Texto digital de Riesgos y alivios de un manto
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan de Matos Fragoso
- Atribución estilometría
- Juan de Matos Fragoso Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Riesgos y alivios de un manto. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/riesgos-y-alivios-de-un-manto.

RIESGOS Y ALIVIOS DE UN MANTO
JORNADA PRIMERA
RHrabuena de a los prados nueva luz, nuevo arrebol, salga norabuena el Sol al día, y a mis cuidados. Despierte el alado coro norabuena su alegría, para que despierte el día al hermoso Sol que adoro; pero advierto enamorado, faltándome su luz pura, que duerme más la hermosura al arrullo de un cuidado. Norabuena en leves alas::- Vive Dios; que me condenas, señor, con tus norabuenas, a otras tantas noramalas. in? Dime, te acuerdas, que vienes a ocasarte, y que te aguarda tu prima, rica, y gallarda, que es el bien de muchos bienes? Y que ha mil días que estás en Madrid, sin que te acuerdes, mal tahur, de lo que pierdes en una mano no más? Calla, necio. . Hay tal quimera! que con tus botas calzadas, después de tantas jornadas, no llegues a la tercera, Mal Poeta! te condenas, pues aunque en varios acasos gastas muchísimos pasos, son siempre breves tus penas. Pero sufreme esta vez, pues tan sin manos te allano, dar a tu amor una mano, menos mal, si es de almirez, Mas mi descuido provoca tu cuidado. . Óyeme hoy, que este es autojo, y estoy con la barriga a la boca. Dias ha (para mi mal) que de la guerra veniste, donde en pobreza viviste actual, y original; pues tu niñez arrojada, sin padres, como sin rienda, por corta perdió su hacienda, pero no por mal echada. Mas ya ntutío, y señor, de tu error compadecido, muy, de merced ha querido ser tu padre redentor, enviándote a buscar para hacerte su heredero, con sus cargos, pues primero con su hija has de casar. Y aunque no es de balde el bien, pues de una mujer te encargas, muchas, señor, de estas cargas nos diera el Francés, amén. Ya al fin la caballeria andante dejas atrás, aunque en lo cuerdo te estás a caballo todabia; y ya a Madrid has llegado, donde tu amor te desmiente racional, pues solamente te da sustento en el prado. Perdona, señor, si excedo mi licencia en lo que digo, que si no puedo contigo, tampoco conmigo puedo. Aunque tu pecho alimentes de enamoradas porfías, bien sé yo que algunos días no te pasa de los dientes. Una Dama, que en el prado te miró por forastero, ni te ha dejado soltero, ni te permite casado. Y para que más me asombre del suyo, y de tu capricho, ella es tal, que aún no te ha dicho, ni su casa, ni su nombre. Aunque frecuenta estos prados con su acero y da a entender, tomándole, que es mujer de aceros, pero tomados. En fin, solo tu desdén te detiene en un mesón, no solo ya sin razón, pero sin cuenta también: porque no errando jamás cualquiera que hacer intenta con la huéspeda la cuenta, ni aún con ella no lo harás: porque estamos pobres tanto, que de irte a un Hospital no estás a un canto de real, pues solo tienes el canto. Ahora digo yo, Rey mío, pues tan bien os ha de estar, no fuera mejor buscar este suegro engerto en tío? que si mi oído no miente, tengo el regalo por cierto, porque siempre tras lo engerto va lo cocido, y caliente. No fuera mejor buscar esta prima, que te espera, porque vea yo siquiera quién te ha podido esperar? Y en su honestidad hermosa, quedar de tu amor en pena, la voluntad con cadena, la obligación con esposa? Y no fuera más decente rozar gala celebrada, con mucha plata pasada? porque ya hay poca presente. Señor, que vuelvas te pido en ti, si tu error infieres, sino es acaso, que quieres volverte en lo que has venido. Señor: . Calla, que ya está cansada tu arenga larga. Pues échame con la carga, descargo mío será. La Gramática no paso de tu amor desentendido, pues hacer tiempo has querido de lo que debió hacer caso. Ven acá, importuno necio, puedo yo el hado vencer? o mi albedrío ha de ser de mi conveniencia precio? Quieres ver como no es justo buscar a la que ha de ser mi esposa, y él no la ver es crespeto, y no disgusto? Pues supón, que de haber visto estotro prodigio humano, amarla es efecto en vano, a su causa me resisto. Ya, pues, preso el albedrío, cómo me puedo casar? como engañoso he de dar el corazón, que no es mío? Y el dar la mano sin él a mi prima, es desatino, pues la apariencia de fino es experiencia de infiel. De suerte, que con razón huyo de una, y a otra adoro, pues no ofendo mi decoro, cumpliendo con mi pasión. A mí solo me provoca la necesidad molesta, eso no tiene respuesta, mas no me tapa la boca. Si tú, muy rico, y muy lleno, porque te enfada, dejaras aquella, y estotra amaras, (válgame. Dios!) santo, y bueno; mas sin uno real tanta fiesta, todo mi discurso excede: y al fin, el que más no puede, bien sabes con quien se acuesta. Deja locuras ahora, y dime cual puede ser la causa de amanecer hoy el dial sin Aurora? No adviertes, que el arrebol señas de tristezas da, y aún el mismo Sol está echando menos el Sol? No ves esa fuente pura, que el cristal haciendo va pedazos, porque no es ya espejo de su hermosura? Yo solo veo, señor, de la fuente en el resejo, que se miran en su espejo acémilas de aguador: y si digo lo que siento, tendrá esa Dama tardona::- Qué? Cerca de la persona algún entretenimiento. Pero si desvanecida mi humilde vista, no está, dos Damas vienen acá. Doite en albricias la vida. Por Dios, que quedo medrado; mas ya que no me la quites, di solo que la permites, porque nunca me la has dado. Las dos son, llega, qué esperas? Ay Julio! que en mi albedrío, tropezando los afectos, se detienen los cariños. Allí están los dos, señora. Flora, los cuidados míos en el deseo son alas, pero en el recato grillos. Qué amor tan de lo peinado! Qué galán tan de lo lindo! Señor Don Juan. Dueño amado, ya casi al dolor rendido de no veros, vine a hacer de mi cuidado delito, anticipando quejoso la suerte que logro fino en vuestros ojos, y el alma hacia entre mis delirios, de la culpa de no veros, cómplices vuestros desvíos. Mas corred a vuestros ojos la cortina, y a los giros de mi amor, que mariposa solicita sus peligros; dad más premio, no más riesgo, o creeré, que no ha podido apartar del Sol la nube todo el aire en mis suspiros. No señor no fue tibieza, agasajo fue encubriros mis ojos, fue confianza, fue cuidado, fue cariño; pues previniendo mi amor vuestro sentimiento fino, efecto de mi tardanza, dar más licencia he querido, embozada, a vuestras quejas, a pesar de afectos míos: que así, sin que el verme os temple, ni a mí me ofenda el oíros, os disimulo una culpa, y os aseguro un alivio. Pues yo estimo tanto el veros, que trocara, dueño mío; la satisfacción de un alma por la gloria de un sentido: y no he de ser tan grosero con vuestros ojos divinos, que a vos me niegue mi queja, por no negarme a mí mismo. Ni es bien, que de vos presuma contra vos misma delitos, creyendo es vuestra tardanza efecto de otro cariño; que era juzgaros muy fácil, pensar que para conmigo habéis hallado el engaño mas a mano que el desvío. Descubrid, pues vuestros soles. Estimo tanto el oiros, que a no parecerme caro un gusto por, un desvío, mis ojos os escondiera: pero ya no los resisto, . que fuera ofensa de entrambos pensar que en vulgar arbitrio he menester ser ingrata, para teneros rendido. Y tú, Flora, no me dices algo brillante? No, amigo, que aunque está ya puesto en uso, yo tan delgado no hilo. Pendiente de ese concepto tengo el alma: pero digo, no traes algo que almorzar? Sí, Julio, unos bocadillos. Vengan, qué yo encogeré mi boca. Mira qué lindos! son de barro de la Maya. Oh cuerpo de Dios conmigo! Escupes? . Sí, que me has dado con el barro en los hocicos, y esto se llama en romance salpicar. . Pues, Julio mío, un salpicón para almuerzo es barro? . Y de baca ha sido. Qué poco dura la gloria . de un infeliz! qué vecino está el gusto del tormento, al honor del precipicio! Apenas rasga la rosa e los estorbos del vestido a las caricias del Sol, cuando en sus ardores mismos, el que nació hermoso halago, muere despojol marchito. En fin, qué ya no he de veros otra vez en este sitio? No, porque ya la licencia, que merdió el Mayo florido para tomar el acero, hoy se acaba, y es preciso que no salga, cuando advierto en vuestro amor mi peligro, menos que de acero armada a tan fuerte desafío. Ofensa de vuestros ojos, como desdicha a los míos, es esa, porque son armas, cuyo herir ejecutivo dejan sin vida al más libre, sin ofensa al más herido. Creía mi vanidad, que eran armas, mas ya he visto por experiencia, que no, pues si ofensivas las vibro, no ofenden; y si con ellas a defenderme me animo, aquello más me acobarda, que de su defensa fío. Mas parecen armas vuestras mis ojos, pues averiguo, que solo a vos os defienden, y solo a mí me han herido. Pero paso, sentimientos, . no os haga el labio delitos, que aunque la pena no es culpa, es liviandad el alivio. En fin, señor, yo me vuelvo, ya que no al gusto, al retiro, donde los celos de un padre, y donde el recato mío, del cuidado más decente aún excusan el peligro. Vos, claro está, aunque venís (si es verdad lo que habéis dicho) a un pleito, y que sola yo atención os he debido, si bien expuesto el amor a las señas del olvido, y a las penas de la ausencia, no tendréis por gran delito retiraros de quejoso, o no proseguir de tibio. Yo confieso, que hasta ahora ningún hombre me ha debido, ni curiosidad de verle, ni gusto de haberle visto, sino vos; y yo confieso, que el haberos escondido hasta ahora esta verdad, fue, Don Juan, porque en lo mismo, que advertía mi amor cierto, mal pagado le he tenido. Pero ya que le condena mi honor al mudo castigo, por si me niega mi suerte en vos lo reconocido, no he querido que se queje de que me excuso este alivio, aún a costa del recato. Con esto os pago el principio de vuestro amor, pues su fin en mi desdicha acredito, antes que de vos lo sepa; pues claro está, que habrá sido dar al ocio, o al antojo por disculpa este motivo. Pero si vuestras finezas por verdades califico, creed; mas ay, que en el alma mi esperanza contradigo, no sé por qué; pero sé, que de vuestro amor no fío. Adiós, Don Juan. . Oye, espera, hermoso adorado hechizo, no sin oírme me mates, que el dudar, que mi albedrío es tuyo más es en ti ofensas, que en mi delito. Si piensas, que mis cuidados, livianamente fingidos, solo aspiran al favor, y que por tal califico, mas que la duda del alma, el gusto de los sentidos, grosero juzgas mi amor: indecente sacrificio es la víctima, si el fuego no purifica lo indigno. Sabe amor, dueño del alma, y él me mate si lo finjo, que desde que vi tus ojos, a más ventura no aspiro, que a adorarlos, sin más fin, que el de un amor infinito. Con tu ausencia me amenazas, y aunque es, señora, preciso sentirla, por muerte es justo, mas no el amor por peligro. No porque en tirana nube el Norte se oculta fijo, le pierde el imán, que al rumbo le dispensa del barquillo. También Clicie enamorada del Sol imita los giros, aunque entre sombras opacas le mienta sus rayos limpios. No hace la salva a la Aurora también aquel gilguerillo, que en los hierros de su cárcel malogra alados alivios? Pues por qué dudas, que ausente te adoraré, cuando miro la piedra, la flor, y el ave, ejemplos de mi destino? Ya los pleitos, que a la Corte, como dije, me han traído, ceden a mi amor; él solo es de los afectos míos el Juez, y tú la causa, y la experiencia el castigo. O si fuera tan dichoso, que pronunciase benigno en mi favor la sentencia, aún después de muchos siglos! y así cuenta los instantes, deseo inmortal, y fino; solo te ruego:- Señora, Don Diego, tu galán vivo, reformado de tu hermana; desde que espera a tu primo por marido y desde que por la muerte retraído de Don Luis tu hermano, vive, viene aquí, y si en este sitio, y en este traje te ve, corre tu opinión peligro, y aún tú, pues sabes que es hombre, que nunca desecha ripio. Bien dices, porque es grosero, cuanto desfavorecido; y cuando en mí está un agravio tan de parte del desvío, fuera más culpa escucharle: más desmentir los indicios con Don Diego y con Don Juan me importa, y lo facilito con irme ahora, y negarle a Don Juan el nombre mío, diciéndole el de mi hermana, pues así menos peligro corre mi honor, si Don Juan, habiendo a Don Diego visto, quiere averiguar sospechas; y así de Don Diego evito, puesto que yo soy ahora, y no Elvira, su delirio, la porfía, si a informarse de Don Juan llega atrevido. Esto ha de ser, pues así de dos recelos me libro. Señor