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Texto digital de El restaurador de Asturias

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Juan Bautista Diamante
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El restaurador de Asturias. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/restaurador-de-asturias-el.

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EL RESTAURADOR DE ASTURIAS

JORNADA PRIMERA

Ui lVA el famoso Pelayo Rey de Asturias. Viva. . Y beba. Dichoso día, Lam: ya la Cristiana miseria va sacudiendo el pesado yugo de la Sarracena esclavitud. Lindo día me parece a mí que fuera, a no estar amenazado de los riesgos que le esperan; pues aunque gran Capitán el Rey Don Pelayo sea, con los pocos Asturianos, que hoy se aclaman, sin defensa, sin miciplina, y con hambre, s mposible, que pueda contra tante perro Moro como a España señorea, no solo ganar un paso de nuestras perdidas Tierras, sino mantener la bruta Monarquía de estas peñas: si yo fuera él, no aceptara el dominio. Siempre piensa como cobarde el cobarde; pero el valor, que en las venas arde de la sangre noble, siempre a trofeos anhela, siempre a peligros áspira, siempre a imposibles se alienta: que en fin, no debieranada Don Pel yo a la grandeza de su Goda sangre, a no despreciar, por manenerla, en el Enal Trono es mates de peligros, qu ss cercan; ni España pudiera nunca pensar en romper la rienda de la sujeción tirana, si un Godo altivo no hubiera como Don Pelayo, a quien mueve la común tragedia a dejar en los retiros de Cantabría, la pereza del ocio blando, la mansa paz, la quietud halagüeña, trocando a empresas altivas las seguras conveniencias. Principio quieren las cosas; pero déjame, que pueda admirarme, de que tanto este suceso te trueca, famoso Nuño de Estrada, que no pareces el que eras. Cómo? Cómo siendo siempre tu almuerzo, comida, y cena el nombre de Elvira, hoy no te has acordado de ella ni aún para desaiunarte con el dolor de su ausencia. Ay Laín, qué mal discurres! pues aunque el dolor se muestra en los labios retirado, en el pecho se conserva más vehemente; pues faltando aquella parte pequeña de alivio, que los pesates hallan en la blanda queja, están en el corazón los tormentos con más fuerza. Será como dices, pero yo me acuerdo, que mi abuela algunas veces decía, que al que le duele, se queja. Viva Don Pelayo, viva. Viva, y reine enorabuena, y venza en mí la común alegría, la levera particular pena, dando a los sentimientos treguas, El padre de Elvira:: Pues quede, Laín, mi respuesta pendiente, porque ni en ti deje duda mi fneza. Quede, y quedamos en que al que le duele, se queja. Oh noble Fortún Velazquez Oh Nuño de Estrada, excilsa. rama de la Estirpe Goda! pues qué accidente te aleja de la alegría de todos? Ya besé la mano, en muesra de mi obediencia, a Pelayo; y sabiendo, que a la fresca margen de esta fuente, llama a los Nobles, que estas peñas libraron de esclavitud por su intratable aspereza, adelantado de todos vine a saber lo que ordena, y a lamentarme de que tan humilde trono se. Solio de tan digno Rey. Este solo le dipensa la necesidad presene, sin que hacerle fáis queo el más soberbio apato, y así juzgo que él epiensa: pues sabiendo, que a las alma le da asiento la decucía, silla le dan las lealtade, y que finalmente, rerno en los corazones, nada le hará falta a su Grandeza, que el Trono de un Rey es uno, y muchas las almas nuestras. Con todo eso es menos dura una silla, que una peña. Oh qué venturoso día fuera este, Nuño, si vieran a mi Elvira los cansados ojos míos! pero penas, no disgusteis la alegría, si queréis parecer cuerdas. Con este feliz principio las esperanzas se acercan de la libertad, que lloras: Ay Elvira, quien creyera que yo en tu mal consolara fín a vuestros brazos fuertes: llevad en vuestras ideas la venganza de Dios justa; más, que vuestras causas, pueda en vosotros la de Dios, y tocad al arma en muestra de la victoria, que ya a declararse comienza: ofrecedle a Dios las vidas, que Dios mirará por ellas. Toca al arma contra el fiero Sarraceno, y en defensa de la Fe de Cristo. Toca, porque bailen las cabezas de estos perros en la zambra de la furia Montañesa. Las vidas tienes, Pelayo, prontas. Dispón, señor, de ellas. Llegad a mis brazos, fuertes columnas de un Rey, que empieza dichoso su Monarquía, pues felizmente la sienta con los dos en las dos basas de valor, y de prudencia. Mas qué Extranjeros acentos bélicos el aire pueblan? Rey Pelayo, si no salva la vida tu diligencia, hoy verás tu fin infausto, porque de Moros cubierta la Sierra por esta parte, y cubierta por aquella también de Moros, dos Campos innumerosos te cercan: en este viene Munuza, vil Cristiano, con la fuerza de cuantos en su dominio Moros, y Cristianos mezcla; y en aquel, Alchama viene, Moro fuerte, que gobierna los Cordoveses distritos, noticiosos de que intentas, como Rey de Asturias, dar aumentos a tu grandeza contra el bárbaro poder, de cuya noticia cierta, hoy, que me pude librar de la esclavitud severa, te vengo a dar el aviso: págale, señor, con muestras de agradecido, en librar tu vida de la tragedia, que la amenaza, pues tú seguro nada se arriesga en nosotros, que las vidas nos son a todos molestas, y podrá ser, que en mejor ocasión dichoso vuelvas a conseguir, lo que ahora nuestra desgracia te niega; término en el día de hoy tienes, para que resuelvas lo que el peligro te encarga, y la lealtad te aconseja; porque mañana, tomados los puestos, y las veredas, que es lo que ya han comenzado a hacer, no hay por donde puedas librarte. Salva la vida, Pelayo, y morir nos deja, que tu importas más, que todos. Pues Godos, qué ligereza de ánimo cobarde, tanto y tan vilmente os sujeta? Pensáis, que es lealtad hacer, que se infamen mis proezas con un acto tan indigno? Decid, qué de mí dijeran las Historias, que del tiempo son las immortales lenguas, si por mirar por mi vida, abandonara las vuestras? no me queráis vivo infame, queredme entre las hileras de los Moros hecho Espín de lanzas, y de saetas; queredme muerto, vasallos; con honor y entonces sea la venganza, que en los Moros hiciereis de mi tragedia la verdadera señal de este amor, que aquí me muestra vuestro desaliento injusto antes, que vuestra fineza. Quien busca un peligro noble, que al verle no le desprecia? Pensasteis, que eran palabras solamente mis promesas? pues que no fueron palabras os dirá el suceso apriesa. Bien podéis todos morir gustosos en la defensa de la Católica Fe; pero con aviso sea, de que si yo no muriere, porque el Cielo lo resuelva, no será por excusarme al peligro que más crezca, sino porque la Divina Voluntad no me conceda la Palma a mí del martirio, que a los Dichosos espera. Y pues nos muda la forma el suceso, de que sea la guerra, guerra osensiva, sino defensiva guerra, vos, Nuño noble de Estrada, de la gente más experta escoged quinientos hombres, y con ellos las estrechas veredas tomad del monte, y no de modo, que tenga embarazo la venida del Moro; pues lo que intenta mi altivo valor no es que a este llano no descienda, sino que a la retirada (como Dios hará que sea) sus desvaratadas Tropas hallen vuestrar esistencia. Vos Forten, con otros tantos, haced por la parte opuesta lo mismo; y yo con el resto, retirado en esa cueva, que parece, que a este fin labro la naturaleza, si ya no la fabricó la Sabiduria Eterna para rédil del pequeño (evado de sus oyejas, pues soy a quien buscan todos, los detendré en la estrecheza de su entrada tantos días, menoscabando sus fuerzas, que haga la necesidad, que den en las manos vuestras. Valga la industria, vasallos, para ahora, hasta que quiera darnos mayor osadía la Soberana Asistencia. Qué decís? Que te responde, Pelayo, nuestra obediencia. Y yo soy de los que van, señor, u de los que quedan? Quién eres tú? Un Asturiano, (hablando con reverencia) el cual, da las tripas todas de estos Moros mozos, piensa hacer córdeles, que sirvan en la Moreria Viera. Es un loco criado mío. Amigos, la diligencia importa; las provisiones necesarias se prevengan. otro demonio tenemos? Qué es eso? Que con soberbia a los dos Campos, que ya se juntan en esa Vega, Mahomad el de León, se une también. Si viniera toda el África, Soldados, mayor nuestro triunfo fuera, porque es mayor la victoria donde es más la resistencia. Ay Elvira! Mahomad viene: si a mi hija bella traerá consigo? Fortún Velázquez, Nuño, a qué espera vuestro valor? A servirte. Del monte las asperezas penetrad, mientras yo mido las horrorosas tinieblas de esa gruta, prevenidos en todas las contingencias, de que siempre está seguro el que a Dios consigo lleva. Por él, y por ti daremos las vidas. . Omnipotencia Divina, estos pocos viven a merced de tu Clemencia, estos pocos tu Fe guardan, y estos a tu amparo apelan. Al monte, amigos. Al monte, Montañeses. . Ven. Qué intentas? Que así que la noche baje. mas después lo diré. Espera. . Qué me mandas? Que pues debo fiarme de tu nobleza, por la lealtad que has mostrado, me acompañes a una empresa, en que he menester tu aviso. Mi vida es tuya. . A la cueva: crea ahora mi desmayo quien después mi valor vea. Mal por mal voy con mi amo, porque en el monte siquiera podré huir, y allí encerrado, no hay por donde escapar pueda. Mis brazos demostración den, Afrícano famoso, de nuestra amistad. . Gustoso, Gobernador de León valiente, mi afecto abona cuanto mi amistad me mueve, y cuanto obligada debe asistir a tu persona. Conoce a Jarifa, Alchama? Sin que tu voz me advirtiera, mi razón la conociera por los ecos de su fama; aunque al verla se imagina la noticia sospechosa, que aunque su fama es hermosa, es su hermosura divina. Cortés