Texto digital de El rey ángel de Sicilia (primera parte)
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- Juan Antonio Mójica
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- Juan Antonio Mójica Probable
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El rey ángel de Sicilia (primera parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/rey-angel-de-sicilia-el-primera-parte.

EL REY ÁNGEL DE SICILIA (PRIMERA PARTE)
JORNADA PRIMERA
Dejadnos solos Muera quien a mi hermana ofende, y quien espera, siendo de Blanca esposo, matarme a mí de celos. Pesaroso. de ver al Rey tan ciego, casi a dudar de la fortuna llego. Ya que el día ha llegado, sobrino que Sicilia ha coronado vuestra dichosa frente, del laurel que es adorne eternamente, os quiero dar consejos, que serán de esperiencia por ser viejos, si es que por no admitidos, no pasan del umbral de los oídos, que aunque escuchan atentos, como la voz se anima por los vientos se queda inanimada, como viento tal vez resuelta en nada, vuestro padre, y mi hermano tercer Rey de Sicilia soberano y yo de un parto mismo, salimos de este mundo al claro abismo, tan repentinamente, que mi madre rendida a un accidente, murió del parto fiero, sin saber de los dos quien fue primero, quien de esta vida ingrata, vio la inconstante luz que el tiempo mata, mas mi padre discreto, viendo su Reino en semejante aprieto, aún tiempo con dos hijos, principio de los bandos más prolijos, que en méritos iguales, nortes son de ambiciones desleales, de Milan el Estado, en mi cabeza puso anticipado, dando porque más cuadre, el Reino de Sicilia a vuestra padre, con condición que el día que hubiese de los dos geneología, volviesen a juntarse aquestos dos Estados con casarse bien, como si esto viesen los dos primos hermanos que naciesen, dispuso lo así el Cielo, que la idea inspiro de vuestro abucio; vos, y mi Blanca bella, fuisteis dispesición de tanta estrella, pues vuestro padre muerto, me dejó por tuter de vuestro acierto, que mi velez prollia, alegraséis calandoes con mi hija, dos meses ha que vino el despacho de Roma, y menos, sino después que ha dirpensado el Pontifice Simo habéis quedado, y aunque callo, no ignoro, de que nace el reme que ya lloro, mas quiero aseguraros, que entre perder el Reino, y desposaros, no hay distancia más suma, que firmar; o borrar con una pluma. Demodo Clodobeo, que yo sin vuestra hija, no poseo el Reino justamente, sed pues me dais consejos, más prudente, y no hagáis temerario, forzoso rendimiento el voluntario, que yo si por ley puedo ser de Sicilia Rey por mi denuedo cuando el mundo estorbara, que la Sacra Diadema coronara; mas no quiero enojaros, que en fin debo por tío respetaros, decid. Plegue a los Cielos, que en bien paren sobrino vuestros vuelos, ya que de mis turelas, os que vitasteis tan presto las peguelas, apenas desengaños, a sus lustros han dado vuestros años, cuando vuestras maldades, de mal siglos han dado atrocidades, no hay honesta doncella, que de vuestro desmán no se quererla, no hay principal casada, a quien vuestro rigor no persuada, no hay hombre de mal trato, con quien vos no tengáis infiel contrato, y de estos desafueros me echan a mí la culpa infames fueros, de ley injusta, y recia, que por causa de quien loco desprecia, algún consejo sabio, echen la culpa al que evitó el agravio, cuando el inobediente es causa de este daño solamente: pero ya en Dios confío, que regiréis mejor vuestro albed río, que quien de estado muda, de las viejas pasiones se desnuda; sino es que poco atento quiera ex crimentarse en su escarmiento. Dejad a Margarita, cuyo ardor tan sin freno os precipita, y tanto os encadena, que de la libertad os enajena, o su hermano Leonido la llevará a Milan, que es advertido, y si sabe su ofensa no dudéis de que el Lusque recompensa: mas mi Blanca querida a este cuarto se llega divertida. Ya sabéis que galante, aunque os ve en el amor perseverante de Margarita ciega, mas que a quereros a adoraros llega: festejalda sobrino, yo esta noche he de ser vuestro padrino, y ya que os satisfago vos veréis que en gozando de su alago la libertad os quita de que a querer volváis a Margarita. Ya esta experiencia hice, y en su álago mi amor no satisfice, que quien muerto me trae con grande imperio a su afición me atrae, pues a pesar de empeñes mi libertad vielentan sus despeños, es con ciega porfía bárbara incsinación la que me guía, tan rendida al injusto vil proceder de su estragado gusto, que opuesto al escarmiento, las ofensas de Dios son mi alimento. En brazo ajeno envidio la atrocidad, la injuria, el homicidio, y estimo en propio daño adultero a mi sangre todo engañe. Nací tan atrevido, que no me contente desvanecido con profanar osado la honestidad del lecho más honrado, sino que loco, y ciego a violar de mi sangre el honor llego, pues solo porque exenta a Blanca vi de mi común afrenta, con intento libiano de su honor piofané lo soberano sin admitir el luego que en llantos suyos abivó mi fuego: que me importa que en esta su agravio calle Blanca con protesta, de que he de ser tu esposo, si al paso que su empleo es ya forzoso a ese paso me guío por la elección de indomito albedrío más rendido al deseo de Margárita hechizo de mi empleo suelo entre sombras fieras ser prodigio de trágicas quimeras, pues tal vez me acontece algo el temor en la memoria crece, ver la muerte delante fulminando amenazas arrogante, y contra mi pecado el poder del infierno convocado, y con saber de cierto, que es de Dios la amenaza, me divierto de modo, que la olvido, y de un hombre el poder hoy he tenido, o más cobarde idea, de una ilusión rendida a la pelea el Sol de Blanca adoro, no vendido al amor sino al decoro, y Margárita bella, fijo móvil me tiene de su estrella, viva su amor, que digo? ay amor, hay dulcísimo enemigo, viva Blanca, que intento, si ocupa Margarita el pensamiento, todo soy confusiones, pero no me amenazan las razones del Duque con decirme, que por fuerza he de ser su amante firme, pues por el mismo caso, menos de Blanca en el amor me abraso, y aunque más lo limita, vuelvo a arder en tu incendio Margarita, y basta ser rogado, para olvidar un hombre su cuidado, y una amenaza sobra, para arriesgar a quien tan libre obra, pero la Reina viene, declararla mis ansias me conviene. Muy bien podéis volveros, que a solas quiero hablarle. Logre el veros, yo contra adversos ados, de pacifica oliva laureados. Oh causa de mi pena, que alagas con la voz dulce sirena. Oh forzoso desvelo, si a mi hechizo por ti se opone el cielo. Que idadoso vuelvo, ué cu y la causa en mí mismo no resuelvo. quien duda que sean males, los que avisan temores tan mortales, mas a los dos escuchemos, pues que ya llegan a hablarse. Señor mío. Hermoso espejo, a donde se mira el sol, Blanca bella. Apenas creo, que me concede este rapto mi fortuna. Yo granjeo mas en lograrle, pues se lo mucho que en el emprendo, a vuestra Alteza suplico, tome en esa silla asiento, y yo en esta sí me escucha; aplacaré cierto incendio, que con congolas me oprime, alma, corazón, y pecho. Vuestro gullo siempre es mío, muchos pesares recelo, Ya sabéis, estadme atenta Blanca bella, a quien dio el Cielo de verdad, extremos tantos, como de desdicha extremos, ya sabéis que nuestros padres, de un mismo parto nacieron, y que en los dos dividido, quedo de Sicilia el Reino. Dejad ahora episodios, y vamos al caso luego, que es matarme muchas veces, ir dilatando el tormento, ya se que nací rendida, a adoraros, y quereros, como vos también nacisteyo para ser mío, No niego, que nací para serviros, hermoso del Sol bosqueje, mas la libertad del alma, antes de mi nacimiento, como cautivarla pudo, ningún humano gebierno, injuria sabida fuera, si con mal morado acuerdo, antes de animarla libre, la rindieron cautiverios, el mayor aplauso suyo, es la esención que tenemos, de que al señorio propio, no mande dominio ajeno. Siendo ello así, como pudo penetrar los pensamientos, de vuestro pecho; y el mío, el dictamen de mi abuelo, pero en materias de estado, Dios nos libre de los hierros, que hacen los que ser intentan, Profetas de los sucelos. Criarornos nuestros padres, a los dos, como ha herederos del Reino, bien que yo siempre como mozo más exento, como Rey más poderoso, pasando a verás los juegos, en el campo de mis vicios, me juré Príncipe de ellos, viome descuidado un áspid, que traidor cuanto alagüeño, disimulaba entre rosas, blanco esplendor de ojos negros, Mordiome, sentí la herida, tan fuera ya de remedio, que se alimentaba el alma, con viva porción de fuego, ofuscado en las