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Texto digital de El rey ángel de Sicilia (segunda parte)

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Juan Antonio Mójica
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Juan Antonio Mójica Probable
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Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El rey ángel de Sicilia (segunda parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/rey-angel-de-sicilia-el-segunda-parte.

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EL REY ÁNGEL DE SICILIA (SEGUNDA PARTE)

JORNADA PRIMERA

Quién del nuevo resplandor con que aquesta hiedra hermosa, corona al olmo amorosa, es perfecta luz. Mi amor. Qué respendáis con aviso, equo dulce, os aconselo, que no es este, no mi espejo, si de aquel soy el narciso. Que alegre que eltás. Finco? perdone ahora el reento, que al ver su mismo retrato, quien puso rienda al deseo. Quién del hermoso verdor, que adora el olmo constante, unido a su hiedra amante, es la esperanza. Mi amor. Mas mi amor se manifieste, porque como en duda infiel, puedo ser eque de aquel, cuando soy naroiso de este. Es el amor natural, que en las dos almas porfía, Mucho aumenta mi alegría, su correspondencia igual. Vuestro amoroso cuidado, sea en la unidad del pecho si hyedra, y olmo en el lecho, equo, y narciso en el prado. Crezca en florido trofeo, enlazada al olmo verde, la fértil hiedra que acuerde, esperanza de Hi meneo, eguro, y a mi voluntad vuestro afecto dándolee ga el sendo al ma ito muro. A tal dicha. A tal favor. Como a Padre. Cómo a Rey. Mi amor se os rinde por ley. Por fe se os rinde mi amor. Ay bellísima Leonor, quien tu dulce esposo fuera. Ay Astolfo, y quien pudiera dueño hacerte de mi amor, Mayor aplauso apercibe, Sicilia al Rey que venera, que esto escuche, y que no muera, quien por él s honra vive. Solo a vos Marqués Leonido, en tantas demostraciones de alegría, como hacen hoy de Sicilia los nobles, Menos os echaba el alma, que con vos siempre conforme, siente el veros disgustado, por antiguas ocasiones. Razón tuvisteis un tiempo, si es que puede haber razones, para disculpar agravios, que a sí mismo se hace un hombre. Quien mas se agravia a sí mismo, que el que a su ser desconforme, contra el Rey disculpa en quejas, lo que conspira en traiciones, Y porque aquesta verdad, con evidencia se apoye, atended Leonido os ruego, a lo que mi labio informe. Bien sabéis Marqués, que cuando declaradas ambiciones os llicieron en Sicili cabeza de los traidores. Pude con os los bríos, ta y adire e era yo entonces, mazo Re sin Palacio, galán montero en el bosque, fuerte soldado en la guerra, y dueño de mis acciones. Perdona atrevimientos: pues que haré ahora que sobre los hombros de mi prudencia, carga de mi Reino el mábil? Que haré teniendo ya un hijo, que de tanto impíreo norte, quiero que más de mi ejemplo que de ser Rey se corone? Y que haré si mis cabellos, del oro un tiempo crisoles, dejando en blancó la vida, ebras de plata descogen? Que perdonar mejor njurias, porque mejor me conforme, con el ser de Dios imagen, dos veces por Rey; y hombre, Mas si os causa que yo viva, tan Rey de los corazones, por haberme conocido, menos Rey cuando más hombre, Templando envidias ajenas, de jultas reprensiones, que en lo que intento ser puede que vuestro gusto se logre. Clodoneo de Sicilia, primero de aqueste nombre, que Augusto en más sacro Impíreo, altos privilegios goce. De su hermosísima esposa, Teodolinda de Valáis, que fue en el jardín de Francia, alba de las Lises flores. Tuno dos hijos a un tiempo, a quien juntos reconocan, por Príncipes de Sicilia, banderizados los noblea. Ya es desde que nacen los hombres. Bien que en algo se disculpan, porque más no se deshonren, pues lloran luego que nacen, por los futuros errores, Que en los dos recién nacidos, repartió mi abuelo entonces, a Sicilia, y a Milan, no es posible que se ignor. Pues nací yo de Clotaldo, confesando en mudas voces, que desde mi Oriente triste, hijo fui de una desorden. De mi tío Clodobeo, nació Blanca, a quien en dote, la fortuna lisonjera, dio un cielo con muchos soles. Fue desdichada en extremo, mirad que hermosos colores, para de una vez pantaros, infinitas perfecciones. Casosu conmigo, cuando de una errante estrella al norte, naufragaba mi apetito, el mar de sus perdiciones, Hoy Margarita permite, que calle ahora tu nombre, ho un recato, fe ambres, e tus an Ciego pre tiemp las firme del Idolo, a hice rever Yro Blanca aquella vista os Un Ar pres al de infames ejecuciones, peligraba tanto el alma, que a su ser estaba inmóbil. Transformado en mi persona, me desconocío por orden del cielo, de mis Vasallos, y enmendando mis acciones, me dio alentender que el buen Rey, es justo que se transforme en Ángel, porque no puedan faltar sus disposiciones. Que el ser buen Rey, y el ser Ángel, son cosas tan uniformes, que del cielo del gobierno, son astras competidores. Pues el ser Rey sin ser Ángel, no es ser Rey, y el mal Rey, poné por ser al Ángel opuesto, su Real ser en opiniones. Si es buen Rey quien te gobierna, o traidor, no le provoques, que el tuyo con el de un Ángel, es valor muy desconforme. Jargárita que del cielo, sintió las inspiraciones, también guiada de un Ángel, a un desierto volo, a donde en más penitente vida, huéspeda de un alcornoque, da enseñanza con su ejemplo, al peñasco menos dócil Que a la virtud que se anima, de obscruancias superiores, no hay sorde mármol sin alma, ni hay sin vista riego roble. Veinte años ha que allí vive, sin que de muertos ardores, su vista en mis deser guños, m de la más santa consorte. Y viendo que en Federico, hijos de los dos informes, dan la prudencia, y el brío, de ser viejo, y de ser loven. Con vuestra licencia quiero, retirarme de la Corte: quien fuere leal Vasallo, ni se altere, ni lo estorbe. Desde a donde el Tajo rico, cristal desata hasta donde sacrifica al Dios del agua; perlas el Eurimidontes. Ensalce mi fama ilustre, por unas, y otras Regiones, hasta la mar ciega insausta, triste adocción de la noche. En paz es dejo los Reinos, y Reales escuadrones, que contra mayor envidia, blancas banderas tremolen. Ese mar de Italia surcan, cien galeras que se sorben, haciendo a puro correrlas, dulces sus agues salobres. Defendedme en mi retiro, que ya los tiempos veloces, en báculo me trocaron, sacro el bastón de Maborte. Vuestro Sol recién nacido, dore suntuosos postes, y henren mi cabas los techos, de funestos Panteones. Sola una vietud que tuve, de hacer bien siempre a los pobres, Rey, me hizo el más dichoso, o muchas a vos os sobren, con que prosigáis principios, heroes, que fueron honor del mundo, en uno; y otro Horizonte. Que yo dejando del mundo, aplausos, aclamaciones, iras, engaños envidias, lisonjas, y adulaciones. Quiero ir a donde sepa oponerme a los feroces triunfos de la muerte, cuando a ella no desconforme, con morir de buena gana, la venza sin que me asombre. Qué hará sin padre, señor, el más obediente hijo? De vuestro valor colijo, a un más que de mi valor. No haurá consuelo que cuadre, a la falta que me haréis. En Federico tendréis, si es buen Rey, espolo, y padre. Yo que en serviros me empleo, siento más esta desgracia. El buen Vasallo halla gracia con cualquiera Rey, Fíneo. Todos señor son testigos, de lo infinito que pierdo. Siempre Astollo al entrecuerdo, se sobran muchos amigos. Nadie el sentimiento excusa, la perdida conocida. La nobleza agradecida, nunca Leonor lo reusa. Señor, todos tus Vasallos, sienten tan grande desvío. Rey les queda, que hijo mío, como quien son sabrá honrarlos, y aún goberbarlos también, a mayor prudencia, i gual, que no hay quien gobierne mal, para quien procede bien: mas con atención reparo, que en aplausos que consigo, solo vos, más que conmigo, os mostráis triste, y avaro. Dura cosa es vive el cielo, que me obliguen a sentir mis penas, con aplaudir la ocasión de mis desvelos. Viváis mil años señor, para que nos deis ejemplo, que en vano mis iras templo, si me acuerdo de su amor, viváis. Pero perdonad que no os hablé, porque os deba la atención, que no se atreva la deshonra, a la lealtad viváis. No prosigáis. Hila balla, que al que la vida no estima, ni el temor le desanima, ni la fuerza le contrasta. Mas ya que así se atropella, vuestra opinión fementida, porque estáis mal con la vida, quiero déjaros conmela. En cuyo efecto consigo, vuestro castigo en mi abono, pues os deje, aunque os perdono, con él mayor enemigo. Nada al odio que hacer deja, quien rendida a una pasión, sordo a la satisfacción, obra conslante en la queja, a que de ves me quejo, debierais considerar Leonido, que para obrar vengativo, estáis muy viejo. Pues es cierto que trabaja sin fuerza en lo que porfía, quien tiene la valentía, tan rendida a la mortaja. Que por más solicitud, que valiente os persuada, envoto ya vuestra espada, la vaina del ataud. La mía no, que al desafuero, causado de injusta ley, puede el báculo de un Rey, ser para el traidor de acero. Aunque os haya ocasionado, señor, el Marqués Leonido, el perdón que por el pido, os merezca reportado. No hay Marqués Leonido arrojo, tan ajeno de consejo, que li se mira al espejo, no de treguas al