Texto digital de Rendirse a la obligación
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Diego Figueroa y Córdova y José Figueroa y Córdova
- Atribución estilometría
- Diego Figueroa y Córdova Probable yJosé Figueroa y Córdova Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Rendirse a la obligación. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/rendirse-a-la-obligacion.

RENDIRSE A LA OBLIGACIÓN
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMERA Ara enesos verdes troncos los caballos, y busquemos donde ampararnos, Chichón, de la tempestad. Reniego de las nubes, que así arrojan, preñadas de horror, y miedo, mares de agua; y de granizo; grande año de taberneros si esto ha caído en Madrid. Deja la chanza, y busquemos si por aquestos contornos alguna cabaña, o pueblo asegura nuestras vidas: camina, pues. . Yo recelo, señor, que has perdido el juicio, pues no adviertes, que nos vemo sin guía, norte, o camino, perdidos entre lo cipeso de este enmarañado bosque, en un páis Extranjero, de quien el rumbo ignoramos, de noche ya, y sin aliento los caballos; y así en tanto que cesa el agua, podemos debajo de estas encinas. Aguarda, que a los reflejos de aquel relámpago he visto, si no me engaño, un soberbio, un sumpruoso edificio, que desmoronado a trechos vavo ejemplo de los días, caduco padrón del tiempo, puede ampararnos. Bien dices, que a la luz de otro Lucero desleido, de quien tienen su noble origen los truenos, le he visto yo. . Pues Chichón sigue mis pasos. . El perro de Tobias, y San Roque nos guíe. . Ya a lo que veo hemos llegado a sus puertas, digo a su entrada, supuesto que solo el quicio da señas de que las hubo. . Santelmo, y que boca tan oscura parece dama del tiempo, que a puro pedir, los dientes se le han caído. . Sígueme, pues, Ya te sigo, mas si hablo verdad, yo llevo un miedo como una casa. Pues de que tienes el miedo, yendo conmigo? . Ya sabes que desde tamaño temo las cosas de la otra vida, y en estos casares viejos suele haber duendes, fantasmas, lucus, demonios, muertos, y dueñas en pena, que para purgar sus enredos, sus chismes, y sus mentiras, piden Misas. . Calla necio, que esos son cuentos de viejas. No son de viejas los cuentos, pero aguarda, que el reflejo si no verdad infalible; pues anda el demonio suelto al ruido de estas cadenas, hay que golpazos, yo pienso que he de pagar sin ruibarbo lo que no como, ni ceno, siguiendo tus aventuras. Qué temeroso; que horrendo ruido de cadenas loyes Chichón? . No señor, que tengo chamuscados los oídos con las centellas, y el fuego que estos eslabones forman, y para encender es cierto que la cera, y el pábilo se ha de hallar en mis greguiescos. Parece que hacia esta parte se acerca. . San Nicodemus, San Agápito, San Cosme, San Pascasio, San Fulgencio, y todo el Credo me valga: ay, que el alma de un cochero, que pena el haberlo sido, yanda a diestro, y a siniestro dando vueltas, y revueltas con un azote de fuego, me ha cascado por detrás, imaginando, y creyendo, que soy mula de la guía. Señor, que aguardas? busquemos la puerta, y vamos de aquí. El que es noble nunca ha vuelto las espaldas al peligro; yo he de apurar el secreto de este ruido, aunque aventure la vida. . Yo que no tengo para ver matar a un pollo valor, ni ánimo, confieso, que es imposible seguirte. Pues vete cobarde luego, y esperame en ese bosque: de una luz aquí se acerca: hacia este lado esperemos el fin de aquesta aventura. Hasta cuando, hado severo, para perseguirme solo tendrás fijo el movimiento? Ay Margarita divina, que lejos estás, que lejos de dar alivio a mis males! mas si ignoras que al imperio de tu hermosura he rendido alma, vida, y pensamiento; de que me quejo? ah fortuna! para que permite el Cielo la vida a los desdichados? mucho se tarda Lanrencio, yyo estoy; pero dos hombres al parecer extranjeros; Ay de mí! son los que miro? Válgame todo mi aliento. Jesús, que cara de cafre. Si se descubre el secreto corre peligro mi vida; la industria con él esfuerzo me ha de valer. . Aunque late el corazón en el pecho asustado a tanto asombro, no ha de coder, no, mi aliento a tal prodigio . O vosotros, que ignorando los secretos prodigios de este castillo, con errado piehabéis puesto en este sitio las plantas, salid de este sitio luevo, no irritéis mi furor, sino queréis que en el centro de la tierra os den mis brazos urna, pira, y monumento. Yo sin detenerme un punto meité, como el señor muerto nos de pan, y callejuela. Yo no, pues fiando a mi aliento mi noble resolución y a este círculo pequeño de esta guarnición, que imita a aquel Sagrado madero que obró nuestra redención, no he de dejar este puesto, sin saber primero, como con voz humana, y con cuerpo en este lugar asistes? y así de parte del cielo te requiero, que me digas que causa, razón, o intento te obliga a que estés aquí? No presumido, y soberbio solicites imposibles, sino quieres ser trofeo con tu muerte de mis iras. Si eres cosa que no creo, alma que pena sus culpas, con sufragios, y con ruegos piadosos, te daré alivio: mas si eres, a lo que pienso, hombre como yo, estos brazos, este valor, este acero han de apurar lo que he dicho. Yo entre los míos primero sabré quitarte la vida. . Raro valor. . Grande esfuer por Dios que eres invencible! (zol Mal sabes el ardimiento de un Caballero Español. Luego tú, según advierto, suspende los brazos, eres Español, y Caballero? El alma es pregurtadora, En aqueste instante mismo hemos llegado de Españ- Pues ya recatar no quiero mi calidad, patria, y nombre, ni mis desdichas, supuesto que en la lealtad Española vive seguro mi empeño. Bien puedes de mi fiarte, y mano, y palabra ofrezco de ser tu amigo leal. mientras viva. . Yo la aceto. Prosigue pues. . Ya prosigo Que ya escucho. Estame atento. Yo, generoso Español (aunque este traje grosero me encubre) soy Federico, hijo del Rey Clodoneo de Nápoles, que con justa aclamación goza el Reino más fértil de toda Italia, logrando prudente, y cuerdo en la fe de sus vasallos aquel cariño, y respeto, que de amado, y de temido dan a un Príncipe Supremo nombre inmortal, que víncula eterno a su mano el Cetro. Vivía en Nápoles yo, sin haber sentido el fuego de amor, ni sus tiranías, ocupado en el honesto ejercicio de los libros, del bridón en el manejo, del negro acero en las líneas, de la caza en el experto aparato de la guerra; y finalmente en aquellos graves heroicos motivos que toman los nobles pechos para ejércitar iguales el valor con el ingenio. Cuando acaso (que los males suelen venir sin pretejto) llegó a Nápoles un día cierto Pintor extranjero, de grande opinión, y fama, y llevaba algunos llenzos al Rey mi padre, que siempre tuvo a la pintura afecto. Entre ellas, ay de mi triste! iba un retrato tan bello de una mujer, que los ojos recelaron, y temieron que fuese idea, y no copia, pues en humano sujeto al parecer no cabian juntos tan raros extremos de hermosura; y perfección, tanto, que yo amante, y ciego, pues al verla le di el alma, mudo entre el amor; y el miedo, crel turbado, y confuso haberme rendido a un lienzo: De qué original, le dije, procede el hermoso cielo de esta copia? A qué responde: este divino sujeto es Margarita, Duquesa de Bretaña, cuyo imperio compite con su hermosura, siendo de tan alto empleo pretendientes en su Corte mil Príncipes forasteros, que solicitando todos. tener tan hermoso dueño, la festejan, y enamoran en licitos galanteos con mil diversos festines. Y de aquí a un mes han dispuesto en defensa de su gala unos soberbios torneos delante de su Palacio, dando al vencedor en premio una Corona de perlas, y diamantes, cuyo precio vale una Ciudad. Yo entonces rendido a tan noble objeto, sin darle cuenta a mi padre, una noche en el silencio de las sombras, me embarqué solo con un escudero, en una nave Española, que llevando a popa el viento favorable, nos condujo en breves días al Puerto de la Ciudad de Bretaña, patria, oriente, albergue, y centro de la hermosa Margarita; donde disfrazado llego, y me informo, que entre tantos, pretendientes forasteros era el más dichoso Enrique, hermano del Rey Fisberto de Francia, pues merecia. en público los honestos. favores de Margarita, y que acabado el torneo. sería su digno esposo: A cuya noticia ciego, como celoso, propuse: solicitar mi remedio con la lanza, y con el puño, procurando en los torneos. quitarle la vida a Enrique. Salgo a campaña encubierto; donde sus tiendas tenían todos los aventureros, hasta el señalado día, habiendo visto primero a la hermosa. Margarita; disfrazado en los festejos, que en su Palacio le hacían; dónde hallé que el pincel necio hizo agravio a su belleza; pues al mirar sus luceros, era su hermosura más, cuanto su destreza menos. Llegó del torneo el día, y armado de limpio acero, matizado el fuerte arnés de azul, amarillo; y negro, colores que publicaban desesperación, y celos: sobre un caballo de frigia; rostado alazan, que al eco. de la caja, y el clarín iba danzando, y moliendo la corpulenta estatura, monte animado, tan diestro en la carrera, y el torno, que al medir fuerte, y ligero los términos de la valla, excedió dos elementos; al viento con la herradura, y con el relincho al fuego. Me presente en el palenque entre los aventureros, que eran de una parte, y de otra, los Cortesanos soberbios, que con el dichoso Enrique su caudillo, al mismo tiempo iban entrando en la tela bizarramente compuestos de mores, plumas, y galas; partiose el Sol a los ecos del clarín, y los Jueces, dejando igual el terreno, nos pusieron frente a frente. Áquí la cluma de Homero quisiera para pintarte el valor, el ardimiento de los briosos caballos, y valientes Caballeros, que hechos junques en las sillas a tanto fornido encuentro de las ya deshechas lanzas, cubrieron de horror el Cielo, de negro vapor el Sol, los Astros de polvo denso, la tierra de espuma, y sangre, y el aire de horror, y miedo. De esta suerte manteman naturales, y extranjeros, en igual grado el valor, cuando yo atrevido, y ciego buscaba a Enrique, y el hado (que para ser más adverso, suele ser más