Texto digital de El renegado de Francia
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- El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Sevilla, Diego López de Haro, s.a.).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El renegado de Francia. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/renegado-de-francia-el.

EL RENEGADO DE FRANCIA
JORNADA PRIMERA
Oh traidor Simón villano! El villano tú lo has sido, Mus de Guila, el caso es llano, pues tu pluma ha pretendido matarme con falsa mano, por envidiosos intentos, que es de pechos avarientos, no de gante principal; con el Rey ma han puesto mal tus lascivos pensamientos. E informadole has de suerte con la pluma de tu daño, por querer más alto verte, solicitando mi daño, veniste a buscar tu muerte. A punto estuve de ser Obispo en Siria, y aquí Arzobispo, y de tener Capelo en Roma, y por ti todo lo vine a perder. La vida te he de quitar en este oculto lugar, porque no puedas decir, que me supiste arruinar. Cómo siempre has profesado tener bajos pensamientos (según estoy informado) con depravados intentos a este campo me has sacado. Pero cualquiera persona, que dijere, soy traidor, como tu lengua pregona (excepto el Rey mi Señor) miente, salvo su Corona. Lo que yo he escrito a su Alteza, ha sido muy preferido, tu calidad, y nobleza, y jamás he pretendido el derribar tu cabeza; y debiera haberlo hecho, mirando tu infame pecho. A lengua tan atrevida, y de tan bajo renombre, por altiva, y fementida, porque no ultraje a otro hombre, la arrancaré con la vida. Muere, traidor. Ay de mí y como he pagado aquí mi pecado. Muere, infame, . que así es justo, que te llame el que tú has tratado así. No acabes de ejecutar en mí el rigor de tu espada, para poder confesar mis culpas, que atormentada asta el alma de pesar. Pardóname, que yo he sido, Simón, el que te ha ofendido, y con al Rey puesto mal; y así, como desleal, tengo el pago merecido. Yo te perdono, y no quiero, porque confieses tu culpa, ensangrentar más mi acero; de este caso me disculpa, si eres Noble, y Caballero. Si llegas a confesarte, antes que a Dios des la cuenta, satlaface en tal lugar mi deshonor, y mi afrenta, si al Cielo intentas llegar. Dirarle al Rey, como he sido siempre Noble, y que he servido los oficios, que me ha dado, como Eclefiástico honrado, y del Reino bien querido. Dile. y no le digas más, de que soy vasallo fiel; y pues a la muerte estás, mira, que hay Dios, y que a él a da de la cuenta vas. De Francia, y del Rey me ausento, tamiendo un rigor sangriento de su poderosa mano; pardona el ser tan tirano, que amor me dio atrevimiento. . Varlye, escucha: ya se fue, muerto estoy, traidor he sido: Ah, Cielos, cuando pensé venir a lo que he venido, ni llegar dónde llegué! El alma se va arrantando, cuando estoy más forcejando para volver a Marcella, y juntamente con ella la muerte se va acercando. Traidor hoy Simón ha sido, la culpa yo la he tenido, pues quise venir aquí, intrepidamen te así, solo, y desapercibido. En esta Montaña fiera quiere mi hado que muera, sin aver quien me confiese, porque el mundo conociese el fin que un mal hombre espera, Quién entre aquesta espesura, y en estas ocultas ramas da voces? quién se lamenta? tan descompasadas ansias. válgame Dios! Mi Jesú Virgen Santa, y Soberana, valedme en aquesta hora. Ángel Santo de mi Guarda, no me ol vidéis, sed conmigo. Según el eco reclama, al dolienta está muy cerca: quien entre malezas tantas le lamenta? . El alma, el alma os ofrezco, Hacedor mío, recibidia en vuestras palmas, pues por ella padecisteis, y en una Cruz enclavadas las tu visteis por los hombres. No es mala aquesta palabra; sin duda es algún Pastor, que de alguna inculta fraga! se despeñó. . Buen amigo. Quién dolorido me llama, en fatales parasismos? Acerquese camarada, verá mi tragedia horrible. Dele, hermano, adiós las gracias, pues me envía a consolarlo: qué es lo que tiene? . En la cara se mira bien mi desdicha: muerto estoy a puñaladas. El Virrey soy de Marsella. de la descendencia hidalga de Oliveros el valiente, tan admirado en la Francia. Un Sacerdote Francés, que se llama Simon Ansa, Privado del Rey Enrico, sobre seguro, y palabras, a traición me dio la muerte. Yálgame el Cielo! qué manda? Que me traiga un Confesor, y luego a buscarle vaya para confesar mis culpas, porque el alma se me arranca. Sosiéguese un poco, amigo, que entre desventuras tantas, al lado tiene quien pueda curar las llagas del alma. Sacerdote indigno soy de la Iglesia Sacrosanta, que ha muchos años que habito en esta inculta Montaña. Diga, pues, qué le fatiga, y qué su conciencia agrava? qué quite? qué solicita? Que al Rey mi señor, se le haga notoria aquesta traición, para que justicia haga de este aleve Sacerdote. Mira, Virrey, que profanas la ley deCristo, si intentas al morir esa venganza. Imita a Cristo en la Cruz, que mientras más le agraviaban sus enemigos, por ellos con mayor tesón rogaba. Y si tú no los perdonas, se irá al Infierno tu alma, como se fue la de Judas. Yo le perdono. . Eso basta para que Dios te perdone. Por Dios te pido, que vayas a Paris, y al Rey le digas, que las repetidas cartas, que contra Simón le he escrito, fueron fingidas, y falsas, que yo soy quien traidor fui, y por ganar su privanza maquiné estos embelecos, para echarle de su casa. Qué es un Nable Caballero, y de toda confianza, sin doblez, ni alevosía, y digno de cuantas gracias su Majestad puede darle: L DELCAPO. Adiós, que el alma se arranca. Diga Jerus. . Jerus digo: Virgen del Rosario Santa, valedme en aquesta hora, sedme en la muerte Abogada. Rese esta Cruz murhas veces. Adorote, Cruz sagrada, que eres el blanco Divino del rescate de las almas. Diga: Creo en Dios . Si creo; y para aquesta jornada Jesur me ampare, y me guíe. , Él te guíe a su morada: ya espiro: hay mundo vano! y cuan poca confianza hay que tener en tus pompas, pues son sutiles, y vanas Aa privanca de los Reyes, y qué venenosa matas! pues solicitada solo, grandes sujetos acabas. Ven a mis brazos, amigo, cuerpo frío, sangre helada, a mi albergue aquesta noche, que triste tumba os guarda, que a parar en esto viene el que avaros puntos tiene. Pasos, donde camináis por esas selvas oscuras, sin saber por espesuras el cámino que lleváis? Cansados de andar estáis, y pisar fieros abrojos, entre los guijarros rojos, tan sin concierto, ni tino, que ni senda, ni camino han descubierto mir ojos. No hallo por donde salir para poderme escapar, a las márgenes del mar, será fuerza aquí morir: Si no hallo por donde huir, en este traje encubierto, a España, seguro puerto, de las iras del Frances, según mi delito es, a sus manos seré muerto. Dejo en aqueste desierto el vestido que me ha honrado, pues el honor me ha quitado de ignorancias bien cubierto: Quedaos vestido corgado, como Absalón del cabello, que si un tiempo fuistele bello, estáis ya desfigurado: Nació para el desdichado la horca, dice el refrán, conto tal quedáis colgado, lo mismo sucedió a Amán, desventurado Privade. En confusión tan extraña, y en tan confuso Babel, donde encontraré bajel, que me conduzca hasta España? No hallo en aquesta Montaña, para poderme escapar, un hombre a quien preguntar; pues el Cielo no me ayuda, para que al guno me acuda, quiero al Demonio invocar. Si tú al Demonio llamaras, presto a tu lado le vieras, y acudiera a tus despechos. que eso anhela su soberbia; para avasallar un alma sobrada ocasión es esta. Quiero ha aqueste miserable, que afligido se despeña, sujetarle a mi dominio, y alejarle de la Iglesia: Quién en esta soledad da voces? quién se lamenta? quien desesperado pudo penetrar estas malezas? Si el oído no me engaña, alguno hacia se mi acerca. Cielos, qué horrible visión qué monstruo, o fiera es aquesta No tamas, escucha amigo, hombre soy, que no soy fiera, sosiega, y recobra el ánimo, y no te asombres, ni temas, un Pastor soy, que estos campos, y estas intrincadas breñas hábito, con ejercicio de guardar Cabras, y Ovejas. Mijo soy de Andrés Ursino, aquel Renegado, que era terror de la Francia toda, y natural de Marsella. Faltó mi padre, y quedé, por la enemiga soberbia que a Francia tuvo, abatido, pobre, y peregrino en ella. Víneme ha aquestas Montañas, ocultando se entendiera, que hijo suyo fuese yo, porque muerte no me dieran. Habrá cosa de seis años, que hablto entre aquestas breñar, sin que alguno a entender llegua mi origen, y descendencia, que si a saberse llegara, el mundo me persiguiera. Con harta miseria vivo, pero altivo de manera, que contra los Cielos mismos mis pensamientos se elevan. Fue tan ballente mi padre, que casó con una nieta de Aly Sultan, visorey de Argel, y todas sus Fuerzas. Fue temido por asombro de Francia por las fronteras, que afligió con al tivez con sus marítimas fuerzas. Filipo, de España Rey, temía de sus galeras: el Papa, y la Cristiandad temblaba de su soberbia. Al último de su vida se volvió a la Ley Suprema de Cristo, donde acabó de su salvación con muestras. Pero de eso no me admiro, porque de Dios la clemencia es tanta, que en aquel lanca se pueda salvar cualquiera, Harto pesaroso estoy de no haber tenido fuerzas para seguir a mi padre, por darme a temer si quiera. Y es cierto, que si hoy me hallara en ocasión, que pudiera vengar sus muchos agravios, lo mismo en Árgel hiciera. ̱. Y tu padre, por qué causa, o porqué crecida afrenta renego la Ley de Cristo, y se apartó de la Iglefia? Si la causa saber quiera, a mis palabras atienda. Era mi padre en Paris, de Francia Corte suprema, en tiempo del Rey Enrico, Consejero de su Hacienda. Pribaba tanto con él, que le dio crecidas renta; en el Real Patrimonio. haciéndole de la Reina su Mayordomo mayor con todo fausto, y grandaze. Mas envidioso un Virrey, que era entonces de Marsella, por alcanzar los oficios de mi padre, con cautelas. fingiendo cartas, y embustas, y traiciones manifiestas, hizo que el Rey a mi padre privase de su grandeza, en tanto grado, que ha pique estuvo, que su cabeza corrió riesgo. . Gran desgracia Pero feneció en tragedia; porque a Marsella viniendo mi padre un día de fiesta, con amorosas palabras le llevó a cierta arboleda, y le cosió a puñaladas. Hizo hien. Tomo esta afrenta por suya el Rey, y mandó fuesen por todas sus tierras buscando a mi padre muchos con inaudita presteza. Publiaole por traidor, quitole toda su hacienda, prometiendo premios grandes a quien preso le trajera; y en ausencia, a enorme muerte por sentencia le condena. Volvió mi padre, y a Árgel se fue, y por aquesta afrenta renegó, y contra la Trancia levantó altivo banderas. En la historia, que has contado, parece que representas lo que sucedido me ha hoy a mí en aquesta selva. De qué suerte? Escucha atento, verás si es la historia misma, que lo que tú has referido, sin faltar coma, ni letra. Yo he dado muerte al Virrey de Marsella, con violencia, entre aquellos verdes bosques, que sus playas hermosean. La causa que me ebligó a que la muerte lo diera, fue, que siendo yo del Rey el Mismito de más cuenta, y en Paris, y el Reino todo, por mi Sacerdocio, y letras, obedecido de todos con la mayor preaminencia, el Virrey, por ambición, con relaciones siniestras, alevosías fingidas, y traiciones manifiestas, con el Rey me malquisto, y me quitó la grandeza; y yo por vengar mi injuria, la muerte te di por pena. Y hoy determinado estoy de tu padre por la senda caminar, y renegar, pitar las playas, y arenas de Argel, y hacerme caudillo de sus matítimas fuerzas; así encontrara yo quien favoreciera esta empresa. Yo te ayudaré, que soy más poderoso que pientas, y como una vez rensegues de Cristo, y tu alma la ofrezcas al salvicio del Infierno, lograrás cuanto deseas. Pues en vesa de que el Rey a traidores le dio orejas, por vengarme de su saña, y que el Mundo todo sepa el valor de Sinión Ansa, de Dios, de Cristo, y su Iglesia, como el Demonio me ayude, tenegaré cuando venga. Cerca está, porque yo soy quien ayudarte desea. Hazme una cédula aquí en que digas, que reniegas de Cristo, y de su Baptismo, y verás con que presteza se ejecura todo aquello que máquinare tu idea, si firmada con tu sangre la tal cédula me entregas. Vengo en ello, papel saco, y con la daga la vena piro de mi corazón, y escribo de esta manera. Yo Simón Ansa Prebitero, protesto con vivas verás, que reniego del Baprismo, de Jesucristo, y su Iglelia; y del soberbio Lúzbel, Príncipe de las tinieblas, de hoy más, esclavo me nombro, y le hago del alma entrega, reservando en esta acción, por el áusula manifiesta, que de la Madre de Dios, María del Cielo Reina, ni reniego, ni me olvido. Esa es torpe impertinencia: Si de lo más, que es el Hijo, redondamente reniegas. de qué ha de servir la Madre? Es fantástica quimera, pensar, que puede María sin Cristo hacer cosa buena. Verdad es, pero le tengo tan natural reverencia a María, que no puedo del todo alejarme de ella. . Simón va que en mi poder el alma toda me entregas, dispón de lo que gustares, que obraré cuanto deseas. Parte volando a Paris, y del Palacio en la puerta de esta cédula un traslado fija, para que el Rey vea mi altiva resolución, y de mi coraje al tema. No puedo llevarla yo, porque hiciste Cruz en ella. Pues qué importa? Qué cualquiera que la lea, ha de decir, no renegaste de verás, si en la cédula ve Cruz, que de el Cristiano es la seña: y no andamos los demonios jamás con Cruces a cuestas, antes en viendo una Cruz, todeamos trecientas leguas: y así tu cédula toma, que ese carácter me altera. . Amigo Luzbel, por eso no tengamos diferencias, que