enojo. Confieso que disponerme pudo vuestra si azón, a poner en opinión, la fe del saber vencerme. Pero luego que miré al Príncipe, a quien oí, como en mi hijo me vi, luego me desonoje. Que romo también el hijo, es de Dios espejo, así me he desenojado a mí, retratandome en mi hijo. Proceded menos ingrato, otra vez Leonido os ruego, que si alguna vez me ciego, poco importará el retrato. Grande atención! Raro ejemplo! No vi ceguedad mayor. Imagen sois de mi amor. Vos de esta imagen el templo. Y yo del furor que exalo, Etna cubierto de nieve, incendio soy tan aleve, que al fuego inmortal me igualo. Pues es sin las recompensas, con que mi honor desagravio, la meoria de mi agravio, espejo de mis ofensas. Donde al mirarme he hallado, sin reportar mi sentido, que el retratarse ofendido, no es retratarse enojado. Porque en distancia tan corta, varios efectos consiga, luz que el enojo mitiga, y la ofensa no reporta. La firma del Rey falseo, con tal propiedad, que ignoro, la que con más real decoro, habla cuando a las dos veo. De eus a industria el desmán, me valdrá para atraer, a mi traidor parecer, a los nobles de Milan. Pues a todos tengo escrito, autorizando en supuestas cartas del Rey, las protesas, del suyo; y de mi delito. Y disculpando en mi queja, su intento por cartas mías, que en ancianas demasías, cualquier traición se aconseja: con que coronar intento, por Rey a mi hijo. Ignoro, si consulto a mi decoro, que es tuyo ese pensamiento, o si ya engaño no fue de tu voz o de mi idea, llego a dudar que hija sea, de tu deslealtad mi se, Pues imirada la razón, al crisol de la verdad, como puede mi lealtad, convenir con mi traición? Que aunque a tu intento no cuadre trabajo el mundo tuviera, si el hijo siempre se hubiera, de parecer a su padre. Si es bueno el padre, acredite! el hijo a su ejemplo fiel, que nació retrato de él, cuando en ser bueno le imite. Mas si es malo el padre, crezca bueno el hijo, porque así, lo que por su padre, sí; por sí, no lo desmerezca. Que aunque igualmente condeño, lo que en los desigualo, también puede a un padre malo, hacer bueno, a un hijo bueno, Por mi noble sangre rijo, esle consejo que os doy, sed padre como quien soy, seré como quien sois hijo. No falta para ponerme, donde remedio no tenga, sino que mi hijo venga, ahora a reprenderme. A quien pudiera vengar, tanta ofensa en quien la incita, a donde estas Margarita, que si te voy a buscar, al monte donde entre ocultas asperezas vives, luego que a verta ofendido llego, de mi venganza te ocultas; pero en que ilusón me empeño, que mi furer solicira, o es aquesta Margarita, o lo que me pasa es sueño. Marparita soy Leonido, qué es lo que suspenso admiras? llega, y venga en mí tus iras, Qué es lo que aguardo ofendido? Llega pues. Ay de mí triste. Qué te desanima? Veo; que contra mi deban eo, oculta deidad te asiste. No hay enemistad tan fuerte en la humana tiranía, que pase con su porfía, los términos de la muerte. Solo en tu pasión tirana; este exceso infame advierto, que al sepulcro de un desierto, vas a matar a tu hermana. Pues si en el vivo flor hierto, fimera de lo que fui; con tirano frenesí, quies vengarte en una muerta. Aquestas galas que ves, fueron tu ofensa, y mi agravio; pues que mayor desagravio, que mirarlas a mis pies. Eumendados los errores, y los daños convencidos, satisfacen ofendidos, vencidos los ofensores. Sin razón te persuades, a la venganza a que aspiras, cuando ya despojos miras, las que fueron vanidades, No es valiente quien no doma, la altivez del pensamiento, que la ley del escarmiento, condena a quien no le toma. Deje pues, deje le ser traidor tu intento, y tirano; que a quien Dios defiende en vano, intenta el hombre ofender. Obra el hombre al impulso de la ira, lo que le dicta su pasión tirana, y cuando más a su rigor se allana, menos ejecutor de ella se ampara, y es la razón que la traición conspira, con cautela la acción de que dimana, y es forzoso que yerre si villana, nace la ceguedad de la mentira, ciego por la venganza de una ofensa, disculpo en quejas el traidor intento, de quien me agravia más la recompensa; ay triste, ay de ní que experimento? de un Rey, una virtud es la defensa, que al cielo, no hay oculto pensamiento. P Señor mío, orque andante me vea, me eche pullas, que no es uno ser andante, y tenerrenta. Hidalgo Aunque usted perdone, esta es pulla montañesa, que entre la bolsa, y la sangre, reparte igual la limpieza. Hombre bueno. Aunque cortés, esa es la pulla más fiera, pues coge a quien se la dicen de los pies a la cabeza. Lacayo. Qué es lo que manda, ya que con mi nombre acierta. Es persona de Palacio? No pero soy de cochera. Responda con cortesía. Pues pregunte usted con flema hay pretensión de importancia? Prométenme en esta fiesa ser soldado de la guarda. Por mil mundos no lo fuera porque prueban la hidalguía siempre con las pedorreras. Y vuesarced qué pretende? Una, aunque difícil sea, plaza vaca que me sirva de carnero, y de despensa, porque después que me echaro de Palacio, hay hambre fiera, pues sobre la mesa mía, no hay más que la sobremesa. Pues qué oficio en el tenía? Entretenimiento era, que como cosa de risa me dejó la boca abierta. Ay un Príncipe cartujo, que a seguir su humor se fuera mejor que Aranjuez, ni al Pardo a cázar a las batuecas, porque a una dueña la dije, Dios la bendiga doncella, mando echarme de Palacio. Miréciolo en mi conciencia, So amubre? Zampalimosnas, que me trae siempre por puertas. Pusieronsele en la pila? No sino en una cazuela. Lindo humor. También su nombre no dirá? Antubión. Trompetas parecen sus letras todas, según con el nombre atruenan. Ya sale el Príncipe. Y sale para burlas muy de verás. Verle quiero desde aquí sin que quien le escucha sepa. Tomad esos memoriales, y obre del favor exenta siempre Astolfo la justicia, que amparo en la gracia tenga, Contento estas Siempre un padre con un buen hijo se alegra. Señor remedio se pido para dos hijas doncellas, que temo que mis desdichas pongan su recato en venta. Eso no, teniendo vida quien remediar las desea, aunque de mi propia sangre escudo a su honor hiciera. Setenta años de trabajos conte ya. Amigo paciencia. que del camino del cielo son diferentes las sendas. No me enteinezcáis el alma, volved sin cuidado a verlas, que el honor de vuestias hijas amigo a mi cargo queda. Gocemos de las ternuras antes que se me endurezca. Quién sois vos? Zampalimosnas, Pues no os mande que os salierais de Palacio? Así lo hice, pero ya he dado la vuelta. Pues hermano. Hermano dijo? desde hoy me llaman Alteza. Guardaes no os vea. Qué escucho? Otra vez en mi presencia. Ahora bien, de encartujarme trato con toda modestia; veamos si ojibajo puedo vencer mi fortuna. Qué gente es esa? Los pobres señor que a tu padre esperan. Ricos del siglo al ejemplo de un justo Rey que os gobierna, mirad que también pudisteis haber nacido en miserias, y cualquiera de esos pobres juzgo yo que si Rey fuera, lo que con el ejecuto, conmigo entonces hiciera. Luego la virtud que anima esta acción, aunque merezca en el bien obrar en todos, mas que gracia será deuda, pero duda de tal gracia, que si bien se considera en esta deuda que agracia, la misma gracia se adeuda. Nunca más hijo que ahora, de quien ayudarte intenta a la acción más meritoria, que en ti se acredite eterna. El alma a Dios en sus pobres tributa hidalgas finezas, que en el Imperio de Cristo bien puede pechar un César. Venid hijos, venid todos a honrar hoy mi mayor fiesta, que también de sus montañas el cielo hidalgos os precia. ParDios que aunque sean hidalgos que es muy poca su limpieza. El amparo de los pobres les viva edades perpetuas, e Viva para el exceso de mis males, tan de verás el hombre arrepentido, que dé de su victoria en las senales indicio fiel de lo que siempre he sido. Que son ya las memorias tan fatales por quien muero de Dios en el olvido, que por más parecer furioso intento, que me venza del hombre el pensamiento. Un hombre se ha atrevido a competirme el primitivo don que gocé impuro en la primera gracia menes firme, que en aquesta desgracia mal seguro. Que con nombre de Ángel se confirme un Rey a mi pesar, tormento duro, pero que me congojo, si hasta ahora, aunque es Ángel, y es Rey con hombres mora del considente que el Marqués Leonido con las firmas supuestas enpiaba a alterar a Milan, estrago ha sido. de Palermo en el mar la muerte brava. No hay traición que a parar no haya venido en ser de su escarmiento vil esclava, ni hay maldad que algún tiempo se ejercite a quien luego el escándalo no imite. Tome la forma del traidor, que muerto dejo en el mar las firmas cautelosas, que sabe ser una borrasca puerta para estorbo de ideas alevosas, y a Leonido del daño siempre incierto, consiguiente a sus trazas ambiciosas dije que de Milan todo el Estado estaba contra el Rey banderizado. Y pues intenta coronar su hijo, yo alteraré los ánimos demodo, que contra el Rey, y el Príncipe en prolijo combate se conspire el Orbe todo, que aunque por bueno al Príncipe le elo sacro ejemplo de Italia me acomodo con la cautela en que mis iras templo a volver en escándalo su ejemplo Ya que ocasión la fiella nos ha dado, para poder hablarnos Leonor bella, mirad que no es razón que