tinieblas de este engaño, donde veo, que a amor para error le sobra la falta de ser tan ciego, me hallastéis, cuando Sicilia, con los resplandores vuestros, mas que otras veces usana, hizo competencia al Cielo, Admírcos cuidadoso, aplandios lisonjero, con llaveza como primo, como amante, con silencio. Y viendo perseverancias, del hechizo de mi dueño: a pesar de cuanto hermoso cabe en vos conocimiento. Os dije en agravio suyo, bien se echan de ver en esto las desdichas de lo hermoso, las venturas de lo feo. Entre ves, y entre mi dama, viendo tan veutral mi afecto, hice Jueces de mis dudas, al olvido, y al empeño. Pensando en vuestros álagos, olvidar desasosigos, anviando imperiecciones, me permito a vuestro empleo. Vos hermosa, que cuidado! tuve ocasión, que tormento! atrevime, qué locura! No digo más, porque creo que esta entendido un amante, cuando pone por terceros, contra empresas de hermosura, ocasión, y atrevimiento. Yo os vi aquesta noche, cuando dorando las Indias Febo, era la antorcha noturua, de aobesta noche lucero. Sin lisonja como un Ángel, pero el píntaros suspendo que estabáis entences tanto de vuestra beldad portento. Que si os pinto como estabáis, por cosa imposible tengo, dejar de bobier a amares, con ofensa de quien quiezo. Y así intento, perdonadme en tan evidente riesgo, por no ser con ella ingrato, proceder con vos grosero. Yo no puedo más conmigo, que estoy perdido os confieso, que puedo hacer si mis ojos, se encienden más con sus hielos. Si pienso en vos, me con lumo; si pienso en ella, me alegro, sino me mira, me abraso, sino la miro me quemo. Y últimamente, señora, por quererla os aborrezco: confesad para vengaros, que es falso el amor que es debo. Otra belleza me trae, con su hechizo vivo, y muerto, no queráis vivir conmigo, porque viviréis muriendo. Y agradecedme en tal lance, que os aviso, y os prevengo, que con ella estará el alma, cuando esté con vos el cuerpo. Bien he menester ser Reina, para haber de responderos, que valor de mujer sola, no bastará en tanto aprieto; pero con pocas palabras, diré muchos sentimientos, que el honor, y la deshonra, sienten más cuando hablan menos. No escuchemos más honor: basta de agravios, y tratemos de oponer venganzas justas, contra infames desaciertos, en faltando el Rey le viene a mi hija Blanca el cetro, casarase con su dama, si el Rey vive, y no me vengo; pues muera el Rey que me ofende, que en ninto mal, es lo menos vivir Blanca Reina, y viuda, que no sin honra, y sin Reino. . Decís que pero que digo yo, a repetirlo me atrevo, o me olvido de la infamia, o de quien soy no me acuerdo Persuadisme a que no os quiera, y si a la elección lo dejo, dice que en uno no caben, amor, y aborrecimiento. Obligaisme a que confiese, que no os ame, loco intento pensar que ha de ser cobarde, quien se atrevió satisfecho. Lo que en la mujer se alaba, con grande encarecimiento, es, que aunque de sus delitos sean los daños manifiestos. Si no confiesa vestida, con más que animado esfuerzo, vence después de desnuda, terribles, y arduos tormentos. No digo que fue delito lo que vergonzosa niego, pero en fin si está entendida, la experiencia de mi ejemplo, en vano el cordel aprietas, verdugo de mis desprecios, si constante me aseguran, tu ingratitud, y mi empeño. Mas ya el valor se ha cansado, y échase de ver en esto, pues lágrimas que estorbaba, a mas no poder salieron. Llorando voy ofendida, yero cuando me avergüenzo, sabe el Cielo que le pido venganza con mi silencio. . Espera, aguarda, no llores, mas vete, que te aborrezco, pero si cuando te miro, que he de mirar, si estoy ciego. Obre el hechizo, aunque muera el alma, que tanto arriesgo, que con razón me aventuro, si a tanta unoria anhele, a tu amor agradecida. Que no hay agradecimiento, cuando violencias del alma, quitan al alma el trofeo. Quiéres a Blanca? Le adoro. Pues vuelva a obrar el veneno donde por mí te abasalla, todo el poder del infierno. Suelta, aparta, ay de mi triste. Tuya soy. Ay dulce objeto. Quiéresme? No se que diga, porque vi a Blanca, que a un lienzo, hizo depósito triste, de aljosares lisonjeros, y puede el llanto en lo hermoso, a veces tanto, que temo, que al nsas áspero albedrío, ponga al modo de apremio. Luego a vencido a mi amor? Yo no te respondo a eso, apero voyme sin hablarte, porque noten los discretos, que merecieren en alga, lá grimas que no vencieron. Toda soy en esta emprella, pesares, desabrimientos, confusiones, laberintes, azares, desasosienos, yo de pensarlo me alioje, hoy de imaginarlo tiemblo, de decirla me confundo, y de excusarlo me muero. Pero porque ha de faltarme, valor para proponerlo cuando para ejecutarlo, me sobre bárbaro aliento, quise vencer imposibles, rindiome amor, no lo niego, perdí el alma, no lo excuso, que tengo envidia con celos, ya me empeñe en mis desdichas apren los ados más fieros, y admire el mundo el asombro de un amar te arrolamiento. Yo di una firma al Demonio, otra vez a temblar vuelvo, en que le ofrecí ser suya, con condición, que sujeto el Rey a caricias ciegas en los lazos de hemineo, nos viese a los dos el mundo aprisionados incendios: con lo cual todas las veces que esta sortija le muestro, de Blanca le disuado, y en mi engaño le divierto, pues si esta vez no he podido, señales que se perdieron las virtudes de su encanto. Dónde estas monstruo, soberbio? Adonde si no en tu agravio, que es de mis envidias centro, puede asistir cauteloso el Rey de tus pensamientos, ya se para que me llamas. Pues qué haré? Vete allá dentro, que ya vuelve el Rey aquí. entre Blanca, y ti suspenso, y si quiere entrar con Blanca, yo me opondré a su deseo, y haré que logres el tuyo, Y si no quiere? Te advierto, que matándole te vengues, pues si ahora no le venzo el que con Blanca se case, pienso que estorbar no puedo. Veyme, y muera sino vences que es mejor en tales riesgos vivir sin amor milaños, que un día morir con celos. Ellos han de ser ahora de tu muerte el intirumento, a cuyo son desacorde cantes trágicos sucesos. Todas las cosas se ordenan como las voy disponiendo, si el cielo que me atormenta no se opone a mis intentos, contra el Rey conjuro a todos, que con poco miramiento tiene a los más ofendidos con sus desmanes traviesos, por si reducido quiere volverse a Blanca, aquí intento con invisibles estorbos, violentarle a desaciertos, y aún obligarle a su muerte, quien es contra quien peleo, sino un hombre que ha nacido esclavo vil de sus hierros. Nací yo espíritu puro, aunque ya mipuro me veo, y pudo un delito solo transformar mi ser supremo al ser infimo de un hombre, que es de mi ser tanto menos; no podrán tantos delitos digno hacerle de mis riesgos. Qué importa que Dios me diga que más castigo merezco a mortales, si supierais al peligro que nacieron lo Lepes que acargo tienen tan intolerables pesos. Es verdad, pero también mas que de otro cuida de ellos, Dios que envía los alivios medidos a los sujetos, no hay Rey, aunque malo, a quien dos Ángeles no dé el cielo, uno para su conciencia, y otro para su gobierno. Y si dos tienen los malos; cuantos más tendrá los buenos aunque más necesidades de ellos tienen los primeros: mucho ciego Rey le debes al cielo, ríndete presto, que se cansa muchas veces de dar socorro a proterbos. A pesar del que le ofreces, hoy ha de ser mi trofeo. No ves que el cielo le ayuda? Yo sabre oponerme al cielo, pues Dios licencia me ha dado. Responderá Dios a eso, competidor te permito, no vencedor te consiento. El albedrío del hombre nació a toda fuerza exento, pues ni tu puedes forzarle, ni yo violentarle puedo, De inclinarle solamente distiuto poder tenemos, tú por tu ser a lo malo, yo por mi ser a lo bueno, Tal vez le da Dios al hombre en mi alivio, y en tu exceso, socorros para castigo, tentaciones para premio. Su alma tiene en su vida, y su vida en su consejo, y el cruel de vida, y alma en mi amparo, y en ti encuentro. Desdichado de aquel hombre a quien no te opones fiero, que ya tú tienes por tuyo, a quien no envidias ajeno. Que mal hice, que mal hice Margarita en ir huyendo de quien adoro rendido, por quien sin amor respeto. Blanca me llevó tras sí, porque lloro, y advirtiendo, que auras tú también llorado, en tus cristales me anego en los riesgos de la vida, nunca conoce el enfermo cuando bebe el mal del agua, y aunque después del exceso echa de ver que es ponzoña, cuando vuelve a estar, sediento no le estorba el viejo daño los gustos del daño nuevo. Que enfermo estoy Margarita del mal de tu amor beneno, que aunque conozco que daña su lisonja, no obstante esto, si de ti me aparto lloro, por volver a tus