deseo tu amistad, y amparo de tu potencia. Rasgo la Cruz de la cedula, vesla aí la doy sin ella: hazme asombro de los siglos, y contra la Francia un Etna. EERARNCIA Mientras a sijarla voy donde el Rey leerla pueda, espérame en este sirlo, que presto daré la vuelta. . Virgen, que en el Cielo estáis, María de gracia llena, sed mi amparo, pues sabéis, que en el alma os llevo impresa. No extrañéis, Marco Marín, del Virrey esta visita, que es forzosa, y acredita con ella un dichoso fin. Tome Vuecelencia silla, que favorece sin tasa esta humilde, y pobre casa con singular maravilla. Llegad silla. Ya está puesta para el Virrey mi señor. Para el justicia Mayor será, señor Virrey, esta. Paje, otra silla poned para Marín, que es razón, que a hombre de su estimación se le haga toda merced. Aquí está. No, en buena fe. Uuecelencia excuse aqueso, que es para mi grande exceso; yo tengo de estar en pie. No tenéis que porfiar atento demasiado, que si vos no estáis sentado, me habré yo de levantar. Obedezco a Vuecelencia, . como su menor criado; mas de este honor demafiado, qué dirá toda Valencia? Dirá, que vino un Virrey a casa de un Mercader, a quien hubo menester para el servicio del Rey; pero un Mercader, que era tan honrado, y principal, que aún el Rey lo mismo hiciera. Aunque no caben en mí tales honras, las venero, y merecerlas espero, si antes no las merecí. Yo, y el justicia mayor, del Rey mi señor tenemos un orden, que pretendemos ererutar con valor. Por superiores motivas, nuestro Felipe Segundo, nuevo Seneca del mundo, por sus consejos altivos, ordena, salgan de España los Moriscos desterrados, y queden purificados su Reinos de gente extraña, En las Costas de Alicante, por falta de embarcación, hay de esta generación un ejército volante. Falra hay grande de sustento en el Reino de Valencia, y temo una pestilencia si esta canalla hace asiento. Vos, ya que naves tenéis al punto de navegar, si nos las queréis fletar, al Rey gran servicio haréis. Daré lo que fuere justo, y ordenaréis de contado, por salir de este cuidado, y evadir de aqueste susto. Señor, en la Costa están tres Naves a percibidas de gente, y abastecidas, para ir en Amsterdan. No corre el viaje apriesa, y aunque mucho me importara, todo, señor, lo dejara por acudir a esta empresa, que para pasar a Orán aquesa canalla vil, en todo este mes de Abril hacerlo muy bien podrán. Estimo, como es razón, vuestra generosidad, y le haré a su Majestad luego al punto relación. Y el Rey no sabrá estimar aquesta galantería. Nadie sino vos podía de aquesta manera obrar. Quedad pues, Marcos, con Dios, y en cuanto se os ofreciere, y de vuestro gusto fuere, podéis mandar a los dos. . Guarde Dios a Vuecelencia. años, y siglos sin fin, teniendo a Marco Marín por criado a su obediencia, EL DEL CAAPO doe cuanto me pidiereis un discultad alguna, o no ser Duque de Osena, que toda honra merecéis. Pues ya que tanto favor Vuecelencia me asegura, para cierta travesura pido licencia, señor. Decid, que atento os escucho, que en cuante se os antojaré, si yo no lo ejecutare, decid, que no puedo mucho. Pues como Cristiano fiel, pido humilde a Vuecelencia, que me otorgue su licencia para ir al Reano de Argel. A Reino de África vos? A Argel pretendo pasar, que juzgo, que ha de importar para el servicio de Dios. A Argel vos? A qué, o por qué? Señor, tuve cierto sueño (que a Dios mi palabra empeño? que después que lo soñé estoy tan sobresaltado, tan confuso, y aturdido, que llego a estar persuadido, que tengo a Dios agraviado. Y mientras no ponga en obra, pasando al Reino de Árgel, lo que me han mandado en él, he de vivir con zozobra, Holgárame mucho de oír de ese vuestro arrovamiento el principio, y sundamento. Pues quiérolo referir. Todor los años, señor, en aqueste noble Reino de Valencia, que de España es el jardín más ameno, entre las sulemnidades, que a la Reina de los Cielos celebra la Iglesia toda, llevaba todo el desvelo a los. Nobles Valencianos, y a sus devotos alientos, el día de la Asunción, de su deboción recreo. Yo en la virtud el menor, avivado de su ejemplo, procuro serverizarme como todos los del pueblo: Y porque el Cielo me dio mas posibles, mas me esfuerzo; y sobre las diligencias, que requiere el jovileo de confesar los pecados, y recibir el Cordero, que procuro fervoroso ejacutar con desvelo: desde su santa Vigilia toda la octava sustento el Sacerdota más pobre, que en todo el Reino hallar puedo, vistiéndole honestamente, honrando a Dios en aquesto. A lu Misa cada día todo el Octavario entero recibo con devoción del Altar el Sacramento. Y en el día de su octava, recibiendo el Sacro Cuerpo, sintió el alma tal fragrancia, y tan celestial consuelo, que perdieron los sentidos sus naturases meneos; en un éxtasís divino me quedé absorto, y suspenso. vi a Cristo, Rey de la Gloria, que con Celestial aspecto me miraba, y me decía: Marín, que me sigas quiero, en una piadosa acción, que te revelaré presto. Volví en mí, y dándole gracias, ofrecí a su sacro obsequio hacienda, vida, y poder, con Carólico denuedo. Repetia a todas horas el alma desde su centro con fervorosa atención obediencia a sus preceptos, esperando por instantes mi cuidadoso desvelo de la mano del Altísimo el debido manifiesto. Pagando una noche de estas a la vigilancia el feudo del sueño, a que los sentido: tienen natural derecho, vi, despierta la razón mas que cuando estoy despierto, que se llegaba hacia mí, y me decía San Pedro: Marco Marín, Cristo manda, que te embarques al momento, y a Argel vayas, dónde está un Sacerdota, a quien ruego: E FRANCIA de arta han alcanzado volver de la Iglesia al gremio. Renegó, y está en peligro, si muera, de ir al Infierno; an te detengas, Marín, acude a librarle luego. Aquesto, gran Duque, oí, y aunque en sueños, no sus sueño, que más claramente fue, que lo que ahora estoy viendo. Y de suerte el corazón me captivó esta deseo, que es imposible no sea aqueste impulso del Cielo. Solo, Príncipe gallardo, de ello os encargo el secreto; y a vos, justicia Mayor, os pido humilde lo mismo, por lo que Cristo nos manda en su Sagrado Evanjello, que de la mano derecha los limosneros empleos la sinistra mano nunca ha de llegar a saberlos. Y solo porque me otorgue la licencia, que le ruego, a Vuecelencia he contado todo el caso de su pecho. Y para que en la materia me dé su sabio consejo, que yo para ejecutarlo madios tengo, y tengo alientos. Yo, atentas las circunstancias, e inspiración del suceso, confieso, no me atreviera, Marín, a dejar de hacerlo. Porque rescatar un alma de un Sacerdote, es empleo digno de cualquier trasago, y de galardón eterno. Solo en el luego reparo, que aún no ha salido el Invierno: y hasta Julio aqueste Mar proceloso es por extremo. Antes soy de parecer, que pues lo dirige el Cielo, vaya luego, porque Dios le librará de los riesgos. Y siendo nuestra Señora la que logra aqueste intento, como Estrella de la Mar, serenará el Mar más fiero. Tengo tan gran confianza del logro de este deseo, que de todos los peligros estoy haciendo desprecio. Pues encumiéndere a Dios, Marín, ron Ciristiano telo, y en sus Naves, en que han doir los Mórisens, parta luego. No puedo ir yo en esas Naves, que me es fuerza tomar puerto, con pasaporte, en argrí, y estár allí muy de asiento. Y a los Moriscos los han de llevar con presupuesto de arrojarlos en las playas, por las costas, con secreto. Pues don de piensa embarcarse Con lus Padres del Remedio, que van de aquí a cuatro días con gran suma de dintro, a redamución de captivos. y voy seguro cun ellos. Bien dice, vaya con Dios, en quien confío, y espero, que traerá ese Sicerdote, por quien la Reina del Cielo pide, y espero ha de ser de la Cristiandad ejemplo. Vaya con Dios Vuecelencia, y vios liglos eternos. Sin dura este Sacerdote de Dios ha de ser gran Siervo, pues Dios en tal providencia hace por él tanto empeño. Mas si de María es devoto, todo el infierno no basta, para estorbar vuelva de la Iglesia al Gremio, y con santa penitencia labe los pasados yerros. Guiadme, Dios Soberano, y si os agrado en aquesto, de vuestra gracia el auxilio me saque de aqueste empeño. Porque Cristo has dejado la Ley por la de Mahoma mi afecto real te toma por su principal Privado; y en fe de ello, te he casado con Adalisa mi hermana, la más hermosa Africana, que crió naturaleza, pues da tu lamaelleza está gloriosa, y uiana. Solos estamos, Trantés; pues de mi roratón tobasle la estimición, pues tú timbre feliz es, razón sera, que me des de tu persona aquí cuenta, por ver a lo que se alienta tu ingenio det vo, y brioso, porque vivo codicioso de hacerte del Mundo afrenta, que a quien tanto el talle ahona de noble, sení, y siel, es justo parta con él de mi Reino la Corona; pues tanto hoy de tu perlona satisfecho estoy, que si me diera el Frantés por ti cuanto en su Reino hay de precio, hiciera de ello el aprecio, que de un vil mata vedí. Marsella (Augusto de Árgel digno Rey, a cuyos hechos es el bútil, es el bronce cálamo, y papel pequeño:) Marsella, aquella Ciudad, que blasón de todo el Reino de Francia aclama, y festeja en bien acordes acentos el tiempo en todos sus Orbes, el Oabe en todos sus tiempo: Marsella (digo) es mi Patria, donde mis timbres excelsos de Pipino Emperador lograron origen Regio. En la Corte de Paris, celebrado siempre centro en que Marte, en que Minerva a un mismo tiempo rindieron, aquel Militares triunfos, esta Escolásticos premios: En Paris (digo) de Enrico Corte, que le pone a un tiempo mejor Cetro en su Corona, mejor Corona en su Cetro: aquí, pues, mi juventud dando toda al Nobles al Regio ejercicio de las Letras, racional, vutivo censo a su Metropoll Iglesia me dedique, recibiendo de Sacerdote el Divino, Soberano Orden supremo, is procedere, la Enocía toda celebraba, a tiempo que el Rey mismo de mis lerras pertuite, que así mi acento lo diga, pues no envilece tal vez el aplauso mesm de mi prudencia, y virtud infermado, no contento con añadir a los míos lauros muchos, muchos premios, de toda Paris a gustos me hizo su Consejero. Aquí no peró a mi Estrella benigno esta vez e Cielo, porque mis Astros (ha, y como harés, cuando quieren ellos, que los pasos de la dicha de la fortuna sean vuelos!) los ejes de mi fortuna por senda feliz movieron. Dígalo yo, cuando toda la Francia me aclamó presto Mayordomo de la Reina, a elección de Enrico mismo. La Mitra, en fin, de Arzobispo, de Cardenal el Capelo hubiera feliz mi frente enlazado desde luego, si a la luz de mi fortuna no se le opusiera el denso aclipse atroz de la envidia del Virrey, que en aquel tiempo Márcella obededió, bien que a violencias del respecto. Mus de Guisa (digo) aquel, que oscureció con los negros celajes de su soberbia emulativa, los tersos blasones siempre heredados de la Casa de Oliveros. Este, pues: Ah vil, indócil envidia, que en los plebeyos rústicos pechos villanos te cebes, vaya, que exento no está de la villanía lo infame; mas que tu anhelo se introduzca aún en los Nobles, an los Caballeros pechos! Este, pues (hah infames, viles trazas de su fingimiento!) con el Rey, y con la Francia me malquistaba, diciendo a una voz, que con España, con Roma, con el Imperio, E FRANCIA con Alemia, Saboya, y Venecia tenía hecho aleve, vil falsa liga, solicitando lecreto, que contra la Francia guerras formasen todos los Reinos, Y que por tanto tenía en prueba de todo esto sin prevención los Castillos, y los Soldados sin sueldo. Tanto su ambición indócil pudo fingir con extremos tan vivamente traidores, que dándole el Rey ascenso, enojado me destierra de Paria, en otro tiempo siel trefeo de mis triunfos, si el triunfo de mis trofeos. Manda, pues, que de mi casa severamente rompiendo los blasones heredados, los adquiridos respectos, la registren, y me embarguen toda mi renta; precentos todos contra mis antiguos, nobles, venerados fueros. Y en fin, informado yo, que villanamente ciego, que ciegamente villano Mus de Guisa, mi desprecio pretendía, y que era causa unica de mi destierno, apenas el mejor Astro con dorados movimientos dejaba por luces, aguas, dejaba el Mar por el Cielo, cuando violando del Rey los inviolables preceptos, quebrantando la Ley toda de mi retiro, secreto a Marsella vine, en donde políticamente atento hablele, sin que a la lengua quejoso mostrase el pecho de su sinrazón injusta aún el menor sentimiento. Mas él, traidor a mi trato, mostrose de todo ajeno, dándome bastantes señas de infame, vil su silencio. Y una tarde, cuando apenas el lucido Dios de Delos de Piróis templó la sed en las aguas de Nereo, saliendo los dos a una Alámeda, donde a un tiempo dado el oído, y la vista. entre matices, y metros, si los Árboles cantaron, si los Pájaros olieron, con achaque de gozar en sus estancias el fresco, que en las hojas de los Sances prodigo nos daba el Euto: viéndome con él a solas, saqué la espada, y el pecho le atravesé todo, en pena de su traidor fingimiento. Entreme por lo profundo de unas breñas, de unos cerros, en donde vive la noche, aunque el día no haya muerto. Escondime, pues, en ellas, y tanto, que te confieso, que erradas las sendas todas, el cámino todo invierto, me hubiera perdido, si el favor de un pasajero, a quien desde aquella vez el alma toda le ofrezco, no fuera de mis piradas conductor en tanto riesgo. parré a España, al celebrado, fial de Carrajena Puerto, de allí a Oran, de Orán a Argel, deseoso, Angusto. Regio Abderramen, de ponerme de mi obediencia en el Templo a tus Altares, en donde la Ley desobedeciendo de Cristo, obedeceré por mejores