Texto digital de Riesgos de amor y amistad
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Vélez de Guevara
- Atribución estilometría
- Juan Vélez de Guevara Probable
- Género
- Comedia
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- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Riesgos de amor y amistad. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/riesgos-de-amor-y-amistad.

RIESGOS DE AMOR Y AMISTAD
JORNADA PRIMERA
Al valle, antes que aldía, le sepulte en el mar la espuma fría. Al valle, antes que el coche del Sol tropiece en sombras de la nocha Venzamos de la cumbre la intrincada, y hermosa pesadumbre, Troquemos en la falda de esta sierra; la plata en esmeraida. El lugar ocupemos más seguro, para lograr la empresa que procuro. El estrecho del bosque procuremos, para ganar la gloria que emprendemos, Registre la atención, mas desvelada es la selva, aún del Sol no registrada. Alerta, para estar más prevenidos, Sojos haced a todos los sentidos. Quién contra mi valor valor confía, si a mi sado estás tú, Silene mía? si tu ardimiento hermoso me acompaña; que triunfo no ha de ser pequeña hazaña. Tú, Valemir heroico, dueño mío, alma eres de mi gusto, y de mi brío. De la otra parte siento un ruido, que parece más de ciento. Pues alargar el paso, que la luz se apresura hacia el ocaso. Oye, que están diciendo esas retamas, que hay gente con las lenguas de las ramas. Sin duda que es la presa que buscamos, ea amigos, al valle, y embistamos. A ellos, que a la presa es a que áspiro, A ellos, pues. Oh Valemir! . Oh Siro! . O divina Silene! un mismo intento vuestro valor tiene, al parecer, que el mío. Ayer pasé la margen de ese río, que árbitro poderoso, divide caudaloso, con cristalinas manos, los términos Scitas, y Romanos, de quien nunca vencidos, de su tirano yugo sacudidos, afrentando sus glorias, más cuidados les damos, que victorias? el raudal aumentando esta porfía, Tanto con nueva sangre cada día vertida, por despojo del suyo, y nuestro enojo, que al mar adonde hundoso se dilata, paga en rubies lo que debe en plata. Y hoy por que no esté ociosa la enemistad odiosa, pe Scitas, y Romanos, pues a más de enemigos, son Cristianos. Contra ellos me incito, y a por la oposición, ya por el rito, y de mi furia armado, y de Sileve hermosa acompañado. Con toda la más gente que he podido juntar, aqueste bosque me he venido, de Antioquia, y de Siria, común paso: y antes que el Sol se esconda en el Ocaso, en cuanto peregrino a mis manos trajere su destino, pienso ser un asombro de la muerte, porver si de esta suerte, contra los dos Imperios, conaras, robos, fuerzas, cautiverios, mi arrestada malicia, venga la rabia, y harra la codicia. Y yo sus pasos sigo, no menor de estas selvas enemigo, que perdonando el pez, el bruto, el ave, de la guerra en la imagen más suave, donde cualquiera ser mi triunfo suele, por más que huyendo, nade, corre, y vuele; a buscar he venido, batalla que acrédite lo atrevido: Y así esta empresa escojo, por darle más trofeos al enojo, que la caza es campaña; adonde vence el gusto, y no la saña. Lo que a matar se inclina; plumas tiene de gallo esta gallina. También de mi gente acompañado, con el mismo cuidado a este sitio frondoso, me conduzgo animoso; siendo a los pasajeros mis rigores, los áspides que hospedan en sus flores. Ya habrá tres días que desguacé ese río, que en el ardiente estío, y en el ibierno helado, siempre de crespras hondas coronado, en nuestro amparo undoso, es muro de cristal a un más que foso, que al Romano arrogante no le dejan pasar el pie adelante, y con nuestros Camellos, puentes logramos, que no logran ellos: Y hoy cuando el Sol doraba el Horizonte, pise la cumbre de ese altivo monte, que con el Cielo topa, bebiéndose su luz en verde copa Y ya que la fortuna nos junta en ocasión tan oportuna, y nos une también un ardimiento, una sangre, una patria, y un intento: y la amistad que ya nos unió antes, aunque en tierras vivimos tan distantes, dispongamos la hazaña que emprendemos, de modo que la presa aseguremos, antes que de la voz de los fracasos, Mesopotamía, Scinta nuestros pasos, y al castigo de tantas invasiones, su decurión aliste sus regiones, pues es mejorvolver a nuestra tierra, con más caudal que cueste menos guerra. A tu prudencia dejo, aquesta acción, fiado en tu consejo, y en tu valor fiado, puesto que el mundo no muda mi cuidado; pues contigo, y conmigo, no temiera nunca a Mesopotamía, aunque pudiera juntar las fuerzas vanas, de todas las Cortes Preterianas. En bano del Redil consigue el robo, si aquí despierta el can aguarda el lobo, Siro, contra la tuya, y nuestra gente, que poder tiene Siria mal driente, aunque para causarnos más desmayos, la juventud del Sol le preste rayos. Aunque vuestro valor me ha satisfecho, no gastemos las fuerzas sin provecho, pues en cualquier hazaña, menos dura la fuerza que la maña: y a lo que importa vamos. . Yo apostaré que si nos descuidamos, por más que el brío esta machorra aguza, que nos han de pegar en caperuza. Tú lo dispon de modo, que se asegure nuestro intento todo. Cada uno con su gente, en parte diferente, del bosque en el estrecho nos pongamos, cubiertos con las sombras de los ramos, no lejos, porque acuda cualquiera de los dos a dar ayuda, al que en riesgo estuviere, por si acaso viniere, este paso temiendo peligroso, tropel de caminantes numeroso, que se suelen juntar en esos prados, ya de las experiencias avisados. Tu prudencia asegura nuestro acierto, Pero ha de ser entre los dos concierto, que él que más prisioneros cautivare, los lleve, sin que en eso se repare: y lo demás de joyas, y dinero, entre los dos se parta por entero. Como ordenas se haga. Hasta que mi ambición se satisfaga, no he de dejar la selva. Ni yo, aunque todo el mundo se revuelva, Hasta sus flores teman mis enojos. Si harán, pues, aún el Sol teme tus ojos. Al puesto Valemir. Al puesto Siro. Nuestra crueldad oculte este retiro. Nuestras venganzas estos troncos guarden, Eso, Siro, sin con mi fuego no arden. Ven su valor, que es harto, pues, a que es más mi miedo apuesto un cuarto. para darle al Sol cuidado, En aqueste verde prado, puedes descansar Felicia, que tu hermosura codicia, que de tus luces armado podrá, si en ellas confía, oponerse a su alegría, logrando en sus resplandores, mas día para sus flores, y para el Sol menos día, en tanto que del favor rindo el amoroso fuego, como mariposa, y ciego muero abrasado en su ardor, resucitando a mejor vida, con nuevos despojos, entre tus incendios rojos, siendo mi pena amerosa, ya fénix ya mariposa, de la llama de tus ojos. Quién firmezas acredita, cómo mi cuidado Antemio? más descanso, ni más premio, que el amor, no solicita, solo el gusto se limita, quien fina a querer empieza, que en la mayor aspereza a que la fortuna obliga, es descanso la fatiga: si es la fatiga fineza, de un amor correspondido, y justamente obligado, en lo desacomodado. no se arriesga lo querido: este el gusto divertido, que aunque esté el sentido atento, al trabajo más violento, con el ver, con el oír, se le olvidará al sentir la pena del sentimiento. De tu beldad satisfecho, gobiernas en mi albedrío. Y tú estás por dueño mío; siendo Alcalde de mi pecho. Lazo de amor tan estrecho, que es de sus hazañas pompa, o el pesarno le interrompa: y porque más se dilate, ni la envidia le desate, ni la desdicha le rompa. Cese el encarecimiento, que pone a la voluntad, al riesgo de fingimiento: y advertid que este es el prado, que es de aquel bosque vecino, de los riesgos que os previno mi atención, y mi cuidado; en él los Scitas fieros, que todo este campo abrasan, cautivan a cuantos pasal, de estos montes bandoleros, que además del sitio umbrío, a tanta sangrienta hazaña, les ayuda la montaña, y la vecindad del río. Quiera el cielo no anublar el sol de nuestro placer. Tú le harás amanecer. No hay en el bien que fiar. No eclipse tus ojos bellos, Felicia, hundoso daño. Que es pocas veces engaño el mal, lo acreditan ellos. De defensas prevenidos vénimos, y acompañados de amigos, y de criados, sin los que en estos floridos prados juntando se van, para pasar más seguros, y en mi valor tienes muros, que más te defenderan. En él mi temor confías y en el cielo que ha de hacer nuestro amor permanecer. No temas, Felicia mía, que poder tengo, y valor, para peligros más ciertos, y hasta ahora son inciertos los que te pinta el temor. Scitas que quieren dar en excitar la quietud, nunca les dé Dios salud, ni aún se la quiera prestar, que ya me han puesto de lodo teniendo en la boca el Credo, toda la parte del miedo, que en mí viene a ser el todo: y aunque este paso apretado, tiene la comedia de hoy, por este paso en que estoy, no se la alabó al Senado, que ya del susto que encierro, todo el cuerpo me tirita: o lo que él miedo me cita! ya me trata como a un perro. Quedaos aquí mientras voy a prevenir nuestra gente, por si el peligro es úrgente, de que rezoloso estoy, aunque también puede ser que esté seguro el camino: pero en duda detérmino la defensa disponer, y empezar a caminar, si es hora, y ver si ha llegado más tropa, con que el cuidado podamos asegurar: Hija no tengas recelo, y seguidme en viendo que caminamos. . Seguiré tus pasos. Guardeos el cielo. A caminar nos convida, tan linda mesa le espera, que brinda, como si fuera, el Cita linda comida: traza tiene de comernos crudos, mas que convidarnos, pero, pues, quiere pescarnos, sin duda quiere cocernos. Scíntate, Felicia, en tanto que la jornada se apresta, en esta verde floresta, del Abril florido encanto, diviértete con sus flores, y amenosos arroyuelos que con los fríos son hielos, y perlas con las calores. tu Zancarrón mientras dando treguas al camino ahora, en esa alfombra de Flora, Felicia está descansando: ten cuenta si se previene nuestra partida, y avisa. Dime antes? Pregunta aprisa. Un Cita, que señas tiene? Qué locura! No te asombres, que mostrando a todos dientes, dicen que son tan valientes, que se tragan a los hombres: y así quisiera saber cual es su feroz tamaño, por