de suerte te adoro vive el cielo! que no admita otro dueño, si me amenazan con eterno sueño; antes verás retroceder los ríos, arder los cielos fríos, trastomarse los cielos, ahogarse en el mar sus paralelos, descuadernar los montes, trepar por la región los Horizontes, volver el Sol su curso presuroso, dar fuego el mar undoso, llegar al Sol de un salto, daral eterno muro un breve asalto, arderse en el Invierno, y haber quietud ererna en el infierno, que yo te olvide, ay dueño de mis ojos! no te ocasione enojos, pues si más anos vivo que centerlas escupe el Etana altivo, que el mar conchas encierra, que guijas se aposentan en la tierra, que el Abril delicioso aborta flores, que el Sol cuenta fulgores, que en el mar peces viven, que átomos en el viento se reciben, que oro el Ganjes produce, que el Éufrates nevado ondas conduce, que aves hóspeda la región del viento, que el humedo esemento arenas atesora, que perlas llueve la rosada Aurora, he de ser la que he sido, sin que me mude el tiempo, ni el olvido. solo afecto de vivir, Pues por Dios que tu señora, no se ha dormido en las pajas. Qué es dormir? muchas ventajas le ha llevado. Es gran pintora de su amor. Pues quién ignora. que queriendo una mujer, no hay retórico saber que con el suyo se iguale, porque una lágrima vale mucho para hacer creer? Esto conviene, Violante, yo he de quedarme en la Corte, que no hay quien mi vida acorte, ni quien mi fuerza quebrante. Hay locura semejante! Déjame hacer lo que intento. No apures mi sufrimiento. No haura ya quien me lo impida. Mira el riesgo de tu vida. También miro mi tormento. Eso es desesperación. Mayor fuera el ausentarme. Sin duda quieres matarme. Y tu aumentar mi pasión. No hay por tu parte razón. Jamás el amor la tiene. Pues que causa te detiene? Importa esto al honor mío. Es locura, y desvarío. Oye, y verás que conviene. presente quiero morir, y no ausente padecer. Locura fuera temer de Flaminio el golpe fuerte, porque es error, si se advierte. en pena tún conocida, que un hombre que está sin vida tenga temor a la muerte. Quise ausentarme agraviado de imaginados desdenes, más, pues, contento me tienes ya se acabó mi cuidado; no te admires que arrojado. me viniese a despedir, porque se viene a inferir, que entre tanto padecer, el que no sintió el perder, sin duda perdió el sentir. La muerte a que me condenas es digna de aperecer, pues acabando mi ser, cierra la puerta a otras penas; las del irme, son ajenas de poderlas tolerar, porque si me han de acabar, y hacerme después sentir, es penar para morir, y es morir para penar. La ocasión de mi partida, era juzgarte ya ajena; tu aseguras esta pena. con que me has dado la vida, irme temiendo la herida de Flaminio, es dar motivo aque me deshonre altivo, diciendo, que le temí; y no me está bien a mí ser con mi valor esquivo. Y si tu razón apuras, verás que me has detenido, pues yéndome yo ofendido, mis ofensas aseguras: y aunque el quedarme murmuras, anulando la razón, de tal determinación, sin duda el decirte puede, que tú quieres que me quede, pues me quitas la ocasión: Oye, verás que es error? Es el amor de tu hermano, hijo de un rema tirano, que no es verdadero amor, satando el competidor, cesara de estar temoso; Idejando con reposo, de querer se olvidará, porque al fin ya no tendrá de quien estar envidioso, Es así, mas si quisiese vendore sin defensor atropellar con tu honor, quien aurá que se lo impida? así es fuerza que confiese, queme esta mejor quedarme, porque quien quiso agraviarme amis ojos más impío, lo hará viendo en mi desunío, laimpossible de vengarme. Por eso soy yo diamante. Pero en fin eres mujer. Nayde me podrá tercer. Rsucho puede un Rey, Violante. Soaura quién mi amor quebrante. Pues quebrante telo el ver que cual otro Luciser, Flaminio a esas salas pasa. Ay Dios! Flaminio en mi casa? Sale Julia a responder. No hay para que, que ya llega. Dile que un poco se espere, que esconderse Delfín quiere. No hay un costal, o talega? Jesús que palos me pega! Julia, tienes tú, o Violante, verdugado, o guardar infante? Para qué? Para esconderme; porque no quiero perderme viendo a Elaminio delante. Éntrate en ese aposento. Como una jarame voy. Turbada, Carlos, estoy! Yo de cólera reviento! Escóndete allí al momento, Hoy he deser su homicida. Éntrate hombre, que te importa. Siempre de tu libiandad semejante acción creí. Pues dí, qué te importa a ti? Qué sufra tal libertad! castigara a tu maldad, a no ser tan vil mujer. Ya me toca el responder. Carlos, mi bien, no te alteres. Ofenderá las mujeres, es villano proceder. Pues tú te atreves a hablar? Qué ves en mí que no puedo? Tener a mí aspecto miedo. rJamás se ha podido hallar en mi valor. Es engaño. Mira no hables por tu daño. Tú me amenazás cobarde? Ya mi pecho en furias arde. Mas que no se dan ogano. Vive Dios que si me enojo, y te arrojo por el viento, que del lince más atento, no ha de divisarse el ojo, tan cerca al Planeta rojo; has de ver en su Región, que entre ardiente confusión, cuando vuelvas a bajar, sin duda que has de llegar hecho ceniza, o carbón. Pues para inmensos renombres, si te despide este brazo, te he de echar sin embarazo, donde tú mismo te asombres, tantas leguas de los hombres, te has de ver entre centellas, que huésped de antorchas bellas, recelando tu caída, para asegurar tu vida, te abraces de las estrellas, No me asombra tu furor, pues para causarte miedo, tan alto arrojar te puedo Detén, Carlos, el paso presuroso; s, y Mudanzas de Fortuna. con mi pujante valor, que causándote temor tu vuelo y mi impulso fiero, te admires tan altanero del furor que te destierra, que te parezca la tierra apenas atomo entero. Pues si yo te he de arrojar con la pujanza que encierro, no hay que prevenirte entierro, porque allá has de quedar, que de suerte has de volar de mi cólera atrojado, que caminando alentado. del furor de tanto tiro, en el celestial zafiro has de quedarte encajado. Hasta ahora nada he visto, más quiero me cambullar, que temo que me han de echar por esos velos de Cristo, que si a su furor resisto, según crecen sus excesos, con orgullos tan traviesos, temo que sin duda alguna; dándome contra la Luna, me han de hacer saltar los sesos, mi bien, señor, esposo, mira que es el cuidado con que en tiernos sollozos me has dejado: Ay Dios! tan a mi costa, que a la muerte me lleva por la posta. Duélato, dueño mío, de una vida, que está a la tuya unida: Mas di, que ciegamente, duélere de la tuya solamente; pues en la tuya estriba, el que Violante (ay cielos!) muera, o viva. Enternezcan mis lágrimas tu pecho; mas no son de provecho, que es tu cólera fuego, y ellas hijas de amor, con que te ruego, y presumo, sin duda; que más mi llanto a tu favor ayuda. No me mates con irte de esa suerte; mira, señor, advierte, que aunque llevas dos vidas, por ser una la mía, van perdidas, que es al fin desdichada, y fácilmente la hallará la espada. Ya el alma te imagina atravesado el pecho, y rebolcado en un golfo sangriento; muerto el semblante, el rostro macilento, los dientes traspillados, y los ojos, o muertos, o quebrados. Pero entre tantas penas, que me sirve penarme, ni afligirme, sino tiene remedio, ni a mi discurso se le ocurre medio? Dadme paciencia, cielos! pues les doy ocasión a mis desvelos, Ya estamos donde pueden los aceros examinar los fieros del uno, y otro pecho. Di que estás de tu vida en el estrecho, pues consiste en tu muerte el ver desnuda mi cuchilla fuerte. Tu castigo has de hallar en tu arrogancia, pues pienso a la distancia de esta selva florida, que ha de ser tumba a tu infelice vida, cuando ya se desangre, hacerla he tesorera de tu sangre, Ya dilato tu muerte en mi tardanza. Tomar quiero venganza de altiveces tan locas; y pues a castigarte me provocas, conoceras ahora de mi pecho la furia que atesora. Qué brabos chincharrazos se están dando! Tened, que estoy mirando. vuestras necias locuras. Por aquí de tu muerte te aseguras. Carlos, cómo te atreves. a perder el respeto a quien le debes? No ves que es Rey Flaminio, y que te excede en nacimiento, y puede prestarte a ti nobleza, pues fue su madre la mayor Alteza que el mundo ha conocido, y la tuya no fue la que ella ha sido? . Si yo. No me respondas nada: Envaina tú la espada, Flaminio, y ven conmigo. Ya, aunque enojado, tus pisadas sigo. No te murieras viejo, para que yo reinara con despejo! Muy buen lance hemos echado, pues entre tanta porfía, debe de ser medio día, y sin haber almorzado. Denme paciencia los cielos! Pide juicio de camino, pues sin probar pan, ni vilio, ni aún si quiera unos bunvelos, te saliste esta mañana. Siempre has de estar con humor? Y aún con hambre, que es peor. O con que famosa gana a un torrezno, y a un cuartillo les diera yo ahora un toque! y aún al perro de San Roque le quitare el panecillo. Dime, sabrás ir Delfín? Si es a casa del sigón a traer algún capón; o vino, que a San Martín de España no deba nada, por algún pabo de leche, por perdices, o escabeche, o por alguna empañada; si es ir por algún gigote, por cual que trucha, o pernil; por un conejo gentil, o por un pastel en bote, mejor que el Credo lo sé. Pues que te importa el sabello? Luego no me envías por ello pues mámola, que no sé. Sabras llevar con recato a Violante este papel? Y aún traer respuesta de él, sin duda: Por mentecato me juzgas, pues me preguntas si sabré un papel llevar? y aún con él me sabré entrar por las paredes más juntas. Pretender tengo este Invierno, puesto que a excusarlo acuda, ser, si la suerte me ayuda, estafeta del infierno. Toma, dila que al momento responda. Yo lo diré; pero adonde te hallaré? Hallárasme en mi aposento. Si el amor de esperanzas se sustenta, como es grosero amor a aquel que espera? y si es la posesión su dulce esfera; cómo por logro al poscer la afrenta? Por que dicen que amor se desalienta, gozado el premio en fe tan verdadera? y si gozado ya el amor se altera, porque dicen que amor gozar intenta? Yo no te entiendo amor, pues si en los brazos ha de cobrar el ser tu dulce herida, como te ahogan esos mismos lazos, siendo tú mismo aliento tu homicida? Mas puedesme decir, que los abrazos son el tropiezo de tu muerte, y vida. Digo, pues, que fue su padre, y los puso en paz en fin. Ay, Carlos, lo que me cuestas! pues el no salir tras ti, fue por no exponer mi honor aque diese que decir; que si no, viven los cielos! que el animo varonil de mi pecho conociera Flaminio: Mas mira allí, que no sé quien hace ruido. Si no me engaño, es Delfín que sube por la escalera. No se engaña, ele aquí: Qué me dice? soy bonito? Eres como un Serafin. Pues no me ha mirado bien, que si me empiezo a pulir, no hay doncerla criminal, ni hallarás dama cívil que me iguale en esta Corte: Pero quierote decir, Violante, a lo que he venido. Dimelo presto Delfín. Si me lo ruegan primero las dos. Con este chapín. Dilo necio. Digo, pues, que un papel te traigo aquí de Carlos. . Dámele luego, Aguardas respuesta? . Sí. Pues espera un instante: abro, y leo, dice ansí: . La envidia de mi hermano, que por