Texto digital de Los riesgos que tiene un coche
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Antonio Hurtado de Mendoza
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los riesgos que tiene un coche. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/riesgos-que-tiene-un-coche-los.

LOS RIESGOS QUE TIENE UN COCHE
JORNADA PRIMERA
y o Vive el cielo que te mate. Yo a otro dueño: . . Sí. Qué espero? dame mil muertes primero: aquí tienes mi gaznate. Reportaos por vida mía; y decidme la ocasión de este enfado. . Cosas son, que un Turco no intentaría; hame querido agraviar. El señor no agravia. Esa don Diego es mi rabia; pues no la quiere intentar estando yo en su servicio, sino sirviendo a otro dueño. Agravio; y así? Es pequeño, quererme poner a oficio, y no a oficio como quiera, sino al oficio peor, que ha imaginado el error de los mortalos? . Espera, eso no entiendo . En rigor, fácil está de entender: mas si lo quieres saber, advierte que mi señor Hacerme mal quisto quiere, descortes, descomedido, de todos mal recibido: y porque me desespere. Quiere (quién mi suerte iguala?) para más afrenta, y pena, que yo oiga palabra buena, ni haga acción que no sea mala. Quiere que en la desvergüenza funde yo mi cortesía, y que ande todo el día, por la Corte a la vergüenza. Hacerme quiere alcaguete, con capa de soimandado, y no llevando recado, ni menos dando villete. Quiere (en aquesto repara) que sea (oh fortuna fiera!) objeto de quien te diera, quien te cortara la cara! Y en fia con necio capricho, para que me desespere, hacerme cochero quiere, que es cifra de cuanto he dicho, yo resisto, y sufrir quiero de su daga el filo airado, que es mejor morir de honrado, que no morir de cochero. Pues don Alonso, que es esto? Dadme un rato de atención, que efetos de un amor son, que en tal estado me ha puesto, En Granada estabáis pienso el día de la pendencia, en quien por la competencia de dona Ángela suspenso, o invidioso, yo, y Lisardo dejamos a Marte; a donde descubrió el valor que absconde cada corazón bizarro En ofender animoso, y defender advertido, en cuya ocasión herido, no por menos valeroso, Por menos dichoso si, salió Lisardo: por quien deje a Granada. Esta bien, toda esa historia, hasta ahl he sabido, y que jamás a esa dama, por quien fue la pendencia; vuestra fe no correspondió, por más, que un agradecer cortes las finezas de su amor, y que más fue del honor, que de amoroso interés efecto: el haber salido por ella al campo. . Es verdad; pero ahora me escuchad el fin de esta historia; erido Lisardo; pues, a Sevilla, como sabéis me partí, donde la belleza vi de Gerarda: maravilla De este siglo, a quien amante ha un ano que galanteo: mas antes que en este empleo pase don Diego adelante. Sabed, que Gerarda tiene un noble hermano, con quien, desde el día que la den estado, el padre previene En su testamento, que parta doce mil ducados de tenta que están fundados de un mayorazgo, más fue De Octabio (que así se llama el hermano) si admitida esta ciánsula, no oída con gusto, y porque la fama De este dote, o su hermosura o algún noble no incitase, que al casamiento aspirase. de mi Gerarda, procura Quitar este inconveniente, trayendo a Madrid su casa; pero a tanto extremo pasa el ambicioso accidente de Octabio, y tan ignorante la encierra con tal crueldad, que no la ve el sol: notad en un corazón amante de su belleza, que efecto causara aqueste rigor. Y qué intenta vuestro amor ahora? . Pues sois discreto, escuchad; yo sé que pone coche ahora Octabio: y quiero que Gónzalo por cochero entre en su casa. . Perdone tu amor, que no lo he de hacer, Para que con semejante instustria, pase adelante nuestra voluntad con ser el medio, por quien podamos comunicarnos, pues siento que escondido en su aposento algunas noches, si estamos de concierto yo, y Gerarda, me podré quedar a hablar con ella, que en conquistar una mujer tan gallarda, y tan rica; está el argumento de mi vida, y de mí ser; pues le pudiera tener con tan noble casamiento. En este papel la doy cuenta de mi intento, y este aunque la vida me cueste, he de ver logrado hoy, puesto que de apueste modo logro, restauro, intereso ser, honor, hacienda, y seso, y el gustó, que es más que todo. A tanta resolución, no tengo que os responder: solo aquí el obedecer es la mayor discreción: Gónzalo? . Ya estás en fin de parte de mi señor? Es justo darle favor para tan honrado fin, como una conquista tal de mujer tan rica, y bella. No dices que hablarla, y verla quieres con industrla igual, dándote yo en mi aposento entrada las noches todas! Es verdad. . Pues acomodas mal tu amante pensamiento; pues ahorrando de tercero, das muestras de más amor, disfrazándote, señor, y haciéndote tu cochero; más puesto que es excusado, intentaré serlo ya: dame el papel, que hoy tendrá fin lo amoroso cuidado, que pues te he de obedecer, no te quiero dilatar. Dices bien, que es dar lugar a que pueda ya tener recibido otro cochero don Octanio, y la ocasión perdamos. . Tu bendición es la que ya solo espero. A que notable aventura vas de peligros tan graves Pues un cochero no sabes, que no tiene hora segura? Solo el secreto desea mi amor; pues no importa poco. Que me juzgues por tan loco, por ruin, que el que tuvo sea. Que hombre haura tan majaderos que dando de ser lo indicio, diga que dejó otro oficio por venir a ser cochero? Pues para ver el suceso, los dos siguiéndote vamos. Criados los que tenéis amos de tan apocado seso; pues al que sirvo, un adarme en mi vida conocí; tened lástima de mí, que voy a cochirizarme. ensamiento; Para tus pensamientos, y lo extraño, señor, de tus intentos, no pienso que lo aciertas, pues cuando la ocasión cierra las puertas, de que pueda tu hermana, y mi señora, en reja, o ventana; en fiesta, coche, o prado ser vista, lo contrario has intentado, en el coche que pones? Querrás decir que en las ocasiones, serán más ciertas, Floro, para poder mi hermana (no lo ignoro) ser vista, y festejada, cosa, que con la industria, y con la espada defender imagino: pero de mis intentos el camino errado en todo llevas; y así, puesto que tanto lo repruebo, para que no lo hagas, y más de mi intención te satisfagas. Sabe, que el haber puesto coche en Madrid, ha sido porque en esto de unos hermosos ojos, que rendir imagino. Ya se yo que en Madrid es el camino más fuerte, y más seguro, para rendir el más valiente muro de la más celebraeda hermosura; no digo recatada, que la que en coche ajeno, goza el invierno del sol, y del sereno en el varano grato; más debe al desenfado que al recato. A pocos días llegado de Sevilla, una tarde vi en el prado en un coche a Lisarda tan airosa, tan bella, y tan gallarda, que a la vista primera el alma la rendí. Saber quien era imaginé al instante; diligencia primera de un amante: seguí en efeto el coche, y con ser, cuando ya la oscura noche tiende su negro manto, ol ono oínolo no pude, Eloro, recatarme tanto, que en mí no reparase Laura, una prima suya, y me incitase con acciones, y señas, en amor ocasiones no pequeñas, a que yo la siguiese, y hasta su casa acompañar la fuese, en dejando en la suya a mi Lisarda, en fin porque concluya, hablé a Laura en su casa, que sin poner en mis deseos tasa, la calidad, y estado de Lisarda me dijo, que prestado era el coche en que iban, y esto añadió, si quieres que reciban premio tus confianzas, y goces ocasiones, y esperanzas, si acaso coche tienes, y a proseguir amante te previenes de mi prima el empleo, cuantas veces intente tu deseo, como el coche me envíes, y de mi diligencia te confíes, daré a tus pretensiones, cuantas tu deseares ocasiones. Yo pues que enamorado estoy de su belleza, le he enviado la carroza, que has visto, que si con ella su favor conquisto, a sus pies ofreciera la que el sol rige en su dorada esfera. ninguno asaber llegó os escribé Laura, mi duendo I aqueste papel. H. Oh Fabio! Vive aquí el señor Octabio? El señor Octanió vive en esta casa. . Yo soy, qué queréis? . Un compañero Qué buscáis :un cochero? Me dijo que en palacio hoy. He sabido, y yo. Esa es gran descortesía. En vuestra tierra, y la mía más cortesia y mentís si otra cosa defendéis. Quedo, no os alboroteis. Usase en vuestro páis, que los que a buscar van amos la atropellan tan groseros? No ves que somos cocheros, y no nos la perdomos: Sabéis aquien enojáis: que os aguardéis os aviso. Por dos causas es preciso, que mal cochero seáis. Cuáles son? No hacéis alarde. que en cortés aventajáis a todos: y me avisáis muy enojado, me guarde de vos? pues aquí lo infiero, y es consecuencia precisa, que hombre cortés, y que avisa, no puede ser buen cochero. Buen humor, Extremado. Leeré el papel, y a los dos despacharé. . Vive Dios, que si quedo descartado, que habéis de ver. San Martín, si cosa vuestra ha de ser, muy poco tendré que ver. Por que: Porque sois muy ruin. L , - Pues a la ocasión mejor del mundo los dos llegáis, y tanto aquí me agradáis, el uno por el valor, Que ha mostrado, y el despejo, y el otro en el discurrir; los dos me habéis de servir de esta suerte. A vos os dejo en vuestro coche, mas vos que más presencia tenéis, por