ver como en el redaño de un Cita, podré caber, y acomodarme mejor. Siempre el miedo te desvela. Más mi nombre me consuela Por qué te consuela? Por qué murmurar no comer, logrará en esta ocasión, que como soy Zancarrón, solo me podrá roer. Qué dice? . De las locuras que suele. Gracias se den a los que engendrán, amen, tan capaces asaduras, que se tragan en gígote un hombre, como un buñuelo; mi ama para ellos, recelo que fuera pastel en bote, o albondiguilla, de aquellas que encierran mil varatijas. Después de sendas prolijas, de mal señaladas huellas, en el cámino real estamos, Lidiara hermosa. A mi amor, que en ti reposa, no le altera ningún mal, que como yo esté contigo, aún el trabajo más grave, desmentirá por suave cualquier seña de enemigo, que estar con lo que se quiere, es el descanso mayor, pues la vida que da amor, a cualquier vida prefiere, y más habiendo burlado tanto causado pariente, uno amante, otro imprudente? pues contra el poder del hado, y contra mi resistencias quiso intentar su crueldad, cautivar mi libertad, armados de convenencias. La industria nos a valido. Siempre menos a logrado, la fuerza del despreciado, que la maña del querido. A tu amor a tu fineza, debo la dicha que gano de ser tuyo, tan ufano con tu divina belleza, y con el precioso bien, que en ti me ha dado el amor a la luz de tu favor, sin la sombra del desdén, que aunque tanto aplauso encierra, no trocara mi desvelo, ser esclavo de tu cielo, por ser señor de la tierra. Ni yo la dicha trocara de ser tuya, por ninguna que me diera la fortuna. Si es Cita, muy buena cara tienen las Citas, y de esta yo me dejara comer, si quisiera, y aún beber. Gente sueña en la floresta. Yo los quiero ir a buscar, si así son los bandoleros. También serán pasajeros, que aquí se suelen juntar, para pasar este monte, por si está escondido en él algún escuadrón cruel de Scitas, que este hHorizonte tal vez suelen alterar. Cómo yo a tu lado muera, ningún peligro me altera Yo los voy Lidaura hablar. Un hombre, y una mujer, que hací acá vienen, recelo sin duda. Guardeos el cielo, Ya vos os dé su poder la vida que deseáis. Si acaso sois pasajeros, de estos valles forasteros, y compañía aguardáis para pasar la montaña, aquí os ofrezco la mía. Vuestra hidalga cortesía; de quien sois me desengaña. Será luz que reberbera de la que en vos predomina. Su Belleza es peregrina. Hermosa es la forastera. Dicha es para mi notable, el haberos encontrado, que en vos no sé que he ni irado conmigo tan confortable, que a conoceros me inclino. También para conoceros de nuestros años primeros, otro no sé qué adivino. De haberos visto primero el alborozo anticipo: cómo os llamáis? Yo, Leusipo. . Leusipo? Sí, y vos? . Antemio. Dadme mil veces los brazos, pues hoy, por vos, mi alegría dos dichas logra en un día. De eterna amistad son lazos. Laura dicha es de mi amor, y de veros la otra dicha: con que ya no habrá desdicha, que subresalte el temor. Ni amí con vuestra amistad. y en fe de que la procuro, por todos los cielos juro su eterna seguridad. Yo en senal de lo que gano, por la ley que solicito, y adoro, la inmortalizo con el alma, y con la mano. Del mundo será ejemplar. Sin que la aventaje alguna. A pesar de la fortuna. Y de la envía a pesar, Pues se conocen los amos, conozcámonos los dos. Vaya, . Ay boca. No por Dios. Pues ya no nos conozcamos, Que costosa diferencia usa con todos la edad, siendo aquesta novedad acosta de la experiencia; como muchachos nos vimos, cuando en Antioquia estudiamos, donde este amor nos cobramos, hombres nos desconocimos. Eso tiene la mudanza del tiempo, cuyo poder acualquiera de hoy ayer, desmiente la semejanza. No os conocéis por acá, siquiera de haber estado murmurando en un estrado. del primero que se va. Dicha mía hubiera sido, el conoceros, señora, Lograr pienso desde ahora el bien que antes he perdido. Ya imitación de los dos, juro de ser vuestra amiga. Y esa fineza, me obliga hacer lo mismo con vos. Qué os habéis hecho? . Dejé por algunas travesuras, mi patria, y de estas locuras, a los cuidados pasé, de mirar por mi opinión, siguiendo en varias regiones, los Imperiales pendones con mucha reputación, que a vista de tanta hazaña, que la fama lisonjea: mas en un noble pelea el pundonor que la saña; allí he pasado los días que ha que no os veo, y allí el crédito que adquirí, compre al precio de osadías, hasta saber de mi padre la muerte, y vine a cuidar de mi hacienda, y conso lar la soledad de mi madre, y en el camivo; mas vos no me diréis? Yo he vivido en lo mismo entretenido, hasta que ha querido Dios darme con Felicia estado, tan a mi gusto, que ha sido el primer bien conseguido, sin el riesgo de estorbado; y a Antioquia a celebrar mis alegres bodas voy, donde va de asiento estoy. Le mismo voy a logra en Maronio con Lidaura, igual a vos en el gusto, aunque a costa de más susto, que ya con vos se restaura: pues casi hasta aquí seguido. de la envidia, y del enojo, por sendas. Abrir el ojo quien le tuviere dormido, y empezar a ceminar, que ya camina la gente. No sé el corazón que siente, . algo le ha dicho el pesar. Desde que el peligro oí, . de este monte; aunque callado el corazón se me hahelado. Vamos, pues, y proseguí, que con la conversación se hará más breve el camino. (no Que un ruiedo como un pollí- quepa en solo un Zancarrón? que de un Cita imaginado, tenga un ánima Cristiana más frío que una terciana, más susto que un añorcado? ya pienso que con sus tropas doy, y empiezo avochornarme, mas quiero desebarme, que me comeran por sopas; discurramos que guisado harán de mí, o que almodrote, flaco soy para gígote, indijesto para asado, para holla de provecho, mi carne por magra pierde, y para carnero verde no soy hombre de buen pecho? sin duda que harán de mí, por fiambre, salpicón, siendo el primer zancarron que se haya comido así; pero con este lagarto, este miedo partiré, y aunque le falta, yo sé que me he de quedar con arto: diga es valiente, o cobarde? Brios tengo muy honrados. No le han comido a bocados. nunca? ̱. En mi vida. Aurano es tarde. Por qué lo dice? En aquel monte hay hombre; que me atrevo a decir, que como un huevo se le sorberá. A senel que tiene poco valor: Ve, tras todo, es ademan, pues allá se lo dirán de Citas sin ser Autor. Al fin. . Su hermosura vi, y de ella me enamoré, pretendí, sufri, rogué, espere, obligué, rendí, y cuando ya esta ventura pensé lograr libremente, enamorado un pariente suyo, estorbarlo procura, que receloso de mí: pero la selva pisamos. Pena, ya en el riesgo estamos. Valor recelo. . Decid, que de sus verdes mansiones, la quietud, señas nos da, que seguro el monte está. Pregúntenlo a mis calzones, Al fin, Lidaura conmante, y yo firme en pretender sede términó, es mujer, yo mearriesgué, soy amante, y atrobellando peligros. s A qué vuestro aliento aguarda, cuando de párbaros Citas, se corona esta montaña? cuando con furor sangriento, dos diferentes escuadras, el huir nos dificultan, y el vivir nos amenazan? o poneos a la defensa, si es que la defensa basta a resistir osadía, del poder acompañada: En medio nos han cogido, y en la desecha borrasca, para escapar con la vida, solo el valor es la tabla; a qué aguardáis, que el peligro tan pocos lances aguarda, que horrible a la ejecución, el amago se adelanta. No se engañaron mis miedos. No me mintieron mis ansias. Dígame, si tiene ahora alguna de las brabatas a mano? . No sé qué diga, que a todos tiembla la barba. Antemio, para estos casos le hizo el valor, las desgracias más terribles, mucho menos vencen cuando no acobardan: quien a la voz del peligro la resistencia abasalla, con cobarde omisión deja la defensa desairada; bárbaros sin experiencia son los que nos sobresaltan, que en la muche dumbre libran el horror de la campaña, ladrones son, y no solo, estando en ajena casa, los ha de asustar el dueño, sino aún el can, si los ladrá: A robar vienen sin riesgo, y si en la vitoria le hallan, a costa de sangre suya no querrán comprar la hazaña. Ánimo, que es poca empresa esta bárbara canalla de tres pechos generosos, a quien noble sangre esmalta: casi es una acción, que basta el amenaza del trueno, a quien el rayo no aguarda: más despojos nos granjea de su gente la abundancia, no la temamos, que solo sus peligros acompaña: muchos con poca milicia; mas que vencen se embarazan, que siempre la desunión hace los pechos espaldas; A ellos, pues, que aunque todos nuestro número aventajan, si para asombro son muchos, para triunfo no son hada, que a costa de mis temores consuelos busco a Lidaura. Vos Antemio, acaudillad de esa tropa la banguardía, que yo por estorra parte el ímpetu de sus armas resistiré, y nuestra gente al ejemplar de mi espada, quizá volverá a cobrar la perdida confianza vos, señor, quedaos en medio, porque vuestra barba cana sea muro contra su suga, y en defensa de estas damas, inexpugnable castillo, que dejo en la una el alma, y para ir a defenderla. solo me anima la rabia: Ea a envestir. A envestir, que con tu aliento restauras a florecer victoriosas todas nuestras esperanza: aquestos bárbaros mueran, que con insolencia tanta, en el valor, y en el gusto, atrevidos nos agravian, guárdense de mis suspiros, que en volcanes se desata todo el abismo en mis penas, y aún caben más en mis ansias, que el peligro de Felicia todo el corazón me abrasa. Al arma, joven valiente, Antemio bizarro al arma, que yo os prometo guardar el puesto que se me encarga, a costa de más Scitas, que tiene este bosque ramas, que aún conserva el valor fuego entre estas cenizas blancas: y quiero ser el primero de todos: ay hija amada! Y yo sigo ya tus pasos; Felicia, si te desmaya, tu temor, en mi valor libra tus desconfianzas, que parto a vengar los sustos. que estos bárbaros te causan, y recelo que han de ser pocos para mi venganza: Ea amigos para ahora es el valor, y la saña. Los cielos vayan contigo. En mi pecho vas Lidaura, que es donde estás más segura, pues mi fineza te guarda; y esperad Scitas fieros, que sobre vosotros baja, en mí el fue de haciendo rayo está