encarecimiento! Mi verdad os asegura, que pasa vuestra hermosura las líneas del pensamiento. Parecer que enamorarla? Déjame, que estoy sin mí. Ay suerte infelice! . Aquí piensa, Elvira, mejorarla. Llega, Avencaide, y la mano besa al General. . Primero lo hiciera, si de grosero no temiera el riesgo llano: pues viéndole suspendido en el cielo de tu hermana, fuera grosería llana embarazar su sentido con mi justo rendimiento; más ahora, que lo has mandado, llego a sus pies, disculpado de parecer desatento. Son celos. . Mas sin razón. Discreto sois. . Y valiente. Cómo sueña esto a quién siente! Bien lo dice su opinión; pero dime, Mahomad, qué de Pelayo has sabido, que no he podido adquirir noticia en todo el camino de sus designios? y tanto los recelé, que escogidos setenta mil Moros traigo desde Cordoba, que alisto debajo de las Banderas del Glorioso Ulit Juvicto Miramámolín. . Alchama, después del primer aviso de Muñuza, que tuviste, y tuve, solo he podido confusamente saber, (respecto del escondido secreto con que han tratado los Cristianos sus designios) que le libró de las Tropas, que le seguían, un río: con que llegando a los senos de estas peñas, es preciso, o que le hayan aclamado por Rey sus toscos vecinos, o que le aclamen, pues este fue el intento con que vino. Mucho importa, que se pueda atajar tan al principio este daño; y pues Munuza nos acompaña advertido, y que nuestros pabellones ocupan el esparcido sitio de este llano, y baja la noche, tomen alivio nuestras cansadas Escuadras de las marchas, que han traído; y nosotros le tomemos, disponiendo prevenidos buscar alguien, que nos pueda informar; y pues metidos tanto, Mahomad, estamos en páis del Enemigo, y tan a ciegas, doblemos, según Militar estilo, las Centinelas. . Bien dices. Y el nombre sea elegido: con cual encontraré yo, que fuese tan peregrino, que nadie diese con él? pero ya se me ha ocurrido nombre seguro. . Qué nombre Pelayo. . Estoy advertido; y la contraseña sea, Rey de Asturias. . Bien has dicho, que con eso en los Cristianos, que traemos, no hay peligro de acertarle; y en los nombres, que acostumbra nuestro estilo, era posible acertar con el que fuese elegido: elige a quien encargar este puesto. . Ya le elijo: oye, Avencaide. . Qué ordenas? Siempre has de llorar? Público parte del dolor, que siento, con las lágrimas, que animo; pero no alivio el dolor, porque es, señora, tan fino, que dejara de llorar, si hallara en el llanto alivio: lloro de un padre la ausencia. Mayor tu mal imagino: por qué, Elvira, me recatas la verdad de tu martirio? Pues lloro si de negarlo no halla modo el dolor mío, un amante, a quien adoro, y un amante, que he perdido. Confiésote, que envidiosa me tiene tu afecto fino, pues al ver, que siento menos los apacibles martirios de amor, pienso, que tu afecto hace ventajas al mío. Tu gozas la amada vista de lo que estimas, y es fijo, que sobrara el sentimiento, donde faltara el motivo; yo ausente de lo que adoro, y cautiva, lloro, y gimo, no será mayor mi amor, que el tuyo, si es excesivo? Pero son las circunstancias tan distintas, que es preciso verse en el mío el efecto, que en el tuyo está escondido, siendo este tan desdichado, cuanto ese dichoso ha sido. Consuélate, pues a ese fin te he traído conmigo: más cerca de Nuño estás. Ese es mi dolor más vivo. Cómo? . Como veo (ay triste? el puerto de mis alivios, y a vista del puerto, son más sensibles los peligros. Serenará el tiempo. . Tarde lo espera el tormento mío. No poderte dar consuelo siento. . Tu favor estimo. Esto a Jarifa dirás, pues primero determino, que hable a su hermano, saber, si el rendido sacrificio de mi adoración, la obliga. Qué presto que estar rendido! Porque Amor no ha menester edad, nos le pintan niño: toma esta cadena. . Yo hacerlo como cautivo, pues me echar cadena; pero ya Avencaide lo haber visto, aunque ya cumplir con él, con Alchama, y conmigo. Qué será aquello? . Estás bien, Avencaide, en lo que digo? Sí señor. . Pues este puesto es el que de ti confío, que es el importante. Hola, mucho mira. . Ya lo miro, y no poco me disgusta, que Avencaide lo haya visto. Muy bien pesar, si estar oro. Ya está todo prevenido; y pues más huésped, que yo, en este Páis has sido, permite, que te acompañe a tu alojamiento. . Admito el honor, no porque justo sea, sino porque estimo tanto tu persona, que dar a entender determino, con esta obediencia, cuanto a tus preceptos me rindo, para que mis pretensiones tengan mérito contigo. Pretensión, Alchama? Sí. . Todo es tuyo nada mío: habla. . Llegará su tiempo. Alá me valga. . Qué he oído! Esto es boda! . Ay de mi vida! De golpe es como pestillo. Retírate, hermana, tú; tú no faltes a este sitio, Pelayo, y de Asturias Rey. Ya, Mahomad, te he entendido. . Ya te obedezco. Señora, guarde vuestro sol divino el Cielo. . Y a vos os guarde: nunca acá hubieras venido; . en ausentándose, pienso volver, que en el sobreescrito del rostro, muestra Avencaíde del corazón el martirio: ven Elvira. . Mi dolor es, Nuño, carácter fijo de mi amor. Alchama, ven; no me pesa de haber visto . lo que en Alchama sospecho. . Qué me quieres, dolor mío? no te vayas ta, tú, perro Moro, infame mal nacido. Valerme, Mahoma. . Perro, dime aquí al instante mismo lo que con Alchama hablaste. Dejarme, que ya decirlo: merar tú, señsor: Alchama me mandar: . Un hiclo frío me cubre: calla, traidor. No calles, que habiendo oído Avencaide, tu dolor, y no ignorando el motivo, quiero aplicar el remedio a medida del peligro; y para no errar la cura, saber el mal determino: qué te dijo? . Qué decirte, que quererte más, que al higo, y más, que al pasa; y que luego decir, que estar tu marido, a tu hermano, y luego darme esta cadena: estar vidro? Calla, traidor. . Avencaide, no pide pequeño alivio el mal, pues no puede haber duda, que en habiendo oído mi hermano el designio fácil, ha de abrazar el designio. Ya a mí me lo dijo. . Pues Moro, vete. . Ya estar ido. . Pues prevenir es forzoso remedio. . No le imagino. Yo sí, que como te quiero, a todo me facilito; noble eres, y yo soy tuya: bien confirmado se ha visto nuestro amor en las finezas de nuestros dos pechos finos; el mal es tan peligroso, que mañana le imagino sin remedio; de pensarlo pone al labio el dolor grillos; y así, pues que los Cristianos tan cerca están, que su abrigo pues puede valernos, huyamos de este riespo prevenido: en la quietud de la noche te aguardaré; sin ruido llega al pabellón, porque de nadie seas sentido, que yo, muda, seguiré tus pasos, dando al olvido este riesgo, que nos cerca, este penoso martirio, que nos amenaza; y puesto, que nada puede impedirnos, y que el Cielo se oscurece, voy a aguardar donde he dicho. . Oye, espera; pero apenas la alcanza el acento mío: qué haré en dos males, adonde se arriesgan a un tiempo mismo el honor, si de aquí falto, el amor, si allí no asisto? Amor, pues eres Dios, dame, cuando no remedio, alivio. Ataste bien los caballos? Uno de otro queda asido: mas dónde vamos, señor? si tú has perdido el juicio, no quieras que yo le pierda. Responderte ahora es preciso lo que hoy no te respondió el mudo tormento mío, cuando de tibia acusaste mi fineza. . Señor mío, por aquellas cinco Llagas de mi Señor Jesucristo, que nos volvamos, que yo me doy ya por respondido. Aquí hay un bulto. . No tal, mas son de cincuenta y cinco. Ay amor! . Y se ha quejado No debe de haber comido. Será Centinela? . Y cómo. Pues ven sin hacer ruido, por si podemos pasar sin que seamos sentidos. Pero venza el honor. . Vamos pásito, señor, quedito: ya estamos de esotra parte; este Moro está dormido, y lo que habla es entre sueños, No está si no divertido, al parecer, y la oscura noche amparó mi designio. Y ahora, qué hemos de hacer? Deternos prevenidos, por ver si alguien con el nombre llega a él; y si le oímos, esta noche todo el Campo correr, Lain, determino, por ver si puedo adquirir, de algún Cristiano cautivo, noticia de Elvira; y culpa mi afecto de poco fino, pues solo por saber de ella me resuelvo a este peligro. Y si nos sienten, qué haremos? Morir, habiendo cumplido yo con las leyes de amante. Y yo con las de pollino. Apresurad, tardas horas, vuestra pereza en mi alivio. Este es el paso, señor, y no lejos imagino, que el pabellón de Munuza ha de estar. . Pues prevenido me ten amigo, el caballo entre esos copados mirtos. Mira, que el peligro es grande. Esta mi valor conmigo, y Dios, pues voy a vengarle de su mayor enemigo. Obedecerte me toca. Bien hasta aquí ha sucedido por la oscuridad del Cielo, y también será lo mismo desde aquí; pues si estorbare la fortuna mi motivo, o la ignorancia del nombre, mi espada abrirá camino a la retirada. . Quién va? Atiende. . Los oídos se salen de las orejas. Un hombre; muy al principio está este estorbo: mas este, y otros vencerá mi brío. Retírese, y diga el hombre. Qué diré? mas yo remiso? No dice el nombre? Qué haré? . Diga el nombre. Ya le digo. No le dice? . Sí: Pelayo, Rey de Asturias. . Pase, amigo. Qué será esto? Este es el nombre; y pues puedo sin peligro proseguir lo que intenté, ven conmigo. . Voy contigo. . El temor de oír mi nombre, en este Moro ha podido no embarazarme; y así con él pasar determino adelante, confesando, Señor, que no me hatemido a mí como a mí, sino como a Campeón de Cristo, pues a vengar los agravios suyos voy más, que los míos. Muera a mi brazo Munuza, como instrumento elegido de Dios, para su venganza, y no como brazo mío, pues tanto a su Ley importa no tener este enemigo. 1. Avencaide, Mahomad manda, que os vengáis conmigo a cierta empresa. Decid el nombre que habéis traído. 1. No me conocéis? . Sí, pero no os acerquéis sin decirlo. 