favorable, me le puso junto al mismo mirador de la Duquesa sobre un Andaluz overo de una nube Cordovesa, relámpago, rayo, y trueno. La lanza en ristre le busco, y él al mirar mi denuedo se cubre del fuerte escudo: pártimos los dos a un tiempo mas como yo le llevaba, por celoso amante, y ciego, tan conocida ventaja, no fue mucho del encuentro venir a la blanca arena, confesando desde luego, que allí no le detribó mi valor, si no mis celos: Cayó en fin, y tan mortal quedó en la tierra, que el pueblo creyó ser muerto, y a voces pide venganza a los cielos. Llega la guarda a prenderme, ayudada del esfuerzo de los fuertes cortesanos: los nobles aventureros en mi defensa se ponen, vuélvese a encender el fuego de la batalla más vivo; y yo en tan crecido riesgo, solo ver ala. Duquesa desmayada sobre el pecho de una criada sentía. Ibase el día cayendo sobre los montes vecinos, y la noche con su velo las sombras formaban, cuando arrimando con aliento, al caballo las espuelas, mas volando, que corriendo, Salgo al campo, llego al sitio, donde esperaba Laurencio mi escudero, y sin parar; por la senda de un otero a aqueste bosque llegamos, y a este palacio, que el tiempo de manteló con sus iras, que fue, según me dijeron en la Corte, muchos años albergue, quinta, y recreo de los Duques de Bretaña, hasta que el Duque Leonelo; avuelo de la Duquesa; falleció en el trance fiero de una sangrienta batalla, quedando desde aquel tiempo yermo, inhabitable, y solo, por ser caso verdadero, que las guardas de este bosque, los pastores, y los mesmos que habitaban el palacio, diversas veces oyeron quejarse al difunto Duque, arrastrando por el suelo gruesas horribles cadenas. Ya sea verdad, y acuento fábuloso, esto bastó para dejar desde luego todo el sitio yermo, y solo; sin que pie humano haya vuelto a poner aquí sus huellas. Yo desesperado, viendo, que dejar la tierra fuera cobardía, me resuelvo a habitar este palacio, y para estar encubierto, Laurencio trajo esta pieles, y cadenas, con que imento ser conocido de nadie, fingiendo el horror, que el miedo acreditó en este sitio, y desde un lugar pequeño, que dista de aquí una legua, con el natural sustento viene a verme cada día, de quien supe, que mi encuentro no quitó la vida a Enrique, y que apaciguó el sangriento cómbate, el volver en sí, llevándole el Conde Alberto, Válido de la Duquesa, a Palacio, donde luego con medicinas suaves, y lo que será más cierto, con sus favores, quedaba libre del pasado riesgo: y que esta noche; ay de mí! con aclamación del pueblo, y nobleza, celebraban (solo de pensarlo tiemblo) sus bodas: quedé mortal, y furioso amante, ciego, desesperado, y celoso, está misma noche intento hallarme en un gran sarao, que según dijo Laurencio, se hace en palacio a sus bodas, donde la nobleza, y pueblo pueden hallarse en la fiesta (costumbre antigua del Reino) con máscaras disfrazados, para morir, ya que muero, con el alivio, lapena; con la gloria, el sentimiento; el pesar y el alegría, con la rabia, y el consuelo de ver la hermosa Duquesa Margarita; pues no siendo de nadie aquí conocido, entre el tumulto, bien puedo ave arr e porque de una vez el pecho acabe con tantas penas, tantas dudas, y tormentos, congojas, ansias, pesares, y desdichas, pues muriendo tan obediente a sus ojos, cumpliré con el afecto de perder a Margarita, y en mi corazóna un tiempo cesará el tropel confuso de ira, amor, invidia, y celos. Raro suceso! yo estoy de escucharte tan suspenso, generoso Federico, que a responderos no acierto. Solo os vuelvo a dar palabra de morir allado vuestro, siguiendo vuestras fortunas. Yo con los brazos aceto tan generosa promesa, y de amigo verdadero hoy doy la palabra, y mano. Y en tanto que mi escudero llega a este sitio, decidme quien sois, y con que pretejto vuestra patria habéis dejado? Yo soy, Federico Excelso, Don Fernando de Mendoza, noble rama, que desciendo del tronco del Infantado. Madrid es mi patria, centro, y Corte del León de España, donde próspero, y contento, rico, y bien quisto vivía entre aquellos debaneos, que la noble juventud, en licitos pasatiempos, libre se consagra alocio, sin rienda, pero con freno. Viniendo, pues, una noche de cierta casa de juego a deshora, oigo una voz, que conun blando ceceo, desde una ventana baja me llamaba: yo atendiendo, que era la voz de mujer, cortés a la reja llego, y pregunto, si era a mí? llegando a este mismo tiempo por esotrolado un hombre, que desnudo el blanco acero me acomete valeroso, tan presto, que apenas puedo poner mi vida en defensa. Saco la espada, y tan luego nos estrechamos los dos, que de aquel choque primero, sin alma, y voz mi enemigo midió de una punta el suelo. Yo en fin, turbado, y confuso de tan extraño suceso, sin conocer la mujer, ni saber con que pretejto me llamaba a tales horas, en un Convento resuelvo retraerme aquella noche, tan absorto, y tan suspenso de la impensada desdicha, que aún no hice reparo atento en las señas de la casa. Supe otro día, que el muerto era Don Diego de Luna, un ilustre Caballero de Madrid, donde tenía nobles parientes, y deudos poderosos, y que hacía la justicia grande esfuerzo sobre hallar el agresor. Yo, pareciéndome intento temerario no volver la espalda a tan grande riesgo, detérmino de pasar a Flandes; y del Convento, solo con ese criado, salgo una noche encubierto. Paso corriendo la posta la Noble Vizcaya, y entro en la Francia por Irun, corro la Guiena, y llego al Ducado de Bretaña, donde en este bosque espelo esta tarde nos perdimos, y a este palacio me acerco, huyendo la tempestad, que visteis, donde el suceso feliz, Príncipe famoso, de haberos hallado a tiempo de asistir a vuestro lado a todo trance le ofrezco, al templo de mi fortuna, que venciendo mis deseos, ni pudo obligarme más, ni yo cumpliera con menos, que perder a vuestro lado la vida en servicio vuestro. otra vez aquestos brazos, noble Fernando, te vuelvo, confirmen nuestra amistad; y pues tan varios sucesos en este sitio nos juntad, no sin providencia, creo que he de mudar de fortuna a vuestro lado . Yo pienso, que su rueda ha de caer a vuestros pies por trofeo. Y yo he de que brarla un eje, para que su movimiento no pueda ofenderos más. Aguarda, que ya Laurencio con esta seña me avisa, que ha llegado a aqueste puesto: sígueme Fernando, vamos. . Gran señor, y quiera el cielo dolerle de mis desdichas; todo lo vence el esfuerzo. Vuestro valor me asegura. Seguro estáis con el vuestro. Por mi vais a un gran peligro. Yo en tal caso no aconsejo a mi amigo, si no es con la lengua del acero. Ha quien pudiera pajaros tan generosos afectos! Aa quien tuviera poder de haceros felice dueño de la hermosa Margarita! Aa quien se hallara tan lejos de estas aventuras, como la mano de un despensero de no sisar, no arañar, y de enmendarse, poniendo en el peso, y la medida, medida, conciencia, y peso! De tu tristeza me espanta. Ay Porcia, que mi pasión si la ignora la razón, no la desprecia mi llanto; Pues cuando alegre, y ufana, porque mis dichas publique, esposa; ay de mí! de Enrique he de ser, no se que vana ilusión; que fantasía mi pecho turbado asusta, que de nada el alma gusta. No le usurpes la alegría al prado, si se repara, que faltando tus primores, se marchitarán las flores del Sol de Paris, y la flor de Bretaña, sin el Abril de tu cara. Vuelve a tu rostro divino el nácar, y tus enojos restituyan a tus ojos las luces. . En mi destino grandes males considero: el discurso traigo loco, cuanto miro, cuanto toco, es un presagio, un agüero, con que mi adversa fortuna, invidiosa de mi dicha, me previene una desdicha. No des a tan importuna tristeza, crédito, y mira, que llega ya a este jardín el prevenido festín. A este lado te retira, y la mascarilla puesta (corazón, disimulemos) a que empiecen esperemos. Gran noche, señor, granfiesta no vi concurso mayor. Yo le hubiera perdonado por haverme desposado, que es muy colerico amor. Y el que ama, y espera en fin, si tarda, se desespera, la gloria que amando espera; mas ya empiezan el festín. A las bodas felices, y alegre con vistosos compases se mueven almas, corazones, galanes, y damas. O qué firmes ocupan el viento, airosos los cuerpos, ligeras las plantas, ostentando bizarros, y airosos gusto en las galas! carisio ce en suspended los ojos, recread las almas, ostentando mayores finezas, al paso que forma mayores mudanzas. , . Cómo, si el rostro recatas, Aunque trae cubierto el rostro, . Eso eslo que yo deseo, esta es Margarita, salga mi afecto de mi silencio. Ah bellísima tirana! Si matas, para que obligas? si obligas, para que matas? Con quién habláis, Caballero? Con el dueño de Bretaña. Ved que os habéis engañado. Nunca se engaña quien ama. Pues eso no es del festín, mitad que erráis las mudanzas. Cómo ha de poder mudarse un alma que os idolatra? Advertid que escucha el Duque. Ya me ha visto en la campaña, y sabe lo que es mi brazo. Enira el pecho se abrasa: este es el traidor aleve, que derribó en la estacada a mi esposo; hola, soldados, cese el festin; hola, guardas de palacio; acudid presto, y sin que ninguno salga de aquí, se descubran todos, que una traición no pensada hay en Palacio encubierta. Quien a tu belleza causa tales extremos? . Enrique, un traidor, que aquí se halla. Pues qué aguardáis? descubrios de ropa, y de pasajeros. Ya lo estamos a tus plantas. Menos los tres, que es preciso guardar agora las zaras, y pedir el paso franco, de aquí has de salir, no siendo por los filos de mi espada? pues con tu muerte se acaban mis tormentos, y mis penas. A tu lado estoy, que aguardas? Mueran los traidores, Muera el que usurpa a mi esperanza el cielo de Margarita. Sin vida voy, y sin alma, pague la pena, pues tuve la culpa de esta desgracia. Muerto soy, válgame el cielo. Coged el paso, no salgan del jardín, que el Duque es muerto. Por aquesta puerta falsa del jardín, que la Duquesa, para que el pueblo se hallara, y nobleza en el festín, aquesta noche dio franca; entre el confuso tumulto podemos salir. Qué aguardas? vamos pues. Seguidme todos. s. 1. El mar ha estado en bovanza, pero ya el viento refresca, y está la nave cargada 2. Pues a qué, Patrón, aguardas? vamos alesquise. 