espada. Bien dices, que en ti me llevas, pues que me dejas sin alma. Tras mi amo voy, viva, o muera que a esto la lealtad me llama. La verdadera lealtad, es buscar alguna traza de escaparse, el que pudiere; que es lo demás patarata, que no me hallo sazonado para mirarme en la panza de un Cita, hecho pepitoria a sus fieras dentelladas: encomiéndome a una gruta, que me libre, la más santa, que si hoy hace este milagro, yo la rezaré mañana. Ya cielos, que ya se envisten, vuestras luces soberanas, pues de piadosas se precian, de aquesta gente inhumana ciegue los sangrientos ojos, y su bárbara arrogancia en cenizas la reduzgan, pues dos veces os agravian, infieles en el respeto, tiranos en la demandas no estéis sordos a mis quejas, pues vuestras luces sagradas, por tantas estrellas oye, y por tantos rayos habla; mirad que triste os invoco: cielos atended mis ansias! pues de parte de la pena, siempre la piedad se halla: a vuestro socorro apelo, pues no hay otro que nos valga, si donde los riesgos sobran, nunca las clemencias faltan. Lidaura amiga, no ves: ay de mí! que las palabras no puedo sacar del pecho, que las hiera en la garganta el temor, y unas a otras, con el susto se embarazan? Ya miro que de los nuestros, en la confusa batalla, al valor la muchedumbre, si no le vence, le cansa: ya se mezclan, y sin norte, en el mar de tantas armas se anegan; sin duda brota Scitas esta montaña. Qué gallardos se defienden? pero con desdicha tanta, que malogrando el esfuerzo; mútilmente trabajan. Del horror de la pelea, que en los ecos se dilata, con no tener sentimiento, están temblando las ramas. Con los golpes del acero, parece en la disonancia, que en el fuego del enojo, de nuevo el valor le fraguas Ya los cercan, y ya cierran las puertas de la esperanza, si no es que aguarda la muerte que cautiverio las abra. El polbo, noche del viento, los esconde en nubes pardas, y aún atrevida su sombra; se opone al Sol cara a cara. A qué aguarda mi fineza, y mi despecho a que aguarda, pues de muerto, o de cautivo, ya Leusipo no se escapa: si está preso, y es mi dueño, como está libre quien ama, si está muerto, y en el vino como el dolor no me mata: seguir quiero su fortuna, no me mormure la fama, que tuve más conveniencia en mi amor que en su desgracias Y en mí a pesar del peligro, por estorra parte vaya, pues que no tiene otra vida a buscar Antemio el alma. Bizarra mujer detente. Altiva mujer aguarda. Dónde vas? . A mi desdicha. Dónde huyes? . Ami desgracia. Qué quieres? Morir quisiera. . Qué intentas? La muerte, que anda huyendo de quien la busca, buscando a quien no la llama, Dónde vas? Tras una pena, la mayor que imaginaba. y es mayor que la que busca, la que un desdichado se halla, La muerte, que te deseas, mujer tan desesperada, la suplirá el cautiverio que ya en mi poder aguardas. Ya veo por mi desdicha, que es pena más dilatada, que a un triste, mas que la muerta, su misma vida le mata. El pesar que solicitas en mi poder le restauras, de quien eres prisionera, A ser el que deseaba, te agradeciera el consuelo, pues en la fortuna varia, si se cogieran las penas, mas de un gusto haben ajaran. Ya vuestra gente rendida es despojo de mis plantas, por más que intentaron locos! coronarse de arrogancia. Ya los vuestros al poder de mis valerosas armas, pararon en ser trofeo corriendo a ser amenaza. Murieron todos? Cautivos lloran su suerte contraria, Dieron acaso a la envidia, con sangriento sin venganza. No, pero de prisioneros casi ninguno se escapa. Qué desdicha! Qué belleza? . Qué pena! Lástima causa su dolor, pero primero que mi piedad, es mi saña, Su congoja me enternece, . cuanto sus ojos me abrasan, que a la compasión me obliga, porque me ha obligado amarla: perdone Silene, y piense que es razón, y no mudanza, que por un sol, una estrella cualquier deseo trocara, Mas consuélense mis males, . que si con Antemio me hallan, aunque de dolor no dejen, será con mayor templanza, Pero a mis penas alivie de los ojos la luz clara, que si me junta el destino con Leúsipo en pena tanta, apartando al sentimiento por ver el bien que idolatran, tendrán el gusto en las niñas, y el pesar en las pestañas. Vamos hermosa cautiva. Sigue mis pasos Cristiana; Siro, ya que victoriosos estamos nuestras escuadras. se junten luego, y marchemos. La presa es tan de importancia, que me parece cordura no querer aventurarla estando más en el monte. Cuando en ella no lograra más trofeos, ni más gloria, que esta beldad soberana, por la mayor la tuviera. Y de estotra la importancia, y el valor también me lleva gustoso no por su cara; que más que lo lindo alegra el interés a las canas. En una cueva escondido aqueste Cristiano estaba. Y salgo como una nieve, aunque la nieve no es blanca. Haz que mi gente se junte, y esotros cautivos traigan para juntarlos con este. Al fin dimos en la trampa. Donde estas vienen marchando. También Felicia, te alcanza parte de nuestra desdicha? Y Antemio? No sé nada. . Yde mi padre? Tu padre se escapó de la borrasca, sin duda, que al venir preso le vique al valle bajaba. Nada consuela mis penas. Esto es nacer desdichada. Pase adelante cautivó, trofeo de mis hazañas. y de mi dueño, y el tuyo, besa las altivas plantas, que por su triunfo te ofrezco. Ya estoy a sus pies. Levanta, yo pagarte la lisonja pretendo, con esa dama a quien he hecho prisionera. Vive el cielo, que es Lidaura! . pero aquella no es Felicia? Si el deseo no me engaña, . no es Antemio dueño mío? , Dónde vas Cristiana? aparta. Solo un Bárbaro pudiera negarse a la sed el agua. Qué presto de las prisiones . las cadenas nos arrastran. No sé esta demostración, . porqué a ofendido mi rabia, misterios son que no entiendo. Ya está aquí tu gente. Marcha. Que quepa solo en un triste . tantos males, penas tantas: pero no es Lidaura aquella a quien Antemio acompaña, y Irsacio? válgame el cielo! adonde mi amor los halla. Leusipo es ya con su vida . se consuela mi desgracia. Valemir, guiete el cielo. Los Dioses contigo vayan. A la montaña soldados, Soldados a la montaña. Vayan delante los presos. Los soles de esta Cristiana, . me llevan de amores ciego. No sé que me dice el alma. . después que vi este cautino. Aunque puede la distancia epa tarnos, la amistad. Valemir, nunca se aparta. Siempre he de ser tuyo, al monte. A Dios seor crudo. A Dios mandría. Ea, a marchar. A marchar. Una prisión no bastaba, sino una ausencia que tiene. Qué pena! . Qué dura estre al El corazón se me arranca, por intras de mi dueño Leusipo. . Lidanta. . Basta la terneza, porque el pecho . amor, y celos me abrasan: sigue a los demás cautivos. Antemio? . Felicia? Calla, que el afecto de tus voces, rabioso dolor me causa. Aún de quejarse el alivio . al que es desdichado falta. Pues piso la cumbre al monte, sin susto logro la hazana. Ya los esconden los troncos, Ya los ocultan las ramas. Ya se han desaparecido. Ya del ver, el bien se aparta. Vamos alentar deseos. Vamos a vencernos ansias. . Vamos a vivir muriendo. . Vamos a vivir sin alma, A Dios gusto. A Dios deseo. A Dios Leusipo. A Dios patria.
JORNADA SEGUNDA
jornada segunda Esta carta le has de dar a Valemir, y decille, cuanto pretendo serville, que le quiero conservar por amigo, y por pariente, que a entrambos nos está bien: y de mi parte también le has de llevar un presente, de dos hermosos caballos, veloz envidia del viento, tan partos del pensamiento, que puede el Sol envidiarlos con algunas niñerias, que prevenidas están, que tal vez algusto dan más sazón las caserias. De la voluntad que iguala cualquiera el más rico don, quedar con ostentación, embaraza, y no regala, y más a quien tanto sobra. Con cuatro de mis criados, en el camino cursados, quiero que vayas, y cobra respuesta con brevedad, y parte luego. Tan luego, que quisiera ir en el fuegó veloz de mi voluntad, en el viento, que ligero corre por esferas tantas, de la fortuna en las plantas, que mueven un mundo entero, en la edad que no reposa, en lo ardiente de una llama, en las plumas de la fama, en la vi en la esperanza más lebe, en el susto más pesado, y en el bien de un desdichado, por ser la cosa más breve. Por tu fineza he querido nombrarte para este intento, fiado en tu entendimiento, de quien me hallo bien servido; y porque vayas mejor, de que te acompañen gusto, pues ir solo, no era justo, yendo por mi embajador: siendo aquestas prevenciones, mas que guarda, autoridad; hacérseles vanidad, es dorarle las prisiones, que le quiero asegurar por lo que le he menester: que, pues, noble sangre alcanza, como su talle lo abona, sin arriesgar la persona, empeño su confianza: Y así le podré tener baño, y no desconfiado. Toma la carta, y camina. En todo me haces favor, y este Siro es el mayor: mal mi alborozo adevina. . En mi casa no pudiera para su aumento, tener tal hombre, ni tal mujer: y asegurarlos quisiera antes que fuese más tarde; y el como ha de ser no sé, pero yo lo dispondré: guiete el cielo. Él te guarde, que a estar con Lidaura he de ir que donde asiste he de estar, que su luz he de mirar, y que su voz he de oír, que he de verme entre sus brazo el alma al placer rendida, mi erro de amor con más vida, libre el gusto con más lacos; que han de verse mis antojos, temiendo el perderla luego; más helados, con más fuegos, y más ciegos, con más ojos, que su rostro he de mirar, y que de una vez he de ver muy animoso al placer, acobardando al pesar. Ya me parece que llego a vista de su hermosura, que me abraso en su luz pura, quedando dos veces ciego: y entre la amorosa calma, al darme la bien venida, sin saber de si la vida: y en cualquiera parte el alma, todo turbado el cariño, todo robado el semblante; la voluntad muy gigante llorando el amor muy niño: y al repasar la memoria de nuestra amante cadena; de sobresaltar la pena, muy asustada la gloria: y ya parece que me veo, pasando mi gusto ufano, de los brazos a la mano, arder en nieve el deseo; pero detente cordura, mientras la dicha no gozo, no me queste el alborozo lo mismo que su hermosura, aunque será amarla poco, cuando me muero por