un fiel cuidado ande sin luz al rayo de su estrella. De mi amor quedaréis asegurado, que por veros recatos atropella. U nguante se os cayo, que me aseguía al volverosle a dar, mayor ventura. Leonor? Qué pesar. Qué pena. Poco respeto tiene a su recato, y al pundonor del Rey quien desordena ligación con indecente trato. Ya el enojo del Príncipe condena a que teiga mi amor recelo ingrato. nm - Mirad Leonor para etra vez, que en vano excusa la ocasión quien da la mano. Quién sin cursos pasa un instante, poco amor, mas que miro ay de mi triste, vos a mis ojos? De Leonor amante es Astolfo señora, y pues insiste a su afecto rendido tan constante, en que se den las manos hoy cosiste, quedar premiados sin ningún recelo, vuestro afecto mi amor; y su desvelo. La obediencia al lavor responde ufano, , digna es tanta merced de vuestra mano. ̱. Mucho el favor de la Princesa allana, ues estorba el castigo a quien villano de mi Palacio el pundonor prosana. Su amor mi esposo dilimula en vane si ha casado a Leonor a su disgusto por mi satisfacción. Recelo injusto, que el Príncipe a Leonor sin duda quiere, según de lo que ha hecho le ha pesado, Hare así que mi fama se venere. Qué recelo, Qué dicha. Qué cuidado, Y que ocasión mejor, para que espere yo de mayor victoria asegurado, por celos no empezaron sus desuelos? pues yo haré que los dos mueran de celos. Vasallos los más queridos, que ningún Príncipe tuvo, oíd la mayor hazaña en un ejenidlo caduco. Nace en la feliz Arabia el pájaro sin segundo, que siendo uno solo siempre vuela repetido en muchos. Unico en su especie reina, misagro de infantes lustros, joven aún cuando se queman cenizas le calambuco. Y prcvenido al infausto sin de imescutable anuncio, cuna fábrica a su imagen donde se labra el sepuscro. bien sino un Rey es retrato de aqueste pájaro augusto, que en la Anbía de su Reyno le está usurpando atributos. Fénijenací de Sicilia, y viendo el fin que no excuso, para vestir vuestra fama de mi fama me desnudo. Y abrasándome os doy vida, que en los prodigios futuros para milagros del cielo también el fuego es fecundo. A las alas que os da un padre renaced su fiel trasunto de virtudes ejemplares en los acrofantos humos. Desalado amante os goce, tórtola alada, que es julto que tenga un Fénix que es hombre su correspondiente arrullo. vuestro honor decentes cultos, y en mueños proliga ufano quien feliz empieza en uno. Ri daos parias quien fue un tiempo vuestro Rey, con que divulgo, que a la muerte, y a los ados no hay quien no pague tributo. Este es vuestro Rey, vasallos, que es, si yo de morir gusto, por ser el que vivo os dejo, copia del que veis difunto. La fama de nuestros Reyes ensalcen entrambos mundos. Ved padre que aúnque obedezco, Ved señor que aunque no excuso. Siempre por mi Rey os amo. Nunca por mi padre os dudo. Por eso de mejor gana en el rentro os constituyo, que si es pretendido el cargo, está a peligro de injusto, Turbada Leonor estáis, Yo celosa, Pue descuido. Que me pone en mil cuidados por más que lo disimulo. Ya e a a obrar el beneno ndo, ya en el orrazon de todos arde el incendio que escupo. y pues la soma he tomado del traidor que disimulo, quiero que al Marqués conozca que sus venganzas procuro. Qué intentas? Darle las nuevas que mi diligencia trujo, a ver si con este engaño su intención del Rey perturbo. En ti mi venganza espero, que ofendido no la excuso, aunque ineas me amenacen. No vivieras tan seguro a saber que en mis cautelas tu perdición eecuto, Siga a la mayor hazaña el más eminente triunfo, a Dios hijos, que hoy mi cuerpo casi por sin alma bruto, va a cabar su triste vida de un monte al palacio inculto, que en fin en las soledades Dios acompaña a los suyos. Sagan malogre su intento la mentira que divulgo, que aunque quiero que se vaya me ofenden intentos justos. El Estad favorecido de traidores, señor intenta sacudir tu excelso yú O. Y aunque en ta día el Tampoco lo es que se callen los alborotos del vulgo. Bien puede haber sucedido en Milan cualquier tumulto pero quieta el alma, niega lo que a los dos os escucho. Será la razón, que como ya no soy Rey, aseguro de esa fortuna los golpes del Príncipe en el descuido. Hijo a Dios, a Dios vasalles, que con aplausos postumos honraréis mi cuerpo cuando arrastréis fúnebres lutos, No ha de vencerme tu intento, si de mi poder me ayudo, y así estorbad con piedades su fe, espíritus inmundos. Señor vuestros pobres quedan guérfanos, y sin Refugio. ̱. Este si que para el alma fue más poderoso impulso. Obre el pueblo con temores, ya que de estorbar le dudo. Notable pena me ha dado aqueste clamor profundo, que no hay temor tan sin causa, que no acredite algún sullo. Mas vos hijo; pues de todo os dejo por sostituto, también seréis de los pobres fiel amparo. Así os lo juro. Desacreditade ahora para acreditar insultos. Plegue a el cielo que no sea para su Reino berdugo, Que escuché válgame el cielo, que melancósico anuncio a la gloria más triunfante, trágicamente se opuso no lo escuchaste Finco? Sola vuestra vos escucho. De mi temor fue la idea, si a la esperiencia consulto. Celosa voy. Yo con pena. Yo triste. Yo con disgusto. Y yo cierto, y confiado en que dudarse no nudo; que el que es hijo de un Rey Ángel, ha de ser Píncipe justo. Si ha de obrar por él la envidia a fuerza de mis estudios, verá al hijo del Rey Ángel Príncipe Demonió el mundo. de

JORNADA SEGUNDA

Ya que mi casa, que siempre fue vuestra, noble os oculta, con todas las prevenciones, que el secreto os asegura. Saber la ocasión deseo, señor que os obliga injusta, a que suspirando el alma, sienta, hable triste, y muda. Esa soledad, apena más horrorosa, que inculta, de veros su Ciudadano, se alegra cuanto se ilustra. Cuando me mandáis que vuelva; y os busque parte segura, que de la nota de todos, en vuestra Corte os encubra. Es verdad, y porque sepas la razón en que se funda, dejando las soledades, mi vuelta a la Corte escucha: Oltenta Sicihia fértil una hermosa parte suya, que a Chipre a pesar de Venus, le excede lo que le usurpa: Pues en cada lirio hermoso, que en su alfombra se dibuja, labra el sepulcro de Adonis, de Marte la envidia bruta. Montuosa a trechos hace, agradable la espesura, la variedad que hermosean, lentiscos, lauros, y murtas, Formándole al dulce alago, del Fabanio que las surca, de algún verde mar sus oías, crespas, y algosas espumas. De estas ondas montaraces, es un peñasco calupa, a quien nunca anega el tiempo, aunque siempre cruel fluctua. Debe de ser porque tiene, Rey de la selva fecunda, si eimpre a los ojos el lras, de tanta esperanza junta. A esta soledad amena, lleguen ayer Fíneo, en busca de aquel Ídolo, que un tiempo, fue imagen del alma impura. Y halide, escúchame el como: hay humanas hermosuras, sujeta la más exenta, a experiencias de caduca. Mira al cielo un Alcornoque, de este peñasco en la punta, con tal competencia, cuando en el retrata su altura. Que al primer examen, casi la atención más pronta duda, o si el peñasco le brote, o las nubés le produzgan, Es este dichoso albergue, en cuya concaba turmba, para el cielo; y para el mundo, vivamente se sepulta. Margarita, que tan cierto, tiene el logro que procura, que quiere morir en alto, porque luego al cielo suba. Que aunque no haya diferencia, en volar con muerte justa, quien más del mundo se aparta, mas a los cielos se junta. Adornan los dos remates, sunesto un cipres, en una parte, y en la otra una palma, Aortuna. simvoloa Pues si le avila la muerte, el cipres con pompa turna, la merecida corona, la verde palma la anuncia. Casi del cipres al tronco, nace de una peña dura, un claro arroyo que en perlas, sus cristales desmenuza. Y en cuanto le sirve al cuerpo de Margárita de ayuda, también alimento al alma, le ofrece la fuente pura. Pues pensando que le dice cuando sonora murmura, llore sus culpas el alma, pues llora un mármol sin culpa. Tiernos diluvios sus ojos, de lágrimas secos, nunca con el agua del arroyo se mezclan, si no se cruzan. De manera, que al pendiente cristal, que el cerro pespunta, todo es lágrimas el monte, todo el penasco es ternura. Y tanto, que si ados cielos no se subieran las suyas, a un más claras que sus aguas, se vieran en la laguna. Del hueco del alcornoque, el suelo esterán confusas, tant como despreciadas, las mundanas vestiduras. Que hace el espiritu gala, cuando de ellas se desnuda, y canta la galá el alma, también el que de ellas. Al pie de una Cruz depalo, docta aunque tosca escultura, hablando una calavera; retóritamente muda. Me dijo al mirarla, hombre, si eres mortal no presumas, que aún con Dios, en cuanto humano, fue mi potencia absoluta. Sirte ramales de arambre, una disciplina aguzán, que espada de siete cortes, contra el Demonio se empuña. Que es bien, si siete pecados, contra el alma enferma luchan, que a templar siete venenos, siete triacas acudan, Que cuando la penitencia, llega a parecer disculpa, yerros, con hierros se doran, males con males se curan. De este, pues, árbol dichoso, vi ayer en la essera oscura, un sol, que aún con muertos rayos, milagrosamente alumbra. Vi a Margarita adornada, de unas pieles vestiduras, no desconformes a un cuerpo, que animó potencias brutas. Debanando ya la muerte, los cabellos que