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Texto digital de Rey decretado en el cielo y astucias de Lucifer (primera parte)

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Rodrigo Pedro Urrutia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Rey decretado en el cielo y astucias de Lucifer (primera parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/rey-decretado-en-el-cielo-y-astucias-de-lucifer-primera-parte.

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REY DECRETADO EN EL CIELO Y ASTUCIAS DE LUCIFER (PRIMERA PARTE)

JORNADA PRIMERA

Le has dicho a Duque de Anión, que le aguardo en esta pieza? Sí señor, y me mando le quitara las espuelas; porque le encontré a caballo para ir a caza de Fieras, con una dorada espada, una lucida escopeta, un Esclavo con un arco; y un Negro con una flecha. Díjome, dise a mi avuelo, que voy con gran ligereza a mudarme otro vestido, para estar en su presencia: muy poco puede tardar. Fernando, fueras tú a España, si al Duque se le ofreciera pasar allá a algunos fines, conformes a su grandeza? ̱. Nunca pudiera excusarse mi interesada obediencia, a seguir a mi señor, en su apacible asistencia. Mas, señor, su Alteza viene tan veloz, que corta el viento. Entra, y sácame dos fillas. . Ya están, señor, acá dentro. Señor, no ha sido posible haber llegado más presto. Tome vuestra Majestad, Monarca invicto, su asiento, . Yo soy el Duque de Anjón. y aunque por ser vuestro nieto debo ser favorecido, no ha de ser con tanto exceso. Vuestra Majestad se siente. . Digo, señor, que obedezco, aunque no encuentro la causa para tan grandes extremos. Oiga vuestra Majestad, que dilatarle no quiero una noticia, que es gozo, y es pesar a un mismo tiempo. Pasó Don Carlos Segundo . de este Reino a mejor Reino; el Duque de Osuna llega con el más seguro afecto, y me ha dado la noticia del dispuesto testamento, en que a vuestra Majestad le deja por su heredero. Dios, que desde las alturas gobierna la Tierra, y Cielo, piadoso así lo dispuso en sus Divinos Decretos. Pido a vuestra Majestad, por lo mucho que le quiero, que me escuche, por si fuere este el último consejo. No se da felicidad, sin darse contrario opuesto; pensión antigua, que a tantos ha sacado de su centro. En las dichas, que hay violencia, nunca hubo seguro medio; y así, cuando se poseen con escrúpulo, o recelo, más bien que con las piedades se guardan con el acero. Pero en esta, que se advierte ser dádiva de los Cielos, venza siempre lo piadoso, dejando a Dios el empeño; y aunque la Nave peligre, no hay que temer contra tiempos, que el Señor que la gobierna irá ministrando medios, para que aunque haya tormentas, y golpes de Mar violentos, desde la mayor borrasca salga al más seguro Puerto. Hoy es vuestra Majestad favorecido del Cielo con dos insignias tan nobles, como son Corona, y Cetro; y con una circunstancia, que cuando la considero, justamente me apasiono, justamente me enternezco. Que aunque en el nombre de este triunfos tan grandes advierto ser Rey de España es un timbre que hace mayor el trofeo. Vuestra Majestad va allá, y de paso le prevengo, que le imite al Rey su tío en el amor a sus Rernos. Tanto quiso a sus vasallos, que en su pasión no hubo medio porque siempre acostumbro brillar sobre los extremos. Y esta propiedad nació de reconecer en ellos tanta ley a su señor, que no quedaban contentos con tributar sus haciendas, sin dar sus vidas a un tiempo, Pero si por tantas culpas como cometen los Reinos, Dios estuviere enojado, y usando de lo severo, para que haya varias lides prestaré el consentimiento. Buen ánimo, Rey invicto, que con clamores al Cielo, si uno no alcanza, otro llega, hasta lograr el consuelo. Mandarles a las justicias, que pongan pronto remedio y al que se justificare, que, o por codicia, o por mied estuviere negligente, deponerle del empleo; estando sobre estas causas, que tanto irritan al Cielo, tan constante, tan ardiente, tan valiente, y justiciero, que en este noble castigo nunca se limpie el acero. Favorecer pretensiones de los honrados guerreros, es más que piedad, justicia, cuando saben merecerlo; que esto le presta al Soldado tanto espíritu, y aliento, que cada uno en sus hazañas se esfuerza a ser el primero. El Delfín, y el de Borgosía, esta tarde a un mismo tiempo, en vuestra Majestad ambos renunciarán sus derechos. otra cláusula hay, que dice el Cristiano testamento: Y porque no haya discordias entre España, y el Imperio, al señor Emperados se parta Embajador luego a proponerle, si gusta, dar su hija en casamiento a Phelipe, para lustre, y consuelo de sus Reinos. Yo me voy a despachar, que en cosas de tanto peso, es razón ganar las horas, porque es mui precioso el tiempo. Goce vuestra Majestad en tranquilidad su Reino. . Señor, bien reconocéis la poca ambición que tengo a estas glorias que da el Mundo; y desde luego protesto, que si no es para agradaros, y fuere para ofenderos, renunciaré la Corona; y con humildad os ruego, que pase de mí el Laurel a quien sepa merecerlo. Señor, mira lo que dices: goza la ocasión, y el tiempo, no sea que Dios se enoje, y si concede tu ruego, otro reine, y tú te quedes sin la posesión del Reino. Fernando, si Dios lo hiciere, nunca estaré más contento; pues sin su voluntad santa quién es quien desea Imperios? s. Mas qué música es aquella? Calla, señor, y la otremos. Si con ciega voluntad aceptares la Corona, los años del sufrimiento te darán siglos de gloria. . Si con ciega voluntad aceptares la Corona, los años del sufrimiento te darán siglos de gloria? Vez confusa, que arrículas con cláusulas imperiosas, acibares cuando empiezas, y cuando acabas lisonjas, prosigue, si acaso alientas con rasgos de misteriosa, por ver si tus ecos sirven a mi confusión de antorcha. Aunque mi voz no es Divina, ni es Ángel el que la entona, no con poco fundamento se introduce sentenciosa. Pues tú, cualquiera que seas, que en uniformes conceptos ánimas mi voluntad, y alientas mi entendimiento, para que acepte el Laurel, no temiéndole a su peso: digo, que en nombre de Dios, con su voluntad acepto. Fernando, no hay que aguardar, vamos a ver a mi avuelo, y a disponer el viaje para España, que teniendo yo el auxilio de MARíA, y de su Encarnado Verbo, viva la Iglesia sagrada. . Viva la Reina del Cielo. . No vivirá, ni la Iglesia, ni esa Reina, si yo puedo. De qué me sirve el poder? de qué me sirve el imperio, si en esta ocasión no logro mil triunfos a los Infiernos? Ya murió Carlos Segundo: y aunque a mi pesar, el Cielo le inspiró para dejar por succesor de sus Reinos a Pelipe Quinto, es bien, que pues no tiene remedio esta elección, tan a costa del dolor en que me quemo, que derrame mi zizaña, pues que tanto campo tengo, para hacer esta triaza rígido, y mortal veneno. Ciencia, ayuda mis designios, porque si el tiempo desprecio, tiene este Rey en la gloria (que yo perdí por soberbio) un San Lais, y un San Fernando, sin otros muchos avuelos, que si Dios deja obligarse de sus conticuados ruegos, caerá todo el edificio de Arriano. Mi homa, y Lutero. Ea, discurso infernal, la batalla comencemos. No se llevó el Rey de Francia, por muerte de Carlos Bueno, a su hijo Don Jacobo a su Corte, haciendo empeño de rendir a Inglaterra, y restituirle al Cetro, consumiendo la Heregia, que es mi patrimonio? es cierto, No es así que Portugal padece grandes recelos, de que el nuevo Rey de España se levante con su Reino? Pues si por algún motivo calló su río, y su ayuelo, él que no tiene ninguno, quiere usar de su derecho? Es sin duda: no es constante, que a Castilla pretendiendo, despachó el Emperador Embajador a este intento, para que Carlos Segundo, si acaso asentía en esto, a su hijo el Archiduque, dejara por su heredero? No es cierto, que mi cuidado vigilante, tiene opuestos, a Portugal con Galicia, a Francia con los Flamenzos, y a Valencia y Aragón, tan vanos, como soberbios, porque han querido dejarles consentidos en sus fueros? Pues qué mucho haré en lograr, con tan grandes fundamentos, tantas victorias, que lleve las cabernas del Infierno? Yo voy con mis Escuadrones a Alemania, con pretexto de habérsele trasternado (según dice) su derecho; y si el fuego se encendiere tan bien como yo deseo, haré que a Don Carlos de Austria le juren allá en sus Reinos, y se hallen constiruidos a defender el empeño. Desde allí iré a Inglaterra, a intimar al Parlamento, que su noble Religión quieren echársela al suelo; y pasando a Portugal irritaré al Rey Don Pedro, con que el nuevo Rey de España quiere alzarse con su Reino, que a Valencia, y Aragón, con introducirles miedo de que tan grandes Potencias, como se juntan a un tiempo, han de procurar quitarles la libertad de sus fueros. Con esto conseguiré, que acobardados, y ciegos apelliden a Don Carlos, cuando venga placentero, ofreciendo conveniencias por lograr así su intento. Y de este modo discurro, con mis sutiles enredos, que haciéndolos enemigos de Pelipe, y de su avuelo, será su guerra, y discordia mi continuado alimento. Ea, furias, ayudadme; ea, Ministros sangrientos, pues que a todos nos importa la batalla, comencemos, que amparado de mi rabia, y de mi mortal veneno, . muera la