ella, que el contento de ir a verla no baste a volverme loco; pero contemplar despacio, quiero este bien por quien vivo Linda cosa es ser cautivo, servir listo, y andar lucio, trabajar con guarda el coco, no responder, ni palabra, comer cuando mucho cabra, sin vino mucho, ni poco, dormir cargado de hierro, como pez en el garlito, ser cualquiera cita, y cito, y ser yo a quien llaman perro, audar buscando entre sí, algún modo de escaparse, no hallarse, y desesperarse: pero Leusipo está aquí, contento Leusipo irás, a la que vas comisión: y lo estás con gran razón, aunque pienso que no estás, que te ha soplado el contento, y en la dulce fantasía, se te subió la alegría a la cabeza del viento. Oyes? . Que de estar contigo. Dile a mi amo lo obligado que estoy con lo que he medrado. Ya el mal no es tan mi enemigo. A esotra puerta. Félices mis penas sehan de llamar, muera desde hoy mi pesar. Aténgome a mis narices, que están chatas imagino, hay natiz desvaratada! Qué tienes? Narigonada, roma he quedado, y mohino. Qué te han hecho? Mal Cristiano, que amante diablo te toma, que hacer una natiz toma lo tienes como en la mano. Yo no te he visto, que dices? Pues para que no estén sanas, te asomas a las ventanas, y no viste las narices? Deja locuras ahora, y ayudame a celebrar el bien que voy a gozar. Ayudete mi señora, que entiende esas alegrías, mientras que buscan mis quejas algunas narices viejas con que remendar las mías, Vendrá a envidiar mi placer, y a renobar su pesar, que si uno se ha de alegrar, acosta de otro ha de ser. Leusipo. . Felicia. Ansí, dile a mi amo en puridad, que ya sabe mi lealtad, y que aunque pobre nací, tengo condición honrada, que lo que es bueno codicia, y no le des a Folicia, divertido, otra puñada. No admires que mi alegría me tenga fuera de mí. Es que no hay que hacer allí, la mitad que con la mía. Ve, y día Narso, que prevenga la partida, que ya tarda Qué mal un deseo aguarda! Qué bien un golpe derrienga. . Al fin a ver lo que quieres vas Leusipo, amor te guie, que de mis males se ríe, viendo cuanto me prefieres: y aquesta amorosa envidia en mi pena apoderada, con mi ausencia desdichada, y con mis temores lidia, viendo que vas a gozar la gloria de tu deseo, cuando en mí esa dicha veo, tan difícil de lograr; mas también intencionada, aunque mis ansias sujeta, que está en mis males inquieta, y en tus bienes sosegada. Si hallas envidia en el bien, Felicia, que he de gozar, en lo que me ha de durar, consuelo hallarás también, que si la dejas allá, es fuerza en llegando a bella, con los sustos de perderla, que hay que envidiarme el ganalla Ese rato, el alborozo tendrá el alma entretenida. No hay que fiar en la vida del que ha de morir tan mozo. El ver tu amor, claro está, que alibio al alma le dé. Y en habiéndole, que tendré? El haberle visto ya. El que ardiente se padece, cuando en el cristal se ceba, aunque todo un mar se beba, mengua el agua, y la sed crece: yo así en ver mi amante empleo aumentaré el padecer, pues es dejando de ver, tendrá más sed el deseo. Dasme a entender, como amigo que el que no ha de ver no vea, pero para que te crea, lleva mis ojos contigo. Sabe Dios, que los llevara, y a ti también, si pudiera, que aqueste gusto te diera, porque el mío no envidiara tu amante demonstración: mas pues, no puedo, diré Antemio tu amor, tu fe, tu constancia, tu atención, y darán a sus desvelos las ciertas noticias mías, si a los ojos no alegrías, a sus finezas consuelo. Dile, que en esta cadena donde el destino me ha puesto, aunque todo es tan molesto, solo no verle es mi pena: que estar el gusto cautivo, es la prisión más cruel, y di que vivo, si en él, para decir que no vivo, di que el alma no reposa, que entretantos males muerta, tiene la desdicha cierta, y la esperanza dudosa: y si quieres hallar modo de explicarle lo que muero, con decir lo que le quiero, se lo podrás decir todo; mas quédame un sentimiento, aunque los juzgo por sabios, de que no cabrá en tus labios, lo que cabe en mi tormento. Por mi amistad, me anticipo tu fineza a encarecer, Todo tú te has de menester para la tuya, Leusipo, que del alma una pasión llena la capacidad. No ocupa la voluntad, lo que cabe en la razón. Una carta le has de dar, que dice las ansias mías. Muy poco de mi confías, Ya esa hora de caminar, que el Sol se acerca al Ocaso, Volar quisiera, y correr. Leusipo, es bueno beber? Que quieres, si miro el vaso, que aunque en mí la brevedad delgusto asusta lo amante, me parece, cada instante, que tardo una eternidad. Pues vete. Felicia a Dios. La car a te voy a dar, donde explico mi pesar. Yo cuidaré de los dos. De tu prisa, sin embargo, te detienes. . Yo diré a Antenmio, tu amante fe. Dile que me escriba largo. Presto respuesta tendrás. Yo quedo aquí, sin recelo te puedes ir. Buen consuelo. No llores. No puedo más, Aguarda Lidaura mía. Qué desdichada fineza! Mucho siento tu tristeza. Consuele tú alegría. Espera hermoso desdén, aguarda segunda Dafne, que primero solicitas ser tronco, que no agradable; detente ingrato prodigio, escucha duro Auajarte, a quien mejor le parecen las piedras, que las piedades? tu ingratitud no te ostine, y atiende a mis voces, antes que la razón de mis quejas, tus sinrazones infamen; tan grande agravio es quererte? tan grande ofensa es buscarte? que castigas por delito, lo que a ser lisonja nace: desde que te vi, la vista bebió el veneno suave de tu hermosura, en las copas de sus jazmines fragantes: siendo tú mi prisionera, fuiste quien me cautivaste, y con penas diferentes trocamos las libertades: si tu del destino arrastras la cadena miserable, yo con más tirano dueño de amor, padezco en la cárcel; salgamos los dos aún tiempo de tantas penalidades, y que aunque varios, tuvimos aún mismo tiempo los males: Solo en tu mano consiste el librarte, y el librarme, y por maltratarme a mí, no es justo que te maltrates? si la libertad deseas, si las riquezas te aplauden, si los régalos te obligan. No pases más adelante en mi ofensa, ni en tu amor, ni tan bajamente trates, por ser tu esclava, la altiva estimación de mi sangre, que no soy de las mujeres, a quien las desdichas hacen. por mejorar de fortuna, del color de su semblante. Advierte, A Valemir sigo, por si de Lidaura amante, con bárbaro atrevimiento su respeto profanare, que a esto la amistad me empeña de Leúsipo, aunque arriesgase en su desensa la vida. No hagas delito el amarte, que más obliga que ofende. A mí no puede obligarme, que me quieras, pues lisonjas de tan mal nacidos padres, que en villanas osadías se engendraron arrogantes, descréditos ocasionan, si burlan seguridades. Por sí el amor siempre es nobie El deseo le hace infame. Aunque heroica se defiende: alerta amistad. No trates de matar a quien adora, mirará mi bien. No te canses, ni con impropias llanezas mis atenciones profanes, que a ruegos labras un bronze, que no hay buril que le labre, y con palabras procuras enternecer un diamante. Labrarle, y enternecerle, sabrán contra tus crueldades mis suspiros. No podrán. . Son fuega También son aire. Aquí con Lidaura voces, Valemir, quiero escucharle sin que me vean, que temo que su hermosura lo cause. Al fin, ingrata pretendes con tus rigores matarme. Ofendes a mi decoro, y no quieres que te mate. En solicitar tu agrado, mi amor que ofensa te hace? Siempre aventuro lo atento, quien se rindió a lo agradable. No se engañó mi sospecha. . El empeño ha de ser grande. . Culpa a tu mucha hermosura, de quien mi locuras nacen, y no culpes a mi amor, que solo quererte sabe. Pese a mi hermosura, pues, contra mi atento dictamen, se quiere poner traidora, al lado de mis pesares. Y aún no basta contra ti. ̱i. Que a quien persiguen los males, lo que nace a ser ventura, a ser desdicha se pase. Gracias al cielo! mas que es lo que miro? retirarme es fuerza, pues lo primero que se me opone delante de la luz de mi alborozo, sombras del temor cobarde, Lidaura con Valemir: pero examinémoslo antes, que el bapor de las sospechas, el cristal de amor empañe. Que mis finezas, mis ruegos, contra tu desdén no basten, y sorda a lo que me debes. solo en desprecios me pagues: que mis ansias no te obliguen? d. En bano me persuades. Qué buscando una alegría, con esta pena encontrase. Valemir, vuelve en tu acuerdo, que no es razón que inconstante, por el desdén de una esclava, trueques el favor de un Ángel; La hermosura de Silene, no merecen que la traten con traiciones tus finezas, ni tu amor con falsedades: olvida a quien no te quiere, y a quien te quiere no agravies, que el amor convierte en odios quien hace al gusto desaréis; atento sigue sus luces, pues con más bellos celajes, sirven de alumbrarte aquellas, y estas sirven de cegarte, que lo demás es locura. Pues quieres a conserme, y no quererme? y tu dices que lo más lindo ha de amarse: pues eres tú la más linda, por fuerza tengo de amarte; perdone Silene, que es con tus soberanas partes, con tu belleza divina, poner con un monte un valle, con una flor, una estrella, y con un virdió un diamante. Mas que mis celos, me ofendeap, sus groseras libertades. Y pues todo lo aborrezco, por quererte, y ser afable, con un alma que te adora, tan poca costa te huce: mis deseos favorece con admitirlos. Más fácil será mudar de los celos el orden infatigable, que el mar ágote una sed, que al sol un soplo le apagues que estén sujetos los montes a la voluntad del aire? qué hiele el ardiente fuego? que la helada nieve abrase? qué vencerme! que he de ser en los bienes, y en los males, cielo, que igualdad ostenta, mar, que en una sed no cabe, sol, que siempre permanece, monte, que vive constante, fuego, que nunca se hiela, y nieve que jamás arde. Oh gloria de las mujeres! No vi valor más semejante. Poco mis penas alibian sus resistentencias amantes, que aunque dure lo que el riesgo el valor, el riesgo es grande. Aspid y no mujereres. Deja flores, donde hay áspides. Basiliscos son tus ojos. No mires ojos que maten. De mármol tienes el pecho. Pues no quieras hablandarle, Sin alma de amor naciste, Tengo el alma en otra