incendios, y en loca demasía que tan mortal galanteo, conozco que a pesar mío cuantos más suspiros bede de tu boca, mas me hallo hidrópico de tu afecto. Al cuarto de Margarita por aqueste lado entro, y al de Blanca por estotro, randa es ahora el aprieto que de mi dama, y mi prima rendido al yugo mi cuello se me pierde el alma tanto a diestro como a sinestro, pues hoy he de aventurarme, que es pecado horrible, y seo honor con sangre ni auchado, a Blanca digo que quiero, y quie olvido a Margaritas. Eso no que la defiendo. Sombra que suerte me arrojas. quien te áanima, mas que pienso, subía por este cuesta todo el corazón violento, y resualó como era piedra imán de incasto acero. Navegaré aqueste rumbo, nave con quebrados remos, pues me arrastra Margarita la ocasión de tus cabellos, Blanca a Dios. Detente loco. Qué es esto impulso violento que a desbocado apentito pones limitado freno, mas por estos riscos torpes, comó cuando subo llevo el peso de mis pecados, me vencen libianos pesos. Tenga ocasión en mi industria. Halle el principio en el riesgo. Para el precipicio suyo. Para su arrepentimiento. Válgame Dios que congoja, quien le vio como me veo, tántalo de su esperanza, fisifo de sus deseos, que tantas veces me asombren las sombras de mis tormentus, y ninguna me reduzgan asombrado el escarmiento? pero quien cuendo me abraso tañe alegres instrumentos morirá, mas a esta parte corresponde triste el eco, Si el casamiento es divino, no te precipites necio, que el amor de Blanca es oro, y el de Margarita es hierro. No te rindan amenazas, si es yerro amor con acierto, que también con oro errado compiten dorados hierros. Dulces consonancias hacen los pecados lisonjeros, y del álago de un a ma que dulces que son los ecos. En desapacibles tonos hace la virtud su esfuerzo, y del renunciar los gustos que tristes son los acentos. Mas ya que miran mis vicios tan dudosos los extremos, huyendo diré que ahora la virtud consiste en medio. Borrón que el pintor divino al temple de su concepto con el pintel de sus manos copió de su asunto mismo; Y para perficcionarte obra de mayor objeto, te dio cerca cuerpo hermoso, y alma dura en blancos lejos. que quieres con este acaso que ya en tu caida advierto, que darme quieres la mano como me ves en el suelo. Aliéntese su esperanza. Desespere del remedio. Criados, nadie responde, pero qué asombros son estos? Contra la muerte, y el hado no hay poder en los Imperios. Dueño del hado, y la muerte es un observante cetro. Si son de funesta imagen Ángel, y Demonio dueños, que aguardas dudosa vida, que no evitas tus despeños. Mira que el cuerpo que adoras es alma de tu deseo. Mira el alma, que no ves, que este que ves es tu cuerpo. Roncas voces que del aire sois resplandores funestos, aunque sin aliva os escucho, alma tienen vuestros ecos, pero tu trágica imagen, debajo de cuyo acer m lita mas Ya que a mi vista se ocultan los dos ministros que fueron uno de tu cielo Atlante, otro Plutón de tu infierno. Ya en tu idea engañosa con mayor verdad contemplo, que como es aire la vida, la vas resolviendo en viento. Para mejorar la mía dime si acaso es buen medio el morir. No es si no malo. Pues qué he de hacer si me muero, si respondes que es penoso el morir. No es si no bueno. Sueño, verdad, o fantasma, ni te dudo, ni te creo, pero seas, o no seas fantasma, verdad, o sueño, fugitiva ilusión que persuades, esqueleto retórico que admiras la más noble verdad con tus mentiras, la mentira más fiel con tus verdades, que crédito daré a contrariedades de un escarmiento que neutral retiras del desengaño en recatadas iras, que pública la voz de tus crueldades, que es bien, y mal, morir pena crecida, tu voz me dice con que ya me advierte, que del bueno, y del malo es hemicida: largo mal, corto bien, penosa suerte para llegar al Reino de la vida, es entrar por las puertas de la muerte. luz me ha mandado traer a esta sala, que es adonde mas de ordinario está el Rey, y tan en tanto que sale, de mi persona daré cuenta breve, y compendiosa, porque a mi mal parecer auran dicho los devotos del gracioso, y su papel. Lástima ha sido que aquí no haya tenido que hacer; mas si en los grandes, convites el último plato es, sino el mejor en la estima, más sabroso en el comer. No ha llegado a tan mal tiempo, tras el pavo, y el pastel mi pipote de aceitunas, con ite jornada est. Al fin se canta la gloria, suele decirse tal vez, mas antes que me pregunten quien sois vos, responderé soy busón del Rey, oficio que es alegre, aunque soez, mi nombre no le ha tenido desde aquí a Jerusalém ninguno, y muchos le tienen, pero no le han menester las mujeres, que no es pocos y no os parezca entremes, que me llamo Vigotera, de aqueste nombre el primer; más punto en boca que sale el Rey aquí. Déjame Fíneo a solas un rato. Siempre te he de obedecer, Ven conmigo Vigorera, Ya te sigo Espera te Ya no te sigo, aunque a mí de verle sañudo al Rey, me han dado en perseguir unas seguidillas al reves; mas todo es cosa de risa, que con traerle después los papeles de sus damas, haré mejor mi papel. Sin duda que el suseño obra en mí con lástima, pues viendo que muero si vivo, y que al morir viviré, quiere matarme este rato tiranamente Cortes, en el cual será posible que de mí me olvidaré. Vigotera que hay de nuevo. Todo señor es vejez, porque está irbiendo detrás el mundo a más no poder, y de damas es forzoso que sea todo niñez, o alomenos mocedad. Y mocedades también? Pues a se que no estas viejo tú hasta ahora. Y ni sé. Es por mala de puro buena, la peor para mujes, Qué se hizo Filis? Deshecha señor ella, a puro hacer, que es vivir de su trabajo de muy mujeres de bien, Y Lisarda? A puros verdes que se ha dado, su clavel señor se fue en flor marchito, se quedó en blanco esta vez. Dericlea? lla tiene pensamiento Ginobes, y alma cómica, pues todo lo ajeno es suyo. Por qué? Porque hace papel de Reina, y de valsalla también, pues tan fácil habla al Conde, como corresponde al Rey. Qué hay de Fabia? Está muy gorda, mas no obstante dícenme, que anda ahora en vela por ella cierto galán Portugues. Anarda? Aunque está muy flaca se anima para querer, que el tener fuerzas por frágil, no es flaqueza aunque lo es. Márcela? Cariaguileña, sol con unas la llamé, pues contra cupidos, aves, Venus de rapiña es. Gerarda? Tan liberal procedió con todos, que la han llevado al hospital, los que ella a enviado a él, durmiose, hay cosa señores más enfadosa, que el ver que se duerma un hombre, cuando cuentan algo, vive diez, que he de vengarme del con cubrirme dlelante deel: eteme grande, y que soy el más allegado al Rey. Calligare al que intentare mi ofensa. Yo echo de ver C que es tan Rey un Rey dormido ey despierto es Rey. Parece que está dormido. Dormido está al parecer, Qué imagino Qué discu La luz mate. Esto ha de ser. Ni me mueven, ni me asombran amenazas. Qué escuché? Fantasías son del sueño. Idea del sueño es. Por quien guía mis acciones Rey tu vida guardaré, sus divinos juicios saben el porque, y él para que. Morirás pues me ofendiste. Tu maldad castigaré. Mas quien mi brazo detiene, que hecho un mármol me quedé? Qué es esto? que el brazo mío apenas puedo maver? Pondreme para librarte en Cruz, o dichoso Rey, si tu redención te anima, de que tienes que temer. El temor lo causará. Ilusión sin duda fue. otra vez me anima fuerte. Matérele de esta vez. Despiertu Rey que te matan. . Ado triste. . Suerte infiel. Jesús, qué es esto? Ay de mí. Válgame el Cielo. Quién es? Muera el traidor que se atreve, sabiendo que ha de caer, a conquistar tanto cielo, inadvertido luzbel; pero yo temo que idea el acero envainaré, que un Rey hace de su sombra, contra todo un mundo, arnes, a Duque, a Marqués Leonido, Fíneo luces traed. . Sacad hachas, Mas qué es esto en qué ahora tropecé? Dos dagas son, Cielo santo, quién me ha podido ofender? Pues señor con quién reñías? Qué suceso tan cruel. Qué es esto, señor? . Vosotros, mejor que yo lo sabéis. Dagas, y mirarlos tanto, yo imagino que ha de haber degollábuntur, sicrimen lese Mujesaris es. De Leonido, y de mi tío son las dagas, qué he de hacer? Que esto me haya sucedido! Con qué me disculpare? Moriran, mas reportaos iras, y hoy os suspended, que este vencimiento propio, a mí me quiero deber, Duque, sois mi tío? . Sí. Sois mi Vasallo Marqués? Quién lo duda? . Yo agradezco la verdad de vuestra fe; pero admírame infinito, de que las armas dejéis, dentro de mi propio cuarto, donde ahora las hallé, primero la vida el noble que el valor ha de perder, que el vencer, o no atreverse, es discreción, y es laurel, tomad tío aquesa daga, tomad vos esa, y creed, que de una vez da el castigo, quien da el perdón de una vez. Gran prudencia! Esto va malo. Marqués, qué es esto? . Esto es descubrir a los traidores la naturaleza fiel. Seframos, pues siempre ha sido respetar, y obedecer al Rey, aunque malo sea, divina, y humana ley. Y si contra los traidores de un Rey malo, es justo Juez el Cielo, que será en centra de un traidor, contra un buen Rey? Mas si el deshonor infame. Pero si el agravio infiel. Me obliga. . Me desespera, Viva mi honor, Muera el Rey. Duque seréis de Milan. , ey de bicilia seréis,