Iglesia sagrada, muera esa Reina del Cielo. . Cuando, inconstante fortuna; taldremos de confusiones, dándonos, o un claro día, o una tenebrosa noche? Seis meses ha que a Madrid, de Carlos Segundo Corte, despachó a su Embajador mi padre, porque no logre el Rey de Francia mirar, que su mero se corone Monarca de las Españas, por ausencia del que en bronce deje su nombre esculpido, para que nunca se borre. Yo he suplicado a mi padre, que mis designios no estorbe, porque el seguir esta empresa solo por mi cuenta corre. Que su Majestad pretende mortificar mis acciones, con querer que estemos todos con el bien, o el mal, conformes, Y solo siento, que a Garlos, mi hermano; me le trastorne con sus zagaces consejos, y sus templadas razones. Al Católico Don Carlos, según avisó el Correo, yo discurro, y sin violencia, que está su alma en el Cielo. Dios le dé felice hora, para llevarle a su Reino. No creerás, Sebastian, la gran tristeza que tengo; y según el sobresalto, con que batalla mi pecho, alguna nueva infeliz todos los instantes temo. O, pensiones de esta vida, donde no hay corazón quieto, pues aún aquel que más tiene, suele estar menos contento! Señor, he oído decir, que en los neutra les sucesos el esperar lo peor siempre ha sido de discretos; porque si después el hado píntare mejor, hay tiempo para celebrar las dichas, con duplicados contentos. Si habrá llegado la Posta, y nos traera algún consuelo? Señor, si gustas que vaya, presto nos satisfaremos. Anda, y di, que canten algo, que con eso me divierto. Voy, señor, sin detenerme. . Qué tristes son los desvelos de los Monarcas, que viven anhelando los aumentos! La acelerada ambición a dos peligros convida, pues precipita la vida, y arriesga la salvación. Qué importa, que la razón prevenga cuerda los daños. si todos los desengaños, se rinden a la pasión! Calla, presagio funesto, del bien que estoy esperando. Señor, yo llegué, y llegando la Posta con este pliego. Quiera Dios que desde luego no comience tropezando. Con voluntad de mi padre, este, y los demás los abro, porque conseguí licencia, aunque a acosta de trabajo, para hablar, y responder lo que convenga a este caso. Murió Don Carlo Segundo el día de Todos Santos, ha hecho su testamento sin mentar a nuestro Carlos. El señor Duque de Anjón, es quien queda declarado. Le habrán jurado sus Cortes, cuando esta llegue a tus manos, porque ha sido recibido, como era deseado. Y el señor Duque de Berri es quien suecede en faltando. Este, gran señor, es todo el fruto de mi trabajo, que aunque ha sido tan immenso, no he podido remediarlo. La Posa lleva ese pliego. porque hoy por hoy no me hallo para ser el pertador, por quedar accidentado. Guarde a Vuestra Majestad el Cielo por muchos años. Por cierto, que me has traído un grandísimo despacho. Señor, él fuera mejor si estuviera de mi mano. Anda presto, Sebastian, llama a mi hermano Don Carlos. Voy, señor, luego al instante a obedecer tu mandado. Qué noble es el corazón de un espíritu bizarro! Cuantas veces me anuncio lo mismo que me ha pasado? Es posible, suerte impía, es posible, injusto hado, que a tan crueles efectos nos tenías sentenciados? Por qué no me diste muerte antes de haberme mostrado, con tiranas influencias este fuego en que me abraso? Esas quejas no se dan al inflajo de los Astros; porque todos obedecen a otro influjo soberano; y no naciste a tener todo este mundo en tus manos, que cuando tú, otros nacieron, de un mismo Señor criados. Aunque conozco mi error, una sujestión, o encanto trae conmigo una batalla, con que vivo atormentado. Sebastian me ha referido, que estáis con algún cuidado, y que en él necesitáis mi asistencia, a vuestro lado me tenéis para serviros. Sabed Carlos, que el llámaros es con muy justa impaciencia, solo para preguntaros si queréis ser Rey de España. Pues acaso está en mi mano? Sí, en tu mano está, y también en la fuerza de mi brazo. Sebastian, entra dos fillas, que en los fatales acasos, para buscarles remedio, es preciso consultarlos. Tomad, Carlos, ese asiento. Tómole, si así os agrado, Ya. Carlos, nuestros designios de dejarte declarado por su succesor a España nuestro Carólico Carlos, con su muerte fenecieron; pues ha biéndose olvidado de ti, nuestras esperanzas, cuando él espiro, espiraron. No sería más mi suerte, Dios le dé eterno descanso. Mui fresco estás Archiduque. No estoy fresco, si Cristiano, que en las cosas que Dios hace, aunque parecen acasos, son disposiciones suyas, y debemos conformarnos: y el haberlo hecho así, si bien le consideramos, es favor que una Corona nunca trae, si sobresaltos. Yo fuera Rey muy gustoso si me hubiera declarado; pues como considerara, que Dios le había inspirado, siempre creyera que fueran de su cuenta mis cuidados. ̱. Pues, Carlos. Rey te amonesto, y hermano mayor, te mando, que en nada hagas resistencia de cuanto fueres mirando; y con la solemnidad que necesita este caso, por mí, y en nombre de padre, Rey de España te declaro. Y esto, Carlos, no te cueste confusión, ni sobresalto, que yo me ofrezco a toma; de mi cuenta tus cuidados, hasta que logre ponerte el Regio Cetro en tus manos. A quién habrá sucedido lo que a mí me esta pasando! Que es Carlos, lo que te tiene melancólico, y suspenso? Vuestra Majestad pregunta, y satisfacerle intento. Vuestra Majestad pretende, contra el dictamen del Cielo. Sebastian, vete allá fuera, y no entre nadie acá dentro sino fuere muy preciso. Mil afios os guarde el Cielo. . Proseguid vuestro discurso. Pues así otra vez comienzo. Vuestra Majestad discurre contra los juicios del Cielo, coronarme Rey de España, no siendo llamado al Reino, No digo que está excluido totalmente mi derecho: pero hallándose dos grados, según lo que siempre vemos, es, que nunca entra el segundo sin fenecer el primero. Esta es una causa, y otra, que habiendo empuñado el Cetro Felipe Quinto en España, y juradole sus Reinos (que así Sebastian me dijo cuando estabamos adentro) no sé que sea razón, ni tenga vises de serlo, para que yo injustamente le busque ya su ajamiento. Y habiéndole el Rey su tío llamado en su testamento, no puede estar con violencia; mete la mano en tu pecho. Por estas causas, hermano, justo motivo no tengo para creer, que se agrade de estas violencias el Cielo, Antes bien, si se ejecuta, viveré con el recelo, de que caiga sobre mí enojado el Firmamento. Pues no obstante los motivos que me expresas, te prevengo, que tendrás mi desagrado si te apartas de mi intento. Pues, hermano, no es razón, que ya que lo ejecuremos sea con gusto de padre? Padre está en dulce embeleso todas las horas con Dios, y en cosas de tanto peso, el místico, escrupuliza; pero yo, Carlos, me entiendo: obedecer te es preciso. Digo, hermano, que obedezco. Dios te guarde muchos años. . Señor, un Embajador del Rey de Francia enviado, llegó a hablar a vuestro padre, y porque esta accidentado, mandó a su Guardía venir asistiéndole, hasta tanto que llegara a tu presencia; y que habiendo despachado, tú en su nombre, la embajada; le fueran acompañando, hasta la pieza que tienen dispuesta los Enviados. Yo celebro de mi padre su favor, por soberano: di al Embajador, que entre. Vuelvo, señor, de contado. . Cualquiera juicio es ocioso, y cualquier discurso es vano, si su propio contenido me ha de sacar de cuidado. Goce Vuestra Majestad la vida por muchos años. . Bienvenido, Embajado; antes que todo, sentaos. Como queda Vuestro Rey? Mi Rey queda deseando repetidas ocasiones, en que poder agradaros; y yo justamente siento de vuestro padre el estado, quiera Dios que en su mayor salud, presto le veamos. Yo os estimo la atención, de que justo aprecio hago; y pues aqué es la venida: se ha ofrecido algún cuidado? Murió Don Carlos Segundo. Eterno descanso goce. El día de Todos Santos, día no más, que en el nombre, pues negando el Sol sus luces se vio en un día una noche; con los mayores extremos fue una confusión la Corte, con mil lágrimas los niños, con suspiros los mayores, las mujeres con desmayos, las campañas con clamores, los amigos se encontraban, y todos se desconocen; los Gremios extremecian el ámbito de la Corte, ya con sentidos gemidos, ya con lamentables voces; y era Roma cada Iglesia, enviándole oraciones. Todo Madrid era un susto, todo un mar de confusiones, cambiando a negras bayetas la variedad de colores. Doy paso a su testamento, que consultó con los hombres, a quien venera Castilla por su ciencia los mayores. Si quieres. Embajador, no fatigarte, a ese intento te hago saber, que no ignoro la cláusula de heredero. Decid, si hubiere otra cosa. otra hay que deciros quiero, que es el fin a que he venido: perdonad si sos molesto. Una cláusula hay que dice, más por modo de consejo, que no para ejecutarla por rigoroso precepto. Y porque no haya discordias entre España, y el Imperio, al señor Emperados sa parta Embajador luego, a proponerle si gusta dar su hija en casamiento a Felipe, para lustre, y consuelo de sus Reinos. A esto el Rey, señor, me envía, porque desea el acierto, y yo de la parte mía, justamente considero, que unidas las tres Coronas, de la Cristiandad el centro, acabarán de esta vez. Calvino, Arriano, y Lurero. Embajador, di