Don Juan, hasta ahora ignoro vuestro apellido, y vos ignoráis mi nombre; mas si vuestro amor confirmo; acreditando finezas, de que es el tiempo testigo, si tenéis mi amor por premio, yo os libraré del olvido; y ahora quedad con Dios, que es fuerza. . Qué repentino susto a las dos os altera? y cuando con él os miro, no es bien que de acompañaros deje, no solo por fino, sino por noble, y cortés. No señor, no lo permito Reparad:: . Por vida mía, si la estimáis, os suplico, que no vengáis, y el quedaros por más fineza os admito. Digo, señora, que mudo al conjuro, no resisto mi obediencia, ni el cuidado, que en mis recelos confirmo. Pues no los tengáis, Don Juan; y porque veáis que estimo la satisfacción de todo, venir por ella os permito después: y porque mi casa no ignoréis, Julio conmigo podra venir a saberla; y si diciendo os obligo mi nombre::- . Apriesa, señora, que se acerca. . Ya le he visto: Doña Elvira de Mendoza me llamo: a Dios, Don Juan mío, que no puedo más. Espera, Elvira, dueño querido. Ven, Julio, que en tu defensa mis seguridades fío. Bien puedes, porque soy Julio, y si saco tabardillos, y esgrimo caniculares, nadie ha de parar conmigo, que es la espada dé mi perro mejor que las del perrillo. . Entre confusión, y dicha, neutral está mi sentido. Doña Elvira de Mendoza no es, amor, el dueño mío? No es la hija de Don Sancho, de cuyo, cielo divino, él me llama para esposo, yo para esclavo he venido? sí; luego mi dicha allano, pues por esposa consigo la que por amante adoro; pero al paso que averiguo lo cierto de esta ventura, ya que por favorecido, galán, y esposo, no puedo tener celos de mí mismo; no le parece a mi honor poca pensión el peligro de un galán, que a Elvira sigue, y de quien, según he visto, con cuidado se recata, y así, apurar este indicio, no solo toca al amor, si empeño es del honor mío. Ay Elvira! qué dichoso celebraré mi destino, si del crisol de mis celos sale tu recato limpio! Mas si culpada (ay de mí!) quedas mi honor advertido de mi amor, el desengaño estimará por aviso, y antes de darte la mano, si liviana te averiguo, volveré; pero ya llega. Amor, qué más cierto indicio de que es Leonor la tapada, pues huye de mí? preciso es ya conocer este hombre, pues a su criado miro acompañarla: Ay amor! siempre desfavorecido. Si adoro a Elvira, se casa; si busco en Leonor mi alivio, mas que Elvira me aborrece; pero anticipe mi brío el lance, y la información, que celoso solicito. Caballero: mas qué veo! Pero qué miro, y extraño! . Oh es de la memoria engaño::- O es ilusión del deseo, o es Don Diego. . Oh es Don Juan. Don Diego? . Don Juan? Los brazos sean memorias, y lazos de nuestra amistad. . Serán, cuando, los logro contento, vuestros abrazos, amigo, la cárcel, si no el castigo, de mi ciego arrojamiento. Que el mayor amigo, asor, . ocasione mis desvelos! Qué sea causa de mis celos . aquí mi amigo mayor! Mas de su amistad sabré en mis dudas la verdad. Mas sabré de su amistad todo lo que recelé. Amigo, ya dilatáis el informe a mi deseo de esta venida. . Bien creo, Don Diego, que os acordáis, que tan niño fui a servir, que parecía en el arte, que iba a la escuela de Marte a leer, y no a reñir: y bien escuela se llama, a donde va el más atento a leer en el escarmiento, cuando a escribir en la fama. Allí, amigo os conocí, y allí en varias ocasiones mil dichas, y mil blasones a vuestro lado adquirí: hasta que vos, habrá un año, que la Milicia dejasteis, porque de ella antes sacasteis el premio, que el desengaño, heredando vuestra casa, cuyo descanso adquirido, de cordinario a ser olvido de ausentes amigos pasa. Aunque culpáis sin razón mi amistad, por no estorbaros callo ahora, para daros de espacio satisfacción. Al gran Felipe después Barcelona se rindió, aunque más se levantó cuando se postró a sus pies. Ya yo en la Caballeria, a luz del más excelente Velasco, dichosamente guiaba una Compañía: cuando Sancho de Mendoza mi tío, cuyo heredero, muerto de violento acero de mejor herencia goza. Qué, Don Sancho es vuestro tío Sí. . Viose lance más fuerte! y no sabéis quien dio muerte a su hijo? . El dolor mío es, que aún Don Sancho lo ignora, con que frustra a mi esperanza desempeños la venganza. Buenos estamos ahora: hay más empeños, Amor! al mayor amigo mira mi envidia dueño de Elvira, y no hay testigo mayor, que ser Don Sancho su tío, pues mi afecto no dudaba, que con un primó casaba, ocasión de mi desvío: mas como el nombre ignoré, nunca di en que Don Juan fuera; y como si esta no fuera bastante pena hoy le ve mi sospecha hablar dichoso a la que juzgo Leonor, con que de las dos mi amor le teme amante, y esposo. Y aunque esto no puede ser, cuando se llegue a apurar, V ya no puede en mi pesar no ser cierto mi temer. Y sobre todo, soy yo quien dio a su primo la mújice, aunque lo ignora: de suerte, S que hallando un amigo, hallo mi afecto: si a Elvira obligo, un marido: si a Leonor adoro, un competidor: si a ninguna, un enemigo. Pero puesto que no sabe Don Juan, que soy quien ha muerto a su primo, pues es cierto, que en su agasajo no cabe un odio disimulado, cuando a quererle vengar nos ofrecía lugar tan a propósito el prado: disimular me conviene con su amistad, pues en ella, mas que, mis celos quererla; mi amor esperanzas tiene, facilitando, casado con Elvira, de Leonor a mi firmeza el favor: con cuya mano borrado queda a un tiempo mi delito, y sin riesgó mi amistad; solo ahora la verdad de mis dudas solicito, averiguando quien es la Dama. . Amigo, entre amigos las palabras son testigos de los afectos; ya, pues, que en vuestro semblante veo, si no me engaña el cuidado, novedad, que ha despertado, si no el temor el deseo, como amigo me informad de la causa. . Con los brazos abrevia, la dicha plazos, y episodios la verdad. Ese agasajo os estima mi amor, aunque lo he extrañado. Es porque os juzgo casado con Elvira vuestra prima, que ya sé que os esperaba, y aunque entré el pecho, y el labio al dolor de vuestro agravio con este gusto lidiaba, suspenso mi amor dudó cual primero declarar, En el contento, o el pesar, hasta que el gusto venció. Honor, puesto que en Don Diego no he de creer deslealtad, . porque estoy de su amistad satisfecho, a creer llego, que a Elvira no conoció, aunque el recatarse de él las dos, indicio cruel a mi sospecha ofreció. Mas qué dudo, que no inquiero sin embozos la verdad? De vuestra cierta amistad saber con llaneza espero, Don Diego, cómo tenéis, estando oculto mi intento, noticia del casamiento? Mucha lisonja me hacéis en esa pregunta, amigo, puesto que es darme ocasión de que yo de mi elección os haga parte, y testigo. Así de una vez le empeño a la verdad, y al favor. Sabed, Don Juan, que Leonor es de mi fineza dueño: y siendo Elvira su hermana vuestra esposa, con tal medio, de mis males el remedio se facilita, y se allana; y así, sin duda, no haréis novedad de que yo tenga tanta noticia, y prevenga el amistad que me hacéis. El gozo es dos veces justo en mi amor de vuestro empleo, si en él cumplís un deseo, cuando yo intereso un gusto. Albricias, amor, que ya . no espero más desengaño. No solo, amigo, no extraño vuestro gusto, mas os da palabra mi amor de hacer, en fe de que lo desea, imposibles, porque sea mi hechura vuestra mujer. Quiera él, pues, a Leonor, y líbreme de este susto, que en albricias de mi gusto, le ofrece el suyo mi amor. Mayor conveniencia allano de lo que pensáis en eso, porque yo solo intereso esperar la hermosa mano de Leonor; mas he inferido, que ninguna de las dos, que ahora hablaban con vos, aunque me lo ha parecido, era Leonor. . No, Don Diego, antes quiero que sepáis, cuando tanto interesáis en mis sucesos, que llego a ser tan dichoso hoy, por bien extraña aventura, que de una misma hermosura galán y marido soy; porque es Elvira la que visteis aquí, que tapada, de acero, y belleza armada, días ha rindió mi fe, habiéndome detenido solo de verla el cuidado, obligaciones negado, y a deudos desconocido en Madrid; mas pues su casa no ignoráis, puesto que en ella adoráis a Leonor bella, y por Elvira se abrasa mi deseo: vamos luego a lograr tan feliz rato, pues cuanto el verla dilato, la mayor dicha me niego: vamos, que por el camino mi ventura os contaré. Válgame el Cielo! qué haré? . pues si guiar determino a Don Juan, a riesgo pongo, conociéndome su tío, mi honor, pues el riesgo mío hoy solo a su vista impongo: si no le acompaño, queda, cuando se fía de mí, cierta su sospecha: aquí qué medio habrá con que pueda cumplir con todo? más ya lo he pensado; así ha de ser. Mucho tarda en responder . Don Diego, y dudoso está. Amigo, en qué os suspendéis? No es embarazo, que impida el serviros. . Por mi vida, que nada me recatéis. Una ocupación forzosa tengo; pero acompañaros no embaraza, hasta dejaros en casa de vuestra esposa, que yo os ofrezco volver a veros, Don Juan amigo. Es verdad, que así consigo mi desempeño, hasta ver qué medio será mejor para alcanzar mi lealtad, de Don Sancho la amistad, y la mano de Leonor. Vamos. . Oh ventura mía! en ti sola sin violencia, el gusto, y la competencia desmienten la antipatia. Hay tal andar! hecho pedazos vengo, aún no sé si me caigo, o si me tengo; más guardareme, Flora, de tus brazos, pues te comes el barro hecho pedazos. Quita, Flora, ese manto; y tú, Julio, pues ya mi casa has visto, vete, primero que mi padre venga, y mi vida en mi amor más riesgo tenga. Vuélvete, y di a Don Juan, que no resisto dejarme ver, si atento, y confiado mi decoro asegura en su cuidado: dile, que en los papeles, y los ojos podrá templar su afecto los enojos, si mi retiro basta a ocasionarlos, que yo me constituyo a no extrañarlos. Dile, en fin:: pero no le digas nada: vete luego. . Señora (estoy turbada) tu padre. Ay triste! vete, mas ya es tarde. Padrecito? (ay de mí!) mi muerte es cierta: dime, Flora, esta casa tiene puerta? Ven, escóndete aquí. . Mejor alarde de mi ingenio he de hacer. Qué es lo que intentas? que ya llega. . No importa, estad atentas: pero ya no es posible otro consejo, con la verdad he de engañar al viejo. Hija? . Padre, y señor? Seas bienvenida a mis brazos. . Al centro de mi vida. Mas quién es este hidalgo, que contigo viene? . Señor, si crédito consigo en tu experiencia, yo también lo ignoro: negarlo todo importa a mi decoro. . Hasta esta sala, como ves, se ha entrado, y su intento hasta ahora no ha informado. Quién sois, hidalgo? Yo, señor:: parece que tengo miedo. . Si algo se os ofrece, llamar en el zaguán mejor sería, que subir sin licencia es demasía. Quién sois? y qué buscáis? y si el respeto profanáis de esta casa, yo os prometo, que bajéis muy apriesa la escalera, que de mis hijas nunca yo creyera, que tienen parte en este atrevimiento. Señor, a mi disculpa os busco atento: aún más que a la sospecha, y dejar vuestra duda satisfecha, mi verdad se promete: ya me voy escapando de alcahuete. . Ya os escucho, decid. Yo, señor mío, mil días ha que voy buscando un tío; y porque más a mi deseo cuadre, hallándole, hallaré mi padre, y madre. Pues eso es cosa qué importarme pueda? Oiga usté, y mire lo que el diablo enreda. De sus engaños más peligro infiero. . Yo sirvo, señor mío, a un Caballero tan andante, y tan bravo (cosa rara!) que topa siempre, pero nunca para, que se viene a casar con una prima rica, y hermosa, cuyo padre estima tanto su sangre, y su valor, que es cierto que suplir quiere en él un hijo muerto, cuya venganza fía de su brío, y el padre de esta prima es nuestro tío. Yo, pues, que de buscarle::- No prosigas; como se llama, aguardo que me digas, ese mozo? Señor, Don Juan de Lara. Qué dices? Qué he escuchado, infiel fortuna! . si esto es verdad, llegó mi desengaño; pero cuando no fue verdad el daño? pues es Don Juan el novio de mi hermana: que no advirtiese yo (suerte tirana!) en saber hasta ahora su apellido: o bien, aún no esperado, y ya perdido! Ven acá. . No señor, que yo quisiera no bajar muy apriesa la escalera: si del tío sabéis, por quien pregunto, decídmelo, señor, y si no al punto:: Dime, quién es? Don Sancho de Mendoza. Toda el alma en tus brazos se alboroza; llega, qué te retiras? que Sancho de Mendoza es el que miras. O! pues si sois Don Sancho, fuera miedos, en mi boca poned los veinte dedos, que por más que pongáis, no he de trocaros, ni en oro, vive Dios: sucesos raros . pasan los escuderos cada día, que honran la militar Caballeria andante; aquí comienzan mis regalos, en mandas se han trocado ya mis palos: pero que sea mi amo tan dichoso, que apenas sea amante, y ya es esposo! Abrázame