lacayo quedaréis. Siendo servidos los dos quedáis de quien sois indicio, admito la ocupación. Pues para que posesión toméis vos de vuestro oficio, poned el coche, y llevalde donde este hidalgo os dijere. Y no hagáis que mucho espere Que quiera ya mal de valde a este pícaro! . Id con él, para que la brevedad solicitéis, y llevad y llevad por respuesta el papel una voluntad rendida a cuanto mandarme intente mi señora Laura. . Aumente el cielo esa nueva vida, Vamos Floro, que he pensado, que con Laura ha de salir Lisarda. . Queréis seguir el coche? . Sí. . Excusado, porque si Lisarda hubiera de ir con ella, cosa es clara, que Laura te lo avisara, y en el papel lo dijera. Haz ponerme el Alazan, que en amorosos placeres, algo dejan las mujeres al discurso del galán. La hermita que enfrente miras, es el Ángel de la Guarda, y este es señora el principio de la puente Segoviana. La última estación es esta, en que acosta de mil ansias de hallar a este ingrato amante, se libran mis esperanzas. Calle mayor, prado, Atocha, puerta de Guadalajara; y otras salidas, adonde suelen galanes, y damas ira decir con los ojos, que son las lenguas del alma, sus amorosos deseos en sola media semana, que ha que a la Corte llegamos no has dejado en que no hayas buscado este durandarte. Y hoy que en esta hermita santa, Madrid al Ángel celebra fiesta digna de alabanza, entre tanta gente vienes a buscarle (qué ignorancia!) como si posible fuera en confusión tan extraña, poder descubrir un hombre; pues cuando porque le hallaras de un camello en la córcoba quisiera venir: es tanta la confusión de los coches, que fuera imposible hazaña poder descubrirle entre ellos. Hay amiga, Juana, que no sabes que es amor! No se lo que es? bien me tratas; por tan necia me has tenido? Pues si te abrasó su llama, si has probado sus rigores, que te admira? qué te espanta? que imposibles facilite, cuando atropellando osada, honor, hacienda, y quietud en las lenguas de la fama, pongo mi opinión perdida con acción tan temeraria! No es eso lo que me asombra, que no eres la primer dama, que ha dejado por un hombre los régalos de su patria: que no es sino ver que vengas siguiendo aquien despreciada de tal manera te tiene, si ya desprecio se llama un olvido, y tan olvido, que en dos anos que ha que falta de tus ojos, no le debes. No prosigas, que me matas, Juana, cuando ingratitudes suyas repites, pues causa pueden ser, de que le olvide, y es de suerte lo que el alma le estima: que aunque me deja, desprecia, olvida, y agravia, las ocasiones excuso, si a que le olvide han de darla. Piérdete por el, bien haces, sin que a la memoria traigas haber herido a tu primo, dejarte triste en Granada, partir se a Sevilla, a donde apenas puso las plantas, cuando olvidando tus ojos, los suyos puso en Gerarda, Dama, en cuyo seguimiento viene a la Corre; por cartas de doña Leonor su prima, lo hemos sabido. . Si tratas, Juana, de darme disgusto, si aumentar quieres mis ansias, si mi muerte solicitas, prosigue, no seas tirana en tan locos desatinos. Pues si verdades te amargan, dejaré de preguntarte, si a don Alonso no hallas en Madrid, y como puede ser: por alguna desgracia, ya del se hubiese ausentado; era buena la jornadas que habíamos las dos hecho? no me respondes? mas calla, que si el seso no he perdido, o la vista no me falta, es Gónzalo el que en un coche detres soles en tres damas que le ocupan, viene hecho un faetón de mala estampa, él es sin duda. . Es verdad. Ya llega a la puente, aguarda, que quiero hablarle. Qué dices? yendo a caballo? . La entrada de la puente por los coches está difícil, y paran todos al entrar en ella, esperando, hasta que andan los de adelante, yo quiero mientras detenido aguarda hacer que se apee, tú de mi algún poco te aparta, que voy a llamarle. Aquí te espero, quien tal pensara de una mujer de mis prendas, honestamente criada, con tal nobleza nacida! que entre obligaciones tantas; cumpliendo tan mal con todas, con tal género de infamia; su nobre sangre ofendiera? que dirán de mi en Granada? que hablarán de esta flaqueza? pero con, Gónzalo, y Juana. vuelve; retirarme quiero donde escuche lo que tratan. Vuélveme a dar esos brazos, que siento que me encontraras en ocasión semejante; pero porque es cosa clara, y aún fuerza que en nuevo oficio has de extrañar el mí, Juana, la ocasión no me preguntes, que es tan secreta la causa, que es fuerza que te la encubra (esto es dejarte curada en salud) porque no peques, como dicen de ignorancia. Esto encubre algún misterio, sacarele cuanto guarda! su pecho, ya tengo industria: más cuando a mujer le faltas para quien por ti ha dejado su quietud, tierra, y la casa de doña Ángela, a quien debo el serr es muy buena paga, después de tantas finezas, a muy buen puerto mi mala fortuna me trajo; pues el que en cosas tan liviana se excusa, aún sin que le pidan a ser de alguna importancia; lo que le pidiera, buenos mis pensamientos dejara; que hay que fiar en los hombres! Pues si lloras, y me achacas, como delito tu ausencia, y que de mi enamorada vienes a Madrid, afirmas, no aurá cosa que no haga por ti, que soy con amor (ya lo sabes) como un agua; más para que yo lo crea, dame esos brazos. Aguarda. Eso es quererme? . Desvía. Qué te resistes? . Sí. . Calla, gala de la resistencia haces ahora? pues Juana, de lo contrario en Madrid se hace mejor una gala; pero no me dices como a tu señora dejabas, cuando partiste? Muy buena, muy contenta, y muy casada, para decírtelo todo. Con quién? Con Lisardo: paga de la herida, que por ella le dio don Alonso. . Brava resolución para estar tan neciamente picada pordón Alónso! Qué hizo Dios de tu vida? gulonoo Si guardas m ob secreto, dírete cosas de admiración: mas las damas que traigo en el coche, pienso que me buscan; si que saca una de ellas la cabeza por el estrivo, que vaya es fuerza a ver lo que quieren, aquí me espera. . Con tanta prisa te vas? Luego vuelvo. Pues no quiero que te vayas sin que esta historia me digas. Suelta, y mira que me llaman con mucha prisa. . Aunque sean solamente dos palabras, No digo que luego vuelvo? Cuando vuelvas en más larga resación me darás cuenta. na Hay tal tema! Si te apartas de mi sin darme este gusto reventaré. . Si se agarra una mujer, es peor hablan . que sánguijela. . Oh bienaba quien de discretos se sirve! mas de lo que yo pensaba ha hecho Juana, que bien, que agudamente le saca lo más ocultó del pecho! En fin, de aquesta Gerarda es hermano Ocrabio, a quien va sirvo de cochero, traza Ainob ha sido de don Alonso, olid porque dentro de su casa esté por secreta espía, porque la tienecerrada, de suerte su hermano Octanio, O que fuera imposible hazaña poderse comunicar los dos de otra suerte. . Falta, que me digas, cuantos días ha que le lirves? . Si pasa hoy, como espero con bien, auran un día a la mañana: lo demás de aquesta historia dejo para cuando vayas a verme esta noche, y puesto que correspondida amas, mis partes siempre tan tuyas, y ha de ser amistad larga, C m y tanta; como si ya bi hubiera la Iglesia santa dádonos sus bendiciones; quiero tenerte en mi casa con nombre de mujer mía: yo vivo aquí a las espaldas de san Pedro, que preguntes solo por Octabio, basta, y que a la puerta me esperes al anochecer en casa, y quédate a Dios con esto. Has oído lo que pasas Todo lo oí: mas ya tengo en mi idea imaginada una industria, con que juzgo, si el deseo no me engaña, de que las que para ofenderme cruel don Alónso traza, han de quedar por mi ingenio oirr vencidas, y malogradas. En todo pienso servirte, Ve que si el amor me ampara don Alónso ha de ser. Dilo. . Mi esposo. El cielo lo haga. Gran muestra de amor ha sido! Yo la hablo en fin esta noche. Buena industria la del coche, y del cochero fingido; Pero como sucedió? Apenas os apartastes de mí, y solo me dejastes, cuando Gónzalo salió En el coche, el cual me dijo, que ya Gerarda tenía mi papel. De mi alegría, del contento, y regocijo, Que tuve, no dudaréis, y más cuando prosiguio, diciendo, esperase yo la respuesta, no penséis Que me obligaré a juzgar, ni a ello el alma se atreve, si fue largo plazo, o breve el que allí puede esperar; Pues como mi confianza es poca, en lo que ofrecía, breve el plazo parecía medido con mi esperanza: más viendo que así alentaba la que en mi muerta vivía, dos mil siglos se me hacía cada instante que esperaba; Pero como fuere sea, mi amor en fin esperó, hasta que Octabio salió, y luego sin que se vea El dueño de aquesta acción, ruido en la reja sentí, alcé los ojos, y vi, que la espaciosa región Del aire aqueste papel hecho ave suya cortaba, y que Gerarda me daba, nuevo ser, y vida en él; Pues su firmeza mostrando, y cuanto su fe se aumenta, hablarme esta noche intenta; yo, pues, estoy aguardando A que vuelva con el coche, Gónzalo, si el instrumento de mi vida: en su aposento me he de quedar esta noche Para gozar tal favor; así lo escribe Gerarda, resolución que no tarda en obedecer mi amor. Industria es, con que podéis todas las noches gozar desa dicha. . Es singular. Mucho a su afecto debéis, que quien tal traza imagina, no os tratará con desdén, porque