JORNADA SEGUNDA
Aquí podéis Caballero aguardar al Rey, que ahora ha de salir a esta sala, donde le hablaréis a solas, tan en tanto os entretengan, cuadros, tapices, y alsombras, cuyos adornos labraron, Álrica, Flandes, y Roma. . Si tu supieras cuan poco me suspenden estas cosas, conocieras que en mi asisten, espíritus de discordias. Que juicios Cielos son estos, que cuanto más me ocasionas contra el Rey, que pena entonces, mas tu permisión estorbas sin duda, pues tú le ayudas, que alguna esperanza logras, porque pierda la esperanza, yo de ultrajar corona, o permite el vencimiento de esta vez, o no te opongas a que vuelva a encadanarme la prisión de Babilonia. Ya Margarita su dama, en sus desdenes se ahoga, tanto, que sin duda espero, desesperaciones locas, perdió su fuerza el hechizo, porque fuera acción impropia en mi aliviarla, pudiendo. darle la muerte sin gloria. En Leonido, y en el Duque, vertiendo voy la ponzoña de la envidia, y de la ofensa de quien son sus pechos copas. Blanca solo me persigue, pues en la firma sola, cuanto más la ofende ingrato, mas le alaga cariñosa, pero ya está mi cuidado tan prevenido en su contra, que antes de empezar la empiesa, aplaudo ya la victoria, si una beldad le conquista, otra beldad se le oponga, que no pueda imaginarla, la mentira más hermosa, la ilusión de las colores, que acredite en breve copia, digno un pincel de mil cuerpos, digno un cuerpo de mil formas. En este retrato animo una imagen, mas las obras dirán después lo que intento, que sale el Rey. Traza airosa, tiene Conde el forastero, Voyme si ha de hablarte a solas. Invicto Rey de Sicilia, cuya fama prodigiosa, desde aqueste poso vuela, a la contrapuella zona. Espera, y dime quien eres, que si tu mérito ignora, mi atención podrá ser yerro, lo que ha sido ceremonia, Ahora Rey generoso, el negar quien soy me importa, podrá sor que tú lo alcances, cuando mi embajada oigas. La infanta, pero mal digo: Una dama de Polonia, que no es menester que sepas quien es, ni como se nombra. Vio un retrato tuyo un día, que debió según te informas, más verdades a tu vista, que a los pinceles lisonjas. Pesarosa de que hubiese nacido humana persona, que rendidos pensamientos, usurpase a sus memorias. Determinó de su ofensa, tomar la venganza propia, y que admire otro retrato, quien retratado enamora. Para esta empresa me elije, si atrevimiento perdonas, mira Rey en esa imagen, la beldad citrada en sombras, Arrebatole el sentido, la atención que ya más pronta, o se rinde a fantasias, o en ideas se transforma. Dime galán forastero, como pluma luminosa, pudo animar con Imperios, de un naipe la invtilforma, si me informas sin mentira, responde a esta duda sola; falto el pincel en lo vivo, lo que a quien lo muerto sobra. Puédote decir a eso, que su vista dudas borra, y que aún no son sombras suyas, esas rayos que te asombran. Pues ve, y dila que la quiero, que por fe el alma la odora, tanto ya que en sus deseos, se ensalza cuando se postra. Cómo me ofrezcas palabra, de que el secreto no rompás, te la mostraré esta tarde. Pues cómo si está en Polonia? No está tal, que al mismo punco que el retrato la aficiona, de tu gala introducida, de su honor en la custodia. Fiada de mí se parte, en una Nave, Carroza del mar, a quien por cortinas, las valas de lienzo entoldan. De quien fueron cuatro vientos desde la popa a la proa, ligeros caballos de agua, que de impetuoso boreas. Regidos por frescos campos, de quien son flores las obas, de quien son aves los peces, de quien piedras las rocas. Tan violentos navegaron, que sin sentirlo las olas, de los rizos de su espuma, iban pernando el aljófar. Desde el puerto en un caballo, que de la planta a la boca, le vistió naturaleza; blanca piel con pardas orlas. Subió, y apenas el bruto, triunfo se vio de una Diosa; cuando hizo en sus aplausos, tambor de su lengua ronca. Arco es fuerte el liso cuello, que cuando menos le encorba, cerdas tira por flechazos, balas de espuna por bombas. Tal vez Aquilón con cuerpo, las flores que el Alba borda, repelándosas a trechos, da que remendar a Flora, Y tal sin azar del prado, delicadas amapolas, onza vuelta tras el viento, que su espíritu le roba. Sacude luego el copete, y de las crines que toca el viento, sueñan los ecos, fingiendo el aire tiorbas. Blanca opresión de la dama, con su coturno le doma; cuyo favor agradece, dando el bruto cabriolas. Y en señal de regocilo, remolando larga cola, que ya la ondea esparcida, si arqueada no la entosea. Le sirve a veces que niega, su penacho, a sus garzotas, contra el calor que te aflige, de abánico, y de lisonja. Sobre un Águila de armiños; volo racional paloma, sino en cándido hepogriso, como blanca mariposa. La que a noche ardió a Mecina, con la luz de sus antorchas, tanto que no echaba menos, el resplandor de la Tona. Esta tarde la verás, en los jardines que abordan, con la Quinta de Palacio, que aquí llaman selva umbrosa. Donde entreteniendo ausencias, ensoberbece las ondas, cuando dora con su vista, de los múrices las conchas. Si no faltas te aseguro, aclamación vitoriosa, que eres Rey, y eres gallardo, si ella es Reina, y es hermosa. Pero ni al dije, no es Reina, ninsa es de las que colonan, las márgenes del Peneo. Poco he dicho, es sértil rosa, que puede en sn paraiso, ser primer madre de todas. No la alabo, envidia es bella, de cuantas presanas Diosas. vencró el géntil Poeta. Corto anduve, es rica concha, tesoro de vivas perlas, blancas hijas del Hviera. Todo es nada, hermoso rayo es del Sol, con que se adornan sus estrellas, yo no acirito a copiar su imagen propia. Y así de Sol, y rayos, ninfas estrellas, y rosas, ay un Fenis de hermosura, renacido en sus aromas, y aún será retrato impropio de una mujer que te adora, tú la verás, a que buena es la ficción si se logra. . Oye, aguarda, espera, advierte, que en los descuidos que apoyas, o es Reina la que me busca, o mientes lo que me abonas. Pero en que reparo ciego, si según bella se informa, merece ser por sus astros, de otro nuevo Climpio Aurora. Desdichada Blanca eres; pues terca de venturosa, te convierte suerte injusta, las venturas en zozobras, fuego soy, muero por vería, no estoy en mí, mas que trompas marciales me han suspendido, vive Dios que al arma tocan, a Duque, a Leenido, a Conde, no hay nadie que me responda? Si quieres salvar tu vida, pide a Dios que socorra Rey, que contra ti Sicilia puesta en armas esta toda, viva el Duque Clodobeo, apellidan los que otorgan, callando tu nombre sacro, que del Reino te despejan de Milan todos los nobles, en favor suyo enarbolan estandartes a quien siguen muchas Sicilianas tropas. Todos los banderizados enmascarados se embozan, como si fuera posible que el traidor se desconozca. Teme a Dios, que has ofendido Si temo, mas no me asombran las venganzas que apadrinan deslealtades ambiciosas. No van con máscaras todos? Sí. Pues sean nuestra escolta de máscaras, y diciendo con intención cautelosa, muera el Rey, como que somos de parcialidad traidora a quien respondiere muera, nuestra espada le responda, qué dices? Que eterno vivas por tus hazañas heroicas, que yo moriré a tu lado. Muera el Rey. Mecena loca tú verás que a tus desdichas muestro las orejas sordas. Valientes Sicilianos, que al opreso yugo fatal de mando inadvertido; ultrajados fufris bárbaro exceso del que tiranamente osa rendido, Ya llegó la ocasión de que el vil peso libremente sacuda el oprimido, y de mejor lealtad en recompensas, cada cual satisfaga sus ofensas. Mi hermano el Rey disunto, y yo nacimes sin que nadie supiese, quien primero de un mismo parto, donde igual túvimos la pretensión del lauro lisonjero. Sin elección entonces convenimos, en lo que hoy con elección no quiero, que se yo si primero nací al mundo, y una incierta elección me hizo segundo, aún más del proceder de mi sobrino, que de loca ambición ocasionado, a mi venganza la opinión previno, de más de algún honor que ha deshonrrado. siempre de las venturas de un destino, las desgracias nacieron de otro