a tu. Rey, que he oído todo el contexto de tu embajada, y que crea de nuestra amistad, que siento no poder darle a mi hermana para su esposa a su nieto: que esta dicha nos la sufra un oculto ligamento; que no puedo declarar, por lo que importa el secreto; y que en nombre de mi padre, y en el mío le agradezco, memoria con qué procura a todos favorecernos; que no pudiendo servirle, y siendo quien le perdemos, ocultas causas nos dejan, solo con el sentimiento. Ved si se ofrece otra cosa, porque es día de correo. . Guarde a Vuestra Majestad para mil triunfos el Cielo. . Vámonos presto a escribír al Reino de Inglaterra, intimándole lo bien que puede estarle esta guerra. Que el Reino de Porrugal, atendiendo a su defensa, en cualesquiera ocasiones nos tendrá la puerta abierta. De Aragón no desconfío, porque con gran ligereza, en ofreciéndole alivios, se rendirá a la propuesta. Italia, me quiere mucho; y si cierta estraragema se me logra, ayudará todo el Reino de Valencia. Y sirvan ahora todos, por si le logra la empresa, que después podrá guardas cada uno su cabeza. a . No hay que desmayar, astucias, porque con grandes extremos consiguen mis sujestiones marabillosos efectos. Ahora vengo de Alemania de estorbar un casamiento, que si lo han ejecutado, se ha estremecido el Infierno; pero ya queda fustrado, y Aremania en el empeño de ir a conquistar a España, entrando a sangre, y a fuego: que aunque tienen discurrido, por más acertado medio, comenzar de pretendientes con halagos, y correjos, yo excitaré con las iras a que el furor tenga efecto, criando entre mi zizañía contentos, y mal contentos. Y no es así como quiera el grande estrago que he hecho, porque quedan persuadidos, con mis sutiles enredos, a que con Inglaterra hagan liga, porque a un tiempo unos derramen la sangre, y otros asuelen los Templos. Llegué a Portugal, y hallé al valiente Rey Don Pedro engolfado en confusimnes, todo lleno de misterios, discoriendo cual sería su más ajestado acierto. Pusele la batería, y antes de pegar el fuego, le ci una proposición, tan medida a mi deseo, que me pareció que había leido mi pensamiento. No teniendo allí que hacer, y hallándome muy contento (si cabe contento en quien vive entre rabias muriendo) me pase hasta Inglaterra, y referir por extenso tanta máquina de almas como allí seguras tengo, es ponderar imposibles, y por eso me suspendo. Por fin, ya todos rendidos al influjo de mi fuego, les dejo mui persuadidos a los Nobles, y Plebeyos, en que han de perder sus vidas por ayudar al Imperio; y dicen, que así aseguran dos triunfos a un mismo tiempo; uno es, que su Religión conserve su lucimiento; otro es que con el motivo de irse conquistando Reinos, podrán ensanchar sus Leyes, dando esta gloria a Lutero. Pasé a Saboya, y hallé con grande gozo y consuelo al Doque, y a la Duquesa, hablar sobre casamiento con su hija, y con Pelipe Quinto, el Señor de estos Reinos, que el Rey de Polonia estaba hablando sobre este intento. Los padres están gustosos, y me tiene sin aliento discurrir, que lo ejecutan, sin poder poner remedo. Aquí: hay de mí! me acobarda un escrúpulo, o recelo, que el corazón se me abrasa cada instante que me acuerdo, que esta Infanta es de la Casa de David, la que en un tiempo crió a mi fuerte enemiga MARIA Madre del Verbo; la que con grande arrogancia puso su planta en mi cuello. Lo que más me importa ahora es viciar el casamiento, porque si a mi gusto salen encontrados sus afectos, aseguro la victoria contra Dios, y contra el Cielo. Goce el Duque de Saboya de estas horas, que no puedo usar de mi libertad; que yo le buscaré en tiempo, con mis delgadas industrias, y con eficaces medios, para que a sí se aborrezca, y por consiguiente espero, que aborrezca a sus Estados, a su hija, y a su hierno.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Hija, mira qué resuelves, porque quiero responder. Cuando yo, señor, nací a ocupar la Majestad, nunca tuve libertad, porque al nacer la perdí. Y cuando al Cielo debí justamente complacer, dejar de condescender contigo, nunca es razón; con que en mí no hay más acción, que saber obedecer. Tu cuerda resolución, y modo de responder, justamente he de tener impresa en el corazón, porque tan noble atención es don que al Cielo has debido; su piedad te da un marido, de Casa tan elevada, que Dios la tiene ilustrada; y con Divinos favores, le dio su mano tres flores, con que la dejó ensalzada. Aunque yo siempre, señor, he procurado agradarte, me es tan sensible el dejarte, que excede al mayor dolor. Pues cuando tenga lugar, no te pasaré yo a ver? No sé si llegue a creer, que me puedas olvidar. Quién duda mi obligación, ofende mi realidad. Si he de decir la verdad, me lo dice el corazón, Que olvides la aprensión es lo que te he de deber; aDios hija, que es ya tarde, y me voy a responder: Mariana queda contigo, que te podrá entretener. Me parece gran señora, que te has quedado suspensa: no te acobarde el estado, ni confusiones padezcas, que si de Dios estuviere, que seas de España Reina, ni es razón que esto desprecies, ni menos es que lo sientas; y por fín, es Sacramento, que honestas glorias encierra. Las que como yo nacimos, sojetas a la obediencia de haber de tomar estado, nada menos nos alienta, que la voz del matrimonio; no digo, que este no tenga la solemnidad consigo, y la amistad de la Iglesia, que tan alta Majestad con tanto amor representa: si porque a nuestros oídos no hay estado que nos mueva, como canbiar los Palacios por la estrechez de una Celda; y es muy fácil de entender, según esta inteligencia. Ninguno vive con cabal contento y todos anhelando a mejor suerte pues cualquiera su vida la convieno en la solicitud de más aumento; pero en nosotras cesa el pensa mien porque no hay más que ser, con que se advie que aspirando a ser más para ir al desde una Religión se toma el vuelo Es así; pero aunque vo? vais con principios fundados, señora, en todos estados se puede servir a Dios. Esto es en cosas decentes pasar, Mariana, la tarde, que en todo he de ejecurar la voluntad de mi padre: Señora, me das licencia, para que pueda contarte en una casualidad lo que me pasó otra tarde, que vide a Telipe Quineo viniendo surcando mares? Mariana, por darte gusto lo haré; mas no te dilates, que aún todavía no es tiempo de dar oído a esas frases. Pues, señora, seré breve, que no intento disgustarte. A la puerta de la mar salí un rato a deleitarme, a tiempo que un gran navio vide hacia el Muelle cercarle. Saltó en una lancha a tierra un Caballero arrogante, que sin decir él quien era, lo demostraba su talle. Salieron doce criados con diferentes plumajes, que del señor se pusieron ocho, o diez pasas distantes, Se estaba en el Arenal paseando, con tal arte, que me puse a discurrir si era hombre o si era Ángel. Yo llena de confusiones, y haciéndoseme ya tarde, porque la curiosidad siempre está de nuestra parte, con un lienzo hice una seña a uno de los doce Pajes. Cercose, usando conmigo aquellas orbanidades, que los Nobles acostumbran con mujeres principales. S ludome muy discreto, yo le respondí agradable; y después de haberle oído mil discursivos ambajes, le pregunté, que quien era aquel señor, que distante de los otros once estaba, con aquel blanco plumaje. Respondió, el Duque de Anjón, que ha salido a deleitarse; porque cuando a otros sofocan las tormentas de los mares, mi señor más se divierte con los más recios combates. Su ayuelo es el Rey de Francia, y el señor Delfín su padre; es discreto sin segundo, y en las armas tan gigante, que si Alejandro viviera le rindiera vasallaje. Juega trucos, y pelota, y en el mallo es tan pejante, que hasta ahora no ha encontrado igual competencia en nadie. El plomo de su escopeta es la ruina de las aves: se pone sobre un caballo, con tal brío, y con tal arte, que una vez queriendo un bruto por soberbio desecharle, subieron en una pirza tanto a la Región del aire, que le invidio Ganimedes, y en tierra le emuló Marte. Esto dijo, y a una seña, que hizo su amo con un guante, él, y los demás partieron, todas jantos a embarcarse, En esta ocasión le vi, y oí sus habilidades. Por cierto, que la pintura la has formado con arrisco, y tu grande discreción da los colores tan finos, que entre tus mátices haces presente al favorecido. Y si a un galán le dibujas con tan metódico estilo, qué dijeras de una dama, aunque algo fuera fingido? Señora, con realidades aprendí lo que he sabido, que yo a nadie puedo dar lo que el Cielo le ha escondido, Si pintara tu hermosura todo me lo hallara dicho; porque en pelo, frente, y cajas, ojos, y nariz, te advierto, que has nacido a públicas el poder que tiene el Cielo, En tu boca estoy mirando partido un clavel por medio, vertiendo por sus heridas corales a un mismo tiempo. En tu preciosa garganta, cuando reparo, contemplo a la nieve en la blancura, y a la Garza en el aseo. Al inclinarme a tus manos, si un instante me divierto, juzgo las palmas por nardos, y por jazmines los dedos. Siempre que miro tú talle, mil confusiones padezco, porque temo no te quiebre con un leve movimiento. Dirás, que esta hermosa obra necesita de cimiento; pero como es milagrosa, su