instantes crece, me obliga a que te proponga, que para resguardo de su soberbia, te resueivas aque nos desposemos esta noche, o la perder las esperanzas: de término que de no hacerlo, conocere que quien res a Flaminio. Dios te guar- de . ayo El rigor de las Desdichas Notable resolución! más venza el amor en mí, rompanse dificultades; esta noche ha de venir Carlos a gozar el fruto de su amor; espera aquí, mientras entro a responder. Yo esperare de aquí Abril, de aquí a Mayo, de aquí Agosto: más di, Julia, he de venir esta noche con mi amo? Puedotelo yo impedir? Di válgame Dios! no me entiendes? es lo que quiero decir, que si sufre aneas tu cama. Plegue a Dios, que birvelas, satampión es, No es mi cama lacail, para que se acueste en ella. Oye doña fregatriz, y no le vendría muy ancho el que yo quiera venir? Es un, Dios me lo perdone, que se lo quise decir. Ea, haganse las paces, mira que te traigó aquí. Qué me traes? Un soneto. Malos años para ti, miren lo que me traía. Oye, advierte, escucha. Di. pulgas, chinches, mosquitos, piojos, grajos, jaqueca, y mal de madre sin atajos, almorranas, u sagre, y sabañones. Plegue a Dios, que correncias, lamparones, abispas, piojos, sarna, escarabajos, celos, y suegras, rabias, y trabajos, con ratas, comadrejas, y ratones. Plegue a Dios, que cararros, garrotillos, lagartijas, postemas, puntillazos, palos, pendencias, golpes boseradas. Bomitos, pesadumbre, tabardirlos, salamanquesas, ranas, y porrazos, con arranos, cáchetes, y punadas, te asijan a manadas, si de ti me olvidare mientras viva, para que premio dé mi amor reciba. Jesús lo que has ensartado! Tengo un ingenio sutil. A este soneto le sobran los tres versos. Es ansí; mas es por andar al uso soncro con pondebí. Dime, no soy muy hermosa? Eres como un Cerubín, fresca como una lechuga, linda como untoronjil, lucia como una espinaca, picante cual perejil; eres Luna, eres estrella, eres Sol, eres Zafir, y eres ineceliccelorun, S beata seráfín. Jesús que de disparates! Mereces ser del Sosi mujer, y si yo obespara te hiciera mi obispa a ti: paga el vino, pues he hecho las amistades. Del fin, dale este papel a Carlos. Voy a darle, y el chapín te beso quinientas veces, y si no quinientas mil. Tu Julia, quedare luego con las llaves del jardín, que ha de entrar Carlos a verme esta noche para mí. A ti te toca el mandarme, y el obedecerte a mí. Amor, puesto que eres Dios, atite quiero pedir, que favorezcas mi intento, para que se logre ansí. La sentencia está aguardando mi amor, no sé que aurá sido el haverse detenido: Muriendo estoy, y penando! hoy, Violante de mis ojos, los cuidados que me debes, sia pagármelos te atreves, hoy celarán mis antojos. Como un pájaro he venido, gracias a Dios que he llegado! Qué hay Delfín? Pe muy buen recade, albricias, señor, te pido. Yo las mando a tu lealtad. Coligo tu buen suceso; pero con eso, y sin eso, este dirá la verdad. Lanema rasgo con miedo, que es en fin sentencia fuerte de mi vida, o de mi muerte; más piesto saberla puedo. . Por que no digas que no me debes alguna fineza, me detérmino a hacer una por ti: Esta noche a las doce estará abierta la puerta del jardín, para que por ella en- tres a tomar posesión de mi li- bertad. . Mil veces beso la firma, mil veces su letra adoro, bien el amor que atesoro con su voluntad confirma; loco me tiene el contento, dame un abrazo Delfín. Allí fuera hay un rocín, que puede cumplir tu intento. Ay Delfín del alma mía! Requiébritos a un barbado? Llégate a mí. En loco ha dado, que me llegue a ti? a Turquía. Abrazame. Ni aún por lumbre. No seas, Delfín, cansado. Jamás en Iralia he estado, y me causas pesadumbre. Ay! qué me fuerza mi amo; favor, favor, que me fuerza; sean testigos como es fuerza, y que en mi favor los llamo. Este abraz o te di en gusto del piacer que me has cansado. Pues hubierasme avisado, y me excusaras el fusto. Es posible que de ser dueño de tanta hermosura? tu curso; o noche apresura! que estatuas te pienso hacer, dilata ese horror que empieza a ser gloria para mí, pues he de gozar en ti un portento de belleza: testigo será el jardín, de que alcanzaron mis celos el premio de mis anelos, y de mis ansias el fin. Ya me parece que es hora, de que vamos. Es verdad, Oh noche tu oscuridad retarde un siglo el Aurora. Ya me tienen tan causado, Flaminio, tus demasias, que la voz de todo el pueblo me fuerza que las corrija: Y cuando un Rey se declara. para llegar a reñirlas, es volverlas a emprender, es querer perder la vida; porque es decir mudamente, que sus preceptos, no estima, que menos precia el mandato, o que la obediencia olvida. Esas preñadas razones, no sé el blanco adonde tiran, el fin a que se enderezan, ni la acción que las motiva. Si me precio de hijo tuyo, cómo puede haber quien diga, que de quien soy degenero ocasionando tus iras? sino es que acaso ejecute sus dentelladas la envidia, en los hijos de los Reyes como en quien con ellos priva. Con mil disgursos rodeo mi cansada fantasía, y no alcanzo, ni penetro, la asión por que seirtita y Mudanzas de Fortuna, tu cólera contra mí. O que presto que se olvida el ofensor de la ofensa! son tus cosas tan indignas de quien eres, que es afrenta el intentar repetirlas; y así las dejo al silencio, que quien tiene cometida una culpa, bien la sabe; y así para corregirla, baste decir que la sé, y que mires por tu vida, que aunque soy padre, soy Rey, y es muy fuerte la justicia. . Oh cuanta eficacia tienen las razones de un Rey dichas! y aún son supersluas si el ceno irritado se anticipa; basiliscos son los Reyes, pues que matan con la vista. Pues vive Dios, padre ingrato, si la muerte no limita mis altivos pensamientos, que he de echarte de la silla de que gozas ya caduco, desazonasido mis dichas. Vive Dios! qué antes que al Sol hermoso padre del día, hagan los pájaros salva en la Aurora más vecina, has de ser despojo horrible, de la muerte a que me incitas, si me ayudan mis amigos. Repara, señor, y mira, que puede haber quie te escuche, porque son de la malicia los tápices claraboyas, las paredes, celosias, pordónde lo más secreto astutamente escudrinan; a más, de qué injuliamente el furor te precipita a tan atroces amagos, a ocasiones tan indignas; que el Rey como padre debe corregir las demasías de tus verdores lozanos, de tu condición altiva, sin que merezca tu enojo, por mucho que las corrija, pues él amor que te tiene, tus aumentos solicita. Luego tú no estas resuelto? luego tú no determinas ayudarme en esta empresa? Es difícil la conquista, fuera de que al Rey, y ley, no fui traidor en mi vida. Con migo lo has sido ahora, pues con amistad fingida me obligaste a declararme; pero de esta alevosia será castigo tu muerte. El cielo tu intento impida! Contento estás. Con razón, pues ha dos meses que es mía Violante. Bien se le luce, pues la crece la barriga. ̱. Desde aquella alegre noche, principio de tantas dichas, motivo de tantas glorias, basa de tantas caricias; en tranquisa posesión, como sabes, desperdicia Violante tantos favores, que aunque era de ellos muy rica, ya no la quedó que dar, y es forzoso, que mendiga, si quiere tener alguno, a mi pecho se lo pida. A esta obligación se añade, la de ver que ya atestigua con señales evidentes, que atesora prendas mías; mas cómo, si me declaro? es más claro que peligra por el rigor de mi herma no, y enemistades antiguas, su honor, mi vida, y mi gusto: tan fuerte lance me obliga, a que al paso que me atrevo. a ese mismo me reprima, sin que a tanto laberinto halle el discurso salida. Pues mis ambiciones locas no se aplacan, ni mitigan, valerme quiero de Carlos, que si a ayudarme se inclina, persuadido de mis ruegos, forzado de la codicia, de la posesión del Reino, que mi industria solicita, proponerle para el caso, será fácil la conquista: Hermano, si acaso reinan enemistades antiguas, opuestas emulaciones, que un tiempo reinar solían entre nosotros; ahora el alma reconocida a lo mucho que te debe, para que queden vencidas he hallado un medio, y aunque parece atroz a la vista, excusa estas competencias, y es, que quitemos la vida a Ludónico, y del Reino la corona dividida, entrelos dos gozaremos, Oh ambiciosa tiranía! eca Nacional de España no pases más adelante, bárbaro, atroz, parricida; que tigre te dio sus pechos? que región tan escondida, a los registros del Sol, galante antorcha del día, te dio el ser? qué pedernales, en sus entrañas altivas, te enseñaron tal dureza? Vive el cielo, que a tu vida ha de abrir puerta este acero, porque no mires cumplida tu voluntad. Tente infame; aquí dieron fin mis días. . Ya es mayor la obligación de Carlos, pues dejo prendas en tus entrañas. Es llano; pero bien cumpien sus deudas pues jamás el Sol hermoso tendió su rubia madeja sobre campos de esmeraldas, ni sobre nevadas sierras, que no me festeje amante, y que no ponga cadenas nuevas a mi voluntad. con requiebros, y ternezas, con alagos, y caricias, con suspiros, y con quejas, de ver, que aunque ya mi esposo, es tal la desdicha nuestra que por su hermano, y su padre, a descubrir no se atreve nuestro amor, y casamiento. Que traes Carlos, que las señas me dicen mil desuenturas. Breve será la respuesta, porque viene todo un mundo siguiéndome. Hay tristes penas! A Flaminio dejo herido, toda la corte se altera Del fin me queda aguardando con un caballo a la puerta de tu casa; yo me parto a ser en tanta tragedia ejemplo de las desdichas, y prodigio de miserias. Un esto que por el alma (priesa me has dado entrado; mas lla importa; parte te luego que peligra tu cabeza, huye el riesgo, dueño mío; mas ay de mí si te ausentas! sufra yo tantas desdichas, pues lo permite mi estrela. Vete mi bien, vete, Carlos. A Dios adorada prenda. A Dios esposo querido. A Dios causa de mis penas. No te olvides de mis ansias, mira, mi bien, cual me dejas. De que me sirve la vida, pues ya es forzoso el perderla? Suplan las lágrimas mías los defetos de la lengua. Tiernos sollozos del alma, rasguen al pecho las puertas. Mi vida llevas contigo. El alma en tus ojos queda. Todo mi gusto se acaba. Todas mis penas comienzas. Hoy fenecen mis contentos. Hoy mis pesares se aumentan A Dios, a Dios, dueño mío. A Dios, a Dios, dulce prenda.