ado, en mi fortuna el, y yo en su suerte, tener vida intentamos dando muerte, yo os prometo a la se del homenaje, por quien de todos ya deudor me veo, corresponder así, que el vasallaje no le troquéis por imperial trofeo, aconsejados ya de vuestro ultraje, qué respondéis? Que viva Clodoneo. Pues toca al arma. Y yo a tu lado tema, llegar Sicilia a la desdicha extrema. . Valientes Sicilianos, que inmortales, de la fama en los bronces vividores, hoy intentáis con lauros orientales, darle a vuestra lealtad sacros honores: Pocos sois, pero en fin si sois leales; aunque infinitos sean los traidores, venceréis que el leal siempre es baliente, como el traidor cebarde aunque se aliente. Ciego mi padre coronarse intenta, de una salia opinión mal persuadido, como si se librase de la afrenta, el que pudo primero haber nacido. Del paternal amor al ruego esenta, tomo las armas hoy por mi marido, que si hermosas a Marte se opusieron, que imperios las mujeres no vencieron. En Vetulia lo diga porque cese, la duda una católica Belona, también en Babilonia lo confiese, la que fue de sus muros la corona. y porque más aplausos interese, lo publique gentil Reina Amazona, pues quien le quita a mi valor que sea, Semíramis, Judic, Pantasilea. Que me importa que el Rey me haya ofendido eso me deba más, y porque escriba, la fama vuestros hechos al olvido, entregad sus ofensas con se altiva, y ya que intención habéis oído, qué respondéis? es Rey nuestro L is? Que el Rey mil liglos viva. Pues toca al arma. . Y yo sin que me veas, haré que asombro de traidores seas. Ya se empiezan a zurrar la badana los vallentes, y los medrosos empiezan a curruscar zaraguelles, esto supuesto señores, yo acaso zuriuscareme, o zurrareme, responda, el que más presto estuviere. Si aquellas guerras se hicieran contra grullas, o mujeres, pudiera ser, y aún lo dudo, que con ellas hombre fuese. Mas contra bocas de fuego, no ha de haber quien le deslengue, menos que yo mascarilla, pues en mascarados vienen hazme Galalón ahora. Como atrevido desmientes, lo que tu rostro acredita, con lo que tu brazo emprende, Viva el Rey, y mueran aleves. . Estos van enmascarados entrambos, pues quien te mete, en que porque al uno ayude, también el otro me pegue. Pero pondreme la mascara, cara atrás, y hecho una liebre, así haré cara a los unos, y a los otros de esta suerte. Este es de ellos. Yo soy dé ellos, aunque a muchos de ellos pese. De quién hablas? Yo desetros, que soy servidor de ustedes, ni con ella, ni sin ella me valgo, el Diablo te lleve, muera Marta, y muera harta, miera yo, y muera valiente. Tú a mi valor no te rindes? Tú así de mí te defiendes? El gallo entre las gallinas, no es mucho que cacarce. Que aún hasla aquí me persigas? Por más que estorbarlo intentes. Si no te ayuda algún Ángel, moriras. Que ciegamente, obras cuando aún a tus ojos, les niegas lo que pretendes. Según pegas vive Cristo, que el mismo Diablo pareces. Vencidos van los traidores. Viva el Rey. Oh qué crueles se me han opuesto los ados, en todo inconstantes siempre. Que en vano el traidor presume. que contra el cielo pretende, sabiendo que son humanos Dioses del mundo los Reyes. Si noble confederado, mis desdichas joven sientes, Detente que soy muy otro, del que imaginas aleve. Ciegos asombros de Italia, ya no intentan defenderse los leales, solo intentan que los traidores se quieten, mirad con cuanta inconstancia, obra el traidor que se atreve contra su Rey, pues apenas. Muera. Aparta. . Muera. . Tente, que igualmente reducida, a contrarios accidentes en dos ecos que me animan, dos Sirenas me suspenden, quién sois? que de igual amparo, pretensores diferentes, cada uno es imán vivo, que todo el norte se bebe. Lu padre soy. Pues perdona, o tu cualquiera que fueres, que adrudada de una vida, pago estorbado una muerte. Conocesme? Y te conozco, que mal hice en atreverme, dudosa en causas opuestas, aún efecto solamente. Ampara al que más estimas. Corresponde al que más deber, Yo te llamo. Yo te obligo. Qué esperas? Qué te detienes? Poco ayudándole ganas. Mucho dejándome pierdes. Tu esposo soy. . Yo tu padre. Él te deshonrra. Él te ofende. Obligada, y ofendida, de ti estoy, cuando al deberte, el ser poco atento opones, traiciones que te condenen, ofendida; y obligada. Rey tu sinrazón me tiene en mi lealtad con álagos, en mi afecto con desdenes, mas si a la lealtad de un padre, la lealtad de un Rey prefiere, ofensas y obligaciones, bengo, y pago de esta suerte, como a Rey, y como a esposo, te he de servir, pero advierte, que con noble amor te ayudo, como a Rey primeramente. O muere, o date a prisión. Duque a tu lado me tienes. Hila contra mí? No hay hijo que a padre traidor respete. No hay amigo para amigo, para quien leal procede. Hasta cuando de tus iras fortuna enemiga, siempre he de ser el blanco, o nunca para más tormentos ruedes. Victoria por los leales. Afuera impulsos aleves, no me deis la muerte, antes que yo al Rey le de la muerte. No puedo acabar conmigo matar a nadie, mas este acero aunque hierro sea, por despojo ha de valerme. Finjamos alma, finjamos, que tiempo tras tiempo viene. Presos el Duque, y Leonido quedan ya. Luego los lleven al castillo. En los rendidos es la venganza indecente. Cuando has querido matarme disimulas de esa suerte? Quién perdona las ofensas maror renombre merece. Por mi hermano. Por mi padre; Rey Basta vuestros ruegos cesen que es castigar los delitos primer virtud de los Reyes. También es virtud. Cansada señora estáis si ha de hacerse mi gusto en todo, aunque sea bueno o malo lo que intente. Éllá el Rey muy enmendado. Pues cumplí con defenderle al Rey, librar a mi padre es forzoso, aunque me arriesgue. De selva umbrosa Fíneo he de ir a los vergeles, donde una ninfa me aguarda de su Abril lisonja verde. . A un traidor quité esta espada. Has procedido valiente, ponla en tu arnes, por divisa, vamos. Dios tu vida aumente, para que pagues amante lo que mi amor te merece. Paciencia agravio hasta tanto que me mates, o me vengues, Ponla en tu arnes por divisa, que has procedido valiente, cuando a un bolsón de doblones pensaba feriar su temple, dime Rey que divisaste en mí de valor, que ofreces de arnes divisa, a quien trata en arneros solamente. Dame tus armas doradas, para que mejor me aliente, que arneses no hacen escudos, y escudos hacen arneses. Sombras libianas por quien logra el Príncipe insernal en competencias del mal, contrariedades del bien. Vuestras ideas me den hoy la más alta victoria, porque aclame la memoria en la acción que soficito; que la gloria al hombre quito, pretendiéndole la gloria. Si las armas no ham podido Rey matarte, yo podré menes o te dejaré a debil guerra vencido. Este contra el hombre ha sido siempre invencible poder, y hoy el mayor viene a ser daudo de ello testimonio, la mujer en el Demonio, y el Demonio en la mujer. Aquí tengo de aguardar al Rey, que con ciego engaño buscando su propio daño lisonjea su pesar Tan viva le he de enseñar la mujer que le fingí, que llegue a dudar en si cual es más hermosa, y bella, la que allá he pintado estrella, o la que sol copio aquí. Aquí quiero pascarme, i dos todos, y cuidad que al Castillo de esta quinta, a donde presos están los traidores, nadie llegue sin avisarme. Aunque va hacia el río, no son bogas las que el Rey sale a pescar. Ve tú también Fineo. Vuele invencible anibal de Sicilia tu renombre, desde el Tiber al Jordan. Ya estoy solo, y mi deseo tras si me empieza a llevar de imaginación divina dulce, y atractivo imán, Esta es la campaña, en cuya pelestra de amor fatal dos almas desafiadas se han de vencer por triunfar. Plantas estampo en la arena, las que en florido piser matizo su ardiente libia de fecunda amenidad. Seguíreme por sus pasos, mas no que en peligro tal temo perderlos de vista por su mucha brevedad; y así por no errar el rumbo de navegación campal, sea el norte de su imagen, aguía de marear. Ya la vi, y en menos siglos me pudiera eternizar, si en posesión de su afecto fuera mi amor inmortal. Menor fue de Galatea la Siciliana beldad, que inmortalizó en sus montes el polífemo jayan. No es su bolquejo el retrato, pero quiérole arrojar por si acaso me ver ciere, no acordarme de ella más. Que si alarde hiciere el alma de victoria tan triunfal, poca falta hará la copia donde está el original. Vaya al mar, que por farol de un havio le pondrá, si en sus rocas no le estampa algún peñasco galán. Mas vive Dios qué parece este ya entanto rotal, pues de estrellas o de damas ejército celestial. A su obediencia rendidas la salen a aministrar, ostentando en sus bellezas