Texto digital

Texto digital de El renegado Zanaga

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Bernardino Rodríguez
Atribución estilometría
No es posible No concluyente
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El renegado Zanaga. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/renegado-zanaga-el.

Logo BICUVE

EL RENEGADO ZANAGA

JORNADA PRIMERA

Entra, y cierra el aposento, Dionisio, que quiero a solas decirte mi pensamiento; O mis desdichas son olas, o mis esperanzas viento. Ya ves mi opinión perdida volando por esas nuves, pues porque sin honra viva, del lugar donde la subes mi fortuna las derriba. Quién te maltrata? Uchalí, pero olvidé su mal trato por el bueno que hay en ti, que como noble nací, no puedo nacer ingrato. Qué falta? . En tu poder nada me puede faltar; Si algo hubieres menester, mándame, amigo, avisar, mandárete proveer. De mi fortuna cruel mil rebeliones allanas; Por Dios, si algo tengo en él, que estimo más esas canas, que la corona de Argel. No se que amor natural me obliga a quererte bien: Grando obligación! Es tal, C que cuanto mis ojos ven que no seas tú, quiero mal. Y esta afición es muy casta, Mi edad la abona, y tu honor: Y cuando en virtud se engasta el rubí ardiente de honor, ni se enturbia, ni se gasta. Es tanta tu honestidad que todo Argel la encarece; Dígalo mi voluntad, que aunque tierna, no agradece amor donde hay liviandad. Por ser tu favorecido un aficionado grave por valedor me ha escogido: Quién es? Zanaga; No sabe ese loco aborrecido, Que cuanto el más porfía, tanto me incita a crueldad? A conquistarte me envía, como si tu voluntad pudiera entrar por la mía. Y me promete mil muertes sino le alcanzo un favor; Ah intentado de mil suertes rendir un fuerte de amor lleno de desdenes fuertes. Aunque confesarte quiero, que ese ladrón bandolero no pudo hallar amorosa astucia más poderosa, que ponerte por tercero; Que aunque aborrezco a Zanaga mas que el infiel a tu fe; como a ti te satisfaga, de mi corazón haré lo que quisieres que haga. Y esto se entiende, no haciendo cosa contra mi opinión: Mil deudas me vas poniendo, pues es mía la afición que por mí estás prometiendo. Y aunque estoy amenazado, siempre te aconsejaré que nunca le des tu lado, que quien mal Cristiano fue, también será mal casado. El Reino de Argel hereda, y por la muerte del Rey hoy con la corona queda: pero quien niega su ley, dudo que guardarla pueda. Y cuando Zanaga fuera, hijo, prenda más amada; si más amada la hubiera; por no te ver mal casada no quiero verte mi nuera. Dame esos brazos leales, Ve Clorinda, a ennoblecerlos, porque mi vejez regales, que me parece que de ellos con prenda de hija sales. ,. qué es esto Clorinda? . Creo que el Renegado Zanaga, ya Rey, hace algún paseo, Dios el mismo mal le haga, en que yo por él me veo. Qué mal padeces por el? Es cuento largo, y extraño, mas a fe de hidalgo, y fiel, que me ha hecho harto daño, pues por él vivo en Argel. Zanaga te cautivó? Salí, amiga, de Cerdeña, donde nací, y el nacio, tras de una hija pequeña que Acen cosario vendió. En cuya demanda anduve diez años sin descansar: Y al fin de ellos? Sol sin nuve; Prendiome un moro en la mar, mira que ventura tuve. A tu padre me vendió, y porque bien me trataba en comprándome murio: En mí te queda una esclava, mándame, y servirte he yo. Ya ese tu enemigo, dile lo que padeces por él: Ya le hablé, y ofendile: No te conoce? . Es cruel, renego, y aborrecile. Una vez sola le vi, y aunque mi sangre le di desconociome el ingrato, por no pagarme un buen trato que en su niñez halló en mí. Eres su deudo? . Serelo si una deuda restituye que tiene usurpada al cielo: quién entra? Mi hermano, huye, Es tarde, amparame, Harelo. No tiene seguridad celoso, y frágil honor, está Real amistad, que para tanto favor no tengo yo calidad. Mil recelos se me ofrecen de la lealtad de mi hermana, que aunque seguros parecen, amor tiene al que se allana cuando otros se ensoberbecen, Por mi honra sufro y callo, pero mucho se ocasiona; todo un vulgo a mosmurarlo cuando se entra una corona por las puertas de un vasallo, Niño es amor, mas que impide, que si un humilde deseo en un gran pecho reside, es la grandeza Eliseo, que al amor nino se mide. Parece que mi señor viene confuso, qué es esto? Qué traes hermaño? Temor, C temor tú, quién te le ha puesto? Quién pudo, un Rey con amor. y Un Rey amante me da entre recelos la muerte: Pues tan poderoso está? Si amor en un flaco es fuerte en un fuerte, que será? Quiere Zanaga comer en tu casa, Pues qué importa? Tal osaste responder? No se más que esto, soy corta; Eres mujer, que es no ser. Tú como libre haces leyes para atreverte con ellas, mas yo te haré rompellas, que no han de tener los Reyes ojos para ver doncellas. Y así, la que serlo quiere, huya la parcialidad, porque deseara si viere, que muere la honestidad de ojo sas veces que muere. tin Que dirá Argel, desleal, de esta liviandad que pasa, pues como si fuera igual, tiene el Rey un pie en tu casa, y otro en el trono Real. Tu fama y honra perdida siento, mi opinión manchada, nuestra nobleza ofendida, que la mujer visitada muy cerca está de vencida. Que fuera estás de mi intento, por lo que debo a mi honor te hago, Uhalí juramento; que tengo a su mucho amor igual aborrecimiento. Que aunque reine, aunque florezca, y aunque de si satisfecho pretenda, y se desvanezca, paréceme que me ha hechó algo porque le aborrezca. No se que tiene este hombre, que naturalmerte huyo de que nadie me le nombre, que su nombre, por ser suyo, basta para que me asombre. Bien puedes tener, señor, satisfacción de tu hermana: Ya viene tu pretensor con la corona Africana, digna de otro sucesor. Volveos todos; a tu mesa hoy quiero comer contigo: Extraña llaneza es esa; Tengo a Uchalí por amigo, Por ser mi hermano me pesa: Aguámanos a su Alteza, ola esclavos, S Yo la traeré. Aún no es tarde: Qué haga un Rey tal bajeza? Alá te guarde. El agua te daré yo, Para arasarme podrás, que aunque Alá te levantó como nuve, en cosas mías, llueves fuego; y agua no. Por no haber a mano quien traiga el agua, la he traido; ya mis tristes ojos ven el ingrato aborrecido que algún tiempo quise bien. Muestra aguamanil, y fuente; Mi escándalo, y alboroto otra vez tengo presente, aunque aquel vestido roto me lo muestra diferente. Qué es esto? imaginación este milagro me enseña: Que te ha dado alteración, Memorias son de Cerdeña, Y olvido de tu traición. En aquel semblante grave hay un misterio escondido, que en el alma no me cabe; Lávate; si eres servido, Tú mismo esclavo me lave. Por poder mirarle bien, quiero que manos esclavas el aguámanos me den: Ya que las manos te lavas, le lávate elma también. En todo parece a él, confusión es, no pequeña: Limpia el alma Rey infiel, que la lavaste en Cerdeña, y la manchaste en Argel. Y pues que ya participo de la infamia que me das, y a servirte me anticipo, tú mi Alejandro serás, y yo seré tu Filipo. Doite el agua por mi mano, aunque el respeto me pierdas, ante Cristo Juliano, a ver si en ella te acuerdas de la que te hizo Cristiano. Por tu causa estoy ansí, y aunque entre enemigos vivo, por lo que fuiste, y yo fui, mas que el verme a mi cautivo, siento el verte Rey a ti, Que aunque es nombre soberano el que el Rey nos representa, si es con título Cristiano, toda una nación afrenta la corona de un tirano. Tu Rey, que virtud te alaba desde el imperio a la cuna, vida ribre, sangre esclava, mas es ciega la fortuna, y no vio a quien coronaba, Lleno de congoja estás por las quejas que te doy, mas estas te debo, y más, y no te digo quien soy, que ya me conocerás. Pero si no representas dentro en la memoria aleve tragedias mías sangrientas, mira estas canas de nieve, negras ya por tus afrentas. Míralas, y si eres peña, no te enternezca el mirarlas, a más crueldades te enseña, que en Argel podrá negarlas quien las afrentó en Cerdeña. A cruel, que confusión me ha puesto, el ver que te de corona sin ocasión, pero yo seré Moisén, pues fuiste tu Faraón. Yo arrojaré por el suelo la corona mal debida que se atreve contra el cielo. Moros quitade la vida; Qué haré, consentirelo? Dame el amor paternal voces, que no lo consienta: que un Rey de Argel sufra tal? mas yo vengaré su afrenta como vasallo leal. Poneldo en un fuego vivo, No hermano, Quita de ahí: Si defiendo este cautivo, doy mala cuenta de mí adonde un reino recibo. Auré de disimular: Aprisionaldle, y mañana vivo le haréis quemar: Rey Zanaga, Soberana Virgen, que de vuestro altar, mil veces habéis faltado, si acaso serviros supe, acordaos que os he llamado, Señorá de Guadalupe. Voy confiado. Qué triste quedas por él Clorinda ingrata; Es el hombre a quien más quiero en Argel. Pues matarele en tu nombre por vengarme de ti en él. Y a fuerza de mis desdenes despertaré mi crueldad entre aquellas blancas sienes, a quien mayor amidad i debo, y por mayores bienes. DROIOM Al arma tocan; Si esperas, al Español descuidado, presto verás las riberas de Argel (nunca conguistadas) muy llenas de sus banderas. De Milan llegó una espía, y dice, que el Quinto Carlos brama contra Berbería: Vengan, y saldré a matarlos, sepa Argel mi valentía. Muchas naciones embarca con albóroto cruel; En mi hallarán su parca, que no ha de volver de Argel a España sola una barca. Que tan gran pesar me haga esta nación Española, y que yo no la deshaga? toquen un parche al arma, hola, viva el vencedor Zanaga. No soy de parecer, que intente España pasar a Argel en esta coyuntura, que es indiscreta y mal segura hazaña, aunque algún mal consejo lo asegura: Bárbara es la nación, la tierra extraña, contrario el tiempo, incierta la ventura, la Africana conquista se dilate, pues la imprudencia, y no el poder, combate. No quiera Dios que Genovesas velas naveguen más de Argel las olas, cuando las galeazas Españolas. rompen en Cartajena varias telas: pues de mi patria son, defenderelas, que quien pretende que se arriesguen solas, cuando el invierno a nuestras puertas llama, envidia tiene a la gloriosa fama. Cuando Milan con triunfo soberano, recibe a Carlos, vencedor famoso, vais a sus esperanzas a la mano, haciendo entonces su valor dudoso; que infamia militar le tiene llano, hallaisle ahora menos poderoso, menos soldado, menos arrogante, Argel se gané, y África se espante. Parta la for de Castilla, y tema a su Capitán Argel, que para rendilla soy don Diego de Guzman, a quien llaman Maravilla. De vuestra gran valentía tiene confianza el mundo: Pues gánese Berbería por el Quinto sin segundo, cuya afición se nos fía. No hay más d gañarla luego? Pues hay más dificultad de entrarla a sangre, y a fuego, Presto os resolvéis: Mirad que sois muy mozo don Diego. Son bravezas Castellanas: Siempre halló el emperador en mis colores Cristianas para la guerra valor, y para el consejo canas. Sangre de Guzmanes gozo, que aunque no he visto en espejo más canas que un tierno gozo, se aconsejar como viejo, y pelear como mozo. Y también a mí me llama el peligro, a deshacer al enemigó, o mi fama. que no doy mi parcer para quedarme en la cama. Sea, o no temeridad, que cuando más se desmande fortuna; y su adversidad, mas quiero un peligro grande, que una gran seguridad. Nadie arrojado me llame; el que quisiere ventura, solo los peligros ame, pues en la vida segura se cría la sangre infame. Bien dice do Diego. . Bien; Pues, si digo bien oíd, seré, si en Argel me ven, en Egipto otro Moisén, y en Terevinto David. El recibimiento llega de la persona Real: Deja a Milán, y navega; Carlos, que árgel hará mal, si en viéndote no se entriega. A vuestro recebimiento muy agradecido estoy: 1. Vence tu merecimiento a todo . A fe de quien soy que os debo agradecimiento. Pero pagároslo he, cuando los Afrícanos ginetes, que ahora me están mofando, descubran mis gallardetes en sus manos tremolando. Cuando la justa osadía de la Católica España, regalada patria mía, a África venza en campaña, aunque le ayude Turquía. Cuando la morisca adarga, y la Espáñola rodela cumpla mi esperanza larga, de quien Argel se recela, y de quie mi honor se encarga. Cuando restituya vivos vuestros hijos Italianos entre bárbaros cautivos: 2. Su vida pon en tus manos Argel . 