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Violante, más hermosa que el Sol, cuando comienza a matizar sonoro las cumbres de esa sierra: Mas galante que el Alba cuando ensarta en las hebras de la menuda grama cuantas solloza perlas: Mas bella, y más bizarra, que la rosa que ostenta ennacaradas hojas cuanto primor encierra: Y más que el jazmín blanca, a quien la Primavera, vistio con vigilancia colores de pureza. No tengo en todo el día una hora, que no tenga estampado tu rostro en mi idololatría idea. La Primavera hermosa, como del año Reina, viste de nuevas galas alas desnudas selvas. Y brotando botones tunas de su belleza, con galantes matices del Invierno despiertan: Mil coros de avecillas con sus arpadas lenguas, saltando entre las ramas, su venida festejan: Ya libres de los grillos, con que el Enero cierra el paso a los arroyos que entre las flores trepan: Con el cefiro manso, el Mayo en las florestas, tanta retoca flores, cuantas Abril bos queja: Estrados Flora pule, al pie de aquestas sierras, de juncia, y espudaña, de trebol, y berbena: Por los padros esparce claveles, y mosquetas, violetas, y alelies, jacintos, y azucenas: Retocan por las guijas fuentecirlas risuenas, espejos de las flores, que esmaltan sus cenefas: Y escarchando su orilla, con racimos de perlas, en copas de rubiés, al Sol bebe sunectar; Y siempre, ay cielos! en mí, memoria reinas: Llega el ardiente Estío, y el Sol con más fiereza, Agosta estos pensiles, y estos teatros quema: Ya sazona su fruto el árbol que antes era gigante de matices, de Flores torre amena: El can celeste ladra del león la agudeza, con rayos de oro borda el más noble Planeta: El labrador astuto, Viendo que el tiempo llega del fruto deseado, a cogerse le apresta: Y el Sol en pardas nubes, emboza rubias hebras, cortinas de su rostro, y manto de sus trenzas: Y entro dos mil timbombos, que el espíritu alteran, relampagos abortan, y rayos del cuadernan: Rasgando el negro manto horrores mil bostezan entre estallidos roncos, y entre sombras funestas: Ya por infaustas bocas, escupiendo centellas, desde su centro esgrime granizo el aire, y piedras; Y siempre, hay cielo! en mi memoria reinas: Entra el templado orono con mansedumbre incierta, pues después su blandura en enojo la trueca: Riguroso despoja las galantes libreas, que a los árboles verdes les dio la Primavera. Ya pálidas las hojas, de la dura sentencia, desmayadas se caen en brazos de lahierba. Ya mustios esos campos, ya tristes esas selvas, sin pompa se congojan, sin rumbo se lamentan. De exhalaciones varias mil nubes se congelan, que el golfo de esos aires, calutadas navegan; y siempre, hay cielo! en mi memoria reinas. Vestido de congojas el Invierno se acerca, esprimiendo rigores, fulminando fierezas. Raudales aprisiona de escamadas culebras, que con grillos de vidrio su humilde curso enfrenan; Receloso deel frío en cabernosas cuenas, del humor de sus manos el oso se sustenta. Ya de nevados copos estas gigantes sierras, arjentan levantadas la erizada cabeza. Ya Eolo enojado de las hondas cabernas, soltando todo viento les da franca la puerta; y siempre, hay cielo! en mi memoria reinas. Mas lo que más me aflige, y me causa más pena, es ver que mi esperanza sin esperanza muera. Esto, Violante, mía, es lo que más me aqueja, esto lo que me mata, y lo que me hace guerra. Con aquestos pesares, con aquestas ternezas, con aquestos sollozos, con aquestas quererlas, con aquestos disgustos, con aquestas tristezas, con aquestos suspiros, y con aquestas penas, la Primavera pasa, el Estio se acerca, el Otoño sucede, y el Juvierno se llega; y siempre, ay cielo! en mi memoria reinas. Hóspeden mis presunciones estos crizados riscos, pues con altos pensamientos, su arrogante órguilo ímito. No sé qué impulsos me alientan a un pundonor tan altivo, que con ser pastora humilde, tengo de Princesa bríos. Calarme quieren mis padres con un cagal, y yo elijo, antes que darle la mano, vivir en aquestos nichos. Huyendo su gusto vengo, por entre robles, y pinos de este monte: Mas ay cielos! que prodigio es el que miro? Ay Dios lacia nosorros viene un salvaje, y los pies fijos me tiene en la tierra el miedo, presagios de mi peligro. No te asombre zagaleja lo espantoso del vestido, cobra aliento del desmayo, que segura estás conmigo; hombre soy, no soy salvaje, si bien el cielo ha que rido, que haya vivido con ellos diez y seis años cumplidos: Es esta exterior correza cesaje en que está escondido un pecho más generoso que promete el horror mío. Vite descender del monte satigada, y he querido ver si puede importar algo mi persona a tu servicio. ̱. Ya tus corteses palabras a mis pies han puesto grillos; confieso, que cuando vi tu fiereza, un sudor frío discurriendo por las venas, quiso embargar los sentidos: Mas ya que de tus razones tu noble piedad coligo, no tengo porque temer. No sé qué secreto indicio de amor en mi pecho reuna, desde aquel instante mismo que te vi bajar del monte; y así, que me cuentes, pido quien eres, y la ocasión de venir por un camino, tan fragoso, tan extraño, que con haber que vivimos un criado, y yo estas sierras diez y seis anos, no he visto que jamás humana huella se estampase en su distrito. De humildes padres nací, en un pueblo convecino a estos montes; mas tan altos pensamientos mi destino me ha dado, que me parece que el Príncipe más altivo es poco para mi amante, es corto para marido. Dos cagales de mi aldea, opuestos, de mi albedrío quisieron tener las llaves; pero mi pecho ofendido de sus locas pretensiones, enfadosa los despido, enojada los desdeño, y colerica los riño: al tribunal apeló de mi padre el necio arbitrio del uno; y él presumiendo, que estaria muy medido mi gusto a su voluntad, le dio el sí; común delirio de algunos padres, que juzgan tan obedientes los hijos, que los casan sin saberlo, como si acaso ellos mismos hubieran de padecer los tormentos, los martirios; que cuando es violento, trae oteca Nacional de España un casamiento consigo. En fin, yo determinada a no rendir mi almedrío a su tirana violencia, de estas sierras el camino tomé, con ánimo siempre de habitar entre estos riscos, antes que darle la mano. Llegué en efeto a este sitio, adonde tu cortesía, y tu agradable carmo, me ha obligado a detenerme: Mas ya licencia te pido para pasar adelante, porque es tarde. Antes suplico a tu beldad, que supuesto que entre las grutas, y nichos de este monte has de quedarte, para evitar el peligro de las fieras que le habitán, te quedes aquí conmigo, que no sé que voluntad interior ha renacido en mi pecho tan decente, que como a hija te estimo, que como padre te quiero, y como propia te miro. Pues con título tan justo, y tan lícito partido, que te puedo responder, sino que tu oferta admiro? Que un lacayo como yo, flor de todo el lacaismo, hermitaño a lo burlesco, tantos años haya sido? Que pueda un hombre corriente o correntón, que es lo mismo, vivir sin tomar tabaco? Vive Dios que estoy corrido! yo tanto tiempo entre monos, entre leones, y micos, que solo a un zas de sus uñas nos mudamos de este siglo? Yo embasarme cada noche por la boca de aquel risco, que me sorbe como huevo en sus cabernosos riscos? Mas vive Dios que mi amo no está mal entretenido! Allá como un rayo voy. Del fin, llega. Señor mío, que serrano Ángeles este? Después lo sabrás: confirmo hija mi amor, con que vamos al concertado partido. Partido de mano a mano, peligroso le colijo. quien hay que al cielo que la impida, pida, pues no hay forzarla a que temida, mida, Vivo infeliz con encontrado hado, pues mi desdicha me convida, vida: sino el tormento a mi cuidado, dado? Y aunque el vivir es un prestado estado, nunca es del infeliz la vida, ida; de tanto mal el aprobado, bado. Es esta prisa, y condenada, nada, para las penas que de asiento, siento, pues con ausencia, y con desvelo, velo. Antes estoy que desdichada, dada, a recobrar del desaliento, aliento, que saca amor de mi recelo, celo. Amor, morir, o vencer: Mas aquí he sentido hablar; Violante es, quiero escuchar por si la puedo entender. Quién podrá eclipsar mi amor? Rigor. Quién rendirle con dominio? Flaminio. Quién vencer su tiranía? Porfía. Es mi voluntad tan mía, en sufrir golpes crecidos, que aurán de quedar vencidos, rigor, Flaminio, y porfía. Sin duda el Cierzo responde; pero quiero proseguir, por si puedo divertir las penas que el alma esconde. Pues quién me podrá torcer? Poder. Quién contrastar mi firmeza? Alteza. Quién humillar su eminencia? Violencia. Es muy firme mi paciencia, y en amores tan constantes, no son a vencer bastantes, poder, Alteza, y violencia. Bien la declaro mi intento; vencerá mi tiranía su constante valentía: Pero quiero estaratento. Quién quebrará mi valor? Temor. Quién podrá romper su ley? Re Quién rendir mi bizarría? Tiranía. Es inútil la porfía, pues a mi firme querer, jamás le podrán torcer, temor, Rey, y tiranía. Quiero volverme a salir, para que no eche de ver que la he podido entender. Esto es morir, o vivir? Siempre soy nuncio de penas. Pues di, Julia, que ay de nuevo? A decirlo no me atrevo. Mas de mí ser me enajenas, porque si al mal me condenas, ya le siento en profecía; y siendo fuerza este día saberlo, lo he de llorar, y es quererlo dilatar, duplicar las ansias mías. Digo que a Flaminio. Hy triste! En aquella sala he visto. En vano el llanto resisto! Y si acaso no le viste, te escuchó cuanto dijiste. Hay fortuna! hay cielo santo! Pues di, como sientes tanto un mal que no es tan crecido como el menor que has sufrido, dando ocasión a su llanto? No has visto con agua un baso, en cuya sucinta esfera, el agua a penas se altera con un movimiento escaso, y que si ahaden acaso 260 El Rigor de las Desdicha mas agua con golpe altivo, todo el cristal fugitivo se mueve, dando ocasión a tanta rebolución, del cristal nuevo el recibo? Pues así mi pecho (ay cielo! es como un sucinto baso, donde entre tanto fracaso vive el temor, y recelo; añadiste otro desvelo a los míos de repente; y aunque no es el muy urgente, con moviendo a los demás, es fuerza sentirse más cómo principal agente. Siempre mi bien soy tu amante. Repórtese vuestra Alteza, porque ofende mi nobleza con lenguaje semejante. Cese tu rigor, Violante, pues que Carlos vive ausente. Ese es el inconveniente más eficaz contra ti. Es muy necio frenesí. Mira como es evidente. Cuando Carlos se ausentó, hay infelice partida!) en sus razones asida toda el alma me llevó, solas memorias dejó de fracaso tan impío; y en el último desvío, temiendo que le olvidase, para que no me mudase me dejó sin albedrío: Mira tu como sin él podré asentir a tu ruego? Ese es barbarismo ciego. Oh amor constante, y fiel, digno de eterno pincell Siempre que un nombre se ausenta, @ Biblioteca dice, que el alma contenta deja en poder de su dama; luego a mi amorosa llama, bien este argumento alienta? Si eso es así, aunque quisiera rendirse mi amor a ti, dejándome el alma a mí, es fuerza que la ofendiera; y le quiero de manera, que viendo que en una acción va de entrambos el blasón, lo que quizá ejecutara, por mí sin duda estornara de mi esposo la opinión. Presa estás, y en mi poder. Preso él, el alma está libre. Quién ha de haber que te libre Y quién me podrá vencer? Es muy flaca una mujer. Fuerzas me dará el amor. No las hay con mi valor. Ni menos con mi constancia. Esa es altiva arrogancia. Y ese excusado rigor. El Rey mi señor te llama. Quién dijo que estaba aquí? Esto me ha mandado a mí. Iras mi pecho derrama! Todo lo dice la fama. Qué pierda tal ocasión! No saldrás de la prisión. Pues a morir me condenas sin dar treguas a mis penas? Será vana pretensión: Ay Carlos del alma mía! Deja, señora, memorias. Largos males, breves glorias me ofreció la suerte impía. Cese en sentir tu porfía. Bien, Julia, se echa de ver? Nacional de España que no has sabido querer, pues me dices que no sienta la