se inundan, arroyos de plata en ondas, más cenicientas que rubias. Cortó el penacho a esta garza, quien la puso por coyunda, la ceniza en la cabeza, para memorias futuras. La frente, a quien temerosa, compitio color eburnea, seca, y brunida del aire, está desairada, y mustia. Los ojas que fueron antes, cóntabos bellos, en cuyas conchas engendraba el Alba, perlas, y lágrimas juntas. Ya casi muertos del tiempo, a la aomentanta imjuria, en los bovedas de ha eso, tienen marilenta huma. Bajan dos arroyos de ellos, que el campo del rostro surcan, y ya como a tierra santa, para el Cielo la fecundan. De cuya labranza tierna, lograra esperanzas muchas, el corazón donde obran, sacrás penitentes lluvias. Las mejillas que vivieron, risas de rolas purpúreas, por imarchitas, y llorosas, desojadas, y disuntas. Solo de antiguos celajes, gozan vislumbres confusas, que hoy por maravilla aplauden, la que ayer rosa divuigan. Los labios de donde quiso ser, según su nectar, chupa múrice, el sol envidioso, por ver su abeja a la suna. De esta, y de aquel despreciados, si cardenos no se enlulan, por la falta de su sangre, trágicamente se enturbian. Las venas de la garganta, cuyas azules molduras, de aquel cielo, jaspearon la más cándida columna. Solo en vitales alientos, aún mal señaladas duran, dudando entre vida, y muerte, ya bermejas, ya cerúleas. Y últimamente aquel rasgo, que en la fábrica más culta, bellísimo desempeño, fue de sabía arquitectura. Borrado casi del todo, ya tan por tierra se juzga, que de rodillas en ella, gloriosamente se angustia. Y en tanto, que en raptos fieles, tamclaramente se ofulza, al espíritu alumbrando, lo que al cuerpo desalumbra, De músicas celestiales, la cercan aladas turbas, que a sueño de muerte tanta, Ángeles son los que arrullan. De este modo la vi cuando vuelta en sí, sin otras dudas, al mirarme al osmo seco, la vid marchita se anuda. Lloro laud, floró el olmo, que es consuelo es suertes duras, ver que aún con llorar las plantas, sus violencias isimulan. Declárela intentos altos, que i humidad alseguran, a que se opuso, digiendo: Si la penitencia buscas, vuelte Rey a tu Corte, que en ella se te promulga, para méritos mayores, ocasión más oportuna. Ay Fíneo, y como entonces, la memoria me disgusta, de una vez, que aTrenunciar, el Cetro escuché persura. Determineme a volver a la Corte, con consulta, del secreto que te encargo, y después de mil ternuras, dándose envidias al alma, en su alcornoque se oculta, Margarita, que al mirarse, gusano de seda juzga, por moral al alconoque, ya que no por sepultura. Donde de alegres gilgüeros, mausas escuadras se juntan, que fugas del mundo cantan, con mil celestiales fugas. que es bien si por retirada, la virtud no se divulga, que aún coronisto que es árbol, le den las aves sus plumas. Si ese consejo te ha dado, Margárita, conjeturas bastantes son del acierto, que en tu vuelta se asegura; pero del Príncipe ignoro, que ocasión te de ninguna, en tan breve tiempo, para que en su guuierno le anguyas, Verle gabernar intento, Fíneo, con tal industria, que igniore aunque yo le hable, quien es el que le censura. Siempre obediente me tienes, a disposiciones tuyas. Vuelvo a encargarte el secreto, porque es de importancia mucha. Más cónfuso me dejas, disfrazando con lástimas las quejas. Señor, yo no pretendo darte disgusto en nada, mas no entiendo que mudanzas son estas, con que opuesto a tu ser te manifiestas, de tu padre la ausencia, el pueblo llora ya con tal violencia, que en solos en seis días, que ha que falta por ciegas demasías, que ejecutas en ellos, es, si oirlos piedad, lástima el verlos. De esta noche asegura, escándalos tan grandes, que si duran en su fama alevosa, pienso que está tu vida peligrosa, porque se quejan todos, que los deshonras por diversos modos: Y yo con más razones, si es que no son mis celos ilusiones. Como Astolso en seis días, tantas pudieron ser mis tiranías; doy que hayan sucedido, que renombre tan vil han merecido, y esta noche no eltuve, lo más de ella contigo, y cuando hube visto los memoriales, de un pesado reinar cargas mortales, los papeles hrmados, te dejé sus despachos encargados, retirándome luego, de la noche al mortal desasosiego. Es la verdad, y acaso puede haber sucedido este fracaso: Yo voy a ver si es cierto, este alboroto, que en la Corte advierto, y a tratar ofendido, de la venganza de mi honor perdido. Vete luego, que aquí aguardo, y entre mil confusiones me acobardo, sin que la causa note, de que tanto mi Reino se alborote, cuando ser le procuro, en la guerra, y la paz, consejo, y mure. Recelos de mi esposo, me traen, sin sosiego, y sin reposo. Bellísima Leonora. Al cuarto de la Reina mi señora pasaba, y he estimado, que ocasión a mis quejas le hayáis dado, en mi cuarto a deshora, a noche vuestra Alteza entro ignora sin duda que es mi esposo; su más noble Vasallo, y si amoroso tal vez me había mirado, para que me caso? araque sois Rey. Advierte, espera, que loco de escucharte. Mejor fuera decir loco de amarte. Ciego cuidado, que escuchas? Mejor fuera epara Oh que terribles lances. En mi vida me he visto en igual trance. Mal principio habéis dado, señor, a vuestro Reino, y mi cuidado, pues a uno escandaliza, lo que al otro también desautoriza, con fueros vigllantes, intentáis minorar celos Gigantes, y afirman desafueros, la tardanza, señor, del recogeros? Mas ya que poco sabio, mi desdoro ocasiona vuestro agravio, de lo que el vulgo advierte, mirad no se ocasione vuestra muerte, que claman ofendidos, con mala voluntad, muchos sentidos. Cielos, ya lo que escucho, para ilusión, y vanidad es mucho, cuando en confuso engaño, la causa ignoro, y acredito el daño. Sírvame de venganza, de este Príncipe justo tu mudanza, que si aleve le incito, a la prosecución de su delito, pues por sus intereses, me ayudaran también los Milaneses, la corona conquisto, para Astolfo, plaudiéndole mal quisto. Seáis Marqués bien llegado. Y ves con mil razones egjonado, joven el más valiente, desde el trémulo ocaso hasta el Oriente, dueño desde la cuna, de la tueda mortal de la fortuna, que importa que vi lano, el vuigo nombre os dé de Rey tirano, si cuanto más severo, acreditáis lo recto, y justiciero, aunque alguna malicia, a lo que es rectitud llame injusticia. Pues yo Marqués que he hecho, en que a mi obligación no he satisfecho? Buen Rey tu ausencia llora, el Reino de Sicilia que te adora. Voy a ver lo que es esto, y a alterar más los ánimo, supuesto que al rigor se aconseja, si se ayuda con lástimas la queja. Qué es esto Cielo saito; que ya tanta ilusión pada de espanto, Astolfo. Señor, mira, que contra ti tu Reino se conspira, pues todos te disfaman, cuando a tu ausente padre a voces llaman, Dios mío, a ti te imploro, vuelve por la opinión de mi decoro, que si es reinar aquesto, el peligro de un Rey es manifiesto. Entrose en su capilla, y cerró por dedentro, maravilía es grande la que miro, pues cuando justo Príncipe le admiro, por otra parte veo, que es vil ejecutor de su deseo; y ya que sin desdoro, puedo a solas quejarme a mi decoro, esta noche, no es cierto, que al Príncipe en mi cuarto hallé encubierto? y mi esposa turbada, puede dejar mi ofensa declarada, el haberlo negado, cuando noto su indicio mi cuidado. Todo cuanto se dice, yo en la forma del Príncipe lo hice. Y así aunque satisfechos, quiera dejar el Príncipe sus pechos, no admiten recompensas, de una sola merced por mil ofensas, y pues que retirado, en su oratorio ahora se ha quedado, las cautelas prosigo, con que a su Reino hago su enemigo, que no hay dicha segura, hasta que informa el bien la sepultura. Si el Príncipe me ofende, con hacerme mercedes que pretende? Qué merced Astolfo es esa qué decís? qué os hice? dadme ese memorial, En el Conde de Púzol, me haces, por cuyo fabor, te beso mil veces los pies. En balde agradecéis, lo que nunca os di. Tú no lo firmaste? Lo que yo llego a romper, nunca lo firme. No sal yo a servirte, que obediente en todo intento obligarte. Hame enfadado infinito, que a reprenderme llegaséis, diciéndome, lo que loco siente el vulgo. En esa parte, con callar; y obedecerte, sabré señor enmendarme. No soy Rey, pues que me impartan, murmuraciones vulgares, por más que las apadrinen; ambiciosos desleales, yo sabre cortar cabezas, y aún poder coronarme Rey del cielo, me sentara, sobre tronos de diamantes. Sabe el cielo. Basta basta, nada me digáis, dejadme. Triste Leonor que aunque estés inocente cuanto amante, porque no viva un indicio es fuerza que honor te mate. El Príncipe en una firma fingida que he de mostrarle de su padre el Rey, pretendo que contra él se levante, que encontrados padre, y hijo del pueblo con los desmanes, para lograr mis intentos serán ocasión bastante. Que hay Marqués, que ese alboroto pudo solo ocasionarme, a que no os agradeciese parabienes de esta tarde, dirán que soy muy terrible. No hay Rey, señor, que se escape del opuesto sentimiento, de opiniones populares; más cierto señor que temo, según los extremos que hacen, que con siniestros informes al Rey quieran obligarle a que a la Corte se vuelva. Hay más, Marqués, de matarle antes que pueda volverse. Porque pueda disculparse vuestro intento, aquesta firma leed del