3. Tus ojos altivos Vuelve a las muchas afrentas que nuestra Corte recibe, solo con que tú lo sientas: 4. Vence Italia, y Milan vive, Muy justo coraje aumentas. Aquí quiero aposentarme; dejadme aquí Senadores aficionados a honrarme, que yo os haré vencedores; si el cielo quiere ayudarme. Oh capitanes famosos, por quien yo vivo, y por quien son mis hechos valerosos: cómo os va en Italia? Bien, os. No es mal, si no hay envidio- No os amedienten traidores, que como grandes soldados, aunque a todos superiores, igualmente sois amados con mejorados favores. Ya sabéis mi pretensión, en Argel nos llaman, vamos a Argel, que mi corazón me asegura, pues llevamos gente, y buen tiempo, y razón. Bien se que hay en mi consejo quien la empresa contradiga, mas aunque soldado viejo, no hace lo que el mundo dice, si lo que comienzo dejo. No puedo sufrir qué Argel esté de esclavos poblado, llegue mi fortuna a él, vengaré como soldado lo que siento como fiel. Ese sentimiento tierno no es bien que tu pecho siembre amor, cuando en curso tierno abre las puertas Setiembre a las lluvias del invierno. Sola la la inconmodidad del tiempo, nos pone espanto: Bien conozco esa verdad, mas como intereso tanto, O no hallo dificultad. En favor de la agraviada guente que tiene el vautismo, en Argel aherrojada, me he de vencer a mí mismo, que he temido esta jornada. Que no hay que temer, señor del mundo, partan tus velas, que en muchos casos de honor, aunque como hombre recelas, ganas como vencedor. Vence, vence, no dilates lo que tienes tan seguro, que no darás dos combates, cuando el coronado moro derribes, y desbarates. Habláis como caballero, Marqués, pero aunque estas canas son en el sufrido acero, no espero enfuerzas humanas, solo en Dios, que es fuerte, espero. Todos ponemos en él nuestra confianza; parte a la inexpugnable Argel, que prometo acompañarte contra fortuna cruel. Y por este templo santo, cuyos sagrados altares honran, por tu ejemplo tanto, de henchir d sangre esos mares desde Bermejo a Lepanto. Yo con todas mis galeras quiero aventurar mi vida, en cuanto emplearme quieras; Humíllate Argel rendida, Guerra, España, las banderas. Tocan en el coro? Oh señor, antes no hay clerigo en silía. Veis que música sonó, si no canta la capilla, voces oigo, quién cantó? olo A la Virgen sagrada de Guadalupe los Ángeles cantan cubiertos de nuves. Sale de su casa, cuando el Sol descubre los alegres rayos vestidos de lumbre. En Argel visitan sus ojos azules, miserables presos, que a llamarla acuden, Sus prisiones rompe, y a sus patrias dulces por sus manos mismas libres los conduce. Los Ángeles cantan cubiertos de nunes. h. Milagro es este, o sagrada Virgen; dentro en Guadalupe, de toda España adorada: En tu alabanza se ocupe; Virgen, mi lengua turbada. Dentro en Argel te llame; y cuando mi voz oiste, agradecida a mi fe, dulce libertadue diste, porque alabanzas te dé. Hasta Milan me has traido, y ya me dejas en él; espera Norte vestido. del Sol tímido en Argel por los hierros que has rompido. Espera María llena de virtudes, casto ejemplo, dulce alivio de mi pena; iré a tu sagrado Templo a colgar esta cadena. Dichoso cautivo, creo que es tu virtud señalada, pues tan honrado te veo: Cuanto más huyes, sagrada imagen, mas te deseo. Cómo tam presto has cubierto el soberano semblante, luz de España, alivio cierto al triste, y al navegante, quieto; y seguro puerto. Como si vienes de Argel no me dices lo que pasa, el gremio Cristiano en él, pues dejó mi patria, y casa por tu servicio, y por él. Mas si no ataja la muerte el camino a mi valor, en ti espero, Judich fuerte, que he de volver vencedor, de Argel a tu casa a verte. Esto hace cada día La Virgen: Alto a embarcar contra Argel mi compañía, y al arma, que he de quitar este cuidado a María. Hoy vuestro oficio recibo, Virgen santa, en cuanto pueda, y de ser vuestro me privo, si en la gran África queda solo un Cristiano cautivo. Tu suerte ha sido notoria; tu ventura al mundo, cuenta la relación de esta historia, y en mi casa te aposenta envidioso de tu gloria. Grande Emperador de España, en cuyos hombros la Iglesia, como en seguro pilastro sus edificios sustenta. Vencedor famoso en Túnez, de las Alarbes banderas, y de Celín Soliman temido junto a Viena. Si quieres saber mis males, que en bienes divinos trueca la Virgen de Guadalupe, que el cielo llama su Reina. Presta a mis breves discursos las imperiales orejas que partes tiene mi historia para que quieras saberlas. Yo nací de padres nobles en la isla de Cerdeña; case en llegando a treinta años, que de industria llegué a treinta. De este triste matrimonio, diome mi esposa dos prendas, entrambas entonces dulces, mas no entrambas ospués buenas Un hijo hermoso fue el uno, la otra una hija bella; pero nació sin ventura, que es censo de la belleza. Murio de parto su madre, de la perdida Isabela, cuado ya su hermano ingrato, de diez y seis años era. Salio temerario al cielo, aborrecible a la tierra, a sus deudos afrentosa, y escandaloso a Cerdeña. No inventó vicio el infierno que no supo de experiencia, que el mucho amor en los hijos, es ojo que los enferma. Y castigándole un día, vino a ser su inobediencia tal, que en mis canas humildes puso sus manos soberbias. Huyó de mi casa entonces, y con una bandolera cuadrilla, de monte en monte, y alborotando la tierra, Determinose una noche, y quebrantando mis puertas, con dos, otres de los suyos, y otras tantas escopetas. A mi pequeñuela infanta tiranamente me llevan, que entre los brazos del ama lloraba a voces su afrenta. Dio con ella en un havio, y dando al viento las hvelas, a un cosario Berberisco, por diez marcos se la feria. Vendiola al fin, supe el caso; y cual la amorosa cierva, que halló menos su hijuelo, anímeme, y fui tras ella Muchas provincias del mundo, nunca de mi descubiertas: conocí en esta ocasión que soy Colón de miserias. Peregrine nueve años, hasta que di en las riberas de Argel, donde me prendiero dos cosarias caravelas. Entré en la ciudad a tiempo que se hacían grandes fiestas por honra de un renegado, que horan mucho a quie reniega. Llegué a la plaza enemiga, cuando vide entrar por ella cuatro, o seis cuadrillas moras galopeando las yeguas. Entra el Rey en un caballo, que al ruido de las hyeguas, por volar hurtaba el aire por las narices abiertas. Mírele con sobresalto, porque a su mano derecha me pareció ver un hombre, que parecía en muchas senas. Barba rubia, el pelo erizo, aderezado de tela azul, al uso Africano, lleno de laurel, y perlas. Y el moro que me llevaba, díjome: de esta manera honra el Rey a un renegado que vino aquí de Cerdena. Apenas me dijo el moro estas palabras postreras, cuando conocí a mi hijo, hallado en tan larga ausencia; Considere la ocasión, y faltándome la fuerza, cay desmayado al suelo, que puede mucho una pena. Y volviendo del desmayo, en una sala, cubierta de ricos doseles de oro, me halle rico de afrentas. Vi sentado al Rey, cenando con la morisca nobleza, sobre alfombras y cogines, donde los moros se asientan. Cuando mi enemigo hijo, que ufano estaba a la mesa, alzó los ojos, mirome, y a la luz de mucha cera; Aunque en hábito cautivo; si el hábito diferencia, conoció a su padre triste, por eso su inobediencia. Hízome llamar, mándome que yo le sirva a la mesa, y para que me maltrate; a Uchalí moro me entrega. Las mesas se levantaron, y el Rey manda que obedezcan como a Príncipe de Argel aquel mozo de Cerdeña. Hízole llamar Zanaga, que de este hombre se precian los señores Africanos que Reino, o provincia heredan. Murió el Rey, heredó el reino, y el tiempo dio tales vueltas, que dándole yo aguamanos, casi le dije quien era. Y con un celo Cristiano le quité de la cabeza aquella infame corona, tirana contra la Iglesia. Condenáronme a quemar, y ardiendo ya la hoguera, rogaba por mí, sin fruto, una morisca doncella. Era hermana del Alcaide, tan hermosa como bella, que por ya amarme su padre, la amén, como si lo fuera. Encoméndeme a la Virgen de Guadasupe, y llamela, rompió la prisión, librome, y trújome a tu presencia. Esta es gran Carlos de España, la lastimosa tragedia, que en mis funerales triunfos la fortuna representa. De tu historia prodigiosa me queda el alma admirada; Es peregrina, y llorosa; Ya deseo esta jornada; Ya gran Carlos es forzosa. Pártase el poder de España a la infiel Argel ganada ya por tu ventura extraña, y viva la Fe sagrada que tu vircud acompaña. Y aquel moro renegado, vuelva, por tu causa; a ser amigo reconciliado de Cristo: cuyo poder vive ahora descuidado. Que yo hago juramento por la Cruz de Santiago, que me sirve de ornamento, y por el voto que hago dentro en Velez su convento, De no desceñir la espada, hasta verle reducido, y la ingrata Argel ganada: Por quién soy, que estoy corrido, Iglesia, Esposa sagrada De Cristo, de que un blasfemo vuestros Sacramentos niegue; naveguesera nadie temo, y a los muros de Argel llegue nuestra flora a vela y remo. Que yo vengaré la afrenta que os hacen vuestros extraños, que en servuestra está a mi cuenta: Mi hora pongo en tus manos, En mi nave te aposenta, Que conmigo has de volver a esta guerra, porque veas lo que por ti puedo hacer: Honradamente me empleas, téngote de obedecer, Que yo también deseaba dar la vuelta a Berbería, donde una prenda dejaba, por mi ventura hija mía, y por su desdicha esclava. Es la que al moro vendió tu hijo . La misma: Nunca la hallaste? . No: Estas desdichas, Marqués, sentilas, cual propias, yo. Con el mismo sentimiento estamos todos, señor, Próspero te espera el viento, parte, y vénguese el honor de Dios, que va en rompimiento. Que yo con las Sicilianas galeras que rijo, y mando, rompere esas ondas canas. Oh buen Virrey do Fernando, Sihoy navegas, a Argelganas. Mil naciones te obedecen llenas de galas, y bríos, cien virtudes te ennoblecen, ciento y cincuenta navios de