pena que me atormenta con tan tirano poder. No has visto, Julia, que cuando de una casa la cabeza muere, que solo se escuchan llantos, suspiros, y quejas. con que toda la familia hace las tristes osequias, entre el funeral tumulto, y entre confusión funesta; y que en estando tan triste, algunos necios se llegan a consolarlos, diciendo, que sus pesares no sientan, que olviden la pesadumbre, que depongan toda pena, y que alegrarse procuren, como si tan fácil fuera el no sentir las desdichas, cuando hasta el alma penetran? Pues lo mismo me sucede contigo, pues cuando muerta está toda mi esperanza, y lloro del tiempo ofensas, pues ha tres lustros que sufro dos martirios de una ausencia. Tú, como necia te opones, cerrando al llanto las puertas, cristales por donde el alma sale en lágrimas desecha. No es fácil, no, el aliviar los males que me atormentan; porque el no sentir desdichas, solo les toca a las piedras. Aay, malograda esperanza! Hay, amor, lo que me cuestas! ay, Carlos! Mas vamos Julia. que en llanto el pecho se anega. Dete el cielo sufrimiento para llevar tal tragedia. Todo el monte ha corrido de los perros el ciervo perseguido; y yo en su seguimiento, con el cansancio pierdo ya el aliento: Mas entre aquestas flores, alibiaré del tiempo los ardores, Piramides de riscos, ásperos, he intrincados obeliscos, de penascos gigantes, que del Zafir celeste sois Atlantes, en cuyas altiveces mi presunción contemplo muchas veces. De qué sirve mi brío, si a manos muere, ay Dios! del tiempio impío? De que mi gentileza, si mi altivez en mi humildad tropieza? Y de que mi hermosura, si tiene por pensión corta ventura? Llegar quiero a esta fuente a divertir mi pena en su corriente: Pero qué es lo que miro? tendido un hombre en su cenesa admiro. ay, Dios! si estará muerto? más qué me importa a mí, si bien lo advierto? Irme quiero, y dejarle; más por si duerme quiero despertarle: A llegar no me atrevo; su gentileza es de mis ojos cebo: Quisiera irme, y quedarme, y nunca acabo, ay Dios! de aventurarme. Deme el amor aliento; Pero como en mi pecho amor consiento? En vano me resisto, pues en su talle mi prisión he visto: Mas yo me detérmino. de elegir para hablarle este camino. Bien seguro dormía, pues Ángel tal en mi favor tenía; aunque si bien lo advierto, no estaba muy seguro, pues me ha muerto: como a tal me velaba, siendo la muerte, ay Dios! que me esperaba. No es piedad despertarme, cuando presende tu rigor matarme: matarasme dormido, y me excusaras el haber sentido: Duplicada es mi muerte, una en la espada, y otra, ay cielo! en verte; si bien la del acero, que ya rendido de tu mano espero, en la primera herida sácara de su centro humil de vida, gozosa que tu mano, a su ser haya dado fin temprano: Mas es tanta la gloria. que recibe a tus ojos la memoria, de verse entre su fuego, reover memúcate llegos España y cuando más la espero, de morir ambicioso nunca muero, cual cristal transparente, puesto del Sol al rayo refulgente, su luz quema con ira, cuando por Luna cristalina mira, cobrando en Orbe breve, nuevo favor con que abrasar se atreve: así en cambiantes rayos, tu cielo causa a mi valor desmayos; son cristales mis ojos, y el alma de los tuyos es despojos; y dando el ruego en ellos, el alma abrasan tus luceros bellos. Este es amor sin duda, (da; no hay resistencia que a valerme acu bien le miré dormido, (cido, y despierto su ingenio me ha ven- su amor me ha declarado; (tado. pero quiero informarme de su es Si dicen que las mujeres en declarar se recatan el amor, aunque le tengan, es en mi experiencia falsa; porque como lenguas, y ojos son intérpretes del alma, el los mudamente dicen lo que ella hablando declara. Yo te vidormido, y luego el amor me hizo tu esclava, que tal vez quiere el rapaz echar en los montes jaras, gastar en sierras arpones, y en riscos probar sus armas Saqué para despertarte el acero de la vaina, no con intento tan fiero como muestran tus palabras: Tómale, y si como dices de amor, la encendida llama te ha tocado el pecho, dime, porque corresponde grata a tu voluntad? quién eres? Yo, hermosísima zagala, soy Alvante, en Macedonía Bríncipe; y como la caza es propia de los mancebos, como en edad más lozana; con mis criados salí a este monte esta mañana, adonde siguiendo un ciervo, coronado de mil ramas, cometa, o flecha sin plumas, cuando no rayo con alma, fugitivo al estallido, ya a los perros se adelanta, tan ligero, que aún apenas cuantas lágrimas el Alba llora sobre estas alfombras, pudo sacudir la estampa de supie. Y yo cansado de correr, junto a esta clara fuente me quedé dormido, hasta que al sacar la espada recordé, donde en tributo rendí en despojos el alma; Pero porque mi discurso verte de esta suerte extraña, siendo afrenta de Frecina, siendo asombro de Diaña, siendo desprecio de Juno; y al fin de belleza tanta, que sola tú te compites, porque ninguna te iguala, te suplico que me digas, vives en aquestos montes? En aquellas rocas altas, mi padre, y yo, y un criado, vivimos, huyendo tantas ponzoñas como la envidia siembra en las Reales salas. Fingii me quiero señora, pues bien mi aliento me ensaya para que no me aborrezca por ser Rey, y yo villana. Cómo es tu nombre? Fenisa. Pues, Fenisa, por la falda de aquel cerrillo, mi gente, si la vista no me engaña, baja buscándome, a Dios. Si quieres venir mañana, cada tarde vengo aquí Fuerza será, pues del alma son imán tus dulces ojos. Que galante! Qué bizarra! Qué airoso! Qué celestial! Con razón estoy prendada! Con razón me tienes muerto! Cumple Alvante tu palabra. Si haré; ya llega mi gente, y a Dios hasta mañana. Bien pueden canonizarnos, es ha que ermitaños tanto tiempo, y con paciencia las hiervas comemos solo de estos montes. Ay Delfín! todo este tormento es poco para el que en el alma siento. porque ocasión, porque causa . Al Diablo pocos conozco que a los lacayos de bien, como yo lo soy, y otros de mi parte, no hay martirio, no hay afrenta, no hay oprobio que se iguale al habitar entre onzas, tigres, y lobos, sin comer de cuando en cuando un torrezno, y dar un sorbo. Máteme Dios en la Corte. Justamente me congojo, pues sin saber de mi esposa, a quien como el alma adoro, ha tantos años que vivo; si bien hablando más propio, ha tantos años que muero anegado en mis sollozos, encerrado en mis suspiros, y ofuscado en mis ahogos. Mas dime, que hará Violante? Soy por ventura Astrologo, Mathemático, hechicero, bruto, aprendiz de Demonio, o otra cosa que lo valga? Hay sucesos lastimosos; si parió hija, o hijo? De los dos, uno es forzoso; pero si quieres saberlo, envía a la Corte un propio a traer a la comadre, que ella te lo dirá todo, Padre? Fenisa? ya estaba con gran cuidado. porque presumí, que había merendádote algún oso. El alma dejo cautiva? Mas qué quieres algúnmono de los que andan por aí haciendo jestos, y cocos? Cautiva el alma Fenisa! Cautiva el alma, y los ojos! después te diré el suceso; pero lo que te propongo, Delfín, es, que si por caso, algún cazador curioso te encontrare, y te pregunte el suceso prodigioso de vivir con Carlos yo, estés advertido en todo, y digas que soy su hija. No ves que es ser mentiroso, y pretendo para Santo? Jesús! abernuncio! Yo tal enredo? Lleve el Diablo quien no lo parlare todo; ya reviento por un lado por desbuchar cuanto sé: Yo me voy por esos campos a decirlo a cuantos tope. No seas, Delfín, mentecato. Esto ha sido hablar de chanza, que si me fruncio los labios, a la primer boqueada doy al traste con el caso. Vamos hija, que este necio está de humor. Soy un santo, y para honrar a mi oficio, me han de llamar San Lacayo. Hay amor, que poderoso es el golpe de tu arpón, pues ni perdona a los Reyes, ni éxime humano valor! Ay Fénix! hay los cuidados en que aprisionado estoy desde que miré tus ojos, imán de mi corazón! Antes de adorar tu cielo, embié un Embajador a Albania, para casarme con Casandra, cuyo amor solicité para dueño. Ludóvico prometió, como padre, dedicarla a mi corona; y aunque hoy esta palabra me empeña, más me aprieta mi pasión: de forma, que si dilato la costosa ejecución de casarme con Casandra, doy causa a su indignación, y a que me tengan en menos, diciendo, que Rey no soy, pues no cumplo mi palabra: y si la cumplo, y la doy la mano, pierdo a Fenisa, y también me pierdo yo, dos peligros me aprisionan; y aunque el primero, el mayor, porque en efeto se arriesga el decoro, y la pasión, es el segundo tan fuerte, que cegando la razón; niega el paso a los discursos, para frustrar el rigor del primero; y yo ofuscado en tan grande confusión; indeciso en el empeño, y neutral en la elección, ni me resuelvo cobarde, ni me atrevo de temor. Deme los pies vuestra. Alteza. O, Camilo! qué ocasión te conduce a mi presencia? sig deas palco nu señor, con este pliego me envía. Ya me atormenta el dolor; la nema tasgo, aquí viene un retrato, déjolo para mirarlo después; que quien tiene firme amor, contemplando otras bellezas, fuera de lo que yo adoro, al más valiente pincel acredita ver mi amor: La carta quiero leer. Qué poco gusto mostró al recebir el papel! que enfadado que rasgó la nema, y que desabrido le está leyendo! ellos son indicios de poco gusto. Terrible resolución es la que aquí Ludóvico me propone; mas yo estoy resuelto ya a resistirme, pues de cualquier sin razón, es el amor la disculpa. Dos meses sin remisión me da para desposarme; escribírele, que no trate de que se prosiga en los conciertos, que yo estoy de otro parecer, pues cuando su indignación quiera mostrar, me asegura el ver que Príncipe soy de Macedonia, y que puedo poner al mundo temor con los ejércitos míos. Ven conmigo, que ya voy a responder a tu Rey. Mal encubre su pasión! Dulce, y querido dueño de mi vida; vida del alma, que en tu ausencia pena; pena gustosa de placeres llena; llena de perfección, bella homicida. Homicida, deidad acuya herida, herida el alma se confiesa ajena, ajena de su ser, pues la encadena, en cadena de amor tu luz vencida, Vencida a mis suspiros, gloria bella; bella ocasión, por quien estoy penando; penando entre el temor, y entre el desvelo. Desvelo dulce, de mi noche estrella; estrella que denota el bien sin cuando; qué siempre has de estar plañendo? sin duda alguna te dio Jeremias a mamar; no hay semaña de Pasión con tantas lamentaciones. Lloro un malogrado amor; y para perdida tal, @ Biblioteca Nacional de España todas mis lágrimas son, con ser tantas, brevecifra del padecido dolor; porque en llegando a perder lo que un tiempo se gozó, es el más crecido llanto del sentimiento, y pasión eis rasgó breve del martirio, y bosquejo del rigor. Sabes en que he reparado? que aunque siempre estás llorando una lágrima no viertes. Oye, y sabrás la razón: No has visto un tropel de gente, que apresurando llegó a salir por una puerta, por cuya estrechura no pueden cabertodos juntos, y cada cual con fervor pretende salir primero, dando con esta ocasión a que no salga ninguno, por unos a otros son impedimento a su asiento, y estorbo a su pretensión? pues lo mismo me sucede, Delfin, en