1. Espera, y veremos en la playa si alguno quiere embarcarse, que a más Moros más ganancia, que por diferentes rumbos surcando en sus ondas crespas montes de rizada espuma, vienen corriendo tormenta, forcejando contra el viento; pero ya llegan tan cerca. que se escuchan sus clamores. 2. Iza el trinquete, y la vela mayor; amaina piloto, aria la levadera, y entena, que nos perdemos. 2. Socorrednos Virgen bella. Valedme cielos divinos. Ya sin timón, y sin velas, y zozobrada la quilla, chocando entre aquellas peñas, se hanido a pique: ay Alberto, haced que con diligencia partan mis góndolas luego, y recojan los que puedan en tan mísera fortuna. Voy a hacer lo que me ordenas. pero dos jovenes miro, que dilatando la fiera muerte entre las crespas olas, hacia esta parte se acercan; socorredlos, entre tanto que lo que manda su Alteza voy a ejecutar. Eortuna, mil veces beso la tierra con que mi vida redimes. Qué desdicha! Qué tragedia! Mirad que os está esperando; Extranjeros, la Duquesa de Bretaña, llegad presto. Qué escucho! de nuevo intentas favorecerme, fortuna; pues si es Margarita bella la primer cosa que encuentro, cuando disfrazado a verla de mi Reino me ha traído la fama de su belleza, feliz al presagio anuncia mi dicha. . A las plantas vuestras Gran señora, mi fortuna, ya favorable, y no adversa, pues me arroja a vuestros pies, pone mi vida, y en ella (si el infeliz tiene vida) empeña vuestra grandeza amparara un desdichado. Ay Don Fernando, que ciega de la muerte de mi hermano, fue fuerza, dejando hacienda, honor, y patria por ti; pues viéndome ya sujeta a la calumnia del vulgo, de mi padre a la sospecha, aquella infelice noche, huyendo de la violencia con que amenazó mi vida, viendo que ya no le queda otro recurso a mi fama. que ser tu esposa; resuelta en tu seguimiento vengo, por si mi honor, mis finezas, y mi cariño, te obligan. Yo señora: su belleza aún es mayor que su fama; no infeliz ya, pues la esfera mi vida; de mi tragedia doy gracias a la fortuna, puesto que a vuestra presencia me trae lisonjera, donde no solo en mi rostro sella la obligación de serviros; si no me ofrece alagueña seguro puerto a mis ansias, gloria inmortal a mis penas, dulce alivio a mis peligros, y bonanza en la tormenta. Alzad del suelo, y decid quien sois. Ya quedan en tierra, los míseros navegantes, sin que ninguno en las crespas ondas perdiese la vida, Yo, bellísima Duquesa de Bretaña, soy un noble Español, a quien la adversa suerte, por una desgracia sacó de su patria misma, que en esa ligera neve iba a asistir en las guerras de los Flamencos Palses, cuando la borrasca fiera que habéis visto, me arrojó a este sitio, porque tengan dichoso fin mis desdichas. Ay Fernando, quien creyera, que sin que tú me conozcas, sin que descuidado sepas mi fe, siguiéndote vengo como a Norte, como a Esfera de mi honor, y de mi vida! Yo, obedeciendo a tu Alteza; hasta saber su intención, encubrirá mi cautela que soy de Borgoña Duque, soy el Conde de Turena Alejandro de Balóis, que con catras de creencia, y una solemue embajada iba a tu Corte Suprema de parte del Duque Carlos de Borgoña, a quien la lengua de la fama, de atrevido (para aclamar sus proezas) le da renombre inmortal, porque en las lides sangrientas, y en los marciales encuentros, delante de sus hileras, es el primero de todos, que haciendo su fama eterna, osado la lanza empuña, y altivo el bridón maneja. Y puesto que favorables los hados a tu presencia tan sin pensar me han traído, luego que tu gusto sea podrás oír mi embajada. ̱. En esta ocasión no fuera agasajo el escucharos; descansad, que en la primera Audiencia, sabré del Duque la intención. . Conque prudencia, y severidad respónde! Yvos, puesto que a mí tierra ( . derrotado habéis venido, tendréis amparo, y defensa en mi piedad generosa, ya prosiguiendo la empresa que os sacó de vuestra patria, o quedando con decencia en mi Corte, Más silencio en mi obligación reserva el justo agradecimiento de tanto favor: o quiera dolerse el cielo de mí! Conde Alberto. . que me ordena vuestra Alteza? . Que llevéis a vuestra posada misma al Conde Alejandro luego, para que descanse en ella de las pasadas fortunas; y juntamente os entrega mi piedad a ese Español, pues corre ya por mi cuenta su amparo. . Venid los dos. Amor. . Venganza. Cautela. Que en tal estado me has puesto. Que tanto en mi pecho reinas. Que a tanto sol me conduces. Pues soy ya tu prisionera. Pues mi ofensa te consagro. Pues conoces mis finezas. Ampara mi honor perdido. Mis nobles iras alienta. Favorece mi esperanza. Para que Fernando sepa lo que a mi fineza debe. Para que logre mi afrenta satisfacción de su agravio. Para que mi industria pueda conseguirá Margarita. Y a tan generosa empresa ni la estorbe la fortuna, ni se opongan las estrellas.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Gracias al Cielo, Fernando, que pisamos esta tierra, después de tantas fortunas, aflicciones, y tormentas, como en el marpadecimos. A la suerte agradeciera gran Federico, el que estemos en Bretaña, cuando en ella tan evidente peligro vuestra vida no corriera. Fer te ndo agradecido a mi estrella estoy, porque cuando el hado contrario a mi vida fea, que mayor bien, que fortuna mayor habrá, que perderla de Margarita a los ojos? Tú has dado en gracioso tema señores, que haya en el mundo, cuando hay gorronas que ruegan quién se andepor imposibles? Bien haya España mi tierra, donde a poca costa encuentro a la luz de una raberna, Príncelas que son fregonas, fregonas que son Princesas. En efeto, yo no puedo vivir un punto sin verla; y así a Breraña me vuelvo, como a centro, y como a esfera donde está mi Sol divino, donde está mi Aurora bella. Mira por un solo Dios, que no hay muchacho de escuela, ni niño de la Doctrina, que de memoria no sepa, y no diga, en España cayó la Gran Princesa de Bretaña y si ella cay, como dicen; en que estamos aquí, cierta es nuestra muerte. . Chichon al cielo le agradeciera esa dicha; y así elijo en doslinajes de penas, mas morir de estarla viendo, que no morir de no verla. Ayer en su Corte entramos, y ayer supimos en ella, ay cielos! qué Margarita, después de hacer las exequias de su esposo, airada, y triste vive en una Quinta amena, retirada de la Corte, con tan profunda tristeza, con rencor tan invencible, que olvidada de sí misma; promete su hermosa mano a quien me mate, o me prenda, como sea noble; y que andaban buscando con diligencia jardineros que sirviesen de pulir la estancia bella de unos hermosos jardines, donde divierte su pena: Mudemos traje, y vestidos, por si consigue mi estrella que los dos dejardineros la sirvamos; porque fuera de que nadie nos conoce, despache con diligencia a Nápoles a Laurencio, avisando de esta empresa al Rey mi padre, Fernando, para que su armada venga, y costeando estos mares, este a la mira en defensa de nuestras vidas; pues como esta prevención, y esta cautela se logren, pienso después de tantas tragedias, volver de nuevo a la vida a mi ya esperanza muerta. Está bien: más di, señor, yo que no he entrado en la Quinta, que he de hacer? . Mira Chichón, si tu pudieses con ella introducirte. . Yo, cómo? Si tú quieres, agudeza tienes para todo. . Advierte Chichón. . Loque chichonea. Que si alguna traza buscas, te ha de valer esta empresa: ser rico toda tu vida, pues grande fortuna fuera tenerte siempre a su lado, siendo una espía secreta, que de todo me avisase. Déjame pensar que treta buscaré, que no me salga chichones en la cabeza; ser busón es cosa fría: pero ha buen Chichón, topela; No dicen, que a visitarla de sus continuas tristezas diversos Médicos vienen de Flandes, de Ingalaterra, y de otras partes? . Es cierto. Pues no se hable en la materia. Necio, si Latín no sabes, en las juntas que se ofrezcan, cómo has de hablar? . Los Do- en las juntas de mi tierra (ctores hablan solo de sus mulas, y con echar dos sentencias de Galeno, y de Esculapio, que el demonio las entienda, uncias cuatro, caparrosa, farmacapola, epidemia, ficorum, mirabolanos, clistel, berróis, que en mi lengua todo aquesto decir quiere, pepinos, y verenjenas; con hacerla dos sangrías, y que la traigan las piernas, que me maten si en dos días no la pongo sana, y buena. Toma esta cadena, y vere, que ya estamos a la puerta de la Quinta. . Pues a Dios, que voy a comprar con ella un sortijón, y una mula, pues solo en aquestas prendas consiste de los Doctores el arrificio, y la ciencia. La puerta de los jardines imagino que está abierta, Hermoso sitio. Que Majestad, que grandeza muestran estatuas, y fuentes. Aguarda, Fernando, espera, porque un hombre viene allí; ayude amor mi cautela. La Duquesa mi señora, para divertirse, en fin quiere bajar al jardín, y me hacen gran falta ahora, Tirso, y Llotente, que a fe, que con cuidado servían, y los cuadros componian, y oy es preciso que esté con alind, y con primor todo este hermoso vergel, por dar la Duquesa en él Audiencia al Embajador de Borgoña, al cualle he dado, una llave del jardín, que es muy galante, y en fin, sus doblones le ha costado, para venirse al terrero estas noches a parlar con las Damas, y a gastar necedades, y dinero. Amantes los que os andáis. en tan imposible empleo, de qué os sirve? mas que veo! a quien, hidalgos, buscáis? Por noticia que he tenido, señor, de otros compañeros, que vuican dos jardineros, yo, y mi hermano hemos sabidos y así vénimos los dos, con grato, y sencillo pecho, por si somos de provecho para este oficio. . PorDios, que me parecen honrados, . y ha sido fortuna extraña: de qu Ánimos cría alentados: que os forzó a dejar la tierra? De nuestro oficio, advertir la poca medra, y seguir los aplausos de la guerra. Pero como la fortuna es varia, aunque la buscamos mi hermano, y yo; no la hallamos y así a la primera cuna se vuelven nuestros ardores, creyendo de su rigor; que viviremos mejor entre ejércitos de flores. Qué nombres tenéis aguardo? Ayuda mi intento amor, Celio mé llamo, señor: Y yo me llamo