Rey. A quien mataré al Príncipe de Sicilia, le haré de Dicilia Grande: corta paga a tan gran hecho, mas todo ha de remediarse, traedme tinta y papel. Voy por ello, bien me salen mis cautelas. Fácilmente deja el Demonio engañarse de los hombres, cuando intenta que ellos no se desengañen. Aquí puedes escribir. Digo pues que a quien matare al viejo Rey de Sicilia, le haré de Sicilia Infante, su hijo el Príncipe Demonio firmo si firma el Rey Ángel. Buscad quien esto ejecute, y volved luego a avisarme, para que el papel le demos. Como tu favor le ampare, aunque yo instrumento sea, no tengas miedo que falte. . En una, y en otra firma dos intenciones se infamen, aunque más se justifiquen por una, y por otra parte. Veamos si a lo santo puedo con el Rey acreditarme, Dios sea en aquesta casa santo Príncipe. Importante. es sufrir esta violencia, por más que el nombre me ultraje. Aay qué santidad parece si a se mía, que al nombrarle a Hios siente allá en el pecho mil cosquillas celesliales: va de los, Cristo os alegre el alma. Qué así me ultraje solo hablando un hombre. Él tiene complacencia en escucharme, pues va del cielo, María os de su gracia. Estorbarle de esta suerte intente, amigo que libro es ese que traes? Jornadas son para el cielo, que mejor que yo las sabes por tu virtud, que parece. que del al mundo bajaste a gobernar este Reino con acciones ejemplares, y yo a ti te le presento en nombre de los Cosadres de tu gran misericordia, que así como tú lo haces con los pobres que te esperan, así el cielo te lo pague. Tienes muchos libros de esos Un correo de a pie me trae trecientos cuerpos en unas alforjas. Qué disparate, pero a ti, si no me engaño, yo te he visto en otro traje pedir limosna. Es que como, en nosotros se retrate Dios, así somos los pebres unos a otros semejantes. El Príncipe vive Cristo, que es Santo, o Diablo, escaparme es mejor, que a chamusquina huele, si no es que me engañe. n Aguárdate invencionero, y me cebare en tu sangre. Mira que no es la morcilla manjar de personas Reales. Jesús. Oh poder divino de un hombre que me combate. Oigan cual se ha suspendido, la devoción es notable, que siempre con Jesus tiene, pues obliga a reportarse. De envidia, y de rabia muero. Válgame Jesús, pues hace que a hora a Zampalimosnas de limosna no le zampen. Hay más terrible tormento. Propongo Jesusearle. al Santo Príncipe, siempre que contra mí se enojaré. s . Ya que tu contra mi Imperio de tal cautela te vales en mentiras que acredito he de vengar mis ultrajes. Leonor, no hay otro remedio para más desengañarme; supuesto que estás sin culpa como que a solas le hables. Escucha, ya que tan ciega mi honor no te satisface. Si tu hermosa, y yo sin dicha, somos, Leonor no te espantes. Oh que ocasión se me ofrece. para acreditar maldades. Cielos con mi esposa a solas el Príncipe indicio grande. Vuestra Alteza me perdone, si ofendida me quejare de un intento. No prosigas Leonor, porque te idolatre rendido un Rey que te adora por su venerada imagen. Qué escucho? Cielos qué es esto? No temas el enojarme por haberte defendido, si en fin después te humanaste. Si mi honor supo oponerse contra atrevidos desaires. Claro está que echo la culpa a mi atrevimiento antes que al consentimiento tuyo, que aunque el honor se profane mal resistidas violencias encubren tal vez lo fácil. Ya evidentes son los celos. Ya son ciertos mis pesares. Si vuestra Alteza presume. No hay presunciones que basten a oponerse a los favores. bella Leonor que me haces. Vuestra Alteza se reporte que está su esposa delante. Yo señora. Hay tal desdicha. Que yo mi ofensa escúchase Dejanos Leonor a solas. Mira que yo. No me hables. Nunca tuve Ya te he dicho que te vayas, y que calles. Pues si de mi honor malicias Qué dices? Qué Dios te guarde. y que me de sufrimiento para sufrin tantos males. Y a mí también, porque pueda hasta después reportarme, si es que hay respetos que obliguen cuando hay deshonras que ultragen: si ha sido fuerza, o delito de mi prenda, u de su amante, mas si es fuerza que en tal duda fuerza, y delito me infamen. Ley tirana en que te fundas, que equivalente no haces, o que el vasallo se vengue, o que el Príncipe no agravie Son tantos los sentimientos Príncipe que me combaten, ya que ocasionáis ingrato a que mi esposo no os llame, que a no ser quien soy, pudiera temer, sí; que me arriesgasen a que de públicas quejas hiciera excesivo alarde, En ti fundo mi esperanza Dios, pues ciertamente sabes que de afectos inferiores son mis memorias altares, mas con quien habla mi esposa Este sí que ha de ser lance, que si no le desespera, sus fuerzas son inmortales. Si del averes querido. han podido ocasionarse los desdenes, que ya temo que a ser agravios se pasen. O yo sueño, o mi locura va creciendo por instantes, o son de mayor tragedia estos principios fatales. Mira no te engañen celos antes mi bien que me mates, que no hay castigo conforme para quien otende a un Ángel, Inmóbil quedé al oirle, si no es ya que al escucharle lo imposible del suceso, le dude al primer examen. Si es mi esposa, o si mi alecto pudo en otro transformarme, que amor que con celos finge forma ideas semelantes. Verás al sol cuando hermoso por nuestra esfera se esparte, que la sombra a quien a ima mayor que el cuerpo la hace. Como a ti te ha sucedido sol mío que en celos ardes, y haces que esta sombra tuya a lo que es se desiguale. Ya puede si no me vengo mas la ilusión deshonmarme, que la duda en la evidencia, ofensa a ofensas añade. Por no escucharos lisonjas tan lejos de ser verdades, excuso satisfacciones. Pues yo no puedo excusarme una vez favorecido de insistir en adorarte, Créditos que a un imposible doy, por tirano me aclamen con razón, ya que sin ella mis descréditos se aplauden, Enojos contra tu esposa suspende Príncipe, y dame albricias de que tu intento se ejecutara esta tarde. Si vio el Marqués mi desdicha, Ya es tiempo ya de vengarte de quien ofenderte intenta Sin duda el Marqués lo sabe. Bien es que un Rey lo piadoso con lo severo acompañe, y más cuando le ocasionan. Tus consejos son leales. Morirá tu padre aleve, que no hay temor que acobarde, cuando Reyes, y Ministros patrocinan las maldades. Qué dices Marqués, qué dices? Que pues intenta matarte tu padre, tú te anticipes, pues hay quien te desagravie. Qué locura es esta cielos? Dame el papel que firmaste. Yo papel, cuándo? Si acaso le escucha alguno, el dejarle es mejor, acerca de esto volveré después hablarte. e Esta es locura, o mentira, pudo ser que me engañarle del mismo modo el indicio de mi recelosa imagen. Locura fue de mis celos, mas hay Dios que aún no le vale a quien se agravia a sí mismo sin venganza el disculparse. Quién jamás cielos se ha visto en desdicha semejante, que aún el pensar que estoy loco, no es alivio en mis pesares, Entro con Jesús, y digo, que me absuelvas en su nombre, de la muerte que di a un hombre. Qué es lo que dices? Prosigo con el Jesús que le valga por perdón a mi malicia, antes que a pedir justicia el descalabrado salga. Yo que entre burlas, y verás te sirvo busón leal, si oigo decir de ti mal, como si un Demonio fueras, que había de hacer si desmiente cualquier exceso de amor el saber que eres señor, el Príncipe más potente, Si oigo decir que tu fuiste el que con mil extrañezas hiciste a noche bellezas, y aún bellezas deshicille. Fuera mucho si reparas en lo que por tu honor hice, que eres un desolacaras, no fuera, pues si retozas las niñas bastantemente, se disculpa un Rey reciente de ser tierno con las mozas. Qué es esto loco atravido? Al Jesus María me acolo, que siempre contra su enojo el mojor remedio ha sido. Echad fuera ese villano. Aunque en contrarias ideas Príncipe Demonio seas, téngate Dios de su mano, Jesús. Que es a lo que aguarda, que de Palacio no sale, que hoy el Jesús no le vale contra el Rey, ni la alabarda. Lastimado, aunque me ofendas, vengo de tu mal señor, que he de atender a tu honor aunque tú a mi honor no atiendas. Astolfo, para acabarme de matar tarde has venido, pues sin sentido el sentido ha venido ya a dejarme. Que mucho si testimonio da el bulgo en voces aleves, diciendo todos que debes de ser Príncipe Demonio, cuando porque más te infamen atrevimientos que intentas, afirman por tus afrentas que has dicho que te lo ilamen. A buscar tu padre han ido, que dicen que tú le has muerto, señor, porque en el desierto hallarle nadie ha podido. Ya dicen que yo ne encubierto la maidad en que te culpan, aún los que más te disculpan. Muera quien al Rey harmuer Qué intentas señor? A me, germe canita las culparme. . Si al Príncipe verle vivo quieres, señor vamos luego a Palacio que le busca para darle muerte el Pueblo. Vamos pues que cerca estamos, Entre la gente encubiertos. las quejas de tus vasallos. ir escuchando podemos, aguarda que de Palacio sale del Príúcipe huyendo mucha gente. En tales dudas no se que hacerme Fineo, si me descubro a mis ojos, han de perderle el resueto, y he de verme en mil peligros, si le amparo, o si le prendo. Venguemos de tus rigores, Príncipe Demonio el cielo. Señor contra un vulgo loco no te precipites ciego, que muerto tu padre, nadie. puede oponerse a tu intento. Ya Marqués, aunque me escuchen el servicio te agradezco, que