1. Pelayo. . Y la contraseña? 1. Rey de Asturias. Ya yo os sigo: Amor, paciencia, que honor se opone a nuestros designios. Porque mi intento se logre felizmente, determino, que vaya conmigo Elvira, pues no será mal padrino para el Cristiano su apoyo; pero hasta lograrle, elijo no decirla nada. . Poco, bella jarifa, imagino, que fías de mí, pues nada de tus intentos me has dicho, cuando es forzoso, que no sea pequeño el motivo, que a tal hora te desvela. Presto dirá mi cariñio la confianza, que hago de ti, y cuanto de ti fío. Qué querrá esta Mora? . Pero Avencaide es el que he visto, que otro no fuera a esta hora el que llegara a este sitio. Nada puedo descubrir, y todo el Campo he corrido. Yo presumo, que a nosotros el día ha de descubrirnos; pero hola. . Qué has visto? Todo el bultazo cristalino de una Mora. . Calla. Callo. . Y retirate. Retiro. . Avencaide se recata: Elvira, mientras yo miro si duerme mi hermano, dilo a Avencaide (que es el mismo, que allí se oculta) que aguarde; y sabe lo que te estimo en que conmigo te llevo. Dónde, señora? . Conmigo. . Qué es esto? . Leonor, hacer lo que ordenare es preciso, que la pena del esclavo es no tener albedrío. Jarifa, manda Avencaide, que te diga:: mas qué miro! Qué veo! . Eres Nuño? Elvira? Ella es, por Santo Toribio? Leonorilla? . Laincalbo? Calvo, y soy como un Herice. Verdad, o sombra (ay de mí!) a qué a este riesgo has venido? Verdad, a sacarte de él; y sombra, al logro divino de verte, pues enseñado a un batallón de martirios, como amante vengo al riesgo, y como sombra al alivio. Y qué intentas? . Qué? llevarte, Elvira mía, conmigo. Cómo, si Jarifa:: Eso de este modo está vencido: pues a escuras, y callando, poquítico a poquítico nos podemos escapar. Leonor, bien has advertido; y pues hay en dilatarlo otro riesgo, que imagino, vamos, Nuño. . Mi bien, vamos. Leonorilla, aquí conmigo. Venturoso acaso, Elvira. Feliz suerte, Nuño mío. Asegurada de todo, Elvira:: mas qué habrá sido apagar las luces? . Pasos andan cerca. . Cielo impío, qué será esto? Elvira. . Calla. Avencaide, no colijo, que me oye nadie. Mi mano te da, Muñuza, el castigo que mereces. 1. Ah traidor Pelavo? 2. Traición, amigos, que han muerto a Munuza; muera el aleve que lo iizo. . 3. Este Cristiano es, matadle. Sois pocos para mi brío, que soy, perros, Don Pelayo. Qué escuché? Pelayo dijo. El Campo está en arma, y puesto, que la ocasión se ha perdido, por lo que ignoro, que no me hallen aquí determino. ̱. Vamos de aquí; a qué aguardamos? Dejando al Rey en peligro? oh cuanto, Elvira, me estorbas! No me deces, Nuño mío. Más perdone amor. . Cercadle. Yo abriré, Moros, camino. Y más ahora, que se halla Nuño de Estrada contigo. . Y Lain. A muy buen tiempo tu valor me ha socorrido. 1. Muerto soy. 2. Ay, que me ha muerto. Búrlense con los mocitos. Traición; traición. 2. Huid, Moros. . Retirarnos es preciso, que cargará todo el Campo. Ya, logrado mi designio, sigo tu opinión, mas como te has hallado en este sitio? Después lo sabrás: Elvira? Nuño? . Leonor? . Lainillo? Vamos, señor, tomaras mi caballo. . Cerca el mío tengo. Pues no aventuremos dos tan distintos designios como el tuyo en el valor, como en el amor el mío. Vamos después de haber hecho notorio a los enemigos de Dios, que hay en su defensa hombres de valor tan digno, que hacen generoso alarde de despreciar los peligros.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Dese al estilo Cristiano sepulcro a Muñuza, y luego Asturias, a sangre, y fuego, pruebe el poder de mi mano, para que tanta osadía vea el mundo castigada; porque no está asegurada tu persona, ni la mía, donde hay valor, que se atreve a penetrar Escuadrones, y dentro en los pabellones consigue el fin que se mueve. ̱. Nunca el valor de Pelayo debimos dudar; mas dudo, como todo el Campo pudo penetrar? mas siendo rayo de honor, y estando ofendida su sangre de la tirana acción, que obró con su hermana, Muñuza, la heroica vida quiso aventurar osado, por tomar satisfacción, que no hay difícil facción a un valor desesperado; y así soy de parecer, supuesto, que satisfecho está ya, de que su pecho procuremos atraer con blandura, y con porfía a nuestro empeño forzoso, que un Capitán tan famoso en algo, Alchama, se fía. Hase podido adquirir noticia de dónde se halla? A Avencaíde le mandé registrar esas montañas, al fin de que me trujese alguien que nos declarara sus intentos, y no dudo de su valor, que lo haga. Falta alguien del Campo más? Cuatro Moros de las Guardías de Munuza, y dos cautivas, que servían a mi hermana, Elvira, y Leonor. . Sin duda esas le dieron entrada a Pelayo. . Eso presume Jarifa. . Dicha fue extraña no cautivar su belleza. Y dicha mía. . Bien pagas lo que te estimo. De ti pienso, señora, que hablan. Apenas puedo cobrarme del susto; pues quien pensara, que era Pelayo, y no era Avencaide el que llegaba? Yo tuve buena fortuna en no ser ahora esclava de la que fue esclava mía; mas pues no se sabe nada de mi intento, disimula (aunque me atormente el alma) reconocer la tibieza de Avencaide. . De tu hermana es tanta la perfección, que solo, Mahomad, aguarda mi valor a fenecer esta empresa comenzada, para hablar sobre este punto contigo. . Pues se dilata el riesgo, lugar tendré de burlar sus esperanzas. Ahora, y entonces soy tuyo. Esta boda ya está en casa. Pero Jarifa, pues tú sin llegar? . Viendo, que hablabáis, y creyendo, que sería la materia de importancia, me detuve. . Bien, señora, creísteis, porque es de tanta importancia lo que hablé, que no hay en el mundo nada para mí, que de más sea. Háblale apacible, hermana, . que ha de sor tu esposo. . Cielos, . de oírlo se asusta el alma; más desmentir por ahora importa lo que me mata. Habiendo visto a Jarifa en la presencia de Alchama, (cosa, que excusar debiera) me adelanté de la Escuadra, que un prisionero conduce, aunque de poca importancia, que hice en el monte, y no puedo oír nada de lo que habla; (ay Cielos!) pero la culpa es mía, pues si aceptara lo que me ofreció jarifa, ya sin sustos la adorara. Ser agradecida es fuerza, porque Mahomad lo manda, a vuestro afecto. . Qué escucho? Por mío cierto es, que nada mereciera, a no tener quien tan bien le apadrinara. Por vos mereciera mucho. Ah cruel! pero qué aguarda mi curjosidad traidora, que este dolor no embaraza? Mahomad? . Seas bien llegado, que nos tiene tu tardanza cuidadosos. . Si habrá oído Avencaide algo? . Ah tirana! . corrí el monte con tu orden, y poco después del Alba, vi desde lejos un hombre, que, al parecer, descansaba en los hombros de una peña: llegué con silencio, a causa de que no huyera, y prenderle pude; y aunque en sus palabras da a entender poco juicio, a mí me parece maña, y que dirá, amenazado, lo que supiere. . Qué aguardas? di, que llegue. . Hola. Sonior. Trae a ese Cristiano. Andas? Que diese yo mi caballo a nadie, para que a pata no me pudiese escapar! sin duda, que aquí me empalan, si saben, que soy alguno de los de la obra pasada; pero neguilla. . Di, hombre, dónde al, prenderte te hallabas? ̱. Sobre peña estar sonior, en medio del montes. . Calla. Y qué hacías en la peña? Señor mío, me acordaba de la extraña penitencia, que el noble Amadís de Gaula en una peña ha de hacer. Ay desbarates que hablal Di, qué hacías? Qué diré? Señor, iba a coger ranas. A la peña? . Está cerquitan de la peña un charco de agua, de donde saltaban muchas, y en la peña se sentaban, con que yo poquito a poco, desde un hueco adonde estaba, las iba cogiendo. . Y diños para qué? . Mucho adelgaza: . para labarme las manos, que me sudan. . Oiga el sarta de desatinos. . Y es bueno? No hay cosa más aprobada para las manos, o suden, ono, que el unto de raba. Y cuántas llevas? Maldito preguntador, que me matas: para llevar dos cabales, no más de un par de ellas falta. Colgadle de un árbol. . No nos andemos por las ramas. Pues qué allí escondido hacías? Señor mío, me espulgaba. La verdad, y te daré libertad. . De buena gana: pregunte usted. . A quién sirves? Yo sirvo a Nuño de Estrada. Nuño de Estrada está aí? no tiene mejor espada Asturias: dime, qué hace? Labrando una rica manga, poquito ha le dejé en Palacios de Galiana: temblando estoy. No te turbes. . Estoy atado. Desata a ese Cristiano. junto a Mahoma . esté desatada tu alma. . Habla ahora. Sin embarazo hablaré como una hurraca. Qué gente tiene Pelayo? Mil hombres consigo guarda, o mil Ermitaños. . Cómo? Como en la cueva, que llaman de Cobadonga, los tiene, porque enseñándose vayan a Facer penitencia. ̱. Y tú como en la cueva no estabas? Porque a mí me llamó Dios por otro camino. . Y se habla en los designios que tiene Pelayo? . Tarde, y mañana. Y qué son? . Volver conejos los hombres de la montaña, emeñándolos a estar en la huronera. . Encerrada tiene su gente? y la cueva tiene salida, o entrada mas de una? . No, señor mío. Castigo fue de su osada traición encerrarse, donde es imposible que salga, y así no hay que detenernos. Alguna astucia señala este modo de defensa; y así será bien, que vaya Don Opas, pues a este intento le trais contigo, y le haga notoria su perdición, si de resistirse trata, que quizá ya arrepentido, viéndose sin esperanza, mudara de opinión. . Bien me parece así se haga, y marche el Campo, porque no se pierda tiempo en nada: tu guiarás a Don Opas. Harelo de buena gana. Y dirásle a Don Pelayo:: Si diré. . Que dice Alchama, que con setenta mil Moros, sin las Tropas alistadas de Mahomad, le previene el castigo, si no abraza el consejo, que Don Opas le lleva en esta Embajada. Él vendrá bien despachado. Y dile, que perdonada la culpa de haber venido a los Reales, por la causa justa, que le obligó, tiene. Ese cuidado