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Texto digital de Rey don Sebastián

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Juan Bautista Villegas
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Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Rey don Sebastián. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/rey-don-sebastian.

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REY DON SEBASTIÁN

JORNADA PRIMERA

Vos seáis, Sultana hermosa, muchas veces bien venida. Al menos a ser dichosa, pues vengo a ser vuestra esposa, antes perdiera la vida. De haber primero llegado mi tío, está disculpado aquesta vez, no lo niego, que es forzoso que esté ciego, o al menos desalumbrado. Pues sois, hermosa Sultana, GSol de la Casa Otomana, muy bien llegada seáis, adonde de mí os sirváis. Ruego al Cielo salga vana mi sospecha. . Yo señor, soy quien en serviros gano. Dame tus pies. . O, hermano! Atreverme a preguntar, como venís, error fuera, que a Venus, como pudiera, señora, ofenderla el mar? No sé como responder a ese favor. . Disponer puedes de seis mil soldados, siempre a vencer enseñados, por si fueren menester. Si logro lo que concierto, primero que tome puerto tu gente altiva, y gallarda, si Alá su vida no guarda, verás al Jarife muerto. Llega a hablar con el hermano, que es el recato forzoso. Por ti le beso la mano. Dame, Emperador famoso, del grande Imperio Africano, tu mano. . Tio, no fuera justo, que la mano os diera, los brazos sí. . Gran favor. Como queda el Gran Señor? Quién avisarle pudiera! grandes le debemitío. Siguió en muchas ocasiones los Otomanos pendones. Hoy, hermoso dueño mío, ha de ceñir la Africana corona, por tuya ufana, el ámbar de tu cabello; antes que enlace tu cuello. Darle la hermosa Sultana por mujer, gran premio ha sido. Siendo hijo de Muley tu avuelo, de África Rey, bien lo tiene merecido. Y su honor también es tuyo, que a eso también atribuyo el que le hace el Gran Señor, aunque a costa de mi amor. Es verdad, mío es el suyo. Mucho le quiso tu avuelo. Las estrellas de tu cielo me anuncian dichosa suerte. Lástima me da su muerte. Mayor es ya mi recelo. No se pudiera excusar? Es dar a guerras lugar, si quédase con la vida. La vianda prevenida está. . Yo le he de librar. Vamos. . A tierra, Bisir; en lanchas pueden salir los Genizaros. . Ya he dado el orden, pierde cuidado. En la mesa ha de morir. Ay esperanza perdida! Vamos, esposa querida. Mi temor conmigo lucha. Primero que entres, escucha, porque te importa la vida, Con salud. . Obligaciones . Válgame Alá! de qué suerte la vida me ha de importar? en lo que dices advierte. Moluco te quiere dar en el convite la muerte. Qué dice, que es heredero del Reino; pues fue Muley su pade, de África Rey, y que ha de Reinar primero. Con la Sultana le envía el Turco seis mil soldados, en la guerra ejercitados, que son la flor de Turquía. Y tienes otra cerreza de mi muerte? . Qué mayor, que el hacerme ejecutor de su bárbara fiereza? De qué modo? . En la bebida, Rablando estoy por Alá. Si soy hijo de Abdalá, quien hay que el Reinar me impida? no fue señor de este Imperio, sin haber contradicción? en quefunda su traición? soy avido de abido de adulterio? Púdome Muley mi abuelo del Reino desheredar? acaso tiene ejemplar en alguna ley del suelo? Vamos, discursos acorta, no aguardes, que tomen tierra los Genizaros, que encierra esa armada. . Poco importa, si hay en Marruecos leales. Inútiles medios son, que ayudan a su traición los Moros más principales. Ya la gente va saltando en tierra, huye, señor, de la fortuna el rigor. No es mejor morir matando? Para que salues tu vida la tengo ya prevenida, para lo demás es poca. Profeta fue el Alcorán, por él me avisaba el cielo. Ellos vuelven con recelo de que sabes su traición. En que, señor, te detienes? Por qué, Maluco, me llamas señor? no ves que te infamas, cuando a confesarlo vienes? No he tratado tu persona como quien soy, y quien eres? pues porque quitarme quieres la vida con la corona? Buena hazaña de dos tíos, en quien fundé mi esperanza. En, que tienes confianza para mostrar tantos bríos? o como en olvido pones mis hermanos inocentes, y andar los que ves presentes peregrinando naciones? Bien recele yo el rigor de maldad tan indecente, mas cómo te vi valiente, nunca te juzgué traidor. Tú eres el traidor, cobarde. A que Maluco se aguarda? Ah de la guarda? Que guarda? pídele a Alá que te guarde. Pocos tienes de tu parte, en su favor se declara el pueblo. . Nadie me ampara. No has de poder escaparte, aunque te ayude Mahoma. Para que salves la vida, embarcación prevenida tienes, esa yegua toma. Y mi hijo? . Ya le llevo, trata solo de librarte. Cómo he de poder pagarte, amigo lo que te debo? Viva el Maluco. La voz del pueblo le aclama Rey. Muera el Jarife Muley. Ha pueblo, monstruo feroz! Vente, señor. a embarcar, y obedece a la fortuna, que no hay estable ninguna. Bien dices, vamos al mar. Príncipes tiene la Europa, ten en Alá confianza. Eso alienta mi esperanza. Viento correpor la popa. Ya, gran Imperio Africano, tu legítimo señor va huyendo de tu rigor, a ampararse del Cristiano. Vamos, que tu injusto tío a seguirte se apercibe. Ingrata patria, recibe los suspiros que te envío. Fuerte, y famoso Maluco, cuyos valerosos hechos los límites ensancharon del grande Otomano Imperio. Tú, que en el mar de Levante, en mil navales encuentros, las banderas otomanas tremolaste en tantos leños, Tú, que en las guerras de Ungría gravaste tantos trofeos, con el alfanje, y la lanza, sobre los Ungaros petos. Tú, que el Danubio dejaste tan lleno de cuerpos muertos, que fue su corriente sangre, y fueron sus puentes cuerpos. De cuya fama llegaron a Transilvanía los ecos, y temblaron sus montañas, como a tempestad del cielo. Tú, que en la costa de España, tanto tu nombre temieron, que muy pocas veces daba el temor lugar al sueño. Recibe las tres coronas de dos Reinos, y un Imperio. h Tuya es la gloria que miras. Sin gusto, qué importa el cetro? Antes, nobles Africanos, que me juréis. Rey Supremo de Taludante, y de Fez, y Emperador de Marruecos. Porque el África, y el mundo conozca, que los poseo con justo título, oíd, y os dejaré satisfechos. Muley Mahomad mi padre. que goza más alto Imperio, por su valor solamente, fue quien junto los Reinos de Marruecos, Taludante, y Fez, siendo él el primero en África, que del Turco sacudió el yugo soberbio. Y como hacienda ganada con su valeroso esfuerzo, pudiendo distribuirla como poseedor primero, a su arbitrio promulgó, por ley que juro su Reino, que de seis hijos que fuimos, quedase por su heredero Audala, que fue el mayor, y que le heredase luego el segundo, y los demás el sucesivo derecho de sus hermanos gozasen, sin que heredasen sus nietos, hasta que hubiese Reinado de sus hijos el postrero. Esto todos los Alcaides de nuestro Africano suelo, guardar, y cumplir juraron en nuestro Alcorán supremo. Murió al fin nuestro valiente padre, y apenas el cetro empuñó Audala mi hermano, cuando rompiendo el precepto de su padre, ni valerles de hermanos el privilegio, de los cinco, en un convite, mató los dos con veneno. Ferragur, que a la sazón entraba en Palacio, oyendo de sus hermanos la muerte, huyó del tirano fiero en una yegua; mas él, su fuga infeliz sabiendo, le siguió, y en las orillas le alcanzo del Mutaceno. Hízoles rostro animoso, y sacando el corbo acero, resolvió morir matando, pero aún no logro su intento. Que acosado, como a fiera, al desdichado mancebo, esmaltaron con su sangre mil arrojadizos hierros. Y para no ser despojo del vil homicida fiero, viendo tan cierta su muerte casi en el último aliento, se arrojó con mil heridas. De polvo, y sudor cubierto, donde, mezclada en cristales, bebió su sangre sediento. Túvimos Hámete, y yo aviso de este suceso en Fez, por un noble anciano, antiguo criado nuestro. Mezció la infelice nueva en mi valeroso pecho, el sentimiento, y la ira la lástima, y escarmiento. Salimos con dos criados, de la noche en el silencio, al mar, donde un bergantín descansaba sobre el Ferro. Y en fin, vencido el patrón de amenazas, y de ruegos, las velas alzó, y apenas menospreciamos el puerto, cuando en aucha mar nos vimos, con un