España, te favorecen. Y traen por Capitán aquel famoso Toledo, a cuyo brío galán, nunca tributario al miedo, grandes alabanzas dan. Y pienso en regirlas él, que en ventura de tal hombre están ya a vista de Argel: Madre Iglesia, en uio nombre hoy se embarca el campo fiel. Así del pensamiento que te empleas goces, Leonardo, y de tan larga pena la libertad alcances que deseas, sin atender a voluntad ajena: así los ojos de tu esposa veas, y en plaza natural de amigos veas, y te acredites con la adarga y caña, y ya en la guerra por tu madre España. Que me digas que ha hecho la fortuna de aquellas graves venerables canas, ya perseguidas sin justicia alguna, con obras y palabras inhumanas, que por la Berberisca media Luna, te mida en las banderas Afridanas, que he sentido su ausencia de manera, que no sintiera más si padre fuera. Adonde fue, ques del Leonardo mío, quesde Dionisio el viejo de Cerdeña, si sabes del aclárate conmigo, y aquella noble gravedad me enseña: Es un suceso extraño, y si lo digo, de un monte en otro, y de una en otra peña, no habrá lugar vacio que no ocupe, desde Argel la cruel, a Guadalupe. Que esperas, si pretendes por ventura ahogar mi paciencia en tu tardanza: Quierome confiar de tu cordura, Di ya, si de ella haces confianza: Tiene una santa casa Extremadura, remedio solo, y única esperanza de cuantos tristes la fortuna enoja, por una nueva Ester que allí se aloja. Esta Reina magnifica no trata, si no de remediar preciosas penas, y aunque la alumbran lamparas de plata, las deja, y gusta de rastrar cadenas: su fama estiende, y su poder dilata desde el puerto de Argel, y sus arenas, donde se ve piadosa cada día, hasta lo más distante de Turquía. Esta llamó Dionisio en su defensa, cuando por la corona derribada, que condenó Uhalí por grande ofensa, estaba la hoguera aderezada: y ella mostrando su clemencia inmensa, en una nuve, como el Sol dorada, al calabozo se descubre bella, y a tu Dionisio se arrebata en ella. Cubriose la santísima Extremeña, y honrando el aire, que la hizo salva, debió de ver los muros de Cerdeña. que en Argel nos despertaba el alma: rompe Clorinda el corazón de pepeña y adora aquella que los tristes salva, que este es el caso sucedido al vivo del dichoso Dionisio tu cautivo. Tanta admiración me que casi no se de mí; Por ese semblante honesto, Clorinda bella, que vi por mis ojos todo aquesto. Deseo me da de ver esa mujer poderosa; Es del cielo su poder Qué es esto? Argel temerosa, ahora lo echas de ver? Suénase que España intenta ganar a Argel, cuyas naves su mar de miedo aposenta, honrada con hombres graves, diestros en cualquiera afrenta. Casi gusto de esa fama por ver hombres Españoles: Martes el Gentil los llama, el noble, discretos soles, pero leones la fama. Qué traje visten? Galán, no como el de Berbería, que por do quiera que van parecen hijos del día, y que ellos la luz le dan. Venid, venid a consejo vasallos, que a la Real persona servís de espejo, que soy vuestro general, abrid, que yo no soy viejo. Hácese el consejo aquí? Quiérelo el Rey, y obedezco que imagino que por ti me da lo que no merezco: El Rey os busca Uhalí. Ya que la Real corona honra mi cabeza sacra, y en los Afrícanos muros pongo escudos de mis armas. Desde Genona a Sicilia truje, y ganaron de Italia; por las marítimas costas, famosas por mis hazañas. Hasta la fértil Venecia, mil años ha tributaria, a la gran Argel un tiempo se llamó Julia Cesarea, Suene mi famoso nombre, y en los hombros de la fama lleven mis altas proezas a las galeras de España. Zanaga soy el soberbio, mas temido por mi espada, que el fiero mar por sus rocas, y Atila por sus desgracias. Yo soy aquel, en Cerdeña, escandaloso a mi patria, y en la gran Argel ahora Rey de la gente Africana, Soy él mercader, que un tiempo a las galeras cosarias vendí mi hidalga sangre, si siendo mía es hidalga. Guerra prometo a los hombres, remos al mar, y a sus aguas, incendios a las ciudades, trabucos a las murallas. Prometí a la Iglesia un tiempo mi nombre, ya mi contraria, agravios, ingratitudes, que de tal hijo tal paga. Blasfemias prometo al cielo, y a mis fuertes manos santas, por la virtud de un reniego prometo sangre Cristiana, A mi vencedor alfanje mil Católicas gargantas, que contra Mahoma ahora forman bien vuestras palabras. Suenen mis pífanos roncos, y al ruido de las cajas, las ya turbadas entenas del gran Carlos Quinto caigan. No piense que llega a Túnez, ni que en Viena le aguarda el Rey único del mundo que le volvió las espaldas. Un noble soy de Cerdeña tan venturoso en las armas, que voy pisando coronas, y no me precio de alzarlas. Bárbarroja me conoce, el dirá quien es Zanaga, si el crédito de un vencido para acreditarme basta. Perdonad Clorinda hermosa, si alboroto vuestra casa, que como el amor es niño enmudece entre las armas. He sabido que me buscan no se que velas de España, y por anegarlas, trueca la terneza en amenazas. Pero no os pese que lleguen que como del puerto salgan, yo pondré en vuestro servicio cuantas cruces tiene malta. Que poco obligan promesas en un alma que te desama; tiene buen talle, y le quiero como el fuego quiere al agua. Nuevo, y valeroso Rey, que por el cielo levantas las grandezas de tu nombre, tus hijas, ha de tu espada. Tú que en Cerdeña naciste, de cuyas leyes Cristianas, por lo de Árgel verdadera, dichosamente te apartas. Lleno miro el mar de velas, y deben de ser de España, que en las turbadas banderas, casi conozco las armas. Por el mar corre tormenta, y una furiosa borrasca de truenos, lluvias, y vientos las esconde sierras de agua. No pueden llegar al puerto, que las olas alteradas las cascadas naves rompe, y del muelle las aparta. Salgan de Argel tus ginetes, a tus Genizaros llama, que al salir del mar se pierden, si el viento quiere que salgan. Muera España, y Argel viva, y tu fortuna contraria, a sus naves y galeras, de qué sirve atormentarlas? Hoy he menester tu ayuda, déjalas llegar, y batan el puerto de Argel sus remos, que seguro las aguarda. Que no hauran llegado apenas, cuando nadaran sus jarcias, rotas, a poder de tiros, por las costas africanas. Yo solo basto fortuna, venga España, y mil Españas, que yo seré su tormenta, si tú en tanto su bonanza. En ser mi casa el estrado de tu consejo de guerra, crédito y valor me has dado: Huyo de hacerlo en la calle, y así tu casa he buscado. Pero recogete en tanto que tomo resolución, que aunque me llamen espanto me ablandará el corazón, mujer a quien quiero tanto. Con que gusto me despido; Volvérete presto a ver? Vuelve, como seas vencido: Ay adorada mujer, Ay Bárbaro aborrecido. Vosotros, pues de famosos tenéis crédito en Argel, mostrad esos valerosos brazos, haciendo por el hechos al mundo espantosos. Tiemble el mundo, y no repares en extranjeros poderes, y abrazarás mis averes, si por mi brazo no vieres rojos con sangre esos mares. Un campo tienes en mí; a ellos Rey Africano, que soy el bravo Uhalí, hombre inmortal, rayo umano, que contra España nací. Dónde vas España loca, con qué esperanza te atreves? ven, ven, y de roca en roca, si tercios de alfanjes beves, llega a Argel, y abre la boca, que aquí te pondremos, de sangre, y crueldades franca, aunque traigas a esta empresa ni de Malta la Cruz blanca, ni la roja Piamontesa. Que prensan estos leones, que no nos dejan seguros, si tremolamos pendones, nosotros en fuertes muros, y ellos en flacos bridones? Busquennos de rabia llenos Italia, y las dos Castillas, que aunque nos tiene en menos, no hemos de sacar cuadrillas de canas, si no de truenos. Esta empresa te promete, Zanaga, victorias altas, y ninguir temor te inquiete, que Santiagos, y Maltas, a un alfanje huyen siete. Y yo, cuando no tuvieras muchos Capitanes bravos, te entregare, cuando quieras, de en diez en diez los esclavos. de seis en seis las banderas. Oh valor de África, creo que me haces vencedor, que en fin, a ese buen deseo llevas la vela de honor, como al batel la de anjeo. Acuda Zulema al muro como mi Alferez, y en él, de traza que esté seguro: Hasta morir por Argel, hacer ese oficio juro. Dragut, con diez compañías de Genizaros, defienda las costas de Argel, y mías: En lo que se me encomienda velaré noches, y días, Y pondré de diez en diez las postas por esa vega: Mahomar se parta a Fez, a ver si el socorro llega, y ha prometido otra vez. Todos partid: Y yo no? Tú quedas por más amigo: Peligros quiero; Murio cualquier peligro e nmigo, mi valor lo sentenció. Tengo que comunicarte un negocio, que me importa la vida, y has de quedarte; En todo a tu gusto corta, Eres leal; oye a parte. Ya sabes que es Rey amor en el mundó universal, cuyo divino valor hace acogimiento igual al Rey, como al labrador. Tres años ha que padezco por una ingrata Africana, y aunque la vida le ofrezco, ver abierta su ventura, es favor que no merezco. Acábame su desdén, y en esta guerra Imperial, que ya nuestros muros ven, mientras me tratare mal, temó que me vaya bien. Y así estoy determinado a tomallla por mujer: Pues merecelo su estado? Es mi gusto, y basta ser hija de un vasallo honrado, Y quién es ella? Tu hermana es la que Zanaga adora; y si a quererme se allana, pienso hacerla poseedora de la Corona Africana. Este es mi gusto: Levantas. por el cielo mi humildad: Quiero bien, de que te espantas? De ver tanta calidad sujeta a humildades tantas. Pero tus pies Imperiales beso, y el deudo agradezco, aunque tuve deudos tales, que lo que yo desmerezo merecieron por leales. Cuando mandas, que en efecto se haga tu justo intento; Hoy ha de ser con secreto, Hoy se hará el casamiento, Hoy encumbrarte prometo. Deben de desembarcar los de España, voy al muro: A qué? . Para ver llegar al vencedor en Viena, que hoy vencido me ha de honrar. De tu victoria no dudes, sal a triunfar, y vencer, de todo temor desnudo; que Zanaga ha de poder lo que Soliman no pudo. Vamos al muro: Antes quiero que hables en tanto a tu hermana, que hoy en palacio la espero: ea muralla Africana mostradme ese sol guerrero. Hoy pusiera mi opinión sobre la rueda segura, si venciera esta ventura tras más cierta relación. Tener un Rey por pariente, bien veo que es calidad, mas es Reina la verdad, y esclavo el hombre que miente. Y no es bien que al interes un pecho noble se rinda, que el Rey piensa, que Clorinda es mi hermana, y no lo es. Porque en el mar Africano, famoso en naves, y en nombre, la compró mi padre a un hombre, que era su carnal hermano. Tres años solos había; cuando la compró, llámola Clorinda el viejo, y criole en la ley de Berbería, Y vive en ella hasta ahora con opinión Africana: piensa engañada, que es mora. Y si el Rey se desengaña de esta encubierta mentira; en mi vengará la ira concibida contra España. Mas si pierdo la privanza, no será razón perderla, case Zanaga con ella, reine, y viva mi esperanza. Que si el cosario Real me encumbra al cielo casado, un Rey quiero, al fin cuñado, sucédame bien, o mal. Cualquier culpa se perdona por la ambición de reinar; a Clorinda voy a hablar, que si es cuerda, hoy se corona.