le mata; pero despachar importa, no sea el diablo, que se vaya donde no le hallemos luego. Cristianilio, tener gana de marchar aprisas? . Yo hago así lo que me encargan. Y volver después? . Y cómo. Y qué volver? . Las elpaldas: Calla, perro, que algún día . te tengo de dar zarazas. Vamos; perdonad, señora, que esta obligación me llama. Guardeos Dios. Ven, Avencaide, y tú, Cristiano. Oye. . Aguarda. . A mí? A ti. . A mí? . A ti. Di presto lo que me mandas, que espera tu hermano. . Cómo de esa manera me hablas? No es esa Elvira una moza, que tiene muy buena cara:: Porque no estorbar pretendo a tu discurso, que haga memoria de los afectos con que solicita Alchama tus favores, ni tampoco estar donde mi desgracia me acuerde las sinrazones aleves de tu mudanza. Hija de Fortún Velazquez? . Sí, Prevención mal usada, aunqueusada es de los hombres, cuando convencidos se hallan de ana culpa, inventar modos de que no se satisfaga, por inútiles que sean. . Culpa yo? Y culpa villana. . Cuál es? La de despreciar la resolución bizarra de mi amor, y mi fineza, burlando mis esperanzas, y aún arriesgando mi vida. Porque escrúpulo no haya en mi amor, satis, aré la culpa, que me señalas, con lo que has visto; pues mal mi intención embarazada de muchos testigos, todos a la vista, pudo en nada dispensar, faltando el orden de registrar la montaña, sin que mi honor se perdiese, ni nuestro sin se arriesgara. Sabe Amor cuanto tormento: pero nada sabe, basta, Jarifa, haberte logrado, no haciendo lo que mandabas, ocasión de que te muestres apacible con Alchama, que su presencia no excuses, y conozcas, disculpada, sus méritos, que es en fin General de muchas armas, favorecido de Ucit, y en él estará empleada tu hermosura dignamente, y no en un Moro sin fama, en un Moro tan indigno, y de presunción tan baja, que sin reventar pronuncia estas insames palabras. . Espera, aguarda: él me oyó. . Ves, que me llama esta caja, y me detienes? qué intentas? Qué sepas: No es de importancia. Que fue industria: . Ya lo sé. La de hablarle: . Cosa es clara. Con blandura:: . Ya lo he visto. Cierta de qué dilataba su pretensión. . Y porque alentara la esperanza, le favoreciste; pero la caja otra vez me llama. En qué quedamos? En, que te adoro, aunque seas ingrata. . Acaba de preguntar, perra, que me despedazas: no es esa Elvira una, que marchó la noche pasada con otra Leonor? . La propia. Una, que en León estaba, y en un Pueblo cautivaron habrá dos años? . Acaba, que esa es. . Pues si esta es, sobre las señas pasadas, no la conozco. . Menguado, anda vete. . Voyme, galga, a ver si puedo guiar a este Opas, para que caiga de una peña, mas por Dios, que he escapado en una tabla. . Qué hablabas con el Cristiano? Por Elvira preguntaba. Feliz ella, que está ya donde su amor deseaba; e infeliz de mí, que el mío veo lleno de amenazas. Así hablas de su delito? La libertad es amada, y no debo yo culpar, que Elvira la deseara; pero el Campo marcha, vamos. Sonior Mahomad lamarla usted, que esperarla. . Ven. . Andar, Mora Cristianada, que estar amiga Cristianos: tú lo pagar. . Anda, maza. Andar tú, mona. Mastín. Tu mastín, perra borracha. No hay en todo este Horizonte Valle, Elvira, dueño amado, desde este risco a aquel prado, de aquella vega a este monte, flor, o planta, cuyas hojas cultiva el Abril florido, que testigos no hayan sido de mis amantes congojas; desde que la luz del día forma a lo animado daba, hasta que se la quitaba la oscura tiniebla fría, y desde que la traidora sombra, por uso, o quebranto, iban arrugando su manto las pisadas del Aurora. Todo el escuadrón de bellas luces, que adornan el Cielo, toda la copia, que el suelo da de fragrantes Estrellas: todo el rubio batallón de arenas, que los cristales engaza, y de sus raudales es argentada prisión: toda la escuadra, que el viento vive, la que el mar encierra, y la que ocupa a la tierra funebre oscuro aposento, no han sido en número iguales a los males de mi amor, porque a todos superior fue el número de mis males. Qué vid, si al olmo enlazaba, no era envidia de mis ojos? qué yedra no me dio enojos, si del muro se abrazaba? qué tórtola, si gemia, o arrullaba cariñosa al consorte, codiciosa de su paz, no me tenía? Y en fin, Nuño, a qué dolencia no reconocí los daños en dos infelices años, que lloró mi amor tu ausencia? Dichoso, Elvira, el dolor, que padeció nuestra suerte, pues constante le convierte en alivio nuestro amor. Sí, Nuño, dichoso ha sido nuestro penoso cuidado, pues nos ha puesto en estado de olvidar lo padecido. Ya tú estás contenta, en fin, pero yo no lo estaré. Pues tú, Leonor, di, por qué? Porque aún estoy sin Laín. No me da poco pesar su tardanza. . Mi cuidado es, que si le han cautivado, temo, que ha de renegar. Temor es, Leonor, muy vano. Y en qué le fundas ignoro? Ah señor, que se hace Moro fácilmente un mal Cristiano! No temas. . Cómo mi padre tarda tanto? . Ya noticia tiene de tu libertad; pero como donde habita es tan distante, y es fuerza, que si a verte se encamina, pase por donde Pelayo está también, bella Elvira, puede ser, que detenido del Rey en cosa precisa, le haya estorbado el precepto la ventura de tu vista. Presencia agradable tiene el Rey. . No le conocías? No. . Pues a su presencia ventajosas imagina sus prendas. . La del valor muy bien, Nuño, la acredita con la muerte de Munuza, aunque no fue poca dicha hallarte tan cerca tú. Sin mi del riesgo saldría, como sin mi entró en el riesgo. Mas cómo estará Jarifa con nosotras? . Te prometo, que debo a sus hidalguías tantas finezas, que en parte siento la libertad mía por Jarifa; y más sintiera, que estorbo fuese mi huida de no lograr el intento, que solicitaba fina, aunque no del todo pude saberle; mas quien diría, que de sus disposiciones saliesen mis alegrías? Ella levantó la caza, y tú la mataste. . Estila la fortuna formar monstruos, y este formó de mis dichas: . mas qué marcha será esta? Por el llano, de Moriscas Escuadras se cubre el suelo. . Y por la cumbre vecina a recoger han tocado; pero hacia aquí se encamina el Rey. . Y con él mi padre, si no me engaña la vista. Y Lain también. Alguna novedadtodo esto avisa. No tema riesgo ninguno, vasallos, quien por Dios lidia. La respuesta fue, señor, digna a la demanda, y digna de tu valor. . Presumió de Don Opas la malicia (traidora siempre) vencer mi generosa porfía. Muy bien despachado va. Pero qué veis, ojos! Hija? dadme licencia, Pelayo, para abrazar a mi Elvira, y para darle las gracias a Nuño de su venida. Justo es vuestro regocijo. Llega, llega. Elvira mía. A tus pies estoy. . Mis brazos venturosos te reciban: qué contento estoy de verte! ya no me cansa la vida, que molesta me cansaba, amente de tus caricias. Pues ahora, Fortún, lloráis? Este llanto es de alegría, señor, que aunque bien pudiera ser de costumbre prolija, no es si no de amor, y en él efecto se califica: pues bajando blandamente a regalar la mejilla, da a entender cuanto es suave el motivo, que le envía: que en ser ardientes, o blandas, ser diferentes explican de los ilantos del cariño las lágrimas de la ira. Llegad vos, Nuño, también a mis brazos, y esta fina demostración esperad, que en mí será agradecida. Y no hay quien abrace a un cautivo de medio día? A no haber gente, si hubiera. Tu recato me cautiva. . Laín? Después de dejarme a que me piquen avispas? De qué estará tan suspenso Pelayo? . Dudo la Insignia; pero del Cielo la aguardo. En qué, señor imaginas, estando tan cerca el Moro? das algún orden, que sigan los tuyos? . Don Nuño, el propio que hasta aquí; y pues prevenida de mantenimiento está la cueva, y ya tan vecina la gente revelde a Dios, mi resolución sabida, que es de morir por la Fe, la amenaza prevenida de los Moros esperemos con resolución altiva, y cada uno en su puesto, con Católica milicia, y con Godo aliento, espere del Cielo un dichoso día. En él, y en ti confiamos. En Dios solo se confía, y en la Insignia que ha de darnos: ea, Godos. . Vamos, hija. otra vez de mí te apartas? Conmigo quedas, Elvira. Viva Pelayo. . La Fe de Cristo decid, que viva. Lainillo, no te pierdas otra vez. . No, Leonorilla. Ya, Señor, la humilde hueste, que vuestro honor solicita, está en manos del peligro; ya tiene el riesgo a la vista, y riesgo tan grande, que sin Asistencia Divina, imposible es, que se libre de deshecha, u de cautiva. No desconfío, Señor, de Vos, ni ella desconfía; pues si para el que os ofende es cierto, que prevenidas tenéis las Orejas tanto; como para el que os obliga, aunque os ofendo, bien puedo esperar, que sea oída mi petición, pues no puede, Señor, hacer mi malicia, que vuestra Inmutable Esencia no sea siempre una misma. En señal de que son vuestros estos pocos, que militan debajo de vuestro Nombre, mi rendimiento os suplica, que Insignia nos señaléis, por quien sea conocida ser vuestra esta fiel Escuadra: que pues los Reyes estilan sus armas en las banderas, porque los que las militan sean por ellas temidos, justo es, que tengan Insiguia los que debajo del Nombre de Dios a servir se alistan: y tal Insignia, que sea por de Dios reconocida. anspiradme Vos, Señor, cual ha de ser la que elija, porque siendo a vuestro agrado, sea del Moro nemida. 1. Esta es la Insignia, Pelayo, que Dios en tu amparo envía: mírala bien, que a su forma sobre esa peña vecina hallarás otra. . 2. Con ella a los Frieles acaudilla, porque conocido sea ser de Cristo tu milicia, en las armas con que Dios (Hombre en la Humana Agonia) venció a la muerte muriendo. 