temporal deshecho, losas de cristales rotos arrojaba el mar soberbio, que sin duda fabricaba palacio para los vientos. La celeste artilleria, trémulos rayos fingiendo, dio visos en tempestades de la cólera del cielo. A los gemidos, y voces, la noche, entre pardos velos, cerró la cortina al coche, para escuchar el estruendo. Pero en fin, piadoso Alá, para que fuese Rey vuestro, templó la indomable furia del aire, el agua, y el fuego. Y en Constantínopla entramos, yo, y mi hermano Hámete, atiempo, que el Gran Señor contra el Persa estaba a salir dispuesto. Ofrecile mi persona, y él, a quien soy atendiendo, me hizo Bisir de las tropas de los Genizaros Griegos. Pienso, que a su confianza excedió mi desempeño, pues se le debió a mi brazo de le batalla el suceso. Desde entonces me fio todo general gobierno de las armas Otomanas, ensanchando del Imperio los límites, desde el Ganjes hasta el áspero desierto, donde más que de raudales, de riquezas avariento, corre, por arenas de oro el Tremedonte soberbio. Hasta, que teniendo aviso, de que era vuestro Rey muerto, y que Jarife su hijo tomo posesión del Reino, me determiné a cobrar lo que es mío de derecho. Escríbile a mi sobrino, cautelosamente cuerdo, dándole la norabuena, encareciendo el deseo, que de su amistad tenía, y que tema dispuesto venirle a besar la mano, fiado en su heroico pecho. El, como supe después, (en aquesto solo miento) con intención de quitar con mi muerte su recelo, fingió, que lo agradecia, escribiéndome, que luego viniese seguro, a ser, como él del África dueño. Pedi al Gran Señor licencia, y él, a mi valor atento, con su sobrina premió mas que servicios, deseos. Vine al África, dejando a mi hermano previniendo la venida de mi esposa, y seis mil soldados viejos, que su persona guardasen, y asegurasen mi intento. Ya lo demás habéis visto, y que mi razón temiendo, mas que mi poder, Jarise furca el humedo elemento. Este es, amigos, en suma, de mi justicia el derecho, estos los sucesos míos, y está la razón que tengo. Agora, si es que os parece, que ser vuestro Rey merezco, las usadas ceremonias haced, para el juramento. Vivan Maluco, y Sultana. Los tres estandartes Regios, por su orden, levantad por el gran Maluco, y luego iremos a la Mezquita, adonde los ritos nuestros guardar, y defender jure en el Alcorán supremo. Marruecos por el Maluco. Vivan Maluco, y Marruecos. Bese tus pies, entre tanto, que yo la mano te beso, Fez por el Maluco. Vivan Maluco, y Fez. Y lo mesmo hago, y hace Fez por mí. Es noble, y antiguo Reino. Taludante por Malueo. Vivan, a pesar del tiempo, el Maluco, y Taludante. Bien muestra su amor el pueblo? Vamos, porque logre el mío, adonde de vuestro cielo coronen la hermosa frente mis Reinos, y mis deseos. En más estimo ser tuya (que a mi pesar lo confieso.) Señor, ya las Galeotar que iban en el seguimiento de tu sobrino, arribaron otra vez a nuestro puerto, del temporal derrotadas, y según aviso tengo de un esclavo del Arráez, el vergantín en que huyendo va el Jarife, la derrota sigue de España. . Los vientos, y el mar podrá ser, que acaben lo que no pudo mi acero; aunque más venganza logro, si vive, que por lo menos, mientras le dura la vida, le durará el sentimiento. Viva la hermosa Sultana, Eso solo os agradezco. A nuestra mayor Mezquita guie el acompañamiento. Vístese su Majestad? Vistiendo se está de prisa. Dónde ha de salir a Misa? Si no hay otra novedad, hasta agora en la Capilla imagino que será, que hoy audiencia no dará, y así será maravilla, que salga en público. . Bien; hoy tarde se ha levantado. Vino ayer tarde causado su Majestad de Belén de correr lanzas, y así, de mejor gana ha dormido, pero ya sale vestido. Dadle, como os advertí, mil cruzados al momento a ese Moro, por la nueva de que ya el Jarife llega, nunca estuve más contento. Deme vuestra Majestad los pies. . Duque, habéis sabido la nueva que hoy he tenido del Jarise Mahomad? Sí señor. Y el fundamento sabéis? . Nadie le previene. A pedirme favor viene, y debo agradecimiento, a la mucha confianza que ha hecho de mi valor. En fin de darle favor estoy con cierra esperanza. Aunque era digna la empresa de ese heroico corazón, como el mundo lo confiesa, cosas tan grandes no son para resolverse apriesa. Y es preciso, que miréis, que sucesor no tenéis, y que siente Portugal esa adversión natural que al casamiento tenéis: y más, cuando ya os ofrece vuestra prima el Gran Filipo. Perdonadme, si os parece que el consejo os anticipo. Mi amor, Duque, lo agradece. Cuanto veis, que me detengo, y el casamiento entretengo sin llegarme a resolver, es por no llegarme a ver, sin la libertad que tengo. Lo que causa mi adversión, es tener por opinión, que en el hombre el casamiento, viene a ser, asi lo siento, la cuartana en el León. Yo nací a Marte inclinado, y del amor el cuidado todo un hombre ha menester, que es dificultoso ser buen amante, y buen soldador. De vuestra cordura fío, que lo miraréis mejor, que fuera rigor impío. Quién ha entrado? El Gran Prior. Dadme vuestra mano. . Tio que hay de nuevo? Gran Señor, lo que esta noche ha pasado, de que está el pueblo alterado, lleno de espanto, y temor. De qué pudo proceder? Justa causa le obligó: una cometa se vio, señor, al anochecer, la color al cobre igual, y de desigual grandeza, al África la cabeza, y la cola a Portugal. Parece, que lo que dura está abrasando la tierra; hambre, tempestad, y guerra, amenaza, y asegura: ha causado tanto espanto, que está Lisboa afligida. Guarde Dios, señor, la vida Majestad, cuanto este Reino ha menester. África es la amenazada? pues en ella aquesta espada tinta en sangre se ha de ver; que ya en Jarise ha empezado a lograrse mi deseo, pues hoy llega, según creo. Los maestros han llegado, quiere vuestra Majestad tocar, danzar, o esgrimir? Los dos podéis despedir, al maestro de armas llamad que mi cólera no espera estar dos horas, o tres moviendo manos, y pies a compás, ni yo pudiera. Con música acometía en la guerra el Macedón. No quiero comparación, dejadlo por vida mía. Llamo al de armas? No, que quiero puesto que presente os veis, Prior, que lición me deis, pues fuisteis vos el primero de quien la tome. . Señor, la destreza enseñaré, y el valor aprenderé si es que se enseña el valor. Ya sé, tío, vuestros bríos. Tome vuestra Majestad, aquesta espada. . Mostrad. Vaya de lición. Cubrios. . vuestra Real Majestad, teniendo cuenta Parta emángulo recto, como he dicho, con la circunferencia. . Ya imagino, que esto se ha reducido a ciencia. . Y tanto, que no tiene compás, que no esté puesto en arte, y en razón de la Arismetica. En viendo que el contrario elige medio, ha de formar, con presto movimiento. atajo universal, cuadrando el cuerpo, firme de pies, metiendo el hombro izquierdo algo más que el derecho. De este modo. No tan aprisa, ni con tanta fuerza, que ha de dejar alguna reservada, y donde tiene la contraria espada la flaqueza, aplicar su fortaleza. No quiero yo contrarios con flaqueza, ni la espada ha de estar nunca parada, ajenos movimientos esperando; cuanto será mejor entrar tirando estocadas con furia, y con presteza, sin dejarle, que en tierra los pies ponga, ni mirar proporción, ángulo, o línea. De esta suerte, Prior. . Espere un poco tu Majestad. Aquestos memoriales anoche se quedaron sin consulta. Leedlos batallemos entre tanto; cuantos son? Dos quedaron, porque dijo tu Majestad, que estaba ya causado. Leed, pues; cuyo es este? De un soldado. No os he dicho, que sean los primeros los soldados en todas las consultas; que enemigos sois de ellos; pero tiene poca amistad la pluma con la espada. Mostrad acá. Señor, Lope de Almeida, dice, que ya está viejo, y que ha servido a vuestra Majestad veinte y dos años, recibiendo en distintas ocasiones muchas heridas, sin volver la espalda, retirándole a Tanjer cuatro veces entre los muertos, sin sentido alguno. Pide, y suplica. . Yo también suplico a vuestra Mejestad, que se reporte, porque de las heridas del soldado no tengo culpa yo. . Dejé llevarme de la imaginación: A este soldado. el Consejo consulte luego al punto en puesto, o renta, y sea con efecto. El Jarise a las puertas de Palacio con su hijo está ya. . Pues salid, tío, a recibirle. . Voy