triunfos de la mecedad, Pero aunque bellas son todas, todas se lerendirán, que aunque son flechas de amor ella es de amor el carcaj. Corazones en el viento forma un tierno suspirar, a quien corresponde el mío del airé humano volcán. Rica ropa que desprecia. de unos ramos al Altar dédica a quien sirve hermosa de cultísimo frontal. Su garzora para adonde se anima con vanidad, si ave no de mejor pluma, águila al menos más Real. Pequeño un cipres alegra pompas tristes, donde ya de allá verde es su volante, bandera de tafetan. De listón menudas rosas mirto empiezan a adornar, y como el as son de nácar vuelven el mirto en rosal. Mucho perdiera en no verlas, si amor fuera ganilan, pues mejor que en sangre viva se puede en ellas cebar. Azafate que a Sicilia presentó la India Oriental, es deudor de lo que en el va depositando ya. Hecha un vivo pirineo su garganta ardiendo está, de donde al mar de su cuerpo arroyos de plata van. Fuente de rayos desata, quitando un rico cendal, que aprisionaba de tubies cabellos la tempestad. Ahora si que es ver el aire con lisunjero ademan, que sutiles ondas murve peine con capacidad. O tu pájaro sabeo, raro bénix, dónde estás? que en mejor Arabia rubia no se remoza tu edad? Licenciosamente onesta por mujer, y por deidad menosprecia ostentaciones de las telas de Milan. Hasta que cuanto brillante, y impuro el blanco cendal en redes de gasa frise chamelotes de cristal. Pero ahora que esperaba con atención perspicaz, ver desempeñando el gusto de la hermosura el solar. Con recate cuidadoso se me opone vivo umbral, de las que en servirla emplean ritos de la honestidad. No cuidéis tan a mi cesta Ninfas de recelo igual, que aunque tan lince el deseo, es muy ciego amor rapaz. Ligas, y medias ostenta, verde es una, claro está que de ramos tan floridos los troncos verdes serán. Alentados ya en el bosque de la ciencia al arrayan, suavizándose en aromas, la tiran pomos de azar. Por murallas de amarantos, prosiguiendo en su disfraz, por templar cristal melado, deja ardiendo el arenal. Arrojose intembesliva sin nota de libiandad, y un cuerpo de blanco azucar se enlutó en tumbas de sal. Pero aunque tan repentina, no alomenos tan sagaz, que no usurpó a sus cabellos muchas ebras un zarzal. O no sea la desdicha que las lleve el río al mar, que serán si se conjelan cada trenza un iracan. Mas vive Dios que parece que el río abajo se va, y que el agua, Favor cielos. Oh temeraría impiedad de ado cruel que ocasionas tal desdicha en dicha tal, pero poco he de poder. No hay quien me pueda ayudar. Guárdate Neptuno fiero, si te asalta mi alquitran que de inmensidades tuyas el Dilubio he de agotar, que envidioso de mi amor intentas ahora. Ay Entraré medio vestido, que es locura el arriesgar una vida con mil almas, por una comodidad. el Rey, Ejemplo ha de ser este peregrino del dictamen divir de Dios eterno, y sabio, que de un hombre infeliz por desengaño con prodigioso extremo obra milagros de poder supremo, porque riesgos de un alma loca ataje, me manda que este traje de villano aquí ponga, y con regios adornos me componga, porque en Rey transformado públicamente enmiende su pecado. Hoy Sicilia verás tu Rey severo, cual Ángel verdadero, que tan justo proceda, que Rey Ángel por bien llamarte pueda: ya que hasta aquí sus males fueron al ser de Rey tan desiguales. Y pues ser Rey en paz del Reino pudo este vestido rudo le muestre, que en la tierra la vida de los hombres toda es guerra; y que considerada del ser de Rey al nada, al ser de nada, sepa, y conozca en esperiencia cuerda, porque más no se pierda, que adquiere más blasones el que cumple mejor obligaciones, quede desconocido al Reino, pues que Dios lo ha permitido, que un Rey que fue tirano solamente merece ser villano. Señor, tu prima en la prisión ha entrado, y aunque más lo ha estorbado, quien el servirte estima, la han tenido respeto por tu prima: y si presto no acudes, que les dé libertad señor no dudes. No hará Blanca a mi afecto anticipada, cosa más acertada, que ya el tiempo ha llegado en que me he de olvidar de lo pasado, Vamos presto Fíneo, abrazaré a Leonido, y Clodobeo. Qué mudanzas son estas que en ti toco. En este mundo loco, todas son variedades, pero al fin siempre vencen las verdades. Vive Dios que en mil dudas me ha puesto el ver Predicador a Judas. Bárbara sombra que en la playa amena, eras blanca firena, y en la orilla te veo, transformación del lóbrego leteo, que en temerario abismo, iras éxalas de tu cento mismo, que intentas, suelta, suelta, que en las llamas que brotan tus escamas, me anego, y me consumo, eres volcán que vomitando humo, dando al Etna compendios, disímulas en nieblas tus incendios. Suéltame tú también, que a mi cautela opones la rodela, de un prodigioso ado, que a dichoso morir te ha destinado, porque muera el que aleve, y caro, a Dios con ambición se atreve, Poco de Dios me acuerdo. Y aún por eso es mayor el exceso de mis penas, pues toco, que de Dios acordándote tan poco obra en ti de esta suerte, milagros por su gloria, y por mi muerte, vencísteme, que mucho si te ayuda, esa defensa muda, que en perdurable pena, me abasalla, me aflige, y me condena, a poderoso agravio, que he de sufrirte más, mientras más rabio, Soda mi vida es portento, que increible le ostento en futuras edades el aire se condensa en tempestades, por donde tellimonio me da aquella mujer de ser Demonio. pero que mujer hay que no lo sea, de imagen con idea. Viva nuestro Rey viva. Grande tropa de gente se derriba hacia esta parte, quiero vestirme presto, pero en vano espero vestirme, si trocados los vestidos delitan mis sentidos r . estos toscos sayales, casi indignos de rudos animales, quien aquí poner los pudo entre mil confusiones temo, y dudo; a criados, a Fineo: pero con otro Rey a todos veo, que de mi rostro mismo en las facciones, me da más ilusiones, pues tan cesca le miro, pero entre aquestos ramos me retiro, y en semejante empeño, me vestiré de labrador pues sueño. Admirad desde hoy vasallos míos con felices desvíos, que a la vida pasada he de dar con enmienda anticipada, porque sin embarazos merezca de mi Blanca les abrazos, vos tío perdonad si os he ofendido, y vos también Leonido. Mucho es mi debaneo. Que de mí no le acuerde, o vano empleo. So siempre he sido vuestra. Agradecida mi humildad se os muestra, Yo te beso los pies por los favores, no me matéis rigores, amor unposible, Sentimiento cruel. Pasión terrible. La locura le ha dado al Rey, pues de este modo se ha mudado Conde Fíneo por la insigne gloria de mi misma victoria, haced prevenir fiestas, y vos Reina alegrad estas florestas con vuestro claro oriente. Viva el Rey de Sicilia eternamente. Ya mi sueño pasó de ser profundo, o nobela del mundo, vasallos desleales, como de vuestro Rey le dáis señales a un hombre adbenedico, mi gobierno, y mi ley, decid qué os hizo? Estáis loca buen hombre? Estoy sin seso. Bien se echa de ver eso. Mozo de buena traza, aunque con la locura se disfraza, mas traelde, que quiero hacerle de Palacio jardinero. e . Blanca, si de mi amor. Rara locura. Esta es la desuentura mayor, y más penosa, pues soy desconocido de mi esposa, pero en ti Margarita amor confía. Notable fantasía. Y desdicha notable el experimentar que aún no me hable quien tanto me ha querido, pero que libiandad así no ha sido, mas tío como a vos de parte os vea. Que desdichada idea. La propia sangre mía e ha negado, mal haya aquel que fía en sangre, que al más bueno una ambición la volverá beneno. si eres Fíneo amigo fiel, espera. Qué imposible quimera. Ejemplo sin segundo de la poca constancia de este mundo, a humanas amistades solo firmes en las prosperidades todos faltáis en la desdicha extrema. Pues dáis en esa tema de que sois Rey, los gallos deben de ser sin duda los vasallos, que aunque tanto os desuelan, porque os ven Rey capado se os revelan tenéis traza muy buena, y así quiero, que seáis mi jardinero, o si no os pondré gola, para que me llevéis tal vez la cosa, porque sois vive Cristo de los celebres locos que yo he visto. Cuando tantos por loca desengañan mi vida, no me engañan, yo debo de estar loco, pues vamos fantasías poco a poco, que basta por mis menguas, que mi fama ande ya del bulgo en lenguas, deba yo por consuelo de mi muerte que este era sueño fuerte; pero no me acordaba, que era desdicha esta que soñaba, y que en duro despeño siempre es verdad la pena, aunque sea sueño. Ya que he perdido todo lo que era, goce mi primavera de un descanso florido, y sin tristes memorias de haber sido, diga el sueño tirano Jardinero ha de ser, quien es villano.