esta ocasión que como en tan larga ausencia mis males llorando estoy, presuroso el llanto mío, en tropa del corazón, de las lágrimas origen, a los ojos discurrió queriendo salir por ellos: Mas como en efecto son estrellas puertas al llanto, su priesa las obligó a que ninguna saliese a interpretar mi dolor. Fenisa viene allí. Fenisa . Padre, y señor, solo presumí que estabas. Pues muy mal lo presumió, porque en cualquiera fortuna ha de advertir, que los dos somos la maza, y la mona; pero soy la mazayo. Cómo va con Albante? Hyer volvió al sitio que le propuse; díjome, que también hoy volveria, y que yo bajara a aguardarle, y así voy con tu licencia. Hasta el valle te serviremos los dos de compañeros, Pues vamos. Que me saque, ruego a Dios, de lacazo tan penoso, pues ha tanto que lo soy! Aprended amor de mí; hermosas plantas, y flores, pues me veis decir amores cada vez que llego aquí, si bájara ya Fenisa: Mas si advierto en esta fuente, en su sonora corriente, que si me dice con risa, quiero para entretener la memoria por un rato, ver de Casandra el retrato, cuyo dueño pense ser; si bien ya le he respondido a Ludónico su padre, que no hay cosa que me cuadre para hacerme su marido. Leyendo un papel Albante! llegar quiero poco a poco; ya a cóleta me provoco, no pases más adelante. Persido, vil, desleal, haré el papel mil pedazos, y aún con menos embarazos, a su dueño, en caso tal: Hermoso el retrato está, bien tus favores merece, y como mi envidia crece, los celos me acaban ya: Celos le tengo de dar con Carlos, viven los cielos! guste el acibar de celos, pues él me le da en manjar. Albante, pues tus engaños tan claramente he entendido, al sagrado del olvido se acogen mis pocos años. Estimeté firme amante, mas pues ya falso te veo, pague todo mi deseo con oírme un breve instante. que las alfombras de esmeralda huella, En la florida falda de ese monte, cuya cumbre del cielo es hHorizonte, si engaste acaso no de alguna estrella, émulo de las bóvedas de Bronte, que tanta escupen volátil centerla; una aldéguela yace, aborto breve de tanta sierra, a quien su asiento debe. Aquí de humildes padres, quiso el cielo, que el término pisase de la vida: mas apenas del tiempo el veloz vuelo me puso a puertas de la edad florida, cuando forzada acaso de un recelo, dejé mi patria con ligera huida, y por entre carrascos, y lentiscos, vine buscando albergue entre esos riscos. Apenas los retretes penetraba del frondoso Palacio de esa sierra, cuando encontré con Carlos, que bajaba de horror vestido a conocer la tierra, y a un tiempo miedo el parecer causaba, y a un tiempo el trato mi temor destierra, en mi naciendo de tan raro espanto, de amor portento, de fineza encanto. De este fragoso monte en lo intrincado, gruta dos rocas forman con tropiezo, oh Palacio, a algún Fauno dedicado, o de la tierra bárbaro bostezo; allí mi amor de Carlos ya prendado, el paso sin recelos enderezo, en compañía de mi dueño extraño, donde he vivido alegre casi un año. Una, entre muchas veces, que las faldas de este gigante monte discurria, donde la Aurora en hilos de esmeraldas, perlas ensarta al despertar el día; llegando a entretejer una guirnalda de flores mil, que la floresta cría, te vi dormido, y te adoré despierto: pluguiera a Dios que me quedara muerta! Viste en el facisto! de verde rama abrir el libro de purpúreas hojas a flor galante, cuando el Sol derrama golfos de luz por sus ventanas rojas, y que al ponerse en cristalina cama, mustia, y marchita en fúnebres congojas su pompa encoge, arruga su vestido, pesándola quizá de haber salido? Pues así mi favor, así mi alago, con el Sol de tu amor salió atrevido, creciendo loco en el primer amago, un trato doble de un amor fingido; pero sin tiempo el riguroso estrago que le amenaza por haber salido, le fuerza tu rigor, y su congoja, que triste llore, y fúnebre se encoja. Hoy las penas, los miedos, los dolores, el llanto, los suspiros, los desvelos, los pesares, las quejas, los rigores, el ahogo, la muerte, los recelos, los sollozos, los danos, los temores, las pasiones, los males, y los celos, me obligan a mostrarte el desengaño, pues que diste ocasión a tanto daño. Carlos en fin me goza camo amante, aunque te dije que mi padre era: mi nacimiento es muy humilde, Albante, si bien te lo fingide otra manera; tú eres del Reino Macedonio Arlante, y el gusto tienes en distinta esfera, el retrato descuble estos engaños; tómale, y goza al dueño muchos años. Que yo ofendida de tu dulce trato, por ver si puede el agua de mis ojos bor rar del pecho mío tu retrato, castigaré llorando sus antojos, y mirando desde hoy con más recato, excusaré tener tantos enojos: y a Dios te queda, por que voy Alvante a descansar en brazos de mi amante. Deten el paso, y la lengua, porque dos veces me matas; una, en irte de esa suerte; y otra, oyendo tus palabras. No quiero oír tus descargos, pues aunque es la ocasión tanta, quien escucha la disculpa, cerca está de perdonarla. Oye, y verás. Es en vano detenerme. Bastan, bastan, Fenisa, tantos rigores con que enojada me matas. Ay! como quien quiere bien, con facilidad se aplaca, pues al paso que los celos hacen mayores las causas del agravio, la disculpa la disminuye, y acaba; de que ya te escucho atenta. Pues oye: Cuando yo estaba libre de los ojos tuyos, quíse casarme en Albanía con Casandra, que del Rey Ludóvico es hija; estaba concertado el casamiento, y envíándome esas cartas, que hiciste tantos pedazos, y este retrato por alma; respondí (por que ya entonces el corazón te adorana) que disentía el concierto, y cuando esperando estaba que bajases a este sitio para divertir el alma, porque siempre los placeres. por presto que llegan tardan: saqué el retrato, por ver si la beldad de Casandra, cifrada en bosquejo breve, correspondía a la fama, que aún que tal vez en palacio la miré, como allí estaba yo sin alma, no podía tener opinión que valga. Y viendo que en este monte me había dejado el alma, ahora que estaba en él, quise examinar la estampa; si bien me parece fea, porque está más arraigada la tuya, que es más hermosa: Y como en fin, son contrarias corejadas estas dos, hallo excesiva ventaja por tu parte; y al contrario advierto notables faltas en Casandra; en este punto ofuscada el alma estaba, cuando colérica llegas, y quitándome la carta, y el retrato de las manos, me castigas con palabras, me tiñes con demasias; y en efecto, desengañas mi amor; pues que. No prosigas; ya sé que tu enojo pasa a reñirme lo de Carlos; advierte, que ha sido traza para abrasarte de celos, viendo que tú me los dabas; y si es verdad que escribiste anulando de Casandra los conciertos, ya me tienes de nuevo a amarte obligada. También con tu desengaño cesan mi pena, y mis ansias: perdóname este disgusto. Perdona mis demaladas locuras. Ay dueño mío! que ligero el tiempo pasa que se confume en placeres. Bastantemente declaras que quieres irte es forzoso. Porque ya la noche baja. No me volveras a ver? Contigo estaré mañana. Gusto es amor con ventura. Ninguno a esa gloria iguala. Muera yo, si he de perderla! Viva yo, si he de gozarla!

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Qué piensas, Carlos, hacer? Morir entre mil sellozos, pues mi suerte me condena a rigores tan penosos: dichosa tú, que sin males logras los bienes, y gozos del amoren estos prados. San Pantaleón, san Polo, san Gallo, san Mingo, en fin, santodos los Santos todos. Que tienes Delfín? qué tienes? Dando brincos como un corzo he venido. Pues qué has visto? He visto al grande Demonio que por el mar se pasea; he visto, no me traspongo en pensarlo. Dilo, acaba. He visto, más me congojo, una barca, que no es barca, un bajel, no como otros, un no sé como lo diga, porque es nada siendo todo; a la ribera ha llegado, y yo de verle medroso he venido como un rayo. Ven a amostrármelo. Un toro: Yo volver? para que si es ballena del primer sorbo me trague como una guinda: oste puro, anda acá loco. Yo voy temblando de miedo: Yo me quedo, aunque con otro pensamiento; pues aguarda a Alvante. El eco sonoro de tu voz me dio en el alma. Mi dueño? Centro, y reposo donde descansa mi vida. Cómo has estado? Tan solo, que apenas con migo mismo en faltándome tus ojos estoy; mas dime, tu padre donde está? Por esos troncos acaba de trasponerse. Quisiera trazar de modo que os viniesedes con migo a la Corte. Lluda pongo en que lo quiera admitir: Mas que asunto misterioso te obliga a tales intentos? Porqué frustré el desposorio de Casandra, Ludóvico tu padre viene surioso con más de veinte mil hombres, haciendo estrago, y destrozo en mi Reino, y me parece que les ha de ser forzoso alvergarse en este monte; y puesto que tronco a tronco Carlos le tiene medido, usará cual quier mañoso engaño más fácilmente. Capitán le haré, y propongo de morir por sus aumentos; a ti te pido, y exorro, que le incines, por ser suya, a mi intento. Bien conozco que ha de ser casi imposible; mas él viene. Yo me escondo. Pues éntrate entre esos ramos. Brabo pez! Notable asombro! A la ribera del mar aportó un esquise roto, y en el muerto a puñaladas un hombre, y aqueste hermoso Serafín al lado suyo: es que miro no es el rostro ni Violante el que veo? rilusión lo que toco? ame Dios! no me engaño, Violante es, bien reconozco su cielo, que aunque he vivido tanto tiempo en estos sotos, tengo en el alma su estampa con taracter, y conozco, cuando ofuscado en mi duda el original recorro que es ella. Válgame el cielo! No acierto a hablarte de gozo: Pues que desdichas son estas, hay Viosante de mis ojos! que en tal estado te tienen? Válgame Dios la quien oígo mi nombre? Carlos te llama. Carlos? sin duda es mi esposo Dame los brazos, Violante. Que camino venturoso me ha traído, ay dueño mío! a descubrir el tesoro de mis gustos? Tú lo sabes, y porque estoy deseoso de saberlo, te suplico, que para aumento del gozo, pues el sirio nos convida, me refieras lo que ignoro. Pues oye mis aventuras. Ya estoy escuchando absorto En los brazos de la muerte, que tiranamente lucha conmigo, para quitarme la vida que ha de ser tuya, me dejaste tan preñada, que las lágrimas confusas que de mis ojos salieron, por ser en numero muchas, ya me hubieran anegado a no acudir con cordura a volverlas a beber; que que como las penas mudas con el llanto de los ojos se alivian, si no se curan, al pasar por las mejillas las iba embargando astura con los labios; porque así al pecho se restituyan, para volver a verterlas, porque no faltase nunca, ni que llorar en mis dichas, ni que beber en mis dudas. No murió de las heridas. Flaminio, porque es ventura que acierte la muerte el golpe, cuando al que es malo le apuntan. Creció su amor en tu ausencia, mas como es el alma tuya, poco importa que creciese, pues también creció mi furia. En cinta de cuatro meses me dejaste; mas la ayuda de mi ingenio fue de modo, que la preñez disímula que encubre tanta desgracia, y que la desdicha oculta. Llegó el noveno, y apenas una noche, cuando en muda atención el aire peinan volantes aves nocturnas, cuyos