a obedecerte. Ya sube la escalera. . Llegad sillas, que por Rey se le debe dar asiento, aunque de ley contraria. . Así lo siento. Sean vuestras Altezas bien venidos. Tu Majestad, señor, me dé la mano, como a vasallo suyo. . Fuera exceso; abrazadme los dos. . Tus plantas beso. Vuestras Altezas tomen sus asientos, que deseo saber los fundamentos, que a venir a este Reino le han movido, aunque por mayor los he sabido. . Y tenga por muy cierto, que deseo, que tenga medio su infelice suerte. Ya no lo puede ser, llegando a verte. Valeroso Sebastian, por tantas heroicas partes celebrado justamente, desde el Betís al Hidaspes. No ignorarás, que mi avuelo, no sé yo con que dictamen, que no heredasen sus nietos mandó, por ley inviolable, hasta que todos sus hijos, o muriesen, o Reinasten. Heredó en fin de Marruecos, de Fez, y de Taludante los Reinos, por ser mayor, Audala; no he de nagarte, por ser su hijo, que anduvo cruel, aunque asegurarme, quiso su heredero, haciendo que sus hermanos pagasen con las vidas el injusto mandamiento de su padre. Solo el valiente Maluco, con otro hermano, librarse pudo, y siguiendo del Turco los témidos estandartes, llegó con sus medias Lunas, desde el Tigris al Enfrates, y desde el Nilo soberbio a las orillas del Ganjes. Perdona que a mi contrario, tanto en tu presencia alabe, pues han de ser sus huzañas de tus vitorias esmalte. Murió inpadre en efecto, mas de que sirve cansarte con prolijas digresiones, pues ya mi desdicha sabes. Yo vengo desposeido, fuerte Lusitano Marte, afligido, pobre, y triste, a que tu valor me ampare. Imita a Carlos tu avuelo, para que tu fama ensalces, cuando la Goleta; y Tunez restituyó a Muleaces. Que si una vez tu caballo pisa la arenosa margen del Mutaceno, sirviendo sus fugitivos cristales de espejos, en que te mires, cuando el fuerte peto trances, segura está la victoria, porque en viendo los leales a tu lado mi persona, al punto han de declararse. Como tu Alcaide, o Virrey podrás, gran señor, dejarme en África, con el fendo, que a tu voluntad señales. Y de todas las fronteras, en las plazas importantes, pagados a costa mía, pondrás presidios, y Alcaides. Tendrás Mezquitas, o Iglesias donde de tu Dios la Imagen los Lusitanos coloquen en reverentes altares. Será de Centa, hasta Fez puente, por donde contraten Porrugueses y Africanos, ae tus naves sin embara Con esta hazaña así del tiempo tu nombre escriba, mejor, que en bronce, ni en jaspe. Que los amigos te envidien, que los contrarios te alaben, y que de tu nombre tiemblen del mundo las cuatro partes. Que del Dios Crucificado, que adoras, el nombre ensalces, tres Reinos, que te obedezcan, y un esclavo, que te alabe. Enternecido Jarife me ha dejado él escucharte, y aunque tiene lo que pides inconvenientes tan grandes, te diera el si desde luego, a no ser fuerza dar parte al Rey Esipo, mi tío, y señor, pues de mi padre en el mismo lugar queda. Yo haré que luego se trate en mi Consejo de Estado del favor que pienso darte. Ten esperanza, y paciencia, pues hay tantos ejemplares, en mayores Monarquías, de la fortuna mudable. Que yo te prometo hacer cuanto pueda de mi parte. Beso tus pies. . Esto es hecho. El Moro vino a rogarle lo que él deseaba. . Haced, Jarife, que venga a hablarme el Príncipe cada día. Vendré a tus pies. Abrazadme. A sus Altezas, mi tío hasta su cuarto acompañe, y haga también, que la guarda les asista. . Favorable me mira ya la fortuna. Yo haré, que el laurel enlace otra vez tu frente, aunque los enemigos alfanjes, por no caber en la tierra, pueblen la región del aire. Ya con tu valor, no temo mayores dificultades. Considera. . Ya lo dije. Mirad, que el empeño es grande. Mi espada, y el rayo tienen unas mismas propiedades. No niego, que es grande empresa. Por eso quiero ayudarte. Alá permita, que lleguen tus quinas, siempre triunfantes, al prodigioso sepulcro de vuestro Dios. . Él te guarde.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA De. Guadalupe el Convento dista de aquí una jornada. Cazando esperar intento la nueva de la llegada del Rey, que es divertimiento que abraza mi corazón. Es Real inclinación. Junta ya la monteria tienes, y la cetreria. Será alegre confusión. Vayan a reconocer, que a un tiempo quiero mover guerra a las aves, y fieras. Ya los montes, y riberas ocupan, y es gusto el ver cubrir a tus cazadores esos montes, y esos llanos, de saguesos, de ventores, de lebreles, y las manos de torzuelos, y de azores, de sacres, y de neblies, de aletos, y baharies, tagarotes, gavilanes, alfaneques, alcotanes, girifaltes, y bornies. Aunque peligros encierra, para un Rey, es la tierra el más decente ejercicio. En mí ya se ha vuelto vicio, por lo que tiene de guerra. Mucho lo que intentas siente tu tío. . Aunque disuadirme en estas vistas intente, me hallará en mi intento firme. Si la vista no me miente, pienso, que hay garza; hoy la vuelas. Garza, garza. Así es verdad. Al viento da blancas velas. A los neblies quitad capirotes, y piguelas, y dadme un caballo a mí: bien le sigue aquel nebli; temeraria punta dio, parece que al Sol subió. Espera, que un jabalí viene de tu gente huyendo. Pues yo atajarle pretendo, y embestirle. . No es razón. Ojala fuera un León. Grande estrago viene haciendo. Del monte baja a lo raso, Su fiereza no hace caso de las presas, ni los hierros de tus monteros, y perros. Ninguno le salga al paso. Han de matar las bacas, o reniego de quien quiere tener tan mal oficio! pues si la honda a desceñirme llego, yo haré que no retocen con el vicio; verá el señor de la Encomienda, ha fuego! todo ha de ser del pobre en perjoicio; no estuviera celoso mi ganado, por aquel del remiendo colorado. Cansado estoy, par Dios, de largo, a largo quiero tenderme aquí, o estado pobre! dichoso quien de Corte el gusto amargo huye, sin que le falte, ni le sobre, y sin cuidado de ambicioso cargo, solo con negro pan, y agua salobre, vive, juzgando, que es del mundo dueño, pero el discurso me embaraza el sueño. El camino, y el aliento perdió el caballo, y más siento, que haya el jabalí perdido, llevando casi partido todo el lomo ceniciento. Cuando corriendo venía, presumió mi fantasía, que ya en postrero trance de la batalla, el alcance del Africano seguía. Muy lejos, a lo que entiendo, estoy, pues voces no escucho, ni de la caza el estruendo, El bosque es espeso mucho, y van las sombras creciendo, que de este monte la altura del día usurpar procura un hora al luciente coche, y se la compra la noche, para su tiniebla oscura. Partirse al África intenta el famoso Lusitano, mas que dichoso valiente, si es valiente el temerario? Quién será el que descompuesto canta versos en mi agravio, con tan resuelta osadía? mas sin duda que me engaño, y no hablan de mí los versos: del Infante don Fernando, el que al África pasó debe de hablar, que en los campos de Tanjer fue prisionero, y algún leñador acaso quiere aliviar con la voz el trabajo de las manos. Que pues le llama infeliz, claro está, que de pasado suceso habló, mas el vuelve a cantar, quiero escucharlo, Ni Filipo le convence, ni del cielo los presajios, tanto ciegan los sentidos la influencia de los astros. Vive Dios que hablan conmigó. Si me siguió algún criado, y acobardarme pretende? más me he ofendido en pensarlo, que en la fácil compostura, su muerte ha de haber cantado, si al cisne infame descubre el hierro de este venablo; pero al pie de aquella encina n duerme ni el que busco; y hace al sueño de mi cólera sagrado? pero un tosco ganadero parece: con que descanso duerme! despertarle quiero, que este me dará el caballo, y me enseñará el cano. Hola, a buen hombre? de mármol parece. Hoola? Quién me olea? . Yo soy. Qué lindo menguado. Oye, déjeme en mi cama, que a un no estoy para oleado. Levántate, que he perdido el camino. . Pues buscarlo. Mas decidme, quien sois vos, que tan severo, y hinchado. me habráis? . Un criado soy del Rey: gracioso villano. Su criado podéis ser, pero estáis muy mal criado. Porque? Pues al diabro os doy, no basta haverme aventado el ganado, son venir, cuando está el hombre acostado, a despertarle a patadas? Cuando en bueso lechón brando estáis cubierto de colchas, y pabeliones bordados, que la soberbia