1. Búscala, y con ella anima a tus Soldados. . Y vence, pues con Armas de Dios lidias. Si habrá sido sueño este? si habrá sido, que las dichas. comunmente son soñadas; pero no, que de la misma forma, que vieron mis ojos (ciegos de Luces Divinas aquella Cruz en el Cielo, otra en esta peña miran; y pues esta es la Vandera (según las voces me avisan del Cielo) que envía Dios. para su Pueblo, esta elija, y sin tardanza, pues ya se acercan las Enemigas . Armas: Glorioso Estandarte, ven a mis manos indignas, llega a mis humildes labios, Bandera de Dios Divina, única Esperanza nuestra, y Laud de tres clavijas, donde cantó sus piedades, Dios a su Pueblo acandilla; y vosotros Godos, pues del Cielo las maravillas. Guión os han señalado, que la victoria acredita, decid, que la Cruz de Cristo viva, y triunfe. Triunfe, y viva la Cruz de Cristo. . Guerra, arma. Tened esperanza fija, Godos, en la Cruz, que vence quien con Armas de Dios lidia. No hay para qué dilatar, pues Pelayo se ha encerrado en la cueva, el comenzado designio de castigar su respuesta desatenta, como su presunción loca: toca al arma. . . Al arma toca. Su forzoso estrago sienta. Embestid a ese encerrado cobarde Escuadrón. Cristianos, la Cruz de Cristo os aliente. Ea, suertes Africanos, cubrid de piedras, y arpones la boca de ese peñasco. Yo registraré a su seno los escondidos espacios: seguidme, Moros, Mahoma. La Cruz de Cristo. Qué osados la cueva emvisten los Moros! Pero sonsor, morir tantos, que como moscas caer. Huyamos, Moros, huyamos, que contra nosotros vuelven las flechas, que disparamos. Qué hacéis, Afrícanos nobles. Ya se vienen retirando los pocos, que quedan vivos. El Cielo se ha declarado contra nosotros Mahomad, y Alchama, pues indignado Alá, nuestras armas mismas contra nosotros vibrando, cuantas salen de la cuerda, cuantas arroja la mano, tantas vuelven impelidas de la fuerza de su brazo, a herirnos; estas las flechas son, que desde nuestros arcos contra nosotros volvieron los hierros acicasados. El poder de Alá nos vence, no nos vencen los Cristianos; él en su favor, Alchama, y Mahomad, esgrime rayos: yo lo he visto; y pues no puede ser en mi valor desmayo, sino advertencia, antes que en quien le ampara, fiado salga Pelayo, Mahomad, retírate con tu Campo hacia León, por la margen de ese río; y tú, buscando la cumbre del monte, Alchama, la gente, que te ha quedado, asegura. . Calla, Moro cobarde, y afeminado, y huya Mahomad, huye tú, y huid todos, que yo basto a enseñaros, que es temor el que asombro habéis juzgado; yo solo entraré en la cueva, y yo desharé el encanto, que os asusta. . Mira, Alchama, que contra el poder humano hay valor, y no le hay contra el Poder Soberano. Vuestro engaño veréis presto. Pues estás determinado, yo iré contigo delante. Y yo también a mostraros, pues no tomáis mis consejos, que os estaba bien tomarlos. Vuelve a tocar a la cueva. Los Moros vuelven. Cristianos, Dios pelea por nosotros. Tú, Hamete, toma un caballo, y en él procura salvar a Jarisa, y dila cuanto siento yo no ir a servirla, de mi honor embarazado: y aprisa, Moro, que no pide este peligro espacio. Me volar. d. Moros, huid. No huyas, Alchama el bravo, vuelve a mi ejemplo a morir. Al monte, Moros. Al llano, seguid la margen del río. Tomasteis, Moros villanos, mi consejo, pero tarde, porque ya llega Pelayo; pero yo me opondré a todo el Ejército Cristiano, cumpliendo con mi valor: y huid vosotros en tanto, porque veáis, que no fue miedo el que fue cuerdo reparo. Perdidos somos, Mahomad. La cueva han desamparado los Moros: al llano, amigos, pues la ocasión ha llegado. Seguidme, famosos Godos. La victoria prosigamos, hijos. . Pues morir es fuerza, no les demos tan barato el triunfo. . Ea, fuertes Moros. Ea, fuertes Asturianos, la Cruz de Cristo. . Mahoma. Aa perros, él os da el pago. Al monte. . Al río. Victoria por el valiente Pelayo. Soniora, vamos huir, que desearatar Cristianos todo el gente de Mahoma. Mi amante en peligro tanta, y yo libre de él, no guarde mi amor la vida en su agravio! Por el Zancarrón de Meca, que escapemos. . Ya los pasos no puedo guiar, a causa de la sangre, que derramo. Qué veis, penas! Avencaide? Jarifa? en riesgo tan llano mas me acaba tu peligro, que la muerte, que yo aguardo: déjame morir contento, poniendo tu vida en salvo: ven conmigo; mas no puedo: huye, y déjame. . Es en vano querer, que de ti me aparte: muramos los dos, muramos, y juntenos una muerte, ya que no nos juntó un lazo. Moros son. . Ya los conozco. Rendios al Rey Don Pelayo. Yo no me rindo, aunque muerto. Daca esa espada: . villanos, llegad. Oh amigo Hametillo! lo que pensaste, he pensado: este es el cordel con que me ataste, perro borracho; con él tengo de ahorcarte. Yo querer volver Cristiano: levarte a Zaida. . No como Moras. . Qué ahogarme! Anda, galgo. 1. Ríndete, Moro, o disculpa nuestra grosería. . En vano defenderla solicito. De mi valor despechado probaréis la furia todos. Como a una mujer agravio hace noble sangre? . Ay Nuño, que es Jarifa! los osados impulsos suspended todos. Ar has de morir ahorcado. Yo, Elvira, tu esclava soy, que así el tiempo se ha mudado; pero lo que siento es, que Avencaide sea tu esclavo cerca del postrer aliento. Siento tu dolor tirano, como aquella, que conoce deber favor a tu agrado; y porque veas, jarisa bella, y ya felice, cuanto está mi conocimiento a tu desdicha obligado, vete en paz, y cree de mí, que si como aquí te allano la libertad, te pudiera quitar la causa del llanto, que muestras, dándole vida a tu amante desdichado, aunque con los míos fuera, diera a sus alientos plazo; pero pues esto no puede ser, el tiempo no perdamos, que quizá no podré luego hacer lo que ahora hago. Librate de este peligro, huye del rigor del hado, que te amenaza cautiva. que aunque sea en los Cristianos tanta la piedad, Jarifa, los esclavos son esclavos, y tiene la libertad un valor tan dilatado, que sin ella no hay alivio, y con ella no hay cansancio. Y pues de nadie seguido se ha retirado tu hermano, y ya muerto Alchama, el riesgo que tenías, ha faltado, vuelve a León, no dichosa, pero libre: En qué pensando estás? vuélvete siquiera a no tener embarazo para llorar tu perdido amante, porque es muy llano, que en el cautivo no siempre tiene libertad el llanto. Ay Elvira, que no sufre mi dolor desesperado, aunque tu piedad conoce, dar hacia el alivio pasos! Haz esto por mí. . Y confía, bella Mora, tu cuidado de mí, en cuanto a procurar de este infelice Africano, si vive (como presumo) la salud con el regalo, con que me empeña en Elvira la amistad, que te ha mostrado. Si yo llevara a Avencaide conmigo: . Será arriesgado remedio para su vida, y resuélvete. . Ya parto, Elvira, pero sin vida, puesto que aquí la he dejado. Acompáñala, Lain, por si acaso algún Cristiano la encuentra. . Soltarme ahora. No, perro, que has de ir atado: vamos de aquí, que yo sé por donde nadie habrá andado. Parte, que Pelayo llega. Ya voy; pero dime, acaso es Nuño este Caballero? Nuño soy, vuestro criado. Dichoso de vuestro amor, y del mío desdichado! mirad, señor, que Avencaide es mi vida. . Yo me encargo de mirar por vos en él. Elvira, dame los brazos. Mi tierna amistad confirma. Adiós, joven desgraciado; adiós, Nuño, adiós, Elvira, y a Diós, vida. . Vamos. Vamos. Ese Moro retirad a mi Tienda con cuidado. 1. Aún esta vivo. . Jarifa. Vive, valiente Africano, pues Nuño de Estrada empeña su palabra como hidalgo, de que, si vives, sea tuya Jarifa. 2. Volvió al desmayo. Llevadle aprisa. . Ya llega el victorioso Pelayo. Descansad de matar, nobles y leales Asturianos; contentaos con veinte mil Moros, que cubren los campos, y pues seguir no podemos, de la fatiga obligados, los Moros de Andalucia, que al monte se han retirado, podamos darle a Dios gracias del triunfo, que nos ha dado, y a la Bandera Gloriosa, que, enviada de su mano, a ser vino nuestro abrigo, y de los Moros estrago. Salve, Soberano Leño. Salve, Estandarte Sagrado. Pero qué estruendo es aquel? Que el monte, que a los Paganos recogió cuando la Cruz enarbolaba tu brazo, por sacudirse del peso infiel, sobre el Deva claro se precipitó con todos, donde mueren anegados los que por la infame fuga de la batalla escaparon. 1. Piedad, Mahoma. 2. Favor. 3. Hácruel Profeta falso! 1. Qué me ahogo! 2. Qué me anego! Los lamentos escuchamos. Segundo milagro, hijos; y pues tanto ha declarado Dios su favor con nosotros, ya a campo abierto salgamos a buscar sus Enemigos, y en tomando algún descanso, correremos los contornos de Asturias, de ellos echando a los Moros, y después con el victorioso Campo sobre León marcharemos, que esto, y más aseguraros puedo, fiado en la Insignia, que honra mi rendida mano. Tus estampas seguiremos. Cruz, de todos mis aplausos serás Clorioso Instrumento, pues a serlo has comenzado. Por Don Pelayo victoria. No diváis eso vasallos, cantadla a la Cruz de Cristo de la victoria el aplauso, porque el Triunfo de la Cruz no es victoria de Pelayo.