los preceptos del gran Profeta Mahoma, a cuyo adorado objeto en las aras de mi amor viviente me rindo seudo: Y para confirmación de que de la Ley reniego de Jesucristo, antes que a Francia dejase, haciendo de la sangre de mis venas tinta mejor, del de luego firmé un papel, que llevó veloz a fijar del mismo Palacio Real a las puertas aquel cortez pasajero amigo, de quien ya parte te he dado otras veces, siendo DEL CAMPO pertrespa nei acato Zalema, que del su eso antes que yo tenegaste parte te dio por extento. Y atantamente benigno, y benignamente atento de mi nobleza, y mis obras hiciste tan grande aprecio, que con tu hermana Dalifa seliz celebre Hlimeneo. Mércedes todas, favores tan eltuamente supremos, que dicen (Augusto Rey) lo prodigo de tu peche. No es razán, que ocioso viva en tú. Reates piereptos, que entondes se quejará de mi cora ton mi pecho. Y así, para desahogo de mi obligación, te ruego, que algunas de tus Galeras le permitas a mi aliento, donde verás, que las Costas de los Cristianos molesto; y de suerte, que la sed de mi coraje sediento no sacle, hasta que a tus plantas rinda valiente sus cuellos; y de Dalisa mi esposa ponga en las manos mi esfuerzo de toda la Cristiandad el majestuoso Cetro. Dame esta licencia, así del Sol los siglos tu aliento imite en el Orbe, a envidias de sus resplandores mismos. Mucho, gallardo Morato, he gustado de saber tu historia, y tu proceder, en mis ojos siempre grato; y que con noble jactancia quieres por Tierra, y por Mar tus justas quejas vengar del Rey, y Reino de Francia. Estaba yo deseoso, viendo mi mucho poder de quien pudiese estender en las conquistas del Coso; porque yo por tierra tengo mucho donde me alargar, y mi Reino dilatar y para ello me prevengo. Y así, por tu gran caudal, y porque logres tu enojo, te elijo, nombro, y escojo de la Mar por General. Genetal de mis Galeras eres ya, a tu cargo quedan, para que Flices puedan dar al viento mis banderas. Es tanto el cruel enojo, que raina en mi pecho altivo, que hecho un Erna vengativo contra la Francia me arrojo, Espera mi corta hazeña hacerte Señor de Francia, acción de más importancia es el sujetarte a España. De Moros fue ya ganada, y espero fiel en Mahoma, que le ha de ofrecer aroma todo el Reino de Grañada. Y sía de mi lealtad, que a tu obediencia levantas, ver puestas a aquesas plantas hoy toda la Cristiandad. De Francia soy natural, Simón fue allá mi apellido, y espero he de ser temido por Morato el General. Sulir a la mar quisiera cuanto antes a dar a Argel muestras de vasallo siel, que en tu servicio se esmera. Cuántas Galerazmedas? Treinta sobre el Mar mantengo, y de estas treinta que tengo, las diez y seis llevarás; y si obras como yo espero, valtroso, y esforzado, codas treinta a tu mandado tenerlas sujetas quiero. El Rey mi señor. Deténgase el vergante notamala. Qué voces serán aquestas a la puerta de la cuadra? Señor, audiencia te pide o Amtilio. No ha de entrar el picaron por más que haga, ante el Rey, si no se pone primeramente las bragas. Sin bragas tengo de entrar a referir mi desgracia. DE FRANCIA Dejadle entrar como quiera, que todo cabe en la chanza. Válgame Mahama, amén, Santo Prefeta de Arabia. Amte, quien de ese modo puso tu persona ajada? Quién te agravió, pobre Ameta, que yo tomare venganza? ̱. Ay, Señor, que es una historia, que merece ser contada: atención pido, que tiene de espesa más, que de tala; y el estar vivo hoy aquí con aquestas sopalasidas, es por el fuerte socorro de una noble escurribanda. Señor, yo amaba a una Mora de estas de la vida airada, picaro na a todo ser, y a todo ser bribonaza. Sintió la probeta en mí, que tenía pocu plata, y con linda entretenida daba a mis deseos largas. Ofrecila montes de oro, con fingidas esperanzas, y ella burlando futuros, al presente se inclinaba. Díjele haría por ella todo cuanto me mandara, admirio la oserta, y dijo, que de aqueso se prendaba. Y que en prendas de su amor, por estar algo antojada, al mar sueste, y le pescase ocho docenas de ranas. Y que la mendase hacer de las desolladas anzas, con perejil, y culantro una cazuela extremada. Yo que amante hasta los tuetanos de la fregoncilla estaba, dicho, y hecho ejecuté todo cuanto me mandaba. Basqué un famoso sedal, un anzuelo, y una caña, y un arrápito tambión de seda floja encarnada. Salí, del amor llevado, de Árgel por la hermosa playa; buscando sirio a proposito para mi ranatil caza. Y en la falda de unas peñas, que las ondas azntadan. hice alriento, ecnando lancez, sin que una rana llegara. Estave en el dicho puesto algunas sris horas largas, con el oído ten large, haber seacantahar. Cuando Dios, y en hara buena, que nra miso muy mala, vi que hacia as poco a podo un Lron le me anercala. in y agurandula las partas, con la coa sobre el ambro hacía alegres mudanzas. Esto es hecho. . Amete, pues n tienes quien te valga, el le han te metera presto entra pecho, y espalda. Ibase el León llegando, y yo que temblande estaba, senia que? estatiñon del todo se me flejaban, y que un diluvio merdal me bajaba por las ralzas, oliendo a más, y mejor sin ser almiecle, ni algalia. Parose el León al ruido de la secreta soñada, hasta que llegó a tu oífato un ambiente que apestaba; y dando cuatro busidos, se fue volviendo las ancas. Yo le hice la corresía, diciendo, que le estimaba mucho la abominación con que trataba mis caízas. Y recobrado del fusto, y de mis mortales ansias, al mar me entré diligente emplastado de cazcarrías, diciendo: yo estoy perdido con mis calzas ataradas, otro remedio no hallo mejor, sino echarme al agua Allá dajo los grecuercos atestados de zurrapas, para que les saque el mar bien sus amaricia: cuchas. Pido, que me mandai dar por aquesta sucia hazaña unas nuevas pedorteras, en tiritaña aforradas. Que de Soldado te vistan mando, y a laquer a vayas, pues pata que huya y ne te harásnueevayar. Al arma al arma, Suldados, A las armas, a las armas, que de Españ: la Potencia la. Comlas de Africa alta. Qué vocería es aquesta? Qué confasión tan extraña! Será, que las centinelas descubierto habr an mir bragas, y andarán a puto el postre, sobre quien entra a lacarlas, y no hay que espantarle de ello: muy buen provecho les haga, que de palominos sun gustosas las empañadas. Rey invicto abderramen, de Átrica gran Bonarra, escuella, para que sepa, la novedad más extraña, que ha cida la admiración en las humanas entrañas, ni del Orbe en los archivar. pablicó altiva la tama. Dí, Capitán baltroso. no tengas ráspensa el alma. A taño el aundo notorias son las mudanzas extrañas, que ha tenido en todos siglos la Monarquía de España, que como opulenta, y rica, fue de muchos codiciada, avasallada de extraños, dominada de sus armas. Entre otros, en ella fueron las conquistas Asitanas, ilustres a todo ser. y a todo ser cerebradas. En ella al saero icorán de corazón se obervaba, y la Ley de Cristo apenas se arrevian a nombrarla. Falto el africano Imperio, de las Raliquias Cristianas, alentando nuevo intendio, se inflomaron nuevas alquás. Y en tanto grado avivaron mongibelos de sus llamas, que esclarecidos triunfaron de las Armas Asiranas. Pero quedando en su centro, por su Provincias sembradas, EL RENEGAD de Moros muchas familias, a quien Moriscos llamaban, gente humilde, a la la bor de los campos dedicada, y en cuanto a su Religión, ni bien Mora, ni Cristiana. De estos, porque en demasía, como humildes, se augmentaban, y con el afán continuo llenas tenían las arcas, envidioso el Reino todo, todos a tierras extrañas, expelerlos de su Reino con el Rey Filipo trata. Prevalecio este consejo y con diligencia rara, un sin número de gente, delamparando sus casas, de Andalucia a las custas dejaron, atropellada. Y en Vergantines, y Fustas, que tenían aprestadas, con Naviós, y Galeras, que la: barcas convoyaban; dieron con sumo secreto en las Costas Africanas. Y en las que de Orán a Argel el Mediterraneo baña, en una noche arrojaron mas de docientas mil almas, hombres, mujeres, y niños, y con crueidad tan tirana, que para un día sustento si quiera no les dejaban. biéronme avilo, señor, salí allá con mis escuadras, procuré favorecerlos con los medios que me hallaba, y venía a darte aviso, para ver lo que ordenabas. Gente agrícola son todos, y el África tien: playas desiertas, a donde puedes con gran útil ocuparlas. Ya mis espías secretas noticias me ministraban, que el gran Filipo, soberbio esa crueldad intentaba. Pero advertido, de que era gente toda destinada del cumpo a la agricultura, es cierto, la codiciaba, por ver, que mi Reino tiene de tierras muchas campañas fert les que aquesa gente puede labrar, y poblarlas. Y así ordeno, que toda ella por mi Reino se reparta, socorrida de alimentos, y más cosas necesarias. Que, al fin, son Moros, y fueron de la descendencia hidarga de los Nobles Africanos, que ganaron las Epañas. Y yo me precio de ser de la inclira prosapia de los Miramamolines de Cordova, y de Grañada. señar, las embarcaciones, que trajeron embarcadas estas familias, a vista nuestra están todas en calma. Y si las Galeras nuestras saliesen a darles caza, pudiera ser, que de algunas presto se señorentan. Dices bien: Morato altivo, esta es ocasión gallarda, para que de tu valor sacrificio a Mahoma hagas. Sigue su a cance feroz, no dejes Costa de España, que de tu valor no sienta la noble, y sangrienta saña. Al punto voy a embarcarme con invencible arrogancia de que conozca Filipo lo poco que puede, o nada. Amete vente conmigo, que quiero en esta jornada, que de España a los Leones les des a olr hoy tus bragas, Voy gustoso su maiente, aunque en abiendo batalla, Amete fuerza es que sea al primer tapón zurrapas. Deme vuestra Majestad los brazos. Y el alma, fiando de tu valor el crecido de mis armas. Espero corresponder a honras, y mercedes tantas. . Voy a España, y plegue a Dios, el que yendo a buscar lana, no me trasquilen la mía, y me quede de la galla. Pero, al fin, allá hay buen vino de Alaejos, y la Naya; y aunque Mahoma reviente, Amrte, a a deshilada, como siempre, entonará sus pasirlos de garganta. S JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
Del infernal atambor resuene el horrible acento, y publicando venganza, tema mi rigor el Cielo. Las cabernas infernales, con descomunales ecos contra Dios guerra públiquen, moviendo los elementos. Mis banderas enárbolen los caudillos del Infierno, y con diabólica rabia salga mi ejército inmenso. Salga mi soberbia antigua reconcentrada en mi pecho, para asaltar las murallas que Dios puso en mi desprecio. Venga la envidia furiosa, motivo de mi despeña haciendo oficio de Alferez en la guerra que pretendo. Venga de Caín la ira, cubierta de sangre, y fuego, mostrando mi furia altiva cual valeroso Sargento. Del maldito Baltalar la gula venga, y veneno, hecho de profanidad en los Calices del Templo. Salga la avaricia ingrata de aquel mísero avariento, que a Lázaro le negó las migajas con desprecio. De Sodoma, y de Gomorra, bostezando horrible incendio, venga la sucia lujuria, con sus achaques groseros. Y por cabo principal de mi ejército sangriento, vaya la pereza vil, pirata, y soldado viejo. El mundo, la carne, y yo, en recta guardia saldremos a la conquista del hombre, de Dios imagen, y espejo. Y supuasto que mi agravio vengar delmismo no puedo, de todo el género humano vengarme altivo pretendo, Y si Dios se precia a veces, en misericordia lleno, en perdonar pecadores, reformando sus secretos, sepa, que hay quien se le oponga: preciese de justiciero. Y pues que en mí obró justicia, ejecute yo lo mismo con cuantas hechuras suyas, con desgarto, y menosprecio, en mis bandos se alistaron, mi desesperación siguieron. Ea, Soldados valientes, pues os conserva mi aliento, alentad mi pretensión, favoreced mis deseos. Porque es sintazón, que Dios, permitiéndome ser dueño del alma de Simon Ansa, Renegado de su Temalo, quiera perdonarla ahora, por particular decreto solo porque en que se salve puso María su esfuerzo. Por sus delitos atroces, y sus insolentes yerros, estaba ya diputado a los tormentos eternos. Y por cierta de voción, que ha oblervado con desvelo, rezando todos los días, del Rosario solo un tercio; María, Madre de Dios. hace por su alma empeño, y Miguel hace sus partes, solo por este respecto. Mas aunque más le apadrinen con sus suplicas, y ruegos, sacármele de las garras por imposible lo tengo. A la Divina justicia, de su intercesión, apelo, y pido, que Simón Ansa vaya conmigo al Infierno, porque renegó de Cristo, de su Ley, y Sacramento; despreció ser Sacerdote, siendo homicida, y bla,femo. EL RENIGADO De su alma entrega me hiz por autentico instrumento, rubricado con su langra, que bien guardado yo tengo. Contra aquesto, qué poder as bastante en Tierra, y Cielo, aunque María, y Mliguel pidan por él con asfuerzo? Yo de todas sus acciones, y de su alma soy dueño veamos como ma satan de aqueste infernal derecho: que pues Dios se precia tanto de justo, y de Justiciero, es fuerza, que en mi savor ca dé la sentencira este pleito. Y me holgara, la saber en el Tribunal excello de la Divina justicia, que purde haber contra aquesto? garia la piedad, A cigual el esfuerzo, en qué sundan, que Simón no ha de ará ver si infierno? Impelido de las vuces de tu espíritu soberbio, que rompiendo el aire, esparcen contra los Cielos sus ecos, vengo desde el Cielo Empireo, a castigar, como suelo, tu desenfrenado orgullo, tus peniamientos soberbios. Es posible, vil espíritu, incorregibla, soberbio, que no puedan sujetarte tus continuados tormentos? Y