mil veces, que estoy loco de contento. Ni tanto, ni tan poco: soy yo dificultad, que aprietas mucho? Hija, no aplaudes esta dicha? Escucho el suceso, señor, y aunque le extraño, solo el crédito fío al desengaño, en quien están las dichas tan calladas: ay dulces prendas, por mi mal halladas! . Triste Leonor está, pero ya advierto . la causa, pues que llora su amor muerto, siendo su amante de su hermana esposo: toda la culpa tiene este chismoso. Amigo, tu verdad duda el deseo, y mi ventura, si a Don Juan no veo: ve luego, y dile, que a su casa venga, y que con más zozobras no me tenga, puesto que en tantos días de tardanza, dura solo mi vida en mi esperanza. Mi amor a tu obediencia se previene; mas ya no voy. . Por qué? (na, Porque él se viene. Tú, Flora, pues tan cierto el bien se allá- avisa a Elvira; y sus albricias gana. Voy, que aunque está Leonor con desconsuelo, ya con el pan de boda me consuelo. . Ah, qué cierta ha sido mi desdicha! . Aquél es: qué bizarro! hay mayor dicha? Esta me ha dicho Don Diego, que es de mi tío la casa, tras tantos años de ausencia, en todo hallaré mudanza: más Julio está aquí, y aquella es Elvira, no me engaña su amor; qué dichoso soy! Llega, sobrino del alma, a mis brazos, como al olmo la vid. . Qué bien me comparas a la vid, padre, y señor, pues del suelo me levantas, del mérito más humilde, a la ventura más alta. Seas mil veces bienvenido, que tu ausencia, y mis desgracias no tienen otro consuelo, que verte, aunque tu tardanza días ha, que me tenía pendiente de un susto el alma: Jesús, y qué hombre que vienes! otras mil veces me abraza. Señor, allá hemos vencido muchas, y grandes batallas, y un mozo con tantos triunfos, no es mucho que hombre se haga. Con tu licencia, señor, besaré la mano blanca de mi prima, que no es justo, que a la dilación se añada de tantos siglos de ausencia, un instante de tardanza, que ahora fuera delito, lo que antes fuera desgracia. Cielos, hay lance más fuerte! . Amor, hay dicha más rara! . Permíteme, dulce dueño, tu mano, que sola basta a asegurar:: mas qué miro? aún de tus ojos me apartas, y a vista de tus rigores todos tus cariños callan? Sed, primo, muy bienvenido: hay mujer más desdichada! Qué es esto, amor? en el puerto padezco mayor borrasca? sin duda aquí su respeto, sus cariños embaraza: con poco recato anduve; pero así queda enmendada mi culpa. Señor, Elvira. a mis caricias recata su gusto, y pues en el vuestro se disculpa mi esperanza, facilitad a la dicha los medios para alcanzarla. Ya, hijo, tu prima Elvira está de todo avisada. Ya, señora, los retiros::- mi dueño, por qué me matas? estos eran tus favores? pero ya mi dicha alcanza, que ese rigor es fingido; y por más pruebas que hagas de mi amor: . Eso es morir, . salgan ya del pecho, salgan la mentira de mis dichas, y la verdad de mis ansias. Señor Don Juan, si reusa mi fineza, si repara mi favor daros los brazos, es por creer, que engañada viene vuestra voluntad, pues vuestro dueño me llama, y esta dicha Elvira sola es quien merece lograrla. Pues no sois Elvira vos? No es ella tan desdichada. Válgame el Cielo! qué escucho? . Sobrino, de qué te atajas? disculpado estás, supuesto que ha tantos años que faltas, de no conocer a Elvira; y aunque te estiman entrambas, esta, Don Juan, es Leonor, y estotra Elvira su hermana, que obediente, y cariñosa todos tus afectos paga. Cielos, hay mayor desdicha! . este premio me guardaba mi fortuna! . Vive Dios, que esto es caerse la casa. El gusto, y la novedad me disculpen de turbada. Sed, primo, muy bien venido. Vos, señora, bien hallada. Cómo venís? . Es posible, . que esto sufro y no me matan mis penas! . No respondéis? Cómo venís preguntaba Elvirá. . No muy bueno. Qué tibiamente me habla Don Juan! qué poco me mira! sin duda trae empeñada la voluntad, que en la mía no ha menester poca gracia para borrar a Don Diego, aunque el honor lo recata. Cansado vendrás, sobrino. Si señor, de la jornada de esta mañana lo estoy. Fue muy mala la mañana; que aunque serena al principió, hubo al fin mucha borrasca. Bien lo sabe mi desdicha. Bien lo llora mi desgracia. Pues no será justo, primo, cansaros más; cuando falta el tiempo para el cariño: otro día habrá en que haga alarde mi gusto, ahora permitidme que me vaya a saber de vos en mí; pues el recato embaraza, y vuestro cansancio excusa mis informes. . Qué cansada! . Dios os guarde. . Muerta voy, . que en Don Juan tibieza tanta, si no procede de necio, muy mal logro me amenaza, y el favor que él desestima, bien sé yo quien le adorara. . Disculpa a Elvira, sobrino, pues ves, que su amor ataja el recato, que le abona. Ya está, señor, disculpada. Sequedad halló en Don Juan, . pero yo sabré la causa. En tu casa estás, sobrino, donde gustosas te aguardan, sin ceremonias la mesa, y sin zozobras la cama. Y yo sé, que si te acuerdas de las tiendas, y barracas, que por mal seguro abrigo te permitió la campaña, ni en la mesa, aunque casera, melindres tu gusto haga, y no de poco apacible culpe tu sueño la holanda. Ven ahora a descansar, que después te daré larga relación de mis desdichas, pues quiso mi suerte escasa, que un solo hijo::- mas el llanto ahoga ya mis palabras, y no es justo, que este día a aguar mi ventura salga. Yo confieso, que de industria, señor, te disimulaba mi dolor, por excusar el tuyo; mas ya que hablas del suceso, solo digo; que es tuya mi vida, y alma, mereciendo tus favores a precio de tus venganzas. Ven, hijo, que ya hablaremos de eso de espacio, descansa entre tanto: Y tú, Leonor, a mi sobrino acompaña a su cuarto, mientras voy a un negocio de importancia; ya vuelvo. Y yo te obedezco; venid, primo. . Escucha, aguarda, tirana de mi albedrío, aleve dueño del alma, cocodrilo, que me lloras, y firena, que me encantas. Qué engaños, qué sinrazones, qué violencias, qué mudanzas son estas? tú eres la misma, que me ofreció esta mañana acreditar mis finezas, y pagarte de mis ansias? Por qué me alentaste al Cielo, y fingiéndote tu hermana, al precipicio indujiste mi pretensión engañada? Porque a las fatales luces del desengaño, trocara en castigos y escarmientos la vanidad de mis alas. Qué delito fue mi amor? solo porque te adoraba, en vez de adquirir finezas, solicitas mis venganzas? Sin duda, ingrata, el fingir que eras Elvira, fue traza por deslumbrar a Don Diego los celos, por si llegaba a conferirlos conmigo; pero si le quieres, falsa, por qué usando de mentiras, para matarme, te agravias, pues las victorias de hermosa desacreditas liviana? Ya sé que te adora, y ya por más feliz::- . Calla, calla, Don Juan, que en mi sufrimiento caben en desdicha tanta, de ingrata, sí, las violencias, mas no las culpas de falsa. Que yo te quise, es verdad, y aún por ella dice el alma: ay verdades, que en amor siempre fuisteis desdichadas! Fingir que era Elvira (ay Dios!) no fue culpa, fue desgracia, pues no sabiendo quien eras, previne con esta traza, si constante me asistias, los peligros dé mi fama: pues siendo en nombre de Elvira tus galanteos, llevara yo el gusto de tus finezas, y el escándalo mi hermana. Si yo a Don Diego quisiera, no, Don Juan, no le pagara tan mal, que de sus afectos le diera en celos la paga. Tibiamente te disculpas, pues ya están acostumbradas nuestras finezas a ser medios de vuestras mudanzas. Y para que crea yo, que las de Don Diego engañas, buen ejemplo son las mías, pues con mentiras me pagas. Qué es esto, Don Juan? qué es esto? tú te quejas? tú te alabas de fino? tú me condenas (y qué sin razón!) de ingrata, cuando ves, que no es posible el logro de tu esperanza? Cuando dé Leonor te olvidas, y con Elvira te casas? cuando de olvidarte yo (u de infeliz, o de honrada) no es ya de mi amor delito, sino de mi honor hazaña? Yo sí, que quejarme puedo. Oh cuánto mi amor agravias! yo, cuando no te adoré? cuando viniera a tu casa yo, si no solo por ti? cuando aún mirar a tu hermana pude, llamándome tuyo? Y si tu verdad me tratas, cuando traté con engaño tu verdad, Leonor ingrata? En fin, señor, en desdichas, a donde el arbitrio falta, porfiar, es añadir un delito a una desgracia. Ya el empeño ha sucedido, ya el casaros con mi hermana es forzoso, y ya mi honor aún el miraros le agravia. Sabe Dios lo que me pesa; pero ya en desdicha tanta aún las quejas son delitos, miente la voz, miente el alma. Yo propongo no quereros, ni aún de hablaros más palabra: pagad, pagadme en olvidos, señor, estas amenazas, porque yo a las de mi honor estotra razón añada. Elvira sola ha de ser sujeto de vuestras ansias, y en el nuevo empleo, el gusto no es menester que se valga del empeño, para hacer disculpable la mudanza. Quered a Elvira, Don Juan, y a mi dejadme que vaya a sentir; pero ya soy necia a tu vista, y liviana, pues en hablaros porfío, y al acento que me halaga, suspensa de la Sirena, desconozco la asechanza. Adiós, Don Juan. Oye escucha::- Ya es tarde, suelta. . Repara::- Déjame, que es imposible quererte. . Menos bastaba. Déjate, Leonor, querer, pues que no te cuesta nada. Cielos, qué violencia es esta? . salgan ya del pecho, salgan en lágrimas mis tormentos, mas viva en ellos la llama. Pobre Leonor! . Ay señores, qué hazañera es la rapaza! que me maten, si de aquellos pucheros no hierve el agua. Lloras, mi bien? luego quieres; luego: . Detente, no hagas consecuencias, que mi honor, y tu obligación infaman. Estas lágrimas, Don Juan, que el noble despecho saca a los ojos, o el honor arroja por las ventanas, señales son de cariño; pero advierten arrojadas, que ya no queda en mi pecho, ni aún señal de tu esperanza. Mira, pues, qué mal infieres del llanto, puesto que allanas tu desengaño, en lo mismo que tu favor esperabas? Adiós para siempre. . Así me dejas? . Honor lo manda. Yo te adoro. . Yo te olvido. Tú me ofendes. . Tú me agravias. Ay, si me viera el pecho! Ay, si me viera el alma! . Yo no quiero. . Yo si quiero. Tú me picas. . Tú me rascas. Ay, si no fuera Gallego! Ay, si el diablo te llevara! ta ta a era a tal
JORNADA SEGUNDA
Jornada Segunda Señor, qué tienes? hay más lindo chiste? en vísperas de novio, ya estás triste? no aguardarás siquiera al otro día? Ay, Julio, que es fatal la suerte mía! Si esta llamas fatal, cuál es dichosa? fatal una mujer rica, y hermosa? fatal la mesa blanca, sabrosa, llena, y sobre todo franca? fatal la cama limpia, y sin desvelos? fatal una hermanilla de los Cielos? fatal, en fin, un tío de este modo? pues qué más quiere usted también, y todo? Qué importa todo, si mi adversa suerte nada excusa mi muerte? De qué sirve el regalo de la mesa, y la cama, si le igualo con mi disgusto siempre mi desvelo? Sírvele por ventura de consuelo al rico enfermo el oro que atesora? solo por la salud perdida llora, que gustoso feriara sin desdenes, por este solo bien, todos sus bienes. Así yo triste en tanto bien fingido, enfermo lloro por mi bien perdido, y por solo un favor de Leonor bella despreciara mi amor cuanto no es ella. Y si no me ofreciera mi cuidado vencer con mi cautela el duro hado, que a la mano de Elvira me destina, y merecer la de Leonor divina, dilatando la boda con su hermana, sin duda que me hallara el Sol mañana, volviendo a la campaña mi escarmiento. Enfermo estás, señor, de entendimiento: mas según te desvela aquesta Dama, no lo pareces, porque no haces cama: pero chitón, que nuestro suegro viene. Ya sus cuidados mi temor previene. Hijo? . Padre, y señor? Tan presto dejas los regalos del sueño, haciendo quejas a un tiempo mi cariño, y tu reposo? De tu salud, señor, más cuidadoso que de la mía, madrugué a informarme. En todo tratas, hijo, de obligarme: salte, Julio, allá fuera. Qué purga a nuestro enfermo se le espera. Descansad otra vez vuestra fatiga, señor, el sentimiento que os obliga a fiar a los ojos sus enojos, dese a la voz, y niéguese a los ojos, Si decir mi dolor posible fuera, por alivio a la voz lo remitiera: mas ni en la voz, ni en el silencio cabe, y así solo mi llanto es el que sabe, en penas tan atroces, explicar los silencios, y las voces. Referirte otra vez, Don Juan, no quiero, que bañó en sangre el enemigo acero mi hijo, pues no ignoras todo el suceso, que conmigo lloras; y pues no nos alivia en dolor tanto, ni a mí tu compasión, ni a ti mi llanto; de repetirte estas noticias dejo, lo que hasta aquí al dolor, dese al consejo. De suerte (qué suspenso estoy!) de suerte, que el que dio a vuestro hijo infeliz muerte, averiguar quién es no habéis podido? Nunca saber su nombre he conseguido; pero si yo le viera, es infalible que le conociera: porque cuando yo entraba en mi