parte. Favores pido, y no celos. Pues busca otra que agradable, mas te ajuste a lo que quieres, y menos te deseno añe Pues ya que con tus desprecios, tan poco mis ruegos valen: yo desquitaré atrevido, cuanto he perdido cobarde. Yo ampararé su fineza. Mal podrá ya reportarse. Estorbar esto es forzoso. Vive el cielo! qué has de darme una mano. . Vive el cielo! que sabré cortarla antes. Ya no temo tus rigores, pues no obligo tus piedades. Esta carta. Ese cautivo. . Qué, das voces? Fuerte lance! . Te busca. Es de Siro? . Ay cielos! Leusipo, dicha notable. Sí me ha escuchado Silene? aún son mayores mis males, que celos en mujer propia, es muy peligroso achaque. Recatar quiero mis penas. . Disimulemos pelares: . cómo queda? Con salud, y tan tuyo, que no sabe encarecer lo que estima a tu amistad, y a tu sangre; a quien mi enojo bebiera, . con la sed de su coraje! Y en fe de lo que te quiere, se atrevió a regalarte con no sé que niñerias, que al tiempo robadas hacen, lisonjas al apetito; y a la industria vanidades; para ti, y para Silene, y con dos caballos aves, diré mejo, pues altivos, veloces hijos del aire, mas que de la tierra, pueden hacer las elines plumajes. Con tu licencia, a Silene leo la carta. Qué trates mi amor con ese respecto? no sé, síguele a engañarle. Cuando te ha engañado el mío? fassa está, Las novedades ocasionan las sospechas. Murho llega a declararse. Pero lee, que aquestas son delicadezas amantes. Pues Silene disimula, mal haré yo en declararme. Ya te ebedezco. Que Antemio saliese san vigilante al socorro de Lidaura? para que entre ofensas tales, aún más que su demostración, que aquestos celos me agravie: o si acertara a vencerme, cómo acertaré a vengarme! . Si nos escuchó Leusipo? que parece que el semblante mudó, pública su pena: que la desdicha estorbase el alborozo de verle, con el susto de enojarle? hay más tormentos fortuna! . Qué bien logrado viaje. . Sospechoso está Leusipo. , Siro me escribe, que marche luego con toda mi gente a su casa, que encargarme quiere a Siria, otra salida, y dice que me acompañes: vamos Silene, que es justo responderle, y estimarle el regalo, y el cariño. Vamos. Sufranse sagaces mis deseos. Sus traiciones hoy, seré a embarácar bastante. Yo vos lograre: ay Lidaura. Celos, y amor me combaten. . Dame los brazos ahora, y después Leusipo dame, . noticias del bien que adoro: como está. Triste, y amante: pero mejor esta carta; su fineza, y sus pesares; dirá que yo, pues, apenas aún de mí, mi vida sabe, Mi amistad os asegure cualquier recelo cobarde, y de Lidaura la fe, sin que nada os sobresalte: pues hemos de ser escollos del temor a los enbates: y dadme licencia ahora, que las espaldas os guarde mientras la habláis, sin que al gust de este rato, os embarazen; y en tanto que aquestas letras dan vida aún alma, que yace viva, para entristecerse, y muerte para alegrarse, que más despacio después nos veremos. Dios os guarde. Y no me abrazáis a mí? Para qué si han de causarme mayor dolor mis temores, con el gusto de abracarte; no en bano teme los bienes, el que enseñado a los males, ya sabe de su fortuna el peligro de alegrarse: pues cuando en esta jornada, juzgué que amor desquitase, con el contento de verte, la pena de desearte: no bien pude conseguirlo, cuando pudo ocasionarme la fortuna nueva muerte, con otro impensado achaque: porque siempre son las dichas del que sin ventura nace, como breve exhalación, que aún no es fuego, cuando es aire. Qué culpa tiene mi amor, de lo que el destino hace? puede poner mi fineza más atención de su parte? han de pagar mis desees de la fortuna inconstante, los baivenes con un triste, nunca en la pena mudable. No Lidaura, solo quiero que mis desdichas lo pagen, que mis ansias lo padezcan, que mis temores lo lasten: yo selo quiero morirme, aunque no quieras matarme; del sobresalto de verte; con el riesgo de dejarte. Qué riesgos en mi amor temes, siendo ahora incontrastable, al mar, y al viento; por más que esté gima, y aquel brame? Si aún peligra la hermosura en la asistencia más grande. que hari en una ausencia conle, tantos enemigos caben. Apelar a mi fineza. Y sabes tú que es bastante? Sí, porque el amor la ayuda. Que es Dios, no puedo negarte, pero los milagros, solo con los dichosos lo hace. Y sin milagro, puede hacer mi fineza impenetrable. Siendo nieto de la espuma, ha de ser del bronce padre. De lo blando de un arroyo, lo duro del cristal nace. Eso es en virtud del cielo. Pues en virtud de lo amante, de amor lo que fuere espuma, no podrá en cristal trocarse. Es muy fuerte el enemigo. Cuando fue la razón frasis? Es poderoso. . Soy noble. Eres mujer. . Soy amante: Es tirano. . Yo invencible. Estás sola. . No me agravies más, pues, en mayor peligro, basta que yo me acompañé. Pues infundir en mis penas, tan grandes alientos sabes: dame los brazos Lidaura; que no quiero que se alaven, que me quitan mis temores este gusto por cobarde. Toma los brazos; y el alma. Viva nuestro amor costante, A pesar de la fortuna. Sin que el riesgo lo embarace El imposible le estorbe. Ni el temor le sobresalte, Qué este mi pena contra mí tan fuerte? que aún no quede a la lástima vencida? y del hado se halle introducida? que de mi parte no ha de estar mi suerte? que cuando el bien en daño se comvierte, no reduzga una pena repetida, el afán dilatado de una vida; al descanso abreviado de una muerte? ausente de mi amor sin esperanza, cautiva de un tirano en tierra ajena. para alibio de tanto sentimiento: aún no tengo en la muerte confianza, aque si en vivir se le hace mayor la pena; quien espera morir de tu tormento. Ya que pretende obligar a Iia a tu amor loco: nunca mucho costó poco, o no comer, o pagar. Que he de pagar, cuando aposta, mi amor regalarte intenta? Eso ha sido a buena cuenta, y me tienes más de costa. No te di medio pellejo, y de cábrito un menudo? El cabrito es peliagudo. Y el vino? El vino era anejo. Y es falta? . Y grande. Qué escucho? Que como anejo le vio, Felicia se le bebió. Bebe vino? Sí, más mucho. Es muy buena devoción. Tiene en esto gran virtud. Y no brindó a mi salud? Pero con poca razón. Por qué? No me dejó a mí con que la pudiera hacer. Hermosa es hasta en beber. Aguarda que ella está aquí. Toda el alma se alborota en viendo sus ojos bellos, y se me quiere ir tras ellos: o qué linda es la chicota! Si es que la quieres hallar sin ceño, ni capotillo, dame acá ese dinero, que se lo quiero ir a dar, que para unas ninerias, dice que lo ha menester. Toma. Con esto he de hacer, que te quiera en cuatro días, Con esa bolsa quisiera, que la obligues como amigo a que se caste conmigo un par de veces siquiera. Y muchas más solicita lograr el casamentero: burlas digo. A quí te espero Mámola el señor Ecita. . No hay Zancarrón encontrarte adonde andas? Trabajando en tu provecho, tratando Felicia, de remediarte. Bien tomará cualquier medio la pena que vive en mí. Pues no está lejos de aquí, quien quiere ser su remedio. Quién tanto bien me procura? Narso, de ti enamorado. Cómo tuyo es el cuidado, como mía es la ventura, Disimula, y entreten con su locura este rato, que yo de burlar le trato. Y de burlarme también, pues quieres que mi pesar atienda a estas boberias. Diviertante sus porfías, no ha de ser todo penar. Qué alibio para mis males? Llega Narso que al está como una cera. . Si hará. Mas te quiere que diez pobres, Esta vez mi amor entabló, Felicia, todo yo entero, para lo de Dios te quiero, Yo a ti, para darte al diablo. Dadiva es, más no favor. Tonga tu amor sufrimiento. Mira, que este amor intento lo sabe ya mi señora, y la palabra me ha dado de disponerlo, y hacer que tú lo admitas por ver que en su casa me he criado. Qué esto sufra mi pesar! Hola, pienso que se enoja? Ella volverá la hoja, vuelvela de nuevo hablar. Atiende a mi buen querer. Qué tú te atrevas a mí? Dístela el divero? Sí. Pues no se le echa de ver. Pan, una vieja, le daba a una cabra, que tenía, y a cualquiera que comía iba a ver lo que engordaba: tú así aún no la has regalo de su agrado deseoso, cuando quieres codicioso, que a palmos haya engordado: mas despacio su amor lapra, y no quieras majadero, lograr tan presto el dinero, que no es el pan de la cabra. Con ese descuido estáis? Mi amo. De esta vez, Siro, me pringa sin ser torezno. Cuando esperando a Leusipo, mi cuidado está por horas, porque ha de traer consigo a Valemir, y Silene, que han de ser huéspedes míos, estáis mano sobre mano? Ya está todo prevenido, y de Valemir, está el cuarto aliñado, y limpio, que solo falta que lleguen. No hablo, Felicia, contigo, que ya sé tu prevención, tu puntualidad, tú aliño: con estos dos holgazanes hablo, y con ese cautivo, que socarron, al trabajo no sé dada por entendido. Soy un mentecato. . Sois un bellaco. . Dios me hizo con esta simplicidad. Yo, quitaros la imagino con un leño. . De ese palo ningún trunfo solcito. Pues cierto, que aquestos días bien Zancarrón ha servido. Felicia, el mayor abono eres tú, para conmigo. El cielo aumente tus años. Ya en el modo he discurrido . de asegurarla, y deseo declararla mi difinio, que le importa su gobierno al de mi casa infinito. Si vendrá con Valamir, Antemio cielos divinos? pues en el mal, que padezco, tan sin esperanzas vino: ya que os negáis al remedio, dadme si quiera este alibio. Al fin, harás que me quiera? Que te quieras como a un hijo, que yo me obligo hablandar la puerta de su cariño, para que entres. Sí, que ahora tiene muy fuerte el pestillo. Felicia, yo tengo un poco que comunicar contigo, que a todos nos está bien. Qué mandas? que a tu servicio, como a tu gusto, sujeta me tienes. . Yo detérmino casarte. . Válgame el cielo! Mi amo cumplo lo que dijo, . albricias, que ya soy nobio. Si se saldrá este pollino, . con casarse con Felicia? si hará, que es tema del siglo, que gocen los mentecatos lo mejor, y lo más rico: muy buena la habremos hecho, que aquí el matrimonio antiguo con Antemio, fácilmente se le anulará surito, que es ancho como conciencia de mercaderes de vinó. Quiero que sepas Felicia, el nobio que te escogido, y lo