JORNADA SEGUNDA

acto segundo Aunque a pesar de la fortuna, piso en Argel la arena deseada; brote Leoneses la pujante armada contra la Berberisca media luna: salten de la marítima laguna, y planten en Argel la cruz sagrada, que a fe de Rey, y a ley de buen Cristiano, que ha de adorarla el bárbaro Africano. Dios infinito, que por tantos mares, entretantos naufragios me has traido a la Africana Argel, donde ofendido oyes blasfemias contra tus altares, si como a tu soldado me ayudares, pues por conquistador me has elegido de esta canalla, yo pondré tus fieles en libertad de dueños tan crueles. Salgan de las galeras Genovesas osta enemiga mis soldados, y en los muros de Argel, mal pertrechados, gritando España, planten sus empresas: disparen tiros, y con balas gruesas mueran los enemigos ya cercados, y viva España, y Genoba, victoria galeras, siempre fieles, de Andrea Doria. Aunque les llegue el agua a la cintura dejen desiertas las cascadas naves, y pisen tierra los soldados graves, nobles por su valor y su ventura: no se pierda tan buena conyuntura, que hoy nos entregan en Argel las llaves, si tan buena ocasión no se dilata, España cierra, el muro se combata. Toquen en mis galeras Sicilianas dulces clarines, y dulzainas claras, y sacrifiquen en honrosas aras sangre los mozos, y los viejos canas: estas son las murallas Africanas, que a mil fieles naciones cuestan caras; caigan al suelo, y viva el santo nombre de Cristo, verdadero Dios y hombre. Con grampriesa desembarcan la gente humilde, y la grave: Viva el invicto Monarca Carlos Quinto; Cualquiera nave eche su gente en la barca. Que aunque la mar importuna, mas que otras veces cruel, haga resistencia alguna, tengo de ser en Argel vencedor de la fortuna. No importa que se levante en furia tan trasordinaria, que cuando de aquí adelante ella me persiga varia, yo la sufrite constante. Magnánimo vencedor del mundo, ya que del mar, a pesar de su rigor, hemos podido tomar tierra tan rica de honor. Désele a Argel el asalto, no esperemos a más tarde; plante el campo, hagamos alto, que el enemigo es cobarde cogido de sobresalto. Este consejo recibe, gran Carlos, de un gran soldado, que en servicio tuyo vive, que el que es flaco descuidado, es bravo, si se apercibe. Brotando están tus galeras, tiros, caballos, gineres, armas dobles, y ligeras, y más que ellos, gallardetes, tiene tu campo banderas. Grande es tu poder, anima tugente, que es brava, y fiel, y para ponerles grima, caiga en los perros de Argel toda la muralla encima. Esperad gente Cristiana; por quien yo soy vencedor, que aunque esa verdad es llana, quien hoy tuviere valor, también le tendrá mañana. Lo que aconsejáis es cierto, pero esperar determino la fortuna en cambo abierto, hasta que don Bernardino de Mendoza llegue al puerto. A mal acuerdo te inclinas, Quién es la fortuna sabes, Espero fuerzas divinas en ciento y cincuenta naves Flamencas, y Vizcainas. Donde viene la nobleza de España, que es lo que importa; y más, que traen por cabeza al gran Toledo, que corta de un golpe una fortaleza. Pues si me animo a esta hazaña a quel Reino, donde Marte, como cobarde se extraña, quiero que alcance su parte de esta mi ventura extraña. Venga el famoso Toledo, llegue el Mendoza invencible, que solo con ellos puedo facilitar lo imposible, y hacer tributario al miedo. Si volviere la ocasión a tu campo las espaldas, no te espantes gran león de España, que las guirnaldas para las prestezas son. Sin que otra gente viniese, fuera bien provar ventura, y que Argel se combatiese; mas pues tanto se asegura sola España, España empiece. Y quiera Dios, que esperarla no sea total remedio de esta morisca canalla, que un hora de tiempo en medio hace incierta una batalla. En el muro ha hecho seña un trompeta: deben de pedir seguro; Por Mahoma gran profeta, y pues hoy por él lo juro, Que yo solo, y sin más gente he de levantar de Argel este cerco impertinente: cuál es Carlos? . Es aque za más temor mostraba ausente. Aunque cuando le temía, era cuando de Clorinda menos crédito tenía; qué dice? Aurá a quien no rinda, Zanaga, tu gallardía. Solo a sus ojos, Mirarlos puedes como tuyos ya; Mejor dirás adorarlos; será mi esposa? . Será; Basta, volvamos a Carlos. No es aquel viejo cansado, que arrimado a su bastón está de verme admirado: Dos moros gallardos son; Este puede ser soldado? A este volvió Soliman las espaldas en Viena? este es el gran Capitán? miente la fama, y empeña el crédito que le dan. Pienso con mi propia mano sujetarle a mi prisión: Túnez le tiene tan vano, que como al bravo Cipión le llaman, el Africano. Pero yo le conocí en aquella guerra, adonde a Bárbarroja serví, y creo que corresponde la obra al credito; Ansí. Tú por dicha lo temías por tal, y aunque no sea tanta su virtud, le temblarías, porque un cobarde se espanta de muy pocas valentías. Haz con un pañuelo seña, que quiero hablarle, y verás que pechos cria Cerdeña; No pienso enojarte más, Tienes culpa, y no pequeña. Llámamnos del muro, envía, quizá rendirse querrán; Lleve una embajada mía don Diego, que de Guzman cualquier empresa se fía. Y sepa de ellos que intento tienen en todo, y quien son; El cargo honroso consiento; Saltos me da el corazón, después que he mirado atento Aquel bonete gallardo, que en la muralla campea: Llegad, llegad, que os aguardo, leoncillos de ruin ralea; temerosos de un león pardo. El que es legítimo Godo, si ya no está temeroso, por tu esclavo le acomodo: No soy de Clorinda esposo? Si eres, Pues poco es todo: Asegura el muro; Llega, que mi palabra te guarda: eres de esa gente ciega, que a verter sangre bastarda ajenos mares navega? Soy de la familia y casa del Rey del mundo: Quién eres? El rayo común; que abrasa ciudades de tres en tres, cuando por África pasa. Carlos me sienta a la mesa de Estado, mira quien soy: Tanta calidad es esa? Tanta, que por ella estoy en las nuves; . No me pesa. Que si el resto de su honor tengo en la guerra ganado; pues da vuestro emperador calidad a su criado, dárala a su vencedor. Y ese quién es? Yo he de ser: Cómo te llamas? Zanaga Rey de Argel, y su poder; Cuando vencedor te haga fortuna, es flaca mujer. Pero aquellas nuves mira, de armas y soldados llenas, cuya multitud admira, que cubriendo tus arenas, disparan centellas de ira. Mira aquella infantería, siempre enseñada a triunfar, tan hermosa en valentía, que desocupando el mar, atropella a Berboria. Y acá no somos soldados? no tenemos Capitanes? Sí, pero no ejercitados, que capellares galanes, no encubren fuertes soldados. Quién eso piensa se engaña, y nadie niegue que pueda, mas en muros, que en campaña, África llena de seda, que llena de acero España. Llama a tu Rey: No conviene, que el en persona se allane a hablarte, vasallos tiene: Venga a hablarme, pierda, o gane: Basta para ti quien viene. Y porque entiendas que es hombre de valor, esa muralla sea testigo, en su nombre te presento una batalla, cuyo aparato te asombre. Si al momento no le entregas esta ciudad ya vencida: Oh qué temerario llegas: conocesme, por tu vida? Con la cólera te ciegas. Si no me conoces, di que yo soy un renegado que el vautismo recebí, hijo de un hombre soldado, que preso huyó de mí. Y que como la Africana ley, como es razón, apruevo, no bebo de buena gana sus vevidas pero bebo ríos de sangre Cristiana. Y que por calificar mis vasos, pienso vebella de un Rey que viene a buscar en Argel como verterla, porque la debe de elar. Según la apariencia airada, el bárbaro se alborota: Antes no aciertas en nada, Por qué? Porque nunca tuvo gota España de sangre helada. Si no con tanto calor, que abrasa Reinos enteros: Si no me engaña el temor, aquel ademán y fieros, es de mi hijo traidor. Llegaré con tu licencia al muro: Llega, si quieres, que tengo mucha esperiencia de ti, Dionisio, que eres discreto por excelencia. Por. Embajador te elijo, porque se tu calidad: Tu llaneza te lo dijo. Hoy ganare esta ciudad donde renegón tu hijo. Piensa está surba cautiva que hay en Argel quien se espante, y es volar un monte arriba. Vamos, el campo se plante, viva España, Viva, viva: ti Espera, espera Español, menos cortés que atrevido, que por hablarte ha salido al muro un hijo del Sol. Porque las espaldas vuelves a quién llano se te ofrece? y si Túnez te enloquece, acuérdate de los Gelues. Vuelve, soberbio, que soy un hombre tan gran soldado, que suelo ser respetado adonde quiera que estoy. Dadme una escopeta, hola, vengáreme en este día de tan gran descortesía en esta espía Española. Dos vengan, que ya son dos: Rey de Argel guarda el se. guro: Mi aleve hijo está al muro: Mueran, mueran: Maldígate Dios no go Fiera cruel, si aventuras tu vida en verme deshecho, que el menos mal que me has hecho es el que hacerme procuras. Díspara hijo traidor, y estos hidalgos Cristianos dirán que he muerto a las manos del verdugo de mi honor. Qué hábito es este que trato; que valor, que Cristiandad, aleve a la Majestad de Dios, y a tu padre ingrato. Pero si lo fuiste a él, que mucho es, que contra España asegures la campaña sobre los muros de Argel. Qué sangre Turca se halla en esas venas cubiertas, tú, que habías de abrir las puertas velas sobre la muralla. Tú ingrato, no eres el mismo a quién tanto regalaba? Cristiandad no te enseñe? no recibiste el vautismo? No eres aquel en Cerdeña, por tu nobleza enseñado, a perseguirme inclinado desde tu edad más pequeña? No