Lisardo. Desuerte, que bien labrá vuestra maña, y vuestro aseo, cuidar de aqueste recreo? La experiencia os lo dirá. Alto, ya estáis recibidos; y así no hay sino empezar. a servir, y a trabajar; y estad los dos advertidos, que es buena ocasión ahora la que la fortuna os da, porque en esta Quinta está la Duquesa mi señora, que como de aquestas fuentes invenciones fabriquéis, y las flores adornéis. con aliños diferentes; cu, dando de estos amenos cuadros, que Abril matizó, podéis obligarla. . Yo me contentara con menos. La soldada que os darán a cadauno cada día. (que esta corre a cuenta mía) es real y medio, y un pan. Aquí tendréis sin engaño. zaparos cadatres meses, y vestido cada un año: vino, que un cándil atiza; leña, cuanta le quisiere, sin los provechos que os diere la fruta con la horraliza, oíd aparte. . . Mis penas, y mis ansias a este sitio me traen, pues la soledad, es de la tristeza alivio, buena me has puesto fortuna, pues habiendo ya sabido, ay de mí! que Don Fernando no está en Flandes, en servicio de la Duquesa me tienes, bulcando amparo, y abrigo en su grandeza, hay Fernando! que lágrimas, que suspiros no me cuestas, sin que pueda a costa del dolor mío, encontrarte, ni atraerte el iman de mi cariño. O si mi afecto supiera! mas cielos, que es lo que miro! es ilusión, es encanto, es fantasía, es delirio? no es Don Fernando aquel hombre, que toscamente vestido está con Belardo hablando? estoy loca, estoy sin juicio: como es posible, que a un alma pueda engañar un sentido? así averiguar lo quiero, ha hidalgo. . Es a mí? A vos digo, él es, cielos, y yo extraño la causa que le ha traído a Bretaña en este traje, mas apurar sus de siguios intentaré. . Qué mandáis? Lal en los jardines es esta, y así quisiera. . Decidlo. Saber quien sois, ay fortuna . tan extraña! . Con deciros, que otro compañero, y yo en aqueste instante mismo nos hemos acomodado, para adornar de este sitio árboles, cuadros, y fuentes, a todo os he respondido. El nombre? Celio es mi nombre. De que tierra. . Nunca olvido, ni niego mi patria, España. Cielos, hablarle es preciso, . y no hay ocasión ahora, esto ha de ser; yo he venido a traeros un recado de una Española, que vino a ser Dama de su Alteza, y que hoy está en su servicio, desde aquesos miradores os vio pasar; y ha sabido, Celio, que sois Español, a cuya causa me dijo, que porque tiene que hablaros en estando recogido, en la quinta, bájará a buscaros a este sitio, encargándoos, que sin falta estéis en él, advertido de que es cosa que la importa, y ahora, porque he sentido, que su Alteza al jardín baja, es ausentarme preciso; a Dios os quedad fortuna, buscaré luego un vestido de mujer, y bajaré, entre estas flores, y mirtos a celebrar mi ventura, pues hallado un bien perdido, ya ni temo tus mudanzas, ni me afligen mis peligros. . Cielos divinos, qué el? hay novela más extraña? con tal traje, y en Bretafía! quién puede buscarme a mí? vive Dios que he de apurar este enigma, y he de ver a esta Españo la mujer. Ea hijos, a trabajar; mirad que hay mucho que hacer, y importa la brevedad: los azadones tomad, - y empezad a componer estos cuadros; pero allí la Duquesa viene. . Ay Cielos! amor en tantos desvelos duélete una vez de mí. Los memoriales, señora, como me ordenaste hoy, traigo a tu Alteza. No estoy para despachar ahora; dejadme. . Rara tristeza! Senescal: de pena muero! Señora. Leed el primero. Aquí suplica a tu Alteza. Qué decís? El memorial. No os acabé de advertir que ninguno quiero oír? Yo entendí. Entendiste mal; bueno es querer vos que aquí entre mil ansias mortales, esté yo en los memoriales, no acertando a estar en mí. Ay Enrique! quién pudiera a costa de mi dolor vengarte de aquel traidor que a mis ojos muerte fiera te dio, por vengar en él mi irritado corazón, la más horrenda traición, y el delito más cruel que vio el mundo. . Cran señora, por Dios que alegrar te intentes entre estas flores, fuentes. En mi no hay alivio; Flora. Hasta estar triste asegura aplausos a tu belleza, que al paso de tu tristeza va creciendo tu hermosura. Lisonjas, Flora? . Señora, negarlo fuera traición. Aquellos hombres quien son? Dos jardineros, que ahora acabo de recibir. . Llamadlos. Ay soles bellos! Por ver si puedo con ellos mi tristeza divertir. Hola mancebos, llegad, ved que su Alteza os aguarda. Tanta dicha me acobarda: dadnos las plantas. . Alzad. Este se llama Lisardo, y este Celio; hermanos son. Y el tal Celio, en conclusión, es brioso, y es gallardo. De dónde sois. . En España nácimas sin duda alguna. Y decidme, que fortuna trujo a los dos a Bretaña? Verme en mi patria morir. Puedo la causa entender? Aunque la queráis saber, yo no os la sabré decir. Tanto os empacha él se creto? Delante de vos no sé como lo diga. . Por qué? Me turba vuestro respeto. Ya mi licencia tenéis, y fuera de que os la doy, me divertis. Sin mi estoy! basta que vos lo mandéis. Era pobreza en rigor lo que me encubres ahora? hablad claro. No señora. Pues que era? decidlo. Amor. Amor fue la causa? pues, y eso os tuvo enmudecido? Que retórica ha podido decir lo que el amor es! Que en vos también hay firmeza? de que os turbáis? . En rigor, de haber nombrado el amor delante de vuestra Alteza. No vi lenguaje tanrato, . tan cortesano, y discreto: y en fin, quién era el sujeto? porque si mal no reparo os pudo corresponder: decidme quién era ya? Una mujer. . Claro está, que un hombre no había de ser. Tal raro tener no espero: . Flora, escucha por tu vida, que me tiene divertida el amor del jardinero: era hermosa? El que está amando siempre el sujeto encarece; lo era tanto, que parece, que ahora la estoy mirando: en fin, aleve, y tirana, solo por quererla, entiendo, que aún hoy me está aborreciende Vos la olvidaréis mañana; paro queriéndola así, como tan tibio os mostráis, y en España la dejastis? Qué sabéis vos si está aquí? Que no he tenido, sospecho, mejor rato: aquí no sé como puede ser. . Porque siempre la traigo en mi pecho, Decid, sabréis componer estos cuadros que miráis? Si vos al jardín bajáis, que tiene el arte que hacer? ocioso ha de ser entiendo cuidar de este sitio, cuando al paso que vos pisando, va la tierra floreciendo. Todo este vulgo de olores solo a vuestra vista crece, y este sitio os obedece como a Reina de las flores, Del Aurora al arrebol os harán mis manos fieles ramilletes de claveles, pastillas que quema el Sol. Narcisos del nombre vanos, presentaros mi fe intenta; los jazmines haced cuenta que los tenéis en las manos. Esto os ofrezco, y en fin, como llegue alegre a veros, haré mucho, y no en volveros lo que vos dais al jardín. 1. Un Médico, gran señora, que me parece en la traza Español, y por las señas la sigura más extraña que he visto, te quiere hablar. Decidle que entre: tiranas memorias, que me queréis? Paz sea en aquesta casa, que aunque es jardín, en nosotros esta es la entrada ordinaria; quien es aquí mi señora la Duquesa? . Qué ignorancia! la que miráis. . Soy un puerco, dadme, señora esas plantas, y teneda mucha dicha que aquesta visita os haga el mayor Fisico que hay en Flandes, ni en Transilvanía. Rara figura es el hombre. Cómo os llamáis? En España el Doctor Sanalotodo los muchachos me llamaban. Con tanto acierto curáis? Es echarme a mi tercianas, y tabardillos, echar sombreros a la tarasca: en mi vida cure enfermo que no saliese de casa en breves días, señora. Esa habilidad no es mala; (tro como? A la Iglesia entre cua- Hermanos de la Capacha: a los enfermos de ojos no solamente sañaba, mas quedaban con oficio. Con oficio? Es que cegaban, y el que con vista no tuvo en su vida, ni una blanca, estando ciego, de ochabos era una sima de cabras. Posible es que del Doctor Gordolobo, no haya fama en esta tierra; en efecto, llegó, señora a mi patria vuestra rata Hipocondría, que es un malque toca en rabia; y luego al punto, aunque en ella un pozo de oro ganaba. vine a veros, porque hablando de verás, no hay en España quien la cure como yo. De los achaques del alma, Doctor, quien entiende? . Bueno, yo me pelaré las barbas si en dos día no os pusiere alegre como una Pasqua. Venga el pulio, intercadente le tenéis, flatorumcansa: primeramente os ordeno, que sea corta la vianda, porque dice allá Galeno, o mmis saturacio es mala: de noche podéis tomar si queréis, una almendrada de capones muy manidos pasados por alquitara. Nunca tal remedio oí. Pues es de mucha sustancia; chocólate, ni por pienso, es melancólico, y mata, es valde opilativun, Galeno jesione cuarta, parrafo chocolatorum, y aliviaréis limonadas, y cosas frescas, con esto, y con que empecéis mañana a sangraros un poquito, por la sangre requemada que tenéis, y una puegita, y fricamantos que os hagan, uncias, cuatro de viguela, y de músicas dos dragmas, la señora Hipocondría se irá muy enoramala. Buen humor tenéis, . Señora cada uno el que tiene gasta. Para mis males, más ciencia tenéis vos, sin saber nada, que todos los que me curan, y pues yo he sido la causa, según decís, de que vos dejado habáis vuestra patria, en mi Cámara os quedad. Belo mil veces tus plantas; pero vive Dios que aquí lo mejor se me orvidaba. . Y es. Que en aquestos jardines, por tardes, y por mañanas hagáis ejercicio, porque los humores adelgaza, y desópila, miradlo en aquestos que trabajan, que están robustos, y es solo el ejercicio la causa, bravos picarones son. La vida me has dado. Calla, que no he de ser yo Chichón, o he de ponerla más blanda que una breba; quién es este que parece un gran panarra? pasa aquí vos. Estás loco? Las raciones atrasadas me has de pagar, y si no allá lo verás mañana. Por lesuCristo, señora, que tenéis famosas damas en vuestro servicio, cierro que hay aquí Ángelicas caras, y aquesta que está a mi lado . mil reconcomios me causa, diga, Reina, tiene Usia también por concomitancia, Hipocondría? . Una poca. Que ojos de grande taimada tiene. . Porque lo pregunta el señor Dotor? . Por darla unas pildorillas, conque quede como una manzana, Déselas allá a su mula, señor Albeitar. Deogracias. . El Embajador, señora, para entrar licencia aguarda. Cielos, no