casa, él salía, y no ocultaba tinto en mi sangre el irritado acero, y como entró con luz, en el agüero reparé, y en su cara, que turbado el delito me declara; mas como fue la muerte de Luis tan repentina (triste suerte!) aún declarar el agresor no pudo, si bien, viéndose ya morir, no dudo, que su venganza a la razón le diera, y por su informe yo no le supiera. Apurar de mis hijas mis recelos, creyéndolas motivo a estos desvelos, tampoco le elegí por medio sabio, que era de la sospecha hacer agravio: y si en esto rigor el vulgo viera, que hubo culpa sin duda presumiera, y templar cuerdo mis sospechas trato, por no poner mancilla en su recato. En fin, ya mi venganza de mis años se niega a la esperanza, y aún de los tuyos al ardor valiente, pues con estar el agresor ausente, se niega al mayor odio su castigo, puesto que desconozco al enemigo. Ya, pues, que de este alivio desespero, el que solo en tu amor lograr espero, es ver, que te desposes con Elvira. Ay esperanza mía! qué mentira, . qué verdad hallaré, con que difiera esta boda, esta muerte que me espera? Puesto, padre, y señor, que tanto gano de mi prima en la mano, no es justo::- . No prosigas, confieso que me obligas en querer que tus bodas no dilate. Señor:: . Pero permite que recate algunos días el efecto justo, ceda esta vez a la razón el gusto. Eso sí, restitúyeme la vida, del susto casi, y del temor perdida. Yo entendí que la boda apresuraba, . y él creyó que mi amor lo deseaba. No te disgustes hijo, yo quisiera, que hoy mismo el día de tu boda fuera: pero supuesto, que tu honor advierte tan repentina muerte de tu primo, y el luto de Elvirá apenas en su llanto enjuto, no es bien que al vulgo demos, confundiendo el dolor, y el gusto extremos, materia de irrisión, y que a tu boda falte el aplauso de la Corte toda. Oh amor! gracias te doy, salí del susto. . Qué dices? . Que me ajusto, señor, más obediente, que gustoso, a tu sentir. Fortuna, si dichoso mi afecto en tus favores se asegura, dame a Leonor, sin ella no hay ventura. Leonor, queda advertida, pues ves que fío de tu amor mi vida, de inquirir la ocasión, que tan grosero tiene a Don Juan. . Obedecerte espero. Pues en ti es más decente, y más fácil saber ingenuamente de Don Juan los desvelos, sin temer sus desaires, ni tus celos. Pluguiera a Dios. Qué dices? . Que así sea, hermana, como el alma lo desea: mas mi padre está aquí. No importa, entremos, que antes menos culpables quedaremos, visitando a mi primo en compañía de mi padre. . Oh infeliz fortuna mía! . por un gusto que ofreces a mis ojos, le dispones al alma mil enojos. Bien es que supla amor tan larga ausencia. Estar tú aquí, señor, me da licencia para ver a mi primo, cuidadosa de su salud. . Ninguna más dichosa, si aún en su duda tal favor recibo; por vos, señora, muero, y por vos vivo, pues viendo a un tiempo mi cuidado atento, solo cierta mi vida en mi tormento, y más cierta mi muerte en mi ventura, morir de veros, por morir procura. Oh cómó el alma entiende su cuidado! . Mejor quedas, Don Juan, acompañado de tus dos primas bellas, que de un viejo molesto; y pues en ellas es a tu gusto igual mi desempeño, no he de impedir grosero el dulce empeño de tu amor: queda a Dios, sobrino mío, que igualmente de ti, y Elvira fío; no es de discretos estorbar amantes, no me tengas por suegro, antes con antes. . Qué cortesano, que galante ha andado . Don Sancho! . Fácil queda a mi cuidado dejar a solas con Don Juan ahora a Leonor, sepa el alma lo que ignora; así ha de ser. Ya; primo, en mi recato no culparéis, cuando obligaros trato, que me aparte de vos, pues mi experiencia, no solo ha acreditado en vuestra ausencia, mas de mí misma vista a los reflejos, que os parezco mejor cuando más lejos. Y si habéis de salir, que no lo extraño, a admirar de la Corte el bello engaño, siendo lo dulce en vos de sus Sirenas, suspensión mucha, cuando halago apenas, estórbaros no quiero, que ya es tarde: quedad, primo, con Dios. . Él os guarde: dichoso soy, amor, si sola queda . Leonor. Que a tal extremo llegar pueda . mi necio sufrimiento, y su grosero trato! hay más tormento! y que en Don Diego amante, una venganza, el alivio me niegue, y la esperanza, y trueque yo finezas por desdenes! pero escuchar mis males, o mis bienes desde esta puerta quiero, que aunque segura de Leonor espero el informe, es un siglo descuidado cada instante el temor de mal pagado. Con Leonor me dejó Elvira, . y con muestras de recelo en la puerta se ha quedado, desde aquí la veo, es cierto, pero Leonor no la ve; qué haré, amor? qué haré, deseos? pues si en mi voz solicito desahogos a mi pecho con Leonor, a Elvira agravio; y aunque perderla no temo, temo perder la esperanza de Leonor, si a Elvira pierdo. Si mis cariños aquí fío solo del silencio, podrá culparme de falso mi Dama, pues no sabiendo, que está escondida su hermana, y viendo tibio mi afecto, creerá, que es mudanza, y culpa, lo que es fineza, y acierto; pero excusar la ocasión es el más sabio consejo: irme quiero, pues consigo quedar con las dos a un tiempo bien, con Elvira en la fuga, con Leonor en el respeto: y aunque dejo una ocasión del mayor bien, no la pierdo; antes logrero de amor, por una, muchas granjeo. Con vuestra licencia, prima. Esperad, señor, que tengo que hablaros: válgame Dios! en esto paró el silencio? Don Juan a solas conmigo, y sabe de sus deseos triunfar de suerte, que huye de mis ojos; cómo es esto? o eran falsos sus cuidados, o es fingido su despego. Pues qué me mandáis, señora? Amor, socorre mi empeño. Pero ya, ya no hay razón para desearle atento, pues le excusa mi decoro, cuanto le acusa mi afecto. Quiero hablarle por mi hermana: mas ay, cuidados, que temo, que entre silencios y voces, entre rigores, y ruegos, no sueñe aún en mis sentidos la voz de mis sentimientos! Señora, ya en tantas dudas explicaciones espero de vuestra voz. . No penséis, que a satisfaceros vengo, Don Juan, ni a otras disculpas de vuestros libres intentos, porque ya no os busca amante mi cuidado, sino cuerdo. No entiendo bien a Leonor. Si señora, ya os entiendo; diréis que::- . Esperad, oíd: no penséis, digo, que intento despertar vuestra memoria, cuando su dichoso sueño cierra vuestros libres ojos a indecentes debaneos, que yo en el sueño también participo del sosiego. Ella lo declara todo, y aunque avisarla del riesgo con mis ojos solicito, no me entiende, porque de ellos aparta airado los suyos; huir es único medio ya de evidentes peligros. Digo, señora, que atento estaré a lo que decís, y perdonad, que no puedo detenerme ahora aquí, pues cuantos cuidados debo a la hermosura que adoro, tantas atenciones temo de otros ojos, que me estorban: permitid, pues, que huya de ellos, que no quiero, que el peligro, señora, en que aquí me veo, haga el callar sospechoso, o haga el hablar desatento. Qué es lo que escucho? yo sufro . tan declarados desprecios? esto es decir, que a otra adora. Hablad más claro. . No puedo. Son mis ojos los que estorban? pues yo sé::- . Válgame el Cielo Cuando eran ellos:: mas ay, . atrevidos pensamientos! vuelva a encerraros mi honor en la cárcel del respeto, excusemos el desaire, ya que el dolor no excusemos. Señor Don Juan, de mi hermana es la queja que os prevengo, pues ha advertido, que en vos, ni la obligación ha hecho lo que debiera el cuidado, al mirar sus ojos bellos; y así, tratad de estimarla, pues solo os merece atento, por fina, y hermosa. . Amor, . trocose en pesar el riesgo. Pero cómo fía tanto Leonor de mi sufrimiento, que es tercera de su hermana? si no es de las dos concierto este, para averiguar de mi cuidado el intento: y si es así, y Leonor sabe, que su hermana la está oyendo, fingiré, que quiero a Elvira, pues dejo con este medio su amor pagado, y seguro, y el de Leonor satisfecho; y si no, y queda quejosa mi Dama, yo sabré luego acreditar con verdades fineza mi sufrimiento: así ha de ser. . Qué decís? Digo, señora, que quiero::- A quién? A Elvira: mis ojos dicen a voces, que miento. Ay loca esperanza mía! a diós, que ya os lleva el viento. Y me pesa, que a sus ojos parezca en mi amor despego la suspensión. . Es posible, que os merece tan suspenso? Si señora. . Amor, albricias. Sabe Dios lo que me huelgo: idos. . El Cielo, señora, os guarde. Ay de mí! qué presto que me obedece! Esperad. Qué mandáis? En fin, es cierto, que queréis a Elvira mucho? Si señora (amor, aliento) pues cuando de su hermosura no estuviese yo tan preso, bastaba mandarlo vos, prima, para obedeceros. Perdone el alma este engaño, pues con el seguro dejo a Elvira; y si en este lance mi discurso ha sido incierto, y Leonor queda ofendida, sabrá mi cuidado luego satisfacer sus enojos con la verdad, pues queriendo, solo dura lo quejoso, por lograr lo satisfecho. No tengo más que saber, enmendó Don Juan su yerro, aunque todabía duran de su fe en mi amor recelos; pero quizá es condición, y no culpa, lo severo: más irme ahora es mejor, porque Leonor mis desvelos no juzgue desconfianzas, que cuando tanto la debo, no es justo con sinrazones recompensar sus afectos. Pues cuando de su hermosura no estuviera yo tan preso, bastaba mandarlo vos, prima, para obedeceros? Buenos quedamos, amor; qué finos son los más tiernos de los hombres, y qué firmes! fuego en todos ellos, fuego. No es este el que ayer juzgaba aún la duración del tiempo breve para su cuidado? el que me rindió su pecho, sin más fin, que el que asegura un infinito deseo? Pues como en tan pocas horas tan rara mudanza ha hecho, que a los delitos de tibio añade agravios de ajeno? Pero ya por qué le culpo? por qué de mí no me quejo, que la vivora alevosa alimenté de mi pecho? Con condenar sus desvíos, mas mis cuidados condeno, pues si yo no le mirara, no se viera desatento. No se casa con Elvira Don Juan? pues por qué repruebo, que la adore, si le rinden la obligación, y el sujeto? Es dicha para perdida el gusto en un casamiento, donde suele amor buscar la obligación por consuelo? Resistirse su albedrío no fuera delito, a tiempo, que la dicha le asegura cuanto cabe en el acierto? Quién lo duda? luego bien en amar a Elvira ha hecho, y aún en matar a Leonor, porque estorbó sus intentos. Mas matarame (ay de mí!) sin ser infiel, ni grosero, y en los filos del amor no envenenará el desprecio. Si no me amó, como falso vendió engaños por requiebros? si me amo, como en olvidos se trocó su amor tan presto? Tanto me excede mi hermana, que desmintiendo lo ciego en Don Juan, venció mi amor solo su conocimiento? Elvira es mejor que yo? pero advierte mi consuelo, que pues celosa lo dudo, no debe de ser muy cierto. Mas ella ha de estar gustosa, y yo he de quedar muriendo, y sufriendo, que en su amor sean dichas mis desprecios? Eso no, Amor, eso no; dame la muerte primero, pues viviendo no es posible, que dure mi sufrimiento. Pero qué dudan mis iras? muera Elvira, pues yo muero; muera Don Juan, pues me mata; busquen mis celos un medio con que malquistar su amor; y estorbar su casamiento. Pero qué digo? estoy loca? yo pierdo tanto el respeto a mi decoro, que ya es violencia el no perderlo? Aquí del valor, aquí de la cordura; mas veo, que contra Amor no hay valor, ni hay cordura donde hay celos. Yo adoro a Don Juan: o cuanto puede en el alma este afecto, pues imposible le guardo, y ofendida le confieso! Oh nunca le viera! nunca mi amor aumentara ajeno, como si fuera mi envidia disculpa de mi deseo. Pues yo he de sufrir remisa, que su amor logre otro dueño, añadiéndome un desaire sobre un dolor mi silencio? No, no, mueran, mueran ambos del mismo mal que padezco; lloren los dos, pues yo lloro, sientan los dos, pues yo siento. Y puesto que en la mudanza de Don Juan, puede el empeño disculpar sus sinrazones, mas no aliviar mis tormentos: venganzas, venganzas suplan por imposibles remedios, que si no apagan la llama, desahogan el incendio. No ha de faltar una traza con que lograr mis intentos: yo misma he de ser, yo misma de mi venganza instrumento, fingiendo: pero ya tarda a mis iras el afecto: hablen las obras, que hacen elocuentes los silencios. Don Diego en tanta amistad, tanta extrañeza no cabe. No me culpará quien sabe del amor la actividad, que a tantos riesgos no atienda, para disponer mejor su logro y ver a Leonor, sin que el recato se ofenda. Ya os dije, Don Juan, ayer, que por estar retraído, solo en la sombra escondido de la noche os vendré a ver, por el lance que sabéis, que en el prado el otro día tuve; y de la amistad mía estar seguro podéis, que a todas horas quisiera, a ser posible, serviros. Veros