JORNADA TERCERA
Toda la vida es soñar, que no es muerte la que es muerte, y hasta el fin nunca se advierte, que fue la gloria pesar, Superior considerar. de una idea reducida, pero está ya tan perdida, la vida que triste sigo, que antes al contrario digo, que no es vida la que es vida. Trabajar un poco quiero en este jardín florido, quien en su Palacio ha sido, como yo su jardinero. Haz el mal menos sebero, pensamiento, con glosar, toda la vida es señar. Que no es muerte la que es muerte, y hasta el fin nunca se advierte, que fue la gloria pesar. Cosa es cierta que delira, cuando muere un hombre, y rare, a su vida satisface, tal vez verdad, tal mentira. Un objeto el sueño mira, incenslante en el obrar, luego con este ejemplar, con razón puedo decir, que del nacer al morir, toda la vida es señar. Si en continuo padecer, toda la vida es sentir, el acabar de morir, será empecara nacer. Pues si con dejar de ser un infeliz se divierte, anímate pecho suerte, que en gloria tan hemicida, la propia muerte es la vida, que nin es muerte la que es muerte. Que engañado viva el hombre, que con cuerda prevención, su ataud, y su azaden, no tiene por sobrenombre. Dame azadón el renombre, de ser dueño de mi suerte, y cabando el suelo suerte, dale al cuerpo desengaño, que la vida es un engaño, y hasta el fin nunca se advierte. La vida pasada fue, mentira del frenesí, allí ignoré lo que suy, pero aquí le que soy se. Si es la experiencia mi se, bien me puedo consolar, que en dando en imaginar, que es bien este que aquí toco, diré de aquel tiempo loco, que fue la gloria pesar. Si esta noche mi cuidado ha de lograr sus deseos, sean por bien los debancos, del triste tiempo pasado; corre sol acelerado a fertilizar la esfera de la india lisonjera, que vive con tus memorias, si es que porque espero glorias, no detienes tu carrera. Si esta noche en la mudanza se han de renovar mis celos, sean por mal los desuelos de mi antigua conhunza; dales alguna esperanza sol claro a mis desuenturas, no dejes un alma a escuras por dorar Indios umbrales, si es que porque guardo males tus jornadas no apresuras. Finardo. Suspenso está. No respondes? A Finardo. Aunque en responderos tardo, vuestra voz escuche ya, mas como tan poco ha que Rey era, aunque os oí, por Finardo no entendí, que adía otro yo imaginé, porque en tal duda pense que era lo mismo que fui. Siempre soñando has de estar? e De la fortuna el desdén, no me ha dejado otro bien señora, sino es soñar, mas si en inútil pensar algo el sueño se mejora, sueñe el alma como ahora, que en tan ardua fantasía soñaba lo que quería, por soñar en lo que adora. Loco estás Finardo. Es poco estar loco cuando os veo, porque fuisteis debaneo, de mi pensamiento loco, cuando en veros me provoco, mi locura en vano evita, sueño que me precipita, pues ea terrible ilusión, sueño con mi perdición, soñando en vos Margarita. De esas blancas azucenas hazme un ramillete. En él un consuelo aunque cruel, he de darles a mis penas, pues cuando están más serenas, Reinas del prado gentiles, se marchitan sus ponfiles, ejemplo bien a mi costa, de una dicha que se ajesta, en la flor de sus Abriles. Tomad flores bella Blanca, que ser blancas desmerezcan, aunque sus blancuras crezcan, Blanca en vuestra mano blanca, así fueráis Blanca franca, como lo fue enamorado, el negro de mi cuidado, mas vuestra crueldad se salba, si por ser Blanca tan Alba, en blanco me habéis dejado. Hazme de esos lirios bellos otro a mí. Y aún ser pudiera, que a vuestros engaños diera, algún desengaño en ellos, pues si en las colores de ellos se acreditan les martirios, los lirios son los delirios, de la vuestra, y mi mudanza, que da a florida esperanza, luto de cardenos lirios. Hagan rica ostentación, de un labrador cortesano, la azucena en vuestra mano, el lirio en vuestra prisión, lágrimas del corazón sus ojas fertilizaron, y con razón las lloraron los ojos que las vertieron, pues en fina ser volvieron, flores de quien las causaron. Alma hay en ti de cristal, según dudosa me dejas, que aquesas preñadas quejas, no son partos de un sayal. Sí mides Finardo igual, al ser tuyo tu fatiga, deja a esa idea enemiga, que a la soberbia anhelando, para perderse volando, nacen alas a la ormiga. Si para su perdición, nacen a la hormiga alas, aquestas rústicas galas, den, de mi satisfacción, alto a cabar azadón, y cabando hasta acabar, me podré considerar, discreta, y humilde hormiga, ya que como ella mendiga, puedo en al suelo reinar. Finardo esos instrumento quita, porque ha de salir aquí el Rey. A proseguir con sus glorias mis tormentos, aunque si son escarmientos, en su mudanza reparo, no auda, no conmigo abaro, el sueño que de esta luerte, para cuando del despierte, me aconsejo, y me preparo. Ya he dicho que yo he sabido, que papeles le tráéis al Rey, y lo mal que hacéis, Vigotera os he reñido. Aunque me hayan despedido de Palacio; yo le amo al Rey porque en fin me llamo Vigotera desde niño, y no siendo el Rey campiño, por fuerza ha de ser mi amo. Los papeles que tiuéis, que son? Son informaciones, que atestiguan mis blasones para un habito. No deis mas muestras cuando os turbéis, de la maldad que os indicia. Mira señor, la justicia, preso a cierto hombre llevaba, y como tú le agarrava, de la capa con malicia. Pero él que era tacaño, dejándolo con la capa, que hace, afusalas, y escapa, a paso de buen tamaño, yo digo que de este engaño, estan mis pies bien ajenos, pues porque en palabras menos salga bien la patarata, mas vale salto de mata señor que ruego de buenos. Dónde de esa suerte vas? Señor al falta tú, juego, y dámela tú te ruego, si menesterla no has. De Palacio te saldrás, porque otra vez como sueles no me traigas en papeles márgenes, cuyos renglones son benenosas canciones de cocodrillos crueles. Si yo de ese parecer nuviera sido, pudiera ser que desdicha tan fiera no llegara a padecer. Aber me mando traer de sus damas los billetes, y hoy les manda a los corchetes que me den palos de porte, pues busque otros en la Corte que le sitvan de alcahuetes. Finardo una hacha encendida trae aquí. Yo boy por ella. Hoy intento dar con ella a tu muerte eterna vida. Ya señor agradecida sale a verte Blanca hermosa. Haga salva sonorosa la inúsica a mi deseo, que con soberano empleo se sacrifican su esposa, Ya el sol de Sicilia sale con resplandor mas lucido, pues de dos estrellas blancas corona sus rayos cintios, albricias tórtola amante, que el consorte fugitivo de tu arrullo enamorado se vuelve a su patrio nido. Tálamos estos ensalzan, túmulos yo solicito, que sin duda el Rey ha muerto pues casar a Blanca miro. Nobles vasallos a donde como en depósito rico la lealtad engasta en oro, lo acrisolado, y lo fino. Blanca hermosa, cuyos ojos son con celestiales visos espelos donde retrato la gala de mis sentidos. Yo soy, pero mal informo con lo que soy cuando indigno crédito hago de las obras, las que son deudas del vicio. Ángel me llama Sicilia, mas porque malo me ha visto, diré quien soy porque sirva la confesión de castigo. Aquel loy a quien el mundo dio los renembres de invicto, sin razón cuando me vieron de mis pasiones vencido, Cuando Rey de mis pecados, me corqne de apetitos, triunfando del miramiento, deseos ejecutivos. Pero no quieros cansaros, encareciendo delitos, que todos los encarezco, con decir que fui lascivo. Es fuente de los pecados, la libiandad de los siglos, todos beben de ella, y todos mueren por haber bebido. Viene a ser el desengaño, el Unicornio divino, que hace la Cruz en las aguas, con que el cristal deja limpio. Yo vi esta fuente risueña, y enamorado narciso, de sus lisonjeras aguas, el alma centro se hizo. Desengáñeme, aunque tarde, pero no hay pesar tardió, para Dios que le da al hombre, por agravios beneficios. Procesos de mis infamias son aquestos que han escrito, con rinta de sibiandades, plumas de incasto ejercicio. Toma Finardo, y aplica, de esa luz el rayo activo, en estos de fuego, y sangre, imaginarios archivos. Sus cenizas mis cabellos, sieguen de blanco rocio, que en penitentes aromas, fiel sacrificio. Cómo puede ser aquesto Cielos, si es verdad que vivo, y si no, como no verce, la verdad al parafismo? Coronistas mentirosos, son de amantes desvaríes, de aquellas que de su peelo, hacen a un papel registro. Al fuego están condenados, en este presente juicio, razón es que muera a fuego, el que mata a luego vivo. Qué te suspendes? acaba, haz Finardo le que he dicho. Pues sea verdad, o no sea ilusión lo que imagino, Dies aquella accionte ofrezco, que te tengo por benigno, tanto que aún la perntencia, de este sueño has aumitido. , m Como son también de fuego ved los incendios marchitos, que a su esfera subir quieren, sino en su cuerpo, en sus tiros. Pere como son libianos, miradlos desvanecidos, que bajan cemo a su centro, de la lujuria al abismo. Bien como aquellas cenizas, traen los aires lugitinos, así a nuestra vida humana, la ustralan varios peligros. No habéis nunca reparado, que en el seglar senorio, es el don del Avariento, siempre más agradecido, que el del prodigio, porque todos al prodigio han visto liperal, y al miserable, siempre en dar le vieron tibio. Pues lo mismo le sucede a dios, que está de continuo, las da sinas recibiendo, del lasto, y contemplativo. Estimelas grandemente, pero agradece más fino, la oración que le consagra, un necado arrepentido: Porque el jueto está enseñado a obrar en guado excelivo, y el pecador que le blende, nunca nada darle quiso. Y así una vez que le ha dado, lágrimas con desperdicio, por ser don de miserable, se estima Dios infinito. No digo yo que del Cielo, tal favor he merecido, pero en procurar sus glorias, puedo asegurar que