sabre decir yy (sa! cuanto aqueste hombre me can- decid que entre . Quién será este Embajador, que el alma me anuncia un pesar? No sé, oye, disimula, y calla. Puesto, gran señora, que pudieran ser excusadas en mí estas audiencias, pues hallo con solicitarlas despegos en vos, y en mí repetidas ignorancias, aquesta no excuso, pues bien conocéis la distancia, que de un vasallo que sirve, hay a un Príncipe que manda, el Duque Carlos. Tomad asiento, y en que yo os haya dado motivo a esa queja, no sé qué razón, que causa tengáis, si no lo ocasionan mis rristezas, y mis ansias, porque el semblante de un triste siempre a los ojos engaña: esto supuesto, podéis proseguir vuestra embajada; No ignorará vuestra Alteza las guerras continuadas, que por muchos años huno entre Borgoña, y Bretaña, hasta que fuisteis, señora, el iris de esta borrasca, murió vuestro padre en fin, y en sut estamento manda, que le deis la mano a Carlos, pues con esto se ajustarán las paces, quedando firmes con tan segura alianza. Vos, pues, sin mirar lo bien que a estas Coronas estaban, aquesta unión elegistis, (Ya fuese por su desgracia, o ya por otras razones que mi discurso no alcanza) para vuestro esposo a Enrique, hermano del Rey de Francia, que a traidoras manos muerto, en mejor Reino descansa. . Esto escucho? vive Dios, que la paciencia me falta. Menos preciado, y celoso el Duque, razones ambas, que si juntas iras crecen cada una de porsí mata, viendo que de los conciertos le faltáis a la palabra, de que está pendiente el mundo, y su opinión agraviada, siendo un hombre, que no sufre escrúpulos en la fama, su resolución postreta, hoy me escribe en esta carta, en cuanto a que vuestra Alteza su casamiento dilata, hasta que del homicrda tome la justa venganza, es nueva industrin, porque si señas de él no se hallan, ni nadie puede afirmar que le haya visto la cara, como ha de cumplir ninguno lo que un imposible ataja? Que no pueda mi valor . volver por sí, pena extraña! Esto mismo a vuestra Altoza he dicho en Audiencias varias, que me ha dado; pero ahora, para decir lo que falta, escúcheme atentamente, porque es el Duque quien habla. Dice, pues, que si porfía vuestra Alteza en esa vana ilusión, entreteniendo a su costa su esperanza. Haciendo notoria al mundo la razón con que le halla, sin más dilación, la guerra a sangre, y fuego os declara. Siendo el primero que marche delante de sus escuadras, y por vuestras rierras entre al son del clarín, y cajas, Empeñando el limpio acero, blandiando la dura lanza, vestido el gravado arnes, o la pesada coraza. Y con veinte mil infantes, hijos de Marte, encampaña le veréis, sin que haya almena, que por el suelo no caiga, pues a pesar. . Que esto sufra? Del mundo. Detente, aguarda, que delante de su Alteza tan arrogantes palabras no se sufren, cuando sabes, que en los corazones manda de sus vasallos, pues todos en defensa de su fama, sabrán oponerse, a cuantos solicitan apremirla, y yo que. Cómo atrevido? Estáis loco, ha de mi guarda, prendedle. Perdón, señora, os pido de mi ignorancia, que no estuve en mí. Dejadle, porque acción tan arrojada bien arguye su locura. Como al momento se vaya de mi presencia. . Señora, advertid. No advierto nada, idos, aunque más le riño, no he visto acción tan bizarra. Si haré, advirtiendo primero, si el Duque sale acampaña, que en vuestra defensa siempre sabré poner vida, y alma. . Yo con morir a su lado cumplo con mi honor, y fama. . Que responde vuestra Alteza, a lo que he propuesto? . Nada, ya os respondió el jardinero. Era un loco. . Y la embajada que traéis es cuerda? Advierta vuestra Alteza, que yo. . Basta que no en vano a vuestro dueño, el atrevido le llaman. . Sabrá el Duque. . Bien está, la voluntad a las armas no serinde, llena, cielos, llevo de dudas el alma. Cielos, que venga yo a oír tantos baldones! ah ingrata! con tan indignos desprecios, un tan noble afecto pagas? A quién te adora aborreces? a quien te sirve maltratas? pues cielos, yo he de buscar algún remedio a mis ansias. Y pues las más noches viene a dive ruírsea la estancia de estos hermosos jardines, y yo de esta puerta falsa tengo llave, que Belardo me dio, y están en la playa del mar mis naves, y gente, vive Dios, que he de robarla esta noche, pues es fácil, dándome esta puerta entrada a este sitio, conseguirlo. Y pues bate las murallas de esta quinta el mar, podré con menos riesgo embarcarla, y llevárme la a Borgoña, donde si una vez se halla la defenderé del mundo: tiempo apresuralas alas de tu curso, noche llega para ver ya que me falta la ventura, si la industria a la fortuna aventaja, Amor tirano, que así acrisolaste mi fe, ya con un bien que encontré, no he de quejarme de ti. Todos están sepultados del sueño en la suspensión; que inucho, si solo son los despiertos mis cuidados? Con este vestido en fin, que con recato busque, y no poca dicha fue hallarle, vengo al jardín, a este sitio señalado, palestra de mis desvelos, ningún ruido siento, ay cielos si habrá Fernando llegado, solo escucho, que congojas entre acentos diferentes, golpes de plata en las fuentes, soplos del viento en las hojao Cielos, a élsele olvidó, que como tan libre está, sin cuidado dormirá, qu as si loca, y ciega, ay de mí! el imposible conquisto de un hombre que no me ha visto. Tal oscuridad no vi; pero según me avisaron, este sin duda es el puesto, donde la Dama Española dice que aguarde; y yo vengo, de la duda, y de la noche dos veces confuso, y ciego; quién será aquesta mujer? Pasos a esta parte siento, es Celio? . Sí: el mismo soy. Rato ha que mi sufrimiento culpaba vuestra tardanza, Yo a mi fortuna agradezco, esta dicha, mas decidme quién sois? . A eso solo vengo, una mujer Española, que por extranos sucesos viene a Bretaña, y pues vos sois Español; saber quiero, si en mi patria, que es Madrid, estuvisteis algún tiempo. Si señora? . Conocisteis en Madrid a un Caballero, cuyo nombre, y apellido eran, si mal no me acuerdo, Don Fornando de Mendoza? Qué es esto que escucho, cielos? disimular es preciso. Dígolo, porque en extremo a el os parecéis; y tanto, que juzgué que eráis él mismo, Aunque más hago, memoria de ese nombre no me acuerdo. Bien finge. Pero porque me lo preguntáis? . Por esto: yo Celio dejé en España una amiga, a quien confieso, que quiero como a mí misma, muy noble, rica en extremo, y no fea: aquesta Dama vivía pared en medio, de cierta conversación, donde algunos Caballeros a entretenerse acudían, siendo DonFernando entre ellos, quien más la cursaba: en fin de los continuos paseos, y asistencias que tenía en su calle; amor, que es ciego, y por la vista penetra lo más oculto del pecho, la aficionó a Don Fernando con tal recato, y secreto, que aún con los ojos no quiso darle a entender sus afectos. Estando, pues, esta Dama en una reja, asistiendo de su casa cierta noche, pasaba este caballero, y persuadida (que fue gran liviandad os confieso) de su amor, con una seña le obligó a llegar a tiempo, que al utió un hermano suyo llegaba también, y viendo a aquel hombre a sus ventanas, queriendo teconocerlo, a pocas palabras, ambos desnudaron los aceros, y el hermano de esta Dama cayó de una herida muerto. Fuese Don Fernando a Flandes, según se dijo, y viniendo yo a Bretaña (por acasos, que no os imporsa el saberlos) me encargó mi amiga, que la avilase con secreto, si estaba en Flandes, o en otra parte alguna, pues es cierto, que ni la infelice muerte de su hermano, ni el remedio. del ausencia, son bastantes a borrarla de su pecho aquel primero caracter. Llegasteis aquí diciendo, ser Español, y soldado, quise informarme, y supuesto, que vos no le conocéis, ni señas de el hallar puedo, quedaos con Dios. Esperad: a quien en el mundo cielos. . tal lance habrá sucedido? pues supe de mi suceso, lo que aún yo mismo ignoraba. Bien se ha logrado mi intento. . Admirado estoy, señora, de tan extraño, tan nuevo lance de amor; pero en fina disculpo a ese Caballero, pues si él estaba ignorante de esa afición, no le ha hecho agravio alguno a esa Dama. Así lo está conociendo. Podéis decirme su nombre? Qué os importa a vos? Deseo ver un milagro de amor; y que haya en aquestos tiempos mujer, que sin darle parte a quien ama, esté queriendo tan firme cómo decís? Ese no es milagro nuevo, pues a estar despacio ahora pudiera daros ejemplos, no pocos; bien mi cautela se logra. Buscando a Celio a estas horas, ya esté sitlo, me traen amor tus enredos, nunca tal de mí el liviana soy vive el Cieo. Ay Dios; gente en el jardín he sentido, y a gran riesgo estoy, si en aqueste traje me encuentran aquí; el silencio me valga, y la noche, pues de esta suerte lo remedio. Proseguid señora, pues con mucho gusto está Celio escuchando esas memorias. En el jardín está, cielos, y sin duda me escuchó; pues habla conmigo; quiero llegarme: No respondéis? Hablad un poco más quedo; y tened a mucha dicha, que el más divino sujeto que hay en esta casa, os quiera hacer favor tan supremo, como el que miráis. No ignoro el grande favor que os debo, en haber por mi bajado al jardín. Yo os lo confieso, que en señora de mis prendas ha sido un gran desacierto el que venga yo a buscaros, cuando dejo en el terrero mil amantes, que por mí están bebiendo los vientos, y a esta hora se estarán acararrando al sereño. No os dejaréis ver de día? Es temprano para eso, que una mujer de mi garbo, de mi cara, y de mi asleo, del Sol no deja mitarse, sirva, y merezca el buen Celio, que después verá la dicha, que le ha reservado el cielo. No parece está la voz, que yo escuchaba primero? Flora, Leonarda, Fenisa. Más la Duquesa a este puesto viene, retiraos ahora, que yo a este sitio os prometo venir otra vez. . A Dios, mas dudas que truje llevo. . No he podido solegar en mi cuarto; y así vengo al jardín, porque de un triste es la soledad remedio. Siguendo de la Duquesa las pisadas, y los ecos, llego a este sitio; bien como liman de mis pensamientos. Gran señora, vuestra Alteza en el jardín? . Qué es aquesto, Flora, tu estabas aquí? No pude llamar a el sueño, con el calor, y al jardín me salí a tomar el fresco. Pues