libre de retiros, mi mayor alivio fuera. Mas esto no importa ahora: decidme vos como estáis desde que el favor lográis de Elvira, pues se mejora en vuestra dicha la mía, esperando de Leonor por vuestro medio el favor. Don Diego en vano porfía. . Toda el alma hecha un veneno vengo, señor, a buscarte. Qué me quieres? . Oye aparte, que oír a todo no es bueno. Aunque Don Diego está aquí, no te extrañes, que es mi amigo, tanto, que a solas conmigo has de imaginarte; di. Que ya no hay mudos, ni ciegos: oye aparte. . Acaba, loco. Rey mío, usted sabe poco lo que estorban los Don Diegos, Di, que ya aparte te escucho. Pues has de saber, señor::- Dilo presto. . Que Leonor anda un poco, y aún un mucho. Qué dices? Que a troche y mocho ella se pasea, infiero, de día por el acero, y por el hierro de noche. Pues cómo? (ay suerte cruel!) Porque ahora toma el manto, y como le quiere tanto, irá a acostarse con él. Qué dices! (válgame el Cielo!) el manto? El manto. . Ay de mí! tú la viste? . Yo la vi- Qué de desdichas recelo! Oh cuánto teme un culpado! . qué será lo que ha traído, que decirlo no ha querido, y Don Juan está turbado? Y tú la viste salir de casa? . No, más tomar el manto; pero a su andar, ya no la podrás seguir, pues con tan veloz carrera vio ayer:: mas de qué me espanto? no es milagro, que ande tanto una mujer tan ligera. Ah ingrata! viven los Cielos, que he de apurar tu cuidado: con los celos me he quedado, pues no quisiste mis celos. Ay amor! quién ha entendido jamás tu razón de estado, que ofendes cuando buscado, y buscas cuando ofendido? Vamos, que yo la he de hallar, o la vida he de perder. De quien más podrás saber, quien más te podrá informar, es el Cochero, señor: Flora habló ahora con él, y de un doblón el cordel, al más mudo hace cantor. Ven, Julio, que estoy mortal: Don Diego, aguárdame un rato aquí. . Obedeceros trato, aunque en novedad igual, viéndoos, amigo, turbado, salir con nueva porfía a estas horas, no querría estar sino a vuestro lado. Don Diego yo le admitiera, puesto que tan vuestro soy, si el disgusto con que voy cosa de peligro fuera; pero un cuidado de amor es causa de esta violencia, y bien veis, que esta pendencia solo se riñe mejor. Pues no estórbaros resuelvo. Pero de aguardarme aquí no me das palabra? . Sí. Pues luego, Don Diego, vuelvo. . Honor, si queda apurada está liviandad, yo sé, que diga Florilla, que tengo la mano pesada. Solo Don Juan me ha dejado; qué dichoso fuera, amor, si solo ver a Leonor mereciera mi cuidado! Pero si llegase a verme Don Sancho, lo pierdo todo: si Elvira, también; de modo, que no es posible atreverme, pues a un tiempo me retira de ver a mi amado objeto, por Don Sancho mi respeto, y mi amistad por Elvira. Pero si no me ha engañado mi recelo, hablar he oído en esotra puerta, y ruido de pasos se me ha antojado. Mas por si es Don Sancho, quiero retirarme, y mi lealtad le recate en mi amistad, no en mi temor el acero: pues no aguardar a mi amigo, como le he ofrecido, es dar a su amor que sospechar; y pues oculto consigo cualquiera intento mejor, desde esta puerta sabré lo que dudo, y si mi fe merece ver a Leonor, pues solo por esta dicha tantos riesgos atropello. Aún no acabo de creello, tanto puede una desdicha. Flora, si sabes de amor, no cóndenes mis desvelos, que la venganza en los celos es el alivio mejor: no se advierten al vengarlos dificultades jamás, que en teniéndolos, lo más difícil es confesarlos. Y aunque templa mi pesar haberme dicho mi hermana, que escondida esta mañana a Don Juan pudo escuchar; pues con esto puede ser, que él la viese y con desvelos fingidos a sus recelos quisiese satisfacer: no es bastante esta disculpa, pues pudo con otro medio hallar al riesgo remedia, sin mi desaire, y su culpa. Pero pues ya conseguí, sin que sepa lo que pasa Elvira y no estando en casa Don Juan, entrar hasta aquí en este traje, lo más de mi industria se logró. Y ahora qué he de hacer yo? Vete, y a Elvira dirás, que en el cuarto de Don Juan hay una Dama embozada, con que curiosa, y airada vendrá, me verá, y tendrán logro a un tiempo dos venganzas mías, ocasión sus celos, y mis amantes desvelos menos muertas esperanzas. Y si viene mi señor entre tanto, y te ve así, qué has de hacer? válgate aquí lo de no sois vos Leonor. Nunca tan temprano viene mi padre, y en este efecto, tanto conviene al secreto como al buen logro conviene. Ya yo no réplico a nada, ya a buscar a Elvira entro; mas oyes? a todo encuentro, con el manto abroquelada. Yo por más diestra en el arte te aviso de riesgo tanto, mira que quitarte el manto, es como desmantelarte. Ya estoy advertida, y ya Elvira a mis celos tarda. Ay qué noche se le aguarda! mas una por otra va. No he podido, aunque he escuchado, oír la conversación, y notable admiración ver a Leonor me ha causado con manto aquí, y a esta hora; mas pues me ofrece el amor la dicha, hablando a Leonor sabrá el alma lo que ignora. Entrarme en estrotra pieza, que es donde duerme Don Juan, es mejor que así tendrán los indicios más certeza. Ya, Amor, nada me acobarda; pero ay Dios! quién está aquí? No huyas, Leonor, de mí. Muerta estoy. Mi bien, aguarda. Quién eres, hombre atrevido? Don Diego soy, qué te altera? no me agravies con hacer novedad de mi fineza. A buen seguro, señor Don Diego, que en vos cupiera solamente este delito, pues sin mirar lo que arriesgan en los dos estas locuras, os exponéis a que os vean aquí mi padre, y mi hermana, y pague mi honor la pena, sin tener mi amor la culpa de vuestra vana asistencia: idos, y si no en rigores::- No los duda mi fineza, pues mayor crédito logra en la mayor resistencia: más deja, Leonor, el susto, y disculpa la licencia de estar aquí, pues Don Juan::- No hay disculpa a tanta ofensa, idos luego, o a mis voces vuestra culpa, y mi defensa fiaré, y lo que hasta ahora oculté por mi decencia (que hay culpas, que en el decoro aún es delito saberlas) descubriré y diré a todos, que sois vos quien::- Tente, espera. O como de un despreciado . siempre la porfía es necia! Si con Don Diego mi hermana me ve, no solo no queda logrado mi intento aquí, sino mi desdicha cierta; pues retirarme es mejor, que cuando es más lo que arriesga mi amor, que lo que consigue en mi industria, todo ceda al decoro: pero ya no es posible, pues ya llega mi hermana (hay mayor desdicha!) pero aguardarla cubierta detérmino a todo trance. Oye, Leonor, qué te altera? por qué te embozas? mas quién entra por aquella puerta? ya no puedo retirarme sin mayor nota, pues sea esta capa mi sagrado. Sirva el manto de defensa, cuando de ofensa no sirva. . No quiero yo que me creas, llega, y verás con tus ojos una moza, qué pudiera dar celos al mismo Sol, si el manto diera licencia; no la ves? más quién será el galán? . Ya mis sospechas averigué: ha falso amante! estas tus palabras eran? mal haya quien de hombre fía. Hay tan grande desvergüenza! para mí no le dejara yo pelos en las guedejas. Siendo Elvira, no es el lance . tan fatal, como pudiera, aunque de sus bellos ojos siempre temo las violencias; pero el cubrirse Leonor, y el fingir no conocerla Flora, y dar celos a Elvira, no lo entiendo. . Mas adversa . pudiera ser mi fortuna, pues es forzoso que crea Elvira, que el embozado es Don Juan. Que en vano intenta cubrir Don Juan mis agravios con su embozo! yo estoy muerta: irme quiero sin hablarle, pues en tales evidencias de mi agravio, no hay palabras, que mi venganza comprendan; mas tampoco en el silencio cabe mi razón: pues sea en mis voces la venganza desengaño, y no querella. Mamola Elvira, y Leonor . ha logrado su cautela. Bien hacéis, señor Don Juan, en cubriros. . Bien empieza. Ayude mi empeño Amor. Salió mi sospecha cierta. Pues así, si no el delito, disimuláis la vergüenza; pero cuando hacéis alarde de dos caras, qué aprovecha cubrir una, si la otra queda, aleve, descubierta? Es buen modo de obligar añadir a las tibiezas de la obligación del gusto tan declaradas ofensas? Esto es adorar a Elvira? y ya que verdad no fuera vuestro amor, esto es cumplir obligaciones, y deudas? Tan poco discreto sois, sobre falso, que no acierta vuestro gusto a ser liviano, sin que escandaloso sea? Quedad con Dios, y esa Dama, que tan poderosa os fuerza a dejar por sus favores los míos, puesto que en ella mas, Don Juan, la liviandad, que en mí, la atención os deba, pague las obligaciones, de que ya me desempeña vuestra mudanza, y no busco yo mayor castigo de ella, que libraros sus caricias para premio de las vuestras. Solo quiero que entendáis, que el sentimiento que muestra mi cuidado, no es cuidado, y que mi pena, no es pena; y si lo parece, solo sufriré que lo parezca, no el pensar, que no sois mío, sino que pude ser vuestra, que aunque mi padre, y mi honor a ser mi esposo os alientan, no ha de ofenderme en lo amante, el que esposa me merezca. Sabrá mi padre este agravio. Muerta voy, venganza, penas; . ay Don Diego, a buen seguro, que tú tan infiel no fueras! . Lindamente ha sucedido: solo saber ahora resta, si el embozado es Don Juan, porque nos viene de perlas. Don Diego es: lindo Don Diego, qué nos querrá su lindeza? Señor Don Diego, esto es ya acabar con mi paciencia; qué os debo yo, que por vos queréis que riesgos padezca? Idos: pero ya es más fácil . irme yo, pues mi cautela felizmente se ha logrado: ven, Flora. Mi bien, espera. Apartad, que estáis cansado. Oye, Flora. A esotra puerta. En un mar de confusiones corre el discurso tormenta. Mas ay (qué infelice soy!) Don Juan es este, y es fuerza, viéndome a mí con el manto, y a Don Diego en esta pieza, que de mi amor, y su honor agravios, y celos tenga. Que no ha salido de casa es cierto. . Pues ya qué intentas? pero aguarda, no es Leonor aquella? y Flora no es esta? Leonor con manto, y aquí con Don Diego? qué de penas discurro! mas aquí importa disimular mis sospechas, porque Don Diego mi amor de mi turbación no infiera, que yo apuraré después mis celos, y sus cautelas. Miren ustedes, qué paso este, tras los que nos cuesta. Con ser tan entro metida, no sé ya donde me meta: una de todos los diablos ha de haber aquí. . Suspensa, . y turbada, aún no permito mi confusión a la lengua. Pues, prima, vos en mi cuarto a estas horas, y con señas de disgusto? qué ocasión a tal novedad os fuerza? No sé (ay Dios!) qué responder, pues disculpan la sospecha de Don Juan tantos indicios. Y vos, Don Diego, de aquesta novedad sabéis la causa? Yo cumplí con mi obediencia en aguardaros aquí. Qué nueva amistad es esta, cuando temió mi cuidado enemistades más ciertas! Pero a todos vientos corre en este lance tormentas mi amor, pues siendo los dos amigos, saber es fuerza de Don Diego las porfías Don Juan, y mayores quedan sin celos en este caso: qué he de hacer en tantas penas? Don Diego, no extraño hallaros, en fe de vuestra promesa, aquí, lo que solo admiro es, que Leonor::- . Nada infieras, Don Juan, contra mi decoro. Yo, Leonor, las evidencias extraño, no las procuro. Yo sabré satisfacerlas. Leonor turbada, Don Juan . inquieto, con manto ella, y en este cuarto a estas horas, cubrirse a su hermana misma por darla celos; o mienten en mi discurso estas señas, o hay falsedad en los dos. Mas si logró mi cautela el dejar celosa a Elvira, y dé Don Juan las sospechas satisfarán mis verdades, mejor es sufrir mis penas, que aumentarlas: irme elijo, antes que más riesgos tengan mi honor, y mi amor. . Ay Dios! con todo dimos en tierra: tu padre viene, señora. Válgame Dios! yo estoy muerta. Honor, retirarme importa. Don Juan, con vuestra licencia, por excusar que Don Sancho aquí con Leonor me vea, supuesto, que a su recato no le está bien mi presencia a estas horas, es mejor entrarme en esotra pieza. Bien decís, entrad. . Así consigo, que no me vea, con que todo el riesgo evito. . Don Juan, Don Juan::- Qué recelas? ay Leonor, cuanto te culpan esos temores que ostentas! quita el mantó, pues con él peligras más. . No lo aciertas, señora, porque si Elvira a tu padre ha dado cuenta de que hay aquí una tapada, por quien Don Juan la desprecia, te expones a un gran desairé si te halla aquí descubierta, y ya pienso que te ha visto, que se ha parado a la puerta. Bien dices, el mismo manto, que es riesgo, el alivio sea. Don Juan, no digas quien soy, que importa a mi honor. Qué intentas? Yo sé que tu abonarás la razón, cuando la sepas: defiéndeme. . De mí mismo defenderte, amor, quisiera; más fía de mí, que es más que mis celos mis finezas. Tú celos, cuando de Elvira::- Qué rigurosa te vengas de mis desaires de burlas, con tus agravios de veras! Tú