fácil se persuade la traición a un vil deseo. Sin duda mando matarte. Derengañarele presto. Bien pocos gravio la hicimos. si estaba caduco y viejo. Vuelve Rey a consolarnos. Notable ha sido el exceso de dar al fin de sus días en comer tierra el buen viejo. Volved locos a llamarle, que sin duda os está oyendo. Pues quien duda que si imagen es de Dios el Rey que es bueno, en todas partes asiste presente a cualquier suceso, y quien duda que el valallo que es noble, leal, y cuerdo obra como quien le tiene ausente, y presente a un tiempo. Por la Ciudad se publique, como nuestro Rey ha vuelto. Si me escuchasle al oficio de Difuntos me encomiendo, y te canto el parce mi hi Domine, aunque no estés muerto. Pues cómo es esto Leonido? Yo Príncipe no lo entiendo. Y así, pero ahora importa Marqués que disimulemos, que es bien querido mi padre, y tengo indignado al Pueblo. Yo soy vuestro Rey vasallos. Pues muera quien. Deteneos, que una cosa es el ser padre, y otra el ser defensor vuestro. Irme intento haciendo ahora de la malicia respeto, de cuya virtud fingida presto se verá el efecto. Muerto voy. ̱. Antes con antes yo me voy al Cementerio, que aquesta resurrección me va dejando en los guesos. Así os vais? pero la culpa siempre enmudece al discreto como siempre desanima al traidor cualquier suceso, volved Príncipe a mis brazos. o. Mira Rey que es hombre fiero. Ya llego a temer más daños, si es voz de Dios la del Pueblo, pero porque me amenace fatal el hado en su exceso, no he de procurar piadoso de un hijo enmendar los hyerros, Federico. ̱. Si ha venido mi pare, Altolfo que espero? Satissará mis agravios, si el Reya la Corte ha vuelto. Cuando el Rey no me vengare, pidiré justicia al cielo. Padre mío? Dulce nombre. Justo Rey? Nombre severo. Venganza señor. Piedad. Justicia señor. Consuelo. A todos nos ha ofendido. Todos Padre me ofendieron. Oh cuanto puede el ser padre, que en daños tan manifiestos a mil quejas contra un hijo se opone solo un afecto, y a cuanto el ser Rey obliga que en las dudas en que peno sola una queja se opone a infinito amor paterno. Príncipe el pintor que obra a lo que ejecuta atento, sino le sale la imagen conforme con su concepto, por volver a mejorarle borra el retrato que ha hecho. Bien que la enmienda dispone tal vez en el propio lienso, retrato de vuestro padre intenté Príncipe haceros, haciendo para copiaros pincel de mi propio cetro, que hermoso a primera vista salió el cuadro, mas que feo quedo con falsas colores visto a la luz de su ejemplo. Mas si en la corona está del retrato lo imperfecto, borrarosla quiero, para volver a pintan de nuevo, y no culpéis la destreza del pintor, Príncipe, en esto, loo Vn vuelve a su antiga Sirva a un Príncipe Demonio, quien es Rey, Ángel de ejemplo. A vuigo siempre enemigo, hasta ensosados aversos. Lastimados se van todos, al paso que satisfechos. Sucedida la desdicha, no llega el pesar a tiempo. Ay Príncipe, aunque me osendas, mucho tus desgracias siento. Propia condición del áspid, dar en la flor el veneno. Por no verte en tal estado, morir quisiera primero. La fineza de tu llanto, da por falsos tus recelos. No hay pena tan merecida, que no cause selitimiento, Ni hay lástima que no sea, gua de agradecimiento, s impací retendo, ma ares ento. ifuim Quedaos con Dios, que después volveré Príncipe a veros. Hasta que me llames hijo, no estaré padre contento. Qué papel es el que miro? Qué papel es el que veo? Esta letra es de mi hijo. Letra es de mi padre cielos. Con imil ansias la discurro. Con mil congojas la leo. Y yo espero que a su vista, os quedéis entrambos ciegos. Así dice: a quien matare al Rey de Sicilia viejo, le haré de Sicilia Infante. De ver su paciencia muero. Aquí dicera quien matare, que principio tan funesto! al Principe de Sicilia, vamos de espacio tormentos, le haré de Sicilia grande. Obre aquí todo el infierno. Su hijo el Príncipe Demonio, si mo atrevido; y soberbi. Pues yo padre en qué te agravio? Pues yo hijo en qué te ofendo? Porque en ser bueno te imito. Porque en ti renuncio el Reino. Mandas natarme atrevido? Mandas matarme resuelto? Ea qué crece la ira, con la ocasión del incendio. No bastan para matarme, celos que he callado atento, y ya en la esfera del alma, crecen volcanes del pecho. Para acabar menos obran, tantos pesares vioientos, que solo animan la vida; por verla penar muviendo. Ya se acabo la paciencia. Ya feneció el sufrimiento, Mueran mi padre, y mi esposa. Mueran mi hijo, y su afecto. Y viva mi envidia al logro, de su osado atrevimiento; que el Demonio contra el hombre, vive feliz en los riesgos, Con mil razones te llama, Príncipe Demonio el Pueblo. Sin razón nombre te han dado, de Rey Ángel en tu Reino. No me acordéis que soy padre, si he de vengarme tormentos. No me acordris que soy hijo, si he de vengarme recelos. Pobre Reino de Sicilia, el peligro en que te han puesto, por un Príncipe Demonio, a dios, venganzas, y celos.

JORNADA TERCERA

JORNADA tercera Malo me siento Fíneo. Qué temes? Los desengaños, que pueden setenta años, dar a un mortal debaneo, y siento en imaginario, tormento en que más me aflijo, el ver a mi propio hijo, mi enemigo, y mi contrario. Siendo intentando matar, al mismo que le dio el ser, contrario en el proceder, y enemigo en el obrar. Si bien no me persuado, totalmente a su locura, cuando tal vez me asegura, reducido, y enmendado. Cuya esperanza me excusa de haberle puesto en prisión, que le es debido el perdón, al que a si propio se acusa. Hanme dicho que ha salido esta noche a la Ciudad, y yo con curiosidad, también de ronda he venido, Pues fugiéndome justicia, a quien dicen que atropella, intento con capa de ella, descubrir más su malicia. Mucho al Príncipe le afea, pero allí diento ruudo, y en ella calle he sabido, que el Príncipe galantea. Retirarnos nos conviene, hasta que lleguen aquí, trujiste linterna? Sí, Fabio encubierta la tiene. Yo he llegado en este daño, Astolfo a tener sospecha, que algún traidor se aprovecha, de mi nombre, y con engaño, en mi desdoro ejecuta, acciones que indignamente, en la opinión de la gente, ponen mi honor en disputa, y así con tu ayuda intento, esta nuche examinar, la ocasión de mi pesar. Y yo la de mi tormento. . Aunque ideas me maltraten, honor no es posible cosa; que mi padre, ni mi esposa, me deshonren, ni me maten. que el ti noche que quería; vengar mi honor ofendido, con el Príncipe he venido, hay pena cómo la mía? Adelagtate Fineo. Matadlos. Pero detente. Hacia aquí viene la gente de la pendencia. Deseo saber quien son. Ya se indicia, que será confusión tanta, Si el Príncipe la quebranta. cómo puede haber judticia? Qué escueho? No lo has eido? Si gallinas no han cenado, a la viya que la mas dado, la jusicia se ha corrido. Valien temente peseas, señor, en jas ocasiones. Aplaudiendo mis acciones, mi condición lisonieas, hiciste la seña? Sí, y a la ventana salió, cierto vulto que me dio, con un quítese de aí. Si era su padre, no temas decirmelo. Aunque te incite, sin junar al escondite, vive Cristo que te quemás. Vuelve a llamar otra vez, hasta que respondan ellas. Es de gallinas doncellas, el veco Alcaide su vejez. Pues porque el viejo quería, que así las favoreciese, sin que de su honor me hiciese dueño la observancia mía. Nunea cumplas el favor, Príncipe, que prometiste a mis hijas, si lo hiciste, por quitarlas el honor. Reconoce esotra gente, y haz que se vaya de ahí. Mucha gente sueña. Aquí gente llega. Pues detente. Cinco, o seis hombres te alteran, de mudo, que tal temor te ocasionen? Sí señor; y aún ucños menes que huerán. ya la jullicia? la respeta más que todos; el Príncipe. Malos modos son esos para obrar bien. Pero como consentís, si miráis por mi opivión, que mi nombre de ocasión, a las cautelas que oís. En vuestra fiecio condeno, la ocasión de estos espantos, que no la micaran tantos, si el Príncipe fuera bueno; prendedle, quien fuere sea. Si es el Rey, rendido está el Príncipe. Quién habrá que tales sucesos crea; pues si en favor se aconsejan, de su bondad mis engaños, hallo aquí los desengaños, de los que allí de él se quejan; cuando de aquesta ficción, con evidencia colijo, que le han quitado a mi hijo, envidiosos la opinión, pero examinemos quien el mal del Príncipe abona. Mucho enfado me ocasiona, que mirando nos estén, no se van? Vanse llegando, que si lo miramos bien, les ha enfadado también, que les estemos mirando. Adelántate. Señor, aunque tanto me has honrado, para ser tu adelantado, me falta sangre, y valor. Fuera, que si en tal cuidado, no me he enfadado de verlos, llegar yo a reconocerlos, no te parece excusado? Llega en mi nombre. Aunque asombre mi santa preguma di, dolérate a ti, o a mí, si me hieren en tu nombre? Anda, y responde, que es el Príncipe, sea quien fuere. Perdóneme el que me oyere, si respondiere al tenes, pero de noche, y de día; habler bien es importante, Dios guarde a uste, y Dios delante, responda con cortelía. Quién es? Pues no es excusado; si apenas me habéis oído; el haveros respondido, sin haberme preguntado, yo soy. Aguardando, estoy respuella que más le abone. Pues aunque vuste perdone, sabrá decirme quien soy. Mucho tarda. . Pues llegad, y sabed quien son Marqués; pues lo se, lo mejor es el