quiere mucho, quien a mucho se determina; pero Octabio viene. . Aquí; pues es ya noche, podemos retirarnos. . No le demos que imaginar, que si así con tanto cuidado vive de su hermana, claro está, que si aquí nos ve, tendrá el que por fuerza apercibe nuestra asistencia. Aquí estamos sin dar que notar. , . . No fue Lisarda al Ángel? . No sé si en aquesto lo acertamos. No supiste la ocasión? Díjome Laura, que estaba indispuesta. . Yo juzgaba que de alguna colación de costa te hubiera sido el día, y tu galanteo. Ya lo quiso mi deseo, mi dicha no lo ha querido, hoy se sangró. . Todo es día hasta la noche: porque ya que la colación no fue, no te escapes de sangría. Pluguiera a Dios que quisiera tomarla. . Eso te fatiga? para que tiene ella amiga, prima, hacedora, y tercera? mas ya viene el coche. Aqueste es Gónzalo, a hablarle llego, antes que llegue don Diego, vamos. Antes que me acueste tengo de volver a hablar a Laura, prueben recado de denoche. No ha criado, si se desea vengar, como una mujer, si tiene celos, animal peor el cielo. . De tu valor te ampara. A mime conviene: por cortesía, señores, vive aquí el señor Otabio? según me han dado por senas, un Caballero Indiano, que ha poco que de Sevilla vínomás? por mis pecados quizá, que por su provecho a vivir a Madrid? . Cuanto, que se ha de turbar recelo, Dios ponga tiento en sus labios, no eche aperder la tramoya. Si para serviros valgo, yo soy quien buscáis. Vos? . Sí. Los Caballeros Cristianos, que son de Dios temerosos, y con sus preceptos santos quieren cumplir, acostumbran el descasar, apartando los casados que la lglesia junta en amorosolazo? Lo que Dios liga, desata un Caballero, hombre humano, cómo todos, enefeto? Aunque os estoy escuchando, no os entiendo, ni conozco: ni se porque, o en que caso me habláis de aquesta manera. Cuando recibe un criado, el que es noble, en su servicio, le suele decir, hermano, sois casado? y si lo es, manda señalarle un cuarto de casa, o un aposento, (que por eso no riñamos) segun es su calidad, donde viva el brebe, o largo tiempo que le ha de servir con su mujer: porque entrambos estén para en uno siempre. Mas querer vos, y Gonzalo el dejarme, siendo yo su mujer, y vos faltando a la ley de Caballero, querer que nos dividamos. Eso no, que para ello ay Dios, ay Rey, hay Vicario, a quien pediré justicia. Hija mía, reportaos, que ni yo tal he sabido, ni menos he reparado en aquesas prevenciones: no es el parecer muy malo Floro, de la tal cochera. Lo que a la vislumbre alcanzo de la poca luz del día, más es divino que humano. En fin, de Gónzalo sois mujer? . Por testigo traigo a mi madrina, I sabel que es la que en cualquier trabajo me favorece, y ampara. Que a no ser por ella, en tantos como he pasado, después que me casé, hubiera dado fin a mi vida infeliz. Yo te debo lo que hago, Lucia. . Gónzalo viene. Por Dios que me ha lastimado el verla llorar, Lucia aquí os retirad, que trato de renirle, como es justo. En mi aposento encerrado dejo a mi amor ninguno le vio entrar en él. ota Gonzalo? Señor, que mandáis? . Oíd. tenéis mujer? . Ya ha llegado, como concerté con ella, Juana a buscarme, y a Otabio encontró, y dijo, sin duda, por tener más franco el paso, que era mi mujer, yo digo lo mismo, señor. . Turbado estáis, responded. . Señor, casado soy, que el negarlo no es justo. Pues como un hombre pierde con tal desacato a Dios, y al mundo el respeto infamemente? dejando a su mujer, y mujer, que pudiera el más honrado preciarse que fuese suya? Ya no sabéis a los danos que vive en Madrid expuesta, la que vive sin amparo de padre, deudo, o esposo? Puedo hablarte? Puedes, Hernando, qué quieres? Decirte a solas cierto aviso que te traigo. Espera, vuestra mujer, que es la que miráis, buscando os ha venido, estimadla como es razón: que es dechado de honor, y virtud Lucia. Ea, llegad, y abrazaos los dos, que yo os aseguro, y él me lo ofrece, callando, y buen tratamiento: mi casa os quedáis: dadle los brazos Gonzalo. . Qué es lo que veo Ahora puedes despacio decirme lo que querías. Ha perdido el seso acaso doña Ángela mi señora? qué es esto? Por si escuchando está este criado, quiero disimular, no está malo el disfraz, Ángela yo! yo solamente, villano, soy Lucia, mujer vuestra. Cómo Lucia; y casado yo contigo; pues a mí quieres pegarmelas encanto parece aqueste, sin duda. Yo, en fin, le estuve espiando, y vi que uno quedó dentro de su aposento, y cerrado le dejó Gonzalo; que este es sin duda un gran bellaco, espía de alguna escuadra de ladrones, que robarnos aquesta noche pretenden, que por eso se ha quedado el uno en casa escondido. Dices bien. Yo me he vengado bien de este pícaro. . Calla. Ea, a pesar del diablo he de ser casado. . . Y cómo? no es verdad? Pues ya me enfado, y las mujeres honradas, si acaso las despreciaron una vez . . No demos voces. Qué es esto? Darla un abrazo quise, y enojada, dice, que no quiere. . Reportaos Lucia, que no es razón, cuando vos venís rogando, resistiros de esa suerte a vuestro esposo. . Mal año, no hará otra cosa, si aquí la diesen quinientos palos. El humor quiero seguirla, . que según ha porfiado, en que es mi mujer estoy, aún con saber que es tan falso, casi por creerlo yo; aunque disímulo, y callo, bien la conozco, mas quiero por lo que importa a mi amo, dejarme engañar ahora. Este es honesto recato de Lucia, yo lo creo, más pues que tan cerca estamos de vuestro aposento, abridle. que en el tengo de dejaros con mucha paz a los dos. Perdido soy, desgraciado . don Alónso ha sido en todo; si me resisto; y no abro, luego al punto sospechoso tengo de dejara Octanio, y él tiene llave maestra, que hace a todos los cuartos, y aposentos de la casa, y aurá de abrir, y en hallando a mí señor, ha de ser difícil si le he dejado, receloso con turbarme, que crea luego el engaño que la idea me ha ofrecido. Acabad, no abrís? . Ya abro que es la llave muy premiosa. Mientras abre, trae Hernando una luz. . Peor es esto, soplo ha avido aquí. . . Gonzalo, es hora ya? . Cómo es esto? Aquí está la luz . Si hidalgo hora es ya de que os pregunte quien sois, y a que habéis entrado en esta casa . . Perdido soy. Ya intento remediarlo, calla, y déjame señor, escucha, que todo el caso te diré yo brevemente. Don Jacinto de Alvarado, es este hidalgo que miras, los dos servimos un amo; en Granada, y en la ermita del Ángel nos encontramos esta tarde, y pidiome, porque desacomodado estaba, y tan sin dinero, que el interés ordinario, que en una posada llevan por recoger un Cristiano, los projos, pulgas, y chinches, de que en sus camas hay hartos, no tenía, permitiese que aquesta noche acostado en mi aposento conmigo la pasase, soy hidalgo, el mundo rueda, y no sé si me veré en otro tanto. Con esto lo he dicho todo. Pues a un hombre que es casado otro pide que le lleve a dormir consigo? . Cuando estuve en Granada, era sóltero yo. . Y el hablaros cuando abristes, y decir, es hora ya? no auran dado ocasión a una sospecha? Vive Dios que es temerario, y que aprieta este argumento; eso señor es muy llano, que es palabra decidera; pues sintiendo abrir acaso, pensó que a costarme entrara, y dijo, como admirado, es hora ya? que se entiende la de venir a costarnos. Oh bellacón alcahuete. Si pueden aseguraros, la palabra, y la presencia de un hombre tan desdichado por ser pobre, aunque nacido con valor: lo que Gonzalo ha dicho es verdad. Bastaba ver vuestro talle gallardo, para quedar satisfecho, y supuesto que estáis falto de dueño a quien servir, yo como amigo, no criado, quiero en mi casa teneros. Pues quien con tanto recato guarda una hermana, tan presto un mozo tan alentado, sin saber quién es recibes? En todo, Floro, reparo, mas yo noguardo a mi hermana, celoso de mis criados, que es fuerza que he de tenerlos; que respondéis? . Qué besando vuestros pies, os agradezco tan grande favor. . Ha ingrato! yo estorbaré tus designios yo, señor, por ningún caso, a quedarme atreveré (porque es hombre temerario) con Gónzalo aquesta noche, porque aunque le ves tan blando temo, si me cogea solas, que ha de matarme, en el cuarto de tus criadas podré estar esta noche, en tanto que sele pasa este enojo. Bien así lo voy trazando, pues por aqueste camino con fácilidad aguardo, verme con Gerarda presto. Parece que ha penetrado mi intención; llevadla Floro con Gerarda, vos Gonzalo creed que va muy segura: hay deseos! reportaos, que ya os temo; don Jacinto vamos, que tengo de espacio. que comúnícaros. . . Yo soy tu hechura. Venid. Vamos. A Dios madrina, y haced lo que os tengo encomendado. Qué es esto Gónzalo? Calla hasta que a solas podamos hablar. No es Ángela aquesta? Ángela dices? el diablo, es todo el infierno junto. A Dios marido enojado, y decidle a don lacinto, que si se le ofrece algo para Gerarda, que yo hoy a gozar muy despacio de su divina hermosura, a quien con todo cuidado pienso encarecer su amor, porque tenga buen despacho. Oye, aguarda. No es posible, olas id que espera Octavio. Tú tienes la culpa, perra. Calle, que es un mentecato. Haciendo burla se entró, Esta mujer ha de echarnos a perder. Pues mudar tema, y otro poquito a otro cabo.