que para la boda quiere darte el amor mío. Que esto escucho, y tenga vida! . El nobio es. . Señor, Leusipo. Qué dices? . Que ya está aquí. Pues has de hacer lo que te digo. que estés prevenida basta. Ya quieres cruel destino! . porqué la muerte le niegas, a quien das tantos martirios? Dame tus pies. A mis brazos levanta, Leusipo amigo, De tu agasajo obligados, y a tu fineza rendidos, a Valemir, y a Silene, con todos sus convecinos, tienes dentro de tu casa, dispuestos para el motivo que les has comunicado. Las albricias del Abito te mando. Servirte solo, es el premio a que yo áspiro. Con mucha puntualidad a darme gusto han venido, y la prevención me agrada. Aún no dejan a un cautivo en su casa. A muy buen tiempo llegaron mis regocijos. Pues dices que están cerca, salgamos a recibillos. , , s. Ya no será menester. Seas, Valemir, bien venido, y tu Silene, en buen hora des a estos prados floridos, mejor fragancia en tu aliento, mejor adorno en tu aliño. Bien merece esos aplausos, lo mucho que yo te estimo. Cómo venís? . Con salud, y que tú la tengas, Siro, descaremos. . Siempro yo, estaré a vuestro servicio aunque viejo, y hoy decirlo, las licencias me han valido, para enviar a llámaros. Los cumplimientos prolijos excusemos, que en los cos viene a ser tiempo perdido. Amo mío. . Déjame, que al centro donde camino llegue el alma. Amado dueño mío. Qué te escucho? qué te miro? Susto habrá que lo embarace. Qué tienes? que está tan tibio el alborozo de verme. Nunca hubiera conocido, que me faltaban los gustos, sino sobraran peligros. Qué temes? Bienes cansada? Siempre, que yo estoy contigo, nada me parece pena, todo me parece alibio. Pues llegáis a tan buen tiempo, ni tu puedes estorbarlo, os tengo de hacer padrinos de una boda, que hoy espero efetuar. . Dicha ha sido venir en tal ocasión. Y a llegó el riesgo preciso. Quién es la nobla . Felicia, una cautiva, en quien libro el gobierno de mi casa, Ya lo noblo me ha bullido, Este es el mal que decía, de su rostro el sobrescrito. Y el nobio? Yo me compongo. El nobio ha de ser Leusipo. Yo, señor. Qué escucho cielos? Por Dios que anda el diablo listo. logra tu gusto no escuches Desnobibse mi deseo. Tocó en escollo el nabio. Advierte. No hay que advertir, Mira. . Ya lo tengo visto. Que Lensipo. Que Felicia. Supuesto, que es gusto mío, y de los dos convenencia, roplicarme es desvarío. Como he de poder casarme con quien tiene otro marido? Cómo admitir otro dueño, teniendo mi esposo vivo? Esa razón, no milita con nosotros, que vivimos mas que a ese precepto atentos, . Al disimulo apelemos, . a la conveniencia asidos: no hay sin voluntad consorcio, y la que tiene un cautivo, es de su dueño con todo lo que es, ha de ser, y ha sido; la fuerza de ley carece: y así lo que solicito, ni tu podrás resistirlo. Primero. Ya estoy resuelto. Que en baño me precipito! Vdar a un puñal la vida, u dar la mano a Leusipo, Antes, señor. No repliques. Qué bárbaro tan impió? Vida a Felicia la mano, u la garganta a un cuchillo. Mira Siro, que Felicia. mi esposa. Pues atrevido p me da este contento a celos, muera a su veneno mismo: sus voces así le irrito. Siro, atiende que es mi dueño Leusipo. Qué es lo que he oído? . pues quiere a celos matarme, muera en su propio delito, no atiendas a sus razones, que es desaire bien te obligo. . A qué aguardáis? daos las manos No permitas. Qué delirio! aparta allá ese loco; No quieras. Qué desatino! quita allá esa cautiva. Haced luego lo que digo. pues no nos queda otro albitrio, que el vivir todo lo vence. Mi esperanza altiempo libro, y por sagrado me acogo al amistad de Leusipo. Esta es mi mano Felicia. A ingrato! pero que digo, si no sé de quien quejarme, de su amor, o mi destino. Esta Leusipo, es la mía. Que en la muerte que recibo, sean cómplices de mi ofensa, fortuna, dama, y amigo. Vamos a regocijar el desposorio festino, ahora, Vengué mi enojo. Bien di a mis celos castigo. . Qué después de la jorifada trataremos. Vamos Siro. Muerta estoy. Sin mí he quedado. Ya que esto se ha conseguido con dadivas agasajos, lograré el intento mío. En el alma atravesados, de Antemio, van los suspiros, y de su pena me muero, aún más que de lo que vino. Ay Lidaura! quien pudiera, cegando al pesar que miro, alibiar tu sentimiento acosta de mi sentido. Pena, para cuando aguardas el matara un aflido. Cielos, para cuando son los asombros vengativos? Por casamentero falso, te he de sacar los colmillos. Triste bodalen que se queja el sóltero, y el marido. .
JORNADA TERCERA
jornada tercera Haga alto aquí la gente, de este bosque al abrigo, tan recatadamente, que el eco, apenas pueda ser testigo de su venida pues en el secreto de mi airada venganza está el efecto: Yo en esa derribada caseria, me acogeré a las ruinas, que desecha. al parecer de un día, y otro día, dan a entender las poderosas brechas que abre el tiempo, por donde aún de las piedras, el vivir se esconde. hasta que el Sol de aquestos orizontes, coronando los montes con su rubio tesoro; el cobre de la noche, trueque en oro aunque tan tenebrosa a la vista se ofrece, que atrevida parece. que olvida lo medrosa, y con su sombra fría, que ha desterrado para siempre al día; A soberanos cielos! que a esta edad me guardasteis los desvelos, desde aquel triste día, que a Felicia, y Antemio cautivaron, para desdicha mía, los Scitas y solo me dejaron, por milagro, en el monte fugitivo; aún mi pena no sabe como vivo: y hasta que mi esperanza su rescate consiga, y mi venganza: con la gente que han dado a mis cuidados, mis amigos, mis deudos, y aliados, no sosegar procuro: Y en asaltando el cristalino muro de aquese hundoso río, el Scita verá el enojo mío: gente de aquesta tierra noticiosa, me acompaña animosa, y por ella advertido, pienso cobrar las prendas que he perdido, o acabar con la vida, a la violencia del pesar rendida. Ya la gente en la selva está alojada, tan quieta, tan callada, que con la noche oscura aumentan a sus ramas la espesura. Pues a mi alojamiento me retiro hasta el día. . Ay de mí! Triste suspiro. Parecen de mujer los desconsuelos? En algún riesgo está. Valedme cielos! . Segunda vez sus voces mi piedad solicitan, que veloces, penetrando el sentido, al alma llegan, antes que al oído. Grave mal manifiesta. Esta enseñada riesgos la floresta, y la noche la ayuda sigamos sus acentos, mas con pasos tan lentos, que en el suceso extraño, el remedio no sientan, antes que el daño, y atendiendo a los ecos repetidos, llevaremos la vista en los oídos. De aquí la voz venía. Toda es penas la vida: Hay hija mía! Sígueme. . Que cuidado a estas horas te trae a lo intrincado de esta selva confusa, que aún del Sol a los rayos se reusa? qué intentas ya? qué efecto de armas me has prevenido con secreto? que ignoras tu atención, y acompañarte, es arriesgar el modo de ayudarte di mi tu pensamiento. Sigue mis pasos, y sabrás mi intento. Confuso el valor se halla con tu resolución. . Sígueme, y calla. Quién me ha de oír en las oscuridades de aquestas solecades, si no es que el viento sea? No faltará quien oiga, aunque no vea. En noche tan oscura, que aún al cielo cegar la luz procura, a estas horas, y en parte tan retirada, quieres recelarte, que atiendan a mi ruido, no miras que aún el eco está dormido? Gente sueña hacia allí. De sus cautelas nos asegurarán las centinelas, que a trechos he dejado: pero con todo, estemos con cuidado. El viento horror respira. Antes verás mi triste muerte. Mira, pues que no las conoces, si faltaron orejas donde hay voces. Aunque otras he escuchado. crel confusamente, que eran de nuestra gente: y estás me han alterado tanto, que en mi recelo, que se abrasa el furor de el susto al cielo. Acá se acerca el ruido. Ahora verás a lo que te he traído. Por más que huyendo presumas Antemio, para ponerte de mis ansias defenderte, se han de lograr mis deseos acosta de tus desdenes: con quien finezas no valen, valgan violencias, que siempre granjean riesgos groseros, quien burla riesgos corteses: por ti vine a ver a Siro, por ti acaudirle su gente, por ti hice que mis cautivos a esta empresa me siguiesen: y viendo que en tu conquista trabajaba inútilmente, porque con descuidos locos, más cuidados no desprecies: aquesta noche a la margen de esa cristalina sierpe, que en rosgada en sus arenas, guijas come, y flores bebe, de ese río, que divide de los Scitas valientes los términos cauteloso he querido, que se alberguen mis soldados, al abrigo de aquese monte eminente, del Enero asombro blanco, del Mayo atalaya verde; y viéndolos al descanso rendidos, y que Silene también pagaba tributo a la imagen de la muerte; con una mañosa industiia hice que al bosque salieses, diciendo, que te esperaba en libertad, de las sombras ayudado, y tu inocente saliste a que yo lograse la dicha de poseerte, negándole a una verdad, lo que a un engaño concedes; y ya que en las soledades de este sitio, mi amor puede, sin que nadie me lo estorbe, gozar cuanto en mi apetece: ríndete al ruego, no quieras, pues más remedio no tienes, que yo logré el conseguirte sin darme que agredecerte: en qué socorro te fías? no ves que no te defienden, ni los suspiros que esparces, ni las lágrimas que viertes? de las piedades los troncos, como no escuchan, no entiende: y la lástima los riesgos, como no miran no sienten; rinde ya tus resistencias a mis ansias, si no quieres, pues el ruego no te obliga, que la violencia te fuerze. Vive Dios! qué es Valemir, . y Lidaura, con su muerte. pagará su intento loco, que aunque Leusipo me ofende, no ha de pagar mi atención culpas que la suya tiene. A ver li para que en él me aconsejes, y para que me acompañes, permití que armas trajeses: dime que haré? que estoy loca de escuchar, que así me dejen por una esclava, que más que por el amor ofende, la ingratitud de los celos; si a la estimación se atreve, El fin llegó de mi vida. Repórtate, hasta que llegue la ocusión. . El enemigo a las manos se nos viene: y sin duda esta es Felicia, quiero matarle, o prenderle, ya que llegué en ocasión que de entrambos juntamente; puedo excusar