Texto digital de El respeto en el ausencia
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- Gaspar de Ávila
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- Gaspar de Ávila Segura
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- Comedia
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- El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte IV de Nuevas escogidas (1653).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El respeto en el ausencia. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/respeto-en-el-ausencia-el.

EL RESPETO EN EL AUSENCIA
JORNADA PRIMERA
No se viste? as Sí señor, que su prima está con ella, diciendo de tus intentos, laya voluntad resuelta. Pues entra, y dile que abrevie De una roca al mar opuesta con embates de porfía, quieren romper la dureza. . Fortuna ampara mi causa, así en otros sigios tengas u llenos tus sacros altares, de gentilezas ofrendas. Y así en la posteridad piba de lo finito te veas. absoluta, y poderosa en las mayores grandezas. Mueve este bronce con alma, inclina sus inclemencias, al fin de mi desventura, haré que un alma te ofrezca, obediente, agradecida, pura, amable, y verdadera, la gustosa esclavitud, de tres rendidas potencias. El tiempo amor ha llegado, en que aclamando tus fuerzas, invocó de tus arpones, la increible violencia. Protector universal de la luz, que en las estrellas conforma, inclina, y enlaza L las almas que se desean. Mi vida pongo en tus manos, porque ministrando en ellas incomprensibles misterios, calisiques tus grandezas. Mueve este prodigio hermoso, así eternamente veas en amantes corazones, ensangrentadas tus flechas, Y pondré el mío a tus pies, víctima de tu diadema, porque los hombres te aclamen, soberana inteligencia. Cielos que piadosamente, desde tu abrasada esfera, argos de cristal nos miras de incompatible matería, mueve este espíritu helado, gloriosamente en mis penas, así entre celajes de oro, tus serenidades veas; Y así jamás se te opongan los vapores de la tierra en pardas exhalaciones, caliginosas, y densas dirige este monstruo hermoso a mí solo, y con la estrella de su nacimiento infunde impulsos en tu tibieza Y tendrán eternamente en mi agradecida lengua; sacrificios de alabanza, tus signos, y tus planetas. Mi prima, que ya por mí sabe tu intento, te ruega, no olvidando en su respeto la paternal obediencia, t no la obligues a que salga; que a sus ojos su vergüenza, les pide que se resistan con lo mismo que te niega: que aunque en estos caballeros iguales partes se encierran, dignas de tanta virtud, tanto honor, y tanta hacienda. Por ahora no pretende, que ajeno dueño posea su libre intención, ni hacer de tu companta ausencia; esto por mí te suplica. Pues, di, que persona ven? a traer el desengaño, donde de mis canas la esperan. Es en vano el persuadirla, porque haciéndola yo fuerza, me respondió, que hay en casa quien tus intentos defienda, Si porfías en que dé la mano. Detente, espera; hombre en mi casa? Señor, el que es poder tiene, y fuerzas para impedir tus intentos. Caballeros, esta ofensa a mí solo se me hace, y me habéis de dar licencia, que yo entre solo a vengarla. Estamos aquí, y es fuerza que vuestras injurias, ya noe obliguen como nuestras, demás de que a mí me toca también la vengenza en ellas, que el que ha estorbado tres an en un amante asistencia, el premio de tanto amor, tanta fe, y tanta firmeza; a mí también me ha ofendido De todos será la ofensa. Adónde vais? Hija infame. No la ofendáis, que no quierne aún ver castigar sus culpas, cuando por ellas padezco. Cómo? di, a decir te atrevo perdiendo a Dios el respeto; que un hombre que está en mi case podrá impedir mis intentos; juzgas acaso que faltan en la esfera de mi pecho. Rayos que sbrasando culpas, castiguen atrevimientos? que hombre es este? Que mal haces en arrojarte soberbio, que a un apresurado enojo, poco le debe el respeto. Quien sabe amar, también sabe. disculpar; y así me atrevo a ser ingrata en mis culpas con estos tres caballeros. Quiero bien, y quiero tanto, que los mayores Imperios del mundo despreciaría por el favor más pepueño de sus poderosas manos; por el primer movimiento de un cuidado de sus ojos sin amor, y sin deseo. Y así pretendes en vano, injuriando, y ofendiendo, que yo funde mis cuidados en diferentes desvelos. Sacándole el alma yo, podré castigar tus hierros. Detente, que está sin alma, y no podrás ofenderlo, y porque todos veáis, que fundo mis pensamientos en sujeto, que las culpas serinden a los aciertos. Digo, que si os atrevéis a culpar, después de verlo mis disignios, injuriando arrogantes y soberbios sus partes, eligiré por mi verdadero dueño a uno de los tres, culpando mi intención, y mis desvelos, Pero si vosotros mismos disculparéis mis intentos, confesando en el que adoro mayores merecimientos, más poder, y más grandeza; quede yo libre, advirtiendo, que en aprobando mi gusto, fin han de tener los vuestros. Fuerza será, o padecer sin la esperanza del premio. Mejor será, que ofendidos, aquí los tres le matemos. , s. Este es mi amante. Señor, solo en este atrevimiento me disculpa mi ignorancia: si me hubiera dado el cielo, mas almas, que tiene estrellas, y con todas padeciendo, me viera infinitas veces en insufribles tormentos; el padecer fuera en mí, más fácil que el ofenderos, que aún no siendo Rey por vos, se os debiera este respeto. Y así vasallo leal, más que amante contrapuesto a vuestra Real grandeza, la acción, la fe, y el derecho de mi pretensión renuncio, y desde hoy juro, y prometo, guardar por vos esta casa, sin esperanza, y contento. En la más humilde piedra, de ella hubiera, señor, puesto mi boca, a saber que daba vuestro Católico pecho amparo, y veneración a los altivos intentos de dona Juana, señor, que de todo sois el dueño; y aunque podréis ignorar esos ardientes afectos, exentos de todos vivan, ojos que en vos se pusieron, porque el mirar lo que os mira, es profanar sin respeto las aras de tal grandeza, con las manos del deseo. Vuestro leal vasallo soy, tan dichosamente vuestro, que os diera por dilataros. a este Católico Imperio, las tres partes de mi vida, porque a tal Rey le debemos deseos de eternidad sobre la vida del tiempo. . Yo, señor, no os satisfago. con mi ignorancia, que es cierto que solo con ella pude, si esta es ofensa, ofenderos; tantas mercedes les debe a vuestro prudente avuelo, y santo padre, mi sangre, que en vos parece que veo, como en imagen tan suya, los generosos efectos. de la providente mano. de Dios, y dichoso espero de mayores beneficios, de favores más supremos, y calificadas honras, confirmados privilegios, ausente estáis, esforzando las costas de vuestro Rey, acción, por quien ya la Fe unido mira su Imperio, y el salpicado sepulcro de Cristo, está confiriendo, la gloriosa libertad de su infeliz capriverio. Conquistador soberano, y Restaurador supremo, os aclaman las verdades del perseguido Euangelio. Amplifique de la Iglesia, vuestro Católico pecho, los términos que estrecharon Herefiarcas protervos, que donde quiera! que estéis, esforzando, y previniendo, debemos como leales serviros, y obedeceros. Y ahora os dejo, señor, solo a vos, donde pudieron consideraros amante, mis ignorantes deseos. Ya que todos han hablado con el retrato, yo quiero, alabando tu buen gusto, encarecer tus aciertos. Está tu buena elección, tan de nones, según pienso, que para admirar el mundó, los ojos, señora, has puesto en el primer hombre rubio, en quien no sevió, que han hed según nos lo va mostrando, falta los vigotes negros. Desde el día que reinó, clarisimamente vemos, los