JORNADA SEGUNDA
Esta mujer ha de ser en aquesta pretensión, Gónzalo, mi perdición. Cuando señor, la mujer de honor, ser, hacienda, y fama, no lo ha sido: esta es la ajena; pero la propia si es buena, corona nuestra se llama, Porque es casa en quien estriva del hombre el preciado honor, a quien el tiempo, ni amor, ni el interés no derriba, Que bien como la mujer, ha dado el cielo? y que mal, si no sale desigual? Has sido casado? Ser lo quise; pero en el día de mi boda, por extraño modo, pudo un desengaño serlo a la ignorancia mía. Qué te sucedió? Saliendo por la mañana a buscar algo con que festejar mi ventura; estar venciendo. Vi, de melones un carro a un hombre que los vendía a cala, y porque tenía ronca la voz con un jarro De buen vino, que esta gente nunca gasta lo peor, gargaritaba, señor a menudo, y diligente. Llegué, pues, mandé calar uno, próbele, salió y otro poquito a otro cabo. malo, aunque me consoló el melonero, y errar, Dijo, el primero, no es mucho, otro calé, y hasta diez, que errar pude cada vez, el mismo consuelo escucho. Un Doctor que estuvo atento siempre a mi errada elección, dijo con ostentación, el melón, y el casamiento, Acertamiento. Yo pues, reparé, y dije entre mí, lo que me sucede aquí, aviso del cielo es, No quiero cansarme ya, que si como está hablador, que lo era el dicho Doctor, ahora diciendo está, El casamiento al melón, pensamiento es comparado, y de diez que yo he comprado, buscados con atención, Y no solo no acerte, porque tengo de pensar, que a casarme he de acertar? y por respuesta escuché, Que me dijo el pensamiento, son necias satisfacciones, pensar, que quien diez melones yerra, acierte un casamiento. Con esto, pues, si he de errar, dije, casarme no quiero, que no ha de haber melonero, que me pueda consolar. Mal discurso. Que lo sea, no hay que espantarme, en efecto fue de melón el conceto, y aurá salido badea. Qué doña Ángela viniese desde Granada a estorbar mi ventura, y a intententar, que la quiera aunque me pese! Mas si aura dicho a Gerarda, quien es. Eso estoy temiendo. Saberlo esta noche entiendo. En esta reja me aguarda, que por ella la he de hablar, mientras viene de palacio su hermano Octavio. Despacio puedes la ocasión gozar, que no vendrá hasta que yo le lleve el coche, que está lejos, y llovido ha. El, Gónzalo, te mandó, que a casa el coche volvieras, que si no fue industria rara. Si el a mí me lo mandara, poco a mi afecto debieras, Que a Gerarda habías de hablar supe, y a fuerde cochero, estudioso, y verdadero, (que también se ha de estudiar, Para usar la terceria) porque acaso no viniera, y hablando a los dos cogiera, como acontecer podía, Por ser a tu amor propició, darle quise tras cartón, que también aquesta acción, es parte de aqueste oficio; Mas ruido en la reja escucho. Ce, sois vos mi dueño amado? Aun tiempo hemos llegado Entre amor, y temor lucho. Por una reja que sale a ese primer patio, hablando los veo. Pues escuchando, que es la industria que me vale, Contra un celoso rigor, aquí Juana hemos de estar, que me importa averiguar el estado de este amor, Porque el intento primero con que salí esta mañana a buscarte, amiga Juana, mañana lograr espero. Mucho señor sentiréis, ver que por mí habéis llegado a ser de Otabió criado. Mi firme amor ofendéis, pero, porque no ignoréis a cuanto extremo en mi pasa, el que así el alma me abrasa, si así oblígaros creyera, obediente esclavo fuera de un esclavo de esta casa. Y poco encarezco así lafirmeza de mí fe: porque al punto que os miré esclavos de todos fui Lo mismo, señor, oí a un discreto, que decía, que cuando amores tenía, por tener a todos gratos, hasta los perros, y gatos de aquella casa quería. Queréis ver que poco ha hecho mi amor en esta fineza, cuando de vuestra belleza vivo ya tan satisfecho? Queréis ver cuán en provecho mío viene a resultar, cuando tanbien me ha de estar adquirir vuestro favor? Pues advertid lo que amor ha sabido imaginar, el perder la libertad, no es efecto del amor como del servir rigor cautivar la voluntad. Esa es precisa verdad. No es deseo, amor. Es cierto. La voluntad, si lo advierto, no le mueve. . Verdad es. Oíd los quilates, pues que mi amor ha descubierto cuando os amé; ya perdí la libertad, mas podrá mi voluntad algún día, la que entonces os rendí desear cobrar, y así a Otavio quise entregarla. Y para que a recobrarla mi afecto no se incitase, no quise que aún me quedase voluntad de desearla. Luego, si rendís constante como a mila voluntad, a Otabió la libertad, mi esclavo sois, no mi amante. Pues advertid, que al instante que el alma, sin resistencia os rendí, no hubo potencia que no llevase consigo, y quiere que haya conmigo la misma correspondencia. No os pretendo replicar, que vencido me confieso. Ya, de paciencia es exceso, tanto sufrir, y esperar. Aún podemos escuchar cosa que más nos importe. Que así, amando se reporte vuestro valor? qué aguardáis, que ya el mío no premiáis? no dispuréis, que en la Corte, La resolución postrera vuestro acuerdo tomaria: pues que aguardáis? si este día la ocasión más verdadera que nuestro afecto pudiera desear, Otanio ausente ofrece amor. Qué valiente es la ocasión! que de honores han postrado sus rigores! Dudosa está, ella consiente. Qué respondéis? Que soy vuestra, que como a dueño os estimo, y que como a tal me animo, pues es un alma la nuestra, a daros la postrer muestra de mi voluntad. . Vencí, amor. Esperadme aquí, mientras joyas, y vestidos, que ya tengo prevenidos, (porque siempre presumí este fin de nuestro amor) puedo tomar. . Mi mujer, nada de esto ha de saber, que es grande su pundonor en estas cosas, y es cierto que ha de estorbar inhumana vuestra dicha. . Esta manana salio de casa. No acierto a agradecera los cielos tanta dicha. . Y hasta agora aún no ha vuelto. Pues señora, abreviar, que mil recelos tengo de que ha de venir. y si viene, como he dicho, ella sigue tal capricho, que no la ha de persuadir todo el mundo, a que consienta vuestra fuga. . Abreviaré lo posible. Que llegue a este estado tan violenta es cualquiera dicha en mí, aún en lo que más poseo, que la presente no creo. Gracias amor que salí de los prolijos temores, que esta mujer me causó desde que a Madrid llegó de Granada. Estos rigores, estos desprecios consientes? vive Dios, que si así hablara de mi un hombre, le sacara. Calla. El alma con los dientes vellacones, que en teniendo rendida a su voluntad una mujer, no hay maldad que no intenten: yo me entiendo Que temores te detienen, que así te cierran los labios, para que a tantos agravios puedas callar? Aquí vienen de Granada mí, señora, las joyas, y dos vestidos, que éstima más por lucidos que por costosos. . Teodora gozas de la coyuntura tan bien? Tomar quiero estado, que fuiste agora casado? Yo? La culpa tuvo el cura. Cuerpo de tal, esto es echo, aunque, por decir mejor, esto es deshecho, señor. Nunca menos satisfecho viví de la suerte mía, por infeliz singular. Vamos bien? No hay lugar, que ha venido ya Lucia. Qué importa, no es tu mujer? de don Alonso criado tú, y el más interesado, en su fortuna? ha de haber Causa, para que ella osada, nos estorbe dicha igual? Al entra el mal natural. No entra sino el ser honrada, porque no lo fuera yo, si aquello en que yo temiera vuestro mal, no lo impidiera. Si quiero perderme yo. que os importa a vos? Mal hombre, pues a quien ha de importar? Si mi fe habéis de estimar, que temor hay que os asombre? venid señora. Teneos, vive Dios, que si porfías, que de las desdichas mías, de los ingratos trofeos, a Que de mi amor has tenido, tengo de dar a Gerarda cuenta ahora. Al. Escucha, aguarda. Aunque verdad no haya sido, la he de decir, que has triunfado de mi honor. Esto es peor, en esta ocasión, señor, el callar es acertado. No se descubra la trama, de este tu amor singular. Señora, yo he de estorbar lo que a nuestra noble fama Pueda ofender, y aunque es cierto, que a honesto fin se endereza, este amor; a la nobleza vuestra, que hacéis os advierto Mucho agravio en esta acción: mejor es que a vuestro hermano aviséis, que tan tirano no ha de ser, ni a su ambición, Tal que os impida cruel la justa unión de los dos, y si vergonzosa vos teméis decírselo a él, Y aunque humilde mujer fui, a darle parte me atrevo de vuestro amor, que yo os debo esta v oluntad, y os doy Palabra, que si tan fiera es su ambición, que avariento resiste tan justo intento que he de ser yo la primera, Que procure de los dos el sosiego, y la quietud. Tal te dé Dios la salud. A vuestra fama, y a vos por consejo cuerdo, y sabio, importa que este toméis, puesto que así quedaréis con el mundo, con Octanio, Y con todos finalmente, disculpada en cual quier hierro, amoroso, y en fin cierro mi discurso solamente, Con advertiros, que así vuestro riesgo aseguráis, y a nosotros nos sacáis del que corremos aquí Gónzalo, Teodora, y yo, pues cosa notoria es, que tendrá de todos tres queja vuestro hermano. Dio el demonio tal parola, tal lenguaje, prosa tal a una mujer principal? Qué quieres Gonzalo? mi desdicha es quien la enseña. Lo que más llego a admirar, es el verla porfiar, en que es mi mujer, que dueña, ̱ está de acción, y lenguaje, quien dirá que no es mujer humilde? Yo no he de hacer a mi noble honor ultraje. Vive Dios que la convierte. Tu consejo es el mejor. Hay señora, mi señor! Triste, ya llegó mi muerte. Retiraos a vuestro cuarto. Ven Teodora. Con la prisa, los vestidos, y la caja se me han caído. . . Ya llega y escaparte es imposiole, Teodora sin que te vea, sosiégate, y disimula. Sírvese de esta manera, Gónzalo, a los Caballeros, cómo yo? . Peor es esta; cual viene de lodo y agua! Con este día nos deja vuesa merced seor Gónzalo? Y vos Teodora, vos perra: que hacéis aquí? qué escondéis debajo del manto. . Buena la habemos hecho; aquí es a donde Ángela se venga de sus celos, y el desprecio, con que la has tratado. Fuerza será que yo lo remedie, señor, no es culpada ella en esto que cierta boda. Mire por dónde comienza. Dn. . Perdidos somos, Gonzalo. Que sin que tú lo supieras, hacerse en casa quería: la culpa tuvo. . Que esperas señor? por