fúnebres lamentos, timidamente se escuchan, sentiun dolor, y advirtiendo presajios de la fortuna ocasión, bajé al jardín acompañada de Julia; salimos de allí la calle, adonde apenas confusas vimos abierta una casa, cuando entramos, y en la oscura capacidad de un zaguan, donde el dolor me apresura, a pocos lances rendí a Julia la primer fruta de mi honor, y el alma mía, poco alivio, y pena mucha. Lloró (ay cielos!) en naciendo, o mi desgracia, o la suya; pues antes probó la muerte, que de la vida la cuna. No fue mucho que llorase, pues yo fui maestra suya, y la enseñé en mis entrañas a sentir las desventuras. Tomola Julia en los brazos, sale a la calle, y por una ve que venían dos hombres; llégase a ellos, y pregunta si a Violante conocían, dicen que sí; y ya segura, la niña les dio, diciendo, que a Doña Violante acudan a otro día, y que le digan, que una muy amiga suya, desgraciada por extremo, le envía aquella criatura para que la dé a criar con recato, y con cordura. Envolviéronla en la capa, y cuando nos asegura la vista que ya se fueron, libres de aquella apretura nos volvimos a mi casa, casi al tiempo que dibuja el más luciente Planeta del Oriente excelsas puntas, y la hermosa Aurora, en campos de esmeraldas perlas suda. Fingí que estaba achacosa, por ver si se disimula; mas poco importa el ingenio, si es adversa la fortuna Es escaso, que los hombres; (ay tragedias importunas) eran Hlaminio, y Camilo, que por claras conjeturas sacaron, que aquella niña era mía, y era tuya; indignose con los dos, y con celosa locura, en el inocente pecho quiso ejecutar su furia: Mandó a Camilo, que al punto; aquí la lengua se turba; aquí se desmaya el alma; aquí el color se demuda en referir la más nueva, la más tirana, y más bruta atrocidad, que del tiempo largos anales mormuran: Mandó que pasase el pecho a laniña, y que en menudas partes destrozase el cuerpo, y las remitiese juntas en una fuente a mis ojos; que dos hicieron confusas ese espectáculo horrendo, esta afrenta, y esta injuria. Dió luego cuenta a mi padre, y ambos juntos se conjuran, y en una torre me ponen, cárcel horrible, y oscura: Diez y seis veces el tiempo vistió las selvas confusas, mientras de mis enemigos sufrí el daño, y pena suma; hasta que al fin decretaron, que me pusiesen en una barquilla, y al lado mío al Alcaide Rocabruna con catorce puñaladas, diciendo, que con astucia me quiso dar libertad. Y apenas rompiendo espumas en el cristalino golfo, la humilde barca se ofusca, cuando encapotado el Sol su luciente rostro enluta, sirven las nubes de toldos a tantas olas cerúleas el Noto intrepido sopla, todas las olas se turban, todo Neptuno se inquieta, todo el aire se conturba, vibran montes de cristal contra el Reino de la Luna; tal vez tan encaramada inquietas sierras la encumbran, que tropezó en las estrellas, según se miraron juntas; tal vez corriendo la posta descendió con tanta furia, que temió que las arenas fúnebre le dieran tumba: Y mirando altiva cumbre, que la amenaza ceñuda, presumió en cristales tantos hallar honda sepultura. Mas cuando entendí que diera Neptuno a mis penas uina, al punto felice llego ajena de mi ventura. Este es el fin, mi suceso, y mi tragedia confusa, hasta este punto que llego admirando toleas grutas, tuya a pesar de los bados, tuya a pesar de fortuna, tuya a pesar de la muerte, y a pesar del mundo tuya. Notable suceso! Extraño! Apenas mis dichas creo: Es posible que te veo? mas sin duda que me engaño. Vuelve a abrazarme, por ver si eres fantástica sombra. Qué me tientas? qué te asombra? Enclávala un alfiler, que si se queja, no es duende, fantasma, ni ánima en pena. De gozo está el alma llena. Pero si acaso se atiende; no sé si acierto en decillo, no es ella. Por qué ignorante? Porque era Doña Violante aguileña de un tobillo. Albante te quiere hablar. Dónde está? Entre aquellos robles. No hay porque nos encubramos; vele Fenisa a llamar. tes Más dime (ay curioso amor!) quién es aquella mujer? Después lo podrás saber, porque ahora ya el rigor del Sol nos echa de aquí. Antes suplicarte quiero. A que me mandes espero. Que por Fenisa, y por mí, me hagáis favor de veniros ami Corte, que prometo con el debido respeto, estímaros, y serviros; y porque con cruda guerra, el Rey de Albania, por cierto no bien cumplido concierto, viene talando mi tierra, quiero hacerte Geberal, y salgas a defenderme. Todo viene a sucederme a mi gusto, en caso tal, porque teniendo el bastón, con fácilidad daré a tantas desgracias pie, componiendo su cuestión: Los pies beso a vuestra Alteza; por el favor recibido, me levanta a tal grandeza. Mira, Carlos, que conviene, que también finja Violante ser mi madre. Es importante, y ya el alma lo previene. Por cierto brava tragedia! Quién habrá que no se altere? por que dirá quien la viere, que es tramoya de comedía; ver lo que finje Fenisa, lo que Carlos ha pasado; lo que Violante ha contado, a quien no le causa tisa? En todo estoy advertida. Vámonos luego a la Corte. Ya no hay quien mi dicha acorte! Ya no hay quien mi gusto impida! Conozca el loco Alvante de mi espada los filos que castigan un agravio. Casi toda la tierra está talada, parece que será consejo sabio, que en este espeso monte esté emboscada por al mi gente. Ya de enojo rabio! Que no quiera este viejo impertinente darme el bastón para regir la gente? Vive Dios que si ahora me lo niega, que he de quitarle de una vez la vida! Mira, innicto, señor, que tu edad llega a estar de la milicia ya excluida: Depón en mí (la cólera me ciega!) carga tan grande, que verás vencida toda la Macedona en tiempo breve. Ya me tienen cansadas las orejas tus necias pretensiones, y es en vano, pues aunque formen tus alientos quejas; mejor está el bastón en esta mano; si con mejor discurso te aconsejas, verás, que es con la guerra, caso llano, que vale tanto la experiencia cana, como los bríos de la edadiozana. A Flaminio el color se le demuda; de su soberbia temo algún suceso. A mis enojos mi prudencia ayuda, que yo me vengaré. . Notable peso es el de Gobernar! Creo, sin duda, que hace a cualquier cuidado gran exceso. Vamos, soldados, que muy presto espero darle castigo a mi enemigo fiero. que mató un salbaje fuerte Quién no se reirá de vernos con más formas que Protheo? Si se ajustan al deseo, serán los tiempos etenos. Yo espero de tu valor la victoria que promete. No hay cosa que no sujete. la fuerza de mi señor; y tiene tan lindo tino en dar con primor la muerte, a balazos desde un pino. No es burla, ni chanza es, porque aquesto lo vi yo; de cien tiros que tiró, solo erro noventa y tres. Del fin, bien será que vamos de nuestras pieles vestidos; aunque de armas prevenidos, y el monte reconozcamos; aún nos faltaba este paso: Pues qué dirá quien nos viere? que dicha aurá que no esperes con tal diligencia el caso? Y es cosa que al General, porque desgracias no tema, usé toda estraragema, y más en aprieto tal, bien es, si hemos de volver, quitarnos galas, y ligas; porque las fieras amigas no nos lleguen a ofender, porque si nos desconocen, tengo por cosa asentada, que a la primer manotada me desgarren, y destrocen. Valientes soldados míos, vasallos, y amigos, donde se sustentará algún día mi corona, casa, y Corte; hoy que mi amor os convoca, mi origen un medio os pone para alentar mis intentos, y que os favorezca, y honre; de vuestros heroicos pechos reconozco obligaciones con que me tenéis servido, mas solo el mirar me encoge, que es imposible pagarlas mientras posesión no tome de mis Estados, y Reinos, de quien como veis dispone mi padre sin darme el cetro, diciendo que soy muy joven; el con animos briosos por la falda de este monte a reconocer el campo desciende todas las noches, esperemos le constantes, porque cierren nuestros golpes de tanta vida la puerta, de tanto durar el orden; y desgarrando el vestido, para que no se alborote contra nosotros el campo, finjiremos, que del bosque algún feroz jabalí dio muerte al anciano Adonís, que viendo muerto a mi padre, es fuerza que me coronen, y levantando la guerra en quietud, y paz conformes, viviremos descansados, sin penas que nos acosen, sin dueños que nos persigan, y sin mal que nos congoje. Pues tanto favor nos hace vuestra Alteza, no hay blasones que como su gusto obliguen a ofrecer ejecuciones; todos cuantos aquí estamos unánimes, y conformes, obedientes estaremos a cuanto mandas, dispone. Hablar he sentido cerca. A quí sin duda nos ponen como nuevos a cachetes, a palos, y a mójicones; no hay Teatino en el Japón con más dagas, y garrotes que yo sobre mi imagino: plegue a Dios que no nos topen! Entremos entre estos ramos, por ver si acaso se oye lo que dicen. Ve delante. Esto es lo que se propone a vuestro brío en tal caso. Bien se distinguen las voces, y si acaso no me engaño, la que ahora el airerompe es de Flaminio. Es sin duda. Semejantes ocasiones, muestran lo que es el valor: Mi padre todas las noches, como os he dicho, desciende por esa falda del monte, quitarémosle la vida, porque yo se guro goce de la corona de Albanía, vuestras personas honre: Para ejecutar la acción, se han de excusar dilaciones; y así, pues seguro ahora el gran padre de Faetonte duerme en los brazos de Tetís, y ha escondido sus faroles la noche con toldos negros, porque el aire se corone de tanta funesta nube, presagios de hechos atroces; esperémosle, que es cierto que ha de bajar. Oh feroces entrañas lo vil hermano! o pecho de duro bronce! no lograrás tus intentos. Ve, Delfín, presto a la Corte. Pues qué intentas? Que se acaben esta noche mis pasiones: Al camino le saldré a mi padre, y las traiciones le contaré de Flaminio; librarele de sus golpes con este rústico pino, auyentando los traidores que le esperan conjurados; y en pago de estos favores, besando humilde sus pies, pediré, que me perdone; rogarele de camino, que deponga los rigores que contra Alvante pública; y porque Violante goce del gusto que me prometo, ve a llamarla. Bien dispones: Traerémosla en una silla? en una litera, o coche? Ve, Delfín, con toda priesa. Ya voy posteando al trote: Si las sombras no me mienten, si no me engaño, por donde dicen que ha de descender Ludóvico, viene un hombre. Oh como el cargo que tengo no me deja que repose! que los buenos Capitanes, para adquirir más renombre, no han de descuidarse un punto. Aa Ludónico? Mi nombre he oído; pero que importa, sigamos vanos temores; ha conocido mi pecho quien me llama, que los nobles jamás el nombre negaron? Quién desea que se logre tu vida. Si eres espía, y como tal te dispones a hacer alguna traición con migo, a muy pocas voces en mi ayuda bajarán veinte mil soldados. Oye, que antes tu vida deseo: Escondido entre esos robles te está esperando Flaminio, y una escuadra de traidores, para quitarte la vida, porque así el intento logre de verse Rey. Qué me dices? De parte de Alvante, el monte venía reconociendo, cuando escuché sus traiciones; de ellas te vengo a avisar, porque nunca tratos dobles, aún en los mismos contrarios, consienten los pechos nobles; y porque