codiciosos temblando, y los injustos temiendo. Y cuando no le debieran más las miserias del pueblo, que haber inutilizado los abridores de cuellos, pudiera la humanidad del poquísimo dinero, sin templar, y sin catarro, cantarle infinitos versos: que de tartagos, y enredos, los Domingos de mañana entre pajes, y escuderos: y hay cosa ya tan airosa, como andar un hombre hecho pendanga, a flux, y a primera, anoche, y a día, haciendo donde quiera que le coge la sorna, sus embelecos, sin el riesgo de tardar porirse a quitar el cuello? Los Reyes de España, y Francia han partido dos extremos, que aquel cura lamparones, y este los ha descubierto. Dete Dios Filipo mío mas hijos en nuestros tiempos, que tienen seis Irlandesas de aquestas que andan pidiendo. Tu poseas un amante, tan prevenido, y discreto, que antes, y después del parto, nos de a gozar el consuelo. ̱. . Toma por ese donaire, i cada día te ruego me veas. Para volver a solo el toma me atengo, que las dadivas a hora son el alma del gracejo, que entró el uso en los graciosos, también de los perros muertos. Qué es esto, Juana? Señor, haber dicho lo que siento, y amar inculpablemente, con las disculpas que tengo. Y sabe su Majestad tus locuras? Aún no pienso, que han llegado a su noticia; pero como yo le quiero, por solamente querer sus altos merecimientos, en el gusto de mi amor, fundo solamente el premio. Pues deme el cielo pacienci si en tus locos debaneos, por acreditar tu gusto, quieres perder tu remedio? Tal ha sido su elección, que los que están padeciendo, solo se pueden quejar de aquello que pierden ellos. La comida está en la mesa. No quiero comer, dejadme volved de nuevo, cansadme, porque acabe más apriesa: qué quieres? Quitar la espada. Hay tal hombre! Hay tal rigor! De los infiernos de amor, viene de alma condenada, y así es fuerza padecer) si es verdad que no ha de hallar, ni remedio que esperar, ni gloria que poseer; pero toma mis consejos: al amo que está enojado, le ha de mirar el criado, como al toro desde lejos. Bien dices, y así me voy Surto tiene el frontispicio, muy cuerdo, o muy sin juicio es fuerza quedar desde hoy. Tan poco puedo conmigo contraria imaginación, siendo imposible, razón será olvidar lo que sigo, Si ya fuera desleal proseguir mi de vaneo, que me quiere mi deseo? qué intenta mi voluntad? Ya no quiero yo querer, si quiere el alma que quiera, considere que no espera, y que es fuerza padecer. Y ya que asisto penando en la desdicha que muero, sin remedio morir quiero; pero morir olvidando, Que en este desasosiego en que me veo, es en vano pensar que hay remedio humano. Niego. Qué dices? Que niego, que no le queréis tener, concedo que no le hay, no. Cómo? Aquí entro ahora yo, haciendo que esta mujer, Contra toda la grandeza de su amor, venga a estimar, a querer, y desearr Ya fuera en ella bajeza. Haz tú lo que un contador, que en la cuenta más segura, hace la prueba, y apura si esta cierta, o si hayerror, No digoyo que la quieras, que queriendo al Rey, sería especie de tiranía, y a ti mismo te ofendieras; Pero por curiosidad, si quiera déjame a mí, que libre le queda en ti el derecho a tu lealtad. Déjame Hernando penar! Déjame penar Hirnando, a secas, no porfiando, ya no es del todo negar. Vuelvo al toma; y atender las redes, porque el rigor la industria contra el amor, puede mucho en la mujer. Que tienes, dime, que estás tan divertida? Ay de mí! A no conocerte a ti por las muestras que me das, Pudiera decir, Leonor, viendo tu ser tan en calma, que se te enajena el alma en los embargos de amor, Rendida ya a su poder. Importa disimular, he dado solo en pensar, si don Pedroga de tener Ánimo, señora mía, estando desengañado, para poner el cuidado. en otra mujer. Sería, Cómo pretender tomar, Leonor, el poder humano una estrella con la mano, y dejar sin agua el mar. Tal confiaza a tener he llegado, que durara, si Venus resucitara, que la pudiera querer. Tres anos de desear, de querer, y persuadir, de esperar, y de asistir, se han de poder olvidar, Tan fácilmente, Leonor? antes pienso que es más cierro verle en sus desdichas muerto, que olvidado de mi amor. Ay señora por acá otro toma? Hernando, sí, con otro diamante. A mí quien me estima, es quien me da, Vengo señora enfadado de casa de una mujer, que ha dado mi amo en querer, tan loco, y desatinado; Y con tanta elevación ha dado en bausanear, que lo pueden mosquear como tabla de turron. Qué dices? Ya se demuda, y se le van calentando los higadillos. Hernando, es imposiole. Es sin duda; Porque la cogió un villete con un suspiro que dio, tres bujias apagó, que estaban en un vufete. Ya mí el cielo me destruya, sino es tanta su afición, que trae sobre el corazón una zaparilla suya. Y si el hormigón le toca, y a ser en la calle acierta, se mete tras de una puerta, y se la zampa en la boca. Estas sentí? Es tal su ardor, que me llegué por un lado, diciendo disimulado; y dona Juana, señor? Y sin responderme nada, enojado me miró al sesgo, y me sacudió la más cruel bofetada Que se ha visto dibujar sobre carrillos Cristianos. Este género de manos, estrellas puede alcanzar. Jesús! Ya la purga obró, y está sudando la enferma, entretenla, no se duerma, mientras que me escurro yo. Señora, Hernando se va. No soy la misma que fui. Señora? Que ha visto en mí, que tan presto pudo ya trasladar tanta firmeza en voluntad diferente? Es posible que lo siente? Aquella naturaleza? Se mudó con tal rigor. Señora, helada está ya, carruaje hay por acá también embarga el amor. Qué es amor villana? así tratas mi naturaleza, tal infamia, y tal bajeza has presumido de mí? En lojos que en tal sujeto se llegaron a poner; como es posible caber otro pensamiento inquieto? Lo que me has visto pensar, no es amor, si no el desprecio de este amante, injusto, y necio, de quien me pienso vengar. No halló el modo. Yo sí, fingiéndome enamorada, Jesús, aún avergonzada estoy de decirlo así. Él ha de querer lograr de su fe la dilación, y con su misma intención le tengo de castigar, Hasta ponerle en estado, que pienso que voy a darle la mano, he de asegurarle con mi industria, y mi cuidado. Y al llegar diré, que no esquiva, extraña, y cruel, y en su menosprecio de él quedaré vengada yo. Aquí no estaba el criado de don Pedro? Ya se fue, Qué dices? Yo te llamé viéndole ir determinado, y de suerte te elevaste con tú misma fantasía, que cuando yo te decía, ni entendiste, ni escuchaste. Buen lance habemos echado, nunca yo hubiera nacido; algún demonio ha querido, que ignorante, y arrojado cometiera yo este error. Qué es esto! Ha ocasión traidora! hoy muero a manos, señora, de don Pedro mi señor. Yo a falir, y él a pasar a un mismo tiempo, y me vio, de mudose, y empunó la espada, y volvime a entrar. Que tanto Hernando, se enfada de verte en mi casa ya? La oreja, según está, será la menor tajada, y quien aurá que se atreva a ponérsele delante sin nueve coletos de ante? Un papel mío le lleva, Hernando, aunque te parece que está conmigo cruel. Que ha de hacer por un pape de una mujer que aborrece? Condenado a muerte estoy, mi ropa voy a sacar, para irme del lugar. Triste de mí, muerta soy! Parece que la criada, si mal no he juzgado aquí, pone los ojos en mí; la historia va confirmada. Qué te parece? Señora, harro un hombre de querer, cansarse, y aborrecer. Negarás que no es traidora su intención? En su cuidado es hombre al fin, y podía enfadarse en su porfía; pero este pobre criado, Que por solo complacerte, sin mudar de parecer te venía a entretener, y va temiendo su muerte: No te ha causado dolor? Aquí pienso que acabara, si ya no me consolara con la venganza