vete de aquí, que sola quiero estar. Ya te ebedezco. Cielos, cuando han de acabarse, mis penas, y mis tormentos? cuando con una venganza daré a mis males remedio; pero esto dejando a un lado, quién será este jardinero? este, Lisardo, pues hallo, que fuera de ser discreto (lenguaje que no se aprende en oficio tan grosero) al Embajador, por mí respondió con tanto aliento, que obligada, mas que digo? cuando es para más tormento, cada recuerdo, un agravio; cada memoria, un desprecio. Nada de lo que habla escucho, hay bellísimos luceros, si alumbráis, como mis ojos ha tanto que os sirven ciegos? o si a costa de mi vida pudiera yo! Pisad quedo, pues el silencio, y la noche me ayudan para el intento, todo está ya prevenido, pues hasta un esquise dejo a la margen de esta quinta, que bate el mar, con silencio seguidme todos. Qué escucho? gente parece que siento; y si no miente el oído, la puerta falsa han abierto. Parece que oigo rumor, mas serán Lisardo, o Cello, que abn no se habrán recogido, quién va, quién es? Santos cielos, de la Duquela es la voz; pero asegurarme intento con esta industria, hay tal dicha! soy, señora, un jardinero de vuestra Alteza. Qué escucho? aquí hay traición vive el cielo! En la voz os desconozco. Desconocida a su dueño habéis sido siempre, y pues os hallo aquí, vive el cielo, que ha de acabar la violencia, lo que no ha podido el ruego, llevalda de aquí. . Ah traidores! no veis que yo la defiendo? Hh de mi guarda, soldados Fabricio; Don Juan, Alberto. Matadle. . Muera. Ha villanos, no es fácil, porque primero os he de hacer mil pedazos. 1. Un rayo ardiente es su acero, huyamos. . Hh vil canalía. Ya no es posible hacer menos, que se alborota la Quinta. Sacad unas luces presto. Huid cobasdes traidores. De su Alteza son los ecos, bajemos todos. Fed Villanos, de aquesta suerte mi acero castiga vuestra osadía. 1 Al esquise, compañeros. Ya están las luces aquí. Gran señora, qué es aquesto? Ay Alberto, muerta estoy? Ya vuestra Alteza, del riesgo libre está. . Cielos, qué miro! que vos, Liardo, en efeto sois a quien debo la vida? Corrido a escucharos llego, porque es achacarme a mí, lo que obró vuestro respeto. Cuando es la verdad tan clara, poco vale el ser modesto. Vive Dios que estoy corrido de no haber llegado a tiempo. Y el Doctor que ya venía puega en ristre a dar tras ellos. Qué queréis que hagapor vos? que daros cuanto poseo me parece poco. . Yo Gran señora, os lo agradezco, mas la dicha de serviros es para mi el mayor premio, Discreto sois. . Pero ya que a vuestras plantas me veo, con una palabra sola que me deis, valedme cielos? seré el hombre más feliz del mundo. . Decidlo presto. Yo, señora, fui soldado, como ya os dije primero, antes de entrar aservos, y por lances que no os cuento, un poderoso enemigo adquirí, de quien huyendo vine aquesta quinta, el cual de enojo, y cólera ciego, jura que me ha de buscar en los más ocultos senos de la tierra, y si me halla me ha de dar muerte, yo viendo, que de su poder, que es mucho, en vano librarme puedo, de vuestro amparó me valgo, pues si me ayudáis . Teneos, que por mi Corona juro; y mi palabra es empeño de defender vuestra vida en cualquiera trance, o riesgo, que corra peligro, todo este seguro os ofrezco. Mirad, que es mucho enemigo. Qué importa, si yo os desiendo? aquesta palabra os doy. Yo gran, señora, la acepto, fortuna, ya de mi dicha subí el escalón primero, Válgate Dios por Lisardo. en que de dudas me has puesto.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Amor, que en dulces despojos usurpaste a mis sentidos la vista por los oídos y la atención por los ojos, que triunfo, que vanagloria da a tu poder invencible, que yo siga un imposible, y esclavo de mi memoria selle, y arrastre en mis penas, para añadirte un trofeo, los hierros de mi deseo, de mi temor las cadenas? De que sirve, si se advierte, cuando ejecutas la herida, que tú me quites la vida, si yo no temo la muerte? Y así, pues ningún blasón de mi tu poder alcanza, belégame en la esperanza, o alúmbrame en la razón; y si osvida quien trabaja su pena, alto a trabajar. Amor, quien se ha de librar de ti, si con tal ventaja acometes tan veloz, que aún no dejan tus antojos al sentido de los ojos el consuelo de la voz? Este retrato encontré en ese cuadro, y tan ciego quedé a su vista, que luego la libertad le entregué a su hermosura rendido. Y si repara mi empeño, presumo que he visto al dueño que amántele ama perdido; descuidado en el jardín? sin vida estoy: yo estoy loco. todo es dudas cuanto toco; y para matarme en fin, entre confusos desvelos, de mi fortuna el rigor, antes que con el amor me acomete con los celos. Pero en dolor tan tiran con secreto he de saber quién es aquesta mujer. Fernando. . Señor. Temprano has venido a la tarca del jardín, . Como en rigor tu rindes feudo al amor, dudas que en otro se emplea su poder; y te aseguro, que a cultivas estar flores vine libre, y sus rigores siento ya, porque seguro ninguno esté de su engaño. Luego tú, según infiero, ya eres de amor prisionero? Por el modo más extraño, que pudo hallar el deseo, a su violencia he rendido la libertad, y el sentido: mira esa copia. . Ya veo su hermosura, y he notado, aún que el pincel encarece su primor, que me parece. que he visto derte traslado el original. . Pues yo, si decirte verdad trato, me he rendido a ese retrato: esta mañana le halló mi cuidado entre esas flores, y al ver surata beldad, se llevó mi libertad. De tan extraños amores me riera, a no saber, que otro retrato en rigor fue motivo de mi amor: pero dime, que has de hacer sino conoces el dueño de esa copia? . Recatado procurará mi cuidado facilitar este empeño, y así averiguar podré quien es mujes tan divina, que tanto amarla me inclina. Difícil empeño fue; pero dejando esto a un lado, que te parece en rigor de este mi imposible amor? Que siento verte empeñado en tan difícil empresa, aunque del tiempo imagino, que presto abrirá camino a tu dicha. . La Duquesa, después que el Duque traidor, de Borgoña, del jardín la quiso robar en fin, fingiéndose Embajador de sí mismo, y con secreto de Bretaña se ausentó, y la guerra públicó, como celoso en efeto, y agraviado, agradecida muestra en cualquiera ocasión deberme la obligación de haberle dado la vida. Qué importa, ay de mí! que esté a mi esfuerzo obligada, cuando la tengo agraviada? pero a Margarita vi entre aquesos eminentes ramos, que con mil primores cubren, y enlazan las flores, que a la estancia de las fuentes se encámina, y en rigor no puede mi pecho amante estar sin verla un instante, a Dios Don Fernando. Amor vendado rapaz, artero, todo engaños, todo horrores, que conociendo mis flores, me rindes a un jardinero. Yo te ofrezco, mas ya tengo al tal Celio en la estacada; confusa estoy, y turbada. Buscando a Florilla vengo, que en fin es dama segura; pero mi amo está allí, quiero escuchar desde aquí. Qué dirá de tu ventura, Celio, si a buscarte viene, levantándose al Aurora, no menos, que toda Flora Conzalez? . Que me previene una dicha no pensada; mas decid, qué me queréis? Parece que no entendéis: digo, que vengo inclinada, a ese talle, a ese azarión, y a ese capore grosero, entendedlo majadero. Confieso mi obligación, y aunque serviros disponga; mi humildad esta estorbando mi dicha. El tal Don Fernando no la escupe, aunque es mondonga, rabiando estoy. Pues supuesto, que nadie agora nos mira, estos brazos. . Brava gira. Confirmarán Qué es aquesto, Celio, Flora? . Hado cruel. Como en esta estancia bella está tan perdida ella, y está tan hallado él? Asi el culto se profana del Palacio donde habita la Duquesa Margarita? falsa, cóquina, liviana, ya que el amor altanero os marco con su betún, no era mucho mejor un Médico, que un jardinero: y vos, belitre, ruin; decid, como tan despacio ena moráis en Palacio? no habláis? pues por San Quintín, que he de castigar traiciones de un bribonazo tronera, que enamora con montera: toma aquesos mojicones, mientras con este reclamo voy a la Duquesa luego, porque los castigue. . Fuego. Gran gusto es pegarle a un amo. Doctor, por amor de Dios, que no sepa mí señora mi liviandad. Basta, Flora, y agradecedme los dos, que de traición semejante (quien tanta lealtad profesa) no dé parte a la Onquela, y sin parar un instante, vaya muy enora mala el pícaro a trabajar, y vos Flora entraos a hilar. Qué pena a mi pena iguala? ya obedezco. . Vaya, enmiendo su vida; escuche zagala, y si quisiere ser mala, aquí está el Doctor, ya entiende. Vive Dios, borracho, loco, que ha de castigar mi mano tu atrevimiento villano. . Señor vete poco a poco. Qué causa, di, te ha movido a esta acción? . Fiero dolor! que mayor causa, que amor? Pues infame, mal nacido, si el demonio te ha cegado, y que ame un plcato otovo he de pagar yo la pena de que estés enamorado? toma traidor. . Celio amigo, qué es esto, señor Doctor? vos descompuesto? . En rigor, si aquí la verdad os digo, (que me hizo dos mil mercedes Don Juan envenir confieso) yo entre aquí lleno de yeso de arrimarme a las pareder: pedile con humildad a Celio que me limpiara, y él con maña, y fuerza rara, alzando con caridad la mano diestra al desaire, me sacudió con tal celo, que a la capa quitó el pelo, y el yeso le arrojó al aire. Y así el que quisiere, acuda a Celio a limpiarse bien, porque en mi vida vi quien mejor el polvo sacuda. Escuchadme, Celio, aparte: así averiguar podré, si halló mi retrato, que anoche dejé con arte en ese cuadro florido, donde suele trabajar: a qui vengo a avetiguar, si un retrato que ha perdido aquella Española, aquella Dama, que anoche os habló, vuestro criado le halló en aquesa estancia bella del cuadro que cultiváis, y vengo a saberlo yo, porque anoche lo perdió. Apoca costa le halláis: este es Don Juan el retrato, yal verle mi duda crece, orque a Don Juan se parece. Los dos, con grande recato hablan, y yo he presumido saber, que encubren de mí; quiero acercarme, que vi el retrato, y parecido de Don Juan tiene en la mano, aunque le acecho tan listo, solo la cara le he visto. A darosle no me allano, porque