pieno se ve en el suelo. Favorecedora estás, Mariana, y aunque no creo de mí esa fina pintura, por ser tuya la celebro. Nunca haces mayor, señora, tu lucido entendimiento, porque en su desconfianza se acreditan los discretos. Mas, señora, el Duque viene, parece que algo suspenso. Qué hay, hija? en qué se ha pasado, desde que yo me fui, el tiempo? Como yo siempre, señor, tanto a Mariana celebro, cualquiera discreción suya para mi es divertimiento. Parece que vienes trister? No porque aunque causa tengo, quiero anticipar tus gustos a mis mayores aumentos. Pues el mayor que yo tenga será mi obedecimiento, en este cifro mi dicha, y en él consigo el acierto: Diste él si al Embajador? Sí, y ya no tiene remedio. Luego estás arrepentido? Yo de nada me arrepiento. Habla más claro, señor, no te expliques con misterios: Pues venía por la sala de ajustar el casamiento, tan gustoso, que aseguro, que jamás tuve consuelo que a este pudiera igualarse, tanto por lo que te quiero, cuanto por haberte dado por marido, y compañero a un Monarca, que su fama no se ignora en ningún Reino: cuando se entró por la puerta un Hermitaño, tan ferio, que me detuve a mirarle, porque me causó respeto. Yo le dije, qué quería? y con tanto entendimiento, con tanto juicio, y prudencia probó que en el casamiento, mas que se gana se pierde, con tan grandes fundamentos, que me dejó acibarado todo el pasado consuelo. Haí, señora, si sería Lucifer! que no es de nuevo en la Casa de David fingir él otros encuentros; pero yo fío de Dios, si es él, que ha de salir de estos, como ha salido otras veces, con el pie sobre su cuello. Pues, padre, faltan motivos, y políticos pretextos, para poder quedar bien si no conviniere hacerlo? Ya, hija, lo dicho dicho, tu irás a gozar tus Reinos, y yo haré por resistir este fuego, que en mi pecho aquel varón introdujo con sus sutiles conceptos. Pues padre, haz lo que conven y con tu licencia quiero pasarme ahora a mi cuarto: Mariana, vámonos luego. Señora, cuando gustares. Guárdete, señor, el Cielo. En qué pecho se habíá visto la confusión que padezco, sin saber en lo que gano, ni saber en lo que pierde? Válgame Dios! desde ahora, que aquel fántico del yermo me dijo aquellas razones, traigo el juicio tan inquiero, que cuanto miro son sombras, y cuanto toco son hierros! Pero para qué fatigo este triste pensamiento? Acaso un pobre Himitaño está con algún precepto obligado a nunca errar, ni yo a tomar su consejo? Luego muy bien podo ser cuanto dijo desacierto. Puedo yo para mi hija lograr mejor casamiento? No es pesible: pues qué aguardo? Fueran vanos pensamientos, que en discreta competencia de muchos gustos propuestos, es cordura él elegír aquel que fuere más cierto; porque al que todo lo quiere, todos los instantes vemos perder la joya mejor, quedando después contento con tomar lo que han dejado, sea malo, o sea bueno. Señor, yo soy un hidalgo, que desde España me vengo a suplicarte rendido, que si una carta merezco de favor, me la concedas, para con este pretexto, y con tu amparo, poder pedir perdón de mi yerro. Pues dime, qué culpa tienes? Gran señor de malcontento, porque me dejé llevas de otros cuatro cerveceros, y dije, que al Archiduque quería yo como ellos: de hombres es errar, señor, a tu gran piedad apelo, que tengo hijos, y mujer, y les dejo pereciendo. No fuera mejor buscarles a esos hijos su remedio lícitamente, que andarse queriendo, ni aborreciendo? Señor, me engañó el demonio, con harto dolor lo siento. Y dime, cómo te llamas? Doa Marroquín de San Telmo. Quédate en casa unos días, hasta que discurra medio de poder convalecerte en tu grande desacierto: anda, estate en la antelala, y no entre nadie acá dentro sin que primero me avises. Voime señor, al momento. . Cada instante en mi discurso nueva confusión padezco; según lo que este me avisa, con Felipe hay malcontentos, y presumo por su estilo, este es hombre de talento. Pero cuando habrá Monarca, sino es que baje del Cielo, con quien todos sus vasa los estén bien a un mismo tiempo Señor, un pobre Hermitaño dice, que si podrá verte? Si será aquel venerable? Dile, Marroquín, que entre. Sea alabado el Señor. Por siempre sea alabado. Señor, como en la antesala no pude hablarte deespacio he buscado esta ocasión, que tanto la he deseado. Dígame su Caridad, qué interesa en ese caso? Los que ajustados vivimos, continuamente celamos movimientos de Monarcas cuando suelen ir errados. Yo bien conozco mi error; más me tiene consolado, que aunque en una parte pierdo, en otra parte lo gano. Dime, señor, qué ganancia puede haber que importe tanto, que deba hacer contrapeso al oro que has despreciado? Le respondo, que esto es luego, y lo otro ya muy largo, y el que da al tiempo que ofrece, debe ser privilegiado, pues nunca es lo prometido del valor de lo contado, Y en esto tu varonía, qué Provincias ha ganado? Reinos hay que conquistar, y yo entraré en este caso, por su padre por amigo, por quien soy, y por aliado, que España, Francia, y Saboya, como no nos desunamos, no será mucho que al mundo entre los tres le partamos. Y dime, eso va muy cerca? Oiga el pícaro Aermitaño, y con qué melocidad le va apretando los lazos. Yo no digo, que va cerca; pero aunque fuera más largo, asegurando esta empiesa para mi hija si acaso después no nubiere fortuna de rendir Reinos extraños, yo me estoy como me estaba, y mi hija está reinando. En fín, señor tú verás, mirándolo más deespacio, que es en suma contra ti todo cuanto has pronunciado. Yo te buscaré tu ruina, yo te buscaré tu estrago. Marroquín, has escuchado a este sántico del yermo? Sí, señor, y me parece, que trae el diablo en el cuerpo. Pues de todo lo que ha dicho, dime tú, qué juicio has hecho? Lo primero es, que este viene a estorbar un casamiento; esto yo sé que es pecado; luego el principio no es bueno. Lo segundo es, que en Saboya, según me han dicho allá dentro, todo es fienas, y a borozos, todo es gustos, y contentos, deseando ver logrado tan dichoso casamiento; y no siendo despreciable ningún antiguo proverbio, muy bien puedes entender lo que dice voz del Pueblo. Lo tercero es, que el santico, es un Dragón carnicero, que quiere que todos caigan, como él cayó por soberbio. Según eso, es el demonio. Pues acaso yo lo niego? y si es el que yo presumo, según lo grave, y lo serio, es este el que regentea las Catedras del Infierno, y el que tiene el primer vor en todos los argumentos. Anda de al mentecaro, que entiendes tu poco de eso. En esta ciencia, señor, de conocer los enredos de esta especie de Hermitaños, te puedo decir por cierto, que muchos grandes la ignoran, y la saben los pequeños. Místico estás, Marroquín; pero pues adviertes eso, como pudo el Hermitaño moverte a ser mal contento Porque a cualquiera le es fácil el saber dar un consejo, que teóricos hay muchos; pero prácticos hay menos. Formal estas. Marroquín. Si estoy, y con tanto miedo de haber visto al Hermitaño, que se me ha erizado el peso. Aquella humildad te asambra? Sí, señor, porque yo tiemblo de las garras del León cuando se viene halagüeño, escondiéndose las uñas entre la piel de cordero. Cobardes sois los humildes. Pues mira, que en los soberbios tiene este su patrimonio: no hablo por ti, yo me entiendo. Eso no habla con Monarcas. Como no cometan hierros; en ese caso señor, yo te diré, que concedo. Digo, que estás licenciado; más volviendo a nuestro intento, yo voy a que se ejecute el trarado casamiento, que si luego acaeciere algún motivo o pretexto para aumentar mis Provincias, poco importa que esté hecho. Y es ese, señor, el fruto, que sacas del argumento? No hay ser padre siendo Rey; por algo se dijo esto. Si el Duque se explica así, y es el que va a ser su luegro del señor Felipe Quinto, por qué he de tener yo miedo de proseguir en mi empresa, pues que adelantado tengo conocer al Archiduque, y saber lo que le quiero? Y aún está en la aprensión de que yo le estoy sirviendo entre otros muchos criados, de más antiguo espensero; y acaso podré lograr, que pasándose algún tiempo me quiera sacar de pobre, que ha mucho que lo deseo; pues si en seguirle no dudo, ya es por demás el empeño. El Duque entró por aquí, y yo por acá me vuelvo, persuadiendo a los que encuentre, para que hagan lo mismo, porque yo para incitar siempre me he hal ado dispuesto, Si yo acertara a encontrar algún amigo esta tarde para divertir el tiempo, me fuera muy apreciable; porque en estos casa miento: de los Reyes ha de estarse un criado sin moverse a esta parte ni a otra parte, oyendo mil eriquetas, mil periodos, y frases, mientras dagana al Obispo de usar de las esponsales. Esta la Reina por cierto con tan peregrino arte, que parece que ha enviado Dios desde su Esfera un Ángel. Y el Rey? es otro prodigio; pues lo serio, y agradable no dice Majestad sola, que dice mil Majestades. Que haya corazón tirano, qué haya fiera, que haya áspid, que en defensa de estos Reyes no quiera verter su sangre? Quién vive? Felipe Quinto. Vuélvalo a decir, hidalgo. Amigo, lo dicho dicho. La voz de amigo me alienta a decir a usted que llegue, que tenía deseado encontrar con un prudente, de quien yo vuelva enseñado, y vencido justamente. Por