que sabiando, que siempre, que te desbocas soberbio, se te duplican las penas, y pagas por una ciento; quieras con nueva osadía, contra los Cielos blasfemo, blasonar de poderoso, ononiéndote a su Imperio? Cuantas veces a mis plantas avesallado, y sujeto, te viste, por tus arrojos, con infarval menosprecio? Ahora ha de ser lo mismo, pues con infernal desprecio te opones irreverente DE FRANCIA a los divinos decretos. Y sabiendo, que María, Emperatriz de los Cielos, es de la piedad de Dios quien tiene todo el manejo; y quien para sus devotos Abogada, con empeño, imposibles facilita, allanando impedimentos. Tú, a quien su honar Celestial tiene puesto fuerte freno, y de tu cerviz sus plantas yugo eternamente fueron, te atreves, con insolencia, a blasonar su respecto. y consiguiente el de Dios, de quién es María espejo? Míguel, Alferes deDios, todo cuanto dices niego, que yo, aunque a todos los justos, que raigan hacer pertendo, de María a los devotos acometo con tal tiento, que el que se resiste humilde, luego al instante Irolejo. Pero a los que por sus culpas de su agrado viven lejos, y blasfemando su nombre, sus almas me prometieron; porque no he de conservalos como juyas de mi aprecio, y querellarme de quien los saca de captivario? Hartos devotos María tiene en el Orbe, con ellos esté feliz, gloriosa, y cuide de su remedio. Déjeme a mí con los que con desesperado acuerdo, olvidándose de Dios, vasallaje me rindieron. Déjeme este Simor Ansa, cuyo horrendo secrilegio, de homicida, y renegado, del Orbe escándalo fueron; que la sútil devoción del Rosario, y de su rezo, nada pueden merecer en un sujeto perverso. Y está ya tan rematado, que se blasona fancriento enemigo de la Iglesia, fiero, cruel, y soberbio. Persigue, bestia cruel, con tu insaciable desvelo, a los que por sus juicios justos, y sabios decretos, a Jesús, su Criador, del Baptilmo, y Crisma excelso olvidaron la memoria con audaz entendimiento, y deja los que el carácter en sus almas imprimieron; que este sello celestial es un alto privilegio, que tu poder avastarla con la Sangre del Cordero. Y a mi cargo, y de los Ángeles Custodios, ordenó el Cielo, de todos los baptizados el tegimen, y gobierno. Darles inspiración santa, y levantarlos del cieno miserable de sus culpas, tuedando de tu remedio. Sí pero este Renegado ya no puede ser de aquesos, que ha su nombre blasfemado, y profanado sus Templos. Eso no te toca a ti. ni entenderlo, ni saberlo, que de la piedad Divina sunoras los Sacramentos. Y cabe de la clemencia de Dios en el Mar immenso, el que un grande pecador de lantidad sea espejo. Cómo puede Dios, si es justo, y vengador, de sí mismo dejar de tomiar venganza de un pecador tan perverso? No será de su justicia hacer un vil vilipendio, no entregarme a este Simón para llevarle al infierno? Calla, espíritu infernal, ciera tus labios blasfemos, no quieras, que multiplique tus continuados tormentos. Tan Ángel soy como tú, ten a mi ser más respecto. Fuístelo en tu creación, mas por altivo, y soberbio, de la Divina justicia eres ya vil escarmiente. Tan bueno soy como Dios. Mientes, infernal sabueso, y en pena de tu osadía, duplicaré tus tormentos. Déjame, Míguel, no manches en mí tu crieste ace. otra vez que pronunciasto esa arrogancia, al momento del Cielo te arrojé yo en el calahozo eterno. Y siempre que la repitas, ten, miserable, por cierto, que te has de ver a mis plantas avasallado, y sujeto. La soberbia es quien me atiza, Ese es tu mayor tormento. No me atormentes, Miguel, déjame, que yo prometo obedecerte rendido. Has de confesar primero cuanto aquí te preguntare. Si haré. . Pues ve repitiendo. Confiesas, que Dios es Dios, y que a su poder inmenso no hay resistencia en el Mundo, por ser quién es? . Si confieso. Confiesas, que siendo Archangel, y el principal de su imperie, por tu soberbia caíste al abismo? . Si consieso. Confiesas, que aquella Reina Soberana de los Cielos, María llena de Gracia, es de Dios Madre? Confieso. Confiesas, que si ella media, a sus soberanos ruegos alcarza para las almas cuanto pide? . Si confieso. Y que a los sieles devotos del Rosario, con empeño, los ampara? Si confieso. Dasme palalira, y prometes, que ahora, y en todo tiempo dejarás a Simon Ansa en su albedrío perfecto? Dóytela, Míguel, porque a negarla no me atrevo. Pues, espíritu maligno, teme mi azore severo, porque si por ti, o por otro ministro de tu vil Reino, inquietas a Simón más, y faltas a lo propuesto, tus penas augmantare con exquisitos torment Alaridos infernales dará mi ambicioso pecho en retorno de la infamia que injustamente padezco. Que habiéndome Dios criado el Serafín más supremo, tenga Miguel contra mí tanta potencia, e imperio? Y que tengo de sufrir sus afrentas, y despretios? No lo ha de sufrir mi envidia, ni estoy obrigado a ello. Qué se ha de salvar Simón, y retratar su reniego? Eso no, que mi poder hrará de cólera extremos, Conmigo el infierno todo talga de Dios al encuentro; hagan Marla, y Míguel cuanto puedan, que yo espero de mis trazas, y quimeras, falsedades, y embelecos, que se resista cruel de Dios a los llamamientos. En el estado que hoy se halla darle la muerte pretendo, o trasladarle al abismo con mi furia en alma, y cuerpo. Con eso descuidará María de su remedio, que en el infierno, Miguel sabe, que nulla es redentió. -̱ Con sumo gusto, Señor, piedad soberana, y saera, instimulado de vos voy a hacer esta jornada. Con los Padres Redemprores me embarco de camarada, al Reino, y Ciudad de Argel, a ser Redentor de un alma. La primera vez soñé, que vos Señor, me mandabáis rescatar un Sacerdote, que en Árgel captivo estaba. Después me diste a entender con fantasía más clara, que este tal ha renegado de vuestra Ley Sacrosanta; que persigue vuestra Iglesia con Mahomética saña; y que, en viesos engolfado, hace de maldades gala. Después de eso, Rey del Cielo, vuestra providencia sacra reducir quiere está Oveja de su Iglesia a la manada. Y por el vil instrumento de esta humilde gusarapa, de este frágil pecador, lleno de culpas, y faltas, solicitáis su remedio, y mediante vuestra gracia, hacer de vuestra clemencia manifestación gallarda. Bendigo vuestra piedad, tanto honor, caridad tanta, y aunque pecador, os doy por ello infinitas gracias. Dadme, Señor, vuestra ayuda, esforzando la esperanza, que en vos tengo confiado, y en el Ángel de mi Guarda. A vuestro santo querer mi persona consagrada tengo, y mi corto poder, con esadía Cristiana. Trabajos, tormentos, penas, por vos tengo de pasarlas, en recompensa de aquellas que os dieron en la Cruz llagas. A vuestra Madre, a quien tengo por principal Abogada, pido intérceda por mí en el logro de esta causa. Y al Artángel San Míguel, de las Celestes Escuadra? suplico, me favorezca en esta pia demanda. Y a Diós ofrezco rendido, de su servicio con ansias, quedarme en Árgel captivo, porque el Sacerdote salga. . Dejadme, infernales sombras, ilusiones, y fantasmas, para qué lucháis conmigo, frustrando mis esperanza? Ya sé, que nací en Marsella, de ilustre, y noble prosapia, y que mis antepasados fueron de la Ley Cristiana, y yo de ella Sacerdote: pero mi fortuna varla de todo hizo menosprecio, y por vengarme de Francia, enegué la Ley de Cristo, y contra la Iglesia santa la banderá enárbolé con africana arrogancia. Coñado del Rey de Argel soy, y de todas sus armadas el caudillo principal, que con imperio las manda. Riquezar tengo infinitas, delicias, poder, y galas, y cuanto desear puede toda la soberbia humana. Ya ré, que al infierno he de ir, en virtud de la palabra, y cédula, que al Demonio con mi sangre di firmada. Pues si remedio no tengo, para qué me sebresaltan estas imaginaciones continuas, y demasiadas, sobre que me vuelva a Dios, fiando en su gran bonanza, que he de hallar puerto seguro al fin de tantas borrascas? Si su Iglesia he perseguido, menos preciado sus Aras, como en la piedad de Cristo puedo yo topar entrada? Hago cuenta, que nací Moro, y que fue mi crianza en la fecta de Mahoma, que siguen naciones tantas. En ella quiero morir ya sea buena, o ya sea mala, vivo con gusto, en muriendo hago cuenta, que no hay nada; y así, vanas fantasías, dejadme, porque me enfada acordarme lo que fui, lo presente solo agrada. De aquesta interior fatiga, que tanto me sobresalta, descansar quiero gustoso de esta verdura en las faldas, que deleitoso el Abril guarneció con esmetaldas, y Apolo con sus reflejos esmaltó de flores varias. , h. A este me enivla Luzbal (diciendo, que a Dios agrada) que de su vida el estambre corte fiera mi guadaña, porque a la Iglesia de Dios persigue con arrogancia. Y porque siendo Cristiano, renegó de su Ley Santa, bien merece aleve muerte quien la vida malbarata. Pero es padre de mentiras, e imagino, que me engaña; y así, no he de ejecutar en él la muerte tirana, si Dios, Autor de la vida, claramente no lo manda. Pero en sueños mi furor . le hará horribles amenazas, y no prometiendo enmienda, Te segaré la garganta. Muer te horrible, qué me quieres? porqué así me sobresaltas? Déjame vivir, ya que . eterna muerte me aguarda. Blasfemo, arrogante, loco, si tu ambición fue la causa de negar a Dios, por qué me teme tu vida airada? Dios te dio cinco sentidos, y tras potencias del alma, y un libre albedrío, esento de todas fuerzas humanas. Tú no supiste regirlos, pues por la vana privanza de un Rey terreno, negaste el del Cielo, y a tu patria. Déjame, funesta sombra, que el espíritu se arranca. A lo que soy yo venida, es para sacarte el alma de ese miserable cuerpo, pues de Dios está apartada, y entregarla a Satanas, para que en eternas llamas, mientras que Dios fuere Dios, por su desacaro arda. ofendido tengo a Dios, no tengo en él esperanza. Si lo conoces, por qué no le invocas, y le llamas, arrepentido, y humilde Porque es esperanza vana, después de tantas ofensas, querer alcanzar su gracia. Ejecuta tu rigor EL RENEGADO en mi vida, horrible parca. Isagolo, pues desesperas de la piedad soberana. Detén el golpe fatal de tu guadana afilada, no ejecures tu rigor, que Dios la vida le alarga, para que haga penitencia, por la intercesión sagrada de la Virgen del Rosario, a quien este Simón Ansa, en medio de sus insultos, siempre el Rosarió rezaba, y por esta devoción fue su continua Abogada. Vete, y déjale vivir, que aunque en la cuenta no caiga tan presto, al sin ha de ser su conversión admirada de toda la Cristiandad. . Voyme, Miguel, pues lo mandas. Teme, Simón, mi rigor y precia mucho esta gracia, que aunque en sueño ha sido todo, para despertarte basta. Qué sueño tan asombroso he tenido. Alá me valga! . que me asaltaba la muerte distintamente señaba, que para acabar conmigo lev antaba la guadaña; y al irme a dar, que Miguel, Ángel de Dios, lo estorbaba, diciéndola, que María, por su intercesión sagrada, pagada de que el Rosario cada día le rezaba, a mi muerte alcanzó treguas, y para mi vida largas. si será verdad aquesta, o algún encanto, o fantasma, que de mi coraje altivo reformar quiera la saña? Mi honor primero es que todo, y en los hechos de la fama se pública mi valor, timiéndome España, y Francia. Parto a molestar las costas, pues tengo a punto mi armada, despreciando santasías, y supersticiones vanas. Mahoma me dé su ayuda, DE ERANCIA que espero en esta jornada dejar esculpido el nombre de Simon Ansa el Pirata. . No sientas, Dalisa, tanto las ausencias de tu dueño, que ambicioso del honor, hace del valor empeño. A las Costas de Valencia va con la Armada derecho, a dar de improviso saco a una Villa de aquel Reino, y según obra alentado, de aquesta función espero, que Argel ha de quedar rico de esclavos, y de dinero. Téngol tan grande amor, que mientras no le estoy viendo, mil fantásticas quimeras máquinando está mi pecho. Pues qué te altera, Dalifa? Qué te da desasiego? Parte, señor, el temor, y lo principal son celos. Temo una fatalidad en los belicos encuentros, viéndole tan esforzado, y en sus arrojos tremendo, y temo, que la fortuna envidie el bien que poseo. Por otra parte sus prendas, y su galante despejo, no quifiera, que otro amor hiciera de ello trofeo. Supongo, que mi amor grande finge aquestos devaneos, que son hijos del amor los celos de los recelos. Señora aprende de mí, que aunque mi amante allá tengo, cuatro bledos se me da de que le coman los perros. Por un hombre una mujer ha de hacer fingido el duelo, diciendo: si este me falta, me amará otro majadero. Amete, con grandes ansias solicita mi himeneo, y aunque le quiero por chanza, de qua él me quiera, me alegro; porque no hay mujer a quien no le agrade el galanteo de cualquier hombre, aunque sea cualquier atezado negro, que somos vasos vacios, y es natural el anhelo en cualquier vaso, a tener su concavo bien repleto. Aunque tus gracias me alegran, no me alivian el tormento. Esta es seña de que ha antrado . embarcación en al puerto. Sí señor, que llegó a noche de España, en un Navichuelo, el Redentor del Captivos, que ellos llaman del Remedio, y habrá dos horas, que aguarda un Barbón muy reverendo para hablar a vuestra Alteza, que mete a los niños miedo. Son antiguos tributarios de los Afrícanos Reinos, pues traen a nuestras casas la plata que no tenemos. Si Redenciones no hubiera, Dalifa, yo te confieso, que no pudiera en la mar sustentar lo que sustento. Amete me prometió una esclavita, y espero tener mucha numerata de España, si llega a tiempo. Denos vuestra Majestad los pies a los dos. Del suelo alzad. En virtud de pasaporte, y trato que hecho tenemos, a rescatar los Cristianos Españoles de tu Reino