Leonor. A su amo voy a hablar, para que perdone a Hernando. Di, que le estoy esperando. Eso es querer abreviar. Supuesto que he de vegarme aunque por fácil me tenga, para que engañado venga, a todo he de aventurarme. Yo voy al criado, quiero librar en lo que ha temido, que si su amor es fingido, el mío ya es verdadero. Amor en tus desengaños, tanto crece el sentimiento, que en sola una hora siento, lo que no pude en tres años. Hay que me ha muerto! Qué es es esto? Qué puede ser? porfiar a no comer, y acabar arrojado, y descompuesto con mi vida, porque yo la comida le traía. Pues que menos merecía el que tan presto olvidó el consejo que le di, estando el amo enojado, solo es prudente el criado, que está en el zaquizamí: huye, que sale. Si haré. La del injusto rigor, la desabrida, y la dura, queda de puro madura, como una breva, señor. Y eso en que lo podré ver? Leonor bien finge aquí, que quieres matarme a mí, y así lo podrás saber, Saca la daga, fingiendo, que estás conmigo enojado. Qué dices? Que estás pesado, sácala, que yo me entiendo, Y después de esto sabrás la tela que dejo urdida; hay que me quitan la vida, saca presto. Loco estás. Aquí de Dios, que me mata, no hay quien me ampare? Detén señor, que le quiero bien. Logrose la patarata, bien me quiere, y puedes ya creer el remedio ahora: no lo haré más. Mi señora. os suplica, porque está cuidadosa para hablaros, de que puedo ser testigo, que vengáis señor conmigo, que quiere desenojaros. Quién tal pudiera creer en la mudanza que he visto? Entereza, o vive Cristo, que lo has de echara perder: responde, que le suplicas, que olvide tu debaneo. El remedio solo veo; pero no como le áplieas. A vuestra ama le decid, que no he de cansarme más. Está hecho un barrabas; andrajos hiciera al Cid. Pues de rodillas, señor, te suplico que la veas, si hacerme algún bien deseas, Entereza. Ya mi amor para excusarme del daño, que rebesde he padecido tanto tiempo, me ha traído. el último desengaño, Y así lo pienso creer. Pues dame palabra a mí, ya señor, que estoy aquí, de no reñir, ni ofender A Hernando. Yo te la doy. A mí me llama quédito, no lo vea, que es maldito. Contenta de verte. Qué has hecho; di? Cómo, que, decirle dos, o tres veces, no más, que ya la aborreces, y con esto levanté La más cruel polvareda, que ha visto la industria humana: está la tal doña Juana, más tratable que una seda. (bie Pues Hernando, aunque me en a llamar mil veces, ya muy imposible será, que obedezca, aunque porfíe. Acogióseme al sagrado de mi Rey. Solo señor, has de quedar vencedor en ser de ella deseado, que la mayor gallardía, no consiste en el vencer, sino en el poderlo hacer; no has visto con valentía Reñirdos; y el uno estar caído, y el que adelanta su suerte, decir, levanta, que no te quiero matar? Pues ansí por justa ley, pelear hasta rendir puedes, y después decir, levanta, que eres del Rey. otra vez vuelve Leonor, urdiendo se va la trama. Con este papel mi ama, os vuelve a llamar, señor. Si eso pide en el papel, tan poco gustoso estoy, que solo contigo voy, para no cansarme en él. Desprecios sienten así, las mujeres como yo, una mudanza ofendió tanto mi ser? qué es de mí! Tal estoy, que de ofendida, corrida, y avergonzada, diera por verme vengada, todo lo que no es mi vida. Yo que empleada me vi en un sujeto Real, de un hombre humano, y morta aborrecida; ay de mí! Mi inquietud, y mi cuidado perdone mi sentimiento; pues viene a ser lo que siento, veneración de lo amado. Jesús, esto el mundo tiene! si le vinieran tirando, con una soga arrastrando, no viniera como viene. Los otros competidores le han visto entrar, y han entrado Castigue aquí mi cuidado sus variables errores. De ratonera ha caído tu inquietud con golpe, y recio. En no durando el desprecio, va mi remedio perdido. No he de hablarla. No, señor? vuelve la cara hacia acá de gueno fresco, está ya con el último sudor. ̱ . Mira? Que es mirar, primero se dejarla morir. ̱ . Ya no lo puedo sufrir: tirano, mal caballero, En que corazón de fiera, se pudiera haber dispuesto tanta mudanza tan presto, sino es que fue verdadera Tu pasión? porque fingías, si fingias: porque amabas, asistias, y engañabas? ̱ . Qué importarán culpas mías, cuando soy aborrecido? Quién te lo ha dicho? Tres anos, en que ya mis desengaños ala verdad se han rendido. ̱ . Sabré mis secretos? Sí. Y podré ignorarlos? . No Pues de mí misma sé yo, que te quiero más que a mí. Y porque argumentos vanos nonos cansen, y tardemos: esta verdad comprovemos. Con qué? Con darnos las manos. C. Señor don Pedro, a esta casa no vengo yo como amante, sino guarda vigilante de cuanto ya en ella pasa. A eso mismo vengo yo. Yo con diferente intento a que remedie un convento, No que mis pesares no. Que consideréis os pido. ausente a su Majestad, y que está la voluntad, que abíamos pretendido, puesta en él. Los caballeros como vos, por justa ley, en la lealtad de su Rey, siempre han de ser los primeros. Si soy, y porque veáis mi lealtad averiguada, y esta verdad comprobada en lo mismo que ignoráis: Señora, a cual de los tres daréis ahora la mano de esposa? Por lo que gano con tan dichoso interés; a vos. Escúchaislo? Sí; claramente da a entender, que a vos os debe escoger por su voluntad aquí. De esa suerte, en mi lealtad mayor respeto veréis, que vosotros solo hacéis, virtud la necesidad. El que obliga sin perder lo que deja, en poco obliga, antes pienso que mitiga la causa del padecer. Pero yo, que ser pudiera dichoso, y quiero dejar de serlo, por obligar con causa más verdadera: Obligo, y así querría, que confesaráis aquí, que mi Rey me debe a mí, más costosa esta hidalguía. Los que quieren ostentar bizarrías en la ley de su lealtad con su Rey, no deben solo olvidar Los intentos de su gusto en todo; pero en rigor, intereses de su honor han de perder sin disgusto. Y aunque os amo a vos constante, siendo infalible el morir, supuesto que he de sentir, como verdadero amante. Mas puiero vivir muriendo, que contra un Monarca tal, siendo injusto, y desleal, ser venturoso ofendiendo. Que aunque no sabe, señora, vuestro bien nacido amor; pero si os debiera mi honor esta estimación ahora. Y cuando en tal resistencia muera, decir podré yo, que de mi lealtad nació el respeto en el ausencia. Confiesome convencido. Y yo con causa admirado, de que un amor ya estimado, se haya a su lealtad rendido. Laureles contra el poder del tiempo el cielo te ofrece; pues solo aquel lo merece, que se ha sabido vencer. Si de mí habéis presumido, que de mi amor me he mudado, advertid, que se ha engañado don Pedro si lo ha creído. A otra supe que quería, olvidando en sus engaños las finezas de tres anos, por solo el amor de un día. Y así quise castigar un afeto tan liviano, cuando me diese la mano, con solo no la tomar. Tan dichosa suerte alcanza su intención, que le ha válido, el respeto que ha tenido para excusar mi venganza. Y así con más sentimiento, y siempre firme en mi amor, pido a mi padre y señor la clausura de un convento. Si daré, y a tus intentos agradezco el desengaño, en que has conocido el daño de tus locos pensamientos. Conoces que no ha salido tu experiencia provechosa en mi pasión amorosa? Yo sé que lo que ha fingido Hubiera sido verdad; pero conforme a la ley, contra el respeto de un Rey, no hay ciencia, ni hay voluntad. Cómo quedamos los dos? Sin casar hasta morir, por solo irle a decir, contentísimo por Dios, Al Obispo de Antioquia, que una comedia se ha hecho, en que no tuvo provecho el cura de la Parroquía. Y sin hacer resistencia, igualmente confesemos, que a tan buen Rey le debemos el respeto en el ausencia.