este medio discurro, . que se desvanezca este, y así conseguiré de él después lo que yo quisiere. Haí aquí quién nos escuche? No hay aquí si no es paredes. Y usted me dará licencia para que yo manifieste en favor del Archiduque los motivos que tuviere, probando que esta Corona le toca, y le pertenece? El estar tan al principio solo puede convencerme a que tal cosa consienta; pero en pasando dos meses de mí no lo logrará, ni ustede ni otro más vavente; porque hablar en un derecho tan claro como lo es este del señor Felipe Quinto, no puede ningún prudente, porque en cosas tan sagradas no ha de querer exponerse, ni arriesgarse ha cometer delito de crimen lese. Pero por ver si te saco del delirio que padeces, y porque aquí estamos solos, di todo lo que quifieres. Conoce usté al Archiduque? Muy bien y así usted prosiga. Sabe usted, que en lod puesto, en lo galán, y entendido le quiso adornar el Cielo: Si señor; pero hasta ahora en toda la edad que tengo, a ninguno por galán he oído que herede Reinos; y aunque eso así sucediera en estos casos que niego, de gasán, y de brioso, de prudente, y de discreto, hablando con la modestia, que tan jastamente debo, en todo Felipe Quinto le excede con quinto, y tercio. Con que en este si ocismo usted se vence? . Me venzo. Pues vaya diciendo usted, que yo le iré respondiendo. El señor Felipe Cuarto cuando hizo su testamento, a Carlos el Archiduque no dejó por su heredero? Sí, señor; pero su hijo representó su derecho; y habiendo en este cesado la varonía, teniendo hechas consultas con sabios, todos juntos resolvieron, que el señor Felipe Quinto era el llamado a estos Reinos, porque sin violencia a guna representaba el derecho de hermana mayor de Carlos, de quien es Felipe nieto. Y no le obsta la renuncia que hizo, cuando el casamiento trató con Luis, Rey de Francia? Con el principio resuelvo, porque no puede una avuela quitar su derecho al mieto; y si esto es en cosas cortas, qué hará en las de tanto peso? A quien hace la renuncia rigoroso ligamento, es al Príncipe que fuere del Rey de Francia heredero, porque no recaiga en uno aquel Reino, y este Reino. Con qué en esta inteligencia usted se vence? . Me venzo. Y cuando hay dos pretendientes a Mayorazgos o a Reinos, no favorecen las leyes la varonía primero Distingo: si es donde corre la ley Sálica, concedo: pero si fuere en España, que nunca ha pasado, niego; y esto tengo de probarlo, no solo con un ejemplo. Nunca ha sido contra ley elegir al heredero por hembra, si representa el immediato derecho. Doña Isabel, la Princesa de Castilla, habiendo muerto el Rey Eurique su hermano sin sucesión, a este Reino heredo que con Fernando de Aragón, se casó luego, y aún por este matrimonio las dos Coronas se unieron Tavieron en succesión aDiña Juana que habiendo faltado Doña Tabel, suecedió, con que bien pruebo, que el que se herede por hembra, nunca fue contra derecho; y esto es fácil de entender, según estos dos ejemplos. Yo no acabo de entender estas cosas. . Pues, parlero, quien te mete en Teologia, sin saber el Padre nuestro? Pero como estas Naciones nunca con amor se unieron Esa es mayor bobería, pues es con abusos necios dar complacencia al demonio, y desagradar al Cielo, en querer aborrecer los propios hermanos nuestros, que profesan nuestra Ley, y creen nuestro Evangelio. Y si miras las Historias, verás en antiguos tiempos a Espasía, y Francia hermanadas, dando al mundo muchos celos. Con que habiendo a tus discursos uno a uno satisfecho, en qué estado nos hallamos? dime, te vences? . Me venzo, Ese bonete traerás en fe de convencimiento, y has de tenerlo contigo hasta dos años y medio. O vida bachillerías, y mira, que el Rey del Cielo se cansará de sufrirte, y te echará a los Iofiernos. Como te olvidas, ingrato, de un solemne juramento, que con los mayores gustos, por ti, y por todos hicieron, las Ciudades que hacen Corre, con el más grande contento? Estandartes tremosaron, fiestas de Toros le hicieron, júbilos, y regocijos en toda España se vieron: no malogres la ventura del Rey, que te ha dado el Cielo. Amigo, debo decirte, que te estimo esos consejos, y te empeño mi palabra de poner todos los medios, que conduzcan a vencer el Astro, que está influyendo en mi loca fantasía, o en mi torpe entendimiento; y de retirarme a Flandes, con un pariente que tengo, a servir allí a mi Rey, y a llorar mis desaciertos. . Qué sea tal la eficacía de aquel lobo carnicero, que si cualquiera le escucha, le introduce su veneno? y que hay hombres tan sencillos, que no temiendo estos riesgos, se le pongan frente a frente a oírle sus argumentos, ordenándosele a todos, que ninguno pueda hacerlo? Yo me voy, pues ya discurro, que está hecho el casamiento, por si algo se ofreciere, antes que me echen menos. Y si acaso Marroquín está llorando su yerro, bien puedo estar con el gusto de que no he perdido tiempo, aunque el que una vez fue malo, pocas veces será bueno. . Qué haya yo estado tan ciego por mi ingrata veleidad creyendo lo que es incierto, y huyendo lo que es verdad? Gracias a Dios, que he salido de tan grande ceguedad! Tente, bruto desbocado, enfrena ya tu soberbia. Salta en la lancha, señor, que va estás cerca de tierra. Hai. Virger Santa de Carmén, que es Carlos el que se anega Gracias a ti, Dios immenso, que libras de que zozobre en riesgos tan conocidos, a un corazón que es de bronce, pues conociendo su error a tu piedad no se acoge, pidiéndote muchas veces, que mis designios perdones, Marroquín? Señor, qué traes, que vienes tan demudado? Escucha atento, y sabrás todo lo que me ha pasado. Yo salí de Inglarerra, tan lleno de confusiones, tan contra mi voluntad, y tan ciego de temores, que mi noble corazón fue pronóstico conforme, que cuanto he pasado ahora, piadoso me anunció entonces. Por el gusto de mi hermano, con cuarenta Embarcaciones salí para Portugal, con ocho, o nueve mil hombres; y pasando la Canal, fueron tan grandes los golpes, que las aguas enojadas repetían tan disformes, que asustados igualmente todos nuestros corazones, implorabamos al Cielo para ver si nos socorre. Los árboles se nos quiebran, las jarcías se descomponen, los trinquetes se quebrantan, las misanas se nos rompen; y vatiendo los Navios con los encuentros veloces, algunos desampararon, con el susto, los timones. Y final mente, faltó el día, y entró la noche, amenazando las vidas, y entre tinieblas, y horrores, el ámbito parecía todo un mar de confusiones; porque como se encontraron, con lo oscuro de la noche, rayos, truenos, y granizo, nieblas, vientos, y temblores, podrás tu considera; como estaría yo entonces, hasta que piadoso el Cielo, usando de sus favores, me echó en una lancha a tierra, y sasí a sis Puetto, adonda encontrándote cautivo, tengo nuevas confusiones. Tan suspenso me has dejado, y tan lleno de temores de haberte oído, que doy gracias a Dios muy conforme, porque a mí quiso sacarme de tan malas ocasiones, Qué Puerto es este? De Flandes. Y qué haces aquí? Me he vuelto, satisfecho de un engaño, a reconocer mi centro. Pues si habitas tu Pais, adonde estarás contento, por qué traes ese boneta, que es señal de cautiverio? Señor, ahora es costumbre, que a los que fueren volviendo, confesando su delito, con fijo arrepentimiento de haber, sido deserrores, que se tenga piedad de ellos, con calidad, que esta insignia traigan dos años y medio. Siempre estás de busonada: ven, Marroquín, y saldremos a las riberas del mar, porque allí descubriremos algunos de mis Navios, para ver si toman puerto. Señor, no puedo ir contigo, porque si a incurrir me vuelvo en delito de Aleman, este bonete que tengo se convertirá en coroza, y aún podrá ser que en doscientos, Mira, que no estoy deespacio, sígueme, no seas necio. Pues, señor, si he de ir contigo, has de tomar mi consejo. Di presto, que ya te escucho. Por Dios te pido, y te ruego, que te vuelvas a Alemania, adonde tienes tan ciertos tantos gustos que te brindan, tantos dulces embelefos, putas mústcas acordes, y tantos divertimientos. Pues qué gloria es intentar quitarle a nadie sus Reinos, a costa de mil trabajos, mil discordias, mil encuentros, que no sabes si saldrás con vida de alguno de ellos? No me canses, Marroquín, que harto quebrantado tengo de esas consideraciones este triste pensamiento. Pero aunque miro a esta empresa con grande aborrecimiento, una pesada violencia persigue a mi entendimiento, que si intento desistirme, me abrasa un voraz incendio. Pues aunque yo esto te digo, también padezco algo de eso; pero no obstante, señor, haz por vencer ese fuego. Ya te he dicho, Marroquín, que no es tiempo de consejos; yo voy a buscar mi armada, que es lo que me importa luego, y a despachar a Saboya, que presumo que a este tiempo mi hermano le habrá movido al Daque para ser nuestro; pues a las ofertas grandes se mudan los pensamientos. Señor, mira que te pierdes. Yo no ignoro que me pierdo; pero habiéndolo emprendido, y no teniendo remedio, . al arma, al arma, a la guerra, piedad, Astros, piedad, Cielos. . Y yo, en seguir a mi amo muy bien conozco que yerro; pero habiendo comenzado, y no teniendo remedio el dejar de proseguir. . piedad, justicia, si vuelvo. .