venimos, con cantidad de más de treinta mil pesos, que están ya manifestados en la advans del puerto. La libertad para el trato solamente es la que espero, y libertad para hablar conmigo, y reconocerlos. Con todo gusto licencia para todo ello os concedo, mandando, que se publique vuestra llegada al momento con dulzainas, y tambores; y bélicos instrumentos, para que los que tuvieren esclavos, acudan luego al Baí a hacer ventas, y conciertos. Y así, a vos, noble Cristiano, como a vuestro compañero, en todos vuestros negocios espero favoreceros. Dar a vuestra Majestad gusto en todo pretendemos, a cuyas plantas rendido humildemente me ofrezco. De dónde sois? . . Valenciano, y con gran gusto de serlo, por ser de la España toda el más deseitoso suelo. Y vos? . Cierto Hercader, que a vender bonetes vengo, con deseo de cambiar por esclavos el dinero. Bien está, y de qué color los traes? . Todos vermejor, en cantidad, gran señor, de hasta dos mil y quinientos. Finos de seda joante? porque acá no los queremos, no siendo de mucho lustre, fabricados en Toledo. A la vista me remito, y lo que asegurar puedo, que no han salido de España hasta ahora otros como ellos. Pues que librevemente vendas, siendo avantajados, quiero. Cómo te llamas? . Marín; y vengo con gran deseo de llevar allá Cristianos, y dejar acá el dinero, porque mi Dios es muy grande, y se paga mucho de ello. Para todo doy licencia. Id con Dios. . Guárdete el Cielo. Infanta, si tienes gusto, a ver la playa bajemos, quizá con su alegre vista variarán tus pensamientos. Vamos, señor, por si acaso corre de hacia España el viento, y en él viene algún suspiro enviado de mi dueño. Yo de Amete solo aguardo, que acobardado, y con miedo suelte, apestando los aires, algún partinalgal preso. . a. Al muro, valientes Moros, asaltarle con presteza. Cercad todo su contorno, no se huyan por las puertas. Ya está dentro, Avenguandia, quien se resistiere, muera. Cristo, y María, ayudadnos contra esta canalla fiera. Ya penetraron el muro, y dentro las cajas sueñan, a Peñíscola tenemos cogida, por interpresa, antes que los comarcanos acudan a socornerla, en mis Galeras pondré toda su gente, y riquezar. l . Rinde la vida, Cristiano, de Mahoma a la potencia Mas quiero la vida dar de mí. Ley por la defensa. Matadle si no se rinde. Perrazos, antes que muera, he segar con mi espada a mmil Moros las cabezas. Natable valor! . que la nobleza se alienta; pero los Moros son tantos, que tienen la Villa llena, y lor harán mil tajada; a la menor resistencia. Albricias, señor mi amo, y sean grandes, y buenas, que va todos los Cristianos soltaron las abugeras. Que al faror de aquesta espada, a este brío y gentlleza a cada paso que daba rodaba media docena. Estaban durmiendo todos, y cuando la centinela avisó ya estaba dentro la gente de tu Galeras. Y con suma confusión, y más mirdo que vergüenza, en camisa, de las casas se acoglan a la Iglesia. Mas no ses valió el Sagrado, porque la gente de guerra prevenida, derribo del Templo todas las puertas. Aprisionados los hombres quedaron junto a las hembras, en camisa, en un montón, besándose las melenas: que este ganado ovejuno, todas sus ansias, y penas las encomiendan feroces a las uñas, y a las greñas, Como estaban en camisa miedo, tenía de verlas, que se me representaban allí las almas en pena. Las mozas se desmayaban, y quedaban macilentas, mas como las más son brujas, todas se volvían viejas. Cogiéronlas por las calles la chusma de las Galeras, y las pusieron de modo, que estaban, cual digan dueñas, pues tienen el coram vobís, las nalgas, y pelambretas. Yo como soy bizarrete, tuve piedad, y clemencia de una vieja dentelluda, sabiendo era tabernera. Metime con ella a solas, y dijele: Doña Avuela, yo soy algo aficionado al zumillo, de esla cega. Mi sed es grande, si quiere hacer una obra buena, azúmbreme esta barriga con leche de su bodega. Que aunque soy Moro, Mahoma, si sed como yo tuviera, es cierto, que no mandara en su ley tal fuiolera. Diome piadosa a beber a tutipión: y yo a ella saqué fuera de la Villa, donde escaparse pudiera. Har juntado suma grande de plata, oro, y riquezas, por las casas que arruinaron, y en los Conventos, e Iglesias. De hombres, niños, y mujeres, mas de ochocientos por cuenta, amarrados van llevando a embarcar en las Galeras. Ropa, alhajas, armas, hierro, joyas, y piezas de seda, es tanto lo que han hallado, que que gran parte de ello dejan. Y para más arrogancia de su Ley, captivo llevan un Cristo Crucificado de su adoración idea. Y a la Madre de este Crsto, que en el Altar está puesta, en un arca llevar quieren, la cual es hermosa, y bella, para que en Argel las Moras hagan con ella una fiesta. Qué dices, infame? calla, no pronuncies tal blasfemia. Por Alá, que es la verdad de lo sucedido esta. A la Imagen Soberana de María hay quién se atreva? Por vida del Rey mi hermano, que al Moro; que tal hiciera, a tormentos le acabara, y en llamas le consumieron. juro a Diós. . Echa, vergante una mordaza a tu lengua, que a María Sacrosanta, siendo de los Cielos Reina, ni a su Imagen, ni a su sombra, es bien, que alguno se atreva. Ve, dirá Aliatar, que mando, que con toda reverencia la deje puesta en su Altar, y dos antorchas la encienda: El Cristo vaya captivo, que ese mientras más afrentas le hace el Mundo, su Pasión mas al vivo representa. Ya, señor vianen aquí a darte de todo cuenta; que esta vez también los Moros andan con el Cristo acuestas. Yo un pellegito de vino escondí ya en la Galera, y a la salud de Mahoma echaré unas colanderas. Saco, Señor, de importancia. Ah sido la mayor presa, que se pudiera pensar en el Reino de Valencia, pues sin faltar Moro alguno una Villa toda entera hemos ganado, llevando toda la gente, y hacienda. Mas de ochocientos captivos las embarcaciones llevan, sudas, y piezas de plata, sin número ya, y sin cuenta, Y ese Cristo, con qué fin, o qué ganencia os espera, llevándole a Berberia? Es para alegrar la fiesta que en mosa de los Cristianos hoy hacer Argel espera. Llevadle captivo a Argel, pero a la imagen de aquella que le parió, y quedó Virgen, de ningún modo, o manera le toquéis, ni le agraviéis, que tengo gran fe conella. Harase como lo mandas. Dejadla en su casa misma, mirad, que es devota mía Hágase como lo ordenas. Pues embarcad los captivos luego a toda diligencia, recogiendo todo cuanto llevar puedan las Galeras, y aremo, y a vela zarpar antes que Valencia pueda armarse contra nosotros, que bien que llorar las queda. Y si el Cielo me da vida, y el gran Mahoma me alienta, a España yo le aseguro, que no será la postrera esta vez, que el gran Morato, Renegadorde Marsella, moleste altivo sus costas, y derribe sus almenas. Ni la postrera, que Amete se emborrache en sus tabernas. Esperando estoy por horas de tu esposo la llegada, y de su noble fortuna alguna empresa gallarda. Tanto el alma me atormenta: esta ausencia tan amarga, que si se dilata mucho, moriré desesperada, que la ausencia del amor fue siempre cruel madrasta; y en mí, que amo tiernamente, fiero torcedor del alma. Pues yo, señora, quisiera, que mi amante se ausentara muchas vaces, por el gusto que en volverle a ver hallaba. Que a una mujer, que su esposo no sale un punto de casa, abranle la sepultura, y prevénganle mortaja. Si a mí con un Tejedor por desdicha me casaran. as cierto, que no vivía una tan sola semana. En los castillos del Muelle hicieron ahora salva. Viva el general Morato, azote cruel de España. Albricias, corazón mío, que ya vive tu esperanza También Amete vendrá vendiendo fieras brabatas, pero yo le haré volver otra vez a pescar ranas. Dame a besar, gran señor, una y mil veces tus plantas. Los brazos, hermano mío, te daré de mejor gana. Y vos, bellísima esposa, festejad a quien os ama. Caríñolo un corazón de puevo os vincula el alma. Atended, inclito dueño, . de mi felice jornada el más venturoso acierto, que cabe en vuestra esperanza. Salí de este noble Puerto, gobernando tus escuadras, hoy hace catorce días, contra las costas de España, tan altivo, y tan furioso, que el mar mismo se asombraba de ver sobre su cerviz una armada tan gallarda. Y en fe de su admiración, sus ondas pacisicadas, favorables ofrecieron a mi orden sus espaldas. El Zsiro tan propicio a los rumbos se aplicaba, que conocí, era temor que tenía a mi arrogancia. Avisté al tercero día de Cataluña las playas, reconocidas de lejos por sus eminencias altas. Seguí por medio del golfo mi derrota con bonanza, hasta hallarme en el paraje de las costas Valencianas. Y ordené a boca de noche, que en las falucas, y lanchas, con el silencio posible entrase la gente armada. Y en lo oscuro de la noche, con buen orden enfiladas, yendo sus Galeazas todas puestas en su Retaguardia, en el Puerto de Peñíscola, y su Villa, situada sobre un redondo pesión, que por la playa se alarga, se entraron tan en silencio, que antes de una hora estaba circúnvalada la Villa, y aplicadas las escalar. Y al punto que el Sol sus luces a brujulear empezaba, sobre sus murallas puestos tus estandartes estaban. La puerta que hacia la tierra tiene bien fortisicada, aplicándole un petardo, se hizo brevemente franca. Alborotose la plebe, pero tarde, porque estaban llenas las calles, y muros de gente muy bien armada, que a los que se resistieron en breve hicieron tajadas. Rindiéronse los demás, cerca de ochocientas almas, que en mis Galeras captivos traigo de todas las casas. Iglesias, Puerto, y Conventos, toda la seda, oro, y plata, vestidos, hierro, y chalupas, y tal número de alhajas, que pienso, que en todo Argal no se han de hallar otras tantas, que todo pongo a tus pies, y de mi esposa la Infanta; y hasta una Imagen de Cristo, que de luces adornada, del Reino toda la gente deboramente adoraban, a Argel traigo, para que del Cristianismo en venganza, viéndole en nuestro poder, se abrasen en vivas ansias. No quedó en la Villa toda, sin arruinar, una casa, solo en la Iglesia Mayor quedó una Imagen intacta de aquella Doncella hermosa, que la Ley Cristiana llama María Madre de Cristo, y concebida sin mancha. Esa fue por afición que le tengo demasiada, y por su mucha hermosura es justo reverenciarla. En premio de tu valor; por esta lustrosa hazaña, de la mitad del botín hago merced a la infanta; y la otra mitad, quiero, que a los Soldados repartas, para que vivan gustosos debajo de tu ordenanza. Para mí la gloria sola de esta victoria me basta, por saber, que de mis fuerzas quedó pavorosa España. Por las repetidas honras con que vuestra Alteza ensalza a mi esposo, mis cariños de nuevo se la consagran. Y mi vida a tus abrequios estará siempre postrada. Amete, seas bienvenido: Cómo te fue en la jornada? Casandra, divinamente; porque yo allá lo pasaba mejor que todos los Moros, y nunca me atragantaba, que aunque virgen, como fue viene, Casandra, mi espada, mataba ella más que todos los Moros. . Y qué mataba? La sed con todo cuidado, que no me quedó tinaja a quien un tiento no diese. Y de mí no te acordabas? Algunas sí, cuantas veces cada día te brindaba, y un vaso de media azumbre a tu salud me envocaba. En tu nombre la razón hacia con tanta gala, que por tú solo respecto siempre sin razón quedaba. Según eso, por entrambos, Amete, te emborrachabar? Por ti perder el juicio no es gran fineza, Casandra? Mucha, pero mejor fuera ahora me presentaras alguna cosa curiosa para adornarme la cara. Mi amor es poco carero, gusta de truta barata, y en vendiéndome carísima, no haremos buena ensalada. Pues sepa el señor Amete, que en no habiendo numerata, nihil es neutro en Latín, y en Romance noramala. . Vive Dios, que se me cas por la chulilla la baba, y en no dando a las mujeres, luego nos vuelven las antas. . e . Si a eterno, y fiero tormento me tiene Dios condenado porque quise estar sentado sublime en su acatamiento: Como ha de caber contento en tan eterno penar, mas que gemir, y llorar, y blasfemar contra el Cielo, que me tiene sin consuelo, sin quererme perdonar? Una soberbia intención fue mi pecado, y tan justo el castigo, que ya injusto fuera hoy en Dios mi perdón: No puede su redención volverme lo que perdí, y pues no me vale a mí, no es justo, que un Renegado goce aquel feliz estado donde yo criado fui. La Ley de Cristo trocó por la fecta de Mahoma, y de la Iglesia de Roma Sacerdote renegó: Pero de María no; y por ser con ella fiel, está empeñado, Míguel, contra mi sumo desvelo, que le ha de llevar al Cielo, haciendo un gran Santo de él. Mas yo a su ardiente ambición ofreceré montes de oro, porque a María el decoro pierda en esta devoción: Si no, de la estimación en breve le haré euer, y tan druel pienso ser con este del venturade que de María alejado, de mí se venga a valer. En aquesta Galería, con gran secreto, y recato, mil veces entra Moraro a rezar la Ave María: Y aquí quiere mi osadía ver, si con halago, o miedo, de su pecho arrancar puedo esta devoción sagrada, que de ella desarraigada, fuerte, y victorioso quedo. Quiero, por ser hoy el día de la Gloriosa Asunción, rezarle con devoción siel el Rosarió a María. Dios te salve, María, , norte del alma mía, concibida sin culpa, macha, o pena, llena de gracia, y de virtudes llena, de que Dios es testigo, por estar el Señor siempre contigo. Entre las hembras todas, tú sola entraste a las eternas Bodas; y por eso Bendita el Fruto de tu Vientre te acredita. Ruega por nos, Señora, (ra, ahora, y de la muerte en nuestra ho- para que consigamos los pecadores lo que deseamos: que yo, vil Renegado, (grado. de vuestra protección busco el