aqueste lado nos deslicemos, que es cierta a una desgracia, si canta doña Ángela. . . Tal afrenta he de hacer a mi valor? yo había de mostrar flaqueza en la ocasión, cuando sabes quien soy. . Isabel, que es esta que miras, madrina mía, tiene una sobrina bella, a quien hoy hemos casado. Yo que ya tuve licencia, de Gónzalo, fui madrina: estos vestidos que lleva, Teodora nos los prestó para autorizar la fiesta, mi señora, y vuestra hermana, y no pensando os hiciera falta el coche, ni Gonzalo, llevarnos quiso a la Iglesia en el, por estar lloviendo, como veis, que con prudencia llevéis esta falta os pido. Válgate el diablo embustera mayor de marca, ay mentiras, como las que dice, y piensa esta mujer? . Muy quejoso con mucha razón pudiera estar de vos, pues sabiendo cuanto vuestro gusto precia mi afecto, no me habéis dado de este negocio la cuenta, que mi amor os merecía. Quedo señor, que en presencia de mi marido, no es bien que habléis de aquesta manera. Ay Lucia, que es amor muy atrevido. Culebra notable nos dio al principio, vive Dios que aún en las venas, no ha vuelto aún bien la sangre, que el susto me dejó muerta, mas pues ocasión se ofrece, yo quiero hacer, que no tengas mas en casa este enemigo. Ay Gónzalo, si eso hicieras, en que obligación tan grande? No prosigas, calla, y deja eso a mi cargo: yo voy a meter en la cochera el coche, porque después tengo que hablarte, y quisiera que fuese a solas. . Venid después. Con vuestra licencia a mi señora Gerarda, iré, señor, a dar cuenta de estas joyas, y a besar por tan gran favor, la tiera que pisa: vamos Teodora, vos también, madrina, es fuerza, que vengáis a hacer lo mismo. Vida a los dos tu cautela nos ha dado. Dios os guarde. Bien en la ocasión primera de estorbar ha sucedido. . Yo voy por si hablar pudiera a doña Ángela, que estoy el alma de furor llena con la ocasión que hoy me quita. No sé señor lo que sienta de estas cosas, vive Dios que tengo entre mil sospechas dudosa el alma. . Qué hay Floro que causarte pueda cuidado? . En aqueste coche mi imaginación se anega, y no sin causa presumo. En el coche? pues que piensas que ha de volcarse algún día contigo, y que alguna pierna te ha de romper? . No señor, no es tan material la idea, el entendimiento mío más discurre, mas penetra, no entiendo yo por el coche lo físico que se muestra al sentido de la vista, más metafísica ciencia es la que se comprende en el. . Di, de qué manera? Este don Jacinto, este Gónzalo, y su mujer llegan a apurarme los sentidos, porque ver que en hora y media tuvieses cochero, y luego al punto en tu casa mesma hallases al genti hombre, y que una mujer tan bella, como Lucia, a buscar un hombre tan tosco venga, diciendo que es su marido? por Dios que todas son señas, para los tiempos que corren, (echémoslo a parte buena) que me han dado que pensar. A mí no, que en la presencia de Lucia, y en el talle de don Jacinto, bajeza no puede caber: no oíste, que nuestros cuerpos son puertas a donde se asoma el alma a decir con muda lengua, noble ser me alienta o ser villano, es el que me alienta, entre dos, que de un delito son indiciados, no ordena la ley, que al de peor cara, puedan echársele, y pueda en duda ser castigado por el: porque la ley piensa, que un hombre de mala cara, no auramaldad que no emprenda, vicio a que no se sujete, delito que no cometa. Pues si las leyes piadosas, en favor de la belleza, de aquesta manera hablan, porque quieres que yo sea, particular en seguir otra opinión tan ajena de la razón? es verdad, que alguna vez esta regla padecer exceción suele. Ya la comida te espera. Tú estas bien enamorado, pues que la razón te ciega de esta suerte, Vamos Floro, y advierte para que creas (quede Gónzalo Lucia puede ser mujer por bella, que la consideras tú) el ejemplo de la perla, que siendo tal su valor, bruta concha la alimenta. Pues quiera Dios que algún día de estas dudas que desprecias no te acuerdes, y conozcas a costa de algunas penas, lo que es un coche en Madrid, y que a mí el alma me mienta. Viven los divinos cielos, Ángela cruel, y vive a pesar de mis desvelos, mi amor que en bronce se imprime, por castigo de mis celos, que has de escucharme, y decir, que te pudo persuadir? que esperanza? qué favor? para que contra tu honor hayas querido venir a persuadirme, y a ser estorbo a la dicha mía. Cuando no, por ser mujer, a quien toda cortesía el hombre llega a deber, por ser vos quien sois, y yo quien en efecto os amo, que en eso se incluye todo, debieráis con otro modo llegar a hablarme, mas no culpa vuestra demasia. de que aquí hacéis experiencia, sino la desdicha mía, Una apuradapaciencia, y tanto lo llega a estar la mía, en considerar, que como si yo tuviera deudas de tu honor, o hubiera llegadote Ángela a dar palabra de casamiento, te hayas venido tras mí con tan poco fundamento, sabiendo que si te di, lugar en mi pensamiento, fue más por agradecer tu amor, y corresponder, a ser cual soy, bien nacido, que el que no es agradecido, no lo puede parecer, que no porque yo en mi vida te tuve amor, que si di a Lisardo aquella herida, fue por mi honor, no por ti, porque aunque fuese finpida mi voluntad, en llegando a presumirse, que amando tu persona estaba yo para la ocasión, bastó de ira defenderlo, cuando tu primo con necio afan quiso dejase tu amor, que ya así las cosas van: más pendencias, que el valor han reñido, el que dirán. De modo, que solamente, en ocasión tan urgente, señor don Alonso os puso, el que dirán? Ya no excuso de decir, que así lo siente mi afecto. Pues advertid, si el que dirán os movió a tal peligro, salid, el que dirán me sacó de mi patria, y a Madrid me trujo, y el mismo ha sido. el que en mí tanto ha podido, que estoy ya determinada de no volvera Granada, sino vais por mi marido: porque los que en ella están de vuestro cruel desdén, y de mí que juzgarán? mirad si aquí entra más bien el temor del que dirán? Quieres que un medio dé yo, de que no te ofendas? . . No, no quiero bien de tu mano. También conmigo? Villano. Dile a ver. Pues resorvió tu determinado agravio, de no volver sin casarte a Granadar acuerdo es sabio. Qué alcahuete? El declararte, y casarte con Octabio, que sé que te mira bien. Con eso de un mismo bien gozamos los dos, casada tu con Octabio, y honrada, y yo lo mismo también con Gerarda, pues de renta cada cual seis mil ducados trae endote, no te aliente ver que mejorando estados nuestra dicha se acrecienta. Quiero dejarte, que pienso, que es el fuego tan inmenso del amor que vive en ti, que te ha dado frenesí. Los dos me tienen suspenso. Ni a Octabió pienso estimar ni ya casarme contigo, ni a Gerarda has de gozar, que por eso, y tu castigo en Madrid tengo de estar. Ya tus porfías son necias. Hombre de coche desprecias en Madrid? vive Dios, que eres entre todas las mujeres. prototipo de las necias. Mientras más impedimentos pongas a mi amor, mayores serán de mí sus aumentos. Y los que hasta aquí favores, para ti serán tormentos. Porfiando he de vencer. Venceré con porfiar. Seré bronce. . Yo mujer, que en queriéndonos vengar, nadie nos llega a exceder. Enamorosa firmeza. En vengativa fiereza. Seré monstruo. Seré horror. Desde hoy empieza mi amor. Desde hoy mi venganza empieza. Mientras, que como yo he pensado de esta casa no saliere doña Ángela; pues tal guerra te hace, y por ella pierdes tiempo, y trabajo, y con más los seis mil derenta, quiere mi lealtad hacer por ti una cosa, que si tiene el suceso que imagino, pienso que libre has de verte de sus celos, si se logra lo que he pensado. Referir, propones, Gonzalo mío, cosa que si tú lo hicieses, fuera poco darte el alma. Como tú no te condenes, por favor puedo admitirlo. No me dirás, de qué suerte ha de ser eso? Si haré, escúchame atentamente; mas ya Octanio se levanta de comer; aquí te puedes retirar mientras le hablo. Gónzalo, cuanto me ordenes pienso hacer, que ya el amor de los dos trocó la suerte, tu eres señor, yo el criado. Todo pienso que sucede a medida del deseo, que el, y doña Ángela vienen, porque mejor se ejecute, nuestra pretensión, No llegues tan presto a hablarle, que quiero oír lo que los dos vienen hablando. Bella Lucia, de hermosura única fénix: oye, escuchame . . Señor, un imposible pretende vuestro deseo. . Es posible que con tal rigor desprecies mi cuidado! Tengo esposo a quien temer, que no teme a Dios la que no lo hace, y aunque el a mí me desprecie; yo he de guardarle su honor. A quien tanto te aborrece, que te da tan mala vida, guardas sealtad? mas si quieres, yo haré que por la justicia te apartes de él, y en tan breve tiempo, que te espantes. Fuego el menor riesgo que tiene, hombre pobre con mujer hermosa, señor, es este. mira que serán los otros. (quiere Cuando un hombre estimay a su mujer, ella entonces que hace en corresponderle con amor, y con lealtad? lo que a mí se me agradece, es, que después do tratarme con rigurosos desdenes, con darme una mala vida, con no ver jamás alegre su semblante, y otros muchos penosos inconvenientes, que una mujer mal casada con su marido padece) yo entonces su honor estimé, y como a deidad respeté su persona, porque al fin la que de honradas pretenden el blasón, por su virtud deben serlo solamente, que no porfuerza del traje, que eso es de viles mujeres: yo estimo, y temo mi esposo. Por el temor no te pienses excusar, que yo, Lucia, quitaré ese inconveniente, que es el menor. Cómo? . Cómo? haciéndole dar la muerte. No hará, vive Jesucristo: salir quiero antes que ácete, que según me quiere mal, no fuera mucho lo hiciese por vengarse de mí: aguarda aquí. Mi marido es este. A mala ocasión, Gonzalo: que es lo que conmigo tienes, que comunicar? Señor, yo lo diré brevemente: yo por natural discurso, conocerás claramente la falta que a un hombre pobre hace la mujer, pues, pende de ellas limpieza, y regalo nuestra, por lo cual (ya entiendes mi pensamiento) quisiera que a mí Lucia la dieses licencia, que yo te doy palabra, que no se quejen, ni ella de mi tratamiento, ni tú, que el respeto vence mi condición, a tu casa debido. Para quien tiene libradas las esperanzas de su