inuentó, voy yo acaso a despertaros? Dices bien; villano, dime? Labrador soy, no villano, y es mucha la diferencia. Qué diferencia has hallado? Que el que es villano, es ruin hombre, Y el labrador? Hombre honrado. El labrador coge, y siembra lo que come el cortosano, y lo habéis de ser, par Dios, si falta quien. . Quiero un rato divertirme. Razón tienes. O, pues si lo eis confesado, yo emuelvo, que entre los buesos, . Algo debe de importar, ese es chico pecado. Venid, y me enseñaréis el camino, que cazando le perdí. Él más inútil trabajo es el de ser cazador, y enamorar en Palacio. Vamos hablando los dos, que el oírte me ha quitado la cólera que llevaba. Con quien estaba cantando no lejo de ti, le oíste? Estaria yo roncando a compás, y eso sería, que aquí solo cantan grajos. Y decid, de que servís al Rey? tenéis carga, o cargo? Sí, su Gentilhombre soy de la boca. . Gran bocado. Mas pues le servís de boca a nueso Rey, y habláis tanto, decidle, por vida buesa, que deje al Moro Africano con el diabro, y que conserve el Reino que Dios le ha dado, que cualquiera es en su casa valiente, y es temerario entento el ir a buscar a quien no viene a buscarlo. Y si enemigos desea, por ser a guerra inclinado, hartos enemigos tiene, quien tiene tantos criados. Que mucho mijor será, que se case, y en dos años dé a Portugal, por lo menos, dos docenas de muchachos, Qué importa, por buesa vida, no habiéndole hecho agravio el Maluco, que sea Rey él, u esotro, mentecato? pues él se ha determinado a dar favor al Jarife. Ha, señor, que es temerario, y no siempre la fortuna favorece a los osados! Y esto mismo le dijera en su cara, y aún más craro, si le viera. . Al Rey? Al Reyra y aunque huera más un palmo. Trate el Rey de gobernar el Reino que tiene a cargo, y no aventure el que es propio, por conquistar el extraño. El medir con el poder los deseos, es de sabios, que el corazón más vallente necesita de las manos. Que aunque al de Alexandro, y César excede el suyo bizarro, ni César es en la dicha, ni en el poder Alexandro. Que lleva muy poca gente, para un negocio tan arduo, y no es tan justa la guerra, para que espere milagros. Decidle, que aquesto os dijo un rudo villano, y tanto, que pienso, que cuanto digo habro por boca de ganso. Pero ya estáis junto al puebro, a Dios, señor Cortesano, que es tarde, y es fuerza el ir a recoger mi ganado. Prodigioso labrador! mas y a me viene buscando Señor. . Oh Duquel Con notable sobresalto vuestra Majestad nos tudo, aunque de vuestro gallardo corazón ha sido hyerro el tenerle. . Del caballo excedió el curso ligero el fiero animal, llevando en una herida las señas de que se la dio mi brazo, hasta que en su seguimiento de ese bosque en lo intrincado me hallé perdido: Qué es eso? Que sale a festejaros de aquesa vecina aldea la mayor parte, mostrando con rústica danza el gozo que tienen de que sus campos honres. . Su llaneza estimo. Ya llegan, Señor, cantando. Ollay, ollay, ollay, viva o Rey de Purtugal. Seja beín venido y Rey Sebaistan, y honre nuestra aldea su pranta Real. Goce muytus anos de seu Reino en paz, y gane en la guerra los de allende el mar. Celebre sus bodas, cuando vuelva acá, pues el de Castella su silla le da. Denos un menino que seja un Roldán, y en la fermosura parezca a suo pay. Holláy, ollay, ollay, viva o Rey de Purtugal. Esta sencillez me agrada. Guiad al pueblo, serranos. Canta, Gil. Baila, Bértola. A su Majestad, caballo. Quita el espejo, que es darme, en vez de alivio, pesar. No te acabas de tocar? Aún no quisiera mirarme. Más se aumenta cada día tu pesar. . Bien le pudieras aliviar, si tú quisieras, pues te di, Zelima mía, de mis pensamientos parte. Cómo puedo yo saber lo que está por suceder? Eso es no querer fiarte de mí, que yo sé que puedes del cielo el móvil parar, aquesos montes mudar, y encerrar el aire en redes. Mira, señora, secretos que Alá para si guardó, ninguno los alcanzó, hasta los mismos efectos. Bien es verdad, que la ciencia las influencias del cielo nos declaran, y que hasta el suelo se sujeta a su influencia. Esta nuestra geomancia, para lo que tu procuras, corresponde en las figuras a la oculta Astrología. a a ser aun la ciencia de cualquier modo, Alá, que es primero en todo, puede hacer, y deshacer. Pero dime, guardarás, si te lo digo, secreto? Mil veces te lo prometo. Si en eso resuelta estás, dime lo que saber quieres, que servirte en todo espero. Encubrirle mi amor quiero. Digo, que mi amiga eres; quiero saber, si mi esposo la batalla vencerá, o si otra vez reinará Jarife, que está medroso el corazón, y es en vano asegurar mi temor. Es muy medroso el amor. Mira también, si su hermano heredará esta Corona, si Alá permite, que muera Maluco, el cielo lo quiera. . No más? . No más, Pues perdona, que no puedo. Ya guardar el secreto te ofrecí, De quién no fía de mí no me quiero yo fiar. Lo que no me has confesado es lo que no te pregunté, que lo demás para qué, si mil veces lo he escuchado. Ya con más credulidad estoy de tu ciencia, amiga, pues sin que yo te lo diga sabes de mí la verdad. De tus ojos en las bellas niñas la verdad hallé, sus luceros consulté, no del cielo las estrellas. Pues ya de ellos has sabido, que es Hámete la ocasión de aquesta ciega pasión, que no dilates te pido, saber, si a mi suerte airada la veré menos esquiva, para que esperando viva, o muera desesperada. Pues tú misma lo has de ver, si tienes valor. . Valor; sabes lo que puede amor, curiosidad, y mujer? Pues si estás determinada. en este limpio cristal verás tu bien, o tu mal. Una batalla travada veo, más los Lusitanos llevan lo mejor, hay triste! Por estotra parte enviste el tercio de Castellanos; pero Hámete en un alfana sale al encuentro. Ay Zelima! ya con su valor ansma toda la gente Africana. Que gallardo que entra, y sale, Alá victoria te dé, no hay desde el bote al pie Africano que le iguale. De una lítera impaciente se arroja agora tu esposo, y en un caballo animoso prueba a detener su gente, que va del Cristiano huyendo, y a que vuelvan los alienta. Qué batalla tan sangrienta! la confusión va creciendo. Qué valiente el Rey Cristiano, viendo el suceso dudoso, busca al contrario furioso, con el acero en la mano. Pero allí el Maluco, creo, que del caballo ha caído, u desmayado, ha herido. Eso es lo que yo deseo; pocos los Cristianos son. Ya, sin valerles el brío, se retiran hacia el río en un cerrado escuadrón. De los pocos que han quedado, espera el Rey Portugues, hecho piezas el arnes, de vivir desesperado. Hay mi Zelima! allí veo muerto a Maluco Muley, a Hámete aclaman por Rey, ya se logró mi deseo. . Tente. Hay suerte más dichosa! Mira que aquesto es engaño, y que puede hacerte daño el cruer . Sultana hermosa. Hamete. Ya de tu consuelo da señales tú alegría, hoy será mayor el día, que está sin nubes tu cielo. Si yo decirte pudiera. Mira, que te has de perder. La causa de tu placer muy poco te pareciera. Solo saber que le tienes quieren mis ansias mortales, que yo perdono mis males por la nueva de tus bienes. Por tuyos llego a estimarlos. Necia en confiarme fuí. No puede caber en mí tenerlos, ni desearlos. Descarlos, porqué no? Porque si el bien no pudiera desear, ser tuyo fuera, y aqueste bien reservó el cielo para Múley, mi amigo, y mi hermano, seo delito fuera el deseo, y más siendo ya mi Rey. No pueden aquesas bellas luces hacer que seas mío? Pues no pudo tu albedrío, y han de poder las estrellas? Yo sé, que en cierta mudanza dispone tu dicha el cielo. Si es consuelo, mi consuelo es no tener esperanza. Y si Alá te hiciese Rey? No quiero escucharte más, Espera, porqué te vas? Voy a buscar a Muley, que es tiempo de prevenir la gente. . Espera. Es en vano. Mira, que viene su hermano. Hoy al campo he de salir, que ya mi hermano aurá dado el orden para marchar. Que aquí me viniese a hallar! Aquí está. Gentil cuidado, para marchar esta tarde, ya la gente prevenida, buen General por mi vida. Agora, ansi Alá te guarde, llegó tu hermano, Muley, Sultana, cuando el Cristiano surca el mar de espuma cano, mozo, y belicoso Rey, y favorecido tanto de otro Rey tan poderoso, hermano de aquel famoso don Juan, terror de Lepanto, no es razón, que esté mi hermano, cuando se