fuera acción impropia volver mi mano importuna, lo que me dio la fortuna. Yo he de guardar esta copia, como a centro, no os asombre, de un alma que le he entregado. Mi amo está endemoniado, por Dios que enamora a un hombre. Que aunque jardinero he sido, amor, que es Dios inmortal, al más humilde han herido sus flechas. Cielos, qué escucho? Albricias alma, pues veo, . que se logra mi deseo: yo en dejarle no haré mucho, cuando su dueño desea serviros. . Tantos favores os agradezco. . Señores, habrá quien aquesto crea? nuncatales desatinos creí en mi amo . Y amando he de morir. . El Fernando es inclinado a lampiños. Que os han de pagar presumo fineza tan singular, que agradecer no es amar. Esto ha de parar en humo. Que seáis muy fino os ruego, puesto que amor os empeña con ese retrato. Leña. Porque lo merece. . Fuego. Pues mi pecho no sa ya que tan de verás ama, qué dama es esta? . La dama Española os lo dirá; pero la Duquesa llega a este sirio. . A Dios. A Dios. Buenos estamos los dos, fortuna inconstante, y ciega, puesto que con tiranía, (olvidando mi respeto me rindes a un vil objeto, tanto, que mi fantasía juzga, si amor; mas que digo? sin alma estoy, yo estos loca; amor pronuncia mi boca? ha pensamiento enemigo. ha lengua vil! que en mi agravio te deslizas tan arroz! vive entre el alma, y la voz, muere entre el pecho, y el labio, Siguiendo los pasos vengo de mi adorada enemiga; amor, si mi fe te obliga, pues a tu imperio prevengo las potencias, y sentidos, para aplacar sus enojos, ponle mi llanto a los ojos, y mi queja a los oídos: que hermosa está! apenas mueve, por admirar sus primores, el Céfiro aquestas flores. Si a mi grandezale atreve, pensamiento, tu osadía, castigará mi albedrío tan notable desvarío, tan extraña fantasía. Vivan en igual valanza, sin admitir sus antojos, en mi agravio mis enojos, mis iras, en mi venganza, (a penas a hablar acierto) hasta que a aquel homicida, traidor, le quite la vida. No podrás, que ya estoy muerto. Doctor, Lisardo, que hacéis tan temprano en el jardín? Yo como trabajo en fin en esos cuadros que veis, al ver que amor me destierra de España, mi pensamiento daba sus quejas alviento, y su esperanza a la tierra. Luego en vuestro pecho dura, si mi atención no se engaña, aquel cuidado de España? Es tan grande su hermosura, que ciego, amante, y rendido, sin que jamás esté ausente, le tengo siempre presente. Pues como, loco, atrevido; qué es esto, vielos? de amor habláis tan osado aquí, no sabéis que vive en mí solo el odio, y el rencor, la destemplanca, la ira, la venganza, y la pasión? Es amor en conclusión, mas que una aleve mentira, que introducen en la idea los ojas? . Por San Pascual, que este hueno quiere sal. Pues quién habrá que le crea, siendo una sombra, un engaño, y una fingida quimera, que alma, honor, y vida altera? Yo, si aquí (por Dios que extraño su mudanza) os ofendí. Dejadme, que me he llevado de mi pena, y mi cuidado ciega estoy, no estoy en mí, que yo no puedo poner leyes avuestro albedrío. Si no fuera desvarío, creyera que esta mujer obligada; pero el labio miente si tal imagina, que en su hermosura divina aún la sospecha es agravio. Doctor. . Gran señora. En fin, que remedio al dolor mío no halláis? . Si vuestra salud la destempla ese prolijo afán de vengaros, como, aunque aquí estuviera el mismo, Galeno, os ha de sanar? solo un remedio imagino, que ha de aprovecharos mucho. Decidle. . Soy encogido, y no quisiera enojaros. Yo, por qué? . Pues lo que digo es, que echéis esas venganzas en infusión de un marido, que os merezca, y en dos días quedaréis como un palmito. Con su gracia me divierte: como he de tener arbitrio para casarme, si di palabra a los cielos mismos, de nunca tomar estado mientras que de mi enemigo, no me vengara? . Por eso. No os entiendo. Ya me éxplico, elegid entre tan grandes Príncipes, como han venido a pretender vuestra mano, el de más valor, mas brío, más opinión, y más fama, que muy amante, y muy fino, os vengue de aquel vinagre, y afe que yo he conocido uno, que puede casarse por valiente, y entendido, galán, y discreto, con la mujer de Calainos, y el Preste Juan de las Indias; mas no me atrevo a deciros sin vuestra licencia el nombre. No vi humor tan peregrino, . Esperad; mal me reprimo: vuestro despejo la tiene para todo. . Mi artificio se ha de lograr; pues sabed, que este nobio es Federico, de Nápoles heredero, y a no ser mi grande amigo, dijera de él, que es valiente sin presunción; que es bienquisto sin lisonja; que es discreto sin vanidad, ni capticho; que sin cuidado es galán; generoso sin ruido, amante sin esperanza: y que solo a veros vino de su Corte disfrazado, siendo el que mostró más brío en los torneos: mas esto la fama podrá decirlo mejor, porque yo mil veces he comido, y he bebido con él, y soy sospechoso. Con que agudeza le ha dicho mi amor! . Aquese remedio no es para los males míos. No dio lumbre; pero yo volveré a alzar el gatillo; pues no sea, y entretanto que otro, señora, os aplico, os cantarán una letra, que entre esos cuadros floridos ya los músicos esperan. Canten, y estad advertido, que sea triste. . Abcitame? eso no, por San Círilo que ha de ser de amor su Alteza, por JesuCristo, que se deje gobernar, y que no arguya, le digo, con el Médico en su vida: cantad aquel estrivillo, y letra que hizo Lisardo. luego Lisardo es Poeta? Yo, señora, como he sido soldado. . Y diréis también que amante? no, no me admiro que hagáis versos: canten pues. Ayuda amor mis disignios. Digan, cual será mayor gloria, saber perdonar la injuria, o aventurar la vida por el amor? Digan, Y esto ponéis en questión, Lisardo? . Sí, y os afirmo, que tiene dificultad saber cual acción ha sido mas noble, olvidar la injuria, o aventurarse muy fino un amante por su dama, a perder la vida. . Digo, que perdonar un agravio, si toca al honor, ha sido la más dificil acción; y buen ejemplo es el mío, pues no puede mi grandeza. mi razón, ni mi albedrío olvidar la alevosía de aquel tirano, enemigo, aleve. Si ha de costaros lágrimas, que del rocio del Autora cuajó el Cielo en vuestros ojos divinos, se dejará el argumento; Dejadla llorar, amigo, que para ensanchar el pecho, y desahogar los visivos, espíritus, es el llanto, (según Havérroes dijo) gran sopa del corazón. Este afecto solo es hijo de mis iras; proseguid. Pues supuesto, que me animo, con vuestra licencia, yo, que es más noble acción afirmo aventurar por la Dama la vida, que al enemigo perdonar la injuria. . Pues yo lo contrario me obligo probar. . Oíd mi argumento. Escuchad primero el mío. Digan cual será mayor,. Aventurarse quien ama a morir, es una loca acción, que a la vida toca; pero no toca a la fama, Mas si uno apagar la llama de su honor vio, y en rigor le perdona al ofensor de su agravio los baldones, graduando estas acciones, digan, cual será mayor. El que se arriesga a la muerte por su dama, y a podía, pues todo a el hado se fía, favorecerle la suerte, mas quien sin honra se advierte, y su agravio ha de vengar, si su afrenta ha de olvidar, y a sí mismo se ha de herir, como le podrá añadir. Gloria el saber perdonar. Está el perdón tan unido a un noble pecho, que infiero, que el perdonar fue primero, que haber su ofensa sabido; luego el amante atrevido, que osa morir por amar, obra acción más singular, pues cuando su fe le abona, no le deja al que perdona. La injuria, que aventurar, Vencerse a sí mismo, fuera siempre una gloria inmortal, y no fuera racional quien perdonar no supiera; luego bien se considera, que sera hazaña menor, haber un hombre en rigor sus ofemas perdonado, que haber otro aventurado. la vida por el amor. Yo soy de este parecer. Yo aunque a vuestra Alteza atien- mi opinión he de seguir; (do, que es más piadoso motino, puesto que el que muere amando. Callad, que siempre os he visto ser de parte del amor, y me cansa el ver tan fino a un humilde jardinero. Yo quiero que mar mis libros, sino está como una breba la señora: bien ha dicho. su Alteza, que es muy mal hecho, que se meta en discursillos de amor un pob re trompeta: id a trabajar a el sitio, que os roca, y no me seáis bachiller, que no as lo mismo ser Poetas, que sembrar verenjenas, y pepinos. Y venga tu Alreza, pues le tengo ya prevenido las góndolas, y temeros, a surcar el cristalino golfo de esa hermosa playa, que en sus ondas detérmino, Deo volente orear esos impetus nocivos, que os sufocan el ambiento. Vamos, que así solicito templar aquesta pasión. Mas que acentos repetidos son los que ocupan el viento? Aunque prudencia no ha sido traer una mala nueva, min blelealtad previno no excusaros el disgusto, porque el remedio más fijo en la prompritud se hallen, esos ligeros navios; que infestando vuestras costas, Paladiones de pino, preñados de armada gente, vienen cortando los giros del mar, y del viento, son de Carlos, el atrevido Duque de Borgoña, que irritado, segundijo la fama, a vuestros desprecios, viene airado, y vengativo, a que logre la violencia, lo que no pudo el cariño, y así tu Alteza. . Esperad, que al escúcharos me irrito, de que el atrevido Carlos quiera reducir a el silo de la espada mi palabra, mi razón, y mi albedrío. Y puesto que de su intento tan repetidos avisos hemos tenido, y nos halla, como es justo, prevenidos, para tan dudosa guerra. y viene en persona él mismo acaudillando sus tropas, yo que solamente si a mi brazo mi defensa, pues por ella no desisto, de mi inviolable promesa, ni falto a lo prometido de no salirde esta quinta en tanto, que a mi enemigo no quite la vida, haré, que el orgullo, y los designios del soberbio Duque tengan en mi valor el castigo merecido a su locura, pues antes que el Sol, Narciso, del mar, la madeja rice en su espejo cristalino; he de buscarle en campaña, ceñido el acero limpio embrazado el fuerte escudo, y el gravado arnés vestido delante de mis escuadras, sobre el alado Hipogrifo, para que al probar la saña, de mi aliento, y de mi brío, se desengañe, aunque tarde, de que una mujer ha sido, en defensa de su honor, un áspid, un basilisco, un erna, un volcán, un rayo, un