ausentarme. s. Acabad, Quién dará para los dos, de lo que soy testimonio, es el Príncipe Demobio, Rey por la gracia de Dios. Prendedlos. Quién atrevido, contia el Príncipe se mueve? Quién es el traidor aleve, que Prísscipe se lla fingido? Qué escucho? Leonido es. El Rey me manda empalar. Hasta cuando han de durar vueltras traiciones, Marqués? No se cielos si más sienta, en tan terrible ocasión, de mi padre la traición, que de mi esposa la afrenta. En que os ofendí Leonido, para que cuando me culpe, en mi nombre se disculpe, vuestro intento sementido. El isimulo me agrada; es buría, señor? Advierte, que tratarme de esta suerte, porque el Rey. No digáis nada, que aunque para perdonaros, ballava el ver a mi hijo Príncipe justo, colijo, que es mejor el castigaros, en cuya acción solicito, vuestro bien con el rigor, que en la julticia es amor, cobrar deudas del delito, ponedlos luego enprisión. Parece que va de verás. Si contra mi perseveras, declara porque razón, que no por servirte. Ignoro lo que me decís, Marqués, Qué es eso, Prínipe? Es, volver Dios por ni decoro. Gracias por ello le doy, vamos. Notable sucese. No vi más terrble exceso. Confuso, y turbado voy. Si a una ofendida sin culpa, licencia se le permte, señora para quejarse, perdona que te suplique, que más como amiga ahora, que como señoramires, la razón con que se sientan; mis quejas siempre infelices. Cuando enidente a gravios, hacen ofensas creyales, mucho tu recato arriesgas, cuando tal cosa me pides, si como Reina es farzoso, que tu deslealtad cistigue, y si como amiga es fuerza, que tu sinrazón me incite, nmejer es Leonor, dejarlo. No es tal, aunque más te indignes, que disculpas nunta ofenden, aunque puedan al cirse desmentir verdades, cuando la pasión las examine, fuera de que si un agravio, con rvidencia se fiage; sin di culpa no es ferzoso, que más cierto se acredite; Juego la disculpa siempre, viene a ser en quien la dice, mas de la verdad examen, que de la mentira origen. Con esas mismas razones, pienso Leonor concluirte, dudas de honor se resuelvan, en quejas que no se piden, que quien satissace agravios, siempre ofensor se colije. Luego si por una parte, que no tienes culpa dices, y por otra te disculpas con razón puedo al oirte, de neutrales recompensas, sacar evidencias viles, que pocas veces no engaña, quien una se contradice. No concluyen tus razones, que se llega a presumirse, que un temor puede ser causa, que un honor se escandalice, el no disculparse entonces, fuera delito terrible, pues se fuera acreditando, lo que comenzo a fingirse; luego en quien sin culpa obra, tal vez la disculpa sirve, de que el bien se reconozca, y el mal se desacredite. Aunque pudiera oponerte muchas razones, prosigue, porque en tus disculpas veas, tus culpas más infalibles, Morirá el Rey a congojas, y el Príncipe a celos viles con mis cautelas, que exceden las de la tevana esfinge, saquele de la prisión al Marqués Leonido, y dile ciden, para que en el campo con los bandidos que siguen su traición, por Rey me aclamen a pesar de los que impiden, hijo, y padre mis victorias, uno susto, y otro humilde. Buscando contra mi esposa, ocasión que atenta guío mi venganza, de manera, que mi honor, mas no se indigne, hallé un mode, que ha de darla, cuando su muerte lastimen, mas opinión, y a mi honra, vealces que la acrediten, No puedo negar que amante, el Príncipe me persigue, a pesar de los desdenes, de mi honor, siempre invencible, que a desoras le he topado, en mi cuarto. Ay de mí triste. . Donde a ser menos honrada, fácil pudiera rendirme, más fuera de ser quien soy, que es lo primero, es creible, que yo contra tu decoro, tan ciega me precipite. Si has conseñado, que a solas, con el Príncipe te viste, ay de ti, y ay de mis celos, que tienes más que decirme? Señora, Quécate aleve, que temo que si me sigues, no he de dejarle a tu esposo, venganza que la auterie. Por eso que anticipado, matarla intérito, y decirle al Roy, que el Príncipe ciego, la mato por verla firme, en su honor, con que sin nota remedio el mal que la aflige. Eso no, que has de matarla si mi intento se consigue, de modo que en tu venganza, tu deshonor se publique. Válgame Dios, que de empeños se han dispuesto a perseguirme, que haré entre riesgos tan grandes, cercada de penas tristes? Sola ha quedado, que aguardo. Saldre ahora que aunque enite su muerte, mas la deshonro su ofensa, haciendo creible. Si por mi amor dueño hermoso, tantos riesgos padeciste. Muere aleve. Pues Astolfo, que desatención os rige? Hay mujer más desdichada? Fortunas son que me siguen, y así señor. Qué es aquesto? tu llorando, vos terrible, la daga Astolso en la mano, yo celosa, ay de mi triste, de todos estos presagios, que de daños se coligen, entra Leonora mi cuarto. Al mío Astolfo se retire. Cielos piedad, que sin causa, no es bien que mi honor peligre. noche, de mi honor. No hay ley que evite, que a donde muere una honra, la mejor luz predomine, yo Reina adoro a Leonora, en cuyos blancos matices, vuestro sol ya sepultado, padeció trágico eclipse, y así adorándola ciego. Dónde vais que no es creible? Que no es creible el amarla? No, si no que sin morirme, de celos haya escuchado, tal agravio. El Cielo guíe el logro de mis intentos, como mis ansias lo piden; pero mi esposa llorando, con quien Cielo, ay infelice de mí, si de aleve idea, se acredita el temor triste. Venganza me den los Cielos. Vete, y ya que te rendiste a mi amor, deja que goce también lo que tantó quise, desaparecerme ahora, hará el lance más horrible. gaño, tires Aunque en ellos a mi propia muerte incite, ya que el agua de los míos, ha podido consumirse, en el fuego de mis celos, que esferas del alma oprimen, vuelvo basilisco fiero, a ver que quieres decirme, que te disculpe en mi ofensa, o que en mi pena te obligue, Ya que consuso he quedado, si al verme no se refiste, como si ofenderme pudo, no se ha turbado de oírme? Mas con la daga en la mano. Mil pensamientos me afligan. Qué intentas tiirbado, y ciego? Que mueras, yues me ofendist Valedme divinos Cielos, Qué es esto? Ocasión terrible. Quererme matar mi esposo, solo porque bien le quise. Llorando la Princesa, y ves turbado, amenazando con el limpio acere, el semblante furioso, y demudado, la mayor afición que ver espero, si a la prenda que tanto habéis querido, queréis matar osado cuante fiero, que mucho que intentéis la muerte mía, a imitación de bárbara osadía, que os importa haber sido atlante suerte del Cielo, de este Imperio soberano, a vil onofición de injusta suerte, cobarde respondisteis, y tirano, ese papel testigo de mi muerte, hable con esa daga en vuestra mano; que pues no la envaináis cuando os aviso, es infalible que matarme quiso. No habéis visto, que cuando lisonjera, Reino en creciente la inconstante Luna, que aunque conoce, que si no la diera vida el sol, no tuviera luz alguna, aún después que salió Rey de la esfera, ella quiere oponerse a su fortuna, hasta que el sol soberbias castigando, aún de noche la luz le va quitando, pues lo mismo os sucede que inconstante, luna sois que con rayos que os envío, quisisteis oponeros arrogante, a la luz que os dio luz en él sol mío; pero volvió mi sol, que más triunfante, el resplandor enlutara soberbio, de quien sin ajustarse a su fortuna, quiere al sol oponerse, siendo luna. Suspenso señor de oír, las dudas con que me agravias, atestiguando tu lengua, lo que mudo un papel habla. Conozco que son los celos, mayor tormento del alma; pues no se olvida su pena, con la memoria de tantas. Yna pena sola siento, entre muchas que me matan, o quien como ignora aquellas, está también ignorara. Mas ya que sol te resuelves, a quitar la luz que dabas, a esta luna, a quien hiciste, astro de tu esfera sacra. Advierte por tu disculpa, que tal vez la luna clara, parece que corre, y son las nubes las que lo causan. Uno fue mi movimiento, siempre; y así si reparas, violencia en el considera, que haurá algunas nubes pardas. Que traidoramiente opuesas, a mis luces soberanas, culpen concurso violento, la quietud Forma tún en el crédito de un justo, una persuasión tirana. Mas que yo a ti me has debido, que aunque sol eres, no faltan, nubes que se te han opuesto, mas no por eso me engañan. Que soy hijo, y reconozco, que eres padre, y es insamía, dar crédito a una mentira, contra una opinión hidalda. En ese papel firmaste, no se señor, porque causa, también mi muerte, y al verle, aunque temí sus palabras. No di crédito a sus obras, que ya más me desengañan, de que de ti no nacieron, al mirarle te espantas. aguañirmo pecho, na cosas arduas, niusticia, siza. mas la se con que le extrañas, que jamás tú le rompieras, si una vez tú le firmaras. Y esta daga, pues es cierto que nunca noble la saca, por ofensa, o por indicio para volver a envainarla, sin vengarse, sea instrumento que enoblezca más mi fama, cuando castigue delitos de aquesta cédula falsa. Saquela contra una ofensa, mas pues no puedo vengarla, en esta firma alevosa logren mis iras su saña. Y pues una, y otra afrenta tan igualmente me ultrajan, castigando aún los indicios que mi inocencia amenazan. Dejo dudas que me ofenden, dejo penas que me matan, dejo injurias que me oprimen, dejo celos que me agravian, que