JORNADA SEGUNDA
Pienso que obliga tu pena, prima, a menos sentimiento? Mas alentada me siento, aunque no del todo buena. Qué sientes? Tristezas son; de quien nace mi disgusto. Que las diviertas es justo, que eso tiene el corazón Que en dejando introducir en él cualquiera tristeza, se hace naturaleza el padecer! y el sentir. Y no sé de que estás triste, que si tú misma te hicieras, presumo que no tuvieras las partes con que naciste. Si juzgas tu discreción con el imperio que puedes, a la más discreta excedes en desigual proporción. Y de tu hermosura ahora, tener pudiera en el mundo envidia el parto fecundo del sol hijo del aurora. Si en los bienes de fortuna te consideras, tu eres el fénix de las mujeres, supuesto que no hay ninguna En la Corte, decir puedo, que tenga la estí mación que tú, el dote, y la opinión. ̱. Lo que es mi dicha concedo; Pero mis partes fería confiada necedad, hija es de tu voluntad, tu lisonja, prima mía. Yo no hago en todo el día, sino despedir amantes. Si son, Leonor ignorantes, castiguelos su porfía. Tales eranlas salvillas con brincos de oro, y cristal, que una Princesa Oriental pudiera no despedirlas. Si está mi naturaleza, diciendo en mi condición, mi contraria inclinación, mi crueldad, y mi tibieza, Con que puedo castigar su asistencia impertinente, Leonor, si no solamente con dejarlos porfiar? Porfien ellos, que aquí poco peligro tendré, pues yo me conozco, y sé que estoy segura de mí: A cuál de todos te inclinas más? A don Pedro Girón. Leonor es de mi opinión, por muchas partes más dignas, De más piadosa alabanza, por más tiempo, más valor, más firmeza, más amor, más fe, y mayor confianza, Pudiera haber infundido alma en una piedra fría, su asistencia, y su porfía, siempre amante, aunque ofendido. Muy inclinada te veo a don Pedro. . Esto es decir lo que he llegado a sentir, pero no lo que deseo, Que más quiero tú quietud, que el premio de sus amores; pero advertido en tus rigores, su mal premiada inquietud. Desde el más helado Enero al Julio más encendido, que rigores no ha sufrido este pobre caballero En la continoa asistencia de esta calle, que le has dado por favor, que haya pagado su humildad, y su obediencia. Solas estamos aquí, confiésame una verdad; pues sabes mi voluntad, esta que parece en ti Aspereza, y condición, es por haversión que tienes a los hombres, o previenes más gusto en otra elección: Quieres bien? Triste de mí! y con suspiro, bien quieres; pero me admiro, de que nunca yo te vi Hablar con nadie, y no sé cuando has tenido lugar de poderte enamorar? Yo sí, que me enamoré. Yo soy la prima querida, la escogida, la llamada, la de tantos envidiada, y de ti favorecida. Que yo a tu amante no vea, parece cosa imposible, o es algún hombre invisible, imaginado en tu idea, Que si con causa le ignoro, con causa también recelo, que baja otra vez del cielo Júpiter en lluvias de oro: Dime sus partes: quién es? Es corto el invenio humano, sobre un poder soberano tiene dos almas por pies. Forma en tu imaginación; pero no, no puede ser, porque en el mayor saber, no cabe su perfección. Junto a los rojos celajes, con que el aurora hermosea, cuanto el sol mira, y pasea con esmaltados plumajes. A la risa soberana, que en labios del alba fría, es percursora del día con la más dulce mañana. Y junto mala pintura, no prima, no juntes nada, que pinto desconfiada su peregrina hermosura, Que entre tantas perfecciones, le miró al querer pintarle, que aún para considerarle me faltan admiraciones. No de ninguna manera; pero cuando os veis los dos, como, o por donde: Imposible es que tú le puedas ver hablar conmigo, y aquí le ensenaté. Ahora? Sí. No sé como puede ser. Una bujia encendida, y los villetes cerrados me trai luego. Tus cuidados son enigma no entendida. A la mayor Majestad se le debe, y con rezón la mayor veneración, y la mayor volutad. Que si como Dios crió un mundo, muchos hiciera, y más almas infundiera, que arenas al mar le dio, Fuera imposible caber en mi amante corazón, mas acertada elección, ni más prudente querer. Aquí está lo que has pedido. Corre tu aquella cortina, verás lo que determina la fe que no has entendido. Pues con tanta claridad pides luz para leer? Fuego pide para hacer inquisición mi lealtad: esos papeles da luego a esa llama, sin que esperes Suspensión en mi crueldad, que amantes tan obstinados llegan a estar regalados, y no merecen piedad. No he visto yo delincuente tan mísero, y desválido, que muera sin ser oído del juez más inclemente. De esos villetes cerrados, por no quererlos abrir: qué importa, dime, el oír sus quejas en sus cuidados? Porque si es verdad que estás segura de ti contigo, en poco para conmigo tu honor aventurarás. Mira prima, la mujer que debe a su condición recato; y estimación, supuesto que es el caer Posible, no ha de esperar los peligros de un disgusto, antes debe en los del gusto huir por no tropezar. Que una bien dicha razón, que deleita los sentidos, la cera de los oídos, traslada en el corazón, Y una vez introducida su dulzura en mi crueldad; puede hallar mi voluntad su entereza convencida, Que aunque con mi condición, dificultoso es errar, lo más cuerdo es no llegar a manos con la ocasión. Estos por su desventura, inquisidora de amor, aclaman en su dolor la piedad de tu hermosura, Y claramente se ve tu injustísima porfía; pues tratas como a heregía la constancia de sufe. Don Alonso de Ribera es el primero quemado. Hereje en lo porfiado. Yo lo creo; pero espera, que pues van mis nensamientos en estatua de papel al fueno, vayan con él mis blasfemos sentimientos Y auremos puesto en tu mengua, con distintos corazones, tú en el fuego mis razones, y yo en tu crupldad mi lengua. Si fundaras, tu rigor en decir como hasta aquí, que era universal en ti, tu aspereza, y desamor, Pudiérame consojar; pero no, ya que informado vengo, de que en tu cuidado sabe tu amor regalar. Lo mismo que te envíe por vasallaje, y sangría en tu enfermedad, o mía, que mía pienso que fue. Das a don Pedro Girón, en que veo claramente, que de contrario accidente enfermó tu inclinación. Mira bien. Si por mis ojos he visto en oro, y cristal, lisongeado su mal, y mi ofensa en mis enojos. Solo puedes argüir n tu gusto, y tu voluntad; pero no en esta verdad, negar, ni contradecir. Hombre. Dices bien tirana, hombre soy, y lo he de ser contra el que supo vencer tu condición inhumana. Contra don Pedro Glrón, por darte disgusto a ti, he de oponer desde aquí mi valiente corazón. Si tengo de responder, fuerza será el escuchar. Tras de culpas sin dudar, no queda más que el hacer. Qué es esto Leonor? Señora, venirse a quejar en Griego, deslumbrarse con el fuego, y hablar a escuras ahora En lo mismo que desea. Yo, prima, soy ignorante, o se ha soltado este amante de la torre, edlistea, Donde sabian hablar sin darse nadic a entender. Ello se vendrá a saber, si hay algo en que te culpar. Quemo los dos que han quedado? Sí. Don Luis mercader es este. Hereje en querer, A pertinaz en lo cansado también. Eso ha merecido, el que en el fuego de amor fue apostata de un error, dilatado, y defendido. l Tan hecha está mi paciencia, a los rayos de tus ojos, que ese fuego en mis enojos da indicios de tu clemencia, Porque supuesto que has hecho siempre oscrvante en tu fama cada desdén una llama del infierno de tu pecho, Contra mi ya reducidos deseos con lo inferior de ese fuego abrasador, se deleitan mis sentidos. Abrala si te ofendieron, mis deseos malogrados, que esos conceptos quemados de mayor fuego salieron Hasta ahora que pensé, que nacía tu ricor, de un natural desamor, quise, sentí, y esperé; Pero ya que juzgo, y veo, que nace en tu corazón, con dueño tu inclinación, y