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA En este Pensil, señora, podrás divertir la tarde. Mariana, nada me gusta, estando aviente mi amante. Confía de Dios, señora, que le has de ver cuanto antes en tu Real Casa, y Palacio, de sus contrarios triunfante. Es muy escasa mi suerte, y esto podrá ser bastante para que todas las dichas, que el Rey sepa granjearse, por ser yo la interesada, se le vuelvan en azares. Hazme sacar una silla, y podrás mandar que canten de mi tristeza, que el crudo funesto horror de los males, con el repetirse, suele tal vez famitiarizarse. Cantad, si lo habéis oído, como ha mandado la Reina. Mientras Dios se satisface de las culpas de los Pueblos, con abundantes espinas labraréis Corona, y Cetro. Señor, si yo soy la causa, cese en mí el último aliento; y si gustáis que padezca, abreviense los tormentos. No presumo que eres causa. si no es que has sido instrumento, que para templar sus iras te ha puesto delante el Cielo. Sí por ser. Señor, quien sois mi amor hacéis instrumento, tened piedad de mi llanto, no desnudéis el acero. Según muchas profecias puedes tener el consuelo, que antes del año de siere verás gloriosos tus Reinos. Hígase la voluntad del Señor, y en el espero, que repare su justicia en los Clavos, y el Madero Viva el Daque de sabeza en favor de Carlos de Austria. Mariana, que voz fue aquella, que tanto me sobresalta? Seflora, lo que entendí, si el oído no me engaña, viva el Duque de Saboya en favor de Carlos de Austria. Señor, qué recio comienzan los golpes de vuestra espada! No siento; padre, tu ausencia, pues por tu gusto te apartas; pero siento, que es Luzbel motivo de tu mudanza, y que has creído por fin del fiero Diagón sus trazas. Es posible; padre mío, que hay a podido su audacía borrar de tu corazón aquella luciente llama, y aquellos tiernos cariños con que me tienes criada? No te acuerdas de las veces, que en tus brazos me tomabas, cuando mi menor edad con halagos celebrabas, que los mayores requiebros que conmigo acostumbrabas, era decirme, mis ojos te vean Reina de España? Pues si ya, señor, me has visto, qué motivos, o qué causas puedes ahora tener, que así, padre, me maltratas? eran esos tus cariñíos? Pues qué Tigre, fiera Hircana, podrá haber que así aborrezca la hija de sus entrañas? Pero como me enternezco estando de mi olvidada? No es mi padre el que se ausenta? Y no es el propio que manda en su libre entendimiento? Pues como a mí me acobarda el amor que yo le tengo, cuando de mi ruina trata, tomando contra mi esposo, ingrato, y cruel las armas? Si siempre de un padre a un hijo hace amar más consonanena, por qué de una hija a un padre ha de ser hoy la ventaja? Vuelve por ti, corazón, prevente a tener constancia, advirtiendo, que el amor cuando con rigor le pagan, se entibia con la razón, como el fuego con el agua. Pues qué padre se habrá visto de condición tan tirana, que intente mirar su sangre por la arena derramada, ofreciéndose a ser muro en las venas de la extraña? Pero, ay de mí! que aunque siento esto en la razón fundada, es el labio el que pronuncia cuando la vida desmaya! Ay, padre del alma mía! ay, querido de mi alma! ya, aunque deseaba verte, he perdido la esperanza, porque siendo Lucifer de tu ingratud la causa, aunque a mí quieras volverte, lo ha de estorbar su eficacía. Cuantas veces me ofreciste con tu mano, y tu palabra, que no podrías vivir sin venir a verme a España? Tente, labio, que desdicen (haya causa, o no haya causa) las lágrimas, y el dolor en Majestad soberana. Al arma, potencias mías, por mi esposo, y por su causa, que si a mi padre le estorbo, amor con amor se paga. Ea, noble entendimiento, a vencer en la batalla, pues en mi propia defensa debo ser privilegiada. Memoria, no me atormentes si de darme vida tratas, que yo no tengo la culpa de haber llegado a las dagas Pero adonde vas discurso, con tan fingida arrogancia, imitando al noble Cisne, aunque con voz encontrada, que turbedo del dolor, y resistiendo las ansias de la muerte, es su costumbre morir al tiempo que canta Adonde vuelas, memoria, con segura confianza, haciendo escolta a mi vida, si otra memoria me mata? Como vas, entendimiento, discurriendo en la ganancia, si el contrario está mirando en mis ojos su ventaja Qué consigues, voluntad, con salir a la batalla, si eres tú quien obedeces, y es mi corazón quien manda Qué le diré yo a mi esposo Como he de mirar su cara (cuando salga a recibirle) en su vuelta de Campaña? Clemencia, Esús, clemencia, humilde os pido, y postrada, pues miráis este dolor, que volváis por vuestra causa, Recoged, Señor piadoso, aquella vida engañada, que el León sangriento lleva por sendas tan arriesgadas; y si a costa de la mía os mereciere esta gracia, permitidme, que os la rinda en vuestras Divinas Aras, que una vida os costo poco; pero os costó mucho un alma. Viva el gran Pelipe Quinto, invictísimo Monarca. Viva, y con él resplandezca la Fe, y la Iglesia sagrada. Señora, tu esposo viene, según que una dulce salva con alegres regocijos a su Majestad aclama. No llores más por tu vida, porque aunque sea tu causa la más justa, no es razón te encuentre desconsolada. Mariana, es tanta mi pena, que a buen partido tomara quitarme de su presencia, por no mirar le a la cara, mientras que mi esposo sepa lo que con mi padre pasa. No suspendar el decirlo, pues es mi Rey un Monarca, que ni de ingratos se aflige, ni de contrarios se espanta. Gracias a Dios, que he llegado a mi Corte, donde espero con los brazos de mi esposa muchos colmados contentos. Pero allí esta, y no me mira, y reparo, que aquel lienzo recoge copiosas perlas del rocío de su cielo. Qué causa será Señora, posible es, que cuando vengo buscando en vuestra hermosura mi amor, mi gusto, y mi centro, dejándoos ya dos Provincias rendidas a los pies vuestros, os he de encontrar tan triste? decid vuestro sentimiento. Lo primero es, que mis brazos tomes, pues que gustas de ello; y escucha ahora, señor, mi bien, mi esposo, y mi dueño, mi pena, si no es que antes de referir la reviento; porque aunque resiste el alma a los impullos del cuerpo, es tan grande mi dolor, tan solo, y sin compañero, que me recelo al decirlo pueda faltarme el aliento. Decid, y sea el que fuere, que en gusto, y pesar soy vuestro. Sabed, señor, que mi padre, es hoy enemigo vuestro; y aliado del Archiduque. Y no es más vuestro tormento Pues este es poco, señor Cesen ya vuestros lamentos, y creed, que ha muchos días que lo sé, y soy tan vuestro, que lo he reservado en mí por no daros sentimiento. Con qué podré yo pagaros tanto amor sin merecerlo Con que olvidéis vuestra pena, y con qué ocultéis el lienzo; y creed de mi fineza, que si como el padre vuestro es quien se opone a mis armas, por sus extraños intentos, en esta propia ocasión, mi padre, hermanos, y avuelo, se pusieran frente a frente contra mí y contra mis Reinos; comparándose esta pena, con la que tengo de veros padecer esa tristeza, os puedo decir por cierto, que nada pesara en mí como vuestro sentimiento Pues acaso vos, señora, qué culpa tenéis en eso? Desde hoy más, siendo quien soy, más justos motivos tengo para ser con vos más fino, más amante, y más atento; porque si hasta ahora he estade como uno en el deseo de agradaros, desde hoy más, habiéndoos faltado el lleno del favor de vuestro padre, ofrezco con nuevo empeño (porque no extrañéis su ausencia) cumplir por los dos a un tiempo. Bien se conoce señor, en esos nobles excesos, la sangre de vuestras venas, y el amor de vuestro pecho. Y Dios te conceda en todo tan prósperos los sucesos, que a unos sirva de castigo, y a otros sirva de escarmiento. Y aunque esto algo se dilate, ten fe, como yo la tengo, que a una Monja Carmelita, de grande virtud, y ejemplo, llamada Madre Gabriela de Ubeda, y saen el Reino, según contiene su vida, que sacó a luz su Maestro, viviendo Carlos Segundo, que en celestes Paraselos pisa hermosas Alcarifas de Estrellas, y de Luceros, a esta Madre Venerable le reve o el Rey Supremo, que tu vendrías a España, decretado allá en el Cielo, para aumento de la Fe, y ruina de los lfiernos y otras muchas propeciar, que advierten muy por extensa, que al setecientos y siete ya desenojado el Cielo de las culpas, las victorias harán gloriosos tus Reinos. Pues ya se cercan los gustos No tardarán los contentos. Vamos, hermosa Gabriela, a descansar, que teniendo yo por norte a tu hermosura, nada gimo, nada siento. Vamos, que teniendo yo, señor, el agrado vuestro, en él cifro mis venturas, en él logro mis trofeos. Dios os da tantos alivios, tantas dichas, y consuelos, que cualesquiera disgustos hayan parecido sueños. Yo fío de sus piedades, que contra el León sangriento han de buscar a su Rey los malcontentos, contentos. . Ya llegó el caso furias infernales ya llegó el caso, llamas del abismo, de que pasen las penas, que yo paso los que ciegos, e incautos me han creído. Ahora si que mi rabia satisface la sed furiosa