crédito des a mis propuestas razones, ve siguro de que ofendan tu vida tantos traidores; porque en tu defensa llevas este bastón, cuyos golpes, ni hay fuerza que los resista, ni valor que los reporte. Válgame Dios! qué Flaminio tenga entrañas tan de bronce, que en pago de darle el ser, matar me quiera? Ilusiones son sin duda. No es verdad, miente quien; pero no es hombre? Si; pues que haurá que no intenten sus tiranos corazones? Lleguemos, que quiero ver de Flaminio los atroces intentos. Llega animoso, que él probará mis rigores. Muera Ludovico. Mal mi valor reconoces; no ves que yo le defiendo? Que mi intento se malogre! O infame, o bárbaro hijo! Ay de mí! Bien se conoce lo que de tu nacimiento mi pecho (ay cielos!) esconde. Rinde las armas cobarde. Bien mi muerte se dispone. Hola, soldados, amigos. Quién a las dos de la noche da voces por la campaña? Camilo? O, señor! qué voces son las que dabas? Al punto lleva a Flaminio, y prisiones harás que le pongan duras. Sin duda ha dado ocasiones, pues lo manda Ludóvico. Vamos, Flaminio. O rigores del cielo! hasta cuando tantos no merecidos baldones? Pues que la vida me has dado, dame la vida también. Indigno de tanto bien, a tus pies estoy postrado. Levanta, amigo, del suelo, y dime, dime quién eres? Pide el premio que quisieres, en premio de tu buen celo. A librarte me movió, haber vivido con migo un Carlos, intimo amigo, de hijo tuyo blasonó, aunque desdichadamente; y la obligación que tengo, a pagarte ahora vengo, porque tu vida se aumente. Ay Dios! si Carlos viniera, no usara está alevosía. Hay hijo del alma mía! tratarme de esta manera? Vino está, y aún te prometo de mostrartele. Ya el gozo al pecho con alborozo la nueva le trae inquieto; y porque sé que has de olgarte, puesto que su amigo eres, luego que aquí le trajeres, un suceso he de contarte. Mas que gente es la que viene? ya nos descubre la Aurora. No tema tu Alreza ahora, pues a su lado me tiene. Ya, señor, aprisionado. queda Flaminio, y le guarda el escuadrón de tu guarda. Bien, Camilo, está ordenado. Junta está toda la chusma, fuera de Julia, y Flaminio; Julia porque no está aquí, y Flaminio por lo mismo. Apenas tus aventuras, Carlos, a Delfín oímos, cuando a gozar de tus dichas, todos contentos venimos, pues también me alcanza parte. por caminos tan distintos. Que gente es esta que ahora. ha llegado a hablar contigo? Esta es Violante; mi esposa, este Alvante tu enemigo, este es Delfín mi criado, y yo soy, Carlos, tu hijo. Dame mil veces los brazos, arrimate al pecho mío, para que se comuniquen las almas, que tantos siglos dividieron tus desdichas: a mi grande regocijo se aperciban parabienes. Atención, padre, te pido, s, y Mudanzas de Fortuna, para que sepas ahora los sucesos peregrinos de mi historia. Ya te escucho con un contento excesivo. Ludóvico, Rey de Albanía, padre, y señor, a quien besan humildemente las plantas, Indios, Lombardos, y Persas; si acerté, dando la vida dos veces, que la soberbia, o la ambición de mi hermano, quitártela quiso, es deuda bastante para que escuches parte alguna de mis quejas; hoy la piedad te ejecute, embargando las orejas por un rato, porque admires la más extraña, y más nueva historia, que Coronista. de las edades eternas, la fama para memoria, en libros de bronce observa, sobre defender la vida, que tiranamente intenta quitarte ingrato Flaminio, para cenir la diadema que tus dos sienes ocupa, en su ambiciosa cabeza, le dejé herido en Palacio, y con orgullosa priesa, rompiendo golfos de puntas, con que tu guarda me cerca; sobre un caballo, tan onza en lo veloz, tan cometa en lo eminente, tan hijo del viento que en ligereza era fulminado rayo, cuando no animada flecha. De tanta chusma acosado salí, que al batir la espuela, fue necesario que el bruto con las dos manos abriera lugar en el mar confuso de cosarios que me cercan, de enemigos que me oprimen y de picas que me apremian, a cual entre golpe, y sangre, feroz la erradura sella, a cual un brazo deshace, a cual destroza una pierna, cual intrepido me sigue, cual temerario se acerca, cual atropellado gime, cual mal herido te queja; y entre el numeroso estruendo, entre las balas, y piedras, entre horrisono estallido, y entre dardos, y saetas, tan ligero me remoro, que entre un abismo de estrellas, sino racional nebli, fui nuevo signo en su esfera. Apenas, pues, de tu Corte pasé las soberbias puertas, cuando a Delfína las ancas. le puse, y con tal presteza por el camino discurro, que ofuscado en nuevo densa- del polvo que se levanta, pude caminardos leguas. en menos de medra hora, hasta tanto que un Planeta, de vidrio flecha argentada, sino escamada culebra, rico arpón, sierpe de plata, taudal caudaloso ostenta, donde apenas perseguido llegué a pisar sus cenefas, cuando apretando los pies al bruto, y dándole rienda, su corriente dilatada me fue de cristal almena, me fue muro de diamante, y foso de plata tersa, pues librando mi salud con su orgullo, a toda priesa a sus ondas me abalanzo, con saber a quien le deban sus nimfas más crespa nieve, mas candores, sus riberas, o al armiño del caballo, o al cristal que los argenta: así animado bajel, vidrios furca, y plata peina, siendo remos pies, y manos, siendo yo, y Delfín las belas, en donde azotando el viento. cuando el acícate alienta al bruto que le recaman, de púrpura desenfrena la cólera, y animado de su arrogante soberbia, el monte diafano rompe, y el liquido plomo huella: Pero apenas de más rondo en la contraria ribera, cuando atropellando flores, cuando combulcando arenas, ya examinando altas cumbres, ya discurriendo florestas, al cabo de pueos días, rodeado de mis penas, llegue a este monte, obelisco de ramos, torre de piedras, piramid de altas rocas, fragosa aguja de hierbas, gigante de riscos tosco, atalaya de altas penas, promontorio tan alado de pinos, que altivo vuela con verse manto de ramos con capa de Primavera, de tal suerte remontado, que las flamantes estrellas, al vestido de esmeraldas, son, mitándo se tan cerca, o guarnición de diamantes, o argentadas lentejuelas: Tan laberinto en los troncos, calles formando diversas, que el Sol no se arteve a entrar temiendo perderse en ellas: Y si tal vez desmandado el guarda escudo penetra, los rayos que le examinan, de tal manera se enredan, que si el ovillo del Sol no debanara la ebra, por donde salen guiados, casi imposible les fuera el salia de tanto encanto, y el cobrarlos su planeta. Aquí, dejando el caballo a su libertad, las sedas troque por rústicas pieles, y alimento de las hierbas: Diez y seis veces el Sol peinó canas de esa sierra, deshaciendo nieve rica en mil cristalinas trenzas, mientras agravios del tiempo, resolviendo mis tragedias, si en ti entre males, y ahogos, llosé entre angustias de ausencia, y al paso que las sentía se iban aumentando ellas, o avisadas del dolor, o inciradas de mis penas; porque como los pesares allá en el alma se siembran con el calor del amor, y el agua de las ternezas, que los ojos han vertido, es el aumentarse fuerza, necesarlo es ser mayores, y preciso que recrezcan: Pero estando cierto día del mar junto la ribera entre Vracanes soberbios, tomó una barquilla tierra, y examinando su centro, hallé a Violante, que de ella recibiéndola a mis brazos, pude sacarla a la selva, que embargada de un desmayo casi en la muerte tropieza: Muestra seraliento, fría, eclipsada, torpe, y hierta, bien así, como el clavel, que rusticamente huellas segura villana planta, malogrando su belleza: Cobrada en fin del desmayo, varios sucesos me cuenta, mezclando varios pesares al grande gusto de verla; porque es pensión del placer, pisar su sombra una peña: Porcierta ocasión oculta fue forzoso en esta guerra ser de Alvante General, si bien con estratagema de apaciguar los rencores que en vuestros pechos se encierran Salí a conocer al campo, sin duda de inteligencia celeste animado el pecho, pues oyendo que se ordena tu muerte, pude avisarte, para que la parca fierra, ni el hilo cortó a tu vida, ni el progreso la suspenda. Este es, señor, mi suceso, esta mi triste tragedia, está mi vida infelice, estas mis penas inmensas; el cielo así lo dispone, así los hados lo ordenan; para que atento conozcas, pa- para que advertido sepas, que hay en los Reyes desdichas. que hay en los grandes miserias, que hay en Príncipes fracasos, y que hay en los nobles penas; y en fin, para que repares en mis naufragas tormentas, en mis grandes infortunios, y en mis repetidas quejas, el imperio de la edad, del tiempo la fortaleza, el rigor de mi destino, el poder de las estrellas, la fuerza de la desdicha, los báyvenes de la rueda, las mudanzas de fortuna, y de la suerte las vueltas. Con justa razón admiro, hijo, tu suceso extraño, mas como causa del daño, cuanto me alegro suspiro, al paso que me alborozo de habertenido esta dicha, la ocasión de tu desdicha, mitiga en parte mi gozo; a pagar la pena vengo de ocasionar tanto mal, y es mi pena la señal de que yo la culpa tengo: hice con sentencia loca a tu natural violencia, y fue mala la sentencia, pues el cielo la reboca: Mas ya supuesto que estoy a tu amor reconocido, si hasta aquí tirano he sido, seré padre desde hoy: vuelve a darme mil abrazos, premio justo de tu celo, y oiga la que el santo cielo eternizará estos lazos; pero ya que serno puede contento, al finmorire, con que a mi Reino daré tal Príncipe que me herede, Basta ya padre querido, no desperdicies favores, ni medes tantos honores, sin haberlos merecido: hijo vuestro ser elijo, pues no hay cosa que me cuadre, como teneros por padre, y que me estiméis por hijo. Aquí es fuerza que se acabe mi esperanza con mi enredo, y muy desairada quedo, si ahora Alvante lo sabe; pues pongamos tierra en medio, amor, que de tanto azar, si me falta el olvidar, el mayor será remedio. Deme a besar vuestra Alteza su mano. Oh Violante hermosa! siendo de Carlos esposa, no postreis tanta belleza: Dadme los brazos. Señor, solo soy esclava vuestra. Que bien en el rostro muestra su honestidad, y su amor! Ya que la amistad de Carlos me asegura tu clemencia, a tus pies se postra humilde, gran, señor, quien con soberbia quiso oponerse a tu gusto, quiso ofender tu grandeza: Albante soy, No consiento que estés de aquesta manera, levanta Albante, y advierte, que es de mi amistad ofensa, pensar, siendo deudo tuyo, que me olvido de la deuda. luzgas mal, porque si yo antes de saber quien eras pure mi honor en tus manos, ahora que tu nobleza a lado del Sol he visto, fuera presunción muy necia en tu amistad poner dolo, ni dudas en tus finezas; que antes de entrambas está el alma tan satisfecha, que el progreso se asegura de lo que atrevido intenta. Digo, pues, señor invicto, que si el destino, o la fuerza con que mi pecho dominan celestiales influencias, osado pude atreverme a despreciar la belleza de Casandra, vuestra hija, ocasionando esta guerra, tengo una disculpa noble, que a pedir perdón me alienta, puesto que he logrado esposa de vuestra prosapia mesma, hija de Violante, y Carlos, tan hermosa, tan