precia de altivo, menos que el pie en el estrivo, y el corbo acero en la mano, Y más, cuando ha respondido Sebastian a mi embajada, como si ya de su espada fuera el Maluco vencido. El Moro se haura engañado, que mi Rey es muy cortés, si no que él es Portugues, y haurá respondido hinchado. Pues qué la respuesta ha sido? Después de haberle informado de mi parte, y protestado las causas que me han movido, le pedí con humildad, que aquesta guerra excusase; y que para que quedase airosa su autoridad, sesenta millas de tierra a Centa, y Tanjer podría agregar, que le sería de más útil, que una guerra injusta, y que era dudoso de la batalla el suceso, aunque su valor confieso y en fin, soberbio, y furioso, le dijo mil asperezas. Que no lo quiso acetar? No le podráe contentar menos que nuestras cabezas. A Alarache, Tetuan, y Cabo de Amber me pide. El que trates más te impide de las paces Sebastian. Cuandó en Marruecos me hubiera cercado, aún no era partido. Y en fin, que le has respondido? Qué responderle pudiera? que del Imperio Africano soy legítimo heredero, y que defenderle espero de todo el poder Cristiano. De condición intratable debe de ser. Si le hablaras, de otro modo lo juzgaras. jamás hombre tan amable se ha visto, ni en un sujeto se juntaron partes tantas. Con la pasión te adelantas, pero es tu Rey enefeto. Y por vida de Muley, que estimo el haverte oído, que no es hombre bien nacido, quien habla bien de su Rey. Mas de qué partes le alabas, que tendré gusto de oíllas. No me atreví a referillas, hasta saber si gustabas. Es de estatura mediano, como Don Carlos su avuelo, rubio, y algo crespo el pelo, el rostro grave, y humano. De espalda, y pecho doblado, casi con desproporción, y es tan grande el corazón, que revienta de apretado. Gran hombre de entrambas sillas; al más furioso caballo, sin freno suele pararlo, si le aplica las rodillas. Y si a correr le provoca, de espuela, y brazo incitado, parece el brazo pintado, viento el bruto, el cuerpo rocá. Si la espada negra toma con el maestro más diestro, quisiera más el maestro andar sobre una maroma. Es con las damas cortés, y por todo extremo honesto con ellas, que solo en esto no parece Portugues. Es Músico, y gran Poeta, mas si es Portugues, es llano, que aunque es Rey, y buen Cristiano. no se escapó de esta fera. Danzar no quiso saber, porque dice, que el mudarse, solamente ha de dejarse al tiempo, y a la mujer. Es por extremo piadoso, tiene cólera en el dar, y flema en el castigar, como su avuelo famoso. Ningún chisme se le lleva, que solo es su amigo quien cree de todos el bien, y de nadie el mal sin prueba. De las facciones no trato del rostro, porque un amigo, que cautivaron con migo, me vendió aqueste retrato, que es de uno de los pintores grandes, que hay en Portugal. No le han pintada muy mal tus lisonjeros colores; muestra. . Vesle aquí. Feroz. me parece. . Pues amí no me ha parecido así. Solo le falta la voz: al corazón se retira la sangre, fiero temblor. De qué has perdido el color? Flechas por los ojos tira. Que me anuncias, corazón, con tan nueva alteración? de que te has amedrentado? un hombre miras pintado, que no bramando un León. Que el tal retrato me cuesta cien palos, hiciera apuesta. Vive Dios, que estoy corrido de imaginar, que he temido: cólera, sin duda, es esta, La sangre se alborotó, como a su contrario vio. Natural efecto obliga. Si serán en la barriga. Oyes. . No lo dije yo; señor. . Tu temor es vano. Toma el retrato, Cristiano, que si tu Rey piensa, que es Viriato Portugues, yo Cipión Africano. Y antes que de sus galeras saque a tierra las banderas, estará Múley Maluco en las orillas del Luco, concertando las hileras. Que cuando de las divinas luces corra las cortinas el venidero arrebol, prestarán rayos al Sol las guardadas acerinas. Hermano, estas ocasiones no permiten dilaciones, sean brío, y sangre iguales, examinen los metales quilates de corazones. De nuestras cajas los ecos, encerrándose en sus huecos, las montañas estremezcan, nevados campos parezcan las adargas de Marruecos. Prueben de tanto ginete las sillas de tafílete, y tintos en tiria grana, anuncien sangre Cristiana tanto Africano bonete. Mas qué es esto? de repente un destemplado accidente, me ha dejado un tronco hyerto: casi a pronuuciar no acierto. Pues qué es, señor, lo que siente De el enfado, y del cansancio me ha dado alguna efimera, y fuerte. Quieres, señor, recogerte? Que no es cose de cuidado. Alá me valga, que frío sudor; ea Hámete, el brío muestra, y la sangre Real. Cuidado me da tu mal. No será nada, bien mío: Avisa, que al campo salgo. No va muy sabroso el galgo. Ya más esperanza llevo. En vano alentarme apruevo, aunque del valor me valgo, que marchen luego procura. El mal primero asegura. De algún veneno inhumano se confeccionó, Cristiano, tu prodigiosa pintura. Venga vuestra Majestad con la salud que desea mi amor, y aqueste su Reino. La que eternamente tenga emplearé en el servicio de tu Majestad, que es deuda, demás de mí obligación, debida a vuestra Grandeza, Vuestra Majestad la tiene? Los achaques perseveran, pero a vuestra Majestad parece, que lisonjean, pues que ya con su venida más cortesanos se templan. Mas siempre para servirle estoy de cualquier manera. Tome vuestra Majestad asiento. . Primero es fuerza, que tu Majestad le tome. O si la fortuna diera al valor de Sebastian de Filipo la prudencia! Deme vuestra Majestad su mano. . Que la merezca es justo el Duque de Avero. Es su antigua descendencia de la mejor de estos Reinos. Forzoso es llegar, la vuestra aguarda ya el Duque de Alba, y crea, que es la primera vez que a otro Rey, sino al mío, la he pedido. . Esa fineza estimo mucho. . Aseguro, que no es poco en su entereza. Mande vuestra Majestad, que se cubran. . Yerro fuera, donde está tu Majestad. En esta ocasión es fuerza. Digo señor, que primero que de lo que más convenga a su jornada, se trate, hablarle a solas quisiera, que no es bien que esté delante nadie, que escucharnos pueda, si acaso mi grande afecto se toma alguna licencia. Siempre serán para mí preceptos las advertencias de vuestra Majestad. Duque. Señor. . Esperad afuera. Dejadnos solos; Bien sé, que en vano mi amor intenta estorbarle esta jornada; pero cuando más no pueda, me quedará por consuelo, si como pienso se hierra, haber hecho de mi parte la postrera diligencia. Cuanto a lo primero; afirmo, que no tiene aquesta guerra en lo humano, ni divino genero de convenencia. El contrato con el Moro, no lo es, pues de su tierra nada necesir a España, antes el Moro granjea, pues no puede equivaler lo que trae a lo que lleva? y cuando importara mucho, no fuera bien, que escribieran ejemplar tan indecente las historias venideras. En permitir el Jarise en sus Provincias Iglesias, su será no arriesga nada, nuestra Religión arriesga, pues es forzoso dejar sus Imágenes, expuestas a ignominiosos ultrajes, y a bárbaras indecencias. Y aún a lo que no es razón, que lo pronuncie mi lengua, que el corazón en el pecho, zún de imaginarlo tiembla. No lo digo, porque pienso, que del Moro las propuestas le mueven, que bien conozco, que acetarlas no pudiera, y que solo alboroto sus belicosas orejas la ilustre ambición de fama, no de Reinos, ni riquezas. Mas vuestra Majestad mire, que no me parece cuerda determinación la suya. Bien puede ser, que no sea cuerda la guerra que emprendo, pero no es la vez primera, que se aura visto en el mundo con las circustancias mesmas. Y el Emperador mi avuelo, no pienso, que en experiencia, en cordura; ni en valor ha tenido quien le exceda. Eso ninguno lo ignora, mas aunque la acción no es nueva, en cuanto a las circunstancias hay muy grande diferencia: que si mi padre, y señor, tomó a su cargo la empresa, en favor de a Muleaces, de Tunez, y la Goleta, fue, porque del vil Colario Barvarroja tantas presas indignado le tenían, y corrido de que hubiera escapado de sus manos, cogiéndole en una isleta, varadas sus Galeotas, sin humana resistencia; al lobreguecer el día, y en la noturna tiniebla, sus Galeras pasó a mano a la margen contrapuesta del mar, que de allí distana más de seis millas de tierra; y Baruarroja no tuvo alguna color siquiera, que su maldad paliase: no