sa- Mucho he ofendido a Dios, pero más, que mi malicia, valéis voy, que por Madre, por Hija, y por Esposa, es vuestra intercesión muy pode. Aunque a Cristo negué, (rosa en el reniego a vos os reservé; y aunque me volví Moro, os tuve siempre este sil lal decoro, pagándoos de ordinario el feudo de rezaros el Rosario. No me olvidéis, Señora, Norte del Mundo, y de la Iglesia Au- la Iglesia he perseguido, (tora: de la ambición humana conducido; Templos he profanado, pero a vuestras Imágenes guardado el debido decoro, y reverencia, como lo sabe el Reino de Valencia; y aunqeobios en ello no merezco, a vos esta atención humilde ofrezco No sé como sufrir puede mi infernal obstinación, que por esta deveción, con vida Simon se quede! Pero yo haré, que se entede en vicios, de tal manera, con una, y otra quimera, que olvide su fantasía de todo punto a María, y desesperado muera. A Dalifa pondré celos, al Rey crueles traiciones, para que mil turbaciones tenga en su pecho, y recelos: Y en medio de esos desvelos, de temor, y confusión, mirando su perdición, y creciendo de ayudas, ejecute, como Judas, toral desesperación. Voy al Infierno a llamar los espíritus feroces, que en tentar son más atroces, para mi intento tratar: Y no pienso sosegar día, y noche, hasta tener a Simón en mi poder; pues madiante mi discordia, de Dios la Misericordia poco le puede valer. Virgen, de Dios Relicario, recibid de mi afecto este Rosario, en cuya devoción seré immutable mientras dura esta vida miserables y en todas ocasiones defenderé vuestras perfecuciones: que aunque a Dios ofendido tengo, por vos espero ser oído; y que antes de la muerte, suerte; se trueque en buena mi perversa porque como sol Madre de Clemencia, de Dios tenéis el mando, y la potencia La Aurora del Sol Divino, vestida de resplandor, baja a enseñar el camino a un errado pecador. Simón, pecador errado, abre los ojos del alma, mira, que benigno Dios a penitencia te llama. Y porque todos los días el Rosarió me rezabas, hallaron piedad en Dios mis suplicas, y plegarias. No persigas más su Iglesia, deja esa fecta malvada, que con los brazos abierto; Dios puesto en la Cruz te aguarda, En Valencia, a donde fuiste de sus Iglesias Pirata, para que hagas penitencia te ha prevenido morada. No dejes tu devoción, porque ella de Dios te alcanza vida para arrepentirte, y recobrarte en su gracia, Salve, Reina de los Cielos, la que a tus devoros todos, por tan admirables modos de Dios alcanzan consuelos. Divina Aurora del Cielo, Madre de Dios Soberana, gracias os doy infinitas, por merced tan señalada, Celestia!l es Paraninfos, trinadle allelvias santas, por aqueste pecador, que de Dios vive en desgracia. Y vos, Míguel Soberano, con el Ángel de mi Guarda, de Luzbel, fiero enemigo, estorbad las afechenzas. Ordenad en breve, como de Argel, y de Moros salga, a donde dispone Dios, que mis culpas satisfaga. Dame Consejero fiel, para que en su confianza parta a ejecutar veloz lo que María me manda. (bella, Y Vos Virgen Sagrada, hermosa, y sed mi norte, mi guía, luz, y estrella. PAT JORNADA TERCERA P e
JORNADA TERCERA
Béndito seáis, Señor de las alturas, que así honráis las humildes criaturas, pues de mi gran cuidado, en sueños esta noche me heis sacado. Vine, desde Valencia, a Árgel, gustoso, por vuestra obedien- a rescatar un Sacerdote Infiel, (cia, y renegado a instancias de Luzbel. No saber quien sería, era continua la molestia mía; procuré descubrirlo, y vi, que era imposible conseguirlo. porque en Argel todos los Renegados de los Cristianos andan retirados. Volvime a vos, Señor, que condolido de mi gran dolor, E me revelasteis, que era el General Morato, altivo, noble, y principal, y del mismo Rey cuñado, con la Infanta Adalifa ya casado; pero que condolido estaba de su culpa arrepentido. Suplícoos, por la sangre que vertistela, es que pues a este rescate me volvisteis, para acertar en todo, (do. Eme deis un Ángel, que me enseñe el mo- Buscadme, pues, ocasión en que le pueda hablar al corazón: vuestra Soberana providencia pido el acierto de esta diligancia. El Cristo, que los Cristianos reverencian por Alá, captivo a los Moros vino, y captivo ha de quedar. Allá en cortinas de seda, de oro, y de tafetan, muy devotos le ponían, y hoy captivo le verán. La Redención de Captivos, si quiere, le sacará, y si no, pues le trujimos, captivo se quedará, Lamparas de sina plata le alumbraban el Altar, y le hincaban las rodillas, y si quieren adorarle, por fuerza le han de sacar. Allá las gentes curaba de toda calamidad, y como buenos Cristianos, si es que le adoran de veras, sin duda le comprarán. Moros nobles, donde vais con aquese Cristo Santo, a quien con alegre canto profanar solicitáis? Ven con nosorros, que ya verás del Dios, que tú adoras, como se tíen las Moras, viando que captivo va. En Peñíscola adorado era de toda la gente, y por eso solamente hoy Argel le ha captivado. Dios Eterno, yo perezco a vista de tan gran mal, para ovviarlo, mi caudal, y mi persona os ofrezco. Moros, yo soy Mercader, que a España vuelta he de dar, y le quiero rescatar, si le lleváis a vender. Si nos das buen talegón de patacas, está hecho, y hágate buen provecho el Curisto, y su devoción. Di, cuanto nos has de dar, y llevarásle contigo? Yo, Moros, no soy amigo de cansarme en recarear. Danos cuatro mil ducados. Si diera, si los tuviera, que aunque el Cristo es de madera, fueran muy bien empleados. Si mil ducados queréis, váyanse luego a contar. No te lo queremos dar, dejadle, no le escuchéis. Cuanto ha de ser, Africanos, lo último, y lo postrero? Tres mil pelos en dinero, o en bonetes Toledanos. Ya los bonetes vendí, dos mil pesos os daré, y el Cristo me llevaré, que no tengo más aquí. Costonos mucho trabajo, como es Cristo tan pesado; y así, ni un solo ducado de los tres mil posos bajo. Quédate con Barrabás, Cristianillo palabrero, que quieres mucho el dinero, y el Cristo no llevarás. 3. El Cristo que los Cristianos reverencian por Alá, No habéis de pasar de aquí con el Cristo, que yo quiero, que sobre aqueste dinero quedarme capibo aquí, Captivo se quedará, si los tres mil no dais luego; y así, es inútil tu ruego, que ni el Rey lo alcanzará. No le suelto. 3. Si haréis tal, que nuestro captivo es. Pero os pesará después de haber hecho tan gran mal Qué es esto? General noble, mi Cristo captivo está, y le quiero rescatar, y pago el rescate doble, y no me le quieren dar. Cuánto te piden por él? Pídenme tres mil ducados. No te piden demasiado, porque mucho más vale él; y eres miserable, o loco, en nno se los ofrecer, que das con eso a entender, que estimas tu Dios en poco. Cuán to das tú? . Dos mil doy, que es todo el caudal que tengo, y juntamente convengo, que por él me quemen hoy. Y supuesto, gran Morato, que fuiste, y eres Cristiano, si me ayudas con tu mano, el Cristo te será grato. Sin duda este Mercader le debe Dios de enviar, para mi alma librar del poder de Lucifer. Cristiano, ellos tienen gusto de que quede en captiverio el Cristo, si tu primero no das lo que fuere justo. Piden tres mil, tú das dos, yo tercero quiero ser de esta venta, por hacer, que tu cargues con tu Dios. 3. En tu mano lo dejamos, lo que dijeres, será. Digo, que muy bien está, y en esto nos ajustamos. Pues Cristiano, que rescata el Cristo, que ve captivo, es justo, que pague altivo lo que el Cristo pese en plata. Vengo muy gustoso en ello. Yo también, porque los tras, según que pesado es, muy mal podemos moverlo. Pues ya que venís en ello, porque he sido yo el tercero, tu corre por el dinero, y ellos vayan por el peso. Vamos corriendo a buscarle, que según es de pesado el Cristo, al desventurado muchíscimo ha de pesarle. No traten al Cristo mal, según pretendo, y deseo, y más, que en tan justo empleo consuma yo mi caudal. Imagen, y trasupto soberano (no del Verbo Eterno, que en el traje huma. por remediar al hombre de pecado en un Madero fue crucificado, (les y por franquear el Cielo a los morta- se ofreció a padecer injurias tales: Por saber, gran Señor, que es inmenso, y eterno vuestro amor, aunque para mis culpas, por ta abominables, no hay disculpas, ansioso de hacer de ellas penitencia, pulso las puertas de vuestra clemencia, y me acojo al sagrado de esa preciosa llaga del Costado; esos brazos abiertos, son, de que me esperáis, indicios ciertos: hijo prodigo he sido, y a vos, y vuestra Iglesia perseguido; pero Vos, como Padre, a instancias de María vuestra Madre, me llamáis, y alentáis a nueva vida, que os ofrezco, Señor, arrepentida: suplicándoos rendido a vuestros pies, que a tierra de Cristianos me llevéis. El peso está aquí señor, el mayor que hay en Ángel, y que se han pesado en él alhajas de gran valor. Es de un Judio malvado, que me le ofreció muy listo, para que pesase el Cristo, de quien él está agraviado. Doblado al, ha de pesar el Cristo, y es evidente, que fue para aquesta gente Cristo de mucho pesar, Antes juzgo, que por eso ha de pesar poco, e nada, que para la Judiada es Cristo de poco peso. Colgado el peso está ya, venga el Cristo a una balanza, y ponga usted, seo Carranza. ocho talegos allá. Pienso que este ha de sobrar. Bien puedes poner segundo, porque pesa el Cristo un Mundo, Dejad el Cristo igualar: ven como no pesa tanto el Cristo, ni la mitad. Vive Dios, que es la verdad: parece cosa de encanto! . Saco más dinero de él? mas he menester sacar, para llegar a igualar, y dejar el peso en fiel. En fiel esta, bien lo han visto: eso que el talego tiene, es lo que por precio viene, y no pesa más el Cristo. Apenas tiene el talego dinero, bueno por cierto, y yo deslago el concierto, y de tu Cristo reniego. Milagro es. . Eslo por Dios. Milagro es, quedarme yo sin dinero? Aqueso no, quédense así ustedes dos, que yo renuncio el contrato. Advierte primero, Amete, que cuando se compromete entre dos, es justo trato. Juro por el Alcorán, que no he de venir en ello. Pues yo pienso defenderlo, que en Argel justicia harán. Aunque redunda en mi daño, ser milagro no resisto. Yo pienso dejar el Cristo, porque ha obrado con engaño. Pruebo, y aquesto es muy cierto, que el Cristo contra mí ha hecho contra justicia, y derecho, de que yo agraviado quedo. Yo anduie siempre cargado desde España para Árgel, como es notorio, con él, y ahora aquí me ha dejado. Pues pudiendo yo tener embolsado mi dinero, como perro perorgüero me canse solo en oler. En que es milagro, no vengo, ni tal diré con mi bona, y por lo que a mí me toca, evidencia de ello tengo. Porque es cosa extraordinaria, la que es cosa milagrosa, y para mí es una cosa aquesta muy or dinaria. Porque yo pobre me hallaba, y un póbrete siempre fui, y ahora me quedé así, y como me estoy me estaba, Por lo cual, en buena ley, para mi obró como extraño el Cristo, y por este daño me voy a quejar al Rey, Por los Orbes Celestiales, que es cosa para admirar: quiero el dineto contar. . Cuato pesó? . Treinta reales: el misterio me ha admirado. Cristo mío muy querido, por lo que fuiste vendido venás a ser rescatado. Aliatar, vamos a dar cuenta al Rey, no sea que Ametillo, que allá fue, lo vaya todo a enredar. Id los dos, y le contad el caso como palió; y que en este puesto yo aguardo a su Majestad. . 2 Advierte, Morato, aquí el poder que Dios encierra, pues vino el Cristo a esta tierra a obrar milagros por ti. Sacerdote eres, confiesa los hyerros que has cometido, y de ellos arrepentido, pública lo que te pesa, Por ti me ha enviado Dios desde el Reino de Valencia, allá has de hacer penitencia, que presto iremos los dos. Dios me reveló tu estado, delitos, y atrocidades, y que sobre otras maldades, cédula a Luzbel has dado, escrita con sangre tuya; pero si obras lo que intentas, como humilde te arrepientas, yo haré, que la restituya. Mil veces llevarte quiso a las llamas del Infierno, pero el Sanmo Padre Eterno se lo estorbó de improviso; porque su Celestial Madre, del Sol de justicia Aurora, del Cielo, y Tierra Señora, Hija del Eterno Padre, por ti piadosa ha abegado, porque cuando renegaste fuera a ella la dejaste, y el Rosario has continuado; y es aquesta devoción tan agradable a sus ojos, que suspende los enojos de Dios, y la indignación. Simón, aqueste es negocio en que va el descanso eterno, si no te irás al infierno, sin valerte el Sacerdocio. Sacerdote, en ningún modo lo soy, ni lo puedo ser, después que el Crisriano ser entregue al Demonio todo. El carácter recibido cuando a ti te baptizaron, y el día que te ordenaron, en tu alma está esculpido. Yo no acabo de entender, que pueda eso ser así, porque si de Dios huí, él de mí no lo ha de hacer? Cristo, Hijo de Dios Eterno, había de estar sujeto a un Sacerdote indiscreto, condenado ya al infierno? Cristo, de Dios palabra es; y así, es eterna verdad su promesa, en realidad, antes, ahora, y después. El dijo, que en su memoria, si el Sacerdute dijese: Este es mi cuerpo, entendiese era verdad perentoria. Luego si ahora dijeras con intención competente lo mismo, es cosa evidente, que él a tus manos viniera. Por gozar de su presencia, si hubiera pan, lo intentara, por pedirle cara a cara lugar para penitencia. Pantaquí lo tengo, amigo, si con Dios quieres hablar, . a este Pande harás hajar, haciando lo que te digo. Pues digo con la intención que él lo dijo, a quien prometo vivir siempre muy sujeto con humilde devoción: Supuesto que fe debemos, será bien, que le adoremos entre ambos con el Te Deúm. Yo confieso, Redentor de pecadores benigno, que en manos del más indigno pecador estáis, Señor Sacrílego os profané, postrado, Señor, os pido, que pues