el agravio. Acaba, en qué te resuelves? En morir, por no manchar mi honor. Oh mujer valiente! En vano me persuades. Es posible que prentedes, violentar un albedrío, contra las divinas leyes de un cuerpo que solicitas, que está sin alma! que quieres de una vida, que entre penas, ni bien vive, ni bien muere: que gusto, ni que esperanza, ha de dar, quien no la tienes que es lo mismo, que pedirle descansos a quien padece, que triunfo es vencerme amí, no lo será más vencerte, dándole al valor la gloria; que quieres dar al deleite: pues qué de noble blasonas, de tirano no te precies, que además de ser cobardes, son villanos los eles válgame el ser desdichada, ser mujer, ser noble, y verme resuelta a perder la vida, primero que obedecerte; pero si tantas razones no bastan a convencerte, y ostinado en tu amor loco, prosigues en ofenderme, para burlar tu esperanza, con las manos, con los dientes, me haré primero pedazos, pidiendo al cielo que vengue, sus ofensas, y mi agravio, tus traiciones, y mi muerte, En vano esas amenazas, apagan mi amor ardiente. Pues curibiete el saber, que a otro quiero. Antes me enciende, que a los soplos de los celos, la llama del amor crece: tu pudieras no guardarle tanta fe pues no te quiere. c. Cielos! qué Antemio es ingrato? . Aunque los celos ofenden, quien ama, como yo fina, se enoja mas no aborrece. Tú me pagarás los celos con tus brazos. . Matarele, . y escapareme, llevando a Lidaura, y a Silene. pues está es buena ocasión. Qué tanto mi agravio espere? Rinde ya tus enterezas a mi gusto. De esta suerte le auras de lograr. Mis armas, aún no podrán defenderte. Si harán, que tengo razón , , . Primero he de conseguir, Llegad, matadle, o prendedle. Traición. La traición es tuya. Los cielos me favorecen. Sin duda estos son Romanos. que de algún abiso lebe, me esperaban prevenidos. Mayor embarazo es este. Mi intención me ha castigado. Quédate tú a defenderle. mientras yo mi gente aviso: muerta voy: dioses valedme! . En más empeño me pone, no conocer esta gente, que a Valemir y a Lidaura, a una ampara, y a otra prende. Aún hay peligro en mi dicha, . pues no sé quien me defiende: pero de este riesgo libre, mas que sea quien se fuere. Llevad ese bárbaro. . Antes será menester vencerme: y no es fácil. . Con tu vida pagarás el atreverte. a estorballo. . Deteneos, que no sé esta voz que tiene, que al escucharla, del alma todas las piedades mueve: hombre que ciego te arrojas a tanto riesgo, quién eres? Un desdichado. Bien dices, que solo puede atreverse a solicitar los males, quien no conoce los bienes: y por tu valor me obligas a desear conocerte, Si este es Antemio? y de mí! . gran riesgo su vida tiene, que ese prisionero dejes, y esa dama. . Está eita dama. con quien la estima, y la quiero. A fortuna! cuando solos, juzgue estos paramos verdes, en el gusto, y en la vida. hallase quien me ofendiese. Pues quién eres? que a esa dan tantos aplausos ofreces, aumentándome razones, de irritarme, y de ofenderme? Quien más la quiere. Hay más dudas, que mi cuidado atormenten? Ay fortuna, mas peligros en que mi vida tropiece? El que tú la quieras, solo puede obligarme a que arriesgue en su defensa mil vidas. Ay cielos! si Antemio es este? pero si lo es, a que efecto a su enemigo defiende? Qué aguardas, que no castigas su oltadía. Con prenderlo podré salir de la duda. Si Antemio es quien me defiende? porque en dos esclavos míos esté mi vida, y mi muerte. Date a prisión, pues que solo estás, si morir no quieres. De mis desdichas será lisonja. Scitas valientes, preso está vuestro caudillo, aliviarlo sin que quede con vida ningún contrario. Quién ha avisado a Silene? Al arma, parciales míos, que desvaratadamente envisten, y la victoria su deshorden nos promete: y en tanto ese prisionero asegurad, aunque apele la que su gente le libre, sque antes que el alba luciente venza las sombras, verá triste, su esperanza alegre. Quien ha perdido a Lidaura, l. am para qué la vida quiere? . Y tú, agradece a una dama, que con la vida te deje. ̱. Yo te quitaré la presa, pues puedo ahora valerme Pal del socorro que ha venido: aunque me admira, desuerte dleeste suceso, que dudo si me obligas, o me ofendes. . Vos, señora, acompañad ve mis fortunas, y creedme, que estáis más asegurada de lo que pensáis. ̱. No puede excusarlo mi desdicha, as que tan confusa me tiene, que no sé de este suceso, pla quien la dicha desee. Declarose la fortuna en mi ofensa, con el Sol, dejándome su arrebol, sin esperanza ninguna: desvaratada mi gente, del brío huyendo a despecho; en el más valiente pecho, es el miedo más valiente. volved, y enmiende el valor lo que yerra la desdicha, hay dejad que os venza su dicha, antes que vuestro temor: que pues, nos libra el huir se los riesgos en que estáis, inutilmente dejáis de hacer honrado el huir; pero su fuga, mal puedo suspenderla con la voz, que cuando corre beloz, mas mira, que escucha el miedo: qué haré? que en bano procuro el librar a Valemir, ni el librarme, que en ver, y en esperar me aventuro, y al enemigo siguiendo va el alcance, y mis soldados del temor acobardados, de sí mismos van huyendo: precisa mi prisión es, que entre el río, y los Romanos, estos oprimen las manos, y aquel estorba los pies, sirviendo armas, y raudal, contra mi destino fiero, ellas de esposas de acero, y él de grillos de cristal; pero apelaré a mi enojo. pues no libro a Valemir, y no seré con morir, de estos villanos despojo: viva mi despecho. Donde, bárbara Silene vas? Tu esclava, me pagarás cuanta ofensa el pecho esconde, logrando así mis desvelos por medio de mi valor, si no el gusto de un amor, la venganza de unos celos: ya que a detener mi aliento, te opones tan atrevida, de soberbias presumida, a costa de tu escarmiento. oi a Naa c isoEas caña l ce d Trocada verás la suerte, sino quieres a mis manos, en favor de los Romanos, probar mi enojo en tu muerte? De Valemir es la espada, tómela en mi brazo, y piensa, que aunque suya, en mi defensa está ya muy enseñada, que cuando el cielo resuelve el castigo de un tirano, la espada que está en su mano, contra su pecho se vuelve: y el mismo riesgo, sospecho que en ella tienes, y en mí, pues sabrá matarte a ti, por lo que él vive en tu pecho. Poca defensa has traído, si contra las furias mías, te armas de sofisterias, que ofenden solo el oído. Lo que juzgas por antojos, en mi favor, y en tu dano, si en el oído es engaño, lo haré verdad en los ojos. Calla, y pelea, y verás, que espada vence primero. De la lengua de mi acero, tu triste muerte sabrás. Mucho duras a mi saña. Es la mía más valiente. Osada mujer, detente que ya sola en la campaña, banamente tu osadía, solicita defenderte. Para que me deis la muerte, no he menester compañía, que ya otro bien no deseo entre males tan esquivos. Ya están los demás cautivo y tú eres poco trofeo, para ensangrentar en él tanta vitotiosa espada. Con quién es tan desdichad ser piadosos, es ser cruel; pero tomareme, yo lo que no me queréis dará Déjame a mi castigar su atrevimiento. Eso no, rinde las armas mujer. Antes rendiré la vida. Piensas que el ser atrevida, te bastara a defender. Después que he reconocido con el día el campo armado, los Scitas, me han pagado el mal que les he debido: pero Silene está aquí; cielos, no es aquel Casiano, que está con Lidaura? si, que sin duda él la libró del riesgo de Valemir, que loco quise impedir: Señor. Antemio, llegó a la dicha mi esperanza. En que se funda, Silene, tu resistencia, pues tiene, solo en morir confianza. Tú también, mi pena crece; mas disimular espero, no sepa lo que le quiero, cuando menos lo merece. Qué aguardas? si en tu favor no tienes fuerza ninguna, y oponerse a la fortuna, locura es más que valor. Ya me rindo, porque veo que el cielo lo quiere así; y porque el rendirme a ti es lisonja del deseo. Quitadle el acero. Ya, pues cierta mi prisión es, desde la mano a los pies, a ser yerro bajara. Llevadla con los demás cautivos. Prosa, ofendida, sin libertad, y con vida, amorir Silene vas. ̱. Ahora, dame los brazos, Antemio. Y el alma en ellos. De mi firme amor son sellos, Y de mi amistad son lazos. Vos, señora, por ventura, sois la que anoche libré? Yo soy la que en yos hallen amparo. Y yo la locura de defenderla intentaba, como no te conocía. ̱ Engañome la alegría. Ya el pesar me engañaba. Y mi Felicia? ̱. Cautiva está en poder de otro dueño. Empie se queda mi empeño: y está en tantos males viva? Viva está. s. Triste respondes. Que está vival, es cosa cierta: solo para mí está muerta. Gran mal en tu pena escondes; declarate, y más batallas no aumentes a mis enojos, diciéndome con los ojos lo que con la lengua callas? Lidaura te lo dirá, que yo apenas se de mí. Viva, y no lejos de aquí, Felicia, señor, está. Pues que causa a extremos talec obliga a Antemio? No sé, él lo dirá, que harto haré en poder sentir mis males, Dime tu pena? Lo impide, no quererla renovar, que el referir un pesar, lo acuerda, aunque no se olvide, Y hay generoso de pasión, a quien dejan los agravios, porque no ofenda en los labios, que mate en el corazón. Mi sospecha hace más grave una, y otra suspensión, que en la menor confusión, el mayor recelo cabe: decidme el daño que indicia de vuestra pena el exceso? Informate del suceso. Quién me lo dirá? . Felicia. Dónde está? . En pasando el río, Tiene resistencia? . No, que toda aquí feneció. Pues qué aguarda el valor mío; al río, al río, soldados, a ver más penosa lid: a encaminarme venid. Volved al riesgo cuidados, . Celos, volved a vengar vuestro agravio, y mi tormento. . Volved a morir, contento. . Volved a vivir pesar. . Gracias a Dios, que la orilla, de estotra margen pisamos, de este río, que divide, los Scitas, y Romanos, que con las hinchadas pieles; su hundoso cristal pasamos, que siempre en aire se fundan venturas de desdichados. gracias a Dios, que del yugo, sacudiendo el embarazo. solamente en el recelo las cadenas arrastramos: puesto que en pisando el bosque; se asegurará el cuidado con mi industria, entre el frondoso laberinto de sus ramos; ya Valemir con su