desaires? poco dices: yo agravios? mucho ponderás; pero ya sale mi padre. Allá en Castilla la Vieja un rincón se me olvidaba; mas, que mi amo se meta a guarda damas tan mozo, yo se lo sufran las dueñas? Con razón se queja Elvira, que es demasiada licencia la que se toma Don Juan; mas la tapada no es esta, y aquel mi sobrino? honor, ayuda aquí mi paciencia. Señor, tú aquí? qué diré, que disculpa le parezca? Por cierto, señor Don Juan, que pagáis bien tantas deudas, haciendo a vuestros delitos cómplice mi casa misma. Oh cuánto temo sus iras! Y cuando la Corte os diera para algunas mocedades en vuestros años licencia, aquí venís a lograrlas, donde aventurar es fuerza, si conmigo la cordura, con Elvira la fineza. Sed más prudente, sobrino, ya que no más amante, y sea la voluntad muy cortés, taunque no sea muy tierna. Menos fingir un halago, que sufrir un ceño cuesta, dejad por otra esa Dama, que os obliga más discreta; y ahora, porque os lo pido yo, dad licencia que venga conmigo que yo os ofrezco llevarla a su casa misma, que segura va en mis canas. Perdida soy si lo intenta. otra que bien balla. . Andarlo. Cielos, qué diré que pueda . ser disculpa en este indicio, y en este riesgo defensa? Claro está, que mi razón se conoce en tu vergüenza, pues buscando la disculpa, aún no dais con la respuesta. Esto ha de ser: Vos, señora, si de Don Juan la cautela, o vuestro amor os engaña, sufrid de esta culpa en pena este desaire, y conmigo venid. . Señor, oye, espera, que puede haber mil acasos, que califiquen de inciertas tus sospechas, y mis culpas. Ea, sobrino, no quieras aventurar por un gusto tu honor, y tus conveniencias. Si los riesgos de un engaño, . siempre otro engaño acarrean, este me valga. Señor, no tan sin oírme quieras condenarme, cuando ofrecen mis disculpas evidencias. Qué disculpa puedes darme, si a mis ojos::- . No pudiera ser esta Dama embozada, objeto de las finezas de un amigo, que por falta de otro lugar, se valiera de mi cuarto, para hablarla con recato? . Es muy vieja esa disculpa, Don Juan, y ya que yo la admitiera, dónde está el amigo aquí? Qué se aventura, que vea . mi tío a Don Diego, pues no es cosa a que ofender pu eda su honor hablar a una Dama? y pues así se sosiega su enojo, y Leonor se libra, prosigamos la cautela. Oh lo que duda Don Juan! . plegue a Dios, que bien resuelva. Señor, para que seguro quedes, y para que veas, que es verdad cuanto te digo, puesto que el silencio era fineza, ya en mí no es culpa romperle, cuando se arriesga mi honor: Don Diego, salid, puesto que en mi tío queda segura vuestra amistad, porque mi verdad entienda, y el amor con que servís a esa Dama. . Qué concierta Don Juan? sin duda le ha dicho . a Don Sancho, que yo era galán de aquella tapada, para librar su fineza de la culpa, y a Leonor del peligro, y más le aumenta con conocerme Don Sancho; qué he de hacer en tal violencia? Amigo, en qué reparáis? salid. . Qué penas me esperan, . si ve a Don Diego mi padre! ha, quien evitar pudiera, sin descubrirse, el peligro! Pero ya salir es fuerza: A la amistad de Don Juan, y al gusto de Leonor bella apelo, quizá en Don Sancho podrá más la conveniencia, que la venganza, y en fin, cuando todo en mi defensa falte, me valdrá mi espada. . Mirad ahora si es cierta, padre, y señor, mi disculpa. Perdona: tus pies merezca, señor, quien toda su sangre sacrifica en recompensa de un acaso. . Ay de mí triste! qué miro? apenas, apenas me deja voz el dolor. No es este (insufrible ofensa!) no es este el fiero homicida de mi hijo? (qué violencias!) sí, que aún el llanto en mis ojos su imagen me representa. Pues tú te atreves, villano::- Señor, el enojo templa, que yo he tenido la culpa de que Don Diego se atreva. A profanar de esta casa el sagrado, sin que adviertas, que el sacrilegio no tiene en el sagrado defensa? y tú al mayor enemigo, Don Juan, amparar intentas? este dio muerte a Don Luis, mira, pues, qué mal concuerdan agravios con tercerías, y amistades con afrentas. Válgame el Cielo! qué escucho? Sabe el Cielo, que me pesa, señor; mas supuesto::- . Ay triste Que Leonor::- Muy mal remedias con mis celos mis agravios. Cómo, Don Juan, no te vengas puede en ti más que mi honor, de un falso amigo la deuda? Ved, Don Juan, que de ayudar me disteis palabra, en esta ocasión me la cumplid, pues puedé ser conveniencia, que Leonor::- Ya en mí no cabe a un tiempo amistad, y ofensa. Ay de mí! Señor Don Diego, no os debo cumplir promesas, cuando ya de mis palabras borró el agravio las letras: sacad la espada. Ya aquí no hay razón, que no parezca cobardía, si me excuso; y aunque alegarla pudiera, cuando el honor se aventura, no hay atención, que no ceda. Ahora sí que me obligas. Muere, aleve. Mucho intentas. Sacarle a la calle importa, . porque retirarse pueda Leonor sin riesgo. . En la calle logro mejor mi defensa. . Dame tú, Julio, esa espada, que aún al ardor de mis venas no son ceniza los años. Señor::- Acaba. . Qué intentas? Vengar mi sangre, y mi honor; y supuesto, que aquí queda esta mujer volveré atento luego por ella, qué no quiero que mis hijas más escándalo padezcan. Pues yo, pajas: vive Dios, que he de ser de la pendencia el más crudo, y del nublado ellos rayos, y yo piedras. . Jesús, que anda suelto el diablo. Flora, Flora, yo estoy muerta, mal haya, amen, mi venganza, que tantos riesgos me cuesta: ay Don Juan del alma mía! Atabales en Cuarisma? con eso sales ahora? quítate ese manto apriesa, y da mil gracias a Dios de no estar en la Galera; acaba, qué estás pensando? quieres que tu padre vuelva, o que Elvira así te halle, con que queda descubierta tu traza, y tu amor perdido? Ay, Flora, que de ello yerra quien se venga contra sí; y si Don Juan no tuviera peligro, todo era nada: ya todo me desalienta. Por esto se dijo: Plegue a Dios, que oregano sea. t
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Quién no dirá que soy Julio, si granizo de estos chochos? mas de conjuros de espadas huyen mis nublados todos: ya las piedras me embarazan, allá van, que las arrojo, no quiero que digan, que tengo mi piedra en el rollo. Pero un hombre viene allí, y según lo presuroso, también huye; pues valor, en está puerta me escondo, por volver luego a saber en qué paró el reconcomio. No es el huir cobardía, cuando con la fuga solo al honor, y a la esperanza, de un riesgo evidente corro; pues si llegara a prenderme la justicia, era forzoso averiguarse la muerte de Don Luis, y estar del todo malogrado mi deseo, cuanto mi honor sospechoso. A vista, pues, de dos riesgos, donde, mi muerte supongo el más leve, no es desaire negar al contrario el rostro, que yo buscaré ocasión en que vengar mis enojos, y mis celos; pues infiero, de los indicios que toco, que Don Juan quiere a Leonor, y con Elvira engañoso, y con mi amistad fingido, obra desleal en todo. Mas por allí, si no miente mi recelo, pasos oigo, sin duda, que es la justicia, ya el retirarme es forzoso. Aquí está un postigo abierto, entrarme por él dispongo, pues con cerrarlo aseguro por de dentro cuidadoso, mi defensa: este es jardín; y en él sus ramos frondosos, si la entrada me resisten, me aseguran el socorro. A mi fortuna encomiendo aquí mis sucesos todos, que tiempo me quedará después para el desenojo. . Aguarde, amigo, no cierre, que tengo cierto negocio de importancia: vive Dios, que serzampó como un bobo, y que no topase yo antes con la puerta; mas qué topo yo en mi vida, sino azares? Pero allí, si no es antojo de mi temor, viene un hombre, para mi sobra uno solo; pero el parecer valiente, aunque es mucho, cuesta poco. Quiero probar a esperarle, que quizá también, y todo tendrá más miedo que yo: ea, honor, a fuera ahogos; por fuerza ha de pensar, que es mísperos lo que mondo? Es posible, airados Cielos, que así se ha frustrado el logro de mi venganza, y la vida me permiten mis oprobios? Busco a Don Juan, y a Don Diego, que se retiraron todos a la voz de la justicia, y en todos esos contornos no los hallo; pero allí veo un hombre, ya es forzoso conocerle, que en mi brío los años no son estorbo, no tiene el valor en ellos olvido, sino reposo; yo llego: quién va? . Este hombre viene dado a los demonios, pues no se espanta de verme. Quién va? Mas yo le respondo en contrabajo que siempre los valientes hablan gordo. Hidalgo, quien va a estas horas es el agua. . Ya mi enojo a mi cuidado se añade; . pues agua va. . Aguarda un poco, que estoy hecho una basura. Esta voz yo la conozco; es Julio? Es Don Sancho? . Sí. De milagro vives. . Cómo? Porque ya iba a ensartarte como cuenta de abalorio. Calla, calla, que en mis verás mal las burlas te perdono; has visto a Don Diego o sabes de Don Juan? . De mi amo solo sé, señor, que no me paga, del otro no sé tampoco; sino que es lindo Don Diego; mas si las burlas depongo, ahora acaba de entrarse por aquel postigo roto, que nunca fuera cerrado, sino para mi socorro, un hombre, y cerró la puerta. Por este? . Por ese propio. Pues del jardín de mi casa es esta puerta (qué asombros me previene mi recelo!) y no! pudiste animoso conocerle? . Señor, yo solo a quien me da conozco, que soy muy agradecido. Qué dudo, que no dispongo . mi desengaño? y porque del registro de mis ojos nada en mi casa se libre, entraré por aquí, y todo el jardín veré de espacio, pues no habrá en la puerta estorbo aresta llave doble: honor, dame la vida animoso, hasta hallar el desengaño, o confirmar el oprobio. Ven, Julio. . Vamos, señor, soy perro y de fiel blasono, pues donde me dan de palos, con más cariño me acojo. . En fin, se fue sin licencia la tapada, y da a entender, que es valiente la mujer, pues se va tras la pendencia. Notable ventura ha sido, que no sepa Elvirá, que Leonor la tapada fue, que le sonsacó el marido. Mucho importa que mi hermana . ignore mi engaño, pues podré avisando después a Don Juan, si tan tirana suerte con vida le deja, del intento de mi amor trocar mi enojo en favor, y en satisfacción su queja: pues más atenta he advertido, que la ocasión de mis celos, engañó de mis recelos, y no de su amor ha sido; puesto que el casarme yo con Don Diego, hubiera sido medio en lance tan perdido, y él amante lo estorbó; poniendo a riesgo su vida, no solo por defender la mía, más por temer solo el verme conocida; y esto sobre el justo enfado de hallarme aquí con Don Diego: o amor! no te llames fuego, si blasonas de encerrado. Es posible, que no pude ver quien causa mis desvelos, y no dudando en mis celos la ofensa, el sujeto dude! pero tú, que la dejaste salir, la culpa tuviste. O! pues dar en ese chiste, . será dar con todo al traste. Señora, aquí se quedó, y como es tan tarde ya, sin decir, tapada va, en la calle se vertió: yo que el poste olí, aunque en vano, tomé el manto, y fui tras ella, mas no pudiera corrella el galán más cortesano; porque tan esquiva huyó, que Anajarte descortés, ya a mi frente, y ya a mis pies, en piedra se convirtió: de que inferi cuan mal medra un amor desalumbrado, pues el tuyo y mi cuidado dieron la primera en piedra: y por no topar así la pendencia, o mi señor, que todo es uno en rigor, vine, y no vi más. Vencí, lindamente lo ha creído, no tiene más que valer la mujer para mujer, tal me dé Dios el marido. En qué de penas me anego! . y dime, cuando saliste topaste a Julio, o supiste de Don Juan, y de Don Diego? Señora, esas diligencias nunca las hiciera yo, que bien sabes tú, que no soy amiga de pendencias; pero siendo tan propicio al acero el Mayo, infiero, como han tomado el acero, que hacen ahora ejercicio. Pero miren la Leonor, qué sesga está! quién dijera, que su mesura supiera! qué quiere decir amor? Con qué de cuidados lucho, temiendo de la pendencia por mil causas la violencia, y ya dura el riesgo mucho: pero mi padre es por quien mas mi temor me acobarda, que Don Juan en vano aguarda ya de mi sino un desdén; que aunque fingió ser Don Diego el galán de la tapada, industria fue mal pensada, pues bien sé yo que está ciego Don Diego solo por mí, y de Don Juan el engaño, en lo grosero, y extraño de su trato conocí: y si el error de homicida de mi hermano, no tuviera contra si Don Diego, fuera su firmeza preferida sin duda en mi voluntad. Qué engañada presunción! pero aquí, Amor; es razón alentar su vanidad, por librarme de los celos, que en Don Juan me da su amor. Qué alivios hallas, Leonor, a mis males? . No hay consuelos, que de tantos riesgos juntos desmientan la pena en mí, y mi sobresalto aquí me da la muerte por puntos. Y en cuanto a tu amor estoy tan de parte de tu enfado, que de verle mal pagado quien