amor, en que no deje Lucia a mi hermana; es bueno con lo que ahora me viene este pícaro, que puedo responder? Este pretende de don Alonso inducido, que con esta industria deje esta casa, y a Gerarda. Gónzalo, yo sé, que es fuerte vuestra condición; y así, si fianza no me dais de su vida, no tenéis que esperar, que yo os entregue vuestra mujer, que no quiero, si en mi casa sucediere, una desgracia, que a mí, hacienda, y quietud me cueste. Lo que su padre, y su madre, lo que todos sus parientes, no me pidieron el día que por mujer me la ofrecen, ahora me pides tú? quien esto escucha, y no pierde el juizio, es un mentecato, para que tú la tuvieses desde a noche acá en tu cuarto, pidite yo, si lo adviertes, fianzas de su seguro? mas si así excusar pretendes el riesgo, señor, que dices de tu casa, si eso temes, yo saldré de ella: Lucia vamos. Porque no la lleve, quiero tomar otro medio: si ella, Gónzalo se atreve con su riesgo a estar con vos, no es razón, no, que yo intente hacer otra cosa, solos os quiero dejar. Valedme ingenio, porque este lance es apretado, y conviene a mi intento, el no salir de esta casa. Si consientes con tu voluntad, Lucia, has de maarme, no dejes ya que sin premio mi amor, a mis ojos sin la alegre vista de los tuyos bellos. Yo haré señor, cuanto fuere de tu gusto, porque a mí me importa. Señor, bien puedes irte, que la quiero dar, pues tal ocasión se ofrece, yo de mi parte un jabón. Entrétenla, porque intente hablar a Gerarda ahora, que en esa sala se ofrece con Teodora, y con Leonarda. Ya bella con alcahuete estamos solos. Qué dices? Que ya estamos de la suerte que yo deseaba. Advierte, que no te desautorices con alguna humilde acción. En efecto contra mí sois vos también? Ay de mí! yo estoy en fuerte ocasión, señora, yo soy mandado: más que intentas, que me agarra de esa manera? y las garras al pescuezo me has echado? Matarte, villano, quiero. Yo lo doy por recibido; pero en que te he yo ofendido? En ser infame, cochero, de esta casa: en haber dado el advitrio para entrar a serlo, y en intentar, como lo habéis intentado ahora, el echarme de ella, en ser el que procuró estorbar. Qué estorbe yo? mi justicia se atropella. El quedar yo en ella; pues lo resististe atrevido, cuando yo de mi marido te di el nombre. Pues no es razón (qué furias te ciegan!) que hubiese entonces negado, no siéndolo, el ser casado, si otros que lo son lo niegan? Mas aunque digno de muert porque así me satisfaga. Qué intentas con esa daga? Bien lo entablo, de esta suere te juzga mi pensamiento, no quiero con ella honrarte, pícaro, sino tratarte como mereces. Ay Siento yo el golpe, y te quejas tú? Que aquesto el cielo consiente! ah traidor! Señora, tente. Qué es aquesto? Belcebu; todo el infierno pensara tal género de traición! Qué es aquesto? Un bofetón. Si un bofetón en la cara me acaba de dar ahora, y no contento con eso, con esta daga. Qué exceso! Pretendió darme, señora, de punaladas. Porqué? Porque yo me resistia, y temerosa decía, que mientras que no me dé de mi vida aquel seguro, que tu señor le pediste, no me atreviera (ay triste!) a hacer vida con él. Juro por los cielos soberanos, que estoy por hacer en ti. Juicio es cierto lo que aquí me sucede. Malas manos, no es bien que en hombre tan vil ponga para darle honor; este es camino mejor, llamad Floro a un alguácil, porque a la cárcel le lleve. Qué es esto, Gónzalo? El diablo, que nos persigue. Yo hablo por el, señor, ya me mueve a lástima este cuitado, y aunque la ofendida he sido, le perdono, que es marido en efeto. Descasado de contigo le he de ver, o mi hacienda he de gastar. A mí me haura de costar, si ahora de haces prender, dinero, y quietud, soltarle. Por no darte ese disgusto, aunque el hacerlo era justo me contento con echarle De casa: no estéis en ella un díal vamos hermana. Yo vengo a ser el que gana en ello. Gerarda bella aquesta noche. A Lucia hablad, porque ella ha de ser la que lo ha de disponer. Logrose la industria mía; pues en efeto he quedado, a mí os remiten, señor, aún pudierades peor de lo que habéis despachado. Vamos, Gonzalo, Y contento; pues en un punto he salido de cochero, y de marido. Malo salió el fingimiento, otro pueden escoger. Mas esto me ha de matar! Que han menester estudiar contra ingenio de mujer.
JORNADA TERCERA
Quién diera en tal pensamiento? Ayer por manana, y tarde, con gran cuidado le he visto pasear aquesta calle; y así con aqueste intento esta mañana a buscarte fui, como te he dicho, Juana, que este mozo ha de ser parte de que mi intención se logre; pues de las facilidades, que en Gerarda he visto, juzgo, que si la solicitase un hombre, que con valor, sin guardar respeto a nadie, a sacarla se atreviese de poder de Octabio, Dapne, no fuera del tal Apolo; y así vengo aquí a esperarte; porque si hoy a pasar vuelve, yo haré con industria, y arte, que a esta presa se aventure, que me importa que otro amante con don Alonso compita; pues estando de su parte, yo, gozará mil favores. Según la señas, las calle ocupa ya ese mancebo. Es verdad, mas oye aparte loque tú has de haceraora. Desde anteyer por la tarde, que estuve con don Alonso, mas no le vi, y no hay paraje, a donde él acudir suele, en que yo no le buscase, y ahora a buscarle vengo, con más gusto que a otras partes a este puesto, centro suyo, que desde ayer me combate cierto deseo curioso, de ver la hermosura grande de esta mujer, que así alaba. Hh caballero? . . Mi nabe tomó en otra playa puerto. Retirada has de quedarte a donde estás, y advertir, que eres por aqueste instante, Gerarda, como te he dicho. Ya espero lo que me mane esos encubiertos soles. con cuidado estáis, si alguien, que no gustáis os ha visto; nada os de cuidado, que Mar está con vos. Bueno es esto, no hay quien recelos me cause (tierno, y alentado es este, es el que buscó?) estadme atento desde estas rejas, de estas casas principales una dama muchas veces, pasar por aquesta calle os ha visto (aquesto digo atiento) y aún con semblante más que inclinado, mirar la estrechez impenetrable de vidrios, y de encerados suyos de tras de los cuales, más atenta que quisiera os miro, pudo inclinarse, y al inclinarse, seguirse el desear, y a este lance, el inmediato, que es ya entendéis, enamorarse, y un tanto lo está de vos. Que a no ser, como se sabe, tanta su opinión, sin duda hubiera mostrado antes este deseo, viniendo, como viene agora a darse por vencida del valor de vuestra persona. Dame licencia de responderos, que sin duda alguna errasteis el recado, que la persona. Si la que tenéis delante es la contenida, y yo su criada, y que os de parte me manda, de este deseo, como ha podido engañarse, ni ella que presente os tiene, ni yo, que infinitas tardes pasar por aquí os he visto? Vuesa merced llegue, y hable, señora, a este Caballero, que no se atreve a fiarse de mí, o que el engaño piensa, hasme entendido? Ignorante fuera quien no te entendiera. Pues prosigue, sin turbarte enaqueste engaño. Es sueño? es ilusión? es imagen de mi loca fantasía la que estoy mirando? Pague mi amor con este desprecio atrevimiento tan grande, en acción tan poco cuerda como ha sido; el arrojarse una mujer como yo a aquel que juzgo su amante, ingrato a tantas finezas. No solo te persuade a no agradecerlas hoy; pero necio, y inconstante niega lo que en sus pascos, sus acciones; y señales confesaban algún día, y ma de cuatro pesates con mi hermano Otanió a mí me ha contado. Ay semejante confusión, señora mía! pasar por aquesta calle confieso, que muchas veces me habéis visto, que es la parte más breve por dónde voy ami casa, que mirase a a vuestra reja, sería, no por saber que ocultase esta casa tanto cielo, sino un error, en que cae cualquier mancebo en la Corte. Mas para que en disculparme tiempo gasto, cuando pienso que habéis tomado este achaque para provar mi lealtad, para saber de un amante, que desde Sevilla viene siguiendo vuestros donaires, soy amigo verdadero, siempre leal, y constante, aún más allá de la muerte. Echado habemos mal lance, que de don Alonso amigo es esté; pero si él cortés vence a lanaturaleza, y el engaño a las verdades, tal vez no desmaye él mismo. Si esa verdad os negase fuera delito en mi amor; pero bien pudo engañarse en quererme vuestro amigo, sin corresponderle antes, mi desprecio verífica, el seguirme, pues lo hace por tema de su porfía, propio afecto de ignorantes; pero yo se lo agradezco; pues que por acompañarle vos algunas veces, pude ver vuestro gallardo talle, a quien rendí el alma luego. Ya un papel le envíastis anteyer, en que escribistis, que para poder hablarle esta noche, y otras muchas, con Gónzalo se quedase en su aposento escondido: que respondéis? Muy ájil es mi ingenio si respondo a esta duda, mas curarme quiero en salud: vos leistis el papel? No; pero baste que el lo dijese. Que necio sois, cuando vistis amante, que cabal el favor cuente, cuando no quita; o añade de la verdad, el más cuerdo? el ejemplo esta delante; pues para otras noches, dice le llame, cuando el llamarle fue para desengañar su amor porque asidejase de injuriarme, o de quererme, que es lo mismo. Pues. No pase de ese pues vuestra ignorancia, que me cansan semejantes impertinencias. Lucia, vamos. Señora, escuchadme, que no es despreciaros esto, más querer asegurarte mi lealla Que también sois de los amigos leales; muy preciados de esta tema, Sois noble. Pues porque acabe vuestro ya dudar prolijo de cánsaros, y cansarme, haced cuenta que esas dudas, que proponéis con verdades infalibles, y ese amigo que decís, pudo obligarme a pagarme honestamente su amor todo eso, antes que os viese; vios en efecto, y más que no variable, celoso, porque he sabido, que entre obligaciones grandes dejó una dama en Granada ofendida, y quien hace eso con una, también podrá el día que gustare hacer lo propio conmigo. Por excusar semejantes riesgos, puse en vos los ojos; ya os quise a vos, ya os di parte en el alma, y os la doy desde el día; que pagaréis mi amor en seis mil ducados de renta, que en dote trae mi mano, al que la merezca. Ved si contra esto hallasteis argumento, o de