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Qué hace Elvira? . Porque está con el Rey, su padre, espera hablarte. . Qué lisonjera noticia tu voz me dal ve, y dila: . Lain? . Oh amiga! Que a verla vengo, Leonor. No necesita mi amor de que Leonor se lo diga, Nuño, que como es su palma vencer temores amantes, pronóstico mi amor antes, la dio esa noticia al alma. Mucho la Aurora ha tardado del día de hoy. . La mudanza de su estilo, en la tardanza estudió de su cuidado. Hasta ahora no me has dicho, Lain, lo que te valió llevar a Jarifa. . No? pues Leonor, lo dicho, dicho; mas cuando me despedía (y no más por esta Cruz me dio malcocho, alcuzcuz, haba cocha, y aropia, con que por todo el camino he gastado este tesoro, sin rezar, como buen Moro, la devoción del tocino. Y Hamete? . Allá se quedó, y eso me causa embarazo, porque le valió al perrazo lo que a mí no me valió. Hasta que gane a León Pelayo, Elvira adorada, intento tener callada mi amorosa pretensión; y contento con amarte, a vista de tu favor, las esperanzas de amor conservo en iras de Marte; que aunque es pena muy extraña la mía, censura creo, que diera, si de otro empleo me acordara en la campaña; o al menos si en desagravio de mi excesiva pasión, lo que quiere el corazón, se conociera en el labio. Si de tibio te acusara, aunque alguna acción tuviera, con mi recelo cumpliera, pero a tu opinión faltara; pues sabiendo, que en amor no cabe razón de estado, llámara poco cuidado al que llamas pundonor. Pero mi amorosa llama es tan fina, que me vieras quejosa, y aún me ofendieras descuidado con tu fama: pues tan hidalga razón tiene mi amor, tal nobieza, que si te amo la fineza, te adoro la estimación; y así, Nuño, tu tardanza política alegre espere, pues la fineza no muere mientras vive la esperanza. Muy presto te has convenido a la dilación penosa que me mata. . Si es forzosa, como dices, qué he podido hacer para tolerarla? Consentirla, y padecerla, sufrirla, y aborrecerla, sentirla, y no apadrinarla. Pues tú así no lo has querido? Y es lo propio, bien mirado, haberme yo disculpado, que haberte tu convenido? . No. Pues saber solicito, en qué fundas tu disculpa? En que no se llama culpa la venganza de un delito. Luego fue delito? . Sí, y aleve. . Es tal mi fineza, que iba a sentir la tibieza de no quejarte de mí. Siempre estáis con descontento? algún diablo es este amor. Aunque apacible, es dolor. Aunque suave, es tormento. Ved en qué quedáis, que sano del todo, ha de embarázaros, pues pienso, que anda a buscaros el Moro medio Cristiano. Y ya hacia, esta parte mira. Y en qué tengo de quedar, Lain, más, que en esperar a ser esclavo de Elvira? Y tú, señora? . En sufrir la penosa dilación, Leonor, hasta la ocasión de no tener que sentir. Presto será, que León no ha de tardar mucho, entiendo, en rendirse. . Aunque no tarde, no será para mi presto. Poco ha que no lo sentías. Que no lo sentía? es yerro presumirlo, poco ha, que quise dar a entenderlo. No con el amor te burles, Nuño, repara discrete, en que es fuego, y en que tiene sus propiedades, supuesto que es de su nataraleza causar siempre un mismo efecto, pues no, porque sea de burlas, deja de quemar el fuego; pero Avencaíde? . A milagro, Elvira, su vida tengo . Él así lo dice. Alá os puarde, a ti, hermoso cielo de Asturias, y a ti, columna del recién nacido Imperio de Pelayo; mas no Ala os guarde, que aunque lo mismo sea Ala, que Dios, no quiere mi justo agradecimiento, con el bárbaro idioma, quizá perder el respeto a su Nombre: Dios os guarde. Mucho, Africano, agradezco tu atención. . De tu salud la enorabuena me ofrezco, por ti, y porque de jarifa las alegrías deseo; y así, por ella, y por ti, que no dilates, te ruego, tu partida, pues tan cerca de León los muros vemos, y para lograr la dicha, no tienes impedimento. Y si para esto me buscas, ya licencia del Rey tengo para que puedas partir, suplicándote primero, que el deseo de servirte hayas admitido, puesto que la ocasión me disculpa de lo que he faltado, atento de tu salud, al cuidado: dole tú un caballo presto, el que Avencaide escogiere de los míos; y de dos hierros le da una Africana lanza, con una adarga. . Y supuesto, que partes, dila a jarifa, que no piense, que con esto de la obligación me salgo, que debí a su tratamiento, pues siempre me hallara suya, Qué aguardas, Lain? No entiendo, que conocéis mi nobleza, Muy bien la dice tu esfuerzo. Pues dónde me envíáis? Dónde? a tu casa. . Y a tu dueño. Y si defendiendo el muro de León (como si llego a él ha de ser forzoso por no dar de infame, ejemplo) vuelvo contra ti la lanza, que me das, y en ti la empleo, (que porque haga yo un delito, hará la lanza un portento quedara galardonado de mí mi agradecimiento? Sí, que aquí somos amigos, y allí seremos opuestos. Y tú, Elvira, qué dijeras, si yo, faltando al empeño de tu piedad, a tu amante te le arrancara del pecho o al menos lo procurara? Dijera en dolor tan fiero, que haces por tu pundonor, lo que no por tu deseo. Y Jarifa, que a los dos igualmente está debiendo en ella, y en mí las dos libertades, que tenemos, qué sintiera de mí, ingrato a deudas de tanto precio? Lo que sintiera no sé. Pero yo sé por lo menos, que sentirá lo que tardas. Preciso es, que sepáis esto: y qué dirá vuestro Dios, cuyo enojo vi con miedo en la cueva amenazar mi bárbaro atrevimiento, cuando esgrimiendo la espada contra aquel cruzado Leño, tanto diluvio de rayos disparó contra mi aliento, que me redujo a pavesa del alma los ardimientos? Qué dirá cuando conozca, que en el término postrero de la vida con voz muda, enviada a mi respeto, me dijo: No me persigas, y vivirás, cuyo acento, de mi enmienda recibido, fue de mi vida remedio? Y qué dirá Dios, en fin, si primero introduciendo su Poder en mi temor, mi vida en su Piedad luego, ve que a tanto beneficio, y a tanto conocimiento, la espalda le vuelvo ingrato, y otra vez la cara vuelvo contra él, pues es lo mismo volverla contra su Pueblo? A eso es fuerza responderte: dirá, que faltas soberbio a las deudas, en que amantes sus Piedades te pusieron. Y justamente irritado, en venganza del desprecio, te podrá dar el castigo, que ahora tiene suspenso. Pues como queréis, que yo me exponga a los graves riesgos de la queja, y el castigo de Dios? . Eso no queremos. Pues no es lo mismo, que yo, con mi nobleza cumpliendo, te dé favor como a un Moro en su pertinacía ciego, que como a un Moro alumbrado de Dios, te aconsejo, necio, que al conocimiento faltes, que Dios te da de sí mismo; pues si la primera deuda fue de mi nobleza empeño, la segunda es de nobleza, y religión, y así debo Cristiano, y noble, amparar, Avencaide, tus intentos, cumpliendo con las dos deudas de Cristiano, y Caballero. Ni en mí es lo mismo tampoco darte, Avencaide, consejo, como amante, de que no faltes a tu dama, puesto, que no sabido el motivo, que tú ahora has descubierto, te debió la obligación, que a Jarifa la confieso aconsejar de mi parte, no faltar a sus deseos; pero sabida la causa de tu detención, pretendo no solo que a Dios no enojes, sino que por Dios atento, a todo faltes, notando, Avencaide, que es primero Dios, que todo; y de mi propia puedes tomar el ejemplo, pues por Dios, contigo falto a lo que a Jarifa debo. Dios es preferido a todo. Esa obligación confieso, y sin faltar a ella en nada, cumplir las otras pretendo. 2. Cómo? . No yendo a León, ni contra León, supuesto, que ir en su amparo, sería faltar de Dios al Precepto; e ir contra León, faltar a la fe del juramento de defender su muralla estando mi valor dentro. Y supuesto, que a jarifa di aviso de mis intentos, aunque tan mal admitidos de sus rigores los veo, que amenazando mi vida, la condena a su desprecio; si es su amor el que prusumo, y el que han dicho sus extremos, espero cumplir también de amor con los privilegios: pues si mejora de Ley, como yo mejorar quiero, se lograrán las finezas de nuestra pasión, cumpliendo con Dios, en obedecer sus avisos; con su Pueblo, en no ofender los Cristianos; con mi opinión, en ser cierto no ir contra Mahomad; y con los dos, a quien debo las hidalgas atenciones de piedad, y de consejo; y cuando no pueda todo cumplirlo, con lo que espero cumplir es con Dios, que Dios ha de ser ya lo primero. Este Moro es buen Cristiano, Leonor, se dijo por esto. Cuán envidiosos me tienen los auxilios, que en ti creo! Que enternecida te escucho, Avencaide, te prometo, pues cuando no hicieras más de arriesgar como lo has hecho, tu amor por Dios, siendo tanto, fuera prueba de tu celo, que en los afectos humanos el de amor es grande afecto; pero temo, que jarifa, irritada:: . Nada temo yo con Dios. . No es desmayarte, Avencaide, este recuerdo, pues para fortalecer tu designio, te prevengo, que pierdas esa esperanza, porque no se halle sujeto a otro dominio tu logro. Yo te aseguro, que venzo, temeroso en las porfías, de mi amor muchos tormentos. El Rey, señor. Estrechando se vaya a León el Cerco, que pues Mahomad se libró por no seguido, pretendo ver si cercado se libra, y échese un bando al momento cerca del muro, de modo, que le oigan bien los de adentro; advirtiendo a los sitiados, que tres días los espero piadoso, sin que en su ofensa se esgrima el Cristiano acero; concediéndoles los pactos honrosos del rendimiento, si en los tres días se entregan; pero que pasados estos, de Dios el enojo justo los entrará a sangre, y fuego, y yo, como su Ministro, dando a su orden cumplimiento. 