gente, habrá la frente pisado, de aquel gigante florido, de Abril verde mayorazgo; seguir su mismo camino, es burlar el sobresalto, que no ha de creer el riesgo. que hay quien le vaya buscando: y así Felicia, camina sin susto que de estos campos. todas las sendas conozco: y de la suerte que al rayo se defiende planta humilde; mas que soberbio palacio, hemos de librarnos, siendo de tanto trueno animado, si no de el laurel envidia, del frágil junco, retrato. Aunque me alienta el salir de cautiverio tan largo, seguir Antemio, que huye de la desdicha de entrambos, que con Lidaura a estas horas, quizá se habrán escapado, pues llevaban este intento en pudiendo eféctuarlo, con mucha causa celosos, y sin razón agraviados, dada planta me parece. una montaña, cada árbol un gigante, que se opone a detener nuestros pasos. De su engaño, y nuestra boda, quedó Siro asegurado; y cuando intente seguirnos, no ha poder alcanzarnos, que una noche, y un deseo, de ventaja le llevamos. El quedarse Zancarrón atras, me da gran cuidado. Zancarrón vendrá camina. Ya tarda, para dejarlo casi en la mitad del río. Tomemos las selva, en tanto Felicia que es esto lo que import No fueron mis miedos vanos. Qué dices? Que en dos camellos, que vuelan en nuestro agravio; a Siro, y a Narso he visto, que a Zancarron arrastrando traen, que sin duda de él quieren aberiguardonde estamos. A estan yo con armas pocas, fueran para embarazarnos, Qué haremos? que llegan ya. Fiar de la dicha, en algo quizá elige estos aprietos, para hacer algún milagro: y así de la oscura boca de esta cueva nos valgamos. Y si nos han visto? Pueden en tantas equibocados, como tiene esta campaña, con dificultad hallarnos. Pues no tiene este peligro mas remedio que aguardarnos, Sígueme. Cielos divinos, O. Hasta cuando las desdichas han de dudar! hasta cuando? Camine el perro, camine. En lindo garlito he dado. Siempre fue muy gentil pesca. En esta cueva se entraron, donde aún no podrán los cielos, de mis enojos librarlos, aunque armen contra mi furia todas las nubes de rayos: Tu Narso, mientras que yo lde el riesgo acompañado. en estos dos, a vengar su traición entró, y mi agrabio, en sus dos aleves vida: da la muerte a ese villano; veneno mi rabia alienta. Siempre temí, sin ser barbo, que para comerme luego, en el río me pescaron. Que así de mi confianza burlasen los agasajos, rompiendo por el seguro de mi pecho descuidado? A esclavos viles, y aleves! a fementidos Cristianos! hoy me pagaréis la fuga, la traición, y el desacato, con vuestras infames vidas; tu haz luego lo que te mando, mientras yo mi rabia vengo. A mí me tiene enfadado, y con aquesta ocasión, luego le daré con algo. Yo tengo en muy linda finca la vida. Aguardad ingratos al favor de vuestro duer que en este acero indignado, contra vuestras tristes vidas, baja de la muerte al brazo. Ay desdichada Felicia! y ay Leusipo desdicnado! Laméntate de ti solo, y deja el ajeno daño, que hoy me pagarás la bolsa, el pellejo de lo blanco, el ser embustero fino, y el ser alcahuete falso. El vengarse de un rendido, no es de pechos tan honrados como el tuyo, que eres honra de la casa de los Narsos, Con la vanidad me pagas. No tengo otro engrudo a mano No estoy de habladarme un dede Enternece Pilatos. Por ser infeliz tu suerte, matarte fuerza ha de ser, y lo más que puedo hacer, es darte a escoger la muerte. Ya que escoger en los daños me das, que en tus manos tocó, mátame tan poco a poco, que no me muera en cien años. Más presto te he de matar, y así muere a la ligera. Pues mátame de manera, que yo me pueda escapar. Quieres di por vanagloria, que te corte la cabeza? Que mal hace la nobleza, que come esa pepitoria. Pues quiero hacerte un regalo, garrote te quiero dar. No Narso, que ese matar es con cuchillo de palo. Pues cómo te mataré? quieres que te mate a coces? Ya mi vanidad conoces, no queráis darme del pie. Pues por más barato trato, ahorcarte de un árbol de estos, que para ello están dispuestos. Ahorcado sea tal barato. Si no; por hombre rompido; que mueras cosido espero; a puñaladas. . Más quiero vivir como un descosido. Trata también de ayudarte, buscando de morir modo, sin dejármelo a mí todo, pues harto haré yo en matarte: Si por cierto; y que de haces para eso? Nor ser cuitado, Soy un hombre muy atado, suelta, y verásme correr. De esta suerte correrás. La bola quiero escurrir, no la soga Así has de huir. No aprietes, queme ahogarás. De qué te quejas? Me quejo, de que la nuez se me quiebra: ya lsta para culebra. Que no es sino cordelejo. Qué haces? Cuelgo un Zancarrón. Algún demonio te toma: soy Zancarrón de mahoma? Prendedlos, que Scitas son. , Guarda, y que voz tan maldita. , , Pobre gaznate alentad. , , , . . Lensipo. . Felicia. Pues son Seitas, llegad. Aqueste solo es Scita. Yo no soy nadie. . Scita es, No es Zancarrón? No es Antemio? no es Lidaura? no es Casiano? vive Dios, que no lo creo! Qué es aquesto? Aquesto es ser? ahorcado a medio Credo: pero haced que me desaten, s y sabed, que en grande aprieto están Leusipo, y Felicia, si no han rendido los cuellos, ya al fatal golpo. Qué dicés? Qué los dos, de Siro huyendo, en esa cuena se entraron, y luego él se entró tras ellos, con el acero desnudo, a darles muerte resuelto, por la traición de dejarle, y yo quedé por lo mismo, de su rigor condenado, a estrecharme el tragadero; entrad luego, por si acaso tiene el dano algún remedio, no acaben tan tristemente, los dos más finos ejemplos de amor, y amistad, que en bronce ni en jaspes, celebra el tiempo; que estar sin armas Leusipo, hace más preciso el riesgo. Entrad todos. Qué desdicha! Cualquiera peligro es menos? sal Felicia? . Ya te sigo. Antemio. . Lidaura. Cómo? Escuchad el más extraño suceso, que han visto por tantos rayos? los linces, ojos del cielo; después que con Valemir os partistes, con intento de escaparos, despachados del destino, y de los celos: De este, con razón quejosos, sin causa ofendidos de estos; quedamos Felicia, y yo, con encontrados afectos, nuestras bodas celebrando, y vuestra ausencia sintiendo: siendo acá dentro en el alma, la alegría fingimiento, y acá fuera en el semblante, fingido lo verdadero mas tan apartado en todo. el consorcio, y el contento, cumpliendo esté con la industria, y engañando aquel el riesgo, que sin olbidar lo amante, y sin faltar alo atento, aún no profanó lo fácil libertad del pensamiento, ni del amistad lo fino, ni del cariño lo tierno: Mas viendo que ibáis los dos, de nuestra desdicha huyendo, dejando las esperanzas sin vidas y con deseos. Esta noche, yo, y Felicia, y ese criado, quien nuestros trabajos, siempre ha servido de testigo, y compañero; aquesta noche, ayudados de su noturno silencio, nos escapamos, llegando a ese río, al mismo tiempo que de las aves, el alba escuchó el primer requiebro, su hundoso cristal pasamos en pieles hinchadas, siendo contra las iras del agua, nuestras defensas de viento: Y apenas de estotra orilla pisamos el verde suelo, cuando en nuestro alcanze, Siro, llegó a matarnos resuelto, no hallamos otro focorro, ni más fácil, ni más presto, contra su enojo, que de esa gruta los oscuros senos, adonde huyendo del Sol, la noche habita, y el sueño, como lo dice en la boca, tanto lóbrego bostezo. Quedámonos a la entrada en un retiro pequeño, que nunca deja el destino estar del peligro lejos: De la luz, y del coraje, Si lo entró dos veces ciego, y no nos vio penetrando de la oscuridad el centro. Seguímosle con la vista, y el de su venganza lleno, que la juzgaba en la mano, tan cierta como en el pecho: Con las voces nos buscaba, que pudieran escondernos, porque en las oscuridades, sirve de antorcha el estruendo: y quiso el cielo, que fuese su misma voz instrumento de su desdicha, librando en su mal nuestro remedio: pues al impensado ruido, dejando el caliente lecho, una leona parida feroz, le salió al encuentro, y en defensa de sus nijos, su incausto robo temiendo: entre las garras sangrientas, le despedazó, tan luego, que antes de partirse el alma, se quedó el alma sin cierpo; y del cielo fue castigo, sin duda, porque soberbio dijo, que aún él no podía de su furia defendernos: y ya que no su ignorancia, le desmintió su escarmiento. Miravamos el estrago, con tanto horror, como miedo, inmóviles al asombro: cuando a la leona vemos, en la boca y en las manos, cargada con sus hijuelos; por otra boca que tiene la cuena, salir huyendo, recelosa de algún daño, causado del que había hecho; que tal vez sabe el instinto obrar, como entendimiento. Mas nosotros avisados. de las voces del ejemplo, que a nuestro temor hablaba por tanto labio sangriento: aunque en el camposentimos. ruido de armas, suponiendo, como al mal acostumbrados, que eran enemigos nuestros: por menor daño elegimos, de las fieras, o el acero, ser de una mano despojo, que de una garra trofeo; y asifalimos, adonde quiso la Piedad del Cielo, trocar con nuestra fortuna, todos los golfos, en puertos, los afanes, en descansos, las fatigas, en consuelos, los tormentos, en alibios, y las penas, con contentos; porque en Leusipo, y Felicia, hallen Lidaura, y Antemio, el amor, con más deseos, el gusto, con más aplausos: para que logren con estos, Riesgos, Amor, y Amistad, amparo, fineza y premio. Qué admiración! Qué prondigio! Qué milagro! Qué portento! Qué lástima! Sean los brazos. lenguas de nuestros afectos. Dame, Lidaura, los tuyos. Los brazos, y el alma en ellos Dame los tuyos Felicia. Y a mí pues, por padre tengo en la dicha tanta parte, Con la vida los ofrezco. Y que fue vuestra ventura? Venir, Casiano, resuelto a librarnos, encontrar a Valemir, y prenderlo con Silene. Pues de albricias, de salir de tantos riesgos, queden libres. Ya estáis libres. Guarde vuestra vida el cielo. También yo a Narso perdor medio ahorcado, que le debo. Cabal fuera, a descuidarse. Mi amor dio fin con mis celo Ya se templó mi locura. A Antioquia la vuelta demos, a celebrar con las bodas tan venturoso suceso, dándole al cielo las gracias. Y aquí, Señado discreto, Riesgos, Amor, y Amistad, da fin, perdonad los hierros.