discreta, que para rendir las almas, no necesita de estrellas. Corejad, señor, ahora, si es igual la ecuivalencia, del desprecio de una hija, y el apoyo de una nieta. Engañado estás Alvante, engañado estás, si piensas que Fenisa es hija mía, de amor son estratagemas; peregrina de estos montes, albergue le di en mi cueba, donde presa de tu amor, me pidió que ser fingiera su padre, porque soberbio, su humildad no aborecieras, aunque el amor que la tengo es tan grande que pudiera acredirar el engaño. Pues vive, Dios que aunque sea una hun ilde labradora, han de adornar su cabeza las puntas piramidales de mi Cesarca diadema, y reinar ea mis vasallos como en mis sentidos reina! Donde está? Quién? La serrana que vino con migo. Apenas acabó Carlos de darle a su padre larga cuenta de sus varios casos, cuando por la falta de esa sierra fue desprecio de Atalanta con presurosa carrera. Sin duda que recelosa de ver su industria deshecha, declarados sus engaños, y frustrada su cautela, fugitiva se abalanza alo umbroso de esa selba, por negar causa a su empeño, y motivo a su vergüenza. Pues siganla los soldados, no dejando ramo en ella a quien no escrudiñen linces, que al que sin hacerla ofensa, con el debido decoro la reduzga a mi presencia, le daré diez mil ducados. A mí me toca esta empresa, pues si el camino que sigue, y esté cierto vuestra Alteza, que la traeré aunque se esconda en el centro de la tierra. . Vamos, Carlos, porque luego mudando toscas libreas, en los Reales adornos, mi campo alegre te vea, y des la mano a Violante. Hanos dado tanta pena el ausencia de Fenisa, señor, que con tu lie encia se ha de suspender tu intento, hasta tanto que parezca: Tu gusto sigo. Y el mío, pues no hay cosa que lo sea, adonde Fenisa falta. Vamos, Albante, y no temas, porque has de lograr deseos, si no mienten mis sospechas. Del Fuéronse ya? ya se han ido, y aún temo que se me vuelvan: Cuerpo de Dios, y que han hecho de que brarme la cabeza! Jesús, y lo que han hablado! es posible que no pueda encarjar una palabra un lacayo en hora, y media? Reventando estoy, por Cristo! mal diga Dios el Poeta que me quiso hacer Cartujo teniendo flujo de lengua! sin duda se le ha olvidado, que en cualquiera cosa es regla que meta su cucharada, ya sea grave, ya burlesca: Pero vaya, que me han dicho que es nuevo en hacer comedias; esta vez se la perdono, mas si a la otra no se enmienda, y a cada paso me pone cuar rocientas chanzonetas, chistes, pullas, y picones, téngase por cosa cierta, que le he de pegar la cola de la chusma mosquerera. Ahora bien, diez mil ducados le cantan a aquel que pueda. saber donde está Fenisa; o quien astrólogo fuera, que llegaran a buen tiempo! Que haya tontos que se gasten con mujeres las haciendas, y que aquí para hallar una quieran dar tanta moneda? Diez mil ducados? es barto? o cuantas señoras hembras. de las que me están mirando, por solo el diezmo vinieran! Mas, vamos a lo importante; hacer quiero aquí la cuenta de lo que pienso comprarme cuando este dinero tenga. Lo primero, seis vestidos, catorce medias de ieda, treinta pares de zapatos, y de escárpines ochenta; camisas, cuantas camisas? vaya bueno lo de afuera, que la camisa no importa: caballo, es cosa supersiva, pero no habiendo lodos me lo excusará de medias: o qué erguido he de ponerme! que rizado de guedejas! que aliñado de copete! y que estirado de piernas! quien pasa por esa calle? don Delfín, don Delfín ea: Muchachas, abrid aprisa de par en par esas puertas, que le baylan los dobiones: echo acá las faldriqueras; oste puro socarión; a Nacional de España téngase, digo allá fuera; denos algo por su vida, traiganos una merienda; deme para unas enaguas, denos para la comedía; vayan todas noramala, saco fuera mi pajuela: Ea, coman, que me burlo, hagan poco apoco presa; ya sin blanca me han dejado, y por Dios que estoy sin ella; pordónde sabrán que hacía sin la huéspeda la cuenta: A buscar voy a Fenisa, que quizá estará en la cueba previniendo mi ventura, Dios me la depare buena! . Huyendo de mi destino, buscando a Fenisa vengo, y ha gran rato que no tengo señal de senda, y camino, que todo el monte he corrido, tanto que está mi valor fatigado del calor, y del cansacio rendido; y de modo me he alejado del lugar donde salí, que descubro desde aquí, aunque pequeño un poblado: En el pie del monte hay gente, algún leñador será, quierome llegar allá si el cansancio lo consiente. A buen hombre? Dice a mí? A tidigo, has visto acaso pasar con ligero paso a una mujer? No lo vi. y Mas que es lo que miro cielos! no es Cami lo, sueño, o no, el que a Fenisa me dio, ocasión de mis desvelos? el es sin duda, que aguardo que a conocer no me doy? mas el estado en que estoy me infunde un temor bastardo, pues después que la perdí no la puedo hallar jamás. Parece que triste estás? Y con razón, ay de mí! Qué tienes? Un fiero mal. de que a ti te alcanza parte. Atento vuelvo a mirarte, y si no miente el sayal, me parece que te he visto otra vez. Tienes razón. No dirás en que ocasión? En vano el dblor resisto: Acuérdate que trajiste una nina a mi lugar para darla allí criar? pues yo soy a quien la diste. Oh Laurencio! en mi verdad que esas canas causa han sido, de no haverte conocido. Lo que no pudo la edad, ha podido el sentimiento. Y adónde la tiña está? Un ano, señor, aurá que para darme tormento, juzgándola ya olvidada de vos, que el haber pasado diezy seis anos, estado la quise dar; suerte airada? mas apenas lo propuse, cuando sin saberlo yo, de la aldea se ausentó; y aunque buscarla dispuse con cuidado, y diligencia, no he sabido de ella más. En las señas que me das halló cierta conveniencia, que me obliga a que no sienta tu dolor: llámase acaso Fenisa? . Sí. Extraño caso! ya mi espíritu se alienta a darte un abrazo estrecho, y gustosos parabienes: Vente con migo, que hoy tienes de lograr honra, y provecho. No te entiendo, mas por darte gusto, obediente testigo. Ven, que a enseñarte me obligo mil colas que han de admirarte. . Vasallos, y amigos míos, en cuyo valor estriba el peso de mi Corona, y de mi Reino las dichas: Convócaros he querido en esta ocasión, que es digna, para que en palabras breves os declare cierto enigma, que el archivo de mi pecho tuvo oculto tantos días. Bien sabéis, que en los verdores que la edad lozana animán, tuve amora cierta dama, a cuya belleza cifra, de perfecciones, y gracias, se vio el alma tan rendida, que imán de mis pensamientos. solicité sus caticias, ante poniendo mi gusto a obligaciones precisas, que confesaba a Lisarda por mi esposa, y por mi prima; de uno esposo, de otro amante, como en una noche misma rindiesen ambos dos hijos en los brazos de Lucinda, descando que mi ama fuese en todo preferida, y que el suyo me heredase. Con una industria exquisita los troque la misma noche, sin que fuesen entendidas de nadie mis pretensiones; y resuelto a proseguirlas, cuanto adoraba a Flaminio a Carlos aborrecía: Pero como el cielo santo los pensamientos castiga, no permite que se tuerza la vara de la justicia: Altivas indignaciones les dio a entrambos tan distintas, que Flaminio a quien amaba, darme muerte solicita y el aborrecido Carlos era escudo de mi vida, aunque ingrato al beneficio, fue ocasión de las desdichas, con que en estas toscas grutas ha vivido tantos días, hastra que lances forzosos, que no es bien que se repitan, reduciéndolo a mi gracia en esta ocasión me obligan a que descubra el enredo, y justamente desista del Reino; porque sus siener gloriosamente ellas ciñan, eternizando sus glorias lauro inmortal, verde oliva. Viva Carlos muchos años, Carlos, y Violante, vivan. General es el contento. Deme vuestra Alteza albricias. Yo las mando; que hay de nuevo? Llevado de la codicia del oro, por ese monte salí buscando a Fenisa, y midiéndolo ligero, roca a roca, encina a encina, en los brazos de Morseo la hallé en la hierba tendida; despértela, y a mis ruegos, y mis suplicas esquiva; no quiso volver conmigo, hasta que llegando aprisa, o traído de mis voces, Camilo, con quien venía un anciano labrador: mas ellos lo de más digan, pues están en tu presencia. A vuestras plantas invictas, pido, señor, que me oigáis, porque en relación sucinta os dé cuenta de un prodigio que admiraciones motiva. En aquella infausta noche, que Violante, primer desdicha nos entrego sin recibo, de su esposo las piimicias, a mí, y a Flaminio airado, su cólera vengativa, como sabéis, me mandó. que a aquella inocente niña la diese temprana muerte, y en pedazos dividida, en una fuente de plata a Violante la remita: Pero mi noble piedad quiso reservar su vida, para cuya ejecución dispuso el cielo este día, que una niña se muriese hija de una esclava mía, en quien del cruel Flaminio ejecutando las iras, libré la inocente infanta; y luego con toda priesa la trasadé a cierta aldea, de este monte con vecina; entreguela a un labrador, y déjele joyas ricas, y cantidad de dinero, que él a su crianza asista, y encargándole el secreto, por los riesgos de mi vida, que Flaminio aseguraba si llagaba a su noticia: Negligente desde entonces me olvide de sus visitas, mas apesar de los hados, llega por extrañas vias a reconocerlos lustres de sangre heroica altiva. Esta Rey es vuestra nicra, Esta, Carlos es tu hija; esta, Violante, es tu prenda; esta, Albante, es tú querida, este el labrador dichoso que la crió, y lo atestigua; y yo soy el instrumento de que logres tanta dicha. Reverdezcan ya mis canas una gloria tan crecida. Dame los brazos. Los míos te aguardan prenda querida. Cuando fui yo tan dichosa! Qué bien el alma adivina! presaglaba mi ventura. Quién aura que se resista a mi gozo, si merece mi amor padre en tantas dichas? los brazos pido a mi esposa con la mano. Es honra digna de vuestro amor. Tuya soy. Cuando merecí este día? Por dormirme en una peña que me quiso hacer torridla, perdí los diez mil del pico; perdonen, señoras mías, que ya no tengo que darlas: O qué buena anda la gira! consuelome por lo menos, que hoy la razón se dúplica: O que he de hacer de zampar chorizos, y longanizas! Pues el Rey mi padre gusta, que heredándole yo en vida, mande, y disponga sus Reinos, y que sus vasallos rija, vamos a la Corte, donde, con aplauso, y alegría, se celebren con mis bodas las de Albante, y de Fenisa: A Camilo doy en premio de su lealtad, cuatro Villas; y al labrador que fue padra adoprivo de mi hija, hago señor de su aldea, y pagando las albricias al soldado que la halló, de la mejor Alcaicía del Reino le hago Teniente; demás, de que a letra vista le darán diez mil ducados. Y de mí como se olvidan? deme premios sin cansarme, porque aya en toda la vida un lacayo celebrado, que si Julia me venía por derecho de comedia, ya está Monja de cocina, y yo la he dado palabra de no casarme en mi vida. Dos mil ducados de renta te mando. Ya es niñetía. Mas señoras aruñantes, no me pidan gullerias. Flaminio, por sus delitosa en cárcel pérpetua viva, y aquí tenga fin Señado, pues el tiempo se limita, las Mudanzas de fortuna, y Rigor de las desdichas.