sé yo por donde pueda tenerla el Maluco, pues, según la naturaleza, su padre, no pudo hacer ley, que quitarle pudiera a su niero la corona. Sus costumbres son diversas, y no nos toca el saber, si pudo, o no pudo hacerla. Demás de que son menores, sin comparación, las fuerzas que lleva tu Majestad, para la guerra que intenta, que las que llevó su avuelo. Eso es lo que más me alienta, y Dios es quien da victorias, no el numero. . Es cosa cierta, y el serlo tanto me obliga, a que una desdicha tema: porque es, según he sabido de nuestra Madre Teresa de Jesús, y de Fray Pedro de Alcantara, de esta guerra no se firve Dios. . Yo tengo consultada esta materia con hombres doctos, y todos con mi parecer concuerdan. Ha, señor, que de desdichas esos pareceres cuestan! Dícese, perdone, que en aquesta parte intenta un imposible. . Yo estoy resuelto. . Mucho me pesa. Él no obedecerle siento, pero es fuerza. Pues si es fuerza, la disposición se trate, del modo que más convenga. Hola. Señor. . Disponed, pues a vuestro cargo queda, Duque, como se ha tratado, que se junten las galeras. Pienso, si mal no me acuerdo, que en numero son cincuenta las que ajustamos, que fuesen. Si señor, las de Florencia, las de Napoles, y España, y Portugal son cuarenta; y las que su Santidad ofrece, y las de Venecia, y Genova son las diez, con que el numero se cierra. Y quién queda gobernando a Portugal? . Quien pudiera, sino el Cardenal mi tío? Ah sido elección muy cuerda. La infantería que ofrezco a tu Majestad, quisiera que fuera más; pero estoy con esta forzosa guerra de Flandes, muy alcanzado. Tres mil Castellanos lleva, soldados viejos, y el Cabo es un hombre, que pudiera, en fortuna, y en valor, competir con Julio César. El Maese de Campo Aldana es quien digo. . Por mi cuenta puede vuestra Majestad fiarle de aquesta guerra la disposición en todo. Bastan que vuestra experiencia le abone. . De Portugal, que gente saldrá? Ya quedan alistados cuatro mí! infantes, y la nobleza toda sigue mi persona; serán mil caballos. Bueva caballeria, aunque poca. En los siete mil que restan, hasta quince mil, que son de naciones extranjeras vienen otras mil corazas Alemanas, y quinientas Italianas. . Ya ajustamos, que de seis mil hombres quedan las pagas por cuenta mía. Si señor? . El cielo quiera, que del África triunfante otra vez a verle vuelva. Con su favor este templo he de adornar de banderas Moriscas, si una vez pisan mis pies la Africana tierra. Vamos a pedirle humildes a la Interceslora nuestra ese favor. Ya le espero de su divina clemencia. Vamos. Vuestra Majestad no va bien de esa manera. Señor, este es mi lugar. Es del huésped preeminencia, no se puede excusar. No será bien, que se entienda conmigo esa ceremonía. Solo en esto me obedezca. Yerro ha sido en mí el reparo, pues de cualquiera manera, que vaya tu Majestad, lleva la mano derecha.

JORNADA TERCERA

jornada tercera Ya del Luco pisamos la ribera. Con gran prisa has marchado. Era forzoso: que nuevas trujo, Hámete, la galera, que fue a reconocer? . Que el valeroso Sebastian, la mañana venidera, si el mar no se lo estorba borrascoso, tomará tierra. . Yel numero has sabido de gente? . Quince mil. Pierdo el sentido! que es lo que dices? Estos trae por lista. Si juzga Sebastian, que es interpresa del Imperio Africano la conquista, temeraria arrogancia Portuguesa: quince mil hombres, matan con la vista. Ya de mi grande prevención me pesa, pues casi es vituperio la victoria, y si él vence, eterniza su memoria. Bien parece que sabe, que el Maluco no está para vestir arnes luciente, que yo sé que al mirarme junto al Luco, resolución tomara diferente: mas si alcanzo salud, de Fernambuco, y de toda la India del Oriente, he de añadir sus quinas Portugnesas al gravado blasón de mis empresas. Eso es, si tras de aquesta que ando mato. Qué decías, Laín? . Acá es conmigo, que hay gran distancia desde el dicho al fato. No entiendo. . Pues por eso te lo digo, que eso era buscar tres pies al gato. Presto verás al Portugues tu amigo: muy alegre estarás con la esperanza de libertad. . Quien tu favor alcanza, señor, no tiene esclavitud ninguna. Si a mí, y a Sebastian pelear vieras, y árbitro fueras tú de la fortuna, di la verdad, a quien favorecieras? Ya sabes mi lealtad, y que en más de una ocasión viste entre las armas fieras a Laín pelear siempre a tu lado. No es eso lo que yo te he preguntado, porque entonces tú ley no te impedia, y con la humana obligación cumpliste: pero estando tu Rey en contra mía, no lo hicieras. . Ya tú te respondiste. Pues libertad te doy desde este día, corto premio a lo bien que me serviste. Beso tus pies. . Esos zequies toma; vete, pues, y acompañete Mahoma. No es razón, que un profeta tan honrado acompañe a un esclavo, eso perdona; demás de que estará muy ocupado, previniendo aposento a tu persona: en habiendo mi Rey desembarcado me iré. Bien dices, tu lealtad te abona. El ejército, hermano, tome aliento. Muy fatigado estás. . Malo me siento. Hiciste, que los pasos tome Audalla? Más fácil, que pasarse a tu contrario, es romper con los pies una muralla. Cuidado es menester, que el pueblo es vario, y lo más del ejército canalla. Mas con todo, aunque el Rey es temerario, si a mirar nos llegamos frente afrente, dudo que la batalla me presente. En fin la gran Sultana no ha querido quedarse en Temisinan. . Cómo me mira tan enfermo estorbarla no he podido, que conmigo viniese. . No me admira, con extremo tus males ha sentido. Tal tenga la salud. . No se retira vuestra Alteza a su tienda? . Mejor fuera, que la cama se hiciese en la litera. Dame, señor, tus pies. . Rustan, amigo, qué nuevas traes? Que ya ha tomado puerto la armada del Cristiano tu enemigo, en Tanjer, y que marcha con concierto en busca tuya. . No me hallará tarde, ni será cortesía, que yo aguarde parado al Rey. Ea, Africanos míos, no aguardemos, que cobren nuenos bríos con la tardanza nuestra; a marchar vuelva el campo, y formen intrincada selva, por los collados, valles, y caminos, de los ginetes los herrados pinos. A media marcha que nos acerquemos, su ejército, señor, descubriremos. La litera llegad. . Vamos, que es tarde. Muy malo voy. . Alá tu vida guarde. estoy temiendo. . Eso dice Tened, que su Majestad cayo. . Qué esperáis, llegad? muerto el caballo ha caído. Terrible presagio ha sido. . Notable serocidad. Su cólera le mató. Como oprimido se vio el soberbio Cordoves de otras manos, y otros pies, de corrido revento. Alguna desdicha espero. Qué decír, Duque de Avero? Que algún suceso infelice un Portugues Caballero? Si cuando en el mar entraste, y velas alzar mandaste, dejando triste a Lisboa, se hizo pedazos la proa de la galera que honraste. Si mató, causando horrores, dos remeros, los mejores, por hacer salva el Jarise, al salir tú del esquise, por decretos superiores. Si al ir en tierra a saltar tu persona, dio en el mar, y solo escuchamos quejas de lastimosas cornejas, desde que mandó marchar, es mucho, que tus leales vasallos recelen males? No son todas estas cosas extrañas, y portentosas? No son sino naturales. Es portento, que el Jarise dos remeros de mi esquise, por hacerme salva, hiriese, ni que una proa se abriese, porque en una peña rife? Es prodigio, que al saltar en tierra cubriese el mar con su espuma las arenas, tocandó mis pies apenas, por llegarlos a besar? Cantar las noturnas aves, tristes, funestas, y graves, siendo su canto, os altera? mayor extrañeza fuera cantar canciones suaves. Qué tronco oímos hablar? que Sol miramos parar? que montes mudan de asiento? que torres sustenta el viento? que límites rompió el mar? Y si el cielo permitiera, que todo esto sucediera. por fuerza habemos de ser los que amenace el poder de su justicia severa? Demás de qué él es testigo de que si solo conmigo su castigo se entendiera, solo su enojo sintiera, mas no huiré su castigo. No tratéis, por vida mía, de esto más, Duque de Auero. Ya espero, que llegue el día en que hable por mí el acero, Prior, que caballeria al Jarise acompañó? Trecientos hombres llevó, que dice, que a su estandarte se ha de pasar mucha parte del campo contrario, . Yo nunca tal he presumido. Pues él lo tiene creído. Presto su engaño verá, que ya