eres aquel mercader lleno de trampas y engaños, que a una hermana de tres años trujiste a Árgela vender. Pues si eres esto, bastara serlo, sin que contra el sobre los muros de Argel Carlos Quinto te hallara. Es posible que he venido a verte pisar la Fe? es posible que engendré hijo que tan malo ha sido, A desdichada vejez, corona comprada cara, dispara hijo, dispara, y acábame de una vez. Qué sucesos de fortuna son estos? que estoy confuso, quien a la vista me puso el que aborrecí en la cuna. Qué dices de esto Uhalí? De su libertad no supe: A negra de Guadalupe, tú has andado por aquí. Mi padre es aqueste hombre: He de ser la víctima de tu altar, que quien te vio renegar; que males podrá temer. Cómo dilatas mi muerte? no importa que me persigas, que a tus manos enemigas quiero morir por no verte. He de dar fuego: . Dilata la cruel ejecución, que no tiene corazón humano, el que al padre mata Si me matares, espera una venganza cruel: No temen moros de Argel, Baja el arcabuz, no muera. La mansa clemencia elijo; que aunque contra este Cristiano me enciendo como tirano, ya me aplaco como hijo. Entra en Argel, reinarás conmigo en mi propia silla; He venido a perseguilla, y por premio me la das? Contra ti vengo a esta guerra, y pienso desconocerte, hasta que dé con tu muerte venganza a Dios, y a mi tierra. Yo espero que esta merced me hace el cielo, aunque nueva, y hasta que tu sangre beba quiero secarme de sed. Allánate hombre sin ley, pues yo con ser Rey me hallano: Pobre te quiero Cristiano, y no Renegado Rey. Para que entiendan los hombres que no se ganan por fuerza mujériles voluntades, que cuando obedecen reinan, Dejo tu ciudad, infame Zanaga, cuya soberbia escupe rayos de ira contra las mismas estrellas. Clorinda soy tu enemiga, hija de Dragur Zulema, que salgo a verme cautiva; por no ser contigo Reina, Tres años me perseguiste con engaños y promesas, sin haber visto en mis ojos pronóstico de terneza. Prometes casar conmigo, y de esa manera piensas que es el gusto de mi hermano la llave de mi firmeza. Pues no esperes que en tus bra- perpetuamente me veas, que no tiene Argel ni el mundo, hombre a quien más aborrezca. No se que agravios, Zanaga; me has hecho, que tus ofertas, y tus regalos estimo, como si fueran ofensas. Paréceme que algún tiempo ofendiste mi nobleza, y que me falta del alma, por ti, la más ricaprenda, Quiérote mal por extremo, y no se que causas tenga; mas deque el alma, y el gusto me mandan que te aborrezca. Galán eres, y valiente, y coronado en tu tierra, mas quien renegó Cristiano, no tendrá moro firmeza. Al campo de Carlos Quinto voy, y voy de esta manera, porque pienso con mis armas atruinar tus fortalezas. Busca en Argel nueva esposa, y aunque mi hermano prometa allanar dificultades, engáñate, no lo creas. Emperador victorioso, de Soliman en Viena, a tu campo va una espía de quien sabrás cuanto quieras. Oh tigre en hábito humano, villana, que un Rey desdeñas, no goce el Reino de Argel, si hoy no vengare esta afrenta. No hay más esperar; al arma, que quiero acabar la guerra, para tener por cautiva la que no quiso ser Reina. Perro, que me asegurabas, si mi esposa está soberbia, como huye de mis brazos, y a mi enemigo se entriega? Mas no importa, muerantodos, abrí; moros, esas puertas, ea Genizaros bravos, viva Argel, y España muera. Antes mil muertes recibas, tirano, que España muera, y entre las lanzas esquivas de tu misma vida fiera, muriendo, y penando vivas. La corona que te han dado sirva de tristes despojos a tu pueblo alborotado, adonde te vean mis ojos como toro agarrochado. Cómo d un sueño despierto, adonde estuve, quien soy? muero vivo, o vino muerto? quien me lleva cuyo soy? yerro, en perderme va cierto. No estaba yo libre ahora; que fuerza es esta tirana, de mi quietud robadora? donde vas alma Cristiana tras una rapaza mora? Dionisio, aquella mujer que viste, me lleva preso: Tiene tan buen parecer, que aún a mí mismo confieso que tuvo el mismo poder. Con afición la mire, mas no afición deshonesta: Nunca a mujer me entreguén tan de verás como aquesta enemiga de mi fe, Qué agravio es este, tirano amor, o que fantasía que tengo yo de Africano, que te ha hecho Berbería un Comendador Cristiano? De mí mismo estoy corrido de haberme empleado ansí: Esta mora he conocido; Quién es? Su cautivo fui, en su poder he vivido: Y fue tanta mi ventura, que mi hizo harta amistad: Su presencia lo asegura, que no puede haber crueldad donde hay tanta hermosura. s. Ya tocan a acometer, Vamos, España nos llama: a poderosa mujer; Viva gran Carlos, tu fama, Vencido voy a vencer. Ya que el campo Católico, plantado mira de Argel el coronado muro, y en ocasión; y puesto acomodado, puede ofender, y disparar seguro: aquel árbol santísimo sagrado, que en todo el mundo acreditar procuro, soldados fieles, quiero que se plante donde los pensamientos os levante. Dejad desierto mi Imperial navio de aquella joya santa, y soberana, y sacalde, animando el campo mío por la costa marítima Africana: Vamos por ella: Honrados, yo os envío por la insignia Católica Cristiana, estampa viva de la vida muerta, que a nuestra Redención abrió la puerta, o Según el grave semblante; barba cana, y rostro hermoso, al Magno Carlos famoso tienes, Clorinda, delante. Eres tú el gran Capitán, famoso entre mil naciones, cuyos soldados leones espanto a los hombres dan. Eres aquel vencedor dentro en Túnez, a quien llama invicto a voces la fama, y España padre, y señor Tu esclava soy, si eres él, que sola, y de esta manera vengo a ser tu prisionera, por no ser Reina de Argel. Clorinda soy, una mora, que aunque estimo, y agradezco, al Rey Zanaga aborrezco en el grado que él me adora. Vengo a ponerme en tus manos, fiando mi vida en ti, porque desde que nací quise bien a los Cristianos. Y pienso con esta adarga, y pica, contra mi tierra; abreviar por ti la guerra, que se te promete larga. Pondreme entre tus varones. a conquistar y vencer, porque aunque nací mujer, se despedazar leones. Mis trabajos me ha pagado hoy la fortuna cruel, aunque no se gane Argel, pues basta haberte ganado. Mis largos naufragios hoy con esta bonanza olvido; que pues a honrarme has venido, honrado en África estoy. Y más si esa hermosura, que bien empleada veas, en ley más segura empleas, que la tuya no es segura. Es muy temprano, los dos trataremos largo de ello: Alma ingrata he cuerpo bello mucho desagrada a Dios. Pues te dio tanta hermosura págale bien, . Es temprano; auque el verte a ti Cristiano, piento que el serlo asegura. Sigue mis pasos seguros, que aunque nombre de Rey tengo, a convertir almas vongo, y no a batir fuertes muros, Y emplearé bien mi venida, pues con un alma ganada no siente un Príncipe nada una victoria perdida. Si tanto te importa, enseña tu ley santa a esta cautiva: Soy Moisen, que con Fen viva hizo dar agua a una peña? De la cárcel de la muerte al puerto seguro sales, cuando entre sus Cardenales viene el Príncipe a verte. La humilde estampa del cielo entra en Argel la soberbia, que en las banderas de España es el Águila de César. Y por el campo Cristiano hace la primer reseña con las cinco quinas ricas que trae por armas la Iglesia. Y España en su presencia, por humildad arrastra sus van- derás. Pasan por ella los ojos, descubriendo las cabezas todos los soldados fieles, que a morir vienen por ella. Y animosos con mirarla, gritan, cierra España, cierra, y Argel, al ruido horrible desde los cimientos tiembla. Y España en su presencia, por humildad arrastra sus banderas. Vengáis en hora buena, sacratísima nave, proveida, del Pan sagrado llena, donde el hombre mortal come la vida, miedo de Argel, y exaltacición de España. Al punto hemos llegado, adonde vuestro nombre se blasfema, y donde un renegado derriba altares, y reliquias quema, mas si me dais victoria, cantaré en sus mezquitas vuestra gloria. La Cristiandad cautiva os llama agritos, padeciendo enojos, si os llaman con Fe viva, a su necesidad abrís los ojos, y mis naufragios sean medio del fin dichoso que desean. Este sitio seguró es para vos, Isaac sacrificado, para que desde el muro de la ciudad, el enemigo airado, ni os ofenda, ni os vea, pues este monte os sirve de trinchea. Aquí con dos cortinas estaréis con decencia retirado, donde vuestras espinas vuestros pies, vuestras manos, y costado, me den cada momento en mis adversidades sufrimiento. Esta es, Clorinda, el Ara, adonde Dios por Misa sacrifica; esta es la infamia clara, la alteza humilde, la pobreza rica, y este es un Dios humano; escándalo al Gentil, gloria al Cristiano. C Miro con admiración este retrato herido, y al umbral del corazón, con la aldaba del olvido me da golpes su afición. Despacio quiero contarte de este Dios; Oficio es tuyo reducir almas, y armarte: Ganole a Dios lo que es suyo. que vengo a Argel de su parte, Si aquel espantoso estruendo, que en las entrañas de Argel están tus hijos haciendo, aquel blasfemar cruel aquel orgulloso estruendo Oyes gran Carlos, que esperas, mira las soberbias puertas, cuyo vencimiento esperas, de su voluntad abiertas, y bomitando banderas. Advierte, si no desmayas, a los Alarbes desnudos, diestros en sus azagayas, que para dardos y escudos hurtan su hacienda a las hayas. Y sobre yeguas pintadas que de espumarajos riegan las hierbas, aún no pisadas, cuando escaramuzan, juegan lanzas dos veces erradas. Y pobres de armas y galas, su