con alma tu deseo. Verás que sé castigar esta obstinación rendida, con más quietud en mi vida, y más gusto en mi pesar. A tus manos volveré por granjear mi opinión lo que adón Pedro Girón le diste, y yo te emvíé, Que ya que he perdido en ti la parte de venturoso, quiero en la de valeroso satisfacerte por mí. Aguarda, detente, espera. Ya es en vano tu disculpa. que poco siente la culpa, quien la averigua, y espera. Dos testigos, ya hacenfe; que es esto Leonor? Señora; pues que culpa tengo ahora, sies verdad que no tomé Las joyas, ni las salvillas: alos ojos de las dos me parta un rayo de Dios si he querido recibillas. ̱. Pues esto que puede ser, si no haberlas recibido, y con recado fingido llevarlas? Eso es querer, que me dé con la cabeza por las pareces del cielo bajo. Tente, que recelo, que ha de poner su grandeza la mano entre esclamación. Si averiguas algún día culpa en mí. Culpa sería la más inorme traición Vista en pecho desleal. Qué culpa puedo tener si me deleito con ver tratar a los hombres mal? Antes tomara la muerte, que cometer este error. Yo lo creo de Leonor. Yo lo temo de mi suerte. Según los indicios dan tus ojos haciendo alarde, su Majestad, que Dios guarde mil anos, es tu galán? Y en tan supremo favor, decir podré si es verdad, que halló tu felicidad el non plus ultra de amor. Pero refiéreme aquí por tu vida; desde cuando vives amante, y penando? Qué me place: escucha. . Di. Después de aquella desgracia que por permisión del cielo, dejo a España entre tristezas sin legítimo heredero varón, siendo doña Juana quien le heredó, pareciendo a los Grandes, que era justo elegir lo mejor, dieron la obediencia, cetro, y silla al gran Tilipo Primero, que hoy llaman, siendo de Austria sol que alumbra su emisferio, en palio entró a coronarse, tan dese ado del pueblo, que en vasallos corazones determinaba su Imperio; tanto; que el sol aquel día se encubrió, prima, diciendo, que demos luz no es posible, dos soles a un mismo tiempo: alumbra sol de la tierra; mientras yo ardiente paseo los climas que te conduce la inmortalidad del tiempo. En un caballo alazán, tan observante al respeto de la acción, que se alentaba a competencias del dueño, entró tan majestuoso, que por los ojos del pueblo iba consultando asombros, y examinando deseos, Y Filipo, hay prima mía, tan señor de todos hecho, que anelaba a nuevos mundos con un natural desprecio, hasta los Polos presumo, que juzgaron, si le vieron, que era su distancia breve, y sus términos estrechos. Que el sol, y el primer Filipo, pueden por justo derecho, sin tercera oposición, partir la tierra, y el cielo, Quedé después que le vi, como es hospedaje yermo, de quien fue un alma que asiste las potencias de otro cuerpo, Y no es mi mayor desdicha amar lo que no merezco, sino que es fuerza el morir a manos de mis deseos, que aunque se atrevan altivos mis Ycaros pensamientos, está en mi humildad la cera, y en la majestad el fuego. Muchas veces de mi idea, la imagen Real pretendo borrar; pero mi memoria vinculada en mis afectos, con las especies confusas, me representan de nuevo cuanta deidad humanizan sus Reales merecientos, y cuando ya presumia domésticos mis deseos, y mi altivez convencida en mis discursos postreros, supe que honraba unas canas, de aquel Príncipe extranjero de Vmena, lisonja altiva, sino merecido premio a las finezas de amantes. Y segunda vez quisieron ver mis ojos su grandeza; rendí dos a mi escarmiento. No pensé yo que los Reyes, pudieran obrar tan diestros en los actos militares, donde son, haciendo menos que todos, mas admirados, y en este vi sus preceptos tan rectamente observados, que alicionaba, advirtiendo, tanto, que allí parecían vasallaje los aciertos, y las acciones humanas, juridicción de su Reino. Perdonen los demás Reyes, perdonen los caballeros, justisimamente dignos de alabanza en lo que hicieron porque como es siempre el mar absolutamente dueño de los nombres de los ríos, que entrando en él se perdieron; así este más de grandezas usurpa prélago inmenso, las mayores alabanzas en los discursos ajenos. Dio su lado al Almirante, principio de sus aciertos, siendo su elección primera, pronóstico de sus hechos: y en lo que informa de sí este efestión discreto, es solo en aborrecer la industria del lisonjero, en cuyo valor consiste el mayor conocimiento, que en poco puede ignorarse el que llega a conocerlos, y aunque al correr conocío lo que era, tirando el freno en la igualdad los caballos deponían el respeto, que a no dar esta luz del sol embozada al universo, con una sombra no más, pudieran pasar corriendo: porque tal vez ajustado loirracional de su aliento, por los lados informaba de dos caballos un cuerpo. Si vieras este Monarca dedos mundos revolviendo, encubrirse de la adarga, prevenido, airoso, y diestro, y si vieras, imposible parece, que humano ingenio describa con torpes labios tantas alma en un cuerpo: hasta por el parecía el Cordoves elemento, hospedaje de las muchas, que hurtaba a sus movimientos. Y solamente aquel día, fue mi mayor sentimiento, que hubiera nacido Rey, quien por si pudiera serlo. Que el haberse anticipado la naturaleza, pienso que fue por solo imperrar la distribución del premio. Mira si con justa causa, mis atrevidos intentos pueden amar imposibles, cuando está mi vida en ellos: que más vale, y con razón, por tan heroico sujeto, morir, prima, deseando, que conseguir poseyendo. Tu padre. Disimulemos, no conozca mi flaqueza. Si quieres de tu tristeza divertir hoy los extremos; su Majestad para irse, se va a Atocha a despedir, ven, y verásle partir, si gustas, hija. A morirse irá, si ve que se ausenta. Triste de mí, muerta soy sin alma siento que estoy! No parece que se alienta tu salud, Juana, turbado tienes de suerte el color, que del natural calor, parece que te ha faltado: Muestra el pulso: no estás buena. No señor. . Acuestate por tus ojos. . Si haré. Que matentiende su pena! Divertid su enfermedad, por hacerme a mi placer, en tanto que voy a ver partir a su Majestad. No puedo más. Eso es bueno, para un hombre condenado, a quien los suyos le han dado secretamente veneno, Y para el que está metido por la sala en la capilla de la vulgar campañilla, clamoreado, y pedido; Pero no para un Cristiano con crisma, y entendimiento, que puede vivir exento de todo el género humano. Cuerpo de Cristo, señor, has de andar noches, y días, hecho amante Geremias, cofrade eterno de amor! Confieso que en tu porfía con justa causa te dueles; pero no te desconsueles, que ahora falta la mía. Criado de un aturdido, tenemos en la estacada, y con villete, no es nada, y viene descolorido, el tal mensajero ya Don Alónso de Ribera mi señor, dice, que espera, donde este papel dirá. Figurita es el criado, decir quiere, y no escuchar, y vase sin esperar. Ahora; qué han parado tus burlas en desafío, podrán conocer mejor tus ignorancias, tu error, Los temblores de un Judio, pueden señor, reparar en eso hay más que salir? Con causa se ha de reñir, no pudiéndolo excusar; Pero el que es fuerza un error con voluntad confiada, en lo fácil de la espada, en poco estima su honor. De don Luis mercader es este. . También se va. El papel esperará, que tendrá menos que hacer Cada uno de por sí, dice, Hernando, que me espera en Atocha, y yo quisiera, que tú llevases allí Por engaño los criados, que estos hombres, si se advierte, que se arrogen de esta suerte menos que estando engañados, No es posible . Los sirvientes dirán por excusar de sus amos el pesar, que recibió los presentes dona Juana. . . Así lo entendió Yo haré que vayan volando. Entonces verás, Hernando; que no es prevenir temiendo, satisfacer, y advertir, que