con que siempre vivo, invidioso de ver subir al Cielo, los que menos que yo le han merecido Si estará ya cansado Dios Eterno, de querer perdonar tantos delitos Fue más de una mi culpa? quién lo ignora vivo siempre rabiando? yo lo gimo; pues por que a culpas tantas, perdón tanto y por qué a culpa sola, tal castigo Si hay piedad, y justicia siempre en Dios, por qué solo justicia hube conmigo fue porque nunca quise arrepentirme! Si porque libre tuve mi albedrío, y haciendo vanidad de mi hermosura, en Dragón he quedado convertido, arrojándome Dios al fuego eterno, y dándome por centro los abismos. Fues ahora veré si es justiciero con tantos como dejo endurecidos, resueltos a quitarle su Corona a un Rey tan justo (con dolor lo digo) que en la sangrienta guerra moritan, sin hallarse nis guno arrepentido; porque a todos les dejo con la saña, que he podido engendrar entre mi brío Solo siento al de mí! que mi veneno no puedo formalmente introducirlo en ningún corazón de Andalucia. porque todos a un tiempo han ofrecido defendar sino a su Rey amante. y morir todos por su Ray querido, no queriendo viciar el juramento; dolor con que me tienen abatido! Pero como desmayo en ardua empresa. habiendo tantos triunfos conseguido. Rendiré la cerviz del más osado, haré ceniza al más desvanecido, veré su estrago, y aún al más constante le haré vasallo del imperio mío, que a mi poder no bastan resistencias, si viven de la gracia desválidos. Estad, voraces llamas, aprestadas, estad, lúgubres senos, prevenidos, porque voy a incitar a esta batalla, que ya los dos contrarios se han movido; y si consigo, que se emprenda el fuego, le daré un gran día a los abismos. . Grandes nuevas, Marroquín, espero de esta baralla. Plegue a Dios, que nuestra gento no se quede en la demanda, sucediéndoles lo mismo, que aquel que iba por lana, Ejércitos numero sos nunca conocen desgracio, porque es tanto lo que a todos extremecen, y a un espantan, que sin resistencia alguna caminan ganando Plazas, tan señores de la tierra, como los peces del agua. Válgame Dios lo que a mí me irritan estas palabras! Si el Cielo no se ofendiera de que yo le de seara su mal al projimo, es cierto, que en esta ocasión gustara más, que mucho de mirar castigada esta arrogancia. Con quién hablas, Marroquín Decía, señor que nada sería tan de mi gusto, como que veas lograda esta empresa, que deseas, de mil triunfos coronada. No pareces muy seguro. Pues, señor; me dejo a España segunda vez por seguirte, y corro con tal desgracia, contigo, que desconfías del eco de mis palabras Si no me engañó el oído, otra cosa pronunciabas. Y dime, qué es tu interés Servirte con la esperanza de que te acuerdes de mí cuando estemos en España. No te aflijas, que ya llevo en memoria tu esperanza. Señor, en esto están todos, Pues diles, que no se engañan. Y en fin, que tengo de darte, para que venga ajustada a tu mérito la empresa, según la esfera en que te hallas Yo estimaré que me des en un Consejo una plaza, que he sido hombre de letras, y he de sentís olvidarlas. Y a otros, qué les he de das, que son de esfera más alta Dame a mí; que si a los otros no les quisieres dar nada, cuando estemos en Madrid da sus hechos a la estampa. Bien dices, porque si miran a a delantar su prosapía, no han menester otra cosa, si un papel de estas hazañas, y guardárselo a sus hijos para blasón de sus Casas. Y como ha de ser el mote, que he de poner yo en mis Armas Marroquín, siendo su Rey Pelipe Quinto en España, por adelantar su Estirpe pasó valiente a Alemania, faltando en el juramento a Dios, al Rey, y a su Patria. Señor, mira lo que dices, que esa no es muy buena chanza. El que dice la verdad, Marroquín, a Dios alaba. Yo me retiro a saber el estado en que se halla la guerra, porque según lo que contiene una carta, discurro que ya estará para darse la balla, y en esta sola consiste mi ventura, o mi desgracia. Señor, no iré yo contigo por hombre de confianza Muy mal haré yo en fiarme de aquellos, que a su Monarca negaron, porque con migo harán lo propio mañana e. Mui mal haré yo en fiarme de aquellos, que a su Monarca negaron, porque conmigo harán lo propio mañana, y con gran serenidad ir volviendo las espaldas. Mui buenos hemos quedado, por cierto, que las palabras son más dulces que una almibar. Bendita sea tu alma Qué hay, Marroquín quies volverte segunda vez a tu patria No, porque ya de justicia huele a esparto tu garganta. Pues discurres mantenerte todavía en Alemania Menos, porque no he de oír al señor Don Carlos de Austria, que segunda vez me advierta lo del mote de mis Armas, los aumentos de mi Estirpe, y blasones de mi Casa Con que si a la no he de estar, ni menos volver a España, discurro, que me he quedado como el pez fuera del agua. Que esto me suceda a mí por una inconfiderada resolución! bien empleado, estuviérame en mi casa con mi mujer, y mis hijos, con mi Rey, y con mi patria. No hay llamas en el abismo, en cuya mortal borrasca se abrase mi mal discorso, pues él ha sido la causa! Qué tienes, querido amigo, que estas tan desconsolado Qué he de tener, mi desdicha, mi mal, mi muerte, mi estrago. Pues no hay alivio a tu pena Ni le hay, ni yo le hallo. Por qué? Porque sol traidor, abatido, y rebelado. Esa es una efermedad, que ninguno la ha curado. Pues qué puedo hacer? Morir. Pues acaso está en mi mano Si eres hombre, que naciste con pensamientos honrados, es menos inconveniente, que eches tú un cordel a un palo, y tú te quites la vida, que morir ajusticiado. Yo no me hallo con valor para por mi ejecutarlo. Pues quieres que yo te ayude? que por fin, eres Cristiano, y según lo que de muestras eres de padres honrados, y es lástima, que mañana te vean ajusticiado en una pública plaza, y se quedarán manchados tus hijos, y tu mujer, tus primos, y tus hermanos. Y aquí se muere con honra Parecerás en un palo, sin ponderación alguna, más bien que en un nicho un Santo Pues iré por un cordel. No vayas, porque yo acaso me eché uno en el bolsillo, al descuido, y con cuidado, para castigar a un hijo, que se huyó de mi rebaño, que cuando llegué a este sitio a él le venía buscando: mírale si es de tu gusto. Mal bueno es para este caso; pero adónde hemos de hallas un madero acomodado Vesle aquí, que no parece, si, que estaba hecho a mano, Hasta en eso sol dichoso. Yo también afortunado en ayudarte a morir, que soy tan bien inclinado, y de tan buen natural, que me duelo en estos casos de los hombres como tú; y aunque me cueste trabajo, por fía, puedo discurir, que esta es limosna que hago. Al diablo doy la limosna. Pues cómo mientas al diablo No repares ahora en nada, que un hombre desesperado siempre ha tenido licencia para mentar a los diablos Solo siento, que me dicen, que a todos les dan mal trato, aunque hayan hecho su gusto en cuanto han ejecutado. Ninguno habrá dicho eso con conocimiento claro, porque a todos los reciben con iguales agasajos, dándoles sus mogicones, sus membrillos confitados, y una bebida caliente, que dan como van entrando, de tan rara propiedad que aunque uno sea callado le hace hablar dos mil primores, como se va calentando. A todo cuanto me has dicho ya ves que me he conformado; pero padezco una duda, que me trae con sobresalto. ̱. Di cuál es, verás que presto te dejo mui sosegado, porque aunque no tengo gracía para dar con sejos sabios, con mi ciencia lo aseguro al que de mí se ha fiado. C. Pues la duda que padezco es, que me digas sa acaso hay allá en que divertirse a lo que uno es inclinado. No podrás tu discurrir cosa que no halles a mano; pues si por acá, supongo, has sido tu enamorado, te darán allá una dama, que si le tocas la mano, quedarás en sus amores luego al instante abrasado; y será tanto es cariño que esta te vaya tomando, que aunque quieras apartarte nunca saldrás de sus brazos. Y para el que ha sido acá a bailar apasionado, diga usté, allá hayocasión de poder ejecutarlo Sí, porque allá nunca faltan algunos aficionados, que tocan los instrumentos, mientras uno esta danzando Qaletes creerme una cosa Qué es? Que muero muy consolado, porque tengo en esta hora varón tan justo a mi lado, Di si tienes otra cosa, porque ya es cumplido el plazo. Podré hacer manda de Misas? No estamos en esos casos, que esta especie de difuntos se ahorran ese trabajo, pues siempre han sido de más rogativas, y sufragios ̱. Pues allá voy. No dilates darme tan gustoso rato: miren qué buena visión! como un pájaro ha quedado; ya está tomando bebidas de azufre, alquitran, y rayos, y ya es el tiempo en que yo sin violencia, ni trabajo, logro los tiunfos que quiero de todos los revelados. Aquí tengo de esperar hasta que venga mi amo. Pero que bulto es aquel, que esta puesto en aquel palo? . Marroquín es, vive Cristo, que haya yo por fin logrado ver a este pícaro así por infame revelado, arrimado a este madero, con las manos contemplando, sino traslado de Judas cuando amaneció ahorcado? Yo le retiro, no sea funesto escándalo al