esfuerzo tan grande es, que ya en sillas, ya en escalas, por un liviano interes suelen esparcir cien valas. Manda tocar a vencerlos, que en sonando una trompeta se atajen las yeguas, y ellos: Al arma, Italia acometa, Cerremos, Genova A ellos, Y queden cien arcabuces con el Estandarte santo, que da valor a las cruces: Hoy a todo Argel espanto: Ea caballos Andaluces, Acometamos briosos, y a estos pies santos sagrados volveremos victoriosos: ánimo fieles soldados, mueran, que son temerosos. Y tú también acometes contra tu patria cruel? la victoria nos prometes: Cristiana soy; muera Argel, Genizaros, y ginetes. Suelta, porque me detienes. Busca tu seguridad, tesorera de mis bienes: Quién te mueve? Esa beldad; No se, soldado que tienes, Qué escucho de buena gana tus razones, pero entremos en la batalla: Africana ambos juntos peleemos, verás como Argel se gana. Si yo dejare tu lado de la primera refriega salga el pecho atravesado: Mi alma te entriego, Entriega; Quieresla, Serás pagado. Por ese mucho favor, y recompensa, he de darte; Ya basta Comendador, vamos a buscar a Marte, que es enemigo de amor. otra vez a mi poder te vuelve la suerte airada, y no acabas de creer, que arrojo el cielo mi espada para matar y vencer. Que quieres padre cruel de mí, que al cielo levanto tu escuro nombre en Argel, si tú me aborreces tanto, porque valgo tanto en él. Desde el muro te ofrecí el Reino, no le agradeces, que en fe de ser cosa mía, quieres ser preso dos veces, y no Rey en Berbería. Quiero verter esa infame sangre, a mi Dios fementida, antes que otra vez me infame, Luego Caín de mi vida quieres que el mundo te llame? Solo ese nombre pretendo abariento mercader: De tu gran crueldad entiendo, que porque deje de ser, te daré gusto muriendo. Yo confieso que hay persona en mí de quererme mal, mas si en su liberrad pones, padre, al amor paternal él hará que me perdones. Desobediente te fui, el mundo escandalice, mi santa crisma ofendí, la ley Cristiana dejé, y la Africana seguí. Mas debes considerar, pues de ello están dando gritos, Argel, la tierra, y el mar, que mis mayores delitos fueron con sed de Reinar. El viento el humano bebe por un poco de poder, y al cielo por él se atreve; pues que culpa puede haber que un Rey no la haga leve? Pero si la mía es tanta, que mayor castigo pide, la honra de Dios levanta, toma mi espada, divide de este cuello la garganta. No se si de temeroso vi dar esto que me fía; Toma mi espada, Es forzoso ejecutar con la mía este sacrificio honroso. A toda Cerdeña alcanza mi afrenta, que no es pequeña, y tiene cierta esperanza de que ha de ser de Cerdeña la espada de tu venganza. Que está te mate consiente, y entre fieles te honraran, pues porque Dios no se afren fuera en Argel tu Abraham, si tu fueras mi obediente. Pero de una vez se acabe mi afrenta, que no es pequeña, por todo el mundo por grave, que no hay sangre tan manchada que con sangre no se lave. El deshonor que en mí vive, despadre me a vuelto em peña, y la clemencia prohibe; Roma encendida en Cerdeña, este servicio recibe. Ya veo que tu crueldad excede a las Españolas, que como soy tu mitad, pense que a amenazas solas llegara tu enemistad. Pero descubriendo voy que me aborreces de verás, pues cuando a tus pies estoy, que te ofendí consideras, y no que tu hijo soy. Como a quien tan bien te trata maltratar has pretendido, pero no eres padre, ingrata vejez, que un padre ofendido, castiga, pero no mata. Yo me vengaré de ti, bebiendo tu sangre fría, pues con sed de ella te vi, porque no haya sangre mía, sino solamente en mí. Ya se que es su calidad de mi sangre, sercruel, téngola necesidad, para que me tenga Argel, que estoy pobre de crueldad. En celora me abrase en ver cuan poco te debo; tengo sed, y abrasaré esos mares, si no bebo, dame que beba, y con que. Por las arenas sangrientas que el bravo mar da a sus costas, victorioso Rey Zanaga, cuyo solo nombre asombra. Las Italianas banderas quedan postradas, y rotas, y los cuerpos miserables nadan muertos en las olas. Argel levanta mil gritos, y desbaratando cotas Italianos pechos viste, dándolos a quien los rompe. Las cajas del enemigo a recoger tocan sordas, y las vencedoras nuestras gritan, Zanaga victoria, No hay ya Capitanes bravos, que Andrea famoso Doria, solo detiene a los suyos, porque a la muerte no corran. Allí se rebaren picas, y allí las espadas rotas, con mallas y cobardía. de ya cortadas no cortan. Y el famoso Carlos Quinto; armado de peto y gola, los ya vencidos ánima, galopeando una posta. Pero como las palabras valgan tan poco sin obras, hace elegantes discursos, mas no hay hombre que los oiga. Sangrientas lleva las armas, y llamando a voces roncas al cielo, que lo remedie, hasta las evillas rotas. Por los cuerpos muertos rompe, y como al pasar le estorban, como Príncipe piadoso repara sobre ellos, y hora. Vencidos son, y acometen primero que se recojan, que ya llaman sus caballos, las trompetas Españolas. Y tú, mientras esto pasa, con un caduco te estorbas, cuyo flaco vencimiento no puede adquerirte gloria. Entra en la batalla, y prende al que alborota tus costas, que las mejores prisiones son de corona a corona. Castigada tengo a España, que vino soberbia, y loca contra mi fueza invencible, en el universo sola. Cubran el mar de galeras, y con las erradas proas peligrosos puertos busquen, y ajenos piélagos rompan. Y en pena de su osadía, pienso henchir las mazmorras donde se lloran desdichas, de títulos y coronas. Y tú, dos veces cautivo, si te agraviaren, perdona, que olvidando el deudo, pienso beber de tu sangre en copa. De mi presencia le lleva, Zulema, y haz que le rompan las ya descubiertas venas, para que mis labios corrán. Quedo con sed, apresura el sacrificio, y ahoga está mi rabia con sangre mientras prendo a quienme enoja. Manda que tu sangre vierta tus venas para bebella; Aunque es gran crueldad, acierta, que quiere chupar en ella, mi honra a sus manos muerta. Dijo, que el deudo olvidado te castigaba, es verdad que lo eres? Ya es pasado; tuve a su padre amistad, que tuvo padre harto honrado, Vamos harasme verter mi sangre, porque la beba: No lo pienso obedecer, Pues a su prisión me lleva, Eso por fuerza he de hacer. Que esas venerables canas lástima, y pena me dan. A murallas Africanas, cuando os enternecerán tantas desdichas extrañas. Ea Espáñola nación, acredita las espadas, que estás manchas coloradas de mis enemigos son. Fortuna me ha perseguido hasta su mayor extremo y aunque lo más que ha podido ha hecho, miente el blasfemo que dice que soy vencido. Que soy Español Cristiano: y aunque esta calidad sola basta, pues se cansa en vano, contra una costa Española un campo entero Africano. Y vos, divino pincel en la soberana nube de san Pedro vuestro fiel, abierto en Cruz, como llave, para llevarnos con él. Si aquesta bárbara gente, como siempre os desagrada, mirad, Dios, piadosamente desde esa escarpia sagrada donde en carme estáis pendiente. Desde ese estrecho balcón, donde dais a vuestra esposa por el lado el corazón, mirad a España, dichosa en teneros por Patrón. Mas no hay que importunar, pues siempre soléis mirarla; y advertid piedra angular, que el golpe de la batalla se acerca hacia vuestro altar. Qué haré, señor, decí, que estoy desapercibido, quiéroos cargar sobre mí, como quien carga un herido, pues siempre lo estáis por mí. Mas quien habrá que esto acabe, aunque más fuerza le deis, que dais ligereza a unabe, pues el peso que tenéis solo Cristobal lo sabe. Mas no os sacaré a buen puerto si en mis hombros os recibo, pues en aquel tiempo es cierto, que erades un niño, y vivo, y ya sois un hombre, y muerto. Pero en cualquiera ocasión podéis vos, segundo Abel, huir la persecución, que no os podré yo de Argel, sacar en esta ocasión. Ea Señor, la Africana turba sube el monte arriba nadando en sangre Cristiana, abrase el cielo, y reciba vuestra imagen soberana. a quien no haréis admirar, admirable, y alto Dios, mandando abrir, y cerrar una piedra para vos. y para Israel un mar. Sois la piedra, al fin cortada por Salomón sin ruido, y él, como es nave cascada, salvase por mal partido; vos en la piedra cascada, Huyendo de un renegado, que de vuestra Fe se arriedra, lo seguro habéis buscado. que hombre que se salna en piedra, al fin está más guardado. Quiéroos dar el parabién, o dichosa piedra, a vos pues sin vara de Moisen podéis dar sangre de Dios al primer golpe que os den. Salva es esta que en el mar, con voces, música, y tiros hacen al desembarcar, o el eco de mis suspiros la hace aquí resonar. Piedra preciosa escondida en otra piedra quebrada, si algo os importa mi vida, anime España esperada, a Italia, casi vencida. Y si es que me ha de vencer, Argel, verdugo del mundo, gran victoria será ser en Argel un Job segundo, si Joble pudo tener. vo. Toquen a recoger en lo que España pisa la arena infiel de Berbería, y hagan salva piezas en campaña al bravo sucesor de don García: o sacra Majestad, si no me engaña, en tu favor la subita alegría, ya desembarca, encumbrando el miedo, la casa de Mendoza, y de Toledo. Ciento y cincuenta poderosas naves, Flamencas de ellas, de ellas Vizcainas, hurtando el vuelo a las ligeras aves, las aguas cortén de tal peso indignas: Ayuda Dios en los peligros graves obras santas, gran Marqués, divinas, al puerto, al mar, soldados Italianos, que hoy pondré la victoria en vuestras manos.