asombro, y un prodigio. Vuestra Alreza sereporte, pues teniendo en su servicio Capitanes tan valientes, aventurar al arbitrio de la suerte vuestra vida, fuera una acción. Conde amigo, servid, y no repliquéis. Yo, señora. Qué prolijo. Si estas canas. . Vuestro celo le reconozco, y le estimo, mas un consejo he de daros. Ya le espero. . Y yo le digo, que no me deis otra vez el consejo que no os pido; venid. . Extraña mujer! Y creed del valor mío, que muy presto he de vengarme de Carlos el atrevido. Ay Fernando, yo estoy muerto! ay Chichón, yo estoy sin juicio, de ver el riesgo a que va la Duquesa! qué haré amigos? (apenas a hablar acierto) Aqueste lance es preciso dejársele a la fortuna, pues los tres hemos cumplido con aventurar las vidas en su defensa . Conmigo va segura, pues llevando un Médico en su servicio. con su mula, y su gualdrapa, lleva contra su enemigo el montante de la muerte. Que estaba en aqueste sitio me dijeron . Yo, Fernando, morir a su lado elijo: ay de mí! pero que veo? no es Laurencio? Señor mío, dame las planta?. . Detente, que en este jardín cultivo las flores, y soy Lisardo, que aquí no soy Federico, ni soy Duque de Calabría, y dime si ha respondido el Rey mi padre a la carta que le llevaste? El rocío del Alba, no le reciben aquesos campos floridos con tanto gusto, señor, como el Rey enternecido, pensando que ya eras muerto, la abrió, y al instante mismo mandó alistar una Armada de galeras, y navios, en que vienen embarcados, de Marte, y Belona hijos, doce mil soldados viejos, de quien el Conde Filipo es Capitán Genetal, que cerca de este distrito en una oculta enseñada dio fondo con sus navios: y yo en un ligero esquife vengo a darte aqueste aviso, para saber lo que ordenas. Con mis brazos le recibo, y presto pienso premiarte: amor a tus aras rindo esta dicha; Don Fernando, ya veis el grande peligro de la Daquesa, y pues somos los dos, dos ejemplos vivos de amistad. . Yo solo soy vuestro esclavo. . Detérmino, que asistiendo a Margarita, siendo escudo vuestro brío de su belleza, os quedéis en Bretaña. . Yo no elijo, sino obedezco; y os juro de morir constante, y fino a su lado en su defensa. Esa palabra os admito, y agora dadme los brazos, porque luego detérmino en aquese mismo esquise dar la vuelta a los navios para echarla gente en tierra. Los hados siempre propicios, heroico Príncipe, os guarden. Y a vos Español ir os saquen del grave empeño en que os dejo. Por servitos en nada estimo la vida. Solo en mi pecho ha cabido mi agradecimiento; a Dios Fernando. A Dios Federico, Ya Capitanes, y soldados míos, que me aseguran vuestros nobles bríos. el buen suceso de tan justa guerra, y desde el mar echen la gente en tierra, formad la línea, y desde aquesta parte al son horrible del sangriento Marte erigid las trincheras, y fortines, que han de ser contrapuestos revellines a Bretaña esa plaza, donde habita la cruel, la indomable Margarita, cuyo rigor, si la razón se mira, tan justamente motivó mi ira. Margárita, que al paso que es hermosa, se precia de intratable, y rigurosa. Margárita, que hurtando a amor las alas, da envidia a Venus, y temor a Palas. Abran, pues, oficiosos, y arrogantes el señalado número de Infantes los ataques que al foso se encaminan; y pues estas montañas predominan. el homenaje de sus fuertes muros, porque de mi rigor no estén seguros, sirviendo aquestas cumbres de bastiones, asesten ala plaza diez cañones, a cuyo estruendo se conviertan luego en humo en nada, en polvo, ensangre, en fuego y vea, pues, Margarita una esperanza entre sus sinrazones mi venganza: mas que militar estruendo es el que en forma de marcha. ocupa el viento? Señor, pon en orden tus escuadras, sino quieres que el descuido ocasione una desgracia. a tu gente, porque viene la Duquesa de Bretaña delante de sus hileras con su ejército en batalla hacia tu campo; y según el denuedo con que marcha, la batalla viene a darte, Pues qué mi furor aguarda? ea valientes soldados, hoy es el día enque os llama la fama a mayores timbres, a fuego, y sangre se haga la guerra, no quede vivo ninguno, siendo murallas vuestros generosos pechos, que resistan la arrogancia del enemigo. Soldados, para esta ocasión os guarda la fama inmortales glorias, toca al arma. . Toca al arma, y a envestir soldados míos. s, Ay de mí! que mi tristeza ocasionó esta desdicha, mi gente va derrotada, y el ejército sin orden ha vuelto ya las espaldas. Victoria por el gran Duque de Borgoña. . Hh vil tirana fortuna! Conde, que haremos? Ya en este lance no halla mi consejo otro remedio, que con las rotas escuadras tomar ese inculto monte, y en su maleza intrincada abrigaros, entre tanto que podamos en las pardas sombras de la oscura noche volver, señora, a la Playa por el camino del río. Vamos, pase la palabra, y marche el campo, Soldados, al monte, Seguildos, ardan en materiales pavesas árboles, troncos, y ramas, mueran todos, en su sangre se acrisole mi venganza, como viva Margarira, a cuya deidad consagra mi fe el alma, y los sentidos: mas esperad, que estás cajas. y clarines nos avisan de que en su socorro marcha alguna gente: y agora, si la vista no me engaña, desde más cerca descubro, que poblando la campaña ejércitos numerosos de forasteras escuadras, hacia mi campo se acerca. Quién será, fortuna airada, el que tan encontra mía, a socorrer a esta ingrata viene, en ocasión, que ya vencida, y desbaratada, escaparse de mis manos no es posible? pero es vana ilusión gastar el tiempo en discursos, ni palabras. Venga en su defensa el mundo, que mientras ciño esta espada, el teñer más que vencer dará más gloria a mi fama, y no será la primera vez, que armado en la campaña venza el atrevido Carlos en un día dos batallas. A ellos, soldados míos, y si Margárita falta del campo, no que de vivo ninguno. Ha fiera canalla! de aquesta suerte mi acero sabrá vengar la desgracia. de la infelice Duquesa. Y yo enfrenar tu arrogancia, con mi valor, y mi brío. Ya estamos en la campaña los dos solos; y mi aliento ha de vengar con la espada dos agravios que me hiciste: en Bretaña. . Si recatas. de mí el rostro, será ocioso responder, hablen las armas, y calle la voz. . Espera, que no ha de ser con ventaja la lid, ya estoy descubierro. No eres tú, si no me engaña la vista, aquel jardinero, que en la quinta trabajaba de la Duquesa? Ese mismo soy. Pues no dirás que causa te obliga a este empeño? Solo. el castigar la arrogancia, con que hablaste a la Duquesa, queriendo después robarla. del jardín aquella noche. Pues el sitio nos iguala, hable el acero. Gran brío. No vi fuerza tan extraña, Vitoria por Fedes Monstruo de Borgoña, acaba de asegurar mi fortuna. Ya me tienes a tus plantas, sin honor, y espada; cielos, para que mi vida guardas, si he perdido a Margarita? Hacia esta parte sonaban las voces del Duque, Carlos muera. . Suspended las armas, que es mi prisionero el Duque: albricias, amor, pues hallas sin peligro a Margarita. Esa inmunidad te valga, y pues debo a vuestro amparo vida, honor, estado; y fama: generoso Caballero, no así encubra la celada vuestro rostro; descubríos, para que con vida, y alma os pague está obligación. Es tan grande mi desgracia (generosa Margarita) que si aquí os muestro la cara, y sabéis quien soy, es cierto, que ofendida; y irritada, olvidada de vos misma, ha de trocar vuestra saña en odio las gratitudes; la obligación en venganzas, y os estimo de manera, que por no haceros lugrata: delito; que a la grandeza tanto ofende; y tanto mancha, quiero ausentándome agora, no aventurar vuestra fama, aunque aventure la vida; marche el campo hacia la playa, y toca a embárcar. . Teneos, que es repetida ignorancia que no reconozca hidalga (su honor, y vida me disteis) descubríos, y creed, que no puede ser ingrata quien su obligación confiesa. Puesto que con tal instancia me lo manda Vuestra Alteza, ya lo estoy. Yo estoy turbada; no es Lisardo? . No señora, sino el Duque de Calabría, del Rey de Nápoles hijo. Pues como tu Alteza estaba de jardinero en mi quinta? Porque obligado a la fama de vuestra hermosura, vine disfrazado de mi Patria, solo a serviros, señora. Aunque una acción tan bizarra, Príncipe heroico, me obligue, mayormente cuando tantas finezas os debo, es cierto, que es imposible pagarlas, sin faltar al juramento, que inviolablemente guarda en mi venganza mi pecho. Y supuesto que restaura vuestro valor este Estado, con déjaros de Bretaña el absoluto dominio, y vivir yo retirada en esa quinta, he cumplido mi obligación. Si embataza esa palabra mi dicha, también me disteis palabra de ampararme en vuestra tierra contra el furor, y la saña de mi mayor enemigo. Y estoy, Príncipe, obligada a cumplirla. . Pues señora, @E (ayude amor mi esperanza) amparadme de vos misma. lo que os debe, y lo que os paga: . Pues yo, cómo; duda extraña! soy vuestro enemigo? . Cómo? soy el mismo que en campaña derribó al difunto Enrique cuerpo a cuerpo, y lanza alanza, y después le di la muerte en defensa de mi fama, y vida en aquel sarao: y pues la injuria no agravia, si no toca en el honor, y la segunda palabra os quita de la primera, pues sin perder vuestra fama, no podéis ser contra mí, humilde pido esas plantas, que premies tantas finezas, como debéis a mi espada, ya mi pecho. . Alzad del suelo, que no puedo ser ingrata a tantas obligaciones, cuando convencido se halla mi rencor: y si cruel rehusara mi venganza rendirse a la obligación, fuera quebrar la palabra que os he dado; esta es mi mano. Tú Don Fernando, que aguardas llega a mis brazos, en tanto, que mi obligación te paga lo que te debe. . Don Juan, pues servisteis en campaña con valor, pedid mercedes. Lo que pido a vuestras planta es, que me caséis con Celio. Pues cómo? locura extraña! con un hombre he de casaros? Cómo yo soy Doña Juana de Lara, y hermana soy de aquel Don Diego de Lara, que Don Fernando sin culpa mató junto a mis ventanas aquella infelice noche, que en su seguimiento. Basta, que tan grande obligación, Tuya soy. El Duque Carlos libre a sus Estados vaya. Y aquí acaba la Comedia, perdonad sus muchas faltas.