después en la ocasión, aunque dé satisfacción, no he de excusar el reñir. Si el reñir te toca a ti con los amos, punto en boca, que el zamarreo me toca de los sirvientes a mí. Apenas leerá el papel, cuando venga: aquí le espero. Tan valiente caballero, antes querra salir él, que dar a nadie el favor que su dama le ha enviado. Don Alonso aquí parado, y demudado el color: valga me Dios! qué será? Aquí don Luis mercades, y solo; que puede ser? sino que ha sabido ya, mi desafío. . Qué hacéis solo aquí, tan a deshora? Lo mismo os pregunto ahora? Luego vos causa tenéis? Estoy esperando aquí un hombre. . otro espero yo que para reñir me dio ocasión. . . También a mí: el que yo esperaba viene. Y también el que yo espero. Si es todo uno, primero a mí el reñir me conviene, siendo el primero en llegar al puesto. Es querer, por Dios, que antes riñamos los dos, Nadie os sabrá concertar mejor que yo, si renis los dos por reñir conmigo, que nadie es mejor testigo en lo que entrambos sentís. Los dos me desafíáis por una causa, en que estoy sin culpa, y aunque no os doy a finde que no riñáis Disculpa, ahora veréis, si lo que digo es verdad. Ellos lo mandan: llegad con ánimo, y no os turbéis. Estos criados quisieron reñir, porque no tomaron las sangrías que llevaron en el suelo las pusieron, Y mi criado, que estaba a la vista, las tomó y a mi casa las llevó, Pues quién, dime, te obligaba amentir? . Solo el temer tu enojo. Y lo mismo a mí. De esa suerte, solo aquí, lo que nos falta que hacer os el pediros pordón. En lo que es de parte mía, confieso que eso sería bastante satisfación Pero de hacerme salir al campo desde el lugar, ya no lo puedo quedar, sino solo con renir. Porque muchos que vivieron como yo a dar su disculpa, no han reñido por culpa sino porque ya salieron Es verdad. Pues siendo así, justamente vengo a ser el que ha de satisfacer. No me toca sino a mí. Valerosos sois por Dios; pero que escuchéis os pido: por uno, y otro he salido, y he de reñir con los dos. Señor don Pedro, que es esto? Yo señor, no riño aquí, estos caballeros sí, y pongo paz. . Descompuesto y con la espada sacada, cuando ninguno la tiene, perdonadme que no viene, esa razón ajustada A la verdad, aunque en vos parece imposible cosa. Aquí parece forzosa la retirona en los dos: Del enemigo el primero, a fuson que estáis culpados. Son demonios enojados, tomar el consejo quiero. Yo también. Por vuestra vida os suplico me digáis la causa, porque mostráis vuestra paciencia ofendida, Y por la mía os lo pido. No obstante la obligación que os confieso, no es razón, que yo os diga lo que ha sido, Que a vos os debo encubrir, lo que es, por razón, y ley de honor. . . Por vida del Rey que me lo habéis de decir. Por esa vida, si fuera para la mía forzoso el negar en caso honroso, si a la garganta tuviera El cuchillo, y me obligara del Príncipe más tirano, el decreto soberano, que a muerte me condenara, Y a mayor felicidad me llámara su poder, contra mi vida, y mi ser confesara la verdad, Por vuestra hija reñimos. Por mi hija? . . Sí señor, con el respeto, y honor, que debemos la servimos, Pretendiendo cada uno el sí, y a mano, que espera. Tres hijas tener quisiera, por no dejar a ninguno ofendido ni quejoso, que igualmente en los tres veo las partes que mi deseo pide para ser dichoso; Pero para que otro día, tan valiente juventud no aventure su quietud, por su culpa; o por la mía. Hoy ha de quedar casada, eligiendo de los tres el uno. . . De ese interés quedará el alma obligada. Eternamente seré vuestra hechura. . . Y yo señor por tan inmenso favor vuestro esclavo. . . Yo le daré esposo a Juana, y sosiego a mi corazón turbado, y auré con tiempo atajado las centerlas de este fuego, Que aunque pudiera tener de su virtud, con razón, bastante satisfacción, la más prudente mujer, Del padre más advertido, hija guardara su honor; pero está mucho mejor, en poder de su marido. Juntos habéis de venir a mi casa todos tres, donde ella pueda después, que os haya visto elegir. Que pasos que hayan buscado el bien, se auran resistido. Quedaré con haberido venturoso. Y yo premiado.
JORNADA TERCERA
Dejadme, qué me queréis? bien sé que podréis decir, que es el dejarme morir, desesperación: tenéis Razón que si esto dudara en la piedad de los des, fuera de la ley de Dios, todo lo demás negar. Y que es os advierto injusto, cuanto digo, y cuanto hago, supuesto que satisfago con mis penas mi disgusto. Pero que he de hacer si veo, que padezco en un rigor, sin fuerzas en el valor, y con alma en el deseo? No habéis visto persuadir a un descaído doliente, con decirle solamente, que coma si ha de vivir? Y él sediento de más vida, animoso, por comer, alentarse, y no poder? pues yo en pena tan crecida, Enfermo de un desengaño, que está mi vida concedo en divertirme, y no puedo en la asistencia del daño, que al quererme persuadía, con divertirme olvidando, no es posible, imaginando que me quiero divertir. Soy tu criado leal, y hados días justamente, que no comes. . . Impaciente, reposo, y como muy mal. Y finalmente, Garcia, confieso, como es verdad, que acreditan tu lealtad, tu cuidado, y tu porfía. Pero si te has de cansar, y solo me has de afligir, los méritos del servir, no crecen con porfiar. Antes juzgado en rigor, si el que cansa no merece, que quieres aquí, parece ofender solo. . Señor, divierte un rato si quiera tu tristeza. . . El alma es quien te respondiera más bien, si en la lengua se pusiera. Pero en estas ocasiones, contra amorosas violencias, consulta con las potencias, y no asiste en las razones. Tan triste, y confuso estoy, que si en mi mano estuviera del mundo la luz postrera, dejara el mundo desde hoy, Sin luz, y yo en mi accidente, entre tinieblas, y horrores, castigara mis errores con no ver eternamente. Un prodigio de crueldad, obstinado en su hermosura, un bronce, una piedra dura, donde puso la impiedad. Un corazón invencible, y con la mayor belleza que engendró naturaleza, un alma desapacible, Que no la puedan mover ruegos, ofertas, ni amores, siendo siempre en sus rigores, firme en solo aborrecer. Válgame Dios! dónde tiene la porestad soberana de tu inclinación tirana la contra hierba? . Conviene, aunque se enoje Beltran divertirle en su cuidado, que es este un tema, en que ando, y en lo quecer le podrán Sus continuos pensamientos. Señor. Un mirar si quiera, en que corazón de fiera hallarán mis sentimientos, Tan rebelde condición, y tan injusta inclemencia? Duélete de tu prudencia, si no de tu estimación, que el juicio, . . Yo os confieso que lo apuran tanto en mí mis penas, que puedo aquí perderlo, pero tras eso, Que me dejaseis querría, po? que vuestra necedad, me estorba en mi soledad sin hacerme compañía. Demás de que no hay error tan torpe, y tan ignorante, como el quejarse delante del que juzga sin amor, Que este en modo de amar, donde es tan corto el sufrir, solo quien supo sentir, sabe también disculpar: dejadme. Qué obedezcamos los que servimos es justo. ̱ Dete el cielo en tu disgusto la quietud que descamos. . Qué me queda más que haces tras de un penoso advertir, más que el dejarme morir, cansado de padecer? Diera por ver reducida esta mujer a mi amor, con mi hacienda, y con mi honor las tres partes de mi vida. Hernando, el que te sirvió, y fue a Flandes ha venido, y leal, y agradecido al pan que en casa comió, dice que te quiere ver. Aunque son muy desiguales tus avisos, y mis males, Dile que entre, que he de hacer si es ingratitud negarme a su buen conocimiento, si pudiera el escarmiento de estas desdichas templarme. Esta mujer no es mortal, y se pudiera morir, claro está; pues el sentir; no puede ser inmortal. Y siendo fuerza el tener