JORNADA TERCERA

acto tercero Ya que la gruesa armada ha hecho salva, y como victoriosa, España grita, el gran Toledo viva, Duque de Alba; im cuyo valor al de su padre imita: salga la gente de sus naves, salga, que hoy la difunta Italia resucita: Vengo con vos, y contra el moro puedo, Viva otra vez la casa de Toledo. Ya que de la Berbería, nuestra Española armada el puerto goza, y ha visto el mundo el esperado día, que los ánimos tristes alborota: haga salva la ufana artilleria a la nobleza antigua de Mendoza, desde Tubal temida hasta ahora, Mendoza viva, armada vencedora. Espáñolas son las velas, pues son de España las armas, que en los estandartes ricos nuestras lunas amenazan. Poderosa armada es esta, y si es por dicha de España, hoy en las manos me queda una victoria ganada. Éntrese en Argel mi gente llena de sangre Cristiana, entretanto que mi alfanje estos peñascos quebranta. Pero mal dije, peleen, en tanto que desembarcan, mueran los vencidos, antes que los vencedores salgan. Vencidos somos, sin duda, que tan poderosa armada, contra toda Berbería, si estuviera junta, basta. Oh Duque de Alba famoso, clara, y Mendocina casa; que en vuestras erradas proas reconozco vuestras armas, Si venís a deshacerme, salid conmigo a campaña, y moriré, si es posible entre vuestras dos espadas. Cómo sufres, si eres fuerte, victorioso Rey Zanaga, que contra una espada noble, acometan cien espadas, Puse en don Diego los ojos, por su valor, y sus gracias, y ahora villanamente tres alarves me lo matan. Manda, que de cuerpo a cuerpo se concluya la batalla, pues sabes que nunca vence el que vence con ventaja. La mano le di de esposa, y mi fortuna contraria debe de querer que muera antes que al tálamo salga. Mas vesle aquí se defiende de un ejército de armas: Soy maravilla del mundo, perros pues que me lo llaman, Dejade Alarabes perros, coronaré de guirnaldas al más dichoso en amores, y al más venturoso en armas: De tus soldados salí, Rey Zanaga victorioso, y vengo a entregarme a ti: Ven, dulce, y querido esposo por el alma que te di. Que aún que menudos pedazos tu competidor me haga, haré en tu cuello estos lazos, desdenes para Zanaga, y para don Diego, abrazos. Qué hembra es esta, Uchalí, que confiesa ser tu hermana? Ya no hay que esperar aquí: A un extraño, una Africana favorece contra mí? que ofensa iguala a la mía? como no ofende mi fuego desde España a Berbería? Sosiégate Rey, No hay sosiego contra tan gran villanía. Muera Uchalí; Qué te debó? Por hermano de una ingrata, por quien tel ponzoña bebo, muera; . Mi muertedilata; y vuelve a oírme de nuevo. Clorinda no es Africana, ni deuda mía: Aquí espero solo oir que soy Cristiana; Si por ser su hermano muero por Alá que no es mi hermana. De tres años la compró mi padre, y la trujo a Argel, y el mismo que la vendió, que era un mancebo cruel de Cerdeña: Si soy yo? Confesó que le vendía su propia sangre con ella: criola desde aquel día mi padre, para ofrecerla cuanta hacienda tenía, Don Diego Cristiana soy, ya merezco ser tu esposa: Loco de contento estoy: Si esta historia prodigiosa, cual debo crédito doy. Mi hermana sin duda es esta; la que al cosario vendí, su valor la manifiesta, que nunca donde nací nacio mujer deshonesta. Qué haré, si esto es verdad, mas que digo, matarela, pruebe mi antigua crueldad. Podré con esta cautela comprar su seguridad. Que hay Zulema, traes aquella sangre ingrata que deseo: Bien puedes, Zanaga, bella; Lo que es bella, ya la veo, pero fáltame vebella. Ven roja sangre, mitiga este mi celoso ardor; Que tal de un hombre se diga, Hoy bebo en este licor tu aleve sangre enemiga. Por la parte que te alcanza de esta sangre la codicia, porque mi desconfianza ofrezca este sacrificio a mis celos confianza. Tuya es, ingrata mujer, esta bebida, aunque mía, y así la quiero beber, porque quede en Berbería vuestro ser todo en mi ser. Ea corazón, tomad esta medecina buena para vuestra enfermedad, que como es celos mi pena, ha de sanar con crueldad. Espera, espera engañado, paciente, que esta bebida que tu Capitán te ha dado; no es la que para tu vida tu crueldad te ha recetado. Esta que yo vierto es con la que te has de curar: Que tan mal pago me des? Quiere Zanaga sanar con mi sangre, no lo ves? Ves aquí se vierte, aleve la medicina más cierta que a tu accidente se debe; llega, y bebe, no se vierta, enfermo estás, llega, y bebe. Para asegurar tu vida hiciste oficio inhumano, coge la sangre vertida de este pelícano gumano, que con sus venas convida. Que esperas si has menester la vida de un fiel cautivo? llega Zanaga a coger la sangre de un cuerpo vivo, que es más dulce de beber. Viste de clemencia ajena tu sed, de esta grana fina, y quedarás sano, y bueno, que aunque viva es medicina, muerta dicen que es veneno. Qué tal crueldad, se consiente? o triste cautivo, ataja esa espantosa corriente, Déjala amiga, que baje de prisa a su misma fuente. El verme así no te espante, bella mora, así te haga la fortuna bien andante, que esta es sangre, que en Zanaga va a buscar su semejante. No pienses que Berbería estas crueldades me enseña; el Rey beba, pues porfía, que él sabe, y sabe Cerdeña, que vive con sangre mía. Y no llegaran aquí mis desdichas a causar, esta admiración en ti, a haber sido rejalgar la primera que le di. Atonito estoy de ver este escandaloso espanto; Estoyme por atrever al mismo Rey: Sufrir tanto de infames debe de ser. Yo soy bronce por ventura? tengo humano corazón? presente estás piedra dura a la mayor sinrazón que mi padre me procura. Su sangre nobel me ofrece, si enternecerme es posible; su gran piedad lo merece, que a mí, como incorregible, soibronce, y no me enternece. Enséñame, piedra, a ser con mi padre más amante, que de ingrato he menester, que un peñasco se quebrante para poderme mover. Si acaso a mis tiranías dar algún medio procuras, y como ya no porfías, rompe tus entrañas duras, pues yo no rompo las mías. Al arma toca; . Horendo alboroto es el que sueña, El cielo se viene hundiendo; Tal suavidad os da pena? Cáese el mundo; No os entiendo. Id, y la gente ordenad: Al arma ejército roto: Hh sido en esta novedad para mi gente alboroto, y para mi suavidad. Mas qué es esto, satisfecho quedo ya, de que Dios manda que renuncie el mal que he hecho, pues que la piedra se ablanda, porque se ablande mi pecho. Abriéndose va, y me enseña dentro al mismo que ofendí, hablad monstruosa peña, que yo soy aquel que fui escandaloso a Cerdeña. Qué maldición me cayó de mi padre; por más grave? que estrella me persiguió, pues en un peñasco cabe Jesucristo; y en mí no. Granada sois por ventura, piedra Asricana sagrada, pues os abrís de madura, y nos dais como Granada granos de púrpura pura. Milagro Carlos de España, Milagro, milagro; Sano me hallo, y en la campaña de Argel, y el divino humano vierte sangre, y piedras baña. Si esa sangre que vertéis es para moverme más, tanto movido me habéis, que no os pienso hacer jamás ofensa de que os quejéis. Y porque mi natural sed de mi sangre me lleva a veber la paternal, queréis que la sangre beba de mi padre celestial. Si es por esto, agradecido os estoy a vos, y a ella; pero aunque tan malo he sido, no será mucho bebella, si alguna vez la he bebido. Hoy la Corona Africana reprovaré, como indigna, y en la mesa soberana beberé sangre divina harto de beber la humana. Y la esperiencia me muestra, que a fe de vuestra bondad, de tantos bienes maestra, beber la humana es crueldad, y piedad veber la vuestra. Cuándo? mas si ahora hay ocasión, llegaré, que estoy dudando: o mi el del muerto león, un Sansón os va buscando. Vos tenéis razón por cierto, en esconderos de mí, Dios vivo, Cordero muerto, que yo soy el que os vendí, a trueque de un reino incierto. Llegávame a enriquecer de ese licor soberano que mi sed ha menester, mas debe de ser temprano para llamarme a beber. Que aunque esperanza me da estas peñas, por quien llueve misericordias Adan, es sangre que no se bebe, si no mojada con pan. Mas volveré tan trocado al duro penasco santo, adonde estáis encerrado, que con golpes de mi llanto, le veré otra vez quebrado. Padre de mi perdición, como padre, al fin te duele, échame tu bendición, que un prodigo hijo suele, llorando alcanzar perdón. Una hija te vendí, y ya te la restituyo; que es esta que ves aquí: qué dices? . Como soy tuyo lo es ella, fía de mí. Debe de haber media hora que la conocí por tal: Habla a un padre que te adora, que como padre, tu mal siente, y por propio le llora. Zanaga, que soy tu hermana? Clorinda, mi hermana eres: Y qué es mi esposa Cristiana? Ya cuantos males quisieres vengan fortuna tirana. Hoy hijo, en verte trocado, y a la Iglesia reducido a nuevo ser me has llamado, hijo, para Dios perdido, y ya para Dios ganado. Y tú mi hija, a mi pecho vuelve, pues saliste de él, que quedaré satisfecho de las murallas de Argel, que tan dichoso me ha hecho. A mí también me abrazad padre, en amor; Es mi esposo: Dame el serlo calidad: Argel toca; y es forzoso, padre, entrar en la ciudad. Dónde he de hacer a España un servicio señalado, esperarasme en campaña: Qué quieres dejar mi lado? téngote afición extraña. Nuestras banderas retira, que el invicto Emperador de España encendido en ira, casi como vencedor de Argel las murallas mira. Con notable es fuerzo, digno de las prendas de su pecho, como suele el torbellino, en nuestra vanguardia ha hecho un casi efcro divino. Los Túrcos ha rebatido con un recio batallón; de Alemanía: Siempre ha sido el Castellano León difícil de ser vencido. Retírense; . Así conviene, Zanaga para tu gloria, que un viento bracán que viene, para darte esta victoria fuerzas suficientes tiene. Arrebatada el armada de España, de una tormenta, queda ya casi anegada, que toma el mar a su cuenta esta guerra comenzada. A recoger tocan, vamos, Y estos perros? Libres son, Mira hijo, que esperamos Tu vuelta, . Espero ocasión, Cuando la haya nos veamos. En la gran ciudad de Argel se entra corriendo apriesa el campo Africano infiel, y para acabar la empresa sigue la imperial tras él. Oh famoso vencedor, que brávamente pelea. Dónde está vuestro valor? como permitís que os vea huir vuestro Emperador? Cuando habéis de hacer cara a treinta enemigos muertos. que vuestra dicha os declara. Oh casos de honra inciertos, quien no os esperimentara. Al tiempo que es menester acreditar la nación de España mostráis temor, hombres desarmados son, toque Castilla a vencer. Descansa un poco cabeza de la religión Cristiana, único en fama, y grandeza, pues la canalla Africana huyendo a remerte empieza. Pon en la vaina la espada con sangre Turca renida, y con tus obras honrada, y asegura ya esa vida, mil veces aventurada. Mucho crece la tormenta, Marqués famoso; en el mar, toda destruirme intenta; no tiene fortuna azar, con el cual no me atormenta. Las naves desbaratadas salen al puerto rompidas; si mis desdichas pasadas, con paciencia padecidas no bastan, vengan dobladas. Que aunque fortuna cruel tenga por honrosa hazaña perseguir un campo fiel, hoy verá a Carlos su España segundo Joben Argel. Cuando los soldados viejos. llenos de amor de tu tierra en tu consejo de guerra te dieren buenos consejos, Señor, débeslos tomar, y más siendo de Andrea Doria, un hombre, a quien le es notoria la riguridad del mar. Cuántas veces mi afición dentro en mi alma dio priesa, que se dejase esta empresa para mejor ocasión. Pues ya en Argel se descubre cuan mal mis acuerdos privas, y hiere con lluvias recias tus flacas naves Otubre. El mar con terribles olas sus inconstancias celebra. y hasta los mástiles quiebra de las naves Españolas. Las que en la costa esperando verse otra vez vencedoras, rompiendo popas, y proas, se desamarran gritando. Y porque España se acuerde de mis voces más crecidas, se van afondo rompidas a vista de quien las pierde. Toda la costa está llena de anegados hombres graves, y de pedazos de naves cubierta la humilde arena. Como vasallo y amigo