más participa soy: y si a mí me sucediera lo que a ti, tan ofendida quedara, que ni en mi vida viera a Don Juan, ni le oyera; porque no hallara disculpa, que excusara mis enojos, al valerse de mis ojos por cómplices de su culpa. Oír la satisfacción de un delito sospechado, es confesar el cuidado, mas no ofender la razón. Pero sobre un desengaño dar arbitrio a la esperanza, o es flaqueza a la venganza, o inclinación al engaño. Delito es ya no olvidar un amante tan infiel, pues hace despegos él tu fineza, y tu pesar. Venganzas, como consuelos, con darle celos prevén, sean triaca también, pues son veneno los celos. Don Diego es noble, y galán, yo no estoy apasionada, y te aseguro que en nada le hace ventaja Don Juan, sino solo en ser traidor: y haber a tu hermano muerto Don Diego, fue desacierto en su suerte, no en su amor; y no es justo que se precie de Dios el Amor, y que gloria a las venganzas dé, y las piedades desprecie. Ea, mande el albedrío, no la pasión, tu fineza premio dé a tanta firmeza, castigo a tanto desvío. Y si llegas a temer (ya yo no acierto a callar) que el uno lo ha de extrañar, y el otro se ha de ofender; yo te ofrezco desde luego, sin mano tan presumida, que ni Don Juan te la pida; ni te la niegue Don Diego. . Espera, Leonor, espera: en qué tu soberbia funda, sobre dichas de segunda, pesadumbres de primera? Si tan a tu arbitrio están, que a mi rigor o mi ruego, ni deba dichas Don Diego, ni sienta celos Don Juan, evidente resta aquí, aunque mis celos lo ignoran, que entrambos a ti te adoran, y que me engañan a mí. Ay señora! . Qué hay? Don Juan, si el talle no me ha engañado, en estotra pieza ha entrado. No corresponde al zaguán, sino al jardín. . De eso yo le infiero más, porque sé, que hoy por el jardín se fue, y la llave se llevó. Sin duda fue con intento de que la tapada (hah ingrato!) entrase con más recato por él hasta su aposento; pero así salir espero de mis dudas: dame, Flora, ese manto. . Pues ahora a qué fin? . Apurar quiero, fingiéndome la tapada, que aquí Don Juan ha dejado, lo que duda mi cuidado, y mi voz disimulada, puesto que hasta ahora apenas la ha podido oír Don Juan, así de una vez sabrán toda la verdad mis penas. Mira lo que haces, señora, que con este manto hoy::- Pues ves que resuelta estoy, nada me repliques, Flora. Pues, si ya resuelta estás, toma. Acaba. . Ya está puesto. Oh qué bien está dispuesto, para que se abrase más! pues con decir a Don Juan que es Leonor, puesto que aquí poco ha la dejó, y así a un mismo tiempo tendrán, mis ciertos celos Elvira, Don Juan más inciertos celos, y de Leonor los desvelos más dicha en esta mentira. Ya sale. . Esto sí, que es ser buena criada, mas yo me adelanto, porque no lo oiga Elvira: entrad a ver, Don Juan, a vuestra Leonor: mas ay Dios! Don Diego es, . yo me la vestí al revés, más ándese así, peor es hurgarlo, a avisar voy a Leonor de este suceso: hay más sustos? yo confieso, que no sé donde me estoy. . Esta es la casa sin duda de Don Sancho, y por aquella puerta del jardín en ella entré otra vez, torpe y muda la vista, y la voz extraña: lo que me está sucediendo, y lo mismo que estoy viendo, me parece que me engaña. Pero aquella no es Leonor? sí, que el manto que la cubre, segunda vez me descubre mis celos, y su rigor. Don Diego (válgame el Cielo!) mas ya la suerte está echada, también con él embozada satisfaré mi recelo. Sin duda, que en aquel traje . irse con Don Juan infiel resolvió, fiando de él tanto amor, y tanto ultraje. Mortal laberinto, e incierto, ser esta casa aseguro, pues cuanto salir procuro, menos a librarme acierto. Irme quiero sin hablarla, pues cuanto en amor parece, que es callar lo que padece, es padecer lo que calla. Vuelva, vuélvase mi amor, cuando ofendido se mira; a acreditarse de Elvira, y vengarse de Lonor; pues ni el proceder villano de Don Juan me debe ya atenciones, ni querrá Elvira darle la mano. Haga, pues, mi fuga alarde, que amor que imposibles siente, nunca vence más valiente, que cuando huye más cobarde. Esperad, señor Don Diego: ya no es posible, pesares, . resistirme a lo celoso, iba a decir a lo amante; yo he de salir de mis dudas, pues me asegura este traje. Déjame, que no es posible, Leonor ingrata, esperarte. Qué escucho! Pues en mi truecas esperanzas en desaires. Y si por Don Juan pretendes deslumbrada preguntarme, yo me anticipo al informe, Leonor, no por obligarte, sino porque entiendas, falsa, que me disculpas mudable; y al fin no fuera posible, queriéndote como antes, solicitarte este gusto a costa de mi desaire. Nada me dejan que ignore ya, Leonor, tus liviandades, y primero que recelos son evidencias mis males. Ya sé que a Don Juan adoras, que él te corresponde amante, sin que el respeto de Elvira, ni mi amistad le embarace. Ya sé que anoche y ahora con el manto le esperaste, para hacerle de tu honor dueño, y con la fuga infame, asegurar tus peligros, a sombra de tus desaires. Pero esto a mí qué me importa? y pues tú, Leonor, lo sabes, de mi libertad en trueque un contento he de feriarte. Don Juan vive, Don Juan vive, la amante zozobra pase a ser alivio, a ser gusto; cobra el aliento cobarde, vuelve el clavel al jazmín, el riesgo en fineza acabe. Mas si Don Juan solo vive hasta que tu amor le mate, llorale muerto, Leonor, porque en tu amor todo es fácil. Y para que no imagines, que tu pudiste obligarme a entrar otra vez aquí, a costa de más ultrajes, sabe que por el jardín, procurando retirarme de la justicia, a este cuarto he entrado, tan ignorante, como ya sabio me vuelvo, no solo a que no me hallen aquí tu padre, y Don Juan, sino al afecto constante, que me hace esclavo de Elvira, y sabe amor, que el callarle, fue más fineza, que olvido, pues viendo el plazo acercarse de su boda, y de mi muerte, fingí, Leonor, adorarte, o por merecer sus celos, o por templar mis pesares. Mil años, en fin, te goces con Don Juan, sin que embaracen riesgos de la envidia el dulce lazo a vuestras voluntades; que yo vengado de ti, porque adoro en otra parte, no busco satisfacciones, ni tengo miedo a desaires: y solo, Leonor, pretendo, escarmentado, y mudable, despedirme para siempre de mi amor y tus crueldades. Oye, Don Diego (ay de mí!) quién vio desdicha más grande? . Leonor era (vil hermana!) la que anoche en este traje fue causa de tantos riesgos, y por liviana, y amante de Don Juan, de mi amor quiso (dándome celos) vengarse. Don Juan la adora atrevido, pues son indicios bastantes de esto, en él las groserías, y en ella las libertades. Ya que en Don Diego los celos hagan cierto lo mudable, pues de entrambos, vive el Cielo, cautelosa he de vengarme, el mismo manto, que fue parte en mi ofensa, sea parte en mi desagravio ahora, primero soy yo que nadie. Leonor, Leonor, qué me quieres? déjame, que es más ultraje detenerme, porque el irme después parezca arrojarme. El aliento que me usurpan, me vuelvan para vengarme mis celos; así ha de ser, desmentir es importante la voz, y cubrir el rostro: todo mi valor me ampare. Don Diego, mal entendiste de mis ojos el lenguaje, cuando de ingrata me culpas: perdona, que cuando sale a la boca esta verdad, que del recato en la cárcel ha tantos días que vive, no descubra mi semblante, que no quiero que el decoro la fineza me embarace, o del rigor la costumbre te haga el cariño dudable. No me ofendas, no me ofendas, Leonor, con tus falsedades ahora, que en mis sentidos más desengaños no caben. Con mucho rigor, ingrata, de los engaños te vales; ahora me favoreces, cuando ves que he de juzgarte, si no te creo, engañosa, y si te creyera, fácil? No huyas, Don Diego, escucha: ha, si pudiera escucharme Don Juan, y así con sus celos vengado mi amor quedase; pero de Leonor ahora así consigo el vengarme, malquistándola con todos con indicios de mudable. Don Diego advierte que soy::- Aleve::- Tuya. . No infames tu favor, y mi razón, pues que no he de creerte: sabes, que mudanzas por disculpas alteran, no satisfacen? déjame, que soy de Elvira. Oh si de veras hablases! Eso, Don Diego, es despecho, con que pretendes vengarte de tus vanas fantasías. No pude otra vez toparle, por vengar en él mis celos con más rigor que mi sangre. Pues, tú a mi amor te resistes, y ofendiendo mis verdades intentas: . Leonor, Leonor, no con engaños me mates, que es necedad, y no sé buscar consuelo a mi ultraje: descubrete. . Ya aún mis dudas. me ofenden: muere, cobarde, traidor. Qué miro, desdichas! mas ya el acero me ampare. Fortuna, ya me arrepiento de mi engaño, retirarme es mejor; mas con matar esta luz queda más fácil la seguridad de todos. . Ah ingrata Leonor qué haces? aún así no excusarás el peligro de tu amante. A mover acierto apenas el pie medroso: amparadme, Cielos; mas esta es la puerta. Alumbra aquí, por los aires se ha de haber ido este hombre. Válgame el Cielo! mi padre. Ya he topado con la puerta; salir intento a la calle, para no echar a perder mi fortuna en solo un trance, que ocasión habrá después para todo, y con quedarme; por si peligra Leonor, abajo a vista del lance, cumplo con todo. Ay de mí! que sale ya. . No te apartes de mi acero. . Pues ya aquí no es posible retirarme, el manto, que es mi peligro, único medio me ampare. Ilusión fue de tu miedo, sin duda, lo que juzgaste; mas qué miro! no es aquel Don. Juan? . Don Orate fratres; aquel no es hombre? . Y aquella no es la tapada (qué ultrajes!) que se quedó aquí? Es posible, que tanto su amor le arrastre a Don Juan, que sus cariños puedan más que su coraje! Él es sin duda el que entró por el jardín, pues la llave se llevó ayer, esto no es ser fino, si no cobarde. Válgame todo mi aliento! fuese Don Diego, y no sabe mi amor, mi honor, mi discurso, qué hacer ya, sino matarme. Mas qué espero, que no voy desesperado a buscarle, y a huir del mortal halago de esta firena inconstante? . Oíd, Don Juan, esperad, (corrido de que le halle aquí tierno, cuando airado le necesita su sangre, quiso irse) ved ahora qué disculpa podéis darme, señor Don Juan, que no sea hacer la culpa más grave. Bien se acredita, que aquella era, como asegurastes, Dama del amigo siendo la que tan ajeno os trae, que posponéis a su gusto vuestra esposa, y vuestra sangre. Esto solo me faltaba para acabar de apurarme. Boquiabierto está Don Juan, y el viejo de toro pater. El silencio en tantas dudas, sino me libra, me ampare. Señor, si el verme el acero desnudo, airado el semblante, acabando de reñir en este mismo paraje con mi enemigo, no son satisfacciones bastantes; déjame ir, que yo te ofrezco no volver, hasta dejarte con mi muerte o tu venganza satisfecho. . Qué mal sabes, Don Juan, deslumbrar sospechas! mas evidentes las haces con esas hazañerías, pues claro está, que el mostrarte airado, apagar la luz, sacar la espada, y al aire acuchillar, es querer vanamente deslumbrarme. Pues cómo habiendo perdido a tu contrario en la calle, le has hallado en este cuarto, y más cuando sé que entraste por la puerta del jardín? Señor, por Dios, que no acabes con mi paciencia: (ay de mí!) . sin duda Don Diego, infame, fue el que entró por el jardín; qué esto sufro, y no me maten mis penas! mas cómo callo? como no digo a su padre, que es Leonor la que a los dos nos ofende con ultraje? mas no, que ofrecí ampararla, y un amor noble no sabe con groserías, sino con sentimientos, vengarse. Ea, sobrino, no quiero más informe, que el que hace en tus silencios mi honor: la hoja, sino se envaine, se doble, para que todo con más reposo se trate. Y ahora, porque ya el día corre los blancos celajes, que son cortinas del Sol, pues ya no puede lograrse por ahora mi venganza, lo más preciso es llevarme esta Dama, y que yo solo a su casa la acompañe. Así consigo de todos estos riesgos informarme, y que esta culpa en Don Juan no pase más adelante. Ea, señora, venid conmigo. . Muda, y cobarde . entre mil riesgos fluctio, pues permitir que me saque de aquí mi padre engañado, es gran daño; pero darme a conocer a los dos, sobre ser daño, es desaire, y no he de echar a perder los cesos que pude darle a Don Juan por una vida; y pues me lleva mi padre, y a todo trance ha de estar con la razón de mi parte, irme elijo, y cuando todo en mi abono me faltare, quiero morir de vengada, y no morir de cobarde. Vamos, señora. . Esperad. Válgame Dios, qué notable confusión! si a Leonor dejo, peligra su vida, y antes que mis celos es mi amor: obre la fortuna, y calle mi razón; vea Leonor, que elige lo menos fácil, y que ya a olvidarla empiezo. Ya con tus discursos haces mayor de la Dama el riesgo, y tu afecto más culpable: Don Juan, ea, esto ha de ser, hasta, sus propios umbrales la he de llevar, antes que los del día el Alba bañe. Digo, señor, que es muy justo. Pero primero has de darme palabra de no venir conmigo, si no quedarte aquí mientras yo la llevo: qué dices? . Todo me falte, el abismo me sepulte, y el Cielo airado me mate, si a esa Dama, si a esa Esfinge, si a esa Hiena, si a ese Áspid viere, ni hablare en mi vida. Amén, requiescar in pace. Mas maldiciones a mí, si fuere tuya, me alcancen. Ah cómo quiere a Leonor! mas llore, padezca, y rabie, que dar la mano a Don Diego resuelvo, para vengarme; pues me ayuda mi fortuna, y está creyendo mi padre, que soy la de anoche, él mismo a Don Diego ha de entregarme: denme mis celos industria. Ea, señora, ya es tarde, vamos. Ya, señor, te sigo. Qué esto sufro, y no me acaben mis celos! pero qué digo? pueda yo más que mis males. Buenos quedamos, señor, tras tanta pendencia, y gira, para el gasto sin Elvira, para el gusto sin Leonor: aunque es consuelo en rigor hallarte en tan triste hado, de una, y otra tripulado, pues tu amor merecer pudo la ventura de viudo, sin la pensión de casado. Calla, calla, que no cabe en mi corazón doliente, aunque sabe lo que siente, el dolor, que no lo sabe: o acabe mi amor, acabe de creer todo mi daño, que es tormento más extraño, que mi desengaño llegue a mi dolor y se niegue a mi amor el desengaño. Y pues que Leonor me mata engañosa, y pues Elvira, apurada esta mentira, pagará este afecto grata: muera en mi amor una ingrata, viva otra fina en mi amor, pues en empleo mejor, atenta mi vanidad, desagravia una verdad, con vengarse de un rigor. Como te digo ha pasado, los dos ahora se van, y quedó solo Don Juan, que yo todo lo he escuchado. Sin duda desesperado quedará. . Y cómo, señora; es lástima verle. . Flora, detén, oigámosle un rato, satisfágase el recato, cuando el deseo le adora. Pero amar por conveniencia a Elvira, es necia venganza, porque es matar la esperanza, y no vencer la violencia. Sea, pues, sea mi ausencia remedio a tanto dolor, sepa, aunque ingrata, Leonor, cuando desdeñado muero, que aún sus desdenes no quiero ofender con otro amor. Ea, Julio, antes que el día dé más luz al desengaño, vamos de aquí, que es más daño sobre ofensas la porfía. Jesús, qué gran bobería! díceslo de veras? . Sí, vámonos presto de aquí, que en la ausencia que procuro, si de ella no me aseguro, no me aseguro de mí. Volver quiero a la campaña, de mi vida confiado, que es en un desesperado cada peligro una hazaña: menos cruel es la saña del más sangriento enemigo, que el imposible que sigo. Amor, basta el padecer, pues ya no hay más que saber, ni yo puedo más conmigo. Adios, pensamiento loco, adiós, ingrata Leonor. . No tanta priesa, señor, volved, esperad un poco. Vive Dios, que me provoco a creer, que es hechicera: Leonor la misma no era, que con su padre se ha ido? luego en dos se ha dividido, mas eso lo hace cualquiera. Dulce ilusión de mis ojos, que la imagen que me pintas, como verdad me aseguras, y desmientes como dicha; no eres tú la que a Don Diego, con mal pagadas caricias, hiciste dueño del alma, que fue aliento de la mía? No eres tú la que te fuiste con Don Saucho tan esquiva, tan resuelta, tan ingrata a la voluntad más fina? No eres tú, Leonor, ingrata tanto (ay Dios!) cómo querida? no eres tú::- No, que las señas que propones, no son mías. Leonor soy, Don Juan, no ingrata, sino tan agradecida, que sin duda son tus ansias aún más premiadas, que finas, si es que mi fe, y mi cuidado porpremio, señor, estimas. Perdona este arrojamiento, que cuando falsa me afirmas en traje de desagravio es decente la osadía. No soy la que con mi padre, embozada, y atrevida, a pesar de su decoro, va a lograr una mentira. No soy la que de Don Diego, engañando las porfías, por quedar de ti vengada, de si ha quedado ofendida. Esa, Don Juan, es mi hermana; pero mal dije, es Elvira, que todo lo que me ofende desmiente el ser sangre mía. Elvira es a quien Don Diego sirvió, hasta que la desdicha de mi hermano, o la ventura, que en tu mano pretendía, cuanto a ella a despreciarle, a él a retirarse obligan, y a pretender (qué locura!) con mirarme dar envidias a Elvira, y a mi cuidado, como si la más indigna de nosotras no pensara poder rendir por sí misma, sin que ajenos males entren a la parte con sus dichas. Elvira es la que ignorando de la tapada el enigma, por averiguar sus celos, quiso fingirse la misma; pero después de saber mas de lo que prentendía, de Don Diego en el informe, ya no curiosa, corrida, quiso padecer cubierta el peligro, que averigua de mi padre en el engaño; por no ofrecer a tu vista el desengaño, y la pena. Esta es Elvira, oye, mira ahora quien es Leonor, porque advirtas cuanto distan, Elvira, que así te ofende, y Leonor, que así te estima. Leonor soy, la que en el prado dejó tu atención cautiva, y aún antes que victoriosa, me desvanecí vencida. Leonor soy, que al verte ajeno, aún más que celosa fina, me persuadí tu disgusto, por no morir de mi envidia: por más señas que mis ojos, que estás violencias sentían, no te encubrieron el llanto, siendo, las lágrimas mías, todas ira ocasionadas, todas halago vertidas. Arrojarte de mi pecho con mi llanto solicita mi honor, mas como los ojos, entre violencia, y caricia, te lloraban como ajeno, y como amante te vian, cuanto te arrojé en el llanto, te recuperé en la vista. Leonor soy, que viendo (ay Dios!) que mi hermana conseguía lo que mereció mi fe, y que en mi presencia afirmas (ha cruel!) que a Elvira quieres (sabe el amor si mentias) con valor de desairada, con ceguedad de ofendida, con ingenio de celosa, quise vengarme de Elvira, y en tu aposento embozada::- mas no importa, que te diga lo que sabes ya, mi amor más experiencias te afirma, que te desmienten recelos, y no está tan desválida mi fe, que entienda, que pueden más celosas fantasías en tu amor, que mis verdades, que aunque ocultarlas quería mi decoro, no hay valor que a la suerte se resista. En fin, Don Juan, yo soy tuya, en cuanto este afecto mida con mi decoro tu mano; y no dudes, que en la mía, como hay amor, hay valor, con que sabré, si me estimas, romper las dificultades, que tan fuertes parecían. Bien así como el arroyo, en cuya margen florida, rémoras de sus corrientes eran una, y otra guija, que si le tributa el monte caudalosas avenidas, no solo libre, y soberbio aquellos estorbos pisa, más inundando las flores, a quien de espejos servía, y en que ya narcisos mueren, los prados esteriliza, los árboles aprisiona, y los mares desafía. Si como dices me quieres; si tanto caudal me fías, si mi verdad te asegura, si mi fineza te obliga, si a Elvira aleve conoces, si a Leonor leal estimas, y si la ocasión deseas, por quien amante suspiras, goza, Don Juan, la ocasión, que yo a tu gusto rendida, como el honor no aventure, aventuraré mi vida. No tiene Leonor como esta toda la Leonorería. Deja, Leonor, que tus plantas humilde el alma, si altiva, adorándolas desmienta de fantástica esta dicha, pues es tal, que apenas cabe, mi bien, en la fantasías sola tú, Leonor hermosa, eres dueño de mi vida, de sola tu mano penden mis dichas, o mis desdichas. Estás, Don Juan, satisfecho? Tú lo dudas, prenda mía? tuyo soy eternamente, o ya mi fineza admitas, o ya desprecies mi fe. Calla, Don Juan, no lo digas, no tendrá tu fe conmigo esa experiencia de fina; y supuesto, que al recato corrió el amor la cortina, y es más empeño el mostrarle, que fue el tenerle osadía: ya que se quitó el embozo mi voluntad, y atrevida juzga descrédito cuanto esta verdad no acredita; tratemos, Don Juan, tratemos como has de negarte a Elvira, cómo::- Señora, en la oalle, a la escasa luz del día, por esta ventana veo, si no me engaña la vista, a tu padre con Don Diego, y temo que la visita ha de parar en pendencia. Pues hacerla andar aprisa. Permite, mi bien, que vaya, puesto que a los dos la vida de tu padre nos importa, a defenderla. . Oye, mira, siendo Elvira la tapada, si Don Diego solicita, creyendo ser yo, su mano, es fácil que la consiga, pues mi padre no conoce a Elvira, antes imagina, que es la Dama de Don Diego. Ya te entiendo, más precisa diligencia es estar yo en la puerta, y a la vista del empeño, reprimiendo ya con Don Diego mis iras, o por libre de mis celos, o por parte de mis dichas. Bien dices, y a mí me mandan amor, y honor que te siga. . Flora, escucha dos palabras. Sigue los pasos, gallina, de tu amo. . Ya lo hago, pues así mi amor quería seguir este paso tierno. Qué bueno! Oye, por mi vida, que me como de requiebros. Hay más graciosa porfía! pero en fin, para que veas, que un tanto cuanto me obligas, ya te oigo, di qué quieres. Nada. . Linda bobería. . Señor Don Sancho, la causa que a la oposición me anima de vuestro ofendido acero, aunque con respeto os mira mi mayor indignación, es la defensa precisa de esa Dama. Claro está, pues es Leonor y me obliga con ofenderme su mano, si de este lance la libra mi amor. Puesto que Don Diego, que soy Leonor imagina, y ya amante me defiende, mi cautela se prosiga, pues me va vida, y honor, que después si por Elvira no me estimare Don Diego, vengarse sabrán mis iras. Don Diego, no os espantéis de que el coraje me impida el discurso; pero ya mis cuidados adivinan el vuestro, y diréis sin duda, que es esta la Dama misma, que anoche en mi casa estaba con vos, y ser vuestra afirma Don Juan, que ignorando agravios de su sangre, y de la mía; en su cuarto, y para hablarla os dio lugar. . Si confirma . Don Diego este agravio, mas mi suerte se facilita. No es esto lo que decís? El mismo da la salida a mis cautelas; aliento, Amor, la causa adivina vuestro juicio de esta acción. Mi honor este medio elija, . para lograr mi venganza, y mostrar mi bizarría. No quiero que por respeto de vuestra Dama me rinda vuestro valor el coraje, que a mi espada se debía; y por evitar el riesgo de que el vulgo necio diga, que resí por vuestra Dama, con vos cedo a la porfía. Don Diego la Dama os vuelvo, y ya que no hay quien impida mi venganza y vuestro enojo, vibrad la espada, teñidla segunda vez con mi sangre. Apenas creo esta dicha: esperad, señor Don Diego, no eres tú, Leonor divina? Leonor soy, Don Diego, y tuya los acasos lo confirman, testigos de esta verdad. Ya qué aguardas? qué imaginas? tantos discursos, parecen, mas que atención, cobardía. Don Sancho vos me habéis dado esta Dama. . No era mía, y así el darosla, Don Diego, solo fue restituirla. Pues sabed, señor que ya, aunque la ofensa os incita, no puedo reñir con vos. Vive el Cielo, que me irritas, cobarde mas que me templas; mas ya aguardo que me digas la razón. . La que ya vuelve, señor, en gracias rendidas mis piras, es esta mano, en cuyo papel la firma de vuestras satisfacciones, en blanco me da la dicha. Pues cómo? válgame el Cielo! qué de males adivina mi temor! Porque esta mano es de Leonor vuestra hija; y porque veáis que es cierto, su hermoso rostro lo diga, y su espejo de templanza . en vuestros enojos sirva. Mas qué es lo que miro Cielos! no es Leonor, como creían mis engaños: qué paciencia bastará a tantas enigmas? Ahora con más razón a la venganza me incitas; pues tú te atreves, liviana::- Don Diego, ampara mi vida, por mujer, sino por tuya. Ya es forzoso el admitirla, y obligación defenderla, mil veces pongo la mía a tus pies: Señor Don Saucho, ya en este lance es precisa la deshonra, o la templanza, y así vuestro acero elija, que defender vuestra sangre sabré yo contra ella misma. Don Diego (ay más confusiones!) aunque templada la ira, mi hija quisiera daros, no puedo, porque está Elvira casada ya con Don Juan. Esa razón no lo impida, que Don Juan ya es de Leonor, y sola esta mano es mía Y el alma es tuya con ella. Don Diego yo soy Elvira, a quien constante adorasteis. Tente, mi bien, no prosigas, tuyo he sido, y tuyo soy, dando de este engaño albricias a mi dicha, si Don Juan, y Don Sancho lo confirman con su amistad. Ya en los dos es demostración precisa: dadme los brazos. . Y a mí, y nuestra amistad antigua renazca Fénix en ellos. Satisfacciones, Elvira, te daré, si es que tus quejas en tanto gusto están vivas. Satisfecha estoy hermana, pues basta estar sin envidia. Hoy hallé gusto y sosiego. Julio. . Flora. Tuya. . Mía. Toca. . Toco. A recoger? No. . Pues a qué? A hacer fagina. Eso es andar por las ramas. Que no lo entiendes, bobilla, mas yo fío que al caer de la hoja me lo digas. Y aquí tendrá fin dichoso, si él aplauso lo confirma, Riesgos, y Alivios de un Manto, diga un victor quien no silba.