el Maluco estará de ese riesgo prevenido. Mas si la nueva es verdad que tengo, tu Majestad, sin que aventure un soldado, aura su intento logrado. . Cómo? De una enfermedad extraña viene a la muerte el Maluco. . Qué es tan fuerte el mal? . Grande nueva es esa, Vive el cielo, que me pesa de que venga de esa suerte. Si en África no me viera, de la empresa desistiera. Solo esto, Duque de Avero, he tenido por agüero. Pluguiera a Dios, que muriera, que eso era lo más seguro. Oíd, que si no me miente el deseo, aunque distante, que he escuchado me parece los bélicos instrumentos del contrario. . De tu gente lo confirma el alboroto. Hola, que rumor es ese? Señor, de este hombre, que huyendo acaba de llegar, puedes informarte. . Laín? Dame tu mano. . Qué llego a verte? Libertad me dio el Maluco con intento me parece de que de su gran poder las nuevas ciertas trujese. Ah sido vuestro criado? Si señor. . Deja, que bese tus pies. . Se acerca el Maluco? Ya desde aquí puedes verle. Está tan cerca, que ya tomados los puestos tiene de estotra parte del Luco. Jamás nueva tan alegre he tenido; este diamante toma, que numero tiene de infantes, y de caballos? Apenas puede creerse. Y es? Cincuenta mil infantes, y setenta mil ginetes. Terrible ejército! . Nunca. creí, que tan poca gente trujera Múley Maluco, no quisiera que me huyese. Yo le hiciera puente de oro, aunque pagara la puente: Pues apenas tienes quince, y son pocos ciento y veinte? Qué importa, si son canalla, y nosotros Portugueses. Ya el Jarise Mahamer ha llegado. . Triste viene. (co Qué hay, Jarife? . Que el Malú, resolución fija tiene de no excusar la batalla, como tú se la presentes. Pero es su poder tan grande, que es fuerza que te aconseje, aunque sea contra mí, que a dársela no te arriesgues, Siempre tuve yo creído, que mi persona siguiese la mayor parte del campo. más pues mi contraria suerte. y el temor que le han cobrado al Maluco, tanto pueden, que ni un hombre le ha faltado. Temeridad me parece, que en tan desigual batalla tu corto ejército empenes. Ni quiera Alá, que por mí a un riesgo tan cvidente tu persona se aventure, digna de eternos laureles. Yo he sabido, que el Maluco, no se ha atrevido a ofrecerte los gastos de esta jornada, temiendo, que no lo aceres, demás de lo que en Lisboa de su parte Múley Jeque te ofreció: Dale seguro, para que su hermano Hamete venga a tratar de partidos, que si a tu gusto no fueren, en diferir la batalla dos días, nada se pierde, y puede ser, que entretanto Basta, Jarife, que ofendes mi valor. Pues qué dijera de mí el mundo, cuando oiese, que lo que no consiguió un Monarca tan prudente, ni aquesos mismos partidos, que entonces fueran decentes, lo consiguió mi contrario, estando ya frente a frente? Aunque consigo trujera los escuadrones de Rerjes, si cada yegua Morisca un paladión trujese, y cada vientre abortara los setenta mil ginetes, si reventaran los montes, pariendo Africana gente, y las nuves contra mí de hombres lloviese; dilunios he de darle la batalla, antes que en los eminentes montes el mayor Planeta la hermosa madeja peine. Decidle a Aldana, pues es Sargento mayor, que empiece a formar los escuadrones. Desde antes que anocheciese tenía la planta hecha; vuestra Majestad sosiegue, en tanto que el Alba asoma por las puertas del Oriente. Dadme un asiento, y decid, mientras el sueño me vence, como reparte los puestos Aldana, y que forma tiene del ejército la planta. Es, gran señor, de esta suerte. El cuerpo del escuadrón en tres cuerpos diferentes divide, y en otros tres el de enmedio, que es la frente. De estas llevan las manguardias aventureros valientes de Castilla, y Portugal, con picas, y coseletes. De estos tres el escuadrón siniestro a su cargo tiene el famoso, y no vencido Eduardo de Meneses. El cuerpo de él se compone de Italianos, igualmente mezclados con Alemanes, que dice, que ansi conviene. El escuadrón del derecho lado, de la misma suerte componen las dos naciones: lleva por Cabo al valiente Manuel de Sosa, que a Tanjer ha gobernado dos veces. De los dos que he referido, cada costado guarnecen hasta trecientas corazas de naciones diferentes. Estos dos trozos gobiernan dos Tudescos Coroneles, de quien siempre se ha fiado el bravo Conde de Fuentes. En el escuadrón de enmedio, que es donde forzosamente ha de asistir tu persona, que siglos por años cuente. Lleva la nobleza toda Lusitana, y como aqueste es el corazón del campo, y si acaso le rompiesen no queda recurso humano, frente, y costados defienden mil, y quinientos caballos. Tu estandarte Real viene en medio, a quien guarda el Conde de Redondo, el excelente Duque de Alencastro, horror de Africanas huestes, Linares, Villarreal; y todos cuantos no fueren en guarda de tu persona, ha dispuesto, que le cerquen con las banderas, formando un cuadro con cuatro frentes, Los dos que quedan, que son de quien el suceso pende de la batallla, los brazos que aqueste cuerpo defienden, dos puntas forman iguales, como en el valor, en gente, la izquierda de Castellanos, la diestra de Portugueses. Los de Castilla gobierna: que le ha vencido parece el sueño. . Solo él pudiera, por imagen de la muerte; estas, dos cosas igualan los labradores, y Reves. si llama, cuando recuerde. Volved, volved, Castellanos, no huyáis Lusitanos fuertes, volved a morir conmigo; hagaos el riesgo valientes, que el río os impide el paso, no muráis infamemente. Bárbaros, no habéis vencido, mientras Sebastian rigiere esta espada, aún tengo vida. Ay de mi! Jesús mil veces! . válgame Dios, que pesado sueño! bien se ve, que miente la opinión de que los sueños conforman con las especies de lo que el hombre imagina, cuando al común accidente de esta pensión de la vida. todos los sentidos pierde. Claro es, pues no me acuerdo, que a mi valor se atreviese imaginación cobarde, de que ser vencido puede. Pero un sonoro instrumento con sus compases previene, de que quiere el que le toca cantar, sin duda es valiente quien, cuando espera al contrario, tan desahogado tiene el corazón los soldados quisiera yo de esta suerte. Para darse la batalla, cuando el Sol sus rayos muestre, los dos valerosos campos puestos están frente a frente. No canta mal el soldado, el oírle me divierte la disposición del campo, sin duda alguna refiere. Vamos, que cerca estaremos, . Teme, Rey, tantos prodigios, y al mar tu ejército vuelve. , . . . Hay tan grande atrevimiento! la misma voz me parece esta, que la que escuché, cuando siguiendo al valiente javalí, me hallé perdido, examinarlo conviene. Mas ya delante del Sol el Alba marchando viene, y se retiran las sombras al contrapuesto accidente. Ya, corazón, llegó el día, bastante principio es este para tu valor, pues ganas en un diatres laureles. Hoy has de hacer, que quien duda esta victoria, confiese, no solo que la consigues, más también, que la mereces. Ya las sonorosas lenguas de metal, dicen, que empiecen a tomar todos sus puestos, ya los contrarios parecen: que hay, amigos? qué responden? Que ya el ejército tienes, para lo que le ordenares, prevenido, y obediente. Ya empieza a nacer el Sol, y los rayos de sufrente forman laberintos de oro, sobre los blancos arneses. Ya la espaciosa campaña hacen florido tapete. con las diversas colores, los enemigos gineres. Ya sus yeguas han oído los caballos Cordoveses, pues responden con relinchos. Mal año, como los huelen. El Maluco anda bizarro. Es el perraco valiente; espanto daba el mirarle. con el alma entre los dientes, venir gobernando el campo; un retrato de Holofernes parece. . Dadme un caballo, y envistamos, que entorpece el ánimo del contrario el primero que acomete: más qué es aquesto? Una flecha. Y un papel, que en ella viene atravesado. . Buen pulso de Moro. . Sin duda es este aviso de algún leal. Presto se verá, leedle. Si dilatas dos horas solamente, Rey Sebastian, el dar esta batalla, sin sangre lograrás tan gran victoria. Estas puede vivir Muley Maluco, goza de la ocasión, que el ser prudente, no pienso, que es dejar de ser valiente. Aviso es grande, señor, que no se debe desestimar. . Y más siendo tan breve el plazo; y cuando fuera engaño, y el Maluco no muriera, en dos horas muy poco se aventura, y si muere, la empresa