insisto. Porque admire el mundo atento, transformados por prodigio, una mentira en verdad, en cordura un desvarío. Un gauilan en paloma, un león en corderillo, un leal, un alevoso, un contrario en grande amigo. Un diamante en blanda cera, un pedernal en jacinto, en ventura una desgracia, un tormento en sumo alivio. Y últimamente un amante, tanto a su prenda rendido, que palabras que la he dado, nuevamente revalido. Yo sañor agradecida, al silencio me remito. Vivid coronada envidia, de los astros del Olimpo. Pare en vuestros pies la rueda, de la fortuna que os rindo. Y vuelen vuestros renombre desde estemorte a los indios, Ya la comida os espera. Vamos Blanca. Ay Ángel mío. Pena injusta. Gran mudanza. Dichosa suerte he tenido. Albricias tórtola amante, que el consorte. Tan casi muerta he quedado, de lo que me ha sucedido, que lo que por mí ha pasado, aún no lo tengo creído, después ya de averiguado. Tan fuera de mí quedé, después de ver lo que vi, que ya perdido no sé, si estando fuera de mí, dentro de mí me hallaré. Dele un veneno la muerte. pague el Rey su desconcierto, con morir de aquesta suerte. Luego es cierto que no he muerto, según tu rigor me advierte, de nuerte llegado a oír, me he venido a consolas, que aunque sea pena el morir, si es que tú me has de matar, algo tengo de vivir. pieres. Rey según eso? mas por da ley, ente proiel te aseguro que en ser Rey, es pocó lo que interelo. Aqueste loco que ha dado en que es Rey, le he de obligar, a que alivie mi cuidado, proturándose vengar, de quien le ha tirantizado, cortesano jardinero, no te recates de mí, ya se que eres Rey, y espero matar al Rey, porque así viva el Rey, que fue primero, Toda la vida pase; soñando yo que era más, mas hoy que a ti te escuché, que era Rey nunca jamás, con tanta verdad soñé, aunque en tus intentos dudo, al fin de tan rara acción, que si es Rey quien Reinar pudo, ayudo a mi perdición, cuando a tu venganza ayudo. Quién tiranizo tu estado, morirá si tú me ayudas. Morira, que mi pecado, es el que a pesar de dudas, mi honor ha tiranizado. Muera el Rey que te ofendió, y el Rey de quien me ofendí. Margarita, aquelo no, que es fuerza másfime a mí, si bengó tu ofensa yo. Pues es tan clara, tu ofensa, matémos le entre los dos. Aunque noo tira quien piensa, que una venganza de dos agravios, es recompensa, aconsejada de ti, será ciego balbarismo, el darme la muerte a mí, que si me perdí a mí mismo, yo soy el que me ofendí. Pues mátate a ti. Tampoco puedo hacerlo, porque fuera mucha ventura de un loco, que por simesmo muliera, quien tiene la vida en poco. eno ha de ayudar, Y tantas venenosas quejas, A dónde vas? A matar mi ofensor Si aquí le dejas, dónde le piensas hallar? no se que ilusión me empeña, pues elloy en la ruina, que me alivia, y me despeña, bien como aquel que imagina, que no sueña cuando sueña, freneticos impulsos, de locas tantasías, no apretéis el juicio a los cordeles mirad que ya los pulsos, de entercadencias frías, dan inmortales señas, y crueles, las ideas bajeles ento, calman las velas por faltarles viento, y en coutinuo bracán desvanecido, el piloto sentido, sin saber gobernarse se despeña, que mucho si dormido, me da evidente seña, de que vela a su muerte cuando sueña, y si falta el consuelo en esta parte, no podrás escaparte, de morir por más gloria pena esquiva, qué haré? Desesperarte. Mas quien mi intento aviva, que me está aconsejando que no viva? que si al que sueña con algún tesoro, que le pesa no ignoro, cuando despierta así en aqueste empeño, que ya evidente lloro, me holgaré que sea sueño, la vana ejecución de mi despeño. No, aunque de ti apartado, estoy desposeido, de quererte, y amarte Margarita: antes en tal cuidado, mi favor divertido, darte muestras de amarte solicita, y así el amor me incita, a que porque me iguales, bebas primero tu de eslos cristales, que me serviste atenta, y cuidadosa, si de tu boca hermosa, goza el aliento puro, el agua bella quedara más gustosa, para cuando a al bebella, ciervo herido de amor me arroje a ella. Quién en riesgo tan grave en el mundo se ha visto? de ponzoña está el vaso llen Y mi vida se acabe, que en vano la resisto, si es de los ados infelice esclava. Detén la furia brava, que el alma te atormenta, cuando a desmán tan grande te violenta, este licor mortal cebe su saña, en piedras que no daña. Los monteros te esperan. Y al engaño de la efimera extraña, de tu incurable daño, cure de este papel el desengaño. Si te ayudan las estrellas, que importa que a mí me ayuden, traiciones que solo saben, los Cielos que las descubren? Testigo ya de mi agravio, dime de lo que me arguyes, pues es de mis ignorancias, el Maestro tu volumen, Margárita, si del Cielo desesperada no huyes, haz en un Convento pobre, rico empleo de virtudes. A papel, si antes del logro de mis pasatiempos dulces me avisaras, como fueras de mis pensamientos lustre. fementid ndulteraste, con palabras que no cumples. Plegue a Dios que ese brioso animal, que por costumbre, apacento ligerezas, en los campos Andaluces. Pues en su festeio intentas, burlar de mis promptitudes, traidor a tu pensamiento, de tu esperanza se burle. Precipitado de un monte: cuya corpulenta cumbre, retrate sus arrogancias, del Cielo en las blancas luces. Bajes al valle sangriento, de tu sangre surquen, tanto e mi ofensa, lla de bruces. ngan a gravios, por comunes, sal notados. de vanas solicitudes, pues si aún quejas no me valen que ha de valerme, No dudes, que en las desesperaciones, las desdichas se consumen. Hasta el eco me atormenta, de mis voces que confunden, ejecuciones tiranas, mi desesperado numen. Casado el Rey, yo ofendida, y que en loca servidumbre, de celosa y vil sospecha, etérnice esclavitudes. Eso no, morir escojo, antes que otras pesadumbres, fraguen de hierros amantes, tro mi pecho los yunques, Hecho ya a segundo como de este nanceb de esta Hoy! ascuás pues Ciudádanos del Reino del espanto. Este mapel que con sangrienta pluma, Margara brmó en su afecto ciega, es llorm, a fatal de incasta suma, que a Dlos usurpa, y a mi deuda entrega Beberá de Aquerente negra espuma, pues la piedad del cielo en su acción niega, y el mozo Rey que contra Dios se opone, podí á ser que de sierpes se corone, r que es a desde de la , l te a la cumbre subir quiero, oude a los dos su engaño guía, nde triunsante ver espero, Dios mi alevosía. o transformate en severo, rrasona armonía, rayos, ento loco, confuso, triste, y aflijido, a dar a las edades escarmiento, con el trájico fin que he prevenido. Ya me responde temeroso el viento, diciéndome sin lengua su bramido, quien fue Rey, y perdió de Rey la suerte solo es digno de ser dándose muerte. Que turbulento el aire se derrama. cada instante brotando de sí mismo, mil flechazos de fuego en cada llama, mil infiernos de ardor en cada abismo. De esta villana ierga que me infama, arismo. me quiero desnudar, que es bar ya que ordenan los cielos este ultraje que muera un Rey en tan Armada del furor que me acompan el espíritu bárbaro que rijo, ni teme de la muerte la guadaña, ni de las sombras el afán proliio. Toda está cenicienta la campaña; y de enormes presagios ya colilo, que viendo irremisibles mis tormentos, clamarean por mí los elementos: Para la acción del riesgo que me obliga, me convida la torre de estecerro. De aquestas breñas la aspereza iga la deliberaciónd Acabad de subir, que aquí os aguardo, Santo Dios. Jesús mío. Aunque me altera de ese nombre la voz, lloráis en vano, de esta firma cobrar el plazo espera, hoy Marga rita mi rencor tirano, y tu Rey pues tu muerte desespera, sufré penas que tomas por tu mano, en imternales furias ya os envío. Faboréceme Dios. Peque Dios mío. ragaco orror de la tierra, desnsierno treglodita, sabes que poder no tienes en almas arrepentidas. Suelta esa cédula falsa, que con sacrílega tinta, de un corazón engañado, escribieron tus malicias. Un peque de corazón, puede tanto Margarita, que las puertas dé los cielos se van abriendo a tus dichas: A donde yo te guiare, allí quiere Dios que vivas, lo que de vida te queda; donde le pagues rendida, las mercedes que te ha hecho. Pues cuando esabas cautiva, de esta firma en las prisiones, erros de esta firma. adecida le ruego que me dé el cielo mil vidas, porque me acrisole en ellas mas que el oro pura, u limpia. n n Toma Rey tus vestiduras, y despierta si dormías, aconsejado en sucesos de esta verdad peregrina. Tu vida queda enmendada, porque feliz la prosigas, de tu esposa santa, y cuerda en la amante compañía. Las palabras que me oíste son consejos que te envía Dios, ejecuta en las obras tan soberanas doctrinas. Si el Ángel Rey me han llamado en esta historia inaudita, otro vautismo del cielo en Rey Ángel te confirma. Procura tu parecerlo, para que después me sigas a reinar de Dios vasallo Majestades más divinas. Ven Margarita. Adiós mundo, monstruo fatal de mentirás. Y tú vete dragón fiero, donde en penas infinitas para bienes nuestros mueras, para males tuyos vivas. Muera pues de envidia, quien dejo de vivir de envidia. Quién pudiera con vosotros ser águila perspectiva, que volando hasta los cielos perdiese el mundo de vista. Aquí está el Rey. Señor mío. Qué confusos nos tenía vuestra Majestad. Perdime siguiendo una cervatilla, que del yerro de una flecha desengañada, y herida, pienso que al mar de los cielos a templar sus fatigas. a licencia ir quiero argarita monte. Remontose esa garza fugitiva, tanto que cerca del cielo sus alas pienso que anidan, venid dulcísima esposa, y sabréis la maravilla más rara que ha sucedido del mundo en la adad antigua, y aquí se queda la historia del Rey Ángel de Sicilia, para la segunda parte el mismo Autor os convida.