me habéis redimido, me recoja vuestra Fe. Llevadme donde yo pueda con penitencias feroces llorar mis culpas atroces en la vida que me queda. Y a aqueste sagrado culto de Cristo puesto en la Cruz, que me ha dado tanta luz, consagre perperuo culto. Aquese Pan Soberano, pues Víático se nombra, será nuestro anparo, y sombra, con su poderosa mano. Divídele entre los dos, y en el pecho le metamos, para que seguros vamos llevando en el pecho a Dios. - Dices bien, pártole pues, (. que él cuando se consagró, que le frangiesen mandó, porque para todos es. , Divino Señor, qué es esto? . sangre de nuevo vertéis? Indicio es de que queréis echar hoy conmigo el resto. Y clara demonstración, según yo alcanzo, y entiendo, de que amante está vertiendo sangre hoy día su Pasión. Pues de este asombro se infiere, que Cristo en el Sacramento pública en Divino acento, que por los hombres se muere, El Rey viene, recogamos al pecho con gran decoro con que tanto interesamor. Qué es esto, amigo Morato? Una civil competencia, que pide Real Audiencia de una venta en el contrato. Dime lo que ha sucedido. Ellos lo referirán como sucedió, y visto han de que yo testigo he sido. Vuestra Majestad atienda, que yo quiero referirlo. Haciendo los que aquí estamos un timburato Morisco, con algazara festiva, fiestas, y gran regocijo, de Árgel por todas las calles seguidos del pueblo fuimos, publicando, que captivo traíamos este Cristo, que de España en esta empresa los tres habemos cogido. Y cuando con él cargados llegabamos a este sitío, este Mercaber Cristiano, que a vender bonetes vino, y algún hechicero, o bruja nos le hizo encontradizo, con una cara de Viernes, mudado el color, nos dijo, que rescatarlo quería, porque era su caudal rico. Nosotros, que gran codicia de su dinero tuvimos (que en oyendo real de ha ocho se enternecen los oídos) en venta, como otro Judas, al Cristo Juego pusimos. Fedimos le cuatro mil ducados, pero el mezquino, a la primera palabra, que mil nos daría dijo; soltamoselo en tres mil, daba mil más, no quisimos; y caminabamos ya, del Mercader despedidos. Pidionos con muchas ansias, agarrándose del Cristo, que además de los dor mil, a él le quemasemos vivo antas que viese a inDios en nuestra tierra captivo. Llegó a este tiempo Morato, informole del litigio, y pareciéndole, que nos mejoraba el partido, viendo, que el Cristo era grande, y que pesaba un prodigio, dijo, se pesase a plata, y en este convenió vino el Cristiano luego al punto, y en ello los tres venimos. Esta es la verdad del caso, y aquesto lo sucedido hasta aquí. Buscamos peso, que nos le prestó un Judio, y puesto en una balanza, Improvisamente el Chisto se aligero de tal suerte, que nos quedamos cortidos, y anelando del concierto, te fuimos a dir aviso. Cuánto pesó? Treinta reales, que yo conté. . Es gran prodigio! Ver un Cristo tan pesado, qué más no pesase admiro! Asegurote, Señor, que los tres, que le trujimos, veniamos reventando, como suelen los borricos. De donde infiero, Señor, que hay encanto, o hay hechizo, Yo creo, que fue milagro. Mi parecer es lo mismo; y así, pague solamente lo que peró en fiel el Cristo. Qué hacemos con treinta reales? A ducado no salimos, cuando pudimos tener dos mil en nuestros bolsillos. No se hable en el punto más, que lo que he mandado, y dicho, La fama publique altiva del Orbe por los archivos la justicia, y rectitud, que yo seré su ministro. Sal luego de la Ciudad, y lleva el Cristo escondido, sin darlo a entender a nadie, porque si llegan a oírlo los Moros, se pasarán no pocos al Cristianismo, Quisiera, señor, saber en que fundas tu juicio, que favorece un Cristiano contre tus vasallos mismor. Escúchame la razón, que hacerlo así me ha movido. Si el Cristo pesado hubiera un precio tan excesivo, que sobrepujara cuanto teníáis aprendido, entonces regocijados ejecutaráis altivos, mediante el trato, al Cristiano, en aqueso convenido. Lo que para otro quieras (según natural instinto) igualmente has de querer, que se obre contigo mismo: luego pese mucho, o poco, ese es su precio debido. Peró solos treinta reales: luego ese es el precio fijo; y querer cobrar de más, fuera agravio conocido, y en mí, si lo consintiera, un gravísimo delito. Y si hay engaño o malicia, cómo habemos entendido? Si en el Cristiano estuviese, veréis como le castigo. Mi trato, señor, es llano, y desde luego permito, que si con malicia obré, en Argel quede captivo. Decidme en que estuvo el dolo? El Cristiano no ha tenido culpa algúna, del Cristo es el engaño, porque se hizo ligero, siendo pesado. Y yo qué he de hacer al Cristo? Bejárnosle captivar, porque no peró infinito, y por hacer bien a uno, a tres nos dejó perdidos. Aunque Cristo fue hombre humano, en opinión de Divino todo Cristiano le tiene; y aunque yo no lo confirmo, bien puede ser que lo sea, y por ser poderosísimo, obrase esta maravilla, que vosotros habéis visto. Por lo cual, buen Mercader, lleva tu Cristo al Navió, y mira bien, que te encargo, que lo lleves escondido. ̱. Con todo secreto irá, sin algázara, ni gritos, en el Navió Cristiano, donde embarcan los captivos. Gultoso cargo con él; pero qué es elto, Dios mío. moverle, señor, no puedo, si quiera un poco del sitio. Qué dices? Por más que esfuer zo, y de él, y de la Cruz tiro, no puedo alzarle del suelo, y que es milagro imagino. Déjame a mí, majagranzas, que tengo mejores bríos. Por Aá, que no hay moverle, y es como tirar de un risco, siendo yo hombre que levanto cualquier pellejo de vino. Tirad los tres. . Illa vamos, como si fueramos niños, ; y aunque venga todo Argel, señor, ha de ser lo mismo. Si aquesto hiciera en el peso estuvieramos muy ricos. Bien merece le captiven quién hace tantos hechizos. No hay que porfiar, señor, que este es segundo prodigio. Lleguemos todos, Morato, seamos de ello testigos. . Si quinientos se juntaran, fuera sin duda lo mismo. Que moverle no podamos, tirando de él todos cinco? Dejadle, que humanas fuerzas no pueden con lo Divino. Sin duda, que Crilto es Dios, porque esto de ello es indicio. Señor, si acaso quedarse quiere, y ser de Argel vecino? Eso no, que es milagrero, y anda remos aturdidos. Vaya a España, donde creen, que es su poder infinito. Yo, señor, a entender llego, que este prodigio que he visto, es, porque le falta un dedo de un pie, y ha de ser preciso, que se busque, y se le vuelva, verán como de improviso luego se deja llevar manso como un corderillo, El dedo téngole yo, que al desembarcar el Cristo le salto de un gran porrazo, que contra un peñasco dimos. Pues ve corriendo por él, y traeselo, Ametillo Con más miedo, que vergüenza, voy a traerle de un brinco. . Digo, que estoy asombrado de caío tan peregrino. Yo confieso, que he quedado de este portento aturdido. Aquí está el dedo, señor. Cristiano, poselo al Cristo. (. Cuando Cristo, gra señor, (- fue muerto por los Judios, que de su preciosa sangre hicieron vil desperdicio, al resucitar glorioso, todo cuanto estuve unido con su cuerpo, y con su alma, en su supuesto divino a recogerlo bolvió otra vez, y a reunirlo: Y a esa imitación su Imagen pide su dedo perdido, y para darlo a entender obró este nuevo prodigio. Póngole en su piesagrado, - ya se encajó, y está asido como los otros. . Portentos son todos estor indicios. Id con Dios, Noble Cristiano, si podéis mover el Cristo. Mas ligero que una pluma se deja mover el Cristo. Alá te guarde, gran Rey, largos, y felices siglos. Adiós, gallardo Cristiano. Moraro, lo dicho dicho. . Ninguno, pena de muerte, de esto que aquí habemos visto se atreva a decir palabra en Árgel, ni en su distrito; porque temo, si se sabe este prodigio inaudito, que todo mi Reino entero desampare el Mahometismo, diciendo, que Cristo es Dios, y su poder infinito Y que el que a los Moros pesa, espera el Cristiano alivio. Seguiros quiero, mi Dios, corrido, y arrepentido. Venid, furias infernales, Príncipes de los Abernos, que elta vuestro Capitán fulminando iras, e incendios. Injusto contra mí es Dios, pues frustrando sus decretos; me quita lo que era mío, y consta de este instrumento. El alma de Simon Ansa, persido, iniquo, y blasfemo, después que obró más insultos, que estrellas hay en el Cielo. Después de haber renegado de Cristo, y sus Sacramentos, y abrazado de Mahoma los infaustos documentos. Casadose Sacerdote, y con altivo denuedo, contra la Iglesia Cristiana ha alcanzado mil trofeos. Porque a María su Madre no le ha perdido el respeto, y de ella la devoción ha conservado su pecho. Con auxilios de su gracia le va ahora socorriendo, para que con penitencia labe los pasados yerros. Contra esta injusta piedad contradicción el infierno pone, y todo su poder alista para el intento. Venid, horribles espíritus, a aqueste infernal empeño, que el Cielo quitarnos quiere un malvado, que era nuestro. Con él pienso acometer, y con sacrílego es fuerzo, pues es mía a todo ser, sacarle el alma del cuerpo. Él viene aquí pensativo, y si apacible no puedo reducirle a mi ser vicio, le acometo a sangre, y fuego. A vuestra piedad rendido (Dios poderoso, e inmenso, confesando mis errores, pido socorro, y esfuerzo. Horribles mis culpas son, mis escándalos, y ierros; pero de vuestra clemencia me acojo al Sagrado Puerto, confesando arrepentido, que en vuestro Costado abierto, para acoger pecadora; tenéis espacioros senos Libradme de Lucifer, a quien sumamente temo, porque en sabiendo, que os sigo, me ha de acometer soberbio. Morato, y Simon amigo, cómo te hallo tan suspenso? qué te falta, que aquí estoy obediente a tus preceptos? Cuanto el Orbe encierra, es tuyo, honras, gustos, pasatiempos, que yo pago puntnal todo aquello que prometo. No sé si me podrás dar una cosa que deseo. S . Pide, y verás la presreza con que a tus pies está puesto, Pues dame, pues poderoso eres, y blasonas de ello, de mis culpas, y pecados un grande arrepentimiento. Infame, loco, atrevido, inconstante, injusto, y necio, como contra tus ofertas te atreves a decir eso? Viven los Cielos, que aquí he de arrancar de tu pecho aquese espíritu infame, de que instrumento me has hecho? Si puedes, hazlo, Luzbel, pero advierte, que le tengo hecho Custodia de aquel que te despeñó del Cielo. Qué es esto, infernales furias, desmayaron mis alientos: Porque me atormenta ato a de aquese Pan los reflejos, . que las llamas del abismo no me dan tales tormentos? Voyme, que a ello me fuerza su Sacramen tal respeto; pero vengarme de ti, con crueldad, te lo prometo. . Sí, que Dios Sacramentado, del infernal Can Cervero, aunque en su boca no cabe, es de su osadía el freno; y así, espero triunfar de él con este Rey en el cuerpo. . Y tengo, para esta nocha, con los Cristianos, dispuesto embarcarme en su Navió, y hacerle a la vela luego. Plegue al Señor, a quien busco, nos dé favorables vientos, para que cuando en Argel me llegaren a echar menos, en Valencia estemos ya del Gran en el noble puerto. Esto a Cristo, y a su Madre pido con humildes ruegos, y para que irreverancia no padezca el Sacramento, recibirle por Víático, antes de embarcarme, quiero, Solo esta, y bien pensativos es cierto, que tus recelos, de que otro amor se aficiona tienen mucho fundamento. Yo con mujeril ardid, que es poner copete, y ceño, descubrir pretendo en breve, si son mir recelos ciertos. Infanta, y señora mía. Esposo, y querido dueño, parece que cuidadoso demasiadamente os veo, pues un cariño mi amor no os debe ha ya que de tiempos. Tráeme fuera de mí un ahogo de tal peso, que confieso, que no estoy para gustos de provecho. Pues tampoco os debo yo, n que para descanso vuestro, no me participaréis ese cuidado en secreto? Para que siendo materia de disgusto, o sentimiento, repartiéndole entre dos, sea menor el tormento. Confieso, que eso es así; pero por aqueso mismo rhuso el que lo sepáis, por ovviar el sentimiento. otra la causa ha de ser, según entendido tengo, y pienso, que es amoroso, y mucho aquese desvelo. Y para juzgarlo así, tenéis algún fundamento? Tengo una sosperha grande de un indicio manifiesto, fundado en ciertas palabras, que pronunciasteis vos misme. Sabar cuando, y qué palabras, bella lutanta, es lo que quiero. Cuando de España llegastels con aquel bello trofeo, que de Valencia en la casta adquiristeis con esfuerzo, al referir a mi hermano la victoria, y el suceso, dijisteis inadvertido, que tratasteis con respecto de una mujer un Retrato. o imagen, por ser tan bello, que os robaba la afición de su memoria el Objeto. Yo que advertida lo el (como son linces los telos) dije: nunca el amor pado ocultar sus movimientos; que supuesto, que en presencia de quien le adora por dueño alaba más hermosura, ya su amor le tiene ciego. Bealla Infanta, cuanto dices ingrnvamante confieso, y que a ese retrato tuve, y tendré siempre respecto, porque estoy favorecido de su dueño con ex eso, y no hay mujer en el Orbe como ella, porque en efecto entre las mujeres todas es de hermosura el espejo, y comparadas can ella todas las del Vniverso, son un poco de basura, y muladares de estiércol. Estando presente yo, te atreves a decir eso? De quien Afreca blasona, mirando mi rostro bello, que para criarme ermosa echó la hermosura el resto Y si te digo quien es, confesaras tú lo mismo. Pues hásmelo de derir. Entrémonos acá dentro, porque quiero que lo sepas con grandísimo secrato, y espero la has de querer tanto como yo la quiero. La Infanta llava una purga de ponzeñoso veneno, que le ha de hacer echar hasta el alma dal cuerpo: qua no hay para una mujer catada peor veneno, que decirla su marido, que otra tiene buen