penas, injurias, celos, y dudas todas se acaban con la muerte a que me arriesgo en la más justa venganza. Espera espanto del Grbe, prodigio del mundo aguarda que pones con tus enigmas a pique el honor de Italia, Si firmo las muertes nuestras alguna caute Cómo agom Margarita me acuerdo de tus palabras, que en la Corte me dijiste que esta ocasión me aguarda. Pues cuando intento yaliente después de tantas batallas, la retirada más bella, con la bella retirada. A mi intento, hay Dios se opone, cuando la muerte me llama a pagar la común deuda, tanto estorbo, y pena tanta, qué es esto? Cansarse el mundo de tu caduca arrogancia, y procurar yo tu muerte, porque tu vida me cansa, Qué importa que ahora honestes la vida que ya te falta, si cuando al principio de ella te aclamó su monstro Italia. Era canónica indigna de ejecuciones villanas, que en saminas de tus hierros insculpió su inútil fama. Si cuando del blando hechizo de esa penitente rara, era inhábil tu alma ciega o injusta feudataria. Que llicieras, o que no hicieras, cenderte llegarán, epr icilia ento n ausa s mías, lamás mi honer con aleves manchas, Vuelva escorpión de mis iras a ser testigo esta daga de su muerte, y de la tuya, y todos cuantos me aclaman, Príncipe Demonio mueran que no hará mi firma falta, si hay verdugos de sus padres para acción tan inhumana. Ya me canse de ser bueno, y pues los celos me abrasan el cielo libre a Sicilia del rigor que la amenaza. Empieza bárbaro hijo por mi muerte, mas que cajas son las que al temor avisan: Desdichas son que te aguardan, toda Sicilia ofendida señor del Príncipe, trata su muerte a pesar de cuantos bándidos de esas montañas, le defienden con Leonido Capitán de sus escuadras. Que dicen que por su orden de la prisión donde estaba ha salido, y con algunos traidores que le acompañan. E odio tuyo defiende que una vez ya renunciada en tu hijo la corona. Salgamos a la campaña, y viva solo el Rey viejo. Dame Fíneo vnas armas, que aún no del todo sin brío se desalientan mis canas: Muera el Príncipe Demonio. Ay hijo, y si a ti te matan que eres alma con que vivo, comó he de vivir sin alma. De ese ceñudo monte centineia incapaz de otro orizente se cora la eminencia. No nos falte Leonido tu presencia, que en ella confiamos. Saco mi confianza. Vamos. . Vamos. Sois la venganza mía, no se logra fatal en mi osadía, con evidencia lloro ya perdida la vida, y el decoro, conozce que injuriado el Reino contra el Príncipe indignado, le ha de matar, mas eso es lo que busca mi atrevido exceso, que él, muerto el Rey anciano, ha de librarse de la muerte en vano, con que queda mi hijo si de las esperanzas lo colijo, que traidores me han dado principio de Sicilia coronado. El sonecillo es buen, para un hombre pacifico no es bueno, que no quise ignorante, solo por no cursar ser estudiante, y el diablo me ha enviado donde más que cien purgas he cursado, quien me metio en barajas sin ser naipe de copas, quien con cajas, no siendo yo tintero: cajas, ni aún de perada las quisiera, o ya que fuerza sea el comer, las escojo en la pelea, si el miedo ha de decirlo, para que me restriñan de membrillo. Quién es? Un escudero, que siempre trae cortes, aunque chancero al miedo de la mano, que es sin duda el temor de un vuen Cristiano. Haga campo conmigo, si es contrario del Rey. A eso me obligo, y aún a más, porque puedo hacer campos también según mi miedo. Herido estoy de muerte, suspende tu rigor hijo, y advierte, que de tan grande ofensa temo que el cielo tome recompensa. Que amenaza imprudente. No hay quién me favorezca? Sí. . Detente, que en manifiesto daño. no se cual es verdad, ni cual engaño, pues si bien os admiro cuando de tu amenaza me retiro hallo en tu misma imagen defensas que tú mismo impulso atagen, Acobardome el cielo. Cómo aquí de mi propio me recelo, Igualmente admirados, uno de otro aumentáis mas mis cuidados. y aunque de ellos coligo que eres mi hijo tú, y eres mi hijo, véngueme si pudiere del que fuere traidor, quien mi hijo fuere, Pues el tirano muera, que contra mi alevoso persevera. Muera yo, si yo he sido el que a mi Rey, y a mi tengo ofendido. Prodigios deteneos, que ya absorto entre tantos debaneos, temo en suerte importuna por un hijo de entrambos la fortuna, pues en daño prosigo está a peligro de morir mi hijo. Yo morírea tu lado, aunque estoy de tu vida apesarado. Moriré en tu defensa, aunque más me ocasiones con mi ciensa. Pero qué es lo que miro? De ver esta ilusión mucho me admiro. Suspenso estoy de verlos O son dos, o es el Diablo alguno de ellos. Vasallos, a quien nombro aurmosos testigos de este asombro, de un hijo defendido, al tiempo que de otro hijo perseguido, en laberinto extraño, la pena ignoro cuando siento el daño. Mas supuesto que ha sido uno solo el que Príncipe ha nacido, en tanta contingencia me ha de sacar de dudas la experiencia, quien de un traidor se ampara, que no puede ser Rey es cosa clara. Luego a quien ha valido, la alevosía del Marqués Leonido, condena la evidencia de quien leal se opone a la obediencia, que al Príncipe suyo debe en favor de su Rey, pues muera aleve, quien Príncipe fingido del traidor contra el justo se ha valido. Aquí de los leales, que estos son unos tales, y unos cuales, Cansose el cielo justo de permitir acciones del insusto. De mi ofensa indignado el cielo contra mí se ha declarado. No hay respeto que cuadre, que es por su Rey el hijo contra el padre. Al fin de mis desuelos vuelven por mi señor justos los cielos. Ellos hijo te amparen. si eres Príncipe julvo, y me declaren, la ocasión de este daño, pere si del temor ya no me engaño, llegó el fin de mi vida. Sube por la corona merecida, buen Rey que aquí te aguarda, quien de la muerte ya no se acobarda. Al monte donde imita, a los Pablos, y Onofres Margarita, me trujo la batalla. como se reconoce en la muralla, que es castillo del cielo, pues tan fuerte se opone a mi desuelo. Sube que aquí te espera la corona inmortal. Oh hermosa fiera, tú que me ocasionaste a caer, hoy también me levantase, dame dame la mano, que ya a la muerte me defiendo en vano, bien que dichoso muero, si mi ataud tu choza considero. Pues el cielo lo ordena, nada te estorbe Rey, ni te dé pena: a pesar del encanto del Demonio, tu hijo es justo; y santo, que por tu bien, y el suyo lo sucedido con los dos arguyo. Declara mi ventura. Sígueme, y deja la voraz rotura de este duro alcornoque: para que en el arrepentido invoque la clemencia del Cielo, el hombre más tenaz que ha visto el suelo, que después de contarte lo que muerte feliz ha de causarte, dando en divinos lazos a tu caduco tronco mil abrazos, te dejare contento, donde el mundo te aclame su portento, Ya te sigo admirado de los cielos portento coronado. De la muerte que me sigue por venganzas que no logro, confuso, y desesperado vengo huyendo de mi propio. Dónde estoy válgame el cielo? mas este, si bien lo noto, duro penasco que impera Monarca agreste de esotros, es donde mi hermana vive siempre escondida a mis ojos. Hoy más que nunca ofendido por las desdichas que lloro, volvió a encenderse en el pecho la cólera que desfogo. A cuya violencia pueden ceniza hacerse estos olmos, la memoria de mi agravio va contra ti poderosa, o máteme el cielo, o muera la ocasión de mis enojos Ahora si que se puede decir según lo que oigo, que anda el diablo suelto, en cuanto Altivo cuanto soberbio, y fiero cuanto espantoso, es el verde promontorio, mas dos cadaveres frías, de rodillas uno, y otro de trabalos padecidos al ciela paen retorno. O mi hermana es estara pesares, y el Rey es aquel, o alsombros. l sin de vedo la muerte, la bierte iguala de todos. Perdidas hemos llegado, donde sueña el alboroto. A, plegue a Dios que no muera, aunque me injurie mi esposo, Cómo es posible que vivas, sino es tu cuerpo un escollo con tantas heridas. Cielos, quien lance vio tan dudoso Cuál es el Príncipe? Tiene puesta el Cielo riguroso, mi muerte en mi vida, y quiso que os satisfaciese a todos, viniendo a parar a este sitio en cuyo excelso trono de dos milagios del mundo, yacen los cuerpos gloriosos. A pesar, que quiera el cielo que ahora de testimonio de un engaño que ha tenido perdido el mavor decoro. Yo procuré tu deshonra, yo procuré tu desdoro, y el examen, eltas fueron del caso más prodigioso, yo soy el Demonio. Nueca viví e aqueso dudoso, que desde el Jesús de marras Lo he sido solo quiena surpando la forma del Príncipe más furioso contra el pundenor más sacro obre de la envidia monstro. Vencio la fe de un Rey justo, y el afecto religioso de la mayor penitente, que admirado el Orbe todo, y por no verlos a entrambos en diviva muerte absortos, colocados en el cielo, astros de su excelso globo, admirados, sepa el mundo cuando mi infamia pregono, que vencido del Rey Ángel se va el Príncipe Demonio. Con la esperanza del Cielo, floreced inttil tronco, que en habiendo pentrencia, no hay delito escandaloso. Alegre cuanto confuso se manifiestan mis ojos. Grande suecesor Admirable. Prodigio raro. Espantoso. A señores los de abajo, hago notorio que solo por no haber con quien casarme soy hermitaño modorro, con que tendrá si os agrada fin el Príncipe Demonio, que tendrá el Diablo en el cuerpo, si bien, no os parece a todos.