1. Voy a obedecerte. Nuño? Elvira? . Tus plantas beso. A tus pies estoy. . Mis brazos os darán más digno asiento: como, Moro, no te has ido, pues ya cobrado te veo de la salud, que perdiste? Porque la cobré, pretendo no ausentarme del Lugar adonde hallé mi remedio. Falta le hará a la muralla de tu defensa el esfuerzo. Más falta me haré yo a mí, si la muralla defiendo. . Qué caja es esta, Don Nuño? Ire, señor, a saberlo. No es necesario, que vayas, pues ya yo a decirlo vengo. Jijón, Mansilla, y Astorga, señor, y otros muchos Pueblos, por su Rey te reconocen, pues degollando resueltos los Moros, de los Presidios rompieron el duro freno de la sujeción, fiando su defensa de tu esfuerzo; y no solo te apellidan su Rey, si no previniendo (para que de toda España lo seas) leales medios, dos mil Godos te han juntado para que triunfes con ellos de Mahomad en León, y de los demás opuestos, que tiene la Fe de Cristo en el Católico Reino, y estos son los que han llegado. Ah suma Piedad del Cielo! Con tal socorro, qué aguardas, que al muro no vamos luego? La palabra he de guardar, que en el bando les ofrezco; y disponed vos, Fortún, que al punto se dé refresco a la gente, que ha llegado, reparando, y previniendo, que esta asistencia Divina la mueve Dios por sí mismo en aplauso de su Cruz, que es la Insignia que traemos; pues viendo, que militamos debajo de aquel Madero, que de nuestra Redención fue el superior Instrumento, nos quieren dar a entender las asistencias del Cielo, que parte con sus Soldados de la Insignia los tropeos. Ya el término han aceptado de la tregua, respondiendo Mahomad, que en los tres días te dirá lo que ha resuelto; y en señal de que seguros los tiene tu ofrecimiento, las puertas de la Ciudad abren sin ningún recelo. Que ellos fien de nosotros, es razón, porque tenemos fe, y palabra; mas nosotros no es razón, que nos fiemos de los Moros, porque faltos del noble conocimiento de la Fe de Dios, no hay como debamos esperar de ellos, que quien falta a los Divinos, observe humanos respetos; y así, con cuidado el Campo esté; y ahora volviendo a tu dilación, saber, Moro, la causa deseo. Señor quiere ser Cristiano. Si es verdad, mucho me huelgo, y mi amparo te aseguro sobre mi agradecimiento. Tu esclavo soy. . Y mi amigo serás, a dios conociendo: . qué clarín es este? . Un Moro al parecer, que oprimiendo el lomo a un bruto Andaluz, le da libertad al freno, a nosotros se encamina. Y señal habiendo hecho de paz, vibrando la lanza, da indicios de su denuedo. A lo que dice atendamos. No sé (ay de mí!) qué recelo, Mala cara tendrá el Moro, pues trae el rostro cubierto. Saber si está entre vosotros, nobles Cristianos, espero, Don Pelayo vuestro Rey. Sí, Moro, yo soy el mismo por quien preguntas: Pelayo soy. . Mudaré el acento, . pues cubierto el rostro solo, en la voz me queda el riesgo de ser conocida: Ah falso Avencaídel . Qué suspenso te tiene, habiendo sabido, que soy el que buscas? . Quiero hacer capaces mis ojos de tu valeroso aspecto, y reñir a mi ignorancia no haber conocido, luego que te vi, que eras Pelayo, pues te señala el respeto con señas tan superiores a todos, que en mí fue yerro, habiendo en ti reparado, no conocerte primero. Lo que te dicen corteses tus ojos, saber no puedo de los míos yo, por causa, de que el rostro traes cubierto; pero de tu gentileza a los oídos les debo la noticia, que a tus ojos tú de mí; y pues satisfechos en línea de urbanidad están nuestros cumplimientos, pues me buscas, y me hallas, di lo que quieres, y presto, que en lo que toca al valor, es sinrazón perder tiempo. Generoso Don Pelayo, yo soy un Moro Extranjero, no de los que a España habitan: y porque reparo has hecho en verme cubierto el rostro, sabe, que es ofrecimiento hecho a una gallarda Mora, y cumplírsele prometo, hasta tenerla vengada de un Moro aleve, que haciendo desprecio de su hermosura, es de su opinión desprecio. Este es, Avencaide, tú, que según las señas tengo, tú eres, y el Moro más vil, mas cobarde, y desatento, que pasó al suelo Español desde el Africano suelo: y esto te vengo a probar brazo a brazo, y cuerpo a cuerpo. Y para obligarte, pues tan olvidado te veo del valor con que la fama mienten tus cobardes hechos, sabe, que en dándole el justo castigo a tu desafuero, en castigando la aleve traición, que a Jarifa has hecho, dorando tu alevosía con el Cristiano pretexto, ha de ser jarisa mía, porque como a mí la quiero, porque como a mí la estimo, y como a mí la venero. Tu faltaste, fementido, de sus finezas al premio, porque no las merecías: y esto lo dice el suceso, pues despreciarlas fue falta en ti de conocimiento, puesto, que si conocieras lo que vale el más pequeño favor suyo (si hay alguno, que siendo suyo, sea menos) no hubieras, falso, y traidor, ofendido el privilegio reverente de su culto con sacrílego desprecio. Tú eres noble descendiente de tantos Bajues supremos? tu rama de Alvenadín, valiente Rey de Marruecos? Mientes, Moro infame, que eres mestizo de algún Hebro, de algún Egipcio bandido sin Domicilio, ni Pueblo; abre el oído, villano, a la razón de mi acento, y correte, no de oír los oprobios, que en ti empleo, sino de haber dado causa tan digna de merecerlos; y yo haré, que lo confieses, si no te excusas de miedo de salir a la campaña, donde te llamo, y te reto, y donde con esta lanza, o esta cimitarra, ofrezco al valeroso Pelayo, (a quien pido Campo, atento a que no interrumpa nada de la batalla los fueros; y a cuantos con él me escuchan de probar a tu despecho, que eres traidor, pues faltando a Mahomad en el riesgo, a Jarifa en la atención, faltas en los dos a un tiempo, a la Dama, como amante, y como leal, al dueño. Y porque salgas seguro, quiero decir sin recelo de emboscada; y porque yo fiarme de ti no debo, pues quien hace una traición, a muchas está dispuesto, nombro para mi segundo, informado de su esfuerzo, de su garbo, y de su sangre, (si está entre estos Caballeros el fuerte Nuño de Estrada, (ampara, Amor, mis intentos y elige tú al que quisicres, si hubiere alguno tan necio, que por un Moro cobarde se quiera poner a riesgo. Y pues un duelo expresado es (según uso) lo mismo, que admitido, todo el día de hoy, y el de mañana espero en ese espacioso llano, junto a aquel copado fresno, que de los otros distingue el adorno corpulento. Sal a dar justa venganza de dos delitos soberbios a Mahomad, y a jarifa, que yo daré un escarmiento con tu muerte al mundo: toca trompeta, llenen el viento las iras de mi amenaza en el ruido de tus ecos. . Notable resolución! Un profundo mar navego de confusiones. . A Nuño eligió: válgame el Cielo! . como le excusara yo el peligro? mas ya entiendo, que hallé modo de que salga y que no salga con riesgo. Muy confuso está Avencaide. Si este Merillo resuelto no tirara a señalada ventana, yo sé, que presto negociara. . Di, por qué? Porque saliendo yo al reto, le cautivara, y después le echara por maza a un perro. Quién este Moro será, tan osado, y tan soberbio, que presumo, que conozco la voz, y cuya es no puedo resolver? mas qué discurro? señor, tu licencia espero. No te la puedo negar; pero que mires te advierto, que eligió el Moro padrino de muy conocido esfuerzo. Eso no te de cuidado, . que yo, Avencaide, te tengo otro de no menos brío, sía de mi y ten secreto. Yo te afirmo, que me pesa de haber de salir al duelo, y no contigo, Avencaíde: pero excusarlo no puedo. Y yo, aunque con estas canas, a ser tu segundo es cierto, que saliera; pero a Nuño de Estrada tanto le debo, y le estimo tanto, Moro, que contra él no tengo acero. Pues yo he comido su pan, señor mío, y aún su queso. Bien se yo, que si nombrara a cualquiera, fuera cierto, que no escusara ninguno salir conmigo; pues siendo lo que a Don Naño le obriga nombrarle el Moro, lo mismo debiera a mi sucederme; mas porque elevido tengo padrino, solo sicencia aguardo de salir luego. Logrose mi intento, Amor. . Qué estás hablando en secreto? Después lo sabrás: Conmigo ven presto entre aquellos freinos, hallarás luego el padrino, Avencaide, que te ofrezco; no procures conocerle, si le hallares encubierto, y fía de mí. . Sa fío. Quién te conoce, Dios Ciego, y quien tus violencias sabe, no extrañará tus extremos. . Solo tu licencia aguardo Ya la tienes, que no debo en lo que a tu honor importa poner, Moro, impedimento. Ven, te armaré de mi mano, que es lo que por ti hacer puedo. Vamos, aunque yo imagino, si no me engaña el deseo, que solo me han de valer las armas del rendimiento. . Láin, caballos aprisa, y dila a Elvira (que creo, que el susto de mi peligro la ausentó de aquí) que llevo su firmeza por escudo, y que así esté sin recelo. Diréselo de ese modo; más señor, con todo eso cuatro manos de papel de extraza, y a eso me atengo. Tu mano espero, señor. Hágate feliz el Cielo. Nuño, no os apresuréis en la batalla, discreto tantead del Enemigo la destreza, y el esfuerzo: que habiendo reconocido el arte, y la fuerza a tiempo, podréis reparar, y herir sin enojaros, que ciego, tendrán efecto sus golpes, y no lo tendrán los vuestros. Para eso no hay mejor cosa, que estarse dos horas recto. - La prevención os estimo. Mi amor os da este consejo. Qué le decías, Fortún? Dábale, como tan viejo, y experimentado en lides, para la lid documentos. Yo os afirmo, que me tiene cuidadoso este suceso, pues no quisiera, que fuese traza de los Moros; pero para prevenirlo todo haced, que se mueva luego el Campo, que si es astucia de Mahomad, como lo temo, este desafío, a escala vista, los muros soberbios de León he de asaltar, advertido, de que si ellos compen la tregua, el castigo sueceda a la culpa luego. Obráis como Capitán, señor, prudente, y experto. Vamos, pues. . Vamos, señor. Fiado en la Cruz, empiendo imposibles, que en su Nombre facilitados los veo. Para remedio de España un Pelayo nos dio el Cielo. Que en sin contra su atención jarisa, de esa manera fácil ofende, y ligera la suya, y mi estinación, por un Moro mal nacido, que se intenta hacer Cristiano, mi decoro soberano, y el suyo pone en olvido? mira si te has engañado. Yo no me pude engañar, porque la vi disfrazar después de haberme contado el intento, que llevaba, y aunque avisarte intenté, no pude hacerlo, porque nunca de sí me apartaba. Y tú sabes algo? di lo que sabes. . Un caballo le dar, que ensillar mandarlo, y esto es lo que saber me. Pues vive Alá soberano, que en los dos me he de vengar, y los dos han de probar el enojo de mi mano; regístrese desde el muro; y en pudiendo divisarlos, los prendan con cien caballos, aunque se falte al seguro, y aunque se arriesgue León, que no sufre dilaciones: castigo, que dos traiciones le acuerda a mi indignación; qué aguardáis? Me andar con ellos, que saber donde topallos. Si se defienden, matarlos. Me