fin mi desdicha en mi pena, porque de mí me enajena lo que ha de dejar de ser. Dame tus pies a besar. Muy hombre estás ya. Señor, cada día soy mayor. Así es verdad, claro estás pero vienes muy crecido. En nuestro mortal estambre, lo que adelgaza es la hambre, y da de si lo tejido. Con tres años de soldado, mal pagado, y sin comer, pudiera un hombre crecer, hasta llegar a un tejado; Porque tardasen sus quejas menos en llegar al cielo, que no es tanto desconsuelo verse un lindo sin guedejas, Cercedanas por justicia, como el estar un Cristiano, entre uno, y otro pantano, boquiabierto en la milicia. Porque aunque es verdad, que allí muestra un hombre su buen pecho, bien mirado, que me han hecho los Luteranos a mí? Jesúcristo los crió, y puede por varios modos, si el quiere, acabar con todos más fácilmente que yo. Pónenle sitio a un lugar, y tras de andar a balazos, rompiendo piernas, y brazos, sin dormir, ni descansar, Cuando ya el campo se inclina con el más sangriento estrago al último Santiago; ponenle fuego a una mina, Que viene adara los pies del que enviste confiado, y vuela un pobre soldado hecho Ycaro al rebes. Pues que te obligó a dejar mi casa Hernando? El tener inclinación a saber, solo por no preguntar. Pues que más sabes ahora, que cuando fuiste? Señor, el estimarlo mejor, que esto es siempre lo que ignora el que sediento de fama, y experiencia, no ha llegado a una venta muy mojado, donde no hay lumbre, ni cama, Ausente la luz de Apolo; pues que sitia, y en su rabia, cámina fénix de Arabia en lo único, y lo solo. Tanta experiencia ganada traigo con lo que he pasa do que en el Consejo de Estado pudiera no decir nada. Yo lo creo. . Zacarias, es en mi comparación, mucho menos que un Nerón. Que mal en las penas mías. tendrán tus gracias lugar: Ay Hernando! Qué hay señor? corta todavía amor, tareas de suspirar? Que tan uno en los ardores, que te dejé te he hallado, que pienso que he desdoblado la hoja de tus amores. Yo me acuerdo que algún día me dejiste suspirando, hay como me muero, Hernando, y pudiera la porfía De una voluntad ingrata. mudarte el alma. Qué haré, que es la misma que adoré entonces, la que me mata? Luego tres anos, y más te debe solo un desvelo? Si amigo. . válgame el cielo! dénula redencio estás En el infierno de amor, tres anos siempre a pie quedo? no dura más en Toledo el mejor Corregidor. Tres años treinta y seis meses, más de mil, y tantos días, otro Escurial podías haber hecho, si tuvieses Dinero, piedra, y pinturas: Jesús, y que no te ha dado si quiera un favor prestado. Pudieran mis desventuras parecerlo, si eso fuera con solamente tener, esperanzas de no ser aborrecido, viviera. Si yo, señor, te curara de tu amor, que me dijeras? Ya son estas muchas verás, Hernando, y es cosa ciara, que otros de mayor saber, no han remediado mi mal. La experiencia universal del hombre, tiene poder Sobre toda comezón, y Dios no me nego a mí el poder curarte a ti, aunque en baja ocupación; No has visto al blanco tirar muchos tiradores diestros, que pudieran ser maestros de muchos, y no acertar? Y llegar un torpe, un manco, y poner sin gallardía a tiento la puntería, y dar en medio del blanco? Pues así podré yo ser, que si otros no han acertado, dar puedo, aunque soy cuitado en el blanco del saber. Ahora Hernando, yo no quiero despreciar tu ingenio aquí, sino que uses en ti de tu experiencia primero. Doña Juana de la Cerda, se sirve de una criada, poco menos recatada, honesta, prudente, y cuerda, Y como sepas hacer, que te trate sin rigor, en todo, después mi amor seguirá tu parecer. Y toma, dale por ti este diamante. . Eso no, por ti pienso darle yo, y luego entrará por mí, Sin dadivas, ni porfía, lo mañaso de mi ciencia, que tras de tu diligencia, lucirá mejor la mía; Y claramente verás, que está, aunque estimas, y adora más el daño en que lo ignoras, que el remedio en lo que das. Malo me dicen que está mi dueño. . Irelo a saber, y empezare a manecer por ti y en estando ya, Que si estaré, yo lo fío, desauciado de ser dichoso con tu poder, entraré yo con el mío, Que de la industria Italiana traigo aprendidos secretos, curiosamente perfetos, contra la flaqueza humana. Ven sagárete un vestido. Será porque soy, señor, saca muelas del amor, y a sacártela he venido. Este pequeño presente es de mi amo, Leonor. No me dejará el temor, que lo reciba, aunque intente, No parecer dercortes, que el dueño a quien sirvo yo, no es persona, en quien halló lugar propio el interés. Demás, que me lo ha mandado, y pondré de parte mía, la debida corresía en escuchar el recato. Pero en lo que es recibir el presente, no es razón que exceda mi comisión, si he de acertarla a servir. Don Alónso de Ribera mi señor, conmigo envía ala enferma esta sangría. Con una respuesta hubiera Satisfecho a dos intentos, siantes hubieráis venido, que en otra también despido esos mismos pensamientos, Que aunque ella sabe admitir, agradecer, y estimar, para no obligarse a dar, se funda en no recibir. Y está fundado en razón, que así por ella lo diga, que la que niega, y se obliga, no asegura su intención, Y lo que yo puedo hacer, si en algo os puedo obligar, es solo el desengañar, después del obedecer, Que los papeles que dieron, informar de esto podrán, que aunque los tomé, se están cerrados, como vinieron, Sin que haya sido posible, por ruegos, y persuasiones, que escuche de sus razones lo entendido, y lo apacible. Y decid que digo yo, que mi ama ha recibido la intención que habéis traído; pero los presentes no. Oigan, y cual se han quedado, el uno, y otro aturdido; hombres de tapiz han sido, que núlica dan el recado. A mí me toca el traer, a mi amo el sentimiento. Yo también tras lo que siento es fuerza el obedecer; Pero pudiera excusar vuestro amo el competir con el mío. Eso es decir san que no le puede igualar mi amo, tiene comprado para cuando el Rey le haga título un dosel, y paga lo señor adelantado; Pues viene al amanecer a dormir, que llueva, o truene. Qué importa, si el mío tiene despensero, y botiller, Y comemos a porfía, que se lo dé el Rey, o no? A ese me atengo yo, que ese es Conde de Buendia, y esotro es Marqués de espera, que es señorio, y estado, que está en el viento fundado. Que rineramos quisiera. Par Dios riñamos, por mí. En empezando a rifar les tengo de percollar, doc los dos presentes aquí. Mi opinión, lealtad, y fama acrédito así desde hoy. Lacayo del Turco soy, y recojo la garrama, Y aurán de tener paciencia, si entre los dos reina Marte, que se mudan a otra parte los trastos de la pendencia. Aquí nos han de meter en paz, al campo salgamos a renir. Al campo vamos, que justo será temer el ténganse de la villa, si es campesino el valor. Aún esto será peor: aquí dejé mi salvilla. Y aquí la mía quedó, vuestra desdicha, o la mía, trujo aleún ladrón sangría, la sangre nos igualó. Quien hará ahora creer a nuestros amos, que ha sido verdad lo que ha sucedido. Nadie, y no sé que he de hacer. Yo pienso por excusar su repentino furor, decir, que tomó Leonor lo que truje, y alargar El engaño, que después más fácil será el remedio. Si puede haber algún medio, ese solamente es, Y lo mismo he de decir: mi amo viene. Y el mío. Yremos al desafío? Sobre cual ha de mentir. Qué haces aquí? Mostrar, que en servirte, y agradarte, me cabe a mí tanta parte, como a ti en saber amar. otro presente ha enviado don Alonso de Ribera, tu competidor, que espera lo gravan bien su cuidado Y el mío se recibió, cuando el suyo han despedido, y casi avamos rendido, el descolado, y yo. Dame los brazos, Alberto, y desde hoy, que no eres, digo mi criado, eres mi amigo; pues por ti es mi gusto cierto. Es posible, que yo he sido entre