paso. Mariana, todos son sustos, y todos son sobresaltos, quiera el Cielo llegue el tiempo de asegurar el descanso. Yo fío de Dios, señora, que presto verás logrados tantos contentos, que olvides los acibares pasados. Deme vuestra Majestad, señora, a besar su mano. Embajador, qué ocasión te ha traído a mi Palacio? Mi Rey, señora, me envía a decir, que sus cuidados no dan lugar a que pueda venir a veros deespacio; saber por cierto el estado de vuestra salud, yo vengo, a este fin soy enviado. Como queda mi señor, que Dios guarde y mis hermanos? Puedo deciros por cierto, que los dejo tan bizarros, que en su salud, y personas no hallo con quien comperarlos. Hallegado acá el de Orlian, y los doce mil soldados. con que mi Rey celebro las permisas del preñado de vuestra Real Majestad: Al Ejército ha pasado. a ver si en esta batalla puede hallarse, porque estamos con gratdis imo deseo de un hora a otra esperando victoria, con que dejemos los enemigos postrados, a ver si fuere posible, que queden escarmentados, Y vuestro esposo señora A Aranjuez salió a caballo a esperar allí las postas, que está con algún cuidado. Viva el Gran Felipe Quinto, que ha triunfado del Imperio. Qué voces serán aquellas tan alegres, que contemplo en ellas la voz sonora del aplauso de mi dueño Señora, tu esposo viene tan galán como contento. Si llevaré yo a mi Rey la noticia del trofeo Qué ventura será esta? Yo la diré por extenso, que ahora acaba de llegas la Posta con este pliego. Tenían los enemigos a Villena sitio puesto, y un Capitán con cien hombres, y doce paisanos diestros, que estaban de Guarnición, arrojaron tanto fuego, que a veinte y cuatro de Abril le hicieron quitar el cerco, después de estan fiete días el Castillo combatiendo. En el día veinte y cinco con su Ejército se fueron a Almansa, que allí dos días le estuvo esperando el nuestro acampado, dando asombro a los revelados Pueblos, a Ejércitos enemigos, y a todos cuantos creyeron bárbaramente, que yo pudiera perder el Cetro. Aquella mañana apenas los dos contrarios se vieron, cuando a un tiempo se miraron, cada uno discurriendo los más gigantes ardides por lograr el vencimiento. Al modo de dos Leones celosos a un mismo tiempo, que rizadas las guedejas, empinados los pescuezos, enmarañadas las frentes, y entre sus iras rugiendo, se presentan la batalla. frente a Fente, y cuerpo a cuerpo. Mas como no es el arrisco el que consigue el trofeo, porque solo se ejecuta lo que es voluntad del Cielo: a las once pareció del enemigo soberbio la Vanguardía, y a las dos. de la tarde se pusieron en forma de dar batalla, pero tan poco Maestros, que entre caballo, y caballo al modo de prisioneros, pusieron a sus Infantes en tan conocido riesgo, que con sus propios caballos estropearon quinientos. Nuestro Ejército se puso tan gallardo como diestro, en las alas los caballos, los Infantes en el centro; y escogiendo para sí el más seguro tetreno, le introdujo al enemigo pena, angustia, susto, y miedo. Y el gran Duque de Berbio con tanto valor en medio, que parecía un Santiago con la muerte en el acero. Siendo las tres de la tarde, de los nuestros se movieron los de la primera línea, con tanto brío, y esfuerzo, que batiendo al enemigo su izquierda, y derecha a un tiempo si un instante rechezaron, en otro instante murieron. El Duque mirando acaso con bizarría, y tendiendo la vista, vio en la muralla de Almansa no sin misterio, formados dos Batallones de Ingleses, y en un momento dio orden para que cuatro Batallones de los nuestros, de los de segunda línea de la derecha, que luego fueran allá, y los mataran, o trajeran prisioneros Y en menos de media hora con tanto rigor lo hicieron, que a cuchillo los pasaron, sin quedar ninguno de ellos. Ya estaba puesto en desorden el enemigo violento, y abanzando espada en mano nuestra gente por en medio, con bayoneta calada, en este feliz reencuentro diez y ocho Batallones Portugueses fenecieron. En su derecha quedaban dos mil caballos ligeros, y otros cinco mil Infantes. tedabía haciendo fuego. Y el de Populi cerró, todo lleno de ardimiento, con diez y seis Escuadrones: de garboso lucimiento, que mandaba en la derecha, y echando se sobre ellos, les arrojó tantas balas, y tantos golpes de acero, que aún no percibió la vista, porque no se le dio tiempo para registrar los vivos, antes de mirar los muertos. Y si algunos se libraron, fue porque antes se huyeron, perdiendo la Artilleria, Bombas, Granadas, Morteros, y ciento y veinte Banderas de mil colores diversos Todo el campo era un asombro, todo un susto, y un la mento, todo suspiros, y llantos, todo pena, y desconsuelo, todo era arroyos de sangre, todo montañas de fuego; pues tanto la llama alzaban los vestidos en sus cuerpos, que aquel campo parecía otra Troya en el incendio. Viendo el Marqués de las Minas imposible ya el remedio, pues cada instante miraba pasar a mayor su riesgo, y él con algunas heridas, en un caballo pequeño pudo escaparse, con otros, que iban ya delante huyendo. Nuestro Ejército siguió mos de dos leguas y viendo, que era llegada la roche, de esta empresa desistieron, porque alcanzar al que huye, es dificultoso empeño. Y también por la noticia, que en el camino tuvieron, de que entraban por Caudeto trece Batallones, ciegos de la pasada tormenta, que buscando algún remedio se entraón en la Montaña para no ser descubiertos. Llegó por fin nuestra gente, y habiéndoles puesto cerco entró el día, y al instante, que los contrarios se vieron sitiados, llenos de horror, y premeditando el riesgo, todos rindicion las armas, Y quedaron prisioneros, con que habiéndoso sabido el número de los muertos, me dan cuenta, que han pasado de cinco mil y ochocientos, nueve mil los que se tienen a estas horas prisioneros, veinte y cinco Coroneles, siete Brigadieres: y estos y otros ochocientos Cabos, que asegurados tenemos; pagando así justamente el pasado desacierto de introducirse en mi Corte, vanos osados, y ciegos, pues si en máximas de guerra fueran algo más expertos, debieran con fiderar, que el salir yo de mi centro, fue para precipitarlos, ocultándoles el riesgo, hasta que viendo su sangre derramada por el suelo fueran sus ojos testigos de su propio atrevimiento, Esta ha sido la victoria tan feliz, y tan a tiempo, que presomo que será de los vivos escarmiento, de los muertos el castigo, de los rebelder trofeo, de los traidores asombro, de los Ingleses tormento, de Olandeses inquietud, de Alémanes pavimento, de Portugueses estrago, y horror de los mal contentos. Este fue, hermosa Gabriela, por menor todo el suceso. Si una noticia feliz se premia a cualquier Soldado, recibe, señor, por prenda la cadena de mis brazos No pudieras discurrir cosa con que haber pagado el valor de esta noticia, como con tan dulces lazos. Recibe, Monarca invisto, el parabién de mis labios. . Y a ti, señora desea muchos gustos continuados. Y yo, señor, que este día por mi ventura he logrado, ganaré la joya en Francia, . besando ahora tu mano. Yo, señora, no merezco dar parabién por criado; pero no te sirvo poco en convertir revelados. Y si hemos de dar las gracias por favor tan soberane a Dios, podemos a un tiempo darlas, porque habiendo estado tan propicio en nuestra parte, por consiguiente esperamos, que Valencia, y Aragón, confesando su pecado, luego al instante se entreguen de su error desengañados. El Reino de Portuga! no me da ningún cuidado, pues con el Duque de Osuna tienen bastante contrario. Gracias a ti, Dios immenso, por favor tan soberano. Pues cada uno celembre Con licencia: En Sevilla, en la muen con un discurso mi aplauso, que mueva a los inconstantes a que salgan de obstinados, que aunque nuestra voluntad la pagan con ser ingratos, el Rey, y yo ingratitudes comunmente perdonamos. Y la música acompaña como vayan acabando, en títulos de Comedia, bien traídos a este caso. Mariana, comienza tú. Ejecuto tu mandato. Hombres, que triunfa Luzbel, ciegos temed vuestro estrago, mirad, que os previene un lago, y que nunca saldréis de él; muera en su rabia cruel, y en su fuego convencido, que aunque más enfurecido quiera sus lazos echar, no dejera de reinar , . El Príncipe perseguido. Muévate ya la piedad, que tu Rey usa contigo, y cuando te busca amigo no desprecies su amistad; sal ya de tu ceguidad, porque sino, considero, que usando de lo severo el golpe ha de ejecutar, y que en él has de encontrar , . El Valiente justiciero. Si tienes un Rey jurado, Y si Dios suelta la rienda, prevente a tener el fin, que ha tenido Marroquín después de tanta contienda: tú modo de obrar emienda, si quieres convalecer, y un victor te ha de deber quien te muestra en su desvelo Rey Decretado en el Cielo, y Astucias de Lucifer. N TAREALC nieto de otro Rey glorioso, que te guarda en tu reposo, y te defiende en tu estado; por qué desconsiderado, con precipitado vuelo, quieres gastar tu desvelo solo por filosofar, si es imposible alcanzar i Lo que son Juicios del Cielo 1p