evitarlo procuré, dentro en Milan te avise, Milan te será testigo. Venid trabajos del mundo, y acometé sin templanza, que puesta en Dios su esperanza, hoy espera el Jobsegundo. No hallaréis mi corazón flaco a vuestros desvaríos; Dios me dio gente, y havios, si él los hunde suyos son. Ahora estarás contento, ahora que ves sorvidas, a pura fuerza del viento tantas Españolas vidas del mátítimo elemento. Ahora estarás sin pena, que te llaman tus matronas abariento de coronas a costa de sangre ajena. Mira cual salgo del mar, donde me pensé anegar, que cual ligero Delfín tuve por último fin echarme al agua a nadar, Solo tú de la fortuna contraria no te recelas, que no temes tu ninguna cuando ciento y treinta velas se anegan sin quedar una. A ti solo no te agradan los daños que al de Alba atajan, antes las voces te agradan de los bárbaros que bajan a degollar los que nadan. Cuyas gargantas cargadas de desdichas Españolas de las naves anegadas, no han salido de las olas, cuando dan en las espadas. Solo el famoso Toledo, a quien llaman Maravilla, hace resistencia al miedo, que verlo puesto a la orilla, quita a los suyos el miedo. Acredita el nombre de Alba, y de la importuna guerra procurando hacerles salva, los saca en hombros a tierra, donde, si puede, los salva. Caro cuesta el desvarío, que hoy patente se descubre, pues no era el consejo mío de navegar en Otubre contra el boto de mi tío. Juanetín Doria, reporta la cólera impertinente, pues ya ves que a ti te importa Quién tan gran crueldad consiente, que se enoje, poco importa. Juanetín Doria soy, sobrino del vencedor Andrea Doria, y cuando alguno indigno desatinado me vea, con la razón desatino, De tantas desdichas lleno, quien ha de poder sufrirme, quien hubiere sido bueno: Voy a buscar que vestirme para morir como bueno. Y si con poca prudencia te he dicho mi parecer, tu piedad me dio licencia; Calla, y deja de ofender; Soy segundo Job, paciencia. Nunca la cruel fortuna excediéndose a sí misma ha ejecutado en el mundo tantas, y tales desdichas. Brama el mar, crecen los vientos, y los marineros gritan viendo las naves de España al mismo puerto perdidas. Llora el ejército roto, y a la muerte se anticipan arrojándose a las olas, de tu nobleza homicidas. Todos los mantenimientos, bizcochos, aguas cecinas, el mar los hurta a las naos, y el agua los lleva encima. Mueré de hambre los hombres, y por conservar la vida los caballos despedazan, cuya bruta sangre guisan. Todas las tiendas del campo, de los vientos ofendidas, en las contrarias arenas hechas pedazos se miran. Y témense comunmente, que sus alfanjes afila en la piedra de la muerte África contra Castilla. Los bárbaros acometen con tiros, flechas, y grita, y de cuerpos miserables cubren la ribera indigna. Han muerto muchos, y enti- de los de mayor estima, (ellos Juan Calabrés el famoso, Brancació varón de estima. Y de los Comendadores de Malta, las armas tintas, murieron Diego Español, Jorge Alberno, Luis Florida, Guido de Rosiel Invicta; aunque vendió bien la vida, dejando toda esa costa roja con sangre morisca; Los heridos fueron muchos, y entre ellos, con una vira salió en la diestra terilla. Ahogáronse en las naves toda la flor Vizcaina de los diestros marineros, que harán falta algún día. Y con la furia del viento, en esa mar Berberisca se ha hundido innumerable cantidad de artilleria. Gracias a Dios, que me prueba aquí con tantas desdichas, cuando me da su paciencia para poder resistilla. El Job segundo me llama, que ha merecido esta dicha un Carlos Quinto de España, que en las perdidas le imita. A todos estos sucesos, que de crueles admiran, está presente un Toledo, y una rama Mendocina. Y animando sus soldados, esgrimen espadas finas entre los Turcos alfanjes, y las adargas moriscas. Los dos salen a buscarte, al gran don Fernando mira, hoy vengador de la muerte de su padre don García. Pésame de haber llegado, gran Emperador del mundo, cuando el valor sin segundo de España hallo eclipsado, Todo salgo ensangrentado, desde el faldón a la gola, y mi lealtad Española ha defendido a Castilla, que no pudiera rendilla sino la fortuna sola. De sangre vengo cubierto, Rey, espanto de esforzados, que me he visto en este puerto defendiendo mis soldados, (to. que por mi industria no han muer Anegadose han tus hombres, pero de esto no te asombres, ni ay que sentir, ni llorar, que una mudanza de mar no escurece tu renombre. Para bien hayáis venido, soles de todo mi estado; mas si el cielo ha permitido, yo gusto haberos hallado; aunque me halléis perdido. Esta perdida que lloro, pues por el tiempo inhumano se venga el Bárbaro moro con el despojo Cristiano puede hacer sus muros de oro. Cuando a tu costa los haga, Capitán siempre temido, el mar su esperanza estraga, el tiempo nos ha vencido, que no Argel, ni su Zanaga. Como cruel bandolero estará sin pena alguna, pero en tu prudencia espero, que es más vencer la fortuna, que allanar montes de acero. Después de tanta fortuna, un consuelo vengo a darte: Contino dármelo intentas; El cielo está de tu parte; hoy acaban tus afrentas. Ya Zanaga. Rey de Argel, espantado dé la vida, gran Carlos, que ha hecho en él, desagravia la ofendida Fe, como Cristiano fiel. Es ya erducido, sea, que es para mi gran consuelo, y hacerte señor desea de Argel: Permítalo el cielo, porque su poder se vea. Ya mi rigurosa estrella en próspero fin acaba, no me queda queja de ella; que la hija que buscana: esta es: . Oh Clorinda bella! Y don Diego Maravilla, por honrar mi casa, quiere por su mujer admitilla, Servírame si lo hiciere; Albricias Rey de Castilla, Que entre tantas desuenturas como padeciendo estás, hoy, si crédito me das, un buen suceso aseguras. Lee esta carta: . De quién? De tu enemido Zanaga; Qué bien habrá que me haga quien nunca me quiso bien? Seguro puedes leella, pues ya mi hijo es Cristiano, Abrela Sol Castellano, que está tu salud en ella. CAR Emperador de España victorioso, del mar y la fortuna perseguido, dentro en Argel, de nadie temeroso, si no de todos con razón temido: cansado del estado peligroso, en que mi desuentura me ha renido, y de ofender a Dios, también cansado, quiero volverme a mi primer estado. ip o Y porque hallé mis promesas ciertas en el silencio de la noche escura; mil a tus soldados abriré las puertas, pues el cielo los abre a tu ventura: no esperes más en viéndolas abiertas, tus cansados infantes apresura, que porque algo la Iglesia me agradezca, ha de ser tuyo Argel cuando amanezca. y hijo, con esta hazaña con el mundo te acreditas; vedad es bien extraña: e agra lcuando amanezo Hoy pones en sus mezquitas las Cruces que adora España. Tuyo es Argel, si este trato que ese pliego te promete, no es de algubárbaro ingrato, Abrase Argel, y acometé, Mueran al primer rebato. Sin duda Dios quiere dar fin a mis desdichas solas, pues ya me viene a buscar, entren las banderas Godas, por donde los dan lugar. El que te escribe, es tan fiel, que hoy pondrás la Cruz preciosa sobre los muros por él: Ea España temerosa, hoy te apoderas de Argel. En la primera ocasión te diré la peregrina causa de su conversión: Viva España, Cruz divina, y el Apostol su Patrón. Viva España; por ahora no le es posible volver, como piensa, vencedora: Qué es esto que llego a ver, Virgen nuestra defensora? El Patrón de España, santo soy, por quien de Santiago la Cruz se venera tanto, y esta visita te hago por tu virtud: Pon espanto. Sabrás que no es voluntad de Dios, que Argel se conquiste, deja la cruel ciudad, que hartos desengaños viste, gran Carlos, de esta verdad. Que aunque Zanaga, dispuesto a sarvir a Dios, quería hacer lo que te ha propuesto, descubrio el trato un espía, de quien se fiaba en esto. Y para vengarse de él aquel pueblo tu enemigo, que profesa ser cruel, le ha dado el mayor castigo que han hecho moros de Argel. Porque en la plaza, poblada de ricas alfombras de oro, mas que nunca acompañada, al arrepentido moro, martir por la Fe sagrada, Con aquella furia extraña, en que se ocupan, y emplean; como en su mayor hazana, le corren, y garrochean, como a sus toros España, Que puedo esperar de Argel si a sus Reyes tan mal quiere: Contento te parte de él, pues que como martir muere el que vivió como infiel. Embarquen tus Capitanes honrados con tu buen celo, aunque no vayan galanes, porque no se sirve el cielo, que por esta vez laganes. Ya no hay más que porfiar, Que más desengaño esperas, España, España a embarcar, si algunas pocas galeras salvas ha dejado el mar. i Tu Dionisio venturoso, pues un hijo martir tienes, vive contento, y gozoso: Para pagar tantos bienes, soy corto, y poco celoso. Mas solo quisiera hallarme en su venturosa muerte, para animarle, y honrarme; Quisiera en sus brazos verte, No hay más bien que desearme. Vamos a la santa peña, que me guardó mi tesoro, un honrador de Cerdeña, que tu arrepentido moro, a honrarte mucho me enseña. Abrid; y el perjuro salga, que vuestra ciudad vendía: sangre de España hidalga, si quisieres que algún día ese alevoso te valga, Hónrale, pues sale a verte cual toro garrocheado, y llora a gritos su muerte, pues por tu causa, el estrado de Rey, en tu balcón vierte. Sagrada peña mía, que cuando fui quien fui, como Granada te me abriste aquel día, aunque dura, de lástimas quebrada, si ya vengo cual debo, mi Fe recibe, y abrete de nuevo, Como toro corrido me vi en Argel, por el pastor sagrado que tienes escondido, y de varas y lástimas cargado, huyo a la talanquera, donde me manda mi afición que muera. Ya te he dado la vida; ablanda en premio de ella la sentencia, si desagradecida entre estas rotas bárbaras entrañas, mi sangre no desdeñas, pues lágrimas al fin quebrantan peñas. Ahora que descubierto sales a ver un cautivo, por ese costado abierto me quiero entrar ahora vivo, por donde no cupe muerto. Y con esta pretensión, postrarme a vos, justo es, pues me enseña esta lición Madalena, que por pies os conquistó el corazón. A vuestros pies me presento lleno de culpas mortales, pero como vos sangriento, aunque a heridas de siguales haya igual acogimiento. Por mis ignorancias claras hoy de conocer acabo ensangrentamos dos aras, vos con clavos, como esclavo, yo, como bruto con varas. Y que yo sea bruto, es cierto, pues que perdí el ser Cristiano; y así queda descubierto, que vos, como esclavo llano, (to. y yo, como bruto, emos muer- Pero quien viene a inquietarme cuando tan herido estoy, si volvéis a garrocharme, toro jarretado soy; otro que ya no puedo vengarme. Qué prodigioso castigo es este que Argel te ha dado? Hijo! . Padre! Hermano! . Amigo! Soy un bruto, castigado por un piadoso enemigo. Supo Argel mi pretensión, y bárcome en un coso; Ya me lo dijo el Patrón de España martir famoso, honrador de tu nación. Y aunque tu muerte cruel, por ser tal, es más que muerte, pues que mueres como fiel, parto más contento en verte morir, que en ganar a Argel. Padre, en uios brazos quiero dar la postrer boqueada; Llega martir verdadero, alma con sangre lavada, sacrificado cordero. Llega, ensangrienta estas canas, de honra, por tu causa llenas, en esas fuentes Cristianas, pues aún quebrantan tus penas esas piedras Africanas. Adiós padre, a Dios señor de España, a Dios mis ermanos Cristo muerto, mar de amor, tu oveja soy, en tus manos me admite como pastor. Ya es muerto, Ponedse en tierra: o venturoso mancebo, que en llevarte a España, llevo, la victoria de esta guerra. Bien se martir de Cerdeña, que ya esos cielos has vistos, pues la piedra viva Cristo, rompió por verte la peña. Vencedor vuelvo, no creas, o España, a desgracia mía, pues he de verte algún día rica con tales preseas. Cargad esa insignia santa, y a Metifos, que es buen puerto marchemos; Es lo más cierto; Su mucha prudencia espanta. Para mitigar tu pena, Dionisio, tu hija luego se casará con don Diego en llegando a Cartajena, Adonde haré por él lo que debo a tal soldado: Y aquí se acaba Señado, el Job segundo en Argel,