está segura. Claro está, que asegura el vencimiento la muerte del Maluco. . Yo lo siento al rebes, que más fácil es ganalla, si muriese travada la batalla: que si les damos tiempo en que a su hermano. obedezca el ejército Africano por Caudillo, y por Rey, pues que le hereda, esa dificultad en pie se queda; no hay que aguardar, ya está la suerte echada. Y si la errare, pida la trocada. Aquesto es proponer, mas no excusallo. Eres mi sangre en fin. Sube a caballo. Vamos, que hoy he de hacer mi nombre eterno. Grande día ha de ser para el infierno. ya no es posible excusalla. Ea, nobles Africanos, ya presenta la batalla el Lusitano soberbio, En gente, y razón lleváis al enemigo ventaja; pero todo aquesto os sobra, si agora el valor os falta. Castigad el menosprecio de que a una empresa tan ardua, venga con tan poca gente, que aún la victoria os ultraja. No es su intento coronar al Jarise con sus armas, secreta ambición provoca, sus altivas esperanzas. Como a Indios bozales piensa conquistaros, que se espantan, sin experiencia, y desnudos del estruendo de las cajas. Ley, haciendas, vidas, y honras, viene a quitaros, venganza tomad de su loco intento. Por la ley, y por la patria morimos. . Ea, hermano, la perdida, o la ganancia va por ti, de tu valor pende tu dicha, o tu infamia. Por ti vas a pelear, pues la corona Africana heredas por muerte mía, ya está de mí tan cercana, que casi siento los filos de su invencible guadaña. Dos volantes escuadrones de a seis mil hombres encarga al valiente Raguseo, y en viendo la lid travada, a los Cristianos pendones envistan por las espaldas. Una Luna forme el campo, a nuestra Morisca usanza, y porque no esté menguante, en cada cuerno, una manga pondrás de a diez mil caballos de los Moros de Granada. Y estiéndanse de manera, pues que tienes gente tanta, que por los costados piquen la enemiga retaguarda. Reciban el primer choque los Genízaros de Albanía, que ellos solamente pueden resistirle: mas ya tardas. Dame los brazos, y fía de mi valor. . La Polaca alfana toma, que yo, aunque las mortales bascas me afligen, en la litera, hasta que me deje el alma, iré animando la gente. Ya se acercan. Cristianos, si es vuestro día, Alá os le de. . Toca al arma. Sfrica viva. . Santiago. Ea, amigos. . Cierra España. No va muy malo hasta aquí, si la fortuna voltaria no nos da con la del Martes, que las Moriscas escuadras atemorizadas huyen, y de los perros, por mazas, van los nuestros; a estas horas está el Maluco, que rabia! parece, según ahullan, que les han dado carazas. Allá van, señor Mahoma, de ropa limpia, y posada les acomode, yo voy a pegarles una tanda, por si no me viere en otra. Ea, Laín, cierra España , ,y Cómo, viles Africanos, aún no llegáis a las manos, cuando perdéis el valor? mirad, que vuestro temor pelea por los Cristianos. Genizaros, aquí estoy, aún tengo vida, yo soy vuel vuestro antiguo Capitán. Dame un caballo, Rustan; mas ay demí! dónde voy? Sebastian anda valiente, pero quien rige su gente muy poca experiencia muestra, pues por seguir a la nuestra ha desamparado el puente. Hámete, de la ocasión goza, que su perdición en esto solo se encierra. Toma el puente, el paso cierra, mas ya enviste el escuadrón de los fuertes Castellanos: dadme mis armas, villanos, Rustan, dame el Cordoves, que como yo tenga pies, aún tengo fuerca en las manos. Hámete, el puente ha tomado, la victorir ha asegurado, ya la soberbia Cristiana no tiene defensa humana. Pensaste, Rey desdichado, triunfar en llegando aquí de la fortuna, y de mí; engañado Portugues, para solo César es lo de vine, vi, y vencí. Mas ya el común enemigo batallando está conmigo, ya no me puedo mover. O muerte! déjame ver de Sebastian el castigo. El vestido me libró, ninguno en mi reparó, notable dicha he tenido; más debo a aqueste vestido, que al padre que me engendró, El cuartel de la salud es este. . Fiera inquietud. Si al Maluco podré ver: mas aquí está, quiero hacer la necesidad virtud. Pero ya pierdo los bríos. El mirarle pone horror. Mas ya el natural calor deja los extremos fríos, y en el corazón, por parte más segura, se hace fuerte. Señor, ya no pensé verte, un hora ha que ando abulcarte. (do? Pues como hasta aquí has llega. El traje los engaño, que aunque a todos condenó a mí solo me ha salvado. Yo muero. No tiene duda. Ya espero el golpe más cierto. Mucho ha que estuvieras muerto, mas el día no te ayuda, que en una ocasión como esta, querer la muerte esperar, es lo mismo, que aguardar a un barbero día de fiesta. Veamos el pulso. . Toma. Pues qué pides? Bueno está, muy presto tu alma irá a descansar con Mahoma. Que he de ver mi muerte antes, que la del Rey Portugues. Con que otro golpe me des será de particinantes. O, si le cogiera yo agora entre aquestos brazos! Mira que me haces pedazos, pesar de quien me parió. Qué quieres, Rustan? El contrario, aunque cercado, pelea desesperado. Está vivo Sebastian? Y aún está con esperanza de la victoria. . O reviego! No morirás con sosiego? Apartad, dame una lanza. Lanza agora? . Sí, que esperas? Mas que ha de empezar por mí. No te enojes, vesla aquí. Oh lanza, si un monte fueras! porque mis valientes manos, ya que otro alivio no espero, de un golpe acabara el fiero escuadrón de los Cristianos. Con la lanza ser podría, que agora la muerte espantes. Españoles arrogantes, allá va la lanza mía, guárdate, Cristiano ciego, más valiente que soldado, de aqueste tavo arrojado de la esfera de mi fuego. Mas ya con el alma estoy en los labios, ya ha llegado el plazo poco esperado, no digáis, que muerto soy, hasta dar fin a la empresa: o Cristiano altivo, y fuerte, no me pesa de mi muerte, que quedes vino me pesa. Qué es esto, Españoles míos? agora os desanimáis? no os retiréis, donde vais? volved a cobrar los bríos. No importa que estís cortados, mayor laurel os aguarda, la retaguarda me guarda, haced, y esperad cerrados. Cuando temió infeliz astro el ánimo valeroso? ea, Conde Bimioso, ea, famoso Alencastro. No sea sepulcro infame el undoso Mutaceno, mejor es, que el Agareno tan noble sangre dérrame. Mirad, que en las cristalinas aguas no hay senda ninguna, no eclipse su media Luna todó el Sol de vuestras quinas. Yo he de morir el primero, no desmayéis, Portugueses, ea invencibles Meneses. Señor. Oh Duque de Avero! Si es que pueden obligarte, Sebastian, aquestas canas, de las armas Africanas procura, señor, librarte. En la furiosa corriente, el Narise desdichado, pensando salir a nado, murió con toda su gente. Ya lo más de la nobleza, aunque tan bien se vendieron, las nobles vidas rindieron, salva, señor, tu cabeza. Todo el tercio Castellano, que fue el que más resistió, sin quedar hombre murió, no queda remedio humano. Pues al del cielo apelemos, y después de él al valor, que es el postrero. Señor, mejor será, que intentemos abrir paso por el puente con tu pequeño escuadrón. Duque, ya no es ocasión, ni quiero yo, que se cuente, que desnude aqueste acero para huir; dadme un caballo, y adonde muere el vasallo muera el Rey, Duque de Avero. Ea, señor, qué aguardamos? no hay esperanza ninguna de mejorar de fortuna, algún partido pidamos. Ya que quiso el ado impío negar de aquesta corona el laurel a tu persona. Tal pronuncia el que es mitio? Yo partido; con su estrago haré, que el Moro le pida. Cierra España, Santiago. Por el África victoria. Yo cumplo con dar la vida. Ríndete ya, monstruo altivo, Perros, estando yo vivo, en duda está vuestra gloria. Ríndete, Cristiano fiero, pues ya los demás lo están. Perros, yo soy Sebastian. Detén el valiente acero, que no pretendo tu muerte, sino que la vida guardes; dame la espada. Cobardes, eso será de esta suerte: Perros, mi espada rendida, aguardad. Tiradle, muera, Dispara, mata esa fiera. Jesús? Ya perdió la vida. Los cautivos se retiren, y a mi hermano victorioso, con aparato Real, llevemos, al son de roncos instrumentos militares, a darle sepulcro honroso. Y al infeliz Sebastian, por Rey fuerte, y valeroso, por Español invencible, y por Lusitano monstruo. En un Español caballo, pase los Reales todos, cercado de sus vasallos, que ansi los contrarios honro. Dando con aquesto fin al suceso lastimoso. del infeliz Sebastian, el Portugues más heroico.