las necias prolijas dificultades, que propusistis, alguna que poner, y si pensaren cualquiera vuestros temores? que disfrazáis con lealtades; esta es mi casa, Lucia es la que más veces sale, necio seréis en perder los seis mil (ven) Dios os guarde; Hoy de aguardad, señora. ̱. . Fuese enojada; bien hace de huir, no se satisface disculpas vuestras ahora. Su amor quiero agradecer. Si estáis resuelto a premiar su fe, a mí me habéis de hablar; y así esta tarde volver podréis a buscarme, y yo donde la habléis os pondré. Y por quién preguntaré? Por mí. No os conozco. No? del oficio no inferis, que aquí terciando estoy, que bien puedo ser, y quien sois, poco señor discurris; pero así esplicarme quiero; soy de las que oficios tales, en las casas principales usamos la del cochero; pero como os llamáis vos? Don Diego osorio, Pues id con Dios, y luego venid, para que hablemos los dos. Vendré a buscaros, y a ser trofeo de vuestras plantas: fortuna si hoy me levantas sin llegarlo a pretender, A tan venturoso estado, la noble amistad perdone, y él más enemigo abone mi intento ya declarado En gozar tan firme amor, que si loco atado, y necio, de la fortuna desprecio tan impensado favor. Siéndome siempre importuna, de mí se podrá ofender, y no quiero yo tener enojada a la fortuna. Bien dispuesto queda así; pero don Alonso viene. Si efeto esta traza tiene, no hay duda que ira tras ti a impedir el casamiento, que tan discreto has fingido. Esta mi intención ha sido, De camino está, su intento he conocido. En efeto, viendo que estoy en Granada me seguirá enamorada, y yo con todo secreto en sabiendo que está en ella, por la posta volveré a Madrid, donde daré la mano a Gerarda bella. Nada he podido entender de cuanto hablando han estado. l. Ella viene, ten cuidado. Ya se yo lo que he de hacer. Señor don Alonso, adonde de esa suerte de camino, vos? pero ya lo imagino, la misma causa responde por: si vos os ausentáis huyendo de mí? Es ansí; los dos huyendo de ti nos vamos. Ya dónde vais? A Granada. Ha desdichada! Mira si nos mandas algo, vamos, señor, porque el galgo no teme llebre cuitada, De la manera que ya temo a doña Ángela. En fin os ausentáis? Por dar fin a la tema con que da vuestra loca fantasía en seguirme. Ya mi amor se rinde a tanto rigor, se vence a tanta porfía. Mas que busca algún enredo, con que hacernos detener? Industria, hoy te he menester más que nunca: pues si puedo yo en Madrid, aqueste ingrato vuelve a Granada, mi honor se pierde: dame favor. Juzgando por más barato perder mi gusto, que estar sujeto a que me persigas, pensando que ansí me obligas, me voy, dona Ángela, a dar la muerte, pues en casarme a mi disgusto, le advierto, don Juan mi tio el concierto ha hecho, sin declararme quien es la novia, me escribe, que luego al punto me parta. Hoy, pues, recebí esta carta, y hoy mi afecto se apercibe a ejecutar, obediente, lo que mi tío me manda; sabe Dios con cuanta pena esta ausencia el alma siente: mas es fuerza obedecer, porque es mi tío, si no quien el primer ser me dio, el que hoy conserva mi ser: puesto que es quien me alimenta, y a quien espero heredar: ve Gónzalo a negociar, que traigan las postas. Mienta tu industria también, señor, pues con mentiras nos da guerra el enemigo. Está resuelto vuestro valor a partirse luego? Sí. Y si ya posible fuera, que vuestro intento tuviera el efeto que hasta aquí habéis procurado, en dar la mano a Geranda, es cierto que le tendría el concierto de vuestro tío. Negar no puedo que me casar con ella, pues mejorada de tan venturoso estado, por disculpa me bastara para con mi tío. Ya conozco de su afición el efeto; y su intención, mas ella nos servirá, a mi de venganza, atí de castigo, pues señor don Alonso, ya mi honor corre por vos desde aquí, yo no quiero porfiar necia, loca, e inportuna con mi poca fortuna, i déjaros quiero casar, y casarme yo también, pues que volverme a Granada no puedo, si no es honrada de un noble esposo. Pues quien mejor que Orabió podrá serlo tuyo? En disponer el modo como ha de ser lo dificultoso está. Y así importa que primero deis a Getarda la mano, que en siendo de Orabio hermano como de mi industria, espero que lo sabrá disponer, mi persona abonaréis, con que facilitaréis el riesgo que ha de tener en su juicio mi opinión, pues viendo que su cunado sois, y habéis asegurado la sospecha, ocasión el estado en que me veo por fuerza le ha de causar, la mano me podrá dar. Vive Dios que no la creo, que es aquesto algún engaño con que te quiere coger. Tan presto le había de haber imaginado? . Mal año! como eso hará enamorada una ingeniosa mujer: estúvose más ayer en lo de la bofetada? cosa, que el infierno todo no pudiera imaginar. Hoy, en fin, habéis de dar la mano a Gerarda, el modo es seguro, más tenéis, como para el caso importe algún amigo en la Corte de quien fiaros podéis? Don Diego osorio es amigo, a quien el alma fie. Este es, sin duda, el que hablé agora, mejor consigo el fin de mi pretensión. Otabio viene, Pues vamos, para que mejor podamos gozar de aquesta ocasión, hablando a Gerarda, que hoy su esposo seréis. Mal ano, y quien te creyera! Engaño puede haber en esto? Soy una bestia enalbardada si no te engaña. Ignorante, hable a Gerarda delante de mí, que no temo nada, que esa es la seguridad mayor que darme pudiera. Vencio, no como pudiera a su engaño mi verdad, sino un engaño otro engaño, que en el pensarlos, no dudo que es más que del hombre agudo nuestro ingenio, y más extraño. Ya de Lisarda me olvido, ya de Laura no me acuerdo. Nunca te he visto tan cuerdo. Antes nunca tan perdido: porque el que a Lucia miró, y no adoró su belleza, faltó a su naturaleza, al ser humano faltó. que de loco se asegura, o poco su opinión precia quien una luz no desprecia a vista de luz más pura. Luego el coche vender puedes pues que de Lisarda amante se le compraste. Ignorante, ya los límites excedes del contradecir, en que te ofende este coche; di? En que los aborrecí toda mi vida. Por qué? Porque no aimal que no hagan, disgusto que no acrediten, fiesta que no la marchiten, holgura que no la estraguen, Porque son medio, por quien tantos danos se han causado, porque de serlo han dejado muchas mujeres de bien, Y porque son, como es llanto, enfadándonos a todos, malos en tiempo de lodos, peores en el Verano, Porque en el uno salpican, y en el otro dan calor; y son tan malos, señor, como ellos proprios publican, Siendo padres verdaderos, pues engendran a mi ver gente de tan bajo ser, como lo son los cocheros. Si de la buena ventura, fue madre la diligencia, hoy la mía me ha de dar lo que la suerte me niega, aunque a costa de mis celos hablando a Gerarda queda don Alonso, persuadido, de que cuanto dice, y piensa mi amor, son ciertas verdades, confiado en la apariencia, que mi ingenio les ha dado, y ya solamente esperan, que de casa Octabio salga, para que robarla puedal, como ayer hacer quería; pero yo haré de manera, con lo que ahora he pensado, que sin que don Diego sea Jacob hurte a don Alonso esta bendición, y venga el a robar a Gerarda, o lo que hallarte me cuesta! mas ha de una hora, que ando en tu busca con la priesa que pide el caso. Lucia; qué quieres? Que con prudencia estorbes una desgracia, que es posible que suceda hoy a don Jacinto. Cómo? En la puerta de la Vega, don Diego Osorio, un valiente caballero de Tudela, le está esperando esta tarde yo coligo por las muestras, que he visto en él, y Gonzalo; que es negocio de pendencia, y que es algún desafío. Desde el fin de esa escalera escuché, cuando trataban, y en las palabras, y señas de don Jacinto, advertí, que mi presunción es cierta; pues de color se ha vestido, la malicia es manifiesta, porque si adon Diego mata, escaparse mejor pueda del rigor de la justicia, y así temo que me meta en algún lance a Gonzalo, donde acaso le suceda una desgracia. Yo pienso hacer de suerte que tengan seguridad vuestros miedos. Haced, señor, que no pueda salir al plazo; llevadle con vos esta tarde, y sea sin que él a entender lo llegue. Sabré huir de la pendencia, la ocasión, y si es honrada pienso acompañarle en ella, que no he de dejarle un punto de mi lado. Eso desea el alma. Allí están, Ven Floro de mis deseos a cuenta, aunque no lo será grande. por Lucia esta fineza. De don Alonso, y de Octabio de aquesta manera queda libre el campo; ya no falta, sino que don Diego vuelva, como dejamos tratado. Aunque descortes parezca; conocéis en esta casa? No diréis que no os espera; señor don Diego, el cuidado de esta servidora vuestra, O hermosa Lucia, y vengo a buena ocasión? Tan buena, que habéis de ser de Gerarda dueño esta tarde; a la vuelta de esta esquina me esperad, porque antes que anochezca seáis venturoso Paris de esta bellísima Elena. Qué decís? En un convento meterla su hermano intenta, y antes que este intento logre, quiere dar a su belleza a1 noble dueño mi señora, yo la aconsejé que hiciera C elección del valor vuestro, porque casándose, es fuerza, que su hacienda han de entregarla. Goce yo su mano bella, que yo sabré (ay tal ventura!) Hasta que Octabio saliera de casa, esperando estaba. para entrar. Pues no se pierda tiempo, aguardad donde os dije, y en viendo que a vos se acerca el coche; en el os entrado on Justo es que en todo obedezca vuestros preceptos, yo voy. . Lo más difícil me queda por conseguir, y es que Hernando, que desde ayer, por ausencia de Gónzalo, es ya cochero, con el coche esté a la puerta de la calle, porque aguarda a Octano y ha de ser fuerza vernos al salir ahora; mas ya me ofende la idea: el mejor remedio, el coche. le pediré con cautela, que en el pues fue el instrumento o que tomó para mi ofensa don Alónso he de sacar a Gerarda. . Bien te vengas. Más porque me importa, Juaña. sigue a Octanio, y donde queda con don Alonso, me avisa. Yo voy. Mi señora espera, y que no dilates, dice, este negocio, no vuelva a casa tu hermano Octabio. ya que esta ocasión se pierda. Vete Teodora con Dios, hablar a Hernando me deja: y di a Gerarda; que todo lo necesario prevenga, y que al punto que escuchare dos golpes en esta reja, puede salir. Cuidadosas