pellejo. . Después, señor, que pasó con el Cristo aquel portento, está Morato muy triste, pensativo, y macilento. A mí me admiró de modo el peregrino suceso, que por más que hago, y trabajo, no puedo olvidarme de ello. Como Morato Cristiano fue, causole más efecto. Yo, y la Infanta a divertirle al campo lo lacaremos. Fuéronse los Redentores? A noche fuera del puerto quedaba el Navio ya aguardando viento fresco. Cuando Dios amaneció, de vista se iban perdiendo. HAy desdichada de mí, de pena, y coraje muero. Escapose con secreto. Amete, pícaro, infame, casastere para eso? Salid aprisa, y sabed de que son esos lamentos. Yo lo diré, gran señor, cuyo es todo el sentimiento. Morato, Rey de Argel, a quien siaste tus Armas, y conmigo le casaste, ese noble Francés, de quien tu pecho tan pagado vivía, y satisfecho, aquese vil Cristiano Regado, co quien ran cariñoso te has mostrado con fineza, cariño, y con halago, esta noche, señor te ha dado el pa- go. Anduyo aquestor días hecho un archivo de melancolías, y fulminando enojos, en el Cielo clavaba sus dos ojos. Yo que tierna le amaba, saber la causa de ello deseaba; y viendo, que a solas se afligia, y con sollozos lágrimas vertía, cariñosa le dije: Esposo mío, qué es lo que te aflige? Mira, que tengo el alma, de verte triste con perpetua calma; y que comunicándose un cuidado. se alivia el corazón más desvelado; y siendo así, que en otras ocasiones de su pecho sabia los rincones, en esta con desvíos menospreciaba los cariños míos. Mas tanto porfré, que saber sus congojas alcance, siendo la causa de su triste exceso el milagro que obróCristo en el peso; porque viedo admirado aquel portento, quedó captivo de su entendimiento, por haber renegado (obrado; de un Dios, que tal prodigio había y llorando fligido de haber su (glelia y vado pelsegui- su alma ya resuelta do, estaba a dar al Cristianismo vuel- procuré cariñosa disuadirle, (ta; y vi, que era imposible reducirle, antes reconocí, que procuraba reducirme a mí, a que mi ley dejase, (sase, y a la Cristiana humilde me pas- porque en ella hallaría por abogada mía a una María, Madre de Cristo soberana, y bella, que habiéndole parido está doncella; por cuya poderosa intercesión él esperaba conseguir perdón, porque de ella no había renegado, antes bien su Imagen venerado. Mas viendo, que su ruego (go, mella alguna no hacía en mi sosie- me persuadió, que lo considerase, y mañana (por hoy) a medio día con la resolución respondería. Retíreme asustada, y de esta novedad sobresaltada; pero él, que ya su ida sagazmente tenía prevenida, con Amete encubierto, con todo disimulo se fue al puerto, y en el Navio, que estaba prevenido, a España aquesta noche se ha parti- Aquesta alevosía, gran señor, (do. desdoro es manifiesto de tu honor, y escarnio mío, pues un Renegado tu poder, y mi honor deja afrenta- Ya yo, con pena tanta, (do. un lazo me he de echar a la gargan- si venganza no toma (ta, de esta dethora mía el gran Mahoma. Salga ligera al puto una Galeota, siguiendo del Navió la derrota, y yo en persona luego su alcance he de seguir a sangre, y que es vaso muy pesado (tuego, é un Navió en el mar, yendo carga. (do; y es forzoso alcanzarlo en la mitad del golfo, y apresarlo; y así, Moraro, y cuantos van con él S arderan vivos en volviendo a Argel. Amete, gran señor, con mi casado, no tiene que te dar mucho cuidado. (da, que ya de estar casada, si va a decir verdad, ya estoy casa. que un marido en durando más que un para toda mujer pesado es; (mes, i pues porque al morirse hace lluto, es, porque los maridos duran tanto. Un arma general luego fe toque, y toda la Morisma se convoque, (ña; que mi colérica saña, le ha de traer, aunque se oponga Espa- y tú, Infanta, para vengarte fiera, la leña dispondrás para la hoguera. Si no hay venganza de él, es cosa cierta, que cuando vuelvas estaré ya muerta. Aprisa, infernales furias, embraveced esas olas, soplen veloces los vientos, dando al Navio zozobras. Fiera tempestad! . Horrible! Valeonos, del Cielo Aurora. Socorro, Dios soberano. A mis maldades notorias, de más atroces castigos conozco merecedoras. Vaya a el mar el Renegado, que el mar por él se alborota. Echadme en el mar, amigos, que así lo hicieron con Jonas. Vaya a el mar ese Pirata, en castigo de sus obras. Cielo Santo, Cristo mío, piedad, y misericordia: Vi gen Santa del Rosario, favo recedme, Señora, que ya entre las olas lucho de mi muerte con la hora. Ya el mar está sosegudo. Cesó la tormenta toda: María, Madre de Dios, favorecedme, Señora. No te librará de mí, aunque sea tu devota. Qué me ahoga. Madre mía! Hijo mío, aliento toma, que yo, Simón, te acompaño benigna, afable, y piadosa, asete de mi Rosario, que para librarte sobra. Quién sois, Celeste Mujer, que me socorréis gloriosa? Soy el Norte de tu dicha, de tu conversión la Aurora, Madre de tu Redentor, de la Trinidad Esposa, asilo de pecadores, que arrepentidos me invocan. Baso indigno vuestras plantas, Madre de misericordia. Quién pudiera, si no vos, sacar de mis vias corvas el alma de este sacrílego, que con sangre suya propia me entregó por esta cedula, y escritura perentoria? Esa cédula, en que a mí por su Abogada me nombra, ha sido de su remedio Celestial ejecutoria; restituyesela al punto, para que luego la rompa. Toma, que mi poderío a su obediencia se postra. Este es el que te ahogaba, si mis manos no lo estorban, para llevarte consigo, a su estancia tenebrosa. De aquesta manera premia de Dios la misericordia, a los que de votos míos con reverencia le invocan, rezándome a mí el Rosario con sus ofertas devotas. De aquesta beslia insernal quedas libre. . No me pongas ya que me quitas le ahogue, obediencia tan penosa, que es insufrible tormento. Vete, yibora espantosa, a tus ragiones oscuras, y en toda su vida pongas a sechanzas a Simón, déjale hacer buenas obras. Obedezco tu mandato lleno de envidia rabiosa, donde en infernales llamas blasfemaré de tus gloriar. . , Simón, lo que ha pasado? pues de todas estas cosas adiós las gracias le da, y mucho tus culpas llora, trata de servir constante, y no vuelvas más la hoja, que recaídas en culpas, siempre son muy peligrosas, Virgen, y Madre de Dios, del Cielo divina Antorcha, por than grandes beneficios como a esta alma pecadora hacéis, pido, que os alaben los Ángeles en la gloria, y que el mismo Dios bendiga vuestras perfección todas; y pues sacado del mar me puso en la amena costa, a publicar mis pecados, y de mi vida la historia voy, y a decir, que María sus devotos galardona. Asombrado estoy, Marín, de esas mara villas nuevas, que para el Orbe Cristiano merecen durar eternas. Y lo que me admira más, y lástima en gran manera, es del pobre Renegado, la inésperada tragedia, y que arrojado en el mar se aquierase la tormenta. Aún tengo firme esperanza yo del Cielo en la clemencia, que vivo le hemos de ver en el Reino de Valencia. Y en qué tu esperanza fundas? Esta señor, es mi idea: Yo fui a Ángel, de Dios mandado (como sabe Vuecelencia) a rescatar un captivo, Sacerdote de su Iglesia. En llegando allá, el espíritu, con ilustración perfecta, me dijo, que Renegado el tal Sacerdote era. A quien la Reina del Cielo María, Señora nuestra, amaba por su abogado, y era su muro, y defensa. Después con vivas instancias, por medio de aquesta Reina, supliqué, que se me diesen individuales señas. Y en un misterioso sueño, de toda su vida entera, del sujeto, y del estado tuve revelación cierta: que era Cuñado del Rey, General de sus Galeras, y enemigo capital de las Cristianas fronteras: que a Peñírcola saquíó con tan soberbia insolencia: para que le hablase yo vino del Cristo a la venta, siendo testigo ocular de la maravilla excelsa; contando los reales él, y publicando eran treinta: tiró con el Rey del Cristo cinco juntos con violencia, sin poder en algún modo hacerle perdiese tierra; consagró el pan, al frangirle, vio salir la sangre fresca. Con todos estos prodigios Dios le llama a penirencia: que a lo que pude entender de sus ansias verdaderas, y del repudió que dio a honras, gustos, y riquezas, placeres, pompas, y aplausos; el dejar estas grandezas fue muy agradable a Dios, por la terneza perfecta de sus ojos, que dos fuentes peremnes llorosos eran; pues que Dios, para atraerle, ordenó estas diligencias, no había de permitir, que su alma se perdiera. Y antes de reconcillarse Simon Ansa con su Iglesia, tan inopinadamente en las hondas pereciera. Juicio Cristiano, y santo tus esperanzas allenta, plegue a los Cielos piadosos, que en salvamento se vea. Yo espero ha de hacer el Cristo por él maravillas nuevas. Y a qué hora desde el mar el Cristo vendrá a la Iglesia? Señor, la comarea toda, y la Ciudad, solo esperan con devoción inaudita, a que Vuecelencia venga: y en la Parroquial del Grao se colo que en su presencia. Mucho gusto, y devoción tengo de ver esta fiesta. Ya la música pública, que la procesión comieza: y por aqueste lugar a la Iglesia se endereza. Alma, que de tu pecado esperas la Redención, contempla con devoción Cristo en la Cruz enclavado. Estandarte Soberano, que nuestra Fe enárboláis, muy bienvenido seáis a este Reino Valenciano. Rescataros heis querido del Mahometano desprecio, por aquel humilde precio, que ordenasteis ser vendido. Mil alabanzas os den los Ángeles Soberanos, y estos dichosos Cristianos de esta dicha el parabién. De vuestra clemencia ciertos, esperan dulces abrazos, mirando, que vuestros brazos os dejó en el alma abiertos. Valencia vanagloriosa de esta honra tan singular, humilde viene a adorar vuestra Imagen milagrosa. Aquí yo os ofrezco hacer un suntuoso Panteón, con las joyas, que Simón Ansa, dejó en mi podar. Suplícoos, Eterno Dios, que a donde quiera que esté, su conversión a la Fe, admirable, premiéis vos. Yo soy, gran Duque de Osuna, el Renegado de Francia, Morato en la Morería, y Cristiano Simon Ansa, Renegado de la Fe, contra su Iglesia Pirata, cuyos crueles insultos agraviada llora España; de cuya altiva nobleza tienes ya noticias largas. justicia vengo a pedirte, rendido a tus nobles plantas, contra mí, apostata vil de la Iglesia Sacresanta: que viendo las maravillas, que esta Imagen Soberana obró a mi vista en Árgel, le rendí otra vez el alma. Y dejando la Corona de Árgel, que ya me esperaba, por no tener el Rey hijos, y ser mi esposa la Infanta, poder, honras, y riquezas, gustos, placeres, y fama, de este Cristo en seguimiento vine, ansioso de su gracia, en la Nao, en que volvían los Redentores a España. Pero Luzbel, mi enemigo, levantó tan gran borrasca, que de podernos falvar perdimos las esperanzas; porque el poder del Infierno cruel nos amenazaba. Yo reconociendo, que eran mis pecados de ello causa, pedí humilde a los Captivos, que me arrojasen al agua, para que no pereciesen por mis culpas tantas almas. Arrojáronme crueles en las olas, que encrespadas, luchando conmigo fuertes, sepulcro me aparejaban. Llamé en mi favor a Cristo, y a su Madre Sacrosanta, a quien pia devoción tuve en mi foruna varia. Y como de piedad llenas tuvo, y tiene sus entrañas, de mi asticción con dolida, al socorro se abalanza. El home el Rosario, asile, y con presteza instantanea me hallé seguro en la orilla de aquesta arenosa playa. Consolome generosa, avivó mis esperanzas, asforzó mi conversión, mandándume, que la amara. Esta es, gran Vitrey, mi historia, mis culpas piden venganza, mis insultos gran castigo, no sé si una muerte basta. Levanta, noble Simón, . que la Iglesia de Dios Santa, al rrconorido humilde afable, y benigno abraza. Y pues que segundo jonas, sobre las Celestes alas de la Vallena del Cielo salista de las borrarcas. Supuesto que Dios propicio, como benigno te trata, ostentando en tu favor maravillas de su gracia. Ríndele muchas por todo, y con penitencia amarga conságrate a su servicio con resolución gallarda. En la devota presencia de esta imagen Soberana estaré mi vida toda llorando culpas pasadas, Y a mí, que tu Siervo fay, y el Santo Cristo en volandas, captivo en Árgal llevaba, cuando obró grandezas tantas, Por haber sido teselgo, y venir a publicarlas, qué me han de dar, pues confieso por mejor la Ley Cristiana? Y acabado de casar con una chula Africana, la dejé con mil demonios. y todas mis esperanzas. Darante, si tienes Fe, del Santo Baprismo el agua. ̱. Agua, no la puedo ver, porque me enfría el nombrarla, y en cuanto ha Dios criado, no he visto cosa más mala. Y por qué? . Yo lo diré: porque eela gusarapas, sapos, ranas, renacuajos, culebras, y salamandras. Y porque poca que heba, al instante me acatarra, y porque la echan del Cielo, como cosa reprobada. Amete, la del Baptismo la bendicen, y consagran, y la echan por de fuera, y allá dentro el alma lava. Pues como dentro no entra, venga, y por de fuera caiga, y el vino ira por de dentro a recrear mis entrañas, que ley donde beben vino abrazo de buena gana. La de Mahoma no bebe, porque es una fecta falsa, que Mahoma fue un borracho, y porque no le faltara vino que beber a él, mando, que no lo probaran los Moros, por él hartarse, si acaso resucitaba. Pongamos al Santo Cristo con devoción en su casa, y con jubllos, y fiestas celebremos su llegada. En hora dichosa vuelva el Retrato verdadero, del que es Redentor del mundo, restituido a su Templo. Agradecido, Dios mío, no hallo palabras con que explicar mi regocijo. Mi Rey, y mi Dios Divino, alabanzas os dé el Mundo por tan altos benesicios. Y aquí, discreto Senado, la gran Comedia se acaba, del Santo Cristo vendido, y Virgen desempeñada, los Cómicos, y el Poeta priden perdón de las faltas.