tantos pretendientes, ricos, nobles, y valientes, el solamente escogido. Cuando el juicio perdiera, quedará ya disculpado, no por ser él despreciado don Alonso de Ribera, Sino por la soberana calidad, y estimación, con que don Pedro Girón pretendía a dona Juana. Tres años ha que asistente, vicarro la galantea, sin ver el fin que desea en un favor solamente. Y está tan rendido ya en su amoroso cuidado, que dicen, que retirado, perdiendo el juicio está, Visitarle será bien para solo examinar su desdicha, y su pesar, y para darles también Esta gloria a mis sentidos, que no hay gustos estimados, como el oír los llamados, quejarse a los despedidos. Amantes, ninguno crea, que es en el arte de amar, difícil el engañar al que pretende y desea. La postrera viene a ser lamía. . . Qué hay? Señor, reñir solo por su amor de don Luis mercader. Trujeron otro presente. al tiempo que el tuyo daba a Leonor con quien estaba. su criado, e inpaciente Conmigo quiso reñir, solo porque recibio el mío, y el suyo no. Desde hoy empiezo a vivir Con este nuevo favor; como albricias no has pedido, si soy el favorecido? todo lo que no es mi honor Tedaré, mi ser, mi hacienda, mi vida, y mi voluntad, que en tanta felicidad, no es justo que el mundo entienda Que no estimo el ser dichoso: sihay hombre que enfermo está por ella, y tres años ha que pretende codicioso un favor, y no le alcanza. Será don Pedro Girón. ̱. Aún no tiene en su pasión esperanza de esperanza. El alma ver le procura, de gozo, y contento llena, por ver gloriosa en su pena el triunfo de mi ventura; sigueme. . Contigo voy: fácilmente lo ha creído, y de haberle persuadido, seguro, y contento estoy. Jesús! Como lo he contado pasa, y vengo a parecer fraile, pues fui a recoger de lo que otros han sembrado, Mientras los dos muy valientes defendian la nobleza de sus amos, con destreza agarré los dos presentes. Pardiez que en este vusete asientan las dos salvillas, como un palo en las costillas de un soplón yun alcahuete. Si esta burla se hiciera, Hernando a los que pretenden la misma que yo, y me ofenden, gustosa me pareciera; Pero los pobres criados en que culpa han incurrido? En la que en esto han tenido los confieso disculpados; Pero en aquestos errores los que llevan pagarán por los que envían, y dan, y justos por pecadores. Gente parece que hay fuera: mira quien es. Bravamente te visitan por doliente, y lo estás de la mollera; No hay quien a tu mal no atienda, y así has tenido, y gozado, más visitas que un privado, a quien han dado encomienda. Vive Cristo, que es señor, don Alonso de Ribera, Que eso quitases quisiera. qué es quitar? pague el traidor la culpa del conquistar la fe de tu inclinación: con su misma confusión lo tengo de atormentar. Levantado? Sí señor, y alegre, que esto ha podido el verse favorecido: pase plaza de favor de alguna dama el presente. Aunque yo he sido el postrero en visitaros, no quiero que penséis, que nadie siente vuestros males como yo. Sillas, hola: satisfecho de la merced que me hacéis: bien conozco, aunque tardéis, la lealtad de vuestro pecho. Cómo os sentís? Ya declina el mal. Pregunta traidora. Regalaros por agora, es la mejor medicina. Los favores de las damas son los ensalmos de amar, y curan mucho mejor, que con recipes y dragmas. Ya mira con atención, y a lo zaino; y a lo flojo, echa por un lado el ojo, y está atisbando en harpón. Regalado auréis estado de sangrías. Esta sola fue la receta Española por quien salió de cuidado. Bien se ve, que lo envió; pero yo, que como cuando Por Dios, que se va turbando la purga pienso que obró. No parece que tenéis tampoco entera salud con esta nueva inquietud. Sospechas, que me queréis; poco ha que tuve ahora un disgusto, y no estoy bueno. En salva tomó el veneno por los ojos, Hatraidora: quien recibe para dar, amor tiene; vive Dios, que se quieren bien los dos, y que me lo han de pagar. Parece, que habéis perdido todo el color; ya sabéis cuan seguro me tenéis, si en algo estáis ofendio. El tiempo por mí os dira mi pesar, y mi cuidado. Ya este lleva su recado: sin pulsos pienso que va. De que sirve haber querido darle este disgusto aquí: Si en el que te daba a ti no repara, ni ha querido: que ley, ni razón ordena, en lo justo, ni en lo injusto, que nos quiera dar disgusto, y le excusemos la pena. Padezca, cuerpo de Cristo, él sin duda, y imagino, que doña Juana tomó lo mismo que aoraga visto: que él no debe de sabe lo que pasó del criad, y entre quejoso y turbado, se vadando a Lucifer. Y si este a quejar se fuese a doña Juana? Sería hablar algarabia, sin que nadie lo entendiese; y es intento bien logrado el vengarme a lo entendido de un amante, que ha ofendido, con traer lo mareado. Diste a Leonor el diamantes Sirviome de ejemplo a mí el ver despedir allí la fe, en uno, y otro amante. Visita nueva ha venido; por Dios vivo, que es, señor, el otro competidor. Iten más otro aturdido. Qué quieres? Que este también salga con maza de aquí como perro, Estás en ti Padezcan, que yo se bien, que al cabo de la jornada, al buen don Luis mercader le vendremos a deber en la intención poco, o nada. (do Quién duda, que hauréis culpa- el descuido que he tenido? Hasta ahora no he sabido vuestra enfermedad. Que mado. Sentado os responderé. Pues que os sentéis os suplico. No hay que tratar. No réplico, por no teneros en pie. . Cuando está tan conocida la intención, y satisface por sí poca falta hace la ejecución divertida, Parece que va enojado don Alonio de Ribera: si mi dicha se supiera, mas causa hubiera yo dado, para otro enoje mayor: porque a saber, que yo he sido el solo favorecido, a manos de su dolor pudiera morir. No se, que haya don Alonso aquí tenido causa por mí para enojarse, y podre haceros yo juramento, que no tengo parte yo, si algún disgusto sintio en su pena, y sentimiento. Y vos como estáis: Mejor. Pues es quien quiera envíar una dama a visitar con un presente y favor? puede un manco, y un tullido, sirviéndole de tablilla, lo que está en esta salvilla, decir que milagro ha sido, el pobre del carretón, que junto al Colegió está, pudiera estar dando ya más corbetas que un bridón. Ya mira, y va haciendo el gasto, con la dicha turbación, al pulso del corazón, para todos hay emplasto. Bujerias de buen gusto. De la mano que vinieron, voluntad y alma trujeron. Si no me acaba el disgusto, será milagro. Señor, está tan favorecido el enfermo, que ha podido el recipe de un favor. Cómo traidora, esta es la encarecida opinión de tu esquiva condición, lo que yo te doy a ti, porque te adoro, y te estimo das a un hombre, como ánimo mis potencias, si perdí mi esperanza. Qué tenéis? Pues porque lo preguntáis. Parece que os démudáis? Algún día lo sabréis. También ya con su cóete, chispas arrojando van; ceniza tomado han en el plato del vufete, De aquí sin duda han tomado en la lengua Castellana esto del venir por lana para volver trasquilado. Pe, quédome yo en mi tormento, que si no gustoso fuera trátalos de esa manera. Fía de mi entendimiento que a doña Juana has de ver enamorada, y rendida. De la mitad de mi vida dueño absoluto has de ser, si en un pequeño favor de aquellos hermosos labios se suspenden mis agravios, y se consuela mi amor, Una estatua de oro puro te haré que en el pedestal, diga un letreto inmortal, este es aquel Palinuro Que en el mar de la esperanza fue el primero que sulcó, cuando en pielagos cifró, la humana desconfianza. Con tú modo de obligar, prosigue, y cuando cansado estés de haber obligado, sin poderla granjear, Entraré vizarreando, con mi industria, y mi saber. Y yo Hernando agradecer sabre adviertiendo, y premiando Y a esta comedia fin dando, del Respeto en el ausencia,