batallar, y prenderlos. Ah fácil mujer! qué daño por ti no sucederá? ni qué cuidado podrá vivir libre de tu engaño? Tu tener culpa, boracha. Ya esto sobre mí no llueve: viva yo, y más que se lleve el diablo a la marimacha. . No quiero Moro, saber, pues tú lo excusas, quien eres; pero que sepas pretendo, porque advertírtelo debe mi obligación, que es el Moro que aguardas, el más valiente, que en los Afrícanos suelos nació a merecer Laureles, hijo de aquellas arenas, engendradoras de sierpes. Y esto te digo, porque conozco en tus años verdes, que te engaña la esperanza del troseo a que te atreves; pues aunque el valor no está en los años (que no tiene edad) está la experiencia en la edad, y las más veces no alcanza el valor, adonde la experiencia alcanzar suele. Y no por acobardarte, pues ya recurso no tienes para excusar el peligro: esto mi piedad te advierte, sino porque prevenido a la victoria te alientes; y porque alentado sepas, (creciendo el esfuerzo ardiente que si vences a Avencaide, en él muchos triunfos vences, pues te haces dueño de cuantos aplausos ciñen sus sienes. Yo estoy, Afrícano altivo, contigo, y aunque me pese de que contra su amistad tu seguridad me empeñe, faltando no solo a él, sino a Jarifa, a quien debe mi obligación la palabra de cuidarle, y defenderle, no debe llamarse mía la culpa de este accidente; y así a tu lado, y por ti, hará mi honor lo que debe, defendiéndote del duro acero, que a herirte viene, y cuidando de ti más, que de mí, para que quedes victorioso, que es la deuda, que aquí mi nobleza tiene. Valiente Nuño de Estrada, no desconfíes, ni pienses, que aunque mi valor no fuera el que es, mi razón pudiese contra Avencaíde faltar a ofenderle, y defenderme; y en cuanto a que de jarita faltar a la deuda crees, yo por ella te aseguro de que Jarifa te absuelve del primero ofrecimiento de tus palabras corteses, pues ella es la que te llama al segundo. . De qué suerte? Afirmándote, que es ella la que te obliga a valerme. Cómo? . Presto lo sabrás, pues si la vista no miente, otro Moro, y Avencaide, viéndonos aquí, descienden de los caballos; y puesto, que llegan, el susto pierde, que por mí te sobresalta, pues tú verás brevemente, cuan atento mi honor mira por quien soy, y por quien eres. Quién será este Moro? pero sin duda será valiente, pues Avencaíde le elige, sabiendo, que a lidiar viene conmigo. Quién soy sabrás cuando menester lo hubieres. Nada de ti saber quiero mas de lo que tú quisieres. A fin de que mi desiguio Avencaíde no impidiese, me recaté en este traje, que me disfraza dos veces, Vengas con bien, Avencaide. El Cielo, Nuño, prospere tu vida, y también la tuya, aunque sin razón me ofendes: no sé, Amor, lo que me dices . en lo que callarme quieres; mas mi fingido rigor a saberlo se resuelve. Hay adorado enemigo! Ya a lo menos de esta suerte . le excuso un riesgo a mi amante, y cuando más conveniente parezca, haré, que me vea. Con lo que aquí se me ofrece, diré quien soy sin decirlo. Aunque pedirte quisiese, Moro, que el rostro descubras, para saber con quien debe lidiar mi valor, juzgando, que tendrás inconveniente, y sabiendo, que no hay Moro (como Avencoide no fuese) con quien deba mi valo: reportarse, o suspenderse por obligación ninguna; y viendo también, que viene apadrinado a otro Moro, que el rostro cubierto tiene, sin saber quien es, presumo, que es pequeño inconveniente lidiar sin saber quien seas, pues no extraño me parece, que a quien ofende, no sepa quien no sabe a quien defiende. Fingiré la voz a fin, noble drodo, de que vieses, que hay atenciones, que pasan a finas desde corteles. Prevenido del disfraz, que has visto, mi afecto viene a librarte de un peligro, y a esto la razón le mueve de muchas obligaciones, que a sus hidalguías tiene; pues si me vieras el rostro, en el peligro de aleve incurrieras, fulminando contra mí el enojo ardiente; y así, porque en nada faltes a todo lo que te debes, cumpliendo con tu opinión en asistirle, y valerle a ese Moro, y con la deuda de cortés en no ofenderme, habiéndome conocido, que no me veas resuelve por ahora mi advertencia, pues así parecer puedes valiente, sin ser ingrato, y cortés, como valiente. Si de no cumplir conmigo, riesgo tengo en conocerte, la obligación me perdone, Moro, que aquí me previenes, que excusar no puedo el lance contigo, seas quien fueres; pero para no incurrir en la calumnia de aleve, no te descubras, y dame licencia de no creerte las atenciones, que explicas, viendo, que contra mí vienes. Tú me creerás. . Pues no puedo obligarte a que quien eres me digas: . Moro, cuidado, . pues todo aquí se suspende, sino el empeño forzoso, que nos llama. . El brío intente saber quien eres. . El brío haga, Moro, lo que debe. Yo, quien soy te diré, ingrato:: Sabrás presto a quien ofendes:: Traidor Avencaide. . Nuño. 2. De qué suerte? 2. De esta suerte. Jarifa adorada? . Elvira? Por qué el acero suspendes? Para rendirle a tus plantas, porque con él me des muerte: salió mi fingido enojo . con mis intentos fieles. De admirado, no discurro si me obligas, o me ofendes. Esto fue quererte Nuño; y pues en Jarifa tienes ejemplar de los delirios, que hace quien amante teme, no extrañes, que por librarte de un riesgo mi amor, hiciese esta fineza, o locura: llámala como quisieres, que a todo, Nuño, me allano, como sin peligro quedes. Ven a mis brazos Elvira. A qué aguardas, Moro aleve? por qué, si me has muerto el alma, la vida guardarme quieres? A lo que aguardo, Jarifa, es, a ver si darte puede aquel ejemplo dé amor ejemplo, para que temples conmigo el rigor injusto. . Mirar presto que prenderte, soior Jarifa, Avencaídes, enviar co mucho gentes Mahomad: mirar, que llegan. . Pelayo al muro se mueve, viendo, que han hecho salida de la Ciudad. . Qué resuelves, Jarifa? . En riesgo tan grande, morir sin dejar prenderme. Pues Laín, retira a Elvira, y Jarifa. . Para un muelle dos Moros de filigrana las dos señoras parecen. Retiraos, que llegan ya. Eso no, que no consiente mi amor perderte de vista. Ni el mío, aunque más me ofendes, que para matarte luego, quiero ahora defenderte. Antes que puedan librarse, lleguemos, Moros. . De suerte se ha dispuesto, que es preciso, que ya las dos no se alejen de nuestro amparo; y así, cuidando de ellas en este Escuadrón haga el valor, Avencaide, lo que debe. Y perdone Mahomad, si contra él la espada vuelve mi valor, pues él me obliga solicitando prenderme. Cúbrete el rostro, jarifa, y vea el mundo, que puede Amor, en defensa suya, hacer de amantes, valientes. Yo no huir. . Ni yo tampoco. 1. Por Mahomad a prenderte vengo, Avencaide, y contigo me manda también, que lleve a Jarifa. . Llegad, perros. 2. Ved, que orden de daros muerte traemos, si os resistis. En, palabras se abrevien, y está sea la respuesta, que a Mahomad se le lleve. Mueran. . Ahora veréis, cobardes Moros, quien muere. Elvira, no teme apartes. Jarisa, a mi lado vence. Andar, perros. . Corred, galgos. 1. Muerto soy. . Allá va ese. Huyamos, Moros, huyamos, que cuatro furias parecen. Seguidles la retirada. No la victoria se deje, pues el alcance Pelayo va siguiendo; pero lleve la Cruz de Cristo en los labios el que triunfar pretendiere. La Cruz de Cristo. . Mi voz en sus aplausos se estrene. Tú no te vas con los Moros? No, que Cristiano volverme por hartarme de tocino, don de ver todos. No dejen el al cance vuestros bríos, antes que las puertas cierren. Qué valiente Nuño allí las dificultades vence! Y Avencaide, y otros dos Moros, que al parecer tienen los rostros cubiertos, como le asisten con brazos fuertes! Ea, Fortún, a León . abrán la senda valientes nuestras espadas, y triunfe la Cruz por quien triunfó siempre, Tus pasos sigo. La puerta es nuestra. . Veamos este negoció en qué para. Andamos. A Mahomad se reserve solamente. Ya no veo Moro, qué impedir intente nuestro valor. . Por Pelayo León. Decid solamente, que por la Cruz, Godos míos, que a ella el troseo se debe. Y a Laín, y este Morillo, que somos un par de sierpes. Mi no estar sierpes. Lain, que estar Cristianilio Hamete por gracia de Dios. . Tu Cristiano? como lo fue Mulciseque. Adónde está Mahomad? A tus pies, Godo valiente, que aunque me pude librar, viendo cuanto resplandece la Insignia, que te conduce, y viendo, que en su Fe vences, me he vencido yo también a su poder. . Cuán alegre noticia es la que me das! fía de mí tus mercedes. Solo la de ser Cristiano, Pelayo, quiero deberte. Ya yo puedo descubrirme, pues mi propio intento tienes, y el delito de Avencaide disculpamos igualmente. Jarifa es esta, señor, hermana de Mahomad. . Llegue a mis brazos tan famosa Africana; mas quién eres tú, que aún el rostro recatas? Si licencia me concedes de darla la mano, yo te diré quien es. . Pues quieres tu casarte con un Moro? Que es Cristiana brevemente verás. . Pues siendo Cristiana, tú habrás mirado a quien eres: dala la mano. Y el alma, porque veáis lo que debe mi amor a el suyo: esta es, Elvira. . Pues hija aleve, tú en ese traje? . Señor: Satisfacción dar no debe a nadie siendo mi esposa. solo eso templarme puede. Dichoso fin de mis males. Y si Avencayde merece:: Dirás a Jarifa? sí; mas pues ser Cristiana quiere, y tú tambiény al Bautirmo succeda la boda alegre, que yo quiero de los tres ser padrino, dándole este triunfo de tres nobles almas a la Iglesia reverente. Vamos a darle las gracias, porque las Historias cuenten del Restaurador de Asturias, que no piensa, que se deben a si los triunfos, sino a diós, que dárselos quiere, y a su Soberana Cruz, por quien triunfa, y por quien veno Y aquí tenga venturoso fin, si merece tenerle, el Restaurador de Asturia., que a vuestras plantas se ofrece.