aguardaremos la seña. Hernando? Hermosa Lucia. hay en que servirte pueda este corazón tan tuyo? mándame, hermosa sirena. Hay buen Hernando, si tú, con el alma me dijeras estas razones! Dios sabe, que después que te vi llegar a sujetar mi albedrío, y ser solamente. Buena es la lisonja. Y fe, que si casada no fueras. Esto es lo que estoy llorando; pero si una diligencia, que hoy he de hacer se me logra, la libertad que desea el alma he de conseguir. Pluguiera a Dios. Aunque fea, no faltará un hombre honrado, que me estime. Ya tú fueras libre, que aquí estaba yo, con algún poco de hacienda, con que salir de cochero. Si yo está tarde tuviera un coche, cierta señora, que es del Vicario parienta, a quien mis penas he dicho, y ahora allá dentro queda en visita con Gerarda. me prometió que la fuera a hablar por amor de mí, porque mañana quisiera poner el pleito a Gonzalo. Sí solo por eso queda, yo daré el mío, y en él (porque en esa ocasión no pierdas) irá. No hagas falta a Octabio. Qué importa que por ti tenga una pesadumbre, avisa a esa dama, que a la puerta está el coche. Agradecida siempre estaré a la fineza, que has mostrado ahora. Calla, y esto no me lo agradezcas, porque quiero a tu marido tan mal, que por darle pena, no solo lo que es tan fácil, un imposible emprendiera. Ha lo que cuesta un engaño! o lo que una boda cuesta hecha por fuerza! Señora, en la puerta de la Vega dejo a Octavio, y adón Alonso. Con esta llave, la seña quiero hacer. Qué es esto? Aguarda que tú lo verás. De piedra soy, de mármol, y de jaspe, soy una estatua, una pena. Mi Lucia, y don Alonso, donde está? Porque tuviera mejor fin este negocio, fue a prevenir donde pueda llevaros después de ser vuestro marido, mas deja un amigo en su lugar, para que hasta la plazuela del Vicario os acompañe, donde a las tres nos espera. Donde el amigo? . . Está de aquella calle a la vuelta; y así no estranéis el ver, que en vuestro coche se meta, que es orden de vuestro esposo, y ahora lo más cubierta, que pudieredes salir, para que Hernando no os pueda conocer. Vámonos, que amor, verse en sus brazos desea. Ven Juana, por el camino. te diré una diligencia, que has de hacer, para llegar al fin de tantas quimeras. Hoy de un tirano me libro. Yo de esclavitud perpetua. Yo muestro de la mujer el ingenio, y sutileza. Qué ocasión has de perder? Cielos, que haurá pretendido Octaulo? qué me ha traído (sin querer darme a entender su intención, a este lugar donde ya de su furor presumo que su valor solo me podrá librar; pues es caso tan forzoso temer en toda ocasión, mas a un hombre con razón, que a un hombre más valeroso. Si mi consejo tomaras, si mi parecer siguieras, ni en tal ocasión te vieras, ni en tal lance te empeñaras. Dona Ángela me ha vendido. Ahora lo echas de ver? Don Jacinto, este ha de ser el lugar, dor de ofendido, o como le espero honrado tengo de quedar de vos. Todo lo sabe por Dios, da por el adelantado, pidele perdón, y di toda la verdad, señor. Sabes que tengo valor? Antes que pase de aquí no se enfurezca. Pues quién devos lo puede dudar Pues no me habéis de negar, lo que yo tengo muy bien averiguado, yo sé (de quien estuvo escuchando) cuando estabades tratando ahora en casa, que fue luego a decírmelo, ya me abreis entretenido, así . a lo que le traje aquí, efecto mejor tendrá, que es tenerle entretenido, hasta que al panto aplazado venga el que ha desafiado a don Jacinto, y si ha sido causa de honor, dejaré que peleen, mas si no, si estoy de por medio yo. las arnistades haré. Bien lo dispones. En fin; que no os puedo convertir? Si es que lo llegó a saber, Gónzalo, como hombre ruin, hará en aquesta ocasión, examínale, y sabrás lo que deseas. T Tú harás, Gónzalo, lo que es razón; escucha, aparta. Ay de mí! perdido mi amor está, que este es hombre vil, y hará, L como quien es. No entendí, señor, que tan locamente sintieras de mi valor; advierte, que tengo honor, y que quien osadamente por don Jacinto, ha llegado a esta ocasión, morirá primero, que falte, ya a la obligación de honrado, ni se nada, ni lo quiero saber, ni si lo supiera, tampoco aquí lo dijera. Él me descubre, que espero? En vano intentas saberlo, que el ha dicho lo que siente. Vive Dios, que el ser valiente, no está más que en parecerlo, solo por este camino, Él no lo quiere decir, y ellos desean reñir, que te cansas imagino; ves a don Jacinto? Ay cielos, que gran ocasión perdí! Como siente el verse aquí, no fueran vanos recelos los de Lucia. Es honrado, y tales extremos hace, si vee que no satisface el que está desafiado por algún impedimento en salir al desafío. Ya de otros medios no fío, decirle mi amor intento, puesto que ya habéis sabido de boca de mi enemiga, la ocasión que así me obliga. Ss Gracias a Dios que he podido, señor Octabio, encontraros, Señora, que es lo que mandáis? Que al punto me sigáis, porque le importa a vuestro honor. A mi honor: que dices? Esta es tramoya de doña Ángela, que Juana es la que ves. Licencia, vuestra hermana a su nobleza, perdiendo el decoro ahora, se va con un caballero, que en vuestra misma carroza la lleva en casa el Vicario (si ese valor no lo estorba) a hacerla su esposa, Aa cielos! vamos Floro, que estas cosas no admiten dilación. Vamos. También de vuestra persona, don Jacinto, he de valerme, ya veo que vuestra honra peligra en el, no aguardar a ese caballero ahora para aqueste desafío; pero por mi cuenta corra la satisfacción de todo; seguirme: ha hermana traidora! yo te quitaré la vida; pues hoy ansi me deshonras. Dionos con la entretenida; ya he entendido la tramoya. Qué es esto Juana? Qué es esto? que esta tarde se desposa, (si ya no lo está) Gerarda; que un caballero la roba, a quien amó de secreto; que me manda mi señora venir a buscar a Octabio; sino mandan otra cosa me voy, y a vuesarcedes dejo, como lo hizo la otra, que se va con quien bien quiso, y no se va a meter monja. Vamos Gonzalo, que el alma volcanes de fuego arroja, Ángela logró su intento. Cuando ello en embuste toca, es su ingenio tan agudo, que toda mujer le logra. Ya Gerarda con don Diego, por mi industria cautelosa en el coche viene, y yo los sigo de aquesta forma, mientras que su hermana llega, que si es cuerdo; pues le importa a su honor, le dará estado, y pues ya es caso de honra, don Diego osorio ha de ser su marido, aunque se oponga don Alonso a defenderlo: mas a toda priesa tocan de aquella calle el principio, Octavio, y Floro, dichosa he sido, en que mi criada los encontrase, hoy se logran mis deseos; pero al coche allegaron, y dél se arroja don Diego por otro estribo, esta es ocasión forzosa de una desgracia, aunque ya de una pequeña carroza el Conde de Cantillana, (que a la nobleza Española tantos lauros solicita, tantos honores apoya) se apea, y en paz procura ponerlos; que bien se logra su intención! pues a los dos pone en paz, y la tropa de la gente que se llega los retira a unas grandiosas casas, que cerca se ofrecen; quiero entrar, que cuidadosa estoy, de que no suceda una desdicha forzosa. Siempre ha sido aleve trato, No basta que mi persona esté de por medio? Bastaso ciastoboro que V. Santerponga su autoridad, mas no es justo. Los que de nobles blasonan, de aquesta suerte se casan: así las mujeres roban? Si hierros son por amores, que fácilmente perdonan los discretos, bien podré (puesto que aquesto, señora, hizo en este caballero una elección tan heroica, pediros que confirméis, (pues ya a un honor le importa) lo que los cielos han hecho, Ya veo yo; y a mi costa, que no hay en esto otro medio. Aunque en la misma carroza iba aqueste Caballero conmigo: no es el que adora el alma, si no un amigo de don Alónso de Rojas, que en la casa del Vicario me estaba aguardando ahora para ser mi esposo, io: Es fuerza, que algún engaño se esconda en esto, quiero callar, hasta el fin de aquesta historia. Oiste aquesta fineza? Ya en confusión más notoria me hapuesto, ver que es do Diego el que me ofende. No importa; ningún amigo a su amigo permite que con su esposa, corridas cortinas vaya en un coche; que gran nota dará el que tal hiciere, ti de poco honor, y de poca estimación de su fama, con quien en un coche a solas, halló a mi hermana; ah de ser solo su marido ahora. Esa es mí opinión, Y mía, y aunque fuera acción más, propia el defender lo contrario; pues don Alonso de Rojas soy yo, si bien don Jacinto en vuestra casa me nombran, ofendido de don Diego, tengo de saber. yo? Ya importa, que yo a todos satisfaga; pues que soy la causadora de estas pendencias; y así digo, señor, que loca de amor vine de Granada a estorbar, como hoy lo logra mi industria, que don Alonso a Gerarda, a quien adora, no gozase, el cual siguiendo sus finezas amorosas vino de Sevilla, y hizo que Gónzalo, que hasta ahora fue mi marido, cochero fuese en su casa, y el toma oficio de gentil hombre; los sucesos, y las cosas, que entre días han pasado, Octabio las sabe todas; hoy en fin, engañe a don Diego (de esta manera su honra quiero guardar) ya le dije (para que a Gerarda hermosa. acompañase) que tú lo tragaste; así la historia con brevedad dicha es esta, lágrimas, dichas, congojas, disgustos, ansias, me cuestas, mi amor agradece, y nota, que al que no es agradecido, poca nobleza le sobra. No fuera quien sey, si yo te quitase esta victoria: esta es mi mano. A Gerarda se la de don Diego. Dichosa soy en ello. Pues Gonzalo se la dé a Juana. Es la cosa que deseo, más por darla muchos palos, en memoria de los embustes, y enredos, con que me ha dado congojas. Yo me huelgo de haber sido parte, para que estás cosas tuviesen fin tan dichoso. Auras conocido ahora, lo que es un coche en Madrid? Aunque pude en más costosa experiencia conocerlo, en mi familia, ni en toda mi sucesión, si me caso, se ha de ver jamás. Que poca paz con tu mujer aguardas, si la quitas tanta gloria. A tan discreto auditorio, la morálidad notoria, que aqueste suceso encierra, no aurá que esplicar; pues sobra decir, que quien coche tiene, si hay hermana, o hija hermosa; mire que gente recibe en su casa, que se toman los coches por instrumento, de semejantes historias,
